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  • Por favor: que manera de interrumpir

    Por favor: que manera de interrumpir

    Vamos con un nuevo relato. Como ya les dije, soy Carla de 51 años, de Arequipa, Perú, y esta vez les contaré lo que me sucedió casi de manera increíble. Es que cuando se te juntan pues se te juntan.

    Mi relación con mi ahora ex esposo, era tranquila. El, es una buena persona, nos llevamos bien. Su único defecto es no complacerme en la cama. Y bueno, una que necesita estar bien atendida, tiene que buscar fuera lo que no encuentra en casa. Ah, me olvidaba, también es renegón y un poco amarrete.

    Yo, soy muy amiguera y no hago mucho distingo entre mis amistades. A pesar de la posición solvente que tiene mi esposo, igual cuento con amigas digamos de toda posición.

    El marido de una de ellas, se dedica a la carpintería. Normalmente él hace los trabajos pequeños y cuenta con unos ayudantes cuando los trabajos son mayores.

    Roberto, así se llama el maestro carpintero, ya nos ha hecho varios trabajos en casa, y yo estaba fastidia que fastidia a mi esposo para arreglar uno de los escalones de las gradas (rechinaba mucho) y de paso la baranda. Pero Richard (mi cachudito esposo) me contestaba, más adelante, todavía no.

    Igual me armé de valor y llamé a mi amiga Claudia y logré que me enviara a su esposo el miércoles. Obviamente a Richard no le dije nada. Una vez que estuviese todo arreglado ya no había marcha atrás y tendría que asumir los gastos.

    -Ya entonces amiguita, me envías a tu esposito para que me arregle las gradas…

    -Claro, cuenta con él, a las 9 am el miércoles

    -Gracias, ya nos vemos.

    El miércoles, como todos los días, mis hijos ya se habían ido a la universidad y Richard se levantó algo más temprano, se duchó, mientras yo le preparaba su rico desayuno, que el literalmente devoraba mientras veía las noticias en la tele.

    Aquí debo comentarles que normalmente él iba al trabajo en su vehículo (un Peugeot color verde olivo precioso), pero se le malogró no sé qué pieza y el bendito repuesto lo tenían que traer del extranjero, de allí a Lima y recién al concesionario de Arequipa. La cosa es que demoraría un mes y medio en que lo dejaran operativo, así que no le quedó otra alternativa que irse en taxi.

    Como es obvio, yo le recomendé a pepelucho para que le haga el servicio de taxi todos los días, así, además, podía continuar haciendo algunas travesuras de vez en cuando.

    A la hora de siempre, sonó la bocina del tico. Richard me dio un beso (siempre se despedía así) y no sé por qué pero lo acompañé hasta la puerta.

    -Buenos días señora Carla, me dijo pepelucho

    -Hola, que tal, como está. Le contesté toda formal. Sin embargo, logré ver, mientras mi esposo subía, que este sinvergüenza me mandaba besitos volados. No le di pelota, me hice la loca.

    Entré, tomé un café, recogí los trastes, los lavé y subí a mi habitación.

    -Carajo, me olvidé que hoy viene Roberto a ver lo de las gradas… dije en voz alta.

    Me dio pereza bañarme, así que me quité el pijama y me puse un top rosa y un jean ligeramente suelto, y mientras me acomodaba el cabello, sonó el timbre. Abriendo la ventana del segundo piso, pregunté:

    -Si, quién es?

    -Hola Carla, como está, vengo a arreglar las gradas… quedaste con mi señora para hoy…

    -Si, si, claro, dame un minuto, ya te abro.

    Bajé de mi habitación, abrí la puerta y allí estaba Roberto. Bien plantado, con su maletín de herramientas. Ya antes le había echado un ojo y el tipo no estaba del todo mal. Es que casi nunca lo había visto arreglado, siempre vestido para el trabajo y así con su overol o sus ropas de servicio pues como que no daba una buena impresión. Pero hoy, había venido con ropa normal, se veía atractivo, limpio, y con su mirada siempre coqueta.

    Alguna vez, cuando fui a su taller a cotizarle un trabajo, no dejaba de mirarme fijamente y yo desviaba la vista, pero en esa mirada estaba segura me quería decir algo. Nunca le hice caso, por que como les decía, no me resultaba atractivo en sus ropas de trabajo y porque además era el esposo de mi amiga.

    -Pasa Roberto

    -Gracias

    -Mira, esta es la grada que quiero que cambies o la arregles, no sé… mira suena mucho, hace demasiada bulla… traté de pisar fuerte para que se diera cuenta y nada.

    -Es que estás delgada pues Carlita, por eso no suena nada. Sonrió.

    -Ay gracias, se hace lo que se puede, le dije y me sonreí también.

    -Y lo otro que quiero que me veas es esta parte de la baranda, como que está medio salida.

    Mientras me esforzaba para enseñarle la parte que quería que arreglara lo atrapé viéndome las tetas, pero a pesar de ello no se inmutó. Es más se me apegó para verificar por el mismo el estado de la baranda apretándome un poco contra ella.

    -Me puedo cambiar de ropa, preguntó.

    -Claro, claro. Yo, entonces, bueno como ya te enseñé…

    No terminaba de hablar cuando se había ya quitado el polo azul que llevaba puesto. Tenía un buen físico. Es más se marcaban los abdominales. Me quedé contemplándolo unos segundos, y balbuceando le dije:

    -Vas al gym Roberto. Estas durito.

    -No, no, para nada, solo me ejercito un poco en casa. Tú más bien, estás dando la hora aquí en el barrio. Te acuerdas de los vecinos que entraron al taller el otro día que fuiste para ver lo de las puertas?

    -Sí, por…

    -Apenas te fuiste, se despacharon diciendo lo buena que estabas y todo lo que te harían…

    -Ayy hombres cuando no… pero me habrás defendido, los habrás puesto en su sitio no?

    -Pero solo decían la verdad. Estás bien buena Carlita. Y si no fuera por tu amistad con mi esposa yo también estaría fantaseando como ellos.

    Lo tenía al frente diciéndome que estaba buena. Lo tenía al frente y estaba semidesnudo. Lo tenía al frente y me miraba con esa mirada coqueta que tenía. Empezó a humedecérseme la conchita, la respiración se hacía más agitada, el deseo de coger se apoderaba de mí. Y ya poseída por el bichito de la lujuria le dije:

    -Pero a veces las fantasías pueden hacerse realidad Me gustaría saber que les dijiste a los vecinos que me harías.

    -Para que contártelo, si te lo puedo demostrar.

    Se acercó y me tomó por el talle. Esas manos gruesas, ásperas, fuertes, hicieron que me dé un espasmo medio raro. Resollé por lo imprevisto de su maniobra.

    -Me gustas Carla. Desde hace tiempo que te tengo ganas. Eres una diosa.

    -Yo también había pensado en ti, pero… es que no sé… no sabía como hacértelo saber…

    -Ya que importa, hoy voy a hacer realidad mi fantasía.

    -Y la mía también señalé.

    Me mordió suavemente el cuello, el pabellón de mi orejita, y yo ya estaba mojadita, sabía lo bueno que se venía.

    -Por favor, con cuidado, no me dejes marcas, ya vez que Richard se puede dar cuenta.

    -No te preocupes amor… tendré cuidado.

    Dicho eso, me besó, sentí su aliento por primera vez. Yo le respondí metiéndole la lengua. El hizo lo mismo y nuestras lenguas juguetearon un poco. Seguíamos chapando, mientras el me manoseaba las tetas a su antojo.

    Vamos, le dije. Quiero que me caches en mi cama.

    Mi cama, distendida, conservaba de seguro aún la tibieza del cuerpo de mi esposo.

    -Hazme tuya Roberto, quiero sentir un hombre de verdad.

    -Carla, amor, todo esto es para ti.

    Y sin más reparo, se bajó los pantalones dejando al aire su verga medio erecta, oscura, casi negra, venosa y llena de pendejos.

    No dudé. Me arrodille delante de él y me introduje ese bocado delicioso hasta donde pude. Tenía un sabor diferente, no el salado común de una verga, sino otro saborcito que aún lo he logrado descubrir.

    Se la remangaba, la escupía, me la metía a la boca, se la chupaba. Estaba haciendo todo lo que quería con su herramienta. Lo miré. Vi su rostro de felicidad. Estaba disfrutando de la amiga de su esposa, de su vecina, de su clienta.

    Te gusta mi amor. Eres una experta Carlita… sigue por favor, sigue.

    Estuve como unos cinco minutos dándole duro a esa rica verga, hasta que me tomó del cuello levantándome hasta su cara. Me besó, me mordió rico los labios, con cuidado de no maltratarlos. Me quitó el top que llevaba puesto, mientras yo ayudaba con los botones del jean para que también pudiera quitármelos.

    -Tienes unas lindas tetitas

    -No son grandes, pero al menos están algo firmes, a pesar de mis dos embarazos

    -Deliciosas, y esos pezoncitos rosaditos

    Jugueteaba torpemente con su lengua sobre mis pezones… me los mordía ligeramente haciéndome gemir de rato en rato, mientras sus dedos toscos, rugosos se introducían cada vez con más frecuencia en mi conchita.

    Yo aprovechaba cuando me los metía para jadear cerca de su oído y para morderlo en el cuello como señal de la arrechura que me estaba provocando.

    Se detuvo, me tomó de un hombro haciéndome girar poniéndome de espaldas contra él. Entendí la maniobra, así que yo misma me subí a la cama y me puse de rodillas dejando mi generoso culito al aire para que me pueda dar desde atrás.

    -No tengo condón Carla No hay problema verdad?

    -No, no te preocupes, yo sé que eres un chico sano. Además yo me pongo una inyección que me protege por un mes. Tranquilo.

    Se echó un poco de saliva en la verga y empezó a adivinar el lugar exacto de mi orificio vaginal. Se ayudó con los dedos y me la empezó a meter despacito. Sentí la cabecita de su verga abriéndose paso por mi vello púbico y mis húmedos labios.

    Empezó a penetrarme poco a poco, ya había entrado toda y la sacaba y la metía nuevamente pero lentamente, como para ir agarrando ritmo. A cada entrada, solo soltaba unos ligeros gemidos de placer.

    De pronto, escucho el ruido de las rejas de la casa. Me hice hacia atrás, justo cuando me la estaba sacando (por suerte no lo lastimé) y me asomé a la ventana.

    Mierda, era Richard que estaba entrando.

    Mi marido, le dije, mi marido webón.

    Ahora hasta risa me da, pero en ese momento hubiera sido delicioso tomarle una foto a la carita de sorprendido y de “ahora que hago” que puso Roberto.

    -Escóndete debajo de la cama, aquí en el cuarto de mi hijo. Apúrate carajo…

    Cogió su pantalón y el polo y se metió como pudo en el cuarto de mi hijo menor. Yo sentía ya el ruido de la puerta principal abriéndose. Me metí al baño y mientras me ponía una bata que siempre dejo en el cuarto de baño, jalé la bomba, me lavé las manos, bueno hice correr un poco de agua en las manos para disimular y abrí la puerta justo cuando Richard entraba a la habitación.

    -Y eso. Que pasó amorcito.

    -Me olvidé unos informes que tenía que llevar. La “conchasumadre” he tenido que volver desde la oficina por esa cagada de informe.

    -Pero ya pues, tómalos y regresas con calma.

    Mientras todo ofuscado buscaba en su escritorio el bendito informe, ni siquiera se dio cuenta de mi pantalón en el suelo, así que lo recogí y lo puse en el cesto de ropa.

    -Y se puede saber que mierda es esto?, preguntó

    -Gordito, son las herramientas del carpintero. Va a arreglar la baranda, te acuerdas que te comenté.

    -Que carpintero? El Roberto ese, el esposo de tu amiguita.

    -Si mi amor.

    -Y donde está, a qué hora va a arreglar? Sabes bien que no me gusta que entre gente a la casa cuando estás sola. Cuantas veces te lo he dicho y nada mierda. Nunca me haces caso.

    -Pero gordo, no hay problema. Iba a empezar a trabajar pero lo llamaron para ver otro tema en su taller. Seguro regresará más tarde.

    -No hay problema, no hay problema. Toda la vida es igual contigo carajo. Ya sabes como son los vecinos, yo no quiero que vayan a estar comentando que eres una movida o una tramposa y que yo soy un cachudo. Por favor Carla, no quiero pelear por tonterías. Llámalo y dile que venga el sábado que yo estoy en casa.

    -Pero gordito, no te pongas así, quien va a pensar eso amor. Además recuerda que Roberto es el esposo de mi amiga Claudia y no pasa nada. Ya pues amor, no vas a desconfiar de tu mujercita, como si alguna vez te hubiese dado motivos. Pero igual, lo llamo en este momento y le digo que venga a recoger sus cosas porque voy a salir y que venga el sábado. Yo no quiero que te molestes conmigo por favor.

    Hice como que buscaba mi celular, mientras por fin encontró el informe.

    -Aquí está. Me voy. Estoy a las justas y hay un tráfico de mierda.

    -Tranquilo gordo, tranquilo. Ya está marcando. Le digo para el sábado en la tarde si?

    -Si, en la tarde está bien. Regreso a las 6 pm.

    -Chau amorcito. Con calma por fa.

    Me acerqué a la ventana, abrí ligeramente la cortina y vi como subía raudo al taxi que lo estaba esperando.

    ¡Roberto, ya puedes salir!

    -Se había olvidado un informe que tenía que presentar en una junta creo. Puta mare casi me chapa. ¡Mierda! no sé qué hubiera pasado.

    -Pero no pasó. Así eres de suertuda Carlita.

    -Ven. Lo abracé con fuerza como buscando refugio ante el ampay que me iban a dar.

    -Ahora tranqui y relájate que vamos a continuar con lo nuestro.

    Me acostó sobre la cama, me alzo las piernas en la posición de piernas al hombro y se echó sobre mí. Me besaba tiernamente y teniéndolo así tan cerca, quedé en cuenta que el carpintero era más atractivo de lo que siempre lo vi. Me dejé llevar. Lo besaba con pasión, mientras él, ya había encontrado la ruta hacia mi conchita y me penetraba con empeño.

    Mi desconcierto, la angustia de verme al descubierto, se convertía ahora en placer. Rendida ante Roberto, mi carpintero, dejaba que me hiciera suya en la forma en que él quisiera.

    No fue un sexo pasional o duro. Fue más como cuando estás enamorada y lo haces con delicadeza. Algo soft, light.

    No sé qué tiempo me lo estuvo metiendo. Pero no podía dejarlo ir sin darme una buena recompensa por hacerme sentir tan bien.

    -Roberto mi amor, te gustaría metérmelo por el culo?

    -Carlita, lo bueno siempre se deja para el final. Por supuesto que quiero hacértelo por ahí.

    Detrás de ti, en el segundo cajón de la cómoda hay un lubricante. Ya tú sabes, para que no me duela mucho. Me acomodé en cuatro patas, para que pueda echarme un poco de lubricante en el ano. Jugueteaba dándome palmaditas en las nalgas, mientras se sobajeaba la verga con el love lub.

    Me tomó de la cintura, y con los pulgares me abrió un poco las nalgas. Yo la sentía venir. De pronto, una húmeda sensación en el ano. Ya estaba en la misma puerta del ano.

    -Despacio por favor. Poco a poco Roberto.

    -Claro, mi amor. Si te duele me avisas para ir más despacio.

    Sentía la presión de la cabecita tratando de entrar y mi ano haciendo resistencia. Cada vez era más fuerte la presión. Mis pliegues anales cedían ante la fuerza de su glande. Ya estaba entrando.

    Y empieza a sonar su celular.

    -Mierda, y ahora quien chucha te está llamando?

    -No sé, déjame ver. Retiró su verga de mi culito. Y vio su celular.

    -Es el Tito, mi ayudante, le voy a contestar.

    -Aló? Si… No, no, todavía no… recién estoy viendo como hacerlo. En una media hora ven… Qué? estás afuera?

    Me asomé a la ventana, y en efecto, su ayudante estaba en la puerta esperando para entrar.

    -No, no… date una vuelta, en media hora vienes y me ayudas y ya de ahí nos vamos a comprar la madera para el trabajo del señor Fernández… Si, ya… le digo entonces a la señora para que te abra en media hora… ya, ya, chau.

    -Puta mare, ya no se puede cachar tranquila.

    -Me había olvidado que le dije al Tito para que venga a ayudarme. Y tengo que ir a comprar madera. Pero igual voy a terminar lo que he empezado.

    -No pensarás dejarme así no?

    -Ni loco, a ver, ese culito está esperando a su amiguito.

    -Me colocó en la pose de perrito y ya sin más ni más me la clavó.

    -Ya mi anito estaba dilatado. Entró sin mayor dificultad que la de su grosor.

    -Así Roberto… hummm que rico amor… Ay, ay, que rico

    -Así te gusta, que rico culito Carla, Dios mío que sabroso culito que tienes

    Se recostaba de placer sobre mi espalda, me mordía el cuello con sus dientes rasgándome un poco con ellos… No importaba, estaba sintiéndome tan bien, que algo se me ocurriría si mi esposo me preguntaba. Roberto hacia unos sonidos raros, como guturales, como que no dejaba salir los gritos de pasión contenida al cacharse a la amiga de su esposa.

    -Quiero hacerte una pose que te va a encantar y terminar dentro de ti me dijo.

    -Hazme lo que quieras amor, soy toda tuya. Soy tu fantasía hecha realidad.

    Me la sacó del culito y mientras yo me levantaba para que me dijera que me iba a hacer, sonó el teléfono de la casa. Pensé en no contestar, pero luego imaginé que podía ser mi esposo, así que tomó el auricular y contesté.

    -Aló?… Hola Coquis, amorcito, cómo estás?… hummm no puedo ahora, estoy algo ocupada… ajá, no, no, él está en el trabajo… si Jorgito, está bien… Oye te mando mensajito en la noche, ten cuidado sí?… Un besito. Bye.

    Roberto me preguntaba con la mirada: quien era? Solo atiné a decir, “un amigo”.

    -Mejor subes sobre la cama.

    -Subí como pude y me acerqué hacia él.

    -Abrázame fuerte del cuello y rodéame con tus piernas.

    -Así lo hice, y me pelvis estaba a la altura de su abdomen.

    Me empezó a chupar las tetas una vez más, casi lograba meterla íntegramente en su boca. Con sus manos me acariciaba las nalgas, y me abría el culito.

    -Ve dejándote caer poco a poco Carlita. Yo te sostengo, no te preocupes.

    -Ok amor.

    Empecé a deslizarme como cuando hemos jugado al palo encebado, dejándome caer lentamente sobre su abdomen, su pelvis. El seguía chupándome las tetas y poco a poco empezó a mordisquear mi cuello. Yo sentía su pene entre mi conchita y mi anito.

    Con una habilidad maestra, con una mano me acariciaba una nalga y con la otra acomodaba su verga cerca de mi culito. Una vez que lo ubicó justo me ordenó.

    -Suéltate más, te la vas a comer todita.

    Ya sentía mi culito abriéndose y como su verga dura y tiesa entraba sin problemas.

    -Roberto, cariño, me duelen las piernas, creo que me voy a resbalar.

    -Eso ya depende de ti, que te entre de golpe o poco a poco.

    -No puedo más…

    Me dejé caer de golpe, sintiendo como se introducía su verga en mi ano. Que delicia. De verdad la tenía toda adentro. Me empezó a levantar de las nalgas y a embestir hacia arriba y yo dejándome caer indefensa, ante la atropellada dura y agradable de su verga.

    Empecé a gemir, más de la cuenta. Siempre he sido medio gritona cuando me lo saben hacer. Si al principio fue sexo suave, ahora si era durísimo.

    -No grites Carla, los vecinos te van a escuchar.

    -Que se vayan a la mierda. Me gusta, Roberto, así, dame… dame amor… que rico, que riiico.

    Siguió bombeándome y ya era inevitable que terminara. Sentí un gemido de explosión y una mordida en el hombro.

    Se sentía el semen calentito en mi culito. Descansé mi cabeza en su hombro, mientras respiraba agitadamente y le susurraba… que rico, que buen polvo me has metido… gracias.

    Movió sus caderas hacia atrás, dejando salir su verga atrapada en mi culito. Bajé las piernas hacia el suelo y quedé en pie. De pronto la cara interna del muslo veía como iba chorreando el gomoso semen que me había dejado adentro.

    Tomó un poco de papel higiénico para limpiarme y le dije, “no mi amor… a bañarnos, a la ducha señor” y prácticamente lo empujé hacia el baño.

    Fue un baño rápido solo para asearnos el sudor y en mi caso el semen de mi cuerpo.

    -No te mojes la cabeza, sino tu ayudante puede sospechar.

    -Carla, y quien es ese amigo que te llamó?

    -Celoso?

    -Un poco, pero sobretodo curiosidad…

    -Un buen amigo, así de sencillo.

    Salí del baño, me puse el camisón que estaba sobre la cama, mientras Roberto ya se estaba subiendo el pantalón.

    -Ya, ya, apúrese, póngase a trabajar. Que Richard no le paga por cacharse a su mujer, sino para que arregles la baranda.

    Se sonrió. Mientras iba saliendo de la habitación.

    Cerré la puerta. Me dejé caer en la cama y una idea empezó a aparecer en mis pensamientos; mientras los ruidos del martilleo sobre la madera se volvían cada vez más fuertes.

    No sólo tenía que pensar en qué decirle a mi esposo sobre la compostura de la baranda, sino sobre todo, y era lo que más me preocupaba, que excusa le tendría que inventar a Jorge por haberlo choteado.

    Que complicado es tratar de buscar la felicidad, pensé. Vi la foto de mi matrimonio en la mesa de noche. Cerré los ojos. Me puse a pensar sobre qué cosas necesitaba comprar para la cena.

  • Mi vecina provocadora

    Mi vecina provocadora

    Un día de verano, con la casa sola todo el fin de semana  (mis padres de vacaciones) buscaba que hacer en casa, cuando me asomo por la ventana y mi vecina, que vivía un par de casas más allá de la mía, iba pasando por fuera de mi casa rumbo a el almacén del barrio.

    Ella, bajita, pelirroja, con un culo muy rico y tetas pequeñas pero redonditas, una mirada muy alegre y una voz muy seductora, le llamaremos Ignacia, había llegado hace poco al barrio, yo tenía 18 años y ella 23 y con un hijo, madre soltera.

    Como ella me había visto asomarme por la ventana obviamente la saludé, me sonrió y me di cuenta de lo rica que estaba: una polerita blanca apretadita y corta que dejaba ver su abdomen, y unas calzas negras que resaltaban su rico culo, muy bien se mantenía Ignacia para ya haber sido madre.

    Mi pene se endureció de inmediato y decidí hacerme algo arriesgado: ponerme entre unos arbustos y cuando ella pasara de vuelta, masturbarme. Tenía una muy buena vista desde ahí y varios segundos para verla pasar y hacerlo. Llegó el momento y comencé, mi mirada no se despegaba de su culo y me jalaba mi pene rapidísimo, hasta que bastó un pequeño ruido de los arbustos para que ella se volteara y me viera, yo muy nervioso seguía, pero a mucha menor velocidad y ella inmediatamente se dio vuelta y se agachó supuestamente a recoger algo, yo ahí seguí masturbándome hasta que se fue a su casa.

    Al rato después, tocan el timbre, me asomo y es ella: yo nerviosísimo pensando que me iba a encarar por lo que hice o a querer decirle a mis padres, decido salir y ella me saluda y me dice que le dijeron que yo sabía arreglar computadores (es a lo que me dedico hoy en día) yo le dije que sí que ningún problema y la hice pasar.

    Ya dentro, ella saca su notebook del bolso y me pide que lo revise, yo ya más aliviado viendo que la visita no tenía nada que ver con lo ocurrido anteriormente comencé a ver el problema que tenía el notebook. Luego ella me pide el baño y yo le digo donde está, sigo en lo mío hasta que me dice que hay un problema con el inodoro y que vaya por favor. Voy, abro la puerta y quedo impactadisimo…

    Ignacia, con sus calzas abajo, unos colaless rojos muy ricos y puesta en 4 me dice:

    -¿Te gusta?

    Yo no podía soltar palabras de lo nervioso que estaba hasta que ella insiste.

    -Sé que te gusta, vi como lo mirabas y lo que hacías, y la verdad me gustó verlo

    Luego de eso se voltea y comienza a besarme, yo instintivamente le agarro las nalgas y siento su calor, me saca la polera, se saca las calzas, me desabrocha el pantalón y comienza a hacerme un rico oral, delicadito, introduciendo mi pene erecto como pocas veces en su rica boquita que llevaba pintada de rojo que le combinaba con su pelito, poco a poco aumentaba la velocidad lo que me llevó a una calentura de alto nivel.

    -¿A qué hora llegan tus papás? -me dice Ignacia con una voz suave y rica

    -No llegan hasta mañana, le respondo mirándola fijamente, e inmediatamente después de terminar esa frase, le saco la polerita, los sostenes y los colaless, yo me saco el pantalón y bóxer y la meto a la ducha, ella solo me seguía y terminamos dando el agua y teniendo sexo desenfrenado, sus gemidos eran fortísimos y lo más probable es que en las otras casas hayan escuchado.

    En el momento en el que la tenía empotrada contra la pared azotando esas nalgas ricas con mi pene, sentí que iba a acabar, se lo dije, se agachó y solté un chorro grandísimo de semen (meses sin sexo) en su carita hermosa, corté el agua de la ducha solo para que el semen le corriera por la boca.

    Luego de eso nos secamos, nos vestimos, yo con ropa nueva y ella con la misma ropa, y ella se iba donde su hijo que lo estaba cuidando su mamá, que si no hubiese sido por eso me quedaba dándole toda la noche.

    -Se me había olvidado que existía el notebook, en realidad tiene todo bien -me dijo entre risas y con su cara colorada

    Luego de eso antes de salir le di el último beso y la dejé en la puerta, quien sabe que excusa haya tenido llegando a su casa para su felicidad y su pelo mojado.

    Luego de eso hubo un par de aventuras más, ella actualmente tiene novio, nos seguimos viendo y saludando, pero desde que ella tiene novio que no tenemos sexo, la tensión sigue existiendo, pero eso es otro cuento.

    Espero que les haya gustado este relato y ya estaremos con más.

  • Mi San Valentín

    Mi San Valentín

    Este catorce de febrero tuve que desechar a mis machos preferidos. Me pasé el día de cama en cama y de verga en verga.

    Había planeado un día de San Valentín muy diferente, lo primero que hice fue hablar con Octavio, quién es alguien a quien de verdad aprecio, para pedirle que nos fuéramos a un bonito hotel. Le dije que si podíamos invitar a Mario y a Manuel, perfectamente él entendió lo que yo quería. Quedamos en ir el domingo muy temprano para que ellos regresaran con sus esposas y por eso, solo podrían escaparse unas horas.

    A eso de las 6 de la mañana Manuel y Mario pasaron por Octavio y por mí. Nos fuimos directo al hotel. En el camino empecé a calentar el ambiente con una plática de lo que iba a pasar.

    -Traes condones Mario? -le pregunté acariciando su pierna

    -Sí, traje tres. Sólo a mí me haces usarlos -me dijo

    -Pero así duras más, no como estos dos! Apenas la meten y ya me los están echando jajaja -le dije para animar

    -Pero quiero hacerlo sin condón -contestó él

    -Me gustaría pero no puedo dejar que mañana tu esposa se dé cuenta que traes los huevos secos -le dije con un beso rápido- por el bien de tu matrimonio hoy solo debes eyacular máximo dos veces

    -Estoy igual compadre -dijo Manuel- yo que más quisiera que deslecharme con Fanny, pero en casa toca

    -Eso sí, toca cumplir -contestó Mario

    -Aquí yo soy el único que se la puede pasar aventando leche a lo loco -dijo Octavio

    -Jajaja! Y me la vas a echar a mi? -pregunté

    -Pues una parte -contestó

    -Cómo qué una parte?! -golpeé su brazo con una sonrisa pícara- eres un cabrón!

    -Ahora resulta que tu si te puedes andar cogiendo con varios y yo no? -me preguntó Octavio

    -Sabemos mi vida, que te gusta ver como otro me mete su verga, te pone más erecto cuando me ves gritar de placer -le dije

    -Te vamos a reventar mi corazón -dijo Octavio

    -Lo dudo, pero me gustaría que lo hicieran…

    Llegamos al hotel y rápido nos metimos en la habitación. Sabíamos a lo que íbamos y no teníamos mucho tiempo, cada uno se fue quitando su ropa y cuando estaban desnudos se iban acercando a mi. Yo ya estaba completamente desvestida y los recibía masturbando sus penes flácidos y besando con intensidad sus bocas en el primer intercambio de fluidos de la faena. Estuvimos en eso varios minutos, besándonos y metiéndonos mano por todos lados.

    -Se las quiero mamar

    Era la segunda vez que estaba con más de dos hombres al mismo tiempo y me sentía muy caliente. Me zafé de esos veteranos pulpos y me senté en el potro. En un instante tenía a esos curtidos hombres y a sus erectos penes apuntando a mi boca, esperando para mi trabajo oral. Yo sabía que aunque ellos eran mucho mayores, mi experiencia sexual era muy amplia y los haría gemir. Se las mamaba como una perra, masajeaba su glande con mis amígdalas y cuándo salían de mi boca escurriendo baba mezclada con líquido preseminal, se las jalaba para meter otra en mi boca. Así tomé turnos para mamarlos y lamer sus bolas repletas de mocos…

    -Abre tus piernas -me pidió Mario al tiempo que se hincaba entre ellas- ya estás mojada

    Ahí estábamos esas 4 personas enfermas de sexo, ellos sobando mis senos que tenías algunas gotas de saliva, mientras Mario bebía mi caldo directo de mi concha. A veces alguno se acercaba a mi boca y me besaba con lujuria. A estos viriles sementales no les molestaba tener sólo una hembra para fornicarla entre los tres, porque sabían que yo tenía mucha lujuria y vitalidad para soportar cuanta verga me quieran dar.

    -Ya empiecen a cogerme, se nos va a hacer tarde -dije

    -Sí, no puedo llegar tarde a mi casa -dijo Mario

    -Pásense a la cama -les dije- está más grande

    -Vas primero Mario  le dijo Manuel

    Seguí chupándoles esas fogueadas herramientas, en lo que Mario se ponía el condón.

    -Ahí te va

    Me tomo la cadera y me la enterró hasta con huevos, un grito se escapó de mi boca. Me cogió con energía varios minutos mie yo resistía como una campeona sin dejar de complacer a los otros dos machos.

    Mario se sentó para recuperar el control de su eyaculación. El siguiente fue Manuel, sin ponerse condón entró hasta que su glande tocó mi útero y me hizo retorcerme como una perra.

    -Qué rico es tener sexo con varios hombres grite sacudida por las embestidas con mi mano en la verga de Octavio Ahhh

    Se siguieron turnando para cogerme. Descansa uno y otros dos metían su miembro en mis orificios. En la habitación el sonido incesante de aplausos que hacían nuestros cuerpos, sus penes babosos por los líquidos genitales combinados de tres de nosotros y los gritos, jadeos y pujidos, era una actuación digna de un 14 de febrero.

    Estuvimos casi una hora dándole a esa cogidota, me pidieron tiempo para relajarse y nos acostamos un poco. Después volví a erectar sus macanas con mamadas y jaladas, ya que estaban bien paradas me volvieron a dar. Esta vez cambiamos más de posiciones y entre Mario y Manuel me hicieron una doble penetración que me mantuvo gritando como una puta.

    -Así! Así! Ahh! Qué rico! Me voy a venir otra vez!

    -Vente perra! Ya vente!

    -Soy su perra! Ahhh!

    Me vine una vez más. Todo mi cuerpo temblaba sin control y mis ojos estaban en blanco. Me cogieron un poco más hasta que se empezaron a venir, De misionero mientras abrazaba a Octavio, él me llenó la pucha a la vez que gritaba como un animal. Manuel también se vino adentro de mi sin condón, el me dejó escurriendo de leche en posición de perra. Mario, el único que había usado condón se vino en mi cara.

    -Feliz día del amor y la amistad -les dije acostada entre esos señores que me acababan de dar su semen

    -Feliz día amiga

    -Feliz día para ti también.

    Descansamos un poco y en menos de tres horas ya habíamos salido del hotel.

  • El puto cabronazo (El cabrón – Parte 3)

    El puto cabronazo (El cabrón – Parte 3)

    Habían pasado dos semanas desde el día en que Ricardo recibió la noticia de su triple paternidad. Carla, su compañera de trabajo, con quien llevaba liado poco más de un año. Lo de Andrea era una situación más compleja. Aquella camarera de 23 años con quien quedaba para echar un polvo morboso le había amenazado con tener que hacerse cargo del embarazo.

    Ahora, tumbado en una de las hamacas junto a la piscina de la casa de la playa de sus suegros, fumaba mirando las estrellas algo preocupado por como afrontar el problema con Andrea. Todos se habían ido a dormir cuando apareció, Ana, su cuñada, y madre de su tercera paternidad:

    -¿Qué pasa cuñado, te has quedado solo? –Tomó el paquete de cigarrillos y se encendió uno.

    -No deberías.

    -Te ha salido la vena de padre responsable… jajaja

    Ricardo se le quedó mirando con media sonrisa:

    -¿Por qué no me dijiste que querías quedarte embarazada?

    -Porque no te quería involucrar.

    -Joder Ana, para no querer involucrarme…

    -A ver Ricardo, sabes que estoy enamorada de ti desde que era una adolescente. ¿Cuánto tiempo llevamos liado? ¿15 años?

    Ricardo miraba a su cuñada, hermana menor de su mujer, y no podía dejar de recordar como quedó prendado de aquella adolescente que destilaba sensualidad en cada gesto. Ese carácter extrovertido, ese descaro canalla, ese humor con doble sentido que hacía sacar de quicio a su hermana mayor (su mujer) y que él le seguía con tanta facilidad. Todo aquello fue generando entre ellos una complicidad demasiado peligrosa. Ricardo, un hombre de 35 años, alto, fuerte y apuesto. Arquitecto reputado y muy bien considerado en la familia de su mujer. Ana, una joven a punto de cumplir la mayoría de edad, con un cuerpo de modelo de bikinis, con belleza pícara, labios carnosos, melena castaña y un culo espectacular.

    El día antes de que Ana cumpliera 18 años, Ricardo estaba en el sofá de casa de sus suegros viendo la televisión cuando entró su cuñada en la casa:

    -Hola cuñado, ¿dónde están todos?

    -Han salido a merendar.

    -¿Y tú no has ido con ellos?

    -No, me he quedado viendo el partido.

    -Pfff, pues yo quiero ver un programa –dijo con tono de niña mimada.

    -Pues te aguantas, es un partido de la Eurocopa y lo voy a ver.

    -Venga ya, joder, si siempre nos eliminan…

    -Que no, Ana, que he dicho que voy a ver el partido.

    La joven, que venía del gimnasio vestía un cullotte ajustado y un top deportivo que dejaba ver su barriga plana y ombligo, se lanzó encima de su cuñado para intentar quitarle el mando a distancia. Esto era un juego que solían tener desde siempre. Ella intentaba arrebatarle algo y él se resistía lo que convertía aquello en una especie de lucha. Al principio, el hombre terminaba haciendo cosquillas por todo el cuerpo a su cuñadita pero con el paso del tiempo ninguno de los dos se cuidaba de no tocar al otro. Aquella tarde, vísperas de su 18 cumpleaños, luchaba por arrebatarle el mando a distancia de la tele a Ricardo, cuando éste se lo colocó debajo de su cuerpo y asomando entre sus piernas.

    Ana se le quedó mirando fijamente. La tensión sexual aumentaba al tiempo que las reacciones de sus cuerpos se hacían indisimulables. A la joven se le marcaron sus pezones en el top fucsia de manera escandalosa. En la entrepierna de Ricardo, el bulto provocado por la erección le impedía cerrar las piernas:

    -¿Quieres el mando, Ana? Pues cógelo. –Dijo el hombre dirigiendo su mirada entre sus piernas.

    Su cuñada quedó pensativa por un momento sin dejar de mirarle a los ojos. Frente a él, puso cara de enfadada, se echó el pelo hacia atrás y cuando entendió que su cuñado estaba confiado agarró el mando y echó a correr hacia su habitación. Ricardo corrió tras ella. En el dormitorio de la chica, Ana apoyó su espalda en la pared y se introdujo el mando dentro del top:

    -¿Quieres el mando, Ricardo?… pues cógelo… –dijo en un sensual susurro ella.

    El hombre avanzó hasta la chica. Dejó su cuerpo muy cerca del de ella y colocó sus manos a cada lado, apoyadas en la pared. Poco a poco fue acercando sus labios a los de la hermana de su mujer. El olor de su cuñada le resultaba excitante. Ella cerró los ojos cuando los labios de su cuñado rozaron los suyos. Abrieron sus bocas y se disfrutaron de lo que tanto habían ansiado, de la tensión sexual acumuladas durante años.

    Sus lenguas se entrelazaron, sus labios se sellaron, sus manos comenzaron a recorrerse de una manera menos lúdica que lo hacían cuando jugaban en el sofá. Ricardo introdujo su mano por debajo del top haciendo que cayese el mando y alcanzando una de aquellas tetitas de su cuñada. Duras, proporcionadas, deseables, se entretuvo en pellizcar el pezón erecto. Ana le agarraba por la nuca obligándole a mantener su boca junto a la de ella.

    El hombre la levantó en vilo sobre sus brazos y agarrando su duro culo, donde clavó sus dedos. Ahora, la diferencia de altura quedó eliminada y Ana rodeó el cuerpo del marido de su hermana con sus piernas. La chica restregaba su sexo por el cuerpo del hombre provocándose un roce que la estaba llevando al éxtasis.

    Ricardo la llevó hasta la cama y allí la tumbó. Inclinado sobre ella, levantó la prenda para poder lamer con más facilidad los pezones de aquella virginal criatura que lo había encandilado desde el primer día que la vio. Ana se mordía el labio inferior, suspirando mientras su cuñado seguía devorando sus pequeñas tetas. Suspiraba y gemía notando como él succionaba cada uno de sus pezones antes de introducirse toda la teta en la boca. La misma boca que la volvía loca y con la que había fantaseado esas noches en las que se aliviaba tocándose mientras los oía follar, en la habitación de invitados de aquella casa playera. Ricardo siguió descendiendo por el cuerpo de su cuñadita hasta quedar de rodillas entre las piernas de ella. Bajó el culotte de un tirón quitando también las braguitas. Ante él quedó un sexo cubierto por una sedosa capa de vellos negros del que emanaba un embriagador olor a sexo. Sin dudarlo, dirigió su boca hasta la rajita del coño de Ana. Caliente y húmedo, lo devoró como si lo necesitase para vivir. Su lengua se paseó por cada pliegue de aquel volcán juvenil.

    La chica, instintivamente, agarró la cabeza de su cuñado y comenzó a mover su cadera contar ella. Tenía un nivel de excitación desconocido hasta ese día. Un hombre casi veinte años mayor, marido de su hermana mayor, le estaba dando placer oral… ¿cuántos dedos se había hecho fantaseando con ese momento? Un calambre recorrió su columna en ese momento. Desde su clítoris, trillado por los dientes de su cuñado, hasta su cerebro una corriente eléctrica hacía que su cuerpo comenzara a convulsionar ante un orgasmo como nunca antes. Un grito, casi animal, brotó de su garganta al tiempo que se aferraba con sus dedos a la cabeza de Ricardo para quedar casi desfallecida segundos después. Su coño, inundado por el flujo vaginal, palpitaba de excitación cuando su cuñado levantó la cabeza con sonrisa triunfal.

    El hombre se puso de pie y comenzó a desnudarse. Su joven cuñada le observaba con ojos expresivos cuando pudo ver su pene erecto. Sabía que Ricardo estaba muy bien dotado por oídas pero al comprobarlo sintió un pellizco de nerviosismo y excitación. Ante lo inevitable, se confesó:

    -Ricardo… yo… nunca… eh… que soy…

    -Tranquila Ana, lo haré con mucho cuidado…

    Ricardo sería el primer hombre de Ana. Él acariciaba el cuerpo tenso de la chica antes de besarla con delicadeza en los labios, se fue colocando sobre ella. Ana abrió sus piernas para acoger la corpulencia de su cuñado. Éste dirigió su glande a la entrada del coño virgen de la chica y lentamente comenzó a jugar con ella. Movía el capullo a lo largo de la raja, separando levemente los labios, aún sellados por el himen. Despacio fue introduciendo la polla dentro, en aquella gruta estrecha, caliente, húmeda, inexplorada.

    Ana sentía la presión dentro de ella, dudaba que aquel trozo de carne duro como una barra de acero cupiera en su interior:

    -Tranquila, Ana. –Ricardo besaba para tranquilizar a la chica.

    Volvió a presionar, ahora sin marcha atrás, hasta que sintió como la barrera física le impedía avanzar se rompía. Un grito de verdadero dolor de su cuñada delataba la perdida de inocencia. Ricardo estrenó con su grueso miembro el conducto vaginal de su joven cuñada un día antes de cumplir la mayoría de edad, hasta correrse dentro de ella.

    -¿En qué piensas…? –Llamo la atención de su cuñado, Ana

    Ricardo volvió de sus recuerdos para mirar a la hermana de su mujer.

    -Recordaba cuando lo hicimos por primera vez…

    -Ufff, qué momento… –dijo Ana antes de mirarle risueña.

    Tras suspirar, dio una calada a su cigarro y continuó:

    -Sabes que al día siguiente me asusté mucho. Me dolía el coño y tenía los labios irritados y a amanecí con algo de sangre en las bragas. Pensé que me habías hecho daño…

    -¿Cuánto tiempo ha pasado, Ana?

    -Pues al día siguiente cumplí 18 años y ahora voy a hacer 31… Y después de 13 años me dejas embarazada, y mira que nos hemos arriesgado con tu puta manía de hacerlo sin condón. Pero no te preocupes, nadie lo sabrá nunca.

    -Gracias… supongo… No todas piensan como tú…

    -¿De qué hablas, cuñado? ¿No la habrás liado, no?

    -Hay una cría de 23 años que se ha quedado preñada y me amenaza con contárselo a tu hermana si no me hago cargo…

    -Joder, Ricardo, si es que eres un PUTO CABRONAZO….

  • El instructor: Segundo encuentro

    El instructor: Segundo encuentro

    Lorena volvió a su casa al mediodía era un hermoso día soleado con 30 grados, y para su sorpresa no tenía ningún sentimiento de culpa, estaba feliz como hacía tiempo no lo estaba, se sentía deseada y esa sensación le encantaba.

    Preparó el almuerzo para la familia, la comida transcurrió normalmente el marido seguía mirando el celular, y el nene le contaba que había capturado 2 escarabajos en el parque y los tenía en una latita.

    Al cabo de unos minutos, levantaron la mesa, el nene se fue a dormir una siesta y el marido se puso a ver una serie de acción, Lore lavo las platos y se fue a recostar un rato realmente estaba cansada y entre la clase de gimnasia y el sexo necesitaba recostarse.

    Pasaron 2 horas y el nene fue a buscarla para meterse en la pileta, se puso una trikini blanca que le quedaba espectacular y se fue a refrescar.

    Así paso el sábado y el domingo estuvo lluvioso por lo que solo hubo algún juego de mesa y pasear en auto hasta la noche.

    Ya en la noche del domingo el marido la intentó buscar, pero Lore siguió ignorándolo, no le había dirigido la palabra en todo el fin de semana y ahora la buscaba para tener sexo y se volvieron a pelear, ella se dio media vuelta y se durmió y él siguió en su celular.

    El lunes a la mañana Lore estaba nerviosa, tenía gimnasio 3 veces por semana y el ultimo sábado fue especial por lo que no sabía que esperarse cuando volviera a ver al instructor.

    Se puso la ropa de gimnasia de siempre y se fue caminando, el marido habitualmente aprovechaba para ir a correr mientras el nene estaba en la colonia aprovechando la mañana.

    Ya en el gimnasio el instructor actuó normalmente y Lore se tranquilizó, hizo la rutina normalmente con algún toqueteo intencional, pero ya eran normales y cuando terminó se fue a bañar, se puso los auriculares y el instructor la siguió, apenas Lore se desnudó y abrió el agua, el instructor trabó la puerta, le puso el cartel al baño que lo estaban limpiando y se volvió a meter con ella para ver si volvía a tener suerte.

    Ella lo estaba esperando, se arrodilló y se la chupo sin parar, la recorría con su lengua desde los testículos hasta la punta una y otra vez y se metía lo que podía en su boca mientras con la otra mano se masturbaba sin parar, el instructor la levantó en el aire y la penetró contra la pared de una sola estocada hasta el fondo, Lore gimió muy fuerte, había tenido un orgasmo instantáneo, él la bombeaba frenéticamente contra la pared de la ducha mientras el agua le caía en la espalda, la estaba partiendo al medio, la llenaba completamente y no paraba de gemir y rogarle que no pare.

    Luego la llevó a upa hasta uno de los bancos del vestuario y Lore lo cabalgó salvajemente, el gimnasio le había dado una gran resistencia y lo estaba poniendo a prueba, el instructor le mordía, chupaba y estrujaba las lolas sin parar y no se la podía sacar de encima, estaba por acabar, pero a Lore no le importó lo siguió montando hasta que explotó en su interior, la inundó completamente de leche, no paraba de salir hasta que tuvo un último orgasmo y cayó rendida sobre el pecho de él.

    En unos segundos se reincorporaron, el semen se escurría entre sus muslos era mucho… y volvieron a bañarse, salieron vestidos como si nada hubiera pasado.

    Lore volvía a su casa feliz y en el camino de vuelta ve a su marido corriendo por el parque, ni lo saludó, no porque no haya querido sino porque él la vio y ni amagó a levantar la mano siquiera, así que siguió caminando, llegó a su casa y se puso a ver tele.

    Aun sentía la leche del instructor tratando de salir de su tanga y eso la tenía muy feliz.

  • Mi sobrina aprende rápido

    Mi sobrina aprende rápido

    Cuando fui al bar, estaba toda la barra, incluso mi amiga. Enseguida se empezó a rozar, señal que estaba caliente. Al rato llegaron Juan y Lilian, saludaron a todos, y se pusieron a charlar y tomar champagne.

    Cuando habíamos terminado la primera botella mi amiga se acercó a mi oído y me dijo:

    A: está muy fuerte tu hermana, parece de nuestra edad. Me la cogería, tanto como a la hija

    Y: yo por toda respuesta, me encogí de hombros.

    Seguimos la charla, pasó la segunda botella y mi amiga le dijo a Lilian

    A: me acompañas al tocador que hay dos tipos cerca que no me gustan?

    L: si, por supuesto.

    Juan aprovechó para acercarse y decirme, que hermosa mujer que era mi hermana.

    Y: si Juan, claro que si.

    J: no boludo, te digo en serio, me encanta y la personalidad que tiene me atrae mucho.

    Y: o sea que te la vas a voltear.

    J: no sé, no creo. Con esta mina no quiero hacer cagadas. Perdón con tu hermana. Me gusta en serio.

    Y: Me estas pidiendo autorización? Ella es grande.

    Cuando vinieron del baño, Lilian venía roja como un tomate. Mi amiga con una sonrisa en el rostro.

    Ella se fue a charlar con las otras chicas y Lilian me dijo al oído: “Hija de puta, me pego una apretada fuerte, me besó y me metió mano por debajo de la pollera. Lo peor es que se dio cuenta que me moje”

    Y: vos pretendes que la rete?

    L: no, nunca pensé que una mujer me iba a excitar.

    Y: esta noche no vengas porque seguro voy a tener compañía. O lo agarras a Juan o vas a tener que jugar con tu cepillo?

    L: y… No quiero que Juan piense mal de mí

    Y: ándale de frente, decile que te gusta, y fíjate que pasa. A él le gustas, pero no quiere pisar en falso, le gustas en serio.

    L: Gracias hermanito

    Por la mirada de mi amiga, supe que era hora de irnos. En el auto me comento que se había apretado a mi hermana en el baño, y que a Lilian le había gustado. Cuando llegamos a casa, agarré whisky, dos vasos y un balde de hielo y nos fuimos a mi habitación. Antes de entrar, me preguntó:

    A: donde duerme la pendeja?

    Y: en esa habitación

    Entramos nos pusimos en pelotas, me tomó de la mano y me dijo: Seguime.

    Con cuidado abrió la puerta y vimos que mi sobrina dormía solo con la bombacha,

    A: vos espía desde afuera. Cualquier cosa anda a tu dormitorio.

    Me puse en una posición que pudiera ver sin ser visto. Me esperaba un show lésbico si a mi amiga le salía bien la jugada. Se puso de rodillas a un costado de la cama y le empezó a besar los pechos, cuando comenzó a gemir, comenzó a acariciar su vagina por sobre la tanga. Mi sobrina gemía cada vez más, dormida aún se llevó un dedo a la boca y lo chupaba. Mi amiga empezó a incrementar los movimientos de la mano y Mariel empezó a mover el cuerpo respondiendo a la franela que recibía.

    En un movimiento rápido y conjunto, le metió la mano por debajo de la tanga, introdujo un dedo en su vagina y la besó

    Mariel se despertó sobresaltada, la miraba con ojos desorbitados.

    A: Hola bebota, estás muy fuerte, te gustaría jugar con otra nenita?

    M: …

    A: ah bueno, acá tenés una nueva amiguita

    La volvió a besar, Mariel sorprendida no sabía cómo reaccionar, pero no la echaba.

    A: me dejas sacarte la tanguita, así quedamos las dos desnuditas.

    M: … -solo asintió con la cabeza.

    A: huy que linda conchita que tenés, puedo besarla

    M: … sssi

    A: vas a ver que te va a gustar

    Y le empezó a pasar la lengua por el clítoris, le abría los labios y le metía la lengua en la concha, le hacía mimos en los pezones.

    A: te gusta, no?

    M: sssi

    A: sabes, yo soy muy traviesa, me gustan las nenas, pero también los nenes. Querés que juguemos con un amiguito?

    Y sin esperar que diga nada, se levantó la ayudó a que se levante y tomándola de la mano la llevó a mi habitación

    A: él es mi amiguito, tiene un lindo juguetito entre las piernas.

    M: si

    A: lo conoces, entonces vamos a saludarlo

    Y las dos se comenzaron a chuparme, lamerme las bolas, besarse entre ellas, volver a mi miembro.

    A: vamos a jugar nosotras mientras él mira, eso lo pone loquito

    Se pusieron de rodillas y cada vez más excitadas se metían mano, se apretaban las tetas, se besaban.

    A: acostate

    La puso de costado, le levantó una pierna, ella se puso en posición y empezó a refregar vagina contra vagina, clítoris contra clítoris. Mariel, extasiada veía como ella estaba haciendo una escena que había visto en video. Eso la calentó aún más, le apretaba los pechos a su pareja, los besaba.

    A: Mira como le gusta a él nuestro jueguito. Se pone calentito. Pero lo de ahora va a ser mejor ¡!!!

    Se puso boca arriba y armaron un 69.

    A: Huy, parece que alguien anduvo jugando con ese culito? Te portaste más como para que te lo dejen así?

    Mariel: si, dije boludeces.

    Y: dijo que ella podía ser mejor que una veterana como vos?

    A: Ay nena, no sabes lo que te falta, mi amor, si querés te puedo instruir en algunas cosas, en otras el, y en otras juntos.

    Por un largo rato se estuvieron chupando las conchas. Cuando acabaron en esa posición le dijo a Mariel, que se levante, levantó las piernas y las sostenía abiertas y estiradas con las manos.

    A: ahora vas a hacer lo que te diga pendeja, así que sos más que una de nosotras, mójate con saliva dos dedos y métemelos en el culo.

    M: dos?

    A: si dos de una.

    Cuando entraron empezó a gemir, a pedir que los mueva rápido.

    A: ahora tres, dale, que me gusta

    A: Martín tenés mi juguete? Se lo pones?

    Yo saque un arnés con un consolador grande del lado externo y uno un poco más pequeño del interno.

    Yo: abrí las piernas Mariel, y le metí el consolador interno al tiempo que le ajustaba el arnés a la cintura.

    A: ahora me vas a coger pendeja

    M: Nunca lo hice

    A: nunca te cogieron, es igual, dale nena movete.

    El movimiento hacía que a ella también se le entierre el consolador, empezó a moverse con fuerza, entraba y salía con velocidad, ambas gemían como locas. Me subí a la cama y le puse mi pija a Mariel en la boca que empezó a chupar al mismo ritmo que se movía. Cuando yo sentía que estaba cerca la sacaba y me la apretaba.

    A: Mariel, sácatelo y pásamelo. Martín, me pasas la crema que dejé.

    Cuando Martín se la dio la abrió y le dijo: “Hijo de puta, la usaste con otra”

    A: pendeja, otra vez en 69

    Mariel se subió a ella y le empezó a chupar el clítoris.

    A: eso chúpame bien y vos Martín rómpeme el culo

    Yo fui me coloque en posición cuando vi que mi amiga embadurnaba de crema el consolador que había retirado del cinto, el mismo que antes la penetrara. Esperé que me haga una seña y se la empecé a meter, Al mismo tiempo ella lo empezaba a enterrar en el culo de Mariel, que dio un grito de dolor. Y trató de sacarlo.

    A: báncatelo, pendeja, así que mejor que una veterana, y le empezó a pegar en el culo

    Yo mientras tanto entraba y salía de su propio culo, veía las lágrimas caer por el rostro de Mariel, acelere, mi amiga tuvo uno de sus súper orgasmos y cuando estaba a punto de llegar me dijo

    A: Ya te la cogiste por la boca?

    Y: No todavía

    A: Dale, acabale con todo en la boca

    La agarre de los pelos, y se la metí, mientras bombeaba como loco. Mi pija le llegaba a la garganta, como con su propia madre. Mientras veía como el consolador entraba y salía por el culo, con algunas gotas de sangre. Le estaba dando duro. A Mariel le daban arcadas, ya lloraba, no eran algunas lágrimas.

    Cuando terminé le preguntó a Mariel:

    A: no te sentí, acabaste?

    M: no

    A: pues entonces, te vas a masturbar el culo hasta acabar, mostranos como una pendeja experimentada como vos se masturba el culo hasta acabar. Si querés podes ayudarte con el clítoris o el punto G

    Y que me diera cuenta como, la había puesto de rodillas sobre el consolador apoyado en la cama.

    A: dale putita. Metete dedos.

    Mariel se metió dos dedos en la concha, buscó su punto G y lo empezó a masajear. Sus lágrimas cesaron, sus gemidos se incrementaron y saltaba como una loca sobre el consolador que la ayudaba a sostener mi amiga.

    A: Guau, lo tiene todo dentro!!!

    Fue escuchar esto y gritar como loca, y acabar al mismo tiempo, se salió de lo que la empalaba y cayó rendida en la cama.

    A: viste pendeja, lo que cuesta y duele ser una buena hembra.

    M: si, pero ahora no sé cómo lo voy a usar por unos días

    Y: vos lo dijiste, te la bancabas, y faltan otras cosas…

    Tomamos un par de vasos de whisky y volvimos a empezar, solo que esta vez, Mariel solo miraba y se tocaba. Pero no pudo soportar la excitación y se metió el consolador en la concha y jugaba con el metiendo y sacando.

    Cuando terminamos nuevamente dijo:

    M: flaca que admiro, por como coges, por lo libre que sos para disfrutar. Como sabes gozar y hacer gozar. Ahora entiendo Martín.

    Dormimos los tres en mi cama, de pronto, sentimos ruidos abajo, mi amiga y yo nos pusimos un bóxer y una camisa, Mariel salió corriendo de la habitación y cuando nosotros íbamos a bajar casi chocamos con Lilian.

    Veo que estuvieron divirtiéndose un rato. Y me miró seria.

    Lilian: estoy abajo con juan, el whisky.

    Y: ya lo bajo

    Nos pusimos un par se shorts y bajamos.

    Fui a la cocina con la botella y Juan y mi amiga en el living.

    L: hijo de puta, te cogiste a mi hija, y con tu amiga, flor de fiesta te armaste

    Y: no te lo voy a negar, pero, celosa o enojada?

    L: más celosa que enojada. Ella sabía en que se metía.

    Y: vos como la pasaste?

    L: genial, después que se fueron nos fuimos a unos sillones y nos matamos a besos, por ahora solo eso, igual me moje bastante

    Y: me alegro. Después hablamos.

  • Infidelidad con mi cuñado camionero (Parte 4)

    Infidelidad con mi cuñado camionero (Parte 4)

    Al día siguiente desperté y me encontraba sola en la habitación, me paré de la cama algo pensativa, pero cada que recordaba la cogida que mi cuñado José Luis y yo nos dimos en tiempo récord se me hacía agua la boca. Me bañé con afán de salir a buscar a Eduardo y mis hijos pues ninguno me contestaba el móvil, me puse un bikini y por encima un short cortito y una camiseta de tiras escotada que dejaba ver el comienzo de mis tetas, que si lo hice pensando en mi cuñado? Era probable, igual, sentía que ya le pertenecía, que ya era parte de su lista de mujeres víctimas de su atrevimiento y sabiduría para follar y lo peor era que aún nos quedaban 5 días de estadía en Cartagena. Me dispuse a salir de la habitación y tomé el ascensor para buscar piso por piso a mi familia, los encontré en el segundo piso en una clase de aeróbicos cortesía del hotel…

    Yo: Hola amor, ya desayunaron?

    Eduardo: Si amor, si quieres ve y desayuna que nosotros aún nos vamos a demorar acá.

    Estaban también mis hijos y mi hermana Belén, mi cuñado José no estaba, me fui a desayunar y pedí algo ligero pues no tenía mucha hambre, el restaurante quedaba en el tercer piso y estaba prácticamente solo, estaba terminando mi café cuando alguien se me acercó y se sentó a mi lado, era mi cuñado…

    José: Hola cuñadita, cómo te terminó de ir anoche.

    Yo: bien, dormí bien y a ti?

    José: muy bien mi amor.

    Tenía mis piernas cruzadas y José comenzó a mirarlas con descaro pues el short se subía un poco y dejaba mis muslos a la vista, yo le seguí su mirada con la mía y cuando nos miramos de frente le sonreí y le puse cara de perra en celo esperando a que me propusiera otro revolcón en su habitación o, por qué no en la mía…

    José: que ricas piernas amor

    Miré alrededor y en las dos mesas que habían ocupadas nadie nos miraba, cada quien estaba en lo suyo….

    Yo: pégate un poco más y me las tocas

    José comenzó a sobármelas y yo las abrí un poco para que metiera más su mano y mi vagina sintiera otra vez a su nuevo dueño, yo estiré mi mano para tocarle la verga, la apretaba, la tocaba con la yemas de los dedos por encima de su pantalón, nos miramos y nos besamos, él metió su lengua en mi boca y yo comencé a chupársela como una paleta y a acariciarla con mi lengua…

    Yo: Papacito rico, como me tienes de caliente

    José: que tal un rapidín en tu habitación? Te quiero follar en el lugar donde duermes con el cornudo de tu marido.

    Yo: pensé que no me lo ibas a proponer cuñadito…

    De nuevo me agarró de la mano y nos subimos al ascensor, allí nos comimos la boca, él me manoseaba el culo y me daba apretones, le di la espalda para sentir su verga…

    Yo: ahorita que me estabas mirando las piernas me dieron ganas de abrírtelas más para que me follaras en esa mesa.

    Nos volvimos a besar, llegamos a mi habitación y sin mediar palabra nos comimos la boca de nuevo, su lengua me encantaba, yo se la chupaba, la saboreaba, era mi manjar y él con sus manotas me manoseaba el culo, me quitó el short y luego la camiseta y cuando comenzó a bajar con sus besos por mi cuello yo hice a un lado la copa derecha de mi brasier para sacarle mi pecho y con mi mano se lo ofrecí para que se lo comiera…

    José: que tetas te gastas cuñada

    Yo: dale mi amor, chúpamelas que verte comiéndote mis tetas me calienta aún más

    José se metía lo que podía a la boca, de inmediato le bajé la cremallera de su pantalón y metí mi mano con total autoridad, como reclamando lo mío, como la doña, la patrona, la dueña de esa verga, la saqué y sin pensarlo me puse de rodillas y me la metía a la boca, me comí sus huevos que eran bien grandes y parecían bien cargados, subía con mi lengua hasta la cabeza y le daba chupetones…

    José: Aaajjj, doña Nora, que rico la chupa

    Me tomó del cabello y guiaba mis succiones, su verga me llenaba la boca y yo estaba feliz de comérmela, por fin actuaba como una perra en celo dándole gusto a mi macho, mientras se la mamaba lo miraba a la cara y verlo totalmente extasiado me calentaba aún más. Me puse de pie y dándome una nalgada me llevó hasta el baño, allí me apoyé en el mesón del lavamanos y abriendo un poco mis piernas levanté mi culo y lo miré por el reflejo del espejo…

    Yo: mira cuñadito lo que te tengo

    José metía su mano, me agarraba la vagina, me frotaba su verga por encima de mi tanga, me daba nalgadas para calentarme más…

    Yo: métemela ya que no aguanto, quiero sentir tu verga adentro mío, vamos mi amor cómeme

    José corrió mi tanga hacia un lado y comenzó a metérmela despacio, sentía su verga gorda y caliente.

    José: que rico mi amor, tienes esa vagina caliente

    Yo: y tú tienes la verga gordota y eso me encanta, lléname toda bebé!!

    José aceleró el ritmo y yo veía por el reflejo del espejo como se adueñaba de mí, de mi cintura agarrándome con sus manos para lograr meterme toda su verga y esa sensación de pertenecerle, de estar en ese lugar solo para complacerlo como si fuera un dios me encantaba, mi cara de perra no se podría describir, era presa de la lujuria, del deseo, de probar lo prohibido a sabiendas que lo que hacíamos estaba mal y por ello lo hacíamos a escondidas, si, de esa manera se disfrutaba mucho más. José me cogía del cabello mientras yo ardía por dentro y gemía en voz baja, me agarraba las tetas, me daba nalgadas mientras me penetraba y mi cola chocaba ferozmente contra su pelvis…

    Yo: ajj ajj ajj uummm que delicia mi amor!!

    José: jajaja que puta eres, como te entregas a mí con total facilidad, ya te tengo bien domada mi yegua

    Yo: me encantas, soy tuya… auuu! que rico!! Umm

    José: ah creo que me vengo, prepárate

    Yo: vente dentro de mí, lléname de tu leche

    José: ok te voy a preñar cuñadita, vas a tener un Josecito… ahí te va!!! aahh

    Yo: préñame hijo de puta!

    El deseo era tal que no me importaba correr el riesgo de quedar embarazada de mi cuñado, estaba hipnotizada por él. Me dejó llena de su esperma, me chorreaba por las piernas y yo no dejaba que me la sacara, movía mi cola y apretaba mi vagina para acariciar y masajear su vergota en agradecimiento, su leche ya estaba dentro de mí y si quedaba preñada estaba dispuesta a tener un bebé de José, era tal mi entrega que no me importaba darle un hermano de otro padre a mi hijo Miguel.

    Nos vestimos de inmediato pero cada que nos mirábamos nos reíamos y nos besábamos con pasión. Antes de salir nos aseguramos que no hubiese nadie cerca, al salir José se fue a su habitación a descansar y yo llena de la leche de mi cuñado y sin la más mínima vergüenza iba en busca de mi marido, que puta soy, pero feliz y dichosa.

  • Karen. Una puta madura (VI): Karen se ducha con su negrito

    Karen. Una puta madura (VI): Karen se ducha con su negrito

    Le diré al lector que lo dejamos en ese anterior capítulo mi negro ex y mi blanco novio me habían follado los dos a la vez en mi coño.

    Luego de ello… mientras reposaban sus pollas bien aliviadas en mi cuerpo había puesto la televisión para descansar.

    No me lo podía creer… Alicante estaba cerrada.

    La pandemia.

    Cuando Ramón se levantó instintivamente lo hizo también Enrique. Aparecieron por el salón sin calzoncillos y rascándose los huevos.

    Toque de queda… Tanto Ramón como Enrique se quedaron con la boca abierta. Y yo más.

    Ramón puso cara de…

    -«Me voy a tener que quedar aquí…».

    Enrique de…

    -«Me voy a cagar. Siendo Guardia Civil voy a tener mucho trabajo. Eso sí… a mi pueblo no vuelvo. Me quedo aquí con mi novia… el problema será mi madre».

    Y yo…

    -«Buf… me veo con estos dos en mi casa… con lo independiente he sido siempre…».

    Sea lo que fuere… me fijé en ellos. Jamás les había visto con sus pollas a mi lado tan pequeñas. Estaban acojonados. Y yo también.

    No dije nada. Hice. Le cedí mi habitación a Ramón puesto que el ordenador estaba allí y creí oportuno debía comunicarse con su familia (con la zorra esa de su mujer). Cambié sábanas y la limpié entera. Enrique y yo dormiríamos en el sofá cama en el salón.

    Sea lo que fuere Ramón y yo sin salir. Enrique… a su trabajo y de su trabajo a mi casa porque era Guardia Civil.

    Vaya movida… Y yo que siempre quise ser una chica independiente sin meterme en líos tendría que aguantar a esos dos mis chicos. Ni siquiera había tenido niños a pesar de lo que me gustaban.

    Se vistieron y estuvimos pegados al televisor hasta bien tarde.

    -Hala, chicos… a la cama. A dormir.

    A Ramón lo vi triste y lo acompañé a mi habitación. Sabía lo que le pasaba.

    En realidad, no podía irse para volver con su familia. Estaba muy triste. Lo tapé y le di un beso. Enrique ya estaba esperando en el salón pero fui a decirle esa noche dormiría en mi habitación con Ramón. Enrique se conformó.

    Estábamos tristes.

    Ramón me abrazó y me dijo cosas cariñosas. Tantas que se le puso una verga bien tiesa. Si me decía cosas cariñosas y obscenas se ponía siempre así él solo.

    Lo besé mientras le hacía una paja con mi mano derecha besándolo a la vez. Una mano que no abarcaba todo lo largo de esa negra verga.

    -No estés triste. Que todo pasará y podrás volver a tu casa le dije.

    Cuando él se corrió, limpié su semen con una toalla de mi mano y de su cuerpo dándole un beso. Venga a dormir y abrázame…

    -Eres muy buena, Karen…

    -Porque me quieres, amor… duerme.

    En cuanto Ramón se quedó dormido me fui al salón con Enrique que roncaba como un cesto.

    Me acosté en mi sitio y me dormí no sin antes cavilar en todo. En primer lugar la pandemia. Y en segundo… el cariño lo iban a necesitar los dos. Al fin y al cabo, las mujeres somos más fuertes que los hombres y yo iba a dar ese do de pecho.

    Me gustaban tanto…!

    Me levanté para preparar el desayuno.

    Qué es lo más aburrido puede tener una mujer en esta vida?

    Un domingo con pandemia y en confinamiento.

    Pasaron los días y me di cuenta de que esos dos tíos no podían vivir sin mi. Pero no en el aspecto sexual sino en líneas generales lo que me hizo por una parte pensar estaba ante un precipicio y por otra me encantaba tenerlos para mi. Además no se llevaban mal.

    Enrique seguía trabajando al ser Guardia Civil pero ni Ramón ni yo lo hacíamos. Salvo el inciso de recibir a Enrique todos los días en casa dependiendo de su turno Ramón y yo no teníamos aliciente alguno ante lo cual intimamos más todavía.

    A veces, Ramón se conectaba vía Skype con su mujer e hijos y hubo una noche en la que pude observar como tuvieron sexo virtual mientras Enrique estaba de guardia. Ramón se masturbaba viendo a Erica desnuda y con las piernas abiertas.

    Ramón sostenía su gran verga negra con su mano derecha y se acariciaba todo su cuerpo diciéndole palabras cariñosas a su mujer. Como bien he comentado en capítulos anteriores de esta serie a esa mujeracha negra no la podía ni ver. Erica se tocaba un coño negro por fuera y claro por dentro mientras Ramón babeaba. Me puse muy celosa pero cachonda a la vez. Qué cerda! Guarra asquerosa.

    Además pude observar como se había puesto unos ligueros blancos que contrastaban a la perfección con su fina piel negra. He de reconocer estaba radiante. Debería haber entrado y haberle hecho una mamada a Ramón delante de la cámara para que lo viese esa zorra pero me abstuve de líos.

    -Contrólate, Karen. Ya oíste lo que te dijo el sexólogo… como no lleves bien lo de tu «poliamor» con Enrique y Ramón al final la cagarás…! Me dije.

    No obstante, me pregunté…

    -Cómo es que Ramón había dejado entreabierta la puerta de mi habitación?

    -Sería para que lo viera cascándosela con esa putilla?

    -Hummm!!! Qué perro…! Lo pagaría caro esa noche…

    Esperé un rato prudencial para que se derramara con esa guarrilla que era su mujer y dije…

    -Ramooon… ven un momento…!

    Entró en el salón y dijo…

    -Qué quier… quieres?.

    Me había puesto mis ligueros blancos y le estaba esperando a 4 patas acariciando mi coño y ano.

    -Penétrame, cielo. Te gusto así?

    -Ohhh, Karen… no esperaba esto de ti… estaba hablando con Erica.

    (Sí, claro con esa ramera barata del tres al cuarto…).

    Solo esperaba pudiese levantar su verga 5 minutos después de correrse con esa fulana. Fue a penetrarme pero no pudo hacerlo como era de imaginar.

    -Qué le pasa a mi chico. No le gusto?

    -Ohhh, no. No es eso, Karen.

    -Qué cosas le pasan a mi negrito…! Ven, que te voy a dar mucho amor…

    Lo cogí de la mano y lo llevé a la ducha. Le quité su ropa interior y vi una polla flácida junto con unos testículos relajados. Era evidente acababa de eyacular hacía unos minutos con su mujer y no estaba para fiestas.

    En el espejo del baño pude comprobar como la pandemia me había engordado. Estaba más fuerte y lustrosa. Unas venas largas y azules que parecían ríos perfilaban mis tetas y caderas a través de mi tersa y blanca piel. Creo que a mis dos hombres les gustaba más así. Al menos eso me había dicho Enrique mi Guardia Civil novio.

    Metí a Ramón dentro de la ducha conmigo dentro. No me había quitado los ligueros. Puse el agua tibia y comencé masajear a ese gorila de 1,90.

    -Así, mi chico bien limpito.

    Cogí el jabón y lo llené de espuma. Yo también lo hice refrotando mis tetas con mis manos y enseñándoselas entre mis manos con mucho jabón.

    -Te gustan así, amor? Le dije pensando la zorra de su mujer no se lo podía hacer. No tenía la voluptuosidad de mis enormes tetas de mujer de 46 años de verdad.

    Así su verga y se la limpié con la esponja. Poco a poco noté como se iba poniendo tiesa.

    -Ohhh… pero si ya está grande!! Uhhh!!! Qué polla tiene mi negrito.

    Efectivamente. Se la había puesto tiesa con la esponja y el jabón. Se agachó y me besó en la boca. Le enjaboné su fuerte pecho negro con mis manos. Unas manos blancas que contrastaban con el color de su piel y que tornaban diminutas con el tamaño de sus pectorales. Muchas veces imaginaba de lo que serían capaces Enrique y Ramón si lejos de ser buenos e inteligentes desataran su fuerza bruta llegado el caso contra algo o alguien. Implacables.

    Toqué su verga con mis manos tiesa, limpia y mojada. Coloqué el aspersor de agua colgado de la pared y comencé a chupar su polla. Ahora si que gemía bien y no con la fulana de su mujer. Esa era la música quería escuchar. Me había tomado mi tiempo y lo había logrado.

    El agua caía sobre mi pelo y su verga. A cada mamada su miembro quedaba limpio de mi saliva pero mojado por esa tibia agua. Él se estaba volviendo loco y yo se la chupaba loca de amor.

    Cogió mi cabeza y con cuidado puso sus grandes manos guiándola. Era evidente eso no me lo podía tragar entero más hacía lo que podía por satisfacerlo. Él se daba cuenta.

    Esa tibia agua regaba mis pechos para acabar en mi coño escurriéndose hasta el desagüe estando de cuclillas. Noté unos pechos y aureolas realmente erectos. El rumor del correr del agua por mi cuerpo para acabar en mi coño era una caricia sublime en mi clítoris.

    Si. Estaba pagando cara su conferencia por Skype.

    -Qué culpa tenía ese hombre si era en realidad su mujer y madre de sus dos hijos? Ninguna. Pero a mi me había puesto celosa y quería darle una lección a esa furcia.

    Poco a poco se puso muy ansioso e inquieto. Era evidente se iba a correr por segunda vez en media hora. Esta vez conmigo.

    -Ya? Cariño…? Ya te va a venir verdad…?

    -Si…, si…, si…!

    No pudo hacer otra cosa que eyacular en mi boca el resto de esperma no lo había hecho con su mujer. Aquellos posos aún le quedaban en los huevos.

    Una vez descargado cerré el grifo y me puse de pie para besarlo no sin antes mi garganta tragar su esencia de hombre.

    -Qué rica estaba tu leche, corazón… me darás más otro día?

    No respondió. Estaba completamente fuera de si.

    -Ven.

    Lo saqué del plato de ducha y sequé primero su cuerpo y luego el mío. Él me ayudó a quitar mis ligueros y medias visiblemente empapados.

    -Cómo eres, corazón. Te corres en mi boca y luego ya pareces un pelele…

    Se había corrido como un campeón y a mi una profunda red de autoestima dominó mi cerebro y mi cuerpo. Estaba exultante.

    Lo llevé a mi habitación que era la suya y apagué el ordenador. No quería que por algún casual esa zorra estuviese mirando como a su marido le iba a hacer que comiera mi coño. Si hubiese sido mala lo hubiese grabado y mandado a esa furcia pero hice caso al sexólogo. Eso era un golpe muy bajo para Ramón y hubiese quedado aún más puta que su mujer. Yo tenía más clase que esa negra del demonio.

    -Me vas a comer el coño, Ramón?

    -Si, Karen. Tienes ganas, cariño?

    -Muchas. Dame placer oral. Poquito a poco. No te pongas burrito, eh?

    Me tumbé en mi cama y puse la almohada debajo de mi culo.

    Cuando fue a meter su cabeza entre mis piernas le dije…

    -No me vas a dar antes besitos? Quiero.

    Me besó entera. Tanto que pude observar como su verga volvía otra vez a estar tiesa. Eso me puso muy cachonda porque entendía otra vez había logrado excitarlo.

    Definitivamente metió su lengua en mi almeja y comenzó a trabajarla. Era increíble como chupaba ese hombre.

    -Para, un poquito, amor… le dije para no irme enseguida. Quería acumular más electricidad en mi cuerpo.

    Tocó mis muslos interiores y besó mientras los pelitos de mi coño. Hizo algo que nadie me había hecho y fue soplar en mi coño que se tornó frío con la humedad del mismo. Eso me puso a 100.

    Toqué mi vagina con mis dedos y vi como estaba dilatada y realmente húmeda. La abrí aún más con mis manos quedando mi clítoris al descubierto y le dije…

    -Sigue, amor… despacito.

    Me obedeció como un autómata. Cuando noté estaba ya al máximo le dije…

    -Quieres hacerle unas fotos a mi coño, amor?

    -Ohhh, si… me dejas?

    -Claro… así te las guardas y te masturbas viéndolas. Las puedes subir a internet si no me sacas la cara. Vale?

    Estaba completamente convencida de que en un concurso de coños por internet en una página guarra me hubiese llevado el primer premio tal y como lo llevaba…

    Eso alivió mi calentura porque iba a irme enseguida si no lograba distraerlo.

    Cogió su móvil e hizo varias fotos a mi abierta concha en distintas posiciones.

    -Ya? Sigue, negrito.

    No imaginaba lo que iba a hacerme pero comenzó a estimular mi ano. Me estaba volviendo loca sentir como metía su lengua y dedos en él. Nadie me había hecho eso. Cuando notaba se quedaba sin lubricar metía sus dedos en mi concha y luego tomaba mi culo lentamente. Gemía como una loca agarrándome a las sábanas y mordiendo mis dedos.

    -Así, Ramón… quiero más.

    De vez en cuando paraba y besaba mis pantorrillas y pies. Eso aún me excitaba más. Estaba ida. Realmente loca. Nadie había hecho eso. Pensé que si en esos momentos me hubiese tocado los pechos o el estómago me habría ido sin remedio. Tuve la valentía de hacerlo y efectivamente me corrí mientras él trabajaba mi culo.

    Hasta entonces siempre había pensado mis orgasmos eran vaginales. Desde aquel día me di cuenta de que podía llegar solo por excitación. Fue increíble.

    -Buf… Ramón… ha sido fantástico!!!

    -Algo nuevo, Karen?

    -Si… Ramón. Algo nuevo e irrepetible.

    Él se incorporó y vi como su polla estaba dura como una piedra tras media hora de dedicar su máximo cariño a mi.

    Estaba temblando como un pollito y él lo advirtió. Se tumbó a mi lado y me abrazó diciéndome cosas preciosas. Su verga fue bajando hasta tenerla realmente pequeña. Eso fue la mayor ternura vi en un hombre para con una mujer.

    -Te amo, Karen…

    En su aliento percibí el aroma limpio de mi coño mezclado con el gel. A lo que le dije…

    -Y yo más, Ramón…

    Nada objeté en el fondo de mi ser sobre la conducta de un hombre en su día fue mi ex y que abandoné como bien dije en el primer capítulo de esta nuestra serie. A excepción, de que si eso me hizo a mi de natural a la zorra de su mujer también se lo habría hecho antes. Me invadió en ese sentido una ansiedad no había experimentado en mi vida. Un nuevo interrogante vital para mi. Y… no me aterrorizaba más en mi vida que lo desconocido. Fui tonta al dejarlo. A esa conclusión llegué.

    Nos quedamos dormidos abrazados. Pensé en Enrique mientras tanto. Él trabajando y su novia con ese negro tanto me gustaba. Consideré eso no estaba bien pero él me quería tanto que lo toleraba y ya nos había dicho el sexólogo que mientras hubiese tolerancia entre los tres no había nada que desechar.

    Desde luego, Enrique no me chupaba el coño como Ramón pero todo era enseñarle a hacerlo.

    Nos despertamos y pusimos la tele. Estuvimos viendo el telediario matinal madrugando a lo que objeté…

    -Me parece que para rato tienes para volver a ver a tu familia, Ramón… (En realidad, pensé para mis adentros que ojalá la zorra de su mujer se fuese con otro…).

    -Ay… no me digas eso, Karen…

    Enrique estaba a punto de llegar de su turno de noche por lo que le preparé el desayuno para que se fuese a la cama nada más llegar.

    Apareció contento como unas castañuelas y dejando su quepis y arma en la entrada. Ese día tuvo tantas ganas de salir que ni se había cambiado en el cuartel.

    -Como algún día te pillen con la pistola fuera del armero ya verás… le dije…

    -Bahhh… tengo dos días de permiso y tenía ganas de volver dijo enseñando una botella de ron de 8 años.

    -Al menos haber dejado la pistola en el cuartel, Enrique. Que no te costaba nada. Sabes no me gustan las armas.

    -Bueno… vale. La voy a llevar allí… pero solo si luego me comes la escopeta…

    -Anda, tira… que te cuesta poco. Ya sabes que no quiero armas en casa.

    Ramón se echó a reír y dijo…

    -Si le comes la escopeta ya verás que pronto la deja en el cuartel…!

    Efectivamente, Enrique salió y fue al cuartel a guardar su arma. Cuando regresó me dijo…

    -Ahora la escopeta, cariño!

    En realidad, me di cuenta de que estaba ante dos niños grandes cuyo único juguete era yo. No solo eso. Era su nexo de unión. Sin esa correa de transmisión nada funcionaría.

    -Venga… a desayunar primero. Con el estómago lleno te gustará más.

    Efectivamente. Cuando acabó su desayuno de zumo de naranja y tostadas con jamón y aceite fui a acostarlo.

    Si tenía turno de noche Enrique dormía en el sótano para que nadie lo molestara.

    Se tumbó en su cama y le enseñé mis pechos.

    -Mira, ves cómo se mueven? Son para ti… están más grandes que antes, ehhh? Así mejor. Para que te guste más tu vaquita.

    Puso unos enormes ojos. Era obvio le gustaban y los acarició. Le dejé hacer con ellos todo lo que quiso hasta que opté por pasárselos por su polla ya erecta desde que me los había visto.

    Me tragué su verga y en apenas dos minutos se corrió en mi boca.

    -Ves? Cuesta poco todo si pones interés, amor. Le dije tragando su semen.

    -Venga, a dormir. Te despierto a las 2 de la tarde para comer.

    -Qué buena eres conmigo, Karen!

    -Eso es porque te quiero. Esperé un poco admirándolo y cogí su mano.

    No había subido las escaleras que ya roncaba como un niño.

    -Qué tal, Karen? Me dijo Ramón.

    -Bien.

    -Es un buen tío.

    -Si, Ramón. La verdad es que los dos sois buenos chicos y no están los tiempos como para complicarnos la vida.

    Continuará…

  • Que pequeño es el mundo, señora

    Que pequeño es el mundo, señora

    Hola de nuevo! Tengo muy buenos recuerdos de estos días así que se los comparto: una época de vacaciones un amigo que vive con su padre me pidió que me hiciera cargo de su negocio un tiempo ya que él estaba muy ocupado y su padre recuperándose de una operación reciente, yo obviamente acepto, además de devolverle la mano a mi amigo (me ha salvado de varias), un dinerito extra nunca viene mal.

    Uno de los primeros días todo iba normal hasta que llega al negocio una mujer de entre 40-45 años, guapísima (yo con 22 en ese entonces) con una chaqueta y unos jeas que ufff ya profundizaremos en eso. El tema es que su cara me parecía familiar, y mientras trataba de recordar de donde me detallaba su pedido, muchísimas cosas así que algo de tiempo tenia, le pido que me espere mientras iba a buscar las cosas a la bodega y ella acepta amablemente.

    Mientras echo las cosas recuerdo los años en que mi padre me llevaba a los eventos de su empresa, y ahí recuerdo que ella era la esposa de un compañero de él, que más de algún problema tuvo con mi padre en su tiempo. En un impulso, tomo un papel para notas y pongo mi nombre y mi Whatsapp ahí, sigo todo normal, me despido de ella con una sonrisa y a seguir mi jornada laboral rápidamente.

    Llego casi de noche a casa a darme una ducha y descansar hasta que suena el teléfono, yo con cosas de trabajo seguramente lo había olvidado pero era ella, diciéndome hola y preguntando si yo era el joven de la tienda y yo le confirmé. También me dice que menos mal ella revisa bien las bolsas porque si su marido encontraba el papel con mi nombre/numero la mataba, y yo pensé en mi mente: y si un día de estos te hago mi perra seguramente también, pero no tiene porque enterarse.

    Es que esta madura, que llamaremos Margarita, estaba buenísima: su pelo claro muy bien cuidado, unos ojazos cafés, un cuerpo de puta madre, unas tetas que resaltan a la vista y un culo que te deja loco de solo verlo. Recuerdo que cuando la veía hace años ya estaba buenísima, pero como el buen vino mejoró con el tiempo, como si toda la experiencia forjada con los años le sumaba atributos a su cuerpazo.

    Tras días hablando me pidió un favor: llevarle cosas del negocio a la casa. Ese día sábado cerré temprano así que no hubo problema, eché las cosas al auto y partí, lo estacioné unos metros antes para que el marido no levantara sospecha si llegaba y toqué el timbre: ella me recibe felizmente y me hace pasar con las bolsas.

    Ya dentro, contando que estuviera todo y ya habiéndome pagado me invita a un vaso de jugo (se notaba que cuidaba su cuerpo) y yo acepto. Entre tanta risa y ambos sentados en el sillón (su marido trabajando) se empieza a endurecer mi pene y trato de disimularlo, ella nota mi nerviosismo y me dice que me relaje, y yo en uno de mis tantos impulsos la miro y la comienzo a besar, pensé uff que rico besa está mujer, entre 15 y 20 segundos de beso hasta que me dice

    -Esto no está bien

    Su cara era de entre gusto y preocupación, le llevo su mano a mi pene y le digo:

    -Esto tampoco y hay que arreglarlo ya

    Mantuvo su mano un par de segundos sin que se la afirmase y la sacó de ahí, diciendo que su marido no iba a tardar en llegar y que se moría si la veía engañándolo, en eso le digo:

    -Y si nos ve que importa, va a aprender cómo se le trata a una hermosura como tú; le dije y la volví a besar.

    Esta vez ya se estaba dejando tímidamente hasta que la agarré del culo y la presioné hacia mí para que sintiera mi pene. Ahí ya no hubo vuelta atrás, me besó más intensamente, comenzó a manosearme y nos envolvimos en la calentura mientras pensaba en cómo estaba ese hijo de puta que habia tenido problemas con mi padre.

    En un abrir y cerrar de ojos estábamos desnudos teniendo sexo como si no hubiese un mañana, entre sus gemidos, sus expresiones, sus movimientos y su forma de manejarse haciendo orales eran pura perfección, del mejor sexo que he tenido. Se comportaba como mi perra, la azotaba en 4, le estimulaba su clítoris con mi lengua, ella me lanzaba escupitajos en mi pene y mucho más, definitivamente era mi perra. Me sentía triunfante recostado en su cama y teniéndola encima con mi pene ensartado en su culo, diciéndome que hace rato no la hacían sentir mujer.

    En eso estábamos cuando suena su teléfono y era su marido diciéndole que iba en camino. Ella urgida me dijo que tenía que irme ya, yo le dije:

    -No me voy sin hacer esto. Acerqué mi pene a su boca y me dijo: ya solo un minuto más, te vistes y te vas.

    Mientras me lo chupaba agarré mi teléfono y comencé a grabarla, ella entre risas y nervios siguió hasta que me hizo venirme en su carita y lengüita, todo eso registrado en video.

    Dejé de grabar y empecé a vestirme mientras ella aun con el semen en su cara me dice: eres un loco pero me gusta jajaja.

    Ella se limpia y yo acabo de vestirme mientras ella algo más relajada ya estaba con la ropa interior puesta, y me dice que el video lo vea una vez y lo borre (lo usé como parte de mis pajas un montón de tiempo, pero resguardadisimo)

    Yo le dije que eso se tenía que repetir y me dijo:

    -Bueno pero en tu casa o un motel, ya no corro más riesgos

    Nos despedimos de beso y me fui sigilosamente, ya que no falta la vecina chismosa que podía delatar a Margarita, salí cansadísimo, pero satisfecho, y Margarita fue mi perra muchas veces más.

    Espero les haya gustado, no duden en dejar su comentario y ya estaremos con más historias reales y una que otra ficticia, saludos.

  • Gina, suegra? novia? amante?

    Gina, suegra? novia? amante?

    A finales de los noventas con 20, 21 años estando en la universidad y con la novia en turno, ella se había cambiado a las afueras de la ciudad ya que sus padres se habían divorciado, el viaje era largo y ella había acomodado su horario de tal manera de tener un día entre semana para no ir a la universidad, lógico yo había acomodado el mío de la misma manera para verla, si bien como comenté el viaje era largo yo llegaba a las 7:30 de la mañana. Sus hermanas menores estaban en la escuela y su mamá se iba a trabajar, así que teníamos la casa para nosotros hasta las 3 de la tarde, lo cual aprovechábamos para tener sexo, lo cual disfrutábamos ya que teníamos la certeza que nadie llegaría, nos podíamos pasear desnudos por la casa, nos bañábamos, lo hacíamos en todos lados.

    Pero su mamá, que ya era “soltera”, le “pasaba algo” ya que se dormía con una de las hermanas, la más chica y ella decía que se “movía mucho” durante las noches, así que me pidió mi novia que le consiguiera novio a su mamá, a lo que le dije que estaba loca que no conocía a alguien de la edad de su madre que quisiera salir con ella.

    Georgina empezando en sus cuarentas (ojo aquí yo de 20), morena, bajita, cabello negro quebrado, facciones finas, ojos muy negros, buenas nalgas, que le heredo a su hija mayor (mi novia), senos medianos, conservada, risueña, amable y muy relajada en ese periodo. Me daba la oportunidad de hacerle bromas pesadas y se aguantaba, lógico, cuando podía me la regresaba, pero nos divertíamos mucho, creo que sabía perfectamente que yo llegaba el día que su hija se quedaba y cogíamos, pero pensaba… bueno no se van a un hotel de mala muerte y por lo menos no he embarazado a mi hija.

    Con el tiempo seguía haciendo el comentario de que le buscara novio a su mamá, a lo que me seguía negándome, Gina, como yo le decía, odiaba que le llamara así, cada vez entraba más en confianza conmigo, un par de veces salía con una playera ajustada sin bra que dejaba ver esos hermosos pezones, a lo que mi novia la regañaba y a mí me pedía que no me llevara de ese modo con su madre, algo que nunca se detuvo y la hija seguía diciendo que se “movía” mucho su mamá en la noche.

    Un día llegue con todas las ganas de darle una cogida memorable a mi novia, pero cuando abrió la puerta tenia cara de pocos amigos. Su mamá se había caído en la calle, por lo que estaba en casa acostada con dolor de espalda y su padre pasaría por ella para hacer un trámite o algo por el estilo, yo solo pensaba… maldita sea, desmarañarme y el viaje hasta acá para nada… me dijo que llegaría a las 3 junto con sus hermanas, yo de mala gana pase, apenada se fue con su papá que ya la esperaba y pase a la casa.

    Gina estaba acostada en su cama, viendo TV y le pregunte… ¿y ahora que te paso?… me dijo que se había resbalado en la calle y había caído de sentón, yo burlándome le dije… yo no te hubiera levantado, ya te había chupado el diablo (expresión típica de México) o… yo pensé que con esas nalgas que te cargas, rebotarías… a lo que solo reía y me respondía como siempre… que malvado eres.

    Pero ya en su cuarto le dije… a ver, dame permiso en tu cama ¿no?, ve que hora es y la verdad estoy cansado… respondiéndome con un rotundo NO, pero a esas alturas yo ya me estaba quitando los zapatos, me senté a su lado y levantando la cobija pude ver que seguía en pijama pero con el “dolor” de espalda no pudo moverse rápido, así que me acosté junto a ella, pasando mi brazo izquierdo debajo de su cabeza y mi brazo derecho en su cintura poniéndola de lado y pegándola a mí, lógico los dos tapados con las cobijas. Gina me decía que estaba loco que por qué me metía a su cama, a lo que le decía… te dije que estoy cansado, hace frio, tu ve la TV y yo me duermo, así no sentimos el frio, la apretaba más a mí y entre risas nerviosas se fue relajando ella y yo.

    Mi boca la tenía en su nuca así que sentía mi respiración, yo mi mano izquierda estaba entrelazada con la suya y mi mano derecha debajo de su ombligo, fue en ese momento donde se empezó a “mover” como decía su hija la más chica, según para acomodarse pero pegaba más sus nalgas a mi verga que se estaba empezando a despertar, apretaba mi mano izquierda y soltaba suspiros, busque con mi mano derecha la entrada entre su pantalón y blusa y soltando un… ¿Qué haces?.. Le respondí… te dije que tenía frio. Mis dedos bajaron poco a poco y pude sentir sus vellos y de pronto… la humedad… ella con su mano ya la pasaba sobre mi pantalón, como pudo me lo bajo y saco mi verga que empezó a masturbar despacio pero firme.

    Libere mi mano izquierda y empezó a buscar sus tetas, Gina ya se movía mucho a lo que comente… ¿y tú espalda?… riendo nerviosa la acomode boca arriba, y parándome le lleve mi verga a su boca que la devoro de un mordisco, era una maestra, me chupaba los huevos, le daba mordidas pequeñas a la cabeza de mi verga y nada que ver con la inexperiencia de su hija a la hora de mamar verga. Le levante la blusa y por fin admire esas tetas deliciosas que de cuando en cuando me presumía sin bra y mis dedos en su conchita. La ayude a incorporarse despacio y mamándole las tetas, me acariciaba mi cabello le saque el pantalón, la blusa y los calcetines.

    Me acosté en la cama y ella sobre mí para seguir mamando mi verga, le pregunté… ¿de verdad ya extrañabas una verga?… a lo que respondió… ¡¡no sabes cuánto!!, a lo que respondía… pues aquí la tienes y tomándola del cabello la empecé a coger por la boca, veía como le colgaban esas tetas hermosas, le pedí hacer un 69 a lo que con cuidado se movió y lo hicimos, le abrí las nalgas y veía el interior rosado de su conchita velluda, ella movía las caderas, la recosté boca arriba y tomando mi verga se la metí despacio, veía el ansiedad en su mirada, abriéndole las piernas, se la metí hasta el fondo, soltando un grito ahogado, ya tenía sus pies en mis hombros, me hice hacia adelante para mamar esas tetas deliciosas, preguntándole con risa burlona… ¿Cómo va la espalda?… a lo que respondió… cállate y sígueme mamando. Lo cual me calentaba más, me salí para voltearla y ponerla en cuatro, me hinqué y empecé a mamarle su conchita pasando de su clit a su ano, a lo que dijo… ¿lo quieres usar?… lo cual me tomo de sorpresa diciendo… dudo que mi hija te lo haya dado, así que, si lo quieres, es tuyo, pero gánatelo.

    Lo seguí lamiendo, sentía como lo movía, abriéndolo cerrándolo, le apretaba las nalgas y me dijo… nalguéame… a lo cual hacia lo que fuera para que me diera su culo, empecé a meter mis dedos uno a uno poco a poco. Sin sacar mis dedos le metí mi verga en su conchita, movía su cadera en círculos, sabía muy bien lo que quería, estaba muy húmeda y diciéndome… ahora sí, mételo despacio… le puse la cabeza en le entrada de su culo, lo metí pero ella me decía… ¡¡despacio!!, algo que según yo hacía, gemía, su respiración se agitaba, hasta que sintió mis huevos en su conchita, me dijo… quédate así un ratito, no te muevas… sin moverme como ella me ordeno, sentía como movía su culo, como me apretaba, le dije… me voy a venir.. Y con una orden me dijo… dame duro, no te detengas, aunque hayas eyaculado, yo te diré cuando te pares… así que le empecé a dar duro, ella recostada en la almohada, apretando la cobijas con sus manos, su culo en lo alto, hasta que eyacule, pero como me había ordenado seguía bombeándola, hasta que se puso flácida mi verga y salió de su culo.

    Se recostó y me invito a su lado. Me abrazo y me beso la frente, yo buscaba las cobijas para taparnos, ya bajo las cobijas, no dejaba de recorrerla, de tener mi boca en sus pezones y mis dedos recorriendo su culo escurriendo mi leche. Hasta que llegó el momento de preguntar… ¿ahora qué sigue?, Gina se quedó pensando y lo primero que dijo fue… no se tiene que enterar Nayeli, yo no le diré nada y si quieres que se repita, tu mucho menos… lógico a todo le decía que sí. Le hice los comentarios donde me pedían que le buscara novio, a lo cual ella reía, de que su hija la más chica decía que se “movía mucho” en las noches, a lo cual sonrojada me decía… es que soy muy caliente y según yo soy discreta… a lo que con una risa le dije… no lo creo… le pregunte por que se había divorciado.

    Me explico que el ex era muy infiel, que ella era una mujer muy “regular” en la cama, pero para que el no siguiera de infiel hacia todo lo que él le pedía, pero aun así seguía buscando otras mujeres y ella se quedó con la calentura. Que su hija mayor (mi novia) heredo porque sabía perfectamente a que nos quedábamos, algo que me hizo sonrojar. Me comento que ella había accedido a casi todo menos a hacer tríos. Le agradecí que me diera su culo.

    Me dijo que sabía que Nayeli jamás me lo daría por lo pretenciosa que es (y tenía razón, las veces que lo intentamos se quejaba de algo).

    Mientras seguíamos platicando, me acariciaba mi verga, tenía un sentido del tiempo exquisito, así que bajándose me volvió a mamar mi verga, poniéndola dura en un parpadeo y sin decirme nada se montó sobre mi de un sentón, yo la tomaba de sus caderas y le mamaba sus tetas, le daba duro. Sentía el sudor de Gina caer en mí, diciéndome… ya sé por qué se queda Nayeli y no la culpo, yo me quedaría igual, me senté en la cabecera y ella sobre mí, el movimiento de caderas era su especialidad, sabía que contaba con un buen culo y sabia como usarlo, me dijo… cuando vayas a eyacular me avisas, lo quiero en mi boca… a lo que le empecé a dar más rápido y avisándole se salió y se metió mi verga en su boca mamándome con un excelente movimiento de cuello y le llene su boca de mi leche, me la limpio toda y al acostarse junto a mí me dijo… tampoco se los come Nayeli ¿verdad?… le dije que la vez q lo hicimos vomito… Gina soltando una carcajada me dijo… tienes que darle tiempo de que aprenda, tu verga esta bonita… a lo que ambos reímos.

    Me dijo… ahora si ayúdame a bañarme y también te bañas tú, porque no tardan en llegar… en el baño ayudándola me dijo que le había gusta estar conmigo pero que honestamente dudaba que volviéramos a estar juntos, le pedí que lo considerara, a lo que lo que tenían en mente era más a su hija. Al fin dieron las tres de la tarde y llegaron sus tres hijas. Al parecer todo era normal.

    En mis visitas frecuentes nunca volví a estar con Gina a solas y por la situación se mudaron a otro estado y esa fue la única vez que estuve con ella. Procuramos encontrar momentos para besarnos, mamarle un pezón o ella mi verga, pero como esa vez jamás. Nayeli jamás se enteró y dudo que tanto Gina como ella un día lean esto…