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  • Aprovechando el viaje (1)

    Aprovechando el viaje (1)

    Cursaba el segundo semestre de mi carrera, no es muy conocida, básicamente consiste en una matemática muy especializada enfocada al área financiera. Y mi universidad organizó una pequeña gira para estudiantes de una de las clases que llevaba en aquel momento.

    Iríamos a la zona norte del país, fuertemente dedicada al turismo y el comercio; teníamos la tarea de optimizar los datos de un hotel y a cambio recibiríamos estadía por un par de noches y podríamos turistear en nuestros ratos libres. Una oferta demasiado buena para rechazarla.

    Durante mi juventud frecuenté muchos sitios “curiosos” y acabé conociendo bastantes personas en Internet, con un algunas llegué a tener sesiones del llamado “sexo virtual” un par de veces; no estoy precisamente orgulloso de eso, pero en estos momentos sería muy útil. Contacté con la única chica con la que mantuve una amistad bastante normal durante los años siguientes.

    Entonces llegó el día, salimos de la sede centro a eso de las 9:30 am. El viaje fue rápido, el tránsito era moderado a esa hora y no hubo contratiempos, durante el viaje pasé hablando con un amigo.

    -¿Esa es?

    -Sí -respondí mientras le mostraba una foto de mi amiga-.

    -Nada mal. ¿Y sí crees que pase algo?

    -No estoy seguro, estaremos relativamente cerca de su casa: una gran ventaja. Pero siempre puede ser que no le interese, aunque sé que lleva un par de años soltera y desatendida.

    -Pues solo puedo desearte suerte, avísame si ocupas alguna asistencia.

    -Gracias, bro.

    Llegamos antes del almuerzo, en el hotel nos recibieron con comida y una pequeña charla en la que nos brindaron toda la información pertinente. Poco después nos dieron las habitaciones; quedamos de vernos en una hora para comenzar a discutir.

    Yo aproveché para hablar un poco con ella, sabía que debía apresurarme si quería conseguir un buen encuentro. La conversación fue breve, le dije que ya había llegado y lo que tendrías que hacer, además le dije que podríamos salir por la noche.

    La discusión fue interesante, genuinamente estábamos aprendiendo, pero yo no podía sacarme las ganas que traía en la cabeza; ni bien terminó la reunión me apresuré a salir y fui a donde quedamos de vernos. Y allí estaba ella, he de decir que me puse algo nervioso: usaba una blusa fresca y algo escotada; me daba una excelente vista de sus grandes senos, traía un short tipo jeans; se veía demasiado bien en sus carnosas piernas y malamente cubría esas enormes nalgas. Era una vista magnífica, traía el cabello suelto, los colochos recién definidos se le veían muy sexys y su figura se veía aún mejor en persona; era gruesa, pero con muy buenas curvas, y eso me estaba excitando mucho.

    -Hola -me dijo ella con bastante amabilidad- siempre quise verte cara a cara – se acercó para abrazarme y darme un beso en la mejilla.

    -Sí, después de tanto tiempo ya era necesario – correspondí el abrazo y discretamente recorrí su espalda con mis manos- no está seguro sí algún día se nos haría.

    -Pues se nos hizo -dijo entre risas-.

    Bien, demos un vuelta.

    Y dicho eso comenzamos a caminar por las tan abarrotadas calles de Brasilito, íbamos conversando de temas triviales. Ella era unos años mayor y ya estaba por terminar su carrera, entonces me contaba sobre sus ofertas laborales y demás temas relevantes. A la media hora entramos a un restaurante para tomar algo y quizás comer un poco. Estábamos a la mesa, tomando una cerveza y riendo; mientras lentamente fui rozando su cuerpo, cosas pequeñas: pasar mi dedo por su muslo, acercarme a su cuello, abrazarla cerca de la cintura… desde el inicio se mostró muy receptiva, parecía desearlo tanto como yo, así que decidí ser algo más atrevido y puse mi mano de lleno sobre su muslo, apretando un poco.

    -¿Y eso? -dijo con cierto tono sarcástico-.

    -¿Malinterpreté el momento? -dije sin vacilar en mi agarre-.

    -No, solo te estabas tardando.

    Me gustó su atrevimiento, y decidí ser directo, me acerqué y besé sus labios, me encantó desde el primer momento; era una sensación electrizante y muy agradable. Sus torpes movimientos de lengua y como paso su mano por en medio de mis piernas simplemente me terminó de encender. Nos contuvimos por estar en un lugar público, pero no pensábamos parar. Mientras terminábamos nuestra bebida comencé a frotar sobre su sexo, aún con la ropa noté qué ya estaba algo húmeda, y eso me hizo emocionar aún más. Ninguno de los dos tenía mucha paciencia, y ella me dijo algo que no esperas oír.

    -¿Te parece si nos metemos a un baño? -lo dijo muy cerca de mi oído- ¿o te da miedo?

    -¿Aquí?

    -No, parece que ya sospechan, hay una plaza cerca, entraré primero al baño familiar, tú entras después.

    -Perfecto.

    Dicho y hecho, pagamos y caminamos directo al lugar. Ella me mostró un poco y fue directo al baño, yo di una vuelta para disimular un poco y finalmente me aproximé lleno de incertidumbre sobre lo que vería.

    -Dios mío… – ella se había quitado la blusa y el brasier, exhibiendo ese par de tetas qué ya no podía resistir- te ves increíble -me quité la camisa para estar en igualdad de condiciones y me acerqué a ella-.

    -Bueno, tú no dejas nada que desear -dijo pasando su dedo a lo largo del abdomen y pecho-.

    -Nunca dejé de entrenar…

    Me precipité a besarla y finalmente tocar esos pechos, llevaba toda la tarde con las ganas y finalmente pude sentirlos. Firmes y suaves, eran de lo mejor. Ella no se quedó atrás y paso sus manos sobre mí con desesperación, disfrutando de mis músculos y frotando mis zonas sensibles con mucha precisión. Yo no tardé en bajar a su cuello, aunque me abstuve de dejar cualquier marca, y finalmente llevarme a la boca esas tetas.

    Ella no paraba de gemir, un hermosa melodía para mis oídos, y solo podía pensar en escucharla mientras le metía mi verga; en serio tuve ganas, pero para esto tendría que esperar, podríamos hacer más en el hotel y solo traía un condón; además quería que todo fuese más fluido. Claro, siempre podía seguir con lo que hacía antes, y esta vez son restricciones.

    Solté su pantalón en un movimiento e introduje mi mano directamente, sentí lo húmedo de su vagina, lo deseaba, y comencé frotando suavemente, acercando mis dedos cada vez más a su entrada. Ya estando bastante dilata metí un dedo, no fue difícil, aunque la vi retorcerse un poco.

    -Hmph… -gimió-.

    -¿Primera vez? -dije sin dar tregua en mi movimiento-.

    -Lo había hecho un par de veces – respiraba agitada pero nunca me había gustado tanto. No pares.

    -No lo haré -mientras la seguía embistiendo-.

    Ella también comenzó a besarme, besar mi cuello y frotar mi abdomen. Tampoco paraba de retorcerse, movía sus caderas en busca de más y chorreada como una regadera. Con lo mojado qué estaba decidí meterle un segundo dedo, necesitaba aflojar la si quería llegar a algo mejor.

    Pareció dolerle, pero no me detuvo. Bajé la velocidad para que se acostumbrarse, pero lentamente comenzaba a buscar más, a demandar más placer: se pegaba a mis labios con desesperación, me empujaba contra su cuerpo y me araña a la espalda con desesperación. De verdad era sensible, sentía sus jugos escurrir, y me decidí a darle un buen final.

    -Espera.

    -¿Ah? -se notó desconcertada-.

    -Esto te encantará -la puse sobre el lavatorio y bajé las prendas de un movimiento, tampoco estaban muy bien sostenidas, y me aproximé a su sexo- ¿Qué te parece?

    -Solo hazlo -gimió con desesperación-.

    No me dejó ni jugar con sus partes cuando ya me había empujado la cara contra sus genitales; el olor penetró en mi nariz y me embriagó en un instante, tampoco podía resistirme a tan tremendo manjar, y comencé a lamer con desesperación. Esos deliciosos jugos llenaban mis labios, y mi lengua no paraba de jugar con su clítoris. De golpe le metí los dedos nuevamente, sentí el reflejo de tensarse y escuché un grito entre placer y dolor, pero no me detuvo, es más, comenzó a retorcerse. Estaba cerca, seguí pese a lo cansado de mi antebrazo y pasó. Se vino fuertemente en mi cara, me llenó de sus fluido y no pude resistir beberlo.

    -Sabes muy bien – dije pasando mi lengua por mis labios para disfrutar de todo lo que soltó-.

    -Ay, no, qué vergüenza -dijo tapándose ligeramente-.

    Tranquila, esto me encanta, pero ahora ocupo que hagas algo… – solté mi pantalón y puse mi pene erecto frente a ella, bastante cerca de su sexo-.

    -No tengo protección…

    Tranquila, no te puedes embarazar por la boca.

    -Oh… – se sonrojó un poco pero entendió- disculpa si no soy muy buena.

    -Tranquila, lo serás.

    Se arrodilló frente a mí y abrió la boca, le dije que primero lo lamiese, como una paleta. Lo hizo, algo torpe, pero nada mal. Lentamente se fue acostumbrando, y ahora sí se la metió a la boca. No le entraba mucho realmente, pero era cuidadosa con los dientes, lo estaba disfrutando y de repente trato de metérsela toda. Apenas llegó a la mitad, pero se vio demasiado erótico, no pude evitar empujar su cabeza un poco. No pudo evitar toser un poco, pero no sé detuvo. Le gustó mucho, lamía con desesperación, como si la vida se le fuera en ello, incluso hizo eso de frotar la por el interior de su mejilla. Me sorprendió demasiado, y claro que no paraba de gemir yo tampoco.

    Esa imagen de ella lamiendo con tanta dedicación, casi como si la necesitas para vivir, sus senos al aire para mi deleite visual y la idea de hacerla mía me estaba prendiendo demasiado. Repentinamente paró para inmediatamente lamerme los huevos (cosa que disfruto más que nada) y hacer contacto visual conmigo, a partir de ese momento supe que no duraría mucho.

    -Ya estoy cerca -dije entre jadeos-…

    – Pwrfwcto – dijo mientras subía a punta de besos hasta mi glande- dámela toda.

    -Te la tengo que devolver -jadiaba- te voy a ensuciar la cara.

    Tome su cabeza y comencé a mover mis caderas con algo de rudeza, ella no apartaba la mirada y lo recibía sin problemas, siguió así hasta que ya no pude más y la saqué solo para echarla en todo su rostro, quedó bien cubierta y al final incluso se lo relamió un poco, aunque no le gustó.

    -Ya llevamos mucho tiempo, salgamos antes de cualquier cosa – dijo subiéndose el pantalón-.

    -Claro, -le di una última mirada- me gustaría continuar mañana.

    -Suena excelente – tomó su brasier- ¿Puedes meter gente al hotel?

    -No, pero eso no tienen porqué saberlo -me puse mi camisa-.

    -Bien, mañana en el mismo lugar.

    -Ahí estaré – la abracé y le di un beso en la mejilla avísame cuando llegues.

    -Nos vemos.

    Salí del baño y la escuché salir a los pocos instantes.

    Mañana subo el resto de la historia, espero lo hayan disfrutado.

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  • Juro que me emputecí por culpa de mi marido (2)

    Juro que me emputecí por culpa de mi marido (2)

    El martes a las 5 de la tarde, el hijo de puta dormía despatarrado y en bolas, en nuestra cama matrimonial…

    Donde yo le había chupado la pija hasta aburrirme… Donde le mamé toda la leche que me dio…

    Nuestra cama matrimonial, manchada con la sangre que me salio del culo, cuando me lo dejé desvirgar por el negro vergudo.

    Nuestra cama matrimonial… Donde por primera vez – me había garchado…

    ¡Un macho!

    El negro dormía, yo, sentía cómo me ardía el orto totalmente desjaretado. Le miraba la garcha y recordaba lo que el negro le había dicho a sus amigos… -“van a ver, después que yo le parta el culo a vergazos, lo putita que se va a poner…

    -Cuando me pregunté si el negro me estaba emputeciendo. De inmediato contestó mi cuerpo, él y yo queríamos descubrir ese mundo nuevo, lleno de nuevos placeres y nuevas maneras de gozar. Me gustaba ser dominada por un buen macho, deseaba ser su puta, quería salir a putear para el negro… Totalmente abierta de piernas, me estaba haciendo una paja… Dominada por una tremenda calentura, me sentía totalmente entregada, dispuesta y deseosa de ser usada. Cada vez, sentía más placer siendo dominada por ese negro pijudo. Deseaba ser su putita… Y me repetía…

    -Sí estoy decidida… -seré su puta. -voy a putear para él. Quiero que me siga cogiendo como hoy. Quiero ser su puta, que me haga salir a putear por guita para él. Me gusta que me haya emputecido. Que me tenga dominada. Quiero que me haga garchar por todos sus amigos. Ni me acordaba de mi marido. Seguía pajeandome con los dedos y con el bocho. Me desfilaban las imágenes por la cabeza.

    Me veía garchando con viejos. Mamando viejos panzones. Encamada con minas. En orgías con cantidad de machos. Pidiendo que me hicieran todo lo que quisieran. Pero enseguida volvía a pensar en la guasca del negro… Eso sí era una pija. El culo me hacía morisquetas, quería más verga. Y por el culo. No veía la hora de que me hiciera salir a putear para él. Ya me veía de puta por la calle. Quería que me pusiera de puta en un burdel,

    Y, mirando la tremenda guasca del negro, terminé la paja que me estaba haciendo largando un polvo brutal. Recaliente con mis fantasías… Pero muy lejos de imaginar que era muchísimo más lo que me esperaba.

    A las 6 de la tarde, resolví despertar al negro que seria mi macho… El abrió los ojos, se desperezó, me miró, se agarró la guasca y me preguntó…

    -¿ya merendaste desayunaste putita?…

    -¿que?…

    -¿si ya merendaste?

    Era un hijo de puta… Pero, qué me importaba, si yo rabiaba por chupársela de nuevo… Le agarré la garcha, el grosor de aquel tripón, hacía que no pudiera envolvérsela toda con una mano, así que lo empuñé con las dos y arranqué a mamar como ternera guacha…

    Casi enseguida sentí como aquel morcillón negro, empezaba a hincharse y palpitar… El hijo de puta me preguntó …

    -y putita… ¿dónde te echo la lechita?

    Recordé su enseñanza. Sabía la respuesta que una putita debía dar, así que me acosté boca arriba y mirándolo a los ojos abrí mi boca aún más… Y le dije…

    -¡¡¡aquí papito… Echáme toda tu leche aquí!!!… Esa noche, había conocido por primera vez, el sabor de la leche de pija… (mi marido ni siquiera me hacía chupársela… Menos aún tragarme su leche)… El negro, apuntando a mi boca aquel socotroco de verga, se la fue ordeñando, hasta que sentí una increíble cascada de leche bajando por mi garganta…

    Él no paraba de decirme… -¡¡¡tragá!!!… ¡¡¡tragáte toda mi leche puta!!! -¡¡¡tomáte toda la mema putón!!!

    -andá acostumbrándote, porque me la vas a mamar a cada rato- -y si no es la mía, vas a andar chupando verga por guita, de puta para tu macho… -¿verdad putón regalado?…

    -sí… Respondí…

    -¿sí, qué?…

    -que sí… Que si vos no estás, voy a andar chupando verga por guita, de puta para tí… Ya lo tenía decidido iba a ser la puta del negro.

    Él se levantó diciendo…

    -putita me doy una ducha… -mientras vos me preparás algo para comer…

    -¿sííí?

    -yo aún de rodillas y boquita abierta esperando más leche. -respondí…

    -sí…

    Enseguida… se dio vuelta, se acercó a mí y cacheteándome la cara con la guasca, dijo…

    -yo, te digo putita… -y vos me vas a decir… -mi macho… -¿estamos?…

    -sí… Respondí…

    -¿sí, qué?…

    -sí, mi macho… Respondí… Y, sabiendo que jugaba con fuego, con la pepa empapada y el orto haciéndome morisquetas… Le pregunté… -¿y en público?… ¿cómo te digo?… Recibí la respuesta que merecía, y que en definitiva buscaba… Me corrió un chucho por todo el cuerpo, cuando lo escuché decir…

    -con más razón putita, en público me vas a decir… Mi macho y en voz alta… ¿está claro?…

    Mientras me acababa parada frente a él…respondí…

    -sí, mi macho… -¡¡¡muy claro!!! El negro ya me tenía domado y emputecido el orto, el que mi marido ni siquiera me lo había pedido. Me había hecho chupar esa verga negra y tufienta un montón de veces… Y cada vez que me la sacaba del culo, se la hacía limpiar y yo terminaba tragándome todo… La leche y lo demás… A mi pobre marido… Imposible dedicarle otros pensamientos…

    Arnoldo, siempre en bolas, fue a la sala de estar en busca de una botella de vodka, sin importarle que por el ventanal que da al jardín, pudiera verlo algún vecino. Cuando le dije…

    -¡¡¡cuidado, que te pueden ver!!!…

    Respondió…

    -y qué te preocupás, si no va a pasar ni una semana, antes de que todo el barrio sepa que sos mi puta…

    -¡¡¡me corrió otro chucho por todo el cuerpo!!!… Él se paró y me dijo:

    -dale putita hacéme otra mamada de esas que te mandaste anoche, que si me la ponés bien dura, vuelvo a garcharte el orto… yo miré aquel pedazo negro y hediondo, me arrodillé y lo chupé haciendo arcadas por angurrienta. Me lo tragaba hasta que sus peludos huevos chocaban con mi cara, el negro me decía todo tipo de groserías y ordinarieces…

    -guacha brisca… Putita chupa pija… Zorra mamona… -guacha regalada…

    Yo, cada vez más caliente, chupaba aquel socotroco como una experta tragasables. Con mi mamada, el pijón quedó de nuevo duro como fierro… con él en mi boca lo miré bien regalada, y le dije…

    -qué pedazo de guasca tenés hijo de puta… el hijo de puta, tenía muy claro lo que yo buscaba, burlándose de mí calentura, con una sobradora sonrisa me preguntó…

    -¿qué pasa nenita, que precisás?…

    Yo apretando bien fuerte el tronco de su guasca, mirando cómo se le hinchaba la cabeza y se le abría el ojo de mear, le respondí…

    -“que si te quedan fuerzas cumplas tu promesa”…

    -¿qué promesa?…

    -que si te la ponía bien dura, me volvías a garchar el culo…

    -¿querés más pija putita?

    –sí, papi, me gustó tu verga…

    -te gustó más que la de tu marido

    –sííí vergudo de mierda, me gusta mucho más… -la de mi marido ahora me va a bailar en la pepa…

    -¿y en el ojete?

    -si se lo doy también…

    -¿y que no se lo vas a dar?

    -el ojete es tuyo… -qué putón que sos… Guachita…

    -viste, negro pijudo… Lo puta que estoy… -tu vergón me tiene emputecida…

    -¡pedíme más verga guacha puta! –me decía…

    Y yo le pedía… – quiero más guasca

    -¿y por dónde la querés?

    -la quiero toda por el orto

    -¿te gustó hacerte partir el ojete?…

    -sííí… Rompéme el culo de nuevo hijo de puta… Le decía recaliente… -hacéme sentir quien es mi macho… -de quien soy la putita…

    -pero lo tenés totalmente desjaretado, te va a doler…

    -sí, me va a doler al principio, pero cuando arranques a garchármelo, me olvido del dolor y te la gozo bien gozada.

    El hijo de puta me encajó una escupida y empezó a puntearme el ojete con su tripón, cuando me entró la cabeza, yo, de corajuda, paré bien el culo y entregada le dije…

    –dále, dáme verga…

    El negro haciéndome caso, me encajó un guascazo que senti que me desfondaba el orto…

    -uuuuhg- se me escapó un bufido al sentir al pijón en mis intestinos…

    Cuando el me ensartaba el pijón, yo, empujando hacia arriba le decía…

    -así… Más, más…

    Me preguntó… -¿así putita?

    -sí, así… Así… Partíme el ojete… Ahhh como me gusta – sí, negro pijudo… Dame toda esa garcha… Bien a fondo

    Se me cimbró la espalda, tembló mi cuerpo y le di otro polvo…

    Aumentó la velocidad, cada vez entraba y salía más rápido…

    -¡ayyy…! Sííí… ¡que divino!… -eso es lo que quiero… Así, así… ¡qué divino, qué pedazo de guasca, hijo de puta!… La metía y sacaba, yo sentía como toda esa carne me rellenaba el orto llegando a mis intestinos… me la enterraba hasta el tronco parecía que me iba a salir por la boca y yo gritaba como loca…

    -aaaag, me partes el ojete… me encanta tu verga… -aaaah, siii que bien que me cogés, sos bruto macho… -y yo soy tu puta… -dame guasca como se te antoje… -hacéme garchar por todos los machos que quieras

    Me chorreaba la baba de la calentura… estaba casi sin fuerzas, el orto me ardía bastante… Y el negro me lo garchaba sin clemencia…

    Yo, ya no pensaba, estaba totalmente emputecida, solo quería joda, quería machos, quería verga…

    Hasta que, mientras mi ojete ordeñaba toda su leche caliente, una descarga eléctrica recorrió todo mi cuerpo y largué un polvo bestial… Me había cogido el ojete sin parar, durante unos 15 minutos, sacándome 3 polvos de novela.

    -sos una yegua garchando, hija de puta… dijo… El negro mugriento estaba asombrado, me la había comido toda, hasta los huevos.

    Después de comer, Arnoldo se volvió a dormir, y yo, por primera vez desarmada a pija, también…

    Después la sigo y les cuento. Chau un beso.

    Tatiana… Tati “la regalada” (protagonista de esta historia).

    Agradezco sus comentarios, pero por favor no me traten con respeto, soy una puta…

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  • Ardiente inicio con mi prima la mayor

    Ardiente inicio con mi prima la mayor

    Hace años cuando aún éramos muy jóvenes yo de 18 años, en unas vacaciones fue la primera vez que mi prima y yo despertamos una atracción muy fuerte el uno por el otro.

    En aquel momento solo nos veíamos durante las vacaciones cada 2 o incluso 3 años ya que ella vivía en otra ciudad que estaba a más de 12 horas en bus…

    Recuerdo que mi prima llego a la ciudad con sus papás, hacía varios años que no la veía y en cuanto la vi pude ver lo mucho que había cambiado; era una chica muy guapa de piel morena clara, de pechos grandes muy grandes, un trasero moderado nada exagerado pero bien firme, piernas largas, vientre plano, cabello oscuro, ojos y boca grandes y siempre tenía esa mirada de saber lo que tenía y que acaparaba miradas, debo aclarar que con ella algo me sacaba de control ya que a mí siempre me gustaron más las rubias, pero ella tenía algo que me atraía casi con locura.

    Los primeros días en casa pasaron casi normales pero después de una semana durante una noche, nuestros padres estaban ya dormidos y los primos estábamos jugando en mi recamara después de un rato mis primos ya cansados cayeron rendidos y dormían, ahora solo mi prima mayor y yo estábamos despiertos, comenzamos a platicar de forma más candente, con ese típico cachondeo y no faltaban las risitas de repente de alguna forma terminamos ambos debajo de una sábana en mi cama; mientras mis otros primos dormían en el otro extremo de la habitación.

    Yo estaba sumamente nervioso eran mis primeras experiencias sexuales por así decirlo, ella estaba super cerca de mí, podía sentir sus preciosos pechos en el mío y su agitada respiración, mientras nos mirábamos fijamente a veces instintivamente ambos bajábamos la mirada y nos mirábamos los labios como invitándonos a avanzar de pronto como si nos hubiéramos coordinado comenzamos a besarnos, aquí debo acotar que ella es dos años mayor, así que para mí no solo era el hecho de que una mujer hermosa estaba junto a mí, sino además una mujer mayor a mí y todavía más intenso que ese alguien era mi prima, estaba sintiendo un morbo y una excitación terribles, casi incontrolables.

    Comencé a tocar esas hermosas tetas y a besarle el cuello, ella lanzaba unos pequeños gemidos casi ahogados, después de varios minutos de besos y de frotar el cuerpo uno con otro, de acariciarnos le abrí la blusa y saqué uno de esos impresionantes pechos eran más grandes que mi cara, casi de inmediato comencé a mamar uno de sus pezones, lo mordía, lo estiraba le pasaba la lengua en el pezón, en eso ella (supongo que presa de la excitación) se acomodó de manera que solita saco su otro pecho y me lo ofreció sin decirme una sola palabra solo con su mirada me indicaba que le urgía que hiciera lo mismo en aquel pecho.

    Así que yo procedí ahora con ambos pechos, me los turnaba con una mano tocaba uno y con la boca estimulaba el otro y ella se quejaba y luego se reía y me miraba con deseo.

    ¡En este punto yo estaba al mil!… ella bajo su mano y comenzó a tocarme por encima del short, nunca había tenido el pene tan duro y erecto como ese día, acto seguido en un movimiento que me pareció super alocado sin decirme nada ella se montó sobre mí y comenzó a frotarse sobre mi pene con una fuerza y velocidad tremenda, se notaba que estaba excitadísima, yo sentía en el tronco de mi pene algo caliente.

    La tomé de las nalgas ella tenía puesto solo un short de licra sin ropa interior, trataba de llevarle el ritmo pero ella se movía de forma casi frenética, en uno de esos movimientos mi pene se movió un poco y literal choco con algo más suave entre sus piernas, sentí como a pesar de tener las ropas puestas casi atravieso la tela de licra de su short, sentí como si algo caliente abrasara la cabeza de mi pene solo por ese instante sentí un calor en la punta del pene que no quería que terminara, así que trate de empujar lo más que pude el pene hasta donde dio la flexible tela y al mismo tiempo con mis manos detuve su movimiento atrayéndola a mi lo más que se pudo.

    Yo intentaba prolongar ese sentimiento y en eso ella emitió un quejido fuerte que me asusto pensé que levantaría a todo el mundo, pero ella siguió luego de unos tres movimientos con la cabeza de mi pene ahí mismo cayó encima mío respiraba cansada, temblaba y le daban como espasmos, se comenzó a reír y me dijo en el oído que nunca había sentido algo así antes.

    Yo estaba aún super excitado entonces baje la mano y note que mi ropa estaba toda mojada pero no eran líquidos míos, mi prima quito mi mano metió la suya por debajo de mi ropa y comenzó a masturbarme con delicadeza mientras me susurraba al oído “¿te gusta? ¿quieres sentir también? Que rico lo tienes primito” me decía…

    Yo apenas podía articular palabra solo asentía con la cabeza, de repente comencé a sentir como el cuerpo se me estremecía y después de varios espasmos comencé a eyacular mucha pero mucha leche toda la sabana, mi ropa, la mano y brazo de mi prima quedo llena de mis líquidos, ella con una sonrisa de oreja a oreja me dio un beso en la boca y salió corriendo de la habitación yo aun no podía creer lo que había pasado, me quede ahí acostado disfrutando el momento.

    Ese fue el principio de unas increíbles vacaciones de verano y cuando pensé que nada podría igualar esa noche llegó un viaje pero todo lo que paso ahí es para otra historia.

    ¡Ciao!

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  • Obsesión (1)

    Obsesión (1)

    En el año 2016, Santiago, un joven de 18 años con el alma encendida por la pasión de las palabras, comenzaba a destacar como escritor editorial, sus textos estaban cargados con una intensidad que apenas contenía su juventud. Pero su mundo, tan cuidadosamente construido con letras y sueños, se tambaleó una noche de verano en la colonia Roma, cuando acudió a la fiesta de Andrea, su vecina de toda la vida, una estudiante de psicología de la misma edad cuya presencia era como un relámpago en su corazón.

    La casa de Andrea vibraba con risas, el tintineo de vasos de tequila y el ritmo pulsante de la música de reggaetón que llenaba el aire. Las luces tenues pintaban sombras danzantes en las paredes, y en medio de la multitud, los ojos de Santiago encontraron los de Andrea, un café almendra que brillaba con una chispa traviesa, una promesa de algo prohibido.

    Ella era un espectáculo, con un cuerpo despampanante a pesar de su juventud, una diosa que parecía esculpida para tentar. Su blusa ajustada, de un rojo ardiente, abrazaba sus pechos voluptuosos, sus pezones se insinuaban bajo la tela, desafiando las leyes de la física con su firmeza. Sus jeans estaban ceñidos a su piel, delineaban sus nalgas redondas, firmes, que se movían con cada paso al ritmo de la música, un vaivén hipnótico que hacía que los hombres en la sala tragaran saliva y las mujeres la miraran con envidia.

    Santiago, con una cerveza en la mano, no podía apartar la vista, su pene se endurecía bajo sus pantalones, su respiración era agitada mientras ella bailaba, con aquellas caderas bien formadas, su cabello castaño caía en sus hombros, brillando bajo las luces de la fiesta.

    —Santi, ¿no vas a bailar? —preguntó Andrea, acercándose con una sonrisa coqueta, su voz era suave pero cargada de una provocación que le aceleró el pulso.

    —No soy tan bueno como tú —respondió Santiago, su voz temblaba ligeramente, sus ojos recorrían el contorno de sus curvas, deteniéndose en el escote que dejaba entrever la piel cremosa de sus pechos.

    Ella sonrió, era puro fuego, y lo tomó de la mano, llevándolo al centro de la pista. —Vamos, escritor, muéstrame lo que tienes —susurró, su aliento cálido rozó su oído, enviando escalofríos por su espalda.

    Bailaron por varios minutos, sus cuerpos se acercaban más de lo que la amistad permitía, sus caderas lo rozaban, el calor de su piel traspasando la tela. Cada movimiento de Andrea era una tortura exquisita, sus nalgas tocando su entrepierna, su perfume exquisito lo envolvía, su risa era como una melodía que lo atrapaba. La química entre ellos era innegable, un cable eléctrico chispeando bajo la superficie, y cuando sus ojos se cruzaron de nuevo, el mundo pareció desvanecerse, dejando solo el latido de sus corazones y el deseo que rugía en sus venas.

    —Ven conmigo —dijo Andrea, con un susurro, mientras lo guiaba hacia el balcón, lejos de la multitud, donde la luz plateada de la luna bañaba todo en un resplandor etéreo.

    En el balcón, el aire fresco de la noche contrastaba con el calor de sus cuerpos. Andrea se apoyó en la barandilla, sus nalgas eran resaltadas por sus jeans, su blusa estaba tensa contra sus pechos, parecía que quería reventar, y Santiago sintió su pene palpitar, su deseo estaba al borde de estallar. Se acercó, sus manos temblaban, y sus labios se encontraron en un beso apasionado, profundo, sus lenguas se enredaban con una urgencia que era puro vicio. El sabor de sus labios, dulce con un toque de tequila, lo enloqueció, y sus manos, tímidas al principio, rozaron su cintura, sintiendo la calidez de su piel bajo la tela.

    —Santi, ¿qué haces? —gimió Andrea, pero su voz no era de reproche, sino de entrega, mientras sus manos guiaban las de él hacia su blusa, invitándolo a explorar.

    Sin pensarlo, Santiago desabotonó la blusa, la tela cayó a un lado, y retiró su brasier, revelando sus pechos gloriosos, grandes, firmes, los pezones eran de un café claro y en ese momento ya estaban endurecidos. Se inclinó, su lengua lamió uno de ellos, saboreando la piel suave, ligeramente salada por el sudor, mientras su mano estrujaba el otro seno, sintiendo su peso, su firmeza. Andrea gimió, un sonido gutural que resonó en la noche, sus manos se enredaban en el cabello de Santiago, atrayendo su cabeza hacia ella, hundiendo su rostro entre sus pechos, el calor de su piel envolviéndolo, el aroma de su cuerpo intoxicándolo.

    —Dios, Santi, ¡qué rico! —jadeó, mientras su cuerpo se arqueaba, sus nalgas se apretaban contra la barandilla, mientras él lamía con voracidad, chupando sus pezones, arrancándole gemidos que eran música para su alma.

    Andrea, con un movimiento fluido, se quitó la falda, dejándola caer al suelo, revelando un cachetero de encaje negro que abrazaba sus nalgas perfectas, como esculpidas por un dios lujurioso. Sus piernas tonificadas, largas, brillaban bajo la luna, y el encaje apenas cubría su vagina, los pliegues rosados se insinuaban bajo la tela transparente, reluciendo con una humedad que hizo que el pene de Santiago palpitara con una urgencia dolorosa. Él se arrodilló, sus manos acariciaron los muslos de Andrea, sus dedos rozaban el borde del cachetero, tentado a arrancarlo, a lamerla hasta que gritara su nombre.

    —Santi, espera —dijo Andrea, su voz temblaba, una risa nerviosa escapó de sus labios mientras se apartaba, sus manos recogieron y abotonaron rápidamente su blusa, subiendo su falda con dedos torpes. —No podemos, somos amigos.

    Santiago se quedó congelado, su pene estaba erecto, palpitando bajo sus pantalones, su respiración era agitada, el deseo rugía en su pecho como una bestia enjaulada. —Andrea, por favor —suplicó, con frustración, sus manos aun temblaban con el recuerdo de su piel.

    Ella lo miró, con una mezcla de deseo y duda, su pecho subía y bajaba con rapidez. —Lo siento, Santi, no podemos —susurró, antes de girarse y volver a la fiesta, sus nalgas se menearon llenas de deseo, dejándolo solo en el balcón, con el corazón acelerado y una erección que dolía.

    Desde esa noche, el recuerdo de Andrea se convirtió en una obsesión que lo perseguía como un espectro. Cada noche, al cerrar los ojos, veía sus nalgas redondas, sus pechos enormes, sentía el calor de su piel bajo su lengua, escuchaba sus gemidos resonando en su mente. Se masturbaba con furia, imaginándola desnuda, con sus piernas abiertas, su vagina brillando con sus jugos, gritando su nombre mientras la penetraba, pero la realidad de su “no podemos” lo dejaba con un vacío que no podía llenar. Durante años, esa noche en el balcón se convirtió en su tormento, un fuego que ardía en su alma, alimentado por la frustración de no haberla hecho suya, de no haber reclamado cada centímetro de su cuerpo despampanante.

    Nueve años después de aquella noche en el balcón, Santiago, a sus ahora 27 años, se había convertido en un editor independiente, con días llenos de manuscritos y deadlines, pero su alma seguía atrapada en el recuerdo de Andrea. La colonia Roma, con sus calles adoquinadas y sus edificios art déco, era un escenario constante de su obsesión, cada esquina era un eco de ese beso apasionado bajo la luna, de sus manos rozando la piel cálida de aquellos pechos, de sus gemidos resonando en la noche.

    Ahora, Andrea, trabajaba en la tienda de abarrotes de su familia en la Condesa, un sacrificio para apoyar a su madre enferma, a pesar de su título en psicología. Su cuerpo era aún más impresionante: esbelto, con una cintura que parecía esculpida, nalgas redondas y firmes que se delineaban como una obra maestra en sus jeans ajustados, y pechos voluptuosos que tensaban las blusas de algodón que usaba, desafiando la gravedad con cada movimiento.

    Santiago encontraba cualquier pretexto absurdo para visitar la tienda: un refresco, una lata de atún, un paquete de chicles, cualquier cosa que le diera una excusa para verla. Entraba con el corazón acelerado, a pesar de que el aire de la Condesa estaba lleno de aromas a café y pan recién horneado, para él, solo existía el perfume floral de Andrea, que lo envolvía como un veneno dulce.

    Ella se movía tras el mostrador con una gracia felina, sus nalgas se meneaban al agacharse para reponer mercancía, la tela de sus jeans se expandía con aquellas curvas, revelando el contorno de una tanga negra que apenas contenía su carne. Sus blusas, siempre ajustadas, dejaban ver la curva de sus senos, grandes, firmes, rebotando ligeramente cuando reía, sus pezones endurecidos marcándose cuando el aire acondicionado de la tienda la rozaba. Cada encuentro era una danza de miradas furtivas, brillando con una chispa que era tanto inocencia como provocación, y conversaciones casuales que escondían una tensión sexual que lo consumía.

    —Santi, ¿otra vez por un refresco? Vas a terminar con una colección —dijo ella, apoyándose en el mostrador, su escote se abrió ligeramente, dejando entrever la división de sus pechos, el borde de un sostén de encaje blanco se asomaba.

    —Es que aquí tienen el mejor surtido —respondió Santiago, con voz temblorosa, sus ojos recorrían el contorno de sus nalgas mientras ella se giraba para tomar la botella, los jeans se tensaban, delineando cada centímetro de su culo perfecto.

    Ella rio, y le entregó el refresco, sus dedos rozaron los suyos, enviando una corriente eléctrica por su cuerpo. —Siempre tan fiel a la tienda, escritor —susurró, inclinándose un poco más para permitirle ver algo más, la tela de su blusa estaba a punto de ceder.

    Santiago salía de la tienda con el pene endurecido, palpitando bajo sus pantalones, su mente quedaba atrapada en la imagen de Andrea, con ese meneo de nalgas, con el rebotar de sus senos. En la soledad de su departamento, volcaba su obsesión en cuentos eróticos que escribía en secreto, páginas llenas de descripciones vívidas de aquella chica que era su obsesión: su vagina reluciendo con jugos, sus nalgas marcadas por nalgadas imaginarias, sus gemidos gritando su nombre mientras la penetraba en cada rincón de su fantasía.

    Cada noche, releía sus historias, su mano se deslizaba sobre su pene, masturbándose con una furia que era casi dolorosa, imaginándola desnuda, con sus piernas abiertas, su tanga arrancada, su vagina rosada y húmeda succionándolo, sus pechos rebotando mientras la cogía contra el mostrador de la tienda, sus gritos de “¡Santi, cógeme más!”, todas esas imágenes consumían su mente.

    Pero su tormento no estaba solo en su deseo insatisfecho. Iván, el novio de Andrea, un fisicoculturista de músculos abultados y mirada posesiva había comenzado a notar las visitas frecuentes de Santiago. Lo veía entrar a la tienda, sus ojos oscuros se entrecerraban, su mandíbula se tensaba mientras observaba cómo Andrea sonreía al escritor, cómo sus caderas se meneaban al caminar hacia él. Una tarde, mientras Santiago pagaba por una lata de atún que no necesitaba, Iván se acercó, su presencia fue imponente llenando el espacio, su camiseta ajustada marcaba cada músculo de su pecho.

    —¿Qué tanto vienes a comprar, amigo? —preguntó Iván, con voz grave, cargada de sospecha, apoyándose en el mostrador junto a Andrea, su mano posesiva se deslizaba por su cintura, rozando el borde de sus nalgas.

    —Solo cosas que necesito —respondió Santiago, su corazón se aceleraba, y su pene se endurecía al ver la mano de Iván sobre Andrea, un destello de celos que se mezclaba con deseo.

    Andrea reía, intentando aligerar la tensión, su mano rozaba el brazo de Iván. —Tranquilo, amor, Santi es de la colonia, siempre viene —dijo, pero sus ojos encontraron los de Santiago, brillando con esa chispa que lo enloquecía, como si supiera el efecto que tenía en él.

    Santiago salió de la tienda, su respiración era agitada, su mente ya estaba atrapada en una fantasía oscura: Andrea, desnuda sobre el mostrador, con sus nalgas elevadas, su vagina rozada, mientras él la penetraba con furia, mientras Iván los observaba, impotente, mientras ella gemía, —Santi, eres tú quien me hace suya.

    Cuando llegó a su departamento, se sentó frente a su laptop, sus dedos temblaban mientras escribía una nueva historia, describiendo cada detalle de su cuerpo. Se masturbó una vez más, con desesperación, su semen salpicó el escritorio, pero la frustración no se desvanecía. Era solo un amigo, atrapado en una fachada que lo torturaba, su obsesión por Andrea crecía con cada visita, cada mirada, cada roce accidental, mientras Iván, con su presencia amenazante, vigilaba desde las sombras.

    Una tarde, mientras el cielo de la Ciudad de México se oscurecía con nubes de tormenta, Andrea, agobiada por las exigencias de Iván, y la presión de cuidar a su madre enferma, invitó a Santiago a quedarse después del cierre.

    —Santi, ¿te tomas una cerveza conmigo? Necesito desahogarme —dijo, mientras se apoyaba en el mostrador, su blusa escotada de algodón blanco revelaba el valle profundo entre sus pechos, la curva cremosa de su piel brillando bajo la luz tenue de la tienda.

    —Claro, Andy —respondió Santiago, su corazón se aceleró, pero se inclinó para sacar dos cervezas frías del refrigerador.

    Se sentaron en un par de sillas detrás del mostrador. La conversación fluyó, primero sobre la madre de Andrea, luego sobre el estrés de su trabajo, pero sus miradas se volvían más intensas, sus ojos encontrando los suyos, brillando con una chispa que era puro fuego.

    —Iván me está volviendo loca, Santi —confesó, su voz temblaba, mientras tomaba un sorbo de cerveza, sus labios se humedecían de una manera exquisita—. A veces siento que me asfixia, que no me deja ser yo.

    Él, conteniendo el deseo que rugía en su pecho, extendió la mano para consolarla, sus dedos rozaron los suyos.

    —Tú mereces más, Andy. Mereces ser libre —murmuró, manteniendo fija su mirada en ella, mientras su pene palpitaba, endureciéndose al sentir el calor de su mano.

    Ella no apartó la mano, sus dedos se entrelazaron brevemente, su respiración se volvía agitada, sus pechos tensaban su blusa, sus pezones se endurecían marcándose bajo la tela.

    —Gracias, Santi —susurró, inclinándose hacia él, su escote se abrió, dejando entrever el encaje blanco de su sostén, asomando como una provocación.

    Antes de que pudieran decir más, un trueno resonó, y la lluvia comenzó a azotar la ciudad, un aguacero torrencial comenzó a golpear las ventanas de la tienda.

    —¡Mierda, las cosas de afuera! —gritó Andrea, levantándose de un salto, sus nalgas se menearon mientras corría hacia la entrada, se blusa se pegaba a su piel con las primeras gotas.

    —¡Te ayudo! —dijo Santiago, siguiéndola, con el corazón latiendo con fuerza, su mente ya se posaba en la imagen de sus curvas bajo la lluvia.

    Corrieron bajo el diluvio, recogiendo cajas de frutas y carteles, el agua los empapaba, la blusa de Andrea se volvió transparente, revelando el encaje de su sostén pegado a su piel. Sus jeans, ahora oscuros por la lluvia, abrazaban sus nalgas, delineando cada curva, delineando sus piernas tonificadas con gotas de agua. Santiago, con la camisa pegada al pecho, sentía su pene endurecerse dolorosamente, su respiración era agitada mientras la ayudaba a llevar las cajas al almacén trasero, un espacio reducido lleno de estantes y el aroma a cartón húmedo.

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  • Con unos tragos encima, estreno el nuevo trolebús

    Con unos tragos encima, estreno el nuevo trolebús

    ¡Hola!

    Hace mucho tiempo que no escribía por aquí. Desde la última vez que les conté mis travesuras han pasado muchas cositas ricas; algunas con lectores de CuentoRelatos, otras cuantas más algunas otras en mi vida diaria, pero sin duda es asombroso como el mundo es tan pequeño lo que me permitió conocer amigos solo por contar lo rico que disfruto el sexo.

    Espero disfrutes este relato, y por supuesto te invito a leer mis relatos anteriores para que puedas conocerme más. Y hazme saber si te gustaría conocer más de mis experiencias, mi correo está en mi perfil.

    Comenzaré por describirme físicamente, soy de complexión delgada, un cuerpo fruto de esfuerzo en el gym, lo que más fascina a los hombres es mi culito, ya sea con pantalón o falda es placentero saber que siempre robó miradas.

    La historia que te contaré hoy sucedió hace algunas semanas, regularmente cuando salgo de casa prefiero llevar mi auto, pero con los días con tormentas; las inundaciones hacen los viajes más complicados.

    Mi grupo de amigas se puso de acuerdo para salir a tomar un par de copas y divertirnos, el plan fue salir de fiesta, debo ser sincera contigo y debo decirte que de las cosas que más me calientan es descubrir a los hombres mirarme con deseo, saber que voltean a verme con morbo me prende muy rico.

    En el bar todo transcurrió con normalidad, pedimos un par de tragos, bebimos y cantamos un poco en el karaoke, en algún punto de la noche un grupo de chicos pretendía acercarse a nosotras para bailar, pero no aceptamos la invitación.

    Al ir al baño podía notar como ese grupo de hombres hablaban sobre mí, llevaba una falda con escote sensual en la espalda, al salir del bar uno de esos hombres me tomó suavemente del brazo y hablándome al oído con voz gruesa me dijo:

    -Me dejaste con las ganas de bailar contigo, tocar tu cinturita y arrimarte la verga, te doy mi número por si algún día quieres pasarla bien

    Al ir escuchando la voz de este hombre mi cuerpo empezó a reaccionar provocando cosquillas entre mis piernas, definitivamente el alcohol ayudaba a sentir más placer todavía.

    Mis amigas estaban un par de pasos más adelante esperándome, así que las alcancé, mi mente sabía que debía aprovechar la noche y quería seguir sintiéndome deseada por los hombres y quizá hacer una travesura así que en lugar de tomar Uber decidí usar el trolebús.

    Antes de entrar al metro, pasó por mi mente subirme al último vagón, no sé si sepas pero se cuenta que en ese vagón y ya de noche se convierte en un hotel sobre ruedas. Pero un ataque de cordura me hizo subir a la zona mixta; el viaje en el metro transcurrió con normalidad, por la hora ya no había muchas personas.

    Ya en el trolebús se repitió lo mismo, así que decidí sentarme en los asientos de hasta atrás, por mis pensamientos pasaba el llegar a casa y usar algún dildo para poder descansar rico, de pronto un hombre entra segundos antes de que las puertas cerraran gira la cabeza y decide dirigirse hacia donde yo estaba sentada.

    Después que la unidad arrancó voltee a verlo de reojo y descubrí que estaba mirando un video donde una jovencita mamaba gustosa un pene, por inercia me quedé un par de segundos observando el video, no pude evitar excitarme de ver lo mucho que esa chica disfrutaba, instintivamente llevé mis manos a estimular mis pezones sobre la blusa, aparte mi mirada de ese celular pero mis dedos seguían sobre mis senos, sin poder controlarlo solté un pequeño gemido, de pronto escuché que me habló, me dijo:

    -¿Quieres seguir viendo el video? Es mi verga la que están mamando

    Con las mejillas ruborizadas asentí un poco, mientras mi mano no dejaba de pellizcar mis pezones el hombre acercó el celular a mí y con su mano libre comenzó a tocar mis piernas, es este momento yo estaba mojadisima, sentía los pezones muy duros y sensibles.

    Instintivamente llevé mi mano a tocar su bulto por encima del pantalón, esto mientras lo veía con una mirada sexy y mordiendo mis labios suavemente. El hombre cooperaba mucho y me ayudó a desabotonar su pantalón y bajarlo un poco, lo que permitió que mi mano pudiera entrar por debajo de su ropa interior. Mi mano sujetó esa verga piel a piel, pude notar lo grande y caliente que estaba y sentir las venas de ese tronco me encendió por completo y busqué bajar más su ropa para poder liberar esa verga.

    Ya que se la había sacado del pantalón la masturbe un poco mientras mi otra mano sobaba sus testículos, disfruté esparcir las gotitas de líquido pre seminal por todo su glande, en cuanto todo quedó brilloso, llevé mis labios a ese pene, sinceramente me costaba meterlo por completo a mi boca así que me concentré en su cabeza, mi lengua lo trataba de enrollar y mi saliva era generosa cada vez que subía y bajaba, al grado que la base de su pene estaba muy mojada por mi saliva.

    Llegó un momento donde este sujeto tomó el ritmo de la mamada y empujaba mi cabeza para que le comiera más su verga, entre lo mojada que estaba y lo mucho que estaba disfrutando logré meterme lo que pude gata el fondo de mi garganta, mientras su otra mano intentaba levantar mi falda, estoy segura que si hubiera descubierto que llevaba una tanga roja hubiera alegrado aún más su noche.

    La presión a mi cabeza se hacía más intensa cada vez, hasta que sentí que sus huevos palpitaban, por un momento pensé en levantar la cabeza y dejar que su semen cayera al piso, pero sus manos firmes evitaron eso y aún con su verga completamente dentro de mi boca empezó a eyacular, termino en mi boca de una manera deliciosa sentí los chorros de leche impactar el final de mi garganta, después de aventar el último chorro, levanté la cabeza y como sé que a los hombres les encantan que traguen su leche, abrí la boca para mostrarle lo llena que me había dejado, con una ligera sonrisa de placer tragué esa leche y volví a abrir mi boca para mostrarle que lo había comido todo; mientras con mi dedo recogía la leche que se había escapado por las comisuras de mis labios.

    Ayudé a guardar su verga aún dura en su ropa interior y sonriendo amablemente le dije buenas noches y me bajé en la siguiente estación.

    Gracias por haberme leído, espero hayas disfrutado, déjame saber si te gustó o no en los comentarios. Así terminó esta historia con un número telefónico que no se si usar para mandarle mensaje y con la inquietud de saber si volveré a encontrar al hombre del trolebús, ¿será que encontró este relato y su verga está dura de recordar cómo se la mame?

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  • La mujer hermosa y su amante

    La mujer hermosa y su amante

    La mujer hermosa -boca abajo- está desnuda sobre la cama. Hundiendo su cabeza en la almohada, levanta anhelante sus caderas, abre sus piernas y espera. El amante observa extasiado a la hembra en celos que ahora menea sus nalgas grandes, redondas y bellas. Entonces se acerca y sus manos se aferran con fuerza al cuerpo de la mujer. Quiere -sin preámbulos- introducir su gran verga hasta el fondo de su cuerpo.

    Pero algo no está bien para el amante; no toda su humanidad parece conmoverse con la escena. Mira entre sus piernas buscando una explicación. ¿Qué pasó con los casi 18 centímetros que tanto placer y orgullo le ha generado en sus años de pasión? Confía en que será cuestión de tiempo, pero pasan los segundos y no hay reacción. No comprende.

    Entonces se masturba a centímetros del culo de la mujer y empuja levemente, quizás el roce de su piel suave y caliente lo despierte. Nada. Aumenta la presión de su mano sobre su pene fláccido con la esperanza de recuperar su orgullo perdido. Todo sigue igual. “¿Qué pasa?” pregunta ella. “No sé, se me vino la noche”, contesta.

    Entonces, sin perder la postura, ella saca de debajo de la almohada un vibrador de veinte centímetros de largo y cinco de grosor, estirando el brazo hacia atrás le dice: “No te acomplejes, siempre podrá haber uno mejor que el tuyo”.

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  • Valeria y Gabriela

    Valeria y Gabriela

    Actualmente tengo 29 años, soy soltero, virgen y nunca he tenido novia. Conozco a dos chavas: Valeria y Gabriela (no son sus nombres reales). Valeria es chaparra, morena y muy bonita. Gabriela es de piel clara de estatura promedio para una mujer y digamos que no está fea pero tampoco es una belleza.

    A las dos las conozco desde la primaria, Gabriela solo estuvo conmigo en 3er grado, y Valeria estaba en 1º, 2º y 6º por lo tanto conviví más con ella. Desde 6º de primaria (el último grado) ella me empezó a gustar y 10 años después nos reencontramos en una reunión de excompañeros de primaria.

    Para esa entonces ella estaba en su punto con 21 años encima, un cuerpazo y piercing en el ombligo. Gabriela un año mayor que ella también estaba en muy buena forma, si bien algo más “ancha” pero con buena cadera y un culazo. Cómo se dice corrientemente, estaban bien buenas.

    Ambas se hicieron mejores amigas desde la primaria y hasta hace algunos años lo seguían siendo (ignoro si aún lo sean, más adelante les cuento porque). Ambas de espíritu parrandero, compañeras de festejo, vacaciones en la playa y quién sabe cuántas cosas más. Para esto Gabriela tuvo una hija a los 18 años y ha tenido relaciones carnales con varias parejas más, por lo tanto le gusta y tiene experiencia en el sexo aunque siempre dentro de una relación.

    De Valeria no me consta pero conociéndola seguramente igual ha tenido sus experiencias y como ya mencioné que ambas iban juntas a muchas partes, probablemente tengan historias que yo nunca sabré.

    Formamos los excompañeros un grupo de WhatsApp en donde platicamos de todo, incluso de temas subidos de tono. En eso, ellas dos me preguntan a modo de broma/carrilla, si yo tendría un trío con ellas. No supe qué responder y la conversación giró para otro lado, pero hasta el día de hoy esa propuesta retumba en mi cabeza aun sabiendo que no fue más que una vacilada que obviamente nunca se realizaría.

    Pero la idea de tener a esas mujeres encueradas, a Gabriela con su culo encima de mi cara y a Valeria sentada en mi verga, es demasiado rica y tentadora aún. Lamentablemente para mi ellas ya están casadas y con hijos (de Gabriela seria el segundo) y ni siquiera sé si se siguen frecuentando (o incluso si siguen siendo amigas). pero ellas siempre estarán en mi mente.

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  • Harem incestuoso (4): El casamiento

    Harem incestuoso (4): El casamiento

    En toda relación amorosa, llega un punto en el que los integrantes de la misma quieren dar el siguiente paso, el cual sería el matrimonio, y esto pasa en todas las relaciones, ya sean monogámicas o poligámicas, y el harem de Jake no es la excepción.

    Nuestra historia comienza una noche como cualquier otra, en la que Gloria había convocado una reunión del harem en la mesa de la sala, con la diferencia de que, está vez, Jake estaba invitando a participar en ella (lo cual era raro, ya que las mujeres casi nunca lo tomaban en cuenta a la hora de tomar decisiones).

    “Supongo que el asunto debe ser serio si me invitaron a participar en la reunión” dijo Jake, mientras se sentaba en la mesa

    “En realidad, esto no es una reunión” dijo Gloria “Las chicas y yo solo te invitamos para darte un anuncio”

    “Verás, tras mucho debatir, hemos considerado que ya es hora de que esté Harem formalice su relación y, para lograrlo, debes casarte con nosotras” dijo Lupe

    “¿Cómo?” pregunto el joven, sorprendido.

    “¡Ya escuchaste, perdedor!” exclamó Nina “¡Te vas a casar con las milf y conmigo!”

    “Pero… no podemos casarnos… ¡Somos familia!” exclamo, nervioso “Además, ninguna iglesia va a aceptar un matrimonio polígamo incestuoso”

    “Nuestro matrimonio no será un casamiento legal, será solo algo simbólico para reforzar los lazos de esta familia y del harem” dijo Gloria “Además, estuve averiguando, y logré contratar a un sacerdote que está dispuesto a casarnos en secreto”

    “Pero chicas… esto es demasiado”

    “¡No te estamos pidiendo tu opinión, solo te estamos avisando lo que va a pasar!” exclamó Nina, con seriedad “¡Te vas a casar con nosotras, y no queremos escuchar ni una palabra al respecto!”

    “¡Ahora ven para acá, que hoy es mi día!” exclamó Lupe, mientras levantaba a su hijastro, y se lo llevaba al baño “¡Espero que te gusten las burbujas!”

    Días más tardé, en el patio de la casa, Jake y las mujeres de su harem se encontraban parados delante del sacerdote que Gloria había contratado para el casamiento simbólico. En dicha ceremonia, las mujeres vestían lencería erótica, la cual asemejaba a un vestido de bodas, mientras que Jake, por órdenes de las mujeres de su familia, vestía con una zunga de color negro, un moño y una galera del mismo color.

    “¡Queridos hermanos, estamos aquí reunidos para unir a este harem en sagrado matrimonio y…!” exclamó el sacerdote.

    “Padre, con todo respeto ¿Podría saltarse toda esa mierda e ir directo al punto?” pregunto Nina.

    “¡Si, hágala corta!” exclamó Lupe.

    “¡Oigan, ustedes me pagaron para que esto fuera lo más parecido a un casamiento real, así que no se quejen!” exclamó el cura “Como sea: Gloria, Lupe, y Nina ¿Aceptan a Jake como su legítimo esposo?”

    “¡Si, aceptamos!” exclamaron las tres mujeres.

    “Bueno, sin nada más que decir, los declaro…”

    “¡Oigan, esperen!” exclamó Jake “¿No sé supone que me deben preguntar a mi si acepto o no?”

    “¡A nadie le importa tu opinión!” gritaron las mujeres y el sacerdote al mismo tiempo.

    “¡Déjenme terminar de una vez, carajo!” exclamó molesto el cura “En fin ¡Los declaro oficialmente como marido y mujeres! Puede besar a las novias”

    Tras escuchar al sacerdote, las mujeres del harem besaron a Jake al mismo tiempo, haciendo que las lenguas de los cuatro se entrelazaran.

    “¡Gracias por sus servicios, padre!” exclamo Gloria, mientras le entregaba un sobre con dinero al sacerdote “¡Ahora será mejor que se vaya, porque las chicas y yo vamos a disfrutar nuestra noche de bodas con nuestro nuevo marido!”

    “¡Un placer hacer negocios con ustedes!” exclamó el padre, mientras se dirigía a la salida “¡Que Dios te cuide, muchachos!”

    Ni bien el cura salió de la casa, las mujeres levantaron a Jake y se lo llevaron al cuarto, dónde lo arrojaron sobre la cama matrimonial. Luego, las mujeres atraparon la cabeza del joven entre sus enormes pechos, y este le comenzó a chupar los pezones a todas las integrantes de su harem, al tiempo que les manoseaba los coños.

    “¡Jamás imaginé que mi noche de bodas sería de esta manera!” pensó Jake, mientras masturbaba a sus mujeres y escuchaba los gemidos que estás soltaban.

    Luego, las mujeres comenzaron a chupar, morder, y lamer todo el cuerpo de Jake, haciendo que este se retorciera de placer.

    “¿Sigues pensando que fuimos muy duras contigo al obligarte a que te casarás con nosotras?” pregunto Lupe.

    “Y… la verdad me gustaría que, por una vez, hicieran algo que yo quiero” dijo Jake.

    “Bueno… solo por hoy, te cumpliremos cualquier fantasía que nos pidas” dijo Gloria, mientras abrazaba a su hijo “¡Considéralo como tú regalo de bodas!”

    “En realidad, me gustaría ver a Lupe y a Nina teniendo sexo” dijo Jake, y todas se sorprendieron.

    “¿Así que el pequeño cabron pervertido quiere verme cogiendo con mi propia hija?” pregunto Lupe ,entre risas “¡Al final, parece que si heredaste parte de la mente degenerada de tu madre, y eso me encanta! ¿Que dices, Nina? ¿Te animas o se te agüita?”

    “¡Por mi adelante!” exclamó Nina, mientras besaba a su madre “¡La verdad, siempre he querido comerme ese puto culazo que tienes!”

    Luego de desvestirse por completo, madre e hija se empezaron a besar y a manosear sus cuerpos musculosos, al tiempo que Jake y Gloria observaban el erótico espectáculo, masturbándose el uno al otro. Una vez que las dos mujeres estuvieron lo suficientemente mojadas, Lupe se acostó sobre la cama, Nina se puso sobre ella, y madre e hija comenzaron a hacer el 69, en dónde se demoraron los coños mutuamente de forma muy intensa y ensalivada. Tras mucho sexo oral, ambas mujeres entrelazaron sus piernas y comenzaron a frotar sus coños mutuamente, al tiempo que gemían y se besaban.

    Finalmente, madre e hija acabaron al unísono, al mismo tiempo que Gloria y Jake también tenían un orgasmo por haber presencia semejante sesión de sexo lésbico incestuoso.

    “¡Eso estuvo genial!” exclamó Lupe, con una respiración agitada “¡Cómo se nota que eres una digna hija de tu madre!”

    “¡Y como se nota que naciste en Monterrey!” exclamó Nina, mientras besaba a su madre.

    “Oigan, todo muy lindo, pero terminemos con tanto sentimentalismo y sigamos cogiendo” dijo Gloria, y comenzó a chupar la verga de su hijo.

    “¡Me leíste la mente!” exclamó Lupe, y le empezó a hacer sexo oral a su esposa.

    “¡Que tengas buen provecho, mi estúpido pero bien dotado esposo!” exclamó Nina, mientras metía la cara de su hermanastro entre sus nalgas “¡Chupame bien el culo, que después te voy a pedir algo!”

    Luego de que todos los integrantes del harem incestuoso se dieran placer oral entre si por un buen rato, Nina agarro a Jake, y lo beso apasionadamente.

    “¡Yo te cumplí una fantasía, y ahora es que tú me cumplas la mía, idiota!” exclamó la chica, mientras le daba la espalda a su hermanastro “¡He estado guardado mi virginidad anal para el día en el que me casará, y hoy es ese día!”

    “¿Estás segura, Nina?” pregunto Jake, sorprendido “Es que… me estás ofreciendo algo muy valioso y yo…”

    “¡Solo cállate y méteme esa verga por el culo, antes de que te dé una paliza!” exclamó Nina, y su hermanastro acato la orden “¡Puta madre! ¡Que dolor se siente!”

    “¡Duele solo al principio, pero te garantizo que te va a encantar!” exclamó Lupe.

    “¡Tienes razón, que bien se siente!” exclamó la chica, mientras agitaba sus nalgas “¡Vamos, putito! No me trates como si fuera una dulce florecita ¡Cógeme mi culo con la misma fuerza que se lo coges a mi madre y a mi madrastra!”

    “¡Ey, Lupe!” exclamó Gloria, mientras sostenía un inmenso consolador, el cual tenía una cabeza de verga en cada extremo “¿Por qué no nos divertimos mientras nuestros hijos disfrutan?”

    “¡Por eso te amo, Gloria!” exclamó Lupe, mientras besaba a su esposa, y se metía el consolador por el culo.

    Luego, Gloria se metió el otro extremo del consolador dentro del culo, y ambas mujeres comenzaron a penetrarle mutuamente al tiempo que chocaban sus inmensas nalgas.

    Mientras las milf se divertían, los hermanastros estaban teniendo sexo anal cada vez más intenso.

    “¡Cógeme con más fuerza!” exclamó Nunca, mientras besaba a Jake.

    “¿Estás segura?” pregunto el joven, mientras penetraba analmente a su hermanastra “No creo que sea buena idea, porque está es tu primera vez y no quiero lastimarte”

    “¡O me coges como un puto animal en celo o juro que te voy a romper todos los malditos huesos del cuerpo!” exclamó Nina y Jake, asustado, acato su orden.

    Tras mucho sexo anal, ambas parejas tuvieron un gran orgasmo, y Jake cubrió las nalgas de Nina con su semen, al tiempo que Gloria y Lupe hacían el 69 para beberse los jugos vaginales de su respectiva pareja.

    “¡Ahora es nuestro turno de usarte, putito!” exclamó Gloria, mientras metía la cabeza de su hijo entre sus nalgas.

    “¡Yo también tengo ganas de probarte!” exclamó Lupe, mientras le daba un beso negro a su hijastro.

    “¡No me dejen fuera!” exclamó Nina, mientras le lamía el ano a su madre.

    Luego de muchos besos negros, Lupe se puso en cuatro, y Jake comenzó a tener sexo anal con ella, al tiempo que la milf mexicana masturbaba a su esposa y a su hija. Un rato después, Gloria intercambio su lugar con su esposa, y ahora era ella la que recibía la verga de Jake por el culo, al tiempo que le daba sexo oral a Nina y masturba el coño de Lupe.

    Tras mucho sexo, las tres mujeres tuvieron un gran orgasmo, y Jake, al no poder aguantar más, soltó su carga dentro de las bocas de las tres mujeres, quienes intercambiaron los fluidos masculinos entre si a través de besos.

    Durante el resto de la noche de bodas, Jake se la pasó cogiendo duramente a todas y a cada una de las mujeres de su harem, hasta que finalmente no pudo más y se desmayó.

    Al día siguiente, Jake fue obligada por sus nuevas esposas a ir a una tienda de tatuajes, en dónde todos los integrantes del harem se hicieron un tatuaje con forma de corazón violento en la nalga derecha.

    “¿Te gusta?” pregunto Gloria “Este tatuaje es el equivalente a un anillo de bodas”

    “Representa que eres nuestro y de nadie más” dijo Lupe.

    “Y que ninguna mujer, además de nosotras, puede cogerte” dijo Nina, y luego se acercó a su hermanastro/marido de forma amenazante “¡Más te vale no sernos infiel, o ya verás!”

    “¡No, yo jamás me atrevería a hacer algo así!” exclamó Jake, asustado.

    “Bien, ahora debemos planear el viaje de la luna de miel” dijo Gloria contenta “¡Serán seis semanas de vacaciones, llena de viajes, aventuras, y mucho sexo!”

    “¡Esperen, eso no es justo!” exclamó el hombre “¡Les recuerdo que los domingos son mi día libre de sexo, no me pueden coger ese día!”

    “¡Pues ahora sí!” exclamó Lupe, mientras abrazaba a su hijastro/esposo “Ahora que estamos casadas contigo, ya no tendrás días de descanso, pues un matrimonio requiere de más responsabilidades”

    “Nuestros horarios se seguirán manteniendo igual, con la diferencia de que los Domingos tendrás que tener sexo con todas nosotras”

    “Aún así, para ser justas contigo, te deleitaremos con todo el sexo lésbico en vivo que quieras ver” dijo Nina “¡Tu solo dinos a cual de nosotros tres quieres ver coger con quién, y nosotras lo haremos!”

    “¡Este matrimonio será el mejor que haya existido jamás!” exclamó la milf rubia con gran alegría.

    “¿Quien fue el que dijo que el matrimonio era algo bello y relajante?” penso Jake, con fatiga y es excitación, mientras su madre, su madrastra, y su hermanastra, quienes también eran sus esposas, lo abrazaban.

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  • La zorra de mi mujer y tres pollas negras

    La zorra de mi mujer y tres pollas negras

    Mi mujer siempre había tenido la fantasía de follar con un negro en mi presencia y todo comenzó cuando me fue a visitar al hospital tras someterme a una pequeña intervención que no me permitía moverme mucho por el dolor. Ella estuvo un rato conmigo y luego se marchó a realizar unas gestiones. El caso es que nada mas cerrar la puerta de la habitación escuche una voz que decía “¡Vaya como esta de buena esa tía!”.

    Corrí la cortina que había en la habitación y vi que el que lo decía era mi compañero, un chaval negro bastante fornido, de unos 20 años más o menos. Yo no le conteste nada pero él volvió a hablar diciéndome “no te quedes como un pasmarote tío, solo he dicho que tu mujer tiene un buen polvo, solo eso, tienes mucha suerte de tener una mujer así”, palabras por las que no supe si sentirme halagado o no, contestándole yo que efectivamente Nuria estaba muy buena.

    Acto seguido volví a correr la cortina y me puse a ver la televisión tranquilamente. Pasados unos 25 minutos entró por la puerta de la habitación otro chico negro que no venía solo sino con otro más. Saludaron al entrar y se pusieron a hablar con mi compañero de habitación, pudiendo escuchar que se trataba de un hermano y un primo suyo y por su apariencia debían tener poco más o menos mi misma edad, estuvieron una hora aproximadamente y cuando ya se marchaban se encontraron de frente con mi mujer, que volvía a traerme unas cosas.

    No pude evitar fijarme en cómo la miraban de arriba y abajo, aunque no hicieron ningún comentario, tan solo saludaron y salieron de la habitación. Cuando llego la hora de la cena Nuria tuvo que marcharse a casa y yo me quedé solo con mi compañero, con el que ella había mantenido un ratillo de conversación pues al entrar me di cuenta de que le saludaba por su nombre, que al parecer era Said. Supongo que estaba en la habitación antes de llegar yo y por eso mi mujer le conocía de cuando esperaban a que me trasladaran a mí.

    A la mañana siguiente, al despertarme, los otros dos negros estaban ya en la habitación hablando con el otro y yo comencé a escuchar atento haciendo que continuaba dormido. Ellos comentaban “¡Jodeeerrr, con la mujer de éste, menudo polvazo tiene!”, respondiendo uno de ellos “¡No jodas que es su mujer! Pues sí que esta buena la muy puta. ¡Seguro que estaría encantada de probar nuestras pollas!”, añadiendo otro “¡Es probable, ya sabes que las cuarentonas se mueren por un buen rabo que les llegue hasta el fondo!”, apostillando uno de ellos “¡Venga, dejad de decir chorradas, está casada y con hijos seguro!”.

    Respondiendo otro “¡Y qué coño importa eso, ¿desde cuándo te importa que una tía esté casada?, el único problema es que estoy aquí sin poder moverme y para cuando yo me recupere el capullo éste y su mujer ya no estarán aquí!”. Respondiendo otro de ellos de inmediato “¡Coño, pues nos la follamos antes, aquí mismo!”, a lo que respondió uno de los tres “¿Estás loco o qué… Y qué coño hacemos con el marido…?”, comentando otro “¡Pues que mire, lo mismo aprende algo!”. En ese momento entró la enfermera y se callaron, aunque yo ya había escuchado cómo planeaban follarse a la zorra de mi mujer, que seguro estaría encantada.

    El día transcurrió con normalidad hasta que a media tarde tuve una disputa con mi compañero sobre qué ver en televisión, bronca bastante fuerte en la que incluso llegamos a insultarnos, aunque la enfermera entró y dijo que o nos tranquilizábamos o tendría que llamar al doctor, el caso es que lo hicimos aunque tuve que escuchar cómo el negro me decía “¡Vas a flipar. Ya veras cómo nos follamos a tu riquísima mujer!”. No le di mayor importancia y me quede dormido. Cuando desperté Nuria estaba en la habitación, pero al lado de Said, estaba hablando con él y sin saber muy bien porqué decidí volver a hacerme el dormido y escuchar todo lo que decían.

    Mi mujer iba muy bien vestida, con una camisa negra de seda, minifalda de cuero negra y zapatos de fino tacón, portando debajo un precioso conjunto de lencería sexy, también negro, compuesto por tanga, liguero y medias. La ropa que llevaba puesta le marcaba su cintura y realzaba tanto sus maravillosas tetas como su espléndido culazo. Estaba sentada en la cama de Said y hablaban de cosas normales hasta que él le preguntó a mi mujer “¿Has visto alguna vez una polla negra?”. Nuria se echó a reír y Said le dijo “No te rías, te lo pregunto en serio. Seguro que nunca has visto una, te sorprenderá”.

    Mi mujer no se quedó atrás y le contestó “¡Menos humos Said, yo ya tengo una edad y he visto muchas cosas en mi vida, conozco las historias sobre los negros, pero no son más que mitos!”, atacando él de nuevo y diciéndole “¡Así que historias, pues te vas a enterar!”. Ni corto ni perezoso, Said se bajó el pantalón del pijama que llevaba y se sacó la polla delante de mi mujer diciéndole “¡Ahora qué me dices sobre mi polla!, ¿es grande o no…?”. Mi mujer, en lugar de dar por zanjada la conversación sonrió sonoramente y le dijo a Said que no estaba mal.

    Mi puta zorra, aunque disimulaba, estaba sorprendida, preguntándole a Said si podía tocarla. ¡Ya lo creo que Said la dejó!, él mismo condujo la mano de mi mujer hasta su polla, agarrándose ella como quien agarra un palo y manteniéndola cogida durante unos segundos, palpándola bien y sintiéndola en su mano. Said le dijo que si se la meneaba crecería mucho más, ella no lo dudó y empezó a menear la verga del negro de arriba abajo haciéndole una paja monumental mientras su rabo fue creciendo en la mano de Nuria convirtiéndose en un trabuco de unos 25 cm mientras él sonreía y mi zorra no dejaba de acariciarla ni de apartar su mirada de ella.

    Acto seguido Said dijo a mi mujer “¡Si quieres también la puedes probar!”, añadiendo “¡Venga zorra, lo estás deseando y no puedes decirme que no, cómete mi polla y siéntela en tu rica boca, te encantará. Chúpamela, hazme una buena mamada y verás como disfrutas!”. Nuria inclinó su cabeza sobre la verga de Said y se la metió en la boca, comenzando a chuparla como si se tratara de su postre favorito, con glotonería, sonriéndole y mirándolo a los ojos mientras se la mamaba sin cesar.

    Comenzó por sus duros y grandes huevos hasta tragarse la mitad y lamerla con deleite de arriba a abajo. Así estaba, chupando la polla de Said, cuando los otros dos negros entraron en la habitación, exclamando “¡Vaya con la putita, mira como le gusta el helado de chocolate!”. Nuria se sacó la polla de Said de la boca mientras su hermano y su primo se bajaron los pantalones y le mostraron a mi zorra dos enormes rabos bien duros, del tamaño del de Said e incluso más grandes, diciéndole “¡No te preocupes Nuria, aquí tiene pollas para disfrutar hasta bien entrada la tarde!”.

    Mi puta zorra estaba totalmente cachonda, mojada, desatada y desde luego no pensaba irse de allí sin follar con Said y si para eso tenía que comerse otras dos pollas lo haría y ¡claro que lo hizo, con lo que le gusta una buena verga!. Nuria se arrodillo ante ellos y comenzó a pajearlos y a lamer sus capullos, intercalando una polla y otra, chupándolas como poseída desde el tronco hasta la base como si de unos helados se tratase. Otras veces ponía la polla sobre su cara y con su lengua jugueteaba con los huevos de aquellos chicos, que desde luego iban en proporción a su polla.

    Comenzó despacio hasta que las vergas fueron endureciéndose, dándoles una extraordinaria mamada e intensificando sus succiones más y más, combinándolas con lengüetazos a lo largo de aquellos largos y gruesos rabos y mirando cómo los chicos gozaban de grandioso placer con los ojos entornados hacia el techo de la habitación. Uno de ellos la cogió por la nuca y comenzó a moverle la cabeza empalándola con su la polla. Nuria, fuera de sí, pasaba de un rabo a otro, de rodillas, agarrada a las dos pollas con miedo a que se le escaparan.

    Mientras tanto Said, como no podía moverse de la cama, se dedicaba a pajearse y jalear a mi mujer mientras disfrutaba del espectáculo diciéndole “¡Muy bien Nuria. Así, así, trágatelas hasta el mango, chúpalas bien para que entren mejor en tu riquísimo coño y en tu culazo espectacular!”.

    Terminaron de desnudarse y ayudaron a mi mujer a hacer lo propio poniendo el pestillo de la puerta de la habitación para que nadie les molestara y le fueron quitando a ella el sujetador y el tanga, echándolos sobre mi cama. Estaba francamente muy buena, con unas tetas y pezones firmes, un culazo maravilloso y un coño peludo extraordinario y tan solo con liguero, medias sexys y tacones puestos. Le fueron metiendo los dedos por el coño, que lo tenía chorreando y entre polla y polla, mi zorra cachonda como una perra, les preguntó “¿Quién va a ser el primero en follarme y en meterme su maravilloso rabo…?”.

    Said le respondió y le dijo que él tenía que ser el primero puesto que era quien estaba enfermo y debían ayudarle para follarla, así que cogieron a mi mujer y la alzaron sobre la cama, ella se puso a horcajadas y se fue sentando poco a poco sobre la polla de Said, al principio le costó pero cuando encontró el camino se deslizó fácilmente por lo cachonda y caliente que estaba, no dejaba de saltar como una loca sobre la verga del negro, sus tetas se movían al compás de las embestidas y el ver que yo lo presenciaba todo la puso muchísimo más cachonda aún.

    Mientras, tanto el hermano como el primo, cada uno a un lado de la cama, magreaban a Nuria, uno chupándole las tetas y los pezones y el otro morreándose con ella con pasión desmedida. Said se reía y me dijo “¡Ya te lo advertí. Mira cómo me follo a tu mujer, mira bien como disfruta de una buena polla negra!”.

    Yo disfrutaba viendo cómo Said se follaba a mi mujer mientras ella se comportaba como lo que es, una verdadera puta, sin importarle que yo pudiese participar, diciéndole a Said “¡Fóllame, cabrón, fóllame así, sin parar. Qué riquísima tu verga negra en mi almeja. Me encanta tu polla, hijo de puta. Soy tu zorra caliente y cachonda y aquí estoy para darte todo el placer del mundo!”.

    Los labios del coño de Nuria empezaron a hincharse por la polla de Said y cada vez que le rozaba la pipa sentía de nuevo espasmos, él comenzó a empujar cada vez mas fuerte hasta que, con toda su verga dentro de ella, se quedó quieto por unos momentos exclamando gozosamente “¡Que rico coño peludo tienes, gran puta, está bien apretado y calentito!”.

    Los movimientos se convirtieron en furiosas embestidas hasta que Said empezó a gemir diciendo “¡Me corro, me corro, me corrooo!”. Apretó los dientes y volteó la cabeza hacia arriba cerrando los ojos mientras que mi mujer sintió innumerables chorros de leche caliente que la inundaban a presión y diciéndome “¡Me corro, me corrooo. Vaya pedazo de polla, cari. Me corrooo!”, quedándose unos momentos sentada sobre su verga exhausta de placer.

    Tras el polvo con Said la bajaron de su cama y la pusieron a cuatro patas sobre el suelo de la habitación, cuando el hermano de Said estuvo listo se la metió a Nuria desde atrás, ella gemía mientras los otros miraban, el hermano de Said la seguía follando y al mismo tiempo jugaba con las piernas de ella abriéndolas y cerrándolas, levantándolas y bajándolas cogiéndola de los tobillos fuertemente. En una de esas la polla de el primo de Said entró en la boca de mi mujer, diciéndole “¡Disculpa zorra pero a mi me toca el último y mientras debo aguantarme con algo!”. Ella se mostró encantada y el primo de Said se movía como si le follara la boca, entrándole y sacándole la polla sin esfuerzo.

    Estuvieron así durante 10 minutos hasta que el primo Said se la quitó de la boca y se sentó en la cama de éste llamando a mi mujer, que seguía follando con el hermano de Said, ya que había llegado su turno. Nuria fue hacia él y tomó firmemente su erecta polla apuntándole hacia arriba, colocándose de pie ante él y dándole la espalda con lo que aprovechó para masajear las caderas y su grandioso culo.

    Ella se sentó agachándose hacia atrás y el negro rodeó con un brazo la cadera y su abdomen situándola hacia él y comenzó a sentir su capullo caliente rozando su peludo coño y cómo después le entraba su pollón tieso hasta adentro, comenzando a subir y a bajar lentamente mientras gemía de puro gusto y placer mientras mirándome me decía “¡Cari, cari, qué gustazo tan grande me está dando esta verga negra tan maravillosa. Cómo me folla de bien. Disfruta viendo cómo gozo, mi vida!” y preguntándome “¿Te gusta cómo se follan a tu puta y zorra esposa estas tres grandiosas pollas, cariño mío?”, a lo que yo asentí con mi cabeza mientras mi verga, totalmente dura, estaba deseando explotar y soltar una buena corrida.

    Luego Said, que era el único que se había corrido dentro del coño de Nuria, habló ya recuperado diciéndole a su primo “¡Venga, ponla encima de mí y tu métesela en ese culazo maravilloso que tiene esta golfa!”. Ella se sentó nuevamente sobre la verga de Said y con ella ya bien dentro esperó a que el primo llegara por detrás mientras me miraba con cara de puta viciosa, como recordándome que alguna vez me había dicho que lo iba a hacer.

    Nuria sintió el capullo de la polla del primo de Said entrando en su culo y empezó a gemir y jadear de placer al sentir entrar y salir de su interior esos dos grandes rabos mientras les decía “¡Qué gustazo, hijos de puta. Qué pollas tan buenas y ricas tenéis. No paréis de follarme, por Diooosss. Así, así, cabrones. Soy vuestra puta zorra. Jodedme bien!”, respondiendo el primo de Said “¡Te estamos follando bien a gusto, puta perra!. ¿Te gusta cómo te follamos, zorra?”.

    El hermano de Said se unió a la “fiesta” y se puso de pie frente a Nuria restregando su gran polla en la cara y metiéndosela posteriormente en la boca para disfrutar de una espléndida mamada. Los tres negros envestían a un nivel frenético hasta que los cuatro llegaron al máximo placer intercambiando sus posiciones hasta que los tres se follaron el culo de Nuria, hambriento de vergas.

    Cuando terminaron la pusieron en el suelo, Said se dio la vuelta como pudo para pajearse ante su cara y su hermano y su primo lo hicieron de pie, corriéndose espléndidamente sobre mi mujer, tanto en su cara como en sus maravillosas tetas y boca, animándola ellos para que se tragase la abundante leche derramada por sus vergas, lo que hizo con deleite procediendo después a dejar relucientes los negros y aún tiesos rabos que tanto gusto y placer le habían proporcionado.

    Seguidamente Nuria se marchó a la ducha de la habitación con el hermano y el primo de Said escuchándose nuevos gemidos y jadeos de mi zorra que volvió a tragarse sus pollas con una nueva mamada para disfrute de los tres.

    Tras salir de la ducha Nuria volvió junto a mí morreándome apasionadamente y haciéndome una muy buena paja que culminó en mamada consiguiendo que me corriese placenteramente y tragándose toda la abundante leche derramada por mi polla, hablándome después del majestuoso momento de placer del que había disfrutado.

    Al rato llegó la enfermera con mi alta y antes de abandonar la habitación mi mujer y Said se despidieron con un monumental morreo emplazándose para volver a verse muy pronto y volver a disfrutar con otra espléndida follada delante de mí e intercambiándose los números de teléfono para citarse y no perder el contacto de mi puta zorra con sus tres pollas negras.

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  • Con el gerente

    Con el gerente

    Hola a todos, desde hace un tiempo estoy trabajando en la empresa de seguros, donde trabaja mi amiga Gabriela, (si no leyeron el relato Entre Amigas, les recomiendo, así podrán entender). Ella presentó mi currículum, se presentó una vacante e ingresé. A raíz de esto, mis horarios cambiaron, al gimnasio voy cuando puedo, con Gabriela nos vemos en el trabajo, ya no tuvimos más esos “encuentros entre nosotras” jaja. Por el contrario, encuentro placer, masturbándome con mi dildo o sin él.

    El trabajo va de maravillas, planillas y documentos de informes, no todo es trabajo, sino también los clásicos chismes de oficina; por intermedio de Gaby, me entero de cosas. Soy una mujer atractiva, no porque yo lo diga, sino porque me lo hacen saber, los hombres de la ofi, comentan y los chismes corren jaja, Gaby me los cuenta, en lo personal me enfoco en mi tarea.

    Hasta que un día Gaby me manda un WhatsApp, que la empresa iba a realizar un evento para un proveedor, y los empleados estábamos invitados.

    Me compré un vestido lencero negro, con un tajo al costado de la pierna, el sábado sería el evento, así que conseguí todo lo que me podría ese día. Estaba un poco nerviosa, hace mucho que no voy a ningún evento, y menos de trabajo. Gaby me conoce bien y me manda mensajes “tranquila amiga”, “vamos juntas” y cosas así.

    Llegó el sábado, y el momento de arreglarme, me di una duchita, repase la depilación, me puse solo una tanga negra sin sostén, mis tetas son normales, me puse el vestido, unas sandalias con taco, acomode mi cabello, y me perfume, un make up sencillo y nada más.

    Gaby me pasó a buscar, quedó encantada, me hizo poner colorada; llegamos al salón, y fuimos saludando, luego de un rato, nos acercamos a la barra, pedimos unos tragos, y Gaby me comenta, “amiga, Gustavo no te saca los ojos de encima, está saludando a todos”, (Gustavo es un alto rango, al cual mis informes le llegan a él).

    Lo saludaremos y listo, Gaby me responde, “si, pero algunas empleadas tuvieron algún encuentro con él”. Ah okey, seguimos tomando los tragos y en eso Gaby me dice, “viene para aquí”.

    Nos saluda a ambas, y Gabriela se retiró, me dejó sola hablando con Gustavo, hablamos de trivialidades, hasta que me invita a bailar, a Gaby la perdí, luego de varias piezas de baile, le dije a Gustavo que me retiraba; aguarda que te alcanzo me dice, a Gaby la vi irse acompañada de otro de los gerentes, con cara de alegría me hace la seña del dedo índice dentro del círculo, con el pulgar e índice de la otra mano, no lo podía creer.

    Salimos con Gustavo al estacionamiento, y cuando me abre la puerta, me tomó de la cintura y me dio un beso, al que correspondo, me le quedo mirando y me dice, “estás preciosa”.

    Subimos al auto, no dijimos palabra, y llegamos a lo que creo sería su casa, me abre la puerta para descender del auto, e ingresamos, más que casa un mansión, me arrincona contra la puerta, y nos besamos nuevamente, en lo personal estaba deseosa de un hombre, no me importo que fuera de un alto cargo de la empresa, tome las tiras del vestido con ambas manos, y lo dejé caer, quedando con la tanga y las sandalias, lo miré y le digo “¿así está bien?”, “muy bien” responde, y lo rodeo con los brazos por el cuello.

    Mientras nos devoramos la boca, su mano baja hasta mi cola y me acaricia, me besa el cuello, hago la cabeza hacia atrás, aprieta mis tetas, me las chupa y pellizca mis pezones, me dice ven, y me lleva a lo que es un dormitorio, él se va sacando la camisa, yo de rodillas mientras lo miro a los ojos, le desabrocho el pantalón, se los bajó junto a calzoncillo, y un pene de buen tamaño y venoso lo tengo frente a mis ojos, lo agarro y le paso la lengua a todo el tronco, le beso el glande, y me lo introduzco en la boca, lo chupo lo saboreo, juego con la lengua, y me lo vuelvo a meter en la boca.

    Gus me empuja la cabeza, y me lo meto más adentro, aguanto las arcadas, me separo de él, y lo empujo a la cama, dejo caer la tanga, y me coloco sobre él, acomodo el pene en mi vagina, y lo monto, hasta tenerlo todo adentro, subo y bajo, en el dormitorio resuenan los gemidos, Gus me toma de las tetas, arqueo mi espalda en un orgasmo, acelero el ritmo, y me dice que va a llegar, me retiro, lo masturbo, y toda la leche da en mi cara y en la boca, le limpio todo en miembro, y caigo rendida en la cama.

    Paso al baño, me lavo, salgo y me cambio, le digo a Gus que lo pasé muy bien, cuando voy a pedir un auto me dice, no te preocupes mi chofer te lleva.

    Espero que les haya gustado.

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