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  • Sácame una foto, papá

    Sácame una foto, papá

    Katia: ¿Tú te crees?… ¡Qué rajadas que son!

    Dani: Mamá ya no es joven. Ya sabes que no está en forma.

    Katia: ¿Esa es tu manera elegante de decir que está muy gorda?

    Dani: Venga, cariño. No seas cruel. Ya te veré a ti cuando tengas su edad.

    Katia: Con sus genes… Aunque no creo que llegues a vivir tantos años, papá.

    Dani: ¿Pero qué tonterías son esas? ¿De verdad andas tan mal de matemáticas?

    Katia: Ya sabes que las suspendo siempre. ¡Ja, ja, jah! Soy una calamidad numérica.

    Dani: Si no me matas a disgustos llegaré a ese día; cuando cumplas cuarenta y cinco.

    Katia: De todos modos tampoco son tantos escalones. ¿Y qué me dices de Selena?

    Dani: Creo que ella se ha quedado por solidaridad. Para no dejar sola a tu madre.

    Katia: ¡Qué va! Yo creo que se vuelve más perra cada día.

    La familia Valverde está haciendo turismo por Augusta. Suelen aprovechar las vacaciones de verano para pasearse por las zonas más bucólicas de la geografía montesa, pero hoy han decidido visitar los antiguos monumentos romanos de esta bella ciudad.

    A pesar de la afable conversación que mantiene con Katia, Daniel se siente algo incómodo. Percibe las miradas lujuriosas que suscita su hija mientras andan por cada uno de esos caminos empedrados. No entiende porque tiene que vestir tan corta.

    “Desde luego… ¿Qué daño le harían unos pantalones que cubrieran, al menos… ¡sus nalgas!… al completo?”

    Perdió esa discusión cuando Mariela y las niñas se alinearon en contra de él. Los tiempos cambian y las modas también. Es cierto que muchas chicas van así, ahora, pero es diferente cuando se trata de sus propias hijas. Además:

    “¡¡Es qué las demás no están tan buenas. No tanto como mis hijas!!”

    Katia: Por fin hemos llegado… ufff… ¿Qué haces? Déjalo, papá.

    Dani: ¿No te das cuenta? Todos se giran para mirarte, pero es que ese…

    Katia: Es lo que tiene ser tan guapa. Yo no hago caso.

    Dani: ¿De verdad quieres que ignore a ese gordo?

    Katia: ¿Es qué vas a pegarte con todo aquel que se dé la vuelta y me repase?… Porque te espera una batalla… épica.

    Dani: ¡Me cago en la puta! Yo solo quiero que te respeten. ¡Que aún eres una niña!

    KAtia: ¡¿Qué hablas?! ¿No te has dado cuenta de que eso ya no es verdad? ¡Mírame!:

    La chica voltea, grácilmente, sobre su eje vertical. Con sus bambas rosas, gira una vuelta entera con los brazos abiertos y la espalda arqueada. Enreda sus preciosas piernas y levanta la cabeza, ladeada, para zarandear mejor su exuberante melena.

    El atrevimiento de ese pequeño top gris no tiene nada que envidiarle a la brevedad de sus micro-shorts, y sus tetas adolescentes se expresan, con descaro, a plena luz del día.

    Ese dinámico espectáculo fugaz causa un súbito sofoco que incendia las entrañas de Daniel. Una vez más, su integridad se esfuerza en enterrar, a toda prisa, las ocurrencias incestuosas que luchan por florecer en su pensamiento. Paladas desquiciadas de moralidad sepultan los vergonzosos brotes que, con el verdoso encanto del morbo, pretenden envenenar la rectitud de ese respetable padre de familia.

    Mientras se recompone, Daniel se siente protagonista. Esparcida a su alrededor, una docena de turistas compuesta por distintos grupos de diferente edades y razas les observan en silencio. Sin duda, el elevado tono de la discusión que estaba manteniendo con su hija ha llamado la atención.

    Katia: Mira, papá… ¡Desde aquí se ve el mar!

    Dani: … Vaya, sí… Claro… Después de subir tantos escalones…

    Katia: Vamos allá… ¡Corre! Al borde de la muralla… ¡Vengaaa!

    Daniel siente ridiculizado su tormento patero frente a la jovialidad de los correteos de su hija, su tono despreocupado, su liviana vitalidad juvenil… Una amable brisa marítima le acaricia la calva amorosamente, como queriendo tranquilizarle, y hace más llevadero el calor de esa veraniega mañana de agosto.

    Siguiendo los pasos de su hija, Dani abandona la amable sombra de los pinos y se aproxima al mirador. Ni corta ni perezosa, Katia se ha encaramado encima de ese pequeño muro de piedra y adopta una postura turbadora. Está sentada, con las piernas asimétricamente estiradas a lo largo de esa antigua construcción románica.

    Katia: ¡Sácame una foto, papá!

    Dani: … Sí… Espera… A ver si me entero de cómo va el móvil nuevo.

    Katia: ¿Te hago un croquis? Ja, ja, jah.

    Dani: Cállate, tonta.

    La chica tiene buenas dotes interpretativas; eso incluye una gran soltura a la hora posar y un encanto postural que, junto con su atrevida vestimenta y su tremebundo cuerpo virginal, convierten esa estampa en un acontecimiento difícil de asimilar. No es extraño que se guste tanto y que le resulte tan fácil ser el centro de atención. Está tan buena que hasta el gay más mujarra y la hetero más cerrada tendrían una crisis de identidad si se cruzaran con ella.

    Tras un puñado de fotos, con el mar de fondo, su padre se da cuenta de que Katia no solo le sonríe coquetamente a él mientras va cambiando de posturas. Nada más darse la vuelta, Daniel sorprende a una variada multitud de fotógrafos improvisados que, con cara porcina, apuntan sus lascivos objetivos hacia su hija; algunos con más disimulo que otros. Al mismo tiempo un par de mujeres enfadadas sacuden a sus respectivas parejas, convertidas en los mirones de turno.

    Dani: ¡¡Qué demonios!! ¡¡Circular, malditos babosos!! ¡¡Aquí no hay nada que ver!!

    Paco: Esto es un espacio público, señor. Podemos pasearnos por donde queramos.

    Toni: Eso, eso. Estamos en un espacio PúBiCo Ja, ja, ja, jah.

  • Fantasía junto a ti

    Fantasía junto a ti

    Hoy quiero contarte que tengo una fantasía, algo divino, para los dos porque tú eres parte de él. No me preguntes nada, sólo mira y piensa en lo que te voy a describir y disfruta conmigo lo increíble del amor cuando es correspondido.

    Hoy no quiero que me penetres, más bien deseo que juguemos al toqueteo, al juego sólo de caricias. Sólo te permitiré tocar mi cuerpo con tus dedos, tu lengua y tus labios. Describiría la habitación para que te sientas en ambiente, relajado, cómodo y en confianza. Solamente tú y yo en aquella habitación.

    Una luz tenue muy baja para dar la sensación de ambiente para amarnos amor mío. La cama es grande y con sábanas blancas, decorada con pétalos de rosas rojas sobre ella. Música muy baja y apasionada especial para ese momento.

    Debajo de mi ropa llevaría una sorpresa para ti. Te darías cuenta al tú ir desnudándome poco a poco y con sutileza apasionada hacia mi, una ropa interior color blanca que hacen juego con el color de las sábanas. Eres el hombre que siempre esperé, el que me puso Dios en mi camino, pese a la distancia para que seas mío y yo sólo tuya corazón!

    Ya en la cama, juega conmigo, con mi piel, soy tuya y no haré más que aceptar todas tus caricias, todos tus detalles. Recuerda: sólo con tus dedos, tus labios y tú lengua carnosa y atrevida. Te colocas detrás de mí y tocas mis pechos, me los aprietas muy suavemente y con ternura mientras besas mi cuello bañado de perfume. Me llevas a la cama y me acuestas boca abajo. Me siento excitada al pensarlo!

    Allí comienzas a bajar desde mi cuello besando y acariciando mi espalda, noto tu prisa al bajar por ella hasta llegar a mi contorneado trasero. Allí te detienes; lo besas, tocas y acaricias para luego abrir y continuar hacia adentro con tu lengua presurosa y atrevida hasta llegar a ese tesoro oculto. Paseas tu lengua por sus pliegues e intentas penetrarlo con tu lengua, ya en este momento me tienes toda húmeda, estoy gimiendo de inmenso placer.

    Me tienes locamente enamorada y entregada a ti. Me doy vuelta toda excitada y abro mis piernas para dejar expuesta toda mi feminidad, mi sexualidad. Ya casi llego al clímax cariño mío, casi desmayo de placer. Ahora Tocas mi clítoris firme, lo acaricias con tu lengua, con tus dedos, juegas con mi sexo, con sus pliegues.

    Exploras mi vagina húmeda y palpitante, ya estoy tocando el cielo amor mío, mis piernas sufren espasmos continuos por tanta pasión. Termino teniendo tu boca allí, bebiendo como hambriento, todas mis mieles, pareces cosechar y tomar de un panal. Mis gemidos ya ahogados dejan de oírse en la habitación.

    Desnuda, frágil, agotada y exhausta quedo allí expuesta para que tus ojos me miren, no me importa, voy a soñar para luego ser yo quien te siga amando.

  • Mar adentro

    Mar adentro

    El sol brillaba alto y una leve brisa tira de las velas adentrándonos cada vez más en la inmensidad del mar. Juntos en el timón, sintiendo la cercanía del otro, mecidos por las olas, navegando juntos.

    Sentimos la libertad que ofrece el momento, la complicidad el deseo… y como el calor aumenta bajo un sol que nos mira desde arriba. Echamos el ancla y decidimos tomar un baño.

    El agua con tonalidades esmeralda se convierte en un marco incomparable donde ambos nos buscamos. Nadamos cerca el uno del otro. Nuestros cuerpos se rozan, miradas que se encuentran…, abrazados en medio del océano besándonos, deslizándonos sobre las aguas, empujados por las olas y el deseo que va creciendo… decidimos subir, tumbarnos en la cubierta y abandonarnos al calor del astro rey, que va poco a poco secando nuestras pieles. Besos lentos, pequeñas caricias que hacen que tus ojos se cierren.

    Mis dedos resbalan por tu espalda, despacio disfrutando de cada centímetro de tu piel presionando levemente. Me incorporo, tú permaneces tumbada.

    Aparezco con dos cócteles y un hielo. Este último resbala sobre tu nuca, descendiendo despacio, tu piel se eriza, poco a poco va fundiéndose y las gotas van descendiendo, seguidas por mis yemas. Mi boca las toma lentamente, sientes mi lengua como va poseyéndolas, recorriéndote bajando por ti… Mis manos deshacen el nudo de la parte superior de tu bikini. Te acarician y poco a poco vuelven a bajar, mientras mis labios van besándote.

    Tu cuerpo se gira, me observas y tomas mi cara, me haces ascender, besándonos despacio, saboreando la sal de nuestras bocas.

    Brindamos con los cócteles. No paramos de observarnos. Muerdes tus labios y la excitación comienza a crecer en mí. Mis manos se posan en tus senos. Los acaricio suavemente sintiendo como tus pezones se endurecen bajo mis yemas. Volvemos a besarnos. Nuestras lenguas se deslizan se desean, inundando la boca del otro, traviesas y deseosas… Abro mis ojos y lamo tu cuello, lo giras y lo ofreces… Tus dedos en mi cabeza mostrándome el camino del placer… Me gusta sentir tus pezones entre mis labios, los presiono con ellos, y mi lengua los roza levemente. La presión aumenta y tus dedos quieren que permanezca allí.

    Mi cintura roza contra tus piernas, poco a poco mi polla va creciendo bajo la bermuda, dibujando su silueta bajo el tejido… Vuelvo a observarte. Mis dedos se detienen en la goma de tu braguita, juego con ella tensándolo bajo la presión de mis dedos… Los tuyos comienzan a empujarme nuevamente, abandonando tus senos humedecidos por mis labios… Degusto del sabor salado de tu cuerpo aun mojado por el baño… Comienzo a deslizar tu prenda siguiendo tus piernas… hasta caer en la cubierta.

    Acaricio tus gemelos, ascendiendo por ellos y sientes mi boca besando el interior de tus muslos, separándolos e incrementando ese deseo de poseerte… Tus manos tiran de mí, acercándome a tu sexo y lo rozo sutilmente con mis labios. Mis dedos los abren como del mejor regalo que pudiera tener.

    El primer contacto, lento, cálido y suave…

    Sigue…

  • Amor por pasión

    Amor por pasión

    La Señorita R me pidió amor y la di pasión. Un relato de imaginación de una mente sucia y perversa cada vez que pienso en ti.

    ¿Queréis que os diga cosas románticas, como que, que pienso demasiado en ti, en momentos en los que no debiera?, ¿Que pienso muchas veces que estamos solos (donde sea)?, ¿Que nos aprovechamos de ese preciso momento para hacer y darnos el amor que queremos recibir el uno del otro?

    Imagínate tú y yo caminando hablando, agarrados de la mano o abrazándonos mirándonos con gran deseo y sin atrevernos ninguno de los dos a dar el paso, el paso que tanto deseamos dar, pero por si no acertamos con el momento justo y se produce el rechazo del otro no nos atrevemos a dar, pero seguimos mirándonos con ojos encendidos por la pasión, pero oprimidos por los nervios «será el momento o no», simplemente se nos nota hasta en la respiración que con solo las mirada nos provocó cierto sofoco, nos paramos y nos ponemos uno frente al otro, seguimos mirándonos y vamos acercándonos el uno al otro lentamente hasta que se tocan nuestros labios, primero un beso tierno y leve, con miedo por el rechazo, pero no lo hay, hay aceptación y una preciosa sonrisa de desahogo por haber dado ese beso, que parece ser el principio de más y que en esos instantes hay miradas de pasión. Volvemos a acercarnos, de nuevo lentamente y nos damos otro beso, con más pasión y más largo, las bocas entre abiertas pero con miedo aún de recibir la lengua del desenfreno, me besas tiernamente los labios el superior, el inferior, lo mismo hago yo, mientras tanto nuestras manos ya no están entre lazadas, las vamos deslizando hasta llegar abrazarnos y hacer que nuestros cuerpos se unifiquen…

    Tú me acaricias y yo también toco tu espalda siento tu respiración intensa mientras nos seguimos besando, estos besos empiezan a ser diferentes, más intensos, empiezan a juntarse nuestras bocas como siempre hemos estado deseando, nuestras lenguas empiezan su guerra particular por ser la ganadora en esta batalla de pasión, hasta llegar una sola. Mientras tanto nuestros abrazos también empiezan a ser más apasionados y las manos empiezan a deslizarse a partes del cuerpo más apetecibles de tocar por las ganas de producir todo el placer posible e imposible de dar.

    Yo empiezo a buscar tus caderas marcadas por un pantalón negro y que no deja ver el tanga que tienes puesto, pero no importaba con mis manos descubriré tus formas haciendo que el grado de excitación aumente hasta unos límites excesivamente altos, tu mientras me abrazas apretándome con fuerza haciendo sentir tus preciosas manos en mi espalda. Ya no nos besamos en la boca, ahora empiezas a besarme en las mejillas y vas acercándote al lóbulo dándome besos tiernos, dejando sentir tu respiración en mi cuello para provocar mayor excitación, tu cuerpo y el mío están cada vez más juntos siento como tus pechos se aprietan contra mí cada vez con más fuerza, en estos momentos no me hace falta tocarte con mis manos para sentir tus pechos, con todo estos juegos haces que hasta mis piernas tiemblen, por el momento que estamos pasando.

    Ahora nos separamos, nos miramos sin decirnos nada e intentamos que alguna parte de nuestros cuerpos siempre se sigan tocando. Tu pecho se separa de mí, pero tu pelvis intenta seguir tocando mi miembro erecto por el amor y la pasión del momento, tu abres un poco las piernas para poder llegar mejor a mi miembro, con una mirada maliciosa, pero encantadora, te acercas a el y cuando lo consigues empiezas a frotarte lentamente, mientras sigue mirándome de esa forma excitante…

    Mientras sigues frotándote con mi miembro me coges de las manos y las llevas a tus pechos y empujando tu misma. Yo no tardo mucho en meter mis manos por debajo de la camiseta y acariciar tus pechos solamente separando un sujetador negro y sexy de tocar tus pechos.

    Sigo tus indicaciones y acaricio tus pechos mientras nos besamos apasionadamente, mis manos no tardan en deslizarse por tu espalda para desabrocharte el sujetador y dejar tus pechos al aire, cuando notaste que te desabroché el sujetador, tu misma y ante mí asombro, tú te quitaste la camiseta haciendo que me echara hacia atrás para ver tus hermosos pechos y seguir acariciando y besándolos. Tú seguías empujando tu pelvis contra mi paquete y cada vez con más fuerza, bajé una de mis manos hasta tú culo para apretar aún con fuerza, contra mí, estábamos desenfrenados y ya empezábamos a soltar algún que otro gemido, eso me excitaba más.

    No tardé tampoco en meter mi mano por la cintura de tu pantalón y de tu tanga para tocar tu culo sabroso, no me corté en hacerlo, en enredar mis dedos en tu tanga para apretarlo suavemente contra tu sexo, noté una reacción y creo que agradable al sentir que algo se introducía entre tus labios vaginales, seguí así un ratito apretando mi mano contra tu culo y tarando suavemente del tanga. Ya no aguante y dejé de acariciar tus pechos y me decidí por llevar mi mano a tu entrepierna, apretándola contra el pantalón para sentir la calentura que tenías entre tus muslos, al notar esa calentura, no tuve más que hacer todo lo que pudiera por aliviarla, abrí tu cremallera y metí mi mano dentro viendo en tu cara un gesto de satisfacción que, aunque profundo no llegó a producirte ningún gemido, que al poco de introducir mi mano en tu sexo no tardarías en producir.

    Me entretuve un rato en tu entrepierna tocándote por encima de tu tanga, pero tú con una de tus manos mientras yo acariciaba, retiraste hacia un lado el tanga para que pudiera disfrutar de todas del amor que se desprendía de tu entrepierna, al sentir esa humedad y comprobar que querías que te tocase ahí y de esa forma empecé a bajarte los pantalones, que con tu ayuda resultó ser más fácil y rápido, cuando dejaste al descubierto tal maravilla no pude contenerme, me arrodille ante ti, bajé mi cabeza hasta tu sexo para poder saborear el amor que fluía de él, empecé por besarlo pero pronto de besarlo y comencé a lamer los labios vaginales, hasta encontrar tu clítoris, la sensación fue tan agradable comprobar que cada vez que pasaba mi lengua por él, tú te estremecías de placer, que mi estado era de éxtasis total, combinaba el lamer tu clítoris con leves mordisquitos en él, a la vez que introducía uno o dos dedos dentro de ti. Cuando hacia esto podía escuchar tus gemidos de placer, gemidos que me seguían estremeciendo.

    Tú en esos momentos solo querías que te diera placer oral y que lo hiciese con frenesí ya que estabas a punto de conseguir un buen orgasmo, cuando adiviné el porque de tus ganas, no pare, me preparé para recibir flujo vaginal producido por ese orgasmo y temblándote las piernas.

    Jadeabas de placer y de cansancio, pero no te veía con ganas de que la cosa terminara así, en cuanto te recuperaste del sofoco empezaste a acariciarme y besarme el cuello dándome lametones…

    Tú no querías parar ahí, te apetecía hacerme gozar y yo deseaba que me hiciese gozar. Mientras besabas mi cuello tu mano recorrió mi cuerpo hasta llegar al bulto que había en mi entrepierna, te aferraste a él con fuerza, con intenciones de no dejarlo escapar, como si tuviera intención de irse, pero ni mucho menos, solo quería sentir tus caricias y no la hiciste esperar, desabrochaste los botones de la cremallera del pantalón y metiste la mano dentro para encontrarte un miembro duro por toda esta maravillosa situación. Tampoco dejabas de besarme el cuello y la boca, empiezas a desabrochar los botones de mi camisa y mientras haces eso también me besas el pecho dando en mis pezones mordisquitos leves que producen placer, pero tú nunca sueltas el miembro. Lo tocas, lo mueves y unes esos movimientos con mis testículos, sabes lo que haces, se nota que no es la primera vez que masajeas esa parte del cuerpo de un hombre, me encanta la sensación esa de saber que has tocado y estado con algún otro y que en ese momento me prefieres a mí, ser el elegido por ti me excita.

    Cuando consigues desabrocharme la camisa y vas besado durante un buen rato mi pecho, bajas lentamente besando y mordisqueando igualmente, hasta llegar al siguiente obstáculo, mis pantalones, no tardas en desabrochar los botones de la cremallera y comprobar la erección que tenía, miras mi miembro y seguidamente me miras a los ojos y sin dejar de mirar coges aquí miembro, abres tu boca y empiezas a dar besos y lametones empezando por el glande. Las sensaciones que tenía al sentir verte hacer eso y verte hacerlo no son definibles.

    Ver como lamías con esa maestría para hacerme sentir en la gloría es sensacional, ver cómo vas besando y lamiéndola toda hasta llegar a los testículos y hacer lo mismo, ver como abrías la boca e intentabas introducírtelos dentro chupándolos no hay forma de describir esas sensaciones. Sabias lo que te hacías cuando manejabas con tu mano mi erección, no querías que me corriese rápido y paraste un momento, te acercaste de nuevo a mi boca y seguimos besándonos apasionadamente con nuestros cuerpos pegados, tu sintiendo mi mástil en tu entrepierna, yo sintiendo como te movías para poder sentir la cerca dé tu sexo y sentir tus pechos restregándose con mi cuerpo, tu lengua y la mía se entrelazaban dentro de nuestras bocas, nos abrazábamos y apretábamos nuestros cuerpos el uno contra el otro. En uno de los momentos decidiste que querías sentir aquel miembro restregarse por tu bonito culo y te diste la vuelta poniendo tu culo encima de él, empezando a moverte despacio con sensualidad, mientras yo acariciaba tus pechos maravillosos, mis gemidos empezaron a fluir por mi boca producidos por la excitación que me provocabas.

    Mientras frotabas tu culo, la cogiste con una de tus manos y empezaste a frotarte con mi miembro viril en tu sexo, al poco de iniciar esto, tú también empezaste a gemir e incluso para mi gran sorpresa, porque no lo esperaba de ti comenzaste a insultarme diciéndome cosas como estas “Carlos sigue así, carbón, me estas poniendo cachondísima, nunca nadie había conseguido que me pusiera tan cachonda. Sigue así y te doy lo que más deseas”. No sabía que te gustase insultar cuando te ponías tan cachonda, a mí no me importaba, al oírte decir mi nombre y pensando que al insultar tú no te importaría que te insultase en momentos de máxima excitación y como este, habiéndome comentado todo la anterior, no dude en utilizar un lenguaje más duro y a comentarte que no te arrepentirías por darme tus fluidos en la cara que te haría gozar más que a cualquier mujer con la que estado, porque tú y el cuerpazo de golfilla de lujo que tienes se lo merece. Al decir esto tu miraste hacía atrás también sorprendida por haberte comparado con una golfa, pero ya sabía que no eras nada de esto.

    En ese momento de diste de nuevo la vuelta y seguiste restregándote ese culito contra mi erección, pero sin introducirlo, aún no estabas convencida del todo, como para perder la virginidad anal conmigo, yo sentía que no tardarías en pedirme que te penetrase, pero nunca te lo iba a pedir para no hacerte sentir presionada, quería que cuando fuese, fuese con absoluta convicción tuya y te entregases a mí completamente y sin ningún tipo de preocupaciones. Seguíamos los dos jugueteando, con mi polla por él alrededor de tu coño que estaba húmedo como nunca había notado en una mujer, mientras me besabas apasionadamente, seguías con la polla cada vez más cerca de tu sexo. Te besaba, te agarraba de tus nalgas, acariciaba tus hermosos pechos, los besaba, lamía, mordisqueaba, mientras tu seguías jugueteando con mi polla entre tu clítoris y tu agujero. En uno de los esos movimientos que hacías con tus caderas, no sé si intencionadamente o por descuido introdujiste levemente el pene en ese maravillo agujero y la sensación fue increíble tanto para mí como para ti, el gesto de tu cara cambio, se te veía más complacida y seguiste moviéndote mientras yo apretaba más mi miembro, cada vez más, contra en tu culo, te quedaste un poco parada y retiras el pene de tu agujero, te lo pensaste un instante y me contestaste que por favor parara.

    Esto corto un poco en ambiente de excitación, pero tú sabias que tenía algo de experiencia en sexo anal, así que me prepare, empecé a jugar en ese agujerito de placer, mis dedos los llene de vaselina mientras mi saliva caía entre tus nalgas, lentamente y con cuidado fui introduciendo la yema de unos dedos, eso fue fácil porque ya estaba algo dilatado, seguí con despacio ,cuando terminé de dilatarlo lo suficiente, en seguida nos pusimos de nuevo en estado de excitación como si nada hubiera pasado, tanto fue así que esta vez no jugaste con el pene, lo cogiste y te lo introdujiste casi entero, hasta que notaste un ligero dolor, pero un dolor que enseguida lo asumiste y terminaste por introducirte todo hasta tocar con los testículos.

    Me tenías a tu merced, podías hacer lo que quisieras conmigo y lo que me hacías me tenía extasiado, no sé si por quien estaba haciéndote el amor o porque te lo hacía de maravilla, pero me encontraba más allá del cielo, sentir como se introducía y salía de ti, mirar esa cara tan maravillosa que rebosaba satisfacción, satisfacción producida por mí al estar dentro de ti y sintiendo lo que sentía por ti, quería transmitirte todo mi amor, mi pasión, mi deseo de tenerte siempre así, pagada a mí, pegados los dos. Para ti esto era la primera vez, pero no lo parecía, no sé si es algo innato lo de follar, pero parecías la diosa del amor, mi cachito de cielo en la tierra. Después de un tiempo moviéndome lentamente para ir haciendo hueco en tu agujero, cuando conseguí tus movimientos comenzaron a ser más rápidos y con más fuerzas, era como al principio cuando restregábamos nuestros cuerpos el uno contra el otro, pero con la ropa puesta, ahora sin ella. Estos movimientos tan enérgicos solo podían significar una cosa, que estaba llegando un hermoso orgasmo tus movimientos se aceleraban con frenesí, tus gemidos no eran sonidos susurrantes, empezaban a parecerse a gritos de placer, pero gritos, yo tampoco podía aguantarme, mi cuerpo comenzaba a convulsionarse al intentar aguantar la eyaculación, tenía que hacerlo al intentar estar tu tan cerca del orgasmo, tu primer orgasmo conmigo dentro tenía que ser inolvidable, los dos gritábamos, parecíamos animales, yo te agarraba del culo y te empujaba hacía mí, tu jugando con tus dedos en tu sexo, moviendo en círculo tu clítoris y yo empujando cada vez con más fuerza mi miembro dentro de tu culo dilatado, cuando noté por dos cosas que estabas en pleno orgasmo, fue cuando diste un grito tremendo de placer y note una gran humedad entre tus piernas, yo me relajé y lo mismo que tu empecé a correrme dentro de ti y gratando por todo el placer que me habías infligido. Con nadie había sentido tal placer, tal gusto mientras realizamos los juegos previos a hacer el amor y con nadie había sentido tal sensación de compenetración, mientras nos mirábamos y de la forma que lo hacíamos, mientras nos tocábamos y por la forma de hacerlo y cuando penetraba tu culo hasta el fondo con mi pene, todas estas sensaciones fueron diferentes a cualquier otra vez. La sensación de plenitud en todos los sentidos fue completa.

    Al terminar de hacer el amor los dos nos derrumbamos, abrazados, sin decirnos nada, simplemente pensado en todo lo que había pasado, como había pasado y por mi parte disfrutando como nunca lo había hecho del sexo. No nos mirábamos ni hablábamos, pero notaba que tu estabas tan satisfecha como yo.

    Después de que pasaran unos minutos de nuevo agarraste mi pene, lo acariciaste de nuevo, y me preguntaste, si me había gustado. Empecé a reírme y con una sonrisa de oreja a oreja te dije que sí, que había sido la primera vez que había llegado al orgasmo dentro del culo de una mujer, que esto había sido inmejorable y si se podía mejorar solo sería contigo.

    Después de decir esto y con la mano aún en el pene te acercaste a él y antes de meterlo de nuevo en la boca me dijiste, “Este mástil necesita que le limpien un poco después de haberme hecho ver el cielo y a continuación me quitaste el preservativo con cuidado para que no se saliese nada de él y los restos que quedaron en el pene comenzaste a lamerlos y a dejarme la polla limpia de todo residuo que hubiera en el.

    Nunca podría olvidar esto.

    Espero que el relato os guste y recordaros que los comentarios y valoraciones son gratis.

  • Sexy prestige

    Sexy prestige

    Había registrado mi número en unas de las aplicaciones para citas que estaban de moda, a raíz de haber terminado una relación fallida. Era nuevo en ese ámbito, pero sentía mucha curiosidad. A poco tiempo de haber probado con varias chicas posibilidades de encuentros, una mujer madura de apariencia muy simpática comenzó a escribirme. A más de una taza de té en un lugar de buen nombre, no nos vimos hasta antes de nuestro encuentro de placer.

    Yo tenía planes de viajar y se lo había comentado. Ella era una trigueña de estatura más bien alta y de buen peso, que no iba a estar por un tiempo. Al saber esto se desencadenó una serie de mensajes más eróticos y referentes a sexo hasta que inesperadamente me envío una fotografía suya del momento, eran sus piernas desnudas sobre la cama y se veían solamente un poco más arriba de las rodillas, entonces se me ocurrió jugar con ella y le dije que sus piernas se veían bien y que debería mandarme la foto completa (no había considerado que en realidad era solo una parte), entonces me envió una fotografía completa desde la parte superior sobre la nuca y permitía ver todo su cuerpo desnudo, sus senos voluptuosos con los pezones color café parados su estómago estaba contraído por la misma posición en que se encontraba y más abajo lucía una tanga negra brillante, no había vello alrededor y sus piernas medio cruzadas permitían imaginarse una serie de posiciones en las que se verían perfectas.

    El día del viaje llegó y aunque intentamos cuadrar varios encuentros no habíamos podido concretar, pero las ganas no habían disminuido y por el contrario los mensajes se volvieron sexuales completamente. Ese día temprano por la mañana me escribió, diciéndome que lamentaba no haber podido tener una cita a plenitud conmigo y que hubiera querido mostrarme lo que se veía en las fotos en persona, cuando leí los mensajes sonreí porque sabía que era mi oportunidad de tenerla ya que el viaje seria a las 6 p.m. lo que daba tiempo suficiente para verla así que la invite al lugar donde vivía enviándole mi ubicación.

    Mi sorpresa fue que sin haber recibido respuesta sobre el mensaje con la ubicación, mi teléfono sonó, era ella que 40 minutos después me decía que estaba llegando a la puerta del edificio. Bajé las gradas a gran velocidad me dirigí a la puerta posterior, porque quería que sea lo más discreto posible. Bajó del taxi, tenía puesto un pantalón jean azul, una blusa blanca y zapatos negros muy ligeros, se veía muy relajada y la sonrisa en su cara era más bien de deseo.

    Subimos rápidamente y al cruzar la puerta me besó, su respiración se sentía agitada sus labios eran carnosos y se sentían húmedos, su lengua entró en mi boca y comencé a chuparla, mordía sus labios con pellizcos rápidos y eso sin duda la excitaba más y más una de sus manos fue bajando y comenzó a tocar mi verga que ya se notaba tras el jean que llevaba puesto. Me senté en el sofá que estaba más cerca y ella se sentó sobre mi, comenzamos el juego de preludio besando su cuello comenzó a gemir fuerte mis manos fueron directo que sus tetas las apretaba fuerte mientras veía que su cara se ponía roja de excitación le baje un poco la blusa y vi un corpiño negro el que también baje y aparecieron unos pezones duros como aceitunas los cuales comencé a devorar y a chupar.

    Quería penetrarla y lamerla, entonces me puse de pie y sostuve en el aire, ni idea era llevarla hasta la habitación y cogerla en la cama, pero mientras caminaba en esa dirección vi su desesperación me agarraba la verga fuerte y gemía, di unos cuantos pasos más y la recosté en uno de esos sofás que son largos y sin espaldar, ahí le abrí la blusa y sus tetas salieron, como si hubieran estado muy apretadas sus pezones me invitaron a comerlos y muestras yo chupaba esos pezones y lamia sus contornos ella me había bajado el pantalón, en cuanto me di cuenta la vi a los ojos y comencé a besarla le metía la lengua en su garganta como si fuera mi verga dura y ella la chupaba.

    Seguíamos en eso y metí mi mano dentro de su tanga y sentí esa humedad deliciosa, en ese momento lo único que pensaba es en meterle los dedos, y así lo hice, estaba tan mojada la perra que no hubo que hacer esfuerzo y comencé a meter y sacar los dedos como si alguien más la estuviera cogiendo y con la otra mano le tapaba la boca porque gritaba mucho, era una mezcla de frito y gemido muy fuerte y delicioso pero tenía miedo de los vecinos.

    Como ya tenía la verga afuera me puse frente a su mojada vagina busque un condón en mis bolsillos lo abrí y cuando regrese la vista ella había levantado las piernas esperándome, la penetre despacio y ella gritó otra vez, nada más escuchar ese grito me prendí demasiado y comencé a bombearla más y más rápido no podía sostener mi leche dentro así que terminé y para mi sorpresa su vagina se contraía fuertemente.

    Le ayudé a sentarse con sus grandes tetas al aire y la vagina mojada me sonrió termino de sacarse la ropa y preguntó dónde está la ducha le señalé con el dedo el lugar y la acompañe en silencio. Al entrar me adelanté a abrir las llaves de agua y dejarla en una temperatura, me abrazó por la espalda y siguió hasta la ducha, acerco su pie al agua y vi unas piernas carnosas y suaves que me pusieron en clima otra vez, entro a bañarse y comenzó a mojarse toda con el agua tibia, mientras yo la veía.

    Habían pasado unos minutos y cuando estaba enjabonándoselas piernas se cayó la barra de jabón y sin pena se inclinó para recogerlo dejando su culo abierto en mi dirección, con mi pito duro otra vez me acerqué agarre ese gran culo con las manos y me clavé en medio. Lamia su vagina pasando mi lengua hasta el culo otra vez, estaba tan excitado me puse de pie y ella me agarró de la cabeza y me clavó directamente en su vagina otra vez, ahora me apretaba tanto y era tan delicioso, pronto mi verga explotaría, de un brinco me puse de pie y puse la cabeza del glande en la entrada del culo hice un poco de presión y entró, ella arqueo la espalda y me miró, fue como si hubiera dado su aprobación entonces aprovecho para penetrarle hasta el fondo, mis dos manos se sujetan de sus generosas tetas mojadas y comienzo a bombearla casi salvajemente, ella no paraba de gritar con mi mano izquierda intento taparle la boca pero ella me chupa los dedos siento que me voy a correr pronto y con la mano derecha comienzo a frotar su clítoris, sus piernas se doblaron del placer y entonces bombeo dos veces más y siento como mi leche llenaba su interior, mi mano derecha está tan mojada y ya no distinguía si eran sus líquidos o el agua.

  • Amiga madura se deja follar por plata

    Amiga madura se deja follar por plata

    Sucedió a mediados del año 2010, éramos parte de un grupo de amigos con los que estudiábamos inglés, entre las cuales resaltaba Yamila, una mujer de 52 años aprox. con hijos grandes; era de la selva central, figura esbelta de buenas piernas, de pechos con siliconas, estaba power para sus años, le gustaba vestirse con jeans y ropa muy provocativa en muchas ocasiones, yo con 28 años solo estaba en obsesionado en follar a cualquier mujer que desease y pues deseaba también en algún momento poder follármela.

    Solíamos reunirnos algunos fines de semana en mi departamento y en ocasiones concurríamos en grupos a varias reuniones; así llego un fin de semana en que una amiga en común nos invitó a un concierto por Lima norte por fin de ciclo, fuimos en grupo la pasamos genial, pero al momento ya de irnos plan de 2 am iba a jalar a Yamila hasta mi departamento y con el mismo se iría a su casa, pero ya en camino cambiaron los planes, diciendo quedarse conmigo esa noche, hasta que amanezca y bueno ya ir mas tranquila para su casa.

    D: Ok, te quedas en mi departamento a descansar hasta que amanezca, ¡y ya más tranquila a tu casa?

    Y: Si, si… para más tranquilidad mía.

    D: ¿y tus hijos, no se preocuparán?

    Y: No, tranquilo una prima se quedó en mi casa a cuidarlos

    D: Ah ok ok

    No voy a negar que, entre copa y copa de aquella noche, andábamos algo picados y ella algo provocadora.

    Y: ¿Pero me vas a dejar dormir no?, no me vayas a querer seducir ah

    D: ¿Yo?, No descuida, además yo diría eso por ti, porque yo duermo desnudo

    Y: ¿Si, en serio?… yo también y ahora como vamos hacer… bueno tendremos que dormir en habitaciones separadas

    D: Uyy eso si no se va poder, sabes que no tengo otra cama, solo mi habitación y mis sillones

    Y: Uhmmm bueno tendremos que regirla, haber quien pierda duerme en el sillón

    D: Bueno ya veremos -mientras nos reíamos y nos molestamos con más bromas en el taxi

    Ya llegando a mi departamento, ingresamos nos sentamos un rato en el sillón, momento el cual aproveche para quitarme mis camisa y pantalones, quedándome solo en bóxer.

    Y: ¿Qué haces, acaso estás apresurado en dormir?

    D: Algo así, además te dije que duermo sin ropa, y por respeto no me estoy quitando el bóxer

    Y: Y quien te dijo que me tengas respeto

    Me quede mudo, y ella con una sonrisa en su rostro, me indico que me pusiera frente a ella momento en cual sentí que mi verga empezaba a ponerse dura.

    Y: Ya te excitaste tan rápido – mientras me miraba y acariciaba mis piernas

    D: No se dime tu.

    Momento en el cual, me bajo el bóxer y al tenerla erecta empezó acariciar mi verga jugueteando con mi glande, del cual, empezó a brotar liquido pre seminal, me había excitado tanto y con la experiencia que le da los años, empezó a masturbarme, y oler y mordisquear mi verga por el costado, no se atrevía a mamármela, lo cual hacia que me excitará más.

    D: Chúpalo, ya chúpamelo – con voz de excitación

    Y: Quieres que te lo chupe, así porque si, nada es gratis querido

    No entendí en ese momento lo que me dijo, pero empezó a pajearme con intensidad, su mano remangaba mi verga una y otra vez haciendo que me excitará mas

    D: Chúpamelo, ya Yamila, no juegues así, me tienes excitadísimo

    Y: No querido, te va a costar… solo te voy a dar una pequeña demostración

    Empezó así, sin darme cuenta a darme una rica mamada, su boca me devorada, su lengua empezaba a recorrer me verga a punto de explotar, hasta que en ese momento de excitación dejo de mamarme la verga, para solo masturbarme nuevamente.

    D: ¡Vamos sigue! – le suplicaba en mi excitación

    Y: Te dije solo una muestra, así que no insistas

    Quede un poco decepcionado, peor igual así, deje que me siguiera masturbando, poco a poco sentí que me vendría y solo atine a recoger mi camisa para eyacular en ella y no mancharla, ya que me lo pidió; Así empecé a venirme a choros, lo cual ella sostenía mi verga en dirección a mi prenda.

    Y: Si, así, muy bien… sigue…

    D: Ahhh, ufff Yamila que mala eres, porque no quisiste chupándomela

    Y: Ya te lo dije nada es gratis querido, quieres que te la siga chupando y quien sabe algo más, te va a costar… uhmmm necesito algo de dinero, no sé si tu pudieras apoyarme con efectivo

    D: ¿Efectivo?… en serio me dices eso?

    Y: Claro, acaso no podrías ayudarme, no será mucho claro.

    D: ¿Y de cuanto efectivo estamos hablando? – todo intrigado

    Y: uhmmm podría ser 200 soles, y sé que valdrá la pena, te lo garantizo

    En ese momento me nuble, por ultimo ya había terminado de exprimirme toda la leche

    D: ¡Bueno, fíame pues! – riéndome

    Y: ¡Que, que hablas tonto!, acaso no tienes o no quisieras, mira que aún no has probado mi culito y sé que te vas a enviciar.

    D: Yami, ahorita no tengo mucho efectivo solo tengo 100 soles en mi billetera, si quieres te los puedo dar de adelanto, pero eso sí quiero comprobar la calidad de ese culito que tienes… a ver si vale la pena mi inversión no crees

    Se quedó muda pensando un rato, mientras iba a la cocina para servirnos algo para tomar,

    D: No piensas ponerte cómoda

    Y: Uhmmm depende ya de ti – como sin dar su brazo a torcer

    Agarré mi billetera, y saque más dinero del que creía tener, ella miro toda interesada, mientras bebía.

    D: Mira, toma solo tengo 150 soles, es lo último que tengo ahorita a la mano, de das una rebaja – con todo pícaro

    Y: Que gracioso que eres querido, todo porque de verdad estoy necesita económicamente

    D: Bueno entonces así todos ganamos, yo te apoyo y tú me follas – mientras nos reíamos

    Y: Ok, pero no quiero que pienses mal, en realidad si me hace falta dinero, estoy teniendo una situación complicada en estos tiempos.

    D: Si, entiendo no te preocupes Yamila, en lo que pueda ayudarte con gusto lo haré

    Ya, dejándonos de tanta charla, me senté sobre mi sillón mientras masajeaba mi verga al punto de tenerla nuevamente erecta, se puso de pie y empezó a quitarse la ropa, y pude tener frente a mí a una mujer madura, de riquísimas piernas carnosas, se acercó a mi dándome a probar sus pechos de siliconas, se me hacía raro tener tetas operadas pero más pudo mi calentura, que inmediatamente, la jale sobre mí, y busque su vagina, la verdad me sorprendió lo fácil que fue penetrarla, tantos años de recorrido se notaban en esa pulpa madura.

    Me daba unos tremendos sentones, mientras sujetaba su cola, ella se contorneaba y poco a poco fue sacando lo puta que era, me quede sorprendido pensando cómo era como amiga y como era como hembra, empezaba constatar a ver si valía la pena mi inversión.

    Y: Ay ya me cansé, dame tu pues ahora.

    La puse en cuatros patas sobre mi sofá, y empecé a sostener tremendo rabo, empezando a follarla con agresividad.

    D: así, eh así te gusta eh… dime, dime

    Y: Si, si sigue culeándome

    Lo que me dijo hizo excitarme más que la monte pisando el filo de mis sillones empezándole a dar tipo de cuclillas

    Y: ufff que rico culo tienes Yamila, dame tu culo que también me lo quiero follar

    No me dijo, nada y pues quien calla otorga dirigí mi verga sobre su culo, y pues sentí como su colita algo seca se fue dilatando poco a poco hasta penetrarla con más intensidad, ella gemía de placer, hasta que pasaron unos minutos y sentí que me vendría nuevamente.

    Pare y le ordene que abriera la boca para que recibiera mi leche

    D: ¡Vamos habré tu boca, recibe mi leche, cómetela, te lo ordeno ya que he pagado por tu puta!

    Eso hizo al parecer excitarla y empezó a chuparme la verga después que me la había culeado, al parecer era una 4×4 todo terreno, que no le importaba más que solo complacer y complacerse. Fue mágica esa corrida mientras la sujetaba de sus cabellos para no dejarla escapar y se tragará toda mi leche

    D: ¡Ahhh vamos traga, traga!!

    Y: dame, dame… glup, glup, uhmmm, ohm, ohm…

    Quedamos extasiados mientras yo le acariciaba de sus cabellos y ella de mi pierna para luego caer sobre ella y empezar a besarla de cuellos y pechos, mientras ella me enroscaba con sus largas piernas de las mías, estábamos rendidos, así fuimos a la habitación y mientras ella en el baño se lavaba la espere en la cama, al rato vino desnuda y se metió en la cama conmigo para después abrazarla por detrás y caer rendidos de sueño sin antes charlar algo somnolientos

    Y: ¿Te gusto?

    D: Si, Yamila… follas riquísimo

    Y: Que bueno que te haya gustado, ya sabes no le digas a nadie del grupo

    D: Si descuida, seré una tumba – mientras pegaba mi verga en su rabo otra vez y jugaba con sus pezones y así poco a poco nos fuimos quedando dormidos.

    A la mañana, y ya despertando cansados por la rumba de la noche más la follada con Yamila empezó a buscar su ropa para vestirse.

    D: ¿Que ya te vas tan pronto, por qué?

    Y: no quiero que me haga tarde

    D: ¿Vamos, pero una última vez no crees?

    A lo cual ella dudó.

    Y: Solo una mamada y nada más ok,

    D: Ok, ok –mientras pensaba esta pendeja no me va sacar plata por la puras

    Así comenzó nuevamente a mamármela, quizás no con la misma intensidad de la noche, pero al menos ya algo más, pero decidí que no se iría sin culeármela otra vez mas, rápidamente la puso boca abajo, ya que aún se encontraba en ropa interior

    Y: Que haces, te dije que ya me tengo que ir.

    D: ¿si ya sé, pero no me vas a dejarme así, quiero seguir cachándote, por algo no te he pagado verdad?, mientras empezaba a penetrarla de costado teniendo a mi disposición tremendo culo al filo de mi cama

    Y: ¡Ya, pero apúrate!

    D: ¡Claro que si, así me gusta que me digas que me apure, porque eres tremenda puta! ¿Verdad?

    Y: Que hablas, ahhh no hables así, ahhh ahh… uhhh uhhh – ya excitada

    D: Te gusta verdad puta, te gusta que te culee – mientras la sujetaba de los hombros y follaba tremendo culo

    Así poco a poco, sentí que se vino, pues solo gemía y cerraba sus ojos, los cual aprovechaba para seguir puteándola.

    D: Si, si, disfrútalo que rico verdad, te gusta verdad… así disfrutan las putas como tú.

    Solo se quedaba muda, así que también me vine dentro de su conchita algo ajetreada por los años y su recorrido supongo.

    D: ufff ahora si ya te puedes ir mi amor, valiste la pena cada sol invertido,

    La note un poco molesta, y se fue al baño a cambiarse, mientras yo también me vestía pues iría acompañarla a tomar su taxi.

    Y: ya me voy, por favor te pido que no me comentes a nadie lo que paso, ok, y te voy a pedir que no hables tan feo, así te pones cada vez que te excitas.

    D: No, no, descuida, discúlpame me deje llevar por la excitación y ni una palabra a nadie, te lo juro.

    Así la acompañe y se fue en un taxi, y ya de regreso en casa, me bañaba y pensaba, bueno tampoco es que era una folladora profesional, pero valió la pena tener esa excitante experiencia, y para hacerle el cuento corto, paso una semana y vino a verme, estaba muy elegante creo que se iba de fiesta con sus amigas de su promoción de universidad, y pues aquella segunda vez que fue a mi departamento, charlamos un rato hasta que le propuse que me la mamará como la vez pasada.

    Al principio se hizo la disforzada, pero accedió cuando le dije: “vamos te doy tu propina”, accediendo, pero con cuidado de no ensuciar su ropa, procediendo a mamármela en mi sofá hasta hacerme venir a chorros nuevamente. Así, que saque de mi billetera 40 soles y se los dpi muy a mi pesar, ya que creó que esa mamada solo valía 20 soles, pero bueno hay que ser generoso uno nunca sabe.

    Así se despidió, y con los días también me entere por amigas en común, que tenía su marinovio un viejo madurón que ponía todos los tragos en sus salidas y que lo utilizaba para que pusiera en las fiestas, pero que le gustaba follar con jóvenes. Con el tiempo nos distanciamos y alguna vez en la calle la vi de lejos después de 10 años y ya más de 60 años a cuesta se le notaba ya los años ni tenía la misma figura.

    Fue un afer, un fetiche que cumplí con una mujer muy madura y que valió la pena en su momento, fue muy buena compañera y muy buena amante de turno.

  • Te fui infiel, mi excusa, me dejaste sola

    Te fui infiel, mi excusa, me dejaste sola

    Había empezado a llover y mientras Nana ladraba y correteaba por el kiosco del parque, Jules apretando y empujando con fuerza sus caderas metía su polla en mi coño por detrás a la vez que me apretaba con fuerza mis pechos con sus manos haciéndome gemir y gritar de placer, un polvo, un polvo rápido era lo que yo sin querer y sin darme cuenta había estado buscando desde hacía días y a él le había dado esperanzas de que algún día pudiera follar conmigo y ahora yo tenía lo que quería y Jules tenía lo que había estado buscando con tanta insistencia.

    Todo había empezado días atrás cuando por la tarde empecé a salir a correr con mi perra Nana al Koningin Astridpark (Parque de la Reina Astrid), era el parque que teníamos cerca donde vivíamos y allí fue donde conocí a Jules haciendo deporte, al principio nos mirábamos de reojo, más tarde directamente, hasta que empezamos hablar y a correr juntos, Jules es un chico muy atractivo con un cuerpo de esos que te hacen suspirar, no obstante se está preparando para bombero.

    Aunque quizás debería ir más atrás para que entendierais mi estado en esos momentos, exactamente un mes antes cuando mi novio me regaló a una perrita labradora preciosa, quizás porque él, ya sabía que me iba a tener que dejar durante bastante tiempo, al menos tres o cuatro meses por motivos de trabajo y me quería tener contenta.

    Aún recuerdo aquellos primeros días sola en la ciudad pasándolo muy mal a pesar de la perrita Nana que realmente me alegraba los días, se me hizo muy cuesta arriba, sin trabajar, sin apenas amigos solo unos pocos conocidos en una ciudad que a pesar de llevar en ella ya más de seis meses no era la mía, si muy bonita, pero para una chica como yo tan activa en todo me empezaba ahogar, contagiándome de la frialdad de su gente tan diferente a mí y además en esa época del año el tiempo era tan gris, tan diferente al sol al que estaba acostumbrada y sin querer viajar a Valencia por el miedo o responsabilidad tal y como estaban las cosas por la pandemia.

    Si, aún recuerdo aquellos días tan aburridos e interminables, que ni la música, ni los libros, ni los paseos con Nana cámara en mano haciendo fotografías a todos los rincones de esa bonita ciudad medieval me animaban, tan siquiera los relatos que escribía por las noches me hacían salir de la monotonía y hacerme sentir bien y ahora… con tiempo para pensar, echando la vista atrás no sé si por despecho, por haberme abandonado durante tanto tiempo después de arrastrarme aquella aventura, no sé si porque necesitaba compañía masculina en esos momentos de bajón, un polvo rápido y ya está, el caso que me dejé llevar por mis más bajos instintos.

    Todo empezó a fraguarse al cabo de un mes de estar sola, a primeros de noviembre empecé a correr por el parque y a la semana conocía a Jules, a las dos semanas coqueteaba bastante con él y a las tres semanas con la excusa de haberme doblado el tobillo nos sentamos en los escalones del kiosco, hablábamos de todo un poco siempre en inglés, ya que yo todavía no hablaba muy bien el francés y menos el flamenco que era lo que más se habla en Brujas y Jules no hablaba nada de español.

    Aquella tarde estuvimos hablando de temas muy personales, quería saber si tenía novio, que donde estaba, donde trabajaba, siempre tirando el sedal y siempre recogiendo un poquito acercándome más a él, yo sabía lo que pretendía y lo podría haber cortado, pero la verdad que de momento me encontraba a gusto. Empezaba a llover y Jules acercándose más a mí me paso su mano por mis hombros para calentarme y yo no dije nada, su mano acariciaba mis mejillas y yo le dejaba hacer sin decir nada, es más, apoye mi cabeza en su hombro y cuando los dos estábamos en silencio viendo llover sobre la fuente el tomo como un sí, para que su mano sujetara mi barbilla y mirándome me besara en los labios y yo… yo le deje.

    En esos momentos no pensaba en nada, en ese momento en que empezó a llover más fuerte y subimos todas las escaleras del kiosco para resguardarnos y sin decir nada los dos frente a frente en el centro del kiosco Jules me empezara a besar y acariciar mis pechos por encima de mi ropa y yo seguía sin decir nada dejándole hacer, eran las seis de la tarde y no había ya nadie en el parque, la noche nos protegía de miradas indiscretas de las casas cercanas o de algún caminante que como nosotros aún estaba en este hermoso parque.

    Jules mordía mis lóbulos de las orejas libres de pendientes, derritiéndome cada vez más a sus encantos, dejando sé ser una muñeca para él y participando con sus caricias y sus besos que hasta hacia poco eran solo de él, abrazados frotando nuestros cuerpos, buscando su sexo con el mío nos íbamos acercando a la barandilla y apoyada sobre ella las gotas de lluvia me empezaban a mojar mi cara con los ojos cerrados cuando eche mi cabeza hacia atrás sacándola del kiosco, esperaba a que terminara de besarme y morderme el cuello a la vez que sus manos se habían internado por debajo de mi camiseta y de mi top acariciando mis pechos, sintiéndolas frías al principio y cálidas cuando empezaron a meterse también por debajo de mis bragas.

    Los besos cada vez más apasionados, ya solo los ladridos de Nana y el sonido de la lluvia al caer rompía el silencio que se había instaurado en el parque, sus dedos penetraban en mi vagina haciéndome gemir, su polla llenando mis manos subiéndola arriba y abajo excitándole más aún si cabe, sin dejarnos de besar me bajo mis mayas hasta las rodillas metiendo su polla entre mis muslos, mis manos se apoyaron en la barandilla abriéndome un poco de piernas y metió su glande en mi vagina, tan mojada en ese momento que simplemente de un pequeño empujón hacia arriba su polla desapareció dentro de mi cuerpo deslizándose por mi interior y dándome el placer que estaba deseando desde que comenzó la tarde, gimiendo y dando pequeños gritos cada vez más altos, cada vez que me la metía.

    Nana ladraba y correteaba a nuestro alrededor mientras los dos follábamos y gemíamos, Jules me giró y metió nuevamente su polla en mi coño, metiéndola y sacándola hasta retirarse deprisa y con su polla fuera de mí correrse a la entrada de mi vagina, me di la vuelta y nuevamente nos empezamos a besar notando como su semen resbalaba por mis muslos y empapaba mis bragas.

    Tardamos poco en irnos de allí, hacía frío y tenía el cuerpo mojado de la lluvia y mis bragas de su semen, lo primero que hice nada más llegar a casa fue desnudarme y darme un buen baño, tirando en el cesto de la ropa sucia todo lo que llevaba y mientras se llenaba un poco la bañera de agua caliente, me quitaba las bragas la última prenda de mi cuerpo, todavía mojadas con su semen y llevándomelo a la nariz las empecé a oler, recordando el olor de mi amante, el olor de su semen que en ese momento me resultaba tan delicioso y pensaba que no había estado mal, pero que me había sabido a poco, tenía su telefoto y tenía su dirección.

    Al día siguiente más relajada pensaba en lo que había hecho, en mi novio a miles de kilómetros de mí y yo le acababa de poner los cuernos y aunque le quería con todo mi alma por un lado me arrepentía y por otro no, seguía muy enfadada con él por haberme dejado allí sola, eran las doce del mediodía y estaba mirando como llovía a través de la ventana con nana a mis pies mordisqueando mis zapatillas, en mi mano tenía todavía las bragas de ayer impregnadas con su semen, recordando el momento del parque, recordando sus besos, sus caricias y sobre todo como me iba penetrando poco a poco con su polla, la imagen la tenía nítida en mi memoria y era una verdadera lucha interior, volverle a ver o no, volver a sentirle o no.

    Tenía su teléfono y su dirección, era fácil una simple llamada o quizás esperar a la tarde y salir acorrer al parque, me iba a estallar la cabeza quería, pero no podía, podía, pero no quería, así estuve tres días hasta que una mañana lluviosa me vestí y salí a pasear sola bajo la lluvia dejando a mi perra en casa, pantalones vaqueros ajustados, camiseta blanca, chaqueta verde oscura, una cazadora de piel negra muy caliente y zapatillas blancas, andaba si rumbo aparente por las calles pensando si llamarle o no, calándome hasta los huesos mientras buscaba en mi bolsillo todavía las bragas con su semen para recordarme lo que paso aquella tarde y sin haberlo planeado estaba enfrente de su portal, una casa moderna de tres pisos.

    Subía y bajaba las escaleras indecisa todavía de lo que hacer, si tocaba la puerta pasaría unas horas maravillosas de sexo con él, si me iba todo seguiría igual y no tendría que arrepentirme también de esto más adelante, mi cabeza me iba a estallar cuando Jules abrió la puerta y me pilló con el puño cerrado a punto de golpear su puerta, estaba empapada de agua y Jules me invitó a pasar para secarme un poco, mis pantalones chorreaban al igual que mi cazadora y mi chaqueta, al no llevar sujetador mis pechos se trasparentaban en la camiseta blanca en el momento que me quite las otras prendas.

    Jules me contaba que me había visto llegar por la ventana y como tardaba en entrar me iba a buscar, los dos nos reíamos de las pintas con las que había llegado, se burlaba de mí diciéndome que si en España no sabíamos lo que era un paraguas y muy amablemente me trajo una toalla para secarme y me ofreció una camisa suya para ponérmela de momento mientras metía mi ropa en la secadora y tomando un café caliente empezamos hablar, era algo extraño, me encontraba muy a gusto con él, muy cómoda a pesar de estar en su salón sentada en el sofá con tan solo una camisa azul suya que me estaba enorme y mis bragas, el resto de la ropa se secaba dando vueltas.

    Algo tenía aquel chico que me atraía, algo tenía pues estaba dispuesta a estropearlo todo con Tomás, algo pasaba por mi cabeza que no estaba bien y no podía achacarlo al enfado con él, no, aquello era algo más, al cabo de un tiempo Jules se acercó a mí, sentándose a mi lado, ya estábamos como el otro día, él hacía y yo callaba, él pasaba su mano sobre mi pelo apartándolo de mi cara y yo como una niña tonta le miraba embelesada, me estaba excitando cada vez más, sabía que una vez que entrara en su casa íbamos otra vez a follar, lo malo que no quería follar como el otro día, quería más, quería pasar la tarde y la noche follando con él.

    Jules lo sabía también, sabía que si había ido era por algo, no había ido a pedirle azúcar o café no, sabía lo que yo quería y él estaba más que dispuesto a dármelo, Jules se acercó y susurrándome al oído me dijo.

    – I’d love to fuck you again Lara, feel your skin warm in mine… para saborear el néctar de tus labios, lamer tu clítoris y beber de tu coño.

    – Let me fuck you again Lara, put it inside you, in your wet pussy… y hacerte gritar hasta que te corras.

    Me había girado para besarle y por fin pasaba yo a la acción después de oírle susurrándome al oído hizo que terminara de mojar mis bragas, alegrándome la tarde y sonriéndole mientras que le decía una y otra vez yes, fuck me please yes, yes, fuck me please.

    Jules me cogió en brazos y besándome me llevo a su habitación tumbándome en la cama, al pie de la cama veía como se quitaba primero la camiseta y luego los pantalones con su bóxer, mordiéndome el labio inferior me quede mirando la erección que tenía en su polla, la polla que ya me había follado y la misma que me iba a follar ahora, estaba deseando el momento de sentirla una vez más dentro de mí, desplazándose por mi vagina, entrando y saliendo de mi cuerpo.

    Estaba tumbada en su cama esperándole con mis rodillas flexionadas y abriendo y cerrando mis piernas, Jules se subió en la cama y de rodillas frente a mí me fue quitando uno a uno los botones de la camisa descubriéndome los pechos, dibujándolos con sus dedos, los lamía y besaba metiéndose los pezones en su boca, sus dedos iban descendiendo por mi cuerpo despacio hasta llegar a mis bragas que cogiéndolas con suavidad me las fue quitando a la vez que sus ojos miraban y descubrían el terreno conquistado, mis bragas volaban por la habitación de Jules, me cogía por mis nalgas acercándome despacio y metiéndose ente mis piernas como un cuchillo, sentía su pene en mi sexo, pero no paro allí, tiraba más de mí elevando mis piernas hasta sus hombros poniéndome casi boca abajo y cogiéndome bien de las caderas metió su cabeza entre mis piernas saboreando todo el néctar que hacía rato que mi vagina expulsaba al exterior, lamiendo y metiendo mi vulva prácticamente entere en su boca mientras que con su lengua recorría mis labios y la metía en mi vagina.

    No sé el tiempo que estuvo lamiéndome, solo sé que no me cansaba de gritar, estaba tan a punto de correrme que él lo sabía, le arañaba con mis uñas sus muslos, veía como me miraba, como veía mi cabeza con los ojos entre abiertos girar de un lado a otro de la cama gritando de placer, por fin Jules me dejo libre de su boca, sentía mi sexo realmente empapado entre mi flujo y su saliva, me miraba y se tumbaba encima de mí besándome, con sabor a mis flujos su lengua iba de un lado a otro de mi boca librando un apasionado baile dentro de mí con mi lengua, su glande no encontró ninguna resistencia al bajar mi cuerpo un poco de esa posición en la que me había lamido el coño, según bajaba su polla entraba en mi vagina que estaba tremendamente lubricada, sentía su polla entrar con tanta suavidad que le perdía dentro de mí.

    Apretando mis músculos vaginales le presionaba la polla haciendo que la fricción fuera aún más, succionándola dentro de mi vagina mientras la sacaba y me la volvía a meter, los gritos de placer de los dos empezaron a traspasar puertas y paredes, el movimiento de nuestros cuerpos desplazaban la cama hacia delante y hacia atrás golpeando la pared con fuerza, Jules me la estaba metiendo cada vez más rápido y nuevamente sentía que llegaba a la meta, pero esta vez no le iba a permitir que abandonara, tampoco iba a permitir que la sacara cuando se corriera, lo quería todo quería la sesión completa, caricias, besos, gemidos, gritos, su polla penetrando dentro de mí tan profundamente como le era posible, quería mi orgasmo, quería su orgasmo, lo quería todo de él.

    Los dos estábamos a punto de corrernos y los dos nos gritábamos al oído yo en español y él en inglés.

    – Más, más, así, así fóllame así… así,

    – I love of pussy, I love of pussy Lara

    – Si, si y a mí que me folles Jules, mm aahh sigue, sigue, fuck me please.

    Sentimos los dos a la vez como nuestros cuerpos nos paralizaban, con su polla bien metida en mi vagina lanzaba su leche con fuerza dentro de mí y como una ola de flujo barría su pene envolviéndolo entero y queriendo salir por mi vagina, siento que su orgasmo fuera tan corto, la verdad que el mío fue interminable, sentía una y otra vez mi vientre arder, mis piernas temblar y mientras Jules seguía metiendo y sacando su polla, no se había deshinchado, quizás un poco, pero seguía dándome placer y bajando mis piernas de sus hombros, rodamos los dos hacia la derecha y me puse encima de él sin que su polla saliera de mí y empecé a cabalgar a subir y bajar sobre su polla que poco a poco volvía a estar tremendamente dura.

    Después de besarnos me aparté de él y tomándome mi tiempo, me levantaba y sentaba despacio sobre su pene, prácticamente blanquecina de mis flujos entraba y salía metiéndose muy dentro de mí, rozando cada milímetro de mi vagina, estábamos probando bien los muelles de la cama que sonaban una y otra vez junto a nuestros gemidos, mis manos acariciaban continuamente sus pectorales y él mis pechos escalando una y otra vez mis pezones que estaban como nunca antes habían estado de hinchados a pesar del frío exterior en aquella habitación el calor era notable y en la cama ardiente, los dos sudorosos resbalando nuestros dedos por nuestros pechos.

    Poco a poco volvíamos a notar que llegábamos al clímax, que tendría otro maravilloso orgasmo con él, apoyando mis manos hacia atrás y cogiéndole de los tobillos, mi cuerpo se arqueaba hacia atrás, deje de estar de rodillas para ponerme de cuclillas y empecé a mover mi pelvis con fuerza hacia delante metiéndome su polla con más ímpetu con más rapidez hasta que empecé a notar como nuevamente me corría, cada vez más rápido y una vez con más los gritos de placer.

    Ahora era yo quien me lo follaba, él solo me miraba y gritaba de placer, mi cuerpo totalmente estirado con mis pezones apuntando como dos misiles al techo y mi cabeza hacia atrás con mi melena cubriéndole la pierna, estaba recibiendo un tremendo orgasmo y termine por desplomarme nuevamente de rodillas tumbándome sobre su cuerpo casi sin fuerzas, Jules me cogió de las caderas y subiendo su pelvis empezó meter y sacar su polla a tal velocidad que reavivo mi orgasmo haciéndome realmente gritar, nunca antes había gritado tanto y nunca antes un orgasmo me había durado tanto, su polla penetraba tan rápido que no notaba la diferencia entre tenerla dentro o fuera, Jules empezó nuevamente a expulsar su semen dentro de mi cuerpo, esta vez más cantidad, parecía vaciarse dentro de mí, los dos besándonos y gritando a la vez, nadie me había follado así, nunca sentí tanto placer como en aquel momento, todo mi cuerpo parecía disfrutar de aquella sensación tan placentera, nunca de verdad nunca he sentido flotar de tanto placer.

    Habíamos follado dos veces y no habían pasado más que dos horas, teníamos todavía toda la tarde y la noche por delante, no me arrepiento de aquella tarde, de aquella noche, no podría jamás arrepentirme de estar con Jules, había sido infiel sí, pero no me arrepentía, pude irme a mi casa al cabo de esas dos horas, pero no quise, al cabo de cuatro, pero no pude, me tenía tan enganchada que estaba disfrutando como nunca del sexo y eso que siempre he disfrutado y he tenido y tengo maravillosos amantes.

    La noche pasó y me pude ir a primera hora de la mañana y sí, me fui, pero no sin antes despedirme de Jules y dejarlo que me volviera a follar.

    Que si le volví a ver… sí, sí que nos vimos y si volví a disfrutar con su polla y él con mi pussy como le gustaba decir.

    Que si follamos… si y mucho.

    Que si le veo ahora… no, ya aquella aventura se terminó antes de que mi novio llegara.

    Que si le echo de menos… si, si le echo de menos, pero siempre le tendré dentro de mí.

    Que si mi novio se enteró, si se enteró cuando yo supe que él a mí me hizo lo mismo y la verdad que me dolió como sé que a él también le dolió, quizás nuestra relación ya está en ese plano en el que las cosas que nos hacemos que antes no le damos importancia nos importan, tendríamos que estar tristes, enfadados, mosqueados y lo estamos, pero lo que pasó nos unió más, nos queremos con locura ahora lo sabemos, ahora sé que le importa que esté con otros hombres cosa que antes no e igual me pasa a mí.

    Ahora la pregunta sería volverías a tener una aventura con él… podría contestarte que sí, pero es que no, no porque ahora sé que le quiero de verdad y le respeto demasiado, no sé si soy una ilusa, pero de momento me gusta ser una ilusa, el tiempo dirá y aparte me ha hecho un gran regalo… volvemos a casa, quizás a Valencia no, seguro que a Valencia no, pero a España.

    __________________

    Y tú… qué opinas si fueras yo, dejarías nuevamente que Jules o cualquier otro te follara.

  • Mamá-da

    Mamá-da

    Me encontraba desnudo en la cama de mis padres. Esperaba con una mezcla de ansia y un nerviosismo que apenas podía dejarme quieto. Aunque estábamos en pleno verano yo tenía hasta algún que otro escalofrío, mientras mi frente se perlaba por pequeñas gotas de sudor.

    Mis nervios estaban bien infundados. Desde hacía unos meses tenía una relación sexual, la primera de mi vida y pensando que ya tenía los 18 años, ya iba siendo hora. Había tenido sexo, unos maravillosos coitos que me habían llevado al cielo. Ahora sentado en la cama con los pies en la mullida alfombra esperaba a mi amante.

    Tenía ganas de verla, lo deseaba. Hacia más o menos dos semanas que no teníamos contacto físico, únicamente algún que otro beso furtivo que me erizaba la piel. Me estaba volviendo loco dentro de aquella casa, la presencia de mi padre me ponía de los nervios y cada vez tenía más ganas de estar solos, sin embargo eso muy pocas veces pasaba. Hoy era una de esas ocasiones.

    Escuché los primeros pasos, la puerta del baño se cerraba y mi amante venía al cuarto dispuesta a hacer lo prometido. Sus ligeros pies apenas hacían crujir la madera, sus firmes piernas sostenían un cuerpo que me había vuelto loco desde que tenía memoria y que por fin, cumplía mis deseos.

    Al final entró, con una bata y su belleza habitual lista para cumplir con su palabra. Con una luz tenue los dos quedamos iluminados en el cuarto de mis padres dispuestos a hacer lo que tanto deseábamos. Sin embargo, esta vez no sería recíproco, hoy solo me tocaba a mí terminar satisfecho. Me había prometido hacer lo que tanto anhelaba y lo que obviamente nadie antes me había hecho, mi reina así lo quería. Mi madre me iba a hacer mi primera mamada.

    Caminó despacio hasta donde me encontraba, no parecía que sus pies se movieran, se movía con tan gracilidad que levitaba por encima de la madera. Su bata de color rosa la llegaba hasta los muslos, no tenía nada en especial, ninguna cosa que llamara la atención, era su prenda habitual para estar por casa. No obstante, para mí cualquier cosa que llevara puesto era un objeto hecho para la seducción.

    Llegó hasta donde me encontraba, tan despacio que sentí que el tiempo se había detenido y que solo nosotros habitábamos una dimensión paralela en la que nos habíamos sumergido. Pasó con lentitud su mano por mi cabello moreno al igual que el de ella. Enredó los dedos masajeándome el cuero cabelludo con unas uñas de color negro perfectamente arregladas y largas en su justa medida.

    El recorrido de sus dedos viró por detrás de mi oreja, haciendo que un escalofrío recorriera mi cuerpo desnudo y temblara sin poder evitarlo. Mi madre sonrió, era su pequeño cachorro, un animalito asustado ante semejante hembra.

    Sus dedos rozaron mi mejilla, estaba tan caliente como todo mi cuerpo, una hoguera había nacido en mi interior esa misma mañana y esperaba ser aplacada. La uña pasó tocándome la piel hasta recorrer mis labios. Con la yema de su dedo índice se llevó un poco de saliva caliente que no pude meter dentro de mi boca. Puso un dedo flexionado en mi barbilla y me levantó aún más el rostro, quería que la mirase a sus preciosos ojos verdes.

    Ella se agachó ligeramente, quedando su boca muy cerca de mi oreja. Notaba su aliento caliente, ese que varias veces me golpeaba en mi rostro mientras lo hacíamos de manera salvaje. Escuché como se humedecía los labios para decir algo, sentí como su lengua salía y entraba de nuevo en su boca, soñaba con aquel músculo húmedo en otra parte de mi cuerpo desde hacía mucho tiempo.

    Mantenía mis ojos quietos con la vista al frente, al tiempo que notaba como aspiraba aire para hablar. Veía colgar de su cuello la fina cadena de plata que coronaba una pequeña cruz hecha del mismo material. Se movía tambaleante en su sedosa piel, pero más atrás, algo que me gustaba más se encontraba.

    Su mano derecha trataba de tapar lo que tanto me gustaba, sin embargo tampoco le ponía mucho empeño. Aunque tuviera unidos ambos lados de la tela de la bata, sus pechos juntos, grandes y esponjosos podían verse dentro de la tela rosa de la cual sentí rabia por su existencia.

    Noté el aire salir de su boca, iba a soltarlo ¿Qué querría?

    —Tranquilo.

    Su voz melosa me embargo. Rozó con sus labios la piel de mi oído y toda la parte derecha de mi cuerpo sintió un corto circuito. Era la voz más sexy, más erótica que había escuchado y todo en boca de la mujer perfecta.

    Dio dos pasos hacia la cama, se agachó y cogió un cojín que estaba junto al cabecero. Me miró dedicándome una sonrisa de lo más normal, sin embargo el fuego de sus ojos hacia que la expresión de su rostro cambiase por completo. Lo arrojó entre mis piernas al mismo tiempo que se colocaba delante de mí, una diosa ante un pobre infiel que iba a comenzar a creer en las deidades.

    Sus manos recorrieron lentas la tela de la bata, llegando al pequeño nudo que estaba a medio deshacer. Cumplió mis deseos quitándolo del todo, aunque lanzándome una sonrisa maliciosa me hizo esperar unos segundos para ver su espléndido cuerpo.

    Al final separó la ropa y delante de mis ojos vi de nuevo mi más oculto deseo, el cuerpo de mamá. Era como ver la luz en un día oscuro, como un fuego en la fría noche, aquellas curvas estaban hechas para descarrilar y yo estaba dispuesto a ello.

    La bata rosa que usaba siempre se deslizó por sus finos brazos cayendo hasta el suelo, donde formó un semicírculo en sus pies. La miré de arriba abajo mientras colocaba sus brazos en la cintura esperando a que analizase cada centímetro de su piel.

    La única tela que recubría algo de su cuerpo era un fino tanga de color amarillo. Color bastante cantoso para mi gusto, pero ¿de qué me podía quejar? De nada. Las manos las tenía posadas en una cadera que se habían ensanchado un poco debido al embarazo. Con una ligereza apabullante estas comenzaron a subir, haciendo que mis ojos no pudieran dejar de mirarlas.

    Las uñas negras contrastaban en su piel del color de la luna, aunque estas desaparecieron cuando se cerraron en torno a la goma del tanga. Subió esta hasta el límite de la rotura, donde pude percibir como debajo de la tela dos labios bien marcados me saludaban con una graciosa humedad.

    Mi pene ya llevaba tieso desde el amanecer, pero viendo el beso que me mandaban sus labios vaginales, dio un respingo también a modo de saludo. Mi madre no soportó ver ese curioso movimiento arriba y abajo. Sonrió al tiempo que soltaba las gomas y el chasquido sonaba similar al de un látigo recorriendo todo el cuarto.

    No cesó allí su movimiento ardiente, sino que tenía un objetivo muy superior. Desde pequeño me han encantado los pechos, siempre es lo que más me ponía de las mujeres y ahora que por fin pude obtener a mi madre lo entendí. ¿Cómo no me iban a gustar? Los pechos de mi progenitora eran perfectos, grandes y gordos, duros y esponjosos, ni un artista podría haberlos moldeado mejor en una escultura de mármol.

    Sentí envidia de sus manos cuando llegaron a estos y trataron de taparlos con toda la extensión de sus dedos, no podían, era imposible. Los pezones se filtraron por la abertura que quedaban entre las falanges, deseaba comérmelos. Apretó… mucho… hasta tal punto que mostró de forma ardiente unos dientes apretados que siseaban como una serpiente dentro de su boca.

    No podía mantener la cordura, no pensaba en su felación, quería penetrarla, aunque por cómo estaba, duraría un minuto… pero ¡qué minuto!

    Dejó de contonearse para mí. Demasiado espectáculo, no me merecía tanto y si lo merecía, no era recomendable, ya me salía humo por las orejas, debía empezar. Estaba comenzando a impacientarme, no por su culpa, sino porque mis ganas de que se metiera mi pene en la boca desbordaban.

    Sin embargo empecé a ver la luz. Primero una pierna y después la otra se arrodillaron sobre el cojín que amortiguaba el roce con la alfombra. Aunque el pensamiento de que no le sería muy necesario pasó por mi mente, pronto acabaría.

    Ambos índices me los clavó en las rodillas. Empujó con ganas alejando una pierna de la otra, dejándome totalmente expuesto para lo que pretendía hacer. Apretó con todos los dedos por encima de mi rodilla, sentí que las dos manos hacían una tenaza de la que no podía soltarme… ni se me hubiera ocurrido.

    Ella acercó aún más su cuerpo, solamente unos pequeños pasos con sus rodillas haciendo que con tal cercanía, uno de sus pechos se moviera y golpeara sobre mi capullo. Sentí el cielo y el infierno en el mismo lugar, el placer era indescriptible, solo con su roce había sido maravilloso, pero el calor que mi cuerpo producía no era sano.

    Sus manos recorrieron mi muslo mientras sus ojos verdes se fijaban en los míos sin parar. Su movimiento era lento, pero sentido, similar a una masajista haciendo bien su trabajo. Sus pulgares se metían entre mis músculos dejando una marca blanca que en unos segundos se convertiría en roja, el mismo color que el fuego.

    Estaba muy cerca de mi zona pélvica cuando se acercó aún más a mi cuerpo, sus pechos quedaron pegados a mi miembro viril, metiéndolos entre ellos para protegerlo. Alzó su rostro, acercándolo mucho al mío y vi que se mordía el labio a la par que me lanzaba una sonrisa cómplice, estaba tan caliente como yo.

    Me fui a agachar, a acortar centímetros para besar sus gruesos labios pintados de un color rojo oscuro que me enloquecía. Ella no se dejó y volvió a su posición haciendo que mi polla saliera de entre sus senos y rebotara maldiciendo por su mala suerte.

    Sin dejar de mirarme y sin quitar su malévola sonrisa descendió por mi cuerpo. Su cuerpo estaba demasiado cerca del mío, podía notar el calor que manaba del suyo, pero sobre todo una parte de mi entrepierna sentía más que el resto.

    Tanto bajó su rostro que este se topó de frente con lo que buscaba. Estaba colocada casi a cuatro patas, como lo habíamos probado dos semanas atrás ¡Menudo placer! Mi corrida había sido espectacular y también… la última. Había decidido no eyacular más por mi cuenta, mi semen solo estaría destinado para ella y a mi madre la idea le gustó, es más… creo que la encantó.

    Dejó de mirarme con sus ojos que producían una intensidad abismal en mi interior, para preocuparse de la herramienta que tenía a escasos milímetros. Estaban a un palmo, quizá no entrarían tres dedos entre la distancia de su cara y mi pene. Ella respiraba con fuerza, notando como hacia vibrar mi punta con cada expiración de aire caliente, me iba a marear.

    Sus manos estaban en la parte más alta de mis mulsos y también muy cerca de mi miembro. Toda ella estaba cerca, pero… nada me lo tocaba. Allí admiró mi pene, parecía observar cada poro de mi piel en el cual el vello había sido recortado hasta el límite. Mi saco escrotal, lo analizo a profundidad, observando como dentro colgaban dos genitales rellenos de un líquido blanco que iba a explotar.

    Lo miraba todo, deteniéndose para no perder ni un detalle y mirar cada milímetro cuadrado. Arrastró entonces su mano, una mano caliente y suave que recorrió la distancia desde mi muslo hasta la base de mi pene.

    Por primera vez sentí sus dedos sobre mi miembro, aunque fuera un mínimo roce, pero al fin sentí algo. Me estremecí y eché la cabeza hacia atrás soltando un pequeño sollozo que no pude mantener en mi garganta. Cuando volví la cabeza a su lugar, mi madre me miraba con la misma sonrisa pícara, era perfecta.

    Volvió a su tarea una vez me serené. De nuevo su vista se centraba en mi pene, que tenía una erección de caballo que nunca había visto. Sacó su mano de la base de mi aparato reproductor y al momento pensé que la había fastidiado con mi gemido, me equivocaba.

    Un único dedo se posó en la base del tronco, junto a mi vena más prominente. Notaba la uña clavarse levemente en mi suave piel, sin poder hacer nada en el durísimo músculo. Subió poco a poco, mirando el recorrido de su uña negra y con la boca medio abierta respirando profundamente.

    La yema del dedo me provocaba un placer sin igual, no me podía creer tales sensaciones, aunque seguro tendría algo que ver mi abstinencia sexual. Consiguió recorrer la mitad sin que abriera la boca, pero al final lo hice, suspirando con ganas mientras ella se alegraba. No obstante, no movía los ojos del recorrido pausado de su dedo, hasta llegar al final.

    Coronó el monte en el que se había convertido mi polla. Llegando a la parte donde la piel escondía un prepucio hinchado como nunca y allí posó su dedo. Lo sacó un instante después habiendo encontrado lo que buscaba.

    Tenía una buena cantidad de líquido preseminal que había salido de mi interior allanando el camino a una futura corrida masiva. Ella lo miró, era trasparente y pegajoso, con la tenue luz emitía un leve brillo que parecía esconder millones de diamantes microscópicos. No pensó mucho que hacer con él. Dedicándome la más firme de sus miradas, sacó la lengua de manera poco natural y dejo el excedente de mi central lechera en su lengua, degustándolo con ganas para cerrar la boca, tragándolo directamente a su estómago.

    No podía más, tenía que empezar, casi podría haberlo rogado. Me aferraba con fuerza al edredón, mirándola con ojos vidriosos y con una franja roja que recorría ambas mejillas, estaba desatado por la lujuria.

    Se me pasaron miles de cosas por la cabeza. Sobre todo una que incluía agarrar a mi madre por las dos pequeñas que se había hecho. Apenas tenían la longitud de un dedo meñique, pero tenía la certeza que podría amarrarlas bien y obligarla a comenzar con lo que tanto deseábamos.

    No hice nada, aunque mis ojos sí que se posaron justo detrás de sus hombros admirando sus dos pequeñas coletas tratando de dar rienda suelta a mi imaginación, sin embargo me quedé quieto. Esperé el siguiente movimiento, que aunque me parecía que iba en cámara lenta, aquello se debía más a mi ansiedad por recibir la felación.

    Mi madre volvió a poner la mano derecha en la base de mi pene, agarrándola únicamente con el pulgar y el índice, haciendo una pequeña pinza que le valía de sobra para maniobrar.

    Acercó sus labios a la parte trasera de mi tronco, mirándome sin parar con su miraba felina, no quería que me perdiera nada. Sus labios se acercaron tanto que noté el leve contacto que ocasionaron, supongo que habrían dejado una mínima marca en mi tronco, sin embargo, poco me importaba.

    Subió la cabeza, dejando su ardiente boca tan cerca de mi pene que podía sentirla como si estuviera besándome. Me estaba perdiendo en la impaciencia y en la locura que mi madre me provocaba, era la mujer perfecta jugando al juego de la perdición.

    Llegó hasta mi punta, soplando ligeramente y haciendo que me estremeciese sin vergüenza. Un calor muy reconocible se concentraba en mis genitales, haciendo arder un líquido que rugía por salir.

    Fue entonces que la vi abrir la boca, era el momento. Sus labios se separaron y unos dientes de un blanco impoluto hicieron hueco para que mi tremendo coloso se colara en su interior. Sus ojos no pestañeaban ni siquiera se movían, seguían fijos en un mismo punto de vista, en mí.

    Comenzó a descender, su cabeza se movió hacia abajo y por primera vez vi desaparecer mi polla dentro de una boca. Mis pulmones se agitaron y mi respiración se hiperventiló. El pecho me subía y bajaba como loco sintiendo un placer sin parangón.

    La cabeza volvió a bajar, tanto que la mitad de mi poderoso pene estaba dentro de su boca. Pero algo no iba bien, o no iba como yo pensaba, porque mi madre que cuando quiere es un demonio, no me la estaba tocando.

    Su boca seguía abierta y mi polla en su interior, sin embargo, ningún milímetro de mi piel estaba siendo tocada, ya fuera por su lengua o por su boca en general. Me observó y escuché un ruido similar a una risa, mi madre volvía a jugármela. De nuevo por mi mente apareció la imagen de las dichosas coletas, de sujetarla y decirla que se dejara de juegos, yo quería mi gran mamada.

    Salió antes de que hiciera nada, con una sonrisa volvió a alzar su rostro y esta vez lo puso delante de mi polla. Era malvada, un verdadero demonio nacido del infierno, estaba jugando conmigo hasta el punto de matarme de un infarto. Sin embargo lo que yo no sabía era que ella estaba igual de caliente y no podía soportarlo más.

    Alejando sus ojos de todos los centímetros que mi sable le ofrecían, me dedicó una fascinante mirada. Leí en sus glóbulos oculares un “té jodes…”, un “te fastidias, pero a tu madre le gusta esto”, sin embargo, sabía que en el fondo era buena y al final vendría mi recompensa.

    La lengua emergió de su boca. Atravesó los labios pintados en aquel tono rojo oscuro casi granate y la vi húmeda, muy mojada, con algún hilo de saliva queriendo resbalar por ella. Estaba muy cerca, demasiado… sabía que no había vuelta atrás, esta era la buena. Su lengua estaba próxima a su mano en la base de mi polla. Seguía agarrándomela como si se fuera escapar… jamás lo permitiría.

    La acercó… estaba a milímetros, a nada… y al final, su lengua, contactó con la base de mi tronco. Sentí el paraíso del placer, su humedad producía un calor inigualable en el que tuve que soltar un audible.

    —Aahh.

    Esta vez no sonrió, no paró un momento a mofarse de los sonidos de su hijo. Siguió el recorrido de su lengua haciendo que lo notara por toda la parte inferior de mi pene. Dejaba un rastro de saliva abundante, por si el camino de vuelta se le fuera olvidar, imposible… conocía muy bien mi polla.

    Llegó a la mitad y miré con ansia como subía y subía. Estaba en el prepucio y al fin dio un último lametazo a mi punta haciendo que esta se moviera agitada rogando por muchísimo más. Esta vez sí que mostró el gesto de sonrisa, pero era diferente, era de alegría, de saber que aquella polla que portaba la enamoraba y que se iba a dar un buen atracón.

    Ya ninguno de los dos podía volver sobre sus pasos, estábamos desatados. Mi madre se había contagiado debido al calor que manaba de mi pene y que había aspirado. Volvió la cabeza hacia abajo, mirando de tú a tú el pene que tenía en su mano. Subió esta, dejando el pequeño agarre que tenía en la base y rodeó el gran grosor con todos y cada uno de sus dedos.

    Hizo fuerza. Sin embargo, no podía romper nada, mi dureza era abismal, ni un martillo hidráulico habría podido. La miró con deseo, muchísimo deseo… entonces, su mano se movió hacia abajo y después hacia arriba.

    Mi piel se mecía como acunaba en la cuna que era su mano, su visión volvió a coincidir con la mía, su cara… ahora me sonaba más. Era el mismo rostro que ponía cuando estaba encima de ella y se la introducía sin parar, estaba disfrutando.

    El capullo salió con el sube baja constante, un amoratado champiñón que daba avisos de lo que venía. Trató de ocultarla con mi piel, aunque tampoco con mucho ímpetu, era imposible, mi piel no volvería a cubrirlo hasta que me corriera y aquel monstruo bajase de volumen.

    Estaba preparado, listo para lo que ella quisiera, incluso en tal momento de lujuria que estaba me hubiera conformado con una simple masturbación. Pero mi madre lo que dice, lo hace.

    De rodillas sobre el cojín, volvió la visión a su objetivo, estaba concentrada, nadie la iba a parar. Abrió la boca, de nuevo formando un círculo grande con sus labios y dejando ver sus perfectos dientes. Bajó la cabeza… esta era la buena, lo supe en el momento que gimió cuando mi polla quedó atrapada por sus labios.

    Sentí que mis ganas por eyacular ya aparecían. “Impresionante” gritó mi mente atorada de tanto placer. Ya podía controlar cuando lo hacíamos, pero la felación era otro nivel. Bajó sus labios tratando de introducírsela entera en su interior. Hizo un intento, luego el segundo, al tercero, logró introducirla más de tres cuartas partes. Pero noté que el límite era aquel, sentí su garganta abriéndose a mi paso, sin embargo, no entraba nada más. Tras un pequeño sonido gutural que pareció una arcada la sacó entera, llena de babas que caían traviesas por mi tronco.

    Respiró profundamente llenando los pulmones, se había quedado sin aire. Aunque yo más me fijé en el hilo de líquido que le salía por la comisura labial y que por algún motivo me puso demasiado.

    Volvió a la carga, esta vez atrapando el prepucio con su boca y succionando a la vez que se movía. El color de sus labios quedó marcado en mi tronco, el rojo oscuro comenzó a pintarme el pene a cada bajaba. ¡Qué poco me importaba aquello! Lo importante era la succión, el calor, el placer que sentía mi pene y que llegaba a cada nervio de mi cuerpo.

    Su mano había comenzado a masturbarme con ganas y su cuello se movía con la misma rapidez para hacer una mamada sensacional. El colgante tan fino que llevaba hacia que con ese movimiento la cruz golpease una y otra vez, primero por debajo del final de su cuello y después en mis ardientes huevos.

    Estaba preparado para el final, más bien lo estaba desde el momento que se quitó la bata mostrándome su precioso cuerpo. Noté mi polla hincharse aún más de lo que estaba, parecía cobrar vida dentro de la boca de mi progenitora mientras esta lamia aquel prepucio como si fuera un manjar.

    El líquido preseminal ya había salido por completo, quedaba el premio gordo, no tardaría. Mi madre mantenía fijos sus ojos en mí, una mirada verde que me estaba volviendo locos. Al final cedí, terminé por dejarme llevar ante tal despliegue de habilidad y solté el primer gemido.

    —Aaaahhh.

    Ella pareció entenderlo porque aceleró el movimiento y succionó con más fuerza. Sus mejillas estaban metidas para dentro dándole a su rostro facciones de pez. Pero poco estaba yo para pensar en eso, porque al momento, un rayo recorrió mi espalda haciéndose que se moviera como una serpiente.

    Apreté el edredón con fuerza para después soltar un bufido que a mi madre la encantó porque todavía aumentó la velocidad. ¿Eso era posible? No me dio tiempo a buscar una respuesta porque comenzó a masajearme los genitales.

    Vi el mundo a mis pies, una apoteosis final a la altura de la mejor mamada que alguien pudiera soportar. Mi madre sacó de su boca aquella extremidad que más parecía un brazo que una polla. Sus venas estaban infladas como un globo, llevando una sangre que apenas tenía en mi cuerpo. Su dureza era comparable a la del cemento y aquella punta… iba a estallar.

    Colocó la lengua en lo más alto de la polla, justo detrás de esta, dejando la abertura por donde todo sale directamente pegada a su lengua. Apreté mis nalgas a la vez que gritaba, no podía expresar, ni con palabras, ni con gestos lo que sentía, simplemente era felicidad, plena felicidad.

    Todo un remolino de calor se adueñó de mi cuerpo y sentí el recorrer del líquido blanco por todos los centímetros de largura de mi pene. El primer disparo salió, pero no como esperaba. No era una erupción volcánica, un géiser que haría que mi madre se estrellara contra la pared. Todo lo contrario.

    Un espeso y borboteante líquido blanco comenzó a brotar lenta y paulatinamente de mi polla mientras mi madre pausaba la masturbación. Traté de mirar la escena, pero un ojo se me cerró hasta el punto de que casi me quedé inconsciente allí mismo. Tuve que sacar toda la fuerza de voluntad como si estuviera luchando contra la misma muerte.

    El semen resbaló por su lengua, tan abundante era que en unos pocos segundos había anegado la barbilla de mi progenitora y en dos ríos independientes cruzaban su cuello dirección a los senos.

    Seguí manando semen de mi interior sin cesar durante unos diez segundos. Ella paró como si supiera el momento exacto que debía hacerlo y yo por poco me pongo a llorar por el placer que descontrolaba mis sentimientos.

    Mi madre como colofón final, mientras el néctar blanco seguía resbalando por su boca llegando incluso a manchar su amada cruz plateada, volvió a meterse mi pene en la boca. Esta vez de una manera más calmada, simplemente limpiando los últimos vestigios de mis genitales que estaban secándose.

    Aproveché para pasar mi mano por su pelo, enredar mis dedos en él y llevarla con un ritmo lento de como quería que me la mamase. No era el agarre de coletas que me había imaginado, pero por algo se empezaba.

    Al final se levantó, quedándome tumbado en la cama con un pene que parecía no querer disminuir. Me miró con un rostro encendido de calor y con unos ojos que destilaban fuego, se había quedado cachonda, no podía ser. La vi en todo su esplendor, con su tanga amarillo húmedo, con varios ríos llegándole hasta sus poderosos senos y unos pezones en punta de lo más golosos.

    Pasó su mano por la barbilla, la tenía temblando por el placer que había tenido y con calma y sin que yo me lo perdiera, chupó dos de sus dedos lamiendo todo el semen que podía. Lo degustó en su boca, haciendo que su paladar se estremeciera para después dirigir aquel líquido caliente por su garganta.

    Lamió sus labios de forma erótica mientras yo la admiraba con un ojo medio cerrado a punto de desfallecer. Quería dormir allí mismo, pero su voz me despertó. Con media cara llena de mis fluidos, su cruz anegada y los pechos recubiertos de leche me sugirió.

    —Vamos a la ducha, en nada viene tu padre. —no parecía que me fuera a esperar y traté de levantarme. Antes de que lo consiguiera se dio la vuelta con una mano en la puerta y con voz muy grave y cachonda me ordenó— Hay que repetirlo.

    FIN

    ————————————

    Por fin en mi perfil tenéis mi Twitter donde iré subiendo más información.

  • Xochi, cómplice de mi madre, incesto y placer (Parte 2)

    Xochi, cómplice de mi madre, incesto y placer (Parte 2)

    Caía la noche cuando ya todos estábamos de regreso en el yate, Roxana (mi novia, amiga y aún hoy «de vez cuando» mi amante) y yo jugando en la popa aún con los pies en las aguas del mar. Mientras “Mena” se encontraba en la cubierta de proa junto a Carlo y al pelado José, los murmullos y las sonrisas de ellos delataban juegos eróticos bajo la luz del faro de la isla. Aunque con su camisola playera “Mena” era manjar de placer para esos sos dos hombres que buscaban la seducción y el erotismo que anunciaba la noche.

    Mi madre se había perdido en el camarote del “Capitaine” junto a Paulo, cuando por el ojo de buey podía vérsela arrodillada en la litera con culote y corpiño negro de encajes transparentes; sus manos apoyadas sobre sus caderas, sus cabellos cayendo sobre el dorado de su espalda, esperando insaciable el juego de su amante.

    Cuando Paulo salió de la ducha con su torso desnudo con un toallón anudado a su cintura, contemplo a la ninfómana de mi madre en actitud de apetito sexual.

    — No “ma petite chienne” todavía es temprano para tu fiesta.

    — Cogeme, cogeme… —le pidió mi madre.

    — No, ahora me vas a chupar la pija y beberás la leche, pero no te voy a tocar.

    — Por favor, cogeme, cogeme por el culo, me arde de calentura.

    — No. hoy te vas a portar como yo digo toda la noche en cubierta, ponete este consolador de bolas otra vez en tu culo, dilata aún más ese esfínter.

    Paulo dejó caer su toallón y su glande ya estaba entre los labios de mi madre que tomaba esa pija por la base del tronco hundiéndola en su boca. Paulo le sostenía la cabeza bombeando dentro de esa sucia y babosa boca. Mi madre cerró los ojos mientras pellizcaba su clítoris cuando él se alejó de ella para tomar de una caja de colores.

    Mi madre lo mira lascivamente y él le extiende esa caja de raso rojo, esta noche vas a usar todo esto. Paulo se masturba y deja caer su semen sobre su boca y sobre sus pezones, mi madre con sus dedos va juntando los restos de leche para desparramarlo entre su lengua y sus labios, dejando sobre su rostro la lechosa pija devorando “guasca”, cerrando los ojos al sabor y gozando.

    — Me gusta tu leche espesa y blanca —Jadea y saborea mi madre.

    — Cogeme, cogeme, chupame, deborame, mi clítoris explota.

    — Te dije que no, puta. Tus orgasmos están reservados para esta noche, hoy vas a ser humillada sexualmente delante de todos y tu hembrita “Mena” se va a masturbar mirándote.

    Mi madre queda de pie, con sus encajes negros, dejando caer de su hombro derecho la bata, el liguero que sostiene sus medias negras. ¡Es la excitación misma!

    Se recuesta sobre la cama, (Paulo la deja sola), ella comienza a acariciar su pubis buscando el nacarado orgasmo que detiene mientras su miel comienza a surcar los labios de su vagina.

    Moja sus dedos dentro de ellos y busca su esfínter suavemente, humedece su ano e introduce un dedo, dos, se dilata y gime a boca abierta, pero tiene prohibido acabar.

    Se relaja y comienza a introducir bola por bola ese rosario, dilatando su esfínter mojado de flujos y mucosas. Se siente humillada y aún más se excita.

    Permanece tendida en la cama, con sus ojos cerrados jadeando en cada bola que se introduce, vuelve a gemir —quiere pajear su clítoris, pero no lo hace—. El contacto del acero de cada bola es helado, se le hace imposible introducirlas todas, son muy grandes, pero su esfínter cede. Teme que Paulo vuelva y la reprenda, le aterra la idea que entre y ella no esté lista, hace el último esfuerzo con las piernas abiertas, empuja las esferas y en su culo desaparece la última bola negra y cuelga un hilo lubricado entre sus labios. Sabe que será humillada, escupida, sometida, penetrada, enculada y manoseada por dos, tres, cuatro hombres; su esfínter arde, pero se reincorpora y termina de vestirse, siente en su vientre comprimidas las bolas de Geisha. Pero goza sabiendo que hará lo que Paulo su amo le pida en cubierta, ello le multiplica el éxtasis, goza de placer y se eleva en sus tacos altos, su vestido corto deja ver sus encajes y sus pezones vuelven a dibujarse sobre la tela beige de ese ajustado cofre de placeres.

    Aparece suavemente subiendo las escaleras hacia cubierta, sus caderas se menean, atrapa las lascivas miradas de esos cuatro machos, “Mena” le clava la mirada y mordiendo una copa de champagne también la desea. Mi madre sonríe y baja la mirada, para luego clavar sus ojos en Paulo, asintiendo su mandato, su sodomía; él le devuelve el gesto con una sonrisa ladeada y le da la espalda, dejándola a merced de la noche.

    La mesa estaba puesta para seis, mi madre, “Mena” y esos cuatro hombres, Roxana y yo comeríamos en nuestro camarote atendidos por uno de ellos, Roxana también estaba dispuesta a satisfacer los deseos de mi pubertad, pero era más fuerte entre nosotros el deseo de seguir siendo espiones “voyeurs” que explorar nuestro sexo que llegaría poco después y recreando estos protagonismos.

    A lo lejos tiritaban las luces de la costa de Punta del Este, el Faro de la isla ya iluminaba las aguas cuando “Mena” mirándola a mi madre, le recordó su apodo para esas noches “Xochi”. Mi madre acercándose le devolvió el recuerdo con un besito en los labios y le susurró: —estoy sodomizada, tengo el rosario de bolas en mi culo, ni puedo sentarme—. “Mena” se mordió los labios y acaricio la concha de Xochi suavemente.

    — Aún no. —Las interrumpió Paulo, tomándola de la nuca a mi madre pidiéndole que se concentre en su esfínter y sienta mirando el bulto de Carlo y el de José; vos “Mena” esta noche sentirás el deseo que no acabará en vos.

    — Para ella tengo esto, (apretándose el “tubo” por sobre el short) le dijo Néstor —”Mena” es mía esta noche.

    — Xochi, siéntate, le ordena Paulo a mi madre.

    — Me molesta el rosario, no puedo dominarlo.

    Carlo sin quitarse el short, extrae su negra y larga pija. “Mena” y mi madre se miran, se muerden los labios, ansiosas. “Mena” lo toma, pero Paulo le prohíbe tocarlo. —hoy es para Laura— mi madre toma ese miembro entre sus manos, mientras Néstor la toma del pelo por la nuca y pega sus labios en la boca de mi madre. “Mena” pretende seducir a Paulo, pero este la esquiva y se concentra en mi madre, la mira con lujuria y la obliga a que chupe la pija de Néstor y a masturbar la negra poronga de Carlo que desborda semen sobre la agitada boca de “Mena”, arrodillada y sumisa.

    Mi madre no contiene el éxtasis y frotando su vulva sobre las piernas de Paulo, alcanza su orgasmo, Paulo responde dejando caer su semen sobre la tanga de mi madre, la penetra y le devuelve más semen sobre la lycra negra de su tanga, Paulo la vuelve a besar mientras no deja de masturbar su pija sobre sus labios, mi madre cierra los ojos y siente el caliente sabor de más semen sobre su rostro.

    Mi madre no deja que una gota de “guasca” se escape a sus labios.

    — Me voy a dar una ducha, estoy muy caliente. —dijo mi madre.

    — Y sobre todo estás toda cubierta de leche. — le dijo “Mena”.

    — Ni se te ocurra quitarte el rosario de bolas de tu culo. —le ordenó Paulo a mi madre.

    — No lo soporto, me está desgarrando.

    — Vete a la ducha, ahora iré contigo. —le volvió a ordenar Paulo.

    Desnuda, descalza, viciada y violada en semen, mi madre descendió de cubierta con la mirada sumisa en el piso, mientras aún sus dedos juntaban los restos de sabores de tanto esperma sobre su piel, para llevarlos a su boca.

    Empapada en semen mi madre se metió bajo la ducha caliente del camarote del “capitán”, su éxtasis aún duraba en el rizado de su piel.

    Su tanga negra aún la llevaba puesta, como para enjuagar y quitar las evidencias de tanta cogida en cubierta, su mano enjuagaba rozando su pubis y aún su boca se abría gimiendo al placer.

    Quería quitarse el rosario de bolas que llevaba en su ano incrustado desde muy temprano, acarició el hilo y tiró de él sacando la primera bola y gimió.

    — Ni se te ocurra. —La sorprendió Paulo desnudándose e ingresando a la ducha.

    Mi madre se trepó con una pierna a la cintura, le acercó su boca y apoyando sus senos, sus pezones se perdieron en el sudor sobre el pecho de su macho encendido que le comía la boca, mientras sus largos dedos rasgaban la piel de mi madre.

    Tomándola en sus brazos y sin desprenderse de los labios Paulo la llevó hacia la litera donde dejó caer el cuerpo desnudo y mojado de mi madre. Ella pretende acariciarlo, extiende sus manos, pero él se aparta.

    — Bésame., déjame besarte. —Le implora mi madre.

    — Vas a gozar con cada pijazo que te pegue. —Responde Paulo sin tocarla.

    Sus manos, las de él, comienzan a descender por el cuerpo húmedo de esa mujer entregada, frota su nariz entre los senos, inicia una travesía con su lengua, resbala sus labios, la piel de mi madre se eriza, y él llega al pubis que mordisquea, chupa y saborea. Ella, cerrando los ojos, tomó los cabellos de Paulo mientras él comenzó a introducirse entre sus piernas saboreando sus labios de nácar, el placer estaba evidente en la erección de sus pezones. Una perra en celo que no dejaba de gozar en su fiebre vaginal. La cogida tuvo sus diferentes poses, sus jadeos atravesaban el ojo de buey desde donde el protagonismo era placer para los cómplices que en silencio éramos Roxana y yo.

    — Así puta, así vas a estar siempre, te voy a llenar de leche. —La despreció Paulo.

    — Me encanta que me ensucies, que me llames tu puta. —Le devolvió mi madre.

    Las caderas de mi madre comienzan a moverse, acompañan siguiendo el ritmo de la boca de su amante, sus manos arrancan del cabello de Paulo el último orgasmo con un grito final.

    Roxana y yo nos miramos en silencio, nos abrazamos y nos tiramos en la cubierta, subido sobre ella en posición de misionero, acabé sobre mi short y sobre su bikini en un beso interminable de igual calentura.

    Todavía cabalgando sobre la pija de Paulo, dejo caer el semen que vertía desde sus entrañas como un manantial de orgasmos, que el temblor de su cuerpo delataba.

    Mi madre, esa puta hermosa, una vez más se durmió sucia de sexo frente a mis ojos. El rosario aún quedaba dentro de su esfínter.

    Paulo subió a cubierta y dejó a mi madre en su camarote, dormida. Carlo que estaba junto a “Mena” apoyados en la baranda besándose y franeleando a chupones de labios contra labios, se acomodó el bulto y le sonrió a Paulo, que le asintió con una sonrisa.

    “Mena” se volteó mirando la noche hundiéndose en el mar, y fue abrazada por el pelado que la rodeo por la espalda.

    Carlo descendió al camarote del capitán y mi madre de espaldas a la puerta, boca abajo dejaba ver su concha desnuda, sus labios rosados y el esfínter aún sumiso por el rosario. Carlo se desnudó sacando su negra pija y se clavó en lo profundo del sueño de mi madre, quien exhaló un ahogo profundo alzando su cabeza y dejándola caer nuevamente sobre la almohada, aún más humillada se sentía en ese sueño de placeres y violaciones.

    Mi madre giró su cabeza, borracha de ron, de sexo y de sueño para adivinar quien la estaba violando, Carlo tomó el hilo de su esfínter y comenzó a quitarle bola por bola, a las cuales ella respondía con un gemido cada vez más intenso, pero el ahogo final fue sentir enterrarse en su ano el tremendo tronco del moreno; que le pegó una tremenda cogida dejándola morir adentro, mientras mi madre giraba de dolor y placer sobre su cintura, vertiendo hilos de semen brotaban de su ano que jugaban entre los labios de sus vulva enrojecida.

    Hubo un suspiro profundo desde la boca de mi madre que atravesó el camarote, cuando mi mano detrás del ojo de buey se llenó de semen, el cual Rosana fue limpiando con sus labios para besarnos después, mientras mi madre también limpiaba su boca mirándonos de reojo y sonriéndome cómplice una vez más.

  • Piratas y la hija del hacendado

    Piratas y la hija del hacendado

    El año, 1646, lugar, el océano Atlántico. Muchos meses habían pasado ya desde que obtuvieron su último botín. Los hombres estaban inconformes y deseosos de obtener algún tesoro que les permitiera llevar la vida de lujos que deseaban. Se dirigían a Santo Domingo o más bien a la ruta comercial que usaban los navíos mercantes para ir y venir de allí a España.

    Pero estaban en una calma chicha, si hay algo igual o peor que una tormenta para una nave a vela, es la falta total de viento. Las raciones de agua, alimento y sobre todo ron ya escaseaban.

    El hombre de aspecto regordete, llamo a la puerta del camarote.

    —Entre señor Sheefield —respondió una voz áspera y gruesa desde el interior.

    —Capitán, los hombres están cada vez más inquietos y para colmo se termina el ron

    —Y que quiere usted que haga señor Sheefield? Que sople e infle las velas con la fuerza de mis pulmones? No queda más que esperar! y dile a la tripulación que aquel que ose tener palabras contra de mi autoridad, será presa de los tiburones.

    Sheefield salió del camarote y se dirigió al puente donde estaba ubicado el timón, con voz alta y clara transmitió lo que había dicho el capitán.

    —Sí todos o la mayoría nos revelamos, nadie ira con los tiburones —dijo uno desde la multitud.

    —Muéstrate y habla al frente! —se escuchó como un trueno la voz del capitán Morgan.

    Nadie se movió, todos sostuvieron el aliento, era demasiado el temor que aquel hombre les inspiraba. Morgan que había aparecido a las escaleras que bajaban a su camarote, comenzó a caminar lento y tranquilo, recto en una dirección, como si supiera a quien buscar. Todos se apartaron de su camino, hasta que uno de ellos lo hizo pero Morgan lo encaro y dijo:

    —¿Tiene algo que decir, señor Lambrish?

    El hombre trató de sacar su sable de hoja ancha, pero fue sujetado por sus compañeros, impidiéndoselo.

    —A los tiburones! —Ordenó Morgan.

    Fue llevado a rastras para arrojarlo por la borda, como presintiendo su próxima comida, los tiburones nadaban cerca del navío en aquellas aguas tranquilas.

    El hombre, presa del miedo logró arrojar a uno de los que lo sujetaban por la borda, varios tiburones se abalanzaron sobre él y lo devoraron mientras pedía socorro a sus compañeros, que seguían luchando para arrojar a Lambrish, pero ahora tenían miedo de acercarse demasiado a la orilla no querían correr la misma suerte que su compañero.

    En ese momento sintieron una brisa en sus rostros, se quedaron todos a la espera y otra ráfaga más fuerte se sintió, el viento había vuelto. La desdicha de su compañero les había traído lo que esperaban, ya no era necesario arrojar a Lambrish.

    —Señor Sheefield! Izad las velas! Poned rumbo a Santo Domingo!

    —Si capitán! Ya escucharon mequetrefes! Rumbo a Santo Domingo!

    El barco mercante zarpó de Santo Domingo en una mañana tranquila, era una goleta que transportaba café en su bodega, ningún tesoro importante.

    La tripulación formada por su capitán, dos oficiales y diez marinos eran toda la custodia de que disponía el pequeño navío.

    La primera semana transcurrió muy calmada y sin novedades.

    La muchacha irrumpió en el camarote del capitán sin llamar. Sorprendiendo a este con los pantalones abajo, el hombre se sobresaltó y le dio la espalda apresurándose en levantarlos. Luego se giró y dijo:

    —Julia, te he dicho muchas veces que no entres sin llamar.

    —Oh, no seas cascarrabias tío, ya he visto hombres desnudos, al menos en dibujos, mi hermano Juan colecciona láminas muy atrevidas.

    —A pesar de ello, tú eres una señorita de respeto y no debes caer en esas tentaciones, pero dime que querías, mi niña?

    —Solo venía a preguntar si te apetece jugar a las damas conmigo, es que me aburro terriblemente, si al menos tuviéramos a bordo otra mujer con la que charlar?

    —Pues claro, mi niña, juguemos una partida.

    Pasó un cuarto de hora, estaban en medio del juego, le tocaba mover a Rodrigo, que así se llamaba el capitán, Rodrigo Sánchez de Vivar y Julia era la hija menor de su hermano Esteban, la joven volvía a España para continuar sus estudios de comportamiento social. Había estado en la hacienda de su padre para celebrar su cumpleaños número veintiuno.

    —Ya mueve tío —dijo la muchacha, cuando se escuchó el primer cañonazo

    —Quédate aquí Julia, bajo el escritorio y no salgas a menos que yo te asegure de que todo está bien.

    Y dicho esto salió del camarote hasta la cubierta, estaban siendo atacados por un galeón de bandera negra, eran piratas, pero porque atacaban su insignificante navío? No llevaba nada de valor para ellos, solo unas cuantas botellas de vino.

    —Señor García! —grito al timonel— debemos mantenernos fuera de rango de sus cañones, busque situarse sobre su popa y allí abriremos fuego!

    —Si capitán así lo haré!

    García situó la Goleta sobre la popa del Galeón y abrieron fuego con la media docena de cañones que llevaban, pero el daño fue mínimo. El barco pirata intentaba hacer blanco pero la Goleta era débil pero rápida y siempre estaba sobre la popa de aquel.

    —Señor Sheefield, señor Lambrish! —Llamó Morgan.

    —Ordene capitán! —respondió Sheefield.

    —Llevad algunos barriles de pólvora y arrojadlos por popa, cuando estén cerca de ellos usad los mosquetes para hacerlos estallar!

    Y así lo hicieron, arrojaron media docena de barriles por la popa directos hacia el costado de la pequeña Goleta.

    Rodrigo se vio en una encrucijada, permanecer en esa posición y tratar de aguantar las explosiones de los barriles o abandonar esa posición y exponerse a los más de veinte cañones con que contaba el Galeón. Se decidió por lo primero esperando tener suerte.

    —Señor García! Mantenga la posición!

    El primer barril estalló muy cerca de la proa, el segundo y el tercero a solo dos metros a babor.

    —Todos a cubierto! —Gritó Rodrigo.

    Los últimos tres barriles detonaron de lleno contra el casco del navío, donde se creó un hueco por donde se filtraba el agua.

    —Les dimos capitán! —Exclamo Sheefield— que sostenía su mosquete humeante en las manos, al igual que Lambrish y su capitán, el temido Landon Morgan.

    —Si señor Sheefield ahora, al abordaje! No dejéis nadie vivo, solo al capitán, ese lo quiero para mí, debo preguntarle sobre sus estratagemas de combate para incorporarlas en un futuro.

    Se produjo el abordaje, la lucha fue intensa pero breve, pues los marinos españoles estaban en inferioridad numérica cuatro a uno con respecto a los piratas ingleses.

    Por último solo quedaba Rodrigo espada en mano y con su pistola de dos tiros, descargada en la otra. A su espalda tenía las puertas de su camarote, donde se ocultaba el mayor tesoro que llevaba. No dejaba de pensar en la suerte que correría Julia, su sobrina, en las manos de aquellas bestias sin escrúpulos.

    —Ríndase capitán! —Exclamo Morgan— le doy mi palabra que respetaremos su vida a cambio de que nos entregue eso que tan tenazmente custodia. ¿Qué será? ¿Oro, joyas? ¿Telas?

    Pero Rodrigo Sánchez de Vivar no se movió de donde estaba y se escucharon varios disparos de mosquete que impactaron en su cuerpo, acabando con su vida.

    Julia estaba bajo el gran escritorio de roble, oculta y en silencio, escucho muchas explosiones durante un tiempo que le pareció una eternidad, luego escucho tres muy cerca y el barco se sacudió muy fuerte. Al rato escucho gritos y disparos en el exterior, hasta que se produjo el silencio. Esperaba oír la voz de su tío Rodrigo, que le dijera que ya todo estaba bien, pero no fue así, lo siguiente que escucho fue que alguien trataba de derribar la gruesa puerta que le servía de última defensa.

    —Traed las hachas! Haced astillas esa puerta! Pero encontrad algo de valor, malditos desdichados! —Graznó Morgan.

    Lentamente la madera fue cediendo hasta que la hoja de la puerta cayó. Los piratas entraron en tropel, empezaron a revolverlo todo, pero solo encontraban, papeles, algunos mapas de navegación, útiles para lo mismo y algunas botellas de vino.

    El capitán Morgan entro al lugar y preguntó:

    —¿Qué habéis encontrado? Solo unas botellas de vino? ¿Buscasteis bien, malditos infelices? —Y señaló hacia el suelo al costado del escritorio, se asomaba algo blanco, era la tela de seda del vestido de Julia.

    Los piratas tomaron el escritorio y lo voltearon sobre sí mismo, dejando ver a la muchacha que estaba hincada a cuatro patas y la cara contra el suelo ocultándose la cabeza con los brazos.

    —Pero que tenemos aquí? Así que este era el tesoro que tanto custodiaba el capitán. Ponedla de pie, la quiero ver!

    Dos de los piratas la tomaron por los brazos y la levantaron en vilo, la muchacha estaba pálida y con los ojos desorbitados por el miedo.

    Morgan la miró bien, traía un vestido blanco de ceda, con bordados, puntillas y algunas incrustaciones en piedras. Su cabello era negro como la noche, pero brillaba y estaba bien cuidado y peinado, lo adornaban lindas cintas también de seda.

    —¿Quién eres muchacha? ¿Por qué te cuidaba con tanto celo el capitán?

    —Tío? Que le paso a mi tío? Dónde está?

    —Ah, era tu tío? Pues está muerto, no se quiso rendir por proteger tu honra y ahora perdió la vida y además tú perderás tu honra.

    —Lambrish la llevamos con nosotros, le daremos un buen tratamiento.

    Julia fue arrastrada hasta cubierta y luego trasladada hacia el barco pirata, donde aguardaban un veintenar de piratas, mal olientes y desalineados que estallaron en gritos de júbilo al ver a la muchacha.

    —Señores, no encontramos tesoros, pero si encontramos esta preciosura, que dicen? Nos divertimos un poco?

    —Siii!! —Gritaron todos al unísono. Ataron una soga en cada muñeca de la muchacha y otras dos en sus tobillos.

    Sheefield se acercó a ella y le dijo:

    —Pobre niña no sabes lo que te espera.

    Lambrish se acercó por detrás y con su cuchillo corto las correas que ajustaban el vestido en la parte de atrás, dejando ver la piel desnuda de su espalda. Julia se llevó las manos al pecho, para evitar que el vestido cayera hacia el frente dejando ver su ropa interior, que era un biso con enaguas.

    —No, no, no querida niña, sí haces eso se disgustarán y si lo hacen será peor para ti, hace meses que no vemos una mujer, así que está tranquila y muéstranos lo que queremos ver!

    Julia obedeció y dejo caer el vestido, revelando un bonito biso que dejaba ver parte de sus jóvenes senos. Rápidamente dos de los piratas terminaron de quitarle el vestido, pero se encontraron con unas enaguas de bolados también blancas.

    Las sogas que sujetaban sus muñecas y tobillos fueron jaladas en sentidos opuestos y aseguradas a los mástiles del navío, haciendo que Julia quedara con los brazos y piernas bien abiertos.

    Sheefield saco su cuchillo y comenzó a cortar los cordeles del biso de Julia hasta que este se abrió por completo, luego lo descolgó de los hombros dejando a Julia con su parte superior desnuda, tenía su piel bronceada por el clima mediterráneo y la mescla con los moros que habitaban hasta hacia un par de siglos la península. Sus senos eran de tamaño mediano y sus pezones color caoba y apuntando hacia arriba, con su aureola no muy grande.

    La muchacha estaba muerta de miedo y de vergüenza, cuando Lambrish no aguanto más y arranco las enaguas de Julia de un tirón, dejándola totalmente desnuda, mostrando su coño de bello oscuro, no muy abundante y unas piernas largas y torneadas que terminaban en unas nalgas hermosas y respingonas.

    Aquel espectáculo enardeció a los piratas que ya caían sobre ella, pero se escuchó la voz del capitán:

    —Alto! No seáis animales, somos caballeros, mantengamos el orden! Señor Sheefield que todos formen una fila y anote sus nombres.

    Julia tomo coraje y escupió el rostro de Morgan que pasaba junto a ella, este la miro y no se alteró.

    —Sheefield, primer juego, un azote con una soga de cáñamo por cada hombre.

    —Ves? Te lo dije muchacha, si te resistes será peor para ti —le dijo Sheefield.

    El primer azote le cruzo la espalda haciéndola estremecer, el segundo fue a la altura de las nalgas, dejando un listón rojo, el tercero le rodeo la cintura haciendo que la cuerda se quedara allí un instante a modo de cinturón, el cuarto y el quinto fueron dirigidos a sus hermosos senos.

    Julia pugnaba por liberarse pero cuanto más tiraba sus ataduras más se ajustaban. Pronto empezó a llorar y pedir piedad, los golpes eran espaciados, todos los hombres se tomaban su tiempo para escoger el lugar y la forma de su golpe. Fueron pasando hasta que le llegó el turno a Lambrish y este golpeo a Julia con la soga haciendo un movimiento de abajo hacia arriba, justo en sus entre piernas.

    —Aaahh!? Grito Julia, por piedad! Basta! No puedo más!

    —Solo faltan dos querida niña, el mío y el del capitán —le dijo Sheefield.

    —Sniff, snifff, por piedad, tengan misericordia.

    —Esto recién empieza es solo el principio, digamos que es un extra por salivar al capitán.

    Sheefield tomo la cuerda y golpeo suavemente a la semi inconsciente muchacha. Luego miró a su capitán y dijo:

    —Su turno Capitán! —Morgan lo miró, miró a la muchacha y dijo— Ya ha tenido suficiente, nunca más osará ser irrespetuosa, desamarradla y lavad sus heridas.

    Julia no se aguantaba en pie, la arrastraron hacia un costado y sobre el suelo de cubierta le arrojaron por encima los cubos llenos de agua sucia con los que trapeaban aquellos pisos.

    Después de esto, dijo el capitán:

    —Hora del siguiente juego, contra la borda!

    La llevaron hacia la borda, la obligaron a extender los brazos y bajar el torso, de modo que los brazos y el pecho quedaron apoyados sobre la baranda de madera y allí le sujetaron los brazos a la altura de codos, muñecas y a la altura de las axilas, dejándola totalmente inmovilizada.

    Julia esperaba más azotes, pero no era nada de aquello.

    —Señor Sheefield diez peniques por su coño y cincuenta peniques por su culo! Que cada hombre pague lo que desee y se la folle, pero si paga una cosa y hace otra será follado él por el resto de la tripulación y si peor aún lo hace sin pagar se le cortaran sus partes íntimas y serán arrojadas al mar.

    Los hombres se desesperaron por conseguir una moneda, trataban de robarse o estafarse unos a otros y así pasaron tres cuartos de hora, con Julia en aquella posición y el sol que caía sobre ella, quemándole la piel, las heridas le ardían y le picaban.

    De pronto Sheefield exclamó:

    —Ya que nadie se presenta lo haré yo, aquí tengo mis diez peniques!

    Se acercó a Julia y le dijo al oído:

    —Me imagino que eres virgen muchacha y te aseguro que será mejor que yo sea el primero, seré lo más amable que pueda, pero no te acostumbres los demás no lo serán.

    Se colocó detrás de la joven y lentamente penetro su vagina, Julia levanto la cabeza y se estremeció, sintió una holeada de dolor al sentir su himen ser roto. La sangre corrió por sus muslos mientras Sheefield aceleraba sus envestidas.

    —Bueno lo más difícil ya pasó, por ahora, aún queda el otro orificio, ruega porque nadie tenga los cincuenta peniques que pidió el capitán.

    Pero Sheefield se equivocaba, si había alguien que los tenía y ese era Lambrish.

    —Aquí están mis cincuenta peniques, señor Sheefield

    —Mala suerte muchacha, te va a romper el culo, Lambrish es un animal —dijo Sheefield a la vez que eyaculaba sobre la espalda de Julia.

    Lambrish se acercó a Julia, sacó su pene de veinticinco centímetros de largo por seis de diámetro y lo apoyo en la baranda junto a la cara de ella.

    —Ves esto? Esto va directo a tu culo y me aseguraré de que sufras!

    —Nooo! Por favor! Es muy grande y grueso! No entrara, me vas a rasgar! —Dijo Julia llena de miedo y angustia, moviendo el cuerpo de un lado a otro dando pequeños pasos laterales en un intento de evitar lo inevitable.

    Lambrish la sujetó por las caderas, apoyó su glande en la puerta de su ano y empujo de un golpe, haciendo dar un grito de dolor, angustia y desesperación a la pobre Julia que solo podía gemir y llorar ante aquel bruto que la sodomizaba con salvajismo, gozando de su dolor y sus gemidos.

    —Te duele? Te duele tu culito? Pues más duro te daré, no todos los días se tiene una linda señorita de sociedad para follarle el culo.

    —Aaahh, por favor ya basta! —Gritaba y lloraba Julia al sentir su culo ser abierto.

    —Disfrútalo, lindura, pronto te gustará y pedirás más, ya lo veras!

    Lambrish la sacó de su culo, lo acerco a su cara y allí eyaculó, sobre el delicado rostro de ella.

    —Liberadla —ordenó Morgan— ya es hora del juego final!

    La soltaron de sus ataduras y la llevaron a la bodega, allí la dejaron desnuda durante horas, en medio de las ratas y su orina, volvieron a buscarla.

    —Ya nos hemos puesto de acuerdo en el orden que llevaremos en el siguiente juego, como el capitán se siente bondadoso ha decidido que cada hombre que posea un título de propiedad y lo ponga como garantía de pago, podrá hacerte querida niña, lo que le plazca.

    La llevaron al medio de la cubierta, pero solo cinco poseían un título que presentar, así que los demás no tuvieron más remedio que solo observar y masturbarse.

    El primero se acercó a ella y le metió su pene en la boca, hacía meses que no se bañaba, tenía un olor nauseabundo y no digamos su sabor. Julia se estremecía del asco y la repulsión. El segundo la tendió en el piso y le follo el coño con violencia, en ese momento Julia agradeció a Sheefield haberla desvirgado. Mientras tenia aquel pene en su boca, Julia sintió un líquido caliente y agrio en su garganta, “que era aquello? No podía ser! El hombre se estaba orinando en su boca!”

    Luego llegaron tres hermanos que quisieron hacerlo juntos, uno se tendió en el piso, julia a estas alturas ya se dejaba llevar, se colocó a horcajadas y penetro su coño comenzando una cabalgata descontrolada, el segundo la inclinó hacia adelante y le penetro su ano. Julia gritaba presa del dolor y placer de sentirse poseída por ambos huecos. El tercero se lo metió en la boca y le follo la garganta con ansias, atragantándola, dejándola sin aliento. Luego cambiaron posiciones, al que se la chupaba se puso debajo e hizo que ella se sentara por su culito y la obligo a recostar su espalda sobre su pecho. Esto hacia que su coño y su ano ya penetrado quedaran expuestos. Los otros dos se tumbaron de lado uno en cada costado y así en esa posición uno de ellos le penetro la vagina.

    Julia ya casi no sentía dolor, solo se estaba dejando hacer, sus gemidos ya no eran gritos o llantos de dolor. Pero aquello no lo esperaba, aquel pene empujaba su culo, abriéndolo hasta el límite, los dos penes se movían dentro suyo a un ritmo acompasado, en un tremendo doble anal y otra vez tuvo que gritar presa del dolor y la sorpresa, su pequeño culito estaba siendo sometido a las más salvajes pruebas, los tres hombre la follaban con furia. Desesperada, pedía ayuda, pero todos los piratas se masturbaban viendo la escena.

    Todos le acabaron al unísono en su interior inundándola de su esperma.

    —Muy bien ese fue el último juego, señores, —exclamo el capitán—  devolvedle sus ropas y llevadla a mi camarote!

    La muchacha fue llevada con lo que quedaba de su vestido hasta el camarote de Morgan.

    —Lamento la situación que ha tenido que vivir señorita, pero como capitán de estos salvajes tengo que mantener un ejemplo y una reputación, me deben temer, en caso contrario soy hombre muerto. Hacía meses que no encontrábamos nada, por eso atacamos su pequeño navío, buscando que los hombres se distrajeran. Y que nos encontramos? A usted! La podía haber encerrado aquí, pero eso hubiera desatado un motín y eso es algo que no me puedo permitir. Los azotes? No fueron más que consecuencia de sus actos, me salivó en presencia de toda la tripulación, no podía dejarlo pasar ni mostrar esa debilidad. Ahora dese un baño caliente y cámbiese ese vestido, la espero para cenar. Dígame a quien debo pedir el rescate por tan delicada criatura? Y conteste rápido o esta vez serán diez azotes por cada hombre.

    —Mi, mi padre es, es… Esteban Sánchez de Vivar, posee una plantación de café en Santo Domingo.

    —Ah, un hacendado, le podemos sacar buen dinero a cambio de ti. Ahora ve a bañarte y a descansar, nadie más te tocara sí eres obediente, solo yo si es mi antojo.

    Pasaron un par de meses en que Julia se convirtió en amante de aquel Capitán Morgan, en el que nunca obtuvieron respuesta de su pedido de rescate. Y su vínculo se fue desarrollando hasta el punto que Morgan le confiaba sus planes e intercambiaba ideas con ella. Pronto la muchacha, gracias a la protección del capitán y los concejos y enseñanzas de Sheefield, fue desarrollando habilidades para mantenerse a salvo entre aquellos miserables.

    Una mañana Morgan le dijo:

    —El próximo navío que encontremos, será tu destino, es claro que no van a pagar rescate por ti y a estas alturas ya los hombres deben de estar pensando lo mismo.

    —Pero Morgan yo sé defenderme!

    —Contra uno o dos tal vez, pero contra todos? No, ya lo he decidido, sigues viaje hasta España.

    Y así lo hizo, el próximo buque que avistó, dio la orden de poner rumbo hacia él, cuando estuvo a distancia de catalejo, llevó a Julia hasta la borda y se paró allí con ella, para que la vieran. Un gran buque se acercó, era un buque mercante de bandera española, pero esta vez era una fragata de tres mástiles. Cuando Julia alcanzó a divisar a quien estaba parado frente a ella en el otro barco, susurró… Padre!

    —Así que ese es don Esteban, menuda suerte, solo ve con él y no levantes sospechas o será una masacre.

    La joven obedeció y bajó hasta el bote de remos para ir hacia el encuentro con su padre, Sheefield y Lambrish iban a los remos, el capitán sentado junto a Julia.

    El encuentro entre ambos fue muy emotivo.

    —Julia creí que estabas muerta, cuando escuché que la Goleta de tu tío fue asaltada por piratas, pensé lo peor.

    —No padre, sobreviví bajo la protección del Capitán Morgan, el señor Sheefield y el señor Lambrish.

    Esteban miró el bote con los tres hombres en él y pensó que debía hacer, la muchacha lo abrazo y le dijo:

    —Padre ya olvídate de ellos, tu solo eres un civil, que la armada se haga cargo de castigarlos, quiero olvidar, ven cuéntame cómo van tus negocios?

    —Mis negocios? Desde cuando preguntas por mis negocios?

    —Ah, ya no soy la niña que tú recuerdas, quiero estar enterada de todo, hasta el último detalle.

    FIN