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  • Con los panas del barrio

    Con los panas del barrio

    Quiero comenzar describiéndome, me llamo Axel, tengo 28, mido 1.68, soy moreno y algunos dicen que soy atractivo.  Está historia comenzó cuando tenía unos 18 años más o menos.

    Crecí en un pueblo de Venezuela, y a diferencia de las personas que crecen en la ciudad, en los pueblos te juntas con los amigos y aprendes cosas muy rápido, específicamente en mi pueblo tuve que ponerme las pilas rápido porque si no terminaría siendo la perrita de todos.

    Resulta que en el pueblo había un Terreno baldío dónde antes había funcionado un complejo turístico, en ese momento la estructura fue abandonada y con el tiempo solo quedaron las ruinas. Era un lugar perfecto para ir a joder y pasar el rato.

    David era uno de los mayores del grupo, tenía unos 20 años y era deportista por lo cual tenía un cuerpo marcado y las jevas del barrio siempre querían con él. Resulta que David va a mi casa y me dice que vayamos al terreno baldío, lo cual a mi me pareció muy raro porque aunque formábamos parte del mismo grupo nunca me había ido a buscar a mi casa, con un poco de duda le pregunté que para que y el me respondió que estaba Luis allá y que me querían mostrar algo.

    Sin pensar lo que tramaban acepte ir con él al terreno baldío, cuando llegamos en efecto estaba Luis ahí esperándonos. Luis tenía 22 años era el más grande del grupo, no estudio y por ahí decían que andaba en malos pasos.

    Luis me saludó efusivamente, al rato que estamos ahí Luis dice: ufff tengo ganas de orinar y sin más se baja los pantalones y hace las veces de orinar mientras que David se quedaba conmigo. Yo sentía la tensión en el ambiente pero dejé que la situación fluyera.

    Luis regresa con su verga en la mano y nos dice: «ha puesto a que yo la tengo más grande que ustedes dos»

    «Nahhh Luis yo la tengo más grande» le responde David

    Mientras tanto yo solo veía el monstruo de guebo que tenía Luis en sus manos, era una verga negra súper venosa que media más o menos unos 20 cm.

    David se saca también su verga que ya estaba súper dura, pero claramente era más pequeña que la de Luis aunque no se podía negar que era una verga hermosa de unos 17 cm más o menos.

    «Vamos a pajearnos a ver quién bota más leche pues, Axel será el árbitro» decís David quien había comenzado a pajearse desde antes de proponernos su juego.

    Al rato de estar pajeándose yo solo veía esas dos vergas enormes y el corazón me latía a millón producto de la excitación del momento.

    «Axel a qué no se la tocas a Luis» me reta David que tenía una cara de maldad tremenda.

    «No chamo Luis tiene una verga muy grande debe poner a la jevas a gritar cuando se lo mete» le respondí.

    «Por ahí hay unas que dicen que sabe rico, no quieres probarlo Axel» me dice Luis que estaba arrecostado a un muro pajeandose con los dos manos.

    No sé qué me impulso, pero al momento de que Luis me pidió que se la mamara, solo me puse de rodillas, mis manos eran diminutas al agarrar semejante verga y sin pensarlo me la metí en la boca.

    «Ufff Axel dale suave, suave… mmm así que rico vale, me gusta cómo te lo tragas»

    David nos veía y de inmediato se acercó se puso al lado de Luis y me asomó su verga para que también se la mamara.

    Claramente ambos habían planeado llevarme y cogerme entre los dos y yo estaba excitado me metía una verga y me sacaba otra los pajeaba les escupía el guebo, estaban en el mejor momento y lo noté así que me detuve y me levanté.

    Los dos me rogaban que no me detuviera y Luis me dice «quiero metértela en el culito Axel te va a gustar»

    «Voy a dejarme hacer todo lo que quieran pero ahora quiero que ambos me la chupen a mi» me saque la verga que tenía ya a punto de reventar y comencé a pajearme al frente de ellos.

    «Jajaja no vale que es eso aquí quien mamá guebo eres tú Axel nosotros te damos y tú recibes» me decía David mientras que Luis me veía callado.

    «Pues ustedes deciden podemos seguir o me voy y tendrán que cogerse entre ustedes»

    «Dale David que tanto ya lo has hecho antes» le decía Luis a David mientras le plantaba un beso tremendo en la boca.

    David se bajó y se llevó mi verga a la boca, y en realidad si lo había hecho antes porque lo mamaba con una destreza tremenda.

    «Ufff faltas tú Luis, son dos boquitas las que quiero comiéndome la verga» y sin esperar dos pedidas Luis se puso de rodillas y comenzó a comerme las bolas ufff aquello era la gloria, eran dos lenguas moviéndose sin parar a lo largo de mi guebo.

    Mientras David me comía el guebo, Luis tuvo una mejor idea, y comenzó a meterme sus dedos en el culito ufff yo la verdad no sé cómo aguantaba las ganas de venirme y llenarle la boca a David con mi leche.

    «Ahora voy a comerte ese culito» Luis de paró me puso contra el muro donde estaba sentado y me asomó tu enorme verga en el culo.

    «Ahhh marico me duele ya va ya va dale suave, los tienes muy grande loco»

    «Tranquilo Axel solo duele el principio» me decís Luis mientras se escupía las manos y se ponía la verga babosa para que entrara mejor.

    Cuando logro meterla aquello era una sensación de dolor y placer quería que terminara pero al mismo tiempo no quería que parará.

    David estaba mirándonos con su miembro a punto de explotar y le pedía a Luis que se apurara pues él también quería cogerme.

    Y en el momento en el que sentí a Luis más entusiasmado me saque su verga de mi culito y le dije.

    «Vamos David ahora te toca a ti» la casa que puso en ese momento fue de sorpresa.

    «Y ahora qué quieres Axel ya te la vamos a terminar»

    «No ustedes me trajeron aquí para aprovecharse y sacarse la leche conmigo pues yo quiero también sacármela con ustedes, y por ahí dicen que Luis cada que puede te empala con su verga, así que quiero verlo»

    «Jajaja verga David creo que te descubrieron loco, vente vale vamos s enseñarle cómo se hace» le decís Luis s David mientras lo agarraba lo besaba y le abría con las dos manos las nalgas.

    Estos dos tenían tiempo comiéndose y llegado el momento se fastidiaron y buscaron un tercero para jugar.

    Luis lo ponía contra la pared a David mientras le calzaba perfecto sus 20 cm de verga.

    «Oh oh oh» decía David con cada embestida de esa enormidad de verga.

    Verlos coger me lleno de morbo así que no aguante y acabe de inmediato. Mientras que veía como David se venía también con la verga de Luis en su culo.

    «Uffff quiero que se pongan los dos de rodillas y se coman mi leche» nos decís Luis mientras se la sacaba a David del culo y se pajeaba frenético para ver irse.

    Nos pusimos de rodillas, pero aquel chorro de semen fue tal que no alcanzo a caernos casi nada a penas las gotas que le destilaban a Luis de la verga.

    Una vez que acabamos nos acomodamos y Luis nos dice: «bueno ya saben si quieren más me llaman y que nadie diga nada».

    Él se fue mientras que David u yo también nos fuimos cada uno a su casa.

    Y hasta aquí está historia espero les guste, ya pronto les contaré cómo David le contó a otro pana lo que pasó e intentaron jugar conmigo otra vez. Nos leemos en la próxima.

  • La lotería (Parte 1)

    La lotería (Parte 1)

    Escribo esta historia con una nostalgia que llena mi corazón, como diría José Santos Chocano:

    Miro la serpiente de la carretera

    que en cada montaña da vueltas a un nudo;

    y entonces comprendo que el camino es largo,

    que el terreno es brusco,

    que la cuesta es ardua,

    que el paisaje es mustio…

    ¡Señor!¡ Ya me canso de viajar!¡Ya siento

    Nostalgia, ya ansío descansar muy junto

    de los míos! …Todos rodearán mi asiento

    para que les diga mis penas y mis triunfos;

    y yo, a la manera del que recorriera

    un álbum de cromos, contaré con gusto

    las mil y una noches de mis aventuras

     y acabaré en esta frase de infortunio:

    ¡He vivido poco!

    ¡Me he cansado mucho!

     

     Sucedió en los primeros meses del año 2014, aquel año sería especial, ya que empezaban mis vacaciones con la noticia de que me quedaría solo en casa. Ellos estarían de vacaciones en otra ciudad y no sería una molestia adecuarse porque teníamos una cómoda casa donde pasábamos todos los años el verano.

     Pero este año sería diferente, estaría lejos de ellos. Sentía que necesitaba estar solo por un tiempo. Explicaré el motivo por el que necesitaba separarme de mi familia y muchos seguro que me entenderán.

    Lo primero que tengo que decir es que por alguna razón que aún desconozco mis padres siempre me trataron como la “oveja negra” de la familia, es cierto que no paraba en casa mucho tiempo, salía a fiestas, iba a jugar futbol con mis amigos, pero nada más, no soy un pandillero o un drogo. Supongo que el hecho de salir a la calle constantemente no les gustaría, ya que constantemente me decían: «Tienes que dar ejemplo», «tienes que ser más responsable», «debes cuidar a tu hermano», «deja de pelearte con tu hermano, ¿no ves que es más pequeño?»…  

    Estoy de acuerdo con que como mayor soy un modelo para imitar, pero es que mi hermano Joaquín es un completo travieso y mimado. Siempre conseguía lo que deseaba, era su consentido para todo lo que él pidiese.

    En varias ocasiones quise educar a mi hermano y ponerle en su sitio debido a su conducta, para que no sea caprichoso, para que colabore más en el hogar, para que no sea egoísta o perezoso, etc. Pero mis padres siempre me lo impidieron aduciendo que era mi menor, especialmente mi madre que trataba a Joaquín como si fuese un bebé y dejándole exento de responsabilidades porque creía que no sería capaz de cumplirlas mientras que a mí no me toleraban el más mínimo error, evidentemente Joaquín era su hijo favorito.

    El cabrón se la pasaba holgazaneando por la casa. Mientras que yo hacía las tareas del hogar, parecía una empleada, pero aun así no me quejaba. Me pedía constantemente mi IPad, que gané al obtener el primer lugar en un concurso de conocimientos. Jamás me felicitaron por este logro, ni cuando obtuve el primer puesto en el colegio. Pero sí estaba obligado a prestarle mis cosas, incluido el IPad, ya que según ellos era mi deber compartir lo que tenía.

    Hasta que un día mi madre me llamó, casi gritándome. No recordaba haber hecho algo malo por lo que me parecía extraño.

    —¡Sergio! ¡De esta, no te salvas! —me dijo con la cara seria, pero más me dolió ese rostro que puso, como si hubiese visto a la peor chusma.

    A su lado estaba Joaquín llorando desconsoladamente, supuse que él tenía que ver con esto y presentía que no era nada bueno.

    Enseguida mi madre me mostró mi IPad, en el estaba escenas porno, precisamente una madura siendo follada por un jovencito. Siempre había tenido cuidado cada vez que navegaba en estos sitios, eliminaba mi historial después de verlos, por lo que no tenía nada que ver en esto.

    Lo tenía claro, a Joaquín mi mamá le había descubierto viendo aquellas candentes escenas y él me echó toda la culpa. De nada sirvió explicarle que no era mi culpa, que su engreído Joaquín, su preciado hijo era un maldito pajero.

    —¡Le hiciste ver cosas sucias a Joaquín!, ¡A partir de hoy, estas castigado!      —me replicó.

    —¡Madre, por favor créeme! —le supliqué.

    —¡A partir de hoy te quedas sin el IPad! Agradece que no le comentaré de esto a tu padre, porque estoy segura de que si lo hiciese te irías al ejército, como siempre le aconsejé para que te corrijan. Tú necesitas una educación castrense, ya no tienes solución —me respondió tajantemente.

    Me quedé callado cuando me dijo aquello. Mis sueños de ir a la universidad se truncarían. Sentí tanta impotencia, que la respiración se me cortaba, a parte de esto me estaba quitando injustamente el IPad, que con tanto esfuerzo había ganado, era un motivo de orgullo para mí, una recompensa a mi sacrificio como buen alumno. Además era una herramienta muy útil, ya que me ayudaba a tomar apuntes más rápido. En ese momento avisté una sonrisa burlona en la cara de Joaquín.

    —¡Sé un hombre por primera vez. Deja de lloriquear y asume tu responsabilidad! —le increpé mientras le apuntaba con el dedo.

    Sentí un dolor intenso en mi rostro, producto de la cachetada que me dio mi madre. Me vibró hasta el tímpano, incluso perdí la audición por un momento.

    —¡Si estuviera aquí tu padre ya te ibas a enterar tú, sinvergüenza!¡Caradura, largo de acá! —me dijo mientras ponía una cara que parecía una mezcla entre asco y enojo.

    Me fui del cuarto de mi hermano, mientras dos surcos de lágrimas recorrían mis mejillas, eran de indignación pura. Cantaros de agua fluían de mis ojos, no paraban de salir, y no se debían precisamente al dolor de la cachetada, eran de rabia, impotencia, quería desaparecer, deseaba blasfemar, llorar. Mi “querida madre” me había desautorizado y humillado cuando tenía toda la razón del mundo. Me ridiculizó delante de ese bribón de hermano que tenía.

    Aguanté el mes de castigo, trataba de ignorar a Joaquín que se pavoneaba de tener un nuevo IPad, al verlo no sé de dónde saqué fuerzas para no golpearlo. Recordé el poema de Pedro B. Palacios, mientras lo decía entre dientes cada vez que podía para sentirme menos desdichado.

    No te des por vencido ni aun vencido.

    No te sientas esclavo siendo esclavo.

    Trémulo de pavor piénsate bravo,

    Y arremete feroz si estás herido.

    Ten el tesón del clavo enmohecido

    que ya viejo y ruin vuelve a ser clavo,

    no la cobarde estupidez del pavo

    que amaina su plumaje al primer ruido.

    Sé como el fuerte, que al penar no gime o llora.

    Si caes vuelve a intentarlo, lucha y reza.

    ¡Que muerda y vocifere vengadora,

    ya rodando en el polvo tu cabeza!

    Me perdí el cumpleaños de Pedro, mi mejor amigo. Harían una fiesta y estaría la mujer más bella que conocía hasta ahora, Martina. Debo reconocer que estaba muy enamorado de ella. A parte de ser hermosa, era inteligente y tenía un montón de seguidores en Instagram, era de cierta forma una chica inalcanzable para mí.

    Me acuerdo la primera vez que la vi. Fui de paseo con Pedro y algunos amigos a una zona turística cerca de la playa. Mientras observaba el oleaje que golpeaba a las rocas de la formación Salto del Fraile, en el Morro Solar. Estas estructuras nacieron antes que nosotros existiéramos, nos vieron llegar y con seguridad nos verán partir. Me fijaba en esa especie de puente construido por la naturaleza sobre los estratos inclinados de arenisca (roca sedimentaria). Esta abertura no es casualidad, por ella pasaba un dique de andesita (roca ígnea volcánica) erosionada completamente por acción del mar hace millones de años.

    El mar es testigo de muchas escenas de amor pero también de tragedias. Les contaré la leyenda para los que no saben la historia del porqué de este nombre: El Salto del Fraile.

    Cuenta la leyenda, que allá por el año 1860 existían dos nobles familias que habitaban en Lima, los Marqués de Sarria y los Molina, esta última había enviudado es por esto por lo que tenían una nana que se hacía cargo del cuidado de Clara de 12 años.

    La niñera tenía un hijo llamado Francisco, y se dice que este tenía 3 años más que la menor. Francisco, quien era el engreído del Marqués, se enamoró de Clara, a tal punto que la hermosa joven quedó embarazada, lo que originó una verdadera convulsión en la sociedad de la época. El Marqués, ofuscado y ofendido ante tal ultraje, ordenó que Francisco fuera encerrado en el Convento de La Recoleta y se le haría fraile. En cuanto a la niña, su padre decidió enviarla de viaje.

    Luego de este episodio, el joven ya vestía el hábito de monje dominico y ayudaba en la misa del padre Mendoza.

    Cuando llegó el 17 de octubre, el día de la partida de Clara quien embarcaría desde el Callao y se iría de viaje con su padre quizás para nunca volver. La nodriza de la joven le dijo que su hijo la estaría esperando para despedirse a lo alto de un risco, así que cuando su barco pase por las costas de Chorrillos y por medio de un catalejo podría divisarlo.

    A las 5:30 de la tarde en la peña más alta, el fraile con las manos alzadas se despedía de su amada, ella con el corazón roto lo observaba, de pronto él se lanzó a las profundidades de mar quedando solo el amor que él profesaba por ella. Clarita no soportó la idea de quedarse sin él, vivir sola en este mundo no era una opción, el dolor que sentía era profundo y no encontró mejor idea que lanzarse al mar. Así los dos por fin estarían juntos por la eternidad y ningún prejuicio los separaría.

    A raíz de esto, pescadores de la caleta de Chorrillos vestidos de fraile representan el hecho lanzándose del peñasco al mar ante la atenta mirada de decenas de visitantes, turistas y lugareños que aplauden su acción y le dejan propinas.

    Mientras observaba aquella escena, una camioneta lujosa y con un bonito diseño de una conocida marca alemana, se estacionó cerca de donde estábamos.

    De ella bajaron varias chicas hermosas, pero la que más resaltaba era una chica con el pelo ligeramente ondulado. Su hermosura era insólita, y no pasó desapercibida para mis amigos.

    —¡Qué bonita! —exclamó uno de mis compañeros.

    —Si tan solo pudiera conocerla —intervino otro compañero.

    —Espera…yo la conozco —dijo Pedro.

    Nosotros le miramos extrañados creyendo que empezaba a farolear, cosa que él no hacía, no era ese tipo de persona, es por eso por lo que le tenía cierta estima.

    —Si… es mi prima —aseguró Pedro.

    Entonces se acercó hacia donde estaban las chicas a saludarlas y empezaron a conversar. Al parecer no metía.

    Seguidamente nos presentamos, intentando sacar el mejor porte y parecer unos buenos hombres. Ahí supe su nombre, se llamaba Martina y se veía mucho más hermosa de cerca. Mis compañeros se ponían de lo más galanes, especialmente con ella. Pedro al percibir que la estábamos agobiando, hizo que la conversación terminase y al contrario de nuestro deseo nos tuvimos que despedir. Desde ese día tuve una avalancha de emociones contradictorias. Me sentí enamorado, feliz, temeroso, expectante.

    Ahora estaba atrapado en mi cuarto con un castigo injusto. Perdí la oportunidad de estar cerca de ella, de conocerla mejor. Tuve que pedirle disculpas a Pedro por faltar a la fiesta de cumpleaños, me inventé una excusa, no le conté la verdad, ciertamente me avergonzaba la situación en la que me encontraba.

    —Carlos, quiero que lleves el almuerzo a tu padre. Es con su esfuerzo diario que tienes para vivir y lo mínimo que podemos hacer es agradecerle por tanto amor y sacrificio —me ordenó mi madre.

    Al llegar a la oficina de mi padre, me agradeció por el almuerzo, ya que me explicó que tendría seguidamente una reunión con su jefe y los altos directivos de la empresa. Me retiré rápidamente de su oficina para no molestarlo, pero no quería volver inmediatamente a casa, después de estar castigado por un buen tiempo, quería disfrutar de mi libertad, así que me fui a disfrutar de unos pasteles en una cafetería que se encontraba cerca de su oficina.

    Estaba comiendo el postre, cuando avisté a mi padre, que presurosamente salía de su oficina. Decidí seguirle para intentar pedirle alguna propina antes de irme, pero recordé que tendría una importante reunión y me arrepentí. Extrañamente observé que no se dirigía a la sala de reuniones, sino se dirigía a la zona de almacenes. Algo en mí me dijo que le siga, pero lo hice con cuidado de que no se diese cuenta. Mientras llegaba a la zona una puerta me impedía el paso con el anuncio “Solo personal autorizado”, intenté abrirlo pero estaba asegurado.

    Entré por una ventana abierta en la segunda planta del depósito. No había personas trabajando en el almacén, así que procedí a buscar a mi padre sin tratar de hacer ruido. Como estaba en el segundo piso tenía una amplia visibilidad, detrás de unas cajas escuché pequeños gemidos. Me acerque un poco para ver de más cerca y casi me desmayo de la impresión. ¡Mi padre estaba penetrando a otro hombre! Sentí nauseas en ese momento de aquella escena repugnante, sabía que no miraría igual a mi padre desde ese entonces.

    Al llegar a casa, me encierro en la habitación, me encontraba ofuscado, desorientado. La noche me sorprende antes de sacar alguna conclusión clara. Cuando calculo que todos se han dormido ya, salgo de mi cuarto y voy al pasillo de los libros. Esta zona de mi casa es un lugar en el que me lleno de paz y tranquilidad. ¿Qué carajos pasaba con mi padre? ¿Siempre tuvo esos gustos, pero si está casado con mi madre?

    Estuve meditando por un buen tiempo, eran demasiadas impresiones que me ocurrían, y cada una peor que la otra. Sentía que me iba a volver loco si me quedaba con ellos. Necesitaba estar alejado de esta familia tóxica, después de todo como decía Edgar Allan Poe:

    “La soledad es el lugar más seguro que conozco”

    Estuve tramando un plan para aislarme de mi familia, al menos mientras duren las vacaciones. Convencí a mis padres para que me matricularan a un instituto que enseñaba inglés, era pago único por todo el ciclo, cuando se enteraron de que duraría hasta las vacaciones, me lo increparon por lo que les pedí disculpas de mi desatino.

    —¡Eres un desorientado! ¡Crees que el dinero se gana fácil!¡No sé a quién saliste, me avergüenzas continuamente! —me increpó mi madre.

    Aguanté sus reproches e injurias. Sabía que mis padres eran de cierta manera ávaros, no querían que se desperdicie la inversión.

    —¡Te quedarás estudiando en las vacaciones! ¡Solo te dejaremos el dinero para tu comida y pasajes!¡Revisaremos constantemente tu asistencia a clases, así que no pienses en ser un haragán! —me reprendieron, pero para mí era música a mis oídos.

    Salió tal cual lo había planeado, por fin me quedaría solo, quería la libertad de no tener que escuchar las reprimendas de mis padres y hacer lo que se me dé la gana, así que me despedí de ellos con la promesa de aprovechar el verano para estudiar.

     Solía jugar la lotería de vez en cuando, ya que lo considero como diversión y sé que la probabilidad de ganarla es muy baja. El primer día de mi vida en solitario, decidí comprar la ficha. En la noche cuando en la televisión anunciaban los números ganadores, en un inicio me sorprendí al ver que los números coincidían con la cartilla que tenía, enseguida sentí alegría, un gozo tremendo, incluso salté de lo feliz que estaba, ¡Empezaban las vacaciones de buena manera!

    ¡Había ganado uno de los mayores premios!

    De pronto empecé a calcular lo que había ganado, descontando los impuestos, la ganancia fue cerca de 10000 dólares, estaba feliz, incluso quería contar a mis padres de lo que me había pasado, cogí el celular y cuando iba a llamarlos apagué el teléfono, lo pensé mejor, si les informaba de mis suerte probablemente me dirían que deje el curso y vaya con ellos, quería pasar solo este verano y disfrutar de mi independencia más aun con el dinero que había ganado, no es por ser egoísta pero tampoco había ganado una millonada, eran 10000 dólares, una cantidad importante  para un joven como yo.

  • Algo que nunca imaginé hacer

    Algo que nunca imaginé hacer

    La hermana de mi pareja se llama Bea. Tiene 46 años, pero no aparenta más de 30, porque es de esas chicas que llaman la atención por su atractivo. Mi pareja también lo es, debe ser cosa de familia. Yo soy un chico normal, de 45 años que sinceramente no se deja llevar por el atractivo físico sino más bien por la sensualidad y lo que te trasmite la otra persona, y creo que eso es lo que me llevó a no poder resistirme a esta tentación. Es extraño como cambian las cosas respecto a lo que uno cree y como pueden ser de diferentes las personas de como uno se las imagina. Nunca pensé en Bea a nivel sexual, pero quizá porque era algo tan remoto e inimaginable que ni entraba a formar parte de la imaginación (y tengo mucha) y yo tiendo a excitarme solo con cosas que pueden llegar a ser posibles.

    Jamás había sentido que Bea haya tenido ningún interés físico o sexual por mí, y nos conocíamos ya hacía tres o cuatro años. En mi caso la primera vez que tuve deseo por ella o al menos una fantasía, fue una tarde en la que estaba con la familia de mi pareja, todos sentados alrededor de una de esas mesas de comedor bajas charlando.

    Yo estaba en una silla y Bea en el sofá. Ella llevaba una falda que no era corta, pero la tenía remangada para sentarse con las piernas abiertas y entrecruzadas encima del sofá. El caso es que desde mi perspectiva veía claramente su coño, y digo claramente porque no llevaba las bragas puestas. Yo intentaba no mirar, por una parte porque me parecía invadir su intimidad y por otra por si me veía y la situación fuese incómoda entre nosotros a partir de eso. El caso es que ella hablaba conmigo y a mi se me iba la mirada hacia su coño sin poder evitarlo. No modificaba su postura ni bajaba su falda a pesar de lo obvio de mis miradas. En mi imaginación se fue afianzando la idea de que quería ponerme cachondo, y yo cada vez miraba con menos pudor, pero ella seguía igual.

    Mi cabeza estaba a cien dando vueltas a cómo saber si ella me estaba mandando una señal o solo era un descuido. No puedo asegurar que ella fuera consciente pero yo cada vez deseaba más que lo fuera y llegó un momento en que era obvio que se tenía que dar cuenta de que miraba. Estaba tan cachondo que tuve que ir al baño a masturbarme, y cuando volví ella puso una sonrisa que no supe interpretar… o sí. Me dio rabia no saber si aquello era fruto de mi imaginación o realmente ella lo hacía intencionadamente. El caso es que a partir de eso mis fantasías con ella eran frecuentes, sobre todo cuando coincidíamos en algún sitio.

    Seguimos teniendo una relación normal (y no volvió a pasar nada similar a lo de aquel día). Quedábamos a comer en casa de su madre todos, coincidíamos las parejas para salir por Madrid, nos traía a su hijo de 2 años para que nos quedáramos mi pareja y yo con él por la tarde y se quedaba un rato a charlar… pero ni una mirada pícara ni un solo gesto que me hiciera indicar que aquel día pasó algo más que mi imaginación y el descubrimiento de ese coño que tanto deseé en ese momento oler, acariciar, chupar, beber, disfrutar… Tanta era su indiferencia que dejé de tener esas fantasías con ella.

    Tres o cuatro meses después, llegué a mi casa después de trabajar a eso de las 5 de la tarde y vi que como otras veces estaba el carrito con el hijo de Bea en nuestra casa y su hijo dormidito. Vi la puerta del baño cerrada por lo que imaginé que estaba mi pareja allí.

    Fui a la habitación a buscar a mi pareja, dejar las cosas y ponerme más cómodo, pero cuando abrí la puerta de la habitación me encontré a Bea en la cama con las piernas abiertas y masturbándose. Me quedé paralizado, cortado y si saber qué hacer.

    Ella también se asustó, cerro las piernas y se encogió avergonzada. Son de esos momentos de ¡tierra trágame! en los que uno no sabe si salir corriendo o quedarse petrificado.

    Dado que es la hermana de mi pareja e iba a seguir viéndola muy a menudo mi reacción fue la de intentar normalizar la situación para que ella se sintiera al menos… menos mal. Pensé que tratando la situación como dos personas adultas y entendiendo ambos que todos necesitamos sexo y todos nos masturbamos cuando nos apetece disfrutar, la situación se traduciría simplemente en la vergüenza de cuando ves a alguien sentado en la taza del váter.

    Recuerdo lo que le dije como si fuera ayer…:

    -“Bea no te preocupes, es una cosa natural, una necesidad básica incluso. Yo también me toco a veces y no hay de que avergonzarse, así que por favor no te sientas mal. Por mi parte está olvidado”

    Iba a cerrar la puerta y ella dijo:

    -“Espera si realmente quieres que no me sienta mal. Estoy de acuerdo contigo en que es una necesidad y algo natural, pero tú me has visto a mí en esta situación y yo a ti no, por lo que me siento en desventaja frente a ti y cada vez que te vea no podré evitar pensarlo.

    -No puedo evitar haberte visto y no sé cómo arreglarlo. No creí que hubiese nadie en mi habitación y no puedo tampoco borrarme la memoria.

    – Me da vergüenza decirte esto y quizá aún empeore más las cosas…

    -Bea, si hay alguna cosa que te haga sentir mejor, te prometo que lo haré.

    -Creo que lo más justo es que yo también te vea masturbarte como tú me viste a mí para que estemos en igualdad de condiciones cuando nos volvamos a ver y ninguno sienta esa desventaja.

    -Bea. Dime que necesitas que haga, y lo haré.

    Tras decir esto parece que hubo un antes y un después. Ella volvió a tumbarse boca arriba con las piernas abiertas y con un control absoluto de la situación y me dijo con voz firme:

    -Quiero que desnudes y te toques lentamente mientras yo te miro.

    -¿Y si viene Marisol?

    -No te preocupes, acaba de irse a la peluquería y tardará al menos 2 horas. Como comprenderás yo tampoco quiero que nos vea así.

    Me desnudé completamente y ella me dijo, “quédate de pie, quiero verte bien” y empezó a tocarse de nuevo mientras me miraba completamente empalmado delante de ella. Yo empecé también a tocarme allí, de pie mirándola. Cuando me dio permiso me tumbé a su lado sin saber muy bien hasta donde iba a llegar eso, pero cada vez sentía menos pudor y más y más deseo de que llegara lo más lejos posible.

    -Bea, me gustaría chupártelo, y hacerte disfrutar.

    Ella reaccionó inmediatamente dejando de tocarse, abriendo aún más las piernas y ofreciéndome su coño.

    Puse mi cabeza entre sus piernas y sentí sus pantorrillas sobre mi espalda. Empecé a lamerla muy muy despacio. Al principio sin apenas tocar su coño, a pesar de que ella hacia movimientos que mostraban su deseo de que lamiera y metiera mi lengua. ME gustaba hacerla sufrir un poquito para que deseará aún más mi lengua. Cuando mi lengua recorrió por sorpresa el centro de su coño hasta llegar a su clítoris, dio un grito/gemido que estoy seguro de que oyó algún vecino.

    Era delicioso lamérselo y comerme todos sus flujos. Mientras escribo esto y recuerdo su olor y su sabor, me excito muchísimo. Estaba empapada y yo desatado deseando más y más mientras ella empujaba mi cabeza y gemía para que no parara. Me costaba hasta respirar, pero no quería dejar de beber de su coño, esos flujos de un sabor delicioso. Intentaba meter mi lengua hasta lo más profundo que podía y ella me empujaba con sus piernas y con sus manos impidiéndome separarme ni un segundo.

    Levantó sus piernas cogiéndolas con sus manos ofreciéndome su ano para que también lo lamiera. Deseaba explorar cada rincón de su cuerpo, meter mi lengua en su culo e ir subiendo lentamente hasta su coño y terminando en su clítoris. Noté como se corría y volvía a gritar por lo que no paré hasta que no se corrió a gusto una primera vez.

    Cuando terminó me dijo:

    -Hacía tiempo que no me corría con tanta fuerza. Ahora me debes una corrida… quiero ver cómo te corres tu

    Me pidió que me tumbara boca arriba y se puso a chupar mi polla mientras ella seguía ofreciéndome su coño y su culo para que siguiera jugando con ellos. Estaba como en un sueño en el que uno solo piensa en disfrutar, sin juzgar, sin ninguna censura, evitando correrme para prolongar aquella situación única y maravillosa. Se notaba que ella también quería hacerme disfrutar. Chupaba mi polla y jugaba con ella hasta el punto que tuve que pedir que parara para evitar correrme.

    -Necesito estar dentro de ti.

    Sin titubear ella respondió:

    -siéntate en el borde de la cama.

    Lo hice y ella rodeó mi cuerpo con sus piernas sentándose sobre mi polla, que entro en su coño muy suave y muy profunda. Me encantó el gemido que soltó según se iba metiendo.

    Nuestras bocas se juntaron por primera vez intercambiando nuestra saliva, sintiendo tanta atracción y tanto deseo que no era dueño de mi cuerpo. Ella me pidió que abriera la boca y dejó caer su saliva en mi boca. Me excitó muchísimo. Era como si quisiera darme todo lo que tenía, se encontraba súper a gusto y eso me hacía sentir a mi genial y desinhibido.

    Yo sujetaba su culo con mis manos mientras ella se movía cada vez más fuerte, golpeando su coño contra mi cuerpo en cada sacudida, hasta el punto que sus flujos salían disparados mojando mi torso. Mientras sujetaba su culo introduje uno de mis dedos por su ano, que hizo que incrementara su ritmo aún más. Se corrió de nuevo y gritó tanto esta vez que tuve miedo de que nos escuchara algún vecino. Sentí unas ganas enormes de explotar y tuve que hacer un gran esfuerzo para no correrme. No quería correrme dentro de su coño, porque ya era demasiado arriesgado lo que estábamos haciendo… como para que además me corriera dentro y…

    Mientras seguía moviéndose, me preguntó:

    -¿Quieres correrte dentro de mi culo? Estoy muy excitada y sé que lo deseas.

    Yo seguía con mi polla dentro de su coño y el dedo dentro de su culo y no pude evitar correrme un poquito dentro al oírlo.

    No tuve ni que responder. Empujó mi cuerpo para atrás, cogió mi polla con su mano y se la fue introduciendo en el culo a su ritmo, que ya estaba muy bien lubricado.

    Al ratito, cuando ya se metía con más facilidad, se puso en la postura del perrito y me dijo… “disfruta de mi culo y córrete a gusto dentro, te lo has ganado”.

    La cogí de su coleta y seguí disfrutando de su culo, oyéndola gemir hasta que dejé salir todo mi semen entre espasmos de placer. Se recostó hasta quedarse tumbada boca abajo todavía con mi polla dentro.

    Después de un rato tumbados juntos, llegó el momento más incómodo de enfrentarse a lo que acabamos de hacer.

    Es raro, pero al estar ambos en la misma situación no me sentí avergonzado.

    Cuando si que me sentí fatal fue cuando llegó mi pareja. Bea, ya se había ido con su hijo antes de que llegara para evitar verla y afrontar la situación.

    No volvimos a tener sexo entre nosotros ni a hablar de aquello. Es algo que quedó atrás como si fuera una fantasía más que como algo real. No tuvimos problemas en seguir manteniendo una relación normal a partir de eso porque ambos sabíamos que fue algo puntual, inevitable, que no queríamos programar por más que hubiéramos disfrutad, porque quizá sentíamos que nos exculpaba el hecho de hacerlo por el impulso y no por una premeditación.

    Meses después mi pareja y yo dejamos la relación. Precisamente porque sexualmente no era una relación divertida y creo que la sexualidad en la pareja forma parte en un porcentaje altísimo de su éxito. Pensé en llamar a Bea, porque tengo un recuerdo sexual muy agradable de aquello y me encantaría repetirlo, pero me pareció que sería invadir de nuevo su intimidad y su vida sin ninguna señal por su parte, ya que ella seguía con su vida y con su familia. Su marido y yo nos llevamos fatal, hasta un punto extremo, por lo que follar con ella todavía me haría sentir mejor y con menos culpabilidad, pero ella sí que me importa y la aprecio. Al final no la volví a llamar, aunque sí que me apeteció escribir este relato para revivir ese recuerdo (los nombres no son los reales para evitar que si esto circula…

    Lo había escrito solo para mí, pero después he pensado que también podría hacer disfrutar a otros mi experiencia, e incluso, quien sabe… encontrar a alguien que quiera vivir una experiencia parecida conmigo. Nunca se sabe dónde se puede encontrar a alguien que sea compatible contigo.

  • El club de los mirones

    El club de los mirones

    Estaba paseando por los pasillos del centro comercial cuando identifiqué a una figura conocida. Ella me vio y caminó hacia mi saludándome con mucha emoción. Se trataba de Laura una exnovia con la que pasé grandes momentos en mi vida. Por causas que ahora veo triviales nos separamos hace unos años atrás. Laura se veía idéntica a como la dejé de ver y me emocioné mucho al verla. Ese día lo pasamos juntos charlando primero con café en mano, luego con cena y vino y finalmente entre sábanas y gemidos.

    La vida nos había dado una segunda oportunidad y rápido me monté en el tren de las aventuras con ella. Con ella comencé a experimentar con otro tipo de turismo que no había tratado antes. Básicamente nuestra rutina se había convertido en turismo interno y en hospedarnos en hostales y pequeños hoteles.

    Viendo las redes sociales encontré un lugar que me pareció curioso. Se trataba de un hostal tipo burbuja. Este tipo de lugar tiene la peculiaridad de ser totalmente al aire libre. Todas las facilidades son totalmente expuestas sin paredes. Lo único que queda cubierto es el dormitorio el cual consiste en una burbuja plástica transparente que permite que se vea toda la naturaleza que te rodea cuando estas en la cama. Demás está decir que el lugar es totalmente privado y seguro para las personas que allí se alojan. Hice una reservación para un fin de semana, pero el lugar esta tan de moda que tardaríamos un año en poder visitarlo. Para mi sería perfecto pues estaría cerca del primer aniversario de volver a encontrarnos. Una aventura así sería una buena sorpresa para ella.

    Paso un mes y Laura me dijo que tenía una nueva aventura planeada para ese fin de semana. Me dijo que sería lo más atrevido que haríamos hasta el momento lo cual me dio mucha curiosidad. Le pedí detalles, pero me dijo que tenía que ser totalmente sorpresa. Me dijo que acicalara todo mi cuerpo como si fuese a posar desnudo lo cual me dio a entender que iríamos a alguna playa nudista. Eso no causó mucha emoción en mi pues ya había estado en varias playas y hoteles con esa temática. Ya había ensenado mis pequeñas nalgas a europeos y caribeños en varias ocasiones. Como la vi tan emocionada hice caso a su pedido y disimulé mi falta de emoción.

    Cuando salimos de mi apartamento vi que no nos dirigíamos en dirección de cualquiera de los aeropuertos que nos pudieran dirigir a las locaciones nudistas que conocía. Lo único que pude pensar es que había descubierto un lugar local. Nos dirigimos al norte de la isla y nos adentramos a un área boscosa. Cuando llegamos a un portón pude darme cuenta de que me había traído al lugar que yo había reservado para nuestro aniversario. Esto me hizo preguntarle que cuando había hecho la reservación para el lugar pues unas semanas atrás había tratado de conseguir un fin de semana cercano y las fechas eran para meses después. Ella me contestó que la reservación la había hecho esa misma semana, pero directamente con los dueños, a los que ella conocía personalmente y que ellos hacían actividades especiales que no se anunciaban pues eran para un círculo cerrado de personas. Su contestación me pareció bien así que volví a entusiasmarme con el local.

    Cuando llegamos quede muy sorprendido por la paz y tranquilidad que se percibía en el local. Físicamente era igual a lo que había visto por internet. La tarde paso desempacando y explorando las áreas cercanas. Me aleje del área de la burbuja y cuando regrese me sorprendió ver a Laura desnuda en la piscina. Al verla le pregunte que porque se había quitado toda la ropa y me contesto que el lugar estaba diseñado para no tener ropa. En aquel lugar la ducha y hasta el inodoro estaban totalmente expuestos. Me explico que el lugar era totalmente seguro para pasarlo sin ropa cosa que no termino de darme seguridad.

    Me quité la ropa y me uní a ella en la piscina. Jugamos de mano un rato y terminamos besándonos en una esquina. En una pausa de los besos le pregunte por la actividad especial que nos había dado el pase de estar allí. Me dijo que la actividad especial éramos nosotros mismos. Ella me confeso que pertenecía a un grupo llamado El Club de los Mirones. Este grupo de personas eran exhibicionistas y voyeristas y el lugar donde estábamos se había convertido en el lugar ideal para ver a otras personas sin ser vistos. Me alejé algo enojado pues pensé que sin saberlo un grupo de extraños me había estado mirando desnudo desde que me metí a la piscina. Ella me dijo que no funcionaba así.

    El lugar era seguro siempre, cuando había una actividad del Club los dueños, que eran miembros fundadores, ponían cámaras en lugares que nadie sabía dónde estaban y dependiendo quien fuera ponían hasta algunos drones para transmitir lo que allí pasaba. Una vez terminaba el fin de semana las cámaras eran retiradas. También me dijo que los que allí participaban tenían total control de cuando querían ser vistos. En las todas las áreas se instalaban botones que podían activar y desactivar las cámaras de aquel lugar cuando quisiéramos ser vistos.

    La sorpresa me dejo aturdido pues no sabía si ya me habían visto desnudo un grupo anónimo de personas. Laura noto mi cara y me tomando su teléfono celular me enseño una aplicación donde en efecto pude notar que no se estaba trasmitiendo nada hasta el momento. Aquella noticia me cambio el ánimo pues era algo nuevo para mí. Laura se sintió mal pues entendía que yo tenía más mente abierta para estas cosas lo cual es cierto. Lo único que me aturdía era no saber quién era la audiencia. Podía terminar siendo la diversión nocturna de mi jefe o del empleado del estacionamiento de mi edificio y no lo sabría. En ese caso Laura me aclaro que el Club era parecido a la filosofía de la película “Fight Club” todos en el club tenían que ser vistos alguna vez para pertenecer a él. Ella era la última en la rotación y conocía a todos los demás, nadie me conocería o diría algo sobre lo que vio. Me dijo que no había encontrado a alguien con quien compartir esa experiencia y que yo era esa persona. Esa contestación bajo algo mis defensas y selle la conversación con un beso.

    Seguimos jugando y paseando desnudos por aquel lugar. Nos bañamos juntos y entramos a la burbuja a recostarnos en la cama un rato. Allí ella se recostó sobre mí y comencé a jugar con su cabello. Ella beso mi pecho y me miro tiernamente. La bese y ese beso se extendió un rato. Cuando nos separamos ella vio que mi pene ya estaba erecto y de broma me dijo que ya se me había pasado el coraje. Le dije que sí y proseguí a preguntarle donde estaba el botón en el cuarto. Ella sorprendida me dijo que estaba al costado de la cama. Le dije que, si alguien quería verme, me vería haciendo las cosas que realmente a mí me gustaba ver. Busque el botón por toda la cama hasta que lo encontré y active. Volví donde ella y me le eché encima. Como estábamos ambos desnudos no tuve que quitar nada de ropa. Rápidamente agarre sus hermosas tetas y le chupe sus pezones. Una vez me comí sus tetas besé su vientre a la vez que comenzaba a rosar su sexo con mi mano. Ella algo pasmada comenzaba a moverse tímidamente demostrando su placer. Seguí tocándola hasta que penetré mi dedo índice en ella. Se sentía caliente y ya estaba muy húmeda. Ella comenzó a gemir de inmediato. Bajé a su vulva y comencé a lamerla. Pasaba mi lengua extendida sobre sus labios y su clítoris. Luego me concentré solo en clítoris e introduje dos dedos en su caliente cavidad. Al unísono la penetraba con mis dedos mientras chupaba sus jugos. Ella arqueaba su espalda y gritaba de placer. Me pidió que no parara, y yo no tenía la intención de hacerlo. Tuvo su primer orgasmo en mi boca, y como no me detuve a este le siguieron dos casi seguidos.

    Sabía que me estaban mirando y tenía que dar un buen espectáculo. Ella también lo sabía y su desempeño y movimientos eran de estrella porno. Yo me acosté boca arriba y ella agarro mi pene y desesperadamente lo chupo por varios minutos. Yo con el morbo de ser observado me encendí más de lo normal en mí. Mi excitación y si ella seguía chupando como lo estaba haciendo me harían terminar antes de lo planeado haciéndome lucir algo mal en cámara. Para evitar esto la detuve y la acomodé sobre mí. La bese apasionadamente para bajar la emoción y extender mi faena. Una vez me calme la agarre por las caderas y le dije que se acomodara en posición de perrito lo que hizo con sonrisa en boca. Cuando vi el panorama abrí sus nalgas y metí mi cara entre ellas. Volví a comerme todas sus cavidades lo que hizo que ella enterrara su cabeza en la almohada. Ella casi perdiendo el control me grito que la penetrara. Yo acomodé mi pene en su vulva y comencé a penetrarla. Alterne mis manos entre su espalda, nalgas y caderas. Ella era mía en ese momento y se lo hacía saber a toda la audiencia. No sabía si aquella transmisión tenía audio, pero nuestros cuerpos sonaban violentamente con la intención que se escuchara en todos lados.

    Ya sentía que iba a terminar y se lo dije. Ella entre gemidos me dijo que quería que terminara dentro de ella. Yo dentro de mi excitación y sabiendo que no habría consecuencias la complací. Ella también termino casi al mismo tiempo que yo.

    Una vez nos recompusimos nos fuimos a dar una ducha a la luz de la luna. Ese fin de semana prendimos todas las cámaras de los lugares donde tuvimos sexo. Le dimos a la audiencia el espectáculo que se merecían.

    Nuestro espectáculo me gano ser miembro del Club de los Mirones. Ahora somos nosotros quien de vez en cuando prendemos la cámara y vemos a otros actuar.

  • Noche de lavanda

    Noche de lavanda

    El recuerdo es fresco, el calor de la noche y la humedad del aire aún lo puedo sentir, una noche de verano que nunca olvidaré.

    Ahí estaba ella, con su camisón blanco con estampados de lavanda, le cubría apenas a bajo de su vagina, escondida tras un lienzo de tela color verde menta, hecho de algodón y con un diseño que derrochaba inocencia, del cual se podía ver muy bien el bulto que formaba sus gruesos labios con esos vellos que invitan arrancarlos a mordidas, seguida de unas piernas largas, morenas y con un poco de sudor de la noche.

    Por arriba de ese bulto que me habla, está un vientre plano que se mueve al ritmo de su respiración agitada por el nerviosismo y excitación, un poco más arriba podía verse un par de senos grandes, que por el hecho de estar recostada se expandían aún más, sus pezones excitados que se marcaban claramente sobre el camisón, terminando más arriba con dos ojos que lo decían todo y unos labios que se esforzaba por no decir nada, era de noche y no queríamos despertar a nadie, su madre dormía a lado.

    Todo era excitación y lujuria esa noche, empecé por desabrochar el primer botón de su camisón, todo en silencio, desabrocho el segundo, y se empiezan a asomar esos senos expandidos con tez mestiza mulata, desabrocho el tercer botón, su respiración se empieza agitar más, decido hacer una paisa, el deseo por tocar sus dulces senos me gana, aún por arriba de la tela se pueden sentir su firmeza combina con una suavidad que se moldea al tamaño de mis manos.

    Me pongo a jugar con sus pezones el cual hace que cada vez sean más duros y grandes, ella me pide que continúe, retomo y desabrocho el cuarto botón, la aureola de sus pezones empezaban hacer visibles, ya se podían ver que eran de un tono aún más oscuro que su piel, continuó con el quinto botón, sus pezones ya están a mi vista, son de un color café oscuro, casi negros, del tamaño del hueso de una aceituna.

    Al ver sus pezones expuestos, mi mentalidad se vuelve el de un recién nacido y no pude evitar besarle y mamar esos ricos senos mulatos, la textura de sus pezones dentro de mi boca aún siguen grabados.

    Mientras sigo como un bebé desesperado mamando sus ricas tetas, sigo con mi encomienda de quitarle su camisón, al terminar con el último botón hago otra pausa, está vez para contemplar su cuerpo, sus respiración agitada, sus grandes senos expuestos, su camisón abierto de lado a lado, ya podía ver mi siguiente objetivo, ese calzón donde sus labios vaginales eran aún más visibles que antes, se marcaban aún más, y se podía ver humedad en ellos.

    Es un espectáculo que tenía ver de cerca, así que me acerco a su panocha, para grabarme la forma de su bulto que está formado en ese pedazo de tela. Al estar más cerca me empieza a llegar una fragancia que me excitó, eran las feromonas que ella desprendía por su cachondez desde su panocha, inconscientemente toco sus labios vaginales por encima de su calzón y ella por reflejo hace un espasmo seguido por un ligero gemido, le pido que procure no alzar la voz, recordando que su madre estaba cercas.

    Mientras con uno de mis dedos de la mano izquierda empiezo a seguir la silueta que se forma de los labios por encima de su braga, con mi otra mano empiezo a tocar mi pito duro y cachondo por todo el espectáculo que estoy viviendo en ese momento, sabía lo que tenía que hacer ya.

    Pregunto si puedo quitárselo, ella asiente con su cabeza, en ese momento con mi corazón con las revoluciones al máximo me dispongo a retirarlos, esa tela era único que se interponía a mi objetivo.

    Empiezo a deslizarse su calzón, quería hacerlo de un sólo golpe, pero sabiendo que es una ocasión única, tranquilizó mis hormonas y proceso lento, agarró cada extremo con delicadeza y lo voy deslizando, su vientre ya es visible y se empiezan asomar los primeros bellos, continuó un poco más, se empieza notar la zona donde inicia sus labios, mi boca está saca por la excitación, en ese momento bajo aún más la velocidad, estoy en primera fila, quería hacer poder revivir ese momento a la perfección, me detengo unos segundos, ya su vagina era casi totalmente visible, podía ver que sus jugos eran visibles, son cristalinos con un espesor viscoso, mientras terminó de bajarle los calzones a unos centímetros de su vagina, sus jugos de van estirando, como aferrándose a sus pantaletas para proteger su castidad.

    Hago otra pausa, está vez para poder oler en primera persona esa fragancia, quería poder bañarme con ese olor y que todos la pliegan.

    Ahora le bajo su calzón a la altura de la rodilla, le pido que abra las piernas, primero no quiere, la pena la mata, pero la termino por convencer y accede, con su cara roja de vergüenza va abriendo sus piernas y yo con mi cara de lujuria voy apreciando el espectáculo, después de unos segundo que parecían minutos, abrió sus piernas unos 45 grados, con mi cabeza entre sus piernas ya podía ver su panocha expuesta, una panocha que siempre había querido ver, sus labios vaginales gruesos, oscuros, apretados, llenos de bellos, un aroma fuerte entre hormonas y orina, se podía ver un color rosa en medio de esos labios, que están cubiertos de un líquido viscoso, me pongo a beber esos líquidos para quitarme la sequedad de mi boca provocado por la excitación.

    El sabor de su orina aún lo tengo en mi boca, la sensación de sus bellos entre mi dientes y la humedad de sus labios vaginales en mis labios, el mejor beso que había recibido en mi vida en ese momento, le bese su panocha hasta saciarme mientras ella con una mano agarraba mi cabeza y con otra tapaba su boca. Mientras tomaba sus jugos, con mis manos empecé a jugar con sus grandes senos, mi meta en ese momento es que termine a chorros, aún seguía con sed.

    Ella empezó a disfrutarlo cada vez más, empezó a apretar mi cabeza sobre sus genitales, cada ve salían más jugos, y yo seguí besándole sus labios, su panocha, metía mi lengua para probar el sabor de su interior y de su clítoris, cada vez lo hago más agresivo mientras ella me estruje cada vez más hacía su cuerpo, como queriendo meter adentro de su vagina.

    Finalmente pasa, ella abre la fuente, a como pudo ahogó sus gemidos y termino con grandes chorros, podía sentir como pulsaban sus labios caga vez salían los chorros, primero puedo tragármelos sin dificultad, pero en segundos sus jugos a vuelven la abundantes, empapan todo mi cara, batallo en pasármelos, no quería desperdiciar nada de sus fluidos, ya llevaba tiempo deseándolos.

    Yo bebí la mayoría de sus fluidos vaginales, mi sed se había tranquilizado, era hora del evento principal dentro de mi mente, mi pene ya empezaba a gotear el pre-semen y me pulsaba por querer entrar en su vagina, pero mi excitación fue mucha, la deseaba exageradamente a ella en ese momento, me acomodo sobre ella, mi respiración es fuerte, estoy sobre excitado pero unos movimientos sobre mi pene de su manos al querer guiarlo a su mayor tesoro bastaron para hacerme venir, me estaba sintiendo frustrado cuando en ese momento me abrazo mientras me susurró al oído que no importaba, que yo sería su primera vez, que mañana lo intentará otra vez.

  • Carlos me intercambió con su mejor amigo

    Carlos me intercambió con su mejor amigo

    Hola mis amores, no crean que los he olvidado, ya saben soy Alexa, de 26 añitos, 100% mexicana actualmente estudio mi Master en Contabilidad en Playa del Carmen. Soy morenita clara, cabello largo negro, tengo unos senos no muy grandes pero si duritos, apetecibles en su lugar, acinturada y lo que más me gusta y me chulean son las nalgas y las piernas que ahora que subí un par de kilos me siento y veo más sabrosa. No me siento bonita, pero sí muy atractiva, ya que mi 1.75 de altura más unos lindos tacones pues de verdad sobresalgo a donde me paro, además practico Voleibol, marcadita y me encanta coquetear.

    Esto que les contaré pasó ya hace 6 años casi 7, acababa de cumplir 18 añitos y estaba en ese inter del cambio de preparatoria a la universidad.

    La relación que llevaba con mi novio Carlos había sido estable, pocas ocasiones peleábamos, y cuando lo hacíamos siempre nos reconciliamos en la cama, en el sillón, en el patio o donde nos agarrara la loquera. Nuestra vida sexual era bastante activa y para ese entonces para mi casi todo era nuevo.

    Era fin de semana y yo me había quedado a dormir en casa de Carlos, mis papás se habían ido a Toluca y los suyos a Cuernavaca. Tuve la oportunidad de saber uno de sus secretos mejor guardados y perversos de mi noviecito santo y puro según yo.

    Resulta que ese sábado habíamos ido muy temprano al autódromo a patinar, regresamos cansados y sudorosos, nos duchamos por turnos, primero él ya que era su casa y luego yo. Cuando salí del baño envuelta en una toalla lo hice sigilosamente, lo escuché en su cuarto hablar por teléfono, sólo alcanzaba a escuchar algunas cosas y adivine lo que pasaba sin tener la certeza de estar en lo correcto. Me acerque y me quede en la puerta escuchando. Parecía que llevaban mucho tiempo hablando y la curiosidad me ganó, quise enterarme de lo que hablaban y no quedó más que poner atención.

    Hablaba con Gerardo, uno de sus mejores y creo único amigo. Lo primero que escuché fue la voz de mi novio que decía:

    -Está bañándose, no escucha nada.-

    Lo que oí a continuación me sorprendió. Mi novio le decía a Gerry, Gerardo que le gustaba mucho su novia Vianey, que le parecía muy atractiva y que le encantaría tirársela.

    Me resultaba increíble que Carlos mi novio fuera capaz de decirle a Gerry algo así más estando yo en el baño según en la regadera, tan normal como si se tratara de una cosa como su coche y no de su novia.

    Pero lo que dijeron después me sacó de onda aún más:

    -JA está difícil, Alexa es muy conservadora y no aceptaría un intercambio, si le digo terminaría mandándome al carajo.

    ¿Qué estaba pasando? Mi novio quería intercambiar? Conservadora?

    -¡Ya sé cómo hacerlo! -Gritó emocionado.

    -Dejémonos el camino libre con ellas, yo finjo no darme cuenta que cortejas a Alexa y tú haces lo mismo mientras conquistó a Vianey, y veamos quién se coge primero a la novia del otro, ¿qué dices?

    Un silencio horrible por 10 segundos y siguieron:

    -Pues si te quieres arriesgar acepto, Alexa no te va a hacer caso, me es muy fiel es mía y yo me voy a dar el banquetazo con Vianey y ambas serán mías.

    -Bueno, en eso quedamos, luego te llamo, apostaríamos pero creo ya va a salir del baño.

    Corrí al baño de nuevo y jale la puerta, Carlos salió de la recamara y me encontró de frente, me hice la sorprendida.

    -¿Por qué tardaste tanto amor?

    -Estaba muy cansada y me quedé unos minutos más en el chorro de agua, no quisiste enjabonarme ehhh.

    Hice un gran esfuerzo por ocultar mis emociones, no sabía si reír o llorar, estaba realmente enojada, la vergüenza, el rencor y los celos se mezclaron en mí en ese instante. Hubiera querido reclamarle ahí mismo, pero algo me decía que ya iba a tener mi oportunidad.

    En toda la semana que siguió no pude concentrarme en la escuela, en mis tareas y últimos exámenes, solo pensaba en lo escuche ese día y en la manera de desquitarme y sacar provecho. La ocasión fue casi inmediata, no esperaron mucho ya que al parecer decidieron poner en marcha su plan de intercambio.

    Carlos, mi novio me salió con que su familia iba a visitar a unas amistades a no sé qué mentado pueblo por Irapuato, que regresarían hasta el domingo ya muy tarde.

    -Te invitaría, pero sé que no te gusta salir mucho con mi familia.

    Me dijo como resignándose cuando él sabe que mientras yo estoy con su familia soy la consentida, me dejó el teléfono de donde según iban a estar.

    -Diviértete mi cielito, unos días sin mí no son nada, te cuento el lunes como me fue.

    Se despidió de mí dándome un beso largo, apretado y una nalgada como marcando territorio.

    Y curiosamente ese mismo día, el viernes por la tarde, me llamó Gerry para «invitarnos» a salir:

    -Oye mi novia no va a estar, se va a Cuernavaca con la familia de una amiga y pensé en aburrirles el fin de semana.

    ¿Casualidad?, definitivamente no.

    Le comente que Carlitos se había ido con su familia, fingió (y fingió muy bien) que le daba sorpresa.

    -¡Qué lástima! y yo que tenía tantas ganas de que saliéramos juntos.

    -Yo también, pero ni modo, ya ves.

    Aún no sé porqué conteste así, pero me salió natural, quizás mi subconsciente quería desquitarse, sabía que era el momento.

    -Alexa, no hay problema, si no te molesta, podemos salir tu y yo a donde quieras.

    Gerry estaba muy insistente, quería mucho verme y acercarse a mí. Estuve a punto de decirle que no, pero recordé las palabras de mi novio – «Alexa me es muy fiel, no te va a hacer caso…» , y pensé que quizá él y Vianey se la están pasando muy bien juntitos, así que me decidí a divertirme yo también.

    Ok, ¿qué tienes en mente?

    Se quedó callado con una carita de idiota, seguramente no pensó que fuera a decir que sí, pero respiro y se controló:

    -Pues no preparé nada, esperaba que ustedes sugirieran algo, pero qué te parece si vamos a Plaza Universidad y tomamos algo, además hay una película que quiero ver, después vemos qué hacer.

    -De acuerdo, ¿a qué hora pasas por mí mañana? -pregunté de inmediato

    -Paso por ti a las cuatro y media ok?

    El primer paso estaba dado y ya no había marcha atrás, aunque no tenía pensado serle infiel a mi novio, quería darle una especie de advertencia saliendo con su amigo, conservadora yo? él seguramente como es ya estaba metiéndole mano a Vianey muy confiado de que yo estaba esperándolo sentadita en mi casa, y no soporté la sola idea.

    El sábado me levanté como siempre y me di un buen baño, me depile cada rincón de mi cuerpo como siempre, me quite el exceso de agua y me puse cremita hidratante en mis piernas, en mis nalgas, en mi pancita, en mi cara. Fui al cajón de mi ropa interior, aún tenía dudas de mi cita, tome un bra rosita de media copa para realzar a mis nenas, busque la tanguita para hacer conjunto y encontré una pequeñita lisa que apenas me tapaba el coñito recién depiladito y de atrás se me metía bien en el culo, termine de vestirme de tal forma de hacer sudar al buen Gerry, me puse un pantalón a la cadera caqui, una blusita rosa ajustadita y tacones rosas haciendo conjunto, realmente me veía sumamente tierna y linda.

    Lo escuché llegar en el auto de su papá, tocó el timbre, tomé mi pequeño bolso de mano, me detuve frente al espejo a ver detalles por si algo se me escapaba y claro asegurarme de verme impecable.

    Al abrir, lo saludé con un beso en la mejilla y noté su asombro al verme. Muy caballerosamente me invitó a subir al coche y yo abordé, permitiéndole verme por detrás y por arriba antes de meterme al auto.

    En el camino hablamos de varias cosas sin importancia, y yo hice como que no me daba cuenta que venía viendo mi bra en la abertura de los botones de mi blusa, así que él ya venía haciendo su primera tarea.

    -Tengo mucho calor, pero no quiero bajar la ventana para no despeinarme, ¿no tienes aire acondicionado?

    Pregunté y él rápidamente lo accionó, y wow que si enfriaba. Inmediatamente mis pezones se pusieron duros y bueno era de más ayuda para atraer la atención de mi anfitrión.

    Seguimos platicando mientras manejaba, un botón de mi blusa se abrió dejando más vista, dejando ver una parte de mis tetas dentro del bra y eso vi que le encantaba.

    Llegamos a Plaza Universidad y dejamos el auto en el estacionamiento, al bajar, a propósito me incliné más de la cuenta para que él viera bien las armas que portaba, me reí al ver el botón desabrochado que era su única vista, reímos por un momento en lo que me lo ajustaba. Subimos y comenzamos a recorrer el centro comercial, muchas parejas iban y venían y nosotros veíamos las tiendas. Veníamos muy despegados, pero como si todo se hubiera puesto de acuerdo para acercarnos, un joven que vendía en una florería se nos acercó y me dio una rosa: – ¡flores para su novia! – le dijo a Gerry, quien después de salir de la sorpresa atino a decir – ¿Cuánto es? – y mientras le pagaba la rosa, el hábil vendedor dijo:

    -¡Hacen bonita pareja! diviértanse mucho.

    -¿Ya ves? nos dijeron que hacemos buena pareja, imagínate que lo fuéramos -pregunté riéndome.

    -Lo dijeron por ti, que vienes muy guapa hoy.

    -Gracias, ¿te gusta cómo me arreglé? – inquirí coquetamente dándome una vueltecita.

    -Sí, te ves espectacular, luces súper sexy y tus ojitos negros me fascinan- dijo seriamente

    -exageras amiguito, pero gracias por decirlo – y tomé su mano como si nada, así nada más.

    Fuimos a tomar un helado, platicamos largo y tendido, yo lo coqueteaba, lo miraba, me mordía el labio, me agarraba el cabello, me reía de sus malos chistes y al dirigirnos al cine, ya íbamos bien abrazados, yo le dejaba tener mucho contacto, mucha cercanía, ya muy en confianza, yo con mi brazo derecho alrededor de su cintura o sujetándolo de la bolsa trasera de sus jeans y él con el izquierdo suyo sobre mi hombro. Tenía la mano colgando en mi hombro izquierdo, y se la tomé con la mía jalándola hacia abajo casi sobre mi teta, y entrecruzamos los dedos como novios, yo acercaba su mano para que rozara mi seno izquierdo y se diera cuenta de las tremendas tetas que se me hacían con esa media copa.

    Para cuando compramos los boletos y nos formamos para entrar, ya iba severamente excitado, pues además de rozarme las tetas al abrazarme, me puse de espaldas a él y permití que me abrazara por la cintura desde atrás mientras yo tenía la charola con las palomitas. No perdió la oportunidad de desaparecer cualquier distancia entre nosotros, mi trasero quedó a la altura de su entrepierna y pude sentir que se estaba poniendo durísima su cosa.

    Entramos a ocupar nuestros asientos y como si nos hubiéramos puesto de acuerdo, elegimos uno de los lugares más apartados y oscuros de la sala, no había mucha gente tampoco, él estaba a mi derecha.

    Aún había luz, y crucé mis piernas, girando un poco hacia él y ya mi botón había hecho la travesura nuevamente lo que llamó poderosamente la atención. Lo primero que hizo fue abrazarme acercándome hacia él. Todo iba muy normal, el título de la película no lo recuerdo muy bien, Bajo la misma estrella, una historia de amor de 2 enfermos terminales.

    Pasaron algunas escenas y empezamos a aburrirnos entonces cambiamos un poco la temática de nuestra cita “no cita”. Como no había nadie ni atrás de nosotros ni a los lados en muchos asientos, él se animó a iniciar la acción y comenzó acariciando mi cabello para luego acariciar suavemente mi cuello, ciegamente accedí, yo con una mano tomé la suya inquieta y la bajé hasta la altura de mis tetas, él de inmediato con la mano abierta comenzó a masajear mi seno izquierdo y yo me acomode para facilitar las cosas.

    Él lo hacía muy lentamente, y ambos seguíamos viendo la película. Yo me estaba poniendo cachondísima. Con su mano izquierda atendiendo mis tetas, Gerry acercó ahora la derecha a mis piernas cruzadas y las sobó de la rodilla hacia arriba, metiéndose entre mis piernas tocándome mi cosita de arriba a abajo. Yo abrí las piernas descaradamente y con los ojos aún cerrados sentí su aliento muy cerca, y para cuando los abrí sus labios ya estaban pegados a los míos. De inmediato su lengua se abrió paso dentro de mi boca y comenzamos un largo y silencioso beso francés que duró mucho tiempo.

    Diablos, no estábamos viendo la película, no tenía caso quedarnos, le habíamos perdido la trama. Salimos del cine y más rápido que inmediatamente nos dirigimos al estacionamiento para irnos.

    Dentro del coche me volvió a besar y yo desabotoné toda mi blusa, él perdió el aliento al ver mis tetas en ese bra que me hacía ver fabulosa y después de salir de su asombro solo atinó a decir:

    -¡que tetotas! ¿Qué talla eres?

    -Deberías medirlas e investigar -dije orgullosa y coquetamente.

    De inmediato se acercó y se abalanzó contra ellos con ambas manos, para luego llenarlos de besos y ensalivarlos a lengüetazos.

    Yo no aguanté la tentación y sobé su pitote por encima de su pantalón, estaba grande y duro, listo para darle amor.

    No sé cuánto tiempo estuvimos fajando deliciosamente, pero aprovechando un momento que nos escapamos del trance él me dijo:

    -Vamos a un hotel ¿sí? hay uno saliendo.

    -ajá -El piramidales que ya lo conocía, fue lo único que salió de mi boca antes de abalanzarme sobre él a besarlo nuevamente.

    Se nos hicieron una eternidad los pocos minutos que tardamos en llegar al Motel. Cuando llegamos, apenas pago y cerró el portón, no pudimos aguantar y nos volvimos a enredar en un faje descomunal en el estacionamiento del hotel, solo que esta vez yo bajé su cierre y tomé su animal que ya luchaba por salir con mis manos, subiéndolas y bajándolas, masturbándolo mientras el manoseaba a voluntad todo mi cuerpo. Delicadamente tomó con una mano mi cabeza y la empujó levemente hacia abajo, como invitándome a mamársela.

    Obviamente aceptó la invitación y bajé la cabeza para besar tiernamente la punta de su pito, buen tamaño, grosor, buen olor. Besé y luego pasé a abrir un poco, solo un poco mis labios y probarlo, delicioso. Mi lengua entonces se asomó y comenzó un recorrido por todo su falo, de arriba abajo, lo sujetaba hacia arriba para lamer sus bolas que le encantaba por los movimientos y ruidos que hacía. Yo me decidí a chupárselo en toda su longitud, entraba y salía de mi boca, yo apretaba mis labios lo más que podía para saborearlo mejor; y cuando menos lo esperé y sin avisarme él dejó salir un gemido al tiempo que se vaciaba en mi boca, rico, espeso, saladito, lo ame. Salió tanto y con tanta fuerza que sentí que me ahogaba y me retiré, claro que me los había comido todos, solo regrese a limpiarla bien y que supiera que esa era mi especialidad mientras lo veía hacia arriba.

    -¡Te salió muchísimo! -le dije sorprendida y sonriendo coquetamente

    -No te preocupes nena, queda todavía más -aclaró

    Por fin entramos a la habitación y al cerrar la puerta inmediatamente nos volvimos a abrazar y dar de besos, encendimos la luz y vimos que era amplio y bien ordenado. El me apretó el culo juguetonamente y me dijo:

    -¡ven que te voy a comer sabrosa!

    Me le fui encima, nos abrazamos, me besó, me desabrocho el pantalón y después me tomó por la cadera, me levantó en el aire y me sentó en el tocador, me lo quitó y yo abrí mis piernas mientras él admiraba mi microtanga rosa al mismo tiempo que la hacía a un lado para después tocar mi pubis bien depiladito.

    Desabrochó su cinturón y quitó sus pantalones hasta el piso, sacó su animal hinchadísimo nuevamente, le coloque un condón que de casualidad encontré en el cenicero de la habitación y fue ahí que me penetró por primera vez. Tuvo dificultades para hallar el camino, por lo que tomé su pitote con mis manos y la encaminé a la entrada de mi panochita, yo estaba tan mojada que no le costó ningún trabajo entrar.

    Comenzó a bombearme deliciosamente, muy lento y apretadito, mordía mis labios y masajeaba mis tetas, cerré los ojos y puse las piernas alrededor de su cintura, entraba y salía como todo un maestro, yo estaba en el cielo. Mientras me gozaba, por fin me quito la blusa y alcanzó mi bra y lo liberó, dejando libres mis tetas, que se movían al compás de la tremenda cogida que me estaba dando. Los capturó con sus labios y chupó hasta que se cansó de mis pezones, éstos se pusieron durísimos y yo alcancé mi primer orgasmo, ese recorrido eléctrico por todo mi cuerpo y que puso mi piel chinita, esas contracciones en mi cuquita se acrecentaron por la postura en la que me encontraba y un grito de placer salió de mi garganta mientras yo empapaba el tocador con mis jugos.

    Él no tenía para cuando terminar, y cuando se dio cuenta de que yo había tenido un orgasmo salió de mí y me cargó a la cama. Comenzó nuevamente a lamer mi vagina y acariciar mis piernas, yo me retorcía del placer, necesitaba un minuto y él no me lo daría.

    Quizás comenzamos no tan mal pero el orden no altera el producto, me dijo que quería que hiciéramos un 69, de un brinco me acomodé sobre el, avente el condón que le había puesto y comencé a darle la mamada más fenomenal que he dado en toda mi vida. Su lengua se paseaba por entre mis labios vaginales tocando de vez en vez mi clítoris, que al recibir estímulo, me provocaba una sensación de placer que me latigueaba desde la vagina hasta la espalda.

    Me retorcí de placer como no lo había sentido en largo rato, sentí tanto placer de estar en esa postura tan rica, que las ganas de ser penetrada me volvieron, me levanté, me di la media vuelta y me ensarté en su mástil dispuesta a cabalgar hasta tener otro orgasmo. En esa posición él me acercaba para besarme, mamar mis senos y con sus manos repasar mi trasero, mientras yo subía y bajaba presa de un placer indescriptible, pues su pito, a pesar de que no era más grande que el de mi Carlos, si estaba muchísimo más grueso, deliciosamente ancho, llenándome hasta el fondo.

    Yo gritaba de placer, gritaba, gemía y casi lloraba de lo rico que sentía, y mi reacción lo excitó aún más. En eso estábamos cuando me dijo que quería cambiar de posición. Yo me levanté y lo miré esperando que me indicara como quería hacerme suya ahora.

    -Ponte de culo Alexa, ahora te quiero coger de a perrito -dijo en tono como triunfante

    Yo me acomodé en la posición y levanté mi culo al aire, casi de inmediato él me tomó de las caderas dándome una rica nalgada, rápidamente tomé su pito con una mano y lo guie a mi panochita mojada que lo pedía a gritos.

    Comenzó de nuevo el mete y saca, solo que ahora lo hizo muy fuerte y muy rápido, esa posición le encantó.

    -¡que culote tienes Alexa!, ¡estás bien rica!

    A mi novio le excita también esa postura porque tengo la cadera muy amplia y mi trasero es grande y firme.

    Empezó él va y ven más rápido, más duro, alcanzó con una mano mis tetas las cuales estrujaba y apretaba, sentía como sus bolas chocaban con mi trasero.

    Yo me bamboleaba hacia adelante y hacia atrás, y el placer me capturó de nuevo, sentía como empezaba ese toquecito eléctrico recorrer mi cuerpo, volví a gemir y a gritar como nunca, él también jadeaba y gemía.

    Finalmente sucedió lo que tenía que suceder, volví a sentir un orgasmo desvastante, mientras él gritaba más fuerte derramándose dentro de mi vagina, maldición el condón se lo había quitado pero ya era demasiado tarde para preocuparme, me dejó tanto semen que cuando nos separamos, escurrió abundantemente, manchando la colcha de la cama. Sudorosos y cansados nos quedamos recostados.

    Después de un rato, me abrazó y me habló al oído, diciéndome que era muy linda, que me quería mucho y que me agradecía por todo el placer de ese día.

    Yo también le manifesté mi satisfacción por lo ocurrido.

    Por supuesto nuestra amistad seguiría como si nada, yo con Carlos y él con Vianey.

    Fue hasta entonces que me pregunté -¿qué estarán haciendo?

    Antes de irnos nos dimos otro buen faje, lo había excitado nuevamente y esta duro como si fuera el primero de la noche, cuando me levanté a tomar mi ropa, él sentado en la orilla de la cama, me tomó por la cadera y me sentó en él dándole la espalda, no quedaba más que cabalgarlo nuevamente.

    Me di unos cuantos sentones deliciosos en él hasta que se volvió a venir en mi. Antes de que otra vez le volvieran los ánimos, me vestí frente a el mirándolo a los ojos de tal forma de que no se olvidará de mí ni de ese momento, empecé a subirme la tanga y acomodarla en mi pubis metiéndomela bien al culo, mi bra acomodando mis nenas nuevamente como si fuera a atacarlo, mi blusa con esos botones sexy y subiéndome el pantalón a la cadera dejando asomar mi tanguita por los lados, él optó por hacer lo mismo.

    Pero no terminó ahí, porque al salir del hotel volvimos a fajar en el coche, y de regreso a mi casa en cada semáforo en rojo, pasamos a la farmacia y lo hice comprarme la pastilla del otro día y en compensación se la mamé otra vez.

    Me dejó en mi casa, lo invité a pasar, pero era algo tarde y me dijo que tal vez otro día. Cogimos tanto, tan rico e intenso que quizás ninguno de los dos hubiéramos podido con otra sesión. Lo despedí, busqué algo de comer en el refrigerador, me tome la pastilla, me quité la ropa, me puse mi pijama y me puse a ver la tele. Ese día caí como tronco y dormí hasta muy tarde el domingo.

  • Autobiografía sexual (Parte 9): Clases de biología

    Autobiografía sexual (Parte 9): Clases de biología

    —¡Ay, Lorena! Tienes la culpa de estar tan buena —dijo Adrián a manera de canción.

    —¡Pero…! ¡¿Qué está pasando aquí?! —exclamé nerviosa.

    —Te explicaré, pero no hagas ruido —indicó él y comenzó a narrarme todo lo que yo no sabía—: Esa noche que cogimos te di un sedante, no un analgésico y sí, yo robé los objetos de la casa del viejo ese, lo que no pensé es que fuera a desquitarse contigo…

    —¡¿Cómo creíste que no se iba a desquitar conmigo!? ¡Si era la única persona en su casa! —alcé la voz alterada.

    —¡Cállate! Que tu mamá se va a despertar —dijo susurrando molesto y continuó con su explicación—. Cuando leí en el periódico que te llevaron detenida, esa noche fui a deshacerme del señor Romanin, sin olvidarme de tomar tus cosas y al día siguiente pagué tu fianza. Saliste del separo y yo te iba siguiendo hasta que te acercaste a la casa del anciano y tomé distancia porque había policías. Cuando te fuiste de ahí y caminaste hacia la carretera busqué en tus contactos a tu mamá y la llamé desde mi teléfono para reportarle tu localización, me mantuve en contacto con ella hasta que te encontró y al ver que te recogió tomé un taxi para seguirlas hasta aquí. Desde ese día te he estado espiando cuando estás en tu habitación. Al día siguiente, cuando no había nadie en esta casa y fingía un encuentro casual contigo, le pedí a este tipo que ves tirado en el suelo que entrara y te dejara la caja con tus pertenencias y también para que hiciera llaves de cada cerradura, así que puedo entrar aquí cuando quiera, solo te aviso. Qué bueno que me dijiste de Ignacio, vi lo que te hizo esa madrugada, pero no pude hacer nada, lo que sí hice al amanecer fue abordarlo en mi carro cuando iba por la calle y le encargué a unos amigos que lo aniquilaran, aunque ellos quisieron jugar un ratito torturándolo, así ya no hay nadie que te moleste, baby. Por cierto, esta casa pasará a pertenecerle a tu mamá. Felicidades.

    —¡Lo que quiero ahora es que dejes de hacerme favores que no te pido y de espiarme!

    Adrián aproximó su mano a mi barbilla como queriendo acariciarme, pero giré mi cabeza hacia un lado de lo espantada y a la vez molesta que estaba.

    —Esperaba mínimo un gracias, pero lo que mi reina desee. Yo también tengo deseos y te los haré saber en su momento. Por ahora ha sido suficiente para ambos.

    Adrián cargó en sus hombros al tipo que tiró al suelo y vi que tenía un cuchillo enterrado en la espalda a la altura de los pulmones; salió de mi habitación y salté la sangre que había en el piso para mirar por la ventana. Adrián echó al sujeto en la cajuela de un auto, subió y se arrancó. De inmediato, fui a la recámara de mi mamá e intenté despertarla desesperadamente, pensando que la habían sedado otra vez, pero su reacción fue rápida.

    —¡¿Qué pasa, hija!?

    —Nada, mamá. Ya son más de las ocho y hay que ir a reportar la desaparición de Ignacio porque tengo que ir a trabajar.

    —¿Por eso me despiertas así? Pensé por un momento que Ignacio había regresado.

    Me quedé callada un instante, pero luego le respondí con toda sinceridad y confesándole lo que pasó.

    —¿Sabes? Si Ignacio regresara no estaría contenta, al contrario, me alegraría por ti, porque ya no veré que te haga sentir mal ni que te humille… Y mucho menos me lo hará a mí. Tengo que confesarte que el día que te descubrí con él, él me siguió, le coqueteé y al día siguiente me le entregué a cambio de dinero. Ahora que me recogió y me estaba… está permitiendo vivir aquí me quiso… quiere cobrar con sexo. De hecho, el día que saliste a buscar trabajo me forzó inmediatamente que te fuiste y ¿recuerdas que te despertó a gritos a la mañana siguiente? Fue porque te sedó para que no escucharas lo que me hizo durante la madrugada. Odié que te trate como a un objeto, que te grite, que te falte al respeto, no lo mereces y perdón por lo que diré, pero ojalá no vuelva. ¿Acaso no soy todo lo que necesitas, mamá?

    —Sí, eres todo lo que necesito —dijo entre abundantes lágrimas—. Perdóname por todo el daño que por mi culpa has recibido.

    —Tranquila, tú y yo seguimos siendo un equipo a pesar de todo. De todos modos, tenemos que reportar la desaparición, así que levántate para irnos al ministerio público. Te alcanzo para desayunar.

    Rápidamente salí del cuarto de mi mamá y tomé artículos de limpieza para quitar la mancha de sangre que había en mi recámara. Después me vestí, me arreglé, desayuné con mi mamá y fuimos al ministerio público.

    Pasaron dos semanas. Mi mamá, quien ya había pasado por una situación similar a la de Ignacio por mí, atravesó una vez más el momento en que los expertos en temas de desaparición le decían las mismas palabras que le dijeron cuando yo estaba desaparecida: «hay un noventa por ciento de probabilidad de que la persona ya no esté viva». Dos semanas más después, mi mamá se resignó y continuó con su vida.

    Por mi parte, continuaba trabajando en el despacho jurídico y con el dinero que ganaba más lo que me dio Adrián me compré muchas cosas, entre ellas, lencería. La lujuria me había dejado desde la última vez que cogí en el separo, pero regresó un mes después y tenía un excelente plan entre manos, aprovechando que estaba viviendo prácticamente una nueva vida.

    Un fin de semana me dediqué a crear una nueva cuenta de Facebook con un nombre llamativo (ridículo ahora que soy más madura), el cual era «Potra Indomable» y puse una foto de perfil con el culo entangado, además de subir más fotos mías con lencería, sin que se viera mi rostro. Luego mandé solicitudes de amistad a los chicos más guapos que tuve de compañeros desde la secundaria y la preparatoria hasta la universidad que dejé inconclusa, incluyendo profesores, algunos otros hombres conocidos y hasta famosos.

    La ociosidad de ese fin de semana fue tanta que acepté varias de las solicitudes de amistad que de pronto me llegaron hasta que Facebook me bloqueó la función. Asimismo, creé una lista de los hombres con los que me había acostado hasta ese momento, que eran nueve, y aumenté la lista colocando los nombres de los hombres con los que tenía la intención de acostarme algún día, pero no solo me quedé con el deseo.

    En el transcurso de la semana, el primero en hablarme de esa lista fue mi profesor de biología de la secundaria, Lorenzo Guadarrama, pero solo me deseaba un lindo día y dejaba en visto mi respuesta. Fue hasta el viernes que, gracias a que no había trabajo y a mi impaciencia por coger, la conversación progresó y nos hicimos preguntas para conocernos. Lorenzo me dijo lo que ya sabía, que daba clases en una secundaria, aunque lo que no sabía era que ya estaba divorciado y yo le conté que estaba trabajando como asistente en un despacho jurídico.

    Nos pasamos el número de teléfono para platicar por Whatsapp y, de pronto, él me envió una foto de sus alumnos en clase y yo, con toda intención maliciosa, le mandé una foto mía en la oficina de mi jefe, con el busto un poco al descubierto y mi mano tapando mi cara. Era de esperarse que me preguntara porqué hice eso, pero halagó mi cuerpo y comenzó a decirme cosas sucias, lo cual me incitó a sentarme en la silla de mi jefe, llevar mis manos bajo mi falda y tocar esa parte de mi cuerpo que tenía poco más de un mes sin usar. «¡Ufff! ¡Hasta se siente más rico!» dije silenciosamente de lo excitada que estaba.

    Minutos después, Lorenzo me hizo saber que ya no estaba en un aula sino en su oficina y estaba solo, por lo que me preguntó si podía llamarme por teléfono y acepté.

    —¿No interrumpo, linda?

    —Para nada —hablé con un tono de voz un poco más grave para no sonar reconocible por su acaso se acordaba de mi voz—. Tenemos hasta las dos de la tarde.

    —Pero yo solo tengo veinte minutos.

    Entonces, Lorenzo me relató paso a paso todo lo que me haría si estuviéramos juntos y yo me tocaba al escuchar sus descripciones exquisitas. Entre caricias en mi clítoris e inserción de mis dedos en mi concha durante su placentero discurso, me vine en la silla de mi jefe y se lo dije a Lorenzo riéndome. Antes de acabarse los veinte minutos, él me hizo la invitación que esperaba.

    —¿Cuándo puedes? —preguntó espontáneamente.

    —Este fin de semana estoy completamente libre.

    —¿Te parece mañana?

    —Me parece excelente.

    —¿Dónde vives? Puedo pasar por ti.

    —No te preocupes, nos podemos ver en un punto neutral.

    —¿Conoces mi secundaria?

    —¡Sí, claro que la conozco! Es decir, así famosa en Tequisquiapan.

    —Bueno, te veo frente a la secundaria a las cinco, ¿está bien?

    —De acuerdo, papi. Besos.

    En el lugar acordado a la hora acordada, llegué vistiendo una falda de pata de gallo tipo lápiz con su respectivo saco, una blusa blanca transparente debajo, unas calcetas blancas y zapatillas negras, además de unos lentes de armazón cuadrado negros, como toda una colegiala. A los pocos minutos, la voz de Lorenzo se hizo escuchar.

    —¿Lorena?

    —¡Profesor Guadarrama! —exclamé contenta y lo abracé—. ¡Qué gusto verlo! Vaya que no ha cambiado nada, se ve igualito que hace seis años que lo vi por última vez.

    —Ni qué decir de ti. Estás igualita, aunque ya toda una señorita.

    —Me halaga, profesor. ¿Qué lo trae por aquí?

    —Solo paseaba, pero más bien la pregunta es para ti, ¿qué haces con uniforme?

    —Parece uniforme, pero decidí vestir así para recordar viejos tiempos. Vine a ver a un profesor que me va a dar clases particulares.

    —¿Qué profesor es?

    —Se llama Lorenzo. Necesito asesoría en biología, más que nada en anatomía y él se ofreció a dármela completita —dije cambiando mi tono de voz al final a uno seductor.

    —Espera un momento, ¿eres potra indomable?

    —En carne y hueso. ¿No se lo esperaba?

    —Nunca en mi vida me lo hubiera imaginado.

    —¿Qué? ¿No le agradó la sorpresa?

    —No es eso. Solo que… No me imagino estando con una ex alumna.

    —No se preocupe. Puedo tomar el camino por donde llegué y hacemos de cuenta que no pasó nada.

    En cuanto me di la vuelta, Lorenzo tomó mi brazo con fuerza y me llevó caminando así a su casa, la cual estaba cerca de la secundaria. Entramos, cerró la puerta y se me quedó mirando seriamente con las manos en la cintura.

    —¿Qué estás tramando? —dijo como molesto.

    —¿Yo? Si fue usted quien me propuso hacer muchas cosas juntos.

    —Pero no pensé que se tratara de ti.

    —Tiene razón en enojarse. Me estoy portado mal —lo miré haciendo un gesto chantajista—. ¿Me va a castigar, profesor? Hágalo con mano dura. Mmmm.

    Sin esperar más, lo tomé del nudo de la corbata con una mano para quitársela y con la otra mano acariciaba su pecho.

    —Lorena, ¿no quieres comer antes? —dijo dando a notar sus nervios.

    —Ya vengo bien alimentada, lo único que quiero comerme en este momento es a usted.

    Lo despojé de su corbata y su camisa para dejar al descubierto su tórax y comencé a besarle su sexy pecho al mismo tiempo que lo abrazaba con una mano y con la otra le acariciaba el abdomen, pero él no hacía nada.

    —¿Qué pasa, Lorenzo? —me atreví a hablarle informalmente—. ¿Me ves con ojos de que soy una alumna de secundaria?

    —Algo así.

    —Ánimo, papi. Ya no soy tu alumna y tengo 21 años. ¿Vas a dejar caliente a una jovencita chula como yo?

    De pronto reaccionó e inclinó la cabeza para besar mi cuello y, con nervios aún, puso sus manos en mis nalgas. Pocos segundos después sentí estar bien lubricada, la excitación me estaba ganando demasiado. En eso, Lorenzo me quitó el saco y la blusa, me volteó y me hizo hincarme en el sillón para darme unos arrimones exquisitos. Sus movimientos me fascinaban, ya que pegaba su pelvis a mi cola y la deslizaba de abajo hacia arriba y empujando hacia el frente, al mismo tiempo que apachurraba mis tetas. Por dentro, sentía que se salía de control mi lubricación y ya estaba muy mojada.

    —¡Ay, sí! ¡No pares, no pares! ¡Así quiero que me des! ¡Mmmm, dame nalgadas, papi!

    Tan pronto comenzó a soltarme nalgadas, sentí ligeras contracciones en mi vagina y los ojos se me iban hacia atrás.

    —¡Ay, papi! ¡Me estoy corriendo! ¡Ahhh! ¡Sigue, sigue! ¡Ahhh!

    Sentí cómo salían chorros de mi concha y me escurrían por las piernas. Estaba jadeando, pero muy contenta de lo rico que se sintió.

    —¿Eres multiorgásmica? —me externó su duda Lorenzo.

    —No… O no sé —contesté sin tanta importancia.

    Quise dar el siguiente paso y sentarme, pero me sentí mareada, perdí el equilibrio y por poquito me caigo del sillón, pero Lorenzo me ayudó a sostenerme y así quedé bien sentada. Lo agarré de las nalgas para que subiera sus rodillas al sillón y quedara frente a mi cara la hebilla de su cinturón. Lo miré a los ojos con una sonrisa pícara mientras quitaba su cinturón rápidamente y le bajaba el pantalón y el calzón para exponer al aire su rico falo, no muy largo ni muy ancho, pero suficiente para mis necesidades.

    Antes que nada, acerqué mis labios a su escroto y rocé sus testículos para comenzar a estimularlo, luego los besé y me los metí a la boca cada uno, mientras una mano mía le masturbaba el pene.

    —¡Ay, baby! ¡Lo haces muy bien!

    —Aún no termino el examen, profesor.

    Después, recorrí con mi lengua desde sus huevos y a lo largo de su pito hasta llegar al glande y me lo metí todo a la boca, me cabía completo, sin problemas.

    Una de sus manos tomó mi cabeza y comenzó a empujarla para meter y sacar su verga de mi boca, aumentando la velocidad poco a poco, pero en tres o cuatro minutos se corrió, echándome toda la leche dentro de la boca y me la tragué toda.

    —También estaba muy excitado, ¿verdad? —pregunté curiosa.

    —Demasiado. Me vine muy rápido, ¿no?

    —Usted tranquilo, que nos vamos a divertir un buen rato.

    Le di unas últimas mamadas, antes de que él me quitara el dulce de la boca y se agachara para subir mi falda. Descubrió mi tanga blanca toda empapada de mi primer corrida y sin quitarla, puso su dedo pulgar a la altura de mi clítoris e hizo vibrar su dedo.

    —¡Mmmm! Usted sí que es un excelente biólogo. ¡Uhhhh!

    A su vez, con sus dedos meñique y anular acariciaba el borde de mis labios vaginales, todo en conjunto me hacía sentir bastante delicioso, pero eso no era todo. Pronto, se deshizo de mi tanga y agachó la cabeza para chupar mi clítoris e introducir su dedo medio en mi vagina.

    —¡Ahhhh! ¡Qué ricos trucos se sabe!

    Mi respiración volvió a acelerarse al igual que mis latidos. Estaba al borde de otra corrida, que por momentos contuve, pero finalmente no resistí y eché mis fluidos en su boca.

    —¡Qué delicia! —exclamó él sin dejar de estimularme—. Tu sabor es exquisito.

    —¡Ay, ay! ¡Ahhh! ¡Métemela, papi! ¡Ya méteme la verga! —supliqué ardiendo del placer.

    Lorenzo no dejó pasar más tiempo y así como me tenía abierta de piernas me introdujo su rica polla en la vagina, pero quiso iniciar despacio y yo sentía volver a correrme, por lo que lo apresuré.

    —¡Tú dame, papi! ¡Mmmm! ¡Dame duro!

    Lorenzo siguió mis indicaciones y en menos de tres minutos volví a correrme, ahora con su pene adentro y salpicando abundante en sus muslos. Ya me estaba quedando sin voz para gemir, solo se escuchaba cómo trataba de jalar aire con fuerza y tuve que pedir que descansáramos. El muy amable de Lorenzo me ventiló y me sirvió un vaso de agua.

    —¿Ya te había pasado esto? —me cuestionó.

    —Nunca —respondí aún con falta de aire.

    —¿Eres asmática?

    —No que yo sepa.

    —Puede que no lo sepas o que haya algo en el ambiente de mi casa que te esté causando alergia.

    —No lo creo. Estoy segura de que es por estar con usted. Llevo deseándolo más de seis años. Estoy cumpliendo una fantasía.

    —Yo también. Hacerlo con una alumna, aunque legalmente no puedo con las que tengo actualmente, pero tú fuiste una y tú vestimenta me hizo creer que lo eres.

    —Entonces, ¿por qué se resistió al principio?

    —Porque te vi muy decidida y, a pesar de tu corta edad, te siento muy experta y yo no soy muy seguro de mí mismo. Si fueras una jovencita que recién comienza, estaría muy seguro. Eres la tercera pareja sexual que tengo en la vida.

    —Usted es la décima para mí, ¿no es gracioso?

    —Eso sí es asombroso… Lorena, estás pálida y muy fría.

    No sé qué me estaba ocurriendo. Estaba temblando y pensé que era por tanta excitación, pero me puse pálida, fría y estaba muy mareada. Lorenzo buscó un aparato para medir mi presión y salió muy baja.

    —¿Segura que viniste alimentada?

    —No, solo quería saltarme ese paso, pero ahora sí le acepto la comida —dije arrepentida.

    Lorenzo se apresuró a calentar comida y tenerla lista en la mesa para que pudiera sentirme mejor. Mientras comíamos, m hizo la plática sobre todo lo que había pasado esos últimos años y cómo fue que se divorció, precisamente, por problemas sexuales.

    —Yo ya no rendía en la cama y ella me engañó con otro.

    —Qué tonta, con todo respeto. ¡Mire! A mí casi me mata de lo rico que me estaba cogiendo.

    —Pero no está bien, baby —dijo con tono de preocupación—. Tienes que ir al médico para checar qué te pasó.

    —No se preocupe. Estoy segura de que fue por la agitación y la descarga de mucha adrenalina en mi interior que no supe manejar mis ansias.

    —Tienes razón, pudo ser eso. ¿Estás estudiando actualmente?

    —No. Dejé la universidad. De hecho, ni sabía qué carrera elegir, mi papá me obligó a estudiar contabilidad, lo que él quiso estudiar en la vida, pero surgieron problemas y me tuve que salir, además de que no era lo mío.

    —¿Y qué es lo tuyo?

    —No tengo idea. No sé ni qué me gusta en particular para estudiar.

    —Bueno. Piénsalo y me dices. Puedo ayudarte a que entres a la carrera que quieras.

    —Le agradezco mucho, pero no lo estoy considerando actualmente. Estoy teniendo problemas económicos y por eso estoy trabajando.

    —También puedo hacer que te den una beca sustanciosa durante toda tu estancia universitaria.

    —Lo tendré en cuenta y luego le daré una respuesta. ¿Está bien?

    —Es tu tarea para el próximo fin de semana, jovencita.

    —Mmmm, eso me agrada. ¿Y si no la hago?

    —No cogemos.

    —Está bien, la haré querido profesor —contesté mostrando algo de cariño.

    Acabamos de comer y yo seguía con ganas de follar, pero seguía débil. Quería expresar mi interés por continuar con la cogida, pero Lorenzo se me adelantó.

    —Es mejor que descanses. ¿Quieres quedarte a dormir conmigo?

    —Me encantaría, pero mi mamá me va a regañar. Es más, si usted me lleva a mi casa ahora mismo y mi mamá nos ve me va a regañar.

    Así fue como me estaba negando a una oportunidad de oro, pero la emoción que me entró por esa bella invitación me motivó a llamarle a mi madre y contarle todo, omitiendo decirle que era un señor de 41 años con el que me iba a acostar y solo le comenté que era un amigo. Mi mamá cedió y esa noche dormí en la misma cama que mi profesor, sin volver a encender la llama de la pasión, pero había un pretexto de por medio para vernos de nuevo el próximo fin de semana, es decir, mi tarea.

    Volvió el lunes y me presenté a trabajar, pensando en qué carrera estudiar, como me indicó Lorenzo. En un momento del día, el jefe me llamó a su oficina.

    Entré, él cerró la puerta y tomamos asiento uno frente al otro.

    —Quiero que me expliques esto.

    El jefe volteó el monitor de su computadora para que yo pudiera ver un video, en el cual, se mostraba lo que hice el viernes a solas en su oficina. Me sentí muy apenada.

    —Sabes que tu empleo está en riesgo por esto, ¿verdad?

  • El trato

    El trato

    La vida es cambio, eso es un hecho. Y sabernos adecuar a esos cambios, siempre trae recompensas.

    Después de mi divorcio, pasé una temporada difícil, hasta que me di cuenta que en realidad, tenía ante mí toda una nueva gama de oportunidades. Por ejemplo, tenía más madurez, más experiencia, un mejor ingreso y de nuevo, la libertad para elegir qué hacer con mi vida (sobre todo sexual).

    Comenzado el proceso de separación y posteriormente la cuestión legal del divorcio, había decidido no salir con nadie y esperar a ver lo que me deparaba la vida. Nunca me imaginé que una llamada cambiaría mi vida de la forma en la que lo hizo.

    Dos semanas después de la firma legal, hubo una reunión con los amigos de la escuela secundaria, en la cual lo más importante fue confirmar a todos la noticia, que algunos ya sabían. Y por supuesto volví a ver a muchas de mis compañeras. Debo decir que mi caso no era el único. Descubrí que la mayoría estábamos en el mismo estado: divorciados y libres para continuar.

    Particularmente, el caso de mi amiga Lupita, fue el que más llamó mi atención. Es una mujer que yo recordaba con mucho cariño y debo aclarar que siempre me sentí atraído hacía ella. Debo decir que en general, no había cambiado mucho en sus proporciones, seguía siendo una mujer con una cadera pronunciada, cintura delgada y busto definido, de un buen tamaño. El paso del tiempo se había marcado en su rostro, algunas arrugas ya se asomaban en su tez blanca, y su cabello estaba más corto. Fuera de eso seguía siendo la misma persona, con esa personalidad tan linda y atractiva.

    Pasé el final de la noche platicando con ella y poniéndonos al día. Resultó que tienen 2 hijos, ya jovencitos (una niña de 12 y un niño de 15), llevaba divorciada 3 años y en resumen hacía lo que podía para poder sacar a sus hijos adelante. Su ex-esposo era inconstante para la manutención de los hijos, entonces ella tomó riendas en el asunto. En fin que, me dio mucha pena saber eso y me quedé con la idea de ayudarla de alguna manera. Intercambiamos teléfonos y nos despedimos, quedando en ir a tomar un café algún día.

    Un mes después, le hablé a Lupita para ir por ese café prometido. Habíamos acordado vernos en un punto medio (con respecto a nuestras casas), un viernes por la tarde. Sin embargo, me dejó plantado porque, la cuestión familiar que ella tenía era complicada. Después de su separación, regresó a casa de sus padres, entonces, sus únicas salidas «sola» eran solamente a trabajar o al supermercado. Si salía con los hijos, no tenía problema, pero si quería salir sola, era todo un tema. Siempre tenía que mentir para poder salir sola, generalmente decía que iba a una entrevista de trabajo o algo similar.

    Estando solo en el café, ese día, me quedé pensando. Recordé que Lupita me había comentado que dentro de los trabajos de medio tiempo que había realizado, había estado en un spa dando masajes. Lo cual me dio una idea. Yo sufro mucho de dolor de espalda, debido a que por mi trabajo paso mucho tiempo sentado. Entonces podría invitarla a mi casa a que me diera un masaje y se lo pagaría al precio que ella me indicara y esa sería una manera de ayudarla.

    Ese día por la noche llamé para saludarla y saber cómo se encontraba. Me comentó que se encontraba muy molesta por su situación y que se sentía muy apenada conmigo. Le comenté que no se angustiara, que ya habría oportunidad de vernos. Entonces el tema de conversación cambió y comenzamos a hablar de sus relaciones, porque con estas condiciones familiares me parecía que su vida romántica o incluso sexual, se habían visto afectadas. Y así era. La plática empezó a tornarse un poco más cachonda, mas sexual. Pero de pronto tuvimos que cortar porque tenía que dormir a sus hijos.

    Cuál no sería mi sorpresa cuando 2 horas más tarde, recibí una foto de ella (una selfie) sobre su cama, con un camisón, hincada y mostrando parte de sus piernas y busto, de una manera sugestiva. Y un mensaje que decía, «lo siento, esto es por el café que no nos logramos tomar».

    Estaba impresionado, por un momento me quede de piedra (literal, todo duro). Reaccioné hasta que un momento después me mandó otro mensaje que decía, «no era mi intención molestarte, si lo quieres borrar adelante. Está muy fea la foto, ¿verdad?». Inmediatamente le respondí que no, que solamente era que estaba asombrado de verla así, que me encantaba como se le veían las piernas y que la foto no estaba fea, de hecho, le comente, «estoy seguro de que tienes alma de modelo y hay más fotos en tu celular que nadie ha visto y donde te debes de ver igual de hermosa y atractiva».

    Lo siguiente que sucedió fue que recibí dos fotos más, una frente al espejo modelando una pantiblusa y la tercera con un conjunto de tanga y brasier tomada de espalda, que dejaba ver unas bien formadas y redondas nalgas. Sus proporciones eran impresionantes. En este punto cabe aclarar que nunca me han gustado las mujeres delgadas (o flacas, como les decimos en mi país), mi tipo de mujer es curvilínea, con la figura bien marcada: caderona, acinturada, con buen busto y piernas torneadas. Esta mujer lo tenía todo, pero lo disimulaba siempre, debajo de ropa holgada o muy cuadrada, sin forma. Es más, incluso daba la apariencia de ser gordita, pero, ¡oh sorpresa!, era una escultura de mujer.

    Nos despedimos por mensaje esa noche y quedamos en hablarnos en la semana.

    Hasta este punto, el sexo había pasado a segundo plano. No me quería involucrar con nadie tan pronto, después del divorcio. Hacía mucho ejercicio, dieta, salía con amigos, leía y obvio, seguía trabajando.

    Sin embargo, desde ese día, no lograba alejar de mi mente ese cuerpo de locura. Así que comencé a idear un plan para poder vernos y llegar a algo más que amistad o fotos sexys.

    El martes de la siguiente semana, cerca del medio día le hablé, no sin antes mandar un mensaje, preguntando si era posible que me contestara la llamada. Ella respondió que sí. Platicamos de todo y nada, lo clásico, que como le iba en el trabajo (trabajaba como recepcionista en un salón de belleza), que los niños como estaban, las cosas en su casa, en fin, estupideces que dices justo antes de preguntar lo que en verdad quieres decir.

    -Oye, ¿qué crees?, ¿te interesaría un trabajo de fin de semana? creo que la paga está bien -le dije, tratando de no mostrar la excitación en mi voz.

    -Oye si, estaría bien, pero ¿de qué se trata? -me respondió ella, sin mucho interés.

    -Mira, yo creo que mejor te platico el viernes y de una vez haces la entrevista, ¿como ves? -en verdad me sentía emocionado-. Incluso, por el tiempo que le dediques a la entrevista, te van a pagar.

    -¿El viernes a qué hora? -su tono de voz mostraba ahora un poco más de interés.

    -Sería de las 7 a las 10 p.m., es para cuidar a una viejita. Te mando la dirección por mensaje, ¿te interesa?

    -¡Claro! Allí estaré. ¿Debo ir vestida de alguna forma en particular?

    Que ganas de decirle que llevara puesto el conjunto que me había mostrado por foto, pero eso revelaría mi plan y echaría todo a perder. Solamente me limité a contestar que usará «algo que la hiciera sentir guapa y cómoda».

    Nos despedimos, con la excusa de que me estaban hablando y tenía que regresar a trabajar.

    Inmediatamente le mandé un mensaje, indicando la dirección de mi casa y aclarando que por favor, fuera puntual. También le pregunté si sus niños no serían un inconveniente para salir, me contestó que no, que para cuestiones laborales, sus papás le ayudaban, solo bajo esa condición. No se dijo mas, solo agradecí que pudiera ir.

    El jueves me mandó un mensaje, confirmando que iría el viernes a la entrevista y antes de despedirse, aprovechó para pedirme una foto. Decidí hacer mi movimiento y le mandé una foto sin camisa, tomada frente al espejo. Su respuesta solo fue, «mmm que rico».

    Todo salía de acuerdo a mi plan.

    La semana pasaba lentamente, a la espera de que fuese viernes. En esos días, por la tarde, no salí con mis amigos. Me dediqué a conseguir todo lo que necesitaba para la velada del viernes. Hasta que por fin, llegó el día tan esperado.

    Ese día, en verdad fue casi imposible concentrarme, sin embargo, como pude, llegué al final de la jornada, salí un poco antes del trabajo (suprimiendo mi hora de comida), para tener tiempo de llegar y preparar todo.

    Llegué rayando a las 6 p.m., me di un baño y preparé la mesa, con un poco de botana, y con unas copas y una botella de vino tinto, y obvio, buena música. Terminé de preparar el terreno para lo que seguía.

    Los minutos pasaban y yo estaba cada vez más nervioso. Ya había dejado instrucciones al guardia de seguridad de la recepción, para que cuando llegara, la dejaran pasar (y solo a ella, por aquello de que trajera invitados).

    Dieron las 6:55 p.m. y sonó el interphone. El guardia me anunciaba que la señorita Guadalupe Valles había llegado. Le pedí que le diera acceso. Un minuto después estaba tocando el timbre de mi departamento.

    Cuando abrí la puerta, me encontré con que se había tomado muy en serio eso de «la entrevista de trabajo». Cuando la vi, me quedé boquiabierto. Vestía una falda hasta la rodilla, medias negras y blusa de color rojo, con un blazer a juego con la falda. El conjunto se ceñía a su cuerpo, dibujando esa figura que ya me había mostrado en las fotos que me había enviado. El maquillaje, se veía profesional, lo cual cubría esas pequeñas marcas que el tiempo se había encargado de imprimir en su rostro. Se alegró al verme. Todo iba saliendo bien.

    La invité a pasar y posteriormente la conduje a la sala. Le ofrecí una bebida, que de momento no aceptó, por evitar la mala imagen en la entrevista. Fue en ese momento cuando aclaré que la entrevista la realizaría yo. Su expresión cambió de alegría a confusión. Le pedí que brindara conmigo, que estuviera tranquila y fue cuando aceptó.

    Comenzamos a platicar de cómo había estado su día, el mío, de cosas de mi trabajo, de sus hijos (que estaban cuidando los abuelos), de la situación con su ex-marido, lo cual por cierto, dio pie para comenzar a platicar de su situación financiera y tomar una segunda copa de vino. Aproveché también para cambiarme de sillón y estar a su lado, cada vez más cerca.

    De pronto, llegó la pregunta obligada por parte de ella.

    -Oye, y ¿de qué trata el trabajo del que me hablaste? ¿Cómo vamos a hacer la entrevista? -en un tono más serio.

    -Mira, lo de la entrevista lo vemos más al rato. Por lo pronto me gustaría platicar lo que pasó en la semana. Me refiero a tus fotos.

    En ese momento, Lupita se puso un poco nerviosa, pero se tranquilizó cuando continué explicándole:

    -Te veías preciosa en esas fotos, es decir, eres más hermosa en persona.

    La risa que soltó, fue una expresión entre alivio, sorpresa y emoción.

    -Qué bueno que te gustaron -me dijo, con una sonrisa-. Y, ¿qué pensaste cuándo las viste?

    -¿Honestamente? -le pregunté mirándola a los ojos.

    -Sí, por favor. Honestidad brutal -me contestó, al tiempo que sus ojos brillaban de una manera especial.

    -Pues fue toda una sorpresa, nunca creí que tuvieras ese cuerpazo. Estás deliciosa, por donde se mire. No dejo de pensar en tu cuerpo y tus curvas. La verdad es que me encantaron. Llevo toda la semana imaginando, que se siente recorrerte toda a besos.

    El siguiente movimiento me volvió loco, se llevó un dedo a los labios, mientras cruzaba la pierna. Y sus ojos se ponían vidriosos. Pero lo que realmente me hizo perder la razón, fue su comentario:

    -Pues no lo imagines…

    Lo siguiente fue algo que nunca voy a olvidar. En menos de un segundo, le estaba comiendo a besos y ella me correspondía. Nuestras lenguas se enredaban y mis manos comenzaban a acariciar sus muslos… era una delicia.

    Me quité mi camisa mientras ella hacía lo propio con su blazer. Comenzó a acariciar mi abdomen y se incorporó un poco para besarlo y morderlo, momento que aproveché para desabotonar su blusa.

    La ayudé a levantarse para bajar el cierre de su falda. No podía esperar más, así que la cargué en mis brazos y la llevé a mi recamara. La recosté sobre la cama y me quité lo que quedaba de ropa, mientras ella se quitaba la camisa (ya desabotonada) y sus pantimedias. Mientras lo hacía, no me quitaba la vista de mi entrepierna. Ella al igual que yo, estaba hambrienta de sexo.

    Mi erección estaba a todo lo que daba y estuvo a punto de explotar cuando ella giró sobre la cama y se puso en cuatro, levantando ese hermoso y redondo trasero blanco y suave, colocando su mejilla en la cama. Era una vista del paraíso. Y venía acompañada de una sorpresa enorme, y no hablo de su trasero, sino del hecho de que estaba usando el conjunto que me mandó por fotografía. Esa tanga acentuaba sus nalgas y me invitaba a devorar todo ese culo.

    En la posición en la que estaba, la acerqué a la orilla de la cama, comencé a bajar esa tanga y lamer esa vagina, llegando al clítoris. Comencé a succionarlo y a darle pequeños besos y lamidas largas. Lupita comenzó a gemir de una manera que puso más caliente aún. Mientras chupaba su clítoris estiré mis brazos para quitarle completamente el brasier y suavemente arañar su espalda, bajando por sus nalgas y piernas. Lo cual provocó en Lupita un estremecimiento, que me motivó a introducir mi lengua en su vagina y de nuevo, regresar al clítoris. En ese momento estaba tomando con ambas manos sus nalgas. Me aparté un momento para contemplar todo eso que me estaba comiendo. No lo pude evitar, le dí un par de nalgadas en cada lado, provocando que gimiera y se retorciera, incluso dijo, «si, así, dame mas, mas, me gusta». No me hice de rogar, le dí una buena tanda de nalgadas, mientras seguía comiéndole ese coño tan delicioso. Empecé entonces a meter mis dedos y penetrarla, primero dos, luego tres dedos, hasta que comencé a sentir que sus muslos temblaban y unas pequeñas gotas escurrían por su vagina. El sabor era delicioso. De pronto empezó a pedirme que parara y se tumbó sobre la cama, de lado, acariciando su cara, sus senos y su clítoris.

    Por algunos minutos se quedó quieta casi dormida, momento que aproveché para notar que se había depilado casi toda, solo había dejado un pequeño triángulo en la zona del pubis, se sentía muy poco crecimiento del vello.

    Me recosté junto a ella y la comencé a besar. Le tomé su boca y separé sus labios, le dije que sacara la lengua y así lo hizo, la lamí, la introduje en mi boca y así, nos besamos un buen rato, abriendo mucho la boca y bebiéndonos nuestra saliva. Comencé a bajar por su cuello, mordiendo apenas su piel, hasta llegar a sus senos. Lupita tiene unos senos grandes de pezón y aureola obscura, que sobresalen contra lo blanco de su piel. Lo que no sabía es que es muy sensible de los pezones, por lo que cuando comencé a lamerlos, chuparlos y morderlos, los tomaba con ambas manos, los apretaba; se comenzó a retorcer de nuevo.

    Para hacer más placentera esa emoción me coloqué entre sus piernas y empecé a frotar mi miembro sobre su clítoris. No pasó mucho tiempo antes de que comenzara a gritar, «no pares, más fuerte, ya casi, me voy a venir, ya viene, ya…». Y de pronto sentí sus piernas rodeando mi espalda, apretándome hacia ella, mientras se estremecía y temblaba, conteniendo la respiración. Ver su cara en ese momento me puso más caliente. De pronto, ningún movimiento, de nuevo se había quedado en un letargo de placer, así que de nuevo me recosté a su lado, a contemplar de nuevo la belleza que tenía a mi lado.

    Tardó unos 10 minutos en recuperarse, pero cuando lo hizo, retomó con nueva energía. Tomó mi verga y la comenzó a besar, a pasar la lengua por la punta y rodear la cabeza, para después introducirlo todo en su boca, yendo cada vez más al fondo de su garganta, no logró introducirlo todo, solo la mitad, pero eso no importaba, ya tendríamos la oportunidad de que trabajara en ello. Mientras lo chupaba, subía y bajaba su mano, masturbándolo todo, hasta la base. La sensación era deliciosa. La detuve y tomé un condón del buró que estaba a un lado de la cama.

    Me coloqué sobre ella y abrí sus piernas, coloqué la punta de mi verga a la entrada de su vagina y de un solo movimiento la metí toda. Resbaló como cuchillo en mantequilla, estaba súper mojada y dilatada.

    Comenzamos con un movimiento frenético, que hizo que en menos de 5 minutos sintiera que mi orgasmo estaba cerca. Me detuve y la puse de lado, levanté su pierna y seguí con el movimiento, hasta que ella fue quien ahora, comenzó a gemir y retorcerse. Sin salirme de ella, la volví a colocar en 4 y bajé su espalda, para que estuviera arqueada. Y así fue. Se le veía un culazo de ensueño, la tomé de la cintura y retomamos ese frenesí de mete-saca. De pronto Lupita, comenzó a gritar, «¡sí, sí, así, así, más, mas!» y ante esas palabras ya no pude resistir. Aumenté el ritmo de las embestidas y tuve un orgasmo enorme y Lupita al mismo tiempo, comenzó a estremecerse, a gemir de una manera escandalosa y arrugar el edredón. Acto seguido quedamos desfallecidos y sudados sobre la cama, jadeando y besándonos. Lamía su cuello, sus senos. Lupita seguía disfrutando y ya aún sentía el estertor de ese orgasmo enorme que acababa de disfrutar.

    Me quedé junto a ella acariciando su pubis y cuando por fin recuperamos el aliento, le comenté:

    -Que rico, que la traías depiladita -al mismo tiempo que jugueteaba con mis dedos en su vagina.

    -Me depilé con cera la semana pasada, para nuestra cita del café -contestó con una sonrisa de satisfacción.

    En otras palabras, ella esperaba este encuentro desde hace una semana.

    Nos quedamos abrazados un rato, dormitando.

    Cuando despertamos y vimos la hora, eran las 8:40 p.m. Le sugerí vestirnos y regresar a la sala, porque teníamos que platicar. Estuvo de acuerdo y así lo hicimos.

    De nuevo en la sala, nos tomamos los que quedaba de la botella de vino, mientras comíamos los aperitivos que había preparado. Nos veíamos realmente más relajados. Era el momento perfecto para que le platicara de la propuesta laboral. Así que comencé diciendo:

    -Lupita, me preguntabas hace rato sobre el trabajo, entonces te platico. Se trata de lo siguiente: el trabajo sería conmigo. Entrarías a trabajar los viernes a las 7 p.m. y saldrías el sábado a las 1 p.m. Tú te vienes con ropa cómoda, aquí te doy lo que te vas a poner -en este punto, ella me miraba muy intrigada.

    -Sí, pero, ¿de qué se trata? -preguntó más curiosa aún.

    -Pues, me di cuenta que quiero ayudarte con tus gastos, echarte una mano para que tengas un ingreso adicional. Así que decidí proponerte que seas mi acompañante esos días y me ayudes a satisfacer mis fantasías. Así tú tienes un ingreso y yo satisfago mis impulsos, porque algunos son un poco especiales.

    En ese momento Lupita se quedó muy seria. Solamente me miraba, sin yo atinar que emoción en particular estaría sintiendo. Después de un par de minutos, muy incómodos dijo:

    -¿O sea que me estás tratando de puta? -el tono era visiblemente molesto.

    -¡Por supuesto que no! -alegué-. Al final estaríamos haciendo algo parecido a lo que hicimos hoy, con la enorme diferencia de que nos tomaríamos nuestro tiempo y haríamos otras cositas. Además te daría una renta, por así decirlo por ayudarme con mis fantasías.

    -¿Cuánto sería? -dijo así, de forma seca.

    -$1000 por cada vez que nos veamos -respondí directamente.

    Se quedó callada un momento, para después continuar con un tono más tranquilo:

    -¿Y a que te refieres con «cositas»? -visiblemente, el tema del dinero había hecho mella.

    -Mira, tengo algunos fetiches que me vuelven loco cuando los incluyo en el sexo. Por ejemplo: verte con un liguero y medias, me pone la sangre a mil; incluir juguetes para que goces mucho más (el verte estremecerte, me excita demasiado) y el sexo anal. Esas son mis fantasías, poder hacer todo eso contigo. Es más, ya que estoy hablando francamente, te debo decir que ya había considerado contratar escorts, pero preferí que fueras tú, por la cuestión de la confianza y de alguna manera ayudarte, y bueno, que tú también me ayudes.

    Su cara estaba enrojecida. No atinaba a saber si por vergüenza o coraje, porque su cara seguía inexpresiva. Pero de pronto, una sonrisa asomó en sus labios.

    Me dijo:

    -¿Y qué pasa si nos enamoramos? -esta vez, su expresión era más seria.

    -Eso es independiente del trato que te estoy proponiendo -afirmé rápidamente-. Es más, podríamos salir y tener una relación amorosa, y de cualquier manera esos días -los fines de semana-, cuando estuviéramos juntos, te daría esos $1000 y tú me permitirías hacer realidad mis fantasías. La idea es que me dejes hacerte gozar como loca y disfrutarte toda.

    Se llevó la mano a la boca para cubrir una sonrisa. Volteó su cabeza para otro lado, sin mover la mano de su boca.

    Yo solo sentía como el corazón se me quería salir del pecho. Estaba muy nervioso. Independientemente de su respuesta, esto cambiaría todo. De momento giraba su cabeza y me miraba, para de nuevo voltear su cara hacia otro lado. Por fin, después de minutos que me parecieron eternos, habló:

    -¿Y cuál sería la excusa para poder salir de mi casa? Porque tú sabes que la situación en mi casa no es sencilla.

    -Eso es fácil, ya lo tenía pensado -le dije con mucha confianza-. Mira, en tu casa (y para evitar problemas con tus papás e incluso tu ex), vas a decir que te ofrecieron un trabajo de fin de semana, se trata de cuidar a una señora de edad avanzada, que solo tienes que hacerle compañía y asistirla en lo que necesite, y que te lo ofrecieron por la confianza que te tienen. Que no puedes llevar a nadie, por seguridad de la señora y que te van a pagar $500, de esa manera, si deciden pedirte dinero, solo cuentan con que te dan $500, aunque en realidad vas a recibir $1000. Entonces tú te sales de tu casa con algo cómodo para vestir y lo básico para pasar la noche: cepillo de dientes, pijama (aunque eso no lo vas a ocupar, jeje), sandalias de baño y toalla. Si te preguntan que por qué salió este trabajo, fue porque la enfermera que trabaja con la señora, pidió los viernes para un diplomado, y que el sábado y domingo alguien de la familia la cuida. Entonces, tú solo la tendrías que cuidar viernes por la noche y sábado por la mañana, en lo que llega alguien de la familia. Así que, ¿qué te parece?

    -O sea, ¡que ya lo tienes todo planeado! -dijo soltando una pequeña risa, que para ese momento comenzaba a ser de complicidad.

    -Entonces, ¿qué piensas? -insistí, ya más relajado, una vez que ya había dicho lo que tenía que decir.

    En este momento, su rostro reflejaba ansiedad y sus ojos brillaban con deseo… y volvió a cruzar su pierna, mostrando más que al principio, dejándome ver ese precioso muslo.

    -¿Y si acepto, prometes no lastimarme? -dijo, con un tono de pregunta sincera en la voz.

    -Jamás te lastimaría. Al contrario, prometo cuidarte y llenarte de placer. Lo único que espero es que hagas lo que te pida y te dejes llevar, es la única condición. Te juro que mi objetivo es que tengas tantos orgasmos, que hasta pierdas la cuenta. Todo lo que hagamos, será con cuidado, siempre. ¿Aceptas el trabajo? después de todo, ya pasaste la entrevista -le dije mientras le guiñaba un ojo.

    Después de esto último su cara se veía mucho más relajada y su mirada, contenta.

    -¿Te gusto? -posó su mirada en mí.

    -Demasiado. Me vuelves loco -le dije, mientras me acercaba más a ella y ponía mi mano sobre su rodilla, y la empezaba a acariciar.

    Tomó mi cara y se acercó hasta besarme lenta y apasionadamente. Eso me provocó una erección. La cual detectó cuando bajo su mano hacia mi pantalón. Y comenzó a acariciarme el miembro por encima.

    -Ya veo que si te gusto y te provoco. Acepto… pero con una condición -mientras hablaba se acercaba a mi oreja izquierda-, nadie, jamás debe saber de nuestro trato, de lo contrario se termina. Bajo ninguna circunstancia.

    -Acepto, será nuestro secreto. Entonces… ¿tenemos un trato? -le dije, mientras extendía la mano, para cerrar el acuerdo.

    -Tenemos un trato -aceptó, mientras estrechaba mi mano.

    Eran cerca de las 9 p.m.

    -¿Avisaste en tu casa que salías de la entrevista a las 10, verdad? ¿Tuviste algún problema para venir aquí? -pregunté intrigado.

    -Mi papá se quedó molesto, porque dijo que no eran horas para entrevista de trabajo, pero yo le dije que si era una buena oportunidad, no la debía desaprovechar. Además me iban a pagar por ese tiempo. Por cierto, ¿si me vas a pagar, verdad?

    -¡Claro! hoy te voy a dar $500, pero voy a necesitar algo más. ¿Te parece bien?

    -Si, por supuesto, está súper bien. Pero, ¿qué necesitas? -se veía claramente curiosa y un poco excitada.

    -Mientras tenemos tiempo, ¿crees que podrías darme un masaje en la espalda?, por mi trabajo paso demasiado tiempo sentado y sufro mucho de dolor de espalda, creo que es la silla de trabajo, es una joda. Y entiendo que tú trabajaste en un spa y daban masajes, pensé que quizá habrías aprendido algo y me podrías ayudar.

    -¡Claro! -se notaba emocionada y a la vez dispuesta a hacer lo que le estaba pidiendo. Esto caminaba perfectamente-. ¿Tienes algún aceite o loción para darte tu masaje?

    -Sí, en la recámara, pero, ¿podrías ponerte algo sexy que preparé para ti?

    -Sí, lo que tú me digas -me miró con un dejo de complicidad-. Ese es el acuerdo, ¿cierto?, hacer lo que me digas.

    Entramos a la recamara y saqué un juego de liguero y medias negras de uno de los cajones. Le pedí que se desnudara y se pusiera lo que le había comprado. Ella se veía emocionada, como niña con juguete nuevo. Sin perder más tiempo, comenzó a desnudarse, le pedí que no usara nada más que lo que yo le estaba dando, es decir, que su tanga y su brasier no se los pusiera. Así lo hizo y debo decir que el resultado fue espectacular. La forma en la que las medias se ajustaban a ese delicioso par de piernas y el liguero a su cintura, me tenían loco. Deseaba tomarla de nuevo, pero primero quería recibir ese masaje, en verdad lo necesitaba. Acerqué el aceite que tenía para masajes.

    Me desnudé de nuevo, ella me ayudó. Mientras yo me quitaba la camisa, ella me quitó el pantalón y se entretuvo un momento jugando con mi miembro, masturbándome de una manera deliciosa. Se detuvo y me colocó boca abajo. Se subió en mi espalda a la altura de mi cadera y comenzó a darme un masaje que en este punto era una mezcla entre relajante y excitante. Trabajó toda mi espalda, hasta la zona donde termina y por último, el cuello y mi cabeza. Yo me sentía en el paraíso, porque sentía sus manos recorriéndome, al mismo tiempo que podía sentir el suave contacto de sus piernas (envueltas en medias de seda), rozando las mías y su sexo rozando la base de mi espalda. Me dio vuelta y ahora comenzó a darme un masaje en el pecho, hombros y abdomen, mientras colocaba su vagina sobre mi pene y comenzaba a tallarse de una forma sugestiva, con movimientos circulares. Esto hizo que me diera cuenta de lo mojada que estaba y lo caliente que ella seguía. Lupita comenzó a hacer esos movimientos más largos y sin previo aviso, con el mismo vaivén de su cadera, sin necesidad de usar las manos, se introdujo mi pene.

    En ese momento la detuve y me salí de ella, porque no me había puesto condón aún.

    -¡Espera Lupita! déjame ponerme un condón. No quiero que vayamos a tener una sorpresa dentro de nueve meses -dije con un tono de broma, tratando de ocultar mi preocupación.

    Se recostó sobre mi, acercando su rostro al mío y me dijo:

    -No te preocupes, no me puedo embarazar. Estoy operada desde que nació mi segundo bebe. Es seguro -y mientras decía esto, tomaba de nuevo mi pene y lo metía de nuevo en su vagina-. Métemelo, ¿sí?, confía en mí, no pasa nada, te lo juro.

    No dije nada. Lo que hice fue tomarla de la cadera y empujar la cabeza dentro de ella, metiendo todo el miembro de un solo movimiento. Ella soltó un gemido y después se sentó completamente en él. Continuó con su movimiento hacia adelante y atrás, mientras seguía dándome ese masaje en el pecho, hombros y ahora, los brazos. Yo estaba en la gloria, solo atinaba a tomarla de la cadera para dirigir su movimiento. Nuestros pubis se rozaban, podía sentir como me mojaba todo.

    De pronto el masaje se detuvo y se apoyó en mi pecho mientras ella incrementaba ese movimiento hacia adelante y hacia atrás, cada vez más rápido, cada vez mas frenético. De pronto comencé a sentir contracciones de su vagina y veía como su cara se distorsionaba en un gesto de placer. Movía su cabeza de una lado a otro. Ella estaba teniendo otro orgasmo. Sus gemidos aumentaron. La presión que sentía dentro de ella también aumento, lo cual me provocó a que la tomará de la cadera y la levantara un poco, para que yo comenzara a penetrarla verticalmente mas fuerte, mas rudo y llegando muy profundo. De hecho estaba pegando directo a su cervix, llenándola toda. Cuando esto sucedió, Lupita gritaba de nuevo, «ya, ya viene, no pares». Esas palabras, sus gemidos, verla ensartada en mi verga, con un liguero puesto y sentir sus medias, hizo que aumentara mi ritmo, sentía llegar mi orgasmo de nuevo.

    Lupita se inclinó mas hacía mi, dejando su cadera un poco levantada, con lo cual mis embistes se hicieron mas fuertes aún. Tenía el rostro de Lupita muy cerca de mi cara, nos comenzamos a besar mientras la penetraba de forma loca, apretaba sus nalgas y las abría mientras recibía mi verga.

    De pronto, ella comenzó a sacudirse y de súbito no se movió, al mismo tiempo sentí como explotaba dentro de ella con una venida abundante. Ella se desfalleció sobre mí, mientras yo me sacudía con oleadas de placer, con la espalda arqueada. Habíamos terminado al mismo tiempo, podía sentir como sus jugos y los míos se mezclaban cayendo sobre mis piernas, llegando a la cama. Respirábamos con dificultad. Sentía como si el pecho me fuera a reventar y me faltaba el aliento. Su respiración era igualmente ruidosa y también tenía estertores del último orgasmo simultáneo que compartimos.

    Así, desfallecidos, nos quedamos, por unos minutos, hasta que mi erección perdió fuerza y salí de ella, junto con otro tanto de nuestro líquidos mezclados.

    La coloqué a un lado mío y acomodé su cabeza sobre mi pecho. Pasaron otros 10 minutos y despertábamos de ese letargo tan delicioso en el que habíamos caído. Giró su cabeza y me miró, con una sonrisa.

    -Prepárate, porque cada que nos veamos, así será: puro placer -le dije.

    -Hazme lo que quieras, ya soy tuya -susurró estas palabras, que me supieron a ambrosía.

    Aproveche para acariciar esos senos y pellizcar un poco esos pezones, lo que la hizo gemir de nuevo. Eso hizo que regresara mi erección y con ello, la mano de Lupita regresó al juego, acariciándome la verga, de arriba para abajo.

    Yo suponía que estábamos cerca de la hora en la que tenía que irse, pero no quería desaprovechar cada segundo que pudiera estar con ella, así que la puse de nuevo en cuatro, me acomodé detrás de ella, abrí sus piernas para bajar un poco más su cadera y comencé a penetrarla, primero solo metía el glande y después entraba toda. Estaba húmedo y muy resbaloso, la sensación era deliciosa. Fui aumentando el ritmo poco a poco hasta que de nuevo sentí llegar el orgasmo y de nuevo, un chorro de leche la llenaba, mientras ella arqueaba la espalda y dejaba escapar un sonido de placer. Al momento se la saqué, solo para sacudir las últimas gotas sobre sus nalgas. Debo admitirlo, no pude resistir la tentación y le di un par de nalgadas, para al final dejar mis manos sobre esas deliciosas carnes y apretarlas contra mi.

    Me coloqué sobre ella para morderle la espalda, besarla y lamerla, hasta llegar a su nuca. Cuando esto sucedió, ella se estremeció y gimió de lo más lindo. Continúe con sus hombros, su brazo derecho, hasta llegar a su mano.

    En ese momento la puse boca arriba, al tiempo que llevaba mi cara a la suya y nos dimos un beso largo, muy apasionado, sucio y delicioso. Justo después de ese momento, me preguntó:

    -¿Qué hora es? -de lo más tranquila.

    Me levanté de la cama para mirar mi reloj, ¡en ese momento eran las 10:20!

    Tratando de simular tranquilidad le dije que «eran unos minutitos después de las 10». Inmediatamente, se levantó, fue al baño a limpiarse y regresó a vestirse.

    Yo ya había terminado de vestirme, lo que me dio oportunidad de admirar la forma en la se ponía de nuevo la ropa. Era toda una visión.

    Nos regresamos a la sala, tome $500 de mi cartera y se los di. Estaba nerviosa, dudaba, pero la tranquilicé diciendo, «no se te olvide, es nuestro trato, además así no tendrás problemas en tu casa». Agregué:

    -Y recuerda, el próximo viernes, ven dispuesta a todo -al decir esto, ella tomaba el dinero-. Solo imagina, si esto fueron un par de horas, ¿qué crees que pasará dentro de una semana, cuando sea toda la noche?

    -De pensarlo siento mariposas -y al decir esto se acercó a mí y me tomó la cara, para besarme de nuevo.

    -Oye, ¿estás saliendo con alguien? -pregunté a modo de broma.

    -Sí, contigo -dijo mientras me besaba de nuevo-. Soy tuya, ¿recuerdas? -la respuesta hizo que una descarga de emoción me recorriera de arriba abajo-. Oye, me preocupa tu ida a casa, ¿te puedo pedir un Uber?

    -Sí, por favor.

    El carro tardó cinco minutos en llegar. Cuando estaba a punto de llegar, le comenté:

    -No vayas a faltar a nuestra cita, ya te espero.

    -Y yo, también -dijo mientras tomaba mi mano.

    La acompañé a tomar su viaje. Una vez arriba del auto, me incliné a darle un beso de despedida y mientras cerraba la puerta, le dije, «nos vemos el viernes». Ella asintió y con su mano me mandó un beso.

    Ella llegó bien a su casa. Le pregunté si había tenido problemas y dijo que al principio el ambiente estaba raro, pero que después de mostrarles el dinero y dárselo a su mamá, todo fue paz y tranquilidad. También les habló del empleo y les dijo, exactamente lo que yo le había dicho que les dijera. Todo salió de maravilla. Sus padres estaban contentos por la nueva entrada de dinero a la casa. Había quien cuidara a los niños y nosotros tendríamos tiempo de disfrutar al máximo.

    A lo largo de la semana, me di a la tarea de buscar lo que ocuparíamos nuestro primer viernes.

    Me generaba un poco de ansiedad que quizá no fuera a venir y se arrepintiera a la mera hora. En realidad no tenía elementos para pensar algo así, estuvimos mandándonos mensajes, incluso algunas fotos muy sugestivas, hablamos en algunas ocasiones y cuando le pedía una foto, su respuesta siempre era la misma, «lo que tú quieras, papi». Creo que más bien, era tanto el deseo que sentía por ella, que temía que no se presentara.

    El viernes por la mañana, mandé un mensaje de saludo, su respuesta me dejó mucho más tranquilo: al rato nos vemos, ya me haces falta.

    Cerca de las 4 p.m. recibí otro mensaje de Lupita, pero para mi sorpresa, ella se sentía igual que yo. El mensaje decía, «Ya estoy bien caliente. Ya te quiero sentir».

    Para poder llegar a tiempo a mi casa todos los viernes llegué a un acuerdo con mi jefe, acordé no salir a comer y recorrer esa hora de comida, para dejar la oficina una hora más temprano. No hubo problema.

    A las 6:15 p.m. ya estaba entrando a mi departamento. Me di un baño rápido y preparé una botella de tequila y algo de cenar ligero. El guardia del edificio ya tenía indicaciones, todo lo que hacía falta era esperar.

    Diez minutos antes de las 7 p.m. sonó el timbre, era ella. Abrí la puerta, la hice pasar, tomándola de la mano. Tan pronto cerré la puerta nos besamos y nos abrazamos, la recargué contra la pared y comenzamos a frotar nuestros cuerpos, uno contra el otro. La tomé de las muñecas y subí sus brazos por encima de su cabeza. Así deteniéndola, arrinconada contra la pared, sin opción a que se moviera, lamí su cuello, lo besé y mordí. Lo mismo hice con sus labios. Al mismo tiempo frotaba mi erección contra su sexo, de una manera frenética. Ella comenzó a moverse a mi ritmo. Me aparté un poco, para tomarla por los hombros y ponerla en cuclillas. Me abrí el pantalón y sin decir nada, puse mi pene frente a ella. Lupita abrió su boca y comenzó a mamarlo de una manera suave, pero con presión en la succión. Le pedí que mientras lamía la cabeza, el tronco lo masturbara con su mano. Lo hizo sin chistar.

    Estuvo así un rato, hasta que le pedí que hiciera una garganta profunda. Lo intentó, pero no lograba introducirlo todo, solo lograba la mitad. Le dije que abriera bien la boca y sacara la lengua, que respirara hondo y que yo haría lo demás. Así lo intentamos un rato, aunque solo lo consiguió un par de veces, con eso fue suficiente para experimentar un sensación riquísima. Le dije «vete acostumbrando, porque de ahora en adelante, vas a dar todas las mamadas así, profundas». Solo me dijo, «si, mi vida». Como sea, de momento no me importaba mucho como me llamara. De pronto comenzó a lamer la punta mientras me seguía jalando el resto de la verga. Con toda la saliva, resbalaba su mano a lo largo del miembro. Comencé a sentir que me venía, así que le dije que ya iba a terminar, que lo recibiera en su boquita. Entonces lo metió de nuevo y comenzó una succión fuerte con la lengua, que me volvió loco y allí ya no pude más. Le aventé un buen chorro de leche, que la hizo toser un poco, pero no lo sacó para nada, solo siguió mamando y tragando todo lo que salía de mi verga. El orgasmo estuvo tan intenso que hasta sentía que se me doblaban las rodillas.

    Se tomó hasta la última gota. En ese momento la puse de pie y fue cuando me percaté de que tanto me había hecho caso. Iba vestida con unos leggings negros y un sudadera color rosa, zapatos tenis y debajo de la sudadera, solo una camiseta blanca. La tomé de las manos y la hice hacía atrás para contemplarla. Le dije:

    -Entonces, sí me pusiste atención -mientras, admiraba lo bien que se le veían esos leggings.

    -Claro, yo hago lo que me pidas -la respuesta fue sin dudas, ni sarcasmo; hablaba muy en serio.

    -¿Ah sí? ¿Como si fuera tu amo? -le dije un poco burlón.

    -Desde que me dijiste el viernes pasado que haría lo que tú dijeras, sentía algo especial. Llevo toda la semana sintiendo nervios. Quiero que me mandes y me controles, con solo imaginarlo me mojaba toda. Quiero que seas mi amo -esto último lo dijo muy cerca de mí y sonaba casi a súplica.

    -De acuerdo, acepto ser tu amo. Y quiero que sepas que todo lo que te haga, será únicamente pensando en que experimentes demasiado placer. -Lupita me miraba emocionada y un poco ansiosa. -Te voy contar un secreto: si hay algo que me excita mucho, son lo besos así apasionados y hasta sucios, pero lo que más me prende es ver gozar a una mujer. Por eso te pido que, no te limites en lo que estás sintiendo, déjate llevar, te mereces todo el placer que te voy a dar. Una mujer tan impresionante como tú, debe sentir por lo menos tres orgasmos por revolcón. Y otra cosa, háblame sucio, eso también me calienta.

    -Sí, papi. Todo lo que tú quieras. Solo, ordénamelo.

    -Oye Lupita, ¿qué tanta experiencia tienes con el sexo anal?

    -Solo lo hice así una vez, con mi ex-marido y fue nada más la puntita, no duró mucho. Bueno, yo sentí la puntita, pero la verdad mi marido no era tan grande. A ti te mide el doble, en todo.

    Eso me hizo enrojecer un poco. La hice girar y me pegué a su espalda, le dije al oído:

    -Conmigo vas a aprender a amar el sexo anal. Te va a encantar, pero primero te vamos a preparar para que lo disfrutes mucho, no quiero que te duela nada -mientras le hablaba, me arrimé a sus suculentas nalgas, para que sintiera la erección que regresaba. Y además, besaba su nuca.

    -Sí, que rico. Gracias, mi amor. ¿Qué tengo que hacer? -preguntó mientras tomaba mi cabeza, que estaba ya en su cuello y movía su cabeza para que la besara mejor.

    Lo único que le dije fue, «desnúdate».

    Me senté en el sillón, me recargué y disfruté del espectáculo. Primera gran sorpresa, esta vez venía depilada toda. Una vez desnuda, tomé su mano y la adelanté a mí, en dirección a la recámara. Me deleitaba viendo el movimiento de sus nalgas. La tomé de la cintura y mis manos bajaron a su cadera y comenzaron a apretar sus nalgas, para después subir y comenzar a sentir esos senos, que eran una maravilla. Me acerqué a su nuca y le dije:

    -Te voy a enseñar lo que tengo preparado para ti.

    Abrí la puerta de la recamara y al entrar, pudo contemplar sobre la cama, una serie de juguetes sexuales y otros elementos, como ropa, dildos y varios tubos de lubricante.

    -Lo primero que haremos es limpiar ese culito, lo quiero impecable, porque hoy sentirás por primera vez un orgasmo anal y no quiero «sorpresitas». Toma ese de ahí -le señale un paquete de ducha anal-, y también trae ese butt plug pequeño -le señalaba ahora unos dilatadores-. Vamos al baño -le dije, mientras yo tomaba el lubricante.

    Ya en el baño le explicaba que es lo que haríamos.

    -Primero, Lupita, vamos a dilatar un poco tu esfínter para que la punta de la ducha anal, entre sin problemas.

    Lupita solamente miraba todo lo que habíamos llevado al baño. Era un mundo nuevo para ella.

    Tomé una bandeja y la llene con agua tibia, de temperatura muy agradable. Incliné a Lupita sobre el lavabo y le pedí que con ambas manos, abriera sus nalgas, dejando su culo bien abierto. Tomé un algodón del botiquín, lo mojé en el agua tibia y limpié toda el área del esfínter. Ya bien limpia por fuera, toda la zona, comencé. Primero con el meñique de la mano derecha bien lubricado, poco a poco, sobando primero, haciendo círculos y entrando después, poco a poco en su hoyito. Cuando el meñique ya entraba y salía sin problema, usé el anular, repitiendo la operación. Yo estaba hincado detrás de ella, aprovechando para besar y morder esas nalgas. Al mismo tiempo, con la mano izquierda acariciaba su clítoris y la penetraba por la vagina con dos dedos, para que se relajara más.

    Tomé de nuevo el algodón y repetí la limpieza del área exterior. Ahora utilicé mi lengua para darle un buen beso negro. Lamía su ano, metía mi lengua y la movía en círculos, para después sacarla y lamerlo de nuevo. Esto le provocó algunos gemidos a Lupita. Llegó el momento de meter ahora el dedo medio, así que lo lubriqué muy bien y comencé poco a poco, siguiendo el mismo procedimiento de movimientos circulares y penetrarlo poco a poco. En esta ocasión hubo menos resistencia y entró mucho más fácil. A lo largo de todo el proceso, iba a preguntando a Lupita si estaba bien, siempre contestó que sí.

    Ya que sentí que el dedo medio entraba y salía sin problema, usé el buttplug metiéndolo y sacándolo de su culito. Cuando entraba y salía muy fácil, llené la ducha anal de agua tibia, lo introduje en Lupita y apreté el caucho, arrojando un chorro de agua en su recto. Ella hizo un sonido entre gemido y sorpresa. Saqué la punta del aparato y la limpié con un poco de papel. Esperamos un minuto y repetí la operación dos veces más. Noté que el agua empezaba a salir, entonces le pedí que apretara el culo y que aguantara la presión.

    -Necesito ir al escusado -me rogó Lupita, con cierta urgencia.

    Salí del baño y le permití que arrojara el contenido de su intestino. Cuando terminó, me llamó y repetí todo el proceso idéntico al anterior, una vez más. Pero esta vez, me quedé a ver como salía el contenido. Lupita me alegaba que le daba pena, pero le dije que no importaba, que necesitaba estar ahí, para ver si necesitábamos hacerlo una vez más. Y efectivamente, el agua no salió totalmente limpia. Así que repetimos el proceso completo una tercera vez. Ahora sí, el agua salió limpia, ese culito estaba listo, por dentro y por fuera.

    Terminado con el paso del baño, lo siguiente fue ir a la recamara. De nuevo, le pregunté si se sentía bien, contestó que sí, que había sido rara la sensación, pero que se sentía bien, sin molestias.

    -Perfecto. Ahora, vamos a dilatar ese culito, para que se acostumbre a lo que va recibir al rato. Ven ponte de «a perrito» y relájate, coloca tu cara sobre la cama y coloca tus brazos abajo, no hagas esfuerzos. Mientras más relajada estés, mas lo vas a disfrutar -Le dije mientras bajaba su espalda y levantaba su cadera, y abría un poco sus piernas-. ¿Estás lista?

    -Si, papi, tu mandas -ya era un hecho, Lupita descubrió que le encantaba ser sumisa.

    Comencé el mismo movimiento circular, pero ahora fue directo con el dedo medio y para mi sorpresa, resbaló sin problema casi todo el dedo y con esa cantidad de dedo dentro de ella, comencé con el mete saca, poniendo siempre lubricante suficiente. En menos de lo que imaginas, entraba el dedo completo, hasta el nudillo. Entonces empecé a girar y comenzaba a moverlo también. Al mismo tiempo introduje mi dedo pulgar por su vagina y con los dos dedos dentro de ella, comencé a hacer una pinza con mis dedos como si se quisieran tocar, mientras mantenía el movimiento circular.

    Cuando sentí que el dedo medio entraba y salía muy fácil, sin sacar los dedos que ya tenía dentro, introduje el dedo índice por su ano. De manera que ya tenía dos dedos por el culito y uno por la vagina.

    Continué haciendo la pinza de manera que le daba un masaje interno con los dedos, lo cual ayudó a que se siguiera relajando.

    Tomé un aplicador de lubricante y lo introduje por su ano. Una vez que estaba completamente metido, empujé el embolo y lo fui moviendo en círculos, mientras lo sacaba. Con esto, aseguraba que su recto estaba bien lubricado.

    Tocaba el turno de uno de los butt plugs, era mediano, unos 3 centímetros de diámetro. Lo lubriqué al igual que la entrada de su ano. Lo comencé a introducir lentamente, siempre preguntando si le molestaba o dolía. Entre gemidos, la respuesta siempre era, «estoy bien, sigue».

    Seguí empujando el butt plug hasta que estaba a punto de llegar a la parte mas gruesa, en ese punto, lo sacaba un poco, para regresarlo de nuevo a la parte gruesa, un poco mas cada vez. Hasta que de pronto, Logré meterlo todo.

    Así como estaba, con el butt plug metido y ella en posición de perrito, coloqué la punta de mi verga contra su vagina y comencé a penetrarla. La presión era increíble, apretaba demasiado. Esa sensación era única, así que sin que lo pudiera controlar aumenté mi ritmo y ella comenzó a pujar de lo lindo. En menos de 5 minutos sentía que venía mi orgasmo, le comenté a Lupita que estaba a punto de venirme y al no responder nada, me acerqué a su cara para decírselo mas de cerca. Cuál no sería mi sorpresa al verla con la cara contraída y la boca abierta, ella ya estaba en el clímax. Sin decir nada más, aumenté mi ritmo y le dejé ir un chorro de leche, con el que liberé toda la calentura de la semana.

    Nos dejamos caer desfallecidos sobre la cama, con esa sensación de electricidad, recorriéndonos el cuerpo. Ella temblaba toda y con cada caricia y beso que le daba, los temblores se hacían mas fuertes.

    Nos tranquilizamos, después me abrazó y nos quedamos así por algunos minutos.

    Cuando nos recuperamos, al cabo de un rato, nos reencontramos con la mirada y de nuevo nos comimos a besos, de nuevo con ese deseo desmedido.

    Con ella boca arriba, comencé a bajar con mis besos hasta llegar a su clítoris y lo lamí y succione, al mismo tiempo que metía y sacaba el butt plug de su culo. Cuando sentí menor resistencia, cambié el butt plug por el mediano mas largo y seguí ese movimiento de mete saca, mientras mi boca atendía su clítoris.

    Después de un rato, el butt plug ya entraba y salía sin problema. Para ese momento ya comenzaba a sentir cansada mi mandíbula, así que aproveché que Lupita tuvo otra serie de espasmos, para descansar. Le dejé metido el butt plug.

    Me puse a jugar un momento con sus tetas y a disfrutar la cara de gozo y placer que hacía. ¡Que expresiones tan maravillosas! Verla disfrutando así, al punto de la locura, me puso a 1000. Me coloqué sobre ella y la besé, nos besamos con hambre de sexo, desenfrenados los dos. En ese momento, el mundo era solo sexo. Bajamos la intensidad de los besos y aumentamos las caricias. Ella me colocó boca arriba y bajó su mano, comenzó a masturbarme muy suave y delicadamente, para después acomodarse a un lado y empezar con una mamada deliciosa, muy profunda, con mucha saliva. Cuando lo sacaba de su boca, lo frotaba con su mano, utilizando la saliva que ella generaba.

    -cómetelo todo perrita, metelo hasta el fondo- le pedía a Lupita, en un tono casi de súplica. Ella obedecía o al menos lo intentaba ya que no lograba meterlo en su totalidad, así que decidí ayudarla, indicándole que hacer. Me puse de pie sobre la cama y ella se sentó sobre sus rodillas.-Abre la boca bien grande y saca la lengua- le dije y así lo hizo.

    Cuando comenzaba a sentir que el glande llegaba a su garganta y empezaba a bajar, Lupita lo sacaba de inmediato con una arcada. Ella necesitaba aprender a controlar la sensación. Así que le dije que lo hiciera varias veces y que respirara hondo que eso le ayudaría a controlar esa sensación.

    Después de intentarlo por 10 minutos, Lupita ya tenía la cara cubierta de lágrimas y saliva, sin embargo, no se detenía en su faena y seguía intentando meterlo todo, alternando con una buena frotada de verga, usando su saliva y sus manos.

    Esa mezcla de sensaciones hicieron que de pronto sintiera que venía un orgasmo grande. Comenzaba a experimentar esa descarga eléctrica desde la base del cuello, recorriéndome toda la espalda, hasta que ya no pude contenerlo más, le pedí que sacara la lengua y recibiera el chorro de leche, en la boca. Y a tiempo lo hizo, porque eyaculé de pronto, sin mayor aviso, la mayoría cayó dentro de su boca, pero también dejé un buen tanto en tu cara y cuello. Lupita no paraba de lamer la punta de mi verga al mismo tiempo que seguía frotando de arriba a abajo todo mi miembro, haciendo que mis piernas se doblaran, de lo maravilloso que se sentía. En algún momento la tomé de la nuca y se la metí en la boca lo más que pude, para terminar de venirme, arrojando lo que me quedaba de leche, directamente en su garganta.

    Me tumbé boca-arriba en la cama, mientras veía como ella se tragaba la descarga de semen que tenía en la boca y con un dedo recogía lo que quedaba de leche en su cara, para después chuparse el dedo. Disfruté el espectáculo. Luego, la atraje hacia mi, y la abracé un momento, mientras me reponía de la sensación tan deliciosa que acababa de experimentar.

    Con mi mano alcancé sus nalgas y tomé el dildo en su culo, para continuar con el jugueteo, con el mete y saca. Con la otra mano, acariciaba sus nalgas, apretaba su cadera y recorría su espalda. Ella empezó a disfrutar de las caricias mientras atendía su culito. Ya más relajados y repuestos, me incorporé y la puse en cuatro, de nuevo, elevando su culito y bajando su espalda. Abrí más sus piernas y saqué rápido el butt plug, dejándome ver lo dilatado que ya tenía su ano. Tomé un algodón y limpie el esfínter y la zona de alrededor. Abrí sus nalgas lo más que pude y comencé a mamarle el culo, metía mi lengua lo más que podía y la movía en cirulos, por dentro y por fuera de su culito, mordía sus nalgas y pasaba mi lengua por el área externa del culo, para luego regresar a meterle la lengua y sentir como su recto se contraía cada vez que lamía por dentro. Pegaba mis labios a su culito y lo besaba al mismo tiempo que mi lengua dibujaba círculos pequeños sobre su (cada vez mas), dilatado esfínter.

    Lupita gemía de una manera tan deliciosa que de nuevo se me puso dura, apretaba el edredón y lo arrugaba cada vez que mi lengua entraba en su recto, cada vez que besaba su culo y lamía el esfínter, hacía un sonido como de grito ahogado, que se escuchaba delicioso.

    Cuando la escuchaba más caliente, metí dos dedos en su vagina, mientras con el pulgar frotaba su clítoris. Hice esto por un par minutos, cuando, sin esperarlo, Lupita levantó la espalda y la empezó a arquear, mientras comenzaba un movimiento de vaivén con la cadera y empezó a gritar que no parara, acelerando su movimiento, el cual provocaba que mi cabeza se estrellara en sus nalgas. De pronto, tomó mi cabeza con una de sus manos y me estrechó tanto a su culo, que no pude respirar por unos segundos.

    Su vagina comenzó a contraerse de tal modo, que sentía una presión enorme en los dedos que le había metido. Súbitamente, soltó mi cabeza, mientras desfallecía en la cama, gimiendo y pujando de lo lindo. No la dejaría en paz, lo coloqué en la misma posición, sin darle oportunidad a nada y de nuevo metí dos dedos en su vagina y acariciaba el clítoris con el pulgar, mientras que con la otra mano, comenzaba, poco a poco, a meterle dos dedos por el culo, luego tres, para finalmente conseguir meterle 4 dedos, con un movimiento circular. Para este momento lupita temblaba de las caderas y las piernas, y manoteaba en la cama, al tiempo que mordía el edredón y hacía un sonido como de llanto. Esto me preocupó un poco, por lo que detuve todo movimiento y le pregunte:

    -Lupita, ¿estás bien?

    -Sí, ¡no pares ahora!- me gritó, de una manera desesperada, continuó -¡Me voy a venir, síguele ya!

    De pronto me sentí eufórico, con una energía renovada y le seguí dando dedo a Lupita. Después de un par de minutos, me apretó la muñeca de la mano que le tenía metida en el culo, impidiendo que la moviera más, mientras con la otra se tallaba el clítoris de una manera salvaje. Iba a sacar mis dedos de su vagina, cuando gritó «¡no los saques déjalos!». Cuál no sería mi sorpresa, cuando comenzó a venirse a chorros, hizo un squirt que me baño la pierna y dejó una gran mancha sobre el edredón y la cama. Terminó de orinar y se recostó sobre la cama, temblando. Le di un momento para que se repusiera. Cuando dejó de jadear, me acerqué a su rostro y cuando le pregunte si estaba bien, por toda respuesta obtuve un tremendo beso, salvaje, apasionado, violento, casi doloroso. Se me subió, montándome y comenzando a morderme hombros, cuello, labios, en fin, Lupita estaba descontrolada. De nuevo regresaba a los besos, más sucios y calientes que nunca, eso me provocó una erección de nuevo, la cual al sentirla, ni tarda ni perezosa, se metió por la vagina.

    Comenzó a cabalgarme como poseída, me tomó de las manos, entrelazamos nuestros dedos y así continuó, pero no duró más de 5 minutos haciendo esto porque de pronto, tuvo de nuevo esos temblores que anunciaban un orgasmo mas. De pronto todo terminó y Lupita se desfalleció, quedó recostada sobre mí, casi a punto de dormir. Solamente la abracé. Dejé que durmiera un poco, mientras tanto acariciaba esa cadera tan pronunciada y esas redondas nalgas, esos senos tan deliciosos y de pronto también rozada su clítoris, pero cosa graciosa, cada que la tocaba allí, daba un pequeño salto, como contracción involuntaria del cuerpo. La deja estar y descansar, dormimos juntos por un par de horas. Uno de los mejores descansos de mi vida.

    Estaba dormido, cuando de pronto comencé a sentir una sensación placentera que me empezó a despertar de a poco. Era Lupita que despertó antes que yo y pensó que la mejor manera de despertarme era con un rico sexo oral. Me dio gusto verla intentando hacer una garganta profunda, se esforzaba por hacerme gozar y mi cuerpo le respondía cada movimiento. Pasados unos minutos, ya tenía de nuevo mi erección al 100, lista para hacerla gozar, por lo que le dije:

    -Lupita, necesito que te pongas algo.

    -Lo que quieras-. Me respondió, de una manera sumisa, mientras acariciaba mi verga, de una manera dulce y al mismo tiempo, traviesa.

    Me levanté de la cama y tomé un paquete que tenía listo para ella:

    -Toma, ponte por favor este body de red. Lo compre pensando en como se te acentuaría la cadera y las piernas.

    El body parecía como si en una sola pieza fueran medias, liguero y blusa de manga larga. Con la diferencia de que era un tipo de red con diseño, de color negro. Así lo hizo, de hecho la ayudé porque no era trivial encontrar por donde entrar en este diseño. Al final resultó que se pone por arriba y primero van las piernas, y al final, los brazos y el busto. El body estaba abierto de toda la parte de abajo, lo cual era muy práctico.

    Cuando terminó, era una visión hermosa.

    Sin decir una palabra me coloqué detrás de ella y la comencé a acariciar, a sentir la textura del body y su piel juntas. Eso hizo que naciera en mi, de pronto, un impulso salvaje. Sin decir una palabra, la subí a a la cama y la puse en cuatro. Comencé a acariciar y a recorrer sus nalgas, las bese, las lamí, hasta llegar a su culito. Lo empecé a devorar, a meter la lengua al fondo y a besarlo, hasta que comenzó a gemir de nuevo.

    Entonces, tomé un dildo de unos 15 cm de largo por unos 4 cm de ancho, lo llené de lubricante y lo comencé a meter, poco a poco, girándolo, entrando y saliendo, hasta que entró la cabeza del dildo, y lo saqué de nuevo, para empezar otra vez con el proceso. Así continué hasta que sentí poca resistencia de su esfínter, entonces introduje 5 cm y empecé con el movimiento de mete saca, clavando cada vez más de la verga de plástico en su culito. Cuando de pronto, di el empujón final y metí los 15 cm completos, Lupita hizo un sonido entre gemido de placer y como cuando te quedas sin aire. Arrugó todo el edredón, del tirón que le dio, le pregunté si estaba bien y solo movía la cabeza en gesto afirmativo. Con los 15 cm dentro, solo lo giraba. Cuando la sentí más relajada, saqué rápidamente el dildo completo y disfruté la imagen de su culo súper dilatado. Inmediatamente me pegué, como becerro a la ubre, sobre su ano. Así como estaba, me dio oportunidad de meterle la lengua muy adentro y lamer su recto. Esa sensación de mi lengua paseando por su canal rectal, es exquisita. Y lo es más, si consideramos que Lupita estaba haciendo unos sonidos que, te la ponen dura con solo escucharlos. Qué manera de gemir y de pujar tiene esta mujer.

    Metí de nuevo el dildo en su culito y así como estaba, de perrito, la penetré por la vagina. Y comencé un ritmo rápido, fuerte. Lupita gritaba de placer, pegaba el rostro a la cama y manoteaba sobre la almohada. Estaba gozando como loca y lo comprobaba con el movimiento de su cadera, que no paraba de moverse a mi ritmo.

    Teniéndola ya en el clímax, la coloqué boca arriba y con sus piernas sobre mi espalda, la seguí penetrando otro rato, hasta que llegó su orgasmo. Yo me estaba aguantando, porque quería cogerme ese culito. Así que tome el dildo que tenía en el culo y se lo metí por la vagina y yo entré por el culo.

    Así como estaba, tenía el control de dildo en la vagina, para penetrarla al mismo ritmo que lo hacía por el ano. Le pedí que se tomara de las piernas y que las mantuviera bien abiertas. Comencé a aumentar la velocidad de la doble penetración. Ella soltó sus piernas y llevó los brazos a los lados, se tomaba la cara y mordía sus manos. Con lo dilatada que estaba, tanto el dildo, como mi verga resbalaban riquísimo; su culo era una delicia.

    Después de un rato en esta posición sentí que de nuevo venía mi orgasmo, así que aumenté la velocidad y de pronto la saqué del culo (dejándole el dildo en la vagina), para colocar la punta de mi verga sobre su boca y dejarle caer un buen tanto de leche, que comenzó a tragar de forma desesperada.

    Tomaba mi pene y le lamía la cabeza con la lengua y de ahí bajaba hasta la base. Comenzó a succionar directo en la punta, usando labios y lengua, y fue en ese momento que ya no pude más, el orgasmo me hizo temblar desde las piernas hasta la base de cráneo, al punto que por un momento sentí que me desmayaba.

    Me tumbé sobre la cama, a un lado de ella, con la respiración entrecortada. Ella por su lado, apretaba las piernas y se masturbaba con el dildo que tenía metido. No pasó mucho tiempo antes de que llegara un nuevo orgasmo para ella. La acariciaba y besaba apasionadamente. De pronto no hubo más movimiento, sacó el dildo y lo puso a un lado. Nos besamos otro rato y sin decir nada, se apoyó sobre mi pecho.

    Lo siguiente que supimos es que era de día, cerca de las 11 de la mañana.

    Amanecí molido, demasiado cansado, pero muy relajado. Ella por su parte, le costaba trabajo moverse, estaba como entumecida y adolorida de las piernas y los brazos. Como pudimos nos paramos de la cama. Le ayudé a quitarse el body que todavía tenía puesto y aunque verla con eso puesto, me calentó mucho, la verdad es que mi cuerpo estaba demasiado cansado en ese momento como para intentar algo. Nos metimos a bañar juntos y pues, una cosa llevó a la otra y terminamos teniendo un «rapidín» en la bañera, aunque está vez, fue más bien tierno, lleno de besos y la única posición que hicimos fue, ella sobre mí, cabalgándome, pero a un ritmo lento, muy tranquilo.

    Salimos del baño y nos fuimos a desayunar juntos. De regreso, le di su sueldo y le pedí el Uber.

    -Y dime, ¿te gusta el empleo?- pregunté con curiosidad real.

    -¿Estás loco? jamás había disfrutado tanto, no sabía que se podían tantos orgasmos juntos. Me vine riquísimo. Hasta ganas me dan de pagarte yo a ti. -Me dijo, mientras se reía con su comentario.- Ya quiero que sea viernes.

    -Y yo. Pero dime una cosa, ¿tienes alguna fantasía que quieras que te cumpla?

    Lupita se quedó un rato pensando, y en la mirada se le veía que estaba insegura por decir lo que estaba pensando, así que le insistí en que me platicara. Finalmente, me dijo.

    -Es que, he estado pensando, que nunca me han amarrado. Estuve leyendo sobre eso en internet y me da curiosidad. -Dijo, mientras se mordía el labio.

    -La próxima vez, lo haremos así, entonces. Lo prometo.

    Su mirada brilló y sonrió grande.

    Llegó su Uber y salí a despedirla con unos besos.

    Regresé a mi departamento, cambié las sábanas y el edredón, lavé y guardé los juguetes y eché a lavar la ropa de cama y la que se puso Lupita.

    Ya que todo quedó limpio, recibí una llamada de Lupita, indicándome que había llegado bien a su casa y que no hubo problemas con su familia. Platicamos sobre lo bien que lo habíamos pasado y que en verdad lo disfrutamos los dos. Para finalmente, despedirnos:

    -Te veo el viernes Lupita.

    -Nos vemos el viernes, mi cielo. Te quiero.

    Después de eso, colgamos. Y dormí, como nunca, por casi 10 horas, literal, solo me desperté para cenar algo y volver a dormir, hasta el domingo.

    Cerca de las 10 de la mañana de domingo, cuando me desperté solo tenía 1 solo pensamiento en mente: creo que a Lupita le gusta el masoquismo.

    Sin tiempo que perder, comencé a buscar técnicas y el material que utilizaríamos en nuestra próxima sesión…

  • Una fantasía que se cumplió

    Una fantasía que se cumplió

    Este relato es verídico, somos una pareja que ahora tenemos 30 años de casados, en el año que pasó esto, mi señora María tenía 28 años y yo Pedro 42 años, llevábamos unos 8 de casados.

    Llevábamos a los chicos a la escuela, donde conocimos a Gaby de 26 años, que era casada, madre que también llevaba a sus hijas a la escuela, entablamos conversación, en doble sentido, ella era flaca, buenas tetas no muy grande y una cola redondita que daba ganas de morderlo.

    Un día hablando los tres, me hace una apuesta donde si yo ganaba, ella me tenía que dar un beso, pero sin aclarar donde.

    Después de dejar los chicos íbamos a mi casa, porque en la de ella estaba el marido que no trabajaba y el suegro que era jubilado, entonces en mi casa estábamos solos, gané la apuesta y cuando llegamos a mi casa, se acerca y me da un beso en la boca, nos quedamos mirando, sorprendidos, mi señora se reía, pasado el momento de sorpresa, le manoseo las tetas, a la vez que le digo “apuesta son apuestas”, se notaba que le faltaba sexo porque empieza a gemir, lo que aprovecho y bajo una mano a su concha, le empiezo a frotar por arriba del pantalón.

    Yo me había olvidado de mi señora, quien se había levantado y fue a cerrar la puerta con llave, aunque no venía nadie, pero por las dudas.

    Ya Gaby estaba en llamas y me mete mano en mi pija ya dura, la saco porque ya no aguantaba la pija encerrada, mi señora se acerca, me besa, como dando el permiso, le aprieto las tetas que son más grandes que las de Gaby, mientras Gaby se agacha y empieza a chuparme la pija, pero no tenía experiencia porque nunca se lo había hecho al marido, por lo que le digo a mi señora ”enséñale como chuparla”.

    Se agacha junto a Gaby y empieza a chuparla, primero dudando porque nunca estuvo con otra mujer, por lo que una vez que estaban a fuego, le agarro la mano de cada una y se la pongo en las tetas y con mi mano le indico que se la soben cada una, eso hace que pierdan toda vergüenza.

    Era tanta mi emoción que a los 15 minutos acabo, les digo que abran la boca y descargo toda la leche en ambas boca, mi señora ya había tomado la leche, pero Gaby era la primera vez y dudo, pero la tomo toda (después se hizo adicta).

    Le saco la ropa a ambas, las hago acostar y le empiezo a chupar sus conchas una a una, estaban recontra mojadas y re calientes porque a los pocos minutos me acaban en la boca mojándome todo, a esto hago que se besen.

    Mi pija dura de nuevo, pongo a mi señora a chuparle la concha a Gaby y yo le meto la pija en la boca a ella que parece haber aprendido por que se prende con ganas y se la mete entera hasta al fondo, entre los dos las hacemos acabar de nuevo.

    Me subo arriba de Gaby y se la meto hasta el fondo, grita de placer, se la saco y se la meto a mi señora, así una y una como 20 minutos, acabo y le lleno la concha de leche a las dos.

    Fue algo impensado e inesperado y que nunca habíamos hablado ni con mi señora y menos entre los tres, fue algo memorioso que se repitió una vez más.

  • Como empezó todo con mamá

    Como empezó todo con mamá

    Buenas, escribo este relato para narrar como empezó una relación incestuosa con mi madre que hasta el día de hoy mantenemos.

    Mi madre siempre fue una mujer muy independiente, mi padre la engañó cuando era pequeño y desde entonces solo ha tenido citas, pero jamás una nueva pareja formal, por lo poco que hablábamos del tema ella no lo veía necesario.

    En el momento que transcurrió el relato, yo tenía 18 años recién cumplidos, era el típico chico en transición a la vida adulta, terminaba el instituto y entraría pronto en la vida universitaria, mi madre tenía 38. Aclaro que mi madre siempre ha sido de contextura delgada, pero en ese entonces dedicaba muchas horas al gimnasio por lo cual había logrado un buen culo, firme y redondo y se había operado las tetas, que para su cuerpo general, eran bastante grandes.

    Ella había hecho un curso de masajista y trabajaba de eso, por lo cual, cuando tenía algún dolor por entrenar (jugaba futbol) ella siempre me hacía masajes para tratar de recuperar el musculo y que estuviera bien pronto.

    Un día me desperté con un pésimo dolor, supongo que por una mala postura al dormir, pero la cuestión es que no podía moverme mucho, el cuello y la espalda me detonaban.

    N: Buen día mama, como estas?

    M: Hola hijito, bien y tú? Dormiste hasta tarde hoy.

    N: No te creas, estoy despierto desde temprano pero tengo un dolor de cuello y espalda fatal, así que me quede acostado a ver si mejoraba pero nada…

    M: Uy! Bueno, luego del almuerzo si quieres te hago unos masajes, ahora debo ir a hacer compras y ocuparme de la casa.

    Acepte, termine el desayuno y luego subí a mi habitación.

    Pasaron las horas, mi madre volvió y conversamos sobre diferentes cosas mientras almorzábamos, la ayude a lavar los platos y me dijo que subiera a mi habitación, que me recostara en la cama que ya subiría a hacerme los masajes.

    M: Hijo, puedo pasar?

    N: Si ma.

    M: Bueno, vamos a ver que se puede hacer, toma, yo voy a salir, desnúdate y solo tapate el culo con esta toalla.

    Hasta ahí nada me sorprendía, pues siempre que me hacía masajes era lo mismo, o al menos me hacía quedarme en ropa interior.

    Le avise cuando ya estaba listo y entro.

    Comenzó a hacerme masajes, la verdad es que me dolían muchísimo pero era necesario; mas estremecimiento sentí cuando dejó caer el frio aceite en mi espalda para poder hacer mejor su trabajo.

    M: Estas bien?

    N: Pues la verdad que me encuentro fatal, me duele mucho, pero puedo aguantar.

    M: Va, me doy vuelta que ya termine con la espalda, date vuelta y tapate el pene con la toalla.

    Mi madre siguió con su trabajo habitual, hasta ahí era todo normal. Comenzó a pasarme el aceite por mi pecho, luego abdomen y finalmente las piernas, hasta que en un momento empecé a sentir que cada vez que subía por mis piernas, muy disimuladamente mis huevos con la punta de sus dedos.

    Me pareció algo atónito, hasta pensé que claramente esa no era su intención, pero como todo adolescente pre-adulto, que una mujer te acaricie los huevos tiene sus consecuencias… Empecé a sentir que se me estaba poniendo dura, así que cerré los ojos en busca de algún pensamiento asqueroso para poder bajar la erección.

    Mi mayor sorpresa fue cuando sentí que me quitaron la toalla y me agarraron la verga, abrí los ojos atónitamente y mire a mi madre que tenía la vista perdida en mi verga.

    M: Pe… Perdón…

    No supe que responder, solo la mire.

    M: Es que vi la silueta bajo la toalla y pues, me tentó… Al termino de decir eso, comenzó un lento sube y baja en mi verga, no lo podía creer mi madre me estaba haciendo una autentica paja.

    Aun congelado por la situación, mis ojos se desviaron a sus tetas, que empezaban a moverse al ritmo de su brazo, al darse cuenta de esto mi madre.

    M: Que pasa hijo? Te gustan las tetas de mama?

    Seguía sin poder soltar una sola palabra, no sabía si estaba soñando o era real, aunque claramente era real.

    M: ¿Hace cuantos años trabajo como masajista? ¿Recuerdas?

    N: N… No mama, pero por lo menos unos 5.

    M: 8, hijito, y sabes que esto es parte de mi trabajo? He masturbado a un sin fin de hombres, ya ni recuerdo cuantas vergas pasaron entre mis manos -me dijo entre risas tímidas.

    Que mi madre se me estuviera confesando de que en su trabajo pajeaba a desconocidos me provoco un morbo enorme, tanto así que se me puso más dura y ella lo noto.

    M: Mmm parece que te gusta lo que te dice mama, no? Esto está mal, pero la tenés muy grande y la tentación fue más fuerte que mi moral.

    N: Si, me gustan tus tetas, por la pregunta de antes -le dije algo tímido, sin dejar de ver como su mano recorría mi verga con el amor que solamente una madre podría hacerlo.

    Se rio, me soltó la verga y se quitó la remera.

    M: Así seguro que te gusta más hijito.

    Volvió a agarrármela y esta vez comenzó una paja violenta, como las que seguro les hacía a sus clientes.

    No podía dejar de ver sus tetas, que ahora libres, se sacudían para todos lados debido a la velocidad con la que me pajeaba.

    N: Ma… Mama estoy por venirme, no voy a aguantar mucho más.

    M: Oh hijito, espera.

    Me soltó la verga, se arrodillo junto a mi cama y me pidió que me pusiera de pie frente a ella.

    M: Pajéate, sigue tu la paja, quiero ver como mi hijo se pajea.

    Empecé una paja veloz, a un ritmo que nunca antes había tenido, sentía que explotaba.

    N: Aaa aaa mama estoy por venirme, aaa

    M: Si, vente mi bebe, dame tu lechita, damela

    N: Siii, quiero dártela aa a aa

    M: Si hijito, suéltala, dame tu leche, vamos, dásela a tu mam…

    No termino su frase porque explote en una venida como nunca había tenido, mire a mi madre mientras me corría; su cara, boca y pechos no paraban de recibir numerosas y contundentes descargas de semen que no paraban de salir de mi verga, fue tanto el placer que al terminar me deje caer hacia atrás sobre mi cama con los ojos cerrados mientras mi verga daba sus últimos estamos sobre mi abdomen y soltaba las ultimas gotas, abrí los ojos cuando sentí una lengua recorriendo mi verga ya exhausta, mi madre, con su cara llena de leche me le estaba chupando.

    M: No hay que desperdiciar nada -una sonrisa se dibujaba en su rostro.

    Así fue como mi madre me inició en el mundo del incesto, luego publicaré más detalles de las otras experiencias que he tenido con ella.