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  • Mi prima Nadia entrega su virginidad a mi hermano… y a mi

    Mi prima Nadia entrega su virginidad a mi hermano… y a mi

    Mi hermano Joel (26 años) tenía a Nadia, nuestra prima, sujeta por los cabellos, le cogía la boca con todas sus ganas. Brutalmente. Nadia lloraba y se ahogaba con cada embestida. Traté de ayudarla pero mi hermano me paró en seco.

    Joel: no te metas, a menos que vos también quieras jugar. Me estuvo provocando toda la noche, haciéndose la gata. Varias veces me tocó la pija y me miraba desafiante. Hasta recién que entró a la habitación bailando sexy y tocándose. Bueno, ahora es mi turno de jugar con ella.

    Yo: te entiendo, pero piensa que es una chiquilina, solo tiene 18 años.

    Joel: que se joda, para que se mete con tipos bastante más grande que ella. Y que agradezca que es solo por la boca.

    En realidad Joel, por más que me pese, tenía razón. La pendeja se había pasado de lista. Yo la había visto y era como él decía. Me quedé mirando y Nadia tenía suerte que no la penetrara porque mi hermano está bien dotado como pude ver.

    Cuando terminó en su boca, la soltó, yo la sostuve y la llevé a nuestro cuarto. Nadia lloraba y temblaba.

    Nadia: Por qué me hizo eso? Yo solo jugaba.

    Yo: Nadia, sos chica, muy linda, tenés lindo culo y tetas. Te vi como refregabas tu culo en su pantalón en el boliche. Tuviste suerte que no te agarre ahí mismo, te meta al baño y te de caña. Y perdiste cuando entraste a su cuarto, eso ya no se lo bancó.

    Nadia: si, entiendo, pero es mi primo.

    Yo: primo lejano, y es un hombre.

    Por suerte en la casa que estábamos alquilando por las vacaciones estábamos solos, ya que nuestros padres se habían ido hacía una semana. Pero nos quedaba una semana y no sabía que más podía pasar.

    Cuando desayunamos los tres, Nadia estaba con la mirada baja, ni lo miraba a Joel, que en cambio le clavaba la mirada lo mismo que a mí. Nos fuimos a cambiar para ir a la playa. Estaba en eso, cuando Joel abrió de repente la puerta de nuestro cuarto. Yo estaba desnuda a punto de ponerme la malla. Nadia estaba en el baño. Joel se quedó parado y me miraba. Yo apenas atiné a sentarme y taparme los pechos. Me preguntó por su malla y le dije que estaba colgada. Cuando salió de la habitación respiré aliviada. Pero debo reconocer que sentí un lindo cosquilleo excitante, por el hecho que me viera desnuda. Me preguntaba si le gustaría mi cuerpo.

    Soy petisa, solo mido 1,57, medio rellenita pero con lindo culo y bastantes tetas. Obviamente Nadia está mes fuerte que yo. Pero a mis 25 años he sabido disfrutar mi cuerpo y hacer gozar a mi pareja.

    Fuimos los tres a la playa y me di cuenta que Joel disimuladamente me miraba. Yo estaba con una malla enteriza, y bastante escotada y calada en las piernas. Nadia, que estaba con una bikini no muy chica, estaba a mi lado, ni se quería acercar a Joel.

    Joel: me voy a nadar un rato.

    Yo: con cuidado, ojo las corrientes que a vos te gusta nadar bien adentro.

    Joel: tranquila.

    Muchos años de natación habían marcado su cuerpo. Flaco, con buena musculatura y 1,80 metros de altura, lindo de cara, era mirado por todas, las mujeres de la playa. Muchos años de nadar en mar abierto le daban la confianza necesaria, poco a poco fue adentrándose en el mar.

    Nadia: ahora que Joel se fue, te puedo preguntar algo?

    Yo: sí, claro.

    Nadia: vos no sos virgen, no?

    Yo: no, casi desde tu edad.

    Nadia: ah, y es lindo? Digo, estar con un hombre, que se siente?

    Yo: depende que sientas por el hombre. Con algunos solo es coger, con otros es hacer el amor. Por supuesto que es más lindo hacer el amor, pero a veces, también con quien amas es lindo pegarse una buena cogida, bien sexual, bien de calentura, de ganas de sexo.

    Nadia: y con mujeres lo hiciste?

    Yo: sí, he estado con algunas y me gustó, también he estado con un hombre y otra chica.

    Nadia: vaya, sos lanzada.

    Yo: o querés decir puta. No, puta no soy, me gusta gozar. Aprendía a gozar y que gozar no es malo.

    Nadia: no quise decir eso, perdón

    Yo: está bien. Y vos, sé que sos virgen, pero tuviste algo de intimidad con un hombre, o una mujer?

    Nadia: solo unos toqueteos y no pasó de ahí con algún chico. Y con una chica nos acariciamos varias veces cuando nos encontrábamos en las duchas del club. La verdad no se cual me gusta, o si me gustan tanto los hombres como las mujeres. Eso está mal?

    Yo: no, para nada. Eso es ser libre y poder elegir. Y podes elegir uno u otro sexo o ser bisexual, que es como soy yo.

    Nadia: ah.

    Seguimos charlando un rato, mientras yo trataba de ver por dónde estaba mi hermano. Vi que se acercaba a la playa nuevamente y le dije a Nadia de ir a agua. Nos vio y se nos unió. Nos pusimos a jugar con Joel como cuando éramos chicos, nos tirábamos agua, nos pellizcábamos las piernas por debajo del agua, el me levantaba en los hombros y me tiraba para atrás. En un momento dado fue a agarrarme y cuando se levantó a la que levantó fue a Nadia, con la mala suerte para ella, que quedó sentada en sus hombros pero mirándolo a él. Su conchita estaba a la altura de la boca de mi hermano. Ella quedó helada, no se movía, solo lo miraba. El la miró, le sostuvo la mirada y sin dejar de mirarla le dio un beso en el lugar exacto de su entrepierna, y la dejó caer.

    Nadia estaba roja, no sé si de vergüenza o de excitación. Seguimos jugando y al rato me Joel me abrazó por la espalda para meterme bajo el agua y pude notar el bulto crecido en su malla. Sin pensarlo me apoye en él y giré la cabeza. “Ups, como estamos” le dije. Me soltó y se rio. Me acerque, le di un beso en la mejilla y le dije: “Hacelo lo mismo a Nadia”. No tuve que repetírselo que la estaba abrazando por atrás. Al sentir su miembro apoyado en su culo, abrió los ojos como el dos de oro de la baraja. Joel, la soltó, pero no sin antes pasarle la mano por el culo.

    Al rato salimos del agua, fuimos a la arena y nos recostamos nuevamente. Nadia se puso bien cerca de mí y me dijo:

    Nadia: se me vinieron todos los calores encima, viste lo que hizo?

    Yo: si, te apoyó bien fuerte y te tocó el culo.

    Nadia: pero, por qué lo hizo?

    Yo: nena, a ver si te despiertas, no te das cuenta que está caliente, y hasta a mí me pegó una apoyada tremenda. Pero el tema es con vos me parece.

    Nadia: y yo también estoy excitada, aún ahora. Qué hago?

    Yo: tenés que decidirte, o seguís adelante y terminas en la cama con él o la cortas y ni te le acerques. Pero no te hagas la histérica porque te va a partir.

    Nadia: bueno.

    Cuando volvimos a la casa, como no teníamos ganas de cocinar, después de bañarnos Nadia y yo fuimos a comprar unas pizzas y suficiente cerveza para un batallón del ejército.

    Las dos estábamos con vestiditos cortos, en mi caso, sin corpiño, por lo que se transparentaba bastante.

    Cenamos, y tomamos cerveza, bastante. A mí la imagen de la noche anterior y la pija de mi hermano en la boca de Nadia, me volvía a la cabeza cuando dejaba de pensar en la apoyada que me había metido en el agua. Me sentía muy húmeda en la entrepierna, muy caliente.

    Levantamos la mesa y estábamos en la cocina con Nadia cuando la encaré y le dije:

    Yo: y que vas a hacer?

    Nadia: no sé, la verdad no se

    Sin decirle nada la tomé de la cabeza y le partí la boca de un beso, mientras mi mano buscaba su vagina por encima del vestido. Nadia se quedó dura, no abría la boca, pero tampoco me quitaba de su lado. La tomé de la mano y fuimos al comedor con Joel. Me paré frente a él y la volví a besar y a meter mano. Esta vez abrió la boca y me devolvió el beso.

    Yo: Joel, querés jugar al doctor como cuando éramos chicos?

    Joel: uy que recuerdos, fuiste la primera mujer que vi desnuda.

    Yo: y vos mi primer hombre. Querés o no?

    Joel: si claro, pero Nadia?

    Yo: vos deja, que venga con nosotros y veremos qué pasa.

    Fuimos al cuarto los tres. Nadia caminaba como zombi, sin decir palabra. En dos segundos Joel y yo estábamos desnudos y revolcándonos en la cama. Nadia quedó parada y miraba, solo miraba. Me puse a chupar la hermosa pija de mi hermano, que ya estaba con todo. Lo disfrutaba a más no poder. Hacía 4 meses que no estaba con un hombre. Extrañaba todo de ellos. El me acariciaba, y metía sus dedos en mi conchita.

    Cuando recordé a Nadia ella seguía inmóvil, ni sus manos movía, solo había cambiado la respiración, se notaba que estaba agitada.

    Me puse de espaldas en la cama y mi hermano me penetró. Guau, su tamaño sí que era grande, apenas entraba en mi conchita. El dolor me daba placer, gemía con todo y así llegamos al primer orgasmo. Le di un beso a Joel y se tendió a mi lado.

    Yo: Bueno Nadia, es hora que decidas que hacer. O te juntas con nosotros o seguís tu camino y vas a nuestra habitación. Lo que decidas va a estar bien. Nadie te va a molestar.

    Nadia: es que… tengo vergüenza, me da cosa.

    Joel se levantó, le dio un beso que ella respondió e hizo que la mano de ella tome su pija. Otro beso y le comenzó a sacar el vestido. La trajo a la cama y yo le terminé sacando la ropa interior. Toqué su conchita y estaba empapada. Con mi boca bajé a sus tetas y las comencé a chupar, sus gemidos eran fuertes, sus manos agarraban su propia cabeza y su cara.

    Continué bajando hasta llegar a su clítoris, lo besé y comencé a jugar con mi lengua. No tardó mucho en llegar a un orgasmo. Me corrí, la puse al lado de Joel, de costado y dándome la espalda.

    Llevé una de sus manos al pene de él y le mostré como masturbarlo. Cuando hacía el movimiento sola, desde atrás metí mis dedos con cuidado en su conchita.

    Nadia: Ah, que lindo se siente. Siento fuego en mi vagina.

    Yo: disfruta de tu primera vez.

    La puse de rodillas y entre las dos le chupábamos la pija a Joel, que estaba al palo nuevamente. Él nos miraba y nos acariciaba la cabeza. Me puse detrás de ella y le chupaba la conchita al mismo tiempo que ella chupaba la pija de mi hermano. Jugaba con la lengua en su orto y ella movía el culo aceptando el jugueteo. Era tal la calentura que tenía que se dejaba hacer de todo.

    Yo: va a ser mejor que vos lo montes a él y manejes el tiempo de bajada.

    Nadia: pero, no sé cómo hacer

    Yo: vos anda bajando despacio, dale, cuando sientas que se traba, hace un poco más de fuerza para desgarrar el himen.

    Mientras lo hacía, yo besaba y acariciaba sus pechos y acariciaba su culo. De pronto se frenó, suspiraba y gemía. Vi como mordía su labio inferior, cerraba los ojos y siguió bajando.

    Nadia: Aggg. Creo que ya está.

    Yo: bueno, seguí bajando despacio

    Nadia: quiero pero es como que no entra, es muy grande.

    Yo: entonces, agárrate de las sabanas y bajá con todo.

    Así lo hizo y trató de ahogar el grito, pero igual fue fuerte. Respiró hondo y comenzó a subir y bajar. “Ahora, todo es placer, ahora móntalo como a un caballo al galope”. Empezó a subir y bajar, cada vez más rápido, ella misma se apretaba los pechos y lo miraba a Joel con mirada de gata caliente. Él la tomó de la cintura y la bombeaba a lo loco desde abajo. En pocos minutos se derramó en su interior.

    Los tres quedamos abrazados en la cama. Los días que quedaron se repartieron entre la playa y la cama, y alguno, solamente la cama. Los tres, o solo ella y yo, o solo él y ella.

    Cuando volvimos a nuestra ciudad, cada uno siguió su camino. A veces ella me manda mensajes contando como me extrañaba. Y a Joel. Un día recibí este mensaje:

    “El finde voy al pueblo. Espero verlos. Tengo algo para darle a Joel, y si vos te animas se lo damos las dos, que nos haga mierda como le noche que me cogió la boca.”

    “Que querés darle?” pregunté

    “Mi culo, quiero que me coja por el culo, y vos? Te animas a darle el tuyo”

    Mi respuesta nunca llegó…

  • Fiesta en la aldea

    Fiesta en la aldea

    Estábamos la señorita R, su chico, mi mujer y yo, en la fiesta de la aldea.

    Después de tomar algunos cuernos de hidromiel y cerveza, bailar alrededor de la hoguera, mi mujer lo hacía con tu chico y yo con la señorita R, nos separamos cada uno por su lado.

    La idea en principio era la de no estar juntos los cuatro como para no inhibirnos. Después de fiesta lo podríamos hacer porque nos conoceríamos mejor.

    Nos fuimos rumbo, los cuatro, a los aposentos de la posada que había en la aldea y creo que mi mujer se fue con el chico de la señorita R a un sitio algo así como la biblioteca o escritorio que tenían en una habitación al lado. Supongo que no irían a leer.

    En sus ojos se veía que deseaba a mi mujer que debo reconocer que no me importaba ya que yo me quede con la señorita R la cual, con ese vestido, el cual se lo había desgarrado mientras estábamos de juerga por el campo, le tapa lo justo

    Yo ya me había fijado mucho en la señorita R y me tenían perturbado y ahora teniéndola en carne y hueso junto a mí me había trastornado un poco.

    Me había calentado muchas veces imaginándome con ella. Había soñado con esos pechos grandes, como me gustan a mí, eran tan perfectas, tan bien diseñadas y con unos pezones rozados que me provocaban erección de solo pensar en ellos. Y ahora la tenía a mi alcance. Parecía un sueño, pero era la realidad.

    La imaginaba en mi mente acariciándose y metiéndose los dedos entre sus muslos suaves.

    Estaba tan excitado, como dije, que la conversación la llevé a terrenos lascivos y no pude más, la excitación era tal que la agarre y la subí encima de mí, subí su vestido y la empecé a restregar mi miembro en su culo, desde atrás salvajemente ya que es una de mis posiciones favoritas y puedo acariciarle sus pechos con ambas manos.

    Se estaba haciendo realidad mi fantasía y por ello estaba tan caliente.

    No quería acabar pronto para que gozáramos los dos, pero no sabía cuánto me iba a aguantar.

    La señorita R también estaba excitada.

    Yo la agarraba fuertemente de las caderas y hacía que se moviera atrás y adelante, al tiempo que empujaba mi miembro dentro de ella en forma desmesurada.

    Como noté que no podría aguantarme mucho más sin eyacular decidí cambiar de postura para hacer la unión más duradera.

    Prefería sentir su sexo, húmedo y cálido, tocando mi miembro sin penetración para conseguir una extraordinaria erección.

    Agarre mi verga y ella, instintivamente, se dio vuelta y separó las piernas como una bailarina aguardando que la penetrara.

    Me quedé admirando con deleite su sexo húmedo, ese que tanto deseaba.

    Estaban abiertos sus labios, húmedos, con una rojez impresionante, fruto de mis recientes embestidas.

    Su clítoris, erecto, asomaba entre sus labios, colorado y deseando ser chupado, cosa que decidí hacer.

    Deje que se sentara en aquel banco echo de un tronco, me eché atrás de rodillas y bajé mi cabeza metiéndola entre sus piernas.

    Saqué la lengua y la pasé lenta y minuciosamente por cada rincón de la entrepierna de la señorita R, saboreé sus jugos y la penetré con mi lengua.

    Ella se estremeció, gemía fuertemente y movía en forma constante sus piernas. Miraba cómo la chupaba y excitada se masajeaba sus pechos y pellizcaba sus pezones.

    Al rato me separé de su sexo y miré mi verga que estaba presta a introducirse en ella y bañarla por dentro con mi carga de espeso almíbar.

    Me acerqué a ella de rodillas y quiso coger mi mástil entre sus manos, pero no la dejé por miedo a acabar afuera.

    Se la coloqué en la entrada de su cuevita y la penetré de un golpe. Ella se sacudió al sentir como aquel ariete le entraba de sopetón y como se le hundía en lo más hondo.

    El meneo entre los dos empezó muy pronto y rápidamente adquirimos una velocidad frenética.

    Excitadísima, me clavaba las uñas en el culo mientras me ayudaba a empujar más en su interior.

    Estábamos por acabar los dos antes de lo deseado.

    Levantó más sus piernas, colocándolas en mis hombros, anunciándome su inminente orgasmo, mientras yo le introducía mi verga pletórica, venosa, la que se estrellaba una y otra vez en su sensible sexo.

    Era tal la calentura que lo hacía con inusitada violencia y ella estaba en el remolino de un placer desmesurado.

    De pronto, clavó sus uñas en mi espalda, lo que me produjo placer y dolor al mismo tiempo, me apretó el culo con sus pies, curvó la espalda, irguió sus pechos y doblando su cabeza hacía atrás emitió un chillido que rápidamente se convirtió en gemido, alargándolo durante todo el tiempo que duró su orgasmo eterno.

    Yo seguía moviéndome para que ella se enloqueciera aún más con aquel final esplendoroso para el fantástico polvo que había empezado hacía ya unos cuantos minutos.

    Tuve que hacer un enorme esfuerzo para no acabar en el momento en que su sexo se contraía y se dilataba como ordeñándome la verga.

    Escupí en mi miembro para darle más suavidad a la penetración y con uno de mis dedos empecé a masajear su clítoris. Un ruido casi musical salía del interior de ella con cada fricción lenta y profunda por los jugos que resbalaban hacia el exterior. No pude aguantarme más y acabé furiosamente.

    Fue una de los polvos más maravillosos que tuve últimamente y pienso, sin temor a equivocarme, que se debió a las ganas que le tenía a esta deliciosa mujer.

    Después de un rato de besos, caricias, la mire y agarre su pelo haciendo que mi miembro se quedara a milímetros de sus labios y desencajado por la calentura que me embargaba en ese momento se la introduje y empecé a moverme.

    Tomé su cabeza con mis manos, la sostuve firmemente y empecé a follarla por la boca.

    Esa idea me excitaba sobremanera. Ella tenía unos labios especiales, carnosos y ello me ponía a mil por hora.

    Ella no se opuso y facilitó el acceso cada vez más profundamente distendiendo los músculos de la mandíbula lo más que podía.

    Noté como que le venían unas arcadas y estuve por suspender todo, pero ante un gesto de ella como indicándome que no pasaba nada, continué.

    Mi verga estaba casi toda dentro de su boca.

    Seguí con mis movimientos desde afuera hacia adentro y supongo que a ella no le disgustaba la idea porque te tenía sujeto con ambas manos por detrás como para que no me apartara.

    De pronto soltó una de sus manos y dirigiéndola hacia su sexo comenzó a acariciarse y supuse que se le venía un orgasmo porque lo hacía aceleradamente.

    Mi verga se puso más dura presagiando la eyaculación que no podía contener y me derramé dentro de su boca.

    Cuando intenté sacarla ella me lo impidió sujetándome las piernas y el culo. Se notaba que estaba también orgasmo y lo estaba disfrutando plenamente. Cuando por fin la retiré se acurrucó entre mis piernas abrazándose a ellas. Así permanecimos algunos momentos hasta que le di un profundo beso en la boca.

    Nos vestimos y fuimos a buscar a mi mujer y su chico. Fue fácil encontrarlos, los gemidos de mi mujer nos alertaban de donde estaban.

    Abrimos un poco la puerta y nos quedamos mirando, ella quería entrar, pero yo el agarre del brazo y con la otra mano la metí entre su falda y aun húmeda la masturbe mientras veía la escena de los otros.

    Cuando acabaron hicimos como que llegábamos en ese momento y no sabíamos nada.

    Luego nos fuimos a cenar, porque nos había entrado hambre y sabíamos que en la plaza estaban cargando las hogueras de alimentos y divertirnos un rato.

    Creo que este relato podría continuar, veremos a ver si gusta.

    Muchas gracias por leerme y recordaros que los comentarios y valoraciones son gratis.

  • Autobiografía sexual (Parte 7): El acosador

    Autobiografía sexual (Parte 7): El acosador

    Nunca en mi vida había experimentado tanta desesperación.  Calificaron de legal mi detención y ahora solo esperaba una audiencia de juicio en mi contra.

    Transcurrieron dos días en esa fría celda preventiva donde me encontraba sola y custodiada por guardias mujeres. ¡Al menos quería ver a un policía hombre fuerte y apuesto! Entonces, se me hizo realidad y el siguiente turno de oficiales fue de un hombre y una mujer.

    Mi necesidad de ser social me llevó a lanzarle piropos al guardia, pero se los merecía completamente. Era alto, corpulento, la forma de su cara era perfecta y sus ojos eran verdes, ¿cómo no comérselo con la sola mirada? Tristemente, en esos momentos no me prestó atención.

    Sin embargo, poco rato después, su compañera lo dejó solo un momento para ir al sanitario y en cuanto ella salió, él pasó frente a mí y habló sin mirarme.

    —Si me dieran un dólar por cada vez que una mujer me lanzó un piropo, hoy tendría casas en tres países diferentes y viviendo en una de ellas, en Alemania me imagino.

    —Pues, tssss, ¿cómo no, papacito? —dije de manera pícara y derritiéndome sostenida de los barrotes.

    —Y no exagero.

    —No necesitas presumir lo que a simple vista se nota.

    De pronto, el caballero se acercó a la reja, metió su brazo a través de ella y rodeó con él mi cintura. Mi reacción inmediata fue pegarme lo más que pude a la reja y su mano comenzó a acariciar mis glúteos.

    —Hazme justicia —expresé con gemidos.

    —Tengo ganas de ajusticiarte, mami —me siguió el juego con susurros.

    —¿Si me dejo saldré caminando de aquí?

    —Es probable —dijo apachurrando una de mis nalgas con su enorme mano.

    —Prefiero que me lo asegures.

    —Mi camarada se va a comer en una hora. En cuanto salga de aquí ya te quiero con el culo arrimado a la reja.

    Poco a poco se alejó de mí y la guardia regresó, sin haber visto ni oído nada. Transcurrió una hora e hice tal cual el galán del oficial me pidió cuando su compañera salió a su hora de comida.

    Pegué mi trasero desnudo a la fría reja y tan rápido e inesperado fue que escuché su pantalón caer. Escasos segundos le bastaron para estar en posición y dejarme ir su rica verga en mi concha, tomando mi trasero con sus manos.

    —¡Ahhh! ¡No mames, qué rico! —expresé excitada y con voz un poco alta.

    —Sé más silenciosa, ¿quieres?

    Procuré bajar el volumen con el que gemía, pero su deliciosa polla me hacía sentir tan rico y tocaba cada rincón por dentro de lo excelente que se movía. Después, él fue aumentando la fuerza y rapidez con que me embestía, de modo que sus muslos y mis pompas chocaban duro contra los barrotes. Me era algo doloroso, pero aquella experiencia hardcore con Adrián me hizo sentir preparada para eso.

    —¡Di mi nombre! —exclamó eufórico—. ¡Me llamo Ricardo!

    —¡Ay, Ricardo! ¡Qué rico me coges, Ricardo!

    Ya se escuchaba bastante ruido, pero era más fuerte el sonido de la reja azotándose que mis gritos y los de él. Para que nadie entrara por si se daba a sospechar tanto escándalo, me café de su verga y me hinqué para mamársela. Me lleve una sorpresa al verle el pito con forma de garfio largo. «Con razón me llegaba a todos los rincones» pensé y disfruté saboreando su enorme polla. Estoy segura de que le encantó cómo se la estaba afilando con la boca, tanto que tomó mi cabeza con su mano y la empujó hacia su abdomen, de forma que provocará que me ahogara.

    —¿Acaso me quieres atravesar la faringe? —pregunté en tono de risa una vez que me recuperé del ahogamiento.

    —Me encantaría baby, pero prefiero cavar más esa garganta para que te quede bien profunda.

    —Ya me he comido vergas largas y gruesas, pero nunca una encorvada como la tuya.

    —Mira no más qué experimentada me saliste. ¿Eres escort o algo por el estilo?

    —No exactamente, pero sí he vendido mi cuerpo en ocasiones.

    —Te harías rica si lo hicieras siempre.

    Esas palabras y lo vivido anteriormente me motivaban mucho a hacerlo realidad y laborar como sexoservidora, pero primero tenía que salir libre de esa prisión, esperando que el favor de satisfacer los deseos sexuales de Ricardo fueran la solución.

    —Ponte en cuatro —me ordenó y yo obedecí.

    Ricardo se puso en cuclillas introduciendo sus rodillas y parte de sus muslos dentro de la celda y así me metió su rico pito. Esa posición le permitía sostenerse de los barrotes y tener agilidad para penetrarme con mucha fuerza y rapidez.

    —¡Mmmm, Ricardo! ¡Me vas a hacer venir!

    Llegué a un punto de excitación muy alto que comencé a gritar más y más hasta que me corrí con su verga dentro de mí. ¡Fue demasiado placentero! Pocos segundos después escuché sus expresiones de esas que los hombres hacen cuando están por eyacular.

    —¡Voltéate!

    Hice caso y giré mi cuerpo ciento ochenta grados para quedar de frente a su pinga y con tantito que se la frotó me echó demasiada leche en la boca. Fue tanta que me escurrió por la barbilla y con mis dedos la recogía para comérmela toda.

    —Usa tu blusa para limpiar esos residuos de semen —me pidió mientras se volvía a vestir y así hice.

    A los diez minutos volvió la guardia y mi día encerrada continuó, aunque con una sabrosa sensación de haber cogido muy pero muy rico.

    Cayó la noche y me dormí, pero sorprendentemente me despertó Ricardo intentando quitarme el pantalón. Quise reaccionar quitándome de ahí, pero su brazo me sostuvo y su mano tapó mi boca.

    —Mi compañera está dormida, hay que coger silenciosamente.

    No sabía cómo es que quería que hiciéramos eso y solo esperaba que sí nos descubrían eso no tuviera consecuencias malas para mí.

    No le costó mucho tiempo desnudarme sobre la cama de concreto en la que estaba acostada boca arriba. De pronto, sentí su pene frotando mis labios vaginales y mi clítoris tan rico que, a pesar de no tener tantas ganas de follar, me encantó y pedí que me lo metiera.

    De repente, la sentí encajándose suavemente, lo cual se sintió mucho más rico que cuando la metía de un jalón. Tomé su mano y me llevé uno de sus dedos a mi boca y lo chupé por instinto de lo excitada que me puso su verga dentro de mí.

    Ricardo mantuvo constante una velocidad lenta al follarme para no causar mucho ruido, pero eso resultaba muy excitante para mí y se evidenció cuando alcé mis piernas y rodeé su cuello con mis pies. En esa posición intenté columpiarme de su cuello para introducirme más su verga e incrementar la velocidad. En ese momento ya estaba urgida de embestidas rápidas y duras, pero el problema era que fueran tan ruidosas que fueran a despertar a su compañera.

    Un rato después, Ricardo sacó su verga de mí, se sentó en el suelo, me pidió que me sentara en sus muslos con su polla dentro de mí y que no le diera sentones, sino que me moviera sin despegar mis glúteos de su pelvis.

    Fue tan rica esa idea llevada a cabo. Su garfio me estimuló tanto por dentro que me corrí hasta tres veces en esa posición, utilizando su mano para tapar mi boca y haciendo un esfuerzo de mi parte por no emitir un gemido.

    Ya llevábamos poco más de una hora cogiendo. Yo ya estaba muy temblorosa y algo agotada, pero Ricardo me pidió por último que folláramos de perrito y se lo cumplí. En esa posición tuve que ser yo quien se tapara la boca y por lo irresistible que era emitir algún gesto de disfrute me empiné tocando el suelo con mi rostro, aguantando gemir o gritar de lo sabroso que se sentía esa encorvada y gruesa verga entrando y saliendo despacio de mi vagina.

    Cuando menos me lo esperé, Ricardo sacó su pene de mí y me echó su semen en las nalgas. Mi deseo de mamársela se hizo presente y me volteé para quitarle las rebabas de leche de su verga con mi lengua y meterla toda en mi boca para terminar esa encantadora madrugada de sexo en mi celda.

    Ricardo salió como entró de mi celda, pero antes de que diera unos pasos, lo sujeté del pantalón. No obstante, no me esperé que su reacción fuera meter su mano por la reja y propinarme una cachetada.

    —No te quieras pasar de lista. Tú vas a cumplir con lo que te ordene y no saldrás de aquí así tan gratis —me susurró con tono de molestia.

    —Pero si yo solo quería llamarte para saber si me puedes prestar un poco de crema para la piel, es que siento muy irritadas mis nalgas por tanto coger en la tarde con los barrotes golpeándolas.

    Me impresionó su reacción por esa simple acción mía. Pensé que él creyó que lo sujeté del pantalón para quitarle la llave con la que entró a mi celda y yo, en realidad, solo quería crema para mi piel.

    Volví a dormir y desperté con la estruendosa voz de la oficial.

    —¡Despierte, señorita Padilla! Usted está libre de cargos. Han pagado su fianza y puede irse.

    No me creí esa noticia y ya estaba haciéndome a la idea de tener que soportar más días ahí encerrada y siendo sometida sexualmente por el galán de Ricardo. Hablando de él, cuando salí de mi celda no se encontraba porque estaba en la hora de su almuerzo y no pude despedirme de él.

    Nadie de los oficiales ni del ministerio público me informó quién pagó mi fianza y al salir de ese separo, nadie estaba para llevarme a un lugar seguro.

    Era temprano, así que podía vagar por las calles hasta encontrar el camino que me llevara a la casa del señor Romanin, quien hasta ese momento pensaba que fue quien pagó la fianza y se compadeció de mi.

    Horas más tarde, luego de informarme sobre cómo llegar al fraccionamiento de la casa de señor Romanin, me encontré a escasos metros de dicha casa, pero vi de lejos que se encontraba acordonada y había policías resguardando el lugar. «¿Qué habrá ocurrido? ¿O seguirán investigando lo del robo?» pensaba con temor a acercarme más y que me vieran los oficiales y me detuvieran para ser involucrada nuevamente por robo como en la vez anterior, por lo que me di la vuelta y me alejé de ahí.

    Pasaron las horas hasta caer el atardecer y yo caminaba sin rumbo. De hecho, estaba perdida, no sabía por dónde andaba y pensé en volver a la casa del señor Romanin. Cada vez se oscurecía más el cielo y yo andaba en medio de la nada, en una carretera y sentía como si alguien estuviera por ahí, siguiéndome o espiándome.

    —¡Ya, por favor! ¿Quién está ahí? —dije molesta luego de tanto insistir preguntando lo mismo.

    De pronto, las luces de un automóvil se vieron reflejadas sobre el asfalto y se quedaron estáticas. Giré hacia atrás y Vi a una mujer bajando del auto que se estacionó justo atrás de mí. Era mi mamá. Me abrazó fuerte y yo me conmoví, ambas lloramos ahí. Después, se acercó un señor, que era el que manejaba el coche y se trataba de Ignacio, alias «el lechero» para mí. Luego del emotivo instante subimos al carro y nos dirigimos a casa de Ignacio.

    Para ese momento, mi mente no estaba en condiciones para hacer preguntas, sino que quería descansar física y mentalmente. De hecho, en el camino me iba durmiendo en el coche y al llegar a la casa de Ignacio, él me asignó la habitación donde dormiría, la misma donde cogimos aquella vez.

    Toqué la cama de esa habitación y caí rendida. Solo traté de sentirme cómoda y cerré mis ojos para dormir. Sin embargo, durante la madrugada, me asustó Ignacio, quien ya estaba a lado de mí en la cama y yo pegué un grito.

    —¡Cállate, mocosa! A ver si no viene tu mamá espantada por haberte oído gritar.

    —¿Qué haces aquí?

    —Quiero que me cumplas lo que me prometiste la vez pasada sobre coger tú y yo otra vez.

    —¡Ah¡ ¿Cómo crees que ahorita? Es muy noche y estoy muy cansada. Además, no tengo a dónde ir, así que te pagaré con mi cuerpo el que me permitas vivir aquí.

    —Ok, me parece bien.

    —Oye, ¿cómo dieron conmigo en la carretera?

    —Una persona desconocida llamó al celular de tu mamá y le dijo que te conoce y que te vio caminando por la carretera. Pensamos que esa persona estaba contigo porque se iba comunicando con tu mamá en el traslado, pero nos sacó de onda verte sola caminando.

    —Qué extraño. Bueno, gracias por el favor de hospedarme en tu casa. Descansa. Mañana nos ponemos de acuerdo.

    —Sí, descansa.

    Luego de escuchar el porqué me encontraron Ignacio y mi mamá, pensé en esa sensación que tuve de alguien cerca mientras caminaba por la carretera. Sinceramente, dormí un poco asustada de tanto misterio que había.

    Al siguiente día, me bañé y fui a la mesa para desayunar. Mi mamá volvía a ser esa esclava doméstica que fue con mi papá en su momento y era ella quien preparaba el desayuno.

    —¿Todavía no está listo el desayunó? —entró Ignacio a la casa mostrando algo de enfado y azotando en la mesa el periódico local que compró.

    «Mi mamá nunca va a dejar de ser una sumisa y es mejor que yo cambié eso en mí para no terminar como ella» era lo que pensaba seriamente al estar a la mesa y ver el periódico como con la mirada perdida.

    Pero fui enfocando poco a poco la vista en el espectacular del diario: «Acribillan al señor Romanin en su casa».

  • Femdom de cuarentena. De novio a esclavo en castidad (2)

    Femdom de cuarentena. De novio a esclavo en castidad (2)

    Me desperté inesperadamente con Coral encima de mí. Como la mañana anterior, se puso encima de mí y sin ni siquiera preguntar empujó su coño contra mi boca. Yo reaccioné mal. No estaba cachondo y quería seguir durmiendo.

    -Estás de coña? Ayer me dijiste que te parecía bien adoptar tu rol de sumiso y ahora no me puedes ni comer el coño?

    -Coral, te estás pasando. Son las ocho de la mañana, no me puedes despertar de golpe con el coño en mi boca pretendiendo que te lo coma.

    -Creo que no estás entendiendo como funciona esto y lo harta que estoy de esta situación. Me tienes que obedecer siempre cuando te exija algo relacionado con el sexo, ese es el rol del sumiso.

    -Pues no lo acepto entonces.

    -Pues te has quedado sin sexo dos semanas, y si te pillo masturbando esta vez me voy de verdad.

    -Muy bien -le respondí.

    Salí de la habitación y me puse a desayunar. La verdad es que estar dos semanas sin descargar mi polla me daba vértigo. Nunca desde mi primera paja había estado tanto sin tener un orgasmo, y sabía que era dependiente a ellos, por la descarga de endorfinas que genera. Sin embargo estaba decidido a cumplir con tal de que Coral no ganara.

    Al paso de unas horas hablamos y nos reconciliamos, pero Coral siguió aun así con la idea de no follar en dos semanas, por lo que cambié de tema, esperando que en unos días estuviera ella tan cachonda que se le olvidara la idea.

    Cuatro mañanas más tarde me desperté con una erección y empecé a frotarme contra el culo de Coral. Ella seguía medio dormida pero se dio cuenta, y se giró. Me miró a los ojos y me dijo:

    -¿Qué haces?

    -Vengaaa Coral, vamos a follar.

    -No, te he dicho que voy a cumplir mi palabra.

    -Venga que sé que tienes ganas tú también, llevamos cuatro días sin follar y tú no aguantas tanto.

    -Sí, tienes razón, estoy cachonda. Pero aun así no vamos a follar. Pero mira, soy buena. Si quieres puedes comerme el coño. –Me enfadó mucho su chulería y decidí mostrarme frío.

    -No gracias. -le respondí. Y me fui a duchar.

    Pasaron los días y Coral seguía en las mismas. Yo no podía más pero no me iba a arriesgar a que me pillara masturbándome. Encima la muy cabrona se paseaba en bragas muchas veces por la casa, aumentando mi lívido. La vi en la cocina esa misma tarde así y le dije:

    -Coral, no puedo más. De verdad que no. Si hace falta comerte el coño una hora, lo hago. Pero por favor déjame correrme.

    Me miró con cara de satisfacción, y sin decir palabra me cogió de la cabeza y me la impulsó hacia abajo. Entendí la señal. Me puse de rodillas y tragué saliva. Estaba tan cachondo que incluso solo comerle el coño me valía. Le bajé rápidamente las bragas y empecé a lamerle con la lengua. Estaba muy amargo su coño pero no me importó. Rápidamente lo llené de saliva y el sabor empezó a diluirse. Me cogió de la cabeza y empezó a gemir cada vez más alto. Sus piernas se tensaron y me apretó mi boca contra sus labios, que empezaron a soltar corrida bastante espesa. Sin más remedio la tragué, y me soltó la cabeza poco después. Respiré fuertemente y se me puso la cara roja. Me había dejado sin aliento.

    -Buen trabajo –me dijo-. Voy a ver una peli.

    Sin tiempo a reaccionar, se marchó, dejándome de rodillas en el suelo, con su corrida en mi boca y cara. Sentía que nunca había estado tan cachondo en mi vida y no podía creer que no me fuera a dejar follarla después de lo que había hecho. Sin embargo, no le dije nada. Sabía que era inútil. Si después de esto no quería follar, es que de verdad iba a cumplir su palabra, por lo que eran inútiles mis esfuerzos.

    Esa noche no pude dormir. Tenía una erección cada diez minutos y no podía parar de pensar en sexo. Para mi sorpresa, tenía ganas de comerle el coño de nuevo, ya que era lo único que saciaría mi sed, ya que no iba a tener un orgasmo en dos semanas o Coral se iría a su casa dejándome solo el resto de la cuarentena. En consecuencia, en mitad de la noche me puse debajo de la manta con las piernas flexionadas sobre mi estómago para no caerme de la cama, le quité las bragas, y le separé las piernas. Coral seguía dormida, pero no me importó. Empecé a pasar mi lengua por toda la longitud de su miembro, de punta a punta. Esta vez quería saborearlo bien, y tenía todo el tiempo del mundo.

    Al minuto se despertó y empezó a gemir, aún con los ojos cerrados. Después de correrse me dijo que me acercara a ella y me besó de forma muy sensual y romántica. Después me dijo:

    -Oye, voy a probar una cosa con la que he fantaseado algunas veces. Si no te gusta, dímelo, pero pruébalo antes.

    -Vale… -respondí tímidamente. Tenía miedo de que no me gustara lo que iba a hacer, pero accedí por el morbo.

    -Ponte tumbado en la cama boca arriba.

    Lo hice y ella se puso encima de mí con su coño encima de mi cara. Yo estaba súper cachondo al ver semejante vista.

    -Ahora abre bien la boca.

    -¿Que abra la boca?

    -Sí, ábrela.

    Abrí la boca, pensando que pondría su coño encima de ella para que siguiera chupándoselo. Sin embargo, vi como Coral desplazaba su cuerpo. Su coño ya no estaba encima de mí sino sobre mi cuello. Ella estaba moviendo sus labios de lado a lado con la boca cerrada, y de repente entendí que estaba segregando y acumulando saliva en su boca. Por fin, se acercó a mi y dejó caer un hilo bastante grueso de saliva hacia mi boca. No me lo podía creer. Era bastante espesa pero transparente. Noté enseguida su extraña textura. Me pareció muy humillante, pero a la vez bastante erótico.

    -¿Y bien? ¿Te ha gustado o no?

    Tragué la saliva con un poco de asco, y pude saborearla un poco, aunque no era otra cosa que el sabor que se me quedaba en mi boca cada vez que la besaba, aunque más intenso.

    -Pues, no sé. No me ha gustado en sí la verdad, es raro. La sensación de sumisión es mayor, me da incluso vértigo, tengo como mariposas en el estómago.

    -Mariposas en el estómago dice. Lo que tienes es mi saliva. La verdad me esperaba una reacción mucho peor de tu parte. Eso es que no te ha disgustado del todo-. Dicho esto, se levantó y se fue a duchar. No volvimos a hablar hasta la hora de comer, ya que cada uno tenía clases y cosas que hacer.

    A la una y media entré en la habitación donde estaba y le dije:

    -Coral, estoy muy caliente. Me da vergüenza lo que te voy a decir, pero ahí va: escúpeme de nuevo porfa.

    Su cara expresó una felicidad casi nunca antes vista en ella.

    -Joder, ¿tanto te ha gustado?

    -La verdad que en el momento no tanto, pero desde que lo has hecho no paro de pensar en otra cosa, y como no me puedo hacer una paja no se me sale de la cabeza y me da mucho morbo.

    -Esto de que no puedas tocarte está funcionando muy bien. Eres otro. Me tratas diferente, quieres sexo a todas horas y estás dispuesto a complacerme en todo. Venga, abre la boca para mí.

    Me acerqué a ella y flexioné mis rodillas de tal forma que mi cara estuviese debajo de la suya estando de pie. Entonces abrí la boca y la miré fijamente. Ella inmediatamente soltó un pequeño hilo transparente de sus labios, conectándolos con los míos a través de la saliva. Yo en el momento tragué la saliva, me dejé caer de rodillas y empecé a comerle el coño. Cada vez me disgustaba menos hacerlo, y además pensaba que así quizá se mostraría más dispuesta a follar. En efecto, al cabo de unos minutos me dijo:

    -No puedo más, necesito tu polla dentro de mí, vamos a follar.

    Por fin, por fin iba a follar. Me quité rápidamente los pantalones, me tumbé en la cama y ella se puso encima de mí. Se introdujo la polla poco a poco, mientras me miraba a los ojos. Notó que tenía bastante líquido preseminal y lo esparció por todo el prepucio para hacer más fácil la entrada. Se deslizó muy fácilmente hasta dentro de ella, y los dos gemimos de placer. Qué bien se sentía. Empezó a moverse de abajo a arriba y tuvo un orgasmo muy pronto. Yo no aguantaba más y se lo dije, y me corrí cuando ella estaba en su segundo orgasmo. Sentí una sensación espectacular, muy intensa, y supe que la cantidad de semen que había soltado era muy grande. Al cabo de treinta segundos Coral se sacó mi polla y me dijo.

    -Ahora sigue comiéndome el coño.

    -¿Qué dices? ¿Con mi corrida dentro?

    -Sí, así me lo limpias. Además, siempre me has dicho que cuando te da pereza levantarte de la cama después de una paja te la limpias con la boca y que no te molesta el sabor. Pues es lo mismo.

    -Ya, pero…

    No me dio tiempo a seguir hablando, ya que me puso su coño abierto y rojo encima de la cara. No me quedó más remedio que acercar mi boca si no quería que la corrida se cayera directamente sobre mi cara, por lo que pequé su coño contra mi boca y empecé a succionar. Enseguida noté el intenso sabor a mi corrida, aunque era diferente. Se había juntado a la suya y el conjunto era más líquido y de un sabor diferente. Me dio bastante asco los primeros segundos, pero seguí, y al cabo de diez segundos más ya no quedaba nada. Entonces paré en seco. La verdad es que esto no me había gustado y ya no estaba nada caliente, ya que por fin había sacado mi semen, que ahora estaba de nuevo dentro de mí pero en el estómago.

    -Joder Iñigo, como se nota que te has corrido. Ya no pones ningún interés en comerme el coño.

    -Es lo que tiene, cariño. Ahora que ya no estoy en un permanente estado de excitación me dio cuenta de lo salido que he estado estos días. Joder, si te he pedido que me escupas en la boca y todo. Ahora lo veo con otra perspectiva, y no sé si me mola mucho la verdad…

    -Pffff en serio? Eso lo dices ahora porque ya no estás desesperado por correrte… En fin, habrá que esperar unos días entonces.

    -¿Cómo que esperar unos días?

    -Sí, así te vuelves sumiso de nuevo. Es la única forma.

    -Pero que el castigo ya ha pasado. Coral, lo del otro no volverá a pasar, de verdad. No me voy a masturbar y follaremos más, te lo prometo.

    -No me valen tus promesas, prefiero mil veces la dinámica en la que hemos estado estos días, aunque no hayamos follado. Me ha encantado verte tan sumiso, tan desesperado y tan cachondo todo el tiempo. Prefiero tus comidas de coño y la satisfacción psicológica de ser tu ama que follar contigo cada x días, sinceramente.

    -Si a mí también me ha gustado, no te digo que no. Pero estar tantos días cachondo sin poder descargarlo…

    -Ya, pero a que ahora has tenido uno de los mejores orgasmos de tu vida?

    -Sí, eso es cierto, pero…

    -Pues ya está. No te preocupes que en menos de lo que piensas volveremos a follar. Que a mí también me gusta sentirte dentro.

    -Vale, está bien. –Respondí sin muchas ganas.

    CONTINUARÁ

    (Os leo en los cometarios)

  • Elmer y la jurisprudencia de la logia (Segunda Parte)

    Elmer y la jurisprudencia de la logia (Segunda Parte)

    -Por ejemplo ahora vas a ver…

    Se levantó y otra vez como al descuido su pollera se subió ante mi exhibiéndome una cola dura, redonda, parada…

    -El otro día fui a pedirle el teléfono porque el mío de línea no funcionaba. Cuando se descuidó empecé a rebuscar y encontré esto. Te resulta conocido?

    -Sí, creo que si el aceite de…

    Sin darme tiempo me empujo sobre la cama y saco unas esposas que tenía en su bolso. Me las coloco y rápidamente empezó a desvestirse. Como había sospechado llevaba un hilo dental negro mínimo que se perdía entre su cola.

    Intente soltarme pero se quitó la remera y me coloco el corpiño como mordaza.

    -Ahora me vas a contar todo sabes? Guacho…

    Solo cubierta por la tanga empezó a frotarse el aceite del pequeño frasco por el cuerpo, primero por las tetas y después hacia abajo por su clítoris todo depilado, rico, carnoso.

    Poco a poco empezó a retorcerse y jugar con sus manos sobre su cuerpo, gemía, se arqueaba. Se paró delante de mí y acerco su conchita jugosa a mi boca…

    -No no no… contame todo o vas a sufrir…. -dijo al tiempo que sacaba un consolador de grandes proporciones de su bolso, a esta altura una caja de sorpresas.

    Me sentó en la cama y se acostó delante de mí. Me pasó la lengua por la cara y empezó a morderme los pezones. Mi improvisada mordaza impedía que pudiera gritar, pero la mezcla de dolor y placer era incontenible agravada por el perfume enloquecedor. Ya desnudo empezó a frotármelo por la pija y como ya había pasado empezó a ponerse absolutamente dura, como nunca la había tenido.

    -Hijo de puta, pero que pedazo de pija tenés, con razón estas minas enloquecían con vos.

    Arrojo el consolador y tomo el frasco y lo vació entero sobre su cuerpo, y así empapada se arrojó sobre mí. El aroma incontenible me enloquecía, no podía soltarme y sentía que mi pija estaba tan dura como una roca. Abrió su boca y engullo mi miembro hasta chocar contra su paladar, sentía su lengua bajo mis testículos y como se ahogaba con todo el trozo de carne en su garganta.

    Pero nada parecía inmutar a Irina, mientras chupaba, jugaba con su lengua con la otra mano buscaba el consolador y lo metía con fuerza en su vagina que ahora apreciaba totalmente depilada.

    El experto lengüeteo pronto me hizo sentir que mi leche venia. Irina me quito la mordaza para besarme, bah en realidad presa de su desesperación ahogarme con su lengua, morder mi lengua, mis labios.

    -Voy a acabar amor… –no me dejo terminar hundió mi pija en su boca y bebió toda mi acabada, una gran descarga la hizo dejar escapar unas gotas que recogió con su mano y bebió.

    Volvió a buscar en su bolso y extrajo la llave. Quito mis esposas y se subió encima mío. Con extremada violencia comenzó a saltar con mi pija adentro de su sexo que a estar altura nuevamente estaba al palo.

    La violencia con la que saltaba sobre mí y al mismo tiempo masturbaba su clítoris parecían enloquecerla cada vez más. Veía sus ojos ponerse en blanco, pero el traqueteo me tenía loco. Clavaba sus uñas sobre mi pecho, mordía mis pezones y seguía bombeando. Sentí mi pija empapada de sus jugos, como una catarata incesante. Conté no menos de 3 orgasmos en menos de 10 minutos cada uno de ellos precedido de un fuerte grito y más jugos.

    Sentía que la cosa se estaba descontrolando. Irina estaba como poseída, giro y exhibiéndome su hermoso culo seguía bombeándome, mal.

    De pronto un golpe en la puerta corto la andanada de gemidos y gritos.

    -Buenas tardes, de recepción disculpen soy la mucama, hay una fuga de agua en el baño me dicen de la habitación contigua que se está mojando toda la alfombra. Podrían cubrirse un minuto para que podamos ver.

    Me extraño que la voz fuera de una mujer, Irina quito mi miembro fastidiada y cubriéndose con una bata de toalla corta me indicó.

    -No oses vestirte, quédate así debajo de la sabana que ya despacho a esta mujer.

    Me tape con una manta, intentando cubrir mi miembro al palo y me quede observando la escena.

    Abrió la puerta y una mujer con un uniforme de portera o algo así le indico si podía pasar un minuto. Ingreso con una caja de herramientas en mano y le pidió a Irina abrirle la puerta. Cuando se adelantó para abrir el picaporte, la mujer del servicio saco un pañuelo de su bolsillo y cubrió su boca, cloroformo o algo así.

    Irina cayó, la mujer del servicio se quitó su gorro y me dijo sonriendo:

    -Hola Elmer, que haces con esta chiruza. Cambiate que nos vamos.

    Enseguida entro una segunda mujer también con uniforme de portería, enterito azul y se quitó la gorra.

    -Amateurs, siempre lo mismo. Ayudame que nos vamos, el de la recepción ya sabe, está todo bien. Nos vamos a otro lado a terminar esto como corresponde. ¿Te gustaría?

    Al tiempo que decía esto quitaba su gorro y bajaba el cierre exhibiendo unas hermosas tetas conocidas

    -Mariana!!

    Se acercó con su clásico andar felino, envuelta en ese perfume penetrante siempre, mientras Irma ataba y amordazaba a Irina y la envolvía en una especie de funda

    -Me extrañaste bebe? – al tiempo que metía su lengua en mi boca, jugosa, inquieta y sexy.

    -Ahora vamos a terminar esto como corresponde.

    (Continuará)

  • Segunda aventura con una trans increíble (Parte 2)

    Segunda aventura con una trans increíble (Parte 2)

    Siguiendo con la segunda y última parte del relato:

    Luego de haber tenido esa primera sesión intensa, amén de que ya me encontraba muy excitado y con ganas de seguir, una pausa no venía mal, para estar enérgicos en lo que sería «el plato principal» del día.

    Ella se recostó al lado mío, cuando volvió del baño, y nos quedamos un rato charlando sobre temas triviales, aunque fue una conversación disfrutable.

    Ya después de un tiempo, era momento de volver a lo nuestro, y ella tomó la iniciativa con un pequeño masaje en mi pene y testículos.

    -Creo que ya hay que meter esto en donde debe. -me dijo mientras lo acariciaba lentamente y el mismo iba tomando tamaño.

    -Empezamos con lo clásico? -pregunté, refiriéndome a un buen sexo oral.

    No había que decir más, procedió a bajar y acercarse a mi miembro, dando besitos y besitos por todos lados, unas lamidas y luego mientras seguía acariciando, sacó la protección debida, la coloco en mi, y ahí inició su trabajo, toda una profesional.

    Al principio solo se enfocaba en la glande, chupadas y lamidas, sin meterlo aún del todo en su boca, mientras con una mano sostenía y hacia múltiples movimientos en mis testículos, agradecidos por semejante masaje erótico que recibían.

    Iniciaba lento, pero iba cobrando fuerza y energía, ya empezaba a, como ella dijo, tragarse todo, estaba por completo dentro de su boca, primero solamente lo dejaba dentro y jugueteaba con su lengua (bastante placentero por cierto), luego ya iniciaba el oral típico, el mete y saca cada vez más rápido.

    En esta ocasión se colocó de forma que pudiera ver claramente su rostro, cada cierto tiempo me veía a los ojos, con su mirada lujuriosa e intensa.

    Iba aumentando la succión y el ritmo, cada vez más fuerte, realmente estaba devorando mi pene; seguimos así unos minutos, luego aumento drásticamente la violencia de su chupada y la masturbada que acompañaba, como rápidamente metía en su dulce boca, era sencillamente sublime, a esas alturas solo podía disfrutar cada segundo de semejante placer que ella me proporcionaba, se sentía maravilloso sentir el calor de su boca, la destreza de su lengua, la humedad que envolvía mi pene, por más que tuviera protección, se sentía cada acción suya; como la experta que es, si seguíamos más tiempo así, me haría eyacular, por lo cual le digo para detenerse.

    Luego de más de diez minutos de un sexo oral brutal, ansiaba penetrarla, y ya no había nada que esperar

    Decido iniciar arriba, con un misionero, a lo cual se lo pido, y ella se acomoda; era bastante excitante ver su erecto pene, ella procede a lubricar de nuevo su ano, llevándose la mano a la boca para colocarse saliva en la entrada, luego de esto me acerco para ubicar la penetración.

    Voy presionando la glande por su ano, el cual iba cediendo lentamente, lo voy metiendo y finalmente luego de un empujón, siento que entra del todo, confirmado por ella y con un gemido de afirmación.

    La sensación dentro de su ano era gloriosa, una fuerte presión, se sentía como si mi pene hubiera sido transportado a otro mundo; no podía contener las ganas, deseaba taladrar ese delicioso hoyo, a lo cual primero se lo advierto:

    -Te voy a dar bien duro ahora, estas avisada.

    -Dale bebé, rómpeme el culo, reviéntame el culito. -no era necesario decir más y las palabras sobraban.

    Inicio un mete y saca rápido, fuerte, su ano era mío y pensaba disfrutar cada milímetro de su recto. Sus piernas me rodeaban mientras mis embestidas aumentaban, se oía el golpe de mis testículos por sus nalgas, a la vez que sentía los suyos en mi abdomen bajo; su pene estaba durísimo, y ella se masturbaba con violencia y desesperación, a la vez que gritaba enérgicamente:

    -Rómpeme el culo, si papiii… Fuerte carajo, no pares, cojemeee…

    Repetía incesantemente, solamente se interrumpía para dar sonoros gemidos ahogados.

    Por mi parte, me encontraba extasiado, la penetraba brutalmente, ya sentía cansancio en las piernas de tanto esfuerzo, pero no quería parar, el placer era intenso, sencillamente gozaba invadir ese ano tan perfecto.

    Su pene hacía un vaivén excitante cada vez que ella lo soltaba, para luego nuevamente agarrarlo, debido a su primera eyaculación tenía más resistencia, por lo cual se masturbaba de una forma demencial, parecía que se lo arrancaría.

    Seguimos así varios minutos, y decidí probar otra posición, ahora si tocaba darle de cuatro.

    Le digo para que se gire y que se coloque de perrito, a lo cual rapidamente lo hace, dejando levantadas sus nalgas, pudiendo apreciar toda la belleza de su zona anal, me acerco a ella e inicio el bombeo, su ano ya estaba bien dilatado y pude penetrarla fácilmente.

    Nuevamente iniciamos rápido, con fuerza, la sostenía de sus caderas y los movimientos se aceleraban cada vez más. Ella gritaba con su rostro en la almohada, cada tanto me miraba con unos ojos perdidos en la excitación y lujuria y me decía fuerte:

    -Así cógeme mi macho, rómpeme el culo! -entre otras frases subidas de tono que cumplían su cometido.

    A medida que la penetraba, se escuchaba el sonido de los golpes, sus grandes y colgantes testículos chocaban con los míos, que estaban iguales, ella se seguía masturbando ocasionalmente, aunque con menos frecuencia que en la otra posición, pero seguía brutalmente erecto.

    Seguimos en esa intensa y erótica penetración, hasta que siento que me quedaría poco tiempo para la primera eyaculación.

    Le doy la vuelta y vuelvo a penetrarla en la posición misionero, mientras le digo que se masturbe fuerte; como si hubiera estado esperando esa orden, vuelve a hacerlo, con tanta energía que parecía que podría desmayarse al terminar.

    Estaba por llegar al orgasmo, sentía el clímax aproximándose. Le digo que estaba por terminar, y que haga lo mismo ella.

    -Vamos a largar juntooos bebeee, lléname la pija de lecheee. -parecía que me había leído la mente, pues deseaba eyacular en su one.

    Una sensación eléctrica me subía por las piernas, e inicie una violentísima taladrada en su ano, y antes de eyacular lo saco de su ano, saco rápidamente el preservativo y empiezo a eyacular ferozmente en su erecto pene, el cual también volvía a eyacular, mientras ella lanzaba un gemido dolorosamente erótico, un sonido que excitaría a cualquiera.

    Chorros caían en su pene y testículos, mezclándose mi semen con el suyo, unos cinco chorros fueron fuertes, potentes, que llegaron desde su pene hasta su abdomen; ella también había eyaculado pero con menos fuerza y cantidad, pues anteriormente ya había largado bastante esperma. Mis chorros disminuyeron en cantidad y potencia, pero toda la zona de su sexo estaba bañada de semen, escurría completamente por sus testículos y llegaba hasta su ano.

    Ella respiraba agitadamente, pero iba calmándose.

    Yo había puesto las últimas gotas por su muslo, cerca de la ingle.

    Me recosté a su lado, y ambos nos miramos con satisfacción.

    -Grandísima cogida tuvimos esta vez, me encantó. -me dijo con rostro alegre y animado mientras me acariciaba el pecho.

    -Una de las mejores que tuve, de verdad sos increíble Rebeca.

    Estuvimos un ratito así, y ella me dijo que iría a limpiarse, mientras yo volvía a cambiar las sábanas.

    Ella volvió y volvimos a recostarnos juntos, mientras hablamos de todo tipo de temas, ya que es muy inteligente, una chica culta.

    Mientras hablábamos me tocaba mi pene y yo el suyo, de forma juguetona.

    Pasaron unos minutos y ambos penes iban recobrando energías.

    No me había dado cuenta que ya superamos la hora acordada, mire mi celular, y le dije que tenía tiempo aún, que le pagaría por otro tiempo extra. Ella accede sin inconvenientes, y saca otro preservativo.

    Me lo coloca y empieza a hacerme de nuevo un oral. Esta vez más calmado y lento, ya habíamos usado nuestras fuerzas, y ahora tocaba hacerlo más despacio todo.

    Usaba mucho más su lenta y labios, y sostenía y apretaba mis testículos. No había chupadas violentas hasta la campanilla. Sencillamente se pasaba estimulando mi glande con su lengua, y daba pequeñas succiones con sus labios.

    Seguimos así un buen tiempo, notaba que su pene ya estaba erecto, aunque no con la misma dureza de antes, pues ya había eyaculado dos veces. Así como ella lo hacía, yo también acariciaba suavemente su pene.

    Dedicamos casi 15 minutos a esto, debo reconocer que es admirable su dedicación y esmero, pues a pesar del cansancio, en ningún momento mostró fatiga o lo hacía mal, al contrario, era sencillamente excelente.

    Entonces le pregunté si podría subirse encima de mí, si aún podía. Ella me dijo que le encantaría cogerme de nuevo, y procede a subir su esbelto y gran cuerpo sobre mi, sentándose sobre mi ya cansado pene, pero que aún deseaba penetrar a esa excitante trans.

    Me montaba lentamente, de forma eróticamente suave. Era muy disfrutable este cambio de ritmo, pues podía sentir y saborear cada movimiento suyo, la manera de subir y bajar, de mover su cadera, como se deslizaba en su interior mi miembro.

    Se acercó a mi, y abrazándome empezó a hacer un movimiento metódico, ni rápido ni lento, una profunda penetración consistente, se sentía fantástico, mientras me abrazaba, yo sostenía su espalda, y ella gemía en mi oído y me susurraba:

    -Te gusta mu culito? Te gusta coger así?

    -Me encanta tu culito y como me coges lento hermosaa!

    Luego de eso aumento levemente el ritmo; increíblemente su pene estaba erecto de nuevo y goteaba en mi abdomen.

    Luego de eso, creo que ya estábamos algo agotados ambos, ella me dijo que haría un movimiento rápido para ver si podía terminar. Obviamente le dije que si.

    Se acomodó y empezó a montar más rápido, no muy fuerte pero si rápido.

    Aderezo la situación con gemidos y comentarios que propiciaban una eyaculación:

    -Lléname el culito de leche bebé, quiero tu leche en mi culito papi!

    Y evidentemente sucedió, una nueva eyaculación, sentí un fuerte espasmo, en mis piernas y espalda, volví a tener un buen orgasmo, empecé a soltar mi semen dentro suyo, esta vez con menos fuerza y potencia, pero igual con una cantidad decente.

    Le digo que ya había terminado, ella saca mi miembro que iba perdiendo dureza, y me saca el preservativo.

    Se acuesta nuevamente a mi lado, abrazándome.

    Me dice que fue una cita increíble.

    Le digo que ella es increíble y que espero repetirlo, pues parece ser que me convierto en su cliente fiel.

    Nos despedimos, luego de darle algo extra por ese tiempo de más, y salgo satisfecho del motel, espero volver a tener otra sesión de buen sexo con esta trans increíble, y también podría probar a otra para mi siguiente relato.

  • El amigo camionero de mi padre (Parte 2)

    El amigo camionero de mi padre (Parte 2)

    El viaje con Rubén el camionero amigo de mi padre siguió a la mañana siguiente como si nada hubiera pasado entre nosotros, la carretera estaba algo más despejada, pero avanzar una decena de kilómetros era desesperante, el tráfico era horrible, la carretera seguía fatal, poco a poco avanzábamos, conseguimos cruzar la frontera con Francia y decidimos parar a comer. Rubén se mostraba muy atento conmigo, su mirada era de deseo y perversión hacia mi, yo después de aquella primera noche en la que me había follado otro hombre, también lo miraba con deseo de volver a repetir aquella experiencia.

    Después de comer volvimos a coger carretera para ir dirección Paris, parecía que el tráfico era mucho más fluido, yo me quedé un tanto sopa en la cabina, de repente note como alguien tocaba mi entrepierna, abrí los ojos era Rubén acariciando mi polla, que por cierto estaba a punto de reventar mi bragueta, Rubén me miro de forma perversa.

    Ruben- Ehyyyy… te dormiste?

    Yo- ummm… si tiooo.

    Ruben- vi que soñabas con algo seguramente muy cachondo, porque tú polla estaba completamente empalmada.

    Yo- no jodas… pensaba que se me había puesto así de cogérmela tu jejeje.

    Ruben- bueno… yo la miraba y la miraba y no pude aguantar la tentación de acariciarla, por cierto mira como me tienes (se cogió su pollón con una mano, mientras con la otra conducía).

    Yo- Diosss… Rubén va a estallarte jajaja.

    Ruben- si, jajaja, imaginé que quizás tú podrías solucionarlo, no?

    Yo- joderrrr… Rubén. Qué quieres que me amorre?.

    Ruben- por qué no? Podrías ordeñarme y sacar toda la lechita.

    Yo- joderrr Rubén no te cortas ehhh, que soy el hijo de tu jefe y amigo.

    Ruben- si lo estás deseando puton, jejeje, ayer disfrutaste, como nunca lo habías hecho, está polla te dio más placer que el coño de tu mujer mil veces.

    Yo- jajajaja, si la verdad es que disfrute… ufff…

    Me incline hacia el volante, desabroché la bragueta y el botón del pantalón de Rubén, su polla salió disparada, como un tronco duro y con las venas a reventar, la agarre con una mano y acerque mi boca a su prepucio, pase mi lengua humedecida en mi saliva por todo su contorno, Rubén gimió de placer, seguía con la vista puesta en la carretera, yo seguí relamiendo su capullo y dándole pequeños besos que hacían que se estremeciera, mis labios empezaron a succionárselo sutilmente, mi boca pudo saborear el precum que su polla soltaba, algo espeso y fuerte de sabor, pero me gustaba, empecé a introducirme poco a poco aquel tronco dentro de mi boca presionando lo con mi boca y friccionando con mis labios ensalivados para que estuviera completamente lubricada y corriera entre mis labios su carne dura más fácilmente.

    Rubén conducía con una mano y con la otra acariciaba mi cabeza mientras presionaba para que me la tragara toda, y así lo conseguía, su polla llegaba a mi garganta, me ahogaba en ocasiones, pero seguía chupándosela gozosamente, y Rubén lo disfrutaba por los gemidos que pegaba, me pidió que me bajara los pantalones, no sabía lo que pretendía, pero le hice caso, sin dejar de chuparle la polla, mi culo quedó al descubierto sobre el asiento, Rubén me ordeno que le chupara un par de dedos y dejará mi saliva en ellos, así lo hice, después alargo su brazo hasta llegar a mi culito, inmediatamente empezó a acariciar mi ano con los dos dedos húmedos de mi saliva, ufff que gusto, mi culo se abrió completamente esperando que sus dedos me follaran, sigue chupándomela cabrón, que bien lo haces Pedro, eres todo una maricona mamona, ufff, aggg, ahhh. Rubén disfrutaba de la follada que le estaba haciendo a mí boca y yo empezaba a estar súper cachondo con la caricia de sus dedos en mi ano, buscando hueco para meterlos en mis entrañas.

    Poco a poco Rubén , metió sus dedos en mi culito que empecé a moverlo como un zorrón pidiendo ser follado más profundamente y con más intensidad, Rubén noto mi excitación y en vez de dos ya metía tres, yo presionaba mi culo sobre sus dedos para que entraran más, mientras mi boca estaba mamando la polla de Rubén, que gemía ya como un loco, ufff, cabron, sácame toda la leche, ummm, me corro, me corro  ahhh… trágatela toda bien calentita, Rubén aceleró su follada de boca y en un instante noté como su polla empezó a soltar trallazos de leche en mi garganta que no daba abasto a tragar, ufff que morbazo, que gusto sentir el sabor de la leche de aquel macho, caliente, espesa, salada. Rubén gemía enloquecido, temí porque soltara el volante, pero no lo hizo, seguía follando mi culo con una de sus manos, y la otra al volante, yo relamía su polla pringada de su semen, lo recogía con mi lengua y me lo tragaba, su polla fue perdiendo erección y cuando la tuve bien limpia le ofrecí un poco con mi boca, dándole un buen morreo.

    Yo me quedé completamente caliente, con la polla a mil y mi culo pidiendo polla, pero Rubén estaba conduciendo, pero no dejo de sorprenderme.

    Ruben- ummm  veo que estás caliente Pedro.

    Yo- ufff, mi culo pide polla si.

    Ruben- ves detrás, y en el armario encontraras un juguetito.

    Yo- que es?

    Ruben- ves píllalo…

    Yo- (alargue mi brazo y mi cuerpo medio desnudo y logré abrir el armario) Uauuu, ufff, y esto?

    Ruben- jejeje un dildazo negro, lo utilizo en algún viaje con algún chaval que se me ofrece.

    Yo- pervertido… cabron.

    Ruben- si, si, pero tú lo vas a disfrutar ahora ya verás. Desnúdate zorron, que vamos a hacer exhibicionismo con los demás camioneros.

    Yo- queee?

    Ruben- vengaaa…

    Rubén volvió a agarrarme las nalgas, metió sus dedos en mi ano y follo con ellos durante un rato mientras yo pajeaba mi polla, me quedé completamente en pelotas, puse mi culo dirección a su cara y me escupió al ano y volvió a seguir follandome mi culo, cuando paso un rato , me dijo, venga pedro es hora de meterte el pollón ese, enséñame como lo haces, me gustará mirarte, cogí el dildo lo puse sobre mi ano y empecé a presionarlo era demasiado grande, no entraba, Rubén me decía que lo hiciera poco a poco y que al final entraría, busque el lubricante, eché un buen chorro sobre mi culo y el dildo y poco a poco mi ano fue abriéndole camino, dolía bastante, pero mi morbo y excitación decía que aquel dildazo me tenía que follar.

    Después de unos minutos ya lo tenía completamente dentro y yo moviéndolo de dentro a fuera para follarme con él, Rubén dijo que me pusiera de rodillas cara a él, así cogió el dildo con una mano y empezó a follarme con él mientras yo me pajeaba, ummm, que gusto, estaba delicioso aquel pollón, pero Rubén quería subir el morbo más y la temperatura, así que me fijo, que pusiera mi culo hacia la ventanilla, pegará la ventosa del dildo a ella y que me follara contra ella, el adelantaría despacito a otros compañeros camioneros, para que pudieran ver lo zorra que era, a mí me puso muy cachondo aquello, así que lo pusimos en práctica, yo ya estaba en posición y con el dildo entrándome y saliéndome con placer, gemía como loco, Rubén aceleró para adelantar a otro camión y cuando la cabina estuvo al lado del otro camión, se puso a su nivel para que vieran mi culo follado por la tremenda polla negra, podía ver la cara del otro conductor flipado mirándome, yo me excitaba y me pajeaba, los otros camioneros llegaban a enseñar sus pollones por las ventanillas, así jugamos durante un rato hasta que mi polla no pudo más y mi excitación explotó con tremendos chorros de leche que pude echar sobre unos pañuelos que Rubén me ofreció.

    Aquella experiencia fue fascinante, me sentí, puton, guarro, esclavo de Rubén, el morbo fue tremendo, mi calentura había bajado, me vestí y continuamos ruta, se hacía de noche y buscábamos algún lugar donde reponer fuerzas, Rubén seguía mirándome con cara de vicio, sabía que me tenía completamente a su disposición y que haría lo que fuera que me pidiera, me había convertido en su esclavo.

    Y hasta aquí este nuevo relato, que espero os haya puesto cachondos como a mí. Seguiré con la saga, no os los perdáis. Podéis comentarme por mi Instagram @vlcpedro22, contestó a todos, y si sois de Valencia España, podríamos compartir algo más que los relatos, jijiji. Besos…

  • Mi marido me obligó a prostituirme

    Mi marido me obligó a prostituirme

    Esta vez como en las últimas tres semanas, mi marido me llevó a la casa de Juan, este hombre desde aquel día que contactó a mi esposo, lo convenció para que me deje en su casa y me entregue a cambio de dinero.

    O sea que se puede decir que mi marido me hizo prostituir, en realidad hace tiempo que practicamos el estilo de vida cuckold que ambos disfrutamos, a él le gusta verme teniendo sexo con otros hombres y a mi me fascina que me vea.

    Lo hacemos hace tiempo, hace unas semanas como dije, apareció este hombre Juan, que le ofreció a Quique dinero para que me lleve a su casa y me entregue, aclarando que sabía bien que yo no era una prostituta profesional, nunca lo hice por plata y ni se me cruzaba por la cabeza, estoy casada, tengo hijos y solo disfruto del sexo como cualquier mujer o quizás un poco más que algunas.

    El morbo de Juan pasa por hacer sentir a una mujer común y corriente, lo que siente una mujer cuando vende su cuerpo, está consiente que podría acostarme con él gratis, es un hombre maduro, tiene 63 años, pero un físico envidiable y muy bien dotado, además es muy atractivo y con una personalidad atrapante, algo dominante pero eso también tiene su encanto para mí.

    También está claro que podría contratar a una puta profesional, recursos económicos le sobran, pero su fantasía es prostituir una señora casada atractiva con buen cuerpo y si es madre muchísimo mejor.

    Digamos que reúno todas las condiciones y tengo un marido permisivo que se prende en estas locuras, para mi es la primera vez que lo hago con dinero de por medio, el pago es real, podría ser ficticio pero Juan, al que no le hace mella ninguna cifra, quiere pagar de verdad para darle mayor realismo, y bueno para mi también transforma esto en un juego distinto.

    No puedo negar que me entusiasmó desde el principio participar de esta fantasía, a pesar de que nunca lo hice, sentirme una prostituta me excita muchísimo. Las dos primeras ocasiones lo hice con Juan a solas y la tercera con mi marido de testigo, su morbo es humillarme constantemente acusándome de ser una puta barata y hacer que mi marido nos vea, fue también para denigrarlo a él.

    Esta vez la cosa fue más lejos, no solo me utilizó como su puta personal sino que también se convirtió en mi proxeneta y me entrego a 4 amigos que le pagaron por mis servicios.

    Después de prepararme mentalmente para enfrentar este desafío, llego el día en el que Quique, mi marido debía llevarme y dejarme en casa de Juan, que sería el prostíbulo donde tenía que atender a mis clientes.

    Casi sin pensarlo me puse un vestido negro escotado y ropa interior toda negra, a pesar del calor Juan me pidió que me ponga medias de nylon con portaligas y un conjunto de corpiño y tanga rutera, abierta en la entrepierna supongo que por si alguno quería cogerme con la tanga puesta.

    Había arreglado en principio que no permitiría el sexo anal, Juan es muy dotado, demasiado diría y en las dos visitas que me lo hizo me dejó destruida, pero dije en principio porque esa restricción será para los tres primeros tipos que pasen conmigo a la habitación, el cuarto que es un chico jovencito y de pene pequeño ofreció más dinero por mi cola prometiendo no lastimarme.

    Así fue que mi marido me llevó el sábado a la noche y al recibirnos Juan le pidió en la puerta que me deje y se vaya, en los anteriores encuentros, lo había hecho pasar y hasta lo hizo desnudarme para luego tener que irse con esa imagen de su mujer desnuda y desprotegida, nunca en nuestros juegos de cuckold mi marido me había dejado sola con un tipo.

    Éste es el único hombre con el que he tenido sexo sin Quique mirando y cuidándome.

    Me hizo pasar y y en el living estaban tres tipos, al contrario de lo que yo esperaba no eran tan desagradables, yo pensaba al imaginarlos que serían gente muy mayor, dada la edad del anfitrión y por el morbo de este degenerado se me había ocurrido que me haría acostar con tres decrépitos desagradables y hasta quizás excedidos de peso, por el contrario, eran tres hombres de mediana edad promediando los 45 y de físicos normales, no de gym pero normales, quizás alguno podía tener unos kilos de más pero nada que pudiera ponerme muy incómoda.

    Me llevo ante ellos e hizo que me vieran bien mientras él me besó y comenzó a quitarme el vestido, me dejó en ropa interior y dejó que los tipos observen, luego me dijo que suba a la habitación y los espere desnuda.

    No demoró mucho el primero en subir y entrar, hablamos un par de palabras y pronto se metió en la cama conmigo, obviamente me pidió que se la chupe sin mucho preámbulo, en estos casos no se estila ningún juego previo, se acostó a mi lado y tomándome de la parte de atrás de mi cabeza suavemente trató de llevar mi boca a su pija, claro que no me negué, tenia que hacerlo excitar y su miembro estaba todavía flácido, así que lami sus testículos y acaricié su pene que casi de inmediato respondió empezando a ponerse duro, no era de los grandes, más bien era pequeño enseguida le pedí que se coloque un condón lo que irremediablemente significaba que ya era momento de que me penetre.

    Lo hizo y me puse en la cama apoyando mi espalda en ella me abrí de piernas de frente a él y le pedí que venga hacia mí y me la ponga, o era muy tímido o estaba muy cohibido y tuve que prácticamente guiarlo, yo no estaba todavía muy excitada y tuve que pasar mis dedos por mi lengua para llevar un poco de saliva a mi vagina y lubricarme para que pueda penetrarme, de todos modos él previendo eso había hecho lo mismo salivando su miembro.

    Acto seguido apoyo el glande en el borde de mi vagina y empezó a entrar, levante bien las piernas e hice que enseguida me penetre y lo apreté poniendo mis manos en su cintura y empujándolo hacia mi, pronto sentí que estaba todo adentro mío y bajé nuevamente las piernas, empecé a gemirle al oído y lamer el lóbulo de la oreja derecha, comencé a hacer movimientos envolventes con mi pubis al tiempo que le decía

    – vamos corazón, cogeme mi amor, cogeme bien cogida, dámela toda papi, sacate bien las ganas, dámela fuerte bebé.

    Y cuando sentí e intuí que el tipo estaba por venirse…

    – Dale papi dámela, dame toda la lechita mi amor.

    Y entonces empezó a gritar que se venía y que no podía más y comenzó a tener como espasmos evidenciando que estaba largando toda su leche en el forrito dentro de mi concha.

    Lo acaricié un poco para hacerlo sentir bien, entendí que él hubiera querido durar bastante más pero la verdad que yo había logrado lo que quería, hacerlo acabar en el menor tiempo posible, el tipo no estaba mal pero solo lo vi y lo trate como un cliente, estaba mentalizada en mi papel de prostituta y no había ido ahí a gozar, por supuesto que iba a tratar de pasar el momento lo mejor posible, pero tampoco quería quedarme a vivir con esos tipos que en el fondo me daban una mezcla de pena y ternura, con una pizca de asquito.

    El arreglo era que los encuentros con cada uno en la cama iban a ser individuales, pero no obstante podían entrar los demás a mirar, el primero pidió entrar solo porque estaba muy nervioso, era un tipo de más de 50 años y vaya a saber qué historia personal tenía que estaba tan retraído, yo no soy psicóloga y no era mi función tratarlo, solo darle un poco de sexo y placer dentro de lo posible.

    Solo estuvo Juan bastante alejado de la cama, el dormitorio es bien amplio y hay espacio suficiente para no entorpecer a quien está cogiendo, pero él se quedó adentro, para sacar unas fotos e inmortalizar mi actuación como prostituta y vaya a saber qué hará con esas fotos, no quiero ni saberlo.

    Los dos que seguían entraron juntos, la verdad que pensé que eran unos idiotas, a no ser que estuvieran pensando en que me iban a coger los dos juntos, era ridículo que uno fuera testigo del otro ¿que eran hermanitos?

    Bueno si, la idea era que a pesar de que les había advertido que la cosa era de a uno, al empezar a coger con el que supuestamente le tocaba, el otro se acercó a mi y comenzó a manosearme, lo hizo tan sutilmente que no quise negarme, además si hay algo que me delira es tener sexo con más de un tipo y me calenté cuando sentí que cuatro manos recorrían mi cuerpo así que lo permití, encima el hijo de puta de Juan no dijo nada y pensé «chau, estos me enfiestan»

    Obvio que terminaron cogiéndome los dos juntos, pero como mi cola estaba cerrada por refacciones por lo menos para estos dos, se tuvieron que conformar con ponérmela uno de la manera tradicional digamos y el otro uso mi boca como recipiente, bueno tampoco la pavada, primero el que estaba en posición de misionero duro menos que el aire en una canasta (por no ser guasa) y el otro cuando intuí que estaba por ahogarme en esperma, quite mi boca y deje que derrame la leche en mi pechos.

    Por supuesto después de esto fui a darme una ducha, Juan despidió a los tres tipos y se metió en la ducha conmigo, de verdad tuve miedo que me agarre en la ducha toda enjabonada y me viole por el culo, pero me lo perdonó esta vez y me dijo que me arrodille y le haga una mamada hasta que llegue el cuarto chico que ese sí iba a hacerme la cola, y ya estaba establecido así.

    Estuve un buen rato lamiendo sus testículos y luego me hizo ahogar introduciendo su verga todo lo que entraba en mi boca, hasta que Juan decidió que ya era suficiente, y por supuesto acabó, hizo que su esperma caiga sobre mí lengua y me saco una foto con mi boca llena de leche que luego me hizo tragar.

    Yo pensaba que él iba a hacerme eso mientras el chico me la daba por atrás pero todo lo que imaginé antes fue en vano, casi nada se dio como yo pensaba.

    Salimos del baño, tomamos una copa y el chico llegó, yo estaba todavía envuelta en el toallón con el que salí del baño y lo vi al acercarse a saludarme como todo un caballero, me tomó de una mano y muy dulcemente me llevo al cuarto de Juan, claro que él nos siguió, no se lo iba a perder.

    Voy a contar algo del jovencito, tendría no más de 25 años y la verdad es que fue una muy agradable sorpresa, era un lindo chico y si me lo hubieran dicho antes, me hubiera dejado coger gratis por él, pero yo ahí estaba como prostituta profesional y no debía salir de mi papel.

    Primero me hizo acostar boca abajo y empezó a hurgar en mi ano con sus dedos y dijo…

    – que apretadito lo tenés puta, lo tenés precioso, va a ser un placer cogerte este culito divino.

    Yo escuché todo lo que me decía sin decir palabra, luego de jugar con un dedo metiéndolo y sacándolo varias veces comencé a gemir y Juan volvió a decirme…

    – que puta sos, no podés negar que te gusta que te rompan el culo.

    entonces me hizo poner en cuatro y mientras el chico que se llamaba Emanuel, me empezó a penetrar la cola dulcemente, él, que ya estaba presto otra vez con su enorme verga al palo y durísima, (yo no sé qué toma, pero no es difícil de adivinar) me la volvió a hacer chupar y tragar hasta la campanilla.

    Juan había traído el balde con hielo en el que mantenía fría una botella de champagne que estábamos tomando, el hijo de puta metió las manos en el agua fría y con ellos tocó mis tetas y me hizo pegar un grito al pellizcarme los pezones con los dedos helados, mientras ese chico me daba una de las mejores sesiones de sexo anal que tuve en mi vida.

    A todo esto Emanuel merece un párrafo aparte, es cierto que no es muy dotado, más bien tiene un pene bastante chicuelo, pero suple la falta de dotación con una maestría poco común, pocas veces me hicieron gozar tanto por la cola como este chico lo hizo, digamos que sexualmente hablando, lo amé, fue maravilloso.

    El contraste me lo dio Juan que no dejaba de decirme lo puta que soy sin dejar de pellizcar mis pezones y pasarme sus manos heladas por las tetas, esa mezcla de dolor, frío y el placer en mi culo, me estaba volviendo loca y duro todo el tiempo que Emanuel estuvo haciéndome la cola, fueron minutos hermosos y terribles a la vez, hasta que el chico anunció que se venía y me dio unos pijazos con todo hasta que tuvo su orgasmo, al sentir que acababa la saco de golpe, se quitó el condón y derramó su esperma en mi cintura.

    Así toda mojada con la leche de ese chico, en mi espalda, Juan me hizo poner de frente a él sobre la cama, me separo las piernas, me lamió la concha por un instante, me miró con una sonrisa cínica, ya he dicho que su verga es de las más grandes que he tenido dentro mío, saco de un cajón ese aparato que tiene, la bomba de vacío para la vagina y me preguntó…

    – ¿no acabaste con esos tipos no?

    – no, (le respondí).

    – bueno, yo te voy a hacer acabar así te vas feliz a tu casa, con esto te voy a dejar hermosa y súper sensible y vas a acabar como la perra que sos.

    Entonces me puso ese aparato como un chupete, me succionó la concha, no sé bien cómo explicarlo pero en pocos minutos sentí que la tenía inflamada, y súper excitada, entonces se dispuso a metérmela de golpe y me dijo…

    – ahora vas a tener lo que tanto te gusta puta de mierda, te voy a llenar de leche y vas a darme hasta la última gota de tu orgasmo.

    Él sabe que a pesar de que lo odio por todo lo que me hace, por su trato despreciativo, sus constantes humillaciones a mi y a mi marido, su sexo me tiene loca, pareciera estar atrapada en una telaraña que ha tejido alrededor mío y de la que no puedo escapar.

    Se inclinó penetrándome con todo y me hizo ver las estrellas, pegué un grito casi desgarrador, pero no le importó, su placer radica en ver y sentir mi sufrimiento y agarrándome con fuerza la manos me mantuvo quieta mientras el entraba y salía de mi cuerpo repetidamente y sin respiro, mientras mordía y lamía alternativamente mis pezones hasta que me sacó un orgasmo y el hizo lo mismo acabando sobre mi pubis.

    Me miró sonriendo después de hacerlo y dejando esperma en los bordes de mi vagina, dijo…

    – al fin acabaste zorra, no podés negar que te gustan los pijazos que te doy putita, después de hoy, ya sos una prostituta completa, voy a organizar varias veladas como la de esta noche, vamos a ver cuántos tipos te aguantas de una sola vez.

    No dejó que fuera a lavarme me tuve que vestir así para hacerme sentir más sucia y según sus propias palabras para que le haga oler y lamer a mi marido toda su leche y lo que quede de la de Emanuel, así que llorando en silencio, me puse el vestido y la tanga, sin el resto de la ropa interior que me lleve en la cartera, mientras él tomó el teléfono para decirle a mi marido que ya podía venir a buscarme y riéndose le dijo…

    – la puta ya está media vestida, la podés venir a buscar y llevártela, te la deje sin bañar para que puedas oler el aroma a sexo que tiene en todo el cuerpo.

    Así pasó mi primer experiencia como prostituta profesional, porque para esos tipos lo soy, las otras veces con Juan no las cuento porque a pesar de que pagó por llevarme a su cama, él sabe que no lo soy y que solo soy una mujer casada bastante pervertida, que disfruta del sexo de muchas formas.

    Espero que les haya gustado. Gracias por leerme.

  • A campo abierto

    A campo abierto

    Solía acompañarla a completar un proyecto en una zona rural cerca de la ciudad. En uno de esos recorridos, terminamos bastante alejados de la civilización y por lo tanto, la tentación se manifestó. Empezamos besándonos suavemente, fuimos descargando las maletas, aumentábamos la frecuencia e intensidad de nuestros besos a lo que empezamos a tocarnos, nuestras manos pasaban por entre la ropa, yo la sujetaba por su abdomen, acariciaba su espalda, su abdomen, comencé a tocar sus grandes y redondos senos, ella también tocaba mi espalda, me agarraba fuertemente y acariciaba mi abdomen, seguía tanteando a bajar más su mano. A lo que yo respondía agarrando sus senos con firmeza y comenzaba a acariciar sus pezones los cuales ya se encontraban bien firmes y sensibles, su respiración se ponía más profunda a medida que los tocaba.

    Ella no se quedaba atrás, comenzó a bajar su mano, desabrochó mi pantalón permitiendo bajar su mano entre mis bóxer para agarrar mi pene que tanto deseaba. Mientras, mi otra mano bajó por su espalda, hasta llegar a sus nalgas las cuales agarré firmemente, decidí desabrochar su pantalón para abrirme camino entre sus nalgas y acariciar la entrada a su vagina, que estaba bien mojada… deseaba acariciar más. Así que decidí pasar mi mano al frente y así comenzar a frotar su clítoris.

    Ella empieza a pausar sus besos para suspirar profundamente mientras tocaba mi pene con más intensidad, después de un momento, ella decide bajar mis pantalones y bóxer para empezar a hacerme un oral bien intenso.

    Lo hacía muy, no solía hacerlo profundo, aunque esa lengua y labios eran fenomenales, ya las ganas eran muy intensas así que la coloqué de espaldas a mi, bajando sus pantalones y ropa interior, apenas para ver sus nalgas y que al separarlas veía su ano y su vagina.

    Aprovechando mi pene húmedo por su saliva, decidí introducirlo lenta y completamente en su vagina. Seguí penetrando una y otra vez aumentando a ratos el ritmo mientras acariciaba sus senos y pezones o introducía mis dedos en su boca para humedecerlos y frotar su clítoris.

    Su vagina se humedecía, con eso podía aumentar más la profundidad y mover más intensamente mi pene dentro de ella.

    Seguimos así hasta que ella tuvo su primer orgasmo, sus piernas temblaban y decidió colocarse en cuatro con lo que continué penetrando su vagina lentamente mientras acariciaba su espalda, agarré sus nalgas, tocaba sus senos y humedecía mis dedos en su boca. Acerqué uno de mis dedos a su ano y lo comencé a frotar, volvía a humedecerlo y lo iba introduciendo lentamente, mientras seguía penetrando su vagina. Logré introducir mi dedo completamente y nos dimos cuenta que necesita asear allá dentro primero, así que busque en la maleta el termo con agua mientas ella seguía mostrándome inclinada sus genitales.

    Humedecí su ano con los fluidos de su vagina y acerqué la boca del termo allí (de esos deportivos de oprimir), ella no tenía idea que hacía a sus espaldas, no la dejaba saber cómo estaba «preparando» esa situación, hasta que presioné esa botella y un chorro de agua entró por su agujero. Lo retiré y ella se colocó en sentadillas. Mientras esperaba para evacuar todo, me hacía oral y se frotaba su clítoris excitada.

    Repetimos el proceso, ella se limpió bien, me besó y volvimos con las caricias, y la penetración a su vagina, sólo que esta vez estaba acostado y ella encima mostrándome su cuerpo casi desnudo.

    Estaba próximo a terminar así que volví a ponerla en cuatro, inmediatamente saqué el lubricante de mi maleta (siempre lo llevo, ella no dejaba hacer nada si no lo tenía), para aplicar un poco en la entrada de su ano, empecé a frotarlo con uno de mis dedos en círculos a medida que se iba introduciendo, mientras que mi pene seguía entrando y saliendo de su vagina lentamente, ella iba tocando sus senos y su clítoris constantemente. Poco a poco iba dilatando su ano ya que dos dedos ya estaban dentro, con un poco más de lubricante los separaba un poco para que se dilatara cada vez más ese rosado, lubricado y caliente orificio. Ya luego conseguí introducir tres dedos, a lo que saqué mi pene de su vagina, apliqué más lubricante en la entrada de su ano y empecé a introducirlo lentamente.

    Esta labor duró muy poco tiempo y ya pasó a ser un movimiento constante aunque no acelerado, seguí así una y otra vez, mis manos tocaban sus senos y su clítoris, me quedé allí frotándolo para hacerla sentir excitada, los fluidos de su vagina bajaban a mis dedos, con lo que seguí frotando más fluidamente, a lo que sus gemidos y suspiros eran cada vez más intensos.

    Ella empezaba a contraer su cuerpo, a lo que su ano también se sentía más apretado, con lo que fue el momento para empezar a eyacular dentro, me decía que no me detuviera, así que continué con el ritmo constante, besando su espalda, tocando su clítoris, tocando sus pezones y penetrando su ano, no pasó mucho para que ella tuviera un nuevo orgasmo, su cuerpo temblaba, su ano se contraía y su vagina estaba bien mojada, yo seguí un poco más y comencé a eyacular dentro de ella, dentro de su ano, ella se levantó un poco y me besó agarrándome del pelo, manteniendo mi pene dentro, mientras la seguía bombeando de semen y mi pene palpitaba dentro de ella.

    Suspiramos, nos besamos, nos acariciamos, sintiendo su piel y sus partes íntimas mojadas, ella me dijo que ya podía sacar mi pene, a lo que le pedí dejarlo un rato allí, se acomodó y aceptó…

    Pasa un corto instante y le susurré al oído que le tenía una sorpresa, sin tener alguna sospecha, aunque con esa pícara curiosidad, esperaría a ver qué pasaba, inmediatamente después, me relajé un poco y empecé a orinar dentro de ella, si, dentro de su ano, la agarré de sus caderas, aunque ella no iba a poner resistencia, más bien se le escapó un suspiro, mientras descargué todo dentro, me pidió que lo sacara con cuidado, ya que tenía los pantalones a la rodilla, así que fui cuidadoso y lo hice lentamente mientras ella iba apretando su ano para no dejar salir nada, mi pene estaba muy sensible así que me excitaba mucho sentir eso.

    Finalmente salió mi pene y ella nuevamente se pone en posición de sentadillas, me dio curiosidad y le dije que quería ver, vi como salía ese dorado líquido de su ano junto con el semen que había dejado allí también.

    Nos limpiamos, nos vestimos, nos besamos intensamente y, tomados de la mano, continuamos con la travesía.

  • El grillo

    El grillo

    Mi nombre es Socorro y tengo 36 años, soy morena, delgada, mi cabello es negro y corto, tengo buenas tetas, buen culo, soy ancha de caderas y medianamente hermosa. Nací en un pueblo en el seno de una familia humilde. Yo era honrada, fiel y abnegada esposa, pero a los 26 años por complacer a mi marido, que era, y es, un abogado libertino, probé las mieles del vicio. En mi caso esas mieles las encontré por vez primera en el coño de una mujer haciendo un trio.

    Beatriz, era la hija de una hermana de mi marido y también nuestra ahijada. Estudiaba en un internado suizo y estaba de vacaciones. Los padres se fueran el fin de semana a París, y la habían dejado a nuestro cargo.

    Beatriz y yo estábamos echadas sobre dos toallas en el césped y al lado de la piscina, Beatriz estaba sin la parte de arriba de su bikini azul, luciendo sus tetas blancas, unas tetas medianas, puntiagudas, con areolas rosadas y pezones gorditos. Tenía las piernas largas y delgadas, el culo redondito y sus caderas eran perfectas. Le pregunté:

    -¿Hay algún chico especial en tu vida?

    -No, madrina.

    -¿Y chica?

    -Chica, sí, una. Lo pasamos bien juntas.

    Se me empezaron a hacer agua la boca y el coño.

    -¿Jugáis juntas?

    -Sí.

    -¿Qué clase de juegos?

    -A muchos y muy variados.

    -Dime uno.

    -Te diré dos, la oca y el parchís.

    Me llevé un chasco. Pensaba que me estaba hablando de juegos de sexo y me hablaba de juegos de mesa. Pero no me rendí, era demasiado valioso el tesoro cómo para no seguir al ataque. Le pregunté:

    -¿Qué sabes del sexo?

    -Que no se debe hablar de él.

    -¿Aún eres virgen?

    -La duda ofende.

    Nunca había comido un coñito virgen. Comencé a enredarla.

    -Hace unos años yo era tan inocente cómo tú. Aunque yo era una chica de pueblo, una chica de pueblo inocente, pero me hicieron algo que acabó con mi inocencia.

    -¿Qué le hicieron?

    -Un viejo me cogió un pezón con dos dedos, y frotándolo por los dos lados, dijo: «Gri, gri, gri…»

    Beatriz se puso de lado, me miró y me preguntó:

    -¿Era el tonto del pueblo?

    -No, es que el pueblo metían una paja en los agujeros que hacían los grillos, le hacían cosquillas con ella haciendo ese ruido y el grillo salía.

    -¿Quería quitar un grillo de tu teta?

    -Quería que asomara la cabeza.

    A Beatriz le entró la risa.

    -¡Era tonto! ¿Qué hizo al ver que no la asomaba?

    -La asomó, asomó la cabecita.

    Beatriz no se creía una palabra.

    -De la cabecita estás usted muy mal, madrina. Saldría del agujero de la tierra al sentir el «gri, gri, gri.»

    -No, asomó la cabeza.

    -No la creo. Además, si eras tan decente… ¿Cómo consiguió el viejo que le dejara jugar con un pezón?

    Seguí al ataque, pero de otro modo, le dije:

    -Ya es hora de que volvamos para casa.

    -Eso es porque la he pillado. No había grillo.

    Sabía que me diría algo así. Era corderita fácil de llevar al redil.

    -Pillar nos pilló el viejo a una amiga y a mí, nos pilló besándonos.

    Beatriz era curiosa por naturaleza.

    -¿Le gustan las mujeres?

    -Desde muy joven.

    -¿Y usted era la inocente?

    -¿Quieres que te cuente lo que pasó o hablamos de lo que tú consideras inocencia?

    -Cuente, cuente lo que pasó.

    -Pues bien. Al ver que el viejo nos había pillado mi amiga salió corriendo. Yo no pude salir corriendo porque estaba cuidando nuestro rebaño de ovejas. El viejo era delgado y bajito, tenía más de setenta años y llevaba una boina negra en la cabeza. Se sentó a mi lado y me dijo:

    -«Enséñame las tetas si no quieres que me vaya de la lengua.»

    -No me quedó más remedio que abrir la blusa, abrir el sujetador y enseñarle las tetas. El viejo, sin tocarlas, chupo una, chupó la otra, y me dijo:

    -Ahora le voy a quitar la cabeza al grillo.

    -Estoy intrigadísima. Siga.

    -Mejor te lo hago para que sepas cómo ocurrió.

    Si no me reprendía ya la tenía. Le chupé una teta. Beatriz sin apartar la teta de su boca, me dijo:

    -Usted lo que quieres es excitarme, madrina.

    -Por mí lo dejamos así.

    -No, siga, siga, a ver cómo hace el grillo para asomar la cabeza.

    Le cogí el pezón de la teta derecha y lo froté por los lados con las yemas de los dedos pulgar e índice mientras le cantaba:

    -Gri, gri, gri…

    Beatriz, visiblemente nerviosa, me dijo:

    -¡Está muy loca, madrina!

    Después de ese pezón le froté el otro. Me dijo:

    -Está haciendo cosas malas conmigo

    -Solo le estoy sacando la cabeza al grillo cómo me lo sacó el viejo a mí.

    Mi mano derecha se metió dentro de la braga del bikini y frotando el capuchón del clítoris, y canté:

    -Grí, gri, gri…

    Cerró los ojos y musitó:

    -Me está haciendo cosas prohibidas.

    Seguí frotando pero ya sin cantar.

    -¿Te gusta que te las haga?

    -Sí, pero son cosas malas.

    -No, son cosas buenas.

    -Mentirosa.

    -¿Paro?

    -No. Me gusta mucho.

    El glande salió del capuchón.

    -¿Ya sacó la cabecita el grillo?

    Beatriz seguía con los ojos cerrados.

    -Sí, está fuera.

    Froté el capuchón del clítoris al mismo tiempo que frotaba el pezón derecho. Beatriz comenzó a gemir. Le di un pico. Entreabrió la boca y le metí la lengua dentro. No movió la suya hasta que mi lengua se la lamió, después la movió tímidamente para acariciar la mía y nos acabamos besando largamente. Su boca era tan fresca que mojé mis bragas. Abrí más las piernas. Le cogí la mano y se la llevé a mi coño, le separé dos dedos y se los metí dentro y cogiendo su mano hice que los metiera. Oí un dulce gemido mientras sus dedos iban entrando dentro de mi coño, luego agarrando su mano con mi mano hice que los metiera y los sacara. Después dejé de besarla, la miré. Tenía la cara colorada cómo un tomate maduro y los ojos cerrados. Le puse la lengua en los labios, Beatriz me la chupó y después me dijo:

    -¡Tengo una polución, madrina!

    Froté su mano contra mi clítoris mientras los dedos entraban y salían del coño y me corrí con ella.

    Al acabar de corrernos con una sonrisa de oreja a oreja y cabizbaja, me dijo:

    -Tuvimos unas poluciones increíbles.

    Beatriz había cogido tanta vergüenza que no levantaba la cabeza. Le puse tres dedos en el mentón, le levanté la cabeza, le di un pico, y le dije:

    -Las poluciones ocurren en sueños, lo que pasó es que nos corrimos, así se le llama, correrse. ¿Quieres que te haga correr otra vez?

    No se lo pensó ni un segundo.

    -Sí, madrina, quiero.

    Le bajé la braga del bikini. Beatriz mirando cómo metía mi cabeza entre sus piernas, cerró los ojos. Hice que flexionara las rodillas y lamí su coño, un coño rodeado por una mata de vello rubio y tan empapado que mi lengua quedó cubierta con una gran cantidad de jugos espesos… Era su fresco y agridulce néctar. Lo saboreé. ¡Qué rico estaba! Lo tragué y después lamí desde la parte superior de la vulva al clítoris. Nada, no me duró nada. Levantando la pelvis, jadeando cómo una perrita y retorciéndose, se corrió cómo una bendita.

    Al acabar estaba exultante.

    -¡Me encanta hacer cosas prohibidas! ¡¡Qué bien se pasa!!

    No quise abusar más de ella. Le dije:

    -Vamos a comer algo.

    Beatriz quería seguir.

    -Juegue un poquito más conmigo, por fa, madrina.

    -¿No prefieres venir esta noche a nuestra habitación?

    Mi ahijada no se lo podía creer.

    -¡¿Puedo?!

    -Claro que puedes.

    Eran las doce de la noche y mi marido se iba a llevar una sorpresa. Estábamos besándonos uno frente al otro y desnudos sobre la cama. Mi marido me metía dos dedos en el coño y yo le estaba meneando la polla. No la sentimos llegar. Beatriz nos separó echándose en medio de los dos. Estaba desnuda cómo su madre la trajo al mundo. La traviesa, sonrió y nos preguntó:

    -¿Molesto?

    Le respondí yo.

    -Tú nunca molestas, cariño.

    Jaime no se lo podía creer. Me había dicho que se moría por follar con su sobrina y ahora la tenía delante de él desnuda. Le dijo:

    -Pareces un ángel, Beatriz.

    Beatriz le echó la mano a la nuca, atrajo sus labios hasta los suyos y le metió la lengua en la boca, después repitió la operación conmigo. Luego nos acercó las bocas para que nos besáramos mientras ella miraba. De besarnos pasamos a comerle una teta cada uno, Jaime la derecha y yo la izquierda. Los pezones al sentir nuestras lenguas sobre ellos se pusieron duros. Beatriz nos acariciaba el cabello, después de magrear, besar, lamer, chupar y mamar sus tetas, Jaime bajó para comerle el coño y follarla. Le dije:

    -Ten mucho cuidado que aún es virgen.

    Jaime metió la cabeza entre sus piernas y le lamió el coño mojado muy dulcemente, yo la besé con ternura y con ternura me devolvió los besos sintiendo cómo la lengua de mi marido recorría su coño de abajo a arriba. Luego le metió un dedo, y la desvirgó. Debiera haber roto el himen haciendo educación física o poniendo un tampón o de otro modo, ya que no sangró. Cerró los ojos y comenzó a gemir, eso me dijo que le estaba acariciando el punto G. Yo le amasé sus duras tetas, las chupé, jugué con sus pezones y la besé mientras mi marido preparaba el terreno para la penetración. Al rato le metió dos dedos y poco después, chupando mi lengua, se corría cómo una perrita.

    Mi marido salió de entre sus piernas y le puso la polla en los labios, Beatriz, chupó, la cogió con una mano y después la llevó a mi boca. Chupamos las dos, y me dijo:

    -¿A qué sabe tu sexo, madrina?

    -¿Quieres probarlo?

    -Sí.

    Con las piernas abiertas y mis manos apoyadas en la cabecera de la cama le puse el coño en la boca. Beatriz me lo lamió, y después dijo:

    -Está rico.

    Jaime se volvió a meter entre sus piernas, la levantó por la cintura, le acercó la polla al coño y despacito le fue metiendo el glande. Beatriz no se quejó. Froté mi coño contra su lengua mientras mi marido le metía toda la polla dentro. Al llegar al fondo se quedó quieto, después la folló metiendo y sacando con lentitud, poco después aceleró el mete y saca hasta que se volvió a quedar quieto, se quedó quieto para no correrse dentro de ella, ya que el coño de Beatriz estaba apretando su polla y bañándola con una inmensa corrida.

    -¡Me corro, padrino!

    Mi marido sacó la polla y se corrió en su monte de venus, y yo, yo viendo y sintiendo cómo se corrían le llené la boca de jugos a mi ahijada con una tremenda corrida.

    Beatriz era insaciable, acabó dejando seco a su tío y a mi agotada.

    Quique.