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  • La misma dulzura con matices diferenciales (1)

    La misma dulzura con matices diferenciales (1)

    Estaba fumando al lado de la puerta del vagón que iba a abordar cuando las vi venir. Madre e hija caminando hacia donde yo estaba. De tanto encontrarnos en el mismo transporte, habíamos entablado una relación cordial que cultivábamos hasta el momento de bajarnos en la misma estación. Allí ellas seguían hacia su casa y yo a un restaurant donde almorzaba. La mayor algo más de treinta y cinco y la joven superaba por poco la mayoría de edad, aunque su aspecto hiciera suponer algunos años menos. Ambas delgadas, con pequeñas curvas en su anatomía, todo armónicamente atrayente pero disimulado por la ropa.

    En los últimos metros para llegar a donde yo esperaba me llamó la atención el vestido suelto y algo transparente de la adolescente, que por la manera de caminar o la brisa, se metía entre las piernas y marcaba patentemente el bultito del sexo. El color gris perla de la prenda favorecía la vista. Cuando ella se dio cuenta de la dirección de mi mirada corrió el bolso que colgaba del hombro para taparse. El saludo en nada se diferenció de los habituales.

    – “Hola Beatriz, hola Julia, cómo anduvo el día.”

    – “Hola Martín, la misma rutina de siempre. Qué suerte que nuestros horarios no coincidan con la hora pico y así sea fácil viajar cómodos.”

    Como de costumbre ocupamos asientos enfrentados, ellas juntas, Beatriz al lado de la ventanilla mientras la hija, más interesada en el celular, junto al pasillo, con el bolso tapando toda su falda. Miraba hacia afuera, cuando Julia me preguntó sobre una función en el teléfono, haciéndome girar la vista. El espectáculo que encontré fue inesperado y precioso, y por lo sorpresivo, me costó reaccionar. Tenía ante mí a la hermosa joven con las piernas separadas, el vestido siguiendo el contorno de los muslos y, entre ellos, el triángulo bien marcado, mientras el bolso oficiaba de divisoria entre ambas mujeres y dificultaba la vista de la madre. Eso evidenciaba una prolija labor pegando la ropa a la piel, el deseo de ser observada y la conciencia de que su madre no aprobaría su conducta.

    Ignoro que respondí a la pregunta hecha, simplemente me concentré en lo que se me obsequiaba, mientras mi miembro aumentaba de tamaño, y la causante, sin variar de postura, miraba el móvil. Era la manera de disimular su deseo de exhibirse. Llegando a destino, encolumnados para bajar, por desaceleración del tren, Julia perdió pie y, al sostenerla, quedó con sus nalgas apoyadas en mi pija. De nuevo fui sorprendido gratamente, sin demostrar molestia, incomodidad o apuro volvió a su posición anterior apenas el movimiento se lo permitió. Ya en la estación cada uno siguió su rumbo, despidiéndonos hasta mañana.

    Al día siguiente, el mismo espectáculo al encontrarnos. El vestido color crema se pegaba igual que el gris perla, con la diferencia que su dueña no lo ocultó y su cara era la imagen de la inocencia.

    – “Qué comida las espera?”

    – “Tenemos canelones que dejé a descongelar y con un golpe de microondas están listos.”

    – “Yo hoy almuerzo en casa lo que me quedó de anoche.”

    Ya embarcados ocupamos los asientos enfrentados en un vagón medio vacío, la mayor pegada a ventanilla. Dejando pasar a su madre veo que Julia queda con la cara vuelta hacia la ventanilla, las rodillas juntas y el vestido llegando a mitad de las pantorrillas. En eso sonó mi teléfono anunciando un mensaje entrante. Viendo que era algo sin importancia iba a guardarlo cuando un leve movimiento llamó mi atención. El ruedo iba en lenta subida recogiéndose, hasta desaparecer debajo del bolso, dejando descubierta la blanca piel del comienzo de sus muslos. La lucha interior era evidente, pues el movimiento seguía su curso mientras parecía concentrada en las imágenes que desfilaban en el exterior. La culminación de esta maravillosa e impensada muestra se produjo cuando subió los pies al barrote inferior del asiento, y las rodillas, ya levantadas, se separaron lo suficiente para distinguir nítidamente la tela blanca de la bombachita en el fondo. Su mirada alternando la ventanilla y mis ojos, y sus piernas en movimiento de apertura y cierre, fueron durante un rato mi excitante entretenimiento.

    Cuando moviendo los labios le pedí abrirse más, movió la cabeza negándose y clausuró la muestra. Ante eso inicié una charla insustancial con Beatriz, percibiendo poco después por el rabillo del ojo que nuevamente había iniciado la exhibición. Sin darme por enterado seguí la conversación con su madre hasta el momento de bajar. Por simple inercia caminamos juntos hasta el edificio donde vivo y cuando me despido para entrar recibo una agradable sorpresa.

    – “Acá vivís?”

    – “Sí, en el cuarto piso.”

    – “Nosotras también pero en el tercero. Quizá no hayamos coincidido porque recién nos cambiamos hace tres semanas y generalmente vos ibas en otra dirección cuando bajábamos del tren. Si te gustan los canelones vení a comer a casa.”

    – “Encantado, dejo mi portafolios y subo.”

    Tocado el timbre me abrió Julia, diciéndome que su mamá estaba preparando todo y cuando terminara nos llamaría. A invitación suya me senté en un sofá de tres cuerpos, ocupando ella la otra punta.

    – “Estás enojado conmigo?”

    – “Por qué la pregunta.”

    – “Porque en el tren no me volviste a mirar.”

    – “Simplemente te hice caso cuando dijiste no con la cabeza y cerraste las piernas.”

    – “Pero después me arrepentí y las abrí nuevamente.”

    – “No me di cuenta.”

    – “Te gusta mirarme?”

    – “Me encanta, y a vos, te gusta que te mire?”

    – “Sí me gusta, y es la primera vez que hago algo así.”

    – “Entonces es un honor para mí. Ahora mostrame de nuevo.”

    Giró dándome frente y, poniendo los pies en el asiento, recogió el vestido en la cintura. Teniendo las rodillas juntas separó los pies, permitiendo ver el nacimiento de los muslos divididos por la línea clara de la bikini.

    – “Es una maravilla lo que veo, pero quiero ver más, mucho más.”

    Fue separando las rodillas hasta quedar abierta de par en par, dejando ver algunos vellos apareciendo por el costado de la bombacha cuya entrepierna estaba tensada al máximo. Sus ojos iban de mi cara al bulto que crecía bajo la línea de mi cintura.

    – “Quiero enviarle un beso a la preciosa que está detrás de la tela blanca.”

    – “Ponelo en la punta de mis dedos que yo se lo llevo.”

    Después de besarle la yema del índice, ella lo entregó estirando el elástico y llevándolo a la destinataria. Fue un momento tan cargado de sensualidad que casi eyaculo. La voz de Beatriz nos serenó.

    – “¡A comer!”

    Después de un almuerzo sabroso y agradable regresé a casa pensando descansar un rato, viendo televisión mientras esperaba el sueño de la siesta. No alcancé a cerrar los ojos que sonó el timbre. Era Julia, aburrida porque se había cortado la trasmisión del cable y su madre había salido hacia la peluquería. La hice pasar al living sentándonos el sillón amplio. Vestía la misma ropa que a la mañana.

    – “A mi conchita le gustó mucho tu beso. Es la primera vez que le pasa algo así”.

    – “Me alegro, me encantaría darle otro, en forma directa o llevándoselo yo”.

    – “No sé, es muy vergonzosa. Salvo yo nadie la ha tocado”.

    – “Entonces hay que cuidarla mucho, de manera que cuando quiera acoplarse lo haga sin presiones ni urgencias, y así el recuerdo sea hermoso”.

    – “Vos me ayudarías?”

    – “Tenés mi palabra”.

    Retrocedió quedando pegada al respaldo y llevó los pies al borde del asiento, de manera que el ruedo del vestido se arrugó en la cintura. Con sus rodillas de par en par me invitó.

    – “Llevalo con tus dedos”.

    – “Lo quiere en un solo lugar o prefiere que lo distribuya a lo largo”.

    – “Tratá de esparcirlo bien”.

    Mi dedo mayor con un beso en la yema, después de ubicar la divisoria entre los labios, hizo repetidos recorridos sobre la bombacha, sin presionar. Ella tenía la mejilla pegada a mi hombro y ambas manos apretando contra su pecho el brazo dedicado a la caricia. Cuando el deseo la hacía empujar la pelvis yo aliviaba la presión buscando elevar el nivel de excitación, que se concretó al escuchar su voz en forma de ruego.

    – “¡Por favor, por adentro!”.

    – “Entonces esa rajita tendrá que mostrarse, porque así no puedo”.

    Sus manos volaron al elástico, bajando la prenda hasta las rodillas para hacerlas caer con movimiento de piernas y volver a la misma postura de antes, pero con los ojos cerrados. Ahora los labios se mostraban separados, dejando ver la mucosa rosada empapada del flujo que corría hacia el ano. Muy pocos recorridos de mi dedo fueron necesarios para que su boca avisara de la inminente explosión.

    – “¡Me corro!”

    Los muslos aprisionaron mi mano mientras duraban las convulsiones que la dejaron exhausta. Abrió los ojos ya recuperada, para encontrarse con mi pija, que rígida se erguía requiriendo su atención. Guiar su cabeza para que el miembro llegara a sus labios abiertos no requirió fuerza alguna.

    – “Ahora te vas a tomar toda mi leche”.

    Su entusiasmo compensó holgadamente la inexperiencia, besando, lamiendo, chupando y saboreando el flujo lubricante. Era tal el nivel de mi calentura que muy poco le costó llevarme al orgasmo, nublando totalmente mi razón. Por eso espontáneamente no le permití retirarse cuando la primera descarga llegó a su garganta. Después de beber, por primera vez saboreamos nuestras bocas, permaneciendo un rato abrazados con su cabeza sobre mi pecho hasta que decidió volver a su casa.

    Al anochecer sonó nuevamente el timbre, era ella, que entró como tromba colgándose de mi cuello. Apenas tuve tiempo de cerrar la puerta antes que sus labios cubrieran los míos. Calmadas las urgencias del reencuentro le pregunté por Beatriz.

    – “Salió con su amigo”.

    – “Sabe que viniste?”

    – “Le dije que si no volvía la trasmisión por cable vendría a ver televisión con vos, si me dejabas”.

    – “Estás en tu casa”.

    Ahora el beso fue de puro deleite, sin que el apuro nos impidiera disfrutar la boca del otro y permitiendo a las manos recorrer la anatomía que permitía el largo de los brazos. La sorpresa fue encontrar, debajo del vestido con tirantes y holgado, sólo la piel. Con la simple maniobra de correr los breteles y hacerlos resbalar por los brazos la dejé desnuda. Tenía delante un cuerpo precioso en su delgadez, con curvas moderadas pero armoniosas, suaves y firmes al tacto, invitando al sentido del gusto a darse el gran banquete.

    Ya en el sillón me dediqué a recorrer su anatomía con las manos mientras miraba su cara, buscando indicios sobre qué tipo de caricia estimulaba mejor y cuáles eran las zonas más aptas para producir placer. Comencé acariciando y lamiendo los pechos, quedando los pezones duros como piedras. Luego bajé besando el abdomen hasta llegar al nacimiento de los labios vulvares, donde me dediqué a lamer ida y vuelta a lo largo pero sin separarlos.

    El notable incremento de su excitación se evidenció cuando llevó las rodillas hacia los hombros y su conchita se abrió mostrando la copiosa humedad que la bañaba. La exhibición del himen, con ese pequeño orificio central, fue la máxima prueba para mi voluntad de respetar su virginidad. Como mi promesa nada prohibía sobre disfrutar sus jugos puse mi lengua en el ingreso, moviéndola circularmente sobre los bordes, para luego abrazar con mis labios el clítoris y chuparlo a semejanza de un pezón, cosa que poco duró, pues el orgasmo desatado, donde se mezclaron movimientos convulsos, gritos y rugidos la dejó inerme.

    Su descanso lo hizo en mis brazos mientras la acariciaba con ternura. Algo totalmente espontáneo ante a una muñequita dulce e indefensa refugiada en mi pecho. Tomé conciencia de su recuperación cuando me preguntó.

    – “Primera vez que el placer casi me desmaya, pero vos no gozaste”.

    – “Te garanto que más adelante voy a disfrutar enormemente”.

    Reanudadas las caricias, cuando llegué a los pechos me pidió que no se los apretara. Acepté el pedido sin preguntar y seguí mi recorrido parando entre los rizos de la vulva, enredando mis dedos en un contacto francamente delicioso. Cuando los vellos mojados me anunciaron el progreso de la excitación, con el dedo medio empecé el recorrido desde el clítoris hacia abajo, detención en la entrada a la vagina circulando alrededor, suaves y repetidas presiones con la yema, para seguir hacia la abertura del culito repitiendo la presión. Las expresiones de placer de esta mujercita me indicaron que estaba en el camino correcto. En uno de los recorridos, cuando comencé los golpecitos de presión sobre el ano, Julia retrocedió coincidiendo con mi empuje, haciendo que la primera falange del dedo medio ingresara al recto.

    – “¡Ay qué delicia, cómo me entró, me gusta, me gusta, me encantaaaa!”

    Ante eso opté por seguir sus indicaciones en la certeza de que así era imposible fallar en mi cometido de darle placer.

    – “Otro, otro paseo igual por favor. Entrá en la colita, así, un poquito más. ¡Qué rico, cuando aprieto se achica, no como el marcador, más, entero, ¡enteroo! Ahora apretame las tetas que me corro. Acabooo!

    La dejé estirada en el sillón y fui al baño a buscar vaselina. Iba a ser necesario lubricar el conducto si quería penetrarla con el pene. El dedo había entrado sin problemas, pero ahora se trataba de algo bastante más grueso y largo. No quería generar un dolor grande o un desgarro.

    En el corto lapso de la búsqueda tomé conciencia de varias cosas. Que cuidaba la conchita, pero el culo lo trabajaba a pleno con sus dedos u otro artefacto apropiado. Que la culminación del placer era desatada por caricias en el clítoris o estrujado de los pechos. Que en estos dos encuentros había logrado una intensidad de gozo altamente superior a lo conocido. Y la más importante para mí, era que, siendo cuidadoso, tenía una maravillosa hembra para rato.

    Al volver la encontré a lo largo del sillón en posición fetal con expresión de relajamiento. Me desnudé y arrodillándome frente a su cara la atraje para que su boca quedara a la altura de mi pija. Mirándome a los ojos se movió colaborando al encuentro.

    – “Tomá tesoro, dame placer con tus labios y lengua, dedicate a la cabecita que está largando jugo. Mientras, levantá las nalgas así te hago entrar un poco de vaselina, porque ahora sí voy a gozar, y lo haré dentro de tu culito”.

    – “Es la primera vez que un hombre me penetra. Cómo voy a sentir cuándo estés acabando?”

    – “Cuando sientas que palpito dentro tuyo, cada espasmo es un chisguete de esperma que te está entrado”.

    – “Me va a doler?”

    – “Voy a tratar de que solo sea una leve incomodidad. De todos modos frenamos cuando quieras”.

    Separando las nalgas se abrió el orificio y derramé un chorrito. Luego lo fui distribuyendo por dentro girando el dedo. Un suave gemido me indicó su particular sensibilidad al pacer anal.

    – Vení, te voy a acomodar, los cachetes apenas salidos del borde y de espaldas. Así es más fácil relajar el esfínter. Ahí está, ya te entró la cabecita. Te duele?”.

    – “No, pero se me abre mucho. Por ser la primera vez entrá despacito, quiero sentir cada milímetro que me va ingresando”.

    Sin duda Julia tenía la capacidad innata para tomar un movimiento, descomponerlo en partes y comentarlas en función del placer que recibía. Ante esa evidencia, nuevamente me abandoné a gozar según las instrucciones que me daba.

    – “¡Cómo me encanta, no puedo creer que me guste tanto, que delicia sentir tu pelvis pegada a mis nalgas!”.

    – “La tenés íntegra adentro”.

    – “Seguí así, sin moverte, pero dame tu lengua que quiero chuparla”.

    Por supuesto que también me di el gusto de saborear su boca mientras la mantenía firmemente empalada.

    – “Ahora un poquito afuera y golpe hacia adentro, así mi amor, golpe, golpeee… ¡Está cabeceando y echándome leche! ¡Me voy a correr, las tetas, apretame fuerte las tetas, ay me voyyy…”.

    La finalización del orgasmo dio paso a un temblor generalizado que me hizo mantenerla abrazada hasta calmarse.

    – “Qué me pasó?”.

    – “Gozaste varias veces seguidas sin darte tiempo de recuperación”.

    Le llevó algunos minutos estar en condiciones de regresar a su casa.

    Si no quiero ser desagradecido debo reconocerle a mi suerte el mérito de estar disfrutando los favores, altamente placenteros, que me proporciona una jovencita muy femenina, deliciosamente sensual, tierna y con una explosiva manera de demostrar su gozo.

  • De mis vacaciones con la tía Bertha (Parte VII)

    De mis vacaciones con la tía Bertha (Parte VII)

    Yo me encontraba muy tomada cuando subí al auto de Ricardo, así que no alcancé a distinguir hacia adónde conducía hasta que se detuvo frente a un establecimiento que parecía un gran garaje. Aún no había entendido que se trataba de un motel cuando me preguntó:

    -¿Quieres entrar princesa?

    Yo le dije que si, porque en mi borrachera, pensé que era la entrada para un antro. Pero al introducirnos hacia uno de los apartados y después de que el cerró la cortina que cubría el acceso al auto, comprendí de que era ese lugar. Ricardo entonces me abrió la portezuela del copiloto en que viajaba y me dio la mano para ayudarme a descender. Aún estaba confundida cuando le pregunté:

    -¿Qué sitio es este Ricardo?

    El me abrazo delicadamente pero con fuerza para que pudiera sentir su paquete, a la vez que me decía:

    -Aquí lo vamos a pasar bien princesa. No te fijes en nada, solo déjate llevar.

    -Pero… este es un motel Ricardo -proteste débilmente, pues sentir su hombría a través del pantalón me daba curiosidad.

    -Si nena. ¿Tiene algo de malo?

    -Es nunca he estado en uno…y es que soy virgen- le rebatí, pensando que eso conseguiría disuadirlo. Pero él me miró con mayor deseo y solo alcanzó a argumentar, en lo que me cargaba y llevaba hacia adentro de la habitación:

    -Por eso no te preocupes princesa. Eso ya mismo lo corregimos.

    Puedo asegurar que no sabía cómo actuar en ese momento. Tenía miedo, a que se diera cuenta de que no era realmente una chica, a que quisiera golpearme. Miedo a que de cualquier forma quisiera poseerme, a que me lastimara, y sobre todo, temor por lo nuevo del asunto, porque no pudiera comportarme como se supone que lo haga una mujer. Estaba temblando cuando me depositó con cuidado sobre la cama y salió un momento por algo que habría dejado en el coche. Y cuando regresó, me encontró sentada, con mis manos entrelazadas en medio de mis rodillas y mi cara viendo mis zapatillas negras. Se sentó junto a mi y me abrazó de lado al tiempo que decía:

    -Mira, Danny. No soy un acosador, y no voy a hacerte nada que tú no quieras o que no me permitas. Pero solo dame la oportunidad de intentarlo, de mostrarte lo bien que te vas a sentir cuando te haga mujer.

    -Es que… ese es uno de los problemas.

    -¿El que Danny? ¿Que no eres una mujer? Sobre eso ya me había hablado tu tía y no me molesta. Yo veo frente a mi a toda una señorita, hermosa por cierto, que pide a gritos ser tratada como tal. Y es lo que voy a hacer, tratarte con delicadeza, en esta noche en qué acabaré por conquistarte.

    -¿De verdad?- pregunté en lo que volteaba a verlo con cariño.

    -Desde luego princesa- contestó en lo que ponía un suave beso en mis labios.- ahora mira, que te he traído esto.- agregó en lo que me mostraba una caja cubierta por un bonito moño rojo.- puedes verlo y cambiarte en el tocador.

    Yo le obedecí después de plantarle a mi vez un largo beso. Y al abrir el paquete en el baño, me encontré con un hermoso baby doll transparente de color morado que hacía juego con una tanga del mismo color. Ese detalle me encantó, así que me desvestí con cuidado y me atavié con esas prendas que hacían lucir bellísimas mis piernas, caderas y nalgas. Revisé mi maquillaje, que el peinado aún estuviera en su lugar y me di un ligero toque de perfume en mis zonas estratégicas. Cuando volví a la habitación, ésta se hallaba iluminada con un tono de luz más tenue, y pude apreciar que mi hombre me esperaba acostado, en calzones, y con una botella de whisky en la mano, de la que se servía en un vaso de vidrio del motel.

    Cuando me vio dejó lo que estaba haciendo, se incorporó de la cama y de tres zancadas me alcanzó. Volvió a abrazarme fuertemente en lo que me decía lo hermosa que estaba, lo sexy que le parecía y lo agradecido que estaba por permitirme ser el primero en poseerme. Me besó despacio, y fue subiendo poco a poco la efusividad de sus besos, en lo que sus manos recorrían con ansiedad mi espalda, se detenían en el nacimiento de mis glúteos, y acariciaban mis pechos. Yo me sentía en las nubes, y sin que mis labios se separaran de los suyos, fui explorando su vientre bien formado, los hombros infinitos y su pene que a cada momento se apreciaba más grande y fuerte. Entonces no pude contenerme, tenía que ver la clase de monstruo con la que me enfrentaría. Me puse en cuclillas y le baje el calzoncillo: ahí pude notar que la imaginación se adecuaba a la realidad.

    Una enorme tranca de por lo menos 19 centímetros se encontraba erecta frente a mis ojos. La tomé con mis manos y empecé a besarla por todas partes. Luego me la metí a la boca, intentando succionar de ese manjar salado y robusto por primera vez. Ricardo dio un ligero traspiés y acabó sentado en la cama, pero su miembro ya era mío y no acabaría de serlo hasta conseguir ordeñarlo del todo. Mame al principio con delicadeza, pero al parecer mi hombre tenía mucha resistencia, por lo que acabé por hacerlo con avidez. Realmente quería tener su sabor en mi boca, entender si su fruto sería dulce o amargo. Y Ricardo tomaba mi cabeza y de cuando en cuando me la estrellaba contra su pelvis, intentando no ser brusco pero saliéndole el instinto primitivo del macho en celo.

    No recuerdo cuanto tiempo estuvimos así, hasta que mis piernas se cansaron y mi boca dolió de tanto procurar sacarle el precioso néctar. Entonces él me levantó, me colocó de espaldas encima de la cama y dijo:

    -Gracias princesa, ahora es mi turno.

    Tomó un frasco de crema que no sé de dónde sacó y empezó a frotarme la espalda baja. Concentró sus esfuerzos en mis piernas, en las nalgas y en mi inexplorado hoyito. Con sus fuertes brazos rodeó mi cintura y la elevó, de tal suerte que mi trasero quedó firmemente a su disposición. Contempló el milagro de mi anito, el marco que mis delicadas pero grandes nalgas hacían de él y dijo:

    -Eres hermosísima amor.

    Quiso tomar mi pene -que en ese momento ya se encontraba erecto-pero al sentir su primer jalón, recordé lo que la tía me había dicho sobre la masturbación y, mientras le quitaba sus manos de ahí, alcancé a decirle:

    -Por ahí no amor.

    El entendió, en lo que me iba frotando con el ungüento la entrada de mi recto. Metió uno, dos y hasta tres dedos, en lo que no paraba de acariciar con la otra mano mi espalda. Y yo ya empezaba a sentir rico, pues era como la sensación de los tampones, cuando Ricardo se detuvo de pronto. Y en ese momento sucedió. Sentí como de pronto un objeto más firme y grueso empezaba a procurar entrar dentro de mis piernas, y comprendí que era su pene por el inclemente grosor y longitud que deseaba ingresar por ahí. Me sentía muy caliente cuando los primeros centímetros ocuparon el espacio que les había sido permitido por mi culo, pero cuando la presión aumentó pude experimentar un dolor agudo que literalmente me hizo mover mis brazos buscando la manera de zafarme del intruso que empezaba a entrar en mi cavidad.

    Empecé a llorar cuando le pedí que la sacara, que era muy grande y que no iba a alcanzar caber en tan pequeño agujerito. Pero él ya no podía contenerse, su sexo exigía llegar hasta el fondo y conquistar ese territorio que le estaba perteneciendo a cada milímetro que iba ingresando. Dijo que sí, y se detuvo un poco, intentando que mi anito se acostumbrara, pero un momento después siguió entrando, destrozando a su paso lentamente las barreras que mi intimidad le proporcionaban. El empezó a jadear, mientras yo lloraba, sabiendo que ser mujer era difícil, que era muy doloroso, y que en adelante no haría nada para inclinarme por algún género, a la vez que su miembro se hundía cada vez más dentro de mí.

    De pronto noté que había entrado todo, porque sus testículos ya chocaban contra mis nalgas. Y cuando lo peor hubo pasado, Ricardo empezó a meterla y sacarla lentamente. Y cuando ya llevaba ritmo en su actuar, súbitamente comencé a sentir rico, cada vez más, hasta que el dolor inicial se convirtió en unas tremendas olas de placer que me inundaban desde mi recién descubierto clítoris hasta todo el resto de mi cuerpo. Me retorcía de goce, en tanto él se encargaba de demostrarme su virilidad a cada embestida que me daba. Y de mi boca salieron gemidos, quejiditos y jadeos que no dejaban duda de que era una mujer, su mujer, y que estaba disfrutando de lo lindo con su ejemplar masculinidad que había hecho despertar a la hembra que vivía en mí.

    -Más rápido amor. Más fuerte- pidió una voz que salió de mis labios, sin que yo pudiera reconocer el mensaje que decía. Y Ricardo obedeció, dándome con aún más ímpetu, hasta que de mi pene salió disparado mi semen femenino.

    -Me vengo amor. Que me vengo- dijo el mientras su bombeo se intensificaba. Y yo supe que ese era mi hombre, el primero y quién me había desflorado al fin. Y de quien quería mucho más que un solo recuerdo.

    -¿Traes puesto el condón amor?- le pregunté.

    -Si- respondió él, al tiempo que supe que se estaba conteniendo de eyacular.

    -Quítatelo.

    -Pero… -quiso ahora protestar él

    -Quítatelo por favor. Que los quiero adentro de mí.

    Ricardo salió un momento de mí, y supe que se había quitado ese plástico por la textura de su piel al entrar de nuevo en ese lugar que ya no ofrecía resistencia. Y me dio duro otra vez, hasta que su tranca se puso aún más rígida y sentí como se removía en mi interior, al mismo tiempo en qué su tibia leche inundaba todo mi recto, hasta que de su musculoso falo salieron ríos de líquido viscoso con olor a cloro, a macho, a hombre.

    Así estuvimos un rato abrazados, sin que el saliera de mí, y yo aprecié cómo su pene se iba poniendo flácido nuevamente, hasta que hubo alcanzado su tamaño normal y Ricardo lo sacó de mi interior.

    -¿Y ahora que le diré a mi tía?- le dije, mientras mi mano se posaba en el viril pecho de mi semental.

    El me dio un beso y dijo:

    -Nena. No tienes de que preocuparte. Si la idea de traerte aquí fue de ella. De hecho, el baby doll fue su regalo para ti.

    -¿De verdad?- pregunté entre confundida y contenta.

    -Si, desde luego. Hace rato, en su casa, ella me dijo que lo que todo lo que te hacía falta para ser una verdadera mujer, era -así me dijo- una buena cogida.

    -Ahh- le dije en lo que me incorporaba de la cama.- por favor, llévame con ella ahora mismo.

    -Pero nena- quiso insistir él

    -Por favor Ricardo- le pedí, en lo que buscaba la ropa que se había perdido entre el piso alfombrado de la habitación.

    El entendió. Nos vestimos apresuradamente y, en silencio, condujo de regreso hasta la casa de la tía. Al llegar ahí, lo besé con cariño una sola vez en lo que le decía:

    -Gracias amor. Mi primera vez fue fantástica y estoy contenta de haberla compartido contigo. Ahora llevo algo tuyo adentro y eso me hace sentir muy femenina y feliz.

    -Gracias a ti Danny. ¿Volveré a verte?

    -Tal vez- le dije mientras le guiñaba un ojo y corría apresurada a casa. Al entrar, la tía me aguardaba en el sillón de su sala, y yo recorrí despacio los metros que me separaban de ella. Al hallarme apenas a centímetros de su corpulenta efigie, Bertha se dirigió a mí y, sin soltar las agujas con que tejía su estambre, dijo:

    -¿Y bien Danny, eres ya una mujer?

    -Ya tía. Lo soy- contesté radiante y orgullosa.

    -¿Te gustó?

    -Si tía. Me gustó.

    -Ven pequeña- me dijo, en lo que tiraba su hilado al suelo y me ofrecía sus brazos. La abracé con cariño, en lo que ella me decía:

    -Ahora Danny, quiero que luches por ti, por ser quien realmente quieres ser. Yo te ayudaré en algunas batallas, pero la guerra es solo tuya. ¿Me has entendido?

    -Si tía. Así lo haré- le respondí, en lo que de mis ojos se escurrían un par de lágrimas. Y así fue como todo inició.

  • El hombre de la casa (Cap. 4)

    El hombre de la casa (Cap. 4)

    Me levanto como todos los días rápido para el trabajo aunque esta vez no me bañe para que no me pase lo del día anterior me voy a la cocina a desayunar, como el día anterior no estaba ninguna de mis hermanas, si mi hija Micaela la mayor de todas tiene 25 años la saludo con un beso y le digo:

    -Hola amor que haces, vas a salir a trabajar conmigo

    -Hola. Si papi ¿Cómo sabía que no salía una de las tías?

    -Porque ayer salió tu prima Roció en vez de tu tía, tienen pocas ganas de trabajar tus tías.

    -No mejor que nosotras también trabajemos, aparte vos de por si eres muy solitario y ahora trabajando en el campo casi no te vemos, trabajando juntos tenemos más tiempo de hablar.

    En eso tenía razón soy una persona que le gusta estar solo y mis hijas necesitan a un padre más presente. Desayunamos y salimos juntos a caballo por suerte para mi hija se vistió acorde para trabajo con un pantalón largo y una musculosa. Mientras íbamos a caballo la empecé a mirar lo linda que es mi hija mayor rubia como todas sus hermanas que lo habían heredado de su madre, con sus ojos verdes, con unas piernas largas acorde a su medida porque mede 1.75 cm es la más altas de mis hijas, su piel blanca que para ese momento ya estaba roja de tomar sol y sin duda es la más refinada de mis hija tan solo verla es elegante en todo lo que hace.

    La mañana trascurría con normalidad hasta que cruzamos un charco de agua podrida mi caballo se asusta pierdo el equilibrio y caigo con toda mala suerte en el agua sucia que tenía un olor horrible. Mi hija baja de su caballo a ayudarme a levantar, una vez que me ayuda salgo del agua podrida y sin decir palabra alguna nos empezamos a reír juntos de mi propia caída.

    Nos fuimos caminando al molino más cerca por que solo nos quedaba un solo caballo por que el mío salió corriendo después que se asustó. A llegar a lugar me empiezo a echar agua limpia para ver si me podía sacar eso olor feo a barro podrido pero no había suerte.

    Mi hija me dice sácate la ropa y la lavamos acá – señalando el agua limpia del molino.

    No quería acceder pero la verdad que el olor a podrido era demasiado y le dije – bueno pero hay que lavarla a bien porque este olor no sale fácil – comencé a sacarme la ropa hasta quedarme con el bóxer por suerte mi verga estaba dormidita.

    Ella se puso a la lavar la ropa dándome la espalda dejando ver su culo que aunque no tenía un pantalón ajustado se podía notar su culo muy bien formado ni grande ni chico pero con una forma muy sexy, casi me atrapo mirándole el culo cuando se dio vuelta y me dijo – papi sácate el bóxer también que se mojó que esa agua sucia.

    Me quede paralizado unos segundo después de lo que había dicho hasta que reaccione y le dije – no hija ya lavando la demás ropa el olor se va a ir.

    Ella camino hasta mi lugar se agacho en frente mío y de un tirón me saco el bóxer diciendo – no sea sucio papi hay que lavar toda la ropa – quedando en frente de mi verga que dio dos saltito a quedar descubierta.

    Una vez que me lo saco se lo fue a lavarlo, me quede de pie completamente desnudo en frete de mi hija mayor, no dije una palabra solo rezaba para que esta situación terminara.

    Una vez que lavo toda mi ropa la colgó en el alambre y se acercó a mí, yo seguía duro como una estatua. Ella con una sonrisa enorme me dice- me vas a decir que estas incomodo por estar denudo frente a tu hija mayor.

    Con la voz que apena me salía le digo – si la verdad me incomoda mucho la situación – mientras me tapaba la verga con las dos manos.

    Para que te sientas más cómodo voy a hacer algo – ella en frente mío como estaba se sacó la remera y el corpiño en un segundo quedando con las tetas al aire pudiendo disfrutar sus tetas tamaño mediano con unos pezones de color rosado, me dio la espalda y se bajó los pantalones quedando con una tanga chiquita de color blanca, dejando a la vista casi todo su culito.

    Con la poca voz que tenía le digo – hija no era necesario que hagas eso por mí – en ese momento note que mi verga empezaba a tomar rigidez y ya no la podía tapar con las manos.

    Si papi para que te sientas mas cómodo, te veías muy mal ahora estamos los dos casi iguales – mientas se apretabas las tetas y sonreía restándole importancia – Continuo diciendo- además eres mi padre no pasa nada si me ves desnuda o yo a vos, además sé que Alicia ayer te vio desnudo porque lo conto en la tarde mientras estábamos todas juntas en la pileta.

    Pero lo de Alicia fue un accidente en el baño nada con importancia – yo quería restar importancia pero me encontró con la verga bien dura y se quedó mirando.

    Sé que fue un accidente pero también sé que miro bien porque nos dijo a todos papá tiene una verga muy grande como de un actor porno – en ese momento agacho la cabeza tratando de ver ella también aunque la mayor parte la tapaba con la manos.

    Pero eso no significa que vamos andar todos desnudos en la casa o donde sea – le dije poniéndome serio.

    Me redoblo la apuesta y me dijo y ¿Por qué no? Somos todos adultos si alguien quiere andar desnudo los demás se la tendrían que bancar.

    No de ninguna forma vamos andar desnudos – me imagine esa situación las catorce mujeres desnuda yo estaría todo el día con la verga como un garrote.

    De alguna forma te voy a hacer cambiar de opinión, pero por lo menos sácate las manos de la verga que tapas poco y pareces un pelotudo – se largó a reír a carcajadas.

    Mire hacia mi verga y era verdad, no llegaba a cubrir casi nada media verga estaba afuera – Bueno ya viste casi todo – en ese momento saco mis mano que si cubría poco pero ocultaba mi erección al sacar las manos la verga apunto para riba de un solo salto.

    Ella con la mirada a mi verga me dice – estar denudo es algo muy natural – Se sacó su tanga blanca dejando ver su concha totalmente depilada y termino diciendo – ahora si estamos iguales.

    En ese momento mi verga quedo a casi máximo esplendor, yo sin saber que decir le digo – esto te parece natural amor.

    Claro papi un hombre y una mujer desnudos en el campo que más natural que esto. Ya que estamos en confianza me quiero sacar una duda, ¿Cuánto te mide?

    No se hija, como me preguntas esas cosas.

    Dale cuéntame yo que los hombres se miden la verga – ella siempre que hablaba miraba un rato a mis ojos y otra vez a mi verga.

    Bueno está bien me mide 24 cm de largo y 16 de circunferencia.

    Guau sí que es grande pero ahora está en lo máximo o puede un poco más – se mordió el labio inferior de una forma muy sensual.

    No sabía que responder pero para ser sincero todavía faltaban unos pocos centímetros así que le dije – me parece que algo le falta, pero hablemos de otra cosa.

    ¿Porque? de hablar sobre otro tema si este es interesante – se para a mi lado con su cuerpo desnudo cruza su mano izquierda sobre mi cuello y la derecha la lleva directo a mi verga comenzando acariciándola, me dice – la quiero ver bien grande.

    Se la veía totalmente decidida a ver mi verga completamente dura. Ya estaba totalmente entregado a las suaves caricia de mi hija cuando a lo lejos veo que se acerca alguien a caballo y le digo – viene alguien.

    Ella con cara de enojada mira y dice – quien viene a joder ahora – con los brazos cruzados en jarra.

    Esperamos que llegara totalmente desnudos los dos porque mi ropa no se había secado y cuando estaba más cerca nos dimos cuenta que era Débora la hija del medio de mi hermana Valeria.

    Se bajó del caballo y dijo – que les paso que están en bola y con un caballo menos – mientras que se reía y nos miraba a los dos de arriba abajo.

    El caballo me tiro arriba del agua podrida y salió corriendo, mi ropa se está secando – yo para ese momento tenía la verga dura no había bajado casi nada no intente taparme porque era inútil.

    Ustedes dos sí que tienen mala suerte – hablaba mientras tenía clavada la mirada en mi verga.

    Por suerte Débora es una chica divertida y se toma todo en gracia le digo – la verdad que si tenemos mala suerte.

    Si a mí me mando mi mamá para ver si les paso algo ya que llego el caballo solo a la casa se preocuparon.

    Estamos bien salto Micaela no había por qué preocuparse – sale caminando hacia donde había dejado la ropa mostrando su lindo culo desnudo.

    Débora se baja del caballo y dice – está lindo para andar desnudo por que hace demasiado calor, Te comento Micaela que algunas de las integrantes de la casa queremos andar en ropa interior o desnuda por la casa.

    Algo me comento pero no sabía que ya había más de una que estaban de acuerdo.

    Si solo nos falta convencer algunas pocas y por lo que veo a vos no te molesta tío Carlos – volviendo a ver mi verga.

    Si a mí me molesta esta fue una circunstancia poco habitual pero si me dan a elegir prefiero que usen su ropa – me quede mirando a Débora lo lindo que le quedaba a su piel morena reflejando el sol, podía ver su escotes de sus tetas grandes y cuando me di cuenta que la estaba mirando de esa forma mi verga empezó a saltar sola cosa que Débora lo noto por que bajo la mirada al instante.

    Micaela ven ayúdame – empezó a los gritos y haciéndole cenas con las manos para que venga rápido.

    Micaela vino corriendo totalmente desnuda porque ella nunca se vistió a pesar que su ropa estaba seca – que pasa Débora.

    Ayúdame a convencer al tío Carlos que lo tenemos acá desnudo que nos deje andar más suelta de ropa en la casa.

    Si papá es lo mismo que ahora pero en la casa, además somos todos familia, ¿Débora sácate la ropa? así le demuestras que es algo natural.

    Antes de poder decir algo Débora había quedado solo con una tanga violeta con sus dos grandes tetas al aire, dando una vuelta completa para mostrar su espalda desnuda y su culo grande aunque no tan grande como el de su hermana Roció, – Ves tío no tiene nada de malo y es muy natural.

    Las chicas estaban realmente decidida a llegar lejos con tal de hacer lo que ellas querían, yo totalmente desnudo con la verga bien dura, tenía pocos fundamentos para decir que no así que le dije – la única forma que en la casa se ande como quieran es que los 16 integrantes de la familia acepten.

    No los 16 no dice Débora mi papá no va a aceptar nunca, es un cabeza de termo – mientras pegaba saltitos y hacia rebotar esas dos tetas enormes que tiene.

    Esas son las condiciones vivimos todos en la casa y para que se cumpla lo que ustedes quieren todos tienen que estar de acuerdo – con este fundamento las deje tranquila y gracias a mi cuñado no iba a pasarme todo el día con la verga dura.

    Me dice Micaela – papi ya está la ropa seca – mostrándome mi pantalón.

    Bueno me voy a cambiar, pero no yo solo todos nos vamos a vestir – señalando a las dos hermosas mujeres que tenía desnuda cerca de mí.

    Nos vestimos todos y retomamos camino hacia casa Micaela y Débora en el mismo caballo y yo solo en el mío. No podía creer que mientras íbamos para casa Débora y Micaela iban conversando como si nada había ocurrido, pero en realidad si había ocurrido mi sobrina y mi hija se desnudaron frente a mí para convencerme de andar desnudos por la casa, además mi hija de acaricio la verga para verla dura del todo, parecía que había un complot en contra mío para arruinarme la vida o definitivamente todas las chicas de la casa tienen algo de locas y yo me estoy dejando llevar por su locura.

    A llegar a la casa les digo que yo me encargaba de lavar los caballos y darle de comer así ellas se bañaban antes de almorzar, mientras estaba dándole comer a los caballos la veo que viene mi hija Marisol son los ojos llorosos y le pregunto – que te pasa amor.

    Ella mi abrasa muy fuerte y sin dejarme me abrazar me dice – estas bien papi me preocupe mucho.

    Realmente se la veía preocupada así que la abrase bien fuerte y le dije – si hija no te preocupes solo me caí del caballo no fue nada grave por suerte.

    En ese momento sin dejar de abrazar me empezó a dar muchos besitos en la meguilla, en la nariz hasta en la frente.

    Después de la mañana complicada que había tenido me hacía muy bien recibir el cariño de mi hija menor, aunque no pude dejar de notar que ya era toda una mujercita aunque mantenía su cara de ángel con sus ojos verdes, pelo rubio, sus tetitas chicas como si fueran medio limón, para mi seguía siendo mi niña, le dije para que no se preocupe más – Todavía tienes padre para rato y trabajando en el campo pueden pasar cosas como lo de hoy pero vos no tienes que preocupar, ahora ve a la cocina así almorzamos.

    Ella me dio un último beso y me dijo – anda rápido que ya casi esta la comida – se fue camino a la casa dándome la espalda dejándome ver su hermoso culo redondo y paradito como se dice en argentina un culito de avispa.

    El almuerzo transcurrió con normalidad ninguna de las chicas dijo nada que estuve desnudo en el medio del campo con la verga dura, aunque si estuve preocupado todo el tiempo por si alguna decía algo. Me fui a dormir la siesta de todos los días con normalidad después me fui a la cocina a calentar el agua para el mates mientras que estaba en eso veo que entra mi hermana Valeria.

    Hola Carlos quería hablar con vos si podes ahora – ella estaba con un bikini que dejaba ver sus grandes tetas y en la parte de abajo una pollera anchas hasta la rodillas.

    Si Valeria vamos abajo de las platas en frente de la casa y hablamos ahí – Es mi lugar favorito para pasar la tarde y lejos de donde están las mujeres es ideal para hablar.

    Una vez sentados abajo de las plantas me dice – tengo problemas con mi marido, necesito los consejos de un hombre.

    Si decime Valeria que problema tienes – A mí siempre mis hermanas me buscaron para pedirme consejo al ser el hermano mayor y el único hombre de la familia.

    Enojada dice – El pelotudo de mi marido me está engañando con alguien, aunque no se bien con quien todavía, tengo ganas de separarme por un lado pero por otro no – se la veía muy confundida.

    Pero vos estas segura que te engaña no parece un hombre mujeriego además es muy trabajador.

    Si trabajador es pero estoy segura que me engaña ahí noche que no viene a dormir con escusa del trabajo pero es empleado de un estudio contable no se trabaja de noche.

    Pero si te separas tus hijas se van a sentir mal, las hijas de Belén estuvieron mucho tiempo para recuperarse después de la separación.

    Pero es distinto el marido de Belén nos estafo y abandono a sus hijas sin hacer una video llamada o algo solo desapareció, además mis hijas están enojada con el padre por las noche que no viene a dormir.

    Si en caso que te engañe lo ideal sería conseguir pruebas o hablar con él y habar si pueden llegar a un acuerdo para no tirar a la basura tantos años.

    La verdad que los años no balen nada si me engaña lo único que me preocuparía si me separo que me voy a morir sola quien le va a dar bola a una gorda como yo.

    Pero Valeria eso no te tiene que preocupar por supuesto que vas a encontrar a alguien si quieres tienes 41 años te queda media vida todavía – La verdad que Valeria tiene el rostro más bonito de todas mis hermanas, es morocha, de ojos color miel, pelo negro hasta la cintura, es caderona y con unos kilitos de más, pero sin duda es hermosa.

    Lo decís porque eres mi hermano y si fuera como vos decís no estaría sin tener sexo por más de dos años.

    Me dejo impactado dos años sin sexo era mucho tiempo inclusive para mí pero quería suavizar las cosas y le dije – Toda pareja pasa malas épocas los ideal sería que hables con él y le preguntes si tiene una amante y que se ponga las pilas, que te de una alegría por lo menos una vez por semana – comencé a reír para relajar un poco.

    Si tiene una amante no me va a contar y el tema del sexo con una vez al mes ya estaría contenta no te das una idea la falta que me hace una buena cogida.

    Realmente no entendía como un hombre no tendría sexo con mi hermana, en ese momento me vino una idea para que averigüe si realmente la engaña o es idea de ella – Para saber si te engaña y quieres saber con quién porque no contratas a un investigador privado.

    Es buena esa idea Carlos pero el campo da para los gastos necesario somos muchos no sé si gastar tanto dinero en algo así.

    Yo tenía algo de dinero guardado todavía para comprar una camioneta más que solo teníamos una para todos los integrante de la casa más un auto pero es de mi cuñado y se lo lleva todos los días al trabajo en la ciudad, ya nos estábamos arreglando con una sola camioneta podíamos seguir un tiempo más así – Yo te presto el dinero así te sacas la duda.

    Ella con una sonrisa de oreja a oreja gracias – Carlos me haces un gran favor, ahora te debo un favor enorme cuando necesites algo me lo pedís y yo lo are sin quejarme.

    No necesito nada Valeria – En realidad no necesitaba nada pero que tu hermana te deba algo siempre puede tener sus beneficios. La conversación continua casi toda la tarde cosa que hacía años que no charlaba de todo un poco con mi hermana Valeria.

    El resto de la tarde y la cena no pasó nada importante con las integrantes femeninas de la familia. Pero a la noche por supuesto que me fui a acostar con la esperanza que venga mi hermana Anabel que después de lo que había hecho la noche anterior con su propia hija pensé que se sentiría culpable y las noches de placer con mi hermana menor habían terminado, por suerte para mi estaba equivocado por que la veo entrar con su bata de baño negra y su pelo negro húmedo.

    Hola hermano no tuvimos tiempo de hablar en todo el día me tienes abandonada – Lo digo con una voz realmente sensual, se sacó su bata dejando ver casi todo su cuerpo desnudo, solo llevaba una tanga de color rojo. Acostándose a mi lado como lo había hecho noches anteriores.

    Me quede unos segundo admirando su cuerpo de chica fitness con su abdominales levemente marcados y le dije – sabes que a la mañana trabajo, a la tarde tuve una charla larga con Valeria.

    Pero aunque sea te hubiese tomado cinco minutos y me contabas que tal te pareció la mamada que te dio mi hija anoche – cerrándome un ojo.

    No entendía como lo tomaba con tal naturalidad que ella y su hija me la chuparon hasta hacerme acabar pero le dije – ¿Cómo se te ocurrió lo de anoche?

    La encontré a la tarde cerca del corral de las ovejas mirando porno con su celular, me hacer que a ella y me puse a mirar porno con mi hija después de unos videos le dije – Te gustaría tocar una verga así de grande en vivo y en directo.

    Sin pensar me dijo – si obvio.

    Que mejor que tu propia verga así que le dije – tu tío Carlos tiene una así de grande y un sueño tan pesado que no se despierta con nada.

    Ella con toda inocencia me dice – mami y vos me dejarías que se la toque al tío Carlos.

    Yo como buena madre que soy le dije con voz comprensiva – claro hija si a vos te hace feliz.

    Después de esa pequeña conversación planee todo y vos como mi hermano mayor me ayudaste a cumplir el sueño de mi hijita.

    Pero como vas hacer algo así sin consultarme primero y si yo no hubiese querido hacerlo.

    Tan descontento no se te vio hermano la llenaste de leche a mi nena.

    No digo que la pase mal, pero no sé cómo haces para que todo lo que hemos hecho te parezca tan normal, yo ahí momento que me siento muy culpable.

    Culpable ¿porque? Si vos no has obligado a nadie a tener sexo, además a mí me haces muy feliz y ayer a Aldana le encanto mamarte la pija.

    Culpable por que son todas integrantes de la familia no es normal.

    Es más normal de lo que a vos te parece aunque nadie hable de ello, ahora contesta otra cosa ¿te gusto que me hija y yo te la chupáramos?

    No sabía dónde quería llegar Anabel con sus preguntas porque es verdad que habíamos tenido sexo, más lo de la noche anterior con su hija pero nunca habíamos hablado sobre el tema, pero debía decir la verdad – si me gusto todo y lo de anoche fue mi primera experiencia con dos chicas.

    Si la pasas bien porque no disfrutar lo que la naturaleza te dio – poniendo su mano arriba de mi verga que aún estaba dormida, continuo diciendo – en esta casa todas somos tu familia pero también somos mujeres y te aseguro que más de una querría tener tu verga para disfrutarla, incluida mi hija que anoche se quedó con ganas de más.

    Las acciones de algunas integrante de la familia afirmaba lo que Anabel me estaba contando – Puede ser que sea cierto lo que me decís pero que pasa si mis hijas se enteran.

    Hermano no has entendido nada tu hijas también son mujeres – En ese momento puso una cara picarona y me dijo – ¿quieres comprobar si tengo razón?

    Me preocupo con que podía salir sabiendo que Anabel se le ocurre cosas muy locas pero la curiosidad fue más fuerte y le dije – ¿Cómo lo comprobamos?

    Mañana a la mañana voy a llamar a unos de tus hijas a cualquiera, para que vaya a trabajar con vos, tu único objetivo es quedar desnudo delante de ella. Si ella se aleja o no de da importancia ganas la apuesta pero si ella se acerca y quiere algo más vos te tienes que dejar llevar hasta ver dónde llega la situación y si llega a algo, gano yo ¿de acuerdo?

    Anabel cada día está peor se le ocurren cada cosa pero voy a aceptar así me debe una, en realidad dos después de lo de anoche, yo sé que mis hijas no van hacer nada lo de hoy con Micaela solo fue una travesura de jovencita – Bueno acepto la apuesta te vas a arrepentir.

    No lo creo para nada – en ese momento me bajo los bóxer y dijo – voy a disfrutar que esta gran verga ahora porque somos muchas mujeres, más tiempo pasemos solas en el campo más van a necesitar de su amor y dureza – no termino de decir la última palabra que ya tenía su boca en mi verga.

    Mi verga ya estaba bien dura a los pocos segundo que había empezado a chupar la verdad que mi hermana sin duda la chupaba como una diosa experta en mamadas.

    La deje mamando un rato largo pero me la quería coger también así que la tire en la cama boca arriba puse sus dos piernas en mi hombros apunte mi verga a su depilado y húmeda conchita, de un empujón le me metí mas de mitad verga.

    Dio un gran gemido que lo continuo con otros más suaves y dijo – mi concha le encanta tu gran verga.

    Yo sin parar en cada empujón entrando a la húmeda cueva de mi hermana y ella respondiendo a cada empujón con un gemido de placer, coloque un dedo en su boca que ella comenzó a chupar con muchas ganas, mi otra mano se fue a su clítoris.

    A los diez minutos de dale a un ritmo parejo y fuerte, noto como el cuerpo de mi hermana empieza a templar acompañado de unos gemidos realmente fuertes, llegando a su primer orgasmo, deje que ella acabara y cuando vi que ya había terminado por completo le metí la verga en boca haciendo una garganta profunda que Anabel lo hacía con gran maestría a los pocos segundos llene su garganta con mi leche.

    Me limpio mi verga tragándose toda mi leche y sus jugos vaginales con una cara de placer que demostraba que mi hermana era una depredadora sexual. Continuo chupando aunque ya estaba totalmente limpia y de tal forma que mi verga seguía igual de dura así que le dije – ponte en cuatro que todavía tengo ganas montarte como la puta que eres – Yo no era de insultar a nadie pero al escucharme decirme esa palabra y viendo que Anabel no le molestaba me hiso sentir realmente bien.

    Ella obedeció enseguida dejando de chuparme la verga y poniéndose en cuatro moviendo el culo como si fuera una perrita diciéndome – métemela toda.

    Toque su concha antes de metérsela realmente estaba mojada con la otra mano le dio un chirlo, cosa que no había hecho nunca en mi vida, ya que mi verga estaba lubricada por su mamada asique con fuerza en el primer empujón se la metí toda.

    Ella arqueo su espalda del dolor acompañada de sus gemidos habituales de placer y me dijo – si así dame duro que me gusta.

    Le sacaba la verga casi por completo dejando la puntita y con gran fuerza se la hundía hasta el fundo ella no paraba de gemir de placer eso me excitaba pero aún más ver a semejante morocha rendida al placer que yo y mi verga le estábamos provocando, mientras seguía taladrando con todas mis fuera a mi hermana, coloque el dedo gordo en la entrada de su culo comenzando a aplicar fuerza en el.

    Mientras mi hermana y yo estábamos teniendo sexo muy duro, no sé porque razón me vino unas ganas terrible de metérsela por el culo, cosa que yo nunca había hecho porque lo intentamos una vez con mi mujer y no pudo aguantar el dolor solo aguanto mi grande, así que en realidad no sabía cómo se sentía pero que mejor oportunidad de probar con mi hermana menor, le dije mientras le seguía dando con todo – Quero probar un culo y quiero que sea ahora.

    Ella se dio vuelta con los dos ojos grandes y me dijo – No hermano ahora no, hace mucho que no tengo sexo anal, además las vergas que me he dejado meter eran la mitad que la tuya.

    Yo sin parar de meter y sacar mi verga de mi hermana, le digo con una sonrisa – vos me debes el favor de anoche, hice lo que vos me pediste ahora te toca a vos, dame el culito y ya no me debes nada – en ese momento estaba desatado y quería probar que se sentía un culo, por suerte Anabel me debía el gran favor de la noche anterior.

    Pero no va a entrar todo así que despacio que no soy una experta en el sexo anal – ella cerro los ojos como esperando lo peor.

    Estuve unos minutos metiendo uno después dos dedos y lubricándolo con sus propios jugos vaginales cuando vi que ya entraban los dos dejos con facilidad apunte mi verga a su culo la apoye y fui empujando despacio, no quería entrar, entonces decidí dar un fuerte empujón y funciono entro el grande por completo pero a Anabela le dolió mucho.

    Gritando fuerte y no gemidos de placer, arqueo todo su cuerpo de un golpe quedando pegado junto al mí pecho y a los segundo que se recuperó me dijo – despacio te dije me vas a partir a medio.

    Por suerte no se salió el grande de su culo pero para tranquilizarla de dije – fue sin querer no va a volver a pasar – volviéndola a poner en cuatro para continuar la penetración, de a poquito fui empujando unos milímetros sin retroceder nunca.

    Ella agarraba con fuerza las sabanas apretándolas y entres dientes ajustados me dice – sácamela no la aguanto es muy grande.

    Yo realmente quería experimentar el sexo anal y le dije – dale putita vos podes – no le hice caso y seguí empujando milímetro a milímetro. Cuando había entrado el grande y uno cuatros centímetros retrocedía hasta el grande y volvía a meter esos centímetro así una y otra vez.

    Después de unos diez minutos de romper el culo de mi hermana, logrando poder meter media verga, aunque no era virgen del culo se ve que sufría mucho así que decidí solo cogérmela con media verga y comencé darle suave y parejo notando que ya no gritaba de dolor se veía que lo disfrutaba.

    Ella se volvió a pegar a mi cuerpo quedando nuestras bocas cerca la bese con toda pasión como agradeciéndole por darme su culo y aguantando unos minutos de dolor, lleve una mano para disfrutar de sus suaves tetas y la otra directo a su concha metiéndole dos dedos.

    Después de unos cinco minutos me dice con voz agitada – nunca pensé que me entraría algo tan grueso por el culo – poniendo unas de sus manos en mis testículos masajeándolos.

    Estuve veinte minutos dándole por el culo metiendo un poco más de media verga, en ese momento noto como tiene su segundo orgasmo acompañándolos con sus gemidos y llenándome la mano de todos tipos de jugos vaginales, cuando acabo del todo lleve mis dedos a su boca haciéndola tomar sus jugos cosa que disfruto mucho. Cuando vi que yo ya estaba por acabar trate de volverla a poner en cuatro empujando su cuerpo hacia delante pero por su agotamiento cayo con todo su cuerpo en la cama quedando el culo levantado, la agarre de la cintura cosa que su culo siga en esa posición, con fuerza y velocidad le empecé a llegar su culo de mi leche, mientras ella solo mordía las sabanas para no gritar tanto.

    Cuando al fin termine la solté la cintura, ella quedo rendida en la cama, yo de rodilla disfrutando al ver el culo de mi hermana bien abierto y chorreando mi leche hacia su concha. Sin duda alguna había sido la mejor acabada de toda mi vida en eso momento supe que no iba a ser la primera vez que probaría ese culo.

    Me fui a bañar y cuando volví Anabel ya se había ido a su cuarto, me acosté totalmente desnudo y seguro que era el hombre más afortunado del mundo por tener una hermana como Anabel. Me preocupaba la apuesta que había hecho con mi hermana menor, pero eso era para el día siguiente ahora solo toca descansar después de probar el culoto de Anabel.

    CONTINUARÁ…

  • Tú dormido y yo cogiendo con tu amigo

    Tú dormido y yo cogiendo con tu amigo

    Hola, llegué a esta web en mi búsqueda de situaciones similares a las que me pasó recientemente y decidí contar mi experiencia como un desahogo emocional, ya que no son temas que pueda comentar.

    Mi nombre es Marce, tengo 45 años, un hijo maravilloso de 9 y casada desde hace 10 años con Mario de 48 años, ambos trabajamos y vivimos en Ciudad de México.

    Somos una pareja considero que típica, me describo como de estatura promedio, cabello castaño claro lacio hasta los hombros, complexión delgada, senos de buen tamaño sin ser grandes pero mi mejor característica son mis piernas que acompañadas de unas caderas y unas nalgas de infarto como diría mi marido, hacen que los hombres me volteen a ver por la calle, siempre he sido coqueta y me gusta arreglarme bien y verme bonita. Mario es de estatura promedio, con sobrepeso, cabello rubio y ojos verdes, su verga no es de tamaño descomunal pero tampoco pequeña.

    Nos conocimos en la preparatoria, yo con 16 y el 18 años, lo que me enamoró fue su seguridad y buen cuerpo en ese entonces, ya que hacía mucho ejercicio y tenía unos fuertes brazos que con la cerveza y comida se le han ido a la barriga. Mario es de carácter muy extrovertido, donde vaya hace amigos y yo soy más introvertida debido a mi educación estricta y de familia tradicional, me casé de 25 años y virgen por lo que toda mi experiencia sexual hasta ahora era con él.

    Nuestra vida sexual es como la de todo matrimonio con sus altas y bajas, al principio lo hacíamos todos los días pero con el embarazo se fueron espaciando estos encuentros. Un día estábamos haciéndolo y me dijo que quería que me arreglara más sexy cuando saliéramos, que le excitaba ver cómo otros hombres me deseaban, recuerdo me molesté, pero él seguía insistiendo en el tema, hasta que accedí pero antes de salir de casa me pidió taparme porque ya no le gustó la idea, sabía que era celoso y su petición era producto de la calentura.

    Pasó el tiempo y Mario cada vez que lo hacíamos me pedía lo mismo pero ahora solo en la intimidad, usar vestidos o lencería sexy, tacones y notaba que en esas ocasiones se prendía más y rendía mejor por lo que no vi problema en complacer a mi maridito. Hasta que una vez me dijo si no me llamaba la atención coger con otro hombre y saber que se sentía probar otra verga, nuevamente me moleste y dejamos un tiempo de tener relaciones, sentí que lo hacía porque no me quería o él ya tenía otra y quería justificarse, él me dijo que era normal en las parejas ponerle un poco de “sabor” al hacerlo para no caer en la monotonía, al igual que la vez anterior accedí y le seguí el juego pero noté que la verga se le ponía más dura y duraba más por lo que se volvió habitual esta clase de juegos. Imaginábamos que yo tenía sexo con extraños, pero luego empezó a preguntar por conocidos, sus hermanos, cuñados, compañeros de oficina, etc. pero sentía que eso lo excitaba y me lo hacía mejor.

    Note que insistía mucho con un compañero de su trabajo llamado Adrián, un tipo de 53 años, feo y que no me caía nada bien por borracho y mujeriego pero que para mi mala suerte era su mejor amigo. Cuando el salía al tema, yo no le seguía el juego y buscaba terminar rápidamente pero de juegos de alcoba pasó a ser preguntas en cualquier momento del día ¿Te imaginas que Adrián te coja? ¿Cómo crees que la tenga Adrián? lo ignoraba, pero no le reclamaba porque cada vez que cogíamos imaginando que Adrián me lo hacía me gustaba que durara y se le pusiera durísima.

    Mi esposo por motivos de trabajo tuvo que salir un mes completo fuera de la ciudad y a su regreso un viernes hace 15 días planeamos un fin de semana romántico en la casa, por la mañana le pedí a mi mamá que cuidara de mi hijo, llegue temprano de trabajar para preparar la cena, revisar que me iba a poner para esa noche, realmente estaba emocionada, en su ausencia habíamos calentado el ambiente con videollamadas sexys, fotos en lencería y estaba que moría por una buena sesión de sexo después de tanto tiempo en abstinencia.

    Medio hora antes de que llegara recibí una llamada suya:

    Mario: Hola preciosa, que crees? invite a Adrián a la casa para tomar unos tragos y platicar, no te molesta verdad?

    Yo: pero… es nuestro fin romántico gordo además prepare un outfit que se te encantara, otro día lo invitas.

    Mario: Pero tenemos dos días más para eso, solo es hoy por la noche y mañana te recompenso va? de todos modos puedes arreglarte sexy, no creo a Adrián le incomode darse un taco de ojo.

    Yo: Haz lo que quieras, ahí te dejo las cosas que yo me subo a dormir, le colgué el teléfono muy enfadado y triste por el cambio de planes.

    Oí que llegaron, pusieron música y hasta después de un rato subió a la recámara a saludarme.

    Mario: Hola preciosa cómo estás? me extrañaste?

    Yo: Sin despegar los ojos de la televisión apenas voltee a verlo y seguí viendo mi película.

    Mario: No seas así preciosa, anda baja a tomar unos tragos con nosotros y se te pasa el mal genio.

    Yo: Déjame tranquila y diviértete con tu amigote, le di la espalda y el salió de la habitación.

    Pasó otro raro y enojada pensé, pues te valgo gorro pues va la mía y te aguantas, saque un vestidito blanco corto ceñido de arriba que acentúa mi cintura pero amplio de abajo que me hace ver más nalgona, unos tacones para lucir mis piernas, un bra de media copa que se abrocha por el frente y una tanguita blanca pequeñita muy sexy de tiritas con solo un triángulo por detrás, me alisé el cabello, maquille con toda la intención de dejar deslumbrado a Adrián y pensé “Esto quieres pues ahora que disfrute este cabrón”.

    Cuando iba bajando las escaleras, Adrián estaba sentado de frente por lo que me vio primero, abrió los ojos cómo plato, me comió con los ojos e intento levantarse de la silla mientras decía “Hola Marce pero que gusto verte, te ves guapísima”, mi esposo volteo, puso cada de sorprendido y dijo “No tienes frío, te traigo un sweater”, Adrián contestó “Cuál frío, no seas celoso estamos entre amigos” rápidamente me acerqué a saludar de beso a Adrián, ignorando a mi marido pero me agache para que tuviera una buena vista de mi escote, noté que clavó su mirada en mis pechos y me sirvió un whiskey.

    Adrián: Con todo respeto Mario pero brindemos por lo suertudo que eres de estar casado con esta belleza.

    Yo solo esbocé una sonrisa, me senté en la silla que estaba entre ambos, crucé la pierna para que Adrián las viera mejor y mi marido se molestará más, mi plan estaba saliendo como quería, si el me agrió mi noche, yo le echaría a perder la suya.

    Seguimos tomando platicando del trabajo, las familias y cualquier tema pero yo notaba a mi marido ya bastante tomado, se paró a arreglar algo de la música yo seguía platicando con Adrián pero noté que se tardaba y vi que estaba en la sala dormido.

    Adrián: Uuuhh ya no aguanto, y eso que yo soy el viejo jajaja

    Yo: Espera que voy a despertarlo, y no te puede ir que tienes que ayudarme a subirlo, yo sola no puedo con él.

    Adrián: Déjalo dormir ahí, ahorita se despierta mejor tomate otra conmigo.

    En ese momento me asusté por la mirada de Adrián y que mi plan se estaba saliendo de mis manos, pero me enoje más porque mi esposo me dejaba sola con este tipo pero no quise demostrarle miedo, yo había tomado unos 3 whiskey y me sentía un poco mareada pero pudo más el coraje y decidí continuar.

    Me senté me sirvió otro trago y Adrián volvió a decir “En serio que afortunado es Mario, tener este mujeron en casa, uff Marce con todo respeto si supieras cómo me pones”, entre nervios alcancé a levantarme a la cocina para servir más botana y pensar cómo decirle que se fuera sin hacer escándalo pero haciéndome la valiente le contesté “Ah si? y según tu cómo te pongo?”

    Regrese con la charola con la botana y cuál fue mi sorpresa ver a Adrián con su miembro de fuera, era la primera vez que veía uno que no fuera el de mi esposo, era más grande que la de él, venuda y cabezona súper dura, me quede pasmada por unos momentos sin reaccionar viendo cómo Adrián se la estaba jalando frente a mi, “Ay Marce, estás buenísima, lo que te haría” seguí en mi actitud de mujer fuerte, me senté y le dije “¿Qué harías?”

    Adrián: Te cogería tan rico como tú te lo mereces, si vieras cuántas pajas te he dedicado.

    Yo: Eso seguro le dices a todas pero termina y vete.

    Cambio de mano sin dejar de jalársela y puso su mano en mis piernas ¿Qué haces? le dije pero no me moví de mi lugar, necesitaba sentirte tienes unas piernas deliciosas, metía la mano para tocar mis muslos y yo no reaccionaba, volteé a ver a mi marido y seguía perdido en eso sentí que ponía su mano en mi vagina y delicadamente tocaba mi clítoris, yo llevaba todo el día deseando coger y esa excitación me traicionaba pero lo dejé seguir. Sus dedos eran expertos y estaba sintiendo tan rico que me dejé llevar, poco a poco sentí que hacía la tanguita de lado, ganando terreno para introducirse en mi raja.

    Yo: No espera, eso no mmm, pero él estaba metiendo dos dedos en mi raja y alcancé a soltar un leve gemido, Esto está mal detente…

    Sentí la otra mano queriendo tocar mi culo, “Ay Marce que rico culo te cargas y esa tanguita tan rica”, mis piernas me traicionaron y sentí que se abrían, ya no me controlaba y sentí que estaba mojadisima.

    El rápidamente se hincó y metió su cabeza para darme un beso, chupaba y mordía mi clítoris con una habilidad que nunca tuvo mi marido, las dos manos las tenía en mis nalgas las pellizcaba y apretaba para pegar más su cara, sentía su lengua dentro de mi, devorándome, yo tenía mi cabeza completamente tirada hacia atrás y con mis manos presionaba su cabeza contra mi sexo, una sensación tan rica que perdí la noción del tiempo y lugar en el que estaba, regrese a la tierra cuando sentí que me venía en su boca a chorros, tragándose todos mis fluidos.

    Con el vestido a la cintura, recupere el sentido e intente levantarme de la silla, me recargue en la mesa pasa reincorporarme y él ya estaba detrás de mi y sentí que ponía esa verga dura entre mis nalgas, sentí su líquido preseminal embarrarse en mi culo, se sentía caliente y durísima, sus manos recorrían mis senos pero había llegado demasiado lejos e intenté que parara.

    Yo; Basta Adrián, ya es hora que te vayas.

    Adrián: Déjame al menos terminar entre tus nalgas, no me dejes ir así, mientras me bombeaba por detrás y deslizaba su mano otra vez a mi raja.

    Yo: Pero no vas a entrar, vente y ya Ok?

    Adrián: Si chiquita solo eso

    Voltea a ver a mi marido y la escena me daba mucho morbo, después de tanto fantasear se le estaba cumpliendo y el muy cabrón se lo perdía. Baje mi mano y por primera vez toque el miembro de Adrián, me incline para tocarla toda, toque sus huevos y estaban que explotaban, con las uñas los acariciaba, nuestras manos se entrelazaban el tocando mi raja y yo manejando su miembro, hizo a un lado mi tanguita pensé que metería sus dedos pero sentí como de golpe me metía su verga.

    Yo: Sacala Adrián, te dije que esto no, ahhh no Adrián para por favor, mmm nos va a escuchar.

    Adrián: Sabes que la quieres Marce, llevo años matándome a pajas por ti, quieres en serio que la saque?

    Dejo de moverse y noté que era yo la que más se movía, terminé por inclinarme en la mesa y le dije “Cógeme cabron dame duro, demuéstrame que me traes ganas, hazme tuya”

    Me tomo de las manos las puso atrás de mi y me jalaba del cabello, yo estaba fuera de mi, quería gozar y ser solo suya en ese momento, lo hacía tan rico, con tantas ganas que parecía que la vida se le iba en ello, se le notaban las ganas de cogerme, desabrocho mi vestido y me jalo hacia él, besaba mis pechos y besaba mis pezones que estaban tan duros que me dolían.

    Adrián: Así Marce que rico, muévete, que rica y apretadita estás, te voy a llenar de leche, mientras me daba unas nalgadas.

    Me di cuenta que lo hacíamos sin condón, es una tontería pero que olvide por completo.

    Yo: Dámelo, mételo todo quiero toda tu leche, nunca había tenido una verga como la tuya, sigue y no pares, que rico.

    Sus huevos chocaban con mis nalgas, yo me aguantaba quería gritar de placer pero no quería que mi marido despertara y arruinará el momento, lo senté en la silla, retire mi tanguita y me senté sobre él, comencé a moverme arriba/ abajo quería exprimirlo, él se comía mis pezones y con las manos apretaba mis nalgas, en esa posición podía sentir todo su miembro dentro de mi, mi cara era puro placer, lo sentía, mordía mis labios y en cada movimiento aumentaba la intensidad.

    “Que rica verga Adrián, métemela toda por favor”

    Yo entrecortaba mis gemidos, disimulados por la música que seguía sonando, en cada estocada, mis senos rebotaban sin control, mi cabello lo tenía sobre mi cara y el con una mano controlaba mis manos y con la otra apretaba mis nalgas marcando sus dedos

    Le dije al oído “Que rico me coges Adrián, cógeme más Adrián”

    Estuvimos así otros 10 minutos, sentí entonces que se venía un orgasmo “Me vengo Adrián, dale más duro, venga cógeme fuerte, lléname toda, dámela toda” arque mi espalda todo lo que pude recargando mis manos en la mesa, el me bombeó más duro “Ahgg me vengo Marce, que rico ahggg”

    Tomo mis nalgas y me pego contra él, sentí como un chorro caliente me llenaba toda, dejé de escuchar la música, se me nublo la vista, como si fuera a desmayarme, Adrián aquel que viejo feo, que me caía tan mal había logrado llevarme al cielo y tener mi primer orgasmo real, mi pelvis se movía por si sola, mis piernas presionaban las suyas, recibí toda esa leche hirviendo en mi interior.

    Me desplome en su pecho, sentía que me faltaba el aire, sentí como sus manos acariciaban mi culo y me dijo “A sido el mejor palo de mi vida”, le contesté “el mío también”.

    Me incorpore arregle mi tanguita, bra y vestido mientras el hacía lo mismo con su ropa, me dijo si me ayuda a subir a mi marido, le dije que lo dejara dormir en el sofá, que esta noche quería dormir sola, lo acompañe a la puerta y lo despedí.

    Subí a mi cuarto, me mire en el espejo y tenía una sonrisa de oreja a oreja, decidí no bañarme para quedarme con esa aroma a sexo, me cambie de ropa interior por algo más cómodo ya que mi tanguita acabo totalmente mojada y con residuos de Adrián, me puse la pijama y me dormí.

    A la mañana siguiente mi marido en compensación por haber arruinado la velada me invitaba a desayunar fuera y después de las disculpas me pregunto qué tal la noche, solo le dije que en cuanto él se durmió, su amigo se fue y yo subí a dormirme.

    Adrián sigue trabajando con mi esposo, no lo veo desde hace 2 semanas y prefiero siga así, pero una no sabe…

  • La amiga del chat

    La amiga del chat

    Encontré esta chica en un chat, era más joven que yo unos diez años. Nunca me consideré lesbiana ni bisexual, pero ella despertó en mi algo, charlamos mucho nos conocíamos día a día, pasó algún tiempo y decidimos vernos, era viernes de tarde llovía y la tierra mojada liberaba su aroma.

    Ella y yo quedamos de encontrarnos en un bar tomar algo y charlar.

    Llegué temprano y pedí una copa de vino, la bebí despacio disfruté cada sorbo y de repente llegó, su largo cabello su piel morena su rostro de niña aun cuando ya era una mujer, hermosa camino hacia mi y me dio un suave beso en la mejilla.

    Charlamos mientras esperamos nuestras bebidas, tomamos una copa y luego dos como alargando la noche. Ella de pronto me preguntó cuál sería el fin de esa noche, muchas veces hablamos de sexo incluso jugamos a tenerlo, pero ahora era real. Le pregunté qué quería hacer y ella dijo besarte, tocar tu piel. Al instante sentí como me mojaba.

    Fuimos a mi casa, ella vivía con su familia su situación económica era precaria. Al llegar a casa la bese con tanta pasión que ella gimió, sus manos bajaban por mi espalda y las mías apretaban sus pechos, ella traía una vieja blusa y un pantalón de seguro sus mejores ropas y yo un vestido, le quite todo deje su cuerpo desnudo pase mi lengua por su pecho y baje por su vientre plano, le abrí sus piernas y pase la lengua por su vagina. Ella gimió me pare y ella me quito mi vestido. Ambas desnudas calientes llenas de ganas de sexo.

    Fuimos a la cama y ella me acarició puso su lengua en mi vagina y pasó arriba y abajo lentamente, tomó mi clítoris y lo mordió eso me provocó un lindo orgasmo. Ella subió por mi pecho con su boca y pasó por mis pechos chupando mordiendo apretando.

    La tomé entre mis brazos y luego de besarla la di vuelta en la cama bese su espalda y con mi lengua busque su ano levante sus caderas y metí mi lengua en su pequeño ano. Ella grito de gusto y yo seguí hasta que sentí que estaba por explotar su orgasmo, la di vuelta y abrí sus piernas empezamos la más rica tijera nuestras vaginas se restregaban una contra la otra, sus pechos se movían a el ritmo de la pasión cada vez más y más rápido y de pronto explotamos en un gran orgasmo.

    Nos besamos y abrazadas dormimos para luego continuar.

  • Rose Mary (Capítulo 1)

    Rose Mary (Capítulo 1)

    Mi nombre es Luis Peralta, trabajo como portero en un edificio de departamentos de un barrio de Asunción. Físicamente no soy muy agraciado, piel morena, panza, altura normal, 42 años.

    Mi vida sexual transcurría sin atenuantes, haciéndolo de vez en cuando con mi esposa con quien tengo un hijo de 15 años, y algún que otro desahogo con alguna prostituta a la que pueda acceder con mi salario.

    Hacía unos días que se había liberado un departamento en particular, el del Sr. Estigarribia, él me había solicitado como hombre de confianza que le haga instalar un circuito cerrado de TV para grabar los asiduos encuentros que tenía con mujeres. Yo estaba al tanto de todo, y obviamente mi silencio valía un extra de dinero que me venía muy bien. Cabe decir que poseo una llave maestra la cual me da acceso a todos los departamentos del edificio.

    Mi vida cambió por completo desde el momento en que una nueva inquilina llegó al departamento de Estigarribia. Su nombre era Rose Mary, era una chica de 21 años venida de una ciudad del norte del país a trabajar a la capital. Estaba trabajando en una conocida cadena de comida rápida como Gerente de Local.

    Rose Mary era rubia, de ojos verdes, 1,75 de altura, delgada, con unas tetitas no muy grandes y un hermoso culo que se contorneaba en el pantalón de vestir negro que le había proporcionado la empresa. Era de familia inglesa, algo no muy común aquí en Paraguay.

    Desde que había alquilado el departamento, ella todos los días trabajaba turno mañana o turno noche, y pasaba en frente mío al entrar y al salir siempre con una sonrisa inocente, típica de chica de familia criada en ciudad chica.

    -Hola Peralta  me decía, mientras yo no hacía más que mirarla cuando se iba devolviéndole el saludo.

    A veces me quedaba en mi puesto hasta las 2 de la madrugada solo para verla cuando llegaba tarde de trabajar. Estaba muy caliente con ella.

    A veces venía con su novio, un joven de familia adinerada que la traía a su casa y se quedaba un rato a la noche.

    Yo estaba totalmente caliente con Rose Mary, por lo tanto decidí pasar a la acción.

    Un día que ella tenía turno mañana salió a las 7:30 del edificio saludándome al pasar. Al salir a la calle y tomarse un taxi, subí rápidamente y entré a su departamento. Había comprado nuevas cámaras muy pequeñas para los huecos dónde estaban las de Estigarribia, y solo tenía que conectar los cables que habían quedado sueltos. Su departamento tenía una habitación, cocina, baño y una sala donde había un sofá de tres cuerpos.

    Lo que hice es conectar todo a un monitor que tenía yo en mi habitación en portería donde podía grabar las cosas que me interesaban. Las cámaras eran de última generación y grababan con una nitidez impresionante.

    A la tarde, cuando Rose Mary terminó su turno, llegó a su departamento con su noviecito y pasando enfrente de mi con su característico “Hola Peralta”; se metieron en su departamento.

    Yo estaba monitoreando todo desde mi lugar y veía todos sus movimientos. Ella entró al baño y se pegó una ducha (no tenía cámara en el baño) y salió vestida con un short verde y una remera. Ella se acostó en su cama y el novio empezó a besarla y a acariciarle las tetitas a través de la remera. La cosa fue calentándose y de a poco fue bajando su mano hasta meterla adentro del short y empezó a masturbarla. Ella cerraba los ojos y a medida que se excitaba más y más buscaba con su mano el bulto de su novio y bajándole el cierre sacó con su mano derecha la pija para masturbarlo mientras se lo hacía a ella. Después de un par de minutos llegó al orgasmo, retorciéndose y cerrando las piernas para indicar que ya había acabado. Mientras tuvo su orgasmo no emitió sonido, respiró fuerte únicamente.

    Ahora era el turno de él, ella le bajó los pantalones para tener al descubierto todo su pene y empezó a masturbarlo mientras le acariciaba los huevos. De vez en cuando se lo metía en la boca para succionar un par de veces, pero esto lo hacía solo para ayudarlo a alcanzar el orgasmo porque se le notaba que no le gustaba chupárselo. Cada tanto él le empujaba la cabeza como pidiéndole que se la chupe por más tiempo, pero ella se limitaba a darle un par de chupaditas pequeñas, obviamente porque sabía que si le hacía un trabajo más largo él iba a terminar, y ella no es de las chicas a las que le vas a llenar la boca de leche. Ella era decente.

    Al cabo de unos minutos de masturbarlo y esquivar el tener que chupársela mucho, el chico llegó al orgasmo llenando su abdomen de semen mientras ellas miraba el pene eyaculando. Al haber finalizado, ella fue a buscar una toalla y se la pasó para que se limpie. Después de eso se quedaron charlando un rato, y 20 minutos después él se fue y ella quedó en su habitación mirando televisión.

    Eso para mi fue lo mejor que me pudo haber pasado porque había grabado íntegramente lo que había sucedido.

    Al día siguiente Rose Mary trabajaba a la noche, así que se quedaba toda la mañana en su departamento limpiando un poco. Entonces aproveché el momento y me dirigí hasta su puerta y me dispuse a sacar tajada de la situación.

    Golpeé un par de veces y al ratito abrió y me saludó. Entonces le dije:

    – Rose Mary, no sé si sabés pero el anterior inquilino de este departamento había puesto un circuito cerrado de televisión que graba constantemente todo lo que ocurre aquí adentro. Ayer por casualidad se puso a grabar y vi una escena tuya con tu novio que si fuera tu padre no me gustaría que hubiera ocurrido, me sentiría avergonzado de mi hija.

    Ella no reaccionaba, solo se limitaba a escucharme con la cara seria, y yo proseguí:

    – Desgraciadamente, yo tengo que enviarle la grabación a tu familia para que vean lo que hace su hija, porque seguro no te educaron para esto.

    Ahí empezó a llorar:

    – No, por favor mis padres no se tienen que enterar, no me van a hablar más en su vida. No me arruines la vida por favor…

    Entonces yo le contesté:

    – Ok Rose Mary, yo no quiero perjudicarte, pero quiero que sepas que desde la primera vez que te vi tuve fantasías sexuales contigo. Así que yo podría hacer una excepción siempre y cuando me hagas ahora mismo lo que le hiciste a tu novio ayer. Ese es mi precio para que nadie vea nunca ese video.

    Ella no paraba de llorar, obviamente la idea no le gustaba. Por supuesto que si no fuera de esta manera yo no podría estar con una chica así jamás en la vida. Rose Mary era un bombón de mujer joven y yo era un cuarentón panzón y feo.

    Ella se quedó pensativa unos minutos mientras yo esperaba que se le pasara el llanto.

    Cuando estuvo más calmada la presioné un poco más:

    – Bueno Rose Mary decidite, vas a hacer lo que te pedí o envío tu video a tu familia?

    Ella sin mirarme me contestó:

    – Bueno… lo voy a hacer.

    Rápidamente me acosté en el piso de alfombra de la sala y me bajé la bermuda que llevaba puesta y me saqué la remera. Mi pene tiene un tamaño normal y estaba duro como una piedra. Ella se recostó en mi abdomen tapando para que yo no pueda ver su trabajo y empezó a masturbarme. Ella lo hacía con bastante energía, comprendía que cuanto yo antes llegara al orgasmo antes iba a dejarla en paz.

    – Rose Mary, ayer cuando estabas con tu novio vi que le hacías otras cosas también, yo quiero eso.

    Al decirle eso ella empezó a darle chupadas esporádicas mientras me seguía masturbando. Yo tengo más experiencia que ella en el sexo y podía aguantar el orgasmo hasta el momento justo en que quisiera eyacular.

    Entonces mientras ella seguía intentando que llegue al orgasmo yo empecé a acariciarle el culo hermoso ese que tiene a través de la calza ajustada que llevaba puesta. Ella intentaba con su mano izquierda apartarme para que no la toquetee, pero yo con mi mano izquierda le agarré la mano para que no interfiera y con la derecha seguí acariciando sus nalgas intentando meter los dedos entre sus piernas cerradas hasta su conchita. Me sorprendió en un momento que cambió la posición y levantó un tanto su culo y me permitió llegar un poco más a su concha. Al cambiar de posición, me di cuenta de algo que no me lo esperaba; ella también se estaba excitando. Los toqueteos en el culo y la conchita y toda la situación en sí habían hecho que surgiera en ella un instinto sexual que hasta entonces había estado reprimido. Era la lucha entre sus valores con los que la habían criado y su sexualidad al límite. Ella, en su interior pensaba que todavía era una niña a sus 21 años, pero su cuerpo le decía que era una mujer y que el sexo podía ser muy placentero.

    A medida que ella se acomodaba para que la pueda tocar mejor, las chupadas que antes eran muy esporádicas ahora se hacían más frecuentes. Yo decidí avanzar un poco más y empecé a meter mis dedos por adentro de su calza por la parte de adelante. La posición en que tenía que meter mi mano no era muy cómoda, pero llegaba a acariciar los pelos de su pubis, así que la moví un poco y pude meter la mano con más facilidad para encontrarme con la mayor sorpresa. Cuando llegué a su concha esta estaba totalmente empapada, así que empecé a acariciarle el clítoris mientras ella seguía con su trabajo. Estaba totalmente excitada, movía su cadera acompañando mis caricias; yo de a poco le fui bajando la calza hasta los muslos, y ella sola levantó sus piernas para que se la saque completamente. Ahora ya tenía su conchita a mi entera disposición, por lo que le levanté una rodilla, la pasé por encima de mi cara y me acomodé debajo de ella para estar en posición de 69. Ahora tenía enfrente de mi cara su hermosa conchita peludita totalmente estimulada y con un clítoris que pedía por favor que lo acaricien.

    Empecé a pasarle la lengua con suavidad y ella incrustaba su concha en mi cara para que aumente el ritmo. Ella por su parte lo que antes eran unas chupaditas, ahora se habían convertido en una chupada de pija digna de una prostituta. Ya no se la sacaba de la boca y hacía los movimientos ayudada por la mano derecha.

    Yo también seguía con mi trabajo en el clítoris devorándoselo con todas las ganas, a veces paraba de chupárselo solo para mirar lo hermosa que era esa conchita y ese culo monumental, para de golpe volver a chupársela con todas las ganas para excitarla hasta llegar a la locura. También le abría las nalgas y de tanto en tanto le pasaba también la lengua por el ano cerradito que tenía a la vista.

    Pronto ella llegó al orgasmo, hundiendo su conchita totalmente empapada en mi cara a tal punto de casi no dejarme respirar. Con el orgasmo de ella yo me excité tanto que también tuve el mío al mismo tiempo, entonces ella chupó con mayor intensidad sin importarle que toda mi eyaculación la reciba en su garganta.

    Al terminar los dos, ella quedó encima de mí con los ojos cerrados y la boca con una mezcla de saliva y semen. Yo la moví para poder levantarme y ella siguió acostada boca abajo sin decir nada. Ella había descubierto que a pesar de su imagen de chica inocente que intenta guardar las maneras, en el fondo no era más que una puta que cuando se calentaba era capaz de chuparle la pija a un viejo como yo y disfrutar de un orgasmo placentero. Eso era lo peor para ella, darse cuenta que encima de haberse humillado lo había disfrutado, y se le notaba en la cara quedándose con los ojos cerrados tendida en el piso extenuada de tanto placer.

    Me puse mis bermudas y mi remera, le acaricié sus nalgas una vez más y le dije:

    – Que bien te portaste Rose Mary. Estuviste genial.

    Ella no contestó ni abrió los ojos.

    Me dirigí a la puerta, la miré por última vez y me volví a mi puesto de trabajo. Me puse a verificar la grabación de las cámaras y miré el video que se había grabado con muy buen detalle.

    Me dije para mi mismo:

    – Bueno, esto me parece que es solo el comienzo. Con este nuevo video voy a lograr que haga lo que yo quiera.

    Y me fui a dormir una siesta después de pegarme un baño mientras pensaba que era lo siguiente que iba a hacer con Rose Mary.

  • Mi compañero de clase me convirtió en su zorra (Parte 4)

    Mi compañero de clase me convirtió en su zorra (Parte 4)

    Después de descubrir que David me había abandonado me metí en el baño de chicas para limpiar y luego salí de la estación para buscar una forma de volver a mi casa.

    Pare varios taxis pidiendo que me lleven gratis, pero nadie quería. Ya me estaba rindiendo cuando de repente apareció un auto y veo que el hombre que iba en el asiento del acompañante me hace señas, cuando me acerqué noté que era uno de los hombres que me había manoseado en el tren, y mirando para adentro vi que en la parte de atrás iban los otros tres, además había un hombre más manejando que no había estado en el tren.

    -Que pasó princesa tu noviecito te dejo sola?

    Y: -Si, por culpa de ustedes

    -Pero lo disfrutaste o no? Jajaja

    Yo solo le sonreí.

    -Dale subí que te llevamos

    Yo subí a la parte de atrás y me senté encima de las piernas del que iba en el medio porque no había más espacio. Durante el viaje me iban manoseando los tres que estaban sentados atrás conmigo y yo les iba tocando las vergas por encima del pantalón.

    Después de un poco de viaje el que iba manejando frenó el auto al lado de un pequeño callejón.

    -Nena por que no vamos ahí y nos divertimos todos un poco.

    Yo me mordí el labio inferior y asentí con la cabeza, las ganas de verga me hicieron olvidar todo lo que me había pasado. Bajamos y fuimos hasta el fondo del callejón. Ahí empezaron a manosearme entre los cinco y de a poco me fueron desvistiendo hasta que quede completamente desnuda, por suerte a ninguno le incómodo descubrir que yo tenía pene, de hecho les hizo gracia el tamaño, me agaché y empecé a chuparles las vergas.

    Estaba rodeada de penes y me encantaba, de repente uno de ellos me agarró y obligó a poner en cuatro. Sentí varios escupitajos en la entrada de mi cola y después una verga entrar, tenía tan abierto mi ano que entro sin ningún problema. Estuvieron varios minutos cambiando de lugar pero sin dejarme de coger por la boca y por el culo en ningún momento hasta que empezaron a acabar dentro mío.

    Cuando terminaron todos, dos en mi culo y tres en mi boca, me vestí y subimos de vuelta al auto. En lo que quedo del viaje pude seguir chupando las vergas de los que iban atrás conmigo.

    Decidí que iba a ir a la casa de David primero para asegurarme de que no le contara a nadie de lo nuestro. Cuando llegamos me despedí de todos y fui hasta la puerta de la casa.

    Golpee y después de un rato abrió David, pensé que estaría enojado pero no lo estaba de hecho tenía una sonrisa en la cara, sobre todo cuando vio mi pierna manchada con el semen que caía de mi cola.

    D: -Pudiste volver zorrita, muy bien y veo que te usaron.

    Y: -Entonces no estás enojado?

    D: -No, nunca me enojé, solo quería ver si después de hacerte algo así volvías conmigo y veo que si, te entrené mejor de lo que pensaba.

    Yo solo agaché la cabeza, tenía razón, después de lo que me hizo yo volví como una perrita sumisa a pedir perdón.

    D: -De hecho quiero ponerte a prueba de vuelta.

    Me hizo entrar a la casa y saco su verga, yo me agaché y se la empecé a chupar antes de que siquiera me lo pidiera.

    D: -Veo que estas hambrienta putita.

    Seguí chupándosela hasta que sentí que estaba por acabar y me la saco, yo abrí la boca esperando para poder comer su semen, pero él me obligó a cerrarla acabando en mi cara y llenándomela de leche.

    D: Ahora quiero que vayas a tu casa y no te limpies hasta mañana por la mañana, y más te vale hacerme caso.

    Y: Bueno, pero puedo cambiarme de ropa?

    D: No, sos una puta te mereces ir vestida como una.

    Salí de la casa de David muerta de miedo, como iba a evitar que mi familia se dé cuenta? Por suerte ya era de noche por lo que no me cruzaría gente en la calle. O eso pensé, porque a unas pocas cuadras de mi casa me crucé con dos chicas que pasaron por al lado mío. Justo cuando están pasando por al lado escucho como una me dice al oído «Puta» y después se oyeron las risas de las dos.

    Cuando llegue a mi casa abrí la puerta despacio para no hacer ruido, entre y me di cuenta de que estaban todos acostados así que me alivie, pero justo cuando estoy por entrar a mi cuarto escucho la vos de mi hermana Ana «Hola hermanito», me di vuelta y me estaba mirando desde la puerta de su cuarto con una sonrisa burlona en la cara.

    Y: Por favor no le cuentes a nadie

    A: Tranquilo… Digo tranquila, no? No le voy a contar a nadie, pero quiero saber como llegaste a esto.

    Y: Es muy larga la historia

    A: Bueno, pero por lo menos decime cuántos fueron, porque por las machas en tus piernas se nota que más de uno jajaja

    Y: Seis- conteste algo apenada.

    A: Wow, tremenda zorra saliste. Bueno anda descansar, debes estar exhausta de tanta verga.

    Entre a mi cuarto, cerré con llave y me acosté pensando en que pasaría ahora que mi hermana lo sabía.

    Continuará…

  • Rick y Jenny, se descubren enamorados

    Rick y Jenny, se descubren enamorados

    Rick, Ricardito, para los amigos es uno de esos hermanos de la vida, que no importa donde esté, siempre se comunica para cumpleaños, o viaja especialmente por algún acontecimiento. Los dos venimos de hogares humildes. Los dos con esfuerzo y trabajando al mismo tiempo pudimos llegar a un título universitario. Él en las finanzas, hizo muchísimo dinero, ahora reparte su tiempo entre Nueva York y Buenos Aires. Yo en la ingeniería.

    Yo, si bien tengo un buen pasar, no llego ni por asomo al uno por ciento de su patrimonio. Los dos estamos en los cuarenta. Él siempre fue elegante, tiene buena percha, luce la ropa que se ponga. Yo, me defiendo.

    Ninguno de los dos nos casamos, solamente parejas ocasionales, nada importante. Las carreras, los desafíos autoimpuestos, habían hecho de nosotros dos solterones.

    Un miércoles me llama:

    “¿Hola Tony, como anda todo? ¿No se te cayo ningún edificio todavía?

    “No Rick, por suerte, ninguno. Te noto la voz rara, ¿algún problema serio?

    “Problema sí. Serio, para el mundo, no, pero para mí…

    “Boludo, no me asustes, ¿algo de salud?”

    “No por suerte. Escuchame, ¿tenés planes para el fin de semana?

    “No, para nada” le contesté

    “¿Te jode si te pido que nos veamos en Punta del Este? No quiero aparecer por Buenos Aires”

    “¿Para nada, cuando pensas llegar?

    “Viernes a la noche. Ya reservo hotel para los dos”

    “Dale, nos vemos”

    Yo llegué temprano ese viernes, me registré, y salí a caminar por la costanera, me refrescaba la brisa del mar. No podía dejar de pensar en Ricardito y cuál sería el problema si no era de salud. Él tiene los medios como para solucionar casi todos los problemas, pensaba.

    Después de tomar un café en un barcito, al anochecer volví al hotel.

    “¿Ya llegué, cenamos en una hora, en el restaurant del hotel?” Me mensajeó.

    “Dale”, fue mi respuesta

    El resto del hotel es uno de los mejores de Punta, los viernes y fin de semana se llena de extranjeros. Y es usual vestir de un muy elegante sport. Como siempre en todos los detalles él había reservado mesa. Llegué, y conociendo eso, pregunté y me guiaron a la mesa. Puntualmente, como es su costumbre lo veo entrar. Impecablemente vestido, y para mi sorpresa, con una mujer, bellísima, que bien podía estar en las pasarelas más importantes del mundo. Como yo hablo perfecto inglés toda la conversación fue en ese idioma.

    “Jenny, él es Tony, mi hermano de la vida, mi mejor amigo”

    “Tony, ella es una buena amiga, me acompaña en este viaje para conocer Punta” nos presentó

    Pelo castaño claro natural, ojos azules impresionantes. Flaca, pero con muy buenos pechos, y cola. Y vestía como modelo. Todo el mundo la miró cuando entraron.

    Dejé que el guie la conversación, no quería hacer preguntas incómodas. Charlamos de autos, motos su pasión, pero me sorprendió cuando al pasar me comentó que ella vivía en Atlanta, Georgia, no en New York como él.

    Jenny charlaba animadamente, no se quedaba aislada. Es más, cuando él contaba de las penurias que había tenido en un viaje en moto de NY a Atlanta, ella lo tomó del brazo y apoyo su cabeza en el hombro de Rick riendo divertida. El solo la miró y sonrió. Pasamos una noche sumamente agradable. Ella era una mujer súper agradable.

    Nos saludamos y ellos fueron a su cuarto y yo al mío, no sin antes quedar de acuerdo en que el primero se despertara llamara al otro.

    Estaba entrando a mi cuarto cuando recibí un mensaje de Rick. “¿A las 7 en el lobby y vamos a caminar?” Mi respuesta fue OK

    Puntualmente nos encontramos y salimos a caminar

    “Che, que hermosa que es Jenny, y además re sociable, amable, educada. Una verdadera dama.”

    “Si, tal como vos decís. Tony, te pedí juntarnos porque sos el único que me va a decir la verdad de lo que piensa. Sos mi hermano y solo confío en vos”

    “Tanto como yo en vos, Ricardito, ¿qué pasa, que problema tenés?

    “Mi problema es justamente Jenny. Sentémonos y te cuento”

    “Vos sabes que muchas veces cuando viajo, busco escorts para pasar un buen rato, muchas veces lo charlamos. Pues a Jenny la conocí de esa forma. La vi en una página, y como muchas veces las fotos no son muy reales, solo pedí estar tres horas con ella para cenar.

    Cuando la vi, no podía creer lo hermosa que era, la sonrisa en el rostro, los modales. Cenamos en mi hotel, el Hyatt, y después fuimos a charlar a un bar de whisky. Fue tal cual la viste anoche, una dama total. Nadie podía adivinar que era una prostituta de lujo. Cuando estaba llegando la hora, simplemente miró el reloj y me dijo “Rick, tu tiempo, querés que vayamos a tu habitación” Le dije que no. Ella tomó el teléfono y fue al baño.

    Cuando volvió estaba más sonriente que antes, solo me dijo “Si querés podemos seguir charlando…” Estuvimos una hora más, se despidió con un beso en mi mejilla y una sonrisa hermosa. Pero antes me dijo “Los clientes no pueden pedir nuestro teléfono, pero si yo lo dejo sobre la mesa y voy al baño, vos podrías…” Y lo hice, desde su teléfono marqué mi número.

    Instantáneamente llamé y pregunté si Jenny estaba disponible para una cita de 24 horas, me dijeron que sí, y pedí que me vea en el hotel a las 11.

    “Si, te sigo” le dije.

    “Bueno, ella me llamó a las 9 y me preguntó:

    “Hola Rick, espero tengas un buen día. Te molesto porque me avisaron que hoy nos vamos a ver, y quería que me digas que ropa querés que use” le contesté que tenía ganas de pasear por Atlanta, y a la noche ir a cenar a donde ella elija.

    A las once entraba al hotel con un bolso y cuando me vio, me abrazó por el cuello y me dio un beso en la mejilla. Subimos, dejó el bolso en mi habitación y salimos. Paseamos por varios lados, muchas veces ella me tomaba del brazo y caminábamos en silencio por parques, museos.

    Comimos hot dogs, nos hacíamos bromas.

    Te juro Tony, disfruté cada momento. Volvimos al hotel ella se duchó y como yo estaba en una suite con una habitación le dejé la habitación a ella. Después cenamos, tomamos un café y en un momento dado, me tomó la mano y me dijo “Rick, perdoname, pero tengo sueño, me cansó el paseo.”

    Fuimos a la suite, y ella se acostó en ropa interior, no sin antes preguntarme si quería que se ponga algo en especial, que tenía varios conjuntos para dormir. Yo le dije que ella se ponga lo que la haga sentir cómoda.

    Nos acostamos, yo boca arriba, extendí mi brazo y ella apoyo su cabeza en mi hombro.

    Acariciaba mi pecho dulcemente. Había pasado un rato cuando se sentó en la cama.

    “¿Rick, pasa algo? ¿Te hago sentir incómodo, no te gusto por algo? Me preguntó

    “No, por favor, estoy genial, espectacular”

    “Entonces, por qué…”

    “Jenny, hace mucho tiempo que no disfruto de estar y compartir tiempo, salidas, paseos y hot dogs, como hicimos hoy. Y aunque te parezca raro, disfruto de tenerte abrazada.”

    Ella me dio un beso muy suave en los labios y se volvió a acostar. Así nos dormimos y nos despertamos, abrazados.

    Aunque “mi tiempo” era hasta las 11, ella se quedó conmigo hasta las 13 que salía mi vuelo.

    “Rick, te quiero dar las gracias por tratarme como una dama, por ser educado, respetuoso. Lamentablemente muchos hombres piensan que…”

    “Jenny, gracias, pero yo soy así, no soy así para vos.”

    “Un distinto” me dijo.

    Te juro que hacía muchos años que no disfrutaba un fin de semana así.

    Bueno, el tema que el miércoles, volvía a llamar y reservarla para el sábado a las 11. Reservé la misma suite.

    Al rato me mandó un mensaje “Hola distinto, me alegras la semana”

    “Dejo en tus manos planear el tiempo que tenemos juntos” le mandé

    Fue igual de hermoso. Y como la vez anterior, entre nosotros no pasó nada, porque yo no quise.

    Ella cuando yo me iba, no me mensajeaba ni llamaba, yo tampoco. A los diez días, le mandé un mensaje “Te bancarías estar casi tres días con “El Distinto”. “Por favor, va a ser un verdadero placer” “Bueno, ahora llamo” “No, no llames. Me voy a tomar unos días libres. Y si querés llamame”

    La llamé y le dije que la esperaba en Dekalb uno de los aeropuertos y que traiga ropa para calor, y las mallas.

    El viernes en un avión privado fuimos a una isla de Bahamas, a un resort espectacular.

    Cenamos, paseamos a la luz de la luna por la playa, al día siguiente jugamos como chicos en la playa, en el mar. Esa noche, jugando, tomamos unos rones de más, caminábamos por la playa desierta y ella me tomó de la mano, entrecruzando los dedos. Sin pensarlo, la besé, nos tiramos en la arena, nos besamos como dos adolescentes, hasta nos metimos al mar y nos besamos allí.

    Y cuando le dije de venir, sin decirle porque, aceptó enseguida.

    Ah, y todavía no le hice el amor. Solo algunos besos y caricias suaves.”

    “¿Vos me querés decir que volaste de NY hasta acá para contarme esto?

    “Si, claro, quería charlarlo frente a frente con vos”

    “Bien, pero en esta historia falta una parte” le dije

    “Bueno, obvié algunos detalles”

    “Como decirme cuando te diste cuenta que estás enamorado”

    “Eh, es que no se…”

    “Ricardo, por favor, tenés una cara de boludo enamorado total. “

    “Bueno, sí. ¿Pero vos que pensas, estoy loco de enamorarme de una escort?

    “Acá yo veo algo raro. Mostrame el número de la Agencia y cállate.”

    Llamé, pedí reservar un turno con Jenny, me contestaron y corté”

    “¿Cuándo fue la última vez que revisaste la página de la agencia?

    “Cuando la vi por primera vez, después solo por teléfono. Y desde antes de Bahamas ya directamente con ella, y no me cobraba.”

    “¿Y no te pareció raro que se pueda tomar tantos días?”

    “Ni lo pensé”

    “Bueno, me acaban de decir, que Jenny no trabaja más, que se retiró”

    “¿Cómo, en serio?”

    “Si boludo, si”

    “Pero no me dijiste nada de tu opinión de que salga con una escort o ex como ahora”

    “Ricardo, vos pretendes que yo te juzgue, no hermano, nunca. Y el pasado de Jenny es suyo, y no soy quien para juzgarla. Solo sé que esa mujer te está demostrando que te quiere, que siente algo por vos, y vos ni te das cuenta porque pensas más en el que dirán. Sinceramente no pensé verte tan pelotudo.”

    “Sos duro”

    “Ricardo, dejate de joder. A ver, ¿qué otra escusa vas a inventar?”

    “Bueno, otro tema es la edad, solo tiene 24 años”

    “Y que mierda le importa al mundo si vos sos feliz. Por favor, dejate de joder”

    En ese momento le llegó un mensaje de Jenny preguntando donde estaba. Le dijo que en 5 minutos estábamos en el bar del hotel para desayunar

    Estábamos allí cuando ella entró. Elegante, derrochando belleza. Pero su rostro era serio, solo para saludarnos esbozó una sonrisa.

    Pedimos el desayuno y ninguno hablaba.

    “Jenny, vos sabes del afecto de hermano que me une con Rick. Pero eso no quita que pueda opinar con libertad. Pues, pienso que es un estúpido, en castellano tenemos otras palabras, no se da cuenta la mujer que tiene al lado. O en realidad, se da cuenta pero no se permite disfrutarla plenamente. “

    “Tony, yo lo entiendo, un hombre de su posición, es lógico que le de vergüenza salir con una escort A y mi nombre es Kathy.”

    “Kathy, vos, sin decir nada, demostraste tener más ovarios que este estúpido. Recién traté de contratar a Jenny y me dijeron que dejó de trabajar”

    “En realidad, fue Tony el que se dio cuenta, El llamó” dijo Rick

    “Les juro que tanta miel que cae de la mesa me da asquito. Por favor, vayan a su suite, hablen y hagan lo que deben hacer y los espero en el lobby a la una para almorzar”

    Se fueron tomados de la mano, sonrientes.

    Fueron al cuarto, ni hablaron, se quitaron con velocidad la ropa, y jugaron, se acariciaron y se disfrutaron, él la besaba por todo el cuerpo, ella gemía en cada caricia, cada roce de piel. El bajó y besó, lamió y succionó su vagina. La penetro dulcemente, disfrutando hacerle el amor después de tantas veces que el mismo se lo negó. Llegaron al orgasmo y se largaron a reír, felices. Se ducharon juntos y nuevamente lo hicieron en la ducha. Y otra vez en la ducha, porque cuando ella se puso el conjunto de ropa interior, después de la primera, él se lo arrancó con pasión.

    Minutos después de la una estaban en el lobby, aún con los cabellos mojados. Rick traía una sonrisa tan grande que casi competía con la de ella. No dijeron nada. Fuimos a almorzar y a caminar por la playa desierta. Nos sentamos en la arena, y Kathy se sentó entre nosotros, y miraba el mar. De repente lágrimas corrían por sus mejillas.

    “Qué pasa, que te pasa Kathy?

    “Tony, Rick, es que en estos tres años, he estado con muchos hombres, cosa que seguramente se imaginarán. Y hasta que conocí a Rick, pensé que mi vida era esa, que nunca podría estar con un hombre por mi pasado. No por comparar la forma de hacerlo o tamaños. Simplemente porque cuando lo estaba haciendo, sabía perfectamente que era una prostituta muy cara. Ese hombre y yo estábamos por plata. ¿Cómo podría estar con un hombre y no decirle mí pasado, como soportar una mirada de asco si lo decía, como me pasó? En cambio, Una noche conocí a un hombre que sabía que estaba junto a él por trabajo. Pero no fue una noche de trabajo, fue una noche de sentirme agasajada, mimada, pero por sobre todas las cosas, respetada como mujer.

    Y a la vez siguiente fue mejor, y a la siguiente mejor aún y tuve que aceptar que de ese hombre me había enamorado, y no pude seguir trabajando. No podía sentir que estaba traicionando a quien me respetaba. Te juro Tony, nunca, en ningún momento, ni siquiera una noche en la playa que estábamos un poco pasados de alcohol, se le fue una mano, dijo algo inapropiado. Nunca.

    Y hoy, después de la cachetada de realidad que nos diste, hicimos el amor, tres o cuatro veces, perdí la cuenta y no tuve necesidad de fingir placer, ni orgasmos, porque te aseguro que me los regaló todos.

    Cuando me desperté y no estaba en la habitación imaginé que estaba con vos. Pensé que el sueño se rompería, que debería volver a lo anterior. Pero no.

    No sé qué le dijiste, pero te lo agradezco. Y te agradezco que vos tampoco me juzgues. “

    “Kathy, primero me sorprende que a su edad haya llegado a 2, eso quiere decir que está metido con todo con vos, o que se tomó un frasco de pastillas.” Dije riendo.

    “Espero que sean felices, que se disfruten, y gocen la vida.”

    “Tony, me conto Rick que vos estas solo, que no tenes esposa ni familia”

    “Si, es así”

    “Seguro que eso va a cambiar”

    Así concluye la primera parte de la historia.

  • Mi padrastro me coge mientras duermo

    Mi padrastro me coge mientras duermo

    Hacía unas semanas que no exploraba el sexo anal, no sé porqué, pero me empezó a gustar más y más así que tenía que hacer algo para animar esa llama que hay en mí, sobre todo por mi curiosidad. Así que una noche ya estaban todos dormidos, menos yo, estaba en mi habitación con mi plug insertado en mi ano, sacándolo y metiéndolo, creo que andaba muy caliente, cuando se me ocurrió una idea morbosa, ir a mamársela a mi padrastro, pues ya había pasado un mes desde que me cogió en el baño después de descubrirme con el plug ahí, y creí que se convertiría en algo intimo solo para ambos, pero al parecer no le intereso, como ya les había dicho no somos muy unidos ni hablamos mucho, solo algunos roces.

    Así que esa noche me escabullí de mi cuarto al de mi madre y mi padrastro, mi madre siempre ha tenido el sueño pesado, siempre que iba a la escuela tenía que avisarle porque nunca escuchaba el despertador, bueno, entonces entre a gatas y casi no veía nada, pero afortunadamente dejan la ventana abierta para que entre el aire más que nada, pues últimamente ha estado haciendo calor; y me posiciono hincado frente a la sabana que cubre sus shorts y lentamente se los bajo, no noto que se despierte, así que continúo, ahí estaba el preciado manjar, su verga toda flácida, la tomo entre mi mano derecha y comienzo a jalársela, sigo sin ver que se despierte, así que entonces me lo meto a la boca para saborearla, seguía flácida así que no pude disfrutarla mucho, pero continué haciéndolo, cuando de repente noto que me toma de la cabeza y empiezo a ver que su verga comienza a crecer, se había despierto, pero obviamente no dijo nada, ni siquiera se enojó.

    Yo seguí mamando ese falo hasta que noto unos chorros calientes de semen en mi garganta, pues se encontraba algo flácida ya después de un rato, por lo que era muy fácil que entrara hasta mi garganta, casi me ahogo, pero me aguante lo más que pude, y comencé a tragarme su líquido, seguí lamiendo su pene hasta que me quede con unas gotas en la boca, no quería tragarlo, después de eso, seguí mi camino gateando hasta mi cuarto, me desnude, saque mi plug y lo lleve a mi boca para untarle el semen, me lo lleve a la entrada del ano y lo empecé a introducir poco a poco, entraba muy fácil, lo sacaba y me lo metía a la boca para saborearlo, y así durante un buen rato, hasta que me sentí cansado y me fui a dormir. Dormí como bebé.

    A la noche siguiente no creí lo que pasaría, ya estaban todos dormidos o eso creí, cuando noto que empiezan a abrir la puerta de mi cuarto, creí que era mi mamá, pero no, era mi padrastro, yo estaba desnudo, solo con una cobija y con mi plug insertado pues casi todas las noches lo uso puesto; yo me hice el dormido, estaba volteado con el culo hacia la entrada, me voltee de inmediato y fingí estar dormido, luego noto que empieza a levantar la cobija por la parte de mis nalgas, y siento que las empieza a tocar, comienzo a excitarme más y más, cuando entonces me toma y me gira boca abajo, me quita la cobija y entonces comienza a remover el plug, lo hizo muy lento, eso lo excitaba yo creo, lo empezó a meter y sacar, cuando en eso lo saca por completo, noto que lo pone sobre el escritorio que hay en la cabecera, le digo que tome un condón que hay dentro de una computadora, hay con compartimento para guardar cosas, ahí guardo mis plugs y el dildo, se levanta y se dirige a la compu y saca la caja con condones, espero hasta que ya noté que se lo puso, volvió de nueva cuenta a la cama, se subió y lo siento detrás de mi, yo seguía boca abajo, en eso siento que empieza a poner su pito en mi entrada y comienza a dar golpecitos en mi ano, de repente noto que me lo empieza a meter y sacar, yo estaba extasiado, ya tenía casi un mes sin coger, y alguien viene a mi y me lo empieza a hacer, seguimos un rato así hasta que le dije que cambiáramos lugares, ahora yo quería estar arriba.

    Esta vez yo lo estaba cabalgando, le seguimos así un rato, yo lo estaba disfrutando, cuando en eso se me ocurre algo, me desprendí de su verga y me voy a mi compu y saco el dildo, en eso, lo coloco en el escritorio que está pegado a la cama y como tiene chupón en la base, lo pegue ahí, y entonces me puse a cuatro patas para poder disfrutar de la penetración anal y oral, aunque fuese un dildo, no importaba, yo lo estaba disfrutando mucho, con cada embestida yo me tragaba entero ese dildo, después de unos 20 minutos así, se me ocurre otra idea, desprendo el dildo y se lo doy a mi padrastro y le digo que me penetre con ambas vergas.

    Aunque sabía que la verga de mi padrastro era más ancha iba a ser un reto meter ambas, empieza metiendo la de él y noto que inserta el dildo, yo casi grito pues me dolió un poco, no estaba acostumbrado a dos vergas; pero aun así entraron y el continuaba con el mete y saca, no lo podía creer, le dije que sacara solo el dildo y me lo diera, le dije que ya estaba por venirme y quería hacerlo sobre el dildo, y así fue, cayo un gran chorro de semen sobre él y me lo lleve a la boca para saborearla, casi siempre probaba el precum, pues lo uso de lubricante con mis plugs, pero esta vez estaba tomando mi propio semen, como en los viejos tiempos.

    Después de un rato, noto que empieza a expulsar sus chorros de semen dentro de mi, rápidamente le saco el condón y le doy la vuelta para beberlo directo; me lo trague todo y en eso el sale del cuarto directo al baño, después de eso, ya no regreso a mi cuarto, se fue a preparase para irse a trabajar, no me había dado cuenta, por eso tuvimos mucho tiempo para coger, él se va a trabajar temprano; yo me quede cansado de tanto coger y chupar mi dildo, cayeron unas ultimas gotas y las coloque en mi plug y así me fui a dormir, ya por la mañana saque el plug y me lo metí a la boca para seguir disfrutando del semen.

    Parece ser que ya me gustó tanto mamar como que me penetren, escriban si les gustaría que continuara con más aventuras cachondas, como siempre prueba cosas nuevas, quien sabe que seguirá a continuación.

    Mi correo es: [email protected] también estoy en telegram como @km4zh0.

  • Follando al primo, a la prima, a la tía y a la tía abuela. 2

    Follando al primo, a la prima, a la tía y a la tía abuela. 2

    Mi madre quiere follar contigo.

    Jacinto y yo bajábamos la cuesta de la aldea. Iba a la tienda a hacer un recado. Me dijo:

    -Mi madre quiere follar contigo.

    Lo miré con cara de asombro.

    -¡¿Te lo dijo ella?!

    -Sí, le dije lo larga y gorda que era tu polla y se muere por jugar con ella.

    -¿Y qué más le dijiste?

    -Que te la mamé.

    -¿Es que le cuentas todo lo que haces?

    -Soy un buen hijo.

    -Un buen hijo de puta.

    -Eso también. ¿Vas a ir a mi casa?

    -¿Cuándo quiere que vaya?

    -Después de comer Alicia y yo nos vamos a Pontevedra a la casa de los abuelos. Te estará esperando en su cama.

    Llegamos al río y allí estaba mi tía Carmen lavando la ropa. Carmen era una mujer fibrosa, alta, morena, con el cabello negro azabache que le llegaba al culo, cabello que en ese momento llevaba recogido en una cola de caballo. Creo recordar que tenía 38 años, lo que recuerdo bien es su culo redondo, sus gordas tetas y sus labios carnosos, labios que jamás había pintado. Frotando una pieza de ropa en la piedra del fregadero miró para su hijo y para mí. Vimos cómo sonreía y cómo las tetas se le movían hacia delante y hacia atrás. La polla se me puso dura. Mi primo vio el bulto y me echó la mano al empalme. Le dije:

    -Estate quieto que nos pueden ver, cabrón.

    Media hora después fui al monte con la idea de hacerme una paja a la salud de mi tía y al pasar por delante de Sésama sentí un ruido que venía de dentro. Hacía años que no entraba en la cueva y pensaba que estaría todo lleno de humedad. No era así, estaba casi igual que la última vez que comiéramos allí unas cerezas. Entré en la cueva y me encontré a Conchita, estaba de espalda a mí con las manos en la cara. Siempre fui rápido pensando. Era nuestra cueva, y si Jacinto le comiera el coño a ella y a su hermana, entre ellas había algo. Le dije:

    -Así que este es vuestro nido de amor.

    Conchita se dio la vuelta, tiró al suelo las bragas que estaba oliendo, echó una mano al corazón y me dijo:

    -¡Casi me matas del susto!

    Me acerqué a ella.

    -¿Quién es una chica mala?

    -Déjame salir de aquí, Quique.

    Me aparté y le dejé espacio para que se fuera.

    -Tira. ¡Qué suerte tiene mi prima, coño!

    No se movió del sitio.

    -Tu prima y yo no jugamos a esas cosas que tú piensas.

    Mirando para las bragas que había estado oliendo y que tirara al suelo, le dije:

    -¿No? Entonces aún es peor, pues esas bragas son de prima.

    -¿Y tú cómo sabes eso?

    Las había visto en la huerta de mi tía, estaban a secar sujetas con pinzas, pero no le iba a decir eso, le dije:

    -Lo sé y punto, cómo sé que si yo no aparezco, ahora mismo te estarías haciendo una paja.

    Se hizo la decente.

    -¡Qué dices!

    -A ver, Conchita, si estabas oliendo unas bragas es porque te ibas a hacer una paja, y yo si vine al monte fue para hacer otra. ¿Te hago yo una y me haces tú otra a mí?

    Se puso altanera.

    -¡¿Me has visto cara de guarra?!

    -Tu cara es de angelita, pero de una angelita que se hace pajas.

    Le eché las manos al culo y sintió mi polla dura en su pelvis. Quise besarla, me hizo la cobra, y temblando me dijo:

    -Déjame.

    -¿Echamos un polvo?

    Sin revolverse, me respondió:

    -Ni en tus sueños.

    -En mis sueños ya follamos.

    La besé en el cuello. Seguía temblando al preguntar:

    -¡¿Te la pelaste pensando en mí?!

    -Muchas veces. Deja que te coma la boca, las tetas y el coño.

    -No te voy a dejar hacer nada.

    Forcejeando conseguí que mis labios se juntaran con los suyos y al meterle la lengua en la boca ya no los apartó. Al acabar de besarla, colorada cómo una grana, me dijo:

    -Si no cuentas nada del lío que tengo con tu prima dejo que me hagas una paja, pero la haces sin quitarme las bragas.

    Ya no se lo iba a decir a nadie, pero coño, con aquella cosita sexy a mi lado no iba a decirle que no diría nada aunque no jugáramos, así que le dije:

    -Dalo por hecho.

    Conchita tenía mi estatura, 166, era rubia, de ojos castaños y su cuerpo era ideal para el pecado, o sea, que tenía todo muy bien puesto. Ese día llevaba puesto un vestido de flores rojo y amarillo con cuello de pico que le daba por encima de las rodillas y calzaba unas sandalias marrones. Le di un pico y le levanté el vestido. Me dijo:

    -Sin más besos.

    -Tú mandas.

    Metí mi mano dentro de sus bragas y me encontré con el acolchado de sus pelos y con el coño ligeramente mojado. Con su cabeza apoyada entre mi cuello y mi hombro comencé a meter y a sacar de su coño el dedo medio de la mano derecha… El coño se fue mojando y ella empezó a gemir muy en bajito. Poco después levantó la cabeza y me dio un pico, dos, tres, y después me besó con lengua, luego su mano bajó la cremallera de mi pantalón. Estaba tan empalmado que no podía quitar la polla. Abrí el cinturón y el botón de arriba y bajé los pantalones. Me cogió la polla. No sabía qué hacer con ella, solo la agarraba. Moví el culo de atrás hacia delante y de delante hacia atrás y cuando paré ya ella sabía cómo hacerlo. Algo después dejó de besarme, me quitó los dedos de su coño y se bajó las bragas. Al volver a meter los dedos ya fueron dos los que entraron en su coño encharcado. Nos comimos a besos hasta que su coño apretó mis dedos y descargó sobre ellos. Fue una corrida grandiosa. Apretó tanto mi polla mientras se corría que al soltarla le puse el vestido perdido de leche.

    Conchita tuvo miedo de que las manchas de leche secasen y no saliesen, por eso fuimos a lavarlo a un riachuelo que pasaba por el monte. Por culpa del vestido no la follé.

    Ese día comiendo en mi casa no me salía mi tía de la cabeza. ¿Cómo serían sus tetas? ¿Cómo sería su coño? ¿Cómo follaría? Comía y sentía mi polla latir y mojar mi calzoncillo. Tuve que estar sentado cinco o seis minutos a la mesa después de comer para que se me bajara la erección.

    Media hora más tarde fui a la casa de mi tía. La puerta de la casa estaba cerrada, pero sin llave, ya que antiguamente nadie cerraba la puerta de su casa con llave. Sabía dónde dormía, así que fui a su habitación. Estaba boca abajo, sin bragas, sin sujetador, sin nada. Me fijé en su culo redondo y blanco. ¡Qué culo más rico tenía! Pensé que se había quedado dormida esperando por mí. Se dio la vuelta. En lo primero que me fijé fue en su coño. No se veía el corte con la cantidad de pelo negro que tenía, después le miré para las tetas, iban a su bola, una caía hacia un lado y la otra hacia el otro, sus areolas eran de color marrón oscuro y sus pezones metían miedo de los grandes y gordos que eran. Me quité los pantalones y mi polla se puso a mirar para las telarañas, luego me quité el resto de la ropa y los tenis y me eché sobre ella. Abrió los ojos, vio mi cara y me sacó de encima de un empujón. Se levantó de cama, y con una cara que acojonaba, me dijo:

    -¡¿Qué coño pensabas que ibas a hacer, Quique?!

    Me olió que mi primo me había engañado.

    -Jacinto me dijo que me esperabas para follar…

    -¡Y yo voy y me lo creo! ¡¡Ven aquí, cabrón!

    Al coger una zapatilla marrón de las que tenía al lado de la cama quise escabullirme, pero la habitación era demasiado pequeña y ella demasiado grande. Me agarró, se sentó en el borde de la cama, me puso en sus rodillas y me dio a romper.

    -¡¡¡Plas, plas, plas!!

    Me dejó el culo en carne viva, ya que la zapatilla era una de esas con piso de goma rojo que solo se cambiaban cando aparecían agujeros debajo. Rabioso y empalmado cómo un burro, le dije:

    -¡Al maricón de tu hijo cuando lo vea le voy a meter una capa de hostias!

    Mi tía me volvió a dar.

    -Si es que te dijo lo que dices que te dijo me encargo yo de reprenderlo, a ti que no se te ocurra tocarle o le dijo a tu madre lo que me hiciste hacer.

    -¡La puta que lo parió!

    -¡¡¡Plas, plas, plas!!!

    Dejó que me pusiera en pie, y me preguntó:

    -¿A quién llamas tú puta, cabrón?

    Ya me había llegado hasta los cojones.

    -A ti, cabrona, a ti. Seguro que ya tienes el coño mojado. ¿Te excita pegarle a un hombre?

    Se rio de mí.

    -¿Hombre? Tú no eres más que un muñeco.

    Vino a mi lado, me cogió la cabeza y me la frotó contra sus tetas.

    -¿Son estas las que le querías mamar a la puta?

    -Sí, abusona.

    Me cogió por la nuca y me llevó la boca a su coño.

    -¿Era aquí donde querías meter?

    Me estaba poniendo perro, pero perro, perro.

    -¡Sí, quería coño, quería!

    Me agarró la polla, la estranguló y su mano subió y bajó por ella.

    -¡A mí no me chilles! ¿Querías meter esto en el coño de la puta?

    -Sí.

    Mi tía queriéndome humillar se había calentado, ya que su cara la tenía roja. Le eché las manos a las tetas. Me metió dos bofetadas y me corrí cómo un pajarito. Viendo cómo la leche salía del meato e iba a parar a su dedo pulgar y anular, dedos que abarcaban mi polla, el cuerpo se le estremeció, y casi susurrando dijo:

    -La madre que te parió.

    Al acabar de correrme, le dije:

    -¿Estás cachonda, tía?

    Limpiando la leche de su mano a una sábana, mintió.

    -No. Vístete y vete.

    Estaba empalmado y mi tía estaba desnuda. No me iba de su habitación a no ser que me echara a hostias.

    -No, no me voy sin comerte el coño.

    Se hizo la dura.

    -¡Qué coño vas a comer tú!

    -El tuyo.

    -No me hagas reír.

    -No, te voy a hacer correr.

    No pensé que me sería tan fácil. Le di un pequeño empujón entre las tetas y su cuerpazo se dejó caer hacia atrás sobre la cama. Me dijo:

    -Por tu madre, Quique, de esto no le digas nada a nadie.

    -¿Ni a tu hijo?

    -A nadie.

    Me arrodillé, puse mi mano entre sus muslos y sus piernas se abrieron. Con las dos manos separé los pelos para los lados. Allí estaba el coño más grande que había visto, y estaba empapado. No era un experto comiendo coños, pero le metía la lengua dentro de la vagina y al sacarla lamía hasta el clítoris apretando mi lengua en cada lamida. Así hiciera correr a tres chavalas antes de follarlas y así pensaba hacer que se corriera ella… De vez en cuando paraba y veía cómo la vagina se abría y se cerraba y cómo sus jugos bajaban del coño al ojete y caían en la cama. Mi tía no era de las que gemía, ni siquiera hablaba mientras disfrutaba, y cuando habló fue para decir:

    -¡Qué corrida me vas a hacer echar, cabrón!

    Me agarró la cabeza con las dos manos, apretó mi boca contra su coño y moviendo la pelvis de abajo a arriba y de arriba a abajo se corrió y me baño la cara de jugos espesos, diciendo:

    -¡Toma, cabrón, toma!

    Al acabar de correrse me lamió los jugos de la cara. Me dio un beso con lengua, después se echó en cama boca abajo y me preguntó:

    -¿Te gusta mi culo?

    -Mucho

    -Hazme con la lengua en el culo lo que me hiciste en el coño.

    Antes de comerle el culo me apetecía besarla en el cuello y en la espalda y fue lo que hice. Besé su cuello por un lado, besé la nuca, besé el otro lado del cuello, y después bajé besando y lamiendo su espalda por la columna hasta llegar al hueso palomo. Abrí sus nalgas con las dos manos y vi el agujero de su culo, tenía estrías, cómo el de una de las chavalas que había follado, eso me dijo que ya le follaran el culo. Lamí de abajo a arriba. Al lamer el ojete se abría y se cerraba y lamiendo hacía arriba el ojete se abrió y la punta de mi lengua se coló dentro. Mi tía, cómo ya he dicho, no era de las que gemía, pero al sentir mi lengua entrar en su culo lo echó hacia arriba para que entrara más y soltó un dulce gemido: «Ooooh». Aquel gemido hizo latir a mi polla, que ya estaba más que mojada. Desde ese momento lamí, metí y saqué mi lengua de su ojete. Mi tía con la cabeza hacia un lado y la coleta hacia el otro no paraba de gemir. Metió una mano por debajo de su cuerpo y comenzó a hacerse una paja. En esas estaba cuando levantó las posaderas y me dijo:

    -Métemela en el culo.

    La polla entró apretada en el culo pero no más que en un coño cerrado. Follándoselo me dijo:

    -¡Pégame en el culo!

    Le di con las palmas de las dos manos.

    Mi tía se volvía loca y jadeaba cómo una perra. Sus dedos chapoteaban en su coño.

    -¡Clash, clash, clash…!

    -Dame más fuerte.

    ¡¡Plas, plass, plas!!

    -¡Más fuerte!!

    Sintió que se corría, y dijo:

    -¡¡Me corro!!

    Su ojete apretó mi polla y ya no pude más, le llené el culo de leche.

    Al acabar de corrernos, quise follarle el coño. Me preguntó:

    -¿Has traído condones?

    -No.

    -Pues sin condones no metes en mi coño.

    Por ese día se acabara la fiesta.

    Compré los condones en el mercado, pero iba a estrenar la caja con su hija y alguien más.

    Mañana más.

    Quique.