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  • Las aventuras de L: Cómo he acabado aquí (Parte 2)

    Las aventuras de L: Cómo he acabado aquí (Parte 2)

    Dado el formato episódico que van a tomar mis confesiones y que es más que probable que cualquiera pueda empezar por un capitulo intermedio voy a mantener la breve introducción de mis relatos. Así que, si eres alguien que ya sabe de qué va la cosa puede saltarte la introducción y leer a partir del título, y si eres alguien nuevo aquí eres bien recibido. Espero que disfrutéis.

    Muy buenas a todo el que quiera leerme, creo que lo propio sería presentarme en primer lugar, aunque dado que lo que van a leer a continuación son confesiones personales voy a dar la mínima información personal más allá de una descripción física y una forma de la cual podáis referiros a mí. Podéis llamarme L, soy una chica aún menor de 30 años, aunque ya pasé los 25, nunca me he considerado demasiado atractiva, del montón y da gracias, aunque nunca he tenido demasiado problema para atraer a chicos, aunque en general a los erróneos. No soy demasiado alta, más o menos 1,60, mis ojos son marrones, mi cabello color castaño claro en ocasiones virando hacia el rubio, mi piel es clara y dado que gran parte de mi vida he sido un poco rellenita desde que empecé a desarrollarme siempre he tenido un cuerpo con curvas, mi pecho es generoso y según siempre se me ha dicho tengo unos labios apetecibles con un lunar juguetón justo sobre mi labio superior.

    Mi motivo de compartir esto es que nunca he sido demasiado afortunada en el tema del amor, de aquí a un tiempo relativamente cercano he asistido a terapia y se me ha recomendado recoger de cierta manera mi historia con las relaciones, en concreto las sexuales, ya que parecen ser el principal de mis problemas. No sé cuánto me llevará esto ni si lo terminaré, mi intención es realizar, en una serie de entradas, un recorrido de todas mis historias con mis parejas sexuales.

    Me gustan mucho tanto la lectura como la escritura así que quiero plantear esto también como si fuera una suerte de novela, por llamarlo de alguna manera. Así que, aunque todo lo que va a haber aquí es real quiero darle cierta estructura narrativa, por así decirlo.

    LAS AVENTURAS DE L.

    Después de mi “pequeño” desliz con J todo era una montaña rusa de emociones, me daba miedo que alguien sospechara nada, mi hermana, ni novio… estaba en pánico. Cada vez que me encontraba con J por el edificio y no iba sola me daba miedo hacer cualquier gesto delator, vivía en una constante paranoia. No terminaba de entender el porqué, ya había sido infiel antes a otras parejas y no sabía qué hacía de esta vez algo diferente.

    Pasaron las semanas y fui normalizando poco a poco el asunto, logré volver a quedar con A sin sentirme una mierda y ya no me daba tanto miedo que mi hermana no pudiera notar algo rara. Todo parecía volver a la normalidad, no duraría.

    J y yo nos seguíamos viendo demasiado a menudo, nuestras miradas eran cómplices ya que sabíamos perfectamente la buena combinación que hacíamos juntos en la cama. Así que, inevitablemente, volví a caer en la tentación. Un día me invitó a tomar un café para hablar e intentar arreglar la tensión que se había formado entre nosotros y volver al buen rollo de antes, o eso fue lo que me dijo ya que finalmente acabó engatusándome para volver a su casa y terminamos haciéndolo de nuevo. Esa segunda vez sentó un nuevo problema para mí, yo achacaba mi primer traspié al exceso de alcohol que había tomado ese día, pero ahora estaba totalmente sobria, lo había hecho a sabiendas, pero no podía contenerme, sentía que ese chico me manejaba como él quería.

    Recuerdo perfectamente la conversación que tuvimos después en la cama, ambos completamente desnudos, empapados en sudor después de dar rienda suelta a nuestros deseos. El me preguntaba que éramos nosotros dos, yo me sentía confusa, le decía que no quería dejar a mi novio pero que J entendía mi cuerpo mejor que nadie, no podía resistirme. Era extraño nunca tuve problemas en mi relación con A en el ámbito sexual, pero J sabia darme placer como nadie, o quizás era el morbo de la infidelidad. Pero intenté dejarle claro a él, y a mi misma, que eso no podía repetirse y que no iba a volver a pasar. Evidentemente mentía y nos acostamos varias veces los días posteriores. Al final acordamos comenzar una aventura, nos convertimos en amantes.

    Todo era genial, teníamos escapadas, nos mandábamos fotos y mensajes picantes y hasta nos grabábamos y hacíamos fotos teniendo sexo, cosa que hacía tiempo que no hacía. Pero había un problema en todo eso, empezaba a sentir ese estado de infidelidad como una zona de confort.

    Pasaba el tiempo y antes de darme cuenta ya estábamos a finales de verano y llevaba un par de meses con mi aventura con J, tenía la sensación de llevarlo todo bajo control. Pero cuando una se confía empieza a cometer errores.

    Para contaros bien este error debo daros un poco de contexto y explicaros dos cosas. Para empezar, debemos remontarnos unos años atrás.

    Era verano, yo tenía 22 años, acababa de terminar la carrera y había encontrado un trabajo que me permitía tener cierta autonomía sin mantenerme demasiado ocupada. En resumen, ese verano lo pasé entre el apartamento que tenía alquilado en la ciudad cerca del trabajo y en mi casa, ya que vivimos relativamente cerca de la playa. Básicamente todo lo que hacia ese verano era dedicarme a, cuando no trabajaba, disfrutar, despreocuparme y follarme a quien me entrara y a mí me gustara. Ya me recrearé más en dicho verano, ahora solo me interesa mi primer encontronazo con cierto chaval.

    Había logrado empalmar varios días de descanso así que aproveché y volví a casa para descansar y poder ir a la playa. Una mañana decidí ir sola a la playa, sin ninguna intención en especial. Cuando llegué me dispuse a colocar mis cosas para tumbarme y tomar un poco el sol, lucía un bikini de los que se abrochan con lazos, me gusta mucho como me queda y siempre he pensado que realza mi figura. Lo coloqué todo y me dispuse a tomar el sol.

    Antes de continuar os voy a introducir un poco más de información sobre mis fetiches. Creo que ya he dejado claro que me gustan los chicos malotes y chulitos, además si es un chico que se cuida y está bien definido de gimnasio mejor, me encanta agarrar y acariciar cuerpos musculosos. Pero además hay dos detalles más que me pierden, los tatuajes y los piercings, en concreto en los pezones. No sé explicar porque, pero si un chico los lleva ya gana muchos puntos conmigo.

    Y, como imaginareis, si os explico esto es porque me encontré dicho arquetipo de chico. Mientras tomaba el sol y me cambiaba de postura pude ver de reojo un chico de esas características que no me quitaba ojo de encima. Por las gafas de sol no debió de darse cuenta de que lo vi mirándome ya que ni se inmutó y siguió dándome un buen repaso con la mirada. Yo, que me sentía juguetona, quería tentarlo un poco así que, en una de las vueltas decidí quitarme la parte de arriba del bikini y hacer un poco de topless. Más adelante iré profundizando más, pero la verdad es que cuando estoy soltera soy bastante zorra. El chico no tardó mucho en acercarse. La frasecita para romper el hielo más tópico no podía ser ya que me preguntó si tenía fuego, pero bueno ya había empezado a charlar, posteriormente procedió a presentarse y decirme su nombre, lo llamaré C. Una vez empezamos a hablar la verdad es que congeniamos bastante, ya que la conversación fluyó fácilmente.

    Se notaba que C tenía muchísima labia así que no había problema en hablar con él. Poco a poco el buen rollo fue aumentado, empezó por traer sus cosas donde yo estaba para hablar más cómodos, de vez en cuando alternábamos la charla con un baño. Hablamos un poco de nosotros, él me contó que había venido de vacaciones con unos amigos, habían alquilado un apartamento para quedarse unos días. Y, aparentemente, C estaba solo en ese momento ya que sus amigos tuvieron que ir a un recado, pero él había pillado tal colocón el día anterior que no había sido capaz de despertarse bien ese día, algo de cara de resaca si que se le notaba. La charla dio lugar a bromitas y tonteo que desembocó rápido en sus maniobras, nada discretas para tirarme la caña. A mí me divertía la situación, reconozco que ser el centro de atención de un tío bueno es algo que hace que me sienta muy bien, así que le seguía el juego. Finalmente me ofreció ir al apartamento con la típica excusa de mierda, no recuerdo exactamente de si era que con la resaca le molestaba mucho el sol, o para estar más cómodos o lo que sea.

    Aunque yo preferí ser más directa, me reí, le sonreí y le dije que se dejara de historias y que reconociera que me llevaba allí para follar. C, por su parte, me lo reconoció con una risa y sin dar muchas vueltas. Lo cual facilitó mucho las cosas, ya sabíamos cada uno del palo que iba el otro así que la conversación fue mucho más directa ya llegado ese punto. Él me comento que no solo tenían alcohol en el apartamento y que podíamos tomar un poco para ponernos más a tono cosa que a mi no me pareció mala idea. Y al final no tardamos mucho en irnos hacia allí. Una vez llegamos allí no perdió mucho el tiempo y comenzó a comerme la boca con ganas, yo quedé un poco sorprendida al principio por lo directo que fue, pero no tardé en corresponderle. Ya que tampoco llevábamos mucha ropa encima no tardamos en desnudarnos ambos. Yo me sentía muy encendida, el día se había puesto muy interesante de repente.

    La pasión aumentaba, nuestro encuentro comenzó con una buena sesión de sexo oral. Todo además iba acompañado de nuestra cómoda charla y nuestras bromas. Me gustaba el bien rollo que había. Finalmente le pregunte por eso que me había ofrecido tomarnos, sonrió y me sacó una bolsita con polvo blanco sacudiéndola un poco delante de mí como ofreciéndome. Yo coqueteaba llamándole chico malo asintiendo también para aceptarla, acto que él respondió haciendo una línea sobre su miembro erecto. Yo no me demoré demasiado en esnifarla, la droga no tardó demasiado tiempo en afectarme, no estoy muy acostumbrada. Yo le miraba viciosa acariciándome suavemente los pezones diciéndole que quería que el hiciera lo mismo conmigo. De modo que procedió a ponerme un poco en los pezones y posteriormente a esnifarla. Nos estuvimos dedicando a besarnos y acariciarnos para dar tiempo a la droga a hacer todo su efecto. Una vez ya estuvimos bien colocados el procedió a sus intenciones de penetrarme.

    Yo estaba muy colocada pero lo suficientemente serena como para decirle que se pusiera un condón. El intentó remolonear con la excusa de no tener y demás, pero le dije que yo si tenía y que no iba a hacerlo con alguien a quien acababa de conocer sin protección. Finalmente terminó poniéndoselo y comenzamos con la sesión principal.

    Él me penetró, despacio, pero con facilidad, yo respondí con un gemido de placer. Hubo un poco de movimiento preliminar calmado para aumentar poco a poco la tensión. Al poco me la sacó. Yo jadeaba excitada y preguntándole que pasaba. Él mostró una sonrisa chulesca y en mis narices se quitó el preservativo y volvió a penetrarme sin protección argumentando que mi coño era demasiado bien para desperdiciarlo follándolo con un condón. Yo me quedé helada y sorprendida al principio. Pero para cuando pude reaccionar ya estaba follándome como una bestia salvaje y no tenía intención de parar… y yo tampoco quería que parase. No sé si fue por la droga, pero el polvo fue espectacular no tardé mucho en tener mi orgasmo, que llegó con una intensa explosión que me dejó agotada. Al poco el también avisó de que se corría, pero me di cuenta de que no cesaba en sus embestidas y pude ver que tenía intención de correrse dentro de mí, de modo que le dije que lo hiciera fuera, le dije que lo hiciera donde quisiese menos dentro. Pero hizo caso omiso de mi petición y no tardo en comenzar a soltarlo todo en mi interior, intente apartarlo, pero era mucho más fuerte que yo así que fue en vano. Como podéis imaginar yo me puse hecha una furia con el que, por su parte, se limitó a embestirme hasta haber soltado la última gota y después quitarse de encima y pasar de mí. Lo cual desembocó en una discusión mientras yo me vestía y me iba de allí montada en furia.

    Más adelante continuaré desarrollando la historia de ese verano porque fue uno muy ajetreado, tanto en general como con ese chico y sus amigos en particular. Sin embargo, para dar contexto a lo que viene ahora de momento está bien.

    Por otro lado, hay otra cosa que debo comentar. Tengo que hablaros de una amiga mía a la que voy a referirme por M. Esta amiga en cuestión tiene muy mal ojo con los chicos y todos los novios que se echa son los típicos cabrones y chulitos que a la primera que pueden le ponen los cuernos. Dados los fetiches que os he comentado imaginares que en muchos casos le son infieles conmigo. No es algo que me enorgullezca, pero creo que me he acostado con todos los novios que ha tenido desde que la conozco y no han sido pocos precisamente.

    Puestos ya en contexto toca volver al momento que os iba a contar. Era finales de verano y una amiga mía llamada IC celebraba su fiesta de cumpleaños. IC ha tenido bastante relevancia en mi vida sexual, así que, aunque no vaya a profundizar en ella ahora mismo, prefiero ir dándola a conocer. No os preocupéis, conforme haya más personas en mi historia introduciré breves descripciones de cada uno en los resúmenes para facilitaros las cosas según intervengan o no. El caso es que, por su cumpleaños, IC organizó una “reunión” en una casa de campo que tenía, y por reunión me refiero a que hizo una fiesta pasando olímpicamente de las restricciones, aunque no era una zona bastante aislada el riesgo a que nos pillaran era mínimo.

    Yo decidí ir sola, mi novio estaba cansado del trabajo y como no conocía a mucha gente de la que iba no quería ponerlo en un compromiso. Se me pasó por la cabeza invitar a J, pero me pareció que sería jugar con fuego así que descarté la idea.

    De entre toda la gente que había allí estaba mi amiga M, ya que forma parte del mismo grupo que la cumpleañera. M si que decidió traer a su nueva pareja, que dada la introducción que os he hecho imaginareis que su nuevo novio era C. A quien no había visto desde el verano en que nos conocimos, aunque tengo que señalar que al final ambos terminamos de buenas. Cuando se me acercó para presentármelo ambos decidimos disimular, aunque no sé si con mucho éxito porque me dio la sensación de que ella noto algo entre nosotros. Mientras avanzaba el día yo bebía y charlaba con la gente que conocía e intentaba evitar un poco C que por su parte aprovechaba cada hueco que tenía para venir a hablar conmigo.

    Finalmente dada su insistencia, y probablemente debido al alcohol también, termine cediendo y una de las veces que se me acercó para hablar yo no le di largas. Así que comenzamos a charlar más prolongadamente, yo suponía que pese a haber comenzado nuestra breve “relación” por así llamarla con mal pie al haber terminado tras esos días los dos de buenas el querría tema de nuevo. No me equivocaba.

    No se alargó demasiado la conversación cuando pasó a hablar del tema, preguntándome cuando íbamos a repetir que hacía mucho que no probaba mi maravilloso coño. A mí me sorprendió que lo tuviera tan en mente después de tanto tiempo, habrían pasado como 5 años. Yo bromeaba con el preguntándole si esta vez si iba a usar condón o iba a jugársela otra vez. Él se reía y seguía con el coqueteo. Yo me sentía ya cómoda con mi aventura con J, así que pensaba que por tirarme a C otra vez tampoco iba a pasar nada. Por lo que le seguí el juego hablando de que podíamos montárnoslo después de la fiesta si quería. Le ofrecí al apartamento donde vivo con mi hermana ya que ella estaba este fin de semana con mis padres. Nadie nos interrumpiría, lo había hecho ya varias veces con J en nuestro apartamento así que esa barrera estaba cruzada y no me importaba llevarme a C allí. En uno de los momentos en los que estaba sola IC me llevó a parte y me pregunto qué pasaba entre el novio de M y yo. Tengo mucha confianza con ella y sabe bastante bien la racha que llevo con los novios de M así que no tuve muchos reparos en decirle lo que iba a pasar, aunque no pensé en que eso finalmente dio lugar a confesarle mi infidelidad hacia A y mi aventura con J. Al principio flipo un poco, pero es una chica tan calentorra como yo así que lo que le molestó principalmente fue que no se lo hubiera contado antes.

    Cuando terminó la fiesta M estaba tan borracha que se quedó dormida la casa de IC, ella dijo que se podía quedar allí y que ya la llevaba ella al día siguiente a su casa mientras nos miraba diciendo que nos cubría. Así que me marche de allí con C que no paraba de comentar lo enrollada que era IC. Yo iba con ganas de tema así que no le di mucha conversación en su lugar procedí a hacerle una felación mientras conducía cosa a la que reaccionó con sorpresa, pero no tardó en guiar mi cabeza en la mamada. No llegó a correrse para cuando llegamos a mi apartamento así que subimos a toda prisa y nos pusimos al tema tan pronto llegamos.

    Nos besábamos y metíamos mano mientras nos desnudábamos. El me sujeto para que me moviera de modo que quedara de espaldas a el y me inclino de modo que podía acceder sin problema ninguno a mi vagina y mi ano. En un principio imaginé que lo hacía para practicarme sexo oral y al comienzo así fue. Beso tanto mis nalgas como mi entre pierna y con su lengua recorrió la misma además de mi ano. Yo estaba colocada, cachonda y sudada. Muy deseosa y me dejaba hacer. Aunque me dio la sensación de que manipulaba algo detrás de mí, pero dado mi estado no estaba muy atenta. En ese momento noté como introdujo una pajita en mi dos veces, primero en mi vagina y luego en mi ano y soplaba echando algo en mi interior.

    Yo tuve una sensación muy extraña y me giré para preguntarle que hacía para verlo agitando la bolsa de polvito blanco igual que años antes. Me miró y me dijo que ahora si que iba a flipar y no mentía, no tarde en sentirme aún más colocada, mucho más rápida y fuertemente que la otra vez. De modo que caí totalmente aturdida en la cama. Él se colocó sobre mi besándome con intención de metérmela como llevaba todo el día deseando hacer. Entre gemidos, excitación y confusión alcancé a decirle que ni se le ocurriera sin ponerse protección antes. El rio diciendo que no había manera de que yo me olvidara de eso y se colocó uno antes de proceder a follarme.

    Una vez colocado comenzó con las embestidas, yo me dejaba hacer cachonda perdida. Mientras me empotraba cogió su bolsita y echó un poco sobre mis pechos para posteriormente introducir su cara entre ellos y esnifar. Yo gemía cachonda perdida, notaba además un hormigueo en mi pecho debido a la droga sobre él. Nos besábamos apasionadamente y no tardó en llegar mi primer orgasmo. Que llegó con las consiguientes contracciones vaginales y mi cuerpo temblando, mientras me corría pude ver como el daba un gemido ahogado se agarraba a mi con fuerza y hacia una mueca para después parar de moverse. Lo miré aturdida y pregunté que sucedía, el me contesto entre risas que acababa de correrse. Le dije que esperaba que no se hubiera acabado ya, yo seguía muy cachonda y no quería parar ahora y el me respondió que no me preocupara, que le diera un momento para que volviera a ponerse dura y seguíamos.

    Me ofrecí a chupársela un poco para volver a ponerla dura y seguir, pero él dijo que prefería que no, me extraño un poco pero no costaba pensar con claridad con semejante colocón. Al poco volvía a estar dura y continuó la acción. Había tantos besos y placer ahí contenido que no recuerdo exactamente cuántas veces nos corrimos ambos. Cuando yo me corría el seguía embistiendo hasta correrse para descansar un momento y seguir haciéndomelo. Seguimos tirando un poco de la droga de vez en cuando, el sobre mi pecho y yo a trasvés de mi ano y vagina hasta que acabamos con toda la bolsita. Imagino que sería una cantidad muy pequeña realmente ya que a ninguno nos pasó nada. Seguimos haciéndolo sin parar hasta que ninguno de los dos pudo más. Tras nuestro último orgasmo ambos estábamos agotados tirados en mi cama, el sobre mi con la cabeza recostada en mi pecho y yo abrazándolo.

    Tras eso se incorporó y mirándome juguetón me dijo que tenía que confesarme algo. Yo lo mira un poco extrañada y me dijo que mirara hacia nuestros genitales. Él, que seguía penetrándome, procedió a sacar su miembro de mí. Entonces vi con horror que no tenía ningún preservativo puesto lo miré furiosa preguntándole qué coño se creía que hacía y en qué momento se lo había quitado, él me confesó que fue al poco de comenzar, lo cual me enfadó más. Ese cabrón me había estado follando todo ese rato a pelo y sabe dios cuantas veces se había corrido dentro. Así que le di un tortazo. Montada en furia. Evidentemente eso desencadenó de nuevo en una discusión. Al final terminé por relajarme, supongo que estar tan colocada ayudó. Y C la verdad es que, no sé cómo, logró también hacer que me sintiera más tranquila. Empezamos a hablar, yo hice cuentas y según mi ciclo eran días seguros, de modo que eso me relajó un poco más. Finalmente logré relajarme tras ese ataque que me había dado. Tras tanta tensión y al relajarme una cosa que me suele pasar es que me pongo mimosa y cariñosa, cosa que C aprovecho para que retomáramos un poco la acción antes de asearnos e irnos a dormir.

    La mañana siguiente llegó como un rayo. Dolor de cabeza, náuseas, malestar general… Y de repente una exclamación de sorpresa. En ese momento abro los ojos adormilada y me encontré a mi hermana y mi novio alucinando, viéndonos a C y a mi tumbados totalmente desnudos en mi cama con el cuarto como lo habíamos dejado el día anterior.

    No podía ser, me habían pillado.

  • La noche que me reencontré con mi ex

    La noche que me reencontré con mi ex

    Salí justo a las cinco de la tarde pues quería festejar junto amigos y colegas el éxito en un caso importante de mi oficina. La barra del restaurante que está en mi edificio se llenó de personas de mi oficina y de otras compañías cercanas pues es lo común los jueves y viernes. Mi grupo consiguió un lugar en una esquina de la barra y las rondas de tragos cada vez más extensas amenizaban aquella tarde. Habían pasado unas dos horas cuando mi amigo José me comenta que había visto a Teresa, mi exnovia, cenando con un grupo de amigas. De primera intención aquella noticia me cambio un poco el ánimo pues habíamos terminado hacia un año y era la primera vez que estábamos en el mismo lugar desde el día de la ruptura. Estaba claro de que en ese momento no quería nada serio con nadie y mucho menos una reconciliación, pero la curiosidad de cómo se vería me hizo pasar al baño para forzar un encuentro.

    Pasé al baño y de regreso la vi, no sé si era el efecto de los tragos pero me pareció más bella y sexy que nunca. Se había cortado su largo pelo negro y quizás había ganado unas libras que para mí apreciación mejoraban su aspecto. De la misma manera que me paso a mí, una amiga fue quien le aviso de mi presencia. Ella como de costumbre tuvo más iniciativa y fue donde mí a saludarme. Hablamos un rato y le comentaba de lo bien que se veía y hasta me atreví a decirle que le sentaban de maravilla las pocas libras que había ganado. Como toda mujer no quiso aceptar que el ganar libras no necesariamente es malo y que a nosotros los hombres latinos nos atraen más las curvas femeninas. La conversación la interrumpió un caballero que había llegado y parecía que había sido invitado por ella. Para no seguir acaparando su atención le dije que me estaban esperando en la barra y que había sido un gusto verla.

    Me fui a la barra, pero no podía evitar mirar hacia su mesa para ver qué tipo de relación podría tener con aquel caballero. Según pude ver el caballero era amigo del grupo cosa que me calmo la curiosidad. En ese momento sabía que no era una buena idea seguir buscándola pues nuestra separación fue por incompatibilidades en cosas que ninguno iba a cambiar pero aun así decidí enviarle un mensaje diciendo que en la barra había un trago con su nombre y que solo faltaba que viniera a buscarlo. Pasaron unos minutos y empecé a dudar que viniera, cosa que le comenté a José. Él me dijo que era posible que ella hubiera cambiado de número de teléfono pues algunas personas lo hacen luego de terminar sus relaciones. No había terminado José de explicarme ese dato cuando su cara cambió. Era que había divisado a Teresa venir hacia la barra. Llegó a donde nosotros y saludo a los conocidos de mi grupo. Tuvo charlas triviales con varias personas y finalmente se sentó junto a mí. Me dijo que sabía bien que era mala idea el yo la invitara a un trago, pero aun así lo acepto.

    Lo que se suponía que fuera un trago se convirtió en varios. Hablamos de muchas cosas menos de nuestra relación y mucho menos nuestro rompimiento. Los efectos del alcohol empezaron a hacer efecto pues ella comenzó a recordar nuestra primera vez en la playa. No sé si era la emoción de recordar aquel momento, pero ella no me dijo nada cuando puse mi mano en su muslo como marcando territorio. Seguimos recordando momentos atrevidos en nuestra vida juntos. Aquel historial de cosas despertó mi deseo cosa que me hizo mover la mano hacia la parte interior del muslo un poco más arriba de la rodilla pues a ella siempre le gusto que la tocara ahí. Ella miro mi mano y se sonrió diciéndome que sabía bien lo que estaba haciendo. Yo seguí pasando mi mano por su muslo un rato más hasta que ella agarró mi mano y mirándome fijamente me pregunto que si realmente quería seguir con lo que estaba pasando. Mirándola fijo y sin dudarlo le conteste que sí. Acto seguido me agarro la cara y me dio uno de esos besos que te expresan todo el deseo que te tienen en solo pocos segundos. Me dijo que nos fuéramos de la barra y por poco se me olvida pagar mi cuenta. Pague mi cuenta y salimos casi corriendo al aparcamiento. Mi auto estaba en el aparcamiento del edificio por lo que nos dirigimos hacia él.

    Una vez llegamos al auto aproveche que este estaba en un lugar oscuro y la agarre por la cintura empujándola contra el este. Le bese el cuello sacando ella un gemido que casi nos delata. Le pedí que hiciera silencio pues podían escucharnos. Ella con voz entrecortada me dijo que lo intentaría pero que no me detuviera. Del cuello pase a la nuca mientras mis manos pasaron a sus pechos. Ella movió su mano hacia mi miembro, que crecía cada vez más mientras sentía su mano. Yo levanté su falda hasta que pude desnudar sus nalgas. Le di una nalgada pues era algo que le gustaba mucho cuando teníamos relaciones. Volví a pegarme, pero esta vez mi mano derecha fue directa hacia su ya mojada entrepierna. Pase mis dedos por encima de su panty palpando su humedad. Luego de esto aplique presión y esto hizo que se estremeciera mudamente. Me hablo al oído diciéndome palabras que solo nos decíamos en esos momentos y que hacían que me excitara más. Seguí frotando su vulva hasta que me pidió que lo hiciera de manera directa y no a través de su panty. Introduje mi mano por la parte superior de este llegando directo a su clítoris. Usando dos dedos la penetre, cosa que provocó que me apretara el muslo de tal manera que dejo una marca. Seguí mi faena por unos pocos minutos hasta que tuve que parar. Venían dos personas que casualmente estaban compartiendo conmigo en el restaurante. Teresa se bajó el traje rápido y yo empecé a aparentar que estaba buscando algo. Las personas pasaron y no notaron nada. Teresa me pidió que paráramos nuestro encuentro y que la llevara a su auto. La cercanía de ser sorprendida aparentemente había mermado sus deseos.

    Nos montamos en el auto y no lo encendí. La miré fijamente y la volví a besar. Ella por un momento pareció no estar interesada, pero esto duro poco. Rápido nos continuamos con el mismo deseo como si nunca hubiéramos parado. Subí su falda nuevamente y moví la entrepierna de su panty a un lado para volver a tener acceso a su húmeda cavidad. Usando esta vez mi mano izquierda volví a penetrarla. Como se sentía más en privacidad no dudo en contonearse como su cuerpo le pedía hacer. Saqué los dedos solo para poder quitar su panty lo cual hice. Seguía mi trabajo mientras ella empezaba a masajear mi aun cubierto bulto. Ella reclino su asiento y abrió sus piernas poniendo la izquierda casi en el volante del auto y la otra en el parabrisas. Mientras la penetraba su cuerpo se arqueaba tanto que su pecho casi tocaba el techo de mi auto. De vez en cuando se viraba donde mí y me besaba queriendo arrancar mis labios, al punto que dolía. A este punto ya no callaban sus gemidos. Decía mi nombre e incluía varias palabras soeces. Comenzó a gemir diferente dándome la indicación de que estaba cerca de llegar a su clímax. Para acelerar la llegada de ese momento comencé a usar mis dos manos simultáneamente. Con mi mano izquierda la penetraba y con la derecha frotaba su clítoris. Pasaron pocos segundos hasta que me anuncio que su orgasmo estaba llegando y una vez explotó se desplomó en el asiento. Se quedó con los ojos cerrados por unos segundos y me confeso que hacía mucho tiempo que no pasaba por ese momento de éxtasis.

    Cuando se repuso encendí el auto para llevarla a al suyo. Empezamos a salir y ella comenzó a tocarme. Me pidió que siguiera conduciendo y la dejara trabajar. Desabrocho mi correa y abrió mi pantalón. Metió la mano por mi pantalón y comenzó a frotar su mano en mi pene. Ya este estaba tan duro que me molestaba tenerlo preso en mi pantalón. Le pedí que lo sacara lo cual hizo. Miro para todos lados para ver si teníamos testigo y al no ver a nadie en la calle lo saco. Lo apretó suavemente y comenzó su moviendo de abajo a arriba. Me masturbo mientras pasaba varias calles. Me pase el lugar donde estaba estacionada pero no intente virar. Seguí guiando mientras ella continuaba su tarea. Ella me pregunto si los cristales de mi auto estaban los suficientemente oscuros como para que no nos sorprendieran y le dije que estaban un poco más oscuro de lo que permitía la ley. Esto pareció calmar sus nervios pues acto seguido se inclinó sobre mí y me beso. Como pude respondí su beso mientras manejaba. Ella se sonrió diciéndome que esperaba que me gustara lo que iba a pasar. Bajo su cabeza y se dirigió directo a pasarle la lengua a la cabeza de mi miembro. Hizo movimientos circulares con su lengua y luego la bajó por todo el tronco hasta llegar a los testículos. Volvió a subir cubriéndolo con su lengua hasta que llego arriba e introdujo la cabeza en su boca. Una vez allí la succiono y paso su lengua esta vez internamente. Todo esto ocurría mientras seguía masturbándome. Como su falda aún estaba arriba volví a jugar con su aún más húmeda cavidad. Ella prosiguió a succionarlo con un ritmo casi perfecto. Así siguió mientras recorrí varias veces las mismas calles solo por disfrutar el evento. En una de esas vueltas me toco hacer el alto pues el semáforo estaba en rojo. Ella me pregunto qué había pasado y le dije que no parara. Pude notar que al lado tenía un vehículo conducido por una mujer y que esta estaba pendiente de lo que ocurría en mi auto. Al parecer mis cristales no eran tan oscuros como creía. La dama miraba con curiosidad y casi con aprobación el evento que pasaba entre mis piernas. Una vez cambio a verde la luz nuestra testigo siguió su camino no sin antes regalarme una sonrisa. Teresa estaba tan enfocada que nunca se enteró de su fanática.

    Ella siguió su tarea y quizás por apurar la situación empezó a combinar mano y boca en el mismo movimiento. Yo empecé a sentir esa pérdida de aire que antecede la culminación del acto. Ella me conoce y sabe que cuando comienzo a jadear ella está cerca de completar su tarea por lo que comenzó a hacerlo más rápido. Yo comencé a dirigirla diciéndole que no parara y que aumentara su intensidad. Seguimos así hasta que fui yo quien le anuncio que terminaría. Ella siguió su ritmo hasta que yo explote mientras ella borraba toda evidencia del acto. La explosión fue tan violenta que confieso perdí el control del auto por varios segundos. Ella siguió succionando hasta que sentí que me vacié por completo. Tuve que buscar el primer espacio disponible para detenerme y poder recobrarme de aquella emoción que me dejo sin fuerzas. Una vez me recobre, ella volvió a su lugar y puso el asiento en la posición derecha. Nos reímos un rato y la lleve a su auto. Ella se montó en su vehículo y la escolte hasta que llego a su apartamento. Como tenía trabajo al otro día yo seguí mi camino hacia el mío.

    Al otro día me llamo e intentamos retomar una conversación como la del día anterior pero no fluía. Evidentemente la sobriedad traía nuevamente esas actitudes que nos habían separado. Le pregunte si quería volver a tener algún encuentro casual conmigo y ella me dijo que sentía que el sexo era increíble pero la relación no era igual. En ese momento estaba buscando algo estable y no estaba dispuesta a comenzar a jugar juegos que no tenía manera de ganar. Nos despedimos cordialmente mientras sacaba algo de mi bolsillo. Era su panty que lo había conservado como recuerdo de la noche que me reencontré con mi ex.

  • Fotografías a María

    Fotografías a María

    María entró en el edificio, camino de su oficina, con pasos firmes haciendo sonar sus tacones.  Al sonido de sus pasos todos enmudecían, era sinónimo de exigencia. Ese día sabían que «la jefa» iba a pedir cuentas a sus subordinados. Ella, una mujer de 31 años, había llegado a la dirección comercial de zona ascendiendo desde abajo. Nadie le había regalado nada. Se lo había «currado» durante los últimos 6 años haciéndose respetar, con unos resultados incontestables y un carácter implacable se había ganado el apodo de MarIrón.

    Aquella mañana, cubierta tras unas gafas de sol D&G y embutida en un traje azul que se ajustaba perfectamente a su cuerpo voluptuoso, entró en su oficina donde la esperaba su equipo comercial. La reunión la había agendado un par de días antes y sus subordinados supieron que habría bronca. Los resultados se alejaban de los objetivos marcados y eso era algo que MarIron no permitía.

    Se quitó las gafas de sol y clavó sus penetrantes ojos negros en su jefe de equipo. La tensión se cortaba cuando la mujer le pidió que comenzara con la exposición de su informe. El hombre se levantó de la mesa de trabajo y cerró las persianas para que la proyección fuera perfectamente visible. El resto de hombres que conformaban el reto del equipo permanecían serios. Casi intimidados por la imponente presencia de aquella mujer.

    Cordobesa de rasgos raciales, tenía una belleza intimidante, casi tanto como su carácter al frente del área comercial. Melena azabache, ojos negros, labios carnosos, nariz pequeña, pómulos marcados. Era imposible no girar la cabeza al cruzarse con ella. Su voluptuosidad era sensual. Unas generosas tetas que desafiaban a la gravedad y un contoneo de caderas al andar hipnótico. Sí, María era una mujer impresionante, tanto en lo físico como en lo intelectual. Un MBA de economía en USA, trilingüe, y un recorrido ascendente en la empresa

    El jefe de equipo a su cargo comenzó con la exposición del informe de resultados en la penumbra del despacho. Solamente la luz del proyector, que reproducía las gráficas del ordenador, hacía visibles las caras de aquellos comerciales a cargo de esta poderosa mujer.

    Su IPhone 12 Plus vibró sobre la mesa haciendo un ruido sordo que ella se apresuró a silenciar. Era un whatsapp de Hans. Al abrirlo no pudo evitar una sonrisa pícara. Una fotografía de la noche anterior donde aparecía ella en una sensual pose, con su melena alborotada sobre su cara que estratégicamente caía sobre sus pechos desnudos. Su mente voló al momento concreto en que su amo la fotografiaba. Aquel hombre maduro al que se había entregado para rendirle sumisión inmortalizaba cada sesión sexual con un reportaje fotográfico.

    Había conocido a Hans cuatro años antes, de casualidad, en un pueblo donde veraneó. El tipo, tremendamente atractivo, tenía 15 años mayor que ella. Pero desde que se conocieron en la barra de aquel chiringuito, su atracción fue inmediata. Él, de agradable conversación, la había ganado desde el primer momento. Ella, que no solía caer rendida tan fácilmente ante nadie, no sabía explicar lo que este tipo había hecho para encandilar. Era una especie de «hechicero», un encantador de serpientes capaz de convencer a la mujer más firme, como era su caso. La cuestión es que había caído enredada en sus encantos hasta el punto de mantener con él una relación de dominación.

    En los últimos cuatro años, mantenían su relación de encuentros esporádicos. Bastaba que él la llamase para que ella corriese a sus pies (a veces literalmente). Hacía dos días que Hans había aparecido por su casa. Llevaban meses sin verse y sin saber uno del otro pero en cuanto él le dijo que quería verla ella ajustó su agenda para estar a su disposición.

    La noche anterior habían salido a cenar. Según mandato de Hans, María había salido con un vestido de gasa rojo, sin ropa interior. La melena recogida en un moño que permitiese lucir más una gargantilla de cuero con incrustaciones de cristales de Swarovsky. Esto no era sino un símbolo de la dominación de Hans sobre María, algo que pocos o nadie podía imaginar. En la nuca una fecha en números romanos del día que se conocieron en aquel pequeño pueblo sureño.

    La cena se remató con unas copas en una conocida discoteca donde María bailó haciendo las delicias de muchos hombres. La falta de ropa interior y el constante estado de excitación en que se encontraba la mujer hacía que sus pezones se mostrasen insolentemente erectos bajo la gasa roja que cubría su escote. Hans admiraba a «su» sumisa y sentía un extraño orgullo al pensar que aquella a la que todos deseaban sería poseída por él en exclusiva.

    De vuelta al céntrico ático de María en Pedralbes, Hans le había propuesto sacarle un reportaje fotográfico. Para la primera María se había quedado solamente son sus tacones y el collar de Swarovski del que pendía una cadena que se perdía entre sus tetas. Aquella fotografía que ahora recibía en la reunión con su equipo comercial hizo que su sexo se mojase al recordar ese momento.

    Jordi seguía con la exposición de los resultados cuando María le interrumpió para pedir explicaciones sobre la puesta en marcha de una acción comercial. El jefe de equipo no supo dar una razón convincente para justificar la no aplicación de la medida que, según ella, explicaba los malos resultados. Se puso de pie para «abroncar» a sus subordinados cuando su móvil vibró al recibir otro whatsapp. María sintió una extraña sensación. Por un lado, le gustaba ejercer su poder que requería su puesto de jefa y al mismo tiempo el saber que acababa de recibir una demostración de su sumisión. Esa dualidad hacía que sus pezones se endurecieran, evidenciando que no llevaba sujetador…

    Se sentó tras la reprimenda y dejó que Jordi siguiese explicando. María abrió la fotografía y apareció una imagen en la que se le veía con las piernas dobladas y sentada sobre sus talones. Del collar de Swarovsky pendía la cadena que se enganchaba al cabecero de su cama. Un corsé de cuero apretaba su cuerpo dejando ver sus tetas, enrojecidas por el castigo al que habían estado sometidas segundos antes. Hans había estado abofeteando los grandes pechos de su sumisa. Le había pellizcado los pezones hasta hacerla gritar de dolor.

    La actitud sumisa de María en el móvil sobre su mesa contrastaba con el fuerte carácter que estaba mostrando en aquella importante reunión comercial. El IPhone recibió otro whatsapp:

    -¿Cómo llevas la reunión, putita?

    -Cabrón, me estás poniendo muy caliente.

    -Ese es el objetivo. Recibirás órdenes.

    -No puedo negarme…

    La cabeza de María empezaba a dar vueltas. Las imágenes de la noche anterior se acumulaban en su mente. Su coño, desnudo bajo su vestido, manaba abundante flujo vaginal con el riesgo de dejar una mancha delatora. Sus pezones se marcaban de manera tan evidente como provocadora. Recordó como tras tomarle la foto, Hans le metió la polla en la boca. Ella, sentada sobre sus talones la esperaba con la lengua fuera. El hombre suspiró al sentir como los carnosos labios de MarIron se cerraban en torno al tronco de su polla:

    -Así perrita, así… como tú solo sabes… joder…

    Con las manos esposadas a su espalda, la mujer comenzó a hacer una espectacular mamada solamente usando su boca. Lentamente iba introduciéndose el trozo de carne erecto de Hans hasta lo más profundo de su cavidad bucal para ir sacándola igual de lento. Jugaba con su lengua sobre el glande y su saliva se salía por la comisura de los labios:

    -Pero que zorrita comepollas eres… -el tipo no dejaba de adular con insultos la técnica mamatoria de María.

    Ésta, lejos de ofenderse, se excitaba con cada insulto de aquel maduro dominante. No había sido una relación pactada. Simplemente él fue ganándosela hasta conseguir que ella cediese voluntariamente a sus deseos más perversos. Collares, cadenas, corsés, fustas y látigos habían ido entrando en sus juegos de manera «natural». Sin forzar nada. Y la directora comercial se había ido enganchando a aquella relación. Ella sentía placer morboso y excitante siendo sometida a la voluntad de Hans. Desde que se conocieron el hombre había mostrado una especie de adoración por el cuerpo de María y ella sentía una especie de debilidad por aquel tipo, maduro, interesante y dominante.

    Nunca antes había sentido algo igual por ningún otro hombre. Pero la seguridad, el porte elegante, esos modales y su poder de convicción le resultaban irresistibles.

    Un nuevo whatsapp entró en el teléfono de María en medio de la sala de reunión. Ahora se trataba de una secuencia de imágenes en la que ella aparecía a cuatro patas, con sus manos atadas al cabecero y una cinta de cuero con una bola roja la amordazaba. Han se encontraba tras ella tirando de la cadena, sujeta al collar de Swarovski, mientras azotaba su culo con un látigo dejando marcas en sus firmes glúteos. María suspiró al ver la imagen y se recordó sufriendo los latigazos como preludio del número final. El hombre dirigió su polla hacia su coño y comenzó a penetrarla con ganas.

    De la boca de María, taponada por la mordaza, apenas salía un sonido gutural ininteligible. La imagen era tremendamente morbosa. Un tipo maduro castigaba el coño de una jefa empresarial más joven:

    -Joder, putita, te voy a reventar… -decía esto azotando las nalgas de María.

    En un momento dado, introdujo en mango del látigo en el ano de la mujer a modo de plug. Luego la cabalgó sin compasión tirando de la cadena y la melena.

    Este recuerdo provocó que María se excitara de manera casi incontrolada. Se le acaloró la cara, de su coño manaba gran cantidad de flujo y era incapaz de concentrarse. Apretaba sus muslos intentando algo de fricción con su clítoris pero no lo conseguía. Al final de las fotos aparecía un texto con unas instrucciones:

    «Aplaza la reunión. Ve al servicio y me envías una grabación masturbándote».

    Como un resorte, María se puso de pie:

    -Bien, vamos a parar un cuarto de hora para descansar. -Sus subordinados agradecieron el receso. Y es que la tensión de estas reuniones con MarIron se cortaba.

    María salió apresuradamente de la sala de reuniones hacia el servicio de mujeres. Buscó un váter libre y se metió dentro. Colocó su IPhone 12 en posición vertical sobre la cisterna y le dio a «grabar»:

    «Esto es para ti…»

    La mujer se subió el vestido mostrando la franja de vello púbico que lucía su coño. Colocó una pierna sobre la taza haciendo que su coño se abriera expuesto a la cámara del móvil. Palpó con sus dedos para demostrar lo mojada que se encontraba:

    -Mira como me tienes cabrón.

    Luego comenzó a masturbarse frente al móvil recordando como Hans se la había follado atada al cabecero de su cama hasta correrse dentro de su coño. Inundando sus entrañas. Moviendo los dedos frenéticamente sobre su clítoris y mirando de manera lascivas a la cámara del móvil sintió como su cuerpo se tensaba. Las fuerzas de sus piernas flaquearon y de su garganta salió un aullido que no pudo evitar. Tuvo que sentarse en la taza del váter para no caer. Segundos después paraba la grabación de su móvil y se lo enviaba a Hans…

  • Cambiaste mi vida

    Cambiaste mi vida

    Cuando la Señorita R apareció un día en mi vida y la cambió para siempre. En realidad, nunca llegaré a conocerla, ya que es imposible conocer a alguien por mucho que cambie tu vida. Es una mujer indescifrable: unas veces es como un demonio, otras veces es toda una santa. Para los que conocen los pecados capitales, ella es la síntesis: Un demonio en un mundo de carne.

    Tiene unos labios hechos para disfrutar: rosados, jugosos, carnosos, capaces de incendiar a cada uno de sus tiernos besos, una lengua que explora tu cuerpo, por todos los rincones y que no deja que tu piel pase desapercibida. Unos ojos profundos, que reflejan la calma después de una tempestad de la pasión. Te lleva al cielo y te trae de vuelta con un solo guiño. Sus ojos te hablan.

    Y una voz profunda y sensual, que es capaz de inducir en ti toda la sensibilidad de los sentimientos y de despertar tus más oscuras pasiones. Cuando te propone hacer el amor es tierna, cuando te dice follemos es salvaje. Y de todas maneras tú lo disfrutas.

    Es capaz de los más grandes sacrificios por los que ama y de los más grandes odios por quienes la dañan. No entiendo cómo es posible que haya alguien que la haya lastimado.

    Su cuello es perfecto, sensual. Lo recorres con tu lengua y saboreas el placer, mientras ella gime suavemente. Te sientes que la combinación de lamer y gemir hace que tu miembro responda de inmediato y la erección es salvaje y sostenida. Quieres poseerla, pero aún no es tiempo. Debes disfrutar a esta hembra, de esta mujer, de este milagro de los dioses.

    Sus senos son grandes, hermosos, con una areola que rodea un perfecto pezón, el cual, caricias, besas y chupeteas poniéndose rígido y te invita a seguir jugando con ellos, además son el medio por el cual sus piernas van cediendo a tu acoso; ya se empiezan a abrir y su hermoso sexo se lubrica poco a poco.

    Su apetitoso ombligo, es donde puedes servir todos los néctares y elixires para el amor. No acariciarlo ni besarlo sería un error por tu parte. Es como privarse de la parte que más te gusta del postre.

    Y su sexo es todo un espectáculo, se nota que es obra de Dioses. Hay encuentras todos los sabores, gustos que hacen de ella una verdadera mujer. También puedes darle trabajo a tu lengua, tratando de satisfacer esa voraz “engullidora”. Si lo logras estarás en la gloria, si no lo logras, pobre de ti.

    Sus piernas son otra maravilla, con unos muslos para regodearse, unas rodillas y unos tobillos que puedes disfrutar y que si logras que te responda pueden enroscarse en tu espalda, haciendo que tu miembro se clave más adentro de su sexo.

    Así es ella: voluptuosa, angelical, ingenua y complicada, es la mujer que todos soñamos. La veo venir hacia mí: Estoy sentado desnudo con mi tridente pidiendo guerra, ella camina lenta y sexualmente, con sus medias negras y sus zapatos de tacón y nada más. Se monta a horcajadas sobre mí, siempre dice que me va a comer y yo medio en broma le digo que me dejo y empieza a moverse y a hacer que disfrutemos juntos. Estamos sudando, nos besamos con pasión, con entrega total, y logramos alcanzar un mito: el orgasmo al mismo tiempo.

    Pretendo no defraudarla para que siga en mi vida y yo pueda estar completo.

    Espero que les gustara mi relato. Y recordarle que los comentarios y las valoraciones son gratis y ayudan a seguir.

  • Jorge Luis, su hermano y yo (II): Juego de la botella (P. 1)

    Jorge Luis, su hermano y yo (II): Juego de la botella (P. 1)

    Después de ausentarme mucho tiempo por problemas con la computadora y la pérdida de algunos archivos, retomo la escritura de los relatos de aventuras sexuales con Jorge Luis, su hermano Hugo y yo y en esta segunda parte continuaremos con el relato de ese fin de semana de sexo y erotismo.

    Después de aquel faje que habíamos tenido al calor de la película y el alcohol, continuamos acostados en la cama nuevamente vestidos. Las cervezas ahora se habían convertido en una botella de Vodka y unos jugos para acompañarlo, llevábamos ya media botella y eran las 9:30 de la noche, hace tan solo una hora nos habíamos corrido (Jorge Luis, su hermano y yo I) el volumen de alcohol ya era alto en nuestro cuerpo y apuramos los últimos tragos para vaciar la botella.

    Jorge se paró de la cama e invitándonos a sentarnos en unos pequeños taburetes nos dijo- ¿quieren jugar botella? – como si tuviéramos un resorte Hugo y yo saltamos de la cama y nos dirigimos a los asientos libres donde estaba Jorge. Hugo antes de sentarse dijo- Pero acompañemos el juego con algo- salió del cuarto y al poco tiempo regresó, al entrar nos descubrió a Jorge y a mi fundidos en un beso de lengua- ya veo que ustedes no pierden el tiempo- y poniendo sobre un cajón de madera una charola con botana, una botella de vodka, algunos jugos y una cajetilla de cigarros, se sentó en el taburete libre, en semicírculo, estábamos sentados con las rodillas dobladas como en postura de “flor de loto” tan cerca uno del otro que nuestras rodillas se rozaban.

    Jorge tomando el control de la situación dijo – al que le toque la boca de la botella recibe el castigo y obviamente el que le toque el fondo pone el castigo – Hugo y yo asentimos y Jorge fue el primero en girar la botella. Después de un par de giros la botella se detuvo apuntando la boca hacia Hugo y el fondo hacia Jorge, – muy bien- dijo Jorge- tu castigo será hacernos un baile erótico e irte quitando la ropa hasta que quedes completamente desnudo.

    Hugo sin reparar se puso de pie y poniendo una canción en el celular empezó a hacer movimientos sexis mientras pasaba sus manos por todo el cuerpo aun con ropa, la primera prenda en dejar su cuerpo fue la camiseta blanca de manga corta y quitándosela se acercó su hermano y enredándosela en el cuello lo jaló y le dio un beso de lengua. Se despegó de él y acercándose a mí se montó en mis piernas dándome la espalda y tomando mis manos las hizo pasar por todo su pecho y llegar hasta su abdomen, levantándose nuevamente se puso de espaldas a ambos y empezó a mover su pequeño, pero bien formado trasero, y se despojó del cinturón aventándolo al piso después dándose la vuelta se bajó el pantalón lentamente dejando al descubierto un “trunk” color negro en el que ya se empezaba a notar una leve erección, cuando el pantalón terminó de abandonar su cuerpo se acercó a mí y subiéndose al taburete en el que me encontraba sentado, logro que su entrepierna quedara a la altura de mi cara, me tomo del cuello y me acercó la cara a su entrepierna, frotándola contra su bóxer, podía sentir su verga despertando en mi cara y mi nariz inundándose de aquella aroma de macho, se bajó del taburete y acercándose a su hermano le tomó las manos y se las llevó al elástico de su ropa interior y le hizo entender que quería que se la quitara, Jorge le bajo el calzón mientras le besaba el abdomen a su hermano, una vez que Hugo se encontraba completamente desnudo quitó la música y volvió a su taburete.

    Ahora fue Hugo quien giró la botella, esta vez me tocaba recibir a mí el castigo y a Hugo dictar que iba a hacer – tu castigo será quitarle toda la ropa a Jorge, pero sin usar tus manos solo podrás usar la boca. Jorge sonrío, yo me acerque a él, me puse de rodillas y abriéndole las piernas con las manos me acerqué a su cuerpo. Por la altura de los sillones tenía su paquete, envuelto en pantalones deportivos, frente a mi cara así que acerqué mi boca y lo apreté ligeramente con los labios y subí un poco hasta que pude tomar con mis dientes el borde inferior de su playera azul, empecé a levantarme lentamente llevando conmigo aquella prenda, Jorge levantó los brazos lo que me ayudó a que aquella ropa saliera sin mucha dificultad.

    Una vez que se la quité empecé a bajar lentamente por su abdomen descubierto y le daba besos a algunas partes. Cuando llegué a su pantalón le pedí que se pusiera de pie y así lo hizo, comencé a bajar el elástico de sus pantalones, hacer que pasara por su paquete ya semi erecto sin usar las manos, me costó bastante trabajo, por lo que tuve que apoyar mi cabeza un poco debajo de su ombligo y estirar el resorte que estaba atorado en el borde de su paquete protegido aun por un pequeño bóxer color blanco, en el que había una pequeña gota tal vez de precum o de orina, jalando el resorte pude sortear aquella zona y hacer que el pantalón terminara de bajar hasta sus pies, Jorge me ayudó levantando alternadamente sus piernas para hacer que el pantalón saliera, ahora era tiempo de bajar aquel pedazo de tela que cubría su verga.

    Subí hasta su abdomen y dándole una lamida a su línea de vellos que bajaba de su ombligo tomé el resorte de su ropa interior con los labios la separé de su cuerpo lo suficiente para que el trozo de carne saliera de la ropa, cuando salió su verga quedó apoyada sobre mi cara y empecé a bajar el calzón hasta que llegué a sus pies donde pude terminar de sacarlo.

    Jorge y yo retomamos nuestros asientos, ahora era yo el único que quedaba con ropa, verlos a ambos completamente desnudos con sus vergas semi erectas me empezó a excitar. Giré la botella y esta vez le tocó a Hugo ponerle un castigo a su hermano. Le dijo tienes que quitarle la ropa, pero cada vez que vayas descubriendo la piel tienes que darle besos.

    Jorge se levantó de su asiento y se acercó a mí y ofreciéndome su mano, me puso de pie, rodeando mi cuello con sus brazos, me dio un beso en los labios, llevó sus manos por mi espalda hasta el borde de mi polo color rosa, se puso de rodillas y llevó sus manos al frente de mi polo, y empezó a subirla lentamente, el primer punto descubierto fue mi línea de vellos que baja del ombligo, la besó hasta que llegó al ombligo donde metió suavemente su lengua, siguió subiendo suavemente descubriendo y besando cada centímetro de piel, cuando descubrió mis pechos, lamió ambos pezones siguió subiendo hasta que esa prenda rosa, llego a mi cuello y haciéndola pasar por mi cabeza y mis brazos extendidos, besó mi cuello, mis labios, metió la lengua en uno de mi oídos.

    Arrojó la playera al lugar donde estaba la ropa de todos, y poniéndose nuevamente de rodillas empezó a aflojar el cinturón negro que sujetaba mis pantalones de mezclilla, los desabotonó y bajando el cierre descubrió parte de mi paquete que ya se encontraba semi erecto dentro de unos bóxer tipo biker color rosa, una vez que bajó los pantalones beso mi verga sobre la tela del bóxer y siguió bajando besando cada sección de mis piernas que descubría, cuando llegó a mis pies y los descubrió del pantalón, los beso suavemente, eso me dio una sensación bastante agradable que nunca había percatado en mí. Ahora volvió a subir hasta el elástico de mis bóxer y llevando su mano la introdujo masajeando mi verga. Empezó a bajar la ropa y cuando descubrió mi verga, paso su lengua por el glande y recogió una pequeña gota de precum que en ese momento salía, siguió bajando la ropa y besó mis testículos, sujetándolos suavemente con una mano, mientras con la otra se ocupaba de bajar la ropa interior que abandonaba completamente mi cuerpo.

    Ahora estábamos los tres completamente desnudos y sentados en aquel semicírculo, la calentura que los tres teníamos se notaba e nuestras vergas y en la mirada llena de morbo que teníamos.

    Este relato ha quedado más largo de lo que pensé por lo que dividiré en dos partes el juego de la botella, en el siguiente segmento les contare todos los castigos, que más bien fueron premios.

  • Venga fóllame, uno rápido aquí

    Venga fóllame, uno rápido aquí

    Estaba esperando en la puerta del restaurante y como siempre Raúl llegaba tarde, habíamos quedado con su hermano Juanmi y con su novia a los cuales veía aparecer doblando la esquina, ella venía muy guapa, con un vestido muy corto de color rojo con flores estampado, atado a su cuello, una cazadora negra de piel, unos botines negros con algo de tacón y un bolso, la verdad que era una niña muy guapa de esas que se pusiera lo que se pusiera la sentaba bien y Juanmi que voy a decir de Juanmi que había sido mi compañero del alma desde el instituto, relación que continuó en la facultad cuando los dos decidimos hacer la misma carrera y allí fue donde él me presento a su hermano en una de tantas fiestas a las que íbamos.

    Juanmi era un chico alto, guapo con el pelo castaño y ojos azules, su cuerpo parecía estar esculpido por los mismos dioses, pectorales y abdominales casi dibujados con pincel, sin un ápice de grasa y unos bíceps bien definidos, Juanmi era un chico culto, educado y encima simpático, la verdad que yo estuve colada por él durante mucho tiempo y él por mí, no lo sé, pero nunca dio ningún paso y la verdad que yo no me atreví a darlo, al final termine con su hermano que era prácticamente un calco de él, tenía una gracia y una simpatía innata que le hacía ser el centro de atención, pero algo si les diferenciaba, Juanmi era más humano, más educado, más caballero.

    -Hola, que guapa que estas Lara y Raúl.

    Me pregunto Juanmi nada más verme dándome dos besos y la verdad que si, no mentía, sin llegar al nivel de Nieves que era modelo, pero ese día yo estaba especialmente radiante y muy guapa, me había comprado ese vestido precioso que estrenaba ese día, un vestido de manga larga negro con lunares un poco escotado y abotonado hasta la cintura, el vestido caía hasta tapar mis rodillas, unas botas camperas, una cazadora larga y fina de color camel, un gorro del mismo color que la cazadora y un bolso del color de las botas.

    -Pues ya ves, tu hermano tarde como siempre así que si queréis vamos pasando.

    -¿Pero te ha llamado?

    -Tu hermano llamar, desde cuando tiene ese detalle jajaja

    -Si tienes razón jajaja

    Al cabo de la media hora apareció Raúl algo achispado por haber estado bebiendo con una de sus excusas habituales… un cumpleaños, un ascenso, un embarazo, incluso un despido me llego a decir un día y la mejor su preferida el tráfico, pero tanto Juanmi como yo sabíamos que se habría entretenido con unos amigos tomando las últimas cervezas o lo que yo intuía, pero no me quería creer que habría estado con alguna otra.

    Ni un beso, ni un hola, nada de ¡que tal estas cariño!, ¡qué guapa estas mi amor!, nada, Raúl me había ignorado saludando a su hermano y besando la mano de su novia embobado por lo guapa que era, pero a mí nada, me había pedido casarme con él no hacia ni cinco meses y dentro de tres semanas daríamos el sí quiero, pero a mí tan siquiera me miro, la verdad que ya me estaba arrepintiendo de haberle dicho que si, desde hacia más de un año vivíamos juntos y muchas veces le esperaba en casa hasta tarde y cuando llegaba oliendo a perfume y alcohol siempre me contaba la misma historia de unas copas con los compañeros del trabajo o cualquiera de las otras excusas que ya mencione y yo como una tonta siempre le creía, pero cada vez menos.

    -Me podéis perdonar, necesito ir al baño. –Visiblemente afectada me levanté y me fui al baño para no llorar y gritarle allí mismo.

    -Joder tía ya estas, pero no tardes que tengo hambre. –Fue la contestación de Raúl.

    El baño de chicas estaba vació, me mire al espejo retocándome los ojos, secándome con un pañuelo las lágrimas que aparecían al poco de marcharme de la mesas, entre en uno de los servicios y cerré la puerta por dentro cuando sentí como alguien entraba y llamaba a mi puerta.

    -Está ocupado

    -Lara soy yo, Juanmi

    -¿Juanmi?, te has equivocado de baño.

    -No, no me he equivocado, ¿estás bien?

    -No, no estoy bien joder, como voy a estar bien.

    -Déjame entrar Lara.

    -Estás tonto, pero como te voy a dejar entrar.

    -Lara, déjame entrar por favor.

    Fue una mala decisión abrirle la puerta, al principio me hablaba intentándome consolar, me hablaba bien de su hermano y de que ya sabía cómo era, que no le hiciera caso, que ya sabía lo mucho que me quería y que no me disgustase, pero sus manos iban acariciando mis mejillas con suavidad quitándome las lágrimas de la cara, retirándome el pelo y entonces se acercó y me beso, fue como una explosión de placer sobre mis labios, como electricidad atravesando todo mi cuerpo poniéndome el bello de punta, le mire a esos ojos azules y observaba en ellos pasión, pero también arrepentimiento, Juanmi se separaba de mi despacio al no decirle yo nada y quedarme embobada allí mirándole fijamente.

    -No, Juanmi no te vayas. – Le dije cuando estaba abriendo la puerta para irse.

    -No te vayas ahora por favor, quédate un rato más conmigo.

    En ese momento mis brazos le abrazaban el cuellos con suavidad y cariño, mis labios ardiendo de pasión buscaban los suyos por segunda vez, oí como Juanmi antes de abrazarme cerraba el pestillo de la puerta del servicio y nos fundimos en un beso donde nuestras lenguas tomaron protagonismo, los besos y abrazos suaves al principio hasta que pasamos a la pura pasión donde él me empotraba contra la pared y meneando su cadera me hacía sentir sobre mi vulva su pene erguido, duro y grande por debajo de sus pantalones, sus manos apretaban mis senos desabrochando los botones de mi vestido y subiendo mi sujetador hacia arriba para meter su boca en mi pezón.

    La pasión se palpaba en el ambiente de aquel cubículo tan pequeño, ni una palabra salió de nuestros labios no hacía falta, ya que hablaban nuestros besos y caricias, mis manos buscaron su cinturón y los botones de su pantalón a la vez que él me subía el vestido metiendo su mano por debajo de mis bragas y yo hacía lo propio con él sacando y acariciando con mis manos su pene, no lo había visto, pero la sensación de tenerlo entre mis dedos era maravillosa, un pene suave, con el glande por fuera, largo y duro, no me atrevería a decir su tamaño, pero era de los que están fuera de la media.

    Juanmi seguía profundizando por debajo de mi bragas, empezaba a sentirme húmeda y mojada, mi clítoris había sido asaltado por sus dedos que hacían círculos sobre él como en un rodeo, los jadeos empezaban a ser evidentes y sin llegar a sentarme me agache para lamer su pene, sentir la suavidad de su carne en mi boca, saborear aquel pene con el que tanto soñé en nuestra etapa universitaria, duro y grande tan grande que cuando la intente meter en mi boca casi no entraba, llegando a meterse hasta la garganta tocándome la campanilla, mis manos acompasaban los movimientos de mi cabeza con la dulzura música de sus gemidos.

    Me levante y lo empuje un poco haciéndole sentar en la taza del servicio, Juanmi me miraba y me levantaba la falda, me sentaba encima de él a horcajadas meneando mi cadera acercándome y alejándome de él con su pene sobre mi tripa.

    -Lara, no podemos.

    -Si podemos, tú empezaste esto.

    -Lara esta mi hermano y mi novia esperando.

    -Pues habrá que darse prisa no, venga fóllame, uno rápido, quiero sentirte dentro de mí.

    -Lara, de verdad que no mmm.

    Fue ese momento en que me levante un poco separando la tela de mis bragas y con su glande sobre la entrada de mi vagina fui sentándome despacio hasta estar sentada por completo con su pene dentro de mí, haciéndole gemir de la sorpresa, haciéndome gemir del placer y que mi cabeza se echara hacia atrás cerrando los ojos.

    -Ssshh, fóllame Juanmi, fóllame, ¡Aahh!, así, así, métemela bien.

    -Notas como entra y mmm como sale Lara.

    -Si, la noto…la noto, ¡aahh!, la noto.

    -Tanto tiempo he espera…dooo este momento mmm

    -¡Aahh!, yo también Juanmi, lo he de… deseado toda la vida.

    -Pero nunca dijiste nada Lara ¡aahh!

    -Mmm ¡aahh!, eres tonto, pero sigue, sigue…así fóllame, así…

    Juanmi y yo nos besábamos mientras follábamos en aquel servicio a pocos metros de mi prometido y su novia, nuestros movimientos suaves, subiendo mi cuerpo hacia arriba y bajando con suavidad, metiendo y sacando su pene de mi vagina, abrazándonos y besándonos cuando oímos entrar un par de chicas al servicio, las oíamos hablar de moda intentando entrar en el servicio, pero al estar cerrado probaron en el otro, yo seguí montando a Juanmi sin descanso pequeños gemidos reprimidos por mí intentaban salir al exterior, su pene se clavaba como una lanzas en mi cuerpo, penetrando muy profundamente, las chicas salían del servicio, se miraban al espejo y entonces oímos la voz de Nieves preguntar por mí detrás de la puerta.

    -Lara, estás bien, te puedo ayudar.

    -No, no, estoy bien Nieves, ya… mmm ya salgo.

    -Estoy un poco… mmm indispuesta pero ya salgo.

    -Vale, pero si necesitas algo dímelo.

    Por fin cerraba la puerta y una vez más nos quedábamos solos, el pene de Juanmi en ningún momento dejo de entrar y salir de mi vagina, con las dos manos en mi boca tuve que sortear las preguntas de Nieves entre gemidos cuando la sentía entrar, fue una situación demasiado morbosa estar hablando con ella mientras me follaba su chico y ahora estaba totalmente desatada, subía y bajaba mi cuerpo sobre el más fuerte y a más velocidad, Juanmi me ayudaba con sus manos sobre mis caderas, moviéndome adelante y atrás con fuerza, la sentía tan dentro, la notaba llenándome tanto mi vagina que mis manos nuevamente se tuvieron que dirigir a mis boca para acallar los gemidos de placer cuando su pene estallo en chorros de su semen recorriendo mi vagina a la vez que experimentaba un delicioso orgasmo llenando mi vagina de flujo.

    Los gemidos habían cesado, no así los besos porque ambos nos seguíamos comiendo a besos, notaba como su pene todavía dentro de mí se iba haciendo más pequeño, como su semen salía de mi vagina junto a mi flujo y como entre los dos mojaban mis bragas, con un poco de papel me limpie, me levante colocándome las bragas y mi sujetador en su sitio y sentí humedecerse mis bragas una vez más, pero esta vez de los fluidos que seguían saliendo de mi rajita empapado mis bragas.

    Salía del servicio abrochándome el vestido, lo planchaba con las manos y esperaba a que Juanmi se terminara de arreglar mirándome al espejo, arreglando mi pelo, Juanmi estaba detrás de mí mirándome y como un león se abalanzó contra su presa abrazándome nuevamente, sujetando mis pechos con fuerza con sus manos y besándome el cuello una vez más, una explosión de placer nuevamente cayó sobre mí, un deseo irrefrenable de que volviera a follar allí mismos, sin el amparo de una puerta cerrada, expuestos a que en cualquier momento entrara alguien.

    Sus labios no paraban de morder mi cuello y sus manos se habían internado por debajo de mi falda bajándome las bragas esta vez hasta las rodillas, abriéndome un poco de piernas, flexiono las suyas y colocando su polla en la entrada de mi vagina empezó a metérmela una vez más, sintiendo el deseo, el placer de tenerla dentro empecé a gemir desde un principio, apretando mis nalgas hacia abajo para ir a su encuentro, Juanmi con sus manos en mis pechos nuevamente apretaba con su pelvis con cada empujón y hundía su pene en mi vagina, estaba muy húmeda, demasiado mojada y su polla se deslizaba dentro de mí haciéndome ver sobre el espejo mi cara desencajada por el placer al sentirle entrar.

    Le veía reflejado sobre el espejo mirándome, mirando mi trasero, viendo como su pene entraba y salía de mi coño, como cada vez que se acercaba empujándola chapoteaba nuestros sexos, una música de placer, de gritos que acallaba con mis manos, hasta que fue inevitable un grito alto saliera de mí cuando empecé a mojar el suelo, manchándole los pantalones y los bóxer a Juanmi, era mi final, mi gran final, un orgasmo maravilloso acababa de asomar y salir de mí envolviendo su polla de mis flujos.

    Estaba a punto, él también estaba a punto y cogiendo cada vez más velocidad me la iba metiendo con más fuerza, con sus manos en mis caderas me movía como a una muñeca y la expresión de su cara lo decía todo, sentí como a gran velocidad se corría dentro de mí, como me llenaba entera con su polla dejándola muy dentro de mí y salpicándome con chorros de su semen, ahora sí que los dos aviamos terminado, después de los gemidos y gritos, después de dejar en el servicio el dulce aroma de nuestros sexo explotando, del charco que deje en el suelo de mi flujo, los dos ya arreglados una vez más nos besábamos y salíamos del baño.

    -Deja que salga yo primero Juanmi, luego sales tú.

    -De acuerdo.

    -Lara, espera. –Juanmi me cogía del brazo.

    -Dime.

    -Te quiero Lara. -Según me soltó aquella bomba me cogía nuevamente entre sus brazos y me volvía a besar.

    Ya en la cena hablamos de todo un poco, Raúl me regañaba por haber tardado tanto, Juanmi puso la excusa de que le llamaron y era una conversación urgente del trabajo, Nieves me preguntaba si estaba nerviosa por la boda, el traje de novia, en fin cosas de chicas y los hermanos a las suyas salvo cuando les interesaba algo de nuestra conversación, pero entre unas y otras sin llamar la atención las miradas entre Juanmi y yo se multiplicaban, sentía mis bragas con su semen, sentía mi vagina vibrar todavía con su polla y recordaba lo que me había dicho al final.

    Aquella noche al despedirnos con un beso sin que se notara fue en la comisura de mis labios, Raúl ya en casa quiso follar a lo que yo me negué poniéndole una excusa como otra cualquiera, una excusa que las mujeres utilizamos muy a menudo… me dolía la cabeza.

    Aquella noche no era la suya, era la de su hermano al que notaba y seguía teniendo dentro de mí, en mi interior, en mis bragas.

    __________________

    No sé si habrá segunda parte, pero tanto si la hay como si no me tenéis que disculpar un momento, no sé por qué me encuentro muy sensible, quizás porque acabo de pasar esos días y me encuentro pletórica o quizás porque realmente Juanmi, mi protagonista en este relato ha hecho que moje las bragas de forma espectacular, así que me levantaré sin más, me ducharé y me cambiaré de bragas, luego veré si hay segunda parte.

  • El tipster (Parte 2)

    El tipster (Parte 2)

    Me desperté en el hospital, con un ligero dolor de cabeza, tenía ganas de dormir de nuevo, caer en los brazos de Morfeo, y olvidar la traición de Jimena. Entonces llegó una enfermera de tez morena, al percatarse que desperté, llamó al doctor.

    El médico me dijo, que tuve suerte y no sufrí lesiones graves. Salvo algunos rasmillones que tardarían poco en sanar. Saldría de alta al día siguiente, sin embargo, después tendría que regresar al hospital para unos últimos análisis.

    Enseguida se acercó una mujer, que se identificó como la dueña del auto que me arrolló. Era una señora alta, de muy buen ver, a la que calcularía unos 35 años.

    Me explicó que no se percató de mi presencia en medio de la pista, frenó el auto para no chocarme, pero no lo consiguió del todo. Se hizo a cargo de llevarme al hospital y pagar los gastos médicos; me aseguró, con unas palabras que desprendían sinceridad, estuvo preocupada por mi salud y esperó a que despertase. Le respondí diciéndole que no tenía la culpa y que el infractor era yo, por ser un mal transeúnte, por lo tanto no tenía derecho a recibir ningún tipo de indemnización y le agradecí el haberme llevado al hospital.

    —No; pagaré todos gastos médicos, y te acompañaré hasta que estés completamente recuperado—me garantizó.

    —No es necesario que se preocupe por mí, el doctor ya me aseguró que estoy bien —le contesté, sabiendo que yo era el principal responsable del accidente.

    —Mi conciencia no me lo permitiría, déjame quedarme contigo y puedes decirme por mi nombre, me llamo Carmen —se presentó amicalmente.

    Acepté su propuesta, esa tarde nos quedamos conversando, me sentía cómodo hablando con ella, y al parecer le pasaba lo mismo. Me contó varias anécdotas suyas, me enteré de que trabaja como manager en una agencia de modelos. Su sueño siempre fue ser una reina de belleza, pero que se enamoró muy joven del amor de su vida y concibieron dos hijos; así que no tuvo tiempo para lograr su objetivo.

    Carmen era una dama que desprendía elegancia, no sólo por su manera de vestir; sino también porque estaba dotada de una gracia inexplicable, sencillez y nobleza. Todo esto generó que haya una conexión entre nosotros y decidí contarle mi desgracia, del engaño que sufrí a manos de Jimena y el porqué de estar distraído al momento del accidente.

    —No te rindas con el mundo. Para avanzar en la vida, es necesario dejar algunas cosas atrás— me aconsejó Carmen.

    —No pienso rendirme, aunque me cueste superarlo sé que saldré adelante.

    —¡Así se habla! Con el tiempo, sanarás y te encontrarás viviendo una vida que está muy lejos de la cámara de tortura mental en la que una vez has vivido. Este camino hacia la libertad y la felicidad es el camino más aterrador por el que transitarás. Sin embargo, es el camino que finalmente te da la paz.

    —Que sabias palabras, pero me lo dices como si ya pasaste por esto —le interrogué.

    Se quedó callada un momento y continuó.

    —Mi esposo murió cuando mis hijos aún no habían llegado a la pubertad. Fue un duro golpe para mí— me respondió con unas palabras que denotaban tristeza.

    —Te entiendo, yo perdí a mi padre el mes pasado, y a mi madre cuando era muy pequeño.

    En ese momento nos avisaron que el horario de visitas había terminado, nos despedimos con un abrazo, ella prometió venir al día siguiente.

    A algunas personas les hace bien contar la historia de su pérdida o hablar acerca de sus sentimientos. Aun cuando no tengas ganas de hablar, buscas maneras de expresar tus emociones y pensamientos. Reflexioné acerca de esto y me quedé dormido.

    Al día siguiente, Carmen llegó al hospital, me dieron de alta y me llevó a mi departamento.

    —Carlos. No es bueno que pases tanto tiempo solo, ahora que llegué a conocerte mejor, eres como un hijo para mí. Te iría bien si vienes a mi casa, conocer a mi familia y divertirte.

    —Acepto encantado tu invitación.

    —Eres un buen chico, desearía que mis hijos fueran como tú.

    Nos despedimos con un beso en la mejilla. Carmen tenía razón, por ahora es necesario mirar hacia el futuro. Más aún con el extraño don que tenía en las apuestas.

    Revisé mi celular, vi que tenía muchas llamadas y mensajes de Jimena, y algunas de Lucía. Decidí ignorarlas.

    Me propuse recuperar la casa de mis padres, ahí pasé mi infancia y tenía un buen recuerdo de ella. Para eso necesitaba dinero. Decidí empezar dando pronósticos gratis a la gente para que me siguiera. A continuación me cree un perfil en una plataforma de internet para las apuestas, donde puse un servicio premium en el cual daba pronósticos con mejores cuotas. La gente se empezó a suscribir al ver mis estadísticas y porcentaje de acierto, claro que no dejé que mis aciertos sean del 100%, sería extraño que acierte todas, tampoco quería parecer Nostradamus.

    Empecé a ganar bastante dinero, cinco días después ya tenía el dinero suficiente para recuperar mi casa. Ese día quedé para reunirme con Carmen, por su trabajo estaba de viaje por varios días y hoy llegaría. Nos reunimos en el aeropuerto, al encontrarnos nos dimos un fuerte abrazo, y enseguida nos recogió su chofer, quien nos llevaría a su casa.

    Necesitaba volver a la universidad, ya tenía dinero para continuar con mis estudios. El estudio es importante porque la consecuencia de no estudiar es la ignorancia, y los ignorantes son víctimas fáciles de la manipulación personal y social…

    Me llevé una sorpresa cuando llegamos a su casa. ¡Era la casa de Lucía!, lo debí imaginar, el accidente ocurrió cerca de su casa. El destino quería que enfrente a mi pasado, justo cuando pensaba que lo olvidaría. Qué bueno que no estaba su hermano, porque no sé, si me aguantaría de no meterle unos cuantos golpes.

    Enseguida Lucía se acercó a su madre y la abrazó, volteó la mirada y me vio.

    Se sorprendió al verme, no esperaba encontrarse conmigo.

    Le preguntó a su madre porque estaba con ella. Carmen intuyó que nos conocíamos, y no era amistad precisamente lo que nos unía.

    —¡Cualquier problema que hayan tenido en el pasado, lo solucionan ahora mismo! No toleraré peleas en mi casa —nos dijo su mamá con un tono imperativo.

    Asentimos en silencio, y nos dirigimos a la sala de la casa. Carmen nos dejó solos para hablar.

    —Carlos… No soy nadie para decirte nada. Pero te ruego consideres lo que te voy a decir. Jimena se ha equivocado… lo ha jodido y lo sabe. Yo creía que no eras un buen partido para ella, pero ahora me doy cuenta de que ella siempre te amo. Ha tomado decisiones muy erróneas y yo entiendo que esto sea… totalmente inaceptable para ti. Pero ahora ella te necesita. Mucho, de verdad. Está hundida. Muy jodida. Te lo pido por favor, necesitas hablar con ella, está muy preocupada porque no le contestaste los mensajes.

    —Lucía, hablaré con ella, pero no pienso perdonarla, solo será para aclarar las cosas. Es más, me cuesta solo recordarla.

    —Está bien, pero que sea cuanto antes, la veo muy pálida. Sus padres se preocuparon ya que no paraba de llorar, y no recibe la comida que le dan. Incluso están todo el rato con ella, ya que temen que se haga daño.

    Lucía hizo una llamada, me dijo que acordó una reunión con Jimena. Carmen se ofreció a llevarnos. Su hija seguramente le contó lo sucedido, sacó sus propias conclusiones y decidió ayudarnos.

    Al llegar a su casa, los padres de Jimena estaban juntos esperando en la sala. Esto daba razón de lo delicada que era la situación, ya que ambos estaban divorciados. Nos dijeron que ella solo quería verme, por eso se quedaron en la sala conversando con Carmen. Lucía me acompañó hasta su cuarto y se fue para que pudiera hablar a solas con Jimena.

    Al llegar vi a Jimena como ida, aturdida. Sin apenas reacción, me sorprendí porque había enflaquecido mucho en este corto periodo de tiempo. Solo cuando me vio, comenzó a llorar de nuevo.

    —Lo siento, Carlos, de verdad que lo siento… Perdóname —me suplicaba entre sollozos.

    Me acerqué y me senté a su lado, me abrazó con mucha fuerza, pegando su rostro en mi pecho. Casi histérica. No paraba de llorar y me quedé a su lado intentando que su desconsuelo fuera remitiendo. Pero continuaba con un lloro convulso, de fuertes estremecimientos.

    Sus ojos eran dos pozos azules de la cual brotaban ríos de amargura, lamento y tristeza.

    Sé que cuando hay otra persona delante mientras lloramos, internamente necesitamos que no se vaya porque, de ser así, estaría confirmando ese miedo irracional de ser rechazados.

    Al verla llorar se me vino a la mente la Rima XIII de G. A. Bécquer:

    Tu pupila es azul, y cuando ríes,

    su claridad suave me recuerda

    el trémulo fulgor de la mañana,

    que en el mar se refleja.

    Tu pupila es azul, y cuando lloras,

    Las transparentes lágrimas en ella

    se me figuran gotas de rocío

    sobre una violeta.

    Tu pupila es azul, y si en su fondo

    como un punto de luz radia una idea,

    me parece en el cielo de la tarde

    una perdida estrella.

    Jimena había traicionado mi confianza, era una mujer cruel, egoísta, casi inhumana… Pero yo no. Mi deber, o así lo sentía como tal, era quedarme ahora con ella. Luego me iría.

    Esperé a que se calmara, luego volvió a mirarme algo más tranquila.

    —Gracias por venir… —me susurró.

    Se produjo un silencio. Ella me miró con vergüenza, apretó los labios y un par de lágrimas salieron de sus hermosos ojos azules.

    —Quiero que me cuentes. ¿Qué pasó en la fiesta? No soportaré una mentira más —le pregunté con toda la frialdad que fui capaz de imprimir a mis palabras.

    Agitó el cuerpo, debido a su nerviosismo. Lanzó un suspiro y comenzó a explicarme.

    —Cómo habrás notado, Lucía veía con malos ojos nuestra relación, incluso mi madre, creía que eras una mala influencia para mí. En la fiesta de fin de ciclo, estaríamos solo las chicas, pero Sebastián llegó imprevistamente. —Se detuvo al decir estas palabras, como queriendo no recordarlo.

    —Nadie dijo nada, estábamos mareadas. Sebastián se unió a la fiesta, ignorando que era solo de chicas, empezó a bailar sensualmente con una amiga de Lucía. Las demás empezaron a animarlos, pero él me miraba dándome guiños mientras restregaba su… con el trasero de ella —Cuando dijo esto, bajo la voz hasta hacerla casi inaudible.

    —Lucía se acercó trayendo un refresco, me dijo que lo pruebe, acepté, paso un momento cuando sentí que mi cuerpo se calentaba, le pregunté que había tomado, me respondió con una sonrisa a la vez que me decía: es éxtasis, es para que te sueltes, ya verás lo bien que lo pasas. Pasó un rato y entre la droga y el alcohol, pues… perdí la noción y el sentido de casi todo…

    Se produjo otro silencio. Mi corazón galopaba de enfado, estaba muy molesto. Lucía tenía que ver con esto, como me lo imaginé, juré vengarme de ella y de su hermano.

    —No sé cómo…bueno sí…, pero lo que no sé es cuando y porqué empezó todo. Yo… —dudaba y desviaba la vista, se veía avergonzada por lo que estaba contando—, el caso es que me vi besándome con Sebastián… Y entonces…, pues eso, empezamos… —agachó la cabeza y encogió los hombros— tal vez era por la droga, pero me sentía desinhibida, y aceptaba todo lo que me hacía. Vi a Lucía que me sonreía y aprobaba lo que estaba haciendo. Entonces se acercó y nos dijo que subamos a los dormitorios para estar más cómodos… —dijo esto con decoro.

    Me mantuve sin decir nada. Solo la miraba con un gesto entre serio, cabreado y preocupado.

    —Entonces, llegamos al dormitorio, le dije que era virgen. No quería hacerlo, me negué rotundamente, a pesar de que mi cuerpo me decía lo contrario. Sebastián me decía que él tenía experiencia. Lucía que estaba en la puerta, terminó de convencerme cuando me dijo, que lo hiciera, que yo también me beneficiaría… Y lo sabría hacer cuando me encontrara contigo. Empezamos a tener sexo… —de nuevo pronunció con un tono bajo, como si quisiera ocultarlo.

    Fijó su mirada hacia el techo. Buscaba las palabras menos hirientes para mí, pero ya me daba igual. El daño no estaba en oírlo, sino en saberlo.

    —Estábamos haciéndolo, cuando llegaste. A pesar de estar bajo los efectos del éxtasis, sentí un enorme arrepentimiento, y lo sigo sintiendo hasta ahora, me di cuenta de que cometí el mayor error de mi vida. Falté a mi promesa, me odié tanto desde ese día. Eres el hombre de mi vida, siempre me trataste bien, a tu lado siempre fui feliz. Tienes que saber que para mí, Sebastián no significa nada. Carlos… perdóname. Sé que… me he equivocado, lo siento mucho. — Volvió a llorar

    —Desde ese día me siento vacía, como si mi vida careciese de sentido, apagada y con dirección a ninguna parte. Es una sensación difícil de explicar, pero es algo similar a notar que te falta algo por dentro, y ese algo para mí eres tú. A pesar de que mi madre estuvo conmigo, apoyándome todo el tiempo, incluso llamó a mi padre, al que no veía muy a menudo desde que se separaron. Aun así me siento terriblemente sola, ese vacío me inunda, hace que me encuentre desanimada, y no me apetece hacer nada. Mis sueños e ilusiones parecen haberse ido de viaje a ninguna parte. Por eso quería verte, y te pido aunque sea egoísta de mi parte, después de lo que te hice. Al menos quédate conmigo solo esta noche.

    —Jimena, voy a estar contigo ahora, no me voy a ir. No puedo ser tan cruel como tú has sido conmigo. —Era consciente de que mis palabras dolían en el estado en el que se encontraba ella, pero no podía evitarlo. Y tampoco quería, la verdad—. No voy a dejarte sola. Pero… has sido conmigo una verdadera hija de puta.

    —Si, es verdad. Solo te pido que me perdones… quiero que sepas que a partir de ahora, no te diré más mentiras, mi cuerpo es tuyo y mi alma también, siempre seré tuya, puedes pedirme lo que desees…

    —Jimena… —la corte e intenté hablar con toda la tranquilidad que pude—. Quiero ser sincero contigo, quedarme ahora no significa que me olvide de todo lo que has hecho. Ni me olvido, ni te perdono. Y creo que, nunca lo haré. —Le dije estas palabras, aunque terminaran con sus ilusiones.

    —Lo siento, ha sido una idiotez de mi parte, pero haré mi mejor esfuerzo para recuperar tu amor, ya lo verás —me respondió esperanzada.

    Pasó toda la noche a mi lado, ambos nos quedamos dormidos. En la mañana me enteré de que nos dejaron solos, tal vez esperando una reconciliación entre nosotros. Los padres de Jimena se alegraron al verla mejor, hablaron conmigo tratando de convencerme para que me quedase más tiempo.

    Era irónico; antes no querían ni verme en pintura con su hija, en sus mentes estaba que no estaba en su mismo estatus social, por lo tanto no calificaba para estar con su hija. Les dije la verdad, que no la había perdonado, pero que estaría con ella ahora que era un momento difícil. Se calmaron por esto último, seguidamente su padre se fue, aduciendo que tenía un trabajo importante. Obviamente no era cierto, de seguro se iba con su amante. Así que en su casa solo nos quedamos Jimena, su madre y yo. Carmen se fue porque tenía un viaje en la agencia de modelos. Lucía se marchó con su madre, ya que ahora no estaban tan apegadas como antes con Jimena, me ganó la curiosidad y pregunté a Jimena por esto.

    —Estoy molesta con ella, ya que permitió que te sea infiel. Incluso me drogó —me contestó con un visible enfado.

    Tenía razón, ya me las pagaría, y no la salvará ser hija de Carmen. A pesar de que su madre, era de las pocas personas que me ayudó. Es tan diferente de su hija, pensé.

    Me quedé en su casa hablando con Jimena, llegó la hora del almuerzo, su madre cocinó un rico pollo al horno. Siempre me pareció una mujer hermosa, Jimena sacó sus lindos ojos azules, ambas se parecen bastante, con la diferencia de que su madre tiene los senos más grandes y las caderas más anchas. Era una madura voluptuosa, además de esto también cocina de maravilla. No entiendo como su esposo la dejó por otra. Generalmente los hombres no suelen planear una aventura, y simplemente ocurre. Sara, que así se llama la madre de Jimena nunca perdonó la infidelidad, y se separaron. ¿Cómo sé esto? Pues, antes no teníamos secretos con mi exnovia, nos teníamos mucha confianza. Me contó aquello cuando le pregunté acerca de sus padres.

    Sara y Jimena me atendieron muy bien, me trataban mucho mejor que a un simple invitado. Seguramente se debía a que querían quedar bien conmigo. Obviamente Jimena era que quería hacer más méritos. No se despegaba de mí, y me preguntaba a cada rato qué se me ofrecía.

    En la tarde nos quedamos viendo una película, era de contenido romántico. Tenía una buena trama, incluso llegó a conmoverme. Me percaté que Jimena estaba llorando, le afectó demasiado la película. Entonces se estiró a mi lado, y pegó su cabeza a mi hombro. Me vio con esos hermosos ojos azules, me quedé obnubilado por su bello rostro. Se acercó a mí queriendo darme un beso, pero me negué a último momento, volteando mi rostro y levantándome del sofá.

    —Me parece que ya estuve suficiente tiempo contigo, ya es hora de irme.

    —No… no me dejes Carlos, te seguiré, seré de mucha ayuda. Cocinaré para ti, plancharé tu ropa… —dijo esto levantándose y con una voz nerviosa.

    —Mi apartamento es muy pequeño para dos personas —le respondí secamente.

    —Entonces, quédate aquí, la casa es muy grande. Incluso tenemos una piscina.

    —Tu madre seguro que no está acostumbrada a que haya personas. No quiero ser una molestia.

    —No eres una molestia. Déjame arreglarlo. — Me aseguró, a la vez que se dirigía hacia la habitación de su madre.

    Pasó un rato, cuando vinieron Sara y Jimena, ésta última con una sonrisa en el rostro.

    —Carlos, nos hiciste un gran favor, estuviste en el momento más difícil de Jimena, esto demuestra que eres una buena persona. Puedes quedarte el tiempo que quieras en esta casa, por mi no hay ningún problema. Además mi hija te quiere demasiado, estaría bien si se dan un tiempo juntos. Tal vez con el tiempo la llegues a perdonar, es una buena chica. —me dijo esto casi suplicándome.

    Yo no tenía problemas en quedarme, me sentía querido, y de cierta manera complacido en esa casa. Solo quería ver la reacción de Jimena cuando le dije que me iba. Me sorprendió el poder de convencimiento que tenía en su madre, era después de todo su única hija, a la que mimaba y consentía mucho, más aún cuando últimamente la vio sufrir bastante.

    Así que les dije que me quedaba, Jimena saltó de alegría y me dio un abrazo. Su madre al ver a su hija tan feliz soltó una sonrisa, como diciendo que había tomado la decisión correcta.

    Pero justo en este momento, en el que estaba abrazado a Jimena me cuestioné: ¿Perdonar? ¡No era yo al que la vida trató con dureza!¡No era yo el que ahora no tenía familia ni hogar!¡Y que de no ser por mi don, estaría, tal vez, mendigando por las calles! ¡No era yo, un cornudo, al quien su novia engañó con descaro!

    Ahora me había llegado el turno de fingir y ser yo quien se aprovechase de ellos. Después de todo como decía Nicolás Maquiavelo:

    Pocos ven lo que somos, pero todos ven lo que aparentamos.

  • En la pieza 14 (Parte I)

    En la pieza 14 (Parte I)

    Llegué temprano, pues se supone que iba al trabajo, estacioné el auto en otro lugar para que el espacio de afuera lo ocuparas tú y con el portón cerrado para que nadie pueda verlo.

    Por whatsapp:

    – hola.

    – hola, ya estoy acá.

    – mándame la ubicación. Donde es?

    – motel xxx, pieza 14.

    – ok, voy.

    Te esperé desnuda, apague la televisión, que había prendido en los canales porno para masturbarme antes de que llegaras. Te espere lista con mi vulva hinchada, húmeda y con un orgasmo a cuesta.

    Llegaste asustado, entraste. Te sacaste la ropa.

    Te metiste en la cama. Nos abrazamos… Subí mi pierna derecha sobre tu cuerpo y apoyé mi cabeza en tu pecho… Te olí… de cerca… «me encanta tu olor» te dije. Me besaste la frente y mencionaste «lo sé».

    Bese tu pecho, lampiño y te apreté fuerte.

    -Te prometo que te amo. Por eso mismo no puedo seguir sosteniendo tu vida.

    Debería amarte menos, ser capaz de tenerte, de tenernos y ver, que gracias a lo feliz que te hago, es que llegas feliz a tu casa. Debería ser feliz con verte siendo feliz con otra… Pero no puedo más.

    -No me sirve así tampoco -dijiste… No quiero que me ames menos. O todo o nada. Está bien, lo entiendo. Te amo chinita. Siempre te amaré. No me arrepiento de nada. Eres lo único verdadero en mi vida…

    Nos comenzamos a besar, un beso húmedo e intenso. Besé tu cuello, mientras disfrutaba acariciarte, entonces te giraste y te subiste sobre mi. Acariciaste mi frente moviendo mi pelo, me miraste con mucho amor, con tus ojos brillantes.

    Enfrentaste tu pene a mi vagina y lo metiste fuerte, gemí de placer, fuerte! con el alma! Tenías mis piernas flectadas abiertas sobre tus brazos, cercanas a tus hombros y tu tronco sobre mi, muy cerca, me lo metidas muy fuerte, una y otra vez, profundo… Yo sentía que me atravesaba con cada movimiento y gritaba, me quejaba, una y otra vez, era exquisito, te sentía tan mío, te sentía tan conectado, gemía y no quería parar de gemir, tomé tu cara, tu hermosa cara y te bese apasionadamente, te amo mucho te repetía mientras te besaba, y se mezclaba el ruido de mis gemidos con cada estocada, el ruido de mis «te amo», el ruido de nuestras lenguas…

    Nos miramos y nuestros ojos se llenaron de lágrimas… Era una mezcla de pena porque sería la última vez y emoción por sentirnos tan bien juntos…

    Al vernos así, emocionados, nos besamos más apasionadamente y me lo metiste con más fuerza, no queríamos llorar, no era la idea, entonces agarraste mi pecho izquierdo con tu mano derecha y te dispusiste a chupar mi pezón… SIII!!! Te grite cuando tu legua jugaba con mi negro y duro pezón… Cuando lo chupaste fuerte y mordisqueaste la punta, me enloqueciste… Te abracé con mis piernas y me dejé llevar por todo lo que pasaba, cerré mis ojos y sentí cada parte de tu cuerpo sobre mi, tu olor, te acariciaba dibujando en mi mente cada centímetro de tu cuerpo, mi vagina hacia prisionera a tu verga, la devoraba sin compasión…

    Los gemidos se transformaban en bramidos de pasión… Ambos estábamos muy ardientes… Estábamos por acabar, nos besamos con tanto amor y pasión… Y terminamos… Fue muy intenso y hermoso…

    Nos abrazamos… Felices y satisfechos… Te acurrucaste en mi pecho y te acaricie, tu cara, tu pelo… Te entregue cariño, bese tu frente…

    -duerme si quieres… -Te dije.

    -sí, dormiría acá… Mejor solo hazme cariño.

    -en serio duerme, hay tiempo aun.

    -no, sólo quiero estar así. Solo detengamos el tiempo.

    Después de un rato de cariño solo comenzaste a besarme, besos cortos tiernos, que cada vez aumentaban un poco más su humedad e intensidad…

  • Madre, hija y fiesta fuera de control

    Madre, hija y fiesta fuera de control

    La charla con Juan, Lilian y Majo, mi amiga, fue tan amena que sin darnos cuenta se hicieron las 9 de la mañana. Obviamente estábamos cansados, pero felices de como la habíamos pasado, cada pareja por su lado.

    Majo con toda sutileza fue llevando la conversación al plano sexual

    M: Y, juguetearon bastante anoche, fueron a algún hotel o en tu casa, Juan?

    Bueno, la sutileza de Majo era así.

    Juan: Majo, no bardes así, no hicimos nada, todavía nos estamos conociendo. Ella es distinta.

    Majo: Guau!!! Mira Martín que cambio el de Juan, jajaja. Lilian, te gustan las mujeres? Hiciste algún trio?

    Lilian se puso colorada como un tomate maduro. Tragó saliva y a pesar de su rubor contestó segura

    L: Te soy sincera, no hice ningún trio, solo una vez una chica se me acercó, nos besamos y me metió mano en un baño. Y si te soy sincera, no me disgustó

    M: Ves Juan, las mujeres somos todas iguales. Podemos amar o no a un tipo, pero nos gusta el placer.

    J: Si, pero a vos se te va la mano.

    M: Puede ser. Les hago una apuesta a los tres, les interesa?

    Y: Te juro que te tengo miedo

    Lilian: Yo también

    M: Te prendes Juan?

    J: Tira la apuesta y te digo

    M: Apuesto a que el día que lo hagan, ella te hace mierda. Tiene una mirada de loba cuando te mira, que me imagino que te va a destrozar.

    L: Que imaginación que tenés Majo, por favor!!!

    Y: Y si ganas la apuesta que pasa?

    M: Si gano la apuesta. Nos encerramos un sábado a la tarde, Uds. dos se sientan en ese sillón y ven como Lilian y yo nos divertimos. Lo que pase después, solo Dios lo sabrá

    L: Mmm me gusta la idea, te diría que me gusta mucho.

    J: Opa, no esperaba que te gustara la idea

    L: Tranquilo Juan, primero que entre los dos todavía no pasa nada, Segundo con tu experiencia y mi inexperiencia no creo que Majo vaya a ganar la apuesta.

    Y: Y si es así, y pierde Majo, invitamos a Lita, a Majo la atamos en ese sillón y que vea cómo hacemos una fiestita sin que ella pueda hacer nada, que les parece.

    J: Si Lilian está de acuerdo, yo también

    L: Voy a tener que ver donde se queda Mariel esa tarde, no da que se quede con nosotros de fiesta.

    M: Lilian, invítala! Esa pendeja me encanta, digo.

    L: No puedo, algo de pudor me queda.

    Nos reímos todos, y seguimos la charla.

    Cuando Juan y Majo se fueron, Lilian me confesó que estaba muy caliente, que entre la franela que se había dado con Juan y la charla, se había mojado toda.

    Y: Yo estoy hecho mierda, no cuentes conmigo. Es más, hasta ver qué pasa con la apuesta, no vamos a hacer nada.

    L: Ni siquiera te la voy a poder chupar?

    Y: Nada.

    Comenzó la semana laboral, y nuestra rutina. Justo esa semana yo tuve mucho trabajo y llegaba siempre sobre la hora de cenar. Lilian siguió buscando trabajo y Mariel en casa. Con ella tuve que andar escapando los últimos días. Le duró varios días la revolcada del sábado a la noche.

    El jueves, Juan pasó a buscar a Lilian y salieron a cenar. Nunca escuche cuando llegaron y por la mañana no la vi porque dormía. Casi al mediodía me llegó un mensaje de Juan: “Perdimos la apuesta” e inmediatamente me llamó

    J: Me mató Martín, me hizo mierda. Perdóname, sé que es tu hermana pero es una loba como dijo Majo.

    Y: Bien por vos, Juan. A mí no me jode que se acueste con quien sea, pero no quiero que la lastimen, que la engañen. Pasó muchos años sola como para que otra vez le vaya mal. Ya te la volteaste, te sacaste la calentura, ahora piensa bien como vas a seguir.

    J: Lo sé y te entiendo perfectamente. Pero te vas a llevar una sorpresa.

    Y: Veremos.

    Seguí trabajando y cuando iba para casa, me entro una llamada de Majo

    M: Hola Martín, me dijo súper alegre, ya te contaron? A mí me llamó Lilian, y luego Juan

    Y: Si, me llamó Juan.

    M: Pues nos vemos mañana en tu casa. Aunque por lo que me dijo Juan, me parece que no va a querer cumplir la prenda.

    Y: Veremos mañana. Los espero a las 12, almorzamos y después nos divertimos.

    Cuando llegué a casa, y la vi a mi hermana, pensé que íbamos a tener que operarle la cara para sacarle la sonrisa. Vino corriendo, me abrazó, y me dijo al oído:

    L: No es tan bueno como vos, ni la tiene tan grande, pero me volvió loca.

    Y: Me alegro, pero ojo, no te hagas ilusiones. Vos sabes como somos los hombres del grupo.

    L: Si, lo sé. Mañana a qué hora vienen?

    Y: Les dije que a las 12 así almorzábamos juntos.

    L: Y con Mariel, como hago.

    Y: Que almuerce con nosotros y se quede en su cuarto, otra no hay. Ahí tiene TV y compu.

    L: Y si hacemos ruido?

    Y: Que se haga una paja, no te preocupes que sabe como

    Cuando vinieron al día siguiente, charlamos y nos sentamos a almorzar. Yo disfrutaba de ver las caras de Lilian y Majo, como se cruzaban miradas calientes. Hasta me pareció que aprovechando que estaban sentadas enfrentadas, jugaban con los pies. La que estaba desubicada era Mariel, no le había contado nada y se daba cuenta que había clima de sexo, se sorprendía con las miradas de la madre y Majo, los comentarios calientes de esta, y las respuestas picantes de Juan y mías.

    Cuando terminamos las dos parejas nos sentamos a tomar un par de wiskis para comenzar la fiesta, nos comenzamos a besar y acariciar, hasta que Majo exclamó

    M: Bueno chicos comienza el show.

    Se levantó, fue hasta Lilian, la tomó de la mano y se pararon frente nuestro. Comenzaron a besarse, acariciarse la cara, fueron tocándose por sobre de la ropa, y a medida que aumentaba la intensidad se fueron sacando todas las prendas hasta quedar desnudas frente a nosotros. Aún paradas, se comenzaron a meter los dedos en las conchas, cada una en la suya. Se sentaron en el suelo, se besaban, se apretaban los pezones, intercambiaban dedos en las sus sexos, gemían y respiraban agitadas.

    En este punto, debo decir que nosotros ya estábamos con la pija fuera del pantalón y la meneábamos de a poco. Hicieron un 69, se ocupaban del clítoris, vagina y ano de la otra. Fueron como 15 minutos hasta que Majo se levantó, fue hasta un bolso que había traído. Sacó el arnés con el consolador removible, otro consolador de los que se pegan en el suelo, un plug anal y un frasco de crema.

    Tomó el consolador con sopapa y se lo ofreció a chupar a Lilian, que lo hizo inmediatamente, mientras Majo la acariciaba la vagina y hundía sus dedos en ella. Cuando el consolador estuvo lleno de saliva de Lilian, se puso de rodillas de espalda a ella.

    Lilian la tomó de atrás, la besaba en el cuello, y apretaba sus pezones.

    M: Li, poneme crema en el orto.

    Lilian tomó la crema, untó sus dedos y empezó a masajear el ano de Majo, introdujo un dedo y luego otro, que hizo que Majo tuviera un fuerte quejido. Majo puso el consolador con sopapa en el suelo, y dándonos la espalda se lo comenzó a enterrar. Subía y bajaba lentamente. Lilian mientras rápidamente se puso el arnés, le colocó el consolador, se paró frente a ella, la tomó por los cabellos y la forzó a chuparlo. Majo estaba loca de calentura, subía y bajaba con velocidad y fuerza. Hasta que llegó a un terrible orgasmo.

    Con ayuda de Lilian se paró y esta le dijo casi susurrando

    L: Ahora es mi turno.

    Se puso de rodillas, Majo la besaba y acariciaba, y con cuidado le fue untando el orto con crema. Metió un dedo, pensando que era virgen por allí, lo metía y sacaba. Así durante unos minutos hasta que introdujo el segundo.

    En un momento, vi que Mariel estaba en la escalera sin que la madre la viera, solo con la bombacha y metiéndose los dedos en la concha. Apretaba sus pechos y gemía.

    L: Majo, es hora.

    Majo puso crema en el consolador y lo pegó nuevamente. Lilian se comenzó a sentar en la misma posición que lo había hecho Majo, dándonos la espalda, y se lo comenzó a meter. Tal como hizo con Majo, ahora Lilian chupaba ese consolador. Se lo sacó de la boca, dio dos o tres respiraciones profundas le hizo una seña a Majo y se dejó caer sobre el consolador. Majo la sostuvo para que no se lo saque y el grito fue desgarrador. Se notaba que aún faltaba dilatar.

    Justo en ese momento, Mariel bajó corriendo las escaleras y se puso mi pija en la boca, mientras masturbaba a Juan, que no podía creer lo que estaba pasando. Mariel pasaba de una pija a otra sin parar.

    M: Lilian, parece que alguien pretende aprovechar lo que nosotras preparamos.

    Lilian giró su cabeza y bramó, “que pendeja puta, igual que tu madre”

    Eso calentó aún más a las dos, y Lilian terminó con un grito ahogado.

    M: Te parece que le demos una lección a tu “nena”.

    L: Si, pero déjame que yo mando.

    M: Por supuesto, es tu hija

    La puso de costado en el suelo, le levanto la pierna y le dijo a Majo

    L: Cógela. Mariel trataba de zafar de esa posición porque sabía de la saña de Majo por lo que había dicho de las veteranas.

    Majo se la metió de un golpe, y comenzó a bombear. Lilian fue por una soga al garaje, y cuando regresó le ató los brazos atrás del cuerpo, y le metió el otro consolador, más pequeño, en la boca. Lo movía con fuerza. Casi con violencia. Después aprovechando la posición de las piernas, se lo metió en el ano. Mariel pedía por favor que se lo sacara, que le dolía.

    Lilian no hizo caso y le pidió a Majo que la ayude. Trajo una silla, la sentó con el consolador adentro de su ano. La ataron a la silla y le pusieron una de las bombachas en la boca para que no se escuchen sus gritos.

    M: Nuestros machos nos esperan

    L: si, ya los volvimos locos, ahora que gocen.

    Cada una fue con su pareja, nos montaron sentados, nos cabalgaban y se miraban entre ellas. Majo me hizo una seña para que me corra más cerca de Juan, lo que le permitía besarse con Lilian y acariciarla

    Lilian respondió metiendo un par de dedos en el culo de Majo, que dio un respingo, pero solo para subir y bajar con más fuerza. Ella hizo lo mismo con Lilian, logrando el mismo efecto. Cuando notaron que ya estábamos por explotar, se miraron nuevamente, se incorporaron un poco, se dieron vuelta dándonos la espalda y se metieron las pijas en sus ortos. Ambas bramaron con fuerza. Yo apretaba las tetas de Majo, y seguramente le provocaba dolor, porque lo hacía con fuerza.

    Cuando acabé en el ano de Majo, se salió y me chupo la pija hasta que esta se bajó. Lo mismo hizo Lilian con Juan.

    L: Vos pendeja, te quedas allí, así como estas.

    Como vi que quería decir algo me acerque y saque la bombacha de la boca.

    Mariel: Por favor, sáquenme esto, no doy más, me duele

    Lilian: Te metiste en juegos de adultos. Ahora jodete.

    Dicho esto nos servimos un par más de wiskis y descansamos un rato. Majo y Lilian fueron al baño, y Juan y yo nos quedamos en el living.

    J: Que par de mujeres, por favor. Son una locura.

    Y: Ni que me lo digas. Tengo todos los ratones locos en la cabeza.

    Cuando volvieron del baño, la pusieron a Mariel en sobre la mesa, ataron sus pies y manos a las patas, de forma que quedó boca abajo y con las piernas abiertas. Luego nos empezaron a chupar la pija, hasta ponerla dura. Nos hicieron levantar, y mientras le daban nalgadas a Mariel, Lilian dijo:

    L: Me contó Majo de la otra noche y lo que dijo sobre las veteranas, por lo que entendí todavía no sintió a un hombre en su culo. Van a tener el honor de estrenarlo.

    Mariel trataba de zafarse pero no podía, la habían atado muy bien. Nos llevaron a su boca, le sacaron la bombacha e hicieron que nos chupe, alternándonos. Mientras tanto, ellas acariciaban la vagina, metían dedos en ambos agujeros, le daban nalgadas y la insultaban.

    L: Martín, vos que sos es tío, te toca primero

    Mariel: No, por favor tío, me vas a reventar, me vas a desgarrar toda. Por favor te pido.

    Y: Tiene razón.

    Majo: Yo me ocupo

    Dicho esto, se puso más crema en los dedos y fue sumando de a uno al consolador que tenía adentro. Me hizo un gesto cuando ya estaba lo suficientemente abierto y me coloqué detrás de ella. Mariel sin que la hubiera penetrado ya lloraba, Juan la tomó de los pelos y la obligó a seguir chupando. Lentamente la fui metiendo, ella arqueaba la espalda y movía la cadera, sin darse cuenta que eso hacía que cada vez se meta más adentro. La tomé de la cintura y aumenté mis movimientos. Cuando sentí que iba a acabar, me salí, le dejé el lugar a Juan y fui a su boca. Como el pene de Juan era más pequeño que el mío, entro sin problemas. Yo la tomé de los cabellos y la enterré en su boca. Juan habrá bombeado unas 10 o 12 veces y me aviso que se venía.

    Aceleré mis movimientos y pude ver que Lilian y Majo estaban paradas, con un consolador en cada vagina, se besaban, y miraban extasiadas como nosotros disfrutábamos con Mariel.

    Acabamos con todo, y fui al sillón.

    Majo y Lilian soltaron a Marial, que literalmente cayó semi-desmayada al suelo.

    Nos abrazamos cada pareja y se escuchó a Majo:

    M: Si lo de ustedes no funcionas, por lo menos sabemos que en el sexo los cuatro nos llevamos bárbaro.

    J: Y si funciona, por qué no? Podemos seguir cada tanto

    Y: No tengo problemas.

    L: Yo tampoco. Y Mariel si madura, y no dice tonterías, la podríamos dejar participar…

    Pasaron unas semanas y como lo de Juan y Lilian tomaba fuerza, ella se fue a su departamento.

    Mariel quedó a mi “cuidado”. Majo, la mujer que no quería ataduras, empezó a sondearme para venir a vivir a casa, eso sí, “sin ataduras, me puedo ir cuando quiera, sabes?”

    Una vez por mes nos juntamos, los cinco. Aunque como Mariel empezó la facultad, a veces traía una amiga, para que seamos tres parejas…

  • Y se fue la luz

    Y se fue la luz

    Hola!

    Hoy les platicaré algo que me sucedió, la semana pasada, recordarán que hubo fallas con la energía eléctrica! Uno de esos días estaba barriendo mi banqueta y regando unas plantas ahí mismo, eran como 9 pm, fue mi día de descanso, traía un vestido gris pegado y arribista de la ardilla, pasó Lupita la esposa de mi vecino y después paso él, me saludó y me miró con su cara de lujuria (como me prende que me ve así) le respondí poniéndome de lado y parando mis nalgas para que se diera un taco de ojo!

    Pasaron 5 minutos y regresaron, igual, primero ella y después más atrás él, mi vecina no me saludaba bien, porque las viejas chismosas le contaron que ese día salí temprano de su casa y tal vez se imaginó lo que pasó esa noche!

    De nueva cuenta pasó mi vecino, ahora pasó solo sin su mujer, se detuvo para saludarme bien. Se acercó y me dijo:

    -Que buena te ves con ese vestido hasta me dan ganas de darte una cogidota aquí en la banqueta y que todos vean quien es el ganon de esas nalgotas! -Él sabe que cuando me habla así me pongo muy cachonda!

    -Que dices? Lo hacemos aquí o qué?

    -No como crees hay mucha luz y sigue pasando mucha gente, y además que tal si sale tu mujer y nos ve cogiendo, de por si ya no me quiere hablar si nos ve juntos me desgreña.

    -Ok está bien me quedaré con las ganas, además tengo que ir a la tienda por unas cosas que se nos olvidaron.

    Se fue, no tardó mucho ya venía de la tienda con una bolsa, yo me quedé pensando en lo que me dijo de coger en la calle y me puso muy caliente.

    Se acercó y me dijo:

    -entonces no te animas?

    Justo en ese momento se fue la luz en toda la colonia, yo me espanté un poco y me acerqué a él, me dijo: “ahora es cuando!”

    Me tomo por la cintura y me empezó a besar, yo estaba muy caliente, él es muy brusco, pero eso me prende aún más, que me trate como una putita como una cualquiera.

    Me metió su mano debajo de mi vestido y lo primero que hizo fue quitarme los calzones, ese día traía un cachetero rosa, me los bajó hasta los pies y yo solo subí mis pies uno por uno para terminar de quitármelos, luego me dio la media vuelta me subió el vestido de atrás y oí como se bajó el cierre del pantalón y trató de penetrarme por el culo, así sin más ni más.

    Ni siquiera lo lubricó ni nada, se ve que estaba muy caliente porque la traía bien parada, yo solo me dejé y me puse flojita pera ayudar con la penetración, fue algo muy cachondo, querer ensartarme así nomas

    Yo me calenté mucho y me trae su vergota con mi culito, empezó un mete saca muy rápido a lo lejos se veía gente pero solo las siluetas, yo creo que así nos veíamos mi vecino y yo, no creo que alguien sospechar que estábamos cogiendo en la banqueta como perritos.

    Él me decía “eres la perrita más caliente que he conocido y la más nalgona también”, yo solo le decía, “síguele cogerme duro hazme tu putita! Me pone muy caliente que me cojas en la calle como una perrita en celo”.

    Cuando pasaban coches nos detenía mis un poco para no ser tan obvios y que no le fueran a decir a Lupita!

    Seguía moviéndose muy rápido, le dije “me los quiero tragar, échamelos en la boca papito!”.

    Más tarde en decirle, cuando me tomo por el pelo y me bajó para que me los echara, me hinqué y empecé a mamar ese rica vergota, cuando se vino en mi boca, eran muchos calientes y saladitos, “que rico papi que rica leche” se la mame un rato hasta que quedo toda flácida, me tomo de los brazos y me dijo “ahí viene mi vieja!”.

    Ya se había tardado mucho y como vio que yo estaba afuera fue a ver por qué no llegaba mi vecino.

    Lo bueno es que ya habíamos acabado, yo ya estaba de pie y ya había guardado su vergota así que no se daría cuenta.

    Aun así le grito que por que se había tardado tanto si solo fue por una lata de chiles, él le respondió que estaba ayudándome a buscar una lámpara o una vela.

    Estábamos un poco nerviosos, pero tranquilos a la vez porque no había visto nada, pero estábamos parados en la banqueta donde hace algunos minutos me estaba dando por el culo su marido.

    Nos estábamos despidiendo cuando llegó la luz, y oh sorpresa todo estaba bien hasta que vio mis calzones tirados en la banqueta.

    Ahí fue cuando se armó la bronca, a mi se me habían olvidado por completo, no los recogí, y obviamente no pudimos explicar por qué ella me alzó el vestido y vio que no traía calzones y ni como negar que eran míos.

    Desde ese día ahora si me volví la putita de la calle y pues ni como negarlo.

    Me despido, besos.