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  • Presté a mi mujer, ahora ella se presta sola

    Presté a mi mujer, ahora ella se presta sola

    Nos conocimos en la universidad, la hice mía la misma noche en que la conocí, y después de varios años de noviazgo nos acabamos casando con boda oficial y todo, incluido su vestido blanco, no obstante que desde que me la comí la primera vez me di cuenta que ya estaba más culeada que maestra de universidad en retiro. Pero esa es otra historia de la cuál hablaré en su momento.

    En nuestro luna de miel nos fuimos a una playa paradisiaca (omitiré su nombre por razones que después entenderán) donde amenizamos con otra pareja de lunamieleros que se hospedaba en la cabaña contigua a nuestro hostal y allí en una noche de tormenta armamos la fiesta y brotaron los excesos del alcohol y la mariguana.

    A mi chica, a la que llamaremos Erendira, la mariguana siempre la ha puesto cachonda, y cuando la fuma es solo cuestión de instantes para que acabe copulando con quien esté al lado. Y en esa ocasión el de al lado era el otro lunamielero.

    Jugando dominó las cosas se pusieron calientes y pasaron de shots de tequila cuando una pareja perdía a prendas (en una playa tropical en verano era poca la ropa que había que quitar). Y así fue como más temprano que tarde David (el lunamielero) desenvainó el sable mostrándoles a todos el calibre que se cargaba.

    Si mi “animal” de 20 cm de moronga deja a las chicas con los ojos como platos, lo de David entraría en calidad de una “bestia feroz”. Mi amada Erendira nomás no podía sacarle los ojos de encima a ese pedazo de carne apuntando al cielo y entre jugada y jugada logré ver que por debajo de la mesa masturbaba frenéticamente ese falo ya espumoso.

    María (la esposa de David) hizo lo mismo conmigo y en un fugaz momento estábamos los 4 fornicando sobre la misma mesa que anteriormente alojaba fichas de dominó. Fue increíble ver a mi mujercita cabalgando frenéticamente ese taladro empapada en sudor y hablando sucio («me estoy jodiendo a tu marido María» decía repetidamente, o «qué lindos se te ven tus cuernitos mi amor» me decía a mí) que muy pronto me hizo sacar la pija de las entrañas de María y dirigir mis potentes disparos de esperma caliente hacia su cara, cabello, cuello y senos.

    María y yo quedamos tirados en la arena extenuado, David y mi recién casada esposa seguían enredados como serpientes en coito y pujando lamentos y cosas soeces.

    Siempre supe que Erendira era una putita, pero esa primera noche de nuestra luna de miel me mostraron los alcances de su putería. Viendo que el final se aproximaba, María y yo nos acercamos a ellos para verlos mejor, Erendira llevaba ya un minuto con los ojos en blanco balbuceando incoherencias y David machacaba sin parpajo la concha de mi mujer.

    -Me vengo -gritó David con su último cejo de fuerzas, se incorporó en cuclillas de un salto y dirigió su aparato hacia la cara de mi mujer. El primer riatazo de esperma fue feroz, todo se incrustó con fuerza en el cuello de Erendira salpicándole la cara y cabello, el segundo y tercer disparos fueron uno a la boca (que mi chica recibió con avidez) y el tercero, cuarto y quinto se alojaron en sus tetas. La última explosión la volvió a recibir en la boca y fue cuando abrió sus ojos para mirarme fijamente. Ver a mi amada con la cara, cuerpo y cabello empapados de esperma de otro fue ecléctico.

    Escenas similares a la anterior se repitieron a lo largo de la noche entre los cuatro, pero fue hasta el amanecer, que abriendo levemente los ojos entre penumbras, logré ver a María y Erendira enclaustradas en un ligue lésbico de categoría. Ambas se lamian sus conchas cual perros, Erendira encima de María y David a un costado masturbándose en silencio presenciando a las chicas dándole rienda suelta a sus bajos instintos.

    La verga se me puso enhiesta al momento y, listo para la batalla, me uní a las chicas a lamer a las chicas a una a cada rato. María terminó dándome una felación de antología y cuando eyacule lo hice en el lugar más profundo de su garganta. Cuando alcé la vista, vi a María a cuatro patas y a David haciéndole la cola. Me sentí un poco mal porque antes de la boda habíamos hablado que me iba a entregar la cola por primera vez en nuestra luna de miel, pero David se me adelantó. Además, después me dijo Erendira que David es un dios en el anal y que no se arrepiente de haberle dado a él la primacía sobre su ano. Yo lo hice las siguientes noches con las dos.

    Nuestra luna de miel duraría 10 días y la de ellos sólo 7, y ya llevaban 3, por lo que al final sólo estuvimos juntos por 4 días, pero los aprovechamos a cabalidad. Los tres días siguientes David y yo gozamos de 6 agujeros a discreción, era chistoso ver la cara de confusión de los pocos turistas del lugar cuando nos veían besándonos con una u otra indistintamente.

    De regreso a la ciudad y a las responsabilidades, las cosas no se detuvieron ahí. Pasado un mes Erendira me llamó al salón porque quería hablar conmigo. Cuando llegué, me dijo que me sentara y me extendió una copa de vino.

    -Estoy embarazada -me dijo.

    Pronto regresaré con más confesiones…

  • Le regalé ropa sexy a mi madre

    Le regalé ropa sexy a mi madre

    Primero que nada este relato es 100% real.

    Por el final del 2019 me encontraba en la casa de mis padres, es una casa pequeña dónde vivimos mis hermanos, mis padres y yo, una día por la mañana desperté con esas ganas de salir con mi mamá a dar la vuelta, ella es gordita, no tiene nalgas de echo no hace ejercicio es una señora normal, pero tiene unas tetas que se antojan, la verdad ni yo sé cómo me empecé a fijar en ella como una mujer madura que necesita cariño de un hombre.

    Ella tiene 48 años y yo tengo 29. En fin ese día nos fuimos los dos le dije que la quería invitar a desayunar y que de paso le compraría ropa, ella aceptó y nos fuimos yo iba que reventaba de emoción pues tenía un plan en mente, llegamos a la ciudad y fuimos a desayunar. En el desayuno le empecé a preguntar que le gustaba, cómo se divertía de joven. En fin, ese día yo no era su hijo sí no pretendía ser un pretendiente para ella, terminamos y nos fuimos de compras, ella buscaba ropa bonita para señora y yo le decía compra algo más atrevido te vas a ver genial, yo estaba que reventaba de lo excitado que estaba, en eso ella seguía viendo y le dije “ahorita regreso ma voy a comprarte una sorpresa”, me fui directo a la lencería, la verdad estaba muy nervioso, le compré 4 cacheteros y una tanguita, le quería comprar puras tangas, pero no usa e iba ser más difícil que las usara.

    Fui, las pagué y la fui a ver y me preguntó “a dónde andabas he”, y le dije por ahí fui por algo para los dos. Y se quedó pensando, siguió escogiendo hasta que encontró lo que necesitaba.

    Al terminar de recorrer las tiendas yo iba hablando con ella insinuando le que lo que le había comprado era algo que me daba pena dárselo y que no se si estaba bien, mi mamá es una señora criada a la antigua y por eso no sabía cómo decirle que quería verla en tanga.

    Seguimos comiendo y un rato callados, y entonces ella me dice:

    -Que pasa venías muy contento con muchas energías que paso, que te da pena darme?

    En ese momento pensé que era hora de decirle la verdad.

    -Mira ma lo que te voy a decir es muy delicado, tal vez hasta te dé asco porque pienso así, pero sabes no se ni porque pasó solo me nació un día.

    -Ya no me asustes más, dime soy tu madre y te entenderé perfectamente.

    -Bueno es que ya desde hace tiempo me siento raro al verte y es porque te veo con unos ojos de deseo.

    Mi madre se quedó callada.

    -Pero no quiero que pienses que quiero sexo contigo tengo fantasías no lo niego pero a veces me siento mal por pensar así y me siento el peor hijo del mundo.

    -No sé qué está pasando hijo, pero claro que te puedo ayudar con tu problema, podemos ver a una psicóloga y que hable contigo.

    .Si eso suena bien, pero no crees que me van a ver cómo bicho raro, y yo solo quiero verte desnuda y con lo que te compre para mí eso sería mi cura.

    -Pues no lo sé hijo y si después quieres hacer algo más no creo se pueda.

    -Mira ma en serio nunca haré algo que dañe tu integridad, te quiero mucho y te entiendo es algo muy difícil para ti pero te imaginas lo difícil que es para mí tener esos pensamientos en mi cabeza, no ya no me gustan nada.

    -Bueno hijo está bien te ayudo pero que solo sea por esta vez dime qué piensas hacer.

    -Podemos ir a un lugar más privado.

    -Si está bien vamos.

    En el camino íbamos hablando de otras cosas.

    Llegamos al hotel, pedí una habitación, y entramos puf no saben que excitación sentía al entrar al hotel, en fin, llegamos a la habitación le enseñe lo que compré y me dijo si:

    -Están bien pensé que eran muy chiquitos.

    En ese momento le pedí que se sentara en la cama y le dije que me disculpara que si por mi fuera nunca le hubiera pedido eso, pero se me metía mucho en la cabeza que ya no sabía qué hacer.

    Ella se levantó y me dijo:

    -Ahorita vengo.

    -Pero a dónde vas -le dije.

    -Voy al baño para cambiarme.

    Y yo con una sonrisa picarona le digo:

    -por qué no lo haces enfrente de mí, desnúdate.

    -si está bien. –Dijo ella.

    Y empezó a quitarse la ropa y en serio fue un momento que nunca olvidaré.

    Me modeló lo que le compré todo sin ningún problema, y se quedó desnuda un rato para mí.

    En un momento me acerqué a ella y le toqué los pechos pensé que no me dejaría, pero no dijo nada.

    Y se los empecé a besar, a chupar, la verdad no puede hacer más sentía que ella estaba asustada.

    En fin terminamos de hablar y ella se cambió, no pasó sexo ni nada si le agarré las chichis y su vagina, pero solo fueron por arriba, yo también no la quería incomodar.

    Esta es mi pequeña historia de cómo desnudé a mi madre en un hotel.

    Intentaré tener relaciones con ella, pero no creo que pase, también les contaré cómo tuve sexo con mi hermana esa historia si tiene final feliz.

  • Junto a ti

    Junto a ti

    El viento silba en el exterior. Los sonidos de la gran ciudad se filtran por los cristales y permanezco tumbado en la cama. Miro el reloj: Son las 3.30 horas, y sin visos de conciliar el sueño. Me giro y te observo tendida a mi lado. Vislumbro tu bello cuerpo bajo la sábana. Tu rostro angelical y tu cuerpo descansando tras el placer dado horas antes.

    Me incorporo y voy a la cocina. El fluorescente titila y se alumbra. Caliento el café en el microondas y me siento. El silencio lo invade todo. Solo ecos lejanos que llegan filtrados a través de las paredes… Apuro la taza. Siento en mi piel las marcas producidas por tu efusividad hace horas y decido darme una ducha.

    Me desnudo y me adentro bajo el agua cálida que comienza a escurrir por mi cuerpo. Mis manos apoyadas en los baldosines, dejándola caer por mi espalda, sintiendo la relajación en cada uno de mis músculos. Cierro mis ojos. Mi cuerpo rodeado por una espesa nube de vapor creando una atmósfera irreal y vaporosa donde la luz se atenúa bajo la espesa niebla… Siento el crujido de la puerta, el sonido de tus pies descalzos sobre el frío suelo y la mampara abriéndose… Me giro… Tus ojos clavados en mí. Tu piel de marfil acercándose hasta situarse bajo el caudal de agua que nos acaba envolviendo y empapando…

    Nos besamos.

    Siento la calidez de tu cuerpo, tu suavidad…

  • Sexo en tiempos de cuarentena

    Sexo en tiempos de cuarentena

    Como tenemos que acomodarnos para tener sexo en tiempos de cuarentena.

    De un tiempo a esta he venido desarrollando mi lado femenino, con la transformación de mi cuerpo como también desarrollando diferentes experiencias sexuales en diferentes circunstancias, la verdad que me ha gustado mucho hacer en el sexo el papel de mujercita, y me han llevado a tener diferentes orgasmos tanto orales como anales, son experiencias que he llevado adelante tipo aventuras sin quedarme con una sola persona o tener una pareja fija, ni mucho menos hacer del travestismo un medio para la prostitución, solamente soy una travesti de closet y vivo mi vida sexual en mi propia intimidad, en el día trabajo en la “normalidad” como varón, y por la noche me gusta travestirme y sentirme mujercita no importa en mi soledad de mi departamento, otra cosa que he cuidado mucho es tener aventuras pasajeras y no tener una relación permanente, sino aprovechar mi condición para relaciones pasajeras que me permitan mantener mi independencia y especialmente mi libertad.

    Pero en este último tiempo, mi vida sexual se ha visto truncada con la cuarentena que vivimos por la pandemia del COVID 19, no hay sitios donde una puede asistir como ser los cines triple xxx, hemos estado encerradas casi por todo el tiempo, hemos realizado trabajos desde nuestras casas, de manera virtual, hasta ahora y la verdad es que empecé a extrañar a tener un hombre con quien poder tener relaciones, de todas maneras, este tiempo me ha permitido visitar diferentes espacios virtuales que tienen que ver con mi condición, he encontrado una diversidad de espacios cibernéticos que hablan de transexuales, de relatos, fotos y una variedad de otras cosas más, navegando un día me he encontrado con una página donde se podía poner anuncios y lo que te solicitaban es un correo electrónico, un nombre, las características de tu persona y que es lo que buscas para conectarte, una de esas noches me anime y puse que era trans de closet y que buscaba una relación con hombres maduros, y deje mi aviso y casi por dos meses no tuve comunicación alguna.

    Un día cuando estaba revisando mi correo veo que tengo un mensaje de “locanto” donde me comunican que tengo varios mensajes que deseaban comunicarse conmigo, empecé a leer los mensaje y eran cuatro personas que deseaban tener una comunicación y una nueva relación conmigo, uno de ellos se trataba de una persona bastante joven y por su forma de desenvolverse no me convenció por su madurez, no podía mantener siquiera una conversación, las otras tres personas se veían bastante convincentes, y empecemos a tener una relación virtual, intercambiando ideas, experiencias y fundamentalmente deseos no satisfechos.

    En este último aspecto, sobre lo que ellos deseaban para conmigo, eran variados sus deseos, había una persona que deseaba sobre la marcha tener una relación sexual conmigo, el otro deseaba mantener una relación de amigos y por último el tercer intercambiamos un diálogo bastante erótico sobre diferentes fantasías que cada uno de nosotros/as deseaba hacerlas realidad, conversábamos de cómo le gustaría hacer el amor, qué poses le gustaría hacer, cómo me trataría sabiendo mi condición de trans, se moría porque le chupara su verga y soñaba con romperme el culito, de todas maneras, fue una experiencia virtual bastante caliente, tanto él como yo nos calentábamos de rico y me gustaba tener contacto con él por lo que fui descuidando mi relación con los otros, en una oportunidad me pidió que veamos la posibilidad de encontrarnos y me preguntó si tenía un lugar para nuestro encuentro, yo le manifesté que sí, pero que estos días estaba con una pariente en mi departamento por lo que tendríamos que ver otras posibilidades, le conté que permanentemente vestía lencería femenina y además le envié algunas fotos de mi cuerpo, lo que parece que le enloqueció terriblemente y le puso mucho más caliente y como no nos conocíamos nos pusimos de acuerdo para poder encontrarnos, y quedamos en una hora alta de la noche en una plazuelita de mi ciudad que está un poco alejada del centro y le pedí que llevara una cajetilla de cigarrillos en su mano derecha y que yo me acercaría para poder conocernos.

    El día del encuentro, yo me encontraba algo nerviosa, ya que durante bastante tiempo no había tenido relaciones con un hombre, por otro lado, me enfrentaba a un riesgo personal, ya que era una persona que vivía en la misma ciudad donde yo vivo y por último, estaba algo cerradita ya que por mucho tiempo no había tenido actividad sexual, y me consideraba una virgencita, de todas manera me arme de valor y el día sábado, día de la cita por la tarde empecé a prepararme para conocer a mi amigo virtual, me metí a la tina, creo que estuve por más de una hora en el agua, remojando todo mi cuerpo, al mismo tiempo realice mi higiene interior, una vez concluido todo ese proceso de aseo, rocié todo mi cuerpo con un perfume suave, y empecé a buscar la ropa íntima que usaría esa noche, la verdad que no tenía ninguna intención de tener una relación sexual, ya que no me animaba a ir a un motel o algo así, solamente nos limitaríamos a conocernos y conversar un poco, eso es lo que habíamos quedado con Waldo, que es como se llamaba o se hacía llamar mi amigo virtual hasta ese momento. Entre las ropitas íntimas que usaría escogí una tanguita de color rojo y del mismo color su sostén, una portaligas negra acompañada con una media rojas de red bastante tupido, luego para disimular todo opte por usar un deportivo tanto para la parte superior como para la inferior, una blusa con botones tipo camisa, me coloque un poquito de maquillaje a mi rostro y me pinte suavecito mis ojos, ya que pensaba usar mis lentes, los que hacían que no se notara la pintura de mis ojos, por último, me puse mis tenis deportivos que tienen una rampla de casi 10 centímetros y de esta manera, para proteger mi rostro me puse una peluca con el tamaño de cabello bastante corto que llegaba hasta mi cuello simplemente y me vi en el espejo y creo que estaba bastante camuflada, por si algún caso que las cosas no saldrían como las habíamos planificado, calculando la hora me dispuse a salir de mi departamento.

    La noche estaba estrellada y en esta época de verano, las noches no son tan frías en mi ciudad, lo que me gustó mucho, la verdad debo decirles que me sentí bastante extraña saliendo de noche ya que casi un año no lo había realizado, las calles de mi ciudad estaban relativamente silenciosas, había pocas movilidades que circulaban por la ciudad, y me fui dirigiendo a la plazuela donde sería el lugar de nuestro encuentro, me pare en la esquina de la plazuela donde nos citamos y por un momento empecé a observar, lamentablemente no había nadie y muy pocos transeúntes por el lugar, vi la hora y faltaban algunos minutos para la cita, por lo que opte por dar una vuelta por la plazuela y nuevamente me dirigí a la esquina para poder observar, en eso veo un hombre que da una vuelta por la plazuela y se sienta en una de las bancas de la misma, observo su mano derecha y en verdad lleva una cajetilla de cigarrillos, pero lamentablemente no puedo visualizar su cara, ya que lleva un barbijo puesto, espero unos momentos algo nerviosa sabiendo que mi amigo había cumplido se palabra, pero la espera era especialmente para asegurarme que estaba sólo, lo cual se confirmó, y me decido a acercarme, sin antes pasar por mis labios mi protector labial, que no tiene color alguno pero hace brillar mis labios.

    Voy acercándome hacía en individuo, una vez estando muy cerca le saludo con “Buenas noches Waldo” y recibí una respuesta varonil diciéndome “Cómo estás Elizabeth”, y nos dimos un golpecito con los puños cerrados y ahí empezó nuestra conversación por cierto bastante animada, coloquial y diversa, él me conto dónde trabajaba, me conto de su familia, y yo me concentre más en abordar temas que tienen que ver con mi vida como travesti de closet, ya pasada una hora de conversación me propuso se deseaba caminar un poco por los alrededores de la plazuela donde nos encontramos, desde ahora nos dijimos ambos que sería nuestra plazuelita, yo acepte muy gustosa, ya que caminar es bueno, y parecíamos dos amigos que por nada llamaban la atención de uno que otro transeúnte que pasaba por el lugar, nos dirigimos hacia arriba y las calles estaban totalmente silenciosas, no había gente por esos lugares y las casas empezaban a apagar sus luces, solamente por las ventanas de las casas de dos pisos se observaba el reflejo de televisores funcionando. La charla estaba bastante amena y empezamos a conversar sobre nuestra situación, ya que en reiteradas oportunidades de nuestra comunicación virtual yo me había despedido con “Chau mi amor”, “Te quiero mucho mi vida”, “Te voy a extrañar mucho” y otras cosas más por el estilo y tuve que decirle que a lo largo de nuestra amistad virtual le había tomado mucho cariño y respeto, lo que le gustó mucho a él y llegando a una esquina él me toma del brazo como si estuviera apoyándose en mí, yo instintivamente le tomo la mano y es por primera vez que ambos sentimos una caricia directa, lo que no provocó ningún problema sino más al contrario lo tomamos como algo normal entre dos amigos, nos adentramos en un callejos con muy poca iluminación donde había un portón de garaje y la puerta estaba a un metro o más de la acera y el lugar era bastante oscuro, lo primero que hice es ver a mi alrededor especialmente a las casas que tenían dos pisos, por si alguien nos podría estar observando, no pasó nada, estábamos totalmente solos en la oscuridad de ese callejón, me puso contra la pared y sus manos fueron a mi cintura, de la misma manera yo apoye mis manos cerca a sus hombros y nuestros rostros se empezaron a acercar cada vez más y más, sentimos el roce de nuestros rostros y sin pensarlo dos veces nos dimos un beso tierno de labios, eso me gustó mucho a mí, ya que era señal de mucho respeto y no hacer las cosas como locos, luego mi cabeza apoye en su pecho y él muy tiernamente me abrazo por los hombro y la espalda acurrucándome hacia su cuerpo, como si nos protegiéramos del frío, así estuvimos por un buen momento, que nos permitió constatar que por ahí no había transeúntes o gente, para luego levantar mi rostro y entregarle un beso que se prolongó por cierto tiempo, y empezamos a abrir nuestra bocas, entrelazar nuestras lenguas en una guerra el uno contra la otra, y poco a poco en la medida que se calentaba la situación empezamos a mover nuestras manos para poder acariciar y sentir nuestro cuerpos, inicialmente por encima de la ropa que llevábamos puesta, para que poco a poquito sus manos ingresaran con mi cintura a explorar mi cuerpo, me tomo de la cintura, subió un poco hacia mis espaldas, para luego volver a bajar y encontrarse con mis caderas y mis nalgas que casi estaban al aire por la tanga de hilo que llevaba, lo que le gustó mucho a mi hombre.

    Los besos eran apasionados, él seguía acariciando mi cintura y mis caderas, para luego ingresar una mano dentro del buzo que llevaba y poco a poco empezó a acariciar mi cadera para luego pasar o bajas hacia mis nalgas, sorprendiéndole lo redondas y voluptuosas como las tenía y no se limitó a decirme: “Mi amor que hermoso cuerpo tienes, me encanta el rico culito que te gastas”, yo solamente acepte tal piropo ofreciéndole mis labios para que nos pudiéramos seguir besando, como ya les dije los besos eran terriblemente apasionado, eróticos y sensuales y su manos hacían las caricias correspondientes que mientras pasaba el tiempo más caliente me ponía y lo disfrutaba a lo máximo. Me acariciaba las nalgas con mucha sensualidad, mas movía como todo un experto y a mí me encantaba lo que estábamos haciendo, sin descuidar de estar atentos a lo que pasaba alrededor nuestro y estar atentos a que nos descubrieran, aunque podíamos pasar como una pareja normal, por el movimiento de nuestro cuerpos empujamos el portón y nos damos cuenta que era una garaje abandonado y en su interior no había nada ni nadie a lo que nos animamos a ingresar en el garaje y continuar nuestra travesía adentro del mismo, con mucho más tranquilidad y seguridad, y nos daba la posibilidad de seguir avanzando en nuestra aventura sexual que la habíamos iniciado; una vez adentro las cosas empezaron con mayor confianza, yo me colgué en su cuello y él, nuevamente llevo sus manos hacia mi culo y procedió a manosearlo como un verdadero loco, de rato en rato pasaba su dedo mayor de una de sus manos por toda mi raja que era encantador, en eso saca sus manos de mi buzo y empieza a bajar el cierre de mi chaqueta para luego empezar a desabrochar los botones de mi blusa, sin dejar de besarnos, me besaba mi boca luego procedía a lamer mi cuello y su deseo era seguir bajando por mi cuerpo con su lengua, y así lo hizo en la medida que desabrochaba los botones de mi blusa, quedando con mis pechos al aire libre solamente cubiertos por el sostén de seda que llevaba puesta, grande fue su admiración al sentir los creciditas que tenía mis tetitas, las chupo encima del sostén pero él quería un poco más y bajo mi sostén y se encontró con mis tetas al aire libre y empezó a jugar con su lengua en mis pezones, a me apretaba un poco la liga del sostén y le pedí que lo desabrocharía por atrás y de esta manera tendría a su plena disposición mis ricas tetas y así lo hizo y empezamos todo un idilio sexual, en eso yo empiezo a bajar mi mano derecha acariciando su cuerpo hasta llegar a sus partes íntimas, lo acaricio por sobre su pantalón y siento que la tiene simi parada, la refriego con mucho erotismo, y así pasa un tiempo tocándonos nuestros cuerpos, él agarraba mis nalgas y al mismo tiempo chupaba mis senos y pezones mientras que yo me abrazaba a él con una mano y con la otra acariciaba salvajemente sus huevos y su rica verga, en eso me animo a bajarle el cierre de su pantalón y meto mi mano, grande mi sorpresa cuando me doy cuenta que mi hombre no traía trusa o calzoncillo alguno, mi mano fue directamente a agarrar su verga lo que me encanto y la saco fuera para poder sentirla mejor y al mismo tiempo le abro el cierre de su chamarra que llevaba y abrí su camisa hasta dejar al hombre pecho en pelo, empecé a besar su cuello, luego sus pectorales bajando hasta su estómago y ahí ya siento su hermosa verga y mi lengua se va directamente a sus testículos que los tiene bien grandes y duros luego sigo lamiendo subiendo por su verga hasta llegar al capullo, realmente la siento que es una verga bastante grande, dura, venosa y empezaba a segregar líquidos pre seminales lo que me encanto mucho y procedí a chupar a lo máximo tan hermosa verga, mire hacia arriba y mi hombre llevo su cabeza hacía atrás sintiendo la excitación que le provocaba mi chupada, la acariciaba con mis manos y me la metía a la boca todo lo que podía hasta llegar a mi garganta, que rico se siente tener una verga como está dentro de mi boca la chupo, juego con mi lengua y nuevamente la chupo y mi saliva se carga bastante por lo que la mantengo húmeda tan rico miembro; luego él me toma de mis hombros y me hace parar y nuevamente me toma de las nalgas y volvemos con los besos sensuales, él ya también empieza a bajar por mi cuerpo con sus besos, llegando a mis tetas donde se para un largo momento para chuparlas y jugar con su lengua, continúa bajando y cuando ya está por llegar a mi pelvis, con sus manos fuertes me da la vuelta haciendo que mi culo vaya a su cara, poco a poquito baja mi buzo y se encuentra con mi tanga y las baja ambas prendas hasta mis piernas dejando mis nalgas y mi culo a su plena disposición, empieza a morder eróticamente mis glúteos y después de un rato abre mis nalgas y con su lengua pasa toda mi raya, acción que me provoco una hermosa sensación que me vuelve loca y me hace gemir por la excitación que me provoca, acción que es repetida por varias veces y que me vuelven loca, después de seguir jugando con mi culo y mis nalgas, las abre las mismas e introduce su lengua a mi ano y empieza a jugar con su lengua al meter y sacar en mi ano, lo que sabemos que es lo que nos hace vivir plenamente el sexo oral, son momentos interminables y de mucha excitación y arreche río, luego de un momento se para con mucha calma u acerca su cuerpo al mío, es en ese momento que por primera vez siento su verga que está tremendamente parada y empieza a rosarla por mi culo, lo que me gusta mucho y no me quedo atrás y yo también meneo mi culo en círculos y de adelante para atrás, en eso siento que lleva su mano a mi boca pidiéndome un poco de saliva se lo concedo y directamente lo lleva a mi ano, para luego intentar meter su dedo mayor a mi culo, el mismo que se resiste un poquito pero con la excitación que estoy viviendo el mismo sede y empieza a jugar inicialmente con un mete y saca y luego en forma circular, para dilatarlo al mismo.

    Yo me encuentro frente a la pared y mi hombre atrás mío jugando con mi culo y su dedo dentro de él, ya sintiendo que mi esfínter se ha dilatado bastante intenta con dos dedos, tarea que se hace más difícil, ya que como les había dicho era bastante tiempo que no tenía relaciones sexuales y mi culito estaba como si fuera virgen y recién me estuvieran desvirgando, de todas maneras mi hombre parece que no es de los que se da por vencido y continúa con su arremetida hasta lograrlo y así está bastante tiempo, mientras me besa mi cuello y con su otra mano manosea mis tetas.

    Después de un tiempo, bastante largo y de dilatarlo bastante, él da media vuelta mi cuerpo y se apoya con su espalda en la pared, para luego atraerme hacia su cuerpo, siento su verga en mis nalgas y al mismo tiempo siento sus manos en mis tetas y yo trato de llevar mi cara hacia donde de él para poder hacer que se encuentren nuestras lenguas, lo que le excita mucho, juego con mis nalgas con su verga, apretándola lo que le vuelve loco y me lo pide que repita varias veces dicha acción, él pasa su verga por mi culo como si un tuvo estuviera instalándose en un canal, ya mojadito mi culo y especialmente mi ano, procede a realizar un primer intento de penetración y lo logra de un solo tiro, metiendo casi la mitad de su verga a mi culo, y yo soy víctima de un dolor inmenso e insoportable, le pido que por favor lo saque y el más bien aprieta mi cuerpo hacia el suyo y me basa sin descanso, me toma mis tetas las toma con ambas manos y yo simplemente ruego a que mi culo se pueda acostumbrar lo más antes posible, ya que el dolor es terrible e inclusive me hace lagrimear, él siente mis lágrimas y me pide perdón, pero al mismo tiempo yo le digo que continúe que si paramos lo haríamos hasta otra oportunidad, y estaba bastante excitada como para realizar dicha acción solamente le pedí que estuviera un momento sin movimiento y así estuvimos por un largo tiempo, yo tenía miedo que su verga se pueda dormir y de rato en rato movía mi culo para mantenerlo excitado; una vez que se fue yendo el dolor, empecé a moverme con mayor fuerza y rapidez y mi hombre me tomo por las caderas y termino de enchufar su verga en mi culo, introduciéndola totalmente, nuevamente paramos un rato y empezó a moverse con el mete y saca, lo metía hasta el fondo y lo sacaba casi totalmente y eso se fue repitiendo por una eternidad, la sensación que sentía era de una súper excitación, sentía como mi culo disfrutaba de su nuevo huésped, en un momento de ese juego la verga se salió totalmente y debo decirlo en honor a la verdad que me sentí vacía, me sentí como si algo esencial y de sobre vivencia me faltara, rápidamente con mi mano tome su verga y la dirigí nuevamente a mi culo y el lo que hizo es empujarla para volver a penetrarme, y nuevamente emprendimos con el juego donde yo movía mi culo en forma circular y él movía su verga de atrás para adelante; así estuvimos por un largo momento, hasta que mi culito empezó a arderme por el roce que producía nuestros movimientos, en eso siento que el se empieza a mover con mayor rapidez y llevar mi cuerpo hacia el suyo a apretarlo con bastante fuerza y sentir como en tres o más chorros de deslecha mi hombre y yo siento inundad mis entrañas con su leche, habíamos terminado de lo más rico, estuvimos inmóviles por un buen tiempo hasta que su verga se durmió y empezó a salir de mi culo, yo me di la vuelta y empezamos nuevamente a besarnos y el no se cansaba de meter mano por mis nalgas y mis tetas, nos calmamos de tanta excitación al que habíamos alcanzado juntos y llegado al orgasmo total, en eso me doy cuenta que yo había llegado a eyacular también por mi orgasmo anal al que había llegado.

    Nos preparamos para irnos y era mucho más de media noche, me acompaño hasta mi casa y nos despedimos con un beso suave.

    Al día siguiente, como era domingo, me levante un poco tarde ya que estaba totalmente exhausta por la experiencia de la noche anterior e ingreso a mi correo y encuentro un mensaje de Waldo, diciéndome lo rico que lo había pasado y que le gustaría repetir en el mismo lugar, yo simplemente le conteste que él no era el único que lo había pasado bien sino que éramos los dos y que me gustaría repetir nuestra experiencia en nuevas condiciones, como una nueva aventura, chau.

    Mi correo es: [email protected].

  • El celular de Alexia (Cap. 1): El visitante nocturno

    El celular de Alexia (Cap. 1): El visitante nocturno

    Una de la madrugada. En el barrio impera un silencio casi unánime. Sólo lo rompe algunos gatos alzados que maúllan y ronronean sobre los tejados de algún chalet de este rincón de Buenos Aires, y algún que otro vehículo que se desliza suave por la calle.

    El intruso abre la puerta trasera de mi casa. Lo hace lentamente, intentando que la cerradura, al girar, no haga más ruido del estrictamente necesario. Se encuentra con la cocina a oscuras. Saca de su mochila una pequeña linterna y la enciende. Aguza los oídos. No oye nada, salvo el motor de la heladera vieja que vibra en una esquina.

    Guiándose por el delgado pero potente haz de luz, atraviesa la cocina y se mete en la sala de estar. No ve nada que le llame la atención. Más adelante hay una escalera de madera. Sube por ella. Los escalones, inevitablemente, emiten un murmullo quebradizo cuando reciben su peso. Aun así, el intruso hace lo posible para disminuir esos sonidos. El corazón le palpita aceleradamente, y siente una gota de transpiración que nace de su frente, y se desliza unos centímetros para terminar mojando la tela del antifaz negro que lleva puesto.

    Sí, el intruso usa un antifaz, al mejor estilo de el zorro. Nada de capuchas ni pasamontañas. Es de color negro, al igual que toda su ropa —Pantalón chupín elastizado, remera mangas largas ajustada, zapatillas deportivas—, y le cubre desde unos centímetros por encima de las cejas, hasta la nariz, la cual queda sólo con las ventanillas a la vista.

    El intruso vislumbra la puerta de la habitación principal. Apoya la cabeza sobre ella. Intenta percibir si del interior sale el más mínimo ruido. Nada.

    Abre la puerta. Es una puerta nueva que fue colocada hace poco tiempo, por lo que sus bisagras apenas chirrían. El intruso apunta la linterna y enseguida encuentra la cama. En ella duerme mi mujer, Alexia, apacible y solitaria.

    El visitante nocturno se queda observándola largos segundos. Los labios finos de Alexia se abren y cierran levemente al ritmo de su respiración. Sus pómulos afilados brillan. Es un rostro bello y joven. La piel clara, heredada de sus ancestros suecos, pero las facciones más parecidas a la de su abuela del sur de Italia. Debajo de esos párpados cerrados, el intruso adivina grandes y expresivos ojos. Las pestañas largas arqueadas anuncian una mirada sensual y provocadora.

    El intruso se acerca. Se pregunta si de verdad está durmiendo. Agarra el acolchado y la sábana que la cubren. Tira de ellos, lentamente, y los hace a un lado. Ahora puede ver mejor a mi mujer. Su pijama es un sexy camisón blanco, con un escote incitante. El cuerpo es delgado. Sus curvas están entre la sutileza y la voluptuosidad. El visitante nocturno huele el aire que rodea el cuerpo dormido de Alexia. Siente el rico perfume que se pone debajo de las orejas, el olor fresco de la crema que le da un aspecto luminoso a su rostro, y percibe el dulce perfume de ropa del camisón.

    Ella aspira y exhala, y su torso se infla y desinfla al hacerlo. Sus pechos, firmes y lo suficientemente grandes como para ser admirados, se encuentran sin corpiño. Al intruso se le hace agua la boca, cuando nota el pezón puntiagudo marcarse sobre la fina tela del camisón. La prenda es además muy corta. Los muslos están a la vista. Las piernas torneadas son ejercitadas todos los días con cuarenta y cinco minutos de trote, y ahora el intruso se deleita observando el exquisito resultado de la férrea disciplina de mi mujer.

    No puede evitar hacerse una pregunta. Si no lleva corpiño ¿Llevará bombacha?

    El sensual pijama sólo deja ver oscuridad entre las piernas de Alexia. Pero si la tela se corriera apenas unos centímetros hacia arriba, la pregunta del intruso quedaría respondida.

    El hombre, sin pensárselo mucho, estira la mano. Agarra la tela, asegurándose de no tocar su piel mientras lo hace. No saca la vista del rostro de mi mujer. Debe estar preparado si ella se despierta de improviso.

    Comienza a correr la tela. Los muslos quedan cada vez más expuestos. Mi mujer se remueve en la cama. El visitante nocturno frena su acto impúdico. Espera la reacción de alexia. Pero se trataba de una falsa alarma, un simple cambio de posición. Así que sigue. Ve un lunar delicioso en una zona muy cercana al sexo. Sólo un poco más. El camisón sube lo suficiente como para comprobar qué hay en la pelvis de mi esposa. El intruso descubre que sí llevaba prenda interior, pero lejos de decepcionarse, se regocija al ver la hermosa tanga blanca de encaje que la cubre. Puede notar también, entre los tejidos de la prenda, que Alexia se encuentra completamente depilada.

    El intruso la observa durante un rato. Recorre el haz de luz a lo largo del cuerpo de Alexia, evitando apuntar a sus ojos, para que no despierte. Ahora apoya una mano en el muslo derecho de mi mujer. Ella ni se inmuta, aún aferrada a los brazos de Morfeo. Los dedos se deslizan sobre la piel tersa. El visitante nocturno se encuentra erecto. El ceñido pantalón que viste expone su miembro erguido y duro. Siente un dolor placentero debido a esa presión.

    Deja la linterna sobre la cama, de manera que ilumine el cuerpo de mi esposa.

    Con la mano ahora libre, va a sus pechos. Más concretamente a uno de los pezones. Hace movimientos circulares sobre ellos. Le da la sensación de que se endurecen aún más y que los senos se hinchan mientras los toca. La otra mano sube, despacito, pero sin pausa. Se encuentra con la tela triangular de la tanga. La toca apenas. Los dedos bajan, acarician los labios vaginales por encima de la tela. El intruso cree notar que mi mujer se encuentra húmeda. La idea lo excita sobremanera. Sin darse cuenta, presiona más de la cuenta el pezón.

    Entonces Alexia abre los ojos.

    Primero se la ve confundida. Luego una expresión de miedo atraviesa su cara. El intruso apoya su mano sobre el rostro de mi mujer. La palma cubre la boca y los dedos se cierran como garras.

    — Si llegás a gritar, te mato —amenaza el intruso, aunque no tiene arma a la vista. No obstante, su atuendo oscuro, su voz rasposa, y su determinación, parecieron suficientes para que Alexia obedeciera.

    — Por favor, no me lastime, hago lo que quiera, pero no me lastime —suplica mi esposa.

    — Perfecto, me gusta su actitud señorita. Por ahora lo único que quiero es que se mantenga en silencio y sin moverse. No hable ni haga nada, salvo que yo se lo diga.

    Mi mujer asiente con la cabeza. Sus ojos verdes están desmesuradamente abiertos, pero no reflejan el pavor que debería tener.

    El intruso se deshace de la mochila que colgaba de su hombro. Se quita las zapatillas y se baja el pantalón. La erección es total, la verga esta firme como un soldado, colorada y venosa. Aprieta el interruptor de la luz, y la habitación de ilumina.

    — ¿Qué me va a hacer? —pregunta Alexia—. Puede llevarse lo que quiera, no es necesario que me haga nada.

    — ¿Por quién me toma? No soy un ladrón —dice el visitante nocturno. Se sube a la cama. Extiende su cuerpo encima del de mi mujer—. Tranquila, si se comporta obedientemente, no sufrirá ningún daño.

    — ¿Me lo promete?

    — Se lo aseguro. Ahora, silencio.

    El intruso sube un poco más el camisón de Alexia, y ahora ella queda desde la cintura hacia abajo, sólo cubierta con la tanguita blanca. Él agarra de la tela que está en contacto con la vulva y tironea de ella. La pelvis suave, completamente libre de vello va quedando a la vista. El intruso disfruta del silencio de mi mujer. Del silencio y de su sumisión. Ahora el sexo va asomando. Los labios vaginales tienen mucha piel, y el orificio tiene un color entre rojizo y rosado, que resulta hermoso. El visitante nocturno arrima su rostro entre las piernas de Alexia, y huele como si fuera un perro. Satisfecho al descubrir el aroma a sexo, lo lame. Alexia gime. Sus manos están aferradas a la sábana que cubre el colchón, y cuando siente la lengua frotarse con el clítoris, los dedos se cierras como tenazas. Alexia gime.

    — Es toda una puta señorita; su marido debe ser un verdadero cornudo.

    Mi esposa no se molesta en defenderme. El intruso sigue comiéndole la entrepierna. Alexia gime, y su cara refleja el gozo que le genera esa situación humillante. El intruso frena su labor lingual. Ahora acaricia a Alexia, desde la cintura, y va subiendo, lenta y sensualmente. Las manos llegan a sus pechos, y ahí se detienen. Los masajea con fruición. Aprieta sus pezones, y mi mujer se muerde los labios al sentir la presión.

    El visitante nocturno se dispone a penetrarla. No se molesta en usar preservativo. Su miembro no es ni grande ni chico. Su tamaño es suficiente como para no sucumbir ante la inseguridad, como lo hacen tantos hombres. La penetra. Alexia cierra la boca, aprieta los dientes. Aunque quizás ya es tarde, parece querer reprimir los gemidos. Pero ante la segunda penetración, más profunda y contundente, ya no puede seguir con su mentira. Sus labios se abren, sus ojos destellan lujuria, la garganta suelta el gemido, y es mucho más fuerte que los anteriores.

    — Te gusta ¿Eh putita? —dice el intruso. Mi mujer asiente con la cabeza al tiempo que suelta más y más gemidos a medida que ese hombre oscuro la penetra.

    Alexia se aferra a los hombros de su violador. Se abraza a él, y besa con pasión su cuello. Él larga un aullido de placer. Su orgasmo es inminente. Sin embargo, Alexia le gana de mano. Mi mujer se retuerce en los brazos del visitante nocturno. Larga un grito de satisfacción, y los gatos de los tejados le responden con maullidos. Sus piernas se cierran alrededor del intruso al tiempo que ella hace sensuales movimientos pélvicos mientras su sexo mana fluidos que van a impregnarse a la verga invasora.

    Quedan abrazados, agitados, la respiración entrecortada es un susurro en los oídos del otro. La verga ya fláccida sigue adentro de Alexia. Ambos sexos empapados de los fluidos del otro.

    El intruso se hace a un costado. Agarra varios papeles de cocina que están sobre la mesa de luz, y le entrega otros tantos a mi mujer.

    Se quita el antifaz. Miro a Alexia. Parece contrariada, tiene una sonrisa traviesa que sin embargo parece forzada.

    — Estuvo bien ¿No? — dije, rompiendo el hielo.

    — Sí, a mí me gustó —contestó ella.

    Desde hacía cinco años que éramos marido y mujer; desde hacía ocho que habíamos comenzado nuestra relación amorosa; y desde hacía diez que nos conocíamos. En su momento nos jactábamos de saber exactamente lo que el otro pensaba, como si fuésemos prácticamente la misma persona. Esa conexión sobrenatural se fue perdiendo de a poco, víctima de la madurez y la necesidad de un espacio propio, absolutamente necesarias en una relación duradera. Pero no necesitaba leer su mente para saber que su respuesta no era del todo sincera.

    — Qué fue lo que no te gustó —pregunté sin dar más vueltas.

    — Nada… bueno… quizás algunas palabras fueron innecesarias —dijo al fin.

    Pensé unos segundos, tratando de descifrar a qué se refería.

    — ¿Lo decís porque te traté de puta, o porque dije que soy un cornudo? Era parte del juego…

    Alexia me miró con el ceño fruncido.

    — “Si llegás a gritar, te mato” —dijo, imitando la voz exageradamente ronca que yo había puesto hacía un rato—. ¿Era necesario que digas eso?

    Me sentí indignado. La idea del visitante nocturno había sido suya ¿Por qué me echaba en cara que me haya compenetrado con el personaje de esa manera? De todas formas, decidí no decir nada.

    — Vos actuaste muy bien. Hasta parecías asustada de verdad al principio —dije.

    — ¡Me asusté de verdad! —dijo Alexia, soltando una risa—. ¿No te diste cuenta de que estaba dormida en serio? Cuando me desperté, hasta que me avivé de los que pasaba, tardé bastante en darme cuenta.

    — Sos una boluda —dije, y los dos explotamos en carcajadas.

    Fui al baño a limpiarme los genitales. Alexia fue después, para darse una ducha.

    Me quedé meditando sobre lo que acababa de pasar. Me asaltó una pregunta que me había atravesado desde la primera vez que Alexia me había sugerido comenzar a hacer algo diferente en la cama: ¿No éramos demasiado jóvenes para empezar a recurrir a estas cosas? Si seguíamos así ¿Qué nos esperaba cuando tuviésemos cuarenta años? ¿Qué deberíamos hacer para seguir sintiéndonos excitados con el otro? La respuesta me daba miedo.

    Hasta hacía no mucho tiempo hacíamos el amor casi todos los días. Pero de a poco, casi sin que nos diéramos cuenta, el espacio entre un encuentro sexual y otro se fue agrandando. Aún lo hacíamos dos veces por semana mas o menos, pero si seguíamos así, pasaría lo que sucede en muchas parejas conocidas: el sexo sería una situación excepcional.

    Escuchaba el agua de la ducha caer sobre el cuerpo de Alexia. Hasta hacía dos o tres años, esa ducha sería una invitación para que yo entre a jugar con su cuerpo mojado. Pero la última vez que lo hice me pidió que por favor me fuera porque no tenía ganas de hacerlo, y desde ahí que me cuesta mucho tomar la iniciativa.

    La llama de la pasión no se estaba apagando, pero no era ni la mitad de abrasadora de lo que era antes, y eso me asustaba.

    Un zumbido me sacó de mi ensimismamiento. Seguí el sonido, el cual se escuchó tres veces. Debajo de la almohada estaba el celular de alexia ¿quién le escribía a las dos de la madrugada?

    El celular no estaba bloqueado. Si quisiera leer el mensaje podría hacerlo sin problemas. Sin embargo, nosotros no éramos así. Solíamos contestar los llamados y los mensajes del otro, pero siempre con previo permiso del otro. Los celulares siempre estaban a la vista y nunca encontré a Alexia enviando un mensaje a mis espaldas, ni yo me sentí en la necesidad de hacerlo. Una de las cosas que nos enorgullecía como pareja era la confianza que depositábamos en el otro. Hasta veíamos con lástima a los amigos que teníamos en común, que fisgoneaban en la privacidad de sus parejas, con la excusa de que, si el otro no tuviese nada que ocultar, no era necesario que los celulares fueran de uso privado.

    Así que ni se me cruzó por la cabeza leer el mensaje. Es más, ni siquiera me molesté en ver quién se lo había enviado. No obstante, me quedó la duda.

    Alexia salió del baño, con el cuerpo húmedo envuelto en una toalla que apenas le cubría sus partes íntimas.

    — Qué sexy, bebé —dije.

    De su cabello mojado caían algunas gotas que se deslizaban por el cuello de cisne de mi mujer. Me sentí excitado de nuevo. Hice a un lado el cubrecama y mostré mi semierección.

    — Todavía querés guerra —ronroneó Alexia—. Está bien, te voy a hacer el favor para que duermas como un bebito.

    Sin despojarse de la toalla, seguramente sabiendo que me encantaba cómo le quedaba alrededor de su cuerpo desnudo, gateó sobre la cama y fue al encuentro de mi miembro. Lo agarró con delicadeza, apenas con dos dedos. Una de las cosas que más me calentaban desde la primera vez que tuvimos relaciones, es ver su hermoso rostro, con una sonrisa juguetona, a apenas unos centímetros de mi verga.

    Alexia movió mi miembro como si fuese una palanca. El tronco tocó sus labios. Su sonrisa se agrandó, ahora mostrando sus dientes. Me miró a los ojos, abrió la boca y comenzó a chupármela, sin desviar los ojos de mí.

    Acaricié su pelo con ternura. Ya a los veinte años hacía felaciones de manera tan hábil. Jamás me animé a preguntarle cómo es que había alcanzado tal expertiz. Ahora había llegado a un nivel de perfección tal, que en cinco minutos ya estaba a punto de hacerme estallar. Si ella quisiese podría mamarla durante veinte minutos seguidos, pero supuse que quería dormir enseguida, por lo que no le recriminé cuando sus masajes linguales se centraron en el glande, mientras me masturbaba y acariciaba los testículos con delicadeza. Mi eyaculación salió con debilidad, a causa del corto tiempo que transcurrió. Cuando iba a sacar el miembro de su boca, ella apretó más con los labios, indicándome que no lo haga. Succionó de la verga hasta que las gotitas rezagadas salieron al encuentro de su lengua. Abrió la boca y me mostró el semen que tenía adentro, para después tragárselo.

    Una señora en la vida, y una puta en la cama. Así debían comportarse todas las mujeres. Lo habíamos hablado muchas veces cuando la idea de una relación entre nosotros era algo tan absurdo, que no descostillábamos de risa cuando alguien lo sugería. Y desde que empezamos a salir llevó a cabo esa filosofía, a sabiendas de que yo la apoyaba. Aunque he de reconocer que muchas veces afloraron sentimientos oscuros cuando la notaba tan desinhibida en la cama. No soy perfecto, residuos del machismo de otras generaciones conviven con mi personalidad, en general liberal.

    — Juraría que esta vez tuvo un gusto dulzón —dijo, colocándose el camisón con el que había sido ultrajada por el visitante nocturno.

    — Pero ¿estaba rica? —pregunté.

    — Sí —contestó Alexia. Se acomodó a mi lado.

    — Creo que te llegó un mensaje —comenté.

    — Ah ¿sí?

    Alexia agarró el celular. Fingí no prestar atención, pero, con esfuerzo, la observé de reojo. Una sonrisa afloró en su semblante.

    — Estas chicas… —dijo, y luego soltó una carcajada.

    — ¿Qué pasó? —pregunté.

    — Nada… me preguntan cómo me fue con nuestro jueguito.

    — ¿Les contaste lo que íbamos a hacer?

    — Ay mi amor, me vas a decir que vos no le decís a tus mejores amigos lo que hacés conmigo. — Cosas tan íntimas no…

    — Bueno, pero yo les cuento todo a Prici y a Eri, y a nadie más. Ellas son íntimas ¿Te molesta?

    — No, me imagino que es normal. Quizá sería mejor que no me lo dijeras.

    — Es verdad, ojos que no ven, corazón que no siente —dijo Alexia. Noté en su tono de voz cierto aire de misterio y de introspección—. Voy a dormir gordito. Buenas noches.

    — Buenas noches.

    Me quedé despierto un rato más. No tenía motivos para creer que el mensaje no fuera de su grupo de amigas. Sin embargo, la primera duda había surgido por algo. Nunca me detuve a pensar en la posibilidad de que Alexia me fuera infiel. Siempre di por sentado que éramos felices. Pero conocía a muchas parejas que eran felices y de todas formas se traicionaban vilmente. Si revisara el celular de mi mujer, sobre todo los mensajes y las redes sociales ¿Me encontraría con alguna sorpresa?

    Y sin ir demasiado lejos. Aunque no me fuera infiel de hecho, si descubriera que tontea con algún hombre ¿Cómo me lo tomaría? ¿No era esa en sí mismo una infidelidad? Yo mismo había seducido a alguna que otra chica, sin concretar nada, por lo que me constaba que esas cosas eran de lo más normales, y muchas veces terminaban antes de empezar.

    Pero no sabía si toleraría ver que Alexia hiciera lo mismo. La hipocresía y la doble vara para medir un mismo acto eran otros de mis defectos, por lo visto. Tal vez era eso, y no la confianza, lo que me instaba a no invadir la privacidad de Alexia. “Ojos que no ven, corazón que no siente”, había dicho ella. Creo que nunca la había oído decir tales palabras, y más aún, no sabía que se regía por la filosofía que había detrás de esa frase. En realidad, estaba seguro de que no avalaba la mentira. Y más de una vez, en largas conversaciones nocturnas, habíamos concluido que ocultar ciertas cosas es equivalente a mentir.

    Por primera vez sentí que, tal vez, no conocía a mi pareja tanto como creía.

    El celular vibró de nuevo. Alexia murmuró algo entre sueños. Yo cerré los ojos e intenté conciliar el sueño, cosa que logré, con mucha dificultad.

    Continuará

  • El culo de mi suegra

    El culo de mi suegra

    Me casé a los 27 años. Mi esposa tenía 20 años. Ella venía de una decepción amorosa grave y cuando empezamos estaba claro que quería formalizar y tener algo serio. Sentí que era mi momento, nos casamos, a los pocos meses quedó embarazada. Pero el tema no es ese.

    Un mes antes de que ella diera a luz, mi suegra, que vive en Tarapoto, vino a Lima, a apoyarnos en esos días tan complicados. Mi esposa es su primera hija y también la tuvo muy joven, antes de los 20 años. Cuando ella fue a quedarse con nosotros debe haber tenido unos 40 años y para ser sincero, nunca le había prestado ninguna atención. La había visto en las visitas a Tarapoto, alguna vez que llegó a Lima con mi suegro. Los días de la boda y poco más.

    Pero esta vez fue distinto. Llegó para quedarse con nosotros. Me pareció súper bien pues mi esposa era muy joven y estaba muy nerviosa con el parto.

    Cuando llegó, a fines del mes de marzo, aún hacía calor en Lima, incluso por las noches. Desde la primera noche, pude ver a mi suegra en una pijama demasiado sexy, incluso más que las que usaba mi esposa. Un pequeño short y un polo pequeño que me dejaban ver su figura delgada pero bien formada. Lo peor, para mi, que siempre la usaba sin ropa interior, ni tanga ni brasiere, lo que la hacía aún más excitante.

    No imagine nada más, pero vaya que la deseaba. Al tercer o cuarto día que llegó, al volver del trabajo, vi que había lavado su ropa y pude ver sus tangas colgadas en el tendedero. Me quede tieso pues eran de fina lencería y súper sensuales. No hubiese imaginado que ella usaba algo así. Al acostarme intenté tener sexo con mi esposa, pero ella no estaba dispuesta.

    A la mañana siguiente, desperté temprano. Desayune. El tendedero estaba a un lado de la cocina y podía ver sus tangas colgadas. Me calenté demasiado y me comencé a correr. No me di cuenta en que momento mi suegra ingreso y me vio haciéndolo. Me perturbe mucho y ella sólo se rio. Y me dijo, pasa siempre antes de los partos, nosotras no queremos hacer nada.

    Como que me tranquilicé y me fui a trabajar. Al regresar por la tarde todo normal y me sentí tranquilo. Mi esposa se fue a dormir y me quedé en la sala viendo un partido de tenis. Mi suegra se sentó a mi lado y me preguntó si seguía con ganas. Le dije que sí pero que todo bien, que entendía como se sentía mi esposa.

    Ella me dijo «no está bien que te reprimas y no quiero que engañes a mi hija, ella te ama mucho». Si quieres yo te puedo ayudar. En ese momento me bloqueé y no entendía que me estaba proponiendo. Quise responder y no supe que decir. Pero ella fue más rápida y ya tenía sus manos sobre mi verga. Y me dejé estar y ella empezó a correrme la paja.

    Me excite mucho por la situación. Mi esposa durmiendo y su madre corriéndomela. Pero tampoco me animaba a más. Pronto ella dejó sus manos y empezó a usar su boca. Vaya mamada, impresionante, deliciosa, que experta recorriendo mi verga y mis huevos con sus labios y su lengua. Estaba a mil y sin ningún control eyaculé hasta la última gota en su boca, se la tragó. Me sonrió y me dijo, ahora estarás tranquilito. Me dio un beso en la mejilla y se fue a su cuarto a dormir.

  • Vacaciones interraciales con mi esposa

    Vacaciones interraciales con mi esposa

    Somos una pareja madura, atractiva, que nos apasiona el nudismo, aunque no siempre fue así.

    Yo siempre practique el nudismo, pero mi mujer tenía recelo de mostrarse desnuda en un sitio público, no tenía problema en hacer top-less pero le cortaba quitarse la parte de abajo del bikini.

    La verdad es que mi pretensión era exhibir a mi esposa, que es una mujer muy atractiva, con un culazo y un buen par de tetas, además de ser muy ardiente en la cama, capaz de correrse 10 o 12 veces en una sesión de sexo, pero si no se atrevía a desnudarse, como para exhibirse. Me ponía cachondo cuando me daba cuenta de cómo le miraban los tíos, la desnudaban con la mirada y yo intentaba provocar situaciones en la que ella se mostrará, por ejemplo, cuando íbamos a un hotel y enfrente había viviendas, dejaba un poco abierta la cortina de la ventana e imaginaba que desde otra ventana, en la lejanía, alguien la observaba mientras se desnudaba. Ella siempre descubría mi travesura y cerraba la cortina a cal y canto.

    Por fin, en unas vacaciones en las playas de Almería, conseguí que se atreviera a desnudarse y la verdad es que le cogió gusto y empezamos a veranear en playas nudistas.

    Un día descubrí, en un folleto de viajes, un hotel nudista en Vera, Almería, y le propuse pasar allí unos días de vacaciones, sorprendentemente acepto y reservamos un apartamento que estaba en la planta baja, por fuera del hotel y daba directamente a la arena de la playa, tenía una terraza privada desde la que se podía entrar directamente cuando volvíamos de la playa, abriendo una puerta de cristal y accedíamos al apartamento sin pasar por el hotel.

    Estábamos encantados, era un apartamento amplio y podíamos tomar el sol desnudos en la terraza y darnos baños en la playa.

    Sería por estar desnudos, por el sol y por la relajación pero no parábamos de follar, en la siesta, por la noche, todos los días follábamos dos o tres veces.

    Una noche mi mujer estaba leyendo en la habitación y se quedó dormida con La Luz encendida, la persiana de la puerta estaba a medio bajar y yo estaba en la terraza tumbado en la hamaca a oscuras, fumando un cigarro, me levante para salir a la playa y mire hacia la ventana, me acerqué para mirar adentro y vi a mi mujer tumbada de lado, dormida, enseñando su espléndido culo fuera de la sabana. Inmediatamente se me puso la polla como una piedra y jugué a ser un mirón que aprovechaba la ocasión y furtivamente se metía en la terraza del apartamento y la observaba. Empecé a meneármela y con una excitación tremenda, entre en la habitación y empecé a meterle mano y a tocarle el culo y la vulva, ella respondió rápidamente y nos enredamos en un polvazo salvaje. Después me pregunto lo que me había pasado, porque estaba tan caliente.

    No la respondí y nos dormimos plácidamente.

    O sea que además de querer exhibir a mi mujer resulta que también me excitaba observarla cuando no sabía que lo hacía.

    Una tarde, mientras Ella había ido al gimnasio del hotel, yo salí a dar una vuelta por la playa, estaba anocheciendo, había refrescado y no había nadie, yo me aleje paseando y andaba pensando en mis cosas, cuando me sorprendí al observar a un chico negro de unos veintitantos años, paseaba cerca de los apartamentos y se paraba en los que había una luz encendida, evidentemente era un mirón o un ladrón y decidí acercarme a él sin que se diera cuenta y ver que pretendía.

    El chico fingía pasear como si fuera un huésped más del hotel, pero su actitud no era muy normal, se acerba a los apartamentos iluminados y entraba en la terraza con sigilo. Me alarme, pensé que quizás pretendía robar alguna cosa que se pudieran haber dejado en la terraza, y apreté El Paso con sigilo para observar más de cerca lo que hacía. Cuando estaba solo 5 o 6 metros de él, escondido detrás de una palmera, vi cómo se acercaba a la ventana y se echaba mano al paquete, ¡¡¡era un mirón!!!

    De pronto se dio la vuelta y casi me vio. Salió de la terraza y siguió observando otros apartamentos, entrando y saliendo de las distintas terrazas. Ya había anochecido y yo podía seguirle sin tanto riesgo. Estaba paseando, cuando se encendió la luz de mi apartamento, mi mujer había llegado, inmediatamente el chico se dirigió a mi apartamento y entro en la terraza, lo primero en lo que me fijé fue en si me había dejado abierta la puerta de la habitación por si decidía entrar y hacer daño a mi mujer, pero estaba cerrada y desde mi posición, podía ver cómo ella de desnudaba y se movía por habitación en cueros. El no hizo intención de entrar, solo se quedó mirándola a través de la ventana y pude observar desde mi escondite, cómo se masturbaba mirando a mi esposa.

    El día anterior me había excitado, pero en ese momento me calenté de tal manera que yo también empecé a meneármela, los dos estábamos haciéndonos una paja mientras la veíamos como sentada en el sillón, nos mostraba su precioso coño. El chico seguía tocándose hasta que se corrió. Cuando terminó salió de la terraza, había conseguido su objetivo. Se había hecho una paja mirando a mi mujer desnuda.

    Aquel acontecimiento me tenía todo el día excitado y empecé a tener fantasías que me calentaban aún más. Tenía que taparme con la toalla para disimular mis erecciones al ir a la piscina.

    Mi mujer estaba un poco alucinada conmigo, no parábamos de follar.

    Una tarde cuando ella estaba en alguna actividad de animación del hotel, yo salí a la playa y me senté en el escondite del día anterior, había apagado la luz para que cuando ella llegara poder verla, y de pronto, vi cómo se acercaba nuevamente el chico del día anterior y venía acompañado de otro chico negro. Estaba claro había descubierto un filón y se lo había contado a su amigo, le diría:

    -Vente conmigo que vas a ver a una guarra en peloteas que está buenísima.

    Ocurrió lo mismo que el día anterior nos masturbamos los tres.

    Me rondaba una fantasía en la cabeza pero me daba un poco de miedo realizarla, no sabía si hacerlo o no, pero cada vez que pensaba en ello, se me encogía el estómago y me calentaba un huevo.

    Una tarde decidí ponerlo en práctica, me armé de valor y decidí que tenía que hacerlo. Deje un sobre en la cama con una nota para mí mujer. Le había escrito una nota que decía, “cariño, te propongo un juego morboso”. “Quiero que uses el juguete que te compre y te hagas una buena paja, yo entraré después y quiero comerme tu coño completamente mojado”.

    Volví repetir la rutina de días anteriores, mientras mi mujer se fue a las actividades, yo salí a fumar un cigarrillo y esperar a nuestro mirón. De pronto, vi cómo se acercaba, esta vez venía solo, y yo me refugié en mi escondite. Vi cómo se dirigía a un apartamento al lado del mío y cuando iba a entrar en la terraza, yo salí despacio de mi escondite y él se sorprendió en un primer momento, pero pensó que yo era otro mirón y no dijo nada, permitiendo que yo también entrará en la terraza.

    Nos pusimos los dos a mirar por el hueco que dejaba la cortina y se podía ver a una mujer desnuda haciendo la cama. Cuando intentaba estirar las sabanas, se echaba para adelante y separaba las piernas, enseñándonos un hermoso coño rasurado con unos labios grandes y una Vulva preciosa, en ese momento baje la mirada y observe como mi amigo se meneaba un pedazo de rabo, se lo agitaba de arriba abajo enseñando un capullo enorme, yo también estaba empalmado, creo que por la situación y por mi nueva faceta de voyeur.

    La mujer se acostó en la cama y apago la luz, fin del espectáculo.

    Los dos salimos de la terraza y le ofrecí un cigarrillo que aceptó. Nos sentamos a fumar en la oscuridad y le pregunté cómo se llamaba. Me contó que era camerunés y que había venido a España para trabajar y que lo había conseguido. Se llamaba David.

    Era un tipo simpático y muy guapo. Comenzamos a charlar como dos amigos cómplices.

    De pronto vimos cómo se encendía la luz de mi apartamento, se me encogió el estómago.

    David dijo: ¡¡qué suerte!! Ven, sígueme, vas a ver a una tía que está buenísima, que me pone como una moto, me la follaría. Yo le seguí, fingiendo no saber a dónde me dirigía. La cortina ya la había dejado yo entreabierta, desde nuestra posición, se veía toda la habitación y un espejo en la pared nos mostraba todos los rincones.

    Vi cómo mi mujer entraba en el dormitorio y se quitaba la sudadera mostrándonos una tetas preciosas, luego se bajaba el pantalón y se quedaba en peloteas. Mi amigo ya estaba empalmado

    Y con la polla en la mano. Yo tenía el estómago encogido. Ella se metió al baño y salió desnuda al dormitorio comenzando a darse la crema por todo el cuerpo, mi nuevo amigo bufaba y yo tenía una erección como hacía años. De pronto ella descubrió mi carta, se sentó en la cama y empezó a leerla, se rio, se recostó en la cama frente al espejo y separo las piernas. Nosotros modificamos nuestra posición hasta donde podíamos verla reflejada en el espejo, podíamos contemplar su rajita completamente abierta. Abrió el lubricante y se lo restregó por el coño, cogió el vibrador y se lo colocó en el clítoris, empezando a menearse de placer. David no se creía lo que estaba viendo, mi mujer se convulsionaba y el eyaculaba en el suelo de la terraza si apenas tocarse, yo me corrí como nunca, tenía el corazón a mil. Pudimos ver con claridad como tenía un orgasmo brutal. Luego se quedó tumbada en la cama disfrutando el momento de placer.

    Salimos de la terraza a fumar un cigarro.

    David me dijo: lo que daría por tíramela, debe de ser una pedazo de puta, se ve que le gusta follar.

    Yo le contesté que yo también me la tiraría. Nos despedimos para quedar al día siguiente y le propuse vernos a una hora y tomar unas cañas antes de nuestra sesión voyeur.

    Rápidamente volví al hotel y entre en la habitación, la paja la había puesto muy cachonda, no era una mujer que se conformará con un orgasmo. Me desnude, corrí la cortina y empecé a comerle el coño y a sobarla, ella estaba como una perra, estuvimos follando una hora.

    Aún nos quedaban varios días de vacaciones, pasaba las horas tirados en la playa, en la piscina, esperando con ansiedad a que llegara la tarde.

    Yo había quedado con mi amigo sobre las 7 de la tarde en un bar cercano al hotel, le dije a mi mujer que me iba a acercar a Mojacar a un taller para que viera el coche que me estaba fallando, mientras ella iba a las actividades del hotel.

    Estaba sentado en la terraza del bar, donde había quedado con David y vi que se acercaba, se sentó y pidió una cerveza. Estuvimos charlando un rato, yo estaba muy nervioso, pero decidí contarle mi plan.

    Mira David, tengo que contarte una cosa que te va a gusta mucho. Él se sorprendió.

    La verdad es que te he engañado. El me miraba si decir nada

    -Yo realmente no soy un mirón, bueno sí que lo soy, pero tengo que contarte que estoy alojado en el hotel y que la tía que vimos anoche, en realidad es mi mujer.

    Se le abrieron los ojos de par en par, no entendía lo que quería decirle.

    -Verás, continúe, a mi me pone mucho que veas a mi mujer desnuda pajeándose, me excita muchísimo, Ella no sabe nada, yo dejo la cortina abierta para que algún mirón pueda verla.

    David me pregunto:

    -entonces, ¿tú eres un cornudo?

    -Si respondí, pero no exactamente un cornudo.

    El chico me seguía atento, un poco flipado.

    -Verás, continué, me gustaría que vieras como me follo a mi mujer y lo puta que llega a ser.

    El seguía callado, sin perderse detalle.

    – He pensado que mañana por la noche sobre las 10,30, cuando vengamos de cenar, tú estés escondido en la terraza. Te voy a enseñar cómo se lo hace la puta de mi esposa.

    Pero, me dijo David, a mi me gustaría follármela.

    No pidas más, confórmate con lo que te propongo Y disfrutaras un huevo.

    – Bien, pero solo pongo una condición, me dijo un poco subido, voy a traer a un amigo, a veces vamos los dos a mirar, es un buen colega y no puedo dejarle fuera.

    – No te preocupes, le dije, me dará más morbo pensar que tengo dos mirones pajeándose, mientras le meto el rabo a mi chica.

    Bien, quedamos para el día siguiente.

    Esa noche no pude dormir.

    Sobre las ocho de la tarde, le dije a mi mujer que podíamos ir a tomar unas tapitas a Mojacar y le pareció una buena idea.

    Yo estaba muy cachondo y en el recorrido hasta el pueblo, le pedí a mi mujer que me enseñara las tetas. Me hizo caso sin insistir, lo que identificaba que estaba dispuesta.

    Durante la cena nos tomamos unas cuantas cervezas y a ella se le subieron a la cabeza. Cuando dejamos el coche en el hotel, encendí un porro y lo fuimos fumando paseando. No fumamos nunca, pero un amigo me había dado un poco de mierda y me pareció un momento oportuno para probarla.

    Cuando mi mujer fuma, se pone como una moto. Íbamos por los pasillos del hotel metiéndonos mano, de pronto me paro en medio de aquel pasillo eterno y me abrió la bragueta haciéndome una mamada impresionante. A trompicones entramos en la habitación, nos besábamos, nos sobábamos, nos tumbamos cruzados en la cama, apuntando hacia la puerta de cristal y pude comprobar que tenía una rendija suficiente para que mis amigos pudieran ver el espectáculo.

    Le abrí el vestido, la separe las piernas para que mostrará su hermoso coño a mis amigos.

    Ella se incorporó, cogió el succionador de la mesilla y se lo colocó en medio de la empapada raja

    Fue hacerlo y empezar a correrse, a abrir y cerrar las piernas mientras yo le comía las tetas.

    Se corrió como tres veces seguidas. Yo iba a explotar, solo pensaba en mis amigos, mirando y pajeándose, viendo cómo se lo hacía mi mujer.

    Se levantó y mirándose al espejo, empezó a tocarse de nuevo. Yo le dije: gírate hacia la ventana e imagina que te están mirando dos negros guapos desde fuera y se están tocando sus enormes pollas. Ni se lo pensó, por alguna razón o por el pedo que llevaba. Colocó un sillón a 50 cm de la puerta de cristal, se abrió de piernas y se volvió a colocar el aparatito. Estaba viviendo mi fantasía, se metió dos dedos en el coño y casi pierde el conocimiento al correrse.

    Yo estaba alucinado, me imaginaba a mis amigos disfrutando del espectáculo.

    Me senté en el sillón y le pedí que me la chupara. Ella se puso a cuatro patas dejando su coño pegado al cristal. Mientras se metía mi polla hasta la garganta meneaba el culo como si la estuvieran dando por detrás, el coño se le abría y dejaba ver su vulva completamente empapada.

    Yo imaginaba la visión que tenían los dos chicos, con el coño de mi mujer pegado al cristal y me endurecí como una piedra.

    No podía más, la levante y la tire en la cama, me monte como un macho cabrío y empezó a darle fuerte, nos corrimos en cuatro o cinco embestidas.

    Tras unos momentos de reposo, se levantó y fue a ducharse, momento que aproveche para abrir con sigilo la puerta de la terraza, los dos negros estaban alucinados, David hizo el gesto de querer entrar en la habitación, pero le aparte y le dije que el trato que habíamos hecho llegaba hasta allí.

    Se marcharon y nos acostamos a dormir.

    Cuando estábamos los dos en la cama le dije: cariño tú no eres mujer para un solo hombre, deberías plantearte lo que hemos hablado muchas veces.

    -Que? Me pregunto.

    Lo de hacerlo con otros tíos, eres una mujer muy caliente e ibas a disfrutar a tope y a mí no me importaría, todo lo contrario, me volvería loco de ver cómo te follan dos negrazos con rabos enormes.

    No dijo nada, pero note que se había vuelto a excitar, me cogió la polla flácida y se la metió en la boca hasta tenerla tiesa como un palo, se montó en ella y me cabalgó hasta correrse, yo me derrame en su coño y tuvimos otro orgasmo más.

    Los dos días siguientes no vi a mis amigo, el tercer día estábamos tomando el sol en la playa desnudos casi al atardecer, cuando vi como se acercaban dos negros, desnudos, paseando por la playa.

    Se acercaron y pusieron sus toallas muy cerca de nosotros, como si no nos conocieran. Mi mujer no pudo evitar mirarlos a través de sus gafas de sol, no era para menos, los dos tenían un herramienta de película porno. Yo la observaba de reojo. David, se dirigió a ella y le pidió fuego y cuando él se acercó a coger el mechero, dejó su polla a la altura de la cara de ella. Note perfectamente cómo se ruborizaba.

    -Te acuerdas de la conversación de anoche? Me pregunto.

    -Cuál? la de hacerlo con dos tíos?

    -Si, dijo, mira que par de candidatos tengo aquí cerca

    -Me reí. No estaría mal, verdad? Son muy guapos.

    -Y están bien dotados, dijo ella, echándoles una mirada disimulada.

    Los dos nos reímos, como si todo fuera en broma. Pero note que ella se lo estaba planteando.

    Aquellas vacaciones la habían trasformado.

    Puse una disculpa para ausentarme, le dije que iba a la habitación para ir al baño.

    Desde la ventana del apartamento podía observarlos perfectamente, estaban a unos 10 metros de mi. Estaba nervioso por si los chicos no sabían mantener nuestro secreto, pero decidí dejar que las cosas pasaran y disfrutar mirando cómo se desarrollaban los acontecimientos.

    David, se dirigió a ella y le pidió fuego y cuando él se acercó a coger el mechero, dejó su polla a la altura de la cara de ella. Note perfectamente cómo ella se cortaba, pero no le quitaba ojo.

    El otro chico se acercó y entablaron conversación con ella y con esa disculpa acercaron sus toallas a las nuestras. Desde lejos podía ver cómo ella se reía por los comentarios de ellos. En un momento ella se puso boca abajo mostrándoles su culazo y Eric, el otro chico, se ofreció para darle crema en la espalda y ella, sorprendentemente, aceptó. Seguro que estaba imaginando que yo les observaba.

    Solo ver cómo las manos negras resbalaban por su espalda blanca, me empino el rabo. Desde mi posición podía ver cómo ella no se negaba a recibir el masaje y reía continuamente por las bromas que le hacían. Cuando regrese, mi mujer me dijo: mira estos chicos son de Camerún están trabajando aquí en Vera. Les salude cómo si no los conociera y me senté en la toalla.

    Los dos eran muy simpáticos y hablaban perfectamente español, tenían un buen sentido del humor y gastaban bromas, yo reía nerviosamente, no sabía cómo acabaría aquello.

    Nos dijeron que conocían un pub muy agradable en el que hacían actuaciones en directo y que, si nos apetecía, podíamos quedar a tomar una copa por la noche, estaba cerca del hotel. Yo le pregunte a ella y aceptó inmediatamente.

    Quedamos a las 11 de la noche en la puerta del pub.

    Estaba refrescando y mi mujer se despidió y fue al apartamento, quedándome solo con ellos.

    -Que pretendéis con esto? , les dije cabreado, casi me da un infarto cuando os he visto acercaros.

    -A ti te gustaría ver cómo nos la follamos los dos?

    Dude un instante, una cosa era que nos observarán mientras follabamos y otra era dejar que se la follaran ellos. No estoy seguro de que me mole esta historia, pero los dos miraron mi polla erecta y se echaron a reír.

    -No te preocupes tenemos experiencia, alguna vez hemos quedado con parejas extranjeras que viene a buscar chicos.

    -Bueno, dije, pero no me comprometo a nada, si ella no quiere o se encuentra incomoda, se acabó el asunto.

    No te preocupes si prueba el tema con nosotros le encantará, a todas les vuelve locas follar con negros. Sentí una mezcla de excitación y de miedo, no quería que le pasara nada, pero la situación me ponía muchísimo y no sabía cómo ella reaccionaria, aunque la había visto muy interesada.

    El resto de la tarde, estuvimos sin hablar del tema, pero yo estaba muy cachonda y podía sentir que ella también lo estaba.

    Sobre las 9 salimos a cenar a Mojacar, mi mujer estuvo más de media hora en el baño, se depilo, se peinó, se dio crema por todo el cuerpo y se puso un vestido con botones de arriba abajo, bastante cortito, un vestido que a mí me ponía mucho porque era muy pegado al cuerpo y dejaba dos o tres botones sin abrochar, con lo que se le veían los muslos y marcaba su tetazas.

    -Podías ir sin bragas, ya sabes que me pone mucho, le dije.

    Ella no respondió, se subió el vestido y no las llevaba.

    -Serás puta!!! Pensé. Parece que le mola la situación.

    Estuvimos cenando en el restaurante al que solíamos ir, durante la cena la estuve gastando bromas y bebimos más de la cuenta, luego dimos un paseo por el puerto hasta hacerse la hora en la que habíamos quedado con nuestros nuevos amigos. Ella iba muy nerviosa se le notaba claramente.

    Cuando llegamos al pub estaban esperándonos en la puerta, los dos se habían arreglado, estaban guapísimos. La saludaron con dos besos agarrándola de la cintura y a mí me dieron la mano, entramos en el pub, todo estaba muy oscuro, soñaba música caribeña y nos sentamos en un reservado al principio del local. Pedimos unas copas ( más copas!!) y empezamos a charlar, los dos la echaban piropos de lo guapa que estaba, David la invitó a bailar, ella me miró como pidiéndome permiso y yo la hice un gesto de aprobación, se fueron a la otra parte del pub, desde mi sitio los veía con dificultad. Eric, el otro chico, me miró y me dijo. Joder tío que buena está tu chica, no se me va de la cabeza, cuando os espiamos por la ventana y teníamos a pocos centímetros su chocho rico, me machaque la polla. Es una guarrilla!!!

    Se levantó y fue adonde estaban bailando, yo me cambie de mesa para poder tener mejor ángulo .Llego al lado de ellos y se puso por detrás, dejándola entre los dos, simulando que bailaban los tres juntos, aunque en realidad la estaba pegando la polla en el culo y el otro la apretaba contra él, seguro que ella lo notaba porque estarían empalmados. Vi como ella miraba hacia la dirección en donde estaba yo, pero no alcanzaba a verme, pensé que quizás se sentía incómoda, pero no se separaba ni dejaba de bailar. Luego los perdí de vista, pues había mucha gente bailando. Al cabo de un buen rato regresaron, la traían en medio de los dos, uno la cogía por la cintura y el otro por el hombro. Traía cara de estar muy caliente, yo la conozco bien y sabía que le estaba gustando el rollo.

    Estuvimos hasta las tantas tomando copas, ellos estaban bailando, se turnaban o bailaban los tres. En algún momento me pareció ver entre las sombras del local, como si la besaran los dos, David en la boca y Eric por detrás en el cuello, pero quizás era lo que quería ver, incentivado por el pedo que llevaba. Me la imaginaba comiéndoles la polla, follada a cuatro patas y estaba dispuesto a dejar que los acontecimientos sucedieran. Luego les perdí la pista durante un rato pero pensé que estarían fumando en la playa.

    Por fin se acercaron a mi mesa riendo, yo fingí que estaba muy borracho y les dije que tendrían que llevarnos al hotel porque yo no podía conducir. Nos subimos a mi coche, Eric conducía y yo iba delante. Mi mujer subió atrás con David pero no sé si pasó algo. Creo que me dormí en el trayecto.

    Cuando aparcamos en el hotel nos dijeron que tenían una marihuana de su país que era la bomba para que nos fumáramos unos canutos. Mi mujer propuso fumarlos en el apartamento para no dar más el cante, ya que ir con tres tíos, dos de ellos negros y tener que atravesar la zona de pubs liberales, donde había muchas parejas en busca de encuentros morbosos, nos habíamos convertido en el centro de todas las miradas. Les indicamos que fueran por fuera del hotel, por la terraza que daba a la playa.

    Nos dirigimos a nuestra habitación por aquellos interminables pasillos y yo fingía estar más pedo de lo que estaba, aunque la que iba perjudicada era ella. Por fin entramos en el apartamento y abrimos la puerta a nuestros amigos. Mi mujer puso música suave y apago las luces poniendo unas velas en la mesilla. Estos dos estaban muy lanzados. Se sentaron en la cama supletoria, uno en cada extremo y yo me senté en un sillón frente a ellos. Empezaron a pasar los canutos y yo no quise dar más de 2 caladas porque quería estar consciente.

    Paloma preparó unas bebidas y se sentó en medio de los dos. Yo fingí que me quedaba dormido, pero la luz de las velas me permitía entreabrir los ojos para no perderme detalle. Eric pasó el brazo por el hombro de mi mujer, le volvió la cara y la plantó un beso en la boca, un beso largo, morboso, metiéndole la lengua hasta dentro, ella no se apartó, me di cuenta que me miro, como esperando ver mi reacción, pero al verme dormido, se enganchó a la boca del chico. David empezó a desabrocharle el vestido y saco sus tetas, empezó a chuparle los pezones con ansia, ella se corrió, estaba como una fiera. Después le separó las piernas, comprobando que no llevaba bragas, le abrió bien en coño y le metió la lengua en el agujero, el otro chico se sacó la polla, ya no aguantaba más, y se la dio. Cuando ella vio el pedazo rabo que tenía, la agarro con una mano y se la metió en la boca hasta donde podía, se la mamo con vicio.

    Yo tuve mi primera corrida sin tocarme.

    La tumbaron en la cama y mientras David le daba su ración de rabo, el otro la separó las piernas y le colocó la punta de la polla en la entrada de su vagina y poco a poco la fue penetrando hasta casi los huevos. Cada empujón que daba producía una corrida de ella y encima se la estaba follando a pelo. La dieron la vuelta y ella se colocó encima, fue coger la postura y empezar a cabalgarle como una verdadera puta, mucho más puta que conmigo. Se metía el rabo hasta dentro y gritaba de gusto. David se estaba untando aceite de almendras, que había en la mesilla, en la polla y le echo un chorro en el ojete. Le comió un poco el culo para dilatarlo y le aproximó la punta de su aparato al agujero, ella protestó, pero estaba sintiendo tanto gusto que se dejó hacer.

    David apretó un poco, sacando un quejido de dolor de ella, pero no se compadeció y poco a poco le metió toda la carne. Cuando la tuvo dentro, se paró y ella dio un grito de placer. El empezó a bombearla y el otro le daba pollazos en el coño, estaba empalada entre los dos.

    Creo que ella estaba inmersa en el folleteo, en un continuo orgasmo. David le saco el rabo del culo, se la sacudió dos o tres veces y le echo un chorro de leche en la espalda que le llegó al pelo.

    El otro la puso en el borde de la cama, con las piernas colgando y le encajó el pollon de un solo golpe. Yo veía el mete-saca en primera fila, me había vuelto a empalmar y cuando él le saco el brutal aparato y se derramó encima de sus tetas, yo me la machaque con furia y me corrí de una manera brutal.

    Se quedaron tumbados los tres, desnudos, ella en medio de los dos, destacaba su blancura. Se quedó dormida y yo despedí a mis amigos. La limpie la lefa que tenía por todo el cuerpo y la acosté en la cama. Yo me quede a dormir en el sillón.

    Como tengo una mente morbosa pensé fingir al día siguiente y preguntarle cómo había acabado la fiesta porque yo me había dormido nada más fumar el porro y me había despertado en el sillón. Tenía el morbo de que me contara todo, además de haberlo visto, contado por ella podía ser muy fuerte.

    La primera luz que entró por la ventana, me despertó, abrí los ojos y vi a mi mujer tumbada en la cama, desnuda, enseñándome su culazo. Me levante, la toque la espalda y el culo y estaba pegajosa, la eche la sabana por encima, fui a La Cocina y prepare un café cargado, se lo lleve a la cama y dándole un beso la desperté.

    Se despedazó y me dio un beso de amor.

    Me dijo -estoy agotada.

    -No te preocupes, yo preparo el desayuno, dúchate y desayunamos en la terraza.

    Me fui a preparar el resto del desayuno mientras ella se duchaba, prepare la mesa en la terraza y la espere. Cuando llegó desnuda me dio un pinchazo en el estómago porque me vino una imagen de la noche anterior, cuando estaba entre los dos negros, pero quería hacer mi plan para que me contara todo.

    -Sabes, no me acuerdo de nada de lo que pasó anoche, solo recuerdo llegar al hotel en coche y echarme en el sillón, en el que he amanecido. ¿Estuvieron mucho rato?, ¿fumamos maría?

    -No recuerdo nada, es increíble!!

    -No te preocupes que te lo voy a contar con todos los detalles, sé que te va a gustar mucho lo que ha pasado y mejor aun lo que va a seguir pasando. Vamos a la cama y méteme la polla que te lo cuento todo mientras me follas. Uff había sacado la puta que llevada dentro, me asustaba lo bien que lo había aceptado y el vició con que lo contaba mientras se corría una y otra vez.

    Me encanta cariño, le dije, no sabes lo feliz que me has hecho, esto es el principio de muchas aventuras guarras, te quiero. Aunque no lo creas, me dijo, yo me lo había planteado muchas veces, pero no sabía si tu aceptarías, pensaba que tu morbo era solo mental y que en el fondo no querías hacerlo, cuando, en la playa vi a esos dos tíos, con esas pollas enormes, tan simpáticos y tan guapos, me puse muy caliente y cuando te ausentaste y me quedé sola con ellos y Eric me dio crema, me moje completamente. Por eso cuando tú aceptaste quedar con ellos en el pub, se me disparo la cabeza ya me veía comiéndome esos dos monstruos.

    Bueno té cuento con detalle, cuando llegamos al pub, yo estaba bastante pedo. Cuando me saco David a bailar, con ese meneo, agarrándome por la cintura, muy pegado, tanto, que notaba perfectamente su rabo en mi coño. Me estaba rozando y me hablaba sin parar, ya estaba a punto de correrme, cuando llegó su amigo, se me pego por detrás y me abrazo, notando su polla en la raja del culo. Hacían que bailaban pero se estaban restregando contra mi y no pude evitarlo y me corrí entre los dos. Ellos se dieron cuenta, me cogieron de la mano, me llevaron entre la gente y salimos del bar a la playa por una puerta lateral, tú no te diste cuenta. Me arrodillaron en la arena de la playa, se sacaron las pollas y me comí las dos hasta que se corrieron, me llenaron la cara y las tetas de leche caliente. Me tumbaron en la hamaca y seguían empalmados y cuando me iban a follar salió un hombre del servicio y me corte, porque además, estabas tú en el pub y no podía dar un escándalo y que te enteraras. Yo pensaba que estabas pedo y a tu bola y que no te habías percatado de nada. No sé lo que me pasó, estaba muy pedo y, no se me desmadré como nunca en mi vida.

    Luego, continuó, mientras íbamos al hotel en el coche, David me hizo una paja mientras se la mamaba, me metió dos dedos en el coño y me volví a correr. Me ponen muy caliente estos tíos, me tienen poseída, me han enviciado.

    Yo seguía metiéndole la polla a punto de reventarme, pero quería seguir escuchando el relato, que se entrecortaba con los continuos orgasmos de ella.

    En el dormitorio, continuó, me senté entre los dos y empezaron a besarme, a sobarme, David me comía las tetas y el chocho y yo se la comía al otro. Me puso muy caliente estar haciéndolo contigo delante, aunque estuvieras dormido, me ponía mucho pensar que te despertabas y me veías empalada entre las dos pollas, porque tengo que contarte que David me penetro el culo, me dolió mucho, pero tenía la otra polla de Eric dentro de mi y sentir los dos rabos palpitando en mis entrañas y dándome pollazos, creo que perdí el conocimiento del placer tan enorme que sentí. Me lo hicieron a pelo y me llenaron el cuerpo de lefa. Luego me despertaste tú esta mañana. No sé cómo llegué a la cama. No recuerdo nada más. Estoy feliz.

    El relato había consiguió que eyaculara dentro de su coño encharcándola.

    Nuestros amigos no podían venir en dos días y decidimos no follar en su ausencia para darle más morbo a la situación. Ella me dijo que estaba deseando tirárselos de nuevo y que lo que le había dado más morbo es que yo estuviera dormido, había actuado como una golfa, como si me pusiera los cuernos aprovechando mi sueño y eso la calentó mucho más que si hubiera participado. Le ponía ser adúltera y que yo lo viera escondido o que estuviera ausente y luego me lo contara. A mí esta opción me pareció excelente, podía fomentar mi faceta de voyeur y luego, cuando se marcharan, follarmela sobada por otros.

    Solo nos quedaba una noche, al día siguiente nos marchábamos a Madrid. Ella me propuso un juego que la ponía desde hacía mucho tiempo y nunca se había atrevido a contármelo.

    Me pidió que la atara a la cama con correas, los brazos y las piernas abiertas, con los ojos tapados por un pañuelo y que dejara la puerta de la terraza abierta. Me dijo que hablara con David y Eric para que entraran mientras estaba atada y que hicieran con ella lo que quisieran.

    Me pareció una idea súper fuerte, se había desatado la hembra que llevaba dentro, era casi perverso.

    Quede en darme una vuelta por la playa, mientras ella se iba a las actividades del hotel, para encontrarme con David y Eric y proponerles el juego. Les llame por teléfono y me dijeron que estaban tomando cañas en un bar de la playa. Me acerqué caminando hasta el chiringuito y cuando les vi, estaban con otro tío negro, este era gordo y más mayor. Los tres estaban en pelotas y Samuel (el nuevo amigo) tenía una polla muy gorda, casi como el doble de la mía, aunque no era muy larga. Samuel tendría 50 años.

    Me quede sorprendido al ver una persona más, pero ya había quedado con Ella y estaba deseando realizar el juego, pensé que no la importaría porque se excita tanto que metidos en laberinto no le importaría.

    Siguiendo el plan, Paloma se duchó, se rapo completamente el coño, se dio aceite por todo el cuerpo y se tumbó en la cama separando los brazos y las piernas. Yo cogí unas correas y le ate a la cama. Encendí unas velas y me marché, dejando la puerta abierta de par en par. Ella no sabía adónde me había ido, estaba atada a la cama y sin poder defenderse, sabía que la puerta estaba completamente abierta por la brisa que entraba, no sabía si lo había acordado con nuestros amigos o la dejaría en manos de los primeros tíos que se acercaran, me creía capaz de ello, estaba jadeando ante la incertidumbre. No sabía quién se la iba a follar. Yo les dije a los tres que tardarán un rato en entrar para que la espera la excitara más. La contemplaban desde la puerta, completamente desnudos y los tres empalmados.

    David se puso en un lado de la cama, Eric en el otro y dejaron a Samuel frente a ella. Los tres en silencio y ella sin saber quién tenía a su alrededor.

    Comenzó Eric a rozarle un pecho, ella se estremeció y esa fue la señal para empezar a magrearla.

    Los dos de los lados se turnaban a meterle la polla en la boca y cuando más apasionada estaba, sintió que alguien se ponía encima de ella, restregándole un pollon por la raja. Se percató que estaba con tres tios a la vez, pero esto la puso muy cachonda porque empezó a menear el culo para facilitar la entrada del enorme rabo que sentía. Yo me aproximé a la entrada del apartamento, desde donde podía ver todos los detalles. Paloma estaba a cien, el gordo le pasaba el nabo por la raja y de pronto se la puso en la entrada y de un empujón se la metió a fondo, tuvo que dejar de chupar una polla Para correrse. A partir de ese momento, se la follaron de todas las maneras posibles, hicieron una doble penetración, ella no paraba de correrse, la habían desatado y cabalgaba sobre la polla de Samuel, dándose pollazos violentos, hasta que él se corrió dentro de ella sin poder evitarlo, esto le provocó un orgasmo bestial, sentir la leche caliente dentro la volvió loca. Los otros se turnaron para ponerse encima de ella y también se corrieron dejando la vagina repleta de leche, estuvieron dos horas follandola en todas las posturas, la volvieron a atar y después de darle un beso se marcharon, tal y como yo había quedado con ellos.

    Entre en el dormitorio y la vi abierta de piernas, con el chocho chorreando leche de los tres, me abalancé y le comí toda la raja empapada, tenía un sabor amargo, esto le provocó otro orgasmo, luego me monte encima y, sin contemplaciones , la di todos los pollazos que puede hasta que también aporte mi lechazo.

    Al quedamos para despedirnos de los chisto en un bar de la playa. Tomamos unas cervezas y nos marchamos para Madrid, quedando para volver a vernos el próximo año.

    Aquella experiencia fue la primera de muchas otras. Mi mujer había descubierto su potencial sexual y se sentía mejor que nunca.

    En el viaje me reconoció que había vivido una experiencia brutal que la había transformado.

    -Bueno cariño, que pena que se acaben las vacaciones, le dije.

    -Si, ha sido maravillosas, pero seguro que conoces algún bar de Madrid donde vayan negros.

    Creo que me he hecho ADI

    Los dos nos reímos y volvimos a casa.

  • El mariquita de la cafetería

    El mariquita de la cafetería

    Empecé a trabajar en una pequeña cafetería, con muchos clientes y poco empleados. Uno de los empleados era el hijo del dueño, que ejercía como mesero jefe. Su nombre era Sebastián y tenía 19 años. Yo era mayor, pero me sentía intimidado y atraído por su cuerpo musculoso y su agresiva personalidad. Mi trabajo era lavar los platos, se supone que sería sencillo, pero como siempre nunca hago nada bien.

    Los platos se me acumulaban, retrasando a la cocinera y a los meseros, enojando demasiado a Sebastián. Me insultaba cada vez que pasa por mi área de trabajo, llamándome gordo inútil. Me apresuraba de tres maneras, insultándome, tronándome los dedos o con una fuerte nalgada.

    Todos aguantaban sus malos tratos por ser hijo del dueño, yo no sería la excepción. Bueno, si lo soy, porque disfrutaba lo que me hacía. Si no estuviera pegado al lavamanos hubieran notado mi erección, sin importar lo minúscula que sea.

    Una noche me tocó ayudarlo acomodar la cafetería, subiendo las mesas y las sillas al segundo piso del edificio. Él lo hacía con tanta facilidad, mientras tanto a mí me costaba un gran esfuerzo físico hacerlo. Y él, en vez de ayudarme, me humillaba, llamándome marica.

    Estaba bien caliente, necesitaba pajearme, calmar el hambre de mi culito con mis dedos. Cuando termine de subir las sillas me dirigí al baño sin saber que ahí estaba Sebastián, orinando, dejándome ver su hermosa verga. Lo tenía flácido y aun así era impotente, limpia, cabezona y muy fina.

    —¿Te gusta lo que ves, putito? —me dijo, entre otras ricas vulgaridades más, mientras meneaba ese jugoso trozo de carne.

    Marche hipnotizado, babeando por su verga, arrodillándome en espera de dos cosas: que me dé un golpe o una buena follada. Me dio lo segundo, esa noche y las siguientes, porque siempre me ofrecía ayudarlo, sabiendo que recibiría una suculenta recompensa.

    Abusó de mí en cada rincón de la cafetería: Me cogió en el baño, con mi cabeza metida en el escusado, o frente al espejo, para que viera mi rostro extasiado de placer pidiendo más y más verga. Le di unos buenos sentones en el comedor, manchando el piso con mi corrida para después limpiarlo con mi propia lengua. En la cocina él me masturbaba hasta venirme sobre las sobras de comida. Yo le hacía lo mismo y después me comía los macarrones o las tortas con rica leche. También cubrió mi culo, mis huevos y mi verguita con chocolate. Disfrutó de mí con tanta devoción, lamiendo mi pobre intento de pito por primera vez.

    Una vez invitó a un amigo igual de machote, y los dos me dieron bien duro encima de las mesas. Estaba desnudo y amarrado como un cerdo, con mi culito y mi boca a disposición de ellos. Follaban mi garganta y mi culo por cinco minutos y después se turnaban. Me llenaban de leche e iban a descansar, a tomar una cerveza o un bocadillo, sin desamarrarme o cambiarme de posición. Luego regresaban a usar mis agujeros, llenándome de lo que más me gusta: SEMEN.

    Sin duda este es el mejor empleo que he tenido. ¿De lavaplatos? No. De puta.

    Les dejo mi correo por si quieren chatear o rolear:

    [email protected]

  • Karen. Una puta madura (VIII): El negrito y Carmen

    Karen. Una puta madura (VIII): El negrito y Carmen

    Así las cosas, habíamos dejado el capítulo anterior con aquella conversación telefónica entre Carmen y yo y que todo el pueblo se había enterado vivía con dos hombres. Uno blanco y otro de color.

    Ramón, de repente había cambiado mucho su actitud. Se le veía triste y taciturno. Sin embargo a Enrique no sé qué le daban en la Guardia Civil que cada día estaba más ansioso y cariñoso de mi.

    En cuanto podía me comenzaba a sobar las tetas y besarme el cuello como un loco. Parecía un pulpo. Eso me ponía terriblemente cachonda y al final, las veces estaba con el coño para farolillos me lo follaba hasta que se desahogaba conmigo cosa que era un día si otro no.

    Sin embargo con mi negrito no iban las cosas bien.

    -Te pasa algo, Ramón?

    -Si. Logró confesar de una vez.

    -Qué pasa, cariño. Le dije cogiéndolo de la mano.

    -Que mi mujer se ha ido con otro y ha dejado abandonados a los niños…

    Eso era en realidad lo que quería oír. Maldita zorra. Si ya lo sabía yo… Esa negra era más puta que las gallinas. Se le estaba bien empleado a Ramón por enamorarse de esa furcia. Hacía falta ser marrana para dejar a dos criaturas abandonadas.

    -Ohhh!… Qué horror, Ramón! Le dije fingiendo. Solo me hizo falta disfrazarme de Celestina…

    -Y los niños??

    -Están con mis padres a la espera de que pueda salir de aquí y hacerme cargo. Mis suegros viven en Senegal.

    Fue por su cartera y me sacó una foto. En ella estaba la asquerosa de su mujer con dos pequeños rubios como querubines. Se llamaban Erica como la madre (ese esperpento) y Ramón como el padre.

    -Ohhh… pobrecitos. Oye… pero… no son negritos.

    -Es que son adoptados… Es que… yo no valgo para tener niños. Soy estéril…

    -Pues hijo… parece mentira con la pedazo verga que tienes… no te preocupes que ya se solucionará todo. Cuando cese el confinamiento vas a buscarlos y os venís aquí…

    No me había dado cuenta que con esa frase había sellado mi destino final…

    -Si? Podemos venir? En la empresa para la que trabajo buscan gente para esta zona…

    La había liado totalmente. Ni corto ni perezoso, Ramón llamó a sus hijos para contárselo. Además no tenían porque esperar a acabar el curso puesto que con la pandemia iban a dar aprobado general. Luego llamó a su jefe quien le dijo…

    -Joder, Ramón. Menos mal encuentro a un tipo quiera ocupar la zona de Levante-Andalucía… ni subiendo el sueldo quiere nadie. En cuanto pase el confinamiento te mudas.

    No sé cómo lo hizo, pero en 5 minutos me había contado todo, le habían subido el sueldo, se había librado de esa ramera y se iba a venir a vivir aquí… estaba totalmente exultante de alegría. Solo le faltaba tocar el tam-tam para celebrarlo…

    -Bésame, Karen…

    Ya sabía yo lo que quería…

    -Ven corazón… que te quiero mucho. Vamos a celebrarlo le dije sacando su gran polla de los pantalones.

    Como siempre, una gran verga negra brotó de sus bóxer quedándose mirándome la cara como una serpiente.

    Comencé a mamársela a mi negrito. Se puso muy envarado y recto. Me agarraba a sus negras piernas como podía con tal de meterme más centímetros de su verga en la boca. Él gemía sin parar y se le veía grácil y contento.

    -Me gusta tu rabo. Le dije mientras jugueteaba con una gotita de líquido seminal en mi barbilla…

    -Uhhh… ya te salen negritos por ahí, corazón? Voy a tragarme todos tus negritos hoy. Me vas a dar muchos?

    -Si. Pero mis negritos no sirven de nada…

    -Es igual, amor. Yo los quiero…

    Hacía como una semana Ramón no estaba para darme negritos y aliviado de sus problemas ese hombre iba a descargar conmigo todo su semen acumulado.

    -Mira… me quité el sujetador y saqué mis tetas subiendo y bajando su verga con las manos.

    -Son bonitas, ehhh?

    -Si, Karen. Y tu muy buena mujer…

    Cogí su gran verga entre mis tetas y las comencé a subir y bajar haciéndole una cubana. Nunca le había hecho eso a un hombre.

    Había momentos en los que parecía mentira una polla de 19 centímetros desapareciera entre mis grandes tetas erectas y fuertes para luego volverse a ver de nuevo. Si… seguía estando ahí y Ramón gimiendo de gusto.

    Noté como mi coño destilaba su esencia mojándome las bragas pero no estaba para placeres personales sino para hacerle sentir a Ramón un hombre de verdad. Al final se fue sin remedio llenándome el cuello de su semen.

    -Ohhh… Karen… qué bien lo has hecho…

    -Es la primera vez lo hago así con mis pechos.

    -Pues lo has hecho muy bien…

    -Mira… como me has dejado llena de tus negritos, amor… Qué bonitos. Dame un besito.

    Me besó con locura y me abrazó con fuerza tanto que no le importó mancharse de su propio semen el pecho.

    Cuando nos limpiamos nos sentamos a ver la tele y se me encendió la bombilla.

    -Ramón!! Te gustaría aprender flamenco con una amiga?

    -Ohhh, si. Estoy tan aburrido…

    Llamé a Carmen y se lo dije. Me contó que lo quería ver a las 9 de la mañana como un clavo en su casa y que las clases iban a ser «gratis». Le mandé una foto de Ramón para que viera quien era. Carmen exclamó…

    -Uhhh… qué negraso… no voy a dejar ni el rabo…

    Al otro día Ramón se presentó en casa de Carmen. Enrique y yo nos quedamos solos en casa

    -Que va a aprender Ramón flamenco con Carmen???

    -Si. Así estará entretenido y no le dará vueltas a lo de su familia.

    -Pero tu sabes lo salida debe estar esa mujer? Pero si lo va a devorar…

    -Ohhh… Qué cosas dices…!

    -Esa tiene que tener más hambre que un caimán en el desierto… pero si hace 9 años que no cata rabo…

    -No digas eso. Los hombres solo pensáis en lo mismo…

    Era cierto. Carmen se caracterizaba porque todos los hombres del pueblo la habían intentado cortejar pensando su castidad desde la muerte de su marido la hacía presa fácil. Además, estaba buena y cobraba una sustanciosa pensión de viudedad y de orfandad por su hijo Carlitos. Decía que hasta que Carlitos no se hiciera mayor iba a ser su marido.

    Tampoco era para tanto pero ella era así…

    Ding-Dong!!!

    -Hola!!! Tu debes ser Ramón. El amigo de Karen. Dijo Carmen vestida de sevillana.

    -Si, soy yo…

    -Oh… pero que negrito más guapo me ha mandado Karen. Siéntate, amooor…

    -Shiquillooo pero que marshaaa me da esto del framenco. Dijo Carmen moviendo las manos como si llevase castañuelas…

    Carmen puso su mano en sus piernas mirando su paquete.

    -Ven aquí, corazón que vamoz a empesar la primera clase…

    Carmen sacó de su vestido unas enormes tetas que brotaron a la primera erectas como piedras.

    -Chúpalas, negrito. No te cortes… dijo cogiendo la cabeza de Ramón y poniéndosela en el canalillo casi asfixiándolo.

    -Señora, que yo vengo a clases de flamenco! Exclamó Ramón.

    -Primero, lo primero… amor. Que te voy a dar las primeras clases gratis.

    Carmen estaba buena. Era ese tipo de mujeres maduras con abundantes hechuras como yo. Solo que su piel era más aceitunada. Era la típica belleza andaluza de pelo negro y rizado. Muy gitana.

    -Ven aquí, negraso… que voy a ver lo que tienes entre las piernas. Hoy estoy muy puta…

    Ramón se puso de pie y ella le bajó los pantalones. La polla de Ramón estaba erecta y atrapada en sus calzoncillos.

    -Ohhh… que tamaño tiene mi negrito…! No te preocupes que no te voy a echar de este baile…

    Carmen se armó de valor, aspiró aire y cerró los ojos bajándole esos calzoncillos. Cuando los abrió vio la negra polla de Ramón tiesa como una tabla.

    -Uffff… y todo esto es para mi, amorcito? Si ya me había dicho Karen lo bien dotados estaban sus dos gorilas…

    -Qué te ha dicho Karen?

    -Nada, amooor…. que te diese clases de baile. Pero no te preocupes que vamos a bailar juntos…

    Carmen estaba salida perdida como decía Enrique. Comenzó a chupar la polla de Ramón hasta los huevos algo que era imposible para mi.

    -Mmmm… quiero polla!!! 9 años sin saborear ninguna desde que murió mi marido, Ramoncito. Y ahora me cae esto del cielo… Qué rica está. Quiero rabo!!!

    Subía y bajaba con ganas y fuerza y se refrotaba la verga de Ramón por toda la cara mientras se acariciaba el coño por debajo de su folclórico traje.

    -Cuánto tiempo, negrito mío. Dame más polla. Quiero rabo todo el día. Sin parar, amor… Qué sabor más bueno tiene.

    Se quitó el traje aprisa y corriendo y se puso a 4 patas en el sofá.

    -Dame fuerte, negrito. Lléname el coño de tu verga. Qué ganas tengo.

    Ramón introdujo la punta se su pene con cuidado.

    -Venga, no te cortes… métemela hasta adentro. Si supieras la cantidad de cosas me he metido en estos 9 años ahí no te andarías con remilgos. Dame, rabo. Dame rabo…

    Ramón hacía lo que podía pero nada era suficiente para esa mujer deseosa de sexo.

    -Más, quiero más. Me voy a correr, negrito… me corrooo…!

    Carmen se corrió pero aún quería más.

    -Ven amor… Se tumbó en el sofá abriendo las piernas.

    -Venga, a qué esperas. Fóllame así ahora que lo estás deseando cabroncete… Qué negro me ha mandado el cielo por Diosss!!! Dame más…

    Estaba inquieta y ansiosa.

    -Me voy a correr otra vez… amor… Bufff… ya me viene… más fuerte. Yaaaa…! Me voy…

    Carmen volvió a incorporarse y quiso otra postura después de correrse por segunda vez.

    -Ven aquí… que ahora vas a saber lo que es una mujer, Ramoncito… Quiero follarte en todas las posturas.

    Puso a Ramón sentado en el sofá y comenzó a montarlo.

    -Así, así… Le dijo poniéndole las tetas en la cara.

    -Mama más, mama más… trágatelas todas. Que son para ti…!!!

    Carmen se movía subiendo y bajando sus caderas como una loca.

    -Qué escasez durante tanto tiempo… Ahhh!!!… No sé cómo he podido aguantar sin esto…

    Ramón estaba completamente aturdido. Sin saber qué hacer. Todo le parecía poco a esa mujer.

    -Y tú? No te vas a correr? No te gusto?? En cuanto lo hagas luego más, amor…Qué pija tienes. Y qué fuerte está mi negrito…!!

    -Si, si… ya voy, Carmen… dijo Ramón tímidamente.

    Ella comenzó a mover tanto sus caderas que los mofletes de su culo subían y bajaban deformándose por completo. Jadeaba sin parar.

    -Más, más… amor… más!!! Quiero más!!! Aullaba Carmen clavándole sus fucsias uñas en el lomo a Ramón.

    -Me voy a correr, Carmen…!!!!

    -Córrete, negrito pero acuérdate que luego quiero más, cariño… no me dejes así que quiero más polla antes de que te vayas. Si quieres hasta te puedes quedar a dormir.

    -Ohhhh… me corro….!!!

    -Dame semen, negrito. Quiero mucho semen!!

    Carmen no paraba de subir y bajar mientras se corría Ramón. Lo hizo hasta que su polla cayó en firme decadencia y se salió de su vagina chorreando esperma y flujo.

    -Bésame, Ramón. Bésame. Necesito mucho cariño siempre después.

    Ramón besó a Carmen que necesitaba cada vez más besos.

    -No pares!! Cómeme a besos…!! Qué polvo, Virgen de la Macarena!!! Esto si que es un polvazo de los buenos. Y las ganas que tenía…

    -Te ha gustado???

    -Si, Carmen.

    -Pero luego más, cariño!! Tómate un ratito. Quieres una limonada?

    -No, no hace falta…

    -Qué bueno es mi chico…!

    Estaba con Enrique viendo la tele y recibí un mensaje de Ramón.

    -Pero esta mujer está salida perdida… Casi me mata. Yo que venía aquí a dar flamenco…

    -No te preocupes lo que pasa es que anda muy escasa desde que falleció su marido. Pero es muy buena mujer. Ya la conocerás. Da clases de flamenco y de Filosofía en el colegio.

    -Joder!! Karen. Y tan escasa…

    Carmen entró en el salón. Ahí estaba Ramón medio desnudo con su verga al aire medio erecta.

    -Y qué me cuentas, negrito? Le dijo Carmen poniendo la mano en su pierna.

    Ramón le explicó todo. Y porque estaba allí a lo que ella abrió los ojos como platos y las orejas como antenas escuchando con atención. Unas tímidas lágrimas asomaron por sus ojos.

    -Ohhh… no llores, Carmen…!!

    -Ayyy… mi negrito. Que hemos empezado follando y acabamos envueltos en lágrimas…! Es que desde que se murió mi marido ando muy sensible. Si no fuese por mi Carlitos…!!!

    Uhhh!!! Carlitos!!! Que está a punto de venir… y tu y yo aquí como Dios nos trajo al mundo!! Corre!! Vístete, amor. Otro día te daré otra clase…

    Carmen se puso el traje de faralaes y a Ramón lo vistió de cordobés. Justo cuando Carlitos entraba por la puerta Ramón se ajustaba su sombrero de bailaor.

    -Hola!! mamá!!!

    Ramón en un gesto reflejo cogió las bragas de la madre del niño que habían ido a parar a una lámpara metiéndolas en el bolsillo de su chaqueta.

    -Quién es este señor, mamá?

    -Mira, Ramón. Este es mi hijo Carlitos.

    Este señor se llama Ramón y va a venir a dar clases de flamenco con tu madre, corazón. Le dijo guiñándole un ojo a Ramón.

    Carlitos era el típico niño consentido por su madre. Iba correctamente vestido con ropa de marca, alto y guapo además sacaba muy buenas notas.

    -Y… cuántos años tienes, majo? Le preguntó Ramón.

    -Catorce, señor.

    -Ahhh, mira que copado el niño…! Y tienes novia?

    -No ni falta le hace. Interrumpió la madre.

    -Ahhh, bueno… dijo Ramón.

    -Quédese a cenar señor Ramón! Dijo el chico.

    -Si. Quédate negrit… No, señor Ramón.

    -Bueno, si insisten madre e hijo…

    Ramón se sintió seguro con el chico delante.

    Ramón y Carmen se desnudaron para cambiarse. Carmen lo hizo a toda prisa para entrar en la habitación de Ramón. Echándole la mano a la entrepierna le dijo…

    -Hummm… si te quedas a dormir te chuparé bien la polla, negrito…! Ya has visto que me la trago entera…, amor!!

    Carmen preparó pollo al horno y sacó unas tostadas de caviar iraní que tenía guardado para la ocasión.

    -Qué mayorcito está ya mi Carlitos. Creo es hora de que me eche novio, Ramón. O algún hombre que cuando pase por aquí se acuerde de mi. Dijo Carmen mirando a su interlocutor adulto. Quien puso cara de… «A mi no me disparen que solo soy el pianista…».

    Cenaron los tres con apetito. Y Carmen sacó una botella de Möet Chandom para el postre que eran fresas con chocolate.

    En una ausencia de Carlitos Carmen dijo entre risitas…

    -Es que a mi el champán bueno me abre bien el coño, negrito…

    Ramón aprovechó el comentario para mandarle un mensaje a Karen que decía…

    -«Me han secuestrado. Me temo esta noche me quedaré a dormir aquí…».

    Se lo enseñé a Enrique quien dijo…

    -Pobre hombre… me parece que nuestro negro va a volver hecho unos zorros…

    -Pero si Carmen es tan cariñosa. No te gustaría se liaran y hacer cuartetos de cuerda?

    -Con tu amiga Carmen??? Mi madre…!!!

    La velada se alargó hasta las 3 de la mañana. Carmen le preparó el sofá cama a Ramón y Carlitos se fue a dormir.

    -Hoy el señor Ramón se queda a dormir, Carlitos. Y tu vete ya a la cama le dijo mientras apuraba la tercera botella de champán.

    Carlitos se fue a su habitación y ellos igual no sin decirle a Ramón…

    -En cuanto esté dormido este chico te mando un mensaje y vienes. Le dijo con una sonrisa pícara.

    Se fueron los tres a sus camas respectivas y al cabo de 15 minutos Ramón recibió un mensaje.

    -«Ya, ya puedes venir».

    Ramón entró en la habitación de Carmen quien había dado la vuelta a las fotografías de su difunto marido y puesto velas por toda la habitación. Parecía una sacristía.

    Se la encontró envuelta en un blanco picardías ya antiguo y que le iba muy justo con las piernas abiertas y tendida en la cama metiéndose un consolador. En la parte baja de su estómago se adivinaba había dado a luz a su Carlitos por cesárea.

    -Ves?, Ramón. Mira como el champán me ha abierto el coño…

    Efectivamente. Su concha estaba dilatada y excitada a la vez que una mancha de flujo adornaba una sábana bajera color rosa, justo debajo de su culo. Unos pechos grandes le caían hacia los lados erectos tanto en sus pezones como aureolas tornados color oscuro dada su excitación. Clamaba sexo y cariño.

    Ramón se excitó tanto que puso su polla en la boca de Carmen, quien se la tragó entera entre los guturales ruidos de su garganta mientras movía el consolador en su abierto coño.

    -Chupa esto! Le dijo Ramón, exhibiendo su gran verga negra al aire en frente de la boca de Carmen.

    -Si, si… bramó Carmen escapándosele el consolador de las manos y quedando en las sábanas vibrando.

    -Hoy te voy a dar unos buenos rabazos…!!!

    Ramón tanteó la dureza de su verga con las dos manos y puso a Carmen a cuatro patas. No se anduvo con delicadezas y metió su polla hasta adentro de una vez quedándose parado con ella dentro gruñendo como un animal. Era manifiesto el coño de Carmen estaba ya bien abierto gracias a su consolador.

    -Te gusta esta verga, ehhh?

    -Ohhh… amor…!!! No sabía eras tan decidido…

    Ramón comenzó a bombear en el coño de Carmen de forma contundente y decidida asiendo su culo con sus manos y juntando y separando sus mofletes. De vez en cuando, Ramón introducía su dedo corazón en el culo de Carmen quien gemía sin parar.

    -Eres una buena hembra, Carmen…! Te gusta te jodan fuerte, eh?? Te gustan las pollas grandes y negras, ehhh? Pues aquí tienes una!! A partir de ahora las veces que quieras rabo lo pides!!!

    -Ohhh… no sabía esto de ti… antes estabas tan parado…

    -Toma bien de polla… Carmen…!

    Las gigantescas tetas de Carmen iban de lado a lado por la fuerza de las embestidas de Ramón por lo que Carmen optó por apoyar su busto sobre la cama, y agarrarse a su culo sin remedio clavándose las uñas y abriéndolo para que así Ramón pudiese penetrarla más fácilmente.

    -Así, así te puedo dar mejor vergazos. Como lo sabes, eh? Dijo Ramón.

    Era obvio, Carmen iba a correrse de un momento a otro cosa que hizo tras un cuarto de hora de una embestida tras otra.

    -Ohhh….!!! Ramón… me he ido otra vez… y de qué forma, cariño…!

    Carmen cayó sobre la cama como un ovillo y Ramón la besó sin parar. Besó desde su cabeza hasta sus pies. Carmen no daba crédito.

    -Qué clases más bien pagadas, Ramón… Sollozó… roja como la grana.

    -Bésame, negrito.

    Ramón la comió a besos alabando su maduro cuerpo.

    Se puso tierna y cariñosa. Era evidente, Carmen había pasado muchos años sola y en un pequeño atisbo de tener algo claro, en tan solo un día se le había abierto el cielo.

    Generalmente una historia de amor rara vez consolida el primer día con sexo. Eso es incluso contraproducente. No iba a ser el caso…

    (Continuará).

  • Hermana de mi compañero de fútbol saca sus dotes escondidos

    Hermana de mi compañero de fútbol saca sus dotes escondidos

    Nos jugábamos la final de un torneo de fútbol interregional muy importante para nosotros, pero como esta página no es de fútbol no profundizaré jajaja simplemente salimos campeones y con todo el equipo montamos una fiesta de celebración ahí mismo en nuestra cancha.

    Éramos 5 en mi grupo más cercano, 2 buenos amigos que los conocía de secundaria y 2 compañeros que ahí habíamos conocido y nos llevábamos muy bien, uno de ellos prestó la casa para continuar celebrando. Hicimos una especie de sorteo para elegir un conductor designado que no iba a tomar nada hasta llevarlos a todos a la casa de mi compañero, y adivinen, salí yo, jajaja, solo limitado al asado y a bebida mientras todos los demás se emborrachaban por montones.

    Tipo 1 de la mañana ya nos fuimos a la casa de mi compañero, nos despedimos y yo sin una gota de alcohol en mi cuerpo conduje hasta la casa, y ya liberado comencé a tomar mientras mis demás colegas ya estaban todos borrachísimos.

    Pusimos algo de música a nivel moderado (los padres de mi compañero se lo permitieron y ya dormían) y entre mis compas que ya estaban en otro planeta, miro hacia arriba y aparece la hermana del dueño de casa por el balcón, observando y riéndose, la alcancé a ver con el pelo suelto y un pijama negro cortito, ya alistada para acostarse.

    Bastó un rato de euforia y festejos para que mis compas ya no pudieran prácticamente ni levantarse, mientras yo ya me sentía algo tocado y con la música más baja me armo un cigarrillo de yerba (los padres de mi compañero no tenían problemas con eso) lo prendo, le doy unas dos fumadas y veo salir por la puerta a la hermana de mi compa, con un poleron negro que le llegaba a la mitad de los muslos y su pelo suelto crespo, además ella usaba lentes, muy guapa. Le llamaremos Alexandra.

    -Ya cayeron nocaut, que temprano jajaja; dijo Alexandra mirándome fijamente

    -Siii es que en la cancha se tomaron todo; le respondí, e inmediatamente le ofrecí yerba, y ella aceptó

    Nos fumamos el cigarrillo juntos y nos pusimos a conversar, las veces que la había visto a ella era algo tímida y apenas saludaba y listo, pero ese día estaba mucho más suelta conmigo, mas extrovertida.

    Lo que detonó todo fue mezclar yerba y alcohol, nos mandamos unos tragos de ron y la conversación subió de tono mientras la música seguía y con mis compas ahí prácticamente dormidos. En eso ella siente calor y se saca el polerón, quedando solo con su pijamita que era una especie de vestido negro delgado cortito que casi no le tapaba las piernas (muy ricas por cierto) además descubrí que tenía unas enormes tetas que escondía siempre usando ropa más holgada, sumado a los lentes puestos uff, una explosión de sensualidad que me puso muy hot.

    Le dije a ella que era muy simpática y que me gustó conocerla más profundamente, me sentía con confianza ya que yo no soy muy guapo físicamente, la labia me salva jajaja. En eso ella me abraza y siento su cuerpo caliente además de que entre el efecto de la yerba y los shots de ron llegaba a suspirar, el roce entre nuestros cuerpos fue tanto que nuestros labios parecían tener imán y nos besamos de una manera espectacular, y para tapar todo subí algo más el volumen de la música y me la llevé como pude al patio de atrás para estar con más tranquilidad por si despertaba alguien.

    – Que rico que estas, quiero que me hagas tuya aquí mismo; me susurró Alexandra en el momento en el que desabrochó mi pantalón y liberó mi pene de lo tan apretado que estaba en el bóxer.

    Se agachó, se acomodó el pelo y comenzó a lamer mi pene muy rico mientras yo gozaba susurrando, estábamos demasiado borrachos, ennotados y dispuestos a todo.

    Tanto que acabamos desnudándonos detrás de unas cortinas viejas, poco se veía, pero divisaba sus tetas gracias a la luz de la luna al sacarle el pijama, me desabroché la camisa, me la saqué al igual que los pantalones, me bajé el bóxer a la mitad, le corrí sus calzones y comencé a darle duro en 4 mientras mis manos se turnaban entre sus caderas y sus tetas.

    Follar prácticamente al aire libre y cerca de un canal era inigualable, acomodamos un viejo colchón para hacer un sinfín de posiciones, ya 100% desnudos sin bóxer ni calzones en el caso de ella. Por ratos nos besábamos profundamente como si fuésemos novios, era una sensación exquisita.

    Finalmente el chorro de semen se lo di en el culo y algo en sus lentes, me quedé un rato chupeteando sus pezones como si fuese un bebé recién nacido. Estábamos tan hot que siendo las 4:45 am tuvimos segundo round, menos duradero pero le acabé dentro de su vagina, entre toda la nota ni siquiera usé condón.

    Finalmente nos vestimos y como pude la ayudé a subir las escaleras y la llevé a su pieza donde la recosté y se durmió de inmediato. Al otro día antes de irme su madre algo urgida me preguntó en secreto que hacia saliendo de la pieza de su hija porque me había visto. Yo le respondí que ella había bajado con mareos y ganas de vomitar y yo la ayudé a subir, afortunadamente me creyó jajaja.

    Afortunadamente también no la embaracé aunque pasé un par de días de susto jajaja de ahí que me preocupo de que por muy borracho que esté el condón siempre primero por si me resulta algo con alguna mujer.

    Espero les haya gustado este relato, dejen su comentario y ya vendrán muchos más, tengo una amiga también que le interesa contarme sus experiencias desde su anonimato así que podrían venir novedades por ahí, saludos.