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  • Tuvimos sexo con mi novio en la oficina

    Tuvimos sexo con mi novio en la oficina

    A mi novio y a mí siempre nos gustó tener un muy buen sexo y disfrutar del mismo en distintos momentos y situaciones, particularmente a veces nos daba ganas de hacerlo en lugares especiales con cierto riesgo de que pudiera vernos o descubrirnos alguien.

    Esta historia que les voy a contar es una de las tantas aventuras que tuvimos en lugares prohibidos.

    Un día de semana después de nuestras tareas laborales nos juntamos para tomar algo en un café y conversar sobre nuestro día laboral, etc., etc.

    Particularmente nuestra conversación paso de los temas personales y laborales hasta una conversación con cierto tono erótico en donde la situación se hizo insostenible a punto tal de tener ganas de sexo en ese preciso momento. A mi novio se le ocurrió una idea que en principio me pareció loca, pero luego me comenzó a gustar. La idea era volver a su oficina, en la cual debido a la hora que era (21 horas) no debería haber nadie en ella y ya que él tenía llave de la misma no tendríamos problema en ingresar.

    Quería contarles que esta anécdota ocurrió en Buenos Aires en pleno centro de la capital a una cuadra del obelisco, para los que conocen es el corazón de Buenos Aires y está lleno de edificios muy altos los cuales son en su mayoría dedicados a oficinas de empresas. Nos volvimos a la oficina e ingresamos a la cochera con el auto, subimos con el ascensor hasta la oficina, entramos y cerramos la misma nuevamente con llave cuidando de no encender demasiado las luces para que no se notara tanto desde afuera que había gente en la misma y que realmente no estaban trabajando sino teniendo sexo.

    Comenzamos besándonos en la oficina de mi novio lo cual hizo que comenzáramos a tocarnos con mucho deseo y descontrol. Sus besos en mi boca y mi cuello hacían que me excitara demasiado rápido hasta que se me ocurrió bajarle el cierre de su pantalón y tomar su pija con mi mano. Sin ser una sorpresa para mí lo que descubrí fue que estaba con su pija tan dura y excitada como nunca. Él por su parte comenzó a acariciar mi cola por debajo de mi pollera y luego se dirigió hacia mi concha la cual estaba totalmente empapada de ese flujo que tengo cada vez que me excito con tantas ganas.

    Llegamos al punto tal de sacarnos toda la ropa parte por parte mientras nos besábamos y nos tocábamos sin poder parar. En un momento mi novio me sentó arriba de su escritorio y comenzó a chupar mis tetas como a mí me gusta con lo cual mis pezones su pusieron duros como siempre, el solo hecho de sentir su lengua en mis pezones y sus dedos en mi clítoris hace que entre en un estado de excitación tal, que es difícil de explicar.

    No pudiendo soportar más la situación me recosté sobre el escritorio, abrí mis piernas y le pedí que me la metiera como solo él sabe hacerlo.

    Luego de coger sobre el escritorio se nos ocurrió interesante comenzar a recorrer toda la oficina desnudos y buscar distintos lugares para tener sexo, parada de espalda y apoyada contra la ventana de la calle en la oficina de la directora de marketing, mientras mi novio me la metía en mi concha por detrás y yo miraba por la ventana desde arriba la gente pasar en la calle, hasta un escritorio en la oficina del presidente de la empresa en el cual me puse en cuatro patas como una perra y él me agarró de atrás como un perro en celo descontrolado, esta posición hace que me excite tanto que no pude contener mis gritos y quejidos acabando de una manera espectacular y teniendo una cantidad de orgasmos descontrolados uno tras otro.

    Luego de esto terminamos en la sala de reuniones en el piso haciendo un espectacular 69 hasta que le pedí que se pare enfrente de mí y yo de rodillas ante él le chupé la verga ardiente como sé que le gusta y solo yo puedo hacerlo, con esto logré mi cometido, se excitó tanto dentro de mi boca que terminó acabando una cantidad de semen impresionante en mi boca y yo como es costumbre me lo tragué sin desperdiciar una sola gota ya que me encanta.

    Hemos hecho esto en varias oportunidades y en una de ellas decidimos jugar un juego diferente que nos pone locos.

    Comenzamos de la misma manera besándonos, tocándonos y chupándonos al punto tal de quedar completamente desnudos. Luego de esto yo me siento en el sillón de la oficina y completamente desnuda abro mis piernas y apoyo mis pies en su escritorio, en esta posición aparece mi juguete favorito que me regaló mi novio el cual usamos en varias oportunidades, es un vibrador espectacular, lo chupo con mi boca y comienzo a meterlo y sacármelo de mi concha caliente y mojada, lo enciendo y me pongo a gozar, lo saco de adentro de mí y lo chupo todo con el gusto de mi flujo que me vuelve loca.

    Mientras, mi novio se para enfrente de mí del otro lado del escritorio y comienza a masturbarse, esta situación de vernos gozar cada uno por su lado nos vuelve locos hasta que termino acabando y gritando mis orgasmos y él acaba toda su leche sobre la mesa, cosa que me enloquece, pero me quedo con las ganas de tragármela toda.

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  • Una excelente mujer en la cama

    Una excelente mujer en la cama

    Patricia se fue a su pueblo debido a que deseaba olvidarse de tantos ajetreos de la ciudad, además de que debía hacerse cargo de sus pequeños hijos a los que por cuestiones de trabajo, estaban al cuidado de su madre.

    Josefina era otra de las amigas de la persona que en aquel entonces era mi mujer y que por salir tan tarde de sus trabajos y no poder viajar a su casa, se queda en mi hogar y que se portó excelentemente cariñosa conmigo, dándome los jugos de su conchita, que eran un manjar delicioso.

    Un día se me acercó Josefina y me dijo: “Necesito que me des una mamada como la que le das a tu mujer y así como a ella la transportas al paraíso con esa excelente lengua, quiero sentir ese mismo placer que durante muchas noches escucho le brindas a mi amiga y que disfruta, porque sus jadeos así lo comprueban”.

    Me dejó estupefacto porque a pesar de que desde que la conocí tenía muchos deseos de mamarle los senos y tragarme sus enormes pezones que se veían por sobre su top cuando salía de bañarse, nunca imaginé que sería el afortunado para hacerle el amor y tragarme sus jugos que más tarde supe les salían a chorros, como si se tratara de un manantial.

    Le dije que por favor no hiciera ese tipo de bromas que solo me hacían sentir mal porque creía que sólo estaba jugando con mis sentimientos, a lo que respondió que no, que si quería probarlo, esa noche estaba dispuesta a hacerlo, porque mi mujer le había dicho que trabajaría horas extras y por tanto llegaría después de la medianoche.

    Efectivamente Josefina resultó ser una hembra excelente en la cama, ella que me pedía ser transportada al éxtasis y disfrutar lo que en las noches escuchaba cuando hacíamos el amor con mi mujer, fue ella la que me enseñó las mieles del amor y me condujo por el placer que cuando es prohibido se disfruta de manera hermosa, porque además ella era una de esas pocas mujeres que he conocido, a las que el semen tarda en salírseles de la vagina. Se trata de una vagina que parece aspiradora, que todo se lo traga y tiempo más tarde lo empieza a soltar de manera pausada.

    Nuestra primera noche de sexo fue de lo más maravilloso, ya que nos metimos a bañar y ambos disfrutamos de besarnos todas las partes del nuestro cuerpo, además de hacer el amor bajo la regadera, donde Josefina se me entregó en su totalidad, porque ambos nos comimos nuestros fluidos. Ella tuvo tantos orgasmos en mi boca, lo mismo que yo deposité mi semen en su ano y en su boca.

    Casi a las tres de la mañana me retiré a mi recámara, porque sabía que en cualquier momento llegaría mi esposa de trabajar. Efectivamente, hicimos los cálculos exactos, porque a los diez o quince minutos de habernos despedido, se oyó que mi mujer abría la puerta principal. Apenas me había dado tiempo de lavarme el pene y los jugos que tenía en la cara, revueltos con mi semen.

    Afortunadamente como iba cansada no me pidió su dotación de leche, lo cual me salvó porque después de haber hecho el amor durante varias veces con Josefina, tenía secos los testículos y no había disponible para atenderla.

    En la mañana no me salvé y como todo hombre, tuve que cumplirle a mi mujercita con la que mi mejor platillo era hacer la posición del misionero, pero en lugar de metérsela por la vagina, se la metía por el ano, porque yo lo disfrutaba bastante, al igual que ella porque tenía muchos orgasmos, además de que en varias ocasiones me lo había dicho, que se la metiera por el culo porque eso la excitaba bastante.

    Pero volviendo a mi relación con Josefina, fueron muchos meses de gloria, de tener a mi disposición a esa mujer con la que hacíamos un excelente 69 y de sentir cómo su vagina pasaba por mi cara, dejándome ese néctar caliente que me ponía a mil.

    Lamentablemente esa hermosa relación terminó porque su madre sufrió un accidente y tuvo que regresar a su ciudad para brindarle todos los cuidados, además de que, según me explicó mucho tiempo después, fue una oportunidad para terminar lo nuestro que no tenía futuro porque a pesar de lo nuestro, no estaba dispuesta a quitarle el marido a su mejor amiga.

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  • Perdí mi virginidad por borracho

    Perdí mi virginidad por borracho

    A mis 20 años ya era un borracho empedernido, pues vivía sólo y todos los fines de semana salía a tomar con el que me diga vamos, no me importaba quien era; un día viaje a la capital DF y en el paradero vi a dos personas que hablaban de ir a tomar cerveza, les entre a la conversación y les dije si podía unirme al grupo, me dijeron que estaba bien ir.

    Caminamos unas cuadras y compraron cerveza helada en el 2 bolsas grandes no me dejaron pagar; pero me dijeron que iríamos a su casa, acepté sin chistar y caminamos rumbo a su casa, al llegar, empezamos a tomar a vaso lleno, era full risas; pero notaba que cada vez que iba al urinario veían mi culo con ansias aunque no niego que tengo un bonito culo, formado naturalmente, ya que traía un buzo pegado que me había comprado al llegar a la ciudad.

    Cuando de pronto me propusieron jugar al casino y el perdedor tenía que perder un traje, la verdad que nunca me interesó el casino; pero acepté, me sentía borracho que estaba perdido en el juego que al final quedé desnudo, seguía perdiendo y les dije que el juego acababa, me dijeron que si perdía, tenía que quitarles la ropa a ellos con los dientes, eso hice hasta dejarlos en pelotas, uno tenía una vergaza, el otro era regular a diferencia que el mío que era pequeño, pues era mi defecto.

    Entre risas y todo dijeron que el perdedor mamaria la verga del ganador, no acepté y quise irme, la verdad que se dejaron ganar, y mamaron mi verga; eso me gustó y decidí seguir que empecé a mamar sus vergas, me gustaba hasta que uno eyaculó en mi boca y me hicieron tomar cerveza para pasar su leche; estaba bien borracho, no recuerdo más, solo que amanecí con el culo con rasgos de sangre y leche en el culo y en la cara leche pegada.

    Me levanté asustado al día siguiente que encontré a uno de ellos, le pregunté que había pasado, me dijo que yo había pedido verga a su amigo con desesperación y dejé que me rompa el culo, estaba turbado y no sabía qué hacer, pues mi culo estaba adolorido y pedí su ducha y me bañé, revise mis cosas y mi dinero y todo estaba conforme.

    Me despedí y recorrí la ciudad y volví a mi tierra con la idea de tratar de recordar lo que pasó, tuve pesadillas y todo por lo que pasé aunque mis deseos carnales me atraían a mismo sexo.

    Fue dolorosa mi recuperación; pero me recuperé del trauma.

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  • La nueva vida (dentro) de Elva (2): Puta preñada

    La nueva vida (dentro) de Elva (2): Puta preñada

    Las curvas de Elva se habían redondeado, la seda negra ahora ajustaba un vientre prominente de seis meses. Su piel, bronceada por el sol veraniego que caía sobre sus voluptuosos pechos, mostraba el mapa de su nueva vida. La libertad, antes una promesa embriagadora, se había convertido en un estilo de vida pleno. Había abrazado con fervor la decisión de ser “una puta preñada”, como ella misma lo llamaba, y cada día se sentía más cómoda con esa etiqueta que le devolvía el poder sobre su cuerpo y su deseo.

    El anuncio colgado en la entrada de su pequeño apartamento era simple: “Experiencia única – Mujer embarazada busca compañía”. Debajo, una foto suya tomada justo antes de cumplir 52 años: Elva desnuda, con un brillo sensual en los ojos, rodeada por un halo de luz dorada que acentuaba las prominentes curvas de sus senos y el abultado vientre. Las palabras “Sin preservativos” se escribían en letras grandes debajo de la foto, como una invitación a la aventura más salvaje.

    Las respuestas fueron inmediatas. Un torbellino constante de hombres con ansias por experimentar su maternidad compartida inundaban su vida. La mayoría eran jóvenes, atraídos por el misterio del embarazo y la sensualidad de un cuerpo que se transformaba en un templo de fertilidad. Algunos, más veteranos, buscaban la satisfacción de una pasión sin ataduras, sin el peso de las convenciones sociales.

    Su pequeña habitación se había convertido en un santuario erótico. La pared del fondo estaba tapizada con terciopelo rojo para brindar un toque lujoso a los encuentros. Un gran espejo ovalado reflejaba sus movimientos y permitía que observase la escena con una mezcla de placer y orgullo. El suelo, cubierto por una alfombra gruesa, acolchaba las caídas de las gotas de leche materna que se deslizaban sobre su piel al orgasmo.

    Las noches eran un frenesí de cuerpos y sensaciones. No se limitaba a encuentros individuales; los sábados en particular, se organizaban “fiestas en la cuna”, como ella misma las llamaba. Decenas de hombres, invitados por amigos o conocidos que habían probado el placer de su compañía, la aguardaban con impaciencia. La línea para disfrutarla se extendía por todo el pequeño departamento: algunos se turnaban mientras otros se esperaban pacientemente sentados en el suelo, en una mezcla de ansiedad y deseo conteniendo el aliento.

    Elva disfrutaba del espectáculo, deleitándose con la mirada ansiosa que los hombres le dedicaban mientras se acercaba a ellos. Su cuerpo, ahora más suave, cedía con facilidad a sus caricias, a las exploraciones de manos ávidas y la penetración constante. La sensación era una cascada sin fin: un torrente de esperma caliente que llenaba su vagina una y otra vez, despertando gemidos guturales en ella mientras sus pechos se hinchaban con leche materna. El placer era tan intenso que a veces no podía distinguir los rostros ni las voces de sus amantes, solo el ritmo del acto, la humedad, el calor y el sudor que impregnaba el aire.

    En un momento dado, sintiendo el calor del aliento de un hombre en su cuello mientras él se deslizaba dentro de ella, Elva levantó la vista hacia el espejo y sonrió. Se veía hermosa: redonda y poderosa, rodeada por un halo de deseo y una cascada de esperma que salpicaba su cuerpo como una lluvia dorada. Era una diosa, una reina del placer, una fuente fecunda en medio del torbellino de cuerpos y emociones. Sus manos se posaron sobre su vientre abultado, acariciando el pequeño ser que crecía dentro suyo. El futuro era un misterio, pero la certeza de este instante, de esta salvaje libertad, era absoluta.

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  • Me pagaron una deuda, con una mujer (5): Decisiones

    Me pagaron una deuda, con una mujer (5): Decisiones

    Ya llevamos veinte días de convivencia, y la estábamos pasando de maravilla. A nuestras rutinas diarias habíamos sumado salidas a cenar, a bares y en este fin de semana concreto hicimos una escapada a la playa por dos días. La verdad que no lo podía creer, Ana no conocía el mar.

    Ella estaba radiante y feliz, intentamos hacer todo lo que podíamos, quería ver e ir a todos lados. El sábado ni bien llegar fuimos a recorrer la ciudad, la peatonal, el puerto, para terminar caminando por la playa, la sonrisa en su rostro era resplandeciente, nunca la vi así. Se quito las zapatillas y caminaba descalza por la arena y se metió al mar para mojarse los pies, me pidió que yo hiciera lo mismo, nos mojamos un rato mutuamente y no parábamos de reír.

    Los cambios en su carácter en tan pocos días eran notorios, antes nunca se hubiera animado a pedirme algo así o mojarme. Tampoco ni se inmuto cuando caminando por la playa la tome de la mano, me miró sorprendida pero no dijo nada, solamente sonrió y seguimos, fuimos de compras, le compre un par de trajes de baño y ropa adecuada para la playa. Y terminamos comiendo en la peatonal, con vista al mar y a los barcos que iban y venían.

    Volvimos caminando al hotel, paseando. Viendo los puestos callejeros, le compre un par de cosas más que vi que le gustaron pero no se animó a pedírmelas. Ni bien llegamos al hotel se puso como Dios la trajo al mundo y se probó los trajes de baño, y me pidió opinión. Uno era de color celeste y el otro rojo, elegí el celeste porque resaltaba más su figura, ya mi amigo se estaba poniendo contento, y pensé que era hora de echarnos un buen polvo. Pero salió del baño con un bolso, con toallas, protector solar, y otras cosas y me arrastro hacia la pileta del hotel. No dije nada, por que como dije parecía una niña que estaba gozando de todo.

    El hotel era bueno, yo me lo podía permitir y quería pasarla bien, la pileta estaba frente la playa, con toda la vista del mar, con palmera, lugares a la sombra y al sol, un bar instalado en una especie de isla con un puente y una barra. Nos pusimos a tomar sol, mientras ella hablaba de todo lo vivido, y tomaba fotos que enviaba a su prima. Después de un rato fuimos a nadar a la piscina. Pasamos toda la tarde ahí, tomando sol, conversando, nadando y tomando licuados de frutas.

    En la noche nos fuimos a recorrer el centro nocturno de la ciudad, fuimos a cenar a un buen restaurant que tenía música en vivo, la cual fue muy agradable ya que en si hacían un show, haciendo grandes covers. Luego fuimos a un bar donde tomamos un poco de alcohol, yo me pedí tragos que no fueran muy fuertes ya que no estoy acostumbrado a tomar, Ana tampoco esta acostumbrada, así y todo salimos un poco tocados, íbamos alegres de vuelta al hotel. Nos íbamos haciendo chistes tontos, abrazados o tomados de la mano y nos reíamos todo el tiempo. Ya en la habitación Ana me dice.

    Ana: Amo por favor, deje que su putita lo complazca.

    Solamente asentí con la cabeza, ella me desabrocho el pantalón y me lo saco, mientras yo me quitaba la camisa. Dejo caer su vestido y tenía puesto un conjunto de ropa interior de encaje negro, que le había comprado yo, pero nunca lo había estrenado. Se veía magnifica, era diminuto, y tenía mucha trasparencia, y encaje en lugares estratégicos, el negro resaltaba aún más su piel blanca, y el sujetador alzaba sus tetas exhibiéndolas, yo ya estaba babeando con todo ese panorama.

    Me empujo levemente hasta que me senté en la cama, ella se puso de rodillas y me empezó a besar el pecho, metiendo mis tetillas en su boca y dando suaves besos en todo el pecho, su mano busco mi pene, y empezó un juego de toqueteos y rasguños con sus uñas, eran caricias que me daban un cosquilleo, la verdad que me gustaba mucho. En un momento dado tome su rostro y le di un beso de lengua. Mientras ella seguía acariciándome y con amasaba sus pechos, que tenía sus pezones duros.

    Ana: su putita le va a dar los mimos que se merece.- me dijo con los ojos vidriosos.

    Ella se agacho y empezó a recorrer con su lengua toda lo longitud de mi pene, una y otra vez, al llegar a mi cabeza le deba una pequeña succión y volvía a empezar, mientras sus manos jugaban con mis bolas. Después de un rato de ese ejercicio sujeto con su mano firmemente mi falo y lo escupió para lubricarlo, empezó a masturbarme lentamente, pero con fuerza, bajo su boca y metió uno de mis huevos entero en ella, jugaba con su lengua y los chupaba y cambiaba al otro, era una tortura muy placentera. Cuando noto que el pene no podía estar mas duro y baboso me dijo.

    Ana: Amo pudo ir arriba, por favor.

    No puse objeción solamente me acosté en la cama, era la primera vez que hacíamos algo así. La verdad era algo de lo que me había hablado el psicólogo, la forma de demostrar sus emociones era a través del sexo, por eso tenía que saber interpretar sus acciones. Se quito la ropa interior y me monto, literalmente, se empalo. Ella estaba muy mojada, sus caderas dibujaban un círculo, los dos estábamos muy excitados.

    Tome su cabello y me puse cara con cara, nos miramos a los ojos, y ella seguía con esa mirada vidriosa, no pudimos sostener la mirada del otro y nos besamos, en realidad nos comimos la boca, mientras ella aumentaba el ritmo. Y el orgasmo nos arrolló a ambos, fue demoledor, ella apoyo su cara en mi hombro mientras gemía y tenía contracciones de su pelvis, mientras mi pene busca la profundidad de su cueva para descargar.

    Y nos dormimos así, ella sobre mí, y yo con mi pene dentro de ella, incluso después que perdió la erección. Me desperté a mitad de la noche por que estaba incomodo, y ella seguía en la misma posición, sobre mi, abrazada, con la cabeza en mi pecho y durmiendo como un bebe.

    Lo único que mi pene ya no dormía, se había despertado. Así que empecé a darle besos suaves, acariciar su cuerpo, me gire y quede yo arriba en la posición del misionero, empecé a moverme y ella se fue despertando, y también a calentar, me beso y acariciaba mi espalda ya cuando la cosa se puso caliente, lleve sus piernas a mis hombros para profundizar la penetración, acabamos en un momento fueron menos de diez minutos, nos acomodamos así como estábamos y dormimos cucharita.

    Al otro día yo estaba molido, entre el viaje, los paseos, el alcohol y sexo. Pero Ana estaba radiante, con una sonrisa que iluminaba todo. Desayunamos rápido y fuimos al parque acuático, ahí tenía preparada una sorpresa para ella. Y era bucear con peces, en un entorno controlado, la verdad que nos fue genial. Almorzamos en el mismo parque, y hasta fuimos a una función de teatro, donde presentaban la Sirenita y Peter Pan, todo acuático, fuimos al show de los delfines y más. Ya por la tarde volvimos al hotel y no teníamos tiempo de más, teníamos que volver, solamente echamos un polvo más ligero en la ducha y listo.

    Ya en la casa ella se fue a las habitaciones acomodar todo lo que había en las maletas, y yo me fui a la oficina a ver que tanto había escrito en su teléfono. En realidad le mostraba todo lo que había hecho a su prima, y le contaba lo feliz que era, era la primera vez que expresaba esa palabra.

    Maite: Prima me alegro que por lo menos una sea feliz, tengo sana envidia de ti, pero te tengo que recordar que esa felicidad tiene fecha de vencimiento.

    Ana: Si lo sé, pero esto es un sueño para mí, y pienso aprovechar cada minuto que tengo. Esteban es mi dueño temporal, pero es la primera vez en la vida que veo que alguien se preocupa por mí, que toma las decisiones pensando en mí. No recuerdo cuando fue la última vez que me sentí tan bien, tal vez cuando era chica y estaban mis padres, esa es la vez más cercana.

    Maite: hay cielo, creo que te has enamorado y tengo miedo que sufras mucho, nosotras ya estamos acostumbradas a los malos tragos pero este puede ser muy duro.

    Ana: No sé, lo que si voy aprovechar cada minuto y no lo voy a defraudar, seré una buena esclava.

    Maite: Confirmado, te ha llegado hasta los huesos. Eso nunca lo dijiste por Juan Carlos. -Ana no contesto más.

    Arrancamos el lunes muy aplastados, llevábamos encima la carga de todo el fin de semana en la playa. La mañana arranco demasiado tranquila y monótona. Mire el almanaque y empecé a pensar en lo poco que me faltaba para la fecha límite, llevaba 22 días, también esteba confuso por los sentimientos que había expresado Ana con su prima. No pensé que ella tuviera sentimientos por mi tan rápido. Estaba pensado hablar con ella, y preguntarle si quería vivir conmigo definitivamente, si quería ser algo más que mi esclava. La otra opción era apegarme al plan y decirle todo cuando Juan Carlos cayera definitivamente.

    Un poco después me interrumpió una llamada de mi amigo Raúl.

    Raúl: Hola Hermano, tengo novedades. Tu problema se va a resolver antes de que entregues a Ana. Y no te asustes, el fiscal ha destinado una pareja de policías para tu protección. Te seguirán a distantica a todos lados. Te lo digo porque eres medio loco y si te das cuenta tal vez saques tu pistola y empieces a repartir plomo- Él me ayudo a elegir mi pistola, incluso íbamos al polígono a practicar a veces, lo que me mosqueo fue el tono.

    Yo: Que lo que pasa, larga todo, que nos conocemos hace tiempo.- Largo un suspiro

    Raúl: tenemos una conversación entre Juan Carlos y el Gordo, también otras entre Juan Carlos y Miguel, ellos tienen planes para ti y Ana. Ella será entregada como parte de pago al Gordo Tony, y tu sufrirás un accidente mortal cuando entregues a Ana, robaran todas las cosas que puedan de tu casa.

    Yo: Es algo de lo que suponíamos que podía hacer mi amigo.

    Raúl: Ana no esta metida en este plan, ella no sabe nada. El fiscal al escuchar la grabación adelanto todos los planes, ante el riesgo de tu vida y la seguridad de Ana vamos a actuar antes de eso.

    Yo: Tranquilo que se eso de Ana. Lo que me sorprende es el nivel de ineptitud de ellos, piensan que tengo a Ana encerrada y nadie me ha visto con ella, si me mataran el rastro iría directamente a ellos. – Eso es algo que también había previsto.

    Seguimos hablando un rato, el más que nada me daba recomendaciones y consejos. También eso decidió por hablar con Ana. Lo haría a la salida del trabajo sin falta. Cuando fui por café a la cocina note que ella no estaba en su puesto de trabajo, al preguntar a Carla por ella.

    Carla: Mira no es por el chisme – me dijo bajando la voz- creo que su prima tiene un problema grave y fue al baño a hablar con ella por teléfono.

    Asentí, le guiñe un ojo y volví a mi oficina a ver si podía ponerme al tanto de lo que estaba pasando. Me conecte vía mi Notebook , y empecé a ver sus mensajes de WhatsApp, cuando nos levantamos en la mañana tenía el teléfono apagado por falta de batería y lo vino cargando en la camioneta, por lo tanto pudo ver los mensajes de su prima recién cuando llegamos a la empresa. La verdad que era una situación muy mala la que estaba pasando Maite, le había empezado a escribir a la madrugada, y en verdad le escribió porque no tenía a nadie más para hacerlo.

    Para resumir, el domingo a la noche llego su marido a su casa, con una chica muy joven embarazada y la hecho a la calle, diciéndole que se había conseguido una mujer más joven y fértil, no como ella que estaba seca. Ella con lo puesto, solamente su cartera y el celular se fue a casa de sus padres caminando, la cual estaba a varias horas a pie de ahí. Ella tenía pésima relación con su padre, ya que él quiso en reiteradas ocasiones abusar de ella, por lo tanto ni bien tuvo la edad legal se fue con su novio, el canalla que la acaba de echar.

    Al llegar con su padre este no la recibió, y le dijo que él ya no era su padre. Se volvió al pueblo caminando y deambulo hasta que Ana le contesto. Hablaron un rato, Ana intentaba consolarla, y le ofrecía soluciones que eran poco practicas o imposibles. Hasta que Ana le escribió.

    Ana: Lo único que se me ocurre prima, es hablar con mi amo y ofrecerte como su esclava en mi reemplazo, a mi me queda muy poco con él, tu podrías ocupar mi lugar, así tu tendrías un hogar y mi amo alguien que lo cuide.- No podía creer lo que estaba leyendo.

    Maite: Prima eso es algo muy descabellado, si bien seria un sueño para mí que alguien me trate así, tan bien como te tratan, en primer lugar tú estas enamorada de él.- un cosquilleo me recorrió el cuerpo.- y en segundo lugar yo soy muy poca cosa para él, soy del campo, soy bruta y no le puedo dar hijos.

    Ana: Yo creo poder convencerlo, a parte el trabajo de esclavas es estar en un segundo plano, el tal vez más adelante se case con otra mujer y nosotras cumplamos el rol de amantes, yo soy exclusiva para mi Amo, aunque el pueda tener otras mujeres, no importa nuestro sentimientos tenemos que aceptarlo y estar bien con ello.

    Maite: Yo estoy dispuesta hacer lo que sea, ser la segunda o la tercera. Le he entregado mi vida a mi esposo por mucho menos de lo que te dan a ti.

    Ana: Ahora voy al baño y te llamo, así podemos hablar tranquilas y planeamos todo.

    Para que entiendan lo loco que era todo esto. Me pagaron parte de una deuda con una mujer que esta buenísima, esta mujer no solamente me tiene completamente loco de amor, sino que ella también se enamora de mí. Y para que yo no la extrañe o este tan solo, me busca otra esclava. Esto era sacado una película, pero de esas retorcidas y exageradas.

    Tenía que solucionar este problema, primero porque Ana podía hacer algo de lo que se iba a arrepentir. Segundo no quería que mi relación con ella se rompiera o cambiara. Tercero tenía que ver que iba ella, si quería quedarse a mi lado. Y por último ver si podía ayudar a solucionar el problema de su prima.

    Llame a Ana a mi oficina, entro un poco nerviosa, y parecía que había estado llorando. Le dije que se preparara que nos íbamos a almorzar a casa, que dijera a las chicas, que tenía un problema y me había pedido que la llevara. Al salir de la empresa vimos un auto de civil con dos policías, los salude y se pegaron atrás nuestro. Al llegar a casa estacionaron afuera de la misma. Me baje ante el asombro de Ana y hable con ellos, básicamente les di mi número y que lo que necesitaran se lo facilitaríamos, ir al baño, agua o café. Ya adentro la senté en el sillón y yo frente a ella.

    Yo: Ana necesito que hablemos, algo muy grave está pasando, y quiero que estés al tanto. Se que tienes un problema, y de eso hablaremos después de esto. Pero ahora necesito que me prestes atención, porque el resto de tu vida depende de ello.- Ella me miraba como confundida.

    Ana: Si amo.

    Yo: Mira desde que hicimos el trato.- me pare y me senté al lado de ella, debía elegir las palabras justas- Me ha dado mala espina todo, en base a lo que yo sabía de Juan Carlos más lo que tú me contaste, he descubierto muchas cosas. Primero mande a investigar todo lo relacionado con la muerte de tus padres, la deuda que tenía la estaba pagando en tiempo y forma gracias a los trabajos extra que tenía, en poco tiempo más la hubiera cancelado. El otro punto fue el accidente, por mucho tiempo la policía creyó que la camioneta en la que viajaban fue saboteada, y los principales sospechosos fueron tu tío y Juan Carlos, nunca tuvieron pruebas sólidas para probarlo.- Todo esto me lo habían pasado mis contactos en la policía.

    Ana: No, no puede ser. Esta seguro Amo.- sus ojos estaban llenos de lágrimas.

    Yo: si, mira.- extendí una carpeta que saque de mi maletín.- Esta es la investigación de la policía de Santa Fe, atrás esta los estados de cuenta de la deuda, y en la investigación esta detallado donde fue a parar la plata del seguro y de la venta de los campos, a tu tío y a Juan Carlos. El en su momento te hizo firmar muchos papeles, en estos estaban el cobro del seguro por la muerte de tus padres, como no pudo ser catalogada como homicidio por falta de pruebas quedo como un accidente. También estaba en esos papeles todo lo relacionado con la venta del campo.

    Ana: No lo puedo creer.-una lagrima rodaba por su mejilla.- toda la vida pensé que Juan Carlos era mi salvador, que le debía todo a él.

    Yo: Ana hay más, necesito que te repongas y me escuches.- dije limpiando sus lágrimas.- hay algo que Juan Carlos está haciendo en este momento y si no tomas una decisión, cambiara tu vida para siempre.

    Ana: Si amo.- ella inspiro y exhaló profundamente.- continúe por favor.

    Yo: Cuando yo pedí a la policía ese informe y vi de lo que era capaz Juan Carlos, le pedí que lo investigaran, desde entonces él es vigilado por la policía. Desde que te fuiste de su casa no ha parado de acrecentar sus deudas, y sus metidas de pata. Esta mañana me mandaron unos audios muy comprometedores y las personas que viste afuera son policías que mandaron para nuestra protección.

    Acto seguido puse mi celular sobre las rodillas de Ana y reproduje los audios que me habían mandado, ella no tardo en reconocer a Juan Carlos y Miguel. En los primeros audios estaban estos dos planeando como asesinarme, las posibles coartadas, si fingir un robo, una caída en la ducha, también detallaban como me iban a robar todo lo que pudieran y como Ana los iba a ayudar. En otros audios estaban el gordo Tony y Juan Carlos, este último le decía que le entregaría a Ana, como parte de pago, el gordo no escatimo en detalles diciéndole lo que le haría, incluso dijo que cuando se aburriera la prostituiría para poder ganar algo de dinero. Ana tiritaba de miedo, su cara era de espanto.

    Yo: Tranquila.

    Ana: Amo le juro que yo no lo traicione.

    Yo: Tranquila, lo se.- dije abrazándola, y hablándole casi al oído.- Necesito que me conteste algunas preguntas, para definir como vamos a terminar esto. Es importante que respondas con la verdad y pensando en ti. No importa lo que decidas yo te protegeré, no estarás en problemas, ellos no te tocaran.

    Ana: Si amo.

    Yo: ¿Tú me amas?

    Ana: Si amo, con todo mi corazón.- Le di un pequeño beso en la frente.

    Yo: ¿Quieres vivir conmigo para siempre y ser mi mujer, mi amante y mi putita?

    Ana: Si.- asintió con la cabeza mientras reía y lloraba a la vez.- si quiero Amo.

    Yo: Yo te voy a proteger siempre.

    Nos abrazamos, nos besamos, ella lloro un poco más, creo que la carga emocional era muy grande para ella. Yo con mi lengua recogía sus lágrimas de las mejillas.

    Ana: Amo le prometo que seré todo para usted, hasta que me muera, seré su amiga, su amante, su criada, su empleada, su putita, todo, nunca tendrá quejas de mí.

    Yo: Bueno te tomo la palabra.- le dije acariciando su rostro.- y que tenía tan mal a mi mujer esta mañana.- un escalofrío recorrió su cuerpo al sentir la palaba mujer.

    Ana: Amo creo que metí la pata, prometí algo sin consultarle y no sé si lo podemos cumplir. Es más no sabía toda esta información que se ahora.- ella se atropellaba con las palabras, es más vi algo de miedo a mi reacción.- le juro que no fue mi intención.

    Yo: A ver, tranquilízate y cuéntame todo con calma y le buscamos una solución.

    Ella empezó desde el principio a contarme toda su relación con su prima, cosa que ya sabía por ella y otras que no. También me conto de la dura niñez y adolescencia de Maite, de cuando fueron amantes, de los intentos de abusos sufridos por parte de su padre, de cómo salió de su casa y se fue a vivir con su primer novio, de los abortos espontáneos que había tenido, y de que ella no podía tener hijos. De las vejaciones, castigos y humillaciones recibidas por parte de su marido, o pareja por que no estaban casados. Y del final, su amante embarazada y su expulsión de su casa.

    Ana: Amo le prometo que si usted la acepta aquí tendrá dos esclavas a su completa disposición, que harán hasta lo imposible por complacerlo.

    Yo: ya, primero solucionemos su situación, comprare un pasaje para que venga del norte de Santa Fe a la Capital, son como trece horas de viaje. Una vez que este acá decidiremos que es lo mejor. Llámala y pide sus datos para comprar el pasaje del Bus.

    Ana: Si amo, le prometo que ella será de su agrado.- Creo que Ana me mal entendió, y ella pensó que tal vez no me gustaría como mujer, ya después hablaría con ella.

    Yo: No me digas amo, con quien sepas quien soy el titulo está de más.

    Fui a la oficina y compre el pasaje en bus, el único medio de transporte que había a esa zona. El bus próximo saldría a las 18 h, y estaría arribando cerca de las 7 h del día siguiente. Ana me pidió que le transfiera para poder comer y comprar un cargador para el celular, que se lo podía descontar de su sueldo, cosa que me pareció graciosa.

    Ana preparo algo ligero para que comiéramos, porque con todo esto se nos había pasados la hora del almuerzo, un momento después yo volví a la empresa para terminar de arreglar algunas cosas. Volví a mi casa ya de noche, me encontré a Ana sentada en el living con poca iluminación, como mirando a la nada y con síntomas de haber estado llorando. Me acerque lentamente, me senté a la par de ella y la abrace.

    Ana: Si no me hubiera cruzado contigo viviría engañada toda mi vida, y hasta terminaría en un agujero mucho más profundo del que he estado.- dijo mientras apoyaba su cabeza en mi hombro.

    Yo: Nada te pasara yo te protegeré siempre.

    Ana: y yo siempre te serviré.

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  • Trío con mis hijos

    Trío con mis hijos

    El mes de marzo había comenzado, y yo seguía obsesionada con el trio, del que sin buscarlo había sido protagonista, lo había pasado maravillosamente y quería repetirlo, y ¿Quién mejor que mis hijos para ello?, además esto me permitía poner las cartas sobre la mesa, así que un día que tanto mi hija como mi marido habían salido de casa y estábamos solos los tres decidí pasar a la acción.

    Mis hijos estaban en el sofá, me fui a mi habitación, me desnudé y aparecí ante ellos, en el salón completamente desnuda, ellos al verme pusieron cara de sorpresa fue en este momento cuando aproveché y les dije:

    -¿Qué os sorprende? Los dos me habéis visto desnuda muchas veces, os sorprende que me nuestre desnuda a los dos, pues que cada uno de los otros sepáis que llevó varios meses follando con los dos por separado, y ya me he cansado, quiero seguir follando con vosotros, pero quiero hacerlo con los dos juntos, así que o hacemos ahora mismo un trio, u os olvidáis de mi coño. Me voy a mi habitación vosotros decidís se venís.

    Y me encaminé hacia el sitio que les había dicho, ellos tras un primer momento de duda, vinieron detrás de mí, al llegar a la habitación les ordené dejar sus pollas al aire y ponerse de rodillas encima de la cama, ellos fueron muy obedientes y en ese momento yo me puse enfrente de ellos y dije:

    -Que pollas más bonitas tiene mis niños.

    Con una de mis manos cogí la polla de mi hijo mayor y la empecé a acariciar y después me la metí en la boca, con la otra mano acariciaba la polla de mi hijo pequeño, mientras hacía esto mi hijo mayor dijo:

    -No me imaginaba que este pequeñajo de dieciocho años, tuviera una polla capaz de complacerte.

    -Oye la tengo más grande que tú, dijo mi hijo pequeño.

    Dejé de chupársela al mayor y les dije a los dos:

    -Los dos tenéis unas pollas divinas de un tamaño muy parecido, y, o aprendéis a cooperar para darme placer u os dejo sin mi cuerpo, vosotros decidís.

    La amenaza pareció surtir efecto, y mientras yo seguía chupándole la polla al mayor, los dos se desnudaron completamente y el pequeño se levantó de la cama y se fue hasta el fondo de está poniéndose al lado de mi coño y me la metió, yo me sentía en una situación muy morbosa, no sólo estaba, de nuevo en un trio, sino que los protagonistas del mismo eran mis hijos. El mayor volvió a sacar su complejo.

    -Caramba, no esperaba ver a mi hermanito, con una buena polla, metiéndola en el coño de nuestra madre.

    -Pues ya ves que sí la tengo, y además adoro follar con ella.

    La tensión entre los dos había desaparecido, los dos estaban cooperando en darme placer, y yo estaba disfrutando de dos pollas maravillosas, mientras chupaba la deliciosa polla de mi hijo mayor, el pequeño me envestía con la suya.

    En ese momento me sentí la madre más feliz del mundo, pero decidí que quería tener mis dos agujeros ocupados, así que pedí a mi hijo mayor que se tumbara encima de la cama, le puse un condón, y con mi mano agarré su polla hasta conducirla a la entrada de mi coño y la introduje en mi interior, era delicioso tenerla dentro, me agaché y procure que mi culo quedara en pompa, y desde esta postura indiqué a mi hijo pequeño que me metiera su polla en mi culo, él se apresuró a obedecer e introdujo su polla en el interior de mi culo y comenzó a follarse a este con verdadera rabia, al verlo su hermano dijo:

    -Desde luego hermano eres todo un hombre.

    -Escucharme los dos, les dije, ahora mismo me lo estáis haciendo pasar muy bien y eso nos pone en la pista de que si estamos unidos, y follamos unidos, podemos hacer muchas más cosas.

    Mientras les decía esto estaba disfrutando del inmenso placer que me daban las pollas de mis dos nenes, me sentía todavía mejor de lo que me había sentido en la oficina, pero creí que era el momento de que cambiaran sus posiciones, de esta manera mi hijo pequeño me la sacó del culo y se levantó, yo le imité y mi hijo mayor hizo los mismo.

    Después fue mi pequeñín quien se tumbó sobre la cama, yo me puse encima de el y encaje su polla dentro de mi coño, mientras que su hermano mayor, al vernos así metió su polla dentro de mi culo, de esta manera pronto reanudamos nuestro trio, en ese momento me parecía algo que cualquier mujer debería experimentar, al menos, una vez en la vida. Ellos con sus pollas se movían de una manera deliciosa dentro de mis agujeros, yo sentía que los amaba más que nunca.

    En ese momento mi hijo pequeño dijo:

    -Mama, siento que me voy a correr.

    De acuerdo mi amor, pero ser complacientes con mama, mis niños, me gustaría que os corrierais los dos a la vez en mi boca.

    -Tus deseos son órdenes para nosotros, mama, dijo el pequeño.

    Mi hijo mayor se puso de pie, yo me giré, sacando la polla del pequeño de mi coño y me tumbé en la cama boca arriba con ella abierta, mi hijo pequeño se puso de pie, y los dos se pusieron a masturbarse a la vez, hasta que casi simultáneamente los dos se corrieron sobre mi boca que recibió su delicioso semen con gran alegría. En ese momento me sentía la madre más feliz del mundo.

    Después nos tumbamos en la cama a descansar, yo en medio de ellos, había juntado mis dos pollas favoritas, para que me dieran gusto, y yo dárselo a ellas y no las iba a dejar escapar fácilmente.

    Pero esta idea hizo que mi excitación y ganas de follar aumentaran, me bajé de la cama y les pedí:

    -Mis amores, poneros de pie, mami tiene ganas de adorar a sus dioses

    Ellos lo hicieron, yo estaba de rodillas entre ellos, agarré cada polla con una mano y las comencé a acariciar y las pollas de mis angelitos reaccionaron a las caricias de su mami poniéndose en forma, yo las mimé dándoles besitos, por lo que su dureza aumentó hasta llegar al máximo, hasta que mi hijo pequeño dijo:

    -Follemos nuevamente mamita.

    Los tres teníamos ganas, mi hijo pequeño se tumbó en la cama de lado, yo me puse en su misma postura y mi nene me la metió desde esta postura, esto me resultó muy excitante, la verdad es que desde que me había desnudado con el propósito de hacer esto con mis nenes se me tía muy excitada, mientras su hermano mayor se puso sentado, apoyándose contra el cabecero de la cama, dejando su polla que estaba a tope al a alcance de mi boca, era una tentación muy fuerte para que yo pudiera aguantarla, así que mi boca se lanzó a por su polla, y la introduje en mi interior.

    -Follar con mis hijos se estaba convirtiendo en una experiencia fascinante, incluso mejor que con los chicos de la oficina, estuvimos en esta postura hasta que mi hijo mayor dijo:

    -Mama, quiero sentir mi polla dentro de tu coño.

    Aunque su hermano estaba encantado de tener su polla dentro de mi coño comprendió que debía de ceder y me ala sacó y me levanté del sofá, mientras mi hijo mayor se quedaba sentado, yo me puse encima de el y poco a poco bajé, dándole la espalda hasta que mi coño se encontró con su polla, y poco a poco la fue metiendo en mi interior, y fui moviéndome para dar placer a mi hijo mayor, mi otro hijo se puso de pie y arrimó su polla a mi boca, yo abrí esta y me la metí dentro, era deliciosa y comencé a chuparla, en ese momento me sentía la madre más feliz del mundo, estuvimos así hasta que mi hijo pequeño me pidió:

    -Mami, tengo ganas de volvértela a meter,

    Esta vez fue el mayor el que comprendió que debía de ceder, permaneció sentado en el sofá, y yo me salí, me puse a cuatro patas y lanzado mi boca contra su polla comencé a chupársela, era algo delicioso, en ese momento me di cuenta de que mis niños tenían las pollas más sabrosas del mundo, mientras mi hijo pequeño se había puesto de pie, tenía mi coño a su alcance, aunque fuer de espaldas y desde esta postura me la metió, fue algo delicioso, el conocía muy bien mi cuerpo y paso a moverse con un ritmo delicioso mostrándome lo maravilloso que era ser madre de estas deliciosas criaturas, decididamente adoraba a mis hijos.

    Ellos siguieron follandome y yo sintiendo que le adoraba a los dos, pero nuevamente les entraron las ganas de cambiar de postra, puesto que mi hijo pequeño al estar de pie estaba más cansado, así que se tumbó en el sofá, y yo me senté encima de él y me la introduje dentro y me puse a chuparla, comencé a cabalgarle, él se puso a gemir, mientras mi hijo mayor no se quedó quieto, llevó su polla hasta mi boca y yo, abriendo esta, me la tragué y comencé a chuparla, no sabía decir cuál de las pollas de mis hijos era más apetitosa, la verdad es que las dos me volvían loca, estuve así y en esta postura tuve un orgasmo increíble, tras ello mi hijo pequeño tuvo una idea:

    -Mama, ¿Y si follamos de pie?

    La verdad es que esa tarde estaba resultando increíble, con dos pollas dándome muchísimo placer, y estaba probando todas las posturas, así que todos aceptamos la idea de mi pequeñín, ellos se pusieron de pie, yo lo hice, pero doblé mi cuerpo dejando mi coño, y mi culo libres para un ataque de mi hijo pequeño, mientras llevaba mi boca hasta la polla de mi hijo mayor y me la tragaba.

    Era para mi un placer muy especial tener la polla de uno de mis hijos dentro de mi boca, y más sabiendo, que en eso momento mi otro hijo me iba a penetrar, ye efectivamente en ese momento sentí como la polla de mi hijo pequeño entraba dentro de mi coño y comenzaba a moverse, yo comencé nuevamente y era incapaz de contar cuantas veces habían sido esa tarde a gozar de la acción de mis hijos, mi boca se ocupaba de mi hijo mayor que me dijo:

    -Mama voy a correrme.

    Y en ese momento un montón de leche salió de su polla y fue a parar a mi boca. Su hermano continuaba con ella dura, me puse a acariciársela, pero mi hijo pequeño a verlo, como su nada hubiera pasado, se le puso la polla nuevamente durísima, ante ello, no recuerdo cuantas veces llevaba en ese momento, me puse a chuparles las dos pollas a la vez, en ese momento mi hijo mayor dijo:

    -Ahora me toca a mi metértela en el coño.

    Su hermano comprendió que llevaba razón y colocándose encima del sofá, de pie, me ofreció su polla para que la chupase, lo cual hice rápidamente, mi hijo mayor apartó mis piernas y en el hueco que había entre ambas introdujo su polla dentro de mi coño y me levantó un poco, me puse en una posición acrobática, con una d mis piernas levantadas y durante un rato me poseyeron así, hasta que el mayor dijo:

    -Mama, debes de estar muy cansada así, Intentémoslo en otra postura.

    Su hermano aceptó la propuesta y entre los dos me colocaron nuevamente, mi hijo mayor se sentó en el suelo, y me sentaron encima de él, para que le cabalgara, mientras mi hijo pequeño se ponía de pie, colocando su polla cerca de mi boca, yo les dije:

    -Sois unos verdaderos pervertidos.

    Y después continue chupando la polla de mi pequeñín, los adoraba a los dos y me sentía mama más feliz del mundo, e había convertido en adicta a las pollas de mi hijos, así estuvimos otro rato, hasta que mi hijo pequeño sugirió:

    -Hermano, ¿Y si colocamos a nuestra madre encima del sofá y nos la seguimos follando así?

    Al parecer me había convertido en un juguete en manos de mis hijos, y la verdad era que me encantaba, entre los dos me levantaron del suelo y me tumbaron en el sofá, y mientras mi hijo mayor seguía follandome, mi pequeñín me seguía ofreciendo su polla para que se la chupara, nunca hubiera creído que se pudiera gozar tanto, hasta que mi hijo mayor sintió que se corría y le pidió a si hermano un cambio de posición, al parecer quería correrse en mi boca.

    Y efectivamente llevó si polla hasta las cercanías de mi boca y me la ofreció, yo me puse a chupársela hasta que se corrió y su leche llenó mi boca.

    Mientras mi hijo pequeño, con sus manos se puso a acariciar mi trasero, y me metió dos de sus dedos en mi culo, al verlo su hermano dijo:

    -Caramba con el pequeñajo, quien iba a pensar que estuviera tan espabilado

    -He tenido una gran maestra, dijo mi hijo pequeño señalándome

    Mientras yo seguía tragándome la leche de mi hijo mayor, mi pequeñín sacó sus dedos de mi culo, se puso en una postura en la que su polla quedó a la altura de mi trasero y de golpe me la metió, que mi hijo me la estuviera metiendo por ahí, mientras su hermano miraba, me resultó muy morboso.

    Pero todo ello tuvo un efecto inesperado, la polla de mi hijo mayor se recuperó rápidamente y se puso de nuevo en forma, me puse de nuevo a chupársela, hasta que este pidió un cambio de postura, se sentó sobre el sofá y entre él y yo nos colocamos en una postura en la que conmigo sentada sobre él, su polla entró en mi culo hasta el fondo, me encontraba muy excitada, y mi excitación fue a más cuando mi hijo pequeño se puso de pie en el sofá y acercando su polla a mi boca me la ofreció, una polla que ha estado dentro de un culo debería ser considerada como algo sucio, pero no me importó, tenía ganas de chuparla, así que llevé mi boca hasta ella, la cogí con mis manos y la introduje en mi boca.

    Para mi sorpresa no sabía mal, no sé si porque poco antes de provocar a mis hijos me la había lavado bien, o porque me encontraba muy excitada, el asunto es que en esta postura estaba gozando muchísimo, a cada minuto que pasaba me alegraba más del rumbo que estaban tomando mis relaciones con mis hijos. Hasta que mi hijo pequeño dijo:

    -Mama, me corro.

    Y una gran cantidad de leche salió de su polla, seguía sin importarme que esa polla hubiera estado en mi culo y de una manera muy glotona, como si se tratara de nara me la tragué todita.

    Mi hijo mayor continuaba debajo de mí, yo moviendo mi culo para que su polla gozara al máximo, sus gemidos eran muy intensos mientras yo seguía disfrutando del sabor de su semen y él gemía al sentir mi lengua, me sentía una madre y una mujer plenamente realizada. Mi hijo mayor me dijo:

    -Ahora voy a ser yo quien se corra.

    Y lo hizo dentro de mi coño, nuevamente descansamos, y les manifesté la alegría que tenía de tener un par de hijos como ellos y tras descansar un momento mi hijo mayor dijo:

    -Y si te la metemos uno por el coño y otro por el culo.

    Yo dudaba de que mis niños, pese a su juventud, y pese a que sabía lo potentes que eran fueran capaces de recuperarse, pero decidí intentarlo y comencé a moverles sus pollas, y luego a darles lamidas, y, para mi sorpresa estas se recuperaron muy rápidamente, mi hijo mayor se sentó en el sofá, yo me puse encima de él mirándole a la cara, y desde esta postura introduje su miembro dentro de mi coño.

    Por último fue mi hijo pequeño el que acercó su polla a mi culo y de un golpe me la metió y comenzó a moverse dentro de mi trasero, me di cuenta de que sus pollas, cada una dentro de uno de mis agujeros se encontraban muy cerca la una de la otra, casi chocando, lo que le daba aún más morbo al asunto y aumentaba mi excitación, pro en ese momento mi hijo mayor sintió el deseo de cambiar de postura.

    Y dejando un momento de follar fue mi hijo el pequeño el que se sentó en el sofá, yo me coloqué en la misma postura que antes, solo que ahora tenía a mi pequeñín dentro de mi coño y era mi hijo mayor el que entró dentro de mi culo y comenzó a moverse dándome un placer increíble, esa tarde me estaba sintiendo la mujer y la madre más feliz del mundo.

    Mientas ellos se movían dentro de mis agujeros, yo nunca hubiera pensado que una mujer pudiera disfrutar tanto, mientras los dios me decían que me adoraban, pero legó el momento en que los dos estuvieron cerca de correrse, al sentirlo yo les pedí que me las sacaran quería que los dos se corrieran a la vez sobre mi cara, se pusieron de pie me arrodillé y cuando se corrieron sentí su semen sobre mi cara, de esta manera terminó nuestro encuentro.

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  • Reencuentro con mi antiguo profesor

    Reencuentro con mi antiguo profesor

    Acostada en mi cama con mi esposo me sentía tan bien, de pronto él dijo algo que me hizo recordar a una persona de mi pasado, no fue algo tan específico, fue algo que no lo involucraba directamente. “Hay que hacernos un tatuaje” dijo riéndose. Reí.

    Me acordé del tatuaje que tenía y que nadie podía saber que era para él, mi profe, habían pasado casi 6 años y ya ni tenía su número (así era mejor) Pero era para él, ¿se acordará él de eso tanto como yo me acuerdo?

    Esa noche no pude dormir, me acordaba de las veces en que estuve con él, en como me hizo experimentar cosas que aún en el fondo de mi conservo. Me excité, mi esposo lo notó, pensó que era por él, porque eso sería lo normal, ¿por qué me calentaría pensando en otra persona si se supone que no debería? Esa noche fue muy placentera, mientras lo hacíamos no paraba de imaginar que era mi antiguo profesor, me excitó más.

    Pero venía con culpa, una culpa que no me hacía sentir mal. ¿Por qué me voy a sentir mal si ni siquiera lo he buscado? no he hecho nada malo.

    Eso era lo que pensaba mientras caminaba hacia el banco, y lo vi. ¿Estaba imaginándolo o lo “manifesté”?

    Él estaba con su teléfono, no me ha visto, pensé en saludarlo, pero eso implicaría una conversación y yo me conozco. Lo hice, lo saludé, él se sorprendió al verme y conversamos, cómo le decía indirectamente que extrañaba lo que provocaba en mí. Una vez hablamos de eso, me dijo que no le iba a importar que estuviera con alguien pero es a mí a la que me importa o me debería importar. No quiero sonar tan directa, no sé si siga pensando igual. Pedí su número, de una manera amigable, me lo dio y me arrepentí de haberlo hecho, ya no hay vuelta atrás.

    Llegué a mi casa, y pensé varios minutos en lo que debería hacer, le escribí y hablamos, me sentía con una adrenalina difícil de comparar, supongo que era adicta, y tarde o temprano iba a caer.

    Lo que hablamos era irrelevante, solo nos estábamos poniendo al día, después de varios días hablando tenía que tantearlo y la única forma era la misma que me había recordado a él.

    -Sabes, yo todavía tengo el tatuaje con tus iniciales jaja- le mandé en mensaje, dependiendo de como conteste seguiré.

    -jajaja no te creo, pruebas- dijo

    -¿Qué pruebas quieres?- dije y me pregunté “¿que estoy haciendo?”

    -Manda foto

    -No, en persona se ve mejor- respondí y dejé el teléfono a un lado, no contestó por unos minutos cosa que me hizo pensar que tal vez él ya no quería.

    -¿Cuándo puedes enseñármelo? -contestó

    -Mañana

    Me citó en un hotel muy al norte, estaba con un vestido esperando a que me recogiera y llegó. Sonreí al recordar.

    Entramos a la habitación, lo miré y sonrió.

    Lo besé y él comenzó a apretar mis nalgas con sus manos, despacio iba jugando con sus manos, cuando sentí que metió su dedo dentro de mi ano, algo que me hizo jadear; con su otra mano me agarró del cabello y me empujó más a él, haciendo que todo su dedo entrara en mi mientras me miraba fijamente. Lo sacó e hizo que chupara su dedo. Me había olvidado de que tan sucio podría ser estar con él.

    Me quitó toda la ropa y yo la suya, besó mi cuello y se metió en la boca mis tetas; me arrodillé y vi su verga tan grande como la recordaba, la metí toda a la boca y comencé a chuparla, él con sus manos empujó mi cabeza haciendo que me atorara y lágrimas cayeran por mi rostro, tenía la boca llena de la saliva de su verga haciendo que todo mi cuerpo estuviera mojado.

    Cacheteo mi rostro con sus manos, me levantó del pelo, me empujó en la cama, hizo que me pusiera en cuatro, me manipulaba como si fuera una muñeca sexual y eso me excitaba más. Puso su verga en el tatuaje y comenzó a moverse en él. Después de eso me comió el ano de una forma que hace tiempo nadie lo hacía.

    Sacó un condón y se lo colocó, giro mi cuerpo, abrió mis piernas, se percató de lo mojada que estaba por él, sonrió y al oído me preguntó “¿estás mojada por mi verga?” y le respondí que sí.

    Mientras me ahorcaba comenzó a introducirlo poco a poco dentro de mí, me hizo sentir escalofríos por todo el cuerpo, me agarró de la cintura mientras comenzaba a moverse cada vez más rápido, se acostó encima mío, sentir sus jadeos, el choque de su cuerpo contra el mío me hacía poner cada vez más húmeda dejando q su verga entrara con facilidad, abracé con mis piernas su cadera para que entrara aún más profundo y no saliera de mí, me lo metía tan duro y rápido, que me hizo venir y gritar como nunca.

    Me puse de nuevo en cuatro y así comenzó a darme mientras su dedo pulgar estaba dentro de mi ano de nuevo.

    -¿Lo meto por atrás? -me preguntó después de unos minutos

    -¿Por qué me preguntas si es tuyo? -le dije sonriendo

    Escupió su pito y mi culo, y lo introdujo todo dentro de mí, me estaba cogiendo tan rico por ahí, me levantó con los brazos aún atrás y comenzó a darme tan duro con su verga que esperaba que nunca me la sacará, me dieron ganas de orinar y él me ordenó que lo haga, dejé la cama empapada.

    Empujó mi cuerpo al suyo y me susurró “¿Tu marido te lo hace así?”

    “No” le respondí mordiéndome los labios, “mi marido no me coge así como tú”

    Me empujó de nuevo a la cama aún con su verga adentro y puso su pie sobre mi cabeza, mis gemidos eran aún más fuertes con cada metida que daba, sentía que me estaba partiendo el ano. Sentía su pene tan al fondo de mí.

    -Cagate en mi verga -me dijo- yo sé que quieres puedo sentirla

    Empuje solo un poco, y salió, dejando su pelvis y su pito embarrado, mi mierda servía como lubricante, haciendo que entrara más rápido y mejor, Me sentía sucia, era su puta otra vez, cosa que ya extrañaba.

    Me arrodillé de nuevo adelante de él, con el culo adolorido, metió su pene dentro de mi boca y me la dejó llena de su leche, me la tragué toda, sabía tan rico. Me obligó a lamer toda la mierda que tenía en su cuerpo hasta dejarlo limpio.

    Fue incluso mejor de lo que esperaba. Estuve pensándolo cada noche después de eso, curiosamente mi vida sexual mejoró… y mucho.

    Mi esposo se preguntaba por qué últimamente estaba tan excitada, no sé imagina lo mal que me porté, ni lo bien que me sentí haciéndolo. Pensé todo esto mientras con maquillaje cubría un chupetón que me había dejado en el cuello.

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  • ¿Qué hago?

    ¿Qué hago?

    Era fin de semana, sábado. Todavía estaba en la cama cuando recibí un mensaje de Gustavo, en el que me preguntaba si tenía algo que hacer por la tarde. Respondí que no, y arreglamos para salir. Gus quería ir a ver autos. Me quedé pensando: ¿para qué quiere que lo acompañe? No estamos saliendo, no somos pareja… Después de la fiesta no nos vimos más, salvo en el trabajo. Algo no entendía, pero bueno. Me levanté, fui a ducharme, repasé la depilación, salí del baño y me puse crema corporal hidratante: piernas, muslos, pechos, brazos, abdomen.

    Luego busqué la ropa: un conjunto de ropa interior negro con encaje diminuto, un short de jean que dejaba todas mis piernas a la vista y me levantaba el culo, una blusa de tonos suaves a cuadros y unas botas con un poco de taco. Me miré al espejo y dije: «Está bien, un poco putita, jajaja». Me maquillé levemente y dejé el cabello suelto.

    Escuché la bocina, me asomé por la ventana y era Gus. Tomé los lentes oscuros y salí. Cuando subí al auto, nos saludamos y me dijo: «Wow, estás espléndida». Le agradecí. Pasamos por varias agencias de autos, pero Gus no encontraba lo que buscaba. En todas las agencias me reía; fui la anfitriona de todas las miradas. En uno de los lugares, un muchacho se agarró la entrepierna; me puse colorada, pero no le presté atención. Otro, cuando iba al baño, me dijo en tono bajo: «Te comería la cola». Un camión que pasaba me tocó la bocina. Es divertido cómo se ponen.

    Por último, Gus me dijo que iríamos a otra agencia. Si allí no había nada, dábamos por terminado el día. «Okey», le dije. Esta agencia estaba sobre la ruta, un tanto apartada. Anduvimos un rato y llegamos a un playón con un galpón al fondo. Había dos empleados que se quedaron embobados cuando me vieron. Gus hablaba con uno de ellos mientras el otro me miraba y se mordía el labio. Yo me quité los lentes y le sonreí, pero sin prestarle mucha atención. Cuando Gustavo terminó de hablar, me dijo: «Voy con uno de los muchachos a ver unos autos que tienen en otro lado. Quédate, ya vengo». «Okey», respondí.

    Gus se fue y me quedé en el playón. El muchacho que me miraba me dijo: «Oye, ¿quieres pasar? Van a demorar un rato». «Ay, gracias», le dije. Pasé delante de él hacia el galpón; obvio que me estaba mirando el culo. Me hizo entrar en una especie de oficina, me senté en un sillón y crucé las piernas. El muchacho estaba por demás cegado mirándome. Hablamos de cosas triviales, y en un momento me dice: «Aquí nos hace falta una chica como tú». Me reí y le dije: «¿Tanto trabajo tienen, o necesitan a una que se acueste con ustedes?». «Bueno, no estaría mal lo que dices», me respondió. «Eres muy hermosa. Si lo hicieras, sería solo conmigo», añadió. «Mira qué presumido», le respondí.

    En un movimiento, él sacó su pene, que estaba a punto de explotar y era de buen tamaño. «Por favor, guarda eso», le dije mirando a un costado. «Anda, míralo, que te gusta, putita», se acercó donde estaba sentada y lo puso cerca de mi cara, moviéndolo. «Para de mover eso, por favor», le dije, pero lo agarré con la mano y me lo puse en la boca. Comencé a chupar, mirándolo a los ojos. Él gemía y me decía: «Sí, putita, así, chúpala toda».

    Me agarró del cabello y la metió más adentro de mi boca. «Aaaggg, ¿te gusta?», me preguntó, y con la pija en la boca le respondí: «Shiii», afirmando con la cabeza. Me desabroché la blusa; él apretó mis tetas, pellizcó los pezones. Me saqué la pija de la boca, desabroché y bajé mi short junto con la tanguita. Él me apoyó sobre el escritorio, dándole la espalda. Mientras me daba unas nalgadas, me dijo: «Qué hermosa cola». Levanté el culo, él se agarró la pija, la apoyó en mi conchita y me ensartó de una, haciéndome dar un grito: «¡Aaay, hijo de puta, despacio!».

    En realidad, me encantó; tenía la conchita húmeda. Grité para que se calentara más. Comenzó a bombear: «Aaahh, despacio, me partes». En eso, la sacó y la apoyó en mi ano. «Por favor, no me lastimes», le dije. Comenzó a entrar: «Aaaayyy, así, rómpeme el culo», le dije. Terminé de decir eso, y la enterró, moviéndose como desesperado. Sentí que descargaba toda la leche caliente.

    Junté la ropa, pasé al baño, me limpié un poco y me vestí sin la tanga. Cuando salí, escuché que Gus estaba llegando. Rápido, le di un beso al flaco, le di la tanga y le dije: «Te dejo un souvenir». Fui al salón del galpón.

    Nos despedimos y subí al auto de Gus. Cuando estábamos en la ruta, hablé con él: «¿Qué auto estás buscando? ¿Vas a cambiar este que tienes?». Me miró por un rato y me dijo: «Te quiero regalar un auto». Me quedé helada; no esperaba esa respuesta. «¿Por qué?», traté de averiguar.

    Me dijo: «Mira, desde que ingresaste a la empresa, tus informes son realmente increíbles. Nosotros en la compañía tenemos una manera de emitir informes aproximados, pero los tuyos son reales. La persona que hacía eso antes entregaba resultados erróneos. No tengo más que agradecerte, y es por eso que quiero regalarte un auto». Me quedé sin palabras, más helada que antes. «Wow, agradezco mucho tu gesto, pero yo soy empleada en tu empresa, tú me pagas un sueldo por mi trabajo. Por otro lado, no somos amantes, ni novios, ni pareja.

    Además, en la empresa todos se darán cuenta tarde o temprano de tu regalo, y a mí me señalarán como ‘la que se acuesta contigo’, que solo fue una vez y lo disfruté». En eso, no me di cuenta de que llegamos a mi casa. Lo invité a entrar, y me respondió: «Piénsalo, nos vemos».

    Me desplomé en el sillón, con la cabeza dando vueltas. «Lindo lío te metiste, Andrea. Solita te metiste. Tienes un gerente que está tras de ti, uno en un taller que coge con una pija de locura. ¿Qué hago?». En el próximo relato lo sabremos.

    Espero que les haya gustado.

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  • Mis vacaciones laborales (2)

    Mis vacaciones laborales (2)

    Ya a la mañana siguiente fui el último en despertar. Pamela justo venía al cuarto, Julio se duchaba afuera. Yo hice lo mismo al levantarme. De pronto, Sergio entró al departamento como si nada. Claro: él era el dueño del hotel, tenía llaves.

    Sergio: Ey, mis amigos, ¿cómo durmieron? … – dijo con esa sonrisa confiada-. Y este güey, ¿a dónde tan formal?

    Julio: Tenemos que hacer un contrato con Saúl como mencioné ayer.

    Sergio: ¡¿Hoy?! -lo dijo incrédulo-

    Julio: Sí, ¿qué harás? Te veo fresco, carnal.

    Sergio: Pues mira el sol… Tenía planeado que vayamos a la piscina de arriba. A estas horas se llena, hacen competencias de vóley… ¿les late?

    Justo entonces, Pamela salió del cuarto en la bata gris con la que había dormido. No transparentaba, pero le llegaba a medio muslo y realzaba su trasero, su mejor atributo.

    Pamela: Claro… no son vacaciones si no hay piscina -lo dijo en un tono casi juguetón-

    Sergio: ¡Ese es el espíritu! Parece que ya encontré a mi compañera. Jajaja.

    Pamela: ¿Quieres que te sirva algo para tomar?

    Sergio: Todo lo que me ofrezcas es bienvenido – respondió con tono pícaro, rozando lo atrevido-.

    Pamela: -entre risas- veré que puedo hacer… aunque no hay casi nada aquí.

    Quise intervenir, así que me puse la camisa, el saco y salí, pero ya no estaban. Pamela se había ido con Sergio.

    Yo: ¿Dónde está Pamela?

    Julio: Se fue a traer unos huevos donde Sergio. Tenemos que comprar cosas, aquí no hay nada. Me haces recordar en el camino.

    Yo: ¿Para qué? Ya mañana me iré con Pamela.

    Julio: Claro – con su sonrisa de siempre -. Bueno, vamos andando.

    Yo: Tengo que despedirme de Pamela primero. Además, ni he desayunado.

    Julio: Quien te manda a dormir como oso.

    No le di mucha importancia. Iba a servirme una taza cuando Julio insistió:

    Julio: Cenicienta, de verdad te digo… ¡estamos tarde!

    Cogió su saco y salió. Yo insistí en despedirme de Pamela, pero Julio apuraba todo. Finalmente cedí. Me causaba extrañeza que Pamela no me avisara nada y que hubiera salido en simple bata.

    Ya camino a la empresa, manejando por casi una hora, el calor y el traje eran insoportables. Julio estaba callado al inicio, pero tarde o temprano abriría la boca.

    Julio: ¿Te puedo preguntar algo Saulito?

    Dios, creo que ya sabía por dónde iba.

    Yo: Depen…

    Julio: ¿A qué te referías ayer en tu casa, cuando me dijiste lo del tiempo que habías pasado con Pame?

    Sí, ahí entendí que la había regado el día anterior.

    Yo: Me refería a esa ocasión que me fallaste.

    Julio: No te debía nada. Pero no… creo que no te referías a eso.

    Nuevamente no sabía que responder, a veces me pasa que no sé qué decir, hasta el día de hoy en ciertas situaciones similares

    Julio: – con una gran sonrisa, casi susurrando -. Eres increíble hombrecito.

    Yo: ¿Qué dijiste?

    Julio: ¿Cómo reaccionaste cuando Pame te contó que Claudia no es tu hija? Amigo, yo me hubiera divorciado. Eres un buen hombre, Saúl… pero eso solo hace que se aprovechen de ti.

    Esa conversación se me quedó grabada hasta hoy. En su momento me enfureció, aunque con el tiempo entendí que me había hecho reaccionar.

    Yo: No es asunto tuyo, Julio. Y por favor, llama a Pamela por su nombre.

    El resto del viaje fue tenso, incluso para él. Al llegar, tocamos el intercomunicador.

    Voz del intercomunicador: ¿Qué desea?

    Julio: Hola, es Julio Falcón. Venimos de parte de Graña y Montero, para ver el negocio del hotel.

    Voz del intercomunicador: Vengan mañana. Hoy no atendemos.

    Colgaron. Julio me miró extrañado.

    Julio: ¿Qué día es hoy?

    Yo: Domingo.

    Julio: ¡Carajo! Pensaba que era sábado.

    No podía creerlo.

    Yo: ¿Cómo no vas a saber que es domingo, Julio?

    Julio: Ni modo, hay que regresar mañana – lo decía como si no importara

    Hicimos otro viaje de más de una hora y por nada. Tuve ganas de golpearlo, pero nunca he sido esa persona, desafortunadamente. Regresamos discutiendo gran parte del camino, pero ya no había nada que hacer. Al volver, pasamos por una tienda conocida en la época: Superama, tal vez alguno se acuerde.

    Julio: ¡Para el coche!

    Frené en seco al oír su grito

    Yo: ¿Qué pasa?

    Julio salió del auto mientras decía:

    Julio: Tenemos que comprar cosas para la habitación.

    Yo: Julio, quiero ir al hotel de una vez.

    Como era de esperarse, me ignoró. No iba a darle el gusto de bajar con él, pero aun así decidí esperarlo. Pasaron veinte… veinticinco… treinta minutos y no salía. Este tipo es increíble, pensé. Salí a buscarlo. Para mi sorpresa, lo encontré con las manos vacías, solo con el teléfono pegado a la oreja, sonriendo ampliamente. La sonrisa se apagó al verme, y a medida que me acercaba colgó la llamada.

    Yo: ¡Oye! Me estás haciendo esperar por las puras, ¿dónde está lo que vas a comprar?

    Julio: Pero tú eres el que tiene billetera, la mía la dejé en el cuarto.

    Yo: ¿No podías avisar? ¿O al menos ir poniendo las cosas en un carrito?

    Julio: Te dije que había que comprar cosas para nosotros. Y sí, tenía las cosas, pero se las llevaron -decía mientras pasaba casi sobre mí-.

    Discutir con él era imposible. Cada vez que podía usaba su portento físico para imponerse, pasándome por delante como si nada. Yo siempre fui alguien bajo, y eso le daba más ventaja.

    Compramos los alimentos y regresamos al auto. Al llegar, después de casi tres horas de haber salido, entramos al departamento y no había nadie.

    Julio: Deben estar en la piscina.

    Nos pusimos ropa cómoda – aunque Julio solo se colocó un short – y comenzamos a guardar las cosas. Bueno, yo lo hice, porque Julio llamó a Sergio.

    Julio: Ahora regreso para apoyarte. Sergio me pide que le alcance el bloqueador que no se llegó a poner.

    Y parece que se lo echó también, porque no regresó. Terminé de guardar todo y eran ya como la una de la tarde. Estaba muerto. El sol ya se había calmado un poco, así que decidí esperarlos. Pestañeé un rato y cuando vi el reloj eran las dos. En eso sonó el teléfono.

    Yo: ¿Diga?

    Julio: Tienes una suerte… Estaba a punto de no llamar otra vez.

    Yo: ¿Dónde estás? Te desapareciste.

    Julio: Estoy camino al departamento de Sergio, en el octavo piso.

    Yo: Ya voy.

    Me dirigí al octavo piso, donde solo había dos departamentos, distintos al resto. Había un enorme buffet y mucha gente. Entre la multitud empecé a buscarlos. Pregunté por Sergio, pero algunos parecían no conocerlo. Seguí insistiendo.

    Joven: ¿Sergio? ¿El dueño? ¿Un güey alto, castaño y que no deja de sonreír?

    Yo: Sí, ese mismo – aunque me pareció graciosa la descripción, fue precisa -. ¿Lo conoces?

    Joven: Claro, ¡el cariñosito! -el apodo generó risas en su grupo-. Está por acá con su güera, más al fondo creo.

    Yo: Es bastante grande este piso, será un reto encontrarlo.

    Joven: Precisamente para la ocasión ¿no? Jajaja. Tranquilo, yo voy a buscarlo.

    Yo: Jajaja es cierto, hay que aprovechar el momento en un lugar como este.

    Una chica del grupo intervino.

    Chica: Estoy casi segura que no lo hizo – entre risas – Sírvete, Joaquín va a buscarlos.

    Yo: Gracias, muero de hambre… Soy Saúl, un gusto. ¿También estuvieron en la piscina?

    Mariela: Yo soy Mariela, ya conociste a Joaquín y él es Alberto – señalando al otro joven -. Y no, llegamos tarde. Estuvimos algo ocupados en la mañana, pero llegamos para las competencias.

    Me lo decía con un tono juguetón, bastante extraño. No tenían más de veinte años y se insinuaban así.

    Yo: Ah bueno. Jaja, provecho… ¿Qué tal estuvo ahí arriba?

    Mariela: Divertido como siempre. Competencias, shots… te lo perdiste.

    Alberto: El vóley estuvo muy hot.

    Mariela: ¡Los cariñosos! Jajaja, era todo un show.

    Yo: ¿Te refieres a Sergio?

    Mariela: Con su güera, sí. Cada vez que ganaban un punto, la levantaba como un premio…

    Alberto: ¡Y qué levantadas!

    Mariela: Con ese trasero tú hubieras hecho peores cosas, güey.

    Yo: Pero es natural en una competencia… no es cuestión de cariño.

    Alberto: Es que cariñosos anduvieron después de ganar.

    En ese momento regresó Joaquín.

    Joaquín: ¿Qué onda con esos güeyes? – dijo al volver solo.

    Alberto: ¡¿Los encontraste?! ¡Espero no los hayas interrumpido!

    Joaquín: No había nadie ya, parece que se fueron, pero me consta que estuvieron acá. ¡El cuarto está hecho un desastre! -todos rieron-.

    Yo: Bueno, ni modo. Gracias muchachos.

    Joaquín: Búscalo en su departamento.

    Yo: ¿No es este el departamento de Sergio?

    Joaquín: No, está en el piso seis.

    ¡Era verdad! Recordé que el mismo Sergio lo mencionó la noche anterior. Qué estúpido de mi parte.

    Salí enseguida, dejando el plato a medias, y bajé al sexto piso. La puerta estaba abierta. Entré y los encontré conversando en la cocina. Todo bien… salvo que Pamela cortó en seco la charla al verme, haciéndole notar mi llegada a Julio. Ambos me miraron en silencio durante unos segundos.

    Yo: Hola amor… también te extrañé – no me vio en todo el día y ni me saludaba.

    Pamela: Amor… – me besa suavemente – Julio me dijo que estabas almorzando, casi subo a buscarte.

    Yo: Por cierto, Julio, ¿no me dijiste que el departamento de Sergio estaba en el octavo piso?

    Julio: Te dije estaba almorzando en el octavo piso, cholo. Y que me iba al departamento de Sergio.

    Yo: Eres un mentiroso – subí un poco la voz – siempre lo has sido y hoy más que nunca.

    Pamela: Shhh… – interrumpiéndome, con voz dulce pero firme – Sergio está durmiendo, baja la voz.

    Yo: – la miré indignado – No me importa eso Pamela. Desde ayer Julio me viene con mentiras.

    Pamela: Está bien… pero podemos hablarlo después, estamos en su departamento y somos sus huéspedes. Vamos abajo, quiero descansar ¿sí?

    Tenía razón en cierto modo. No sería buena imagen dar un espectáculo ahí. Además, yo estaba cansado, así que bajamos. Julio se quedó.

    Mientras descendíamos, pude hablar con Pamela.

    Yo: ¿Dónde estabas en la mañana? No me pude despedir.

    Pamela: Salí a comprar para desayunar.

    Yo: Pero ya habías tomado desayuno.

    Pamela: Sí… pero Sergio me pidió que le preparara algo. Como no hay nada en la cocina, fui a comprar.

    Su respuesta me decepcionó. Yo tampoco había desayunado, y ella fue a comprar para atender a Sergio, no a mí.

    Yo: ¿No fuiste donde Sergio? -pregunté, recordando lo que me dijo Julio.

    Pamela: Mmm… no – titubeó, queriendo ocultar algo -. ¿Por qué?

    Yo: Eso me dijo Julio.

    Pamela: Tu mismo lo dijiste… Julio es un mentiroso.

    Yo: Sí, es verdad, pero igual… ¿con qué dinero compraste? No creo que acepten soles aquí.

    Pamela: Ah no, Sergio me había dado.

    Yo: Entonces sí fuiste donde Sergio.

    Pamela: Solo para que me dé el dinero y luego fui a comprar.

    Yo: ¿Y saliste así en bata?

    Pamela: No, ¿cómo crees? – se quedó pensando unos segundos -. Regresé a cambiarme.

    Yo: Por cierto, no me gustó que hayas salido a saludar a Sergio en la mañana vestida así.

    Pamela: Estaba cubierta, Saúl. Solo es una bata.

    Yo: Bueno de igual manera. Ya compré cosas para nosotros.

    Pamela: ¿Por qué? Pensé que era nuestro último día acá.

    Yo: No lo creo, tenemos todavía un día más acá.

    De estar desinteresada que me hablaba, Pamela cambió por completo.

    Pamela: ¿De verdad? – sus ojos se abrieron, con una leve sonrisa-.

    Yo: Sí, hoy no pudimos cerrar el trato. – Ella apenas escuchó, su cabeza estaba en otra parte -. Te emociona quedarte, parece.

    Pamela: – volviendo a sí, intentando aparentar normalidad – Bueno, sí, me ha gustado estar aquí. La gente, la piscina… no hubiera querido irme ya.

    Yo: Bueno, parece que tendrás suerte. Prepárate para caer muerta ahora de la piscina.

    Pamela: Sí… no descansé mucho. Me desperté a tomar agua y vi a Julio en el departamento. Hablamos un rato hasta que llegaste.

    Yo: ¿Estabas durmiendo aquí arriba?

    Pamela: Ah, sí… en el sillón.

    Yo: ¿Y Sergio no te ofreció la cama? Que poco gentil.

    Pamela: Es un buen hombre… estuve con él y su grupo en la piscina. Muy atento.

    Yo: ¿Estaba su pareja también?

    Pamela: Sergio es soltero, no tiene pareja.

    Yo: ¿En serio? Arriba me dijeron que lo vieron con una. Si es tan bueno, ¿por qué no te ofreció la cama? Pensaría que estaba ocupado con su mujer…

    pero entonces no entiendo por qué te quedaste.

    Pamela: Ah, bueno, no sé… – quería cortar el tema -. Tal vez sí tiene, no estuve tooodo el rato con él tampoco.

    Ahora tenía más preguntas que respuestas.

    Llegamos a nuestro departamento. Pamela enseguida dijo que estaba agotada y se fue a dormir.

    Cerré la puerta y fui a la sala a ver televisión. Como sabrán, en esa época “El Chavo del 8” era número uno. Nunca fui fanático, pero no había mucho más que ver. Entre un capítulo y otro me quedé dormido. No sé ustedes, pero yo siempre encontré más cómodo el sillón que la cama.

    No sé cuánto tiempo pasó, solo sé que estaba ya oscuro, pero lo que me despertó realmente fueron unos leves gemidos que provenían de arriba, del piso de Sergio, se escucha lo que imagino sería el sonido del sillón cuando se arrastra la pata, gemidos más intensos por momentos… claramente Sergio la estaba pasando muy bien.

    La situación era incómoda, pero a la vez logró excitarme. Pensé en ir a buscar a Pamela, pero al levantarme vi que la puerta de nuestro cuarto seguía cerrada. La de Julio, en cambio, estaba abierta, y él roncaba adentro. Resigné la idea y solo fui por un vaso de agua.

    Pasó media hora cuando Julio salió. Justo en ese momento los gemidos regresaron, más intensos todavía. Esta vez los más sonoros eran los de Sergio, gritos de placer que retumbaban por todo el departamento. Julio me miró, yo lo miré… no pudimos evitar sonreír por la situación. Se acercó al rato y me preguntó por Pamela. Le respondí que seguía descansando. Se sentó conmigo un momento y, al rato, dijo que iba a traer algo para cenar.

    Media hora después tocaron la puerta. Parecía que Julio no había sacado llave, fui a abrir. Y me quedé helado. Era Pamela. Me saludó y entró como si nada.

    Yo: ¡¿Dónde estabas?! Pensé que seguías durmiendo.

    Pamela: No amor… fui a recorrer un poco el hotel. Me dijeron que había masajes gratis hoy.

    Yo: ¿Y por qué no me dijiste para acompañarte?

    Pamela: Porque estabas descansando, y además no iba a tardar… solo fue un ratito.

    Yo: Estoy despierto hace más de una hora, pensé que seguías acá.

    Pamela: Sí… justo salí más o menos a esa hora. Quizás te desperté al cerrar la puerta.

    Yo: No jaja, te aseguro que no fue eso.

    Pamela: ¿Entonces?

    Yo Nuestro huésped Sergio estuvo dando una buena faena arriba… hasta hace un rato.

    Al decir eso noté que Pamela se puso seria, casi preocupada.

    Pamela: ¿Por qué lo dices? O sea… hay más personas arriba, ¿no?

    Yo: Sí, pero eran los mismos gemidos de anoche. Te vi dormir… supongo que no te enteraste, pero se oía todo.

    Pamela: Mmm… bueno, supongo. – Su voz sonaba rara, confundida, incluso casi molesta.

    Yo: ¿Eso te incomoda?

    Pamela: No… no debería. ¿Por qué me va a incomodar?

    Yo: No sé, te ves incómoda.

    Pamela: Es que no quisiera estar escuchando esas cosas, nada más.

    Cambié de tema mirando la bolsa que llevaba en la mano.

    Yo: ¿Y eso?

    Pamela: Ah, son mis cosas de la piscina. Las olvidé cuando regresamos del piso de Sergio.

    Yo: ¿Estabas en el departamento de Sergio recién?

    Pamela: No, solo pasé a recoger esto. Pero entiendo porque estaba en bata nada más, jaja.

    Yo: Qué suerte que no lo agarraste en pleno acto, jajaja.

    En ese momento llegó Julio con la cena. Los tres nos sentamos en la cocina. La conversación giró en torno a la piscina y lo que haríamos mañana, aunque Pamela no tenía intención de hablar mucho. Julio, en cambio, se quejaba de lo “estresado” que estaba, como si hubiera hecho mucha cosa. Había estado tomando con Sergio.

    Yo: Con razón regresaste a dormir de frente.

    Julio: Así es, aunque no tomé mucho. Llegué como a las seis.

    Yo: No te vi entrar, seguramente dormía.

    Julio: Tú no, pero justo me topé con Pame… perdón, con Pamela, jaja.

    Pamela: Soy testigo, es verdad. – Rieron los dos –

    Yo: ¿No habías salido solo un rato? – le pregunté a Pamela.

    Pamela: Sí, más o menos a esa hora… seis o siete.

    Ante las dudas de Pamela, Julio intervino:

    Julio: No vi bien la hora, estaba oscuro ya. Creo que tal vez eran las siete.

    Yo: Entonces, ¿para qué me preguntaste por Pamela si ya la habías visto?

    Julio: No sé, cholo… te dije que había tomado.

    Pamela se levantó de inmediato para lavar los platos, cortando la conversación en seco.

    Pamela: Bueno amor, ya es hora de descansar.

    La mañana siguiente, mientras me vestía, Sergio entró de nuevo al departamento para hablar con Julio, que estaba en la sala. Apenas Pamela lo oyó, noté cómo se tensaba. Cuando salió, Sergio a lo lejos la saluda.

    Sergio: ¡Pamelita, mi güerita! – reía mientras la cargaba. El golpe de sus sandalias contra el suelo al bajarla fue evidente -.

    Pamela: Hola, Sergio… buenos días. – Su voz sonaba tímida, seca -.

    Sergio: Te traje esto.

    No alcancé a escuchar qué respondió Pamela ya qué hablaba casi susurrando, pero Sergio agregó.

    Sergio: No sé si lo olvidaste anoche o querías que me lo quedara yo como recuerdo. Igual te lo traje, no vaya a ser que no lleves nada puesto ahora.

    Al salir de la habitación vi a Sergio con ambas manos sobre las caderas de Pamela. Al notar mi presencia, ella apoyó la suya en el hombro de él, como queriendo dar a entender que era un gesto amistoso.

    Pamela: Bueno, gracias. Lo iré a guardar, ya regreso.

    Sergio: Sí, vaya linda. Aunque la próxima me lo quedo, ¿eh?

    Pamela me miró e hizo un gesto con los ojos, señalando hacia arriba, como diciendo “qué pesado es”.

    Sergio: ¡Saulito! ¿Cómo estás, carnal? A poco seguías acá – riendo -. Hoy tienes que unirte a la piscina con nosotros.

    Pamela regresó rápido, apenas diez minutos, y se notaba seria, incluso molesta por la presencia de Sergio.

    Sergio: Ayer fue espectacular, ¿verdad que sí, güerita?

    Pamela: Sí… estuvo bien. – respondió incómoda, mirando a Julio como pidiendo apoyo -.

    ¿Eran ellos la pareja que hablaban de la piscina ayer? Iba a preguntar cuando Pamela miró fijo a Julio, y este sin perder tiempo sacó a Sergio con una excusa urgente.

    Cuando nos quedamos solos en la cocina, quise confrontarla.

    Yo: ¿Por qué Sergio te llama tan cariñosamente?

    Pamela: Es su forma de hablar… no lo tomes a mal. Lo dice de forma amistosa.

    Ella estaba colorada, evitando mirarme mientras servía el desayuno.

    Yo: Ayer escuché mucho sobre la pareja que ganó en la piscina.

    Pamela: ¿Cómo qué?

    Yo: Que andaban muy cariñosos… ¿Eras tú su pareja?

    Pamela: Saúl, por favor, solo jugamos. Ganamos, nos abrazamos y me cargó celebrando. Nada más. – decía sin detenerse en lo que hacía -.

    Sonaba convincente, pero su necesidad de escapar de la conversación me hacía dudar.

    Yo: ¿Qué olvidaste en su departamento que te trajo?

    Pamela: Me trajo un arete… y no empieces, ¿quieres?

    En ese momento entró Julio y decidí callar. No quería darle el gusto de escucharme celarla.

    Llegamos a la oficina, pero otra vez hubo problemas: detalles mal redactados, montos que no convencían. No cerramos el acuerdo. Julio salió furioso y me culpó.

    Yo: Redacté todo con los datos que me diste.

    Julio: ¡Pero cómo no revisas los permisos locales! No jodas. Eso nos cagó. ¿Qué le vamos a decir al viejo ahora?

    Yo: Que no se pudo. Don Teodoro solo quería tantear terreno acá.

    Julio: Eso te dijo a ti… el viejo se va a enojar.

    Regresamos al hotel casi sin hablar. Julio se puso a llamar a Don Teodoro. Yo no le di importancia. Mi función había terminado. Me fui directo al cuarto.

    Entré, pero Pamela no estaba. “Estará en la terraza nuevamente”, pensé. Me animé a subir después de cambiarme y ponerme un short. Era mi último día y quería disfrutar. Mientras guardaba mis cosas, vi la bolsa que Pamela había dejado en la mañana. Desde lejos pensé que eran los aretes que me mencionó, pero al abrirla descubrí algo que me heló la sangre: una tanga negra. Una que reconocía demasiado bien.

    ¿Qué hacía esa prenda en el departamento de Sergio? Más aún, ¿por qué me había mentido diciendo que eran aretes?

    Ya no me importaba la piscina ni la fiesta. Salí decidido a encontrarla y obtener respuestas.

    En la terraza todo era bullicio: gente en la piscina, otros jugando vóley, algunos bebiendo. Una especie de fiesta improvisada. Pero ni Pamela ni Sergio estaban ahí. A quien sí encontré fue a Joaquín, el joven del buffet.

    Joaquín: Estuvieron en la mañana acá esos güeyes, pero ya no los he visto.

    Yo: ¿Te refieres a los cariñosos?

    Joaquín: Esos güeros, sí.

    Yo: Sí, me lo imagino… ¿Y sabes que hicieron hoy?

    Joaquín: No mucho güey. No estuvieron juntos hoy.

    En eso se acercan los dos otros amigos de Joaquín.

    Joaquín: Ey, morra, ¿no has visto a Sergio?

    Mariela: Estábamos con él, se acaba de ir hace un rato a comer.

    Alberto: Y a perseguir a los dos, jajaja

    Joaquín: ¿Al Luis? ¿Qué, entonces sí se chingó a su güera?

    No quería escuchar, solo encontrar a Pamela, así que medio cortante a su conversación pregunté:

    Yo: Se fueron al buffet, ¿verdad?

    Mariela: Imagino que sí, güey. ¿Por qué los buscas tanto?

    Dudé en decirles que era mi esposa y por eso la buscaba. En ese punto estaba casi seguro de que pasaba algo entre ellos, y no sabía qué habrían hecho frente a todos. A eso le sumé el hecho de que ya nos íbamos del hotel, así que, ¿para qué iba a molestarme?

    Yo: Quedamos en vernos acá, por eso.

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  • Zipolite y lo nuevo con mi esposa

    Zipolite y lo nuevo con mi esposa

    Les contaré brevemente un poco sobre nosotros. Somos una pareja madura yo tengo 62 años y mi esposa 56 sin embargo ella aún se conserva muy bien. Pesa 65 kg mide 1.62 una cadera de 115 con unas nalgas muy buenas y unos senos talla 34 C coronados con unos pezones que son casi del color de su piel y que cuando están en reposo no se notan, se confunden con la areola. Ella es morena clara y a pesar de que ella es una mujer muy cachonda nunca le ha dado por ser exhibicionista ni gustarle nada de sexo público. En cambio yo soy un hombre de 1.65 peso 69 kg y eso si estoy bien dotado con 18.5 cm y 12 cm de diámetro cuando está erecto mi pito.

    Siempre desee ver a mi mujer exhibiéndose o en manos de otro hombre, con un trío o un masaje.

    Recientemente le compré lencería muy sexy derivado de un sueño que tuve y ella me la modeló enviándome fotos en los que en una de ellas tuvo un desliz con su bubi izquierda y se le salió el pezón de tal manera que quedó en la foto.

    Dicho todo lo anterior la convencí de ir a Zipolite, la playa nudista de México, a pasar unos días y así fue en junio del 2025. Cuando descendimos del avión le dije que quería que fuera todo lo liberal, atrevida, intensa, sexy que ella quisiera y que si alguien le gustaba me lo dijera. Lo único que había de condición es que todo me lo dijera y que no podía desaparecer de mi vista.

    Llegamos al hotel y salimos a comer para lo cual se puso un bra de encaje, transparente verde acompañada de una tanga del mismo color así como una blusa de tirantes blanca acompañada de una falda muy corta. Se veía riquísima a pesar de su edad. Así salimos y entró en una tienda para comprarse un traje de baño y al agacharse dejó ver su tanga que llevaba puesta y pude ver que un hombre de 45 años más o menos se la comía. Eso me puso muy caliente y ella ni cuenta se dio. Salimos y le conté lo que había pasado y solo sonrío.

    Nos fuimos a comer a uno de los restaurantes y el mesero que nos atendió inmediatamente se le fueron los ojos al escote de mi esposa y como era de tela muy delgada se apreciaba muy bien su bra. Ella se encargó de pedir lo que comeríamos y vi como el mesero la atendía súper bien y se le quedaba viendo.

    Me percaté que al mesero de unos 33-35 años se le estaba parando porque mi esposa según ella sin querer, se fijó en el paquete.

    Transcurrió la comida sin ningún otro incidente y al pedir la cuenta el mesero de nombre Alejandro dijo que si era nuestro primer día a lo que contestamos afirmativamente. Y nos dio una explicación muy amplia de qué hacer en Zipolite. Curiosamente nos habló que había masajes y que el saliendo de su trabajo como mesero se dedicaba a darlos.

    Mi esposa para entonces ya se había tomado tres tequilas y ya se encontraba más relajada Para mientras nos cobraba le dije a mi esposa que si le interesaría un masaje y dijo que si siempre y cuando fuera una mujer.

    Al regresar Alejandro nos dijo que si nos interesaba algo le dijéramos en donde estábamos hospedados y que él iría para ver qué se ofrecía. Ni tarde ni perezoso le dije que estábamos en el hotel nude. Mi esposa sólo hizo exclamación de “te pasas”.

    Salimos del restaurante y nos fuimos caminando y mi esposa seguía con sus tequilas. Llegamos a la habitación y salimos a la terraza, seguimos con los tequilas y después de un rato llegó Alejandro, nos saludó y le pregunté que cómo era el masaje y sus precios. Nos habló del masaje holístico y del tántrico y mi esposa ya un poco más mareada también se puso a preguntar hasta que la convencí y aceptó que Alejandro le diera un masaje holístico.

    Alejandro se fue por sus cosas y tardó como veinte minutos en regresar para mientras le dije a mi esposa que se pusiera otro coordinado de lencería verde transparente con tanga. Se metió a cambiar y cuando Alejandro estaba regresando ella se paró en la puerta con dicho coordinado. Se veía espectacular, se dio la vuelta y Alejandro no pudo dejar de mirarle las nalgas. Le dije que fuera poco a poco hasta donde ella le permitiera sin incomodarla y que llegara hasta donde ella quisiera.

    Ya adentro acomodó su equipo de trabajo y le dijo a mi esposa que se acostara boca abajo y ahí empezó poco a poco. Masajeo sus pies, sus pantorrillas y sus muslos por la parte de atrás y el exterior si. Tocar nada más. Luego fue a la espalda y le dijo a mi esposa si le podía desabrochar su brasier e a lo que ella asintió con la cabeza. Y empezó el masaje en la espalda. Luego se colocó cerca de su cabeza y continuó con el masaje en sus hombros y cuellos y bajaba por la espalda hasta alcanzar su cintura.

    Le preguntó a mi esposa si le podía bajar un poco su tanga para no mancharla con los aceites y ella respondió para mi sorpresa con un si. Así que ahí empezó a tocarle sus nalgas un poco. Le pregunto a mi esposa que si podía quitarse su camisa y su short ya que hacía mucho calor y pa pronto contesté yo, si quítatela total estamos en una playa nudista, así que procedió y se quitó su camisa y su short quedándose únicamente en un bóxer blanco que dejaba ver el paquete que tenía.

    Continuo con el masaje y se regresó a las pantorrillas y a los muslos los cuales los masajeaba de abajo hacia arriba, de la parte externa a la interna y alcanzaba el inicio de las nalgas. Abrió un poco sus piernas y dejaba entrever un poco de sus labios, la imagen era realmente excitante. Cambio de pierna e hizo lo mismo. Se podía observar su tanga humedecida por sus jugos lo cual quería decir que estaba sintiendo y el empezó a rozar sus nalgas.

    Pensé que mi esposa iba a protestar pero lejos de eso, me pidió que le alcanzara un tequila el cual se lo tomó de un solo trago. Veía como sus manos acariciaban cada vez más sus nalgas y alcanzaba el surco Inter glúteo y bajaba un poco como previendo que mi esposa no protestara. Una vez que le manoseo bien sus nalgas se fue hacia los brazos y vi como la mano de mi esposa rozaba ligeramente su paquete y a él se le veía que le estaba gustando porque le crecía. Mi esposa no quitaba sus manos.

    De ahí volvió a ir a la cabeza y masajeó su espalda completa hasta alcanzar sus nalgas que ya sin el menor descaro le acariciaba y como se extendía hasta alcanzar sus nalgas su paquete rizaba su cabeza y solo veía a mi esposa que disfrutaba.

    Pero llegó el momento de voltearse y así se lo pidió Alejandro y mi esposa trató de taparse con su bra desabrochado por lo cual el masajista le alcanzó una toalla para que se tapará. Ya colocada boca arriba procedió a masajear el cuello y sus hombros, nuevamente sus brazos y la mano de mi esposa se veía como la abría al sentir su paquete cerca, rozando además la parte lateral de sus pechos los cuales descubría un poco. Se pasó a su abdomen y subió un poco la toalla y se dibujaban sus senos desnudos.

    Así siguió hasta que por debajo de la toalla metió su mano y se veía como tocaba y masajeaba sus nenas; mi esposa sólo alcanzaba a voltear un poco su cara la cual ya se encontraba roja, muestra de la excitación.

    Regreso a los pies y puso un pie de mi esposa sobre su hombro dejando entrever su sexo húmedo y como la tanga no cubría del todo sus labios y un poco del vello que tenía. He de decirles que se depilaba muy bien su sexo para dejar solo una línea de vellos que cubría la entrada de sus deliciosos labios. Así lo hizo con ambas piernas u frotaba con sus manos la parte exterior y la parte interior de sus muslos hasta rizar ligeramente su sexo. Mi esposa ya estaba dispuesta y Alejandro lo sabía por lo que le quitó la toalla de sus nenas dejando ver aquellos hermosos pezones que ya estaban erectos y le dijo que le iba a quitar su tanga sin que mi esposa se negara a ello.

    Mi esposa completamente desnuda y mojada frente a otro hombre. Le acarició su abdomen y bajó hasta el inicio de su vello y sus ingles y las masajeaba con maestría. Mi esposa ya más relajada por el masaje y el alcohol dejaba más abiertas sus piernas y entonces Alejandro le preguntó si quería continuar y pasar a un masaje tántrico a lo que mi esposa volteó a verme y le dije que yo estaba de acuerdo, así que ella asintió con su cabeza pero si le dijo que estaban en desigualdad de circunstancias porque ella ya estaba desnuda y él no.

    Alejandro ni tarde ni perezoso se acercó a la cara de ella y le dijo pues ponme en igualdad. Ella se puso de lado y le bajó su bóxer sosteniendo con la otra mano su verga. Increíble lo que está viendo. Esa mujer que nunca había estado con otro hombre ahora lo hacía y enfrente de mí.

    Una vez desnudo la volteo y se puso encima de ella colocando su verga ya erecta sobre sus nalgas. Mi esposa estaba súper excitada y supongo muy mojada. Le masajeo toda la espalda y las nalgas hasta abrírselas, ponerle un chorro de aceite y tocar su chiquito y extendiéndose hasta sus labios y mi esposa tremendamente excitada. No sé si le metió un dedo o dos pero se veía que mi esposa lo disfrutaba.

    La volvió a voltear y se puso otra vez encima de ella con la punta de su cabeza en su clítoris. Le abrió los labios para que chocara su cabezota en su clítoris. Vaya que Alejandro tenía un buen trozo de carne porque fácil media como 22 centímetros. Le amasó sus pechos con unos pezones ya duros por la excitación y empezaba a querer relajar sus piernas por lo que las movía para poder hacerlo. Alejandro no entendió, se bajó de ella y se acercó desnudo a la cara de mi esposa. Ella se dio cuenta y con su mano izquierda se la empezó a acariciar de arriba hacia abajo y luego se puso de lado y jugó con la verga con sus dos manos.

    Finalmente le acaricio los huevos y se metió ese pedazo de verga en su boca para hacerle tremenda mamada. Cuando mi esposa sintió que Alejandro se iba a correr se la sacó de la boca y se lo llevó a la regadera tomada de la mano. Se empezaron a bañar y mi esposa se puso de espaldas a él y sentir con sus nalgas su verga. La tomo con su mano derecha y se la pasaba por todas las nalgas. Finalmente se agachó hacia adelante y se la metió en su panocha y empezó el mete saca hasta que ella explotó en un tremendo orgasmo víctima de las acometidas de Alejandro.

    Se volteó se agachó y le empezó a hacer una magistral mamada que hizo que Alejandro se corriera intensamente y con borbotones de leche que mi esposa aspiró y tragó toda. Terminaron de ducharse, Alejandro se vistió, recogió su material y se despidió con un beso en su cuello.

    Mi esposa y yo nos acostamos y la abracé, preguntándole si le había gustado a lo que respondió mucho y gracias por esta tarde tan rica.

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