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  • Premio seguro a quien la meta mejor

    Premio seguro a quien la meta mejor

    ¡Premio seguro!, sí, sí, tal como suena, premio seguro era como rezaba en el cartel del anuncio que deje en la facultad de psicología donde estudiaba y en otras facultades, nada de nombres, nada de fotos, ni suyas ni mías, los candidatos solo tenían que enviar un currículum a un correo electrónico con la foto de su pene bien duro, medidas, grosor, resistencia así como una pequeña reseña de una supuesta cita conmigo, que haríamos, donde iríamos, cuanto tiempo etc. después de un casting por Telegram, indispensable una máscara para ocultar nuestro rostro, un casting capitaneado por mí y por dos de mis mejores amigas en el que una vez pasado les daría las precisas instrucciones para que se acercaran a la gran final y poder ganar el premio, o sea yo.

    Lo primero me presentaré, soy Lara estudiante de psicología de 23 años y está mal que lo diga, pero estoy cañón y no es broma, desde que lo probé me encanta el sexo, no llego a ser ninfomanía, pero casi, no pasa un día sin pensar en tener una buena pene entre mis piernas, dentro de mi chochito, unos me llaman fresca, otros guarra, los hay que puta… bueno no me importa, unos practican el fútbol, otros el baloncesto, otros el atletismo y no por eso me meto con ellos ni les insulto, para mí, mi deporte favorito es el sexo.

    Hace un año con unos amigos se me ocurrió este juego, me dijeron que no me atrevería, me dijeron que estaba loca, me dijeron tantas cosas que ya es su segunda edición y la primera fue todo un éxito, el juego consiste como habréis apreciado en mandarme un currículo de vuestra pene, yo decidiré quien pasa al la prueba final, final que consiste en que seis chicos me la vayan metiendo consecutivamente hasta que se corran, obligatorio preservativo, yo estaré a cuatro patas con los ojos vendados al igual que vosotros para no ver quien es quien, lo que me interesa es… vuestra polla y su resistencia, irán metiéndomela hasta cuatro veces seguidas uno tras otro, sin perder tiempo, el que pierda tiempo y no me la meta inmediatamente sin hacerme nada será eliminado y el campeón será aquel que se corra en último lugar, aunque me permito el comodín de conceder que alguien la meta más que otros y parar el juego en cualquier momento sin que os hayáis corrido.

    El primer casting ya está en marcha, más de 80 chicos han enviado un correo y después de haberlas visualizado, excitado con ellas, tocándolas y lamiéndolas en la pantalla, 40 de vosotros habéis pasado al siguiente nivel, el casting hablado y entre vosotros hay voces conocidas, pero no sabría decirte de quien es quien (bueno alguno si), lo importante que la criba está hecha y seis de vosotros pasaréis a la semifinal por decirlo de alguna manera, uno de vosotros se convertirá en mi segundo semental.

    Les he citado a todos en una habitación de hotel a la misma hora, irán entrando de uno en uno con la cara ya tapada, ellos no podrán ver mi cara ni yo la suya y para ayudarme están dos de mis mejores amigas, estas con máscara para no ser reconocidas cuando lleguéis, ellas también podrán ser jurados y opinar en caso de empate, además ya las he dicho que si quieren participar pueden quedarse con los que no pasen la prueba y eso dependerá de ellas y de ellos.

    Son las cinco de la tarde y empiezan a llegar, yo estoy preparada encima de la cama con una venda roja en los ojos, ya me colocan a cuatro patas después de que previamente nos hayamos excitado, se las he cogido, meneado y chupado, ahora es el momento de que pase el primero para enseñarme de lo que es capaz con el instrumento que tiene entre las piernas, siento unas manos sudorosas en mis caderas, siento como me la mete con rapidez una, dos, tres y cuatro penetraciones y el siguiente, no ha sido ni mucho menos el mejor pene que me ha follado, pero habrá que esperar, la siguiente ha elevado el listón y la siguiente aún más, un pene duro y largo me ha arrancado mis primeros gemidos, es posible que tenga a mi campeón, pero la cuarta polla fue aún mejor.

    El cuarto pene no se ha metido directamente, sino que se dedicó primero a jugar con mis labios y golpear mi clítoris con su pene, no hay nada escrito que no se le permita hacerlo, lo puede hacer mientras que no se pare y me la meta cuatro veces y allí va, se va metiendo en mi vagina muy despacio, sintiendo su glande entrar seguido de un tronco enorme llamado deseo, deseo a que la saque y la vuelva a meter, pero esta vez más rápido, la tercera y cuarta vez más rápido y profundamente, ha sido el único pene que en cada penetración me arrancaba un gemido, pero de momento es pronto para saber quien ganara.

    La quinta y sexta polla no estuvieron a la altura sobre todo la sexta que enseguida que la saco se corrió y quedo eliminado, sin parar un momento sentía nuevamente el primer pene, yo ya no paraba de gemir a pesar de haber notables diferencias entre ellos, estaba tan excitada que cualquiera me hacía gozar, pero poco a poco se fueron eliminando, primero como ya sabéis la sexta, luego la primera, luego la quinta y para mi disgusto una de mis preferidas, la tercera, ya solo quedaban la segunda y la cuarta, mi preferida, pero a las dos se lo iba a poner más difícil aun, estaba tan excitada que percibía mi vagina tremendamente mojada y sus penes penetraban con tanta facilidad que sabía que les estaba sobreexcitando sobre todo cuando mis músculos las apretaba dentro de mi vagina.

    Los dos penes tenían mi aprobación, pero estaba segura de tener a la campeón en la cuarta polla y lo que me termino de decidir fue que al volver a metérmela, empecé a tener un orgasmo con ella dentro y cuando en la cuarta penetración la fue a sacar mis manos agarraron las suyas que las tenía en mis caderas para que no se marchara diciéndole que siguiera bombeando su pene en mi vagina y este empezó a metérmela más y más rápido, penetrándome tan dentro con tanta fuerza que empecé a gritar como una loca mordiendo la almohada y gimiendo de placer con ella, el pene me penetraba y se instalaba muy dentro de mí, con fuerza me pegaba pequeños empujones sin sacarla apenas haciéndome gritar aún más de placer, aun así no se corrió, pero yo ya lo tenía claro, ya había campeón a pesar de que la otra polla resistía.

    Empecé a oír otros gemidos, otros choques de carne de sexo en la habitación, no eran dos sino cuatro los cuerpos que sentía follar a mi alrededor, el pene número tres y el quinto se habían quedado a pesar de haber perdido y se follaban a mis acompañantes como premio de consolación, ellas podían ver sus cuerpos follar, no así la cara de ninguno, pero era algo más de lo que yo podía ver, ya que llevaba puesta la venda roja en mis ojos y para mi sorpresa el pene número dos de rodillas en la cama me dio la vuelta y abriéndome las piernas elevándomelas hasta sus hombros me empezó a follar nuevamente, metiéndomela hasta el fondo.

    Cuando se iba a retirar le pedí que siguiera, yo tenía a mi campeón así que ahora era hora de disfrutar y le permití seguir, le permití a que una y otra vez su pene me follara, a que se metiera en el interior totalmente húmedo y mojado de mi vagina, a mi lado sentía el pelo de mi amiga Sofía, la sentía gemir a la altura de mi cabeza, sentía su aliento en mi cara, quise buscarla, pero no podía, el placer que estaba recibiendo me paralizaba el cuerpo, hasta que sentí como el pene número dos con tres grandes empujones y gritando de placer se corría por fin en el preservativo sacándolo de mi vagina.

    Fue el momento de buscar los labios de Sofía, el momento de saborear su boca cuando una polla, la de mi campeón cogiéndome las piernas con sus manos y abriéndomelas me volvía a penetrar, sé sabia, ganador así que no reservo nada, cada penetración era un grito de placer, suyo y mío, cada vez que él gemía y gritaba su voz me resultaba familiar, pero no conseguía saber ni por qué, ni quien seria, mientras Sofía y yo seguíamos besándonos hasta que un nuevo pene se puso entre medias de nosotras y las dos empezamos a lamerlo, primero ella, luego yo o las dos a la vez, subíamos y bajábamos por el tronco fálico, lamiendo su glande con nuestras lenguas a la vez que se entrelazaban.

    Nuestros cuerpos continuamente golpeados, empujados hacían que nuestras cabezas chocasen, que nuestros pechos bailasen en nuestro cuerpo y al otro lado de la habitación nos llamó la atención los gritos de placer de Marta y los gruñidos de sus amante, Marta más que gritos chillaba a su amante para que no parara, para que siguiera metiéndosela hasta que los dos estallaron y se fueron calmando.

    Eso mismo nos pasó a Sofía y a mí, las dos estábamos recibiendo una buena ración de sexo y nuestros gritos empezaron a ser más altos de lo que solían ser en dos chillonas como nosotras, con un pene en nuestros labios, turnándonos en tenerla dentro de nuestra boca y con nuestras manos cogidas por la otra entrelazando los dedos, apretándonos cuando recibíamos una y otra vez los empujones y penetraciones de nuestros amantes, metiéndonos sus respectivas pollas en nuestros coños, nuestros cuerpos empezaron temblar y a sentir las dos un tremendo orgasmo a la vez que nuestros amantes, e incluso sintiendo el semen del tercer pene en discordia entre nuestros labios y salpicando nuestra cara.

    La prueba final había terminado y yo tenía a mi campeón que aparte de correrse el último también me regalo dos orgasmos tremendos, no quiero decir que las demás no participaran solo que el tubo la fortuna de tener su pene dentro de mi vagina en esos momentos y después de las no presentaciones y de los polvos adicionales, mis compañeras y amigas nos despedimos quedándonos las tres con el campeón dándole la oportunidad de follar con las tres, evidentemente acepto.

    Fueron dos horas de sexo inolvidable, Sofía y Marta acariciado mi cuerpo besándonos sin parar mientras que él nos penetraba a las tres una y otra vez hasta agotar los preservativos, era un verdadero semental y sabía que lo conocía de algo, su voz aunque impostada la reconocía y no sabía de qué, al marcharse no sin antes quedar para el premio final, fue el tema de conversación aunque al final, de lo que hablamos fue de lo bien que follaba, de cómo nos la metía una y otra vez sabiendo que ritmo tenía que llevar en cada momento, las tres nos deshicimos en halagos ante tal semental y las dos me envidiaban por la cita y los polvos que estaban por llegar.

    Y si vosotros estáis excitados y con vuestro miembro tan duro como espero, imaginaros yo, mojando las bragas y escribiendo este relato mientras pienso en el final del mismo, un final que descubriremos en dos o tres días, ahora tengo una cosa que hacer… mmm pillin has acertado.

    Besos

  • Mi novia y el de la farmacia

    Mi novia y el de la farmacia

    Mi nombre es Max y el de mi novia, Rosario ambos tenemos 35 años de edad y tenemos unos 8 años de ser novios y vivimos juntos, pero no revueltos como dicen.

    Rosario es una mujer de estatura promedio, de piernas y trasero muy bien pronunciado y de tetas medianas, lo que les contaré sucedió hace unas dos semanas, en nuestra ciudad en San Salvador.

    Nosotros tenemos una relación muy abierta y nos cuidamos para no traer hijos al mundo por el momento, Rosario se inyecta con su ginecóloga cada mes para no quedar embarazada, pero hace dos semanas la doctora tuvo un quebranto de salud y no le pudo poner el anticonceptivo, ese día nosotros teníamos pensado quedarnos juntos y tener sexo como siempre, pero no sabíamos que hacer hasta que decidimos ir a una farmacia de nuestro municipio y comprar ahí la inyección y pedir que se la pusieran.

    Luego de visitar algunas farmacias al fin encontramos una dónde había lo que buscábamos y Rosario se bajó del vehículo a preguntar yo ya estaba cansado de tanto buscar, ella se bajó y entro a la farmacia la cual sólo tenía un cliente y en un minuto ella regresó y me dijo amor al fin aquí la tienen y me la van a poner a lo que yo le dije, estoy cansado y aquí te espero en el carro, la vi por unos minutos por el vidrio de la farmacia que era transparente hasta que observé que el chico dependiente uno de los dos que atendía y vi cuando la llamó para inyectarla, ella lo siguió hasta un cuarto donde cerró la puerta.

    Mientras eso paso puse algo de música y tomé mi celular para revisar mis redes sociales por un momento perdí la moción del tiempo hasta que me di cuenta que habían pasado como 10 minutos y me pareció raro hasta que vi salir a Rosario de la farmacia y luego me dijo ya estuvo vámonos, de ahí nos dirigimos directo al Motel dónde normalmente nos quedamos y al llegar nos bajamos rápido del carro y pedí un par de cervezas como servicio al cuarto. Cuando Rosario me dijo “voy al baño” y yo jugueteando la seguí y la abracé y metí mis manos en su tanga y la sentí muy mojadita y le dije “y esto amor” y ella me contestó son las ganas que te tengo de estar contigo y entró al baño.

    Luego salió desnuda y comenzamos a acariciarnos y a besarnos de manera desenfrenada y cuando la penetre y se puso súper excitada me dijo “no pares que te quiero contar algo” y yo seguí con mucha intensidad y le pregunté “que me quieres contar amor” y ella sonrió y me dijo “sabes que hace un rato que me pusieron la inyección el joven que me la puso primero me dijo acuéstese en el canapé y bájese un poco su tanga y dígame en qué lado quiere que le ponga la inyección y yo le respondí al lado derecho y el respondió está bien, luego se quedó platicando mientras preparaba la inyección y me preguntó tú no habías venido antes verdad y yo le respondí no está inyección siempre me la pone mi doctora, pero ella está vez no puede por eso estoy aquí, el joven sonrió y dijo estás en buenas manos y cuando me dijo que relajara el cuerpo para no sentir mucho dolor sentí que bajo de un solo mi tanga hasta las rodillas y me dijo hago esto para tener más espacio a lo que dije no hay problema”.

    Cuando Rosario me contaba eso a mí se me ponía más dura y le daba más fuerte y ella estaba bien caliente luego le dije “sigue contando”, ella me dijo que el chico le puso el algodón con alcohol y luego inserto la aguja y ella se quejó con un pico de dolor pero él le dijo voy a masajear para que le pase y ella sólo respiraba profundo cuando de repente sintió los dedos del joven a un lado de su vagina y ella sólo intento darse vuelta y el metió sus dedos, ella me dijo que por unos segundos se sintió confundida pero comenzó a mojar mucho y él le hizo abrir las piernas y la masturbo durante un par de minutos y luego paro bruscamente y le dijo ahora sí vas lista ya con inyección y preparada para todo, él se lavó las manos con alcohol gel y le subió su tanga y le dijo eso es todo y salió del cuarto ella un pico desconcertada salió rápido y se subió al carro, eso me hizo tener sentimientos encontrados y terminé cogiéndola muy rico.

    Está historia es real y nunca pensé que le sucedería a Rosario algo así.

  • Los minutos de la imaginación (Crónica de una cornamenta)

    Los minutos de la imaginación (Crónica de una cornamenta)

    Esta es una historia totalmente real, lo único que ha cambiado son los nombres de quienes aquí participan para proteger su identidad.

    La primera que vez vi en persona a la que hoy es mi esposa quedé sorprendido con su belleza, sus ojos verde esmeralda son de la profundidad del mar, su piel blanca como arena y larga cabellera de un castaño clarísimo le otorgan un aspecto de mujer eslava, aunque en realidad ella es de una isla del caribe. Al poco tiempo de salir nos enamoramos y decidimos vivir juntos.

    ¿Qué puedo decir? Besa de una forma increíble y además al poco tiempo ella encontró una forma de hacerme el amor como nunca nadie lo había hecho. Ella tiene 39 y yo 48. Mide uno sesenta y dos, es delgada de senos pequeños, unos glúteos redondos, firmes y pequeños también, pesa 53 kilogramos. Yo, en cambio, mido uno setenta peso 94 kilos, no soy mal parecido, pero no tengo un físico espectacular, soy más bien un esposo chuby. Ella tiene un hijo, a pesar de eso conserva un físico envidiable para una mujer de su edad.

    En fin, cuando mis amigos la conocieron se quedaron maravillados con su belleza. Desde entonces he sido la envidia de propios y extraños. Cuando la ven en la calle todo mundo voltea a ver su bellísimo rostro, y su torneado cuerpo delgado. Saberla mirada me prende de cierta forma que no puedo evitar pensar como ella pudo haberse entregado a otros hombres o como lo podría hacer. Tengo esa filia, desde hace algunos años con un par de parejas anteriores tuve muchísimo el deseo de ver a mi pareja en turno siendo poseída por otro hombre. Lo propuse, aunque nunca se concretó nada, por una razón u otra, se negaron o simplemente no les apetecía.

    Aquí me llamaré Diego, ella será Eugenia. La primera vez que le platiqué acerca de mis oscuros deseos, de mi filia, de mi voyerismo y de las ganas infinitas que tenía de ser humillado, de verla frente a mí teniendo sexo con otro hombre, se sorprendió un poco, pero me dijo algo que me pareció increíble:

    ─Siempre he tenido algunos deseos ocultos y no puedo negar que me llama la atención ser yo quien domine y haga lo que quiera en términos sexuales. Eso que dices, suena bien.

    Quedé impactado porqué pensé, por primera creo que tendré la posibilidad real de realizar mi fantasía, y sobre todo algo mucho muy importante: con alguien que amo.

    A aquellos que nos gusta ser cornudos, o les atrae la idea de ser cornudos saben perfectamente que una parte muy importante para sentir esto es amar profundamente a la mujer con quien se podría realizar esta fantasía. Es casi un requisito indispensable para poder sentir la humillación de ver a tu mujer siendo poseída por otro hombre. Pero eso no es todo, si es alguien con quien ella salió, amó o tuvo algo que ver antes de ti, eso aumenta el morbo, la pasión y el deseo.

    Mientras los meses de nuestra vida en pareja transcurrían, platicábamos de experiencias pasadas, de parejas, de fantasías. Mientras hacíamos el amor, ella me hablaba las cosas más cerdas que se puedan imaginar para un cornudo. Poco a poco me fui dando cuenta que disfrutaba humillándome con palabras, me decía cosas como estas: ¿Quieres que otro me coja? o, tengo muchas ganas de sentir la verga de Pedro Jaime (un amante que tuvo cuando su primer matrimonio), vas a ser mi cornudo, te voy a hacer comer el semen de mi amante, putito, cornudito, quiero que una verga enorme me preñe, no siento tu verguita, y cosas así. Todo esto me ponía muy caliente, y entonces tenía unos orgasmos increíbles, me venía adentro de ella y luego al terminar le hacía sexo oral y me comía mi propio semen.

    Después de algún tiempo decidimos pasar de la fantasía a la acción, hicimos un perfil de Twitter, y comenzaron a llegar un montón de solicitudes de amistad. No tuvimos éxito, nadie convencía a mi mujer. Fue entonces que ella me dijo: ¿qué piensas si mejor le digo a Pedro Jaime? Sabes que sigo en contacto con él, somos amigos y nunca le he dejado de gustar, ni el a mí. Además, nos conectamos muy bien en la cama. No puedo negar que sentí unos celos tremendos, pero al mismo tiempo fui presa de una excitación que no puedo hoy en día todavía describir. Yo sabía que algo profundo hubo entre ellos y temía que ella volviera a sentir algo por él. Después de un tiempo de hablarlo y de que Eugenia estuviera en contacto con él, un día ella me dijo, Pedro Jaime va a venir de pasada a la ciudad, estará una noche y quiere ver si nos podemos ver. Y luego vino la pregunta ¿estás dispuesto a que lo vea? Esta es la hora de la verdad. Tímidamente dije: sí, está bien. Comenzamos a organizar las cosas. Faltaba una semana, así que teníamos tiempo. Me pidió que cuidara al niño y de este modo me organicé para tener poco trabajo ese día.

    Aquella semana fue eterna, el día por fin llegó y para mi sorpresa Eugenia me pidió que la llevara al hotel donde quedaron de verse. Era muy cerca del aeropuerto, cuando llegamos me sentía inquieto. Al llegar, él estaba afuera del hotel, aún no se había registrado, antes de bajar, Eugenia me dijo: hasta pronto cornudito, se cuidan. Adelanté un poco el auto y me detuve, por el retrovisor pude ver como se besaban apasionadamente. Se me enchinó la piel y mi corazón estaba a mil. Era real, me estaba convirtiendo en un verdadero cornudo.

    Sería un día eterno, apenas eran las once de la mañana y me había dicho que me llamaba como a las seis o siete para que pasara por ella. Mientras, en algunos momentos, en algunos minutos, mi imaginación volaba. Sin embargo, jamás se imaginó lo que vería y viviría cuando por fin después de todo el día ella regresara a casa.

    Durante el día nos mandamos algunos mensajes de whatsapp:

    ─Hola mi pachonchito, ¿cómo estás cornudito?

    ─bien mi reina, extrañándote

    ─¡Ay! Corazón, nos faltan unas horas, estamos terminando de actualizarnos. Además me falta hacer muchas de las cosas que me pediste en la cama.

    ─¿En serio? Ya necesito verte, necesito besarte.

    ─Y lo harás cornudo, pero por ahora déjame seguir.

    ─Está bien amor.

    Y luego le mande un gif con una cabeza de vaca y unos cuernos enormes diciendo muuu. Ella rio.

    Dieron las siete de la noche, pasé por ella al hotel, estábamos en el centro de la ciudad, me esperaba afuera del hotel con Pedro Jaime, me paré frente a ellos. Ella se volteó a verlo y le dio un largo beso. Luego, él, como todo un macho se acercó a la ventana y me dijo:

    ─La dejé bien repleta de semen cornudo, espero que lo disfrutes.

    Me guiñó un ojo y se fue, no sin antes darle otro beso a mi querida Eugenia.

    Cuando llegamos a casa, se fue la nana y el niño se quedó viendo televisión. Yo no aguanté y le comencé a preguntar qué había pasado.

    Lo primero que me dijo fue ─traigo todo el vientre lleno de semen seco de él, mi culo está repleto también y mi boca estoy segura que sabe a su pene.

    No pude más, me abalancé sobre ella y la comencé a desnudar, le quité la blusa y besé su vientre como un desesperado, la lamí. Recorrí su vagina y su ano de una forma tan sumisa como un perro le es a su amo. Sabía a él, tenía perfume de él; cuando la besé, noté un cierto sabor extraño que no pude distinguir bien. Sabía cómo a piel, o a macho, no sé. Terminé rapidísimo, Eugenia me miró con ojos tiernos y me dijo: ─acabas de entregar a tu mujer al que alguna vez fue su amante, eso me da gusto, me siento bien, te quiero más, siento que puedo ser yo, y tengo el deseo de relucir toda mi sexualidad y mi pasión con Pedro Jaime, te amo Diego.

    Luego, vendría lo que sería la coronación de mi condición de cornudo sumiso.

    ─Prepárate por que te tengo una sorpresa cornudito.

    ─¿Qué? ─contesté desesperado.

    ─Grabamos todo, así que no será necesario que te lo cuente con lujo de detalle, podrás ver y oír cada cosa y cada palabra de lo que sucedió.

    Me quedé viéndola con una mirada de quien es humillado de la forma más cruel, casi se me salen las lágrimas, entonces ella solo dijo:

    ─Ve a tu computadora, ponte los audífonos y prepárate para ver, disfrutar, sentirte humillado y gozar al ver cómo me cogió Pedro Jaime, ahí está todo el video en tu correo. Voy a ver televisión un rato, y a cenar un poco, cuando termines me hablas.

    A continuación, voy a narrar cada detalle de las tres veces que él descargó su furia y su semen en ella, y algunas partes de la plática que tuvieron entre cada sesión.

    Al entrar a la habitación Eugenia ya tenía lista la cámara, busco un lugar estratégico y la colocó. Apenas lo hizo, se fundieron en un tremendo beso, podía ver claramente cómo se enredaba su lengua y su boca en la de él. No habían pasado más de tres minutos y Pedro ya le había arrancado la blusa y quitado el sostén, ella le bajo el pantalón y se hincó frente a su pene, él la cogió de la cara y le dijo ─no, primero me vas a lamer el culo, quiero que tu esposo sienta mi olor cuando te bese─. Ella, obediente, sin decir palabras se lo comenzó a lamer, poseída, metía su lengua hasta donde más podía, él solo le gritaba ─¡Así! ¡Lámelo hasta el fondo, que tú cornudo sepa quién manda!─ fueron casi cinco minutos en los que ella le lamió, subía desde donde terminaba su espalda hasta meter su lengua en el orificio anal. Yo estaba boquiabierto y con mi pequeña pinga a punto de estallar, y eso que apenas comenzaba el video.

    Luego se volteó y le ordenó ahora que se metiera su verga en la boca, ella contesto de una forma tan sumisa ─sí amor, lo que tú digas─, se metió la tranca de Pedro hasta el fondo, él apretaba su cabeza desde atrás hasta introducir su verga hasta el fondo de su garganta, a mi querida Eugenia se le ponían los ojos llorosos pero no paraba y entonces vino la primera vez: se sacó violentamente su pene de la boca de Euge, y le aventó un primer chorro que salpicó su boca y su nariz, luego se apretó con fuerza su pene y otro chorro más prolongado y espeso cayó sobre su cabello, su frente y su ojo derecho. Por si esto no fuera suficiente, una vez más se volvió a apretar el pene y le dejo ir un tercer chorro sobre sus senos, yo no lo podía creer, era tanto semen. Luego, Eugenia se lo comenzó a embarrar todo en su cara, en sus senos y dejo que una parte escurriera hasta su vagina. Después de un intenso gemido, Pedro le dijo, mete con tu mano el semen ahí dentro, mételo hasta el fondo, que sepa Dieguito, quién es el jefe y que te encanta mi semen. Ella dijo: ─si amor, volteo a la cámara y dijo ¿quieres esto cornudito?─. Así, frente a la computadora yo solo dije: ─Sí amor.

    Después, ella volteó a la cámara y dijo, ─te amo Pedro Jaime, te amo y quiero que seas mi amante siempre─. Escucha bien esto Diego─. Luego él dijo: ─mira cornudo, mira bien el modo que esta tarde seguiré cogiendo a tu mujercita, que es mía.

    Y puso la cámara en pausa.

    Al reanudar, ya se estaban besando de nuevo, él encima de ella, la toma lateral me dejaba ver como se miraban, como se besaban con ternura y pasión, a los minutos él abre sus piernas sobre ella, y así, hincado se empieza a restregar su verga por en medio de sus senos, una y otra vez, mientras ella le dice si bebé, si mi macho. Después él se baja y ahora sí, cuando estaba a punto de metérsela, ella le pide que se ponga un condón, él se niega y le dice: ─¡No!, me vas a tener así dentro de ti, con mi verga desnuda ─y luego le exige─: di que me amas, dilo y abrázame─. Veo como lo abraza con tanta fuerza, como le dice te amo Pedro Jaime, te necesito, te quiero cerca de mí, aunque también lo amo a él, pero me gusta mucho más tu cuerpo y tu verga y tu forma de ser hombre.

    Después él le introduce su pene de golpe y comienza el vaivén de arriba hacia abajo, primero lentamente, luego la intensidad comienza a subir, Euge grita: ¡Así, así, no te detengas, te amo, cógeme, dame duro, dame más duro!. Mientras el video corría, sentía una mezcla de celos, excitación, y una humillación tremenda, quería llorar, pero mientras eso sentía, mientras una lágrima resbalaba sobre mi mejilla, con mi mano derecha estiraba mi pene, y comenzaba a sentir como chorreaba el semen sobre mi pantalón.

    La culminación vino cuando de repente el grita: ─¡Me vengo, me vengo Eugenia─, y la penetra tan duro que ella grita y al mismo tiempo que él dice ─¡dámelo todo, todo hasta dentro, préñame por favor─. Pedro dice después: ─Van a tener un hijo mío Eugenia, déjaselo bien claro al cornudito─. Él va por la cámara y la acerca a su vagina, y así, de cerca, puedo apreciar como todo su semen brota desde dentro y escurre por entre sus piernas. Era una cantidad descomunal de líquido, casi irreal. Mi llanto y mi calentura eran un solo sentimiento, un ardor y una excitación tremenda, una humillación única.

    Cada minuto del video se me hacía eterno y tan corto a la vez, había momentos en los que paraba y regresaba un poco, de esta manera hacía mas prolongada y profunda la tremenda humillación de la que estaba siendo objeto, sin embargo, lo más difícil de entender, incluso para mí, era que yo mismo había empujado a Eugenia hacer todo esto, por supuesto, a ella le gustó, le gusta y estaba disfrutando de cada momento. Antes de contarles la última parte de lo que ocurrió aquella tarde en ese hotel cerca del Aeropuerto Internacional Mariano Escobedo, les platico que al día de hoy, Eugenia me domina y me humilla de una forma que logra excitarme tanto que si quiero me puedo venir en tres o cuatro minutos, lo curioso es que ella lo goza y también tiene unos orgasmos increíbles sobre todo cuando le hago sexo oral. Y yo, yo escucho cada cosa que me dice con mucha atención. Vayamos por fin al término de esa increíble tarde.

    El video se reanuda con Eugenia puesta en cuatro, de frente hacia la cámara, y Pedro, tras ella, la toma del cabello, ella dice: ─¿Qué vas a hacer? ¿Quieres lubricarme? La toma era un poco en diagonal, así que se podía ver como el subía sus chamorros sobre los de ella, en una especie de sometimiento, jalaba su cabello y la comenzó a penetrar vaginalmente, después ella le pide algo que yo le había pedido que hiciera en nuestras noches previas le dice: ─Quiero que me la metas en mi culito, quiero que te vengas en mi culito, te lo voy a dar, por fin lo vas a tener─ mi mujercita estaba haciendo aquello que le había pedido, quería escucharla pedir que le penetrara el ano. Él le contestó: ─Si, ahí te va.

    Cambian de posición ahora están de lado, él comienza poco a poco a tratar de hacerse camino, ella se queja, gime, le dice que espere que le duele, el sigue intentando, ella casi llora, pero le pide que continué y de repente ya la tiene hasta el fondo y le dice: ¡eso, así cabrón! Mírame amorcito, mírame tocando tu pequeña verguita, ¡Dame, Pedro, dame mi amor! Quiero tu verga, quiero tu semen en mi culito, ¿me lo vas a dar? Lo quiero todo hasta dentro, ¡Míralo Dieguito, míralo!, ¿te gusta amor? ¿Cómo se siente?─ Apretadito─ contesta el─ vente ¿sí? ¿Te vas a venir en mi culito? Él dice: ─sí, ahí va, ahí va ¡ahí va todo princesa, todo para ti! Ella le dice: ¿te viniste? ¿Ya te viniste? ─si, ya. Él se separa, va por la cámara y hace una toma de Eugenia con el culito parado, escurriéndole el semen, resbalando hacia su vagina, ese semen que un par de horas más tarde yo estaría limpiando de su culo, su vagina y su boca.

    Una hora después de que terminara de ver el video, estaba con mi amada Eugenia en la cama de nuevo, lamiéndola, besando su boca con sabor a culo de Pedro Jaime, besando su vientre, sus pechos, toda ella, comiendo el semen de su macho y al mismo tiempo disfrutando de todo aquello de lo que la convencí hacer, de lo que le pedí que hiciera por mi e hizo al pie de la letra, y además logró que su amante hiciera aquello que ella le pidió.

    Han pasado tres meses desde aquella primera vez, ahora tiene una pequeña pancita que crece y crece con la mezcla del semen de Pedro y su óvulo, está preñada, yo soy un cornudo humillado, caliente y de rabo corto que disfruta como este macho la sodomiza y como mezclamos nuestro semen y nuestra saliva.

  • El aprendiz (Parte 4)

    El aprendiz (Parte 4)

    Un escalofrío pasó por mi cuerpo al escuchar sus palabras.

    ¿Cómo reaccionará mi madre al saber que las demás mujeres estaban solo en bragas, con las tetas aire y con el aspecto de zorras, oliendo a vodka y con el coño mojado?

    Desvié mi mirada hacia Jorge, que de seguro también escuchó las palabras de mi madre. Pero tenía el rostro despreocupado, ni siquiera se inmutó. Las demás mujeres estaban como idas, bailando, más bien restregando sus traseros entre ellas, al son del ritmo del perreo. Solo mi tía reaccionó, y giró la cabeza hacia la dirección de mi madre, para luego soltar una sonrisa.

    —Por fin despiertas, bebiste demasiado y te perdiste la diversión —dijo mi tía mientras se acercaba a mi madre, a la vez que no paraba de sonreír.

    Observé que mi madre seguía con la borrachera, tenía los ojos entreabiertos, ni siquiera se percataba de que sus amigas, incluida mi tía estaban casi desnudas. Solté un suspiro de alivio.

    —Vamos Verónica únete a la fiesta — sugirió mi tía, a la vez que hacía esfuerzos para levantarla del sofá en la que se encontraba recostada.

    Mientras esto sucedía, me di cuenta de que Jorge y Lucía no estaban en la sala. Quería preguntar a Silvia, dónde se habían metido, pero no obtuve respuesta, estaba muy ebria, entre las pocas palabras que llegué a entenderla, solo me decía que tenía problemas con su marido, que cometió un error al meterse con él, que no hizo caso a las advertencias de su madre. La verdad ni la estaba escuchando, mi vista se desviaba hacia sus tremendas tetas y voluptuoso trasero. Estuve a punto de acariciar sus senos y jalar sus pezones, pero me detuve al percatarme que mi tía fijó su mirada hacia donde nos encontrábamos, así que fingí que la sostenía y la llevé con ellas.

    Fui a buscar a Jorge por la casa, hasta que llegué a escuchar algunos ruidos cerca al baño del segundo piso. Me acerqué rápidamente y quedé atónito con lo que presencié.

    La amiga de mi tía sentada en el inodoro haciéndole una felación a Jorge.

    —¡Eso Lucía!, te castigaré por ponerte remilgona —decía Jorge a la vez que introducía su pene en la boca de la amiga de mi tía, que por cierto tenía novio.

    —¡Oh!… ¡Mmm! —respondía Lucía sin poder hablar, por obvias razones.

    Este maldito viejo, no pierde el tiempo y encima tiene una verga más grande y gruesa que la mía, pensé al observar cómo Lucía tenía dificultades al intentar tragarse el pene del anciano.

    Jorge como leyendo mis pensamientos se percató de que lo observaba y sonrió, mientras cogía del cabello a Lucía, para iniciar una especie de follada a la boca de la amiga de mi tía.

    Lucía chupaba la verga del viejo a la vez que llevaba una mano a su vagina para masturbarse.

    —¡No te dije que te toques!, ¡Putita, esto tendrá consecuencias! —ordenó Jorge, a la vez que introducía su miembro hasta la garganta de Lucía, causándole arcadas.

    Me quedé absorto, al ver como Lucía dejó de tocarse siguiendo las órdenes de Jorge.

    ¡El viejo la tenía completamente dominada!

    Y lo peor, ella hacía gestos de felicidad y agradecimiento hacia Jorge. Se le veía contenta, mientras chupaba casi con ansiedad el pene de Jorge.

    Recordé cómo antes, se hacía la remolona conmigo al esquivarme y rechazarme cuando pretendía bailar más pegado a ella, como aduciendo que solo bailaba así con su novio. Y ahora ¿Acaso se olvidó de él? ¡Vaya cuernos que llevaría el pobre hombre!

    Estaba absorto en la puerta del baño viendo aquella excitante escena, casi como si estaría viendo una película porno en vivo. Es más, era la primera vez que veía una felación de este tipo. Me sacó de mi aturdimiento la voz de mi tía.

    —¿Carlos?,¿Dónde estás? —me llamaba, a la vez que subía las gradas que conducían al segundo piso, aproximándose a mi ubicación. Reaccioné rápido, y le respondí diciéndole que ya iba.

    —¿Dónde te metiste?, tu madre pregunta por ti.

    —Fui al baño —le respondí, alzando la voz. Con la esperanza de que me oyera Jorge y no le descubriesen en aquella tórrida escena. Pensaba cobrarme más adelante ese favor.

    Enseguida apareció Jorge con la amiga de mi tía, ambos agarrados por la cintura, él se excusó con mi tía, diciéndole que ayudó a Lucía llevándola al baño porque tenía náuseas y no quería que ensuciara el piso con el vómito. Mi tía le calificó como todo un caballero que siempre está dispuesto a ayudar a las mujeres.

    Nos dirigimos hacia la sala, mientras me percaté que en el camino, el viejo no dejaba de magrear las nalgas de Lucía, a lo cual ella respondía con una sonrisa de aprobación.

    En la sala se encontraba mi madre, abrazada a Silvia que estaba llorando. Al parecer la estaba consolando, mientras Silvia le contaba los problemas que tenía con su marido. Mi madre al percatarse que llegué a la sala me dijo.

    —¿Tu amigo te contó que clase de persona es su padre? —me preguntó con un tono de indignación.

    Le iba a responder que David, que así se llamaba el hijo de Silvia, era un presuntuoso. Obviamente no éramos tan amigos porque era demasiado egoísta y arrogante. Además me estuvo molestando desde el día que le vi el trasero a su madre, y eso que lo hice disimuladamente y por un corto tiempo. Aquel día su madre se puso unos leggins ajustados, realzando su gran culo ¡Ni siquiera un homosexual dejaría pasar por alto ese monumento! ¡Qué tipo tan celoso!

    —Solo me habló de lo buena que es su madre. Una opinión que también comparto. Silvia es una mujer correcta, que siempre se dedicó a su familia. Y respecto al papá de David, creo que no sabe lo que se pierde teniendo una esposa tan hermosa e inteligente —le contesté, ocultando mis verdaderos pensamientos.

    Silvia al escuchar esto soltó a mi madre y me dio un beso en la mejilla y un fuerte abrazo. Me excité al sentir sus tetas presionado mi pecho y no desaproveché el momento cuando le respondí también abrazándola y atrayéndola hacia mí, pegando aún más su cuerpo al mío, casi restregándola. Sentir su espalda desnuda y sus pezones hizo que mi pene se endurezca aún más.

    —¿Por cierto dónde te metiste? —Me hizo otra pregunta mi madre. Con la voz de mujer borracha.

    Al parecer siguió tomando con Silvia mientras me fui. Estaba a punto de responder su duda, pero mi tía me cortó y se encargó de explicarle que Jorge y yo ayudamos a Lucía.

    —Todo un verdadero hombre y muy caballeroso—estimó mi madre.

    —Si. Además de tener un buen carácter y una gran inteligencia —siguió alagando a Jorge mi tía.

    —Cierto. Pero no es lo único que lo tiene grande —recalcó Lucía. Mientras las demás mujeres empezaron a reírse.

    —Déjame verlo de nuevo. La tienes más grande que el atorrante de mi novio —continuó Lucía.

    ¡Se acordó de su novio! ¿Pero por qué con ese calificativo? Es que acaso todas hoy se acuerdan de los defectos de sus parejas. Y enserio le pide eso a Jorge. No sabe acaso que aquí hay mujeres casadas. Me cuestioné pensando en especial en mi madre y en mi tía.

    —Sí, muéstranos. Seguro que la tienes más larga que la de Eduardo —apoyó mi tía.

    Esto me contrarió. ¿Qué culpa tiene mi tío de tenerla más pequeña? Seguro que es promedio. Lo anormal es la de Jorge. Acaso su curiosidad está por encima de sus votos matrimoniales. Estuve a punto de replicar pero el viejo me cortó.

    —Sus deseos son órdenes —respondió el viejo, a la vez que se bajaba el pantalón y exponía su verga que aún no estaba erecta.

    —Si la quieren ver en todo su esplendor necesitaré de su ayuda —continuó Jorge con voz imperativa.

    Mientras decía esto, Lucía que estaba a su lado, escupió en su mano y empezó a masturbarlo. El pene de Jorge empezó a crecer y ganar dureza, mientras veía el rostro de asombro de las demás mujeres.

    Me sorprendió que mi madre y mi tía no dijeran nada al ver a Lucía en plena faena.

    —¡Wao! Sí que la tiene grande, más que la de Eduardo —exclamó mi tía, mientras no apartaba la vista del miembro de Jorge.

    —Te lo dije. Por mi parte el cretino de mi novio ni se le compara en todos los aspectos. —agregó Lucía mientras seguía pajeando al viejo.

    —Jaja… jaja. Chicas, recuerden que el tamaño no importa, pero sí como lo utilizas. —Intervino Jorge con un aire de profesionalidad. Después de todo más sabe el diablo por viejo que por diablo.

    —Pues mi marido… el inútil de mi marido, con el pene que tiene no me da placer —agregó Silvia, que aún estaba abrazada conmigo pero en sus ojos vi rastros de lujuria mientras observaba el miembro de Jorge.

    —Me pasa lo mismo con Eduardo, tengo que tocarme después porque de lo contrario no llego al orgasmo —intervino mi tía

    —Pues tienes razón Jorge, lo importante es como lo utilizas. Por suerte yo no tenía esos problemas con mi esposo, que en paz descanse —dijo esto último recordando a mi padre, que murió cuando era yo tenía 5 años debido al cáncer. Fue muy duro para mi madre en aquel entonces. Mi tía al ver el estado en que se encontraba mi madre nos apoyó siempre que podía, ayudando en los quehaceres de la casa y encargándose de mí ya que era muy pequeño. Es por esto por lo que siempre la consideré una segunda madre para mí.

    —Si bien no era grande como el tuyo, pues si sabía moverla. —agregó mi madre con un rubor en las mejillas—. Pero creo que esta conversación no es apropiada estando mi hijo aquí.

    Por fin, al parecer mi madre aún mantiene algo de cordura, de lo ebria que está, y se percató que yo estaba presente. ¿Se dará cuenta que las demás mujeres están con las tetas al aire?

    —No te preocupes por eso, ya va siendo hora de que Carlos aprenda de educación sexual —intervino Jorge.

    —Pero es que aún es joven —respondió mi madre, mirándome con ternura.

    —Por dios, Verónica, a su edad yo ya había follado un centenar de veces. Carlos tiene que ver el sexo como algo más normal y no como algo oculto y privado —garantizó el viejo.

    —Tal vez tienes razón… No se… La verdad es que hasta ahora llevo procurando mantener el tema del sexo fuera de su vida, siempre creí que el mismo iría descubriendo cosas referentes al sexo como todos los demás.

    —Recuerda, que él perdió a su padre a temprana edad. Pienso que lo correcto sería que el padre se encargue de hablarle acerca de esos temas, pero ahora espero que Jorge, tú que eres hombre y conoces de este asunto, nos ayudes con Carlos —aportó mi tía.

    —Acepto con gusto ser su tutor. Tienes razón, Alejandra, generalmente es así, en las familias las madres enseñan a sus hijas y los padres a sus hijos.

    —¡Ay dios! ¡Jorge ayúdame! Lamentablemente, perdió a su padre cuando aún iba al jardín. Le faltó esa figura paterna, gracias por aceptar ser su tutor. Dejo en tus manos a mi hijo. —Suplicó mi madre.

    —¿Qué les parece si empezamos ahora? —pregunto Jorge.

    —Cuanto antes mejor, ya perdió mucho tiempo sin saber… de estos temas —respondió mi madre, con cierto recelo en sus palabras.

    —Esto va para todas. Les agradecería que no se corten con las palabras. Es necesario para el aprendizaje de Carlos. Por ejemplo usen estos nombres: sexo, pene, follar… Repitan después de mí.

    Las mujeres empezaron a repetir, como si ellas también estuviesen aprendiendo. No podía creer que esto estaba pasando. Es que acaso me consideran un ignoto. En estos tiempos ¿Qué persona de mi edad no vio porno alguna vez? ¿Acaso no saben que ahora los jóvenes somos más espabilados?

    —Bien… bien. Empezaremos desde lo más básico. Para esto necesito su cooperación de todas ustedes —dijo esto mientras miraba con lascivia los pechos de las mujeres— Por lo que veo solo faltas tú, Verónica.

    —Estoy dispuesta a ayudar, por el bien de mi hijo.

    —Carlos necesita conocer el cuerpo de las mujeres. Tiene que ver la diferencia morfológica que hay entre ambos. Para esto es necesario que le muestres tus senos, cuanta más variedad mejor —afirmó el viejo.

    Mi madre como si de un sacrificio se tratara, hizo caso a sus palabras, quitándose su vestido y el brasier. Me sorprendí al ver sus hermosos pechos, eran más grandes que las de las demás mujeres, incluso más grandes que las de mi tía. Y no es que las de mi tía fuesen pequeñas precisamente. Mi madre tiene la piel clara, pero no de las desabridas, sino más bien de color marfil. Además combina con sus hermosos pezones grandes y rosados. Aun siendo su hijo, la lujuria subió a mi mente.

    —Pónganse en fila para una mejor comparación. Mira con atención Carlos, como podrás observar los pezones de las mujeres, tienen diferentes colores. Desde tonos rosados como la de tu madre y tu tía, hasta más oscuros como la de Silvia y Lucía —expuso Jorge.

    Las cuatro mujeres siguieron sus indicaciones. Poniéndose frente a mí, con sus tetas al aire. No pude ocultar mi excitación y un bulto se formó en mis pantalones, este hecho no pasó desapercibido a los demás.

    —Al parecer ya estás grandecito —opinó mi tía.

    —¡Oh!, mi bebé ya creció —afirmó mi madre con un rostro que reflejaba añoranza.

    —Parece que ya no eres el niño que conocía —confirmó Silvia mientras miraba mi entrepierna.

    —Es natural en los chicos de su edad, las hormonas viajan por el torrente sanguíneo y envían a los testículos la señal de que deben empezar a producir testosterona y esperma. La testosterona es la hormona que provoca la mayoría de los cambios en el cuerpo de los chicos. Para que un hombre se pueda reproducir, es necesario que produzca espermatozoides. Pero todo esto es teoría, es mejor un ejemplo práctico. Te explicaré como hacer un bebé. —Explicó el viejo, mientras agarraba del brazo a Lucía y la recostaba en la cama. Lucía aceptó su propuesta mientras abría las piernas.

    —Pero… no es esto muy explícito —cuestionó mi madre.

    —Es por su bien, así entenderá que el sexo es algo muy normal y necesario para la vida. Le has criado dándole a entender indirectamente que tu vives sin sexo y que él también podría, dejando el sexo como algo prohibido. Piensa en los animales. ¿Crees que el león y la leona se van a esconder de sus crías para echar un polvo? Tu hijo podría convertirse en un reprimido, si algún día consigue novia y quieren tener sexo, el no sabrá como actuar y no podrá satisfacerla. Esto puede traer graves problemas en su relación ¿Quieres que se convierta en alguien parecido al novio de Lucía, o el esposo de Silvia?

    —Me doy cuenta de mi error, tienes toda la razón. No debí interrumpirte —dijo mi madre con un tono de arrepentimiento.

    ¿Qué estaba pasando aquí? Ese maldito viejo se follaría a Lucía delante de nosotros. Consiguió convencer a mi madre haciéndola creer que se tiraría a Lucía por mi bien. ¿Por qué nadie me pregunta si me parecía correcto esta forma de aprendizaje? Sí es que a esto se le pude llamar aprendizaje. Ni siquiera es educación sexual lo que estaba pasando. Quería parar esta tontería, pero el morbo de ver a Lucía follando me ganó.

  • Una mujer embarazada y su instructor de yoga (III)

    Una mujer embarazada y su instructor de yoga (III)

    La semana siguiente tras el incidente con Marco, Liset no fue a las clases de yoga y no llamó a Marco para avisarle. Ella se sentía miserable y con mucha culpa, pues le había sido infiel a su marido, quien hasta el momento había sido un gran marido y padre para sus hijos.

    Liset lo amaba demasiado a Raúl y sabía que si él se enteraba de su engaño, la dejaría y se divorciaría de ella, pues a él no le molestaría pagar una pensión por sus hijos. Liset sabía que si se separaba de Raúl, sus hijos sufrirían demasiado, ya que pese a que Raúl no pasaba tanto tiempo con los niños como a comparación de ella, sus hijos amaba demasiado a su padre, y en el futuro jamás se lo perdonarían si supieran lo que le hizo.

    Raúl era el esposo perfecto… pero durante los embarazos de Liset, él se mantenía distante y no tenía interés en tener sexo con ella, Liset no sabía si en verdad era ese miedo irracional a creer que puede dañar al bebé o era que sentía asco de su estado. Esto deprimió a Liset, más aún sabiendo que a causa de este distanciamiento que tenía con su marido durante su estado de embarazo, había provocado su primera infidelidad.

    Liset durante la semana que no fue a clases de yoga, trató de permanecer concentrada en sus hijos, debido a su sentimiento de culpa intento ser la mejor madre y esposa del mundo. Sus hijos la estresaban, pero su estrés se borraba al pensar en lo que le hizo a su familia.

    Ese fin de semana su esposo Raúl le informó que iba a recibir un ascenso, lo cual fue genial, sin embargo, las horas de trabajo pueden ser más largas por un tiempo. Raúl le explicó a Liset que el equipo de construcción estaba trabajando sin parar en un complejo de centro comercial que un desarrollador estaba tratando de entregar. Todos estaban atrasados y causaron que algunos de los altos mandos entraran y vieran el progreso.

    Liset sintió ansiedad al respecto, pues al sentirse culpable de sus hechos intentaba pasar la mayor parte de su tiempo con su esposo para recompensar su traición.

    Aunque el primer pensamiento que se le pasó por la cabeza a Liset fue que Raúl ya no estaría tanto en la casa, ella estaría sola con los niños y después de que sus hijos se fueran a la cama, podría ver a Marco…

    Pero negó con la cabeza mientras pensaba eso, se recordó a sí misma que nunca volvería a verlo, esto a la larga le traería problemas y en el peor de los casos el «Divorcio» si es que Raúl se enteraba de su engaño. Esto la aterraba, esto dañaría a su familia de manera irreversible, Raúl las pocas veces que lo escuchó hablar de «infidelidad», él dijo que no sería capaz de soportar eso y que se divorciaría sin dudarlo. Todo eso lo escuchó Liset de él, una vez que Raúl hablaba con uno de sus amigos que le habían sido infiel.

    Sin embargo, Liset seguía pensando en Marco y su enorme pene golpeándole su útero, era increíble como ya había pasado una semana desde que follaron y Liset aún sentía un ardor y dolor en su vagina. A veces el recordar esos sucesos hacían que Liset se mojará, y cuando estaba alejada de la vista de sus hijos ella se tocaba por sobre su ropa interior, recordando a Marco.

    ¿Podría ella seguir viéndose con Marco a escondidas? ¿Podría seguir engañando a su marido? Estas preguntas rondaban por la cabeza de Liset.

    Raúl jamás la había hecho dudar de su fidelidad, su marido en su trabajo estaba rodeado de secretarias que a los ojos de Liset parecían modelos, muchas de ellas se le insinuaban a Raúl, pero él las apartaba diciendo que estaba casado y feliz con su familia. Esto le creaba un gran dolor a Liset, su esposo era el hombre que cualquier mujer desearía tener.

    Liset sabía que si los papeles fuesen al revés, Raúl le admitiría su infidelidad por más que a ambos les doliera, su marido no era de guardar secretos, él confiaba demasiado en su esposa como para mentirle. Liset también pensó en que si su marido se hubiese acostado con otra mujer, ella sin dudarlo lo echaría de la casa y se divorciaría de él por más que a ella le doliera.

    —————————-

    Todo iba bien… hasta que el día domingo cuando despertó junto a su marido, Liset amaneció muy caliente, anoche había tenido un sueño con Marco cogiéndosela de manera ruda y fuerte. Esto provocó que Liset se excitará demasiado, y a causa de la culpa de su sueño ella quiso intentar algo con su marido.

    Raúl aún dormía, Liset le saco su pene de su short de pijama y comenzó a darle un oral, el pene de Raúl se puso durísimo de inmediato. Pese a que el pene de Marco era más grande y grueso, el pene de Raúl había sido el primer pene en entrar en su vagina, hacía que esta fuera especial, aunque Liset probará muchos penes e incluso algunos mucho más grandes que los de Marco, el pene de su marido siempre seria su favorito por ser el primero y el que la desvirgó.

    Liset una vez que lubricó el pene de Raúl, quien aún dormía, Liset se subió a su esposo tomando su pene y lentamente comenzó a dejarse caer. Liset sentía como sus labios vaginales se abrían y como un ligero dolor se hacía sentir, para Liset era una gran duda de que si ese dolor era a causa del pene de su marido o debido al pene de Marco que la abrió la semana pasada y que la dejó adolorida de la vagina desde entonces.

    Liset no había ni metido la mitad del pene de su marido dentro de su vagina, cuando Raúl empezó a despertarse algo confuso, hasta que miró a su esposa embarazada intentando meter su su pene en su vagina. Esto asusto demasiado a Raúl, y rápidamente la empujó levemente hacia un lado y se salió de ella.

    «¡QUE CREES QUE HACES!» Le gritó Raúl a su esposa.

    Esto impresionó demasiado a Liset, su marido nunca antes le había gritado así.

    «Yo solo… yo solo… quería… hacerlo…» Dijo Liset tartamudeando por la reacción de su esposo.

    «¡Ya te lo dije una vez, Liset! No quiero dañar a nuestros hijos» Dijo Raúl bajando el tonó de su enojó.

    «Por favor… en verdad que estoy con demasiadas ganas… debido a mi embarazó, mis hormonas están locas… y me hacen ponerme caliente y necesitada de mi hombre…» Dijo Liset recomponiéndose del enojo de su marido.

    «Liset… amor… ya lo hablamos… no quiero dañar a nuestros hijos…» Dijo Raúl bajando su mirada.

    «Te lo juró, estoy segura de que esto no los dañará» Dijo Liset suplicante.

    «¿Cómo lo sabes?» Preguntó serio Raúl.

    Liset se asustó, esto le trajo inquietud, Marco con su pene mucho más grande se la pudo follar sin ningún problema y su esposo que es más pequeño que él dice que tiene miedo de dañar a sus hijos dentro de su vientre.

    Liset sabía que el sexo con su esposo no pondría en peligro a sus hijos por lo que tuvo con Marco, pero… ¿Cómo le podría explicar eso? ¿Cómo le explicaría a su esposo que un hombre negro con un pene mucho más grande que el suyo la folló sin ningún problema? Liset supó que Raúl no podía saber eso, así que pensó rápido otra respuesta.

    «Lo leí en internet…» Dijo dudando.

    «Aún así, si lo leíste y si fuera cierto… no quiero… sería muy incómodo para mí follarme a mi esposa que lleva a mis hijos en su vientre» Dijo Raúl mirando a su esposa. «Además de que tú sabes que yo soy algo rudo al momento de follarte» Dijo Raúl sonriendo.

    Liset pensó en lo que dijo Raúl, era verdad, antes de embarazarla, Raúl se la follaba muy duro e incluso la dejaba adolorida por día, pero… Marco hizo todo eso y mucho más pese a su estado de embarazo.

    «Amorcito… te lo prometo, que cuando nuestros bebes nazcan sanos y salvos, y que tú te mejores del parto… te follare como nunca, incluso pediré días libres y le pagare a una niñera para llevarte de viaje y darte todo el sexo que no te he dado en estos meses debido a tu embarazo» Dijo Raúl abrazando y besando a su esposa.

    Liset se conmovió por lo que dijo su esposo, ella sabía que su esposo decía la verdad, pero el problema era que ella estaba caliente ahora y dudaba de que esa calentura esperará unos meses más…

    En este momento supo que había 0% de posibilidades de que su esposo accedería a tener sexo con ella mientras aún portará a sus hijos en su vientre

    «Bien amor, ahora tendré que ir al trabajo» Dijo Raúl comenzando a buscar su ropa de trabajo para vestirse.

    «Un día domingo, ¿enserio?» Dijo Liset algo molesta, ya que quería pasar el día con su esposo.

    «Perdón amorcito, pero nuestro proyecto está siendo apurado por los jefes, así que los domingos tendré que trabajar igualmente…» Dijo Raúl nervioso, notando el enojó de su esposa.

    «Planeas dejarme sola de nuevo… con nuestros hijos… ellos hoy querían jugar con su padre…» Dijo Liset molesta.

    «Amorcito, lo siento mucho. Pero este proyecto nos hará ganar mucho dinero a la empresa y con eso poder pagar nuestro viaje de amor una vez nazcan nuestros bebés y te mejores del parto» Dijo Raúl intentando calmarla.

    «Sabes que… has lo que quieras…» Dijo Liset enojada saliendo del dormitorio.

    «Amor, no te pongas así, te juro que será durante unas semanas…» Dijo Raúl

    «¡Ya cállate y vete!» Grito Liset enojada.

    Raúl se sorprendió, Liset no era de esas mujeres enojonas, Liset pese a tener un mal día no era de andar molesta. Raúl quiso acercarse a ella y calmarla, pero Liset se rehusó y empujo a su esposo. Raúl conmovido por las acciones de Liset, decidió dejarla sola, quizás así se le quitaría ese enojo.

    «Si quieres estar sola y sin los niños, mi madre se ofreció a cuidarlos cada vez que necesitaras descansar…» Dijo Raúl mirando a su mujer furiosa. «Perdóname amor… te prometo que serán solo unas semanas… luego trabajare menos horas y estaré para ti y para los niños más tiempo»

    Liset se dio vuelta hacia la cocina para ir a hacerse un té verde para relajarse, ella sabía que tener estos enojos le harían mal a sus bebes dentro de su vientre.

    Raúl tomó su carpeta y su bolso, intento ir a besar a su esposa como todas las veces que lo hacía cuando salía de su casa… pero esta vez ella no quiso besarlo… esto le dolió a Raúl al borde de soltar algunas lágrimas, mientras se daba vuelta en dirección a la puerta principal.

    «Nunca lo olvides… que yo jamás he dejado de amarte desde el momento en que te cruzaste en mi vida… Te amo mucho Liset…» Dijo Raúl sollozando.

    Liset en su enojó no notó el sollozo de su marido, quien lentamente cerró la puerta.

    Liset se hizo su café y se sentó en la mesa para beberlo y pensar, ¿Ella estaba enojada por que su marido no quería follarla o porque quería ser follada por su marido para no volver a recurrir a Marco? Mientras todas estas preguntas vagaban en su cabeza y debido a su enfado al fin decidió hacer algo al respecto… sobrescribió esa promesa que se hizo de «Nunca más volver a tener algo con Marco» y decidió llamarlo a una vez más…

    «¡Oh hola Liset! ¿Cómo has estado?» Dijo Marco contestando su celular y sentándose en su cama.

    «Bien… estoy bien» Respondió Liset.

    «¿Te has sentido bien desde…» Marco se detuvo unos minutos antes de seguir. «Que hicimos eso…?» Dijo nervioso.

    «Pues si… solo con un poco de dolor en mi vagina… pero tú sabes a causa de que jejej» Dijo Liset riendo nerviosa.

    «Lo siento si fui algo brusco, es que así me gusta follar a mí… pero debido a tu embarazo intente controlarme jaja» Dijo Marco riendo.

    «Ya veo…» Dijo Liset sonrojándose.

    «A todo esto… ¿Por qué me estas llamando? Digo… por qué no hemos hablado desde que viniste a mi departamento… y después de que en toda la semana que no fuiste a las clases de yoga… pensé que tendrías problemas o algo así…» Dijo Marco nervioso

    «Oh lo siento, es que… para mí fue algo extraño… sé que estuvo mal pero lo necesitaba, jamás creí que engañaría a mi esposo… y al hacerlo la culpa me consumió y por eso decidí perder el contacto contigo durante unos días…» Dijo nerviosa.

    «Ohh ya entiendo, debe ser duro para ti… lo siento si te he hecho sentir así… pero tú fuiste la que quiso eso…» Dijo Marco intentado reírse.

    «Lo sé… lo peor es… que me gustó… debido a mi embarazo mi esposo se rehúsa a tocarme sexualmente y eso me altera mis hormonas… por eso termine queriendo que me… bueno… a tener sexo contigo» Dijo Liset muerta de vergüenza.

    «Puede ser eso… siento mucho lo de tu esposo… teniendo una mujer tan hermosa como tú, sin importar tu embarazo debería complacerte…» Dijo Marco inseguro de sus palabras.

    «Aww gracias…» Dijo Liset sonrojándose. «Oye…quería preguntarte algo…» Dijo Liset.

    «Claro… dime… ¿qué seria?» Dijo Marco intentado ocultar su emoción.

    «¿Solo me preguntaba si podría verte hoy» Dijo Liset algo nerviosa.

    «¡Claro, eso sería genial!» Él respondió.

    «Ok, ¿te gustaría que cenáramos juntos?» Preguntó Liset.

    «Me encantaría» Dijo Marco.

    «Bien que tal a las 6 p.m. ¿Te parece?» Preguntó Liset.

    «Perfecto… igual que la vez pasad…» Dijo Marco, pero antes de terminar la frase pensó en que quizás Liset solo quería distraerse.

    «Jeje si… pues bueno ahí nos juntamos en el estacionamiento…» Dijo Liset nerviosa.

    «De acuerdo… o podría ir yo a buscarte para que no tengamos que abandonar tu auto en ese estacionamiento… bueno si es que tú quieres…» Propuso Marco.

    «Seria genial… pero mis hijos, tengo que ir a dejarlos donde mi… suegra» Dijo algo incomoda Liset.

    «Pero podrías ir a dejar a tus hijos en tu auto y luego te regresas a tu casa a ponerte más hermosa de lo que ya eres y así cuando estés lista te paso a buscar, ¿Te parece?» Dijo Marco.

    «Que buena idea… pero si nuestro vecinos nos ven y le comentan algo a mi esposo…» Dijo Liset pensando en su esposo luego de haber estado enojada con él.

    «Eso es verdad… ¿Qué tal si te paso a buscar unas cuadras lejos de tu casa? Digo como para no levantar sospechas en tus vecinos y así tu esposo no se entera y para que no tengas problemas…» Dijo Marco pensando.

    «Está bien… eso podría funcionar…» Dijo Liset, pero en eso sus diablillos despertaron de su sueño y venían corriendo por las escaleras. «Bien, tengo que dejarte, mis hijos despertaron, luego te llamó… adiós» Se despidió Liset.

    ———————-

    «Oh bien, luego hablamos… adiós…» Dijo Marco finalizando la llamada.

    En eso unos brazos lo rodearon desde su espalda… era su ex madrastra.

    «Por favor, ten cuidado Marco. La última vez que estuviste con una mujer casada no fuiste muy cuidadoso. Recuerdas lo que pasó cuando estabas teniendo algo con una profesora en la universidad» Dijo Daniela, pasando sus manos por su torso, acariciando su miembro.

    «Lo haré, hablaré con ella sobre eso en la cena de esta tarde» Dijo Marco.

    «Bien» Dijo Daniela, mordisqueando su oreja mientras lo acariciaba. «Odiaría que te pasara algo. Como un marido enojado que te encuentra empalando a su esposa con esta hermoso pene, como la última vez» Dijo Daniela en su oído.

    Marco sonrió y vio a Daniela subirse encima de él.

    ———————–

    Liset tras el almuerzo vistió a sus hijos y los fue a dejar donde su suegra Janet, o sea la madre de Raúl. Esa señora había sido amable con ella siempre, desde que Raúl las presentó ellas se llevaron bien de inmediato. Liset no quería pensar cómo se sentiría su suegra al enterarse de lo que ella le estaba haciendo a su hijo.

    Tras dejar a sus hijos, Liset rápidamente se dirigió a la casa, una vez allí, ella se desnudó y tomo un baño. Mientras se duchaba sentada en la bañera, pensó en Marco, ella sabía que esta tarde al igual que la anterior podría pasar algo, así que ella se aseo muy bien su vagina.

    Hasta que se le ocurrió la idea de depilarse, a Raúl siempre le gusto su vagina con su pequeño arbusto con vello púbico, pero Raúl no se la cogería hasta que nacieran sus hijos. Así que Liset se dispuso a depilarse su arbusto, dejándose su vagina como una adolescente, calva y suave. Liset pensó que si pasaba algo más con Marco a él le gustaría más su vagina si estaba así depilada a que estuviera con su arbusto.

    Liset en ese momento pensó, «Ni siquiera me he juntado con él y ya estoy pensando en follármelo» esto hizo que la culpa volviera a ella. Ya engaño a su marido una vez, y ahora estaba planeando hacerlo de nuevo, esto la puso triste.

    Hasta que pensó algo, ¿Qué tal si mientras estuviera embarazada follará con Marco? Sabiendo que Raúl no se la follaría hasta que diera a luz a los bebes. Así su calentura seria cubierta por Marco durante su embarazo, y una vez nacieran sus hijos se alejaría de él y volvería a follar con su esposo. ¿Podría ella hacer eso? ¿Tal si Raúl la descubría? ¿Qué tal si se volvía adicta al pene de Marco? ¿Qué tal si se enamoraba de Marco? Esta última pregunta la aterró, ella amaba demasiado a su esposo y jamás podría amar a otro hombre con la pasión que amaba a su esposo.

    En una balanza entre Raúl y Marco, estaba claro quien pesaba más.

    Marco era coqueto y cariñoso, era un buen amante y atentó a las necesidades de la mujer con la que estaba, además de su enorme pene que a más de una haría gritar de dolor y placer al mismo tiempo. Pero el problema era que él más joven que ella y en el caso de que hubiera algo entre ambos no duraría mucho, Marco encontraría a una mujer más joven que Liset y ella lo atraería más.

    Su esposo Raúl era el hombre perfecto, desde que lo conoció, Liset sintió lo que era el amor, antes de Raúl ella tuvo un novio, pero jamás estuvo cerca de hacerla sentir como lo hacía Raúl. Su esposo el día que le quitó la virginidad, ella supo que era su hombre perfecto, él fue amoroso con ella y paciente, al ser la primera vez de Liset ella sintió mucho dolor e incluso sangro, pero con las caricias y el amor de Raúl todo ese dolor desapareció y conoció el placer.

    Desde entonces Raúl la comenzó a follar cada vez que quedaban solos, hasta que se enteraron de que Liset se había embarazado, ahí fue cuando pasaron los incidentes con los vecinos y el rechazo de Raúl hacia el sexo mientras ella estuviera embarazada. Una vez nació su hijo mayor, Liset estaba verdaderamente caliente, pues ella literalmente violó a Raúl una mes más tarde de dar a luz, siguieron follando como conejos hasta que Liset se embarazo de nuevo, a causa de que Raúl le llenaba su útero con semen casi todos los días, así que de milagro ahora no tenían como 10 hijos.

    Raúl en la cama la tomaba como quería, le hacia el amor o si quería le daba sexo duro hasta dejarle su vagina adolorida. Y qué decir de los orgasmos, Raúl siempre en cada encuentro mínimo le sacaba 2 orgasmos.

    Así que volviendo a la balanza, Raúl pesa muchísimo más que Marco, pero por ahora debido a su embarazo, entre esas dos opciones Marco era su única opción.

    Así que Liset hizo un juramento ante la foto de su casamiento con Raúl, juro que «Mientras estuviera embarazada follaría con Marco siempre y cuando el también lo quisiera hasta que ella diera a luz a los gemelos, una vez tuviera a los bebes dejaría de ver a Marco y se dedicaría al 200% a su familia y a su esposo».

    Con eso Liset, como si la culpa de su infidelidad fuera una nube se movió y abandono su cabeza hasta nuevo aviso. Entonces vio la hora y ya eran las 5:30 p.m. así que rápidamente se comenzó a arreglar para su cita.

    Liset se vistió con unos pantalones negros de mezclilla que no le apretaban su vientre hinchado, una blusa roja y un abrigo negra para abrigarse debido al viento para evitar algún tipo de resfriado y unos zapatos negros. Debajo de toda esa ropa Liset iba con un conjunto de color rosado pálido, unos sostenes que apretaban sus tetas ya llenas de leche materna y una tanga que se ajustaba a su vagina y que se le metía entre sus nalgas, haciendo ver su culo de una manera espectacular.

    Ya siendo las 6 p.m. Liset le envió la dirección de su casa y el lugar donde se reunirían para luego irse al restaurant. Liset salió de la casa algo nerviosa, pero aún así siguió adelante. Unas dos cuadras lejos de su casa estaba Marco esperándola, al subirse Liset le saludo con un beso en la mejilla. Marco esperaba más que eso, pero no quería presionar a Liset, por lo que se puso en Marcha hacia el restaurant

    —————————

    La cena fue agradable, comieron una deliciosa sopa de espárragos y luego unos espaguetis a la boloñesa. Al comienzo la cena fue un poco incómoda, pero liego de unos minutos ambos agarraron la confianza suficiente para hablar y hacer bromas.

    Liset sabía exactamente cómo quería que se desarrollará todo esto, una vez terminaran su cena. Al terminar, al igual que las veces anteriores Liset quiso pagar la cena, sin embargo, Marco no se lo permitió y la volvió a pagar con su dinero.

    Tras salir del restaurante, ambos se dirigieron al auto de Marco. Una vez dentro del auto, ambos se quedaron quietos, se miraron el uno al otro y se besaron rápidamente, con pasión y deseo. Liset no sabía que le pasaba, ahora ya no se ponía límites para actuar con Marco, ella dedujo que sería la calentura de su embarazo.

    Hasta que Marco termino el beso y la aparto con sus manos negras.

    «¿Estás segura de que esto es algo que quieres Liset? No quiero causarte problemas o meterte en problemas con tu esposo. Disfruté el otro día contigo, pero realmente no quiero que ninguno de los dos salga lastimado de ninguna manera» Dijo Marco.

    Liset se inclinó sobre él, colocando su mano sobre el bulto de los pantalones de Marco.

    «Está bien, créeme…» Dijo Liset.

    Sin poner alguna queja Marco manejo rápidamente hacia su departamento, al llegar estacionó su auto y fue a ayudar a Liset a salir del auto, al bajarse del auto. Entonces Marco tomo en sus fuertes brazos a Liset como si fueran recién casados y la llevo hasta su departamento.

    —————————-

    Una vez dentro del departamento, cerraron la puerta rápidamente y sin decir nada, Marco le quito el abrigo a Liset mientras la besaba. Ambos comenzaron a besarse y manosearse por sobre la ropa.

    Marco rodeaba a Liset con sus grandes manos, comenzaba a abrazarla, comenzando a dar besos por su cara y cuello. Liset al inició permanecía en silencio y dejaba que Marco hiciera todo el trabajo.

    Hasta que Liset al fin se decidió a actuar, comenzó a acariciar su cuerpo, pasando sus manos por encima de la ropa por el abdomen musculoso de Marco hasta que llevo su mano hasta sus pantalones, notando que Marco tenía una gran erección.

    «Déjame que te ayude…» Le susurró Liset.

    Ella comenzó a desabrochar su pantalón hasta bajárselo y luego prosiguió liberando la presión de su bulto, y metiendo la mano por dentro de sus boxer, tras lo cual, sacó para afuera de estos su enorme pene erecto. Era tan grande como la última vez que lo vio, era negro de 24 cm y muy gruesa. Marco levantó sus pies y se terminó de quitar sus pantalones y bóxer, además de sus zapatillas.

    Liset con sus dedos agarró su pene y comenzó a masturbarlo, sintiendo como Marco respiraba profundamente. Tras unos segundos masturbando y Liset se metió el pene a la boca, o bueno intento meterlo pues al igual que la vez pasada le costó trabajo meterse ese enorme pene en su boca. Pero esta vez a diferencia de la anterior pudo meterse casi por completo el pene de Marco, mientras este comenzaba a quitarse su camiseta.

    Liset luchaba por meterse todo el pene de Marco en su boca, mientras Marco comenzaba a gemir y a recoger el cabello rubio de Liset en una de sus manos, ayudando a Liset a meterse todo el pene en su boca. Marco comenzó a follarle la boca a Liset, ambos sin darse cuenta de que Liset ya se había metido entero el pene de Marco dentro de mi boca, ya le cabía completamente.

    Liset sostenía su pene sólo con su boca, Marco puso sus manos en su cabeza tomando el cabello de Liset haciendo una cola de caballo y comenzó a follarle la boca. Liset varias veces se atraganto, incluso en algunas casi vomitó, debido a que el pene de Marco rozaba su campanilla. Marco controlaba la cabeza de Liset hacia adelante y hacia atrás.

    Tras un rato de darle sexo oral, Marco gimió fuerte, clara señal de que llego al orgasmo, se comenzó a correr dentro de la boca de Liset, la cual se sorprendió, pues se llegó a atragantar con tanto semen que salió del pene de Marco. Liset intento tener todo ese semen en su boca, pero fue imposible, al casi atragantarse tuvo que escupir un poco del semen de Marco, gran parte de ese semen cayó sobre su blusa roja.

    Liset se tragó el resto del semen de Marco, todo eso le dejó cansada su garganta, trago mucho semen. Tras eso Marco hizo que Liset se levantará, ella sabía lo que venía ahora.

    Marco comenzó a desnudar a Liset, no sin antes tocar su vientre hinchado con sus grandes manos. Primero comenzó quitándole su blusa roja manchada con gotas de semen, al quitársela dejo ver el sostén rosado pálido que mantenía las tetas de Liset en su lugar, ya que estas por la leche materna comenzaban a pesarle.

    Marco luego le desabrocho el sostén, liberando y mostrando los pechos de Liset, con las areolas cafés y cuyos pezones eran de buen tamaño, estos ya estaban erectos. Marco no perdió el tiempo y con un leve empujón, tiró a Liset sobre el sofá.

    A continuación, Marco comenzó a desabrocharle los pantalones negros a Liset, tras eso empezó a bajárselos, quedando Liset delante de él solo con su tanga de color rosado pálido.

    Sin perder el tiempo, Marco tomó los elásticos de la tanga de Liset y rápidamente se la bajó hasta sus tobillos, quedando enrollados junto a los pantalones negros. Ahí estaba nuevamente, esa vagina de labios vaginales carnosos, la cual está vez para sorpresa de marco estaba depilada.

    «Vaya… esto si que es una sorpresa…» Dijo Marco mirando a Liset.

    «Me… depile para ti…» Dijo Liset sonrojándose.

    Marco no dijo nada, pero por lo que decía su cara, esto le había encantado. Termino de quitarle los zapatos a Liset junto a sus pantalones y tanga. Ahí estaba la mujer casada y embarazada desnuda, con su vientre de 6 meses hinchado debido a los gemelos que estaban dentro de él.

    Liset sujetaba su barriga con sus manos, mientras Marco comenzó a moverse, hacia su vagina, que con sus dedos comenzó restregar, esta vagina con todo lo que había pasado ya estaba muy empapada.

    Marco comenzó a lamer la vagina de Liset, la cual casi se corre al sentir la lengua de Marco pasar por sus labios vaginales, de arriba a abajo y de abajo hacia arriba. Liset no paraba de gemir, estaba demasiado excitada, esto hizo que comenzara a mojarse aún más, Liset se mordía su labio inferior mientras no paraba de gemir.

    Marco estuvo haciendo esto hasta que Liset no aguantó más y llegó al orgasmo, ella sentía como todo su cuerpo temblaba y como de su vagina salían sus fluidos. Marco estaba maravillado con esa escena de una mujer embarazada corriéndose.

    Tras terminar su orgasmo Liset vio a Marco, este ya tenía su enorme pene erecto nuevamente, pese a haber quedado flácido luego del orgasmo que tuvo minutos atrás.

    Marco tomó a Liset en sus brazos y la llevo hasta su cama, dejándola suavemente sobre está. Liset sabía lo que se venía ahora, le iban a destrozar nuevamente la vagina con ese enorme pene con el que durante noches soñó y se tocó pensando en él.

    Marco le abrió las piernas y se ubicó entre estas, apuntando su pene hacía la estrecha vagina de Liset.

    «Llego la hora de la verdad, ¿Quieres que lo haga?» Preguntó Marco.

    «Hazlo… mi amante…» Dijo Liset totalmente excitada

    Marco no preguntó más y se dispuso a meterle su pene, Liset era increíblemente estrecha, eso amaba Marco de ella. Su pene al inició costó que entrara hasta que al fin se deslizo dentro de la vagina de Liset. Esta al sentir ese enorme pene soltó un quejido de dolor.

    «¿Estas bien? ¿Quieres que pare?» Preguntó Marco al escuchar el quejido de dolor de Liset.

    «Solo sigue… es que había pasado días desde que me abriste mi vagina… parece que aún no se acostumbra a ti…» Dijo Liset excitada.

    «Hare que este estrecho agujero se adapte a mi pene, solo es cosa de hacerlo más días para ampliar esta vagina» Dijo Marco deslizando la mitad de su pene dentro.

    Liset gimió de placer, le dolía pero también le gustaba. Marco lentamente comenzó a bombear, cada vez metiendo más y más dentro de la vagina de Liset, hasta que la cabeza de su pene choco contra el útero de Liset. Ahí fue cuando ella supo que la tenía toda adentro, esto hizo que se excitara mucho más, mientras Marco empezaba a embestirla más fuerte, aunque claro, sin aplastar su vientre de embarazada.

    «Ahhh Liset, tu vagina sí que está bien apretada… ¡Ohh Dios!» Dijo Marco entre gemidos.

    «¡Ahhh! Siii… fóllame… fóllame…» Gemía Liset fuera de sí.

    El pene de Marco ya sin ninguna complicación se deslizaba dentro y fuera de la vagina apretada de Liset. Marco se la metía hasta el fondo y luego se la sacaba dejando la cabeza de su pene dentro.

    Rl pene de Marco al ser grande y grueso, Liset sentía como las paredes de su vagina eran forzadas a abrirse, pero gracias a lo lubricaba que estaba, el pene entraba sin problema, tras lo cual comenzó a moverse más fuerte.

    «Ummm eso es… fóllame…» Decía Liset perdida en el placer.

    «Eres una traviesa… te castigare con mi pene» Decía Marco mirando a mujer casada y embarazada frente a sus ojos.

    Liset tenía sus ojos cerrados mientras no paraba de gemir, sus «Gemidos de ángel» como solía llamarle su esposo Raúl cuando hacían el amor.

    Las embestidas de Marco cada vez eran más rápidas y profundas, haciendo que Liset gimiera más fuerte. Marco la follaba como un profesional, Liset entonces puso sus manos en su barriga, y sintió como su bebes pateaban su vientre, ¿A caso ellos estaban en desacuerdo con su madre de follar con otro hombre? Liset pensó y se dijo a si misma «Lo siento hijos, pero mama está muy caliente y su padre no quiere follarme… pero Marco si…».

    No pasó mucho tiempo hasta que Liset alcanzó el orgasmo nuevamente, al igual que Marco quien en ese mismo momento se corrió dentro de Liset, llenando su útero con semen caliente.

    «¿Que te pareció Liset?» Le preguntó Marco a Liset.

    Liset medio gimiendo debido al orgasmo que acababa de tener, le costó recobrar el sentido.

    «Me encantó…» Dijo casi cansada.

    «Me alegro… ¿Qué tal si vamos por un baño?» Dijo Marco.

    «Me parece bien…» Dijo Liset cansada por la follada que le habían dado.

    Marco tomó a Liset en sus brazos y la llevó hacia el baño, la dejó con mucho cuidado en la bañera y largo el agua tibia para bañarse junto a Liset. Marco se ubicó detrás de Liset y comenzó a acariciarle sus pechos, sacándole gemidos a Liset, pues tenía sus pezones muy sensibles debido al embarazo.

    Liset estaba muy excitada aún, pero en ese momento pensó en su esposo, ¿Que diría él si supiera lo que hizo? Seguramente le diría que es una puta infiel, y aunque le doliera a Liset, ella misma sabía que él estaría en lo cierto.

    «Oye Marco… debo decirte algo…» Dijo Liset

    «Claro linda, ¿Que tienes que decirme?» Dijo Marco sin dejar de jugar con las tetas de Liset.

    «Antes de salir de mi casa, me hice un juramento…» Dijo Liset guardando silencio por unos segundos.

    «¿Un juramento? ¿A qué te refieres?» Dijo Marco pensativo.

    «Me jure a mi misma que mientras estaba embarazada y ya que mi esposo no quiere follarme por mi estado de embarazo, decidí que follaría contigo durante los meses que me quedan de embarazo… claro solo si tu también lo quieres…» Dijo Liset nerviosa creyendo que Marco no accedería.

    «¿Enserio? Eso sería genial, acepto eso sin dudarlo, me encanta follarte» Dijo Marco bajando su mano derecha hacia abajo tocando el vientre embarazado de Liset.

    «A mí también me encanta que me folles con tu enorme pene… pero esto eventualmente terminará…» Dijo Liset bajando su mirada viendo su vientre siendo acariciado por Marco.

    «¿A qué te refieres?» Dijo Marco deteniendo la caricia de su mano.

    «Cuando nazcan mis hijos dejaremos de vernos, como te lo dije mi esposo no quiere tener sexo conmigo debido a mi embarazo… pero una vez que nazcan los gemelos mi esposo querrá volver a tener sexo conmigo… sé que será egoísta y sínico todo esto, pero a él lo amo demasiado… esto que le estoy haciendo a espalda suya me duele, pero lo necesito…» Dijo Liset intentando mirar a Marco.

    Este estaba sorprendido, pero pese a lo que le dijo Liset, Marco sabía que ella jamás abandonaría a su esposo por él. Marco sabía que eventualmente alguno de ellos terminaría las cosas.

    «Eres un increíble amante y tienes un pene enorme que cualquier mujer desearía tener adentro… pero tú eres más joven que yo y sé que encontraras a una mujer que pueda darte lo que yo no podre… ‘Amor’ mi amor solo es para mi esposo con quien me case y pese a todo lo que hago deseo volver a sus brazos cuando nazcan mis hijos» Dijo Liset estirando su mano hacia atrás, tomando el pene de Marco que estaba semi-erecto.

    «Siempre supe que esto tarde o temprano iba a terminar… pero hasta que ese día no llegue deseo follarte esa vagona estrecha que tienes…» Dijo Marco bajando la mano que tenía en el vientre de Liset, hasta dejar su mano sobre su vagina.

    «Mmm que rico… me encanta que me toquen mi vagina… por eso quiero que una vez nazcas terminemos todo esto… tu pene me deja muy abierta, y si vuelvo a tener sexo con mi esposo el notaría que ya no soy tan estrecha como antes, ya que con mis hijos anteriores mi vagina se dilató bien y una vez que nacieron mi vagina volvió a ser apretada, y así es como le gusta a mi esposo» dijo Liset masturbando el pene de Marco, que ya yacía erecto punteando la espalda de Liset.

    «Y a quien no le gustaría una vagina así de apretada, tu vagina parece la de una adolescente por la manera en la que aprieta, nadie creería que hasta tenido 2 hijos» Dijo Marco metiendo 2 dedos dentro de la vagina de Liset.

    «Mmm siii… ya creo que es hora de otro round» Dijo Liset levantándose levemente de la bañera mientras tomaba el pene de Marco.

    Liset alineando el pene de Marco con su vagina, está ya estaba bien dilatada, así que no tuvo problemas para comerse esos 24 cm. Liset se sentó sobre Marco y lentamente comenzó a darle sentones, haciendo que el agua de la bañera salpicara hacia el suelo.

    Liset gemía de una manera muy rica, y Marco esto lo calentaba aún más, así que tomó a Liset de sus caderas y comenzó a acelerar los sentones de Liset.

    Liset sentía como el pene de Marco chocaba con su útero, esa sensación le encantaba, ella sabía que no duraría mucho antes de llegar a su tercer orgasmo del día. Marco por su parte estaba demasiado excitado por los apretones que Liset le daba a su pene, cuando este entraba hasta el fondo, además de que le encantaba sentir las nalgas de Liset chocando contra sus caderas.

    Estuvieron follando en esa posición durante 15 minutos hasta que ambos volvieron a llegar al orgasmo al mismo tiempo. Liset soltó todos sus fluidos, que se mezclaron con el agua de la bañera, mientras que Marco le llenó por segunda vez en el día el útero a Liset.

    Tras esto se terminaron de bañar y salieron del baño, ahora se disponían a vestirse. En eso Liset ve el reloj en una de las paredes… ¡Ya eran las 10:30 p.m.! Raúl llegaría a las 11 p.m. a casa, así que rápidamente se vistió y Marco igualmente lo hizo, tras eso salieron del departamento.

    Una vez en el auto, Marco rápidamente arrancó en dirección a la casa de Liset.

    Una vez en la entrada de su casa, Liset rápidamente le dio un beso de despedida en la boca a Marco.

    «Ahí te hablare cuando querrás cenar nuevamente…» Dijo Liset guiñándole un ojo.

    «La cena ya no debería set la escusa… mejor ve directamente a mi departamento…» Dijo Marco mirándola seductoramente.

    «Buena idea… ahí te avisare cualquier cosa… adiós…» Dijo Liset cerrando la puerta rápidamente, por miedo a que algún vecino estuviera viendo

    «Adiós…» Dijo Marco sorprendido, ella de seguro ni siquiera le escucho su despedida.

    Marco arrancó su auto rápidamente y desapareció en la esquina de la calle del barrio de Liset.

    Liset abrió su puerta rápidamente, al entrar había algo raro… había silencio y paz… ¡Mierda… los niños! Gritó Liset, había olvidado que sus hijos estaban donde su suegra. Rápidamente Liset saco su auto y fue en dirección a la casa de su suegra, llena de nervios.

    Al llegar a la casa de su suegra, ella la estaba esperando nerviosa.

    «Lo siento suegra… me quede dormida…» Mintió Liset.

    «Mi niña me tenías nerviosa, creía que algo te había pasado… si me hubieras dicho que querías dormir tranquilamente hoy, yo habría mandado a dormir a mis nietos y así mañana los hubieras venido a buscar» Dijo la señora Janet.

    «Lo siento suegra… quizás otro día puede ser…» Dijo Liset tomando los bolsos de sus hijos.

    «Además no deberías salir tan tarde, te puedes resfriar y eso le haría mal a los bebes» Dijo Janet apuntando el vientre de Liset.

    «Lo sé… perdón…» Dijo Liset comenzando a sentir la culpa de lo que había hecho hoy con Marco.

    En eso sus hijos salieron corriendo directo al auto de Liset.

    «Bien… creo que nos vamos… no sabe lo agradecida que estoy por cuidar de los niños» Dijo Liset avergonzada por la razón de por qué trajo a sus hijos hasta donde su suegra.

    «Cuando quiera mi niña, yo soy feliz estando cerca de mis nietos, al igual que Arturo (Padre de Raúl)» Dijo Janet sonriendo.

    Era increíble, Janet tenía la misma sonrisa que Raúl, una sonrisa sincera y perfecta… ¡Dios Raúl! Se dijo así misma.

    «Bueno… adiós suegra y gracias por el favor…» Dijo Liset apurada.

    «Adiós mi niña, cuídate mucho y cuando necesites descansar, tráeme a mis nietos» Dijo sonriendo Janet.

    «Eso hare…» Dijo Liset pensando.

    Se subió a su auto y rápidamente se dirigió a su casa, al llegar a esta, para su sorpresa… ¡Raúl ya estaba en casa!

    Liset nerviosamente guardo el auto y saco a sus hijos, los que corrieron hacia la casa. Raúl los recibió con los brazos abiertos y dándole un abrazo muy tierno a ambos.

    Ver esa escena, hizo que la culpa de Liset comenzará a aparecer, ahí estaba su esposo, padre de sus hijos y el hombre al cual trató mal cuando salió de la casa.

    Liset no sabía cómo actuar con él, después de cómo lo trato, no le sorprendería que Raúl aún estuviera herido.

    Los niños corrieron escaleras arriba… entonces Liset se acercó a su esposo, él la miró con esos ojos llenos de amor, con los que siempre la miraba.

    «Liset… no me gusta que salgas hasta tan tarde… no quiero que te enfermes» Dijo Raúl bajando su mirada.

    «Perdón amor… lo siento por cómo te trate cuando te fuiste…» Dijo Liset con lágrimas en los ojos.

    Te perdono, entiendo cómo te sientes… pero recuerda que estoy trabajando más horas en este proyecto para darle un buen futuro a nuestros hijos y a los que vienen en camino…» Dijo Raúl posando su mano en el vientre de Liset, sintiendo unas patadas de parte de estos.

    «¡Wow! Parece que serán futbolistas mis bebes, solo siente como patean jajaj» Dijo Raúl riéndose.

    Liset no pudo contener más las lágrimas de culpa, y se arrojó a su brazos diciéndole «Te amo» varias veces. Raúl sorprendido por su esposa, la abrazó con amor.

    «Yo siempre te amare…» Dijo Raúl mientras sentía las lágrimas de su mujer mojar su camisa. «Oye por cierto, traje una sorpresa para ti…» Dijo Marco separándose de su esposa.

    Ella no quería separarse de él, debido a su culpa quería estar apegada a su esposo como señal de arrepentimiento.

    «¿Que… sorpresa es…?» Dijo Liset secándose sus lágrimas.

    Raúl no respondió, pero fue hacia la cocina, al volver traía una caja rosada en sus dos manos.

    «¿Qué es?» Dijo Liset pensativa.

    «Descúbrelo por ti misma…» Dijo Raúl sonriendo.

    Liset abrió la caja… lo que vio la lleno de amor… era un pastel con frutillas, su favorito con unas letras en el centro que decían «Te amo». Liset se emocionó mientras miraba el pastel.

    «En la mañana cuando salí, supe que estabas molesta por que casi no pasó tiempo en la casa… así que decidí manda a hacer tu pastel favorito para quitarte ese enojo» Dijo Raúl riendo.

    Liset casi se desmaya, ella trato demasiado mal a su esposo, y no solo eso, si no que hoy le había sido infiel por segunda vez. La culpa que sentía Liset era mucha, más al ver que su esposo le trajo su pastel favorito como señal de arrepentimiento por hacerla enojar al irse de la casa al trabajo.

    «Pensaba comer un poco de pastel junto a ti antes de irnos a dormir, pero antes yo iré a hacer dormir a mis diablillos, tu mientras ve a tomar un baño para que te relajes, ¿De acuerdo?» Dijo Raúl dejando el pastel sobre la mesa.

    «De acuerdo» Dijo Liset sollozando.

    Subió las escaleras, se quitó su abrigo y comenzó a desnudarse, mientras las lágrimas caían por sus ojos. Se sentía culpable, pese al juramento que se hizo, le dolía hacerle esto a su esposo. En eso Liset vio las manchas de semen seco sobre su blusa roja, se asustó mucho, ¿Qué tal si Raúl la encuentra así? Por el miedo ella decidió echar a lavar su ropa de inmediato.

    Se bañó en la bañera, recordando como Marco se la folló hoy, aún sentía dolor en su vagina por la manera en que se la folló. Liset iba a masturbarse, pero recordó que su esposo la estaba esperando. Se terminó de duchar y se puso su pijama, esta noche ella quería solo pensar en su hombre, su esposo, y quería olvidarse de Marco.

    Ella bajó hacia la sala principal, ahí la esperaba su hombre repartiendo una rebanada de pastel en dos platos. Su esposo mientras ella se bañaba hizo dormir a sus dos hijos fácilmente, eso ella lo sabía, Raúl siempre les contaba un cuento para que se durmieran.

    «Bien… a comer» Dijo Raúl apartando una silla para que su esposa se sentará.

    Liset se sentó en la silla y rápidamente comenzó a devorarse el pastel, debido a sus antojos de embarazo.

    «¿Y qué hiciste de bueno hoy amor?» Pregunto sorpresivamente Raúl.

    Liset casi se atragantó con el pastel, no esperaba esa pregunta de parte de su esposo.

    «Pues… fui a visitar a Jasmín (Su amiga de secundaria)» Dijo Liset.

    «¿Y qué hicieron?» Preguntó de nuevo Raúl.

    «Pues… hablamos y… pues vimos series…» Dijo Liset mintiendo.

    «Ya veo…» Dijo Raúl comiendo su pastel.

    Tras terminar su pastel ambos subieron a su dormitorio que compartían juntos. Se acostaron abrazados no sin antes decirse lo mucho que se amaban el uno al otro. Esto hizo que Liset derramará algunas lágrimas a causa de la culpa, Raúl le pregunto por qué se emocionaba tanto… Liset solo dijo que era a causa de su embaraza que estaba muy sensible.

    Luego de unos minutos Raúl se durmió, mientras Liset en la oscuridad se daba fuerzas a sí misma para seguir con su juramento. Pues pese a la culpa, ella seguía muy caliente por todo lo que le hizo Marco… ¿Cuándo volveré a verlo? Se preguntaba Liset mientras se dormía con una mezcla de placer y culpa…

    Continuará…

  • Linet en su primera vez: Cógeme como tú quieras

    Linet en su primera vez: Cógeme como tú quieras

    Cuando me cambié a vivir a los condominios que heredé de mi madre fue para esos primeros meses que había enviudado. Viviendo ahí tuve cuatro relaciones bastante intensas sexualmente; todas muy buenas, pero la que me hizo totalmente cambiar mi percepción con las mujeres jóvenes fue la bella Linet. Cuando yo llegué a vivir a los condominios ella apenas tenía sus 16 años y obviamente estaba en esa edad del descubrimiento en todos los aspectos. En esos días todavía era un tanto llenita, de piernas gruesas y un trasero despampanante. Se miraba que venía desarrollando unos pechos de buen tamaño y por esos días se le solía ver con sus pantalones cortos o sus minifaldas. Su fuerte era ese rostro angelical de niña buena, de una cabellera corta y oscura y sus ojos esmeralda.

    Se volvió muy cercana a mí, pues su madre era una neurocirujana que desde que llegué a vivir ahí, se volvió muy amiga mía. Era mayor que yo, quizá rondaba los 50 años y yo en ese entonces atravesaba los 32. Al igual que yo, la doctora era viuda y en ese momento madre soltera y la preciosa Linet era su única hija. No sé cómo pasaron dos años, pues de repente la bella Linet me hablaba de la aceptación a la universidad y ya para sus 18 años se había convertido en una buena amiga y me hacía sentir especial como a un amigo confidente. Siempre llegaba con sus pantalones cortos o minifaldas donde muchas veces pude observar el color de las bragas que usaba. Algunas veces llegó en su traje de baño a mi condominio con la excusa que no llevaba la llave de su condominio y que su madre había salido sin decirle. A sus 18 ya no se miraba llenita y de hecho tenía un cuerpo muy escultural. Algunas veces que iba para alguna fiesta me llegaba a preguntar sí se miraba bien con el vestido que llevaba o como iba maquillada. Siempre pensé que me había convertido para ella en una especie de figura paterna, pero todo cambiaría en esos meses que Linet se preparaba para entrar a la universidad. Un día me preguntó:

    -¿Qué me aconsejas… comienzo a usar la píldora ahora que voy a entrar a la universidad?

    -¿Por qué deberías? ¿Estas sexualmente activa? -le pregunté.

    -¡No! Pero me gustaría estar preparada y no tomar ningún riesgo.

    -En ese caso ya has tomado la decisión y a tus 18 puedes tomar las decisiones que tú quieras sin consultarlo con tu madre. ¿Ella que dice?

    -No se lo he consultado… siento más confianza hablar de estas cosas contigo. -me dijo.

    La verdad que la miraba con una niña, sino mi hija, pero como una sobrina. Ese coqueteo que luego ella me admitía pasaba desapercibido pues en ese punto de mi vida no tenía tiempo en pensar que una chica de esa edad le interesase un hombre que casi le doblaba la edad. Me acostumbré a verla con sus diminutos pantalones cortos donde prácticamente me mostraba sus bonitas nalgas o sus minifaldas donde en varias ocasiones me pareció que lo hacía adrede para mostrarme y provocarme mostrándome sus bragas. Creo que por esos días pasaba más en mi condominio que en el suyo, pues su madre debido a sus responsabilidades tenía una rutina ajetreada y sin mucha consistencia y Linet llenaba ese vacío junto conmigo. Un sábado por la noche que mirábamos una serie de televisión, creo estaba decidida y realmente me sorprendió de la manera que se dieron las cosas. Me preguntó:

    -Tony, quiero que sea honesto conmigo: ¿No le gusto o no le provoco como mujer?

    -¿Y a qué viene esa pregunta?

    -Es que creo he hecho lo necesario para provocarte y ver si te fijas en mi como mujer.

    -Linet, te conozco desde los 16 años y para mi sigues siendo esa niña.

    -¡Pues ya no tengo los 16, pero desde entonces tú me gustas y he querido sentirte como hombre! ¿Me entiendes lo que te quiero decir? Quiero que me hagas sentir mujer.

    Realmente estaba anonadado y no sabía cómo responderle pues la verdad toda esa coquetería de la que hablaba pasaba con ese proceder de un comportamiento confuso de la pubertad y adolescencia y a mis 34 me sentía mucho mayor para poder provocar a una chica que apenas había cumplido los 18. Quizá ella me vio vacilante y antes de que yo volviera a hablar me lo puso como reto o algo así como una oferta final. Me dijo:

    -Tony, quiero que me beses… quiero que me hagas tu mujer. Quiero que hagas conmigo todo lo que pase por tu mente. Si no quieres, me sentiré tan humillada que no me atreveré a volverte hablar.

    Realmente nunca me lo esperé ni lo intuí. Sabía que yo le gustaba, pues ella me lo decía todo el tiempo, pero nunca imaginé que ella quisiese dar ese paso estando en una edad donde ella tenía a disposición chicos de su edad en la escuela y también que me había acostumbrado a verla tan familiar que mirarle los calzones ya pasaba desapercibido. Ese día sentía traicionar la confianza de la madre de Linet, una médico a quien le tengo mucho respeto y sentía que me aprovechaba de la ingenuidad e inocencia de una pequeñuela que, a pesar de tener ya 18 años, seguía siendo para mi esa misma chiquilla que un día conocí. Era un debate interno, pero como siempre el sexo en sí tiene su propio peso. Linet era una linda mujer a sus 18 y en ese mismo momento me imaginé a la mujer en la cama gozando unos orgasmos provocados por mí y, eso se fue inclinando para que yo me acercara a Linet y le dije:

    -Sabes que sí tu madre se entera se llevara una gran desilusión de mí. Siento que estoy traicionando su confianza.

    -Tony, ¿usted quiere hacerme su mujer sí o no?

    -Si. -le contesté.

    -Entonces olvídese de mi madre y hágame suya.

    Me acerqué a Linet y quien se encontraba sentada en el sofá donde se pueden sentar dos y que además eran reclinables. Le di un beso por sobre sus labios y ella prosiguió con besos más provocativos donde ambos saboreamos nuestras lenguas por varios minutos y en ese lapso ella me había dicho que le gustaba el olor de mi cuerpo. Ella llevaba una blusa desmangada de color naranja pálido y su minifalda azul descolorido de tela de denim. En vez de un brasier, ella usaba un bustier deportivo donde se sostenían unos pechos de una medida que creo llegaban a la copa D. Ella me asistió a removerlos y me quedaban esos suculentos pechos con unos pezones erectos de color café y donde me entretuve besándolos y jugando con sus dos botones. Mientras mamama uno, con la otra mano le apretaba el otro. Le pregunté:

    -¿Te gusta Linet?

    -¡Me encanta! Todo lo que hagas conmigo sé que me va a encantar. -me decía gimiendo y con una voz recortada.

    Con los movimientos en el sofá hicieron que la minifalda de Linet se subiera por si sola y podía ver sus bragas humedecidas por la excitación que vivía. Ella me quitó la camisa deportiva que vestía y al igual comenzó a lamer y mamar mis pectorales. Me decía entre recesos y suspiros algo que lo repetía a cada momento: Siempre imaginé que algo así pasaría… hazme tuya como tú quieras Tony. – Estaba tan decidida a que esto pasara que hice una pausa y le dije:

    -Debo ir a la tienda por unos condones.

    -No… recuerda de que te hablé de que tomaría las píldoras: Ya llevo más de un mes en ello… no es necesario.

    -¿Estás segura?

    -Quiero que me hagas tuya como a ti te plazca… quiero sentirte en todo mi cuerpo.

    Se acomodó para que le quitara las bragas y estas estaban tan mojadas que parecía se había orinado. Pude ver ese espesor de sus jugos vaginales y su olor me excitaba más. Para este momento ya dejé de pensar en la chica de 16 años que conocí y ni me recordaba de la amistad que tenía con su madre. Linet era toda una mujer a sus 18 años, con unas curvas que llevaban a cualquiera a la lujuria y fue un placer descubrir su sexo que solo se dejaba un pequeño arbusto de vellos púbicos por sobre encima de donde se podía apreciar un brillante clítoris que me invitaba a mordiscarlo. Linet es de esas chicas de labios superiores gruesos, de clítoris pronunciado y no creo que ella se lo esperaba, pero me fui sobre su conchita y me dediqué a saborearla y explorarla con mi lengua. Ella solo gimió y jadeaba de placer. Tuvo que haber estado tan excitada que apenas paseé mi lengua en su abertura y se corrió con un grito desesperado. -Tony, mi amor… que rico… no sé lo que me pasa, pero delicioso lo que estoy viviendo.

    No paré hasta que parecía llorar y me dijo que ya no soportaba esa sensación. Me paré y me bajé mi pantalón y mi calzoncillo estilo bikini. Mire cómo ella me vio la verga totalmente erecta y cómo me salía liquido pre seminal de ella. Intuyendo, se acomodó en el sofá y me esperaba con su piernas abiertas para que le llenara ese vacío de su intimidad que ella quería llenar. Que rico fue sentir y ver como mi verga se hundía y recorría toda esa abertura de esta bella chica. Se sentía apretada y fue cuando en ese primer entrar gimió con un sentido de dolor y vi como mi verga se llenó de su sangre cuando le rompía el himen. Pensé que estaba menstruando y se lo pregunté. Me dijo que no le vendría hasta en quince días y que sangraba porque la había desvirgado.

    Fui más delicado en como mi falo entraba y salía de su conchita, hasta que ella misma me decía que sentía un enorme placer. Creo que estuvo con mi verga alrededor de 10 minutos sin mucho vaivén, pero luego ella misma restregaba su conchita contra mis huevos y de nuevo explotó sin mucha advertencia. – ¡Que rico! – me dijo con su voz quebrantada. Se hundió en el placer y podía ver su rostro como hacía esas muecas de excitación al experimentar un segundo orgasmo que pareció le duraba más que el primero. Le pompeé su conchita con embestidas más agresivas y con ese sonido delicioso de escuchar cómo mis huevos chocaban en sus nalgas y como Linet se mordía sus propios labios me hizo alcanzar el paraíso y le descargué un potente polvo que le inundó su conchita. Dejamos empapados el sofá de mi esperma y de los jugos vaginales de Linet. Nos fuimos a lavar y ella se metió a la regadera a bañarse.

    Cuando regresó, no iba cubierta por nada: ahí estaba la hermosa Linet a sus 18 años frente a mi totalmente desnuda y con solo una cadena y un pendiente de oro en el cuello. Yo solo me había lavado el rostro y la verga y, me había enjuagado la boca con un antiséptico mentolado. Desnudos ambos nos fuimos besando hasta mi habitación, la cual Linet conocía a la perfección, pero esta vez la recordaría como ese nido de amor y de pasión en su primera experiencia sexual. Recuerdo que le dije que se acostara por sobre su estómago y yo a un lado le comencé a besar la espalda. Poco a poco me acerqué a sus nalgas y me puso un alto cuando quizá intuyó el camino que tenía pensado recorrer:

    -¿Qué haces?

    -¡Acariciar todo tu cuerpo! -le contesté.

    -Pero ahí no… me hace muchas cosquillas.

    -Deja que disfrute de todo tu cuerpo… No acaso recuerdas que decías que hiciera todo lo que quisiese contigo.

    -Si… pero me da muchas cosquillas.

    -¿Me dejas?

    -Si… ok, está bien, pero ve con cuidado.

    Me sostuve amarrando con mis brazos sus caderas y le paseé mi lengua entre el canal de sus nalgas hasta encontrar su ojete que sentía Linet lo contraía, pues pude ver ese movimiento de ese precioso anillo rojizo del rico ano de esta preciosidad. Creo que era cuestión de pena pues cuando le invadí su ojete con mi lengua y hacía por penetrársela, ella solo gemía de placer y solo exclamó algo que me indicaba que le había gustado: ¡Oh, Dios, oh, ¡Dios… -y lo repetía cuando le comía literalmente el culo a Linet! – Era su primera experiencia en todo y una chica de 18 años, aunque teóricamente le hayan hablado del sexo y todo lo que ello implica, no es lo mismo viviendo esa primera vez donde apenas se va descubriendo esos placeres que la droga del sexo puede ofrecer. Linet creo que nunca se esperó que en el arte o el deporte del sexo hubiese ese contacto entre lengua y ano. Semanas después ella me lo confesaba y de lo ingenua que todavía era en estos trotes sexuales.

    Esa primera vez, le comí el culo a Linet por lo menos una media hora y era tanta su excitación que obtuvo un orgasmo con solo comerle el culo. Sus jugos vaginales aparecieron en abundancia y tuvo una especie de ataque epiléptico que sus músculos de todo el cuerpo que conllevaron ciertos espasmos. Gimió profundamente cuando en ese momento de su orgasmo le penetré mis 22 centímetros de mi verga en su vagina. Y repitió lo mismo: ¡Oh, Dios mío! – No paré mis embestidas hasta que de nuevo le llené de esperma su vagina la cual rebalsó con ese líquido blanco que vi caer y como Linet lo expulsaba de su conchita… era un paisaje divino, ver ese tremendo trasero y como Linet contraía de una manera instintiva ese esperma que se escurría entre sus piernas.

    Esta vez nos fuimos a bañar juntos y Linet quería tocarme, estaba en ese génesis de su exploración con el sexo opuesto y me pidió permiso para besarme la verga. Comenzó con unos besos en mi glande y luego instintivamente me chupaba las pelotas que a los minutos me volvía a poner mi verga bien erecta. Me masajeaba la verga con su índice, siguiendo las venas que se me marcaban en el falo. Linet estaba tan excitada, que cuando toqué su vulva con mis dedos, esta estaba de nuevo bien lubricada y con su clítoris hinchado. Nos secamos y al caminar a la cama de nuevo le he dicho que quiero follarme su culo y, es ahora ella quien me recuerda: -Te dije que quería ser tu mujer, a como tú me quisieras… soy tuya Tony. -En la cama le he vuelto a lamer el ojete y le he insertado un dedo y el dedo pulgar que es el más grueso. Lo ha asimilado bien y le he dicho que se relaje y que, si se siente incómoda, que me lo haga saber para abortar la acción. No me dijo nada, solo gemía a mi invasión. Vi como mi glande desaparecía amarrado por su ojete. Ella me lo apretaba tan rico que si no hubiese tenido 34 años y haber acabado en ella ya dos veces me manda a la gloria de nuevo. Se tragó mis 22 centímetros en su culo y sentía como mis testículos ahora chocaban en contra de su conchita… la tenía en cuatro por sobre la cama. Recuerdo que cuando la tenía bien trabada le pregunté:

    -¿Te gusta?

    -¡Me encanta! Siento que me vas a hacer correr otra vez.

    Linet es de esas pocas chicas que me han sorprendido en el acto sexual y especialmente haciéndole sexo anal. Muchas chicas me han dicho que le ha dolido y que luego después encuentran el gusto, pero para Linet, ese dolor en su culo era más que toda una excitación. Ella me lo decía días después de esa primera experiencia de esta manera: -Es cómo probar la primera cerveza que es amarga, pero te gusta la sensación que te da… hay una incomodidad, pero es una incomodidad riquísima. – Recuerdo que le taladré el culo porque ella me lo pedía: -Dame más… más fuerte… -Yo correspondí y en segundos se fue de bruces contra la cama, estaba teniendo uno, que va… dos o tres orgasmos que solo se escuchaba su jadeo disfrutando sus primeros orgasmos anales y me fui por tercera vez y, le llené su ano de mi esperma y ella lo lanzaba instintivamente con un sensual movimiento de su esfínter. Si, era un poema… que bonito recuerdo con esta chica de solo 18 años, ver cómo mi esperma salía de su precioso y rico culo. Esa noche durmió conmigo y cogimos como quisimos y solo los interrumpió una llamada de su madre que estaba en un hospital trabajando:

    -Sr. Zena, ¿está mi hija en su casa?

    -Si… ella se encuentra aquí… estábamos viendo unas películas.

    -¡Qué bien! ¡Gracias por brindarle protección a mi hija, pues estaba preocupada porque no contestaba el teléfono en nuestra casa!

    -No se preocupe… de hecho ella iba ya para su casa, pues ya se está haciendo noche.

    Linet me decía que su madre le había hablado y para esto eran ya las 12 de la medianoche. Ella ha regresado a mi condominio, pues su madre le ha dicho que no llegará hasta la noche siguiente. Linet se ha obsesionado con el sexo oral y anal que, lo hemos repetido una y otra vez en esa madrugada. Cogimos así por unos cinco meses, hasta que acepté la posición a la vicepresidencia de la compañía donde trabajaba y me tuve que mover de estado. Les cuento esto, pues Linet se contactó conmigo hace algunos días y hemos recordado esos momentos. Ahora ella es médico como su madre, felizmente casada y tiene dos hijas que ahora rondan esa edad cuando ella y yo cogíamos hasta morir. Le dije que recordaba vivamente sus gemidos y ella me dijo que recordaba vivamente mi verga.

  • De mis vacaciones con la tía Bertha (Parte V)

    De mis vacaciones con la tía Bertha (Parte V)

    Todavía Ricardo estuvo charlando un rato conmigo al llegar a casa. Intercambiamos nuestros números de teléfono móvil, y el quedó en llamarme para que saliéramos a dar una vuelta. Entré al sitio donde me aguardaba la tía, con un montón de emociones nuevas para mí, porque admito que Ricardo me había entusiasmado y si, quería volver a verlo muy pronto.

    Al llegar a la estancia, mi tía estaba sentada en la sala, acompañada por un hombre mayor. Debía tener unos cincuenta años, los que se le notaban por la aparición de algunas canas en su creciente barba, la falta de cabello y la formación de una redondez en su abdomen producto de no sé cuántas cervezas tropicales. Bertha me llamó cuando yo había alcanzado la cocina y me encontraba acomodando las compras en la alacena, así que acudí a ella tan pronto hube dejado la última lata en su lugar.

    -Mira sobrina, te presento al señor Melquiades. Es un viejo amigo y dueño de uno de los almacenes más prestigiosos de esta localidad.

    -Mucho gusto Don Melquiades- dije mientras extendía mi mano para saludarlo.

    -Es un placer chiquilla- dijo él, a la vez que acariciaba mi mano, prolongando el momento de soltarla- que guapa tu sobrina Bertha. De haber sabido que tenías estás bellas visitas, me habría aparecido por aquí más pronto.

    -Jaja- río mi tía con naturalidad- gracias Melquiades. Así somos todas las mujeres de mi familia. Pero ven Dany- dijo ella mostrándome el sitio de la sala donde me invitaba a sentarme.- acompáñanos a platicar un poco. ¿Gusta algo de tomar?

    -Un ron con coca cola estaría bien- repuso el hombre.

    -Muy bien. Danny, sírvenos tres vasos iguales por favor.

    -Si tía- respondí al tiempo que me dirigí hacia la cocina. Empecé a preparar las bebidas, en lo que repasaba lo que durante ese día me había acontecido: al parecer yo no solo era bonita, sino que lucía mucho más sexy de lo que yo misma alcanzaba a sospechar. Las miradas lujuriosas de los hombres en la calle, sus frases obscenas y la forma en que indisimuladamente ponían sus manos por encima del pantalón en donde se hallaban sus penes me habían asustado pero también dado una sensación de poder sorprendente: los provocaba y esto no solo me hacía sentir muy caliente sino ansiosa. Incluso Ricardo, quien se había comportado como un caballero, habría sido tocado por mi encanto. Porque también pude notar que al disimulo veía mis piernas, mi delicada cintura y la tremenda curva que mis nalgas dibujaban a través del mini vestido.

    Regresé con las bebidas en lo que la conversación entre Melquiades y Bertha se había tornado al parecer más jocosa.

    -Jaja que cosas dice Don Meoqui. Quién lo viera, tan decente que se ve.

    -Jaja- respondió él mientras tomaba el vaso que le ofrecí- pues uno que es hombre, ya sabrá Bertha.

    -Pues si- dijo ella a la par que bebía el aguardiente y me ordenaba con la mirada que me sentará en el mismo sillón en el que el hombre se encontraba. Y lo hice, aunque me coloqué en el otro extremo. Y ella agregó- y además es costeño, es decir de temperamento ardiente.

    -Como todos los de éstos rumbos- sentenció el, mientras me miraba de reojo las piernas. Ahí entendí que el vestido, de por sí pequeño, no era apto para sentarse, pues la falda se subía mucho y obligaba a permanecer con los muslos cerrados y las manos entre ellos. Mi tía de pronto lanzó un pequeño grito en lo que profería:

    -¡Pero que idiota soy! ¡Tengo que ir a ver a la vecina para inyectarla!

    -Ups tía- le contesté aliviada, porque pensé que eso obligaría a ese señor a retirarse.- pues ve entonces.

    -Sí, vaya con confianza Bertha. Yo solo me acabo mi bebida y me iré también. – dijo él mientras para mí se prendían de nuevo las alarmas.

    -Está bien. En un rato regreso, cómo en unos cuarenta minutos. Levantas por favor todo y lavas los trastes Dany.- ordenó ella en lo que tomaba su bolsa y se dirigía a la puerta.

    -Si señora.

    Una vez que Bertha cerró por fuera la puerta, el hombre volteó descaradamente hacia mí y dijo: ven, que estás muy lejos. Así no se puede brindar.

    -Aqui estoy bien. Gracias- contesté mientras instintivamente buscaba algo con que taparme mis extremidades inferiores.

    -De acuerdo preciosa, entonces yo voy- advirtió él al tiempo que acercaba su humanidad a escasos centímetros de la mía- salud, por el placer de conocer a una mujer tan guapa como tú- agregó en lo que chocaba su vaso con el mío. Yo estaba espantada, pero también algo intrigada. Porque aún no entendía hasta donde es capaz de llegar un hombre para saciar sus instintos. Después de todo, esa seguía siendo la casa de mi tía, a la que él y cualquier persona debía un respeto, así que no sospeché que llegara a más de unos piropos subidos de tono y unas lascivas miradas. Pero él continuó su insistencia, poniendo una de sus rudas manos encima de mis piernas. Empezó a acariciarlas, mientras con su brazo rodeaba ahora mis hombros.

    -Pero que lindas piernas tienes muñeca… y tu piel es igual de suave y bonita.

    -¿Qué hace? -pregunte a la defensiva, a la vez que intentaba levantarme. Pero él no me dejó mover ni un centímetro. Acercó su rostro a mi cara y tomó una de mis manos, atrayéndola hasta donde se encontraba la base de su pene. Me sentía escandalizada por lo que estaba haciendo, pero la curiosidad de tener entre mi mano una tranca que se adivinaba dura y gruesa pudo más que cualquier reclamo que quisiera hacerle. El notó que no había movido mi mano de aquel sitio -por más que pudiera hacerlo- y dijo: ¿Te gusta, eh? Entonces abrió su cremallera, se abrió el calzón y lo que vi me sorprendió sobremanera: era una polla dura, no demasiado grande pero si gruesa y venuda. Roja y brillosa en la punta. Yo solo tenía como referencia la mía, pero he de reconocer que ni en su mayor excitación se hallaba cómo aquella. Empecé a halarla con mi mano, haciendo un movimiento de sube y baja desde el tronco hasta la cabeza, haciendo contorsionar al hombre dueño de aquella poderosa herramienta. Don Melquiades solo cerraba los ojos, levantaba su cadera para permitirme más la suculenta paja que le estaba haciendo y decía:

    -Muy bien preciosa. Así, así se hace. Sigue de esa manera consintiendo a papi.

    Yo continué con aquella dinámica, en la que sentía cada vez más caliente su polla. Y yo también me excité, porque poner a un hombre en tal situación me brindaba una sensación de poder indescriptible. Empecé a frotarme también, pero deseaba hacer correr a ese hombre a quien apenas acababa de conocer. Y le di más rápido, apretando su falo con mayor fuerza y a todo lo largo del mismo. Y él empezó a pedir entre gruñidos, gritos ahogados y jadeos que no parara, a advertirme que estaba a punto de venirse, que lo haría muy pronto, que le faltaba muy poco… Y entonces de su pene salieron disparadas varias emisiones de líquido seminal, algunas de las cuales se estrellaron en mi cara y en la falda de mi vestido, haciéndome sentir por unos momentos orgullosa de hacer eyacular a mi primer hombre.

    -Me encantó lo que hiciste princesa- dijo él un par de minutos después, cuando se hubo recuperado y guardado su animalito adentro del pantalón. Se levantó y me dio un beso en la frente, a la vez que me pedía que limpiara todo antes del regreso de mi tía.- te dejo esto, no cómo pago, sino como gratificación- sostuvo en lo que vaciaba su cartera sobre mi minifalda, a centímetros de donde había dejado parte de su semen.- Y ya me voy, pero a la próxima quiero hacer otras cosas contigo.

    Yo no le dije nada. Pero lo acompañe a la puerta de salida, mientras guardaba los voluminosos billetes entre mi sujetador. Al cerrar la puerta, supe que Bertha me habría abierto otras muchas a mundos nuevos…y probablemente me agradarían sobremanera…

    Comenten sobre esta historia, que debe concluir en el próximo avance.

  • Autobiografía sexual (Parte 8): Lo malo de vivir sumisa

    Autobiografía sexual (Parte 8): Lo malo de vivir sumisa

    La noticia del asesinato del señor Romanin fue bastante impactante para mí. Quise tomar al periódico y leerlo, pero me detuvo un cúmulo de pensamientos que llegaron a mi cabeza. «¿Será que el señor Romanin no pagó mi fianza y lo hizo alguien que me está protegiendo?» fue la cuestión a la que arribé finalmente, después de tanto pensar mientras el tiempo pasaba y mi desayuno se enfriaba.

    En eso, miré a mi mamá que se quitaba su mandil y rodeaba con sus manos el cuello de Ignacio para besarlo y despedirse de él.

    —¿A dónde vas? —preguntó él con tono serio.

    —A buscar trabajo. Tengo que ayudarte con los gastos de esta casa.

    —¿Otra vez vamos a discutirlo? Ya te dije que es suficiente con que me ayudes con las labores domésticas.

    —Es muy poco comparado con lo mucho que has hecho por mí.

    De repente, Ignacio volteó a verme por unos segundos y regresó la mirada hacia mi mamá.

    —De acuerdo. Ve con cuidado.

    Mi mamá se despidió de mí y yo me mostré fría. No me gustaba lo sumisa que estaba siendo mi mamá, aunque sabía por dentro que yo también era así con quien se me presentara, pero cada vez más reflexionaba acerca de cambiar eso en mi vida.

    —¡Órale, desvístete! —me gritó Ignacio recién que se fue mi mamá.

    —¿Qué te pasa?

    —Tengo que irme a trabajar. A estas horas tu mamá me daba mi despedida pero ahora no podemos porque estás aquí. ¡Apúrate, que se me hace tarde!

    —A ella la puedes someter cuando quieras pero a mí no, ya no soy tan dócil.

    —¿Así me pagas lo que he hecho por ti?

    —Tampoco soy una puta. Si voy a tener sexo contigo es porque quiero y cuando quiero, no porque me obligues.

    —La última vez me pediste dinero a cambio, ¿eso no te hace puta?

    —Ya no lo soy, ¿entendido? Solo no tengo ganas de hacerlo en estos momentos, me siento mal. Déjame recuperarme de este trauma de haber estado extraviada y estaré dispuesta.

    —Mira, te presté dinero, tú mamá me hizo ayudarle a pegar anuncios en los postes de que estabas desaparecida, cuando le llamó a tu mamá esa persona que te encontró fui a recogerte y ahora te estoy dejando vivir en mi casa. Por lo menos un rapidín es lo que te estoy pidiendo, no te cuesta nada más que poner el culo y yo hago el trabajo.

    —¡Ya te dije! ¡Ahorita no!

    —¡Aquí se hace lo que yo digo, mocosa! —dijo enfurecido y me haló del cabello para aventarme en el sofá.

    Quise poner resistencia, pero él tenía mucha fuerza. Me sometió como policía a ladrón contra el suelo, en este caso él sobre mí en el sofá, me bajó el pantalón con todo y ropa interior. Por instinto yo solo gritaba repetidamente «¡no!» y llevaba mis manos hacia mi trasero para evitar que me penetrara.

    —¡Es mejor que te relajes! ¡Te dolerá si te resistes! ¡Quita las manos!

    Yo estaba espantada, aún sin llegar al grado de llorar. Estaba temblando y en la desidia entre dejarme o no pensé «al fin que ya he pasado por este tipo de humillaciones». Fui retirando mis manos de mis nalgas poco a poco y él sacó su verga a través de la bragueta de su pantalón y me la metió. Su estado de alteración le provocó embestirme muy duro.

    —¡Mmmm! ¡Ay!

    —¡Eso! Disfrútalo nena.

    Pero él no sabía que mis gemidos eran de incomodidad y mis gritos de sentir el golpe de su pelvis contra mis glúteos. Es como si voluntariamente desactivara la sensibilidad en el interior de mi vagina, yo no lo estaba disfrutando en verdad y quería que pasara rápido el momento. Afortunadamente, resistí los diez minutos que me tuvo así hasta que me sacó su pito y me echó su leche en las nalgas.

    —¿Verdad que no te cuesta nada? —me dijo mientras se arreglaba.

    —¿No prefieres que sea mutuo el deseo?

    —Pues sí, pero tú te estabas negando.

    —Olvídalo. No tienes la capacidad de comprender a una mujer. Me preocupo por mi mamá porque salió de un problema así con mi papá y ahora pasará por lo mismo contigo.

    —La diferencia es que conmigo va a tener todo lo que ella quiere y sobre todo en el aspecto sexual. Tú mamá es una golosa de primera. Por cierto, te anticipo la noticia: Una vez que tu mamá termine los trámites de divorcio con tu papá yo seré tu padrastro y como obsequio quiero una hijastra cariñosa y complaciente. ¿Es mucho pedir?

    Permanecí en silencio porque esa nueva información apenas cabía en mi cabeza por todo lo que estaba ya procesando. Ignacio se despidió de mí dándome un beso imprevisto en la boca y se retiró. De inmediato, me metí a bañar, tardándome más de una hora para desahogarme y ordenar mis ideas. «Todo está bien, Lorena. Debes dejar de pensar en todo lo que aconteció en estos últimos meses y salir adelante. Aprovecha que en este momento no hay nadie en esta casa para salir y buscar un nuevo trabajo», me decía a mí misma para animarme y tan pronto me vi decidida fui a la recámara donde dormían Ignacio y mi mamá, encontré ropa de mi mamá a mi medida en su closet y salí de esa casa.

    Tan desorientada estaba, que a pesar de que ya conocía la casa de Ignacio anteriormente, pensé que me encontraba en San Juan del Río todavía y no asimilé que ya había vuelto a Tequisquiapan, con razón se me hacían conocidas las calles y los lugares que recorría. Nada mal para haber salido sin nada de dinero ni un teléfono celular, ya que todas mis pertenencias se habían quedado en la casa del señor Romanin.

    Sentimentalmente, era lindo tener esa sensación de libertad. Si bien consideraba que al vivir con Ignacio era susceptible de esclavitud sexual nuevamente, no tenía impedimento de hacer lo que yo quisiera fuera de ello. Además, sentía libertad en el aspecto de mis emociones, es decir, sentí haberme liberado mentalmente y tan rápido de lo que recién había vivido, o al menos eso creía.

    Eran las dos de la tarde y yo ya había tenido varias entrevistas laborales en distintos negocios y empresas, pero en ninguna hubo una contratación inmediata. No tener teléfono me complicaba la existencia, ya que tenía que acudir a cada uno de esos sitios en posteriores días para saber si estaba contratada o no.

    Hallé una banca en mi camino y decidí descansar ahí, mirar el cielo, respirar profundamente y relajarme mentalmente. Transcurrieron unos cuantos minutos y escuché una voz un poco lejos de mí.

    —¿Lorena?

    —¿Adrián? —dije sorprendida.

    —¿Te encuentras bien?

    —¡Sí! Estoy bien, gracias.

    De pronto, todo lo que supuestamente había olvidado regresó a mi mente, como si retrocediera la cinta de la película de mi vida hasta el momento en que conocí a Adrián y tuve sexo con él, pero no logré conectar lo que sucedió después de coger y cuando desperté al día siguiente.

    —¿Qué ocurrió esa noche después de eso?

    —¿Te refieres a cuando cogimos en cada del señor Romanin?

    —Pues sí.

    —Te quedaste dormida y yo me fui.

    —¿Qué clase de medicamento me diste esa noche?

    —Pues un analgésico. Parece que el efecto fue muy rápido y seguramente, con lo cansada que estabas, dormiste de inmediato.

    —¿Y qué hiciste tú después?

    —Te dejé ahí dormida, tomé mis cosas y me fui.

    —Y también tomaste cosas que no eran tuyas, ¿cierto? —dije como acusándolo.

    —¿De qué hablas?

    —Dime la verdad. ¿Tú hurtaste los objetos de valor de la casa del señor Romanin?

    —¿Tengo cara de ladrón acaso?

    —No sé. Si una vida no es suficiente para conocer bien a una persona, mucho menos un día —dije como si parafraseara lo escrito en un libro.

    —Pues tienes un mal concepto de mí.

    —¿Entonces quién se robó las pertenencias de esa casa?

    —¿Yo qué voy a saber? —preguntó comenzando a alterarse y luego de una pausa, prosiguió—. ¿Eso tiene que ver con el homicidio del señor Romanin?

    —Bien que estás informado de eso pero no del robo y de que me metieron presa. Hasta en el periódico salió que detuvieron a la sirvienta de la casa, o sea, yo.

    —En serio que no me enteré de eso. Ahora me explico por qué no contestabas tu teléfono. Pero, ¿te encuentras bien? Por eso te lo pregunté al principio, porque me enteré de la muerte del señor Romanin, pero no supe lo que te pasó a ti.

    —Obviamente no estoy bien —contesté demostrando angustia y volví a sentarme, llevando mis manos al rostro—. Solo no puedo superar todo lo que pasó, pero lo bueno es que ya pasó.

    —Entiendo que sientas esa necesidad de encontrar al responsable de lo que atravesaste. Créeme que ahora lamento no haberme quedado a dormir contigo esa noche, pude haber evitado eso.

    —No. Perdóname si intenté culparte.

    —No pasa nada. Solo quiero que estés bien.

    —Gracias. Por cierto, ¿qué haces aquí? —cuestioné sin poder dejar a un lado mi suspicacia.

    —Ya me conoces. Bueno, un poco. Vine a echar polvo con una chica que conocí por redes sociales.

    —Vaya. Lo bueno de ser un galán.

    —Así es —respondió soberbiamente—. ¿Y tú?

    —Pues es una larga historia. Bueno, luego de ser detenida y recluida, alguien pagó mi fianza. No sé quién haya sido. Salí del ministerio público y vagué hasta que me recogió mi mamá, gracias a que alguien le comunicó que me encontró, de igual forma no supe de quién se trataba. Y mi mamá me trajo de vuelta aquí a Tequisquiapan donde nací y he vivido siempre. Todo fue extraño después de que tú y yo cogimos, deberías advertirle eso a la muchacha con la que te revolcarás hoy.

    —Perdón, no pude evitar reírme —dijo luego de explotar a carcajadas.

    —Tranquilo, yo también necesitaba reírme —contesté riéndome con él.

    —Bueno, pero seguramente estarás agradecida con quien haya pagado tu fianza y con todos los que te hicieron bien.

    —Si tan solo supiera quien fue, tal vez sí. Pero a la vez no quiero saberlo, no sea que quiera sacar provecho de ello.

    —¿Por qué lo dices?

    —Porque ahorita estoy viviendo en casa del amante de mi mamá y me quiere cobrar el hospedaje y otros favores que me hizo con sexo. De hecho, hoy me forzó.

    —Lamento que eso haya sucedido y gracias por tenerme la confianza. Perdona que hable a la carrera, pero se me hace tarde. Deseo de todo corazón que te vaya muy bien y no sufras más desgracias.

    Adrián sacó una libreta de su mariconera, escribió su número de teléfono en una hoja y me la dio, ofreciéndose para lo que me plazca y cuando me plazca. Le agradecí, le deseé una noche divertida y cada quién tomó su rumbo.

    Volví a la casa antes de que anocheciera y encontré a mi mamá sola. Por fin, ambas con la privacidad que requeríamos, platicamos de absolutamente todo lo que nos aconteció durante ese tiempo sin vernos, lloramos, reímos y sobre todo, nos aconsejamos. Lo único que le oculté fue que había tenido relaciones con Ignacio.

    —Mamá, ya no seas exageradamente sumisa. Ve lo que te pasó con mi papá, vas a repetir el mismo patrón con Ignacio.

    —Es que esa es mi naturaleza, hija.

    —Pero dejas que te traten como a un objeto. Y de alguna forma lo aprendí de ti, tanto que ya sabes lo que me pasó con mi tío y con el señor Romanin.

    —Discúlpame, hija. Siempre te aconsejé, pero nunca fui congruente con mis actos.

    —Descuida, mamá. Ya verás que no me dejaré de ningún hombre, pero me preocupas tú. ¿Hasta cuándo serás así?

    —Haré todo lo posible por mejorar en ese aspecto, te lo prometo. Más adelante verás que mi relación con Ignacio progresará aún más y yo maduraré en todo lo que me haga falta.

    En eso, Ignacio interrumpió nuestra conversación al llegar a la casa y omitió el saludo.

    —¿Y la comida?

    —Ya está hecha —contestó mi mamá—, enseguida te la caliento.

    —Sí porque ya tengo mucha hambre.

    «Pobre de mi mamá, ¿cómo llegó a fijarse en un sujeto tan maleducado? Al menos mi papá tenía buenos modales» pensaba convencida de que mi mamá terminaría peor con esta relación.

    Luego de comer, fui a mi recámara y, para sorpresa mía, había una caja sobre mi cama con una nota encima que decía «Ábrela. Esto es tuyo, Lorena». Fui cuidadosa de que no entrara nadie a mi habitación y procedí a abrir la caja.

    —¿¡Qué chingados!? —reaccioné asombrada de ver al interior de la caja mi teléfono celular, un cargador y un fajo de billetes que me puse a contar y eran quince mil pesos en total.

    «Mi celular solo podía recuperarse de la casa del señor Romanin… Y quien lo haya hecho pasó sobre su cadáver… ¿Será la misma persona que pagó mi fianza? ¿Será también la misma persona que llamó a mi mamá para darle razón de mi paradero? ¿Querrá algo de mí con tanto favor que me hace?» voló mi mente con tanto pensamiento aterrador, pero mejor decidí no encender mi teléfono, esconder la caja con todo lo que tenía adentro y dormir.

    No obstante, Ignacio apareció para interrumpir mi sueño por segunda madrugada consecutiva.

    —¿Ahora sí estás de buen humor para coger? —preguntó de manera odiosa.

    —¿Que tú no duermes?

    —No respondiste mi pregunta.

    —Pues es obvio que estoy cansada. Además, mi mamá nos va a escuchar.

    —La sedé.

    —¿¡Qué te sucede, cabrón!? —grité enojada y quise ir a ver a mi mamá, pero Ignacio cerró la puerta y me impidió el paso.

    —No le pasará nada malo a tu mamá. Le di la dosis correcta, no recurrí a darle dosis de más, así que todo está perfecto para que nos pongamos a cuentas durante toda esta madrugada.

    Es desgastante redactar todo lo que pasó esa noche. En resumen, volví a negarme, pero volví a ser forzada por Ignacio y tuve que aflojar, a pesar de sufrirlo más que disfrutarlo. Hay a quienes le parece excitante leer un relato de violación, aunque esto no fue una violación como tal porque finalmente di mi consentimiento, pero mejor hubiera sido que no hubiera pasado nada de eso.

    En pocos palabras, Ignacio me cogió a su gusto pero sin tanta voluntad de mi parte, fui bañada con su leche en gran cantidad y al final, se quedó acostado conmigo.

    Al amanecer, me despertó el ruido que hizo Ignacio por quejarse de que era tarde para ir a trabajar y se apresuró. Yo estaba cansada e intentaba continuar durmiendo, pero me volvió a despertar Ignacio con sus gritos a mi mamá: «¡Pero mira qué huevona! ¿¡Por qué sigues dormida!? ¡Me iré al trabajo sin desayunar por tu culpa!». Ese trato que le daba a mi mamá me daba rabia, lo sentía muy injusto y pensaba seriamente en que mi mamá ya no podía seguir sufriendo más eso.

    Pocos minutos después, se escuchó la puerta principal azotarse y entendí que Ignacio salió hacia su trabajo… Pero llegó la noche, el día siguiente y otro día e Ignacio no volvía a la casa.

    Entre esos días, firmé contrato como asistente en un despacho jurídico y tuve mi primer día laboral ahí. Regresé a casa y mi mamá estaba bastante preocupada y no sabía qué hacer, pero le recomendé que se tranquilizara y le prometí acompañarla al día siguiente a reportar la desaparición de Ignacio al ministerio público.

    Al día siguiente, desperté y puse mis pies en tierra, pero me asusté al ver en el suelo una hoja de papel con un mensaje escrito con el mismo tipo de letra que aquella nota de la caja. «¿Alguien habrá entrado a la casa durante la noche? ¿O la habrán introducido por la orilla de la ventana?» pensé sintiendo escalofríos en todo mi cuerpo y procedí a leer el texto de la nota, la cual decía: «Ya pueden reportar la desaparición de Ignacio. La policía nunca lo va a encontrar».

    Me llevé la mano a la cara y los ojos se me inundaron en lágrimas. De repente, sentí como si hubiese alguien conmigo en la recámara, dentro del closet para ser precisa. Di pasos lentos hacia la puerta de la habitación sin perder de vista el closet y quise abrir la puerta, pero estaba dañada la cerradura.

    De pronto, una mano tapó mi boca. Luché por zafarme, pero la fuerza del sujeto era mucha y me sometió contra la pared contraria a la puerta. El muy aprovechado se me arrimó completamente y frotaba su pelvis con mi trasero, como si me quisiera penetrar.

    —Tranquila —me susurró—, soy el que pagó tu fianza, el que le informó a tu mamá sobre tu localización, el que ha estado espiándote, el responsable de los mensajes y el que eliminó del mundo a Ignacio.

    Su voz no se me hacía conocida, pero eso era lo que menos me importaba. Estaba aterrada por el tipo de persona que era y por tener que pasar otra vez, seguramente, por ser forzada a tener sexo.

    De repente, el tipo me soltó. Giré para mirarlo, pero lo vi cayendo de espaldas al suelo, como muerto. Su caída me permitió observar frente a mí la silueta de otra persona, que identifiqué totalmente.

    —¿¡Adrián!? —exclamé.

  • Ventana

    Ventana

    “Si llegas a mi apartamento prometo darte un espectáculo frente a la ventana” decía su texto sin ella saber que acaba de comprar dos boletos para ver jugar a los Yankees ese fin de semana.

    Una vez aterrizo mi avión en el JFK le envié un texto diciéndole que la veía en el parque de pelota. Como no me creyó de la primera le envié una foto mía con los dos boletos. Tenía que llegar directo al parque porque el juego era ese mismo día. Me llamó rabiosa para reclamarme de mi loco aviso y decirme que tenía un compromiso previo. Le comenté que solo había viajado a verla y que si le decía no sería sorpresa. Ella luego de un rato cancelo su compromiso y me espero en el parque.

    Una vez allí comimos algo, claro luego de nuestro abrazo de cinco minutos. Ya iba un año sin vernos en persona, pues por video chat ya habíamos tenido charlas, peleas y algún ciber sexo. La velada duró hasta después del atardecer neoyorquino de las 9 pm. Luego de ver que los Astros le ganaran a los Yankees nos fuimos hasta el tren subterráneo. En la media hora de camino casi no hablamos. Usamos ese tiempo para atender el teléfono y poner nuestros estatus de trabajo al día. Una vez nos bajamos en la 42 caminamos algunos minutos hasta su edificio. Vivía en un apartamento pequeño y muy caro, pero con vista privilegiada al área central de Manhattan. Allí en su sala descorcho una botella de vino y me dejo admirar la vista que revelaba su sala.

    La vista y el vino pronto fueron acompañados por música. Allí embelesado tratando de ver hasta donde llegaba la vista vi el reflejo de ella acercándose. Me tomo por la cintura y al oído me dijo:

    -Yo cumplo mis promesas.

    Me llevo hasta el sofá y me dijo que disfrutara la vista completa. Al compás de la música comenzó a bailar. Su mirada estaba fija a la mía, casi sin parpadear. Poco a poco fue deshaciéndose de su ropa. Sus caderas se movían como péndulo de hipnosis y hacían ese mismo efecto. Su cuerpo quedó solo cubierto por un hermoso set de encaje. Ella sabe lo mucho que disfruto verla de esa manera. Su gusto por su ropa íntima siempre coincidió con el mío. Una vez así se acercó a mí y sentó en mi falda. La tomé por la cintura y ella retirando mis manos me dijo:

    -No se permite tocar

    Eso me dio una sensación de impaciencia, pero sabía que ella tenía un buen plan así que le seguí el juego. Su contoneo rápido causo una gran erección en mí. Ella rápido lo notó y comenzó a moverse con más sensualidad para poder sentirla mejor. Se levantó y fue a la pared a bajar un poco la intensidad de la luz, le pedí que la dejara clara pues quería verla a plenitud. Se retiró hasta ventanal y continuó con su baile. Allí se quitó su brasier revelando sus redondas tetas. Luego se viró dándome la espalda y se dobló hacia el frente. Así moviendo sus nalgas se fue quitando su tanga. La posición reveló mi vista favorita.

    Yo no aguante más y me puse de pie. Ella nuevamente me indicó que tenía que obedecer que aún no terminaba el espectáculo. Le dije que no iría hasta donde ella, pero ya estaba demasiado inquieto como para sentarme. Ella caminó hasta donde estaba su cartera y de allí sacó el vibrador que la había regalado para su cumpleaños. Mirándome fijamente me indicó que por fin la vería usándolo en persona. No sabía si resistiría, pero la deje continuar. Ella comenzó frotándose sus pezones hasta que quedaron completamente duros. Comenzó a frotar su juguete contra su clítoris y se recostó de la ventana enseñándole sus nalgas a todo Manhattan. Su contoneo reflejó el efecto de su juguete. Como era de doble acción pudo jugar tanto con su clítoris como con su punto G. Sus gemidos inundaron aquella sala. Yo no aguante y comencé a frotarme. Cuando ella lo noto me recordó nuevamente que no podía hacer nada solo mirar.

    Ella siguió, pero esta vez dándome la espalda. Veía como ella introducía el vibrador, pero este con su otra punta seguía estimulado su clítoris. Yo no aguante más y me fui hacia ella. La abracé por la cintura y besé su cuello. Ella puso un poco de resistencia, pero cedió a mis besos en el cuello rápidamente. Le mordí la nuca y jugué con sus tetas mientras ella seguía con su juguete yo pegaba mi erección a sus nalgas y me movía para que la sintiera.

    Me arrodillé frente a sus nalgas y se las besé. Mientras le apretaba las nalgas veía a pulgadas de mi cara como ella se penetraba con su juguete. Sin interrumpir su tarea abrí sus nalgas y metí mi boca entre ellas. Ella al sentir mi lengua caliente entre sus nalgas soltó su juguete y puso sus manos contra el cristal de la ventana. Yo aguanté el juguete y seguí con los movimientos que esta llevaba. Así ella con las tetas a la vista de aquella ciudad recibía placer a tres puntos. Pude sincronizar los movimientos de mi lengua con los de mi mano. Sus gemidos se habían tornado en gritos de placer. No duro mucho cuando sentí mi mano encharcada por los jugos causados por su intensa venida. Temblorosa y con respiración profunda descanso varios segundos contra el cristal. La interrumpí cuando puse mi mano sobre su cadera mientras con la otra me quitaba la ropa. Una vez desnudo volví a abrir sus piernas he introduje mi erecto miembro. Ella comenzó a gemir al instante. La agarré fuertemente por las caderas y comencé con movimiento lento. No tarde en aumentar intensidad. El sonido de sus nalgas siendo golpeadas por mi cuerpo igualo sus gemidos. El cristal empañado por su respiración reflejaba como dos cuerpos le demostraban a la ciudad que nunca duerme cuanto deseo se tenían. Seguí mi movimiento hasta que sentí que explotaba. Saque mi miembro y deje caer mi venida en sus nalgas.

    Cuando recuperamos el foco notamos que varios de los edificios cercanos tenían personas mirando. Sin querer ella le dio el espectáculo a más de una persona aquella noche.

  • La vecina caliente

    La vecina caliente

    El día que llegué lo cogí para acomodarme y limpiar un poco, como terminé cansada y algo tarde solo tomé una ducha caliente y me acosté desnuda a dormir. Al día siguiente me desperté temprano como de costumbre y mientras hacia mi rutina de yoga matutino desnuda me doy cuenta que la ventana que daba a la casa de los vecinos estaba abierta y había una chica que me miraba atentamente.

    Yo siempre he sido muy zorra por así decirlo me gusta que me miren y más si es una chica tan linda como la que me veía por lo que seguí con mi rutina como si no la hubiera visto sólo que cambie la posición para una mejor vista para mí vecina. Seguí mi rutina matutina sin ningún problema solo que no podía sacarme de la cabeza a esa rubia que me miraba por lo que decidí que le hablaría.

    Después de desayunar voy a casa de mis vecinos para presentarme ya que pasaría una temporada aquí. La que me abrió la puerta fue la rubia de la ventana, que más tarde me enteré que se llamaba Laura y tenía 19 años, y al verme su cara se enrojeció y no pudo hablar, su mama, Teresa una mujer madura pero bien cuidada, enseguida me atendió, toda la conversación fluyó muy bien, todos muy amables.

    Al despedirme Teresa le dijo a Laura que me acompañara y así me daba un recorrido x la zona, yo me conocía bien la zona pero como quería estar a solas con Lau me hice la perdida y termino aceptando. Decidimos que primero iríamos a la tienda a comprarnos biquinis ya que supuestamente yo no tenía. En la tienda escogí los modelos más pequeños y que habían y mientras me los probaba decidí darle a mí Laurita un poco más de mi así que decidí modelárselos, me encantó la cara que puso al verme intento disimular pero sus ojitos brillaron y se le aceleró la respiración. La agarre del brazo y la lleve al probador donde la arrincone y le susurré al oído mientras le tocaba el culo estupendo que tenia

    -No disimules más, sé que eres una puta zorra que te tocas mirándome por la ventana, te vi como mirabas cuando hacía yoga vi cómo te corriste mirándome.

    -Lo siento (fue lo único que logró pronunciar)

    -Lo sientes por qué?? Me gusta que me vean solo que ahora tendrás que hacer lo que yo te diga, serás mi juguete personal.

    -Si ama (me dijo antes que le metiera mi lengua en su garganta).

    Empezamos a besarnos y tocarnos cuanto pudiéramos ya que yo solo llevaba un mini bañador fue muy fácil desnudarme. Laura comía mis tetas como loca mientras con sus dedos me tocaba el clítoris y me penetraba mi coño que chorreaba flujo así estuvo buen tiempo hasta que no aguanté más y empecé a tener un orgasmo brutal y ella bajo su cabeza para tragárselo. Al terminar de limpiar mi coño subió, me dio un beso y me dijo al oído- Yo estoy encantada de ser tu putica, ama puedes usarme a tu antojo, seré lo que quieras.

    Me tocaba a mí comerme su coño por lo que la desnude mientras la besaba. Le comí las tetas que las tenía duras y ricas me encantaban sus pezones grandes y rosados bien duros le mordía los pezones y fui bajando hasta su coño que ya estaba bastante mojado era tanta la excitación que tenía la muy puta que no me hizo falta más de 3 min comiéndole el coño para que explotara en mi cara y boca llenándolas de flujo, flujo que trague una parte y la otra la mantuve en mi boca y se la escupí en sus tetas y cara quedando como una puta de porno. Laura se puso mi bikini mojado y yo compré uno más pequeño aún y salimos las dos así de la tienda todas las miradas estaban puestas en nosotras y eso me encantaba.

    En otro momento les contaré lo que pasó en la playa después de esto.