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  • Amanecí pensando en ti

    Amanecí pensando en ti

    Aquí acostada en mi cama amanecí pensando en ti. Dirijo la mirada hacia el jardín, observo la lluvia caer y detallo cada gota de agua deslizarse por el vidrio empañado de mi habitación. Imaginándote aquí a mi lado compartiendo mis sábanas blancas. La cama se me hace fría por tu ausencia, extraño tu delicadeza y tus ocurrencias para conmigo. Tu calor se me hace necesario, se me hace fácil imaginarlo. Mi pensamiento me traiciona y vienes a mi mente como gorrión que abre sus alas al emprender el vuelo a su morada, a su nido, al lugar donde acurruca sus alas y descansa todos sus sueños!

    La tristeza se apodera de mí y la nostalgia se me hace mi enemiga. No quisiera sentirme así, no deseo levantarme, estoy nostálgica y apesadumbrada, así me siento corazón mío!

    Te pienso corazón! Se que estás allá al otro lado en lo más recóndito del mundo, en algún lugar anhelando todo mi amor que cobra vida al describirlo tiernamente cuando encuentro las palabras que mi corazón me inspira prodigar a ti.

    Mis fotografías se hacen tu pasaporte, tu boleto para venir a mí. Yo diligente te las envío para que encuentres el camino y así tu ausencia deje de devorar mi corazón porque al fin no tengo remedio más que amarte, y así tú en la distancia me recuerdes, compréndelo…! no se vivir sin ti. 

    Quisiera sentirme plena, extasiada, confiada en que tú amor es mío y de nadie más. El amor y la distancia son enemigos porque permiten; eso pienso, que la llama del amor disminuya. Perdona si te ofendo, si te hiero, si te muestro falso, pero es la verdad. La dinámica de nuestro presente habla y descubre que no podemos mentir. Tal vez sea la nostalgia al sentirme lejos de ti lo que me hace sentir que te pierdo.

    Dame esa alegría de soñar despierta al verte entrar por la puerta de mi casa, con tus maletas todas y no quieras volverte a ir! Demuéstrame que me amas que yo haré lo mismo. Tu amor me desvive el alma amor mío.

  • Mi despedida (Parte 2)

    Mi despedida (Parte 2)

    Comenzó a moverse lentamente hacia arriba y hacia abajo, restregando sus grandes senos sobre mi cara. Era una sensación tan extasiante que mis manos reaccionaron inmediatamente tara tomarla de sus nalgas. Ella puso las suyas sobre mis hombros y siguió moviéndose rítmicamente arriba y abajo. El agua de la tina saltaba con sus movimientos y pronto se empezaron a hacer charcos fuera de la tina.

    Sus movimientos eran más y más rápidos, luego, se detuvo e hizo movimientos largos y prolongados. En verdad lo disfrutaba tanto como yo o más. Sólo la veía a ella con los ojos cerrados haciendo su cabeza hacia atrás, moviéndose arriba y abajo. Entonces se hizo de lado y luego al otro para luego hacer movimientos circulares. Fue alternando arriba y abajo, hacia los lados y circulares.

    Ya entonces había separado su pecho para arquearse mientras se sostenía de ambos lados de la tina, yo no la solté, pero mis manos ahora la tenían agarrada de su cintura. Me provocó besar sus pezones, y no pude hacerlo por los movimientos de ella, así que solo se los lamí entre cada rebote que hacían.

    Poco después me dijo que la siguiera, fue a la regadera y yo detrás de ella. Reguló la temperatura del agua y posteriormente se puso de rodillas.

    Tenía en las manos mi pene y lo frotó delicadamente con un pequeño jabón color rosa. Se formó espuma, y seguía frotando. En seguida se fue hasta los testículos, donde los acarició uno y luego el otro, uno y otro para terminar acariciado toda la bolsa. Me dio un tirón de piel hacia abajo justo donde se unen mis bolas. El agua ya se había llevado el jabón y ella chupaba todo el tronco nuevamente.

    La tomé del cabello y le hice chupar hasta sentir sus labios tocando mi pelvis, ello se agarró de mis nalgas en un principio, pero después de dos sonidos de ahogamiento me empujó.

    Se puso de pie, colocó ambas manos sobre la pared, sacó las nalgas y se inclinó un poco para que la penetrara. Mientras lo hacía recordé que no estábamos usando condón, todo era al natural y quizá por ello se sentía taaan bien.

    No era yo el único que le arremetía, ella también se inclinaba más para sentir toda mi verga en ella. Yo le sentía como la punta le tocaba la pared y fue así como perdí la concentración, estaba por venirme y ella me ponía más su cola.

    «Espera, espera!», le dije. Pero soltó un «aaaah, aaah ah-ummmm» y no puede contenerme. Sentí una explosión, no solo al expulsar mi semen dentro de ella, sino también en mi cabeza. Fue muy intensa, veía colores que iban y venían, blanco, azul, verde, rosa… Todos los colores como si fueran aromas arrastrados por el viento en todas direcciones.

    Recobré conciencia y sólo la abracé sin decir más mientras el agua caliente seguía cayendo sobre nuestros cuerpos desnudos.

    Continuará…

  • Sobre tus piernas

    Sobre tus piernas

    Te oí abrir la puerta de casa. Silbaste como de costumbre esa canción que anuncia tu llegada. Llegaste al salón y yo estaba en el sofá, con mi té en la mano y el libro abierto boca abajo sobre el asiento que quedaba libre a mi lado.

    Dejaste tus cosas en la silla y en la mesa, y te acercaste hasta mí. Apoyaste una mano en el respaldo del sofá y la otra en una de mis piernas. Tu boca se estrelló contra mis labios y el perfume de tu piel se coló hasta mis pulmones. La sensación de ese beso me supo a poco y quise más. Alargué ese beso cuando querías alejarte. Tu lengua se prendió entre mis labios y empezó a jugar con la mía.

    Te sentaste a mi lado. Me abrazaste. Tus manos se aliaron con mi cuello y mis mejillas. Mis brazos se cruzaron sobre tu espalda, aferrándome a tu cuerpo cuando te inclinaste sobre mí, quedando sobre mi cuerpo: Tu pecho pegado el mío. Tu boca clavada sobre mis labios. Mis piernas se abrieron para acogerte en el hueco que dejaron hasta que tus caderas se apoyaron en las mías.

    Sentí como crecía tu deseo bajo tu pantalón, sobre mi ropa. Tus manos me recorrieron, desde la garganta, con tu boca entreabierta; hasta mis pechos, donde tus manos los coparon; donde tus dedos desabotonaron mi camisa y dejaron mi piel al descubierto. Sin trabas, sin telas que la escondieran.

    Tu respiración se aceleró. Tu voz se perdió en un gemido. Tu saliva se revolcó con la mía en aquel beso denso, profundo, que parecía querer atravesar el hueco de mi garganta.

    Te ayudé a abrirte la camisa y, mientras yo tiraba de mi pantalón, tú, de pie al lado del sofá, te quitabas el tuyo. Tu sexo emergió con fuerza tras retirar tu bóxer. Te acercaste hasta mí. Me tendiste la mano para levantarme. Te sentaste y me invitaste a hacerlo sobre ti… A horcajadas me coloqué encima de ti, percibiendo la erección de tu miembro rozando mi sexo, sin dejarlo entrar.

    Nuestras bocas jugaban a ser una. Yo me movía encima de ti, dejando que tu pene profundizara en la línea que forman mis labios henchidos de deseo, mientras el vértice de mi sexo, la femineidad hecha perla, crecía con mi excitación, al roce de tu piel hecha músculo…

    Sentía tus manos agarrando mis nalgas, oprimiéndolas, juntándolas y también separándolas, aupándome sobre tu sexo, intentando clavarlo en mi carne. Esa altura, favorecida por mi impulso, permitía a tu dedo buscar el anclaje al final de mi espalda y tener mis pechos al alcance de la boca.

    Erectos mis pezones, llamativos timbres en alerta, se hundieron entre tus labios. Primero uno. Luego, se vencería el otro. Tus dientes los aturdían. Los labios los consolaban. La lengua los bendecía… Y tu boca entera, los enterraba.

    Pero mi excitación provocaba que mi sexo se llenara de esencia, que mis efluvios exudaran de mis carnes, mojándote, confundiéndose con tu borrachera de sensaciones, hasta que en ese grito vestido de gemido, con la garganta seca pese a la saliva de tu boca, fuera la llamada de guerra en la que tu cuerpo y el mío se fundieran por completo.

    Mis alzadas sobre tu sexo. Las clavadas del tuyo en el mío. Tus líquidos. Mis fluidos. Mis pechos arrugados bajo tus manos, presas hinchadas de deseo. El retorcimiento de mis pezones bajo las yemas de tus dedos.

    Y las miradas perdidas y al mismo tiempo, fijas la una en la otra, como mareadas, como incandescentes… Vibrando de deseo, de entrega, de calor, de fuego…, de esencia tuya… y mía.

    Tus gemidos… Mi respiración entrecortada.

    Tu respiración ronca y mis jadeos.

    Y mi sexo inundado del tuyo. El tuyo impregnado de mis jugos, de la esencia de tu vida y de la resurrección de la mía.

    Y en ese abrazo, ese que nos separaba apenas un pálpito, te derramaste en mí, escupiendo esa savia blanca que se fundió entre mis paredes calientes, oscuras y mojadas, lavada tras un instante con ese río de lava transparente que nació de mí…

    Y en ese orgasmo compartido, en ese cúmulo de espasmos, de sacudidas inflamadas de sonidos parpadeantes, tu cuerpo exhalado y el mío padecido, perecieron juntos en resurrección postrera.

    Sí, ese fue mi recibimiento… Un momento de arrebato que tenía que estallar entre mis piernas sobre las tuyas.

    Hay veces en que relatos como este se reciben y sería un pecado que no vieran la luz…

    GRACIAS

  • Rumba y culo

    Rumba y culo

    En esta tercera anécdota de mis aventuras con Esteban quiero contarles como me culeó.

    Había pasado casi mes y medio desde que nos conocimos y empezamos a acostarnos, yo la verdad antes jamás había dado colita.

    Ese viernes pudimos salir a rumbear, porque su esposa estaba de viaje de trabajo y solo regresaba hasta el sábado en la tarde.

    Después de bailar súper rico nos fuimos a un motel, llegamos con algo de traguito encima y muy reídos.

    Mientras estábamos en nuestros “juegos” en la cama a mi me dio por empezarle a rastrillar mi cola a él, esto lo hacía por ratos, se la rastrillaba, pero pues no dejaba que se hundiera, seguimos tomando unas copas de ron mientras seguíamos en la cama.

    Lo que casi lo enloquece fue en un momento que nos pusimos de pie, tomando una copa más yo me le acerqué de espaldas bailando y empecé a rastrillarle mi cola y con mi mano se lo agarraba por ratos, recuerdo que reíamos mucho.

    Me di la vuelta y de rodillas empecé como jugar a hablarle a su pene, diciéndole, quieres culparme, y el con su mano lo movía de arriba abajo, jugamos así un poco.

    Tome el tarro de aceite y lo unté bastante, y aun de rodillas le dije, pues hoy estoy dispuesta, ¡pero que no me duela!

    El me levantó muy emocionado, dio la vuelta y así de espaldas fue llevándome a la cama, para ese momento nos tomamos otra copa de licor.

    Literal él me acomodó en la cama en cuatro y lo primero que hizo fue empezar a acariciarme todo el cuerpo y la cola untándome de aceite muy rico se sentía todo

    Yo le pregunté, tu esposa segura no te da culo, el riendo un poco dijo no, para nada.

    Después empezó a rastrillarlo por mi cola, y fue hundiéndose muy despacio, la verdad se sintió súper sin dolor, que era lo que no quería.

    Entró y salió así muy despacio, yo le pedí que siguiera echándose aceite y en un momento que se salió le pedí otra copa, con lo cual la verdad quedé muy relajada.

    Finalmente me tomó de las caderas (que no tengo muchas jajaja) y empezó a moverse con muy buen ritmo, yo tenía mi cara sobre la cama, parecía una muñeca de trapo, él solo movía adelante y atrás mi cuerpo hasta que lo sentí reventarse dentro de mí. Él solo gemía y yo seguía poseída por él.

    Definitivamente una amante hace de todo!!!

  • Cómo crear tu puta personal

    Cómo crear tu puta personal

    Esto me pasó hace dos años. En realidad todo empieza mucho antes, casi ocho años atrás. A dos casas de la mía vivía una familia de cinco personas, papá, mamá, hermano y dos hermanas. La hermana del medio se llamaba Solange, era una chica de unos 16 años de piel blanca, cuerpo menudito, senos pequeños, cabello castaño claro y una actitud jovial. Me parecía bonita, pero no parecía ser el tipo de chica para mi, gustos muy distintos diría yo, aun así notaba que había cierto gusto físico del uno por el otro.

    Me mudé del sector, no volví a saber de ella y el tiempo pasó.

    Era un lunes tipo 11 am, estaba yo trabajando normalmente y me llegó un mensaje por Facebook. Era Solange.

    -Hola, ¿cómo estás?! -Decía el mensaje.

    -Bien y tú?

    -Muy bien, acá…

    Lo raro de todo era que en realidad ella y yo nunca cruzamos palabra más allá de un saludo casual, así que su mensaje no era algo normal, algo se traía. Me preguntó por mi familia y por mi vida, hablamos un poco de cosas sin importancia.

    -Oye, es que imagínate que se está acabando el tiempo para pagar la matrícula de la universidad y… me falta un dinero… -Escribió.

    Me pedía dinero prestado para pagar su colegiatura. Una persona que no ves hace 6 años te escribe un lunes temprano para pedirte dinero prestado, sospechoso. De entrada sabía que no le prestaría ningún dinero, no la conocía en realidad y la cantidad si bien no era considerable tampoco era algo que uno entrega de buenas a primeras. Para que todos se puedan hacer una idea eran algo así como 80 dólares.

    Paralelamente en otro chat conversaba con un amigo y le contaba sobre la situación. Mi amigo, en un impulso diabólico me animó a buscar una compensación por el dinero. Se vinieron a mi mente muchos recuerdos de esa chica menudita pasando por enfrente de mi casa y la sangre se afanó hacia mi falo. ¿Podría sacar algo de aquello?

    Hay una cosa importante a la hora de vivir experiencias excitantes, una variable definitiva, el valor, atreverse a preguntar, la gente puede estar más dispuesta de lo que uno cree. Me armé de valor y con el mismo atrevimiento con el que ella después de 8 años venía a pedirme dinero prestado le dije:

    -Yo te doy el dinero, pero tienes que acostarte conmigo.

    -Oh por Dios! -Fue su respuesta.

    El chat quedó inmóvil por unos minutos y empecé a temer por mi vida, pensaba que podría tomar un pantallazo y enviarlo por las redes como si yo fuera un acosador o algo así. Pasados un par de minutos escribió.

    -No pensé que fueras así.

    -Bueno es que en realidad yo no te conozco, y vienes a pedirme dinero. Yo no tengo garantía alguna de que me lo vayas a devolver, solo te ofrezco un intercambio. Puedo pasar por ti al mediodía y después te llevo de vuelta a donde estés -Respondí.

    Pasaron otro par de minutos.

    -Bueno… -Y me dio su dirección.

    Solange trabajaba en la parte administrativa de una universidad. No quedaba muy cerca de mi ubicación, pero ya no había vuelta atrás. Justo 15 minutos antes del mediodía tomé mi automóvil y me dirigí a buscarla. Íbamos hablando por whatsapp para lograr encontrarnos.

    -Estoy estacionado en la esquina -Le dije, y también le di el color de mi auto y la placa.

    La reconocí a la distancia, traía un uniforme de blusa blanca y pantalón verde. Ya no era la chica menudita de años atrás, sus caderas eran más anchas, sus senos eran más grandes y para ser sincero no me entusiasmó mucho su aspecto de oficinista, no era lo que yo recordaba, pero igual seguía siendo una chica bonita. Se subió a mi auto.

    Mentalmente hice el mapa de las calles que debía tomar para llegar a un motel cercano. En el camino fuimos hablando de la vida hace 8 años, en realidad era muy extraño, yo nunca había pagado por sexo y estaba seguro de que no era una práctica normal para ella tampoco, pero ambos sabíamos a que íbamos y lo que habíamos acordado.

    Llegamos al motel y pedí una habitación con estacionamiento privado. Metí el auto y nos bajamos. Para entrar a la habitación había que subir unas escaleras de caracol, ella subió primero y yo fui detrás siempre con mi cara a la altura de su culo. Pensé en apretarle las nalgas ahí mismo, pero me contuve, la situación era de por si extraña como para pretender sexo en las escaleras, llegaríamos a la cama.

    Apenas entramos se empezó a quitar la ropa hasta quedar en pantys. Pude ver sus tetas, de las más hermosas que he visto, redondas, ni muy grandes ni muy pequeñas y con un pezón rosado pequeño. Algunos kilos de más en comparación con la chica de años atrás. Se acostó en la cama boca arriba.

    Me quité la ropa y me acerqué, la besé y me respondió. Tomé su panty de encajé y se lo quité. Me puse el preservativo y me ubiqué entre sus piernas. Las piernas de Solange se abrieron de par en par y dejaron su coño al descubierto. Antes de metérsela empecé a tocarla con los dedos, no tardó en humedecerse. Ella no me miraba a los ojos, los mantenía cerrados.

    Cuando noté su coño lo suficientemente húmedo procedí a posar mi falo duro sobre él. Empujé y la penetré. Seré sincero, para una historia excitante diría que ella empezó a gemir como una puta, pero la verdad es que no, mantuvo sus ojos cerrados y no expresó mucho, a mi parecer solo un poco de dolor en algún momento, lo que denotaba para mi que no tiraba muy seguido.

    El cuarto estaba lleno de espejos. La puse en cuatro y empecé a metérsela mirando el espejo. Sus nalgas blancas golpeaban sobre mi cuerpo y solo entonces empecé a oír leves gemidos saliendo de Solange. Separé sus nalgas para ver su ano y solté un escupitajo sobre mi verga solo por sevicia porque a pesar de su inexpresividad su coño lubricaba bastante bien.

    La llevé a un sillón en una esquina del cuarto, obedecía a cualquiera de mis instrucciones sin chistar, la puse en cuatro y empecé a darle por el coño mientras apretaba sus nalgas, la blancura de su piel hacía marcas con facilidad, aún recuerdo que durante toda la faena fijé mi mirada en la marca que la panty dejaba sobre su piel, un patrón de líneas circulares que empezaba en sus caderas y se adentraba entre sus nalgas.

    La volví a llevar a la cama y, ya que era mi decisión, la mantuve en cuatro porque es mi posición favorita. Pasaron unos minutos y me vine. Entré a la ducha para bañarme mientras manteníamos una charla amena ya un poco más entrados en confianza. Cuando yo salí de la ducha ella entró y se bañó también.

    -¿Me puedo vestir ya? -Me dijo.

    -Sí -Respondí.

    Se puso de vuelta su uniforme y yo me vestí también. Llamé a la recepción para pedir la cuenta y mientras esperábamos saqué el dinero de mi billetera y se lo entregué. Lo siguiente fue bastante incómodo.

    -¡Yo solo quería que me prestaras el dinero! No hacer esto! -Dijo mirándome con cierto odio.

    Finalmente pagué la cuenta y volvimos al auto. De vuelta me habló de su interés de cambiar de ciudad y dedicarse a otras cosas. La dejé en el mismo punto donde la recogí y me fui para mi casa con una sensación extraña a raíz de su reacción cuanto le entregué el dinero. Yo sentía que había abusado de la necesidad de una chica para satisfacerme, me sentí un poco mal.

    Luego me sentí bien cuando pasada una semana recibí un mensaje de Solange.

    -¿Cuándo nos volvemos a ver? -decía.

    Desde entonces Solange se volvió mi sugar baby. De tanto en tanto cuando tengo ganas de tener sexo nos encontramos y, por una tarifa más baja, la busco en mi auto y vamos a un motel a tener sexo. Es muy diferente a la primera vez, ya no mantiene sus ojos cerrados, nos miramos mientras alzo sus piernas blancas sobre mis hombros y taladro su coño rosado. También ha adelgazado y se ve mucho más sexy ahora.

    Naturalmente lo que más me gusta es darle cuatro mientras ella gira su cara para que pueda ver su expresión, o si se da la posición con los espejos, fija su mirada en la mía mientras los mechones rubios de su pelo caen sobre su cara y rebotan en sintonía con mis embestidas. Siempre hay espejos y muebles raros de motel. La última vez llevó un vibrador con el que se dio placer mientras me chupaba la verga.

    Ahora sí gime como perra y se divierte. Me dice que tiene una amiga que quiere participar, no he accedido porque se duplica el precio y creo que es insensato, en realidad a mi me gusta ella, pero no dudo que en algún momento pasará. No sé si aplica esta práctica con otros hombres, me ha dicho que no, que solo una vez tras una fiesta accedió junto con una prima a ir con un hombre que les pagaba, yo que sé, no me importa. Así amigos y amigas cree mi puta personal.

  • Amor de hermanos, Carla y Jorge

    Amor de hermanos, Carla y Jorge

    Este relato es la historia real de una amiga. Al volver a escribir, la llamé y le pedí permiso para contarla, obviamente cambiando nombres. No es un relato erótico habitual, el sexo juega su parte, pero dentro de una historia de vida de dos hermanos. Espero les guste.

    Muchas veces que la vida le juega a otros malas pasadas y no comprendemos que eso mismo nos puede pasar a nosotros si no tomamos las debidas precauciones y/o cuidados.

    Hasta hace 5 años mi vida era maravillosa. Tengo una linda familia, muy bien acomodada económicamente, una casa hermosa, con gran parque y pileta. Mis padres son sanos y por suerte se llevan bien, tengo un hermano cinco años mayor, Jorge, que terminó la facultad, tiene novia, y entró a trabajar con mi padre en su empresa.

    Yo era, una pendeja creída, terminé el colegio y en vez de empezar la facultad decidí que por un año o dos no iba a estudiar. Mido, o medía, 1,65 m., mi pelo es castaño claro, pesaba 55 kg y un muy buen cuerpo. Los muchachos siempre estaban girando a mí alrededor. Y yo, yo jugaba con ellos.

    Casi todos los días salía por las noches, nos juntábamos en casas de amigas y amigos, tomábamos y muchas veces bailábamos allí mismo. Los novios me duraban poco, no más de un par de meses.

    Así fue que una de esas noches, al irme de la fiesta estando un poco mareada, me subí a mi auto y emprendí el regreso la casa de mis padres. Cuando desperté no estaba en mi dormitorio, mi madre estaba sentada a mi lado llorando, llevaba puesto un camisolín. No podía girar la cabeza y mi brazo derecho estaba atado a algo. Veía nublado.

    Cuando mi madre notó que había despertado me dijo: “No te preocupes, todo va a salir bien”

    Yo: Qué pasa, dónde estoy?

    Mamá: Estás en el hospital, tuviste un accidente muy serio hace dos días.

    No es para este sitio relatar detalles de lo que siguió. Había tenido un fuerte accidente porque me quedé dormida. Por suerte no lastimé a nadie. Las consecuencias: en silla de ruedas por el resto de mi vida.

    Mi vida. Mi vida la cambié de dichos a miserable. Desde que volví a mi casa desde el hospital, 3 meses después del accidente, no volví a salir, a no ser que al médico. A mis amigas y amigos que venían a verme los fui alejando.

    Hoy tengo 25 años, casi tengo el mismo cuerpo, pero parte de él no funciona. Aunque la psicóloga me alienta a salir, no quiero, no puedo enfrentar la realidad, mi realidad.

    Obviamente nunca más tuve sexo. No tengo fuerzas ni siquiera para masturbarme. Eso ya fue para mí.

    Pobres, mis padres y mi hermano no saben qué hacer para ayudarme.

    Hoy es sábado y mis padres sales a cenar y a un concierto. Supongo que mi hermano saldrá con su novia. Yo me iré a la cama a ver TV, o Netflix.

    Jorge: Caro, hoy no salgo. Querés que haga un par de pizzas y comemos mirando tele en el living?

    Yo: Por qué no salís? Acaso te pidieron que te quedes a cuidarme?

    Jorge: No, para nada, no tengo ganas.

    Yo: bueno, hace pizzas, o lo que tengas ganas.

    El bueno de Jorge amasó las pizzas, sabiendo que me gusta como las hace y habiendo congeladas en el frezzer. De pronto veo que pone la mesa y le pregunto qué pasó que no íbamos a ver la tele.

    Jorge: comemos y después miramos. Quiero que disfrutes estas pizzas. Hace mucho que no te las hago.

    Sacó la primera pizza del horno, la puso en la mesa y trajo dos latas de cerveza de la heladera.

    Yo: Jorge, acordate que no puedo tomar alcohol por los medicamentos.

    Jorge: dale, una no te va a hacer mal.

    Yo: ya me mandé una cagada por tomar, otra no

    Jorge de repente tomó mi teléfono que estaba sobre la mesa y llamó a alguien

    Jorge: Hola coc., soy el hermano de Caro, cómo está? Perdone que lo joda, pero estamos por cenar con Caro y le quise dar cerveza para tomar y dice que no puede por los remedios. Aja, bueno, entonces la de la noche no. Listo le digo.

    Ahí dice el Doc., que hasta tres latas podes tomar, pero que no tomes la pastilla de la noche.

    Yo: vos estás loco, como lo vas a joder a esta hora.

    Jorge: dale, agarra y brindemos, brindemos por vos, porque estás viva, y sos la hermana más linda que tengo

    Yo: viva a medias, y la más linda porque soy la única.

    Cenamos y nos guardamos una lata para después. Cuando termina de levantar la mesa en vez de ayudarme a pasar a la silla de ruedas, se sienta nuevamente.

    Jorge: Bueno flaca, estamos solos. Sé que no soy el mejor hermano que hubieses querido tener, pero te quiero mucho, y me preocupa ver como estás. Por eso quiero aprovechar que no están los viejos para que hablemos. Todo, sin medias tintas y usando las palabras que queramos usar.

    Yo: no tengo nada que hablar, nada que decir. Vamos a ver tele.

    Jorge: No. No puedo ni acercarme a saber que se siente estar en tu lugar, porque no lo pasé. Pero te aseguro que lo que vos haces no es vivir. Y me jode que no hagas nada por salir adelante, sos inteligente, estás viva, tenés unos padres que te apoyan como pocos. Sos hermosa. Tenés todos para salir adelante.

    Yo: no voy a hablar.

    Jorge: pues entonces sigo. Porque alguien te tiene que decir las cosas. A mi tus modos y desplantes no me afectan. Me duele lo que haces con tu vida. Pero a los viejos los estás haciendo mierda. Y no tenés derecho, ellos no son culpables del accidente. Vos sabes que papá se culpa hasta de haberte comprado el auto? Que estuvieron a punto de separarse porque él siente culpa?

    Yo: no voy a hablar.

    Jorge: Sigo. Hasta hoy, cinco años después del accidente tus amigas siguen llamando por teléfono para ver cómo estás, quieren venir a verte, pero mamá les agradece y les dice que vos no querés ver a nadie. Y quien verdaderamente me parte el corazón es un flaco, Tom, no hay semana que no me llame al celular para ver cómo estás. Me contó que esa noche él quiso traerte, pero no lo dejaste. Que alguna vez habían salido pero vos lo dejaste por otro. Él no me lo dijo, pero como hombre te puedo decir, que cinco años después te sique queriendo.

    Yo: que bien, o que mal por él. No le dijiste que soy una bolsa en silla de ruedas, que me tienen que ayudar para todo, que si no me ayudan ni bañarme puedo sola. O es un boludo o un morboso de mierda.

    Jorge: Que equivocada que estás. Vos penas que la vida se acabó? Pues estás equivocada. Tenés 25 años y si te lo propones mucho por vivir. Quizás hasta hijos puedas tener. Hoy hacen maravillas los médicos para ayudar a las mujeres en tu estado.

    Yo: no digas pelotudeces. Que no entiendes, de la cintura para abajo no siento nada.

    Jorge: Así, y como no te haces pis encima entonces, tampoco te cagas encima, o me equivoco? Que yo sepa los esfínteres están debajo de la cintura.

    Yo: que chistoso, solo eso me falta, ni lo digas.

    Jorge: es la realidad, Caro. Tu realidad, acéptala. Puedes mejorarla, cambiarla un poco con esfuerzo.

    Yo: A ver vos que la tenés tan clara, la ves tan fácil, vos pensás que puedo estar en la cama con un hombre? Sin poder mover mis piernas, sería un pedazo de carne inerte. Yo, justamente, que disfrutaba como loca a los hombres, que les hacía de todo y los volvía locos.

    Jorge: estoy seguro que en la cama con ayuda de tu pareja funcionarías como cualquier mujer, con limitaciones, obviamente, pero esas mismas limitaciones harían que le busques la vuelta para gozar y hacer gozar a tu hombre.

    Yo: vos estás loco, dos cervezas te hicieron mal?

    Fue en ese momento que verdaderamente le dio un ataque de locura, o por lo menos a mí me pareció. Se levantó, aprovechando que es mucho más alto que yo y es muy fornido, me levanta de la silla, me carga en sus brazos y empieza subir las escaleras. Yo le pido que me deje en la silla de ruedas, cuando veo que vamos para mi cuarto empiezo a pegarle en el pecho y bofetadas en la cara.

    Sin decir una palabra, soportando todos los golpes, me lleva a mi habitación, me deja en mi cama, se sienta al lado mío y sin que me diera tiempo a nada, me besa.

    Hago todo lo posible por empujarlo, le pego en la espalda, en los brazos, pero no deja de besarme. De pronto siento que una de sus manos me aprieta un pecho, más loca me pongo, pero no de excitación, es mi hermano, que hace. Esa misma mano, baja hasta mi entrepierna, pone la mano sobre mi pubis y empieza a acariciar. Yo intento cerrar las piernas pero no responden.

    En medio de mi desesperación al verme forzada por mi hermano, casi no me doy cuenta que sus caricias tiene efecto, siento. Siento esa electricidad característica. No puede ser, me niego. Yo no siento nada. O sí?

    Por un momento dejo de pelear y centro mi atención en mí, él lo nota y sigue acariciando, ahora metiendo su mano por debajo de mi bombacha, masajea el clítoris y siento que una ola de calor me invade, me estoy excitando por primera vez en cinco años, yo, la paralítica. Con suavidad va metiendo un dedo en mi vagina, baja su cabeza y me empieza a besar el clítoris, sus dedos buscan mi punto G, la excitación va en aumento y en pocos minutos llego a un orgasmo!!! Yo, estoy gozando.

    Él está a punto de salir de mi pubis cuando escucho mi propia voz decir: “Por favor, no te detengas, te lo pido”. El sigue acariciando y mimando, yo gozando. “Te la quiero chupar” le digo con la vieja y casi olvidada tonadita de gata en celo de mis viejas épocas, apoyo mi mano en su entre pierna y de a poco su instrumento toma volumen.

    Como él no hace nada, como puedo le desprendo el pantalón y logro sacarlo y tenerlo en mis manos. Haciendo fuerzas con mis brazos me muevo, me arrastro hasta lograr meterlo en mi boca. Chupo con desesperación, angustia, alegría, bronca contenida, estoy gozando. Me tengo que esforzar para ponerme mejor y él no me ayuda para nada, me siento inútil, pero quiero seguir.

    Cuando ya estaba bien parada, siento que me agarra de la cintura y en un movimiento que no comprendo, quedo sentada en su pubis, con su pene delante de mi vagina, y las piernas estiradas hacia su cabeza ya que se había acostado. “Me voy a caer” le grité.

    Jorge: tírate hacia adelante y apoya las manos en mi pecho. Yo te sostengo la cintura.

    Hago lo que me dice, y si, puedo mantenerme en equilibrio. Como puedo voy acercándome a su pene hasta que queda bajo mi vagina, el me levanta un poco la cola y me la mete en la vagina.

    Claro, cinco años sin uso, y duele un poco. El comienza a moverse y yo a bambolearme hacia adelante, y atrás, estamos un rato hasta que siento que su pene se pone más duro y siento que late, una de sus manos suelta mi cintura y me aprieta un pecho. Los dos llegamos juntos al orgasmo. Con cuidado me recuesta en la cama, se sube los pantalones y me mira con una ternura infinita.

    Jorge: Perdoname, sé que fui bastante bruto, pero no podía verte más en ese estado. Era la última bala que me quedaba.

    Yo: entiendo, pero ahora déjame sola.

    Sale mi habitación, cierra la puerta y comienzo a llorar. Siento bronca, angustia, felicidad, satisfacción. Lo que yo creía que era cosa de un pasado muy lejano, es una realidad. Todos mis miedos se empiezan a ir, no podré mover las piernas, pero todavía puedo sentir como mujer. Así me quedo dormida.

    Despierto, pensando que fue todo un sueño pero las manchas de semen en mis sabanas me dicen que no. Me pongo algo de ropa, salto a mi silla y bajo por el ascensor que instaló mi padre.

    Los encuentro desayunando a mis padres y a Jorge. Los miro con una sonrisa y les digo:

    Yo: Buen día. No pregunten. Quiero decirles gracias. Quiero decirles perdón. Otro día, cuando pueda, vamos a hablar.

    Mi madre me mira con los ojos llorosos, mi padre me acaricia la mano y Jorge, se sonríe.

    Y: Jorge, vos tenés el teléfono de un chico Tom, que era amigo mío por casualidad.

    Jorge: Si, claro, creo que lo tengo grabado.

    Yo: Lo podes llamar y pasarme sin decir nada?

    Jorge: Si

    Yo: Hola Tom, soy Carla, te acuerdas de mí, bueno, te invito a tomar el té, podrás venir? Gracias, te espero.

    Yo: Mamá, me ayudas a bañarme y cambiarme después de comer?

    Madre: Si por supuesto

    Lo que sigue es una historia hermosa de amor y compañerismo. Todavía luchan por quedar embarazados.

  • La familia peregrina

    La familia peregrina

    La familia viajaba feliz e ilusionada, todos sonreían en silencio, soñando despiertos, atrás habían dejado una vida de penurias, allá, lejos muy lejos al otro lado del océano.

    Era un día soleado en una mañana de primavera, lo único que se escuchaba era el chirriar de las ruedas de la lenta y pesada carreta que les servía de transporte.

    Viajaban buscando la tierra prometida, la de verdes prados y tierras fértiles, soñaban con establecerse en un lugar a que llamar hogar y de paso llevar la palabra del Señor a aquellos parajes.

    Conduciendo la carreta iba Isaac, era el jefe de familia, rondaba los cuarenta y tantos, aun se mantenía en forma, acostumbrado a la vida dura y sacrificada. Ahora estaba entrecano, pero se adivinaba un cabello rubio trigueño en su juventud.

    A su lado iba sentada y tomada de su brazo su esposa Isabel, que aún no llegaba a los cuarenta y también se la veía una mujer atractiva a pesar de que las ropas que llevaba la cubrían completamente de cuello a tobillos. Ella era rubia de ojos azules y labios carnoso, pero no demasiado.

    Atrás en la caja de la carreta, acomodada sobre unos costales de trigo viajaba su hija Rebecca, una muchacha de unos diecinueve años, aparentaba ser delgada a juzgar por lo holgadas que se veían sus ropas. Ella tenía el cabello oscuro, la piel blanca con algunas pecas y los ojos verde mar.

    -¿Cuánto crees que falte para llegar, esposo mío? -Preguntó Isabel.

    -No sabría decirlo, solo sé que voy en la dirección correcta, pues el Señor me guía.

    Continuaron viaje, cuando oscureció, Isaac decidió detenerse y acampar para pasar la noche, él e Isabel se acomodaron sobre unas mantas en el duro suelo, Rebecca continuo durmiendo sobre la carreta, como casi todo el viaje.

    Las noches en el desierto de Arizona son muy frías, por ello Isaac no tuvo mejor idea que encender un fuego que les diera calor. Así durmieron a sus anchas, soñando como en la mañana, pero esta vez no eran conscientes de lo que rondaba cerca de ellos.

    Las sombras furtivas cruzaban de un lado a otro sin producir ningún ruido, poco a poco se fueron acercando al campamento, eran cinco hombres, dos de ellos se abalanzaron sobre el dormido Isaac, que logro golpear a uno en el rostro poniéndose de pie, pero otro de los hombres lo golpeo en la cabeza con un tomahawk de piedra.

    El calor en su pecho lo despertó, al abrir los ojos vio algo que solo había visto o más bien leído descripciones en libros y su corazón se llenó de temor. Tenía ante sí un apache, un verdadero apache piel roja, que sostenía una rama de árbol seco encendido en un extremo, con el que había despertado a Isaac.

    -Abre bien tus ojos y mira bien, cara pálida. Durante muchas lunas, los tuyos han robado tierras a indios pobres, nosotros perder todo, tu gente robar todo, enviarnos a reservas, violar a nuestras mujeres y a nuestras hijas. Hoy es día de venganza para pobres indios, hoy violaremos tu mujer y a tu hija, pero primero lo harás tú.

    -Nosotros no hicimos nada de eso que dices, nosotros solo traemos la palabra del señor, traemos paz y bondad –Respondió Isaac.

    -Paz y bondad? La palabra del Señor? Son muchos los que llegaron diciendo tus palabras, pero cuando no pudieron hacer que dejáramos nuestras creencias y costumbres quisieron combatir pues somos salvajes. El gran espíritu nos hace fuertes y hoy nos ha premiado enviándonos a tres blancos para sosegar nuestro odio.

    Cuando el apache se apartó vio a su esposa Isabel atada de pies y manos a dos troncos que formaban una X en vertical, con las piernas bien abiertas y atadas por los tobillos a los troncos, los brazos también extendidos hacia arriba y a los lados sujetos también a los troncos.

    A su lado estaba Rebecca, pero ella estaba en otra postura, ella estaba de rodillas, con los brazos extendidos a los lados, posados y sujetos en dos soportes de madera hechos con rama de árbol. Sus pies estaban separados, atados y sujetos por sendas estacas al piso.

    El apache hizo un gesto a uno de sus bravos y este se acercó a Isabel, sacó su cuchillo y lo colocó a la altura de la garganta de ella.

    -Noooo –Gritó Isaac– pero el cuchillo se movió como el rayo de arriba abajo, cortando de un tajo las ropas de Isabel hasta un poco más abajo del ombligo.

    Reinó un silencio casi eterno, pues Isaac esperaba ver la muerte de su esposa y no aquello, tanto él como los apaches quedaron absortos en ese maravilloso espectáculo, unos senos redondos aun firmes y turgentes con unos pezones color naranja sobre una piel blanca salpicada de algunas pecas.

    Cuando reaccionó Isaac cerró los ojos y ladeo la cabeza, pues él aun siendo su esposo nunca había visto el pecho desnudo de Isabel, cuando hacían el amor, todo era a oscuras y con ropa, todo lo hacía a tientas, pues sus creencias así lo dictaban.

    El jefe apache se acercó a Isabel, apagó la llama del leño que sostenía y lo acercó a uno de sus senos, lo apoyó suavemente sobre el pezón y comenzó a hacer presión, hasta que la mujer sintió el calor que aún conservaba el interior de la madera, aaayyy! Gritó.

    -Basta! O la furia del señor caerá sobre ustedes! –Exclamo Isaac

    -Basta? Recién comenzar –Respondió Cuervo Cantor– que así se llamaba.

    Hizo otro gesto al bravo del cuchillo y este cortó las ropas de Isabel esta vez hasta el final, dejándola totalmente desnuda, frente a su esposo por primera vez, y peor frente a aquellos salvajes.

    Sus piernas separadas mostraban unos muslos bien formados, algo regordetes, pero en el límite justo, sus caderas eran anchas, pero sensuales, era un maravilloso cuerpo de mujer a sus treinta y siete años. Pero lo que más llamó la atención de los presentes fue aquel coño abierto y expuesto a la vista de todos, lo cubría una copiosa mata de bello color rubio oscuro.

    Cuervo Cantor volvió a encender el madero y se aseguró que lo estuviera, pero sin hacer llama, y comenzó a quemar el bello púdico de Isabel. Ella muerta de miedo y vergüenza, comenzó a gritar.

    -Isaac, ayúdame esposo mío, no permitas esto!

    Pero Isabel no veía que a unos metros de ella había dos apaches más, con sus lanzas en el cuello de la indefensa Rebecca.

    Cuando el bello púdico estuvo todo chamuscado, Rata Saltarina, que así se llamaba el bravo del cuchillo, procedió a retirar los restos quemados y dejar el coño de Isabel totalmente afeitado, maravilloso espectáculo aquella vagina color rosa de labios delicados y frondosos.

    Pero Cuervo Cantor no había terminado, como antes, apagó el madero del todo y así como estaba lo apoyó en el coño afeitado de Isabel, apoyando uno de los lados del madero caliente y haciendo presión hacia arriba.

    -Aaaahhh, nooo! Por piedad, basta! -Gritó Isabel.

    Rata Saltarina se acercó por detrás de Isabel y la despojó de los harapos que eran sus ropas, dejándola ahora sí, sin nada que ocultar. Como era de esperar su culo no estaba peor que el resto de ella, era un poco grande, pero aún estaba firme y su piel se conservaba estupenda como en las demás zonas de su cuerpo.

    Cuervo Cantor sacó su pene, era grueso y venoso, de cabeza grande en comparación con el tronco, se acercó a Isabel y lo hundió en su coño de un empujón.

    -Dejad a mi mujer, sucios salvajes! La ira de Dios caerá sobre ustedes! -Vocifero Isaac.

    Pero solo se oyeron carcajadas y aullidos de los apaches. Cuervo Cantor estaba follando de pie por el frente a Isabel, la besó en la boca, metiendo su lengua hasta la garganta, mientras tomaba los pezones de ella y los retorcía con sus dedos.

    -Tu hombre no hacer el amor así eh? Tú tener mucho que aprender para vivir y hacer felices a bravos, nosotros enseñar cómo hacer –Le dijo en voz baja Cuervo Cantor a Isabel.

    Rata Saltarina que estaba a la espalda de ella, se percató de las intenciones de su jefe, se acercó y apoyo su gran pene entre las nalgas de Isabel, ella se estremeció, abrió los ojos con espanto y luego sintió como si le desgarrarán el culo. El apache estaba entrando en ese ano apretado, jamás visto, ni siquiera por ella misma y menos profanado. No sabía si sentía dolor, ardor? Solo quería que aquella pesadilla terminara.

    Pero lejos de esto, ambos guerreros la follaron duro, gozando con sus gritos y sollozos, pero el dolor fue dejando paso al placer, Isabel estaba comenzando a sentir sensaciones que nunca había experimentado, completamente nuevas para ella y se estaba sintiendo bien, mientras aquellos salvajes le hundían sus miembros por delante y por detrás.

    -No te rindas ante sus trampas amor, no caigas presa de su lujuria –Gritó Isaac que ante aquel espectáculo ya tenía un gran bulto en su pantalón y luchaba por hacer que bajara.

    Cuervo cantor y Rata Saltarina soltaron de sus ataduras a Isabel, permitiéndole ver en la situación que estaba su hija Rebecca. De inmediato comprendió que no podía hacer nada más que seguir sus órdenes y esperar que por un milagro los dejaran con vida.

    La obligaron a arrodillarse y Cuervo Cantor le acercó su pene a la boca, ella no comprendió que deseaba, entonces Rata Saltarina tiro fuerte de su cabello hacia atrás obligándola a levantar la cara y gritar por el dolor, cuando dijo aaaay! Cuervo Cantor se lo metió en la boca hasta la garganta y comenzó a follarle la boca.

    Rata Saltarina le sujetaba y movía la cabeza de ella en sentido contrario a las envestidas de su jefe, asegurándose de que el pene entrara todo en su boca y garganta. Así estuvo diez minutos entre ahogos, arcadas, náuseas y espasmos, pero sintiéndose mujer, sintiendo que todo su cuerpo vibraba, lleno de adrenalina, hasta que sintió una descarga de líquido espeso y gomoso, algo agrío dentro de su boca.

    Rata Saltarina aún conservaba su carga, así que la giró, pero esta vez Isabel comprendía que esperaba de ella, así que abrió grande la boca y tragó aquel pene lo más hondo que pudo y soportó las envestidas del apache que en este caso quiso rociar el blanco rostro de Isabel con su esperma.

    -Cara pálida, haber aprendido algo de prácticas de amor de indios pobres y salvajes? Tu mujer si haber aprendido y si tu no hacerlo, ella vivir feliz con indios, nosotros hacer bien el amor a ella, a ella gustar, tu no saber hacerlo bien. Tu tener que practicar.

    Y dicho esto hizo un gesto con el brazo a los bravos que amenazaban a Rebecca con sus lanzas y estos comenzaron a rasgar con ellas las ropas de la muchacha dejándola totalmente desnuda. Su cuerpo era delgado, juvenil, su piel bien blanca, tenía los senos del tamaño justo para abarcarlos cada uno con una mano, del tamaño de una manzana mediana, los pezones color rojo pálido y diminutos como dos pequeños botones que hubieran pegado allí. Su bello púdico era oscuro aunque no muy abundante, lo que dejaba ver muy bien su delicado clítoris y su virginal coño. Su culito era respingón y redondito.

    -No! Basta salvajes, es una niña! -Gritó Isaac que ya se sentía preso de la lujuria.

    -Una niña? Nuestras mujeres satisfacen a sus bravos desde que sangran por primera vez, y tu “niña” hace muchas estaciones que sangró por primera vez.

    -Tu mujer! Come su coño –le ordenó a Isabel.

    -Nooo! Es mi hija! Hacedme lo que queráis a mí, pero eso no! –Se desesperó Isabel.

    -O haces eso o ponemos leño caliente en su clítoris.

    Isabel no tuvo más remedio que obedecer, se tumbó en el piso boca arriba y se deslizó por entre las piernas de Rebeca hasta asomar la cabeza a su frente, luego se apoyó sobre los codos y comenzó a chupar el coñito de su hija. Se sentía avergonzada, culpable, angustiada, pero estaba decidida a salir de allí con vida, así que lamió, chupó y succionó aquel clítoris que tenía en su boca.

    Rebecca comenzó a emitir leves suspiros, luego comenzó a morderse los labios, pero sus gemidos eran incontenibles, esa lengua le estaba haciendo casi derrumbarse, pero recordemos que estaba atada de rodillas y los brazos extendidos sobre dos soportes, los temblores y espasmos eran continuos, la lengua de su madre se sentía caliente y suave.

    Mientras tanto Isaac no aguanto más y gritó – Basta! No soporto más!

    Y sacando de entre sus ropas un enorme pene grueso como un tronco se acercó a Rebecca y se lo metió en la boca. Lo hizo con tanto ímpetu que lo metió hasta los huevos.

    Rebecca se ahogaba con el pene de su padre, mientras su madre le seguía comiendo el coño, que ya estaba súper mojado, dándole a probar a Isabel sus jugos femeninos.

    Uno de los apaches que había estado cuidando a Rebecca con su lanza y que también la desnudó, se puso de rodillas, abrió las piernas de Isabel que estaba tendida en el suelo y la penetró por su vagina, follándola mientras esta seguía comiendo el coño de Rebecca.

    Su compañero, el otro lancero, se colocó de rodillas a horcajadas sobre el vientre de Isabel, quedando en esta posición con el culito de Rebecca a su merced y ya la iba a penetrar, cuando se escuchó!

    -Alto! Tú no harás eso! Su padre lo hará! –Ordenó Cuervo Cantor.

    -Culito de tu hija te espera! Tú romperlo, tú ser primero, luego indios pobres seguir!

    Isaac saco su pene de la boca de Rebecca y esta casi sin aire, emitió un apenas audible – Noo… padre

    Pero Isaac ya estaba preso totalmente de la lujuria, la imagen de aquellos cuerpos desnudos, de su mujer, a la que nunca le había visto ni las pantorrillas y de su hija en el comienzo de la juventud, habían hecho estragos en su libido. Intercambio lugar con el apache y comenzó a hundir muy lentamente su enorme pene en el anito virgen de su hija que al sentir que el culo se le habría emitió un grito mescla de dolor, miedo y desesperación, pero Cuervo Cantor lo ahogo con su pene, fallándole la boca con fuerza. Rebecca sentía que su padre la partía en dos, mientras se ahogaba con aquel pene en su boca y su madre no dejaba de lamerle el coño provocándole olas de placer extremo.

    Isabel sabía que si quería ayudar a su hija, debía chupar con ansia, era lo único que en aquel momento distraería la mente de Rebecca lejos del dolor y el ahogamiento en su culo y boca respectivamente.

    Pero el apache que no pudo follar el culo de Rebecca estaba dispuesto a follar uno, así que movió a su compañero de donde estaba, follando a Isabel en su coño y tiro de sus pies arrastrándola por el suelo de tierra dura y pedregosa. Isabel sorprendida por el repentino jalón sintió como las piedrecitas le rasguñaban la piel. Luego ambos bravos la follaron a gusto por ambos hoyos, ella ya estaba totalmente a gusto y entregada, cabalgaba aquellos penes por delante y por detrás con ansia y deseo. Varias veces la penetraron los dos a un tiempo.

    Cuervo Cantor y Rata Saltarina ya habían soltado también a Rebecca, este último se tendió en el suelo e Isaac tomo a su hija y la sentó literalmente sobre el pene de aquel apache, el miembro se enterró en el virgen coño de Rebecca que ya estaba muy excitada y apenas sintió un pequeño ardor momentáneo para luego seguir dando rienda suelta al placer.

    Cuervo Cantor le penetro el culito, haciéndole sentir por primera vez la doble penetración. Su padre volvió a follarle la boca, estaba completamente en éxtasis, tenía un pene en cada hoyo, le dolía su culito, le dolía su coño y se ahogaba con el pollon de su padre, pero se sentía en la gloría.

    De repente se escuchó un grito agudo – Aaaauuuggg!!!!! Todos miraron a un lado y vieron a Isabel recibiendo dos enormes penes en su culito rosa, los apaches de las lanzas, habían logrado encular juntos a Isabel, que no sabía si gritar, llorar o desmayarse!

    Cuando Isabel sintió que otro pene entraba en su culo ya ocupado, sintió un punsaso de dolor agudo, grito fuerte y empezó a arañar la tierra rompiéndose las uñas. ”Que era todo aquello, como era posible hacer y sentir todas esas cosas? Como, hasta ahora a sus treinta y siete años no había experimentado algo parecido?” Y en ese momento se sintió feliz por su hija, gracias a aquellos salvajes ella sabría desde joven lo que era hacer el amor de buena manera, sin miedos ni vergüenzas.

    Isaac estaba de rodillas frente a su hija follándole la boca, mientras que Cuervo Cantor y Rata Saltarina la penetraban, cuando siente que algo grande como un oso lo abraza, se había arrodillado tras de él y le sujetaba con fuerza, era el quinto bravo, que se había quedado al margen de la acción. Cuervo Cantor levanto la cabeza sin dejar de follar el culito de Rebecca y dijo…

    -Ese ser Oso Pescador, a él no gustar mujer, el preferir hombres blancos, sus culos.

    Y dicho esto Isaac sintió el enorme pene en su culo, no podía creerlo estaba siendo follado en el culo, él un hombre de Dios, estaba siendo sodomizado por aquel gigante piel roja, pero le gustaba y comenzó a follar con más fuerza la boca de Rebecca.

    De pronto el gigante lo retiró de su culo y se lo ofreció en la boca, Isaac lo engullo lo más que pudo, lo chupó con fuerza mientras Rebecca lo chupaba a él.

    Oso Pescador eyaculó en la boca de Isaac y este hizo lo propio en la boca de Rebecca que entre medio de arcadas y náuseas se lo bebió todo. Cuervo Cantor acabó en el culito de la chica y Rata Saltarina en su vagina.

    Gato Aullador y Zorro Peligroso que así se llamaban los bravos con lanzas, acabaron en el culo de Isabel, al unisono, llenándole sus entrañas de líquido caliente. Ella se sintió desfallecer y se largó a llorar, sin saber la causa cierta, tal vez porque su cuerpo liberó tensiones muchos años acumuladas, tal vez porque parecería que saldrían vivos de esa o tal vez y lo más seguro, era que llegaron buscando la tierra prometida, la de la felicidad, y la encontraron, pero de una manera totalmente diferente.

    -Si querer sobrevivir, deber vivir con apaches, mujeres satisfacer a jefe Cuervo Cantor y a mi primer bravo Rata Saltarina, tú salvar, porque Oso pescador te eligió!

    FIN

  • Abuso

    Abuso

    Karolina aterrizaba en México DF procedente de Bogotá. Satisfecha por el beneficioso negocio que había cerrado caminaba despreocupada pasando por los distintos controles del aeropuerto. Con paso firme su cuerpo se contoneaba atrayendo las miradas de algunos hombres. Ella, pese a no prestar atención, sabía lo que provocaba y no podía evitar que su orgullo femenino se inflase.

    Sus pechos desafiaban a la gravedad, desnudos bajo la camisa, sus pezones reaccionaba erectos a las miradas lascivas de aquellos hombres que deseaban poseerla. Esto hacía que se excitase y notara como su sexo se inundase mojando su tanga. El pantalón vaquero marcaba su maravilloso culo, prieto y duro…

    Su mente volaba e inevitablemente comenzó a fantasear. Buscó su móvil dentro de su bolso y marcó el número de Bob. Este era un empresario estadounidense con el que mantenía una extraña relación exclusivamente sexual. De vez en cuando se veían y tenían salvajes relaciones sexuales. El tipo la trataba como una auténtica perra y Karolina tenía unos maravillosos orgasmos ensartada por el miembro de Bob atada de manos, amordazada, azotada e insultada…

    Mantenía con el tipo una caliente conversación caliente cuando alguien llamó su atención:

    -Disculpe, señora, disculpe…

    Karolina cortó y atendió al hombre que la requería.

    -¿Puede acompañarme?

    -¿Yo? ¿Por qué, pasa algo?

    -Acompáñeme por favor…

    La mujer no entendía nada. Aquel policía la requería, pero no le daba más información:

    -¿Pero me puede decir qué pasa?

    El policía no contestó y se limitó a guiarla por un pasillo hasta una sala aislada. Sobre una mesa estaba su maleta deshecha sin cuidado. La mujer quedó perpleja:

    -Verá, señora, hemos encontrado 500 gramos de cocaína en su equipaje. Tendrá que dar una buena explicación sobre eso.

    -Pero eso no es mío. Yo no tengo nada que ver con esa droga.

    -¿Y cómo ha llegado hasta ahí?

    -No tengo la menor idea, pero le aseguro que no es mía.

    -Le aconsejo que confiese, será todo más rápido y sobre todo mucho más fácil para usted.

    -¿Qué quiere que declare si no sé nada de eso?

    El policía se fue de la sala dejando a Karolina sola e incomunicada. Durante dos horas nadie apareció por allí. La mujer se iba a volver loca. Cada minuto allí dentro su cabeza entendía menos la situación. ¿Cómo había llegado aquella droga a su equipaje? La única opción que se le ocurría era que los propios policías fueran los que lo hubiesen puesto. Y ahora tenía un problema, pero confesar eso era aceptar una condena de cárcel.

    De repente la puerta se abrió. Ahora entró el policía que la detuvo acompañado de otro de mayor rango. Éste se acercó a ella de manera intimidante:

    -Bueno ¿confiesas o no?

    -Vamos a ver, aquí ha habido un malentendido. Esa droga no es mía.

    -Es dura ¿eh? Alfredo. -Dijo el nuevo a su compañero.- Entonces tendrá que acompañarnos.

    -Exijo una explicación. -Dijo Karolina muy cerca del nuevo policía en un intento de resistencia.

    Sin darle tiempo, el policía le cruzó la cara con dos bofetadas. La mujer quedó paralizada:

    -A ver si le queda claro señora. Le hemos dado la posibilidad de declarar y mejorar su situación. No ha querido. Así que ahora debe acompañarnos a ver a alguien con más autoridad.

    La cogieron por los brazos y, casi arrastras, la sacaron de la sala y la llevaron por unas escaleras descendentes. Karolina gritaba y pataleaba intentando no ir. La planta inferior era un sótano húmedo y maloliente semejante a las mazmorras de un castillo medieval. La mujer había oído leyendas de estos sótanos y de los abusos policiales, pero nunca se lo creyó. Y ahora era la protagonista de una de esas leyendas. La metieron a la fuerza en una habitación sim ventanas. Solo iluminada por una bombilla amarillenta, con las paredes de ladrillos sin pintar y el suelo de cemento casi deshecho por la humedad. En la pared del fondo un oficial de policía estaba sentado tras una mesa sobre la que apoyaba los pies. Su actitud era chulesca.

    Los otros dos colocaron a Karolina de pie frente a su jefe. La mujer sintió frio y miedo. El tipo se puso de pie. Era mucho más alto que ella y su uniforme marcaba un cuerpo muy musculado. Su aspecto mal encarado daba auténtico pavor:

    -Así que esta es la mula que se niega a confesar.

    Los policías asintieron mientras ella era incapaz de articular palabras. Estaba inmovilizada:

    -A ver, zorrita, tienes dos opciones: o lo haces por las buenas, o lo haces por las malas. -Dicho esto la agarró por el cuello de la camisa y de un tirón se la rompió.

    Los botones saltaron por los aires y quedó abierta dejando al aire sus tetas:

    -Mirad chicos. La zorrita nos brinda un espectáculo de topless…

    El oficial alargó sus manos para acariciar las tetas de Karolina. La tensión era máxima y el cuerpo de la mujer empezó a reaccionar. Las grandes manos de aquel policía sobre sus pechos le resultaron excitante. Sus pezones se endurecieron.

    -Así que te gusta, ¿no, zorrita?

    Ella no decía nada. Pero incomprensiblemente aquel abuso y aquellos insultos la excitaban. Su coñito volvió a inundarse de flujo vaginal. El oficial la obligó a arrodillarse ante él. Se desabrochó el pantalón y se sacó la polla:

    -Te la vas a comer, zorrita.

    Ante la cara de la mujer, una polla gruesa, erecta, con las venas marcadas:

    -Agárramela puta.

    Karolina acercó su mano y agarró el miembro de aquel oficial de la policía. Estaba dura y muy caliente. La imagen no dejaba de ser morbosa. Ella arrodillada ante un policía, con la camisa abierta y las tetas fueras, estaba siendo forzada a chupársela delante de otros dos policías. Acercó su cabeza hasta la polla. Con la lengua lamió el capullo antes de introducírsela. Abrió todo lo que pudo la boca pero el grosor era enorme. Casi no le cabía. Por fin comenzó a mover la cabeza a lo largo de la polla de aquel cabrón. Notaba como le llegaba a la campanilla. El tipo suspiraba alabando su técnica:

    -Joder, qué bien mamas, puta zorra.

    Karolina se empleó a fondo intentando que acabase cuanto antes. Con su lengua jugaba alrededor de su capullo para volver a metérsela hasta el fondo. El sabor agrio del pre semen y los golpes en su campanilla le provocaba arcadas. Finalmente el oficial la agarró por la cabeza y comenzó a follarle la boca. Las babas se le salían por la comisura de los labios. Le costaba respirar y sus ojos se llenaron de lágrimas. Cuando creía que ya no podría aguantar más el policía tensó su cuerpo y comenzó a correrse dentro de su boca. Dos, tres, cuatro chorros de semen viscoso descendieron por su esófago. Cuando la soltó, la mujer tosió y escupió en el suelo parte del semen de aquel tipo. Restos de babas y corrida cayeron por su barbilla hasta sus tetas.

    Pero lejos de acabar, aquello no había hecho más que empezar. Los dos policías que había estado presenciando la mamada se acercaron a ella. Karolina se vio rodeada por otros dos hombres que blandían sus pollas duras cerca de su cara:

    -Venga puta, ahora nos toca a nosotros.

    La mujer no tuvo más remedio que practicarle sexo oral a los dos. Arrodilladas entre ellos, agarró las dos pollas y comenzó a chupar alternativamente las dos pollas. Mucho más rápido que antes, los policías se corrieron en su cara y en sus tetas. La leche caliente de aquellos desconocidos mancharon sus pómulos, sus labios, su barbilla, su cuello y sus tetas. No era la primera vez que un tipo al que acaba de conocer se le corría en la cara pero sí en una situación como esta.

    Uno de los policías, dio un grito y le dio una bofetada que la tiró al suelo. Inmediatamente se le acercó el oficial y la puso en pie tirándole del pelo. Le esposó las manos a la espalda y la llevó hacia la mesa. Allí la obligó a inclinarse sobre ésta. Se colocó tras ella y le bajó el pantalón descubriendo un maravilloso culo:

    -Wouh, vaya pedazo de culo tiene la guarra…

    El oficial se arrodilló, separó las nalgas con sus manos y lamió el ojete de Karolina. Ella no pudo evitar suspirar. Incluso comenzó a gemir cuando aquel cabrón oficial lamió desde su clítoris recogiendo todos su flujos. Un par de azotes, que dejaron los dedos marcados, fue el preludio de una tremenda comida de coño. El hombre la devoraba pasando la lengua del coño al culo y del culo al coño provocando en la mujer escalofríos de placer. No podía contener la excitación pese a ser violada por tres policías en el sótano de un aeropuerto. A ella le iba el sexo muy duro pero esto pasaba todas las líneas rojas. Y ahora se descubrió alcanzando un orgasmo con la lengua de aquel policía. Los dos policías, que no perdían detalles, ovacionaron la culminación de Karolina que quedó extasiada.

    El oficial volvió a centrarse en su ano, escupió y comenzó a masajearlo para dilatarlo. A estas alturas la mujer estaba entregada a la voluntad de aquel policía. Sin darle tregua, se puso de pie y colocó el capullo de su polla en la entrada de su culo:

    -Te voy a reventar, zorra.

    De un golpe de cadera le incrustó meda polla en el ano. El grito de Karolina fue desgarrador. Aquel cabrón le iba a partir el culo en seco:

    -Toma polla, perra.

    Un segundo empujón y la polla entró en aquel estrecho agujero. Otro grito de la mujer no sirvió para que el oficial parase. En vez de eso, la agarró del pelo y comenzó una follada frenética sobre el culo de Karolina. El dolor la estaba destrozando por dentro. Apretó los dientes y aguantó como pudo que el oficial terminase de sodomizarla. Sentía como le tiraba del pelo, como le azotaba las nalgas y como le partía el culo literalmente. Al fin, el policía se tensó y con un sonido gutural se corrió en lo más profundo de sus entrañas.

    El hombre retiró su polla del estrecho agujero con un sonido de descorche. El ano de Karolina palpitaba, enrojecido, intentando volver a su tamaño natural mientras escupía la leche caliente del oficial de policía. La mujer estaba agotada y a punto de derrumbarse. Pero entonces sintió que uno de los otros dos se acercaba a ella. La levantó para colocarla boca arriba sobre la mesa. Alzó sus piernas sobre su pecho y le penetró el coño con fuerza. La abundante lubricación de la mujer facilitó que la polla se deslizase dentro sin apenas esfuerzo. La sensación de esta follada fue para Karolina mucho más placentera que la anal. Durante unos minutos aquel policía se la folló sobre la mesa hasta que se corrió dentro. Ella no pudo evitar excitarse y alcanzar otro orgasmo.

    Con los ojos cerrados notó como el tercer policía la levantaba en vilo. Los poderosos brazos del tipo la llevaron contra la pared y allí volvió a ser follada hasta que, de nuevo, se le corrieron dentro. Para entonces Karolina no tenía voluntad. Era un juguete sexual en manos de aquellos tres policías.

    No supo decir cuánto tiempo pasó cuando despertó en la sala a la que fue llevada por primera vez. Estaba desnuda y tenía marcas en la cara de las bofetadas. Le dolía el culo y el coño. Estaba algo aturdida cuando el oficial se dirigió a ella:

    -Por esta vez vamos a dejar pasar el tema de la droga. Puedes vestirte y salir libre pero… -le acarició la cara- si se te ocurre denunciar algo de esto, tendrás problemas.

    A Karolina, la amenaza le quedó muy clara. Se vistió ante la atenta mirada de aquellos policías que no dejaban de sonreír ante ella. La mujer se apresuró a abandonar aquella sala y salir del aeropuerto en busca de un taxi que la llevase a casa. Nunca denunció nada y ella misma pasó a formar parte de las leyendas de los abusos policiales del aeropuerto.

  • Cumpleaños especial

    Cumpleaños especial

    Había llegado mi 24 cumpleaños y tenía planeado ir de ruta con un colega. Me puse mis mallas ajustadas y el top a juego, y a media mañana pasó a buscarme para irnos y le noté una mirada diferente. Comenzamos a caminar dirección a la ruta que queríamos hacer, y como hacía día de playa, apenas había gente por el camino.

    Cuando íbamos a mitad de la ruta empezó a actuar de forma rara quedándose atrás solo para ver cómo se marcaban mis nalgas bajo las mallas azules ajustadas que me había puesto. Como no había gente, no tardó en apretar mis nalgas con sus manos para mi sorpresa. Eso solo fue el principio. Seguimos caminando pero una de sus manos no dejaba de masajear mis nalgas haciendo que me empezara a calentar hasta que, después de confirmar que no había nadie cerca, lo arrastré conmigo hacia el interior del bosque.

    Lo empujé contra un árbol que estaba apartado del camino y lo empecé a besar mientras sus manos recorrían mi cuerpo. Bajé a su cuello dejando atrás sus labios y haciendo que mis manos se perdieran por debajo de su camiseta llegando a sus pantalones sin perder tiempo a la vez que mis rodillas bajaban al suelo. No podía esperar a que su miembro estuviera en mi boca siendo recorrida por mi lengua lentamente de principio a fin mientras mi compañero se estremecía. Su miembro no dejaba de entrar y salir suavemente de mi boca consiguiendo los gemidos de su boca, y que sus manos sujetaran mi coleta para que entrara bien profunda en mi garganta llegando a producirme arcadas.

    No tardó en dejarme caer contra las mochilas para quitarme las mallas y meterse con sus dedos y su boca entre mis piernas para empezar a sacarme orgasmos y ligeros gemidos que poco a poco iban a más. No podía más y le pedí que me penetrara para sentirlo dentro de mí. Rápidamente accedió a mis deseos tumbándose sobre mí dejando que su miembro entrara en mi vagina lentamente y haciendo que mi cuerpo de estremeciera. Sendos gemidos se escapaban de nuestros labios mientras cambiábamos de posiciones estando cada vez más cachondos por el morbo de que alguien pasara por el camino que estaba un poco más arriba y escuchara nuestros gemidos.

    Después de varios orgasmos, y estando mi compañero a punto de acabar, me volví a arrodillar en el suelo para volver a sentir su miembro en mi boca y que así terminara en ella regalándome su corrida por mi cumpleaños.

  • Compadre se coge a mi mujer y ahora son novios

    Compadre se coge a mi mujer y ahora son novios

    Pues es así, una noche de copas que empezó entre mi compadre y yo ya la que después se unió mi esposa que venía de una fiesta (altamente cachonda después me contó), se salió de control y al final acabó liándose con mi compadre.

    Como les contaba en mi relato anterior (“Presté a mi mujer, Ahora ella se presta sola”), Erendira (27 años cumplidos en enero) se dio a dos (conmigo a 3) en nuestra luna de miel. Inicialmente supuse que eso sería todo y volveríamos a nuestra vida normal. Pero la verdad es que no fue así, a mi Erendira el desenfreno se le hizo vicio y ya no lo pudo dejar.

    Un día tuve que salir de viaje de trabajo cerca de la frontera, mi nena me fue a despedir al aeropuerto como toda buena y enamorada mujercita, le dije que se portara bien y me contestó que haría lo posible, pero que no prometía nada. Me quedé un poco inquieto, pero no le di mayor importancia y realicé mi viaje.

    Cuatro días después regresé a mi lugar, tomé un vuelo temprano y llegué a mi casa a dormir a las 10 am. Erendira ya se había ido a trabajar, no la encontré. Me dormí un rato y desperté alrededor de las 4 pm, justo para recibir a Erendira que normalmente llega a las 5. Le preparé una ensalada, una sopa y le serví una copa de un buen tinto que había comprado en la Navidad.

    Cuando llegó se veía radiante, con una mini de jeans, botines negros puntiagudos y una camisa blanca con escote bastante pronunciado que casi dejaba ver el inicio de sus pezones. Nos saludamos y besamos un rato, ambos contentos de estar juntos nuevamente. Le dije que le tenía servida la mesa, pero me dijo que podía esperar, que tenía algo para mí, que me lavara la cara y frente y me recostara en el sillón del salón. La obedecí y la vi llegar con un frasco de vidrio.

    -Es una pomada -me dijo-. Ponte cómodo y cierra los ojos. -Sentí que me empezó a colocar del ungüento en mi frente haciendo pequeños círculos y de repente empezó.

    -Ay amor, esos cuernitos se te ven súper tiernos cariño. Pero mira nada más, hasta inflamada tienes la frente, qué no te duelen? Qué bárbaro amor, y así anduviste caminando en la frontera? Qué nadie te decía nada?

    Yo le pregunté que a qué se refería, que de qué cuernos me estaba hablando.

    -Te volviste a ir de puta? -le pregunté.

    -No mi amor, no me fui a ningún lugar, anduve de puta, pero aquí en tu casa, donde vives, en la misma cama donde duermes y me haces el amor.

    Ya encendido de cachondo y de celos y con la verga encendida, me volteé y me monté encima de ella desenvainando mi fuste y haciéndome camino entre su tanga, se la metí de un sopetón y lanzó un grito de dolor seguido de gemidos de placer sexual. La empecé a penetrar con fuerza, con celos, con cachondez, y la tenía agarrada de la cara para que me lo confesara todo de una buena vez.

    -A quién te comiste en nuestra cama putita? A quien y cuando y cuántas veces? A cuántos puta?

    -Cómo que a cuántos mi vida, sólo a uno.

    -A quién bebé, a quién te cogiste en nuestra cama, eres una diablilla, una pinga, una puta -le decía soez mientras la estocaba hasta el fondo.

    -Pues a quién va a ser amor, pues a Gustavo (mi compadre), es el que vive aquí cerca y el que pasó a verme desde que te fuiste, y pues como aquella vez me compartiste con él, pues una cosa llevó a la otra bebé.

    -Eres una zorra bebé, una vil puta mi amor.

    -Pero eso no es todo nene, falta más.

    Cuando escuché eso estuve a punto de eyacular dentro de ella, qué más podía haber aparte de serme infiel con mi compadre y en mi propia cama? Qué hay de más? Le pregunté entre enfurecido, encendido y enamorado.

    -Pues que ya somos novios amor.

    -Que ya qué? -Le volví a repetir incrédulo de lo que mis oídos habían escuchado.

    -Que Tavo y yo ya somos novios. Me vas a dejar tener novio cariño?

    El escuchar a Erendira pedirme permiso con todo cinismo para tener novio y que el novio no era sino mi mejor amigo fue algo que disparó una chispa en mi mente que hizo que mi verga se tensara como nunca y empezara a vomitar grumos espesos de leche que se incrustaban en cara, senos, cuello, cabello, nunca me había venido tan delicioso como esa tarde y nunca vi a mi mujer más hermosa y seductora que esa vez. Me dejé caer sobre ella exhausto sintiendo el pegoste de mi esperma embarrado entre dos cuerpos. Hubo unos minutos de silencio y de respiraciones entrecortadadas cuando de repente dijo:

    -Pero hay algo más bebé -me dijo con un cejo de travesura, de niña traviesa, de putita-. Que antes de llegar a casa me bajé en la farmacia para comprarte tu pomada, tu ungüento. Le dije a la empleada que necesitaba una pomada para los cuernitos, de mi esposo, que aunque se te ven muy lindos pues te deben de doler, o molestar al menos. O sea que no vayas a esa farmacia nunca, ya saben de tus cuernitis allí. Si más que cuernos de toro parecen astas de venado bebé! -Y pegó una buena carcajada que ocasionó que mi mástil se pusiera otra vez en pie de guerra, sólo que ahora ella se incorporó, se montó en mi verga y empezó a cabalgarme como cowgirl en rodeo de competencia.

    -Te puse los cuernos en tu cama de matrimonio amor, día y noche, tres días, se fue apenas ayer.

    -Eres una puta Erendira, una vil puta, pero te amo. Sí, sí te dejo que tengas de novio a Gustavo, a mi compadre, cógete a quién quieras -casi grité ya incoherentemente.

    Erendira se vino y me mojó en cuanto me escuchó darle su permiso. Casi aulló de placer, se tensó, me volvió a mojar y pidió su lechita en la boca.

    A partir de entonces, mi esposa ya tiene novio y sale con él una o dos veces por quincena. Pasa por ella un viernes y la devuelve el sábado por la tarde o noche. Generalmente radiante.