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  • ¡Sorpresa!

    ¡Sorpresa!

    Mi amiga Diana siempre me ha sorprendido, pero ayer me dio una enorme sorpresa que todavía un día después no he dejado de pensar en ello. Como les he contado en relatos anteriores, con Diana llevo una relación clandestina por varios años y debido a esta pandemia en el último año solamente nos hemos visto una vez pues su marido ahora trabaja desde su casa. Al igual, ella me ha contactado con otras chicas, e incluso el año pasado me contactó con su sobrina de 27 años con la que tuve una rica experiencia y no sé sí lo hace por simpatía hacia mí o porque ella se identifica con las frustraciones de sus amigas. La verdad que Diana es una mujer de 42 y es de mente muy abierta y, hace dos noches me llamó y de esta manera me dijo que me tenía una sorpresa:

    -Tony, ¿qué haces mañana?

    -¿Qué? ¿Te le vas a escapar a tu marido?

    -¡Quisiera! Es otra cosa… te tengo una sorpresa.

    -¿Qué clase de sorpresa?

    -De las que a ti te gustan, las que llevan zapatos de tacón y faldas. ¿Te interesa?

    -¿De quién se trata?

    -Entonces no sería una sorpresa. Lo que te puedo decir es que estoy segura de que te va a gustar. Está aquí de paso y hablando con ella se me ocurrió proponérselo y dijo que estaba dispuesta a una cita a ciegas y puede estar ahí temprano en la mañana.

    -Bueno, está bien… solo espero no te pongas celosa.

    -¡Chistoso! Sé lo que es mío y solo me gusta compartirlo de vez en cuando.

    Quedamos que esta mujer de quien no me dio menor detalle llegaría a mi casa a las nueve de la mañana. Comencé con esa ansiedad de saber quién era o cómo era, pero hasta el momento de las cuatro chicas que me había contactado Diana, de ninguna tengo alguna queja y todas, aunque muy diferentes han sido mujeres muy hermosas. El guardia de seguridad de la colonia me hace saber que me busca Adriana y la hago pasar… es lo único que sé de esta mujer, su nombre.

    Estoy en el segundo nivel de donde veo la entrada de mi casa y veo que llega en lo que ha de ser un servicio de Uber. Veo a una mujer rubia que aparenta unos veinte años y que viste de una manera semi profesional un atuendo sino muy provocativo, pero que llama la atención. Un vestido color verde olivo, zapatos color café que la elevan quizá al metro setenta o más, de buena presencia y desde la distancia su rostro se mira juvenil y muy atractivo. Me gusta su sonrisa y la manera de cómo camina, pues lleva ese vaivén del paso de esas modelos de pasarela. A priori, realmente me gustó lo que miraba. Sonó el timbre y bajo a recibirla.

    -¿Tu eres Tony? Su amiga Diana me habló de usted. –me dijo un tanto nerviosa.

    -Si… pasa. ¡Mucho gusto en conocerte Adriana!

    Ya de cerca pude ver como su vestido se le entallaba muy bien en un cuerpo de curvas alargadas típica de las mujeres esbeltas. Tiene sus ojos color verde, de piernas alargadas las cuales se le miraban hermosas con esas pantimedias oscuras que contrastaban con su piel. Hicimos algo de plática trivial para aminorar los nervios, pues al igual que ella, aunque no al mismo nivel siempre hay cierta tensión o nerviosismo. Solo me aceptó un vaso de agua y en el proceso de la plática iba descubriendo que era una mujer que se había divorciado solo un año atrás, pero su separación había ocurrido todavía más antes. Cuando me dijo que era abogada en Argentina me llamó mucho la atención, pues parecía ser muy joven que le he dicho:

    -¡Te miras muy joven para ser abogada!

    -Llevo ya casi dos décadas en la práctica. -me contestó.

    -¡Cómo! ¿Te graduaste a los cinco años de la escuela de leyes?

    -Verdad que eres chistoso y gracias por el piropo. -me volvía a contestar.

    Para no alargar mucho el relato, sorprendentemente me decía que tenía 48 años, que solo había parido a una nena que ahora tenía 18 y que verdaderamente me dejaba anonadado; realmente no lo podía creer. Honestamente le calculaba 22 años, pues su cuerpo y rostro bien cuidado corresponden a una mujer de esa edad. Pasando al tema de la sexualidad me hablaba de que en el último año por esta pandemia había sido difícil buscar alguna relación y que el trabajo se había atrasado y que por eso se había tomado esas vacaciones y salir de ese estrés que venía viviendo. Ella misma me dijo que tenía más de un año de no follar y que se debía de conformar con la autosatisfacción. Y debido al tono de confianza con que manejaba esta conversación me atreví a preguntarle:

    -¿Qué te parece el sexo griego?

    -¿Qué?

    -El sexo anal… por estos lados así también le llaman.

    -Ah… la verdad no te lo voy a negar, pero a mí me encanta. –me dijo.

    El ambiente se iba tornando caliente y verdaderamente esta mujer argentina que si lo es… es caliente. Habíamos charlado de esa manera por más de una hora y creo que era ella la más ansiosa a tomar ese paso para la acción, pues estoy seguro de que pasar más de un año sin follar y tener esa posibilidad entre tus manos quizá no sería para culparla. Se me acercó sentándose en el mismo sillón y me lo preguntó:

    -Tony, ¿te gusto?

    -Eres una mujer muy hermosa. -le contesté.

    -¿Hermosa lo suficiente para desearme en tu cama? – me preguntó.

    -¡No lo dudaría en ningún momento!

    -Entonces… ¿Por qué no me haces pasar a tu cama?

    No le contesté, tan solo me paré y le di la mano para asistirla a levantarse y la dirigí por las escaleras hacia mi habitación. Ella iba por delante y podía ver ese movimiento de sus caderas con un efecto tan femenino que poco a poco me iban hipnotizando. Su aroma era el de una piel de un perfume dulce, sus labios rojos brillaban con una sensación de rocío exquisito y sus manos alargadas eran suaves, aunque creo que por sus nervios algo frías. Le sorprendió la dimensión y el paisaje que se miraba de mi cuarto, admiró mi pequeña cantina y el yacusi cuya agua estaba ya caliente lista para zambullirse, e incluso entró al closet de mi cuarto y divisó todos esos trajes colgados con una colección de varias corbatas. Seguíamos aun tomados de la mano cuando de repente ella me dijo: -Eres un hombre muy guapo que a cualquier mujer haces fantasear… ¿cuántas mujeres desearían pasar por esa cama?

    Quedó frente de mí y nos comenzamos a besar. Pude sentir su cuerpo esbelto y sentir sus pechos pequeños y en esos besos prolongados también aproveché para sentir sus nalgas. Su vestido verde olivo se desabrochaba desde su espalda y bajé el cierre y pude ver ese cuerpo de tez blanca y cuyo cabello rubio lo cubría a media espalda. Desabroché su sostén y sus dos pequeños y redondo pechos se liberaron y yacían desnudos para ser disfrutados por mi boca. Llevaba esas pantimedias oscuras y podía ver un diminuto bikini sin percibir su color, pero al bajar las pantimedias era de un color verde más claro y que se le miraba espectacular contrastando con esa piel clara y rojiza. No se lo removí en ese momento, pues me parecía tan sensual y seductor de cómo se miraba con ellos. En ese momento solo le removí sus zapatos y quedaba en mi cama con solo ese diminuto bikini verde claro, de esos que, si no son tangas, son los suficientemente diminutos que incluso buena parte se le metían entre sus nalgas.

    Realmente quedaba sorprendido que esta mujer tuviera 48 años. Al principio pensé que era parte de la sorpresa y que me mentía al confesar su edad, pues creo que muchas mujeres jóvenes envidiarían ese abdomen plano que Adriana tiene, unos pechos sino eran los más sólidos, eran naturales y con una simetría propicia a su esbelto cuerpo… bien podría decir que esta mujer a sus 48 podría ser modelo de pasarela. No encontré celulitis alguna o estrías en su cuerpo… tenía una piel tierna y sedosa y sus piernas alargadas le daban esa misma contextura de las muñecas Barbies. Descubrí en su ombligo un arete que colgaba con unas piedras esmeraldas igual a sus bonitos y almendrados ojos y me abalancé hacia sus dos pequeños pechos de textura suave y comencé a mamarlos delicadamente y le pregunté:

    -¿Te gusta que te mamen los pechos?

    -No me gusta… me encanta y así, como vos los haces me estás haciendo derretir mi conchita.

    -¿Te gusta que te mordisquee el pezón?

    -Si… pero me gusta que me muerdas más el pezón derecho… no sé por qué, ni me lo preguntes.

    Le mamé sus pequeños y redondos pechos a morir y me bajé a su abdomen a meter mi lengua a su ombligo y realmente quedé admirado de ver esa anatomía que bien parecía el de una chica mozuela. Se acomodó y subió las nalgas para que le quitara su diminuto bikini y obviamente estaba húmedo y se podían ver sus jugos vaginales pegados como miel en esa zona donde su conchita queda envuelta. Su sexo tenía un olor dulce y cuando besé sus labios estos parecían tener el mismo sabor dulce. Su zona del monte Venus estaba sin ningún vello y su piel parecía tan tersa con la de un infante e incluso su concha parecía que nunca hubiese existido un vello en ella y me dediqué a comérmela, saborearla hundiendo mi lengua en ese hueco mientras mis oídos se alegraban al escuchar sus gemidos de placer y mi verga escurría de las ganas de penetrarla. Ella de repente me dijo: -¡Tenía tiempo de no sentir una mamada así y vos sí que sabes cómo mamar cariño!

    Me dediqué a darle placer oral por unos minutos, pero Adriana estaba tan necesitada de sexo que en cinco minutos constantes de chuparla la conchita y concentrándome en su hinchado clítoris, me anunció con un temblor de sus alargadas piernas que vivía el primer orgasmo conmigo: -Así cariño, dame más… que rico… así, oh, Dios, que rico… -Su abdomen se erizó y pude ver esos microscópicos vellos rubios levantarse. Era impresionante ver su fluido vaginal descargarse, y si no era el típico “squirt”, era una impresionante corrida que dejó una mancha evidente en mi cama. Me besó y saboreó sus propios fluidos y con su lengua Adriana me quitó toda esa miel de su conchita y ella comenzó poco a poco a desvestirme. Llegó al punto de solo en quedarme con mis bóxer levantados por mi erección y ella los bajó y me dijo de esta manera: -¡Que hermosa pija tienes! Diana tenía razón… No es cualquier pija, es una barita mágica la que tienes.

    Se metió lo que pudo en su boca y me hizo un oral que Adriana lo bautizó como el oral de las Pampas. Se comió mis huevos, me invadió con un rico “Rimming” el ano y me hizo acabar con ese chasqueo de su lengua en mi culo, mientras ella me chaqueteaba la verga y mi corrida creo que chocó con el techo y parte cayó en mi pecho y abdomen. Me limpió con su lengua esas gotas y me lo dijo de esta manera: -Vamos a bañarnos y quiero sentir esa hermosa pija adentro de mi culo.

    Pasamos en la ducha con agua caliente dándonos masajes y ahí mismo Adriana me la volvió a parar con una rica mamada. Ella me expuso su rico culo mientras se apoyaba en la pared del baño y me dijo de esta manera: -Tony, rómpeme el culo como tú quieras… quiero sentir tu pija que me llegue al estómago. – Y realmente no hubo protocolos y apoyándose contra la pared de la ducha me expuso su rico culo, el cual parecía el de cualquier chica de 18 años. Sólido y tierno y vi su ojete que se contraía quizá esperando ser invadido. Le eche saliva a mi pija (como ella le llamaba) y sin mucho esperar, ella la recibió como nadie antes la había recibido de un solo golpe: ¡AY… que rica pija tienes cariño… me gusta… sácame los ojos… mátame con esa pija mi amor! -Sus expresiones eran salvajes, sus movimientos eran violentos y le hundía mi verga donde podía ver mi glande entrando y mis huevos chocando en sus nalgas. Era increíble la euforia de sus gritos que chocaban en las paredes de mi cuarto y como ya no se escuchaba el agua caer de la regadera y todo eran sus gemidos y ese golpeteo de mi pelvis en sus nalgas y se corrió con un grito: ¡Eres un salvaje Tony… cómo me has partido el culo con esa rica pija! -Cerré mis ojos y esta mujer con sus gritos, sus gemidos de excitación me llevaron a experimentar la segunda corrida de este día. A pesar de mi edad y de haber follado a una chica dos días antes, le rebalse el culo a Adriana y mi esperma salió expulsado de su rico ano y solo me dijo: ¡Que rica pija tienes!

    Ayer le eche cinco polvos y, creo que Adriana se corrió ocho veces también… eso es lo que conté con sus profusos gemidos. Solo le invadí su vagina una sola vez, pues creo que al igual que mi amiga Diana, ella disfruta el sexo anal más que el básico como ella lo denominaba. Me dijo que le gustaban mis 22 centímetros, pero que también la haría acabar con solo recordar mi rostro. Quedamos en volvernos a ver este próximo viernes 26 de marzo. Adriana dice tener 48 años… coge como una adolescente… yo creo tener todavía dudas a pesar de haber visto sus credenciales en su pasaporte: -¡Que rico coge esta argentina!

    Todavía no lo puedo creer que Adriana tenga 48 años y, me acaba de llamar que vendrá mañana y dice que se quiere comer mi pija otra vez y que le llene su culo con mis 22 centímetros. Así que mañana cuando vosotros lean este relato que espero esté publicado, yo me estaré follando por el culo a esta argentina otra vez.

  • La familia Polanco Llanera: En busca de Sofía

    La familia Polanco Llanera: En busca de Sofía

    Jaime entró en el baño escuchando el agua de la ducha correr. Se acercó al lavabo cogiendo el cepillo de dientes, sabiendo que el golpeteo de los chorros caía sobre el cuerpo desnudo de su mujer.

    —Me está entrando una pereza de ir a por Sofía, que no te puedes imaginar.

    —Normal, hace mucho frío, la niña va a venir helada —contestó Susana con tranquilidad.

    —Pero, bueno, es lo que toca por ser un buen padre… estaría mucho mejor ahí dentro con mi querida esposa. Tienes que estar muy caliente…

    Se enjuagó la boca y acercándose poco a poco a la ducha, trató de ver que había en el interior, pero era inútil, con la mampara, su visión estaba totalmente vetada.

    —¿No me dejas ni una miradita, cariño?

    —Ya te he dicho que hoy, nada de nada… —su voz se paró por un instante para proseguir al de nada— hasta mañana te tienes que aguantar.

    —Como te amo, pero a veces eres tan cruel… —Jaime se agarraba el pene con ansia de tener a su esposa. Había sido una semana dura y quería que llegase ya el domingo para estar solos.

    —Solo… Un poco…

    —No te estarás tocando ¿verdad? —Jaime curioso se la agarró aún con más fuerza y se colocó al lado de la mampara tratando de escuchar gemir a su mujer.

    Un pequeño resquicio se abrió y de allí brotó la cabeza de Susana, con el pelo empapado y una sonrisa de oreja a oreja.

    —Y a ti… ¿Qué te importa? —le contestó sacándole la lengua como siempre que bromeaba— Ven aquí y dame un beso. Eso al menos te lo has ganado.

    Juntaron los labios y Jaime se quedó con la boca algo mojada debido al cuerpo húmedo de su mujer. Pero no le importaba, lo único que tenía en mente eran las dos horas de soledad que tendrían el domingo.

    Susana volvió a cerrar la puerta de la ducha a la par que cerraba los ojos y apretaba los labios con fuerza. No se podía contener más y quería aullar como loca, porque mientras su marido se paseaba por el baño, arrodillado entre sus piernas, su hijo le lamía su sexo con suma exquisitez.

    —Me visto y me marcho entonces. Llegaré tarde, o sea que no te despierto, nos vemos mañana.

    —Estate preparado —le contestó a su marido. Aunque también valía para Lucas, ya que el orgasmo lo tenía a punto de emerger de sus labios inferiores.

    —Por cierto, ¿Lucas está en el desván viendo una película?

    —Sinceramente, no tengo ni idea de donde está, —echando una mirada lujuriosa a su hijo, a la par que se mordía el labio logró decir— es que yo estoy tan a gusto aquí… lo demás me da igual.

    —¡Ay! Mi mujercita… Marcho, mi vida. Dile a Lucas que te haga un poco de compañía y que no te deje sola viendo la tele, que ya sé que no te gusta nada. Te amo, reina.

    —Yo más. —esta última palabra se la dirigió a su hijo para que aumentara el ritmo— Ya le diré que este conmigo, no te preocupes.

    Mientras el marido abandonaba el baño y cerraba la puerta, Susana se ponía la mano en la boca para que no se enterase del orgasmo que estaba teniendo. Mientras el agua caliente le daba un gratificante masaje en su espalda, su hijo comía los últimos fluidos que manaban de su entrepierna.

    —¿Vas a pasar este rato con mamá? —le preguntó Susana a Lucas mientras este asentía sin parar de lamer un clítoris del todo hinchado.

    Jaime por el contrario, bajó hasta el coche recorriendo unos heladores metros que le hicieron temblar. Parecía que el clima de aquella noche se acercaba más al tiempo de Siberia, realmente hacía mucho frío. Por lo que según encendió el coche, lo primero que hizo fue poner el climatizador.

    —Así mucho mejor… —se relajó con el calor que desprendía el coche y después de frotarse ambas manos añadió— ¡Vamos allá!

    Llevó el coche por el camino que le marcaba el GPS. Sofía según llegó a la discoteca le mandó su ubicación para que fuera a recogerla como habían acordado. Eso sí, le recomendó esperar unos metros más alejado y no en la puerta, Jaime se imaginaba que la daría vergüenza que su padre la fuera a recoger. Normal, cosas de adolescentes.

    Cuando la voz del aparato le indicó que había llegado a su destino, aparcó unos cien metros separado de la puerta y avisó a su hija de que ya estaba. Cuando quisiera podían marchar. Ella no le respondió por el momento, por lo que le tocaría esperar un rato más a que salieran.

    Estuvo unos cuantos minutos ojeando el móvil, viendo noticias y haciendo un par de sudokus de los que salió victorioso. Pensó que tampoco le importaría estar allí, total en casa no iba a hacer nada diferente, su mujer le había prohibido el sexo esta semana hasta que llegara el domingo y se desfogasen. Siempre tenía este tipo de planes que al principio le fastidiaban, pero sabía que luego llegaría la recompensa a modo de pérdida de control entre las sabanas.

    En su cabeza salió la imagen de Susana tirada en el sofá, con un bol de palomitas viendo una película más o menos entretenida, mientras Lucas al otro lado enredaba con el móvil. Aunque… la imagen era bien distinta. Su mujer con el pelo totalmente mojado y su cuerpo lleno de gotas de agua, cabalgaba a su hijo encima del retrete con un frenesí desmedido.

    —Dos semanas ya, mi vida —decía Susana a su hijo—. Lo siento, cariño, pero nos teníamos que poner al día con los polvos.

    —No me podía aguantar, como me sigas prohibiendo las pajas, un día voy a entrar mientras duermas a tu cuarto y…

    —Sí, sí, hazlo y me follas en mi cama, tienes permiso.

    La mujer daba botes sin parar mientras su pelo se mecía de lado a lado salpicando gotas como un perro al sacudirse. Los voluminosos senos botaban en el rostro de Lucas que trataba de contenerse para no eyacular y terminar la fiesta, esperaba pasárselo así de bien durante un buen rato.

    Lucas agarró con fuerza ambas nalgas de su madre. Las subió y bajó para ayudar a la mujer en su acto sexual desenfrenado. Susana elevaba su cuerpo hasta sentir que la punta de su hijo estaba por salirse e introducírsela de nuevo. Todos los centímetros la hacían volar a un limbo de placer al que solo la llevaban Lucas y su marido.

    —Las tetas, mi vida, cómemelas que casi estoy.

    —Dale, mamá, que si no me voy a correr.

    —No, no, mi amor. Tú aguanta. ¡Ay dios mío!

    Mientras Lucas apretaba los dientes para retardar su eyaculación, su madre le gritaba en su oído y sacaba más fluidos de su sexo. Susana se corrió como una verdadera fiera, como le gustaba hacerlo, dejando todo “pringado”, palabra que le gustaba decir a su marido. Que por cierto, el hombre en otro lado se frotaba los brazos sintiendo como el frío volvía a entrar en el coche.

    Ya eran casi las doce de la noche y Sofía por fin le contestó que estaba para salir. Llevaba ya una hora esperando y se estaba cansando, “tendría que haber venido, Susana” pensó algo enfurruñado. Recibió otro mensaje, era de nuevo su hijita que le decía a ver si podía llevar a casa también a su amiga Laura. Este no replicó, que más le daba una o dos, por lo que con un okey, le dio el visto bueno.

    Marcó el teléfono de su mujer y la llamó para avisarla. El teléfono sonó tres veces hasta que Susana respondió.

    —¿Qué pasa, Jaime? —dijo con su tono dulce de siempre.

    —Nada, la princesa ya me ha dicho que va a venir ahora, pero vamos a pasar a dejar a Laura. Ni idea donde vive, o sea que llegaré todavía más tarde.

    —No te preocupes, mi vida. Yo en unos minutos me voy a la cama, estoy agotada. —la voz de Susana sonó extraña, como si tuviera algo en la boca.

    —¿Estás cenando?

    —Sí. Es un poco tarde, pero es que Lucas se ha hecho un poco de pizza y le he cogido un cacho. No me juzgues, estoy hecha una gorda.

    Susana no había cogido un cacho de pizza. Aunque sí que tenía algo entre las manos, la gran polla de su hijo que se metía y sacaba de la boca mientras hablaba con su marido. Habían terminado con el baño y después de darse un buen repaso en la sala, la mujer había decido acabar con una buena felación.

    —De gorda nada, tú eres una reina. —Jaime trataba de calentarse pensando en su mujer, aunque era complicado.

    —Sí, sí, muy gorda —acabó por decir mirando a Lucas para que supiera que era por su pene—. Te dejo, mi vida, que la película está a punto de terminar.

    Los espasmos de Lucas eran tan notables que la mujer mientas agitaba el pene de este, colocaba la lengua en el glande colorado que tenía enfrente.

    —Vale, pásalo bien. Ya veo a Sofía salir, te cuelgo entonces.

    Mientras Jaime se despedía de su esposa, esta succionaba por última vez el hinchado capullo de su hijo. En el instante que el hombre separaba el móvil apagado de su oreja, su hijo a unos kilómetros de distancia llegaba al orgasmo.

    Dos fuertes chorros cruzaron el rostro de su madre que sonreía con pasión mientras esperaba un tercero, que apenas sin fuerza cayó en su mano. Esta lamió la punta hipersensible de su hijo limpiando los pocos fluidos que quedaban para después decirle.

    —La próxima vez avisa, bobo, que casi me dejas ciega.

    Ambos se rieron mientras Susana se levantaba en dirección al baño para limpiarse el rostro. Su hijo se quedó tirado en el sofá con un pene menguante y los pantalones por los tobillos. Lucas se encontraba en el cielo, aunque no tanto Sofía, que entró en el coche detrás de su amiga a la velocidad del rayo, menos mal que su padre tenía la calefacción puesta.

    —¿Hace frío, chicas?

    —No lo sabe usted bien —respondió Laura con el labio inferior tiritando.

    —Laura, mujer, no trates de usted a mi padre que no es un viejo —soltó Sofía visiblemente ebria.

    —No importa, cariño, que me diga como quiera, si me trata de usted será que está bien educada. —respondió Jaime poniendo el coche en marcha y lanzándose a la carretera.

    En el primer semáforo, paró y observó como en los asientos traseros, ambas chicas cotilleaban entre risas. Las dos eran muy guapas, aunque su angelita tenía una belleza suprema. Sin embargo, Laura no se le quedaba atrás, era una chica delgada, de bonito rostro, melena rubia y por lo que había visto en anteriores ocasiones, buen pecho.

    Con el semáforo todavía en rojo, pensó que quizá le daba tiempo a darle un “meneo” a su hija si a esta le apetecía. Después de dejar a la amiga en su casa, podría desviarse un poco y dejar que su preciosa Sofía hiciese esas cosas que tanto le gustaba hacer con su pene.

    Tramando aquel plan se evadió de la realidad mientras su sexo se endurecía poco a poco. Parecía que Lucas le había pasado el testigo, porque el suyo había dejado de funcionar y ahora, era el de su padre el que carburaba como un horno industrial.

    —Papá, está en verde —esto último sonó un poco raro, más similar a “vergde”.

    —Es verdad. ¿Os lo habéis pasado bien?

    —Laura mejor que yo… —dijo Sofía sonriendo con malicia.

    —Sofía… —se quejó su amiga dándola un pequeño golpe a modo de broma en el brazo— no haga caso Jaime. Su hija ha bebido mucho.

    —Eso puede ser verdad, pero no te lo has pasado mal con tu amiguito… —terminó por decir Sofía.

    —Hija, no pinches a tu amiga. —el hombre las miraba sosteniendo las ganas que tenía de dejar a la chica en casa y proponer algo indecente a su pequeña.

    —No… Si me lo merezco, es que hoy he ligado, pero el chico… no era muy agraciado.

    —Era muy feo —Sofía estiró la efe en claro síntoma de que las copas le habían afectado. Acabando por reírse de forma estridente.

    —Cariño, deja a tu amiga que se lie con cualquiera. Ella al menos ha ligado, pero ¿y tú?

    —¿Quién sabe? La noche es larga.

    La frase de su hija mientras le miraba por el retrovisor delantero, hizo que la erección que tímidamente se asomaba, irrumpiera con fuerza volcánica. Laura se quedó con el gesto torcido sin saber a lo que se refería su amiga, pero tampoco preguntó.

    Jaime fue deteniendo el coche hasta que un semáforo se le puso en rojo y parándose por completo cogió el móvil abriendo la conversación con su hija.

    —¿Te apetece uno rápido?

    El móvil le vibró a la muchacha en el trasero. Se preguntó quién le daba ese pequeño gusto, no podía ser otro que su padre.

    —¿Y uno más largo?

    Jaime vio la mirada que le lanzaba su hija desde la parte trasera. Sin ningún tipo de reparo de que Laura la viera le sonrió y se mordió los labios para después añadirle a su padre en voz alta.

    —Papá, no estés con el móvil al conducir —Sofía hipó por su borrachera— o ¿estás hablando con la amante? Te veo muy concentrado.

    —No, mi vida. Mis dos amores en el género femenino sois tu madre y tú, no tengo una tercera. Creo que con dos, ya tengo más que suficiente, ¿no lo crees Laura?

    —¿Te damos…? —cortó Sofía con rapidez la respuesta de su amiga— ¿…Mucha guerra?

    La voz de su hija sonaba caliente, más que eso, estaba ardiendo. El alcohol siempre la hacía ponerse con un punto erótico que no se le bajaba hasta que dormía la mona. Su padre lo sabía y apenas podía contener el pene dentro de sus pantalones.

    —Sois insaciables, princesa. Aunque no me puedo quejar, sobre todo porque algunas veces me hacéis unos buenos regalos.

    Sofía observó como su padre miraba a ambas chicas y en su alcohólica mente, algo muy perverso se le ocurrió. Echó un vistazo a su preciosa compañera de vehículo, como les miraba con una sonrisa y sus mofletes hinchados estaban rojos por el calor y la bebida. Se le ocurrió una maldad, alguna que otra vez, las dos se habían dado algún que otro beso inocente en los labios y aunque ambas preferían por amplio margen a los hombres, a ninguna les amargaba un dulce.

    —Tengo tan buena relación con mi padre… —le soltó Sofía a su amiga mientras Jaime aceleraba de nuevo el vehículo— nos contamos todo y compartimos muchas cosas.

    —Ya se ve, tu padre es un amor —contestó Laura sin saber las intenciones de su amiga.

    —Más que eso…

    —Cariño, —Jaime comenzaba a imaginarse lo que su pequeña trataba, conocía ese tono de voz— no me pongas por las nubes. Laura, cielo, ¿estoy yendo bien?

    —Sí, muy bien, cuando haya que girar ya le diré.

    Sofía miró a su amiga que parecía haberse dado cuenta de que otra vez había tratado de usted a Jaime, sintiendo una leve vergüenza. Aunque sus ojos no se fijaron en el hombre si no en su mejor amiga que la estaba mirando de una forma extraña, más fijamente que nunca.

    —Laura, mi buena amiga, Laurita —la mirada de Sofía denotaba embriaguez y algo más…— Ya lo siento por lo de tu amigo.

    —Qué más da… mañana ni me acordaré de su cara.

    —Ya, pero menuda muesca en tu pequeña lista. —la dulce Sofía ponía cara de tristeza tratando de hacer ver a su amiga que se preocupada por ella— Me gustaría quitarte el mal sabor de boca.

    —Mañana me invitas a una hamburguesa, eso sí que me va a ayudar.

    —O mejor te ayudo ahora.

    Sin ningún previo aviso, Sofía se acercó a la joven que con unos reflejos nulos después de tanta copa, no pudo evitar el beso que esta le plantaba en sus labios. Abrió los ojos de par en par por la sorpresa, una cosa era hacerlo de broma o en la intimidad, pero esto era otra cosa.

    Se vio abrumada, el beso no era como los de siempre, si no más caliente. Antes de que supiera lo que estaba haciendo, su amiga Sofía metió la lengua en busca de la suya. La chica rubia por algún raro sentido la recibió y… soltó la suya para que ambas bailaran.

    —Sofi… —logró decirla Laura sin dejar de besarla— Tía, que no soy lesbi…

    —Ni yo…

    La joven comenzó a pasar su mano por el pantalón de Laura mientras el coche seguía en marcha y el ambiente se calentaba más, por supuesto ya no era necesario el climatizador. Sofía siguió subiendo sus delicados dedos hasta que en un instante, topó con la entrepierna de su amiga y allí, apretó.

    —Mierda… Sofía… —Laura tenía la cara roja de placer aunque la parte serena de su mente quería detener aquello. La única razón de querer parar la locura estaba en el asiento delantero— Cariño —le dijo mirando a su amiga y señalando con los ojos al padre de su amiga—. Aquí no…

    Sofía se separó de su amiga después de haberse soltado el cinturón del asiento y lanzarse encima de esta. Laura se sentaba correctamente mientras se tocaba los labios anhelando de nuevo ese beso tan imprevisto, pero la presencia de Jaime la cohibía.

    —Papá, ¿podemos girar a la derecha? Estamos muy cerca de la playa, ¿no?

    —Cinco minutos, no más.

    —Nos llevas, ¿a qué sí?

    Laura miró a su amiga con una mezcla de erotismo y desconocimiento de lo que pasaba. El manoseo que había tenido en la discoteca no le había puesto ni la mitad de cómo estaba ahora y además… los ojos de Jaime estaban clavados en ella.

    —Laura, cielo. Te veo un poco roja, ¿estás bien? —soltó medio en serio, medio en broma el hombre sin dejar de mirar a la muchacha— Hija, creo que a tu amiga no le ha gustado mucho tu beso.

    —Bueno… ni que tú lo fueras a hacer mejor —rio Sofía muy borracha.

    Jaime que comenzaba a tener una erección seria, apretó un poco más el acelerador en dirección a la playa, el parking estaría vacío y nadie molestaría, lugar perfecto. Su hija, aunque totalmente ebria, seguía teniendo una mente muy perspicaz.

    —Seguro que sí, cariño, tengo más experiencia.

    —Laura, tú qué crees, ¿beso yo mejor o besará mejor mi padre?

    —Pues…

    Laura no quería hablar porque sabía que tartamudearía. La mirada de Sofía la tenía clavada en su cuerpo, sentía como quería tocarla, como quería besarla, como deseaba hacer de todo. Tragó saliva para tratar de poder humedecer una garganta que parecía un desierto, pero aquello no servía de nada, puesto que los ojos que la miraban por el retrovisor la desestabilizaban mucho más.

    —Mi madre —añadió Sofía acercándose mucho más a su amiga— dice que papá besa de maravilla. Yo me lo creo y ¿tú?

    La joven estaba contra la puerta trasera derecha, si se hubiera abierto en ese momento caería a la carretera rodando como una pelota. Sin embargo no le preocupaba aquello, si no su amiga que casi estaba encima de ella mientras su padre las miraba sin parar. Pero… ¿En verdad la preocupaba? Se dio cuenta de que no cuando sintió como su mano, de forma involuntaria, se colocaba en el trasero de Sofía.

    Jaime lo vio y su hija lo sintió, sonriendo a su amiga y pasando su mano para acariciarla el rostro. No hubo más espera, ambas se lanzaron a los brazos de la otra y en la parte trasera del coche, Laura ajena a la locura que cometía, dio rienda suelta a poseerse como verdaderas amantes.

    El coche se detuvo a los pocos segundos mientras las dos jóvenes retozaban convirtiéndose en una sola. Jaime apagó el motor, esperando que no se hubieran olvidado de él. Aunque el hombre sí que se había olvidado de su mujer, la cual ahora se metía en cama con su vagina todavía palpitando de los orgasmos.

    Las dos chicas se humedecían las bocas con los besos tan profundos que se daban. El sabor a ginebra que ambas tenían no les rehuía para nada, sino que las avivaba mucho más. Sofía por un momento se apartó de su amiga, que se encontraba tumbada a lo largo de los asientos traseros. La miró con unos ojos cristalinos, con las pupilas dilatas y brillantes a la poca luz del solitario parking. Sus labios estaban pegados, pero no se movían, la una sentía la respiración ardiente de la otra como si estuvieran en el mismo infierno. Sofía se lamió los labios para notar el sabor de su amiga que posaba las manos en el trasero de la hija de Jaime con fuerza.

    —¿Te apetece follar? —soltó en un susurro la muchacha a su mejor amiga a modo de confidencia. Laura asintió olvidándose de Jaime, con una lujuria desmedida y la respiración agitada.

    —Nunca lo he hecho con una chica.

    —Ni yo. —Sofía mentía, pero tampoco le iba a decir que aquella mujer con la que lo había hecho era su preciosa madre— Para que nos sea más familiar… —mordió el labio de su amiga. Laura gimió— ¿Te molaría que metamos una polla en medio?

    La joven asintió ansiosa sin saber a qué se podía referir. Pero poco le importaba, solo quería acabar esa noche lo mejor posible y si su mejor amiga se lo podía dar… mejor que mejor. Lo único que no pensaba era que para Sofía aquella polla era familiar, sí, pero literalmente.

    La puerta donde antes se había apoyado, se abrió un instante después. Jaime que había escuchado todo salió del coche y casi a la carrera quiso entrar por donde Laura se encontraba, aunque ahora solo estaban las cabezas de las dos chicas.

    Las jóvenes sintieron el frío pasar por la puerta y como la figura de Jaime la tapaba después. Sofía levantó a la muchacha para dejar pasar a su padre y para que esta ni meditara todo lo raro que era aquello, la comenzó a besar de nuevo. Laura apenas pensaba, solo sentía como los labios de su amiga la besaban sin parar.

    Cerró los ojos y comenzó a sentir las manos de su amiga, le estaban desabrochando la chaqueta, pero menuda sorpresa se llevó cuando otras manos se la quitaron con calma por detrás. Giró la cabeza lentamente, eludiendo los besos de Sofía que ahora se concentraba en su cuello. Sus ojos hicieron contacto con los de Jaime, que esperaba paciente la decisión de la joven, una decisión que ya no corría de su cuenta, si no del ser lujurioso que habitaba en su interior.

    Sintió unos labios en su oído al tiempo que los ojos de Jaime comenzaban a escrutarla de forma muy diferente a los habituales. Laura no era tonta, sabía que el padre de Sofía se la quería follar.

    —¿Quieres…? —la voz de su amiga era un néctar de pasión creado por los dioses— ¿…saber lo bien que besa? —Laura no hablaba. Asintió en silencio entrecerrando los ojos debido al placer.

    El rostro de Jaime se comenzó a acercar y sin creerlo, en un visto y no visto, mientras Sofía le mordía el cuello, el padre la comenzó a besar con la misma pasión que hacía su pequeña.

    Laura gimió del placer que le producía aquella situación. Sintió las manos del hombre rodearla hasta llegar a sus juveniles y voluminosos pechos, agarrándolos con dulzura. Tuvo que estremecerse al notar como delante de ella, la mano de su amiga se introducía bajo las bragas que habían comprado juntas y tocaba su delicado tesoro.

    Demasiadas manos estaban encima de su cuerpo, algo que no se había imaginado nunca. Sin embargo no podía encontrarse mejor. La rara situación la estaba poniendo demasiado. Estar con su mejor amiga y el padre de esta, besándose en un coche en medio de un parking al lado de la playa… no podía ser nada más morboso.

    Sofía con rapidez comenzó a bajar los pantalones de Laura, que ya se comenzaba a recostar sobre el pecho de Jaime. Dejando su espalda sobre el hombre se siguieron besando mientras la muchacha notaba como golpeando su trasero el imponente miembro del varón se comenzaba a abrir paso.

    La pequeña de la familia tiró el pantalón a un lado mientras veía como su amiga y su padre se besaban. No podía sentirse más caliente, la situación, sumado al alcohol en sangre que tenía, la estaban haciendo arder por dentro. Vio las bonitas bragas de color blanco de Laura y decidió hacer algo que jamás había pensado compartir con su amiga. Le quitó aquella pequeña ropa interior y observó como la joven rubia abría las piernas sin restricciones enseñándole sus labios vaginales rosados, húmedos y sin ningún pelo que le fastidiara la vista.

    No tenía ni siquiera tiempo para pensar, porque su cuerpo se movía antes de que ella decidiera que hacer. Agachó su cabeza y con ambas manos se apartó el pelo del rostro colocándolo detrás de sus orejas. Al hacer aquel pequeño gesto, se detuvo por una décima de segundo a centímetros del sexo de su amiga. Fue entonces que un fuerte olor la golpeó directamente en su nariz, embriagándose del aroma que salía del interior de Laura.

    Esperar por comer aquel manjar hubiera sido pecado para la pequeña, que mientras su padre besaba los labios de su amiga y masajeaba sus senos con calma, ella se adentró entre sus piernas. Con el primer lametazo, Laura gritó.

    —¡La puta hostia!

    Separó la boca de la de Jaime y admiró como Sofía con una lengua más que entrenaba la movía encima de su clítoris dándola un placer que el chico con el que se había liado no se podría ni imaginar. De su amiga solo veía la nariz y los ojos, una mirada salvaje que la hizo jadear y volver la cabeza donde Jaime que ya la tocaba los senos por dentro de la ropa.

    Se volvieron a besar de forma apasionada. La lengua del padre nadaba en la boca de la joven en un baile lujurioso que ninguno de los dos quería abandonar. “Besa de puta madre” pensó la joven a la par que notaba como dos dedos traviesos apretaban su pezón derecho.

    Sofía estaba deleitándose en un banquete. Su amiga sacaba tantos fluidos que su lengua no daba abasto y su ebria cabeza supo que su padre tendría que limpiar al día siguiente el estropicio que caería en los asientos.

    Sin embargo, otra cosa le llamó la atención. Un poco más abajo del trasero de Laura, el pantalón de su padre se ceñía de una forma que bien conocía. El bulto que golpeaba contra las nalgas de su amiga ya se había puesto colosal, como a ella le gustaba y tenía tantas ganas de verlo…

    Pasó una mano sin parar de lamer el sexo de su amiga e hizo contacto con el duro sable. Lo apretó con ganas sabiendo que a su padre le gustaba y con par de movimientos comenzó a sacar el pantalón de su lugar, era el segundo que quitaba esa noche.

    Con ese movimiento, aprovechó a bajar el calzoncillo y de allí emergió el órgano reproductor que tan loca volvía a la joven. Laura no lo miró, porque estaba entretenida besando a Jaime y cerraba los ojos para que cada poro de su piel notase el placer que le daba la familia Polanco Llanera.

    El pene quedó erecto rozando los mojados labios vaginales de Laura que apenas notó el contacto, solo se extrañaba que Sofía parase, quería más. Pero su amiga se había detenido para observar el pene de su padre. Gordo, grande, poderoso… no se resistió, ni siquiera lo intentó y en un momento, con los jugos de su amiga todavía en el paladar, comenzó a meterse el prepucio de su padre en la boca.

    Jaime no tuvo otra que gemir dentro de la boca de Laura. Esta separó sus labios del hombre y con curiosidad buscó el motivo de aquel placer y de porque había echado el rostro hacia atrás. La respuesta estaba entre sus piernas. Desde su punto de vista, parecía que le hubiera crecido un pene de su sexo y su amiga se lo estuviera mamando, pero no era suyo, era del padre de Sofía.

    —¡Qué cojones…! —dijo con un tono bajo que pareció adormilado y casi drogado.

    Sofía no contestó, solo guiñó un ojo a su amiga mientras seguía afanosa en la tarea. A Laura el corazón le palpitó con una velocidad endiablada, viendo como lo prohibido se volvía realidad y sus ojos no permitían mirar a otro lado.

    Jaime que se había repuesto de la primera gran succión de su hija, se acercó a la incrédula muchacha y por detrás de su pelo fue reptando sus labios hasta que topó con el lóbulo de su oreja. Lo mordió, para después decirla en un tono normal para que ambas lo escuchasen.

    —Tranquila que Sofía te deja polla de sobra para luego, la he enseñado a compartir.

    Laura miró primero a su amiga que se sacaba el gran miembro de la boca y escupía sobre este el exceso de saliva producido. La joven al ver semejante derroche de erotismo, no pudo más que soltar un sonido indescifrable que aunaba, sorpresa, placer y ansia por ver que sería lo siguiente.

    —Sofía, reina —dijo Jaime notando la mano de su hija masturbándole—, vamos, dale un poco a Laura que es la invitada.

    —Pero, —se levantó del asiento y acercó su boca a la de su amiga, dándole un beso donde Laura sintió tanto sus fluidos como los de Jaime. Se calentó en exceso— luego me la devuelves.

    La joven rubia no tenía ni que asentir, porque sabía que semejante coloso debería de compartirlo para poder satisfacerlo del todo. Vio como Sofía la colocaba en su entrada mientras Jaime en algún momento que desconocía ya le había arrebatado prácticamente la camisa y ahora sus pechos caían libres por encima del sujetador.

    Se colocó de forma más adecuada y Sofía puso la punta del pene en la zona correcta para que en un movimiento seco, Jaime se la introdujera.

    —¡Jaime! —gritó ella tratando de contenerse al notar el poder abrumador del padre de su amiga— ¡Qué pedazo de polla!

    El movimiento se aceleró de cero a cien más rápido que un Ferrari. Las entradas y salidas eran de lo más veloces al notar el hombre que la vagina estaba más que preparado debido a lo erótico del momento. La joven apoyada en el pecho del padre gemía en un grito interminable que le era imposible detener. Con el solo hecho de tenerla dentro, estaba siendo el mejor momento de su vida, todo el calentón sufrido por Sofía, Jaime lo iba a culminar.

    —Pero… ¿Esto qué es?

    A Laura le temblaba todo el cuerpo mientras que a su espalda escuchaba la respiración acelerada de Jaime y entre sus piernas Sofía aprovechaba para… ¡Seguir comiéndole el coño!

    Su clítoris estaba tan duro que podría explotar de placer en cualquier momento, para Laura era el momento más placentero de su vida y el rápido orgasmo que tendría daría buena fe de ello.

    —Me corro, Sofía, qué me corro —avisó a viva voz.

    —Hazlo, Laura. Dale duro, papá, que se va a correr en mi boca.

    —No… Sofía… —Trataba de decir Laura a la cual los ojos se le ponían en blanco y el alma escapaba de su cuerpo— no te lo… comas…

    Sin embargo, no hizo caso y mientras Laura gritaba como una posesa para que los presentes se enterasen de que su corrida ya llegaba, Sofía lamió todavía con más fuerza.

    Jaime hizo la última entrada dejando dentro todos los centímetros y dando una sensación de plenitud a la joven, la cual no había sido llenada de tal forma en su vida. Había terminado entre terribles contracciones con un orgasmo y abriendo aún más sus piernas acabó por correrse tanto en el pene de Jaime, como en la boca de su amiga.

    Laura tuvo que parar. Jaime la dejó a un lado con sumo cuidado mientras la joven ardía por dentro y notaba que cualquier brisa de aire la podría hacer correrse de nuevo. Estaba sumamente delicada y a la par completamente rodeada de llamas, su temperatura era un contraste brutal con la que hacía fuera del coche.

    Comenzó a volver al mundo terrenal, donde la vida no era tan maravillosa y miró hacia donde padre e hija estaban. Ella se había sentado como había podido al lado derecho, detrás del copiloto y ahora Jaime, estaba en el medio de los dos asientos. Lo único extraño era que su amiga Sofía le cabalgaba como una verdadera amazona disfrutando de todos los centímetros que su querido padre la ofrecía.

    —La echaba de menos, papá.

    —Mi vida… y yo este pedazo de culo. —un azote rebotó en todo el coche haciendo que Laura sintiera la vibración incluso en su palpitante sexo.

    —Laura, ven. —dijo Sofía mientras sus pelos bailaban con cada entrada.

    La joven se acercó y la mano del hombre la rodeó acercando sus pechos a la boca de este. Sofía se sintió algo envidiosa por querer aquellas mamas y cogiendo la otra, los dos comenzaron a chupar los pezones como lactantes.

    —Papá, sigue con ella. —soltó Sofía dejando un pecho libre— Yo puedo cogerte por banda cuando quiera.

    —Sí —sorprendió Laura contestando a la proposición—, sigue conmigo un poco más.

    Padre e hija se levantaron como resortes y en un visto y no visto, Sofía se tumbó en los asientos. Laura estaba encima de ella y Jaime con un pene que no le cabía en dos manos estaba detrás de esta última.

    El miembro comenzó a entrar rápidamente, como si lo metiera en un balde de agua caliente, la amiga de su hija estaba más dilataba de lo que nunca había estado. Los gritos se apoderaron del coche, la juvenil espalda de la muchacha aguantaba con fuerza los duros embates del hombre, mientras Sofía observaba todo casi con la baba colgando.

    Estaban desatados, la rubia no podía casi abrir los ojos, semejante placer la hacían que se mantuviera agarrada a su amiga para que entre las dos controlaran el poder de semejante polla. Sofía como buena amiga la ayudó. Puso una mano en su pecho, acarició el duro pezón con dulzura mientras con la otra hacia lo mismo en el sexo que estaban penetrando con rudeza.

    La joven no lo podía soportar y mirando los cristales completamente llenos de vaho con alguna que otra gota cayendo por ellos gritó… gritó como nunca antes lo hizo. El sonido retumbó en el coche haciendo que Jaime apretase aún más. Laura comenzó a eyacular con unas ganas inusitadas mientras su cuello se hinchaba debido a unas venas que dibujan las raíces frondosas de un árbol. Aunque la joven creía que allí estaba el final de todo, no era así.

    Sin que ella lo supiera y mientras yacía apoyada en el pecho de su amiga, está por debajo de su cuerpo, había dejado a un lado el clítoris de su amiga y ahora, estimulaba los genitales de su padre. Los masajeaba con ganas mientras este seguía metiendo y sacando con menos intensidad su pene en el interior de la joven.

    —Córrete. Hazlo dentro, toma pastillas. —la cara de Jaime, Sofía la conocía. Estaba a punto— Llénala. Necesita que la den su leche, papá. Dale, vamos, dale.

    Jaime azuzado por su hija dio tres entradas más fuertes sintiendo el calor en su entrepierna. La pasión se desbordó y alzó una mano para dejarla caer en la nalga de Laura que se levantó al sentir el picor. La joven abrió los ojos y sintió como el trasero se le enrojecía y apretó los dientes al notar como su amiga le separaba ambas nalgas para que las entradas fueran aún más profundas.

    No duró más tiempo. La descarga ocurrió. Tres misiles de leche surcaron el interior de la joven llegándolos a sentir muy dentro de su cuerpo, tan dentro como nunca antes había sentido nada. Sollozó junto con sus amantes y sintió el peso de Jaime caer sobre ella. Mientras el semen del hombre la llenaba, ella inexplicablemente, volvió a correrse de forma más pausada y tranquila.

    El placer había llegado a dos de los tres pasajeros del coche. Viajaban por el mundo del clímax mientras Sofía intermitentemente les masajeaba con mucho cuidado sus zonas más sensibles. No de manera sexual, sino para relajarlos.

    Jaime se levantó el primero y se colocó en la parte delantera. Accionando el coche de nuevo y dando un poco el aire para quitar todo lo empañado de los cristales (que no era poco). Anduvieron hacia la casa de Laura, mientras ambas chicas se reponían en la parte de atrás.

    Sofía se serenó un poco colocándose la ropa, estaba demasiada acalorada e incluso agradeció cuando su amiga abrió la ventana mientras se abanicaba con una mano. Su rostro era precioso estaba totalmente rojo y el sujetador aún era visible por culpa de unos botones todavía sin abrochar. Sofía pensó que aquello se podía repetir y aunque Laura no lo menciono en voz alta sabía que pensaba lo mismo.

    Llegaron a casa de la muchacha donde despidió a Sofía con un beso en los labios y después se bajó del coche para dar otro a Jaime, este un poco más largo.

    —Laura… que me voy a poner celosa… —dijo desde atrás la hija del hombre.

    —Gracias a los dos… me habéis dado una noche inolvidable.

    —Cariño, espero de tu discreción, no a todos les gustaría saber que Sofía y yo follamos.

    —Solo estaré callada… si repetimos esto otro día.

    —Si no lo repetimos… —dijo Sofía desde la parte trasera— dejamos de ser amigas.

    —Hecho— le replicó Laura aún con el sujetador a la vista y con ganas de que las palabras se hicieran realidad.

    Se despidieron y el coche arrancó mientras los dos ocupantes se reían de lo sucedido y rememoraban lo bien que lo habían pasado.

    Cuando llegaron a casa Susana estaba dormida y Lucas reposaba en su cuarto completamente derrotado. Se despidieron con un húmedo beso en las escaleras camino hacia arriba.

    —Qué descanses, mi vida.

    —¿A dónde vas? —preguntó Sofía intrigada y sonriendo maliciosamente.

    —A cama, estoy derrotado.

    La joven sonrió de la peor manera posible, Jaime conocía muy bien esa sonrisa. Se le acercó al hombre y colocando sus labios a la altura de los suyos le dijo.

    —¿Te crees que después de ver cómo te follas a mi amiga y sin haberme corrido, te voy a dejar ir a dormir?

    —¿Eso va a ser que no? —su hija le volvió a sonreír y le dio un beso en los labios que Jaime aceptó al tiempo que le agarraba el trasero con fuerza.

    —Primero a buscarte, luego ayudo a tu amiga, ahora te doy lo que quieres… Sofía creo que soy el padre del año. —la joven ya le llevaba por las escaleras hacia un lugar donde rebosar intimidad.

    —Ven a mi cuarto y me lo demuestras.

    FIN

    ——————–

    Espero que os haya gustado, comentadme que os ha parecido.

    Por fin en mi perfil tenéis mi Twitter donde iré subiendo más información.

  • Masturbación anal a mi chica

    Masturbación anal a mi chica

    Y ahí estaba ella, boca arriba en una silla, con sus piernas abiertas atadas a sus brazos, mostrando su vagina y ano.

    Me acerco a ella, contemplo su bello cuerpo y su postura, luego le digo:

    -vamos a empezar, hoy aprenderás a venirte por tu ano.

    Aplico lubricante alrededor de su ano y lo froto un poco, también lubrico uno de mis dedos y lo introduzco lentamente en su orificio, siento un poco de suciedad dentro de ella, así que traigo una bolsa de enema. Ella se siente un poco avergonzada, aunque con tranquilidad asiente con la cabeza de que tiene que estar preparada.

    Acerco la boquilla lubricada del enema y lo introduzco lentamente, inmediatamente presiono la bolsa para que todo el contenido quede dentro de ella, en ese momento veo como su vientre se infla un poco, viendo como sus entrañas se inundan de líquido.

    Acerco un platón y espero que de ella salga todo, ella apenada solo dice:

    -lo siento.

    La limpio y repito el paso anterior, esta vez todo limpio, así que retomo la tarea, acerco mi dedo y esta vez lo humedezco con los fluidos de su vagina, está excitada, más aún cuando mi dedo entra y sale de su ano, lenta y suavemente.

    Continúo así por un rato y lo giro dentro de ella, también humedezco un segundo dedo para que sean dos dentro de ella, abro su ano un poco y muevo mis dedos dentro, sintiendo esa cálida y suave textura en su interior.

    Continúo un poco más acelerado, lubrico continuamente mis dedos, se siente muy excitada aunque no llega el orgasmo.

    Sigue más y más el proceso… decido empezar a frotar su clítoris acompañando a mis dedos que están entrando y saliendo de ano, el movimiento sigue constante a medida que sus gemidos y respiración agitada es más constante, una y otra vez penetro su ano y froto su clítoris, está sumida en el placer, siento como su orificio me aprieta un poco y su cuerpo se tensiona, se escapan gemidos fuertes y su cuerpo tiembla… hermosa se ve en ese estado, me he excitado bastante, aunque sigo en pie con la lección.

    Dejo que descanse un poco y vuelvo a tocar su ano.

    -esta vez no tocaré tu clítoris -le digo…

    Va a ser una larga noche…

  • La mujer del pastor (Parte 1)

    La mujer del pastor (Parte 1)

    Voy a una congregación Bautista desde hace ya un tiempo atrás. No me había fijado, pero esta mañana en el servicio de domingo no sé por qué noté que la esposa del pastor es muy atractiva. No sé qué tenía esa mañana diferente a todos esos domingos de meses anteriores.

    Alicia, que es como se llama, es una mujer no muy delgada, pero tampoco gruesa, de compleción Blanca, cabellos negros y unos ojos verdes maravillosos.

    Durante el servicio la estuve mirando hasta que ella se dio cuenta, y así por varios semanas sin dirigirle la palabra más allá de un buenos días o dios le bendiga, la miraba. Al pasar los días su falda hasta loa tobillo se fue subiendo hasta debajo de la rodilla y sus a abultadas blusas manga larga perdieron las mangas y se ajustaron al cuerpo sin ser atrevidas.

    Ella no se mezclaba mucho con los fieles de este grupo religioso y su marido era un tipo carismático pero Celoso, digo celoso porque no dejaba sola a su mujer mucho tiempo dentro del recinto, y cada vez que algún tipo se le acercaba, si se demoraban, el pastor la llamaba.

    Un domingo de esos donde no cabe un alma más en el templo, Alicia a los pocos minutos de haber empezado el servicio me indicó que la siguiera, se acercó al pastor y le dijo algo, a lo que él asintió, luego supe que le dijo que se sentía mal y que se iba a acostar un rato en la oficina de su marido.

    Yo esperé unos minutos, y me levanté en un momento que todos se pusieron de pie, y caminé hacia el pasillo de los baños, por donde había salido Alicia, ni el pastor ni nadie se percataron de que salí del salón.

    Miré en el baño de mujeres y no había nadie, luego un saloncito de estudio y también estaba vacío, solo quedaba una puerta que daba a la calle puerta trasera del templo y la de la oficina del que espero pronto le salgan cachos.

    Abrí la puerta, y allí estaba Alicia parada en la mitad de la oficina, había un sofá grande, un escritorio de esos pesados de madera sólida, y una mesita de centro.

    Me acerqué a Alicia, y sin mediar palabra la cogí de la cintura y la besé en esos labios, que hacía rato quería tener entre los míos.

    Alicia se dejó, y devolvió el sensual gesto, su respiración se aceleró un poco, en el circuito cerrado de cámaras veíamos a su marido gesticulando.

    Bajé mis manos a sus nalgas y las apreté contra mí, ella debía sentir mi ya dura erección. Allí mismo de pie, le empecé a quitar su blusa, la subí por sus brazos y quedó en un brassier que no me esperaba, de encaje sedoso y rojos, media copa, sus senos se veían divinos (esta palabra la usa mucho una amiga mía, si lees está historia sabrás que es por ti haha).

    Los acaricié y pasé mis labios suavemente sobre ese sensible lugar entre la seda y la piel de sus senos. Temblaba un poco, pero suspiraba mientras mis labios seguían besando sus bellos senos, fui liberándolos de esa sedosa prisión, al quedar sin sostén estos se mantuvieron erguidos, con los rosados pezones apuntando un poco hacia arriba, perfectos para ser chupados y lamidos.

    Todavía de pie, seguí bajando a su abdomen, fui soltando su falda la cual se desprendió totalmente de su cuerpo, descubrí nuevamente sorprendido, una tanguita roja con ligueros morados qué sostenían sus medias negras.

    Alicia llevaba tiempo preparándose sin yo saberlo, seguí bajando, y corriendo su tanga hacia un lado encontré uno labios delicados, totalmente depilados, un olor dulce a vainilla permeo mi olfato, y me invitó a saborear ese manjar que se me ofrecía en la casa del señor.

    El sexo de Alicia sabía a ángeles, la lamí y besé su sexo hasta qué sentí que temblaba y se iba a venir en cualquier momento. Aceleré mi oral hasta que poniendo sus manos detrás de mi cabeza se vino fuertemente.

    Todavía de pie y yo vestido, sin mediar palabra me jaló hacia el sofá, parado frente a ella se sentó y me bajó los pantalones y mis boxers, cogió mi miembro entre sus manos y lamió el glande, puso su lengua en el hoyito y luego se la metió a la boca, no tenía mucha practica, pero la calentura hacía de la mamada una delicia.

    A sus espaldas el televisor mostraba al pastor todavía vociferando, me vine en su boca mientras el pastor cantaba aleluya.

    Levanté a Alicia y la llevé al escritorio, la puse boca abajo y me le empecé a comer esas nalgas y ese culo que virgen debía tener, mi miembro ya se estaba parando de vuelta, seguí jugando con ella le metí despacio un dedo en su ano, hasta que sentí que yo ya estaba listo, la puse boca arriba y al borde del escritorio. Levanté sus piernas y de un solo viaje penetré ese probable mal utilizado coño. Le di y le di, mientras ella veía al nuevo becerro de cuernos en el tv a mis espaldas, Alicia se vino deliciosa mientras los feligreses cantaban alabanzas al Señor. El servicio se estaba acabando, Alicia y yo nos vestimos rápidamente y salimos de la oficina, me dio un beso, unas Gracias, la única palabra que salió de sus labios y se fue al gran salón, yo salí por la puerta de la calle. Otro día disfrutaré se ese culo.

  • El fotógrafo y la señorita R

    El fotógrafo y la señorita R

    Tras la cena en un restaurante, nos fuimos a la habitación del hotel, la señorita R me dijo que necesitaba darse una ducha y que luego se pondría algo más sugerente, yo encantado.

    Mientras ella se duchaba yo fui preparando la habitación dándole un toque más sensual, unas velas, unas sedas… Cuando la vi salir con el albornoz, mojada aún y con el cabello sin peinar algo se despertó entre mis piernas, y eso sólo era el principio.

    Ella había aceptado una sesión fotográfica en la que yo captaría con mi cámara toda su belleza. Y desde el minuto uno me tenía cautivado. No era sólo por su estupendo cuerpo, su voz, su mirada y sus gestos me hechizaban poco a poco. A eso se unía el morbo de que iba a posar para mí toda esa noche, sin más pretensiones, pero sólo contemplarla merecía la pena.

    En la habitación había un biombo que ella utilizó para cambiarse. Aunque yo quería mirar hacia otro lado no podía dejar de observar su silueta y de imaginar su cuerpo desnudo, suave y con ese aroma delicioso tras la ducha. Había elegido un conjunto de lencería negro muy morboso, y para complementarlo una máscara con rasgos felinos y un collar en el cuello. Eso hacía que resultase aún más cautivadora. Y la sonrisa que me regaló cuando noto mi cara de asombro me hizo ruborizar como si fuera un niño pequeño encogido mientras contempla algo prohibido.

    Se colocó frente a mí, sentada en la cama, con las piernas cruzadas y apoyada en sus brazos, me miró y me dijo:

    -«¿qué tal, si empezamos?»

    Eso me hizo reaccionar, porque estaba en un estado de alucinación, y darme cuenta de que estaba cumpliendo una fantasía antigua gracias a ella. Tomar fotos eróticas y sugerentes de una mujer dispuesta a ello. En la siguiente pose ella descruzó las piernas y eso hizo que su sexo se marcara bajo la ropa interior. Rápidamente colocó sus manos cruzadas tapándolo, provocando a la cámara, aunque en realidad al que provocaba era a mí. Ahora podía ver sus pechos juntos, apretados bajo el sujetador oscuro y sus pezones tentadores y marcados. Mi miembro se endureció al instante.

    La señorita R se percató, lo notó y se colocó como una gata sobre la cama, sobre sus cuatro extremidades, dispuesta a dar caza a su pobre presa. Su mirada era ahora aún más embrujadora que antes y sus pezones ya no se adivinaban, podía verse asomar claramente. Una imagen preciosa, su pelo largo, suelto y brillante, sus ojos desafiantes y su estupendo cuerpo, a sólo un metro de mí. ¡¡Qué ganas de probarla!!

    Tumbada en la cama, con las manos sujetando su barbilla, jugaba con sus piernas y sus pies mientras tarareaba una dulce melodía. Con un gesto me pidió que le acercara su bolso, del cual sacó un juguetito que llevaba guardado y yo no sabía nada: un consolador. Está claro que quería picarme y ponerme muy excitado. Empezó a pasarle la lengua, como si fuera un caramelo, sin dejar de mirarme empezó a chuparlo, metiéndolo en su boca, dejando caer saliva y a sonreír. Bajo mis pantalones mi sexo ardía en deseos de ser liberado y de ser su juguete, ella lo sabía y eso hacía que su excitación aumentara también poco a poco.

    Empezó a frotarlo y a darse golpecitos con sus pezones, ahora endurecidos, lo apretó entre ellos y se lo volvió a meter en la boca, rozándolo suavemente con sus labios carnosos y chupándolo con ganas. Le dije que envidiaba a ese trozo de látex, y ella soltó una carcajada maliciosa y dulce a la vez. Me dijo que lo iba a envidiar aún más dentro de un ratito. Me pidió que le tomara fotos desde atrás, una visión de ensueño, unos muslos divinos y unas nalgas que daban ganas de darle unos azotes. Desde este punto de vista también podía observar sus hombros delicados y su cuello femenino. Me apetecía empezar a besárselos, su espalda, pero no podía decírselo, ella quería continuar con su juego.

    Ahora comenzó a desprenderse de su tanguita, poco a poco, contoneándose mientras lo hacía, y acrecentando mis ganas de estar dentro de ella. Cuando terminó de quitárselo me lo lanzó a la cara como si fuera una chica de striptease, y de nuevo empezó a usar el consolador. En esta ocasión lo iba rozando con sexo, con sus labios y su clítoris, endureciéndolo y excitándose más y más. Acabó por introducirlo dentro, penetrándose con él, y haciendo que yo envidiara más aquel lujurioso objeto.

    Se incorporó y con las piernas abiertas, mostrando todos sus encantos, continuó introduciéndose el juguetito y haciendo que su sexo humedeciera. Entonces mirando a mis ojos, me dijo:

    -«¿quieres probar su sabor»?.

    Por supuesto que quería beberme sus jugos y comérmela enterita. Me coloqué sentado en la cama y ella dejo que mi lengua recorriese su cuerpo, desde sus labios y su cuello, bajando por sus hombros, mientras que dejaba caer un hilillo de saliva por su vientre que se deslizó hasta su sexo, así mis dedos podían jugar ahora dentro de ella. Me empujó contra la cama, deforma lasciva, lujuriosa, y colocó sus muslos encima de mi boca. Me pidió, casi ordenó:

    – «Cómeme, como tú sabes».

    Yo obedecí rápidamente, estaba hambriento de ella. Comencé a recorrer su sexo, luego su clítoris, penetrándola con mi lengua a la vez que mis manos recorrían sus pechos y su cuello. Ella me chupaba los dedos y seguía excitándose y excitándome a mí también.

    Cuando estuvo muy húmeda me sonrió enigmáticamente y colocó su cuerpo casi desnudo sobre el mío. Me rozaba, me daba todo su calor femenino, aunque aún estuviera yo vestido. Me quitó la camisa hábilmente, pero con pasión, haciendo saltar algún botón y la lanzó al suelo. Sus manos recorrieron mi pecho varias veces hasta bajar a mi vientre. Desabrochó cuidadosamente mi cinturón y también los botones del pantalón. Ahora era ella quién estaba con ganas de mí. Me terminó de quitar los pantalones, ahora me sentía más liberado, ella frotaba su sexo con el mío bajo mi ropa interior y podía notar sus pezones duros en mi pecho. Sus manos buscaron mi miembro y empezó a masturbarlo para alegrarlo aún más. Su boca bajo hasta él y noté su lengua caliente recorriéndolo desde la base hasta la punta; comenzó a chuparlo como antes había hecho con su juguete, primero despacio, pasándole la lengua, y luego más deprisa, frotándolo con sus pezones endurecidos y abrazándolo con la seda de sus pechos.

    Me colocó un preservativo con la boca y antes de introducirlo en su sexo jugó con él, rozándolo con los labios, con el clítoris. Lo metió hasta el fondo, pero despacio, y entonces se quedó quita, mirándome. Me dijo:

    -«Pídemelo».

    Le pedí que me cabalgara como una amazona. Empezó a un ritmo lento para poco a poco ir aumentando. Con cada movimiento la ola de su cuerpo me recorría, mis manos no paraban de tocarla, de sentirla, de desearla. Mi boca y mi lengua chupaban y besaban sus labios, su cuello y sus pezones. Su pelo me acariciaba también y eso acrecentaba aún más mi lujuria.

    De repente de nuevo se quedó casi inmóvil, me miró y noté como se derramaban sus jugos calientes por mi entrepierna, yo estaba a punto también de explotar, pero no quería hacerlo aún. Ella siguió estremecida con su orgasmo y entonces la coloqué a 4 patas y agarrando sus caderas volví a penetrar su sexo, acelerando la penetración. Mis embestidas eran cada vez más poderosas, agarrando su pelo. Nos quedamos así un buen rato, ensimismados en ese momento de placer absoluto, hasta que no pude más y sentí la necesidad de explotar. Saque mi miembro rápidamente y me quite el preservativo para acabar derramando mi leche sobre su espalda y sus nalgas. Ella giro el cuello y me dedicó una de sus preciosas sonrisas y con un beso me dio las gracias y yo a ella por haber disfrutado juntos. Necesitábamos una ducha, la cogí en mis brazos y en la ducha continuamos con nuestros juegos.

    Al final la modelo y el fotógrafo, acabamos aquella noche durmiendo juntos, plácidamente.

  • Mi deseo cumplido es una mujer (Parte 2)

    Mi deseo cumplido es una mujer (Parte 2)

    3 días, 4 y 5 días tuvieron que pasar para que volviera a ver a esa mujer que me había cautivado y dejado en mi alguna sensación de interés y atracción hacia ella, 2 horas fueron más que suficientes para tener una conexión perfecta.

    El tiempo pasó hasta que la volví a ver, pensando en lo que había pasado, caminaba como de costumbre esperando ver su silueta a lo lejos, pero no era así, a los 4 días pensaba que ya no la vería de nuevo, ¿tal vez perdió el interés?, es lo que pensaba y regresaba a casa caminando con la sensación de que la vería de nuevo, al quinto día fue lo mismo, al sexto volví a sentir esa sensación de suerte, llegando al parque ya no esperaba encontrarla así que empecé a caminar y mi sorpresa fue que en cuanto me di vuelta la volví a ver a lo lejos, sinceramente no sabía que hacer paso casi una semana de que la vi, ¿cómo empezaría la conversación? Pero lo que más me intrigaba era el hecho de si ella me hablaría de nuevo, deje de pensar en todo eso y solamente reí diciendo «sé que también ella lo disfruto».

    B: Hola, buenas noches, me da gusto verte por aquí (mientras me recibía con un beso en la mejilla)

    D: Hola, lo mismo te digo a ti, pensé que te había hecho algo malo para que ya no quisieras venir.

    Al terminar de contestarle note que uso una sonrisa algo fingida, como tratando de evitar el tema a lo que ella me propuso caminar y platicar, y así lo hicimos, la conversación era amena, risas, e igual que la última vez se disfrutó mucho el momento, el reloj marcaba las 10 así que no había mucho problema por el tiempo, nos sentamos en un pequeño jardín no pasaba mucha gente y era bueno para dejar un momento jugar a los perros, entre platica y platica me sentí en tal confianza que le solté un comentario al cual reaccioné después de poner atención en lo que había dicho.

    D: Que coqueta me pareces usando tanga

    B: jajaja, voy aceptar el comentario solamente porque me pareció muy inocente la manera en la que me lo dijiste

    D: Perdón, pensé en voz alta jaja

    B: La verdad las uso un poco más seguido cuando tengo calor, me siento un poco más fresca

    D: Bueno pues entonces doy gracias por que hoy sea un día de esos en donde tienes calor

    En ese momento ella volteo a verme, y regalándome una sonrisa sensual me tomó de las mejillas y empezó a besarme, la sensación fue más apasionada después de los primeros 2 minutos más o menos, sentía como empezaba a respirar más rápido, me apretaba el cabello y con la otra mano me rasguñaba mi hombro ya que estaba apoyada en mi, sentía que me mordía más fuerte, en ese momento baje una de mis manos y empecé a tocarle esas nalgas firmes y de buen tamaño, las apretaba y jugaba con ellas.

    B: ¿Cómo crees que se me vea en color blanco?

    En cuanto termino de hablar, bajo un poco el pants que traía, dejándome ver perfectamente que era una linda tanga blanca con un moño en la parte trasera y enfrente, tenía un bordado de corazones lo que me pareció algo sexy en como se veía con ella puesta.

    D: Me parece que te hace ver demasiado sensual y mala a la vez

    Ya estaba algo prendido, llevábamos un largo rato, entre beso y beso, toqueteo y provocándonos uno al otro, pues habían momentos en que yo subía mi mano a sus pechos y solamente los rosaba sin tocarlos completamente, apretaba y sobaba sus nalgas que me tenían fascinado, pasaba mis manos por su espalda debajo de su camisa y empezaba a sentir como era su piel, la tocaba suavemente con las yemas de mis dedos y sentía como se movía cuando la tocaba así, le besaba el cuello y lo mordía, el sentir su respiración en mi cuello daba paso a que yo pasara uno de mis dedos por sus labios ella siguiéndome el juego, lo besaba y lo metía a su boca, menos de la mitad para que no se viera algo raro si es que aún nos importaba en ese momento, pasaba su mano por mis piernas sin seguir demás, algo que yo estaba seguro que lo estaba haciendo a modo de provocación pero también sentía que no subiría más que eso, a lo que no encontré problema pues las cosas estaban yendo demasiado bien, como para acelerar el rico momento que pasábamos, cuando paramos vi que su mirada no era igual que la de antes, esta vez era como una mirada de complicidad y placer.

    B: No creo que sea buena idea que sigamos haciendo esto en la calle jaja

    D: ¿y por qué no?

    B: por que como podrás darte cuenta me estoy exaltando un poco más de lo normal y no creo que sea algo bueno que estemos en la calle, además de que ya son las 11.

    D: Como haces que el tiempo se vaya rápido, casi una semana sin verte y ya es tiempo de que nos despidamos otra vez.

    Se paró y fue por Canela, su perrita, observe como se veía con el pants que traía puesto y recordé la escena de cuando me mostró su linda tanga, me dieron ganas de seguir besándola y juguetear con ella, pero sabía que ya era momento de irnos, la estaba buscando y no la encontraba, hasta que vi que entre unos arbustos y árboles no muy grandes, pero llenos de hojas se movía algo y era ella, que estaba sacudiendo a Canela porque se había llenado de tierra, al igual yo también fui por mis perros uno de ellos estaba donde Canela, así que amarré al otro en un árbol y fui por él, cuando entre al pequeño camino que estaba entre los árboles y arbustos, Brenda estaba delante de mí que no me di cuenta hasta que la empuje y se cayó, ya que ella estaba empinada y yo llegue por atrás.

    D: jajajaja, perdóname, no te había visto.

    B: jajaja, ya deja de reírte y ayúdame a parar.

    Cuando la levante quedó frente mío y nos miramos, empezamos una vez más a besarnos y esta vez fuimos con todo, nos sentamos para que no nos vieran, agarre sus nalgas con más fuerza y deseo, agarre completamente sus pechos sin pensarlo a lo que ella respiraba más acelerado, me rasguñaba la espalda y me jalaba el cabello no muy fuerte, pero lo suficiente como para que yo lo disfrutará, me besaba el cuello y con una de sus manos ya me estaba masajeando sobre mi short sin tampoco importarle, puedo decir que cuando sentí eso mi reacción fue meter una de mis manos por debajo de su pants y empezar a sentir que tan caliente estaba, metí uno de mis dedos en su vagina estaba mojada y algo caliente podía sentir como me apretaba, soltó un pequeño gemido y ella sacó mi pene del short, ya estaba excitado así que yo use un dedo más y metí los 2 por completo en ella, esta vez su gemido fue algo más fuerte pero rico a la vez, empezó a masturbarme y yo hacía lo mismo con ella, ya no me importaba si nos veían lo que no pensaba, pues ya pasaban de las 11 y tenía rato que no veíamos gente pasar por ahí, la tomé por la cadera la acosté le dije que quería probarla porque ya no aguantaba más y era la verdad, ya quería saborear un poco de ella.

    El deseo de poder hacerlo ya que desde que la vi me gustó mucho y sexualmente también lo estaba haciendo, así que seguí besándola sin dejar que hablara, empecé a besar su cuello y directamente me dirigí a su vagina ya que aún estaba consciente de que no tenía mucho tiempo, recorrí aún lado la tanga y el ver que estaba depilada al 100%, tenía un lindo color rosita, unos labios ni muy gruesos ni muy lo justo para poder disfrutarlos bien, y literalmente parecía que tenía una línea perfecta que resaltaba muy rico el cómo se veía salir sus labios vaginales, me lancé directo y empecé a comerla, arriba abajo, mordía, jugaba con mi lengua, la saboreaba tanto que ella me apretaba cada vez más mis manos y empezaba a mover sus piernas tratando de cerrar, soltaba pausadamente gemidos, tratando de no hacer ruido, estaba tan entrado en seguir disfrutando lo que me estaba dando cuando sentí un temblor en sus piernas y enseguida como si alguien me jalara del cabello, cuando me retire, vi cómo se puso de lado y cerró sus piernas empezando a temblar, pero enseguida se paró, aunque el momento fue excitante, la adrenalina de saber que estábamos en la calle no se quitaba, se acomodó la ropa que traía y salimos como si nada, en el camino hacia su casa hablamos de lo que pasó sin incomodidad alguna, sabiendo que lo disfruto yo estaba satisfecho, llegando a donde da vuelta para su casa, me agarro la mano jalándome hacia ella y me dijo al oído:

    B: En la siguiente, me toca a mi…

    Dándome un cálido beso en los labios, y despidiéndose con una linda sonrisa se fue.

  • La correcta Any

    La correcta Any

    Soy Any, tengo 47 años, casada hace 25 años y puedo decir que disfruto el sexo de una manera increíble, he ido poco a poco descubriendo cosas que me dan mucho placer, perdí el miedo, eliminé los prejuicios de mi vida y he explotado todo aquello que puede hacerme gozar.

    Debo contar que no siempre ha sido así, pasé de ser una chica reprimida, pacata y temerosa a descubrir lo extremadamente exquisito del sexo, hasta en algún momento, considerarme adicta, una ninfómana de tomo y lomo, al punto de que hubo momentos de desesperación por estar con alguien, pero con el tiempo lo he ido controlando y ha sido realmente sorprendente el manejar lo salvaje e instintivo a mi antojo para mi satisfacción.

    Al decidirme empezar a contar mis historias sexuales creo que es parte de abrir otra faceta de desinhibición y no puedo dejar de pensar que a otros les pueda calentar lo que he hecho y contaré. Es parte de un morbo bastante depravado que lean mis relatos e imaginar en mis lectores alguien con una vulva jugosa y dilatada, unos pezones erectados o un pene grande, duro y caliente a punto de explotar… de solo escribirlo se me hace agua la boca… y otras partes…

    Ya lo estoy disfrutando y empezaré con mi gran secreto…

    “Crecí en una familia extremadamente conservadora y católica, en donde todo lo relacionado con el sexo era pecado, que el acto mismo era para procrear, que si alguna mujer tenía pensamientos, actos o relaciones antes de casarse era una sucia, vulgar, prostituta que se iría al infierno. Al mismo tiempo estudié en un colegio religioso que abordaba la sexualidad desde lo sagrado y con el sentido de tener bebés. Mis amigas de esa época, creo, eran iguales (aunque ahora puedo afirmar que eran unas reprimidas igual que yo y que ocultaban sus deseos más perversos para no “pecar”).

    Bajo todo ese precepto la relación en general con los hombres era de amistad, aunque tuve 2 pololos, pero fue lo más extremadamente sano: darnos unos besos, casi piquitos, tomarnos de las manos y salir a pasear y eso sería todo. Aunque tenía una linda figura, contorneada, lindos pechos, acinturada, bonitas piernas y un derrier bastante apetecible, jamás usé ropa que denotara mis atributos, a tal extremo que ni yo me apreciaba… ¿por qué? Bueno… porque era pecado pues!!! Por otro lado compensé esa nula capacidad de coquetear o seducir con ser destacada en deportes, en temas académicos era excelente, pero por sobre todo sobresalían mis dotes de liderazgo, lo que era muy valorado entre mis pares y adultos que me rodeaban y eso me hacía sentir bien, aunque vacía, veía a parejas demasiado cariñosas, de vez en cuando me enteraba de alguien que se había “acostado” con tal o con cual o chico muy popular y me daba algo de pena/rabia, peeero no estaba pecando como ellos, al contrario, ya tenía mi cupo en el cielo, jajaja.

    Pese a todo lo que quería que los demás vieran en mí, hacía “cosas” a escondidas. Cuando descubrí la masturbación, lo hacía con tanta frecuencia como podía, dormía sola, así es que antes de dormir era mi hora preferida. Mis caricias consistían en frotarme o apretarme cierta parte que me producía una cosquilla en todo el cuerpo y que luego me dejaba muy relajada, sin embargo como lo hacía a hurtadillas, sabía que no era bueno y que estaba pecando, lo que desencadenaba un gran sentimiento de culpa, puedo decir que hasta sufrimiento…

    Como los chilenos tenemos la característica de ser doble estándar, mi familia no era la excepción. Mi mamá era madre soltera (años más tarde me enteré que yo fui fruto de una infidelidad de mi progenitor y que mi mamá tuvo vaaarias parejas sexuales); además en mi casa vivía con un tío, que fue una figura paterna muy buena, era bastante popular entre las damas del sector y supe que le gustaban las prostitutas, dejó varios hijos botados y luego de años se casó con la concubina oficial que tuvo. Bueno, ese tío, le gustaban las mujeres y harto, siempre tenía revistas de adultos, ¿y por qué lo sé?… porque me metía en sus cosas a trajinar y las veía, es más las buscaba con ansias. Ver a esas mujeres voluptuosas provocaba sensaciones en mí que no podía explicar. Me imaginaba yo con esos pechos enormes, con esa vulva provocadora y haciendo todas las poses que ellas hacían, tocándose, lamiéndose, mirando con esa cara de caliente, esos días que miraba esas revistas mi masturbación era más intensa y jugosa, ufff… yo quería hacer tooodo eso… peeero no podía o no debía, porque era pecado pues!

    Llegué a la universidad de la misma manera, pacata. Hice buenos amigos y formé grupo con algunas, las que eran mucho más desinhibidas que yo, hablaban abiertamente de sus experiencias sexuales sin tapujos y de vez en cuando me decían “Any, cómo, ni una paja te echas? No sabes de que te pierdes!”. Obviamente yo jamás de los jamases habría admitido que mi pasatiempo preferido era darle acción a mi clítoris.

    Al irme a la U, significó que me trasladara de ciudad, lo que a mi parecer me daba un poco más de libertad, una bastante restringida que me autoimponía. Una de esas libertades fue el empezar a masturbarme frente a un espejo, descubrí con un asombro único que yo tenía labios vaginales debajo de mi tenue vello. Debo admitir que de verdad no sabía que existían en mí, es decir, no me los había visto antes y fue motivo para aumentar mi grado de placer el explorarlos y sentir como se humedecían y abrían al contacto con mis dedos.

    Por lo general me tocaba en la mañana y durante la noche varias veces, era casi un vicio el hacerlo, ansiaba desocuparme de mis quehaceres para sumergirme en la lujuria de mis manos. Cuando me tocaba dormir en otra casa o con alguien por trabajos, era motivo instantáneo de mal humor, sentía que el experimentar orgasmos día a día era casi vital.

    En las mañanas, unos minutos antes de levantarme, empezaba a juguetear un rato con mi clítoris, hasta que me empezaba a calentar, poco a poco empezaba a sentir ese cosquilleo que bajaba desde mi vientre hasta mis piernas y luego buscaba la presión o roce exacto para llegar al clímax, sentía un relajo exquisito y el ánimo de empezar mi día.

    Por la noche luego de una ducha, rodeaba mi cuerpo húmedo con una toalla e iba a mi habitación, cerraba con seguro la puerta y empezaba mi ritual. Me ponía frente al espejo y poco a poco dejaba caer la toalla o jugaba con ella, solía hacer poses eróticas, calientes, jugaba con mi boca y lengua, acariciaba mis pechos y frotaba mis pezones, imaginaba a una audiencia varonil frente a mi y bailaba de manera provocativa, me excitaba la idea de que me vieran y me desearan.

    Parte del juego era sentarme frente al espejo, abrir mis piernas, mojarme los dedos y empezar a recorrer ese canal de placer, exploraba cual movimiento era más rico que otro y descubrí con gusto que mientras jugaba con mis pezones y hacia círculos suaves en mi vulva se aceleraba en extremo mi corazón, mi respiración se convertía en gemidos, abría los ojos y veía luces y formas distorsionadas, creo que lograba un orgasmo tan intenso que quedaba empapada y exhausta, de mi concha salía una vertiente de líquido de textura y aroma nauseabundo que hacía que este espectáculo fuera incomparable… luego de eso, como podía me acostaba, en ocasiones, desnuda para seguir ultrajando mi entrepierna varias veces más durante la noche.

    Al día siguiente, al llegar a mis clases y actividades era la tradicional Any, buena para reírse, opinar, alzar la voz y golpear la mesa cuando correspondía, la buena alumna que se sentaba en primera fila, la que se sumergía en la biblioteca, la que ayudaba a los compañeros cuando les costaba, la que se metía en cuanta reunión u organización estudiantil, la correcta, la “asexuada” jajaja, inclusive la tachada ocultamente de frígida.

    Pero nadie sabía que me mantenía extremadamente ocupada para calmar esa bestia caliente que tenía en mi interior, la lujuriosa y depravada Any y que esperaba ser liberada cuan lobo espera la noche…

  • Laurita (Parte 2)

    Laurita (Parte 2)

    … Yo recibí el beso y me levanté de inmediato de la cama. La escena era de ensueño. Laurita estaba en medio de una gran mancha de fluidos que había provocado su eyaculación (squirt), pero al parecer no le importaba ya que parecía que se había quedado dormida con la fuerza de su orgasmo.

    -Déjala que descanse un rato -me dijo Laura mientras me obligaba a sentarme en el sillón que había en mi cuarto.- Me había olvidado el rabo que tienes -y se arrodilló entre mis piernas a lamerme todo el tronco.

    Yo me tiré para atrás y me deje complacer. Los orgasmos más ricos de mi vida me los había dado ella, y si ahora quería regalarme uno en agradecimiento del «favor» que les estaba haciendo, ¿quién era yo para negarme? Así que comenzó a chupármelo como sabía hacerlo. Yo sólo atinaba a tocarle el pelo y a gemir por el placer que me daba. No sé cuánto tiempo pasamos así, pero seguro fue un buen rato ya que estaba a punto de volver a acabar, cuando de pronto veo a Laurita paraba atrás de su madre.

    -Pero, mamá, tu dijiste que sólo seria para mi hoy día! -lo dijo con un tono como el de una niña que pide su paleta. Laura se lo sacó de la boca y mirándome le contestó:

    -Oh, es verdad, me había olvidado -y guiñándome un ojo se levantó, dejándome a medio camino del orgasmo. Yo me paré de inmediato y la tome por la espalda:

    -Oye, eso no se hace. «Todo o nada», recuerdas? -la frase era una alusión a nuestro pasado, cuando no podíamos hacer que el otro se calentara sin hacerlo acabar.

    -tranqui, mi amor -me dijo- ahora viene la mejor parte. Luego de decir eso tomó a Laurita y la llevó al baño, con un bolso que habían dejado a la entrada. Yo me quedé esperando lo que de ahí iba a salir, pero mi imaginación quedó corta.

    Laurita salió vestida con un uniforme colegial como el de la pornografía hentai. Una faldita negra a cuadros, una blusita blanca y unas trenzas a cada lado.

    -Este es su deseo, Marco, quiere ser desflorada así.

    Yo seguía sin creer lo que estaba pasando, pero me fui acercando lentamente hasta la niña y la tomé de la mano para tirarla en la cama, desde donde con una cara de niña mala me preguntó:

    -¿Me perdona por ser tan mala? Estoy dispuesta a hacer lo que quiera para disculparme. Lo voy a complacer como usted me diga y ordene.

    Luego de eso me tiré sobre ella, comencé a besarle los pies, las piernas, su coñito, para luego subir por su abdomen hasta su cuello. Le saque la blusa pero le dejé la faldita, tal como ella me pidió. Luego de besarle el cuello un buen rato y sentir con mis piernas los humedad y lo caliente que estaba, comencé a chupar sus tetitas pequeñas y ricas. Primero despacio, pero luego fuerte tal como ella me pedía. El muslo de mi pierna derecha hacia fricción en su vulva, y además le comencé a meter un dedo de mi mano derecha en su apretado culito. Ella estaba realmente excitada, creo que estaba a punto de acabar si hubiese seguido chupando, metiéndole el dedo y frotando mi pierna, pero paré. La tomé de las piernas, y la acomodé para entrar en ella en la posición del misionero.

    No le di tiempo de nada, me coloqué entre sus muslos y la penetré lentamente pero con fuerza. Los grititos de placer y pequeño dolor que dio al momento de ser penetrada es lo más excitante que he escuchado en mi vida. Así como su coño es el lugar más rico, húmedo y apretado en el cual he penetrado. Al estar ahí, comencé a metérselo de manera lenta y pausada, ella soltaba pequeñas lágrimas y gemidos mientras se aferraba con todas sus fuerzas a mi espalda. Poco a poco fui aumentando el ritmo de las embestidas, hasta que lo comenzamos a hacer a un ritmo de amantes expertos. Ella seguía aferrada a mi espalda, pero de pronto me arañó tan fuerte que sentí que estaba volviendo a acabar. Su orgasmo fue muy intenso. Gritó casi más fuerte que la vez anterior y sus líquidos me empaparon todas las piernas. Yo comencé a bajar el ritmo lentamente, hasta salir de ella. Al hacerlo, la niña se quedó temblando, se tocaba los hombros y se llevaba las manos hasta su coño para luego probarse sus propios fluidos. Yo la miraba y sonreía, lo mismo que hacia Laura, su madre. Pero luego de unos minutos les dije:

    -Hay algo que falta, yo no he acabado aún. «todo o nada o no» o no?

    Así que me abalancé sobre ella nuevamente, coloque sus piernas sobres mis hombros, y esta vez, preocupándome sólo de mi placer, la follé a mi ritmo. Ella ya no gemía, sólo se quejaba de manera muy leve, pero me recibía hasta lo más profundo de su ser. Luego de un rato así, la di vuelta y me la seguí follando a mi entero placer. Estaba casi muerta, pero no oponía ninguna resistencia.

    Laura comenzó s masturbarse en la silla atrás de nosotros. Era imposible tener un cuadro de mayor sexualidad. De pronto sentí que se me venía en un orgasmo muy intenso, así que la volví a voltear, y la penetré mirándola a los ojos hasta venirme de una forma brutal!! La llené de semen espeso y caliente. Qué me agradeció con una sonrisa y un beso muy tierno.

    Luego salí de ella, dejándola rendida en la cama. Al darme vuelta, su madre ya estaba de rodillas esperándome para echarse toda mi verga en su boca y limpiármela completamente, sacando todos los restos de mis jugos y los de su propia hija. Luego de hacerlo me miro sonriendo y me dijo:

    -No sé cómo vamos a agradecerte todo lo que estás haciendo con nosotras…

    (Continuará)

  • El culo virgen de mi cuñada

    El culo virgen de mi cuñada

    Me estuve comiendo a mi sobrina por 2 meses. Aprovechando las clases de Estadística que le daba, me la cogía rico, sin tabúes ni prejuicios. Estaban claras las reglas, por su vagina con condón, por su culo sin condón. Fueron meses deliciosos, volver a casa, a dar clases y coger gratis. Indudablemente una situación perfecta, casa, comida y culo, como decimos en Perú.

    Una tarde de sábado, estaba en mi cuarto, descansando, me tocaron la puerta con timidez. Sabía que no era mi mamá, que se metía al cuarto sin pedir permiso ni ningún protocolo, a sacar la ropa para lavar, limpiar u ordenar, o cualquier cosa que como madre sintiese fuese su obligación. Tampoco mi papá, que cuando quería algo conmigo se ponía al otro lado de la puerta y gritaba mi nombre.

    Me sorprendió la tocada, pues de origen desconocí quien podía ser. Estaba sólo en short y así abrí. Era mi cuñada, la esposa de mi hermano mayor. Cuando la vi me sorprendí, pues usualmente intercambiamos pocas palabras cuando nos encontrábamos y no tenía idea de porque me iba a ver al cuarto.

    La hice pasar y nos sentamos. Yo sobre la cama y ella en la silla del escritorio. Comenzó a agradecerme por las clases que le daba a mi sobrina, pero rápidamente era obvio que no era ese el tema. Pero tampoco se me venía a la mente uno específico del porqué me visitaba en mi habitación.

    Finalmente, tras palabras más o menos intrascendentes, ella me dijo “estás teniendo sexo con mi hija”. Le respondí que no, que cómo se le ocurría algo así, que ella era mi sobrina.

    Me dijo “Alonso, no me mientas, los he visto”. Y me puse lívido. No supe que responder. Me quedé helado. Mi sobrina era mayor de edad, así que no tendría ninguna contingencia legal, más allá de que mis padres me botarían de la casa y seguro se avergonzarían (y mucho) de mí. Somos una familia muy unida y algo así sería terrible para todos.

    Empecé a excusarme y echarme la culpa. A intentar encontrar un perdón para mis actos. Pero ella me cortó en seco y me dijo “quiero que me hagas lo mismo”.

    Me quedé helado. Sin respuesta. Sólo pude responder con temblor en las palabras “¿lo mismo?”

    -Sí, lo mismo, se reafirmó.

    -Pero lo mismo, ¿a qué te refieres?

    -A que me hagas el sexo como a ella, lo quiero todo igual.

    -¿Estás segura?

    -Sí. Lo he pensado mucho y lo quiero hacer.

    Me quedé en silencio un minuto, quizás algo más y le pregunté ¿Por qué? Y ella se explayó. Habló varios minutos, que se resumen en “tengo casi 40 años, sólo he estado con tu hermano. Nunca he sentido lo que vi mi hija siente y quiero experimentarlo. No sé si está bien o mal, pero no dejo de pensar en eso”.

    Me volví a quedar sin palabras. Sólo le dije, pero no puede ser acá. Tendremos que buscar donde, un sitio discreto. Y ella me dijo “sí, claro. Acá yo tampoco me sentiría cómoda”. Me dijo, “Martín (mi hermano) juega futbol todos los domingos por la mañana, yo puedo aprovechar mañana y voy donde me digas”.

    Se me ocurrió un hostal a unas 20 cuadras de la casa, se lo mencioné y le dije “allí a las 10 am de mañana, te espero en recepción”. Dijo “Ok” y se fue.

    No pude pensar otra cosa el resto de la tarde y la noche. Debí salir con unos amigos, pero cancelé. Al día siguiente, poco antes de las 10 am estaba en recepción del hotel. Unos minutos después de las 10 am, ella llegó.

    Pague una habitación y subimos en silencio. En el cuarto. No supe que hacer, le volví a preguntar

    -¿estás segura?

    -Sí, me respondió.

    Con parsimonia me desvestí, ella se desvistió. Pude darme cuenta que tenía un calzón muy serio, de esos de “señora decente”, seguro abrigador y cómodo, pero absolutamente nada sexy. Igual se lo quitó rápido y quedo desnuda ante mí.

    Tenía casi 40 años y se le notaban. No era gorda, pero tampoco delgada. Tenía senos grandes y caderas amplias, un culo aún firme y buenas piernas. No una belleza, pero en ese momento estaba bien. Tenía la vagina peluda, de mujer que sólo coge en casa, algo recortados los vellos, pero muchos aún y sin ningún trabajo estilístico, distinta a su hija, bien cuidada y las putas que acostumbraba comer.

    Me acerqué y la besé, me respondió con ansías con ganas, con pasión. No con amor, sino como quien sólo necesita ser besada. Con mi mano empecé a recorrer su vagina y estaba húmeda, demasiado pronto, pero era evidente que había pensado y mucho en el momento. La acosté y comencé a lamer sus senos en ruta hacia su vagina.

    Nunca había sopeado una vagina así peluda y me excitaba mucho hacerlo. Con mis labios, lengua y dientes en sus senos empezó a gemir terriblemente. Conforme bajaba a su vagina gemía más. Puse sus piernas sobre mis hombros y descubrí una tímida vagina. Parecía que no era ni madre ni estaba siendo usada por nadie. Pero veía sus labios humedecidos, llamándome y hacia ellos fui.

    Me encanta el sexo oral, me fascina tener una vagina en mis labios y lengua, pero nunca había logrado que una mujer llegue así tan rápido. Jamás, ni antes ni después. Llegó en quizás un par de minutos, en un orgasmo intenso, lleno gemidos y los clásicos “ay por Dios, ay por Dios” de mujer seria y casada.

    Sentirla venirse en mi lengua me puso a mil. Sin darle tiempo para reaccionar, le di la vuelta. La puse boca abajo sobre la cama. Separé sus nalgas con mis manos y me encontré con un culo virgen, intacto, inmaculado…

  • Kafka, libertad y la necesidad de ser feliz

    Kafka, libertad y la necesidad de ser feliz

    El matrimonio de Damián no era un matrimonio perfecto pero si mantenía con los años cierta armonía que da el caminar por la vida juntos. Sin embargo para el círculo de personas que giraba alrededor de su vida, su esposa era todo menos imperfecta. La belleza de María era racial, radical, tenía una mirada oscura y brillante, su cuerpo menudo de piel morena atraía alguna que otra mirada de sus obscenos amigos, se movía con gracilidad, con dulzura, con seguridad, una mezcla extraña en una mujer tan etérea, despertaba admiración por sus logros profesionales y personales, abierta, intuitiva, rápida, inteligente, despierta, … -joder, María, María, María -su cabeza no dejaba de pensar en ella, le confundía María, le confundía ¡de eso se trataba, confusión!. Acababa de encontrar el adjetivo que mejor reflejaba la situación en la que estaba y llevaba ya unos cuantos días tratando de encontrar esa palabra en su cabeza.

    -Maldito sea ese día!!! lo hice por curiosidad, y ha revuelto mi vida, mi matrimonio -pensaba Damián.

    Si Sonia, su amiga, la soltera más viciosa de Madrid, no le hubiera hablado de la página web de contactos más abierta y explicita del mundo cibernético, y si sobre todo Sonia no le hubiera puesto tan caliente hablando abiertamente de sexo. No se le habría ocurrido ni por lo más remoto conectarse a internet en cuanto llego a casa. Era la primera vez que lo hacía, que buscaba algo así en su ordenador, nunca se lo había propuesto, María no colmaba todas sus expectativas sexuales, pero prefería mantener esa curiosidad oculta porque el miedo a la libertad sexual y al deseo de lo ajeno le hacía temblar.

    La libertad después de ocho años de matrimonio puede ser la brisa más refrescante en un tarde de verano o convertir tu vida en la tormenta tropical envuelta en rayos de sol, agua caliente y un viento que no te deja poner los pies en el suelo. –En una confusión. Otra vez esa palabra.

    Damián, tenía miedo, muchísimo miedo a descubrir esa libertad sexual, de la cual Sonia hacía alardes para su propio disfrute. Ella le había dicho durante la noche, con unas cuantas copas de más y con un vestido rojo que acariciaba sus caderas y redondeaba sus tetas, – Damián deberíamos de alegrarnos de cualquier ampliación en el movedizo territorio de la libertad sexual, siempre ha habido jaulas buscando a sus pájaros, pero ser libre es la vocación de todo ser humano, más que nada, porque esa aproximación que llamamos felicidad consiste en hacer siempre lo que nos dé la gana, con las menores limitaciones posibles. – Sonia esa noche se encontraba filosófica y su polla había reaccionado mientras miraba los contornos de un vestido rojo sin sujetador. Una mujer sumamente promiscua y atractiva le había hablado de sexo sin prejuicios. “Tengo la sensación de, que si me librara, sería peor“ escribió Franz Kafka, y esa mismo pensamiento y sensación tenía Damián.

    Esa noche, la noche en la que comenzaron todas las dudas, todas la preguntas, en la que descubrió que hay más sexo que el de una mujer que solo quiere hacer el amor en la cama de matrimonio y le gusta el sexo oral de vez en cuando. Mas sexo que el que llevaba practicando desde que conoció a María, y al que se había adaptado durante su vida al lado de ella, donde se habla de follar y no de amor, donde las parejas comparten películas porno y miran como se excitan con la sensación de ver follar para luego ser follados, sexo donde hay pollas duras llenas de saliva, bocas de mujer con ansias de esperma, coños hinchados, mojados, abiertos, esperando apretar un buen rabo, donde hay semen en las tetas, sexo anal, sexo virtual, sexo duro, sexo sexual.

    A las cuatro de la mañana de aquella noche se encontraba sentado delante del ordenador, tan excitado como hacía mucho tiempo, tecleando la clave de acceso, monotonía, -me va que ni pintada -pensó, y buscando nada y todo a la vez. Después de varios intentos, y casi desesperado, su fuerte nunca había sido la informática, al fin se le abrió una página llena de anuncios, de palabras relacionadas con ese sexo que sin saberlo anhelaba, el sexo de Sonia, sin prejuicios, donde se pide y se da lo que se necesita. Algunos mensajes con foto, otros sin ella pero llenos de sinceridad y deseo. Había fotos explicitas, rostros sin cara, con ojos, sin ojos, fotos de parejas follando, y mientras recorría la pantalla del ordenador devorando información encontró un nombre que despertó aún más su curiosidad, “YINYER SEXUAL”, le sonó raro, un nombre y un adjetivo no debieran de parecerlo, pero juntos, desde luego no le sonaban bien, de todas formas le gustaba, al final siempre le había gustado lo que le confundía. Leyó con la rapidez y la necesidad de acabar pronto el texto para poder abrir la foto que adjuntaba y cuando lo hizo un montón de sensaciones que hacía años que no tenía se le agolparon en el pecho, en el estómago, en la cabeza y en la polla.

    Era la foto de una mujer, tumbada boca abajo, con una mano en un culo con una apariencia deliciosa. En lo primero que detuvo sus ojos fueron sus manos, siempre le han atraído las manos de las mujeres, sino tenían unas manos bonitas, no le resultaban atractivas. Le gustaban, parecían largas, huesudas, con los nudillos marcados y las uñas con el tamaño ideal, unas bonitas manos para rodear una polla que ahora mismo luchaba contra la bragueta de su pantalón por salir. Solo la sensación de observar esa mano en su nalga le había excitado muchísimo. Tenía el sexo depilado, exquisitamente depilado y un poco abierto. Le volvió loco, desabrocho el pantalón, y se sacó la polla, estaba húmeda, otra sensación de hacía mucho tiempo, las venas hinchadas la rodeaban, el glande de color rojo intenso, y los huevos duros, pegados perecía que todo le iba a reventar. Se reclino hacía atrás, y se empezó a masturbar imaginando la cantidad de cosas que le podría hacer a aquel coño y que le podrían hacer aquellas manos. Lamería sus labios, los abriría con la lengua para poder beber toda la humedad que desprendía, los mordería, recorrería todo aquel precioso sexo, hacía arriba y hacia abajo, rozaría despacio el clítoris, lo llenaría de saliva, mojaría con ella aquel ano tan apetitoso y provocador que ocultaba horas de placer, metería sus dedos en él, y se los llevaría a la boca para deleitarse con su sabor.

    Como estaba disfrutando imaginando aquel culo sentado en su cara mientras esas manos le rodeaban la polla y jadeaba. Sabía que no iba a tardar mucho tiempo en correrse, que la imaginación le daba para más pero la sensación de poder llenarse de semen mientras miraba esa foto pesaba demasiado. Imagino que ese culo, ese coño le llenaba la cara de saliva y jugos mientras que la boca de yinyersensual le pedía a su polla todo el esperma que pudiera darle. Y se corrió, todo su sexo estallo, su estómago se apretó y sus huevos se estremecieron mientras de su polla, tan lubricada, saltaba la leche. Se quedó mojado, mirando aquella fotografía explicita y sexual, mirando esas manos y esas uñas, y empezó a pensar que era mejor no pensar.

    Fue la noche en la que Damián comenzó a pensar en la libertad, en Kafka y en la necesidad de ser feliz.