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  • Duele, pero le gusta

    Duele, pero le gusta

    Quizás a esta altura piensen que uno al pasar el tiempo se aburre de una mujer, que siempre lo mismo y demás.

    Pero déjenme decirles algo, eso depende. Cómo prueba de esto les dejo este mini relato.

    Se encontraba mí suegra de visita y como muestra de comodidad dejé que durmiera en mi habitación con su hija. Además estaba muy cansado del trabajo y luego de bañarme, me desmayé totalmente en la cama del otro cuarto.

    No sé qué estaría soñando exactamente, pero no creo que superara lo que vi al abrir los ojos. Mí bebota con una tanguita turquesa encima de mí. Y bueno si un hermoso paisaje, pero eso no era lo mejor, sino que ella estaba metiendo mi miembro en su cola, de lado esa bombachita, se hace lugar camino a su cuerpo y entraba bien, diría que ya estaba acostumbrado.

    Ella no se dio cuenta al principio, yo tampoco abrí mucho los ojos. Pero imagínensela casi sentada dándome la espalda con su mano guiando mi miembro a entrar en su colita y luego moverse para que entre y salga. Que delicia, toda una bebota rica, por no decir otra palabra.

    Luego de verme despierto seguimos, pero más cómodos, ella como loca entregando ese bombón y yo disfrutando de sus gemidos pidiéndome más y más.

    Después de un buen rato se bajó, le dolía mucho dijo, pero que le encanta. Siguió tocándome hasta hacerme acabar en mi panza y ahí con su lengua recogió cada gota. En ese momento llegué a un éxtasis de querer gritar de placer, pero no podía, estaba mi suegra y si bien disfrutaba de su hija no daba para que la vea con su boca blanca, no creen?

  • Trío fallido con mi amigo y su esposa caliente

    Trío fallido con mi amigo y su esposa caliente

    Todo comienza cuando conocí a mi amigo Gerardo en una fiesta él llego acompañando a otros amigos y conocidos, durante la fiesta él se portaba amable, atento y respetuoso con la mayoría de las chicas en esa fiesta, no era el típico hombre que va a la fiesta a ligarse a cuanta mujer se le cruza en su camino era tan atento que no esperaba nada a cambio.

    Durante la noche él cuidaba de mis amigas y de mí, nos servía tragos, nos acompañaba al baño, condujo mi carro hasta mi departamento y llegamos seguras, al día siguiente le di las gracias por Facebook por cuidarnos a todas, él me dijo que no tenía que agradecer ya que tiene esposa y no le gustaría que se pasaran de listos que por eso nos cuidaba de cualquier tipo que se quisiera propasar.

    Seguimos teniendo contacto siempre mantuvo su distancia y respeto a su esposa, sinceramente me caía súper bien porque nunca intentó ligarme siempre fue fiel a su esposa y de esos quedan pocos, Gerardo le contó a su esposa Daniela que había conocido a unas chicas que les habían caído bien porque aguantaban la fiesta y que no se valían de algún vato para pagar su pisto, que éramos la banda y que queríamos que nos reuniéramos para presentarnos, Gerardo tenía un negocio de snacks y me dijo que fuéramos un rato para que nos presentara a su esposa y conviviéramos todos.

    Fuimos un domingo a su negocio mis tres amigas y yo, nos presentó con su esposa, una chica bonita, interesante, trabajadora y sobre todo nos caímos muy bien, (por un momento creí que el querer conocernos era mentira, solo quería saber quienes eran las chicas que estaban ese día con su esposo) pero nada que ver se portó súper linda con nosotras, nos ofreció comida, bebidas, música y una plática muy amena.

    Después de ese encuentro Daniela me agregó a redes sociales y mantuvimos una buena amistad, ella no solo era muy bonita también un gran ser humano, nada hipócrita, sabía que su amistad era sincera, me invitó en dos ocasiones a comer a su casa y convivía también con su pequeñito de tres años, sinceramente me sentía muy bien al encajar en su familia me agradaba tener una amistad con ella y mi amigo tan transparente.

    Lamentablemente ellos se fueron a vivir a Querétaro por cuestiones laborales, aunque se fueron a vivir allá mantuvimos nuestra amistad platicábamos seguido de nuestra vida, fue hace dos años que en diciembre vendrían a CDMX para navidad decidimos reunirnos para comer y tomar unos tragos en su departamento, algo relax para disfrutar la velada.

    Llegó el sábado día que nos reuniríamos, llegue a su departamento me dio mucha alegría verlos nuevamente, a pesar de que ellos me llevan 10 años congeniamos muy bien, cenamos, bebíamos, platicábamos, reíamos la velada estaba siendo increíble, mi amigo no bebe mucho, pero Daniela y yo no parábamos de tomar y cantar estábamos tan felices por volvernos a ver. Las horas y los tragos transcurrieron que decidimos seguir la fiesta e ir a un bar gay cerca de su departamento, el ambiente ahí es buenísimo, llegamos al sitio pedíamos alcohol, ella y yo bailábamos mientras mi amigo se quedó en la mesa ya que a él no le gusta ese ambiente nosotros nos divertíamos.

    Transcurrió una hora eran las 5:30 am, Gerardo estaba desesperado por irse ya que algunos chicos lo estaban acosando así que optamos por irnos, regresamos a su departamento, ya estábamos todos rendidos así que decidimos dormir, Daniela mando a Gerardo a los pies a dormir mientras ella y yo dormíamos cómodamente, antes de seguir quiero aclarar que (Daniela sabía que yo soy bisexual en reuniones pasadas yo se lo había confesado).

    Nos metimos a las cobijas yo si quería dormir, pero al parecer Daniela no, comenzó acercarse a mi oído mientras intentaba morder mi oreja, yo voltee a verla y ella con una sonrisa picarona se acercó a mis labios y comenzamos a besarnos (¿quién se negaría a un beso? nadie) nos besamos lento, nuestras lenguas se entrelazaban y tratábamos de no tronar tantos nuestros labios para que mi amigo no sospechara, ella comenzó a tocar mi trasero, mientras yo tocaba sus grandes senos, sus pezones comenzaron a ponerse duritos que sin pensarlo se los apretaba, ella realmente estaba excitada, nuestros besos y gemidos subían cada vez mas de nivel y de tono que era imposible no percibirlos.

    Gerardo: ¿Que están haciendo cochinas?

    Daniela y yo: Nada jajaja (Yo estaba muy caliente que le perdí el respeto a mi amigo y me estaba besando a su mujer)

    Gerardo nos dio la espalda mientras nosotras continuamos besándonos baje mi mano a su cosita estaba tan mojadita que eso me prendió mucho, comencé a tocarle su clítoris, mientras metía dos de mis dedos, (ella no paraba de besarme al parecer yo era su primera mujer con la que había estado porque no hacía más que dejarse hacer las cosas, eso me excitaba aún más).

    Metía y sacaba mis dedos sus movimientos de cadera comenzaron hacer más fuerte, me puse de rodillas y empecé a besar sus deliciosos senos, mordía sus pezones, besaba su abdomen y poco a poco bajaba a su cosita lista para ser devorada por mi (jamás había estado con una mujer mayor a mi y que tuviera un hijo a decir verdad no hubo diferencia) estaba tan mojadita que comencé a lamer y morder su clítoris quería que sintiera delicioso ya que por ser del mismo sexo sabía exactamente dónde tocar, lamer y morder para que ella se sintiera bastante rico, no quería cometer ningún error, al parecer a ella le gustaba no paraba de decirme cuanto le gustaba

    Daniela: Así, así, estoy sintiendo delicioso, acaríciame así (Ahhh, Ahhh, Ahhh -mientras ella mordía sus labios y apretaba sus senos enormes)

    También su vagina no podía disimular lo que le provocaba, cada vez se mojaba más, entre más salían y entraban mis deditos, ella pegaba un gemidito y apretaba su cosita y no me dejaba sacar mis deditos, lo estaba disfrutando mucho, pero más yo me encantaban sus caritas y ver sus juguitos salir eran premio para mí. Daniela estaba tan caliente que levanto a Gerardo para que se uniera (yo me quedé asombrada y sinceramente no quería hacer un trío en ese momento 1- Porque no quería faltar más al respeto menos a ella, 2- Prefería más que Gerardo solo fuera observador.)

    Ahí estaba Gerardo aceptando la invitación, comenzaron a besarse mientras yo observaba, Daniela comenzó a desnudarlo mientras bajaba su bragueta y sus pantalones tomando posición para hacerle un oral, fue ahí lo inesperado.

    Daniela: Ven Yeimi, hay que chupársela las dos

    Yeimi: No, como crees, yo te quiero y respeto como amiga jamás pensaría en siquiera besarme a tu esposo (por un momento creí que era una trampa para ver si era leal a su amistad, pero en el fondo sabía que sus palabras eran reales).

    Gerardo: Si no mames Daniela cálmate

    Daniela: En serio Yeimi te creía más atrevida, ¿Qué te da miedo?

    Yeimi: Miedo no, pero es respeto a tu amistad, te quiero mucho como para pensar en estar con Gerardo.

    Daniela: No te preocupes neta quiero vivir esta experiencia y nadie mejor que tú en cumplírmela, te quiero mucho y aprecio que valores mi amistad tanto como yo por eso quiero que seas tú quién me cumpla esta fantasía.

    Gerardo: No mames ya Daniela cálmate estas bien peda.

    Daniela se fue acercando lentamente a mi y comenzó a besarme yo no puse resistencia y continuamos con nuestros toqueteos, jalo a Gerardo y fue cuando me pidió por favor que lo hiciéramos, no me quedó de otra que comenzamos a chupársela (para ser sincera apenas y mis labios tocaban el miembro de Gerardo, no estaba a gusto), por otro lado, Daniela se la comía sin piedad, mientras que Gerardo la nalgueaba y masturbaba con su mano.

    Daniela se recostó y Gerardo la penetro mientras que yo lamía y mordía sus senos (Gerardo tenía buena herramienta 19 cm y un buen grosor) se imaginan lo rico que Daniela lo estaba pasando siendo penetrada por un buen miembro mientras le mordían los senos, que rica sensación debió de haber sentido. Enseguida Daniela le ordeno a mi amigo que me la metiera a mi yo le decía que no, pero (les juro que Daniela me rogaba porque Gerardo me penetrara, que lo hiciera por nuestra amistad) me puse en cuatro (ahí estaba yo siendo penetrada por mi amigo, mientras que su esposa me nalgueaba y ellos se besaban, no les miento estaba sumamente incomoda que ni siquiera podía concentrarme, no sentía la gran verga que Gerardo tenía).

    Le dije a Dani que era su turno, sin pensarlo se puso en cuatro, Gerardo le dejo ir toda su verga, lo hacía de una manera tan rápida que sus testículos rebotaban en su rico culito que Dani se cargaba, mientras Gerardo hacía su trabajo yo masturbaba su coñito, le escupí en repetidas ocasiones para prepararlo y que estuviera listo para ser penetrada por detrás, no me quedaba de otra que mirar y escuchar lo placentero que era para Dani.

    Gerardo le dio una última escupida al coñito de Dani, para que entrara sin dañarlo lo fue metiendo poco a poco, mientras yo la besaba nuestras lenguas rozaban, Dani estaba disfrutando tanto que dejo de un lado el dolor, por fin había entrado, Gerardo sin pensarlo comenzó a someterla el sonido era tan fuerte, y los gemidos de Dani hacían una bella melodía de placer que podría despertar a cualquier vecino.

    Daniela: Si, amor así estoy sintiendo bien rico, cógeme más fuerte, rómpeme el culo, papacito, soy tu puta mi amor, quiero que nos vengamos juntos, párteme el culo y no pares.

    -Ahhh, Ahhh, que rico me estas cogiendo papito lindo

    Gerardo disfrutaba por su parte estaba partiéndole el coñito a su esposa y pues solo me tocó mirar el espectáculo, era delicioso verlos coger y más aún mirar la carita de Daniela, sus mejillas rosadas y su sonrisa de diabla que disfrutaba que la estuvieran partiendo. Llegó el momento de culminar y dar por finalizado el espectáculo ambos se vinieron juntos, de lejos podía mirar como caían los ricos juguitos de Daniela mientras se combinan con el semen de Gerardo ahí estaban los dos recuperándose del rico orgasmo que habían logrado.

    Se incorporaron y todo se quedó en silencio, los tres nos vestimos y le dije a Dani que tenía que irme ya, pasaban de 8:30 am y tenía que llegar a casa, ella me agradeció, me pidió un Uber que iba por su cuenta por aceptar la propuesta, que me apreciaba mucho, el chofer no demoro más de tres minutos, nos despedimos de un besito de piquito y Gerardo me acompaño a la puerta solo le dije adiós, me subí al carro y partí a mi casa.

    Ese mismo día mi amigo me mandó un mensaje ofreciendo una disculpa en el nombre de Daniela por haberme obligado a algo que no quería, le dije que todo estaba bien, que no se preocupara que hiciéramos como si no hubiera pasado nada, me dio las gracias y termino la conversación.

    Hasta el día de hoy seguimos hablando, nuestra amistad no cambio en nada ellos siguen en Querétaro y todos somos felices.

    Pero admito que fue mi peor trío es más no lo podría llamarlo así, pero si me encantó verlos coger frente mis ojos.

    (Gracias por leerme, ya no soy escort, pero les dejo mi e-mail: [email protected])

  • Autobiografía sexual (Parte 10): La más puta de las carreras

    Autobiografía sexual (Parte 10): La más puta de las carreras

    —¡Ay! No sé quién me habrá grabado, pero lo siento mucho. No se repetirá más —dije a manera de súplica para no perder el empleo.

    —Yo te grabé —habló con tono serio mi jefe—. ¿Crees que dejaría con toda confianza a una empleada de un mes sola en mi oficina?

    —¡Eso es violación a la privacidad y lo sabe bien! —exclamé enojada.

    —Sí, niñita. ¡Pero es mi oficina y puedo monitorearla! Si te pones contra mí en el sentido de que violé tu privacidad, tú saldrás perdiendo.

    —¿Qué es lo que quiere? —pregunté fastidiada.

    —Solo lo diré una vez —habló casi susurrando y comenzó a explicarme—: Tenemos un cliente dispuesto a pagarnos una suma gigante si ganamos su juicio y el juez que lo presidirá nos ha aceptado mordidas, pero esta vez no le llegamos al precio. Hay dos opciones, pero una depende del juez.

    Enseguida, tomó el teléfono y habló con ese juez. Lo importante de la llamada fue lo siguiente:

    —Nos falta aproximadamente un cuarto de lo que nos pide, pero ya sabe que contamos con servicio especial… Ya hay una nueva, se llama Lorena, es asistente… ¿Ni tantito?… Está bien, cuente con ello.

    El jefe colgó el teléfono y miró hacia abajo como con decepción, pero después me miró fijamente y luego de unos segundos, volvió a dirigirme la palabra.

    —Listo.

    —¿Y qué se supone que debo hacer? —pregunté inocentemente, provocando que mi jefe se riera.

    —Pues, ¿qué más? Hacer tus cosas de puta con el juez.

    —No soy una puta, aclaro —dije algo molesta y el jefe se rio más.

    —¡Por favor! ¿Y eso que hiciste el viernes al hacer una llamada hot y quedarte de ver con un hombre qué fue?

    —¡No tiene que ver! Es alguien conocido. ¿Y a usted qué le importa?

    —Tranquila. Debo admitir que te grabé para ver cuál era tu comportamiento a solas y resultó como quería para este plan y te conviene porque parte del botín es para ti.

    Permanecí callada por un instante y luego hablé como si hubiera aceptado la propuesta implícitamente.

    —¿De cuánto estamos hablando?

    —Perfecto. ¡Esa es la actitud!

    —¿No me dirá la cantidad? —insistí luego de que se quedó callado.

    —Depende de tu esfuerzo.

    —Esté seguro de que daré mi mayor esfuerzo, pero dígame cuánto cobraré por eso aproximadamente.

    —Arriba de quince mil.

    Mi reacción al oír la cifra fue discretamente interesada, me llevé la mano a la barbilla, sonreí y crucé las piernas. Acostarme con un hombre y cobrar quince mil se me hacía bastante.

    —Cuente conmigo —di mi aprobación.

    —Perfecto. Puedes retirarte, pero nos vemos hoy a las nueve de la noche en el bar de la esquina. Por cierto, lleva ropa sexy.

    Salí del despacho y fui a casa. Mi mamá se sorprendió por mi presencia a temprana hora y como pretexto para lo que habría de hacer en la noche le dije que haría guardia de doce horas por la noche para cobrar horas extra. Mi mamá, un poco ingenua, me lo creyó y para darle más seguridad le di el número de teléfono de mi jefe para que lo llamara por si le parecía extraño.

    Quince minutos antes de la hora pactada llegué a bar y me encontré a mi jefe en la barra.

    —Si así fueras para el trabajo —dijo como si estuviera ofendido por mi presencia puntual.

    —Negocios son negocios. Si así como me va a pagar por esto me pagara en el trabajo otra cosa sería de mi parte —respondí con categoría—. ¡Un whisky, por favor!

    —¡Disculpe, señor! —le llamó la atención mi jefe al barman después de mí—. No le sirva el whisky.

    —¿Por qué? ¿Cómo reunirnos en bar sin tomar un trago?

    —¿Qué no ves que no tenemos dinero, mucho menos para esto? Aunque si tú lo pagas, adelante, pero rápido, porque ya nos vamos.

    —¿A dónde?

    —Al hotel.

    Por mi cuenta corrieron unos tragos de whisky y uno de tequila para animarme, pagué y me fui con el jefe al lujoso hotel, del cual me comentó el jefe que era concurrido por él y colegas suyos para congresos y conferencias. Una vez en el penthouse, me ordenó que fuera a prepararme en la cama y él recibiría al invitado en la puerta.

    Transcurrió media hora y se presentó ante mí un hombre bien vestido, delgado y alto, aunque feo de la cara; yo lo recibí a gatas en la cama, vistiendo un kit de lencería de encaje negro con mallón.

    —Buenas noches —dijo él sonriente.

    —¡Mire no más! ¡Qué elegante y guapo se ve! —dije queriendo complacerlo.

    Lo noté nervioso y como principiante cuando me saludó. No obstante, al acercarse y querer darme un beso en la boca, me acarició la espalda de arriba a abajo y me soltó una nalgada muy dura.

    —¡Ufff, papi! Tienes muchas ganas, ¿eh?

    Los besos que me daba subieron en intensidad y a su vez yo desabotonaba su camisa lentamente, pero él quitó mis manos de sí y rápido se desnudó completamente.

    Su pene ya estaba erecto y era algo largo y grueso, un poco más del promedio. No me dejó complacerlo con un oral a mi manera, sino que de inmediato, introdujo su pene en mi boca y sostuvo mi cabeza para sacarlo y meterlo rápido. Yo hacía ruidos como de ahogamiento y de vez en cuando, él me permitía tomar aire para luego continuar con ese blowjob hardcore, en el cual él también hizo una cola de caballo con mi pelo y la usó para jalar de ella mientras le mamaba la polla.

    De pronto, vi al fondo a mi jefe acercarse con una cámara de video filmando en la mano y me tapé la cara con una mano.

    —Voltéate —me dijo el varón y le obedecí.

    En eso, sentí cómo le dio golpes a mis glúteos con su verga, que se sentía algo pesada, luego la puso entre mis nalgas y frotó su polla entre ellas.

    —Mmmm. Qué grande la tienes —dije gimiendo para complacerlo.

    De repente, sin quitarme la tanga, me dejó ir toda su herramienta en mi vagina, me sostuvo de la cintura y comenzó a embestirme muy rápido y fuerte.

    —¡Ah! ¡Ah! ¡Ah! ¡Sí, papi! ¡Dame duro!

    Quince minutos más o menos me estuvo penetrando a esa intensidad y ritmo, aunque entre pausas en las que creí que se detenía por temor a correrse. Después, me la metió de nuevo, dejando ir su cuerpo hacia adelante y haciendo que yo quedara acostada boca abajo y continuó cogiéndome duro y rápido ahora en esa posición.

    —¡Uhhh! ¡Me encanta cómo me coges, papi!

    No había escuchado alguna señal de placer suya, ni siquiera su voz hasta que por fin lo hizo, diciendo lo que muchos antes de él me habían expresado al follar.

    —Di que eres mi puta.

    —¡Oh, sí! ¡Soy tu puta!

    —¡Eres mi bella putita!

    —¡Soy tu putita, papi! ¡Ah, qué rico me coges! ¡Mmmm!

    De inmediato, sacó su pito y se vino en mis nalgas, salpicando hasta mi espalda. Se bajó de encima de mí y se puso frente a mí para que le limpiara el semen de su polla y se la chupara, aunque esta vez incluyó jalones de cabello y bofetadas.

    Luego de eso, se vistió y sin decirme algo más, se fue.

    «¿Y qué hay de mis tetas? ¿Y mi clítoris?» pensé como aquellas veces que también tuve sexo sin llegar a mi punto de éxtasis. Limpié como pude mi trasero y mi espalda para ir hacia la puerta donde estaba mi jefe, viendo el video que filmó de mí cogiendo con aquel hombre y masturbándose.

    —¿En serio? ¿Eso fue todo? —pregunté decepcionada.

    —Por hoy sí. Mañana nos vemos otra vez aquí, ¿ya sabes cómo llegar directamente?

    —¿Mañana otra vez?

    —Sí. De aquí al miércoles, hermosa, ¿creías que solo un día? La ventaja es que descansarás el jueves y el viernes.

    —Borre ese video, por favor. Se ve mi cara en una parte.

    —Tranquila, no lo subiré a ninguna parte. Me lo quedaré para mí.

    En eso, el teléfono del jefe comenzó a sonar y lo contestó. Cuando escuché que dijo «su hija está bien, está trabajando aquí conmigo», recordé que no puedo volver a casa por lo que le dije a mi mamá sobre una guardia de doce horas. Cuando terminó la llamada, le comenté la situación al jefe y me concedió dormir en el penthouse, no sin antes tomar un baño.

    Al día siguiente, martes, fui a casa y pasé el día tranquilo, aunque evitando toda pregunta de mi mamá acerca de lo que hice en la noche, solo le respondía «trabajar, eso fue todo lo que hice» y le comenté que así sería hasta el miércoles para tener libre el jueves y el viernes.

    Dieron las nueve de la noche y llegué al hotel. Toqué la puerta del penthouse y me abrió el jefe, quien atendía a un hombre diferente al de ayer y éste me saludó caballerosamente, besando mi mano. Yo solo me le quedé viendo al jefe y le hice gestos, a lo que el caballero entendió mi intención.

    —Bueno. Yo la espero en la cama, princesa —dijo amablemente y se fue.

    —¿Con cuántos jueces me voy a acostar? —le pregunté susurrando enojada al jefe.

    —El de ayer no era juez, era un abogado colega mío —respondió cínicamente.

    —¡Esto no era parte de trato!

    —Pero vale los quince mil que te daré, es más, sigue siendo mucho quince mil para solo coger con tres hombres.

    —¿Tres?

    —Sí, el de ayer, el de hoy que es el juez y el de mañana que es otro colega.

    «Al mal paso darle prisa» pensaba al tener que ir a la cama.

    El juez me indicó que me sentara en sus piernas y así lo hice, a lo que él me besó la boca y su mano derecha alzaba mi falda para tocar mis glúteos. De repente, sentí su miembro erecto bajo su pantalón y comencé a moverme para prenderlo más, él bajó a mi cuello para besarlo y morderlo, dejándome chupetones que me tenían el pendiente para volver a casa al día siguiente.

    Me sostuve de su cuello para que me despojara de mi blusa y mi brasier y así empezó a devorarse muy rico mis senos.

    Pasé un rato delicioso con mis tetas siendo estimuladas hasta que me paré con el fin de quitarle bien su pantalón y bóxer e hincarme para mamarle la verga, que no era muy gruesa pero sí larga, más del promedio.

    —¡Ah! Me gusta que chupas la cabecita y jalas el resto al mismo tiempo —dijo entre gemidos.

    —¿Nunca se lo habían hecho?

    —No, nunca.

    Le guiñé el ojo con una sonrisa y continué complaciéndolo hasta que me pidió que me sentara en sus piernas. De esa forma, me quité la falda y solo me dejé la tanguita para sentarme en sus piernas y ensartarme su polla.

    —¡Mmmm! ¡Qué dura la tiene, su señoría!

    Mientras le brincaba, el juez me tomó ambos brazos por detrás de mi espalda y se dedicó a mamar mis pechos. La combinación de la penetración y esa estimulación de mis tetas me llevaron a un orgasmo pronto.

    —¡Ahhhh! ¡Me estoy corriendo! ¡Mmmm! ¡No pare!

    Instantes después, el juez solo me contempló dándole sentones y procedí a darme la vuelta para continuar, ahora dándole la espalda, pero vi de frente al jefe filmando otra vez y me apené.

    —Tranquila, preciosa —me dijo el juez—. El video es para mí, no se lo enviaré a nadie.

    Con algo de nervios aún, seguí cogiéndome al juez con sentones dándole la espalda e impulsándome con mis pies apoyados en tierra.

    Pasado un rato en esa posición, el juez me agarró de los pechos y tomó fuerza para acostarse y llevarme consigo, terminando yo acostada sobre él, ambos boca arriba y comenzó a moverse de forma que su verga me entraba y salía rápido y duro.

    —¡Uy, qué rico! ¡Qué habilidad tienes, papi!

    —¿Te gusta, mami?

    —¡Ay, sí! ¡Me encanta! ¡Mmmm, dame más, más, más! ¡Así, duro!

    Posteriormente a esa posición, giro conmigo y terminé boca abajo en la cama y él sobre mí, a lo que se puso en cuclillas y continuó follándome duro y sabroso.

    —¡Papi, me estoy corriendo otra vez! ¡Mmmm, sigue, sigue! ¡Ahhh!

    «Qué raro tener tantos orgasmos últimamente» pensaba dentro de mí y sintiéndome cansada, pero para fortuna mía, el juez anunció que se venía, por lo que tuvo pronto a su disposición mi boca y echó toda su leche en ella, tragándomela completita.

    —¡Uh! ¡La mejor cogida de mi vida! —Expresó el juez dirigiéndose a mi jefe—. Esta chica estuvo mucho mejor que Verónica.

    Ese pensamiento de caballerosidad que tenía acerca de él desapareció con ese comentario. El jefe se despidió de nosotros y se fue. No sabía que el juez se quedaría a dormir conmigo y eso sería parte del trato.

    Al amanecer, el juez me despertó con fragilidad y me pidió un mañanero. Se lo concedí, ya que me dijo que sería algo rápido, así que me puse en cuatro como me lo pidió y me cogió igual de duro y rico que en la noche, acelerando para venirse en mis nalgas en diez minutos.

    Luego de eso, se bañó, se vistió y se fue y a continuación hice lo mismo.

    Llegó la noche de ese miércoles y tuve que cumplirle a un sujeto más. Por suerte, volvió a ocurrir lo mismo que el lunes, el tipo se vino a la media hora de empezar y se fue, aunque éste cogió más suave y romántico, tenía un pene prácticamente diminuto y tampoco se preocupó por mi placer. Asimismo, el jefe volvió a filmarme y me permitió dormir de nuevo en su penthouse.

    Al día siguiente, me despertó algo tocando mis labios. Abrí los ojos y se trataba de mi jefe, quien estaba poniendo su pene en mi boca y me pidió que abriera la boca, a lo cual obedecí y me metió parte de su verga, bastante larga y gruesa.

    —Misión cumplida, soldada —dijo sin dejar de penetrar mi boca.

    —¿Quién es Verónica? —pregunté una vez que me saqué tantito su pene de la boca.

    —Mi anterior asistente, una señora de treinta y ocho años, pero que no le gustaba en la cama al juez.

    —Ya veo… ¿Y mamarle la verga a usted es parte del trato? —pregunté una vez más quitándome de la boca su falo.

    —Me quedé con ganas estos días —confesó.

    —¿Y por qué no lo hizo una noche que me quedé sola? —seguí interrogando.

    —Ya lo verás.

    Un minuto después, el jefe se corrió en mi boca y me tomé todo su semen.

    —Tengo eyaculación precoz. Te decepcionarías de estar conmigo —admitió con tono de voz serio.

    No mencioné una sola palabra. Cada quién se vistió y nos fuimos de ese hotel, yo a casa y él al despacho.

    Descansé el jueves y el viernes, como se me había prometido, y llegó el sábado, día en que volvería a ver a Lorenzo, mi profesor de biología de la secundaria.

    Tan pronto llegué y en menos de cinco minutos ya estaba sobre él dándome sentones suaves con su verga adentro, sentados ambos y yo acariciándole su nuca; él quiso que fuéramos directo a la penetración y no me negué.

    —Y bien, ¿ya pensaste qué carrera quieres estudiar? —me preguntó mientras follábamos.

    —Solo sé que derecho no quiero estudiar —contesté.

  • Vampiras de esperma

    Vampiras de esperma

    Estoy conduciendo por una carretera desolada en una tarde muy calurosa, cuando el motor se recalienta, dejándome a pie. Camino durante horas, hasta altas horas de la noche. Cuando estoy a punto de desmayarme, aparecen 5 hermosas chicas en motocicleta.

    Se ofrecen a llevarme y acepto ni lento ni perezoso. Llegamos a un campamento de verano abandonado, donde tenían su refugio. Pero no era un refugio normal, eran vampiras. ¡Vampiras de esperma! Poco después de mi llegada, me llevaron a una gran sala donde me esperaba en una especie de trono improvisado, una morena de ojos verdes y un cuerpo escultural, que deduje era la líder.

    «Tenemos un invitado, hermanas, hay que festejar» y empezó la celebración. Sedientas de mi esperma, me hicieron eyacular una y otra vez, sin descanso. Había escenas de sexo lésbico por todas partes, arañando y mordiendo entre rugidos salvajes, sus vaginas y ano siendo penetrados con grandes strapons.

    La reina siguió sentada en su trono, hasta que caí de bruces en mi litera, semi inconsciente por la continua eyaculación obligada. En ese momento se hizo el silencio, sentí unos pasos detrás de mí, pero no tuve fuerzas para levantarme. De repente sentí el contacto de su cuerpo desnudo que yacía sobre mí. Pero no fue lo único que sentí, algo estaba empujando mi ano, algo grueso y duro. Empujo en mi culo virgen.

    Sentí que mis entrañas se habrían, el dolor corría hasta la base de mi cuello, en la noche solo se escuchaban mis gemidos. Fue así por media hora, hasta que de repente me dio la vuelta y me lo metió en la boca, estaba untado con líquido pre-seminal, y algo de eses de mi culo, de repente eyaculó en mi boca, inundándolo con su esperma.

    Luego me miró a los ojos y me dijo «Ahora eres uno de nosotros, el esperma que te di te dará vida eterna. Pero solo debes alimentarte del esperma de otros como yo (transexuales), no lo busques en los hombres, será en vano, el de ellos, como el tuyo, solo alimenta a las hermanas”. Y desde entonces me paso las noches cazando chicas trans y alimentando a mis hermanas con mi esperma, fin.

  • No todos los tráficos pesados tienen que ser malos

    No todos los tráficos pesados tienen que ser malos

    -¿Qué haces? -Le pregunté a Raquel mientras miraba la hora en el tráfico pesado de las 5 pm del expreso.

    -Nada, tomándome una cerveza en la terraza mientras bajo revoluciones, me contestó.

    -Estoy en el, en un tráfico muy pesado cerca de tu apartamento y precisamente en eso pensaba, le respondí.

    Raquel es una buena amiga y compañera de mil batallas en la firma donde trabajaba. Siempre me atrajo, pero nunca paso nada entre nosotros. Por mucho tiempo fue mi compañera de parranda, cosa que era interrumpida cuando alguno de los dos comenzaba una relación.

    Me dijo que no quería salir, pero si quería pasara por su casa. Había ordenado una pizza y me dijo que la compartía conmigo. Llegue a su casa luego de comprar unas cervezas para ambos. Como era la primera vez que la veía luego de los eventos de la pandemia nos saludamos de puno y tratamos de guardar el distanciamiento. Le dije que me había hecho la prueba y casualmente ella también, ambos con resultados negativos lo cual hizo que nos quitáramos las molestosas pero necesarias mascarillas.

    En menos de veinte minutos nos pusimos al día en el aspecto profesional. La charla de la vida personal duro algunas 6 cervezas, la pizza y varios tragos. En esos temas se tocó el impacto del COVID en nuestras respectivas vidas sexuales. Ninguno de los dos había tenido sexo en por lo menos tres meses, cosa que dada a nuestra naturaleza se hacía bastante atípico. En más de una ocasión se bromeó con la idea de que si no aparecía alguna pareja para tener sexo nos buscaríamos para tenerlo entre nosotros dos.

    La última vez que ella me lo menciono le dije que sabía que ella finalmente no se atrevería. Me miró fijamente y me dijo que decía esas cosas porque ella sabía que yo sería quien finalmente cedería a la idea. Al sentirme retado le lance el reto de que si ella era valiente que me besara lo cual hizo sin pensarlo. Inicialmente me quede pasmado pues pensé que tendría que insistir más en mi petición. Nos separamos y me dijo que nos dejáramos de juegos volviéndome a besar. Esta vez mas apasionadamente y con entera cooperación de mi parte.

    Yo que estaba sentado me puse de pie y la arrinconé contra la barra donde estábamos bebiendo. Procedí a agarrarle las nalgas y los senos. Ella agarro mi paquete como palpando si realmente estaba completamente envuelto en lo que allí estaba pasando. No fue sorpresa que encontró mi paquete completamente endurecido. La volteé y comencé a besar su cuello, nuca y hombros mientras mis manos jugaban con sus senos. Le quite el traje que tenía puesto y quedo en ropa interior. Seguí acariciando sus senos, pero esta vez ya desnudos pues levanté su sostén. Con mis dedos acariciaba sus pezones mientras seguía comiendo su cuello y empezaba a hacerle presión en las nalgas contra mi pelvis haciéndola sentir toda mi erección.

    Bajé una de mis manos y lo metí por la parte delantera de su panty para encontrar toda la humedad que tenía. Usando mis dedos centrales comencé a frotar su clítoris en forma circular. Esto hizo que comenzara a gemir descontroladamente. Su excitación era tal que no pasaron un par de segundos cuando sentí un enorme chorro salir de entre sus piernas el cual me salpico todo el pantalón. No la deje casi terminar cuando usando los mismos dedos se los introduje de forma arqueada buscando su punto g. Algo me dice que lo alcance pues a medida que introducía mis dedos sus caderas se contorsionaban sobre mi pelvis con tan son que parecía estábamos bailando. Sus gemidos ya cubrían toda la terraza. Mientras seguía ella se dobló pegando sus pechos al tope de la barra. Yo moví mis dedos y comencé a penetrarla con ellos, pero esta vez desde su parte trasera hasta que volvió a bañarme con su chorro.

    Estaba tan excitado que desabroche mi pantalón y saque mi pene de él y comencé a cucarla pasando la cabeza por la superficie de su vulva. Esto creo una desesperación en ella de tal grado que me grito “Clavameee”. Al escuchar esto, eche una carcajada y la penetre sin avisar. Esto provocó un brinco y un gemido ahogado, casi de susto. Deje mi pene hundido para que lo disfrutara mientras este llenaba toda su cavidad. Poco a poco se fue relajando y cuando la vi quieta la agarré por las caderas y comencé a embestirla con firmeza. Nuestros cuerpos comenzaron a aplaudir aquella inusual situación entre ambos. La bebida hizo que ella disfrutara por largo rato de mis movimientos pues mi faena duro más de lo normal. Dentro de sus gemidos me pidió que me viniera afuera pues no teníamos protección. Seguí con mi ritmo hasta que una cosquilla aviso que tenía que retirarme. Poco después cubrí sus nalgas con el producto de aquellos tres meses de excitación. Me deje caer encima de ella, ambos sobre la barra. Luego de aquel encuentro ambos nos vestimos y nos quedamos dormidos en los muebles de la terraza.

    Al otro día nos levantamos, ninguno de los dos recordaba completamente lo que había ocurrido. Sabíamos que había pasado algo, pero las lagunas causadas por el alcohol no permitían que tuviéramos detalles. Unos días después me envió un video. Era lo que habían grabado las cámaras de seguridad de su terraza esa noche. Gracias a la tecnología aquel épico encuentro pudo ser disfrutado.

  • ¡Lléname el coño de leche, papá, llénamelo!

    ¡Lléname el coño de leche, papá, llénamelo!

    Esta es la historia de una joven que se casó a los diecinueve años embarazada y que llevaba una vida de perros. Se llamaba Agustina, y era una chica morena de ojos grandes color avellana, sus labios eran carnosos, su nariz chiquita, su cara redonda, su cabello negro y espeso le llegaba a la cintura. No era ni alta ni baja, estaba rellena, sin estar gorda, sus tetas eran grandes, su culo un señor culo, su cintura inexistente y sus caderas anchas.

    El marido se llamaba Rosendo, cuando se casaran tenía veinticinco años y era un mujeriego empedernido, lo que dice a las claras que no la atendía, bueno, sí, la atendía para insultarla y echarle las culpas de sus males.

    Su suegro se llamaba Pedro, tenía cuarenta y cinco años, era de estatura mediana, moreno y estaba aún de buen ver. Una tarde cuando Pedro fue a casa de su nuera a coger una escalera la encontró en bata de casa sentada en un sillón del salón dándole el pecho a su nieto. Ver la leche bajar por la teta hizo que su polla se pusiera tiesa y le hizo un tremendo bulto en el pantalón. Se sentó en otro sillón y Agustina, que le había visto el bulto, le dijo:

    -Vete, Pedro.

    -¿No me preguntas que vengo a buscar?

    -No hace falta, cada vez que sabes que tu hijo no está en casa vienes a lo mismo.

    -Hoy venía a buscar una escalera, pero…

    -Pero viste lo que no debías y se te puso dura. ¡Vete, coño!

    A Pedro le llegaba el olor de la leche materna y no era cuestión de abandonar a las primeras de cambio. Le dijo:

    -Tienes una teta preciosa. ¿La otra es igual de hermosa?

    Sus palabras violentaron a Agustina.

    -¡No tienes vergüenza!

    Pedro tenía la cara bien dura, ya que le dijo:

    -No, no tengo. ¿Se te moja el coño mientras mama el niño?

    -¿Por qué me haces esto?

    -Porque estás muy rica.

    Lo miró, y le dijo:

    -Se lo voy a decir a tu hijo. Le voy a decir que me acosas.

    -No creo, si se lo fueras a decir ya se lo hubieras dicho -sacó la polla empalmada y comenzó a menearla delante de su nuera-. ¿Te gusta?

    Agustina mirando cómo la cabeza de la polla aparecía y desaparecía debajo de la piel, le respondió:

    -¡Qué haces, cabrón!

    -Deja que me corra mirando para ti.

    Agustina estaba realmente enfadada.

    -¡¿Cómo te atreves a masturbarte delante de mí?!

    -Es para ver si te caliento.

    -Estás loco. Calentarme tú a mí. No me hagas reír. Guarda esa cosa.

    -¿Qué te apuestas que si miras cómo me la pelo acabas corriéndote en mi boca?

    -¡¿Yo?! Yo nunca haría tal cosa. Si tuviera cien euros los apostaba.

    Pedro ya la tenía donde quería.

    -Si pierdo te doy cien euros, si gano y te corres en mi boca no me tienes que dar nada, me conformo con conocer el sabor de una corrida de tu coño.

    -Trato hecho.

    Pedro recostado en el sillón siguió meneando la polla. Sabía casi a ciencia cierta que ese día iba a mojar, y lo sabía porque si Agustina no tuviera ganas ni cien euros ni hostias, se hubiera ido a su habitación. Le preguntó:

    -¿Te tiene bien atendida mi hijo?

    -Paso palabra.

    -¿Cuándo?

    -¿Cuándo qué?

    -¿Cuándo hiciste tú la última paja?

    -No te lo voy a decir.

    Agustina cambió al niño de pecho y dejó las dos tetas al descubierto. Le estaba dando más motivos para masturbarse. La polla de Pedro veía cómo la teta que acababa de ser mamada echaba leche por el pezón y su polla soltaba aguadilla sin parar.

    -Yo la hice ayer pensando en ti. Te hice todo lo que le hacía a la puta de mi mujer, te comí la boca, las tetas, el coño, el culo…

    -A lo mejor te dejó por cerdo.

    -Era ella la que me pedía que le comiera el culo y el coño. No había día en que folláramos y no se corriera en mi boca. ¿Ya te corriste en la boca de mi hijo.

    -No soy de esas.

    -¿Cuánto tiempo hace que no te corres con un hombre?

    Agustina acomodó la boca del niño en la teta.

    -No son cosas tuyas.

    -Eso me confirma que no estás bien atendida, pues debías estarlo, coño, debías, no debías pasar hambre de polla con el tremendo polvo que tienes. Sé lo jodido que es…

    Agustina mirando cómo se la pelaba, le dijo:

    -¡¿También te va el pescado!?

    -Hoy por hoy, si cojo un culo de hombre o de mujer lo reviento, pero no lo decía por eso.

    -¿Y por qué lo decías?

    -Porque sé lo jodido que es andar con ganas. Desde que me dejó mi mujer no he vuelto a probar un coño en mi salsa.

    Agustina no se lo podía creer.

    -¡¿Llevas cinco años sin follar?!

    -Cinco años, dos meses y unos días, ¿y tú?

    -Tampoco te voy a responder a esa pregunta.

    Agustina no llevaba nada debajo de la bata. Abrió las piernas y sin querer queriendo le enseñó al suegro su coño peludo. Dejó que se lo viera, cerró las piernas, y le dijo:

    -No me acordaba de que no llevaba bragas. ¿Qué es eso de un coño en tu salsa?

    No le contestó a la pregunta.

    -Abre otra vez las piernas que me quiero correr mirando para tu coño.

    Agustina abrió las piernas de par en par. Pedro la sacudió a toda mecha y se corrió sobre la alfombra.

    El bebé se había quedado dormido comiendo. Agustina guardó las tetas y llevó el niño a la habitación de matrimonio donde estaba la cuna. Pedro fue detrás de ella y al inclinarse para poner al bebé en la cuna, le apartó la bata para un lado y le arrimó la polla al coño. Agustina le dijo:

    -Estate quieto, Pedro.

    La agarró por la cintura y le frotó la polla entre las nalgas.

    -Llámame papá y deja que frote mi polla en tu coño, frotándola ya me corro otra vez, hija.

    -Vete a la mierda.

    -Más quisiera, pero no me dejarías comerte el culo, hija. ¿O sí?

    -No soy tu hija, cerdo.

    Agustina para apartar a su suegro de ella empujó con el culo y sintió cómo la polla pasaba entre sus labios vaginales. A Pedro se le encharcó la polla de jugos.

    -Estás muy mojada. Sé buena y deja que te haga disfrutar.

    -No, no quiero.

    Pedro le rogó.

    -Anda, bonita, deja que juegue con tu coño.

    Agustina ya estaba muy cachonda y se empezó a dar.

    -Sin meter. ¿Te vale?

    -Me vale.

    Agustina se dio la vuelta, se quitó la bata y quedó en cueros. Pedro vio sus tetas grandes con areola oscuras y tremendos pezones y su coño peludo, y le dijo:

    -¡Jesús qué buena estás, hija!

    Su boca mamó la teta derecha y se le llenó de leche que se tragó con lujuria, luego la otra, y después volvió a la teta derecha mientras la otra goteaba… Así estuvo casi cinco minutos, luego Pedro se puso detrás de ella, se agachó, le abrió las nalgas y le lamió el periné y el ojete. Agustina, inmóvil cómo una estatua, le dijo:

    -Eres un cochino, papá.

    Le mordió las nalgas, se las volvió a abrir, y volvió a lamer periné y ojete antes de follárselo con la punta de la lengua. Agustina, entregada al vicio, le dijo:

    -No debíamos hacer esto, papá.

    -Los dos lo deseamos. Agustina.

    -Hija, llámame hija.

    Pedro al oírla aún se puso más perro. Le dio la vuelta. Vio el coño de su nuera goteando y el interior de sus muslos mojados. Le pasó la lengua por la humedad de los muslos y después por el coño, Agustina le dijo a su suegro:

    -¡Allá van cien euros al carallo!

    Pedro volvió a lamer su coño de abajo a arriba. Agustina con los ojos cerrados se había metido en un mundo desconocido para ella hasta ese momento. Tenía la cabeza de su suegro entre las piernas y en su imaginación quien le lamía el coño era su padre.

    -¡Ay Rogelio que me corro! Sigue, sigue, sigue, que me corro. ¡Me corro!

    Se corrió cómo un torrente. Sus piernas comenzaron a temblar. Pedro la agarró mientras se retorcía y gemía cómo una posesa.

    Al acabar de correrse le siguió lamiendo el coño hasta que paró de abrirse y de cerrarse. Luego se levantó, y le dijo:

    -¿Me dejas ahora frotar la polla en tu coño?

    -No, no que después de frotar vas a querer meter, papá.

    -No, hija, no, me basta con frotar.

    Agustina se dio la vuelta, puso sus manos sobre la cama y se abrió de piernas esperando a que su suegro se la clavase hasta las trancas, pero le dijo:

    -¡Ni se te ocurra meter!

    -Tranquila, no meteré.

    Pedro, con la polla en la mano, se la frotó en el coño encharcado.

    -¿Quieres que te haga correr otra vez, hija?

    Agustina ya estaba acelerada e iba sin frenos.

    -Claro que sí, hazme correr las veces que quieras, pero sin meter.

    Pedro, sin dejar de frotar le dijo:

    -No hace falta meter, te puedo frotar la polla en el clítoris hasta que te corras. Solo tienes que echarte boca arriba sobre la cama.

    -Tú lo que quieres es follarme, falso.

    -¡Qué no, tonta! Frotando nos podemos correr los dos.

    -A ver si es verdad.

    Agustina se echó sobre la cama con los pies apoyados en el piso. Pedro se desnudó para que su nuera no se sintiese cohibida, luego frotó el glande con los labios del coño y con el clítoris. De las tetas de Agustina comenzó a salir leche que bajaba por ellas y caía en la cama. Pedro se inclinó, lamió los pezones y después mamó las tetas… Frotó la polla en el coño, metió la punta dentro de la vagina y luego acarició con el meato el glande del clítoris que estaba erecto y totalmente fuera del capuchón. Agustina, entre gemidos le dijo:

    -Me voy a correr, papá. Méteme la polla. La necesito dentro de mi coño.

    -Te prometí que no lo haría, cariño.

    -Yo no prometí nada.

    Agustina le cogió la polla, levantó la pelvis, la puso en la entrada del coño, le echo las manos al culo, lo atrajo hacia ella y la polla entró hasta el fondo. Pedro no pudo aguantar, la quitó, se corrió en la entrada del coño y se lo dejó perdido de leche. Al acabar de correrse, se arrodilló, metió la cabeza entre sus piernas, y antes de comérselo le dijo:

    -¡Me encantan los coños en su salsa!

    Le levantó las nalgas con las dos manos, le lamió el coño de abajo a arriba con su leche. Agustina le dijo:

    -Así que a esto le llamas coño en tu salsa. ¡Qué cochino eres!

    Se lo lamió dos veces.

    -Guarro.

    Se lo lamió tres veces.

    -Asqueroso.

    Se lo lamió cuatro, cinco, seis, siete, ocho, nueve, diez veces.

    -Ay que me voy a correr -le cogió la cabeza-. Sigue, papá.

    Lamió ocho veces más y Agustina, jadeando, se corrió a lo bestia diciendo:

    -¡Me viene!

    Su coño parecía las cataratas del Niágara, tanto jugo mucoso echó que Pedro se dio un atracón.

    Al acabar de correrse quedó cómo muerta, respirando con mucha dificultad, pero con una sonrisa tan dulce que daban ganas de comerla a besos. Pedro se echó boca arriba sobre la cama. Agustina le preguntó:

    -¿Quieres seguir?

    -Si quieres…

    Agustina cogió la polla, que estaba a media asta, la apretó contra el cuerpo de su padre y le lamió y chupó los huevos, uno a uno y los dos juntos, luego con la polla a lo largo de la palma de su mano lamió desde la base hasta el frenillo, después chupó la cabeza y apretó la base mientras le acariciaba los huevos con la otra mano. Al tenerla casi dura, la metió entre sus tetas, la apretó y se la folló mientras sus tetas echaban leche en cantidad que ella al masajearlas usaba como si fuera crema. Al tener la polla dura cómo una roca subió encima de él, se abrió de piernas, froto la polla en el coño y en el ojete y le dijo:

    -¿Dónde quieres meterla?

    -En el culo.

    -En ese caso prepáralo.

    A Agustina le había gustado que le comiera el culo, se lo puso en la boca y Pedro se lo lamió y se lo folló con la punta de la lengua. Luego Agustina bajó frotando el coño contra el cuerpo, y dejando una estela de babas se encontró con la polla tiesa entre sus nalgas. Pedro la cogió y se la puso en la entrada del ojete. Agustina lo besó. Al tiempo que su lengua entraba en la boca de su suegro empujaba con su culo y la cabeza de la polla entraba en su culo. Lo folló apretada a él con las tetas mojando su cuerpo de leche… Tiempo después, frotando su clítoris contra la pelvis de su suegro, le dijo:

    -¡Córrete conmigo, papá!

    Pedro sintió cómo el ojete apretaba su polla y cómo el coño bañaba sus huevos con una tremenda corrida. Al acabar de correrse se la quitó del culo y la folló a lo bestia… Al ratito Agustina sintió que iba empezar a correrse de nuevo y se lo dijo:

    -Me voy a correr otra vez, papá.

    -¿Tomas precauciones, hija?

    -No.

    -Hay que andar con mucho cuidado porque yo también estoy a punto.

    Agustina estaba tan cachonda que ni lo escuchó.

    -¡Dame más fuerte, más fuerte, más fuerte! ¡Me voy a correr!

    -¡Y yo!

    -¡Lléname el coño con tu lecha, papa, llénamelo!

    Pedro le llenó el coño de leche a su nuera y ella le bañó la polla a él con una brutal corrida mientras se devoraban las bocas en medio de un temporal de placer.

    ¿Queréis saber si la dejo preñada? Pues claro que la dejó, coño, claro que la dejó.

    Quique.

  • Ssshhh

    Ssshhh

    Acababa de llegar a casa después de dejar a mi madre y mi hermana pequeña en la estación de tren, íbamos a estar las tres solas en la playa durante una semana, vacaciones de chicas como decía mi hermanita, pero en el último momento yo no pude ir por motivos de trabajo. En el salón me encontré a los chicos de la casa, mi padre, mi hermano, mi primo Cesar y Jaime un amigo de mi hermano que estaban discutiendo sobre… como no, fútbol, siempre estaban igual y me preguntaba que verán los hombres en ese deporte que los pone a discutir por cualquier tontería.

    No me apetecía estar allí con ellos, discutiendo acaloradamente, para calor el que hacia esa tarde así que ignorándoles me subí a mi cuarto con la más que acertada decisión de quitarme la ropa, ponerme el bikini y salir a la piscina a refrescarme y tomar el sol tranquilamente mientras leía un libro, nada más pasar el marco de la puerta ya me estaba desabrochando la blusa quedándome en sujetador, luego los pantalones y así medio desnuda abría un cajón para coger un bikini, me miraba en el espejo medio desnuda y veía las marcas del sol que como un tatuaje blanco quedaban en mi piel por la parte de la braga y los pechos del sostén del bikini, había que remediar esas marcar fuera como fuera y estaba todavía a tiempo al estar a primeros de julio.

    Subiéndome la braga del bikini empecé a sentirme observada, notaba una presencia y presentía que alguien me había estado mirando durante todo el tiempo, viendo como me quitaba la ropa y como me quedaba desnuda mirándome al espejo, sin embargo no había nadie, si es cierto que la puerta de mi habitación estaba abierta y yo juraría que la cerré, pero la verdad que al no ver a nadie supuse que eran cosas mías.

    Bajé con una toalla, crema bronceadora y un libro dejándolo todo en la tumbona, hacía calor y después de darme la crema por el cuerpo, de estar relajada un poco tomando el sol, me até el pelo con un moño para no mojármelo y me metí en la piscina nadando un par de largos y una vez más esa sensación de sentirme observada y no es que me importase, pero era intrigante, pensaba que quizás mi hermano o mi primo Cesar que estaban los dos salidos eran los que me miraban, quizás Jaime su amigo que era un chico que la verdad que estaba muy bueno, con unos ojazos grandes y una mirada felina, he de reconocer que el chico me gustaba y me excitaba pensando que era él quien me miraba a escondidas.

    La puerta del jardín sonó al cerrarse y oí como se iban todos de casa, más tranquilidad pensé, pero al cabo de media hora sentí nuevamente esa sensación y sin embargo no había nadie, me acababa de dar la vuelta y estaba tumbada boca abajo cuando empecé a pesar en Jaime, le podía ver mirándome detrás de la puerta, viendo como me desnudaba y como me ponía el bikini, como me quitaba las bragas despacio, inclinándome y dejándole ver mi vulva por detrás, como me miraba al espejo tocándome los pechos y me ponía el sostén del bikini estando desnuda todavía por la parte de abajo, enseñándole mi vulva por delante, con un monte de Venus prácticamente sin vello por habérmelo depilado un poco, podía ver su cara, mirándome con esos ojos llenos de deseo al verme poner la braga del bikini muy despacio, tapándome por fin el sexo.

    Estaba absorta en estos pensamientos, un poco excitada por ellos y no me di cuenta de que alguien estaba sentándose en la tumbona, poniéndome una venda negra en los ojos y cuando quise reaccionar, cuando me iba a dar la vuelta sentí unas manos sobre mi espalda me impedían levántame a la vez que oía.

    -Ssshhh

    Me había puesto la venda en los ojos y echándome un poco de crema me estaba dando un pequeño masaje en mi espalda, notaba como sus manos se deslizaban por mis brazos y mi espalda, como me acariciaba con la yema de los dedos, desatándome las lazadas del sostén tanto en el cuello como en mi espalda, me sentía rara, sabía que podía confiar en aquella persona que por otra parte me impedía moverme, estaba excitada por lo que había estado pensando antes con Jaime, pero sobre todo por esas caricias que empezaron a tener otras metas como acercarse a mis pechos por el costado o meterse un poco por debajo de mi bikini hasta tocar con sus dedos la separación de mis glúteos y una vez más quise darme la vuelta, y una vez más oí.

    -Ssshhh

    No sé por qué no forcé más la situación de levantarme, quizás porque sabía o esperaba que fuera Jaime.

    Habíamos estado tonteando ya algunos días atrás, sabía que yo le gustaba y él a mí, habíamos estado bebiendo de nuestros labios, le había dejado que dibujase mi cuerpo con sus manos y si no llega a ser por mi hermano que nos vio y vino a fastidiarnos, quizás esa noche habría pasado algo más y no estoy hablando de hace mucho tiempo, estoy hablando de hace dos o tres noches.

    Sus manos se internaban en mis piernas, en mis muslos, primero por fuera y luego haciendo que abriera un copo mis piernas por el interior de ellos, cuidándose mucho de momento de no llegar muy arriba, tenía unas manos suaves y surcaba mi cuerpo suavemente, resbalado por mi piel tostada debido al sol, volvía a subir a mi cuello y volvía a bajar despacio, pero esta vez profundizando más por mi costado, tocándome los pechos casi hasta mis pezones, luego más abajo metiendo sus dedos por debajo de mi bikini cogiendo y apretando mis glúteos, subiendo por el interior de mis muslos llegando a tocar la frontera de mi piel con el bikini, acariciando parte de mis labios inferiores haciendo que me revolviera un poco y enseguida se oía decir.

    -Ssshhh

    En esos momentos estaba ya demasiado excitada y mis labios húmedos fueron los primeros en sentir sus caricias cerca de la entrada rosada de mi vagina, hasta un pequeño gemido salió de mi boca cuando le note como se levantaba y se iba dejándome tremendamente excitada. Esperé algo de tiempo para ver si se venía, pero al final me quite la venda negra y me metí de cabeza en la piscina para apagar el fuego que tenía en mi interior.

    Pase la noche pensando, sintiendo nuevamente las caricias sobre mi cuerpo y al día siguiente nuevamente en la piscina, una vez más tomando el sol y una vez más sorprendiéndome sin que yo me entera de como llego, me volvió a poner una venda esta vez roja en los ojos, una vez más intente hablar, intente levantarme, pero nuevamente me hacía callar con un:

    -Ssshhh

    Solamente ese sonido salía de él mientras que sus manos ahora sin crema empezaban a recorrer mi cuerpo por la espalda, desabrochando mi sostén, volviéndome a excitar, hacer que mi vagina se humedeciera tanto como para mojar el bikini, sentía sus dedos entre mis muslos con la intención de continuar lo que dejaron ayer a medias y cada vez que yo intentaba algo solo tenía por respuesta.

    -Ssshhh

    Sus dedos habían penetrado por debajo de mi bikini y acechaban la entrada a mi sexo, cada vez más caliente, más excitada que pequeños gemidos salían ya de mí, sentí como paro y sacando los dedos me empezó a quitar la braga del bikini despacio, estaba tan nerviosa, pero con tanto deseo de estar con el que le ayude levantando un poco mi vulva de la tumbona para que me las pudiera sacar con más facilidad, sentía las yemas de sus dedos acariciar mi espalda y unos pequeños besos con sus labios sobre ella, estaba sentado a mi lado cuando olí a fresas, cuando note sobre mis labios como pasaba un fresón de lado a lado, haciendo que lo mordiera, que me comiera era fruta de la pasión, cuando una vez más sus manos acariciaban mi espalda pero con una compañera entre sus dedos.

    Dibujaba mi espalda con un fresón, bajando con extrema suavidad tanto que sentía escalofríos en mi cuerpo, poco a poco iba bajando hasta llegar a mis glúteos y como escalando una montaña paso por encima de ellos para bajar ladera abajo, hasta topar con mi vulva, con el fresón entre sus dedos iba abriendo un poco más mis piernas, para que con el fresón saltara a la parte interna de mis muslos, bajando por ellos hasta llegar otra vez a mis labios vaginales y metiendo la fresa entre ellos, como si fuera una locomotora de pasión me buscaba el clítoris, rodeándolo, pulsándolo, haciendo que mis gemidos fueran más continuos y altos.

    Sentía como subía con el fresón hasta mi vagina, de un lado a otro de mi entrada, hundiendo poco a poco el fresón dentro de ella, jugando con mi vulva, metiendo y sacando el fresón de mi vagina para luego subir nuevamente por mi cuerpo para que me lo comiera, un fresón con sabor a mí, a mis flujos, estaba tan excitada que de mi vagina resbalaban pequeñas gotas de flujo, preparada para lo que viniese después, preparada para sentir como se ponía de pie con sus piernas a ambos lados de mi cuerpo y su pene golpeando mis glúteos, nuevamente me revolvía y nuevamente le escuchaba decirme.

    -Ssshhh

    Estaba ya deseando ese momento, deseaba que Jaime o quien fuera me hiciera suya penetrando en mi interior, notaba como su glande buscaba mi vagina y como se iba hundiendo dentro de mí, solo unos pequeños centímetros para luego sacarla y una vez más en ese estado me dejó, una vez más se levantó y se marchó y para cuando me di cuenta estaba otra vez sola, con mi vagina tremendamente mojada, le había tenido dentro de mí unos segundos, su glande había penetrado en mi fortaleza una par de veces para luego marcharse, pero esta vez en vez de tirarme a la piscina me puse el bikini corriendo y salí detrás de él aunque ya me llevara bastante ventaja.

    En mi casa no había nadie, solo mi padre que miraba nervioso y sudando en la televisión un partido de fútbol, pero ni rastro de Jaime, ni de mi primo o del que esperara que no fuera de mi hermano, nadie tampoco en el jardín, ni en la casa ni tan siquiera en la calle.

    Esa noche aunque un poco molesta, volvía a soñar con él, con ellos, con sus caricias, con la ternura del fresón, con su glande penetrando mi vagina aunque fuera prácticamente anecdótico y pensando en el día siguiente, ¿volvería?, ¿qué me haría esta vez?, ¿jugaría conmigo y ya está?, o me haría el amor por fin.

    La mañana siguiente, era sábado y todo el mundo se había ido menos yo que bajé otra vez a la piscina, nuevamente con mi toalla, con mi crema y mi libro, dándome un baño, nadando un par de largos y salir mojada para tumbarme al sol, pero esta vez cambié mi itinerario, me tumbé boca arriba desnuda tanto mis pechos como mi sexo sin prendas de tela que los ocultasen, sin nada puesto en mi cuerpo salvo la venda negra del primer día que yo ya me había puesto sobre los ojos.

    No pasó ni media hora cuando oí la puerta del jardín abrirse y cerrarse, estaba nerviosa ¿y si me equivocaba?, no sabía quién realmente había entrado, esperaba a Jaime, era lo más lógico, pero ¿y si era mi hermano?, o peor aún mi padre, el caso que ya no había marcha atrás y esperaba tumbada en la tumbona desnuda a quien me había provocado aquellas sensaciones aquellos días atrás, notaba como alguien se acercaba y como se sentaba nuevamente a mi lado, intente hablar con él, decirle que le estaba esperando cuando una vez más noté como un dedo me tapaba los labios y volvía a escuchar ese siseo que ya me era tan familiar.

    -Ssshhh

    Una vez más me cayó cuando empezaba sus juegos con mi cuerpo, a pasar las yemas de sus dedos por cada curva, por cada centímetro de mi piel bajándome la rodilla que la tenía flexionada y abriéndome un poco las piernas estirándomelas las dos, que sería hoy, la crema, sus manos desnudas, más fruta de la pasión, esperaba y mientras lo hacía me excitaba más mordiéndome el labio inferior con mis dientes, sin apenas tocarme mi sexo ya rezumaba deseo, mi vagina ya mojada al igual que mis labios vaginales que esperaban impacientes sus caricias, pero esta vez fue diferente, esta vez fui yo quien empezó al notar como su pene rozaba mis labios, no me dejó cogérselo, simplemente me regañó al hacerlo, simplemente paró en seco mis manos cuando fueron en su busca diciéndome.

    -Ssshhh

    Mis labios besaban su glande, mi lengua lamía aquel caramelo carnoso rodeando de deseo, mi boca empezaba un baile con su pene, abrazándolo y mojándolo con mi saliva, entrando y saliendo de mi boca, mordiéndolo con mis labios y succionándolo, poco a poco la velocidad iba en aumento así como mi excitación, esta vez si pensaba, esta vez sí me la meterá y no se largará, tenía tantas ganas de disfrutar de aquel pene entrando y saliendo de mi vagina que no me di casi ni cuenta que empezaba a gemir, que cambió los ssshhh por gemidos, la primera vez que le escuchaba otro sonido y me resultó no solo conocido sino delicioso.

    Mis labios se deslizaban con velocidad por aquel tronco tan duro y grande que de pensar que dentro de nada lo estaría sintiendo en mi vagina hacia que mojase más la misma y parecía que llegábamos al fin a esa etapa cuando me retiro el caramelo de mi boca, esperaba ahora pacientemente con todos mis sentidos puestos en él salvo la vista y note como una vez más se sentaba a mi lado y una sensación de frio me invadió, frio y excitación a la vez cuando sentí un hielo sobre mis labios, bebiendo el agua que se iba derritiendo en ellos.

    La piedra de hielo se iba consumiendo por mi cuerpo ardiente de deseo, se iba convirtiendo en agua al paso por mi boca y por mi cuello, una piedra nueva de hielo fue la que me hizo retorcer mi cuerpo a la vez que gemía cuando me rodeo las areolas y escalaba hasta la cima de mis pezones, de un lado a otro de mis pechos, recorriendo toda la redondez de estos, sintiendo como pequeñas gotas se desprendían y empezaban una breve carrera muriendo sobre mi piel caliente, el hielo bajaba por mi vientre y justo detrás sus labios iban recogiendo el rio que dejaban tras de sí, besándome y calentando lo que el hielo iba enfriando.

    Mis manos apretaban mis pechos cuando con una piedra de hielo empezó a subir por mi monte de Venus, con poco vello y acercándose al incendio que tenía entre mis piernas, el primero en ser rescatado de las llamas, de ser refrescado fue mi clítoris que parecía estar incandescente, había aumentado bastante su tamaño y sentía el frio del hielo y el calor del cuerpo mientras gemía ya de forma incontrolada, sus dedos lo guiaron metiéndolo por medio de mis labios refrescándolos hasta llegar a mi vagina que se fundía al momento de tocarme la entrada a mi interior, pequeñas gotas empezaban su pequeña aventura hasta ser absorbidas nuevamente por mi piel.

    Se había levantado de mi lado y lo sentía de pie frente a mí jugando con el hielo sobre mi sexo, me había abierto bastante de piernas y jugaba con su lengua en mi clítoris, luego mi vagina sentía como un hielo se metía en ella pasándomelo con su boca, metiéndomelo dentro de la vagina enfriando el infierno que estaba desatándose dentro de mí, dejando allí dentro un pequeño trozo de hielo y sintiéndole como se tumbaba sobre mí y como su pene empezaba a empujar aquel pequeño trozo de hielo a mi interior que termino por fundirse prácticamente al momento cuando por fin sentí como su pene y no solo su glande se metía en mi vagina hundiéndose muy profundamente en mí y arrancándome un pequeño grito mientras mis brazos y mis piernas le rodeaban.

    Por fin lo tenía dentro de mí, por fin el deseo hecho realidad, quiso enfriarme con hielo, pero me encendió bastante más y ahora solo podía ayudarme acabando lo que había empezado, sacar y meter su polla de mi coño era la mejor medicina que en estos momentos me podían recetar y doy fe que el tratamiento lo estaba cumpliendo a rajatabla, solo hacía falta escuchar mis gritos de placer cuando su pene entraba y salía de mi vagina, navegando en un mar embravecido, con pequeños terremotos en mi interior cuando le presionaba con mis músculos su pene, rozando una y otra vez con fuerza nuestros sexos causándonos gran placer a los dos.

    Estaba tan caliente, tan excitada que su polla se metía con tanta facilidad dentro de mí que hacía que al notarla entrar hasta el fondo le arañara con las uñas toda la espalda, le estaba marcando como a una res para que todas supieran que era mío y de nadie más, sus labios junto a los míos, pero no me besaba, él seguía haciendo esfuerzos, sudando cada vez más, metiéndomela y gimiendo del placer que le causaba al metérmela con tanta lubricación y con tanto roce en mi vagina al apretarle el pene con mis músculos.

    De repente me la sacó y cogiéndome casi en vilo me puso en la tumbona a cuatro patas, quería follarme como a una perrita y una vez en posición, con su mano guiando su pene hasta la entrada a la vagina la metió una vez más, primero medio tumbado en mi espalda con sus manos apretando mis pechos a la vez que me los juntaba, varios empujones y sus manos pasaron a ser parte de mis caderas moviéndome hacia adelante y hacia detrás hundiendo su pene dentro, muy dentro de mí, cada vez con más fuerza y con más velocidad, haciendo que mis pechos se golpearan el uno contra el otro o contra mi cuerpo cada vez que me la metía.

    Terminé por apoyar mis codos y mi cabeza sobre la tumbona haciéndome gemir y gritar de una forma ya escandalosa, sin pensar ni importarme que alguien me pudiese oír, mi vientre se hinchaba de ardor cuando la metía y mis piernas temblaban cuando la sacaba inundando mi vagina de mis flujos y recibiendo con agrado un enorme gemido cuando note como se corría en mi interior, golpeando bruscamente con dos tremendos chorros de su semen caliente mi vagina.

    No tardó en marcharse tal y como había llegado, no llegué a verle, pero sabía que era él, creía firmemente que era Jaime con quien había disfrutado tanto follando, quien sino más que él, esa tarde ya llegaba mi madre con mi hermanita, y por la noche al acostarme mi padre vino como cada noche a darme las buenas noches.

    -Buenas noche mi princesa, ssshhh, que descanses bien esta noche.

    -Buenas noches pa… ¡¡¡papá!!! -Le miraba extrañada, aquel sonido y no solo eso, cuando se dio la vuelta su espalda, su espalda estaba llena de arañazos, arañazos que muy posiblemente se los hiciera yo.

    -Ssshhh, ahora duerme mi princesa ssshhh.

  • Prostituta

    Prostituta

    Estoy sentado en la barra tomando una copa cuando veo que alguien se pone a mi lado:

    —Hola guapo. —Me dice una voz femenina al oído algo ronca, pero muy sensual.

    Una mano se posa encima de mi muslo y empieza a acariciarme. Me giro sobre el taburete y veo que la mano pertenece a una mujer bastante atractiva.

    —Hola guapa.

    Le miro el generoso escote con descaro. Tiene un buen par de tetas embutidas dentro de una blusa ajustada que le marca los dos pezones con claridad. No lleva sostén.

    —¿Estas solo?

    Ella no deja de sobarme la pierna. Tiene unos labios grandes y sensuales, muy rojos.

    —Es posible. ¿Por qué?

    —Porque sería una pena que un chico tan guapo como tú estuviera solo en una noche como esta.

    Ella se tiene que acercar mucho a mí para poder hacerse oír por encima de la música. Su aliento huele a fresa y es muy cálido.

    —Bueno, a lo mejor me gusta la soledad y prefiero estar solo. —Me hice de rogar.

    Ella me hace morritos sin dejar de tocarme.

    —Ay, qué mal suena eso, con lo bien que se está en compañía. ¿No te gusta estar con chicas?

    —Depende de cómo sean esas chicas.

    —Hmmm… ¿Y qué chicas te gustan a ti?

    Su mano ya está tocándome la parte interna del muslo, acercándose cada vez más a mi bragueta.

    —Me gustan las chicas malas. ¿Tú eres mala?

    Ella me agarra el paquete, se inclina sobre mi cara, acercando su boca a la mía y me dice con voz sensual:

    —Yo soy muy, muy, muy mala.

    Yo sonrío con malicia y le dejo que me sobe la polla por encima de la ropa. Llamo a la camarera y pido un par de copas mientras la mujer se pega más a mí. Le miro las piernas: largas y de muslos generosos, saliendo de unos tacones de aguja y acabando en una minifalda de escándalo. Mi polla se endurece y ella lo nota:

    —¿Cómo te llamas, cielo? —Me dice con la boca tan pegada a la oreja que su aliento me humedece el oído.

    —Julián —mentí yo—. ¿Y tú?

    —Yo puedo llamarme como tú quieras.

    —¿Mónica?

    —Hola Julián, me llamo Mónica ¿Cómo estás?

    —Hola Mónica. —Le sigo el juego—. Muy bien. ¿Y tú?

    Ella me aprieta el cipote por encima de la bragueta, pega sus tetas contra mi hombro y mete su lengua en mi oreja cuando me susurra:

    —Yo estoy caliente…

    Me coge una mano y la mete entre sus piernas, debajo de la minifalda. No lleva bragas y compruebo con agradable sorpresa que no miente. Su coño rasurado está ardiendo.

    Le beso en la boca, saboreando sus labios rojos y generosos, muy húmedos. Saben a fresa. Ella me aprieta más la mano contra su raja. Noto que se abre con mucha facilidad, permitiendo que mis dedos se cuelen entre los pliegues resbaladizos de su vulva. Ella me muerde el lóbulo de la oreja.

    —¿Soy lo bastante mala para ti?, ¿te gusto?

    —Quizás.

    Ella me hace un mohín, frunciendo esos labios tan carnosos de una manera muy cómica y me suelta la bragueta. Yo también retiro mi mano de su interior.

    —Eres muy malo, Julián.

    Sale a la pista de baile y comienza a bailar, exhibiéndose delante de mí, enseñándome su cuerpo, meneando las caderas de forma sensual y haciendo como que me ignora. Mi polla late con rabia entre mis piernas cuando ella se agacha y me ofrece una visión fugaz de su culo, con los labios del coño asomando levemente por debajo.

    Un tipo borracho se pone junto a ella y comienza a bailar siguiendo sus movimientos, desnudándola con la mirada e insinuándose. Mónica me mira y pega su trasero contra las piernas del tío para ponerme celoso. Él le agarra las tetas y yo me bajo del taburete. Ella se despega del borracho como puede, gesticulando y sonriendo, intentado que el tipo no se lo tome a mal. Ella viene hacia mi seguida por él, que no deja de tocarle el culo. Aflojándome el nudo de la corbata me acerco y le pongo una mano en el pecho:

    —Está conmigo.

    El tío me aparta la mano de un golpe y empieza a protestar, pero se detiene cuando ve la expresión de mi cara. Yo le repito:

    —Lo siento, amigo, pero ella está conmigo. —Y para restarle hierro al asunto añado sonriendo: “Ya le he pagado”.

    El tipo tarda unos segundos en asimilar la información. Al poco me sonríe y le guiña un ojo a Mónica, que se había puesto detrás de mí. El tío regresa a la pista de baile dando tumbos. Mónica me da las gracias con un beso muy largo. Mi polla está muy tiesa dentro de los pantalones y ella lo nota cuando pega su vientre contra ella. Pago las copas, la agarro de la cintura y le digo:

    —Vámonos.

    La llevo hasta un hotel de carretera. Durante el trayecto ella me enseña las tetas a petición mía, permitiéndome que le pellizque los pezones. Los tiene muy gordos. También me enseña el coño y cuando nos detenemos en un semáforo ella me muestra el color rojo intenso del interior de su almeja, abriéndosela tirando de los labios menores. Mónica es bastante guarra.

    Al llegar al parking del hotel ella me pregunta:

    —Julián, cielo ¿podrías prestarme algo para la máquina de condones?

    Era una pregunta en clave: en realidad me estaba pidiendo el dinero del servicio.

    —¿Cuánto necesitas?

    —Depende… ¿Cuánto tiempo estaremos, cielo? —Su voz, dulce y sensual chorrea de sus labios como si fuese miel.

    —Había pensado en pasar el resto de la noche… y quizás parte del día siguiente. ¿Puede ser?

    Ella me sonríe con picardía y me dice que no hay ningún problema, siempre que tenga el dinero. Me dice una cantidad bastante elevada y yo hago amago de dársela allí mismo pero ella me aconseja que espere a entrar a la habitación.

    Una vez dentro me pide que deje el dinero para los condones sobre la mesita. Así lo hago. Antes de cogerlo me dice:

    —Pero a lo mejor quieres hacerlo sin condón… En ese caso necesitaré comprar pañuelos.

    Le digo que me apetece hacerlo sin condón y dejo sobre la mesilla el precio de los pañuelos. Mónica usa una marca de pañuelos muy cara.

    Ella se guarda el dinero, nos desnudamos y entramos al baño. Allí nos duchamos juntos. Ella me limpia la polla y el culo con jabón y luego hace lo mismo con su coño y con su culo. Yo me lo paso bomba mirando su cuerpazo desnudo. Está muy maciza, con unas caderas generosas y unos pechos muy firmes. Salimos de la ducha y ella me seca con una toalla, poniendo especial interés en no frotarme la polla o las pelotas para no correrme antes de tiempo.

    Cuando termina me tumbo en la cama boca arriba y ella, antes de entrar me pregunta:

    —¿Luz encendida o apagada?

    —Encendida.

    Ella sube a la cama, me agarra la polla y se la mete en la boca, chupándome el cipote como si fuese un caramelo. Con la otra mano me acaricia los huevos.

    —¿Te gusta, cielo?

    —Hmmm… sí…

    Ella sonríe, restregándose mi verga por las mejillas sonrosadas.

    —Tienes un polla muy hermosa… —Acto seguido se la traga hasta el fondo, dejando que mis testículos se agolpen en su barbilla.

    Levanta la cabeza muy despacio y con la boca llena de babas me dice:

    —Agárrame del pelo, machote.

    Yo le obedezco y le cojo de los pelos con las dos manos, acompañando el movimiento de su cabeza. Ella se lo traga todo muy despacio, desde la punta hasta la base, respirando lentamente por la nariz. El aire que expulsa arde sobre el tronco de mi polla. Entre gemidos le digo:

    —Me gustaría comerte el coño.

    Ella no dice nada, pero gira su cuerpo sin sacarse la polla de la boca y coloca las piernas a ambos lados de mi cabeza, poniendo su coño a un palmo de mi cara para que hagamos un sesenta y nueve. Yo le abro la raja y meto mi lengua dentro, repasándole una y otra vez la carne sonrosada del interior, que está muy caliente. El coño de Mónica tiene muchos pliegues y protuberancias que en ese momento están muy resbaladizos. También tiene el orificio de la vagina dilatado y la pepita asoma bastante fuera de la capucha. Su coño chorrea.

    —¿Estás cachonda?

    Ella sigue chupándome la polla sin decir nada, pero su almeja está muy mojada y resbaladiza. Seguimos en esa postura un rato hasta que le pido follarla a cuatro patas. Ella se pone en posición, yo le agarro de las caderas y le froto la polla por la raja un rato antes de empujarla dentro. Su vagina se traga mi rabo entero, resbalando sin encontrar resistencia. Ella gime. Su interior se adapta a mi verga como un guante. Un guante húmedo, cálido, resbaladizo y palpitante. Mónica tiene un culo fantástico y no me resisto a azotarlo.

    Ella da un gritito y con voz juguetona protesta:

    —Oye, ten cuidado…

    —¿Qué? ¿Acaso no lo he pagado?

    —Vale… pero sin pasarte…

    Yo le sigo follando por detrás y dándole cachetes un buen rato hasta que se me antoja meterle un dedo en el culo. Ella se deja. Eso me pone muy cachondo y acelero el ritmo, metiéndole el dedo entero. Ella vuelve a gemir. Mis huevos chocan una y otra vez contra su coño cada vez que mi verga, engrasada con los jugos de Mónica, se hunde en su vagina hasta el fondo. Le toco el interior del ojete con mi dedo, lo saco y me lo chupo, probando el sabor de su ano.

    —Mónica… Quiero hacértelo por el culo…

    Ella no me contesta, pero se baja de la cama, abre su bolso y extrae un tubo de vaselina.

    —Túmbate. —Me pide.

    Yo le obedezco y ella me unta la polla con una generosa cantidad. Me repasa el pijo suavemente, extendiendo la grasa por todo el tronco y el carajo con parsimonia, girando la muñeca y pasándome el pulgar por todo el cipote en círculos. Casi me corro en su mano. Luego ella se vuelve a echar otro pegote en la mano y se la pasa por el culo, engrasándose el ojete a conciencia y dilatándolo con sus propios dedos. Cuando cree que está lista se pone en cuclillas sobre mi verga.

    Me pone una mano en el vientre para apoyarse y con la otra me agarra la polla. Mónica se deja caer sobre mi rabo con suavidad. Primero la punta se aplasta en su culo, apenas entrando un poco. Ella se levanta y vuelve a caer, repitiendo la operación una y otra vez, introduciéndose poco a poco mi verga dentro del agujero. Cuando le entra la cabeza el resto se desliza con suavidad. Durante toda la operación el coño de Mónica no ha dejado de expulsar cremosos fluidos.

    —Jodeeer… —Gimo.

    El ojete de Mónica es una verdadera delicia. Sus paredes cálidas me estrujan la polla en toda su extensión, especialmente en el glande, dándome un placer enorme. El aire, cuando sale de su culo taponado, hace un ruido muy característico. Mónica sube y baja en cuclillas, dejando todo el peso muerto de su cuerpo sobre mis muslos cuando llega hasta abajo. En ese momento noto su culo prieto rozándome los cojones. Yo levanto las manos y le agarro las tetas con pasión, apretándole los gordos pezones. Ella sube y baja muy despacio, dejando una pátina de grasa brillante a lo largo de mi rabo tieso y lleno de venas.

    Su coño, expuesto en toda su gloria en esa posición, está muy rojo, con los labios salidos y el clítoris erecto. Lo tiene todo empapado. Suelto una de sus tetas y se lo acaricio. En seguida ella pone una mano sobre la mía y me indica ella misma qué lugares y de qué manera he de tocárselo, ayudándola a masturbarse mientras se empala mi polla en el culo. Yo le vuelvo a preguntar:

    —¿Estas cachonda, nena?

    Por respuesta ella se muerde el labio inferior, respirando muy fuerte y acelerando el ritmo. Los golpes de su culo contra mis huevos amenazan con provocarme un orgasmo. Ya estoy casi a punto.

    —Mónica… en tu boca… ya…

    Ella se aparta obediente de encima y se tumba en la cama. Yo me pongo de rodillas a horcajadas sobre ella, apuntando con mi polla a su cara. Ella levanta la cabeza y me lame el cipote grasiento y colorado recién salido de su ano. En ese momento me doy cuenta de que es la primera vez que alguien me la chupa después de haberle dado por el culo. Yo le agarro del pelo y empujo para que me la chupe. Ella abre la boca y se mete el glande, muy rojo y viscoso entre los labios, chupándolo y relamiéndome la punta.

    Por los ruidos que me llegan por detrás sé que ella se está masturbando con fuerza. Le vuelvo a preguntar:

    —¿Te gusta, eh?… —Hago una pausa— ¿Te gusta mamar pollas recién enculadas, puta?

    Ella jadea y se mete mi polla hasta la garganta, aspirando con fuerza, haciéndome el vacío dentro de su boca y estrujándome los cojones con una mano. Me corro dentro con una serie de descargas interminables, llenándole la boca con tanto semen que se le desborda por los lados. Me tumbo sobre ella y le beso la boca, limpiándole la cara con la lengua; le beso el cuello, los hombros y los pechos. Bajo por el vientre y mi lengua se une a sus dedos dentro de su coño, ayudándola a masturbarse.

    Ella me agarra del pelo y se retuerce de placer sobre la cama, gimiendo y jadeando, abriendo y cerrando los muslos. Yo le meto la mano entre ellos y vuelvo a perforarle el culo con dos dedos sin dejar de lamerle el coño.

    —Vamos Mónica… córrete en mi cara… te he pagado, puta… hazlo, córrete…

    Ella me empuja la cabeza con una mano contra su coño, eleva las caderas y lanza una serie de gritos entrecortados con mi lengua metida en la vagina. Siento los espasmos de su orgasmo en mi boca, sus músculos se contraen una y otra vez y su vientre vibra sin cesar. Ella deja escapar un gemido muy largo y se queda jadeando sobre la cama con los muslos muy apretados…

    —Federico —me dice de repente— a las putas no se les pregunta si están cachondas. Es de tontos.

    —Lo siento Mari, no volverá a ocurrir… pero es qué te miraba y te veía tan mojada que… ¡uf!

    —Ya veo… —Ella se acerca, me abraza y me besa con ternura—. Estuviste fantástico allí dentro, con el tipo ese. Mi caballero andante…

    —¡Bah! No tiene importancia, cualquier otro hubiera hecho lo mismo.

    —Oye, tenemos que repetir este juego más veces antes de que se acaben las vacaciones. Es una lástima que tengamos que usar dinero del Monopoly, eso le resta credibilidad. Pero lo demás está genial ¿eh?

    —Por supuesto. ¿Cuándo podremos volver a dejar a los niños con tus padres?

    —¿Los míos? ¿Y los tuyos? ¿Joder, Fede, por qué siempre tienen que ser los míos?

    —Coño, Maricarmen, no empecemos. Ya sabes que los niños se llevan mejor con tus padres y allí tienen más espacio y…

    Ella me pone una mano en los labios. Sus dedos huelen a sexo.

    —Mira… mejor lo hablamos luego ¿vale?…

    —Vale…

    Ella se levanta para ir al baño. Desde allí, la voz cargada de sensualidad de mi esposa flota hasta la cama:

    —Oye… aún quedan bastantes horas… pagaste para una noche y parte de un día ¿recuerdas… Julián?

    —Me parece una gran idea… Mónica.

    (C)2011-2021 Kain Orange

  • El profesor de Valparaíso

    El profesor de Valparaíso

    No sabía que ella estaba estudiando donde el hacía clases,  hasta el día que la vio de lejos, dos semanas ya comenzado el año académico, en ese Instituto de Educación Superior, ubicado en las cercanías de puente Lusitania, en la Ciudad Turística de Viña del Mar.

    Él estudió en la Universidad de Playa Ancha de Valparaíso, Dibujo y Diseño Industrial y ya llevaba trabajando como docente en esa Institución dos años y se sentía muy agradecido de ella, pues le había dado oportunidades académicas, para desarrollar innovaciones en los currículos de las asignaturas que impartía a las alumnos y alumnas y que presentaban algún desfase en cuanto a la modernización de los contenidos. Se llama Francisco Javier, tenía 26 años, era hijo único de una familia acomodada y vivía con sus padres en el sector de Recreo, pues todavía era soltero y sin ningún compromiso formal. Era mino, se sentía mino y le decían que era mino. Es decir buen mozo, buena pinta. Alto, 1,82 cm, ojos verde claro, cabello oscuro, nariz pequeña y bien formada. Su piel era blanca. Cuerpo atlético debido a que era un deportista destacado en el voleibol. Sabía que las mujeres y en especial las alumnas se fijaban mucho en él y eso siempre fue un problema desde el inicio del ejercicio de sus prácticas como estudiante, haciendo clases en un colegio técnico medio de mujeres, en la ciudad de Valparaíso. Tuvo que ejercitar mucho su temple y voluntad para no caer ni ceder a la tentación de involucrarse con alguna de esas alumnas que eran todas menores de edad, aunque cursando cuarto medio, en la calle con otra ropa distinta al uniforme, se veían mayores de 18 años.

    (21-3-2021) No obstante lo anterior Francisco Javier, desde que estaba haciendo su práctica final de su Carrera, de un semestre de duración, como profesor en un colegio (Particular) técnico de Valparaíso, tuvo varios encuentros sexuales. Uno de los que más recordaba, era el de la Directora de ese colegio donde comenzó a hacer su práctica. Ella se llamaba María Pía, era profesora de Matemáticas y tenía un Magister en Educación obtenido en la Universidad Católica de Valparaíso. Era Directora en ese establecimiento desde hacía dos años y había ganado el concurso fácilmente por su currículo y por la rigurosidad de principios en la Educación. Prometió al sostenedor hacer de ese colegio técnico el más prestigioso de la ciudad y lo estaba logrando. Un reglamento severo tanto para docentes como alumnos en todas las áreas y aspectos relacionados con el que hacer educacional y personal y aplicado de manera rigurosa, fue la principal estrategia que ocupase para hacer cumplir la promesa hecha al dueño del establecimiento.

    Todo comenzó una tarde cuando él se quedó revisando unas pruebas hasta tarde en el colegio y sin darse cuenta estaba solo en el colegio, suponía el, por lo hora que ya era. Las 20:00 horas. Pero apareció María Pía en el frontis, con su presencia formal y severa. No obstante esta vez sonrió al verlo tan concentrado revisando pruebas. Le gustaba mucho ese chico. Ella tenía 42 años y él 22 años. Sin embargo era demasiado peligroso hacer cualquier movimiento en el colegio así que ideo algo.

    -Hola Francisco Javier!… Aun trabajando? Como tan trabajólico un chico tan joven como tú, sin nada que hacer en el atardecer de un día viernes? -señaló María Pía.

    Él se sorprendió mucho al oírla y se sobresaltó, lo que produjo una sonrisa amplia en ella.

    -No es problema para mi María Pía, me gusta lo que hago y me comprometí con este curso a tener las notas subidas al sistema computacional este fin de semana, así que debo esforzarme, respondió el.

    -Vaya que bien. Me alegro mucho por tu compromiso. Y aprovechándome de eso quiero pedirte un favor.

    -Dime en que puedo ayudarte. Lo hago de inmediato María Pía.

    -Mira Francisco Javier, necesito llevarme a casa para revisar de manera urgente unas 5 cajas de documentos, pero son muy pesadas y ni siquiera puedo levantar una. ¿Me ayudas llevándolas a casa? Te lo agradecería con cualquier cosa que desees y lo miro directamente a los ojos.

    -El titubeo ante las últimas palabras de su pedido y respondió de manera torpe.

    -Este… si…c laro no será molestia – los ojos bajos- dime dónde están esas cajas para llevarlas a tu camioneta.

    Se demoraron como media hora desde que le hizo el pedido hasta llegar a su casa ubicada en el sector de Recreo en Viña del Mar. Era una casa grande que obtuvo para ella en su divorcio de un prestigioso abogado de la Región de Valparaíso, con el cual estuvo casado 20 años. Desde los 20 a los 40. Llevaba 2 años viviendo sola. Los mismos desde que era Directora del Colegio. Ocupar ese puesto le ayudo mucho a superar la infidelidad de él, el no haber tenido hijos porque él no quería y por el tiempo perdido. 2 años en que tampoco había tenido relaciones sexuales de ningún tipo. Es decir, para ser exacto a la realidad, no había tenido un orgasmo en 2 años.

    Cuando Francisco Javier dejó la última caja en el segundo piso de la casa donde estaba ubicado su home oficce, él estaba realmente agotado. Cada caja debe haber pesado unos 20 kilos cada una y estaba sudando y se sentía incomoda. Por eso cuando ella le ofreció que se duchara el acepto de inmediato.

    María Francisca era alta. 1,76 cm y con sus zapatos taco alto bordeaba de manera fácil el 1,80 cm. Piel mate, ojos celestes, labios carnosos y grandes, pelo oscuro, liso y largo. Le llegaba a la cintura. Se mantenía muy bien físicamente. Tenía tiempo de sobra para eso en casa y su cuerpo era muy elástico y bien formado en su totalidad. 80-65-95 era sus medidas. Resaltaban siempre sus potentes nalgas, que por más que intentara ocultarlas con ropa holgada, se adivinaba cuando esta se pegaba a su cuerpo por algún motivo. Su andar era seguro, posesivo y dominante.

    Por eso espero de pie en la habitación donde estaba la ducha que estaba usando Francisco Javier, en ropa íntima. La que le gustaba usar siempre debajo de esa ropa formal de su trabajo. Sostenes de media copa de fino raso, calzón tipo tanga con un hilito introducido entre sus nalgas y apenas tapando su línea vagina, absolutamente rasurada. (Lo hacía todo los meses… depilarla). Portaligas y medias. Toda esa ropa en color blanco que hacia relucir de manera extraordinario su bello y sensual cuerpo. Y esa impactante imagen se vio reflejada en los ojos de Francisco Javier cuando entro a la habitación cubierto hasta la cintura con una toalla blanca y con otra secándose su cabello y la vio.

    El no tuvo tiempo de salir del estado de shock que le produjo la imagen de María Pía, pues ella, lentamente se acercó a él, le quito la toalla de sus manos y elevo su rostro hacia ella y empezó a besarlo suavemente. 5 minutos de besarse intensamente de pie. Ella se sacó los tacones para estar un poco más abajo que él. Y empezó a sentir como crecía en tamaño y dureza el pene de Francisco Javier.

    Cuando ella se animó a sacarle la toalla, lo alejo un poco para ver lo que estaba sintiendo y quedo boquiabierta. Era demasiado grande su pene, muy grande para ella. No entraría nunca por su vagina semivirgen. Él no le dio tiempo a reaccionar y la tomo bruscamente y girándola y doblándola y poco al mismo tiempo mientras su pene se alojaba entre sus nalgas a lo largo, le susurró al oído.- No temas, entrara todo. Yo me encargare que tu dolor sea solo placer. Y eso la excito de una manera increíble que comenzó a hacer que su vagina empezara a emitir jugos como nunca le había sucedido.

    Se tomó 20 minutos. La beso por todo su cuerpo… con mucha delicadeza cuando descubría puntos inexplorados por ella en el placer. Se detenía ahí y estaba un tiempo prudente para seguir el viaje por la anatomía de su cuerpo. Cuando llego al clítoris abriendo sus virginales y rosados labios, solo con soplar suavemente sintió que ella ya estaba lista para introducirse en su cuerpo, pues pudo oír primero sus gemidos de placer aumentado de manera gutural y vio además como escurrían sus líquidos lubricantes de manera copiosa.

    Volvió a subir. La miró. Le sonrió con mucho amor. Ella lo agradecía con una temblorosa sonrisa. Y le dijo… – Ahora iremos a unirnos…

    La abrió al máximo de sus piernas. Apoyo su glande en la entrada de su vagina… podía sentir toda la energía que emanaba de ella. Pero también percibió que temor ante el tamaño que recibiría y sabía que sus musculatura estaría tensa, muy tensa. Sería muy cuidadoso y paciente.

    Ella sentía su corazón galopar de tanta excitación y temor al mismo tiempo. Desconocía muchas de las sensaciones que le hizo sentir hasta ese momento Francisco Javier y con mayor razón desconocía lo que vendría después. Solo podía sentir el calor que emanaba de esa gran cabeza de su miembro, que espera poder entrar en ella hasta el fondo de su matriz. Tenía temor, pero también quería ser de él, quería estar unido a él, quería ser de él. Lo deseaba desde el primer día que llegó a su Colegio.

    Sintió como acomodo su glande a la entrada de su mojadisima vagina y empujo suavemente. Ella se tensó y se cerró. El espero y la empezó a besar suavemente metiendo con ternura su lengua dentro de su boca, mientras estiraba con ternura pero de manera constante sus pezones. Sin darse cuenta, mientras la besaba, el empujo fuerte e introdujo la cabeza en su vagina. Ella se contrajo queriendo expulsarlo y el hizo fuerzas para no salirse y volvió a besarla pero ahora con más pasión y deseo y eso la desconcentro de la invasión que había sufrido.

    5 minutos besándose como locos y logro ir lentamente pero seguro introducir la mitad de su pene… cuando llego a ese nivel, él se detuvo un instante y la miro. Ella abrió sus ojos de una manera casi desorbitada y entendió. De inmediato el empujo con todas sus fuerzas hasta el fondo introduciéndose ella hasta la totalidad de su pene. María Pía no lo podía creer, no sabía que se podía sentir tanto dolor y placer junto, no creía poder estar dilatada vaginalmente a pesar de que sus músculos se contraían fuertemente, luchando titánicamente contra el invasor deseado. No pasaron 2 minutos de tener dentro suyo es inmenso pene, que nunca se movió, pero si latía con fuerza, hasta que ella empezó a convulsionar de una manera descontrolada. No podía impedirlo, no quería impedirlo. Su columna se encorvo apoyada en las caderas y los omóplatos al máximo hasta formar un semicírculo mientras se convulsionaba violentamente al ritmo de su primer orgasmo. Fueron 5 minutos de estar temblando sin control y con ese pene dentro de ella sin salir jamás. Él se aseguraba que así fuera, afirmándola con sus manos su cabeza y empujando fuerte hacia adentro su pene con sus caderas, para dejarlo alojado hasta el fondo en todo el momento que convulsionó. Vino la calma… la dejo descansar 3 minutos… cuando sus latidos estaban en 100 por minutos y sus músculos recién empezaban a relajarse, el saco la mitad de su miembro y empezó un mete y saca lento, empujando con la cabeza hacia la pared superior de la vagina. Ella no tenía idea de ese cambio. Lo quería todo adentro de ella llenándola. Pero al quinto mete y saca lo entendió… El punto de su vagina donde estaba frotando la cabeza empezó a cobrar vida y comenzó nuevamente el convulsionar sin control e inmediatamente él le ensarto su pene al fondo con toda su fuerza, para impedir que las fuerzas de las contracciones musculares lo sacaran de ese túnel caliente húmedo y paroxístico. Su segundo orgasmo nunca supo cuánto duro, cuanto dolió y cuanto placer le produjo, solo supo que se fue tal como llego… dejándola agotada y deseando que no saliera de ella ese bello pene que aún mantenía su dureza y calentura.

    Fueron cuatro orgasmos más, seis en una hora en total. En el último orgasmo lloro de dolor y placer al sentir sus dos piernas como se agarrotaba del potente calambre que las capturaba. El desparramo su semen en ese último orgasmo de ella, haciendo que fueran el más violeto de todos, pues ella pudo sentir dentro de sus capas vaginales ese potente calor de la cantidad inmensa de semen que tiro el dentro de sus paredes. Quedaron ambos seminconscientes, ambos pegados el uno al otro, hasta que lentamente se separaron sus sexos. El siguió sobre ella respirando ambos al mismo son, hasta que se quedaron dormidos uno arriba de la otra.

    Antes de quedarse dormido, Francisco Javier le dio las gracias en su pensamiento a su tío urólogo, por todas las clases y manejo de la musculatura pelviana y urinaria para demorar y/o retardar la eyaculación.

    Efectivamente María Pía, fue el inicio de una serie de increíbles y maravillosos encuentros sexuales para él.

    Ella se llamaba Francisca Ignacia. Lo conocía desde que tenía 10 años y el 18. Llego a su casa acompañado de su hermano mayor, pues había entrado a estudiar junto la misma Carrera profesional, en la Universidad de Playa Ancha. A los 12 años se transformó en su amor platónico, cuando se dio cuenta que le daba vergüenza y el rubor la inundaba, cuando él llegaba a casa y la saludaba con un beso en la mejilla y diciéndole siempre alguna frase jocosa que en vez de hacerla reír, la ruborizaba más y se obligaba a escapar de su lado. En esa época se sentía y veía poco agraciada de manera anatómica, en comparación algunas de sus amigas y compañeras de curso del Colegio Sagrados Corazones. Aunque era rubia y de cabellos largos, ojos celestes, preciosa nariz, color de piel blanca, alta para su edad, ella se consideraba que era muy delgada en toda su anatomía y eso a esa edad la hacía sufrir mucho.

    Sin embargo era totalmente distinto a lo que ella creía de sí, lo que pensaba el resto de las personas. Mujeres y hombres que la veían y/o la ubicaban de cerca o de lejos, estaban de acuerdo que era una niña mujer muy bella y con una inocente sensualidad que generaba un arcoíris de sensaciones y emociones. Sus senos hermosos y sus nalgas potentes y proporcionadas, destacaban con fuerza a través de la sinergia de sus bellas y torneadas piernas. Amor u odio. Lujuria o castidad. Cerca o lejos. Amarla olvidarla. Con ella no se podía tener términos medios. Era un potente imán que atraía o repelaba.

    Cuando vio por primera vez a Francisco Javier en su lugar de estudio, quedo estupefacta. Lo miro hasta que se perdió de su vista y de inmediato supo que tenía que hacer. Su húmeda vagina se lo estaba señalando. Fue al baño de mujeres, el más alejado de los que había en el establecimiento. Se aseguró y espero a poder entrar al cubículo más extremo y que ya no hubiese nadie. Entró, cerró la puerta. Se bajó los pantalones junto con su calzón y se sentó con las piernas lo más abiertas posible. Sintió el líquido pegajoso de su vagina escurrir por su vagina, mientras metía la mitad los dedos índice y medio de su mano derecha en ella, para inmediatamente doblarlo en garfio y empezar a empujar y soltar, estimulando así, su ya conocido y domado punto G. En 30 segundos su cuerpo estaba temblando de una manera descontrolada y su boca apretada hasta morder sus labios dominando los gemidos que surgían desde el fondo de su matriz y sus ojos en blanco cerrándose y abriéndose como una posesa. Siempre eran así sus orgasmos recordando a Francisco Javier. Desde la primera vez que lo hizo a los 13 años hasta ahora que tenía 18. Felicidad, pasión, semiinconsciencia, agonía y a la realidad. Era su religión masturbarse pensando en él. Ella era virgen. Se guardaba para él. Se lo había dicho en su cumpleaños de los 15. Él se quedó pasmado. Nunca más lo volvió a ver después de esa vez.

    PD: Empecé este cuento el 16-9-2020 y recién hoy (21-3-2021) lo pude terminar. Espero y confío que ahora que estamos en Cuarentena total, pueda escribir algo más (Me sienta inspirado). Creo que me iré por los cuentos cortos. No más de una página de extensión. Veamos que sale. Gracias por sus comentarios

  • Me desvirgó un empleado público

    Me desvirgó un empleado público

    ¡Que increíble, que emoción! Todavía la cabeza me da vueltas y no pienso en nada más, a pesar de intentar distraerme, pasó lo que tenía que pasar y que tanto había postergado, por el temor al qué dirán y guardar las apariencias. Soy un hombre mayor, ya cumplí los 50 años, Ingeniero civil, de posición económica estable y vivo en la ciudad de Valencia, Venezuela. Desde joven tuve una fantasía de saber qué se sentiría al ser penetrado por otro hombre y todo eso vino a raíz de una experiencia inconclusa con un primo.

    Resulta que un día estábamos en una finca propiedad de este primo, un hombre alto, fornido y emprendedor, estaba también mi tío y otros muchachos a quienes había contratado para realizar labores de recolección de frutas en una finca de su propiedad y como estaba de vacaciones me animé a ir. Ya tarde en la noche me había quedado dormido y de repente siento como un palo o un hierro duro que trataba de penetrar mi culo, me desperté sobresaltado y me di cuenta que era mi primo que estaba detrás de mí, me tenía bien sujetado, me había bajado el short y trataba de meterme su guebo en mi culo, hice un movimiento para zafarme y aprovechó para hundirme la cabeza de su guebo, sentí un dolor intenso y lo amenacé con gritar y decirle a mi tío; entonces me dijo que me relajara, que me lo iba a meter despacio y que sentiría mucho placer, pero yo me molesté mucho y le dije que no era marica y si no me soltaba gritaba, y entonces aflojó la presión sobre mí y sentí que retiraba la cabeza de su guebo de mi culo, que me quedó ardiendo. No pasó nada más, pero siempre recordaba esa escena y me preguntaba que si me hubiese relajado y aguantado un poco, quizás hubiese tenido mi primera penetración completa.

    Posteriormente me casé, tuve 3 hijos con mi primera esposa, luego me divorcié y me volví a casar con mi actual esposa, con la cual tenemos 2 hijos y mantenemos relaciones sexuales frecuentes y placenteras. Con mi esposa siempre hemos tenido confianza y fantaseamos con tríos sexuales, con hombres y mujeres. También mi esposa me penetraba con uno y dos dedos en el culo mientras hacíamos el amor, pero quería más, quería experimentar con un guebo de verdad, pero no me decidía y ya casi se me había olvidado el tema, hasta que lo conocí y todo sucedió en un abrir y cerrar de ojos.

    Resulta que ayer 15-03-2021, fui a la Alcaldía de mi ciudad a solicitar unos permisos de construcción sobre una obra de ingeniería que estaba realizando. Allí fui atendido amablemente por un joven como de unos 30 años, de nombre Williams, quien recibió nuestro proyecto e intercambiamos números celulares para informarme sobre los permisos; esa misma tarde recibo un mensaje de Williams, quien me dijo que había revisado el proyecto y tenía algunas preguntas que hacerme y me invitó a tomarnos un café para conversar, le respondí que tenía la tarde ocupada pero que al día siguiente podríamos reunirnos, entonces me dijo que el café lo podríamos tomar en su apartamento y allí podríamos hablar con más privacidad y confianza. De inmediato tuve una corazonada y sentí un escalofrío en el cuerpo, pues acababa de recibir una invitación de un hombre para conversar a solas en su apartamento. Por supuesto que le dije que sí, aunque me puse muy nervioso.

    Esa noche me dormí muy tarde, pensando en lo que podría pasar y ante cualquier eventualidad me rasuré mis partes íntimas y cené y luego desayuné solo una pequeña ración de frutas. Como a las 10 de la mañana recibí un mensaje de Williams diciéndome que me estaba esperando, me dio su dirección y en media hora estaba parado frente a su apartamento, indeciso todavía a entrar, pero me di valor y decidí tocar la puerta; enseguida salió con un short tipo licra que le marcaba todo su paquete y una camiseta ajustada; entramos y empezamos a hablar sobre el proyecto, después me contó que estaba estudiando ingeniería y que era de otra ciudad.

    Destapó dos cervezas y luego otra y otra, mientras conversábamos amenamente, ya por la quinta cerveza me estaba sintiendo un poco mareado y fue cuando me dijo que sentía un dolor en la espalda y que le gustaría que le diera unos golpecitos en la parte alta de su espalda, me paré y me puse detrás de él y empecé a darle los golpecitos cuando siento que inclina la cabeza y echa las nalgas hacia atrás, quedando pegado a mi paquete, frotando su culo contra mi guebo, que reaccionó de inmediato y tuve una tremenda erección.

    Él se percató de mi erección y se giró de frente y trató de besarme, pero le dije que nunca había besado ni estado con ningún hombre y que estaba allí solo por curiosidad. Entonces me dijo: que rico, si es así entonces relájate y déjame hacer todo a mí, te prometo que te voy a hacer disfrutar de lo lindo; luego me desvistió con mucha paciencia dejándome en bóxer y él hizo lo mismo, me dio la vuelta y empezó a frutar su guebo entre mis nalgas, se notaba su dureza, mientras tanto me frotaba las tetillas y ya me estaba calentando; después me quitó el bóxer y empezó a frotarme su guebo de manera directa entre la raja de mi culo, en ocasiones lo ponía en toda la entrada de mi culo y lo restregaba en círculos y a veces empujaba y retrocedía, punteándolo y midiendo la diana.

    Al mismo tiempo, me puso mi mano sobre su tranca para que lo masturbara y me frotaba las tetillas, lo cual me excitaba sobremanera, después agarró mi cabeza y la llevó a sus tetillas para que las chupara, luego me la bajó más y comprendí que quería le chupara el guebo, le dije que nunca lo había hecho y me dijo que lo hiciera suave, abriendo la boca y chupándolo como a un helado.

    Eso hice, empezando a lamer su cabezota, luego abrí la boca y lo empecé a succionar, lo fui metiendo poco a poco hasta casi la mitad, no me pasaba más pues lo tenía muy grueso y me daban arcadas, entonces me tomó por la parte de atrás de la cabeza y me empezó a follar la boca con mucha velocidad, sentía que me ahogaba, me salían lágrimas pero no paraba, así estuvimos como 5 minutos hasta que me dijo: ahora vas a saber lo que es un guebo de verdad, te voy a coger y te convertiré en mi puta personal, te voy a convertir en mi hembra.

    Luego me puso en cuatro patas, en posición de perito, me empezó a acariciar el culo con sus dedos, metió uno y lo sacó, luego acercó su cara y me metió la lengua, sentí una sensación de placer increíble, me metía la lengua y la sacaba a gran velocidad, estaba súper excitado y casi le ruego que me lo metiera de una vez-

    En lugar de penetrarme, me hizo sentar en el sofá y se arrodilló en frente mío y me empezó a mamar el guebo como nunca antes me lo habían mamado, era un experto, se lo introducía todo y quería como tragarse hasta los huevos, luego subía y me lo succionaba como ordeñándome, era todo surreal; después se paró y me puso de nuevo en posición de perrito, me metió 2 dedos y me dijo: ya estás listo para recibir mi tranca, aguanta que te voy a hacer disfrutar como nunca, entonces se untó crema en su guebo y lo puso en la entrada de mi culo, trató de meterlo pero no entraba, estaba muy cerrado y su tranca era muy gruesa, me dijo: relájate y trata de pujar, lo hice y entonces empujó con más determinación y sentí que hizo: Ploss! y ya estaba toda la cabeza adentro, sentí un dolor indescriptible…

    No sabía qué hacer, si salirme de allí, gritar, zafarme, las piernas me temblaban como una gelatina pero él me tranquilizó al decirme que me quedara quieto, que ya lo tenía adentro, que eso era lo más complicado y doloroso, que lo dejara así un rato para que mi culo se acostumbrara al intruso y que luego sentiría sólo placer. Así estuvo como 2 minutos que me parecieron eternos pues el dolor no disminuía, sin embargo empezó a moverse poco a poco, sintiendo como iba entrando despacio pero firme; cuando ya estaba la mitad adentro paro y luego retrocedió, como agarrando impulso, pues de inmediato se afinco y me lo metió todo hasta el fondo, quedé cimbrado y arqueado con los ojos en blanco, la penetración había sido profunda y brutal, sentía que me partía en 2, pero aguanté de manera estoica y resignada.

    Fue entonces cuando me dijo: Así te imaginaba cuando te vi, clavado por mi estaca y estando a mi merced, ahora ya eres toda mía, ya te convertí en mi mujercita, desde ahora serás mi puta y te voy a coger cuando yo quiera, entonces empezó a sacarlo de a poco y lo metía todo nuevamente y sin pensarlo empecé a moverme despacio, cuando se dio cuenta que me había sodomizado y que ya se me había ido el dolor, empezó a sacarlo casi por completo y lo volvía a meter de una, con movimientos más veloces, empecé a gemir y me sentía como una puta, me decía de todo: que rico culo te gastes putita, es el culo más apretado y caliente que me he cogido, sabía que serías mío y me lleve el premio mayor al desvirgarte el culo. Me daba vértigo el cumulo de sensaciones placenteras que estaba teniendo, fue realmente maravilloso sentirme poseído por un guebo de esas dimensiones: unos 19 cm de pura verga joven, dura, gruesa y larga.

    Estaba admirado de mí mismo y de mi culo al soportar, sin quejarme, semejante tranca, pensaba en que todo tiene su tiempo y este era el mío, me dispuse a disfrutar el momento sin pensar en el mañana y sin prejuicios de ningún tipo, el mundo se reducía a lo que estaba sintiendo a través de mi culo, producto de una cogida de campeonato que me estaban dando; me dijo que me iba a llenar el culo de leche y le dije que todavía no, pues quería experimentar otra posición: la de sentarme encima de él; así lo hizo, sin sacármelo, se dio la vuelta y quedó sentado en el sofá y yo encima de él, me apretaba las tetillas y me excitaba más; allí comencé yo mismo a elevarme y dejarme caer, me estaba ensartando en esa gran tranca y sentía que me llegaba hasta el fondo, mientras tanto él se había apoderado de mi guebo y me estaba masturbando, sentí que explotaba y él también, me dijo que me iba echar un litro de leche en el culo, que me iba a preñar, que yo sería su puta por siempre, que tenía el culo más caliente y apretado que todos los que se había cogido, eso me calentaba al extremo y me volvía loco de placer; entonces empecé a sentir como se ensanchaba su guebo y cómo se contraría dentro de mi culo, soltando chorros de leche caliente, al mismo tiempo y ante esa sensación increíble, empecé a tener un gran orgasmo salvaje, me salían chorros de leche como nunca antes.

    Luego me quedé inmóvil, todavía ensartado y sentí como su guebo empezó a perder su dureza y así me levanté poco a poco, sintiendo que me chorreaba semen desde mi culo y me llegaba hasta los pies; luego lo saque por completo y en agradecimiento por haberme desvirgado y hacerlo de una manera suave y salvaje a la vez, le limpié su guebo con restos de sangre y de caca con una toallita húmeda, y luego me lo metí nuevamente a la boca para dejarlo completamente limpio; ambos fuimos al baño, nos bañamos juntos, nos vestimos y quedamos en repetir la experiencia, pues me encantó.