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  • Me di cuenta que me encanta ser cornudo

    Me di cuenta que me encanta ser cornudo

    Hace 6 años me encontraba trabajando en unos proyectos con mi padre cambiando las redes antiguas de edificios en el centro, Estefany me escribió por WhatsApp que tenía que ir a la universidad a «pagar» unos cursos obligatorios que para entonces nos exigían, yo confiado le dije que con cuidado pues estaba lloviendo muy fuerte ese día, pero a pesar de eso en el transcurso de la tarde me invadió un sentimiento de intranquilidad fue cuando decidí llamarla insistentemente y comencé a preocuparme pues no respondía por un lado mi cabeza le daba vueltas si estaba bien o qué le pasaría por otro lado pensaba en esa pequeña opción de que quizás estaba haciendo cosas malas y deliciosas.

    De nuevo intenté y con éxito contesto mi llamada aunque la escuchaba un poco agitada y quizás pequeños gemidos no le preste mucha atención pues el trabajo me tenía también agotado que no pensé en un 100% que estuviera en esas, más sin embargo la realidad era que mientras hablaba conmigo, cabalgando con una verga larga no tan gruesa y gimiendo como toda una perrita.

    La tarde transcurrió y terminó la jornada laboral casi 2 o 3 horas después me llamo ella diciéndome que ya había llegado a la casa, más sin embargo la cabeza me rodeada con la duda de saber en verdad que hizo esa tarde.

    Pasó una semana y en un día lleno de pasión y placer entre los 2 se animó a contarme lo que realmente aconteció ese día, a continuación su relato:

    «Iba mi con nervios mi papá me acompañó a coger el bus cuando me baje en el Farmatodo de la Cali con esperanza me puse a sudar pero a la vez me sentía excitada y deseada, llegó y me recogió me llevo a su apartamento todo muy normal hasta ahí me invitó un vaso de jugo y nos sentamos en la sala comenzamos a conversar y el él se empezó a acercar de a pocos hasta comenzar a tocarme las piernas ese día llevaba un jean de rotos y uno quedaba muy cerca de la entre pierna lo cual aprovecho y metió su mano para rozar mi vagina de a pocos ya estaba demasiada mojada nos besamos un poco y decidimos subir a su cuarto pues su hermano estaba también en el apartamento.

    Sin más preámbulo me recostó en la cama me quito sus botas y la chaqueta y abrió con brusquedad mi blusa dejando al descubierto mi brasier casi caído y mis tetas sobresalían de él lo cual no dudó y termino chupándomelas, cuando ya lo sentí encima de mí no tenía su pantalón ni bóxer sentía su verga erecta y ya mojada lo cual hizo que me olvidará de todo me quite el jean y el comenzó a meter sus dedos dentro de mi vagina súper húmeda sin pensarlo después de un buen rato me subió las piernas y me comenzó a penetrar con intensidad y duro me hacía gemir demasiado solo pensaba en que quizás afuera nos estarían escuchando pues había dejado la ventana del cuarto abierta.

    Después él se acostó y yo se lo comencé a chupar en ese momento pensé que se iba a venir pues yo me masturbaba mientras le hacía sexo oral y así logré mi primer orgasmo pero en ese momento pidió que me subiera y comenzó a penetrarme duro de nuevo no podía casi ni respirar con tranquilidad me tenía súper mojada y deseada de que llegara pronto quería su leche fue en ese momento en que sonó el teléfono y conteste eras tú (Diego), y eso me llevo al punto máximo de la excitación pues logré mi segundo orgasmo es por eso que trataba de controlar mis gemidos en el momento que colgaste me desahogue y grite cómo loca después me puso en 4 halaba de mi cabello y me nalgueaba de nuevo me penetraba con intensidad no podía parar de gemir hasta que lo saco y me pidió mamársela de nuevo fue así como comiéndomelo completo lo saco rápido y llego sobre toda mi cara mientras lo saboreaba con mi lengua.

    Ya después de descansar un rato me vestí y tome un taxi de vuelta a la casa.

    Durante su relato mi excitación fue tanta que en ese momento logré llegar 5 veces más, esta es apenas la primera de las varias experiencias cornudas que ya hemos vivido espero les guste.

  • Putitas 2×1

    Putitas 2×1

    Cuando tenía 23 años, un fin de semana invité a mi hermana, que tiene dos años menos que yo, a bailar y le dije que se arreglara bonito porque esa noche nos la pasaríamos bien. Como soy la hermana mayor, no dudó ni un segundo en hacerme caso y se fue a su cuarto a arreglarse. Yo había quedado con mi novio, quien en realidad era mi amante, pero nadie en mi casa lo sabía, de que pasaría por mí.

    Pensando en lo que haríamos esa noche, le ayudé a mi hermana a escoger su outfit. Le busqué un vestido bien putito que dejaba ver la mitad de sus enormes tetas y que se le ajustaba tanto, que sus nalgotas parecían de actriz porno. Yo por mi parte escogí una minifalda, una blusa escotada, brasier y tanga de color negro, medias negras y zapatillas, lo que me hacía ver muy putita como a mí me gusta. No sé a las demás, pero cuando me visto así, me gusta que los hombres me vean al pasar, porque lo hago pensando en ellos. Ese día era el cumpleaños de mi amante y quería darle un regalito, pues algunas veces que cogíamos se la pasaba fantaseando con mi hermana y yo jugaba con él que un día se la llevaría para que se la cogiera bien rico. Pero hasta ese día, el no imaginaba que eso estaba a punto de ocurrir.

    Cuando mi amante llegó por mí, se sorprendió de ver que iba también mi hermana pues él no sabía mis planes. Fuimos al antro de moda por esos días y que a mí me gustaba pues tocaban buena música para bailar. Cuando llegamos comenzamos a tomar y luego a bailar. Mientras bailábamos y al calor de la bebida, mi amante aprovechaba cualquier ocasión para pegarse a mí y hacerme notar lo duro de su verga, lo que ya me tenía muy caliente. Cuando vi que ya estábamos medio alcoholizados, le sugerí que sacara a bailar a mi hermana y así lo hizo.

    Después de que toda la noche se la estuvo comiendo con los ojos, no iba a desaprovechar su oportunidad, por lo que sin perder tiempo se la llevó a bailar entre la gente, en una zona que estaba a media luz. Yo fingía que no los veía, pero pude ver como bailaban pegaditos y se rozaban sus partes. Luego la música cambió y comenzaron a bailar perreo y me alegró ver como mi hermana tallaba sus nalgas en la verga de mi amante, pues eso era buena señal para mis planes.

    Cuando mi amante y mi hermana regresaron a sentarse yo ya estaba muy caliente, así que no puede contener las ganas de poner mi mano por debajo de la mesa y tocarle la verga por encima del pantalón. El a su vez hizo lo mismo y tocó mi empapada panocha. Al sentir lo húmeda que estaba, el muy cabrón me dijo al oído que me quitara ahí mismo la tanga y se la diera, cosa que le obedecí sin protestar. Aprovechado que había mucha gente, discretamente fui bajando mi tanga por mis piernas, cuidando de que nadie me viera, aunque en realidad espero que alguien me haya visto, porque pensar en eso me excitaba todavía más. En cuanto la tuve en mis manos, le entregué la tanga a mi amante por debajo de la mesa y el muy cabrón apretándola en el puño y de forma muy discreta, se la acercó a su nariz para olerla, lo que hizo que mi panochita se contrajera de deseo.

    Como habíamos tomado mucho y noté que ya estábamos muy alcoholizadas, le sugerí a mi hermana que nos quedáramos a dormir en un hotel, pues no era bueno que mis papás nos vieran así, además de que mi amante no podía manejar tan ebrio. Mi hermana estuvo de acuerdo y nos fuimos al hotel más cercano. Mi amante y yo nos quedamos en un cuarto y mi hermana en otro. Cuando entramos al cuarto mi amante ya venía muy caliente con la verga bien erecta, lo que era de esperarse después de estar bailando toda la noche con dos putitas a su disposición.

    En cuanto cerró la puerta se bajó el cierre del pantalón, se sacó la verga, que ya la traía toda lagrimeada y jalándome de los cabellos, me obligó a mamársela hincada en el piso. Aunque eso de que me obligó es un decir, pues yo estaba tan caliente que se la habría mamado sin que me lo pidiera. Cuando se cansó de que se la mamara me levantó la minifalda y me tocó mi mojada panocha que ya estaba lista para ser penetrada. Sin perder tiempo me llevó frente al tocador y me clavo su verga en la panocha por detrás, mientras yo miraba en el espejo su cara de placer.

    Después me llevó a la cama, me puso en cuatro y me empezó a dar de a perrito. En el momento en que estaba sintiendo más rico, me escupió dos veces en el culo, me lo empezó a frotar con los dedos y luego sin avisarme me la metió de un solo golpe. En esa posición me estuvo dando rico haciéndome gritar de dolor, pero también de placer, hasta que se vino dentro de mi llenándome con su leche y dejándome el culito todo glaseado.

    Después de que se bañó, le pedí que fuéramos al sofá para que yo me subiera y fue hasta ese momento en que él me desnudó quitándome la blusa, la minifalda y el brasier, dejándome solo con las medias y las zapatillas. Él se sentó en el sofá, yo me subí de frente a él y comencé a galoparlo hasta que me vine unas 2 o 3 veces. Luego me tomó de la mano y me llevó otra vez a la cama, pero antes de que siguiera le pedí que se pusiera los pantalones y que fuera al cuarto de mi hermana por un regalito de cumpleaños que ella le iba a entregar. Al principio se quedó un poco desconcertado, pero en cuanto le guiñe el ojo, todo se le aclaró y con la cara llena de deseo se vistió y salió. Yo me quedé sentada en el sofá que estaba pegado a la pared que daba al cuarto de mi hermana, para poder escuchar lo que estaba a punto de suceder.

    Yo conozco bien a mi hermana y sabía que después de tanto bailar con mi amante y tallarse sus partes, tendría muchas ganas de coger y estaría completamente desnuda, con la panocha bien mojada y lista para ser penetrada. Para escuchar mejor, me pegué a la pared y pude oír como él le toco la puerta. Cuando ella abrió él le preguntó si necesitaba algo y la muy putita de mi hermana le dijo que no podía dormir que si le daba un masaje. Luego escuché como cerraron la puerta y comenzaron a besarse con mucho deseo. Después escuché como le dio unas ricas nalgadas y luego escuché el ruido de la hebilla del cinturón de mi amante cayendo al piso, lo que era señal de que se había quitado el pantalón.

    En seguida escuché los gritos de placer de mi hermana e imaginé como golpeaban los huevos de mi amante en sus nalgas. Por el rechinar de la cama, imaginé que le estaba dando de a perrito, lo que hacía que yo me excitara más y me tocara la panocha. La puta de mi hermana gritaba de placer cada vez que la embestía. Pude escuchar como la nalgueó bien rico muchas veces y como la hizo venir hasta dos veces. Luego escuché como jalaron una silla y comenzaron a coger en ella y otra vez los gritos de placer de mi hermana me indicaron que se estaba viniendo por tercera vez. Después mi amante gimió bien rico en señal de que se estaba viniendo lo que hizo que al mismo tiempo me viniera yo imaginando que me estaba cogiendo a mí. Me vine tan rico que mojé el sofá, por lo que me fui a la cama para esperarlo. Cuando entró al cuarto, pude ver en su cara todo el placer que sintió y que seguía sintiendo y volvimos a coger con más ganas.

    Cuando amaneció y antes de salir del hotel, mi amante me dio un cheque por una cantidad grande de dinero, que firmó con gusto pues quería repetir lo que vivimos aquella noche. Luego nos llevó a la casa. Cuando estuvimos solas en nuestro cuarto, ni mi hermana ni yo nos dijimos nada y las dos fingimos que eso nunca pasó. Aunque de los tres, nosotras dos fuimos las que más disfrutamos, solo mi hermana y yo sabemos por qué jamás quisimos volver a ver a mi amante.

  • Karen, una puta madura (XI): Carmen cachonda en el coche

    Karen, una puta madura (XI): Carmen cachonda en el coche

    Lo dejamos en el anterior capitulo en esa relación lésbica entre Carmen y yo y que llevó a replantearnos no nuestra heterosexualidad sino nuestra percepción sobre el placer. Porque si queridos lectores, si bien adorábamos ambas una buena polla, en ese sentido nos compenetrábamos a la percepción aun así.

    Señalar que Carmen y yo nos podríamos valer nosotras juntas sin ningún hombre lo cual y lejos de las dudas nos planteaba la posibilidad de ser o no lesbianas era una extraordinaria ventaja. Es indudable a ambas nos gustan los hombres pero insisto… en el otro sentido se puso de manifiesto también nos compenetrábamos.

    Cuando volvimos al salón después de tocarnos ahí estaban el negro Ramón y Enrique dormidos con sus pollas al aire. Mientras ellos habían acabado como dos despojos nosotras nos habíamos tocado en la intimidad en algo nuevo y extraordinario para ambas.

    -Voy a ducharme. Dijo Ramón levantándose con su polla yendo de lado a lado entre sus muslos. Cuando acabó, Enrique hizo lo mismo.

    Carmen y yo nos quedamos mirando.

    Regresaron desnudos. Ramón se puso su camiseta que le llegaba a la altura de su pubis y que dejaba su terrible y negro miembro al aire. Si hay algo me excita es un hombre con una camiseta vieja sin calzoncillos exhibiendo su verga al aire.

    Enrique hizo lo mismo pero se puso unos bóxer.

    Nosotras íbamos con nuestras bragas y unas batas que resaltaban nuestros senos. Esos hombres estaban bien descargados a lo cual ni nos miraron las tetas.

    Pasamos la tarde jugando al Trivial. Quien ganó como era de esperar dado su bagaje intelectual fue Carmen. Al otro día era domingo y con la excusa planteé fueran a Alicante por una paella para llevar.

    Carmen se fue a su casa, mis dos chicos y yo conmigo. Quedaron pues para el día siguiente ir a buscar a Carmen e ir los tres a comprarla. A la hora de acostarme le di vueltas a aquel episodio lésbico tuve ese mismo día con mi amiga mas me dormí tranquilamente.

    Me levanté tarde y por consiguiente cachonda. El dormir me relaja mucho a la hora del sexo. Desperté a Enrique y a Ramón a las 11 porque habían quedado con Carmen a las 12.

    Ambos protestaron pero me hicieron caso. Ramón tenía la manía de dormir sin calzoncillos y vi cómo iba con su negro miembro medio erecto por el pasillo. Enrique, al contrario se vistió enseguida. Los había despertado con tiempo porque me apetecía masturbarme delante de mi ordenador viendo el video de cómo se habían follado a mi amiga Carmen dos días antes. No habían cerrado la puerta de casa que ya estaba en frente de mi ordenador sentada con las piernas abiertas apoyados mis pies en la mesa vibrador en mano.

    A veces, vivir con dos hombres a la hora de mi intimidad era una lata. Otras, si tienes ganas una ventaja para que te follen los dos a la vez.

    Puse el video y comencé a tocarme los pechos y el coño por encima de las bragas apartando mi bata. Enseguida estaría dispuesta para meter mi vibrador hasta el fondo como así hice.

    Esperé a que mis bragas estuviesen empapadas y aparté su costura derecha sin quitármelas para penetrarme.

    Era la primera vez veía ese video y estaba ansiosa. En realidad, los había despachado pronto para que me dejaran en paz porque si hubiese querido me hubiesen follado nada más levantarse por mi boca y coño.

    Atrapé ese vibrador con los músculos de mi vagina para que no se saliera y me acaricié el clítoris por debajo de mis bragas gimiendo en mi habitación repleta de peluches. Me puso muy cachonda ver como las gigantescas tetas de Carmen (mucho más grandes que las mías) se bamboleaban mientras mis chicos la jodían por sus dos agujeros gimiendo como salvajes.

    Miré mis pechos acariciándomelos y estaban realmente a tope de erección, señal inequívoca de que pronto iba a correrme quizá empalmando varios orgasmos como así fue. En el primero, mi vibrador se salió de mi coño yendo a parar al suelo y en el segundo solté mis tetas e introduje mis dedos en mi vagina para llegar otra vez.

    -Buuufff…! Qué corrida tuve… Mejor a veces sola que acompañada, pensé…

    Cuando acabé de recoger recibí un mensaje de mi amiga.

    -«Me los prestas en el coche?.»

    -«Si, claro…».

    Qué estaría maquinando mi amiga?

    Alguna de sus obras de teatro sin duda…

    Carmen se montó en la parte trasera del todoterreno de Enrique. Se había vestido con una falda de vistosos colores y una blusa blanca que marcaba sus generosas hechuras. Bajando las escaleras de su casa mis chicos advirtieron como subían y bajaban sus tetas.

    -Hola, chicos!!! Ya estoy lista. Un intenso olor a mujer mezclado con su perfume invadió las pituitarias de ambos.

    -Hola, Carmen. Vamos por la paella.

    El viaje sería del pueblo a Alicante donde había un famoso paellador. Unos 40 kilómetros por carretera.

    A mitad de camino, Enrique ajustó el espejo interior del coche enfocándolo a las tetas de Carmen quien advirtió el movimiento. El reflejo de la mirada de Enrique la puso tan completamente cachonda que comenzó a rozar sus tetas con sus rojas uñas por encima de su blusa.

    -Cuántos baches por esta carretera, chicos…! Con un hábil movimiento Carmen se sacó las bragas y comenzó a acariciar su rosa coño cosa que Enrique advirtió a través de su espejo mientras que el negro Ramón no se enteraba de nada.

    -Podéis parar que me mareo?

    Enrique paró el todoterreno a una distancia prudencial de la carretera y mis chicos bajaron del coche.

    Cuando abrieron las puertas traseras Carmen se había sacado las tetas por encima de su blusa sin quitarse el sujetador y sus bragas estaban tiradas en el asiento.

    -Estoy un poco indispuesta, chicos. Entráis?

    -Bufff…! Quizá sean unas calenturas… Ahora que habéis parado me estoy poniendo un poco mejor… me daba vueltas todo.

    Ramón y Enrique se sentaron en el asiento corrido trasero uno a cada lado de Carmen y comenzaron a tocar sus tetas y su ya empapado coño. A la vez Carmen sacó sus vergas hasta ponerlas bien tiesas una en cada mano y comenzó a hacerles una paja a cada uno.

    -Necesito un poco de oxígeno, chicos. Dijo bajando su boca hasta la polla de Ramón que estaba tiesa como un candelabro mientras que con una mano libre seguía haciéndole una paja a Enrique.

    Éste se bajó del coche con su polla por encima de sus pantalones bóxer y corrió los asientos delanteros hacia delante para tener más espacio comiendo acto seguido el coño de Carmen, quien hacía lo posible por tragarse la negra verga de Ramón hasta los huevos.

    -Bufff… estas cosas hacen sentirme un poco zorra. Pero estamos en confianza, chicos. Espero que nadie nos vea.

    Carmen tenía una discreta forma de ser en el sexo y era que cuando estaba en confianza se ponía muy bastorra.

    -Me voy a correr, chicos… Tú, el de abajo… chupa más que me voy a irrrr!

    Efectivamente… Carmen se corrió en el asiento emitiendo sonidos guturales y jadeando sin parar.

    -Qué bien…! Ahora os toca a vosotros, dijo saliendo del coche pasando por encima de Ramón.

    Se situó en frente del capó de aquel todoterreno con sus tetas en la mano. Nadie se veía alrededor y el mismo coche tapaba la visión desde la carretera.

    -No queréis? Dijo Carmen desde fuera.

    -No sé si deberíamos, Enrique… Que tú eres Guardia Civil…

    -No jodas. Esto me parece demasiado. La llevamos al refugio y nos la follamos, Ramón. Está muy salida.

    -Sube, Carmen!! Que nos va a ver toda la comarca.

    -Ohhh… yo que quería me follaseis al aire libre…! Pero os aviso que los baches aún me pondrán el coño más húmedo y no sé si podré soportarlo.

    Carmen se montó y abordaron el refugio en el que me pillaron Enrique y sus amigos cazadores en este nuestro primer capítulo de la serie y entraron.

    -Venga sacad vuestras pollas, tíos que voy muy cachonda todavía. Tanto bache y curva…! Dijo nada más entrar.

    -Necesito dos buenos rabos!! Pollas!!!

    Carmen se puso de rodillas y volvió a poner tiesos los rabos de mis chicos que se turnaban en su boca. Ella ni se había vestido por el camino. Iba con su falda, sin bragas y sus dos enormes pechos colgaban por encima de su sujetador saltando. Era evidente esperaba cipotes.

    -Parecéis un par de salidos mirando mis tetas. Os gustan ehh? Dadme pija, tíos!!!

    Dijo con esos dos rabos en la boca poniendo los ojos en blanco, ante dos hombres a quienes los había puesto cachondos perdidos como dos monos.

    Enrique salió un momento al coche y cogió dos mantas que puso en el suelo de ese refugio. Si bien era un lugar un tanto desamparado era a la vez agradable.

    -Os he puesto bien burros desde el asiento de detrás, ehhh? Sobre todo a ti, Enriquito…

    Ambos cogieron en brazos a Carmen.

    -Uhhh, chicos. Tened cuidado con vuestro tesoro.

    Ella como fue natural se agarró a los enormes brazos de mis chicos que la llevaron como si fuese una pluma.

    Las tetas de Carmen colgaban a ambos lados de su torso rozando los brazos de Enrique y Ramón que la llevaron en la sillita de la reina con el coño bien abierto. Las pollas de mis dos chicos iban de lado a lado de sus muslos en un imposible vaivén siempre tiesas. Carmen las agarró fuerte y como pudo por el camino.

    Unas bragas tendían en un rincón de la estancia y que no pasaron desapercibidas por Carmen quien exclamó…

    -Y esas bragas?? Ya veo, ya… como os gusta traer aquí a vuestras conquistas…

    Ramón no supo que decir pero Enrique espetó…

    -Ohh!!! Son las bragas de mi novia Karen. Se las dejó aquí el día en que estuvimos con ella y con mis amigos cazadores… (primer capítulo de la serie).

    La verdad, es que era cierto. Aquel día aparecí por casa sin bragas y llena del semen de Enrique en mi coño porque los otros 4 se corrieron mirando. Me sigo arrepintiendo de ese día porque soy una mujer respetable pero iba muy cachonda y mereció la pena tan mal atrevimiento solo por conocer a Enrique.

    La verdad, es que alguna vez me encuentro con esos cuatro hombres y me tratan como a una dama. Ni un solo detalle ha trascendido de ese frugal encuentro con ellos. Hay veces que las historias de amor comienzan de la forma más insólita. Luego vino mi negro ex Ramón y ustedes, los lectores ya conocen la historia hasta este capítulo porque está en negro sobre blanco…

    -Si… ya me contó Karen. Pero vosotros a lo vuestro. Apostilló Carmen justo en el momento ambos la dejaban encima de aquellas mantas tendidas en el suelo.

    Ni corta ni perezosa, Carmen se puso a 4 patas. Sus gigantescas tetas colgaban de su busto por fuera del sujetador casi tocando el suelo.

    -Así, chicos? Así os gusto más, pequeños?

    No contestaron.

    Ambos subieron y bajaron sus vergas de 19 centímetros tanteando así su erección para penetrarla.

    Enrique se puso de rodillas metiendo sus dedos en el coño de mi amiga para comprobar su humedad y no pensándoselo dos veces, la penetró a fondo y de una vez por lo que Carmen exclamó…

    Ahhhh…! Si, si… Así…!

    Ramón se quedó mirando y aproximó su negro cipote a la boca de Carmen quien lo tragó a la primera.

    La polla del negro entraba y salía de la boca de mi amiga al ritmo de las embestidas de Enrique, quien había asido a Carmen realmente fuerte su enorme culo de madura, follando su coño sin compasión.

    Ramón dijo…

    -A ver si la chupas como Karen.

    No le faltaba razón a ese comentario. Carmen en todo era más explosiva que yo que al contrario era más cariñosa. En realidad, no sé cómo les gustaría más a mis chicos pero me daba igual. Carmen era más primitiva y visceral.

    Tampoco sé muy bien que quiso decir Ramón con ese comentario. Posiblemente nada diciéndolo por decir algo porque a Ramón le encantaba como chupaba su verga y a mi como me comía el coño.

    Como bien he dicho, Carmen tenía la manía de si estaba con gente de confianza ponerse realmente burda. Era como si le excitase decir cosas soeces.

    -Venga, mis maromos. Jodedme fuerte a ver si os corréis a gusto donde querais. Necesito cipote grande!! Hoy estoy cachonda y quiero leche de caballo. -Cambio de postura. Quién se pone abajo?

    Enrique se puso debajo y Carmen arriba quien movía su culo con fuerza trajinando a Enrique que gemía sin parar. Ramón cogió su polla y se la metió también en el coño de mi amiga quien pudo contemplar como estaba siendo follada por dos hombres con enormes cipotes dentro de su cuerpo.

    -Quiero todo el zumo de vuestros huevos!! Dijo Carmen cada vez más bárbara. Como me gusta esto. Dos pollas y cuatro cojones para mi sola… Ahhh… me iré otra vez enseguida si me seguís follando así, cerdos!

    Las grandes vergas de Ramón y Enrique entraban desacompadas en mi amiga Carmen. Cuando una salía entraba otra sin orden ni concierto hasta su útero. Cuando entraban a la vez, sus huevos entrechocaban como pelotas de billar justo en la boca del agujero de mi amiga quien era entonces cuando experimentaba su mayor placer posible.

    Carmen, era una mujer muy teatral. En base a su teatro y pese a su abstinencia de 9 años en el sexo desde que murió su marido, sabía que en el sexo los hombres llegan a altas cotas de excitación si se les estimula aun sabiendo ellos es puro drama. En cuanto a mi y por el contrario era más variable en ese caso. Si me apetecía lo hacía. Si no, obviaba tal recurso escenográfico.

    Evidentemente, Carmen se autoexcitaba así y también a mis dos chicos que cada vez se ponían más y más burros por lo que ella volvió a correrse viéndose penetrada por dos pollas.

    Ahhh… otra vez… No falláis ehh?? Qué habéis desayunado para darle tanto placer a vuestra amiga??? No paréis, seguid…!

    Carmen comprimía como podía las paredes de su vagina para presionar más esas dos pollas. Quería se corrieran cuanto antes. Estaba ansiosa por ello.

    Ellos siguieron dándole a Carmen hasta que Ramón se corrió primero jadeando como un perro.

    -Uhhh…!!! Ya ha terminado mi negrito…

    Ramón sacó su verga entre estertores llena de su propio semen y del flujo de Carmen. Su esperma resbalaba por la polla de Enrique que seguía debajo de ella moviéndose como podía mientras besaba a Carmen y chupaba sus tetas agarrándose a ellas con sus manos.

    -Vamos, Enrique… que no se diga te trato mal… Que ya va siendo hora, mi amor…!!! Dijo Carmen visiblemente azorada.

    Enrique se corrió en breves en lo más fondo del ser de Carmen quien cuando notó se iba a ir lo montó aún más fuerte para exprimirlo al máximo.

    -Qué bien, ehhh, Enriquito??? Qué desahogo ya… Vamos, corazón que ya ha pasado.

    Cuando Carmen se retiró de él y se puso de pie el esperma de ambos resbalaba por sus piernas hasta las rodillas.

    -Qué chicos más buenos tenemos Karen y yo… Sois unos machotes. Dadme besos, mis corazones…!!!

    Se tumbó sobre las mantas y ambos la besaron como dos locos con sus vergas aún en erección agarrados a sus pechos como dos niños con sus juguetes.

    -Nos gustas mucho, Carmen. Dijo Ramón.

    -Claro que si. Y vosotros a mi más. Venga… Besitos… quiero besitos ahora. Muchos!!!

    Estuvieron así retozando los tres como 15 minutos. Era ya tarde y esperaba la paella

    -Vamos, ánimo. Que no os invada el descanso. Nos espera la paella.

    Se vistieron y por la hora que era imaginé algo habría pasado en ese viaje…

    Los chicos se vistieron y Ramón fue al coche a traerle las bragas y falda a Carmen junto con un paquete de cleenex para limpiarse el coño de ellos.

    Carmen se vistió y cogió mis bragas olvidadas de aquel día. Se las metió en el bolso.

    Me mandó un mensaje.

    -«Ya me los he follado otra vez. Ahora vamos.

    Llama a mi hijo Carlitos para que coma con nosotros.

    PD: Llevo tus bragas. Perra, que eres una perra…».

    -«Qué bragas???».

    -«Las que te dejaste allí el día te folló Enrique y los 4 cazadores mirando…».

    -«Ja, ja, ja, ja…!!! No me acordaba…».

    (Continuará).

  • Una mujer embarazada y su instructor de yoga (C. 1)

    Una mujer embarazada y su instructor de yoga (C. 1)

    Liset puso los ojos en blanco discretamente mientras varias mujeres detrás de ella se rieron cuando Marco entró en la habitación. Ella era una de las 20 mujeres, en diversos grados de embarazo, inscritas en una clase de yoga. Fue una clase de yoga especial diseñada para mujeres embarazadas.

    La hermana mayor de Liset; Cristina, sugirió que lo probara. Los ejercicios y posturas fueron fáciles para las articulaciones y fáciles de hacer. Después de varias semanas, Liset notó una mejora significativa en su movilidad y fuerza, por lo que esto ayudó enormemente a medida que su vientre de embarazada se hacía cada vez más grande.

    Liset estaba embarazada de 6 meses y esta vez tuvo menos problemas para caminar, pararse, bañarse o cuidar de sus dos hijos: un niño de 6 años y una niña de 4 años.

    Liset se casó con su novio de la escuela secundaria a los 23 años al descubrir que estaba embarazada. Luego de 7 años más tarde se encontró como una ama de casa de 30 años con su tercer y cuarto hijo en camino, pues para ella sería la primera vez que tendría gemelos.

    Liset se sonrojó cuando Marco la miró a los ojos, aunque sospechaba que había sido un accidente. Siempre sonreía y miraba alrededor de la habitación cuando llegaba. Bajó la mirada a su gran barriga, colocando las manos a los lados.

    Liset se dijo a sí misma que estaba feliz con su vida, pensó en sus hijos y su marido; Raúl, y en la suerte que tenía de ser madre de dos hijos, que pronto serian cuarto. Sentada en su colchoneta designada, suspiró y se dijo de nuevo que estaba feliz.

    Las mujeres sentadas en las colchonetas detrás de Liset rieron de nuevo, continuando susurrando entre ellas. Siempre se aseguraban de hablar después de clase con Marco, el ayudante del instructor de yoga. Marco siempre fue cortés con ellas, dejándolas coquetear y divagar sobre cualquier cosa que se les ocurriera como excusa para charlar con él.

    Marco siempre le dirigía a Liset un asentimiento y una sonrisa suave cuando se iba, haciendo contacto visual e ignorando a las mujeres embarazadas que hablaban durante una fracción de segundo. Mientras esperaba a que llegara Daniela, la instructora y dueña del recinto donde se daban las clases de yoga.

    Liset se apartó de la cabeza los pensamientos sobre Marco, varias veces últimamente se sorprendió a sí misma soñando despierta con él. Esto en diversas ocasiones la hacía sentirse mal, pues sentía que estaba traicionando de alguna manera a su marido Raúl.

    Marco un hombre de nacionalidad Cubana, era de piel negra, tenía cabello negro y corto, ojos cafés y una sonrisa blanca y perfecta. Él media 1.88 de estatura, tenía un cuerpo de adonis, pues era todo músculo.

    Liset escuchó a algunas de las mujeres de la clase hablar sobre cómo escucharon que Marco también era un modelo de fitness. No sabía si eso era cierto, pero el cuerpo perfectamente tonificado que poseía ciertamente se parecía al de un modelo de fitness.

    Liset no pudo evitar sonrojarse cuando Marco estaba cerca de ella, ayudando a algunas de las otras mujeres con las poses que Daniela indicó. Hubo muchas veces en las que la ayudó tocando tan suave y gentil su cuerpo, que podía sentir el calor irradiando de su gran mano negra en su espalda.

    Liset pensó en fingir dificultad con ciertas poses para obtener su ayuda, pero rápidamente aplastó ese pensamiento, pues la culpa de traicionar a su marido Raúl la mataba. Siempre se recordaba a sí misma lo feliz que estaba con su esposo y con sus hijos, y ella jamás querría perder todo eso.

    Liset contaba con 30 años, tenía piel blanca como la nieve, un hermoso cabello rubio, unos ojos verde esmeralda, unos sensuales labios, una nariz respingada y una hermosa sonrisa. Ella media 1.62 de estatura y tenía un cuerpo que demostraba que nunca había tenido hijos, pero Liset no tenía forma de saberlo. Ella entre sus atributos contaba con unos pechos firmes de tamaño mediano, pues en su adolescencia tenia pechos pequeños pero una vez quedo embarazada de su primer hijo, su pechos empezaron a crecer, pero no de una manera exagerada como las demás mujeres de la clase de yoga. Pero su atributo que sin duda volvía loco a su marido y a cualquier hombre que la veía era su culo, pues contaba con un culo perfecto, un par de nalgas grandes, redondas y bien respingadas, todo gracias a la genética de la familia de su madre.

    Daniela era dulce, pero era estricta con su negocio y era muy profesional. Como resultado, ella no parecía tan accesible, a diferencia de Marco. Liset algunas veces estuvo atrapada durante 10 minutos después de que la clase terminó, charlando con diferentes compañeras embarazadas de la clase de yoga.

    Sin embargo, Liset nunca habló con Marco, para ella hacer esto sería una especie de traición a su matrimonio y marido, pues ella se daba cuenta de que tenía una especie de atracción por Marco. Pero ella igual que siempre se recordaba a sí misma que era una mujer felizmente casada, con dos hijos y con dos hijos más en camino. Así que al momento de irse ella solo se despidió agitando su mano y sonriéndole a Marco mientras dejaba la clase inmediatamente cuando terminaba.

    Un día lunes fue algo especial en la clase de yoga, pues Liset necesitaba legítimamente ayuda con cierta pose que Daniela instruyó a la clase. Para sorpresa Marco estaba allí en cuanto ella levantó la mano.

    La pose era una pose de puente, en la que las mujeres se tendían en la colchoneta, luego impulsaban sus cuerpos hacia arriba, sosteniéndose solo con las manos y los pies. Esa pose trabajaba la espalda, glúteos, piernas y brazos. Liset tenía problemas para girar la muñeca, entonces Marco le susurró instrucciones tranquilas y de aliento mientras colocaba su cálida mano en la parte posterior de su brazo. Mientras él sonría suavemente y Liset intentó no sonrojarse.

    Cuando terminó la clase, la multitud habitual de mujeres acudió en masa a Marco para sus coqueteos habituales. Hoy día fue especial por otra razón, Marco se excusó cortésmente del grupo y se dirigió hacia Liset.

    «¿Hola, estás bien?» Preguntó Marco.

    «Oh… um… sí… mi antebrazo estaba dando un pequeño problema, pero estoy bien», respondió Liset, empujando su largo cabello rubio detrás de una oreja.

    «Bien, eso toma algo de práctica al principio, pero te ha ido tan bien aquí, que sé que lograrás tenerlo para la próxima clase» Dijo Marco alentándola.

    «Gracias…» Respondió Liset sonrojándose de nuevo, mientras miraba al grupo de mujeres embarazadas irse.

    «¿Es este tu primero?» Preguntó Marco, mirando su vientre.

    «Oh… no… estoy embarazada de gemelos. Ya tengo otros dos hijos» Respondió Liset, mirando tímidamente hacia abajo.

    «¡Vaya, eso es increíble! Liset, ¿verdad?» Preguntó Marco.

    «Sí… y gracias» Respondió ella.

    Hubo un silencio incómodo por un momento, hasta que Marco rompió ese silencio.

    «Bueno, creo que eso es fantástico. Como probablemente habrás adivinado, no puedo quedar embarazada, así que creo que las mujeres son increíblemente fuertes para pasar por el embarazo una vez. Esta es tu ¡tercera vez!»

    «Gracias jaja sí, me di cuenta de inmediato que no parecías ser mujer» Dijo Liset riéndose, provocando que Marco también se riera, ambos se rieron entre dientes ante su intento de humor por debajo del promedio.

    En ese momento Daniela se acercó, ella le sonrió a Liset y a Marco. Charlaron sobre los beneficios de la yoga para las personas embarazadas y no embarazadas; ella siempre fue profesional. Nuevamente, ya que este era un día muy especial y Daniela hizo algo fuera de lo común.

    «Marco, ¿por qué no le das tu número, en caso de que tenga alguna pregunta o necesite ponerse en contacto conmigo cuando yo no pueda responder mi celular?» Sugirió Daniela, pillando a Liset y Marco con la guardia baja.

    Volviéndose para sonreír a Liset, Marco por fin habló:

    «Oh… uh… claro… sé que tienes el número de Daniela, ¿verdad? Así que sí, solo toma el mío y llámame si no puedes conseguirla o lo que sea».

    Marco acompañó a Liset a su coche, ambos se despidieron de Daniela cuando ella caminó hacia su auto. En su mayoría estaban callados, solo se hacían algunas preguntas básicas como: ¿A qué distancia vivían del gimnasio? ¿Cuánto tiempo había estado involucrado en yoga? e información biográfica básica.

    Liset tras esas preguntas se enteró que Marco tenía 25 años y que vivía no lejos del gimnasio en un nuevo edificio de departamentos.

    «Bien, fue genial hablar contigo. Tengo que irme y te veré en la próxima clase. ¡Llámame si necesitas algo!» Dijo Marco, dirigiéndose hacia su coche.

    Liset sonrió de nuevo, apartando los ojos de sus grandes y musculosas nalgas, subiendo a su auto y pensando en Raúl. Se preguntó cómo fue su día en la obra y se recordó a sí misma lo feliz que estaba.

    El resto de la semana fue otra fuerte molestia que provocó dolor de cabeza para Liset, pues sus hijos eran muy hiperactivos y siempre se peleaban entre ellos, su esposo tuvo que trabajar hasta tarde varias veces dejándola sola para hacer frente a la cena, y apenas pudo dormir, una semana bastante estándar para ella.

    Pensó en Marco unas cuantas veces, pero rápidamente se ocupó de otra cosa. Su hija de 4 años tiró una caja de leche que a ella se le olvidó guardar en el refrigerador. Esto la sacó de su sueño que tenía en estar pensando en Marco.

    Durante la siguiente clase, Liset no necesitó ayuda, pero algunas de las otras mujeres lo hicieron. Liset no cuestionó la legitimidad de sus necesidades, sino que observó en silencio a Marco con ellas. Fue tan gentil con la forma en que les habló y las tocó, que no pudo evitar mirar con admiración y se preguntó si Raúl alguna vez la tocaría así.

    Después de clase, Marco volvió a excusarse del mismo grupo de mujeres y se acercó a Liset.

    «No necesitabas ayuda hoy. ¿Ves? Te dije que te acostumbrarías a las nuevas poses rápidamente».

    «Si… tú tenías razón» Dijo Liset sonriendo.

    Compartieron sonrisas por un momento; era obvio que el otro estaba tratando de pensar en algo que decir. Afortunadamente, Daniela salvó el día cuando los hizo salir para cerrar y apagar las luces.

    Daniela le preguntó a Liset sobre su dieta mientras caminaban, casi parecía una doctora en su enfoque. Liset le informó que no tenía mucho tiempo para comer debido a que tenía que recoger a los niños en la escuela y cuidarlos la segunda mitad del día. El desayuno y un almuerzo ligero era todo lo que tenía tiempo para lo que parecía.

    «Marco, ¿No dijiste que se abrió un nuevo restaurant cerca de tu departamento? Algún tipo de lugar vegano, ¿verdad?» Preguntó Daniela.

    «Oh… sí, no he ido allí todavía».

    «Deberías llevar a Liset a almorzar. Las mujeres embarazadas deben asegurarse de consumir suficientes calorías. Ya sabes, ellas deben comer para dos».

    «Claro que sí, sería genial. Liset, ¿te gustaría ir allí? No soy vegano, pero leí que sirven muchos ‘súper alimentos’».

    «Sí, puedo hacer eso. No tengo que recoger a ningún niño hasta las 2 p.m.» Dijo ella sin dudarlo.

    «Genial, ¿quieres viajar conmigo?» Preguntó Marco.

    «Claro» Respondió Liset, con demasiado entusiasmo.

    Sorprendentemente, la conversación no fue incómoda en lo más mínimo. Liset le habló de Raúl, de que eran novios desde la escuela secundaria y que finalmente se casaron cuando ella tenía 23 años. Ella le explicó que él es un trabajador de la construcción y ella era una ama de casa desde entonces.

    Liset le preguntó a Marco sobre su vida con su ensalada.

    «¿Enseñas otras clases?»

    «Oh no».

    «Oh entonces, ¿qué más haces?».

    «Um, bueno, prefiero no decirlo» Sonrió Marco, indicando que estaba bromeando.

    «¿Por qué no?» Liset le devolvió la sonrisa.

    «No me gusta decirle a la gente que soy un modelo fitness, o un modelo, punto. ¡Suena tan desagradable!» Dijo Marco fingió frustración y suspiró.

    «Bueno, entonces piensa en otra forma de decirlo» Liset dijo riéndose y comprobando que el rumor de su otra profesión era cierto.

    «Podría decir que me paro y dejo que la gente me tome fotos. Eso suena un poco menos arrogante, ¿verdad?» Preguntó Marco.

    «¡Sí! ¡Eso es perfecto!» Liset sonrió.

    «Empecé a los 18, después de la secundaria, y he estado viajando a Miami, Los Ángeles y un par de otros lugares para varios trabajos. Trabajo para una agencia que administra ese tipo de cosas. Envían a las modelos a varios trabajos para anuncios, revistas, etc.».

    «Suena emocionante» Dijo Liset.

    «Puede ser. Me gusta viajar, así que eso siempre es bueno. Pero esa es mi vida en pocas palabras» Sonrió Marco a Liset.

    «Será mejor que me vaya» Liset frunció el ceño, notando la hora en el reloj del restaurante. «Tengo que recoger a mis niños».

    «Te entiendo, bueno, salgamos». Dijo pagando discretamente la cuenta.

    Liset sonrió para sí misma al notar su naturaleza generosa. Ella se sonrojó de nuevo cuando Marco le dio un breve abrazo al dejarla en su coche.

    «Gracias por el almuerzo» Agradeció Liset.

    «Gracias por la compañía, tal vez podamos almorzar de nuevo en algún momento» Sugirió Liset.

    «Me encantaría. Nos vemos en la próxima clase» Liset sonrió y se despidió, subiendo a su auto.

    Esa noche tuvo problemas para volver a dormir, sabía que uno de los niños se despertaría para ir al baño o trataría de meterse en la cama con ella y Raúl. Él estaba profundamente dormido, roncando suavemente a su lado.

    Emily yacía en la oscuridad, completamente despierta e incómoda, con la amabilidad de Marco y el abrazo después del almuerzo corriendo por su cabeza. Todo esto de alguna manera la excito esa noche, pues movió una mano a su vagina cubierta por un cachetero, estaba húmeda ¿A caso se estaba excitando por pensar en Marco? Este pensamiento la hizo sentir mal por pensar en otro hombre que no era su marido, así que se dio vuelta hacia su hombre y lo abrazo hasta quedarse dormida.

    El frío de Julio disminuyó su hostil asalto cuando llegó agosto. Sin embargo, hubo una tormenta a finales de mes que impidió que Liset fuera a yoga, por lo que ahora tenía una razón para llamar a Marco.

    «¡Hola! Soy Liset.» Le dijo ella a Marco después de que contestó el primer timbre.

    «Hola Liset, espero que te mantengas abrigada y calentita en tu casa» Respondió Marco.

    «Sí, lo estoy intentando, pero por eso llamé. No creo que deba ir a las clases de yoga durante estas tormentas» Dijo Liset.

    «Definitivamente no, odiaría que te pasara algo. No creo que el gimnasio esté abierto de todos modos».

    «Oh, está bien, genial. Bueno, quiero decir, no genial, porque me pierdo la clase de yoga, pero ya sabes a qué me refiero» Dijo Liset algo nerviosa.

    «Sí, todo está bien. Oye, la próxima vez te llevaré a almorzar de nuevo después de la clase de yoga, ¿qué tal?» Dijo Marco riendo entre dientes.

    «Aww, eso sería maravilloso. Eso es muy dulce de tu parte» Dijo Liset.

    «¡No es problema!»

    «Muy bien, lo espero con ansias» Liset estaba empezando a distraerse con su hijo mayor luchando con su hija menor. «Uf, será mejor que me vaya, parece que estos niños se están poniendo inquietos».

    «Entiendo», se rio entre dientes Marco. «Te veré en la próxima clase».

    Liset no pudo evitar sonreír durante las siguientes horas después de que terminó su llamada telefónica. Su esposo optó por ir a trabajar hoy, así que fue otra noche que estuvo sola con los niños. Dos peleas tuvieron que separarse y tres episodios de crisis nerviosas por juguetes perdidos.

    Raúl llamó a las 8 p.m. diciendo que todavía estaba atrapado en el tráfico. Liset colgó el teléfono y apenas se despidió de la tarde. Otra hora y media, la casa finalmente estaba en silencio.

    Sentada en su cama, apoyada contra almohadas, Liset agarró la loción humectante de su mesita de noche. Era un agradable aroma a vainilla. Se subió la camiseta hasta justo debajo de los senos, se echó un poco en las manos y comenzó a frotarse el vientre.

    Sentada en una habitación con poca luz, sus manos recorriendo el vientre hinchado, hasta que pensó en Marco. Se preguntó qué estaría haciendo él para mantenerse caliente, su estado civil aún no había salido a la luz y ella asumió que no estaba saliendo con nadie, ya que nunca lo mencionó.

    Fue pura coincidencia que su mano viajara lo suficientemente hacia abajo como para deslizarse accidentalmente por sobre su delgado cachetero y acariciar su vagina con un leve arbusto púbico, cuando la imagen de Marco encima de una mujer apareció en su cabeza, trató de sacudir la imagen, pero no pudo.

    Con una mano en su vientre, la otra se deslizó dentro de su cachetero, yendo aún más abajo. Las piernas de la mujer se envolvieron alrededor de él, haciendo que sus tonificados glúteos se flexionaran y empalaran aún más su polla en ella.

    Pasaron minutos de burlarse de sí misma, antes de que se diera cuenta, la mujer se parecía exactamente a ella. No estaba embarazada, su estómago estaba tonificado y plano y sus senos eran un par de tallas de copa más grandes que en la vida real.

    Liset gimió y antes de darse cuenta, estaba sentada en la cama, frotando furiosamente su clítoris con imágenes de Marco y ella teniendo sexo.

    «Siii…» Gimió ella sola en su habitación.

    Sintió que su coño se contraía y se comenzaba a humedecer, comenzando a introducir dos dedos en su vagina mientras que con su pulgar se frotaba su clítoris. Se imagina a Marco metiéndole su pene hasta el fondo, que ambos gemían como locos hasta que Marco se corría dentro de ella llenándole su útero con su semen.

    De solo pensar eso Liset no aguanto más y tuvo un gran orgasmo que la hizo temblar. Era el primer orgasmo que había tenido tras quedar embarazada, pues luego de que le dio esta noticia a su marido detuvieron momentáneamente sus relaciones sexuales, pues Raúl tenía miedo de dañar a los bebes en el vientre de Liset, cosa que él ya había hecho las veces anteriores que Liset quedo embarazada.

    Liset se estaba recuperando de su orgasmo, mientras los bebés dentro de su vientre pateaban. Puso su mano en el lugar donde ocurrió la patada.

    «¿Ustedes dos están despiertos ahora?» Preguntó a los gemelos en un susurro sin aliento.

    «Lo siento, lo siento» Liset se disculpó con los bebés por nacer mientras recuperaba el aliento.

    Los pensamientos por Marco se desvanecieron y fueron reemplazados por Raúl, el remordimiento le cayó encima de golpe. Se había masturbado pensando en otro hombre, y peor aún, pensando en que este hombre se la estaba cogiendo.

    Con un sentimiento de culpa se cambió de ropa interior, pues su cachetero quedo todo mojado con sus jugos vaginales que salieron de su orgasmo. Tras eso volvió a poner la loción humectante sobre la mesa y volviéndose a su lado, pensó en Raúl gimiendo y corriéndose dentro de ella en cuestión de minutos, dejándola embarazada.

    Liset sintió que había estado embarazada durante una década, en sus embarazo anteriores jamás se había masturbado y mucho menos había sentido atracción por otro hombre.

    Tras eso, empujando pensamientos de tristeza y frustración en su cabeza, se dijo a sí misma que estaba feliz y que jamás volvería a pensar esas cosas…

    Continuará…

  • La familia del deseo

    La familia del deseo

    Preferí postear completo en vez de partirlo en varios capítulos, favor hacer comentarios constructivos además de que si les gustó. Abrazos.

    Alexandra vive con su marido y sus dos hijas dos apartamentos arriba del mío, el marido ni lo menciono, las hijas Nancy y Nadia de 23 y 18 años respectivamente, bellas como la madre, que ya se tiene 44 años y no parece mayor de 35. Yo ya estoy por arriba de los 44.

    Desde siempre le he tenido unas ganas berracas, es una mujer de cabello azabache, con un cuerpazo espectacular, y muy divertida y risueña. Nos encontramos a menudo en el elevador, o en el garaje del edificio y nos miramos con ganas ambos, pero ha sido imposible llegar a algo más, vecinos, maridos, esposas, etc.

    El lunes este que paso llegue a casa a eso de las 7 pm, estacione mi auto, y note que el auto de Alexandra estaba con las luces encendidas, era la segunda vez que las encontraba encendidas, y el marido no había llegado, su auto no estaba, así que tome el elevador y me dirigí a su piso a avisarle.

    Llegue al piso y se escuchaba una leve música por el pasillo, ya en la puerta del apta de Alexa y pensé las hijas deben estar entreteniendo amigos, toque la puerta un par de veces, esta se abrió y Alexa abriendo, me dijo “hola Daniel como estas y ese milagro por aquí “. Alexa estaba en una bata de toalla, de esas abullonadas, como la de los hoteles resort, la cubría del cuello a los tobillos. Su rostro estaba recién lavado y el cabello todavía un poco húmedo.

    “Hola Alexa, como estas?, quería avisarte que dejaste las luces del auto encendidas. “

    Se sonrió y dijo, “No lo puedo creer otra vez se me quedaron encendidas”

    “una de tus hijas puede bajar un momento a apagarlas”

    “Ellas no están, Nancy esta donde una amiga hasta mañana y Nadia está en un paseo del colegio y regresa mañana por la tarde.”

    “Pensé estaban aquí atendiendo amigos por la música que escucho”

    “ah no, soy yo que puse algo de música para relajarme un ratito, pasa te tomas algo o estas apurado”

    “no, puedo acompañarte un ratito “

    Pase, nunca había estado dentro de su apartamento, bonito, ordenado con buena luz. Sobre la mesa había dos copas, llenas de vino blanco y unos canapés que se veían deliciosos.

    “A mí no me esperan así en casa, que rico, estas esperando a tu esposo, afortunado que es el”

    “No, mi esposo salió de viaje de trabajo y regresa en 8 días, esto es para ti”

    Me sorprendió su respuesta, y entendí algo la sonrisa en sus labios cuando el dije que dejo las luces del auto encendidas, me estaban emboscando. Le seguiría la corriente a ver a donde llegábamos.

    Tomo las copas de vino, me oficio una, las tocamos y bebimos mirándonos a los ojos.

    La música seguía sonando, me tomo de la mano y me convido a bailar. La tome de la cintura y bailamos con ese jazz suave que emanaba de los morados parlantes que como cuadros estaban en la pared de la sala.

    Unos minutos de baile suave y pensativo, levanta ella la cabeza me mira y suavemente beso esos naturalmente rojos labios de Alexa, esos labios que siempre que los veo me hacen pensar en actos libidinosos y fantasías que no pensé me traerían a este momento.

    Debajo de esa bata estaba lo que hace rato tenía el deseo de ver, acariciar, lamer y hacer vibrar de placer.

    Me retire un poco y le fui quitando la bata, fue apareciendo un cuerpo tal como me lo imaginaba, de piel clara y bien tenida, no tena un gordito mal puesto, sus senos como melones decorados con una fresa, su monte púbico lampiño cual nalgas de bebe recién nacido, unos labios vaginales muy besables.

    La agarre de la mano, la senté en el sofá y la bese nuevamente, baje a besarle sus senos, me dedique a adorarlos mientras ella solo gemía y acariciaba mi cabeza. Sus pezones duro como macadamias pero suaves como una fresa, su olor a flores silvestres y delicioso sabor a mujer en calor me tenían muy excitado. Mientras mis manos acariciaban los mas que podía de esa tersa piel, los vellos de su entrepierna acariciaban la palma de mis manos. Seguí bajando hasta llegar a su ombligo, lo bese un segundo y baje a deleitarme con sus labios vaginales, húmedos, rosados y brillantes. Lamí suavemente sus muslo y despacio acerque mi lengua a esos labios, los lamí y bese, sus gemidos me decían que iba por buen camino. La lamí sin compasión, bese su pepita y le di todo el placer que podía hasta que sentí un orgasmo pasar por mi boca y ella se relajó. Yo todavía estaba vestido.

    Después de un par de minutos de descanso y sublime placer, Alexa me jalo y empezó a quitarme la camisa, la levante y le sugerí nos fuéramos a un lugar más cómodo. Agarrándome de la mano me llevo a su alcoba la de elle ay su marido, pasamos los cuartos vacíos de sus hijas y llegamos. Una alcoba grande con una cama King. Un sofá de lectura y un par de lámparas que alumbraban suavemente el ambiente.

    Continúo quitándome la camisa y me besaba el pecho mientras sus manos me quitaban el cinturón y aflojaban mis pantalones, con mis pies me quite los zapatos y las medias. Ya con el pantalón flojo este cato a piso y solo quede en boxers, este mostraba una tienda de campaña en su frente, debido a la tremenda erección que tenía, me miro a los ojos mientras me agarraba el miembro sobre el bóxer con su mano.

    Metió sus manos por debajo del bóxer, me agarro las nalgas y me jalo hacia su rostro, se apretujo contra el miembro mientras me estrujaba las nalgas y rozaba mi ano. Bajo el bóxer y sin esperar a que cayeran al piso engullo la cabeza del miembro, le pego una succionada brutal y luego procedió a darle lengua, en salivándolo totalmente. Que delicia d evoca tiene la Alexa, que ricura de mamada, sentir sus labios finalmente sobre mi falo y sus manos en mis nalgas y ano me tenían a mil. Estaba tan excitado que después de unos minutos, me toco quitarme para no correrme tan rápido, la levante para acostarla sobre la cama y me acosté a su lado, nos besamos apasionadamente con lujuria y placer. Nuestras manos en un interminable viaje se movían por ambos cuerpos. Parecía los dos estamos sedientos de sexo y placer. Me baje nuevamente a comerme ese delicioso manjar que tiene entres su piernas y al cual me gusta dar placer, el placer siempre debe ser primero para la mujer que disfruta conmigo, me la comí como si fuese mi último día de sexo, luego me subí en la posición más sencilla y común y la empecé a penetrar suavemente, su cara se veía bajo la mía extasiada en el diluir placentero de una penetración esperada hace tiempo, mi rostro , el cual podía ver en el gigantesco espejo que había detrás de la cama igualmente se veía centrado en el placer de ambos. Nos comimos los labios, mientras nos mecíamos mutuamente, mi miembro entraba y salía, aceitado por la copiosa producción de fluidos vaginosexuales de Alexandra, el cuarto exudaba un olor a sexo espectacular. Después de unos minutos, no somos superdotados como lo que leo en otras historias, Alexa comenzó a gemir y vibra lo cual acelero mi vaivén y en un gemido gutural me corrí dentro de Alexa, una primera emisión lleno su vagina y rápidamente la saque y la puse entre sus labios, mientras me sentaba en sus senos, ella tragándose el resto de mi venida. Siguió chupando mi glande y lamiendo mi falo, vi su rostro de extremo placer y subiendo la mirada para ver el mío descubrí a Nancy, la hija mayor observando desde la puerta.

    Me quede quieto mientras Alexa ausente a esto, seguía comiéndome, el semen en la vagina de Alexa salía despacio, y vi como Nancy me miro y me dijo que hiciera silencio.

    Yo pensaba y ahora qué hago, me sacaran a gritos, habrá un escándalo, que va a pasar. Me quede quieto y espere no estaba en una posición fácil de salvar.

    Nancy, me di cuenta estaba desnuda, hace cuánto nos observaba, su cuero muy parecido al de su madre pero más joven, unos senos divinos y el mismo manjar depilado, como el de su madre.

    Alexa seguía comiéndome, yo le acariciaba el cabello y los senos, Nancy se acercó despacio y entro en la cama, entre la piernas de Alexa las cuales agarro y hundió su rostro en esa vagina que la vio parir, saco su lengua y lamio el semen mío junto con los fluidos de su madre, Alexa abrió los ojos como platos, me miro todavía con mi miembro bien adentro de su boca. Nancy la tenía presa y seguía comiéndose a su madre, el placer que le producía a su madre se veía en los ojos de ella y de su mama. Alexa no sabía todavía quién era el que se la estaba comiendo.

    Alexa se estremecía de placer y se corrió muy rápido, Nancy la soltó y se acostó a su lado mientras yo al otro lado. Alexa no podía creerlo, su hija le había dado placer, que estaba pasando.

    Nancy la acaricio, la tomo de la mano y le conto que hacía rato le tenía ganas, que la había visto muchas veces en la ducha masturbándose, otras en esta misma alcoba dándose placer con los juguetes que ella había descubierto entre la lencería del closet de su mama. Que no estaba arrepentida porque sabía que era una mujer muy sensual y sexual y que su papa no la atendía lo suficiente.

    Mientras le hablaba, Nancy se había apoderado de mi miembro, lo acariciaba, lo apretaba, ponía el pulgar sobre el glande jugando con el líquido preseminal que emanaba de él. Acerco su rostro al de su madre y le dio un beso en los labios, la abrazo, y le pregunto si podía comerse mi rabo, la mama asintió, Nancy se acercó y cogiéndome por los huevos, se la metió en la boca y me empezó a mar deliciosamente, mientras su mama se levantó y me abrazo por detrás mientras me tocaba por todos lados. No podía creerlo me estaba degustando a madre eh hija.

    Al cabo de un rato Nancy se acostó boca arriba ay me jalo a que la penetrara, me subí y se la metí deliciosamente, me aburrí de palabras corteses y educadas. Le metí la verga hasta el fondo y le dio verga suavemente, Alexa se había parado al lado y nos miraba, tocaba los senos de su hija y la espalda mía.

    Alexa desapareció por unos minutos, y luego al sentí subirse entre mis piernas, lamia mis pies y subía por detrás hasta llegar a mi cola, abrió mis nalgas y metió su lengua entre ellas, para lamer mi culo, que rico se sentía eso, mientras yo me cogía a su hija la madre me comía el culo.

    Me levante un poco y puse a Nancy en cuatro, la volví penetrar y seguí dándole, solo que ahora apodia jugar con sus senos, unos péndulos de joven carne que llenaban mis manos. Su cabello caía sobre su rostro y sus gemidos me enardecían.

    Alexa me seguía comiendo el culo, una mano me acariciaba los huevos, de repente sentí como metía su lengua en mi culo al rato sentí un dedo penetrarme. No me lo esperaba, no era la primera vez que me metían un dedo. Luego sentí dos y la verdad no sentía nada mal. El cuerpo esta para darle placer, y no importa cómo. Seguimos en la faena, Alexa se volvió desparecer como cinco minutos, yo seguía dándole a Nancy muy despacio quería alargar ese placer, nuevamente sentí a Alexa detrás de mí, quien volvió, como entretenida con mi culo y me metió dos dedos nuevamente en el culo me dio rápidamente, los saco y sentí como algo que no eran sus dedos me penetraba, la sentí más cerca , sus senos contra mi espalda, y su mano en las nalgas de su hija, que tenía entonces yo en mi culo, en el espejo solo podía ver el rostro mío y el de Alexa.

    Baje la mirada lo más que pude y vi como Alexa me estaba culeando con un arnés, no muy grueso pero largo, Alexa me estaba culeando como si fuese un hombre detrás mío. Que rico se sentía y en su rostro se veía el placer que sentía de ser la dominante.

    Alexa siguió dándome, me pregunto si me gusta, le dije que sí, y se entusiasmó más todavía. Nancy se vino y cayó sobre la cama, yo seguía ensartado por su madre, se voltio y metió su cabeza debajo mío, tomando mi verga en su boca y descubriendo el arnés con el que me culeaba su madre.

    No nos dimos cuenta pero ya estaba amaneciendo, al rato caímos todos en la cama, y Nancy nos contó que el padre de su amiga se sintió mal y se fueron a la clínica, y le toco devolverse antes de tiempo, y que cuando entro escucho los ruidos y nos descubrió. Le conto a su madre que ella había utilizado algunos de sus juguetes para masturbarse cuando estaba sola.

    Ya era de mañana y algo cansados nos quedamos dormidos.

    Dormíamos los tres en esa gigantesca cama, Nancy en un extremo, Alexa en el centro y yo al otro lado.

    El tiempo pasaba y sin darnos cuentas llego la tarde. En mis sueños sentí una boca sobre mis testículos, sentí unas manos que me tocaban el falo, Nancy o Alexa me estaba despertando a punta de una mamadita, me hice el dormido y me deje hacer, que rico se sentía, al ratito la que fuera se subió y se metió mi verga en su rajita de placer y empezó a subir y bajar. Abrí mis ojos y, que sorpresa , no era ni Alexa ni Nancy era Nadia, se nos olvidó que llegaría de vuelta esta tarde, puso un dedo sobre mis labios para que me quedara callado, mire a las otras dos mujeres a mi lado y Alexa seguía dormida, Nancy miraba y sonreía, se levantó del otro lado de la cama y se acercó a Nadia a la que beso en los labios y le cogió los senos, Nadia se levantó sacando mi verga de su coño y tomándome de la mano me llevaron a su alcoba, allí se acostaron y en un 69 se comieron la una a la otra, estas dos hacía rato disfrutaban la una de la otra, eran cómplices del sexo, quien sabe hace cuánto tiempo. Nancy estaba boca arriba, comiéndose a Nadia y Nadia se comía a Nancy, el culo de Nadia me hacía guiños, puse detrás de ella y lamí su culo, lo embadurne de saliva y procedí a meterle mi verga por ese divino orto, gemíamos los 3, le di y le di hasta que me vine dentro de ella. No había tiempo para disfrutar y darle placer a Nadia.

    Era ya tarde, mi esposa debía estar por llegar de su viaje de trabajo a otra ciudad, así que bese a las dos hijas de Alexa y les pedí me despidieran de su madre, luego me comunicaba o pasaba a saludar.

    Me fui a mi apartamento, María Fernanda no había llegado, me bañe, y vestí. Prepare la pesada mesa de madera del comedor con unos velones, puse platos, copas de vino y prepare algo de comer, puse música y espere a que llegara.

    María Fernanda llego, se veía divina como siempre, no parecía venia de un viaje en auto de 3 horas. La abrase, bese y nos sentamos a cenar. Me conto que le fue bien y que posiblemente tendría que volver en ocho días. Le conté de mi fin de semana y todo lo que paso con Alexa y las Niñas. Wow, dirán ustedes, este es un matrimonio abierto y muy moderno, Haha. Le conté que parecía Alberto, el marido de Alexa estaba apático, aunque ambos sabíamos que se estaba revolcando con la rubia despampanante del piso 18. María le tenía ganas también.

    Charlamos un rato, nos fuimos a la alcoba, hicimos el amor suavemente y nos fuimos a dormir.

    Nos despertamos, y avise en la oficina que hoy trabajaría desde la casa. Nos bañamos y fuimos a hacer algo de desayuno, ambos en batas y relajados. Terminamos, recogimos y nos íbamos a bañar.

    Sonó el timbre de la puerta, nos miramos quien será? Mire por el videófono y era Nadia, que querría a estas horas. María Fernanda se fue a la alcoba y se escondió. Abrí la puerta y Nadia con su espectacular sonrisa, entro sin mediar palabra, me abrazo y beso.

    -Buenos días Nadia, que paso a que se debe tu visita?

    -Me gusto lo de ayer y deseaba me cogieras hoy temprano.

    Pero es peligroso mi esposa está en la alcoba.

    Nadia en su atrevida juventud se le encendieron los ojos y metió su mano en entre mi bata cogiendo mi verga entre sus manos. La levante la puse sobre la mesa y subiéndole su falda, no tenía calzones, unte su vulva con saliva y se la metí de una vez, le empecé a dar lo más rápido y duro que podía, María Fernanda miraba desde el pasillo, me hizo señas de que no dijera nada, me mostro un revolver comprendí que algo quería jugar. Nadia se retorcía del placer y se tapaba la boca para no hacer ruido.

    -Así era como te quería pillar, como se atreven en mi propia mesa, Nadia se asustó y brinco de la mesa, María Fernanda sonaba loca y nos ordenó ir hacia la alcoba, agarre a Nadia y la llevó a la alcoba.

    Allí Nadia me ordeno amarrarla a la cama, Nuestra cama tiene columnas para ese propósito, la amarre boca arriba de los cuatro postes. Quedo abierta como una flor marchita de otoño.

    Nadia estaba blanca y muda, yo la miraba a ella y a María Fernanda, esta con el revolver decía tonterías y acariciaba los pezones de Nadia. Me agarro la verga y me ordeno meterla en la boca de Nadia, ni modo le seguí el juego y la metí en boca de Nadia, el temblor de sus labios y garganta excitaban mi miembro, la empecé a fornicar en a boca , se sentía delicioso, Nadia me miraba, María, se acercó por detrás y empezó a comerse a Nadia, sus ojos se voltearon y no sabía, no entendía que pasaba, la loca se la estaba comiendo, y empezó a perder el miedo y a tener placer. Por un rato mantuvimos el ritmo hasta que Nadia se vino y gimió de placer.

    María se puso un arnés y me ordeno ponerla en cuatro, desate a Nadia la puse en cuatro y bajo órdenes de María me senté frente a ella para que me mamara, mientras María duramente y sin lubricación le penetro el culo sin compasión. Nadia gimió de dolor y al mismo tiempo de placer, me comía y me metía un dedo en el culo también. María disfrutaba perversamente el juego que solo ella y yo sabíamos era solo un juego. Retiro el arnés del culo de Nadia, me ordeno quitarme y cogiendo a Nadia por el cabello le puso su coño en la cara y le ordeno se la comiera, Nadia agarro las nalgas de Nadia y se engullo el sexo de mi caliente mujer. María tuvo un orgasmo brutal, y cayó sobre la cama junto a Nadia a la que abrazo y acaricio hasta calmarla, yo también me acerque y las abrase a las dos. Le dijimos a Nadia del juego y ya tranquila, entendió de nuestra relación de pareja. Le pedimos no dijera nada a su mama ni a su hermana, que otro día las meteríamos en el juego y así ella podría jugar a su gusto también.

    Nadia nos besó a los a dos y se fue para su apartamento.

    María Fernanda y yo, nos sentamos a ver como seducía a Alberto, e hicimos un plan, que ella llevaría a cabo poco a poco. Hablamos de como disfrutar con Alexa, Nancy y Nadia y de todas las posibilidades que podíamos disfrutar.

    Pasaron unos días y Alberto regreso de su viaje, María Fernanda se lo encontraba en el lobby, garaje y elevador del edificio, ella se vestía a diario muy sexy por si se lo encontraba, y fueron conversando de vez en cuando. Un día, esto contado por María, Alberto le contó a María que su mujer y su esposa estarían un par de días en la playa y que él pensaba en irse a donde unos amigos para no quedarse solo, María rápida como siempre le dijo que esos mismos días yo estaría por fuera, y que si quería podían verse para darse compañía, e ir al cine y a cenar.

    En el día acordado yo me quede en mi oficina, donde mantengo una pequeña alcoba donde puedo descansar en épocas de mucho trabajo. Allí espere hasta que María me avisara para sorprenderlos con la verga en la Almeja.

    Alexa y las hijas se fueron a la playa, yo a mi oficina y será lo que será.

    María me conto así, lo hare en su nombre.

    Ya todos se habían ido y me quede sola en casa, a eso de las 3 pm llame a Alberto y quedamos en ir a cenar algo y a lo mejor distraernos en un cine. Durante la cena a eso de las 7 pm, charlamos amenamente de nuestras actividades y algo de política y cultura. A eso de las 8:30 pm terminamos de cenar y nos fuimos a ver una película de acción, entretenida la película pero Alberto no hacia ningún tipo de movimiento sexual para conmigo, salimos del cine y caminando un rato nos encontramos con un teatro de eso que ella no se ven mucho de cine porno, pare, mire la marquesa y le dije que siempre quise entrar a uno de esos cines, que si le molestaba entrar a ver algo así fueran unos minutos, le dije que mi marido nunca me llevaría. Alberto me dijo que su esposa nunca entraría a uno de esos cines tampoco, así que entramos aventurar.

    Compramos los tiquetes entramos y nos sentamos en la última línea de sillas lejos de la pantalla, en el cine no había nadie, éramos los únicos en todo el teatro. La película empezó casi que de inmediato.

    La película era de las llamadas vintage, de hace muchos años, y arranco de una vez con una rubia americana de senos gigantescos, dándole una mamada a un tipo con una verga descomunal y tupida su ingle de bellos negros, la cabeza de esa mujer subía y bajaba como poseída. Luego en un sofá el hombre abriendo las piernas de la rubia, se la comenzó a comer, a lengua corrida, con sus dedos habría los labios vaginales que estaba cubiertos por muchos vellos rubios, los labios rojos brillaban de la humedad que producía la bella americana, esta se movía y gritaba exageradamente, hasta que él se paró y le metió el bastón que rígido la penetro y empezó la fiesta. Alberto miraba la pantalla y yo miraba de reojo a Alberto el cual se notaba tenía una erección en su pantalones.

    Tome la situación en control ya que a Alberto no sé qué le pasaba, puse mi mano sobre su erección y la sobe, mirándolo a él, se voltio me miro y se sintió con el permiso de ahora si atacarme a besos, nos besamos y me magreo mis senos, yo le fui abriendo el pantalón y sacando su morcillosa verga de entre sus boxers, ya con esa verga en mis manos me agache y me la metí en la boca, la oscuridad del cine nos escondía nuestra acción y la falta de clientes era aún mejor, me levante mi falda y tome su mano, la cual puse sobre mi depilado coño, sobo mis labios y me penetro con sus dedos hasta que tuve un orgasmo, todo fue muy rápido , la excitación el lugar la aventura. No nos dimos cuenta que se cabo el corto pornometraje y se prendieron las luces, como pudimos rápidamente nos arreglamos nuestras ropas y salimos del teatro, con la sórdida sonrisa del tiquetero quien probablemente si nos estuvo mirando en la oscuridad del teatro.

    Caminamos tres cuadras hasta donde habíamos dejado el auto y nos fuimos al edificio donde vivimos.

    En el auto no nos dijimos una sola palabra, llegamos al edificio y subimos a mi piso primero, lo invite a tomar algo a mi apartamento al cual nos dirigimos y ya detrás de la puerta, no hubo trago ni vino ni nada, nos magreamos mutuamente y así desnudándonos por el pasillo llegamos a la alcoba donde nos tiramos en la cama.

    Entramos en un 69 y nos comimos todo desde la morcilla y almejas hasta los osobucos de ambos, Alberto metió su lengua en mi culo y yo aproveche para meter la mía en el de él. Estábamos muy calientes, por un rato no dejamos de comernos y seguimos a que me metiera su rabo entre las piernas mías, mi vagina abierta le dio la bienvenida y atrapo su verga para varios minutos de un mete y saca delicioso, su pecho sobre mis senos masajeaba mis pezones con sus vellos, mi boca se comía la de él y su lengua hacia filigranas con la mía. Finalmente nos corrimos ambos al tiempo, y quedamos cansados, y así nos dormimos, ninguno tenía prisa, estábamos solos.

    En la mañana desayunamos, mientras el aire estaba lleno de pensamientos y energía sexual. Terminamos y nos dirigimos a la alcoba. Era hora de ir preparándome para la entrada de Daniel, que encontrara a Alberto en una posición comprometedora, para luego unirlo a nuestros juegos sexuales con su mujer y sus hijas.

    Le pedí me amarrar a la cama y jugara conmigo, me amarro boca arriba y al tenerme indefensa me empezó a comer deliciosamente, jugaba con su lengua en mi clítoris, estaba tan caliente que sudaba, gemía. Se detuvo un momento y salió del cuarto, al regresar traía una cubeta con hielos, se metió uno en su boca y me siguió lamiendo el sexo, la sensación de frio calor era intensa, el clítoris saltaba cada vez que su fría lengua lo tocaba. Saco un hielo redondo y lo metió en mi vagina, que dolor tan rico, obviamente que se derrito rápidamente y él se tomó toda esa agüita milagrosa. Le pedí me penetrara, quería sentirlo dentro de mí. Metió su verga en la cubeta con hielo y cuando estuvo helada me la metió, que delicia de metida, empezó a culearme a ráfagas, 5 rápidas 3 despacio, 5 rápidas 3 despacio. Uff que rico me daba este condenado de Alberto. No entendí por qué no se comía a su mujer a menudo.

    Me corrí deliciosamente, me levante al baño un segundo y aproveche para avisarle a Alberto que regresara en cualquier momento, me dijo que ya estaba a dos minutos del apartamento.

    Regrese a la cama y Alberto me dijo que me pusiera en cuatro que me quería dar por el culo, a mí me encanta que me den por el culo, así que rauda y veloz lo hice. Se colocó detrás mío y me lamio el ano, me metía la lengua y soltaba agua helada en mi culito, metía un dedo y luego dos, hasta q eme tenía a mil y el jadeaba de la excitación que tenía, cual perrito se subió y coloco su verga en la entrada de mi ojete y suavemente me encendió a monda como dicen en la costa.

    Llevábamos como 7 minutos en estas cuando se abrió la puerta y entro Daniel encontrando a Alberto ensartado en mi culo, este se sobresaltó pero no se salió, yo lo apreté entre mi culo y el espaldar de la cama. Daniel nos gritó y le dijo que se bajar de la cama. Y a mí me cogió del pelo (suavemente y me jalo hacia él, me dijo amarra a ese malvado en cuatro sobre la cama, yo fingiendo terror lo empuje a la cama y lo amarre en cuatro.

    -Así que te gusta darle a mi mujer por el culo- le dijo Daniel a Alberto. Ahora vas a ver lo que es bueno.

    -María Fernanda ponte el arnés!

    Regreso a la narración en voz mía.

    María se puso el arnés, Alberto estaba aterrado, le ordene a María lamer el culo de Alberto y prepararlo mientras con sus manos le jalaba la verga que la tenía ya dura otra vez. Cuando el culo de Alberto estaba ya húmedo, María se colocó detrás y lo empezó a penetrar con el arnés, yo solo miraba y le decía, así es que te gusta darle a mi mujer, pues siente ahora lo mismo. María estaba disfrutando, me baje los pantalones y puse mi verga en la boca de María para que me diera una buena mamada, al mismo tiempo que sodomizaba a Alberto. Al rato Alberto y yo nos vinimos al mismo tiempo.

    Descansamos y le explicamos a Alberto el juego y aunque un poco molesto, nos dijo que le encantaría repetir y jugar con nosotros. No le dijimos nada de su mujer y sus hijas, ya se enteraría.

    Pasaron unos días, Alexa y yo conversábamos por teléfono mientras estaba en la playa y me comento que Nadia le tocaba regresarse ya que tenía un examen en la U. y debía tomarlo.

    Llame a Nadia la cual me dio los pormenores de su regreso y le dije que me quería ver con ella y disfrutar un rato de desenfrenado sexo. Accedió de inmediato y quedamos en vernos esa misma noche en el lobby del apartamento de sus padres. María llamo a Alberto y lo invito a nuestro apartamento a jugar un rato.

    Me encontré con Nadia en el Lobby y espere a que María me avisara que Alberto ya estaba en nuestro apartamento. Avisado, subí con Nadia al su apartamento , entramos y de una sin pensarlo, la joven se agacho y me saco mi verga la cual se comió de una, le di unos minutos que disfrutara de esa felación , y luego la tome de la cintura, la senté en la mesa del comedor , le baje sus shorts y quite sus blancos pantis, metí mi cabeza entre sus piernas y me dedique a darle placer, lamí esos labios hasta que estaban súper húmedos, ella se recostó en la mesa y yo seguí comiéndome ese precioso coño de 18 años, quería que se viniera deliciosamente, para mí lo más importante es el placer de mis compañeras de aventuras.

    Nadia se corrió maravillosamente, me levante y la penetre en su cuquita, y sobándole el clítoris con un dedo mientras la follaba, la hice venir de vuelta, ya yo listo para correrme la saque y la puse entre sus labios, con lo cual Nadia se tomó toda esa corrida.

    Le dije que se pusiera una faldita sin nada debajo que íbamos a visitar a María Fernanda a nuestro apartamento. Me subí lo pantalones y salimos para el piso nuestro.

    Lléganos y entrando escuche los ruidos que yo sabía escucharíamos , entramos despacio y vimos en la alcoba a un tipo cogiendo a mi mujer, Nadia no podía ver quién era el tipo en la penumbra de la alcoba, le dije Nadia , sorprendámoslos, yo le meto mi verga a María y tu comete el culo del tipo te parece? Con una sonrisa malévola, asintió, y nos dirigimos a hacer nuestra sexual labor.

    Alberto estaba siendo abrazados por María así que no se podía voltear, me acerque y le metí mi verga a María en la boca, Alberto solo miro un segundo reconociéndome así que siguió como si nada culiandose a mi mujer. Madia se acercó y abriendo las nalgas del “tipo” le lamio el culo y se lo comió al mismo tiempo que le chupaba las bolas. Alberto se sorprendió pero no podía saber quién era, le dije Tranquiló te va a gustar lo que te hacen.

    Alberto siguió dándole a María Fernanda, mientras su hija, quien el todavía no sabía era la que le estaba comiendo el culo, lo lamía, y le metió un dedo en el ano. Deje a María y me puse detrás de Nadia, escupí en su culito y la penetre despacio, gimió y se movió cual culebrilla huyendo, me apretaba el falo mientras yo entraba y salía, que delicia, que morbo, padre e hija en un sándwich entre mi mujer y yo. Me vine delicioso en su trasero, me salí y me apresure a vendar a Alberto antes de que viera a Nadia, a Nadia le hice señas que no hablara, ella no sabía era su padre todavía.

    Alberto se corrió en María y Nadia se hecho hacia atrás quedando sentada en el piso.

    María Fernanda, beso a Alberto y le pregunto si le gusto, la sorpresa, el hombre devolvió el beso, silenciosamente aprobando el momento. María lo puso boca arriba y yo le dije a Nadia, que el tipo era su padre, abrió los ojos y boca, no dijo nada, no podía de lo sorprendida que estaba. Quieres seguir disfrutando o quieres irte le pregunté, con su picara mirada supe que se quedaba, así que le dije disfrútalo antes de decirle quien eres.

    Nadia se acercó a su padre tomo su verga y la empezó a acariciar, sintiendo como crecía en su mano, luego se la empezó a chupar y lamer, esa verga que sembró la semilla de su nacimiento, estaba grande, gruesa y dura. Se fue subiendo y se le sentó encima, metiéndosela en su joven cuca. Alberto se movía y fuertemente penetraba a La mujer que tanto placer le estaba dando. María se sentó en el rostro de Alberto el cual raudo y veloz saco su lengua para comérsela, María le quito la venda y mientras él se venía dentro de Nadia se levantó y permitió a padre e hija verse a los ojos.

    Alberto no podía parar de venirse ya estaba en ese viaje y sorprendido solo veía a su hija que lo miraba con una sonrisa de oreja a oreja.

    Ella se inclinó u abrazo a su padre, le dijo al oído que lo quería y que rico su verga la hacía sentir.

    -Ahora quiero me hagas venir con tu lengua, le dijo Nadia.

    Se subió y poniendo su coño en su boca este se comió a su hija como si no hubiese un mañana.

    Bese a su hija y a mi mujer mientras él se la comía, un senito en mi mano el otro en manos de mi mujer.

    Nadia se corrió sobre su padre y lo abrazo. Charlamos un rato y luego Nadia y Alberto se fueron a su apartamento.

    En la mañana siguiente, llame a Nadia para saber si estaba bien, que había pasado después de irse.

    Aquí les cuento, en palabras de Nadia.

    Nos fuimos en silencio hasta el apartamento, eran ya las 11 pm. Entramos al apto, y nos abrazamos, caminamos a la alcoba de cada uno y nos fuimos cada uno a bañar. Me seque y me metí a mi cama. Me estaba quedando dormida cuando sentí que se abría la puerta de mi alcoba y sentí cuando levantaron mi cobija, fui sintiendo como las manos de mi padre subieron suavemente sobre mis desnudas piernas hasta llegar a mis nalgas, sentido el aliento de su respiración entre la ellas, y luego su lengua ir de mi labios vaginales hasta mi orto, seguí quieta, me lamio un rato y ya no pude más y le dije me hiciera el amor, me voltee y lo recibí para que me penetrara, que rico se sentía su dura verga entro y me dio por un largo rato, que rico culeaba mi viejo. Se corrió dentro de mí me beso y se fue a su cuarto. En la mañana cuando me levante ya no estaba, Pero me dejó el desayuno en la mesa, algo que nunca había hecho.

    Ok, le dije entonces no estaba molesto ni bravo, que bien. No comentes los hechos a tu madre ya veremos cómo las involucramos.

    En la tarde maría Fernanda y yo pasamos donde Alberto, y junto con Nadia planeamos, la manera de involucrar a Alexa y Nancy en nuestro juegos sexuales.

    Llego el viernes y madre e hija llegaron de su viaje a la playa, venían bronceadas y divinas.

    Arreglamos para vernos en mi apto el sábado temprano, tanto Alexa como Nancy. María no iba a estar y Nadia debía ir a la U un rato de mañana, Alberto dentro del plan Estaría revisando unos papeles en su apto.

    Llego el sábado y las chicas tocaron a mi puerta a las 9 en punto, nos sentamos a hablar de su viaje y como hubiese sido genial yo hubiese podido ir con ellas. Una cosa llevo a la otra y nos pusimos calientes, Nadia tenía una faldita y como estaba sentada podía ver que no llevaba pantis puestos, Alexa aunque algo más vestida se veía muy sexy, me senté al lado de Nancy quedando Alexa de frente, le pase mi brazo por detrás y con el otro metí mi mano entre sus piernas y la empecé a dedear, recostó su cabeza sobre mi hombro y se dejó llevar, sus piernas se fueron abriendo y su sexo humedeciendo.

    Alexa se fue desnudando, y ya en pelotas se masturbaba viendo nuestra actividad.

    Nancy se mecía sobre mis dedos, y con su mano saco mi verga la cual masajeaba, Alexa se acercó y se dio en la tarea exquisita de comerse loa fluidos de su hija. Estábamos prendidos, ayudo a su hija a levantarse y sentarse sobre mi verga y a mecerla sobre ella hasta que se corrió.

    Sonó el celular de Alexa, era Nadia, le decía que había llegado al apto y había escuchado ruidos y que pensaba su padre estaba con otra mujer en su alcoba.

    El plan ya estaba andando, nos vestimos y le dije la acompañaba. Llegamos al apartamento y Nadia nos indicó silencio, caminamos hasta la alcoba y Alexa se asomó y vio a Alberto culeando con mi mujer, se volteó y me indico que viera. Hice cara de no puede ser y seguimos mirando. Estando detrás de Alexa le baje su pantalón y patines y la penetre, me la culeaba al mismo ritmo que mi mujer era penetrada.

    Nancy y Nadia se morreaban detrás de nosotros, y los cuatro nos corrimos casi que al tiempo. Abrimos la puerta y Alexa embejucada fue a reclamarle a Alberto, yo a María, Nancy solo miraba y Nadia medio entre todos.

    Nadia se paró frente a su padre y le dijo, con tanta mujer en esta casa tiene s que buscar afuera? Tomo la mano de su padre y la puso en su coño, llamo a Nancy que cual idiota embelesada hizo caso y permitió que Nadia pusiera la otra mano de su padre en el coño de su hermana. Alberto les dio dedo a ambas y María se levantó y abrazando a Alexa la beso hasta derretirla,

    Fuimos cayendo todos en ese colchón tamaño King, y ya con la verga dura cogí a Alexa por detrás y se la metí en el culo, Nadia agarro a su padre y tomando su verga la puso a la entrada de la cuca de Alexandra, y empujó, ahora Alexa estaba siendo penetrada por ambos centros de placer. Las chicas tomaron a María Fernanda y una le comía el coño mientras la otra le lamia el culo.

    Que rico estaba todo, Nancy en voz alta dijo -y a mi quien me da verga?

    Alberto que no la había tenido nunca, se la saco a Alexa y a la vista de la madre enquisto su tórrido miembro, untado de los fluidos de la madre, en el coño de su hija.

    Le dije a Nadia que lamiera el ano de Nancy que ya yo iba a completarla, con el ano ya humedecido y relajado me acerque, y arremetí contra ese hoyito de Nancy dándole a probar lo mismo que hacía unos minutos su padre y yo le hicimos a su madre una doble culeada.

    La pasamos de maravilla no solo se rompió el hielo si no todos los tabúes habidos y por haber.

    Así seguimos disfrutando todos por. Varios años hasta que se fueron las hijas con sus respectivos novios y maridos.

    Después ya sería otra historia, ya veremos si la comparto.

  • Un poco de mí

    Un poco de mí

    Tengo unos ojos almendrados, unos labios carnosos y una nariz perfilada. Mi cabello es lacio y largo, de color negro. Mi tez es blanca y de mi cuerpo, soy esbelta y alta, y resalta mi redondeado trasero como mis caderas.

    Sé que soy muy guapa, pero no sabía el poder que eso me daba. Muchas veces odiada y admirada, conseguía cosas fácilmente, y tratos muy especiales. Me daba cuenta que las personas querían estar conmigo, buscaban siempre mi aprobación y me hacían centro de su atención.

    Aún así eso no siempre fue así, en mi infancia fui ignorada y muchas veces buleada y eso le debí a mis 20 kilos de más a mis 10 años.

    Sin amigos, me sumergía en el mundo de los libros, tenía a un Cortázar mostrándome que todos estábamos un poco dañados, la poeta maldita y su apetito sexual macabro y un posible crudo final, Allan Poe mostrándome que los monstruos conviven con nosotros.

    No era una chica rara, solo una muy triste. Pesé a que llegue a tener todo lo que una chica quisiera tener (belleza, solvencia económica, amigos, viajes) me sentía muy vacía.

    Pero luego te conocí señor Sexo. Te volviste mi pasión. Me volviste promiscua. Me desafiabas. Me diste valor, me hacías feliz.

    Y así fue cuando lo conocí, 11 años mayor que yo. Me escribía por Facebook diciéndome lo bonita que era. Aburrida y sola, decidí responderle. Así fue cuando empezó todo, de como de amigos y confidentes, pasé a estar sometida físicamente y psicológicamente a él, como empezamos con los juegos sexuales, las mentiras y engaños.

  • De mis vacaciones con la tía Bertha (Parte III)

    De mis vacaciones con la tía Bertha (Parte III)

    Una vez que terminamos de desayunar, la tía me prestó un mandil. Acabó por explicarme cómo funcionaba la lavadora, como planchar y como le agradaba que se aseara su casa. Cuando comprendí todo, dijo que tendría que salir un rato, pero que a su regreso traería algunas sorpresas.

    Yo empecé a hacer las labores del hogar. De cuando en cuando bailaba con la escoba y contoneaba mis caderas. Me sentía dichosa, sexy, libre. Cada vez que pasaba frente al espejo miraba a una chica hermosa que gustaba de serlo. Y pensé que, de ser el resto de mi vida así, bien valdría la pena estar dispuesta a desafiar los convencionalismos de una sociedad aún prejuiciosa como la mexicana.

    Aún tenía el problema de una erección que parecía permanente, y aunque no me desagradaba, convenía con la hermana de mi mamá en que había que hacer algo al respecto, porque en cualquier momento debería salir a la calle y sería muy vergonzoso que alguien notara mi dulce secreto. Con todo, y como dije, confiaba en la tía Bertha, y sabía que ella iba a conseguir la forma de evitar que se notara.

    Así paso buena parte del día, hasta que ella volvió por la noche. Al verme, vio su estancia limpia y arreglada y sonrió.

    -Así me gusta sobrina- dijo, en lo que ponía un paquete grande sobre la mesa del comedor.- así lo harás de ahora en adelante.

    -Qué bueno que te agradó. Me esmeré mucho.

    -Perfecto nena. Por eso te he traído unos premios- sostuvo mientras desenredaba la cuerda en que se estaba el contenido. Sacó de ahí un pequeño tubo rígido de plástico que tenía un broche sellado por medio de una llavecita. Lo sostuvo y me lo entregó, al tiempo que agregaba: ten, póntelo.

    -¿Qué es?

    -Es un implemento de castidad. Te lo pones en tu penecito, y cada vez que quiera pararse, este instrumento se lo impedirá. Y encima de él va esto -dijo y mostró un pequeño cojín en forma de triángulo que terminaba en una rayita en medio de un vértice.- así podrás usar leggins ya que esto simula los labios vaginales.

    Yo veía todo eso con extrañeza. Pero si, hacia sentido para poder andar sin miedo por la ciudad. Todavía no me hacía a la idea de guardar mi pene, pero debería probar, que por algo mi tía se había tomado la molestia de comprármelos.

    -Y aún no termina. Esto también te será útil- declaró con un dejo de triunfo en su voz.- era una cánula con su bolsa para hacer enemas, y una caja de tampones.

    -¿Y esto?

    -Con eso te vas a lavar muy bien tu anito señorita. Y después te vas a introducir un tampón.

    Ahí sí que dudé. Una cosa era vestirme de mujer, pero meterme cosas ya significaba ir demasiado rápido para mí.

    -Lo siento tía. Creo que esto lo dejaremos para después. -aventure una disculpa sencilla pero firme.

    Ella me tomó de los cabellos con fuerza inusitada. Acercó su cara a la mía y, con un violento movimiento, tomó mi mentón con su ruda mano izquierda. Así sometida, me miró fijamente a los ojos y explicó con mucha lentitud:

    -Mira muchacha estúpida. Tú harás lo que yo te ordene, que no he gastado dos pesos en ti. Vamos a hacer ahora mismo lo que te he mandado, y si te niegas de nuevo, sabrás quien es la tía Bertha enojada. ¿Has entendido?

    -Si… si tía. Lo entendí.

    -Ok. Vamos al baño- dispuso sin soltarme del cabello. Al llegar ahí dijo:

    -Quítate la falda y los calzoncitos. Luego te pones en cuatro puntos en el suelo y paras tu gran trasero.

    Yo le obedecí entre lágrimas. Supuse que ella me había traicionado, y que este plan era para que evitara en lo sucesivo ponerme prendas femeninas. Y entonces lleno la bolsita del enema con agua tibia, tomó la manguera y la dirigió hacia mi recto. Lo metió de golpe con una estocada que si me dolió un poco, y empezó a verter agua por mi orificio anal.

    -Aguanta lo más que puedas. Ya llevo la mitad de la bolsa- dijo ella mientras yo sentía que mi recto y mi pelvis se iban hinchando ante el líquido que me iba llenando.

    -Ya tía. Por favor. Ya- suplique entre sollozos, pero ella solo se rio.

    -¿Querías ser una mujercita? Bien. Este es el primer pago por tu deseo.-sostuvo en lo que la bolsa finalmente se vaciaba.

    Yo ya quería expulsar todo, pero la tía me agarró nuevamente del cuello y soltó:

    -Espera solo un poco más.

    Hice como me pidió, aunque las lágrimas siguieron cayendo hasta el piso de aquel baño. Entonces me sentó en la tasa y dijo:

    -Ahora si, sácalo todo.

    Yo liberé mi esfínter, y con gran velocidad salió toda el agua que me había entrado junto a otros restos.

    -Muy bien señorita, así es como las mujeres vamos al baño: sentaditas.

    -Si Señora- alcance a decir entre temblores. Porque repentinamente me había dado frío y sobre todo miedo.

    -Muy bien Daniela. Ahora quiero que te vuelvas a poner en la posición de antes: con tus nalgas expuestas hacia mí.

    Así lo hice, y entonces sentí que algo me estaba entrando por mi culito.

    -¿Que me estás haciendo? -alcé la voz, sobresaltada.

    -Te estoy colocando un tampón. Y no me grites o será peor. – dijo a la vez que me iba introduciendo aquel intruso. Y cuando hubo entrado todo, ella solo me abrazó un poco (¿Con cariño tal vez?), me dio una toalla para secarme, mi ropa interior y un bonito camisón de encaje negro.

    -¿Aprendiste cómo hacer todo esto?- preguntó de nuevo autoritaria. Porque así lo vas a tener que hacer todos los días mientras vivas aquí. Y por ningún motivo se te vaya a ocurrir quitarte el tampón, porque entonces te irá mucho peor. ¿Entendiste?

    -Si señora- contesté automáticamente. Porque sentía que ella, la magnífica tía Bertha, era en realidad un monstruo de bajas y malsanas pasiones.

    -Ve a dormir- solicitó. Mañana hay más cosas por hacer.

    Esta historia continuará en el siguiente capítulo.

  • Colegiala abusada

    Colegiala abusada

    El hombre iba sentado sobre el pasillo del autobús, se dirigía a su trabajo, con muy poca gana por cierto. Iba dormitando y cada tanto daba una mirada para ver en qué punto del recorrido iba el bus.

    En una de las tantas apertura de ojos se da cuenta que parada frente a él estaba una colegiala que iría en ultimo grado del secundario, unos 18 años tendría. Era rubia, con el cabello en bucles, lindos ojos verdes, mejillas coloradas y nariz redondita.

    Vestía su uniforme, camisa blanca, corbata azul, un saco a cuadros azul y verde y una falda de tablas también azul, la cual dejaba ver más arriba de la mitad de sus hermosos y delicados muslos, pues como es común al saber que tienen lindas piernas las chicas suelen recoger sus faldas haciéndolas ver más cortas.

    El hombre miro hacia arriba y busco la mirada de ella, hasta que hizo contacto visual. Ella no apartó la mirada ni tampoco cambió su expresión.

    “Esta nena por lo linda que es y por cómo lleva la falda debe de estar acostumbrada a ser el punto de atención de sus compañeros” pensó el hombre.

    Mirando hacia afuera por la ventana del autobús y sin mirarla, extendió la mano derecha hacia el pasillo, rodeo sus muslos por detrás comenzando a acariciar la parte posterior de aquellos.

    Sintió que la chica se estremeció, pero no dijo nada, ni se movió de lugar, entonces continuó sus caricias sobre aquella piel suave. Poco a poco fue tomando confianza ya que ella solo miraba hacia el frente, como si viera hacia afuera, hacia la calle.

    Elevó más su mano y llego a sus nalgas, ahora si la chica bajó la mirada y vio la cara lasciva del hombre que le sonreía. Ella emitió un casi inaudible “Noo”, con la cara ruborizada y visiblemente avergonzada.

    Pero él manoseó su culo redondito y perfecto que a su edad era una delicia, ella llevaba panties de algodón de las que cubren todo el culo, pero él tomó los bordes de esta y tiró hacia arriba, haciendo que la tela suave y flexible se metiera entre las dos nalgas, para poder palpar aquella piel de porcelana.

    La chica ya miraba al hombre con cara de no poder creer lo que le hacía, era visible que nunca nadie había llegado tan lejos, que solo se quedaban en miradas disimuladas.

    Pero de repente abrió mucho los ojos y la boca, para acto siguiente fruncir el ceño y hacer una mueca de dolor que al hombre le resulto lo más de excitante.

    El hombre había tocado y acariciado su ano con el dedo mayor unos segundos, para luego empujar hacia arriba e introducirlo totalmente en aquel hoyito prieto y virginal. Comenzó a follarle el culito con el dedo, mientras veía los deliciosos gestos de ella, que hacia muecas sin parar, mordiéndose los labios para no gemir.

    Mientras hacía esto con el dedo pulgar estimulaba y masajeaba su clítoris por sobre la tela de las panties, hasta que la sintió mojada. Sus jugos adolescentes habían empapado la prenda de algodón.

    A ella ya se le doblaban las piernas y estaba totalmente en otro mundo, su excitación estaba llegando a un límite totalmente desconocido para ella. Miraba al hombre soportando sus orgasmos que llegaban uno tras otro y le pedía que parara que ya no podía más, claro todo solo gesticulando para que nadie se diera cuenta de lo que hacían.

    La muchacha llegó a su destino y tomó la mano del hombre retirándola de debajo de su falda y diciéndole – Debo bajar aquí. Él la dejó bajar, pero no se iba a quedar con esa excitación sin saciar, así que pensó, “al diablo el trabajo” y bajó tras de ella.

    La siguió un par de calles hasta que pasaron por una arboleda que estaba en un terreno baldío detrás de su colegio. Apuró el paso y la alcanzó tomándola del brazo.

    -Espera bonita, adonde vas tan rápido?

    La muchacha se voltea y ve aquel hombre que la toma por el brazo.

    -¿Qué quiere? Ya déjeme!

    -Oh no querida yo te di placer y no sería justo que tú no me lo des. ¿Verdad?

    -Y ¿Qué tipo de placer? -Preguntó ella.

    -Ah nada del otro mundo, ven vamos aquí atrás a donde no nos ve nadie, va a ser una experiencia inolvidable para ti.

    Acto seguido la llevó a un pequeño callejón donde el colegio dejaba sus contenedores de basura. La colocó de cara contra una pared, se arrodilló detrás de ella y bajó sus panties hasta los tobillos para quitárselas indicándole que levantara los pies. Le hizo separar las piernas y por fin pudo ver aquel coño perfecto, color rosa y delicado.

    Metió su cara allí comenzando a meter lengua en su culo y en su vagina, mordisqueando su clítoris con vehemencia, estaba en la gloría, aquella vagina sabía deliciosa y su culo se sentía suave y tibio.

    Ella arañaba la pared y comenzó a gemir cada vez más fuerte, presa del placer recibido.

    -Si, por favor, no pare, cómame toda señor, me hace correr como nunca!

    -¿Te gusta putita? ¿Te gusta lo que te hago?

    -Si, si! No pare, por favor!

    -A él también le gusta

    Y diciendo esto señaló hacia una esquina del callejón, sentado contra el rincón había un vagabundo todo sucio y con la barba muy crecida que los miraba al tiempo que tenía su gran polla en la mano, masturbándose lento y pausado disfrutando del espectáculo.

    Ella se asustó y quiso suspender lo que hacían, presa de la vergüenza, pero él hombre no la dejó mover diciéndole.

    -¿Ves su polla? ¿Te gusta? ¿Las de tus amigos son así? ¿Te gustaría chuparla?

    -¡No, qué asco, debe de hacer mucho que no se baña!

    -Sí, eso es cierto y debe oler, saber a orina y estar llena de queso. Pero eso me calienta más. Así que se la vas a chupar toda, hasta la garganta.

    La llevó hasta donde estaba el vagabundo y la hizo ponerse en cuatro dejando las piernas estiradas de este bajo de ella y con aquella polla mal oliente frente a su cara.

    -¡Chúpala! Abrí grande y chúpala.

    -Huele asqueroso

    -Eso no importa, este hombre debe de haber pasado muchas dificultades para llegar a este estado y tú eres una chica consentida y mimada por tus padres, creo que es justo que seas buena y le des una alegría.

    La chica abrió su boca y envolvió con sus labios aquel glande que apenas le entraba en su boca, una oleada de sabor agrío la invadió al tiempo que escucho un sonido gutural de placer proveniente del vagabundo.

    Intentó retirarse, pero una mano más grande que su cabeza la sostuvo allí y luego comenzó a pujar hacia abajo obligándola a engullir cada vez más aquel pollón duro y enorme.

    -Anda trágala toda, hasta los huevos, no dejes nada afuera.

    El vagabundo comenzó a mover la cadera fallándole la garganta a la casi sofocada muchacha, que pugnaba por soportar las náuseas y poder respirar.

    El hombre que la había llevado allí también abrió sus pantalones y dejo ver su polla que era también grande y gruesa, aunque un poco menos que la del vagabundo.

    Se arrodilló detrás de la muchacha y abrió el cierre lateral de su pollera que aún traía puesta y la deslizo hasta sacarla por sus pies. Ella quedó desnuda de la parte de abajo, mostrando así en cuatro como estaba su ano color rosa, que enloquecería a cualquiera.

    -Ya es suficiente de chuparla, ven aquí.

    La incorporó un poco y la hizo moverse hacia adelante hasta que su cara quedó frente a aquella barba sucia y unos ojos que la miraban llenos de perversión y disfrute.

    De pronto una mano en su nuca la impulso hacia adelante y la estampo directamente contra aquella boca. Sintió que aquella lengua la invadía acompañada de un aliento fétido y el sabor a dentadura podrida y sucia la hizo estremecer. Pero no podía moverse aquella mano la sostuvo allí durante un tiempo que le pareció eterno.

    El vagabundo descolgó su saco de los hombros y el otro hombre se lo termino de sacar, luego fue el turno de la camisa, dejando a la vista un corpiño rosa de puntillas. El vagabundo tomó sus senos por sobre la copa del corpiño y dijo.

    -Tienes un bonito par. ¿Ya te los habían manoseado?

    -No, dijo ella.

    -Eso es bueno, las chicas deben ser recatadas y no dejarse tocar por cualquier pervertido. -Dijo el vagabundo con sarcasmo, pues es lo que estaba pasando.

    El hombre tras de ella desprendió su corpiño y ella al sentir esto cruzo sus brazos sobre el pecho. El vagabundo le abrió los brazos permitiendo que el otro retirara completamente la prenda. Por fin la tenían totalmente desnuda. El vagabundo la empujo un poco por los hombros para ver mejor aquellos senos maravillosos, de pezón rosa y del tamaño de una naranja.

    El vagabundo se incorporó un poco y comenzó a chuparlos y morderlos como quien devora un manjar. Mientras el otro hurgaba con sus dedos en su culo, ya le había metido dos y los movía dentro. Ella gemía sin caer todavía en la cuenta de lo que le estaba pasando, estaba presa de aquellos hombres, era su juguete de placer, pero no estaba asustada ni sentía rechazo, estaba descubriendo que le gustaba ser dominada y usada de esa forma. Lo que no sabía era que recién estaban en sus inicios.

    El hombre del autobús la tomo por las caderas y la acercó hasta que su coño quedó con la polla del vagabundo en su puerta.

    -Noo! Soy virgen! –gritó ella, asustada.

    -Siempre hay una primera vez, pequeña, o esperabas hacerlo con un novio tuyo?

    -Relájate y respira hondo, ya verás que te gusta –le dijo el vagabundo

    Y acto seguido el otro hombre tiró de sus hombros hacia atrás provocando que quedara sentada sobre aquella enorme polla que la invadía por primera vez, estirando sus labios al máximo y rompiendo su himen. Ella emitió un gemido fuerte y comenzó a sollozar al sentir como aquel pollon le follaba su delicado coño.

    El vagabundo movía la pelvis hacia arriba, el otro la había tomado por los brazos a la altura de los hombros y la levantaba y bajaba para hacer que la follada fuera más frenética y brutal. Estaban realmente usándola como su juguete, no pensaban detenerse hasta saciar todos sus instintos depravados.

    La muchacha tenía una expresión de dolor, sorpresa y placer en su rostro, el vagabundo estiro sus manos y tomo sus delicados pezones con los dedos pulgar e índice y comenzó a pellizcarlos y retorcerlos provocando que ella gritara fuerte.

    -Vamos a probar el otro hoyo también, ya te lo agrande bastante con los dedos y creo que te gusto.

    -Pero su polla es muy grande señor

    -Ah ya vas a ver como entra, te va a doler, pero va a entrar.

    La inclinó hacía adelante sobre el pecho del vagabundo y se puso a horcajadas sobre ella apoyando su glande sobre aquel anito rosa. Luego empujo con fuerza, sin piedad, abriéndole el culo y sintiendo como este apretaba su polla, siguió empujando hasta meterla toda en aquel culito delicioso y caliente.

    Ella emitió un grito de dolor, angustia y sorpresa al sentir su culito ser perforado de aquella forma y continuo quejándose fuerte y sollozando cuando los dos pollones le bombeaban sus dos orificios. Se sentía en el cielo, le dolía mucho, su vagina y su culo recién desvirgado.

    Pero los hombres no paraban, hasta que el vagabundo dijo:

    -Quiero su culo

    El otro se la saco del culo y la hicieron levantarse y girar hasta dar la espalda al vagabundo, para luego hacer que se sentara sobre aquella polla aún más grande, por su colita.

    Sintió como si la desgarraran por dentro, pero estaba muy excitada, quería más y abrió las piernas ella sola invitando al otro a que entrara en su vagina. Y eso hizo de un empujón la metió hasta el fondo y siguieron fallándola durante un rato.

    De pronto escuchan tras de unos movimientos, era la limpiadora del colegio que venía a sacar la basura. Al verlos sonrío, lejos de escandalizarse, se acercó y dijo:

    -Laura, sos vos? Ya sabía que eras una putita, todas ustedes hijas de papá y mamá lo son y a todas deberían darles el mismo tratamiento para que dejen de provocar a los hombres.

    Se acercó desabotonando su túnica de limpiadora y bajo su pollera y sus panties hasta las rodillas, era una mujer rellenita en sus treinta y cinco años y llevaba su coño bien afeitado. Tomo la cabeza de Laura y la acerco a su coño y le dijo:

    -Chupa putita, al fin vas a compensarme todas tus discriminaciones.

    La obligo a comerle el coño le enterraba la cara con ansias, sofocando los gritos y lamentos que la chica emitía producto de la brutal follada de que era objeto.

    Laura sentía que la iban a partir en dos y aquella mujer que tantas veces había avergonzado con sus desplantes le estaba haciendo comer su coño como una verdadera lesbiana viciosa. ¿Qué más le harían ese día? Se preguntó y lo siguiente que sintió fue el líquido caliente en su boca, la mujer se estaba orinando en su garganta, se estaba tragando toda su orina, se ahogaba con ella.

    -Toma putita tómalo todo, no dejes una gota, como me gusta abusar de nenitas de papa como vos, después me voy a correr en tu boca.

    Los dos hombres se la sacaron de sus hoyos y la hicieron ponerse de rodillas mientras la mujer la obligaba a mantener la boca abierta. Le acabaron los dos en su cara y boca haciendo que probara el esperma por primera vez Ella se revolvió y trato de retirar la cara pero fue inútil.

    Luego fue el turno de la limpiadora, otra vez le hizo comer su coño hasta que un líquido espeso y blanco salió de él y se introdujo en la boca de la chica. Estaba comiendo el cum de una mujer, no podía creerlo.

    Le permitieron que se vistiera, pero sin panties ni brasier y con el saco en la mano, lo que hacía que sus rosados pezones se vieran tras la fina tela de la camisa.

    Tampoco le permitieron limpiarse la cara.

    -Ahora ve a clase así como estas, para que todos y todas vean lo putita que eres – e dijo la limpiadora.

    Así lo hizo, entró al colegio así, soportando las miradas de todos y pasando a partir de ese día a ser el juguete sexual del colegio, tanto de alumnos, profesores y personal administrativo.

    Fin

  • ¡No pensé hacerle el amor, pero ella me enseñó cómo!

    ¡No pensé hacerle el amor, pero ella me enseñó cómo!

    Me llamo Katy y soy una chica soltera con un trabajo que me permite vivir bien y darme mis gustos de vez en cuando. Tengo muchas amigas y amigos. Entre ellas está Delia.

    Delia es una de mis mejores amigas y siempre que podemos, nos reuníamos y compartimos todo, desde un vaso con agua hasta un café.

    Siempre me sentí agradada por su espíritu jovial y su forma de enfrentar todas las situaciones. Para cada momento, ella tiene una sonrisa en su rostro y una frase de acuerdo al momento vivido y eso me agrada.

    Siempre demostró independencia en sus cosas, le conocí pretendientes pero nada serio; según ella. Tiene su departamento muy lindo y no es de esas chicas que cada fin de semana sale a divertirse, todo lo contrario, muchas veces se queda en casa para disfrutar de un helado un viernes por la noche viendo una buena película o disfrutar de buena música.

    Eso me gusta de ella ya que no es una chica “lanzada” y no anda de relación en relación, al menos eso puedo observar siempre en ella. Por eso es mi mejor amiga y con el pasar del tiempo, nos hemos confiado cada vez más nuestras cosas y hablamos de tal o cual chico y de lo buen mozo que son y esas cosas que nosotras las chicas hablamos.

    Por supuesto, muchas veces me sonrojo al tocar ciertos temas inherentes al sexo ya que por tonta diría yo, nunca fui la mejor en ese aspecto, pero si dispuesta a hablar del tema con ciertas reservas.

    La admiro por ser una hermosa mujer, de veinte y seis años de edad, de un metro setenta y tanto de estatura, cabellos color rojizo claro, de piel blanca, las curvas de su cuerpo muy hermosas; tanto, que ponen nervioso a cada hombre que se le cruza en el camino. Un culo paradito ni muy grande y ni muy pequeño, yo diría que bueno para su figura. Sus senos siempre pensé que se los había operado, ya que están perfectamente contorneados y abultados, hasta que un día en su departamento por accidente la vi salir del baño; y pude verle sus pechos e incluso, me permitió tocárselos, “para que te des cuenta que son naturales” –Me dijo esa vez–. Pero la firmeza y tamaño de sus pechos hacían imaginar que fuesen en verdad reconstruidos por un cirujano plástico.

    Por supuesto que esa vez no pude evitar detallar su feminidad al ver sus nalgas y su talle muy femenino y su vientre muy plano, propio de una mujer de su edad; por supuesto su vagina depilada y aquellos labios de su vulva muy cerraditos no dejaban ver nada más, se veía hermoso su sexo ya que se conservaba prácticamente intacto; abultadita toda.

    La noche de ese sábado coincidimos en ver una película hasta tarde de la noche, ya que ella me lo propuso. Al estilo de esas que muestran erotismo y seducción y más a fondo, de los detalles del sexo.

    En la sala de su departamento nos acomodamos en el sofá y con vino tinto y trozos de queso y palomitas de maíz comenzamos a deleitarnos con una película erótica, de las cuales se toca el tema sexual, ya ustedes saben y se podrán imaginar.

    Estábamos en pijamas y con un poco de frío, Dely como cariñosamente le digo, me dijo que podía acercarme a ella si sentía frío, por supuesto, me acerqué y ella me pasó su brazo detrás de mi cabeza sobre mi espalda y nos acurrucamos. Mi cara quedó allí muy cerca de uno de sus pechos lo cual me gustó ya que no les voy a mentir, siempre me gustaron y la sensación de tenerlo allí pegadito a mi cara me encantaba.

    Tomamos casi toda la botella en esas dos horas de video, tardamos porque entre escena y escena hacíamos pausa para ir al baño y también llenar las copas de vino y por supuesto reponer el pasapalo.

    Yo me sentía un tanto mareada pero ni modo, yo sabía que lo peor que podía pasar era que me quedara dormida en el sofá y Dely me abrigara y me dejara dormir allí o que me llevara a la cama y dormir.

    Dely me comentó:

    – En el amor es válido todo lo que sea necesario siempre y cuando ambos estén de acuerdo y que a su vez permita sumar y no restar.

    – Estoy de acuerdo Delia, estoy de acuerdo –Le dije.

    – Por ejemplo esos juguetes sexuales dan al sexo una llama y motivación – reiteró ella-.

    Inmediatamente, terminó la película y acto seguido nos fuimos al cuarto, en donde ella tenía ya listo todo para el segundo video que íbamos a ver: Cincuenta sombras más oscuras. Nada más y nada menos.

    Por mi parte, ya había visto la primera parte y sabía de qué trataba la trama pero esa en particular no había tenido la oportunidad de disfrutarla.

    Nos acostamos y allí tomé un poco más de calor al arroparme con sus sábanas muy limpias las cuales olían a su perfume, me encantó ese aroma, divino aroma de mujer.

    En cierta parte de la película el actor se muestra dominante con ella la protagonista; yo le comenté que ese tipo de juegos, y los llamados “Adult toys” tal vez los probaría pero me hacen sentir un poco incómoda.

    Ella me dijo con tono exclamativo:

    – ¡Chica pero por qué si lo haces con tu pareja, no hay nada que temer!

    – Si, perooo…

    – ¡Nada! Mira lo que tengo aquí, déjame mostrarte –Me dijo Delia.

    Inmediatamente sacó de su mesita de noche algunos detalles de esos: Un consolador, Un dilatador anal y otras cosas, además de cremas con distintos sabores para la lubricación y preservativos.

    – Deliiiaaa!!! –Le exclamé con asombro.

    – Qué?, Katy por Dios, no me digas que te da pena todo esto, tonta! –Me dijo nuevamente ella-.

    – Pueees, no sé, me dejas boca abierta corazón! -Comenté casi sin argumento para el caso.

    Vamos a probarlos ven, Déjame a mí y no te apenes o te avergüences conmigo, sólo intento enseñarte el uso de estas cosas! -Me dijo Dely acomodándose en la cama.

    -Peero es queee…! -dije nuevamente con timidez.

    -Nada, que veas y aprende chica ven!

    -Ella tomó un consolador de más de 20 centímetros, color carne, con unas venas que sobresalían y con un diámetro que me asombraba porque era grueso en verdad, llamaba la atención.

    -Tómalos por favor, tócalos, detállalos y no dejes que te intimiden por favor! -Me señaló ella.

    Yo tomé cada uno de ellos y los fui observando y me familiarizaba con sus detalles. Katy al momento tomó el consolador y abrió las piernas y comenzó a frotarlo por encima de su panty exactamente sobre su vulva, lo hacía de arriba abajo, al momento que con su otra mano comenzó acariciarse aquellos pechos por demás hermosos que me ponían algo nerviosa porque ella desinhibida y sin pena alguna, se me mostraba así de simple; como toda una mujer sensual y sin tabúes a la hora de hablar sobre el tema y yo toda complicada, poniendo peros y casi que con un nudo en la garganta.

    -Ya verás cómo los uso y tú los vas a usar dentro de poco cariño, yo te voy a enseñar cómo, déjame que me caliente un poco.

    Me pidió que le quitara la panty; al yo quitárselas, ella abrió sus piernas allí delante de mí, dejando ver su hermoso sexo, aquella vagina grande y alargada, con sus labios mayores carnosos y rosaditos. Al verle su sexo me invadió una electricidad por todo mi cuerpo, sentí que mi vagina comenzaba a humedecerse y a tener sensaciones que no pensé sentir delante de una mujer y menos con mi amiga Delia; la cual, se me mostraba erótica y yo a punto de ver cómo se penetraría con el consolador porque eso era lo que ella me iba a demostrar.

    Lo puso en sus labios y comenzó un juego sensual con su lengua y la punta de aquel miembro, ella lo saboreaba y lo humedecía con su saliva. Luego lo introdujo muy adentro de su boca y lo sacaba, le hacía sexo oral. Seguidamente lo puso allí en su vulva, con sus dedos abrió sus labios vaginales y presionó un poco encontrando el orificio y comenzó a presionar e introducirlo con movimientos suaves.

    Al momento comenzó a gemir y a disfrutarlo. Yo aturdida, excitada, nerviosa, pensaba que no era real aquel momento, que yo sólo lo soñaba. Sentía como mis jugos vaginales comenzaban a llenar mi sexo. No pensé en este momento como algo que me sucedería a mí y menos con mi amiga.

    Ella mirándome a los ojos y con la excitación palpable en su rostro me dijo toda erótica:

    -Ven cariño, acércate a mí, quiero sentirte cerca!

    -Ves cómo me estoy cogiendo? Te gusta? No te avergüences conmigo por favor! Ven y hagamos el amor. –Me dijo categórica.

    -Tócame los senos por favor, siente mis pezones, quiero que te adueñes de mí cuerpo por favor. Hazme algo divino, quiero que me acaricies toda, ahhh!!!

    Yo comencé a tocar sus pechos, fue lo primero que quise disfrutarle, los acariciaba suavemente y me dediqué a sentirlos, me encantaban sus senos. Se los apreté e instintivamente acerqué mi boca a sus pezones y comencé a pasarles mi lengua, a chupárselos, a succionarlos.

    Ella entró en una especie de éxtasis total y se abrió toda al momento conmigo. Sus piernas abiertas parecían como una tijera tan abierta que no daban más para abrir.

    Continuó dándose con el consolador dentro de su vagina, lo introducía y lo dejaba salir con suavidad. Pude ver que le llegaba muy adentro ya que cuando lo presionaba, sólo quedaba una pequeña porción en su mano por donde lo sostenía. Lo demás, se perdía dentro de aquel sexo que como una rosa roja, se abría para recibir aquel inmenso colibrí.

    Retiré mi rostro de aquellos pechos y me dediqué a observar cómo se penetraba. Aquel sexo, su vagina por demás hermosa, linda, provocaba detallarla, toda una escultura carnosa y abultadita era toda su vulva.

    Verle su sexo me causó una especie de hipnosis ya que de repente me provocó acercarme y posarme allí y comenzar a lamérsela, a chupársela, a saborearlo el cual estaba siendo cogido por ella con su gran pene por demás realístico.

    Me olvidé de penas y vergüenzas y me entregué a esa relación lésbica entre mi amiga y yo, me dediqué a disfrutarla, les confieso.

    Ella al verme posada sobre su coño, hizo presión con su mano sobre mi cabeza para que me hundiera más en su sexo y siguiera comiéndoselo con mayor fuerza.

    Podía sentir y rozar con mis labios y mi lengua el gigantesco pene al entrar y salir de su concha toda húmeda por tanta saliva que le impregnaba yo al chupar y tragar su clítoris, sus labios mayores y menores, en fin; todo su coño.

    Ambas hembras estábamos en un constante jadeo, con un vaivén de nuestros cuerpos al fusionar caricias y delirantes chillidos como consecuencia del éxtasis que estábamos sintiendo en ese nido apasionado por tantas caricias.

    De repente ella despertó de ese éxtasis en el cual estaba y sacó el falo de su vagina; se incorporó sobre la cama y me dijo toda jadeante:

    – Quiero probártelo, también hay para ti corazón, quiero que lo disfrutes amorcito!

    Tomó la crema lubricante, la cual al destaparla dejó escapar ese aroma inconfundible a chocolate; el cual colocó un poco sobre la cabeza de aquel miembro y se dirigió hasta mi vulva.

    Yo por supuesto estaba un tanto apenada pero con las copas de vino y las escenas previas protagonizadas por Delia, estaba ya toda excitada y ya mi pudor desaparecía.

    Ya no había vuelta atrás y no había nada que perder; solamente disfrutar de esa experiencia por demás nueva para mí.

    Delia toda diligente, me tomó por mi trasero y me dio vuelta de manera que yo quedara con mi cara sobre la cama y mi trasero allí parado y con ella detrás mío.

    Tomó mis nalgas y me las acarició y me dio halagos de lo lindo que tenía mi trasero, momento que aprovechó para sepultar su cara en mi culo; sin más, comenzó a lamer mi raja, mi orificio, los bordes internos de mis nalgas y alrededor de mi ano, era divino sentir sus caricias linguales.

    Se comenzó a pasear de abajo hacia arriba, desde la punta de mi clítoris hasta mi ano. Qué experiencia tan delirante, yo censuraba mis gritos, ya que enterré mi cara sobre la almohada tratando de enmudecer los susurros y suspiros que daba espontáneamente.

    Eso por demás, despertó finalmente todo lo que me hacía falta para sentirme plenamente excitada y con ganas de coger.

    Me di vuelta abriendo mis piernas y dejando expuesta todo mi sexo al momento que le susurraba:

    -Métemelo todo amor, que rico me la chupas! Lo quiero adentro todo por favor, dámelo!

    Yo por supuesto no me controlaba, la lujuria se había apoderado completamente de mi ser, la excitación se había elevado a su máxima expresión lo que me hacía abrir mis piernas hasta más no poder pidiendo ser cogida, quería ese enorme falo dentro de mí lo más pronto posible. Delia por supuesto, supo aprovechar esa oportunidad para darme con todo.

    Al fin mi vagina sentía la cabeza de aquel miembro que fingía como invitado, ella abrió los labios de mi vulva con sus dedos y comenzó a taladrar suavemente mi coño húmedo por el lubricante con sabor a chocolate que le había colocado.

    Se abrió paso entre mis entrañas, lo sentí hundirse hasta tocar mi útero, allí delia lo detuvo y comenzó a darle suaves giros para posicionarlo y que se ajustara a la estrecha vagina que no terminaba de acoplarse a él.

    -Al fin, dame duro!, mételo!, sácalo!, cógeme rico!, hazme acabar por favor!, atraviésame toda! Esos eran mis susurros y quejidos incontrolables que salían de mi boca al momento que Delia me cogía a repetición con su amigo artificial.

    Aunado a eso, me empezó a chupar mi clítoris con tanta delicadeza y con movimientos rápidos de su lengua, allí sentí como mi cuerpo se elevaba hasta el techo de la habitación.

    Sentí mi respiración detenerse como que había fallecido, como que si ya el aire no me hiciera falta, elevé mi cintura por encima del rostro de mi amante con el falo incrustado dentro de mí y me dejé caer nuevamente y dejé escapar un fuerte quejido:

    -Aaaaah!

    Ese grito anunciaba que había acabado, había tenido un gran orgasmo, mi querida Delia había logrado darme tremenda cogida y yo había acabado como nunca.

    Delia sacó el enorme miembro de mi coño muy suavemente, para no molestarme, lo cual me encantó mucho. Lo puso sobre la mesa de noche y se acostó boca arriba sobre la cama.

    Quedamos cara a cara, me miró a los ojos y me dijo:

    -Sé que te encantó, ahora quiero que me la chupes y me hagas acabar, inténtalo cariño, soy tuya! Yo tomé aire y me fui hasta su vulva.

    –Me encanta tu vulva, es lindísima corazón, me encanta como se te ve! –Le dije.

    Comencé a succionarla y a degustar de sus mieles, un sabor con un toque saladito pude sentir en mi paladar al tragar de sus fluidos vaginales. Tomé un poco de lubricante y le coloqué sobre su raja, lo cual permitió robarle un gemido.

    Continué paseándome por su vagina por demás linda; tragándomela toda, le succionaba sus labios mayores todos carnosos halándolos con mis labios; le chupaba el clítoris, comencé a penetrarla con mi dedo, al principio con mi índice y luego con mi dedo medio, ambos dentro de ella, los movía haciendo presión hacia su monte de venus tratando de acariciar y motivar su punto G. Hasta tres dedos introduje en su hermoso coño y si hubiese podido le hubiese metido toda la mano ya que ella me lo pedía y yo excitadísima le quería penetrar aún mucho más. Esa sensación de estar dentro de ella con mis dedos me gustó sobre manera.

    Ella, al igual que yo, también elevó su cintura con mis dedos aún dentro y también mi boca allí chupándosela. Volvió a caer sobre la cama y enormes espasmos comenzaron a brotar de su cuerpo como teniendo un ataque epiléptico. Estaba acabando! tomó la almohada con sus manos y la llevó a su cara y gritó:

    -Mi amooorrr que ricooo!!!

    Nos quedamos allí acostadas y en silencio. Yo le abracé y nos acurrucamos allí todas exhaustas, habíamos terminado por ahora con ese lindo momento.

    Delia me había enseñado algo nuevo. También pude ver que mi gusto por ella no era sólo de admiración sino también una atracción sexual, la cual disfruté, me sentí complacida y ella contenta de haberme iniciado como lo hizo.

    -Podemos ver otra película el próximo sábado? –Le pregunté a Dely.

    – ajajaja! Sonrió ella a carcajadas.

    Luego dormimos hasta muy tarde del siguiente día –agotadas de tanto amar. –Diría yo.

    Fin.

  • Frente a la chimenea

    Frente a la chimenea

    El fuego crepita iluminando nuestros cuerpos frente a frente. Bajo ellos, una gran alfombra los calienta y acomoda. Afuera, el viento arrecia y comienzan a caer los primeros copos. Se oye el ulular del aire tras las ventanas.

    Nos fundimos en un abrazo. Mis manos sobre tu ropa recorren tu espalda. Mis dedos la recorren ascendiendo hasta tu cuello. Nuestras bocas se buscan y funden y mis labios se cierran sobre los tuyos…

    Rodamos por la alfombra.

    Me adentro bajo tu jersey. Tu piel es suave y delicada. Voy recorriéndola muy despacio a la vez que mi boca baja por tu cuello. Tu cabeza se gira dejándome vía libre. Sientes mi respiración junto a ti, bajando centímetro a centímetro por tu cuerpo.

    Las yemas de mis dedos rodean tu cintura acariciando tu abdomen. Pequeñas eses son dibujadas sobre él. Voy retirando tu jersey. Mis labios se posan cerca de tu ombligo. Lo voy rodeando con pequeños besos y tu piel se eriza con el contacto. Noto tus manos sobre mis cabellos, presionando y enredándolos bajo el paso de tus dedos. Siento el calor que desprende tu cuerpo. Tus pechos se endurecen bajo el contacto de mi lengua que los humedece y desea. Miro tu bello rostro. Siento tu mirada como algo físico que me empuja a continuar, a saciar la sed de ti…

    El primer botón de tu pantalón cede a la presión de mis dedos y los demás, uno tras otro, van abriéndose como un efecto mariposa. Mis labios rozan por encima de tu tanga. Notas como la goma se estira y poco a poco va descendiendo seguida de mis labios… Un escalofrío te recorre y mis ojos observan como tus piernas van separándose, rozando contra mi espalda…