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  • Primera vez de un adulto (Parte 6)

    Primera vez de un adulto (Parte 6)

    Nos quedamos acostados, Alfredo y Manuel a cada lado, Manuel a mi espalda se quedó dormido, Alfredo y yo nos seguimos besando apasionadamente, entre besos y besos, yo acariciaba el pecho de mi Alfredo, las caricias fueron subiendo de tono poco a poco, mi mano izquierda empezó a bajar, parece que tenía voluntad propia, al llegar a su pene, lo empecé a acariciar, lo tocaba y lo sobaba con mucho placer, ese pene era mío, fui besando su cara, sus mejillas, su frente, sus ojos, baje a sus labios donde nuestras lenguas jugaron, me encanta besar, le mordí suavemente los labios, empecé a bajar por su barbilla, su cuello, llegue a su pecho, hermoso pecho de hombre, se le notaba mucho el ejercicio, sus pectorales estaban muy bien definidos, los acaricie mientras los besaba y tocaba por todos lados, los mordisqueaba y seguía el contorno de su musculatura, baje por su abdomen, un abdomen de guerrero, fuerte y duro, seguí las líneas de sus músculos con mis dedos y mis labios, pase por su ombligo, y seguí la pequeña línea de bello fino que baja hasta la base de su pene, con mis labios acaricie su pene desde la base, le pase la lengua, dejando lo mejor para el final, le lamí, bese, acaricie con mi boca, y subí hasta el glande, que suavemente introduje en mi boca, sentí como su cuerpo se estremeció, lo metí en mi boca lo más que pude y con placer lo fui sacando mientras mi lengua hacia pequeños círculos en su cuerpo venoso, me concentre en su glande, que lo puse en mis labios como si fuera una rica fresa de carne, lo introduje y saque tantas veces, gemía y se retorcía, note que Manuel se hacia el dormido y nos miraba con los ojos medio abiertos.

    No me importo, seguí dándole placer a mi hombre, Alfredo noto que me detuve un poco y me pidió que siguiera que le encantaba, lo que me puso a mí a mil por hora, seguí en su glande y súbitamente engullí casi por completo su hermoso miembro, trataba de ver su cara, me excita ver su cara cuando estamos haciéndolo, me dice cuanto lo disfruta sin palabras, podía ver como estaba gozando, nuestros ojos se cruzaron por un segundo y me sonrío, volví a comerlo, lo disfrutaba, es maravilloso como la boca se puede convertir en un órgano sexual, porque uno como pasivo también siente placer cuando está haciendo sexo oral, la electricidad de la excitación recorre todo el cuerpo mientras se tiene un pene en la boca, los gemidos de nuestro hombre nos excitan y nos satisfacen, es sexualmente delicioso.

    Con mi mano derecha acariciaba su cuerpo, subía hasta su pecho hermoso y musculoso, con mi mano izquierda acariciaba sus testículos, mientras el con una mano acariciaba mi pelo y con la otra acariciaba mi espalda, mi culo estaba al aire, sentía la necesidad de su pene dentro de mí. Pero disfrutaba tanto de darle placer que podía esperar su turno, seguí disfrutando de tan hermoso miembro, parecía que tenía vida propia y no quería separarse de mis labios, y mis labios muy obedientes seguían succionando sus jugos, los 5 sentidos inmersos en dar y recibir placer, mi lengua se deleitaba de su sabor a hombre, mi nariz disfrutaba de ese olor tan particular del pene, mis manos disfrutando de acariciar ese cuerpo que estaba allí para dar y recibir placer, mi ojos se regocijaban del gusto de ver ese hombre y mis oídos me transmitían el placer de sus gemidos y los míos. El sexo se volvía cada más rico y delicioso.

    Estaba disfrutando tanto de la sensación de su pene recorriendo mi boca, de mi labios comiendo su carne que no me di cuenta cuando trato de levantarme, hasta que me dijo, “ ven acá” me levante un poco y él se sentó en la cama, nos besamos profundamente, sentí su lengua dentro de mi boca, puse mi mano sobre su pecho y lo empuje a que quedara acostado de nuevo, yo estaba muy caliente, quería todo y lo quería ya, me senté sobre el dejando su pene en entre mis nalgas me movía como si ya estuviera adentro, le bese, sentía su pene tratando de encontrar la entrada y yo movía mi cintura para que él me recorriera por completo el culo, mientras se imaginaba que venía, fui acomodando mi cuerpo a modo que su pene quedara en mi entrada, suavemente fui haciendo los movimientos necesarios para que entrara, tuve que ayudarme un poco con mi mano, y en un segundo, el cielo, su glande ya estaba abriendo mi ano, y mi ano muy feliz abría todo lo que podía para darle la bienvenida, se abrió y atrapo su glande para poco a poco devorarlo, allí viene la increíble sensación del cuerpo del pene recorriéndote por dentro, una caricia interna que te estimula los nervios y provoca sensaciones inexplicables, escalofríos, una gota de dolor, pero un dolor que se puede describir como sabroso, excitado, esperando que llegue al final, es una sensación que dura una eternidad de un segundo, cuando ya tus nalgas descansan sobre su pelvis y todo ese miembro está dentro de ti, te sientes como lleno, completo, no hay manera de rehusarlo, el mundo desaparece y solo te concentras en la sensación que te produce la carne caliente dentro de ti, y piensas como esa carne se hace parte de ti, y sientes el placer que recorre todo tu cuerpo, en ese momento no puedes pensar en otra cosa, solo en como moverte, como lo sientes más rico, buscas que tu punto G interno choque en cada movimiento con su pene para estimular tu cuerpo en todas las formas posibles.

    Ya estaba el adentro por completo, lo acomode, lo sentía palpitar dentro de mí, estaba loco por bombearme, podía sentir su excitación y como me deseaba, él quería cogerme y yo quería que me cogiera, baje hasta su cara lo bese agradeciéndole estar dentro de mí, mientras empecé a mover mi pelvis para estimularle, recorrí su cara hasta su oído y le dije que deseaba que me cogiera siempre, que no termine, que me rompa, que me goce como él quiera, que soy suyo cuando quiera y como quiera, parece que eso lo hizo reventar de la excitación y me dijo “sos mío y voy a hacerte mío porque te deseo”, me levante a quedar sentado sobre él y empecé a moverme para sentir sus penetraciones, al principio lo hicimos lento, sentía como su miembro entraba y salía, se hinchaba, como sus testículos se movían al son de pene dentro, yo revotaba sobre él, sintiendo ese pene caliente, gozando, era espectacular, sus manos me tomaban por la cintura y me acariciaban, acariciaba mis piernas, era todo tan excitante, jadeábamos los dos del placer inmenso que sentíamos, por momentos me detenía porque las piernas ya no me respondían y el empezaba a penetrarme fuerte y rápido, uno tras otro, me encanta sentir como él quiere llegar más y más adentro, se esfuerza por darme placer, y quiere sentir el placer de penetrarme, disfruta cada movimiento y lo refleja en su rostro.

    Me abraza y me besa mientras me penetra con rapidez y fuerza, me pregunta al oído si me gusta, quiero responder que sí, pero no tengo fuerzas, casi murmurando le digo que me encanta que no pare que me dé más y más. Emito pequeños gemidos en su oído, eso lo excita, puedo sentir como disfruta de escuchar que me hace gemir de placer, mordisqueo su oreja un poco, le doy pequeños besos para agradecer que me haga suyo, siento el glande volviendo hasta la entrada, pero sin salir por completo y luego volviendo a entrar por completo, de nuevo el cuerpo de su pene recorriendo mis entrañas hasta que su pelvis choca con mis nalgas, no quiero que termine nunca.

    Nos besamos, nuestros cuerpos se acarician, es increíble el nivel del placer que siento, no me había sentido así jamás, estoy volando en una nube de placer, su pene se vuelve la conexión entre mi placer y su placer, poco a poco vamos los dos bajando un poco el ritmo, ambos sabemos que a ese paso vamos a terminar demasiado rápido, nos detenemos aun con su pene adentro le beso y lo saco, me doy vuelta para a quedar sentado dándole la espalda, de nuevo lo dejo entrar, que rico, el suspira y gime, ahora el movimiento es mío y solo mío, me muevo para arriba y abajo, a los lados, en círculos, siento su prepucio moverse, siento sus manos abrir mis nalgas, quiere ver como entra, eso lo excita, me muevo, que sensación, empiezo un movimiento de arriba abajo frenético, mis nalgas chocan contra su pelvis, me aprieta las nalgas, me da una nalgadas, que sensación, cógeme hasta que me desmaye, mis nalgas se mueven y siento su mirada en mi ano, no lo veo pero sé que está disfrutando de ver como su pene entra en mi ano, lo sé porque abre mis nalgas y me acaricia, me da pequeñas nalgadas, lo escucho decirme que le encanta mi culo, que tengo una nalgas riquísimas, eso me provoca más, siempre lo he dicho, sus palabras me excitan y al mismo tiempo la forma en que me acaricia me hace sentir deseado y eso es lo máximo para mí, saber que ese hombre me desea y quiere poseerme y que disfruta cogiéndome es un afrodisiaco.

    No puedo creer lo caliente que estoy no puedo parar, Alfredo se levanta un poco, me toma de la cintura, me hala hacia atrás, quedo acostado sobre el dándole la espalda, levanto mis piernas y el me sigue penetrando, me acaricia, estoy muy muy caliente, mi cuerpo se aprieta, me comprimo, sus embestidas estimulan cada vez más mi punto G, mi pene se hincha y sin tocarme ni un segundo, tengo un orgasmo enorme, la leche salta me cae sobre el pecho, estoy explotando, que rico estoy terminando y todavía su pene me penetra duro, una y otra y otra vez, que maravilla dame más, me agarro de lo que puedo, siento su pene moverse dentro como un taladro, fuerte, constante, mi ano se abre todo lo que puede, esta cansado pero feliz, me mordisquea el cuello y de vez en cuando me dice que le encanta cogerme, que le pertenezco, que tengo un culito rico, que me va a coger todos los días, eso me hace sentir todavía más deseado y quiero darle más placer, mi único fin ahora mismo es satisfacerlo y sacarle toda la lujuria.

    Me vuelvo a sentar, y me muevo con fuerza rápido, sus manos me recorren la espalda, las nalgas, me dice lo rico que la esta pasando, y entonces siento como su pene se hincha y empieza a escupir ese rico néctar, me baña las entrañas, me muevo para sacarle todo, no quiero que le quede nada, esa leche es mía y la quiero toda, la sensación es única es como si yo mismo este terminando por segunda vez, los dos jadeamos de cansancio, estamos agotados, estoy que me muero, mi corazón palpita no quiero bajar y él no quiere salir, pero es inevitable, entonces me giro un poco para caer sobre la cama, y me doy cuenta, Manuel sigue allí, haciéndose el dormido.

    Estaba muerto pero sentía mi corazón palpitando todavía con fuerza, sentía como los jugos de Alfredo me salían, y los míos los sentía aun sobre mi pecho y abdomen, descanse un rato y me quede dormido, me desperté cuando escuche la ducha caer, abrí los ojos y me di cuenta que Alfredo era quien estaba en la ducha, y entonces me di cuenta que Manuel estaba muy cerca de mí por atrás, sentí entonces como su mano me estaba acariciando mi ano y con una sensación conocida, estaba lubricándome, y sin tiempo de pensar, ya tenía su pene en mi entrada, sentí el preservativo puesto, empujando yo estaba acostado de lado, así que él me había movido dejándome en casi posición fetal, su pene entro sin mucha dificultad, mi ano estaba exhausto pero igual lo dejo entrar, me mordía la espalda, yo gemía, estaba cansado, adolorido, pero parece que la calentura no se termina nunca, pare lo más que pude el culito para que me penetrara sin mucho esfuerzo, lo estaba gozando, puedo decir ahora que no hay mejor sensación que un pene atravesando tus entrañas, con su mano izquierda me abría las nalgas mientras me penetraba, me fue empujando hasta que quede totalmente boca abajo y se puso el sobre mí, agradecí el gesto parando las nalgas lo más que pude porque ya no podía moverme mucho.

    Se puso sobre mí con las piernas abiertas y me pidió que me abriera las nalgas, lo hice dejando mi anito al descubierto, el empezó a empujar, la sensación era máxima, al tener cerradas piernas no te deja mucho espacio para abrir el ano, así que cuando empuja duele un poquito pero al estar apretado se siente cada detalle del pene, aun con el condón pude sentir cada centímetro, estaba el casi como sentado, empujando su pene dentro de mí, yo apretaba la cobija con mis manos y con mi boca, estaba disfrutando, empujaba fuerte, suave, rápido, muy lento, era como si estuviera probando como gozar más, y creo que en todas yo disfrutaba mucho, después de un rato me empecé a sentir ya agotado, y el placer ya era un poco de incomodidad, se lo hice saber, empezó a dar fuerte y rápido, cayo entero sobre mi espalda mientras me penetraba cada vez más rápido y más fuerte, me besaba el cuello y me mordía, su manos recorrieron mis brazos hasta tomarme de las manos. Estaba el acostado entero sobre mí, con su pene dentro, su anos agarrando las mías, su cara contra mi cuello devorándome, creo que visto desde arriba parecería un ser de dos cabezas, cuatro brazos y cuatro piernas, en un momento empezó a jadear y me dijo aquí viene, pare la cadera lo más que pude y sentí como empezó a darme los empujones de su semen saliendo, fueron varios disparos, me decía que lo rico que lo había pasado, mientras seguía moviéndose adentro y afuera, suave, en un segundo salió, yo estaba agotadísimo, no podía ni girarme, en eso regreso Alfredo y vio a Manuel sacándose el condón cargadísimo de semen, no dijo nada, solo dejo su toalla y le dijo a Manuel que ya era tarde y que tenía sueño. Me levante como pude, me fui a la ducha me bañe, mis piernas temblaban, pero estaba yo super satisfecho, alegre. Me puse un panty cachetero blanco y una camisa y me fui a dormir, dormimos todos juntos, al despertar estaba solo, me levante y no había nadie en la casa, me acosté de nuevo, sonríe para mí mismo y me quede en cama.

  • De fantasía es mejor

    De fantasía es mejor

    La verdad no sé cómo fue que esto comenzó, éramos personas sin interés por el otro.

    Aquella noche tan fría, yo devastada física y emocionalmente, sin nadie con quién brindar. ¿Cómo has estado? Fue mi primera pregunta, tu tan apático respondes -bien- con un gesto tan frío.

    Decido alejarme y disfrutar del buen ambiente que había, pero con tantas cosas en la cabeza no lo logro, cansada he pensado en retirarme, me dices ¿A dónde vas? Yo tan sorprendida te digo que a tomar un poco de aire, salimos, empezamos a platicar, pero no tardan en hacernos compañía. Yo que no puedo ser disimulada te lanzo unas miradas de interés, que para mi buena suerte son correspondidas. Te sientas junto a mí y la noche pasó volando. No dejaba de pensar en aquel beso. Sin poder sacarte de mi mente decido enviarte un mensaje, lo respondes de una manera muy tierna, cosa que a mí me eriza la piel. Preguntas -¿Por qué me besaste?-, yo dudosa en qué te voy a responder te pido una disculpa, y para mi sorpresa dices que te gustó tanto que te gustaría llegar a algo más. ¡Pum! Mi cabeza, mi estómago, mis sentidos, todo se salió de control.

    La charla de torna de otro color, me mandas una foto tan sensual que inmediatamente me mojé, al ver esos músculos tan tonificados y tú tan varonil, me vuelven loca las ideas que surgen en mi cabeza, solo aprieto mis muslos para contenerme siento como mi vagina palpita y se moja con cada mensaje que envías, me dices como es que me quieres poner y yo respondo como es que te la quiero chupar, mi mente vuela y me dejó llevar te imagino llenándome la boquita se semen, me imagino encima de ti viniéndome una y otra vez, gritando y gimiendo de placer en todos los escenarios posibles de todas la posiciones que te vengan en mente haciéndome completamente tu puta como a mí me gusta.

    Pero pues todo es solo en mi mente, no te preocupes está a salvo de tu esposa.

  • Sesión con Mirna

    Sesión con Mirna

    Mirna es el nombre de la guapa recepcionista de un concesionario de autos. Desde que la conocí, me interesó por su nariz un poco pronunciada, ojos a achinados, con un cuerpito joven, bien pronunciado y de piel canela. Mis visitas al concesionario eran de negocios ya que manejaba la página de su social media y todas las semanas tenía reunión con su jefe. Siempre Mirna me recibía alegre pero últimamente con miradas más coquetas y curiosas.

    Yo ya en mis 37, y ella en sus veinte recién cumplidos, mi atracción hacia ella fue por estética y admiración a su rostro fotogénico. Tuvieron que pasar 4 meses de visitar su sitio de trabajo para hablarle directamente y preguntarle si tenía tiempo para una sesión de fotos para portarretrato. Quería tomarle fotos y practicar fotografía de estudio, un proyecto personal que nunca he tenido tiempo de explorar. No para buscando cogerme a toda mujer que se me cruce en el camino, mi atracción hacia Mirna era de tipo artístico y no sexual porque parece una niña por su baja estatura, pero con unos ojos muy bonitos, maduros y sensuales. Siempre me han interesado las mayores, pero a esta edad he comenzado a ver chicas más jóvenes.

    Al fin me anime a decirle si tenía tiempo para una sesión de la cual iban a ser pagadas. Ella no acepto en ese instante y no la presione tampoco. Le deje mi número para que cuando esté lista, podamos coordinar el día y la hora. Tuvieron que pasar 3 semanas para que escuchara de ella sobre el tema, cuando la veía en el concesionario nunca le toque el tema y ella tampoco porque era un tema personal. Mirna no era la primera chica que pregunte para una sesión, muchas me dijeron que si, pero cancelaron a última hora queriendo hacerlo en otra fecha. Cuando pasa eso, generalmente no les doy fecha y paso la página.

    Mirna me dijo que tenía el día libre el viernes y quedamos que pase por mi oficina/estudio a las 2 pm. Como faltaban 3 días para ese día, y con las experiencias anteriores, separe la fecha en mi agenda, pero sin estar 100% que se iba a concretar. Yo trabajo solo en mi oficina y tengo mucha poca amistad con mujeres, en esa fecha ya habían pasado 2 años desde mi último encontrón con Silvia. No tenía en mente que algo pase con Mirna, no en tan corto plazo. Pero deje la puerta abierta que pudiera ser más adelante y esta sesión podía ser usada como excusa para conocernos más. Como manejo la social media, pude averiguar algo de Mirna como su edad, pero para ella yo era casi un desconocido, solo me conocía por mi trabajo en concesionario y mi edad lo dudo, aunque no aparento tener 37 años (eso me dicen todos cuando les digo mi edad). De todas maneras, estoy mayor para ella, ahora sería ver si a ella le incomodaría esa diferencia de edades. Para mi Mirna no era una niña, pero su estatura me hacía reflexionar seguido sobre si mi atracción era más sexual que artística.

    Mirna llego el viernes sola, algo nerviosa porque nunca había estado en un estudio de fotografía. Si había tenido sesión de fotos para su graduación de la secundaria, pero fue al aire libre (Según su FB). A todas las chicas que he invitado sea para fotos u otras cosas de diseño, las invito a traer otra persona para que sientan más cómodas y no hayan “confusiones” la primera vez. Mirna llego 15 minutos antes de lo acordado vistiendo pantalón de vestir negro y una blusa blanca estilo ejecutiva con el botón de arriba desabrochado, como está de moda. Le sonríe mientras mantenía una conversación por teléfono con otro cliente y la invite a sentarse. Cada vez que levantaba la mirada, ella me sonreía, estaba nerviosa y yo también de verla bonita, pero con dudas sobre mis verdaderas intenciones con ella.

    La sesión de fotos fue nada fuera de lo normal, sonríe aquí, muévete acá, cambio de posición de las luces mientras Mirna estaba sentada en una silla alta. En mis trabajos siempre trato de ser lo más profesional posible, no hablo en doble sentido, no trato de tocar a nadie y saludo siempre dando la mano. Eso sí, tuve que acomodarle el cabello, moverle la cabeza tocando el mentón y hacerla sonreír varias veces y en algunas dándome una sonrisa sexy. Ella sonreía de más, coqueta a su estilo, pero no yendo un paso más que mostrara si había venido por la sesión de fotos, a buscar amistad u otra cosa.

    No hicimos sesión de cuerpo completo, mis intenciones era que vuelva para hacer eso otro día y así verla, pero tampoco tenía prisa porque no podía sacarme de la cabeza lo joven que lucía. Eso si tenía un rostro muy fotogénico por esa razón me atraía artísticamente y su cuerpo lucia joven y bien puesto. Ya estaba por cumplirse la hora, salí del estudio para revisar mi teléfono en otro cuarto y buscar su pago. Al regresar, Mirna estaba de espaldas como toda mujer, arreglándose los pantalones, la blusa y el pelo. Cuando volteó, un botón menos de su blusa estaba desabrochado, ella lo sabía porque no levantaba su mirada para verme. No había prestado atención a sus tetas bien paradas y un poco de los más grandes de las de Silvia, pero no por mucho. Su pantalón relucía un buen culito a pesar de su talla y ya con estos detalles acerca de su físico, me comenzó a gustar mucho más. Por fin levanto la mirada, con una sonrisa pícara, yo no dándole notar que había analizado todo su cuerpo, sin mirar el escote que ahora tenía.

    -Quisiera hacer otra sesión de fotos -le dije-, ahora tratar de cuerpo entero.

    -Y va ser el mismo precio? – Coquetamente me respondió

    -Depende – me atreví a decirle por el tono juguetón que ella hablaba.

    -¿Depende de qué? – Respondió haciéndose la amargada

    En eso sonó la puerta del frontis de mi estudio y era Iris, una chica que trabajo conmigo en proyectos anteriores de social media, pero que por problemas con el jefe se salió. Se convirtió no en una amiga, pero en una clienta. A pesar de sus coqueteos cuando trabajábamos juntos y ella en problemas matrimoniales, nunca llego a más nuestra amistad. Me sorprendió ver a iris y ella sonrió sabiendo que me había incomodado. Le dije que ahora la atiendo que estoy terminando una sesión de fotos, regresé al estudio y le dije a Mirna que la llamaba para coordinar la otra sesión. Después de pagarle ella se acerca mostrando casi media teta, me da un beso en la mejía mientras me sostuvo el cinturón de mis pantalones con una mano y susurrándome al oídio, un “yo te aviso”.

    Mirna era tímida antes de la sesión fotográfica, será que después de verse bonita y posar sexy, su lado morboso despertó? Fui atender a Iris que estaba bonita, y que me ha pasado por la mente cogérmela, pero no ahora porque solo pensaba en Mirna. Sera que Mirna puede ser mi puta?

  • La primera vez que chupé un pene

    La primera vez que chupé un pene

    Hola, hoy les contaré de cómo fue la primera vez que probé un pene, yo empecé a escribir mi primer relato hace poco y creo que es bueno decir otras cosas porque me libera de cierto modo.

    Esto pasó cuando yo tenía 20 años, la verdad si tenía novios, pero no les permitía que se pasarán de la línea ya que siempre fui muy cerrada en ese sentido porque simplemente los sentimientos para poder hacer eso no existían en ellos, y es así que llegó el ideal y se dio porque tenía que pasar.

    Pienso que así como los hombres tienen que estar con una mujer, a nosotras nos toca hacer lo mismo por ellos, es así que como les cuento. Cuando lo probé por primera vez en aquel entonces el que era mi novio al pasar algo de tiempo quiso dar el siguiente paso lo cual era tener relaciones sexuales.

    Yo no estaba muy convencida pero como les digo existía ese sentimiento y lo quería mucho. Ese día era de tarde como las 5 pm y me dijo que si íbamos a su casa entonces le dije que si, pero sabía que podría pasar algo más porque ya antes él me había dicho que quería estar conmigo y demás, pero oh sorpresa, que al llegar a su casa no había nadie y me dijo que quizás sus papás llegarían en la noche.

    Al pasarme a su casa nos pusimos a ver televisión y nos recostamos entonces él comenzó a acariciarme y yo estaba muy nerviosa, nunca había estado así con nadie y sentía cosas que no había sentido, el me besaba y en eso me tocó mis bubis y mis pezones estaban muy duros y me sonrojaba mucho.

    Nos seguíamos besando y el después de unos minutos de estarnos acariciando me tomo con su mano y la puso sobre su pantalón y empecé a sentir su pene, estaba muy duro y el comenzó a hacer movimientos con mi mano como si lo estuviera masturbando y yo me sentí miedosa y le dije que se esperara que no era momento.

    Él me decía que no pasaba nada que todo estaba bien y siguió con mi mano agarrándola y frotándola cada vez con más ritmo. Entonces es cuando me dice que ya no aguanta más y me dice que hagamos el amor y yo no quería, estaba necia en que se esperara y es ahí donde me comenta “entonces al menos chupámela”.

    Él lo primero que hizo fue sacársela del pantalón y yo no quería ver, y cuando la sacó la puso en mi mano y ahí es donde la sentí entera, sentí su piel descubierta y como se movía.

    Yo me quedé callada no quería hacerlo sentir mal, pero como lo quería mucho me decidí a hacerlo porque quería hacerlo feliz y que no me dejara por alguien más que quizás sí lo ayudaría con eso.

    Entonces le dije “está bien, pero no me veas” porque me daba pena y lo obligué a ponerse una almohada en la cara. Ya cuando se tapó la cara yo volteo y veo su pene, estaba muy grande de la cabeza y grande en general. Así que pues mojé mis labios, me pase la saliva no sé porque, pero creo que fue porque así hacemos cuando vamos a comer algo que tenemos de frente, cerré mis ojos y empecé a chuparla poquito porque no sabía cómo hacerlo, incluso lo lastimé poquitito con mis dientes pobrecito y ya él me decía que no dejara mis dientes porque los sentía y le dolía.

    Entonces empecé poco a poco y creo que a él le gustó porque sentí su mano en mi cabello y como me empujaba para no sacármela de la boca. Se la chupé quizás unos 3 minutos a lo mucho. No duré mucho haciéndolo porque me cansé muy rápido, pero él estaba feliz porque lo hice.

    Al final me dijo que si le ayudaba a terminar porque no quería estarse así, así que me desabrochó mi blusa y se empezó a masturbar mientras me veía y me acariciaba mis pechos. Hasta que al fin se vino, le salió mucho semen cuando terminó y le di un pañuelo para que se limpiara.

    Debo aceptar que el haber hecho eso me hizo bien, porque a la fecha me gusta mucho el sexo oral y chupar pene me parece de lo más rico que puedo hacer en la cama para que mi novio se sienta bien.

  • Mi despedida

    Mi despedida

    Esto pasó hace varios años y obviamente la edad del perfil no concuerda, así que ya supondrán porque. Así que empecemos…

    Trabajaba en ese entonces para una empresa internacional, ya llevaba ahí poco más de un año y mis planes de boda iban viento en popa. Siempre creí en todas esas cursilerías del amor de tu vida, hacer el amor con quien amas, etc., etc. Un día mi jefe me llama y me dice que el dueño de la compañía quería conocer en persona a los «nuevos» integrantes, así que me dijo que preparara mis maletas. Le pregunté la fecha exacta y mi sorpresa es que el viaje coincidía con la fecha en que contraría matrimonial así que lo expuse y entonces llamó a la secretaria.

    Ella era morena, alta, de cabello largo y muy atractiva, de hecho me llamaba algo la atención. Al entrar por la puerta me vio de reojo de arriba a abajo y enseguida se plantó frente al jefe. En fin, el jefe le dijo que modificará los planes de vuelo para el siguiente mes y nos dijo que era todo.

    Salimos de la oficina y como todo caballero le di a ella el paso y sobre el pasillo… no sé si fue la mirada que me lanzó antes que no evité en mirarle el trasero, ella volteó justo en ese momento, pero no dijo nada y se fue a su puesto de trabajo mientras yo me dirigía al mío.

    En los siguientes días, notaba que esta chica entraba a pedir cosas a otros compañeros, que si un lápiz, que si no le servía la engrapadora, etc. Un día entró a la hora de la comida y sólo estaba yo en el lugar, pues quería terminar un reporte que me habían encargado para más tarde y me dijo que algo tenía su computadora y me pidió si podría revisársela. Le dije que me diera unos minutos y se retiró.

    Después de terminar el reporte ya iba de salida a comer pero al pasar por su lugar de trabajo me miró sin decir nada y en seguida recordé que necesitaba mi ayuda, así que me detuve a ayudarla. Su computadora estaba bien metida abajo a la esquina del mueble y me tuve que poner de rodilla para sacarla porque la iba a apagar cortando le la energía. En ese momento sentí que su mano acariciaba mi nalga, no era simplemente un toqueteo, lo hizo de tal forma que empecé a tener una erección, ¡Me había tomado por sorpresa y la verdad no sabía si dejarla seguir o detenerla! Y pueden decir que fui «un sufrido» o que estoy exagerando, pero yo creía en la persona que me iba a casar y en los valores que me habían inculcado.

    Bueno, pues decidí salir de ese rinconcito y le pregunté qué porqué lo había hecho, ella no respondió, solo me hizo una mirada a mi entrepierna y noté que ya se me veía un bulto, salí directo al baño y no se me bajaba así que lo único que se me ocurrió me masturbarme. Empecé a pensar en mi novia, pero poco a poco pensaba en la forma en que me manoseaba el trasero esa secretaria atractiva, mi mente fue más allá y empezaba a desnudarla justo ahí en su silla del trabajo, le besaba el cuello, tocaba su pecho y… me vine sin pensar más.

    Los días pasaban y la secretaria y yo nos hicimos amigos, pero de una forma atrevida y juguetona, cuando no nos veían, nos toqueteábamos encima de la ropa, lo curioso es que solo lo hacíamos de la cintura para abajo. Nos hacíamos cosquillas, nos acariciábamos uno al otro las nalgas e incluso tocábamos la entrepierna. No quería pasar ese límite porque me iba a casar, pero una semana antes de casarme los compañeros de trabajo me hicieron una «despedida sorpresa» así que no pude negarme y llamé a mi novia para decirle que llegaría tarde y el motivo.

    La fiesta fue como cualquier otra, diversión, bebidas, baile… Y se empezaron a ir uno tras otro, pero no ella. Cuando por fin me iba, me confesó que no tenía como irse y que se sentía algo tomada, le pregunté a dos compañeros si podían llevarla pero me dijeron que les quedaba muy lejos, que pidiera un taxi. Total que mi ingenuidad me llevó a algo que no pensaba hacer nunca.

    Salimos del restaurante y al subir al auto le pregunté a dónde la llevaría, me fue dando instrucciones y luego me dijo que nos metiéramos «ahí». Yo le dije que no y ella dijo que su casa está muy lejos y lo mejor era que se quedara en ese hotel. Al fin y al cabo no la convencí y fui a la recepción para pedir un cuarto. Momentos después ya la estaba ayudando a entrar a la habitación y cuando se recostó y yo me iba, me dijo que se sentía muy caliente, yo lo interpreté como algo de salud y me acerqué a ver que le pasaba, pero me dijo que le quitara la ropa, la noté sudando y le desabroché la blusa…

    Estaba en rodilla y me quedé estupefacto al ver esos voluminosos pechos que escondía, me besó rodeando sus brazos a mi cuello y pegando su cuerpo al mío. Al sentir su pecho con mi pecho y el beso tan húmedo que me dio, lo disfrute tanto que en seguida se paró mi miembro, le correspondía el beso y nuestras lenguas jugueteaban una con la otra.

    Mientras eso pasaba, ella me jaló a la cama frotó el bulto que se hacía en mi entrepierna y me dijo que la hiciera suya. Estaba extasiado, no pensaba más que en el momento y seguí besándola, acariciando la piel de su espalda y sin más mi mano derecha se introdujo debajo de su pantalón tocando esas delicadas y suaves nalgas que se cargaba.

    Apreté firmemente su glúteo izquierdo y luego pasé al derecho haciendo una pequeña pausa justo en medio. Entonces me dijo que parara y no lo creía, pero me lo repitió y quitó mis manos de su cuerpo. Era claro que yo no entendí, ella se paró y fue al baño cerrando la puerta detrás.

    Pues al no entender la situación y tomar un poco más de razón en mi, me dispuse a partir por lo que acomodé mi ropa, entonces toqué la puerta del baño para despedirme. «Un momento» me dijo, oí que el agua se estaba tirando y le pregunté si todo estaba bien, «si, dame un momento» contestó. No sabía qué hacer y le toqué nuevamente, justo le iba a decir que me iba cuando abrió la puerta completamente desnuda, me quedé contemplando la no se cuánto tiempo, solo sentí que me jaló de la mano y cerró la puerta. Justo en ese momento llevó una de las manos a su pecho y me dijo «te gusta?», no respondí, solo asentí con la cabeza. «y esto otro?» me pregunto mientras llevaba la otra mano a su nalga. También asentí. Entonces comenzó a quitarme la ropa.

    Cuando llegó a mis trusas, sacó mi pene ya todo duro y comenzó a besarlo, luego a lamerlo de la punta hasta la base y luego de regreso, hizo para atrás el capuchón y se introdujo toda la cabeza dentro de su boca. Me empecé a perder nuevamente, me encantaba esa sensación de calidez y al mismo tiempo de humedad. Lo chupo suavemente, luego de nuevo lamidas y de nuevo chupar toda la cabeza hasta ir introduciendo todo mi miembro dentro de su boca. Dios! Lo hacía tan rico que sentía me vendría en cualquier momento!

    Ella paró y se metió en la pequeña tina que había estado preparando y me dijo que la acompañará. Me metí y estábamos frente a frente, separados, sin hacer nada, pero con nuestro pues un poco apretados. Ella se levantó y me jaló para estar más separado de la pared, luego empezó a sentarse y tomando mi pene lo introdujo lentamente dentro de ella. Sus pechos estaban justo en mi cara, voluminosos, con gotas que le recorrían hasta sus pezones grandes, oscuros y duros. Besé sus pechos y recorría el camino justo como lo hacían las gotas, al llegar a sus pezones los lengüeteé como lo hacen las manecillas de un reloj, primero sobre el exterior y luego llegando hasta el centro, justo en la cúspide donde me dieron ganas de chuparlas y luego darles mordiditas. Ese instante fue justo cuando dejó caer todo su peso y sentí como su «aaah» se sincronizaba con sentir todo mi miembro dentro de ella.

    Continuará…

  • La noche me trajo sorpresas

    La noche me trajo sorpresas

    Es el último sábado del mes, como de costumbre fui a comer con un grupo de vecinos del edificio frente a la playa donde vivo. A diferencia de otros sábados me tocaría ir solo pues llevo varias semanas en completa soltería.

    Cenamos mientras escuchábamos los cuentos fantasiosos de David mi vecino del apartamento de al lado quien fue allí con Elena su guapa esposa. David es el tipo de hombre que todo lo sabe y todo lo tiene. No es mi persona favorita y creo que tampoco el de su esposa a juzgar por lo que sé de su relación. Ella y la otra vecina que allí estaba se empeñaban en presentarme a una amiga que acababa de divorciarse. Toda la noche ella puntualizaba que yo no era hombre para estar solo. Yo le había dado consentimiento para que le hablaran de mí a su amiga y hasta se le hizo un acercamiento para que ella cenara con nosotros esa noche. Lamentablemente no pudo cenar con nosotros, mi encuentro con ella no sería ese día.

    La cena se terminó y una pareja y yo nos quedamos charlando. David se retiró temprano pues se había pasado de copas esa noche. Su esposa Elena lo llevó, pero volvió pues quería seguir un rato más con nosotros. En el fervor de la amena conversación surgió la idea de ir a un nuevo club de desnudistas que había abierto recientemente. Para mí no era una idea descabellada pues estuve en el lugar la noche de su inauguración a invitación de su dueña que es mi clienta en la firma. Las chicas estaban nerviosamente contentas pues nunca habían ido a un lugar así. Le pregunte a Elena si estaba segura de ir pues no estaba David. Ella me indicó que si quería ir aprovecharía a que su esposo no estaba pues él pensaba que esos lugares eran solo para hombre. Yo les expliqué de mis conexiones y les dije que no se preocuparan por el lugar pues lo consideraba de muy buena clase y muy seguro.

    Una vez llegamos nos sentamos en una mesa privada cerca de la tarima. A nuestro encuentro vino la dueña personalmente a atendernos y nos ofreció una botella de champagne de cortesía. Las bailarinas se vieron atraídas a las chicas como abeja al polen. He visto que ellas se sienten especialmente atraídas a otras mujeres. A cuenta de que en nuestra mesa había chicas pude disfrutar de las bellezas de esa noche sin tener que moverme de mi asiento. Pasaban y hacían sus rutinas mientras los caballeros mirábamos como las chicas ponían billetes en las tangas de las bailarinas. La dueña del local me llamo aparte y me dijo que tenía cuartos separados para quien quisiera tener algún baile privado. Ella me invito el primer baile cortesía de la casa a lo que no pude negarme. También me aclaro que las chicas lo hacían para pagar sus estudios y que no tratara de entablar otros negocios con ellas. Yo nunca pagaría por sexo, pero fue bueno saber con quién estaba tratando esa noche. La primera que me bailo fue una chica finlandesa cuyo español era limitado pero sus movimientos de cadera eran tan latinos como el de cualquier otra chica allí. El baile tuvo dos canciones de duración, pero confieso que a pesar de sus movimientos no me sentí llamado a seguir más.

    Salí y le propuse a mi vecino que fuera por un baile privado. Este ya estaba notablemente entusiasmado y le lanzó un reto a su esposa. Le propuso que fueran ambos a experimentar el baile y para su sorpresa su esposa estaba más emocionada aún. Sin pensarlo fueron con la finlandesa a probar con un baile. Luego de ver un poco del espectáculo de ellos llegue a la mesa donde aún estaba Elena con cara de emoción por la experiencia. Conversamos y me confeso de lo mal que lo estaba pasando con su esposo. No sabía si me lo contaba como amigo o buscando asesoría de un abogado. Como consejo le dije que si no veía nada positivo en la relación que debía tomar una decisión drástica. Ella me hablo de como la costumbre era cómplice de que siguiera resistiendo la vida que llevaba con su esposo. También me dijo que llevaba mucho tiempo sin hacer algo que ella sintiera fuera una aventura. Yo eso lo sospechaba pues nuestros apartamentos son contiguos y nunca escuche ninguna noche de pasión en su apartamento. Ella me comento que sabía que estaba solo pues no había escuchado nada en semanas. No me extrañaba su comentario pues nunca he tenido problemas con los volúmenes en mi apartamento. Nuestra conversación fue interrumpida por nuestros vecinos. Habían salido del baile y se veían muy emocionados. Su lenguaje corporal delataba su excitación. Poco rato después se despidieron de nosotros. Se podía saber que su noche seguiría en su casa.

    Elena me comento que le estaba llamando la atención el experimentar un baile privado. Nunca se vio en una situación similar y quería aprovechar la noche pues no sabía cuándo volvería a disfrutar otra igual. Le comenté que ellas la tratarían bien pues toman su trabajo en serio. Me dijo que había una de nacionalidad colombiana que la había mirado toda la noche. Yo ya había notado las miradas de la bailarina. Elena es una mujer muy guapa, pero la seriedad que su relación impone sobre ella opacaba los hermosos ojos verdes y su esbelta figura. Llame a la chica para ver si esta convencía a Elena de irse en un baile con ella. Elena dijo que accedía con la condición de que yo fuera con otra bailarina para no estar sola y que fuésemos al cuarto más privado del local. No quería que ninguna otra persona presenciara esa experiencia tan privada para ella.

    La bailarina la tomo por la mano y la llevo al local mientras yo iba con otra bailarina que reciente comenzaba su turno. La chica colombiana de nombre Dolores comenzó su baile mientras mi bailarina comenzaba el mío. Ambas bailarinas desnudaron sus pechos y se envolvieron sobre nuestros cuerpos en lo que parecía una competencia de quien seducía mejor. Definitivamente la atracción de Dolores se hizo sentir pues sus movimientos opacaron los de la mía. Poco a poco comencé a mirar el espectáculo que le daban a Elena quien estaba entrando en confianza. Ya los movimientos de la bailarina eran acompañados por caricias de Elena. Parecía que se había olvidado de que yo estaba en el lugar.

    Las dos canciones de mi espectáculo ya habían terminado y mi bailarina desistió de seguir al ver que yo disfrutaba más de ver a Elena. Me dejo solo mirando el baile que se extendía otra ronda más. Me senté en posición de espectador mientras veía que Dolores le robaba un beso a Elena. Ella, para mi sorpresa lo consintió devolviendo otro más apasionado. Pensé que lo había visto todo cuando Dolores desnudo el pecho de Elena. Ya aquella escena había pasado de un sensual baile a un juego erótico. Ya no se bailaba más, los movimientos pélvicos invitaban el contacto de sus cuerpos mientras se extendían los besos. Yo incrédulo veía como ellas comenzaron a besar sus pechos intercambiando el mando en aquella coreografiada escena. Ya yo estaba tan excitado como ellas, mi cuerpo no lo podía esconder. El ver a aquellas dos damas en su juego de placer había logrado más que el contacto con las bailarinas esa noche.

    El siguiente paso en la escena lo dio Elena quien movió sus dedos dentro del panty de Dolores. Ella comenzó a jugar con sus dedos con la seguridad que años de tocarse ella misma habían logrado. Dolores liberó su primer gran gemido el cual fue opacado por la música. Ella hizo lo mismo con Elena, pero rosando su mano por encima de su pantalón. Dolores siguió con tanta intensidad que Elena se recostó a disfrutar el placer. En ese momento perdí el control y me dirigí hacia ellas. Elena estaba sumergida en el placer con los ojos cerrados así que no noto mi llegada. Con poco tiempo para pensar tomé la decisión de unirme a ellas y comencé también a tocar a Elena. Dolores cuando se dio cuenta me dejo un lado y ambos comenzamos a frotar a Elena quien por la diferencia en presión se dio cuenta que me había unido. Elena mirando con ojos entreabiertos me dio consentimiento de seguir, lo cual hice. Continuamos frotando los dos a Elena quien contestaba todo el placer que ambos le entregábamos a son de gemidos. Por primera vez besé a Dolores quien ya se había entregado a nosotros en ese cuarto. Seguimos los tres unidos hasta que Elena suspiro profundo en señal de un orgasmo. Dolores nos advirtió de que ya la dueña debía sospechar pues llevábamos mucho rato en el cuarto. Nos separamos y Elena se vistió justo a tiempo pues las luces se encendieron poco después. Ya otros clientes requerían el cuarto. Mis deseos por continuar hicieron que les propusiera movernos a mi apartamento. Por un instante Elena lo dudo, pero el deseo de vivir una noche a plenitud hizo que cediera. Salimos del local y esperamos que Dolores terminara su turno.

    Una vez llegamos entré al edificio con Dolores y luego llego Elena pues no podíamos despertar ninguna sospecha de nadie. Llegue a mi apartamento y poco después llego Elena. Les pedí que se pusieran cómodas a lo que yo me daba un baño y buscaba protección. Tome un rápido baño pues estaba muy ansioso por saber cómo terminaría la noche. Al salir me topé con la sala vacía. Por un segundo pensé que se habían ido, pero al ver la cartera de Elena fui a mi dormitorio. Al llegar vi que había ropa en el piso, pero ellas no estaban en la cama. Me dirigí a la puerta que da hacia el balcón de mi cuarto y las encontré desnudas en el mueble que tengo allí. Me detuve a admirarlas y a sonreír sabiendo que solo una pared dividía la acción de mi apartamento de los ronquidos de David el esposo de Elena.

    Dolores estaba sobre Elena besando su pecho mientras ella le acariciaba el pelo. Yo fui por encima del mueble y besé a Elena. Sus gestos mudos expresaban el placer que cada beso dejaba en su cuerpo. Alternamos besos Elena, Dolores y yo hasta que me moví a besar los pechos de ambas. Poco después Dolores comenzó a besar el abdomen Elena hasta llegar a su húmeda entrepierna. Acaricio el área suavemente mirando la reacción que creaba. Comenzó a hacerle sexo oral de tal manera que pudimos notar que no era su primera vez. Elena comenzó a moverse demostrando su placer y sus gemidos eran solo silenciados por mi boca. Yo seguí besando a Elena mientras alternaba entre su boca y sus pechos.

    Elena entre besos me quito mi pantalón y comenzó a tocar mi miembro que ya estaba completamente erecto. Ambos comenzamos a darnos placer mutuamente, yo besaba sus pechos y ella me masajeaba el pene. Dolores siguió su ritmo hasta que Elena termino por segunda vez esa noche. Fue tan grande el orgasmo que estuvo minutos temblando en el mueble. Mientras ella se componía vio como yo me había arrodillado a practicarle sexo oral a Dolores quien estaba tan excitada que llego a su orgasmo en pocos minutos. Yo seguí mi ritmo pues un segundo orgasmo llego casi seguido. Elena quien ya se había levantado del mueble me levanto del suelo con un beso. Yo me senté en el mueble mientras mis dos acompañantes comenzaron a practicarme sexo oral alternando protagonismo. No podía resistir la sensación de ver dos bocas saborear mi pene, una por cada lado. Elena tomo el primer turno sola mientras Dolores se acomodó a mi lado a besarme. Con tanta excitación yo sabía que no iba a durar mucho más así que saqué un condón y con ayuda de Dolores me lo puse. Tomé a Elena por los hombros y la dirigí hacia mí. Ella sola se acomodó encima de mí y comenzó a galoparme. Volvimos a envolvernos en un triple beso que ayudaba a silenciarla. Elena se movía lenta pero tan firme que rayaba en lo agresivo. Su cara se había transformado completamente y sin importar que su esposo la escuchara comenzó a gemir sin control. Yo tomé el control y sujetándola por las nalgas empecé una embestida sin misericordia que hacía que nuestros cuerpos resonaran por toda aquella playa que teníamos frente a nosotros. Mis movimientos siguieron aumentando hasta que poco después de anunciarlo termine. Elle abrazada a mi gemía pues en el furor de mi clímax no había notado que ella también había terminado.

    Poco después se puso de pie y saco un cigarrillo el cual se fumó mirando a la playa sin decir palabra. Cuando termino el cigarrillo tomo su ropa y uso mi baño. Cuando salió del baño me dio las gracias, y un beso. Le dio un beso a Dolores y se fue. Pude ver cuando la luz de su cuarto se encendió y pocos minutos después se apagó. Yo le pedí a Dolores que se quedara conmigo esa noche. Nos dimos un baño juntos para luego tener un maratón que duro hasta que salió el sol. Por la mañana desayunamos y la acompañe hasta su carro.

    Cuando volvía del aparcamiento del edificio me encontré a David el esposo de Elena quien me comento que no lo había dejado dormir con mi última aventura. También me dijo que me envidiaba porque su esposa no era tan caliente y atrevida como mis parejas. Me sonreí y le dije que toda mujer tiene fuego por dentro pero lamentablemente algunas vivían con bomberos.

  • Esmeralda (Parte I)

    Esmeralda (Parte I)

    -Andre mi amor, olvide las guías de entrenamiento, voy a buscarlas no tardo

    -Esmeralda, las puedes de dejar por hoy, mira que podemos llegar tarde a la reservación

    -Amor es importante

    Y sin a largar la discusión la despampánate rubia salió del auto, con su sencillo, pero elegante vestido que enmarcaba la figura del cuerpo de una joven deportista, con cada zancada que daba, la delgada tela del vestido se sumía en la línea que separa su firme y tonificado trasero, con paso ligero y decidido avanzo hasta la puerta donde inserto su carnet y marco en el teclado táctil un serie de numero rápidamente, pronto en la pantalla apareció el nombre de Esmeralda Sáenz, con prisa abrió la puerta de un edificio cuyo letrero enmarcado en letras rusticas, quedaban un impresión de seriedad y formalismo decían Institución Educativa Campestre Femenina Nuestra Señora de las Mercedes.

    A simple vista su lugar de trabajo era pequeño, no obstante, las apariencias engañan, para llegar a las oficinas de maestros había que caminar cerca de cinco minutos, sin demora inicio su caminata por los caminos marcados por grandes recuadros de cementos colocados a lo largo del trayecto de forma y alineación irregular, solo se escucha el sonido de sus altos y delgados tacones con cada paso acelerado.

    En el transcurso del camino no pudo dejar de notar como el colegio con su sistema automatizado empezaba a encender la luces, de los pasillos, recordó los celadores y el personal de mantenimiento que había sido despido hacia solo unos meses y remplazado por ordenadores, que podían ejecutar fácilmente la tareas rutinarias, como las amables señoras que aseaban fueron remplazado por una compañía de trabajadores que no emitían mayor gesto a la hora saludar, los celadores por unas potentes cámaras y sensores alrededor del colegio que detectaban cualquier intruso que no trajera consigo el chip identificador en su carnet, de los más de 280 trabajadores contratados solo quedaba don Emeterio un señor cercano a la edad de pensión que por cuestiones de incapacidad no pudieron despedir, sus verdes ojos del color de su nombre mostraron signos de nostalgia.

    Aunque si lo intentaron, pero los abogados siempre están disponibles para ganarse una tajada y por suerte para el viejo Emeterio esta vez no fue la excepción, un joven abogado miro al viejo medio cojo, con problemas de salud y saboreo la oportunidad de dinero, asesoró el viejo, haciéndole ganar algunos millones no obstante la mayoría fueron al bolsillo del joven abogado, el colegio no solo vio obligado a recontratarlo si no a buscarle un lugar donde pudiera vivir.

    Si bien el viejo Emeterio podía trabajar sus incapacidades hacían que el trabajo fuera muy pesado, en especial el área deportiva donde Esmeralda y las demás profesoras de deportes trabajaban con las jóvenes, era un área que estaba desorganizada y desaseada debido a que el viejo no se daba abasto, pues el plan del colegio era despedirlo por ineptitud en su trabajo, cosa que el viejo sabia y trataba de suplir con todo su aliento, no fue sorpresa que Esmeralda viera mientras sostenía las guías con rutinarios ejercicios de patinaje mesclados con yoga las luces del Gimnasio prendidas aunque no debían estarlo por el sistema automatizado.

    -Será que Don Emeterio dejo las luces encendidas nuevamente o estará trabajando a esta hora

    Indecisamente miro su reloj de pulsera rosa a juego con su piel.

    -un cuarto para la hora, estoy a tiempo

    Sin demora bajo por las escaleras e inicio su recorrido hacia el moderno gimnasio, al llegando a la puerta el vidrio teñido mostro la figura de lo que parecía un ser un ser humano.

    -Raro, estará trabajando Don Emeterio

    Decidió que era mejor no interrumpirlo directamente, que si de alguna manera podía salir de la duda sin interrumpir el trabajo del viejo pues lo haría así que opto por asomarse por una pequeña ventana de vidrio, cuando se asomó quedo a menos de 4 metros de una escena que la joven Maestra recordaría toda su vida.

    Un enorme miembro como ella no lo había visto jamás era amasado por una mano que sujetaba lo que parecía un trapo blanco en torno a él, más abajo dos testículos del tamaño de dos naranjas bailoteaban de lado a lado, enmarcados por unas endebles piernas solo adornadas por un overol caído más debajo de las rodillas, más arriba de las huesudas caderas del viejo un abdomen consumido por la desnutrición, arriba una caja torácica llena de huesos, seguida de un rostro al cual se le iban a salir los ojos del placer.

    -Ohhh

    Fue el primer pensamiento de la joven Esmeralda al dar el primer vistazo del Miembro de aquel hombre su instinto primitivo la guio durante un muy breve momento.

    -Dios mío que hace este hombre

    Al ver el rosto de aquel hombre con su boca abierta y sus ojos brotados de placer no había duda habían atrapado a don Emeterio con las manos en la masa o mejor dicho en su herramienta, La joven Esmeralda por un momento paralizada no supo qué hace si correr o entrar y encarar el viejo por su atrevimiento, no obstante el asunto se convirtió en personal cuando observo que un casillero estaba abierto, con una foto muy familiar, su foto, su foto de cuerpo entero vestida de su conjunto de patinaje pegada al respaldo del casillero, pudo ver como aquel trapo que sujetaba no era más que una de sus preciadas tangas que a menudo protegían su más preciado tesoro durante sus prácticas deportivas.

    -Maldito viejo –pensó.

    El viejo llevado por las circunstancias mientras movía su mano lentamente con la prenda de apariencia sensibles y delgada tela sobre su grueso miembro buscaba con su otra mano entre el casillero hasta que encontró su contraparte de arriba, podía verse al viejo deleitándose mientras olisqueaba aquella prenda como un ratón buscando queso impregnada de la esencia femenina de Esmeralda.

    -Viejo cochino degenerado hare que te saquen como a un perro directo al calabozo o al manicomio por cochino y sucio.

    Inmediatamente tomo su celular y silenciándolo tomo varias fotos del acto y seguidamente con la cámara de su celular de alta definición empezó a grabar lo que parecía una escena de una película porno.

    -Con esto te iras al infierno viejo mugroso

    La cara de Esmeralda era de completa indignación, sus hermosos ojos verdes enmarcados por unas enormes pestañas y unas tupidas pero bien delineadas cejar mostraban signos de llorar de indignación, mientras su delicada nariz respiraba pausadamente y su boca contenía cualquier sonido que pudiera salir de ella, contrastaba completamente con la del viejo, sus ojos salidos, su nariz desviada y su boca abierta dejaba entrever lo que parecían dientes faltantes, de su boca salían resoplidos y murmullos que no eran entendibles a los oídos de Esmeralda.

    Las manos de Esmeralda temblaban mientras trataba de mantenerse lo más tranquila posible, empezó a notar los detalles de aquella escena aquellos que a primera vista por la mera impresión su celebro no tuvo tiempo de procesar.

    Lo primero que pudo notar con detenimiento fueron una seria de machas y pecas en el abdomen del hombre, y aunque la pobre Esmeralda lucho contra su instinto de ver el potente aparato reproductor de aquel hombre no puedo evitar mirarlo para detallar más claramente, al observar sus testículos pudo notar como estas no solo se movían por cuestión de inercia si no adicionalmente pareciera que adentro se produjeran ciertos movimientos automáticos, desde los testículos de aquel hombre se desprendían pequeñas hilillos de venas que iban convergiendo hasta convertirse en 5 enormes venas que envolvían al miembro como un árbol estrangulador envuelve a una palmera.

    Con el fin de tener una mayor claridad y no dejar a duda de su evidencia (eso pensó ella, pero en realidad era su instinto de hembra inconsciente que genero este pensamiento con el fin de apreciar de manera más clara aquel prominente y potente miembro) hizo zoon en su cámara y pudo notar aquello en todo su esplendor.

    – Es gigant… que asco –interrumpió su pensamiento

    Rodeado de los pocos bellos que aún quedaban se encontraba un grueso miembro envuelto en venas apenas y apenas podía sostenerse por completo con una mano, en algunas partes donde las venas se entrecruzaban se notaban abultamientos considerables, arriba un Glande que parecía expandirse y contraerse a los ritmos de su corazón, aquel miembro no era como el de su esposo frágil y sensible, de este emanaba poder.

    Y es que aunque todos no esforcemos por cambiarlo, debemos aceptar la esclavitud a la que nos tiene sometidos el destino, El cuerpo de la joven profesora estaba expuesto a la testosterona del el viejo Emeterio desde el momento en que eligió la ventana que está justo debajo del extractor de aire del gimnasio, sin notarlo la testosterona de aquel viejo había entrado en su sistema endocrino por medio de su respiración y su piel, tras más de 2 minutos de exposición su sistema endocrino este había empezado a inhibir mentalmente la partida de Esmeralda, tras 5 minutos la piel de Esmeralda había empezado a erizar.

    -Cuanto empieza demorar este degenerado

    El viejo Emeterio hizo su siguiente movimiento sacando su lengua blanca y empezar a dar lamidas en círculos de donde presuntamente irían sus pequeños pero rozados y tiernos pezones, el cuerpo de Esmeralda inmediatamente tomo señales y poco a poco con cada lametazo debajo de su vestido y sin que Esmeralda se diera cuenta sus pezones habían empezado eyectarse, el hombre había empezado a incrementar su ritmo y de su glande empezaron e emerger lo que parecían gotas como mostraba la cámara de la joven e inocente Esmeralda.

    -Que ricas téticas debes tener Esmeraldita.

    Estas palabras sacaron de quicio a Esmeralda.

    -Maldito viejo

    No optante su cuerpo había reaccionado endureciendo sus pezones por completo, acto seguido el viejo arrojo el top de esmeralda adentro del casillero y tomar después uno des bicicleteros de Yoga, sin pensarlo paso su lengua por el lugar de su intimidad, no obstante la reacción de Esmeralda se limitó a ser simplemente un mueca, de una u otra forma su sistema había empezado actuar en ella, además de que el olor a liquido preseminal ya había llegado a su olfato, debilitando aún más su defensas sexuales, por otro lado el viejo ya estaba empezando a tomar un ritmo frenético en la paja a acompañado de pujidos, mientras no despegaba la boca de su tesoro más preciado.

    -Tus téticas están muy ricas pero tu hendidura es exquisita.

    Los labios mayores que protegían el sexo de nuestra protagonista habían empezado a dilatarse protegidos por su sexual encaje debajo del delicado vestido.

    -Este viejo cuanto piensa durar –pensó.

    Mientras en su zona intima los labios mayores habían dejado expuestos a sus labios menores y con ello a la entrada donde albergaba su tesoro más preciado y deseado por todo macho que la observara caminar, pero que solo uno había logrado conquistar no completamente, si bien Andrés su esposo había mantenido relaciones sexuales con ella, el pene de Andrés no tuvo la capacidad de entrar más allá de su entrada, Esmeralda Había entrenado patinaje desde que podía caminar, dotándola de una portentosas piernas y muslos que eran la envidia de cualquier deportista, la fortaleza de sus glúteos y su abdomen delineado perfectamente no dejaban duda de su estado físico, pero producto de su alto entrenamiento los músculos internos vaginales destinados dar placer a los hombres se habían fortalecido tanto que un pene de humildes proporciones como el de su esposo no podían penetrar por completo.

    Esmeralda estaba sorprendida de que al viejo no le causara algún dolor tal apto pues ya había alcanzado un ritmo demencial en su acto, mientras que del tesoro de esmeralda habían empezado a brotar las primeras gotas de su esencia.

    De repente y si tomar aviso previo el viejo coloco ambas prendas e incremento la velocidad, mientras resoplaba palabras

    -Si… Esmeralda… tómala. Si… a casi llega tu leche Esmeraldita… mi amor

    -Qué asco, pero su rostro ya no mostro un gesto tan exagerado

    -Ha… a viene, ¿dónde la quieres Esmeraldita?, en tus téticas, en tu boquita…

    -… – incredulidad

    -Si está bien solo porque tú lo pides… te llenare de leche

    -…

    -Voy a venirme dentro tuyo… Oh… ohh… mmm que rico…

    -Hmh –Esmeralda emitió un leve sonido al ver como el viejo empezó a botar su leche su cuerpo no resistió y deliberadamente envió un choque eléctrico a sus labios menores.

    Aquel vergón del viejo empezó a dilatarse y contraerse mientras sus testículos subían y bajaban para después soltar el primero chorro de leche que impacto en contra de la foto de Esmeralda, a la altura de del abdomen, seguidos por otros que fueron a parar a sus prendas íntimas para finalmente dejar empapado el piso, acto seguido el viejo cayo de rodillas, mientras una temerosa Esmeralda escapaba a gatas de la escena rumbo hacia su seguridad.

    Continuará.

  • Karina (Parte 3)

    Karina (Parte 3)

    Hola continuo con la tercera y última parte de una reunión que por momentos llegué a pensar que sería igual a las demás y terminaría haciéndome una paja o follando a mi esposa, pero pasó todo lo contario, fue una noche llena de lujuria con un par desconocidos muy masculinos que me estaban haciendo sentir todo una hembra.

    Claudia mi esposa al verme tomada por dos desconocidos, sé que muy dentro le causó impresión, pero como ella misma lo indicó sabía de mis andanzas y de cómo me probaba sus ropas cuando ella salía para el trabajo y que la intensión de ella aquella noche era de cumplir mi fantasía de salir vestida a la calle como una chica acompañada por ella, pero lo que no sabía era que su esposo además de tener el gusto por la ropa femenina también le encantaba la verga.

    Volviendo al relato, Claudia se acercó me miró fijamente y me dijo: apestas a verga, hueles a sudor y a semen, eres una maldita puta ahora tienes que obedecerme… Te ordeno que sigas en la fiestecita que tenías con estos caballeros, Antonio el guarda más maduro le dijo: señora le ofrecemos disculpas por lo sucedido la verdad pensábamos que lo que nos decía su esposo era mentira. Claudia lo interrumpió y le dijo: No se preocupen ahora lo que quiero es que sigan en lo que estaban, si esta pequeña perra quiere sentirse femenina quiero que le partan el culo a punta de verga.

    Ella me miró y dijo: cuando te hayan follado vendré por ti y después hablaremos de nuestro futuro, no me sigas, si amas dejarás que ellos te follen y se fue retirando lentamente, la verdad no sabía si salir detrás de mi esposa o quedarme y cumplir lo que siempre había querido, bajé mi mirada y vi mis piernas enfundadas en esas deliciosas medias de nylon y esos tacones que torneaban las piernas, me encendí nuevamente y decidí quedarme con ese par de machos, Oscar al verme con ansias de pene me miró se sonrió y me dijo: ya que tienes el permiso de tu esposa de voy a clavar como nunca.

    Con su mano derecha se frotó la verga por encima de su pantalón y vi como en cuestión de segundos aquel pedazo de carne quería salirse de su pantalón, no aguanté me acerqué a Oscar él me tomó con sus brazos musculosos, con un abrazo fuerte me pegó a su cuerpo acercó su boca a mi cuello y empezó a lamerme, el pasar de su lengua por mi cuello puso a temblar mis piernas, jamás había tenido una erección tan fuerte sentía como mi verga palpitaba de excitación, el solo roce de su verga con la mía la cual estaba sujeta por mis pequeñas bragas color rosa me puso a mil, Oscar arremetía con su boca buscando la mía hasta que nos fundimos en un beso demasiado cachondo, metió su lengua hasta lo más profundo de mi boca.

    Me sentía en el cielo, miré a un lado y Antonio estaba mirándonos fijamente, se tocaba por encima de su pantalón, con mi mano lo invité a que se uniera, el de un solo salto se incorporó a esa mini orgia puso sus manos en mis tetillas y las apretó tan duro que sentí un dolor intenso, pero que con los segundos me fue gustando pidiéndole que apretara mis tetillas más y más.

    Oscar me tomó del cuello y bajó mi cabeza en señal que era hora de chuparles las hermosas herramientas de carne que tenían entre las piernas, sin pensarlo dos veces me arrodillé el piso estaba muy frio pero no fue problema me metí primero la de Antonio el maduro, la verga de este guarda era como de 18 cm con una cabeza espectacular lamerla y pasar la lengua por sus bolas era un espectáculo, ya que sentía como palpitaba, Oscar se unió a la juerga y se puso del otro lado sacó su verga del pantalón y en voz baja dijo: ahora chupa la mía perra, la de Oscar no era tan grande media unos 16 cm pero era muy gruesa, me dolía la quijada ya que el esfuerzo para tragarla era mayor por lo gruesa que la tenía, me tomó por la nuca y la metió toda y empezó un mete y saca muy delicioso, al estar mamando la verga de Oscar sentí como Antonio empezó a jugar con su dedo en mi ano y de un solo empujón lo metió todo,, sentí un poco de dolor pero con el paso de los segundos ese dolor se convirtió en puro placer.

    Oscar seguía con su mete y saca el cual iba a acabar con mi garganta, por momentos sentía que me ahogaba, pero los dedos juguetones de Antonio en mi ano hacían que me esforzara mucho más para tragar la verga de Oscar y hacer mi trabajo como toda una puta.

    Volví a ver a Claudia, me sorprendió al verla con un compañero de la oficina llamado Esteban, era un hombre que siempre le había tenido ganas a mi esposa, ella siempre me decía que él le hacía propuestas y ella nunca accedió, quedé frio ya que sentí que por venganza había traído a aquel hombre para que se burlara de mí y me viera vestido de puta.

    Claudia y Esteban venían hacia mí, el no pronunció palabra alguna, Claudia ya se veía un poco entrada en tragos y dijo: mi querido esposo ya que he descubierto tu secreto debes saber los míos, debo confesarte que soy más puta que tú, que me he acostado con media empresa y que cada vez que sales de viaje aprovecho para meter un hombre a la casa y hacer de todo y que Esteban es uno de los que me falta por probar. Y que el verte con esas vergas en la boca me he calentado y quiero que mientras te penetran estos caballeros, tener sexo con Esteban frente tuyo, seremos unas perras hoy tu y yo.

    La verdad lo que dijo me dejó frio, pero yo sabía que en aquel momento estábamos en igualdad de condiciones y no podía hacerle una escena de celos.

    Claudia se acercó me besó y me dijo aprovechemos esta noche esto quedará entre tu yo y Esteban, Claudia estaba tan caliente que tomó la verga de Oscar le pegó una mamada y volvió a besarme, saco una botella de vodka de su bolso bañó las vergas de los tres hombres en vodka y dijo: a disfrutar perra, se sonrió tomó a Esteban de la mano lo acercó a donde yo estaba con los dos guardas se arrodilló y empezó a pegarle una mamada a Esteban.

    Al ver aquella escena mis dos hombres me tomaron de los hombros, Antonio me puso su caliente vergota en mis nalgas, mientras Oscar se metió mi verga en la boca, la sensación me tenía al borde de la locura pasaba su lengua por mi pene de una forma magistral ni Claudia me la había chupado tan rico, sentí la mano de Esteban en mis tetas, mientras Claudia le mamaba su pedazo de carne este me acariciaba las tetas, oh Dios pensé ahora tengo tres machos que debo satisfacer.

    Antonio escupió mi ano y muy delicadamente empezó a meter su miembro en mi estrecho culo, lo tenía tan dilatado que empecé a tragarlo centímetro a centímetro, la sensación de esa verga en mi culo era indescriptible, mis piernas temblaban sentía que me iba a venir, al notar esto Oscar se levantó y dijo: no te vas a venir todavía perra debes gozar al máximo.

    Antonio aumento su penetrada y sentía como sus bolas se golpeaban con las mías, Oscar me besaba en la boca y Antonio aumentaba su mete y saca, por un momento pensé que Antonio terminaría en mi culo, pero se detuvo sacó su verga de mi dilatado culo y le dijo a Oscar es tu turno, Oscar puso la punta de su verga en mi ano y sin decir nada la metió toda el dolor fue intenso ya que la de este chico no era larga pero si muy gruesa, el dolor no paraba pero fue desvaneciendo hasta que dejó de doler para generar el mejor placer de toda mi vida yo pedía más, al voltear a mirar a Claudia estaba mamando la verga de Esteban pero mi sorpresa es que Antonio la estaba follando los gemidos de Claudia eran intensos, Antonio le estaba dando una follada increíble, Claudia me miró y dijo: que delicia de ahora en adelante nos follaran a las dos como las putas que somos.

    Esteban se acercó y metió su verga en mi boca, la verdad me dolía la quijada, pero debía esforzarme para tener a mis machos felices y satisfechos.

    Ver a Claudia siendo penetrada por un desconocido me gustó mucho, Antonio la tenía clavada y su mete y saca era cada vez más fuerte, sentía que el clímax estaba a punto de estallar en nuestros cuerpos, Oscar me tenía en cuatro en el piso y Esteban la tenía en mi boca.

    Antonio grito no puedo más esta perra me va a hacer estallar. Claudia se acercó a mí de rodillas y dijo: ahora quiero que nos bañen en semen a las dos somos las putas de la noche.

    Oscar me sacó su deliciosa polla dejando mi ano abierto, Esteban no dudo y me la metió bombeando unas dos veces y lo escuche jadear y gritar de éxtasis, lo único que le entendí fue: me vengo.

    Sentí un chorro llenar mis entrañas, me estaban preñando por primera vez Esteban seguía penetrándome y fue cuando sentí que su semen había llenado mi ano y este empezaba a salirse derramándose por mis piernas, sentí como su pene se iba volviendo más pequeño hasta salirse de mi culo.

    Claudia me miro y dijo: ¿ahora sabes lo rico que siento cuando me llenan la vagina de leche?

    Antonio no aguantó más se acercó y volvió a explotar en litros de leche salpicando la cara de Claudia y la mía, que delicia sentir la leche en la cara, Claudia que es una tragona de leche me beso y lamió los restos de leche que yo tenía en la cara.

    Oscar haciéndose una paja se acercó a la boca de Claudia y le descargó cualquier cantidad de leche, a lo que ella como buena puta que era solo saco su lengua y la recibió toda sin derramar ni una gota, se volteó y me escupió en la boca con todo el semen de Oscar el cual tragué, sin mediar palabra, me iba a masturbar para terminar la faena y Claudia hizo una señal de desaprobación, diciendo: tú no te vas a venir quiero que quedes cachonda toda la noche.

    Es posible que mañana lo volvamos a repetir.

    Después de aquella noche, Claudia me trata como a otra chica, me lleva de compras y me regala ropa de mujer, ahora tenemos cada una nuestra ropa y nuestro maquillaje, lo único que si compartimos son los hombres que nos visitan.

  • Doblegando lealtades

    Doblegando lealtades

    Hola nuevamente. Soy Carla, de Arequipa, Perú. En esta oportunidad les entregaré un relato de aquella vez que pude verificar la verdadera amistad entre dos personas.

    Siempre suelen afirmar que la picazón del séptimo año es una especie de bisagra para los matrimonios. El amor y el entusiasmo ya no fluyen como antes. Aparecen tentaciones peligrosas. La fantasía de tener una aventura con otra persona empieza a sonar con más fuerza en la cabeza. Pero esto es solamente un mito o es una realidad.

    La rutina, los niños, el trabajo, algunas preocupaciones, se dan como un combo letal para la relación. Y nuevamente, la fantasía de la infidelidad empieza a aflorar con mayor frecuencia en nuestros pensamientos.

    En mi caso, yo estuve casada hasta hace dos años, casi veinte años, o sea que superé el temido sétimo año. Pero claro, conté con una valiosa ayuda.

    Jorge, en aquella fecha tenía 37 años (uno más que yo), era muy buen amigo de Richard (mi esposo), siempre solían andar juntos e ir a cuantas reuniones podían siempre juntos. Amigos desde la universidad, habían consolidado una linda amistad.

    Jorge, era un chico delgado, más delgado que el promedio, pero no por eso se le veía mal. Al contrario, su delgadez lo hacía verse más ligero y divertido. Aunado a ello, su risa siempre a flor de labios, su sentido del humor tan especial, apropiado y ocurrente, su caballerosidad manifiesta, un chico siempre dispuesto a escucharte y tenderte una mano. Serio cuando la ocasión lo ameritaba y juguetón la mayoría de las veces. Bailarín como pocos y agraciado por donde se le viera.

    Para mí, si algún defecto tenía, era que estaba felizmente casado (eso creía yo) con Karina, y era muy leal a Richard. Entre ellos había una hermandad casi religiosa.

    Habíamos compartido con ellos y con otros amigos varias reuniones tanto en su casa como en la mía. Como es obvio, los traguitos nunca faltaban y entre broma y broma los chicos nos coqueteaban.

    Más de una vez, crucé miradas con Jorge. Sus ojos negros pardos me hacían sentir especial. Yo sin reparo alguno lo miraba directamente en espera de una reacción suya, sin mayor éxito.

    La rutina en la que había entrado mi relación matrimonial, hacía que cada día piense en la forma de superarlo. No con Richard, porque era para colmo de males una de las causas de dicha rutina. Me pregunté a mi misma: y si lo intentas con Jorge? Por qué no? Me contesté. Total, peor era no intentarlo.

    La primera semana de abril nos reunimos en su casa con otros amigos más. Fue una reunión agradable como casi todas. Risas, bailes, bebidas. Acordamos que la siguiente reunión sería en mi casa, la mayoría se apuntó en el momento, aunque poco a poco fueron desistiendo. Karina y Jorge se apuntaron. Al momento de despedirme, me acerqué y mientras le decía susurrante “deseo que el tiempo pase muy pronto para poder volver a verte” le di un beso entre la mejilla y los labios. Allí estaremos, contestó pero pude ver su cara de sorprendido ante mi maniobra.

    Días antes de la reunión, Karina me llamó para confirmarme el día y la hora en que vendrían a casa. El viernes a las 8 pm.

    Como pocas veces, me sentía ansiosa esperando el viernes. Compré lo necesario para la reunión, no podía verme como una mala anfitriona.

    Esa mañana, me levanté con un solo pensamiento. Algo tendría que hacer, pero lo iba a besar, y bueno, vería su reacción. Miles de ideas se cruzaban en mi cabeza, ideas sobre donde, como, la forma, en que conseguiría darle un beso.

    Mientras preparaba las cosas, me llama Karina para decirme que Jorge se había desocupado y que mejor caían por la casa a las 6 pm. Genial le dije, no hay problema.

    Richard considerando la hora inicial, había salido a casa de sus hermanos para ver un tema legal sobre una de las propiedades de la herencia materna.

    Sola en casa, me puse a arreglar los últimos detalles, limpiando y ordenando un poco la sala de la casa, me duché y al vestirme, me enfundé en un vestido azulito que no usaba desde la universidad.

    Sonó el celular. Era Karina. Me decía que ella demoraría viendo unos temas con unos clientes que tenía, pero que Jorge llegaría a la hora acordada. Ok. no te preocupes, ya se entretendrá con Richard le contesté, a sabiendas que mi esposo no estaba en casa.

    Como un relojito, a las 6 pm. Suena el timbre y era Jorge. Mientras le abría la puerta, el terminaba de cerrar las puertas de su auto mostrando un par de botellas de vino tinto. Para bajar la cena, me dijo y sonrió.

    Se aproximó hacia mí, no pudo abrazarme por las botellas, lo que me dio una excusa para ser yo quien se acomode al saludo. Al igual que el día que me despedí de su casa, le di un beso medio movido entre mejilla y labios.

    -Pasa por favor.

    -Y Richard? no me digas que está viendo tele.

    -No, no, tuvo que salir de improviso a casa de su hermano, pero será un momento nada más.

    -Y mis sobrinos?

    -Se fueron al cole, están ensayando para una obra teatral

    -Y a qué hora los vas a recoger

    -No, no hay problema la movilidad del Lord Byron los trae de regreso a casa. Eso es lo bueno de tenerlos en ese colegio.

    Hubo una ligera pausa en la conversación, hasta que me dijo:

    -Te sienta muy bien el color azul Carlita.

    -Gracias coquis. Se me ocurrió ponérmelo para esta ocasión.

    -Pues te queda muy bien.

    Mientras me hablaba yo solo atinaba a verlo de una manera demasiado especial. Entregada a él, como diciéndole con mi mirada y mi actitud, lo mucho que me atraía. Lo miraba sin reparo, sin ocultarme. No había nadie que interrumpiera.

    -A veces creo que debería ser un poco más largo el vestido.

    -No para nada, te queda perfecto.

    -Gracias coquis, al menos alguien en esta casa lo nota y me lo dice.

    -En serio, de verdad me alegro que Richard tenga una esposa como tú.

    -Una esposa como yo? a que te refieres?

    -O sea, mira, te vez linda, eres linda, graciosa, trabajadora, inteligente y para variar, te ves súper con ese vestido azul.

    -A veces pienso que tu amigo no piensa igual.

    -No creo, no creo que Richard no sepa valorar lo importante que es en esta vida el tener una mujer de verdad.

    Sus palabras hacían efecto en mí. Creo que hasta me sonrojé un poco. Me puse nerviosa. Y él sentado, pero viéndome de una manera especial. Sus ojos brillaban más de lo normal.

    Me dirigí hacia la mesa para llenar unas copas y ofrecerle algo de beber, cuando me dice con una mirada dulce y atrevida:

    -No sabes lo que daría por tener a una mujer como tú.

    Tomé un sorbo de mi copa, para darme algo de valor y me dirigí hacia él decidida a cumplir las ideas que me habían rondado todo el día. Jorge se levantó como algo asustado.

    -Tranquilo… No va a pasar nada que tú no quieras que pase…

    Me voz se tornó dulce, suave y muy sensual. Esa frasecita me la habían dicho tantas veces, que supongo que por eso se la dije yo a él.

    Me acerque aún más hacia él y pasé delicadamente mi dedo índice por el borde de su camisa desde el hombro hacia su mano.

    -Qué haces?… preguntó algo desconcertado.

    -Mientras dirigía mi mirada a sus labios, le contesté: Que crees que hago Jorgito?

    Me acerqué a sus labios sin dudar y por instinto le di un piquito que él para sorpresa mía correspondió.

    -No, no es correcto Carla. Eres la mujer de mi mejor amigo.

    -No te gusto ni un poquito Coquito, acaso no me veo linda en este vestidito que me puse para ti.

    -Pero eres la mujer de mi mejor amigo, no podemos hacerle esto.

    Se le notaba entre asustado y desconcertado. Pero también indeciso. Me armé de valor y sin más ni más, dirigí mi mano hacia su pantalón.

    -Humm, dices que no, pero el bulto que tienes aquí no dice lo mismo. Apreté ligeramente sus partes. Tú eres el mejor amigo de Richard, nadie podría tratarme mejor que tú, o me equivoco?

    -Es verdad, no haría nada que pudiera dañarte, pero, no está bien que nosotros… que…

    Mientras intentaba negarse, lo besé. Él estaba nervioso, sin embargo, correspondió mi beso. No abrió la boca ni nada, pero si correspondió a mis labios. Lo sentí. Como sentía sus latidos súper acelerados en su pecho. Lo seguí besando delicada y tiernamente. Jorge empezó a posar sus manos en mi cintura, las bajaba suavemente hacia mis muslos y las volvía a subir haciendo que mi vestidito fuera subiéndose poco a poco.

    -Carla, yo… no sé… creo que no…

    -Jorge, amor, por el cariño que le tienes a Richard, no me rechaces… o acaso prefieres que sea otro el que se involucre con la mujer de tu amigo… No, verdad, mejor tú que me cuidarás y me tratarás muy bien, que no dejarás que nada malo me pase por que soy la mujer de tu amigo y tú lo aprecias mucho.

    Me tomó fuerte de la cintura y ahora él era quien me besaba. La sola satisfacción de que las cosas me estaban saliendo mucho mejor de lo pensado me ponía tan arrecha que tenía la concha muy húmeda.

    Mientras seguíamos besándonos apasionadamente, con mis manos -a pesar de su inicial resistencia- pude desabotonarle el jean y meterlas dentro de su bóxer verde. Su verga estaba caliente, como suplicando que alguien la libere del bóxer para mostrase en su plenitud. Tiesa, dura, erecta, que maravilla de verga tenía yo entre mis manos.

    -Toda traviesa le pregunté: Está así por mi?

    -Por quien más Carlita, por quien más…

    Seguía comiéndome la boca mientras acariciaba mis pechos, estrujándolos a veces suave a veces duro. Yo lo seguía masturbando de lo lindo con mis manitos.

    -Tienes unas tetas muy ricas.

    -No son tan grandes como las de Karina, pero eso sí, aún están duritas.

    Para facilitarle la tarea, bajé la parte de arriba del vestido dejándolas cubiertas solo con el brasier, que él afanosamente ya desabrochaba. Empezó a chupármelas como loco. Se notaba que le gustaba mucho hacerlo. De seguro se lo hacía a Karina. Ella tenía un busto generoso. No importaba, era su boquita en mis tetitas y eso era lo más importante.

    -Carla, dime que no es un sueño.

    -No, Coquis, no es un sueño. Es una linda realidad.

    La cara de Jorge era de antología. Era la clara muestra de la duda entre respetar la amistad a mi esposo y dejarse vencer por la pasión de poseerme.

    Le di un beso y bajé lentamente hasta ponerme de rodillas frente a esa palpitante verga. La tomé con una mano, mientras la acercaba a mi boca. Me metí la cabecita dentro de la boca y empecé con una succión que lo hacía delirar. Me la metía y la sacaba, repetidamente.

    -Habías soñado alguna vez estando así juntos?

    -Más de una vez soñé que podrías ser mi esposa.

    -Hoy quiero serlo mi amor. Hoy voy a serlo.

    Mientras seguía chupándole la verga, Jorge se agachó un poco, me tomó por el rostro y me levantó hacia él para besarme.

    -Me gustas demasiado Carla. Me has gustado siempre, desde que te conocí, pero me tenía que aguantar por respeto a Richard. Pero ya no puedo aguantar más. Quiero hacerte el amor.

    Lo besé tiernamente. Como por instinto le di la espalda, en gesto de indefensión y sumisión. Jorge, ahora era mío, me besaba los hombros, el cuello, mientras sus manos acariciaban mis tetitas.

    Con delicadeza apoyó una de sus manos contra mi cabeza pidiéndome que me recostara sobre la mesa. Con la otra subía mi vestidito azul y bajaba mi calzoncito (rosa para variar).

    Yo, estaba totalmente aturdida. Había conseguido que el mejor amigo de mi esposo me fuera a hacer suya.

    Bajó mi calzón y me besó delicadamente mis nalgas. Mientras apoyaba mi cabeza de costado sobre la mesa, vi que se ubicó en posición para penetrarme. Cerré los ojos, esperando la embestida de mi amorcito.

    Cada penetración tenía el sentido de la lujuria desatada. Jorge me tenía sola para él. Sentir sus manos en mi cintura sujetándomela con decisión, sentir su deliciosa verga entrando y saliendo de mi conchita, hacían que me volviera loca de placer. Era suya, completamente suya. Solo de él, y de nadie más. Mis tetitas, mi conchita, mi cuerpo entero, toda yo le pertenecía. Él lo sabía. Yo se lo hacía saber con cada uno de los gemidos que la pasión me arrancaba.

    Me remangó el vestido, el cual quedó prácticamente a la altura de mi cintura. Me tomó del pelo atrayéndome hacia su pecho, mientras seguía metiéndomela desde atrás, mordisqueándome el cuello, besándome los hombros y de cuando en cuando buscaba afanoso mi boca para meterme su lengua y acallar mis gemidos. Estaba completamente rendida a él, entregada del todo, Jorge había logrado dejar salir a la putita que había en mí.

    Estuvimos en esa posición como unos largos e interminables cinco minutos. Al parecer Jorge no había tenido sexo hacía un buen tiempo. Lo notaba en la forma en que me disfrutaba.

    -Coquito, dime que soy mejor que ella

    -Completamente Carla, respondió y me la empujó más fuerte que nunca.

    Ante ese ataque, volteé por instinto y quedé frente a él nuevamente. Me besó, como para reafirmar lo dicho.

    -Sabes, no puedo creer que Richard no aprecie la mujer que tiene.

    Me sentí halagada (aunque ya más de uno me lo había dicho). Me alzó de las nalgas y me sentó sobre la mesa. Dirigió su mirada a mi conchita.

    -Que deliciosa la tienes

    -Es tuya mi amor… cómetela.

    Me recosté sobre la mesa. Me abrió un poco las piernas y empezó a chuparme la concha. Su lengüita subía y bajada por mis pliegues vaginales, la punta de su lengua jugaba con mi hinchado clítoris.

    Tener entre mis piernas al mejor amigo de mi esposo me excitaba muchísimo. Era mi sueño cumpliéndose a la perfección y mejor todavía.

    Le tomé del rostro, reincorporándome como pude y lo besé. Lo besé apasionadamente, feliz, enamorada. El correspondía a mis besos. El también sentía por mí la misma atracción que yo hacia él.

    Se acomodó un poco y me la volvió a meter. Si bien resultaba extraño ver la cara de Jorge mientras me la metía, era excitante ver ese rostro lleno de lujuria.

    -Que se siente tener a una hembra como yo.

    No contestó. Seguía en el mete saca interminable.

    Agarró mi pierna derecha, la subió hasta su hombro y continuó dándome. Traté de levantarme para besarlo, pero no pude. Jorge seguía dándome duro y más duro cada vez.

    Era realmente excitante. Ante cada embestida el sonido de los cubiertos (ya puestos para la ocasión), las copas y la vajilla, haciendo un fondo musical idóneo para aquella puesta de escena, para aquella consumación del amor entre una mujer poco atendida por su esposo y el mejor amigo de éste.

    Era divino verlo gozar haciéndome feliz. Vi en su rostro aquellas facciones que te indican que el final se aproximaba.

    -Jorge, no puedo permitirte que termines dentro.

    Lo hice volver a la realidad. Me vio como desubicado.

    -Claro, tienes razón Carlita… como tú digas.

    -Pero no te preocupes coquito, no te voy a dejar así…

    Me bajé de la mesa, me puse de rodillas y me metí su verga en la boca. Empecé suavemente a lamerle el glande y luego me la introducía toda. Ya sentía el saborcito salado del semen. Empecé a masturbarlo con mis manos. El gemía, parecía suplicar para que ya termine. Me la metí nuevamente en la boca y empecé a chupársela intensamente. Sabía que en cualquier momento estallaría. Un grito de placer fue el anuncio de un chisguetazo caliente de un gomoso semen. No me la saqué. Seguí y seguí. Un poco de semen corría desde la comisura de mis labios hacia mi mentón. Le dejé la verga limpiecita. Era tal vez el semen más agradable que había probado. Tenía un cierto saborcito dulzón.

    Me incorporé. Jorge, tomó una servilleta y me limpió algunas sobras de semen que tenía. Me miraba tratando de decirme algo pero no podía hablar.

    Yo rompí el silencio.

    -Fue maravilloso. Tal como lo había soñado desde que te conozco.

    -Maravillosa eres tú Carlita. No sé qué decir.

    -Me lo has dicho todo ya amor. Tranquilo.

    Tomé las copas que aún contenían algo de vino y le propuse un brindis:

    -Por la primera de las muchas veces que nos dejaremos llevar por la pasión que sentimos hacia el otro.

    -Brindo por eso Carlita.

    -Salud… Salud.

    Lo besé. Me acomodé un poco el vestido. Cogí mi calzón que estaba en el suelo.

    -Voy a arriba a cambiarme de calzoncito. Vuelvo al toque. Si quieres lavarte ve al baño, que ya no tardan en llegar. Por favor, en la cocina hay un ambientador. Echa un poquito para disimular el olor.

    -Pero apúrate por favor. Estoy nervioso.

    Me limpié como pude la conchita con mi calzoncito rosa, lo metí al tacho de ropa sucia. Me puse otro. Me eché un poquito de agua en la cara, la cual estaba sonrojada. Me acomodé el cabello, me eché algo de perfume y volví a bajar.

    Jorge ya estaba sentado en el sofá.

    Quiso decirme algo sobre lo ocurrido y lo mandé callar. No digas nada por favor. Fue lo suficientemente maravilloso como para conversar sobre ello.

    Sonó la bocina de la movilidad escolar.

    Son mis hijos, le dije, parándome con destino a la puerta. Los chicos entraron, saludaron a su tío Jorge, él les hizo algunas bromas y se fueron a su cuarto a cambiarse.

    No terminaban de subir cuando Richard estacionaba.

    Mi esposo acaba de llegar. Tú tranquilo mi amor. No hemos hecho nada malo, le dije.

    Richard entró, me dio un beso y se dirigió a él.

    -Hola Coquito, cómo estás? Que fue, llegaron temprano? y Karina?…

    -Que tal Richard, todo tranqui no más. Karina está por llegar, fue a ver unos temas de su trabajo, pero de seguro no tarda.

    Miró las dos botellas de vino sobre la mesa y las copas aún con un poquito de contenido.

    -Pucha, que aburridos que son. Ni siquiera han tomado un poquito. De seguro que Carla te ha estado aburriendo con sus cosas.

    -No, todo tranqui, esperando que llegaras no más. No te pases Carlita no es aburrida.

    -Jajaja, me sonreí, abrazando a mi esposo. Y mirando a Jorge decía: así es mi gordito, siempre me hace quedar mal con sus amigos (y por dentro me decía, si supieras la cogida que le han metido a la aburrida de tu mujercita).

    -Bueno chicos, voy a la cocina a calentar la comida. Miren, Karina me mandó mensaje, ya está llegando.

    Fui a la cocina. Metí la comida al horno. Todo lo hacía como robotizada. Aún me quedaba la sensación de haber sido poseída por Jorge. Me dio algo de temor ver a Karina. Pero, me arranqué el pensamiento de un tirón. Yo no tenía por qué sentirme mal. No había hecho nada malo. Es más, me sentía orgullosa. La amistad entre ellos sería ahora más fuerte, estarían más unidos. Y yo había contribuido a ello.

    Y pensar que Jorge fue el que más se opuso a que me separara de mi esposo hace dos años atrás. Trató por todos los medios de persuadirnos que no concretemos la separación. A pesar de que ya me separé, no me cabe la menor duda que Jorge es el mejor amigo de Richard, bueno a decir verdad, el mejor amigo de nosotros dos.

    Espero les haya sido de su agrado. Si tienen alguna sugerencia respecto a los relatos pueden hacérmela saber a [email protected].

  • Poseída por el demonio: Mi primo

    Poseída por el demonio: Mi primo

    Soy Andrea, tengo 29 años, me considero una mujer inteligente, soy arquitecta, y desde hace cuatro años tengo mi propio estudio. Desde los 13 años que empecé a desarrollarme, supe que iba a tener un buen cuerpo. Y así fue. Tengo el pelo largo, por debajo de los hombros, muy buena figura que realzo con la ropa ajustada como me gusta.

    Tengo un novio mayor que yo, también profesional y con muy buen porte. Por las miradas de otras mujeres en la calle sé que no solo es mi parecer. Nos llevamos bien, tenemos buen sexo, y él hace un tiempo me pide casarnos. Pero no puedo.

    Todo empezó cuando cumplí 18 años. Para mi cumpleaños estábamos de vacaciones con mi familia, la hermana de mi mamá y su hijo Mauro, de 25. Esa noche cenamos todos juntos en un restaurant y después fuimos con mi primo a bailar. Cuando llegamos tomamos algo, bailamos un poco, y después cada uno se fue por su lado del boliche. Yo bailé con varios chicos, coqueteaba con otros, y cuando lo veía a Mauro, él estaba con alguna chica colgada del cuello. No fueron una o dos, fueron varias.

    Fui al baño del boliche y estaban dos de las chicas. Ellas no me conocían y hablaban con total libertad.

    -C1: Viste al flaco que me estoy transando? El sábado pasado me lo voltee, no sabes lo que es en la cama. Y el tamaño del instrumento!!!

    -C2: Ese es el que me dijo fulana!!! Me contó que la dejo hecha mierda, se enamoró la pendeja.

    Esa conversación me provocó un morbo más que importante, haciendo que me empiece a mojar. No entendía porque pero me pasaba.

    Cuando volví a la pista, veo que Mauro me señalaba y hacía movimientos que no con la cabeza. De repente la chica se me acercó y me preguntó si yo era pariente de Mauro. Le dije que sí, obviamente.

    Cerca de las 5 de la mañana Mauro me hizo una seña y salimos del boliche. A esta altura debo reconocer que había tomado de más y me costaba caminar derecho.

    Mauro me cruzó su brazo por la espalda y me tomó de la cintura, para que tenga estabilidad para camina. Como es más alto que yo, mi cabeza la apoye en su pecho. Llegamos al hotel donde parábamos y él se fue a su habitación, no sin antes dejarme en la puerta de la mía. Nuestras madres dormían en la misma habitación y nosotros en habitaciones separadas.

    Como pude me saque la ropa, lavé mis dientes y me fui a la cama. No hice más que acostarme que empecé a recordar el dialogo que había escuchado en el baño. Sin querer me fui excitando pensando en que tendría de diferente a otro hombres para que esas chicas, que se notaba que eran experimentadas, se sorprendieran. De pronto me di cuenta que me estaba apretando los pechos y mis dedos jugaban con el clítoris. Aunque lo intentaba no podía llegar al orgasmo. Y sucedió.

    De un salto salí de la cama, espié por el pasillo y al no ver a nadie fui corriendo a su habitación, que por suerte no había puesto llave.

    Casi sin hacer ruido y en medio de la penumbra, me metí en su cama. Mi mano fue directo a su pene y si, tenía un tamaño muy importante, nunca había tenido una cosa así en mis manos. Cuando empecé a acariciar, se movió y levantó su cabeza. Yo esperaba que me diga algo, que no podía ser, que me echara. En lugar de eso, hizo que acerque mi cabeza a su pene y lo empiece a chupar.

    Mientras lo hacía me decía a mí misma que eso estaba mal, que qué estaba haciendo. Traté de sacar mi cabeza pero no me dejó. Sus manos comenzaron a jugar con mi clítoris, me saco la tanga y tocaba dulcemente mis pechos. Yo estaba cada vez más excitada. Dos de sus dedos se hundieron en mi vagina, a entrar y salir.

    Él no me forzaba, no me ordenaba, pero yo no podía resistirme. Sabía que lo que estaba haciendo no correspondía pero no podía resistirme, mucho menos irme. Me puso de costado, él se puso tras de mí y la fue metiendo lentamente en mi vagina. Como era realmente grande y él lo sabía se movía lentamente, mientras me apretaba un pecho y sus labios besaban mi cuello.

    Cuando sintió que ya entraba lo suficiente incrementó el ritmo, tanto de sus besos como de sus penetraciones. Yo ya estaba totalmente sacada. Con un movimiento rápido, quedó de espaldas y yo acostada sobre él, también de espaldas, con las piernas separadas y mi cabeza colgando al lado de la suya. Eso le permitía besar mi cuello, con una mano jugar con mi clítoris mientras con la otra apretaba uno de mis pechos.

    Nunca un hombre me había hecho el amor así, o mejor dicho, nunca me habían cogido así. Estaba totalmente extasiada, me sentía poseída por aquel hombre que era mi primo. Cuando notó mis dos orgasmos seguidos, que convulsionaron mi cuerpo, con gentileza se corrió, se puso de rodillas a mi lado y mientras se masturbaba, me ofreció su pija para chupar.

    Así lo hice y cuando acabó parte de su semen cayo en mi boca y parte en mi cara, cuello. Me impresiono la cantidad. Con mis manos repartí los restos por mis pechos y me quedé como paralizada en la cama.

    M: tomas la pastilla, te cuidas?

    A: no, no tomo nada

    Fue entonces que aún con su pene casi erecto, bajó a mi entrepierna y comenzó a besar mi clítoris. Combinaba besos con juegos de su lengua.

    A: Por favor, no doy más

    Sin darme respuesta, o mejor dicho, por toda respuesta, como si fuera una muñeca me levantó las piernas y su lengua entraba a fondo en mi vagina, que increíblemente seguía generando humedad. Y estaba como loca, otra cosa que no había experimentado. De pronto su lengua bajó a mi ano y empezó a hacer círculos en él. Uno de sus dedos se introdujo en mi vagina y jugaba con el punto G.

    Cuando estaba llegando al paroxismo, su lengua empezó a hacer fuerza e intentar penetrar mi ano.

    A: No, por favor, eso no

    M: tranquila, goza

    Cuando lo hubo dilatado lo suficiente, introdujo la primera falange de su dedo índice, y apenas lo movía, mientras su lengua volvió a mi clítoris. Mis orgasmos eran continuos, uno tras otro. Los espasmos musculares ya me provocaban dolor.

    No sé en qué momento, pero cuando se acostó a mi lado ya tenía colocado un preservativo. Me tomó en sus brazos e hizo que lo montara. Fue corriéndose hasta que quedó sentado al borde de la cama, mis piernas a sus costados y su pene… dentro de mí. Lo abracé con fuerza, lo besaba y nos movíamos acompasadamente. De pronto siento que su dedo índice estaba nuevamente en la entrada de mi ano, suavemente la forzó y el movimiento de mis caderas sumado a su presión hizo que se entierre casi en su totalidad. Podía sentir como parecían rozarse su pija y su dedo dentro de mí. Eso disparó mi último gran orgasmo, que fue acompañado por el suyo.

    Caí rendida en la cama. Como pude junté y me puse la poca ropa que traía y sin decir nada y llena de vergüenza me fui corriendo a mi habitación.

    Fui al baño, me di una ducha y me acosté. Ahora entendía porque la casi admiración de esas chicas con mi primo. Al día siguiente, estuvimos toda la familia junta, y a pesar de en algunos momentos quedamos a solas, ninguno hizo comentario alguno. Solo un guiño del ojo cuando me ayudó a trepar una colina en un paseo.

    Él tuvo que viajar a otro país y pasaron dos años sin vernos. Ni siquiera hablamos por teléfono. Pero de mi mente no lo podía quitar. Estuve con otros dos hombres en ese tiempo, pero no le llegaban ni a los talones en la cama. Me quitaba las ganas de sexo porque sabía que no iba a sentir algo igual, me decepcionaban.

    Volvió quince días para el cumpleaños de su madre y un día que nos encontramos en su casa, me invitó a tomar un café

    M: cómo estás, como están tus cosas? La facultad?

    A: bien, por suerte aprobando materias.

    M: supongo que estarás de novia, sos una mujer bellísima. Los debes tener locos a los hombres.

    A: No Mauro, no estoy de novia, hace mucho que no estoy de novia. Casi desde aquellas vacaciones.

    M: Pero, por qué? Qué pasa?

    A: esto que te voy a decir me avergüenza mucho. Pero no puedo sacar de mi cabeza lo que pasó en esas vacaciones. Mejor dicho: No te puedo sacar de mi cabeza.

    M: opa, y por qué?

    A: porque desde ese día estuve con dos hombres, y ni se te acercan a los talones en la cama. Esos y los que tuve antes. Y como dicen, cuando probas el buen vino…

    M: gracias por el cumplido, pero lamento que sientas eso, que no seas feliz en la cama.

    A: yo también

    M: te quiero decir que yo también la pasé muy bien, no solo por tu hermosura, sino por el placer que me diste.

    A: No digas pavadas, si era y soy totalmente inexperta.

    M: justamente, no tratas de ser lo que no sos.

    Dicho esto, estiró su mano y me hizo un mimo en la mano que tenía apoyada en la mesa. Me dio escalofríos, me estremeció de tal forma que estuve tentada de sacarla, pero era tal su suavidad que no pude.

    Sin decir una palabra, solo me miró, llamó al mozo, pagó y nos fuimos del lugar. Ya en la calle, me abrazo, y me dio un hermoso beso. Instantáneamente empecé a humedecerme. Cerca de allí había un hotel, tomamos una habitación y en dos segundos estábamos revolcándonos en la cama.

    Sin que diga nada me puse a chupar esa tremenda pija, acariciaba sus testículos mientras el acariciaba dulcemente mi espalda. Después de un rato, me puso boca arriba.

    A: Estoy tomando pastillas

    M: Ok.

    Separó mis piernas y me la metió despacio, disfrutando entrar a mi vagina mientras yo disfrutaba lo mismo, que me penetre. Tomaba mis pechos y los acariciaba, pellizcaba suavemente mis pezones. Nos condujo a los dos al orgasmo, o al primero de varios mejor dicho. Jugamos en la cama a acariciarnos para excitarnos. En un momento dado, quedamos los dos de rodillas, y yo dándole la espalda. Podía sentir su miembro rozando mis glúteos. Me excitaba pero temía que me lastimara. Él jugaba con uno o dos dedos en mi cola, y cuando apoyaba su pene, yo le pedía que no y me respetaba. Fueron dos veces más que lo hicimos esa tarde.

    El volvió a partir de viaje, y esta vez estábamos en contacto por la compu. Ninguna de nuestras comunicaciones eran sexuales, solo de primos con una muy buena relación

    Pasaron los años, el no regreso por mucho tiempo y seguíamos en contacto. Un día le conté que me había enamorado, y él se alegró mucho. Increíblemente yo había descubierto que con Mauro era solamente sexual, no estaba enamorada. Pero no podía sacármelo de la cabeza en esa parte. Incluso cuando estaba con mi novio.

    Hace una semana volvió. Y volvió con una novia. Sinceramente no sentí celos. Me alegra que haya formado una pareja. Dos días atrás lo llamé y le propuse encontrarnos las dos parejas. Fuimos a cenar, a bailar, y realmente la pasamos bien.

    Pero al día siguiente, casi sin pensarlo, lo llamé a la mañana.

    A: Podes hablar?

    M: Si, Andrea

    A: Quiero verte, a solas. Podrás ir al café aquel, a las 14 h.

    M: Si, por supuesto.

    A las 14 h. nos encontramos en la puerta del café, él había llegado y me esperaba afuera.

    Sin mediar palabra, solo un beso, fuimos al mismo hotel.

    Cuando nos quitamos la ropa, nos sentamos en la cama y le dije:

    A: Sabes, te extraño mucho en la cama. Sos el hombre que más me hace gozar, ninguno me trata como vos, me excita como vos, va, ninguno me coge como vos.

    M: es que es lo que quiero, que goces, obvio que quiero gozar, pero me calienta mucho ver como gozas en la cama. Primero porque me gusta que todas las mujeres con que estoy gocen, pero con vos es especial, porque sos natural, nada impostado.

    A: Y te aseguro que gozo con todo.

    Empezaron las caricias, los besos, chupaba su pija, el mis pechos, yo sus testículos, el mi vagina, me penetró en varias posiciones, una me daba más placer que la otra. Cuando estuve arriba de él, puse uno de mis dedos en su boca y él lo besó. Lo metí un poco y le pedí que lo llene de saliva. Cuando lo hizo, lo empecé a hundir en mi ano para su sorpresa. Lo mismo hice con dos dedos. Él se movía lentamente dentro de mi vagina. Cuando fue tiempo del tercero, me levante, le di la espalda y le mostré como entraban tres dedos.

    Él se masturbaba lentamente, mirando sin poder creer. Tomé valor y le dije:

    A: te animas a hacérmelo con cuidado?

    M: Por supuesto, pero avísame si te duele.

    Su pija estaba durísima, creo que nunca la había visto así. La apoyo en mi ano y me dijo que yo empuje despacio, que yo maneje los tiempos. Empecé de a poco y no había entrado la mitad de su cabeza cuando ya sentía dolor, pero no me importaba, la quería adentro. Fui metiendo y sacando esa terrible vara hasta que escuche que me dijo:

    M: ya la tenés hasta la mitad. Ahora sigo yo.

    A: dale, pero por favor, despacio.

    Él me tomó por las caderas y comenzó a entrar y salir acompasadamente, pero incrementando levemente la velocidad. Yo me acariciaba el clítoris, metía dedos en mi vagina o apretaba mis pechos. Cuando sintió que vendría otro de mis orgasmos, la sacó rápidamente de mi ano y la metió de un golpe en mi concha, aún con dos dedos míos adentro. Eso me excitó aún más. Estuvo dándome con todo un rato, hasta que no di más. Y la calentura me hizo pedir:

    A: Acábame en el orto.

    M: te va a doler, se está cerrando -me dijo a sabiendas de su calentura y mi estrechez.

    A: Por favor, en el orto, ya

    La sacó, seguí con mis dedos en la vagina y me apretaba con todo los pezones. Me tomó por la cintura, apoyó la punta y de un solo empujó la enterró hasta la mitad. Di un grito de dolor.

    A: Seguí, quiero hacerte gozar como nunca has gozado con mi cuerpo.

    Sus movimientos de volvieron cada vez más profundos y rápidos, sentía como entraba cada vez más profundo dentro de mis intestinos. Sus pelotas golpeaban mi vagina, hasta que de pronto, se enterró y sentí como todo su semen me llenaba. Caímos de costado y sin sacarla, me puso nuevamente sobre él que quedó de vuelta de espaldas en la cama. Mi cuerpo desfallecía y el abrió mis piernas. Empezó a bombear de nuevo, apretando mis pechos con todo, besando mi cuello.

    Yo no lo podía creer, después de haber acabado su pija no se bajaba y seguía bombeándome. Estuvo como cinco minutos así y me dijo:

    M: acabo de nuevo

    A: Si, por favor, pero seguí en el culo.

    Así lo hizo, nuevamente se descargó en mí. Como pude me salí, tomé su pija y la limpié toda. Mientras lo hacía, no podía creer que haya entrado toda en mi culo.

    Nos quedamos charlando un rato más, y cada uno se fue a ver a su pareja. De mi parte, les aseguro que no tuve sexo con mi novio, y por varios días seguramente no voy a tener.

    Quedamos en que como se quedaba a vivir en mi ciudad, seguiríamos encontrándonos.

    Lo lamento por mi novio, pero estoy poseída por ese hombre que me hace gozar como ninguno.

    Es evidente, estoy poseída por un demonio: Mi PRIMO EN LA CAMA ES UN DEMONIO QUE UNA VEZ ADENTRO NO SALE.