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  • Le entregué la cola al primo de mi esposa

    Le entregué la cola al primo de mi esposa

    Desde los 20 años soy bisexual.  Absolutamente discreto pues en mi país no es “lo normal” y lo pongo entre comillas pues resulta hasta incómodo tener que vivir así. Pero, tampoco me quejo mucho porque me ha ido bien.

    Quizás el encuentro más inquietante de todos los que he tenido fue con el primo de mi esposa, hace ya muchos años. Llegó para unos días de vacaciones a Lima con su esposa, tendrían un par de años de casados, algo menos que mi esposa y yo, pero aún sin hijos. Nosotros ya teníamos una.

    Habíamos quedado salir en parejas el sábado a la noche. Le pedimos a otra prima de mi esposa para que venga esa noche a cuidar a nuestra hija que era muy pequeña. Esa tarde, mi esposa y la esposa de su primo decidieron ir de compras, llevándose a la bebe. Su primo y yo decidimos quedarnos y ellas lo prefirieron pues así estarían sueltas de compras, sin nadie que las joda por los tiempos y las esperas.

    Luego de una breve siesta, me puse a ver tv en la sala. El primo de mi esposa salió de su cuarto y se sentó junto a mí. Nada fuera de lo normal, saltábamos de canal en canal y charlábamos de todo lo intrascendente que pueden hablar dos hombres que se conocen poco. Él estaba en un short corto, que me permitían ver sus piernas morenas, cortas pero fornidas. Debe medir alrededor de 1,60 m, bajo, incluso para el Perú. Yo en un buzo ligero.

    Cuando me di cuenta, él había empezado, primero con discreción y luego ya más abiertamente, a tocarse el miembro, que había empezado a resaltar bajo su short. Me calenté y ya no podía dejar de mirarlo de reojo. A los pocos minutos me dijo: “primo, ¿te molestaría si lo saco?”. Me sorprendió su frescura y en ese instante supe en que terminaría todo. Le dije claro, somos dos varones, por mí no hay problema.

    Se sacó el short. Se sacó el calzoncillo y quedo con la verga al aire, no enorme, pero si grande, mucho más de lo que uno podría imaginar en una persona de su estatura. Casi negra, mucho más oscura que el resto de su piel. Circuncidada, lo que hacía ver infinitamente apetitoso su glande.

    Comenzó a correrse lentamente, con parsimonia, como quien lo hace solo por jugar con su miembro, sin ningún fin específico. Yo hipnotizado mirándolo. Sin que me dijera nada, comencé a acariciar sus muslos. El simplemente se dejó hacer. Al sentir que el compromiso silencioso estaba sellado me desligué de mis temores.

    Le cogí la verga y comencé a masturbarlo. Pero fue un instante. Una verga así siempre es mejor en la boca que en las manos. Comencé a chupársela con fruición, sentí que él se descontrolaba. Gemía, maldecía, me decía dale puta, dale puta, dale, mama, mama perra limeña. Y eso me descontroló y seguí. Sentí salir su semen caliente, mucho, espeso, lo sentí venir y lo recibí gozoso en mis labios mamones. Lo tragué todo.

    Pensé que todo terminaría allí. Sin embargo, él me dijo ahora te toca a ti primo. Yo no sabía cómo responderle que sólo era pasivo. Pero acepté igual pues estaba demasiado caliente. Rápidamente me bajo el pantalón de buzo, el calzoncillo y me colocó en el borde del sofá con el culo hacia arriba. Sin preámbulos me metió la lengua al culo. Sentí un placer sublime, que lengua, que placer sentirla recorriéndome y abriéndome tan rápidamente.

    Él solo decía culo blanco y gemía. Culo blanco y limeño. Y seguía con su lengua dándome un placer increíble e inesperado. Quizás fueron 5 minutos del mejor beso negro de mi vida, cuando se levantó y me dijo “Alonso, vas a ser mi hembra”. Sin ver, sentí como se untaba saliva en su verga y moría de ansía por sentirla.

    Hasta que empezó. Primero suavemente a rozar mi culo y toda mi entrenalga. Yo me sentía morir, pero él seguía solo sobándose hasta que no pude más y le dije “métemela”. Lo hizo y estaba tan caliente que entró toda en una y comenzó a cabalgarme delicioso.

    Siguió con sus frases cortas “culo blanco, “culo de limeño”, “que rico Alonso” y seguía y seguía, ni él ni yo intentamos cambiar de posición, yo por sentirla gruesa y vigorosa, completamente dentro mío y él disfrutando la vista de mi culo blanco limeño. Comenzó a acelerar el ritmo y sentí que se venía y que yo me venía, felizmente pude alcanzar el calzoncillo con mi mano y lo puse delante de mi verga. Instantes antes que él explote y yo con él.

    Gimió y siguió unos momentos más. Mi culo roto. Mi semen sobre el calzoncillo. El suyo empezando a desparramarse desde mi nalga. Fue un final perfecto.

    Felizmente el calzoncillo recibió todo el semen. El mueble quedó inmaculado. Hubiese sido tan difícil explicarles a nuestras esposas manchas de semen en el sofá.

  • Femdom de cuarentena. De novio a esclavo en castidad (1)

    Femdom de cuarentena. De novio a esclavo en castidad (1)

    Empezó la cuarentena y por casualidades de la vida me encontré solo en casa, por lo que decidí llamar a mi novia para proponerle pasar la cuarentena juntos. Llevábamos medio mal varias semanas, por lo que le sorprendió mi propuesta, pero era estar o estar juntos toda la cuarentena o no vernos en mínimo un mes, por lo que preferimos la primera opción.

    Llegó a casa y los primeros días fueron pasando bastante normales. Uno de los dos solía cocinar cada vez, y veíamos muchas películas, hacíamos ejercicio, leíamos y follábamos. En ese orden. La verdad que el sexo entre nosotros había disminuido en los últimos meses. Ella se quejaba de que yo no la consideraba lo suficientemente sexy, y que no tenía mucho líbido. Lo cierto es que Coral es una chica alta, muy delgada, con pocas tetas, pero un culo muy buen puesto y bonito, y un coño perfecto, digno de película porno de Brazzers. Lo que menos me gustaba de ella era que era demasiado delgada para mi gusto. Yo siempre he preferido chicas con más curvas, e incluso no me disgusta algún kilo “de más.” Y si bien al inicio de la relación me gustaba mucho follar con ella, mi interés había disminuido con el paso de los meses. Llevábamos tiempo hablando de comprar cosas de bdsm, como cuerdas o algún dildo, pero todavía no nos habíamos animado.

    Un día, Coral entró al baño y me pilló masturbándome. Le molestó muchísimo. No entendía como prefería masturbarme a follar con ella, ya que ella se consideraba muy sexy y muchos chicos iban detrás de ella todo el tiempo. Desde ese momento su actitud hacia mí empezó a cambiar. Me dijo que esto no podía continuar así, que le estaba hiriendo la autoestima y que se merecía a alguien que la apreciara más sexualmente. Hizo la maleta que había traído y pidió un Uber. Mi reacción fue pedirle perdón muchas veces, pero no me hacía caso. Ya en la puerta de mi piso, me tiré de rodillas al suelo con tal de que no se fuera y me dejara solo toda la cuarentena. Le dije que haría lo que fuera con tal de que no se marchara. Entonces me miró muy seriamente, pensando en qué hacer. Le sorprendió verme tan desesperado, pero decidió aprovechar la oportunidad.

    -Cómeme el coño.

    -¿Qué?

    -Que me comas el coño. Llevas meses sin hacerlo, y estoy harta. Cómemelo ahora mismo o me voy.

    No quería que se fuera, por lo que no me lo pensé dos veces y, de rodillas como estaba, desabroché sus vaqueros y bajé sus bragas. Vi su coño, que pese a tener bastante vello en él, era muy atractivo. Además, nunca lo había contemplado desde abajo, y me gustaba ver en primer plano el coño y más arriba la cara de Coral. Ella me miraba bastante seria e impaciente.

    No esperé más y empecé a chuparlo. Como siempre, me centré en su clítoris, ya que más abajo tenía un sabor demasiado fuerte que no me gustaba y sabía que el clítoris era la parte con la que ella más disfrutaba. Con la punta de la lengua, lo recorrí de forma rápida de arriba abajo todo el tiempo durante unos minutos, hasta que ella empezó a gemir. Entonces me apartó y me dijo: venga, vamos a follar. Fui a buscar un condón y nos pusimos al lío en el sofá, en mi posición favorita, doggy style. Después ella se puso encima y se corrió tres veces. La verdad que era impresionante tener de novia a una mujer multiorgásmica. Nunca antes lo había experimentado y era muy satisfactorio ver a tu novia correrse tantas veces al follar. Después, la volví a poner en modo perrito y me corrí.

    Nos tumbamos en el sofá, cansados y sudorosos, y nos miramos.

    -¿Tan difícil era?

    -Tienes razón Coral. Estás buenísima y deberíamos follar más. Me ha gustado mucho comerte el coño esta vez, ha sido… diferente.

    -¿En serio? ¿En qué sentido?

    -No sé, me ha gustado que me lo ordenaras, que no me dejaras opción. Siempre sueles pedírmelo por favor, casi suplicándolo, y no me pone eso.

    -Joder chico, pues de haberlo sabido antes te lo habría ordenado más veces, pero no sé, me sabe mal. No quiero ordenarte nada que no te apetezca.

    -Ya, pero si me lo ordenas entonces sí me apetece. Da como morbo psicológico.

    -Pero qué dices. Lo tendré en cuenta para la próxima jajaja

    Dejamos el tema y nos fuimos a limpiar nuestros respectivos miembros. Después estuvimos leyendo un rato y nos pusimos a preparar la cena. Ya en la mesa comiendo, Coral empezó a notar que estaba muy pensativo. Me preguntó:

    -¿En qué estás pensando?

    -En lo de esta tarde.

    Mi respuesta la dejó muy sorprendida. Abrió más los ojos y dejó de masticar. Lo siguiente que dijo fue: ¿quieres seguir comiéndome el coño?

    Le dije que no, que estábamos cenando y se iba a enfriar la cena. Ella se mostró decepcionada pero no insistió. Lo cierto es que con lo de esa tarde había tenido suficiente. En general, para mí tener sexo una vez al día es más que suficiente, y la líbido me tarda muchas horas en volver a subirme, lo cual a ella le molestaba.

    El día siguiente, recién despertados en la cama, sin preguntarme ni nada Coral se quitó las bragas, pasó una pierna por encima de mi cuerpo, y de frente a mí, se colocó en la posición de cow-girl. Quería follar. Sin embargo, notó que seguía con la polla flácida y me miró enfadada. Yo estaba avergonzado y amagué un “lo siento”. Pero rápidamente ella reaccionó moviendo sus piernas hacia mi cara, hasta dejar su coño justo encima de mi boca.

    -Venga, ¿a qué esperas? –Me dijo firmemente.

    La miré fijamente, y ante su actitud tan segura, subí mi cuello para empezar a chupar. Ella automáticamente flexionó sus rodillas para acercarme su coño a la cara y hacerme el trabajo más fácil, lo cual agradecí. Tenía su coño tan pegado a mi cara que me estaba agobiando un poco, pero me gustaba la sensación. A los pocos segundos empecé a tener una erección, por lo que me llevé mi mano a la entrepierna. Sin embargo, rápidamente Coral cogió mi brazo firmemente.

    -¿Ahora sí tienes una erección? Es increíble lo tuyo. Deja las manos quietas y céntrate en mí.

    No opuse ninguna resistencia a sus palabras y seguí chupando. A los pocos minutos Coral se movía rítmicamente sobre mi boca y nariz, inundándome de sus jugos. Yo tragaba lo más rápido que podía y después de dos orgasmos, se retiró y volvió a tumbarse en la cama.

    -Vamos a follar. –Le dije.

    -No, te jodes. Haberte empalmado antes. Yo ya he tenido dos orgasmos. Además, estoy harta de que siempre el día después de follar no se te empalme. Así al menos podremos follar más tarde. Por una vez, vas a ser tú el que se quede con las ganas, a ver si así entiendes lo frustrante que es.

    Me dio mucha rabia su actitud, pero sabía que tenía razón. Por lo que no insistí y empecé a vestirme. Era una sensación extraña la de dar sexo oral y no recibir nada a cambio, quedándote con la erección. Pero al cabo de unos minutos se me pasó la calentura y me conecté a la clase que tenía a las 11. La universidad seguía a través de clases de zoom y ambos teníamos clase todos los días de la semana por las mañanas, aunque a diferentes horas cada uno.

    Más tarde, ese mismo día, le comenté a Coral que estaba muy excitado por no haber podido tener un orgasmo esa mañana. Le dije que llevaba toda la mañana sin poder concentrarme y que quería follar de una vez. Ella sonrió y me dijo que estaba haciendo un trabajo para la uni y que no podía, pero que más tarde lo haríamos. Le contesté que no aguantaba y que me iba a hacer una paja.

    -Ni se te ocurra. Si te la haces ya no vas a querer follar más tarde, que te conozco. Espérate a la noche

    -Vaaale, está bien, me espero.

    Por fin llegó la noche y pudimos follar. Fue uno de los mejores polvos que tuve con ella hasta ese momento. Mi nivel de excitación era altísimo y la sentía como pocas veces la había sentido. Después de esperar a que se corriera cinco veces, la puse a cuatro patas y me corrí.

    -Joder Íñigo! Qué pasada, me ha encantado. ¿Por qué no puede ser todos los días así?

    Yo le respondí que a mí también me había encantado, y que creía que la clave había sido el haber estado todo el día caliente por no haberme podido correr por la mañana. Mi polla estaba acostumbrada a correrse cuando quería y el no poderlo hacer me cambiaba psicológicamente. Me ponía mucho que ella no me hubiese dejado follarla por la mañana ni masturbarme por la tarde.

    -Amor, creo que esto puede venirle muy bien a la relación. Creo que lo que pasa es que eres sumiso sexualmente, y yo estoy dispuesta a ser tu ama. Quiero disfrutar más del sexo contigo y creo que va a ser la mejor forma para lograrlo.

    -Está bien-le respondí- a mi también me parece buena idea.

    Nos besamos de forma romántica y nos dimos las buenas noches. Estaba nervioso por lo que pasaría en los próximos días.

  • Ese intenso deseo

    Ese intenso deseo

    La noche hacía horas que había caído sobre la ciudad. El viento soplaba arrastrando las hojas sobre la plaza desnuda. La gente iba pasando con sus miradas perdidas en algún lugar infinito. Consulté el reloj, casi era la hora de la cita. El frío se mezclaba con un temblor que recorría mi cuerpo. Subí el cuello de mi abrigo, buscando refugio en él.

    Miré alrededor, pero no encontraba lo que buscaba. Tras unos minutos, sentí unas manos suaves tapando mis ojos y un cuerpo que se estrechaba contra mi espalda. Su perfume la delataba. Una sonrisa surgió de mi boca al sentirla. Me giré. Nos miramos y no pudimos evitar besarnos. Sentir el contacto de sus labios, el roce de su lengua junto a la mía, elevándome hasta el cielo… Permanecimos unos instantes unidos. Las primeras gotas de lluvia comenzaban a caer sobre la Piazza: comenzamos a andar nos refugiamos en ese antiguo café de la Galería.

    De la mano abandonamos aquel maravilloso café. Sentía sus dedos entre los míos, acariciando suave. La lluvia continuaba y tomamos un taxi. Entramos en él y le indiqué al taxista la dirección de mi apartamento, tres manzanas más allá.

    Sus miradas se clavaban en lo más profundo de mi ser. Mi mano aún tenía sus dedos mientras que la otra acariciaba con delicadeza los cabellos mojados que tapaban su rostro. Al acercarnos y estar tan próximos, nuestras bocas se fundieron en un cálido beso. Sentí su lengua rozando entre mis labios, suave y juguetona. Tras escasos minutos, el taxi se detuvo en mi portal. Pagué la tarifa y salimos bajo la lluvia.

    Ambos sentíamos ese deseo que crecía, donde el suave contacto de nuestras manos, las miradas iban acrecentando esa sensación. Subimos en el ascensor. Su sonido quedó oculto bajo nuestros labios que se buscaban y deseaban.

    Abrí la puerta del apartamento. Encendí la luz y ambos entramos. El interior permanecía como en una niebla.

    Le quité el abrigo, mojado por la lluvia, y le dije si deseaba tomar algo. Asintió. Preparé dos whiskys con hielo. Encendí un par de velas y una cálida luz inundó el ambiente. Ella se sentó en el sofá y esperó a que viniera con las copas. El hielo tintineaba en ellas. Una mirada seguida de un brindis…

    Dejamos las copas en la mesa. Mi mano tomó la suya. Nuestros cuerpos se acercaron fundiéndose en un nuevo y apasionado beso…

  • Primera noche de confinamiento

    Primera noche de confinamiento

    Se cerraron las puertas y todo se volvió oscuro, cuando la vista se adaptó a esa falta de luz empecé a vislumbrar sombras que se movían al son de la llama de las velas.

    Mi sensación de ahogó se transformó en una sensación de ser observada, desde lo lejos, desde algún rincón de aquel lugar que parecía no tener fin. Pero no podía ver nada, no podía ver a nadie…

    A medida que pasaban las horas, el calor empezaba a hacer acto de presencia, me pesaba la ropa, las gotas de sudor se dejaban dibujar sobre mi frente, mi cuello, mi escote. Tuve que empezar a desabrocharme la chaqueta y pasé a quitármela después, la camiseta se me quedaba pegada al cuerpo marcando mis pechos y mis pantalones ceñidos me apretaban tanto que tuve que quitármelos también, necesitaba respirar aire fresco…

    De repente una de las velas se apagó con una corriente de aire venida de no sé dónde y se dejaron escuchar unos pasos que acabaron a mis espaldas.

    No podía moverme, el miedo me había paralizado a la vez que el calor me seguía subiendo por todo el cuerpo.

    Una respiración aterrizó a la altura de mi cuello, haciéndose cada vez más y más profunda, más intensa, y cerré los ojos como si eso fuese a evitar que aquello siguiese pasando… pero seguía estando ahí, acompañándose de una mano que inició un recorrido a través de mi espalda, desde abajo, metiéndose por dentro de la camiseta hasta alcanzar el cuello y volver a bajar para seguir su recorrido hasta alcanzar mis pechos; primero uno y después el otro, apretándolos con fuerza, pero sin hacer daño.

    Sus dos manos habían aterrizado completamente sobre mi cuerpo sin yo poder hacer nada para esquivarlas. Me giró despacio hasta acabar frente a él, en ese momento abrí los ojos y a pesar de la ausencia de luz comencé a ver su cara dibujada entre sombras, entre lo poco que podía distinguir era su mirada intensa, capaz de dar órdenes sin emitir una sola palabra, sin hacer un solo gesto.

    Empezó a rasgar mi camiseta, el sonido me pareció hasta rítmico, acompasado al tempo del latido de mi corazón que cada vez se aceleraba más.

    En el fondo, me había provocado tal sensación de deseo que el sonido pausado y profundo de esa respiración me estaba volviendo loca, tanto, que me dejé llevar como una corriente que te empuja, o unas olas que te envuelven… y así me fui acercando con mis labios en busca de los suyos y los rocé y tímidamente los besé.

    En ese momento, me levantó por los aires, me cogió en brazos y se dirigió con paso firme hacia algún rincón de ese lugar: tres, cuatro, una docena de pasos, no sé, se me hizo eterno. Cuando paró, me dejó sobre una superficie rígida y fría provocándome tal escalofrío que recorrió todo mi ser.

    Me puso allí tumbada, boca arriba, sujetándome las manos a algún punto por encima de mi cabeza dejando mis brazos ligeramente extendidos e incapaces de soltarse.

    Yo, allí tumbada, sin poder hacer nada, perdí el habla, no era capaz de emitir una sola palabra, tan fácil me podría haber sido decir por qué, el porqué estaba privándome de mi libertad de movimientos. ¿Por qué me había atado de pies y manos si en realidad tan sólo le hubiese hecho falta decir una palabra y me habría entregado a él?

    Desde esa posición, le pude observar, él me miraba, de arriba a abajo como si no supiera por donde atacar, hasta que lo hizo. La única pieza de ropa que me quedaba puesta la rasgó de un tirón lanzando el tanga hacia algún lugar de ese cuarto. Sus manos, de nuevo aterrizaron sobre mi, empezaron a recorrer la cara interna de mis piernas extendidas, abiertas. Sus dedos acariciaban cada centímetro de mi piel, subiendo lentamente hasta llegar a la parte que hacía poco se había sentido protegida por un pedazo de tela ya inexistente, jugaron un rato, se asomaron por mi interior a modo de presentación pero siguieron su recorrido por cada uno de mis costados, los dedos, que hacia un momento habían traspasado las puertas de una intimidad que creía protegida, se cambiaron por unos labios una lengua, una lengua que compartió su humedad con la mía, una su lengua que me estaba quemando, por dentro hacia fuera… con impotencia trataba de arquearme como si eso fuera a alejar aquella llama.

    Por un momento paró y esos labios y esa lengua, aterrizaron sobre mi boca, ardiente, deseosa de más. Sus besos, su saliva, me refrescaban en cierta manera sin sofocar en absoluto mi deseo despertado.

    Se echó sobre mi, cargó parte de su peso sobre mi cuerpo desnudo y percibí el suyo, también desnudo, su pecho rozaba el mío, y su aliento me tenía tan aturdida que me hacía tener la sensación de estar flotando bajo sus besos… hasta noté como entró con fuerza y se acopló dentro de mí. Inmóvil y mirándome a los ojos inició de nuevo otra embestida y volvió a quedarse quieto, para dar paso a pequeños movimientos de su cadera, continuos, pero lentos, con una cadencia pasmosa que me hacía gozar a cada instante. Esa cadencia se acompañó con una mayor fuerza y siguió, cada vez más, hasta conseguir sacarme en ese momento todos los gemidos que a lo largo de una vida no había sido capaz de exteriorizar resonando como un eco en ese cuarto que emanaba placer.

    Toda esa intensidad, que tan pronto apareció, empezó a alejarse dejándome flotar, y abriendo cada poro de mi piel para dejar salir todo un mar de fragancias y sensaciones que me aturdieron hasta perder mi consciencia.

    Cuando desperté, estaba acostada en mi cama, con mi pijama, en mi cuarto y pensé:.. -«a veces los sueños parecen tan reales que la vida misma, a su lado, se queda en una ilusión».

  • Jaque mate, querida primita, jaque y mate

    Jaque mate, querida primita, jaque y mate

    Soy una enamorada del ajedrez y esta historia pudo pasar, pero no pasó, lo deseaba sí, pero también huía de ello, que me arrepiento de haber huido, no sé,  pero quizás,  quizás si cierro los ojos con fuerza pueda soñar y volver a aquella tarde de verano.

    -Sabías que soy una enamorada del ajedrez primito -Le decía a Jaime cuando le veía jugar al ajedrez a él solo. –Si quieres podemos jugar una partida.

    -Ay primita, no sabes dónde te estás metiendo, pero venga una partida. –Me contestaba muy seguro de sí mismo.

    Era una tarde muy calurosa de esas que el calor se pega en la piel y no puedes escapar salvo si estás en casa con el aire acondicionado o en la piscina refrescándote, pero para nuestra desgracia el aire no funcionaba, así que estábamos a la sombra de un sauce llorón sentados en el césped del jardín de mi casa junto a la piscina.

    -Blancas o negras, Lara, te doy a elegir. –Seguía burlándose de mí como si no supiera jugar al ajedrez.

    -Negras, Jaime, para que veas que no me das miedo, las blancas para ti.

    -A ver listilla, que por haber leído un libro no te creas que sabes de ajedrez. –Se refería al libro con el que me había visto en la piscina, un libro que realmente me había apasionado y que ahora estado en boca de todos debido a una serie de televisión “Gambito de Dama”.

    -Ja, ja, ja, que gracioso eres Jaimito, mueve y calla.

    Empezamos la partida y ya en los primeros movimientos se dio cuenta del error que había cometido al subestimarme, ya no era aquel gallito que me iba a destrozar y a mitad de partida ya sudaba, no solo por el calor que hacía sino por el cariz que estaba tomando la partida cuando le comí primero una torre y luego teniendo que sacrificar un alfil y su dama, se dio cuenta de que la partida era mía tres movimientos.

    Jaime me miraba sorprendido y sin decir nada empezó nuevamente a colocar las piezas en el tablero para una nueva partida. Hacía calor, demasiado calor y empecé a desprenderme de la camiseta que llevaba quedándome con el sostén de mi bikini, se veía mi cuerpo sudado y me pasaba una lata de cerveza bien fría por mi piel refrescándome un poco mis brazos, mi vientre e incluso entre mis pechos, Jaime se había quitado hacía rato la camiseta y ahora seguía con gran atención mis movimientos, los de la lata sobre mi cuerpo.

    La siguiente partida fue más disputada, mi primo ya no me trataba como a una aficionada sino como a un rival a tener en cuenta y en la tercera partida que jugamos y después de dos jaques mates seguidos como a una digna rival. El calor seguía apretando y poco a poco nos íbamos liberando de más ropa hasta quedarnos solo con el bañador mi primo y yo con el bikini, cada vez más miradas entre nosotros, el juego paso a un segundo plano para mí, le miraba sus músculos, sus pectorales y abdominales regados de sudor, mi primo aparte de guapo tenía un cuerpo de infarto, con un culito que daban ganas de apretar y tocar.

    Jaime no se quedaba atrás y escaneaba cada vez más mi cuerpo, mis senos eran el blanco de sus miradas que debido a las continuas latas frías que me pasaba por ellos mis pezones se habían alzado y clavado en mi bikini, la verdad que hasta entonces no me había percatado, pero esa situación me estaba excitando y más cuando pillaba a mi primo mirarme la braga del bikini, clavando sus ojos en mi vulva, excitándome cada vez más esa situación me senté con mis piernas cruzadas como si fuera hacer yoga para dejar que mi primo disfrutara más de mi cuerpo, regalándole un primer plano de mi vulva con mis piernas abiertas.

    La tercera partida había comenzado con movimientos rápidos y agresivos por parte de mi primo, quería ganarme a toda costa, quería noquearme y casi lo consigue cuando lo tenía una vez más ganado, Jaime me sorprendió con aquellos movimientos que me había escondido haciéndome que perdiera la iniciativa, pero al final volví a remontar y se veía una vez más superado por mí, así en el último movimiento cuando le comí su dama dándole el jaque final se abalanzó sobre mí queriéndome quitar la dama de la mano y riéndose me decía que no valía, los dos estábamos muertos de risa tumbados en el césped queriéndome quitar la figura de mi mano, empezamos a forcejear sin que ninguno de los dos nos diéramos todavía cuenta de la posición en la que estábamos, él encima de mí con mis piernas abiertas y continuamente rozando su pene contra mi vulva.

    Al vernos en esa situación los dos nos tranquilizamos, páramos de forcejear y dejamos de reír, con su cara a pocos centímetros de la mía nos miramos a los ojos fijamente, mi primo seguía moviendo su cadera muy sutilmente apretando su pene contra mi vulva y yo sin decirle nada le dejaba hacer.

    -Me das la dama primita. –Me decía a la vez que seguía moviendo sus caderas.

    -El que primito. –Le contestaba muy seria, cuando empezaba a notar como su pene se endurecía y se clavaba por encima de mi bikini en mi rajita mientras me mordía el labio inferior con los dientes.

    -Te gusta Lara. –había cambiado de tema por completo.

    -Ganarte, pues claro que me gusta. –Le contesté bromeando e intentando evitar esa conversación a la vez que me sentía tremendamente excitada y notaba como mi vagina se iba humedeciendo.

    -Eso no tontina, esto otro.-Volvía a insistir.

    -¡Ah! Esto, lo que haces para distraer mi atención y así poderme ganar. –Le volvía a contestar en plan de broma y volviendo a quitarle hierro al asunto hasta que su pene se clavó en mi vagina provocando un pequeño gemido. –Mmm, claro que me gusta Jaime, claro que me… -Jaime en esos momentos me cortaba dándome un beso suave y cálido en los labios, un beso que tubo contestación por mi parte cuando solté la figura de la dama en el césped y le abrazaba entreabriendo mi boca para darnos un beso más profundo.

    Era domingo por la tarde, una tarde calurosa y mi familia salvo Jaime se habían ido ya a Valencia, Jaime empezaba a lamer mis pechos cuando me quito el sostén y yo empezaba a pensar que aquello no estaba bien, pero no quería parar, su boca había succionado mis pezones y su lengua jugaba con ellos, mis jadeos eran más evidentes cuando nuestra respiración se iba acelerando, cuando note como con su mano me apartaba a un lado la braga de mi bikini y sentía su glande entre mis labios buscando la entrada de mi vagina, calor, demasiado calor pensaba, por fuera y por dentro, estaba como ida sin saber muy bien cómo actuar, su pene ya empezaba a penetrar en mi vagina cuando le aparte de mi lado y con una risa nerviosa le decía que tenía calor tirándome de cabeza al agua de la piscina en top les, con mi braguita desplazada hacia un lado dejando ver la pequeña sonrisa de mi vulva.

    Jaime se quedó un poco sorprendido sin saber que hacer hasta que le pedí que se metiera en el agua conmigo, realmente no sé por qué actué así, quizás el último bastión de mi cordura hasta que fuera aplastada por completo por mi deseo carnal, le llamaba sensualmente tocándome los pechos y mordiéndome los labios.

    -Vamos primito, a ver si eres capaz de darme un jaque. –Le decía insinuándome continuamente y quitándome el bikini por completo tirándolo al otro extremo de la piscina. –Haber ese alfil, haber ese caballito si sabe montar a su reina.

    -Quieres jaque Larita, yo te voy a dar jaque y el mate también primita. –Jaime se había levantado y quitándose el bañador se tiró.

    de cabeza a la piscina buceando hasta donde yo estaba, era la primera vez que le veía desnudo, había sentido su pene, pero en ningún momento se lo había visto y lo que había visto me había impresionado.

    -Ja, ja, ja, Jaque seguro primito jaque seguro, pero habrá que ver el mate. – Le susurraba al oído mientras que le abrazaba y besaba burlándome de él después de que me hiciera gritar como una loca cuando emergió del agua abrazándome y queriendo hacerme una aguadilla.

    Empezamos a besarnos dando giros sobre nosotros mismos, siento como su pene golpea mi vientre y mi vulva se roza y aprieta contra su muslo, Jaime me coge por mis nalgas y me sube y sujeta en vilo, le rodeo su cuello con mis manos besándole sin parar y envuelvo con mis piernas su cuerpo, mis pechos medio hundidos en el agua se aplastan contra sus pectorales, ni una palabra, ni una frase jocosa para meternos el uno contra el otro, ya solo bailamos dentro del agua al ritmo de los besos y caricias, de su pene contra mi vientre y deseando los dos que nuestros sexos se unan por fin.

    Damos vueltas por toda la piscina hasta topar con una de las paredes, dejándome de coger los glúteos sus manos se dirigen a mis senos apretándolos con suavidad, lamiéndome y metiendo mis pezones en su boca, con otra mano me aprieta la vulva con todos los dedos, noto la palma de su mano sobre mi clítoris y como sus dedos entran en mi vagina, cerrando y abriendo su mano, metiéndome sus dedos como pequeños ganchos para hacerme gemir y mientras su pene baila de arriba abajo entre mis manos.

    -Esta vez te vas a quedar quieta mientras te la meto. –Me susurra al oído, lamiendo mi lóbulo y metiendo el pequeño pendiente en su boca. –Vas a dejar que te dé jaque Lara.

    -Mmmm, inténtalo Jaime, tú métela a ver qué pasa, sabes lo patosa que soy cuando estoy en el agua y ahora me tienes acorralada. – Le susurré jadeando y excitada esperando sentir su pene dentro de mi cuerpo, le dejaba de abrazar por el cuello y mis brazos se echaban hacia atrás poniéndolos en cruz sujetándome sobre el borde de la piscina. –Tú apunta bien y métela a ver qué pasa, mira aquí te lo dejo. –Abrí mis piernas mostrándole el camino para que se metiera entre ellas.

    En ese momento Jaime me coloca su pene en la entrada de mi vagina y va empujando despacio, siento como va entrando, como mi vagina se llena con ella, nos miramos a los ojos mientras que mi boca se va abriendo a la vez que la noto meterse en mi interior, cierro los ojos y apoyo mi cabeza contra el borde de la piscina y dejo expulsar el aire de mi cuerpo en forma de gemido cuando la siento retroceder y volverse a meter, noto la humedad de mi vagina, como se empapaba de flujo y como envuelvo su pene como si fuera un regalo, un regalo que mi primo me está dando en estos momentos, cuando me atrae hacia él y me separa rítmicamente metiéndome su pene.

    Ahora ya solo se oyen las olas de la piscina que hacemos al movernos, a los pájaros piando cuando vuelan por encima de nosotros, las cigarras recordándonos el calor de la tarde y a la música que nosotros empezamos a poner, me siento penetrada por él, su pene lamido, abrazado y succionado cada vez con más insistencia por mi vagina, los gemidos de los dos y mis gritos van en aumento, por fin Jaime me la mete sin preocuparse de que me separe, pero como voy a separar si me está follando y me está volviendo loca de placer, noto como la excitación me sube por momentos, pero como me voy a separar cuando la tengo tan dentro de mí, Jaime empuja con fuerza dejándomela dentro y robándome los gritos más altos que nunca un chico ha conseguido sacarme.

    Conozco mi cuerpo y sé que no voy a tardar en correrme, Jaime me está follando de tal manera que en poco tiempo voy a disfrutar en un maravilloso orgasmo, no podía más y le abrazo envolviendo nuevamente su cuerpo con mis piernas.

    -Me corro Jaime aahh, me voy a correr mmm. –No paro de decírselo al oído, Jaime me vuelve a coger de los glúteos y mientras anda me la va metiendo cada vez un poco más, la siento tan profunda, empieza a subir las escaleras del suelo de la piscina conmigo en brazos hasta llegar a una pequeña plataforma donde el agua solo cubre dos o tres centímetros y me tumba con suavidad para que su pene no salga de mi interior y empezamos a mover las caderas con un ritmo más vivo, desde luego que estoy disfrutando como nunca, cada empujón, cada vez que siento su pene deslizarse dentro de mi vagina penetrando tanto con ella, es un grito al aire con los ojos cerrados y arrastro mi cabeza de lado a lado, ahogando mi melena con él poca agua que me cubre.

    Jaime también empieza a gemir, a dar pequeños gritos de placer, su pene está siendo amado con cariño por mi vagina, recibiendo un masaje en mi interior, una vagina húmeda, mojada y muy caliente. Parece que lo tenemos planeado porque los dos empezamos a corrernos, en mi caso siento un orgasmo espectacular, siento en cada una de sus embestidas como mis piernas tiemblan y como él poca agua de la plataforma me salpica cada vez que me penetra con su pene, en su caso supongo que igual de placentero por los gritos que Jaime lanza al viento al metérmela tan al fondo y dejármela allí metida, que mis gritos se han unido a los suyos, su pene está estallado y lanza sobre mí a gran velocidad chorros de su semen caliente, mi vagina se está llenando con su semen y une a la cascada de flujo que ya ha inundado mi interior.

    Ya más despacio, Jaime me sigue follando, me besa y susurra al oído “jaque mate primita, jaque y mate”, poco a poco su pene ha salido de mi interior y mi vagina empieza a expulsar una mezcla de mi flujo y su semen diluyéndose en el agua de la piscina. Salimos de ella envueltos con nuestros cuerpos sin parar de besarnos, no quiero admitir que hemos terminado, quiero más, mi deseo no se ha acabado todavía todo lo contrario, sigo súper excitada y quiero volver a follar, a sentir su polla en mi vagina y maldigo la biología masculina, porque tiene que estar tan flácida su polla, quiero arreglar esta injusticia y me llevo su pene a mi boca para empezar la maniobra de resucitarla, empiezo a lamer, a intentarla revivir cuanto antes, metiéndomela en la boca hasta sus testículos una y otra vez, lamiéndola de arriba abajo hasta que por fin un aló de esperanza, se va hinchando poco a poco dentro de mí.

    -Ya tienes el peón en pie primo, ahora tú mueves. – Le comento mirando hacia arriba con su pene en mi boca, sus manos han estado acompañando a mi cabeza cada vez que su pene se metía en mi boca y ahora su pene ya está totalmente recuperado. –Ahora tú decides el movimiento siguiente, me has dado un mate si, pero yo te he dado tres.

    -Me encanta esta faceta Larita.

    -¿Cuál?

    -La de zorrita insaciable primita, ven sube que te vas a enterar. –Jaime me abraza por la espalda sujetándome los brazos y apretando mis senos, subiéndome del suelo y besándome el cuello, me balancea hacia atrás y hacia adelante jugando conmigo como si fuera una campana.

    Los dos desnudos nos reímos con el balanceo, flexionando mis rodillas y dándole con mis muslos en sus manos, me balanceaba hacia adelante y hacia atrás con su pene metido por debajo de mis nalgas, parece el badajo de la campana continuamente dándome en mis nalgas, “joder” siento como su pene se ha metido sin previo aviso en mi vagina tan rápido y tan profundo que como las campanas expresan su sonido al darles con el badajo yo acabo de gritar de sorpresa, su pene me está volviendo loca de nuevo.

    Ninguno de los dos hemos pretendido este desenlace, pero ya puestos mi primo me suelta junto al árbol y apoyo mis manos sobre el sauce llorón levantando una de mis piernas que Jaime me sujeta por debajo de mi muslo, metiendo y sacando su pene de mi vagina empiezo a disfrutar como antes, empiezo a gemir como antes, realmente este polvo está siendo impresionante, llevamos un largo rato follando, su polla baila en mi interior continuamente rozando mis paredes vaginales, pero estoy cansada de estar en esa posición y despacio me voy agachando sobre la toalla con Jaime penetrándome una y otra vez, encima de la toalla me folla a cuatro patas, parece incansable porque él sigue metiéndomela cuando yo ya me he corrido una vez más, empiezo a estar cansada de sus empujones que me hacen perder el equilibrio debido en gran parte al orgasmo que acabo de tener, me ha temblado todo el cuerpo por igual y ha hecho que mis brazos hayan caído al suelo, luego mi cara y más tarde mis piernas extendiéndolas.

    Jaime sigue metiéndola esta vez más rápido y con más fuerza, tumbado encima de mi espalda me penetra por detrás con mis piernas un poco abiertas, lo justo para que pueda maniobrar como lo estaba haciendo hasta que un nuevo orgasmo me hace nuevamente temblar, pero esta vez unido al suyo, esta vez sus gritos más altos que los míos, su pene quieto dentro de mí expulsando su rico cargamento que navegaba por un mar embravecido.

    Esta vez el pene de mi primo perdía su fuerza dentro de mí y poco a poco iba saliendo de mi vagina, esta vez los dos tremendamente sudorosos nos quedamos quietos, exhaustos por más de 20 minutos follando sin parar, 20 minutos sintiendo como su polla entraba y salía de mi vagina, me dolían las piernas de tenerla abiertas, respiraba como si hubiera terminado una maratón, sentía como mi corazón quería escapar de mi pecho al igual que el de mi primo que no se movía de mi espalda, hasta que se volvió y se tumbó junto a mí, me di la vuelta y apoye mi cabeza en su pecho.

    -Dos en uno querida prima, estamos en paz. –Jaime me acariciaba los hombros y besaba mi pelo, la tarde ya llegaba a su fin, el sol empezaba a desaparecer por detrás de las casas y todavía jadeando por el esfuerzo le pregunté.

    -Te vas a Valencia ahora o te puedes ir mañana Jaime.

    -No tengo prisa, estoy de vacaciones Lara.

    -Pues entonces ven. –Me levantaba del suelo y le daba una mano para ayudarle a levantarse, los dos desnudos desaparecíamos en el interior de la casa a oscuras y pocos segundos más tarde se encendía la luz de mi habitación.

    ______________

    Madre mía lo húmeda que estoy, ahora puedo decir que me arrepiento de haber huido aquel día, si pudo ser así, me equivoqué.

  • No podía sacar yo sola la basura

    No podía sacar yo sola la basura

    ¡Hola de nuevo! Espero que hayan disfrutado mis experiencias anteriores, porque yo sí. Esta vez les voy a contar algo que pasó, de nuevo cuando mi esposo salió, pero esta vez se fue desde muy temprano. Bueno comencemos.

    La noche anterior mi esposo me dijo que saldría a ver un carro a una ciudad que está no tan retirada de donde vivimos, como a una hora de camino, dos horas de ida y vuelta más o menos, pero que tendría que irse muy temprano porque al cliente le urgía el carro para ese mismo día, bueno no los quiero aburrir con eso. Pero cuando me dijo que se iría temprano, le dije que no se fuera a ir sin sacar el tambor y las bolsas d ella basura, porque al otro día iba a pasar el camión a recogerlas, claro que me dijo que sí, que él las sacaría antes de irse.

    Pues bien, al otro día yo ni siquiera me di cuenta cuando él se fue, porque aún estaba durmiendo, la noche anterior nos habíamos desvelado, ya saben tocó algo de acción esa noche. En fin que mientras dormía, entre sueños escuchaba unas voces, desperté y me quedé esperando un momento a ver si solo había sido un sueño o en verdad hablaban, cosa que era raro por que como se iba a ir muy temprano, esta vez dejaría el taller cerrado. Pero entonces escuché un…

    “señora! La basura!!”

    Entonces pensé, ash! se le olvidó sacar la basura!

    Yo estaba desnuda, ya no me vestí después del sexo con mi esposo y así me dormí. Entonces de nuevo gritaron, así que me paré corriendo y como estaba desnuda solo asomé mi cara por la ventana y le dije al señor:

    -sí! Permítanme un momento ahorita la sacó!!

    -ok, la espero.

    Regresé a mi cuarto, me puse lo primero que encontré, un shortcito algo aguado y muy cortito y una blusita azul de licra, me puse sandalias y corrí al patio trasero para sacar la basura, pero en cuanto llegué, vi que el tambor estaba muy lleno y había como 5 bolsas grandes de basura, mi esposo acababa de limpiar el taller y había mucha basura. Intenté mover el tambor y no podía por lo pesado que estaba, así que pensé en sacar las bolsas primero, así que empecé a arrastrar una bolsa y sacarla por el pasillo (en mi casa hay un pasillo que atraviesa toda la casa, del taller hasta el patio de atrás).

    Pues ahí iba arrastrando la bolsa hasta que llegué al taller, en cuanto salí de la casa el señor que estaba frente al portón se me quedó viendo, y pues yo jalando la bolsa, le daba la espalda y un poco agachada por el esfuerzo y mi short cortito, se me subía un poco de la parte de atrás, en fin, llegué al portón y abrí, entonces él tomó la bolsa y le dije ahorita voy por otra, mientras le decía eso noté su mirada en mis pechos, obviamente mis pezones se marcaban en la blusa, solo lo mire y me di la vuelta para ir por la siguiente bolsa.

    De nuevo venia batallando con la bolsa que esta era más pesada que la anterior, al salir del pasillo y llegar al taller me tomé un descanso y cuando levanté la mirada hacia el portón, estaba otro señor, el que va arriba donde echan la basura, estaban los dos parados ahí esperándome, obviamente el otro le había dicho de como andaba vestida, en fin lleve de nuevo la bolsa afuera y ahí la tomaron los y la subieron, de nuevo le dije que iba por otra, cuando le decía eso, se asomó por la ventana del camión el chófer y pregunto:

    -por qué tardan…

    Y me vio, ya no terminó la pregunta y yo dije:

    -perdón, es que mi esposo se fue temprano y no sacó la basura y está hasta el patio, pero ahorita la saco.

    Y de nuevo me fui a traer la siguiente bolsa, y la misma acción, pero cuando salí y tomaron la bolsa, me dice el señor:

    -todavía faltan muchas bolsas?

    -sí, al menos otras 3 y el tambor grande.

    -entonces le ayudamos a sacarlas.

    -si me hacen ese favor, se los agradecería mucho, la verdad están muy pesadas.

    -ok, vamos por ellas.

    Y nos fuimos los 3 por al patio, obvio. Yo iba por enfrente de ellos para guiarlos al patio, casi podía sentir sus miradas en mis nalgas. Lo que sí, los escuchaba murmurar. Llegamos al patio y yo intente jalar una bolsa y rápido se me acercó el señor y dijo:

    -no se preocupe, yo le ayudo!

    Cuando estiró la mano para agarrar la bolsa, pasó rozando mis pechos, lo que hizo que de inmediato mis pezones se pusieran duros

    -lo siento, fue sin querer, perdón

    -no se preocupe, no pasa nada.

    -sí sí pasó mire como se pusieron.

    -jeje si verdad! le dije, mientras intentaba tapar mis pechos como fuera.

    Y se fue con la bolsa. Entonces el otro dijo, yo le ayudo con ésta, cuando dijo eso, se pasó detrás de mí y pasó su mano de abajo hacia arriba por mis nalgas y alcanzó a levantar un poco mi short…

    -Perdon señora, fue sin querer! Pero están suavecitas jeje

    -jejej ok jeje

    -bueno voy a llevarme esto.

    Se fueron y me quedé pensando, que obvio lo habían hecho a propósito, y comencé a recordar lo que había pasado con los clientes de mi esposo, pero a la vez me daba algo de cosa, porque ellos eran los de la basura. Mientras jalaba la última bolsa, ellos llegaron y me encontraron inclinada tratando de sacarla.

    -yo le ayudo

    Y se paró detrás de mí pegando sus piernas en mis nalgas, me tomó d ella cintura y dijo

    -cuidado! cuidado! No se vaya caer.

    Mientras me repegaba a él y empujaba su cadera contra mí logrando que yo sintiera un poco su pene que ya se sentía abultado. Di un paso al frente.

    -jeje casi me caigo, gracias.

    -no se preocupe, no pasa nada. Wey, llévate la bolsa, voy a tratar de sacar el tambo.

    El otro se llevó la bolsa y me dijo:

    -a ver me ayuda con el tambo, usted agárrelo de este lado.

    Me pare donde me dijo y se puso detrás de mi, de inmediato me rodeo con sus brazos según para agarrar el tambo y me pegó su cuerpo y empezó a empujar sus caderas contra mi, sentí un leve bulto empujando en mis nalgas, su pene se estaba poniendo duro al notarlo, empujé mis nalgas hacia atrás para sentirlo mejor, eso lo hizo agarrar confianza y me tomó de la cintura me jalaba hacia él y todo al mismo tiempo empujaba, sentí como su pene se ponía más duro y lo hacía palpitar, subió sus manos a mis pechos y los empezó a acariciar, eso bastó para que yo me perdiera y me dejara llevar, seguía empujando mis nalgas contra su pene y el levantaba mi blusa para dejar mis pechos al aire y poder acariciarlos mejor. Justo en ese momento llegó su compañero.

    -y yo qué?

    Me quito de frente al tambor y él se puso frente a mí y así sin más, metió su mano bajo mi short y empezó a acariciar mi vagina, (de tan caliente que estaba no pensaba que eran los del camión de la basura, sin ofender claro, pero no era lo más higiénico, estarán de acuerdo pero era tanto mi calentura que al sentir sus dedos tratando de meterse en mi vagina había que empujara más mis nalgas contra el pene de otro señor.

    Entonces bajaron en cierre de sus uniformes y rápido cayeron al suelo porque son de una pieza, solo traían una camiseta y sus trusas, se sacaron sus penes yo rápido los tomé y empecé a masturbarlos, les juro que quería chuparlos, pero me dijeron.

    -no tenemos mucho tiempo y vamos a cogerte de una vez, ¿crees que puedas con los dos?

    -sí, respondí con voz algo desesperada.

    -entonces vente para acá.

    Se acostó en suelo y me hizo sentarme sobre él, en cuanto lo sentí adentro me moje más por lo caliente que estaba, el otro me recostó sobre su compañero estaba en el suelo y se puso detrás de mí, puso un poco de saliva y empezó a empujar su pene en mi culito hasta que metió la cabeza, gemí un poco, dijo:

    -entró!

    Y de un empujón me metió todo su pene, me hizo gritar, pero rápido empezaron a moverse y ese dolor fue desapareciendo y empecé a gozar súper rico, ni 5 minutos de estar cogiendo y llegó el chófer.

    -miren que cabrones!!

    Yo estaba tan caliente y gozando, aunque con un poco de dolor, y solo le hice señas que se acercara, igual se quitó su uniforme y sacó su pene de su bóxer, no tarde en ponerlo súper duro con mi boca, llevábamos otros 5 o 10 minutos y el de abajo.

    -me vengo!! Aaah!!

    Y se vino dentro de mí, el de atrás no se detuvo, al contrario, empezó a darme más duro, el de abajo aún tenía su pene duro, lo que hacía que me estimularán los dos lados y no tardé en venirme también yo y casi de inmediato el de atrás que se vino adentro de mi culo.

    -me toca cogerte -dijo el chofer.

    Se levantaron los otros y el chófer se puso detrás de mí y me empezó a coger mi vagina por atrás mientras yo estaba inclinada chupando y limpiando los penes d ellos otros, minutos después se vino también, pero el en mis nalgas, cuando saco todo empezó a batir el semen con su pene, se puso frente a mi.

    -también límpialo bien. Y ustedes ya saquen el tambor!

    Con el pene aún un poco duro lo metió de nuevo hasta que se fue bajando por completo.

    -espero se pueda repetir otro día.

    -no cuenten nada y si se puede otra ocasión, claro que sí. (le decía mientras le acariciaba su pene ya flácido).

    Se fueron, yo ya no salí al taller, me fue directo al baño, para tratar de sacar todo el semen de mi culito y vagina, aun con semen escurriendo por mis nalgas y sintiendo aun el sabor de su semen en mi boca.

    Pues espero esta anécdota también les guste y me dejen sus comentarios. Y si no les gusta también háganmelo saber. Espero pronto poder escribirles de nuevo.

  • Despertando a la mañana siguiente aun como niña

    Despertando a la mañana siguiente aun como niña

    Esa mañana me desperté al sentir algunos ruidos cerca de mí, al moverme sentí la seda de una bata muy femenina en mi cuerpo, además sentía mi culito apretado por una tanga pero me sentía muy cómoda y protegida, entonces recordé que me había quedado dormida en una pijama de niña, que tenía un pañal puesto con unas tangas debajo, unas pantimedias y unos pantis encima. Entonces abrí los ojos y lo primero que vi fue el plug que Marcela había metido en mi culito la noche anterior, sentí más ruidos y vi como ella salía de la habitación ya desnuda y con alguna ropa en sus manos, así vi como entro al baño y escuche como abría la ducha. Yo tenía un poco de resaca y me voltee para el otro lado para dormir otro poquito.

    Cuando volví a despertar no sabía cuánto tiempo había pasado, pero si note que habían cambios, ya no estaba el plug y en cambio vi que en su lugar estaban algunas cremas y ropa interior femenina blanca, entonces me comencé a mover para levantarme y apareció Marcela en la puerta de la habitación, tenía puesto un pantaloncito corto muy pegado y una blusita ombliguera, con medias hasta las rodillas y tenis, estaba maquillada y había peinado su pelo a los lados con colas, se veía como una adolescente. Ella me miro tiernamente y me dijo “por fin despierta mi princesa, justo a tiempo para desayunar”, yo sonreí recordando que la noche anterior ella me había dicho que al despertar debía seguir comportándome como una niña mientas ella quería jugar a ser mi niñera.

    Yo la seguí y al cruzar la puerta me dirigí al baño, entonces ella me pregunto a donde iba, yo le señale el baño y ella me respondió que todavía no íbamos a hacer el entrenamiento de baño, que primero debía desayunar, que si tenía muchas ganitas podía usar el pañal que tenía puesto, pero que el solo podía hacer chichi y no popis. Me tomo de la mano y me llevo a la cocina, yo aún continuaba con muchas ganas de hacer chichi y cuando llegamos a la cocina cruce mis piernas y puse mis manos en la mitad de mi cintura como una niña, ella me miro y sonrió, luego tomo mis manos y las coloco en la barra de la cocina y me dijo que me relajara, yo comencé a respirar profundamente y antes de que me diera cuenta estaba haciendo chichi en mis pañales, se sintió muy rico me sentía a la vez mojada y caliente, también me sentí muy sucia.

    Cuando terminé me senté en uno de las butacas que tenía la barra, entonces ella fue a la nevera y saco un plato de la Barbie con su cucharita a juego, se puso frente a mí y comenzó a darme mi desayuno, mientras lo hacía me conto que desde que comenzamos a escribirnos y planear nuestro encuentro como dos niñas había estado fantaseando con ser mi niñera y dominarme, me dijo que después de que acordamos encontrarnos había comprado todo lo que quería y un par de regalos para darme si me comportaba como la niña que le decía que quería ser, yo la escuchaba y asentía a cada una de sus propuestas, también comencé a hacer pucheros cuando menciono los regalos, ella sonrió y yo le dije que quería cumplir su fantasía.

    Cuando termino de darme el desayuno, me dijo que ahora si era hora de bañarme y limpiarme bien, que como era una niña no debía estar sola en el baño y ella iba a acompañarme. Cuando llegamos note que ella había preparado el baño, como era amplio ella había puesto un par de toallas en el piso, tenía un par de vestidos de baño en ganchos y algunos elementos que no conocía, vi que también tenía cremas y talcos de niña, además de una pañalera de la Barbie.

    Ella entro primero y cuando entre me indico que debía acostarme en las toallas que había en el piso y prepararme para que me quitara el pañal, mientras lo hacia ella me comenzó a decirme que como niñera tenia algunas reglas que debía seguir, primero que todo no debía cuestionar sus órdenes, pues cada vez que lo hiciera recibiría como castigo entre 10 y 20 nalgadas, me dijo que debía obedecerla y seguir sus indicaciones, que ya en la mañana me había comportado mal y no me había aguantado para hacer chichi. Cuando termino te quitarme el pañal me dijo que tampoco debía estar ton sucia, que parecía una perrita toda cochina, que eso sumado a mi desobediencia ya me hacía merecer unas de 20 nalgadas. Me dijo que me pusiera de pie y me quito la pijama y toda la ropita interior de niña con la que había dormido, me indico que debía ir a hacer popis y mis necesidades en la tasa, para esto le puso un protector rosado y mientras lo hacia ella comenzó a cambiarse por uno de los vestido de baño, note que era de una pieza y de un solo color, verde y que era de tanga, cuando termine ella, ella me indico que debía volver a acostarme en las toallas, primero tomo paños húmedos de bebe y me limpio bien la colita, me indico que debía levantar bien las piernas y para ayudarme me las amarro juntas y me las puso hacia arriba con la ayuda de uno de los toalleros. Entonces me dijo que me iba a poner un enema de agua para limpiarme bien, yo me deje muy sumisa y sentí como ella metía un tubo delgado en mi culito, después sentí algo fresco y estuve así relajada hasta que ella me dijo que era momento de volver a la tasa del baño.

    Cuando termine nuevamente de hacer popis ella me entrego un vestido de baño y me dijo que me lo pusiera mientras abría la ducha para bañarme, yo me lo puse y me mire en el espejo, ahí estaba yo en el baño de mi amiga, con un vestido de baño con estampados de princesas, muy excitada y desarreglada, ella me llevo a la ducha y entro conmigo llevando un jabón en pasta y algunos tarros, después supe que eran champú, bálsamo y jabón líquido pues con ellos y la pasta se dedicó a lavar mi cuerpo completo mientras me tenía en vestido de baño, sentí como metió esa pasta dentro del vestido y la paso por todo mi cuerpo dejándola varias veces entre mis piernas por largos ratos. Cuando terminamos ella me saco del baño, me quito el vestido dejándome desnuda y tomo la pañalera, de ella saco un par de toallas que uso para secarme y secarse, también saco un collar de perrita con una placa que decía “la mariquita de Mami”, un plug metálico con una colita en bolita como la de una conejita de color rosado, unas medias de liguero blancas, unos tacones altos blancos y un conjunto de brazaletes y tobilleras de cuero rosado con argollas, apenas me puso las medias y cada cosa en su lugar me puso crema humectante con olor a flores y después de quitarse el vestido de baño se colocó una camisa larga y unas pantis, cuando termino puso la correa a mi collar y llevo hacia la sala.

    Apenas llegamos note que tenía un montón de cosas preparadas, había abierto un sofá cama y tenía mucha ropa interior de mujer puesta en los muebles, también un par de vestidos, había cremas, maquillaje y algunos juguetes eróticos, también note que había un par de muñecas y otras cosas de niña que me pusieron muy caliente de solo verlas. Marcela noto mi obvia excitación y comenzó a decirme que desde que habíamos comenzado a conocernos y a planear nuestro encuentro había notado que tenía un gusto muy particular por las cosas infantiles y por representar papeles de niña que lo único que hacían era enmascarar mi falta de experiencia. Mientras me iba contando que a medida que me conocía había comenzado a fantasear con ser mi niñera o mi mami, que desde el día anterior había comenzado a disfrutar mucho de vestirme y tratarme como una muñeca, y me decía que le encantaba lo obediente que era, ella había comenzado a vestirme, lo primero que me puso fue un sostén de encaje blanco, al cual siguieron unas pantis de encaje del mismo color que tenían una abertura en mi traserito ubicada de forma tal que ella había sacado el plug de mi culito solo un momento para subirlas y lo había vuelto a colocar, después siguieron dos batas blancas y un vestido rosado de princesa que me según me dijo había comprado en una rebaja de disfraces.

    Cuando menos lo pensé estaba completamente vestida y maquillada como una princesa y ella me seguía contando sus fantasías, mientras comenzó a ponerse unas medias de liguero, luego una falda corta y unos tenis, se sacó la camisa larga y se puso unos lindos sostenes y una camisita apretada, se puso algo de maquillaje y mientras lo hacía comenzó a hablarme como a una niña, me dijo que era hora de que jugáramos un rato pues todavía faltaba tiempo para que me recogieran, además de que me había puesto el vestido más lindo para eso, yo solo le respondía que si mientras estaba de pie con mis piernas cruzadas, mis manos abajo juntas y la mirada lo más sumisa que podría. Marcela tomo nuevamente la cadena y me halo hacia la cama, mientras me decía que había preparado un rico juego para mí, primero me acostó en la mitad del sofá cama y comenzó a amarrar mis manos hacia arriba, las ato juntas a una argolla que de alguna forma estaba en la parte de atrás del sofá, luego fueron mis piernas las que estaban juntadas atadas, en ese momento Marcela se colocó encima de mi colocando mi cabeza entre sus piernas, con lo que tenía una hermosa vista de sus pantis por debajo de su faldita y note como estaban mojaditos y muy apretados debido a su excitación.

    Primero comenzó a tocarme encima de la faldita, mientras subía y bajaba su cadera pasando sus pantis por mis labios, luego levanto la faldita y después de tocarme un poquito comenzó a levantar mis piernas, para eso tuvo que bajar su cadera lo más que podía con lo que pude pasar mi lengua a gusto por entre sus piernas y chuparla toda, ella cada vez más excitada me regaño por golosa y me dijo que había sumado otras 40 nalgadas que ya serian 60 las que debía recibir antes de irme y comenzó a desatar mis piernas. Yo pensé que me iba a liberar para castigarme pero lo que comenzó a hacer fue a amarrarlas por separado para después ponerse detrás del sofá y decime que las levantara lo más que podía, yo lo hice y cuando menos lo pensé tenia mis piernas completamente abiertas, mi culito bien expuesto y casi ni podía moverme. Ella volvió a estar frente a mí y note que tenía dos juguetes eróticos, uno más grande que el otro, entonces comenzó a decirme que debía prepararme para jugar, que no me tenía que quitar las pantis pues las había comprado especialmente para ese momento, mientras me hablaba sentí que saco el plug que todavía tenía en el culito y con sus dedos comenzó a lubricarme toda, primero tomo un dildo vibrador y comenzó a meterlo en mi culito lentamente para después prenderlo y comerme con él unos minutos, cuando vio que estaba a punto de venirme lo saco y comenzó a preparar lentamente el segundo, un poco más grueso y de goma, este lo metió primero en mi boquita para que lo lubricara con mis babitas y después lo puso en mi culito metiéndolo todo, una vez lo tuve adentro, ella se puso de pie en la cama y mientras me decía que ya estaba lista fue bajando sus pantis, apenas las tuvo en su mano me pregunto si me había gustado su sabor, yo le conteste que sí, que me había encantado, entonces ella las hizo una bolita y las metió en mi boquita.

    En ese momento sentí como ella saco lentamente el juguete de mi culito y volvió a usar el vibrador un momento mientras me miraba con lujuria, entonces comenzó a ubicarse encima de mí, levanto su faldita y puso su rica cola en la entrada de mi culito, presiono un poquito y metió su cabeza rica, yo sentí como si algo caliente y muy duro entrara por mi culito, lo sentía rojo y caliente, me dolía un poquito pero estaba demasiado distraída por sus dedos pasando por mis labios mientras me preguntaba si me gustaba, yo apenas alcance a mover mi cabeza en sentido afirmativo un par de segundos para que ella terminara de meter toda su colita por mi culito. Apenas lo tuvo adentro se quedó quieta un momento y después comenzó a moverse lentamente comiéndome toda de forma delicada y muy femenina. No estuvimos así mucho tiempo hasta que comencé a sentir que Marcela se movía mas rápido y me lo metía mas fuerte, entonces sentí como se ponía más duro y más caliente entre mi culito hasta que comenzó a venirse dentro de mí, al sentirlo comencé a moverme como una posesa, quería sentirlo adentro, quería que me llenara toda de su lechita, me sentía tibia por dentro y muy putica, ella se quedó encima de mí un momento mientras yo sentía como su colita iba bajando de tamaño hasta que finalmente salió de mi culito. Tras un momento de descanso ella se paró y dejándome así amarrada fue por la pañalera saco uno de los pañales y lo coloco debajo de mi nalguita, la cual estaba justo en la posición necesaria, cuando estuvo preparada desato mis piernas acomodando el pañal encima de mis pantis, luego se puso encima de mí, saco sus pantis de mi boquita y mientras hacía que desataba mis piernas y mis manos puso su colita en mi boquita para que limpiara sus últimos rastros de lechita.

    Cuando termine de limpiarla ella se volvió a poner de pie con la correa de perrita en sus manos y me dijo que ya casi era hora de irme, que solo quedaba recibir mi castigo por ser una nena grosera y ella quería además hacerme mojar en las pantis, eso si quería quedarme con el vestido y par de la ropita interior que tenía puesta. Yo dije que quería mucho el vestido, también las medias, entonces ella halo mi correa y vi como mis manos ya estaban libres del sofá pero seguían atadas con una cuerda larga. Ella me llevo a un rincón de la sala y tomando la cuerda la paso por una de las vigas del techo poniendo así mis manos hacia arriba, como aun tenia los tacones puestos no fui capaz de pararme bien con las piernas cerraditas así que las abrí un poquito y fue cuando sentí como la lechita de Marcela salía de mi culito. Marcela me dijo que iba a descansar un rato, que debía quedarme así pues ahora comenzaba mi castigo, metió su mano por debajo de mi faldita y mis pañales hasta mi culito, cuando lo sintió tan mojadito me dijo que debería aumentar el número de nalgadas al doble. Entonces saco su mano y mientras se iba hacia el baño me dijo que debía hacer chichi en el pañal como una niña y debía estar siempre mirando el rincón, en ese momento me sentí muy excitada y con ganas de que nuestra aventura no terminara nunca. Escuche como ella abría otra vez la ducha y como caía el agua mientras se bañaba, entonces comencé a sentir muchas ganas de hacer pipí.

    Seguí intentando hacer chichi cuando escuche que ella cerraba la llave de la ducha y cuando regreso a la sala me pregunto si ya había hecho, le dije que no y ella me respondió que tomara mi tiempo. Como sentí que ella se movía a mi espalda intente mirar de lado, ella me descubrió y rápidamente vino a taparme los ojos con una venda. Mientras seguir intentando hacer pipi escuche como ella se colocaba ropa, como prendía algunos aparatos electrónicos y como iba a la cocina y movía platos y ollas, escuche como abrió el agua del lavadero y fue como si me dieran una señal, la de que podía hacer chichi, entonces comencé a orinar en mi pañal, sin embargo no fue como ninguna otra vez, sentí como si me viniera todo el tiempo, mis piernas se doblaban y si no fuera porque tenía las manos amarradas encima de mi cabeza habría terminado tirada en el piso, hice chichi, pipi durante mucho tiempo y cada chorro grande o pequeño me hizo gemir, gemía pasito como una niña, mientras cruzaba mis piernas para no caerme.

    Cuando termine y logre recuperarme un poco me sentí muy tibia y todavía más excitada que antes, me sentía muy cómoda y coqueta, además no podía dejar de sonreír, así estaba cuando escuche a Marcela decir “mmmm, que rico se vio eso”. Lejos de asustarme me puse como una niña coqueta que quiere seguir jugando, ella me quito la venda de los ojos y me volteo a un lado, pude ver entonces que se había vestido como una mistress, tenía una falda negra que le llegaba a las rodillas muy pegada, con una camisa blanca que dejaba ver un corsé negro, tenía zapatos altos negros, fue por unos ganchos que había preparado y comenzó a subir mi faldita sosteniéndola con ellos de la parte superior del vestido, empezó por la parte de atrás y escuche como tomo una foto de mis nalgas apenas la subió, luego siguió subiendo mi falda y tomando fotos hasta que termino, vi que tenía dos bolsas preparadas y unos paños de limpieza de bebe, me quito el pañal muy sucio y lo guardo en una bolsa, igual hizo con las pantis y me limpio muy bien con los paños.

    Cuando estuve limpia me puso unas pantis de licra rosadas muy pegaditas y fue por un tetero para darme una malteada calórica de fresa que estaba deliciosa, mientras me daba mi tetero con una mano comenzó a tocar mi nalga con la otra, diciéndome que solo faltaban las nalgadas, que le debía unas 30 nalgadas, pero que era el doble, entonces eran 60, pero también había hecho pucheros y me había ganado otras 20 y así serían 80, pero que de esas 20 serían el doble, o sea 40 y así serían 100, cuando dijo 100 yo trague duro, entonces ella me miro enojada y dijo 150. Termino de alimentarme y fue por una silla alta de bar que tenía encima algunas correas, una chancla, un par de fustas y dos paletas, todas eran para dar nalgadas a chicas como yo. Ella me dijo que iba a empezar de inmediato y que era libre de mojarme en las pantis cuando quisiera, que lo debía hacer antes de irme para ella mirar, yo no alcance a terminar de decir Si cuando sentí la primera nalgada, fue suave, uso la chancla y siguió con ella indicándome que debía contar y así lo hice hasta llegar a 25. Entonces ella me dijo vamos a comenzar de nuevo, esta vez cuando sentí la primera note que estaba usando una paleta (así supe después que se llamaba) cubierta de tela rosada, con ella me indico que debía contar hasta 50 y así lo hice después de cada nalgada. Cuando termino siguió otra cuenta de 50 con una paleta, esta vez sin la cubierta, que me dejo las nalgas ardientes y muy calientes. Cuando termino la ronda ella se pegó a mi cuerpo y mientras me decía que solo faltaban 25 nalgadas y que mi culito rojito la ponía muy caliente sentí como me ponía lubricante en el culito, después sentí que comenzó a meter algo adentro de mí, no tarde en notar que era un vibrador en huevo pequeño, pues lo prendió un poquito mientras me decía que contara hasta 10 mientras me daba con una correa doblada en la nalguita. Cuando termino con los 10, cambio por una fusta, aumento la velocidad del vibrador y me dijo que contara 15, yo la obedecí muy excitada y a punto de venirme toda en las pantis, mientras recibía esas nalgadas sentía como ella se pegaba a mi nalguita después de cada una, como me rosaba con su colita dura a través de su falta pegada, cuando íbamos en 14 ella se pegó toda y yo comencé a mover mi colita muy coqueta caliente, ella se quedó un momento dejándome hacer y disfrutando, luego se separó y me dio unas 20 nalgadas más. Cuando termino de nalguearme yo sentí mi culito muy caliente, estaba súper excitada, creo que si me hubiera tocado en ese momento me habría mojado en esas pantis como una nena de inmediato, pero seguía amarrada. Ella me tomo de la cintura y arrimando más la silla de bar se sentó poniendo mi culito a su disposición, tomo lubricante y después de meterme los dedos por el culito saco el vibrador. Entonces se pegó a mi nalguita y puse sentir con mi piel enrojecida como bajaba lentamente su falda, sentí sus pantis y su colita dura y caliente debajo en mi nalga, luego ella se quitó sus pantis y las metió en mi boquita mientras volvía a meter su colita en mi culito.

    Apenas sentí su cabecita adentro moví mi cadera hacia atrás para meterla toda, estaba caliente y desesperada por tener mi culito lleno, por mojarme toda para que ella me viera con las pantis mojaditas, comencé a moverme, a comerme toda, como una hembra, mientras Marcela me sujetaba por la cintura con una mano y con la otra primero toco mi cara y metió bien sus pantis en mi boca, después comenzó a bajar por mis tetas hasta llegar a mi colita, la cual comenzó a sujetar y sobar encima de las pantis. Así toda atada, sometida, castigada y comida me comencé a mojar en las pantis, ella me sujeto fuerte porque perdí el control de mis piernas, solo me sostenía de los brazos y seguía moviendo la cadera mientras me mojaba toda en las pantis y en su mano, mientras terminaba ella seguía comiéndome y no me dejo ni un momento para para sino que me mantuvo de pie y disfrutando de su cola dura y caliente en mi culito. Siguió un rato de ella comiéndome y llevando su mano llena de mi lechita a mi boquita para untarla en mis labios para que ella se pusiera de pie y soltara mis manos de la cuerda, apenas pude bajarlas me sentí como una muñeca de trapo, sentí que como ella me puso con la pancita en la silla y siguió comiéndome por el culito hasta terminar otra vez adentro de mí, cuando termino sentí su lechita adentro, me sentí mojadita y relajada.

    Ella se retiró un poco y se sentó en uno de los sillones de la sala, me dijo que me quedara como estaba y comenzó a tomar fotos, yo veía el flash y sentí mis pantis mojadas por delante, también las sentía a un lado en mi nalguita, la cual estaba muy caliente por las nalgadas, entonces comencé a sentir como salía su lechita de mi culito, como bajaba por mis nalgas calientes hasta mis piernas para quedarse mojando mis ligueros, como pensé que se perdía por lo que con mi mano comencé a tomarla y llevarla a mis labios, ella me dijo que le gustaba lo que hacía, que lo hiciera lentamente y sacara sus pantis de mi boquita para poder chupar mis dedos. Después de unas cuantas fotos más vimos que estaba anocheciendo y que era hora de que me arreglara para irme a casa, como pude comencé a componerme, ella igual, nos desnudamos la una a la otra y nos metimos al baño, nos duchamos juntas entre besos, caricias y demás maricaditas.

    Cuando salimos en toalla yo busque mi ropa de hombre para volver a casa, ella se vistió de mujer y cuando estuve listo me entrego entre una bolsa negra lo que me dijo eran mis regalos por esa jornada maravillosa, estaba el vestido de princesa, varias pantis, dos vestidos de baño y otra ropa que no había visto antes, también estaban los dildos y vibradores que había usado en mi culito, en la puerta nos abrazamos y prometimos seguir en contacto para buscar nuestro próximo encuentro, nuestra próxima fantasía.

    Espero que les guste mi relato, esta última parte me quedo un poco larga, pero quería contar con lujo de detalles todo lo que ella me enseño a vivir.

  • Cornudo sin saberlo

    Cornudo sin saberlo

    Mi matrimonio lleva 30 años de casados, esto fue cuando llevábamos unos 16 años de casados, mi señora la voy a llamar Marta tenía 32 años, yo Jorge de 47, entraba a las 8 a trabajar, dejando a los 2 chicos en la escuela y seguía, ella como no trabajaba iba a hacer las compras al mercado donde sacábamos fiado.

    Como tenía la mañana libre se quedaba a cebar mate al dueño la señora, 2 empleadas y al carnicero que estaba en el fondo, al costado había un deposito grande, lo hacía casi todos los días que yo trabajaba; yo sospechaba algo ya que cuando íbamos a comprar juntos había palabras o miradas que delataban algo.

    Un día entro al trabajo y por circunstancias del trabajo mi compañero me dice si ponía salir a traerle algo para comer más tarde, por lo que salgo y voy al mercado porque sabía que ella estaba ahí y de paso compraba el pedido de mi compañero, al entrar el dueño me dice “Marta está en el fondo cebando mate”. Entro, me voy al fondo, en la carnicería estaba el empleado y no el carnicero Fernando, sin decir nada me meto en el depósito que estaba también la cocinita y no la veo, voy caminando entre las cajas de mercaderías y escucho una voz que decía «a que bien» por lo que me asomo y veo a Fernando con la pija afuera y a Marta agachada chupándola, iba a meterle una trompada a los dos, pero me quede mirando.

    Mi señora se la metía entera, era más chica que la mía, pero un poco más gorda, la chupaba con ganas, él le dice «para que voy acabar» la levanta le pide que se apoye en las cajas, estaban entre medio de las cajas y nadie los veía, se levanta se apoya, se baja el pantalón que era de esos elastizados por lo que era fácil bajarlo, le apunta la pija a la concha y se la mete de una, estaba muy mojada porque le entró toda, emitió un quejido y empezó el mete y saca, ella gozaba, a los minutos le dice “acabo”, ella se la saca se agacha y se la mete en la boca, llenándole la boca de leche, se la traga toda y se la deja limpita, se acomodan, no se besan.

    Yo salgo y hago que estoy mirando las góndolas, al rato ella sale con el mate en la mano y se lo alcanza a una de las chicas, me ve y me dice «hola, que haces?», “vine a comprar algo y ya que estaba vine para acá», me dice «ahora voy a casa a limpiar y después voy a buscar a los chicos a la escuela» me da un beso y siento el gusto a semen del carnicero, compro salimos los dos juntos me besa de nuevo y salgo para el trabajo y ella a casa, nunca me lo contó, pero intuye que lo sé, es un hecho verdadero.

  • ¡Quien te ve la carita te compra!

    ¡Quien te ve la carita te compra!

    Les puedo comentar que soy un man de 30 años, profesional, vida normal y corriente, pero que en la intimidad me gusta disfrutar del sexo dando algunas veces la impresión de ser un perverso que se puede resumir en una frase expresada por mi exnovia: ¡Quien te ve la carita te compra!

    En nuestra cultura costeña, la masculinidad no reposa en la verga, por el contrario: reposa en el culo. A un hombre que le toquen todo, menos la parte trasera. Allí guardamos el santo Grial de hecho de ser macho, razón por la cual en el acto sexual no se permite ni está bien visto que la mujer el toque a uno las nalgas y mucho menos el culo. Ese mismo pensamiento lo tenía yo, hasta que una veterana me enseñó que puede ser muy placentero, disfrutar sin dejar de ser hombre y mucho menos convertirse en homosexual. Pero bueno, eso es otro cuento que luego les diré.

    En esta ocasión me remitiré a lo ocurrido con mi novia Ana, con quién ya tenía 8 meses de noviazgo, y aprovechando que ambos estábamos de vacaciones y habíamos ahorrado una plática, decidimos irnos a disfrutar los fiestas del 11 de noviembre en Magangué, donde teníamos amigos en común. Esa esa noches nos fuimos a una discoteca Libélula (creo que ese es el nombre, los que son de allá que me confirmen), buena música, buen ambiente y a tomar trago corto. Para decirles la verdad, con ese tipo de trago puedo tomar mucho para estar en temple, pero mi novia a eso de la media noche ya estaba bastante animada. No soy gente de bailar, pero tampoco la podía dejar con las ganas. En esos bailes y esos movimientos, bueno, uno no es de piedra y el amigo que cuelga entre mis piernas se despierta con el roce y movimiento. Ella lo noto, y contrario a molestarle le agrada más, yo sigo la trilla y la abrazo fuerte, sentir sus senos contra mi pecho, esa respiración pesada y los muchos besos que nos dimos, creo que estábamos que nos comíamos allí.

    Una y media de la mañana, ya mi novia bastante entonada y yo con ganas de culearla. Decimos regresarnos al hotel, pues al día siguiente teníamos un desayuno dónde uno de nuestros amigos. No dejé que cerrará bien la puerta cuando ya estaba sacando uno de sus senos para chuparlos, sentir es pico rosadito y suave en mi boca mientras mis manos bajan el pantalón y tocó su Cuca rasuradita, suave y algo húmeda. Luego nuestras lenguas se encuentran para enlazarse en un beso fundido de saliva, fuerza y deseo. Al odio me pedía que le diera verga, que estaba hambrienta de ella, en ese momento la arrodillo saco mi miente de pantalón y la pongo en su boca, ver esos labios rodeando mi glande y queriendo morderlos. Se la meto toda en la boca, sus ojos me ven angustiada pero con ganas de seguir. No sé cuándo tiempo demoramos allí, pero ahora era mi tiempo de compensar tremenda chupada, y atender esas dos torrejas de sandía rojitas que se gastaba como labios «cucales» -jajaja-.

    Para lo anterior la acuesto totalmente desnuda en la cama, abro sus piernas y hundo mi cara en ese manjar que entre sus piernas tenía. Esa rajita que mucho, mucho placer me dio. Cada vez que aumentaba el ritmo, agarraba mi cabeza y más me pedía que le diera lengua. Después, me despego de esos labios, ella excitada, erizada y caliente, pidiendo más, me acuerdo a su oído derecho y le pregunto: bebé ¿Quieres probar algo nuevo?, Ella entre risas y jadeos dijo que si, sin pensarlo y sin saber que era. Desde hacía algunos meses quería que me chupara el culo, pero sentí que esa noche todo estaba dado para consumar ese deseo.

    Yo desnudo, con mi verga templada y babosa, arrodillado con las piernas abiertas encima de su pecho y mi verga cerca de su boca, comenzó a succionar como si fuera un tetero, medio me levanté y dejé mis huevas sobre su boca, allí una a una las fue chupando, las hablabas y succionaba, yo sentía como me las quería arrancar, a lo que yo atinaba a decir: suave, suave…en ese momento la saqué y sonó como cuando destapa una gaseosa.

    Mientras ella pedía más, yo iba acercado mi culo a su boca, y le dije mirando su cara: a mí me gustan que las mujeres me chupen el culo, y ahora tú lo vas hacer.

    Ella quieta, levanté mi pierna, y puse mi agujero negro en la cara, el ano a la altura de su boca. Empiezo a mover el culo contra su cara, y ella lamer con pasión, metiendo y sacando la lengua de mi ojete, mientras yo seguía moviéndome.

    Su lengua allí, mi calentura y la de ella, ese placer y cosquilleo que se siente. Mi verga goteando líquido preseminal que caía en su cabello. Afinqué mi culo en su boca, mis nies tapaba su nariz y mis huevas caían en su frente. Sentí que se quedaba sin respiración y le dije: voy a dejar que te entre un poco de aire para que no te me vayas a morir.

    Ella tomaba bocanadas de aire, su cuerpo temblaba, las tetas paraditas y los labios de su cuca hinchados y mojados. Decidí ahora acostarme boca arriba con las piernas abiertas ahora le ofrecía a ella mi verga, huevas y culo, para que lo chupara. Así fue, ella solita sin decirle nada comenzó a chupar, a pasar la lengua por esas partes, mi verga dura como una piedra y mojando. Con ambas manos agarró mi culo, lo besaba y recorría con su lengua todo mi agujero y debajo de mis huevos, a lo que ella dijo: amor, que sabroso, pero ya no aguanto más, me voy a subir en tu verga!

    Más demoró en decirlo, cuando sujeta mi verga dura y tiesa y se sienta de frente sobre ella, mirándome la cara, siento esa húmeda bajando por mi monda, la agarré fuerte por la cintura y la bajé hasta el pegue de un solo jalón. Allí la estuve sujetando firme, chupo una de sus tetas y ella lanza u quejido fuerte y seco, diciendo: Ay papi, que rico, que rico! Me desprendo de su teta y le digo mirando fijamente a la cara: ¿Quieres culear?, ¿Quieres culear? Ahhh… ella me dijo: si… Entonces les respondo: bueno, culéame la mondá, culeámela!

    Suelto su cintura, y comienza ella con ese movimiento así como ese sonido del entra y sale, la traigo hacia mi pecho, la beso fuertemente y abrazo, cuando siento un aumento de velocidad en su movimiento pélvico, el sonido del ¡Plag! ¡Plag! ¡Plag! Era más fuerte, siento entonces siento como una humedad recorre mis huevas y parte de mi pelvis, siento su cascada mientras muerde mis labios, a lo cual yo correspondo soltando mis chorros de leche caliente hasta lo más profundo de sus entrañas. Ella aún en mi pecho, me dice: creo que me preñaste… a lo que yo suelto una risa. Luego mira mis ojos y dice: Quien te ve la carita te compra!

    Le doy un beso suave y la acuesto en mi pecho, a ese punto creo que ya no teníamos ni una gota de licor en nuestro cuerpo.

  • De mis vacaciones con la tía Bertha (Parte IV)

    De mis vacaciones con la tía Bertha (Parte IV)

    A la mañana siguiente desperté sin entender si lo que había ocurrido era parte de un mal sueño, y consideré adormilada, que posiblemente aún estaría en casa de mi mamá. Sin embargo, algo era seguro: sentía un intruso entre mis nalgas. Abrí los ojos y recordé el cuadro completo: mi querida tía me había humillado la noche anterior sin que yo pudiera defenderme. Dejé el camisón en la cama y me puse una bata de satín verde que hallé en el clóset. Quería quitarme la jaula del pene que me lastimaba cada vez que quería tener una erección, el simulador de vagina que me daba calor y sobre todo el tampón que tenía clavado en el culo. Pero la amenaza de mi tía pudo más que mi golpeada entereza y simplemente bajé las escaleras que me llevaban al comedor. Una vez llegando al final de la escalinata, la tía me miró y dijo:

    -Hola preciosa. ¿Dormiste bien? Ven a desayunar con tu tía.

    Yo avancé hacia ella, y al verme caminar dando saltitos preguntó:

    -¿Por qué andas así?

    -Es que el tampón se siente muy incómodo- contesté al llegar con ella y sentarme a la mesa.

    -Jaja -liberó una profusa carcajada- ese era un efecto que no había pensado pero que quedó de diez. Con unos tacones, caminarás justo como lo hace una señorita.

    -Tía- comencé a decirle, esperando encontrar un poco de empatía en ella- creo que ya no quiero seguir con esto. Al menos, no con esta parte.

    Ella se me quedó mirando. Fijamente primero, y luego no alcance a percibir si con firmeza o ternura.

    -Mira Danny. Ahora no lo entiendes, pero si que lo harás. Así que la respuesta es no.

    Me sentí algo desvalida. Sola, y desconsolada. Pero ella continuó:

    -Si ya acabaste de almorzar, ve a bañarte. Tienes mi permiso para quitarte lo que te molesta mientras te duchas. Inmediatamente después quiero que te laves cómo te enseñé y te pones todo lo que te deje encima de tu cama ¿Estamos?

    -Si señora- respondí con algo de rencor.

    Al entrar a la ducha, sentí liberado mi pene y mi culo y quise pajearme. Pero no me atreví porque la tía estaba a unos cuantos metros de la regadera y posiblemente sospecharía si me tardaba de más. Hice mi enema -con algo de esfuerzo- y salí a la habitación. Sobre mi cama había una coqueta tanga que en la parte frontal llevaba un simulador de labios vaginales. Un sujetador del mismo color hueso, un vestido corto y floreado, sandalias de mediano tacón y un listón de color rojo, con el que de seguro Bertha quería que me anudara el cabello. Hasta ahí soportable todo, excepto porque también se encontraba un tampón más largo y grueso que el anterior…

    No supe bien que hacer. No quería desobedecer a la hermana de mi madre, pero tampoco quería ponerme semejante monstruo en mi colita. La indecisión se cortó cuando ella se asomó al cuarto y me dijo:

    -Espero que no estés pensando no ponerte todo mi niña. Me causaría un gran disgusto.

    -No, no tía- le contesté con voz apenas audible.- Solo quería ver qué va primero.

    Ella señaló el artículo de higiene femenina y agregó:

    -Y por favor apúrate, que necesito que vayas a la tienda a comprar unas cosas.

    -Está bien señora. -Asentí sin ganas.

    Tenía que empezar con el tampón, y había que insertarlo completo en mi agujerito, pues el cordón iba a estar colgando y debía notarse lo menos posible. Esto me llevó más tiempo de lo esperado, hasta que finalmente lo conseguí. Dejé la jaula del pene de lado, pues vi que el calzón era suficiente, me acomodé las demás prendas y coloque un suave maquillaje en mi cara. Realmente era una linda muchacha a pesar de todo.

    Entonces Bertha me dio instrucciones de en qué tienda debería realizar las compras, las indicaciones para llegar -no estaba tan lejos, pero si enredado y a varias cuadras- y el dinero para pagarlas. Salí a la calle fresca y libre, dando saltitos a cada paso que daba y sobre todo contenta. La sensación de aire corriendo por debajo de mi falda era grandiosa y la ligereza de mi vestido me hacía sentir ágil y delicada a la vez. Pero conforme iba avanzando, noté que los hombres se me quedaban viendo con lujuria en su mirada. Alguno me chifló, otro me dirigió un piropo grosero y uno más empezó a seguirme por mucho tiempo. Me espanté de pronto, y me di cuenta de que mi vestido era algo provocativo y empecé a caminar más rápido. Y el hombre aquel apuró igualmente el paso y yo quería correr del miedo que me dio. Llegué a la tienda con el corazón en vilo, y el dependiente -a quien no noté que era joven y guapo- intentó calmarme en cuanto me vio:

    -¿Estás bien amiga?

    -Si, gracias. Es que un tipo me venía siguiendo.

    Una gran carcajada salió de el cuando me dijo:

    -Bueno, es que tu vestido llama mucho la atención, a pesar de ser playa. Pero haremos esto: te surtiré tu pedido y te acompaño de regreso a casa. ¿Te pareces bien?

    -Si, gracias… perdón, no te pregunté tu nombre.

    -Ricardo amiga. ¿Y tú eres…?

    -Daniela- contesté, a la vez que al fin veía al portento de hombre que me acompañaría a casa.

    De regreso veníamos bromeando, y yo cada vez me admiraba más de él: debía tener unos 24 años, y se veía que hacía mucho ejercicio, pues sus brazos y piernas estaban marcados y en forma. Y sin querer, aprecié de reojo su paquete que se adivinaba por debajo del pantalón de mezclilla: debía ser una cosa impresionante…

    Esta historia continúa en el próximo avance.