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  • Lo estaba necesitando

    Lo estaba necesitando

    Pasaban los días y la rutina propia del trabajo y los compromisos en el hogar nos habían alejado un poco de la actividad social y, porque no decirlo, de la actividad sexual en pareja. Atrás habían quedado las aventuras en búsqueda de candidato para satisfacer los apetitos voraces de mi esposa y poco se había hablado al respecto, así que parecía que el tema había quedado atrás.

    Anteriormente las situaciones propias de la convivencia nos habían llevado a experimentar el sexo fuera del matrimonio y, en las actuales circunstancias, la oportunidad de repetir tales experiencias se habían desvanecido un tanto, de manera que el foco de atención estaba en otros aspectos al parecer más urgentes y necesarios.

    Pero, una noche, un tanto desprogramados, se nos ocurrió ver una película. Nada especial; Eyes wide shut, con Nicole Kidman y Tom Cruise. El tema sexual era evidente y en el transcurso de la cinta, Laura, mi esposa, empezó a moverse, por no decir contorsionarse, por no decirlo de otra manera, de forma sospechosamente sugerente. Al parecer estaba viviendo a tope lo que sucedía en la cinta y se estaba excitando, no solo por lo que veía en la cinta sino quizá, también, por las ideas que alocadamente pasaban por su cabeza.

    Eran casi las once de la noche cuando aquello terminó, pero ella, sin decir nada, seguía inquieta. Le pregunté si le había gustado la película y dijo que sí. Complementó diciendo que era una película muy sugerente, así que supuse que estaba imaginándose ser parte de lo que se había visto y que estaba mentalmente recreando algunas de las escenas que habíamos presenciado. Así que pregunté si aquello la había excitado, respondiéndome afirmativamente.

    ¿Qué es lo que más te gustó? No sé, la película es erótica y sugerente a la vez. Y ¿qué sugiere? Pues, sexo, contestó. Intenté, entonces, acercarme a ella para empezar algo, pero, aunque pareció corresponder, bien pronto me di cuenta que su mente estaba en otra parte, tal vez, recordando sus revolcadas con su amante fijo, que hacía días no veíamos. Así que, directo y sin tapujos, pregunté; Te estas acordando de Wilson ¿verdad? Por qué preguntas, me contestó. Es curiosidad, le respondí. Pues, la verdad, sí.

    Y, como siempre, quisieras pegarte una revolcadita con él ¿no? No he dicho eso, contestó. Pero estás contemplando la posibilidad, ¿verdad? Pues ya está muy tarde, tal vez en otra ocasión. Y ¿por qué esperar? ¿Acaso no estás que te mueres de las ganas? No tanto, respondió. Y ¿entonces? ¡Llámalo! ¿Qué pierdes? Y si está dispuesto, pues vamos. Es cosa tuya si quieres o no.

    No hubo que hacer mucho para convencerla. De inmediato, como es su costumbre, tomó el teléfono y se fue a otra habitación para concretar su llamada. Al rato volvió para preguntarme, ¿dónde nos podríamos encontrar? Pues donde siempre, respondí. ¿A qué hora? Pues lo que nos demoremos mientras te arreglas y lo que tarde le trayecto en llegar allá. Volvió a salir y al poco rato regresó. No hizo mención a la conversación que tuvo con aquel y mientras entraba al baño, sólo dijo, me voy apurar.

    Los preparativos fueron rápidos. Al poco rato salió a medio vestir, luciendo un body bastante transparente, tanga, liguero, medias y zapatos de tacón alto, todo de color negro. Y, la verdad, se veía bastante provocativa y sexy. Y, encima de todo aquello, se terminó de vestir con una falda roja y una chaqueta blanca, bastante elegante. Sentí un poco de celos de pensar que se estaba vistiendo sexy para entregarse a otro y que esa era su gran motivación. Quería impresionar y excitar a su macho para que la hiciera suya y la complaciera al máximo.

    Se maquilló rápidamente, se perfumó y me apuró; vamos, me dijo, se está haciendo tarde. Escuché aquello y me quedé pensando, tarde ¿para qué? Total, si ya tenía en mente que se iba a concretar su cita, daba igual si aquello se daba más temprano o más tarde. O era su ansiedad para volver a sentir la emoción de ser deseada por aquel hombre y recibirle en lo más profundo de su sexo. Sea lo que fuera, nos apuramos para llegar al lugar lo más pronto posible. El tráfico a esa hora estaba un tanto liviano, así que no tardamos mucho en llegar.

    Su hombre ya estaba allí cuando llegamos. Nos saludamos brevemente, sin tanto preámbulo, y nos comentó que ya todo estaba arreglado. Supuse que él estaba igual de ansioso que mi mujer, así que subimos las escaleras los tres, caminando más bien rapidito, hasta llegar al cuarto asignado. Era una habitación decorada en color rojo, con cuadros relativos al encuentro sexual, luz tenue, el consabido televisor transmitiendo escenas eróticas, que hacían evidente y sugerente lo que iba a suceder allí.

    No más entrar, el hombre la atrajo hacia sí estrechando su cuerpo y la besó. Ella no se negó y se entregó al momento plenamente. Me llamó la atención que, mientras se besaban apasionadamente, ella abrazó su cuello y acarició su cabeza con sus manos, atrayéndole hacia sí. Eso lo excitó mucho, seguramente, porque parecía querer devorarla en cada beso, y, entre beso y beso, se empezaron a desnudar, allí, parados uno frente al otro.

    Bien pronto vi a mi mujer en ropa interior, despojada de su chaqueta y su falda, mientras aquel seguía todavía vestido. Sus manos, sin embargo, exploraban palmo a palmo el cuerpo de mi esposa que, sin musitar palabra, permitía que aquel gozara de ella a placer. Tal vez él pidió alguna atención especial porque, de un momento a otro, ella fue colocándose en cuclillas, frente a él, mientras aflojaba el cinturón de su pantalón, bajaba la cremallera de su bragueta y exponía su miembro, ya erecto a su vista, también a la mía.

    Ella, acurrucada frente a él, frotaba con aquel miembro con sus manos, de la raíz a la punta, frenéticamente, antes de, finalmente, llevárselo a la boca para mamarlo con un inusitado arranque de frenesí. La cara de satisfacción del macho lo decía todo. Estaba disfrutando de lo lindo con la monumental chupada que le brindaba mi mujer. Llegué a pensar que lo iba a hacer venirse ahí mismo, pero él la interrumpió. La hizo levantarse, se despojó rápidamente de su pantalón y aún sin quitarse la camisa la invitó a dirigirse a la cama.

    Ella no lo dudó. Se recostó de espaldas, abrió sus piernas y se dispuso a recibir su pene, tal vez como lo estaba esperando desde el mismo inicio del encuentro. El, animado y envalentonado como estaba, no tardó en complacerla y, sin tacto alguno, la penetró con dureza, con fuerza, lo cual la hizo gemir de inmediato, no sé si de dolor o de inmenso placer. Quisiera pensar en lo segundo, porque de inmediato sus piernas se aferraron a las de él, reteniéndolo para ella sola. Y me excitó muchísimo ver cómo aquel contorsionaba su cuerpo contra el de ella, haciendo evidente la inmensa pasión que los dos expresaban en ese acto.

    Su macho empujaba sin cesar el sexo de mi mujer que, excitada y encantada, gemía y gemía de placer, bastante ruidosa. Solo hasta ese momento ella, queriendo abrazar la espalda de él, sus brazos y su pecho, pone atención en retirarle la camisa para dejar a su hombre totalmente desnudo y a disposición. El seguía sobre ella, moviéndose a placer y explorando con su sexo las profundidades del cuerpo de mi mujer. Ella abanicaba sus piernas de un lado a otro, demostración inconfundible de estar sintiendo un enorme placer. Y él, dándose cuenta de ello, con más ímpetu atacaba su sexo húmedo y receptivo para él, quien también estaba encantado con su faena.

    Al él le gusta acariciar sus senos y eso solo puede hacerlo sin restricción cuando la pone a ella en posición de perrito, y la penetra desde atrás. Así que bien pronto se lo sugirió y ella, de inmediato siguió sus instrucciones. Se puso de espaldas a él, se apoyó en sus rodillas y en sus manos, y se dispuso a que la penetrara, como efectivamente lo hizo. Más que penetrarla, él lo que quería era amasar sus senos, halar su cabellera mientras la penetraba y mirar y acariciar su trasero.

    Y, sin embargo, siendo este caballero muy aguantador, esa pose, esa visión de ella rendida a él y de ver cómo su pene entraba y salía en el sexo de mi mujer hizo que aquel hombre eyaculara. Sacó su pene y explotó lanzando un profuso chorro de semen que se desparramó sobre su espalda, quien seguía moviendo su cuerpo y gimiendo cuando aquello se dio. El la movió para que se colocara boca arriba, cubriéndola con su cuerpo para llegar hasta su boca y besarla. Y así, juntos sus cuerpos, permanecieron un largo rato.

    Ella se quedó allí, tendida, mientras él, tomándose un descanso, se levantó y paseó por la habitación, desnudo como estaba, tomando un trago de licor y alabando la faena que Laura le había procurado. Está bien arrechita, me dijo. ¿Le parece? Pregunté. Sí, no lo dudo. Y ¿qué dices tú? Le pregunté a ella. Yo siempre estoy así, contestó. Esta presumiendo le dije a aquel, porque conmigo no es así. Hay que atender bien al invitado, respondió. Bueno, le dije a él, ya vio cómo es la cosa. Entiendo, dijo él mientras se sonreía un poco.

    Estuvimos conversando un rato mientras ella se mantuvo tendida en la cama, desnuda, tan solo vestida con sus medias y zapatos negros, con sus piernas abiertas, exponiendo su sexo. El, mientras tanto, tomándose un trago de ron, conversaba conmigo sobre cosas sin importancia, presumiendo de sus conquistas y el gusto que las mujeres le toman a su resistente pene.

    Pasado un rato le dije, algo en broma, bueno, para sacarse el sabor a alcohol le va a tocar pegarle una mamadita al sexo de ella, porque a ella no le gusta el sabor a licor y si la va a besar, de pronto lo va a rechazar. Y él, muy obediente, se deslizo sobre ella, clavando su cabeza en medio de sus piernas y, muy aplicado, empezó a chupar su sexo, pasando su lengua hábilmente sobre el clítoris de ella.

    Poco tiempo pasó para que ella empezara a gemir sutilmente, como si aquello le generara un algo de placer, pero no lo suficiente para que explotara en un aullido como había sucedido antes. Pero él seguía dedicado a saborear ese tremendo sexo, húmedo y jugoso, para sacarse el sabor y el aliento a ron. Ella, con el pasar del tiempo, empezó a halar su cabeza para que terminara allí y se dedicara a hacer lo que mejor sabe, a penetrarla. Pero él, quien aún no tenía su miembro erecto, demoraba aquello hasta que su miembro despertase.

    Se levantó, sin embargo, y avanzó apoyado en sus rodillas, montándose sobre su pecho, dejando su pene en frente de la cara de ella. Y mi mujer, sin dudarlo, volvió a atacar con su boca aquel pene flácido, procurando despertarlo para su placer. A ella le gusta sentir que el pene del macho crezca en su boca y encuentra excitante ser ella quien produce esa reacción. No tardó mucho y bien pronto ese pene endureció y creció. Y ella, sin vergüenza, le dijo, ya está, ¡penétrame!

    Ante esa orden, ¿quién se va a resistir? De inmediato aquel se desplazó hacia sus pies y, puestos sus sexos, frente a frente, la penetró. Nuevamente se puso en movimiento, como al principio, bombeando sin cesar y con fuerza dentro del sexo de mi mujer. Ella se aferró a las nalgas de aquel y le atraía, motivándole a que siguiera haciendo aquello que tanto le estaba gustando. Resultaba atractivo y excitante verlos en su encuentro, moviendo sus cuerpos uno contra el otro, y escuchar los gemidos de la mujer, que estaba rendida a las embestidas masculinas.

    Aquel, mientras bombeaba, besaba a mi mujer con mucha pasión, degustando su boca o dándole a probar a ella el sabor de su propio sexo. Tomó sus manos. Estirando sus brazos por encima de la cabeza y apuró las embestidas contra ella, aumentando la excitación y bien pronto ella, ahogada por los besos de aquel, buscó la manera de soltarse y explotar en un agudo gemido que señalo su llegada al clímax. Y ese gemido, más el movimiento contorsionante del cuerpo de mi esposa bajo su cuerpo, especialmente esas piernas inquietas, le disparó una vez más su masculinidad, eyaculando sobre su pecho.

    El, a continuación, remoja su pene en los restos de semen que reposan sobre el cuerpo de ella y lo aproxima a su boca. Ella no lo rechaza y le brinda una delicada mamada para dejar limpio ese miembro, después de lo cual aquel se acuesta de nuevo sobre ella para besarla profundamente, ahora para probar el mismo el sabor de su semen, quizá. Se quedan allí acostados un rato más. Ella acaricia su pene todo el tiempo, pero pareciera no haber reacción y ya es tarde. Muy tarde. Ya es de madrugada.

    Bueno, sugiero, lo que viene es una siesta para recuperar fuerzas y después, si quieren, pueden intentar seguir la faena. ¿Qué opinas? Le pregunta él a ella. Me gustaría, dijo, pero creo que ya es suficiente. Mañana hay cosas que hacer. ¿Qué cosas? Pensé para mis adentros, pero su discurso iba acompañado de la acción y ya se había levantado en dirección al baño. Al hacerlo, estando su hombre sentado al borde la cama, ella le procura un beso, y este aprovecha para acariciar su cuerpo de arriba abajo. Llegué a pensar que las cosas se iban a prender de nuevo, pero o fue así.

    Ella estuvo un largo rato en el baño, y cuando salió ya estaba totalmente arreglada y maquillada, como cuando llegamos unas horas antes. De modo que a aquel no le quedó más que seguir el ejemplo y hacer lo mismo. Le esperamos. Y, al salir, nos dirigimos al parqueadero, para encontrar nuestro vehículo. Me ofrecí a acercarle a su residencia, dado que era bastante temprano. Ella estuvo de acuerdo.

    Bueno, pásate atrás y lo acompañas mientras le dejamos. ¿No te parece? Ella no dijo nada, pero se pasó a la silla de atrás y se acomodó junto a él. Conduje hacia nuestro destino y pude ver por el espejo retrovisor cómo aquellos se acariciaban nuevamente y cómo aquel intentaba calentarla de nuevo y no dudo que lo logro en parte, porque mientras llegábamos la oí gemir y, llegados al destino, ella estaba despeinada, con su ropa desarreglada, casi sin falda. Pero no pasó de ahí. Nos despedimos y le dejamos.

    No hubo conversación de camino a casa y ella, bastante agotada con lo sucedido, llegó a dormitar un rato. Al parquear el vehículo en nuestra residencia, al bajarnos, solo me dijo; te agradezco que me hayas patrocinado esta aventura, realmente lo estaba necesitando… Y ¿desde cuándo lo necesitabas? Hace bastante, me dijo sonriendo. Y así terminó esta aventura.

  • Campamento con mi tímida novia ¿sale mal o bien? (Parte 4)

    Campamento con mi tímida novia ¿sale mal o bien? (Parte 4)

    Despertamos torpemente. Parecíamos exhaustos. Demasiado sexo, demasiado alcohol, demasiadas emocionas sentimentalmente agotadoras. Esta vez nos quedamos medio dormidos platicando débilmente unas 2 horas antes de salir por algo.

    Al final me arrastré débilmente fuera de la casa de campaña por algo de beber, todo estaba desértico, en nuestro ya conocido “centro de mando y alcoholes” solo estaba Randal sentado y fumando ¿él nunca se cansaba o qué? Sentí un escalofrío cuando lo vi, me vinieron flashbacks de él sosteniendo el culo de mi novia firmemente y verlo follándosela tan fuerte que me parecía surreal, recordar entre penumbras su cara de lujuria usando a mi novia como un juguete barato… se me revolvió el estómago. Me arrepentí sinceramente, nada de pensamientos confusos está vez, sabía que me había equivocado.

    Por un momento dudé si ir o regresar, no quería hablar con él, lo odiaba de algún modo, yo tardé casi 2 años en follar a mi linda novia, había semanas enteras que no obtenía sexo, que ella simplemente no estaba interesado y yo había aprendido a aceptarlo, yo jamás me atrevería a usarla como él lo hizo, pero sentía más frustración aún de pensar que no es que no quisiera follármela así, aunque me esforzara no podría, y aunque pudiera, aunque me ejercitara y tuviera ese cuerpo y esa resistencia, me detendría mi amor por ella para podérmela follar así de sucio, por último, no tenía esa verga y eso no había manera de cambiarlo y seguramente ella no me dejaría ponerle la mano encima como él lo hizo en apenas 2 malditos días.

    Lo odié como cuando odias a alguien con envidia y la odié a ella por ser tan perra e hipócrita, lo odié por follarse a Tiffany porque ella solo me veía apenas como amigo y ni en sueños podría siquiera besarla nunca, lo odié por follarse a Gabriela que abiertamente me había rechazado en alguna ocasión que rompí 1 mes con Alejandra, argumentando que solo me veía como amigo, yo ni siquiera quería follármela, solo salir a charlar, ella mal entendió todo y ni siquiera quiso salir, pero con él le había dado el culo cada noche sin importarle que todos supiéramos y escucháramos, lo odie por obtener todo lo que yo hubiera soñado, me odie por ayudarlo y odie a mi novia por ser tan puta, ¿que importaba si yo conspire? Ella falló la prueba.

    Caminé directamente hacia ahí dispuesto a ignorarlo. El me saludaba amablemente y yo rompía mi propia promesa saludándolo, el me pedía que le pasará una cerveza, por alguna estúpida razón lo hice, y cuando me dijo que me sentará con él lo hice también.

    Randal: ella está agotada ¿eh? – decía riendo burlonamente

    Yo: si, follamos 3 veces en la noche – mentí intentando salvar mi dignidad

    Randal: igual que otras noches, pero tú y yo sabemos porque está agotada esta ocasión jaja – decía riendo y yo intentaba reír con él, el no parecía notar mi rechazo, o intentaba sacarme de ahí o no le importaba

    Yo: jaja si puede ser que si – dije secamente

    Randal: ¿viste todo? ¿Qué te pareció? En serio necesitaba ese lindo culo, ella tiene el coño muy apretado, increíble – decía mientras seguía fumando

    Alejandra: ¡hey! – gritaba mi novia a algunos metros y se me fue la sangre a los pies, volteé a saludarla aparentando naturalidad

    Randal: solo actúa normal – dijo rápidamente

    Yo: ¡vete! – le dije histérico en voz baja

    Randal: no, eso sería demasiado sospechoso, va estar rara conmigo, pero al rato me da el culo otra vez no te preocupes – respondía rápidamente, escuchaba los pasos de Alejandra demasiado cerca, el proseguía fingiendo una conversación a medias – por eso creo que estaría bien que dejáramos esa carne para el último día

    Yo: si, suena bien – intenté fingir nerviosamente, mi novia llegaba y se sentaba a mi lado, notablemente lejos de Randal, sin saludarlo, sin verlo

    Alejandra: ¿de que hablan? – preguntaba sin vernos intentando fingir desinterés, pero ella obviamente quería averiguar, si mi actuación era mala, la de ella era atroz

    Yo: amm sobre el último día – dije torpemente

    Randal: le decía que deberíamos dejar los mejores cortes para la fiesta final del sábado – decía con tono seguro, mi novia solo asentía sin verlo, parecía furiosa o jodidamente incómoda con él, de algún modo me tranquilizó

    Alejandra: te amo tanto – me decía y me besaba, fue el beso más incómodo que jamás habíamos tenido, me sentí como un adolescente tímido besándola frente a mis padres, era evidente que quería probar algo, Randal se quedó en silencio, cualquier otro día hubiera bromeado

    Platicábamos y ella dejaba fuera a Randal deliberadamente, ella reía y parecía bien, pero yo no dejaba de pensar sobre lo que él dijo “va estar rara conmigo, pero al rato me da el culo otra vez” él había tenido razón en todo con precisión casi sobrenatural, tuve más miedo que cualquier otro día, sentía dirigirme a un destino aciago sin poder hacer nada, como una condena de muerte inevitable. Randal se despidió 20 minutos después y Alejandra básicamente ni siquiera volteó a verlo ni a despedirlo

    Yo: ¿estás enojada con él? – pregunté curiosamente, ella se puso a la defensiva de inmediato

    Alejandra: ¿por qué estaría enojada con el ¿De qué hablas? Ya basta con el Franco que cansino eres con este temita, no quiero saber de él ¿ok? Ya basta neta – dijo rápidamente sin verme a los ojos, poniendo una muralla de lenguaje corporal entre los 2, me sentí tan furioso de su descaro que casi le grito en la cara, solo me quedé callado y nos quedamos bebiendo un jugo en silencio.

    Mas tarde pasaba el siempre impertinente Fausto por ahí, intentaba hacernos charla y bromear sobre cualquier estupidez, no soporté y me retiré con cualquier pretexto y me fui a la casa de campaña. Entre y me acostaba sin saber que hacer o pensar, ¿había arruinado mi relación? Llevábamos 5 años increíbles y todo parecía irse al carajo en apenas unos días. Luego me vinieron pensamientos aún peores, él se la había follado sin condón ¿y si la embarazaba? No estoy seguro de si ella querría conservar al bebé, eso nos destruiría definitivamente, aún no terminábamos la universidad ¡¿qué haríamos?! ¿Y si él podría contagiarla de alguna ETS? Quise llorar por haber sido tan idiota.

    De pronto recordé que ella guardaba una pastilla de emergencia siempre precisamente por emergencia, ella muy rara vez me dejaba follármela al desnudo, y siempre era con las cuentas a favor, siempre era planeado y hablado, pero la guardaba por si en alguna ocasión se rompía el condón o si le metía la verga un poco al desnudo antes de comenzar. Cerré bien la casa de campaña y rápidamente revise su mochila, busque entre sus cosas, después de sacar toneladas de estupideces por fin encontré la dichosa pastilla y respiré aliviado, pero seguía nueva dentro de su empaque ¿que esperaba para tomársela? Decidí tomarla, no sé porque ¿para joderla? ¿para obligarla a tomársela? Yo que sé, solo la tomé y la guardé.

    Me seguía sintiendo exhausto, me quedé dormido sin quererlo realmente. Desperté algunas horas más tarde, el sol se había posado y escuchaba al idiota de Randal hablando con Gabriela cerca de mi casa de campaña, platicaban alguna estupidez sobre su auto. Salí de mi casa de campaña con ánimos renovados, asegurándome de tener la pastilla en el bolsillo, fui por agua y cuando vi en la orilla del campamento a mi novia platicando con Tiffany me dio demasiada curiosidad saber que podrían estar hablando, o sea, era obvio que estarían hablando ¿no? Ellas ni siquiera eran tan amigas, apenas se conocían, parecían bromear y reír, Tiffany escuchaba atentamente, luego reían ambas, luego el proceso se repetía al inverso, Tiffany hablaba mientras mi novia escuchaba y ambas reían, luego parecían serías, luego reían de nuevo, luego serías otra vez. Pensé furioso que ellas compartían notas divertidas y lujuriosas sobre Randal. Esperé unos minutos viéndolas, ellas lo notaron, mi novia se despedía de Tiffany y pasaba hacia nuestra casa de campaña, ella no alzaba la vista para saludarme, yo no la llamé.

    Esperé a que mi novia se encerrara en la casa de campaña, luego Tiffany entraba a la cabaña y salí corriendo detrás de ella, quería asegurarme de que no llegara al cuarto con mi amigo Carlos, llegué detrás de ella y la llamaba antes de que siquiera se acercara a la puerta.

    Yo: ¡hey tú! – le gritaba amistosamente y ella se daba la vuelta saludándome

    Tiffany: hey Franco ¿qué onda? – me decía amistosamente saludándome, ella parecía que seguiría su camino y lo dejaría solo en un saludo, yo no iba a permitirlo, me senté y la llamé a qué me acompañara

    Yo: ven ven we – le decía rápidamente, ella veía la puerta un segundo y luego se dirigía conmigo y se sentaba en el rústico mueble

    Tiffany: ¿qué onda que pasó? – preguntaba curiosamente, pero con naturalidad

    Yo: oye necesito saber algo… – dije tomando un tono serio, ella me miraba

    Tiffany: ok ok ¿qué pasa?

    Yo: hablabas con mi novia sobre Randal ¿verdad? – quise ser directo, ella no pudo ocultar una sorpresa desagradable en su rostro

    Tiffany: ¿eh? No, o sea no, ¡¿por qué?! – respondía a la defensiva, parecía casi molesta

    Yo: tú sabes porque – dije igualando el tono

    Tiffany: ni idea la verdad – decía condescendiente, casi grosera

    Yo: Randal se la folló anoche – dije con seguridad y ahora tenía una maldita erección otra vez, me sentí casi alegre de sentir algo agradable ese día, aunque viniera de un lugar tan retorcido ¿por qué carajos me ponía cachondo contárselo?

    Tiffany: ¡¿qué?! – decía ella algo histérica, no creo que haya estado sorprendida de saberlo, sino más bien porque se lo dije

    Yo: se la folló en el jardín de ahí atrás… – ella me evitaba la mirada, tomé aire y decidí atacar un poco – dónde mismo que te folló a ti… – dije débilmente con la verga durísima, ella sonrió irónicamente con furia y resopló sin verme a los ojos, como si fuera un golpe bajo que ella estuviera esperando

    Tiffany: me pase de pendeja – decía y parecía querer llorar de la rabia

    Yo: ¿ella te lo contó cierto? – pregunté curiosamente, ella tomó aire y volteaba a ver de nuevo la puerta de la habitación donde seguramente estaba Carlos

    Tiffany: si si me contó – me respondía débilmente y volteaba a verme a los ojos, no lograba identificar si ella me veía con lastima, con furia o incluso intentando averiguar que sentía yo también precisamente

    Yo: él se la folló sin condón, ella ni siquiera tienen ningún tipo de control natal – por alguna razón disfrutaba darle detalles, ella me evitaba la mirada de nuevo viendo a la banca donde estábamos sentados

    Tiffany: lo siento mucho en serio, pero ella me dijo que te ama, neta, ve y habla con ella we – me decía intentando abogar por ella

    Yo: ahora tengo miedo de no complacerla, ya sabes, por el tamaño, tú sabes bien que él es enorme – disfrutaba demasiado esa clase de confesionario/interrogatorio sádico, disfrutaba hacerla sufrir y hacerle sentir culpable por ser tan puta y disfrutaba humillarme

    Tiffany: eso no importa Franco, ella te ama eso es lo importante – decía evitando responder nada ni insinuarlo

    Yo: se sincera… – dije y ella asentía viéndome fijamente – el folla súper bien ¿verdad? Tengo miedo de que él se la haya follado mucho mejor que yo nunca – decía y creo que mi actuación de cornudo llorón era convincente ¿por qué carajos disfrutaba este ejercicio tan masoquista y sádico con ella al mismo tiempo? ella tartamudeaba

    Tiffany: ammm o sea si algo así, mmmm pe-pero ¿eso qué? O sea, solo es algo físico – decía torpemente, yo quería que ella admitiera algo

    Yo: dime la verdad – de nuevo ella asentía – ¿te gustó cómo te folló? ¿Ella te dijo que le gustó mucho? – ella resoplaba — solo dímelo, por favor, nunca se lo diré en serio – dije y ella respiraba profundamente

    Tiffany: pues si… Ella lo disfrutó bastante… Perdón – decía tomando mi mano consolándome – pero ella quiere decirte y arreglar las cosas, neta neta ella no se les va acercar más en serio y a mi pues si me gustó, pero fue una pendejada, amo a Carlos, y es exactamente el mismo caso con Ale, habla con ella yo no puedo decirte lo que me dijo lo siento – me decía y se ponía de pie caminando directamente a la puerta, yo solo le decía que estaba bien y la dejaba ir, ella agregó algo más antes de irse definitivamente – por favor nunca le digas nada a Carlos sobre esta conversación ¿ok? – me decía preocupada, yo asentía, ella se quedaba un segundo mirándome, pensando, yo la miré esperando, ella me dio algo a cambio – en serio habla con ella Franco, es que ella me contó lo de la mamada que le dio aquí detrás y sus charlas cuando hacían el amor… ella piensa que ustedes se pusieron de acuerdo o algo así y está algo triste por eso, no sabe que pensar, ella no tiene mucha experiencia, bueno eso me dijo y como que todo esto la superó – me decía a modo de recompensan por mi silencio, yo no dije ni hice nada, ella simplemente se dio la vuelta y se fue

    ¡Carajo! ¡¿Ahora qué?! Me puse histérico ¿era mejor mantenerme a raya para que ella lo superara y hablarlo más tranquilos luego? ¿O mejor tendría que ser directo? Salía de la cabaña pensando que hacer, ella estaba por ahí vagando, me vio y vino hacia mí, se me aceleró el corazón.

    Alejandra: oye ammm – parecía nerviosa y sumisa – ¿revisaste mis cosas? es que fui a la casa y como que todo estaba muy movido ¿crees que alguien más se haya metido? Es que no encuentro algunas cosas – me decía nerviosa viéndome a los ojos, parecía una pequeña tregua, era obvio que ella buscaba la píldora y eso parecía preocuparle más

    Yo: ¿buscabas esto? – le dije enseñándole la píldora, ella veía la caja detenidamente, parecía que quería llorar

    Alejandra: si… – decía débilmente y me veía a los ojos suplicando perdón, a ambos se nos cristalizó la mirada – perdóname por favor – me decía tan triste como nunca la había visto

    Yo: si follaste con el anoche ¿verdad? – dije y me odié por ser un hipócrita igual que ella, ella me veía detenidamente, pensando sus palabras

    Alejandra: si… – bajaba la mirada y veía sus lágrimas caer al piso, pensé que era mi oportunidad y la abracé dulcemente, ella se retiró histérica – no me toques ¡¿ok?! – me dijo viéndome a los ojos con cara de furia y sus lágrimas en el rostro, yo retrocedí sinceramente asustado – ya no estoy segura de que creer Franco – me decía esperando respuesta

    Yo: ¿sobre qué? – pregunté débilmente, pero me sentía evidentemente atrapado, ella negó con la cabeza riéndose sarcásticamente, con furia

    Alejandra: eres un pendejo – me decía y lloraba más sin hacer ruido, solo sus lágrimas fluyendo a toda velocidad – ¿qué ganabas con esto? ¡¿Es alguna clase de retorcida fantasía?! – decía furiosa, yo decidí no esconderme más

    Yo: no lo sé Alejandra, creo que estoy tan confundido como tú – ella me veía y parecía querer perdonarme

    Alejandra: ya sé que es culpa de ambos, pero tú fuiste a mis espaldas a decirle o planear no sé qué, no sé cómo no lo pensé ayer, era tan obvio, tu desapareces, el viene, luego aparezco y apenas preguntas donde estuve, ¡¿qué le dijiste?! – me preguntaba histérica, me atacaba, y como todo animal arrinconado ataqué también

    Yo: y tú fuiste a mis espaldas a follar con él, no eres una víctima ni nada Alejandra – dije igualando el tono y usando inicialmente sus mismas palabras, ella sonreía irónicamente, las lágrimas no paraban

    Alejandra: ni tú ¿ok? ¿Por qué hicimos esto? ¡Eres un idiota! Ya no sé qué pensar Franco – decía y pensaba, proseguía – ¿cómo sabes que la necesitaría? ¿él te lo dijo hoy en la mañana que los vi? ¿Te dio detalles? – preguntaba furiosa

    Yo: ¡me dejaste comerme su corrida de tu coño! ¡No lo evitaste! Pude sentir la diferencia ¿sabes? ¿Disfrutaste humillándome así? – dije furioso, ella volteaba la cara, gané ese pequeño round, bajó la guardia y decidí no atacar más, quería reconciliación – te amo Alejandra – ella me volteaba a ver con infinita tristeza

    Alejandra: yo también – decía enchuecando la boca – pero no sé ¿ahora qué? – decía buscando respuestas en mi rostro desesperadamente

    Yo: ¿por qué no te tomaste la pastilla de inmediato? – pregunté

    Alejandra: ya sabes que me duele la cabeza y el vientre con esa madre, y creo que dan cáncer, estuve haciendo cuentas, creo que estoy a salvo, pero pensé que tal vez sería buena idea para asegurarme no se – decía desesperada – además duran hasta 72 horas los efectos de esa pendejada, son menores, pero duran hasta 72 horas, leí bastante hace rato en mi celular

    Yo: ¿te la tomarás? – le pregunté ofreciéndole la caja, ella la veía sin saber si tomarla de mi mano

    Alejandra: no se ¿qué opinas? – decía viéndome a los ojos

    Yo: deberías tomarla, tal vez mañana, así solo sufrirías un día antes de irnos a descansar y puedo cuidarte – dije dulcemente, ella me vio con ternura

    Alejandra: ¡ay Franco! – decía con tristeza y las lágrimas rodaban – si se pusieron de acuerdo ¿verdad? – me decía suplicando la verdad, fui débil ante sus lágrimas

    Yo: si… Perdón – ella me veía como quien confirma una terrible verdad que ya sabía, pero que aun así era duro de enfrentar

    Alejandra: ¿y estás contento? Mira lo que nos pasó por tu culpa – me preguntaba irónicamente y negando con la cabeza, odie tanto que ella omitiera el hecho de que ella lo hizo, como si yo la hubiera amarrado y obligado ¿cómo se atrevía? La vi con cara de incredulidad

    Yo: no te hagas la víctima ¿ok? – decía y ella me veía atentamente como si no pudiera creer mi descaro, cuando ella estaba siendo la descarada – no sufriste en lo más mínimo, lo disfrutaste bastante, te folló súper duro y gritabas como loca y ¿ahora te haces la víctima? ¿En serio? – ella abrió los ojos histéricamente

    Alejandra: no fue así ¿ok? Fue menos importante de lo que crees, ni siquiera fue la gran cosa – me decía y yo no podía creer su descaro ¿quién era esa mujer? No la reconocía, negué con la cabeza y reía irónicamente, tomé aire y lancé la bomba, una bomba suicida

    Yo: ¿los vi ok? – lo dije y ella abría los ojos tanto que parecía que se le iban a salir – estaba en la casa del árbol, te folló tan fuerte que gritabas como sádica – ella me veía fijamente con la boca abierta – hiciste ruidos que jamás te había escuchado hacer – dije a modo de victimización, tomé aire – te encantó que te hiciera su perra – dije y me arrepentí de inmediato ella me abofeteó tan fuerte que me mareó

    Alejandra: eres un pendejo – me decía decepcionada y llorando de nuevo

    Yo: ¿te gustó más como te folló el que yo? – dije demandando respuesta viéndola fijamente, ella resopló irónicamente – ¡responde! – le dije furioso, ella frunció la boca, abandonó el drama y tomaba un tono sádico y cruel

    Alejandra: si, la verdad si, folla mejor que tu – me decía viéndome a los ojos con actitud de “¿y qué más?”

    Yo: ¿disfrutaste su vergota dentro de ti? – pregunté guiado por mi otra vez confusa erección

    Alejandra: mucho, ni siquiera sentí la tuya ayer en la noche, pero quise ser amable – me decía y el golpe bajo me dolió – pero neta no sentí nada, ese wey en serio me la metió fuerte – me decía sádicamente

    Yo: entonces ya no deberíamos follar – le dije estúpidamente cavando mi propia tumba

    Alejandra: no pensaba hacerlo, de hecho, no se siquiera si seguir contigo – me decía y en el último tramo de su frase parecía triste de nuevo, vio mi cara de tristeza, volvió a ponerse seria – perdón, pero no sé si debamos seguir juntos Franco

    Nos quedamos ahí viéndonos y ella lloraba, “tómatela” le dije dándole la caja, ella la rechazaba, “lo pensaré” y ella se iba, esa última frase tenía doble sentido supongo.

    Me senté a llorar despistadamente cuidando que nadie me viera, vagué por las cercanías del campamento por horas, pensando en lo que había hecho y que seguramente no nos recuperaríamos de eso, en algún punto me encontré con Randal, el vino a mí, me vio preocupado.

    Randal: ¿pelearon? La vi sola hace rato – me decía ofreciéndome un cigarro amablemente

    Ya había comprendido que él había causado todo esto, pero que no era su culpa, él era el causante, pero la culpa era mía y de Alejandra, el solo hizo lo obvio, vio la oportunidad de tomar un buen culo y lo hizo, no podías culpar a un niño por comerse unas galletas que dejaste descuidadas. Así que acepté el cigarro de la paz.

    Yo: si, ella está furiosa, sabe que conspiramos – él no se inmutaba

    Randal: no te lo tomes tan a pecho – decía tranquilamente consolándome en el hombro – esta clase de cosas son intensas para cualquiera, estarán bien créeme – me decía amablemente, yo asentía – simplemente la dejaré en paz, habla con ella, déjenlo atrás – decía tranquilamente

    Nos quedamos fumando durante horas, hablábamos sobre cualquier cosa menos sobre ella. Se hacía tarde y decidimos regresar, pero él se adelantó, dijo que lo peor que podíamos hacer era dejarnos ver juntos por ella, accedí, él se adelantó y yo llegué minutos después.

    Ya era noche, todos estaban ahí alrededor del fuego, incluso Carlos y Tiffany, incluso Juan y Ramón que se la pasaban en sus mierdas hípsters de senderismo, el alcohol fluía y mi estado de ánimo se veía abrumado por el contrastante ambiente festivo. Mi novia charlaba con Fausto y Laura, ella reía y parecía feliz. Decidí tomar carne, algo de alcohol e ir hacia Carlos y Tiffany. Hacíamos chistes y cantábamos todos juntos, la pasábamos bien y en momentos me sentía incluso alegre. Mi novia y yo ni siquiera nos mirábamos, pero ya que todos éramos amigos, nadie preguntó, nadie lo notó, solo pasábamos el rato con nuestros amigos ¿cierto?

    Conectaban las enormes bocinas a los generadores que habíamos llevado y poníamos música a todo volumen, primero bailábamos todos juntos, luego se hacían parejas. Estaba con Carlos y Tiffany, aunque la pasábamos bien, Tiffany me miraba constantemente intentando averiguar algo, o como si quisiera decirme algo, pero Carlos estaba ahí.

    Pasaba Fausto con una enorme botella de tequila, una de esas que llaman pata de elefante, sirviendo la mitad de un pequeño vaso, simulando un shot y obligando a todos a beber uno, haciendo porras y riendo. Todos entrábamos en la convención.

    Cuando llegaba con mi novia ella hacia una seña con la mano como de voltear una botella, Fausto y Laura que tenían la botella reían, entonces Alejandra alzaba la cara y le daban a beber directamente del chorro de la botella, “¡fondo fondo fondo!” Gritaban todos alegremente, Tiffany me hacía una mirada preocupada. El trajo fue bastante largo y Fausto festejaba cuánto había bebido de la botella, “¡¿cómo una mujer tan pequeña puede beber tanto?! Jajajaja” Y mostraba la botella en alto indicando con el dedo donde estaba el nivel antes del trago estilo “fondo Tijuana” de mi novia. Alejandra reía, todos le aplaudían y ella alzaba ambos brazos festejando.

    Apagamos algunas luces de la pequeña explanada del campamento para darnos la sensación de estar en un club nocturno y bailábamos todos juntos. Laura se sacaba el brassier y dejaba sus lindas tetas al aire, Gabriela le seguía y mi novia lo hacía sin vergüenza también, ella estaba evidentemente ebria, con la cara colorada y sus pasos torpes. Todos aplaudimos por a agradable vista, Tiffany se negaba a quitarse nada, la abucheábamos y ella se encogía de hombros riendo y abrazando a Carlos.

    Me ponía más ebrio de lo necesario, comenzaba a tener dificultades para mantenerme en pie, la gente desaparecía, me dio un escalofrío cuando vi a Randal bailando con mi novia y Gabriela, si, con las dos, ellas con las tetas al aire bailaban de frente muy cerca de él, parecían reír, por la cercanía ellas rozaban sus tetas contra él y entre ellas mismas con el movimiento. Tiffany vino a mi rápidamente apenas Carlos desapareció unos minutos, “ve y arregla eso Franco, te vas arrepentir no seas pendejo” me decía casi molesta apuntándome al pequeño trio.

    Yo no supe que hacer, Fausto me preguntó en algún momento si no me molestaba, ellos no se ocultaban, pero de algún modo el que estuvieran los 3 juntos irónicamente le restaba importancia, si fueron ellos 2 sería más privado y real, al estar los 3 parecía un morboso juego, además estaban a la vista de todos, lo cual lo hacía peor porque todos veían, pero no pasaba nada “sexual” como tal, “pues equis solo están bailando” dije y la respuesta convencía a Fausto que miraba sin vergüenza las lindas tetas de mi novia rozándose con las de Gabriela.

    Charlaba con Fausto y Laura, pero sin perder detalle del trío que bailaba, parecían hablar. Los perdí por un momento, solo despegué la mirada 30 segundos y ya no estaban, los busqué histérico con la vista aparentando tranquilidad con Fausto y Laura, ellos hablaban algo. Reencontré a Randal con las 2 chicas casi en la orilla del campamento, parecían hablar en serio, no había risas, Gabriela movía mucho las manos y parecía irse molesta ¡¿qué carajos pasaba?!

    De nuevo me invadía el miedo, ellos charlaban ahora a solas ¿ella le agarraba la verga? ¡¿Ahí?! ¿Básicamente frente a todos? Miré desesperado alrededor buscando si alguien más veía, parecía que no, todos ebrios y en sus cosas, Tiffany y Carlos no estaban a la vista, Alejandra estaba dándome la espalda, el de frente a mí a varios metros de distancia, la posición no me dejaba ver bien, pero estaba casi seguro que ella lo acariciaba, parecían hablar muy de cerca, tuve miedo de que se besaran.

    De pronto ella volteó como si también supiera donde estaba yo todo el tiempo y me llamó con la mano, Randal decía algo, ella volteaba rápidamente y le respondía, volteaba de nuevo y me seguía llamando, parecía sonreír, dudé un segundo, ella me veía esperando respuesta, me despedí de Fausto y Laura, fui hacia ellos. Ella le decía algo y reía, Randal me veía seriamente mientras me acercaba, cuando estuve lo suficientemente cerca vi que ella en efecto, le acariciaba la verga por encima de los shorts.

    Yo: ¿que sucede? – dije nervioso viendo la mano de mi novia en el abultado paquete de Randal, el me evitaba la mirada, ella reía cuando notaba que yo veía eso, no dejaba de acariciarlo

    Alejandra: Randal me va follar ¿quieres ver? – decía y reía histéricamente, yo estaba que no lo creía

    Yo: estás ebria Ale, vamos a hablar – le dije tomándola de la mano e intentando llevármela, ella se soltaba violentamente

    Alejandra: ¿quieres ver o no? Él me va follar como quiera y ya que te gusta ver, pues puedes ver – decía condescendientemente, yo la veía fijamente mostrando mi decepción – como quieras – decía ella sádicamente y volvía a acariciar la verga de Randal.

    Yo: Alejandra hablemos por favor – dije suplicando de una manera casi patética, Randal seguía evitándome la mirada pero no hacía nada por retirar la mano de mi novia de su verga

    Alejandra: ok hablamos mañana bye – me decía rápidamente volteando la mirada y buscando la de Randal – ¿nos vamos? – le decía más que como pregunta, cómo propuesta, Randal asentía y la tomaba de la mano, me abrumé

    Yo: ok si – dije rápidamente

    Alejandra: ¿si que? – me preguntaba sarcásticamente

    Yo: si quiero ver – dije débilmente, me sentí patético

    Alejandra: pero no voy a coger contigo ¿ok? Solo puedes ver – me decía cruelmente viéndome fijamente con su mirada perdida por el alcohol, creo que Randal sentía lástima por mi, no me veía

    Yo: ok – dije débilmente, ella solo dijo «bueno» y comenzó a caminar con Randal

    Randal me miró y se encogió de hombros en tono de «lo siento amigo» no parecía tener culpa, pero tampoco parecía regodearse de mi desgracia, el solo aprovechaba la oportunidad.

    Caminé detrás de ellos en el espeso bosque hacia el jardín, ellos iban tomados de la mano, nadie dijimos nada. Llegamos, Randal caminaba buscando una buena zona, plana y cómoda supuse. Tomaba a mi novia, la acercaba a él y la besaba apasionadamente y yo estaba ahí, viéndolos como idiota con mi erección creciendo de nuevo.

    Ellos me ignoraban mientras se besaban, Randal lamía el cuello de mi novia y le quitaba el bikini rápidamente, ella metía su mano dentro de sus shorts, todo parecía tan cruel y cachondo al mismo tiempo. ¿Qué pasaría después? No había vuelta atrás después de algo así.

    Él se bajaba los shorts y ella descendía en sus rodillas rápidamente sin indicación alguna de él, como siempre, fue a lamerle las bolas, el hacia la cadera hacia enfrente y cuando lo escuché gemir profundamente sentí un escalofrío, ella me volteó a ver fijamente a ver con las bolas de Randal en su boca y su enorme verga en la cara mientras lamía profundamente. Randal le dijo que se acostara, ella se acostaba en el firme pasto de inmediato.

    Me acerque tímidamente, ella se acomodaba en el cómodo y bien recortado pasto, Randal se ponía de rodillas frente a ella, tomaba sus piernas y las colocaba sobre sus hombros, recuerdo la sonrisa tan feliz de ella, no perversa ni cruel, tampoco de amor, no quería herirme, ella marcó una sonrisa sincera y emocionada, en su rostro mientras lo veía atentamente, fue devastador.

    El acomodaba sus delicadas y delgadas piernas en sus hombros, me senté lentamente para ver mejor, no me importaba ya nada. Él la tomaba de la cadera levantándola y la llevaba hacia su enorme y gruesa verga, entraba en ella despacio pero firmemente, ella torcía la cara con dolor y apretaba fuertemente los antebrazos de él echando la cara atrás histéricamente y bufando. Entraba en ella por completo y ver de cerca su delicado y pequeño coño con esa verga tan enorme dentro me hizo sentir patético, se veía más grande que nunca, la visión me abrumó, el dejaba su obsceno madero dentro de ella y disfrutaba sus apretadas y cálidas paredes

    Randal: ¡¿te gusta perra?! – le decía histérico, me dio un vuelco el corazón

    Alejandra: ¡MUCHO! – respondía histérica mi novia con la cara aún echada atrás viendo hacia atrás

    Randal comenzaba a follarla despacio sosteniéndola firmemente por la cadera, veía atentamente como su enorme vara entraba en mi delicada novia mientras ella se retorcía y hacia ruidos histéricos, seguro al muy cabrón le gustaba ver cómo su enorme madero estiraba ese pequeño coño. Él podía sostener a mi novia sin que las manos le temblaran y llevaba despacio pero firmemente su verga dentro de ella, ella se retorcía y gemía como loca.

    Ella alzaba la cara por fin y buscaba la mirada de su amante, se veían intensamente mientras gemían y el subía la velocidad, los húmedos sonidos me ponían súper dura la verga.

    Él se acostaba sobre ella sin retirar sus piernas de sus hombros, se acostaba por completo sobre ella y las rodillas de mi novia quedaban a lado de su propia cara, la doblada de una manera tan extrema que parecía incluso un poco cruel, pocas veces yo hice eso. El pasaba las manos por debajo de ella y le sostenía su lindo trasero con ambas manos, una mano en cada nalga firmemente y la levantaba un poco del piso, para penetrarla mejor y más profundamente, se acomodaba en esa firme posición y descendía lentamente sobre ella clavando toda su verga en mi novia, ella le clavaba las uñas en los antebrazos, se retorcía desesperadamente y hacia esos ruidos guturales histéricos de dolor de nuevo que hicieron que la verga me diera un salto, el gemía profundamente con alivio sin retirarse de encima, disfrutando por fin por completo el coño de mi novia apretando toda su verga después del ritual de las primeras penetraciones de preparación.

    La vista de ella por completo doblada como gimnasta rusa sobre si misma con sus rodillas a lado de su cara, su lindo culo ligeramente levantado del pasto en las manos de Randal, el tan enorme y musculoso encima de ella tan delicada, la vista era increíble…

    El tenia las piernas estiradas por completo, por lo que se dejaba caer violentamente sobre mi novia y la gravedad hacia el resto, el dejaba caerse sobre ella con todo su peso, ella gemía histérica, la escandalosa penetración sonaba húmeda y fuerte, Randal solía quedarse dentro de ella un segundo o dos disfrutando su apretado coño gimiendo profundamente, mientras ella se retorcía como loca gritando intentando soportar su enorme y gruesa verga.

    Randal comenzaba a tomar velocidad, un ritmo semi lento, iba hacia arriba, se deja caer sobre ella violentamente, ella gimoteaba, hacia esos ruidos escandalosos con la garganta, gemía, se retorcía, el caía por completo en ella, pero esta vez no dejaba descanso, iba hacia arriba de nuevo y se dejaba caer sobre ella otra vez, la escandalosas penetraciones se escuchaban de una manera tan erótica que tuve miedo de eyacular de tan solo escucharlos, no iba a toda su velocidad, más bien a un ritmo pausado pero contundente y sin detenerse.

    Ellos se veían a los ojos, Randal subía un poco la velocidad, pero nada tan increíble como lo que vi la noche anterior, ellos gemían y disfrutaban, parecía una eternidad. Él se dejó caer sobre ella por completo.

    Randal: me correré dentro – le decía a modo de comanda, no fue una pregunta

    Alejandra: ok – ella lo dijo con un tono tan lastimero y entre gemidos, con una voz tan cachonda y desesperada que casi me corro yo más bien en vez de el.

    El no salió de ella, parece que el solo le avisaba que ya estaba sucediendo, los 2 gemían y él se restregaba contra ella intentando meter aún más la verga dentro de mi novia mientras gemía y le apretaba las nalgas firmemente. Se quedaban quietos respirando y ella intentaba besarlo desesperadamente, él la besaba con desinterés y se retiraba lentamente de encima de ella. Dirigí mi mirada descaradamente a su coño y a su verga, el salía despacio e incluso parecía difícil salir de con tanta fuerza que parecía que ella lo apretaba, la morena verga de Randal estaba jodidamente cremosa, era casi asqueroso de ver, yo apenas lograba eso un poco algunas veces, ella en serio necesitaba lubricar con él. Su enorme falo que no parecía tener fin por fin salía de ella, él se echaba al lado de ella en el pasto, el coño de mi novia se veía casi asqueroso entre toda esa crema y tan boquiabierto que era algo jodidamente obsceno de ver, todo parecía tan surreal.

    Mi novia se tapaba el coño con una mano firmemente y me llamaba con una mano, yo acudía rápidamente a besarla, ella me detenía con la otra mano

    Alejandra: cómeme el coño – me dijo lujuriosamente

    Yo: no, estás loca – dije enfadado con cara de asco ¿ella tapaba su coño para no dejar salir la corrida? ¿Ella quería que me comiera eso? Randal veía atentamente

    Alejandra: me quedaré embarazada sino te lo comes – me decía sonriendo y riendo un poco

    Yo: tú sabes que no funciona así y aquí tengo la pastilla – ella me sonreía

    Alejandra: comete sus mecos o te vas, o nosotros nos vamos, o te lo comes – me decía sería y me besaba dulcemente en los labios, yo no respondí ella solo me dio un pico – ¿entonces? querías que fuera su puta ¿no? eso me dijiste cuando me follabas – me decía malvadamente aún sujetando su coño firmemente

    Yo: ¡¿por qué?! – le pregunté a modo de súplica, me sentía tan humillado

    Alejandra: esto fue tu idea, tú querías ver, yo quiero esto – me dijo autoritariamente

    Pensé 2 segundos, pero ella sabía que lo haría así que ya no dijo nada, solo esperaba, descendí acomodando mi cara entre sus piernas, ella me veía con lujuria ¿lo disfrutaba? ¿O solo por humillarme? ¿Por joderme? ¿por qué estaba furiosa? ¿O de todo un poco? La vi a los ojos preocupado, ella abría bien las piernas y acercaba su coño a mi cara levantando la cadera, sin soltarlo aún

    Alejandra: todo o te vas – me dijo firmemente sosteniéndome la cabeza con la otra mano, yo solo asentí, jamás me había sentido más humillado en mi vida, no sé si Randal miraba.

    Ella sacaba el dedo de su agujero de placer, me tomaba con ambos manos la cabeza y me llevaba ahí y cerraba sus piernas alrededor de mi cabeza. Viendo tan de cerca su coño cremoso y sucio, tan boquiabierto parecía uno de esos obscenos videos donde chicas se meten pepinos o cosas más grandes en el coño y muestran cómo les queda de abiertos, olía amargo, todo me hizo revolverme el estómago. Ella no me dejó ver más que un segundo, rápidamente jalaba mi cabeza hacia su coño y yo comenzaba a lamer, la crema era más espesa de lo que pensarías, sabía amarga y salada, ella se retorcía un poco sin dejar de verme fijamente.

    Lamía la amarga crema del hermoso coño rosado de mi novia, sentía cosas tan confusas que simplemente decidí apagar mi cerebro, ella se retorcía con mi boca en su vagina y me manejaba firmemente con ambas manos sobre mi cabeza, no dejaba de verme, me sentí bien, de alguna retorcida manera, teníamos un vínculo en ese momento.

    Creo que ella intentaba acomodarme, ella manejaba mi cabeza con ambas manos viéndome curiosamente, me llevaba a un punto específico de su coño, me quitaba de sus labios exteriores, me colocaba firmemente más al centro, su coño estaba tan grande que podía meter mi lengua sin problemas, ella se retorcía.

    Alejandra: todo o te vas – me decía con la voz quebrada por sus gemidos

    Ella soltó sus músculos kegel (o algo así) y pude sentir como «se abría la puerta» la corrida espesa y amarga de Randal caía en mi lengua, el esperma de Randal escurría y parecía no tener fin, en serio era mucho. Intenté no hacer caras de asco, para no darles el gusto, pero cuando tragué un poco ayudándome con la lengua, hice caras de asco, ella me veía con una cara tan lujuriosa que jamás olvidaré. «Todo o te vas» me repitió con la voz quebrada, tragué como pude la enorme corrida de Randal, sabia amarga y salada, estaba tan espesa y caliente que no pude evitar hacer caras de asco escandalosas, tragué y me retiré rápidamente con asco sincero, el sabor jodidamente amargo y la textura espesa casi me hacen vomitar, cuando me retiraba pude tener una mejor vista de su coño sin toda esa espesa y obscena crema, ella estaba en serio boquiabierta del coño.

    Tragué con mucha dificultad y ella me veía atentamente, ella se dio cuenta de que tragué y parecía complacida. Randal se acercaba a ella y se acurrucaban en el pasto. Adopté mi papel, si había tragado, si había visto todo sin participar, cuando menos pensaba disfrutar mi papel de tercero ahí con algo de charla sucia

    Yo: te la follaste increíble, ella no hace esos ruidos conmigo – dije viéndolo, el sonreía, ella estaba acurrucada en su pecho.

    Randal: ella vaya que tiene el coño apretado y delicioso – decía sosteniendo el lindo culo de mi novia, ella comenzaba a acariciar su flácida, aunque aun así increíble verga morena y sus enormes bolas, ellos se besaban.

    Yo: ¿te folla más rico que yo? – pregunté nervioso buscando la cara de ella

    Alejandra: jaja ¿tú que crees? – decía y los 3 reíamos, por momentos todo parecía relajado de nuevo, me tranquilizó un poco

    Yo: vas a seguir cogiendo con el cuando regresemos ¿verdad? – pregunté a modo de súplica y por cachondo, ella sabía que pregunté en serio, me vio dulcemente por un momento, me besó en los labios amorosamente.

    Alejandra: si… perdón – me dijo y se volteó a verlo de nuevo.

    Ellos se besaban y está vez parecía que se ponían a lo suyo de nuevo. Se acariciaban y besaban apasionadamente. El de pronto se puso de pie y la llevaba a la orilla del jardín, yo estaba por seguirlos y él me dijo «espera» indicándome que me quedara ahí, ella lo siguió, tomados de la mano, platicaron 30 segundos y volvían.

    «Que sucede?» Pregunté curiosamente, pero ellos me ignoraron y siguieron besándose y tocándose de pie frente a mí. Ella acariciaba la vara de Randal que comenzaba a ponerse erecta de nuevo. El volteó hacia mi y me dijo firmemente «acuéstate» yo me quedé un segundo pensando porque quería eso y para que, el repitió «acuéstate boca arriba» me acosté torpemente en el suelo esperando que sucedería, él tomaba a mi novia y la colocaba en cuatro patas encima de mi, cara a cara.

    Ella me veía pero la situación era jodidamente incómoda, así que intentábamos no vernos a los ojos, ella gimió un poco, miré debajo entre sus piernas y podía ver la lengua retorcerse obsesivamente en el coño de mi novia, ella se retorcía tímidamente sin dejar de verme a los ojos ahora, podía escuchar los obscenos húmedos sonidos de la lengua y saliva de Randal tronando sobre el coño de mi novia. La lengua de Randal desaparecía y podía ver su barbilla, ella se retorcía un poco.

    Alejandra: me está comiendo el culo – me decía cachondamente viéndome a los ojos

    Yo: ¿te gusta? – pregunté tímidamente con la verga dura.

    Alejandra: mucho – decía entre gemidos y empujando su culo contra la cara de Randal.

    Él se levantaba, podía ver por el arco que formaban las piernas de mi novia sus enormes bolas colgando y su orgullosa enorme verga erecta posicionándose sobre contra su lindo coño. Volteé a verla nerviosamente, ella me veía también y tenía la misma cara.

    Alejandra: perdón… – me dijo de manera triste viéndome a los ojos.

    Yo: está bien ok te amo – dije débilmente, ella me besó, pero no respondió.

    Randal esperó, o solo fue un timing perfecto, pero ella se separaba de mí y ella apretaba los dientes fuertemente, el gemía profundamente y ella se movía por la embestida de él. Randal comenzó a tomar ritmo, ella me veía y hacia esos ruidos a los que no acababa de acostumbrarme, tan guturales, tan primitivos, quejidos de dolor y placer, su cara se retorcía y ella me veía casi con lastima. El gemía profundamente y la llamaba zorra, ella solo gemía, hundió su cara en el pasto y rindió sus tetas contra mi pecho, pude ver la cara de el por encima del hombro de ella, el veía su lindo trasero atentamente y de vez en cuando me miraba gimiendo sin vergüenza. “El coño de tu novia me encanta” me dijo sonriendo y clavando toda su verga en ella, ella gritó histéricamente en mi oído.

    Él se levantaba un poco, se ponía en cuclillas para penetrarla más profundamente, ella me volvía a ver.

    Alejandra: perdón, pero él me gusta mucho… – me decía con la voz quebrada besándome dulcemente, él le clavaba la verga de golpe quedándose dentro de ella y ella gemía como histérica.

    Yo: no te preocupes, te amo – le decía desesperado, buscando su mirada, necesitaba conectar con ella mientras él la penetraba.

    Alejandra: lo seguiré viendo – me dijo viéndome a los ojos, Randal la penetraba de nuevo y su cara se deformaba.

    Yo: ¿qué? ¿Cómo? – pregunté histérico.

    Alejandra: lo seguiré viendo y no te voy a decir – me dijo viéndome a los ojos, con piedad, pero firmemente, yo me quedé serio sin saber que decir, el definitivamente escuchó porque comenzó a follarla sin descanso está vez.

    Pasaron algunos minutos del escandaloso espectáculo y el paro de golpe, “voltéate” dijo el, ambos volteamos sin saber a qué se refería. “Ponte aquí Franco, con su coño en tu cara, como en un 69” me dijo, ella se levantó, yo me acomodé como él dijo, resignado, no me resistí más.

    Ella se puso en cuatro patas sobre mi cara y el comenzó a follarla, me obsesionaba ver cómo esa enorme verga entraba en el pequeño coño de mi novia, ella gritaba y gemía, él la llamaba puta, ella le decía que era su puta. En un momento, el sacó su verga, ella respiraba histéricamente, y el condujo su verga hacia mi boca, dudé por un segundo que fuera lo que yo pensaba, pero el restregó la enorme cabeza de su verga húmeda contra mis labios, simplemente abrí la boca y lo deje entrar un poco, su verga sabía amarga, le di unos segundos de sexo oral en esa incómoda posición, intentando no hacer ruido y rogando que ella no se diera cuenta, el no dijo nada, era probable que ella no lo notara. Unos segundos, y el siguió follandosela. Nunca lo había hecho, me sentía confundido, pero resignado.

    Él estaba penetrándola y sus bolas golpeaban mi nariz, me acomodé un poco y decidí lamer sus bolas lo mejor que pude mientras follaba a mi novia. Cuando el entraba por completo en ella y dejaba su verga entera dentro de ella, yo lamía sus bolas obsesivamente, odio admitir que lo disfrutaba.

    Él le dijo de nuevo que eyacularía dentro de ella, ella ni siquiera dijo nada, solo lo permitió y pude sentir como sus bolas se retorcían en mi boca mientras intentaba comérmelas enteras y el las vaciaba dentro de ella.

    Él se retiró, yo fui directo a su coño y me comí toda la corrida de Randal, está vez lo disfruté, con asco y dificultad, pero lo disfruté, sostenía firmemente su lindo trasero con ambas manos contra mi cara e intentaba lamer profundamente y comer todo lo que salía de ella. Ella no dijo nada, solo me dejó comer de su coño.

    Nos retiramos, él se vestía y la llevaba lejos de mí, está vez no intenté seguirlos, sabía mi lugar. Él le decía cosas que yo no escuchaba, ella asentía. Ellos regresaron y se vestían, “volvamos” me dijo ella mientras se ponía el bikini y dejaba sus tetas al aire.

    Volvimos caminando sin decir nada, ellos venían tomados de la mano, cuando la acercábamos al campamento yo quise decir algo de eso preocupado, que se soltaran, los demás podrían verlos, pero no dije nada, ellos no se soltaron. Entramos al campamento y yo estaba nervioso como el diablo vigilando que nadie viera.

    Caminábamos hacia las casas de campaña y yo no sabía que decir, no tan lejos estaban Fausto y Laura, creo que veían hacia nuestra dirección, me puse jodidamente nervioso.

    Yo: Alejandra… – dije rápidamente indicándole que ellos estaban ahí, ella los vio y no dijo nada, siguió caminando de la mano de Randal hacia las casas de campaña, el abría la suya y entraba, por fin soltaba a mi novia, me sentía tan aliviado.

    Alejandra: dame la pastilla – me decía sin verme a los ojos.

    Yo: si, deja voy por agua – le dije rápidamente y se la di en la mano, ella la tomó – ahorita te la tomas en la casa – dije y casi me iba, ella me detuvo del brazo, nos vimos, ella puso una mirada triste.

    Alejandra: Franco… No dormiré contigo – dijo viéndome a los ojos, parecía que quería llorar.

    Yo: no no no hagas esto por favor – dije suplicante, sabía que eso significaba que ella se quedaría ahí, por eso él no había cerrado la puerta

    Alejandra: perdón en serio, pero no quiero dormir contigo, hablamos mañana ¿ok? – dijo viéndome tristemente, soltándo mi mano y entrando a la casa de Randal.

    Intenté sostener su brazo débilmente, ella se soltó y entró a la casa de Randal, cerraron, volví la mirada atrás y Fausto y Laura veían atentamente sin poderlo creer. No supe que hacer o decir, solo me fui a mi casa de campaña, me encerré y lloré.

    Estaba acostado pensando en ir, en rogar, en ordenarle que viniera, si era necesario pelearía con Randal, no sabía que hacer, pero entonces la escuché gemir, tímidamente, pero la escuché, seguido de una follada bastante escandalosa y fuerte, me quedé ahí, acostado, congelado, escuchando como ellos gemían, las húmedas y fuertes penetraciones, todos podrían escucharlos, nada más se escuchaba, patéticamente me masturbé 4 veces durante toda la noche escuchando como el disfrutaba a mi novia cuando menos 2 veces en su casa según intérprete por los descansos que tomaron y por fin me quedé dormido.

  • El amigo camionero de mi padre (3)

    El amigo camionero de mi padre (3)

    Por fin se vislumbraba Paris muy cerca de nosotros, el viaje había sido cansino, pero a la vez excitante y vicioso, Rubén y yo habíamos follado como locos y hecho cosas insospechables para un tío cómo yo casado y hetero, aquel macho que conducía el camión me ponía muy cerdo y era capaz de hacer por él lo que me pidiera, me follaba genial y me ponía cachondo y morboso con solo olerlo.

    Ya se había hecho tarde, Rubén me dijo que no entraríamos a París hasta el amanecer, el lugar de descarga estaría cerrado ya y mejor descansar a las afueras, yo no puse ninguna objeción, y Rubén paró en una especie de hostal restaurante que había a un lado de la carretera, estaba bastante lleno de camiones y supuse que Rubén conocería el lugar. Bajamos del camión ,estiramos las piernas y me preguntó que me parecía si pillábamos una habitación para dormir esa noche, yo le dije que por mí genial, así que entramos al restaurante que estaba lleno de camioneros robustos y fuertes, nos sentamos en la barra, pedimos unas copas ya que no tenía que conducir y pedimos una habitación para dos.

    En un momento dado alguien llamo a Raúl desde cierta distancia, nos giramos los dos y este alzó la mano saludando a uno de los camioneros que cenaba en una de las mesas, Rubén me dijo que esperara que iba a saludar a un colega, se levantó y se acercó a aquel hombre, tendría sobre 60 años, grande, fortote con barba cana, medio calvo, pero bastante atractivo, era un buen macho, pensé que podría ser algún conocido de carretera, los vi charlar animadamente, y como Rubén me señalaba en algunas ocasiones y se reían, me hubiera gustado saber de qué hablaban, pero no podía oír nada de nada. La conversación acabó con un apretón de manos y un abrazo, Rubén se volvió a sentar a mi lado y me dijo que era un buen amigo de viajes e historietas varias muy calientes riéndose, después me invitó a que nos sentáramos y comiéramos algo antes de descansar y así hicimos.

    Durante la cena encontré a Rubén algo nervioso, quería decirme algo pero me daba la sensación de que no se atrevía a contármelo, empezaba a contarme cosas como que le ponía mucho que los jóvenes se fueran con los camioneros, que yo podría hacer algo así por él, pero no entendía que quería decirme, hasta que por fin lo mire a los ojos y le dije a ver Rubén que quieres decirme?

    Rubén: verás recuerdas el hombre con el que me senté a charlar antes?

    Yo: si claro…

    Rubén: puesss… Le he estado contando lo putita que has estado conmigo en el viaje, y lo bien que te has portado.

    Yo: cabronazooo… por eso me mirabas y os reíais.

    Rubén: bueno un poco si la verdad, pero de buen rollo.

    Yo: si claro de buen rollo.

    Rubén: bueno veras, se ha quedado loco por ti, un chaval guapote y bien parecido, como no va a atraer a cualquier camionero salidote de aquí? Cualquier tío de este bar te follaria sin pestañear nada más se lo insinuarse.

    Yo: venga no jodas.

    Rubén: que si… te lo digo yo… el caso es que Guzmán mi amigote me dijo que te preguntará si te querías pasar por su camión.

    Yo: queee???

    Rubén: venga tío, no digas que no te da morbo… se te ve en la carita de zorrra, además te aseguro que tiene una buena tranca y es buena gente.

    Yo: estás loco… jajaja. Y que más habéis dicho a mis espaldas?

    Rubén: le he dicho que 300€ y eres suyo.

    Yo: joderrr Rubén, me has vendido cabronnn…

    Rubén: venga tío, si estás cachondo y morboso a tope, se te puede ver en la cara de perverso que tienes y encima cobramos jejeje.

    Yo: joderrr Rubén, la verdad es que me pone la situación, pero que tendría que hacer?

    Rubén: ir a su camión, golpeas la puerta y déjate llevar, es un poco cabrón, pero de fiar, caliente y cerdo.

    Yo: Diosss… lo voy a hacer, pero 200€ son míos ok?

    Rubén: ok.

    Terminamos de cenar, fui al baño me lave la cara y las manos, y cuando salí pregunté a Rubén por el camión, me dijo que la cabina era roja y me dio la matrícula, allí que fui yo a buscar por el aparcamiento a aquel camionero, cuando encontré el camión casi muerto de frío, llame a la puerta y enseguida me abrió aquel hombre, subeee anda me dijo, yo subí y me senté en la cabina, lo mire y me miro con cara de lujuria perversa, estaba con la calefacción puesta, andaba con unos boxers ajustados que marcaban un gran paquete sus pechos grandes y su barriga cervecera peluda, me puso cachondo el sentirme su puta, me excito y tenía una erección tremenda, aquel hombre me agarró por la cabeza con su gran mano y dirigió a la fuerza mi boca sobre su paquete, solo pude que lamer sus calzones y comer su polla gorda a través del calzoncillo, me restregó mi cara sobre su polla, diciéndome, ummm putita vas a comer polla hasta que me cansé y después voy a darte por el culo, hasta que te desmayes, yo me ponía muy cerdo oír esas palabras de aquel tipo.

    Le baje el calzoncillo y su polla salió disparada, menudo pollón tenía el camionero, huevos peludos y olor fuerte a sudados, cogí con una mano su tranca y empecé a meneársela, arrime mi boca a su prepucio que babeaba presenten, lamí su capullo y relamí, haciendo que soltara grandes gemidos, pero aquel tipo no se iba con remilgos, apretó mi cabeza fuertemente para que me tragara aquel pollón y empezará a mamársela por completo, chupa hijo de puta, chupa, que Rubén dice que lo haces muy bien, mi boca no daba a tragarse tremendo pollón y tuve que hacer un gran esfuerzo para no ahogarme, hasta que el placer que le estaba dando lo relajó por completo y me dejó chupársela a mi ritmo, se la mamaba apretando mis labios y succionando de abajo a arriba, hasta los huevos, baboseaba su tremendo pijo para que se deslizara por mis labios y con mi lengua acariciaba su cipote, lo besaba y volvía a tragármela, el solo gemía y me lanzaba tremendos improperios, ummm guarrilla que bien la chupas, sigue cerdo, ummm, ahhh no pares, sigueee trágatela entera maricona, yo no paraba quería aquel tipo disfrutará de mi mamada, y así estuve durante más de media hora.

    Después de ese tiempo aquel tipo me apartó de su polla de un tirón, diciéndome, ummm quieto cabrón, que me corro y quiero guardar mi leche para ese lindo culito. Me dijo que pasará al catre me desnudo a tirones, me puso a cuatro patas, abrió mis nalgas con sus duras manos y pego dos escupitajos sobre mi ano las volvió a cerrar y empezó a azotar fuertemente mis nalgas con las palmas de sus manos abiertas, cada golpe me hacía más daño, pero me ponía súper cerdo y el morbo de ese dolor era intenso, tenía ya mis cachetes ardiendo, con cada nalgada me insultaba, toma cabrón, hijo puta, te voy a reventar con mi polla, te la vas a tragar enterita, te voy a preñar de leche caliente, así hasta que se decidió a meter dos de sus dedos en mi culo, pegue un grito y el empezó a follarme con ellos, escupía en mi ano y continuaba, así hasta que se decidió que ya era hora de follarme, posicionó su polla note como presionaba y mi culo se resistía, era más grande que la de Rubén, yo intentaba relajarme, volvió a presionar y un dolor punzante llegó hasta mis sienes, volvió a pegar dos empujones que me hicieron casi desmayar y su polla hizo tope en mi culo, ya la tenía toda dentro, unas lágrimas salieron de mis ojos, y entonces empezó a bombear sobre mi cuerpo, su polla entraba y salía de mi culo, y cada vez era más el placer que el dolor, tanto que solo le rogaba que siguiera follandome, su barriga y sus tetas pegaban contra mi espalda y su boca besaba y lamía mi cuello, podía notar el aliento sucio de su boca sobre mi, y su sudor fuerte pegado a mi cuerpo , seguía dándome polla fuertemente y yo gemía como una zorrita, ahhh, ummm, sigue, sigue follame fuerte, aquello debía poner cachondo al camionero que hacía que sus embestidas fueran más fuertes, me seguía azotando mi culo con cada penetración y de vez en cuando me la sacaba del todo y la volvía a meter de golpe bruscamente, ahhh, gritaba yo, ummm follame tío, follame, si cabron que culo tienes, me decía, ha valido la pena mis 300€, pero los vas a pagar, ummm que culo, así siguió más de veinte minutos dándome polla.

    Después decidió sentarse en el catre y que me pusiera sobre él, para que fuera yo el que lo cabalgara, y así empecé a mover mi culo sobre su polla, podía ver su cara de perversión, como gemía, me ponía cachondo ver cómo lo estaba haciendo disfrutar, así que me movía más rápido sobre su polla que ya entraba y salía de mi culo deslizándose y dándome un placer inmenso golpeando mi próstata, decidí acelerar mi ritmo para que aquel hombre pudiera inundar mi culo de su leche, no tardó mucho en suceder, empezó a gemir y a respirar mucho más rápido , yo seguí votando mi culo sobre mi polla y el soltó un gran gemido, ahhhh, aggg y note su semen caliente recorriendo mis entrañas, cogí mi polla empecé a pajearme mientras él se corría y en nada estaba soltando toda mi lechita sobre el pecho del camionero, me quedé recostado sobre su pecho y nuestras respiraciones empezaron a disminuir de fuerza, la polla del camionero perdió fuerza y se salió de mi culo, y con ello su semen fue saliendo, me levanté cogí su polla ya flácida, relamí aquel semen, me lo trague, limpie bien su capullo con mi lengua, me tiro de los pelos hacia él, ven cabrón, y me morreo fuertemente durante un buen rato, su lengua buscaba la mía, su barba se metía en mi boca y sus jugos los dejaba fluir en mi boca.

    Al rato decidió dejarlo, nos quedamos un rato callados tumbados, saco papel, para limpiarnos y me dijo que había sido una putita muy buena, que le diría a Rubén que quería estar algún otro día conmigo, y que haríamos cosas más verdad, yo me vestí y me despedí de él diciéndole que cuando quisiera, baje del camión y me dirigí a la pensión en busca de la habitación donde me esperaba Rubén.

    Por el camino iba pensando que aquel hombre no era más que un maduro, cachondo, cerdaco, pero que yo había disfrutado haciéndolo con él, que me gustaba ser una putita y ser follado por extraños que me pusieran a cuatro patas y me violaran como a una perra, que había salido de casa como un tío casado, hetero, formalito, y sexualmente simplón y estaba viviendo el sexo de forma oscura, sucia y lujuriosa y que me estaba gustando de una forma tan morbosa, que creo que ya no podría desear más que eso.

    Bueno y hasta aquí esta nueva entrega de mi viaje con el camionero amigo de mi padre, que todavía tiene cosas que contar, pero será en otro capítulo más morboso si cabe que este, espero hayas disfrutado como yo, que cada vez que escribo me pongo cachondo, podéis como siempre comentarme por aquí, y si sois de valencia España, me molaría tener algo con alguno de mis lectores. Jejeje besazos…

  • Blablacar sexual

    Blablacar sexual

    Antes de contar mi experiencia (la primera experiencia morbosa que he tenido en mi vida) me describiré físicamente como he visto que hacen en otros relatos. Mi nombre es Annie (evidentemente no es mi nombre auténtico y la utilizo para proteger mi identidad) y soy una chica de 21 años, pequeña, delgada, pelirroja y de piel blanca.

    Soy de Madrid y en mi último año de Universidad decidí hacerlo fuera y opté por la Universidad de Málaga. Una experiencia que nunca olvidare entre otros motivos por el relato que estoy a punto de contarles. Como dije anteriormente, nunca había vivido una situación así y solo de pensar en ella me pongo tan cachonda que no se si aguantare mis ganas de tocarme.

    Todo sucedió el verano pasado, cuando las restricciones por el Covid se cancelaron y pude regresar a Madrid de nuevo desde Málaga optando por ir en Blablacar por ser la opción más barata y rápida. Como podréis imaginar, el confinamiento fue fatal para mi vida sexual y el satisfayer no sustituye algunas necesidades así que en el momento en el que sucede toda esta historia hacía tiempo que no disfrutaba de un buen polvo. Y aunque soy usuaria regular de esta aplicación y me ha tocado viajar con chicos que me parecían monos, nunca me pude imaginar que mi mejor experiencia sexual fuera a ser con un hombre que me doblaba la edad.

    Total que el día del viaje acudí donde habíamos quedado. El hombre con el que quedé era más bien normalito, un hombre de unos cuarenta y tantos de pelo oscuro y algunas canas, de un metro setenta y tantos y su cuerpo estaba bien pese a tener barriga cervecera. Era en definitiva un auténtico hombre de campo, fuerte y rudo. Aunque si por algo destacaba era por su paquete… quizás era por los pantaloncillos de deporte que le marcaban demasiado (después comprobaría que no) pero nunca había visto algo que se marcara tanto y de ese tamaño. Rápidamente aparté la mirada y con su ayuda metí mi equipaje en su coche.

    Durante el viaje, que iba a ser de unas 5 horas, hablamos de mis estudios, de su trabajo, de la pandemia… y sinceramente me alegraba de ello puesto que al estar sentado se le marcaba aún más su enorme paquete y yo podía echar miraditas rápidas aunque temía un poco de que se diera cuenta puesto que llegó un punto en el que ya hacía de forma descarada.

    Así que así me pase gran parte del viaje, hablando y mirando de reojo, mientras me iba sintiendo cada vez más acalorada… hasta el punto de tener que abrir totalmente la ventanilla. A medio trayecto, me dijo que pararía en la siguiente gasolinera porque tenía que ir al servicio y me preguntó si yo tenía ganas también. La verdad es que no tenía muchas ganas, pero sabía que era un viaje largo y me daba pudor tener que hacerlo parar dos veces así que le respondí que sí.

    Una vez encontramos la primera estación de servicio, aparcamos y nos bajamos. He de decir que los servicios eran exteriores puesto que en otro tipo de servicios nunca se me hubiera ocurrido hacer la que hice. Así que una vez él entró al servicio de caballeros, decidí colarme y ver con mi propios ojos la grande que era ese rabo y para hacerlo me coloqué de pie en el retrete del compartimento de al lado donde estaba mi madurito pollón.

    Y digo POLLÓN con todas las letras porque nunca había visto algo de ese tamaño, por lo menos yo en la vida real, puesto que ese miembro era digno de la industria pornográfica. Grande y grueso como los pepinos que me había dicho que cultivaba en Málaga, aquel rabo era inmenso tanto que sentí un pinchazo de excitación en mi vientre que hizo que me flaquearan las piernas, perdiendo el equilibrio y dando un golpe.

    De pronto oigo su voz diciendo su voz diciendo:

    -Eh tú, el de al lado, me estabas espiando?

    Yo sin saber que decir decidí no responder y salir de allí lo más rápido que pudiese, pero mientras intentaba escapar de allí sin hacer ruido el asomo su cabeza y al verme allí me miró con cara de sorpresa.

    -Annie, pero… que estás haciendo ahí? me espiabas?

    -Yo… –dije, pero la voz no me salía y tampoco sabía que decirle.

    Entonces salió de su compartimento y abrió la puerta del mío mientras yo me moría de vergüenza y sin saber qué hacer.

    -Admítelo -dijo- me estabas espiando desde arriba -.Una vez dicho esto se bajó pantalón y calzoncillo a la vez y me dijo:

    -Es esto lo que querías ver?

    Y ahí tenía delante de mí, tenía el miembro más grande que había visto en mi vida, el que llevaba en mi cabeza todo ese rato y por el que me encontraba en aquella situación y tan pronto lo miré me preguntó:

    -Quieres tocarlo?

    Sin decir nada, me acerqué y agarré con mi mano aquella enormidad que le colgaba y mientras se la cogía, notaba como se iba hinchando y poniendo más dura hasta que se quedó completamente erecta y entonces me preguntó:

    -Quieres probarla? -respondiéndole que si con la cabeza y metiéndome su enorme glande en la boca.- Desde el momento en que te vi sabía que esa boquita que tienes está hecha para mamar -me dijo mientras empujaba lentamente su polla en mi boca.

    Se la chupé y ensalivé (hasta donde mi boca podía) durante 5 minutos más o menos mientras yo metía mi mano izquierda por debajo de la faldita que llevaba, apartaba a un lado mi tanguita y me tocaba mi clítoris y mis labios como una loca hasta llegar a mi primer orgasmo dejando mi mano y el suelo del baño chorreando.

    Al verme así, me levantó, me chupó los dedos y me morreó luego, me giró y me puso en cuatro. Yo me dejaba llevar y poner como él quería… en cuatro, con mi culo en pompa y mis manos apoyadas sobre retrete. Me subió la falda, me bajó y quitó el tanguita y me empezó a lamer de arriba a abajo mi vagina y ano. Yo mientras, disfrutaba y me volvía loca de como su lengua me penetraba, mordiéndome el labio inferior para no gritar de placer.

    En ese entonces se puso de pie y me tanteo la vagina como su miembro grueso, caliente y duro encontrando el hueco por dónde meterlo. Lentamente, comenzó a penetrarme y si no fuera por lo cachonda, mojada y ensalivada que estaba… dudo de que hubiera podido entrar.

    Sus embestidas lentas pronto fueron haciéndose cada vez más rápidas, más fuertes y yo gozaba como una loca de aquel pollón que me taladraba por dentro una y otra vez mientras él me embestía con fuerza agarrándome de mis caderas… hasta que entró alguien y tuvimos que parar y quedarnos callados hasta que se fue.

    Yo quería mas y se lo susurré mientras me besaba el cuello y me cogía en brazos (ventajas de ser pequeña y pesar poco) apoyándome contra la pared del compartimento. Me ensartó con su gigantesco miembro y me subía y bajaba ensartada mientras yo le rodeaba el cuello con mis brazos y le pedía más.

    Así estuvimos hasta que me dijo jadeando que se iba a correr. Como follábamos sin preservativo, le dije que se la chuparía hasta el final así que me bajó, me puse de rodillas y mirándolo a sus ojos se la chupé como la perra en la que me había convertido. Pronto empezó a jadear y nada más hacerlo eyaculó de forma potente en mi boca, siendo tanta la cantidad de semen que se caía por las comisuras de los labios. Aun así intenté tragar todo lo que pude y una vez limpia su polla recogí lo que se había derramado en mi camiseta y en el suelo con los dedos y lo chupé con mi lengua. Me había dejado rendida y agotada. Me puse el tanga que estaba tirado por el suelo y me limpié y bebí agua del lavamanos. Una vez listos los dos volvimos al coche y continuamos nuestro viaje.

    Al llegar a nuestro destino ya de noche, la di un beso en la boca, dije gracias por el polvazo que me había echado y me quité el tanga diciendo que se la regalaba cogiendo mi equipaje y marchándome a casa sin ropa interior debajo de mi faldita.

    Cuando llegué a mi casa la di la máxima valoración en Blablacar y escribí que era una gran persona con muchas otras grandes cualidades.

    FIN.

    PD: reconozco que me he masturbado cuando escribía la parte de cuando me puso a cuatro patas. No pude aguantar…

  • Me comí a la mujer ajena (Primera parte)

    Me comí a la mujer ajena (Primera parte)

    Hola, soy Andrés tengo 29 años y vivo en Bogotá, me gustan mucho las mujeres y salir a trotar. Esta es la historia de cómo tuve sexo con una señora casada mucho mayor que yo, la verdad nunca lo busqué, pero se dieron las cosas y no dejé pasar la oportunidad. Llegué a trabajar a Bogotá, Colombia con ganas de salir a delante, el trabajo que conseguí no era de mi agrado, pero me ayuda a vivir inicialmente llegué a quedarme donde un primo, él tenía su familia, una mujer algo feita y 2 hijos ya mayores de edad ya estaban fuera de la casa, pero se quedaban de vez en cuando.

    Todo era aburrido en mi vida y agotador por el trabajo salí muy temprano y llegaba de noche, y de vez en cuanto tonteaba con mis vecinas, pero nada en serio, hasta que se dio algo muy raro, la esposa del primo se arreglaba para ir a un bautizo y el primo me mandó llamarla lo hice con la inocencia de la situación de que ella me mandó seguir y me pidió que le ayudara a subir el vestido, cosa que no le entraba algo tímido empecé a ayudar hasta que se rompió el tonto vestido y esa mujer se puso a llorar, lo único que se me ocurrió fue calmarla y proponerle que usara otra ropa, ella no aceptó y el primo entró, sin preguntar me sacó del cuarto, quien quería hacerle algo a ella, pero se dio un mal entendido.

    Bueno pasaron los días y ella aclaró todo, pero de ahí en adelante la señora se sentía mal, decidí motivarla, pero a señora terca que no se dejaba ayudar y pasó lo peor el primo le fue infiel, está señora estaba de depresión y empezó a comer ya me daba igual hasta que salió un día en pijama y se le notaba los pezones y mi mente voló ella se percató, pero hizo caso omiso a mis miradas.

    Después de ese día le tuve ganas de ella como mujer, y como hablamos mucho le pregunté que cómo iba sus tristezas y me dijo que se sentía mal porque no sabía cómo recuperar a Hamilton que no lo tocaba y que parecía que la quería dejar, y soltó el llanto yo la consolé hasta que ella me besó, me vi sorprendido y me pregunto que si no le gustaba como idiota no dije nada y se fue.

    Pero reacciono, me levanto, la tomo de la mano, la giro y le plantó su beso, ella me responde y me lleva de la mano hasta su cuarto me empuja sobre la cama y se quita el suéter y me dice “esto es lo que mirabas el otro día, ahora están aquí que le vas hacer”, me quitó la ropa y vuelvo la beso, y le digo “tu esposo me responde sabes que debe estar a fuera de la ciudad”, la sigo besando y le tocó esos senos caído, pero calientitos y le doy una nalgada cosa que no le gustó, pero seguimos le quité el pantalón y ufff que cola me desvío la atención me concentré en ella y la tocaba hasta que ella me dijo “métemelo”.

    Yo le pregunté que si tenía condones o estaba planificado me dijo que estaba operada, pero que usara condón, bueno me lo puse y ya estaba adentro estaba en una cama matrimonial haciéndole el amor a una mujer casada se lo metía con algo de suavidad porque besaba su boca con lengua algo que la excitaba mucho.

    No me quería correr rápido entonces lo hacía más despacio hasta que cogí confianza y la empecé a penetrar más duro, ahí abajo se suavizó todo y me dijo que hace tiempo no se corría y me besó yo por el contrario seguía más rápido y daba unas envestidas que le hacían cerrar los ojos hasta cuándo me dijo que parará que estaba cansada, bueno me dejó incómodo pero obedecí ella se levantó y se fue al baño.

    Sonó la ducha y me levanté y metí al baño, le moje el cabello y la bese todita la bese de nuevo y ella empezó de nuevo a besarme sabía que me debía portar bien, por eso me agache y fui directo a su vagina y la chupe, ella me dijo que nadie le había hecho eso y yo continúe en lo mío ella cerró la ducha y de nuevo me jalo de la mano y me llevo a la cama pero esta vez fui yo quien la empuje a la cama y la empecé a devorar literal su cuerpo, ella pidió que se la metiera pero no lo hice casi, jugué con mis dedos hasta que soltó un líquido y quedó quieta la bese ella me agarró a besos por la cara, le dije que quería dormir y lo hicimos cuando desperté no estaba pero estaba en la cocina con la misma pijama y me ordeno que me sentara a comer y lo hice, sonó el teléfono y me retiro a mi cuarto.

  • La primera vez: Era se corre

    La primera vez: Era se corre

    Erany estaba nerviosa; era su primera cita con Manu.

    Iban a quedar en su barrio, Manu vivía en la gran ciudad.

    Erany le iba a devolver la camiseta que le dejó cuando ese violador le destrozó la suya aquella noche. La había lavado y ahora ya no olía a esa colonia dulzona que llevaba Manu y a ella no le gustaba nada.

    Sin saber muy bien porqué lo hacía se puso un conjunto de lencería fina muy mono. El sujetador negro de encaje con tiras que se dejarían ver por el escote de su vestido. Abajo una tanga negra de encaje también que en la parte de atrás, en el triangulito tenía un corazón con pedrería. Le encantaba esa tanga. Se terminó de arreglar y salió de casa.

    Hacía una tarde estupenda de primavera, era soleada y hacía calorcito. Erany llegó al punto acordado y Manu no estaba…

    -Llegando tarde a la primera cita… empezamos bien- Pensó Erany.

    A los 10 minutos llegó Manu. Cuando vio a Erany se excitó, llevaba un vestido azul marino con dibujos de anclas pequeñas, vaporoso, se veían unas piernas torneadas y perfectas, no eran delgadas, pero eran bonitas. En la parte de arriba esos generosos pechos estaban enmarcados por un sujetador de esos de tiras… Dios… Erany estaba increíble.

    Se saludaron con timidez y tras Manu recoger su camisa, resolvieron en ir a tomar algo.

    Todo estuvo correcto, estuvieron hablando, dando un paseo y ya llegó un punto en que empezó a hacer fresquito y Erany comenzó a tener frío.

    -Quieres que subamos a mi piso- Se atrevió a preguntar Manu…

    -Ok, seguro que no hace tanto frío como aquí, jeje -Dijo Era, aunque ella sabía perfectamente que significaba esa invitación…

    Subieron al piso, Manu invitó a Era a pasar primero. Cerró la puerta tras él, Era se giró y miró a Manu intensamente, Manu se acercó y besó a Era, se dieron un beso dulce y lento, enredando sus lenguas y deleitándose con el acople perfecto que hacían sus bocas. Manu subió sus manos hasta la cabeza de Erany, enredó su pelo por entre sus dedos, era un pelo tan suave, toda ella era suavidad perlada.

    Esto pareció excitar aún más a Era quien agarró a Manu por la cintura y lo estrechó contra ella sintiendo su miembro erecto a través de la ropa.

    Manu bajó las manos y cogió el trasero de Era, era grande y redondo, no tenía celulitis, apretó esas dos nalgonas contra sí, sintiendo como su polla cada vez más grande se restregaba por las partes de ella.

    Era gimió -Donde está tu habitación? -Preguntó con voz ronca…

    Manu la guio hasta la habitación, allí Era obligó a Manu a tumbase en la cama, le quitó los pantalones y se puso a horcajadas encima de él. Se notaba muy mojada. Era se sacó el vestido y se quedó en lencería. Con placer vio como él se la comía con la mirada.

    Se acercó a Manu y comenzó a besarlo a la vez que se movía y rozaba su sexo con el de él con la única separación de su tanga y los calzoncillos de Manu.

    El llevó sus manos al trasero de ella y comenzó a estrujárselo y a hacer las refriegas más fuertes, Era notó como comenzó a mojarse mucho más, también lo notó Manu a través de sus calzoncillos… le dio un azote a Era que la hizo soltar un gritito ahogado de sorpresa y agacharse retorciéndose para besar más fuerte a Manu; este le dio otro cachete que la hizo gemir.

    Entonces el trató de incorporarse y guio a Era para que se pusiera a cuatro patas pero con el pecho apoyado en el colchón. Puso su culazo en pompa todo lo que se podía; Era se sentía muy excitada.

    Manu contempló aquella imagen, esa chica era increíble, que enfermo lo ponía. Comenzó a lamer sus piernas suaves y morenas, desde la mitad de sus muslos hasta llegar a sus nalgas y ahí retirar el hilo del tanga de pedrería y lamer su sexo. Estaba realmente mojada, cuando retiró el tanga un hilo de flujo salió a recibirlo, él lo acogió con su lengua y lo llevó nuevamente hacía el sexo de Era para restregárselo en lametones que iban en círculo. Manu se deleitó absorbiendo los jugos de Era, absorbiendo su aroma a feromonas y asimilando todas esas ricas sensaciones que ella le producía.

    Era por su parte comenzó q tantear el sexo de el con sus pies, la verdad que se intuía que Manu la tenía tirando a grande y eso la excitaba muchísimo, él ya le había visto su coño pero ella aún no se la había visto…

    Por el tacto de las caricias de los pies de Era, Manu comenzó a gemir, decidió que ya era el momento de hacerle el amor por completo; se bajó los calzoncillos y dejó su miembro al descubierto, acercó la punta hacia el sexo de Era y la introdujo, 2/3 centímetros nada más; Era giró la cabeza y le dirigió una sensual mirada de reojo que siguió aumentando la excitación de Manu. Notó como ella comenzó a empujar hacia atrás, entonces el empujó hacia delante introduciéndole todo su miembro, notando como se abría paso entre las paredes de su vagina, notando todas las texturas de esta y el calor con que lo acogía.

    Era por su parte notó la presión de la polla de Manu en su interior, si no era tan grande como pensaba por lo menos si que era gruesa.

    Era comenzó a moverse a su ritmo, él la dejó hacer, lo oía suspirar de placer y también suspiraba y gemía ella.

    Después de un rato moviéndose Era, comenzó a moverse el, empezó a follarla rapidito, lo que la hacía gemir bastante, de vez en cuando la cogía de las caderas y le daba una profunda embestida que la hacía retorcerse. La humedad se había extendido por todo su sexo, incluso por su ano. Manu tanteó y comenzó a introducir su pulgar en el ano de Era, ella no lo detuvo, es más gimió más fuerte y aceleró los movimientos. Manu introdujo su pulgar del todo mientras se la follaba e hizo presión hacia abajo para que Era notara a través de sus paredes, el pulgar y la polla, comenzó a tocarse el clítoris y notó que iba a explotar.

    -Dime cuanto te gusta, anda… -Dijo Manu muy excitado.

    -Dímelo Diosa mía…

    -Mucho, me gus… ta mu… cho -acertó Era a decir entrecortadamente mientras se frotaba el clítoris y se corría notando 1000 sensaciones diferentes e inexplicables…

    Se quedó exhausta en la cama.

    Continuará…

  • Mis dos hijos me hacen muy feliz

    Mis dos hijos me hacen muy feliz

    Hola, mi nombre es Clara, hace 5 años mi marido José falleció en un accidente automovilístico dejándome a mi sola con mis dos hijos, la vida se hizo difícil, pero no en lo monetario pues el seguro absorbió todo el incidente dejándonos estables para vivir y yo que cuento con un trabajo fijo pues no tenía tantos problemas a cuesta. Fueron 5 años muy difíciles en los cuales ante la ausencia de él, tuve que hacer de padre y madre a la vez. Rubén, el más pequeño hacía muchas preguntas que ciertamente me costaba responder, por su parte Luis, el mayor, me apoyaba en todo tratando de consolar a su hermano. Tardamos un buen tiempo en dejar de hablar de su difunto padre y a medida que crecían se hacían más independientes. Aprendieron a cocinar y hacer los quehaceres de la casa. Llegaba del trabajo y la casa siempre estaba intacta, fue así que transcurrió el tiempo y un hecho se acercaba sin que me pudiera percatar.

    Era el cumpleaños de Rubén, 18 hermosos años, mi príncipe chiquito, jamás pidió hacer una gran fiesta sino solo una noche de pizza y películas entre su hermano mayor y yo, su amada madre. Esa noche fue que todo se tornaría diferente y se los voy a contar. Para cualquier mujer contar algo así sería muy extraño y quizá vergonzoso pero para mi no. Terminada la noche de viernes ya eran casi las 23 horas, Luis fue primero a su cuarto porque decía tener algo de sueño y el cumpleañero y yo seguimos viendo una película de terror que empezaba apenas. El asesino acorrala a una pareja en pleno acto, no me había dado cuenta pero la escena estaba un poco pasada y eran muy explicitas al inicio, pechos al aire y gemidos pero hice de cuenta que no pasaba nada. La película se hizo fuerte y las escenas de terror estaban intensas a lo que Rubén se me acercó mucho, estaba cubierto con una sábana que trajo de su habitación, se recostó y pues no pasaba nada.

    Pasó como una hora de que inicio la película y no me percate que él ya estaba dormido también. Fue entonces que decidí poner en mejor postura a Rubén, quite la sabana que lo cubría y vaya sorpresa. Al parecer le impacto más la escena de sexo que la de terror pues dormía con el pene totalmente duro, dije que no pasaba nada y traté de despertarlo nada más pero sé que duerme muy profundo. No sé por qué pero no dejaba de ver su miembro hinchado, apenas tenía 18 años cumplidos y esa cosa se notaba de muy buen porte. Cosas sucias pasaban por mi cabeza y no sabía qué hacer, tenía a mi bebé recostado sobre mi y con el pedazo duro. Tomé valor y me hice a un lado con bastante esfuerzo, a pesar de mis 40 años soy pequeña y delgada, a pesar de tener un gran par de tetas, valga aclaración.

    Puse mi mano derecha entre sus piernas y mi mano izquierda en su cuello intentando acomodarlo pero resulta que pesa mucho, al tratar de moverlo de ahí caí de rodillas justo en una zona peligrosa, quedó recostado boca arriba, mi mano atorada bajo su cuello y piernas con mi cara a centímetros de aquel pedazo. En mi esfuerzo por sacar mi mano de por debajo de sus piernas mi boca chocó brevemente con su pene y vaya, se sentía un morbo de no creer, saque mi mano derecha e ideas locas venían a mi, sabía lo profundo que duerme y solo llevaba un short, nada abajo. No tengo idea de qué me pasó por la mente pero tomé su short y lo bajé, dios mío, no sé de donde heredó aquello pero realmente era gigante. En años había visto un pene y era recompensada así. Lo tenía a escasos centímetros de mi y no pude aguantar la tentación, fui muy cuidadosa al inicio pero no pude dejar aquel pedazo, lo metí de a poco en mi boca y fui chupando muy lentamente para que no se despertara, cuando estaba en mi mejor deleite escucho un ruido de pisadas y al sacar el pene de mi hijo menor de mi boca veo a Luis, el mayor mirando lo que hacía pasado en el pasillo. Estaba helada, cubrí de inmediato aquel delicioso trozo y fui hacia él.

    -Hijo te voy a explicar que pasa.

    Le dije y volteo a mirar a su hermanito, lo lleve hasta su cuarto, lo senté y le dije con la mayor calma de todas, estando arrodillada ante él.

    -Llevo 5 años sin tu padre y la verdad es que estaba un poco necesitada de algo y solo pasó esto, es la primera vez que hago algo así, lo siento.

    Ni siquiera terminé de hablar y el muy descarado se para y con una tremenda sonrisa en la boca miró hacia su entre pierda. Era genético al parecer, un pedazo quizá más grande que el de mi hijo menor estaba triunfante ahí.

    -Hazme lo mismo mamá.

    Decía Luis mientras se bajaba el short, me siento mal al admitir que fui feliz de oír eso, no dude ni por segundos y engullí todo eso, era lo más grande que me había llevado a la boca en toda la vida. Lo chupaba como si la vida se me fuera de las manos, lo escupía como una puta y lo volvía a succionar. No aguanté más y lo empujé en la cama. Ese pedazo tenía que montarlo. De quité el vestido y las demás prendas y sin mediar palabras cabalgué a mi hijo mayor, estaba extasiada y feliz, en años no tenía sexo y menos un pene joven y grande como ese. Saltaba sobre aquel palo y lo disfrutaba, gritaba, gemía sin miedo en lo que los pasos de mi hijo menor lo traían hasta el cuarto. Se quedó congelado en la puerta al ver a mamá sobre su hermano mayor gozando como nadie, ni siquiera tuve vergüenza alguna de él, no me detuve y él solo nos miraba. Segundos después ya notaba ese pedazo hincharse en aquel short.

    -Bebé, Rubén, ven aquí con mamá y tu hermano.

    Le dije sin dejar de moverme sobre mi hijo mayor, él solo se acercó despacio ya sacándose el short y agarrándose ese fierro duro que tenía. Cuando apenas llegó a la cama le agarré de la verga y me puse a besar a mi hijo menor, mi bebé, en lo que seguía montando a mi hijo mayor.

    -Nadie debe saber esto, ok?

    Les decía y seguía, seguía con mucho amor, a pesar de que la tenía enorme aun no la tenía bien entrenada pues en ese momento empezó a eyacular dentro mío.

    -Papi, llenaste a mamá de leche.

    Le dije deteniéndome y pidiéndole a mi hijo mejor que cambiara a su lugar.

    -Bebé, es tu turno, mamá te va dar amor.

    Me subí sobre Rubén y seguí deleitando mi vagina experimentada con otro pedazo de verga joven y jugosa. Mientras el mayor, Luis, se pegaba a mis tetas y las chupaba con fuerza. Mi hijo menor me sorprendió pues aun pasado un buen rato no me daba lechita. Entonces bajé de mi trono y me recosté cansada, mi hijo mayor ya recuperado me abrió de piernas y me empezó a embestir delicioso en lo que mi bebé menor me empezó a meter el pene en la boca, chupe esa verga deliciosa y pasado un buen rato recibí lechita de mis dos hijos. Uno dándome en la boca y otro entre mis piernas. Han pasado 6 meses del cumpleaños de Rubén, seguimos muy felices los tres, mis hijos me hacen muy feliz.

  • A ti que me lees ¿quieres que sea tuya?

    A ti que me lees ¿quieres que sea tuya?

    Su pecho desnudo contra mi pecho desnudo.  Sentí el peso de su cuerpo sobre el mío. Me besaba apasionadamente, con aliento a menta y lengua desenfrenada que llegaba a la base de la mía y hasta mi garganta. Lo abracé. Ya me había decidido finalmente a entregar mi cuerpo desde que con mucho miedo y hace apenas una hora le confesé, viéndolo a los ojos y suplicante: “quiero vestirme de mujer para ti”.

    Mi corazón latía casi hasta explotar, mi recto estaba totalmente empapado por el deseo. Gemí y lo abracé más fuerte. Mis muslos torneados y suaves -recién afeitados y tersos por crema humectante- rosaron su cintura con una exquisita sensación placentera.

    Hizo una pausa en su beso y en el ritmo con que apretaba mi pelvis contra el suyo. Se separó de mí y se irguió. Besó mis pantorrillas y con ambas manos las acarició arañándolas y excitándome aún más. Me desató mis lindas y sexys sandalias de tacón alto, negras y cuyas cintas delgadas y cruzadas llegaban hasta mis rodillas.

    Mi pequeño pene, aún escondido atrás de una tanga de encaje estaba electrizado, pero no se había dignado a tener una erección. Así era mejor: el protagonista de esta noche era el agujero virgen de mi esfínter.

    Podía ver su torneado abdomen sin camiseta y su miembro gigante y erecto bajo sus pantalones de mezclilla. Mi bata de seda color rosa nacarada brillante y mi tanga era el único atuendo que quedaba en mi cuerpo.

    Me guiñó el ojo. De rodillas sobre la cama con fuerza desabrochó el botón de sus pantalones, bajó su cremallera y tomándolo por los costados junto a su calzoncillo -tipo bóxer ceñido al cuerpo- se lo bajó, quedando desnudo ante mis ojos. No pude sino morderme los labios y sentir lo dulce de mi crayón rojo con que los maquillé, al saborearme esa verga grande, gorda, depilada, de cabeza lisa y descapotada que erecta y dura me saludaba hinchada y brillante.

    Acercó sus manos a mi cintura y me quitó la tanga mientras me subía las piernas y mis pies parecían tocar el techo. Las bajé y las dejé abiertas, invitándole a desvirgarme.

    Sacó un preservativo de su envoltorio. Descapotó aún más su miembro y deslizó despacio el látex sobre él. Era tan grande aquella belleza de carne, que tardó tiempo en que llegara hasta sus testículos aquel protector. Tomó el pomo de lubricante, untó sobre sus manos una buena cantidad y lo colocó en su verga y luego en la palma de sus manos otro buen poco.

    Supe deseoso que el momento había llegado, levanté la pelvis apoyándome sobre mis pies en las sábanas y él aplicó lenta y delicadamente el lubricante en mi micropene, perineo y en mi agujero, masajeándomelo en forma circular sin meter sus dedos.

    Se acercó a mi nuevamente y me quitó la bata de los hombros. “Eres hermosa”, me dijo mientras lo hacía, y añadió: “te imaginé vestido de mujer desde que te conocí muy hombrecito coqueteando con las compañeras de universidad. Sabía que serías mía”. Me sonrió, se acercó a mi cuerpo desnudo y me besó nuevamente. Me aloqué sabiendo que me había convencido y había descubierto como nadie antes mi secreto oculto de sentirme una nena.

    Pude sentir su miembro lubricado sobre el mío. Si el mío, en erección, era tan grande como medir desde mi dedo meñique al dedo medio de la mano, el suyo fácilmente cuadriplicaba o hasta quintuplicaba su tamaño.

    Apretó su cintura masajeándome con movimientos pélvicos, a la vez que su pecho caliente, duro y esculpido poseía al mío. Separó nuestras bocas y un hilo de saliva quedó entre ambas mientras se alejaban.

    Apartó de nuevo su pecho, pero no su cintura de la mía. Tomó mis piernas y colocó la parte de atrás de mis rodillas en sus hombros. Me tomó por la cintura, su miembro bajó y en su búsqueda encontró el agujero de mi ano, aguardando. Mis ojos negros brillaban detrás del maquillaje discreto y femenino que había tomado el tiempo en aplicar. Mis pestañas eran grandes y dobladas hacia arriba y el dorado de los párpados contrastaban con mi cutis blanco. Lo vi con pasión directo a los ojos: “Desvírgame el culo por favor. Quiero sentir tu pene dentro de mí. Hazme mujer, ya no aguanto las ganas, te lo suplico, te lo imploro, quiero ser la esclava de tu verga. Quítame las ganas de ser tu princesa”, le dije abandonándome, relajándome y aflojándome, preparando a recibir por vez primera y al fin una rica cogida.

    Se acercó y apoyó sus brazos a los lados de mis hombros. Luego como haciendo una lagartija bajó a mi pecho. Me besó de nuevo. Mis piernas seguían sobre sus hombros, lo que hizo que subiera más mi pelvis, para ofrecerle con mayor comodidad mis nalgas. Al principio sentí muy extraño. Un ardor en mi ano que se rendía a la entrada lenta de ese enorme y gordo manjar. Los músculos de mi agujero, al expandirse, comenzaron a rasgarse produciendo mucho dolor. Apenas era la punta de su miembro, apenas quizá donde se encuentra el agujero desde donde fluyen hacia afuera sus líquidos. “¡Ay me duele mucho!”, grité desde el fondo de mi garganta y apretando a mi amante aún más con mi abrazo.

    “Virgen hermosa”, me dijo. “dile adiós a tu virginidad”. Y diciendo esto comenzó a abrirse paso con más fuerza y dificultad dentro de mí. Sentí como se desfibraba mi agujero, milímetro a milímetro de mi culo que se rompía. “¡Mírame a los ojos!”, me ordenó, pues yo los tenía cerrados sin poder evitar también mis gestos de dolor en mis mejillas, mostrando mis dientes al apretar fuerte mi mordida.

    Lo vi a los ojos. Apreté los labios y unas lágrimas de dolor me rodaron por las mejillas. Yo jadeaba y vi que el sudaba en la frente y en su cabello.

    Aquella rica polla seguía sin cesar entrando despacio en mí, desflorándome duro, haciéndome sentir mujer. “¡Cómo me duele!” exclamé lloriqueante. “Es lo que querías ¿o no, mi nenita?” me preguntó. Noté que se arqueó para terminar de metérmela y al fin sentí topar sus testículos en mis nalgas. Se detuvo. “¿Te gusta?, la tienes toda adentro”, me dijo. “¡Qué dolor!, ¡qué rica tu verga!, ¡qué delicioso sentirme mujer!”, le respondí y continué diciéndole: “siempre tuve vergüenza de mi mísero miembro, me sentí rechazado, poco hombre, creyendo que no podía satisfacer sexualmente a nadie. Y aquí estoy habiéndome vestido de mujer para ti, disfrutando por el otro lado el placer del sexo. ¡Hoy por fin me siento tan capaz de dar placer a alguien! ¡siento toda tu hermosa verga dentro de mí!, ¡qué rico travestirme, que rico en secreto ser mujer, que rico sentir dentro de mi ano tan buen pene!”

    Y diciendo esto me la sacó y me embistió de nuevo, y otra vez, y otra vez, fuerte, potente, con ganas e inmisericorde, confiado en su masculinidad ente mi feminidad. Los dos gemíamos de placer. Poco a poco me abrí más y más. Ahora, el lubricante no era solo el que él me había colocado, sino que mi esfínter era el que lo produjo naturalmente.

    Me estaba dando duro, fuerte, era su mujer. Su quijada comenzó a apretarse. Mis gemidos ahora eran gritos diciendo al mundo lo rico que era su verga. “¿Quieres sentir el chorro de mi leche?” me preguntó. “Te lo suplico”, le respondí. En la siguiente sacada de su verga se quitó rápidamente el condón y antes que se cerrara mi agujero me la metió de nuevo. La textura era diferente, natural, más rica, sentía su piel desnuda en mi ano desflorado, con la sensación de la herida viva dentro de mi recto. Una, dos tres, cuatro y a la quinta embestida vino su chorro. Me ardió dentro desde donde la sangre brotaba de mi culo desgarrado. Otro chorro y otro. Uno más al final. Y cuando creí que todo había terminado me dio otras tres metidas y al tensionarse todo su cuerpo dio un grito, la metió hasta adentro y un chorro de semen final y más potente que todos salió viscoso y rico para humedecerme todo dentro de mí.

    Al sentir que él había terminado algo se activó en mí y comencé a mover mi pelvis irrefrenable, eran movimientos sin control y me enajené, grité y mientras él se desplomaba con todo su peso sobre mi cuerpo delgado y débil, comparado con el suyo, sentí miles de espinas punzantes de placer recorriendo mis genitales y eyaculé potentemente, mojando todo mi vientre y derramándolo sobre el suyo también. La sensación fue todo un éxtasis absoluto.

    Estaba yo tan agitada y con su peso sobre mí que casi no podía tomar oxigeno del aire (¡qué lindo, hablé acerca de mi en femenino!).

    Busqué su boca y lo besé, casi sofocada. “qué rica desflorada, gracias mi amo, a partir de hoy soy su esclava”, le confesé. Me miró. Sonrió victorioso. “Te verás hermosa en este verano con unas sandalias planas doradas atadas al tobillo, minifalda y peluca rubia larga hasta los hombros y te luciré en la calle donde todos vean que eres mi novia y esclava. Pero no te limites a mí, tienes derecho a probar a todos y a quienes quieras”. Lo abracé fuerte de nuevo, agradecida por tan rica cogida y envanecida por aquel ofrecimiento, crucé mis tobillos en su cintura.

    Me sentí tan mujer, tan travesti, tan femenina, tan liberada al fin, que lamenté el tiempo que perdí sin haber disfrutado de este placer y me prometí a mí misma que nunca habría una verga que me ofrecieran, que me negara a probar. Me han inaugurado y, desde hoy, ¡seré la más caliente y puta de todas las travestis!

    Si me has leído hasta este final, ¿Qué te parece desvirgarme tú también? Puedo masturbarme en tu honor y calentarte y calentarme mientras te escribo un relato de cómo lo harías. No te confundas, soy de closet y siempre lo seré, mi secreto está muy bien guardado. Pero podemos fantasear por correo, anónimamente gratis y solo te costará unos ricos chorros de semen mientras te corres por mí, pidiéndome que me ponga como te gusta. ¡Espero tus mensajes!: [email protected].

  • Por un enojo, me desvirgaron (Parte ll)

    Por un enojo, me desvirgaron (Parte ll)

    Ya me tenía a su merced, entregado a sus necesidades, con mi culo parado y listo para ser invadido. Cuando me vio en ésa posición, comenzó a tocarme y dijo que tenía una cola hermosa y que no podía creer que nunca la hubiera usado… Me sentí alagado y mirándolo sobre mí hombro, le sonreí y le dije que era muy tierno y que sea cuidadoso.

    Metió su cara entre mis nalgas y con su lengua me llevo al cielo… Era tan intenso el placer que sentí, algo que jamás hubiera imaginado. Luego se acostó sobre mí, encajando perfectamente su pija dura entre mis nalgas y moviendo su pelvis, rozaba mi hoyito. Me besaba el cuello y me susurró al oído que no le gustaba usar forro, si a mí no me molestaba… Yo le dije que no me importaba, estaba tan excitado que no aguantaba las ganas de tener ésa pija dentro de mí.

    Se sentó sobre mis muslos y empezó a jugar con la pija en mi culo, lentamente, la apoyó en mi entrada presionando, a la vez que con sus manos, separaba mis cachetes. Comencé a sentir un dolor soportable y el calor que emanaba de su pija, me quemaba y me excitaba aún más. La sacó y volvió a pasar su lengua, con mucha saliva e intentó nuevamente. Esta vez, metió gran parte de su maravillosa verga. Yo me queje un poco y él, sin sacarla, se recostó sobre mí diciendo que ya faltaba poco, que aguante y mientras enterraba lo que faltaba, me besaba y acariciaba.

    Una vez que me penetró en su totalidad, se quedó quieto unos segundos para luego empezar a cogerme divinamente, diría «magistralmente». Fue sensacional el placer que me dio ése macho… Me ubicó en varias posiciones durante 25 minutos, hasta que sentí que mi recto se llenaba de un líquido caliente y yo, sin tocarme la pija, acabé al mismo tiempo.

    Y resultó que, a lo que siempre me negué, fue delicioso y ya no pienso en quitarme la vida, más bien, desde ése momento, disfruto mi abierta sexualidad…

  • Se la chupo a mi profesor de la universidad

    Se la chupo a mi profesor de la universidad

    Estudiaba el quinto cuatrimestre de la universidad normalmente cuando iniciaba un cuatrimestre contrataban a nuevos profesores para impartirnos la materia en la que estaban especializados, recuerdo bien que ese día entramos un miércoles, a mí siempre me ha gustado ir presentable a cualquier lado que fuera y a pesar de que entraba a las 7:00 am me levantaba a las 5:00 de la mañana para que me diera tiempo bañarme, alistarme y llegar puntual a clases.

    El regreso a clases me emocionaba mucho, porque me encantaba aprender y conocer a nuevos compañeros, ese día no fue la excepción me levante 5:00 am, me bañe, aliste mis cosas, siempre me ha gustado verme bonita, estábamos en primavera así que desde temprano salía el sol, ese día elegí ponerme un vestido color lila con flores blancas, botines blancos, ondule mi cabello y mis labios rojos destacaban.

    Tome las primeras clases de 7:00 a 8:00, la clase del profesor Fernando comenzaba de 9:00 a 10:00 así que habría que llegar a tiempo si no dejaría una mala impresión, pero en el cambio de hora yo había ido a la cafetería por un café ahí se demoraron bastante tiempo llegue 9:20 al salón toque la puerta y con una voz juvenil me dijo adelante

    Yeimi: Buenos días ¿Puedo pasar?

    Profesor: ¿Por qué hasta ahorita?

    Yeimi: Fui por un café, pero se demoraron mucho en atender, no vuelve a pasar

    Profesor: Que sea la última y la primera vez para la siguiente no te dejo pasar y por cierto no se pasa con alimentos, tienes de dos o lo tiras o te quedas afuera.

    Mi primera impresión con el profesor es que era bastante joven, cara bonita, cuerpo trabajado en el gimnasio, pero eso si súper grosero comprendía que es una falta de respeto llegar tarde a una clase, pero ofrecí una disculpa y también me hizo tirar mi café y otros compañeros estaban consumiendo adentro en fin tire el café y tome su clase. Era excelente impartiendo su clase nos informó de la evaluación y su manera de trabajar.

    Transcurrieron los días y lamentablemente su clase solo la tomaba dos veces por semana, pero eran suficientes para poder verlo porque, aunque era un hombre súper fresa y payaso no niego que llamaba mucho mi atención y la de otras compañeras. Los días que tomaba su clase iba súper linda a la universidad, escogía un atuendo sexy pero discreto, ondulaba mi cabello, usaba un perfume delicioso y participaba durante toda la clase.

    Poco a poco comencé a percibir las miradas que el profesor me hacía, muchas de ellas chocaron ya que yo también no perdía oportunidad en mirarlo, cuando eso pasaba simplemente bajábamos la mirada y continuábamos con lo que estábamos haciendo, cuando me tocaba revisarme la tarea recuerdo muy bien que conmigo se demoraba mucho en explicarme el mínimo error que tuviera. El profesor era tan obvio cuando me miraba ya que mis compañeros me hacían burla diciéndome que le pidiera al profesor que los pasara con 10.

    El tiempo pasaba y nuestras miradas cada vez coincidían más, paso de ser el profesor payaso y reservado a ser el profesor, amable, coqueto y risueño, tristemente solo eran miradas porque ninguno de los dos avanzaba en algo, fue hasta que un compañero hizo una reunión en su casa todos fuimos incluyendo al profesor, comimos, bebimos y para mi buena suerte jugamos semana inglesa un juego muy de secundaria, pero lográbamos besarnos con la persona que nos gustaba.

    Mis compañeros me pusieron con el profesor ninguno de los dos se negó, fueron 4 besos y 3 nalgadas, los besos solo fueron de piquito, el profe no quiso descararse frente a sus alumnos así que me quede con las ganas de un beso rico, pero si dio paso a una amistad ya que día con día el profesor me saludaba, me preguntaba como estaba y se despedía de beso en la mejilla de mí, yo estaba fascinada porque era mi amor platónico.

    Paso justamente 4 meses desde el primer día de clases, el profesor nos dejó un trabajo final a mí me surgieron ciertas dudas que al finalizar todas las clases fui a su salón dónde había impartido su última clase. Llegue y solo estaba recogiendo sus cosas le pedí que me aclarara algunas dudas, al pasar al salón cerré la puerta iba decidida, él fue muy amable que me explico alrededor de 15 minutos, el me miraba, me sonreía y observaba mis labios fijamente obviamente me ponía muy nerviosa y quería que nos diéramos ese tan esperado beso.

    Poco a poco fui coqueteándole más al profesor, me mordía los labios al hablar, que nos fuimos acercando más y más hasta que llego el beso, fue tan apasionado, nuestras lenguas se entrelazaban, mientras me besaba sus manos bajaron a mi trasero me las apretaba tan duro las nalgas que me excitaba bastante sin pensarlo comencé a gemir, los besos subían de tono nos mordíamos y mis chillones gemidos hacían un dúo perfecto.

    El profesor bajo mi mano a su miembro, sin pensarlo comencé a tocárselo sobre encima del pantalón.

    Profesor: Ven chúpamela, hazme lo que tanto he fantaseado

    Yeimi: Si profesor sus deseos son ordenes

    Sin pensarlo me puse de rodillas, le baje la cremallera y el bóxer, y comencé a masturbarlo, en cuanto a su pene no fue la gran cosa el tamaño y el grosor eran pequeños, esperaba algo más grande, no quería coger con él porque a decir verdad me encanta (que me rompan mi cosita con una buena verga) pero no quería dejarlo con las ganas a mi amor platónico así que comencé a chuparle su cabecita mientras masajeaba sus testículos, fui subiendo la intensidad me la metí completa y es que era fácil ya que su tamaño se prestaba muy bien, su verga topaba en mi garganta, mientras entraba y salía, mis lágrimas caían, se la chupaba como una experta en orales

    Profesor: Hay que rico me la estas mamando Yeimi sigue así cómetela toda amor

    Yeimi: Si le gusta Profesor, si lo hago mal avíseme

    Profesor: No, no así esta delicioso, no pares (gemía riquísimo, no le importo que estábamos en la universidad)

    Yo no para y le hacía de todo a su verga del profesor él me tomaba del cabello y seguía metiendo toda su verga a mi boca eso le excitaba tanto que sus gemidos eran música para mis oídos.

    Profesor: Ay me voy a venir amor, me dejas venirme en tu boca

    Yeimi: Claro que si no pregunte hágalo

    Profesor: Me encanta que seas bien obediente

    Como sabía que el profesor estaba por venirse, comencé a chupársela más rico, me la comía toda y lo acompañaba con gemidos y lindas palabras

    Yeimi: Si maestro lléneme toda la carita de su lechita, así papi vente rico mi amor, dame tu lechita

    Profesor: Si amor te voy a dar toda tu lechita, mi niña

    Ahhh!!! Ahhh! Me voy a venir mi amor, sigue así así

    Seguía comiéndomela toda, poco a poco su verga empezó a temblar de que estaba a punto de explotar y sus pelotas se pusieron durísimas, de pronto estaba disparando toda su lechita a mi boca y a mi carita.

    Yeimi: Si maestro así deme toda su lechita, así papito que rica lechita.

    Profesor: Comete toda mi lechita amor, me encantas

    Mientras el profesor se venía en mi carita yo le sonreía para que viera que me encantaba comérmela. Después de venirse comenzamos a reírnos por lo que había pasado, se subió el bóxer y sus jeans, mientras que yo me limpiaba toda la lechita del profesor.

    Yeimi: Bueno profesor gracias por explicarme, ya me voy si no van a sospechar.

    Profesor: Al contrario, gracias a ti, me encanto mucho

    Salí del salón fijándome que nadie viera, me había ido satisfecha por chupársela a mi amor platónico, yo no le conté a mis compañeros podría ser peligroso para ambos, por eso me quede callada (porque el que come callado come dos veces), los días posteriores siguieron como antes nada había cambiado seguíamos siendo profesor y alumna y menos más que nunca me propuso algo más ya que si le hubiera negado un encuentro sexual porque la verdad prefería una verga grande.

    Jamás acordamos en tener algo más, al terminar el semestre nos volvimos a reunir, pero para esa ocasión ya tenía pareja y él me acompañaba así que no pasó nada entre el profesor y yo.

    Contenido de videos y fotos ([email protected]).

    Gracias por leerme, muchas bendiciones.