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  • Mi sobrina trajo una “amiguita” para jugar

    Mi sobrina trajo una “amiguita” para jugar

    Cuando Lilian, mi hermana, se fue a vivir con su novio, me dejó a mi “cuidado” a Mariel. La pendeja le había tomado el gusto a la joda, gozaba tanto con hombres como con mujeres. Teníamos un acuerdo: Podía traer chicas a casa, pero no hombres. Cada tanto cuando bajaba a desayunar me encontraba con una pendeja medio desnuda que me miraba con cara de horror en la cocina. Mariel, para tranquilizarla le decía:

    -Es mi tío, tranqui, y si te interesa, un día te recomiendo probarlo.

    Muchas chicas se iban despavoridas, otra simplemente se reía. Fue un sábado a la mañana que al bajar encontré a Mariel con una rubia verdaderamente impresionante. Mediría 1.7 m, flaca, un busto espectacular y cuando se paró a saludarme con un beso, pude alcanzar a ver que tenía un culo tan espectacular como sus pechos. Después supe que también tenía 18 años, como Mariel.

    Mariel repitió el mismo chiste:

    Mariel: Clau, es mi tío, tranqui, y si te interesa, un día te recomiendo probarlo.

    Clau: bueno, acepto la recomendación, pero con una condición: Que vos también estés Mariel.

    Mariel: Guau, tío, que lanzada esta chica. Claro que si Clau, no te voy a dejar solita.

    Broma va broma viene, fue que como vivía sola, se quedó a almorzar. Yo tenía que salir a comprar algunas cosas para la casa. Cuando regresé las encontré a las dos en las reposeras, tomando sol desnudas, para beneplácito de un vecino fisgón.

    Cuando se dieron cuenta, no se molestaron en taparse, me saludaron y siguieron charlando. El almuerzo fue por demás de picante, ya que yo estaba con un short de baño y ellas dos solamente con una bombacha. Almorzar viendo cuatro pechos hermosos, realmente llena el espíritu.

    Al terminar, Mariel me dijo que me quede tranquilo, que ellas limpiaban y lavaban la cocina. Me fui al living, puse una peli, y me senté de forma de ver a esas mujeres lavando casi en bolas.

    Clau alcanzaba los platos y Mariel lavaba. Cuando Clau no tuvo nada más que hacer, se puso atrás de Mariel y le metió la mano entre las piernas, por encima de la bombacha, al tiempo que se apretaba una teta. Mi sobrina, la miró con una sonrisa, separó un poco las piernas y siguió lavando. Cuando terminaron de lavar-juguetear vinieron al living, Mariel me sirvió mi clásico whisky de después de las comidas y se sentaron una a cada lado.

    Mariel: creo que es hora de empezar, no les parece. Tío, hagamos de cuenta que sos nuestro invitado, de que tenés ganas?

    Yo: Lo sabes bien, de todo. Siempre tengo ganas de todo

    Mariel: Vos Clau, querés hacer algo en especial?

    Clau: No me animo, me da vergüenza. Pero, me calienta pensar que el tío esté ahí sentado, y de a una nosotras bailemos para él, después juntas, me da mucho morbo solamente pensar en volver loco a un hombre mayor. A los pendejos, los miras y se calientan. Nunca lo hice con un hombre como él.

    Mariel: Pues, que así sea, y te aseguro que vas a descubrir un nuevo mundo, como yo. Aunque a veces sea un poco duro aprender como me pasó a mí por boluda. Querés que empiece yo?

    Clau: Dale, así tomo coraje.

    Mariel salió disparada a su dormitorio y bajó con su bolsa de “juguetes”. Clau se sentó a mi lado y apoyo su cabeza en mi hombro. Con cierto temor tomo mi mano y entrelazó los dedos. Mariel puso música y comenzó.

    Se movía rítmicamente mientras acariciaba su propio cuerpo. Mojaba sus dedos con saliva y los llevaba a sus pezones. Al mismo tiempo, su otra mano se ocupaba de su vagina, que ya estaba húmeda. Mojaba su clítoris y jugaba con él. Estaba tan excitada de ver a su amiga apoyada en mí, que más que rápido sacó los consoladores de la bolsa y se puso a chupar uno mientras se metía el otro en la concha.

    Clau, aunque seguía recostada en mí, había llevado su mano suelta a su entrepierna y se acariciaba lentamente. Cuando vio que Mariel tomó los consoladores, instintivamente apretó mi mano clavándome las uñas. Cuando vio cómo se metía el segundo consolador en el culo, la miré y estaba con la boca abierta, y un hilo de baba le caía por la comisura del labio. Solté su mano y la llevé sobre mi bulto, que ya estaba tomando volumen. Cuando se dio cuenta lo miró con los ojos bien abiertos y comenzó a acariciarlo.

    Mariel se excitaba cada vez más y llegó a un buen orgasmo, bien intenso.

    Mariel: Clau, ahora es tu turno amiga.

    Clau: bueno, pero sepan que yo no… digo, no tengo experiencia, quizás no los caliente.

    Yo: tranquila. Aprende algo: no lo hagas para calentarme a mí ni a Mariel, busca tu propio placer y goce.

    Mariel: escúchalo, sabe y lo que te dice es cierto. Para ayudarla Mariel puso música lenta.

    Clau comenzó directamente de rodillas, acariciando su entre pierna, sus pechos y siempre con los ojos clavados en los míos. Por momentos pasaba su mano por su vagina, la impregnaba de jugos y luego la llevaba a su boca para saborearla. Cuando vio mi sonrisa, fue que se tranquilizó que su “trabajo” gustaba. Se humedeció con saliva un dedo y poniéndose de costado a nosotros lo bajó por su espalda y jugó con su ano. No se animaba a meterlo. Pero era evidente que el deseo estaba.

    Mariel al ver esto, secó mi pija del short, y comenzó a pasarle la lengua como si fuera un chupetín.

    Mariel: Mira Clau, que linda que se la estás haciendo poner. Seguí, goza viendo como un hombre se calienta con vos.

    Fue escuchar esto que Clau aumentó sus movimientos en la vagina, se estiró un poco y tomó el consolador más grande y lo comenzó a chupar, imitando los movimientos de Mariel. Me pareció ver un gesto de Mariel, a lo que Clau respondió pegando el consolador en el piso y metiéndoselo de a poco. Entró no sin dificultad por la cara que ponía, tomo otro consolador y lo chupaba con ganas. Era evidente que quería llegar al orgasmo y no podía.

    “Te ayudo?” le dijo Mariel a lo que Clau respondió afirmativamente con la cabeza. Mariel se acercó, la hizo poner nuevamente frente a mí, pero más cerca, de forma que si yo me movía un poco, podría meterle mi pija en su boca. Mariel se colocó detrás, untó sus manos con aceite y fue acariciando cada centímetro de la espalda de Clau, sus pechos, sus nalgas, mientras le daba besos en el cuello. La cabalgata en el consolador y las caricias de Mariel surtieron efecto y llegó al orgasmo.

    Quiso correrse del consolador pero Mariel no la dejó. Siguió acariciándola, pasó a los pechos y los besaba y mordía mientras su mano jugaba con el clítoris de Clau. No necesitó mucho para que se excitara mucho más que antes. Los movimientos de Mariel cada vez eran más intensos, le provocaban mayor excitación.

    Yo no daba más, me corrí unos centímetros y mi pija quedó totalmente al alcance de la boca de Clau.

    Mariel: Ahora, Clau, goza vos chupando esa pijota. No pienses en él, olvídate de él, chúpala para tu placer, tu goce.

    Clau se fue metiendo mi pija en su boca, lentamente, vio que el tamaño era suficiente para ocupar toda su boca y comenzó a subir y bajar aprovechando el movimiento para darse placer con el consolador. Mariel seguía acariciándola, mordiéndola toda, como pudo se acomodó y empezó a meterle la lengua en el ano a Clau. Ella dio un respingo, pero cerro los ojos y siguió con lo suyo. Por momentos solamente pasaba la lengua y por momentos se la metía toda en la boca.

    “Mírame”, le dije. Abrió los ojos y estos delataba el placer que estaba sintiendo. Sus gemidos eran suaves pero profundos. La cadencia del sube y baja con sus tres agujeros ocupados la estaba volviendo loca.

    Mariel, adivinando el final, le puso los dos brazos en la espalda, embadurnó uno de sus dedos con crema y lo puso de forma que cuando Clau fue hacia abajo, ella misma se lo enterró de a poco. Abrió los ojos al máximo, emitió un quejido pero no paró de subir y bajar. Mariel tomo el consolador más chico, se lo puso en la mano y la guio para que ella misma se lo meta. Dudó un poco, pero la confianza que le daba Mariel hizo que lentamente se lo meta.

    Mi sobrina se acercó al oído y le dijo: “Ahora, dale, suelta toda la calentura, llénate la boca con el elixir del tío. Saborea el placer de hacer gozar a un Vete”

    Mariel se sentó a mi lado, abrió las piernas y se empezó a meter dedo en la conchita que estaba más que húmeda. Miraba a su amiga, y a mi pija. Se apretaba los pechos con furia y sus dedos iban y venían en su concha. Clau, sosteniendo con una mano el consolador que ocupaba su culo, acercó la otra a Mariel y le metió dos dedos en el orto.

    Mariel: Guau, seguí, vamos a acabar los tres juntos.

    Dicho esto, sacó mi pija de la boca de Clau y me empezó a masturbar con todo. Clau seguía pasando la lengua, su sube y baja era a todo ritmo, como la entrada de sus dedos en el orto de Mariel.

    Mi esperma salió disparado hacia el rostro de Clau, que con la lengua trataba de rescatar lo que podía. En ese instante Mariel la tomo de la cabeza y enterró mi pija en su boca. Fue en ese instante que acabaron las dos.

    Unos segundos después, cuando Clau se hubo sacado los consoladores, se paró, se sentó en mi falda, se metió mi pija, en su concha y me besó profundamente, la acercó a Mariel y le dio un beso igual. Nos quedamos los tres abrazados y compartiendo besos un rato.

    Clau: Por Dios, nunca goce así. NUNCA. Ningún hombre me dio semejante placer. Nunca me imaginé que me iba a meter dos consoladores e iba a gozar tanto.

    Mariel: Y esto recién empieza. O me vas a decir que se te fue la calentura ya?

    Clau: Sabes que no, pero ahora sé lo que es gozar, me siento libre. Y hasta ahora, el no hizo nada. No me quiero imaginar.

    Mariel: ahora viene un juego más fuerte, te animas o queres parar acá Clau?

    Clau: si, me animo.

    Dicho esto, Mariel tomo sus cosas, las puso en el bolso y fuimos a mi habitación.

    Me tiré en la cama, Clau se tiró a mi lado y comenzamos a besarnos. Mis manos recorrían su cuerpo, todavía con crema, entraba en su vagina, salía, lo mismo en el ano. Ella no oponía ninguna resistencia.

    Mariel se tiró y Clau fue derecho a chupar su vagina, mientras yo le ofrecía a mi sobrina para que chupe mi pija. Cuando sintió que la tenía bien dura, se levantó, le puso el arnés a Clau y al oído le susurro:

    Mariel: Clau, todo sigue igual, si vos gozas con lo que haces vas a hacer gozar al otro. No te detengas, hace lo que sentís.

    Dicho esto se acostó a mi lado, abrió sus piernas y la miró a Clau y esta entendió. Dirigió el consolador a la conchita de Mariel, y lo enterró de una. Empezó a bombear, primero despacio, luego algo hizo un clic y empezó con todo, le apretaba los pechos, los escupía, de pronto le dio una cachetada en la cara y le preguntó a Mariel: “Te gusta que te coja así, putita?” Mariel no contestó lo que excitó más aún a Clau. Le retorció los pezones, hasta hacerla gritar. “Dale putita, grita tranquila” “Tío, por qué no me metes esa pija hermosa en mi conchita”

    Esas palabras me pusieron a mil. Fui detrás de ella y de un solo golpe la enterré, ajustamos el paso y Clau no paraba de hablar “Ah, que placer, me cojo a esta putita y a mí me dan con todo. Tío postizo, sos un macho tremendo, cógeme toda, reviéntame la concha”

    Le daba con todo, la tomé del pelo, tire su cabeza para atrás y le dije “Putita, vos movete, cógenos a los dos.” Tras lo cual golpee su culo con fuerza. Eso hizo que los movimientos fueran bestiales, Mariel no daba más, se apretaba las tetas con fuerza, y levantaba con todo las piernas para que ese consolador entre hasta el fondo.

    De pronto y sin aviso, me separé, tomé con violencia del pelo a Clau y la saque, haciendo que se ponga de rodillas mientras me la chupaba. Mariel se levantó. Se paró al lado mío y me comenzó a besar. Clau movía su mano por el consolador como si estuviera masturbándolo. Le dije a Mariel que se ponga ella el arnés y que se acueste en la cama. La subí a Clau, le ensarté el consolador en la concha y le puse mi pija en la boca.

    Las dos se movían como locas. Una bombeaba de abajo y la otra saltaba sobre el consolador. Las dejé unos segundos y busqué la crema. Embadurné mi pija, y me puse detrás de Clau. Mariel la atrajo hacia ella, y la tomo de la cabeza, dándole un profundo beso. La abrazó y yo de un empujón metí toda mi pija en el culo de Clau. Dio un grito de dolor, me pidió que pare, cosa que no hice, y empecé a bombearla.

    Mariel: Ahora quien es la putita, eh Clau? Sentí el tronco que te estas comiendo por el culo, y a mí no me dejaste meterte ni un dedo anoche.

    Al rato, la hice salir a Mariel, y ahora tenía a las dos en cuatro. Iba de un culo al otro, cuando lo dejaba, le metía el consolador y lo movía a mi ritmo. Las dos gritaban de placer. Cuando estaba por acabar, ordené que hicieran un 69 mientras le daba a culo de Clau.

    Yo: chúpala bien Mariel, y las gotas que se le caigan son tuyas. Ah, hoy te toca terminar con los dedos de Clau en el culo, así que movete.

    Mariel: si tío, acabale bien adentro a esta putita.

    Fueron 10 bombeadas más y le llené el intestino de leche, ella también acabó con un grito ahogado por la concha de Mariel. Y cuando la saque, parte cayo en la boca de Mariel que chupaba con ansias.

    Al rato bajamos, nos sentamos en la cocina y tomamos algo.

    Clau: Juro que nunca goce tanto. Hasta que me rompieras el culo así gocé. Ahora entiendo lo que es dar placer para recibir más placer. Si me cuentan que yo hice esto, no lo creo ni en un millón de años.

    Mariel: Es que no necesitamos contártelo para que nos creas.

    Fue arriba, buscó la notebook y bajó. La puso en frente a Clau y le mostro el video que la cámara de mi cuarto había tomado. La cara de Clau fue de sorpresa primero y de horror después.

    Mariel: Tranquila, somos gente seria. Si querés te doy una copia así jugueteas un poco. Lo grabamos por seguridad alguna de las chicas quiera hacer quilombo. Es para nosotros. Y si querés la próxima lo vemos juntas en vez de ver las páginas de mierda.

    Clau: Ah, pensé que me iban a chantajear. Sepan que cuando quieran me llaman y vengo. Los dos o cualquiera de los dos.

  • De la nada surge todo

    De la nada surge todo

    Hoy os traigo uno cortito, siéntate, relájate y vuela con tu mente.

    Yo la miraba y sentía. La señorita R me ve y se excita. El encuentro comenzó mucho antes que nuestros ojos se cruzaran. El cruce, como un ritual ancestral, se dio mucho antes que nuestras manos se rozaran. Que nuestros cuerpos quedarán a la vista y en cueros. Que ambos se hallaran.

    Nos buscamos con nuestras mentes y al instante siguiente se hablaron a la distancia. Compartiendo sensaciones.

    Ambos nos miramos.

    La mirada es el puente que se tiende hacia la nada. Una nada que será conquistada y transformada a partir de ese deseo que nace entre los dos. Aún desde antes de encenderse la llama de la excitación.

    Nos miramos y la danza se vuelve realidad. Las fantasías hiladas en charlas llenas de tal vez, están allí y todo lo que había dicho se borró para empezar a ser.

    Nos acercamos, nos besamos. Nuestros labios se rozan apenas. Un beso tímido. Nuestros cuerpos desnudos ya, se reconocen tocándose lentamente. Nos abrazamos. Mi pecho sobre los pechos de ella. Los pezones de la señorita R se endurecen y su boca se entreabre. Mi lengua busca el contacto y la desea. Me alejo y la miro así, desnuda como está. Como la quiere. Absoluta y total. Toda ella.

    Me acerco y suavemente con la yema de los dedos, siento la piel de esos hombros femeninos. Mi cabeza baja hasta los pezones. Los siente. El cálido aliento de ella es presagio de placer. Yo los chupo. Los mordisqueos. Ella empuja con sus manos para sacarme de ahí, pero yo sigo y ella gime. Siente. Goza. Entre sus piernas, el sexo está vibrante. Entre las mías ardiente. Nos alejamos y vuélvenos a encontramos. Nos enredamos. Mis manos recorren su espalda y esta vez llegan hasta las nalgas. Busco el deseo mayor de la señorita R. Sé que le gusta por atrás y la provoca. Ella lame mi cuello y baja, juego con su culo, pero sólo para hacerla desear. Ella busca mi miembro y baja para lamerlo. Su boca envuelve el miembro y busca a mordiscos la punta. Sus labios forman una «O» perfecta y me lame el glande. Gozo y juego con sus pechos mientras lentamente voy girando en su danza para buscar con mi boca el sexo de ella.

    Perfecto 69.

    Mis brazos se entremeten desde adentro para abrazar por los muslos y ponerla en posición bien abierta a mi entera disposición. Me acerco. Me gusta esa sensación de hembra caliente. Mi dedo busca el clítoris hinchado y mi lengua lame los jugos. Otro dedo se mete atrás. Ella gime más alto. Ya está lista para su orgasmo, pero la voy a hacer esperar. Salimos de la posición y la pongo en cuatro. La abro toda y le meto suavemente un dedo atrás mientras le chupo su sexo y la penetro con mi lengua. Me alejo un poco y la miro. La levanto suavemente y la beso desde atrás. Mis manos ahora están en los pechos de ella y mi miembro se mete lentamente, solo un poco, dentro de su culo. La vuelvo a alejar. Ella me pide que entre, pero hago que no la oigo. Le meto dos dedos ahora y la señorita R estira su mano y se masturba. Su dedo siente el clítoris hinchado. Su sexo tiembla. Yo juego lentamente con la yema de los dedos y ella goza de forma increíble. Le doy vuelta en todos los sentidos. Ella se entrega toda y yo también.

    Estamos ahora frente a frente. Ella abierta de piernas acostada y yo arriba arrodillado mirándola. Le acaricio los pechos. Le pellizco los pezones. Con la punta de mi miembro le hago masajes en el clítoris. Ella quiere más. Me pide a gritos y voy a por más. Apenas le meto la punta y ella se contrae. Lo quiere atrapar, pero se le va. Presiente la dureza de mi miembro penetrándola y delira.

    Así estuvimos un buen rato. Los orgasmos innumerables por parte de ella se sumaron a los dos memorables míos. Uno que le lleno de semen el culo y otro que le regó la boca y la cara, dejándolo caer entre sus pechos y jugando con el. Los de ella fueron casi a pedido del delirio. Montada en mi cara. Otro en mis manos. Un tercero juntos cuando la penetraba por detrás. Un cuarto cuando la penetraba por delante. Y más. Impensadamente más.

    Al amanecer todo había cambiado. La nada ya no estaba y el sueño de sus fantasías se había esfumado. Quedaba, en su lugar, una caja de recuerdos que formaban el pasado reciente más digno de recordarse de los últimos tiempos y la promesa de empezar de nuevo.

    Hasta un nuevo encuentro que transforme la nada.

    Espero que os guste y lo disfrutéis tanto como yo escribiéndolo. Deciros que los comentarios y valoraciones son gratis y ayudan bastante.

    GRACIAS

  • De nuevo en el taller de mi esposo, con sus clientes

    De nuevo en el taller de mi esposo, con sus clientes

    Hola de nuevo. Esta vez les voy a contar cómo fue la segunda vez con los clientes de mi esposo.

    Pues bien, obviamente ellos ya habían ido varías veces antes de que se pudiera dar una segunda vez, y es que la veces anteriores mi esposo sí estaba en casa o había salido, pero cerca, así no se había podido dar nada, solo que yo saliera a comprar y ellos verme de lejos lucirles algunas licras o pantalones pegaditos.

    Pero por fin se dio. Esta vez mi esposo salió a comprar unas refacciones a una ciudad lejos de donde vivimos y también iba a pasar a un deshuesadero a buscar otras piezas que le hacían falta, así que prácticamente tenía casi todo el día para mí sola. Sin embargo yo no sabía si ese día que tenía tanto tiempo, iban a ir aquellos señores, porque ya habían ido varías veces y no se había podido. Pero para mi suerte, sí fueron. Solo que esta vez solo habían ido 2 de ellos nada más, porque el otro dijo que ya no se iba a poder, que ya habían ido varias veces y no se había podido. En fin, que una hora más o menos después de que mi esposo se fue llegaron los 2 señores, lo malo para ellos, era que antes había llegado otro señor un viejito que también estaba esperando a mi esposo.

    Cada ciertos minutos yo salía al taller o según a la tienda, para ver si el viejito me preguntaba si mi esposo iba a tardar, para decirle que sí, que había salido lejos por unas refacciones, eso con la intención de que él no se quisiera esperar y al mismo tiempo hacerles saber a los otros que hoy era el día que estaban esperando (y también para lucirme un poco a los señores), pero para mí mala suerte no me preguntaba, unos 30 minutos después más o menos uno de los señores por fin se le prendió el foco y me habló.

    -disculpe, su esposo irá a tardar mucho? es que ya llegamos algo esperándolo.

    Yo pensé, por fin preguntaron, entonces les dije.

    -uy sí, es que salió fueras a buscar unas refacciones y también iba a pasar a un deshuesadero. La verdad no creo que vaya a regresar antes de mediodía, si no que más tarde (yo tratando de dar un tono más dramático para que el señor no quisiera esperar).

    Entré a la casa y me asomé por la ventana a ver qué pasaba, entonces el viejito se les acercó, algo les dijo y se dirigió al portón y se fue. Por aquí salió el viejito y ellos miraron hacia la casa, como pensando que ahora sí ya podrían hacer algo. Obviamente no salí de inmediato, esperé unos minutos y salí a «comprar», como si no me hubiera dado cuenta que el viejito se había ido. Cuando regresé, ellos empezaron a caminar hacia mí y me dijeron

    -ya se fue el ruco.

    -ah! y eso, por qué se fue?

    -dijo que no se iba a esperar, de hecho nos dijo que quería quedarse viendo tu culo, pero tenía cosas que hacer y que ya venía mañana.

    Solo me dio risa y les dije:

    -ah jeje lástima que bien, bueno voy a hacer mi aseo.

    Rápido uno de ellos me agarró de brazo y me dijo

    -apoco no se va a poder hoy? Tenemos mucho tiempo, no?

    -No se va a poder qué? Tengo cosas que hacer.

    -ándale chiquita! Mira que ya nos estuviste paseando el culo cada que salías y mira como me tienes (tomo mi mano y la puso sobre su pene que ya estaba duro)

    Mientras el otro se me acercó y me agarró las nalgas.

    -En serio, tengo muchas cosas que hacer.

    -Ándale mamita, también quieres (mientras me agarró mi entrepierna por encima de mi mayon y empujaba su dedo en mi rayita)

    -mira estás tetas! (Y me la apretaba)

    Creo que no hace falta decirles que solo me hacía del rogar y que en cuanto empezaron a tocarme yo ya me estaba calentando y me mordía los labios mientras gemía un poquito cada que uno empujaba su dedo en mi vagina y el otro apretaba mis pechos y mis nalgas. Se dieron cuenta de lo mucho que me gustaba y me dijeron:

    -ves que si querías mami

    Y entonces el que agarraba mis pechos metió su mano bajo mi blusón y se dio cuenta que no traía Bra.

    -que rico, así me cuesta menos (y levantó mi blusón)

    Le dije:

    -Esperen, vamos más para allá donde está aquel carro.

    Nos fuimos a donde les dije y en cuanto llegamos se nuevo sus manos se me fueron encima pero se cambiaron de lugar y rápido a meter la mano debajo de mi mayon y mi blusón, de nuevo lo levantaron y dejaron mis pechos al aire

    De inmediato los empezó a chupar, mientras el otro bajó un poco mi mayon para darse cuenta que tampoco traía calzón y después de mirar un poco mi vagina empezó a acariciar bien rico mis nalgas y a meter un dedo y luego otro en mi vagina.

    Yo ni me movía de lo rico que estaba sintiendo sus manoseos y chupadas, con los ojos cerrados solo gemía, se detuvieron, abrí los ojos para ver por qué, y me di cuenta de que estaban apresuradamente desabrochando sus pantalones para entonces sacar sus penes que ya estaban bien duros, cosa que no me resistí y rápido los agarré para empezar a masturbarlos y de inmediato ellos continuar con sus manoseos y lamidas en mis pechos peleándose por mi vagina, mis nalgas y mis pechos.

    Unos minutos más y me dijo uno

    -Te la quiero meter mamita.

    -sí mami vente que te quiero coger

    Entonces se bajaron más el pantalón y se acomodó uno detrás y el otro al frente, para uno cogerme mientras se la chupaba al otro. Sentí tan rico su pene y me estaba dando tan rico que por momentos dejaba de chuparle su pene al otro, y me recargaba sobre él mientras le apretaba el pene, al darse cuenta me decía:

    -siente rico mi amor?

    -Sí!! Aaah! Así! Maas!

    -Sigue chupando chiquita (y me metió su pene y lo empujó hasta adentro que me estaba ahogando)

    Después de un rato se cambiaron de posición para que el otro pudiera cogerme. No había pasado ni 5 minutos y se escucha un grito en la entrada del taller:

    -May!! (De nuevo) Maaay!!

    Nos quedamos callados tratando de no hacer nada de ruido, a mi me costaba un poco más, porque tenía un pene adentro de mi vagina, el que me estaba cogiendo le quedaba de frente el portón, entonces de repente dijo:

    -ya valió verga!!

    Y entonces vi cómo se acercaba alguien, y decía

    -no mames! Que está pasando aquí? Es la vieja del may, que rico!

    Yo me enderece de inmediato y trataba de subirme el mayon y me bajé el blusón.

    -no mames yo también quiero, siempre te me has antojado estás bien rica! (Mientras se agarraba su pene por encima del pantalón)

    Los otros se miraron entre ellos y me miraban también sin decir nada y el otro se acercaba a mí y me intento levantar el blusón, entonces dijeron: pues no hay de otra mamita. Y mientras levantaba mi blusón, vio mis pechos por unos segundos y dijo:

    -pinches tetotas se ven bien ricas.

    Y me las empezó a chupar y a acariciar, el otro me penetró de nuevo y me siguió cogiendo ahora con más fuerza, se ve que le había calentando lo que había pasado. Y la verdad es que a mí también, el otro me agachó de nuevo y me pusieron a chupar ahora los dos le penes que tenía frente a mí. Y ahí estaba siendo cogida y chupando al mismo tiempo, mientras ellos se cambiaban de turno. Cuando le tocó al nuevo, se puso detrás de mi abrió mis nalgas, se agachó y se puso a chuparme mi culito.

    Sí ese culito… Y sentí tan rico que me hizo soltar un gemido fuerte y apretar los penes de otros, siguió chupando más, pasando su lengua en culito mientras metía 2 dedos en mi vagina y los movía bien rico, eso me puso más caliente que chupaba con más ganas sus penes, (imagínenme en esa posición, disfrutando de lo lindo) cuando de pronto…

    -verga, wey, mira!

    Levanto la cara, y dos tipos más que habían entrado. Yo estaba tan metida chupando y disfrutando que no escuché nada. A estos si los conocía, eran muy amigos de mi esposo, en ocasiones mi esposo los había invitado a comer y a ver futbol. Y ahí estaban enfrente, viendo cómo 2 tipos me tenían chupándoles sus penes mientras otro me chupaba mi culito, el que chupaba mi culo nunca se detuvo, cosa que agradezco por qué eso hizo que me mantuviera excitada ante ese susto, por un momento pasó por mi mente que sus amigos podrían decirle a mi esposo, pero en cuanto los vi que empezaron a quitarse el cinturón me calmé, pero solo por un momento, por qué entonces vi el pene de unos de los amigos de mi marido, era enorme, se veía grande aun estando flácido, los otros dijeron: ‘a la verga’ y yo solo lo tomé y dije ‘ven’ (y se lo empecé a chupar y sentí como se iba poniendo duro y más grande en mi boca).

  • Una deuda pendiente con mi amiga prohibida

    Una deuda pendiente con mi amiga prohibida

    Todo empezó de manera casual, casi al azar. Una noche de desvelo de esas que prendes tu tableta a ver qué pasó de nuevo en tu Facebook. De esas veces que le escribes un “hola” a alguien simplemente para hablar cosas sin importancia. La mayoría de la gente conectada no te contesta pues saben que es mero aburrimiento lo que te guio a hablarles. Pero ella no.

    La conocía desde hace más de quince años, era parte de mi círculo de amistades en la universidad. Mi última conversación con ella fue una de esas de consejos repetidos de que terminara con su novio. Nunca hubo ningún acercamiento más allá de una sincera amistad. Ese día hablamos de lo que había pasado en nuestras vidas en esos años de no vernos. Ese día comenzamos una rutina que se convirtió en casi sagrada.

    Todas las noches el primero en conectarse le enviaba un saludo al otro. Era fácil contarle todo a alguien a quien seguramente no verías. No por la distancia pues los dos seguíamos en la isla sino porque nuestras vidas llevaban caminos tan separados que jamás coincidiríamos. No sé cómo pasó, pero el tema del sexo no tardó en llegar. Sorprendentemente éramos muy afines en las cosas que nos movían las hormonas. Dos exhibicionistas que disfrutaban también de mirar se confesaron para así comenzar el intercambio de imágenes de corte erótico. Primero cosas sacadas del internet, luego cosas sacadas de la memoria de nuestros teléfonos. Mi afición por la ropa interior encontró en ella una modelo.

    Pero todo quedaba ahí, ella tenía una vida hecha y yo otra. Sabía que estábamos cruzando tierras prohibidas y creo que nuestro sentido de culpa nos mantenía lejos de meternos en problemas. No todos los días eran de erotismo pues compartíamos lágrimas y alegrías también. Cada uno fue testigo de varias relaciones fallidas del otro. En esos momentos de felicidad amorosa cogíamos vacaciones el uno del otro, pero siempre terminábamos encontrándonos.

    Después de mucho tiempo decidí pedir su teléfono por primera vez con la excusa de que necesitaría unas direcciones que seguro ella me podría dar. Casi de inmediato los mensajes de texto remplazaron las conversaciones por Messenger de Facebook. Ya era cosa de diario el saber de ella y de noche de escucharla gemir en nuestras ya frecuentes noches de sexo telefónico. Sé que cruzaba líneas que no debería pues ella y yo éramos prohibidos el uno para el otro. Creo que el saber que era prohibido hacía que necesitáramos cada vez más escucharnos en las noches he intercambiar imágenes. La vida seguía su curso, pasaron años con este juego donde éramos amantes a través de la tecnología. En todos los años nunca quisimos vernos físicamente pues nuestro trato no lo necesitaba.

    Un día estaba por su vecindario y se me ocurrió pasar a saludarla pues sabía que no estaba sola y así nada podría pasar. Su familia completa estaba en su casa de visita ese día. Su madre me recordó muy bien pues antes frecuentaba su casa en otro rol. Nos sentamos en la sala a conversar junto a su mama un rato, pero como toda buena anfitriona nos dejó solos para ir a la cocina a buscar algo para ofrecerme. El bullicio de la familia fuera de sala hacía que nos acercáramos más para poder hablar. Ya uno al lado del otro nos mirábamos a los ojos más de lo que conversábamos. Le decía que no me mirara de esa manera con sus hermosos ojos verdes pues me ponía nervioso. Realmente el ambiente entre nosotros se llenó de mucha curiosidad, pero la presencia de su mama nos mantenía a salvo.

    La conversación de nuestras miradas fue interrumpida por su madre que recordó que me gustaba mucho el café. Me ofreció y yo acepte de inmediato. Ella me dijo que tenía que buscar harina pues no le quedaba mucha. Salió a él colmado de la urbanización dejándonos solos dentro de la casa. Ambos sabíamos que en el momento que estuviéramos solos nuestros labios se unirían. No había salido el carro de la casa cuando ya nos estábamos dando el primer beso tocado. Este fue seguido por otros dos mientras sonreíamos dando aprobación. Fui yo quien se movió a un beso más prolongado. Nos besamos como si nos conociéramos de toda la vida en ese aspecto. Realmente había química. El que las mordidas en los labios de cada uno llegaran indicaba que el deseo había aflorado. Cuando me moví a besar su cuello sentimos el carro llegar. Nos separamos de inmediato. Tuve que ponerme un cojín pues aún se reflejaba la excitación que aquel beso había causado en mí. Nos veíamos como cómplices sabiendo que habíamos cruzado una puerta que no debimos cruzar. Luego del café me fui a mi casa a esperar la llamada de esa noche.

    Esa noche hablamos de la situación y estuvimos claros que no debió pasar, pero ya no era tiempo de lamentaciones. Era claro que queríamos más pero también era claro que era algo que nunca debía saberse. Estando las cosas claras terminamos esa noche desquitándonos como ya sabíamos hacer.

    Pasaron varios días y la llame pues quería verla. La invite a una fiesta en calidad de amiga, pero me dijo que tenía planes. Me fui solo y la pase muy bien. La noche fue larga y los whiskeys fueron demasiados. Llegué ebrio a mi apartamento y dormí hasta tarde. Cuando me despierto veo un mensaje de ella diciendo que quería verme pues se sintió mal de no haber ido conmigo a la fiesta. Le dije que, si quería ir al cine o comer y me dijo que cualquier cosa, solo quería verme.

    La busque en el otro carro que tengo para que su mama no me reconociera. Se montó rápido y salí de allí sin saludarla. Cuando llegué a la esquina me detuve y le di un beso como saludo. Los deseos que nos teníamos eran tan grandes que ese beso duro minutos. Cuando nos despegamos le dije que lo único que quería ver esa noche era su cuerpo y lo único que quería comer esa su sexo. Sus hermosos ojos casi me gritan su aceptación. Como no sabía mucho del área le pedí que me dirigiera al mejor motel del área. Acaricié su cuerpo por todo el camino, casi me la comía cada vez que nos tocaba la luz roja de los semáforos.

    El motel a donde me dirigió era muy oculto pues ya había transitado esa zona y nunca supe que quedaba allí. Era pequeño pero bonito. De esos que verdaderamente te da confianza visitar. Llegamos a la cabaña y salí a pagarle al chaperón que nos enviaron a cobrar. Una vez pagamos entramos a la habitación. Los nervios eran muchos. Si quince años antes me hubieran dicho que estaría allí con ella no lo hubiera creído. Mi código lo terminaría de romper esa noche.

    Nos besamos de pie por largo rato. Por primera vez agarre sus grandes nalgas. Ella comenzó a desabotonar mi camisa mientras yo le soltaba el pelo. Ella me quito la camisa y comenzó a besar mi pecho mientras yo le quitaba su blusa. Los deseos hacían que nuestras bocas no se soltaran. Le quite su pantalón y quede pasmado con lo lindo que le quedaba su tanga negra. Sus hermosas y grandes nalgas hacían ver pequeña aquella pieza de ropa. Quité su sostén y pude admirar en persona su brillante tatuaje hacer contraste con su blanca espalda. Me retire un momento a admirarla. Había visto su cuerpo desnudo mil y una vez, pero el poder tocarlo y percibir su rico aroma era otra experiencia. La termine de desnudar entre besos. Ella hizo lo mismo conmigo aun de pie ambos.

    Pasamos a la cama y entre besos nos recostamos. Ya su cuello era mío y lo besaba y mordía como quería. La vire boca abajo y bese toda su espalda. Bese su tatuaje y termine besando y acariciando sus nalgas con tantas ganas que parecía que le hacía reverencias. Ella se volteó dejándome a la vista su voluptuosa parte frontal. Su cuerpo blanco como el papel alternaba con otros dos pequeños tatuajes. Sus manos cubrían sus senos como ocultándolos. Recordé que su mayor complejo era precisamente lo que la maternidad les había hecho a sus senos. Para mi eran bellos y recostándome sobre ella se lo hice saber. Los bese y chupe sus pezones hasta dejarlos duros. Sus gemidos eran música para mis oídos. Seguí besándola, pero esta vez mis dedos estaban sobre si clítoris. Usando mis dedos del centro puse presión, mientras los movía en círculo. Gemía duro en mi oído y esto hacía que yo lo hiciera más intenso. No tardo mucho más cuando tuvo su primer orgasmo. En su orgasmo apretó mi cuello tan fuerte que me dejo sin aire por par de segundos.

    Use los dedos del centro para introducirlos en forma de arco. Con mi pulgar rosaba su clítoris mientras con los dedos frotaba su Punto G. Sus gemidos eran con voz ronca y continua. Tuvo su segundo orgasmo, pero esta vez fue agresivo. Su cuerpo comenzó a temblar y sus bellos ojos se inclinaron. Tenía una especie de convulsión deliciosa. Quedo sin fuerza y me pidió un momento para reponerse. Yo estaba encantado con mi vista. Nunca había visto una reacción tan fuerte a mis acciones.

    Ya no quería esperar más para tener su sexo en mi boca. Una vez vi que su respiración se normalizó comencé a besar su abdomen mientras seguía mi camino a la gloria. Baje por su pelvis con mi lengua humedeciendo todo a su paso. Ella ya me esperaba con sus piernas separadas así que sin tardar fui directo a disfrutarla. Sus labios ya enrojecidos fueron abiertos por mis dedos para darle paso a mi lengua. Estaba muy húmeda y caliente y comenzó a gemir al contacto. Comencé con mi lengua en movimientos rectos y fuertes sobre toda su vulva. Agarré sus nalgas para asegurarme que sus movimientos pélvicos no me sacaran de mi faena. Se movía tanto que sentí por un momento que estaba en un rodeo. Sus gritos de placer se escuchaban fuertes y de seguro la gente de cuartos aledaños sabía de su disfrute. Disfrute dos orgasmos casi corridos esparcirse en mi boca. Estaba exhausta y yo ya necesitaba un descanso.

    Me tire hacia atrás y ella recostó su cabeza a mi pecho. Estaba callada pero sonriente. Su cara demostraba agrado y la mía emoción. Realmente me sentía como el rey del sexo. Casi me quede dormido cuando siento que su mano sostenía mi pene y su boca me besaba. Me miraba con ojos de revancha. Este era su turno de hacer todas las cosas que aquellas noches me prometía. Mojó sus manos con un poco de saliva y comenzó a masturbarme. Me decía cosas al oído que me encendían más. Ya mi miembro estaba en su mayor extensión.

    Bajo y sin esperar lo introdujo a su boca. Entre mamada y mamada me decía con voz lujuriosa que quería que terminara en su boca como tantas veces le dije haría en nuestras noches de sexo telefónico. No aguantaba las ganas de penetrarla así que me trepe sobre ella. Subí sus piernas casi hasta su pecho y comencé a embestirla con fuerza. Entre besos y los incesantes movimientos de ambos tuvo su quinto y sexto orgasmo uno tras el otro. Quiso que cambiáramos de posición y le pedí que se montara sobre mí. Poniendo sus manos en mi pecho bajo con cuidado y mi pene entro como pieza de rompecabezas. Ella respiro profundo y se quedó un rato como en trance. Me comenzó a galopar y poco después llego el séptimo orgasmo de la noche. Viendo que mi respiración era cada vez más agitada se retiró de su galopaje y fue directo donde mí ya hinchado pene.

    Lo agarro con fuerza y comenzó a chupármelo con maestría. Sus labios estaban tan apretados que me dejaba sin respiración con cada chupada que me daba. Gemí de placer mientras le gritaba que no parara. La agarré fuerte por su pelo y dirigí sus movimientos al ritmo que quise. Su regalo estaba a punto de llegar y ella lo sabía. Agarro mi poste con las dos manos mientras clavaba su mirada en mis ojos. Ya no podía aguantar y le grite que me vendría. Apuró su ritmo aún más a la vez que mi caliente esperma se esparcía por su caliente y talentosa boca. Mi espalda se arqueo y un grito de alivio se me escapo del pecho. Ella no paro hasta hacer desaparecer toda la evidencia de aquel gran orgasmo.

    Caí rendido mientras ella aun saboreaba mí ya no tan duro pene. Nunca dejo de mirarme. Ella toda despeinada veía como me empezaba una inexplicable risa. Se recostó de mi abdomen y dormimos unas horas. Al despertar de la siesta la tenía a mi lado. La bese fuertemente. A veces la ficción supera la realidad, pero jamás pensé que esperar tanto por tenerla me iba a dejar en la mente una de las noches más inolvidables de mi vida.

    Han pasado varios años y aún seguimos siendo amigos. Mi colección de fotos ha crecido desde entonces y mis travesuras con ella han evolucionado. Sigue siendo prohibida, pero qué más da, así es más excitante.

  • Segunda aventura con una trans increíble (Parte 1)

    Segunda aventura con una trans increíble (Parte 1)

    Esta la continuación de mi primer relato, que planeo dividir en dos partes, para mayor comodidad y que no sea algo extenuante a la hora de la lectura, y debo decir que se dio esta nueva aventura gracias a que al escribir nació nuevamente el deseo de tener relaciones con una trans.

    En esta ocasión, volví a encontrarme con Rebeca, que al parecer se volverá mi compañera sexual constante en este tipo de aventuras.

    Ahora ya inicio el relato en si:

    Poco después del mediodía, me encontraba viendo las fotos de una trans muy popular de internet, pensando en la primera vez que había tenido hace unas semanas, y lógicamente ya me encontraba con que mi pene estaba igual de nostálgico, recordando ese ano apretado y estrecho.

    Ya no había razones para dudar esta vez, el primer paso ya fue dado; escribí a la increíble trans, quería nuevamente sentirla. Le dije si podíamos encontrarnos en una hora, en el lugar anterior, repitiendo el esquema básicamente; amablemente ella accedió, y en esta ocasión le pedí que llevara un conjunto totalmente negro (para darle un toque más particular al encuentro).

    Llegó el momento, la hora fijada, aunque en realidad, decidí adelantarme unos quince minutos; fui nuevamente al mismo motel, la espere en la habitación. Esta vez me encontraba ya más acostumbrado a la situación, ya contaba con la primera experiencia; decidí, luego de darme un baño, recostarme y ver la televisión hasta que ella llegara.

    Luego de veinte minutos como mucho, golpean la puerta. Había llegado la escultural y deliciosa transexual, con una sonrisa y bien animada. Pasa y nos abrazamos, la saludo y ella me da un profundo beso que automáticamente despierta al compañero de aventuras que está en el pantalón.

    -Me parece que ya estamos listos!- me dice sacando la lengua y tocando por encima del emocionado amigo, ansioso por estar dentro suyo.

    Y era cierto, estaba más que preparado para lo que sucedería. Procedo a dar el pago correspondiente; en principio, el mismo protocolo que la última vez.

    Acto seguido, me dice que quiere darse una ducha, y luego ya podríamos hacer lo que quisiéramos. Le respondí que no habría problemas.

    Voy a esperarla en la cama, en lo que se me ocurre ir a ver mientras se está bañando, luego de pensar que puedo «hacer lo que quiera» en ese tiempo, como ella me había dicho anteriormente.

    Entro al baño y me encuentro con una vista fenomenal, un espectáculo insuperable: ella se estaba pasando el jabón por el cuerpo, veía sus pechos, tan firmes y excitantes, corriendo agua por ellos, sus nalgas cubiertas de espuma y su pene, aún en reposo, siendo tocado y enjabonado por sus delgadas manos.

    Era todo un show, uno excesivamente erótico debo decir. En eso ella alza la vista mirándome de una manera muy atrevida y lógicamente cargada de un aire sexual.

    -Parece que ya se te acabó la paciencia verdad? -me pregunta con una cara media tierna y media pervertida.

    -Tenía muchas ganas de ver ya ese cuerpito perfecto. -dije, diciendo toda la verdad.

    -Y yo ya tengo ganas de coger ese cuerpito perfecto. -ya con esa conversación, su pene está cobrando tamaño y dureza.

    Se acercó a mí y me desabrochó el pantalón, hábilmente sacando mi pene del interior, empieza a acariciarlo suavemente, mientras hacía una leve masturbación en su pene ya erecto.

    -Quiero tragar esta pija, con la boca y después con el culo. -ya el lenguaje y el tono indicaban, por un lado excitación mutua (aunque claro, es su trabajo) y también la promesa de una sesión de sexo duro y fuerte.

    -Y que esperamos? Tragatela toda hermosa. -apenas dije eso, me bajó todo el pantalón, me dio una masturbación rápida y fuerte, y me dijo que se quitaría rápido el jabón y que ya «sacaría la leche» como se debe.

    Fui hacia la cama, quitándome ya la ropa, no tenía sentido seguir vestido a estas alturas. Luego de un par de minutos, sale del baño con su conjunto negro, se acerca a la cama, con una suave fragancia, su blanca piel sentía suave y fresca al tacto. Se coloca en mi costado, con su larga y suave cabellera castaña, empieza a acariciarme y me pregunta:

    -Como empezamos hoy?

    Esa pregunta ya la había imaginado antes, y había ciertas cosas que quería probar, así que la respuesta ya la tenía desde hacía tiempo.

    -Ponete de cuatro, quiero empezar con eso, hay mucho para hacer hoy.

    -Ya? Tan rápido? Quería chupar esa pija rica. -decía eso poniendo una cara de tristeza, asumo que normalmente inicia siempre con sexo oral.

    -En unos minutos, ya vas a tragartela toda, ahora también te gustará.

    Y poniéndose de cuatro, de seguro pensó que ya quería penetrarla, pero en realidad mi idea era otra. Procedo a bajar su tanga negra, y descubro su perfecto y circular ano; ese ano que lo recordaba una y otra vez, que no había tenido la oportunidad de verlo en todo su esplendor, lo tenía ahí. Justo donde quería.

    Abriéndose y estirando sus sexys y grandes nalgas con las manos, le pido que las sostenga así.

    Me acerco y (esperaba algo similar de hecho) tenía una agradable fragancia, un aroma bastante atractivo, bien limpio (producto del baño previo obviamente, ella sabe prepararse); empiezo a lamerlo suavemente, pasando la lengua por afuera, por los alrededores y luego más y más por la entrada misma, presionando progresivamente.

    Ella empieza un lento y pequeño gemido, constante, casi como un susurro.

    -Pensé que ya querías metérmelo, pero empezar con esa lengua me deja bien dura. -me decía entre gemiditos y suspiros.

    Pude comprobar que era cierto, su pene estaba totalmente erecto, y empecé a tocárselo despacio, al fin y al cabo era recién la segunda vez que lo hacía.

    Una pequeña masturbación que iba desde la base hasta la cabeza, un sube y baja que trataba de hacerlo lo más cuidadosa y rítmicamente posible, a la par de que no dejaba de lamerle el dulce ano, que ya palpitaba más y más. Entonces acerque un dedo y empecé a introducirlo de a poco.

    Iba entrando lentamente, a la par de que lo asistía con mi lengua. No dejaba en ningún momento de realizar el movimiento hacia arriba y hacia abajo en su hinchado y medianamente grueso pene. Ahora decidí aumentar la velocidad. El dedo ya había entrado por completo, confirmado con un gemido alto. Su ano estaba ya bien lubricado, mi dedo podía entrar y salir velozmente para su disfrute.

    Al mismo tiempo, ya notaba que había bastante líquido preseminal en toda la cabeza de su pene, el cual iba cayendo a la cama, dada su posición.

    No sabía si ella podría eyacular, en esa posición, pero quería intentarlo.

    Atendiendo no lastimarla, procedí a hacer ambas cosas, estimular su ano, ahora con dos dedos, metiendo y sacando rápido, y masturbar su pene, con más fuerza y vehemencia. Sus gemidos seguían, eran altos y fuertes, también me decía cada cierto tiempo:

    -Así papi, así, seguí rápido, no pares por favor. Ya quiero que me des duro, quiero tu pija.

    Lo primero decidí hacerlo, lo segundo, aún no. Aunque mi propia pene ya estaba a su máximo nivel de tamaño y dureza, deseoso de entrar en ese ano que estaba siendo penetrado por mis dedos.

    Seguimos así unos minutos y luego, al fin, sucedería ya aquello que deseaba ver y sentir.

    -Papi, papi, hace más rápido… ya voy a terminar, voy a terminar… – sus jadeos y grititos se intensificaban mientras salían las palabras de su boca.

    Obviamente cumpliría su petición y aumente violentamente la velocidad, para que pudiera expulsar todo su semen, era parte del plan del día.

    Con el rápido movimiento, pude sentir la contracción de su cuerpo, empezó a arquear la espalda, e iniciaban los espasmos en sus muslos, en sus nalgas y por supuesto en su pene, sus gemidos eran fuertes, agresivos, eyaculaba con fuerza, saltaban chorros de la punta de su mojado pene, sentía el calor de su miembro, y como iba saliendo cada chorro, con potencia, en cantidad, ella seguía manifestando su placer:

    -Ah ah, ahgg, si, ahg.

    No eran los gemidos usuales de placer, al ser acariciada o penetrada, eran quejidos, los rudos gemidos de alguien que había llegado a un duro y demoledor orgasmo, que evidentemente había alcanzado el clímax que todos buscamos en un encuentro sexual.

    Observe las sábanas manchadas, había bastante semen en ella, los chorros que fueron disminuyendo en fuerza se acumularon exactamente debajo de donde estaba su sexo, había expulsado una buena cantidad y, creo que le había gustado.

    Sentía que ella se encontraba algo cansada después de eso, su brazos tenían poca fuerza, entonces la moví y la recosté boca arriba, su rostro se veía alegre, estaba con sus ojos cerrados y con una sonrisa.

    -Esta vez fuiste vos quien me quitó toda la leche. -dijo abriendo un ojito y mirándome.

    Estaba sudando y se veía en su rostro la satisfacción post-orgasmo, había sido un inicio prometedor.

    -Creo que era momento de retribuir un poco lo de la otra vez, quería verte terminar.

    -Y fue la terminada bebé, sentí que iba a desmayarme.

    Seguidamente, cambiamos las sábanas para poder estar más cómodos y me dijo que iría a higienizarse de nuevo (un punto más que a favor es que Rebeca es muy higiénica, bastante limpia y pulcra).

    Particularmente yo me encontraba bien excitado por todo lo vivido, ya estaba ansioso porque sea mi turno y poder experimentar un placer intenso, en ese día, deseaba repetir el placer de la anterior vez, pero a la vez experimentar más (cabe aclarar nuevamente, siempre de manera activa, ya que no deseo ser penetrado de forma alguna).

    Hasta aquí va la primera parte del relato, que en breve pienso terminarlo, y que narrare la parte más excitante de mi segunda aventura con una transexual.

  • Mar adentro (Parte II)

    Mar adentro (Parte II)

    Mi cuerpo sobre el tuyo y mis manos descendiendo por tu piel aun húmeda de agua salada. Mi boca besando despacio cada centímetro de piel que separa tu boca de tu sexo. Tus piernas rodean mi torso y siento tus pies descalzos sobre mi espalda, atrayéndome… Mis labios húmedos van perfilando un ligero reguero que desciende por tu abdomen. El sabor a sal inunda mi boca…, siento el escozor en mis labios.

    Poco a poco tus piernas se separan ofreciéndome tu sexo ante mí… Mis dedos lo recorren; tu clítoris asoma y es recibido por mis yemas: Textura suave y húmeda. Voy presionándolo entre ellas.

    El goce comienza a aparecer en tu rostro. Tus piernas se mueven ligeramente. Tus pies descienden por mis piernas. Mi lengua lo toma. Lo saboreo bajo mis labios. Mi lengua lo recoge y acaricia, sintiendo un ligero temblor en tu cuerpo. Tu cintura se levanta y tu bella piel se eriza con un cambio en tu respiración.

    Mis dedos descienden y van abriendo tus rosados labios; juegan y poco a poco notas mis falanges presionando, venciendo esa inicial para acabar hundiéndose en ti.

    Tu excitación aumenta contagiándome. Mis dedos comienzan a deslizarse cada vez más adentro… Primero uno, luego otro… Mi muñeca se gira y mis dedos van presionando tu interior, mezclándose con la humedad creciente… Mi lengua lame tu clítoris, y sientes mi saliva impregnándolo, mezclándose con tus fluidos que van apareciendo…

    Te observo: Tus ojos cerrados, tu boca entreabierta por la que van aflorando leves gemidos…

    El poder verte así, es el mejor de los regalos…

    Continuo dándote placer. Quiero sentir cómo tocas el cielo bajo mi cuerpo… Tu cintura se eleva y comienza a contonearse, mientras tus manos abandonan tus pezones, duros y firmes, para situarse sobre mi cabeza.

    Revuelves mis cabellos con tus dedos. Haces que mi boca vaya oscilando entre tu ano y tu clítoris… Tu abdomen se tensa para posteriormente oscilar, acompañado de un gemido bajo, pero intenso… Tus manos me sitúan entre tus labios. Tu humedad va aumentando. Mis dedos y mi lengua se hunden cada vez con más intensidad, obedeciendo tus deseos… hasta un gemido final… Tus piernas se ciernen sobre mi torso. Tus pies empujan por mi espalda. Miro tus ojos. Me observas y una leve sonrisa aparece entre leves contracciones en tu sexo…

  • Mi tío me hizo conocer los ricos orgasmos (9): Parte 1

    Mi tío me hizo conocer los ricos orgasmos (9): Parte 1

    Doblemente follada y disfrutada.

    A pesar que habían ya pasado como 10 minutos que habíamos dejado la discoteca, yo aún sentía los estragos de aquel delicioso orgasmo que tuve en la disco, estar entre tanta gente y tener unos dedos estimulándome el clítoris fue ¡Inimaginable! hasta ese momento para mí, el riesgo de que alguien nos viera lo hacía más rico de lo normal, cuando Stefan no dejaba de sobarme el coñito yo tenía los ojos cerrados sumergida en un placentero éxtasis de placer, totalmente perdida en un mundo delicioso de lujuria recordando las palabras de Max “Érica tu si me has impactado de una manera que no puedo olvidarte déjame decirte que me he masturbado salvajemente pensando en ti, en que yo estaba en lugar de tu novio en la discoteca, ¡Chupándote Lujuriosamente! el cuello mientras mi polla te frota ese delicioso culo tuyo sin importarnos la gente a nuestro alrededor, espero volver a verte algún día, terminaría al instante con cualquier mujer que estaría y tan solo por estar contigo porque eres la más excitante y deliciosa mujer que haya conocido en mi vida” mis latidos se incrementaban como si no tuvieran límites ni tampoco mi calentura y ni siquiera mi ¡Desenfrenado Placer! ¡Mmm!

    A pesar que el aire que entraba por la ventana no bastaba para enfriar mi ardiente calentura es más el aire a chocar con mis tetas y mis pezones desnudos provocaban más mi éxtasis, me mordía los labios, dejaba caer chorros de saliva en mis pezones los cuales estaban duritos por la deliciosa excitación, me acariciaba los muslos, frotaba mi coñito en un frenesí total y le hablaba a mi tío con voz sumamente excitada mientras que el conducía.

    — Mmm… no veo la hora de sentir ¡Deliciosos Orgasmos! con Uds. Mmm.

    ― ja jajá… por lo que noto el orgasmo que provoco Stefan en la disco te ha dejado tan ¡Excitada! que no ves hora que lleguemos sobrinita.

    Mis ojitos no dejaban de cerrarse y abrirse por la rica sensación que provocaban mis deditos sobando mi deliciosa conchita, lo mire a mi tío que no dejaba de sonreírme.

    ― ¡Ufff! ¡Que Rico Orgasmo! me hico sentir Stefan ¡NUNCA! pensé que experimentar tal delicioso orgasmo en medio tanta gente lo hiciera ¡Más Delicioso Que Nunca! ¡Ahhh!

    ― Si pues Stefan y Rebecca son una pareja sumamente liberal, ellos están dispuestos a gozar de cualquier manera y tú ya lo has ¡Provocado!

    No podía dejar de estimularme y excitarme cada vez más, a pesar que ya estábamos cerca de Zúrich había más autos en la carretera y seguía con mi frenesí de deditos húmedos.

    — ¡MMM!… ¡UFFF!… no quiero ni imaginarte cuanto habrán hecho gozar a Rebecca Uds. 2, ¡Incontables Orgasmos! seguramente ¡Mmm!

    ― ja jajá… así es sobrinita la hemos hecho gozar intensamente y nos a casi matado de tanto placer a nosotros, tú y ella son parecidas especialmente cuando pierdes la razón, piden más hasta el extremo.

    ― ¡Mmm! ¡AHHH! ― delire, susurre y gemí por tal alago, Steve no dejaba de decirme que ya estábamos cerca a la casa de Stefan, a pesar de estar ya en Zúrich el también no podía contener su falsa seriedad por los gemidos que su sobrinita dejaba escapar, sus ojos también mostraban lujuria al verme así de excitada pero al ver a más gente en la calle me arranco la mano de mi conchita.

    — Érica ¡cuidado que te van a ver! — no me importo en absoluto y volví a meter mis deditos debajo de mi tanguita húmeda.

    ― ¡Mmm! pues que me vean, total me excita mas así ¡Ahhh!

    Mi tío al ver que seguía demasiada excitada tomó otro camino más despejado y sin menos gente, varios minutos después saque mis deditos y me los chupé con sensualidad.

    ― Mmm uhh ahh… ¡Que Rico! sabe mis fluidos no veo la hora que Stefan los vuelva a saborear ¿quieres saborearlos querido tío? — le coloqué los deditos poniéndoles cerca de su boca.

    ― ¡JODER! Érica, no puedes esperarte a que lleguemos a la casa de Stefan.

    — ¿no quieres saborearme? ¿No quieres disfrutar los fluidos vaginales de tu deliciosa sobrina?

    Steve no pudo contenerse más y chupó mis deditos mojados con mi néctar de mujer.

    ― ¡Mmmm! no puedo negar que sabe delicioso sobrinita pero no te adelantes que esta noche será una orgía de intensos orgasmos.

    ― ¡Mmm! querido tío solo estoy preparándome antes del encuentro. ―Reí.

    Mi tío tenía razón pero solo estaba haciendo un antesala a mi ¡Desenfrenada Locura! como a los 20 minutos después llegamos por fin a la casa de Stefan, su casa era enorme su carro ya estaba en la cochera subterránea que tenía espacio para dos autos, Steve entró y estacionó el auto después cerraron el portón eléctrico, cogí mi cartera y Salí del auto, Stefan y rebeca ya estaban invitándonos a entrar, cruzamos un pasadizo y entramos a una sala bien grande y muy bien decorada, era un piso subterráneo con varias habitaciones, incluso tenían una pequeña sauna, la sala estaba muy bueno incluso mejor que la sala de mi casa ja jajá, cerca de las ventanas que daban al primer piso habían dos grandes muebles celestes uno al frente del otro en el piso sobre ellos había una enorme alfombra azul también una televisión enorme no sé de cuántas pulgadas, en las paredes habían algunos pequeños cuadros y muchos adornos.

    Stefan sacó de un pequeño frízer una botella de champagne y todos nosotros con copa en mano brindamos por la noche maravillosa que disfrutaríamos, Stefan y Rebecca brindaron por la oportunidad de conocerme y de enseñarme tantas cosas deliciosas, me sonrojé un poquito por tan sinceras palabras, hicimos el brindis, Rebecca le pidió a Steve a que le ayudara a traer algo del primer piso mientras que yo me percaté de una mesita con bastantes cuadritos de fotos. Al acercarme más les di una minuciosa revisión, habían unas en donde estaban Stefan y Rebecca en varias playas del mundo, Italia, Francia, España, también habían muchos lindos adornos pero había una foto que me llamó mucho la atención, en esta foto estaban Stefan y dos maduros más, estaban riéndose en la foto y de pronto Stefan apareció detrás de mí y dijo que eran sus viejos amigos que uno era un inglés y el otro un alemán, y dijo que algún día me los iba a presentar.

    Yo le regalé una linda sonrisa y el me miro con ternura. El me apartó el cabello y empezó a besarme la mejilla, luego el lóbulo de mi oreja y después mi cuello. Yo arrullé feliz por las sensaciones que sus labios y su lengua producían en mi piel desnuda.

    Quería devorarme por completo, como un zombi devorador de cerebros en una mala película de terror. Mezclo pequeños y suaves mordiscos con los besos en mi cuello. No pellizcó lo suficientemente fuerte como para dejarme una marca, pero fue un claro contraste con los suaves besos. Mis arrullos se convirtieron en pequeños gritos de necesidad, perfectamente acompasados con el avance de sus dientes sobre mi piel. Después de detenerse un rato en mi cuello, sus besos siguieron bajando por mis hombros, bajó mi tirante y me dio más besitos después regresó a mi cuello y comenzó a chupeteármelo otra vez. Mi excitación se estaba incrementando a cada segundo, después subió mi tirante y fue para mi hombro izquierdo, me quitó el tirante y otra vez comenzó a darme besitos hasta chupetear mi cuello por ese lado, me abrazo por la cintura, no sé qué estaba haciendo Steve pero yo estaba calentándome más y más a cada momento, Stefan dejo de besarme y me hablaba al oído.

    — ¡Que delicada piel que tienes bebé! incluso más suave que el de Rebecca, Umm, ¡Qué gran suerte tuvo Steve de tenerte!

    Al terminar de decirme eso volvió a chupetearme el cuello y dejo de agarrarme la cintura y sus manos fueron a apretar a mis gemelitas, lo cual me hico suspirar cuando sus habilidosas manos apretaron suavemente mis senos.

    — ¡WUAO! ¡Qué Deliciosos par de Melones que tienes Princesa!

    Le respondí con voz excitada.

    — ¡UMM! pues ahora tú también tienes esa suerte, ¿vas hacer paciente conmigo?, porque de seguro ya tendrás mucha experiencia acumulada.

    El me respondió, — claro princesa seré muy paciente contigo ¡Tienes tanto que aprender y gozar!

    Le pregunte que más le conto Steve acerca de mi.

    — pues nos llamó muy emocionado y le dijimos que venga a la casa, aquí nos contó de tu fantasía, yo al saber que querías realizar tu fantasía de tener sexo con dos chicos sentí un mini orgasmo, una sensación que recorrió todo mi cuerpo, yo estaba emocionadísimo y excitadísimo como nunca antes.

    Sus sinceras palabras me provocaban ¡Ricas sensaciones!, le pregunte con voz entrecortada suspirando por la chupeteada en mi cuello.

    — Mmm… y ¿que más te dijo mi tío?, Umm…

    — ¡Que eres una salvaje en el sexo cuando te descontrolas!, y eso me vuelve ¡Loco de Placer! y además pides más y más, tienes una putita golosa y desenfrenada dentro de ti y que aflora cuando estas ¡Extremamente Excitada!

    Me excité más cuando dijo eso de mí y le respondí

    — Pues esta noche vas a conocer a mi ¡Verdadera parte Salvaje! — acto seguido me gire y le agarré del cabello, lo jalé hacia mi cara besándonos apasionadamente, ¡Que Rico! besaba Stefan fue muy placentero ser besada por alguien con mucha experiencia, sus labios se movían de una manera distinta al de mi tío, nada mejor que un maduro lleno de tanta experiencia.

    Unos minutos de ricos besos nos estábamos dando, yo le agarraba con fuerza el cabello mientras que él me tenía sujetada de la cintura. De pronto dejó de besarme, me abrazó con fuerza la cintura y me levantó en peso colocándome sobre la mesita quedando sentada enfrente de él y se inclinó hacia mí para besarme.

  • Bomboncito

    Bomboncito

    Seguimos en la casa de mis padres y digamos que cada noche era fuego con esa hembra que tengo. Les contaré una noche más, de esas que pasamos en nuestra visita.

    Hacía mucho calor y decidimos dormir abajo del aire acondicionado del living, era el lugar más fresco aunque teníamos que tirar el colchón en el suelo.

    Acostado ya esperándola mientras usaba mí celular. Mis padres se fueron a dormir despidiéndose, mientras mí hembra estaba en el baño cambiándose. Ya solo y dejando el teléfono de lado me recosté con sueño, pensando dormirme rápido.

    En eso veo la luz del baño al abrir la puerta, ella salía hacia mí con una remera un poco escotada, podía ver sus siempre tentadores pechos y debajo un short negro no sé de qué tela es pero es algo como deportiva me quedaba hermoso. Hermosa mí bomboncito, pero al acostarse boca abajo mirando su celular, llego a un nivel de erotismo y provocación que casi exploto.

    No podría explicarlo, solo imaginar ver una cola redonda grande y paradita con un short que se perdía en ese hermoso cuerpo. Claramente mí sueño mí cansancio desapareció, tenemos ese don de calentarnos y no importarnos nada. Comencé a besarle cada centímetro de cola, ella de vez en cuando me preguntaba qué estaba haciendo, yo solo seguía disfrutaba besar esa cola deliciosa que cada vez que miraba hacia a mí miembro crecer más y las ganas se descontrolaban.

    -lo quiero -dije en tono desesperado

    -qué cosa? -dijo haciéndose la tonta distraída

    -esto -agarre esa cola con mis manos loco cegado de excitación

    -pero estamos en el living, estás loco?

    -vamos a la habitación

    -no ni loca hace calor -dijo girándose riendo de como me ponía por ella

    -vamos te dije

    Me miró y se dio cuenta mí mirada demostraba que si o si iba a tener lo que quería.

    Y así fue la lleve a ese pedazo de mujer a la habitación, la acosté y con el siempre riesgo excitante de que mis padres despertarán y nos vean la hice mía, primero despacio luego ni ella lo soporto y comenzó a mover ese culo hacia tras y así disfrutar más de mi pedazo.

    Que más decir que fue una delicia ese bomboncito todo mío toda la noche, riquísimo.

  • Mi tío, Mariana y yo (¿Por qué eres tan perfecta?)

    Mi tío, Mariana y yo (¿Por qué eres tan perfecta?)

    Con su número pude averiguar cosas de ella, y efectivamente, teníamos casi la misma edad, ella estudiaba Psicología, vivía en un distrito aledaño al nuestro. Y también pude apreciarla mejor… flechada y asombrada por esto nuevo que sentía, no hacía más que admirarla y desearla.

    Tanto era lo que sentía que me descubrí un día tocándome, con unas fotos de sus viajes en una playa de mi ciudad. Ella con su traje de baño rosita y su cabello recogido dejaba ver sus hombritos delicados y sus caderas de infarto. Mariana quiero que seas mía, ahh Marianaa sé mía por favor -susurraba en la oscuridad, llegando a unos placenteros orgasmos.

    Un día me las ideé para ver las conversaciones de mi tío con ella. Con la opción de whatsapp web. Al entrar, leí conversaciones bobas, nada especial ni nada raro. Que decepción, pensé. Pero decidí no salir, por si pasaba algo, y efectivamente, timbrecito: nuevo mensaje.

    Mariana: Estoy deseándote con locura. Necesito verte ya.

    Me helé totalmente, mi tío tenía una relación con ella con alguien mucho menor que él…

    -Yo también chiquita, deseo cogerte durante toda la noche. -Estoy yendo a tu consultorio. Nos vemos en 10.

    El consultorio de mi tío queda en mi casa, en la parte de adelante, lejos a nuestro edificio. No sabía qué hacer, si ir a espiarlos o no, me ganaba el morbo así que pasados los 10 minutos fui, y tratándome de esconder, la vi. Ya cuando cerró la puerta, se dieron un profundo beso mientras mi tío la empujaba al portón cogiéndole su culito con pasión. “Entremos” susurró…

    Traté de ver por las persianas el acto inadecuado de pasión, pero lastimosamente no pude, más solo escuchaba gemidos, pequeños gritos de placer y palabras candentes…

    -Di que te coja, di por favor cógeme

    -Cógeme por favor amor!

    -Eres mi puta cierto? Mi perra en celo.

    -Síi lo soy, soy tu putita así que cógeme por favor.

    -Mi puta -y zas, se oían nalgadas- Mi hijita -y zas más nalgadas.

  • Paulina raptada

    Paulina raptada

    Paulina, una joven como tantas en sus 21 años, se había independizado recientemente y mudado a una casita de suburbio en las afueras de una ciudad rural.

    Como todas las mañanas tomo un desayuno rápido y salió a correr su par de kilómetros habituales, se preocupaba mucho de mantener una buena figura, pues de esta dependía en mucho su sustento y el éxito en su trabajo.

    Comenzó a correr por el sendero que pasaba frente a su casa y que también llegaba hasta una vieja granja semiabandonada. Corría escuchando su música preferida y absorta en sus pensamientos. ¿Que debía mejorar en sus shows, que podía implementar?

    Cuando pasó por frente a la granja no se percató que era observada por aquellos ojos crueles y lascivos. El hombre se puso de pie en su porche y después que espero un momento salió para seguirla.

    Como vio que no la alcanzaría decidió ocultarse y esperar su regreso al costado del camino.

    Después de un rato Paulina venía de regreso sin enterarse de nada, él le salió al cruce por detrás y la golpeo en la cabeza.

    Poco a poco fue volviendo en sí, abrió los ojos lentamente, no comprendía que pasaba, todo estaba en una nebulosa, de pronto se quiso mover y no pudo, probo de mover las piernas y no lo logró. En eso siente que alguien le arroja un cubo de agua helada por el rostro y el torso, esto termino de despabilarla.

    Estaba tendida boca arriba en una cama mal oliente y sucia, se ve que haría mucho tiempo no se cambiaban esas sabanas. Frente a ella sentado en una silla a los pies de la cama estaba el hombre más sucio y repulsivo que pudiera imaginar.

    Trato de hablar pero no pudo y sintió el sabor agrio en la boca, el hombre la había a amordazado con un trapo sucio y un poco de cinta.

    Hola Paulina, al fin nos conocemos personalmente y el placer es todo para mí, bebe. ¿Te imaginas quién soy? Hablamos mucho todos los días en tu chat, lo que tú no sabías es que somos vecinos, no tuviste mejor suerte que mudarte a mi vecindario.

    “Adivina que va a pasar ahora? Pues que vas hacer todos tus shows y los que yo invente, para mí y gratis, sin exigir tokens ni nada de esas estupideces.”

    El hombre se puso de pie y se aproximó a ella a la altura de su torso, saco de su bolsillo dos pinzas de ropa y puso uno en uno de los delicados pezones de Paulina, ella emitió un chillido agudo y empezó a respirar aceleradamente, presa del miedo, la sorpresa y el dolor.

    Dio la vuelta lentamente hasta el otro costado de la cama e hizo lo mismo en el otro pezón. Ella volvió a gemir, una lagrima le asomo por el rabillo del ojo. “¿Vas a llorar? ¡Pero si recién comenzamos?” Miro su entre pierna, un coño afeitadito y apetecible para cualquiera que lo viera por la cam, pero ahora estaba ahí frente a él, en persona, a su merced. ¿Qué le haría primero? Acerco su mano, tomo su clítoris con el pulgar y el índice tirando hacia arriba y allí coloco otra de las pinzas. Paulina aulló de dolor sin poder moverse, pues estaba fuertemente atada a los extremos de la cama con brazos y piernas extendidas.

    “¿Cuántas veces prometiste esto en tus transmisiones?, era hora de que lo cumplieras. ¿Verdad?” Metió cuatro dedos en su coño y comenzó a masturbarla fuerte, mientras lo hacia las pinzas en los pezones y el clítoris de Paulina se movían haciendo más agudo el dolor.

    Paulina tenía los ojos muy abiertos y no dejaba de emitir gemidos ahogados por aquel trapo sucio que casi la atragantaba, lo sentía muy atrás en su garganta.

    “Ya estas mojada eh? Te está gustando, tu mente dice que no, pero tu coño dice sí.

    Vamos al siguiente paso entonces”. Sobre una mesa había una gran vela que alumbraba la habitación, el hombre la tomo y se la mostro a la asustada chica. “¿Sabes que se hace con esto? ¿No? ¡Ahora vas a ver!” Y de improviso dejo caer un chorro de cera caliente en su vientre.

    Aaaaggg! Gimió Paulina. “¿Quema eh? ¡Probemos en las tetas! Y derramó otros dos chorros sobre sus pezones que aún estaban con las pinzas en ellos.

    Auuuggghh, nauuufff pedía ella retorciéndose, pero el vertió un gran chorro desde el medio del pecho hasta el coño de ella, regocijándose de su trabajo. ¿Cuantas veces había soñado con tenerla así para él?

    Cuando Paulina sintió la cera caliente en su clítoris y escurrir dentro de su vagina, no pudo más y se desmayó.

    Otra vez la despertó el agua helada, pero esta vez no estaba acostada, esta vez colgaba cabeza abajo con los brazos cruzados y atados a la espalda. Ya no tenía mordaza, el hombre quería que su boca estuviera libre para lo que planeaba hacer.

    “¿Te acordás que siempre prometes la lluvia dorada? “Bueno ahora lo vamos hacer, bebe” “Estas loco le dijo ella” “¿Ah estoy loco? ¿Así que sos puro cuento? Y tomó la gran vela que tenía en la mano y la apoyo sobre el ano de ella. “¿Vas a abrir la boca?” “No” dijo ella tajante.

    “Bueno, tú me obligas” y empujo el extremo filoso y desparejo de la vela de seis centímetros de diámetro en aquel anito prieto y delicado, lo hizo sin consideraciones, de un empujón se lo hundió 10 cm, Paulina no tuvo más remedio que gritar y allí el aprovechó para inundarle la boca con su orina. Le metió más la vela en el culo hasta que ya no entro más y luego la saco casi totalmente y la volvió a meter esta vez de un empujón.

    Paulina gritaba por el dolor en el culo, al tiempo que se ahogaba con la orina de él, aaaghh, auggg, glup, glup, auuggg, aahh!

    “Esto es un anal y una lluvia dorada” dijo el

    “Ahora el detalle final, el Figging” Colgada como estaba y con el culo abierto, le metió una mano entera de jengibre pelado en su ano, a los pocos momentos Paulina empezó a retorcerse pero no podía gritar, otra vez estaba amordazada, esta vez por el mismo trapo, pero él había tomado la precaución de mojarlo bien en orina.

    Mientras Paulina se retorcía cada vez más, presa del calor en su interior y del asco en su boca, él fue hacia una pared y descolgó una herramienta de campo. “¿Sabes qué es esto? Un rebenque, se usa para azuzar a los bueyes.

    Y comenzó a golpearla con él, el cuero curtido al sol, se enroscaba en el cuerpo de Paulina, dejándole listones color rojo. Giraba producto de estar colgada y de retorcerse por el dolor, no sabía si la golpeaba en el frente o atrás, así estuvo dos horas, hasta que el hombre exclamo exhausto.

    “Bueno creo que ya tenemos suficiente, para un video bdsm, con esto podemos hacer mucha plata. ¿Verdad amor? ¡Espera que te saco ese trapo! “Si y bájame de acá. Hijo de puta te esmeraste para hacerlo ver real, va hiciste todo real, menos el rapto” y él le responde… “Y soy tu Depravado, amor”