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  • Probando suerte en el gloryhole (Partes 1 y 2)

    Probando suerte en el gloryhole (Partes 1 y 2)

    Hola a todos y gracias por sus mensajes, ya a más de uno he enviado mis videos insertándome cosas por mi ano, y hace ya una semana que probé suerte con el gloryhole así que decidí aumentar de nivel y probar cosas nuevas; esta vez algo más público y atrevido viendo y considerando la pandemia que vivimos actualmente, así que volví a planificar una vez más como llevaría a cabo el ser cogido por un extraño. Ahora fue en base a un video porno que vi hace tiempo sobre una chava sola y desnuda en un lago, leyendo un libro y escuchando música, la chica en cuestión estaba sobre su vientre y en la parte baja de la espalda decía «fuck me» («cógeme») con una flecha apuntando hacia sus nalgas, cuando de repente llega un vato y la empieza a penetrar hasta venirse en ella. Así que la idea era hacer lo mismo y que el resultado fuera lo esperado.

    Me preparé en la tarde, me puse como pude la palabra «cógeme» en la parte baja de la espalda como la chica en el video, como ya estaba depilado me fui así a un parque algo alejado, donde mas que nada abundaban los vagabundos, así que ya me estaba calentando el solo hecho de ser penetrado por un extraño, por lo que me preparé con unos condones y una manta para poder recostarme sobre los matorrales, coloque la manta y me dispuse a escuchar música, después de un rato me quite toda la ropa, absolutamente toda, como siempre llevaba mi aceite y me coloque un poco en la entrada de mi culo. Me empezaba a desesperar pues ahí estaba yo desnudo escuchando música, tenía miedo de ser descubierto por una mujer o un policía y meterme en problemas.

    Continué un tiempo mas por si algo sucedía cuando de repente escuche unas ramas romperse, note que alguien se acercaba, pude ver que era un sujeto algo joven, de unos 25 o 30 años; rápidamente me coloque hacia abajo, me puse un condón sobre la espalda, me coloque los audífonos y fingí estar escuchando música cuando en eso el chavo me da un golpecito con su pie en la pierna derecha, me voltee y le dije que era lo que pasaba, él se quedó viéndome las nalgas y me dice que si se podía, yo le dije que a que se refería; a lo que me dice: pues lo que dice tu espalda; le dije que sí, adelante, no hay problema. Entonces se quita los pantalones y se baja los boxers y siento que toma el condón, rompe la envoltura la cual veo caer a mi costado; era perfecto, el plan estaba funcionando, le tomo un poco de tiempo ponérselo, pero después empecé a sentir su mástil rosando mis nalgas, me daba golpes con su pito, me decía que hermosas nalgas tengo, era la primera vez que alguien me decía eso.

    Estuvo así un rato cuando de repente siento que me lo empieza a clavar, de poco a poco, aunque la verdad ya a estas alturas ya no sentía dolor sino placer, así que le dije que la metiera de golpe, no podía verla debido a la posición en la que me encontraba, me trajo recuerdos de cuando mi primo me cogía así. Y así lo hizo, de golpe me metió su vara, solo pude gemir de placer, el solo me decía que si me estaba gustando, asentí con la cabeza; estuvimos un rato así hasta que me dijo que se iba a venir, me dijo que donde quería que me los echara, le dije que me gustaba mucho el semen en mi boca; así que me dijo que me iba a avisar cuando fuera a hacerlo para darme tiempo de levantarme y saborear ese líquido al cual yo le había agarrado bastante cariño, pasaron unos minutos más cuando entonces me dice que ya estaba a punto, así que me levanto de volada, le quito el condón y empiezo a masturbarlo cuando noto que empieza a contraerse así que hice lo que nunca había hecho, que era ponerme el pene en la lengua y dejar que saliera el semen directo a ella; y así pasó, todo cayó sobre mi lengua, podía saborearlo e incluso se lo mostraba como morbo extra. Después de eso le dije que se fuera para evitar que nos vieran, el salió primero y yo me quede un rato mas aunque ya no tenía ganas de que alguien mas me penetrara, con eso tenía suficiente.

    Me quede un tiempo analizando lo que había hecho y el placer tan enorme que esto me daba, es extraño hasta donde me ha llevado mi calentura y sobre todo mi curiosidad, pero mas que nada el morbo que tienen sobre todo los hombres, sin embargo no hay nada de malo con tener de vez en cuando una verga dentro para experimentar ese placer. Una vez que me vestí me fui directo a casa a tomar un baño; y como siempre a dormir cómodamente.

    Parte 2:

    Después de relatar mi última anécdota este viernes pasado, decidí subir de nivel con mi calentura, así que planifique bien lo que iba a hacer desde muy temprano; contacte un sitio de google maps para dar con un sex shop de por mi localidad y pregunté si de casualidad tenían cabinas o baños que servían como gloryhole, si no saben lo que es un gloryhole, lo explico de inmediato: son unas cabinas parecidas a baños públicos o cubículos en los que hay un agujero por donde una persona introduce su pene y la otra persona hace desde felaciones hasta ser cogido por un extraño.

    Una vez que me respondieron que efectivamente tenían cabinas de este tipo, me dijeron que debía ser con cita debido a la pandemia pues no debía haber mucha gente, por lo que dispuse a apartar el día siguiente (lunes), esa noche me preparé debidamente, me afeite mis nalgas, me puse solo un poco de aceite, lleve condones pues uno nunca sabe, mi cita fue a las 11 am, llegue a la mera hora y pregunte al encargado por las cabinas, confirme que tenía cita, me paso a una de las cabinas, mi excitación estaba a mil, no sabía si retractarme o dejarlo para el próximo año, pero me dispuse, total ya estaba en el lugar. Ahí donde me encontraba colocar una película porno en la pantalla detrás mientras estaba yo sentado en una silla de esas de plástico sin decoración ni retoques, me empecé a calentar, saque mi pene y empecé a acariciarlo, de pronto note que alguien entro en la cabina de al lado, era un señor de unos 40 años alto, sin barba, poco cabello, cuerpo trabajado, me empecé a excitar, puse mi mano a través del agujero haciendo un ademan para invitarlo a meter su pedazo de carne por el agujero, sin darme cuenta esa cosa ya estaba frente a mi, no lo podía creer; tenía una verga larga y flácida sin vellos, de unos 20 cm, me encantaba, era como si la hubiera pedido a la medida.

    Más temprano que tarde empecé a agarrar esa verga y empecé a jalársela, comencé jugando con ella, crecía ante mis ojos y en mis manos, solo notaba que le salía precum, el cual caía como baba, solo puse mi boca debajo para que cayera en mi, acto seguido saque el condón de mi bolsillo y antes de colocárselo soltó una gota gorda de precum, esta vez lo tome con dos dedos, y los pase por mi ano para que resbalara al momento de penetrarme; le coloque el condón y empezamos la acción, use la silla para subir mi pierna y poder abrir mas mi ojete y darse como regalo adelantado de navidad a ese desconocido.

    Antes de que me penetrara quitó su pene y sacó su mano y empezó a manosear mis nalgas, hasta que de repente un sonoro cachetadon pudo escucharse fuertemente, el muy cabrón me dio una nalgada. Continuamos con el acto, volvió a sacar su pito por el agujero y empezó a introducirme su verga en mi ya dilatado ano, entro con facilidad, tanto que ni siquiera me queje, solo me mordía los labios para no gemir tan fuerte. La acción continuo unos cuantos cuarenta minutos hasta que me despegue de ese trozo de carga y empecé a jalara para sacar el delicioso manjar que tanto a mi me gustaba.

    Así que de pronto le empecé a mamar esa verga para sacar el líquido preciado, seguí y seguí hasta que empecé a notar sus gemidos, y a bombear su pene, cuando de repente noto unos disparos en mi boca, finalmente lo logré, el sujeto estaba eyaculando dentro de mi boca y yo solo podía saborear y tragar ese líquido viscoso, fueron unos 5 disparos, después de tenerlo dentro de mi boca lo saque para ver cómo era más de cerca, y después de ojearlo un rato me lo volví a meter a la boca y continué tragando el semen; yo también eyacule como nunca, e igual que en ocasiones anteriores sin tocar mi pene. Esa noche dormí como nunca, más feliz de que costumbre.

    Si quieren que continúe relatando, contáctenme a mi correo: [email protected] o por telegram @Km4zh0.

  • Una mujer trans o mujer con pene

    Una mujer trans o mujer con pene

    Hola para todos los lectores, espero ser lo más breve y conciso posible.

    Desde pequeño siempre me gustaron las mujeres, las amo, las adoro y cuando me refiero a ellas no mira linaje, me gustan las negras, blancas, morenas y asiáticas. Ver porno para mi es placentero y satisfactorio para mí, pero lo que les voy a contar hoy es diferente ya que me refiero a una mujer distinta a las demás, así es, como el mismo título lo dice, «una mujer trans o mujer con pene» es un pecado hablar de esto, es algo prohibido, pero igual se los voy a contar.

    Todo empieza cuando estaba trabajando en un Centro comercial, cuando de repente veo a una mujer hermosa, pelo negro, tatuada, labios carnoso y un trasero jugoso, ella es de estatura promedio como 1.65. Me toco atenderla como cosa del destino, me le quedo mirando y ella como toda diva me mira con indiferencia, pero yo sé cómo es todo y no le doy importancia a eso solo sé que me gusta y que quería estar con ella, yo estaba seguro de eso, mi pene también ya que lo tenía full erecto.

    Un día la veo y decido seguirla sin que ella se dé cuenta, en ese entonces me doy cuenta que trabaja en una peluquería y ella es la dueña, no dude en pasar por ahí para ligar con ella y a ver qué pasa, pero no ahora ya que estaba trabajando y no podía dejar mis obligaciones. Cuando salgo del trabajo como a las 9:31 PM era muy de noche y me dirijo para allá. Llego y entro al negocio y ahí estaba ella tan hermosa como siempre, le pido un corte de pelo y ella me dice que está cerrado, yo le ruego que me haga ese favor ya que me urge y ella acepta. En ese momento estábamos hablando y metiendo algo de labia ya ustedes saben cómo es todo.

    yo siempre he sido una persona clara y un poco acelerado para hablar, no vacile en decirle que me gusta mucho y que me gustaría vacilar con ella, para mi sorpresa veo que no se ha sorprendido, ni molestado, ella me responde y me dice: «chico no soy lo que crees» en ese entonces yo pensé que se refería a que ella no era una perra (jejeje) pero se refería a otra cosa, yo le pregunte yo no quiero faltarte el respeto es que de verdad me pones a mil y ella se me queda mirando y me dice: «déjame cerrar el negocio, cerrar las cortinas y apagar la luz» yo le sigo el juego.

    Después de eso ella se me queda mirando y me dice: «yo soy una chica trans y si quieres algo conmigo tienes que estar claro en eso» yo le digo: «amor no me lo pareces, mi ojos ven una chica hermosa» ella me da un beso y me dice: déjame que te muestre lo que soy y sabrás en realidad quien soy, ella se quita la camisa y el jean quedándose con un hermoso hilo rojo en ese entonces se ve muy excitada, ya que se le notaba una manguera enorme, el morbo sube, la temperatura sube, ella se quita el hilo y le cuelgan una manguera un poco larga pero gruesa. con sinceridad nunca había estado tan caliente como esa noche, yo me paro y la beso con una pasión tan fuerte que no podría describirlo en simples palabras, fue tanto mi lujuria que voy bajando y ella totalmente entregada a seguirme el juego, bajo, sigo bajando hasta llegar a su manguera, pongo mi nariz en su manguera y tiene un olor y una textura rica.

    Sin pensarlo me lo introduzco a la boca y en ese entonces me convierto en algo que no era yo; nunca pensé que podría comportarme como una perra salvaje, sin más preámbulo empiezo a mama de una forma deliciosa, eso en mi boca lleno de baba y 100 % erecto hace que mi chica chille de placer, esa noche era todo un profesional mamando, ella me decía que parara porque se iba a correr, pero yo era una maquina insaciable y no podía para, da un grito de placer y se corre en mi boca, aunque no me lo crean no desperdicie ninguna gota de leche de su rica manguera, ella trata de complacerme haciendo lo mismo, pero yo quería comerme su culo, y eso hice, empecé a darle un beso negro y empiezo a meter mi manguera en su pequeño agujero.

    Su culo era tan jugoso que provocaba no desprenderse de ellas, meto mi manguera en su agujero y siento un calor en mi manguera, fue una experiencia tan maravillosa que me gustó mucho, yo se lo meto todo y duro un rato con la manguera dentro de sus entrañas y ella lo disfruta, yo sigo sacándolo y metiéndolo de una forma suave pero agresiva. Lo hicimos en el piso, yo le respiraba por detrás mientras la penetraba y ella me besaba como su conquistador. Lo que sentí ese día no lo sentí nunca por una mujer. Luego ella me dice acuéstate y yo lo hago y ella se sienta sobre mi manguera y empieza a hacer sentadillas sobre mi manguera, su manguera rebotaba sobre mi abdomen, ella lo disfrutaba; yo lo disfrutaba fue algo delicioso muy pero muy rico.

    Duramos así como 1 hora y media en esa hora y media hicimos de todo, fue algo maravilloso. Después de correrme dentro de sus entrañas, nos besamos como por 15 minutos y nos despedimos con un hasta luego. Esa fue mi experiencia con una trans y que no dudaría en esta otra vez con una dama como ella.

    Soy de Venezuela si te gustas y quieres saber más sobre mi o contarme algo te dejo mi correo: enví[email protected], estaré encantado de responderte. Chao.

  • La boda de mi cuñado

    La boda de mi cuñado

    Esta es otra de mis experiencias, espero que sea de su gusto, como siempre espero sus tan bienvenidos comentarios y sugerencias.

    Mi cuñado y concuña con más de 9 años de convivencia y retrasar boda una y otra vez por las ínfulas de la damisela de un enlace de ensueño o de revista, había decido al fin realizarla, en menos de 15 días, no sin antes el prometido solicitar el apoyo económico y material de su hermano, mi Mor adorado, para poder complacer las aspiraciones de su futura.

    De lo cual no estaba yo muy contenta, dado que la susodicha (por platicas de mi cuñado, la familia de ella), aunque no deferían mucho de orígenes socioeconómicos a los nuestros, su pretensión y desvergüenza, solo era superado por su holgazanería y comodidad, como diría mi tía; pijos resucitados.

    Por un lado, pidieron la intervención de mi amado, para que les facilitáramos la Quinta Campestre propiedad de mis padres para la realización de su acontecimiento:

    Yo: Mor, pero tú sabes que esa propiedad no es nuestra -tratando de no comprometer, por obvias razones-

    Mi marido: Si bebecita, pero ¿qué quieres que haga?, es mi hermanos -apenado- además han decido hacer un evento pequeño solo la familia cercana, dicen que hace se usa ahora.

    Yo: ¿Hay Mor, tú le crees? Si son capaces de invitar hasta el compadre del vecino de pupitre escolar. -aun no muy convencida-

    Mi marido: Hable con ellos, me aseguraron que no seriamos nuestros respectivos padres y hermanos y sus familias.

    Yo: Bueno, hablare con mis padres, pero hay de ti si salen con sus cosas-resignada-

    Mi marido: Pero, hay algo más – sonrisa nerviosa.

    Yo: ¿Qué? -esperando otra impertinencia.

    Mi marido: Si podemos pagar el banquete, que el novio de una de las hermanas de mi cuñada es maestro gourmet, y es de encargar

    Yo: Bueno, supongo que no será nada privativo, dado la cantidad de invitados y el hecho que el proveedor es familiar de la “duquesa”- usando el apodo despectivo tenía para mi concuña.

    Mi marido: Pues más o menos bebecita, mi hermano me dijo que el tipo el de alta gama, y que pues solo nos van a pedir para los ingredientes.

    Yo: Ok- molesta, pero sabiendo que no tenía caso discutir porque a la larga terminaría como siempre cediendo ante su insistencia- pero me vas a tener que compensar esto Mor.

    Mi marido: Gracias bebecita- dándome un tierno beso en la mejilla.

    Esta desavenencia me la cobre en los siguientes días, con una pequeña huelga de piernas cruzadas, que mi marido la tomo con calma, y a la luz de los sucesos me jugo más en contra a mí.

    Para el acontecimiento mi querido esposo, como siempre se tomó la libertad de cubrir el pequeño detalle de mi outfit, para esta ocasión me consiguió un vestido strapless color azul metálico, con soporte al frente, por lo cual no requeriría de un bra, el largo del talle era corto causando que tuviera mucho cuidado al sentarme, para no mostrar algo más allá de mis piernas, para variar su malevolencia no termino ahí, venía acompañado de guantes largos y tanga de hilo (bastante pequeña pero adecuada para evitar que las costuras se marcaran en el vestido), del mismo material y color, era algo sugestivo para mi gusto pero como siempre sabía que no tenía caso discutir con mi Odiosito, porque terminaría cediendo ante su insistencia.

    Para el gran día habíamos decidido llevar a las bendiciones a casa de mis padres y de ahí partir a la Quinta campestre, para llevar a cabo nuestra labor de anfitriones, para entonces mi cuerpo pedía a gritos atención, así que dentro de mis planes particulares era una vez terminada la recepción y que contrayentes e invitados se retirarán, aprovechar; mi outfit nuevo, la Quinta campestre y mis intensas ganas, para pasar una apasionada noche de reconciliación.

    Pero faltaba de cereza del pastel, ese día mientras terminaba de arreglar mi peinado y maquillaje, frente al espejo, sentí el manoseo de mi marido, ya saben ningún hombre desperdicia la más mínima oportunidad de darle una nalgada a su amada eso es como darle un me encanta de forma artesana, pero era tanta su ansiedad que sus manos pasaron de mi trasero, a mi cadera subieron por mi cintura hasta mis senos, para después descender a mi vientre, mientras presionaba su entre piernas en mi nalgas, y su boca besaba uno de mis hombros desnudos, provocando que mi piel se erizara y fuegos artificiales en mi entrepierna.

    Mi marido: Bebecita, luces espectacular, siente como me tienes- hablándome al oído y presionando aún más su cadera contra mi trasero haciéndome su virilidad entre mis nalgas- ya perdóname y déjame tener un poco de ti- besando mi nuca.

    Estaba a punto de girarme para dejarme fundirme en apasionado beso con él, cuando desde la sala sonó su celular, dejándome con medio suspiro en la boca y el manantial entre mis piernas, pensando para mis adentros –Ay Odiosito mero me convencías, pero al rato me desquito y bien rico, ya verás- terminando de arreglarme y uniéndome con mi marido y las bendiciones en la sala.

    Mi marido: Bebecita, me hablo mi hermano- nervioso.

    Yo: ¿Que paso? –inquisitiva.

    Mi marido: Si puedo ir por los parientes de mi cuñada porque no tiene vehículo que pueda llegar a la Quinta, por la terracería- más nerviosos-

    Yo: ¿Y entonces que vamos a hacer, ahora? –molesta.

    Mi marido: Me llevo la SUV, para ir por estas gentes, y tú te llevas el sedán, dejas las bendiciones con tus papis, y nos vemos en la Quinta. –esperando nervioso.

    Yo: ¿Cómo dices? ¿Prefieres irte de chofer de “esas personas” que acompañarnos a mí y a tus bendiciones? –muy molesta, pero entonces vi la mirada de mis retoños y tuve que entrar en calma, respirando profundamente- Ok Mor –acercándome melosamente- pero ve pensando cómo me vas a compensar todas estas incomodidades-mientras con una de mis manos acariciaba su pecho acercando su boca a la mía para darle un tierno beso y con la otra acariciaba descritamente poco más debajo de la hebilla y de su cinturón.

    Acción que fue interrumpida por las sonrisas y aplausos de mis querubines. Partiendo cada quien a sus destinos; teniendo un viaje fácil a casa mis progenitores, que como buenos progenitores no dejaban de dar las últimas instrucciones sobre el cuidado y uso de la finca; que todo que pudieran ocupar de cocina estaba en las alacenas a lado de la parrilla exterior, que recordará que la instalación eléctrica estaba en mantenimiento que dentro de la cabaña no funcionaba y que las luces de las palapas y patio se tenían que encender del interruptor de una de las recamaras de la cabaña, y un largo etc. etc.

    En el camino a la Quinta, siendo media tarde aún se sentía los estragos de un día caluroso de verano, cuando llegue estaba estacionado obstruyendo el portón un camión con dos tipos, lo que me obligo a estacionarme detrás, descender y acercarme, por un lado.

    Yo: Buenas tardes- con curiosidad.

    Tipo 1: Buenas, “MUY BUENAS”- mirándome de arriba abajo con desfachatez y doble sentido –

    Yo: ¿Esperan a alguien? – cruzando los brazos frente a mi pecho y hablando con seriedad-

    Tipo 1: Nomás que nos abran la Finca – bajando del vehículo con sonrisa sínica y mirada lasciva, se notaba por su facha a kilómetros lo vulgarcito de persona que era – mi cuñada se casa hoy y traemos el banquete, preciosa.

    Yo: -pensando: así que este el disque “máster chef”, valla que en que poca agua se ahogan algunas personas- Ha ok –con una sonrisa burlona producto de mis pensamiento-

    Chef: ¿Y tú hermosa, eres la variedad o das show? – dando un paso hacia atrás viéndome con descaro-

    Yo: No-molesta-soy la dueña de la Quinta, la cuñada del novio

    Chef: Wow, pues que cuñada- insolentemente-

    Yo: Bueno ahorita les abro – cortante dándole la espalda dirigiéndome al portón-

    Chef: ¿Aquí?… Ha dices el portón, ya me había emocionado- mientras me seguía y sentía como su miraba me recorría con obscenidad –

    Abriendo candados y cerrojos, él se acercó a deslizar el portón y abrirlo por completo.

    Yo: Métanlo hasta el fondo, por detrás de la cabaña– indicando el camión mientras caminaba hacia mi vehículo-

    Chef: Con mucho gusto se lo voy a meter todo por detrás y hasta el fondo –en voz baja pensando quizás que no lo escucharía –

    Mientras encendía a mi coche, pensaba, este vulgarcito va como guante en la familia de la ““duquesa””, Dios los cría y estos se juntan.

    Yo: Deja el portón abierto-mientras detenía levemente en el umbral el coche-

    Vulgarcito: Así es como quiero dejártelo, bien abierto… el portón – son una sonrisa sínica, corriendo, cruzando frente a mi coche, impidiendo que pudiera continuar hacia dentro y tratando de abriendo la puerta de mi coche por el lado del pasajero y subiéndose con descaro-

    Con una sonrisa incomoda y en silencio conduje estacionándome al frente de cabaña, había decidido que lo seria esperar dentro de mi coche a que llegara alguien más para tratar lo menos posible con e vulgarcito, sintiendo como su mirada se concentraba en la bastilla de mi falta y pierna en forma libidinosa, el muy sinvergüenza no descendía del coche solo se quedó ahí sentado mirando mis piernas jugando con una cadena que traía al cuello.

    Emitiendo un suspiro decidí mejor descender de mi vehículo, pero entonces apenas puse la mano en la manivela de la puerta.

    Vulgarcito: Espérate mamacita, espera- gritando con apuro-

    Bajando de coche, corriendo, cruzando el coche por la parte de atrás y parándose del lado de chofer, causándome una inmovilidad por la sorpresa de sus acciones y Abriendo la puerta de mi lado haciendo una caravana inclinando la cabeza, yo en forma automática descendí confundida, cuando vi a donde dirigía su mirada y como mordía sus labios con lujuria, el muy cabrón, hizo todo para disfrutar de la vista que le ofrecía el deslizamiento del dobladillo de mi falta mientras bajaba.

    Apenas iba a reclamarle cuando vi con alivio que el vehículo de mi marido entraba por el umbral del terreno y detrás de él otros más, acercándome para recibir a mi marido.

    Yo: Mor, ¿por qué tardaste tanto? – con impaciencia que le costaba llegar unos minutos antes y evitarme el bochorno con el vulgarcito este-

    Mi marido: Bebecita, es que pase por la mama y la hermana de mi cuñis al salón de belleza- con tono de niño regañado-

    Volviendo mi mirada hacia sus acompañantes, vi a los padres y la hermana de la “duquesa”, la mama y la hermana eran todas unas “reynis” y “marquesa”, emperifolladas en exceso para la fiesta, joyería de fantasía, peinados altos, vestidos ceñidos y largos, maquillaje cargado, nada adecuado para una celebración de un día caluroso en el campo, además que los 3 kilitos de más que se cargaban le deslucían el corte de sus atuendos.

    Yo: Buenas tardes, que guapas- esperando que en mi sonrisa no se notara la gracia que me causaba verlas-

    Marquesa: Hola- con ese desgano que usamos las mujeres para ocultar nuestra envidia- ¿ya llego mi “Darling”? – buscando por encima de mi cabeza-

    Yo: Tú eres la novia del “Máster Chef”- sonriendo irónicamente-

    Reynis: Sí, mi yerno estudio alta cocina, y es muy bueno, pronto tendré su negocio de banquetes- con aires de grandeza-

    Yo: ¡¡¡Muchas felicidades!!! -sarcásticamente- debe de estar por detrás ahí está la parrilla externa.

    Y el trio de zopilotes se retiró en dirección a buscar al vulgarcito máster chef, dejándonos a mi marido y a mí intercambiando miradas sonriendo y suspirando de consuelo por su desbandada.

    Yo: Mor, Valla con la familia política de tu hermano-burlándome-

    Mi marido: Bebecita, No empieces-visiblemente molesto- que yo los tuve que aguantar todo el camino hasta aquí.

    Yo: Mmm -reservándome lo que YO tuve que aguantar-en el pecado llevas la penitencia.

    Y nos dedicamos a nuestra labor de anfitriones recibiendo a los invitados (mis suegros, mis cuñadas y sus esposos, el resto de la parvada de la “duquesa”), al juez de paz y demás proveedores.

    La ceremonia civil se realizó, se amenizo con buena música, se dieron los brindis, y demás protocolos previos al banquete y el baile.

    Durante ese tiempo el ayudante del Vulgarcito me sorprendió gratamente, estuvo realizando bien su labor de mesero al pendiente de estar hidratando con bebida de muy buena calidad (muy necesario por el calor del día) y aperitivos (que a por los comentarios de todos eran dulces y refrescante, pero, en mi caso no sé porque estaban demasiado salados) a toda la concurrencia.

    Previo a que sirviera el banquete ya me encontraba un poco ya un poco más relajada por efecto de la bebida constante, lo cual, me hacía sentirme más traviesa y cariñosa con mi maridito amado, estos días de huelga de piernas cruzadas habían hecho mella en mi fogosidad.

    Compartíamos mesa con la familia de mi esposito, de forma traviesa no perdía oportunidad de jugar con su entrepierna con la complicidad de los manteles, mientras platicaba con mis suegros, lo cual ponía en aprietos al señor, cuando fuimos interrumpidos.

    Mesero: Buenas noches, disculpe ya tenemos lista la comida, pero para acelerar el proceso les pedimos de la manera más amable que lo hagamos tipo bufete y pase cada quien por su platillo- de forma muy cortes y amable-

    Todos nos miramos unos a otros y soltamos una ligera carcajada, cada uno de los caballeros se levantaron y caminaron hacia la parrilla, no pude dejar de observar como mi maridito caminaba gracioso por efecto de mis juegos bajo los manteles-sufre odiosito, sufre-

    Tiempo que nos dio a las damas, para hacer lo más disfrutamos hablar de otras, en este caso de la “duquesa” y compañía, en algún momento mi divise a la “marquesa” colgada del cuello del vulgarcito, ambos sentados al otro lado de la pista del baile, cosa que noto una mis cuñadas:

    Cuñada 1: Ya se reconciliaron los tortolos, Que apuros les hiciste pasar Eleny -burlándose-

    Yo: Ahora yo que hice-confundida-

    Cuñada 2: Es que, cuando estaban recibiendo a la gente, no dejaba de verte el señorito, se le caí la baba, y la señorita, se dio cuenta, y como que le quiso reclamar- riendo a carcajadas-

    Cuñada 1: Y él la ignoro, -interrumpiendo- y desde entonces ella le andado rogando a él- soltando una estrepitosa risa-hubieras visto que show con ellos.

    Yo: Pues pobre gente, que le vamos a hacer- riéndome-

    En eso llegaron los caballeros con nuestros respectivos alimentos, solo que mi marido iba seguido del servicial mesero de la noche, con mi platillo, transmitiéndole una mirada de interrogación a mi maridito.

    Mi marido: El insistió en preparar el platillo, que siendo para la patrona del lugar, él lo atendía directamente-sonriendo resignadamente-yo creo quiere buena propina.

    La comida no era nada de otro mundo, pero estaba en exceso salada, para poder consumirla tuve que tomar al menos tres copas, que el mesero dirigentemente cuido, no le faltaran.

    Mi marido: No crees que estas tomando mucho bebecita

    Yo: Apenas así la comida está muy salada y el vino esta delicioso, y finalmente aquí vamos a pasar la noche- sobando la parte interna de su muslo y besando su cuello-

    Efectivamente ya para ese momento sentía el habitual efecto anestésico y efervescente del alcohol recorrer mi piel, la alegría artificial que dan los tragos salía a través de mi risa e iniciaba un húmedo bullicio en mi vagina y mi cuerpo me pedía más para seguir disfrutando de esas placenteras sensaciones.

    Yo: Mesero sirve más- alzando mi copa alegremente-

    El mesero servilmente atendió mi pedido.

    Yo: El vino es muy bueno, ¿Dónde lo consiguieron? -animosa-

    Mesero: Pues vera Patrona, nosotros “traimos” unos, pero la “Darling” de mi jefe (la “marquesita”), encontró este en unas alacenas allá atrás y nos dijo que mejor sirviéramos de este y guardamos el otro para otra ocasión, ¿está muy bueno verdad? -inocentemente-

    Mi marido: Tranquila bebecita, ya lo hecho, hecho esta- tratando de calmarme al ver claramente como iba creciendo mi ira-

    Sintiendo el calor de mi rostro, apretando mis labios, rechinando mis dientes, solo le apunte con mi dedo a su rostro para silenciar sus palabras, y termine mi bebida de un solo trago, para después extenderla hacia el mesero y la volviera a llenar.

    Mi marido: Te puedes retirar, gracias-indicándole al mesero con amabilidad y abrazándome, acariciando mis brazos con su manos-ya bebecita, calma-hablándome dulcemente al oído-

    Yo: Ya sé cómo me voy a cobrar el mal rato “marquesita”-entre dientes, mientras veía a la pareja del año- ven Mor, quiero bailar- con dulzura y levantándome para tomar su mano y guiarlo a la pista de baile-

    En ese momento la música era de ritmos latinos: salsa, merengue, bachatas, etc. idóneos para mi desquite, empezamos a bailar buscando posicionarnos frente a la “pareja del año” hice gala de mis movimientos de piernas y cadera más sensuales y eróticos, con un triple propósito, el disfrute y estimulación de mi marido, provocarle un buen disgusto a la “Marquesita”, porque obviamente el “vulgarcito” no resistiría echar un vistazo a mi performance , y obviamente mi disfrute culposo ante toda esa situación.

    El sentir mi cuerpo contra él de mi marido mientras nos deslizábamos al ritmo de la música. Sus manos y pecho rozando mi senos a través de la delgada tela que cubría mi pecho y me excitaba y causaba un renovado cosquilleo en mi entrepierna, mis senos siempre han sido muy sensibles y mi esposo sabe que es la manera más rápida de calentarme, deteniéndonos únicamente para otra ronda de tragos, y viendo de reojo como nuestro sensual danza afectaba la convivencia de la “pareja del año”, me producía un placer enfermizo que se expresaba en mis pezones y me di cuenta que estaban erectos y sobresaliendo de la tela, duros como piedras.

    Cuando bailamos nuevamente él me rodeaba y su mano llegaba hasta mi cola acariciándola conforme nos mecíamos juntos. Por el efecto del alcohol mi piel esta hipersensible, cuánto me agradaba sentir el roce de sus manos sobre la delgada tela que cubría mi cuerpo, entre vuelta y vuelta podía sentir su creciente erección. Empecé a imaginarme mientras nos contoneábamos, tenerlo dentro de mí y empecé a tallarme contra él hasta que para mi desencanto terminó la melodía. Esto sirvió para que reaccionara y me diera cuenta de que estaba yendo muy lejos frente a nuestros familiares. Definitivamente estaba bastante ebria, al tratar de ver de reojo a “la pareja del año” ya no estaban ni en la mesa ni la vista inmediata, por lo cual, decide que era suficiente y debería de llevar mas tranquila la fiesta, indicándole a mi marido que me ayudara a llegar a nuestra mesa.

    Mesero: Disculpen Patrones ya está anocheciendo y no sabemos dónde se encienden las luces de “ajuera”- acercándose con su ya conocida amabilidad-

    Entre tantos sobresaltos, había olvidado encender las luces exteriores.

    Yo: En un momento voy-arrastrando las palabras por mi estado etílico-tu sigue atendiendo a los invitados.

    Mi marido: Bebecita, si quieres yo voy-condescendiente-

    Yo: No Mor, no vas a encontrar el circuito, igual y voy me recuesto un rato y estaré al cien para ti-dándole un beso mordelón en su labio inferior-

    Esperando darle suficientes motivos para seguirme y unirse a mí en el interior de la cabaña, me contonee seductoramente hacia la cabaña ingresando en la oscuridad de esta.

    Una vez adentro, me ilumine con mi celular para no tropezar con los muebles, subí al segundo piso hasta la recamara, encontrando el interruptor junto a la cabecera de la cama, escuchando los aplausos y victores, me acerque a la ventana para contemplar en la oscuridad de la cabaña con enajenación, el baile de en el exterior, aunque ya me estaba sintiendo mejor aún estaba muy inestable. Mientras sentí unas manos acariciar suavemente los flancos de mis caderas, me daba gusto que por una vez en la vida mi odiosito entendió una de mis indirectas.

    Tomé sus manos y las guie hacia mi estómago mientras empujaba mis caderas para sentir su rica erección entre mis nalgas, inclinando mi cabeza para sentir sus besos recorrer desde mi hombro hasta mi cuello. Se sentía taaan bien, que no quería que terminará. Estaba taaan caliente.

    Estaba a punto de darme la vuelta para besarlo, cuando él puso mis manos sobre la base de la ventana haciendo que mi trasero se presionará aún más contra su cadera, con sus manos empezó a acariciar muy suavemente mis senos a través de la ligera tela de mi vestido. ¡Mi talón de Aquiles! Lo sentí tan bien, que las rodillas me temblaron.

    Se sentía tan bien que lo dejé que continuara. Él jaló la parte superior de mi vestido un poquito quedando a la vista mis pezones empezó entonces a girarlos con la yema de sus dedos mientras yo dejaba escapar un quejido de placer.

    Cuando él me bajó el zipper y sacando mis pechos empezó a manosearlos, estrujarlos y pellizcarlos me sobresalté, mi mente giraba rápidamente mis piernas no me sostenían, después de todo han sido muchos días de continencia. Por alguna razón era tremendamente emocionante ser tan lasciva frente a la ventana con los invitados de la boda allá abajo y nosotros disfrutando de la nuestra pasión en el amparo de la oscuridad.

    Pude sentir sus manos acariciando el sedoso interior de mis muslos, sus manos empujaron el borde de mi vestido hacia arriba y pude sentirlo masajeando suavemente mi vagina por encima de la suave tela de mi pequeña tanga. Gemía y sus manos separaron mis piernas y con rudeza ahuecó la húmeda de mi vulva a través de mi tanga. Sentía empapada por completo mi tanga. Se sentía tan delicioso. Entonces hizo a un lado el pequeño triangulo que cubría mis labios vaginales y colocó su mano usando sus dedos magistralmente en mi vulva y empezó a introducirlo al principio suavemente y conforme me humedecía más y más aumentaba la velocidad, haciéndome retorcerme de placer y soltando gemido tras gemido de gozo.

    Cuando sentí la suave dureza de su verga en el canal de mis nalgas buscando mis agitados labios vaginales. Temblaba de anticipación conforme él empezaba a pasarlo una y otra vez por mi raja de amor sin introducirlo, trate de enderezarme, pero puso una de sus manos en mi nuca manteniendo mis manos apoyadas en la base de la ventana, arqueaba mi espalda y movía mi cadera buscando sentirlo dentro de mí.

    Yo: Mor, ya métemelo, por favor-suplicante, mientras el azotaba mis nalgas con su dura verga- por favor quiero sentirte bien adentro de mí.

    Entonces mis suplicas fueron atendidas empezó penetrarme lenta uniformemente, abriendo mi canal vaginal no sé si era el alcohol o la emoción del momento, pero se sentía más justo que de costumbre, más firme, más potente, más de lo que nunca lo había estado, mi cuerpo respondió, mis caderas empezaron a levantarse empujando contra él mientras un orgasmo gigante tomaba posesión de mí. No podía evitarlo, no podía ni hablar, sólo gemía muy alto y empujaba contra él mientras me cogía para hacerme venir.

    Él me tomaba de la cintura, metía y sacaba su pistón hundiéndolo cada vez más profundo con cada empujón hasta que finalmente toda su herramienta estuvo completamente dentro de mí. Su pelvis pegada a mis nalgas. Podía sentir su duro palo empujar aún más profundo. Eso fue todo. Exploté en mi primer verdadero orgasmo. Pensé que me desmayaría mientras oleada tras oleada de placer recorrían mi cuerpo.

    Cuando finalmente recuperé el sentido comprendí que mi vulva se había ajustado plenamente a su duro y brioso tronco estaba entrando y saliendo violentamente de mi húmeda grieta. Mi cuerpo finalmente tenía lo que había estado esperando toda la noche. Yo gemía mientras él se adentraba en mí, relamiéndome con el placer puro que su verga me estaba dando. Era fantástico tener adentro, ya sentía forjarse en mi estómago un segundo orgasmo rápidamente. ¡Me iba a venir nuevamente! El empuje de marido se hizo más repetitivo y me di cuenta de que él estaba a punto de venirse también. Estaba un poco decepcionada porque habitualmente él la sacaría y terminaría, y quizás antes de que me viniera yo otra vez y ya estaba yo tan cerca.

    En eso lo sentí. Empujó su cuerpo entero y sentí como la punta de su glande se apretaba contra mi cérvix. Él gruñó con fuerza y lanzó el primer chorro de semen profundamente dentro de mí. ¡Dios mío! Se estaba viniendo en mis entrañas. Me llenó de éxtasis, empujando mi cuerpo así atrás, Una de sus manos sujetaba mi cabello y la otra azotaba una de mis nalgas, mientras empujaba dentro de mí con toda la fuerza e intensidad de su orgasmo, se sentía formidable, podía sentir su caliente líquido literalmente disparando dentro de mí. Salía con tal fuerza y cantidad suficientes que podía sentir verdaderamente cada chorro penetrar mi útero.

    Mis caderas no dejaban de empujar duro en contra de él sin que mi voluntad lo hiciera. El más intenso orgasmo que haya tenido me invadió mientras él continuaba bombeando dentro de mí y todo lo que yo hice fue sujetarme fuertemente de la base de la ventana, mi conciencia entera estaba enfocada en este placer entre mis piernas y grité de placer. Oleada tras oleada de éxtasis recorrían mi cuerpo mientras movía mis caderas y sentía mis senos balanceándose rítmicamente. Era maravilloso. Podía sentir su semen desbordando de mí y escurriendo, mientras él continuaba eyaculando. No podía creer que tuviera tanto. Pero pensaba habían sido días largos de continencia. Mientras las oleadas se desvanecían poco a poco, podía sentir su tibia descarga expandiéndose en mis entrañas sólo me quedé ahí empinada unos minutos en un estado de semiinconsciencia con la sensación de lo que ocurría dentro de mí.

    Mientras pensaba que delicioso fue eso todo esto, me di cuenta de que aún continuaba pistoneando suavemente su estaca dentro de mí, mientras me sujetaba. Era en realidad una sensación muy agradable y aunque ya no estaba totalmente hinchado, me di cuenta de que mi cuerpo volvía a responder nuevamente. Él me besaba y mordía mi espalda y volvió a amasar mis senos pellizcando mis pezones. Para mi sorpresa pude sentir cómo su miembro se endurecía nuevamente. Mi esposo jamás se recuperaba tan rápido, definitivamente la abstinencia tenía sus beneficios. Todavía estaba muy excitada con lo que había hecho. Se sentía tan agradable. Me estaba dando exactamente lo que necesitaba y no quería detenerlo. Mi cadera empezó nuevamente a salir al encuentro de cada uno de sus empujes. Él soltó mis senos y tomo mi cadera y empezamos a coger de una forma salvaje, hasta violenta. Continuamos cogiendo largo rato hasta que logré bloquear todo pensamiento que no se refiriera a este maravilloso palote que entraba y salía de mi chorreante vulva. Su estaca estaba nuevamente llenándome completamente y abriendo mi vagina, coger se siente tan bien. Mientras cogíamos tuve varios pequeños orgasmos que parecían correr al mismo tiempo.

    No pasó mucho rato y se tensó y nuevamente empecé a sentirlo arrojar una carga de esperma dentro de mí mientras yo empujaba mi vulva contra él para enfrentar cada uno de sus empujones. Podía yo sentir cada chorro, lo que me desencadenó otro profundo orgasmo mientras su descarga penetraba mi útero. Cuando lo sentí, grité y me aferré a la base de la ventana, sentía que el mundo entero estaba girando, así de maravilloso. Hasta mis pezones ardían. Dios, se sentía un asombroso placer.

    Cuando él por fin se quitó de mí sacando su vara de mi hinchada y enrojecida vulva. Salió en silencio de la habitación, dejándome sola en la oscuridad de la habitación disfrutando de mis últimos espasmos de placer, despacio me incorporé miré hacia abajo con los pocos destellos de luz que provenían del exterior de la cabaña pude ver cuán totalmente cogida me veía. Mi precioso vestido azul estaba amontonado alrededor de mi cintura, no tenía mi tanga. Sentía mi concha enrojecida e inflamada y mi vulva y muslos estaban empapado de nuestros respectivos fluidos. Mis pechos también se sentían enrojecidos. Pero lo que más me asombraba era el río de semen que escurría de mi abierta grieta desde mis muslos hasta mis tobillos.

    Encontré a tientas mi celular para poder iluminar mi camino, hacia el baño de la cabaña, me tambaleé al caminar mientras me escurría semen por el interior de los muslos. Nunca había visto algo como esto Sabía que no podía volver a la fiesta en estas fachas me lave tanto como se pudiera. Alice lo mejor que puede mi vestido y, pero no encontré mi tanga. Me salí preguntándome si alguna vez podría repetir esta maravillosa experiencia.

    Podía sentir su descarga dentro de mí en el camino de regreso a la fiesta. Me sentía tan perversa.

    Al reincorporarme a la reunión pude notar que ya había poca gente, básicamente mi marido y la parvada de la “duquesa”.

    Mi marido: Bebecita hermosa, ya te ves más repuesta veo que te sentó bien tu sesión de descanso- sonriente y afectuoso, abrazándome por la cintura-

    Yo: Si Mor, fue maravillosa la sesión -sonriendo pícaramente y recargándome en su hombro- ¿Los novios? ¿Ya partieron a su luna de miel?

    Mi marido: Si bebecita -nervioso- veras nuestro chef

    Podía notar un silencio incomodo por parte del trio familiar de la duquesa, lanzándole a mi marido una mirada de interrogación al respecto.

    Mi marido: Bebecita-nervioso- veras el Chef tuvo algunas diferencias con su novia, dejando a los señores, la muchachita y hasta el ayudante, ¿no te molestaría que los llevemos de regreso?, yo sé que tenías planes de…

    Yo: -poniendo mi mano sobre su boca- No Mor, por mi está bien después de mi sesión todo está bien-sonriendo pícaramente-

    Él se llevó al meserito y yo a parvada, pensé que sería un viaje tedioso, la “realeza” no dejaba de parlotear todo el camino, pero gracias a la sesión que me aplico mi marido fue más que suficiente para mantenerme feliz todo el trayecto hasta regresar a casa.

    Cuando llegué a casa me metí al baño y me puse un camisón me coloqué unas pantaletas limpias y apenas iba a meterme a la cama. Cuando llego mi marido con una vianda sellada en mano.

    Yo: ¿Y eso Mor? -curiosa-

    MI marido: Se lo mando el meserito a la “Patrona”- sonriendo- como vio que no comiste postre, lo dejaste bien impresionado- riendo a carcajadas-

    Yo: Mor déjalo tan servicial y bien educado-condescendiente-

    Mi marido: Bueno voy a bañarme y a después a dormir

    Un poco decepcionada que no tratara de repetir nuestra sesión de la cabaña me dispuse a acomodar la vianda en la nevera, pero me gano la curiosidad, quite los sellos de la vianda y para mi sorpresa además del postre ahí estaba mi humedecida y pequeña tanga junto una nota:

    “Patrona discúlpeme por lo que hice en la cabaña, pero me fue muy difícil controlarme por lo bien que se veía bailando ese apretado vestido azul y pos nunca me pude imaginar que me dejaría cogérmela”.

    Horrorizada, de alguna manera sabía que probablemente no sería la última vez sabría del meserito, pero eso ya es otra historia.

  • La felicidad de un cuckold (2)

    La felicidad de un cuckold (2)

    Continúo con la fantasía del relato anterior. Espero les guste.

    Después del encuentro con nuestro amigo Kiyo, las relaciones en esas vacaciones entre Luna y yo fueron mejores que nunca.

    Ella me esperaba montada en el pollón de goma, tocándose y me hacía unas mamadas espectaculares. Se lo montaba hasta que se corría un par de veces, y después llegaba mi turno.

    Así fue casi todos los días que estuvimos.

    Volvíamos a ir a la playa cada día y ella disfrutaba mucho de la mirada de otros hombres, se lo notaba.

    Empezaba a irse al agua y a mojarse sin que el agua la cubriera del todo. Yo me fijaba en como la miran con deseo y eso me gustaba y mucho.

    Pocos días antes de irnos me fui a hacer la compra para los días que quedaban, me despedí de ella y salí de apartamento. Me dirigí al coche, pero al ir al salir, me di cuenta de que me había dejado el móvil en casa y subía por él.

    -Hola cariño! Me he dejado el móvil!

    -Hola mi amor! Está aquí!

    Cuando llegué estaba en la encimera de la cocina. Me extrañó porque normalmente, lo dejo cargando en la mesilla y era temprano.

    Ella estaba como nerviosa, así que me olí el percal. Cogí el móvil y me fui a la compra.

    Durante la compra estuve pensando algunas situaciones por la cual ella cogería mi móvil, y se me ocurrieron bastantes escenarios. Así que decidí que en la playa, cuando fuera al agua, cogería el suyo.

    Llegué de la compra y ella estaba ya lista para bajar a la playa. Cogimos las cosas y nos fuimos.

    Al quitarse el bañador vi que lo tenía un poco enrojecido.

    Aproveché que se fue al agua, tumbado, cogí su móvil. Tenía una conversación del whatsapp con un número sin guardar. Al ver la foto de perfil vi que era la de Kiyo, me puse nervioso, la verdad. Ser cornudo consentido me gustaba, serlo sin consentimiento, no me gustaba tanto.

    Abrí la conversación y leí:

    -Hola. Soy Luna. Éste es mi número.

    -Hola Preciosa. Cómo tienes mi número?

    -Se lo cogí a Lobo, que salió a hacer la compra.

    -Ok.

    Qué tal las vacaciones? Ya os habéis ido?

    -No, nos vamos en 3 días…

    Lo del otro día estuvo impresionante, lo pienso y me pongo loca.

    No voy a hacer nada sin que mi marido lo sepa, pero quiero un recuerdo.

    A continuación, había una foto de su culo.

    -Joder que ricas estás. Me acuerdo y se me pone a reventar.

    Una foto del pollón de Kiyo a tope.

    -Es la polla más grande que me he follado nunca. Guardaré bien esa foto.

    No sabes cómo me estoy poniendo.

    Toma unos últimos regalos. No he podido evitarlo.

    No podía creerme lo que vi a continuación. Había colocado el móvil en el suelo, había pegado la polla de goma y le mandó un video montándolo.

    La respuesta de Kiyo fue un video meneándosela y corriéndose muchísimo.

    -Gracias, lo guardaré bien. Fue muy divertido. Adiós.

    -Adiós guapísima. Espero que volvamos a vernos.

    Estaba en shock, pero reconfortado. Sólo quería un recuerdo.

    Volvió del agua y yo había dejado su móvil como estaba.

    -Joder cariño, te has empalmado.

    -Es que verte en el agua y desnuda siempre me empalma.

    Nos fuimos para casa a la hora de comer.

    Estaba a mil desde que leí la conversación, así que en la siesta, le escribí a Kiyo y le comenté un nuevo plan.

    El siguiente día, saldría un rato y él llegaría en ese momento y estarían solos una hora o así. Le encantó la idea.

    Así fue, nos quedaba un día allí y en el que no volvíamos, así que llegamos a la playa y cómo todos los días, pero a eso de las 11 le dije:

    -Cariño, creo que voy a ir a por un preparado de mojitos ¿qué te parece?

    -Ahora? Vale, pero no tardes mucho.

    -No, en una hora como mucho estoy por aquí.

    De camino al coche le escribí:

    -Todo listo. Me voy. No le digas que yo te he escrito, quiero se salga de ella.

    -Voy para allá.

    Fui a comprar muerto de nervios. Deseando dejarles margen, pero deseando, a su vez, ver qué pasaba.

    Compré muy rápido y me esperé en el coche hasta que a los 50 minutos, ya no pude esperar más y bajé a la playa.

    Al llegar busqué la sombrilla, pero no estaba dónde la dejamos.

    Oteé y pude verla más orillada hacia unos de los lados, donde casi no se veía, junto a unas rocas.

    Me acerqué despacio. Sin hacer ruido y escuche gemidos flojos.

    Cuando alcancé a ver lo que sucedía, me excité una barbaridad.

    Estaban tumbados uno para cada lado de forma que la polla de él quedaba a la altura de su cara y su coño a la suya, pero no se estaban tocando.

    Ella abierta de piernas, se metía 3 dedos desde atrás y se lo abría para que él pudiese vérselo bien y movía las caderas adelante y atrás. Con la otra mano se pellizcaba un pezón, mientras sus ojos no dejaban de mirar su polla y se mordía el labio y se los mojaba con deseo.

    Él, se acariciaba la polla despacio, con firmeza, y la meneaba cuando llegaba a la base, para que ella pudiera ver bien, lo dura que estaba.

    -Que ganas tengo de comértelo, tienes un coño adictivo, nena.

    -Ufff, Kiyo, ufff. Espera un poco. Yo también me muero de ganas. Me voy a correr de mirarte.

    Se empezó a acariciar el clítoris y a mover más fuerte las caderas y se corrió.

    No pude aguantar más y me acerqué.

    -Hola, ya estoy aquí.

    -Hola.

    -Hola cariño, te estaba esperando, has tardado mucho.

    Y sin decir nada más, se acercó y se metió la polla en la boca. Nunca había visto tragársela tanto, en esa posición se la comió hasta la mitad, se puso hasta colorada, pero su empeño era comerse todo lo que pudiera.

    -Que mujerón tienes amigo. Te ha estado esperando. Estaba muy cerda, pero hemos aguantado, ahora, eso se acabó ya que estas aquí. Mira como tiene el coño, se ha corrido un par de veces, sólo de mirármela, así qué le voy a dar lo suyo.

    Y agarró sus nalgas y la movió hacia él. Y empezó a comérselo con ansia, ella empezó a gemir y a mover las caderas.

    Yo me senté en mi toalla, me quité el bañador y empecé a pajearme.

    No sé el tiempo que se pegaron así. Ella paraba de vez en cuando y le escupía, y la besaba y la recorría con la lengua, incluso le comió los huevos, lo único que sabía decir es:

    -Si, me encanta, me encanta, que pollón.

    Él le hizo de todo, le lamia le mordía, le escupía, a veces se pegaba un rato con su boca pegada a su clítoris, jugando con la lengua, otras le follaba con la lengua, y ella se derretía. De vez en cuando le daba un hostión con la mano en el coño, y ella lo gozaba.

    No sé cuántas veces se corrió.

    En una de éstas él se tumbó y ella sin pensárselo se sentó en su cara y siguió con su faena.

    Yo miré por detrás de la sombrilla a ver si alguien miraba, pero había muy poca gente y estaban alejados, así que no se percataban.

    El espectáculo era digno de la mejor película porno. Y la protagonista, era mi mujer.

    Kiyo empezó a respirar rápido:

    -Me voy a correr!

    -Pues hazlo!

    Se metió el capullo en la boca y empezó a pajear su pedazo de tronco con las dos manos muy fuerte, dejando caer babas para facilitar la maniobra.

    De repente empezó a crujir y a temblar, ella empezó a rozarse muy fuerte contra su boca.

    Se iban a correr los dos a la vez.

    De repente ella abrió los ojos, sorprendida y sin sacarse la polla de la boca ni dejar de mover las manos, empezó a salírsele la lefa por las comisuras.

    Él le garro la cabeza fuerte y ella se atraganto. Pero se recuperó rápido y tragó. Tragó y lamió y limpio.

    Yo no aguanté más y me corrí sin rechistar.

    -Os lo habéis pasado bien?

    -Que sorpresa cariño!

    -Yo cojonudo, jejeje – dijo Kiyo.

    -Quiero más – dijo Luna con una cara de picarona y de viciosa que no podía creer y miro a Kiyo a los ojos agarrándole su polla morcillona – ¿Nos vamos para el piso como el otro día y nos tomamos allí los mojitos? – dijo mirándome a mí.

    -Por mi perfecto, amor!

    Recogimos todo y nos fuimos.

    Ella me abrazaba por el camino.

    Kiyo iba a nuestro lado.

    -Os importa que vaya primero a por algo para tomarnos unos chupitos?

    -Vale guapo, te espero impaciente – le dijo, como si yo no estuviera.

    De camino me preguntó que si estaba bien por haberlos encontrado así. Me dijo que fue una sorpresa verlo y que le tenía ganas desde el otro día, que esa polla la llenaba como nunca la habían llenado y que al verlo, se derritió, pero que quería esperar hasta que yo llegara y que se lo dijo a él, no tuvo problema. Pero no pudo contener el tocarse al ver esa polla, que además solo con mirarle se le había puesto a tope y que el coño le palpitaba, pero al sentir que llegaba, los miraba y no decía nada, se corrió y que no pudo evitar llevársela a la boca en cuanto saludé. Que ya había visto lo mojada que le ponía.

    -Me encanta verte así cariño. Cuando llegue Kiyo, quiero que te sacies de él. Quiero que te lo folles hasta que no puedas más, quiero que lo flipe.

    -Eso pienso hacer. Se va a acordar de mi toda su vida, dijo riéndose.

    No podía esperar.

    Mientras él llegaba nos duchamos, ella se repasó con la cuchilla, se puso las medias con liguero, se alisó el pelo, se maquillo y se puso unos botines negros que tiene con tacones.

    Estaba espectacular.

    Salió del cuarto con el pollón en la mano.

    -Eso para qué es cariño? – le dije riéndome.

    -Le voy a dar un espectáculo, no querías que lo flipara? Pues cuando venga, si viene duchado, lo haces pasar, si no, le dices que he dicho que se desnude y se duche. Y cuando entre en el salón, no va a poder aguantar.

    Todo esto me lo dijo de esta guisa: desnuda con sus tetas perfectas, con las medias con liguero para su culo perfecto y los botines de tacón, su coño al aire, depilado, y encima, maquillada y con el pelo alisado. Era una auténtica pasada.

    Me dispuse a mirarla como cabalgaba esa polla en el salón. Decía su nombre y a mi eso me ponía cachondísimo. No habían pasado 15 minutos cuando llamaron a la puerta.

    Abrí la puerta y allí estaba él, de la guisa que lo dejamos, con una botella de Jaggermaister.

    Quería desinhibirla, pero no sabía lo desinhibida que estaba ya. Aun así me apetecía verla bien borracha, a ver hasta dónde podía llegar.

    -Pasa, me ha dicho que te duches, ella está en el salón esperándote.

    -Vale, mete esto a enfriar.

    Se entró a duchar y entré al salón.

    Mi mujer al escucharla puerta se había puesto mas cachonda y estaba botando sobre la polla de goma, se había echado aceite bronceador en las tetas y en el culo y había puesto unas sábanas sobre los sofás.

    Lo tenía todo preparado. Yo me senté en el sofá y disfruté del espectáculo.

    Kiyo salió de la ducha desnudo y con la polla a media asta.

    -Siéntate – le dijo.

    Él obedeció y se sentó.

    Ella le miró a los ojos y empezó a follarse la polla con ganas. Con golpes secos, mientras se restregaba el coño y las tetas, que con el aceite, la pusieron brillante y con el moreno tan precioso que había cogido, le hacía parecer una autentica amazonas.

    Se dio la vuelta y se puso a hacer lo mismo de espaldas, apoyando sus antebrazos en sus rodillas y dejándonos ver su curo endurecido por la posición. Se abría las nalgas y nos dejaba ver su ano perfecto, blanco de no darle el sol, en contraposición con el moreno de sus nalgas.

    -No puedo mas. – dijo Kiyo.

    -Shhh. Aguanta y disfruta lo que ves. – aceleró la marcha sobre la polla, cada vez golpes más secos y cada vez más rítmicos.

    Miré el pollón de mi amigo y lo tenía a reventar, creo que ni en la otra sesión lo tenía tan erecto y venoso. Y se pajeaba a una velocidad y con una fuerza que denotaba su excitación.

    Lo estaba preparando bien.

    Se levantó del suelo y se fue directa a él.

    -Túmbate! – le dijo sonriendo.

    Él se recostó y ella le echó un chorreón de aceite sobre el pecho y empezó a extendérselo mientras Kiyo empezaba a acariciarle su brillante culo.

    Después se echó un chorro en la mano y se fue directa a su polla. Empezó a pajearle de pie mientras acariciaba su pecho, todo lleno de aceite y le dijo:

    -Te vas a portar bien conmigo? Quiero ese pedazo de polla dentro de mí. Quiero que me llene y quiero toda la leche que puedas darme. – dijo mirándole a los ojos y estampándole un morreo.

    -Claro que si nena, me pones muy cerdo. Tú, tu culo, tus tetas y ese coño que se traga todo lo que le doy.

    -Me voy a pasar la tarde y la noche tragándola. Si no con el coño, con la boca.

    Yo lo flipaba, estaba súper cachonda y eso es lo que yo quería, pero no dejaba de sorprenderme.

    -Y tu marido qué?

    -Mi marido me ha pedido que te disfrute como quiera y que te eche el polvo de tu vida, que no lo olvides. Así que él mirará y nosotros follaremos. – le dijo mirándole a los ojos y coronándolo con un beso.

    Se sentó sobre su barriga enaceitada y se movió hacia atrás hasta que la polla le quedó entre las nalgas. Entonces la apretó contra su culo y empezó a rozar su coño resbaladizo contra su barriga, mientras que con sus preciosas nalgas y su mano apretando le hacía algo así como una paja.

    Él cerró los ojos y ella se incorporó un poco poniéndose la polla a la entrada de su coño.

    -Me moría por tenerla dentro otra vez- dijo, y de un golpe se la clavó. – uf joder! Que pedazo de polla, mira cariño como me follo a éste macho.

    -Joder, que puta eres – dijo él.

    Ella paró en seco.

    -Puta no. Una buena esposa y algo guarra. Pero nada de puta.

    Entonces empezó a cabalgarlo con ansias hasta que dobló las rodillas y se empezó a rozar el coño muy fuerte con la mano. Supe que se estaba corriendo.

    Ella estaba más cachonda que nosotros.

    Me levanté y fui a por la botella que trajo Kiyo.

    Él la había tumbado y le había puesto las rodillas sobre el pecho y la estaba taladrando despacio pero fuerte, lento pero rítmicamente. Ella gemía e intentaba agarrar su culo para apretarlo contra ella.

    Me senté y empecé a darle tragos. Tenía que calmarme, no quería correrme.

    -¿Queréis?

    -Dame la botella – dijo él. Y le dio un trago. –Abre la boca, nena. – ella le hizo caso.

    Le dieron unos cuantos tragos sin dejar de follar y me devolvió la botella.

    Siguieron así un rato, ella gemía cada vez más fuerte.

    De repente, paró y se echó para atrás.

    -Abre bien ese coño.

    Ella abrió las piernas y con las manos se separó los labios y dejó ver su coño casi por dentro.

    Él se la clavo de un golpe. Ella sacaba la lengua y se le volvían los ojos.

    Sacaba la polla hasta dejarla fuera y se la clavaba de un golpe.

    Paró y se puso a comérselo con ansia, le escupía y ella mientras, en la misma posición, se lo abría más y más para él.

    Y empezó a follársela igual que antes pero con mucho mas ritmo. Se agarraba la base de la polla apuntaba y se la clavaba, la sacaba entera y volvía a la carga, ella se rozaba en coño con ansía a la vez que se lo abría. Cada vez resoplaba y gemía mas fuerte.

    En una de éstas, al sacárselo, se corrió a chorros. Nunca lo había hecho.

    Se empezó a reír a carcajadas.

    -Joder, muchacho! Las cosas que me provocas. Dios!

    El coño parecía que se iba a dar la vuelta.

    Kiyo se sentó en el sofá y ella se montó encima suya de espaldas, enseñándole su culo.

    Se lo follaba fuerte y se abría las nalgas.

    En una de éstas se escupió la mano y empezó a masajearse su propio ano, pero sin penetrárselo.

    Yo seguí bebiendo y tenía ya un pedo brutal.

    -Danos un poco más de eso.

    Les pasé la botella y bebieron unos bueno de chupitos sin dejar de follar.

    Poco a poco, al ser la bebida muy fuerte empecé a ver como sus ojos se le ponían de pintona.

    Él en una de estas le dijo que se iba a correr, ella aceleró el ritmo y se corrieron juntos.

    Se vino al lado mío y se abrió el coño, lleno de lefa y me dejó ver cómo le caía.

    Sin darle tregua, lo sentó y se arrodilló.

    No sé cuánto tiempo estuvo, pero cogió esa polla morcillona después de correrse y estuvo jugando con ella como una autentica cerda, la baboseó a lo máximo, y se la tragaba blanda, le comía los huevos, se atragantaba. Cuando la polla estuvo dura, siguió un buen rato. Él le dijo que se tumbara bocarriba y que dejara caer la cabeza por fuera del sillón, ella le hizo caso.

    Entonces le folló la boca hasta el fondo. Yo me asusté, pensé que le iba a hacer daño, pero ella se pajeaba muy muy fuerte. Así que supe que esa follada de boca le estaba encantado.

    Eran un auténtico show porno, los dos brillantes del aceite follando de mil maneras.

    Yo seguí bebiendo, y dándoles de beber.

    Dieron muchas vueltas más, después de algunas horas de diversión, alcohol y varias corridas de mi mujer, él se corrió en su boca y ella como premio y mirándole a los ojos se la tragó.

    Se ducharon juntos, se despidieron con un beso y un hasta pronto y se fue.

    Al quedarnos solos, ella me confesó que había sido la sesión de sexo de su vida, y nos quedamos dormidos en el sofá abrazados.

    Cuando desperté al día siguiente vi un mensaje de Kiyo:

    -Tu mujer no se me va a olvidar jamás. Gracias por compartir.

    Ese día nos volvimos a nuestra ciudad, ambos satisfechos.

  • Sexo en un momento nacional

    Sexo en un momento nacional

    Resulta que estaba en una excursión que era más bien parte de los ejercicios de la clase que estaba matriculando en ese entonces, salimos a una parte de la ciudad que se le conoce como la Zona Colonial, ya que aún mantiene las construcciones y monumentos que se hicieron en la época de Cristóbal Colón.

    En esta ocasión tenía que hacer unas diligencias por la misma zona y aproveché para llevar a mi pareja, así al terminar aprovecharía el tiempo. En el transcurso todo fue normal, el maestro nos daba tips para la práctica, que aprovecharnos esto, que aquello, etc…

    Al entrar a la llamada Fortaleza Ozama, que era un lugar donde los españoles defendían la ciudad de los barcos piratas, fue cuando tuve la idea de que estos lugares normalmente no son muy concurridos, sé que siempre hay turistas en el área, pero desde que entremos ya en mi mente tenía la idea de que podría aprovechar para hacer algo con mi pareja si se daba la oportunidad de estar solos. En principio fue difícil ya que entre los compañeros aprovechábamos para ayudarnos unos con otros y casi nunca estuvimos solos, pero yo le susurré al oído que debíamos aprovechar e inventar algo ya que estábamos por ahí, ella me miró y sonrió mientras me preguntaba si estaba loco.

    En el segundo nivel de la fortaleza hay un pasillo que termina en un cuarto pequeño de una sola entrada/salida, desde que me fijé que estábamos solos la empujé hacia ese cuarto, ella entendió y sonrió mientras entraba a dicho cuarto… todo dentro de la fortaleza está vacío, no tiene puertas, las ventanas son pequeños huecos en la pared, en fin, se ha intentado mantenerlo tal y como fue construido hace ya más de 500 años.

    Comenzamos a besarnos y yo inmediatamente comencé a manosearla, llevaba una blusa con la cual era fácil sacar sus tetas y se las comencé a mamar, sus gemidos tiernos eran música para mis oídos, la pegué contra la pared, apretaba su gran culo mientras intentaba tocarla entre sus piernas, ella me preguntó que si estaba seguro de que nadie vendría, yo sonriendo le respondí que en verdad no me importaba, le desabroché el pantalón, ella me pidió que me asegurara de que nadie estaba cerca, eché un vistazo a la puerta, nadie en los alrededores, la sujete de la nuca, saqué mi pene y ella comenzó a darme una excelente mamada, aunque lo estaba disfrutando no quería dar rienda suelta a esa mamada porque quería penetrarla y cogérmela en ese lugar.

    Ya cuando sentí era suficiente la levanté, metí mi mano entre sus piernas y sentí lo húmeda que estaba, nos magreamos un poco y la coloqué de espaldas a mi, baje su pantalón hasta sus rodillas y lentamente la penetré, comencé a cogérmela despacio siempre atendiendo si había algún ruido fuera del cuarto (el cual nunca ocurrió), entonces nos aparte un poco más de la pared, de modo que ella se inclinará más para tener en donde apoyar los brazos y ahí comencé a subir la intensidad de las arremetidas y por ende sus gemidos aumentaron también, mi morbo estaba disparado, estaba atento a si alguien venía pero en verdad en el fondo quería que alguien nos descubriera, pensé en tomarla del pelo y poner las cosas más agresivas aún, pero al estar en un lugar público no quería dejarla despeinada.

    Ella volteaba a mirarme y su mirada solo me ponía más caliente, entonces me comenzó a pedir que se la diera (su leche), comencé a arremeterla más rápido y ella me la seguía pidiendo, hasta que me terminé vaciando todo en su interior. Mientras nos arreglamos la ropa nos besábamos más, muy intensamente y nos comenzamos a reír, salimos del cuarto, nadie estaba en los alrededores, al salir de la Fortaleza nos aglomerados todo el grupo con el maestro y seguimos hacia otro lugar.

  • Todo cae en familia

    Todo cae en familia

    Eran las dos de la madrugada y todo estaba en calma. Sólo el sonido de los grillos escoltaba a un silencio absoluto. Pablo se despertó de un sueño inconcluso, consecuencia del bochorno de la noche, con una erección propia de un caballo.

    Sabía que el único modo de conciliar de nuevo el sueño era masturbándose y lo hizo intentando retomar el guion de una fantasía que había ido tomando forma los últimos días.

    Desde que su tía Ángela estaba en casa, las hormonas las tenía más revueltas que de costumbre. Siempre la había encontrado atractiva, pero ahora que llevaba dos semanas viviendo en casa, su imaginación rebasaba los límites de lo éticamente correcto.

    Ángela era la hermana pequeña de su madre. A sus cuarenta y cinco años (diez menos que su madre), su atractivo levantaba pasiones, e incluso con la madurez, sus encantos resultaban todavía más seductores para cualquier hombre, ni qué decir para un muchacho de veinte años en plena efervescencia sexual.

    Ángela estaba casada. Su marido se encontraba en Dubái dirigiendo un proyecto urbanístico e iba a estar varias semanas ausente. Era por eso que las dos hermanas decidieron que mientras permaneciese en el extranjero conviviría con ellos. Por su parte, Pablo estaba más que encantado ante las posibilidades de verla en situaciones más íntimas. Le gustaba contemplarla recién levantada y en pijama, momento en el que se advertían los pezones a través de la fina tela de la prenda, por tanto, después de deleitarse ante tan sugerente manjar, Pablo tenía que acudir con urgencia a descargar toda la euforia acumulada.

    Después de dos semanas de matarse a pajas imaginando las delicias que tan celosamente su tía atesoraba, y a las que él solo podía aspirar a deleitarse imaginándose en cientos de situaciones eróticas, Pablo quería ir un paso más allá. Utilizó sus ahorros para hacerse con una diminuta cámara que podía controlar desde su teléfono móvil, de tal modo que la activaba cuando su tía se iba a su habitación, de manera que el número de pajas aumentó sustancialmente. Ahora podía disfrutar en tiempo real cada vez que ella se desnudaba. Si su imaginación (ya de por sí fecunda), lo llevaba a soñar despierto, verla desnuda superaba con creces todo lo imaginado.

    A los tres días de disfrutar en asientos de primera fila de las vistas que la cámara le brindaba de su tía, constató que ella, como mujer, también tenía necesidades, y para satisfacerlas disponía de una diversa gama de juguetes sexuales que utilizaba sin el menor recato.

    Su sexo depilado en su zona inferior y adornado en la zona del pubis con una estrecha franja pelillos, engullía un falo de un tamaño que cualquier hombre hubiera deseado para él. Y no es que Pablo anduviera cojo en ese sentido, dado que su polla era de buen tamaño, en ocasiones excesivamente grande para las remilgadas niñatas con las que se relacionaba. Pero al ver el consolador que su querida tía manejaba, reconoció que era de las que no se conformaba con nimiedades.

    De vez en cuando se sacaba la polla de látex para repasar toda su raja y detenerse en el pequeño botón queriendo disfrutar de las vibraciones que el juguete le brindaba en esa zona. Después llevó la verga a su boca y la repasó con la lengua reiteradas veces para, a continuación, introducírsela en la boca una y otra vez. Tras unos minutos lengüeteando y engullendo el consolador, volvió a metérselo en el coño y un gemido escapó de su boca. El dedo corazón de la otra mano se ocupaba de atender el anhelante clítoris, mientras la polla desaparecía en la cavidad y volvía a reaparecer en movimientos contundentes cada vez más rápidos. Poco a poco el dildo iba impregnándose del flujo blanquecino que segregaba su vagina, prueba evidente de su excitación. Ángela levantó las caderas y movió la pelvis repetidas veces, anunciando así un maravilloso orgasmo que Pablo pudo escuchar, no sólo mediante el teléfono, sino también a través de las puertas. Como si el artífice de la corrida de su tía hubiese sido él, consideró que ya podía correrse y se abandonó a su placer dejando escapar el líquido a presión, y como si de un aspersor se tratase, se desparramó sin contención por la habitación. Después de quince segundos expulsando leche se desplomó encima de la cama reconociendo que había sido la mejor paja que recordaba.

    Volvió a mirar el teléfono móvil comprobando que su tía se colocaba el pijama, se tapaba, apagaba la luz y caía rápidamente en un merecido sueño tras la descarga de endorfinas. Pablo hizo, lo mismo, limpió el suelo, se puso el pijama e intentó conciliar un sueño que se resistía a aparecer después de todo lo que había visto. Todo aquello era demasiado para un joven de veinte años, de modo que tras dos pajas más sosegadas, el sueño le ganó la batalla, durmiendo esta vez de un tirón.

    Pasó una semana y Pablo no volvió a observar la morbosa conducta de su tía. Eso sí, disfrutó de los momentos fugaces en los cuales ella se desnudaba para cambiarse de ropa, siempre a la espera de regocijarse de nuevo contemplando el espectáculo grabado a fuego en su cerebro, hasta que un lunes, después de suspenderse las clases en la facultad, regresó a casa, en vista de que no tenía otros planes. Se suponía que un lunes por la mañana todo el mundo estaba trabajando y en casa no tendría por qué haber nadie, por lo que aprovecharía para ver la escena en su móvil una y otra vez hasta que sus reservas de leche se vaciaran.

    Cuando entró en casa escuchó gemidos provenientes de la habitación de Ángela y se acercó con sigilo agradeciendo el hecho de disfrutar de otra situación morbosa, por lo que entró en silencio en su habitación y cerró la puerta para explayarse.

    Al encender el móvil y activar la cámara vio como Ángela estaba montada encima de un amante y saltaba alegremente sobre un enhiesto falo de notable tamaño. Reconoció entonces que su tía no se conformaba con cualquier menudencia. Fue cuando abandonó la cabalgada para cambiar de posición, cuando reconoció que era su padre el suertudo que se la estaba beneficiando. Lo odió por ser un adúltero y engañar a su madre, pero lo odió todavía más por robarle a la diosa a la que deseaba con todas sus fuerzas.

    Ambos amantes se reposicionaron y Ángela apoyó sus codos en la cama ofreciéndole a su cuñado un trasero por el que muchos hombres matarían. Un coño en forma de hucha asomaba por debajo pidiendo a gritos rellenarlo. El padre del muchacho se cogió la verga y con un golpe de cadera se la metió hasta los higadillos haciéndola gritar de placer en cada una de las embestidas que le daba.

    Pablo se preguntó por qué una mujer como ella se dejaba follar por su cuñado diez años mayor que ella, con un cuerpo deteriorado por la edad y por la poca actividad física, pero pronto cayó en la cuenta de que al parecer, más que la edad y su atractivo, lo que tentaba a su tía eran las grandes pollas, y viendo el tamaño que calzaba su padre, agradeció el hecho de haber heredado de él sus atributos.

    Ángela culeaba mientras su cuñado babeaba y se aferraba a su culo embistiendo como un toro en celo. Unos sonoros azotes en las nalgas armonizaban la sinfonía de gritos y jadeos que los dos amantes liberaban.

    Seguidamente, el amante le dio la vuelta a su cuñada, le abrió las piernas todo lo que daban de sí y se la volvió a ensartar acelerando el ritmo en cada embate. La mujer se asió a las nalgas de su cuñado y se dejó follar por él con la ferocidad propia de un animal salvaje, llevándola a un portentoso orgasmo en el que los cimientos de la casa se vieron comprometidos al dar rienda suelta a su placer, pensando que no había nadie en la casa. Segundos después, Pablo vio como la verga de su padre abandonaba el orificio rociando las tetas y el cuello de la hermana de su mujer. Al mismo tiempo soltaba lastre Pablo, eyaculando en todas direcciones, al tiempo que contemplaba a través del móvil la pornográfica escena en la que sus familiares eran los protagonistas.

    Los dos amantes se quedaron extenuados en la cama. Pablo limpió el pringue provocado por su gayola y salió de casa sigilosamente para no delatar su presencia.

    La idea de que su padre era un adúltero no ensombreció el hecho de que su obsesión era ahora follarse a su tía a cualquier precio, y para ello buscó y rebuscó una y otra vez la manera idónea, aunque sin éxito. El único modo viable que se le ocurrió fue la extorsión a través del chantaje, si con ello conseguía llevar a cabo su objetivo, sin embargo, después de largas horas de reflexión, no creyó tener el valor suficiente para trazar tan maquiavélico plan, pues eso lo calificaría como un abyecto e infame sinvergüenza.

    Fue ella la que acudió en su ayuda allanándole el camino cuando le preguntó si le apetecía que fuesen juntos a la playa, por lo que Pablo abandonó el descabellado plan y decidió gozar del momento y disfrutar de la visión de las exquisiteces de su tía más de cerca.

    A las nueve de la mañana era buena hora porque no había mucha gente y los rayos del sol todavía no calentaban con tanta intensidad, por lo que a esa hora ya estaban tía y sobrino desplegando las toallas para tomar el sol, no sin antes ponerse la crema protectora. Pablo no perdía detalle de las caricias que se daba su tía aplicándose la crema en su piel. El bikini de Ángela era amarillo y lo suficientemente claro que trasparentaba sus tesoros dejando poco margen a la imaginación. Parecía que los pezones quisieran perforar la tela de la pequeña prenda y Pablo no pudo evitar una erección que a su tía no le pasó desapercibida, pero rápidamente se dio la vuelta y le instó a ponerle crema por la espalda. Se tumbó boca abajo para que le aplicara el protector, permitiendo que su sobrino se deleitase, aunque él ya sabía lo que escondía el pequeño bikini. Pablo esparcía la crema por la espalda con friegas que deberían haber sido enérgicas para que la piel la absorbiera, sin embargo ella lo percibió como caricias que iban más allá de lo que podía permitir, con lo cual, se dio la vuelta para evitarlo, y al voltearse advirtió una erección imposible de disimular en un bañador que parecía que no daba más de sí. Ambos se miraron sin saber qué decir y fue Ángela quien rompió el incómodo silencio.

    —¡Anda, ve y date un baño que vas a reventar el bañador! —le instó Ángela.

    —Un baño no va a solucionar esto— le advirtió él señalando la hinchazón.

    Ángela lo miró a los ojos y luego deslizó su mirada al inflamado bulto que se le marcaba. Pablo cogió la goma del apretado slip, la bajó y una enorme y rígida verga saltó como un resorte, saludándola y provocando que a su tía se le abriera la boca involuntariamente ante su virilidad.

    —¡Pablo, por el amor de Dios! ¿Qué haces? ¿Estás loco? —dijo cuando salió de su asombro.

    —Está así por ti. ¿No te gusta?

    —No seas gamberro, y… ¡tápate, que puede verte alguien! —le ordenó mientras la polla la apuntaba amenazante.

    —Te deseo, —le manifestó el joven.

    —No seas imbécil Pablo. Eres mi sobrino.

    —Y mi padre es tu cuñado y bien que te lo follas, —declaró sin pensar.

    Tras semejante afirmación, Ángela se quedó en shock sin saber qué decir, ni qué reacción adoptar. Estaba claro que su sobrino sabía lo suyo con su padre. Eso ya era un hecho irrefutable.

    —¿Cómo sabes eso? —preguntó.

    —Lo sé y con eso basta, —reafirmó sin querer dar explicaciones, pues el hecho de hacerlo comportaba delatar su ilícita y pervertida maniobra.

    —¿Vas a decírselo a tu madre? —preguntó cabizbaja y completamente avergonzada.

    —No, —contestó él, y su tía esbozó una forzada sonrisa que no aliviaba su desasosiego ante su impúdica conducta, al saberse que se había follado a su padre.

    —Quiero follarte, —le dijo sin tapujos, utilizando su proposición como pretexto.

    —Por Dios, Pablo…

    —No me digas que no te ha gustado ponerme cachondo mientras te ponía la crema. ¿Y el bikini que te has puesto no era para ponerme caliente? Pues lo has logrado. ¿No es lo que querías?

    —No exageres.

    —No lo hago. No me digas que tú no lo deseas.

    —Eres mi sobrino. Si tu madre se entera nos mata.

    —¿Y si se entera que te has follado a mi padre no?

    —Sí, también, —tuvo que reconocer,

    —¡Vamos detrás de aquellas dunas! —le ordenó mientras plegaba la sombrilla y recogía sus cosas. Su tía recogió las suyas y se dirigieron a las dunas donde había una pareja haciéndose mimos. Avanzaron unas dunas más y bajaron a una hondonada formada por las dunas, de modo que desde el emplazamiento no los veía nadie a no ser que subieran el montículo. Existía esa posibilidad, pero Pablo estaba demasiado caliente para ser juicioso. Lo único que deseaba era follarse a su tía que tan caliente lo había puesto las últimas semanas.

    Pablo extendió las dos toallas y las unió para crear una especie de cama, después colocó la sombrilla con el fin de ocultarlos de miradas indiscretas. Seguidamente se sentó en la toalla y animó a su tía a hacer lo mismo. Se quitó el bañador mostrando de nuevo una verga que en ningún momento había perdido su firmeza. El muchacho cogió la mano de su tía y la posó sobre su miembro, después la besó y Ángela reaccionó al húmedo beso de su sobrino sin soltar el madero al que seguía aferrada.

    Pablo le soltó el sujetador y liberó los turgentes pechos adornados con unos pezones completamente erectos que no tardaron en ser atendidos por la lengua del apasionado muchacho. El cuerpo de Ángela respondió a las caricias de su sobrino, reconociendo que sabía lo que se hacía. Sus labios vaginales se abrieron como dos pétalos y la mano del chaval se adentró por la diminuta braguita hasta alcanzar la gruta mojada. Su tía respondió con un suspiro ante el dedo que se paseaba por la babosa raja, después abrió la boca y echó la cabeza hacia atrás cuando sintió avanzar la extremidad hacia su interior. El dedo resbaló con facilidad en la cavidad y Ángela movió su pelvis intentando acompasar con el movimiento percutor de la pequeña extremidad. Mientras tanto, su mano se deslizaba arriba y abajo por la erecta polla en un incesante movimiento masturbatorio.

    Pablo se tumbó en la toalla y se acopló el culo de su tía en la boca, de tal modo que su polla quedó al alcance de la boca de su tía. La cogió del tallo, paseó su lengua por el labio superior y después se mordió el inferior para, a continuación repasar todo el cipote con la lengua. Al otro lado, la lengua de su sobrino se adentraba en su coño, del que iban resbalando los caldos del placer. Notó un dedo adentrándose en el pequeño orificio y dio un respingo, pero pronto la sensación empezó a ser gratificante y el placer anal condimentó el vaginal. La boca de Ángela se abrió para abrazar el pollón de su sobrino y su cabeza inició un movimiento oscilante mamando el pilón de carne. El placer de la lengua adentrándose en su coño le hacía perder la concentración de la mamada, por lo que decidió masturbarlo mientras gozaba de la lengua juguetona y del dedo invasor. Cuando la excitación de Ángela estaba en su punto álgido, decidió darse la vuelta y montarse en la soberbia verga del muchacho, dejando por un momento de lado los prejuicios y las preocupaciones iniciales. Se dejó caer sobre el garrote y se sintió completamente llena.

    —Menuda tranca tienes, Pablo, —dijo mientras la estaca se le hundía en lo más hondo de su ser.

    —¿Te gusta más que la de mi padre?

    —Sí, —respondió con la mirada perdida mientras empezaba a cabalgar como una amazona.

    El muchacho se cogió a las dos tetas bamboleantes y las amasó como si pretendiese reventarlas. Al mismo tiempo, mordía los pezones y parecía querer arrancarlos con los dientes. Por su parte, su tía jadeaba gozando del joven semental que percutía en su babosa raja. Mientras saltaba volvió a notar la presencia del dedo invadiendo su ano, añadiendo más placer a un coño que explotó en un descomunal clímax que parecía no terminar. Cuando por fin remitió el placer, su sobrino le dio la vuelta, la puso a cuatro patas y volvió a ensartársela en el coño, de tal manera que el orgasmo parecía querer retornar, pero no lo hacía, sin embargo, no por ello dejó de gozar.

    Las embestidas del joven eran cada vez más enérgicas y contundentes, obligando a Ángela a gritar con cada embate del potro desbocado que parecía pretender romperla por dentro ante el ímpetu de su sobrino. Su tía empezó a percibir como un nuevo orgasmo intentaba asomar, paseándose por todas las terminaciones nerviosas de su interior. Ángela se ayudó de su dedo y se aplicó movimientos circulares en el clítoris con cierta presión para que no escapase, y en cuestión de segundos el orgasmo golpeó sus entrañas forzándola a sacarse la polla de su interior para explotar en un desmesurado squirting que la hizo temblar de gusto, y mientras remataba su clímax con los dedos, Pablo eyaculó entre gruñidos y sonidos guturales, al tiempo que su leche golpeaba a presión una y otra vez en su coño, en su ano, en sus nalgas y en su espalda. Su cabello tampoco se libró de la desmesurada corrida de su sobrino. Cuando se aplacó la euforia, se limpiaron, se colocaron el bañador, se tumbaron en la toalla y un incómodo silencio invadió el momento.

    —¿Te ha gustado? —preguntó Pablo.

    —Te mentiría si te dijera que no, —respondió.

    —¿Más que con mi padre? —quiso saber.

    —¿Para ti es una competición?

    —No, pero es importante. Quiero pensar que te he dado el mismo placer que tú me has dado a mí y que me deseas tanto como yo a ti.

    —He gozado mucho, pero esto no puede volver a repetirse.

    —¿Y con mi padre?

    —Con tu padre tampoco. Aquello fue un desliz y también un error. Nunca tendría que haber pasado.

    —Pero pasó. No me importa que sigas follando con él, siempre que lo hagas también conmigo.

    —No quiero follar con él.

    —¿Y conmigo? —le preguntó mientras balanceaba su polla en completa erección, acompañando al meneo con una pícara e insinuante sonrisa que le fue devuelta.

  • Tu coño sabe a gloria bendita, hija

    Tu coño sabe a gloria bendita, hija

    Aurora vivía en un pueblo de Galicia, tenía 21 años, estaba casada, era alta, morena, de ojos negros, tenía las tetas grandes, anchas caderas y un buen culo. Iba al monte con su motocarro a coger leña. Braulio, su padre, viudo, alto, moreno, doble, muy fuerte y en la cincuentena, iba sentado a su lado para coger un par de sacos de piñas para su casa. Iban por un camino ancho de tierra. Le preguntó el padre a la hija:

    -¿Cuándo vuelve José de Suiza?

    -No lo sé.

    -A ver si de esta vez cuando venga…

    -Sé por dónde vas, pero si la cigüeña no los quiere traer, no los trae.

    Braulio le tiró una más de sus indirectas.

    -Oye. ¿Y no has pensado en cambiar de pájaro?

    Aurora no pudo evitar que se le escapara una sonrisa antes de decir:

    -¡Y vuelve el burro al trigo!

    -Muy burro no es cuando vuelve al trigo. ¿Sabes que me gustaría hacer?

    -Sí, papá lo sé, y lo sé hace mucho tiempo. ¿Cuántas copas tomaste antes de venir para el monte?

    -¿Eso que tiene que ver?

    -Mucho, siempre que estás bebido quieres hacerlo conmigo.

    Metiendo una mano entre sus piernas, le dijo:

    -Deja que conozca el sabor de tu coño.

    -Quita la mano de ahí.

    Le metió la mano dentro de las bragas. Aurora quiso quitársela, peo no pudo. Paró el motocarro a un lado del camino, y con cara de pocos amigos, le dijo:

    -¡O quitas a mano de ahí o te cae una hostia cómo un templo!

    Le metió un dedo dentro del coño, y le dijo:

    -Anda, deja que mi lengua ocupe el lugar del dedo. Llevo cinco años sin catar un coño. Ya no recuerdo ni cómo huele.

    Le cayó una trompada con la mano abierta que le puso la cara del revés. Braulio con el dedo fuera y la mano sobre el coño peludo, le dijo:

    -Le acabas de pegar a tu padre.

    -¡Mi padre es un degenerado!

    La atrajo hacia su lado, y al tenerla sobre las rodillas le levantó la falda, le bajó las bragas y le dio con la palma de su mano derecha en las nalgas.

    -¡Plas, plas, plas!

    -A un padre no se le pega, coño.

    Aurora se revolvió unos segundos, pero paró de hacerlo porque sus pies daban contra la puerta del motocarro y no quiso abollarla.

    -Suéltame, cabrón.

    -Tu padre no es ningún cabrón.

    -¡Desgraciado¡ Cuando me sueltes te voy a marcar la cara con las uñas.

    -Tú no vas a marcar nada, gata.

    Le volvió a dar.

    -¡Depravado!

    Le metió dos dedos dentro del coño mojado, los sacó, los olió, los chupó y le dijo:

    -Tu coño sabe a gloria bendita, hija.

    -¡Suéltame de una puta vez, guarro!

    Volvió a meter los dos dedos en el coño y comenzó a masturbarla al mismo tiempo que mojaba un dedo en la boca y con la yema le acariciaba el ojete.

    -¡Cómo me gustaría lamer este ojete! Lamerlo y follarlo.

    La voz de Aurora dejó el tono amenazador.

    -Eres un guarro.

    -Y tú vas a ser mi guarrilla.

    -Ni muerta.

    Braulio sacó los dedos de la vagina y sin dejar de acariciar su ojete se los puso en los labios a su hija.

    -Prueba, mira que ricos están.

    -No voy a probar.

    Le metió los dedos en la boca aprovechando que la había abierto para hablar.

    -¿A qué están ricos?

    Aurora se empezó a animar, o eso le pareció a Braulio, cuando oyó que le decía:

    -Estoy cansada de conocer su sabor.

    Le volvió a dar.

    -Las niñas buenas no se hacen pajas.

    Aurora ya estaba perra perdida, pero siguió resistiéndose.

    -¡Cabrón!

    Los dedos volvieron a entrar en su coño.

    -¡Qué buena estás, hija, qué buena estás!

    -Y tú que desgraciado eres.

    Sacó los dedos del coño para meter el dedo medio de la otra mano, luego lo sacó y se lo metió en el culo. Follándoselo, le llevó los otros dedos a la boca, y le dijo:

    -Chupa.

    Aurora se lo chupó mientras el dedo de su padre entraba y salía de su culo. Braulio supo que ya la tenía. Le dijo:

    -¿Me dejas ahora que te coma el coño?

    Aurora aún se hizo la remolona.

    -Por aquí pasan coches, motos y hasta gente a pie…

    -Por eso. ¿No te gustaría que te comiera el coño mientras la gente pasa y no sabe que estás haciendo?

    -Eso sería de locos.

    -Sí, pero tiene su morbo.

    -¿Y si se acerca alguien a preguntar si me pasó algo?

    -Es un riesgo que tenemos que correr, toda aventura tiene sus peligros. ¿Me dejas?

    La respuesta de Aurora fue salir del regazo de su padre y sentarse en su parte del asiento, levantar el culo y quitar las bragas. El motocarro tenía un asiento que era un banco de madera, Braulio sacó su culo de él, se arrodilló, metió cabeza entre las piernas de su hija, le olió el coño y le dijo:

    -Huele que alimenta.

    Lamió de abajo a arriba con la lengua plana. Al llegar a la vagina la penetró y al sacarla subió hasta el clítoris, apretó la lengua contra él y lamió hacia los lados, de abajo a arriba y alrededor. Volvió a lamer de abajó a arriba… Se lo trabajó de ese modo largo rato. Aurora con un brazo apoyado en la ventanilla abierta y a punto de correrse y mirando al frente, le dijo:

    -Comes el coño que da gusto.

    -Y más que te va a dar.

    Aurora se puso tensa.

    -Se avecinan problemas. Para de lamer y no te muevas de ahí.

    Braulio no sabía de qué se trataba y siguió comiéndole el coño.

    -Para que baja del monte señora Antonia.

    Braulio no dejo de lamer.

    Antonia, una vieja de unos setenta años, vecina de la aldea donde vivían Aurora y su padre, bajara del monte con un pequeño remolque cargado de leña, se paró al lado del motocarro, y le preguntó:

    -¿Parouche o diaño este, Aurora? (¿Te paró el diablo este, Aurora?)

    Aurora sintiendo la lengua de su padre en el coño, le dijo:

    -No, señora Antonia, espero a que mi padre acabe de hacer algo que está haciendo.

    La mujer, tirando del remolque y yéndose, le dijo:

    -Non me dijas mais, filliña, apertaronlle as janas e vai a cajar (No me digas más, hijita, le apretaron las ganas y va a cagar.)

    Nada más irse la vieja, la mano de Aurora cogió la cabeza de su padre y apretó su boca contra el coño, luego sin quitar el brazo de la ventanilla, y con un tremendo temblor de piernas, se corrió echando una pequeña cascada de jugos que Braulio tragó con lujuria.

    Al acabar de tragar, le dijo:

    -Dime cuando me puedo levantar.

    Aurora esperó a que pasara un coche que venía de frente.

    -Ahora.

    Braulio se volvió a sentar.

    -¿Qué te pareció?

    -Que ya lo hiciste en público con alguna mujer, no en un motocarro, pero en algún lugar lo hiciste

    -¿Te preguntaba qué te pareció?

    -¡Pufff! Aún me están temblando las piernas.

    Poco después estaban en el monte y Aurora ya no se cortaba, le dijo:

    -Primero cargamos y después, si no estoy cansada le damos al tema.

    Aurora llevaba puesto un vestido verde que le daba por debajo de las rodillas y calzaba unos zapatos marrones viejos con poco tacón. Al agacharse para coger las piñas le enseñaba parte de sus muslos a su padre y poco a poco lo fue calentando… Tanto lo llegó a calentar que Braulio sacó la polla empalmada y al agacharse su hija para coger una piña le levanté el vestido, le bajó las bragas y le metió la polla hasta el fondo del coño de una estocada. Aurora no se enderezó, dejó que la follara a pelo un ratito, luego la quitó separándose de él, se apoyó con las dos manos a un pino, se abrió de piernas y le dijo:

    -Dame duro.

    Braulio le dio a romper. De su coño comenzaron a salir jugos que colgaban cómo cuelgan los mocos de las narices de los niños cuando hay frío, colgaban hasta que el movimiento los hacía caer sobre la hierba. Pasado un tiempo, cuando sintió que se iba a correr, le echó las manos a las nalgas a su padre, lo apretó contra ella y con la polla metida hasta el fondo, le dijo:

    -¡Me corro papa!

    Gimiendo y sacudiéndose le bañó a su padre la polla con los jugos de su corrida. Al acabar, le dijo:

    -¡Qué corrida me quitaste! ¿Quieres que te la mame, papá?

    -Eso no se pregunta, hija, eso no se pregunta.

    Braulio quitó la polla del coño encharcada de jugos. Aurora se agachó, lamió sus huevos y en ellos encontró parte de sus jugos, jugos que siguió degustando al chuparle la polla… Después le chupó el glande y se la meneó a toda hostia para que se corriera. En nada cayeron en su boca chorros de leche que se fue tragando. Al acabar de tragar se incorporó, arregló sus ropas, y le dijo:

    -No juguemos más con la pólvora.

    Braulio quiso meter una estocada en todo lo alto.

    -¿No te gustaría uno por el culo?

    -En otro momento, ahora tendría que ponerla dura otra vez y eso llevaría tiempo. Ven esta tarde a mi casa.

    -¿A qué hora?

    -A la hora de la siesta.

    Llegó la hora. La puerta de la casa de Aurora estaba abierta. Braulio la cerró detrás de él y le puso la tranca. Al llegar a la habitación de su hija vio que estaba desnuda, boca arriba y con las manos en la nuca. La visión era espectacular. Sus tetas eran redondas, grandes y con areolas rosadas e inmensas y sus pezones eran gordos, su cintura normal, sus caderas anchas, sus piernas largas y su coño tenía una gloriosa mata de pelo negro alrededor. Braulio se desnudó. Ya estaba empalmado y con ganas de clavarla, pero Aurora era una apasionada de los preámbulos y cuando su padre se echó a su lado, le dijo:

    -Antes de meter vas a hacer todo lo que te mande, papá.

    -A mandar.

    -Pasa tu lengua por mis labios.

    Entreabrió los labios, Braulio pasó a lengua por ellos, Aurora abrió la boca y le chupó la punta unos segundos. Luego le dijo:

    -Ahora las tetas, quiero que las cojas por debajo, me las magrees y me las comas enteras, no quiero que dejes un lugar en ellas sin lamer y sin chupar.

    Le cogió las tetas por debajo y magreándolas se las lamió, se las besó por los lados, le besó y lamió los pezones, le besó y lamió las areolas, las mamó y acabó chupando sus duros pezones. Le dio un repaso magistral. Aurora siguió mandando.

    -Le toca al coño, esta vez lo vas a comer a mi manera.

    Al bajar al coño lo encontró empapado, Aurora le dijo:

    -Lame los labios y después mete tu lengua en mi coño hasta donde te entre.

    Hizo lo que le dijo, lamió sus labios y le metió la lengua en el coño. Cada vez que se la clavaba ella levantaba la pelvis intentando que le entrara más, pero como es obvio no entraba. Luego le señaló el clítoris y le dijo:

    -Lame aquí de abajo a arriba -lamió-. Ahora hacia los lados -lamió-. Alrededor -lamió-. Lame todo el coño y al llegar arriba lame cómo más te guste.

    Hizo todo lo que le dijo y al séptimo recorrido, exclamó:

    -¡Para, papá, para qué me corro!

    Extrañado por su reacción, le preguntó.

    -¡¿No es lo que querías?!

    -Sí, pero se disfruta más haciendo que dure -se puso boca abajo-. ¿No quería comerme el culo, invertido?

    -¿Con que invertido, eh?

    Tenía el culo en pompa y a Braulio le gustaba dar. No tuvo más que inclinarse y coger una de sus zapatillas cuya punta sobresalía de debajo de la cama. Aurora estaba impaciente.

    -¿A qué esperas para comerme el culo?

    Le cayeron dos zapatillazos que le iban a dejar el culo a arder.

    -¡Ayyyy!

    Se quiso dar la vuelta, pero no la dejó.

    -¿A quién llamas tú invertido?

    Aurora no se iba a amedrentar.

    -A ti.

    -Te gusta que te calienten el culo, viciosa.

    -Sí, soy una viciosa, pero no sabes dar con la zapatilla. Te voy a enseñar

    -No, gracias.

    -¡¿Ah, sí?! En ese caso vete.

    -No lo dices en serio.

    Aurora salió de la cama, se sentó en el borde, cogió sus bragas del piso, y le dijo:

    -¡Vete o me pongo a chillar!

    Braulio, manso cómo un corderito, le dio la zapatilla, se echó sobre sus rodillas, y le dijo:

    -Vale, apréndeme.

    -Se empieza dando así:

    -Plas, plas.

    -Se sigue así:

    -¡Plas, plas!

    Le acarició las grandes nalgas, unas nalgas blancas que ahora estaban al rojo vivo.

    -¿Te gusta?

    -Sí, dame otra vez.

    -¡Plas, plas!

    -Así, así, sigue un poquito más.

    Le pasó el canto de la zapatilla por la raja del culo, lo llevó a su nariz, lo lamió y lo olió.

    -Me gusta este olor.

    -¡¡Plas, plas, plas!!

    -¿Te dolió?

    -Joder, si me dolió, esa zapatilla tiene el piso de goma

    -Me gusta causar dolor.

    -¡¡¡Pas, plas!!!

    Braulio le dijo:

    -¡Coñooo! Eso dolió de verdad.

    Aurora estaba tan cachonda que echaba por fuera. Quitó a su padre sus rodillas, y le dijo:

    -Échate sobre la cama.

    Braulio hizo lo que dijo. Aurora subió encimas de él, se abrió de piernas, le puso el coño en la boca, y le dijo:

    -¡Toma, cabronazo, hártate!

    Aurora se agarró con las manos a la cabecera de la cama, frotó su coño con la lengua de su padre, lento al principio y más aprisa cada vez…. Al sentir que se iba a correr, le dijo.

    -Te voy a ahogar con mi corrida, te voy a ahogar con mi corrida, te voy a ahogar… ¡Me corro!

    Aurora, temblando y gimiendo, se corrió en la boca de su padre. No lo ahogo, al contrario, a Braulio le supo a poco la deliciosa corrida.

    Después de tragar, Aurora se echó boca arriba sobre la cama, y le dijo:

    -Fóllame.

    Se echó encima de ella y se la clavó de una estocada. Apoyando sus manos en la almohada la folló lento, aprisa, lento, aprisa de nuevo, lento… Después la besó con lengua, le dio la vuelta y la puso encima, Aurora lo folló tal y cómo la había estado follando su padre, con la diferencia de que ella lo besaba y le daba sus grandes tetas a mamar mientras lo follaba… Algo más de un cuarto de horas después, le decía Aurora:

    -Me corro, me corro, me corro. ¡Me corro!

    Se corrió cómo una loba, estremeciéndose, temblando, sacudiéndose…

    Al acabar, con la polla dentro, Braulio le preguntó:

    -¿Por qué no me dejaste follar antes?

    -Lo que aún no sé es porque te dejé follar hoy.

    La puso debajo y la siguió follando. Poco después sacó la polla del coño y se corrió frotándola contra los labios. Aurora lo besó con ternura cuando acabó de correrse. Luego le dijo:

    -Sentir tu leche en mi coño me puso otra vez perra.

    Braulio se metió entre las piernas de su hija.

    -Espera, papá, espera que limpio el coño.

    Braulio no le dejó.

    -Jugoso cómo está me gusta más.

    Aurora, sonriendo, le dijo:

    -¡Qué cochino!

    -Me encanta hacer cochinadas.

    Braulio lamió el coño y luego con la lengua pringada con su leche y los jugos de la corrida de su hija la pasó por el pezón y la areola de la teta izquierda, después por el pezón y la areola de la derecha, a continuación mamó las tetas, lamió los pezones, y después magreándolas se las volvió a comer. Aurora gemía en bajito. La besó largamente. Luego Braulio bajó besando y lamiendo hasta llegar al coño peludo. Estaba encharcado de nuevo. Con dos dedos retiró hacia atrás el capuchón del clítoris y el glande quedó al descubierto. Con la punta de la lengua lamía hacia los lados, alrededor y después lo chupaba, Aurora se deshacía en gemidos. Cuando estos le anunciaron que se iba a correr, Braulio le dijo a su hija:

    -Ponte boca abajo.

    A Aurora no le hizo gracia.

    -¡¿Ahora?! Me iba a correr, papá.

    -Lo sé, pero al estar tan cachonda tu culo está más receptivo. Te voy a dar un orgasmo anal.

    Aurora le dijo con retranca.

    -Sí, y los burros vuelan.

    Braulio sabía de lo que hablaba.

    -Lo burros no, pero tú vas a volar.

    Aurora, de mala gana, se dio la vuelta. Braulio le echó las manos al vientre e hizo que se pusiera a cuatro patas, después le separó las piernas y a continuación lamió su periné y su ojete. Le dio dos palmadas en las nalgas. La lengua de Braulio entro en su ojete despacito, despacito volvió a salir, y después lamió de nuevo periné y ojete… Así estuvo hasta que Aurora se puso malita.

    -¡Ay que me corro, papá!

    -¡Ni se te ocurra!

    Metió el dedo medio en su culo y Aurora comenzó a gemir de nuevo. Luego se engrasaron en su coño dos dedos más que acabaron dentro del culo girando y haciendo sitio. Después pasó la palma de su mano por el coño y con ella pringada de jugos untó la polla, polla que luego jugó con su ojete haciendo círculos sobre él. El ojete se abría y se cerraba deseando ser penetrado, por eso cuando empujó el glande de la polla entró en el culo sin dificultad. Braulio azotando las nalgas de su hija con las palmas de sus grandes manos se la fue metiendo hasta el fondo. Al estar en el fondo del culo la cogió por las tetas y magreándolas se lo folló, despacito al principio y después acelerando poquito a poco. Cuando ya se lo estaba follando a mil por hora a Aurora le comenzaron a temblar las piernas. Casi sin voz, dijo:

    -Me voy a correr, me voy a correr, me voy a correr. ¡Vuelooo!

    De su coño cayeron jugos sobre la cama, y el temblor que empezara en sus piernas acabó recorriendo todo su cuerpo. Braulio descargó dentro de su culo. Se lo llenó con una corrida brutal, aunque no tan larga como la que había tenido su hija.

    Aún estaban recuperando fuerzas cuando sintieron cómo llamaban con los nudillos a la puerta de la casa. Luego oyeron una voz que decía:

    «¡Telegrama!»

    Aurora se vistió a toda prisa, arregló el cabello, cogió cien pesetas de la cartera para la propina y cuando volvió le dijo a su padre:

    -Se jodió lo que se daba, tu hijo llega esta tarde noche.

    -Pero se volverá a ir. ¿No?

    -Eso espero, vístete y vete para tu casa.

    Quique.

  • Tensión sexual extrema

    Tensión sexual extrema

    Tengo 25 años y soy modelo. Hace 1 año conocí a un chico de 1 año mayor, nos enamoramos y nos hicimos novios 4 meses después de conocernos (en junio de 2020). En noviembre conocí a su familia… todos me estaban esperando ya sentados para cenar juntos, y me presenté con cada uno, pero cuando me tocó saludar a su hermano de 27 años (el único que me saludó con un abrazo) no pude evitar admirar su atractivo físico, su pelo semilargo ondulado, su altura de 1.85 aproximadamente, su cuerpo ancho tipo stlético cual escultura griega masculina y su rostro sexy y dulce a la vez.

    Él también se me quedó mirando sorprendido y sentí la conexión y tensión casi al instante de saludarnos. Comencé a trabajar con su familia a los días de conocernos, entonces nos vemos todos los días y nos miramos, nos rozamos «sin querer», varias veces pasa y me toca los hombros, me abraza al saludarme y saca su mano suavemente de mi cintura después de un dulce pellizqueo intencional, se pasea sin remera frente mío y no puedo evitar calentarme y embobarme, cuando me ve me sonríe sin quitarme la mirada y me pongo roja.

    Tenemos muchos intereses en común y eso me genera más atracción. Cuando hablamos a solas nos decimos cosas con doble sentido. Últimamente estoy mucho más atrevida con el porque me está calentando demasiado y me masturbo mirando sus fotos sin remera y en jogging y se nota que está bien dotado. Antes estaba más recatada cuando estaba con él por respeto a mi novio, pero ya no aguanto (él tampoco y se nota) las ganas de tenerlo desnudo encima mío arañándome la espalda, estrujándome la cintura y la cola, besándome húmedamente el cuello mientras escucho su respiración exaltada y gimeante, mirando su torso marcado subiendo y bajando desesperadamente mientras me penetra descaradamente con el miembro completamente erecto y a punto de explotar de placer… Quiero sentirme vulnerable y extasiada de locura y pasión prohibida. Quiero poder cumplirlo aunque sé que conlleva consecuencias pero ya no aguanto más.

    Cuando tengo sexo con mi novio solo cierro los ojos e imagino que es su hermano quien me coge con todas sus fuerzas y me deja la vagina chorreando de semen (mi novio está muy bien dotado). Sólo sé que si sucede vamos a calmar este fuego que sentimos mutuamente.

    Por el momento voy a seguir parando mi cola frente de él cuando me pongo leggings que me marca hasta la vagina, voy a seguir levantándome a la mañana con mi camisón casi transparente que me marca las tetas redondas cuando sé que está solo desayunando, voy a abrazarlo de tal forma que sienta mi cuerpo tibio y excitado y sé que cuando ya no aguante nos vamos a matar de sexo sin importarnos nada y vamos a cumplir todos nuestros deseos prohibidos que solo nosotros sabemos que imaginamos.

  • Con el pibe de la Terminal de Córdoba

    Con el pibe de la Terminal de Córdoba

    Esto pasó hace casi 20 años en la terminal de ómnibus de Córdoba Capital. Estaba despidiendo a mi mujer e hijo que viajaban a Bs As esa noche, el micro partió y yo bajaba las escaleras de la terminal hacia la calle cuando lo escuché. Era un flaquito de unos 20 años de edad, trigueño, muy atractivo de cara, un poquito afeminado y bastante humilde para vestirse (sin ofender). El pibe estaba muy nervioso, se escuchaba que hablaba con alguien por teléfono y ese alguien lo había citado y dejado plantado en la terminal y sin un peso para volver a su casa. Me quedé admirando la escena porque estaba con tiempo de sobra y ningún apuro de regresar a mi casa temprano ya que estaba solo.

    La cosa se le complicaba cada vez más a Fulano, lo voy a llamar así porque no sabía su nombre, el pibe se quedó sin crédito, y no se le ocurrió otra que ir al telecentro de la planta baja y pedir fiado una llamada para hablar con su amigo. Logró comunicarse por última vez y le suplicó que no lo dejara regalado, que fuera a su encuentro porque no tenía plata y además ahora hasta debía la llamada que estaba haciendo, yo me encontraba a pocos metros de él porque me había acercado a escuchar que decía. La cuestión que salió de la cabina entre nervioso y amargado y se sentó a un par de asientos de donde yo estaba.

    Me quedé observándolo fijamente hasta que se dio cuenta y me dijo «discúlpame, te debo algo? por qué me miras tanto?» Yo solo me sonreí y le dije que solo tenía curiosidad de cómo iba a zafar de la situación en que estaba metido, sin un peso y encima con el tipo del telecentro que lo miraba con cara de pocos amigos; Le dije «perdóname pero con lo nervioso que estabas hablabas muy fuerte y te escuché». Él se sonrió y me pidió disculpas, le dije que la llamada se la pagaba yo, que mi familia recién salía de viaje y si quería, ya que lo habían dejado clavado, lo invitaba a comer a casa.

    Aceptó de una, era un pibe de esos que te das cuenta que son buena gente, tomamos un taxi y él iba re nervioso, frotándose sus manos, parte por el frio y parte por sus nervios. Llegamos a casa, picamos algo rápido y le pregunté si quería darse un baño, hacia frio pero accedió. Lo espié por el ojo de la cerradura, era hermoso, tendría 1.75 de altura y no sé si llegaba a los 60 kg, fibroso, lampiño, piel trigueña, poco vello púbico, y un cuerpo muy bien proporcionado. Pene normal a pequeño que le quedaba justo para su rol de pasivo y una colita también pequeña pero bien parada y sin un pelito. No sabía cómo encararlo, por eso no interrumpí su baño, pero cuando salió lo invité a acostarse y taparse en la cama mientras me bañaba yo.

    Salí del baño completamente desnudo y me empecé a secar frente a él mientras le hablaba de cualquier cosa, como para entrar en más confianza, mi plan funcionó, ya que se hizo terriblemente notoria su excitación y no podía dejar de ver mi pene a media erección. Me acosté a su lado, él estaba boca arriba, tenso, todo su cuerpo era una piedra, no hablaba nada, toque su panza, estaba bien marcada, toqué su pecho y sus tetillas que estaban súper duritas, le dije «Tenés frio» y me dijo que un poco, me acosté encima de él y comencé a lamer sus tetillas, comenzó a aflojarse un poco y a respirar un poco más agitado. Mi ombligo rozaba su pene bien erecto y duro y mientras lamia su cuerpo acariciaba su miembro y testículos, él solo hacia pequeños suspiros.

    No aguanté más y me bajé a chupárselo, no era muy grande, era fino y un poco torcido hacia su izquierda pero cuando tiré de su piel para chupar su glande, éste ya estaba empapado de su líquido pre seminal, un sabor saladito y delicioso y un tamaño para poder chuparlo hasta el tronco sin provocarte arcadas.

    Lo chupé no sé cuánto tiempo, chupé sus huevos, le levanté las piernas lo más que pude y lamí su ano. El dejaba que hiciera en él todo lo que yo quisiera, los primeros segundos con un poco de vergüenza o timidez, después, se dejaba llevar y disfrutaba.

    Me dijo, ahora me toca a mí, y me hizo acostarme boca arriba, comenzó a lamer mi verga hasta que la metió a toda en su boca, me masturbaba con su mano y me la chupaba al mismo tiempo, bajaba hasta mis testículos y volvía a subir recorriendo todo el tronco. Estuvo también un muy buen rato hasta que le dije que quería estar dentro de su cola, quería acabar dentro de esa cola pequeña perfecta.

    Me dijo que íbamos a probar, pero que mi verga era muy gruesa y no creía que iba a poder aguantarla. Se sentó arriba mío y mojo mi verga y su cola con bastante saliva, apuntó mi verga a su culo y comenzó a bajar lentamente mientras respiraba con rapidez, yo sentía como mi glande intentaba abrirse paso en ese culito tan estrecho, él me apretaba la pija con fuerza para que no se doble y seguía insistiendo. En un momento el glande entró y un gemido de dolor se escuchó en la habitación, había pasado la cabeza, pero a medida que el resto iba entrando dentro suyo el dolor se le hacía insoportable, se notaba en su rostro.

    Dos centímetros después, más o menos, me dijo “no puedo más, perdóname, me duele muchísimo”.

    Hasta ahí llegamos, sacó mi verga de su cola y se quedó arriba mío rozando nuestros miembros, después nos masturbamos mutuamente hasta que acabamos los dos; Al final nos acostamos y dormimos hasta la mañana siguiente.

    A la mañana siguiente le di plata para el colectivo y lo saqué medio a las corridas, no por deshacerme de él, sino por mis vecinos chusmas que no quieren perderse de nada.

    Nunca más lo vi y olvidé su nombre, tampoco le pedí su teléfono, espero que algún día lea este relato.

  • Me cogí a mi madre y arreglé los problemas en casa

    Me cogí a mi madre y arreglé los problemas en casa

    Tenía 18 años, mi nombre es Marcos, vivía con mis padres, mi madre una morena de 1.65 m, no tenía un súper cuerpo pero se mantenía bastante bien, lo mejor que tenía eran sus abultados y firmes pechos, ella tenía en ese momento 39 años, era abogada de profesión, trabajaba de lunes a viernes en un estudio de abogados y descansaba fines de semana, por las noches iba a gimnasio. Mi padre, militar 22 años mayor que ella, algo subido de peso y debido a la bohemia vida en su juventud los años ya le pesaban.

    Cierto fin de semana escuche a mis padres discutir, él le reclamaba a ella que mucho se estaba viendo con un abogado de su trabajo, ella le decía que eran solo cuestiones de trabajo, el seguía reclamando varios minutos, ella cogió sus cosas y bajo a la sala, yo la alcance un par de minutos después y le pregunte porque estaba tan molesta, ella me conto que mi padre la andaba celando mucho con un compañero de trabajo con el que mantenía mucha comunicación, pero eso era porque estaban llevando un caso juntos. Le dije que no le preste importancia, que ya se le pasara.

    Ese fin de semana volvieron a discutir, mi padre salió de la casa muy molesto, ella estaba bastante molesta también, entonces le ofrecí irnos a un bar a tomar unos tragos, escuchar música y conversar solo para que se relaje un rato, ella acepto, se fue a cambiar, salió algo más sport, con un jean bastante apretado y un polo manga cero, parecía una chiquilla.

    Nos fuimos al bar, estuvimos tomando varios tipos de tragos, llegado un momento ella se levantó para ir a los servicios, no pude evitar mirarle el trasero mientras caminaba, la verdad que lo tenía bastante formado y duro producto de su entrenamiento en el gimnasio, por ahí alguna que otra mirada sobre ella de algún tipo, ella se daba cuenta pero solo sonreía un poco.

    Cuando volvió seguimos conversando, los tragos subieron a la cabeza y empezaron los temas más picantes, pregunte por el amigo con el que estaba trabajando, ella me comento que no pasaba nada con él, solo era un amigo y nada más, pero a tanta insistencia termino confesando que si le gusta, incluso había algunas ocasiones donde tuvieron algún acercamiento físico y ella terminaba accidentalmente sintiendo el roce de su verga dentro de su pantalón con su culo, ella había tenido algunas fantasías tirándoselo, pero solo eso, el tipo jamás le había insinuado nada al respecto. Le pregunte como iba el sexo con papa, confeso que y hacia casi 2 años que él no la tocaba, pero que jamás había sido infiel, aunque ganas no le faltaban, pero hasta el momento no se animaba a hacerlo, me confeso también que uno de los instructores del gimnasio aprovechaba la as mínima oportunidad para ponerse detrás de ella mientras le enseña algún ejercicio, Y tú que hacías? le pregunte. Respondió que nada, solo se dejaba hacer y disfrutaba mucho esos momentos fantaseando que ese tipo le hacia el amor, en ese momento le pregunte si de verdad le gustaría tener un amante, lo pensó antes de contestar, pero finalmente me dijo que sí, yo con los tragos encima estaba viendo por primera vez la posibilidad de cachármela, le propuse que se busque uno (lógicamente pensaba en mi) elle pregunto si era en serio lo que le proponía, le dije que sí, entonces me pregunto si estaba dispuesto a ayudarla con eso y cubrirla en sus salidas, nuevamente pensando en que sería yo el que la cogería le dije que sí, entonces me comento que iba a empezar a seducir a su compañero de trabajo, pero que necesitaría que le ayude con mi padre, en ese momento me acerque a ella pegue mi boca a su oreja y susurrando le dije que si mientras le agarre la pierna, con la otra mano cogí su mejilla y puso mi cara directo contra a de ella, juntando nuestras narices y con los labios prácticamente pegados casi besándonos, nos quedamos en esa posición mientras seguía acariciando su pierna, hasta que en un momento de cordura ella se para y me dice que es hora de ir a casa, acto seguido nos retiramos.

    A los dos días me dijo que en su trabajo tenían un trabajo por realizar pero en provincia y que le designaron a ella con su amigo a llevarlo, por lo que tendrían que viajar unos días, ahora tendría que ayudarle para que papa no le hiciera problemas, cuando ella le comento no le dijo que su amigo iría con ella, pero mi padre no estaba convencido hasta que le dije que yo podría acompañarla aprovechando mis vacaciones, solo serían 3 o 4 días, mi padre estuvo de acuerdo mucho más tranquilo en tanto ella estaba feliz.

    El día del viaje mi padre no nos acompañó al aeropuerto ya que estaba yendo yo, al llegar mi madre y yo nos hicimos los desconocidos y ella se saludó con su amigo, se dieron un abrazo muy fuerte pegando toda su humanidad ambos, sentí celos de como ella estaba sintiendo todo su cuerpo y no la soltaba, pasados unos segundos se soltaron y fueron caminando muy cariñosamente al embarque, ella lo tomo del brazo y caminaban como una pareja, empecé a dudar si realmente ella y no le había puesto los cuernos a mi padre, pero tuve que aguantarlo. al llegar al hotel ellos entraron primero, ella ya tenía su habitación individual reservada por la empresa, el supuestamente tendría la suya, pero al acercarme a recepción después que habían pasado ellos, el recepcionista me dijo que ya no tenían mas habitaciones, pensé que sería un error y que mi madre me dijo que y haba reservado una, el recepcionista confirmo que nunca se hizo la reserva por mí, ahí fue donde entendí que ella iba en serio con lo de su amante y que no era yo quien la iba a coger, a los minutos ella me envió un mensaje y me diciendo: «Lo siento hijo, pero no me sentiría muy cómoda engañando a tu padre si mi hijo estuviera en la habitación de al lado, te deposite un dinero para que alquiles una habitación en algún hotel cercano y pasees todos estos días, disfruta tu estadía que yo si la voy a disfrutar mucho».

    Aquella primera noche no pude dormir pensando en cómo le estaban haciendo el amor a mi madre, como la estaban cogiendo, que poses le harían, cuantas veces la poseerían? irónicamente a su vez me excitaban mucho esos pensamientos, termine haciéndome varias pajas pensando en la situación y como podría evitarlo los días que vienen. Al día siguiente los vi salir del hotel a su lugar de trabajo, ambos llevaban lentes oscuros y señales que habían dormido muy poco aquella noche, me acerque nuevamente a la recepción y para mi suerte esta vez si encontré habitaciones libres, me las arregle con el recepcionista para que me dieran una que en el mismo piso de los amantes y justamente me dieron la del costado del amigo.

    Mi madre me escribió por la tarde sin saber que ya estaba en su mismo hotel me conto que fue una noche desenfrenada de sexo, lo hicieron 7 veces y en poses que ni se imaginaba existieran, y ahora mismo habían terminado de hacerlo en el baño de un centro comercial, que ya me contaría los pormenores y se despidió.

    Llamo mi padre, le dije que todo estaba bien y que estaba con ella todo el tiempo que podía, no me quedaba de otra.

    Pasaban las horas y no volvían al hotel, me quede dormido cuando de pronto despierto por los ruidos que se escuchaban en la habitación de al lado, era mi madre gimiendo, habían llegado del trabajo y empezaron su faena sexual, recuerdo los gritos, ahhh… ahh… dame… siii… toma perra, la cabecera de la cama golpeando con la pared, sentía muchos celos, no podía permitir que siga pasando eso, ella tenía que ser mía. Al siguiente día los volví a seguir, cuando salieron de su trabajo se dirigieron a tomar a un bar, aproveche cuando él fue al baño para acercarme, le dije que venga urgente conmigo, una emergencia con mi padre, ella se asustó salimos y agarramos un taxi, ella le envió un mensaje a su amante diciendo que tenía una emergencia y se comunicaría con el apenas se resuelva, ella seguía asustada preguntándome, finalmente llegamos al hotel donde me aloje la primera noche, subimos a la habitación que había alquilado, al entrar cerré la puerta y antes que ella hable la bese, la levante y la eche en la cama sin dejar de besarla, ella resistió pero yo era más fuerte, le arranque la parte superior dejando al desnudos sus ricas tetas y empecé a succionarlas, ella era muy sensible ahí, me lo había confesado días antes en el bar, pasados unos minutos ya no había ninguna resistencia, solo se dejaba llevar, al rato la tenía completamente desnuda, cogía sus nalgas, sus pechos, besaba su cuello, todo a mi merced, aquel día lo pensaba tener todo, ella ya estaba totalmente entregada, desnudos los días, ella totalmente loca, solo quería ser penetrada, finalmente se la metí, fue muy fácil la penetración, estaba totalmente mojadita allí abajo, empezamos nuestra danza de apareamiento una y otra vez, nunca la había visto así, llena de pasión, me arañaba la espalda, y me besaba, después de varios minutos terminamos ambos con un orgasmo, ella se estremecía desordenadamente, yo respiraba profundo mientras descargaba todo mi semen dentro de ella. Al terminar nos abrazamos y nos quedamos así por un rato sin hablar nada. Conversamos de lo que había pasado, me dijo que le gustó mucho, le dije que no le diría a mi padre nada de lo ocurrido con su amigo, pero en adelante seria yo el que la iba a satisfacer sexualmente, no quiero que este con nadie más, no pensaba cubrirle ninguna aventura más y que le tendría que decir a su amante que no se verían mas sexualmente. Ella acepto.

    Después de unos días volvimos a casa, cada vez que podíamos lo hacíamos en mi habitación, en la sala, en la cocina y últimamente en su habitación matrimonial, se solucionaron los problemas entre ellos, ya casi ni discutían, mi madre estaba sexualmente satisfecha y dejaron de existir los problemas de celos, nos convertimos en una familia modelo y me convertí en el amante de mi madre, la poseo prácticamente cuando quiero y casi a diario más de una vez al día y ella no tiene que buscar fuera lo que ya tiene en casa.

    Si quieren conversar les dejo mi correo: [email protected].