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  • Conociendo el parque industrial

    Conociendo el parque industrial

    Con religiosa frecuencia de una vez al mes tengo un encuentro clandestino con mi amante Aníbal, el punto de encuentro es la boletería del metro San Miguel ya que muy cerca está el motel 777 de departamental, nuestro nidito de amorsss… pero esta vez el encuentro tuvo un hecho inesperado que me sorprendió.

    Una vez en la estación de metro, me dijo que lo acompañara a su auto, salimos sin rumbo y en el camino se hizo de noche, no sabía dónde iríamos y comencé a ponerme nerviosa. Llegamos a Vespucio con la carretera, donde existe un parque industrial, es como un terminal pesquero y de frutas, pago un peaje y entramos, era como una ciudad llena de galpones, con calles y muchos camiones, cargando y descargando.

    Avanzamos por la calle principal, cuando llegando a una esquina Aníbal me dijo, “mira aquellas niñas”… Y me doy cuenta que eran prostitutas, eran 3 mujeres y 2 travestis. Los travestis eran los más atrevidos para vestirse, uno con un pantalón con todo el culo al aire, tenía un culo mejor que cualquiera y el otro con una minifalda cortísima, peluca y blusa con escote, era el más diva… Las prostitutas eran un poco más recatadas, pero todas mostraban algo, o el poto o las tetas, así como mostrando la mercadería. Aníbal pasó despacio y ellas nos hacían señas para que paráramos, para negociar. Yo me puse muy nerviosa, no sabía que quería Aníbal, quedé más tranquila cuando aceleró y seguimos de largo. Paró en la esquina siguiente, en un bandejón central. Apagó las luces y el motor y encendimos un cigarro, conversamos sobre varios temas, yo estaba nerviosa, no sabía que quería o más bien me imaginaba y eso me estaba comenzando a excitar.

    De pronto, puso su mano en mi pierna, yo lo miré fijamente y el me miró de manera lasciva, caliente. Comenzó a recorrer mi pierna con su mano, solo lo que le permitía la falda, lo que estaba descubierto, me miraba y yo comencé a derretirme por dentro. Mi sexo comenzó a empaparse, con cada caricia en mi pierna, cada vez más desinhibida, comenzó a entrar en mi falda y yo solo esperaba el momento en que me tocara la vagina. De pronto un dedo rozo mis labios y eso me estremeció, yo abrí mis piernas para que me acariciara y rápidamente introdujo toda su mano, acariciando mi sexo. Un dedo se abrió paso y notó mis jugos, comenzó a masturbarme.

    Por las calles de los lados pasaban camiones a cada instante, para un lado y para el otro, esto me tenía intranquila, pero el placer fue más grande: Aníbal sabe masturbar, gira sus dedos, luego me penetra, rota, me acaricia, me hace el ganchito. De pronto Aníbal se fue inclinando sobre mí y comenzó a besar el cuello lentamente con su lengua hasta llegar a mi boca, ahí nos besamos desesperadamente nuestras leguas se enredaron y nuestros alientos calientes se mezclaron, ágilmente me sacó el calzón y mientas nos besábamos furiosamente seguía masturbándome. Pasaban camiones y tocaban la bocina, yo ya estaba en las nubes. De pronto paró y se bajó del auto, dio la vuelta y abrió mi puerta, luego abrió la puerta de atrás y me dijo que entrara. Ya en la parte de atrás me devoró a besos y caricias, abrió mi blusa y comenzó a chupar mis pechos, los mordisqueaba, mis pezones estaban a punto de explora, mientras sus dedos entraban y salían como mantequilla. De pronto se sentó a mi lado, tomó mi mano y la puso sobre su paquete… Ufff le pude sentir toda su verga, se abrió el cierra y se bajó un poco los pantalones, dejando al descubierto su enorme pico. Yo lo agarré con las dos manos y comencé a masturbarlo, estaba fuera de sí, estaba caliente y disfrutando el momento.

    De pronto Aníbal me sacó las manos y me tomó poniéndome sobre él, quedé ahorcajada sobre su troco y su enorme falo me penetró hasta el fondo de mis entrañas. Fue como una gran corriente eléctrica, arqueé mi espalda y fui yo la que siguió clavándose más y más. Me tomó de las caderas y me sacudía hacia adelante y hacia atrás, entre medio me daba fuertes cachetadas en el culo; ese movimiento tenía a mi clítoris a punto de reventar, estaba gozando como pocas veces lo había hecho, en especial por la situación extremadamente morbosa, mi marido en la casa con los niños y yo aquí, en la calle como una prostituta ensartada a la vista del que pasara.

    Paró un auto al lado, venían varios hombres en el interior y comenzaron a gritar groserías. Yo escondí mi cara en el cuello de Aníbal, pero él seguía follándome sin parar. Los tipos del auto comenzaron a alumbrar con sus teléfonos, no sé si solo alumbraban o estaban grabando. De pronto Aníbal me habló al lado del oído, me dijo “todos están disfrutando al ver cómo me culeo a una puta”. Sus palabras me volvieron loca y comencé a cabalgarlo con furia, apretando mi concha. Estaba culeando e imaginando a esos hombres que me miraban, que me deseaban, estaban disfrutando con mi sexo, ahora si me sentía una puta de verdad, follada en la calle, a la vista de muchos hombres, todos dispuestos a follarme, en este parque industrial donde putas trabajan satisfaciendo camioneros, cumpliendo mi propia fantasía. Lo apreté fuertemente y tuve un orgasmo increíble, fueron varias descargas eléctricas que sentí sobre mi cuerpo, sobre mi espalda, hasta que volví a abrazar a Aníbal quedando muy relajada.

    Los tipos del auto de al lado se fueron, me imagino satisfechos al ver sexo en la calle o calientes con ganas de follarme, no lo sé. Me senté al lado y Aníbal me abrazo y me acarició por unos instantes. Luego tomó mi mano y la puso en su verga que aún estaba parada y dura, comencé a masturbarlo y él me tomó suavemente de la cabeza y me inclinó a su pene. Yo me fui directo y comencé a mamársela; lo chupaba, con ganas, olvidé todos mis pudores de señora casada y fiel, y lo chupé como una puta, como una zorra. De pronto Aníbal comenzó a retorcerse y yo seguí más intensamente hasta que un gran chorro de leche caliente me inundó. Esa sensación es indescriptible, me produce un morbo irracional, sentir que eyaculen semen en mi boca, me sentí puta, sucia, maraca y eso me vuelve loca. Me tomé toda esa leche hasta la última gota, me encantó…

    Luego de eso volvimos a fumar un cigarro, Aníbal me dijo que me lleva a casa. Anduvimos unos minutos en silencio hasta mi casa y me dejó a dos cuadras de esta, para no generar sospechas. Me bajé del auto y nos despedimos solo con un saludo de manos a la distancia. Caminé a mi casa sin calzones y con el sabor de su leche en mis labios.

    Al llegar a casa estaba mi marido, le di un beso al muy idiota que sin saber probó la leche de Aníbal y le dije que me iba a duchar. Ya desde el baño, cuando estaba duchándome, le pedí que me preparara un cafecito, que lo necesitaba, porque la jornada laboral había sido durísima…

  • Rose Mary (Capítulo 4)

    Rose Mary (Capítulo 4)

    Después de mi visita de madrugada me acosté a dormir y me desperté tarde, era sábado. Sabía que Rose Mary los sábados trabajaba de noche y me preparé para recibirla cuando regresara de trabajar. Ella salió de su departamento a las 14:00 aproximadamente, pasó por donde yo tengo mi casilla de guardia sin mirar para mi lado. Dejé que se vaya tranquila, ya iba a desquitarme a la noche.

    Esa tarde y noche hubo pocas cosas que solucionar en mi trabajo, así que me la pasé encerrado en mi casilla del estacionamiento mirando una y otra vez los videos que había grabado hasta el momento. Fueron más de ocho horas de verme coger a esa rubia preciosa de 21 años mientras me masturbaba una y otra vez, siempre llegando al borde del orgasmo pero nunca eyaculando. Quería juntar todo el semen que pudieran acumular mis huevos para descargarlo en Rose Mary.

    A las 12:30 de la noche paró un taxi en la puerta del cual se bajó Rose Mary y se acercó caminando hacia las escaleras, para lo cual indefectiblemente debía pasar frente a mi casilla. Yo estaba adentro esperándola dese hacía mucho tiempo. Cuando llegó a donde estaba yo salí al cruce:

    -Hola Rose Mary, te gustó mi visita de anoche? Yo estoy con muchas ganas y quiero ir contigo a tu departamento ahora.

    -No, por favor. Yo no soy así, por favor dejáme en paz. Ya no quiero que me hagas más nada – dijo entre lágrimas.

    Justo en el momento que ella decía esto aparecía el auto del Sr. Estigarribia que estacionó y empezó a dirigirse hacia mi casilla.

    -Bueno Rose Mary, como quieras pero te advierto de esto – apreté el botón de play y empezó a reproducirse el video de nuestra cogida del día anterior. – Me imagino que no te importará que el Sr. Estigarribia vea nuestros videos no?

    -No, por favor apagá eso. No quiero que lo vea nadie, me da vergüenza – me decía en voz baja para que no se la escuche.

    Le susurré al oído:

    -Vas a hacer lo que yo quiera o no?

    -Si – respondió ella al borde de un ataque nervioso.

    Puse Stop en el momento que el Sr. Estigarribia aparecía frente nuestro.

    -Buenas noches Peralta, podrías estacionar atrás mi auto?

    -Si Sr. Estigarribia, ya mismo.

    -Buenas noches, gracias.

    Se fue por las escaleras y la miré fijo a Rose Mary que estaba más aliviada.

    -Ahora te digo lo que quiero que hagas. Vas a subir a tu departamento, vas a entrar a tu habitación y con las luces encendidas para verlo por video te vas a sacar toda la ropa, te vas a acostar desnuda en tu cama y con la mano izquierda vas a acariciarte los pezones, con la derecha te vas a empezar a masturbar y más te vale que para cuando yo vaya estés bien mojadita y excitada.

    Asintió con la cabeza y se fue por las escaleras resignada. Puse el control de cámaras de su departamento y empecé a ver sus movimientos. Entró a su habitación y tal como le había ordenado se sacó toda la ropa dejando su hermoso cuerpo desnudo. Se acostó en la cama con la cabeza en la almohada y siguiendo mis instrucciones empezó tímidamente su tarea.

    Dejé un rato mi casilla y fui a hacer lo que me había pedido Estigarribia, tardé unos 3 minutos. Al regresar las imágenes del video eran distintas, la timidez se había ido y ya se la veía masturbándose con ganas. El saber que yo iba a jugar con ella sexualmente la excitaba, eso era un hecho, aunque quisiera disimularlo.

    Yo ya no aguantaba más, creo que nunca estuve tan caliente en toda mi vida. Subí por las escaleras, entré a su departamento y llegué a su habitación. Yo había llevado mi cámara de fotos y otra filmadora portátil. Cuando entré ella estaba con los ojos cerrados en plena tarea, paró en cuanto se dio cuenta que yo entraba.

    -No pares por mi Rose Mary, yo sé que te gusta. Seguí que lo estás haciendo muy bien, pero abrí los ojos y mírame mientras me desnudo.

    Ella se masturbaba más lentamente mientras me miraba fijamente, yo aproveché para sacarle unas fotos.

    -Mirá a la cámara, quiero tener esto de recuerdo

    Clic, clic, clic. Le saqué 3 fotos, una de cuerpo entero, otra con un primer plano de su concha y más atrás su cara, y la tercera primer plano de su cara y sus tetas.

    Acerqué una silla a los pies de la cama y acomodé la cámara de video en la posición justa para que quede grabada toda la acción, puse REC y empezó a grabar.

    Me saqué toda la ropa y me acosté junto a ella. Le aparté la mano izquierda de sus pezones y la acerqué a mi pija, la cual empezó a acariciarla sin que yo le diga nada. Empecé a chuparle las tetas mientras se masturbaba, eso la hizo excitar más. Se le notaba por cómo había aumentado el ritmo y tensionaba sus músculos que estaba cerca de llegar al orgasmo, yo le hablaba al oído:

    -Eso Rose Mary, seguí así que vas muy bien. Si te viera tu mamá ahora se daría cuenta de lo puta que es su hija. Te gusta? Contestame, te gusta?

    -Si – dijo tímidamente.

    Su ritmo con mi pene también había aumentado, pero no quería terminar tan pronto, tenía otros planes.

    Cuando ya estaba a punto de llegar a su orgasmo le agarré la mano derecha y se la aparté de su concha, tengo que decir que tuve que hacer fuerza porque no quería parar.

    -Todavía no Rose Mary. Tomá, chupate los dedos para que sientas lo que es el sabor a puta – le dije acercándole el dedo índice lleno de jugos vaginales a los labios. Se lo chupó hasta dejarlo limpio.

    La hice incorporarse frente a la cámara en posición cuatro patas:

    -La cabeza en el colchón mirando hacia la cámara – al ponerse en posición hizo que su culo esté bien levantadito y a la altura justa.

    Apunté hacia sus labios vaginales y se la metí en un solo movimiento hasta el fondo, la lubricación era muy abundante. Empecé a moverme detrás de ella con rapidez y ella empezó a acompañar los movimientos buscando ese pene que tanto placer le estaba dando. Una vez más me sorprendió Rose Mary, mientras tenía la cabeza apoyada en la cama metió su mano por debajo de su cuerpo hasta llegar a mis huevos y me los empezó a acariciar. Yo no lo podía creer, eso era la gloria. Le hablaba para humillarla:

    -Ahhh Rose Mary, come me gusta cogerte… que puta que sos… acariciame los huevos… te voy a llenar de semen puta… te la meto hasta el fondo… la tenés toda adentro… ahhh

    Ella ni se inmutaba, seguía recibiendo pija y ahora en vez de acariciarme los huevos me los había empezado a retorcer. Entonces llegó a su orgasmo haciendo fuerza hacia atrás para recibir más pija, y en cuanto terminó cayó rendida acostada en la cama, lo que provocó que mi pija se salga de adentro tuyo.

    Rápido metí mi brazo por debajo de su panza y la volví a poner en posición:

    -No seas egoísta, ahora vas a ver lo que es recibir leche calentita – y se la volví a meter.

    Mientras me la cogía, le abría las nalgas para mirarle el ano. Me encantaba ver ese agujero todavía virgen mientras se lo acariciaba con uno de mis dedos. Estuve tentado de metérsela por ahí pero me contuve y la dejé para otra ocasión más especial.

    Al cabo de un par de minutos ya no me pude aguantar más y se la saqué para eyacular:

    -Agghhh que puta Rose Mary… ah como me gusta cogerte… que buen video estamos filmando…

    El primer chorro fue largo y llegó al cuello, y los siguientes fueron llenándole la espalda hasta que fui apuntando al destino final que eran sus nalgas. Nunca en mi vida había descargado tanto semen, cuando se fue la última gota toda su espalda y su culo estaban chorreando. La solté y se dejó caer en la cama boca abajo. Agarré la cámara de video y filmé primeros planos de su cara y bajando por su espalda hasta su culo mostrando los ríos de semen:

    -Este es el cuerpo de Rose Mary después de coger como una perrita. – decía mientras la filmaba.

    Después agarré la cámara de fotos y saqué instantáneas desde todos los ángulos posibles, gasté el rollo entero. Me vestí mirando esa imagen maravillosa de Rose Mary desnuda cubierta con mi semen.

    -Te dejo Rose Mary para que descanses, cada día sos más puta, chau – y le di un beso en la cabeza de despedida.

    Me fui a revelar las fotos y ver los videos. Como estaba disfrutando…

  • La violación de Jess

    La violación de Jess

    Como cada mañana Jess quemaba calorías en el gimnasio. Con su espíritu exhibicionista gozaba siendo el centro de atención de aquella sala de musculación. Embutida en unas ajustadas mallas azules, sus duras nalgas se mostraban en todo su esplendor mientras hacía sentadillas. Su top negro difícilmente cubría sus generosas tetas. Grandes y turgentes desafiaban a la gravedad. Provocadoras, lucían pezón marcado bajo la prenda de lycra.

    Jess no lo podía evitar, disfrutaba siendo el objetivo de las miradas. Lascivas las de ellos y envidiosas las de ellas. Todos mucho más jóvenes que ella. A sus 45 años, el ejercicio diario y una excelente genética, le permitían un cuerpo espectacular. Con actitud altiva paseaba por la sala hasta la máquina expendedora donde sacaba una botella de agua.

    Se le dibujaba una sonrisa en sus carnosos labios cuando veía que algunos chicos murmuraban a su paso. Sabía que era considerada una MILF entre el género masculino. Entre el femenino la cosa era diferente, Jess sabía que era apodada de manera insultante pero a ella no le afectaba lo más mínimo. Al contrario, eso le hacía ser más altiva y exhibicionista.

    Le gustaba beber directamente de la botella junto a la máquina expendedora. Echando su cabeza hacia atrás su melena, recogida en una cola, caía por su espalda. Su busto se hacía más prominente mostrando sus tetas de manera exagera. Sentía sus pezones luchando por rasgar la prenda. Un hilillo de agua se derramó por la comisura de sus labios descendiendo por su esbelto cuello hasta perderse por el valle de su escote.

    A menudo, alguno de aquellos jóvenes se le acercaba e iniciaba una pequeña conversación con ella. Les costaba mantener la vista en su cara, guapa, sensual, morbosa y los ojos siempre se iban a sus tetas. Luego, disimulando, se veían obligados a hacer algún comentario sobre su precioso cuerpo. En su abdomen, plano y bien definido, lucía un piercing en el ombligo.

    Al terminar su sesión de ejercicios volvía. Prefería ducharse en su casa y tomar su tiempo para prepararse antes de salir hacia su oficina. Después de secarse llegaba totalmente desnuda a su dormitorio, ante el armario elegía a conciencia la ropa. En esta ocasión optó por un minivestido rojo de escote infinito que no aceptaba ropa interior. No pudo evitar recordar a los dos hombres del edificio donde trabajaba. Aquellos tipos no paraban de mirarla cuando aparecía por la oficina con su vestuario tan provocativo.

    Su coño reaccionó a su recuerdo y comenzó a producir abundante flujo caliente. No pudo evitar llevar los dedos a sus rasurados labios para comprobar su excitación. Se estremeció cuando las yemas de sus dedos rozaron su clítoris. Decidió masajear todo su cuerpo con crema hidratante. Desde sus pechos hasta sus piernas. Pasó las manos por sus glúteos separándolos para hidratar su ano. Cuando terminó cogió de un cajón una caja de terciopelo rojo. La colocó sobre la cama y extrajo una pieza metálica con una piedra del mismo color en uno de sus extremos. Era un plug anal de unos 10 centímetros.

    Se colocó a 4 patas sobre la cama y llevó la pieza hasta su culo. Poco a poco se fue introduciendo aquel instrumento con forma de picas en su culo dejando solamente a la vista el extremo con la piedra roja. Se incorporó sobre sus rodillas y moviendo sus glúteos se lo acomodó. Luego se miró al espejo y comprobó que era visible levemente.

    Después se enfundó el minivestido rojo que había elegido. La prenda delimitaba perfectamente su figura. Sus tetas apenas cabían en las dos tiras de tela que cubrían exclusivamente lo esencial. Las aureolas y poco más. Debajo de su pecho, el vestido, se pegaba a su abdomen para abrirse en una corta falda con algo de vuelo. Sus piernas lucían torneadas sobre unos tacones a juego. Jess se veía espléndida cuando salió de casa en dirección a su oficina.

    Como cada mañana, entró en el edificio con paso firme y seguro. El sonido de sus tacones anunciaba la presencia de una mujer segura de sí misma. Con la cabeza alta y cubierta tras unas gafas de sol D&G, que se sujetó en el pelo nada más comenzar a subir la escalera, contestó casi en susurro y sin mirar al chico de seguridad. Un tipo de unos 25 años, alto y fuerte que siempre le daba los buenos días. Esta actitud altiva era, hasta cierto punto, prepotente y provocativa. Ella sabía que aquel chaval la miraba con intenciones lascivas y ella le respondía con indiferencia.

    Junto al «segurata» siempre estaba el hombre de mantenimiento. Muy amigo del primero era de aspecto muy diferente. Rondaba la cincuentena, de estatura media, posiblemente casado, mantenía un bigote canoso totalmente en desuso. Una incipiente calva y una indisimulable barriguita cervecera. Jess no sabía explicar el por qué, pero ese tipo le producía morbo. Del mismo modo que el joven tenía un físico imponente y atractivo que derretiría a cualquier mujer, el de mantenimiento, pese a que podía resultar repulsivo, a ella le excitaba de manera incomprensible.

    Tanto era así que de vez en cuando se paseaba por los pasillos de oficinas con cualquier excusa para dejarse ver ante él. O solicitaba su presencia para arreglar cualquier cosa sin importancia. Le ordenaba de manera déspota para luego ni siquiera agradecérselo. La mujer sabía que iría junto a su amigo para criticarla y posiblemente insultarla de manera humillante. Jess no podía dejar de mojarse imaginando a aquellos dos hombres hablando de ella en una connotación sexual… «menuda perra la Jess esta. Siempre tan prepotente. Si yo fuera su marido le partiría el culo cada noche…». Jess suspiraba fantaseando con aquellos comentarios que solo sonaban en su cabeza.

    Esa mañana no fue diferente. Jess, una mujer tremendamente sexual, llegó desprendiendo sensualidad. El plug anal se le incrustaba en su ano de manera dolorosamente excitante cada vez que se movía sobre su silla de escritorio. Ella, consultora autónoma, trabajaba sola en una oficina pequeña pero decorada con estilo en aquel edificio. Al mediodía decidió darse un paseo hasta la portería para solicitar los servicios del hombre de mantenimiento. Pasó sin llamar interrumpiendo una conversación privada entre los dos empleados. El de seguridad sonreía de manera lasciva cuando el de mantenimiento guardaba su móvil. Sin duda visionaban algún vídeo de contenido erótico. O quién sabe si la habrían grabado a ella misma. Sus mini vestidos se prestaban a mostrar mucho más de lo que la imaginación pudiera suponer:

    -Necesito que subas y arregles un grifo de mi baño. -Dijo Jess de manera áspera.

    Los hombres se le quedaron mirando descaradamente las tetas. Impresionantes, apenas estaban cubierta poco más del ancho de la aureola.

    -No tengo todo el día. -Les llamó la atención la mujer.

    Los hombres murmuraron cuando se pusieron de pie. El de seguridad llegaba al metro noventa, cuerpo trabajado y rasgos marcados. La miró con cara de pocos amigos cuando pasó junto a ella. El de mantenimiento protestaba entre dientes y se dirigió a coger su caja de herramientas. Jess se apresuró a alcanzar la escalera antes que el tipo obligándolo a seguirla. La mujer se propuso darle un espectáculo exhibiendo su falta de ropa interior. A cada paso que daba hacia arriba notaba como la parte baja de sus nalgas asomaban más de la cuenta. Ella suponía al hombre intentando adivinar qué era aquello que se le intuía entre las nalgas. Y es que el plug anal con aquel brillante quedaba encajado entre sus glúteos sin llegar a esconderse del todo.

    Al llegar a su oficina Jess abrió la puerta y se dirigió hacia el baño. El de mantenimiento esperó a que le indicase. De manera descuidada, la mujer se inclinó para señalar al hombre cuál era el problema bajo el lavabo. La imagen de Jess era de calendario erótico. Su melena rizada caída hacia delante, su vestido incapaz de tapar sus nalgas que quedaron al aire casi en su totalidad. El peso de sus tetas hizo que se salieran de su vestido. Cuando se incorporó trató de mostrar rubor y se apresuró a volver a meterlas dentro de su escote. Por el espejo pudo ver la sonrisa depravada del hombre.

    Ella salió de aquel habitáculo y dejó al tipo arreglando la fuga de agua. Al cabo de 20 minutos, cuando el hombre apretaba las últimas juntas tumbado en el suelo, Jess se aproximó para meterle prisa:

    -Llevas ahí toda la mañana. A ver si termina que necesito usar el baño. -Exageró la mujer de manera impertinente.

    El hombre giró la cabeza para comprobar lo que ya suponía, que bajo aquel trozo de tela con el que se vestía la mujer no llevaba nada. Se deleitó observando el coño al aire de Jess que, haciéndose la despistada, se miraba en el espejo:

    -Bueno, pues esto ya está señora. -Dijo el hombre después de recrearse en la entrepierna de ella.

    -Menos mal, por dios…

    Otra vez sin agradecer nada, cerró la puerta en cuanto el operario salió. Sonrió triunfante y se metió en el baño. Se quitó el mini vestido y se acarició frente al espejo. Se tocó la rajita para comprobar cómo manaba su ardiente flujo. Y es que no podía evitar, ni quería, ser exhibicionista. Era algo tan natural como necesario en ella, en su personalidad. Desde siempre se había sentido como «un bicho raro» pero llegó a comprender y aceptarse tal como era. No había nada de malo en sentir placer exhibiendo su cuerpo. Era cierto que según los cánones cívicos mucha gente se podía escandalizar pero a fin de cuentas, a quien le molestase que no mirase.

    Seguía acariciando su bello cuerpo desnudo frente al espejo. Sus tetas grandes, con aureolas marrón oscuro y pezón muy gordo. Su cintura estrecha. Su abdomen plano y adornado por un piercing. Su coño rasurado, solamente con una fina tira de vello púbico como ante sala de unos labios vaginales gruesos…

    A lo largo del día el edificio fue un hervidero. Trabajadores de otras oficinas, clientes que visitaban bufetes. Pero poco a poco, a medida que avanzaba la tarde las plantas superiores se fueron vaciando quedando solamente ocupada la oficina de Jess. A las 10 de la noche dio por concluida su jornada laboral. Se asomó por la cristalera para comprobar que el supermercado del centro comercial de la planta baja también había echado el cierre. Salió al pasillo de la cuarta planta donde estaba su oficina y no había nadie. Solamente silencio y oscuridad. Se dirigió hacia la escalera ante su pavor a los ascensores, el sonido de sus tacones resonaban en aquel desierto. Por un momento sintió algo a su espalda que la hizo sobresaltarse. Se giró para comprobar que no era nada.

    Miró por el hueco de la escalera. Era la única persona que quedaba en el edificio. En ese momento pensó que si alguien la asaltase nadie oiría nada. Ni siquiera el segurata que permanecería dentro de la portería a estas horas. Sintió algo de miedo y aceleró su paso escaleras abajo. Al pasar, los sensores de movimiento encendían un par de luces de seguridad pero el resto de pasillos permanecían oscuros. Por fin alcanzó el vestíbulo del edificio y este si estaba perfectamente iluminado. Jess se sosegó antes de tomar la puerta del garaje.

    Una mano le tapó la boca y otra la levantó en vilo. No supo de dónde había salido aquel animal con fuerza desproporcionada:

    -Ahora te vas a enterar, hija de puta.

    Jess reconoció la voz del joven de seguridad. En menos de 2 segundos la metió en el almacén de mantenimiento. Allí esperaba el otro tipo:

    -Tráela, verás como le quito yo las tonterías a esta zorra.

    El joven puso a Jess en el suelo. En ese momento el de mantenimiento se acercó y le cruzó la cara con dos bofetadas:

    -Esto para que aprendas a ser agradecida.

    Inmediatamente después agarró el vestido por el escote y se lo rompió en dos. Ante aquellos dos delincuentes, Jess quedó expuesta y desnuda. Sus tetas grandes desafiaban a los hombres. La mujer no pudo evitar que sus pezones se retorcieran sobre sí mismos endureciéndose. El de mantenimiento la cogió por la melena y tiró de ella haciendo que su cabeza se fuera hacia atrás. Le mordió la boca. La mujer sintió el roce del bigote del hombre. Olía a tabaco. Sintió como, con dos dedos, le pellizcaba uno de los pezones hasta el límite del dolor:

    -Ay, cabrón. Me haces daño.

    -Cállate zorra o te doy otra ostia.

    El de mantenimiento se veía un hombre agresivo. Además de pegarle en la cara le había pellizcado un pezón:

    -Mírale el culo verás que sorpresa.

    El chico de seguridad se arrodilló tras Jess. Amasó sus glúteos antes de separarlos y descubrir la brillante piedra roja:

    -Joder guarra pero ¿qué tienes aquí? -el chico tiró extrayendo la pieza metálica del ano de la mujer. Ésta no pudo evitar suspirar al sentir el vacío que dejaba en su interior aquel plug -vaya, mira lo que tenía clavado en el ojete.

    -Sabía que era una buena zorrita. Desde que llegó esta mañana lo tiene metido por el culo. A esta tía le gusta que le den por culo.

    El más joven azotó las nalgas de Jess con todas su fuerzas. Ella gritó de dolor y loa dedos de aquel niñato quedaron marcados en el culo de ella. El tipo la inclinó sobre una mesa, se colocó tras ella y la inmovilizó tumbándose sobre su espalda. La mujer sentía sus tetas presionadas contra la superficie. Le dolían. El de mantenimiento llegó con un trozo de cuerda y consiguieron atarle las manos a la espalda:

    -Ahora me vas a comer la polla, perra.

    El de mantenimiento se bajó el pantalón y liberó una polla de grosor considerable de olor agrio que a Jess le causó repulsión. Justo detrás, el joven apoyó el capullo de su polla en la entrada de la vagina. La mujer no supo lo que se le venía encima hasta que no la penetró. El grito le salió de muy adentro. El tipo tenía una polla desproporcionada. El puntazo se le clavó en el fondo de su vagina. El viejo aprovechó para agarrarle la cabeza y metérsela por la boca.

    La mujer se encontraba a merced de aquellos dos hombres. Desnuda, maniatada y tumbada sobre una mesa dentro de un almacén, un joven con una polla enorme se la metía por el coño mientras un tipo cercano a la cincuentena, gordo, feo y depravado la sometía follándole la boca. El pollón del segurata la estaba destrozando. Ella estaba acostumbrada a pollas grandes. Su marido la tenía grande pero lo de este niñato era bestial. La del viejo no era tan grande pero si gorda lo que la obligaba a abrir la boca demasiado. Durante 10 minutos el tipo la estuvo obligando a mamar. Tenía la mandíbula dolorida cuando se la sacó y comenzó a pajearse frente a su cara. Con un grito el hombre de mantenimiento se corrió en su cara. Chorros de lefa caliente y grumosa quedaron pegados a los pómulos, labios y mentón.

    Jess seguía sufriendo con la follada del chico de seguridad. De repente se la sacó y le dio la vuelta colocándola boca arriba sobre la mesa. El tener las manos atadas a la espalda hacía que la posición no fuera nada cómoda pero eso no parecía importarle a aquellos dos. El viejo de mantenimiento se acercó a ella y le agarró las tetas:

    -Qué dos melones tiene la zorra.

    La manoseó sin delicadeza. Podía notar la palma áspera y callosa sobre la suave piel de sus pechos. Luego se inclinó para besar, morder y babear aquellas dos grandes mamas:

    -Baboso, cabrón. Déjame en paz. -Jess le insultaba.-Aaay. -Gritó al sentir loa dientes trillar uno de sus pezones.

    -Cállate puta. -Contestó el de mantenimiento antes de darle una sonora bofetada.

    -A ver puta zorra -llamó su atención el más joven -ahora vas a pagar tu prepotencia.

    -Sois unos cerdos… cabrones…

    El joven de seguridad la agarró por las piernas y se las levantó. Después hundió su cabeza en la entrepierna y comenzó a comerle el coño provocando que la mujer se excitase pese a la violenta situación que estaba viviendo. Pasaba la lengua por la raja separando los labios vaginales y bebiendo el abundante flujo caliente que manaba de los pliegues de sexo de Jess. Ella se dejó llevar y comenzó a gemir de gusto sintiendo cómo le llegaba un orgasmo con la lengua de aquel joven violador. Intentaba cerrar las piernas en torno a la cabeza de él que se las separaba con sus poderosos brazos. La mujer dio un grito de placer cuando el orgasmo la hizo convulsionar y correrse en la boca del segurata:

    -Qué guarra es la puta. Cómo se ha corrido. -El de mantenimiento disfrutaba humillando a la mujer.

    Sin darle tregua, el joven se puso de pie y, cogiéndose la polla, le golpeó el coño con ella. Jess miró para comprobar con sus propios ojos las dimensiones de aquel monstruo. La mujer quedó impresionada, el grosor era el de una lata de refresco y sobrepasaba con creces los 20 centímetros. Mirándolo a los ojos sintió como el tipo profanaba su coño con aquella estaca. No pudo evitar un grito de dolor cuando, tras un fuerte golpe de cadera, el joven se la incrustó en lo más profundo:

    -Vas a aprender a ser educada… -Dicho esto comenzó un mete saca frenético.

    Jess se retorcía sobre la mesa con las piernas levantadas sobre los hombres de su agresor y sujeta por este. El de mantenimiento tuvo que sujetarla, agarrándole las tetas. Incluso tomó el plug anal y se lo introdujo em la boca para evitar que siguiera gritando. Después de 10 minutos el hombre tensó su musculatura, echó su cabeza hacia atrás y con un grito se corrió abundantemente en el coño de Jess. A estas alturas ella era un juguete en manos de aquellos dos animales. El tipo aún siguió clavándosela un par de veces más provocando escalofríos en la mujer.

    Al retirarla, la raja de la vagina palpitaba escupiendo la leche del segurata. Jess intentaba juntar sus piernas. De su interior salía el líquido viscoso y bajaba hasta sus glúteos. El hombre de mantenimiento la miraba a la cara:

    -Ya no eres tan altiva ¿eh putita?

    Luego la levantó de la mesa y la puso de pie contra la pared. Se pegó a ella, acercó su boca a su oído:

    -Ahora si que te va a gustar lo que voy a meter por el culo. -Jess negaba con la cabeza con el plug aun en la boca. El hombre se lo quitó por fin.

    El hombre de mantenimiento le acarició la cara y descendió por su cuello hasta cogerle las tetas y pellizcarle los pezones. Mientras se las amasaba, la mujer sintió como el grueso miembro de aquel cincuentón crecía entre ellos. Después notó como los dedos del hombre hurgaban en su dilatándose. Comenzó a pajearse contra el culo de ella:

    -Qué ganas tenía de partirte el culo perra.

    La agarró de la melena, colocó la cabeza de su polla en la entrada de su ano y con un golpe de cadera le calzó hasta la mitad. Jess gritó cuando su ano se abrió de manera dolorosa. Sintió como si le ardiese. Aún no se había recuperado cuando le volvió a meter otro puntazo. Ahora se la clavó entera:

    -Aayyy, cabrón mi culo…

    -Grita zorra, grita. Cuanto más te duela más me gusta.

    El hombre comenzó a sodomizarla de manera violenta. Se excitaba con cada grito que la mujer daba cuando su polla se clavaba en su esfínter. Finalmente la agarró por el abdomen y con cada golpe de cadera el cuerpo de Jess se levantaba del suelo. La estaba destrozando:

    -Jódete puta. Te voy a reventar.

    La mujer no paraba de gritar. Un dolor agudo recorría su intestino desde su ano. La polla de aquel hombre le estaba provocando un desgarro anal de consecuencias importantes. Por fin anunció que se iba a correr. Cuando ella sentía que no tendría más aguante el hombre comenzó a correrse dentro de su culo. Ahora le tiraba de la melena y azotaba con fuerza sus nalgas mientras su polla terminaba de soltar toda la leche que quedaban en sus reservas.

    Jess se mantenía en pie por el empuje del tipo, sus piernas le temblaban y le fallaban. Nunca había vivido nada igual. Había estado en prácticas sexuales extremas. Con su marido había asistido a orgías y hecho tríos pero nada similar a esta violación. El joven le había metido una follada con un pollón de impresión y el viejo le había reventado el culo como nunca antes nadie.

    La mujer cayó rendida a los pies de sus agresores que reían satisfechos. De sus agujeros (coño y culo) salían chorros de semen manchando el suelo de aquel almacén. Fue levantada y sacada de allí a la fuerza. Totalmente desnuda y ultrajada fue expulsada y dirigida al garaje. Solamente con su bolso fue en busca de su coche. En su cara restos de semen resecos se mezclaban con las lágrimas que arrastraban su rímel. Al sentarse en el coche sintió que su culo estaba muy dolorido.

    Arrancó su coche y salió rápido. Las ruedas chirriaron en el suelo del garaje solitario. Al llegar a la salida se abrió la barrera y se incorporó a la circulación. Pese a la hora, más de las 12 de la noche, había muchos coches. Al parar en los semáforos los conductores se le quedaban mirando. Y es que no era normal ver a una conductora desnuda al volante. A Jess no le preocupaba lo más mínimo el que la vieran desnuda sino explicar que había sido violada por los empleados del edificio donde trabajaba.

  • ¿Quieres ver cómo se corre mamá, cariño?

    ¿Quieres ver cómo se corre mamá, cariño?

    Esmeralda era una mujer de 38 años, morena, de ojos negros, estatura mediana, ni gorda ni delgada, tenía las tetas grandes, el culo grande y anchas las cadera. Se casara con un abogado setentón y muy rico. Lo que no esperaba era llevar una vida monótona, con poco sexo, una vida plagada de reuniones, comidas con conocidas y amigas…, un bodrio de vida. Solo tenía media docena de amigas y una de ellas era Laura, una trepa cómo ella que se casara con otro viejo rico. Laura, tenía 33 años, era rubia de bote y tenía cuerpo de modelo. Esmeralda estaba hablando con ella en la inmensa biblioteca de su palacete mientras tomaban un té con pastas en una de las muchas mesas que tenía y que les había servido una de las doncellas, le decía Laura:

    -… Y lo hice.

    -Si se entera tu marido te corre a palos.

    -Tenía que seducirlo, verlo pasear por la casa, tan joven, tan alto, tan guapo, enseñando músculos y con aquel paquetazo, es que me traía loca, Esmeralda. Ya me dolían los dedos de tanto masturbarme pensando en él.

    -Lo sé, lo sé. ¿Cómo lo sedujiste? Cuéntamelo todo y cuéntamelo con detalles.

    -Te va el morbo.

    -Sabes que sí.

    -Fue esta mañana. Mi marido se había ido a trabajar. Fui a la cocina con el cabello suelto, descalza y vestida con una bata de seda negra que tapa lo que tapa, o sea, que me da por debajo de las bragas, bragas que no llevaba y con un escote que casi deja ver la mitad de las rosadas areolas de mis tetas. Mi hijo Andrés estaba tomando cereales en un bol y tenía un zumo de naranja en un vaso encima de la mesa. Al verme se le atragantaron los cereales que tenía en la boca, o le fueron por mal sitio, ya que los echó fuera. Mirándolo con cara de gata en celo, le pregunté con voz sensual:

    -¿Estás bien, Andrés?

    Cuando pudo responder, dijo:

    -«Sí, estoy bien.»

    Me di la vuelta y me agaché con las piernas cerradas para coger un bol en la parte de abajo de la alacena. Me agaché cómo si estuviera haciendo una flexión y quisiera tocar la punta de los dedos de mis pies con los dedos de mis manos. Le enseñé toda la raja de mi gordo coño. No sé cómo se empalmó tan rápido, pero antes de que pudiera coger nada sentí como me agarraba por las caderas y me metía su polla en el coño de un golpe seco. Me enderecé y me apoyé con las dos manos en la parte de arriba de la alacena. Andrés me agarró por las tetas y folló mi coño más de diez minutos con fuertes embestidas, entre las cuales sentía bajar por mis muslos los jugos que salían de mi coño. Me llegaban a los tobillos cuando tuve el primer orgasmo. Mis piernas temblaron y mis gemidos fueron de loca de atar. Sentí tanto placer que casi me muero de gusto. La corrida fue descomunal. Salieron cascadas de jugos por los lados de mi coño…, con decirte que el piso de la cocina se puso cómo una pista de patinaje, ya te lo digo todo, y eso con la primera corrida, ya que me siguió dando duro otros diez o quince minutos. No sé cómo aguantó tanto tiempo sin correrse, pero aguantó e hizo que me corriera dos veces más antes de girar mi cabeza, comerme la boca y llenarme el coño de leche, pero no quedó la cosa ahí, no, después de correrse me dio la vuelta, me echó las manos a la cintura y jugó con mi culo. ¡Cómo jugó el vicioso! Lamió mi ojete cómo si fuese una delicatessen, lo folló con su lengua, me lo aplaudió con sus grandes manos… Cuando acercó su polla a la entrada del ojete ya yo me moría porque me la clavara, y fue lo que hizo, meterla hasta el fondo de un solo viaje, luego magreando mis tetas y jugando con mis pezones me folló el culo dándome leña, pero leña de la buena. Cuando se corrió y me llenó el culo de leche casi me corro yo.

    El picha brava se había dado cuenta y no me quiso dejar con ganas. Al acabar de correrse quitó la polla y mientras su leche salía de mi culo volvió a darme la vuelta, me quitó el picardías y le dio un repaso a mis tetas cómo nunca me habían dado. Magreó, chupó y lamió, mordió mis duros pezones…, me hizo de todo. Después se agachó delante de mí, puso sus manos en mis nalgas y clavó su lengua en mi coño encharcado, para luego lamerlo cómo un perro. Lo lamió de abajo a arriba cada vez más aprisa, y cuando ya yo gemía desesperada, me chupó el clítoris. Sentí su lengua en el glande y… ¡Puffff! Descargué cómo si mi coño fuera una fuente. Otra vez los jugos de mi corrida bajaron por el interior de los muslos y le fueron a hacer compañía a los que echara con anterioridad y a la leche de su corrida. ¡Fue un polvo bestial!

    Esmeralda le dijo:

    -¡Hostias si lo fue! Fue un polvo inolvidable.

    -Sí que lo fue. Con mi hijo tuve los mejores orgasmos de mi vida. ¡Qué colorada estás!

    -Me calenté un poquito, no puedo negarlo.

    -Y dime. ¿Tu hijo te sigue espiando?

    -Sí, pero mientras no pase de eso…

    -¿Y si un día pasa de eso?

    -No creo que se atreva.

    -¿Nunca se te pasó por la cabeza follar con él?

    Esmeralda tomó un sorbito de té, y después le respondió:

    -No digas tonterías, Miguel es mi hijo, no es mi hijastro.

    -Viene siendo lo mismo follar con un hijastro que con un hijo. ¿Dejarías que Miguel se metiera entre tus piernas si te lo pidiese?

    -No te montes películas. Mi hijo…

    No la dejó terminar de hablar.

    -Tu hijo está tan bueno como el mío. ¿Cuándo tu marido se toma las pastillas para dormir y te haces tus pajas nocturnas nunca estuvo en ellas tu hijo?

    -¿Por qué preguntas eso, Laura?

    -Lo sabes de sobras.

    Lo sabía, por eso le dijo:

    -Que tú te masturbaras al lado de tu marido pensando en tu hijo no significa nada, tú eres tú y yo soy yo.

    -En las fantasías cabe todo.

    -Cierto, pero una cosa son las fantasías y otra muy distinta la realidad, y no es mi hijo el que está en mis fantasías.

    -¿Quién está?

    -Su padre, y déjalo ya. Tú te sientes culpable por lo que hiciste y quieres que te diga que soy cómo tú.

    Laura mordió una pasta, le quitó un trozo, la masticó, la tragó y después le dijo:

    -Para nada. Volveré a follar con mi hijo cada vez que él quiera. ¿Te follarías a Miguel si se presentase la ocasión?

    -¡Y dale! No.

    -¿Y si supieras que nadie se iba a enterar? Y no mientas, carajo, que sabes que lo que hablamos tú y yo no lo sabrá nunca nadie.

    Esmeralda se iba a sincerar.

    -Esto que te voy a decir nunca te lo dije.

    Laura estaba impaciente por saber.

    -Suéltalo

    -Sí, me lo follaría, de hecho ya me lo follé.

    Aquella confesión la cogió poniendo patatas.

    -¡¿Cuándo?!

    -La semana pasada. Se estaba haciendo una paja en el cuarto de baño y oí cómo me mentaba.

    -¿Dijo tu nombre?

    -No, dijo mamá.

    -¿Qué dijo exactamente?

    -Te voy a llenar el coño de leche, mamá.

    -¿Entraste en el baño y te lo follaste?

    -No, me fui a mi habitación y lo follé con el pensamiento.

    La respuesta decepcionó a Laura.

    -Eso no es follar, cariño, eso es masturbarse. Tienes que darle coño, pobrecito.

    -Pobrecita yo, joder, pobrecita yo, que paso más hambre que una perra callejera.

    Laura le entró.

    -¿Quieres que te quite las ganas?

    -¡¿Qué?!

    -¿Qué si quieres que te folle y te quite las ganas?

    A Esmerada la cogiera desprevenida.

    -¡¿Es que te gustas las mujeres?!

    -No, no me gustan las mujeres, me gustas tú, con otra no lo haría. ¿Quieres?

    -No, yo no juego con fuego.

    -¿Pero te gustaría? ¿Estuve en tus fantasías?

    -¡No!

    -Tú estuviste en las mías.

    -¿De verdad?

    -Tan cierto como que estamos hablando. ¿De verdad que a ti nunca te pasé por la cabeza en alguna de tus pajas?

    -No, guarrilla, a mí no.

    -¡Vaya decepción!

    Esmeralda dejó de mentir.

    -Podría haber dicho que sí, pero si lo hubiera dicho te ibas a subir a la parra.

    -No, no lo hubiera hecho.

    -Te conozco, te hubieras subido.

    -En cualquier caso prefiero que me hayas dicho la verdad.

    -La verdad es que sí, estuviste en mis pensamientos.

    A Laura se le dibujó una sonrisa en los labios.

    -¿Muchas veces?

    -Unas cuantas.

    -¿Reservo una habitación en el Hilton?

    -¡Ya te subiste a la parra! No reserves nada, ya te dije que una cosa es la fantasía y otra muy distinta la realidad.

    -La voy a reservar.

    -Haz lo que quieras.

    -¿Vendrás?

    -No creo, pero si la reservas, me lo pensaré.

    Laura se lanzó sin paracaídas.

    -¿Un beso de amigas?

    -Si es solo un beso…

    Laura fue a su lado. Se dieron un beso, pero no fue de amigas, se dieron un beso con lengua, largó, muy largo, aunque cuando Laura le echó la mano al coño, le dijo Esmeralda:

    -Volvamos a la sala que te veo muy acelerada.

    Miguel, el hijo de Esmeralda, un joven de 19 años, de ojos negros, alto, moreno y con un cuerpo bien musculado, que se hacía más pajas que un mono espiando a su madre cuando se duchaba, cuando iba a mear, cuando iba a cagar, cuando de día o de noche la sentía a gemir al masturbarse, estaba en un rincón de la biblioteca y había escuchado todo lo que habían dicho.

    Dos días después estaba Miguel sentado en un sofá y enfrente de él en otro sofá estaba sentada su madre. Esmeralda, que acababa de llegar de una cena, llevaba puesto un vestido largo y negro. En su cuello lucía una gargantilla de oro con brillantes, en su muñeca izquierda una pulsera de oro y en la derecha un reloj también de oro. En sus dedos llevaba varios anillos. Se había descalzado y sus zapatos negros con tacón de aguja descansaban sobre la alfombra. Miguel le preguntó:

    -¿Tienes los pies cansados, mamá?

    -Mucho, hijo, los zapatos nuevos me matan.

    Miguel vestía un pantalón de deporte azul y una camiseta blanca de tiras que dejaba ver sus cuidados músculos. Se levantó de su sofá y luego se arrodilló delante de su madre, le cogió el pie izquierdo y comenzó a masajear la planta que estaba cubierta por una media negra. Esmeralda cerró los ojos, echó la cabeza hacia atrás, y le dijo:

    -¡Qué gustito!

    Miguel le lanzó la primera pedrada.

    -¿Tu amiga Chus le sigue pagando a muchachos para que le den por todos los lados?

    Esmeralda, sorprendida, abrió los ojos.

    -¿Quién te dijo eso?

    -Mi amigo Pablo.

    Pablo fuera uno de los muchos jóvenes a los que su amiga Chus pagara por follar, Esmeralda lo sabía, así que le preguntó:

    -¿Por qué te interesa saberlo?

    -Porque quiero que me aprenda a hacer gozar a una mujer para no defraudar a una chica que he conocido

    -A ver, a ver. ¿Te echaste novia?

    Miguel le cogió el otro pie, y empezando a masajearlo le mintió con descaro.

    -Algo así y no quiero defraudarla.

    -Tienes páginas en internet que te enseñan.

    -Llevo mil y una pajas…

    Lo cortó y lo reprendió.

    -No uses ese lenguaje con tu madre.

    -Vale. Ya miré videos lésbicos, hetero, anal, sexo con maduras…, pero una cosa es la teoría y otra la práctica.

    -Te entiendo, hijo, pero mira, lo bonito es aprender juntos. Si la quieres…

    Esmeralda sabía que estaba jugando con fuego, pero cómo el masaje y la conversación la estaban poniendo cachonda dejó que su hijo siguiese masajeando sus pies. Aquel masaje le valdría para imaginar cosas más calientes mientras se hacía un dedo esa noche. Miguel siguió a lo suyo.

    -Porque la quiero, es por eso que no quiero defraudarla. ¿Hablarás con tu amiga?

    -No, no cuentes conmigo para que esa pécora te disfrute.

    -¿Y tú?

    -¿Yo qué?

    -¿Serías mi docente?

    Esmeralda retiró el pie que le estaba masajeando.

    -¡¿Te has vuelto loco?! Soy tu madre y lo único que puedo hacer es aconsejarte.

    Miguel se levantó. Su gran polla hacía un tremendo bulto en el pantalón de deporte. Cogiendo el bulto con su mano derecha, le dijo.

    -Aconséjame qué hacer con esta.

    Esmeralda se puso autoritaria.

    -¡Qué manera es esa de hablarle a una madre, desvergonzado!

    -La de un hijo que la desea.

    Esmeralda se sintió acorralada.

    -¡¿Te has vuelto loco, Miguel?!

    Miguel puso las cartas boca arriba.

    -Te oí.

    -¿Qué oíste?

    -¿Vas a ir al Hilton?

    Esmeralda se quedó de piedra.

    -¡¿Estuviste escuchando lo que hablamos Laura y yo?!

    -En bajo no hablasteis.

    -Entonces sabrás que le llevé la corriente para que no se sintiera mal.

    -Eso es mentira. Esta noche voy a tu habitación. ¿O follamos antes de que venga el viejo?

    Esmeralda deseó que la tragase la tierra y al mismo tiempo se puso más cachonda. Le preguntó:

    -¡¿Estás bebido, Miguel?!

    -Lo que estoy es salido cómo un perro, y si no es ahora te follaré con tu marido al lado.

    Esmeralda le abrió la puerta de su habitación al decirle:

    -Se despierta tu padre y en esta casa se arma la de Dios.

    -No va a despertar, y no es mi padre.

    Esmeralda quiso meterle el miedo en el cuerpo con una mentira.

    -No vengas que chillo y despierto a tu padre.

    Miguel no la creyó.

    -No vas a chillar. El morbo de follar con tu hijo al lado de tu marido te lo impedirá.

    Esmeralda en un flash recordó en cómo empezara la conversación, y le dijo:

    -Esa cica que dijiste conocer no existe, ¿verdad, Miguel?

    -No.

    -Y seguro que sabes hacer gozar a una mujer.

    -Dicen que follo cómo los ángeles.

    -¡Puñetero liante! Me voy para cama por no cruzarte la cara.

    Miguel siguió haciendo sangre.

    -Cruza, mamá, cruza, a lo mejor así te calientas.

    -¡Crie un sinvergüenza!

    Esmeralda cogió los zapatos y con ellos en la mano se fue para su habitación, allí cerró la puerta, se quitó el vestido y quedo cubierta con una lencería negra. Le picó la nuca. Cuando eso pasaba era porque presentía que la estaban mirando, se dio la vuelta y vio la puerta entreabierta. Su hijo la había visto en ropa interior, lejos de enfadarse, sonrió y le dio a la cabeza, después se quitó la lencería, se puso un tanga y un picardías de seda y se metió en la cama sin saber que su hijo se la estaba meneando en el pasillo.

    Una hora más tarde llegó su marido. Esmeralda estaba leyendo un libro con la lámpara de pie de su lado encendida, le preguntó:

    -¿Estás muy cansado?

    El viejo no tenía ganas de fiesta.

    -Muerto, vengo muerto.

    Al ver que se ponía el antifaz negro y tomaba dos pastillas para dormir supo que esa noche no la iba a follar. Esmeralda no pudo esperar por su hijo, se puso boca abajo, metió una mano dentro del tanga y dos dedos dentro del coño, e imaginando primero que sus dedos eran los dedos de su amiga Laura y después que eran la polla de su hijastro, se masturbó hasta que se corrió cómo una cerda. Después cogió el libro que había dejado sobre la mesita de noche, y se puso a leer.

    Unos diez minutos después de correrse su madre, Miguel asomó la cabeza en la habitación. Vio a su padrastro durmiendo y dándole la espalda a Esmeralda que a su vez se la daba a su marido. Su padrastro estaba destapado sobre la cama y su madre medio tapada con una sábana. Subió a la cama y se puso entre los dos. La pierna derecha de su madre estaba sobre la izquierda. Vio su culo redondo y el tanga negro mojado y metido en la raja de su coño. Se lo olió, al estar corrido olía fuerte, cómo a rancio. Muy, muy despacito, lamió y besó varias veces la nalga derecha. Esmeralda dejó de leer el libro, lo tiró al piso y se puso boca arriba. Miguel cogió el picardías, se lo subió muy lentamente, después le besó el coño y se topó con la humedad de los jugos que había en él, luego, mirándola a los ojos le cogió el tanga con las dos manos y de nuevo lentamente se las quitó dejando al descubierto su coño, un coño con una pequeña mata de pelo negro. Después le separó las piernas, hizo que flexionara la pierna derecha, y a continuación le abrió el coño con los dos dedos pulgares. Vio sus labios, en ellos había cómo una telaraña de jugos, vio la vagina, el meato, el clítoris. Lamió los labios y la lengua se le llenó de jugos, después de tragar lamió el clítoris. Esmeralda llevó la mano izquierda a su boca y mordió el canto. Miguel siguió lamiendo hasta que su madre movió la pelvis para correrse, es ese momento dejó de comerle el coño, le sacó sus gordas tetas del picardías y se las amasó. Cuando lamió el pezón derecho. Esmeralda echó a cabeza hacía atrás, quitó la mano de la boca y gimió. Miguel miró para su padrastro, pero cómo seguía durmiendo siguió magreando, lamiendo y chupando. Bajo la mano, le acarició el clítoris, la besó con lengua y esmeralda no necesitó más. Chupó con lujuria la lengua de su hijo y se corrió cómo una loba. Al quedar su cuerpo en reposo, Miguel, volvió a lamerle el coño, un coño empapado con la tremenda corrida que había echado. Lamió los labios, folló la vagina con su lengua, lamió el clítoris… Llevó toda su teoría a la práctica hasta que Esmeralda volvió a mover la pelvis. No dejó que se corriera. Se puso detrás de ella y le metió su gorda y larga polla en el coño. A Esmeralda la polla de Miguel le llenaba el coño cómo nunca se lo habían llenado… Después de más que quince minutos de lento mete y saca, Esmeralda comenzó a correrse de nuevo. Cogió a almohada y le metió un tremendo mordisco. Temblaba la cama, su marido, se dio la vuelta, pero siguió durmiendo.

    Al acabar de correrse su madre Miguel sacó la polla para correrse fuera, pero Esmeralda, en bajito le dijo:

    -Quiero que te corras dentro de mi coño, hijo.

    Esmeralda se echó encima Miguel. Lentamente metió la polla hasta el fondo del coño engrasado y luego la fue sacando despacito hasta que la corona salió de la vagina. Al volverla a meter la polla se fue corriendo dentro de su coño, Esmeralda se detuvo cuando le llegó al fondo de nuevo y besó a su hijo con lengua mientras acababa de llenarle el coño de leche. Al terminar de correrse lo siguió follando de la misma manera, despacito para que la cama no se moviera. Al rato y sin dejar de follarlo, se quitó el picardías y le dio las tetas a mamar. Miguel se las cogió con las dos manos y magreándolas fue lamiendo los pezones, las areolas… Tiempo después, Esmeralda, sintiendo cómo su hijo le mamaba las tetas y la polla entraba y salía de su coño, le dijo al oído:

    -¿Quieres ver cómo se corre mamá, cariño?

    Muy en bajito le respondió:

    -Sí, mamá, quiero ver tu cara al correrte mientras te lleno el coño de leche.

    Se corrieron juntos mirándose a los ojos hasta que a Esmeralda se le pusieron en blanco.

    Al acabar de echar el polvo, Miguel se marchó de la habitación tan en silencio cómo había venido.

    Quique.

  • Aventuras universitarias: debut mutuo y el principio de todo

    Aventuras universitarias: debut mutuo y el principio de todo

    Esto sucedió hace años, cuando Argentina despertaba a nuevas libertades… el sexo era una de ellas que estábamos descubriendo, pues llegaba a mis 18 años a la universidad casi sin debut previo, pero con mucha instrucción… de la imaginación.

    Realmente había pensado una y mil veces como seria “mimar” mi primera vez con la calma necesaria para hacer inolvidable ese debut… y todos los que siguieran!

    Primeros días de universitario conocí una buena pareja de estudio, morochita ella muy modosita, nada espectacular, pero muy proporcionada. Al principio no la imaginé sexualmente, pero ese marzo caluroso obligaba a vestir liviano y no poder evitar mirar un busto bien marcado, que con alguna remeras marcaban unos pezones que elevaban mi imaginación… mis deseos… mimarlos… tocarlos suavemente con mis labios… pero mi entrepierna competía con las ecuaciones que debíamos resolver… y quedaba en mis deseos por cumplir.

    Pasaron varios días… nos fuimos conociendo, compartiendo mates, anécdotas de colegio que hablaban una sana diversión en su pequeña ciudad donde creció y salió para venir a la uni. No sin dudarlo por separarse de la familia, sus amigas y hasta me conto de un proyecto de novio con quien intercambio solo unos besos tímidos en los últimos días de su permanencia pueblerina, pero mantenía a través de cartas esporádicas con promesas de amor futuro. En alguna charla se escapó sus comentarios sobre comentarios de amigas más experimentadas y que su timidez no pudo convertir en propias.

    Yo no tenía mejor experiencia, aunque si había hecho un “pequeño curso” que otro día podrán leer… y con mucho voltaje. Estos aprendizajes más mi imaginación prometían superaba todas las barreras.

    Ya había pasado más de un mes… Estábamos en mi departamento de estudiante preparando un parcial, y el estrés superaba nuestras ganas de seguir estudiando. Mi distracción se profundizaba al mirar a Camila con su blusa de lino blanca, con botones delante… algunos desabrochados y que permitían ver sus pequeños pechos blancos que parecían más grandes y firmes que otras veces. Lo que hace la imaginación cuando uno tiene pocas ganas de estudiar… o sería realmente así. Imaginaba mis manos comprobándolo y el estudio se convertía en misión imposible.

    Hasta parecía que sus pezones eran pequeños bultos surgentes en esa blusa que se parecía transparente a mis deseos…

    Trataba de desviar mi vista, pero si bajaba mucho un pequeño pantalón corto… suelto también de una tela liviana parecía querer mostrar una bombacha que imaginaba pequeña… blanca… suave, conteniendo el objeto de mi deseo…

    Hacia un poco de calor y el estar descalza con los pies sobre el sillón no ayudaba para nada a mi deseosa imaginación… trataba de concentrarme, era Camila, una compañera de estudios y amiga, con un novio esperando en su pueblo del cual la alegraban las cartas y encomiendas que recibía. No había chances y debía medir mis impulsos…

    Estaba en esos pensamientos cuando Camila me dice que estaba con mucho dolor en su cuello y hombros para concentrarse en estudiar… si podíamos parar un rato. Y como chanza me dice que podría saber masajes para ser un compañero completo.

    “Pues algo de eso hay” fue mi respuesta porque le explique que conocía un poco el tema por haber leído de digitopuntura y esas cosas. En realidad, mi experiencia se limitaba a un par de libros y algunas prácticas familiares, pero me animaba a hacerlo si quería.

    Acepto mi propuesta y se acomodó en un sillón bajo de mi departamento, para que mis brazos extendidos llegaran justo a sus hombros, comenzando con mis manos a masajear lentamente pero con firmeza sobre sus hombros, causándoles alivio al mover sus músculos que estaban demasiado tensos. Trate que el hacerlo sobre su blusa no le causara daño, aunque pronto ella para su comodidad abrió un poco la prenda al desabotonar algunos botones y dejando sus hombros descubiertos.

    Mis manos hacían un trabajo tranquilizador al abrazar con mis palmas sus hombros, mis dedos se deslizaban hasta su cuello el cual acariciaban, tomando con mis pulgares su cuello que acariciaba con firmeza y dulzura. Después de un rato sentí se aflojaba y como sus palabras eran gemidos de agradecimiento. Mis manos se deslizaban sobre su pecho, arriesgando cada vez más en su avance una llegada profunda. Yo también me sentía relajado y tenso al mismo tiempo.

    Por la lentitud que avanzaban mis masajes no detectó mi osadía, -o detectada la aceptó-, hasta que la punta de mis dedos tocaron su corpiño… casi por azar… pero adivine sus pechos firmes cuando mis dedos avanzaron a ese valle tan deseado. Si bien lo acepto sentí que subía su mano para evitar un mayor avance, aunque luego la bajo… y no dijo nada. ¿Sería un permiso?

    Decidí seguir mi masaje, seguí en su cuello sentado en un pequeño banco jugando con mis dedos en sus orejas, con sus lóbulos entre mis dedos convertidos en juguetes de deseo, recorriendo las formas de sus orejas, y así acerqué mis labios para preguntar dulcemente si le gustaban mi trabajo… que respondió con un “si” muy aletargado y somnoliento.

    Aprovechando mi proximidad ahora fueron mis labios los que se acercaron a su cuello y suavemente lo masajearon alternando con la punta de mi lengua la que acerqué a sus orejas…sintiendo que no le incomodaba y sus movimientos de cabeza posicionaban mejor su rostro para ser mimado… besado… pero preferí seguir con mis jugando con mis manos que ya se acercaban también a sus pechos.

    Ahora jugaba con su corpiño que medio suelto permitía acariciar su piel hasta llegar a sus pezones que se habían puesto muy duros.

    Al tocarlos, solo atino a dar un pequeño grito de placer y con su boca medio abierta invitar a que la besara. No quise dejar su deseo inconcluso y mis labios tocaron los suyos, muy suave, con mis dientes realizaba pequeños mordiscos en esos labios que se me antojaban como un néctar inimitable, que se humedecía al tiempo que nos mimábamos mutuamente, donde con el jugueteo de nuestras lenguas se tocaban suavemente… con timidez como pidiendo permiso para penetrar en nuestras cavidades…

    Jugueteamos varios minutos, donde mis manos acariciaban sus pechos que ya eran libres de un sostén que ya no estaba… fue cuando baje con pequeños besos en su cuello hasta sus pechos y toque sus pezones… mis labios primero… la punta de mi lengua después, humedeciéndolos con mi saliva… pequeños soplidos despertaban exclamaciones de placer.

    Ella acariciaba mi nuca y sentía su aprobación… tantas veces lo había imaginado… ahora costaba creerlo… mis manos se repartían… acariciando sus pechos para disponerlos en mi labios y atrevidas caricias en sus piernas… llegar a sus pequeños pantalones sin animarme a avanzar mucho más.

    Ya me había sentado a su lado y mis labios respondían a su necesidad de besar mi boca… nos conteníamos mutuamente intercambiando nuestra saliva, cuando nuestras lenguas se trenzaban entre mordiscos de nuestros labios e innumerables caricias que nos propiciábamos.

    Estaba muy caliente y mi sexo se hacía notar, queriendo explotar de mi pantalón. Mis manos acariciaban sus piernas y notaban el calor de su sexo que más y más se insinuaba.

    El holgado pantaloncillo permitió introducir mis dedos… sentir la humedad de su diminuta tanga, más pequeña de lo que imaginaba. Mis dedos juguetearon allí y Camila se retorcía besándome más y más a cada momento, sus manos tocaron en forma casi desesperada mi pantalón sintiendo que mi sexo estaba en ebullición…

    Ella gemía y sentí que su orgasmo real que me contagiaba su clamor, sintiéndola estremecer junto a rugidos que comenzaron en pequeños grititos cortos, para finalizar en un estremecedor alarido de placer.

    Al tiempo que ella no sabía qué hacer, tocaba mi pantalón bajando mi cierre, casi al descuido, y metiendo su mano hasta tocar mi pene a través del bóxer… y eso hizo que explotara de placer y junto a ello mi esperma brotó humedeciendo su mano a través de la tela.

    Quedamos extenuados uno junto al otro hasta que ella pidió disculpas y fue al baño, en una pausa enorme hasta que volvió…muy arreglada, y sonrojada con una sonrisa dijo: “Que paso… ¡que masajes!… guauuu” y se sentó a mi lado sin saber que decir…

    Paso un rato… tomamos mate… yerba había… y como que preferimos evitar una charla profunda sobre lo que había pasado, pero eso fue la ruptura para que ambos ganáramos una confianza en el otro para que los próximos capítulos sean tan interesantes como es la vida… mientras más sexual, más divertida.

  • El mejor viaje a España (P. 4): Finalmente mi amiga regresó

    El mejor viaje a España (P. 4): Finalmente mi amiga regresó

    Al día siguiente de mi aventura con Jules y su amiga, ambas se fueron de la casa ya que Jules finalmente se iba a mudar a su casa, así que sólo quedamos cinco en la casa.

    Ese mismo día, Ashe me mandó un mensaje que iba a llegar cerca de mediodía al aeropuerto y yo con entusiasmo le respondí que iría por ella.

    Desayuné rápido y salí de la casa, cuando me fui Luna y James estaban preparándose para salir a correr, cuando les dije a donde iba, Luna me deseó suerte. Un poco cínico de su parte, pero agradecí el gesto.

    Estaba algo nervioso cuando llegué al aeropuerto. Llevaba mucho tiempo sin ver a Ashe y sentía que el corazón me latía a mil, sobre todo por lo que había pasado los últimos días. Me debatía internamente pensando si debía contarle lo sucedido con mis co-habitantes, pero no creía que fuera una gran idea. Realmente me gustaba Ashe y suponía que si le decía que había cogido con alguien a pocos días de intentar algo serio con ella era mala opción.

    Cuando Ashe salió de la puerta de Llegadas sonreí al verla. Estaba tan preciosa como la recordaba, su cabello, su sonrisa, todo en ella era perfecto. Llevaba una blusa tipo top a rayas de color azul y blanco con un cordón que lo cerraba por enfrente cuto escote alzaba sus pechos, una falda de mezclilla que le llegaba hasta la mitad de sus hermosas piernas blancas enfundadas en unas medias negras y tenis blancos.

    —¡Ro! —dijo al verme y llegó corriendo para abrazarme.

    Casi me caí al suelo de lo fuerte que me tacleo, pero logré mantenerme de pie mientras ella rodeaba mi cuello con sus brazos. Había olvidado lo delicioso que olía su cabello, su perfume. Dios, me encantaba esta mujer.

    Nos quedamos pegados varios momentos. Pero ella se separó debido a que se había cansado de estar en puntitas todo el tiempo.

    —¿Qué tal tú vuelo? ¿Y tus abuelos? —le pregunté con una sonrisa.

    —Bastante bien. Se sintieron un poco tristes de que me regresara un poco antes de lo planeado, pero les prometí que el siguiente mes regresaría a visitarlos de nuevo.

    Mientras hablaba no podía desprender mi mirada de sus hermosos ojos azules. Debo confesar que normalmente no me gustaban las mujeres con ese tipo de ojos (lo sé, ¡qué blasfemia!), pero Ashe era la única excepción con ese tono casi gris que tenía.

    Me ofrecí a llevar su maleta, ella aceptó gustosa y nos fuimos en un taxi a su casa.

    Mientras el auto recorría las calles de Canarias, Ashe y yo nos pusimos al corriente. Le conté lo que había visitado del lugar y lo que había hecho desde que llegué, obviamente ocultando lo ocurrido con Luna, Jules y Lain, y ella comenzó a contarme acerca de su vida aquí.

    —Quizá puedas presentarme a esas compañeras tuyas, se ve que son buenas personas.

    —Sí, quizá —dije un tanto nervioso.

    —Me alegra que estés aquí —dijo ella sentándose un poco más cerca de mí, haciendo que nuestros brazos se rozaran.

    Cuando llegamos a su casa, como buen caballero, subí sus cosas al pequeño departamento que tenía. Era un lugar bastante simple, no había una sala como tal sino que había una mesa grande dentro de la cocina, dos cuartos y un baño, pero la vista era espectacular. Ashe había escogido aquel lugar para vivir porque tenía cerca una playa que según ella no era muy concurrida. Si había uno que otro turista deambulando por ahí, pero nada como las playas más concurridas de las Islas Canarias.

    Lleve las cosas al cuarto de Ashe, un lugar bastante bonito. Tenía colgados varias pinturas que ella había dibujado, bastante bonitas. Quizá no unas obras de arte, pero sí que tenía talento. Había también fotos colgadas de lo que parecían ser unas vainas artificiales. Estaba su familia, algunos amigos y, para mi sorpresa, una foto de ella y yo cuando vino a mi país.

    —Había olvidado que nos habíamos tomado esta foto —le dije mientras la veía.

    —¡Ah! Sí, ha sido una de mis favoritas. Me gustaría volver a tu país algún día.

    —Pues ya sabes, si lo haces mi puerta siempre va a estar abierta para mí.

    Ella me sonrió. Que hermosa sonrisa tenía.

    —Podría decirte lo mismo. De hecho, si me hubieras avisado te hubieras podido quedar en el otro cuarto en vez de rentar un Airbnb.

    —Quería sorprenderte, pero creo que la suerte no estaba de mi lado.

    —Bueno, ya estoy aquí, vamos a recuperar el tiempo perdido —me dijo tomándome de la mano y sacándome de la habitación.

    El resto del día Ashe me estuvo llevando por toda la ciudad. Me llevaba a sus lugares favoritos y lugares bastante bonitos. Durante todo el tour yo no podía desprender mi mirada de ella, mientras hablaba y me explicaba cosas mi mente divagaba y no podía concentrarme en lo que decía. Comimos, fuimos por un helado, luego por un café. Debo decir que era uno de los mejores días que pasé en Canarias.

    Cuando la tarde comenzó a convertirse en noche, Ashe me llevó a un mirador para que viéramos la puesta del sol. Mientras lo hacíamos, me atreví a tomarle la mano, ella tan sólo me miró, me sonrió, colocó su cabeza sobre mi hombro y continuamos mirando la puesta.

    —Tengo una idea —me dijo de repente—. ¿Te parece si pasas la noche en mi casa en vez de la que rentaste? Podemos comprar un vino y celebrar que viniste a verme desde tan lejos.

    Su propuesta me gustó, así que fuimos a la vinatería y compramos un buen vino, no tan caro, pero tampoco tan corriente y nos fuimos a su casa.

    Cuando llegamos, Ashe me pidió que esperara, fue a la cocina, tomó dos copas y me tomó de la mano para llevarme a su cuarto.

    Puso unas cuantas toallas en el suelo y nos sentamos. Abrí el vino y nos serví un poco en cada copa, entregando una a ella.

    —¡Por tu visita! —me dijo.

    —¡Porque llegaste antes de que me fuera! —respondí chocando su copa.

    Ella se rio y bebimos. Tengo que decir que el vino no me gustaba nada, pero había oído que el vino español era bastante bueno y el que probé ese día sabía bastante bien. Continuamos sentados, platicando. De nosotros, de música, de muchas cosas. No sabía cuánto tiempo había pasado y no me importaba, me gustaba estar con ella. El vino bajó de forma lenta, casi no bebíamos, pues estábamos más ocupados platicando, pero podía notar que las mejillas de Ashe se estaban poniendo algo rojas y el alcohol me hacía sentir una ligereza en mi mente.

    Después de una anécdota escolar en la que ambos nos reímos con fuerza, nos quedamos callados. Me le quedé viendo, su piel, su cabello, su belleza…

    —Ashe —le dije después de unos minutos de silencio—. Quiero decirte algo, la razón por la que vine es porque tú…

    —Shhhh — me dijo ella colocando su dedo en mis labios—. No digas nada.

    Tomó mi copa y la puso en un lugar alejado, luego se inclinó y me besó. Sus labios sabían tan deliciosos como el vino que estábamos tomando. La tomé del rostro y le regresé el beso. Su lengua bailaba con la mía. Se puso a horcajadas sobre mí, colocó sus brazos en mi cuello y continuó besándome. Yo tomé su cintura y sentí como comenzaba a moverse encima de mí, sobre mi miembro que comenzaba a ponerse duro.

    Ashe se separó para verme, tener sus hermosos ojos tan cerca era una visión que jamás olvidaré.

    —No sabes cuánto tiempo he querido hacer esto —susurró y se mordió el labio con deseo.

    La besé de nuevo, besaba cada centímetro de su rostro, su cuello, su piel, su clavícula. Su respiración comenzó a acelerarse y el ritmo de sus caderas aumentaba de intensidad. Baje mi boca hasta el cordón que cerraba su camisa, pero ella me empujó para acostarme sobre las toallas. Ella me miró con ojos lujuriosos mientras tomaba el borde de mi playera y la levantaba poco a poco. Sentía el frío de sus dedos recorrer mi abdomen mientras subía mi ropa. Tomé mi playera y la ayudé a quitármela, ella me vio con una cara de puchero.

    —Yo quería hacerlo —me dijo y luego su expresión cambió lentamente por la de una sonrisa—. Te voy a enseñar cómo se hace.

    Ella tomó el cordón de su top y lo jaló lentamente, podía ver como el nudo se deshacía poco a poco. Cuando lo hizo, la blusa cayó ligeramente, revelando un poco más de sus senos. Ella tomó los bordes de ambos y los separó con lentitud. Sus pezones rosados me saludaron, erectos, duros. Por un momento me sorprendí el hecho de que Ashe no trajera sostén, pero me distraje por otra cosa.

    —Este tatuaje es nuevo —dije poniendo mi mano en su costado izquierdo donde ahora había el tatuaje de dos pequeñas olas debajo de una frase: JUST BREATHE.

    —Ya estaba ahí —dijo tomando mi mano de su costado y comenzado a subirla por su cuerpo—. Sólo que no habías tenido la oportunidad de verlo.

    Me hizo tocar uno de sus pechos, pero no se detuvo y se llevó mi mano a su rostro y comenzó a chuparlo lentamente. Mientras continuaba haciéndolo, Ashe no me quitó los ojos de encima. La excitación que sentía no tenía comparación, podía sentir mi miembro duro siendo presionado por su cuerpo y de seguro ella también podía sentir lo duro que estaba en su entrepierna. Tomé el rostro de Ashe y lo atraje hacia mí para besarla. Ella no se resistió. Comenzó a moverse de nuevo sobre mí, seguramente estimulándose con la tela de mi pantalón y el bulto que tenía debajo. Se sentía tan bien tenerla encima de mí, moviéndose de esa forma. Me besó el cuello, bajando lentamente para besar mi pecho, mi abdomen, llegando finalmente a mi pantalón.

    Utilizando los dientes, tomó mi cinturón y lo desabrochó, verla haciéndolo me puso al 100, sus ojos se veían tan inocentes, pero su expresión de deseo me volvía loco. Desabrochó mi pantalón y tomó mi ropa interior para quitármela. Mi miembro salió al aire, finalmente libre de su encierro. Ashe tomó el resto de mi pantalón con una sonrisa, lo tiraba con violencia para quitarlo por completo. Luego se acostó sobre mis piernas, dejando su rostro cerca de mi pene.

    —¿Sabes? —me dijo tomándolo con una mano y dándole unos cuantos besos bastante cariñosos—. Me alegra mucho que hayas venido a visitarme.

    —A mí también —le contesté.

    —Quería estar así contigo desde hace mucho tiempo —me dijo continuando besando mi miembro y lamiéndolo un poco.

    No contesté, tan sólo acaricié su rostro, ella me besó la palma de la mano y luego colocó la punta de sus labios sobre mi glande. Solté un gemido al sentir la humedad de su boca mientras ella bajaba por todo mi tronco. Ella se recreaba con lentitud, mandando descargas por todo mi cuerpo. Quería que aumentara la velocidad, pero las palabras salían de mi boca, tan sólo gemidos y gruñidos de placer. Ella me miraba, con esos ojos azules y finalmente entendí porque a los hombres les gustaba las mujeres con ojos claros. Verla comiéndose mi verga mientras me miraba a los ojos… Dios. Ashe se sacó mi verga de la boca y levantó el cuerpo para deleitarme de nuevo con la visión de sus hermosos pechos. No eran demasiado grandes, pero para mí eran espectaculares, redonditos y bien formados.

    Ashe tomó una goma y comenzó a amarrarse el cabello en una cola de caballo.

    —Vamos a ponernos serios —me dijo intentando poner una expresión de seriedad mientras se amarraba el cabello.

    Me reí ante su comentario y ella me sonrió. Cuando terminó, volvió a inclinarse sobre mí y volvió a comerse mi falo. Ahora aumentó la velocidad, tal como había deseado. Cerré los ojos y deje que siguiera a lo suyo. El gusto que me estaba dando era incomparable, de vez en cuando apretaba los labios en mi glande antes de sacarse mi verga de la boca y luego continuar, luego se la metía hasta el fondo, dejándola ahí unos cuantos segundos antes de continuar mamándomela.

    —Ashe… Ashe… —dije entrecortado sintiendo el orgasmo llegar.

    Ella no se detuvo, pude sentir mi pene palpitar antes de correrme. Ella lo recibió con gusto. El orgasmo fue intenso, solté un fuerte gemido mientras mis huevos se vaciaban. Ashe se quedó ahí un momento, antes de separarse y sonreírme.

    —Igual de rico que el vino —dijo con una sonrisa y tomando mi pene con una mano.

    Volví a reírme por su comentario. Mi miembro seguía duro, estaba tan excitado que no se había bajado ni un ápice.

    Ashe se quitó de mis piernas, tomó el vino cerca de ella y le dio un trago, luego me miró con una sonrisa, se mordió el labio y me llamó con el dedo índice. Me acerque a ella para besarla ella colocó la copa en mis labios y me dio a beber, ya estaba algo caliente, pero no me importó. Después de beber, besé a Ashe, sin importarme nada. Aún tenía el sabor frutal del vino, pero ahora sabía un poco amargo. Mientras nos besábamos, tomé la copa de sus manos, la volví a colocar en el suelo y empujé a Ashe.

    Ella se acostó sobre las toallas y me miró mordiéndose el labio. Tome sus pechos entre mis manos y comencé a masajearlos y apretarlos.

    —¿Por qué no les muestras algo de afecto? —me dijo ella.

    Agaché mi cabeza y comencé a lamer sus duros pezones. Un gemido salió de su garganta, tan bello, tan excitante. Besaba el contorno de sus pechos, el espacio entre ellos, mordía sus pezones, los lamía con deseo. Mientras mi boca trabajaba, mis manos recorrían su cuerpo, acariciando cada parte de ella, bajaban hasta sus piernas y luego subían de nuevo a sus pechos. Ashe se movía debajo de mí, disfrutando mis caricias.

    Volví a bajar, besando su abdomen, tomé un pequeño desvió hacia el nuevo tatuaje que no había visto.

    —Es un muy bonito tatuaje —le dije besándolo.

    —¿Te gusta más que el otro? —me dijo tomando su pecho con la mano izquierda para dejarme ver el tatuaje del sauce llorón.

    Negué con la cabeza y continúe bajando. Ashe tenía las piernas cruzadas, como queriendo evitar que llegara a su entrepierna, sin mucho problema las tomé y las abrí. Había una enorme mancha sobre la tela de su short, lo cual me sorprendió. Alce la mirada para verla, ella se mordió la uña del pulgar.

    —Ups —dijo con una sonrisa—. Creo que llevo así un rato.

    Sonreí y lamí la tela, sabía un poco dulce debido a ella. Ella se retorció ligeramente. Desabroche su short y lo baje casi igual que ella lo había hecho conmigo, sus bragas negras estaban empapadas, sin quitárselas las hice a un lado y me acerqué a su cuevita.

    Mi lengua recorrió su vulva y ella gimió. Queriendo torturarla un poco más, me separé y comencé a besar sus muslos. Ella comenzó a masajearse los pechos mientras me miraba. Junte sus piernas y las alce para quitarle las bragas, en esa posición podía ver su coño apretado, empuje sus piernas hacia atrás, haciendo que sus rodillas tocaran su pecho y comencé a comerle el coño. Ella comenzó a gemir, agarró sus piernas para mantenerlas en esa posición. Mi lengua atacaba sin piedad su vagina, lamiendo de arriba abajo, de un lado a otro, haciendo círculos. Ashe tan sólo podía gemir. La posición pareció cansarle, pues soltó sus piernas y las colocó sobre mis hombros, alcé ligeramente su cadera y continué con lo mio.

    —Así, Ro, así. Me encanta, no pares —me infundía ánimos.

    Metí mi lengua en ella, saboreando sus fluidos con un sabor dulce. Moví mi cabeza de arriba abajo para que pudiera recorrer más de su interior.

    —¡AH, AH, AH! —gritaba ella mientras su cuerpo se agitaba debajo de mí. Sentir su cuerpo moverse así me hacía poner más empeño. Quería hacerla correrse de la misma forma que ella lo había hecho conmigo.

    —¡Ah, dios! Que bien lo haces, valió la pena esperarte —dijo poniendo su mano sobre mí cabeza y jugando con mi pelo—. No pares, que me corro.

    Mi lengua exploraba sus entrañas con deseo. Junte mis labios a su entrada y gruñí para hacerlos vibrar.

    —¡Oh dios! Sí, sí, sí. ¡Ah!

    Alce la mirada para ver como Ashe ponía los ojos en blanco y abría la boca. Su cuerpo se retorció violentamente y después ella soltó un fuerte grito, producto de su orgasmo. Sus fluidos salieron en una descarga y bebí de su dulce néctar. Cuando su cuerpo terminó de moverse, ella se desplomó en el suelo, intentando recuperar el aliento.

    —Eso fue… —dijo ella entre respiraciones.

    Acerqué mi rostro al suyo y la besé mientras restregaba mi pene en su entrada aún muy mojada.

    —Espero que los vecinos no piensen que te estoy matando o algo.

    Ella tomó mi rostro y rio. Un ligero gemido salió de su boca y bajó la mirada donde yo seguía restregando mi miembro en ella.

    —Me va a matar sigas con eso y no me folles —me dijo con dificultad.

    —¿Tienes alguna prisa? —le dije torturándola un poco más—. Tenemos toda la noche.

    Ella alzó la mirada para verme a los ojos. Su expresión me estaba matando.

    —Quiero… ay que rico —me dijo perdiendo el hilo de lo que iba a decir—. Quiero sentirte dentro, llevo esperando esto mucho tiempo, fóllame por favor, hazme tuya. Ya no aguanto más.

    Sus súplicas pudieron conmigo. La penetré con lentitud, ella abrió la boca mientras mi verga se perdía centímetro a centímetro en su interior. Resbalaba tan fácil, estaba tan mojada, el calor en su interior me hacía perder la cabeza.

    —Dámelo, dámelo —decía entre gemidos.

    Llegué hasta el fondo, comencé a follarla con deseo, la besaba mientras mi verga entraba y salía de ella. Sus gemidos se combinaban con los míos. Chupaba sus pezones, luego besaba su cuello y luego sus labios. Ella arañaba mi espalda con deseo y utilizaba sus piernas para atraer mi cuerpo al suyo. Sus gemidos eran como música para mis oídos. Sonaban fuertes, claros, llenos de placer.

    Sentía el sudor recorrer mi piel y la suya, al lamer su piel podía saborear el dulce sabor de ella con la sal de su sudor. Ella mordía mi hombro mientras continuaba dándole con celeridad y dureza.

    —¡Sí, sí, sí! Dame duro, que rico lo haces. Soy tuya, toda tuya —me susurraba en el oído.

    Comencé a sentirme cansado y fui deteniendo mis movimientos. Ella tomó mi rostro y me besó.

    —Quiero montar esa verga que tienes, me encanta —me dijo entre besos.

    Sin dejar de besarla, la jalé hacia mí para acostarme en el suelo. La cola de caballo se había deshecho, así que ella tomó la goma y la lanzó lejos. Una vez en posición, ella se apoyó en mi pecho y comenzó a cabalgar sobre mí.

    Mirarla sobre mí, era como ver a una diosa. Su cuerpo se movía sobre mí con habilidad y deseo. Tomó mis manos para llevarlos a sus pechos y dejarme apretarlos mientras continuaba subiendo y bajando sobre mi falo.

    —Que hermoso cuerpo tienes, Ashe —le decía mientras llevaba mis manos a su trasero para darle un par de nalgadas y apretar sus nalgas—. Soy un tipo con suerte.

    —Sí, que lo eres —dijo ella cerrando los ojos y mordiéndose los labios—. Vaya que sí.

    Comenzó a masturbarse con una mano mientras la otra buscaba la mía para entrelazar nuestros dedos. Llegó un momento en que Ashe dejó de montarme y comenzó a mover su cadera. Sus gemidos aumentaron de nivel, soltó mi mano y se pellizcó el pezón mientras su otra mano continuaba atacando su clítoris. Un segundo grito inundó el lugar, casi rompiéndome los tímpanos.

    Su orgasmo pareció durar un poco más que el anterior. Luego abrió los ojos, se inclinó y me besó.

    —¿Aún no te has corrido? —me susurró.

    Negué con la cabeza.

    —Déjame arreglarlo.

    Ashe se levantó y se dirigió a una silla con ruedas que tenía en la habitación, se inclinó ligeramente y colocó sus manos sobre el respaldo, dejando su culo abierto para mí.

    —No me hagas esperar.

    Me levanté y me dirigí a ella. Acaricié su trasero, estaba un poco rojo debido a mis manos y las nalgadas que le di, el sudor recorriendo su piel me ponía tan caliente que no lo dude más y metí mi falo de nuevo en ella. Ahora comencé a darle duro, sin perder el tiempo. Ella giró su cabeza para mirarme mientras la penetraba. Su trasero se agitaba cada vez que golpeaba mi pelvis, ella gemía con cada penetración. Sentía que el orgasmo estaba a punto de llegar. Aceleré el ritmo de mis penetraciones, ella gimió alto con cada una, tan sólo falta un poco más y…

    Le di una embestida tan fuerte que la silla se hizo para adelante, haciéndola casi caer. Logre sujetarla a tiempo. Ambos nos miramos y nos reímos. Ella se volteó me besó mientras tomaba mi miembro entre sus manos, masturbándome con velocidad.

    —Quiero que corras dentro de mí —me dijo—. Quiero sentir tu leche en mi interior.

    Llevado por el deseo, la abrace de la cintura y la alce para ponerla sobre la cama, ella me miró de forma lujuriosa y abrió sus piernas para mí. Así de pie, la tome de la cintura y volví a meter mi verga en ella.

    Junte nuestras frentes para poder ver en primera fila cada una de sus expresiones. Sus ojos clavados en mí, su boca abierta, gimiendo. Mi miembro entraba y salía de forma violenta, casi queriendo compensar la corrida que acababa de perder.

    —Sí, sí —gemía Ashe—. Dame, no te guardes nada.

    Sentí de nuevo el orgasmo llegar. No me detuve, continué penetrándola mientras me corría con un fuerte gemido.

    —¡AH! —gruñí de placer

    El orgasmo fue maravilloso, sentí como la llenaba por completo. Ashe volvió a gritar y clavó sus uñas en mi espalda.

    Mi orgasmo fue remitiendo, mis penetraciones bajaron su ritmo. Ashe me abrazaba, siguiendo mi ritmo descendiente. Cuando me detuve la mire a los ojos y sonreí, ella hizo lo mismo.

    —Qué bueno que vinieras a visitarme —me dijo.

    —La mejor decisión de mi vida.

    Nos volvimos a besar, ella me jaló para acostarnos en la cama. Continuamos así varios minutos, acariciando nuestros cuerpos sudorosos, queriendo otra ronda, pero no encontrando fuerzas para ella.

    Poco a poco perdimos la conciencia, abrazados. Aun cuando el sol comenzaba a salir en el horizonte, continuamos dormidos.

    Finalmente, después de tanto tiempo, estaba con Ashe.

    Y aún teníamos una semana y media para disfrutar.

  • El morbo hace que garchemos más rico

    El morbo hace que garchemos más rico

    Hola, les voy a contar la fantasía que tenemos con mi novia, pero primero algo de nosotros. Somos una pareja joven de 26 años, hace varios años que estamos juntos. Somos lindos atléticos y muy sexuales, en la cama probamos siempre cosas nuevas diferentes posiciones, juguetes, hablar sucio todo los que nos lleve a un mejor clímax.

    La fantasía empezó en la cama por supuesto, dónde le pregunté a Estefi, ese es el nombre de mi novia, si le gustaría que alguien la cogiera junto a mí. En ese momento yo la estaba masturbando y sentí como se mojó por la pregunta, y me dijo jadeante que si, que le encantaría tener otra verga para chuparla mientras yo la penetrara. Eso me puso el pene súper duro asique no soporte más y la penetre. Cogimos un rato yo arriba bombeándola fuertemente mientras ella gritaba de placer, se apretaba las tetas, me jalaba el pelo, yo estaba en un nivel de excitación increíble asique decidí ponerla en cuatro patas.

    Mientras se la metía hasta el fondo y ella gemía le pregunté si se la habían cogido así, la muy zorra me contesto que si, que de esa manera le habían dejado la concha llena de leche, ante esa confesión no soporte más la excitación y acabe dentro de ella justo al mismo tiempo que Estefi conseguía su orgasmo.

    Pasando los días seguía recordando esas confesiones y me seguía calentado, asique se me ocurrió decirle a mi novia algo que me rondaba la cabeza. Yo quería que le mandara un mensaje a su ex amante. Yo lo conocía por fotos era un chico lindo y según me contó Estefi tenía una verga linda y gruesa.

    Cuando conté la idea, en un primer momento me dijo que estaba loco, pero no fue difícil convencerla de que sería algo existente.

    Al pasar un par de días mi pareja se animó y le mando un mensaje, la charla comenzó trivialmente de como andaban de como era su vida etc. Pero rápidamente Estefi aumento la temperatura de la charla y le pregunto si recordaba como cogían, rápidamente el contesto que si que le encantaba como mi novia saltaba en su verga y como lo hacía acabar.

    Cuando yo leía los mensajes tenía la verga a tope asique mi novia aprovecha y me masturbaba. Cristian el chico en cuestión le pregunto cuál era la vez que más se había calentado con él. Ella empezó a contar la anécdota de cuando estaban en un boliche bailando y de la calentura se lo llevó al baño y lo cogió ahí. Yo no podía creer lo que leía, lo morbosa que es mi pareja, eso me puso a mil y cogíamos mientras leía sus experiencias.

    Después de un rato se charla Cristian pregunto si nosotros nos habíamos separado o algo, por el mensaje tan inesperado, mi novia puso obviamente que no, que estábamos juntos, mejor que nunca pero que queríamos probar cosas nuevas como un trío.

    Ustedes qué dicen aceptará Cristian?

  • Trío con mi cuñada

    Trío con mi cuñada

    Luego que le inauguré el culo, pasaron como 3 semanas antes que mi cuñada me volviera a hablar. Seguía dándole clases a mi sobrina y disfrutando su coñito y su culito veinteañero, pero igual seguía pensando en el culito estrecho de mi cuñada. Pero suponía que ella se había dado el gusto y prefería no insistirle e incomodarla.

    Como a las tres semanas de nuestra mañana de domingo, me volvió a hablar en casa y me dijo directamente que el siguiente domingo, mientras mi hermano iba a jugar futbol, quería coger conmigo. Acepté pues le tenía muchas ganas a su culo, el primer y único culo que he podido inaugurar en mi vida. Me he cogido muchos, pues siempre les he pagado a las putas por el servicio “especial”, pero el único culo virgen que he comido ha sido el de mi cuñada, la esposa de mi hermano mayor.

    Desde ese segundo domingo se nos hizo rutina encontrarnos en el hostal. Los domingos por la mañana de 9 am a 11 am y los miércoles de 7 pm a 11 pm, mientras mi hermano se iba a jugar futbol con sus amigos. Los miércoles nuestras noches eran largas pues tras el futbol mi hermano siempre terminaba tomando unas cervezas y volvía a la casa hacia la media noche. Los domingos sólo un par de horas pues mi cuñada y mi hermano iban a misa de medio día y mi cuñada tenía que esperarlo en casa.

    Habremos estado 2 meses con esa rutina. El sexo era delicioso con ella, se me entregaba completamente y pude poner en práctica todas mis fantasías. Supongo alguna vez contaré lo que hacíamos, pero hoy domingo recordé el primer trío que hice en mi vida.

    Entre las muchas cosas que hablábamos mientras cogíamos, el trío siempre venía en las palabras calientes que intercambiábamos. Un miércoles mi cuñada me dijo que estaba dispuesta a hacerlo si yo conocía a alguien. Le dije que sí y ella aceptó.

    En realidad, no conocía a nadie dispuesto. O al menos a nadie con quien hubiera conversado sobre el tema. Pensando todo el jueves y parte del viernes, se me ocurrió comentárselo a un amigo con el que siempre iba al burdel. Supuse él querría. Y, no me equivoqué. Aceptó de inmediato.

    El domingo cuando llegué con mi cuñada al hotel él ya estaba allí. Se conocían de vista pues como amigo mío había ido algunas veces a la casa. Supongo eso ayudo a que todo fluyera rápido.

    Entramos a la habitación y le “ordené” a mi cuñada “arrodíllate y chupa nuestras vergas”. Ella aceptó. Como el piso de la habitación tenía alfombra, era cómodo y sin desvestirse se arrodilló. Nosotros nos desabrochamos los pantalones y sacamos nuestras vergas aún fláccidas. Como he comentado, la mía es mediana, nada fuera de lo común, la de mi amigo sí que era grande. Incluso fláccida, mayor que la mía.

    Mi cuñada empezó a chupar ambas, una y otra y cuando se pusieron ambas tiesas, la de mi amigo era unos 5 o 6 cm mayor que la mía, definitivamente enorme. Terminamos de desvestirnos. Él se acostó en la cama. Mi cuñada empezó a chupársela en perrito y yo me puse detrás de ella. Le fui sacando los zapatos, el jean, el calzón, la blusa y el brasiere. Ella concentrada en la verga de mi amigo, yo desnudándola, buscando interrumpirla lo menos posible.

    Cuando estuvo completamente desnuda, siguió chupándosela en perrito, el glande, el largo pene, las bolas, y yo detrás de ella le lamía el culo y el coño. El coño súper húmedo ya, el culo palpitando. Unos instantes después, mi amigo le dijo “sube” y ella se montó sobre él. Su enorme verga la hizo llegar en un par de minutos a lo sumo, en una sola posición.

    Se levantó y se fue a orinar al baño. Al volver le dije “cuñadita ahora te comes las dos”, ella sólo se sonrío y sin más palabras se colocó sobre mi amigo, con sus manos se introdujo la verga en su vagina y se inclinó sobre él, dejándome disponible su gran culo de cuarentona. Me subí a la cama, ensalivé su culo con mis dedos y sin más le introduje mi verga en su ano. Ella dio un gritito y pronto estaba en medio de dos hombres que la poseían doblemente.

    Comenzó a gemir y gritar. Balbuceaba incoherencias. Yo le decía “que puta eres Lucía, lo haces cornudo a mi hermano, lo haces cornudo con dos hombres a la vez”. Ella se calentaba mientras más la insultaba y tuvo un orgasmo tras otro, con ambas vergas dentro. Yo me vine en el segundo, pero mi amigo seguía firme y duro.

    Cuando le dejé el culo libre, mi amigo la empujó, literalmente la tiró sobre la cama, sin mediar palabras la acomodó como perra y le metió su enorme verga al culo, ella gemía, gritaba, maldecía, simplemente estaba loca, hasta que volvió a llegar y mi amigo con ella. El semen de ambos comenzó a gotear desde su culo y caer sobre la cama, fue una imagen hipnotizante. Ella deshecha se acostó sobre el semen que caía y se quedó ligeramente dormida. Mi amigo y yo jadeábamos agotados gracias a mi cuñada cuarentona, que hasta un par de meses atrás sólo había conocido un único hombre y tenía el culo aún virgen.

  • El culo de Karla

    El culo de Karla

    Mi nombre es Alex, tengo 46 años, soy de la Ciudad de México y les voy a contar mi historia personal sobre cómo se me hizo abrir un culo virgen de una hermosa joven, para dar un poco de contexto, Karla es la hija de mi mejor amigo y compadre Jorge, yo y mi compadre nos conocíamos de hace ya varios años porque éramos compañeros de trabajo, desde ese entonces nos frecuentábamos constantemente en visitas, fiestas, reuniones, pero así como es la vida también nos dejamos de ver por un largo tiempo, nos reencontramos hace 2 años cuando tiene lugar esta historia, ya para ese tiempo yo me había separado de mi mujer y andaba soltero.

    Mis compadres seguían juntos, tenían un hijo por el cual era su compadre y a Karla que en ese entonces tenía 18 años, Karla era una niña de casa, seria, modosita, tal vez porque mi compadre era muy celoso con ella, no le permitía salir de la casa sola, ni tener novio, físicamente era de tez blanca, bonita cara, cabello largo castaño, de 1.70 m, tenía unas chiches grandes que siempre resaltaban su figura, tenía un culo normal nada que parara el tráfico, pero desde que la volví a ver, su culo se convirtió en mi mayor y obscuro deseo.

    Un día mi compadre me habló por teléfono para invitarme a una de sus fiestas, ese día un sábado, llegue como a eso de las 3 de la tarde a casa de mi compadre, nos saludamos efusivamente y luego salude a mi comadre y ahijado, ahí estaba Karla vestida con una falda larga delgada, de esas que están un poco ajustadas de la cintura, tenía un suéter blanco que le daba un toque de niña buena, ese día apenas y me saludo, estando en la fiesta no podía parar de estarle viendo su culo, se me antojaba mucho, en una de esas me cacho que le estaba morboseando el culo, entonces me dirigió una mirada como de extrañeza e intriga, me hice el disimulado y no paso de ahí, después de unas horas decidí irme, me despedí de todos, solo ella no me contesto.

    Pasaron unos días y estando en el mercado sobre ruedas de la colonia, la vi a ella de espaldas comprando en un puesto, traía puesto unos jean negros ajustados, se le veía bien apretadito su culito en eso estaba morboseando su apretado culo, cuando volteo de repente se me quedo viendo fijamente, sabía que le estaba viendo el culo, en esa ocasión me acerque a ella y la saludé, se tardó en contestarme el saludo, le dije que si le ayudaba con su bolsa, asintió con la cabeza, caminamos hacia su casa y pues no me salía la plática, realmente soy muy malo cuando se requiere establecer una conversación con una persona nueva, le preguntaba cosas sin importancia y ella me contestaba con respuestas cortas, llegamos a la puerta de su casa y ahí estaba mi comadre esperándola, me dio las gracias por ayudar a Karla con la bolsa, ella se pasó a su casa.

    Yo me quede platicando con mi comadre, me comento que solo dejaba salir de vez en cuando a Karla cuando no estaba mi compadre, ya que él era muy estricto con ella, seguimos platicando de otras cosas y me despedí de ella.

    Así pasaron 5 meses entre que yo le veía el culo, insistiéndole que me quería comer su culo y ella me desafiaba con su mirada y las pocas palabras que me dirigió en ese tiempo, Me di cuenta que no iba a lograr nada, mi forma de ser, el carácter de Karla de niña buena y sería más la imposibilidad de verla constantemente y ya no mencionar que era la hija de mi compadre y mejor amigo, decidí dejar de insistirle a ella con la mirada y pues trataría de buscar otra cola, así que cuando la veía en cualquier parte ya me hacia el disimulado y ya no le veía su hermosa cola.

    Así se pasó un mes y un día iba caminando por la calle la vi que caminaba hacia mi misma dirección y calcule que nos encontraríamos en la esquina, ella también se dio cuenta y acelero el paso de tal manera que se pasó adelante de mí, estaba usando otra vez su jeans negro ajustado, le estaba viendo como su cola comía calzón, cuando vi que empezó a mover sus nalgas, sentí que el corazón se me aceleraba y un vacío en el estómago, Karla la niña seria y recatada me estaba moviendo las nalgas, acelere el paso y la saludé y le pregunte de donde venía, ella me comento que venía de la casa de una amiga, aprovechando le dije que si tenía novio, me vio fijamente y me dijo «usted sabe que mi papa casi no me deja salir y mucho menos me deja tener novio», se me salió decirle que se veía muy bonita, obvio que se lo decía en doble sentido por la vista de su hermoso culo, ella me contesto que gracias, llegamos a su casa abrió su puerta y se metió, en ese movimiento le volví a ver su cola y nos quedamos viendo y me dijo hasta luego, obvio que en ese intercambio de miradas le dije algo como que me gustaba mucho su cola, yo creo que ella ya lo confirmo con su mirada.

    Esa noche me quede pensando que si me había movido la cola era por algo, además de que ahora habíamos hablado más que en los meses anteriores, sabía que algo había cambiado, no sé si debido a que era conocido de la familia y la confianza que me tenía su papa , yo era la única opción de verga que tenía, al siguiente día me hablo mi comadre y me invito al cumpleaños de mi ahijado, me comento que sería solo algo familiar, le dije automáticamente que sí y al mismo tiempo decidí que iría por el culo virgen de Karla sin importar lo que pasara y si así era enfrentaría las consecuencias.

    Ese sábado llegue temprano con el pretexto de ayudarles con los preparativos más bien era una excusa para estar cerca de Karla todo lo posible, llegue salude a mi comadre y cuando vi a Karla se me cayeron los huevos, aprovechando la ausencia de su padre que tuvo que trabajar ese fin de semana, su mama le había permitido usar un short blanco muy lindo, se le veían la forma del calzoncito bien rico y la punta de su calzón era engullido por su ano o sea como dicen comúnmente estaba comiendo calzón, a completaba su atuendo una blusita verde muy bonita donde destacaban sus chiches ricas, también se había maquillado los ojos y boca, se veía hermosísima la nena, me daban ganas de bajarle su short y calzón y cogerme su culo ahí mismo, la saludé y ella también me saludo además de una sonrisa que había estado ausente en sus saludos anteriores.

    Les empecé a ayudar con las mesas y sillas, pero no me podía concentrar por el culo de Karla, lo miraba lo más que podía pero con discreción ya que la mayoría de la gente ahí reunida era su familia, obvio que ella ya sabía que le estaba viendo el culo y que me tenía completamente dominado, ya entrada la tarde noche Karla empezó a recoger los trastes de las mesas y los llevaba a un lavadero que tenían al fondo del patio, que desde donde se había puesto la carpa para la fiesta no se veía por los carros, muebles y cacharas que tenía su padre en esa parte del patio, un lugar escondido de las miradas de los demás, yo estaba sentado observándola cuando recogió unos trastes paso a un lado mío y mientras pasaba movió sus nalgas bien rico esta vez después de eso volteo hacia donde estaba.

    Prácticamente quede impactado, el corazón se me quería salir del pecho, acaso la niña guapa y seria me estaba invitando con sus nalgas a que la siguiera hacia el lavadero oculto y ahí que seguía, ¿coger?, sabía que su mama había salido a comprar refrescos y no estaba en ese momento, la mayoría de los invitados estaban divirtiéndose entre ellos, así que como dicen la mesa estaba servida, algo me dejo bloqueado y no supe que hacer, por una parte si ella no me rechazaba me arriesgaba a perder la amistad de mi mejor amigo y por otra parte si ella aflojaba y nos cachaban se iba a armar un escándalo e igual perdería la amistad de la familia, así que me quede hundido en mi silla, pasaron 20 minutos hasta que llego su mama y otros 10 minutos más hasta que Karla regreso a la reunión, 30 minutos en los que podría haber pasado todo lo que siempre soñé desde tocar ese hermoso culo hasta cogerlo, así que decepcionado deje pasar una hora y me despedí, me retire de ahí derrotado por mí mismo.

    En la noche pensé en todo lo que pudo haber pasado, esto no me dejo dormir bien, Al siguiente día sabía que su papa no estaba por trabajo y que su mama comúnmente salía con su hijo a ver a su familia, así que decidí jugármela todo por el todo sin importar las consecuencias, así que me puse un pants deportivo y camine hacia la casa de Karla, en eso se me ocurrió pasar a una farmacia para comprar una vaselina si iba por todo no podía fallar en algo así, me sentía abrumado por esta situación, llegue y toque la puerta y nadie abrió, toque una segunda vez y nada, ya me estaba retirando cuando me hablo Karla.

    Me invito a pasar y le pregunte por su mama, me dijo que regresaría a las 3 de la tarde, entonces me quede callado, se me ocurrió preguntarle que estaba haciendo, me dijo que estaba preparándose algo de desayunar por eso había tardado en abrir, otra vez no sabía que decir, a lo que ella me dijo que si no gustaba algo, le dije con voz entrecortada que sí, mientras caminábamos a la cocina le vi su culo, traía puesto un pants gris, le podía ver la rajita de su cola bien rica, me senté en un banco y ella estaba cortando verduras en una mesa, y ahí estaba a 2 metros del culo virgen y apretado de la mujer que me traía loco, estaba debatiendo como le iba a hacer si se lo pedía el culo con una pregunta directa o solo me acercaba y le empezaba a acariciar sus nalgas, estaba en eso cuando la lujuria e instinto se apodero de mí, ahí estaba el culo que quería coger, estábamos solos y teníamos tiempo, así que me levante del banco y camine hacia ella.

    Karla se dio cuenta y volteo para ver qué pasaba, demasiado tarde ya tenía mi verga acomodándose entre sus nalgas al mismo tiempo metí mis manos en su playera agarrando sus chichotas, ambas cabezas sentía que me iban a explotar, no podía creer que por fin estaba sucediendo, ella se quedó quieta aceptando mis caricias con su silencio, solo escuchaba leves gemidos de su boca, me restregaba con fuerza en su culo y le agarraba con fuerza sus ricas chiches, así que me separe un poco, agarre el resorte de su pants y se lo comencé a bajar, entonces vi unas nalgas blancas con un calzoncito azul, de inmediato seguí a bajar su calzón.

    Fue una visión extraordinaria por fin tenía el culo de Karla en mis manos, sus nalgas eran en forma de V, respingadas y alargadas eso si suavecitas y con piel de porcelana, divididas por una sabrosa raya que las dividía, por fin tenía el culo que prácticamente un mes atrás era imposible, sus nalgas pagaron caro la calentura que sentía, las apachurre como si fueran esponjas una y otra vez, las acaricie completamente sin dejar un centímetro sin recorrer, las lamí de arriba a abajo, las pellizque, casi media hora, entonces decidí conocer el hoyito que se ocultaba entre sus nalgas, así que las abrí todo lo que pude y ahí estaba un ano rico, de color café claro, con sus respectivos pelos.

    A todo esto Karla todo me dejaba hacer sin decirme nada, para mí eso quería decir que estaba de acuerdo, me estaba dejando explorar su rico culo que ella sabía era lo que más quería desde el primer día que la vi, aunque su cara estaba roja era el primer hombre que le veía su ano, su lugar más íntimo y escondido de su cuerpo, metí mi nariz entre sus nalgas y aspire su aroma de hembrita caliente, ella estaba como en shock por todo lo que le estaba haciendo a su culo y lo que faltaba.

    Abrí sus nalgas con mis 2 manos y le empezó a meter mi lengua en su ano, le empezó a meter y sacar mi lengua en su ano, lo combinaba con movimientos circulares de mi lengua en su ano, ella gemía bien rico por la chupada de culo que le estaba dando, me tome una pausa y le vi su cara estaba roja y con la boca entre abierta, creo que estaba impactada por todas las cosas que se podían hacer con su culo, estuve comiendo su culo por unos 15 minutos y después como debe ser le pedí su culo, le dije a Karla que si podía meter mi verga en su culo para poder llenárselo de lechita caliente.

    Ella no me contesto solo asintió con su cabeza, estaba como loco por fin después de varios meses iba a poder cogerme ese culo rico que tanto quería, le quite su pants y su calzoncito azul, le dije que su calzón me lo iba a quedar de recuerdo por ser el primer hombre que se los bajo, me dijo que sí, yo también me baje el pants y mi verga bien parada y curveada hacia arriba con mi cabeza bien hinchada, cuando la vio Karla su cara fue genial creo que no había visto una verga en su vida aparte por la forma que la tenía curveada hacia arriba con la cabeza bien hinchada, para tranquilizarla le dije que estaba así por su culito dicho sea de paso era la verdad, nos encaminamos a su cama, la abrase por atrás de la cintura, me encantaba ver como aplaudían sus nalgas al caminar ahora ya no la veía como la hija de mi mejor amigo y compadre sino como una hermosa hembra.

    Saque de mi chamarra la vaselina que había comprado, le dije a Karla que se recostara boca abajo, le abrí sus nalgas y le empezó a meter un dedo con vaselina, hasta que ya entraba bien, le metí el segundo para dilatarle bien su ano, me puse vaselina en mi verga, le dije a Karla que se relajara, para que le entrara mi verga más rico, puse mi cabeza en la entrada de su ano y empecé a empujar despacio pero con fuerza, repetí una y otra vez esto, hasta que pude meter mi cabeza en su ano, ella solo se quejaba con un jadeo prologado, así seguí hasta que logre meter mi cabeza en su ano, dio unos pequeños gritos y así me quede mientras su ano se adaptaba a mi verga, luego de esto solo se la empuje poco a poco podía sentir como se iba abriendo su culo, sus pelos se incrustaban en mi glande con una sensación de incomodidad pero eso no me iba detener, seguí empujando hasta que se la metí por completo, me quede quieto y le dije a Karla que tenía un culo bien rico y apretado, entonces me empezó a mover en su culo en círculos, se la sacaba un poco y se la empujaba aplastando sus nalgas lo más que podía, así estuve unos 4 minutos y ya no resistí más, mi verga exploto dentro de su culo bañando su agujero de leche.

    Por fin le había bautizado su culo virgen a Karla lo cual fue mi objetivo desde que le empecé a morbosear su culo, nos quedamos así unos minutos más mientras mi verga se encogía y se salía sola, le ayude a limpiarse y le dije que ya me iba para que no existiera posibilidad de encontrarme con su mama. Me vestí rápido y me fije que no viniera nadie y me fui, al ir caminando no podía haber algo que me quitara la cara de satisfacción completa que tenía, Me había cogido el culo virgen de Karlita la mujer que más deseaba.

    Después de esa vez el siguiente domingo la volví a visitar, así estuvimos cogiendo cada vez que se podía por un año y cuatro meses, ya después tuvimos que dejarlo por las sospechas de su familia, después de eso al siguiente año ella conoció a un hombre y se fue a vivir con él, así fue la historia de cómo me cogí a la hija de mi compadre, de las pocas cosas buenas que me han pasado en la vida y la cual no cambiaría por ningún otro.

  • Primos en un verano caliente

    Primos en un verano caliente

    Por razones de la vida me separé de mi esposa y de un momento quedé sin nada y en la calle. Estuve un tiempo viviendo en moteles o el automóvil.

    De ahí que mi primo viendo mi situación me invita a vivir en su casa.

    Todo transcurría con normalidad él hacia su vida habitual y yo acostumbrándome a una nueva etapa.

    Para esto estábamos en uno de esos veranos que queman todo y solo contábamos con un simple ventilador. Así que llegaba la noche nos dábamos una ducha y cada cual a tratar de dormir.

    Así iban pasando los días y cada día más calurosos, un buen baño y recostarnos solo en slip.

    No sé si aparte del calor mis pensamientos hacían que me excite recordando el sexo matutino con mi ex.

    Así que tirado sobre la cama mi pene se ponía a mil y solo cerraba los ojos y fantaseaba y nada más.

    Y cuando mi primo salía a sus mandados era propicio para desnudarme y fantasear con algún video del celular. Y realizar una buena paja descargando unas buenas pronuncias cantidades de leche. Luego a limpiar y dormir más relajado.

    Así pasaron un par de meses, en el dormitorio se encontraban ambas camas separas entre si así que nos veíamos mutuamente. Pero la confianza era mutua y no insinuaba nada ante él.

    Como siempre él salió a realizar sus mandados así que quedé solo en la casa así que dispuse a darme una buena ducha y una buena paja para descargar la tensión.

    Me recosté, tomé mi celular comencé a ver algún video y a una paja despacio. Sin percatarme que parado viéndome se encontraba mi primo que había llegado antes de lo previsto.

    Lo miro asustado y paro mi faena a cual me dice que no hay problema que siga en lo mío y que me entendía que era una necesidad.

    Por lo que me calmé y comencé a masturbarme nuevamente dejando aún lado el celular, pero viendo al primo como me observaba.

    Y veo cómo se va despojando de su vestimenta y se recuesta desnudo en su cama.

    Y comienza a masturbarse.

    Ahí nos encontrábamos cada cual con su verga en la mano dándole una buena paja bien despacio para disfrutarla.

    Mi primo me dice que rico la estábamos pasando.

    Así estuvimos un buen tiempo, pero ya con la calentura cada cual estábamos por descargar nuestras leches.

    Me pregunta donde lo haría, le comento en mi estómago y él me corresponde diciendo que era rico de esa forma y si tardaría más.

    A lo que le contesto que ya lo haría, me responde “dale primo quiero verte gozar. Y quiero descargarme contigo también en mi estómago”.

    -Dale -le digo. Luego me responde si podía descargar mi leche sobre él que lo calentaría más.

    Le respondo que no hay problema eso me calentaría más así que me incorporo.

    Y comienzo a pajearme más rápido y cuando estoy por descargar lo realizo sobre él en su estómago y al sentir mi leche caliente cierra sus ojos y de su pija sale toda su leche mezclándose con la mía.

    Me mira se ríe “y primo estuvo rico”

    Y le devuelvo la sonrisa “si estuvo fabulosa”

    -Pero mira como quedaste todo embardunado de las leches.

    -Ay primo no hay problema sabes la leche es un buen alimento y hoy en día no hay que desperdiciar alimentos.

    Así que pasa sus dedos sobre su estómago repleto de nuestras leches y se la lleva hacia su boca y va comiendo nuestras corridas.

    Lo que me deja perplejo jamás esperaría algo así de su parte.

    Limpia todo se alimenta hasta de los últimos residuos.

    Luego se levanta para darse una buena ducha.

    -Y tú que harás, vente a lavarte esa pija.

    Así que se mete al baño, yo lo sigo y se comienza a duchar.

    Yo a un lado haciendo lo mismo.

    A lo que me pide si puedo ayudarlo a limpiarse.

    A enjabonar su espalda así que tomo la esponja y le restriego por toda su espalda.

    En un momento de descuido se zafa la esponja de mis manos.

    A lo que atina “déjala primo tus manos se sienten rico”.

    Así que sigo la rutina pasándola por su espalda.

    La calentura del momento nuestras pijas volvieron a estar a mil.

    -Uy primito que lindo se sienten tus manos y tu casi no te has lavado y tu pija estaba sucia.

    Por lo que estira su mano enjabonada y comienza a lavarla.

    Mas la toma y comienza a masturbarme rico. Eso me puso a mil. Y mis manos bajan hacia la suya y comienzo a realizar lo mismo. Ahí ambos en la ducha uno con la pija del otro.

    Mi primo me dice que mi pija se veía rico y no sabía si la estaba lavando bien.

    Y solo había una forma de saberlo así que se arrodilla y lame mis huevos y va subiendo despacio por la pija. Baja bien su prepucio dejando la cabeza roja la lame lentamente y luego se la mete en su boca. Que rico se sentía sentirla entre sus labios y comenzó a darme una deliciosa mamada.

    -Y primito te dije que no hay que tirar nada si.

    Comienza a pajearme más fuerte y a chuparla más fuerte. Con una mano apretaba mis huevos. Yo me encontraba en el paraíso el agua recorría mi cuerpo. Y mi primo me la estaba mamando tan rico. Lo miro a sus ojos gozando de la pija. Lo tomo de su cabellera y el comprende que estoy por descargarme. Así que acelera más y cuando mi pija está palpitando la salida de la leche, aprieta más sus labios y comienzo a descargar mi leche en su boca. A lo que traga toda de ella y una vez que termine solo atino a limpiarla bien con su lengua sin dejar rastro de nada.

    Luego la enjabona y exclama “y primito ya la tienes limpita y además estarás más tranqui descargándote de esa forma”.

    Nos limpiamos bien, nos secamos mutuamente, luego nos recostamos desnudos, pero esta vez en una sola cama continuidad…