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  • Lucky boy (II): La playa

    Lucky boy (II): La playa

    Lo último que me sucedió recién a finales de octubre del espantoso 20-20. Eran fechas muy atareadas, no había tenido tiempo para mí, ni para tomarme un descanso, ni siquiera para hacer el amor con mi esposo como era debido, y les juro que eso era lo que más me urgía en esos días.

    Como en todo fin de año, se había de celebrar una conferencia para exponer los resultados frente a los directivos ya accionistas principales. Normalmente en un hotel de lujo en alguna playa, y una tonta pandemia no impediría que la empresa justificara el presupuesto con viáticos ridículos.

    Pero ni modo, donde gobierna capitán no manda marinero. Aunque estaba aterrada por viajar en la situación tan crítica, no tenía opción. Por obvias razones aquel viaje lo realizaría sola, dejando al papá con mis dos pequeños. En parte me sentía tranquila sabiendo que mi familia estaría segura en casa, pero la idea de enfermar de ese maldito virus, no. Aunque no me imaginaba tendría un golpe de suerte erótico que haría todo mucho más llevadero.

    Fue sobre la arena, era un día hermoso, en aquel lugar todos los días son así. Mi parte del trabajo en los preparativos previos a la reunión había concluido, y ahora tenía todo el día libre para pasarla en la costa, “a mal tiempo buena cara.”

    En fin, me escogí un buen bikini, me puse mi cubre-bocas y salí del hotel rumbo a la playa. Todo parecía normal, mis planes se limitaban a tumbarme como trapo sobre la arena hasta tomar un bronceado natural perfecto. Conocía de una playa nudista por ahí a la cual me tentaba a ir, pero nada, irónicamente no quería nada de exhibicionismos ese día, sin imaginarme que la ruleta de las casualidades estaría a mi favor.

    Escogí finalmente un buen lugar un poco alejado del mar. No fue muy difícil, pues aunque por esos tiempos estaba abierta al turismo, no había mucha gente, al menos no en ese lugar a esa hora, en es ese día. Muy a mi suerte, porque lo único que quería era paz y tranquilidad.

    Así, caminaba con mis sandalias en mano, sintiendo la dulce sensación de la arena en mis pies, decidida a alejarme lo más posible de los pocos visitantes. Sin embargo algo me detuvo.

    De reojo me había parecido ver a un chico joven y apuesto, lo sé estoy perdida, y casada, pero es mi debilidad, no tengo remedio. Luché un poco conmigo misma, pero en verdad era muy lindo, cohibido, tímido y sobreprotegido, el coctel perfecto para desatar mis más bajos afiches sobre él.

    Finalmente perdí mi madurez y regresé sobre mis propios pasos para mirarle mejor. Era un chico de piel clara, cabello castaño claro, delgado, pero con un buen marcado en sus abdominales, casi segura que tendría unos diecinueve años, o dieciocho con suerte, no menos porque aquel hotel de enfrente, donde me alojaba y que correspondía a la sección de playa en la que estábamos, era solo para adultos.

    Ya convencida y cautivada por mi nueva presa, comencé el acecho situándome en una posición estratégica. Me sitié a un costado de la familia, con toda alevosía en el lado donde estaba el chico, dejando a las dos mujeres mayores, seguramente serían su mamá y su tía, quienes conversaban con un hombre adulto, el padre o el tío, quién sabe, qué importa.

    A manera de preámbulo, me unte bloqueador solar en todo mi cuerpo, de manera muy seductora y sensual, por supuesto, antes de recostarme para recibir los rayos de nuestro astro sol.

    El chico estaba recostado sobre la arena jugando con su teléfono móvil, recargando su espalda en la silla playera donde descansaba su madre, completamente dormida. Al otro lado de ella, estaba la otra mujer con el tipo conversando distraídos. Y al frente del chico estaba yo, acomodándome sobre mi toalla, boca abajo, con mis lindos pies apuntándole. Ahí, por fin me quité el cubre-bocas.

    Y así, el espectáculo daba inicio. El sol pegaba en mi espalda, al levantar la vista se miraba el mar, podía escuchar el relajante sonido. Casi podía sentir como los ojos de aquel joven se clavaban en mi cuerpo, con la misma claridad con la que sentía la suave brisa.

    Entonces separé un poco mis piernas, apenas lo suficiente para que pudiese verme el lindo traje blanco que modelaba sensualmente. Y ahí, debajo de la suave tela veraniega, aparecían un par de dedos con uñas largas esmaltadas en color rosado intenso. Amo ese color.

    Estaba ebria de lujuria y perversión, jugando con mi vagina sobre mi traje. Enseguida sentí un fuerte escalofrío, cielos, lo disfrutaría como nunca. Lentamente me tocaba, complacida por mi exhibicionismo, sabía que el chico estaría viendo mis furtivos dedos masajeando eróticamente mis labios terriblemente calientes y estimulados.

    Mi cuerpo se estremecía en cada caricia, podía sentir como la lubricación fluía dentro de mí, escurriendo un poco sobre mi lindo traje satinado. Poco a poco comenzaba a relajarme, estimulada por mis propias caricias, menaba la cintura sensualmente haciendo bailar mi conchita sobre mis dedos como si me estuviese montando en un buen pito.

    Después me di media vuelta girando ahora mi cabeza donde antes estaban mis pequeños pies. Y lo miré. Por un momento nuestros ojos se cruzaron, pude verle la cara de excitación y asombro que tenía. Inconscientemente le sonreí aunque aparté la mirada para evitar formalidades.

    Sus ojos me escaneaban el cuerpo como queriendo inmortalizarme dentro de su mente para no olvidarme jamás, mientras yo me arrodillaba frente a él, llevándome las manos a la espalda para desanudar mi traje de baño. Dejé que los listones cayeran por los costados, permitiendo que mis tetas se balancearan libremente escondidas tras el conjunto pendiendo únicamente de mi cuello.

    Enseguida me recosté nuevamente, esta vez un poco de costado para poder verlo mejor, y por supuesto, para que él pudiese verme todo el cuerpo. Y continué tocándome, mirando cómo aquel jovenzuelo me miraba sin disimulo.

    Su madre dormía profundamente y los otros dos se habían ido nadar un poco. El momento era solo nuestro. A nuestros lados había llegado más gente, pero no me importaba, que diablos me daba lo que pensaran de aquella mujer loca tocándose en frente del hijo de una señora distraída.

    Era justamente lo que hacía, masajeándome mi vagina mojada debajo de mi bikini blanco, relamiéndome los labios al ver como emergía una gran polla dentro de las bermudas del chico. Acrecentándose más y más sin siquiera tocarla. Deseosa de mí. Y solo para mí.

    Aquello me dejaba en claro cuánto le estaba excitando mi cuerpo y seguramente cuánto me deseaba. Le agradecía mostrándole mi mano complaciéndome debajo, escondida bajo la tela blanca de mi traje.

    Ensimismada ante la explicita acción del jovenzuelo, me desanudé el moño que sujetaba mi sostén detrás de mi nuca, y me recosté de costado sobre mi hombro izquierdo, ofreciéndole mi par de senos desnudos para que pudiese admirarme sin cesura, al tiempo que doblaba mis piernas para poder tocarme mejor.

    Y en ese momento perdió la cordura, por fin sucumbía ante mis encantos y el chico baja su mano derecha hasta su polla erguida para comenzar a estrujarla. De inmediato se bajó las bermudas y se desenfundo su férreo trozo, mirando a su alrededor, rogando porque nadie lo viese.

    Ante mis ojos emergía su claro y pulcro pito rosado y lindamente depilado, además lubricado ya por sus eyaculaciones previas al acto. Diablos, se veía tan lindo y sabroso, que se me antojaba comérmelo ahí mismo. Pero los vecinos, y su madre, y sus tíos, que de no ser por ellos me lo cogía en medio de la playa.

    Mirando su largo falo enfilado fuera de su ropa, me saboreaba esa blanquecina lubricación que le escurría desde su glande y por todo lo largo de su escroto, al tiempo que me metía un par de dedos tan profundo como podía, deseando con toda mi alma fuese ese pene al frente mío el que me estuviese penetrando.

    Ya completamente cautivada, deshice el coqueto nudo de mi bikini que se aferraba en el costado de mi pierna derecha, dejando que la prenda se deslizara hasta caerse, permitiéndome tocarme más fuerte y más profundo para aquel chico.

    Mis dedos me ultrajaban con fuerza, mi mano se mojaba con mi lubricación, y aquel joven muchacho se masturbaba para mí. Estábamos muy calientes, casi como el mismísimo sol que nos golpeaba con toda su imponente presencia ya por eso del mediodía. En cualquier momento nos haríamos terminar, no había diferencia, ya cuando me pongo así de excitada soy toda una MILF precoz.

    De cualquier manera no había tiempo, era ahora o nunca, ambos lo sabíamos. Él se estrangulaba con fuerza su largo y grueso pedazo de músculo, viendo como yo me ensartaba mis dedos medios estimulando mi clítoris desde dentro y con mi pulgar por fuera. Estaba tan complacida que mi vagina no dejaba de lubricarse más y más, empapando mi mano de mi lechita tibia que escurría entre mis dedos, sintiendo cómo mi cuerpo se estremecía en un poderoso escalofrío anunciándome que estaba a punto de venirme.

    Me concentre en el muchacho, o en su pito más bien. Lo observaba con detenimiento, con hambre, desesperada por trágamelo y saborearlo dentro de mi conchita. Imaginándome montada en él, chupándosela, siendo penetrada en cuatro o de misionero, como fuera.

    Aquellos pensamientos me llevaban al cielo, haciéndome perder la noción del tiempo y el lugar en el que estaba. Por si fuera poco, en ese momento, aquel jovial pene que en mis ojos se había fundido, comenzaba a convulsionar endureciendo los músculos de sus testículos como se saca el jugo a un par de naranjas a la vez, expulsando a chorros su espeso contenido blanco por toda su tranca, manchando sus manos hasta cubrir la fina arena de mar con su semen.

    Y entonces finalmente exploté. Mis dedos entraban y salían chapoteando en mi coño pescando un profundo orgasmo que me hacía eyacular tan intensamente que hasta mis piernas me temblaron; contrayendo y tensando mis nalgas, expulsando todos mis jugos contenidos desde hacía mucho tiempo. Todo en sincronía con la propia eyaculación de ese lindo chico adolecente al frente.

    Suspiré, y sonreí, aliviada y satisfecha de tan profundo orgasmo. Por ese corto instante, nuestros sexos choreaban, babeando el viscoso liquido alvino, que aún escurría desde su enrojado glande y en los rosados labios de mi depilada conchita.

    Justo a tiempo regresaban la pareja de sus tíos, alertando a su madre. Como pudimos nos vestimos de nuevo, escondiendo nuestros sexos mojados. Enseguida me anudé mi traje de baño de nueva cuenta a mi bronceado cuerpo y me dispuse a regresar a mi habitación. De paso le coqueteé un poco al chico sofriéndole con malévola complacencia al desfilar altaneramente a su lado.

    Creí que sería todo, me sentía más que satisfecha, pero se pondría mejor. Justamente el día siguiente debía exponer mi reporte en aquella conferencia, por lo que me alisté desde muy temprano para los preparativos. Eran por eso de las siete de la mañana cuando salía a paso veloz de mi cuarto de hotel, pasé por el ascensor, salí como alma que lleva el diablo y ahí lo encontré de nuevo.

    Sí, ni más ni menos que el mismo muchacho, ésta vez estaba nadando en la piscina del hotel. Me pareció muy extraño, por la hora del día, y porque no creí que estuviese permitido. Intenté no darle importancia y me concentré en mi trabajo de ese día.

    De allí en más, sin novedades. Expuse, todo bien, conviví un poco con mis compañeros y regresé a mi habitación por eso de las seis de la tarde. Muerta de fatiga, me desvanecí en mi cama y caí profundamente dormida.

    Pero el siguiente día todo cambió. Era mis últimas horas de hospedaje, y con todo había amanecido por eso de las siete de la mañana. Claro, pues si había dormido casi doce horas. En fin me dispuse a perder el tiempo mirando un poco el televisor antes de dar check-out. Así hasta dar un cuarto de hora para las siete de la mañana, cuando una oleada de calentura me levantaba de la cama.

    Y es que justamente recordaba el día anterior, mirando a mi joven compañero de hotel nadando en la piscina. Enseguida me asomé por mi balcón que justamente daba a la piscina y a la playa. Cuál fue mi sorpresa que en efecto ahí estaba.

    Una profunda alegría me invadió, y corrí como colegiala a vestirme y arreglarme para él. Me puse un traje de baño diminuto de dos piezas; el top amarillo intenso, y la parte de abajo en color negro con toques del mismo amarillo. Así baje casi corriendo por el ascensor como linda abejita coqueta, con toalla en mano, y por su puesto el indispensable cubre-bocas.

    Al llegar al primer piso, me dirigí sin escalas al área de piscina. Asombrada de que nadie me dijese nada, ni siquiera para revisarme la temperatura. Qué bueno, con lo ardiente y zorra que iba, seguro que reventaba su termómetro. Las ventajas de hospedarse en un hotel para adultos, supuse.

    Me acerque colocando mi toalla y mi cubre-bocas en una silla playera de por ahí y me senté en una orilla de la piscina. Y ahí estaba, el mismo chico, nadando como pez vela por todo lo largo del acuático escenario, en completa soledad. Hasta que llegué.

    Era encantador, realmente atractivo, lo observaba en silencio sentada en el borde de la piscina, chapoteando con mis pies, antes de tomar coraje suficiente para sumergir el resto de mi cuerpo. Fue en ese momento cuando se percató de mi presencia. Creo que lo sorprendí en verdad. Soltó un genuino espasmo de asombro, aún antes de percatarse de quién se trataba. Supongo que le habría espantado mi furtiva aparición. Sin embargo al darse cuenta de que se trataba de mí, me reconoció de inmediato y se relajó. Por un momento continuó nadando, yo lo miraba desde mi privilegiada posición. Así hasta que por fin me animé a saltar dentro de la piscina.

    Por un momento estuvimos nadando juntos, aunque cada quien por su parte. De tanto en tanto nos cruzábamos una que otra mirada insinuante. Aquel juego me encantaba, ese genuino cortejo adolecente no se encuentra en ningún hombre maduro.

    Fue justamente en uno de esos encuentros cuando finalmente me atreví a acercármele, sabía perfectamente que de su parte no daría el primer paso. No dije nada, dejé que el natural momento y mi lenguaje corporal hablaran por sí solos. No hacía falta mediar palabra, ambos sabíamos lo que sucedía.

    El chico miraba nervioso las cortinas de su habitación, temeroso que su familia lo viese, aunque no sé porque, no había nada de malo en que estuviese con una chica, pese a la diferencia de edades. Quizá yo era demasiado desinhibida, o muy zorra, de cualquier manera me estreché a él. Lo acorrale más bien. Llevándolo hasta un extremo de la piscina en la cual recargó sus codos sobre vértice de cada lado, mirándome nervioso cómo me acercaba.

    Ahí le mire fijamente a los ojos con una sutil sonrisa que dibujaban mis húmedos labios, y en completo silencio le agarré el paquete que abultaban sus bermudas. Enseguida él me correspondió acariciándome con dulzura un costado de mi brazo. Lo hacía tan tierno y con tanto miedo que podía sentir claramente cómo temblaba su mano al deslizarse sobre mi piel blanca, ahora bronceada por el sol del paradisiaco lugar.

    Me dejé consentir, mientras comenzaba a notar como su hermoso pene comenzaba a crecer en mis manos, sumergidas en la piscina. Hasta que acercó su rostro a mis labios. Y es que normalmente los besos los tomo mucho más personales, por lo que me rehusé, apartando mi cara, lo que él aprovechó para besarme el cuello mientras me tomaba por la cintura con una mano y me abrazaba con la otra, haciéndome perderme en sus caricias.

    Ya completamente encantada y enamorada por el pecaminoso momento, me recargué ahora sobre el vértice de la piscina parando mi colita todo lo que podía, al tiempo que deslizaba mi traje de baño a un costado de mi rosada conchita para que aquel abusara de ella como le placiera.

    Sin perder tiempo, aquel joven chico se desenfundó su pito y me penetró. No hizo falta ningún esfuerzo, aquel jovial pene parecía estar hecho específicamente para encajar en los confines de mi vagina, tamaño y grosor exacto para hacerme gozar como pocas veces en la vida.

    Aquel sexual acto acuático me estaba complaciendo de sobremanera, pero entonces escuchamos pasos. Exaltados nos desacoplamos de la copula para darnos cuenta que el guardia de seguridad pasaba haciendo su ronda, quizá sospechando de lo que pasaba bajo las cristalinas aguas de la piscina.

    Quizá no hubiese dicho nada, no es como que me molestara el exhibicionismo, pero no tampoco quería armar espectáculo. –Vamos a mi habitación. –Le dije al chico antes de emerger del agua y secarme con mi toalla.

    Sin esperar más me encaminé al elevador del hotel. Naturalmente el chico se apresuraba a seguirme los pasos de cerca. En el elevador éramos completos desconocidos. Habíamos firmado un pacto inquebrantable de silencio y complicidad. Así hasta llegar a mi cuarto.

    Apenas entramos, me quité el cubre-bocas y me abalancé sobre él, rogando porque me siguiera acariciando tan rico como lo estaba haciendo. Él me respondía de la misma manera, dulce, tierna, inocente y tremendamente excitante, justo como me gusta.

    En ese momento me besó. Y yo le correspondí, ya estaba completamente rendida a sus encantos. Lo abracé y lo besé como si fuese mi esposo, con todo ese cariño y pasión desmedida, al tiempo que lo dirigía a la cama, donde finalmente lo aventé para que cayera sobre su espalda.

    Sin perder tiempo le quité las bermudas con todo y sus calzoncillos para debelarle su enorme polla que desde hacía mucho tiempo me había saboreado. Me humedecí los labios un poco y me engullí todo su falo, regalándole la mejor chupada de su corta vida.

    Mi lengua recorría su glande saboreando las dulces secreciones que comenzaban a emanar por todo el placer que debía estar sintiendo en ese momento. Enseguida lo introduje lentamente en mi tibia boca y comencé a succionarlo un poco, deslizándolo dentro afuera cubriendo su escroto con mi traviesa lengua.

    Una vez satisfecha, me monté sobré él y me penetre su lubricado tronco, caliente y duro, lentamente. Gracias a los jugos que escurrían en nuestros sexos, fácilmente conseguía empotrarme en él y comencé a cabalgarlo.

    Cielos, estaba tan excitada que me haría venir rápidamente. Creo que tuve un pequeño orgasmo apenas al penetrarme, no lo sé. Todo ese momento era como un eterno orgasmo para mí. Cada que me estampaba sobre sus muslos introduciéndome su polla profundamente, mi vagina pulsaba y se lubricaba más y más.

    Pero en ese momento sentí cómo su viril pene comenzaba a flaquear. Me desempotre y miré aquel trozo de placer, ahora recostado, cubierto con su semen y mis jugos vaginales, pero totalmente flácido. –Perdón. Lo siento. –Me decía apenado. Y yo lamentando terriblemente. Pensando que solo un poco más y yo también terminaba.

    -Descuida. –Le suspiré, un tanto resignada pero con toda la intención de hacerlo repetir. –Es que no lo había hecho antes. –Me confesaba su virginidad, mientras yo me recostaba a su lado, posando mi desnudo cuerpo en su brazo izquierdo y a su vez, mi cabeza sobre su pecho.

    Sospechaba que aquel chico jamás había tenido su primera vez, sobre todo por su forma de tocarme. Estaba fascinada por haberme estrado a ese chico, aunque hubiese durado tan poco, no me importaba mucho, por experiencia sabía que podía durar más.

    Lo estaba comprobando al acariciarle su pecho y cintura, viendo como su flácido pene se llenaba nuevamente de sangre, para erguirse de su letargo apenas pocos minutos más tarde. Alegre, retomé postura, sentándome sobre su valiente y jovial pene sonrojado, aún cubierto con su anterior eyaculación y me lo inserté de nuevo.

    Enseguida me derrumbé sobre su pecho y me entregué de nuevo, dejándome acariciar y besar a su placer, al tiempo que me embestía su pito dentro de mí, ahora un poco más fuerte. Y eso me encantaba, me estaba complaciendo tanto, que me hacía gemirle como zorra entre beso y beso. Meneaba las caderas el ritmo contrario de sus embestidas, para poder sentir toda la longitud de su largo pene deslizándose placenteramente en mi chorreante coño.

    Rápidamente pude sentir cómo me venía, estaba al cien, no había más tiempo. Simplemente me rendí sobre su torso y me dejé venir en un profundo orgasmo que expresaba con toda sensualidad en un sincero gemido agudo que resonaba en toda la habitación.

    Al fin podía respirar tranquilamente. Aquel encuentro me había encantado. Desde el primer momento en que lo encontré. Estaba totalmente satisfecha. -¿Te gustó? –Le pregunté al muchacho con toda malicia. -No puedo terminar. –Me decía preocupado, intentando hacerse venir por segunda vez con su mano derecha.

    Lo miré con ternura, mientras me aguantaba una risa burlona por el ingenuo momento que estaba experimentando, y le dije. –No te preocupes. Eso suele pasar cuando intentas hacerlo dos veces seguidas. Déjame ayudarte. –Enseguida le tome su ardiente pito rojo como tomate y comencé a masturbarlo, y al ver que no terminaba, regresé mi boca para chupárselo.

    Pero el pobre chico no podía eyacular de nuevo, y se le veía cada vez más preocupado y adolorido, a punto de entrar en pánico. –No te preocupes, estás muy tenso. Relájate y no pienses en otra cosa. Respira y disfruta del momento. Si no puedes terminar aún, mejor aprovéchalo y fóllame de nuevo. -Le susurraba con extrema seducción y perversión al tiempo que me recostaba sobre la cama, abriéndome de piernas para él.

    Ya estaba contenta, pero no podía desaprovechar una oportunidad así. Sabiendo que aquel momento jamás se repetiría lo disfrutaría tanto como pudiese. Algo que parecía comprender aquel chico quien se posaba sobre mí, acoplándose entre mis piernas para penetrarme nuevamente.

    Está vez, con él arriba, las cosas eran diferentes. Normalmente a mí me gusta ser la controladora y dominante, pero es que me estaba haciendo el amor mejor de lo que imaginaba. Esa natural ternura de su primera vez, esa sinceridad al besarme como si fuese la única, y esas caricias dulces y sensuales haciéndome suya, me terminaron de derretir en sus brazos, derrumbándome ahora completamente sumisa y entregada.

    Sintiendo cómo me penetraba a su propio ritmo, con cierto cuidado pero cada vez más rápido, quizá debido a la ansiedad de exprimirse su pito dentro de mí, para por fin poder acabar con su martirio. Al mismo tiempo, sin saberlo, estimulándome tan rico, que sentía cómo mi conchita explotaba.

    En ese momento encogí mis piernas pegando mis rodillas en mi pecho, con todo cuidado de no sacarme su pene en ningún instante. Enseguida posé la planta de mis pequeños pies blancos en su fornido y bronceado abdomen acariciándolo con esas extremidades, a falta de poder alcanzarlo con mis manos.

    Lentamente le restregaba mis deditos por toda su piel, en su pecho y en su inocente rostro. Ahí le acaricié los labios con mi dedo gordito, y él de inmediato me respondía chupándolo sensualmente, siguiéndose con el resto de mi pie, recorriendo su lengua en cada dedo y por la planta, hasta el talón.

    Aquellas húmedas sensaciones, estaban provocando que mi cuerpo gozara de pies a cabeza, literalmente, arrancándome el aliento y un par de quejidos de placer cada que me estampaba con rudeza sus duros muslos en mis suaves glúteos, para meterme toda la verga sin ningún cuidado. Ahora me estaba cogiendo sin aquella inocencia o temor en sus acciones. Simplemente estaba preocupado por exprimirse su pito dentro de mí a como diera lugar.

    Y sinceramente era justo lo que quería, me sentía en el cielo, mi cuerpo estaba completamente estimulado, y mi conchita se sentía tan complacida, aprisionada por mis propias piernas, juntas en aquella posición, con ese glorioso pene dentro, que pronto sentía que me vendría de nuevo. Y aquel joven no cesaba ni un segundo, empeñado en alcanzar su segundo orgasmo, al mismo tiempo que el mío se me escurría entre las piernas, estallando en un fuerte gemido al sentir aquel momento de placer pecaminoso, sin dejar un solo segundo de menearme las caderas, pues ese chico no dejaba de cogerme, empeñado en culminar su tarea y satisfacer su deseo sexual que aún lo evadía.

    Quería parar, pero estaba a su merced, completamente sumisa a él, quien me tenía sujeta por ambos pies que había recargado en sus hombros, uno a cada lado, acomodados para que me pudiese penetrar con toda prontitud. Me parecía que cada vez me penetraba más rápido y más fuerte, pero sin duda, más complaciente, pese a que ya me había venido dos veces.

    No había duda, tendría otro inminente orgasmo y éste sería uno muy húmedo. –Hoo, sí. Más rápido. Dame. Así. –Le gemía con una voz extasiada de placer. Y aquel desconocido joven obedecía, comenzando a cogerme duro y veloz. Estampándome su endurecido pene a toda velocidad, salpicando mis jugos por todos lados, mientras eyaculaba incontrolablemente, gimiendo de placer, totalmente abierta de piernas a él, quien desesperado comenzaba a darme todavía más rápido, ahora tomándome por las rodillas, haciéndome gozar todavía más el poderoso orgasmo que estaba experimentando, sin dejar de chorrear en un largo “squirting” que salpicaba en cada arremetida, detenido tan solo por su miembro completamente mojado que no dejaba de penetrarme.

    Para ese punto, el chico ya estaba en estado de pánico, realmente se le veía aterrado por no poder eyacular pese a que me llevaba cogiendo ya casi media hora sin descanso desde la segunda tanda, y lo evidenciaba al estamparme su viril miembro con brusquedad y sin ningún cuidado en mi empapada vagina. A esas alturas ya no me estaba haciendo el amor, ahora me estaba cogiendo como a una cualquiera, masturbándose con mi cuerpo más bien, y eso, me encantaba.

    Aquel momento de ternura y juegos había quedado atrás. Se lo había ganado. Ahora era tiempo de que cogiera sin respeto, duro y veloz. No había que pensar en nada más, lo único que importaba era darnos placer sin medida. Algo que sin duda estábamos consiguiendo.

    –Sí, sí. Mmm. Ha, ha. Sí –Le suspiraba llena de éxtasis, viniéndome una y otra vez, mojando las sabanas de la cama, gritando y gimiendo totalmente extasiada ante las feroces y violentas estampidas del adolecente desesperado por hacerse eyacular también. Más y más rápido, mientras yo le ayudaba, contrayendo mis paredes vaginales para ordeñarle su pito dentro de mí, al mismo tiempo estimulando mi uretra, hasta que finalmente lo conseguimos.

    Al unísono, exhalamos un profundo bramido de placer mientras eyaculábamos un último pero potente orgasmo que finalmente relajaba nuestros cuerpos en completo éxtasis, satisfechos y bien servidos. Él, por la increíble MILF que se había follado, y yo por desvirgarme a aquel joven y apuesto chico.

    Quede completamente exhausta pero complacida con mi travesura. Cuando le bese por última vez con extremo cariño, agradeciéndole por todo ese placer, a manera de despedida, sabiendo que jamás le volvería a ver.

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  • Con la prima Elvira y sus amigas en la playa

    Con la prima Elvira y sus amigas en la playa

    Resulta que al día siguiente de haberme llevado a Elvira al motel y haberla hecho mía a mi antojo,  recibí un mensaje como a eso del mediodía, donde ella me preguntaba cómo me encontraba, a lo que le contesté que bien, esperando que fuera el sábado para pasar otro rato con ella, diciéndome que era un suertudo, porque me tenía una sorpresa, preguntándole de que se trataba, y me contesta que ya iban con su amiga Mónica y otra amiga de nombre Mariela –la cual está bastante bien- a Manzanillo a pasar el fin de semana largo porque el lunes no se trabajaba, y que si las quería alcanzar, porque se hospedarían en una casa de una tía de Mónica en la playa Santiago, a lo cual yo le contesté “crees que mi fantasía se cumpla”, a lo cual ella me contesto “quizás no solo con Mónica sino también con Mariela”, enviándome una foto de las tres ya en carretera donde me mandaban un beso, así que yo todavía incrédulo le dije “quien más va a ir”, “además de nosotras solo tú, ven con Open Mind, trae vino y cerveza, de la comida nosotras nos ocupamos”.

    Al terminar de chatear mi cabeza me daba vueltas, ya imaginaba tener a ese trio de hembras para mi solito, quizás ellas pensaban que me tendrían como su esclavo sexual, pero yo me veía como un macho con su harem, solo en dos ocasiones había estado en orgia de tres hombres contra tres mujeres -escort’s-, pero esto era grandioso tres mujeres contra mí solo, me preguntaba si iba a poder, lo que me excitaba demasiado, así que me fui a un sex shop, compré un vibrador, un consolador, un retardante, y líquido para limpiar estos juguetitos, mis pastillas amarillas, hice mi maleta y a eso de las 3 de la tarde iba saliendo de Colima rumbo a Manzanillo, previo a llegar a la playa Santiago como a eso de las 4:30 de la tarde, hice una parada en una gasolinera y compré vino tinto, tequila y whiskey, y un 24 de cerveza, le mande un mensaje a Elvira diciéndole que ya estaba por llegar, diciéndome ok, ya estamos aquí.

    Al tocar a la puerta, se abrió la cochera y metí mi carro, al bajar mi maleta y demás cosas que traía en la hielera, vi a la distancia a Mónica recostada en un camastro alrededor de la alberca, quien al verme me saludó de lejos y me dijo “Paco, hola como te encuentras?, “muy bien Moni y tú no se diga” le contesté, traía un traje de baño de dos piezas en color negro, el cual le hacía lucir unos senos bien paraditos y un culito bastante durito, así que se paró a saludarme dándome un beso en la mejilla y un abrazo pegándome su cuerpo lo cual yo aproveché para repegarla a mí, y sentir sus ricos senos, y me dijo “Elvira y Mariela acaban de salir al súper a comprar cosas, yo me quedé a esperarte, vamos a instalarte en su cuarto”, así que yo iba detrás de ella, viendo como ese bikini se lo comía sus ricas nalgas y como su cuerpo se movía con su caminar sensual, así que primero llegamos a la cocina y destape dos cervezas, ofreciéndole una a ella poniéndome a acomodar las restantes y los hielos en el refrigerador y congelador respectivamente.

    Ya que entramos al cuarto donde dormiría, yo cerré con botón el mismo, notando como ella volteo de reojo pero no dijo nada, mostrándome que tenía pantalla, baño con jacuzzi, cama matrimonial, etc., a lo cual yo me acerqué a ella y le dije “Que guapa estas Moni”, “De verdad te me hago bonita” contestándome, “Bueno a decir verdad además de bonita, tienes un cuerpazo”, le reviré, “Gracias por el cumplido”, respondió, en eso note que se puso algo nerviosa y aproveché para decirle “Oye no me vas a dar el beso que me mandaste” “Ya lo quieres ahorita” me dijo, así que tome su cintura con mis manos a la atraje hacia mí, empezando a besar su boca, lo que ella de inmediato correspondió dejando que mi lengua explorara su interior, así estuvimos besándonos unos 3 minutos, mientras yo atraía su cuerpo hacia mí, ella me decía, “Paco recuerda que tienes que tener mente abierta, nada de enamoramientos, lo que pase aquí con nosotras tres, aquí se queda”, “Claro mamacita, quiero poseerte al igual que a Elvira y a Mariela” le contesté, “te tienes que preparar para cuando nos tengas a las tres juntas durante todo este fin de semana”, diciéndome.

    Después de esa platica entre besos y agasaje, me baje el short y me quite la playera que traía, quedando solamente en calzón, el cual sentía bastante cubierto de líquido preseminal, pegando mi verga sobre su puchita, y con mis manos quitándole el brassiere de su traje de baño, aprovechando para empezar a besar como un bebé esos ricos pechos, lo que hizo que de inmediato ella jadeara y suspirara más rápidamente, sintiendo como sus pezones se ponían duritos y paraditos, ella suspiraba y sus pechos crecían y bajaban, así que aproveche para quitar con mis manos su bikini el cual cayó al suelo y la lleve a la cama donde la senté mientras yo me hinqué y pose mi boca en su rica puchita, la cual estaba recién depilada con cera y tenía un penachito de vellos púbicos que la hacían lucir muy sensual, así que con dos de mis dedos abría esa rica almejita por sus labios externos, mientras con mi boca y lengua le daba una gran pasada a su clítoris, lo que hacía que ella empezara a gemir y suspirar “mmm, uff, ahh, que me haces?”.

    Después de algunos 5 minutos de estar lambiendo y mordiendo levemente ese rico clítoris, con dos de mis dedos empecé a penetrarla, recorriendo su parte interna alta para doblarlos y así llegar a su punto “g”, sintiendo que en cada penetrada que le daba, unos surcos por toda su cara interna, lo que hacía que ella se estremeciera y que sus fluidos vaginales empezaran a derramarse, mientras en un estado de éxtasis total, decía palabras incoherentes “Paco uff, mmm, agg, sigue, por favor no pares”, mientras yo sentía mi miembro ya durísimo listo para entrar en acción, así que nos pusimos de pie, tomando su pierna izquierda con mi mano derecha y la alce lo más alto que pude, acomodé mi falo a la entrada de su vagina y empecé poco a poco a penetrarla, primero fue mi glande y ante cada arremetida sentía como iba entrando mi miembro, lo que hacía que ella me dijera “Papacito, la tienes súper gruesa, no me va a entrar, ugg, mmm”, así que yo al sentir que ya la tenía a la mitad, seguí presionando, hasta que después de unas 10 veces de estar presionándola, sentí como choco la base de mi miembro con la entrada de su vagina, lo que hizo que gritara “Ayy, que grande la tienes, me vas a dejar bien perforada, grr, uff, mmm”, mientras yo en esa posición quizás dure unos 8 minutos, y le dije, “Chiquita quiero ver ese culazo que te cargas, así que ponte a cuatro”.

    Así que la acomodé de a perrito, y con mi mano acomodé mi verga a la entrada de su almeja y empecé a penetrarla lentamente, sintiendo como sus pliegues vaginales cedían ante cada arremetida, hasta el momento que sentí como mi falo volvió a entrar completo y ella de inmediato reaccionó, queriéndose quitar, así que tome sus hombros con mis manos y de tal manera hacia palanca, para presionar más fuerte y constantemente mi falo para penetrarla más profundamente, lo que hacía que ella gimiera y pujara de placer “Paco, me partes, esta gruesa y grandota, hazlo con calma”, decía, mientras yo ante tanta suplica quería rellenar esta rica puchita rosadita color a guayabita por dentro, dándole más y más verga, así la tuve alrededor de 10 minutos mientras de ese rico manjar salía mucho líquido el cual hacia que mi miembro resbalase sin mayor problema, quitándonos sensibilidad, así que de repente al sacarlo con mis dedos quitaba el líquido que su puchita dejaba, para así tener mayor sensación de ese entre y saca.

    Yo sentía que ya no tardaba en irme, así que antes de tener mi eyaculación, quería que ella me montara para así tener a mi disposición total sus nalgas duritas y sus pechos, y poderla besar a mi antojo, así que le dije “Mamacita, quiero que ahora tú te montes sobre mí, quiero saborearte todita”, “Si Paco, lo que tu desees, uff, mmm”, contesta, así que me acuesto boca arriba, para subirla sobre mí, así que de inmediato ella acomodó mi falo sobre su puchita, y entró sin ningún problema, mientras yo empezaba por manosear a lo lindo sus ricos pechos, así que con dos de mis dedos masajeaba sus pezones ya de por sí bien erectos, mientras que ella en cada bajada de su cuerpo se ensartaba hasta el fondo mi verga, aprovechando para besarla muy intensamente, viendo como su lengua entraba en mi boca y la mía en la suya, en esa posición note que ella se empezaba a excitar más y ya gritaba como loca “Paquito, me encanta como lo haces, uff, agg, me estoy viniendo, sigue así”, ante tal situación, una de mis manos, la baje a sus nalgas, para seguir ayudándola a subir y bajar, dándole de repente pequeñas nalgadas, hasta que de repente me dijo a modo de súplica “Ya para, me voy a ir, mi cuerpo se empieza a estremecer, ya para, mi corazón se me va a salir, uff, grr, ahh, ayy”, sintiendo como de repente al subir su cuerpo salieron sus líquidos vaginales al por mayor.

    Viendo que quería zafarse de esa posición, así que al tenerla a ahorcadas, yo volví a tomarla de sus hombros y con ellos me apalancaba para seguirla penetrando más fuertemente porque quería venirme dentro de ella, mientras ella me rogaba “Paco, por favor, se me sale el corazón, ve como me tienes, uff, ahh, ayyy, mmm”, “No mamacita, deja disfrutar lo sabrosa que estas, ya casi termino” le dije y cuestión de unos 5 minutos, sentí como una explosión de placer inundo mi cuerpo al empezar a eyacular en su rica almeja, hasta que ella por fin, seguía estremeciéndose de placer y me decía “Paco, que rico coges, dámelos todos”, quedando tumbada arriba de mí, así que yo la empecé a besar y después de unos minutos yo me puse mi traje de baño y ella el suyo, diciéndome “No creía lo que me había dicho Elvira, que eras un toro en la cama, vaya que nos vamos a dar un festín este fin de semana”, «Con las ganas que te traía, verás que las voy a disfrutar como nunca, porque les voy a dar por todos lados», le contesté, «Eres un canijo bien hecho» me contestó, así que salimos de la habitación, y yo de inmediato tome mi cerveza la cual ya estaba algo tibia y me metí a la alberca mientras ella volvía a tomar el sol.

    Como a los 10 minutos, llegó Elvira y Mariela con varias bolsas, y yo acomedido primero las saludé y les ayudé a meter las bolsas en la cocina, así que me volví a meter a la alberca, viendo que algo susurraban entre ellas y se reían, mientras Mariela ponía la cara de incrédula, diciéndome que iban a preparar una botanita y a cambiarse para meterse a la alberca, lo que aproveche para ir a la playa un rato para meterme a las olas, sin embargo lo que paso enseguida y todo ese fin de semana, será motivo del siguiente relato.

  • Abrazo de oso

    Abrazo de oso

    No fue un viaje más a Buenos Aires. Me había mensajeado durante todo el día con una pareja que, llegada la tardecita, nos coordinamos para encontrarnos. Los invité al departamento que estaba alquilando por día sobre Callao. Había concretado unas cuantas reuniones desde que llegué a la ciudad, así que decidí caminar hasta un mercadito para despejarme un poco y comprar algunas provisiones para agasajar a la pareja invitada. Llegando al palier me llaman para avisarme que ya estaban, así que los vi bajar de una Toyota blanca estacionada a mitad de cuadra.

    Nos saludamos cordialmente y subimos charlando trivialidades sobre la jornada de cada uno. Pronto me di cuenta que habían fumado marihuana y eso desacartonó bastante la introducción. Serví champagne y mientras la charla se iba enredando entre miradas seductoras, acerqué mi mano a la rodilla descubierta de la rubia, quien distendió su pierna sobre mi falda aceptando mis caricias. Los cuerpos ya se habían relajado, las sonrisas lo decían todo y el ambiente ya empezaba a calentarse.

    Me encantaba que ambos fueran bastante más grandes que yo porque me hacían sentir un niño jugando entre adultos que festejaban su osadía. Cariñosamente, el señor se levantó y nos invitó a continuar las travesuras sobre la cama, donde la desnudez pasó a trenzar un embrollo corporal repleto de caricias y besos que anudaron tres amantes desbordantes de deseos.

    Nunca antes había besado a un hombre, pero aquella maraña sorprendió mis labios con una lengua masculina que cautivó completamente mi voluntad. El tiempo comenzaba a hacerse eterno y la razón ya no podía controlarnos. La rubia abrazó mi cuerpo con sus piernas y recibió toda mi calentura adentro suyo. Mientras el señor acariciaba mi espalda, su esposa relataba cada detalle de mi verga en su interior.

    El diálogo entre ellos sazonaba por demás mi calentura. Yo era su niño, su juguete, un inocente aprendiz que seguía embobado sus consignas. La rubia me indicó que lo cogiera a su marido, mientras el señor se acomodaba de perfil entregándome la espalda. Su cola masculina de apariencia, pero femenina en su actitud, devoró mi pene adobado con el néctar de su esposa. Ella estaba maravillada preguntándole a su esposo sobre cada detalle de mi penetración, mientras él apenas podía responder inmerso en una placentera relajación que evidenciaban sus gemidos. Todavía no quería acabar, así que decidí salirme casi al borde del derrame. Me paré al costado de la cama mientras todos aprovechamos un pequeño recreo para hidratarnos.

    Brevemente, piropeamos nuestros atributos sexuales y comentamos el placer colectivo reforzando nuestra mutua aprobación. La rubia tomó la delantera y empujó a reiniciar la actividad acomodándose en cuatro patas al borde de la cama. Salivé con abundancia su cola y fui apoyando lentamente la cabeza de mi verga para perforarla delicadamente al ritmo de su dilatación. Mientras la bombeaba de parado, el señor comenzó a acercarse por detrás de mí. Acariciaba mi espalda, me besaba el cuello, mientras me apoyaba sutilmente su estoica poronga sobre las nalgas. Fui dejándome llevar por la actitud paternal de sus mimos y la cola de su esposa abrazando mi virilidad, pero tenía totalmente claro que era imposible que semejante verga me cogiera.

    Había tocado, pajeado y chupado su grosor previamente, y su dimensión superaba cualquier intento de animarme a probar. No había chances. Pero el Señor, que era un poco más alto, más fornido, más curtido e incluso más adulto que yo; comenzó a hurgarme la cola con su pene. Lo dejé jugar un poquito, confiado en que en cualquier momento podría pararlo. El señor ya me tenía abrazado desde atrás sobre mi pecho y con la cabeza de su pene presionando para entrarme. No había forma de que me entrara, así que decidí decírselo para no entusiasmarlo con un deseo imposible. El señor apoyaba su cabeza en mi ano y salía. Apoyaba y salía. Mientras yo le explicaba que no me iba a entrar, que era muy grande. El señor apoyaba cada vez más fuerte y salía. «Basta, no me va a entrar», le decía. El señor apoyó nuevamente, pero ya no quería salir.

    Empujaba para seguir entrando. «¡No, no!», le dije, «No me entra, me está doliendo». Pero parecía que el Señor no me escuchaba, o mejor dicho, no quería escucharme. Me abrazaba cada vez más fuerte sobre el pecho y empujaba cada vez más adentro. «¡Basta! por favor», le dije, «Me duele, ¡me duele!». La rubia se dio cuenta que yo estaba temblando y mi cara se había transformado de dolor y temor. Así que se retiró de mi penetración y le dijo a su marido: «Pará mi amor, le estás haciendo mal». Pero sin aceptar su indicación, el señor me abrazó aún más fuerte y me la mandó hasta el fondo. «Le está doliendo mi amor ¡pará!». Sentí la verga de ese hombre que rajó mí ano y comenzó a bombearme desesperado.

    El dolor se mezclaba con la impotencia de no poder moverme, me tenía abrazado muy fuerte, inmovilizado. Me entraba y salía hasta el fondo, tan brutalmente que en un momento decidí entregarme, porque forcejear lo hacía aún más doloroso. El ardor comenzó a anestesiarse con sus embestidas, pero me estaba cogiendo contra mi voluntad. Tenía ganas de llorar, pero no me salían las palabras para frenarlo. No podía entender cómo habíamos llegado a ésta situación, si todo venía tan bien, tan cariñoso, tan lindo: Y ahora me estaba violando. Ni su mujer podía frenarlo.

    Sinceramente, no recuerdo bien cómo terminó todo. Indudablemente, mi mente selectiva dejó todo ese final de la noche en una nebulosa muy difícil de reconstruir. El recuerdo de aquella situación se hizo cada día más morboso para mi. Si bien el dolor invadió el final de aquel encuentro, hoy recuerdo con afecto cada centímetro de esa enorme verga ingresado por la fuerza. Y la obligación de entregarme a su voluntad inmovilizado por su potente abrazo, alimentan mis ratones masoquistas. Claramente fue una violación, claramente no lo quise hacer, claramente me dolió mucho y quería que frenara, claramente me obligó, no fue consentido, y claramente entró por la fuerza un miembro en mi ano mucho más grande que mi posible dilatación. Pero quizás todo eso fue lo más interesante del encuentro y lo que me llevó, sumisamente, a volver a escribirme con ellos hasta el día de hoy.

  • Primer encuentro single

    Primer encuentro single

    Hola gente de CuentoRelatos, aquí les dejo mi primer relato.

    Todo comienza exactamente en junio 2012 aquí en Autlán, estaba navegando en varias páginas de contactos cuando comencé a platicar con Gaby a la cual conocí por internet, ella es morena clara, delgada, 1.60 de estatura y como 45 kg tiene un cuerpo muy bonito con unas piernas bien formadas y unos senos no muy grandes pero ricos y un culito que deleita a la mirada.

    Después de varios días de estar platicando por internet concertamos una cita para vernos por primera vez, llegue a su casa a eso de las 9 y media de la noche, le mande un mensaje al celular donde le avise que estaba a fuera esperándola, cuando ella salió ¡wow! que mujer, vestía un pantalón de mezclilla ajustado resaltando sus nalgas preciosas y una blusa ligera arriba del ombligo, se veía sensual y provocativa, tanto que mi pene comenzó a levantarse y ponerse duro por debajo de mi pantalón.

    Le abrí la puerta del coche y fuimos directamente a la plaza cívica donde estuvimos charlando por unos 10 minutos, estaba ella platicando cuando de pronto sin darle tiempo a nada le plante un beso en su deliciosa boca el cual me correspondió apasionadamente, me pregunto que por qué le había besado y le dije que me encantaba toda ella, al decir esto me dijo que nos fuéramos yo creí que a su casa, pero justo al subir y poner en marcha el vehículo, se acercó me tomo el rostro con su manos, me jalo hacia ella y me comenzó a besar desesperadamente con una pasión que me puso mi pene duro como una roca pare en seco y seguimos besándonos mientras ya le tomaba de la cintura y le acariciaba la espalda.

    Le propuse dar una vuelta y acepto así que comencé a manejar por la Hidalgo y al dar la vuelta en Guadalupe Victoria cuando le comencé a acariciar las piernas por encima del pantalón, ella me acariciaba mi pene, me pregunto: “¿Qué te estoy acariciando?” Y yo le contestaba “la verga mami que quiero que pruebes”, de repente me bajo mi cierre y lo saco lentamente, lo veía y lo acariciaba, cuando sin decir nada comienza a darle besos a mi pene que estaba por estallar y a recorrerlo con su lengua que me hacía sentir en la gloria, se lo metió en la boca y comenzó a chupármelo lentamente yo sentí que no podía manejar más por lo que me orille llegando a periférico casi llegando a la carretera a la costa cerca de un hotel que está en la salida y comencé a acariciarle las nalgas por encima del pantalón sin quitárselo ya que lo traía justo.

    Estaba muy excitada cuando tratando yo de desabotonarle el pantalón no podía, ella se levantó un poco y se desabotono sola el pantalón, se lo bajo y solo dejo su tanga puesta cosa que me puso más caliente y comencé ahora así en ese instante a acariciarle la vagina por encima de la tanga blanca que traía, ya no pude más e introduje mi mano por debajo de la tanga y comencé a masturbarla tallando su rajita caliente y mojada de arriba abajo lentamente metiendo un dedo en su vagina que entro sin más complicación por lo inundada que estaba, comenzó a gemir y a decir:

    -¡¡¡que rico mm siiii así papi sigue no pares, ufff mas rápido ahhh…

    Fui subiendo la intensidad de mis movimientos y la penetración ahora con dos dedos hacia que sonara delicioso el meter y sacar mis dedos que se mojaban cada vez más y ella seguí gimiendo fuerte y no pudo más dejo de chupármela para empezar a gemir de forma tan deliciosa y fuerte, comenzó a gritar “¡¡¡me vengooooo¡¡¡” eso fue mi motivación a no parar seguí dándole duro con mis manos mientras ella bañaba mis dedos inundando con sus jugos el asiento del coche con un orgasmo espectacular, temblaba , se estremecía y me apretaba con fuerza mi verga mientras le besaba el cuello.

    Después que se repuso, comenzó de nuevo a chuparme el pene rico suavemente y a acariciar mis testículos mientras yo le acariciaba las nalgas y pasaba mi mano desde su vagina hasta su culo de arriba abajo, mojándola toda con sus propios jugos, los cuales me ayudaron mientras ella estaba con mi verga en la boca yo le comencé a meter un dedo en el ano, al ver que ella no protesto lo metí totalmente hasta el fondo gimiendo como loca me dijo “ahhh que rico mmmm si papi así no pares”, estaba disfrutándolo todo cuando le dije “quiero meterte toda la verga en tu culito vamos al asiento de atrás”.

    Al decir esto su lengua relamió los labios, nos pasamos hacia atrás y me senté ella lentamente se puso sobre mi dándome la espalda y poco a poco sola fue enterrándose mi verga ardiente y mojada en su ano, sentía como entraba centímetro a centímetro raspando su ano y penetrando sus entrañas, entro a la mitad y se quedó quieta sin decir nada solo resoplo y comenzó de nuevo a subir y bajar lentamente hasta que estuvo todo dentro, yo gozaba como nunca y ella comenzó a gemir a decirme “¡¡¡que rico papi asiii asiii ensártame toda párteme el culo en dos que rico siento como raspa mi ano y mi vagina ufff siiii así no pares dale duro cógete a este culo que tenía tanta sed de verga asiii!!!”.

    Diciéndome esto comenzó a tener otro orgasmo al mismo tiempo que yo no aguantaba más y comenzó a eyacular en grandes cantidades en su culo hasta dentro se lo metí y me apretaba fuerte sintiendo como mi semen se quedaba dentro de su culo, lo deje dentro hasta que mi pene se fue haciendo flácido y poco a poco fue saliendo y detrás de él salió mi semen caliente.

    Terminamos todos sudados pero súper contentos besándonos y acariciándonos, después de eso la lleve a su casa no sin antes pasear por las calles de Autlán para que se nos secara el sudor así que recorrimos calles Obregón, dimos vuelta por mariano Bárcenas hasta la Hidalgo buscamos estacionamiento en el centro donde seguimos charlando y después la lleve a su casa donde quedamos de vernos en otra ocasión pero ese será otro relato que contaré más adelante.

  • La propuesta a mi novio

    La propuesta a mi novio

    Después de descubrir el gusto de mi novio por mis pies, comencé a darle la libertad de hacer lo que él quisiera, los besaba, los lamía, me pidió masturbarlo con ellos e incluso en más de una ocasión se ha venido en mis plantas sin avisarme, sencillamente se masturbaba y se vaciaba en ellos si así lo quería.

    Comencé a darme cuenta que yo también disfrutaba con eso y que comenzó a estimularme bastante, no solo lo que él hacía físicamente si no que era excitante el saber que tenía control total sobre él y que podía aprovechar eso.

    Comencé a limitar su contacto con mis pies, seguíamos teniendo sexo, pero sabía que él no lo estaba disfrutando tanto por la actitud que tomé con respecto a su fetiche. Llegó un punto en el que me preguntó por qué había cambiado con respecto a sus gustos y le dije que yo merecía algo a cambio de ceder (obviamente no le comenté que ya le había tomado gusto yo también).

    Me dijo que haría lo que fuera para volver a tener mis pies a si disposición y fue cuando comencé a dominarlo para darle pequeñas probadas de lo que quería.

    Literalmente lo convertí en mi esclavo de tiempo completo y esa noche comencé a utilizarlo a voluntad.

    Me senté al borde de la cama y le ordené ponerse de rodillas frente a mí. Le dije que a partir de ese momento me tenía que decir ama y obedecer todo lo que le ordenara.

    Él solamente contestó. “si, ama”. Y bajó la cabeza esperando órdenes mías.

    Era increíble como rápidamente aceptó su destino y quedó sumiso ante mí. Abrí las piernas y le dije “para empezar aquí está tu comida, no quiero que te separes hasta que yo termine”. A lo que contestó “si, ama”.

    Voy a ser honesta, era bastante bueno. En cuanto su boca comenzó a recorrer mi raja húmeda comenzó a provocarme placer de una manera extrema. En el instante que comenzó a juguetear con su lengua entre mis labios y haciendo mayor presión en mi clítoris comencé a escurrir de una manera abundante, llegando su boca y su cara con mis fluidos.

    No tardé más de 5 minutos en llegar a mi primer orgasmo y no dejé que se alejara un instante de mí. Tomé su cabeza y pegué si cara a mi cuerpo para dejarlo bañado completamente de mí.

    En ese instante le dije que me la metiera de golpe y abrí las piernas invitándolo a penetrarme.

    No lo dudó un segundo y comenzó a embestirme como loco, yo noté que estaba intentando subir mis piernas pues me tenía agarrada de los tobillos, pero no sé lo permití y le hice saber que no podía hacerlo, que está vez lo iba a hacer gozar de una forma diferente.

    Me hizo llegar al orgasmo rápidamente, notaba su frustración y su enojo por no permitirle hacer lo que él quisiera como en otras ocasiones y fue entonces cuando lo solté.

    -papi no te gustaría verme cogiendo con otros?

    Él no detuvo sus embestidas, pero noté en su cara una mezcla de frustración y excitación enorme, sentía que iba a terminar en cualquier momento.

    -que dijiste puta?

    -si papito, háblame así. A poco no te gustaría verme con otros?

    -eres una pinche puta

    -pues parece que te gusta por qué sigues bombeando cabrón

    -no sé por qué dejaría que estuvieras con otros

    -porque si lo haces, podría convencer a mis amigas de estar contigo

    Al escuchar esto comenzó a bufar y me quité de inmediato para que se vaciara en mi boca como tanto me gusta.

    Su explosión fue impresionante, parecía que no hubiera terminado en mucho tiempo.

    Después de limpiarlo bien con mi lengua nos recostamos y seguimos hablando para terminar de convencerlo de dejarme probar a otros hombres con su consentimiento.

  • Llegué de viaje

    Llegué de viaje

    Hola lectores, tanto tiempo, la verdad que he estado afuera de mi país por tema trabajo. Llegué y lo primero que hice fue comunicarme con esta chica, Lu, que la conocí hace un tiempo, rubia, alta, pechos grandes y una cola hermosa, pero yo estaba interesado en su pija, unos 20 cm aproximadamente, muy hermosa.

    Llegó a su departamento, me recibe cómo siempre, fumamos un poco, para estar un poco arriba, empezamos a besarnos y empieza a bajar, cómo es costumbre, me empieza hacer un pete hermoso, y me tienta su pene, y empezamos el más hermoso 69 de todos, después de un rato, ya los dos teniendo la boquita a alambrada, me empieza a lengüetear el orto, el mejor beso negro de todos los que han hecho, y me dice, «que rica cola» y me empieza a apoyar esa pija hermosa, me hace desearla, hasta que empieza a meterla despacio hasta que ya no se pueda ver por fuera, me sentía súper lleno, y empieza a embestirme hasta que me da súper fuerte y sin parar, estuvo así hasta que empiezo a sentir que yo acababa sin tocarme.

    Después me puso patitas al hombro y me empezó a garchar fuerte, y ahora sentía que entraba más a fondo! Y me garchó hasta que estaba por acabar. Saca la pija y me la pone en la boca, y me da toda la leche, estaba más que cargada ella, y yo estaba más que extasiado.

    Ese reencuentro fue espectacular, ya lo deseaba desde que me fui, de viaje, 50 días deseando esa pija única.

  • El polvo en la silla

    El polvo en la silla

    Ella estaba en el sofá, relajada, esperando que llegara él, llegaba tarde, se habría entretenido en ir a comprar algo, seguro.

    Entonces oyó el ruido de las llaves abriendo la puerta y ahí apareció Manu, al mirarla esbozó una sonrisa; venía algo agotado, pero ella era su alegría.

    -Hola babe! pasé por el súper a comprar unas cosas, hoy llevo en mente cocinar una receta que he escuchado a unas compañeras del trabajo… -Dijo Manu.

    Era se lo quedó mirando con curiosidad, cargaba una bolsa del súper.

    -Ya me imaginaba. -Dijo Era sin más.

    Poco después comieron la cena que había preparado Manu, era una cena ligera, pero sabrosa y Era volvió a tener esa sensación en su entrepierna, notó humedad y líquido y es que tenía muchísimas ganas de hacer el amor con Manu, llevaba pensándolo todo el día.

    Al terminar de cenar Era recogió la mesa y Manu insistió en fregar, pero Era no le dejó…

    Rodeó por detrás la cintura estrecha de Manu y comenzó a darle besos en el cuello. Manu no se pudo resistir y desistió de la fregada enseguida.

    Era comenzó q tocarle el paquete y a notar como Manu se iba poniendo a tono, como su pene crecía en una inminente erección. Él empezó a girar su cabeza buscando la boca de Era, y se dieron un intenso y apasionado beso húmedo… ambos sentían descargas eléctricas que les activaban todo el cuerpo… Entonces Era giró a Manu para besarlo de frente, empezó a dale besos cortos y apasionados mientras ya le desabrochaba la bragueta, cogió su miembro y empezó a pajearlo subiendo y bajando el prepucio con lentitud, haciendo que Manu suspirara y se mojara, entonces Era, restregó la humedad de él con su pulgar por todo su glande, se llevó el pulgar a la boca y se lo chupó y relamió mientras lo miraba lasciva.

    Empezó a dirigir a Manu hacia la silla de la cocina y lo sentó para quitarle toda la ropa excepto la camiseta.

    El miembro de Manu apareció delante de ella erecto, Era se quitó su ropa mientras Manu la miraba embelesado (Menuda Diosa!)…

    Era se arrodilló delante de Manu y comenzó a subir sus manos acariciando las piernas de éste hasta llegar a su miembro, el cual agarró con sus manos para mantenerlo quieto y comenzó a lamer.

    Primero se metió el glande y comenzó q chuparlo moviendo la cabeza en movimientos circulares mientras saboreaba el sabor salado de la humedad de Manu ella le pasaba la lengua y se lo humedecía aún más mientras le miraba de soslayo para ver el placer de él.

    -Zorrita… -Le dijo Manu con voz ronca… a lo que Era respondió con una mamada intensa, metiéndosela toda de golpe dos veces, lo que hizo que Manu se retorciera un poco del mucho gusto que le estaba dando…

    Era volvió q coger el pene de Manu con una de sus manos y lo apartó un poco para lamerle los testículos con suavidad, luego apoyó su lengua sobre la base de la polla de Manu y subió hacía arriba en un lengüetazo continuo y lento para posteriormente empezar a mamársela de forma rápida y metiéndosela muy adentro una y otra vez.

    Cuando ya se cansó, Era se puso de pie y se sentó encima de Manu dándole la espalda, se encaró el pene de este hacia su vagina que estaba bastante húmeda y comenzó a cabalgarlo mientras se tocaba… Manu comenzó a estimularle los pezones, sabía que eso la volvía loca, comenzó que pellizcárselos y a darle tironcitos suaves hacia delante mientras los pellizcaba con la presión justa. Era empezó a arquear su espalda y a gemir más fuerte.

    -Di mi nombre cuando te corras. -Le dijo Manu y le introdujo dos dedos en su boca.

    -Dilo eh! – Recalcó el -Quiero saber lo mucho que te gusta cuando follamos… Añadió mientras la besaba el cuello que comenzaba a estar húmedo de sudor.

    En la habitación reinaba un aroma embriagador a sexo.

    Manu sacó los dedos de la boca de Erany, sabía que estaba a punto de correrse, lo sentía pues Era estaba perdiendo completamente el control, le puso los dedos en su clítoris, la conocía perfectamente, ya sabía cómo y dónde tenía que tocar y cuando sintió que Era explotaba comenzó a frotarle en círculos ejerciendo la presión exacta y ella gimió y gritó su nombre…

  • Gracias a mi cuñada

    Gracias a mi cuñada

    De visitas en casa de un compañero de trabajo sucedió algo para mi impensable, resulta que después de estar bastante tiempo varado en la tierra natal de mis suegros, debido a la pandemia, me reencuentro con mis familiares y amigos, luego de un año exactamente, no faltaron los elogios y abrazos, cuando de repente ingresa una videollamada de mi cuñada, me aparto del grupo con el cual departía alegremente, ya que intuía a que se debía la videollamada, me alejo lo más posible y me dirijo al patio trasero de la casa, a lo más profundo y escondido del terreno, ya que era bastante grande el área, incluso sembraba mi amigo.

    Bueno como les comentaba, atiendo la llamada y mi cuñada empieza a rememorar las aventuras que experimentamos, ella, mi suegra y la esposa de mi cuñado, incluso hasta me envió un vídeo donde disfrutábamos a plenitud. La conversación sólo trato del tema y que le gustaría repetir en lo que yo volviese a viajar hasta allá, luego de aquella charla nos despedimos.

    En lo que me dispongo a retornar al grupo me detiene una voz, en lo que volteo me percato que es la hija menor de mi amigo, ella tiene 25 años de edad, es casada y con una bebé 5 años, aunque la conozco desde que era una señorita y la miraba como sobrina o algo así, en ese momento lo único que sentí fue vergüenza, ella con una sonrisa en su cara no hizo comentario alguno, pero con toda seguridad afirmo que escuchó cada palabra del diálogo que mi cuñada y yo tuvimos. Me reincorporé al grupo y no la vi más por ese día, regresamos a la casa y por un momento pensé que todo quedaría ahí.

    A la mañana siguiente suena mí teléfono, era mi amigo, pidiéndome el favor que le ayudara con un tubo de su casa que tenía una fuga, que él tenía que visitar a su hermana enferma, que en su casa quedaba su hija y su yerna, a los veinte minutos ya estaba en el sitio de destino, la esposa de su hijo abre la puerta y me saluda, entro y me señala el tubo averiado. Después de un momento aparece la hija de mi amigo, todo estaba normal, hasta que tocó el tema.

    Le pedí que fuera un secreto entre nosotros, que si mi esposa se enteraba el problema sería grande, ya que se trataba de su familia. Ella me prometió mantener la boca cerrada, pero que le relatará como empezó todo aquello. Apenas concluí el trabajo con la tubería, nos tomamos un jugo, le conté con lujos y detalles, con cada aventura con vivida con la hermana, mamá y cuñada de mi esposa, la hija de mi amigo se ruborizada más, lo mejor fue cuando me pidió ver completo el vídeo, al culminar la historia ella no artículo palabra alguna y por unos breves minutos sólo me observaba, por mi mente pasaba que la muchacha me veía como un pervertido y a las mujeres como a unas cualquieras, yo esperaba que ya saciada su curiosidad todo acabara.

    Luego de varios pocos minutos que para mí fueron eternos, agradeció mi confianza en ella y que me iba a retribuir algo que jamás le habría contado a ninguna persona. Me comenta que su único hombre hasta ahora era su esposo, jamás le ha sido infiel, pero ella se sentía inconforme con su marido en la cama, debido que su consorte le hacía el amor de la manera tradicional, que ella le había propuesto cambiar de posiciones, sexo oral o lo que su esposo le propusiera, quería experimentar cosas nuevas, pero él sólo era reacio a dichas propuestas, pero al descubrirme en aquella situación, sintió el deseo de experimentar conmigo, que nunca saldría a la luz. Soy mayor que ella por veinte años, eso no le importaba, además su figura era bastante agradable, tez blanca, senos medianos, piernas torneadas, caderas no tan anchas y lo que más destaca de su figura, sus nalgas redondas y paraditas.

    Me llevó a su casa, nos aseguramos que su cuñada no sospechara nada y nos fuimos directo a su recámara, me propuso primero darnos una ducha, yo estaba a mil, nos desnudamos, ella me daba la espalda, me acerqué, acaricié sus nalgas, se sentían duras, me agaché y las besé, entramos en la ducha, nos besamos, lamí sus pechos, ella estaba excitada, estaba bastante aguada, sus jugos se mezclaban con el agua de la ducha, luego de un rato de jueguitos se sentó en la poceta y engulló mi pene, sus labios carnosos recorría cada centímetro de mí verga, ella lo disfrutaba, después de un rato me dijo que lo primero que le gustaría que la cogiera por el culo, así que la llevé a la cama y la coloqué boca abajo, le pedí que levantará un poco la pelvis, le abrí las nalgas, ella con una mano me ayudaba a abrirles también las nalgas, lamía ese culito rosadito y rico, le unte algo de crema y le metía los dedos, uno a uno hasta que el esfínter cedió, estaba tan excitada que me pedía que la penetrara, esperé un momento y le coloque el miembro en toda la entrada del ano, el cual fue cediendo de a poco, al estar toda dentro dejé que su ano se fuese acostumbrando, ella tomó la iniciativa y comenzó a moverse, luego fui quien tomaba el control y aumenté el ritmo de las embestidas, ella jadeaba y gemía, decía que lo que estaba sintiendo era rico, después de un rato hice que sentará en mí y nuevamente la penetré por el culo, ella alcanzó un fuerte orgasmo, quedó tendida, esperé que se recuperara un poco nos acostamos de la y dije que le llenaría el culo de leche y así lo hice.

    Descansamos un rato, nos aseamos luego, volvió a darme una buena mamada, al estar mi pene erecto y bien duro, la cogí por la vagina, antes hicimos un 69, al chuparle la chucha, alcanzó otro orgasmo, la cogí en cuatro, parada, sentada y de todas las formas que se nos haya ocurrido, al terminar y con cara de complacida me dijo que le gustaría repetir cuando la ocasión lo amerite.

  • Correr en la playa no es bueno

    Correr en la playa no es bueno

    Me había acostado temprano para levantarme al día siguiente a las 6, y salir luego, a correr por la playa y aprovechar el mar en mis últimos días de vacaciones. 

    Desayuné, me cambié y salí nomás (con media horita de trote más que suficiente!). Había hecho el recorrido de ida sin problemas, por lo que emprendí el retorno. Al llegar a destino, había un sector de rocas muy muy grande donde el mar pegaba contra ellas y era algo realmente hermoso ver ese paisaje el cual no finalizaba nunca. Decidí realizar entonces los ejercicios de elongación cómo es normal hacer. Una vez que terminé, pensé en quedarme observando semejante belleza de paisaje, el ruido del mar, las gaviotas sobrevolando…

    Busqué un lugar cómodo, donde no me mojara y ahí me planté, ya que no tenía apuro para la vuelta.

    Muy tranquilo estaba cuando de pronto, me di vuelta y a unos metros de distancia, había un par de jóvenes también en la misma situación, observando el mar… hasta ahí todo normal.

    En un instante casi en un abrir y cerrar de ojos, vi al mirar de reojo, a los visitantes se acercaban hacia mí. Bue me dije… que querrán!!

    Hermoso paisaje me dijo uno, a lo que le respondí: Sisi muy lindo! Ahí nomás el otro me preguntó: ¿hace mucho que estás? no, terminé de entrenar y estaba observando el lugar. (A esta altura y sin conocerlos lo que me quedaba era seguirles el diálogo amablemente).

    Seguimos hablando y vi que los dos se miraron, como queriendo decirse algo, pero no. Mi sorpresa fue aún mayor porque los dos se bajaron sus shorts de baño quedando totalmente desnudos!!! La situación no me estaba gustando, querían sexo y la verdad no tenía muchas opciones. Si gritaba no me iba a escuchar nadie, si salía corriendo era repeligroso, así que era resignarme y ver cómo venía la mano. Nada de enojarse ya que no sabía cómo iban a reaccionar ellos…

    -Que quieren de mí?? -les dije…

    Tras lo cual se acercaron y uno de ellos se puso uno delante mío y el otro por detrás. Sus vergas eran enormes y venosas, las cuales se las tocaban permanentemente. Entre los dos me tironearon de la ropa para sacármela y de a poco fui quedando sin nada. «Quedate piola y no grites y no hagas nada, porque si no tiramos todo al mar y no creo que te vayas desnudito por la playa». No tuve opciones, tenía que, por lo pronto, dejarme coger.

    El que tenía delante mío, se distanció un poco hacia atrás y así de parado me hizo agachar, y sin mediar palabra me metió su pene en mí boca para que yo me deleite y disfrute… tragatelá toda putito!!!

    Me dolió la boca de tanto que se la chupé… era enorme!! wow… El que estaba detrás, me abrió las piernas y luego de mojarse su verga con su saliva, me abrió la cola y despacito me la empezó a meter…despacio por favor te pido!!! sentía como me iba entrando muy muy despacito pero una vez que la tuve adentro me empezó a dar con todo, sentía como sus genitales pegaban en mí cola. Grité para ver si aflojaban con su propósito pero resultó en vano, al contrario, me cogían aún con más ganas, me dieron con todo. El que primero acabó fue el que me estaba cogiendo. Su leche llenó mí ser y prontamente me la sacó. Luego le tocó al de adelante y también (para no ser menos), me hizo tragar como si me hubiese tragado el mar…

    En un instante quedé solo, los tipos se marcharon dejando en claro que más arriba dejarían mí ropa.

    Entre el cansancio de correr y la cogida que me habían pegado, tenía las piernas destruidas, opté por quedarme sentado en las rocas, mientras el agua había empezado a golpearme, la marea estaba subiendo pero bueno al final, me había gustado.

    ¿Qué hubiesen hecho ustedes en lugar mío? Se habrían tirado al mar!!!… no creo… después de todo, probar no cuesta nada.

  • Sebas también quiso jugar conmigo

    Sebas también quiso jugar conmigo

    Esto sucedió a los días de la ventura que viví con David y Luis que ya conté en mi relato anterior.

    Soy Axel tengo 28 años y esto paso cuando tenía unos 18 más o menos, mido unos 1.68 cm de altura y tengo una verga gruesa y cabezona de 17 cm.

    Un día estoy medio ladillado en mi casa buscando que coño hacer, siempre me quedaba solo por las tardes pues mis papás estaban trabajando todo el día y no tengo hermanos.

    Tuve un vecino llamado Sebastián, con el que generalmente jodía por las tardes, la mayor parte de las veces yo iba a su casa, pues no me gustaba llevar gente a la mía.

    Ese mismo día en el que el aburrimiento se apoderaba de mi ser, Sebas me llama y me invita a ver películas.

    «He que tal Axel, oye tengo una película que conseguí aquí en casa de mis primos y no tengo donde verla puedo pasar por tu casa y lavemos allá?»

    Era muy extraña la petición de Sebas pero yo estaba fastidiado sin nada que hacer así que acepte.

    «Vale perfecto Sebas te espero men»

    «Ok Axel pero necesito que bajes y me esperes en la puerta voy a pasar por allá dejándote la película»

    No entendía de que se trataba pero baje a esperar a Sebastián en la puerta (la casa era de dos niveles)

    Cuando lo veo, Sebastián venís caminando un poco nervioso y sin detenerse a saludar me dejó la película y siguió caminando, solo le dio tiempo para decirme «ya regreso».

    Ok yo tomé la película y cerré la puerta, no entendía el comportamiento extraño de Sebastián aunque la cosa comenzó a tomar sentido cuando vi la portada de la película que acabada de darme.

    Y es que estaba sin portada, era solo una carátula negra con el CD adentro. Hago un apartado para explicar que el tiempo que cuento esto fue hace unos años en dónde en el pueblo aún no llegaba el internet s todo dar y muchos de nosotros teníamos que ir al ciber porque no teníamos computadora en casa, por lo tanto el tema del porno no era tan común.

    A los 15 minutos tocan de nuevo la puerta y era Sebastián, lo dejo pasar y me pregunta que pasó con la película

    «Está arriba en el cuarto, subimos?»

    «Dale está bien» me respondió

    Cuando llegamos él prendió el tv y el DVD y se sentó en un puf mientras que yo me quedé sentado en la cama.

    «Está película se la quite a mis primos de su gaveta no creo que note que no está ahí»

    «Vale y de que trata la película?»

    «Ya verás que te gustará Axel»

    Coloco el CD y puso el televisor en un volumen más o menos bajo. Cuando arrancó la peli de inmediato mis dudas se aclararon, aparecieron una chica bailando en ropa interior y tocándose los senos y las nalgas. Sebastián trajo una película porno para verla conmigo.

    «Ahhh ok jajajaja, con que de esto se trata» le dije a Sebas que rápidamente rompió el silencio

    «Dale tranquilo vamos a ver cómo de porta esa panita» cuando terminó de decir aquello inmediatamente la escena de fue a la chica arrodillada mientras dos morenos con las vergas empaladas se le acercaban y la ponían a mamar.

    Sebas veía la pantalla y comenzaba a tocarse por encima del pantalón. A mí me estaba poniendo verlo excitándose con esa suertuda mujer que se estaba atragantado con dos semejantes vergas.

    «Voy a sacármela, tienes problemas con eso?» Me pregunta Sebastián que ya tenis los ojos como dos platos.

    «No relajado, dale men no hay lío» le respondí

    Él se quitó la camisa, tenis el cuerpo bien desarrollado, no era la primera vez que lo veía sin camisa pues jugando al fútbol en la calle muchas veces se la sacaba. Tenis el cuerpo definido no era súper musculoso pero estaba rico.

    El mejor espectáculo fue cuando se metió la mano en el shorts y se sacó la verga, uffff un guebo de unos 19 cm súper venoso y blanquito, circuncidado y súper duro. Se escupió la mano y comenzó a pajearse viendo la porno.

    «Oye que Tú también puedes sacarte la no hay líos de mi parte» me decía después de un rato de estar masajeándose el guebo

    «Tranquilo yo estoy bien aquí» le respondí sin embargo lo único que quería era agarrarle el guebo y comenzar a comérselo.

    «Ufff está loca le pone con tremendas vergas no?»

    «Siii bueno están acostumbradas a eso» le respondí

    «Tú también estás acostumbrado a tener dos vergas en la boca no Axel» me dijo Sebastián

    Yo quedé sin palabras y con los ojos como platos le pregunté «que dijiste».

    «Tranquilo ya David me contó tu aventurita con él y Luis en el terreno abandonado hace unos días, pero tranquilo tu secreto está guardado conmigo siempre que vengas y me la chupes»

    Todo me caía como anillo al dedo, el idiota de David le contó a Sebastián que me habían follado entre él y Luis en el terreno abandonado, pero se le olvidó el detalle de que él también había Sido empalado por Luis mientras se comía mi verga.

    «Vale yo te la chupo toda, pero apaga esa película que no entretiene y hagamos nosotros la nuestra» le dije al tiempo que lo agarraba por las piernas se las abría y le pasaba la lengua por toda la magnitud de su verga.

    Cuando ya estoy excitado me pasa que pierdo los estribos y me transformó, soy súper morboso pero al mismo tiempo me gusta dirigir y dominar la situación, así sea yo el «pasivo» el problema con eso es que si el activo no reacciona va a terminar ensartado por mi jajajaja.

    «Ufff siii Axel que rico Dios tienes una boca divina como me contó David, ufff sigue anda métetelo todo»

    Yo abría más la boca y me metía hasta el fondo aquellos 19 cm de verga, la escupía la pajeaba le chupaba ls cabeza y me iba s las bolas. Aquello era una verga divina en todo su esplendor simplemente estaba disfrutándome aquello como dios manda.

    «Vente a la cama y acuéstate» le dije a Sebas, él se lanzó obediente y se acostó y su verga curva hacia arriba se le arrecostaba en el abdomen aquello era una belleza. Mientras él se acomodaba yo me quedaba la ropa y dejaba al aire mi verga que también estaba súper dura para el momento.

    «Verga marico pero también portas tremendo armamento vale»

    «Tranquilo que todavía no te toca jajaja» le respondí

    «No men yo no te toco eso ni que quiera»

    (Ya veremos, era lo único que pensaba)

    Volví agarrar aquella bestialidad de verga y comencé de nuevo mi trabajo pero esta vez estaba enfocado en otro objetivo. A medida que le mamaba el guebo a David, su culito se me hacía cada vez más tentativo así que comencé a bajar por su guebo, hasta las bolitas y empecé a darles lengua, a lamérselas y chupárselas.

    Cuando sentí que lo tenía dónde quería le abrí las piernas un poco más y le metí la punta de mi lengua en el culito

    «Ohhh… pero que estás haciendo locooo»

    «Tranquilo, relájate pero no te vayas a venir todavía» le decía mientras lo masturbaba y le daba lengüetazos en el culito.

    «Vale ponte en cuatro»

    «QUEEE ESTAS LOCO no men en cuatro nada»

    «Dale ponte en cuatro ya estás aquí no voy a cogerte ponte en cuatro».

    «No no ponte tu primero u después yo» me respondió.

    Yo para que no se me escapara aquel culito acepte me puse en cuatro s esperar lo que ya era obvio. Sebastián me agarró duro las nalgas las abrió y dejo caer un hilito de babita súper caliente que se sentía como la gloria en mi culo.

    «Bueno ahora vamos a darte lo que te gusta»

    «Uffff dale pues mételo pero con cuidado loco»

    «Tranquilo, me dijeron que eres de los que de calza buenas vergas en el culito» respondió Sebas al tiempo que me asomaba la cabeza de su verga en el culito

    «Ahhh marico Sebas que verga tan divina dame duro anda rómpeme el culo» le decía, en ese momento estaba a mil quería que me cogiera como Luis

    «Siii te gusta mi verga? Te gusta la verga de los tipos partiéndote el culo perrita»

    «Siii dame rico que le encanta que me cojan así duro» a pesar de aquello Sebastián no era un actor porno y tampoco estaba muy diestro con su verga, aunque decís cosas que me ponían a mil la verdad es que le faltaba maldad, o bueno tal vez yo quería más maldad jajaja.

    Después de un rato taladrándome, me saque su verga del culo ufff esa sensación de vacío que te queda después de tener 19 cm de verga adentro es genial.

    Me levanté lo agarre por el cuello y le plante un beso y le metí mi lengua hasta el fondo,

    «Ahora ponte en cuatro quiero mamarte el culo» le dije

    Él estaba tan excitado que no dijo nada solo, se acomodó y como cual perrita en cuatro se puso con las nalguitas bien paraditas. Todos saben ponerse en ls posición de guerra aunque. No quieran aceptarlo jajaja

    «Dale pues, pero sabes que no me lo vas s meter» me decía Sebastián mientras para ese culito demasiado rico.

    No le respondí, solo agarre y metí mi cara en ese culo, uffff dios que divino es comerse el culo de un hombre morderle las nalgas y sentir como se arquea cuando le metes la puntica de la lengua en el ano

    «Ohhh Dios oh siiii» era lo único que decís

    Yo estaba en trance, le escupía el ano, se lo lamía por completo le apretaba las nalgas, agarraba su verga la ponía hacia atrás y se la chupaba, volvía al culo ufff estaba dándome el gusto de la vida

    «Te gusta mi lengua en tu culito?

    «Ufffff si men se siente divino de pana»

    «Pues porque no me dejas cogerte, una verga en el culo es más rico que una lengua, además me tienes aquí con las ganas que me va a explotar, yo te di culito ahora tú me das a mi»

    «Verga Axel es que nunca me han cogido wn me va a doler tu ls tienes muy gruesa»

    «Tranquilo men yo me encargo de que no te duela» le decía y de a poco le metía uno de mis dedos en el culito cerrado de Sebas

    «Ahhh marico me duele wn»

    «Shhh tranquilo, eso es al principio quédate quieto» le decís mientras poco a poco le metía y le sacaba el dedo.

    Después de un tiempito de dedicarme a dilatarle el culito ya no aguante me puse detrás de él y le asome mi verga en el culo

    «Cuidaoo marico dale con calma»

    «Tranquilo vale yo sé lo que hago,» respondía

    Al fin le entró completica y comenzaba a bombearle el culo, aquello era ls gloria sentía como mi verga de abrís paso por el culito cerrado de Sebastián.

    «Uffff Sebas que culito tan rico tienes men, de pana ohhhh que rico se siente, aprieta un poquito quiero sentir como me succionas la verga con el culo anda» le decía yo que ya estaba al tope.

    «Oh oh oh, dale loco apúrate que me duele un poquito oh. Oh» decís con cada embestida que le daba

    «Quiero correrme en tu culito Sebas»

    «No marico eso no»

    «Dale vale quédate quieto» ya no aguantaba mi verga estaba por explotar, así que lo agarre por las nalgas y se lo metí hasta el fondo mientras me corría en su culito

    «Ah marico me vengo ahhh que ricooo»

    «Coño marico nooo» me decís Sebastián que ya debía sentir como mi leche inundaba ese culito.

    Al acabar saque mi verga de su culo fui al baño y lavarme y cuando salí el sin decir nada entro al baño.

    Al poco rato salió y le dije

    «Que tal te sientes?

    «Normal men pero ya me tengo que ir que me esperan en la casa»

    «Jajaja que risa con ustedes quieren cogerme y esperan que yo me deje sin pedir nada a cambio, si por ahí vas contando que pasó entre nosotros pues yo también tendré que contar lo que te hice, así que mejor calladitos»

    «Tranquilo men no hay lío conmigo relajado de pans que nadie se entere»

    Sebas de fe y yo de inmediato le escribí a David:

    «Epale David que tal men, oye crees que mañana podamos vernos en el terreno abandonado tengo algo que contarte»

    (Soltaron a la bestia y no había quien la detuviera).