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  • Aventuras y desventuras húmedas. Primera Etapa (13)

    Aventuras y desventuras húmedas. Primera Etapa (13)

    Mari que se entretenía en el sofá mientras veía la televisión, escuchó como su hermana bajaba por las escaleras atisbando en ella cierta coloración a la que no dio importancia.

    —¿Has visto a Sergio?

    —Me ha parecido oír la ducha, estará allí. Espero que no haga cosas de adolescente dentro, ¿ya sabes? —no hizo falta añadir un gesto de masturbación, Mari lo entendió a la primera.

    —Por los clínex que consume y dónde los consume… diría que es más de hacerlo en su cuarto. —su marido le había explicado que aquel gasto de papel era normal, para ella siempre fue demasiado…

    Carmen no se esperó tal comentario y no se le quitó la sonrisa hasta que se sentó en el sofá, la imagen de su sobrino agarrando su miembro mientras lo movía, la dejaba en una tensión sexual.

    —Si todavía sigues dándole vueltas a lo de ayer, si quieres… ¿Entramos al baño y le pillamos desnudo? ¿Una por otra? —su hermana lo tomó a modo de broma. Ambas se rieron aunque en la cabeza de Carmen la idea le resultó intrigante.

    —No, hija, no.

    —No te preocupes por algo tan bobo como lo de ayer, te vio con unas copas de más eso es normal. Creo que el tema del cariño tienes que ir poco a poco, si te apetece darle un abrazo dáselo, no lo dudes, que no te dé reparo.

    —Muchas veces me apetece, pero una vergüenza me echa para atrás, ya ves ¡con mi hijo…!

    —Puede que con un hijo sea diferente. Con mis hijas siempre fuimos muy amorosas y bueno entre tú y yo también, pero te puedo entender. Tienes que apartar esa vergüenza a un lado, ¡si ha salido de tus entrañas, cariño! —le lanzó una mirada que conectó en los ojos de Mari, también de ese color azul precioso.

    —Voy a tratar de cambiar, forzarme un poco, aunque no sé, me siento como cohibida. Es muy raro —suspiró profundamente— eso sí… ya me vio borracha… me desnudo… y me metió en la cama. ¿Qué vergüenza voy a tener? —se llevó las manos a la boca mientras trataba de no reír— De verdad, qué mal momento…

    —¿Es la primera vez que te ve en ropa interior?

    —A ver, sí y no. Muchas veces me paseo en ropa interior por casa, bueno mis hijos y yo, mi marido es el único que no. Dani siempre fue pudoroso, —volviendo al tema— pero una cosa es eso y otra cosa es de la guisa que me vio ayer.

    —Boberías, cariño. —queriendo cambiar de tema, sabía que Sergio en cualquier momento bajaría— Además, ayer estábamos espectaculares, ¿te acuerdas de aquel tío que vino donde nosotras?

    —Le espantaste rápido —respondió Mari riéndose.

    —Demasiado feo, querida, nosotros tenemos más glamour. —Carmen añadió un tono de “pija” que a su hermana le encantó.

    Las dos comenzaron a reír como locas en la sala, volviendo a sentirse como cuando eran adolescentes. Charlaron durante un buen rato de la noche anterior, rellenando algún que otro hueco que Mari había perdido por el camino. Hasta que escucharon como Sergio descendía por las escaleras dirigiéndose al sofá donde se encontraban.

    —Nuestro caballero —anunció Carmen al verle.

    —Buenos días, tía —se acercó a esta dándole un beso en la mejilla que le supo a poco y después, le dio otro a su madre, preguntándola— ¿Qué tal te encuentras, mamá?

    —Bien, mi vida. —sentía su rostro acalorándose debido a la vergüenza. Se pasó una mano por el cabello para evadir ese sentimiento, pero le era imposible— Muchas gracias, creo que me duele un poco la cabeza y nada más.

    —Me alegro, estabas un poco “pedete” —era la palabra que usaba ella cuando el joven llegaba perjudicado.

    —No te rías de tu madre… —le dijo con una voz notablemente cortaba por lo que sentía en su interior. La imagen de estar frente a su hijo, ebria y casi desnuda no desaparecía.

    —¿Qué os parece —saltó de pronto Carmen— si salimos y nos vamos a comer? Hoy Sol no está y ninguna de las dos va a cocinar —señalando a su hermana.

    A los dos les pareció buena idea y después de pasar un rato de la mañana preparándose, todos montaron en el coche de Sergio para dirigirse al restaurante que las mujeres decidieron.

    La comida fue amena, hablaron de todo y se rieron juntos, el tiempo era una delicia y una brisa de verano perfecta les acompañó en la terraza donde acabaron llenos de tanto comer.

    El joven mientras escuchaba a las dos mujeres conversar sin parar, trataba de ser lo más sutil posible porque no podía parar de mirar a su tía. Con unas pocas ropas casuales y unas gafas de sol que le tapan las leves ojeras que tenía del día anterior, le resultaba una mujer de bandera, le era imposible quitársela de la cabeza.

    Lo de la noche anterior le había sabido a muy poco, ¿qué habían estado, diez minutos como mucho? No era suficiente. Lo de esa misma mañana, no había hecho otra cosa que acrecentar sus ganas por pasar tiempo a solas con Carmen, tocar su piel, probarla y si podía ser, penetrarla.

    De pronto, una voz le sacó de sus pensamientos. Miró a las dos mujeres que levantaban sus ojos justo a la espalda del chico. Este giró la cabeza para ver de qué se trataba. Un chico de su edad, parado en medio de la calle le miraba con sorpresa sin creer que fuera él.

    —¿Sergio? —echó un vistazo al muchacho que le preguntaba, dejando de prestar atención a sus dos mujeres favoritas.

    —¡Héctor! —contestó levantándose a saludar.

    —¿Qué tal? Pensaba que venías más tarde —ambos se abrazaron como viejos amigos que eran.

    —Sí, pero me adelanté, así paso algo de tiempo con mi tía y mi madre —dijo señalando a ambas que saludaron al joven.

    —¡Qué bien! Oye te apetece tomar algo, si no estás ocupado digo.

    Sergio miró tanto a su madre como a su tía. Se lo estaba pasando en grande con ellas, pero necesitaba estar un rato con gente de su edad y sobre todo, para quitarse a Carmen de la cabeza. Quizá alejándose un poco de ella podría “enfriarse”, aunque solo fuera un poco.

    —¿Os veo luego en casa? Así tomo algo con Héctor.

    Ambas movieron las manos con rapidez en señal de que no importaba, pareciera que se quitaran un peso de encima, aunque nada más alejado de la realidad. Observaron al joven muchacho alejarse con su amigo. Carmen aunque luchó contra su cuerpo, no pudo evitar mirar como el trasero se le movía al andar, pensando en si podría tener otro momento a su lado, necesitaba mucho más de lo que había tenido. Mari en cambio, solamente pensó una única cosa, que tampoco entendió muy bien como había llegado a su mente. Quizá nunca lo había visto así o simplemente el que le “cuidara” la noche anterior había cambiado su percepción del joven. Sin embargo su cabeza le hizo preguntarse “¿Cuándo se ha hecho un hombre?”.

    —Bueno… nos hemos quedado solas, ¿quieres un café? —le dijo Mari sin responder a sus propias dudas.

    —Bien, ahora pedimos —Carmen hizo una pausa y añadió—, por cierto, ayer quería pasármelo bien, pero hoy creo que ya nos toca cotillear un poco. —la mujer morena sacó media sonrisa— ¿Qué tal con Dani?

    —Pues como siempre, no hay nada nuevo que contar, rutina, rutina y más rutina.

    —Yo en cambio, —desde la conversación con Sergio sentía tal liberación que necesitaba compartirlo con su hermana, la que siempre había sido su gran confidente— tengo algo que contar.

    Mari se quedó con curiosidad al oír aquello. Jamás había escuchado quejas más allá de las normales acerca de Pedro, pero esas palabras parecían haber salido de su boca con algo de tristeza. El camarero escuchó el pedido y se fue con los dos cafés anotados.

    —¿Qué pasa, Carmen, estás bien?

    —No, no lo estoy, te lo digo sin rodeos, yendo al grano, que al final va a ser lo más sencillo, creo que Pedro me ha sido infiel. —Mari se llevó la mano a la boca sin creer sus palabras y sin poder asimilar del todo aquella información— He visto pruebas que me llevan a pensar eso. Cargos en bares a las tantas, una mancha de carmín en la chaqueta y claro… luego están las pocas cosas que hacemos juntos, sin contar las cosas que hacemos en la intimidad. De esto último… mejor ni mencionarlo… aunque tampoco hay mucho que contar, ya me entiendes.

    —Joder… no sé qué decir. ¿Tú estás segura de eso? Es que me pillas de sopetón, no es algo que me esperase.

    —Sí, estoy segura, muy cerca del 100%. Hace años que no es lo mismo y estaba un poco apenada, bastante triste por como irían las cosas, pero…

    Carmen recordó el viaje con su sobrino, el desahogo en la piscina… se sentía mejor y todo gracias a su sobrino. Pero… ¿Estaría bien decírselo a su hermana? ¿Qué gracias a su hijo todo había cambiado?

    —¿Pero…?

    —Pero… estos días he cambiado de parecer. Ya no estoy tan mal, la verdad… he pasado dos o tres años realmente malos. Obviamente la procesión va por dentro.

    —Habérmelo dicho, ¡soy tu hermana!

    —Ya lo sé, pero estamos muy lejos y sé que tú ya tienes tus problemas, es complicado, cariño.

    —No lo es —dijo rápidamente Mari—. Me llamas y hablamos, punto. —vio que el camarero llegaba con los cafés y al irse siguió— Me lo tendrías que haber contado desde el primer minuto. Aunque me alegro de que estés mejor, eso está claro, sin embargo… ¿Qué ha pasado? ¿Por qué ese cambio?

    —Ha sido… muy raro… —no sabía si decírselo, ni como se lo tomaría— mira, no sé si te lo vas a creer, ni si te sentara bien o mal o extraño. Pero por lo que estoy mejor ahora, es por… tu hijo.

    —¿Cómo? ¿Por Sergio?

    —Sí… —Carmen veía que su hermana necesitaba más detalles y prosiguió— tuvimos un viaje largo en coche, tan largo y a la vez tan corto. Desde el principio comenzamos a hablar y hablar, y no sé… estaba tan a gusto, tan bien. —por su mente viajaban imágenes de las que no le podría hablar nunca a nadie— Comenzó a contarme las cosas con su ex y… no tengo ni idea a día de hoy porque lo hice. Pero le conté lo mío con Pedro.

    —Espera, una cosa antes que nada ¿Qué Sergio está mal con Marta?

    —Sí… tan mal que ya no están juntos. Hace medio año que lo han dejado, bueno, ella le dejó, además por su ex.

    —Joder… —la palabra sonó muy sentida en la boca de Mari que se sintió indignada. Aún pensaba que seguían juntos, es verdad que no le preguntaba, pero ¿Cómo no se lo podía haber dicho?

    —Lo siento, pensaba que lo sabías y que si lo hablaba conmigo, que al menos tú estarías enterada. —Carmen se sentía mal, pero Mari la apremió a que siguiera con lo de Pedro. Ya dejarían para otro momento el tema de su hijo— Pues eso, en el coche le conté mis dudas, mis inquietudes y si te soy sincera me ayudó mucho. Si te soy sincera es como si lo pudiera ver todo de otra manera. No es que no esté enfadada, pero… me lo tomo… ¿Con más filosofía?

    —Me alegro —aunque no mentía, la cara de Mari reflejaba el mal trago que se había llevado por lo de su hijo.

    —¿Cielo, estás bien? De verdad, no sabía nada, joder… si lo sé me cayó.

    —No, no… para nada tienes tú la culpa, Carmen. Lo que en verdad me molesta, es lo poco “íntimos” que somos mi hijo y yo. Siempre ha rondado en mi mente acercarme más a mis hijos, preguntarles por su vida de forma… seria… no casi por cortesía, pero no me sale, tengo una barrera, que no… que no me deja avanzar. —en su cara se podían atisbar trazos de pena— Creo que soy muy fría con ellos, en especial con Sergio, es el mayor y bueno no sé… quizá puse más atención en su hermana… yo qué sé. La cosa es que me gustó el abrazo y el beso que me dio, pero me da hasta vergüenza ir y dárselos… —Mari veía sus propias palabras como una chorrada. Sin embargo en el fondo eran tan reales…— si me los da los recibo de mil amores, pero si es al revés, me cuesta… ¡Mierda, es mi hijo!

    —Quería hablar de nuestros maridos y esto acaba derivando en Sergio. —ambas sonrieron ante lo curioso del tema— Aunque me parece bien hablar de ello. Lo único que puedo decirte es que tienes que actuar más como yo. Cuando le veo me encanta darle abrazos y si quiero darle un beso, se lo doy. —no podía evitar pensar en cómo le tocaba esa misma mañana— Sé que es diferente, soy su tía… sin embargo deberías ser más cariñosa, es tu hijo, Mari. Además que es un amor, cariñoso, bueno, sensato, lo tiene todo, yo lo amo con locura… deberías forzarte un poquito, según le des el primer abrazo quizá ya no pares.

    —Entiendo lo que dices, pero me es tan complicado. Si lo pienso, tampoco con Dani… bueno a él le doy otro tipo de cariño, pero cada vez menos… creo que estoy mezclando dos problemas en uno.

    —Pues hablemos de ambos, cariño —le dijo Carmen dirigiéndole una sonrisa a su hermana para que alegrara el rostro—. ¿Quieres hablar de la relación con tu hijo? Hablemos, ¿quieres despotricar a tu marido? Lo hacemos. A mi Pedro ha llegado un punto de que me da igual, te lo juro.

    —Y, ¿eso gracias a Sergio?

    —Sí y no. Al principio, como es obvio, me decía que no, que no podía ser, pero viendo la realidad consiguió que lo viera todo de otra forma. —aunque Carmen también recordó la noche en que le hacía ver las cosas de otra forma mientras estaba encima de ella.

    —Conoces más a Sergio que yo —dijo con una sonrisa irónica y negando con la cabeza— ¿Qué más te contó de Marta?

    —Pues eso que estaban bien y de repente de un día para otro, se fue con su ex, un chico que hacía… creo que tres años que no veía, no me acuerdo de las fechas. Que había estado un poco mal en lo anímico y también, en otras cosas…. Ya te imaginas… es un adolescente… había pasado de tener mucho a nada y estaba mal. Entendible, es un chico en la flor de la vida.

    —Vale… perfecto… incluso te habla de sexo ¡Estoy alucinando! —decía Mari dando un sorbo a su café para serenarse— Creo que me van a dar el premio a madre del año. ¿En qué lugar estaré en la lista de Sergio para hablar de algo? ¿Última? O quizá aún más abajo. Me siento fatal, en menos de un día estoy viendo que la relación que soñaba tener con mis hijos cuando eran pequeños ni se parece. —miró al final de la calle, como si su hijo fuera a parecer con las respuestas y diciéndola lo buena madre que era. Pero no aparecía nadie— Apenas me cuenta cómo le va en la universidad y contigo habla de todo… siempre he pensado que debo cambiar, pero me cuesta tanto… tengo que hacerlo…

    —Ni se te ocurra decir eso, Mari —respondió su hermana con rapidez—. Eres una gran madre, simplemente os falta ese punto de “amistad”, debéis ser más cercanos y ya. La confianza no marca que tú seas una gran madre o no, mira ¿recuerdas con mamá? Ni se nos ocurriría contarle nada.

    —Eran otros tiempos…

    —Sí, pero aun así no nos atrevíamos, con papá era otra cosa y ninguno de los dos fue peor que el otro. —Mari asintió evocando a sus padres, con sus virtudes y defectos, su hermana tenía razón.

    —¿De qué más hablasteis Sergio y tú?

    —Nada más. Me contaba lo que le venía a la mente, cuando se suelta no tiene vergüenza, le tuve que parar en alguna ocasión. —no podía asegurar que aquello fuera del todo cierto. Cuando le comenzó a mirar con ciertos ojos lujuriosos después del pantano, estaba segura de que ya no le paró— y te voy a decir una cosa, me encantó hablar de algo así tan abiertamente. Hacia tantos años que no escuchaba una lengua así de suelta… me sentí como cuando éramos jóvenes.

    Mari sonrió y miró al infinito, más allá del final de la calle, tratando de recordar aquellas conversaciones interminables con su hermana, tan lejanas en el tiempo. Bajo las sabanas, en el jardín, en el viejo coche de su padre… como le gustaba no parar de hablar junto a Carmen. ¿Cuándo cambio? ¿Cuándo se volvió tan recta, tan avergonzada, tan pudorosa? No quedaba nada de aquella joven que pretendía comerse el mundo, ¿o sí?

    El móvil de Carmen vibró, rompiendo el pequeño momento de soledad que compartía con su hermana. Abrió los ojos sin poder evitarlo, un poco más y sus cuerdas vocales provocaron un graznido que a saber cómo se hubiera interpretado. Su hermana la miró con ojos extraños y dando su último sorbo al café se preocupó por ella.

    —¿Qué pasa?

    —No, nada —dijo Carmen simulando tranquilidad aunque por dentro estaba alterada— cosas de Nuria.

    —¿Qué tal están mis sobrinas? Ni he tenido la decencia de preguntarte por ellas.

    —Bien, o eso creo, con cuentagotas sé de ellas, ya están intentando hacer sus vidas, ya sabes —viendo que ambas habían terminado el café añadió— ¿nos volvemos?

    Pagaron y comenzaron a caminar tranquilas por el pueblo recordando momentos vividos muchos años atrás. Rieron y contaron anécdotas, las cuales hacían que alguna que otra lágrima se derramara por sus pómulos por revivir tales situaciones. Caminaron al coche, hasta que de pronto, mientras ellas reían a carcajadas, alguien las llamó.

    —¡Carmen! —saltó una mujer desde su espalda y dirigiéndose a ellas añadía— ¿No me lo creo? Dime que esta es tu hermana.

    —¿Pili? —contestó Mari al dudar por un instante. Después de corroborar en sus recuerdos quien era, añadió— ¡Pili!

    Ambas se dieron un fuerte abrazo ante los ojos de Carmen que sonreía al sentir la felicidad que estaba sintiendo su hermana desde que había llegado al pueblo. Mari se acababa de encontrar con una de las amigas de su infancia, con la cual, pasados los años y la distancia, casi se habían olvidado la una de la otra. Solo a través de las redes sociales conservaban la amistad y decir eso era demasiado… mejor dicho recordaban el rostro la una de la otra.

    —¿Qué haces aquí? —preguntó la mujer.

    —Pues, he venido con mi hijo a ver a mi hermana, ¡hace cuanto que no te veía! Estás guapísima —más un cumplido que realidad, los kilos y la edad le habían pasado factura a la mujer.

    —Tú sí que estás guapa, bueno siempre fuisteis muy guapas, como me alegra verte. Aunque si no vas con tu hermana no te hubiera reconocido.

    —Estoy por aquí menos de lo que me gustaría, Pili.

    —Ya lo siento, chicas, me da una rabia no poder entretenerme… tengo que abrir la tienda, me encantaría estar un rato contigo.

    —Oye, podéis quedar después de que cierres —dijo Carmen rápidamente—. Terminabas a las siete de la tarde, ¿no?

    —Sí. Después no tengo nada que hacer, mi niño tiene que ir al entrenamiento de baloncesto o sea que… ¿Tomamos algo?

    —¿No te importa que no pasemos el tiempo juntas, Carmen? —le preguntó a su hermana aunque sabía la respuesta.

    —Más te vale… disfruta y recuerda buenos momentos con Pili, a mí me ves más a menudo, aunque tampoco mucho…

    Las tres rieron y se intercambiaron los móviles para quedar más tarde. Mari no podía ser más feliz, haber visto a Pili le traía tantos buenos recuerdos, tantas tardes en el río, tantos juegos a la cuerda, tantos momentos delante y… detrás de los chicos.

    Las dos mujeres llegaron al coche. Mari aún tenía la sonrisa por ver a su amiga y la mente viajando al pasado, incluso las ganas de llorar por los viejos recuerdos habían tenido que ser reprimidas.

    —¿Le has dicho a Sergio que nos vamos? —preguntó Carmen a su hermana dentro del vehículo.

    —No. Se me ha pasado, con la charla y ver a Pili… ahora mismo le mando.

    —Aprovecha —Mari no entendía lo que decía su hermana— mándale un mensaje algo cariñoso a tu hijo anda.

    —A ver… —casi con vergüenza comenzó a escribir. Una vez terminado— Cariño, nos vamos a casa, nos vemos allí, besos. ¿Te parece bien? —con un tono de broma como si se lo estuviera diciendo a su madre.

    —Ponle que le quieres mucho.

    —¿Para qué? Si ya lo sabe.

    —Pónselo.

    Mari se lo acabó poniendo y al de un minuto vio la contestación de su hijo “bien, mamá, luego me acercan. Yo también te quiero.” Según terminó de leerlo, algo dentro la removió. ¿Hacia cuánto que no escuchaba a su hijo decirla que la quería? Quizá su hija hacia menos tiempo, pero también era más pequeña, ni siquiera Dani soltaba esas palabras tan a la ligera.

    Se mojó los labios notando que la garganta se le había secado. Releyó las parabas, “yo también te quiero” el corazón le saltó en su pecho sin un motivo entendible y con sus ojos azules, volvió a leer por última vez las dos últimas palabras “te quiero”. Su mente gritó tan fuerte como le era posible con la imposible posibilidad de que su hijo la escuchara, “yo también te quiero, cariño”.

    CONTINUARÁ

    —————————

    Por fin en mi perfil tenéis mi Twitter donde iré subiendo más información.

    Subiré más capítulos en cuento me sea posible. Ojalá podáis acompañarme hasta el final del camino en esta aventura en la que me he embarcado.

  • Como perro

    Como perro

    La habitación está casi en penumbras, solo una pequeña lámpara sobre la mesa de noche está encendida.

    Estoy sentado en un rincón en la esquina más oscura de la habitación, una mecedora vieja me sostiene. Estoy en silencio, como un depredador que observa a su presa listo para embestir, como un fantasma que espía sin ser visto.

    Estoy aquí porque así me lo pediste:

    —Siéntate en la mecedora y no hagas ruido

    Puedo ver tu inconfundible silueta a través de la tela semi transparente del biombo, veo tu sombra moverse por el espacio que queda entre la madera y el piso. Noto como levantas una a una tus piernas para abrir el cierre de tus largas botas negras, su sonido al abrir es música para mis oídos, sin perder tiempo sacas tu pantalón y lo dejas tirado junto a las botas, en poco tiempo escucho como tu blusa cae al suelo.

    Ahora debes estar semidesnuda, solo en ropa interior, cierro mis ojos para imaginar lo que sigue; lo he visto tantas veces, que es como si estuviera ahí dentro contigo.

    Ahora tus manos deben estar detrás de tu espalda dejando tus pechos libres, un suspiro de alivio sale de tu boca al sentir la libertad que ese pequeño acto te provoca cada día, casi enseguida tus manos bajan la última prenda esas bragas impregnadas de ti, de tu esencia, de tu olor, aspiró hondo desde mi lugar intentando percibir un poco del aroma que guarda ese pequeño pedazo de tela…

    Ya estás completamente desnuda, y yo del otro lado de la tela, estoy duro, muy duro esperando por ti, hambriento por tenerte.

    Cuando sales de tu escondite improvisado lo haces sonriendo, caminando lentamente hacia donde sabes que te observo.

    Admiro tu figura, esa que tantas veces he recorrido milímetro a milímetro, me concentró en tus piernas, largas y firmes, ágiles y seguras.

    Te detienes un poco antes de llegar a mí casi cuando mis manos pueden alcanzarte, das un giro y caminas alejándote unos pasos de mí, noto tus dotes de bailarina cuando tu cuerpo se inclina hacia delante hasta tocar tus pies con las manos.

    La vista de ese movimiento me encanta y me enloquece.

    Estoy a punto de levantarme cuando tu voz se escucha, es como si me leyeras el pensamiento.

    —¡Quédate quieto O tendré que amarrarte a esa mecedora!

    Estoy tentado a volver a hablar solo para estar amarrado ante ti, pero mi sentido común me dice que si hago caso me divertiré más.

    Te enderezas y caminas hasta la cama, te sientas en el borde y abres las piernas ofreciéndote como un tributo, desde donde estoy no puedo ver tanto como quiero, la oscuridad y el ángulo de mi lugar me lo impiden.

    Muero por levantarme y poder ir hasta ti.

    Te ríes de nuevo sabes lo que quiero.

    —¡Jajaja! estoy segura que quieres venir y tocarme.

    ¡Desvístete y ven!

    Me levanté de la mecedora como un resorte, sin perder tiempo me despoje de toda prenda en mi cuerpo hasta quedar desnudo, comencé a caminar con largos pasos para llegar a tu lado pero tu voz me detuvo.

    —¿¡Qué haces!? Debes venir a cuatro como el perro que eres, debes mirar el suelo, por hoy ya me viste suficiente. Regresa hasta donde estabas y te acercas como te indique.

    Ahora sé que va en serio. Me regreso hasta la mecedora y pongo mis manos en el suelo.

    Comencé a avanzar ahora en cuatro como un perro.

    —Eso, así está mejor.

    Ven, perrito ven.

    Llegué hasta donde estaba Natasha con su mano en mi cabeza me ordenó detenerme.

    —Híncate quiero examinarte, tus patas atrás de tu cuerpo.

    Hice lo que me ordenó y ella comenzó a examinarme. Camino a mi alrededor solo podía ver sus pies moverse a mi lado, con un suave movimiento uno de sus pies tocó mi daga erecta y subió por ella recorriendo toda su extensión, como si comprobará su dureza, como alguien en una tienda examinando la mercancía antes de comprar.

    —¡Vaya! Se nota que te está gustando mira nada más cómo estás.

    De seguro quieres tu premio.

    Bien, me apetece darte un pequeño obsequio.

    Me voy a sentar en el borde de la cama y tendrás el privilegio de poder oler.

    Si lo has comprendido ponte en cuatro y mueve el rabo para que yo vea que estás contento con tu premio.

    Luego se sentó tal como lo había dicho, pero con la piernas cerradas y apretadas.

    De nuevo me puse en cuatro y moví mi trasero tratando de imitar a un perrito contento con la llegada de su dueña.

    Me acerqué hasta sus rodillas y traté de meter mi nariz entre sus piernas para poder oler. Nat se divertía cerrando aún más las piernas y deteniendo mi cabeza con su mano.

    De repente abrió sus piernas dando libre acceso hasta sus labios.

    —Acércate, huele y disfruta de mí.

    Me tenía totalmente bajo su control, hice exactamente lo que me dijo aspire ese característico olor a hembra, a mujer lista para amar, a simple y mundana lujuria, el deseo ya brotaba de entre sus piernas.

    No me atreví a sacar mi lengua, aunque deseaba hacerlo si lo hacía antes de tiempo corría el riesgo de que no me dejara hacer nada más que eso. Así que espere su orden.

    Ella se reacomodo un poco sobre la cama, cerró las piernas levemente y echó su trasero más atrás en el colchón dificultando para mí cualquier intento de Lamer.

    Yo sabía lo que seguía:

    —Lame, quiero ver si eres capaz de provocar placer a tu dueña.

    Por más que intentaba alcanzarla con la lengua, no podía ella estaba disfrutando con mi frustración por tocarla añadiendo comentarios soeces hacia mí. Simplemente como estaba acomodada era imposible que desde mi lugar pudiera alcanzarla.

    —Ni para eso sirves. Deja de intentar algo imposible para ti. Mejor bebe un poco de agua que por lo que veo va a ser la única forma de que mojes tu lengua.

    Tiro un poco de agua sobre un cenicero y lo puso en el suelo junto a mí cuerpo, cuando me agache para beber y cumplir su capricho con un pie la derramó en el suelo. Quería probarme, quería ver si yo sabía lo que ella pretendía.

    Claro que lo sabía así que comencé a Lamer el suelo buscando tomar toda el agua con la lengua.

    —Eres un perro muy obediente. Ven intenta de nuevo.

    Esta vez abrió las piernas y puso su vulva en el borde del colchón.

    Estaba húmeda pude notarlo al poner mi lengua sobre sus labios, hizo un pequeño movimiento con sus manos sosteniendo mi cabeza, limitando la zona que podía lamer, restringiendo mi placer.

    Yo quería explorar sus labios por completo, meter mi lengua en su vagina, Chupar y succionar su clítoris.

    Pero ella aun no quería permitirlo así que detenía mis movimientos, pude notar como se humedeció más y un leve gemido se escapó cuando pude tocar su clítoris.

    Me detuvo un fuerte jalón.

    Jaló tan fuerte de mi cabello que me obligó a mirar a otro lado, no pensé que en esas manos delicadas hubiera tanta fuerza.

    Luego con la misma fuerza puso de nuevo mi cabeza entre sus piernas, ahora sin ningún tipo de impedimento, se recostó sobre la cama dejando sus piernas abiertas y colgando al suelo.

    Por fin ahora podría disfrutar de ella, podría saborear sin prisa y lamer a mi antojo, se cómo le gusta primero lento, le encanta que recorra el contorno de sus labios de arriba a abajo y luego de regreso sin llegar a introducir la lengua.

    Después sus movimientos me indicaran que ya está lista, sus movimientos que quiere sentir mi lengua más fuerte, más aprisa, más constante, en círculos sobre su clítoris y de arriba abajo sobre su vulva, sé que ahora no quiere que solo roce por encima, ahora quiere sentir más.

    Comienzo a escucharla, ya su boca no puede contenerse y deja escapar el placer que empieza a surgir sin control.

    En este punto succiono de esa parte rugosa que tanto placer le provoca, pude notar la tensión, ahora sus piernas están sobre mis hombros y se apoya en mí cuando el orgasmo hace que su espalda se curve y se levante un poco del colchón, ahora me está asfixiado un poco con ese apretón de piernas sobre mi rostro.

    Me detengo y dejó de hacer todo para bajar mi cabeza al piso y esperar sus órdenes con la cabeza lo más pegada al piso que puedo.

    Natasha se toma su tiempo, puedo notar como su respiración se va tranquilizando poco a poco.

    Luego siento su mano en mi espalda, sus uñas queman mi piel que arde a su paso, se detiene justo en mi trasero y da una fuerte nalgada, se da un tiempo para acariciar mis testículos expuestos en esa posición y luego jala de ellos hacia atrás y aprieta un poco causando que suplique que los suelte.

    Pone un pie sobre mi cabeza y aprieta con él mi cabeza contra el suelo, cuando deja de empujar me pone su pie en la boca, tal como lo hice con su sexo comienzo a lamer chupo uno a uno cada dedo luego lo mete profundo en mi boca provocando mi asfixia, cuando lo saca mi saliva ha caído al suelo limpio la planta de su pie antes de que el proceso se repita con el otro pie.

    Luego limpie la saliva del suelo, mi señora enredo una correa sobre mis bolas; es hora de pasear por la habitación comienza a caminar, yo trato de seguir sus pasos, de no perder detalle de hacia dónde va a girar.

    Me llevo a la puerta, la abrió pero en lugar de salir la cerró de nuevo:

    —No estás listo para ir a la calle perrito. Será otro día.

    Luego fue detrás del biombo ahí donde quedó su ropa.

    —¿Quieres oler mis bragas?

    Están impregnadas de mí. Te confieso que están muy olorosas, me moje mucho pensando en todo lo que disfrutaría hoy de ti.

    Luego me dirigió hasta sus bragas cuando iba a oler jalo la correa.

    —Antes debes limpiar las suelas de mis botas.

    Comencé a lamer cada suela tratando de limpiar cada centímetro de superficie, solo cuando ella dio otro tirón a la correa fue que me dejó oler sus bragas.

    —Quiero que las recojas con tu boca y las pongas en mis manos.

    Cuando las puse en su mano libre Natasha las metió en mi boca.

    —Ahí se van a quedar por el resto de la sesión.

    Con sus bragas en mi boca me dirigió a la cama.

    —Sube, te quiero boca arriba, callado y con los ojos cerrados.

    Ahora me urge entrar en ella y saciar mis ganas, así que hice lo que me pidió más rápido de lo que hubiera querido.

    Sentí el peso de Natasha cuando se subió al colchón, tiró un poco más de la correa y dio unos cuantos golpes con ella sobre mi polla y testículos causando que me doblara un poco.

    Luego sus uñas acariciaron toda la extensión de mi deseo.

    Cuando por fin se montó sobre mí sentí todo el calor que guardaba dentro suyo.

    Comenzó a moverse buscando su placer, subía y bajaba a su antojo, movía las caderas en el ángulo que mayor placer le causaba enterró sus uñas en mi pecho cuando se detuvo de súbito.

    Luego siguió buscando su placer.

    —No te vayas a correr perro. Porque si te corres no disfrutarás de mí por un largo tiempo.

    Siguió hasta que ella sabía que yo podía aguantar, se sintió satisfecha en el momento justo.

    Mis ganas eran enormes pero no me es permitido acabar dentro de ella, ni sobre ella, ni mi leva debe tocarla.

    Así que me hinque y la mire. Ella movió su cabeza en forma afirmativamente y comencé a masturbarme frente a Natasha hasta correrme tirando todo en el suelo.

    Deje las bragas sobre la cama para luego de limpiar el tiradero con mi lengua ella se acercó y acarició mi cabeza.

  • Con Joaquín y José conocí de tríos (Parte II)

    Con Joaquín y José conocí de tríos (Parte II)

    Para conocer de nuestra relación y de cómo comenzó les invito a leer el relato anterior, titulado de igual forma a este pero la primera parte. De modo que se podrán ubicar en tiempo y espacio de nuestra relación como lo que somos: Un trío de amantes liberales.

    Sonó el teléfono celular dentro de mi bolso y lo tomé; al ver en la pantalla pude observar que era Joaquín.

    Me apresuré a contestar.

    -Aló, cielo buenas tardes! –Le dije-

    -Hola amor mío, cómo te va? Preguntó él con voz un tanto traviesa.

    Ya en anteriores oportunidades había oído ese tono de voz y me supuse que quería algo de mí o alguna proposición venía de inmediato.

    -Quiero invitarte a una velada que van a ofrecer unos amigos con motivo de celebrar un año más de feliz matrimonio y quiero que vayas conmigo, corazón.

    -Cuándo? Pregunté.

    -Este viernes cielo mío, este viernes! –contestó él-.

    -Ok, está bien. A qué hora vendrás por mí?

    -A las ocho en punto corazón. Me dijo con voz amorosa.

    -Ah! Se me olvidaba. Luce algún vestido de los más lindos que tengas. Quiero verte esplendorosa para esa noche, además te tengo una sorpresa. –Me dijo-.

    -Qué sorpresa Joaquín? -Le pregunté insistente.

    -No, no, no, tendrás que esperar! Chao que estés bien, me tengo que ir, bye bye besos, y se despidió.

    Claro estaba que mi sorpresa debía esperar hasta esa noche y no podía hacer nada más que esperar.

    -aguardar pacientemente para ver de qué trata la sorpresa – me dije.

    La noche del viernes no se hizo esperar luego de dos días de aquella llamada de Joaquín para la invitación. -Riiing, sonó la puerta de mi departamento y constaté que era Joaquín. A lo cual le abrí.

    -Hola corazón, -dijo él- a la vez que me daba un beso en la mejilla.

    -Pasa cielo, me estoy terminando de vestir. –Le aclaré-.

    -Siéntate, al rato estaré lista.

    Fui y miré por el ojo de la puerta.

    -Sírvete un trago si quieres -Le dije.

    Lucía de lo más elegante con un traje formal de paltó y corbata, además de aquel perfume tan varonil que me encantaba.

    Fui al baño a terminar de retocarme el cabello antes de salir y de repente la puerta se abrió y entró Joaquín sonriente. Me abrazó por la espalda y me besó el cuello al momento que me decía:

    -Súbete el vestido corazón. Quiero colocarte algo divino. –Pronunció con una sonrisa en los labios-.

    Yo sorprendida por la afirmación Le pregunté:

    -De qué me hablas Joaquín? No entiendo nada. –Le repliqué.

    -No importa corazón, no importa. Sólo quiero prestarte algo. Ya verás, déjate llevar. No confías en mí? –me preguntó él.

    Accedí y subí mi vestido y él detrás de mí, me pidió que abriera la boca, entonces él colocó un objeto metálico plateado el cual no supe al principio que era.

    Humedécelo con tu saliva corazón. – Me dijo él.

    Luego se agachó he hizo que me reclinara hacia delante.

    Bajó mi panty hasta mis piernas y me dio un beso en la nalga.

    Dicho objeto era un dilatador anal el cual colocó en mi culito, en mi orificio anal y comenzó a introducirlo; a hacer presión en esa boquita de mi trasero, la cual hacía oposición y no querer permitirle la entrada.

    Me dijo él: -Relájate cielo.

    Al momento sacó de su bolsillo un dispensador en crema y le untó una clase de lubricante.

    -Relájate! -me reiteró él.

    Puse mis manos sobre el espejo del baño y relajé mi cuerpo dejando mis nalgas paraditas para que Joaquín lograra su cometido.

    Pude sentir el objeto allí en la entrada, lo sentía en la boquita de mi ano el cual abriole paso; seguidamente lo sentí sumergirse poco a poco, a lo cual yo un tanto excitada, exclamé:

    -Joaquín, que rico cielo!

    Hasta que al fin, mi visitante entró e inmediatamente mi ano volvió a cerrarse y apretar el cuello de aquel objeto y dejar en la parte exterior, justo fuera de mi culo una especie de tapa o sello decorativo, el cual palpé con mi mano y que; más tarde observaría. Tenía una especie de pieza decorativa en fantasía color rubí. De manera que al yo ponerme en “cuatro” y dejar expuesto mi culo y/o nalgas abiertas al aire libre, mi orificio anal se vería decorado con aquella “piedra preciosa”.

    Me incorporé y Joaquín me besó diciéndome que lo debía llevar incrustado allí toda la noche, y que él me lo retiraría luego, a la vez que me daba un beso en los labios.

    Confieso que al principio me sentí un tanto incomoda, pero al caminar empecé a sentir lo rico que podía ser llevarlo allí conmigo dentro de mi orificio anal.

    Subimos al coche y nos dirigimos hasta la reunión en donde tendríamos la velada.

    Les confieso que la sensación que tuve al sentarme en el asiento del coche fue indescriptible ya que al yo posar mi trasero sobre el asiento; el objeto presionaba de igual forma dentro de mí; sensación esta que me excitaba.

    Al llegar; nos recibieron los huéspedes, hubo saludos, besos y abrazos y por supuesto las felicitaciones de nuestra parte hacia los agasajados.

    Tuvimos una mesa para cuatro al fondo del salón pero obvio que Joaquín y yo éramos los únicos en dicha mesa. A lo que le pregunté si debíamos esperar por alguien más.

    -Tal vez! Me contestó él. –dejando entrever que podría alguien más acompañarnos más tarde. A lo que le contesté, adivinando quién vendría:

    -Ya se cariño. José vendrá esta noche. -Les confieso que tenía días sin saber de él. A no ser por un mensaje de texto una que otra vez. Pues así era él. Un tanto distanciado!

    Él guardó silencio y miró el salón de baile, en el cual había tres o cuatro parejas bailando, y mirándome preguntó:

    -Bailamos? –asentí con un movimiento de cabeza.

    Una melodía suave, relajante cubría todo el ambiente, lo cual nos permitió estar cerca abrazados y tener una conversación muy de cerca, casi que en secreto.

    -Cómo te sientes con mi regalito que te coloqué en tu trasero? –Me Preguntó hablándome sutilmente al oído.

    Yo un tanto ruborizada le contesté:

    -Acostumbrándome cariño. Pero me excita saber que tengo algo allí debajo y que nadie lo sepa. Me pone caliente y nerviosa a la vez.

    -Pero si te sientes incómoda podemos ir al baño y tratar de solucionarlo, corazón. – Me dijo cariñosamente al oído.

    -Ok amor, vamos por favor! – Le respondí.

    Ya era la media noche y cada quien estaba sentado en su silla y el ambiente relajado y tranquilo. Nos colamos en el baño de damas un momento y cerró la puerta tras de mí pero sin colocar el seguro o pestillo.

    Nos ubicamos en uno de los cubículos individuales del baño el cual era amplio y permitía maniobrar dos personas tranquilamente sin problema. Me pidió que me diera vuelta y colocara mi pierna derecha sobre una especie de descanso o repisa y él se sentó en el inodoro y me subió el vestido sutilmente con ambas manos subiendo desde mis rodillas hasta mi cintura y colocó de un lado mi panty me besó las nalgas y haciéndome una caricia con la punta de su nariz.

    -Aahhh! Exclamé profundo.

    Con sus dedos dentro de mis nalgas buscó mi culo y sentí como posicionaba sus dedos en el borde del dilatador y le hizo una leve presión hacia él halándolo pero sin sacármelo. Lo dejó volver a su posición; utilizó su lengua para frotarme los bordes de mi ano agregando suaves caricias con la punta, para luego meter el objeto en su boca y halarlo nuevamente.

    -Que rico! me gusta, me encanta. Me vas hacer tener un orgasmo aquí cielo. –Exclamé con voz erótica y sensual, motivada por aquella caricia de su boca sobre mi ano.

    Escuché la puerta del baño abrirse y guardamos silencio para que no nos oyeran y se dieran cuenta del momento sexual que teníamos Joaquín y yo allí dentro. Escuché cuando la puerta se cerró nuevamente y entendí que la persona se había ido.

    Joaquín inspirado, sacó el dilatador y comenzó a chuparme el culo y a meter su lengua por mi orificio anal tratando de penetrarme. Acción que me hizo gritar y que a su vez con mi mano tapé mi boca para censurar el quejido por demás justificado.

    Yo con mi pierna arriba, tenía mi coño expuesto y con mi trasero sobre su cara porque él seguía sentado sobre el sanitario. Yo me dejé llevar y elevé mi rostro hacia el techo toda excitada y con mis ojos cerrados porque de verdad aquello me tenía a punto de un orgasmo.

    De pronto, al momento que los labios de Joaquín chupaban mi culo impregnándolo de su saliva, sentí de repente unos labios posarse sobre mi coño y sin mediar palabra comenzó a chupármela; mi coño, mi vulva, mis labios vaginales. Me sorprendí y miré hacia abajo y me di cuenta que era José que se había colado en el baño y que estando de acuerdo con Joaquín me tenían esa sorpresa guardada.

    Ohhh! José rico mi amor, de dónde sales primor? -Susurré con la mirada al techo del baño porque la excitación me tenía casi levitando y envuelta en un manto de fantasías y sensaciones indescriptibles e insospechadas.

    Allí estábamos otra vez los tres: Joaquín, José y yo. Ellos dándome una rica mamada de coño y culo y yo a punto de acabar.

    -Qué van hacer? dije excitadísima.

    -Me van a coger si o no! Quiero acabar amores.

    Pero ellos estaban con sus bocas ocupadas y no contestaban. Entonces entendí que la buena mamada que me daban era para que tuviera un orgasmo allí mismo junto a sus bocas. Así que me deje llevar y no me fue difícil conseguirlo ya que José no menos hábil con sus labios, chupaba mi clítoris y pasaba su lengua de abajo hacia arriba por todo mi coño. A su vez, me la metía profundo por mi orificio vaginal.

    -Ahhh! que rico! Lindo amores. Me encanta!

    -Ooohhh! –Exclamé al acabar. Al momento que mi cuerpo se estremecía con espasmos musculares, ya mis piernas no me soportaban.

    Joaquín sacó su lengua de mi trasero y volvió a introducir el dilatador el cual entró tranquilamente dado que mi orificio anal estaba súper humedecido, un tanto dilatado y lubricado. Lo sentí perderse dentro de mí una vez más.

    José muy sonriente me dijo hola amorcito. Te gustó la sorpresa? -Yo sin decir nada le respondí con un movimiento de cabeza afirmando-.

    Ellos no se pajearon ni nada, ni siquiera sus miembros estuvieron expuestos. Era yo la agasajada en ese cubículo del baño. Me sentí agradecida. Por supuesto que sus pijas tomaron tamaño y querían salir a la acción, pero no estaba planificado que fuese allí.

    Regresamos a la mesa y tomé una cerveza bien fría ya que el ejercicio me había dejado exhausta.

    Joaquín me tomó de la mano y me dijo:

    -Sabía que te iba a gustar mi sorpresa corazón. -Al tiempo que mostraba una sonrisa en sus labios.

    -Ahora falta la segunda sorpresa.

    -Hay otra? Pregunté sorprendida!

    -Si amor, hay otra respondió él.

    Eran ya pasada la 2 de la mañana y los invitados empezaban a despedirse al momento que yo les dije que quería irme también. Ellos estuvieron de acuerdo y salimos, no sin antes despedirnos de los dueños de la fiesta.

    Ya habíamos disfrutado de la velada, las bebidas alcohólicas y yo de las caricias de las lenguas inquietas de Joaquín y José.

    Nos fuimos a mi departamento y al entrar, sin perder tiempo, nos quitábamos las ropas como desesperados ya que mis dos amantes tenían la excitación pausada pero viva ya que ellos tan sólo me habían complacido a mí. Ahora yo tenía que lucirme –Pensé.

    Mi vestido cayó al piso y quedé en pantaletas, un hilo diría yo. José y Joaquín ya desnudos tenían sus vergas muy paradas y empezaron a darse una paja masajeándolas. Se las agarré con mis manos; una en cada mano y les seguí dando paja, sintiendo el tamaño y grosor de ellas, una más larga y gruesa que la otra, con sus venas brotando sobre la piel; tremendos penes al fin; además, no era la primera vez que me cogían esas pijas.

    Me arrodillé delante de ellos y me pusieron sus miembros delante a la altura de mi boca y yo como una glotona comencé a mamárselas una a la vez; aunque me las hubiese querido meter las dos de una vez pero no hubiesen entrado juntas en mi boca por su tamaño y mi boca no era tan grande como para recibirlas.

    José excitado me tomó la cabeza con sus manos y quiso enterrar su pija hasta el fondo de mi boca, lo cual hizo que yo la sacara de golpe ya que me dio nauseas porque había llegado muy profundo hasta mi garganta.

    Joaquín le hizo señas y me llevaron a la cama. José se acostó boca arriba y me pidió que me sentara sobre su pija. Yo se la agarré y le di una mamada para impregnarla con saliva para lubricársela.

    -Ohhh! Grande, la siento muy adentro José, rico papí! -Exclame-. Al ingresar dentro de mi coño su enorme miembro carnoso.

    Yo comencé a moverme y a disfrutar de la posición y de la comodidad con la cual podía hacerlo allí sentada sobre ese mástil.

    Joaquín más relajado y paciente se arrodilló detrás de mí y comenzó a masajearme las tetas, me las apretaba sutilmente y me susurraba al oído:

    -Me encanta como lo hacemos amor, eres una diosa en la cama; quiero cogerte siempre así! Los tres somos el trío perfecto. No te parece?

    Ese comentario elevó al máximo mis ganas de joder con ambos.

    -Siii! Cielo lo somos aaahhh!, los amantes ideales, no los quiero perder nunca. –repliqué.

    Yo no había olvidado que aún tenía metido en mi culo un dilatador anal, así que le pedí a Joaquín que me lo sacara para sentirme más cómoda.

    -Calma corazón, todo a su tiempo. Goza el momento y disfruta nuestra cogida -Me dijo.

    Al momento me pidió que me recostara sobre José y él bajó despacio sobre mi espalda hasta llegar a mis nalgas. Allí, se detuvo un poco: Me las besó, las acarició y me dio una nalgada, la cual me hizo moverme un poco porque no la esperaba.

    Finalmente, se posó sobre mi ano, pasó su lengua alrededor de él y comenzó a sacarme el juguete sexual.

    Aah! Rico se siente cielo gracias. –Le dije.

    Él me dijo: ahora viene la otra sorpresa corazón. Con su lengua me lamió el ojete del culo y me lo lubricó con una buena cantidad de saliva. Seguidamente, me colocó la cabeza de su miembro allí en mi orificio anal y comenzó a presionar para penetrar con sutileza hacia dentro. Yo exclamé sin pena y sin miedo a que pudieran oír:

    -Aaahh! Rico cielo, con cuidado. Trátame con cariño, sabes que es la primera vez amor y quiero que seas tú el que me la meta allí.

    -Dale, hazme gozar. –le dije.

    Sentí como entraba su cabeza y por consiguiente todo el cuerpo de ese pene inflado que deseaba transitar por mi culo cachondo.

    Los tres allí en esa posición finalmente buscamos el movimiento acompasado de nuestros cuerpos para calibrar milimétricamente nuestro gozo. Yo movía en círculo mi cintura sobre el eje que me proporcionaba José, él a su vez me mandaba cintura hacia arriba y Joaquín dentro de mi culo tenía mayor posibilidad de movimiento, así que era él quien más se movía.

    Debo confesar que gocé haciendo ese trío y la cogida fue divina, no pensé ser cogida así. No sé cómo explicar lo que se siente estar así; cogida, penetrada, como una especie de sándwich con un hombre atrás y otro adelante, ambos metiendo sus vergas por mis dos orificios. Ya no envidiaba a las mujeres que me comentaron que era divino hacerlo y que ellas habían gozado un mundo.

    Me concentré en mi hombre detrás de mi espalda; Joaquín ya que él me perforaba el ano muy sutilmente y la sensación era inexplicable, pero en una palabra lo resumo: Divino!

    Joaquín aceleró sus movimientos de cintura y comenzó a mandarme duro por detrás, a lo cual le dije:

    -Acábame afuera cielo; échamela en la espalda corazón!

    Él obediente lo hizo.

    -aaahhh, ooohh, riiicoo! -Exclamaba él y se tendió a un lado de la cama.

    Yo me agaché hasta el oído de José y le dije:

    -Métemela por detrás, quiero sentirte también! -Le dije toda sensual y excitada aún.

    Se salió de abajo y se incorporó detrás de mí. Me la colocó en la puerta de mi orificio y sin contemplación me lo mandó hasta el fondo. Yo me eché un poco hacia delante y con una exclamación aguanté la penetración de aquel inmenso pene que comenzaba su turno en mi culo.

    José entusiasmado y excitado comenzó a mandármela duro y muy acelerado y entendí que era para ya la acabada que me iba a dar. Entonces me lo gocé un mundo con la idea de acabar junto con él.

    -Aaaahh, oohh, rico, coño me encanta, dale papi dale, cógeme duro, entiérramela muy adentro. –Estaba muy excitada y por demás está decir: quería acabar y mi vientre se me abultaba como un volcán.

    José la eyaculó toda dentro y mi culo comenzó a vomitar semen mientras él seguía metiéndomela pero ya con menor intensidad y con menor espesor o diámetro debido a que perdía erección por la acabada que había tenido.

    Caímos todos en la cama y nos quedamos los tres acurrucaditos y callados, muy cansados y con ganas de dormir.

    -Me han iniciado por detrás queridos, me ha gustado mucho, oficialmente he perdido mi virginidad por detrás. -les susurré sonriente.

    Ellos sonrieron también al momento que cerramos nuestros ojos, nos abrazamos y allí nos quedamos dormiditos.

  • Fiesta de disfraces inolvidable

    Fiesta de disfraces inolvidable

    El ajetreo de vida hace que los días pasen sin notarlo.  Ya es octubre y me vengo a dar cuenta cuando me cambian las variedades de cerveza por las versiones de calabaza o “Octoberfest”. También lo noto cuando postean la fiesta de disfraces del edificio donde trabajo a la que año tras año le saco el cuerpo.

    Invitación tras invitación decliné poniendo cada vez una excusa más barata. No me gustan las fiestas de máscaras ya que el hecho de no saber con quién estoy en un área me da ansiedad. Hice planes el día de Halloween con mi amiga Claudia que estaba pasando unos días en la isla. Le dije que quería comer, tomar unos tragos y que la noche se encargara del resto. Con ella siempre la paso bien y desde que nuestra amistad evoluciono a una con sexo disfrutamos más. Ella me dijo que le parecía bien, aunque aún no sabía que haríamos ese día.

    Llegó ese sábado y desde temprano los recordatorios de la fiesta de mi edificio. Yo insistí a todos que ya tenía algo que hacer. Llamé a mi amiga para confirmar y solo respondió que tenía todo listo que la buscara a su casa a las 10 pm y que de ser posible vistiera completamente de negro. Sabía que algo se traía entre manos pues eso pasaba cuando no daba muchos detalles. Como confío en ella a plenitud la deje planear pues siempre disfruto de sus sorpresas.

    La busque a su apartamento tal cual acordado. Cuando me abrió la puerta la vi riendo por mi reacción. Estaba vestida con un traje negro ceñido al cuerpo y la parte de abajo un Tutú de bailarina del mismo color. Me dijo que sería una brujita sexy lo cual me dio a entender que su plan era una fiesta de disfraces. Ella se reía pues sabía que no era fanático de esa clase de fiestas y que ya me había zafado de una. Me comentó que era una fiesta a la que llevaba varios años queriendo ser invitada. Al parecer tal fiesta era algo exclusivo. Me dijo que no podía ir sola y que con quien único iría seria conmigo. Me molesté un poco pues lo vi como una encerrona, pero cedi pues reconozco que su ropa me daba unas ideas divertidas. Le dije que no tenía disfraz a lo que ella dijo que ya me tenía el disfraz perfecto. Como vestía de negro fue fácil disfrazarme con una capa y una máscara de inquisidor de edad media. Ella también usaría una máscara y un sombrero para completar su ajuar.

    Salimos directo a la fiesta la cual quedaba en la azotea de un edificio no muy lejano a donde ella tenía su apartamento. Como era tan cerca decidimos irnos a pie. Una vez allí tuvimos que entregar una invitación a un empleado de seguridad y este nos dio las instrucciones de cómo llegar a la azotea. Tomamos el ascensor donde aproveche para palpar las nalgas de Claudia dándole la señal de mis intenciones futuras. Ella contesto mis caricias con un beso corto pero intenso.

    Llegamos a la fiesta y era un espacio grande y cómodo. Había muchos sofás, la mayoría en la oscuridad. La decoración era roja y negra lo que le daba un toque de oscuridad aquel lugar. La gente estaba en pareja, pero dispersa. La música estaba bajita lo que permitía hablar. Todos usaban mascaras o tenían la cara pintada lo que le daba anonimato general a la audiencia.

    Tomamos unas copas de vino que nos trajo una mesera también disfrazada. Le preguntamos que si sabía cómo sería la fiesta, pero nos comentó que no se le permite hablar con los participantes. Tanto secreto me daba mucha curiosidad.

    Luego de varias canciones una voz femenina se escuchó por las bocinas. Era la anfitriona que daba la bienvenida a lo que llamo su bacanal de brujas. Cuando pude enfocar a ver pude notar que su cuerpo estaba desnudo pero pintado. Era una mujer de aspecto maduro pero muy jovial. Esta comentó que la fiesta era una tradición y dio ciertas instrucciones. La primera era que todo lo que allí sucediera quedaba como secreto. Nos pidió depositar nuestros teléfonos en una canasta la cual fue colocada detrás de la barra. La última regla era que todo era permitido.

    Confieso que me sentí un poco abrumado con aquellas instrucciones. Claudia me aclaro que era una fiesta liberal, que todo podía pasar. Le pregunté que, si era “swinger” y me dijo que no, aunque no era extraño que parejas así participarán. La música subió de volumen al punto que había que hablar al oído de la persona para que te escuchara. Las primeras parejas salieron a bailar y aquel ambiente individual se tornó más sociable. En lo que estuve observando vi gente bailando en grupos sensualmente, haciendo “body shots” cosas que encuentro normal pero que no veo cotidianamente.

    Claudia no se despegaba de mi pues, aunque siempre quiso ir a esa fiesta no le daba mucha seguridad estar sola pues sabía que la iban a abordar. De veras que se veía irresistible en su disfraz. Para cambiar de ambiente nos fuimos al medio del salón a bailar. Primero la música era movida y luego se tornó lenta y sensual. De seguro aquel cambio de música fue hecho para provocar situaciones. Claudia y yo nos envolvimos bailando. Nos tocamos todo el cuerpo al ritmo de aquella cadenciosa melodía. Nos envolvimos tanto que el baile incluyo besos. Como sabía que era algo liberal no dude en agarrar a Claudia por sus nalgas y pegarla a mí. La volteé y le hice sentir el producto de aquella creciente excitación. Así bailamos rozando mi miembro e intercalando con mordidas en su cuello y nuca.

    Ya sentía que no podía aguantar más mi excitación y para bajar revoluciones le dije que tomáramos un descanso. Nos fuimos a un área donde había varios sofás. Casi todos los sofás estaban disponibles pues unos pocos se habían ido y los otros restantes estaban en la pista. Busqué el más cercano a la barra y me senté. Aunque solo estaba yo en el sofá, ella se sentó en mi falda. Allí conversamos un rato y luego de un rato nos percatamos que frente a nosotros había una pareja mirando fijamente a una esquina de la pista de baile. Estaban viendo como una pareja que bailaba en la pista había llevado su acción al próximo nivel. Era un chico con la anfitriona de la fiesta. De donde estaba se podía ver sus cuerpos contoneándose y pude notar que las caricias y besos habían borrado la pintura del pecho de la anfitriona dejándolo al desnudo. La pareja de al frente poco a poco comenzó a entrar en el mismo animo pues se comenzaron a tocar disimuladamente. Ella miraba por sobre el espaldar del sofá donde estaban mientras su compañero hacia lo mismo, pero besando su hombro. Ya sabía que aquel espectáculo había causado excitación en ellos y claro está entre nosotros. El dúo de amantes se movió hacia una esquina donde continuaron su acto, pero esta vez ya no tan visible. Todos los que quedaban allí dejaron de bailar y se concentraron en aquel espectáculo.

    La pareja contigua a nosotros cada vez entraba más en calor. Claudia me decía que había rumores de que así terminaba esa fiesta pero que nunca pensó fuera cierto. Ella ruborizada observaba todo con mejor visión que yo pues estaba sobre mí. Por un instante me sentí abrumado pues, aunque tengo mucha experiencia, nunca había visto gente gozando de esa manera en vivo frente a mí. Por un rato me concentre en tratar de ver a la pareja cuando un gemido rompió mi concentración. Era la chica de frente que gemía a la vez que su compañero le chupaba su pezón ya descubierto y con una mano metida por su pantalón le daba placer.

    Había dos cuerpos dándose placer a pocos pies de nosotros y nos gustaba. La chica le saco la mano al chico y lo empujó hacia arriba. Como resorte quedo sentada y sin pensarlo le abrió el pantalón. Pocos segundos después estaba ella justo frente a mi dándole una mamada a aquel anónimo amigo que orgullosamente sonreía de vez se movía al ritmo de la música que ya no era tan estruendosa como antes.

    Claudia estaba pasmada por lo que ocurría, pero ambos comenzamos a disfrutar de la vista. Yo embelesado en aquellas escenas inconscientemente comencé a rozar los muslos de ella. Ella se volteó y me dio una mirada fija de esas que te encienden o te pueden abrumar. En mi caso ya estaba decidido, nadie me conocía y quería ser parte de la historia de aquel lugar. Continúe tocando los muslos de Claudia hasta que metí mi mano por el Tutú. Pude palpar que estaba húmeda, cosa que no me sorprendía. Ella me beso con tal lujuria q sentí que me quería comer. Su respiración caliente invadía la mía. La vista que teníamos y el hecho de que mis dedos estuvieran ya sobre su clítoris tenía mucho que ver con su reacción. Su primer gemido alternó con uno a lo lejos que, dada la voz, venia de la anfitriona. Miré entre la oscuridad y vi que el hombre le hacía sexo oral. Entre besos y caricias comenzó un intercambio de gemidos. Ya para ese entonces yo había movido el panty de Claudia para un lado y tenía dos dedos frotando el mítico Punto G mientras con la otra mano tocaba sus senos aun cubiertos. Ella me besaba con pasión y mordía mi labio inferior cada vez con más fuerza. El saber que otras personas disfrutaban al mismo tiempo daba una excitación especial aquella noche. La pareja de al lado ya se había quitado gran parte de su ropa, incluso ya no tenían mascaras. Ella estaba arrodillada sobre el sofá y el de pie envistiéndola por detrás. El sonido de sus cuerpos se unía al coro de gemidos que cada vez anunciaban el clímax de quien los vocalizaba. Claudia me pidió que la penetrara con sus dedos con más intensidad yo sabiendo que estaba por explotar. Yo la besé y la complací y poco después esta lanzo el más sonoro gemido dejándose caer sobre mí. Ya para ese entonces no éramos invisible a la pareja de al lado. La chica nos veía mientras su cara reflejaba el placer que el castigo de lujuria dejaba en ella.

    Claudia se repuso y se sentó sobre mí, frente a frente. Yo trate de bajar su traje para poder besar sus senos, pero me dijo que no quería exponer su cuerpo pues no estaba preparada. Aun así, los bese a través de su ropa mientras ella me abría el pantalón. Sentada sobre mí y mirándome fijo comenzó a masturbarme tapando su acción a la vista de otros con su cuerpo. Mi miembro era de ella y no quería compartir la vista con nadie más. En la posición que estábamos la podía ver a ella, pero también podía mirar a los otros que gozaban del calor de aquel momento. Claudia me dijo que también quería mirar mientras yo la penetraba. Se volteó quedando de frente al resto, pero de espaldas a mí. Se acomodó mi miembro y se dejó caer hacia atrás. Comencé a penetrarla mientras ella ayudaba con sus movimientos de cintura. Le dije que quería escucharla, pero mi intención era que todos se dieran cuenta que la estaba penetrando. Al sentir los estruendosos gemidos de ella no tardamos en ser el centro de atención. La chica del frente la miraba con morbosas intenciones, pero sabiendo que era solo mía. El chico la penetraba hasta que no aguanto y termino dentro de ella.

    La pareja que estaba de fondo y el resto de los allí presentes se acercaron hasta el sofá donde estaba la otra pareja y todos comenzaron a mirar como Claudia y yo anónimamente les dábamos nuestro espectáculo. El saber que nos observaban nos ayudó a dar el sexo más intenso que hasta ese día habíamos tenido. Yo tomé el control y con mis manos en sus caderas comencé a penetrarla de forma casi violenta. Ella me premiaba dándome los más ricos gemidos. No sé cuánto duro aquel momento, pero cerré mis ojos y seguí hasta escuchar que ella le anuncio al público su gran venida. Esa fue mi señal para dejar correr todo mi caliente fluido dentro de ella. Nunca me había venido en su interior y lo disfrute al máximo. Ambos caímos rendidos luego de aquel gran encuentro.

    Una vez nos repusimos pudimos notar como aun nos miraban. Sus miradas no eran lujuriosas sino amigables. También denotaban un sentido de aprobación. Claudia que aún conservaba su anonimato pues nunca nos quitamos las máscaras, se puso de pies. Yo vestí mi parcial desnudez y juntos nos fuimos al baño. Allí nos aseamos y volvimos a acomodar nuestra ropa. Cuando salimos todos estaban en la barra. Nos llamaron he invitaron una copa.

    La anfitriona nos halago nuestro espectáculo improvisado y nos dijo unas palabras que marcaron mi vida para siempre. Nos dijo “Claudia, Sebastián gracias por llegar a nosotros, hace mucho tiempo que los estábamos esperando”.

  • Luna mi prima sumisa (Parte 2)

    Luna mi prima sumisa (Parte 2)

    Al día siguiente mientras nos arreglábamos para la graduación me acerqué al oído de Luna y le pedí no que no usara ropa interior. Después que estaba vestida la agarre del pelo y la puse de frente a la pared y bese y lamí su oído y cuello mientras le decía:

    -eres una puta y serás mi perra siempre que yo quiera -meto mi mano debajo del vestido y le aprieto el culo rico que tiene mientras mis dedos empiezan a buscar su coño húmedo- mira que zorra eres joder ya estás chorreando solo por hablarte en el oído, es más que te tengo un regalo(voy a mí cajón y saco un juego de bolas chinas por control remoto que había comprado hace poco y me acerco a Luna y la vuelvo a poner de frente a la pared con un pie levantado y le meto las bolas en la boca)- chupa perrita te gustan?? Las quieres ya en tu coñito?? (Luna solo asentía mientras su respiración iba en aumento.)

    Ya en el teatro donde sería la graduación Luna se sentó al lado mío después Mar y mis padres quedaban lejos por lo que no se enterarían de nada de lo que iba a pasar.

    Ese día Luna se había puesto un vestido rosado con la espalda afuera como de princesa corto y como yo le había ordenado no traía ropa interior y las bolas en su coño.

    Cuando apagan las luces para que empiece el acto en el escenario también empieza el momento que más esperaba. Enciendo las bolas en el mínimo y veo como mi prima me mira como asustada al principio y va cambiando la expresión de su cara por placer. Empiezo a ver cómo se retuerce y aprieta sus muslos. Meto mi mano debajo de su vestido y siento la humedad, la muy puta se había corrido, empiezo a tocar su clítoris y aumento la velocidad del vibrador a la vez que mis dedos frotan con fuerza su clítoris y lo aprietan. Ya Luna sudaba y se retorcía con más fuerza, su respiración aumentando cada vez más cuando se le escapa un gemido que por suerte nadie escuchó, a causa de eso le ordenó que se pare y vamos al baño.

    El baño estaba vacío por lo que empujo a Luna contra el lavabo y poniéndola de espalda a mí le levanto el vestido y le azoto las nalgas -eso es por puta, coge puta (le decía mientras le azotaba las nalgas con fuerza. Luna no logro pronunciar palabra ninguna solo gemía y pedía más como buena puta mientras le azotaba su culazo y las bolas ya vibraban al máximo. Así no duró ni 5 minutos sin correrse. Enseguida la subo al lavabo para tragarme su delicioso squirt y comerme ese coño que me traía loca.

    -ahora me toca a mí, putica (le digo mientras la agarro del pelo para intercambiar lugares.

    Ella como buena perra me come el coño hasta que me saca todo el flujo. Terminando de limpiar mi corrida la subo para comerle la boca nos besábamos mientras mi mano toca todo su cuerpo hasta llegar al culo se lo aprieto fuerte y lo abro para introducir mi dedo en su culo que ya estaba abierto de la excitación. Al ver como entraba tan fácil saque las bolas de su coño y así mojadas como estaban las meto en su culo le doy un último beso y salimos del baño para seguir con el acto.

    Todo el resto del acto lo paso con las bolas vibrando en su culo mientras se corría una y otra vez. Cuando Luna se levantó de su asiento se notaba tan mojado como si hubieran vertido agua en el.

  • Follé con él, pero no te fui infiel

    Follé con él, pero no te fui infiel

    Con mucho cuidado, casi sin tocarme para no estropear mi vestido, Tomás me bajaba las bragas de encaje blancas y empezaba a pasar su glande por la entrada de mi vagina, subiendo por los labios húmedos como una locomotora hasta mi clítoris, no sé cómo habíamos empezado, no sé cuál fue el detonante para aquella explosión de deseo irrefrenable, estábamos a punto de salir de casa camino a la boda y en un momento nos encontrábamos jadeando y besándonos, con sus manos recorriendo mi cuerpo centrándose en mis muslos y mi espalda desnuda, tenía mi vestido entre mis manos subido hasta la cintura y apoyada en el pico de una mesa sentía como me empezaba a penetrar con su pene, el glande se introducía despacio en mi vagina, separando mi carne rosada y mojada a su paso, haciéndome gemir y que soltara el vestido para abrazarle cuando sentí su pene entero dentro de mí.

    El día había amanecido muy bonito y más después de aquel polvo aquí te pillo aquí te mato con el que Tomás se quería despedir de mí, un día perfecto para una boda en el mes de enero, mi primo se casaba y eso era todo un acontecimiento para una familia como la mía tan tradicional, iba a ser una boda preciosa donde nos juntaríamos toda la familia y la verdad que no era poca, la familia de la novia era igual de grande que la nuestra y entre las dos nos juntaríamos casi 400 personas, para mí una barbaridad, había gente de todo tipo, familiares, amigos, compromisos, gente que no había visto en mi vida y otros que ya ni me acordaba de ellos.

    Además de la boda, aquella reunión familiar serviría como despedida por nuestra parte, Tomás se iba a vivir fuera de España un año por motivos de trabajo y yo me iría con él una semana más tarde, puesto que me había pedido que le acompañase, os puedo asegurar que en mi casa no sentó nada bien, su niña con 23 años se iba de casa y a Bélgica ni más ni menos, a vivir con su novio y sin estar casados, como veréis la oveja negra de la familia. Yo acababa de terminar mis estudios universitarios y estaba buscando trabajo sin éxito y pensé que un año sin él me parecía demasiado tiempo, además podría estudiar idiomas como el francés y practicar mi inglés a diario.

    La boda se celebraba en el pueblo de Cullera de donde era la novia, un pueblo que conocíamos bien, ya que era como nuestra segunda residencia, pero debido al pequeño incidente sexual antes de salir de casa llegamos casi justos a la ceremonia, había gente muy guapa, unos vestidos preciosos, pero el que iba realmente guapo era Tomás y yo de su brazo como una princesa, con un vestido azul precioso y no pasaba desapercibida para nadie, nos sentíamos observados por todos, nos miraban unas con envidia y otros… otros simplemente nos miraban.

    Mi vestido era largo de color azul marino con un escote en V muy pronunciado hasta mi cintura, sin mangas y con la espalda abierta, el vestido se sujetaba con varios cordones finos que salían de cada uno de los hombros cruzándose en mi espalda hasta la cintura, un poco acampanado y cayendo sobre él una tela de tul del mismo color que lo hacía más elegante y liviano, sin dejarse ver se intuían mis pechos tanto en el escote como por los costados dando la sensación de no llevar sujetador aunque llevara uno de esos invisibles de silicona, era de la temporada de invierno y al ir poco cubierta por arriba lo acompañaba con una chaquetilla torera para cuando estuviera en el exterior, pero en el interior era donde realmente lucia al quitarme la chaquetilla, zapatos de tacón, bastante tacón para lo que yo solía llevar y un pequeño bolso de mano a juego con el vestido.

    La ceremonia había acabado y nos disponíamos a cenar en aquel sitio tan bonito, Tomás y yo llevábamos toda la tarde sonriendo, que si estáis los dos muy guapos, que si parecía una princesa, que para cuando nosotros, estábamos empezando a estar hartos, pero iba a ser el destino el que terminara de hartarme esa tarde, el destino o quizás alguna broma pesada de alguien porque en la misma mesa donde íbamos a cenar estaba Juan, mi antiguo novio, aquel con quien perdí mi virginidad, el amor de mi vida y ahora casado con una chica americana.

    Como podéis imaginar el principio la cena transcurrió un poco incómoda, tenía a los dos hombres de mi vida, a los únicos hombres que realmente había amado y que me importaban, pero llego un punto en que todo se serenó y hubiera preferido que no fuera así porque del no hablarse, del mirarse y comportarse como machitos, para mi sorpresa se hicieron amigos y empezaron hablar y bromear, eso si su tema yo, como no.

    Les mandé a la mierda en un par de ocasiones con las consiguientes risas por su parte, el resto de la mesa a otras cosas y la pobre mujer de Juan sin hablar, ya que no sabía español, así que pase de ellos y me puse hablar con ella y realmente me sorprendió, era una muñeca, realmente guapa e inteligente, pensé que Juan había tenido mucha suerte al encontrarla y no negaré que me puse un poco celosa.

    Era ya tarde y Tomás se tenía que marcharse y no habían empezado los bailes cuando él ya no estaba, quedamos el resto hasta altas horas de la noche bebiendo y bailando, casi las cuatro de la mañana cuando salía del baño, (“os diré una cosa, que suerte tenéis los chicos porque el vestido precioso, guapa un rato y todo lo que queráis, pero cuando tienes que ir a hacer pis es un coñazo, verdad, chicas”), al salir me encontré con Juan y empezamos hablar a solas sin el ensordecedor volumen de la música, estaba tan guapo, era tan guapo, que al oír unas canciones lentas que salían de la sala no pude decirle que no cuando me pidió bailar.

    Nos movíamos lentamente, bailando al son de la música y nos retirábamos cada vez más de miradas indiscretas, tanto que entramos bailando sin darnos cuenta o quizás si en otra sala, una sala vacía con algunas mesas e iluminada solo por la luz de la luna y de las farolas que dejaban pasar aquellos grandes ventanales, bailábamos lentamente, abrazados y mirándonos en silencio, mis manos rodeándole el cuello y acariciándole la nuca mientas que él me cogía de la cintura y pasaba de vez en cuando su mano por mi espalda provocándome unos deliciosos escalofríos, empezamos hablar de todo un poco, de su vida allí en Boston, de lo bien que le caía Tomás, hablábamos y callábamos lo que tanto el como yo sabíamos, que entre nosotros todavía existía una química muy fuerte, nos mirábamos atontados, estaba como en un sueño, tantas veces pensé en ese momento hacía ya tiempo cuando todavía éramos unos niños, tenerle entre mis brazos en nuestra boda bailando, todavía seguía enamorada de él, todavía me hacía temblar cuando sus manos recorrían mi espalda, la música había parado y nosotros seguíamos bailando hasta que nuestros labios se fueron uniendo muy despacio y nos besamos.

    No fue un beso solamente, en los besos siguientes hubo más participantes porque mi boca se abrió para él, para que el beso fuera más profundo más apasionado, los dos bajo una tibia luz de luna nos besábamos y acariciábamos cuando la música empezó a sonar una vez más con fuerza, nada de melodías suaves ni románticas, no hacía falta, eso lo importábamos nosotros, nuestros besos, sus manos subiéndome el vestido a la par que yo metía mi mano en su bragueta sacando su pene y acariciándolo, me apoye en una mesa mientras sentía sus besos en mi cuello y notaba como su mano se deslizaba por debajo de mi braga.

    Terminé por bajarle el pantalón y su bóxer y él por bajarme mi braga hasta los tobillos y levantando uno de mis zapatos la saque dejándola solo en una de mis piernas, Juan me tumbaba en una de las mesas vestidas solo con un mantel besándome desde el cuello hasta mi cintura por el escote, yo sentía su pene merodeando mi sexo, la verdad que en ese momento no podía pensar en nada salvo en él, en Juan el gran amor de mi vida que me partió el corazón al irse a Boston ya hacía más de 3 años, mi cabeza daba vueltas pensando en él, en Tomás, hasta el momento de sentir como me iba penetrando.

    Juan se había incorporado y había cogido mi vestido lanzándomelo hacia mí y notaba sus manos en mis caderas desnudas mientras que empezaba a sentir como empujaba su pene dentro de mi vagina, metiéndose y saliendo de ella, yo apenas le podía ver, estaba con mi espalda sobre la mesa y mis piernas abiertas recibiéndole y toda la falda de mi vestido sobre mi tripa apenas dejaba que le viera, apenas empezó a penetrarme mis manos cogían con fuerza el mantel, gimiendo cuando me llenaba con aquel maravilloso pene que tenía y que ya casi había olvidado.

    Este no fue un polvo como el que tuvimos Tomás y yo antes de salir de casa, este era apasionado, sin tener cuidado de nuestras ropas, de mi maquillaje o de mi peinado, Juan me la metía salvajemente, con mucha fuerza y yo empezaba a gritar y los gritos resonaban debido al eco de la sala medio vacía, cualquiera que pasara cerca los habría oído seguro, pero gracias al volumen de la música en la otra sala estábamos pasando desapercibidos. Estaba disfrutando y gozando con Juan tanto como recordaba cuando follábamos, ahora solo faltaba beber de su pene, lamer su pene limpiándole con mi boca todo su semen, pero eso no ocurriría porque Juan sin previo aviso se corrió dentro de mi vagina.

    Juan y yo acabábamos de follar, acabábamos de poner los cuernos a nuestras respectivas parejas y la verdad que no me importaba, era Juan y eso no contaba y supongo que él pensaría más o menos lo mismo, después de descansar un poco encima de mí, Juan se subió los pantalones y me ayudo a incorporar cuando los dos todavía jadeábamos, me dio un beso en la mejilla, otro en la mano y se marchó, dejándome allí para que me arreglara un poco el vestido y el peinado… imposible, era imposible arreglar aquello.

    Después de aquello Juan y yo casi ni nos mirábamos, él no sé si tendría mi aroma, pero lo que era yo tenía algo más que su aroma, tenía su semen impregnándome las bragas, pero nuevamente el destino se iba a reír de mí, ya que al no quererme ir a Valencia yo me iba a quedar en el chalet de mis padres y sin saberlo Juan y su mujer también, ya que mi padre se lo había ofrecido porque se querían quedar unos días en el pueblo y la casa de los padres de Juan estaba en obras, el destino me la volvía a jugar así que sin oponerme a él se montaron en mi coche y llegamos a casa de mis padres.

    Era tarde cuando les deje en su habitación y yo me fui a la mía con la intención de desnudarme, quitarme los zapatos que ya empezaban hacer mella en mis pies, desmaquillarme y ponerme cómoda para dormir, no me lo podía creer, justo en la habitación contigua a la mía estaba Juan con su esposa, Juan con el que no hacia ni media hora había hecho el amor poniendo los cuernos a su mujer y yo a Tomás, no podía dormir y daba vueltas y vueltas en la cama y baje a la cocina para tomar un vaso de leche, cuando oí la televisión en el salón.

    – ¿Qué haces?, no puedes dormir tú tampoco.

    – No, la verdad que no Lara, estoy desvelado y no se lo digas a Dayana, pero ronca como una osa.

    – ¿Y tú?, cuál es tu excusa.

    – La mía, no sé quizás un beso, quizás… Dime Juan ¿por qué me has hecho el amor?

    – ¿Hacerte el amor?, más bien follamos Lara.

    – Bueno, como lo quieras llamar, pero porque.

    – Y porque no.

    – No es una respuesta.

    – ¿Te gusto?

    – No es esa la cuestión Juan.

    – Ya, pero… ¿Te gusto?

    – Sabes que sí.

    – Pues por esa misma razón follamos.

    – Sigues esquivando mi pregunta.

    – Que quieres que te diga Lara, que todavía pienso en ti, que te echo de menos, que… todavía te quiero.

    – Pues sí, prefiero eso a que no me contestes aunque sea mentira.

    – Pues ya te lo he dicho Lara, te quiero.

    Durante un breve momento me quede mirándole entre las sobras que proyectaba el televisor, él estaba allí sentado en el sofá con tan solo una camiseta y su bóxer y no supe que contestar, ahora era yo la que me escondía porque yo sentía lo mismo por él, pero hice lo mejor que podía hacer en ese momento, me di la vuelta y subiendo las escaleras entre en mi habitación y si antes no podía dormir ahora menos, mi cabeza era un hervidero de imágenes, de recuerdos de Juan, de Tomás y diez minutos más tarde…

    – Eres un carbón lo sabes Juan.

    – Y tú sigues siendo mi chica.

    – Sabes que siempre lo seré, pero las cosas han cambiado, tú las cambiaste.

    – Si, pero sigues siendo mi chica.

    – Cállate y fóllame.

    Estaba nuevamente en el salón sentado a horcajadas besándole, llorando e insultándole por haberse ido, por no haberme esperado, por haberse casado, estaba tan confundida, tan confundida en todo menos en una cosa, le deseaba, tenía como una especie de poder sobre mí, una atracción irresistible, quería besarle, acariciarle, abrazarle y sobre todo quería sentirle dentro de mí una vez más, nunca olvide su risa, ni su voz, ni su olor, nunca olvide nuestra primera vez cuando le entregue mi virginidad, sus besos, sus caricias, nunca olvide como me hacía el amor, como me hacía gozar y aquella noche en el salón me lo recordó todo de golpe, estábamos en el lugar donde empezó todo y empecé a recordar lo feliz que me hacía sentir.

    Había bajado preparada para follar, solo con mis bragas, sabía que él lo deseaba por eso continuamente movía mi pelvis contra la suya sintiendo su polla crecer y rozarse con mi vulva por encima de mis bragas, las mismas bragas que me había quitado por la mañana para follar con Tomás y las mismas bragas que me quito él en la boda, estaba siendo infiel una vez más en ese día a un chico que realmente me gustaba y quería, alguien con quien quería compartir mi vida y que porque no decirlo en un argot taurino, me había cortado la coleta, ya no buscaba más chicos, bueno la verdad que no buscaba, ellos me encontraban siempre a mí y yo accedía, pero todas aquellas locuras de una noche se habían acabado en cuanto conocí Tomás.

    Juan empezó a sujetarme los senos con sus manos subiéndomelos hacia arriba y lamiendo mis pezones, empezó a dibujar mi cuerpo con sus manos, pasando lentamente las yemas de sus dedos por mi vientre y mi cintura, por mi costado y por mis pezones elevándomelos al techo cuando sentía sus labios húmedos lamiéndolos, jadeaba y le miraba, mi braga empezaba estar mojada, sentía la humedad entre mis piernas, sentía estar preparada para recibirle nuevamente, deseaba tanto follar con él, hacer el amor con él.

    Le quité su camiseta y nos fundimos en un beso húmedo, largo, apasionado, mis caderas se movían de lado a lado, mi vulva empezaba a buscar desesperadamente su pene, la sentía debajo de mi tan grande y tan dura que no aguantaba más sin tenerla dentro de mí, pero allí no, no quería que nada nos interrumpiese, así que me levante y cogiéndole de la mano tire de él hacia mí, Juan me seguía sin rechistar mirándome y con una tremenda erección debajo de su bóxer, abrí una puerta y bajamos al sótano donde había una pequeña habitación de invitados con una pequeña ventana alargada casi en el techo por donde entraba algo de luz que provenían de los faroles del jardín.

    Me senté en la cama y mirándole me quité las bragas muy despacio, invitándole a que se desnudara él también, invitándole a que se acercara a mí, de rodillas sintiendo su cuerpo sobre el mío, sintiendo su pene entre mis piernas por debajo de mi vulva, sin llegar a meterse en mi vagina nos besábamos apasionadamente, recorríamos con nuestras manos cada centímetro de nuestro nuestros cuerpos, con mucha suavidad y sensualidad haciéndonos el amor con ellas, la respiración de los dos se había elevado y nuestros corazones disparados.

    Juan se sentó en la cama con las piernas cruzadas con sus tobillos cruzados entre sus muslos y yo me senté sobre él, en frente de él envolviendo con mis piernas alrededor de su cintura con mis pies contra sus nalgas, besándonos, acariciándonos, mezclando nuestros alientos y tal vez, solo tal vez de nuestros labios salió algún que otro te quiero cuando su pene empezó a meterse en mi vagina, empezó a penetrarme con tanta suavidad deslizándose muy despacio hasta hacer tope en mi interior, centímetro a centímetro, milímetro a milímetro sacaba de mí los jadeos y gemidos mientras que nos mirábamos fijamente chocando con la punta de nuestra nariz.

    Los dos nos balanceábamos hacia delante y hacia atrás como una flor que mueve el viento, su pene entraba y salía de mi vagina, cada vez que me acercaba a él exhalando todo el aire, mi vagina le apretaba el pene aumentando nuestras sensaciones de placer, haciéndome dar pequeños gritos con nuestras bocas entreabiertas a la vez que nos besábamos, nuestra respiración y nuestros movimientos sincronizados nos hacían uno, Juan metiendo sus manos por debajo de mis nalgas me levantaba y balanceaba, sus muslos bajaban y subían, su pene estaba navegando por un mar de placer en donde los pequeños gritos se habían convertido en algo más que eso, llevábamos bastante tiempo amándonos, con su pene dentro de mí cuando le note como estaba a punto de estallar.

    – Espera… aaahh Juan espera, todavía no mi aa… mor

    – Aguanta un poco más mmm

    – Así, así mmm aguan… taa un poco más.

    Estaba a punto de tener un maravilloso y delicioso orgasmo y quería compartirlo con él, quería que los dos explotáramos de placer al mismo tiempo, tal y como lo veníamos haciendo durante los últimos quince minutos, Juan estaba aguantando cuando yo ya no podía más, mis movimientos empezaron a ser más rápidos acelerando el ritmo, inclinando mi pelvis hacia adelante y hacia atrás, Juan solo me seguía en mis movimientos cuando los dos empezamos a gritar tal alto que nuestro placer envolvió la pequeña habitación.

    No fue la única vez que Juan me hizo gozar, me hizo gritar esa noche, uno tras otro los orgasmos que me provocaba iban cayendo como una torre de naipes. La luz de la mañana se colaba por la pequeña ventana y Juan seguía a mi lado, abrazado a mí, envueltos y rebozados con los jugos de nuestros sexos, le miré a los ojos cuando los abrió y dándome un beso con un “te quiero” se marchó.

    Pase la semana atando cabos sueltos, comprando y sobre todo pensando antes de volar a Brujas donde me esperaba Tomás, que le iba a decir, tenía que decirle algo, Tomás y yo la verdad que teníamos una relación abierta, pero cada vez más, tanto el como yo sentíamos que había que cerrarla, estaba segura de que lo iba a entender, era Juan el hombre de mi vida y él lo sabía, pero también estaba segura de que le iba a doler.

    Ya en Brujas, el primer día solté la bomba, Tomás lo entendió, se lo esperaba me decía, que no pasaba nada me decía, pero yo sabía que le había dolido, lo supe cuando esa noche me hizo el amor.

    El tiempo lo cura todo si estás dispuesta a perdonar y Tomás me perdonó, lo supe a los tres días cuando me volvió hacer el amor.

  • Al servicio de una puta

    Al servicio de una puta

    Aún hoy me considero un hombre tímido. Pero de joven lo era mucho más. Durante mis largos años de universidad, en Trujillo, en el norte del Perú, fui un parroquiano metódico, una vez a la semana, si tenía dinero hasta dos veces, iba al burdel de la ciudad donde vivía, lo recorría de ida y vuelta y siempre terminaba cogiendo con mi «casera», mi puta de confianza a quien le era absolutamente fiel hasta que ella partía a trabajar a otra ciudad y me buscaba una nueva casera.

    Entre las varias caseras que tuve puedo decir, sin vergüenza, que me enamoré de una, Miriam. Estuvo más de un año por Trujillo y luego de ser sólo un cliente más para ella, nuestra relación terminó siendo más intensa y no me cobraba, lo que me permitía ir a verla tres, hasta cuatro veces a la semana. Pagando sólo el auto colectivo en el que iba y bueno, sí, no lo voy a negar, los chocolates que eventualmente le llevaba.

    Obviamente si ella estaba atendiendo, esperaba pacientemente. Si estando en su puerta llegaba otro cliente, igual, me ponía detrás de él y esperaba que estuviera desocupada. No me cobraba por coger, pero tampoco era mi intención robarle tiempo en el que podía estar ganando algo de dinero.

    Era bonita, no preciosa o impactante y de hecho era muy pequeñita, quizás sólo algo más de 1.50 m, pero su cuerpo era firme, con senos bien formados y muy duros.

    Hoy solo quise contar uno de los incidentes bizarros que tuve con ella.

    Una noche me dijo que uno de sus clientes le había pedido hacerlo delante de «su novio», que joder, ya en el burdel todos me conocían como «el novio». Ella le dijo que me consultaría y como acepte quedamos que al día siguiente, cuando su cliente volvería, yo estaría allí, entraríamos juntos y vería como trabajaba.

    Entre esa noche y la siguiente estuve muy inquieto, nervioso, fantaseando sobre el como sería. Yo estaba realmente enamorado, pero sabía que ella era puta, sin embargo, no podría saber como reaccionaría al verla teniendo sexo con otro hombre. Pero las cartas estaban ya echadas. Fui a la hora acordada.

    Su cliente era un parroquiano al que había visto con frecuencia, incluso intercambiado algunas palabras. Sin mucho preámbulo entramos ambos y me dijo que para estar cómodos, mejor nos desnudemos todos, pero que yo sólo miraría. Ese era el trato y acepte.

    Me senté en una silla, él se acostó y Miriam empezó a chupársela. Desde que estuvo flácida era obvio que era grande, pero ya erecta si que era muy grande. Y vaya que era obvio que a Miriam le gustaba tenerla en su boca. El señor (que era unos 20 o 25 años mayor que yo), me dijo “lámele la zorra a tu novia para que esté lista para mí”. Y nos acomodamos. El acostado, Miriam en 4 patas chupándosela, yo me puse atrás lamiéndole el coño y el culo. Estaba muy excitado ya y ella más, entre su cliente y su novio. Llegó con mi lengua en su culo y la verga de su cliente en su boca.

    Cuando ella llegó, su cliente le dijo ahora me toca. Y ella se puso a cabalgar sobre su verga, la cara de placer de ambos me tenía a mi, mirándolos a unos pocos centímetros, completamente hechizado. A una instrucción suya, ella le permitió entrar por su culo, en la misma posición, cabalgando sobre él. Estaba absolutamente loca. Me empezó a decir “amor bésame, bésame” y empecé a hacerlo, sentí el sabor de verga en sus labios y eso me calentó mucho. Ella volvió a llegar y a los instantes su cliente llegó.

    A los pocos segundos recibí la orden del cliente «límpiala». Obedecí, con papel higiénico le limpie primero la húmeda vagina y el culo sucio, con semen y algo de mierda. Luego cogí una palangana que ella usaba para limpiarse luego de atender clientes y con una pequeña toalla húmeda terminé la limpieza. Ella estaba en silencio, yo también. Mientras tanto su cliente se había vestido. Se despidió diciéndonos “ahora los dejo solos jóvenes enamorados”.

  • La primera vez que se botó dentro de mí

    La primera vez que se botó dentro de mí

    Me llamo Juliana, tengo 22 años, y he querido contar algunas anécdotas de mi experiencia con Esteban, él tiene 42 y es casado. 

    Llevábamos saliendo casi 1 mes y estábamos jugando muy rico en la cama, siempre con calma sin afanes (que era lo que más me estaba gustando). Aun no habíamos disfrutado era que el explotara dentro de mi y en el fondo ambos lo deseábamos.

    Entonces decidí invitarlo.

    Yo le pedí que se quedara de pie frente a la cama y yo me quedé bocarriba con las piernas abiertas y algo flexionadas. Empecé a untarme aceite por todo mi cuerpo mientras el solo veía como me tocaba.

    Cuando terminé llena de aceite, le dije que se acercara que yo lo guiaría, se lo unté de aceite y con mi mano empecé a rastrillarlo suavemente sobre mi vagina por un rato, yo sentí estremecer también sentía su ímpetu en mi mano y mi cuerpo.

    Al momento volví a alejarlo y quedó nuevamente de pie parado frente a mí, nos quedamos por unos momentos así viéndonos, acomodé mi cuerpo muy provocativamente con una pierna medio levantada y abierta para él le dije que no quería más condón, que quería sentirlo dentro de mí, el por un momento como que quedó plop (supongo que pensó en su esposa, en qué tal que la preñe…) pero su instinto le ganó.

    De repente estaba sobre mi, tenía una cara deliciosamente de pervertido, me tomó por las caderas y empezó a hundirse, la sensación definitivamente era distinta sin condón. Acomodó unas almohadas bajo mi cola, quede bastante inclinada, yo le dije, lo botas dentro y me sale por la boca… jajaja. Cada vez fue aumentando el ritmo y por cómo estaba acomodada estaba totalmente controlada por el, me tenía una pierna medio levantada.

    Finalmente fuimos poniéndonos al unísono hasta que explotó primero él y unos momentos después yo. Su rostro estaba muy pegado al mío, su expresión era increíble y yo la verdad me sentía ufff.

    Toda su leche quedó dentro de mi, no se botó nadita y estábamos ambos súper contentos.

    A partir de ese día nunca volvimos a usar condón.

  • Junto a ti (Parte II)

    Junto a ti (Parte II)

    Mi cuerpo se gira. Contemplo tu presencia y sonrío. Tu mirada fija en mí. Nos abrazamos bajo el agua cálida, fundiéndonos en un beso, abrazados, deseosos del otro, sintiendo el contacto de tu cuerpo que se estrecha contra el mío.

    Como un barco buscando refugio, mis manos surcan tu piel. Nuestras bocas se desean y desatan el deseo que ambos llevamos dentro. Mi lengua entre tus labios, recorriéndolos lentamente… Tu pelo mojado sobre tu espalda. Mis dedos bajando por tu contorno atrayéndote contra mí.

    Nos reímos… A carcajadas.

    El contacto de tu cuerpo aumenta mi excitación. Mi pene endureciéndose con el contacto de tu abdomen. Tus senos se mueven contra mi pecho y se aprietan contra él. Me empujas contra la pared. Tu boca muerde mis labios y tus dedos resbalan por mi cintura… hasta llegar a mi sexo. Tomas mi pene entre ellos y lo presionas…

    Me miras. Una sonrisa fría aparece en tu rostro. Comienza el movimiento de tu mano, situando tu pulgar en mi glande. Sientes como la excitación aumenta en mi cuerpo. Tus ojos me estudian. Observas como mi rostro va reflejando el placer que me vas inoculando. Intento acariciarte pero lo impides, acercándote a mi oído y susurrándome:

    -Hoy serás mío…

    Mis puños se cierran y me deleito con el movimiento de tu mano.

    Me pones a mil… ¡Ufff!

    Pero no digo nada. Me observas y comienzas a descender, arrodillándote ante mí. Tu boca se abre y tu lengua va lamiendo mi glande, sintiendo como mi polla se endurece aún más y palpita entre tus dedos. Vuelves a sonreír, mirándome fijamente. Comienzas a introducirla en tu boca. Tus labios van rizando cada centímetro de mi miembro. Un escalofrío recorre mi espalda mientras el agua cae por mi pecho descendiendo hasta tu rostro.

    Tu mano mantiene la cadencia que imita tu boca. El placer que me imprimes es difícil de describir. Solo debo sentirlo. Mis piernas tiemblan levemente. Lo percibes y aumentas la presión. Leves gemidos escapan de mi boca, mientras tu lengua y tus dientes juegan con mi sexo: Lames mi glande y luego lo muerdes débilmente. Mi cuerpo se tensa. Mis pectorales se contraen… y un quejido escapa de mi boca. Más intenso si cabe que los anteriores.

    Siento mi semen explotando en tu boca, deslizándose entre tus labios; impregnando tus dedos que se aferran a mi polla y mantienen el movimiento. Otro nuevo bombeo… Surge cálido y espeso entre tus labios.

    Tu presión va cediendo. Tu lengua va recorriendo mi glande hasta llegar al extremo donde recoges tan suave néctar.

    Observo como vas incorporándote, besando mi cuerpo en tu ascenso, hasta situarnos frente a frente. Tus manos toman mi rostro y nos besamos con deseo saboreando tu boca abrazados bajo la ducha…

    Mientras la ciudad duerme… Yo he sido tuyo.

  • Un taxista me dijo una indirecta frente a mi novio

    Un taxista me dijo una indirecta frente a mi novio

    Hola, hoy les contaré algo que me pasó hace meses, esto lleva poco.

    Resulta que un sábado en la noche mi novio me invitó a cenar y después queríamos ir a un bar donde tocan música en vivo, la verdad hay muy buen ambiente y me parecía el lugar perfecto para pasar la noche. No tomamos mucho porque mi novio y yo no somos de tomar tanto, pero si bebimos algunas cervezas juntos, así que fuimos a escuchar música, pasarla bien y cantar.

    Ya al salir era tarde, eran las 2 am y pues por lo mismo que tomamos alcohol no nos llevamos el auto porque la policía siempre ha sido muy abusiva y cobran multas en exageración así que para no arriesgarnos preferimos no andar en auto y tomar un taxi.

    Mi novio siempre me lleva a mi casa primero y después él se va a la suya, esa noche no pedimos Uber porque era muy lento el abrir la App, buscar el auto y tener que esperar, así que paramos un taxi y que nos llevará a mi casa.

    De inmediato paramos a uno y desde el momento que nos subimos se sentía una mala vibra porque el taxista tenía mal aspecto, era como de 35 años, con semejanza a maleante y mal vestido, me refiero a que parecía pandillero o algo así. En fin al subir mi novio le dice a qué dirección ir y el taxista comienza a conducir, al ir avanzando mi novio me abraza y comenzamos a platicar.

    Yo notaba que el taxista me iba mirando mucho por el retrovisor y me dio un poco de miedo, es ahí donde el taxista comienza a hacernos plática y le dice a mi novio que si fue una buena noche y le dice que si que estuvo bien. El taxista me seguía viendo por el retrovisor y seguía queriendo hacernos plática y me dijo a mi que si también fue una buena noche para mi a lo que respondí que si, que estuvo bien, y el taxista de pronto dijo eso pensé y comenzó a reírse.

    Mi novio y yo nos sacamos de onda porque no sabíamos que pasaba o porque se reía, pero yo no había notado que traía dos botones de la blusa desabrochados y hacía notar algo mis pechos, cosa que paso en el bar por el calor del momento y el quizás por eso no dejaba de mirarme por el espejo. Desde que supe eso comencé a querer cubrirme con mis brazos un poco.

    Siguió avanzando el taxi y es ahí entonces cuando mi novio le dijo que ya casi estábamos llegando y le dio indicaciones de que calle tomar para llegar a mi casa y el taxista me hizo un comentario, me dijo «Lo bueno que viene con el novio, porque así usted ya no paga» e hizo una sonrisa que no era nada amable y me quedé sin palabras, no dije nada, me dio miedo y cuando llegamos me baje del auto y me dice “buenas noches señorita” y yo no le contesté.

    Ya después le dije a mi novio que si escuchó lo que me dijo y él no sé si quizás no entendió o no notó que me iban mirando por el espejo, pero me dijo que no dijo nada malo que solo era un taxista que quería platicar para hacer más ameno el viaje. Y pues aunque ya estoy acostumbrada a que me miren algunas veces los hombres, nadie había tenido tanto cinismo como lo hizo ese taxista y frente a mi novio.

    A veces me quedaba pensando en que si mi novio no hubiera ido a mi lado, no sé qué tantas cosas me hubiera dicho o propuesto esa persona. Normalmente cuando viajo sola en taxi, si me miran mucho por el retrovisor y me hacen plática los señores, pero esta vez me asusté, pero me di cuenta que el quererme provocar de esa manera fue algo de lo más extraño que me ha pasado a bordo de un taxi.