Blog

  • El día en que me masturbaron en un laboratorio clínico

    El día en que me masturbaron en un laboratorio clínico

    La siguiente experiencia me sucedió cuando tenía 24 años, poco después de haber terminado la universidad. A decir verdad nunca había contado esta historia y considero oportuno describir primero los detalles del contexto en el cual me encontraba, por lo que debido a esto espero que se comprenda el que no entre de lleno inmediatamente a la experiencia como tal.

    En fin, recuerdo que por aquel entonces desafortunadamente presenté un cuadro de lo que se conoce como prostatitis abacteriana, un diagnóstico no tan común tomando en cuenta la edad que tenía, por lo que para esto había estado acudiendo a un urólogo desde hacía meses y tomando la medicina respectiva.

    Lo que pasó a continuación explica a grandes rasgos el título de este relato y es que, durante aquellos días, tenía planeado realizarme un espermocultivo por órdenes de mi urólogo, un estudio habitual y preventivo en este tipo de cuadros clínicos que yo ya me había realizado anteriormente y en donde se busca algún tipo de bacteria en el semen.

    Fue justo una semana antes de ir al laboratorio cuando sufrí un accidente en el cual acabé con el brazo derecho roto y la muñeca izquierda dislocada, así como con otras fracturas algo severas que me obligaron a estar en el hospital un par de días y en casa en cama durante unas semanas.

    Así pues, las extremidades más afectadas fueron mis brazos, ambos me los tuvieron que enyesar y el pronóstico del traumatólogo no era nada bueno, debía estar así al menos unos 2 meses y acudir después a rehabilitación al menos otro mes.

    Este se convirtió en un periodo bastante difícil e incómodo para mí ya que, además, un familiar mío se quedó conmigo en mi departamento durante un tiempo para ayudarme a realizar tareas tan sencillas como comer e ir al baño, a lo cual no me pude negar. Prácticamente estaba casi inmóvil y realmente necesitaba ese tipo de ayuda.

    Por fin, después de unas semanas, comencé a sentirme mejor, aunque todavía no podía ni me estaba permitido realizar algún tipo de movimiento que requiriera gran esfuerzo en los brazos. Aun así, con el pasar de los días logré ser un poco más independiente y pude, entre otras cosas, volver a caminar.

    Para mi mala suerte, poco después comencé a presentar una recaída: mis síntomas de prostatitis se agudizaron nuevamente obligándome a pasarla todavía peor y afectando también severamente mi estado de ánimo.

    Al ver que las molestias no cedían como de costumbre a pesar de seguir tomando las medicinas, decidí entonces contactar a mi urólogo y afortunadamente pude agendar una cita para la mañana siguiente, así como contar una vez más con el apoyo de mi familiar, quien me llevó en auto hasta allí sin dudarlo.

    Al entrar al consultorio el urólogo claramente se sorprendió y de manera breve le conté lo que me había sucedido, así como la razón de mi consulta. Me explicó que probablemente mis molestias se debían al tiempo de mi estancia en el hospital y que tal vez ahí había adquirido una infección o que simplemente eran mis síntomas habituales ahora más intensificados.

    Siendo ambas meras suposiciones, el urólogo me comentó entonces que lo más adecuado sería realizarme cuanto antes el espermocultivo para descartar cualquier otro posible diagnóstico.

    Haciéndole saber que en esos momentos obviamente me era imposible masturbarme, me preguntó cómo iba mi recuperación para tener una idea del tiempo que debía esperar para hacerme el estudio. Pero esto no estaba ni cerca, le expliqué que faltaba al menos otro mes para que me quitaran el yeso, sin contar que debía ir a rehabilitación lo cual retrasaría aún más la espera.

    Al notar mi preocupación, el urólogo me dijo entonces que existía otra alternativa si yo estaba de acuerdo. Así pues, me comentó acerca de un proceso llamado vibroestimulación, el cual es de gran ayuda en casos de disfunción eréctil, sobre todo en hombres que presentan lesiones en la médula espinal, pero que en mi situación en particular también podría ayudarme sin problema.

    Me explicó que en tal procedimiento se coloca un dispositivo en el pene para estimular las terminaciones nerviosas y así poder lograr una erección y posteriormente la eyaculación, siendo esta última el único propósito de mi caso. Me dijo además que no requeriría esfuerzo alguno y que dicha técnica no presentaba ningún riesgo. Sin pensarlo mucho acepté, aunque el proceso me resultaba, a decir verdad, un poco extraño.

    Seguido a esto, el urólogo realizó una llamada a un laboratorio especializado en este tipo de estudio, ya que era un procedimiento no tan común sobre todo en mi caso, aprovechando también para agendar mi cita para las 10 am de la mañana siguiente. Finalmente me dio la dirección y me comentó que no me preocupara, que en el laboratorio me iban a explicar todo con más detalle. Con todo esto lo único que me reconfortaba era que no tenía que levantarme tan temprano y me daría tiempo para asearme y desayunar tranquilamente ya que el estudio no requería ayuno.

    Al llegar al laboratorio la mañana siguiente, lo primero que llamó mi atención fue lo grande que era este ya que incluso tenía dos pisos, algo que nunca había visto en un lugar de este tipo. Por su aspecto lujoso no dudé inmediatamente en que contara con ciertos aparatos de tecnología avanzada que permitieran realizar toda clase de estudios. Me sentía algo nervioso y pude notar también que había muy poca gente en la sala de espera lo cual hizo que el lugar se sintiera aún más amplio.

    Me dirigí entonces con mi familiar a la recepción donde nos atendió una mujer de unos 50 años. El proceso fue muy rápido y seguidamente se nos pidió tomar asiento para esperar mi turno en ser atendido. No esperé mucho para que al fin alguien me llamara por mi nombre completo, como suele suceder en este tipo de lugares.

    La persona en cuestión era una joven enfermera quien vestía un pantalón azul ligeramente entallado y una blusa de manga corta también azul del mismo tono en la cual se veía su nombre bordado, así como el logotipo del laboratorio. Llevaba unos zapatos blancos y cerrados con tacones apenas perceptibles, además de una cofia que constataba su profesión. De inmediato me impresionó lo arreglada y elegante que lucía, aunque esto no era de extrañar considerando el aspecto del lugar en donde me encontraba.

    Cuando la vi calculé que a lo mucho tendría unos 30 años, de cabello negro y lacio el cual lo llevaba recogido. Era delgada, de estatura media y de una tez entre morena y apiñonada. Sus facciones expresaban cierta delicadeza, su nariz lucía respingada y sus ojos algo rasgados sin exagerar. Sus labios resaltaban debido al ligero toque de labial color morado oscuro que llevaba puesto. Recuerdo también que portaba unos anteojos grandes con armazón morado y de forma ovalada que le añadían un extra de profesionalidad. Sin duda su rostro, al menos para mí, denotaba una belleza muy particular.

    A simple vista lucía un cuerpo que si bien no era como el de una modelo, sí bastaba para que fuera el blanco de una que otra mirada. Sus pechos lucían pequeños, sin embargo a través de la blusa se notaban bien formados. Sus nalgas, en contraste, eran de tamaño considerable, bien paradas y con una forma que llamaron rápida e increíblemente mi atención, especialmente cuando las vi de reojo por primera vez mientras la seguía a la habitación donde me iban a hacer el estudio. Además, como si todo esto no fuera suficiente, parecía alguien muy amable, característica que pude notar de inmediato.

    -Buenos días, por aquí por favor -me dijo con una sonrisa y un suave tono de voz que claramente encajaba con todo lo anteriormente mencionado. Mientras la seguía y aprovechaba para admirar un poco mejor su delgada y atractiva figura, me di cuenta de las tantas habitaciones que tenía el laboratorio, parecía una especie de laberinto y, además, había demasiado silencio.

    Al llegar por fin a la habitación, la cual estaba en el segundo piso, observé que había una camilla, una pequeña mesa, un banquito, una cortina que permitía tener un poco de privacidad y un cuadro de Monet, además de un pequeño lavabo, resultándome esto último un tanto curioso. Mientras la enfermera cerraba la puerta, mencionó nuevamente mi nombre completo ahora en forma de pregunta, como si una vez más quisiera asegurarse de que yo era el paciente en cuestión.

    -Sí –afirmé a secas. Noté que la enfermera miraba mis brazos enyesados pudiendo ver en su rostro una ligera expresión que denotaba preocupación.

    -Muy buenos días, mi nombre es Paulina y estaré a cargo del estudio que te solicitan –me dijo nuevamente en tono amable. Inmediatamente me sorprendió que me tuteara, aunque supongo que lo hizo para crear un ambiente de confianza debido a lo que estaba a punto de suceder, algo que ni yo mismo me esperaba.

    -Sí, está bien –me limité a contestar.

    -Bien, veamos…-y señaló la hoja que llevaba- me piden aquí que el estudio es un espermocultivo y que la muestra se obtendrá a través de vibroestimulación, ¿verdad? ¿Te comentaron en qué consiste? -preguntó.

    -Sí, bueno, mi urólogo me explicó a grandes rasgos cómo funciona –respondí con un poco de incertidumbre porque no sabía con exactitud cómo iba a ser y quién iba a realizar tal procedimiento. La enfermera entonces comenzó a llenar dicha hoja mientras me hacía algunas preguntas. Al finalizar me dijo con una sonrisa:

    -Bien… dame un momento por favor. Toma asiento, voy a traer el material correspondiente. Enseguida regreso.

    Una vez estando solo en la habitación comencé a ponerme más nervioso de lo que ya estaba. ¿A qué material se refería? ¿Cómo era aquel dispositivo que me había comentado el urólogo? Y lo que me tenía aún más intrigado: ¿Era yo quien iba a realizar el procedimiento? ¿Y si lo hacía mal? Respiré un poco tratando de tranquilizarme, miré entonces el cuadro de Monet que colgaba en una de las paredes y decidí olvidar todo lo anterior perdiéndome un poco en el paisaje que ofrecía.

    Pasaron unos cuantos minutos cuando Paulina volvió. Al entrar vi que traía una charola de metal sobre la cual habían dos frascos de plástico estériles como los que se utilizan para las muestras de orina, pero de boca menos ancha. Uno contenía unas cuantas bolitas de algodón bañadas en un líquido rosa; el otro estaba completamente vacío. Además había una especie de pinzas e inmediatamente intuí que ese era el dispositivo. La enfermera nuevamente cerró la puerta, esta vez con seguro, se dirigió hacia mí y me dijo en un tono más serio:

    -Bien, debido a tu estado de salud te explicaré cómo se obtendrá la muestra… Es sencillo, puede ser tardado, aunque eso depende de ti. Además, vas a ayudarme un poco.

    -Sí… -afirmé con curiosidad.

    -Lo primero que voy a hacer será limpiar y desinfectar tus genitales con estos algodones –me explicó mientras señalaba uno de los frascos. -Posteriormente realizaremos la vibroestimulación con este pequeño dispositivo. ¿De acuerdo? Lo colocaré en tu glande, pero para esto es necesario que tengas erección, después enciendo el dispositivo y con las vibraciones que genera serás capaz de eyacular en cierto tiempo. Finalmente recogeré el semen con este otro frasco estéril y eso será todo. ¿Alguna duda?

    -No, está bien… -me limité a responder con un poco de confusión. Yo sentí que no había procesado todo lo que acababa de escuchar por lo que al mirar mi expresión Paulina me dijo:

    -No te preocupes, no es tan difícil. –Yo solo me limitaba a afirmar con la cabeza sin decir nada.

    -Bien, entonces me lavaré las manos para poder empezar –expresó en un tono decidido.

    Paulina se dirigió entonces al lavabo que había en la habitación para realizar el lavado de manos. Casi al finalizar me pidió amablemente que me pusiera de pie. Entonces se acercó, sentándose ahora ella en el banquito y quedando justo enfrente de mí mientras se colocaba cuidadosamente unos guantes de látex. Al finalizar dicha tarea me dijo:

    -Si me permites… -señalando con un dedo mis pantalones dando a entender que requería bajarlos.

    -Sí… -respondí. Acto seguido Paulina, sin avisarme, comenzó a bajarme también mis calzoncillos hasta la altura de mis rodillas.

    Al quedar expuesto, inmediatamente sentí un pequeño escalofrío en todo mi cuerpo. Mi pene, el cual se encontraba más o menos a la altura de sus labios, estaba totalmente flácido. Sin duda me sentía nervioso y hasta un poco avergonzado, ya que en todas las semanas anteriores no había podido recortarme el vello púbico y ahora lucía bastante largo y desaliñado. Por su parte, Paulina no parecía nerviosa en absoluto, o al menos eso es lo que aparentaba.

    -Bien… -me dijo con naturalidad tomando uno de los frascos en sus manos -voy a frotar…

    -Yo no respondí. Vi que la enfermera empapaba una bolita de algodón en el líquido rosa y acto seguido pude sentir cómo lo deslizaba a lo largo de toda la parte de enfrente de mi pene muy lenta y delicadamente. El algodón alcanzaba a rozar también una zona de mi glande ya que yo estaba circuncidado y es que, a pesar de que el líquido estaba un poco frío, la sensación era agradable.

    El segundo algodón que tomó Paulina lo dirigió esta vez a la parte anterior de mi miembro, el cual lo sujetaba muy apenas con una de sus manos llevándolo hacia arriba muy despacio, mientras que con la otra lo limpiaba añadiendo pequeños y ligeros movimientos circulares. Sin duda llamó mi atención una vez más la gentileza con la cual la enfermera trataba a mi pene, como si quisiera ser lo más cuidadosa posible debido a mi estado de salud actual.

    El tercer y último algodón lo llevó sorpresivamente durante pocos segundos hacia la zona de mis testículos. Pude apreciar cómo su otra mano, con la palma extendida hacia arriba, la colocaba justo por debajo de ellos rozando esta apenas los vellos que tenía, como tratando de que esto facilitara dicho procedimiento. Después, pasó el algodón nuevamente hacia arriba, poco a poco, por cada zona de mi miembro finalizando en el glande.

    Aquí fue en donde se detuvo unos segundos más en comparación a todo lo anterior. Paulina realizaba los mismos movimientos, sólo que ahora de manera mucho más delicada. Recorría el algodón en cada parte, en los bordes, debajo de estos y en la zona del frenillo.

    Yo continuaba nervioso y es que no sabía hacia dónde dirigir la mirada. Ciertas veces veía hacia el techo, sin embargo, por momentos me detenía a contemplar la expresión con la cual Paulina seguía realizando tal tarea. Otras veces me dedicaba a admirar su atractiva figura que minutos antes había llamado tanto mi atención. Comenzaba a pensar también en lo excitante que me resultaba que una mujer tan hermosa tuviera el control sobre mi pene, incluso en una situación como esta.

    Una vez finalizada la tarea, Paulina soltó mi miembro, se puso de pie y me dijo:

    -Listo. Bien… puede ser incómodo pero como te expliqué, para que ahora yo coloque el dispositivo debes tener erección… –Al decir estas palabras noté que la enfermera miraba de reojo mi pene, el cual había crecido apenas un poco por todo lo anterior y debido a esto añadió:

    -Si consideras oportuno puedes ir detrás de aquella cortina y salir cuando estés listo.

    -Sí, gracias… -respondí con cierta resignación. Yo me sentía avergonzado. No podía creer que a pesar de lo atractiva que me parecía Paulina, y aún más con la limpieza que me acababa de realizar, no lograba conseguir una erección. Pero bueno, a decir verdad y por más que quisiera, en ese momento yo no me sentía dispuesto para algo como esto ya que todavía presentaba algunos dolores musculares debido al accidente y un poco de malestar general, por lo que comenzaba a pensar que dichas dolencias me provocaban una especie de bloqueo.

    Así pues me dirigí hacia la cortina mencionada y esperé, tratando de que cualquier imagen o situación erótica que viniera a mi cabeza sirviera para lograr tal propósito. Sin embargo, pasaron unos cuantos minutos y para mi desgracia la erección nunca sucedió. Salí entonces y, mirando a la enfermera con aún más resignación, dije en un tono bajo:

    -Lo siento, creo que estoy algo nervioso. –Y en parte lo estaba. Calculo que habrían pasado ya alrededor de 20 minutos desde que habíamos entrado a la habitación. En realidad comenzaba a desesperarme y no sé por qué el dolor en mis brazos se intensificaba cada vez más. Al ver el grado de mi frustración, Paulina, con su tono dulce y comprensivo, me dijo:

    -No te preocupes, tómate tu tiempo. –Seguidamente se levantó para depositar en el bote de basura que estaba en una esquina unos pequeños utensilios de plástico que al parecer resultaban inservibles. Entonces me quedé inmóvil admirando de nueva cuenta su delgada figura mientras caminaba dándome la espalda, clavando una vez más mi mirada en sus enormes nalgas y sintiendo una ligera excitación. Cuando se dio la vuelta, Paulina vio que yo continuaba ahí, contemplándola con un gran deseo del cual no sé si se percató. Traté de desviar la mirada notándoseme cierto nerviosismo, pero entonces se dirigió hacia mí, y mientras se sentaba nuevamente en el banquito me preguntó con una ligera sonrisa y como si tuviera toda la paciencia del mundo:

    -¿Aún no? Tranquilo, si quieres respira lento y profundo, eso ayuda muchas veces a relajarnos… –Me dediqué entonces a realizar lo que me pedía. Calculo que pasó aproximadamente un minuto cuando por fin logré sentirme totalmente relajado y el dolor que presentaba en mis brazos, así como el malestar general, habían desaparecido mágicamente casi por completo. Paulina, al notar esto me preguntó:

    -¿Mejor?

    -Sí –respondí en un tono mucho más tranquilo. -Gracias.

    -Okey… si gustas tratar nuevamente… –señalando la cortina para que yo tuviera privacidad y poder lograr la erección. Sin embargo, no dio tiempo suficiente ya que en ese momento experimenté una excitación que se manifestó en instantes e inmediatamente comencé a sentir y a ver cómo crecía poco a poco mi miembro justo en frente de ella. Bajé la mirada hacia Paulina y pude notar también la ligera expresión que hizo ante tal logro. No sé qué es lo que pasaba por su mente, pero ver su hermoso rostro a tan sólo unos cuantos centímetros de mi verga completamente erecta hizo que me excitara aún más.

    Debo decir que me extrañó un poco ya que, después de lograr tal objetivo, Paulina se quedó unos segundos sin decir nada, solamente admirando el trozo de carne que tenía justo enfrente, como esperando para ver si crecía aún más.

    De repente, estando en dicha situación, yo comenzaba a tener pensamientos muy pervertidos que posiblemente nunca sucederían. Y es que de pronto aparecieron en mí unas inmensas ganas por cogerme a Paulina justo en ese momento. El morbo me consumió. Cuánto deseaba probar sus pequeños pechos y chupar sus pezones hasta que se pusieran tan duros como mi pene lo estaba en ese momento. Cuánto deseaba que, sin más, montara entusiasta mi miembro hasta que quedara completamente extasiada y complacida. Cuánto deseaba que mi verga entrara una y otra vez en su estrecha y apetecible vagina, mientras que al mismo tiempo mis testículos chocaran salvajemente contra sus enormes nalgas.

    Comenzaba a imaginarla desnuda y me entraba una gran curiosidad por conocer su cuerpo, por conocer el aroma y el sabor de cada una de sus partes. Imaginaba cómo se sentiría su lengua recorriendo todo mi miembro y cómo reaccionaría ella si sorpresivamente me corriera completamente dentro de su boca. Me preguntaba también si Paulina se encontraba excitada en ese momento al tener una verga totalmente erecta justo enfrente aunque lo tratara de disimular. Me preguntaba si una situación como esta sería suficiente para que comenzara a mojarse tan siquiera un poco o para que tuviera hasta el mínimo pensamiento pervertido que fuera en contra de sus principios. Todas estas fantasías sucedieron tan rápido en mi mente que mi nivel de excitación llegó al máximo punto.

    Al notar pues que la erección se mantenía firme la enfermera, quien con su voz interrumpió tales pensamientos, me dijo:

    -Parece que estás listo, vamos a comenzar… -Rápidamente se levantó, cogió el dispositivo que estaba en la charola y volvió a sentarse.

    -Bien… voy a encenderlo así y… Listo, ahora voy a colocarlo en tu glande y comenzarás a sentir vibraciones… -Para ayudarse, Paulina sujetaba apenas el tronco de mi pene erecto con una de sus manos, mientras con la otra colocaba cuidadosamente los dos brazos que tenía el dispositivo, uno en cada lado de mi glande, sintiendo yo una ligera presión.

    Al hacerlo, inmediatamente comencé a sentir las vibraciones que recorrían cada zona de mi pene. Tuve un escalofrío ya que tales sensaciones nunca las había experimentado, además creo que realicé una ligera mueca ya que Paulina me preguntó:

    -¿Todo bien? –Yo no respondí. Las sensaciones eran tan estimulantes e intensas que me pareció no haberla escuchado. Primeramente, mi mirada se centraba en el dispositivo, realmente me parecía un aparato fenomenal debido a la excitación que provocaba.

    Notaba también la expresión que tenía Paulina ya que, al estar en esta situación, no le quedaba otra más que mirar el procedimiento y, por ende, a mi miembro erecto, el cual no tardó mucho en comenzar a expulsar una buena cantidad de líquido pre seminal. Después de unos cuantos minutos, mientras con una mano la enfermera continuaba sujetando el dispositivo, con la otra se las ingenió para quitar la tapa del otro pequeño frasco estéril que estaba justo al lado, en el cual yo iba a depositar el semen. Entonces alzó la mirada recordándome:

    -No se te olvide avisarme, por favor… -Respondí sin decir nada, únicamente asintiendo con mi cabeza y con los ojos entreabiertos mientras respiraba de manera un poco agitada y acelerada. Comencé a gemir tratando de ser lo más discreto posible, sin embargo, el placer que recorría mi cuerpo cada vez iba haciendo que dejara de preocuparme por lo que pensara Paulina o porque alguien me escuchara fuera de la habitación. Después de unos minutos sentí una satisfacción indescriptible que hizo que soltara un gemido muy singular, el cual Paulina inmediatamente notó alzando su mirada hacia mí.

    Esto provocó que los pensamientos pervertidos de hace un momento resurgieran esta vez con más intensidad. Ahora contemplaba a Paulina todo el tiempo, pensando nuevamente en lo hermosa que era, en sus colosales nalgas, en sus pequeños pero seguramente insaciables pechos y en todo lo que hacía que luciera tan deseable.

    No sé cuánto tiempo pasó, pero hubo un momento en el cual experimenté una intensa corriente por todo mi cuerpo, comencé a apretar los dedos de mis pies y a presentar pequeños temblores en las piernas. Mis gemidos eran cada vez más fuertes y en mi miembro surgían intensas palpitaciones.

    Creo que Paulina intuyó que iba a correrme porque mientras ocurría esto se las arregló para colocar el frasco abierto apuntando a mi glande antes de que yo le avisara. Fue entonces que, sólo unos segundos antes de correrme, finalmente exclamé a manera de susurro y de forma corta:

    -¡¡¡Yaaa!!! –Mis gemidos resultaron muy intensos y es que el placer que sentí era tanto que no me preocupé en absoluto porque incluso alguien fuera de la habitación me escuchara. Tal orgasmo parecía no tener fin pues yo sentía cómo expulsaba chorros y chorros de semen al mismo tiempo que mis piernas continuaban temblando y mi cuerpo se contraía involuntariamente. Pude ver también una ligera expresión de asombro por parte de Paulina mientras eyaculaba por toda la cantidad que había salido, y es que se había llenado casi medio frasco.

    Al finalizar, al mismo tiempo de que mis gemidos comenzaron a cesar poco a poco, Paulina se cercioró de que todo el semen había sido recogido. Posteriormente apagó el dispositivo y me lo retiró cuidadosamente.

    A pesar de todo lo anterior, yo continuaba presentando una excitación tremenda y esto lo comprobé, ya que sólo segundos después pude notar una pequeña gota de semen que apenas comenzaba a salir de mi glande. Sabía que si algo me tocaba otra vez posiblemente iba a expulsar otro chorro.

    -Terminamos, déjame te limpio…- me dijo Paulina mientras mi respiración comenzaba a normalizarse y ella se aseguraba de cerrar el frasco. Mientras la enfermera comenzaba a limpiarme con pequeños trozos de papel miré mi miembro el cual continuaba completamente erecto. No lo podía creer pues después de tanto trabajo que me había costado lograr la erección ahora era imposible que cediera.

    De nueva cuenta tenía mi verga parada justo en frente de la cara de Paulina mientras ella seguía limpiándome. Notaba la expresión con la cual miraba mi miembro y aunque no sabía qué es lo que pasaba por su mente, me moría de ganas por averiguarlo.

    Cuánto deseaba que en ese momento me chupara la verga y que su boca recorriera cada parte de ella. Sentí unas ansias interminables por poder correrme en toda su cara, en sus labios, en sus mejillas e incluso por encima de sus anteojos, los cuales la hacían ver todavía más deseable. Sin embargo, después de unos segundos se puso de pie y me dijo que había terminado. Posteriormente, se dedicó a subirme los calzoncillos y el pantalón mirando por última vez mi pene erecto y a continuación, con todo el profesionalismo posible, me indicó qué día estaría mi resultado.

    Finalmente salimos de la habitación, la seguí a través de un camino diferente y se despidió de mí sin más, deseándome una pronta recuperación y un buen día.

    No sé cuánto tiempo habría transcurrido ahí dentro, pero a mí me pareció una eternidad con todo lo que había sucedido. Cuando llegué a la sala de espera me encontré con mi familiar y abandonamos el laboratorio. Al llegar a casa tardé un poco en asimilar todo lo que había pasado y todo el día estuve pensando en ello.

    Después de unos días fui de nueva cuenta con mi urólogo a llevarle mis resultados y afortunadamente no tenía infección. Confirmó con esto que únicamente mis defensas estaban un poco bajas por lo del accidente, lo cual contribuyó a que mis síntomas de prostatitis abacteriana empeoraran. A fin de cuentas, después de unas semanas más, tomando las medicinas respectivas, pude sanar de esta afección.

    Pasó todavía otro mes para que me quitaran ambos yesos. Como mencioné tuve que ir a rehabilitación lo cual me resultó un tanto tedioso, sin embargo, en otro mes más y con los cuidados necesarios, yo ya estaba completamente recuperado.

    Hubo días en los que pensaba en Paulina y debo decir que hasta tuve una ligera obsesión. En ocasiones me entró la loca idea de planear una forma en la cual pudiera volver a verla. Incluso a veces consideraba en ir de nueva cuenta a ese laboratorio para hacerme unos estudios de rutina con la esperanza de encontrarla, sin embargo después todo esto me resultó absurdo ya que sólo yo tenía esa idea y Paulina era alguien que únicamente estaba haciendo su trabajo, mostrándose profesional todo el tiempo.

    Y pues esa es mi historia, gracias por leerme. Creo que a fin de cuentas, independientemente del accidente y todo lo demás, esta experiencia será algo que nunca olvidaré.

  • 6 Squirts en “Viernes Santo”

    6 Squirts en “Viernes Santo”

    El fin de semana mi novio y yo quedamos de estar juntos en mi departamento aprovechando que mi roomie había salido a su ciudad natal, yo preparé lasaña, me puse bonita para mi novio y lo esperaba con muchas ansias.

    Llegó la noche, él llego con vino y oliendo delicioso, nos dispusimos a cenar la lasaña y el vino mientras que de fondo sonaba un lindo jazz, platicamos acerca de nuestro día esa fue nuestra primera cena romántica a la luz de las velas ya que solo llevamos 3 meses de ser novios.

    Terminamos de cenar, limpiamos la mesa y nos fuimos al sofá a terminar nuestro vino, pusimos música de salsa para bailar y entrar en ambiente, siendo sincera a mi el vino se me sube muy rápido y ya íbamos por la segunda botella, entre besos y abrazos el ambiente se empezó a calentar,

    Nos acostamos en el sofá y los besos en el cuello fueron subiendo de nivel no paso más de 5 minutos en los que ya estábamos completamente desnudos mientras el masturbaba mi cosita yo hacía lo mismo optamos en hacer un (69) para que ambos sintiéramos placer, nos acomodamos y enseguida cada uno comenzó hacer su parte, ambos somos buenos practicando orales así que era delicioso estar sentada en su carita mientras se comía mi cosita.

    Estábamos tan calientes que me bajé a su miembro y sin pensarlo comencé a cabalgar como loca, estábamos tan excitados que nuestros gemidos y el rebote de su miembro en mi trasero hacían una dulce melodía, el me pidió algo que jamás había pedido me supongo por el poco tiempo que llevamos de relación´.

    Novio: Amor podemos intentarlo por atrás

    Yo: No sé me hace mucho que no lo hago tengo miedo a que me duela

    Novio: te lo meto quedito, prometo no lastimarte (mi novio tiene pene grande y grueso, eso era lo que más me aterraba)

    Yo: está bien, pero no seas tan duro (corrí a mi cuarto por aceite de almendras para que resbalara al entrar y no fuera tan doloroso)

    Al volver con el aceite mi novio se bajó y comenzó a lamer mi ano hasta mojarlo todo se lo comía de una manera que cada vez me excitaba más, empezó a penetrarlo con los dedos para al entrar no estuviera tan cerrado, se puso condón y se dispuso a meterlo poco a poco.

    Novio: ¿Te duele amor?

    Yo: Ahhh si amor, pero no te preocupes tu sigue (me estaba doliendo bastante llevaba tiempo sin tener sexo anal y ahora imaginen que te esté entrando un miembro muy cabezón era tan rico, pero tan doloroso).

    La punta del pene había entrado así que comenzó a meter y sacar para que mi coñito se fuera acostumbrando, no paso mucho tiempo cuando me la dejo ir completa se sentía tan delicioso, todo estaba perfecto ya que la sensación por el ano supera el vaginal así que yo no paraba de gemir y abrirme las pompas para que el tuviera un bonito panorama.

    Novio: Te gusta amor, no te estoy lastimando.

    Yo: Me encanta bebé sigue así (mientras gemía) pero dame más fuerte amor y jálame el cabello.

    Novio: Si mi amor te gusta duro chiquita bella (y comenzó a darme tan fuerte que mi trasero me dolía de tanto rebote, la sensación era tan delicioso que mis pezones estaban tan duros).

    Yo: Si amor así dame me encanta párteme todita nalguéame mi amor, no paso tanto tiempo que mi cuerpo se fue entumeciendo y comencé a sentir la sensación de llegar al orgasmo.

    Amor: me voy a venir Ahhhh que rico, pero sígueme dando fuerte amor, fuerte que me encanta, (en ese momento me vine, pero nunca pensé que iba a ser un squirt mi novio no tuvo oportunidad de tocarlo porque el estaba tomando mi cintura).

    Amor no sentiste tuve un squirt, tocamos la cama y en efecto estaba empapada de todos mis juguitos, él estaba muy emocionado porque había logrado un squirt tan rápido, así que sin dudarlo comenzó a darme más fuerte y mientras me la metía y sacaba se agachaba para morder mi espalda sentía tan rico que no paso tanto tiempo y seguía ahí en cuatro viniéndome por segunda vez.

    Yo: Amor sigue así me voy a volver a venir.

    Novio: Si mi vida vente todas las veces que tú quieras (bajo una de sus manos a mi cosita y seguía rebotando sus pelotas en mi trasero).

    Yo: Ya amor me voy a venir.

    Ahhhh que rico, si mi amor que rico me estas cogiendo (mi segundo squirt estaba saliendo y mojando la mano de mi novio mientras el frotaba mi clítoris).

    Novio: ¿Que rico amor me regalas otro? (y siguió dándome igual de fuerte y unas nalgadotas que sin mentir sonaban en todo el departamento).

    Yo: Si amor todos los que quieras sigue así cógeme Te amo me encanta como me estas cogiendo (mis piernas seguían temblando y mis nalgas estaban tan adoloridas que eso era el dúo perfecto para lograr un tercer squirt).

    Novio: Vente mamacita, me encantas, eres mi pinche diosa, no quiero que terminemos, quiero seguirte cogiendo por mi te cogería todo el maldito día.

    Yo: Si amor yo solo quiero que me cojas tú siempre.

    Ahhhh otra vez amor, me estoy viniendo amor toca—toca mira todo lo que me estas sacando.

    Novio: Si amor tu lechita es mía que rica y calientita estás me encantas mi vida.

    Después de tres squirts y estar en cuatro por ese tiempo ambos decidimos cambiar de posición, tendimos una cobija en el piso él se recostó y enseguida me lo metí nuevamente por el ano, comencé a cabalgar sentía que su cabeza tocaba lo más profundo de mis entrañas sentía el doble de placentero que cuando estaba en cuatro, sin pensarlo empecé a saltar como loca mis nalgas rebotaban en su pelvis mientras que el gemía riquísimo.

    Novio: Que rico te estás dando mi amor, si así cógeme, te mueves bien rico.

    Ahhh me encantas amor, eres mi pinche diosa, te amo mi vida.

    El sonido de mis nalgas rebotando en su pelvis, me hacían sentir que estaba cabalgándolo delicioso así que no pare, porque me encantaba escuchar las palabras y los gemidos de mi novio y claro me estaba encantando la sensación que me provocaba su verga penetrándome analmente, mi orgasmo estaba nuevamente por llegar.

    Yo: Amor me voy a venir, me encanta, me encanta (cabalgaba más duro y rápido, me dolían las nalgas del rebote que hacían en su pelvis, pero no me importaba me encantaba porqué los dos sentíamos delicioso).

    Novio: Si amor vente que rico vente princesa, me encanta como me estas cogiendo.

    Ahhhh, así princesa así.

    Yo: Amor amor me estoy viniendo que rico ahhhh.

    (Le mojé toda la pelvis de mi lechita, escurría por toda su pelvis y bajaba la cobija que habíamos tendido).

    Novio: Que rica cogida me estás dando mi amor y aparte con premios me encantas, tú eres mía y de nadie más no quiero que vuelvas a coger con alguien más.

    Yo: No amor yo soy tuya y de nadie más, me encanta como me coges tú.

    Mi novio estaba tan loco de lo que estaba viendo estaba logrando cogiéndome por mi coñito y sobre todo había logrado sacarme tres orgasmos hasta el momento, no descanso, no me dejo salirme ya que su verga seguía tan erecta y dura, me tomo de la cintura y comenzó a darme sin parar estaba ahí sentadita en su pelvis con su verga adentro y yo sin mucho esfuerzo ya que me había venido tres veces.

    Novio: Me regalas otro mi vida, me encanta como te vienes y me mojas todo, te vienes rico, amor, si uno más.

    Yo: Si amor, pero no dejes de darme fuerte sígueme cogiendo así mi vida, así cógeme mi amor, me encanta como me lo estás haciendo soy tuya y solo tuya (eme deje llevar, en mi mente solo pasaba la sensación de su verga adentro de mi y el bello sonido que emitía su pelvis rebotando en mis nalgas, el dolor del rebote era más doloroso porque como estaban mis nalgas mojadas el dolor era más fuerte y tronado, estaba ahí a punto de llegar a mi cuarto squirt).

    Amor ya ya ya me voy a venir que rico me cogeees amor, te amo no pares mi vida.

    Ahhhh (comencé a sacar toda mi lechita empapando nuevamente toda la pelvis de mi novio).

    Novio: Ay que rico princesa, me ayudas a venirme estoy por llegar me puedes cabalgar.

    Yo: Claro que si mi vida ahora te toca a ti venirte.

    Volví a cabalgarlo súper duro me encantaba ver y escuchar las sensaciones de mi novio, como apretaba sus labios y como gemía de lo rico que estaba sintiendo, le tomé sus manos para que tocara mis senos.

    Yo: amor apriétame mis pezones.

    Novio: Si amor, lo que quieras sigue rebotando así ya me voy a venir.

    Yo: Apriétamelos más duro (mientras seguía cabalgando como loca) ¿Te gusta mi amor? ¿Te gusta cómo te estoy cogiendo? Mi vida, (yo estaba a punto de tener mi quinto squirt estaba tan débil que era fácil llegar a otro orgasmo).

    Amor no tarde tanto que ya me voy a venir mi amor, vente conmigo explotemos los dos juntos.

    Novio: Si mi vida lo que tú quieras si quiero que nos vengamos juntos amor, sigue así duro y no pares.

    El rebote y los apretones de pezones eran tan fuerte que nos bastó para terminar juntos.

    Yo: Si amor así vente vente adentro de mi me encanta.

    Novio: Ahhh que rico me coges mi amor ya Ahhh.

    Ambos nos vinimos juntos fue tan delicioso yo estaba tan contenta pero tan cansada porque ya me habían sacado toda mi lechita por cinco veces, ambos nos sentamos en el sofá tomando fuerza por la gran cogida que ambos nos habíamos dado, sellamos con un beso tan delicioso y mientras nuestras lenguas rozaban estaba mi novio masturbándome con sus largos y bellos dedos, metió uno después dos y yo sin pensarlo comencé a gemir y es que el mete y saca de sus dedos era tan rápido como el de su verga.

    Yo: Amor si así sígueme dedeando así me encanta.

    Novio: Princesa vente otra vez quiero verte y sentirte terminar me encanta ver tu cara cuando llegas a tu máximo.

    Yo: Si amor sigue así muérdeme mis pezones duro no tengas piedad muérdelos.

    Novio: Así princesa así (su mano era una máquina y sus dientes mordían mis pezones, sin mentir comenzaron a sangrarme de lo duro que me apretaba).

    Yo: Me encantas mi amor me voy a venir si que rico me encantas mi amor.

    Sii Siii Ahhhh me estoy viniendo Ahhhh.

    (Estaba ahí mojando todo como regadera fueron bastantes segundos los que me venía mi novio no paraba de besarme y agradecerme).

    Novio: Si así vente mi amor que rico te vienes me encantas todo eso es mío mi vida.

    Después de esos seis deliciosos squirts quede súper cansada y mi novio no se diga el lograrme hacer llegar lo había agotado físicamente y mental ya que se controlaba por no venirse y hacer que acabara, después de coger y de tener esos bellos orgasmos decidimos bañarnos rápido y meternos a la cama con nuestros cuerpos desnudos y dormimos de cucharita estábamos exhaustos, con mi novio fue la primera vez que me cogía el coñito y que me hacía tener seis squirts yo fui muy ganona y el todo un crack por lograrlo.

    [email protected].

  • El tipster (Parte 4)

    El tipster (Parte 4)

    Al día siguiente, cuando me desperté, mientras observaba el hermoso rostro de Jimena que descansaba plácidamente. Me pregunté ¿Qué pasará cuando se libere de ese sentimiento tan poderoso y complejo como es la culpa? ¿Tal vez, cuando su arrepentimiento desaparezca me engañe nuevamente? Pero de una cosa estoy seguro y es que solo el tiempo me dará la respuesta.

    La dejé descansar, tomé una ducha rápida y bajé a la cocina, por lo visto no había nadie, miré el reloj que marcaba las 6:00 a.m. Tuve unas ganas tremendas de practicar mis habilidades culinarias. Me llevé un sombro al ver el refrigerador, estaba lleno y con todo tipo de variedad de alimentos. ¡Se ve que no escatiman gastos en esta casa! ¡Después de todo, el dinero no es un problema para esta familia!

    Preparé algo rápido, tres sándwiches de verduras a la plancha. Cuando terminé de cocinarlo, apareció en la cocina la mamá de Jimena.

    —Buenos días.

    Me percaté, en su vestimenta. Llevaba puesta un camisón que dejaba ver las formas de sus magníficas tetas, y si eras más agudo podrías darte cuenta de las bragas bastante atrevidas que adornaban su trasero grande pero firme.

    —Buenos días… —contestó ella—. No te hubieras molestado con la comida. La sirvienta llegará dentro de unos minutos.

    —No es molestia, aprendí a cocinar cuando vivía solo. Es más… preparé unos sándwiches, para usted y para Jimena.

    —Qué considerado eres, ya no quedan muchos hombres como tú. Estoy segura de que mi hija será feliz a tu lado.

    —Sara, quiero ser sincero. Aún es muy temprano para estar juntos de nuevo, al igual que a tu hija, a mí también me afectó bastante.

    —Bueno, anoche… estuvieron muy apasionados.

    Esto confirmó mis sospechas, después de todos los gritos de Jimena fueron muy fuertes. No voy a negar que sus palabras me dejaron anonadado, ¿Me reprocharía por esto? Estuve a punto de disculparme cuando apareció Jimena.

    —¡Carlos!… ¡Carlos!… —dijo, mientras corría hacia mí, un poco alterada—. Al despertarme, no te encontré… —me abrazó con fuerza, sentí que su cuerpo temblaba en tanto lágrimas salían de sus ojos—. Pensé que te habías ido… que me dejabas.

    —Cómo podría irme sin avisarte, tranquila… sigo aquí—le respondí.

    Ella se apretó contra mi cuerpo, y yo le correspondí llevando mis manos a su espalda, dejando que sus miedos se vayan, mientras se calmaba poco a poco.

    —Carlos es un chico responsable, no te haría eso —comentó Sara, para tranquilizar a su hija—. Mira, hasta hizo el desayuno para nosotras.

    —Es verdad… —dijo al ver los sándwiches—. ¡Soy tonta! ¿Cómo pude pensar eso?, discúlpame, mi amor.

    Entonces imprevistamente me dio un beso, más bien un morreo intenso.

    —Parejita. ¿Qué les parece si desayunamos? —planteó Sara con un tono alegre.

    —Me muero de ganas por probar tu comida —aseguró Jimena, mientras me jalo de la mano, llevándome hacia el comedor.

    Nos sentamos dispuestos a disfrutar el desayuno.

    —Está muy bueno. Me tienes que enseñar a prepararlo. —calificó Jimena.

    —Sí, fue una buena elección que usaras las rodajas finas de manzana. Hace más exquisito el sándwich —agregó Sara.

    —Me alegro de que les haya gustado…

    En ese instante el timbre de la casa empozó a sonar. Sara se apresuró a la puerta y la abrió.

    —Buenos días, madam.

    —Buenos días, Teresa, aunque llegaste tarde.

    —Disculpe madam, el auto demoró en la carretera, no volverá a suceder.

    —Que no se repita, te presento a Carlos, es el novio de Jimena, se quedará en la casa. Recuerda atenderle debidamente.

    Quise replicar al apelativo que me proporciono, pero me abstuve, sería extraño para Sara decir que yo no era el novio de su hija a otras personas, cuando Jimena se comportaba cariñosamente conmigo. En cuanto a Teresa, era una mujer a la que calcularía unos 25 años. Sorprendentemente era una chica hermosa, seguro que atraía las miradas de los hombres. En las pocas ocasiones que vine a esta casa nunca la vi, por lo que me pareció extraño. Le pregunté a Jimena acerca de esto.

    —Recientemente empezó a trabajar de nuevo para nosotros, le tengo cariño ya que siempre estuvo conmigo y es una de mis mejores amigas. Como te darás cuenta es hermosa, y eso no pasó desapercibido para mi padre, ella me contó que mi padre siempre la acechaba, al inicio le decía cosas bonitas para acostarse con ella, pero Teresa se negó ya que él era un hombre casado, entonces mi padre quiso aprovecharse a la fuerza, ella se escapó con las justas y le contó a mi madre lo ocurrido, al principio no la creyó y la despidió. Después se enteró de la infidelidad de mi padre con su secretaria, y ahí intercedí para que la contratase de nuevo ya que Teresa no conseguía trabajo y no tenía dinero para ayudar a su madre que estaba enferma y necesitaba urgentemente dinero para la operación. Así que un día la encontré llorando, me dijo que no sabía qué hacer. Viéndola de esa manera comprendí que no era justo lo que le estaba pasando así que le presté dinero y le hablé con mi madre para que trabajase con nosotros de nuevo. Ella quedó eternamente agradecida conmigo.

    —Bueno, yo me retiro. Tengo una junta más tarde —dijo Sara, despidiéndose—. Teresa te encargas de la cocina.

    —Si madam.

    —Señorita Jimena —exclamó Teresa, mientras le daba un abrazo—. Qué bueno verte de nuevo.

    —Yo también te extrañe —respondió Jimena—. Por cierto, ¿Cómo está tu madre?

    —Gracias a usted, está recuperándose. Los médicos dijeron que dentro de dos días ya estaría como nueva.

    —Es una buena noticia. Te presento a Carlos, mi novio.

    Yo respondí con una ligera sonrisa. Al parecer sería conocido como el novio oficial de Jimena, aunque en el fondo yo no me sentía como tal, aún me venía a la mente los recuerdos de su traición.

    —Joven Carlos, cuente conmigo para lo que necesite —lo expuso de una manera formal. Pero me percaté de cierto resquemor en sus ojos, tal vez de desilusión Creo que esperaba que el novio de Jimena sea alguien más guapo y de su mismo estatus social.

    —¿Qué te parece, si salimos un rato? —Me preguntó Jimena—. Los dos solos…estaremos de vuelta para la tarde.

    —Pues me parece bien, no tengo mucho que hacer.

    —Bueno, alístate. No perdamos más tiempo —me dijo saliendo de la cocina—. Me arreglaré rápidamente…

    Me vestí y esperé en la sala a que Jimena esté lista. Me sorprendí al verla bajar las escaleras. Tenía puesto un corto vestido veraniego de tirantes, que dejaba buena parte de sus sensuales y contorneadas piernas al descubierto. Resaltaban también sus pechos, que se agitaban al dar un paso delante del otro.

    —¡Qué hermosa estas, señorita Jimena! —exclamó Teresa.

    —Gracias —luego me miró expectante, esperando mi opinión.

    Me quedé callado, y no le dije nada. Quería confirmar algo. El rostro de Jimena reflejó primero confusión y luego dio signos de tristeza.

    —Veo que el joven Carlos, se quedó mudo. No sé si la señorita Jimena se merezca esto —dijo Teresa con ironía.

    —¡Basta Teresa! —exclamó Jimena

    —Tu belleza tiene el poder de dejarme sin palabras y hacerme soñar despierto, a veces pienso que eres un ángel que cayó del cielo —Dediqué a Jimena, esto causo que me viera con ternura.

    —Oww, que bonito, mi amor.

    —Discúlpate —le dijo a Teresa—. Carlos es el hombre de mi vida.

    —Lo siento, joven Carlos —se excusó ligeramente.

    Jimena con una sonrisa en el rostro, se agarró de mi brazo y nos fuimos al garaje. Donde se subió a un Mercedes-Benz.

    —¿Iremos en el auto de tu madre? —le pregunté.

    —Ahora es mío, mi madre se compró otro. Y este me lo dieron.

    Me sorprendió que manejaba muy bien el coche. Le pregunté por Teresa.

    —Teresa es una mujer muy guapa, supongo que ya tendrá pareja.

    —No tiene, cuando le pregunte por esto me dijo que ella estaba muy ocupada en el trabajo y en su madre, no tenía tiempo para pensar en el amor —me respondió Jimena.

    Esto se me hizo muy raro, aun no quería sacar conclusiones ya que me faltarían más pruebas. Así que lo deje por ahora. En el camino empezamos a platicar sobre música, discutimos sobre qué temas eran los mejores, estábamos disfrutando del momento mientras llegábamos al lugar. El auto se detuvo en un parque de diversiones. Ella pagó los boletos, a pesar de mi negación. Diciendo que ella me invito y que asumiría los gastos.

    En el parque hay una buena cantidad de gente. Jóvenes y niños jugando, algunos adultos también. Varias parejas de enamorados esperando divertirse en los juegos mecánicos. Me doy cuenta de que nosotros pertenecemos a este último grupo. La belleza de Jimena no pasó desapercibida para los hombres, quienes le lanzaban miradas disimuladas, para que sus parejas no les regañen.

    Decidimos entrar a los carros chocones, ella me confesó que era la primera vez que entraba a estos carros. Todo iba bien hasta que una pareja “hijitos de mama” se la ensañaron con Jimena, empezaron a chocarla constantemente, no la dejaban escapar del encierro. Ella estaba irritada al no poder manejar bien el carrito, mientras los pijos se reían. Fui a defender a Jimena, chocando con el chico rubio que la estaba molestando, la chica que esta con él, al parecer era su enamorada, y salió en su defensa. Nos pasamos el tiempo en aquella encrucijada.

    Al salir de los carros, hubo cierta rivalidad entre ambas parejas. Ellos me miraban con desdén, eran los típicos chicos con dinero, a los que el hecho de nacer en cuna de oro, para ellos les daba el poder de hacer lo que quisiesen.

    —Eh, porque no vienen a jugar al Laser Tag. ¿O arrugan? —nos retó, luego me vio y pareció reconocerme—. ¡Jimena, no me digas que sigues con el cornudo!

    —¿Carlos, creo que es su nombre, así nos dijo Sebastián? —agregó la rubia que estaba a su lado.

    —¡Mark, cuidado con lo que dices! —intervino Jimena— ¡Está bien, aceptamos ir al Laser Tag, si ganamos quiero que te disculpes con Carlos!

    —Va, pues adelante —dijo Mark con una sonrisa.

    Yo estaba furioso, empuñaba los puños para aguantar la ira, al parecer Sebastián se encargaba de hacerme conocido como el cornudo. Y Jimena, parecía una niñata que caía en la provocación, lo más probable es que perdamos, seguro que ellos ya tendrían experiencia jugando.

    Ellos se acercaron primero al lobby, la rubia volteó a verme y me guiñó el ojo mientras sacaba la lengua, en señal de provocación. Luego hizo señales de cuernos con los dedos mientras se reía.

    —Margaret, maldita zorra —espetó Jimena entre dientes, cuando vio los gestos de la rubia—. Carlos, no le hagas caso.

    Trataba de ignorarla, pero aun así, me era difícil hacerlo. Después de todo la traición había pasado, y aún era temprano para olvidar. La infidelidad también es una cuestión de orgullo que lastimaría hasta al hombre más progresista y menos machista de la tierra.

    El Laser Tag es un juego de competición donde dos o más equipos se enfrentan para cumplir una serie de objetivos, se podría decir también que es una competición de disparos laser donde es importante la cooperación, la comunicación y el trabajo en equipo. Para mi mala suerte entraron para completar los equipos niños de aproximadamente 11 años.

    Yo, Jimena y tres niños más estaríamos en el equipo verde. El equipo azul lo conformaban Mark, Margaret y tres niños. La partida la ganaba el primero que eliminaba al equipo contrario.

    Comenzó la refriega, los niños de mi equipo no hicieron caso a mis indicaciones de esperarlos primero y cubrir cada uno sus propias posiciones, y se lanzaron al ataque como si de rambo se tratase. Los niños del otro equipo hicieron lo mismo, pronto se observó los rayos laser en todas direcciones que indicaban los disparos a diestra y siniestra.

    Nos miramos con Jimena y ambos sabíamos lo que teníamos que hacer. El resultado de la partida dependería de nosotros. Llevé la delantera mientras ella cubría mi espalda, avanzamos lo más sigiloso posible. Mark y Margaret seguro que harían lo mismo, pero cometieron un error, empezaron a disparar a los niños de mi equipo desde una posición casi atrincherada, hacían bien cubriendo cada uno sus flancos, a pesar de saber su ubicación, sería difícil sorprenderlos.

    Jimena estaba a punto de disparar, pero le hice señas para que esperase a que se terminen sus balas y recargasen, si exponíamos nuestra posición ahora porque perderíamos el sigilo.

    Solo quedaba un niño en nuestro equipo, y el de ellos no sufrieron bajas, necesitábamos actuar rápido, porque si no perderíamos el factor sorpresa. Entonces Jimena se acercó y me dio un cálido beso, y como si de una despedida se tratase, se lanzó al ataque. Veía que sabía jugar, disparaba y a la vez se cubría, no se exponía demasiado, pero a la larga se vería superada en número, y perdería.

    Aproveché esta situación para acercarme de cuclillas hacia la posición de Mark y Margaret, que se empeñaban en disparar al lugar donde se encontraba Jimena. Cuando estuve cerca de ellos, observé que Mark sonreía al ver un punto ciego de Jimena, aproveché que empezó a recargar, y le disparé por la espalda vaciando mi cargador, disfruté viendo cómo se desconcertaba al ver su vida bajar rápidamente, sin saber de donde provenían los disparos. Finalmente su chaleco vibró dándole la información que estaba eliminado y fuera de la partida.

    Margaret que estaba cerca, se dio cuenta de la eliminación de su compañero y empezó a dispararme. En respuesta me cubrí rápidamente, aun me quedaba 50% de vida. En el tablero sorprendentemente indicaba que solo quedaban en el juego 4 personas. Jimena se encargó rápidamente de dos niños del otro equipo. Recién entendí de dónde provenía la confianza que mostró al aceptar el desafío.

    Empezamos a flanquear la posición de Margaret, que no pudo hacer mucho al ver los disparos que venían de ambos lados. El otro niño que quedaba no fue un problema ya que intentó escalar los muros para obtener mejor visión y fue descalificado.

    —¡Somos la mejor pareja! —exclamó Jimena, mientras se acercaba a mi lado.

    Nos abrazamos de alegría y nos pusimos a celebrarlo con besos y caricias. Al salir del lobby, observé que Mark le echaba la culpa de la derrota a Margaret. insultándola y diciéndole que era una tonta. Ella se defendía respondiendo que no era la única culpable y que él no sabía asumir la responsabilidad de su falla.

    —Bueno, Mark ahora que perdiste… —dijo Jimena—. Será mejor que te disculpes con Carlos.

    —Me disculpo por mi comportamiento infantil en los carros chocones. Pero no por la cornamenta que llevas, ya que es una verdad que todos sabemos.

    —Mark no seas cínico —intervino Margaret—. Lucía nos contó que Jimena estaba drogada, y pues Sebastián se aprovechó de esto.

    —Para mi no esta tan claro y aun así el engaño ocurrió, nadie la obligó después de todo —respondió Mark con una sonrisa—. La verdad solo lo sabes tu Jimena. Y Margaret, no quiero que me cortes de nuevo cuando estoy hablando.

    Y empezaron a pelear de nuevo entre ellos. Quise responderles pero Jimena me agarro del brazo y me llevó a otro lugar, diciéndome que les dejara, que ellos solían a arreglárselas de ese modo. Pero a mí me vinieron más dudas a la cabeza, después de todo nadie me asegura si ella me contó la verdad aquel día, y también estaba claro que yo no la había perdonado.

    Recordé unas palabras de don Quijote aconsejando a Sancho, cuando este va a partir hacia el gobierno de la ínsula:

    Si alguna mujer hermosa

    viniere a pedirte justicia, quita

    los ojos de sus lágrimas y tus

    oídos de sus gemidos, y

    considera de espacio la

    sustancia de lo que pide, si no

    quieres que se anegue tu razón

    en su llanto y tu bondad en sus suspiros

    Subimos a la rueda de la fortuna, entramos a una cabina los dos. Jimena al verme un poco serio, trató de subirme los ánimos.

    —Aunque sea difícil para ti, no les hagas caso —dijo Jimena haciendo alusión a los comentarios de Mark—. A mí también me afecta, pero no dejo que me siga haciendo daño.

    —Tienes razón, no puedo negar que en un inicio te guardaba rencor, pero ya no me importa, nosotros…ahora solo somos amigos.

    —Veo que lo sigues viendo así —mencionó Jimena, con un tono que denotaba desilusión—. Solo te pido una cosa, quiero que me des la oportunidad de recuperar tu amor.

    Estábamos en el punto más alto de la rueda de la fortuna, tal vez a 40 metros de altura, la vista desde aquí es increíble y se ve gran parte de la ciudad. Tenía que estar seguro de una cosa, así que le pregunté a Jimena.

    —Bien…pero ¿De verdad me quieres?

    —Claro que sí. No solo te quiero, ¡Te amo! —me dijo agarrándome de la mano—. Eres el único que puede hacer latir mi corazón más rápido, mi cuerpo se desvanece cuando tú me tocas, y siento que mi mundo da vueltas entorno a ti. Eres el hombre de mi vida, y hoy lo confirmaste cuando me defendías en los carros chocones, después nos sincronizamos como dos almas gemelas para derrotar a Mark y Margaret. No dudes del amor que siento por ti.

    En ese momento ella se acercó, pegó sus labios a los míos, un beso al principio tímido, que enseguida, al ver que no me negaba a su actuar, subió en intensidad, prologándonos durante unos segundos casi eternos. Sé que muchos pensarán que soy afortunado, al tener a una chica despampanante, con esos labios carnosos y gruesos, cuya mirada demostraba pasión mientras me besaba, pero yo no era la misma persona de antes, tal vez mi antigua personalidad con tan solo ver su rostro angelical, de no haber roto ni un plato, hubiera sucumbido a sus encantos rápidamente. Incluso me pondría a pensar ¿Qué pecado podría cometer tan bella mujer, y si lo cometió no debe pagar por su error, eso no, ya suficiente hace con deleitarnos con su hermosura?

    Ahora mientras me besaba con ternura, cariño y con mucho amor. Lo que hubiera sido una escena perfecta para una película romántica, a 40 metros sobre la tierra, donde dos parejas están jurándose amor eterno. Tal vez, había un ligero fallo en el guion, imperceptible para los ojos de terceros, porque estaba en mi mente. Mis neuronas hacían sinapsis, y me ponía a pensar. ¿Si tanto me amaba, de verdad se arriesgó a perderme por unos minutos de placer, porque después de todo no la encontré precisamente llorando y siendo forzada, más bien se la veía disfrutar? ¿De verdad alguien podría ser tan osado e imprudente?

    Me saco de mis pensamientos la voz del mecánico que nos decía que nos bajásemos, su mirada de envidia al verme con una mujer tan hermosa me trajo una idea. ¿Si bien, no siento amor por Jimena, tal vez después de tanto sufrimiento y traiciones que me dio la vida, no creen que sería justo aprovecharme de su situación?

    —No te gustó —dijo Jimena refiriéndose al beso—. Estas muy serio.

    —Creo que fue muy monótono —le mentí.

    —Deberíamos hacerlo más seguido, para mejorar, ya sabes…—me respondió a modo de sugerencia.

    —Quizá, si intentamos nuevas cosas. Nuevas experiencias. —le guiñé un ojo.

    —¿Cómo cuáles? —me respondió de forma provocativa.

    —Una felación —le solté rápidamente.

    —Bien… por ti haría lo que sea. Pero debes saber que nunca lo hice.

    —Ya sé con que aprenderás —le dije mientras le llevaba a una tienda de helados y chupetes—. Sígueme.

    Compramos un chupete en forma de barra. Le fui dando indicaciones para que lo chupara, se notaba su inexperiencia pero después fue mejorando.

    —Piensa que es mi verga —le susurré al oído.

    Empezó a chupar el helado con más pasión que antes, mientras mantenía su mirada fija en la mía. No pude evitar reírme al ver que un señor que estaba a mi lado se quedó estupefacto al ver a Jimena chupando el helado obscenamente, su esposa, que estaba cerca, se dio cuenta y le dio un jalón de orejas.

    —Será mejor irnos a otro lado —sugerí—. No estamos en el lugar indicado.

    —Ahora, me falta practicar con uno de verdad —dijo Jimena mientras sonreía y miraba mi entrepierna.

    Nos fuimos del parque agarrándonos de la mano, como si de dos novios que disfrutan de un amor apasionado se tratase, y están a punto de cometer una travesura.

    Cuando estuvimos a punto de llegar al estacionamiento, observamos a una pareja peleando, enseguida el chico se subió a un BMW y se fue. Al verlos más detenidamente nos dimos cuenta de que se trataba de Mark y Margaret.

  • En tiempos de toque de queda

    En tiempos de toque de queda

    Con esto de la pandemia y el toque de queda nocturno no todo es tan malo… hace un par de semanas mi señora organizó un encuentro clandestino de chicas en la casa el viernes en la noche con sus compañeras de trabajo y su jefa, todas trabajan en el área de contabilidad. Así que el día antes me tocó ir al supermercado de compras y como estoy con teletrabajo me desconecté temprano el viernes para ponerme a preparar todas las cosas, el picadillo, unas brochetas de verduras y los distintos tragos

    Finalmente llegaron 3 compañeras y su jefa la señora Marcela, con esto de las restricciones por cuarentena no puede reunirse muchas personas para que no lleguen los municipales jajaja.

    Una hora antes del toque de queda se retiraron dos compañeras que andaban en un auto y se quedaron solo una compañera de trabajo y la jefa. Todo era risas, los chismes de la oficina y karaoke así que yo subí a mi pieza y me encerré a ver televisión. Fue como a las 2 am que todo quedo en silencio así que baje a ver que sucedía y bueno el trago hizo su efecto además del día de trabajo y mi señora y su compañera estaba durmiendo en los sillones, pero la jefa, la señora Marcela veía su celular. Fui a buscar frazadas y las tape a ambas borrachinas que dormían y comencé a recoger toda la loza y vasos para llevarlos a la cocina y ponerme a lavar.

    Marcela apareció en la cocina y me ofreció su ayuda y bueno, cualquier ayuda es bien recibida. Me dio un poco de risa ver a la jefa de la oficina mareada, bamboleándose al caminar y cuando hablaba su lengua era traposa, pero bueno igual ayudaba, mientras andaba de un lado a otro en la cocina aproveché de mirarla bien y la veterana a sus años tenía un buen pedazo de culo, más con la falda de traje se lo modelaba redondito y respingón, las tetas eran grandes, carnosas, trasluciendo un poco sus sostenes en su blusa, luego de mirarla bien pensé, este es la mía

    Le dije que prepararía otro trago de mango sour para que siguiéramos charlando, la idea era terminar de emborracharla. La empecé a llenar de cumplidos, ella se reía y decía gracias hasta que descaradamente le miraba las tetas y el culo cuando pasaba, se dio cuenta y se puso nerviosa. Comenzamos a secar la loza y a guardarla y en cada movimiento aprovechaba para rozar su mano, o su brazo y le pedía disculpas, pero fui subiendo la intensidad de los roces “accidentales” hasta que comencé a guardar unos vasos en un mueble sobre el lavaplatos y me puse detrás de ella, me la jugué y le acerque el paquete rozándole el culo y con cada vaso que guardaba le daba una punteada, me di cuenta que cerró los ojos, ahí pensé “esta lista” la tome por la cintura y se la clave con fuerza refregándole toda la verga en su culo, trato de impedírmelo, balbució una palabras pero estaba borracha y caliente, seguí con ese punteo por detrás y le agarre las dos tetas, se las apretaba, las estrujaba y ahora ella comenzó a empujar su culo, clavándose ella misma la verga, le comencé a decir al oído ”así putita, muéveme el culo, te lo voy a llenar de lechecita” ahí Marcela pedio el control y se entregó a mí.

    La di vuelta y comencé a besar su cuello, a chuparle las tetas, luego volví a su oído y le dije “ahora chúpame la verga” y solita bajo y comenzó a soltarme el cinturón, bajo mi cierre y lo agarro como desesperada, lo chupaba exquisito con la experiencia de sus años, el glande, el tronco, los cocos, luego lo chupaba por completo, lo apretaba con la lengua uffff me tenía loco, le pedí que parara y la tome de los hombros y la invite a levantarse, la tome de la mano y la lleve hasta la mesa de la cocina, ahí comenzamos a comernos a besos con lengua mientras yo la agarraba del culo, se lo apretaba, se lo estrujaba y la apretaba contra mi falo, la di vuelta y la apoye sobre la mesa de la cocina, quedo con sus tetas apoyadas a la mesa y brazos estirados, rápidamente le baje los calzones y comencé a meterle un dedo en la concha, estaba empapada, no había nada que esperar, lo apunte y comencé a metérselo de apoco, la penetraba suavecito, ella resoplaba y hacia unos gemidos suaves desde su garganta, lentamente llague hasta la mitad, ahí la tome firme de la cintura y de un solo golpe se la ensarte hasta los cocos, comencé a culeármela como un salvaje, sin ninguna contemplación, sonaba como chocar con un charco de agua cada vez que se lo metía hasta el fondo.

    Fue un momento intenso de un mete y saca, con lujuria, era la señora Marcela y yo la tenía ensartada, era mía completamente, pare y escupí saliva a la entrada de su ano, era un manjar, lo tenía estrecho, clave mi dedo pulgar hasta adentro, lo tenía hirviendo y seguí culeándomela ahora por los dos hoyos, la agarré del pelo y arqueé su espalda, mientras la montaba como a una perra, era fantástico, hasta que no aguanté más y comencé a llenarla de mi semen, me vacié por completo y seguí con el mete y saca pero ahora despacito hasta que ella se fuese relajando. De pronto quedo tirada sobre la mesa, exhausta, casi desmallada, acaricie su pelo, su espalda, le hice mucho cariño hasta que se incorporó, la abrace un buen rato, hasta que quedo tranquila, terminamos el trago y la lleve de la mano hasta el living, la deje en un sillón y la tape con una frazada para que durmiera. Acaricié su cara y le di un beso en la frente, Marcela me miro con cara de adolescente enamorada mientras mi señora y su amiga seguían durmiendo la borrachera.

    La mañana siguiente baje y las desperté a las tres, les prepare desayuno y tomamos los cuatro en la terraza, conversamos y nos reímos un poco hasta que llegó la hora en que se tenían que ir. Salimos a despedirnos a la calle y se fueron en el auto de Marcela.

    Cuando entramos a la casa mi señora me pidió disculpas por haberse pasado de copas y por todo el trabajo que me dio a mi por su junta de amigas.

    Yo la abracé y le dije que no se preocupara, que hiciera junta de amigas las veces que quisiera, que le hacían bien para distraerse y que se lo merecía.

  • Mi tía Ana me inicia en el sexo (III)

    Mi tía Ana me inicia en el sexo (III)

    Ella me desató y mis dedos la penetraron por los dos agujeros, le saqué dos orgasmos y caímos agotadas. En medio de las sábanas recién puestas y ya sucias. Nos dimos un beso y nos dormimos.

    Así era como terminaba la segunda parte de mi relato. Pues, al día siguiente, nos levantamos tipo 10 y desayunamos.

    “Que nochecita, por favor, me volviste loca con tu fantasía, tengo que reconocer que me gustó y mucho, todo, todo. Y también que te quedaste corta al decirme lo maravilloso que es el sexo. Que buena tía que sos!!!”

    “Si, realmente fue espectacular, y te confieso que es la primera vez que estoy sola en la cama con una mujer, siempre lo hice con Marcos, pero anoche fue genial”

    Aprovechando que era temprano llevamos la ropa al lavadero, porque no quedaba ropa de cama limpia, de allí a la playa.

    “En una de esas vemos el chico de ayer, el fornido, y como venimos de calentitas, hasta le podemos hacer el favor” me dijo Ana.

    “Dale Ana, seguro que al final te tiras atrás, por Marcos”

    “Bueno, déjame soñar”

    Tomamos sol, Ana no paraba de chatear, yo al contrario, había apagado mi teléfono.

    Caminamos por la playa y en un barcito almorzamos. Cerca de las 6 volvíamos para la casa y Ana me dijo:

    “Por qué no vas buscar la ropa, mientras me baño. Así cenamos temprano”

    “Dale, voy”

    Fui, y como había un poco de gente me demoré unos minutos. Cuando entre Ana estaba en la cocina aún con la biquini.

    “No te bañaste?”

    “No flaca, no. Me entretuve con el teléfono, bañate vos, que yo acomodo la ropa.”

    Fui al cuarto que teóricamente yo ocupaba, preparé la ropa para ponerme y me metí a la ducha. Mientras enjuagaba mi pelo escuche que se abría la puerta del baño, corría la cortina de la ducha y me decía:

    “Sobrina, necesitas que la tía Ana te enjabone la espalda”

    Y dicho esto, sin esperar respuesta tomó el jabón y me empezó a enjabonar, enseguida soltó el jabón y sus manos no paraban de acariciarme, entraban y salían de mi concha.

    “Otra fantasía?” pregunté:

    “Y que fantasía, dale, dejate llevar por la tía Ana”

    “Bueno tía voy a ser una buena sobrina”

    “Nos besamos y acariciamos”

    Ella había traído el aceite, y se pegó contra mí y lo vació en nuestros pechos, haciendo que los dos cuerpos reciban el líquido. Rápidamente, nos acariciamos para repartirlo en todo el cuerpo, incluido nuestros sexos y anos.

    “Ahora, vamos a gozar, como dos buenas putas que somos”, me volvió a vendar y así, llenas de aceite salimos del baño, pero me di cuenta, que íbamos al comedor en vez del cuarto. Me volvió a atar, y a los segundos puso un vaso en mis labios.

    “Hoy va a ser un poco más fuerte, por eso cambiamos por vodka.”

    Tomé un trago, y era mucho más fuerte que el whisky. Ella empezó con su juego de caricias, besos, toqueteos. Ya desde que estábamos en el baño yo estaba mojada, sabía que con Ana solo podía venir placer. A los cinco minutos ya estaba teniendo orgasmos. Me extrañaba la respiración acelerada de Ana, era su señal de mucha calentura, no gemía mucho, ella hablaba y respiraba agitado.

    Me puso de rodillas y sentí sus labios junto a mi oído

    “Putita, te acordás de anoche, pues vamos a repetir algunas partes otras, van a cambiar.”

    Eso me excitaba, lo impredecible de Ana

    Metió tres dedos en mi boca. “Como ayer putita, chupa lindo, limpia estos dedos como si fuera la pija de tu hombre”

    Escucharla ya me calentaba, como ella me enseñó fui buscando mi placer chupando esos dedos. No podía entender como me calentaba tanto, y me retroalimentaba la calentura. Justo cuando estaba por llegar a un orgasmo se detuvo y sacó sus dedos.

    “Que pasa, ya te la creíste, que no le vas a hablar a tu macho?

    “Si, claro que si, te quiero más caliente que ayer, quiero ver esa cara de placer total, soy tu puta mujer y quiero que me cojas bien cogida, por los tres lados, boca. concha y culo. Quiero que no me tengas piedad, que me hagas gozar mucho”

    Fue cuando quise volver a chupar los dedos de Ana, que no los encontré. Me desesperé. Buscaba con la boca abierta esos dedos con desesperación, de pronto siento que me toma de los pelos con fuerza y entra en mi boca… una pija. Quise salir pero no pude por estar tomada de los pelos. No entendía nada, como una pija, y por la temperatura que sentía que emanaba no era un consolador. Fue como si desataran un volcán dentro de mí. Besaba, chupaba lamía. La mano que me tomaba del pelo me soltó.

    “Ahora sí, se acabaron los juegos, quiero verte destruido, te voy a coger hasta hacerte pedir por favor, sentí como te chupo, quiero sentirla a punto de estallar, y que me rompas toda”

    Estaba enloquecida, por fin iba a gozar de un hombre, no sabía quién era, pero eso no me detenía.

    “Uy, que caliente que estas, sos una olla de presión.”

    “Si, y soy muy puta para mi macho.”

    “Cuidado, podes desatar su volcán”

    “Eso quiero, sentir su volcán, hirviente y explosivo”

    Ella mientras tanto se aprovechaba y chupaba mis pechos, metía dedos en mi concha y ahora me metía dos en el culo. Lujuria total, de pronto todo se paró

    “No, por favor, no se detengan”

    Por el tamaño las manos que me tomaron de los brazos supe que era Ana, me hizo parar en un lugar, hizo que separe las pierna y me dijo, anda bajando para sentarte, despacio, muy despacio, te van a guiar de la cintura, no hagas movimientos bruscos que te podes lastimar.

    Por Dios, que me iban a hacer, pero al sentir la puta de ese pene, lo supe de inmediato, estaba en mi ano, queriendo entrar. Se notaba que como mi culo, estaba con crema o aceite porque no fue muy difícil. Un fuego interno, junto con algo de dolor, fue creciendo.

    “Más, quiero más” decía yo.

    “No, despacio, te va a desgarrar”

    No la escuche, y haciendo fuerza para soltarme de las manos que me tomaban de la cintura, me la enterré hasta el fondo. Respiré hondo, tratando que el dolor pasara. Lentamente empecé a moverme, a subir y bajar. Ahora las manos que tomaban mi cintura tomaron mis pechos y atrajeron mi espalda hacia su pecho. Su presión sobre mis tetas, sus pellizcos en mis pezones solo hacían que aumentara mi velocidad. Sentí la boca de Ana en mis pechos, no eran mimos, eran mordiscos suaves, y en los pezones me causaban bastante dolor. De pronto me sacó la venda. Su cara de excitación era impagable. Me tomó de los cabellos de ambos lados de mi cabeza y no me dejaba mover.

    Al estar ella casi sobre mí, no me podía mover. Ahora era esa pija la que entraba y salía de mi concha. Y como me gustaba.

    Ana me miraba con odio.

    “Hija de puta, te estás haciendo romper el culo por Marcos, por mi novio. Sos la primera mina que dejo que se lo monte, yegua puta.”

    No lo podía creer, efectivamente era Marcos, por dios que rico que coge, pensé. Era un pistón entrando y saliendo de mí. Ana se fue bajando y metió dos dedos en mi concha los mojó bien y casi a la fuerza los metió en mi boca, para que los chupe. Me mostró otros dos dedos de su otra mano

    “Te acordás de estos, bueno, bancalos porque van a ir por tu punto G”

    Fueron y lo encontraron, ella buscó mi clítoris y lo encontró. Puse las manos en el espaldar del sillón y comencé a moverme como loca, todos mis agujeros ocupados. Gritaba como loca, hasta que llegué un gigantesco y durísimo orgasmo.

    Con poca ternura me corrió Ana, lo montó a Marcos mirándolo a la cara y enterrando la pija en su concha.

    “Hijo de puta, le estrenaste y le rompiste el culo a la Flaca, mi sobrina. Y sé muy bien que te gustó, no lo hiciste de bueno, guacho. Ahora mejor que tengas fuerzas para mí, porque te corto las pelotas.”

    Como pude me recompuse. Me paré detrás de Ana. Ahora el turno de mi fantasía. Lo mire a Marcos, me escupía mis dedos y me apretaba los pezones y los pechos. Veía la cara su cara enrojecer. Baje mi mirada al culo de Ana, y lo volví a mirar. Metí dos dedos en mi boca y le mostraba a Marcos como los chupaba. Los puse delante de mi boca, los escupí y lo miré. El entendió que estaba todo listo y abrazó con fuerza a Ana. Fue un solo movimiento y estaba adentro de su culo. Dio un grito de dolor. La tomé del pelo y la hice arquear.

    “Ahora empezamos a estar a mano, vos fantasías tuya contra una mía. Esta, verte gozar como una puta y ayudar a hacerte mierda. Marcos chupale estas tetas putas y sensible que tiene, mordelas, ah y dale unos buenos azotes en el culo”.

    Marcos lo hizo y ella gritaba de placer, luego de un rato y en medio del frenesí, les ordené que se detengan.

    “Ana, ahora vas a saber la fantasía oculta e incumplida de Marcos, prepárate” le susurre imperceptible para que Marcos no escuche

    Ana dio vuelta su cabeza y me miró intrigada.

    “Pobre Marcos, sos tan bueno que no te atreves a pedirle a Ana tu fantasía, pero yo la descubrí. Cerrá los ojos, toda tu pija está en la concha de Ana, la llena por completo y si prestas atención vas a sentir como Ana tiene otra pija adentro, en su culo”.

    Marcos respiró profundo, yo aproveche para meter mi cuarto dedo.

    “Sentís Marcos, podes sentir esa pija que le rompe el culo”.

    “Si, la muy puta tiene las dos pijas adentro”.

    “Y vos que vas a hacer, te vas a quedar quieto? Dale con todo, reventala”.

    Marcos se empezó a mover con todo, estaba totalmente alienado, de repente le dio una bofetada en el culo, que lo dejó rojo, Ana bufaba como toro. Marcos la tomó del pelo y le dio una bofetada en la cara.

    Estuvo un rato así, Ana por momentos caía semi desmayada del placer.

    Marcos se comenzó a levantar por lo que me salí de ella.

    “Marcos por favor no doy más, estoy perdiendo el sentido, para mi amor, por favor”.

    Él la tomó por los pelos, la puso de cara contra la pared, y la penetró por el ano, con tanta fuerza que Ana quedo con los pies en el aire. Con las manos en la cintura de Ana, la sostenía en el aire. Me puse detrás de él y acariciando su espalda, y refregando mis tetas contra su espalda le hablaba.

    “Así Marcos, gózala con todo, es tu puta y de nadie más, que le quede claro. Y hablale. Decile lo que quieras.” Le dije.

    “Te amo Ana, sos lo más en mi vida, y me haces gozar como ninguna, bien puta, bien mujer.”

    Ana gozaba orgasmo tras orgasmo.

    Cuando Marcos acabó dentro de Ana, ella se empezó a sacudir con codo. Su orgasmo gigante había llegado.

    Cuando él se salió de ella, tuvo que alzarla en brazos para llevarla al sillón. Del culo de Ana, caía el esperma de Marcos y de su concha sus propios jugos.

    Marcos se sentó junto a ella. Yo serví vodka para todos y se los acerque.

    Traje una silla y me senté frente a ellos.

    Ana empezó a reaccionar.

    “En serio que querés hacer un trio, compartirme con otro hombre, o verme con otro hombre?”

    “Ahora no, la flaca me exorcizó. Pude haberla tenido, pero ahora, no. Te lo aseguro. Pero, si te digo que me encantaría otros con la flaca, sabe ponerte en tu lugar, Jajaja”

    “Hijo de puta, y a vos te gusta cogerla y mucho”

    “Si, hay que ver si a ella le interesa, no?”

    Solo sonreí. Tomamos el tercer vodka y mi cerebro ya estaba a mil, Fui al baño a hacer mis necesidades y cuando salí me cruce con Ana. Aproveche para decirle algo a Marcos y le gustó la idea. Yo todavía debía sentir el placer de que un hombre me acabe en la concha.

    Entre los dos la sorprendimos y la atamos como ella me ataba a mí, con las manos al costado del cuerpo. No quería de ninguna forma, pero la dominamos y finalmente la llevamos al cuarto y la sentamos en el borde de la cama. Marcos y yo nos comenzamos a besar y acariciar, yo refregaba mis pechos contra el suyo. Cada tanto le decía algo a Marcos.

    “Sabes que sos el primer hombre que me ha a sacar un orgasmo por la concha”.

    “Soy casi virgen, solo cuatro usos, y hace cuatro que ninguno, esta cerradita, mmm como te va a gustar”.

    Me puse de rodillas y lo comencé a besar, chupar, lamer. Mientras lo hacía la miraba a Ana.

    “Hay Marcos, esta tan gordita, tan dura, pero estoy toda mojadita por vos, mira, estoy chorreando al piso. Tanto es lo que te deseo”.

    Ana no podía creer como estaba Marcos, y tampoco como estaba ella misma.

    “Putos, suéltenme, estoy muy caliente, déjenme tocar por lo menos” dijo.

    “No, porque te vas a querer meter, ahora es todo mío, no, soy toda suya, toda para que me de todo su placer y su leche”.

    Marcos a esto acariciaba mi cabeza y cuando metía su pija en mi boca me tiraba de los pelos. Me senté en una silla y abrí por completo las piernas. Metí un dedo y lo miraba a Marcos.

    “Mira Marcos solo un dedo entra de apretadita que esta”

    “Mentira” gritaba Ana.

    Pasaba mi lengua por los labios mientras miraba como él se masturbaba lentamente.

    “Venía a mi lado Marcos, así me coges la boca mientras te termino de calentar mi volcancito”

    Él se puso a mi lado y tomándome de la cabeza me cogía la boca. Yo apretaba los labios para darle más placer. Cuando yo no daba más, lo tomé de la mano y acomodamos a Ana en la cama boca arriba. Yo me senté a la altura de su boca, dejando poco espacio cosa que pueda chuparla. Marcos se puso detrás de mí, y apoyó su pija en mi concha, y empezó a empujar lentamente.

    “Sin piedad y hasta el fondo, cógeme duro, bien duro”

    Me hizo caso y me enterró todo hasta golpear sus pelotas contra mí. Se detuvo, me dio tiempo a acostumbrarme, realmente era estrecha para semejante pija.

    “Dale tranquilo, como te pedí, bien duro. Ah, tía Ana, si tenés ganas y un tiempito, me chupas la concha”.

    Cuando vio que Marcos se empezaba a mover, ella comenzó a chupar, la hija de puta sí que sabía hacerlo. Entre los dos, me hacían gozar todo el placer posible. La solté a Ana, y se llevó las dos manos a la concha, se tocaba el clítoris y se daba dedos mientras me chupaba. Yo no quería que el placer acabara. Quería seguir con esa pija en la concha todo el tiempo que pudiera.

    Por suerte Marcos cuando sentía que iba a acabar, bajaba el ritmo o la sacaba para volver a meterla.

    Fueron muchos minutos de placer. Cuando sentí que era suficiente para una primera vez real se lo dije.

    “Marcos, quiero sentir como te descargas dentro mío”

    Él se masturbó un poco y bombeo cuatro o cinco veces y se corrió dentro mío. Ana lo pudo hacer también.

    Dejó pasar un minuto y la sacó, pero solo para ponerla en la boca de Ana, que tenía el rostro cubierto de jugos y semen que caía de mi concha. Cuando él se la sacó de la boca ella fue guiando todo lo que tenía en la cara a su boca y lo saboreaba y lo tragaba.

    “Hijos de puta, que polvo se tiraron. Gozaste cogiendo una casi virgen amor?”

    “Mucho Ana, y sobre todo viéndote sin poder intervenir”

    “Maldito. Y vos Flaca, ahora qué opinas del sexo, es tan malo como te contaron?

    “Si, malísimo!!!”

    Bueno chicos y sobre todo chicas, por ahora este será el último relato. Si les gusta, dejen sus comentarios y quizás me anime a acércale a Mike, algunos otros, incluso historias con él.

    Besos dulces y calientes.

    Marisa

  • Al final acabé follando con mi sobrino

    Al final acabé follando con mi sobrino

    Hola. Me llamo Klary, soy una mujer de 60 años y esto ocurrió hace tres años.

    Todo ocurrió en el transcurso de mucho tiempo y por fin y estoy feliz por haberlo hecho, me follé a mi sobrino preferido. Siempre lo había sido y lo sigue siendo. No nos arrepentimos en absoluto.

    Yo vivía en el pueblo donde me había creado y estaba casada con un hombre de costumbres antiguas, machista, que solo pensaba en su trabajo y sus cosas. De mí nunca se había preocupado, al menos cómo mujer.

    Mi hermana vivía en una ciudad no muy lejos donde había formado su familia con un hombre, de cuya relación, tenían dos hijos.

    Todos los veranos venían a la casa del pueblo los cuatro y el pequeño Ser era mi sobrinito, al cual consentía y mimaba, a veces en exceso.

    Se divorciaron y el hermano mayor por trabajo se fue al extranjero, aparte que no le iba lo del pueblo, a Ser si, y venía con mi hermana todos los veranos.

    De siempre era muy cariñoso y mimoso conmigo, siempre me abrazaba y achuchaba.

    Pasaron los años y ya en su adolescencia esos abrazos y achuchones empezaron a pasar también a roces y miradas lascivas.

    Yo como mujer lo había notado y me hacía gracia pensando en que se le pasaría con el tiempo.

    Al contrario de lo que pensaba cada año iba a más, me espiaba mientras tomaba el sol en la piscina, en la ducha y siempre que podía rozaba su entrepierna, ya grande y dura, contra mi cuerpo.

    Yo por aquel entonces tenía 54 años, unas tetas enormes, una cadera redonda con un culazo nada caído por la edad. Ser ya tendría 23 años y su descaro, añadido a mi falta de sexo, me empezó a poner nerviosa y decidí hablar con él.

    Le dije que no podía ser, que era su tía, que si se enteraba su madre, etc.

    Tía, ya tengo 23 años y se como me pones, no es obsesión, es deseo. Pero si así lo quieres, así será.

    Él siguió igual, me espiaba y se pajeaba pensando en mí.

    Un día lo oí en la ducha, la puerta estaba entreabierta y con sigilo miré para adentro. Allí estaba mi sobrino desnudo con su polla grande y dura en la mano, pajeándose a la vez que decía.

    Sii tía, siii!! Uuf!! Tomaa!!

    Su polla reventó salpicando una enorme corrida contra la mampara. . Toda cachonda ya empecé a acariciar mi ya humedísimo coño viendo a mi sobrinito. Enseguida me llegó un orgasmo que me hizo dar un gemido mudó m placer que no pasó desapercibido para él. Miró para la puerta sonriente.

    Al día siguiente no podía mirarle a la cara, solo podía mirar su cuerpo y su abultada entrepierna, él se había dado cuenta y se rozaba contra mí más que nunca poniéndome muy nerviosa y caliente a la vez.

    Esa noche volví a espiarle cuando oí el ruido de la ducha, al asomarse le vi en la bañera con un conjunto de ropa interior mía en la mano mientras se masturbaba.

    No veía su polla mientras se acariciaba pero él de repente se levantó y salió de la bañera y mirando hacia la puerta se corrió otra vez entre gruñidos de ooh! Tía Klary!! Tomaa zorra!!

    Me fui a la cama sabiendo que me había pillado espiándole pero aún y así al llegar a mi habitación me metí en mi cama, mientras mi marido dormía en la suya y cogí un juguetito y me lo introduje pensando en la polla de mi sobrino y como me lo follaría al cabronazo de él.

    Entre mi calentura y el llegar de mi orgasmo no me había dado cuenta de que había dejado la puerta abierta y él me estaba mirándome desde el pasillo.

    Ese verano la cosa no pasó de ahí.

    El año siguiente no vino porque ya trabajaba y no tenía vacaciones.

    Yo sólo pensaba en follármelo como una zorra, pensaba en él todos los días, incluso en mis húmedos sueños estaba él. Ahora entendía lo que le pasaba a él años atrás.

    De vez en cuando nos mensajeábamos o hablábamos. Sabía que decirme para ponerme cachonda.

    Como mi marido no me atendía, aparte de mis juguetes, de vez en cuando me iba a la ciudad donde quedaba con un hombre para satisfacer mis necesidades sexuales. Solía quedar en un hotel con un hombre casado del que también me aburrí. Solo quería a mi sobrinito, me tenía loquita, quería follármelo.

    Llegó el verano siguiente y llegó el día de su llegada, me había enterado que se había echado novia y los últimos meses, ya casi ni hablábamos.

    Fue mi marido a buscarle a la estación y yo me preparé un poco para su llegada. Estaba nerviosa y caliente a la vez y no sabía que ponerme para estar atractiva para él. Ya tenía casi 57 años y medio sentía mayor y arrugada para él.

    Bajó del coche y se dirigió a mi sonriente.

    Hola tía Klary! Qué guapa y sexy estás, por ti no pasan los años!

    Vaya suerte tienes tío!!

    Mi marido me miró de arriba abajo con cara de asco mientras mi sobrino me agarró de la cintura y apretándome contra el como siempre hacia para sentir música tetazas contra su pecho me dio dos besos y al ver a mi marido de espaldas a nosotros, bajó su mano y agarrando mi culo lo apretó contra su entrepierna dónde un enorme y duro bulto se apoyó contra mí.

    Me miró sonriente mientras yo mordiendo mi labio inferior le dije en voz bajita mientras mi mano acarició su paquete:

    Fuuu! No sabes como me alegro de que estés aquí Ser…

    Subió arriba a deshacer su maleta y dijo que después se ducharía. Me guiñó un ojo y subió las escaleras.

    Yo lo miraba de arriba abajo, es moreno de piel, estaba más fuerte pero sin un gramo de grasa y un culete de escándalo, además se había afeitado la cabeza y hecho un pequeño tatuaje. Joven, fuertote y con pinta de malote y de empotrador.

    Noté como mi coño se había humedecido y a los pocos minutos subí a por él con la excusa de cambiar las toallas y ayudarle con la ropa y a mi marido le mandé a por pan sabiendo que se entretendría en el bar.

    Oí salir a mi marido con el coche mientras yo subía las escaleras directa a por mi sobrino.

    Entré en su habitación y me lancé hacía él, me había oído subir y se estaba quitando los pantalones, yo quité su bóxer y agarré su polla ya casi dura con la mano diciéndole:

    Follate a tu tía cabronazo!!

    Me quitó el top blanco que llevaba liberando dos enormes tetas un poco caídas por la edad y la ley de la gravedad. Jijiji! Rápidamente bajó mi malla negra y mi tanga a la vez. Tiró toda mi ropa y me empujó contra la pared comiendo con ansia y deseo mis tetas mientras su mano frito mi raja comprobando que estaba a punto.

    Joder tía!! Exclamó.

    Me levantó contra la pared agarrándome por debajo de mis muslos. Agarré esa polla gorda y dura, llena de venas y pasé la punta en la entrada de mi jugosa cueva, mientras entrelazábamos con deseo nuestras lenguas me fue bajando poco a poco mientras esa polla, dura como nunca había sentido, se introducía dentro de mí mientras él me dejaba caer poco a poco hasta metérmela entera dentro.

    Al sentirla dentro y con un pequeño alarido entre satisfacción y placer miré con cara de zorra y le dije:

    -Fóllate a tu tía cabrón. Follamee!!

    Empezó a embestirme contra la pared como un animal, yo gritaba de calentura placer al sentir semejante hombre y era mi sobrinito… Ufff!

    Se paró con toda su polla dura cómo nunca había yo sentido y me dijo mientras me llevaba en volandas hasta la cama:

    -Que te folle?? Te voy a reventar tía!! Llevo toda la vida deseando follar contigo!!

    -Hazlo y estate preparado que después voy yo a romperte esa polla tan dura. Le contesté.

    Me tiró a la cama y agarró mis piernas poniéndolas encima de sus hombros para caer encima de mí clavándomela otra vez.

    Agarró con fuerza mis enormes tetas y sacó su polla de mi coño y volvió a metérmela con fuerza hasta que noté sus huevos pegando contra mi culo.

    Así empezó un mete saca lento y brutal mientras yo pasé de un pequeño grito de dolor a un alarido de placer…

    Empezó a follarme cada vez más rápido y yo nunca había sentido algo así… Uff!! Tuve un primer orgasmo, seguido de otro y otro más…

    El seguía con su mete saca brutal y yo gritaba de placer, con mi coño chorreante de mis propios fluidos… -Uuh!! Siguee!! Siii!! Sigue Ser!! Sigue!! Cabrón!! Aaah!!

    Entonces él, después de más de 10 minutos dándome duro con cara de cabrón, aumentó aún más el ritmo de sus embestidas hasta que empezó a gruñir como un animal haciéndome saber que su corrida era inminente y yo a la vez estaba también llegando a donde nunca había llegado. Agarré con fuerza su culo con mis manos y lo acompañé en sus movimientos hasta que noté que mi orgasmo llegaba y le grité:

    Ahoraa!! Ahora!! Siii!!

    Sii tía sii!! Tomaa tía!! Tomaa!!

    Paré su culo con fuerza contra mi cuerpo y noté bajar mi orgasmo por mi vagina mientras el gruñendo me grito:

    Si tiia! Ahora!! Tomaa!!

    Levantó su culo con fuerza y en otra embestida noté su lechaza caliente mezclándose con mi orgasmo…

    Que buenoo!!

    La sacó y embistió otra vez volviendo a llenarme de leche caliente una se quedó dentro de mi mientras mi cintura se contoneaba sintiendo su polla aún durísima dentro de mí..

    Él me susurro al oído:

    -Llevo años deseándote y lo sabes tía. No sabes lo que acabas de empezar… Jajaja!

    -Jijiji!! No te confundas sobrinito! Esto acaba de empezar, has conseguido que salga la zorra que llevo dentro…

    -Me encanta haberlo conseguido tía…

    -Uummm! No sabes lo que te espera cabrón!! Vas a saber lo zorra que es tu tía!! Jiji! Y lo necesitada que está…

    – Si se lo necesitada que estabas, porque a partir de hoy no te va a faltar nunca tu sobrinito…

    Uuuf!! Mi niño… No sabes la bestia que acabas de despertar…

    Nos separamos entre besos y caricias sabiendo que mi tío, su marido, podría volver en cualquier momento.

    Al poco rato llegó mi marido, yo estaba preparando la cena y él como siempre se sentó esperando el plato de comida en la mesa.

    -Hora de cenar gritó, para que lo oyese mi sobrino.

    -Voy tío!! Ahora mismo bajo, acabo de salir de la ducha…

    Entonces oí como bajaba las escaleras y se acercaba a la cocina y le saludé sin mirar.

    -Hola Ser! Que quieres de cena?

    -Comerá lo que haya! Contestó mi marido.

    – Igual no quiere lo mismo que tú, igual no le gusta… Dije yo.

    Entonces mi sobrino ya estaba detrás de mí y agarrando mi cintura por detrás se acercó a mí y asomando si cabeza por encima de mi hombro dijo el cabrito:

    Yo como de todo tía, no te preocupes por mí, bajó la mano hasta mi ratito todavía palpitante de la anterior follada y me dijo al oído:

    Sobre todo lo que no se come él! Sshh!! Ja!

    El cabrón volvía a tener esa polla gorda y dura contra mi culo. Eso me excitó sobremanera…

    Se va a enterar este cabrón pensé… uuuf!! Cómo me tiene otra vez…

    Empecé a servir la cena y, por supuesto, primero a mi marido, que estaba justo enfrente de mi sobrino.

    Antes de servirle la sopa, dejé el puchero en la mesa y detrás de mi marido me abrí los botones de la bata delante de mí sobrino y cogiendo el caso comencé a servir dejando que viera mis enormes tetas, con las que tantas pajas se había hecho, a través del sujetador.

    No os había dicho que en su adolescencia acostumbraba a coger mis sujetadores y pasearse con ellos, cosa que yo enseguida me di cuenta pero no dije nada. Los restos que dejaba eran visibles. Jijiji!!

    Fui a su lado, me puse detrás de él y empecé a servir su plato apoyando mis tetas encima de él, mientras yo notaba su nerviosismo. Él mientras mantenía, o lo intentaba, una conversación con mi marido.

    Entonces yo le pregunté:

    -Que tal andas de chicas? Con esa planta que tienes no te faltarán no?

    -Bueno tía, puees… Que quieres que te diga. Se hace lo que se puede…

    Entonces ministro marido en modo machista le empezó a decir que aprovechase la juventud y que se dejase de ataduras de mujeres…

    Follate s todas las que puedas!!

    Eso hago tío, eso hago. Contestó mientras dure mano acariciaba mi pierna por debajo de la mesa.

    Me senté a cenar en mi sitio, casualmente al lado de mi sobrino. Enfrente de mi marido y empezamos a cenar, llegaron los postres y la sobremesa. Mi sobrino no dejaba de mirarme cuando me levantaba a por algo, entonces me levanté a recoger la mesa y fui al fregadero para pasar los platos en agua y mi sobrino se levantó para ayudarme. Acercó los platos a la encimera mientras se rozaba contra mí, su polla resaltaba por el pequeño pantalón de pijama corto que llevaba puesto, le acaricié esa polla con la mano y noté que no llevaba nada debajo, entonces abría el lavavajillas y me agaché poniendo mi culo contra ella que de repente volvía a estar durísima y él no se despegaba de mí…

    Luego se separó y totalmente empalmado se dirigió a la mesa y se sentó diciéndome.

    Tía! Saca una copa que me voy a quedar seco.

    Ahora mismo Ser! Que no te falte de nada. Un Whisky?

    -Perfecto tía! Y otro para el tío.

    -No, yo me voy ya a la cama que mañana me tengo que levantar temprano para trabajar. Quedaros vosotros y no dejes que tu tía te aburra mucho.

    -Vale tío descansa. Yo con la tía nunca me aburriría…

    Aquí el único aburrido eres tuu, dije entrando en la sala con una copa en cada mano.

    Le di una a mi sobrino que ya estaba sentado en el sofá y dejé la otra en la mesa. Se oyó como cerraba la puerta de la habitación que teníamos con camas separadas. Subí rápidamente y entré a la habitación a coger ropa limpia y sexy y a darme una ducha. Me di una ducha rápida y negro aseguré que ya dormía antes de bajar.

    Bajé las escaleras y fui a la sala donde estaba mi sobrino viendo la TV.

    Entré quitándome la bata que me había puesto para tapar una braguita medio tanga de encajes muy sexy. Mi sobrino giró la cabeza y al verme silbó:

    Fiuu!! Fiuu!! Pedazo de mujer, te estaba esperando tía!! Joeerrr!!

    Sin mediar palabra fui hacia el que se levantó a recibirme. Entrelazamos nuestras lenguas mientras él me sobaba las tetas, el culo, enfundó todo el cuerpo con pasión.

    Quieto!! Exclamé mientras lo empujaba al sofá. No podemos meter ruido esta noche que se despierta y tu me haces gritar. Por la mañana haremos todo el ruido que quieraa. Jiji!. Ahora déjame a mí…

    Me puse de rodillas y entre caricias en su polla y mirándole con cara de zorra le quite el pantalón del pijama. Fui acercando mi boca a su olla y mamíferos sus huevos.

    Fui lentamente subiendo con mi lengua a través de duro gordo y venoso.

    Él disfrutaba mirándome relajado hasta que mi boca se abrió para empezar a tragármela.

    Mirándole a la cara mi boca abierta descendía y su polla iba desapareciendo delante de sus ojos de asombro.

    Me dieron dos arcadas cuando pasó por mi garganta pero me la tragué entera. Nunca había tragado una así de grande pero entró hasta dentro.

    Buuaaahh!! Tíaaaa!! Joder!! Te la has…

    Saqué esa polla de mi boca y levantando la cabeza que dije:

    Me la voy a comer toda, toda. Tú relájate y disfruta sobrinito… Ahora me toca a mí…

    Me la volví a meter en la boca y me empecé a comer con ansia… Ohh!! Me encanta esta polla!!

    Él, al poco rato, ya no aguantaba más. Yo notaba que se iba a correr y me sacó la cabeza con sus manos.

    Entonces le miré y le dije entré suspiros:

    -Dale la leche a tu tía en la boca!!

    Quité sus manos de mi cabeza y volví a engullirla entera y a comerla con gusto hasta que su corrida llenó de su leche mi boca, leche que tragué con gusto relamiéndome mientras seguía chupando y saboreando esa polla…

    Mi sobrino con la boca abierta mirando al techo con un gesto de absoluto placer acompañaba con sus manos mi cabeza. Solo rebufaba como un búfalo, sin poder gritar para no despertar mi marido…

    Fuuu! Cómo eres tan zorra tía?

    Y más que voy a ser le contesté…

    Sonriendo me dijo:

    Imaginaba lo cachonda que podías ser pero para mí grata sorpresa, eres muy zorra tía, lo vamos a pasar…

    – Si mi niño, si no lo quisiera, no habría empezado…

    – No nos vamos a arrepentir tía, verás…

    Entonces me levanté y me fui a la cama para no levantar sospechas con mi marido. Había mucho verano con mi sobrino por delante…

    A las 6 salió mi marido por la puerta de casa, siempre le oigo cuando arranca su coche y por lo visto mi sobrino también. Le oí moverse por fuera de la habitación y asomarse a mi puerta, me hice la dormida pero él no tardó en entrar.

    Creyendo que yo dormía quitó la sabana que me cubría y empezó a acariciar todo mi cuerpo con delicadeza, suavemente acariciaba mi cuello, mis tetas, mis muslos.

    Se tumbó a mi lado y estuvo observándome mientras me acariciaba un rato largo hasta que su mano acarició mi raja ya húmeda para su sorpresa. Ya sabía que no dormía y me susurro so oído:

    Buenos dias tía Klary! No vengo a follar contigo, solo quiero hacerte el amor como nunca has soñado. Relájate y disfruta. Yo también lo haré…

    Soy toda tuya Ser, haz el amor a tu tía, deseo sentirte y sentirme a la vez.

    Me dio un beso en la boca y besó mi cuello, lamió mis orejas y bajó a mi pecho. Estuvo más de media hora disfrutando de ellos, yo jamás habría pensado lo caliente que eso me podía llegar a poner… Mmmm!

    Siguió con el resto de mi cuerpo jugando en todos los lados con su lengua. Cuando metió su cabeza en mi entrepierna y empezó a jugar alrededor de mi coño peludo, ya tuve mi primer orgasmo, sin que todavía lo habría lamido.

    De repente su lengua se deslizó desde el agujero de mi culo, por toda mi raja, hasta mi clítoris suavemente. No imagináis esa sensación de placer, de deseo contenido y de falta de esto que mi sobrino me estaba dando.

    Lamió suavemente y con maestría mi coño durante al menos 15 minutos entre mis orgasmos y gemidos de placer.

    Luego empezó a subir su cabeza lamiendo mi cuerpo, se volvió a encontrar con sus deseadas tetas y se deleitó con ellas para luego acercarse a mi cara basándome.

    Entonces le dije:

    Dale esa polla a tu tía que te la ponga bien, que tu boca boca ha parado de darme placer.

    Como es bien?

    Me preguntó mientras empecé a notar como despacio y suave su polla se introducía dentro de mi.

    Así está bien tía?

    Fuu!! No pensaba que… Fuu!! Si cariño si, perfecta.

    Empezó a hacérmelo despacio y profundo en misionero mientras mis orgasmos sucedían uno tras otro. Más de 20 minutos después y aumentando el ritmo poco a poco llegó el momento de su corrida. Sudorosos y satisfechos los dos nos corrimos juntos. Yo no sabía cuántas veces me había corrido pero esto fue especial, más que sexo.

    Estoy muy agradecida de que me hayas hecho el amor así sobrino pero tu y yo sabemos que nosotros mejor follamos y punto no?

    Jajaja; si tía siii!

    Es lo que seguimos haciendo mi sobrino y yo hoy día. Yo dejé a mi marido y vine a la cuidad cerca de él y hoy día ambos tenemos pareja pero no podemos dejar de tener sexo.

    Porque no una mujer mayor puede sentirse así de viva. Verdad?

    Soy una mujer de 60 años y zorra como tres de 20.

    Si os ha gustado puedo seguir contando como siguió el verano,

    Podemos intercambiar fotos mías y de mi sobrino…

    Hasta la continuación de la historia amigos.

  • El amigo camionero de mi padre (6)

    El amigo camionero de mi padre (6)

    Cuando llegamos al apartamento de Pierre estaba bastante más despejado, la sesión de sexo con aquellos tipos en el local que habíamos abandonado, me había dejado un poco traspuesto, pero el trayecto en taxi con aquel chico que no conocía de nada y me había invitado a su apartamento a dormir me relajo y me recompuse bastante.

    Pierre no me dijo nada en todo el camino, yo había cerrado los ojos y tampoco dije ni muuu… habría pasado como 45 minutos y el taxi paro, entonces abrí los ojos, Pierre le pago al taxista y me indico que habíamos llegado, era una calle un tanto tenebrosa, oscura, edificios bajos y algo viejos, nos dirigimos a un portal y subimos a su casa, al abrir la puerta quedé fascinado, nada tenía que ver el edificio con aquel fantástico piso, todo completamente reformado, moderno, limpio. Pierre me saco unas toallas y me indico donde podía ducharme, mientras él recogía su melena en una coleta y se quitaba su camisa dejando su pecho fibrado y duro a la vista, me pase un buen rato bajo el agua templada, me sentó magníficamente bien, volvía a ser persona, Pierre me había acercado una bata y unas chanclas lo cual me enfunde y salí en busca de él.

    Al salir quedé impresionado, Pierre llevaba su melena suelta , mojada, se había duchado también, envuelto en una toalla a su cintura, tenía un cuerpo precioso, quedé fascinado con aquel chico, me ofreció un wiski sentado en una barra de bar que cruzaba el salón, me senté a su lado y bebí un trago.

    Pierre: cómo estás tío?

    Yo: bien, muy bien, la ducha me ha hecho revivir jejeje.

    Pierre: me alegro… ummmm… y como es que un tío como tú se deja follar por tres tíos como los de antes?

    Yo: bueno… morboooo… un poco de encerrona por parte de un colega y me deje llevar.

    Pierre: disfrutaste la experiencia.

    Yo: si… bastante, lo tomo como sexo y disfrute.

    Pierre: veo que te gusta experimentar y morbosear sexualmente.

    Yo: si te soy sincero hasta hace tres días mi vida transcurría con el sexo monótono con mi mujer, y a raíz de este viaje con Rubén y conocido estás experiencias.

    Pierre: pues te veo muy desinhibido.

    Yo: si… creo que he abierto mi mente y me he dejado llevar a un mundo sin fin, excitante, placentero y morboso.

    Pierre: y hasta dónde crees que podrías llegar a hacer?

    Yo: no se creo que todo lo que se haga con complicidad, estando de acuerdo y disfrutándolo siempre está bien, el punto de inflexión estaría en ser forzado o violado, no se…

    Pierre: y si yo fuera malote y te obligará, te sometiera, y te hiciera hacer lo que te mandara.

    Yo: jejeje, bueno siempre y cuando lo hagamos de mutuo acuerdo.

    Pierre: quiero que seas mi esclavo zorron, me pone mucho y tú eres perfecto, me gustas.

    Yo: tu también me gustas amooo.

    Pierre se levantó del taburete, dejo caer su toalla , llevaba puesto un calzón de cuero y unas botas de cuero negras, saco de un cajón un antifaz que se puso en la cara y agarró una fusta con su mano, después puso alrededor de mi cuello un collar como a un perro y engancho una correa, me indico que me pusiera a cuatro patas, pego un tirón de mi bata y me dejó en pelotas completamente, mi polla quedó colgando y mi culito bien posicionado frente a él, me arreo un golpe con la fusta sobre mis nalgas, me dolió un poco.

    Pierre: vas a ser mi perra puta.

    Yo: lo que quieras, soy tu siervo.

    Pierre: empieza por lamerme mis botas, déjalas bien limpias cerdoooo…

    No tu be más que inclinarme y Pierre acercó una de sus potas a mí boca, saque mi lengua y empecé a lamer todo su contorno, mi lengua iba humedeciendo el cuero de la bota , entre un sabor a piel y suciedad, cambio de pie para que le limpiará la otra, mientras me tiraba de la correa y me decía lame cabron, déjalas bien limpias… ahora pasa tu lengua por las suelas me dijo, y yo la pasé sobre la áspera goma sucia y asquerosa, pero mi excitación sobre paso a la pulcreda y aquello me ponía bien cerdo, me gustaba ser sometido. Mientras seguía con aquel juego Pierre me atizaba alguna sacudida a mis nalgas con su fusta, después de un rato se levantó y estiró de la cadena de mi cuello y me hizo andar a cuatro patas hasta una habitación donde el único alumbrado era el de unas velas encendidas, y donde podía distinguir algunos aparatos de sado, muchos dildos, y una camilla.

    Una vez dentro, Pierre soltó mi cadena, me levanto del suelo de un tirón de brazo y me ordeno que me tumbara en la camilla y abriera brazos y piernas, que engrilleto y tenso hasta un punto que me hizo decir para, Pierre dejo de tensar, mi cuerpo desnudo estaba a Merce de aquel chico que no sabía lo que pretendía de mi, pero me iba a dejar hacer lo que quisiera porque la sensación de morbo y placer era extrema, Pierre empezó por coger con sus dedos mis pezones que retorcía y pellizcaba, ahhh, ohhh, me dolía pero me gustaba, agarró unas pinzas que dejó pellizcando mis pezones, después cogió una cuerda , agarró mi polla tiesa y dura con una mano y con la cuerda rodeo mis huevos hasta dejarlos atados y pretos con el cordel, me sentía completamente usado, Pierre continuo y fue entonces cuando agarró uno de los cirios, me dijo que me iba a doler un poco, pero que me excitarla mucho, se puso tras de mí, se quitó su calzón de cuero y su polla salto completamente dura y con su capullo fuera babeando, tiro de mi cabeza hacia atrás y metió su polla hasta el fondo de mi garganta, pero él la sacaba y metía a conciencia y yo se la mamaba al compás, hasta que con la mano que llevaba el cirio, empezó a dejar caer gotas de cera caliente sobre mi pecho.

    Cada una de aquellas gotas me producían un pequeño dolor, pero mi polla pegaba una sacudida de placer cada vez que caía, Pierre dejo el cirio a un lado para tumbarse sobre mi y empezar a relamer todo mi cuerpo, quitó las pinzas de mis pezones y fue el el que empezó a mordisquearlos con sus dientes, yo seguía con su polla en mi boca haciéndole una gran mamada, su cara era de placer y de vez en cuando gemía e insultaba, ahhh, ummm, cerdo, sigue, sigue, zorrron, no pares… Bajo su boca a mi polla y se la trago entera, dios que bien la mamaba, yo seguía sin poder moverme, Pierre me la chupaba a gran velocidad, me escupía y babeaba toda la polla, alargo su mano, para agarrar uno de los dildos que enseguida puso sobre mi ano, fue jugueteando con él, haciendo movimientos rotatorios para que fuera haciendo camino, era enorme, mi culo se abría y aquel dildo fue entrando, la mamada de Pierre era irresistible y aquella follada con aquel dildo me estaba haciendo sentirme un puton, me gustaba, iba a correrme no podía más, de pronto mi garganta, empezó a recibir leche caliente de Pierre a trallazos y mi polla inundaba la boca de Pierre también de lefa, nos estábamos corriendo uno dentro de la boca del otro, los dos tragábamos lo que podíamos, pero era más la cantidad de leche que lo que podíamos tragar, Pierre saco su polla de mi boca y dejo de mamármela, se tumbó pecho con pecho mío, arrimo su boca llena de mi lefa a la mía y nos fundimos en un gran beso blanco, intercambiándonos nuestras corridas, así jugamos varios minutos, hasta que Pierre me susurró al oído , que iba a jugar con mi culito.

    Pierre me desató de aquella camilla, me miro y me pego una bofetada en toda la cara, y luego otra, ven cabrón y disfruta, me tumbo con el pecho sobre un potro ato mis manos a una cuerda que colgaba, abrió mis piernas y las engrilleto bien abiertas, mi culo estaba bien posicionado para que el pudiera hacer lo que quisiera… empezó azotándolo con la fusta varias veces, sentía mis nalgas ardiendo, y después note como un suave líquido corría entre ellas, Pierre paso su mano por mi culo e introdujo varios dedos dentro de él, me follaba con sus dedos, que gusto, después agarró un nuevo dildo, lo acercó a mí boca para que lo chupara, me lo metió de golpe y lo relamí todo, luego lo puso sobre su boca y juntos lo relamimos, nuestras lenguas se cruzaban cuando se juntaban y nos las comíamos.

    Era un dildo enorme con un gran capullo, sabía que mi culo lo iba a probar y así fue, se puso tras de mí volvió a untar mi culo de lubricante y empezó a presionar con aquel pollón de silicona, ahhh, me duele, no grites zorra, pronto te gustará, me grito, y volvió a presionar hasta que mi culo se abrió paso, durante algún minuto grite, me dolía, pero enseguida me fui acostumbrando, y ya era todo placer, Pierre le dio a un botón y el dildo empezó a vibrar, ummm que rico, ves puta, ves, como te gusta, entonces Pierre arrimo su polla a mi agujero penetrado y dijo ahora te voy a follar yo también, y así lo hizo, yo pensaba que mi culo no tragaría más, pero poco a poco Pierre fue introduciendo su polla dentro de mi culo, lo hizo despacio sentí algún dolor pero ya era mucho más grande el placer que otra cosa, cuando la tenía toda dentro arrimo un bote a mi nariz y me ordeno que esnifara por ambos orificios, yo le hice caso y aquello me llevo al instante al mismísimo cielo, Pierre me follaba duramente, con brusquedad, pero yo disfrutaba y gozaba enormemente, sigue, follame, follame, la doble penetración de su polla y el dildo, me estaba haciendo gozar como un cerdo.

    Pierre me azotaba con sus manos abiertas sobre mis nalgas mientras esnifaba de aquel bote, me sentía en una nube, quería que me follara más y más, quería, pollas, pollones, que me violaran, que me hicieran suyooo, Pierre empezó a gemir, a sacudirme más fuerte , a golpear sus caderas y meter su polla más profundamente, lo oía gemir ummm, ahhh, que culazo, te voy a reventar, así duramos unos minutos más, hasta que Pierre empezó a sacudir sus piernas, sus gemidos eran delirantes y sus embestidas contra mi culo enormes, y su polla estalló, sentí como mi culo se inundaba de leche a borbotones y mi polla empezó a escupir una buena corrida de placer sin tan siquiera tocarla, que placer, Diosss, como disfrute de aquello, Pierre extasiado sobre mi cuerpo, yo atado y tumbado sobre aquel potro, así estuvimos unos minutos recuperándonos. Después Pierre saco el dildo de mi culo, me quedé como vacío, me desató, me puso frente a él, me abrazo, yo lo abracé y nos comimos las bocas durante un rato.

    Pierre me llevo a su habitación, quedé flipado, tenía una bañera jacussi dentro, la cama era majestuosa y la habitación amplísima, tenía un baño a un lado, a dónde me dirigió para ducharnos, allí estuvimos recreándonos un tanto, me enjabono sutilmente, sus manos recorrieron todo mi cuerpo, y yo lo enjabone a él, pude notar sus nalgas duras, sus labios carnosos recorrieron mi cuello mientras el agua nos aclaraba el jabón, salimos de la ducha y me dejó un albornoz…

    Pierre: te apetece un jacussi espumoso.

    Yo: claro, por qué no?

    Pierre: me pones muy cachondo tío.

    Yo: y tu a mi…

    Pierre: eres mi fantasía, me gustaría tenerte siempre.

    Yo: eso no puede ser, pero si me tienes ahora y soy todo tuyo.

    Pierre se despojó del albornoz y se introdujo en el jacussi, vi sus piernas peludas entrando al agua burbujeante, su culo redondito y Prieto, su espalda ancha, hice lo propio y me metí dentro, Pierre me arrimo a él, me sentó sobre sus piernas, volvía a tener su polla como un bloque de acero, se acercó a besarme, intercambiamos nuestra saliva en buenos morreos, mientras movía mi culo sobre su polla, Pierre acercó el botecito y volvimos a esnifar de él, un subidón de excitación y morbo recorrió mi polla y mi culo, Pierre cogió su polla con una mano y la dirigió hacia mi culito, me levanté un poco su prepucio hizo tope sobre mi ano y fui presionando mientras aquel cipote volvía a irrumpir dentro de mí.

    Pierre se abrió de brazos y yo empecé a cabalgar sobre su polla, ahhh, que rico culo cabron, te quiero para mí, para siempre, dios aquel chico me estaba haciendo disfrutar como nunca del sexo, ummm que buena polla, que rico chaval, seguía follándomelo, no dejaba de saltar sobre su estaca, hasta que el decidió cambiarme de posición, me puso del revés apoyado en el jacussi y por detrás me volvió a empalar agarrándome de las caderas y pegándome embestidas enormes que hacían que sus pelotas golpearan sobre las mías, los gemidos de ambos eran enormes, estábamos gozando como fieras, sabía que Pierre se venía otra vez dentro de mi porque agitó su respiración, apretó sus manos casi clavando sus uñas sobre mis caderas y sus embestidas y gemidos se hicieron más fuertes, espere a sentir de nuevo su leche dentro de mi y en pocos segundos así fue, mi culo volvió a estar lleno de su lefa caliente, se quedó quieto, recuperándose, me dio la vuelta y me sentó a la orilla del jacussi, me agarró la polla y se la trago entera, quiero tu leche, quiero toda tu leche y empezó a mamármela mientras yo acariciaba su melena mojada, ummm que rico, no tarde en darle el placer de tragarse todo mi jugó en una estupenda y placentera corrida en su garganta, los dos estuvimos un rato en silencio dentro del jacussi, después me agarró de la mano nos secamos, abrió su cama y dormimos toda la noche desnudos uno junto al otro.

    Pierre despertó antes que yo, me había preparado el desayuno y dejado ropa limpia, me despertó diciéndome que Rubén había llamado preocupado, teníamos que volver a España, tu o me esperece, me vestí y salimos hacia la pensión donde estaba Rubén, allí se despidió Pierre de mi, con una caricia y un buen beso, después me dijo tengo tu teléfono y tu vas a ser mío, nos volveremos a ver… yo lo mire le guiñe un ojo y salí del coche , Rubén me gritaba desde el camión en marcha.

    Bueno chicos y hasta aquí este nuevo capítulo, espero lo hayáis disfrutado, con vuestras pollas bien erectas y baboseando, de eso se trata.

    Besosss…

  • El mejor viaje a España (P. 2): Lo que el novio se perdió

    El mejor viaje a España (P. 2): Lo que el novio se perdió

    A la mañana siguiente me desperté cerca de medio día.  Tarde unos minutos en procesar lo que había sucedido la noche anterior. No tenía idea si lo había soñado o si realmente había pasado.

    Fui a desayunar y me encontré con las chicas desayunando con tranquilidad.

    —Buenos días dormilón —me saludó Luna. Llevaba ropa deportiva, un crop top rosa florecente y unos leggings bastante ajustados—. Ese baño te relajó ¿eh?

    —¿Qué? ¡Ah! Sí, esas sales si que hacen maravillas —le respondí tratando de hacer contacto visual con Rachel, en búsqueda de algún indicio de lo que había sucedido, pero ella sólo me miró tomando su taza de café.

    —Te estaba esperando para darte esto —me dijo Luna dejando un plato con huevos y tocino en la mesa.

    —¡Oh! Gracias —le dije con una sonrisa. Ella me sonrió de vuelta y me guiñó el ojo.

    El resto del día pasó sin mucha complicación. Intenté platicar con Rachel para recibir una confirmación de lo sucedido la noche anterior, pero pensé que no sería buena opción. Sería confesar que las estaba espiando anoche. Si realmente hubiera pasado, quizá Rachel podría pensar que había sido alguna otra de las chicas, pero lo dudaba.

    Cerca de las 2 de la tarde decidí dar un paseo por las Islas Canarias, quería esperar a Ashe para que fuera ella quien me diera el paseo, pero pensé que quedarme en la casa no sería buena idea en un lugar tan paradisíaco como éste.

    Prepare un poco de dinero y me dirigí a la sala. Jules se estaba preparando para ir a la playa, acompañada de Lisa, Rachel había salido de compras y Luna aun no regresaba de su caminata.

    —If you want, you can come with us —me dijo Jules, invitándome a la playa con ella y Lisa.

    —No, thanks. I want to see the city —le contesté gentilmente.

    Ambas salieron por la puerta trasera de la casa ya que daba a un camino para la playa más cercana y yo me dirigí a la puerta principal. En cuanto abrí la puerta, vi como Luna llegaba. Su piel brillaba ligeramente debido al sudor, al verme se detuvo.

    —¿Vas a salir? —me preguntó con una sonrisa.

    —Sí, quería visitar la ciudad un poco, no quiero estar encerrado en la casa esperando a que venga mi amiga.

    —¡Oh! Suena bien, si me das unos minutos para bañarme puedo acompañarte.

    Hice un ligero gesto, no era que no quería su compañía, pero como dije, quería hacer el recorrido con Ashe.

    —Vale, no me tardo —me dijo acariciando mi brazo cuando entró en la casa.

    Quise protestar, pero supuse que sería grosero. Luna entró al otro baño, el que no tenía tina, y en pocos segundos escuché el agua correr.

    Me senté en el sillón, esperándola, sin mucho que hacer más que escuchar música. Cuando salió Luna llevaba el pelo recogido, un top blanco, un short de mezclilla bastante corto y unos tenis blancos. En general se veía bastante bien, su cuerpo lucía bastante bien en general.

    —¿Nos vamos?

    Asentí y me levanté.

    Luna había llegado a Canarias unos días antes que todas, así que había tenido tiempo de revisar algunas tiendas, cafés y restaurantes cerca de la casa que rentamos. Me llevó a varios lugares bastante bonitos que ella había encontrado. No me molestaba su compañía, pero notaba que estaba muy pegada a mí. Llegó a tomar mi brazo mientras caminábamos sobre una avenida. Sabía que ella tenía novio, pero supuse que ya me consideraba su amigo, además era francesa y vietnamita, quizá era algo cultural. Además, había hecho lo mismo con varias de mis amigas en mi país…quizá mi incomodidad radicaba en que apenas nos conocíamos.

    A las 5:15 decidimos ir a comer a un restaurante. Mientras lo hacíamos, comenzamos a platicar.

    —¿Y a qué se dedica tu novio? —pregunté mientras esperábamos la comida.

    —Es fotógrafo. Trabaja para una revista de viajes, ese tipo de revistas que hacen los libros para turistas y esas cosas. Aunque a veces también me toma una que otra foto —agregó ocultando su sonrisa tras la taza de café que estaba bebiendo.

    —Ya veo. ¿Y qué pasó? ¿Por qué se atrasó?

    —Me dijo que unas fotos no se revelaron como debía —me contestó ella bebiendo un poco de su bebida, sin perder el contacto visual conmigo—. Entonces necesitó quedarse a hacerlo de nuevo para entregarlas a su editorial.

    —Ya veo.

    En ese momento sentí que su pierna tocaba ligeramente la mía por debajo de la mesa, casi como una caricia.

    —¿Y tú? ¿Tienes una relación?

    Reí algo nervioso.

    —En realidad venía porque esperaba encontrar eso. Hace tiempo conocí una chica y ella vive aquí, sólo que ahora está de visita con sus padres. Va a regresar en unos cuantos días.

    —Ya veo —dijo ella mientras se mordía la uña de forma coqueta y me sonreía.

    Mientras comimos seguimos hablando de cosas banales: cuánto tiempo me iba a quedar en Islas Canarias, qué era lo que me gustaba del país, que si le recomendaba visitar el mío. Ese tipo de cosas.

    Durante todo el tiempo, Luna me miraba, como analizándome y su pierna de vez en cuando jugaba con la mía. Sentía que estaba coqueteando conmigo, pero quería creer que no.

    Comenzamos a hablar de cuántas parejas sexuales tuvimos, un tema que no me incomodaba mucho, pero que me agarró desprevenido.

    Luna llevaba tres años con James, lo había conocido en un viaje a Francia y luego ambos se mudaron juntos a Madrid recientemente. Antes de eso llevaba una relación bastante buena con un tal Andre. Yo por mi parte le conté algunas experiencias propias, había tenido apenas dos novias desde la secundaria, pero si había tenido más parejas sexuales, sólo que con ninguna de ellas había planeado tener una relación formal.

    — Así que… —dijo Luna mientras el mesero nos pasaba la cuenta—. Estás de acuerdo a tener sexo sin compromiso.

    —Supongo —pregunté confundido—. ¿Por qué preguntas?

    —Nada. Es bueno saberlo, a algunas mujeres les gusta saber que pueden hacer algo así para disfrutar de una buena noche con alguien.

    La mire aún más confundido, sin saber a que quería llegar con todo eso.

    Salimos del restaurante y caminamos un poco más. Mientras lo hacíamos no podía evitar mirarla. Con la ropa que traía puesta atraía varias miradas, tanto de hombres como mujeres, realmente tenía un cuerpo bastante espectacular, no era sorpresa que causaba ese efecto.

    Mi mente divagó al momento que ella regresó después de hacer ejercicio. Cómo el sudor bajaba por su piel, haciéndola brillar. Agité mi cabeza, sacudiendo ese pensamiento. ¿Qué estaba pensando?

    —¿Todo bien? —dijo ella notando mi ligero desliz.

    —Sí, es sólo que pensé en algo.

    Ella se mordió el labio un tanto… juguetona.

    —Se está haciendo tarde, creo que deberíamos regresar a la casa.

    —Creo que sí —asentí.

    Cuando llegamos, ninguna de las otras chicas había regresado, el sol se estaba ocultando en el horizonte, pintando el cielo de un bonito naranja.

    —Creo que voy a tomar un baño —comenté cuando dejamos nuestras cosas en el salón—. Esas sales de baño me gustaron.

    Me sentía un poco más tranquilo con ella, habíamos hablado bastante durante el día y creo que ya podía considerar a Luna como una amiga.

    —Claro —dijo ella—. Yo voy a… cambiarme de ropa.

    La forma en que lo dijo se me hizo extraño, se alejó por el pasillo, moviendo su cuerpo de un lado a otro, su trasero se movió de una forma bastante sensual.

    Volví a sacudirme aquellos pensamientos y me metí a mi cuarto a sacar una muda de ropa para luego ir de nuevo al segundo baño, el que tenía la tina.

    Mientras subía el agua, me quite la ropa para volver a quedar desnudo. Pensaba en el paseo de aquel día, había sido muy placentero y ahora más que nunca creía que Luna era amable como se decía de los franceses.

    Mientras vaciaba las sales en el agua, escuché un chirrido detrás de mí, cuando volteé note que la puerta del baño estaba entreabierta. Seguramente no la había cerrado. Me dirigí hacia ella para cerrarla, pero retrocedí sorprendido al ver a Luna recargada en el marco de la puerta. Luna abrió la puerta de repente y me quedé de piedra al verla. Llevaba un conjunto de ropa interior bastante sensual. Era de color negro y la tela formaba unas cuantas flores que cubrían sus pezones y su vagina, el resto mostraba la piel de sus pechos de su entre pierna. Llevaba el pelo suelto y bien peinado, un ligero maquillaje en sus ojos y brillo labial.

    —Lo siento, creo que olvidé mi celular aquí—dijo Luna entrando y colocando el dedo índice entre los labios.

    Mi reacción fue intentar cubrirme el miembro con las manos, completamente sorprendido de su súbita llegada.

    —¡Eh!

    —Lo siento, creí que podía regresar antes de que te quitaras la ropa —me dijo ella, con sus ojos fijos en mí, o mejor dicho, en mi pene—, pero vi que tenías la puerta abierta y no quise entrar así como así.

    Busque a mi alrededor y mire su celular sobre un montón de toallas que estaban cerca del lavabo.

    —Bueno, tómalo y sal —le dije algo avergonzado.

    —Sí, lo siento —dijo ella pero no se movió y continuaba mirándome—. De hecho, ¿puedo hacerte una pregunta?

    Yo mira a todos lados, sin saber qué hacer.

    —¿Qué quieres? — le dije aun sin quitarme las manos de mi miembro.

    —¿Eres hombre, no es así?

    Me mire mi pene como respuesta.

    —La última vez que me revisé si —dije mirándola. Algo en sus ojos me hacía contestar con tranquilidad, tenían una chispa juguetona.

    —¿Podría pedirte un favor? —me dijo mientras cerraba la puerta tras de ella y luego volteando a verme, dejándome ver por completo su espalda y su trasero. Ahora podía ver un hermoso tatuaje de una flor de cerezo japonés que nacía desde su espalda baja y llegaba hasta la mitad de su cuerpo—. La verdad es que iba a follar con mi novio ayer que iba a llegar, pero el gilipollas se quedó a trabajar otro día. ¿Podría follar contigo?

    La propuesta me sorprendió por completo. Sentí como mi pene reaccionaba ante la propuesta, pero aun así me sentía incómodo.

    —¿Disculpa?

    —Por favor, llevo mucho tiempo sin hacerlo —dijo ella acercándose lentamente, de una manera bastante sugestiva y mordiéndose el labio—. Ayer iba a ser el día después de muchos meses, pero él le dio más importancia a su trabajo que a mí.

    Sentía el corazón latir por hora, la forma en como contoneaba su cuerpo hacía que me pusiera ligeramente duro, así que tuve que alejar un poco mis manos de mi miembro, pero aun quería ocultar la erección que estaba apareciendo.

    —N-no lo sé. No sé si es buena idea, es tu novio. Además, mañana va a venir.

    —¿Sabes por qué se va a quedar? —me dijo Luna a unos pasos de mí. Él tiene a otra allá en Madrid. De vez en cuando follamos los tres, pero a veces lo hacen ellos los dos solos.

    Quise hacerme para atrás, pero mis piernas chocaron contra la tina y tuve que mantenerme quieto para no caerme. Luna acercó su rostro al mío, se notaba que se había preparado para la llegada de su novio, tenía puesto un perfume delicioso en el cuerpo y en el cabello. Sentí como su mano agarraba mi miembro, el cual reaccionó ante su contacto y el olor que ella desprendía.

    —No me sorprendería que se la estuviera follando en este momento —me susurró Luna mientras comenzaba a masturbarme—. Si él tiene algo de diversión hoy ¿por qué yo no?

    La mano de Luna comenzó a aumentar la velocidad y sin poder evitarlo un gemido salió de mi garganta, sentía como crecía mi pene en su mano hasta alcanzar una erección completa.

    —De seguro ella le está haciendo lo mismo a mi novio. Debe de estar tan mojada como yo lo estoy ahora —Luna bajó la mirada para ver mi miembro—. Vaya, si que tienes una buena polla.

    —Luna, no creo que…

    Ella simplemente se arrodilló sobre la alfombra del baño y comenzó a lamer la base de mi miembro hasta la punta.

    —¿Qué dices? —me dijo dándole ligeros besos y lamidas a mi verga—. No alcanzó a oírte.

    —Que creo que… oh dios —Luna besó la cabeza del glande y se la metió ligeramente en la boca, evitando que terminara la frase.

    —¿Quieres que me detenga? —me dijo jalándomela mientras continuaba lamiendo y besando.

    —Yo…

    —Puedo hacerlo si quieres, pero preferiría comerte esta polla tan bonita que tienes. Te conté que tengo una relación abierta con mi novio.

    —Luna, creo que…

    No pude terminar la frase, ella se metió mi pene por completo, haciéndome gemir de placer. Comenzó a chuparla un par de veces antes de sacarla por completo y mirarme.

    —¿Puedo comerme tu polla? —me dijo con una especie de puchero.

    Mi cabeza tan sólo asintió, llevada por el placer que ella me estaba dando.

    Luna sonrió y volvió a chupar mi miembro. Primero empezó lento, como disfrutando de un dulce, luego comenzó a aumentar la velocidad. Yo tan sólo podía observar como mi verga desaparecía en su boca. Ella alzaba la mirada mientras continuaba con el movimiento. Pude ver como su mano se dirigía hacia la parte inferior de su ropa interior para masturbarse.

    De vez en cuando sacaba mi verga de su boca para sacar la lengua y golpear la punta de mi miembro para luego continuar. En un momento, soltó a mi miembro y se la metió hasta donde pudo. La sensación me hizo soltar un fuerte gemido, se quedó ahí un par de segundos y luego hizo atrás su cabeza para dejar libre mi pene. Mi miembro brincó completamente erecto en el aire, cubierto de su saliva. Un pequeño hilo conectaba sus labios a la punta de mi pene ella sonrió y me miró aun arrodillada.

    —¿Sabes? Me imagino a James follando a esa chica en nuestra habitación —dijo ella mientras se levantaba—. Como le come las tetas mientras ella lo masturba.

    Luna me dio la espalda e hizo su cabello hacia adelante para dejarme camino libre. Llevado por mis impulsos, desabroche su sostén. Pude ver por completo el tatuaje en su espalda y no pude evitar acariciarle la espalda, siguiendo el contorno del dibujo. Ella se dio la vuelta y abrió los brazos para dejar que el sostén cayera al suelo, dejando ver unos pezones duros y cafés. Al verlos no pude lanzarme hacia ellos y comenzar a chuparlos y mordisquearlos llevado por mi excitación. Luna se rio y abrazó mi cabeza para juntarla más a sus pechos.

    Pude sentir de nuevo su mano ir hacia mi pene y yo hice lo propio con su entrepierna. Comencé a acariciar por encima de la tela, estaba recién depilada y podía sentir lo mojada que estaba. Luna se paró ligeramente de puntitas para que pudiera lamer sus pechos sin que tuviera que agacharme tanto.

    Los gemidos salían de la garganta de Luna algo apagados, no podía ver su rostro, pero podía adivinar que se estaba mordiendo el labio para evitar que sonaran fuertes. Metí mi mano dentro de la tela y comencé a estimular directamente. Los gemidos se detuvieron y pude escuchar claramente como ella exhalaba varias veces. Sus dedos jugueteaban con mis cabellos, invitándome a que continuara chupando sus pezones y la presión en mi pene indicaba que le gustaba como lo hacía.

    Después de un rato, ella se alejó de mí y caminó de espaldas hacia el lavabo, indicando con el dedo índice que la siguiera. Como si fuera su esclavo, la obedecí. Ella se subió al lavabo de un brinco y tomó mi barbilla para besarme. Su aliento y su aroma eran intoxicantes. Me sentía embrujado por esta mujer mientras me besaba.

    Ella se separó y pude ver sus ojos rasgados mirarme fijamente.

    —Puedo ver a mi novio besando el cuello de ella.

    Ella hizo su cabeza para atrás y comencé a besarle y lamerle el cuello. El olor de su perfume se acrecentaba y el sabor de su piel era dulce. Volvió a exhalar mientras mi lengua jugaba entre su cuello y hombros. Sentí como clavaba sus uñas en mi espalda mientras mi boca volvía a bajar a sus pechos, a su abdomen.

    Mis manos tomaron sus bragas y con lentitud se las fui quitando, deleitándome con la visión de su monte de venus recién depilado. Luna abrió las piernas con una sonrisa y tocó su entrada, invitándome.

    —Supongo que no debo decirte lo que quiero —me dijo acariciándose lentamente.

    Enterré mi cabeza entre sus piernas. El olor y el sabor de su vagina era dulce. Estaba demasiado mojada. Tuvo que cubrirse la boca al sentir mi lengua entrar en ella. Luna volvió a jugar con mi cabello mientras me comía su coño. Podía sentir sus piernas moverse debido al placer que le estaba dando.

    —Oui, oui —decía en francés, luego dijo algo más, pero no le entendí—. mon copain le fait aussi bien que toi.

    Su clítoris se asomó, así que comencé a atacarlo con mi lengua mientras metía mi dedo medio y anular en ella. A la vez que lo lamía, utilice mi pulgar para estimularlo

    Comenzó a exhalar repetidamente, señal del gusto que le estaba dando.

    —De lo que se perdió ese cabrón —dijo Luna apretándose los pechos y pellizcando sus pezones—. Me corro.

    El líquido que salió de su vagina se volvió más dulce. Bebí cada gota con gusto, mientras miraba a Luna poner sus ojos en blanco por el orgasmo. Sus piernas se agitaron un momento, luego ella comenzó a recuperar la respiración.

    —Ven —me dijo tomando mi barbilla para poner mi rostro frente al suyo—. Fóllame, quiero que me la metas hasta el fondo.

    Yo no contesté, ella bajó su mano hasta mi miembro y apuntó mi glande en su entrada. Me guió al interior, pero me resistí, el glande apenas había entrado cuando se la saque.

    —Por favor, fóllame, quiero sentirla —me dijo intentando volver a meter mi pene en su vagina y abriendo las piernas para recibirme mejor.

    De nueva cuenta deje que entrara un poco antes de sacarla, tome mi pene y golpee su vagina con el tronco de este. Ella se mordió el labio y un gemido salió de su garganta.

    —No seas así conmigo. No seas tan cabrón como mi novio. Dame mi premio, me lo merezco. Fóllame.

    La última palabra la susurró casi como una petición, así que no pude más. Poco a poco, centímetro a centímetro comencé a penetrarla. Estaba tan mojada que resbaló con facilidad hasta que llegó al fondo. Comencé lento, de la misma forma que ella lo había hecho. Quería que disfrutara como se lo metía.

    Poco a poco aumenté la velocidad. Ella comenzó a exhalar de nuevo y buscaba un lugar donde sujetarse. Su cabeza comenzó a golpear ligeramente el espejo del baño.

    —Oui, oui. alors ne t’arrête pas —decía entre gemidos—. Dame, que rico.

    Luna me miraba a los ojos mientras se mordía los labios, luego bajaba la mirada para ver como mi miembro desaparecía dentro de ella. Yo tan sólo podía sentir el calor y la humedad dentro de ella, lanzando escalofríos de placer en todo mi cuerpo.

    —Tienes un bello tatuaje —le susurre mientras continuaba bombeando mi herramienta.

    —¿Quieres verlo mejor? —me dijo empujándome con la mano.

    Salí de ella y se bajó del lavabo para darme la espalda. Inclinó ligeramente el cuerpo, dejándome una hermosa vista de su trasero y de su tatuaje. Ella meneó su trasero un poco, invitándome, tentándome.

    Sin pensarlo, me acerqué a ella, apunte mi miembro y de un empujón volví a penetrarla hasta el fondo. Por el espejo del lavabo podía ver la sonrisa de Luna al sentirme de nuevo dentro. Ataque con ferocidad, su trasero chocaba contra mi pelvis con cada embestida y mis ojos no se despegaban del tatuaje en su espalda.

    —Oui, oui —decía ella y luego exhalaba con cada penetración.

    Alzaba la vista, podía ver las manos de Luna sujetarse con fuerza de la orilla del lavabo y su mirada pegada al espejo. Tenía la boca abierta casi en una perfecta O y podía ver su mirada como disfrutaba verse en el espejo mientras follaba. Acerque mi mano a su cabeza y la tome del pelo para jalarlo ligeramente. Ella me sonrió por el espejo, indicando que le gustaba que lo hiciera.

    —Esto fue lo que se perdió mi novio —me dijo mientras continuaba dándole duro—. ¿Te gusta follarme? ¿Te gusta este coñito que te estás follando?

    Yo tan sólo pude asentir. Envuelto en placer.

    —Acuéstate, quiero follarte yo también.

    Saqué mi miembro de ella y la obedecí. Me acosté en la alfombra del baño y se arrodilló frente a mí. Con agilidad, tomó mi pene y lo apuntó a su entrada, deslizándose lentamente. Cuando llegó al fondo, cerró los ojos y se mordió el labio inferior. Luego comenzó a mover su cadera en círculos. Se tocó todo el cuerpo, masajeando sus pechos, moviendo su cabello de un lado a otro, casi como un baile mientras continuaba moviéndose encima de mí. Yo solo podía verlo hipnotizado, dejando que su cuerpo moviera el mío. En un instante se detuvo y sus caderas se movieron solas mientras ella volvía a poner los ojos en blanco, señal de que había llegado al orgasmo una segunda vez.

    —Que rico follas —me dijo una vez que su cuerpo se dejó de mover—. Creo que mereces una recompensa.

    Luna se levantó y estuve a punto de levantarme yo también, pero ella me empujó para dejarme en el suelo, reculó hacia atrás y tomó mi pene con las manos y volvió a metérsela en la boca. Ahora el que empezó a exhalar de placer fui yo, Luna me miraba a los ojos mientras se comía mi verga con celeridad y deseo. Estaba a punto de hacerme llegar.

    Con una mano tomé el borde de la tina y con la otra la tomé del cabello. Podía sentir como mi corrida subía desde mis testículos hasta mi pene.

    Luna dejó mi miembro en su boca cuando me corrí. Pude sentir que fue una descarga inmensa, pero Luna nunca separó su boca de mi miembro.

    Cuando finalmente acabé, Luna le dio un par de chupadas más y luego me miró y abrió la boca para mostrarme que se la había tragado toda.

    Me le quede viendo, sin saber qué decir o hacer. Ella tan sólo me besó el abdomen y el pecho antes de que llegara frente a mi rostro.

    —Gracias por este favor —me dijo con una sonrisa.

    Luego se levantó del suelo tomó sus cosas y abrió la puerta.

    —Te dejo con tu baño —dijo volteando a mirarme y antes de salir y cerrar la puerta.

    Me quedé unos minutos en el suelo, analizando lo que acababa de pasar. Luego con trabajos me levanté y me metí a la tina.

  • ¿Te gusta, hermano?

    ¿Te gusta, hermano?

    Leyendo otros relatos alocados he decidido contar mi experiencia, no sé si sentir vergüenza de esto, pero simplemente fue lo mejor que me pudo pasar, quizá por el morbo o por el simple hecho de que algo prohibido siempre sabe mejor, en fin, fue así como mi hermano y yo empezamos a follar duro cuando teníamos la casa sola.

    Me presento, mi nombre es Luján, tengo 23 años, soy estudiante de psicología y muy reservada ciertamente en muchas cuestiones, mido apenas 1.50 centímetros, una cintura delgada y sin alardear pero un culo realmente delicioso, mis pechos son algo pequeños para mi gusto, tengo el cabello liso hasta la cintura. Soy la menor de 3, Hugo, 31 años quien ya está casado y viviendo en otro país y Daniel, 25 años quien vive aun con nosotros en casa. Mis padres ya tienen edad, pero sin embargo son amorosos y no muy exigentes ya que somos mayores, capaces y trabajadores. Todo inicio un día lunes, día que tengo libre tanto en lo laboral como en la universidad, raramente Daniel se quedó en casa por una leve fiebre, mis padres habitualmente atienden un pequeño negocio a unos 20 minutos de casa desde la mañana hasta mitad de la tarde. Esa mañana como de costumbre me levanto a prepararme un sándwich pues detesto desayunar dulce, iba normal, duermo solo con un short cortito y una remera pequeña y blanca, al llegar a la cocina Daniel ya estaba desayunando.

    – Buen día enfermo, ya estás mejor?

    Le dije mientras pasaba a un lado camino a preparar mi desayuno a lo que él sólo dio un gesto de que iba mejor. Saque lo necesario del refrigerador y me dispuse a bajar un plato para seguir con lo mío, Daniel justo terminaba con su desayuno, cambiaron la ubicación de los platos y me quedaban un poco alto para mi escasa estatura.

    – Salta, salta, tú puedes!!

    Me decía Daniel burlándose al verme querer tomar un plato de lo alto de la alacena, no noté que estaba justo detrás.

    – Espera te ayudo.

    Dijo por atrás justo cuando pegué un salto para alcanzar yo sola el plato que necesitaba, en su deseo de ayudarme y mi deseo por alcanzar aquella vajilla terminé estirando el plato y este cayó al piso rompiéndose mientras yo estaba siendo aplastada por mi hermano contra el mueble de la cocina, fue delicioso. Daniel mide 1.80 exactamente, blanco, ojos cafés, no muy atlético pero bastante guapo. El salto que di ayudó para que al caer quede atrapada entre su verga y el mueble.

    – ¿Estás bien?

    Me dijo en lo que aún estaba sin tocar el piso, su miembro encajado en mi gran trasero y sus manos acorralando mi cintura, me apretaba fuerte pero era evidente que fue sin querer. De apoco dejó que bajara por completo y soy testigo de que en ese momento su verga empezó a crecer por el suave contacto con mi culo. Estábamos así por un momento, no le respondía nada pero era obvio que su pene estaba feliz por estar tan cerca de su hermana. Debo admitir que lo que hice en ese momento fue lo más sucio que he hecho en mi vida, estaba apoyada aun al mueble y procedí a hacerme para atrás con mi trasero empujándolo.

    – Quítate que quiero desayunar, levanta el plato que rompiste.

    Le dije y luego volteé a verlo, el hijo de puta no dijo nada y tampoco parecía tener vergüenza, estaba solo en short, sin remera y su erección era más que obvia. Fui a la mesa y me divertía viendo juntar los pedazos de porcelana esta vez tratando de disimular esa verga dura que obvio le molestaba al agacharse. Fui aún más perra porque ni siquiera había terminado el primer sándwich y fui a la mesada a preparar otro teniéndolo a él en el piso limpiando, hacía el sándwich lo más lento posible, mi culo triunfante lo exhibía moviéndome muy suavemente tentando a mi hermano mayor.

    – Era uno de los preferidos de mamá.

    Me dijo mientras me daba una nalgada retirándose con los restos del plato en una bolsa, los puso en el basurero y fue a su cuarto. Me apresuré con el sándwich y apenas terminé fui a molestarlo más. Puse el oído a la puerta y sabía qué hacía algo ahí dentro, golpee la puerta a lo que tardó un poco en abrir.

    – Ay qué quieres ahora.

    Me dijo y era obvio que se acomodó el short para abrirme, yo ya sabía que él prefería masturbarse en su cuarto y usaría eso como arma para mi plan. Me senté en la cama y vi algo abultado bajo la sábana.

    – Oye qué es esto?

    Dije quitando una vieja remera blanca bajo las sabanas, estaba pegajosa por el semen que había limpiado.

    – Hey deja eso!!

    Me dijo lanzándose sobre mi en lo que traté de que no me quitara la remera, amanecí tan perra que logré ponerme boca abajo y la remera con semen de mi hermano la lleve hasta mi cara y la estaba oliendo.

    – Ffffhhhh, huele muy rico

    Dije teniéndola en la cara a lo que él me quitaba la remera y la arrojaba en un bote de ropa sucio en su cuarto, me reía con fuerza pues él estaba avergonzado, y caliente, literalmente hablando, estaba con algo de fiebre pero también con la verga muy dura pues la sentía sobre mi culo. Luego tenía que hacer que pase, teniéndolo sobre mí moví mi culo muy suavemente, sabía que le encantaba y funcionó.

    – Te gusta hermano?

    Le dije en lo que seguía meneando mi cola pegada a su pene. Ni siquiera me dio respuesta alguna, bajó mi pequeño short, no siquiera fue necesario humedecer su miembro por lo húmeda que estaba, sin mediar palabras empezó a penetrarme.

    – Aaahhh, hermano, sii

    Era tan puta que gemía como loca y le pedía a mi hermano que no deje de meterme esa verga. ¿Se imaginan? Mide 1.80 y yo toda pequeñita siendo vorazmente comida, fue delicioso, un deleite. Escuchaba como los resortes de la cama bailaban en el tremendo vaivén de ese movimiento de pelvis sobre mi. Ciertamente me estaba aplastando y penetrando muy, muy duro. Me jalaba del cabello y no paraba siquiera para mediar palabras. Cansado de la posición quizá, fácil y rápido quitó su miembro y me volteó, abrió mis piernas y como si de un maniquí se tratase llevó mis abiertas piernas hasta mis hombros y volvió a introducir su cosa en mi. Me penetraba como si no hubiera un mañana, y luego empezó a rellenarse mi vagina con abundante semen caliente. Fruto de la fiebre y la calentura de su hermana, ni siquiera nos dimos un maldito beso esa primera vez. Así es, primera vez ¿qué esperaban, seguimos haciendo travesuras cada vez que se da la oportunidad.

  • Uno para el otro

    Uno para el otro

    Cuando ella compartía su cuerpo con el sentía que si podían ser uno, él sabía bien como tocar cada centímetro de su piel. 

    Sin necesidad de decir nada sabían que era lo que quería el otro y ese día de mayo no sería la excepción.

    Ella sin decir nada fue a la ducha donde él estaba, entró y besó su espalda el agua corría entre sus cuerpos desnudos él se dio vuelta y besó sus labios, tocó sus pechos acarició sus nalgas y ella en el delirio solo permitió que él lo hiciera. Ya no importaba si el día fue largo y difícil ellos ahí en su intimidad en su deseo jugando bajo la ducha, el agua caliente recorriendo sus cuerpos él la levantó y ella puso sus piernas alrededor de él mientras él la penetraba más y más apretando su cuerpo contra el de él.

    Ella solo dejaba que el marcará el ritmo gemía y lo besaba. Sentía que pronto él acabaría y le dijo a él oído -quiero que me des la vuelta. Él como desesperado la bajó y sacó de la ducha rápidamente la recostó de espalda a él contra la pileta, tomó sus caderas y levantó casi en el aire y sin más le penetro por su ano, ella gimió y el permitió que por unos segundos ella se acostumbre a su pene dentro, ella comenzó a mover sus caderas en círculos para que fuera más placentero y él solo disfrutó ese movimiento.

    Ella sabía lo que él quería como quería y cuando, así que de repente dejó de moverse y el empezó a embestir fuerte y duro mientras ella pedía más y más a gritos, de repente el acabó dejando su semen correr dentro de ese hermoso y apretado ano.

    Ella lo miró sobre el hombro y sonrió, solo faltaba volver a ducharse ponerse sus ropas de gala y salir a cenar con la familia en una navidad más.