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  • Cuando una puerta se cierra, como llegué a ser infiel

    Cuando una puerta se cierra, como llegué a ser infiel

    Mi nombre es Carlos, tengo 38 años, mido 1.85 m, me mantengo en buena forma gracias a cuidarme en las comidas y al gimnasio. Soy gerente en una empresa, tengo muy buenos ingresos, una linda casa y un buen auto importado. Soy casado, con Mónica, 42 años, médica, buena figura, no tenemos hijos, y hasta hace un par de años todo iba muy bien.

    Dos años atrás, por su trabajo viajó a un congreso y se enganchó con un grupo para realizar un estudio a nivel global. Desde allí, su interés se centró en su trabajo. Sus conversaciones, su tiempo “libre”, se relacionaba con el estudio. También el sexo dejó de ser de su interés, primero era en forma cada vez más esporádica hasta que hace unos meses directamente no tenemos relaciones.

    Se lo planteé un par de veces, “no me doy cuenta”, “perdóname, tengo la cabeza en otra cosa”, “llego cansada”. En un punto pensé que habría otra persona. Pero una tarde mientras compraba ropa en una tienda, me encontré con su mejor amiga. Mayra era amiga mía antes de conocerla a ella, por eso la invité a tomar un café y charlar. Después de hablar de banalidades fui al punto.

    Yo: Mayra, te pido, por tantos años de amistad que me seas totalmente honesta. Mayra sale con alguien, hay otra persona?

    Mayra: No me sorprende tu pregunta. Por algunas charlas que tuvimos por teléfono me di cuenta, por lo que me contaba, que casi no te nombraba, casi de lo único que hablaba era de trabajo. Ni por mis hijos me preguntaba.

    Yo: bueno, así es en casa, incluso los fines de semana. Por eso te pregunto

    Mayra: Creo que no, que está obsesionada con el trabajo. Pero dame un par de días que trato de sacarle algo. Vos sos mi amigo y ella también, pero no la voy a defender. Está tirando su matrimonio a la alcantarilla.

    Una semana después, me llamó.

    Mayra: No hay nadie, ni lo piensa. Es todo trabajo, trabajo y trabajo.

    Yo: y yo, que lugar ocupo.

    Mayra: Ella está muy segura de vos, que entendés, y…

    Yo: Entiendo. Gracias. Te mando un beso.

    Mayra: Escúchame, vos sos mi amigo antes que ella, lo que quieras charlar, me llamas, te venís a casa a charlar con Pablo (su esposo), lo que quieras.

    Las semanas pasaron y todo seguía igual en mi pareja. Para distraerme y cumpliendo un sueño, me compré una moto americana Harley, hice un curso de manejo, luego otro de especialización. Me hacía bien, me limpiaba la cabeza. Éramos todos más o menos de la misma edad. Cuando terminó el segundo curso, organizaron una salida a la ruta un sábado, hasta un lugar cercano, almorzar y regresar a última hora.

    Cuando le comenté no le molestó para nada y que aprovechaba para trabajar desde casa.

    Ese sábado nos reunimos en un bar, éramos 10 motos del grupo del curso, y se sumaron otras 5 de chicas que habían hecho un curso especial para mujeres. Como algunos y algunas habían llevado acompañantes sumamos 25 personas.

    En el almuerzo frente a mí se sentó una muchacha hermosa, de esas que uno piensa que nunca va a poder seducir.

    “Hola: Soy Pato, me trajo ella, Connie, me encantan las motos.”

    Yo la había visto, pero no había prestado atención. Medía casi lo mismo que yo, ahora, sin las camperas, podía ver que tenía unos pechos hermosos, redondos, firmes.

    Yo: Hola, soy Carlos, vinieron bien?

    Pato: si, por suerte, te dejaron venir solo?

    Yo: si, mi esposa se quedó trabajando en casa por un proyecto.

    Pato: que tonta

    Yo: perdón?

    Pato: que es una tonta, dejar salir a una juntada a un bombón como vos. A mí ni se me ocurriría

    Yo: Gracias por el piropo. Y vos, no tenés nadie a quien celar?

    Pato: no, solita.

    No paraba de hablar, me contó que estudiaba abogacía, que tenía 21 años, que vivía con dos amigas, y no sé qué cantidad de cosas más. Terminamos de almorzar y fuimos a dar una vuelta por el pueblo en todo momento Pato estaba cerca mío y si se alejaba, me buscaba con la mirada.

    Si veía que se acercaba otra chica a charlar, enseguida se ponía a mi lado. Cuando era hora de volver, se me acercó al oído y susurrando me dijo:

    Pato: puedo volver con vos?

    Yo: vas a dejar sola a tu amiga?

    Pato: es grandecita, se sabe cuidar sola

    Yo: pero no tengo casco para vos

    Pato: no te preocupes, me llevo esta, y haciéndose la gata me miró y me dijo- Vamos?

    Subió a la moto, me rodeo con los brazos y empezamos volver.

    Faltaban unos kilómetros para llegar a la ciudad y me hace una seña que me detenga. Paré al costado, y sin sacarnos los cascos me dijo:

    Pato: me dijeron que en ese hotel preparan unos desayunos barbaros, vemos si es cierto?

    Era imposible no entender lo que pretendía. En un segundo pensé lo que me esperaba en casa y fuimos al hotel.

    Mientras ella se duchaba le mandé un mensaje a mi esposa: “nos quedamos a dormir en el pueblito” mañana a la mañana vuelvo. Toda su respuesta fue “OK”.

    Me sume a Pato en la ducha, nos fuimos enjabonando, tocando, acariciando. Casi sin secarnos fimos a la cama. Evidentemente tenía mucha experiencia.

    Pato: qué lindo tamaño tiene eso que tenés ahí. Me parece que va a ir justita en un lado, el otro… Va a costar.

    Dicho esto se la metió en la boca, chupaba como un hombre siempre desea que se la chupen. Mientras lo hacía me mostraba como se metía dedos en la concha. Se masturbaba con todo. Por un momento dejó de chuparme para morderme los pezones, pero pasando su mano por mi pija.

    Pato: me vas a hacer mierda con eso, y justamente eso me calienta mucho más.

    La puse boca arriba, levanté sus piernas, y la enterré hasta el fondo. Dio un pequeño grito y comenzó a gemir, y a hablar:

    Pato: Por eso me gustan los maduros, sí que saben gozar a una mujer, cógeme bien, poneme como te guste, y cógeme bien.

    Estuve un rato entrando y saliendo despacio, le apretaba los pechos, nunca paró de gemir y de hablarme.

    Me puse boca arriba y la hice subir. Le di un chirlo en el culo y le dije:

    Yo: Cállate, y movete, pendeja.

    Pato: sí, soy una pendeja calentona, me llega hasta el estómago, que dura que la tenés, por favor.

    Le di otro chirlo y mientras le pellizcaba un pezón, le volví a decir que se calle y se mueva. Así la tuve un rato hasta que sentí que estaba por acabar, la puse en cuatro, la tomé de la cintura y la envestía con fuerza hasta que acabé. Descansamos un rato y volvimos a la acción. Igual de hablado y vertiginoso.

    Estuvimos un rato en silencia, increíblemente, yo boca arriba y ella con la cabeza en mi pecho. Habrá pasado una hora que se puso de rodillas a mi lado y empezó a besarme el pecho, en la boca mientras se tocaba.

    Pato: huy, con solo besarte ya me empiezo a calentar, que lindo, toca.

    Y llevó una de mis manos a su vagina y estaba empezando a mojarse, hizo que metiera dos dedos y ella metió otros dos. Sin tocar mi pija, me besaba el pecho, el cuello, me apretaba los brazos. Los orgasmos eran seguidos, uno tras otro.

    Pato: mira como me puse, estoy recaliente, y lo peor que es que me estoy haciendo la cabeza con algo…

    Dicho esto, se puso en posición de 69, pero me dijo.

    Pato: Vos no hagas nada, solo mira y déjame a mí.

    Dicho esto se metió mi pija en su boca y empezó a chupar. Llevó una de sus manos a su concha y se metió dos dedos, jugó un rato, se los humedeció bien y se los llevó al culo.

    Pato: mira, mira como me abro para vos, voy a meter el tercero Aggg, cuesta, pero más va costar esta hermosura.

    Yo no podía creer como esa chica abría su ano con todo. Mi pija nunca estuvo así. Me corrí, me baje de la cama y la puse en el borde, en cuatro y con el culo bien en pompa.

    Yo: dale pendeja, si no te metes el cuarto, no te la meto.

    Pato: cuatro, pero… Aggg, duele

    Le saqué la mano y metí la cabeza. La entraba y sacaba pero no totalmente.

    Pato: es muy grandeee

    Yo: pero va a entrar…

    Pato: va a doler…. Pero dale, no me tengas piedad, aunque llore y pida por favor.

    Fui metiéndola de a poco, ella apretaba y mordía las sabanas, hasta que de un empujón la metí toda y caí sobre ella en la cama.

    Pato: por favor, para, en serio, me duele mucho. Me lo estas desgarrando.

    Yo: vos pediste que no te de bolilla. Ahora te quiero romper bien el culo y gozarte bien.

    Pato: si mi macho, goza esta putita.

    La volví a poner en cuatro y estuve un rato bombeando.

    Yo: metete la mano en la concha.

    Pato: no me entra, meto dos dedos.

    Saque mi pija de su culo, y le metí tres dedos en la concha.

    Yo: van tres dedos, ahora entra el cuarto, o te metes mano o meto mi puño directamente.

    Pato: meto mano, meto mano.

    Nuevamente ensarté su culo y sentía como sus dedos y casi la mano entraba en la concha

    Pato: me estoy muriendo de placer, tengo orgasmos por los dos lados.

    Los orgasmos hacían que el esfínter apretara y soltara mi pija. La enterré hasta el fondo y acabé con todo. Ella sacó la mano de su concha y se quedó quieta.

    Me puse a su lado, e hice que me la chupara. Ahora, solo chupaba un poco. Estaba agotada.

    Pato: fue increíble, nunca me gozaron así.

    Yo: estuvo bueno.

    Pato: bueno, genial. Pero no se te baja.

    Yo: pues vas a tener que hacer algo,

    Dicho esto, me puse boca arriba, y la hice sentar con mi pija en su culo nuevamente. Como se estaba cerrando, le costó un poco.

    Yo: Ahora, el que va a hablar soy yo, y vos vas a cogerme y hacer lo que te diga.

    Pato: si, pero por favor no doy más

    Yo: dale, movete, putita, pellízcate los pezones, que te duelan

    Pato: si, me duelen mucho, basta, me excito más.

    Le di varios chirlos en el culo y era una maquina subiendo y bajando, no gemía, no gritaba, solo respiraba muy acelerada.

    Yo: fíjate si tenés mojadita la concha.

    Metió dos dedos y los sacó empapados.

    Yo: bueno, ahora metete mi pija en la concha y mantiene el culo abierto por si quiero otra vez.

    Pato: no dos más

    Yo: bueno.

    Me puse de rodillas nuevamente junto a su cara, metí tres dedos en su concha y me comencé a masturbar. Ella gozaba y me miraba extasiada.

    Yo: para que veas que soy bueno, te doy a elegir, donde querés que te acabe: culo, concha o te cojo la boca.

    Pato: En la boca, por favor

    La puse de rodillas, la tomé con las dos manos la cabeza y empecé a cogerle la boca. Se ahogaba, tenía arcadas, la saqué, y acabe en su rostro. Ella trataba de juntar mi semen con sus dedos y chuparlos.

    Creo que antes de terminar de acostarse, estaba dormida. Me dormí al lado de ella.

    Cuando desperté vi las sabanas manchadas de jugos, semen y sangre. Ver eso me excitó, me puso a mil nuevamente. Como estaba boca abajo, se la metí en la concha de un solo golpe. Dio un grito ahogado porque estaba seca y le dolió. Le tapé la boca con mi mano y le dije:

    Yo: quédate quietita y no jodas.

    Fui sintiendo como se humedecía.

    Cuando estaba por terminar, la hice levantar, la puse frente a un espejo y le seguí dando desde atrás.

    Yo: mira cómo estás, que cara de viciosa tenés.

    Pato: si, me envicié con vos.

    Yo: bueno, ahora pendeja, vas a conocer otra cara tuya. Abrite el culo

    Pato: otra vez no, por favor.

    Yo: abrilo.

    Pato: déjame humedecerlo.

    Cuando lo hizo, tome su cabellos e hice que se mire al espejo. Enterré mi pija y se desfiguró el rostro. Pero seguí bombeando y fue cambiando a placer infinito.

    Yo: mira como te cambió la carita, como estás gozando pendeja.

    Nuevamente acabe en su intestino.

    Al rato pedimos el desayuno. Cuando lo trajeron lo miró y me dijo

    Pato: estos polvos infernales valieron la pena.

    Nos pasamos los teléfonos, me pedía por favor volver a vernos. Quedamos que por lo menos una vez al mes nos íbamos a encerrar todo un día.

    Cuando volví a casa, por el estado de mi ropa, mi mujer algo sospechó. Pero no dijo nada, quizás por comodidad.

    Ella cerró una puerta, a mí se me abrió otra.

  • A veces la locura es más fuerte que la razón

    A veces la locura es más fuerte que la razón

    Hola, como es mi décimo relato real, pensé en contarles algo especial pues anoche otra vez estuve disfrutando del cuerpo de mi bebota deliciosa. Y mientras lo hacía recordé un fin de semana cuando recién éramos novios.

    Uno al comienzo de una relación está con toda la energía y quiere demostrar lo que es capaz. Además si tenés una mujer fogosa que le gusta la acción más aún.

    Bueno lo que pasó fue que la llevé a un hotel todo el finde, pasamos esa tarde paseando, besándola de vez en cuando, disfrutaba mucho mirando sus ricos pechos y ni hablar de mirarle la cola, me encantaba ver y decir es todo mío. Cuando llegó la noche volvimos al hotel, cerca de nuestra habitación vimos que un grupo de muchachos se estaban instalando, tenían pinta de fiesteros, saludamos y seguimos camino. Una vez en la habitación nos acostamos y ya era verla, sus pechos brotando de ese escote siempre tentador, esas curvas de su cintura, sus piernas y su mirada diciendo vení comeme me encendieron.

    No tardó mucho en montarme y demostrar sus dotes sexuales ese movimiento de cadera me encantaba, tomaba sus pechos y los besaba como loco mientras nuestros cuerpos se frotaban húmedos de lujuria y deseo.

    Aunque no lo crean no tenía protección y ella tampoco lo pensó mucho, y de mi parte me dejé llevar. Perderme ese pedazo de mujer por un preservativo ni loco, aunque no es lo aconsejable, a veces la locura es más fuerte que la razón.

    Y si así lo hicimos sin lamentarnos frotarse directo sin nada es lo más delicioso que puede haber.

    Sentir su húmedo cuerpo, su calor y ella enloquecía más y más.

    La levantaba en el aire y ella disfrutaba de todo mi miembro en su interior. La miraba gozar y más me encendía, unas ganas de hacerla gritar me podían.

    Y si luego de gritar los dos de tanto placer sentimos al mismo tiempo terminar dentro del otro, no sé si hay algo más rico que eso, pero ella me pedía que le avisara cuando acababa para quedarse quieta y sentir cuando yo llegaba a mojarla toda.

    Bueno todo esto suena delicioso, no? Y qué pensarían si les digo que lo repetimos diez veces más. Si así como lo lees once veces la hice mía sin protección, la juventud y la calentura pueden lograr cosas impensadas. Aunque puede haber estímulos externos que aumenten ese deseo.

    En nuestro caso esos vecinos que vimos en grupo pues habían conseguido una chica y la estaban haciendo gritar entre todos y sus gritos se escuchaban por todo el edificio, aunque de vez en cuando la callaban dándole de comer algo o eso creo. Nos calentamos más y más, mi bebota sin quedarse en menos comenzó a gritar también muchísimo

    -Querés que te escuchen todos no?

    -Si si -me decía mientras saltaba sobre mí.

    -Que atorranta sos, si querés gritar eso vas a hacer -ni bien dije eso la tiré en la cama la puse en cuatro y le comencé a dar con toda mi calentura, más al ver esa cola chocar mí miembro.

    Nunca la vi gritar tanto como esa vez y fue delicioso el grito final cuando acabé creo que más de uno se calentó al oírla.

    Que se hace luego de una noche así, salir feliz del mundo como si nada importara, sentirse capaz de todo.

  • Una mamada inesperada

    Una mamada inesperada

    Había quedado en una de las universidades más importantes del país y queda en una ciudad donde residía una tía con su pareja y sus hijas, ella muy amable como siempre atenta conmigo sin dudarlo puso su casa a mis disposición, yo por un lado tenía planes de mudarme con unos amigos del pueblo que también había quedado en la U y así vivir la experiencia de vivir solo, pero en ese entonces no contábamos con una economía muy buena como para pagar alquiler así que me tocó mudarme con mi tía para mi gran fortuna.

    Yo tendría alrededor de 3 años que no veía a mi tía Rebeca cuando me fue a buscar al terminal de la ciudad y mi sorpresa fue grandísima al ver que se había operado los senos wuao, mi tía es una mujer simpática de cuerpo muy normal no es despampanante, pero cualquiera le metería, pero esos senos nuevos definitivamente le daban un atractivo extra yo en pleno desarrollo quede impactado ella lo noto y en broma me decía que le mirase la cara y no sus senos nuevos teníamos mucha confianza y la verdad estaba feliz de verla y saber que le estaba yendo de maravilla tenía un bello apartamento donde tendría mi cuarto propio la verdad que mudarme con ella sin duda fue otro nivel.

    Todo transcurrió de manera normal yo comencé los estudios y de una vez los entrenamientos de fútbol para entrar a la selección que era mi objetivo para ganarme mi beca yo era un joven no muy musculoso, pero si bien marcado y buenas piernas mi tía siempre que podía me decía lo orgullosa que estaba de mi y en el hombre que me convertía yo siempre que podía lujuriaba sus senos y una que otras veces me masturbaba pensando en esos senos pero hasta allí nunca a más nada, su marido antes fue un beisbolista muy atlético, pero estaba en un momento donde estaba gordo bebía mucho yo de verdad sentía que mi tía no estaba muy feliz con él nunca le decía nada la verdad no se sentía la química que alguna vez tuvieron.

    Todo iba normal hasta que un día me levanté de madrugada a tomar agua y consigo a mi tía en la cocina metida en su laptop me pareció muy extraño la verdad sobre todo que cuando llegue me dio la impresión que se estaba tocando viendo porno, fue muy extraño la verdad porque yo estaba entre despierto y dormido mi tía me habló como agitada me preguntó si estaba bien a lo que respondí que si que solo tomaría agua, pero mi tía no deja de mirarme la entre pierna, no me había fijado pero bajé con una semi erección cuando lo noto me tape enseguida con un poco de verguvera mi tía solo con cara de asombro me dice -wuao sobrino definitivamente eres mi familia todos tienen buen paquete y tú no eres la exención, yo quedé rojo no sabía que decir solo reí y me fui a dormir.

    Los días después de allí no fueron iguales mi tía era diferente conmigo cualquier oportunidad mi tía buscaba la forma de insinuarse debo admitir que esa etapa fue muy morbosa fue como un mes completo donde ella «sin intenciones» me dejaba ver sus senos o su culo siempre un panty algo dejaba ver yo siempre trataba de disimular mis erecciones y solo miraba de reojo así fue un juego todo el mes.

    Un día mejor dicho EL GRAN DÍA bajé me nuevo en la madrugada a tomar agua y mi sorpresa mía tía otra vez en la laptop debe admitir que cuando entre a la cocina y la vi me puse nervioso mientras me servía el agua mi tía no dejaba de verme yo como es normal lo tenía semi erecto, pero lo ocultaba lo más que podía en lo que ella me dice:

    -no lo tales déjame verlo sobrino.

    Yo quedé en silencio no sabía que responder y solo me puse en frente de ella y dejé que viera por encima del minishort que tenía de tela muy suave deja ver mi pene completo, mi tía repica:

    -pero quítate el short.

    Yo de verdad estaba con el corazón acelerado sin más me lo baje y mi tía con cara de quererme morderlo vuelve a repetir que en la familia todos tenemos el pene así se le levanta y me dice:

    -déjame tocarlo será nuestro secreto sé que llevas días viéndome no te hagas -yo sin nada que decir solo reí, ella vino hacia mi recuerdo que tenía una pijama larga donde se le marcaban los senos se baja y deja verlos- _ tócalos sobrinos yo sé que quieres.

    Sentí que estaba en el cielo cuando toque sus senos era la primera vez que tenía unos senos tan grandes en mis manos y eran los de mi tía no me cabían en las manos, me dice que se los chupe, la verdad creo que antes que me lo pidiera ya yo estaba entre esos senos como si de un niño huérfano se tratase cuando mi tía se detiene y se agacha mientras me dice “será nuestro secreto”.

    Yo estaba a más no poder estaba que explotaba cuando mi tía agachada toca mi pene que sensación tan rica y única yo ya había tenido relaciones con dos de mis novias vírgenes y solo una me lo había mamado de manera inexperta. Esta vez tenía a mi tía a punto de hacerlo yo tenía demasiado presemen me goteaba cuando de un solo golpe se lo llevó a la boca.

    Nunca olvidaré esa primera experiencia, era una experta yo estaba en el cielo, le dije que no iba a durar mucho a lo que ella aceleró y sin más me vine de una manera explosiva.

    Recuerdo que de lo excitado se lo empujé hasta la garganta agarrándole la cabeza mientras temblaba y le vacié toda mi leche directo, solo escuchaba ese sonido de queja cuando ya no puede tenerlo más a fondo. Se lo saqué y ella terminó de dejarlo limpiecito, no dejó nada, se levantó y me dijo:

    -A partir de hoy este será nuestro secreto.

    Fin

  • Tango entre mujeres

    Tango entre mujeres

    En los años 60 todavía existía una cultura relacionada con el tango, que era sórdida, machista y brutal aunque fuera protagonizada exclusivamente por mujeres; mujeres bravas, desafiantes y feroces como las que protagonizaron esta historia.

    En este ambiente ocupar la posición dominante, entre las hembras, era fundamental ya que lo comúnmente se le dice «hembra Alfa» en este ambiente se le decía «Yegua» y solo podía haber una sola yegua, una dominante ya que el resto solo eran hembras. Pero estas hembras siempre pugnaban por alcanzar la posición de liderazgo en el medio tanguero, y para eso se pasaban el tiempo compitiendo entre ellas, tanto en el baile del tango como en el sexo, y para eso practicaban «el desafío»; esto se producía siempre en un baile público, cuando una mujer cruzaba la pista y sacaba a bailar a otra, ambas mostraban lo mejor de su danza privilegiando los cortes y las quebradas, las sentadas y los enganches hasta producir una especie de vértigo que enloquecía a la concurrencia pero especialmente a las bailarinas que al llegar a la inevitable pausa liberaban la excitación contenida intercambiando profundos y ardientes chupones donde las lenguas continuaban con su salvaje danza.

    Casi siempre en ese momento, inevitablemente, una de las hembras pisaba intencionalmente y con saña el zapato de taco alto de la otra, haciéndola gritar de dolor, logrando que un silencio total cayera sobre la concurrencia que se mantenía a la expectativa esperando la aceptación o el rechazo del desafío; este se rechazaba cuando la desafiada se arrodillaba a los pies de la desafiante y esta le colocaba el pie sobre la rodilla para que la desafiada le besara, con pasión, el stiletto ofrecido y de esa forma aceptara pertenecerle a la otra, digamos que era una forma brutal de seducción y dominio, pero cuando el desafío se aceptaba, la «pisada» devolvía el «pisotón» con similar intensidad y furia sobre el zapato de quien ahora sería su rival; entonces se enfrentarían a solas y sin reglas para determinar quién era más mujer que la otra.

    Pero había una regla, sabida por todos, que la vencida pertenecería completamente a la vencedora o sea que luego de derrotarla la triunfadora podía hacer lo que quisiera con su rival. Y ahora se veamos de uno de esos brutales enfrentamientos.

    Virginia, 42 años, le decían «La Loba» y es una morocha brava, de cabello corto, ojos verdes y un físico formidable digno de una bailarina excepcional, una mujer poderosa en un ambiente de mujeres poderosas donde no solo era determinante la belleza física y el carácter fuerte cosas que a esta hembra le sobraban, sino también su habilidad para bailar el tango en la pista donde estas se mostraban y lucían.

    Y en esto la morocha era, sin lugar a dudas la mejor, o lo era porque su cetro de hembra alfa estaba a apunto de ser desafiado. Diana la desafiante también era formidable, con 34 años era una rubia con una melena un poco más larga, alta y con un cuerpo bailarina de elite unido una habilidad para bailar el tango similar a su rival y en un ambiente como este esto tenía que acabar en un brutal enfrentamiento. Y finalmente se produjo, a solas, como corresponde a los códigos pactados previamente, en un lugar de baile céntrico donde se encontraron estas dos terribles hembras para matarse en privado.

    Entraron casi juntas para encontrarse ambas vestidas para «tanguear», o sea con un vestido corto con el infaltable tajo en el muslo que no solo permitiría la libertad de movimientos, sino también serviría para dejar ver unas poderosas piernas en ambas envueltas en medias de red, sostenidas por portaligas que culminaban en relucientes stilettos negros con el talón abierto para la retadora y dorados para Virginia tal como su status lo demandaba.

    Perfectamente maquilladas como la ocasión lo requería se miraron, por unos instantes que parecieron eternos, con una mezcla de altivez y desprecio que helaba la sangre; y finalmente se reputearon intercambiando insultos de toda índole hasta que Virginia le aplicó a su rival un terrible cachetazo que le dio vuelta la cara, Diana retrocedió por el impacto pero inmediatamente se recompuso y devolvió la agresión con otro cachetazo igual o peor que dejó sentida a la morocha la cual avanzó y le grito que habían venido a «tanguear» para demostrar quién era la mejor, respondiendo a esto la rubia avanzó también hasta quedar enfrentadas cara a cara, mirándose con un odio indescriptible y casi rozándose los labios ambas se tomaron estrechándose en posición de baile…

    Y comenzaron a bailar una milonga como solo dos enormes profesionales saben hacerlo, alternado los roles haciendo de macho al guiar y de hembra al ser guiada una y otra vez, haciendo infinidad de cortes, fintas y quebradas que iban acompañadas por una interminable panoplia de empujones, pechazos, golpes, patadas, pisotones y tacazos brutalmente aplicados con el objetivo de debilitar al rival.

    Siguieron así durante casi una hora sin sacarse ventaja visible hasta que la mocha logró empujar a la rubia contra la pared, sosteniéndole los brazos en alto y trabándole su cuerpo con el suyo, viendo esto Diana trató de zafarse con todas sus fuerzas pero entonces la morocha le descargó un terrible pisotón sobre su rival, haciendo que la rubia gritara de dolor, lo que Virginia aprovechó para que mientras su pie izquierdo envuelto en un zapato de taco alto dorado aplastaba sin compasión el stiletto negro de la rubia le metió la pierna entre las piernas aplastándole la vagina y simultáneamente y aprovechando el grito le dio un terrible «chupon» metiéndole la la lengua hasta el fondo de la garganta, no solo para besarla, excitarla y enloquecerla de placer, sino también para dominarla y taparle la boca con la suya para dificultarle la respiración.

    La tortura duró unos minutos más, alternando la presión sobre el cuerpo de su rival, contra la pared, con el suyo, pisándole el pie derecho con su pie izquierdo y usando su pierna derecha envuelta en nylon para «frotar» con fuerza la húmeda vagina de la rubia, empujándola hacia un orgasmo violento, doloroso y salvaje. Diana sintió las oleadas de placer que precedían al clímax potenciadas por el efecto narcótico de la opresión física y la falta de aire producto del interminable «chupon» y del dolor que subían desde su «pisado» pie derecho; y cuando el orgasmo le llegó de manera dolorosa y brutal, sus piernas se aflojaron ella cayó al suelo sobre sus manos y rodillas sabiendo había sido completamente derrotada.

    Virginia supo que su rival se derrumbaba, conocía perfectamente los síntomas del terrible daño que ella le había infligido, varias docenas de luchas de este tipo le habían enseñado todo lo que había que saber sobre destruir a otra hembra y desde que venció a Zulema, La Turca de Almagro, hace casi diez años y le quitó el lugar que ahora ella orgullosamente ocupaba el método se fue «refinando» constantemente, volviéndose con alguna excepción en algo cada vez más impersonal y definitivo; así que al notar que Diana se aflojaba soltó la presa y retrocedió un par de pasos para facilitar la caída de la rubia, a la que, cuando esta estaba en cuatro patas la «montó» pasándole una pierna por encima del cuerpo para quedar parada con sus piernas al costado de su cabeza, entonces metió su mano en profundamente en la desarmada cabellera de su rival y tirando fuertemente hacia arriba acomodó la cabeza de la rubia entre sus poderosos muslos envueltos por las medias de red, cruzó las piernas como en una tijera y comenzó a apretar cada vez con más fuerza.

    Diana sintió la presión y se dio cuenta de lo que estaba pasando, luchó por liberarse pero la fuerza sobre su cuello seguía aumentando irremisiblemente, en un último esfuerzo calvó sus uñas en las piernas de la morocha, pero la presión siguió aumentando hasta que empezó a perder el conocimiento y se derrumbó completamente sin sentido.

    Cuando la rubia se despertó sintió frio, estaba acostada boca-abajo sobre el piso de madera, alguien la había arrastrado hasta allí y vio que la había dejado «casi» desnuda, «casi» porque solo le habían dejado puestos el portaligas, las medias y los zapatos negros, ahora medio estropeados por los reiterados pisotones recibidos. Le dolía todo el cuerpo y cuando intentó levantarse sintió que un stiletto dorado le empujaba el hombro desde el costado hasta hacerla quedar boca-arriba, y en esa posición vio a La Loba parada a horcajadas sobre ella, y que la miraba con una desigual mezcla de lujuria y desprecio, pero así y todo tres cosas le llamaron poderosamente su atención:

    1) La morocha estaba casi tan desnuda como ella, es decir con portaligas, medias y zapatos de taco alto.

    2) Que tenía un físico espectacular o sea que cuasi-desnuda era todavía más impresionante que con ropa, porque ahora mostraba unos pechos unas caderas y unas nalgas imponentes.

    3) Y quizás más importante, entre sus piernas la vencedora tenía puesto un gran pene artificial sostenido a un cinturón que tenía firmemente atado a las caderas.

    La combinación de estas tres cosas le otorgaban al La Loba un aspecto bizarro y casi sobrenatural haciendo que la vencida, suponiendo lo que se le venía se excitara secretamente pensando como sería ser la Hembra de semejante Yegua.

    Y la Yegua la observaba con satisfacción desde su posición de dominio, había domado y vencido otra vez, como tantas veces, a otra mujer y ahora haría de esta imponente y yacente rubia su complaciente Hembra. Y para esto no solo utilizaría todo su cuerpo sino también una variedad de recursos afinados después infinidad de sesiones de sexo donde siempre había dominado a su pareja. Y comenzó la faena pisándole la frente a su rival, con su stiletto derecho, y diciéndole tragátelo puta, fue metiéndole el taco dorado en su boca.

    Al sentir esto que rozaba su garganta, la rubia, primero sintió arcadas pero superando el primer momento, le gustó y comenzó a chuparlo y gozarlo lo como si fuera una pija, viendo tanto disfrute la morocha comenzó a meterle y sacarle el taco de la boca como si se la estuviera cogiendo por la boca con su zapato dorado. La loba también se empezó a calentar como loca al observar la bizarra escena de como se estaba «cogiendo» a la rubia con el pié y cuando no lo aguantó mas le quitó el stiletto de la cara y el taco de este de la boca y se le tiró encima partiéndole la boca con un terrible y profundo beso de lengua.

    Y así abrazadas entre cuerpos entrelazados y chupones, ambas rodaron por el piso hasta que la morocha quedó debajo con la rubia encima cosa que esta aprovechó para montarse sobre pene artificial, Virginia se sintió sorprendida pero muy a su pesar permitió que su rival se cogiera con su pija, porque su «juguete», hecho de medida por su ex marido para ella, poseía un segundo pene mas pequeño para que se lo colocara dentro de su vagina y como ahora dentro de sí alcanzara su deseado «punto G».

    Tenía que reconocer que la rubia era una hembra formidable y que empalada sobre su pija era todo un espectáculo, una verdadera máquina de gozar y generar placer, por eso esperó hasta que llegara al clímax y cuando esto pasó, y Diana se abandonó al orgasmo, esta aprovechó y dando vuelta las tornas, quedó ella montando a su rival sin ni siquiera haberle sacado su pija de la concha y mirándola con odio empujó con furia sus caderas, hacia adelante, penetrándola, hasta el fondo con una violencia inusitada y haciéndola gritar de placer y dolor, el ritmo de la penetración se hizo rápido y feroz pero la rubia no solo no cedía, sino que rodeó con sus poderosas piernas la cintura de la morocha, mientras que esta se la estaba cogiendo salvajemente, trabó sus pies detrás de la espalda de su rival y apretó con todas sus fuerzas…

    La morocha sintió una punzada de dolor que le atravesó la cintura y vio que se quedaba sin aire, pero nunca fue una mina ni fácil ni débil, así que en vez de aflojar cubrió con su poderoso cuerpo a la rubia, le calvó sus pechos en los suyos, le rodeó el cuello con los brazos y comenzó a asfixiarla, Diana en respuesta a esto la tomó con sus dos manos por los cabellos y tiró de ellos, la morocha le dio un terrible chupón que la dejó sin aire y la rubia se lo devolvió mordiéndola con saña.

    Así la cosa continuó por algunos minutos, mezcla confusa de sexo salvaje y lucha brutal hasta que la loba sintió que estaba llegando al clímax y entonces bajó su mano derecha y le introdujo dos dedos en el culo a su rival haciéndola «saltar» y de esa manera aumentando su orgasmo; pero la rubia también estaba acabando cuando sintió la irrupción de los dedos de su rival en su trasero, y el cuerpo de la rubia se contrajo y esto le hizo aflojar la presa que mantenía con saña sobre la cintura de la morocha y luego con el potente orgasmo que la inundó su cuerpo se relajó profundamente.

    Virginia la observó con una mezcla de frustración y bronca, la muy hija de puta, pensó, no solo no se derrumba ante ella sino que encima está gozando profundamente de sus «atenciones», y sin dudarlo un instante decidió aumentar la dosis. Sacándole su pene de la vagina, se colocó las piernas de la rubia a cada lado de su cuello, y se lo introdujo de un solo golpe hasta el fondo del culo de su rival que había quedado completamente expuesto por la posición en que la había colocado.

    Diana sintió la penetración como que algo había arrasado su trasero, pero sin embargo se excitó como nunca, suponía la consecuencias de desafiar a «la Loba» pero esto estaba superando todas sus expectativas y la estaba haciendo gozar como nada ni nadie en su vida; ella adoraba el sexo lésbico y brutal, o sometía o era sometida, pero nunca así de una manera tan bestial y completa, nunca ninguna hembra había podido poseerla de esta manera y lo bueno de esto es que recién empezaba.

    La morocha la miraba a los ojos, mientras le aplastaba los fuertes pechos con sus manos se la cogía con furia, con penetraciones profundas y rápidas destinadas a domar a la dueña de ese culo tan poderoso, pero el sometimiento se hacía cada vez más difícil porque la hembra que estaba sodomizando parecía disfrutarlo…

    La rubia la observaba desde abajo y se deleitaba con la vista de esa terrible yegua que se la estaba cogiendo por el culo de esa manera salvaje pero a pesar de todo esto decidió poner un poco más de pimienta a la cosa, de forma que le apretó fuertemente esas hermosas mamas puntiagudas que apuntaban a su cara; su rival reaccionó con rapidez tomándole las muñecas y sosteniéndolas contra el piso para mantenerle los brazos inmovilizados de espalda al suelo y se apoyó en la punta de sus pies para que la penetración fuese total y completa; y así durante un rato la cogida continuó dándose con furia y recibiendo con placer hasta que la morocha alcanzó un orgasmo increíble, su cuerpo se sacudió por el placer y tuvo que aflojar la presa sobre los brazos de su rival y la rubia lo aprovechó empujando de costado por el cuello a la loba, con las piernas, haciendo que esta quedara de espaldas al suelo y la rubia quedara a caballo sobre ella con sus piernas trabándole los brazos y con sus pies debajo de las axilas, y entonces comenzó a sentarse sobre su cara…

    La morocha vio con horror como la húmeda vagina de su rival se colocaba sobre su rostro y pensó en que había derrotado a la rubia tangueando y luchando pero ahora esta puta no solo estaba gozando a sus expensas sino que también la estaba venciendo sexualmente y esto no le había pasado nunca, había tenido todo tipo de peleas, luchas fáciles y aburridas, difíciles y entretenidas, inclusive terribles y sangrientas como la que había tenido con Lola, la gitana, en la aunque ella había vencido, destrozando física y sexualmente a su rival pero quedando ella muy lastimada; pero este tipo de resistencia sexual era distinta y le provocaba una mezcla de furia, admiración y placer para con esa hembra que ahora la estaba montando.

    Mientras que estaba en medio de esas elucubraciones sintió la vagina húmeda de su rival le cubría su boca y vio que esta la tomaba de los pelos y le gritaba «CHUPAME LA CONCHA, PUTA», pero ella se negó rotundamente, quien era esa putita de cuarta la que pretendía que le hiciera un «fellatio», cuando ella la había vencido y humillado.

    Cuando la rubia sintió que la loba no la chupaba «taloneó» con ambos pies a su rival clavándole con fuerza los tacos de sus zapatos negros en las tetas. Al sentir el dolor provocado por los «tacazos» en los pechos, la morocha, que se sabía todas las mañas se dio cuenta de que con la fuerza no ganaría nada así que decidió cambiar de estrategia, pero si la iba a «minetear» lo haría bien, como como ella sabía y le gustaba hacerlo.

    Diana sintió que una lengua poderosa y ardiente se introducía profundamente dentro de su vagina e instantes más tarde unos labios bucales masajeaban y succionaban vigorosamente sus labios mayores y su clítoris, produciendo en ella un efecto desconocido porqué nunca nadie la había «mineteado» de esa manera tan completa y minuciosa y lo mejor era que esto prometía extenderse durante más tiempo…

    Y duró mucho más de lo esperado, porqué la morocha sostuvo la «chupada» por más de una hora y la rubia se estaba «deshaciendo» producto de un orgasmo tras otro; Virginia la estaba pasando muy bien porqué sabía que al darle placer de esa manera a su rival supo que la estaba venciendo sexualmente sino también, por mucho que le pesara, se estaba comiendo una de las conchas más ricas de su vida y poseía todo el tiempo del mundo para continuar con la degustación.

    Tan entretenida estaba, que habiendo perdido la noción del tiempo chupeteando cada vez con más ganas, que solo se dio cuenta de la situación cuando su rival cayó sobre sus brazos, en cuatro patas, «destrozada» por la sucesión casi ininterrumpida de orgasmos y pidiendo por favor que se detuviera porqué ya no daba más, estaba completamente derrotada.

    Al ver que la rubia la «desmontaba», la loba rápidamente, se colocó tras ella y tomándole el brazo izquierdo se lo torció en la espalda y haciéndola gritar la hizo arrodillar adelante suyo, para que luego ella arrodillándose detrás y sobre sus piernas dejándola totalmente inmovilizada; entonces le soltó el brazo izquierdo y tomándola por ambas caderas se la sentó encima de su pija penetrándola analmente.

    Cuando Diana sintió que algo le entraba en el culo dio un respingo, pero las fuertes manos de su rival la tomaron por los hombros y la empujaron hacia abajo «empalándola» completamente, entonces elle trató de resistirse, pero la morocha le pasó los brazos por debajo de las axilas y le colocó ambas manos en cuello empujándole la cabeza hacia abajo, trabándola para luego penetrarla violentamente.

    De esa forma, teniéndola literalmente colgada, trabándole los brazos, inmovilizándole las piernas y respirándole en la nuca la siguió sodomizando salvajemente por unos minutos, al cabo de los cuales le pasó el brazo izquierdo por la garganta y tiró hacia atrás, ahorcándola, y logrando que ambos cuerpos unidos por el pene artificial se curvaran hacia atrás, llevando la penetración hasta el fondo y haciendo que su pelvis se incrustara firmemente contra las nalgas de su rival.

    El cuerpo de la rubia se arqueó hacia atrás y esta sintió como la pija de su rival ocupaba completamente su intestino sabiéndose una marioneta, un pedazo de carne en manos y pene de la morocha.

    Pero esto estaba lejos de terminar, porqué la loba estaba haciendo lo que mas la exitaba, vencer, dominar y destruir sexualmente a su rival, o sea dejar demostrado sin lugar a dudas quien era la mejor, en pocas palabras quien es la YEGUA y quien su hembra; para esto pisó con su pie derecho el pie derecho de la rubia clavándole firmemente su taco dorado sobre tobillo derecho de su rival, inmovilizándole el pie para tomar con su mano el stiletto derecho de su hembra por el taco y arrancándoselo del pie se lo metió en la boca de la rubia haciendo que esta lo chupara como si fuera una enorme pija negra.

    La rubia se sorprendió por el tamaño del «bocado», antes se había «comido» el taco de la morocha, pero esto era otra cosa, mucho más grande y encima su propio zapato, intentó alguna resistencia pero su rival, que la tenía totalmente dominada le gritó «CHUPATELO TODO PUTA O TE RE-CAGO A PATADAS» y como le venía demostrando era perfectamente capaz de hacerlo y al fin de cuentas era nada más que su zapato y había cierto morboso placer morboso en «comérselo».

    Esto duró por algunos minutos y cuando casi lo estaba disfrutando, su rival se lo sacó con violencia de la boca y le dijo, al oido y con voz muy suave «AHORA TE VOY A COGER COMO A MI ME GUSTA» y tomando su negro stiletto, completamente cubierto por su saliva, lo puso de costado y se lo enterró profundamente dentro de su hyper-lubricada vagina; esto la tomó nuevamente por sorpresa, ya que nunca nadie se lo habría hecho, pero también sintió que se derrumbaba, no solo se la estaba cogiendo por el culo sino que ahora la estaba haciendo una doble penetración por la concha con su propio zapato, esta mujer era «LA YEGUA» en todo sentido y ahora entendía cuando todas decían que su habilidad para el sexo era formidable, no había ninguna duda en la cama Virginia era «LA MEJOR» y también la más despiadada.

    La loba sintió un salvaje placer cuando penetró a su hembra, con su propio zapato por la concha, mientras la sodomizaba y percibió como la rubia se aflojaba en sus brazos, había llegado el momento que pacientemente estaba esperando, ahora se la iba a coger como a ella le gustaba, porqué necesitaba alcanzar la plenitud de su orgasmo y para eso utilizaría una mezcla de lentitud y poder para lograr el total y absoluto dominio sobre su rival; comenzó empujando a la rubia, que estaba casi desfalleciendo, hacia adelante para montarla completamente y cuando su cuerpo estuvo sobre el de ella, Diana finalmente se derrumbó, quedando ahora completamente debajo de su cuerpo y penetrada profundamente en la vagina por su zapato y en el ano por el pene artificial que tenía atado entre las caderas.

    Cuando cayó sobre ella la morocha sintió que su clímax se acercaba inexorablemente y por eso aumentó su presión sobre el cuerpo de su rival; primero pasó sus brazos por debajo de las axilas de la rubia para luego cruzar sus manos sobre la cabeza de esta y luego trabó con sus tacos dorados los tobillos de su hembra para poder cerrarles sus piernas completamente y quedar estas trabadas por las suyas. Al ocurrir esto la rubia sintió como aumentaba la presión dentro de su vagina y de su ano ahora totalmente sobre ocupados, trató de balbucear alguna queja pero la morocha le empujó hacia abajo la cabeza y la mordió en el nacimiento del cabello en la nuca mientras que comenzaba un profundo vaivén copulatorio que desde su culo que se trasmitía hasta muy dentro de su vagina.

    Virginia alcanzó el clímax una y otra vez durante la hora siguiente, su hembra hacía rato que estaba completamente inmóvil debajo de ella, consiente pero sabiéndose terriblemente dominada por la morocha que estaba absolutamente entregada a su propia relación sexual, o sea totalmente derrotada, vencida, humillada y aniquilada, superada definitivamente tanto en el tango como en la lucha o en el sexo, mientras que ahora la yegua que la montaba y sometía se estaba ocupando de sus propios asuntos. Esto era cierto, la loba estaba buscando su GRAN ORGASMO, y por eso siguió, otro buen rato, bombeando lenta pero ininterrumpidamente dentro de su rival, porqué haciendo esto su propio pene artificial que tenía profundamente incrustado dentro de su vagina la estaba llevando hacia el tan deseado clímax; y finalmente cuando esto ocurrió, cuando la morocha sintió las inequívocas señales que le enviaba todo su cuerpo hizo lo último que le faltaba hacer para culminar la faena, marcar a su hembra para siempre, de una forma para que nunca existieran dudas de quien la había derrotado y poseído ese día, y para eso puso su cabeza al lado de la de la rubia, abrió la boca y le clavó salvajemente sus dientes en el cuello, Diana gritó de dolor pero su rival le cubrió firmemente la boca con su mano, ahogando el grito y a ella, que finalmente perdió el conocimiento producto del exceso de placer y castigo.

    Virginia vio que la rubia se desmayaba debajo de ella y aprovechó para morderla más fuerte y con más saña hasta que sintió algo cálido y salado inundaba su boca y supo sin dudas que esta hembra iba a llevar «SU MARCA» para toda la vida y que serviría como prueba irrebatible de su victoria. Pero habiendo hecho esto su cuerpo explotó en un orgasmo descomunal, como si se hubieran liberado todos los demonios que la loba llevaba dentro de sí, toda ella temblaba y ardía bañándose en su transpiración y soltando un potente chorro de líquido seminal, que surgía de su vagina como si estuviera eyaculando como un hombre.

    Finalmente ella también se derrumbó sobre el cuerpo inerte de su rival, pero solo tardó unos pocos minutos en volver en sí y cuando lo hizo se relamió la sangre de la rubia que aún tenía en la boca, porqué gran parte de lo que surgió de la herida producto de la marcación ya se lo había «bebido» en medio del clímax; luego se limpió la boca con su mano ensalivada y se la pasó por la base del cuello a su rival, limpiándole la herida para verificar que su marca había quedado perfectamente visible.

    Entonces sintió unas ganas urgentes de orinar, siempre le pasaba lo mismo luego de un orgasmo como ese, así que se irguió sobre sus rodillas, y abriéndole las piernas a su indefensa rival le retiró el stiletto negro de su maltratada concha y viendo que este estaba llego de mucus y líquido de lubricación vaginal se lo llevó a la boca y comenzó a lamerlo con especial deleite; mientras que hacía esto enganchó con el taco dorado de su zapato derecho la tira del talón del stiletto negro que aún conservaba la rubia, y haciendo palanca ese lo quitó del pie envuelto en una red de nylon.

    Cuando terminó con la limpieza del otro zapato negro lo dejó en el suelo y mientras que se relamía los labios llenos del flujo lubricante de la rubia, se soltó el cinturón que sostenía sus dos porongas y se sacó primero la que estaba dentro de ella y luego la que tenía dentro del recto de su rival; cuando miró este último observó que no solo había en el restos de lubricación y un poco de sangre, producto de una brutal y completa rotura de culo sino que también estaba recubierto de resto de heces y esto le dio mucho asco, acaso esta sucia hija de puta no se había hecho una buena enema antes de enfrentarse con ella?; era obvio que no lo había hecho, pero ella le iba a poner remedio, abrió con sus manos las nalgas de su rival dejando totalmente expuesto el dilatado agujero del culo de esta y apoyando firmemente su vagina en él descargó todo el orín que tenía acumulado en su vejiga produciendo de esta forma de enema improvisado dentro del roto ano que tenía debajo.

    Cuando hubo terminado se levantó limpió sus penes con la ropa de la rubia, tomó su ropa y la guardó dentro de una bolsa de mano que había llevado, junto con su «cinturonga» y su par de stilettos dorados, que fueron reemplazados por un par de mocasines de taco bajo que llevó para ese efecto, se arregló el maquillaje, se acomodó el cabello, se puso un tapado cubriendo su desnudez y se dirigió a la puerta, pero se detuvo a mitad de camino cuando advirtió que aún faltaba los más importante, SU TROFEO, así que volvió donde estaba tirada la rubia, que estaba empezando a despertarse, y tomó sus dos zapatos negros y los colocó dentro de su bolsa.

    Llevarse los stilettos de la rival vencida era una tradición por todas aceptada porque no solo eran un trofeo duramente ganado sino que también eran una prueba irrefutable de quien era la vencedora, pero para ella estos «recuerdos» eran mucho más, porque no solo los guardaría y atesoraría formando parte de su colección de victorias, sino que también usaría, los que pudiera calzar, en la intimidad de su hogar donde desfilaría con ellos luciéndolos, pero mucho más importante, se masturbaría con ellos y también los colocarían sobre la cama y los montaría recordando lo que había hecho con sus antiguas dueñas, todas derrotadas por ella; en pocas palabras tendría sexo con ellos.

    Con ese pensamiento lujurioso en mente y totalmente satisfecha por la faena realizada salió a la fría noche, se cerró el tapado y emprendió el camino a su casa como una persona cualquiera.

  • Femdom de cuarentena. De novio a esclavo en castidad (3)

    Femdom de cuarentena. De novio a esclavo en castidad (3)

    Pasaron dos días, en los que mi lívido aumento muchísimo, más que al inicio del otro periodo. Esta situación me daba cada vez más morbo y eso hacía que mi polla entrara en un bucle de excitación. Pensaba en sexo, me ponía cachondo, y al pensar en que no podía descargarlo, me ponía aún más cachondo, por pensar en que Nuria me controlaba, en que ella tenía un control total sobre mi polla. La única forma que tenía de satisfacer mis necesidades era lo que Nuria me dejara, que era chuparle coño, además de besarla y tocarla cuanto quisiera. Al menos durante unas horas saciaba mi apetito sexual. Aunque rápidamente volvía y no me dejaba concentrarme. Nuria por su parte estaba encantada. Recibía placer varias veces al día sin tener ni siquiera que pedirlo.

    Al tercer día no podía más. Aprovechando que Nuria se fue a hacer la compra, me hice una paja, lo cual me hizo sentir muy bien y muy mal a la vez, por haber traicionado la confianza de Nuria.

    Para no hacerla sospechar, al poco de que llegara con la compra me puse de rodillas y empecé a comerle el coño de nuevo.

    El día siguiente me despertó Nuria.

    -Serás falso. –me dijo.

    -¿Qué dices?

    -He notado que no te has movido nada en toda la noche, y últimamente siempre te mueves mucho porque te dan erecciones nocturnas. Entonces he ido al basurero y he encontrado papel higiénico con tu semen. Te has corrido Iñigo, sin mi consentimiento.

    -Vale, lo admito. Tienes razón.

    -Me da igual que me des la razón. No puedes hacerlo, y créeme, va a ser la última vez. He estado reflexionando al respecto y sabía que era cuestión de tiempo de que te corrieras sin mi permiso, por lo que te he comprado un dispositivo de castidad.

    -¡¿Qué?!

    -Lo que oyes. Este es.- y me lo mostró. Era de silicona, de color blanco y de apariencia bastante suave.

    -Joder Nuria, no sé… vale que no me puedo tocar, ¿pero esto? Me parece demasiado

    -Me parece que tu polla no opina lo mismo… Te has hecho una paja ayer y mira cómo está de dura. Te pone esto, ¿verdad cariño? Lo que pasa es que estás asustado y avergonzado, y no lo quieres admitir por tu masculinidad, pero no te preocupes.

    -Admito que esto me da morbo, pero lo voy a pasar mal. Lo sé. No lo veo claro Nuria, no.

    -Mira Iñigo, te has hecho una paja sin mi consentimiento. Si no lo hubieses hecho, no estaría pasando esto. Pero has roto mi confianza, y ahora esto es necesario. Es lo mínimo que puedes hacer.

    Me estaba chantajeando de nuevo. Y lo peor es que mi orgullo no era lo suficientemente grande como para resistirme. Lo cierto es que la situación me estaba poniendo terriblemente cachondo y no quería parar.

    -Está bien, está bien.-dije. Mi erección era aún mayor que antes.

    -Pues a ver cómo te quitamos ahora esta erección para ponerte el aparato jajaja.

    -¿Follando?

    -Si claro, buen intento. No después de haberte hecho una paja ayer. No te lo mereces. Te voy a hacer una paja, y ya es bastante de mi parte, pero antes, cómeme el coño un rato anda.

    Como me gustaba que me ordenara servirle. Fue sin pensarlo, fui directo a su entrepierna, que olía bastante fuerte esa mañana. Le quité las bragas y me puse a ello. Ella a los pocos minutos se puso encima de mí pero al revés, en la posición de un 69, y empezó a hacerme una paja. Cuando estaba llegando al clímax Nuria empezó a chuparme la polla, lo cual me agradó bastante. Al menos le seguía gustando chupármela y no podía resistirse a ello. Al cabo de unos segundos de pensar esto me corrí, mientras Nuria tenía mi prepucio entre sus labios. Después se incorporó, y pensé que iría al baño a escupir el semen, como siempre hacía. Sin embargo no se levantó. Se acercó a mi cara y me ordenó que abriera la mía. Entonces entendí porqué me había hecho la mamada. Empezó a besarme, mientras me tiraba la mezcla de mi corrida con su saliva. Yo lo soporté como pude, y tragué.

    Esperamos unos minutos a que se bajara completamente mi erección y me puso el dispositivo, no sin esfuerzo. Cuando me vi con él, me puse nuevamente cachondo. Mi polla empezó a latir con fuerza, pero esta vez la barrera del dispositivo de castidad me impidió tener la erección. Era una sensación muy rara, ya que estaba muy caliente pero no sentía dura mi polla. Sentía mariposas en el estómago.

    Nuria me miraba con una sonrisa de oreja a oreja. Le gustaba mucho verme así. Cogió mi polla, o más bien la funda de silicona, y empezó a acariciarla.

    -¿Sientes algo?

    -Nada.

    -Bua, esto va a ser muy divertido.- Cogió la llave de mi jaula, que venía en un collar, y se la puso al cuello.

    Pasaron dos días en los que me fui acostumbrando a mi nueva realidad. Lo que más me costaba era dormir por las noches. Me despertaba con dolor en la polla constantemente y mis sueños eran casi todos eróticos. Nuria notaba que me costaba mucho dormir, e intentaba hacérmelo más fácil, dentro de lo posible. Me hablaba de otras cosas para que me distrajera, y a veces lo lograba. Sin embargo, seguía siendo muy difícil. El estar cachondo todo el día hacía que viese a Nuria de otra forma. Me ponía muchísimo más que antes, y la tocaba y besaba mucho más. Pese a que eso aumentaba mi lívido, era mejor eso que no hacer nada, ya que al menos temporalmente mi deseo era satisfecho, aunque no pudiese correrme. Nuria, claro, estaba encantada. Durante los primeros dos días le comí el coño más de diez ocasiones, a veces durante más de media hora. La iniciativa casi siempre la tenía yo, y Nuria siempre accedía a ello.

    Sin embargo, las cosas empezaron a cambiar el quinto día. Nuria estaba ya cansada de la misma rutina, y necesitaba sentir una polla dentro. Por lo que me vino a hablar y me dijo:

    -Cariño, ya va siendo hora de que me folles.

    Por fin había llegado el momento, iba a ser liberado de mi jaula y podría follar. Me llevó a nuestro cuarto y me dijo que me acostara boca arriba en la cama y cerrara los ojos. A continuación me puso una benda en ellos, y me ató de las cuatro extremidades a ella.

    -Hala, ¿cuándo has comprado esto?

    -Me han llegado hoy. Y no es lo único que he comprado. Sacó unas cajas de debajo de la cama.

    -He comprado unos dildos, Iñigo. Entonces me quitó la venda y me los mostró. Eran tres. El primero era de color negro, no muy largo y muy suave al tacto. El segundo era blanco, de unos 16 cm, que era un centímetro más que mi polla, y el tercero era nuevamente negro de unos 22 cm.

    -Me vas a follar con ellos. Quiero probar pollas más grandes que la tuya. Pero lo más importante es que así podré ser follada todos los días sin que tu pierdas tu lívido, y así estarás a mi servicio las 24 horas. Además, a partir de ahora me vas a llamar ama cada vez que estemos en algo relacionado con el sexo.

    Yo me quedé mudo. No me podía creer lo que estaba pasando. Me había manipulado diciéndome que íbamos a follar. Estaba enfadado, y había llegado al límite. Pero también estaba más cachondo que nunca. La sensación de sumisión que tenía al estar completamente inmovilizado me estaba encantando, y decidí dejarme llevar. No tenía sentido imponer resistencia: me tenía completamente atado de brazos y piernas. Por lo que no dije nada y me limité a asentir.

    -De acuerdo, ama. –dije nerviosamente.

    -Así me gusta esclavo. –Sentir esa palabra me puso todavía más a tope.- Ahora, abre bien la boca.

    Recibí un escupitajo bien fuerte, que me calló entre la boca y la nariz. Nuria se rió, y me deslizó la saliva a la boca. Después volvió a escupirme, pero en la mejilla. Después, con su mano me esparció el líquido por la cara, dejándome una sensación de humedad muy fuerte. A continuación cogió un arnés que me puso en la cara, y después puso el segundo dildo, el de tamaño intermedio, que quedó perpendicular a mi boca. Nuria entonces se subió encima de mi cara, y pude contemplar la hermosa vista de su culo y coño acercándose a mí. Pero tuvo un cambio de opinión y se dio la vuelta. Empezó a chupar el dildo para lubricarlo, mirándome fijamente a los ojos. Lo chupó hasta el final, haciendo un buen deep throat e incluso llegando a tocar con sus labios mis mejillas. Una vez que lo tuvo bien lleno de su saliva, empezó a introducírselo por el coño.

    Era una sensación verdaderamente extraña. El culo de Nuria bajaba y subía directamente encima de mi cara, llegándose a apoyar en ella muchas veces. Además, veía perfectamente su coño dilatado y penetrado por el dildo. Era una vista verdaderamente cruda y detallada, que me dejó hipnotizado. Por lo demás, era un poco incómodo, ya que mi cabeza rebotaba frecuentemente contra la cama.

    A los pocos minutos se dio la vuelta y pude verle la cara. Además, empezó a correrse. A la tercera corrida empezó a deslizarse por el dildo y fue a caer cerca de mi boca, por las mejillas y barbilla, lo cual se unió a la saliva que ya tenía sobre la cara. Después de cinco orgasmos, Nuria paró, se puso de rodillas en la cama con cada pierna alrededor de mi cuerpo, y me quitó el arnés. Después, quitó el dildo de él y me lo puso cerca de la boca.

    -No vamos a desperdiciar estos ricos jugos de mi corrido, ¿no esclavo?

    Yo no respondí.

    -Responde esclavo!

    -No… ama

    Entonces, me dijo que abriera la boca. Me fue metiendo el dildo en la boca, y en seguida noté el desagradable sabor de su corrida, que era muy amargo.

    -Venga, sé que puedes meterlo más adentro. –me decía mientras presionaba el dildo contra el fondo de mi boca.

    -Chupa bien, saborea mi corrida.

    Yo seguía sus instrucciones como podía. Nunca había chupado una polla, ni de plástico, por lo que era una sensación extraña. Me agobiaba que metiera el dildo demasiado profundamente en mi boca, pero a la vez me daba mucho morbo, sobretodo porque estaba recubierto de su corrida, lo cual lo hacía aún más sumiso. Lo chupé, succioné y lamí con mi boca y lengua, hasta dejarlo completamente limpio. Nuria entonces lo sacó de mi boca, miró que estaba limpio, y lo guardó.

    -Muy bien esclavo, lo estás haciendo muy bien. Me está encantando esto, y creo que a ti también. Me miró el prepucio y observó la cantidad de líquido preseminal que había salido de él.

    -Estoy cachondísimo, ama.

    -Y yo, esclavo. Ahora límpiame el coño, que es lo único que falta.

    Se abrió de piernas en la cama. Yo bajé al suelo y me puse de rodillas delante de sus piernas. Nuria me cogió suave pero firmemente de la cabeza y me condujo hacia donde quería. Tenía el coño rojo, inflamado, y lleno de corrida de un color blanco-transparente. Empecé a lamerle por todos lados con la lengua, sin hacer mucho contacto con los labios. No me gustaba mucho el sabor y textura de la corrida, y hacía lo que podía por evitar respirar y tocarla con toda mi boca. Pero Nuria lo notó enseguida.

    -No esclavo, así no. Quiero que lo hagas convencido de que te gusta. Y acerca más esos labios, joder.- Me dijo mientras pegó mi cabeza a su entrepierna con sus manos. Me hacía tanta presión que no podía respirar bien, por lo que chupé sus labios, absorbiendo la corrida lo más rápido que podía. A los diez segundos y me dejó de presionar, y rápidamente saqué la cabeza para respirar. Abrí bien la boca buscando aire, y Nuria aprovechó el momento para escupirme. Fue tan violento que la saliva se esparció en mil pedazos, cayendo por toda mi cara, que tenía ya un aspecto lamentable entre la corrida y la saliva pegada a ella.

    No dije nada, y después de tomar aire seguí el trabajo. Después de minuto más se dio por satisfecha y se levantó. Me miró intensamente y me dijo:

    -Mírate, de rodillas, con tu polla en una jaula, lleno de saliva y corrida en toda la cara y pelo. Que sumiso estás hecho, y todo en cuestión de pocos días. ¿A qué te está encantando esto, putita? Me dijo sonriendo

    Putita, me había llamado putita. Y me había encantado.

    -Ssí, ama. –dije tímidamente.

    -No te veo muy convencido esclavo. Abre tu boca.- Entonces volvió a escupirme, pero esta vez directamente en mi boca, con un hilo grueso.

    -Trata y repite, esta vez convencido.

    -Sí, ama! Y perdona ama, es que aún me cuesta asimilar ciertas cosas, pero no quiere decir que no me guste, al contrario. Estoy pasando unos días increíbles.

    -Ya sabía yo que estabas gozándolo como una perra. Ahora vete a duchar, que tienes un aspecto lamentable.

    Me fui a duchar. Efectivamente necesitaba limpiar bien mi cara y pelo. Salí muy despejado de la ducha, y me puse a ver una serie con Nuria, Casa de Papel.

    CONTINUARÁ

  • Mi deseo cumplido es una mujer

    Mi deseo cumplido es una mujer

    Como de rutina transcurre un día cualquiera, trabajo, unos tragos tal vez, pero nunca cambia el pasear a mis perros, un pitbull color crema muy claro y manchas en blanco muchas personas dicen que está muy lindo, y un mestizo, color negro y manchas blancas juguetón y muy noble.

    Caminando hacia el parque pensaba algunas cosas ya qué paso por camellones con árboles, pasto y es muy relajante por que no pasa mucha gente por ese lugar, mientras iba de camino tenía una sensación de que podía hacer lo que quisiera y me saldría si lo quieren ver de otra manera me sentí con mucha suerte, pero no le di mucha importancia, llegué al parque y empecé a caminar mientras disfrutaban mis perros.

    Alzo la mirada y a lo lejos se veía una silueta de una mujer que también traía a su perro, debo decir que en este lugar no es muy concurrido a excepción de fines de semana, y cuando hay mujeres corriendo o simplemente paseando son muy hermosas, así que seguí caminando hasta que estuvo cerca de mí, me aparté del camino ya qué venía corriendo ella así qué jalé a mis perros para que pasara, bajó la velocidad y cuando pasó enfrente de mí, realmente era una chica muy guapa bajita aproximadamente 1.60, piel canela, cabello a mitad de la espalda, unos labios qué contrastaba con el color de su piel estaban un poco más oscuros, pero se veían demasiado sexys, tenía un buen cuerpo para su estatura. Son de esas chaparritas qué tienen de todo, pero lo que me gustó más de ella fue la sonrisa agradable y coqueta qué hizo cuando pasó a lo cual le respondí.

    La seguí observando hasta que uno de mis perros me jalo qué casi me tira, volteé a ver la chica y ella se estaba riendo, creo que vio lo que pasó, me empecé a reír igual y seguí caminando, pensé en por que no le hablé, me gustó demasiado la mujer, pero tenía la esperanza de que la volvería a ver.

    Di vuelta al parque y de lejos podía ver que se acercaba ella, y decidí en no quitarme del camino, ya cuando se dio cuenta empezó a caminar lo que usé para soltar un poco de la correa a mi perro y este fue hacía su perrita qué era de Alaska, totalmente blanca con sus ojos en azul, estaba pequeña a lo que supuse que tendría 1 año a lo mucho y no habría problema con que el mío le hiciera algo, y así fue empezó a olfatearla y la chica entro en confianza a lo que igual aflojó su correa

    B: Esta muy bonito tu perro, ¿cuánto tiempo tiene?

    D: Gracias, 3 años, la tuya también esta hermosa, ¿ella cuanto tiene?

    B: Apenas tiene 8 meses, se llama Canela.

    Me pareció demasiado gracioso, su perrita color blanco y se llama Canela, y aparte de que el color de su piel es de ese color.

    D: igual que el color de tu piel

    B: jajaja, me estás diciendo perra

    D: No, para nada yo no dije eso jajaja, solamente digo que me gusta mucho como te queda ese color.

    Todo esto dio paso a una conversación muy agradable, caminamos y hablamos durante 1 hora aproximadamente, miré mi celular y ya eran 10:30 pensé que aún era buena hora, Brenda qué así se llama, me dijo:

    B: Veo qué ya es algo tarde, ¿Tienes que irte?

    D: Creo que aún es buena hora, estoy disfrutando el clima, el momento y de tu compañía, ¿ya es tarde para ti?

    B: No puedo decir que es tarde, pero tampoco me gusta andar sola en la noche (con esa sonrisa coqueta qué me había dado la primera vez).

    D: Bueno si quieres caminar un poco más yo me comprometo acompañarte a tu casa o cerca de ella si tú quieres.

    Se me quedó viendo empezó a reír, y saco una pipa, tenía forma de calavera y estaba tallada en madera, eso me sorprendió mucho, pero también me agradó, ya que todo lo que me había estado platicando no pensé que hiciera esas cosas, me gustó mucho ese momento porque a pesar de tener sus metas bien planteadas el hecho de que fumara cannabis me hacía tener más ganas de conocerla, ya qué a veces también lo hago yo.

    B: ¿Fumas?

    D: No, pero no te voy a dejar sola jaja

    Empezamos a fumar e íbamos caminado hacía su casa, cada vez la plática se ponía más agradable, entre risas, bromas, secretos, y una que otra insinuación de ambos, llegamos, la miré y noté que sus ojos estaban muy rojos.

    D: Tengo gotas, quieres que te ponga, me parece ver que tus ojos están demasiado rojizos.

    B: Yo también veo que los tuyos están igual, también te pondré.

    En ese momento sentí extraño, pues estábamos hablando como si ya nos conociéramos de tiempo y no había desconfianza alguna, el trato era igual, había una excelente conexión, saqué las gotas de mi bolsa, y se las di a que ella lo hiciera primero, me senté ya qué no me alcanzaba, y cuando puso sus manos en mi cara, me observaba y sonreía al mismo tiempo algo que yo hacía igual, sentí qué iba a besarme cuando vi que se acercó a mí, pero solo observó mis labios y se retiró viéndome a los ojos.

    B: Ya está, te toca

    D: Abre bien los ojos y no te vayas a mover

    Le dejé caer 2 gotas, y ella cerró sus ojos en cuanto las sintió.

    D: No los vayas abrir, quédate así un momento.

    B: Me dices cuando los abra.

    Me quedé mirándola fijamente y le limpie las gotas de lagrima le estaban saliendo, miré sus labios y lo siguiente fue qué empecé a besarla, no opuso resistencia y lo que hizo fue seguirme, besaba muy rico, esos labios qué tenía eran perfectos, sentía como apretaba mi espalda a lo que yo respondía bajando mi mano hasta la altura de su cadera esperando que ella me dará bajar más, y así fue puso su mano en la mía y ella misma la bajó, fue un momento donde lo describiría qué con ese beso, nos dijimos que es lo que seguiría después…

  • Madre e hijo, experiencias eróticas (IV)

    Madre e hijo, experiencias eróticas (IV)

    Pasaron dos semanas y yo pensaba únicamente en que llegase otro fin de semana donde quedarme a solas con mamá. Finalmente ese día llegó, mientras en mi cabeza solo habitaban imágenes de lo sucedido con ella y de esa foto tan sugerente que me envió.

    -Mamá, ¿quieres que entrenemos? –pregunté yo, sabiendo la respuesta.

    -Por supuesto, me cambio y listos –dijo ella muy alegre

    Como ya era habitual, tras el entrenamiento nos dirigimos a la ducha, nos desnudamos y entramos. Cogí el jabón y se lo pase a mamá, ella comenzó a extendérmelo por el pecho, yo me aproximé a ella rozando con mi pene erecto apuntando a su vagina. Mamá entonces me lo agarro con suavidad y comenzó a masajearlo suavemente. Mientras lo hacía tome el jabón, y comencé a extendérselo por sus pechos masajeándolos suavemente, y disfrutando de su suavidad.

    Tras continuar un rato así, mamá se dio la vuelta, y pego su culo a mi pene, tomo mis manos nuevamente y continuo masajeando sus pechos con ellas. Poco a poco, fue bajando hacia su vagina, donde comencé a notar el bello. Yo dejaba a mamá llevar mis manos donde ella quisiera, dejaba que usara mis dedos para pasar por sus labios vaginales, no llegaba a meterlos, solo rozaba su precioso coño con ellos.

    Finalmente, nos aclaramos el jabón y salimos de la ducha, nos secamos mutuamente y mama me dijo:

    -Me encantan estos ratos contigo cariño –para, acto seguido, darme un beso rápido y breve en los labios.

    -Y a mí también mamá –dije sonriendo de forma sincera.

    Mamá se fue a su cuarto desnuda por la casa, y yo fui al mío.

    Tenía claro que aquello estaba avanzando hacia un punto donde quizá, con algo de suerte podría alcanzar la meta que deseaba desde hacía tantos años, hacer el amor con mamá.

    Tomé una decisión, llevar a mamá al pueblo el fin de semana siguiente, así pues le dije:

    -Mamá, ¿quieres que vayamos a pasar el finde al pueblo, ya que va a hacer sol y buena temperatura?

    -Me parece una idea genial cariño, me apetece mucho estar los dos solos en el pueblo –dijo mamá con un tono sensual.

    El fin de semana llegó, cogimos el sábado temprano el coche, durante el trayecto mis ojos se desviaban de la carretera por el precioso escote de mamá. Cuando llegamos al pueblo, abrimos la casa y revisamos que todo estaba en orden. Así pues, fuimos al patio, y decidimos tomar el sol y relajarnos.

    -Oye cariño, podemos aprovechar a hacer nudismo y ponernos morenos –dijo mamá mientras se descalzaba.

    -Me parece buena idea además estamos solos y en la intimidad –dije yo de forma sugerente.

    Mamá se desnudó por completo, se quitó el sujetador dejando libres esas hermosas tetas, y se bajó las braguitas de encaje que llevaba. Yo, por mi parte hice lo mismo, quedándome totalmente desnudo y con mi pene comenzando a erguirse.

    Tras un rato tumbados mamá me dijo:

    -Paul, vamos a echarnos algo de aceite, así nos protegemos y nos ponemos morenos –a la vez que me pasaba el bote de aceite.

    -Vale, date la vuelta que te voy echando –dije yo con iniciativa.

    Mamá se tumbó boca abajo, y yo comencé a echarle aceite por la espalda, baje por sus lumbares, y comencé a embadurnarle las nalgas, masajeándolas con suavidad.

    -Bien, gírate y te echo por delante mamá –dije yo con ganas de tocarle los pechos.

    Mamá se giró, y comencé a echárselo por el abdomen, subiendo poco a poco a sus tetas y embadurnando sus pezones rosados y grandes de aceite. Entonces poco a poco baje hacia sus ingles y sus muslos, y los recorrí por la parte interna rozando los labios de su vagina.

    -Venga cielo, que te pongo yo ahora –dijo tomando el bote de aceite.

    Yo me tumbé boca arriba, pues solo quería ver como sus pechos se movían mientras me masajeaba. Mamá comenzó a echarme aceite por los pectorales y el abdomen. Al poco rato, se echó aceite de nuevo en la mano, y la dirigió a mi pene. Comenzó un suave masaje de arriba abajo, recorriendo con su mano desde la base hasta la punta. Sus pechos me rozaban en mi pecho, y mamá se acomodó un poco más sobre mí. Yo disfrutaba mirando cómo me tocaba y como sus pechos se movían sutilmente. Tras un rato, mamá se quedó mirándome fijamente a los ojos, nuestras caras estaban bastante cerca. Yo, de forma casi subconsciente, iba acerándome a sus labios, hasta que quedamos a escasos milímetros.

    -Dios… -dijo mamá en un suspiro.

    Y nuestros labios se fundieron en un beso. Comencé poco a poco a meter la lengua, y mamá me correspondía juguetona. Su mano seguía acariciando mi pene, mientras que yo comencé a acariciar uno de sus pechos con suavidad.

    Continuamos varios minutos así, hasta que mamá soltó mi pene, separo sus labios y se puso de pie. Yo pensaba que quizá se había arrepentido de golpe, pero para mi sorpresa, tomó mi mano ayudándome a incorporarme, y comenzó a caminar hacia dentro de la casa, guiándome tras ella hacia su cuarto.

    Cuando llegamos, mamá se sentó al borde de la cama, y yo a su lado. Sus pechos me rozaban, mientras mamá volvía a besarme. Yo la rodeaba con un brazo por la cintura mientras nuestras lenguas jugaban, y con el otro comencé a acariciar sus muslos, subiendo hacia su coño. Cuando llegué note la humedad fruto de la excitación, y comencé a acariciar su clítoris suavemente con mis dedos, haciendo que mamá gimiese de gusto. Empecé entonces a besarla el cuello y a bajar hacia uno de sus pechos. Mamá tornaba la cabeza hacia atrás fruto del placer.

    -No sé cómo hemos aguantado tanto para hace esto… -dijo entrecortada por el placer.

    -Porque no estaba seguro de si querías o no –dije yo mientras chupaba uno de sus pezones.

    -Mmmm… llevo deseando esto desde hace semanas… -dijo entre suaves gemidos.

    Mamá comenzó a masturbarme despacio, ambos hacíamos movimientos muy suaves, fruto del miedo de esta nueva experiencia.

    Tras unos minutos así, mama dijo:

    -Túmbate en la cama Paul –separándose un poco de mí y dejando de masturbarme.

    Yo, haciendo caso a mamá, me tumbe hasta apoyar la cabeza en la almohada, mientras ella escalaba sobre mí hasta tumbarse en mis caderas, dejando justo detrás de ella mi pene.

    Nos quedamos así unos minutos, mirándonos con una sonrisa de felicidad. Entonces mamá, se incorporó un poco, tomó mi pene con una mano y lo situó a la entrada de su coño. Poco a poco se la fue metiendo, acostumbrándose a su tamaño, hasta que finalmente se la metió del todo en un suspiro de gusto.

    Mamá comenzó a mover sus caderas sobre mí, de forma lenta pero continuada, mientras yo acompañaba su movimiento agarrando sus caderas. Mamá tomó mis manos, y las colocó en sus pechos insinuando que quería que se los acariciase.

    -Es tan placentero como me había imaginado… -dijo mamá en voz alta entre gemidos.

    -Mmmm… es aún mejor mamá –decía yo ahogado por el placer.

    Entonces mamá se inclinó sobre mí, y comenzó a botar sobre mi pene a mayor ritmo. Yo agarraba sus pechos y lamia sus pezones con pasión.

    -Me encanta que me los chupes hijo –dijo mama con voz entrecortada por el esfuerzo y el placer.

    Mi pene entraba y salía con suavidad por su coño, notando el calor del coño de mamá abrazándolo y dándole gusto.

    Al poco de estar así, agarré con firmeza del culo a mamá, hinqué mis pies en la cama y comencé a hacérselo de forma más rápida e intensa. Mis caderas chocaban contra las suyas.

    -¡Mmmmhh… joder…! –dijo mamá en un quejido de gusto y placer mientras me besaba apasionadamente.

    Continué a ese ritmo varios minutos, hasta que mamá comenzó a correrse de gusto y pocos segundos instantes yo la acompañé corriéndome también.

    -¡Ahhh… ahhh… AAAAHHH! –gritó mamá de placer

    – Ooohhh… -gemí yo de gusto.

    Mamá se quedó como estaba, apoyando su cabeza en mi pecho. Ambos jadeábamos fruto del placer.

    -Ahora nos vendría bien una ducha, ¿no crees cielo? –dijo mamá entre suspiros.

    -Si, la verdad que me apetece mucho mamá –dije yo.

    Fuimos a la ducha, abrimos el agua y nos quedamos varios minutos bajo ella, besándonos, muy pegados uno del otro, mí manos rodeaban a mamá y acariciaban su culo.

    Tras la ducha, nos pusimos a comer para recuperar energías, y pasamos la tarde de forma tranquila, como si nada hubiera ocurrido.

    Al caer la noche, nos acurrucamos en el sofá a ver alguna película. Mamá acariciaba con una mano mi pelo y con otra mi pecho, llevaba de nuevo ese pijama de franela de la última vez, solo que en esta ocasión se había abrochado muy pocos botones de la camisa. Yo llevaba una camiseta corta y un pantalón corto de pijama. Mi pene se iba poniendo erecto, y mamá se dio cuenta. Comenzó a acariciármelo por dentro del pantalón, de forma suave y poco a poco se colocó frente a mí, y con gesto dulce me bajo el pantalón, liberando mi pene. Podía ver sus pechos colgando dentro de la camisa, mama comenzó a pasar su lengua desde la base de mi pene hasta la punta, dando un par de suaves lametones mientras me miraba con amor. Entonces a la tercera ocasión al llegar a la punta de nuevo, abrió la boca y se lo metió entero. Comenzó un movimiento de cabeza continuado, donde podía notar como jugaba con su lengua y mi pene.

    -Mmmm… que bueno mamá… -decía yo entre gemidos de placer mientras cerraba los ojos.

    Mamá continuó varios minutos, y yo al darme cuenta de que si seguía así me correría, y eso era algo que no quería aun, le dije:

    -Para, espera, ahora túmbate tú y déjame hacerte a mí –le dije apartando con suavidad su cabeza de mi pene.

    -Vale cariño –dijo con una sonrisa mientras me daba un beso en la boca.

    Mamá se tumbó y yo le quité el pantalón del pijama. Tenía su precioso coño apuntándome, así que comencé a besar sus muslos en dirección a su vagina.

    Empecé a besar su clítoris, pasando la punta de mi lengua mientras jugaba con él. Poco a poco comencé a dar lametones, y a hacer ventosa con mis labios sobre él. Mama comenzaba a estremecerse del gusto, a la par que agarraba mi cabeza y tiraba de mi pelo.

    Continué succionando su clítoris, mientras iba metiendo poco a poco los dedos en su vagina.

    -Ahhh Paul, me encanta cariño… -gemía y suspiraba mamá fruto de placer.

    Note como mamá se iba corriendo a medida que succionaba su clítoris con más intensidad.

    Me incorporé con el sabor de sus jugos aun en los labios.

    -Vamos a tu cuarto mamá –le dije.

    Cuando llegamos, le dije:

    -Túmbate ahora tú en la cama mamá.

    Mamá se tumbó en la cama y se desabrochaba sensualmente la camisa del pijama dejando sus preciosos pechos al descubierto, colocando sus piernas en ángulo y mirándome con deseo, diciéndome con sus ojos que me quería dentro de ella.

    Me subí a la cama, y coloqué mi pene justo a la entrada de su coño., rozando con la punta sus labios vaginales. Poco a poco empecé a meterla, y me fui situando frente a frente con mamá. Cuando la había metido entera, comencé un movimiento suave y seguido, mientras mamá me agarraba la cabeza para acercarme a su boca y besarnos con pasión.

    Comencé a subir la intensidad de mis movimientos y a besarle el cuello a mamá mientras ella comenzaba a estremecerse del gusto.

    -Dios… me vas a matar de placer Paul… -dijo mamá suspirando.

    Subió sus piernas hasta la base de mi espalda y las cruzó, en un gesto de no querer que se la sacase nunca.

    Yo sentía que me iba a correr pronto, así que acelere el ritmo y subí la intensidad de mis embestidas.

    -Cariño sigue así… me voy a correr… ¡Aahhh! –gimió mamá.

    -¡Aaahhhh!, yo también me corro… -dije yo mientras nos corríamos ambos al mismo tiempo.

    Tras recuperar el aliento unos instantes se la saque a mamá y me quede tumbado junto a ella. Ambos estábamos agotados, mamá me dio un beso en los labios muy maternal, y se giró tomando mi mano para abrazarla y quedarnos dormidos.

    Al día siguiente mamá se despertó antes y preparó el desayuno, solo llevaba una bata y era evidente que nada debajo, y llevaba solo un pantalón corto. Desayunamos con calma, y tocaba volver, así pues recogimos todo y cerramos la casa.

    De camino en el coche mamá me acariciaba la cabeza con ternura. Cuando llegamos y aparcamos en el garaje mamá me dijo:

    -He disfrutado muchísimo cariño, no sé cuánto voy a aguantar para volver a pasar el finde solos –mientras me daba un beso en los labios.

    Subimos a casa y mi padre ya estaba allí, le saludé y me dirigí a mi cuarto.

    Me quedé tumbado en la cama pensando en todo lo que había ocurrido, y dándome cuenta de que aquello podía ser solo el principio, lo cual me hacía sonreír de felicidad.

  • Xochi. Mi madre, incesto y sus amantes

    Xochi. Mi madre, incesto y sus amantes

    —Vení más tarde, que todavía están los chicos.

    Esas fueron las palabras que mi madre le estaba diciendo a Mingo esa mañana cuando aún no eran las nueve, y casi desnuda en la puerta de la casa se abrazaba a su amante quien le devoraba la boca en un profundo beso, mientras que este con sus manos deslizándose entre la tanga acariciaba la espalda y las caderas de mi madre. Ella apoyando sus senos sobre el pecho de su amante jadeaba un deseo que se mojaba entre esos labios, sucios de besos.

    —Te quiero coger Laura, anoche me pajeaba pensando en vos, putita.

    —Vení más tarde que voy a estar sola, hace una semana que no apareces y también te tengo ganas, estoy muy caliente.

    Yo que no hacía mucho me había despertado escuché toda esa conversación morbosa, cargada de sexo y de placer que compartía en secreto con mi madre. Ella cerró la puerta detrás de su amante, que volvería por la tarde; sensual se volvió a la cocina a preparar el desayuno con esa tanga blanca y agresiva, con su camisolín corto, el que prefería para recibir a sus amigovios y amantes.

    Mi madre era una ninfómana y sus placeres siempre fueron mi morbo.

    Esa mañana comenzó un juego que acabaría como siempre en el deseado incesto, mientras yo iba provocando poco a poco las travesuras a las que ella no le era esquiva y que su vez fuimos asumiendo como un juego de complicidades. Si bien mi madre tenía sus amigas y entre ellas a “Mena” hermana de Mingo, su amante oficial y padre de dos abortos de mi madre entre otros que tuvo; yo era no solo un juguete de sus deseos, sino cómplice de sus aventuras.

    Eran los primeros tiempos de los celulares con cámara y yo ya tenía el mío, jugar con mi madre a descubrirla con mi cámara era para ella también, un deseo de posar eróticamente, mostrarse sensual y reflejar su belleza para compartirla con sus amigos. Una tarde mientras arreglaba sus plantas en el jardín, su musculosa húmeda, dibujaba sus pezones, sus tetas iluminadas por gotas caprichosas de sudor pretendían escaparse mientras rodaban por el escote; ella me mira y se sonríe, juega a excitarme sin culpa, mientras yo muerdo mis labios delante de sus ojos y ella vuelve a sonreír.

    —Te tomo una foto ma… sonríeme.

    Me mira, vuelve a sonreír con una mirada lasciva y vuelca el pelo sobre su hombro, la figura de una ramera en pose se descubre en mi cámara y volvemos a sonreírnos, cuando ella se quita por sobre su cabeza la musculosa y sus lolas inundadas de pecas se descubren para mí; rozadas sus aureolas y erectos sus pezones.

    —Escuchaste que vino Mingo esta mañana?

    —Si ma, lo escuché y te vi cómo te entregas a él con tanta calentura.

    —Entre vos y yo, esto no pueda salir de nuestro secreto, pero estoy embarazada de Mingo.

    —Ya lo sé, te escuché hace unos días cuando “Mena” y “Eve” te decían que lo tengas.

    —Pero ya sabés que es imposible… encima con el único que me cuido es con tu padre.

    —Si, pero Mingo es demasiado rubio para que tengas un hijo con él, sería muy evidente.

    —No es el primero que tengo con él, sería el segundo y con otros dos amigos otros dos también, creo que me tendré que atar las trompas, para no quedar embarazada y correr más riesgos con ellos.

    —Es que vos tenés amantes muy jóvenes mamá y te embarazan apenas te penetran.

    —Si, por ello ya tengo hecho cuatro raspajes y no quiero otro; además el médico que me los practica también me somete sexualmente, me obliga a acostarme con él, amenazándome que le contaría a tu padre y no lo puedo parar.

    —¿Cuántos amantes tuviste o tenés? —le pregunte a mi madre.

    —Tantos que ya perdí la cuenta, pero en los últimos dos años llevo siete.

    —Pero Mingo…

    —Mingo es mi juguete preferido, me vuelve loca en la cama, pero me deja caliente por eso busco más.

    Mientras jugábamos sensualmente, yo le seguía tomando fotos en el jardín cuando sonó el timbre, no era Mingo, sino otro amigo del grupo de mi madre, José, mecánico también del auto de mi padre. Mamá se acomodó la musculosa aún mojada y sexi estirándola hasta cubrir parte de su tanga desprolija que apenas cubría su conchita suave y depilada, cuando sus pezones y sus aureolas volvieron a ser el bajo relieve en la tela blanca de algodón.

    —Le abro má?…

    —No, dejá que lo atiendo yo, vos seguí con las plantas.

    De espaldas dejaba ver sus caderas latinas y su piel tostada, apenas cubierta por esa tanga blanca, profunda entre su cola cual peras bajando desde su cintura hasta sus piernas. No podía dejar de excitarme al verla caminar sobre sus pies descalzos; era una perra, era una puta; era mi madre cuando dejó pasar a José, quien se quedó helado al ver como ella se meneaba con un sensual saludo, haciéndolo pasar al garaje. Yo sabía cuál eran las intenciones de mi madre, en tanto seguía acariciándose el cabello mientras le explicaba los percances del auto.

    —Cómo te va Richard —Me saludo José.

    —Bien José. —le contesté, mientras me acercaba para saludarlo y ver que ya acomodaba con su mano el bulto que se marcaba en su jean; mi madre mordió sus labios y mirándome me guiñó un ojo, inmediatamente entendí sus apetitos.

    —Ma, voy a salir unos minutos.

    Fue mi reacción para dejarlos a solas mientras me apartaba sin dejar de escuchar la conversación entre mi madre y José, que se volvían cada vez más sensual en el tono de sus voces, como en el juego de manos que se habían comenzado a confiar entre audaces caricias. No hubo tiempo de nada cuando una mirada de mi madre fue suficiente para que José la abrazará arrinconándola sobre la pared y comenzaran un juego de lujuria y sexo desenfrenado; la boca de mi madre se confundía lascivamente en la boca de José que la recorría desde los labios buscando los pezones marcados en esa musculosa sudada de antojos y vicios. En un giro brusco mi madre se volteó eróticamente sobre la pared dándole la espalda a su macho, dejándole a merced su cola mientras la elevaba poniéndose en punta de pie, con sus manos separaba sus glúteos y José comenzó a descender con sus besos por esa espada hasta que introdujo toda su cara en un frenético juego de saliva en la cola de mi madre, que iba cerrando sus ojos, abriendo más su boca y arañando la pared en cada orgasmo que se le iba precipitando cuanto más pajeaba también su clítoris.

    José dejó caer sus pantalones cuando su erección explotó por sobre su bóxer y esa pija larga y bien carnosa se refregó en la raja del culo de mi madre, subiendo y bajando, haciéndole sentir esa erección, cuanto más jadeaba ella su aliento sobre la pared el juego se hacía más intenso, mientras el franeleo seguía subiendo la temperatura.

    —Dejame puntearte la colita —Le dijo José a mi madre.

    —Despacio, despacio, pero no pares. —respondió mi madre, que masturbaba aún más su clítoris dejando su mano húmeda de jugos nacarados que corrían en su placer.

    El ahogo intenso de mi madre y sus ojos que se abrieron sin aliento delataron la penetración profunda en su esfínter, José estrujó más a mi madre sobre la pared y sus lolas explotaron por los costados de la musculosa empapada de sudor, la cogida era tan profunda como la larga erección de José que la sometía aún con más y fuertes embestidas analmente.

    —Por favor no pares (suplicó mi madre) pero no acabes todavía.

    —No putita, vamos a dejar que tu hijo también nos vea coger de esta manera; ¿te gusta así?

    —Por Dios, no pares, que me calienta más que nos esté espiando, pero no te des vuelta, déjalo disfrutar.

    —Que apretadito tenés este culito, te juro que te lo voy a seguir rompiendo por un rato largo, putita.

    —No pares…. Enterrámela profundo.

    Volviendo con sus manos a abrir sus ancas, José pegó una embestida que mi madre volvió a revolear sus ojos hacia el infinito; pero antes que acabara, se giró y lo volvió a besar apretando contra su boca la cara de José, devorando un chupón más que un beso; se arrodilló y comenzando a introducir en su garganta la pija que la seguía embistiendo con furia, José dejaba golpetear sus testículos depilados sobre la cara de mi madre.

    —Ay perrita, al fin sos mía Laura o como te llaman Xochi, después de tanto escuchar de tus virtudes y de lo puta que sos.

    —No te vas a olvidar jamás de la chupada que te voy a dar. —decía mi madre mientras se introducía y saboreaba esa pija dura y carnosa en su boca.

    Las piernas y los glúteos de José se tensaban, no queriendo eyacular sobre su perra en celo, mientras que sosteniéndola del pelo la embestía continuamente, dejando mi madre caer por la comisura de sus labios su baba, cuando sus arcadas delataban su sin aliento.

    —Ahora cogeme hijo de puta —Le ordenó mi madre.

    —No putita, no te voy a tocar esa concha, sos muy puta para que me enganches sin preservativos.

    —No te preocupes que ya estoy preñada de Mingo. —Le soltó mi madre.

    —¿También te coges a Mingo, desde cuando puta ninfómana?

    —Desde que me gustan las pijas grandes, largas y llenas de leche como la tuya.

    En ese momento un chorro de semen fue a parar a los ojos de mi madre, que apretando la pija con sus dos manos y pajeándola volvió a saborearla en su boca, oprimiendo hasta la última gota que dejo correr por su garganta también profunda. Las miradas de una puta y de su macho se saborearon en silencio, mi madre se incorporó sin soltar de una de sus manos la todavía erección que acomodó entre sus piernas y queriendo besar los labios de José, este le esquivó la boca. Mi madre quedó humillada limpiándose con su mano el semen que aún salía sobre sus labios, volvió a arrodillarse y volvió a besar el glande flácido de su nuevo amante, cuando sonó el timbre, yo que estaba disimulado en el living me asomé y vi que era Mingo, miré hacia dónde estaban mi madre y José, cuando pude verlos que se apuraban en arreglarse…

    —Que mi leche te la chupe Mingo a mí me vas a satisfacer; voy a venir solo para “garcharte”, ¿entendés nena?

    —Todas las veces que quieras, acá me tenés para sacarte hasta última gota potro, ahora soy tu putita también.

    —¿Richard, estás por ahí?…

    —Si ma, acabo de entrar.

    —¿Así que tu hijo es cómplice? —Le pregunto José a mi madre.

    —No solo cómplice, sino mucho más, le respondió ella, dándole un piquito en los labios.

    —Abrile a Mingo porfi. —Me dijo mi madre.

    José le pidió a mi madre que levantara el capot del auto, mientras ella sentándose el asiento del conductor dejó caer un bretel de su musculosa dejando al descubierto su hombro y parte de sus prominentes pecosas tetas. Cuando abrí la puerta de entrada, José ya estaba sobre el motor y mi madre sentada en el volante, pero con rasgos de la cogida que había tenido hacía unos minutos, su pelo revuelto, el sudor marcando su entre senos y los pezones bajo relieve en la musculosa blanca manchada ahora de semen.

    Mingo entró y me preguntó —¿Y tu madre?

    —En el garaje con Paulo, —Le guiñé un ojo.

    —Que puta… —murmuró Mingo.

  • Lo disfruté

    Lo disfruté

    Y ahí me encontraba sentado en la orilla de la cama tratando de asimilar lo que estaba a punto de suceder, no daba crédito a lo que estaba segura estaba por venir. La verdad lo ansiaba hace tiempo más nunca había sido capaz de hacerlo, ¿Motivos? Muchos empezando por mis propios juicios, ideas y educación machista. Pero al final del camino me encontraba en la puerta de un nuevo mundo el cual era totalmente nuevo y desconocido.

    Al abrir los ojos y bajar la mirada del techo pude regresar a la normalidad frente a mi estaba Alonso mi eterno compañero de aventuras, se encontraba aflojándose la hebilla del cinturón mirándome fijamente y con el pulso bastante descompuesto posiblemente por los nervios al igual que yo…

    Vamos me dije a mi mismo esto era justamente lo que habías fantaseado.

    -Estas seguro me preguntó Alonso mientras desabotonaba sus jeans y bajaba lentamente sus pantalones y bóxer ajustado.

    -Vamos continúa-con más miedo que seguridad le afirmé- él continuó bajando sus ropas mientras no perdía detalle alguno de lo que acontecía.

    Un pene se asomó semi erecto, era terso era de un color claro limpio con poco vello púbico muy bien arreglado en pocas palabras, por fin!! pensé, uno real frente a mí a pocos centímetros de mi cara.

    Sin vacilar lo tomé con mi mano derecha y lo apreté suavemente mientras Alonso tiro su cabeza hacia atrás cerrando los ojos, lo masajee un par de veces hacia arriba y abajo quitando todo el prepucio que lo cubría, asomándose una rica cabecilla pidiendo a gritos unos labios, de forma torpe me acerqué a él y abriendo mi boca lo metí, mmmm un sabor a limpio, una textura ni dura mucho menos flácida una extraña sensación me llenó por completo mientras lo saboreaba, pronto lo comencé a masturbar con mis labios, ha sido la experiencia más perversa de mi vida un pene para mi solito por fin lo tenía en mi boca, lo saboree tanto ese sabor saladito, quienes lo han probado sabrán a que me refiero.

    5, 10 minutos pasaron hincado frente a él disfrutando de un rico trozo de carne calculo unos 16 o 17 cm y de un grueso respetable, en tan pocos minutos me hice experto en las artes orales, lamia desde la base hasta la punta metía sus testículos en mi boca, lo llevaba hasta el fondo, disfrutaba cada centímetro de él. Como pude me quite los pantalones y la camisa, estaba desnudo frente a otro hombre, con un dedo retiraba de su lubricación y lo llevaba a m ano y jugueteaba con él.

    -Ven levántate me dijo me tomo por las nalgas y con un ligero apretón me volteó quedando yo a espaldas de él, pasaba su cabeza por mi corta raya de las nalgas y cada vez que pasaba por mi ano sentía una ligera carga, me hizo apoyar en la orilla de la cama para quedar de perrito, cómo pude paré lo mejor posible mis nalgas.

    Separé mis nalgas con ambas manos quedando expuesto mi culito, indefenso y con ansiedad de aquel trozo de carne, sentí su lengua húmeda y caliente en mí, una sensación suave, morbosa húmeda fue la gloria, me lamio y metió sus dedos por al menos 5 minutos.

    -Listo, estás listo?? Pregunto, no podía contestar estaba extasiado con aquel beso negro delicioso, lo único que hice fue abrirme más y ofrecerme, entendió perfectamente mi consentimiento, apoyo su verga en mi ano sentí un miedo combinado con lujuria mientras se abría paso por mi apretado ano, entraba pausadamente y 1 o 2 centímetros por vez quizá, cada sección que entraba venia acompañada de un pequeño dolor pero también de placer, disfrute cada parte que entraba respiraba agitado y no entraba ni la mitad aún, sentí su par de testículos en mis nalgas, siii estaba todo adentro, por fin lo había logrado toda para mí, solo para mí no quise moverme solo la disfruté algo tocaba dentro de mi que me hacía sentir toques eléctricos.

    -Vamos dale le invité, dale que quiero disfrutarte, empezó a sacarla de mi haaa que dolor tan más placentero sentí como las piernas se me desmayaban, pero aguanté y me deje llevar, mientras me la metía y sacaba mi ano apretaba esporádicamente y cuando llegaba al fondo toques y más toques…

    -Detente le lije, acuéstate observé su tranca estaba tiesa muy tiesa, no pude más y lo monte, con i mano derecha lo encaminé a mi ya abierto culo y de un golpe se fue al fondo, mi madreee que rica que rica, es la gloria sentir una verga dentro es la gloria subir y bajar, yo mismo meterla hasta el fondo es la gloria la sensación indescriptible, solo es algo que quien ya la ha disfrutado me podrá comprender.

    -Álzame mis piernas le dije, me baje me acosté boca arriba y el me levanto mis patitas, me ensartó ya sin vacilar haaaa es rico, es delicioso es morboso mirar de frente a quien te la mete es un rico majar, así me bombeo por un buen rato, para ser mi primera vez no estuvo nada mal… que gozadera, sentir al final como se puso más tieso y de pronto un espasmo y caliente, caliente en el fondo de mi ano eyaculé sin que me tocara mi pene terminamos al mismo tiempo, después de que sacara su pene sentí como se escurría su leche por mis nalgas.

    -Los disfrutaste?

    -Claro, gracias eres un cabrón, me dio un beso tierno en la frente y nos metimos a bañar…

    Solo quienes han sentido algo dentro me podrán entender, al principio me costó trabajo el acceder a algo como esto, como lo dije al inicio por prejuicios e ideas machistas, pero el día de mañana cuando no puedas hacerlo te vas a preguntar si era placentero hacerlo, invito a quienes dudan lo experimenten, consigan un buen amigo que les haga el favor el sentir algo en el culo no te hace gay, en mi caso me ayudo para disfrutar del sexo con mi pareja y abrirme más a nuevas experiencias que son extremadamente ricas…

    Si gustas podemos platicar al respecto saludos. Me puedes contactar en [email protected].

  • Algunos deseos prohibidos se pueden cumplir

    Algunos deseos prohibidos se pueden cumplir

    En esta noche de lluvia me vinieron algunos recuerdos, bellos recuerdos de hace algunos años atrás, cuando a veces sin querer se cumplen algunos deseos que llevamos en silencio.

    Tengo 40 años, pasó cuando tenía 35, un día de verano, de bastante calor, vivía en un departamento pequeño con mi mujer de mi misma edad y un hijo de casi 2 años. Como toda familia normal, es habitué de las visitas entre familiares y amigos, y más cuando hacía poco vivíamos en ese departamento, recibiendo varias visitas durante varios días para conocer el lugar, y dependiendo el día y hora era el convite o el refresco por decirlo así.

    Un día al regresar del trabajo me encuentro con mi querida suegra y mi cuñada las más chica que en ese entonces tenía 25 años, 10 menos que yo y su hermana, estaban tomando una merienda y charlando, mientras yo saludé y pasé de largo a darme una ducha para estar fresco y sentarme a compartir.

    Cuando salí con un short, una remera y en ojotas, fue como instinto, de sentirme observado, me di vuelta y estaba detrás mi cuñada, cuando la miro, solo me sonrió y yo igual, nada más, entre que ellas seguían de charla se levantaron y fueron al jardín, yo me serví una coca y empecé a preparar una picadita para mi, mi mujer estaba de espaldas y tenía en sus brazos a nuestro hijo, mi suegra de costado y mi cuñada de frente al ventanal de la cocina donde yo estaba, y fue como un acto natural y a la vez provocador que me brotó el de tocarme los genitales como haciendo el que me picara, y noté que me miraba, aunque bajo la mirada un segundo e hizo un pequeño gesto como de incomodidad, pero inmediatamente volvió a mirarme y sonreír, y yo ni lerdo ni perezoso lo volví a hacer y vi como salió un reojo, sonrisa y una mirada picaresca como que me decía que ya entendía que yo me rascaba las bolas para que me mirara.

    Bueno, quedo ahí en ese momento, luego me senté a ver tv y al rato ellas entraron a levantar, lavar y guardar lo que ocuparon para su merienda, a todo eso salió de la nada el comentario de mi suegra hacia mi contándome de que mi cuñadita estaba mal con su pareja, por decirlo así, porque no vivían juntos, aunque tenían un hijo en común de 5 años, pero que en mayor medida era criado por mi cuñada y los padres de él, porque a este le gustaba mucho la joda y vivía de fiesta, borracho y encima estaba sin trabajar. Mi cuñada trabajaba en una tienda de venta de ropas.

    Mi suegra, viuda, tenía una cena con un grupo de amigas, entonces fue la primera en irse, llamamos un taxi y se fue sin más, la hermana de mi mujer se quedó un rato más y se empezó a mensajear con el padre del nene para pasar a buscarlo y traerlo con ella, a todo eso en un grupo de WhatsApp de amigos empezamos a molestar con bromas a un amigo que cumplía años, que salude temprano, y que de haber posibilidad nos juntaríamos a comer algo y sobretodo tomar unas cervezas, mi mujer lo conocía y también le había enviado su saludo por mensaje, así que cuando le comente de la idea de junta me dijo dale anda a saludarlo que es muy bueno.

    Yo me fui a cambiar, muy simple y casual para ir a un bar, mi hijo empezó a dormirse, y mi cuñada le dijo a mi mujer que también se iría, así ella descansaba y hacía dormir al nene, yo fui a buscar la moto, y cuando estaba por salir mi mujer me preguntó hacia qué lado iría, le comente que para cerca del centro, y me dijo que si la podía acercar a mi cuñada aunque sea un poco para que no gastara tanto en taxi, mi cuñadita dijo no a mi mujer, no lo pongas en compromiso si está por salir, mi mujer insistió, te puede acercar de pasada, y me dijo si podía y no me molestaba, le dije que no, que no hay drama, de hecho la llevaría si quiere hasta la casa del padre de su hijo y que luego se regrese en taxi, porque no tenía apuro de llegar al bar para la juntada, que mis amigos lo mismo estarían ahí.

    Entonces accedió, en ese momento salió detrás mío cuando salí con la moto, se despidió de mi mujer, se subió a la moto y me tomó muy suave por la cintura, apenas hicimos algunas cuadras me dijo que no vaya muy rápido porque ella tiene miedo de las motos, le resultan algo peligrosas, y yo que no ando muy rápido, pero solo por bromear y hacerle la contra, apenas salí a la avenida le di una pequeña acelerada, y fue de inmediato su reacción de decirme nooo, por favor no tan rápido y se abrazó fuerte a mi, y sentí muy bien sus pechos en mi espalda, algo que me empezó a calentar, frené en un semáforo, puso su cara apoyada en mi hombro y me habló al oído, no seas así, sos muy malo, no andes rápido que tengo miedo, yo solo reía y más me calentaba esa voz y tonito al oído.

    Salí muy suave, y de nuevo hice lo mismo, y se volvió a prender fuerte de mi, mientras me decía que era malo y que ya no me diría nada porque solo le hago la contra, entonces baje la velocidad, llegamos a otro semáforo, se veía gente, bastante gente en la calle, la noche pintaba muy linda, hacía calor, me preguntó qué es lo que iba a hacer, le conté que iba a juntarme con 3 o 4 amigos porque uno cumplía años y tomaríamos algo y jugaremos al pool, ella solo dijo que lindo, yo hace rato que no salgo, porque está muy abocada a su hijo y que anda cansada de laburar muchos días, que le habían pedido que trabaje también por las tardes, que ella no quería, pretendía seguir solo por las mañanas así después del mediodía ya está con el nene, entonces se me ocurrió invitarla, pero me dijo que no, porque era solo de amigos y varones, que ella no era del grupo y me recordó que no bebía alcohol, a lo que insistí y le dije que no pasa nada que todo estaría bien y que tome una coca, solo se río y volvió decirme que no, y en ese momento vio una heladería, y me dijo, si te juegas te acepto un helado, le dije dale, y ahí no más nos detuvimos y fuimos por un helado.

    Cuando estábamos pidiendo ya los sabores de los helados me tomo del brazo y apoyo su cabeza en mi hombro y me dijo gracias «cuniau» y luego me miró con una sonrisa tan linda que me gustó tanto que ahí no más le di un fuerte abrazo y le dije de nada, es un placer.

    Luego nos fuimos a sentar, empezamos a charlar de cualquier cosa, de un tema a otro, de reírnos por algunas bromas entre nosotros o de algunas ocurrencias, hasta que salió el momento como de confesión, me decía que estaba harta de sacrificarse solo ella y que el padre del nene no se preocupara por nada, y si le caía un peso se iba a emborrachar, le había pintado algo de bajón, le dije que no se ponga así, que a pesar de sentirse algo triste, tenía muchísimas cosas buenas, tenía un lindo y sano hijo, tenía trabajo y estabilidad personal y que no tenía que pedir nada a nadie, que era joven y muy linda, que si ve que es un fracaso su relación que piense bien en cortarla, si puede estar muy bien sola y es más, seguro consigue un hombre mejor para su vida, ella me miró y me dijo que suerte que tiene mi hermana en estar con vos, un tipo presente, trabaja, cuida a su familia, sale con su mujer, se llevan bien, aunque sos serio también sos muy amable y divertido, que te llevas bien con toda la familia, que suerte que tiene mi hermana, yo solo le sonreí y le dije no es para tanto que me iba a poner colorado, jaja.

    Quedamos en silencio unos minutos, no sabía qué hacer ni decir, así que mire hacia arriba como pensativo y busque mi teléfono para ver la hora y si tenía mensajes, ella en silencio también saco su celular y lo miro, vio que tenía mensajes y llamada perdida, era de su suegra, o bueno, la madre del padre de su hijo, cuando lo lee, decide llamar, escucho que empieza saludando y le dice no escuche el celular porque iba en moto, me hace un gesto de que la espere y se levanta para hablar algo más retirada, yo también con un gesto le digo que no hay drama, y me levanto a pedir que me sirvan algo de agua para beber, luego de pocos minutos regresa, y me dice que su suegra le había pedido si podía dejarlo al nene porque al otro día temprano llegarían unos parientes del campo de visita, y que aparte el nene recién se había dormido luego de regresar del cumpleaños de un primito por parte de su padre, y que si ella quería que lo deje, sino no habría drama en que lo busque pero si por favor lo podría llevar de nuevo mañana, y mi cuñada le dijo que lo dejaría, que mañana temprano iría para estar con el nene, y que su suegra se puso muy contenta, y que ella misma le sugirió que saliera con alguna amiga o que descansara, ya que sabe que su vida es muy activa y con poco tiempo de descanso.

    Le dije que bien, ella me dijo si, aunque no sé qué haré, y bueno ya que estas con tiempo vamos a dar alguna vuelta y a comer algo, si quieres, ella me dijo que no porque yo tenía que irme con mis amigos, le dije que no importa, que me quedaría con ella si quería y la llevaría adonde quisiera, ya que ella no sale mucho, pensó unos segundos y me dijo dale, que se te ocurre, yo en silencio, solo le sonreí, fue un segundo también lo mío, pero en mi cabeza salió la palabra «hotel» obvio que no lo dije, le pregunté si quería comer, ir al parque, al pool, quizá bailar jaja, ella me dijo caminar, la mire, sonreí y le dije bueno, nos levantamos y caminamos 20 metros y me dijo que aunque no iba de noche al centro lo conocía de memoria y ya le aburría, le conteste me estas tomando el pelo, te estas burlando de mi, solo nos reímos, y entonces me dijo que si me animaba a manejar hasta el cerro que hay en nuestra ciudad, que hacía mucho no lo veía de noche, claro, dale, si, vamos si querés le dije, ella sí.

    Entonces nos fuimos y nos montamos en la moto y encaramos camino al cerro, aunque a las 2 cuadras le pregunté, seguro querés ir o me estas tomando el pelo de nuevo, ella dijo no, dale, si quiero, pero no vayas muy rápido por favor y puso su carita en mi hombro muy al lado de la mía, algo que volvió a encender y calentar. Fuimos, muy poco hablamos y de algunas cosas sueltas, sin sentido o que veíamos en el camino, o quizás alguna bromita, llegando al pie del cerro las primeras subidas tienen luz y hay algunos negocios y casas de descanso, luego en varias subidas y curvas esta todo oscuro, ella se abrazó muy fuerte a mi y me dijo que no recordaba que era tan oscuro y que le dio algo de miedo, yo entre risas le dije que no pasa nada y seguimos hasta un parador donde es muy oscuro pero tiene una maravillosa vista a la ciudad toda iluminada.

    En ese parador no estábamos solos, había 3 parejas más, nos acomodamos en un costado algo lejos como para que cada pareja esté en el mirador pero con su intimidad, saco su celular, saco algunas fotos, se maravilló con la vista, volvió a contarme que hace rato no iba, se apoyó en mi pecho y me dijo gracias, yo de nuevo la abracé fuerte pero como que me costaba soltarla, de hecho no quería, sentía su perfume de su cuello, sus cabellos y no quería, y note que ella tampoco no hacía nada como para soltarse, y que luego ella también me abrazo, nos apoyamos así en la baranda, sin decir nada por unos pocos minutos, sentía mi corazón bastante acelerado, y note que ella estaba nerviosa, y no me pude resistir, con mi rostro me fui a su cuello y lo empecé a rozar con mi nariz disfrutando de su rico aroma, ella ladeó su cabeza dejando que la roce con mis labios, empecé a soltar algunos pequeños besitos, mientras ella en silencio acelero su respiración, fueron algunos muy pocos minutos, y busque su boca al mismo momento en el que la apretaba fuerte y ella a mi también.

    Que aliento rico y fresco, que perfume su cuello y cabellos, que cuerpo firme tenia, ese que iba recorriendo muy suavemente, acariciando su espalda, contorneando su cintura, y de su boca pase de nuevo a su cuello y a sus orejas, las besé muy suave y no me pude resistir a levantar mi mano y solo rozar sus pechos, muy firmes, muy tiesos, entonces baje con mis besos hasta los mismo, casi hasta sus pezones, mientras su respiración se agitaba más y ella me levanto el rostro para volver a besarme muy apasionada. Fueron varios minutos, en mi mente solo era esa mujer, el deseo de tenerla, de estar con ella, nada más.

    Así como suave empezamos, así suave terminamos hasta quedar abrazados y luego soltarnos, la note muy apesadumbrada, me pidió volver, quería ir a su casa, le dije bueno, aunque yo estaba como loco ya, fue un silencio extraño cuando íbamos bajando y casi todo el camino hasta estar cerca del barrio donde ella vive, fue ahí que me detuve en una esquina, le pregunté que le pasaba, me dijo nada, todo bien, estoy cansada, le insistí, que te pasa, te sentís mal? Me dijo que se había equivocado, y me transformé, le dije vamos un momento a la plaza y lo charlamos, me dijo que no, insistí, vamos, aclaremos las cosas, debemos entender que pasó y que vamos a hacer luego, de nuevo me dijo que no, que la lleve a su casa, que estaba mal lo que hacíamos, que no quería lastimar a su hermana, que se arrepentiría toda la vida si lo hacía, yo no sabía que decir, solo me salió creo que ambos nos vamos a arrepentir más de lo que no hicimos, de lo que sentimos y lo negamos, creo que esta noche cuando nos vayamos a dormir no podremos, estoy seguro que no podremos, porque nos habremos arrepentido de no haber seguido, de haber probado, de seguir negando lo que hoy salió a luz, que hay algo, hay más que cariño entre ambos, hay algo de amor y hay mucho deseo, pensalo, estoy seguro de eso, y te aseguro que prefiero no arrepentirme de eso, ella me dijo que estaba mal, que lastimaríamos personas, que no podríamos hacerlo público, que tendríamos que ocultarlo, que en definitiva estaba mal.

    Yo insistí, no me quiero arrepentir, no me importa ocultarlo, si es que nos hace bien no me importa ocultar, podemos tener una relación de amistad y confidencias, que solo tendríamos algo si todo va bien, si vemos que no funciona no insistimos, tratando de seguir como era antes, y ella me dijo, no sé, tengo muchas dudas y sé que está mal, bajo su cabeza, yo puse mi mano en su mentón y la levanté y le dije mírame, dime si en el mirador, en ese momento no deseaste tanto como yo que estemos juntos, dime si no lo deseaste, ella se hizo a un lado de nuevo y bajo su cara, insistí, dime, y me dijo si, si lo deseaba, pregunte, lo deseabas y lo deseas?

    Calló unos segundos, y me dijo que si, entonces la tomé y le di un beso, ella me abrazo fuerte, nos besamos muy rico, le dije vamos? Solo dijo bueno, vamos donde vos quieras! Fue como si me hubiera ganado más que la lotería con lo que había dicho, y no cabía duda de que no la iba a llevar a su casa, le puse alas a la moto, y en pocos minutos estaba a las puertas de un hotel, estaba ansioso y muy deseoso de tenerla a esa mujer tan hermosa.

    Entramos, fue despacio aunque nerviosos, miramos la habitación, prendí el aire y la tv, ella fue al baño, me senté en la cama mirando un poco de tv hasta que ella salió, se venía acomodando sus cabellos, algo ondulados y suaves, se paró frente a mi, nos miramos, en silencio, le extendí la mano para que se acercara, vino a mi, me beso, nos empezamos a acariciar, esta vez mis manos recorrieron sin límites ese cuerpo con esa figura de modelo, y pude hacerlo debajo de sus ropas, me pidió si podía apagar la luz, le dije que si, quedamos al vislumbre de la tv que estaba en silencio, fui quitando su remera que era algo escoltada pero que tapaba bien su corpiño, ese que envolvía unos hermosos senos, con unos pezones que estaban deliciosos, la recosté atravesada en la cama, fui desde sus pechos hacia el sur, pasando por su ombligo, su vientre, hasta llegar a su cáliz, tenía un aroma exquisito de mujer, y no dudé en zambullirme en ese manantial de frescura y pasión de una joven de 25 años que venía de ser muy dejada de lado y mal atendida, fueron minutos, varios, muchos bebiendo de esa rica miel, mientras ella se movía quebrada por el placer que sentía, sola llevaba mis manos a que lleguen a sus pechos y a su boca para morder mis dedos mientras que también ella se contorneaba y apretaba suavemente mi cabeza hacia su centro, y yo feliz bebiendo de ese cáliz.

    Luego me puse de pie para quitarme la ropa, ella se incorporó sentándose en la cama, mientras yo me sacaba la camisa, ella desprendía el cinto y pantalón, quite mis zapatillas, bajo mi pantalón y me lo quité, quedé con el bóxer, tomé sus manos e hice que acariciara mi miembro si sacarlo, se lo acerque hacia su cara, como sugiriendo que ella lo sacará, lo empezó a besar x encima del bóxer, yo acariciaba sus cabellos, su rostro, tocaba sus hombros, hasta que bajó el elástico del bóxer y salió el falo, estaba duro, tenía mucha excitación, fue muy suave al tomarlo y darle algunos besos, le pedí, por favor, estaba por estallar, que quería sentir como lo saboreaba, me miró con una carita de ángel inocente y abrió su boquita y dejo entrar mi cabeza, ufff que placer, no hacia grandes bocanadas, solo movía muy rico su lengua por debajo del glande, y era maravilloso, muy duro, muy duro, muy duro, le pedí que lo soltara, que no lo tome con las manos, solo que abriera su boca y dejara que suavemente la penetrará, la tome de su cabeza y fui lentamente buscando profundidad, ella dejaba hacer, retrocedía cuando era muy a fondo, yo lo disfrutaba delicioso aunque no hacía una garganta muy profunda, pero si sabía hacer un placer muy rico con su lengua, era la devolución de la gentileza de haber bebida de su cáliz.

    La hice recostar de nuevo en la cama, que abriera sus piernas, la recorrí con la mirada y me fui hacia su cara con un beso mientras apuntaba mi facon para hundirlo suave pero sin detenerme dentro de su ser que ardía, quemaba, era sentir una braza, era fuego, se contorsionaba de placer, ambos, empezamos con un vaivén, mucha pasión y deseo, ambos mojados en nuestros centros, ida y vuelta, sin ser muy lento pero tampoco muy rápido, sus caderas se ajustaban a mi cuerpo mientras seguía sin parar el bombeo a ese cuerpo tan deseado, no quería terminar ni salir de ahí, así que fui relajando para no apurar el final.

    Después de varios minutos, salí por unos segundos para darle unos besos y tomar sus bellas y suaves piernas y montarla sobre mis hombros e introducirme de nuevo en ella, y de nuevo volver a ese ritmo tan lujurioso, tan incansable, ida y vueltas, mientras miraba que ella cerraba sus ojos echando su cabeza hacia atrás y sus pechos seguían el ritmo de los empujones, varios minutos, lento, rápido, lento rápido, hasta que ya no daba más, quería terminar, mientras ella no gritaba, solo susurraba los gemidos con su voz tan dulce, volví a salir de ella, baje sus piernas para que nuevamente abracen mi cintura, regrese a su hermosa intimidad, me desplace bien sobre su cuerpo para poder besarla y susurrar a su oído el deseo de acabar, y entre gemidos solo se le escapó como un suspiro un ajam y volvió a cerrar los ojos y mover de lado a lado su cabeza suavemente, ante esa reacción sentí que me había dejado la oportunidad de elegir el cómo y dónde acabar.

    Y sin dudar me fui a fondo sin parar y más y más y más rápido, sentí que mientras mi vientre quemaba, dolían hasta los testículos y mi falo por la dureza de la excitación me fui todo dentro de ella, llené todo su ser con mi vitalidad, con mis ansias y deseo, con todo mi ser me metí dentro de ella, mientras ella se contorsionaba de placer y si, si se escaparon unos gemidos mucho más altos, los que callaron un poco mientras me tomó de mi cabeza y me llevo hacia su cara para besarme muy apasionadamente, hasta su saliva tenía un sabor diferente, sus gemido suave pasaron de su boca a la mía y luego a mis oídos, sentía sus manos por mi espalda, ella ahora contorneaba mi cintura y cosquilleaba mi pecho, abdomen, cintura, todo con sus uñas muy suave, su respiración se había multiplicado, yo, encima de ella había entendido los brazos para poder divisar en la penumbra de la luz de tv.

    Había terminado, ambos nos detuvimos, nos miramos unos segundos, ella se volteó hacia un lado y comenzó a jugar con los bellos de mi brazo, y luego beso mi mano, como algún tipo de gesto de sumisión o agradecimiento, no lo sé, solo sé que yo aún no había salido, no me había retirado, seguía conectado con ella, dentro de ella, no quería despegarme, así que me extendí nuevamente sobre ella para besarla, y luego me salí, me pare en frente de ella que quedo recostada atravesando la cama, junto y levanto las rodillas mientras con uno de sus brazos abrazo sus pechos, y con la otra mano acomodó sus cabellos, aunque parecía intentar tapar su plena desnudez, la imagen era muy sexi e excitante, la contemplé unos minutos, mientras mire mi hombría que poco había bajado y nuevamente empezaba a crecer con las palpitaciones de la sangre caliente por el deseo, ella movía sus rodillas juntas de lado a lado muy suave, hasta que quedó de lado.

    Me recosté rápidamente abrazándola por la espalda, quedamos muy quietos sin decir nada, yo olía su aroma de mujer, mujer en pleno, un brazo le sirvió de almohada y para volver a jugar con mis vellos, el otro quedó libre para usar mi mano y recorrer su silueta, y en un pequeño descuido subir para acariciar sus lindos pechos, estaba a pleno nuevamente, así que mientras ella estaba en posición como fetal, yo estaba detrás pensando en la clásica posición de «cucharita» entonces arrime más mi cuerpo hasta que mi miembro quedó entre sus nalgas y de sus pechos baje rápidamente hacia debajo de su vientre para acariciar esa feminidad que estaba toda húmeda y dentro tenía aún mis ímpetus, también fui a sus muslos, suaves y firmes, fui con mi rostro hacia su cuello, luego besé nuevamente sus orejas y le susurré al oído, sabes que te sigo deseando, y mucho, no respondió, solo movió la cabeza como si quisiera decir un no pero que era un si, porque su sonrisa delataba que estaba a plena, que lo estaba disfrutando, que quería más, y ese movimiento de cabeza era como diciendo no lo puedo creer de lo que sucede y de lo que le estaba diciendo, y también de lo que ella sentía, que estaba con un tipo con el que no la valoraba, no la cuidaba, que no estaban juntos, que estaban distanciados, que como toda mujer u hombre tiene en algún momento el deseo de piel, de caricias, cariño, besos y abrazos.

    En esa misma posición la reacomodé como para volver a arrancar una nueva sesión de pasión y lujuria, fueron pocos movimientos hasta que quede nuevamente a las puertas de su gloria, y comencé con una suave penetración hasta lo más profundo, y de nuevo a tomar un ritmo de avance y retroceso, ida y vuelta, como antes, varios minutos, hasta que me detuve para pedir cambiar a la posición de rodillas en la cama y su pecho y rostro apoyados también en la cama, en la que sus muslos abiertos hacían que también se abran sus nalgas y se asomen esas bellas flores que tenía, su flor vaginal y su rosado ano, sin demora me fui a besar sus nalgas, mientras con el canto de mis dedos acariciaba su cáliz sin introducirme, y fue cuando pase rápidamente a degustar el sabor de su piel, su ano, algo que le sorprendió, y entendí que le había incomodado un poco, pero cuando se quiso ir hacia adelante rápidamente con mis manos la traje de nuevo hacía mi y continué con mi tarea de comer ese delicioso y pequeño ano, en esa posición iba de punta a punta con mi lengua, saboreando sus dos orificios, varios minutos hasta que mi mano pasó de su adelante a acariciar con las llenas su atrás, y luego hacer algunas presiones para ver su relajación e intentar penetrar.

    Ella en ese momento dijo que no lo había hecho aún, que lo había intentado alguna vez pero no lo logró y que temía que no iba a poder hacerlo, le dije que se calmara y relajara, tome unas almohadas y las puse bajo su vientre y les dije que se recostará encima, lo hizo, y mientras yo separaba sus piernas, le di un último y muy jugoso beso para lubricar bien su cuerpo, me acomode, al tiempo que ella volvió a hablar diciendo por favor no, no creo poder, y de nuevo yo diciendo suavemente tranquila, relájate, todo va a estar bien, me arrodille entre sus piernas, apunte bien mi falo a su pequeño año que lo pude divisar mientras abría sus nalgas, una vez apoyado el glande en su entrada, me abalancé sobre su cuerpo quedando sobre ella como para que no se moviera y le di un suave empujón, solo fue de un pequeño quejido, un gran gemido y un por favor, no, y yo no hice caso, seguí empujando, seguí, mientras ella se agitaba y si gemía más fuerte yo sentía como se iba como despegando su piel interior de su bello culo, sin meter todo llego como a un tope, y empecé muy suavemente a moverme, mientras ella decía si, despacio por favor, y yo si mi vida, bien despacito, y mientras iba y venía muy despacio, después de algunos bombeo me detenía, obviamente sin salirme empezaba a irme más a fondo, buscando que me introdujera todo dentro de ella, y en esos momentos para mi era como una bella melodía escuchar un aaayyy largo, pero no alto con esa voz tan dulce que tiene y ver que con sus manos apretaba las sábanas, excitación total.

    Luego de algunos intentos y varios minutos ya había logrado un ritmo y una profundidad maravillosa, sentía ese estrecho ano envolviendo mi facon duro y caliente, había logrado despegarlo, abrirlo, y ella gemía mucho y más alto de lo que había empezado, aún con el aire vi que su cuerpo transpiraba, era muy rico su aroma a mujer, yo solo me acomodaba para perpetuar mejor el movimiento y observaba para grabar en mi mente la escena que no voy a olvidar, pasaron algunos minutos y entré sus gemidos me pedía que acabara, por favor acaba ya, dale por favor acaba, yo le decía si hermosa, ya termino, ya me vengo, quiero irme dentro tuyo, y unos minutos y luego de una rica acelerada de penetración explote de nuevo, todo mis fluidos dentro de su cuerpo, de su otro orificio, orificio recién estrenado, penetrado por primera vez, inundado de pasión, me desplome sobre ella, estando aún dentro de ella, fue un momento.

    Luego me giré y quedé de espaldas a la cama con los brazos abiertos, ella volvió a una posición fetal y uso mi brazo de almohada mientras su mano acariciaba mi rostro y mi pecho, yo con la calentura animal que había tenido, con mi mano libre me tome del pene y lo moví, le dije a ella, por el y por mi, decirte que la pasamos de maravilla es poco, ella como con algo de timidez me dijo que le gustó mucho y que fue la mejor vez que lo hizo, ahí no más busque el remate, hay que repetirlo de nuevo, solo sonrió cómplice y dijo si.

    Luego vino un silencio, uno muy relajante en el que me acomodé y la abracé bien pegada a mi, ella se pegó a mi pecho y ahí nos quedamos un buen rato, solo en silencio, escuchando la respiración del otro. Ambos cerramos los ojos y por el cansancio de tan bello juego de amor y lujuria, fue que nos habremos dormido solo unos pocos minutos, así abrazamos como estábamos, luego suavemente nos buscamos mirar, nos dimos un pequeño beso y nos levantamos para ducharnos y cada uno regresar a su casa.

    Salimos del hotel, y por una cuestión de seguridad y privacidad la acerque hasta la avenida a un par de cuadras y espere a que tomara un taxi para que llegara a casa, ella sabría que iba a decir por unas horas que haya pasado fuera, mientras yo le llamaba a uno de mis amigos de más confianza para preguntarle si aún estaban reunidos, y me dijeron que si, y fue allá mi destino, apenas llegué me interrogaron porque había llegado tarde, que donde anduve, les dije que ya les iba a contar, pero nunca lo hice al grupo, luego de un tiempo si, solo a un amigo confiable y sin tantos detalles como ahora.

    Estuve quizás casi una hora con ellos, aunque estaba muy feliz, seguía como obnubilado, como flotando, no podía concentrarme ni siquiera en jugar bien un partido de pool que era habitual que jugara, decidí irme a casa, les dije a ellos que dijeran que estuve desde temprano con ellos, solo se rieron y ahí me dijeron debes contar lo que hiciste luego, dije bueno, los saludé y me retiré.

    Llegue a casa, mi mujer me escucho, la saludé, vi al niño que dormía, le dije a mi mujer que iría al baño, me senté a ver videos para distraerme y ni los veía, decidí darme una ducha para recostarme, total lo hacía siempre y mi mujer nunca sospechaba, lo que si me percate luego de salir del baño, era que aunque no era demasiado tarde ya no eran horas de que mi mujer esté despierta, entonces le pregunte si estaba despierta porque el nene se había despertado, me dijo que hacía rato, pero que tomo una mamadera y pronto se durmió, que ella se le quitó el sueño y se puso a ver una película, a bueno le dije, y me recosté, y cuando lo hice, me susurró al oído de que me estaba esperando y que deseaba que viniera temprano, justo como lo hice, como si me hubiera llamado con el pensamiento.

    Y bueno, uno es hombre, y también pareja y marido, así que empezamos con el juego de caricias y besos, y sin dar muchos detalles hice el amor con la mujer que elegí para compartir mi vida, una bella mujer y mujer con todas las palabras, y voy a confesar algo con un toque si de culpa, es que en medio de nuestro amor y pasión pasaron destellos por mi cabeza de lo que había vivido con mi cuñada, la hermana más chica, una de las mujeres más bellas y deseada, la que en muchas ocasiones despertaba mis deseos por su parecido a mi mujer pero más por recordármelo en esa adolescencia donde conocimos juntos el amor y el sexo.

    Pasaron varios días, tantos que se hizo un mes, luego 2 y casi por llegar a 3, y aunque quería volverla a ver, y charlar aunque sea, y si se daba de algo más mejor, ya tampoco estaba desesperado, solo perplejo, porque a pesar del tiempo pasado ella no había vuelto a visitar nuestro departamento, fui un par de veces a casa de mi suegra y justo ella no estaba, había salido, era como mucha casualidad los desencuentros y hasta pensé en que me esquivaba, hasta que un día llegó un mensaje de WhatsApp de un número no agendado, con un hola, como estas? Soy J… y vi su foto de perfil, era ella, si ella, fue una alegría enorme envuelta en un montón de dudas de que es lo que pasaría y contestaría mientras luego de responder hola, bien y vos? Que cuentas y pude observar mientras esperaba su mensaje, el famoso escribiendo…

    Ese relato es para otro momento, por hoy les agradezco el que hayan llegado hasta aquí y ser mis confidentes de uno de mis momentos más deseados e inesperados de mi vida, gracias y hasta pronto!