Blog

  • Conociendo a la señorita C

    Conociendo a la señorita C

    El día que la señorita C conoció a la señorita R y su amigo.

    La señorita C había cogido vacaciones, ya era hora de tener unos días, después de tantas horas de más. Había preparado una maleta y quería tomarse el verano con tranquilidad.

    Eligió una playa de la localidad donde pasaba las vacaciones de pequeña, pero al final prefirió coger el coche e ir a una cala que conocía con las aguas cristalinas. Quería bañarse en esas aguas y pasar el día absolutamente relajada y tranquila. Cuando llegó allí sobre las 10 de la mañana no había nadie y decidió tomar el sol completamente desnuda, no solo por las marcas, sino porque también era algo exhibicionista. Se quitó la camiseta que llevaba de un conocido grupo de música y los pantaloncitos azules. Luego soltó los cordones del sujetador del bikini y por último se bajó la braguita.

    El día anterior se había depilado todo el cuerpo y se había recortado el vello de su pubis dejando una fina tira de vello. Se echó crema por todo el cuerpo hasta por la espalda, lo hizo con la crema en spray que tenía. Cuando llevaba un cuarto de hora más o menos empezó a agobiarse y decidió bañarse. Caminó relejada hacia el agua. Fue metiéndose en el agua refrescando todo su cuerpo.

    Cuando el agua ya le llegaba por la cintura se sumergió con una ágil zambullida. Estuvo nadando un rato hasta que se cansó. Luego salió del agua y fue hacia unas pequeñas casetas que había a los pies de la cala. Era el único edificio que existía y hacía las veces de vestuario, duchas y baños. Lo venían a limpiar dos veces al día. El estar sola le cohibió algo, pero entró y fue a una de las duchas. Se metió bajo el chorro de agua fría.

    Que fría estaba, pensó. Estaba distraída en sus pensamientos cuando oyó, en la caseta de al lado y lo identificó como alguien que estaba usando uno de los baños, sintió miedo, pero siguió bajo la ducha esperando que la otra persona saliera antes para ella salir a tumbarse de nuevo al sol. Pero cuando estaba en eso y había cerrado el grifo para no meter ruido la puerta se abrió y vio a una chica un poco más baja que ella, ojos oscuros almendrados. Unos pechos de parecido tamaño a los suyos rematados en dos pezones color café oscuro, y un pubis casi enteramente afeitado.

    Su primera reacción fue cubrirse con las manos sus pechos y su sexo. La chica la pidió perdón, pero se le escapó una sonrisa pícara y cerró la puerta. Cuando la Señorita C salió y se tumbó en la toalla, no vio a nadie cerca. Al cabo de un rato notó como alguien se acercaba y se volvió. Esta vez no se tapó con las manos.

    -Esta vez te doy menos vergüenza parece jejeje -le dijo la chica.

    -Me llamo Señorita R, he venido con mi chico, estoy detrás de aquella duna, luego a las 3 vendrá mi chico, no te importa si me tumbo aquí contigo, es que esto está muy solitario y me da algo de miedo -le pidió la desconocida.

    La Señorita C le dijo que no, que no la importaba. Así que la Señorita R se fue a por sus cosas. Viéndola de espaldas vio que tenía un culo casi perfecto y bastante respingón. La Señorita R vino y se puso a darse crema pero no llegaba bien por la espalda y le pidió que se la extendiera cosa que ésta hizo. Luego estuvieron un rato charlando y tomando el sol.

    La señorita C se dio cuenta que era una chica bastante desinhibida y de vez en cuando le soltaba alguna puya picante. Se bañaron las dos juntas. Jugueteaban en el agua, se hacían alguna aguadilla y aprovechaban éstas para rozarse entre ellas, no sabía si de forma casual o si lo hacía a posta. Fueron a ducharse otra vez. Cada una de ellas en una caseta diferente, pero cuando se quiso dar cuenta tenía a la Señorita R detrás con el gel en la mano y extendiéndoselo por la espalda.

    Quiso protestar, pero la señorita R la besó en la boca. Ella la rechazó.

    -Pero que te has creído -le dijo.

    La señorita R le pidió disculpas, pero le dijo que no era lo que pensaba, que se dejara llevar y si después de un poco no disfrutaba que pararía y que olvidaría todo aquello. Entonces la señorita C la besó. Ahora no se sabía quién llevaba la iniciativa. El agua caía en la espalda de las dos, vértebra a vértebra e iba extendiendo el gel por ellas.

    La señorita C hacía lo mismo con su nueva amiga, se besaban y acariciaban todos sus cuerpos. La señorita R estaba visto que no era nueva haciendo aquello y que lo disfrutaba, pero la Señorita C se dio cuenta que tenía el coño empapado. Acabaron de ducharse y decidieron salir fuera a la arena y rematar la faena allí.

    En la arena iniciaron un combate en que las lenguas se juntaban. “R”, con las manos buscaba el sexo de su compañera de juegos mientras ésta con una mano buscaba en su bolso sus juguetes. Sacó dos, un vibrador de forma muy realista de color morado y un pequeño arnés. Le dio el vibrador a “C” y ella se tumbó sobre la chica lamiendo su sexo empezando bajo el ombligo y bajando al llegar al clítoris rodeándolo apenas rozándolo y luego recorriendo todos los labios vaginales.

    “C” mientras tanto la penetraba con el vibrador a la vez que lamía como una posesa su clítoris y la penetraba en el culo con dos de sus dedos. La estaba follando de forma salvaje y la señorita R la pidió que bajara el ritmo porque si no se iba correr en breve, pero “C” no la hizo caso y entre gemidos que eran auténticos gritos de placer la penetraba. La señorita R estaba teniendo un orgasmo, pero parecía que no se cansaba de follar. Sintió como un calambrazo que nacía en su sexo y moría en todas las terminaciones nerviosas de su cuerpo y se corrió llenando la boca de “R” de su flujo vaginal.

    La señorita R cogió el arnés y se lo puso. Puso a “C” a 4 patas y empezó a lamerla primero el sexo desde el clítoris, luego toda la vulva y llegando hasta el culo de su compañera de juegos. Ahora se puso de rodillas, le metió el arnés y empezó a follarla sujetándola de las caderas poco a poco pero cada vez más fuerte. En cada embestida rozaba el clítoris de la chica y forzaba la postura del arnés para rozar también con la punta su punto G.

    La señorita C no paraba de chillar y gemir, estaba cada vez más cachonda y no paraba de tener un orgasmo detrás de otro. Así que no vio venir al novio de su amante que se desnudó y antes de que pudiera darse cuenta tenía su miembro delante de la boca. Ella estaba tan cachonda que la cogió y empezó a mamársela poco a poco pero cada vez con más fuerza hasta que el chico se la sacó de la boca y fue detrás de “R”, la penetró analmente y la follaba a la vez que la masturbaba. Luego se la sacó e hizo que ella se tumbara boca arriba con el arnés y “C” se sentó sobre el juguetito y empezó a cabalgarlo y el chico la sodomizó y la follaba sujetándola de los pechos. La señorita R manoseaba también los pechos de “C”, la cual se sujetaba y magreaba los de “R”. Cuando el chico estaba a punto de eyacular las hizo ponerse a gatas y que se la mamaran a dúo hasta que vertió todo su semen en las bocas de las chicas.

    Con la eyaculación empezaron a jugar besándose, lamiéndose los tres.

    Luego la pareja se despidió de ella, se alejaron mientras ella los miraba y pensaba que había sido una situación soñada y morbosa.

    Espero que os haya gustado y recordaros que los comentarios y valoraciones son gratis.

  • Aristocrazy

    Aristocrazy

    El día en la oficina fue tranquilo, salí a tomar un café y al volver tenía un sobre negro en la mesa.  Lo primero que hice fue abrirlo y leerlo, solo una sucinta frase; «habla con María y muéstrale el sobre». Es curioso porque María es mi jefa y me parecía raro lo que estaba sucediendo así que me dirigí a su despacho. Toc Toc, un adelante con voz femenina responde desde el interior.

    -Hola María, acabo de recibir esto y me resultó curioso, no sé si te suena…

    Ella me observa y coge el sobre junto con la nota; sus ojos leyeron varias veces la nota para terminar diciéndome:

    -vamos fuera a tomar algo; tengo algo que contarte.

    El misterio rodeaba sus palabras opté por acceder y salimos.

    Ya en una cafetería y frente a dos humeantes tazas de café me comentó que conocía a cierta gente, los mencionó como un círculo, una sociedad paralela y que tras haber hablado ella de mi, sentían curiosidad por conocerme. Me aludió que eran reuniones donde se rendía culto a antiguas divinidades, y próximamente sería la de Baco. La miré a los ojos; mis ojos reflejaban sorpresa, yo pensaba que esto pertenecía a novelas o películas pero no al mundo real. Ella me alude que el que se hayan interesado por mi es un privilegio que me proporcionará beneficios a futuro. Gente poderosa con medios; que juegan con las vidas de otros.

    Mi mente era un torbellino donde mis pensamientos se sucedían vertiginosamente, la dije que seguiría adelante, ella seria guía en esta nueva experiencia.

    -Este sábado se celebrará la reunión; coincidiendo con la luna nueva, te recogeré en tu casa, imprescindible traje negro y una máscara, pero de esta yo me encargaré. Yo acepté dejándola a ella indicarme los pasos y tempos a llevar.

    Una vez en casa, mi mente se había quedado anclada en lo que me había ocurrido, pero con una curiosidad que me empujaba a seguir adelante.

    El día señalado llegó permanezco frente al espejo ajustándome la corbata, también negra como el resto de mis prendas. El móvil sonó y bajé al portal donde me esperaba mi jefa en su coche. Entre en él; me saludó y me entregó una máscara de estilo veneciano, tras un silencio prolongado, este se rompió con un escueto:

    -tranquilo yo te guiaré.

    Mientras el vehículo avanzaba por la noche; adentrándose en una urbanización donde las mansiones iban apareciendo, bordeadas por grandes setos de granito y vegetación. Tras varios minutos al fondo apareció una gran puerta donde el vehículo se internó, coches de lujo repartidos a ambos lados del acceso daban una imagen de qué tipo de gente habría dentro. Nos detuvimos, un aparcacoches tomo las llaves y ambos accedimos al interior de la mansión…

    Continuará…

  • Tanto lo molesté que me terminó violando mi hermano

    Tanto lo molesté que me terminó violando mi hermano

    Hola, lo que les voy a contar es real, me pasó a mí, y no hace mucho. Fue por provocar a mi medio hermano haciéndome la gata en casa.

    Casi todos los sábados mis padres salen a juntarse con amigos y no vuelven hasta casi el amanecer. Mi hermano de 25 años, hijo del primer matrimonio de mi padre, aprovecha para traer alguna amiga a casa y tener sexo. Su cuarto está pegado al mío y muchas veces escucho todo lo que pasa allí.

    Nuestra relación era bastante distante, sobre todo por la diferencia de edad. Era como que no nos interesaba tener relación de hermanos cercanos.

    A mí el sexo no me interesaba, a pesar de tener 18 años. Nunca había tenido relaciones y obviamente era virgen. Ni siquiera me masturbaba ni miraba videos en la compu. Tengo un cuerpo “normal”, y de cara no soy fea. Tampoco me sentía atraída por las otras chicas. “Bicho raro” me decían en el colegio.

    Cuando empecé la facultad, un par de veces por semana terminaba tarde la clase, me tomaba el bus y regresaba a casa. Me bajaba a tres cuadras que hacía caminando. Una noche, cuando voy a bajar, siento que una persona se para detrás mío. Cuando bajamos sentí que caminaba detrás de mí. De repente, sentí que me tapaban la boca y un golpe en la espalda. Las piernas se me aflojaron y me arrastró a un terreno baldío cercano.

    Me tiró al suelo, y pude ver que era un hombre grande, de edad y de físico. Ahora en la mano tenía una chuchilla grande. Con la otra mano se abrió el pantalón y dejó salir una polla para mí descomunal, ya que nunca había visto una. Tendía unos 20 cm y era bastante gruesa.

    -Chúpala pendeja, o te abro en cuatro con la cuchilla.

    -Nunca lo hice, nunca estuve con un hombre, dije llorando

    -Ah, me tocó una virgencita, como voy a gozar haciéndote mierda.

    -No por favor, no me lastime, por favor.

    Me agarró de los pelos y acercó mi boca a su polla. Me la refregaba por la cara, tratando de meterla en mi boca cerrada. Como no podía, me puso la cuchilla en la garganta y solo dijo: “Abrí”. El miedo pudo más y abrí la boca. Metió su pija en ella, y comenzó a bombear sin parar. De pronto me dijo que le pase la lengua, lo hice, y nuevamente la metió.

    Yo estaba temblando de miedo, por lo que pasaba y lo que me imaginaba que iba a pasar. Me hizo parar y tomar su pija con mi mano. Me comenzó a tocar por sobre la ropa y a decir obscenidades, detallándome todo lo que me iba a hacer. Yo lejos de excitarme, estaba seca como el Sahara. De repente se vieron las luces de una patrulla policial que se acercaba. Me soltó y salió corriendo para el fondo del baldío. Yo aproveche, y escapé, corriendo a casa.

    Cuando entré estaba pálida, temblaba. Mi familia me preguntaba que había pasado y lo único que les dije fue que me había asustado en la calle. No cené y me fui a mi habitación. Mi mamá me trajo un calmante y de inmediato me dormí.

    Cuando desperté noté que mi bombacha estaba húmeda, muy húmeda. Me llamó la atención porque nunca me había pasado. Dormida me había excitado. Y como ¡!!!

    Esa noche, mientras estaba en la compu se me dio por ver un video porno por primera vez. Juro que algunas cosas me impresionaban. El detonante fue un video de como un hombre forzaba a una mujer a que le chupe su polla. Casi igual a lo que me pasó a mí. Inmediatamente me calenté, los jugos brotaban de mi vagina como si fuera una fuente. Creo que fue susto lo que sentí, apague la compu y me fui a acostar. Sin darme cuenta puse un brazo entre mis piernas y me dormí.

    De repente siento que mi mamá me sacude del hombro y me dice que me despierte, que estaba gritando dormida, que sería una pesadilla. Salió de la habitación y me percaté que estaba de costado, tapada y mi mano derecha estaba sobre mi vagina, totalmente encharcada.

    Esa noche nuevamente miré porno, pero esta vez ya buscaba videos violentos. De como forzaban a chicas, casi las violaban. Por adelante y por atrás. Lo que me volvía loca era que ellas gozaban terriblemente. En uno de los videos el hombre mientras se hacía chupar, le decía que se toque la concha. Yo, como si fuera la protagonista, me empecé a tocar, me pasaba la mano de arriba abajo. Cuando le dijo que se meta los dedos, yo misma lo hice, hasta que choque con el himen. Mi cabeza explotaba. Luego le dijo que meta un dedo en su ano y yo lo hice!

    Lo que siguió fue lo que creo un orgasmo. Entre excitada y temblorosa me fui a la cama.

    Ese sábado, mi conducta cambió, ahora era callada, trataba de no hablar con nadie, y sobre todo, con mi hermano. Como contaba antes, el traía chicas los sábados. Ese no fue la excepción. Pero mi cabeza ya estaba estallada mal, y sin que se dé cuenta, cuando fue a buscarla, puse una cámara inalámbrica en su dormitorio conectada a mi compu. Ahora podría ver y escuchar todo.

    Cuando entraron a la habitación noté que la chica era más o menos de mi altura, quizás más flaca. De inmediato le sacó la ropa y la hizo acostar. No le quedaba nada por hacer de lo que yo veía en los videos. Increíblemente no me excitaba, era como que no me llegaban las imágenes al cerebro. Pero cuando la puso en cuatro sentí que me comenzaba a mojar, mucho más cuando en el medio de los bombeos, le tiro del cabello y le dio una nalgada. Los gritos de la chica se escuchaban claramente, mezcla de placer y dolor. De pronto mi hermano se salió y apunto a su ano. La chica pedía por favor que no, pero él se la metió, y la chica fue cambiando el no por gemidos de placer.

    Cuando acabaron yo hice lo mismo. Recién ahí me di cuenta que tenía las piernas todas chorreadas hasta los tobillos. Enseguida se fueron y fui a la cocina y me serví un trago de vino. Me senté, lo tomé y luego otro, y otro. Al cuarto, con la vista nublada, sentí que se había la puerta. Como vio la luz, mi hermano vino a la cocina

    -Que te pasa, que haces acá y tomando vino, vos nunca tomas.

    -Pasa que soy una puta caliente y virgen.

    -Que decís?

    -Lo que escuchas. Puta, caliente y virgen. Pero a vos que te voy a hablar, si vos te volteas una casa semana. Lindo polvo te echaste hoy. Por los gritos la reventaste a la minita.

    -Por favor, no sigas hablando. Estas borracha. Vamos que te llevo a la cama.

    Me ayudó a levantarme y a caminar. De repente llevé mi mano a su bulto, dio un salto que casi me suelta.

    -Que haces pendeja, camina y no jodas.

    -Que, me vas a decir que no te gusta que te toquen, o que no te gustan las mujeres. No te voy a creer.

    -Camina y cállate.

    -O qué, que me vas a hacer, me vas a coger también. No te dan los huevos. A vos te gusta que se te entreguen, y conmigo tendrías que pelear. Cagón.

    -No jodas más.

    -Dale, putito, seguro que después de un polvo ni se te para. Sos de pocos tiros, todos los sábados un solo. O te crees que no me entero. Es más hoy te estuve mirando, jajaja

    -Cómo? Que hiciste qué?

    -Puse una camarita y vi todo. Muy tiernita esa pendeja, gemía por nada, no la tenés tan grande como para tanto gemido y quejido.

    Cuando llegamos a mi habitación, literalmente me tiro en la cama. Cuando se estaba por ir, lo llamé, y cuando se dio vuelta me vio con las piernas abiertas mostrando mi vagina y mi ano. Y mis dedos repartiendo el flujo.

    -Ves, tenés una mina servida y ni se te para. Putito!!! Cagón!!!

    Sin decir nada, miró la hora en su reloj, se sacó la remera y el pantalón, se acercó a la cama y con violencia me tomo de los pelos. Cuando me acercaba a su pija, me dio tremenda bofetada que me hizo abrir la boca. Fue ese momento que aprovechó y me la metió en la boca. Yo trate de zafarme pero era imposible. Seguí intentando pero lo único que conseguía era que me diera bofetadas, me pellizque los pezones o me azote el culo. Mi sexo otra vez era un volcán en ebullición.

    Pasaron unos 15 minutos y sin ningún cuidado, se corrió para los pies de la cama. Ahí pude ver su pedazo. Era descomunal, unos 25 cm y el grosor proporcional. Juro que ahí en serio me dio miedo. Esa bestia unida a la calentura me iba a desgarrar toda.

    Me abrió las piernas y con una mano dirigió su aparato a mi vagina. Lo único que atiné a decir, fue “soy virgen”, cuando con la otra mano me tapó la boca.

    Lo último que recuerdo de ese momento es que empecé a sentir como la apoyaba en mi vagina y de un golpe la enterraba hasta el fondo. Me desmayé, no sé cuánto tiempo, paro cuando me desperté el seguía arriba mío bombeando. Me dolía toda la vagina, pero al mismo tiempo estaba súper excitada. Su rostro era frio, sin ningún sentimiento, emoción, nada. Cuando se salió de arriba mío, pude ver que su pija estaba manchada de jugos y sangre. Evidentemente no solo había roto mi himen sino que algo me había desgarrado.

    -Así que puto, cagón. Bueno, ahora vamos a ver qué opinas después de esto.

    Y sin más me puso boca abajo, puso dos almohadas debajo mío haciendo que mi culo quede levantado, metió dos dedos en mi concha y los sacó con la mezcla de jugos y sangre. Sabía sus intenciones y le regaba por favor que pare. No solo no lo hizo sino que de un golpe metió los dos dedos en mi culo. Los sacó, repitió el procedimiento y socarronamente me dijo: “Es para que entre más fácil y no te duela”.

    Yo lloraba y pedía por favor. De pronto sentí que apoyaba la punta en mi ano. Me estremecí e instintivamente hice fuerza para cerrarlo. Él lo notó, me tiró del pelo y me dijo:

    -Mejor que te relajes y vos empujes para meterla, porque si yo te la meto…

    Como pude me relajé un poco, los tirones del cabello hacían que el mensaje llegue claramente. Fui levantando el culo tratando de que entre, pero esa pija era demasiado grande para mi culo.

    -No entra, por favor, déjame, es muy grande.

    -No te creas, sentí

    En ese momento se dejó caer sobre mi cuerpo y su pija, de un golpe llegó bien adentro mío, hasta que sus pelotas golpearon mi vagina. Claramente sentí como me desgarraba, sentía la sangre que corría por los labios de mi vagina. Me estuvo bombeando-destrozando un rato, hasta que se tiró en la cama, me sentó sobre él con la pija en mi culo, me agarró mis brazos en mi espalda y me dijo sonriendo: “Ahora, movete, salta sobre mi pija.” Tras lo cual, me pellizcó uno de mis pezones.

    Como pude le hice caso. Cada subida y bajada era sentir que ese palo me llegaba al estómago. Ya el efecto del vino había pasado, ahora era todo dolor y placer mezclado. Pero que placer. Sentir la calentura que despertaba en ese hombre, me excitaba aún más, aunque sabía que también esa calentura me generaba dolor.

    Sintió que iba a acabar, me sacó de encima de él y me puso de rodillas en el suelo.

    -Ahora, la vas a chupar bien, la vas a limpiar bien, le vas a pasar bien la lengua hasta que no quede resto de nada.

    Comencé mi trabajo y veía mi sangre, mi flujo y hasta algún resto de materia fecal. Quise sacar la boca para limpiarlo con la mano pero no me dejó. Tuve que tragar todo. El guiaba mi trabajo agarrándome de los cabellos. Se empezó a masturbar con todo, con mi boca a centímetros de su pija, no me la soltaba, hizo que abra la boca, apoyo la cabeza de su pija en mis labios para seguir masturbándose. Cuando empezó a largar su semen, la metió toda en mi boca haciendo que trague todo.

    Siguió bombeando un poco más, hasta haber sacado todo de sus pelotas, hizo que la limpie nuevamente y me soltó.

    Se puso su bóxer. Levantó su ropa, me dejó en el suelo y se fue de la habitación. Por como me temblaba todo el cuerpo me costó subirme a la cama. Cuando vi las sabanas, eran un desastre de sangre y jugos. Cuando vi la sangre, llevé mi mano a mi ano y solamente la apoye, al volver a verla, estaba con sangre, de solo apoyarla.

    Fue así que perdí la virginidad de mis dos agujeros.

    Tiempo después empecé con una psicóloga, porque la única forma de excitarme es si me violentan, me golpean y/o lastiman. Ella dice que es un trauma por la vez que me agarro aquel hombre en el baldío.

    Puede ser, pero yo gozo como buena puta en celo.

  • Karen una puta madura (XI): Karen y relación lésbica

    Karen una puta madura (XI): Karen y relación lésbica

    Lo dejamos en el anterior capítulo en que Carmen iba a venir a cenar al día siguiente como así fue.

    Mandé a los chicos a comprar por la tarde y me quedé en casa limpiando y de paso acicalé bien mi coño en la ducha para que estuviese en perfectas condiciones.

    Yo, para eso soy una mujer muy mirada. El problema fue que al hacerlo en mi ducha, de solo imaginarme los postres de esa tarde acabé masturbándome con el chorro de la ducha.

    La verdad, es que en eso soy una mujer muy fácil y me pongo caliente enseguida. Me puede venir en los baños del trabajo como ya conté en una ocasión, en los vestuarios de unos grandes almacenes o en el coche llegado el caso. Si estoy sola en alguna fila de butacas en el cine cuando sale alguna escena erótica o incluso en el agua de la piscina, imaginando varios socorristas me sacan del vaso con sus fuertes brazos y me cogen en la hierba.

    Como he dicho muchas veces soy una mujer respetable en este pueblo y a excepción de aquel día me follaron mi novio Enrique y sus 4 amigos cazadores en el campo, como bien narré en el primer episodio de esta serie me gusta ser discreta.

    Me fascinan los lugares públicos llegado el caso y en ese sentido siempre estoy lista enseguida.

    Recuerdo como un día viendo una película en el cine sola me puse toda calentorra en la última fila. Tuve suerte de llevar falda. Me saqué las bragas y trabajé mi coño a escasos metros de un acomodador que para nada sospechó lo que estaba haciendo. Tuve un orgasmo inmenso metiendo mis dedos por el coño y el culo a la vez pensando ese hombre sabía lo que me estaba haciendo. Si me hubiese sacado el rabo en esos momentos no tengo ni idea si me habría amorrado pero no. He dicho soy una mujer muy reservada y respetable en ese sentido si bien entonces no tenía las pollas de mi negrito Ramón ni la de mi novio Enrique a mi disposición y andaba más necesitada.

    También he de decir que la edad me ha liberado de muchas ataduras y a mis 46 años estoy mejor preparada porque conozco mejor mi cuerpo y si me entran ganas llego enseguida en cualquier sitio.

    Como iba diciendo, después de ducharme y correrme acicalé mi coño.

    Con unas tijeras repasé los pelitos de mi pubis y los de mi vulva. Unas canitas de madurita que rodean mis labios cayeron al suelo y las escobé. Me gusta llevar el coño con sus pelos justos y no como esas zorras salen en las películas porno todos rapados. Me eché un poco de perfume y me puse una bata y unos ligueros sin bragas.

    Cuando acabé fui al espejo de mi habitación y abrí mi coño.

    Si. Había quedado perfectamente pero le hice una foto que colgué en el grupo de WhatsApp de Ramón, Carmen y Enrique.

    En el pie de foto puse…

    -«Os gusta?».

    -Enseguida recibimos la aprobación de los tres y a los 5 minutos una foto del coño de Carmen rasurado sin un solo pelo.

    Con sus largas manos y rojas uñas Carmen enseñaba su concha bien abierta metiendo su dedo índice en ella sin estorbar la visión de su clítoris.

    Señalar, que si el lector quiere una foto de mi coño no tiene mas que escribirme a la dirección de correo electrónico adjunto en este espacio. Le mandaré una gustosa pero no de la cara porque ya he dicho soy una mujer respetable.

    Ding-Dong!!!

    -Ohhhh!!! Ya estáis aquí, chicos. Y también Carmen…!!!

    Efectivamente, el negro Ramón y mi novio Enrique habían pasado a buscar a mi amiga quien exhibía esa sublime belleza de curvas generosas y tez aceitunada como de gitana.

    He de decir que tengo unos buenos pechos pero los de Carmen aún son más grandes. También es mamá, no como yo que no he criado.

    Suerte soy una mujer prevenida y si bien la comida estaba casi a punto la mesa estaba puesta a la perfección.

    Tomamos unas cervezas hablando de la pandemia y nos dispusimos a comer con una buena botella de vino había traído Carmen. Esa botella era un buen Rioja calculé de 70 euros. Carmen no tenía problemas económicos, desde luego. Porque su pensión de viudedad y orfandad junto con su trabajo de profesora de Filosofía y clases de flamenco le granjeaban buenos emolumentos.

    Observé tanto Ramón como Enrique no quitaban ojo de las tetas de mi amiga. Los hombres, son muy simples la verdad.

    Basta una exhiba un poco sus atributos para ponerlos cachondos y primitivos. Dada su actitud los mandé recoger la mesa y los oí trajinar en la cocina limpiando los platos. Carmen y yo nos quedamos solas en el salón.

    -Que hagan algo, Carmen. Que aquí… solo somos nosotras siempre. Has visto cómo te miraban las tetas?

    -Ohhh, si. Si hubieses visto en el coche… Estoy segura que si los llevo al campo se me hubiesen follado como si fuese una puta.

    -Qué primitivos son los hombres, Carmen. No me extraña hayas estado 10 años sin acostarte con nadie. Con lo simples somos nosotras que con todo nos conformamos. Hoy simplemente me he hecho una duchaja y ya estaba lista.

    -Yo también. Me he encerrado en mi habitación mientras mi Carlitos hacía los deberes y me lo he hecho con mi vibrador. Bueno… como hago todos los días… Para qué te voy a engañar. Llevo así años desde que me presentaste a estos dos. Pero creo que después de 10 años ya era hora de que alguien se me follara como hicieron el otro día Enrique y Ramón. Oye… que a mi me gusta tu negro, eh? Hoy tengo ganas de que me de negritos.

    -Ya lo sé. Ojo… son buenos hombres los dos. Si no por los cojones los iba a tener a mi disposición. Ayer cuando vinieron de tu casa hechos unos brutos Ramón me dejó la cara llena de sus negritos.

    -Ya vi la foto. Parecías a Cleopatra en vez de bañada en leche de burra en leche de burro.

    Me reí sin parar con ese comentario…

    -La borré nada más recibirla… con lo cotillas son en este pueblo lo que me faltaba perder el móvil y que caiga en manos de algún cotilla.

    -Ya me lo dijiste. Espera… ya verás…

    -A ver!! Exclamó Carmen.

    Me toqué las tetas delante de Carmen para que se me pusieran tiesas y fui a la cocina y me las rocé con los dos.

    -Qué limpios son mis chicos. Me miraron sonriendo dando su aprobación.

    -Y… aquí abajo están limpios? Les dije acariciando sus paquetes.

    -A ver…

    Primero saqué la negra polla de Ramón que enseguida se puso a medio erección. A Enrique no hubo falta porque el muy burro se la sacó ya directamente poniéndomela en la cara todo ansioso casi tiesa

    -Os voy a poner esas pollas bien tiesas y luego vamos a ver a Carmen, vale?

    Se quitaron los pantalones y los bóxer y comencé a chupar esas dos grandes vergas una de cada color. Estaban realmente deliciosas, limpias y perfumadas. Chupar pollas así es un lujo y no como algún cerdo que se ducha de pascuas a ramos.

    -Si. Mis chicos están realmente limpios. Han pasado como siempre el control de calidad. Qué rabos…!! les dije subiendo su autoestima.

    Efectivamente. Ya le he dicho al lector ambos calzan dos rabos de cerca de 20 centímetros. Eso es lo ideal porque los hombres son tan tontos que si uno la tiene más pequeña que otro parece sea un agravio comparativo cuando en realidad, no es determinante. Me gustan las pollas grandes. He de confesarlo. Pero con una ordinaria de 13 centímetros siempre me he apañado y eso es el tamaño medio. En eso siempre he sido una mujer respetuosa. Total… si una vagina mide 14 centímetros para qué sirve una verga de 19?

    Para nada.

    -Oye… chicos no os da pena ver a Carmen fumando y bebiendo sola en el salón? Vamos a verla. Les dije guiñándoles un ojo con sus pollas en mi cara.

    -Si, vamos dijo Ramón a quien se le veía ansioso por coger a Carmen.

    Era evidente mi negrito estaba por ella.

    Entré con ellos en el salón erectos. Mi bata desabrochada dejaba al aire mis buenas tetas y mi liguero sin bragas con un perfecto coño en estado de revista. Cómo llevaría Carmen el suyo? Seguro que muy bien.

    -Mira, Carmen como están nuestros hombrecitos…

    -Uhhh!!! Qué chicos más obedientes.

    -Venid aquí. Dijo sacando sus gigantescas tetas embutidas en su camiseta.

    La verdad, era que toda vez había visto las tetas de Carmen bien en la playa o en las duchas del gimnasio me había sentido abrumada por su tamaño. Eran unas enormes y caídas. Fácilmente se las podía chupar con su boca lo cual era una ventaja para una mujer a la hora de masturbarse. Sus alumnos en clase quedaban tanto hipnotizados por ellas como por su calidad como profesora de Filosofía nunca exenta a la vez de su personalidad como mujer.

    Ramón y Enrique estaban ansiosos por tocarlas otra vez como el día anterior y ella porque se las besaran.

    Carmen se puso muy cariñosa con mis chicos y le dejé se desahogara. Pero yo también quería mi ración de amor.

    -Cómo os gustan mis tetas, eh tíos? Exclamó Carmen poniéndose bastorra mientras las besaban y chupaban con cuidado. Unos enormes pezones se pusieron erectos sin remedio y sus aureolas parecían galletas.

    No respondieron. Siguieron chupando y besando como dos tiernos infantes.

    Ella se las cogía con las manos para que chuparan y besaran mejor en el sofá.

    Carmen se quitó su vestido cuando tuvo un momento entre la voracidad de mis chicos y se quitó las bragas después.

    Exhibió un coño mojado y dilatado por la excitación y perfectamente rapado entre sus dedos.

    He dicho no me gustan los coños pelados pero si era el de mi amiga Carmen no tenía nada que objetar. Ramón comenzó a libar esa almeja pero lo aparté y me vi comiédole la concha. Mientras, Carmen chupaba la polla de Ramón y Enrique besaba todo su cuerpo.

    Nunca había chupado un coño y me di cuenta de que ya era hora.

    Estaba perfectamente limpio y ese su humor sabía de fenómeno. Estaba claro era una mujer limpia y cuidaba mucho su intimidad.

    Carmen, dejó de chupar a Ramón y le dijo…

    -Hoy si que no te vas a escapar de darme tus negritos, corazón…

    Dos hombres y una mujer para mi amiga quien gemía sin parar de placer. Estaba loca de contenta y agradecida.

    Mientras comía el coño de Carmen besé su cicatriz de mamá. Aquella cicatriz de cesárea su cirujano tuvo que practicarle para traer al amor de su vida que no era sino su hijo Carlitos a quien tanto quería y que le era imposible vivir sin él.

    -Qué coño tienes, Carmen! Exclamé.

    No respondió. Estaba muy ocupada intentando Ramón le diera negritos.

    Eso si… se retorcía como una culebra en mi sofá intentando disfrutar de nosotros tres.

    Enrique dejó de tocar a Carmen que estaba realmente excitada. Se puso de rodillas en el sofá y exhibió su verga delante de sus ojos subiendo y bajándola diciéndole…

    -Chupa esto!!!

    Soltó la polla de Ramón y comenzó a chupar la de Enrique. Por un momento asió las dos y se las metió ambas en la boca gimiendo sin parar.

    -Mmmm. Me encantan estas dos pollas, tíos!!! Dijo poniendo los ojos en blanco.

    Ambos presionaban sus miembros para ver cual se tragaba más a fondo. Primero la de Ramón, luego la de Enrique… estaba completamente convencida de que si hubiesen sido las dos del mismo color no habría sabido de quien era quien.

    Carmen comenzó a mover su coño y lo abrió con las palmas de sus manos para que yo pudiese llegar mejor adentro con mi lengua. En esos momentos y chupando su clítoris comencé a maniobrar su ano con mis dedos. Esa mujer se iba a correr en mi cara y con las dos vergas de mis hombres en su boca.

    Ambos sacaron aquellos dos rabos de su boca y se las pusieron en la cara. Ramón se la refrotaba por un lado y Enrique por otro pero volvió a chuparlas otra vez juntas.

    Fue precisamente eso lo que hizo le hizo estallar en un largo orgasmo gimiendo sin parar agarrándose a su coño para acabar derrumbándose de lado en el sofá entre estertores y sollozando con sus enormes tetas colgando.

    Ramón y Enrique se dirigieron a mi y el negro me apoyó en el sofá al lado de Carmen tomándome por el coño mientras Enrique lo hizo por la boca.

    Ramón ajustó bien su polla en mi raja y movió su cuerpo de lado a lado para ensancharme y que luego Enrique pudiese follarme mejor.

    Carmen, entre sollozos observaba como mis hombres disfrutaban de mi diciéndome palabras mal sonantes y cariñosas a la vez.

    Gemían como salvajes y yo también. Me iba a correr de un momento a otro observando a Carmen tirada en el sofá con su coño chorreante. Si… me iba.

    -Ahhh… chicos… me corrooo!

    Ramón me metió aún más fuerte y Enrique sacó su polla de mi boca justo en esos momentos para que pudiese gemir a placer.

    Caí rendida junto a Carmen en ese sofá. No obstante, animé a mis chicos quienes se las estaban pelando viéndonos a las dos reponernos.

    -Vamos tíos. Haceros una paja mirándonos!!

    Ramón dirigió la punta de su polla a la cara de Carmen quien comenzó a chupársela poco a poco. No le hizo mucha falta porque Ramón se iba a correr enseguida en su cara avisándole.

    -Quieres mis negritos, Carmen???

    -Ohhh, si… dámelos…

    Ramón agitó su polla a un ritmo frenético y de su ranura salieron 4 chorros de blanco esperma regando la cara de Carmen por completo. Parecía mentira de un hombre tan negro surgiera un semen tan blanco como la leche.

    Enrique no se quedó atrás y se corrió también en mi cara de la misma guisa inundándome la boca, el pelo, ojos y mejillas con su espesa lefa.

    Ambas nos miramos impregnadas de las semillas de nuestros respectivos hombres que cayeron al lado de nosotras con sus temblorosas vergas aún erectas e impregnadas de leche.

    Era obvio no podían más.

    Carmen se levantó del sofá prácticamente repuesta y me tendió una mano a lo cual se la tomé amigablemente.

    Fuimos al baño a limpiarnos de la leche de esos hombres. La verdad fue que cuando nos miramos al espejo íbamos llenas de esos hombres y para entonces ese espeso semen se había licuado cayendo sobre nuestras tetas.

    -Qué manía tienen de correrse en nuestras caras…

    -Si, Karen. La verdad es que no se el porqué de esa afición.

    Saqué unas toallitas y nos secamos.

    -Yo me voy a duchar, Carmen. Voy llena de leche. Parezco una cerda.

    -Me dejas te acompañe?

    -Si, claro.

    Nos metimos en el plato de ducha las dos y nos mojamos.

    El caso fue que con la voluptuosidad de Carmen era imposible sus erectas tetas no rozaran las mías por lo que nos empezamos otra vez a poner cachondas.

    Carmen no pudo más y comenzó a tocar mi coño al mismo tiempo dirigía el chorro de agua a mis pechos.

    Estaba realmente turbada y confundida. Nunca había hecho eso con una mujer pero me estaba gustando por lo que la besé. Cuando lo hice sus grandes pechos se juntaron con los míos y un escalofrío dominó mi cuerpo.

    -Ca… Carmen… qué me está pasando? Qué me haces??

    A punto estuve de salir de ahí y vestirme. Carmen advirtió mi nerviosismo.

    -Relájate, Karen…

    Nos miramos a la cara y Carmen cerró el grifo.

    Me secó la espalda, cuello y pechos a la vez que lo húmedo de mi coño que iba a cien.

    -No me dejes, Carmen… estoy un poco confundida.

    -No te preocupes, Karen. Confía en mí.

    La sequé a ella y nos fuimos a mi habitación. Para entonces Ramón y Enrique ya estarían casi dormidos.

    Me tumbé en mi cama y Carmen comenzó a comer mi coño metiendo hasta adentro sus dedos. El hacer algo desconocido me puso muy excitada.

    Me tumbó en la cama y puso su gran culo en mi cara y comenzó a rozar su vagina sobre mi cara musitando palabras que yo no alcanzaba a oír y comenzó a lamer mi coño desde arriba jugueteando muy despacio con mi clítoris y labios vaginales.

    Los labios de su vagina colgaban sobre mi boca como si fueran una campana y mi lengua su badajo.

    -Qué tal vas, amor? Musitó Carmen.

    -Muy bien, sigue así.

    Los enormes pechos de Carmen caían sobre mi estómago y los notaba realmente calientes.

    -Tienes un coño precioso me dijo Carmen alejando su lengua de mi clítoris y acariciando toda mi vulva en su conjunto.

    -Sigue, Carmen. Por favor…

    Ella logró meterse toda mi concha en su boca absorbiéndola como si fuese un caramelo para volverla a soltar y trabajarla con sus dos manos. Me estaba volviendo loca esa mujer.

    -Qué bien chupa mi chica. Dijo Carmen moviendo sus caderas pasando su almeja y ano por mi boca.

    -Me voy a correr, corazón… Me muevo un poquito más y ya… Me dejas?

    -Si, Carmen si…!

    Efectivamente, se corrió en mi cara moviendo su culo como una loca.

    Carmen cayó completamente exhausta en la cama y su culo temblaba como un flan. Se agarró a mis piernas y mis pies y comenzó a acunar su cuerpo de lado a lado suspirando por su orgasmo.

    Cuando estuvo repuesta se abrazó a mi y me besó todo el cuerpo. Su aliento y boca olían al dulce aroma de mi coño limpio.

    Abrió sus piernas delante de mi exhibiendo su vagina.

    -Mira como lo has dejado…

    Efectivamente estaba dilatado y totalmente encharcado. Su flujo había impregnado por completo un ano que brillaba a la luz.

    -Gracias, Karen…!!

    -No me dejes así, Carmen…

    Saqué mi vibrador de su cajón y Carmen comenzó a masturbarme mientras me besaba en el cuello y boca.

    Con mis manos abrí mi coño todo lo que pude y con mis dedos cerraba los labios de mi concha para que rozaran con el aparato que lentamente vibraba haciendo su trabajo.

    -Te gusta, amor?

    -Ohhh… si. Carmen. Sigue…

    Me besó en los pechos y para entonces yo ya estaba acariciando mi clítoris con mis dedos y al poco me corrí como nunca entre los susurros de esa mujer y mis suspiros de placer.

    -Ya? Amor?

    -Si, Carmen…

    -Te ha gustado lo que te ha hecho tu Carmencita?

    -Mucho. Dije un poco avergonzada.

    -Siempre hay una primera vez… y hoy ha sido para las dos. Yo tampoco había hecho esto nunca.

    -Ohhh… Carmen. Pensaba eras una experta…!!

    -La experta eres tu comiéndome el coño, cariño…

    (Continuará).

  • Aventuras y desventuras húmedas: Primera etapa (14)

    Aventuras y desventuras húmedas: Primera etapa (14)

    Llegaron a casa mientras el sol todavía pegaba con fuerza y Carmen decidió que era momento de combatirlo de la mejor manera que conocía.  Preparó dos cócteles y llamó a su hermana para que se pusiera un bikini, era hora de ponerse morenas.

    Ambas se tumbaron en las hamacas que había en el jardín, reposando con tranquilidad mientras sostenían sendas copas. Carmen miró a su hermana tras sus gafas de sol, ella se giró notando los ojos de esta y tras ambas lentes sus ojos azules conectaron.

    —Tengo que confesarte una cosa —Mari ni preguntó qué era— de la misma forma que estamos ahora, fue cuando Sergio me ayudó tanto.

    —Me alegro, Carmen. Me alegro tanto de haber criado a un niño que haya conseguido ayudarte. En parte, siento envidia. No envidia insana, pero me gustaría tener esa complicidad que tienes con él, más que familia parecéis amigos.

    Ambas miraron como el sol las deslumbraba desde lo alto. En unos minutos de silencio, Mari primero y Carmen después comenzaron a bajar el líquido de sus copas. Debido a la suma de alcohol en su cuerpo y el calor que el astro rey provocaba en ellas, Carmen se vio alentada, con ganas de hablar con su hermana de algo mucho más íntimo.

    —¿Sabes que me contó? —la madre de Sergio hizo un ruido mientras sorbía líquido para que siguiera —es algo picante, no sé si querrás oírlo, es sobre tu hijo al fin y al cabo. —ella movió los hombros. No le importaba o quizá el alcohol había hecho que no le importase— Además de hablarme de su relación con Marta, me contó… es curioso la verdad, me hizo mucha gracia. Su ex le dijo que después de él… lo demás… —señalándose su entrepierna— pues eso… le sentaría a… “Poco”.

    Carmen recordó la noche anterior, con unas imágenes muy vividas. La sensación que le abrumó al notar dentro a su sobrino volvió a su cuerpo. Tenía muy buenas pistas de lo que la muchacha echaría de menos. Antes de que su hermana contestara, recordó el mensaje que le llegó al móvil y sintió su cuerpo vibrar.

    —¿Por qué lo dices? No comprendo.

    —Mari, cariño… —le hizo gestos señalándose de nuevo su entrepierna para que su hermana se enterase— la… herramienta…

    Mari notó que se ruborizaba al momento, el rostro se le coloró al escuchar hablar sobre la anatomía de Sergio. No se esperaba que Carmen le fuera a hablar de “eso”. Jamás había hablado con su hijo sobre su sexualidad, solo con su hija, ese era tema de Dani. Sin embargo al escuchar sobre… “el pe… pe… pene” de su hijo, un recuerdo muy nítido le volvió a la mente.

    —La verdad… —prosiguió Carmen al tiempo que su hermana navegando por sus recuerdos— si no llega a ser mi sobrino me entraría curiosidad. —ladeó la cabeza sintiendo que ya estaba algo borracha y la lengua se le soltó— Bueno, no te voy a engañar… me entra curiosidad, sería una tontería mentir a mi hermana. No de la sexual por supuesto, pero… jope, incluso le preguntaría.

    —No lo entiendo —algo perdida tras abandonar su mente, todavía le rondaba esa imagen que había recordado.

    —Querida, por saber si es verdad o no… no sé, es como comprobar si un cotilleo en el pueblo es cierto o no. Quizá en verdad se estaba pavoneando delante de su tía, quien sabe. —Carmen sabía de sobra que Sergio no la mentía.

    —Y si te dijera… que lo que dice… —la voz de Mari sonaba distante, como si no hubiera querido decir lo que dijo, como si tratara de impedirlo. Pero sus labios siguieron hablando, muy a su pesar— es verdad.

    —¡¿Cómo?! —Carmen se sentó en la tumbona sorprendida por lo que escondían las palabras de su hermana— ¿Cómo sabes eso? —estaba alucinando. Aunque lo que más la desconcertaba, era la leve excitación que había comenzado a surgir en su interior— ¿se la has…? —corrigió— ¿Le has visto algo?

    Toda la atención de Carmen recaía sobre su hermana. Tanto que apenas parpadeaba mientras la veía sorber un poco de su copa. Su mente se preguntaba porque sabía cómo la tenía Sergio, mientras otra parte de su cabeza recorvada ese mensaje tan explícito en su móvil. El calor comenzaba a subir por su cuerpo anegando cada poro de su piel.

    En cambio, Mari no sabía si contar la imagen que reproducía con nitidez en su mente, era buena idea. No había sido nada en realidad, un incidente aislado, pero el cual le llevó a sentirse culpable sin un motivo aparente. Quizá por las copas, el calor, o por la grata compañía, se sentía tan bien, tan cómoda, que directamente sin mediar otras palabras, decidió contarle aquel incidente de dos años atrás.

    —Esto que te voy a contar es secreto… puede que te parezca una chorrada, pero para mí no lo es. —Mari no miraba a su hermana, sino al final del jardín. Dejando los ojos fijos en un punto al azar— No me gustaría volver a tocar el tema una vez lo acabemos. De verdad… me sentí terriblemente culpable. ¿Me lo prometes?

    —Por supuesto, cielo, eres mi hermana, te lo juro —Carmen habló con sinceridad estaba nerviosa por oír lo que estaba a punto de salir de los labios de su hermana pequeña.

    —Fue una tarde cualquiera, no había nada en especial, ni recuerdo que día de la semana era. Vamos, que era un día como otro cualquiera. Había ido a comprar, Sergio había llegado un poco antes de que saliera, supongo que vendría del instituto o de la universidad, no me acuerdo. Fui a salir al supermercado y me despedí de él, pero resultó que la compra fue muy rápida, todo lo tenía a mano y no tuve que esperar colas. —Mari dio otro trago. A Carmen le parecía que aquella pausa le daba emoción al relato, cierta tensión. O en verdad a su hermana se le secaba la garganta al hablar de ello— Creo que en 15 minutos estaba de vuelta…

    La tía de Sergio escuchaba sentada en su hamaca con paciencia. Esperaba una historia de lo más normal, con alguna situación extraña, pero lo que su mente le pedía era mucho más picante. Las imágenes de la “herramienta” de su sobrino viajaban por delante de sus ojos sin parar, queriendo… deseando que Mari contara el final de aquella historia.

    —Abrí la puerta y anuncié que había llegado, siempre lo hago. La puerta de Sergio estaba entornada, había estado esos 15 minutos solo en casa. Fui a avisarle de que estaba allí, mientras mi mente pensaba en mil cosas, en sí me faltaba algo, en sí debería haber comprado tal cosa, puse la mano en la puerta y la abrí sin pensar. Si no hubiera estado a mil cosas, al ver la puerta arrimada sabría qué estaba pasando dentro.

    —Me puedo imaginar… —la cortó Carmen sin poder evitar que un cosquilleo comenzara a invadir su entrepierna. Mari le hizo un gesto para que la dejase terminar y ella cayó.

    —Mi hijo estaba allí, sentado, algo ladeado delante del ordenador. Tenía los cascos puestos, era normal que no escuchase cuando entre por la puerta. Le había visto muchas veces así, pero jugando algún juego o simplemente escuchando música. Sin embargo, esa no era una de esas veces, en la pantalla… Dios lo recuerdo como si fuera ayer. En la pantalla una mujer estaba encima de otro hombre… sin dar detalles, estaba viendo porno. Podría ser eso lo curioso, pero no. —la garganta se le secaba a cada palabra, otro sorbo de su copa le humedeció— Me quede de piedra, no me esperaba nada de eso, yo estaba pensando en mis cosas. Supe de inmediato que no debía estar dentro de la habitación y cuando bajé un poco la mirada, lo vi.

    —¿Qué pasó?

    —Di un paso atrás en silencio, arrimé la puerta dejándola como estaba y di un portazo en la entrada simulando que había llegado. Después, grité bien alto que estaba en casa.

    —Pero bueno, Mari, no pasa nada, se la viste y ya, no hay más drama. Yo he visto a mis hijas totalmente desnudas, sé que no es lo mismo, al final Sergio es un chico, pero…

    —La cosa es la siguiente y es por lo que en verdad me sentí mal. —miró a su hermana tras sus gafas de sol, está la devolvía la mirada con mucha atención— No quiero que me juzgues, si te lo cuento es porque confió en ti. Cuando la vi, pude quitar la mirada, pero no lo hizo. La seguí mirando hasta que salí de la habitación. Fueron unos pocos segundos, un instante nada más, pero pasó… no dejé de mirarla. —negó con la cabeza sin entenderse ni ella misma— No tengo idea de por qué, pero me… me… me… hipnotizó, no sé… me sentí fatal… creo que fue el propio shock del momento.

    —¿Sergio lo sabe? —preguntó más que curiosa su hermana.

    —Que va, pensé en contárselo, así quizá me sentiría mejor, pero no me atreví, creo que tampoco serviría de nada.

    —Normal, es una situación… curiosa… aunque pienso que también de lo más normal. Vivir con adolescentes es lo que tiene. No le des vueltas… desde mi punto de vista, lo que viste era algo curioso y esa curiosidad te pudo, si me pasase a mí, actuaria igual estoy segura.

    Ambas tomaron un sorbo de sus copas terminándolas. Carmen volvió a tumbarse al sol, pensando que haría ella si viera a su sobrino así, aunque lo tenía claro. Con esa imagen en mente, tocó su móvil, ardiente de ganas por volver a abrir lo que Sergio le había enviado. Sin embargo, lo importante era su hermana, tenía que quitarle ese mal sabor de boca y escarbando en su pasado encontró algo que podría sacarla una sonrisa.

    —¿Te acuerdas de Tomasín? —preguntó Carmen.

    —No hasta ahora, y viendo de lo que hemos hablado… ya sé por qué me lo preguntas. —una gesto de vergüenza apareció en su rostro— Madre de dios… aquello parecía la de un caballo —ambas rieron ante el comentario.

    —Te acuerdas de que sentíamos curiosidad, por cómo sería tener… tener “eso”…

    —Ya… aunque era demasiado feo, siempre nos echó para atrás.

    —La gran mayoría lo era… había muy poco nivel de belleza en el pueblo.

    —Pues sí, para qué nos vamos a engañar, nosotras teníamos más glamour —incorporo un tono más repipi a esa última palabra. Tratando que sonara afrancesada sabía que haría reír a su hermana.

    —Tienes toda la razón del mundo. No es por ser engreída, pero pienso que papá tenía razón, este pueblo se nos quedaba pequeño, estábamos hechas para descubrir mundo.

    —Quien sabe, Carmen…. Quien sabe…

    —Oye, cariño, vamos a cerrar el tema de tu malestar —Carmen miró con decisión a su hermana, levantando sus gafas y clavándole la mirada— Sergio o Tomasín… ¿Cuál…?

    —¡Carmen! —sonó casi a un grito y después las risas la abordaron. Estaba algo borracha debido a los vinos y a la copa— no pienso comparar eso… —trató de parecer indignada, pero la sinceridad y curiosidad de su hermana la habían hecho enrojecerse y no parar de sonreír.

    —Vamos, venga, tengo curiosidad, díselo a tu hermana mayor.

    —¡Qué no! No te voy a decir eso.

    Carmen se levantó de la tumbona y puso sus manos en el abdomen de su hermana antes de que esta pudiera reaccionar. Cuando los dedos de esta presionaron encima de la cadera de Mari, la mujer supo al instante que no tenía escapatoria.

    —¿Seguro que no me lo dirás?

    —No, no, no… ¡Carmen! —gritó Mari.

    Era demasiado tarde, los dedos de su hermana se clavaban sin parar en su piel haciéndola unas cosquillas imposibles de detener. Mari intentó escapar, pensó en correr por el jardín, pero solo consiguió caer de la tumbona a la caliente hierba. La tortura no se detenía y las risas eran incontrolables. Una y otra vez Carmen le exigía que se lo dijera, pero Mari se negaba, a las dos les estaba encantado volver a jugar como cuando eran jóvenes.

    Mari tuvo que rendirse al final, rogó a su hermana que parase, aduciendo que si seguía se iba a mear encima (muy cierto), pero Carmen no pararía sin conseguir su recompensa. No tuvo más remedio, antes de mearse el bikini, la mujer morena gritó.

    —¡Sergio! ¡Sergio! ¡SERGIO!

    Carmen se detuvo con la respiración acelerada viendo como su hermana aún reía en el suelo de su jardín.

    —Lo sabía. La familia dejando el pabellón bien alto.

    —Te odio —dijo su hermana mirándola desde el suelo sin poder parar de sonreír.

    Carmen la tendió la mano y la puso en pie en un momento, para después darle un abrazo de lo más espontáneo y añadirla.

    —Te quiero.

    Ambas se sonrieron como hacía años que no lo hacían. Recordando épocas más sencillas, sin preocupaciones, sin problemas, sin nada… solo ellas, debajo de una sábana y su habitación, no les hacía falta nada más. Mari miró a los ojos de su hermana y contestó de corazón.

    —Y yo.

    Ambas se agarraron de la mano y corrieron como locas a la piscina, olvidando que estaban más cerca de los cincuenta que de los cuarenta. Sus piernas se movieron veloces hasta el agua, como un breve viaje al pasado, un vistazo en el tiempo, volvían a ser jóvenes, ellas contra el mundo. En vez de una piscina, saltaban al río, rodeadas de sus amigos de la infancia, todo era perfecto, maravilloso. El agua con cloro de la piscina les recordó su edad y le retornó de su viaje mental, pero no consiguió borrarlas la sonrisa.

    CONTINUARÁ

    ————————

    Por fin en mi perfil tenéis mi Twitter donde iré subiendo más información.

    Subiré más capítulos en cuento me sea posible. Ojalá podáis acompañarme hasta el final del camino en esta aventura en la que me he embarcado.

  • De cuando empezó mi transformación

    De cuando empezó mi transformación

    Hola a todos.  Me presento, soy Daniela, una chica trans de la CDMX. Tengo 23 años y casi dos de terapia de reemplazo hormonal. Esto me ha ayudado al crecimiento de mis caderas y nalgas, así como a favorecer el desarrollo de una piel más suave. Mis senos -a pesar de tener la forma decididamente femenina- aún son pequeños, pero por el momento no me disgusta, ya que pasó por una mujer delgada (que si lo soy) y atlética. Creo ser muy bonita de cara: tengo ojos grandes, nariz delgada y labios finos; mi cabello es abundante, y si bien no es lo largo que me gustaría, bien peinado luce increíble. Así soy al día de hoy y me gusta.

    Como muchas, mi lugar en el mundo lo empecé a intuir desde mi adolescencia. No es que me gustara jugar con muñecas, ni cambiarles el pañal a bebés de plástico. Pero por algún motivo que aún ignoro, mi cuerpo no se desarrolló como el de mis compañeros. Y al cumplir la mayoría de edad, era más que evidente que había algo raro en mí: mis glúteos eran más grandes y redondos que los de los demás hombres. Había una curva que ya se formaba entre mi delgada cintura y las caderas que, si bien no eran como las que tengo hoy, si eran más prominentes incluso que las de algunas chicas de mi edad. Además, mi piel es blanca y lampiña y mi voz algo andrógina. Esto me causaba ya algunos conflictos: en la universidad solían tratarme como mujer, en la calle me gritaban piropos (algunos muy groseros) y en muchos sitios se sorprendían cuando mostraba mis credenciales y se mostraba el sexo masculino.

    He de confesar que, cuando estaba más joven, esas confusiones me desagradaban. Pero con el paso del tiempo, entendí que posiblemente era el mundo quien estaba en lo correcto: yo tenía más el tipo de una chica.

    Así que, un día en que no hubo clases en la Universidad (recién había iniciado mis estudios ahí), me infiltre al cuarto de mi mamá. Ella trabajaba todo el día, por lo que en la casa solo estábamos yo y mis encendidas dudas. Tomé de su cajón unas bragas cacheteras que hacía mucho que no se ponía, unas pantimedias, una falda corta y una blusa ligera. Un sujetador y unas zapatillas de tacón bajito completaron el vestuario que me pondría por vez primera. Entonces me desnudé por completo, y me fuí acomodando cada prenda. Ahí descubrí la maravillosa sensación de tener unos calzones diminutos pero cómodos, la suavidad de las telas y lo bien que me ajustaba todo. Antes de verme al espejo, solté mi cabello y lo peiné de la manera más femenina que se me ocurrió. Y entonces sucedió.

    Lo que pude apreciar en la imagen reflejada era bellísimo: la falda daba un brinco en mi trasero y caía delicadamente en unas piernas largas y estilizadas. La blusa me quedaba ceñida y me hacía ver más delgada y linda. Y muy sexy. Y sensual. Mi cabello castaño hacía un magnífico marco a una cara que, aún sin gota de maquillaje, lucía bonita y agradable y todo lo que aparecía en ese reflejo gritaba al cielo que una hermosa muchacha habitaba ahí. Y entonces lloré, porque me di cuenta de que está era la imagen que estaba guardada en mi imaginación todo este tiempo. Porque descubrí que, a partir de esos momentos, mi vida estaría consagrada a reivindicar esta forma de ser, y que no me importaban más las consecuencias a fin de dejar vivir a Daniela e ir dejando en el olvido a quien, en un mal día, se le llamo Daniel…

    Espero que les haya gustado este breve relato de mi vida. En los siguientes días iré comentando más al respecto y de la vez que me entregué a mi primer hombre.

  • Sus celos y mis curvas hicieron que me llevara al motel

    Sus celos y mis curvas hicieron que me llevara al motel

    Mi relación con mi pareja desde algún tiempo atrás se ha venido enfriando porque de verdad les confieso que me dediqué a tener dos hijas de él de manera seguida; no tenía un año la primera cuando salí embarazada de la segunda. Pero ser madre es algo muy bonito y más si son del hombre que tú quieres y amas para que sea tu pareja por el resto de la vida o al menos por muchos años y más.

    Estando en esa etapa de posparto de mi segunda hija, pude enterarme que él comenzó una relación con una mujer, que más tarde descubrí era una prepago o chica scort, aquellas de las cuales se ganan la vida ofreciendo sexo y compañía a cambio de dinero. Les confieso que terminó partiendo mi corazón y de verdad yo sufría a todo momento. Tanto, que adelgacé mucho, por eso y por amamantar a mi hija. Me salí del cuarto matrimonial porque no quería ni dormir con él y me refugié en el cuarto de mi hija mayor.

    Al principio me preocupaba por él y le demostraba que yo sufría y me dolía su engaño; él me afirmaba que yo no tenía tiempo para él y que mis dos partos seguidos le hicieron perder la atracción por mí.

    Alguien me aconsejó que lo dejara; otros, que me divorciara y que lo echara de la casa. Yo tomé la determinación de no demostrarle mi preocupación y mi dolor por aquella situación. Por el contrario comencé a ni siquiera preguntarle si venía almorzar o si iba a venir en la noche. Mi estrategia se centró en la indiferencia y empecé a preocuparme por mí; a recuperar mi figura y a engordar un poco y ponerme “buena” y bonita como al principio de la relación ya que estaba muy delgada. Esto, como última alternativa para rescatar mi vida en pareja y no quedar sola.

    Pues, déjenme decirle que mi plan funcionó. Les cuento un poco: Mi cabello color azabache, mi cuerpo, mi esbeltez y mis curvas femeninas retornaron; comencé a tomarme fotografías, las cuales posteaba en el Facebook, y él todo celoso comenzó a preocuparse por mi indiferencia y por las fotografías sexys y hermosas que colgaba en mi perfil del Facebook y otras redes sociales.

    Por demás está decir que los comentarios de algunos amigos agregados en mis redes y de otros que no tanto conocía, dejaba ver que yo estaba linda, sexy, hermosa, en fin aquellos comentarios eran un termómetro que me indicaban lo bonita que estaba yo.

    Un buen día se permitió tener una plática conmigo y decirme que mi indiferencia hacia él la tenía bien merecida por su falta de atención y abandono hacia mí, y que si me estaba viendo con otro hombre, él no se iba a entrometer porque, al parecer yo ya tenía una decisión tomada y él era el único culpable.

    -si quieres que me vaya, sólo dímelo. Lo único que te pido es mantener mi relación con mis hijas y poder verlas cada vez que pueda. –Me dijo él con cara de perrito regañado.

    Yo no dije nada, sólo me dediqué a oír y prestar atención a lo que me decía. Luego continué con mis labores de hogar y mi indiferencia; la cual seguía su rumbo bien trazado.

    A estas alturas yo seguía durmiendo en el cuarto de mi hija mayor y él en el cuarto matrimonial. Pero claro, yo me moría por dormir a su lado y que me hiciera el amor y yo entregarme como mujer enamorada en sus brazos y disfrutar del sexo en pareja, ya que desde hacía tiempo no lo hacíamos.

    Esa mañana le pedí que me llevara de compras y le propuse que fuésemos en su motocicleta para mayor rapidez al viajar.

    Así fue; para ello yo tenía un plan para darle celos y para que despertara de ese mal sueño en que vivía.

    Esa mañana muy temprano me bañé; me di una enjabonada con el jabón líquido de mejor aroma que tengo; olor a rosas y encantos. Depilé mi sexo, el cual quedó muy bien rasurado, me la pude ver en el espejo y se mostraba muy bonita mi vulva, mi entrepierna.

    Además; alisé mis cabellos, los cuales dejé sueltos para que el viento los levantara y verme sexy durante el viaje.

    Al vestirme me coloqué una panty color blanca estilo hilo para dejar mis nalgas al descubierto para que se amoldaran al pantalón ajustado que pensaba estrenarme.

    Me coloqué un pantalón blanco ceñido a mi cuerpo, el cual dibujaba mi figura y dejaba ver por demás todas mis curvas. Mi vulva aunque pequeña y delicada, quedaba dibujada lo suficiente debajo de mi ajustado pantalón porque en verdad la tengo pequeña, pero con el tamaño adecuado para dejarse ver un tanto abultadita. Por el contrario, tengo un hermoso trasero contorneado y redondo que cualquier hombre quisiera coger.

    Les confieso que mi trasero por demás contorneado, hermoso y sexy se veía sensual, voluptuoso y estaba segura que robaría muchas miradas al caminar. Por demás está decir que es mi principal atractivo luego de mis cabellos y curvas.

    Por otra parte, me puse una blusa que combinaba con mi pantalón, la cual dejaba asomar mis pechos carnosos y abultados.

    Cuando salí a su encuentro para subir a la motocicleta, aquel hombre fijó su mirada en mí ya que no pude evitar ver sus ojos abrir como asombrado al ver aquel cuerpo femenino que se le acercaba, yo desinhibida movía mi cuerpo toda sexy y esbelta tan segura de mi misma, sin importar las miradas; claro está, sin exagerar aquellos movimientos.

    Por otra parte, Yo estaba segura que al subir a la moto podría oler mi perfume, aquel que le gustaba y que muchas veces me lo coloqué en nuestras noches al hacer el amor como dos amantes enamorados.

    Nos dirigimos hasta el centro comercial, mientras en casa, mis niñas quedaron al cuidado de una vecina, la cual se ofreció a prestarles cuidado en ese transcurso. Así que no me preocupaba esa parte.

    Al llegar al estacionamiento comenzaron las miradas ya que yo me inclinaba hacia delante y dejaba mi trasero sobresalir un poco como toda una copiloto audaz, quería lucir como aquellas chicas de calendario sobre las motocicletas. Además de mis cabellos que se ondulaban por el viento.

    Nos bajamos e ingresamos al centro comercial y me dediqué a las compras, mientras él observaba como los hombres se desvivían al ver mi figura, mi trasero y mis pechos. Las miradas, algunas descaradas y uno que otro piropo me dijeron. El plan funcionaba a la perfección.

    Al concluir, cuando nos subíamos a la motocicleta, él quiso como reclamarme el hecho de que muchas miradas varoniles se hacían evidente por mi vestimenta sexy y apretada que yo llevaba puesta.

    -Corazón, lo que no se exhibe no se puede vender y no pienso esconderme y evitar que me vean. – le dije con voz despreocupada –.

    Él me dijo; – a pesar de todo déjame decirte que te ves linda y me sorprendes amor, estás muy linda y provocativa. –Me insinuó él –. Yo le di las gracias guiñándole un ojo siendo coqueta.

    Sabía que mi plan era perfecto y era hora de jugar mi otra carta. Subimos a la motocicleta y de camino a la casa me aferré a su cintura y le puse mis pechos sobre su espalda y bajé mis manos hasta su cintura y un poco más abajo.

    En uno de esos frenos que dio bruscamente, aproveché y dejé que mis manos acariciaran su entrepierna, lo cual lo puso nervioso y pude sentir su miembro teniendo una erección ya que se notaba abultado.

    Aferré mis pechos a su espalda, apretándolo hacia mi con mis manos abiertas, subiendo una de ellas hacia su pecho y la otra la llevé hasta su miembro viril y se lo acaricié sutilmente. Inmediatamente él bajó la velocidad y se estacionó a la derecha debajo de unos árboles detrás de una maleza que allí había. Allí se bajó de la moto y me tomó por la cintura y me apretó hacia él y me besó apasionadamente. Agarró uno de mis senos, lo sacó y me lo comenzó a chupar apretándolo, todo excitado. Yo por supuesto correspondí a sus besos y caricias y lo pude sentir jadeante y excitado. Yo por supuesto estaba igual, me moría porque me hiciera el amor, que me hiciera suya, que me desnudara, abriera mis piernas y me penetrara como nunca.

    -Aquí no por favor! Quiero hacerlo pero no aquí, me da mucha pena! –Le dije.

    Subió a la moto y tomamos rumbo a un motel que conocíamos y que habíamos visitado en nuestros inicios. Yo en el recorrido no dejé de frotar su bulto, su miembro, se lo apretaba suavemente para sentirlo, para mantenerle el deseo y la excitación, la cual nunca perdió.

    Apenas entramos a la habitación y cerrar la puerta; comenzamos a desnudarnos y a comernos a besos. Pero debo decir que cuando me desvestía comenzó a desacelerar su ritmo y a tomarse su tiempo, lo que me gustó mucho.

    Me quitó la blusa y se colocó detrás de mí y me desabrochó mi brassier y dejó mis pechos al aire, los cuales me apretó suavemente desde atrás para luego seguir con mi pantalón. Desabrochó la cintura y bajó mi cremallera y lo deslizó poco a poco hacía abajo con cuidado ya que estaba ajustado a mi cuerpo. Dejó correr sus dedos debajo de mi panty tocándome la vagina, así, metió un de sus dedos suavemente dentro de aquella vulva toda húmeda.

    Siguió bajando al igual con sus manos y su boca, allí agachado comenzó a besar mis nalgas las cuales quedaron expuestas al bajar completamente mi pantalón. Me tomó en sus brazos y me arrojó a la cama y allí posó sus labios sobre mis pechos los cuales comenzó a chupar, morder y apretar con sus manos como queriendo que saliera néctar de ellos.

    Ya para ese momento él tenía solo ropa interior porque se encargó de ir quitándosela al mismo tiempo que me desnudaba.

    Seguidamente bajó por mí vientre hasta llegar a mi sexo. Me despojó de mi pequeñísima panty blanca tan sexy que yo llevaba puesta. Estaba toda húmeda con mis fluidos ya que estaba excitadísima y mis jugos vaginales se apropiaron de ella.

    -Me encanta tu coño rasurado cielo, se ve lindo –Me dijo sin cohibirse.

    Su boca, labios y dientes se postraron allí y me invadió toda, lamiendo mis pliegues vaginales, mi clítoris lo chupaba y lo mordía muy suavemente y a la vez lo succionaba como queriendo tragar mis mieles.

    Yo gemía de placer porque el momento que había esperado tan ansiosa había llegado, estaba a punto de ser penetrada, cogida, amada por mi amante; el cual, no dejaba de hacerme caricias con sus labios.

    Me tomó por mi cintura y me dio la vuelta para posarse allí sobre mis dos montículos, aquellas nalgas o trasero tan deseado momentos antes por las miradas inquietantes de los hombres en el centro comercial.

    Allí se posó y las besó con delicadeza; se abrió paso entre ellas apartándolas un poco para luego con su lengua buscar mi orificio para lamerlo y acariciarlo. Rozó mis pliegues anales lo que me hizo gemir a gritos; pero no me importaba qué tan alto pude haber gritado. Yo estaba gozando y mi amante estaba a punto de poseerme, de cogerme toda y hacerme suya y él sería mío.

    Yo por un momento tomé la iniciativa; me levanté y lo empujé a la cama para que quedara boca arriba, dejando su pene erecto para mí, el cual tomé con mi mano y le di una paja breve y luego lo metí en mi boca y comencé a chupárselo apresuradamente como toda una experta.

    Mis líquidos salivales brotaban a montón sobre su verga; mientras, él gemía y hacía ruidos vocálicos, lo que aproveché para posarme sobre su pene e introducirlo en mi vagina, lo que me provocó otro gran gemido. Yo no podía en ese momento cohibirme de gemir ya que mi excitación era inmensa casi fuera de este mundo. –Por el tiempo que tenía sin hacerlo, diría yo –.

    Comencé a moverme con mucha fuerza y ganas, fue como que si mi vientre tomara vida e iniciaba sus movimientos casi que independiente con aquel trozo de carne allí dentro. Esto hacía que mi pareja gimiera como queriendo correrse o venirse allí mismo. De inmediato paré mis frenéticos movimientos verticales para que él no eyaculara aún.

    Seguidamente me bajé, me acosté a su lado y le dije con voz erótica:

    -Cógeme! Penétrame! hazme tuya! Te deseo adentro, amor!

    Él, por supuesto, me tomó las piernas y las abrió para colocarse entre ellas y comenzar a follar aquel coño sediento de ser penetrado. Me lo puso allí entre mis labios vaginales y presionó suave al principio, para luego entrar completamente y agregar fuertes movimientos de vaivén, los que presagiaban que su semen sería eyaculado muy pronto porque la excitación de lado y lado era enorme; y así lo hicimos. Inició aquellos movimientos de vaivén, en donde su miembro entraba y salía acompasado. Era un encanto sentirlo así, me mandaba fuertes penetradas seguidas de un descanso, dejando el miembro completamente adentro para luego volver a sacármelo y mandarlo dentro otra vez seguido de la respectiva pausa.

    Yo gritaba, gemía y susurraba cosas que no recuerdo exactamente ya que estaba llegando a mi orgasmo, lo cual hizo salir espasmos por todo mi cuerpo. Él por su parte me daba con movimientos de cintura cogiéndome como un semental a punto de erupción, a punto de depositar sus fluidos seminales dentro de mi coño.

    Al verme acabar así; al instante me sacó su miembro tomándolo con su mano mientras que a la vez se masturbaba rápidamente, posándose sobre mis pechos, al momento que pude sentir sus chorros de semen salir bruscamente y caer sobre mis pechos bañándolos con aquellas gotas calientes y alguna que otra cayó sobre mis labios. Apreté mis pechos con mis manos para recibir sus fluidos y hacerle una especie de cama a su miembro; a la vez sacaba mi lengua para degustar como miel aquella porción de semen que había rozado mis labios. Quise hacerme ver sensual al corresponderle como buena amante.

    Inmediatamente, Cayó sobre mí; exhausto, cansado, jadeante casi sin aliento. Yo estaba agotada pero satisfecha, ya que mi plan maestro había resultado como lo había previsto.

    Él, me dijo susurrante:

    – Cristina, quiero amarte siempre amor mío y no quiero perderte. ¿Me das otra oportunidad? y demostrarte que me equivoqué, quiero recomenzar nuestra relación!

    Yo le sonreí, le abracé y le di un beso en los labios. Me subí sobre él y volvimos amarnos como nunca.

    Mí plan había funcionado!

    Fin.

  • La noche que conocí a Ana

    La noche que conocí a Ana

    Estaba visitando unos clientes por lo que pase todo el día entre mi vehículo y oficinas. Transcurrió el día y no pude almorzar pues todas las citas que tenían eran corridas. Ya para cuando se acercaban las cuatro de la tarde no podía con el hambre. Recordé de un bar cercano donde hacen buenas hamburguesas y que también tenían conexión de internet la cual necesitaría para una reunión virtual.

    Llegué al bar y me senté en la barra la cual estaba totalmente sola. Su bartender, quien casualmente es un viejo amigo me dijo que dado que era miércoles tendría el local para mí solo por lo menos por una hora más. Luego de las cinco de la tarde comenzaba a llegar más comensales. Pedí mi comida y a la misma vez me conecté a la reunión. Como estaba en un bar no encendí la cámara. A mitad de reunión note que una dama llego a la barra y se sentó lejos de mí. Me sonreí, pero no tuve ninguna respuesta de su parte. Aparentemente estaba por la misma razón que yo pues pidió comida y se conectó a una reunión.

    Culminé mi reunión y con ella las labores del día. Había sido un día extenuante y en esa última reunión recibí regaños míos y por cosas ajenas a mí. De verdad que merecía unos tragos para sobrepasar ese mal rato. Por suerte estaba en el lugar correcto y mi amigo Ramón lo había notado pues me sirvió mi trago favorito sin yo tener que pedírselo. Como buen bartender comenzó a servir de psicólogo y me entablo una conversación trivial y hasta me comento de sus planes de abrir su propio bar. Las veces que me dejaba solo en la conversación era para también hablar con la dama que estaba en el otro lado de la barra.

    Pasó un rato y le pedí un trago y el en tono de broma me dijo que no quería seguir cruzando la barra que mejor me moviera cerca de la dama para hacerle la cosa fácil a él. Yo la mire y con un gesto le señale la silla que tenía al lado y ella luego de una carcajada me contestó que si podía sentarme allí.

    Me moví a su lado y Ramón nos presentó oficialmente, la chica se llama Ana y es médico. Es una chica de figura atlética, tez blanca, ojos verdes y pelo largo negro. Le dije en broma que yo respete su espacio toda la tarde pues cuando llego me sonreí y ella no me devolvió el saludo. Se disculpó y me dijo que ni notó mi presencia pues llego con prisa para conectarse a una reunión también. Le dijo a Ramón que le invitara un trago por su involuntaria grosería.

    La conversación ya no era tan privada pues como dijo Ramón, ya todas las sillas de la barra estaban ocupadas. De hecho, llegaron unas amistades y se tuvieron que sentar en mesas del salón, aunque iban y venían de cuando en vez por lo que les presente a Ana. En esta amena e interrumpida conversación me entere que había pasado un divorcio reciente con otro médico y que tenía un hijo de seis años que era su razón de vida. Que estaba allí pues era donde se encontraba con su hermana de vez en cuando y que usualmente era solo un rato pues no le gustaba dejar el niño cuidando tanto rato. Yo le conté lo que entendí ella debía saber de mí. No estaba casado y técnicamente estaba soltero. No di muchos detalles pues era una mera desconocida y aunque guapa no veía nada pasando entre nosotros.

    Llegó su hermana y le propuse dejarle mi silla, pero tanto su hermana como ella insistieron que me quedara. Su hermana era extremadamente extrovertida y la sorprendí varias veces haciéndole señas a Ana sobre mí. La hermana vio a Alexander un buen amigo en la mesa donde debería estar sentado yo y al saber que eran mis amigos casi me imploro que se lo presentara pues aparentemente llevaba algún tiempo echándole el ojo. Yo para no parecer tan obvio y como me tocaba a mí la ronda de la mesa lo llame y aproveche para presentarlos. Él se fue y en cuanto llego a la mesa me texteo que cual era la mía y cual tenía para él. Le dije que la hermana quería conocerlo y no paso un minuto cuando él se nos unió a la conversación. Ellos comenzaron su propia conversación y él se la llevo a la mesa donde estaban nuestros otros amigos.

    Yo continúe la conversación con Ana, pero no sé si eran los efectos de los tragos, pero ya me estaba cayendo mejor. Ella cada vez me hablaba más de cerca y yo eleve un poco el tono de la conversación. Ella estaba coqueteándome y yo también a ella. Creo que ya habían pasado cuatro horas y muchos tragos de ambos cuando sentí su nariz acariciando mi mejilla. Lo encontré algo raro, pero me dejé llevar por el momento. Ella siguió rozando su cara como los gatos rozan la pierna de la gente buscando que los toquen. En uno de los movimientos nuestros labios se encontraron. Fue un beso algo tímido, pero sirvió para que yo le diera otro corto, pero con verdadera intención. Me miró y me sonrió. Los próximos minutos fueron de besos esporádicos y algunas caricias. Ramón me comentó entre risas que ya estábamos empezando a llamar la atención de los allí presente. Me dijo que nos presentó para que socializáramos, pero que lo tomamos demasiado en serio.

    Ana me pidió que la acompañara al baño. Una vez en el pasillo donde estaban los baños la bese apasionadamente contra la pared. Le dije que había que pagar nuestras cuentas e irnos a otro lugar. Al regresar del baño y sin mucho disimulo pagamos nuestras cuentas y nos despedimos de todos. Mis amigos me miraron con cara de sorpresa mezclada con complicidad. Su hermana que estaba bastante tomada también la miro de igual manera. Caminé con ella hasta vehículo que estaba algo solitario a en la parte trasera del bar. Una vez llegamos nos quedamos hablando un rato. Le dije que si quería ir a mi apartamento y ella accedió.

    Se montó en su enorme camioneta y le dije que me siguiera. Aun con la puerta abierta le di un beso largo y ella me haló. Quedamos besándonos apasionadamente en su asiento de conductor. Esos besos traían mucho deseo pues no podíamos parar de hacerlo. Entre besos me susurro al oído –“métemelo”. Le pregunte que si podía esperar a llegar a mi apartamento o si quería que pasara allí mismo. Me contestó que no podía esperar. Miré a todos lados y abrí la puerta trasera y me senté. Ella cerró la puerta y brinco del asiento delantero al trasero aterrizando sobre mí. Se acomodó sentado sobre mí y seguimos besándonos. Le bese el cuello mientras ella se me seguía susurrando cosas al oído. Le mordí el cuello y los hombros. Ella desabotonó mi camisa y besó mi pecho. Mordió los lóbulos de mis orejas y me mordió el cuello. Mientras esto pasaba yo le apretaba las nalgas y me contoneaba para que sintiera que ya mi pene estaba completamente erecto. Le abrí la blusa y quité su sostén. Sus pechos eran de tamaño mediano y para haber tenido un hijo estaban muy firmes. Lamí sus pezones y chupé sus pechos. Esto pareció encantarle pues comenzó a gemir bastante alto. Ella abrió mi pantalón y comenzó a tocar mi pene. Me dijo fijamente –“Lo quiero”.

    Ella que convenientemente traía una falda esa noche, se la subió para que yo pudiera palpar la piel de sus nalgas. Sin dejar de besarla comencé a palpar su vulva. Estaba completamente mojada y caliente. Metí mis manos debajo de la falda y quité su panty. Acto seguido comencé a frotar su clítoris con mi dedo. Ella dejo lo que me hacía y se recostó del asiento delantero a recibir placer. No dejaba de decir lo rico que se sentía que la tocaran. Yo alterne mi faena con besos y chupadas de pezones. Ella no tardo mucho antes de llegar a un orgasmo el cual encharco mi mano.

    Violentamente bajo mi pantalón y saco mi pene erecto. Lo miró fijamente y comenzó a masturbarme. Puso saliva en su mano y lo lubrico. Luego esto me miro y con tono sobrio y muy seria me dijo que por favor la tratara con calma pues llevaba mucho tiempo sin tener sexo y sentía era virgen nuevamente. Yo entendí y le dije que cuando se sintiera segura que ella misma lo colocara. Primero lo agarro y comenzó a frotarlo por toda su vulva. Esto la encendió nuevamente. Yo la agarre por las caderas y la levante le dije que iba a bajar poco a poco y que ella llevara el paso. Poco a poco fui penetrando y según me había dicho se sentía como si fuese su primera vez. Estaba bastante estrecha e inicialmente fue difícil. Con mucha calma logro entrar completamente. Una vez adentro le dije que se moviera a su paso.

    Ella comenzó tímida y a medida que subía y bajaba se sentía menos apretada y ella más segura. Cuando cogió confianza comenzó a cabalgarme dando movimientos duro como queriendo sentir todo mi pene profundo dentro de ella. Poco a poco fui tomando el control y comencé a envestirla a mi paso. Creo que sus gemidos se escuchaban por todo aquel lugar pues nunca había tenido sexo con alguien que gimiera tan alto.

    Pensé que eso era lo que pasaba porque mi teléfono comenzó a sonar insistentemente cuando mire era mi amigo Alexander. Como era obvio no le conteste su llamada y seguí enfocado en cumplir con lo que minutos antes me habían pedido. Entre gemidos me dijo que era seguro que me viniera dentro de ella pues con la prisa y el alcohol no me puse protección. Ella cambio de posición y se puso de sobre mí, pero dándome la espalda. En esa posición se podía mover mucho mejor. Como esa noche tomé whiskey pude durar más de lo normal para gozo de ambos. Ella siguió su violenta remontada hasta que ambos tuvimos el orgasmo a la misma vez. Ella terminó con una descarga caliente en su espalda y yo con la mitad de mi pantalón encharcado.

    Se sentó a mi lado y me dijo que podía haberme venido dentro de ella pues antes de divorciarse se había operado. Yo le dije que fue mi instinto. Cuando recobramos el aliento ambos miramos nuestros celulares y al igual que yo ella tenía llamadas perdidas de su hermana. Le dije que pensaba que nos habían escuchado y por eso llamaron, pero miramos a nuestro alrededor y no había nadie cerca. Le devolví la llamada a Alexander y este me dijo que necesitaba de mi ayuda. Se había montado con la hermana de Ana y esta estaba muy borracha al borde de casi tener un accidente. Le convenció de estacionarse en una gasolinera y esperar ayuda pues él podía llevarla a su casa, pero necesitaba quien lo regresara a buscar su vehículo.

    Ana y yo fuimos a ayudarlo y entre todos resolvimos la situación. Esa noche me despedí de Ana sin pedirle su número. Han pasado varios meses y aun no la he vuelto a ver. Tendré que pasar por el bar a ver si tengo la suerte de encontrármela de nuevo.

  • Sexo con desconocido mientras repartía volantes

    Sexo con desconocido mientras repartía volantes

    Hola mi nombre es Yeimi, actualmente tengo 23 años y vivo en la CDMX.

    Soy de tez apiñonada con 1.54 de estatura, aparento 20 años ya que mi rostro y mi voz me ayudan para parecer más pequeña.

    Aquí comienza un relato mío, me metí con un perfecto desconocido en metro chabacano.

    Tenía un trabajo de repartir volantes en el metro Lázaro Cárdenas en CDMX con unos chicos que hacían serigrafía, trabajaba de lunes a sábado de 9 am a 5 pm lo que me pagaban era para lo que yo quisiera porque aún vivía en casa con mis padres. Era un día miércoles salí a repartir los volantes mi ruta era de Lázaro Cárdenas hasta Chabacano de línea 2 sobre calzada de Tlalpan ahí transita mucha gente así que siempre me ponía a repartir volantes ahí, comencé a repartir los volantes y vi a un señor de aproximadamente de 36 años le di un volante y él muy educado lo aceptó, (visualmente era muy atractivo alto, un poco robusto, tez blanca, ojos verdes, tenía una voz gruesa y su (acento) parecía que venía del norte del país, olía riquísimo y tenía una sonrisa y dientes lindos) le dije gracias y seguí caminando.

    De regreso de repartir los volantes estaba agotada y me senté en una banca él se me acercó y comenzó a hacerme la plática, me dijo:

    Cómo te llamas? le conteste (Adriana) invente el nombre por seguridad (yo le pregunte su nombre pero no logro recordarlo) siguió haciendo varias preguntas ¿Dónde trabajas? ¿Cuántos años tienes? ¿No te cansas de caminar mucho? ¿Tienes novio? etc. Yo respondí todas sus preguntas solo me concentraba en lo guapo que era, me percate que tenía manos grandes y lisas es algo que me encanta de los hombres. Él me dijo que era una niña muy bonita que no debería de trabajar en eso que siguiera estudiando para que el día de mañana fuera una licenciada muy bella, yo me sonroje porque jamás había hablado con una persona mayor que al mismo tiempo me estuviera coqueteando me invito un helado y seguimos platicando, no me importo el trabajo y preferí seguir charlando con este hombre, cada minuto que pasaba me enamoraba de este maduro guapo de 36 años por cierto tenía un buen trabajo y estaba en DF por cuestiones laborales.

    Paso media hora de nuestra platica y el me prepuso que fuéramos a un lugar más tranquilo obviamente supe que era un hotel yo sin pensármelo dos veces acepte (temía un poco por mi integridad pero mi fantasía sexual y mi calentura pudo más) llegamos a la habitación del hotel y comenzamos a besarnos como si fuéramos dos tortolos a pesar de que él me llevaba (20 años) estaba tan ardiente que mi (cosita) empezó a lubricar con sus besos le dije:

    Yo: Tengo mucho miedo jamás he estado con alguien mayor y solo he estado con un hombre en mi vida (pero por dentro quería que me comiera todo)

    Él: No te preocupes a las muñequitas como tú no se les lastima

    Seguimos besándonos, comenzó a tocar mis pequeños senos apretaba mis pezoncitos y los mordía (yo no paraba de gemir, estaba muy excitada no creía lo que estaba pasando) me recostó en la cama y comenzó a besar mi (cosita) encima de mi ropa interior él se percató que estaba muy lubricada sabía que sus besos me habían puesto así comenzó hacerme sexo oral besaba, lamía mis labios vaginales y mordía mi clítoris, después introdujo dos de sus dedos sentía tan rico y estaba muy excitada que le decía (si papi así, así me encanta,) yo jamás había gritado tanto que me sentía como una perra pero no me daba pena al fin a él jamás lo volvería a ver. Ya quería sentir su pene dentro de mi. (Tuve un delicioso squirt ya que sus dedos sabían tocar bien mi punto G él se comía todo lo que salía de mi eso lo ponía más bestia)

    Me dijo que se la chupara pero yo era muy novata que él me explico cómo hacerle un oral, (tenía el pene algo pequeño pero muy gruesa y grandes testículos) se puso el condón y me la metió yo solo había tenido dos veces sexo así que estaba muy estrechita, él estaba muy contento me dijo que lo apretaba muy rico, él me decía muchas cosas, yo solo me deje llevar no creí que estaba cogiéndome un maduro como tanto lo había deseado.

    Él: Así te gusta muñequita? Eres una bebé muy deliciosa, tienes tu puchita muy rica, cerradita y mojadita. Si te gusta mamita?

    Yo: Si claro que me esta encantándole dije (aprieta y muerde mis pezones) me los mordió de una manera tan dura que comenzaron a sangrar la verdad no me preocupe estaba tan excitada y seguía gimiendo

    Él: Ponte de perrito muñequita que quiero ver tu puchita y tu anito bien abiertos (Yo sin pensarlo me puse como el quiso)

    Me puse de perrito y comenzó a darme lento mi cuerpo sentía una vibración riquísima que conectaba todos mis sentidos, le decía

    Yo: Así cógeme no me la saques por favor, me encanta sigue sigue (mis gemidos son tan tiernos que lo prendían mucho) el apretaba mi pequeña cintura y se escuchaba como sus testículos rebotaban en mi trasero, no paraba de nalguearme

    Él: Que rica estás muñequita quién te viera tan tierna que te vez y eres toda una putita obediente en la cama (Dime quién es mi putita y gime más fuerte) (dime cosas ricas para que me venga)

    Yo: Si mi amor cógeme así, sígueme nalgueando y dame duro que me encanta escuchar el sonido de tus testículos rebotando en mis nalgas

    Quiero ser tu putita cada que vengas al DF, lléname mi puchita de tu lechita bebé, (gemía con tantas ganas y gritaba) que se vino enseguida se deslecho mucho que se quedó tumbado en la cama por 2 minutos se sacó el condón y vi que se había venido mucho.

    Me dijo que quería que yo terminará de nuevo así que se bajó a mi cosita y comenzó a tocarla mi cosita estaba tan sensible porque había recibido un pene gordo así que cuando comenzó a lamerla y morder mi clítoris mi vagina pedía a gritos que él parará, pero él no lo iba hacer hasta sacarme todo mi juguito. Metió dos dedos y comenzó a meter y sacar mordía mis pezones adoloridos así que no basto más y tuve un segundo squirt el succionaba mi vagina como si fuera un jugo de fresa me saco todo y él se dio un festín me decía que mi cosita estaba tan dulce que sin pensarlo se quedaría pegado todo el día.

    Ambos terminamos muy contentos nos bañamos y vestimos por separados él me acerco a mi trabajo porque ya pasaban de las 6 pm y saco de su cartera $800 pesos y me los dio, le dije que no pero él insistió y los metió en mi bolso, me dijo que le pasará mi # de teléfono que estaría en contacto conmigo para las veces que el regresara, nos despedimos de un besos muy rico y nos marchamos.

    Llegue a mi trabajo pero nadie sospecho me marche a mi casa y durante el camino me sentía tan nerviosa pero tan feliz al mismo tiempo después de dos días recibí un mensaje de agradecimiento me dijo que era un dulcecito que se volvería a comer, pero me sentía tan apenada que cambie de número y abandone mi trabajo así que jamás volví a saber de él, pero sé que si me lo vuelvo a encontrar lo reconocería.

    ([email protected])

  • Los dormidos pies de Gisselle

    Los dormidos pies de Gisselle

    Fue cuando un amigo me avisó a que su padre que vivía solo se iría para su pueblo cuatro días, y que se iría a su casa mientras no estaría su padre y me invitó a pasarla con él.

    Estaría su primo pero solo uno o dos días máximo ya que no estaría disponible los cuatro días, fue cuando me dijo que su vecina también estaría con nosotros, como ya era tipo costumbre que fuéramos a casa de su padre ya que se iba seguido, ya habíamos hecho algunos amigos allá porque también iba seguido.

    Su vecina se llamaba Gisselle, tenía nuestra edad, usaba lentes pero no es de las chicas que se ven nerds o mal con lentes, al contrario se veía mejor, tenía buen cuerpo, creo que hacía deporte no estoy seguro, en fin estaba guapa, ella las veces que la vi nunca le pude ver sus pies pero por lo que decía los cuidaba.

    Cuando llegamos el primer día solo estuvimos mi amigo su primo y yo, todo transcurrió normal ese día, jugamos Xbox un rato y eso, al siguiente día en la tarde como a las 5:00 p.m. estábamos cansados de jugar el mismo juego porque solo llevamos 1, el chiste es que no sé como pero salió que su primo tenía más juegos en su casa.

    Pero como vivía a unas 3 horas en carro era difícil ir y regresar el mismo día, al poco rato llego por fin Gisselle, no sabía si se quedaría a dormir ya que era la vecina, después de estar viendo la tele mi amigo y su primo me llamaron sin que fuera Gisselle.

    Me dijeron que sí iba mi amigo a casa de su primo por juegos tendría que quedarse a dormir pero como iba a ir su padre a llevarlo y sus hermanas irían no cabría yo en el auto, y se quedaría la casa sola, aquí tal vez suena raro que me dejen en su casa solo siendo solo un amigo pero créanme, llevo conociendo a su familia completa más de 8 años, se podría decir que me consideraban familia.

    Les dije que pasaría con Gisselle y me dijeron que sí me podría quedar con ella esta tardé, acepté un poco vergonzoso ya que si la conocía muy bien pero una chica atractiva de tu edad estando solos tal vez iba a ver momentos incómodos, cuando le explicamos a Gisselle el asunto, aceptó sin peros.

    Antes de irse como la hermana de mi amigo también iría a con ellos, conocía también a Gisselle igual o más que nosotros, le dijo que si quería hacerme compañía en la casa se podía quedar para ver tele películas lo que sea y después podría dormir en su habitación, al ver la oportunidad rápidamente también le dije que por favor se quedara a hacerme un poco la compañía.

    Después de platicar un rato más acepto sin problemas con una sonrisa gigante, solo que antes de dormir la acompañará a su casa para ponerse ropa cómoda antes de dormir, le dije que sí, se fueron todos y por fin me quedé solo con ella, al principio fue poco incómodo, pero con el pasar del tiempo fue agarrando confianza hasta llegar estar riendo a carcajadas.

    Cuando estábamos viendo la tele yo buscaba la forma en que pusiera sus pies apoyados en mí, como era un sofá en forma de L, me puse del otro lado para que se pidiera estirar, cuando por fin subió sus pies al sofá los dejó al lado mío sin estirarse por completo, yo los agarré sin avisar y los subí cerca de mi miembro.

    Ella río y dijo que hacía, yo le dije sonriendo que le iba a dar un masaje, pero si no quería aprovechar mis servicios me dijera, entonces ella con una risa dijo que por favor, que le gustaba que le tocarán los pies, ya se imaginarán como estaba yo, entonces procedí con una sonrisa un poco nerviosa a quitarle sus tenis, a simple vista parecía que no usaba calcetines pero pasa que si estaba usando unos de tobillo.

    Solo que eran pequeños y no se miraban, aun así se miraban sexis, como transcurría el tiempo los pasaba cada vez más sobre mi miembro hasta estar muy excitado, no aguantaba más, me fijé en la hora y eran casi las 2 de la madrugada, le dije que si ya quería que la acompañara a su casa por ropa, cuando fuimos y regresamos.

    Después de un rato, dijo que se iba a dormir, le dije que me quedaría en el cuarto de abajo y ella se subió al cuarto de arriba que era el de la hermana de mi amigo, cuando subió y entró escuche que cerró la puerta con seguro, ya estaba desanimado con mi plan hasta que se me ocurrió una idea, subí y toqué disque por una cobija.

    Ella cuando abrió la puerta solo abrió y se acostó tome cualquier cobija y antes de salir puse el seguro pero solo lo puse y quité rápido para que se escuchara como si lo haya cerrado, dije buenas noches y salí, ahora estaba emocionado, tenía la puerta abierta y solo tenía que esperar a que se durmiera.

    Eran casi las 3 de la madrugada, esperé mucho tiempo para estar seguro que dormía, al casi ser las 5 de la madrugada por fin me animé a subir, solo con la linterna de mi teléfono entre muy sigilosamente al cuarto sin hacer ningún ruido, cuando entre lo primero que vi a un lado de la cama fueron sus calcetines, así que estaba durmiendo descalza.

    Muy lento quité la cobija que tapaba sus pies, estaban boca abajo con uñas perfectamente pintadas color negro, estaban muy bien cuidados y desprendían un olor a mujer limpia, al mirar esto saque de mis boxers mi miembro goteando pre-eyaculación, al oír unas respiraciones fuertes supe que era el momento.

    Puse mi punta en sus dedos, dejándola ahí un momento sintiendo el calor de su pie, hasta llegar a su planta follándomela lento arriba y hacia abajo, así dure con su pie una media hora, como estaba lloviendo no se escuchaban los ruidos leves.

    Su pie estaba lleno y lubricado de pre-eyaculación, eso me excito más, ella seguía durmiendo, puse mi punta igual en sus dedos intentando pasar mi pene entre sus dedos, la lubricación facilitó esto, estaba muy excitado y no aguante más hasta que llene su planta y dedos del pie de mis largos chorros de semen.

    Había hecho un desastre en su pie, ya que veía todo con más claridad al acabar, intente limpiar su pie, pero se movió a otra pose que me impidió limpiar por completo su pie, pero limpié casi la mayoría, al acabar intentando cerrar la puerta había un problema y era que no podía cerrar por dentro la puerta.

    No pude más y la cerré sin seguro, muy nervioso a la mañana siguiente me levanté primero, después de un rato bajo muy normal, me di cuenta que no sabía nada ya que bajo con sus calcetines de tobillo puestos, eso me calmo.

    Lastimosamente esa es la única vez que he tenido sus pies.