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  • Escapada a la montaña con mi madre (V)

    Escapada a la montaña con mi madre (V)

    La tarde había trascurrido sin mayor interés, y la hora de cenar estaba cerca. Lo más destacable fue que mi madre no paró de ir al baño en toda la tarde, por lo visto el encuentro que habíamos tenido en la ducha esa misma mañana la dejó cachonda perdida por el resto del día. Ella siempre decía que a su edad no tenía tanta energía sexual, pero por las veces que fue al baño y el tiempo que pasó allí, calculo que debió tener más de 4 o 5 orgasmos a lo largo de la tarde.

    Yo por mi parte estaba igual de caliente que ella o incluso más, pero decidí no tocarme, y así guardar energías para la noche. En ese momento he de reconocer que estaba cegado por volver a correrme junto a mi madre, por lo que no pensé en ningún plan en concreto, simplemente buscaba calentarla y dejar que las cosas fluyeran. Llegó la hora de la cena y decidimos picar algo en la terraza, ya que hacía bastante calor. Por eso mismo yo iba con unos shorts bien sueltos y sin camiseta, un clásico ya de esas vacaciones. Por otro lado mi madre me dio una pequeña sorpresa, sacando a relucir un conjunto que nunca le había visto. Llevaba una camiseta rosa de tirantes bastante fina que marcaba bien sus pezones, la cual era extremadamente corta, por lo que si se movía mucho podía subirse dejando asomar la parte baja de sus preciosas tetas.

    Para la parte de abajo llevaba un pantaloncito gris que parecían más bien unas bragas, el cual a veces se metía levemente entre sus nalgas resaltando bien su jugoso culo.

    -Wow mamá menudo conjuntito te has traído.

    -Ya hijo, igual tendría que haber comprado una talla más, pero era la única que había y hace tanto calor que era o traer esto o ir desnuda directamente jajaja.

    -Bueno si tienes mucho calor y quieres quitarte algo yo no te voy a decir nada eh jajaja.

    -No si ya lo sé ya, si por ti fuera me tendrías en pelotas todo el día. Hay que ver que hijo más pervertido tengo jajaja -decía ella divertida y sin darle la mayor importancia-. Pero bueno así estoy fresquita también.

    -Bueno pues si tú estás cómoda a mi me vale -decía yo mientras le daba un corto y seco beso, rozando levemente nuestras lenguas por un instante-.

    -Mmm… Oye por cierto ¿al final metiste en el iPad aquellas pelis que te dije? Con este calor me apetece echarme en la cama y ver alguna antes de dormir.

    Efectivamente yo había llevado mi iPad, ya que como sabíamos que seguramente no habría Internet, decidimos meter unas cuantas películas por si nos apetecía ver alguna. Lo que mi madre no sabía es que no sólo había metido películas, sino que también me había descargado algo de porno para mis pajas nocturnas. Obviamente esos vídeos estaban bien guardados en unas carpetas que ella no encontraría, a no ser… Ahí se me vino la idea a la cabeza. En ese momento le dije que sí había metido sus pelis, pero que tenía que ponerlo a cargar y que se lo llevaría a la habitación en una hora, por lo que después de cenar subí a mi cuarto para poner el plan en marcha. Este consistía en hacer que »por error» mi madre encontrara ese porno, y así encenderla un poco más y con suerte, pillarla en su habitación en plena faena. Para ello cree dos carpetas, una que ponía »pelis mamá» y otra llamada »pelis Iván». Esto lo hice porque sabía que mi madre iba a entrar a mi carpeta para cotillear que pelis iba a ver yo, ya que en cuanto a cine tenemos unos gustos bastante parecidos. Salvo que en esta carpeta no iba a encontrar mis pelis, sino un montón de porno. Y no un porno cualquiera no, porno expresamente de milfs en escenas madre e hijo, ya que con todo lo vivido últimamente estaba seguro que eso la calentaría a más no poder. Y así lo hice, después de dejarlo todo bien organizado le llevé el iPad a su habitación.

    -Hola mamá, toma aquí lo tienes, ya está cargado del todo. Tus pelis están en una carpeta que se llama »pelis mamá».

    -Ay hijo gracias, ahora en un rato me pondré alguna -decía ella dejando a un lado un libro que estaba leyendo-. Eres el mejor cariño.

    Yo le di un piquito y me fui a mi cuarto, era momento de esperar. No sabía siquiera si mi madre picaría el anzuelo, por lo que me dediqué a esperar algún ruido que me indicara movimiento, dejando mi puerta algo abierta. Pasaron poco más de veinte minutos y pude escuchar cómo mi madre bajaba a la cocina a por un vaso de agua. No era nada delatador, ya que lo suele hacer antes de irse a la cama, pero por curiosidad y sin hacer mucho ruido me metí en su cuarto para ver si se había puesto una peli o todavía seguía leyendo. A primera vista no pude ver el iPad, pero acercándome un poco a la cama vi cómo lo tapaba la almohada. Mi sorpresa vino cuando al cogerlo vi cómo efectivamente había caído en mi trampa, y no sólo había visto la carpeta, sino que tenía un vídeo abierto y ya empezado. En ese momento mi polla dio un salto de excitación y el morbo invadió mi cuerpo. Justo entonces oí cómo la puerta de mi espalda se abría. Pude ver cómo efectivamente llevaba un vaso de agua en la mano, pero con la otra se tapaba la entrepierna, ya que sólo llevaba puesta la camiseta.

    -Ah, emmm, ¿cariño que haces aquí? -decía ella con la voz cortada y con la cara roja a más no poder.

    -Venía a pedirte el libro que estabas leyendo, ¿estás viendo esto?

    -Emmm no, quería ver una peli pero por error debí dar en el vídeo equivocado.

    -¿Y qué haces casi desnuda entonces?

    -Yo… Emm… Bueno es que…

    -Mamá no pasa nada, es normal que veas porno, yo también lo hago.

    -Bueno ya, como que estaba en tu carpeta jaja… -todavía seguida cortada.

    -¿No decías que había sido un error? -decía yo sonriente mientras me sentaba en la cama-

    -O sea… sí… me metí a tu carpeta pero yo no…

    -Tranquila mamá no pasa nada, ¿quieres seguir viéndolo?

    -Bueno no te voy a mentir, estoy un poco caliente. Cuando termine si quieres te lo llevo a tu habitación.

    -¿Y no prefieres que lo veamos juntos mejor?

    -Hijo en serio, no podemos repetir algo como lo que pasó por la mañana. Mira si quieres cógelo hoy tú y yo ya me apaño sola.

    -No te estoy diciendo de hacer nada mamá, simplemente podemos verlo un poco -dije yo mientras me acomodaba a un lado dejándole espacio a ella para que se acostara junto a mí-.

    -Bueno no se… -decía mientras se acercaba tímidamente a la cama-.

    -Vamos no seas tonta, ¿no es nada que no hayas visto antes verdad? Jajaja.

    -Vale pero sólo verlo eh.

    Ella se acostó al lado mío, pero bastante separada. Yo puse el iPad en medio de los dos, haciendo un poco de separador para que se sintiera más cómoda. El vídeo era una clásica escena madre e hijo desde el punto de vista del hijo, y creo recordar que la actriz era Julia Ann. Ella seguía tapándose el coño, ya que no le había dado tiempo a ponerse nada. Yo por mi parte, comencé a frotar mi paquete totalmente duro muy suavemente.

    -Cariño qué haces, habíamos dicho que sólo ver el vídeo, no podemos dejar que esto se descontrole.

    -Venga mamá, no tiene sentido ver porno si no se tocas un poco. ¿No te apetece?

    -Pues claro que me apetece, pero es algo muy peligroso…

    -No te estoy diciendo que hagamos nada entre nosotros, simplemente veamos en vídeo y que cada uno se vaya soltando, tú en tu lado y yo en el mío.

    -Bueno… no se… -en ese momento pude ver cómo la mano que tapaba su mojado coño comenzaba a deslizarse en círculos muy suavemente.

    -¿Tú también ves estas cosas mamá?

    -No es algo que suela ver la verdad, pero he de reconocer que es muy caliente…

    Nuestras voces comenzaban a sonar en un tono casi susurrante, muy sensual. Por lo que aproveché para sacar mi polla del pantalón, dejando a la vista de mi madre todo mi aparato dispuesto a explotar en cualquier momento.

    -Dios hijo mío… -en ese momento los ojos de mi madre se clavaron en mi rabo, comenzando a tocarse ya más suelta, metiéndose un par de dedos y sobando una de sus tetas por encima de su camiseta.

    -Bueno mamá, estos vídeos me ponen a cien, pero tenerte aquí a mi lado lo hace inmejorable.

    -Anda teniendo a esa maciza en pantalla que más te dará tener a esta vieja al lado eh jajaja. -sabía que cuando empezaba a jugar con eso significaba que estaba caliente a más no poder.

    -Bueno la verdad es que tiene unas muy buenas tetas, pero ya sabes que para mí estas son las mejores del mundo -en ese momento mi mano se fue directa a sus pechos.

    -Mmm hijo ya sabes lo que me gusta que me digas eso, pero mejor simplemente veamos el vídeo -decía ella mientras me apartaba la mano.

    Tras unos minutos de ambos tocándonos sin mucha prisa, y mientras nuestros suaves gemidos se mezclaban con los del vídeo, ella se atrevió a sacarse las tetas por encima del escote y comenzó a tocárselas, incrementando así sus respiraciones. Poco después nuestras miradas se empezaron a cruzar, por lo que decidí abalanzarme a besarla, estirando el cuello para permanecer a la vez alejado y así no presionarla. De esta manera nos fundimos en un húmedo y cerdo beso, el cual hizo que nuestra saliva cayera sobre sus tetas. Yo aproveché y con mucha delicadeza restregué esos fluidos por sus pezones, dándole un masaje con mis dedos a ese par de melones y haciendo que ella se estremeciera del gusto.

    En este caso se dejó tocar, y así estuvimos otro par de minutos, sin desenganchar nuestras lenguas mientras yo le amasaba esas tetazas y mientras nos masturbábamos, todo esto claro con el vídeo de fondo. Tras esto yo me la jugué y solté mi polla para llevar mi lubricada mano hacia su muslo, acercándome peligrosamente a su vagina. Ella dejó de besarme y me agarró de la muñeca pero sin hacer mucho esfuerzo por impedirme lo inevitable. Y así fue, mi mano continuó hasta llegar a su empapado coño, el cual empecé a tocar por el exterior para luego centrarme en su clítoris. En ese momento ella no pudo más y soltó un gemido en toda regla, acercando de nuevo su cabeza hacia la mía y comiéndome la boca con unas ganas desenfrenadas, dios podía sentir toda su húmeda lengua inundándome la boca.

    -Pero cariño qué le haces a tu madre… dioss…

    -¿Te gusta mami? Mmm…

    -Aagghhh… -ella prefería no decir nada y seguir disfrutando.

    -Yo también tengo algo por aquí que necesita ayuda -dije mientras acercaba mi polla hacia su mano.

    -Mmm no se… ¿te has portado bien? -me decía ella con voz de niña dulce al oído mientras me acariciaba el pecho.

    -No sé… dímelo tú… -en ese momento le metí los dedos hasta el fondo, masajeando su punto g y a la vez frotando su sensible clítoris con la palma de mi mano.

    -Aaagghhh diosss… -decía entre gemidos mientras comenzaba a regalarme una lenta y lubricada paja, centrándose en mi hinchado glande.

    -Mmmm… dios mami eres preciosa…

    De nuevo nos fundimos en otro largo y apasionado beso mientras nos masturbábamos mutuamente. Tras un buen rato el vídeo terminó, comenzando de nuevo, y pude ver cómo la actriz le estaba dando una mamada al chico. Yo miré a mi madre y ella me devolvió una leve sonrisa, no me hizo falta hablar para saber lo que quería. Ella por su parte apartó el iPad a un lado y se arrodilló entre mis piernas. Continuó la paja que me estaba haciendo pero esta vez con su boca bien cerca, pasándome su cálido aliento por todo el tronco. Al poco rato comenzó, a darme leves besitos por toda la polla, incluidos los huevos, para más tarde centrarse en mi glande. Empezó dando suaves lamidas como si se tratara de un helado, y poco después pasó a metérsela enterita en la boca. Joder yo estaba flipando, en apenas media hora le había tocado el coño por primera vez a mi madre y ella me estaba haciendo una mamada. La verdad es que me sorprendió bastante la técnica que tenía, era capaz de tragársela entera, sin duda la mejor garganta profunda que me habían hecho. Hubo un par de veces que estuve a punto de correrme, pero hice un esfuerzo por aguantarme, todavía quería divertirme. Tras unos minutos de mi madre tragando verga como una auténtica profesional mientras ella se daba placer con su otra mano, la cogí suavemente del cuello levantado su cara para poder besarla. Qué momento más delicioso, su saliva mezclada con mis fluidos sabía a gloria, y más en su boca. Parecía que había llegado el momento que tanto deseaba, tenía el coño de mi madre bien calentito y listo para ser devorado.

    -Bueno mamá, parece que ahora te toca a ti… -dije mientras la tiraba boca arriba en el colchón y yo me agachaba lentamente.

    -¿Pero hijo eso será mucha guarrada no?

    -Pues como lo que me acabas de hacer a mi -decía yo mientras me volvía a incorporar para besarla de nuevo-.

    -Mmmm… ¿De verdad quieres hacer algo así cariño?

    -Mamá no me digas que… ¿nunca te lo han comido?

    -Hombre pues claro que no jajaja, yo pensaba que eso era sólo de los vídeos.

    -¿¿En serio??

    -En serio te lo digo jajaja.

    -Pues ya va siendo hora de que te den una buena lamida de coño esta maciza… -no esperé ni un segundo y puse mi cabeza entre sus piernas.

    Comencé muy suavemente, como hizo ella. Primero le di unos suaves besos y lametones por sus muslos, acercándome progresivamente hacia su vulva. Recuerdo de cuanto más me acercaba más caliente sentía mi cara, se notaba que mi madre estaba ardiendo. Después comencé a dar largas lamidas por todo su coño, rozando por momentos muy levemente su húmedo culo. Joder era perfecto, se veía bien apretadito pero a la vez muy gordo e hinchado, y mis babas mezcladas con sus fluidos hacía que resplandeciera a más no poder. Nunca me quitaré ese sabor de la cabeza, sin duda el coño más rico y jugoso que he probado nunca.

    -¡Ay cariño pero qué cerdada más rica me estás haciendo! Mmmm… No puedo creer que mi propio hijo me esté lamiendo la raja, y que además que se sienta tan bien… Uffff…

    -¿Te gusta que tu hijo te coma el coño eh? -decía yo apartando levemente mi boca llena de fluidos-

    -Mmmm síii… me gusta… dios no pares…

    -Y esto… ¿te gusta? -en ese momento introduje dos dedos mientras mi lengua se centraba en lamer y succionar y hinchado clítoris-

    -¡Ay dioss! No pares amor por favor te lo pido… Ufff… Así… ¡Así! ¡Cómele el coñito a mami!

    -¿Quieres correrte verdad? ¿Quieres correrte en la boca de tu hijo no?

    -¡Dios sí! Hazme acabar cariño… Haz que tu madre termine… Aagghhh

    Por sus movimientos y sus gemidos, sabía que mi madre estaba a punto. Por lo que saqué mis dedos para agarrarla de las piernas y llevárselas bien hacia sus hombros, dejando expuesto todo su hinchado y rojo coño, para después hundir mi boca en su clítoris, comiéndomelo de la manera más cerda posible.

    -Dios así amor mío… ¡Así! aagghhh ¡Cómele bien el coño a la putita de tu madreee!

    -Mmm síii dame toda tu corrida cerda… mmm…

    -Dios cariño qué rico lo que me estás haciendo… Hijo me voy… Me corro… ¡Me corro, me corro, ME CORROO! ¡aaahhh!

    En ese momento el coño de mi madre comenzó a soltar un brutal squirt propio de una actriz de porno. Chorros y chorros comenzaron a salir de su vagina, chorros los cuales yo intenté tragarme enteros para después escupir sobre su rojo y húmedo coño. Mi madre por su parte estuvo casi un minuto retorciéndose en espasmos de placer. Estoy seguro de que no había tenido un orgasmo tan fuerte en su vida, y era su propio hijo con su boca el que se lo había dado. Yo mientras me tumbé a su lado, para ir dándole besos tanto en las tetas, la boca y el cuello. Mi polla a todo esto estaba a reventar, ya que yo quería más fiesta y me estaba reservando.

    -Madre mía hijo… No había eyaculado de esa manera en mi vida… Solo lo había visto en algún video… -se notaba que a mi madre le costaba recobrar el aliento.

    -Ha sido increíble mamá. Dime ¿te ha gustado?

    -¡¿Que si me ha gustado?! Dios cielo no me habían hecho una guarrería tan rica en mi vida -decía besándome de nuevo apasionadamente mientras yo le acariciaba su encharcado coño.

    -Pues todavía sé hacer cosas aún más ricas mami…

    -Mmmm ¿si? ¿Y qué cosas son esas? -se notaba que a mi madre no se le habían ido las ganas-

    -Bueno yo todavía sigo así, no me he corrido… -decía yo con voz de pena mostrándole mi dura verga.

    -Uy pobrecito mi niño. Va a haber que poner solución a esto… ¿no? -decía ella entrando al juego y agarrándome todo el miembro.

    -A eso me refería con algo rico… -de nuevo nos fundimos en un guarro beso lleno de babas y fluidos.

    Tras unos breves momentos de morreos y una lenta paja proporcionada por mi madre, yo me tumbé en la cama. Mi madre como era obvio fue con su boca directa hacia mi polla, pero yo la detuve.

    -No mamá, esto ya lo hemos hecho, ¿no quieres probar otra cosa nueva?

    -Hijo no creo que debamos ir más lejos, esto ya es una locura…

    -No vamos a hacer nada más de lo que hemos hecho, tu confía en mí.

    Después de darle un corto beso, la agarré por la cintura y la puse mirando hacia mis pies mientras yo me tumbaba. Efectivamente, era el momento de hacer un 69 con la calentorra de mi madre. Su coño quedó a pocos centímetros de mi cara, goteando calientes fluidos hacia mi boca.

    -Dios hay que ver que hijo más guarro tengo… jeje -decía ella caliente y divertida-

    -Yo sólo quiero que disfrutes tanto como yo mamá, y esta es la mejor postura… para que los dos… disfrutemos… -de la que decía esto comenzaba a lamer lentamente toda su vagina.

    -Mmmm… de verdad que no sé cómo he podido vivir todos estos años sin que me lo coman ahí abajo.

    Ella obviamente se puso también manos a la obra. Empezó directamente chupándome el glande a la vez que me masajeaba los huevos con sos pequeños dedos. Si antes su boca ya se sentía increíble, ahora conmigo comiéndole el coño era como estar en el cielo. Así estuvimos enganchados varios minutos. Algunas veces ella soltaba mi polla para centrarse en sus gemidos, y otras era yo el dejaba de lamer para disfrutar bien la brutal mamada que mi madre que me estaba haciendo. Pasado un buen rato yo ya no aguantaba más, por lo que decidí empezar a comerme su coño de una forma mucho más agresiva. Efectivamente su respuesta fue soltar completamente mi polla, apoyando sus manos en mis muslos y apretando bien todo su coño contra mi boca. Joder mi madre estaba follándome la cara. Incluso a veces restregaba su coño por toda mi boca abierta, haciendo movimientos propios de cabalgar.

    -Dios cariño… No me puedo creer que vaya a correrme otra vez…

    -Mmmm -yo apenas podía hablar con su culo en mi cara.

    -Mmmm… ¿Te gusta cómo tu madre te fo… -se notaba que la palabra »follar» todavía le imponía respeto-

    -Agghhh

    -Me corro otra vez cariño… Abre tu boquita para tragarte toda la corrida de mami… Ahh… ¡Aahhh!

    -Mmmm, si mami preciosa…

    -Ufff que rico… ¡Que rico! ¡Me voy, me voyy, me voyyy! ¡aahhh!

    De nuevo exactamente igual que antes mi madre explotó en una marea que corrida interminable, de la cual yo saboreé hasta la última gota. Tras esto mi madre restregó durante unos segundos su encharcada entrepierna por mi empapada cara, para después caer rendida encima mío, con su cabeza a pocos centímetros de mi polla. Comenzó de nuevo a chupármela, esta vez centrándose únicamente en mi placer.

    -Cariño estos días me has dado los mejores orgasmos de mi vida, ya va siendo hora de que mami te recompense… -comenzó a tragar cómo si no hubiera un mañana, podía notar cómo sus labios casi rozaban mis huevos-.

    -Joder mamá, cómo sigas así no voy a aguantar mucho más -yo llevaba con unas ganas de correrme tremendas ya un buen rato, por lo que en apenas un minuto ya estaba a punto-

    -Mmm… ahggg… -cada vez que se la sacaba de la boca dejaba un rastro de saliva el cual usaba para pajearme, para después volver a metérsela hasta el fondo haciendo ruidos prácticamente de arcada- Mmmm… ¿Vas a correrte para mí amor?

    -Sí… sí… no aguanto masss…

    -Mmmm pues ven aquí cariño…

    En ese momento ella se sacó toda mi polla de la garganta para echarse al lado mío, abriendo bien la boca y agarrándose las tetas.

    -Vamos amor mío, mete tu rica polla en la boquita y lléname de lechita rica…

    -Dios mamá, menuda cerda estás hecha…

    -Anda no tardes más y ven aquí guarrete…

    No tardé ni un segundo en arrodillarme y ponerme a la altura de su boca. Cogí mi verga con la mano y empecé a pasársela por sus labios, para después meter la punta y ensartarle la boca. Era como estar follando, dios, le estaba follado la boca a mi madre. Ella mientras gemía y se acariciaba las tetas, a veces incluso se masturbaba suavemente.

    -Joder mamá me voy a correr, estoy a punto… Agghhh

    -Mmmm -esta vez era ella la que no podía decir palabra-

    -¿Te gusta cómo tu hijo te folla la boca verdad perra? Ufff

    -Uhumm -ella asentía

    -Y quieres que te llene esta boquita tragona, ¿a que sí?

    -Uhummm

    -Vamos dímelo.

    -Aghhhh -se sacaba la polla de la boca- Quiero que me llenes mi boquita de cerda amor mío…

    -¿Y te vas a tragar la lefa de tu hijo?

    -Siii… Me voy a tragar toda la corrida de mi hijito… Mmmm… -decía metiéndosela de nuevo hasta la campanilla.

    -Dios me corro… ¡Me corroo! ¡Trágate toda mi leche mamiii! ¡aagghhh!

    -mmmm

    Empecé a eyacular como nunca en mi vida, directamente en la garganta de mi madre. Sus intentos por tragarse mi lefa eran inútiles, ya que con mi polla aún en su boca, toda se desbordaba, cayendo en su cara y en sus tetas. Estuvo unos minutos con mi verga bien metida, lamiéndomela y limpiándomela bien de arriba a abajo, mientras con sus manos se esparcía mi semen derramado por sus gordas tetas. Fue un buen rato el que estuvo saboreando cada gota derramada, se notaba que a mi madre le encantaba tragarse una buena corrida.

    -Madre mía hijo, que corrida más rica le has dado a tu madre -decía ella chupándose los dedos-.

    -Ya veo que te ha gustado ya, no dejas una gota jajaja.

    -Mmmm es que no sabes el tiempo que hacía que no me tragaba una polla tan rica, y no hay cosa que más le guste a tu madre que le den lechita caliente… -decía ella dándome un guarro morreo.

    -Pues mamá conmigo aquí vas a tener lechita todos los días… -de nuevo justábamos nuestras lenguas bien llenas de fluidos.

    -Y no es sólo la leche cariño. Esa cerdada tan rica que me has hecho con la boca ahí abajo… dios…

    -Pues voy a comerte el coño cada vez que me digas a partir de ahora. Estas vacaciones voy a darte todos los orgasmos que una madura calentorra como tú se merece…

    -Ufff… qué peligroso suena eso… estamos hechos unos guarros hijo…

    -Y tanto mami…

    Tras esto pasamos casi una hora besándonos sin parar, morreándonos de una forma muy guarra, restregando nuestros cuerpos entre corridas y fluidos, para finalmente caer dormidos abrazados el uno al otro como dos amantes.

    Continuará…

  • Apuesta en tiempos de cuarentena

    Apuesta en tiempos de cuarentena

    Hola soy Any, hace poco llegué a esta página, me ha gustado demasiado. Decidí compartir mis experiencias sexuales solo porque me encanta y he publicado en manera secuencial algunas historias.

    Pero la de hoy me urge que la lean, es sobre mi última aventura que fue hace unos días, ayúdame a decidir por favor y deja tus comentarios.

    Desde abril del 2020, cuando comenzó la pesadilla de la pandemia, reflexioné y decidí tomarme 1 año sabático, dejar mis múltiples actividades en pausa y dedicarme a otras cosas y así como están las cosas, creo que este periodo se extenderá.

    Ya no se puede salir de casa con normalidad, así es que me empeñé en desarrollar otras habilidades, las que convertí en negocio y me ha servido para generar algunos ingresos. También he tomado cursos, he leído muchísimo y tomé un curso on line de burlesque, absolutamente recomendado para cualquier mujer y si eres hombre y quieres explotar la sensualidad de tu hembra, ínstala y regálale unas sesiones, es fantástico. Y una cosa no menor, mantiene tu cuerpo maravilloso, curvilíneo, tonificado y muy laxo.

    Es baile de cabaret, erótico, son pasos y movimientos muy seductores, te tienes que vestir muy sexy y es espectacular para el preámbulo, un streaptease con esta técnica dejara loca a la audiencia y como comprenderán con lo que me gusta que me vean y se calienten mirándome, es lo mejor de lo mejor que he hecho este año.

    En paralelo a mi casa siempre ha llegado mucha gente, algunos incluso han pasado parte de las cuarentenas acá, sobre todo los amigos de mis hijos. Uno de ellos, Ignacio, de 31 años, que se lleva espectacular con ellos, se hizo parte casi de la familia, de hecho, montaron una empresa juntos con mi esposo y mi hijo mayor, lo que hace que pase prácticamente todos los días acá, inclusive se queda fines de semana completos y ha salido a vacacionar con nosotros cuando nos hemos logrado escapar.

    Ignacio que es 16 años menor que yo, es un tipo interesantísimo, culto, muy inteligente, con grandes dotes empresariales, excelente persona, muy noble. Tenemos muchos temas e intereses en común. Físicamente mide como 1,70, delgado, de piel muy blanca, nada espectacular, huele maravilloso… peeero con los años he logrado clasificar algunas características comunes en los hombres que tienen una verga apetitosa y que además, son exquisitos amantes. Son detalles que cuando los detecto, ponen a ese hombre como objetivo de caza. En este caso Nacho, como le decimos, tiene todos esos detalles y como complemento perfecto, me provoca un atractivo sapiosexual. Sin embargo, por todo lo que implica, hasta hace unas semanas solo fantaseaba con él, obviamente por las circunstancias era complejo coquetear o insinuarme abiertamente.

    A pesar de eso, me conozco y no puedo resistirme a probar y tirar la caña a ver si pica el pez y de alguna manera sé que lo estaba consiguiendo. Tenemos muchas largas conversaciones de los temas más diversos, él me consulta mucho desde lo profesional, estuvo un poco enfermo y pidió mi orientación y un sinfín de cosillas más.

    Bueno y que se quede en casa significa que se topa con situaciones cotidianas, una de ellas fue cuando me percaté que nos estaba espiando mientras tenía sexo con Alonso, pero él no sabe que yo sé, pero desde ese día noté que su actitud se volvió más cercana y con bromas un poco más de doble sentido, las cuales con mucho agrado respondo.

    Debido a rol que tiene en la empresa, mantiene llaves de la casa, entra y sale en cualquier horario. Hace como 3 semanas, estaba sola en casa en la clase de burlesque, haciendo unos ejercicios bastante sexys y con una música muy sensual que teníamos que mostrar a la profesora para ver nuestros avances, me percaté con sorpresa que Nacho había llegado hacía un rato y estaba de espectador afirmado en una pared con los brazos cruzados.

    Terminó la clase y me empezó a comentar y en un tono burlesco me preguntó si pensaba dar un show, con bastante picardía le dije que cada día le hacía uno a Alonso y que estaba invitado para cuando quisiera, se enrojeció y cortamos el tema.

    Desde ese día, de vez en cuando, me pregunta – ¿Cómo va el baile? – y siempre le respondo – Pregúntale a Alonso – o – Si quieres te invito a una clase – Y me río.

    Hace como 10 días me invitó a que fuéramos a comprar nuestra remesa de café colombiano, que nos encanta. Le gusta ir conmigo pues el negocio es de un amigo y me hace buenos descuentos. En el camino teníamos un debate sobre un tema que contradecíamos, yo afirmaba tener la razón y él también. En un momento le dije – Búscalo en Google – Me miró y respondió – ok, hagamos una apuesta – Me pareció justo y dije – Bueno y qué apostamos? – pensativo me dice – Mmmmm, déjeme pensar.- (Me trata de Ud y me dice tía, jajajaja)

    Llegamos a nuestro destino, estuvimos conversando un rato, compramos y nos fuimos de vuelta. Retomó el tema diciendo – Ya sé que podemos apostar, si pierde me hace un baile – Francamente me sorprendió, pero me gustó – ¿En serio? O ¿Es broma? ¿Sabes qué estás jugando con fuego? – Le repliqué, cambió el tono diciendo – Es en serio, si pierde me hace un show – Me reí, aun pensaba que bromeaba – ¿Y tú que harás si pierdes? – Le pregunté y con voz muy segura dijo – No perderé!!- Me dejó pensativa y no dije nada más hasta que llegamos.

    Antes de bajar de la camioneta, toma su teléfono y en un momento me lo mostró y me dijo – Acá está la respuesta, perdió – leí lo que me pasó y era verdad.

    Puedo decir con absoluta certeza que, así como dejé en pausa mis actividades durante todo un año, la fiera sexual que soy, también estaba adormecida y en ese momento despertó, fue una reacción automática y mis instintos más perversos y depravados empezaron a fluir.

    Durante la noche empezamos a mensajearnos y él comenzó:

    N: ¿Me pagará la apuesta?

    Y: Mmmm, lo estoy pensando jajaja

    N: ¿Por qué tanto?

    Y: por muchas razones, eres amigo de mis hijos y socio de mi esposo…

    N: Lo sé, pero es solo un baile

    Y: No, no es sólo un baile, es un arma de seducción jajajaja

    N: Y eso me gusta

    Y: Yaaa ¿No te da miedo?

    N: Mucho, pero es usted la que siempre me dice que debemos enfrentar lo que nos atemoriza

    Y: Jajajaja, es verdad!!!

    N: ¿O es usted la que tiene miedo? Ahhh?

    Y: Puedo decir que si, pero ni te imaginas por qué

    N: Ilústreme por favor

    Y: Jajaja, mejor no

    N: ¿Por?

    Y: Porque si abro esta puerta va a ser difícil parar.

    N: No entiendo

    Y: Ay!!! Qué te pasa que hay que explicarte todo???

    N: Es que no sé de qué puerta me habla, jajaja

    Y: Mmmm, jajaja, ay!!

    N: ¿?

    Y: Bueno ya!! el baile para mi es un preámbulo, solo bailo si luego tengo sexo

    N: Ups!! Wow!!

    Y: ¿Me entiendes ahora? Es riesgoso, además ¿dónde te haría el show?, En mi casa no se puede

    N: Claro que entiendo y obvio que con mayor razón quiero que me pague la apuesta. Lo hacemos en mi casa, estaré solo toda la semana

    Y: Espero que todo sea una broma, jajaja

    N: Pues no, no es broma

    Y: Nacho, aunque eres menor que yo y bastante, somos adultos ¿Sabes en lo qué te estas metiendo?

    N: Absolutamente

    Y: Ufff

    N: ¿Y cuándo entonces?

    Y: Antes dime algo ¿Por qué?

    N: Mmmm, múltiples razones, pero siempre la he encontrado muy atractiva y esta oportunidad llegó justo y porque estoy seguro de que también quiere.

    Y: Bueno, acepto la apuesta y dejémoslo para el miércoles 8, sé que todos estarán demasiado ocupados y nadie me llamará o preguntará por mi.

    N: No tiene idea como me tiene y lo larga que será la espera

    Y: Jajajaja nos coordinamos para el miércoles, descansa, iré a dormir.

    Era lunes!!! Sólo faltaban 2 días, cuando dejamos de hablar, todo se volvió deseo y miedo. Esa conversación me tenía muy excitada y cuando Alonso entró a la habitación, yo lo esperaba desnuda con las piernas abiertas y mi conchita dilatada lista para que me lo metiera, el preámbulo lo había hecho con Nacho.

    Para mi pesar Alonso estaba muy cansado y solo me masturbó un poco y se durmió profundamente y yo quedé con todas las ganas.

    Al día siguiente empecé a ensayar el baile, ya me había hecho la idea que volvería a las canchas y las cachas, jajaja y estaba satisfecha porque todo el juego que hice durante meses por fin iba dar resultados.

    Como tengo un arsenal de ropa íntima, busqué una discretamente seductora, tampoco quería ser tan evidente. Elegí un hot pants y un corset negro, busqué un portaligas del mismo color y unos zapatos con taco aguja, con los que tuve que ensayar para no tener un traspié. Me probé todo y estaba perfecto, me encontraba lista para la cacería.

    Ese día estuvo de entrada y salida, no se quedó mucho rato, me extrañó y le pregunté por qué se iba y me contestó – Es que mañana (miércoles ), tengo algo impostergable y quiero dejar todo listo para concentrarme en eso – Como estábamos casi todos, empezaron a preguntarle en que andaba, que haría y etc., y sin evadir contestó – Mañana me harán una demostración de un curso que me pidieron aprobar y puede que lleve horas, así es que no estaré disponible, les aviso con tiempo por si me llaman, tendré el celular apagado.-

    Con ese comentario me quedó más que claro que sería mucho más que un baile y el morbo se apoderó de mi.

    Durante la noche nos volvimos a comunicar

    N: Hola tía

    Y: Jajaja, tía!!! Jajaja

    N: ¿Por qué se ríe? ¿cómo quiere que le diga?

    Y: Es que me parece extraño que me digas así pensando en lo mañana

    N: Si, en realidad, jajaja. Por eso le hablo

    Y: ¿Qué pasó? ¿Te arrepentiste?

    N: Nooo!! Para nada!!! Soy un hombre de compromisos, jajaja

    Y: Jajajaja, bueno, eso espero

    N: ¿Le parece que la pase a buscar a eso del medio día?

    Y: Bueno, en todo caso será un rato, no es tan largo el baile, jajajaja, me puedes tener almuerzo como compensación.

    N: Jajaja, quizás el baile y el almuerzo serán cortos, pero el postre no.

    Y: Jajaja, le hablas a una experta en postres, yo te diré si durará o no.

    N: ¿Ah si? ¿Es repostera?

    Y: Ay Nacho!! Pero si un millón de veces has comido acá, sabes que mis postres son ricos.

    N: Ahh!! Esos postres.

    Y: ¿Y de qué otros postres estabas hablando?

    N: No sé, bueno, aunque soy “manitas limpias” en la cocina, para otras cosas mis manos son expertas.

    Y: Jajajaja, parece que está subiendo la temperatura.

    N: Aquí hay como 40°.

    Y: Ya Nacho, mañana te espero

    N: ¿El baile será con performance?

    Y: Jajaja, no seas curioso, mmmm, déjate impresionar. Besos

    N: Uy!! Besos Ah!! Antes que se me olvide ¿Algo en especial que deba tener?

    Y: Mmmm ¿Tienes subwoofer?

    N: Si, lo tendré listo, ok

    Y: Ah!! Otra cosa, no te afeites mañana. Besos

    N: ¿Por?

     ¿?

     ¿?

    Empecé con mi típica ansiedad, se me hizo eterna la noche, en la mañana se fueron todos y me preparé. Repasé mi depilado brasileño, me perfumé y maquillé, los labios los pinté con “rojo maraco”, como dice una amiga, jajaja. Pinté mis uñas de pies y manos del mismo tono. Me puse la ropa interior, pero no sabía que colocarme encima, así es que después de pensarlo mucho me dije – Any, si vas a liberar esa puta que tienes dentro, que sea con todo – Y solo me puse una chaqueta delgada encima, aunque no se notaba. Igual llevé una remesa de ropa por cualquier eventualidad.

    Ya tenía preparada la música, afiné detalles y lo esperé. Media hora antes me avisó que iba en camino, lo vi llegar y me subí. Me quedó mirando medio sorprendido, con su cara sin afeitar lo que me excitó de una, jamás me había visto con tacones así y menos maquillada de esa forma y para alterarlo más, le dije con voz muy suave – Hola – y me mordí el labio sonriendo.

    No sé si es necesario que cuente que me sentía recaliente y en lo único que pensaba era como me iba a tirar a ese macho.

    Voló, hasta semáforos en rojo se pasó, no hablamos mucho, llegamos y corrió a abrirme la puerta, al entrar me dijo si guardaba la chaqueta y me reí diciéndole que no con mi cabeza.

    Llegamos a la sala, la tenía preparada, había unas copas y mi vino preferido, un picoteo y un sillón para el espectador. ¨Por un momento recordé mis años de universitaria cuando soñaba con tener una audiencia para seducir y me dio mucha satisfacción que hoy sería así.

    Cerró la puerta y cortinas, puso una lámpara con luz tenue, mientras yo preparaba ‘la silla y la música y antes de empezar le dije – Si quieres grabar, hazlo – sin pensarlo buscó desesperadamente su teléfono, lo acomodó y se sentó a disfrutar.

    Para ti que estás leyendo te sugiero que acompañes lo que sigue de lectura con la canción “Love is a bitch” seguida de “I feel like I’m drowning”.

     Me puse de pie a espaldas de él y comencé con mi danza desabrochando poco a poco la chaqueta, mientras lo miraba de reojo. Empecé a dejar al descubierto mis hombros, hasta que la dejé caer, me giré, elevé mis brazos contorneándome al ritmo de la música. Mis movimientos eran sensuales y con la clara intención de excitarlo, no le despegaba los ojos de encima, metía mis dedos a la boca y giraba según la canción lo permitía.

    Se notaba demasiado embobado y eso más me encendió y seguí con la rutina usando la silla, la giré frente a él, me senté, mientras acariciaba mis piernas y subía hasta mis pechos, abriendo mi boca, lamiendo mis labios y sin dejar de mirarlo, abrí mis piernas y comencé a menear mis caderas, seguí recorriendo mi cuello mientras echaba mi cabeza hacia atrás y desordenaba mi pelo. Me paré y corrí suavemente la silla y me tendí en el suelo, me acaricié entera, me contorneaba, empecé a gemir y mi respiración se agitó, arqueé mi espalda mientras mis manos las posé entre las piernas, lentamente bajé y me hinqué mirándolo, se manoseaba por sobre el pantalón, al ver eso le sonreí y jugué con mi lengua. Empecé a desabrochar uno por uno los ganchos del corset, dejando solo uno que lo sujetaba, al mismo tiempo mis caderas subían y bajaban y yo jadeaba.

    Como sabía los tiempos de la música, faltaba poco para que terminara y me acerqué gateando, quedando de rodillas frente a él.

    Le empecé a acariciar las piernas por fuera desde las rodillas hacia el vientre y seguí por el centro, rocé su verga y era tan grande como lo supuse, estábamos que explotábamos, demasiado calientes.

    Subí y me monté sobre él al mismo tiempo que arranqué de un tirón el corset ya suelto, quedando mis pechos absolutamente expuestos y a punto de reventar.

    Sus manos me empezaron a recorrer y a apretarme hacia su pico, yo me restregaba en su bulto, estaba absolutamente mojada, empapada, hacía rato que mi conchita chorreaba.

    Nos besamos y entre gemidos y gruñidos me dijo – Hace rato que te quería culear, eres exquisita, deja que te lo meta – Mientras buscaba y hacía movimientos que me provocaran más excitación le dije –¿ Acaso crees que solo te vine a bailar? No me iré hasta que me lo metas por todos lados – Me miraba mientras acariciaba mis pechos, empezó a estimular mis pezones y provocó el primer orgasmo, la verdad es que tampoco me había equivocado en pensar que esos dedos largos y finos eran un motor de orgasmos.

    Metía con desesperación sus manos entre mis hot pants y yo desabrochaba su camisa, mordía sus labios y lengua, le susurraba en el oído – Quiero que seas un salvaje, hazme gritar – él respondía –Si, si, si!! Lo voy a hacer y tú me la vas a mamar con ganas – Me imaginaba todo lo que seguía mientras logró sacarme lo que quedaba de ropa y yo dejé al descubierto una verga absolutamente a punto de reventar, le brillaba su punta cabezona con su jugo y se me hizo agua la boca. No dudé ni un segundo y me abalancé a devorárselo, se lo chupé como loca, hacía más de un año que no probaba otra que no fuera de Alonso. La tiene deliciosa, me la metí entera y ambos lo gozábamos.

    Me acomodó para quedar en un 69, quedé sobre él y logré meterme todo su pico entero y con la lengua le lamía los huevos. Él usó sus dedos y lengua para hacerme un oral exquisito, tanto que tuve un squirt en su cara y fue genial, me enderecé y quedé sentada en su boca y lo hice beber todo mi fluido. Cuando se sació, se sentó en una silla, me monté y empezó el frenético mete y saca y ese plash, plash, cuando los 2 sexos se embisten.

    Su cara le brillaba por mis fluidos y sus ojos estaban perdidos en la lujuria. Mis pechos seguían el ritmo fogoso de la calentura. Sus manos estaban pegadas en mis caderas empujándome hacia él, me daba la impresión de que quería partirme el choro.

    Me empecé a dar cuenta que estaba a punto de correrse, bajé el ritmo y con mis músculos vaginales lo aprisioné para detener ese chorro inminente que quería expulsar. Cambié de posición y me senté sobre su pico durísimo dándole la espalda, se sentía delicioso, era tan rico sentirlo. Sin salirse, me puso en 4 y fue más potente aun la penetración, me tenía loca, cada músculo estaba reaccionado, me contorneaba y retorcía entera. Nuevamente sentí que quería eyacular y se lo impedí. Apenas podía hablar y entre un jadeo sofocante dice – ¿Por qué eres así? ¿No quieres que me corra? –le respondí – Claro que quiero que lo hagas, pero quiero encargarme que sea la corrida de tu vida – Comenzó a abrirse paso en mi ano con un dedo y luego dos y luego tres hasta que se salió de mi choro y me lo metió salvajemente por el culo, hizo que me saliera un grito gigante – ¿Te gusta así? ¿Te doy más duro? Mmm toma!! Toma!!! Ábrete más, quiero correrme en tu culo – Y cuando ya no podía aguantarse más, me salí rápidamente, lo empujé al sillón y nuevamente me monté en él y con unos exquisitos movimientos y contracciones coitales hice que se corriera intensamente y como es mi sello, seguí estrangulando su pene con mi vagina aun después de que había terminado para conseguir mi último y más exquisito orgasmo con squirt.

    Exhausto y tumbado en el sillón reaccionaba con algunos espasmos mientras yo seguía haciendo movimientos circulares con mis caderas y restregaba mi conchita sobre su pene ya relajado, entre suspiros logra pronunciar algunas palabras – ¿Qué fue eso? ¿Qué me hiciste? Es el mejor sexo que he tenido – Yo lo miraba y con mis dedos saqué varias veces con mis dedos y lo llevé a mi boca, labios, lo esparcí en mis pechos, dejando blancos mis pezones. Con una voz pícara le pregunté – ¿Te gustó el baile? – Esparciendo con la punta de sus dedos esa cremita sabrosa en mi tetas me dijo – Si tengo que hacer mil apuestas más para repetirlo, lo haré – Solté una carcajada y le recalqué – Nacho, no soy de segundas vueltas – Mientras nos incorporábamos, me preguntó por qué, y le dije – Porque yo soy así, creo que con una basta, lo demás es vicio- Me arrinconó hacia la pared dándome besos y lamidas, me miró fijamente diciéndome – Entonces nos vemos el viernes de la otra semana.

    Me dejó en silencio, me vestí y le pedí que me llevara de vuelta.

    Toda la semana ha venido, me desnuda con cada mirada, me manda mensajes recordando el compromiso y aquí estoy, a un día, recaliente, pero como principio tengo desde hace años el acostarme solo 1 vez con la persona, así evito líos y confusiones.

    Quiero que Uds. me digan qué hago, espero sus opiniones en los comentarios.

    ANY

  • Amor de trincheras (4): La primera misión

    Amor de trincheras (4): La primera misión

    Hola chicos esta es la cuarta entrega de las aventuras de nuestros dos jóvenes militares.

    El avión aguardaba en la pista ya que iban de salida rápida antes de que el tráfico aéreo cancelara su salida por algún bombardero, el comodoro Cameron iba adelante con su sobrino William y los dos tortolitos iban atrás recordando la noche anterior.

    -Tío quiero que cuando llegue a África me cambien de compañero, no quiero tener que ver a ese pedazo de imbécil- William estaba bastante enfadado y con justa razón.

    -Haré todo lo posible pero es seguro que te toque con un piloto egipcio- En esa época aún eran muy racistas así que los comentarios racistas sobraban.

    -No me importa! solo quiero que me saques de esa unidad aparte deja de ser racista que eres hijo de migrantes- Eso que dijo William dejó callado a su tío quien solo asintió y se dirigió al avión quedando en frente del avión.

    -Jóvenes, ustedes marcarán la diferencia en esta guerra así que vayan con dios y protéjanse- Hizo una despedida militar a lo cual los tres chicos corresponden.

    William es el primero en subir al avión por voluntad propia y pasa a la cabina rápidamente para no tener que ver al par de tortolitos que subieron después pero estos al cerrar la puerta se fundieron en un gran beso de despedida acariciándose entre si sus partes íntimas.

    -Extrañare a tu amigo- Dijo Luka agarrando el pene de Billy fuertemente.

    -Y yo extrañare esas dos grandes bolas de carne- Billy apretó la nalga del contrario.

    El infiel y su putita se despidieron como si hubieran hecho el amor muchas veces sin que la putita supiera que había roto una relación muy hermosa que solo duró un par de días, Billy entró en la cabina de pilotaje y se sentó para contactar por la torre de control que le dio una frecuencia secreta además de instrucciones muy específicas y cada cuanto deben reportarse mientras que Luka agarraba el único asiento que había ya que el avión estaba lleno de rifles, carabinas y demás armas además de sus respectivas municiones.

    Luka se puso el cinturón de seguridad mientras que los chicos en la cabina hacían los últimos preparativos para despegar y lastimosamente se debían dirigir la palabra pero William imaginaba que esa era la última vez que lo vería, después de 2 minutos de preparativos pre vuelo, los chicos contactaron con la torre para pedir permiso y esta se los dio.

    El vuelo comenzó con un retraso de 1 minuto y estos despegaron tranquilamente de Londres pero justamente cuando alcanzaron la altura máxima la torre les contacto -Repórtese vuelo 0001 a Lisboa, tenemos problemas en Londres y necesitamos que se reporten- La voz del controlador era demasiado desesperada y es que dos segundos después del despegue comenzó a llover bombas nazis por todo Londres haciendo que los aeropuertos quedarán sin operaciones ya que estos tenían daños a la pista.

    -Aquí Vuelo 0001 a Lisboa informando que ya sobrepasamos la altura crucero y nos encontramos de camino a la zona sur de Bretaña- William como era el copiloto tenía que manejar las comunicaciones durante el vuelo y asistir a Billy en lo que necesitara.

    -Control Aéreo de Londres informa que hemos sido bombardeados y serán cambiados de frecuencia a la de Dublín entonces estarán incomunicados por aproximadamente 2 horas- El Controlador dio la señal de despedida y los chicos fueron pasados a la frecuencia de Dublín que era menor y solo era operada por un solo hombre.

    Los chicos hicieron contacto con Dublín que les dijo que siguieran el vuelo tranquilos, los chicos salieron después de 30 minutos del espacio aéreo británico así que ya no tenían un peligro mayor de ataque, Billy comenzó a sentirse culpable porque notaba la indiferencia por parte de William aunque no se iba a disculpar.

    El vuelo avanzó tranquilo hasta espacio aéreo español y ya Luka debía prepararse para su Infiltración así que este comenzó a ponerse su traje de vuelo, el paracaídas y una pesada mochila con todo lo que debía llevar para ir a Madrid, Billy se levantó de su asiento para abrir la puerta de la cabina e ir con Luka hasta la puerta de atrás ya que deben cerrarla rápidamente apenas se lanzará Luka.

    -Adiós Luka- Dijo Billy en un tono desanimado ya que se iba su culito.

    -Adiós Billy- Dijo más triste que cuando lo dijo Billy.

    El punto de lanzamiento estaba cerca así que William disminuyo la velocidad y bajo la altura más de un kilómetro en caída libre y finalmente llegaron al punto y Luka abrió la puerta dejando caer primero su mochila y rápidamente se lanzó no sin antes desearles suerte, Billy cerró la puerta de inmediato asegurándola y volviendo a la cabina donde se encontraba su ex novio que ahora si lo miraba con una cara de Bulldog.

    -¿Por qué?- Preguntó William bastante enfadado mientras lo miraba con ganas de pegarle.

    -Porque qué- Respondió el contrario con desagrado porque sabía que le iban a reclamar ya que era la primera vez en semanas que podían estar solos.

    -Porque demonios me engañaste, no te era suficiente conmigo si no que tuviste que buscar a otro pendejo para demostrar tu hombría de mierda!- William gritaba libremente ya que nadie los escuchaba.

    -Porque si William, es mi vida y mi pene así que no me controles solo porque piensas que te amo, no vez que todo en la vida es sexo- Billy contesto de mala gana a lo que William reacciono dándole una cachetada donde le dejo la mano marcada además de un poco de sangre ya que una de sus uñas había rosado su piel haciéndole una pequeña herida.

    -Se supone que yo si te amaba y éramos novios, pero desde ahora para mi Billy Pool está muerto- William salió de esa cabina bastante destruido yendo a la parte trasera del avión a desahogarse.

    Billy no se sintió culpable y ni siquiera remordimiento, solo se encogió de hombros y siguió pilotando el avión esperando que su amado culito lo contactara desde tierra para saber que estaba seguro y ellos podían aterrizar en Portugal.

    -¿Vuelo 0001 me copia?- era Luka que había aterrizado a salvo y Billy tomó la radio rápidamente.

    -Vuelo 0001 le copio fuerte y claro- Esa era la única señal que se podían dar así que Billy quedó tranquilo sabiendo que su amante ahora estaba a salvo en tierra.

    El vuelo a Portugal transcurrió sin problema, salieron de espacio aéreo español después de unos minutos más entrando en espacio aéreo portugués y por fin comunicándose finalmente con la torre que le dio las coordenadas de la pista clandestina donde aterrizarían mientras William seguía allí atrás escuchando el ruido de los motores que era la única compañía buena que tenia ya que sus pensamientos solo le hacían sentirse más mal consigo mismo que el ver al propio Billy.

    Faltaban un par de minutos para aterrizar así que Billy comenzó el descenso solo y William al percatarse de eso salió de su depresión para ir a la cabina a ayudar a su compañero, hicieron los chequeos rutinarios antes del aterrizaje y procedieron a alinearse con la pista que era de tierra pero al final de ella los esperaba un camión con gasolina ya que el eje (Alemania Nazi, Italia Fascista y Japón Fascista) no podían enterarse de que Portugal colaboraba con los Aliados (Reino Unido, Francia, Estados Unidos y la URSS) porque si no harían una invasión al país.

    Los chicos comenzaron el descenso rápido para finalmente aterrizar un poco mal debido a que la pista era de tierra y las llantas no estaban muy preparadas para eso.

    En Portugal harían una breve escala mientras veían cómo era la ruta y si era segura además de que llenarían el avión completamente de combustible y sacaron la mitad de las armas que eran para Portugal a cambio de dejarlos aterrizar allí, pasaron aproximadamente 2 horas ya que los cielos no querían despejar y ya se hacía de noche siendo bastante peligroso el vuelo así que se dictaminó que el vuelo se haría al día siguiente a las 1.200 (12:00).

    Los chicos fueron conducidos en un auto pequeño hacia un hotel del pueblo por el Cabo Primero Leonardo Ribeiro, un hombre bastante alto de aspecto varonil y con un lenguaje muy soez, este los llevó a su hotel donde cada chico se acomodó en una habitación que eran para que luego el cabo tocara las habitaciones saliendo los chicos a la misma vez.

    -Quítense esos uniformes y póngase algo casual, vamos al mejor burdel el pueblo para que disfruten de unas putas portuguesas y no acepto un no como respuesta- Dijo el cabo en una forma desagradable, su aliento era asqueroso y sus dientes amarillos.

    Billy hizo caso sin poner ningún pero y se puso ropa normal mientras que William por el contrario se demoró mucho pensando que hacer pero finalmente aceptó y los tres machos salieron del lugar para subirse al auto que comenzaron a conducir hasta un Burdel llamado “meninas gostosas” o en español chicas sabrosas, al entrar en aquel local bastante iluminado pudieron observar que todas las chicas estaban desnuda pero a ninguno de nuestros dos jóvenes no les producía efecto alguno aunque una leve excitación a Billy que le daba a todo lo que se movía.

    El Cabo fue rápidamente atendido por una de las chicas que se lo llevó a una habitación privada, Billy salió huyendo de ahí caminando por las calles del bello pueblo mientras que William iba a salir pero tuvo una emergencia y es que urgentemente necesitaba hacer del dos, así que amablemente le pregunto a una de las desnudas chicas que le indico donde era y este se encaminó hacia allí.

    El cabo estaba disfrutando de la hermosa mujer mientras que Billy seguía recorriendo hasta que encontró un bar donde entró y fue rápidamente invitado por uno de los hombres que estaba allí mientras que William se encontró con un baño algo limpio donde habían dos portugueses hablando, además de tres cubículos así que William entró al del medio porque los otros dos estaban ocupados y se bajó sus pantalones para sentarse y hacer sus necesidades.

    Al entrar en el baño pudo notar que habían dos hoyos, uno a cada lado del cubículo y pudo observar a los ocupantes de los dos baños vecinos así que se sonrojo hasta que escucho como sus vecinos salían del baño y entraban los dos morochos adentro que ya tenían planeado algo y al bajarse sus pantalones dejaron salir dos grandes vergas morenas que no se comparaban a ninguna de las mencionadas y cada uno de los chicos metió su pene en el hoyo.

    William al ver eso quedó bastante sorprendido pero también excitado ya que jamás había visto algo tan grande así que con cada una de sus manos agarro la verga de cada chico y comenzó a masturbarlos lentamente oyéndose jadeos de los portugueses que gozaban de su mano, William quería olvidar a Billy así que por eso no se sintió culpable y seguía masturbando esas dos grandes vergas como si su vida dependiera de ello.

    -chupar puta- se escuchó de uno de los baños y los dos chicos agarraron sus grandes penes para ponerlas cerca a la cara.

    William no se hizo de rogar y llevó primero a su boca el pene que estaba a su derecha que era un gran pene bastante grueso que producía más preseminal que todo el que había probado y tenía una reluciente cabeza rosada a pesar de ser tan negro, William empezó a jugar con su lengua en el glande del moreno haciendo formas mientras que con la otra mano masturbo al chico que esperaba su boquita para utilizarla.

    -Gghhhggghh- se oían sonidos obscenos salir de la boca de William que chupaba ese gran pene.

    El otro portugués esperaba impacientemente pero ya se debía ir así que se lo hizo saber a William por la insistencia con la que movía su pene así que William cambio de pene y se lo metió casi completo haciéndole una gran garganta profunda al moreno que disfrutaba metiendo y sacando su pene de la boca del chico a través de ese hoyo hasta que no aguanto más y se vino en la boca del chico que sacó rápidamente ese pene y escupió todo porque era bastante amargo.

    William quedo bastante asqueado mientras el chico salía del baño quedando con un pene disponible para él, así que termino lo que hacía y se limpió para salir de aquel baño y tocar el de vecino con una cara de puta recién cogida que nadie podía quitarle, el portugués abrió la puerta y era bastante lindo porque tenía un color moreno pero sus ojos eran azules, su cabello algo rubio y ondulado.

    -Hola- William saludo amablemente entrando en ese pequeño cubículo para arrodillarse ante aquella cobra que necesitaba sacar todo su veneno.

    William tomó con sus dos manos y se llevó ese gran falo a su boca chupando libremente hasta que el moreno tomó la cabeza del pequeño y comenzó a follarle la boca como si de un culo se tratase mientras William lograba tragar sin problema la mayoría del pene produciendo ese característico sonido que solo calentaba al moreno que estaba a punto de venirse en la boca del chico así que paro para sacar su pene de esa garganta tragona para luego cargarlo y ponerlo en misionero encima del baño.

    William ya sabía la que se le venía pero tenía la suerte de que el negro se arrodillo ante él y comenzó a pasar su juguetona lengua por todo ese pequeño hoyo que desde hace dos semanas no había recibido ningún intruso, William jamás había sentido esa sensación tan increíble que el negro le producía al lamer su ano hasta que hizo algo que saco su puta interior, Metió su lengua con bastante fuera entrando para luego comenzar a bombearlo con esa lengua además de la bombeada que provocaba que una zona del anillo de su ano sobresaliera y el moreno le dio unos leves mordisquitos invocando a William la puta.

    -Mételo!- Pidió a gritos el pequeño que notaba que nadie entraba en ese baño además de que la música de afuera era bastante fuerte.

    El portugués pudo entender así que sacó su lengua y empezó a escupir su pene mientras con la mano lo masajeaba para lubricar agarrando al chico de las caderas poniendo sus piernas en los hombros dejando esas grandes nalgas a su disposición.

    El moreno acomodo su pene en la entrada y comenzó a hacer bastante presión aunque su gran bestia no entraba él siguió haciendo lo mismo hasta que se escuchó el sonido que hace una botella de vino cuando se abre y su gran pene entro haciendo que el cuerpo del menor se estremeciera bastante debido al dolor y que llevara sus manos al cuerpo del moreno en un intento de frenarlo, pero el moreno se emocionó porque pensó que era virgen así que enterró su gran falo en ese pequeño hoyo sin piedad alguna aunque lo beso para evitar que el ruido de sus gritos se escuchara en el exterior del cubículo.

    William no estaba disfrutando en lo absoluto porque de sus pequeños ojos salían lágrimas sin control debido al dolor y ardor que le causaba ese gran pene de unos 24 centímetros que a cualquiera pondría a gritar para después de lograr meter esos 24 centímetros completamente en el ano del pequeño, el moreno dejó que se acostumbrara sin dejar de besar esos labios hermosos y grandes que hace poco le habían dado la mejor mamada de su vida.

    -Ya… mmgghhh… házmelo- Dijo el pequeño William que ya se había acostumbrado a esa gran bestia.

    A pesar del idioma el portugués le entendió perfectamente y le regalo una sonrisa cargada de placer para comenzar a bombearle el ano que ya no era tan pequeño, William mordía sus labios para aguantar los gemidos que le producía aunque ese placer no fue tan largo debido a que aquel moreno ya estaba a punto de venirse.

    -Ahhggg… beba porra de leite- Dijo aquel moreno viniéndose en el interior de aquel blanquito que había disfrutado de su primer negro.

    El moreno debido a su gran pene y a los chorros de semen que expulso en el interior de aquel chico logró llegar a su punto G sin problema alguno haciendo que el chico llegara al orgasmo anal y de su pequeño pene saliera semen sin control como jamás lo había hecho produciéndole mas placer que el que había obtenido en toda su vida.

    El moreno al terminar de venirse dejo a aquel chico en ese baño solo y abandonado, no sin antes darle un beso y limpiarse su pene, el pequeño lo vio irse pero el dolor y lo bien que lo paso no le permitía levantarse así que después de varios intentos finalmente lo logró limpiando lo poco que sobresalía de su abierto hoyo y empezó a caminar con mucha dificultad al hotel que quedaba a un par de calles del lugar.

    Billy por su parte había pasado toda su noche aburrido caminando por las calles de aquel pueblo portugués en el que no había nada que hacer pero tampoco quería encontrarse con William, así que después de recorrer ese pueblo como por 30 minutos decidió volver a su hotel.

    William había llegado finalmente a su hotel pero al llegar a su respectiva habitación se encontró con Billy al cual no miro pero el contrario si pudo ver la forma tan rara en la que pudo caminar pero no hizo caso alguno y entró en la habitación después de William.

    El cabo permaneció toda la noche en aquel burdel pero al otro día tuvo que ir por los chicos que habían pasado mala noche porque William el dolor no lo dejó dormir mientras que a Billy la soledad tampoco, el cabo tocó sus puertas y ya se habían despertado los chicos dándose un baño en el cual William tuvo que sacar todo el semen del moreno pero a pesar de todo él estaba feliz por la forma tan increíble que había pasado su noche.

    Los chicos salieron con sus respectivos equipajes para ir tras el cabo que se veía bastante mal y subieron en el viejo auto para ir de nuevo al aeródromo donde aún se encontraba su avión listo para el despegue, los chicos subieron con sus cosas al avión y William cerró la puerta trasera para irse a sentar en su asiento, encendieron el avión para comenzar a rodar hasta la pista e inmediatamente a despegar ya que no había tiempo que perder.

    El vuelo hasta el Cairo fue completamente normal, sin ningún contratiempo y la relación entre los chicos era solo laboral así que solo se dirigían la palabra para lo que fuera del avión, William estaba feliz al igual que su culito y Billy por el contrario era el que estaba aburrido por pasar más de 15 horas sin hablar con nadie.

    Al llegar al Cairo aterrizaron como de costumbre y aparcaron el avión en uno de los hangares para bajar del avión, agarraron sus maletas pero antes de bajar subió un alto mando egipcio quien los miro.

    -Soy el comandante Rahman Shammas encargado del ala aérea de transporte en áfrica así que estarán bajo mis órdenes, síganme hasta su respectivas barracas aunque a partir de ahora estarán separados por orden del Comodoro de Londres- El hombre era bastante serio y gruñón.

    Los chicos siguieron al hombre mientras Billy no creía que los fueran a separar y que William tuviera una gran sonrisa como si nada pasara.

    ________________

    Espero que les haya gustado y si quieren más no olviden de apoyar el relato o comentar que eso siempre da ánimos para seguir escribiendo.

  • Conociendo a Marisa

    Conociendo a Marisa

    A Marisa la conocí cuando ella trabajaba en una casa de ropa, como me confirmaría después tenía 29 años, y yo había ido a comprar unas remeras. En la mano llevaba una carpeta con algunos de los relatos que había yo escrito para mí, algunos borradores que me habían relatado amigas y amigos. Y un libro. Estaba eligiendo que probarme y dejé los papeles sobre el mostrador. Elegí dos remeras y fui al probador. Cuando salí ella miraba la caratula del libro.

    “Como te quedan, te gustan, las sentís bien? Me preguntó.

    “Si, perfectas, las llevo” le contesté.

    “Querés ver algo más, tenemos bóxers, slips, mallas?”

    “Quizás otro día, gracias”

    Hizo la factura, me cobró y cuando estaba por salir, me preguntó:

    “Ese libro que llevas, es interesante?

    “Si, es una mezcla de relatos, comentarios y recomendaciones para practicar sexo y sumisión”

    “Lo voy a tener en cuenta, me interesa el tema” me dijo.

    “Entonces te los recomiendo, y si me permitís, te recomiendo un sitio web de relatos, está muy bueno” y le recomendé CuentoRelatos.

    “Gracias, lo voy a ver.”

    En frente al negocio hay un bar muy piola, buena música, gente que está en la suya. Como lo conocía fui a tomar algo y leer los borradores que me habían pasado. Corregía algunas cosas, hacía anotaciones para hacerlos más literarios. Cuando lo hago, normalmente pierdo la noción del tiempo. Miré la hora y habían pasado dos desde que me senté. Pedí otro café y continué.

    Cuando me lo trajeron, vi que entraba Marisa, como me saludó respondí por cortesía y ella se acercó.

    “Hola, cómo estás? Me preguntó, y mirando que había muchas mesas vacías siguió: “Perdona pero no hay mesas libres, te molesta que me siente con vos y compartimos la mesa? Dijo sonriendo.

    “Por supuesto que no tengo problemas, no te vas a quedar esperando una, Jajaja

    “Gracias, soy Marisa.”

    “Mike, un gusto”

    “Veo que estas ocupado, si querés…”

    “No hay problema, pero cuando leo borradores, no me doy cuenta del tiempo, no tengo problemas en seguir después”

    “Que amable” me dijo haciendo un mohín.

    Ella pidió y la conversación era sobre cosas sin importancia, hasta que ella sacó el tema

    “Estuve viendo el sitio que me dijiste, lindo, algunas cosas muy picantes.”

    “Si, hay de todo, pero en general, es bastante picante”

    “Vos escribiste algo alguna vez?” me preguntó.

    “Si, tengo varios relatos, algunos de propia vivencia, otros como los que estaba leyendo, que me pasan algunos lectores, amigos y amigas”

    “Wow, y cuál es tu nombre?

    “MikeFed, ese es mi seudónimo”

    “Lo voy a tener en cuenta, así busco algo tuyo”

    “Gracias, y espero que te gusten”

    Como me tenía que ir, pague nuestros consumos, y cuando me iba, ella me dijo

    “Mike, si no te jode, me podes pasar tu número de celular, por si quiero comentarte algo? Sí, soy medio atrevida.

    “No hay problema” y se lo pasé

    El siguiente viernes me llamó.

    “Hola, con MikeFed, habla Marisa, del local de ropa?

    “Hola Marisa, como estás, me sorprende tu llamado”

    “Te dije que soy medio atrevida. Estas ocupado?”

    “No, recién terminé las clases por hoy?”

    “Y, que planes tener para la noche?” me preguntó directa.

    “Ninguno, iba a leer algo solamente”

    “Y si te invito a cenar a mi departamento, vendrías?”

    “Con todo gusto, cual es el problema?” Le contesté

    “Muchos hombres se asustan cuando ven que una chica toma la iniciativa.”

    “Pues no es mi caso. Pasame un mensaje con la dirección y la hora y allí estaré”

    “Dale, besito”

    Puntualmente llegué, con un postre y una botella de vino.

    “Hola Mike, pasa, y gracias no te tenías que molestar, pasa”

    El departamento era pequeño, solo un dormitorio, un living comedor, cocina y baño. Nos sentamos uno en cada sillón del living.

    “Seguro te sorprenderá que te haya invitado a cenar, es que la verdad estuve leyendo varias de tus cosas, me gustaron mucho, y como no hay mucha gente que hable de sexo sin buscar “otras” cosas, por la charla del otro día tuve la impresión que con vos puedo hacerlo”

    “Es como que es un tema tabú de hablar, a casi todo el mundo le cuesta reconocer sus gustos, deseos, fantasías.” Le dije.

    “Totalmente de acuerdo”

    “Y que te parecieron los relatos que leíste?”

    “Algunos definitivamente muy picantes, sobre todo los de la hermana y su hija?

    “Si, eso es la historia real de un amigo, y todavía sigue?

    “Wow, te reconozco que me calentaron un poquito”

    “Poquito?”

    “Dejame ser elegante” me contestó.

    Nos reímos y seguimos charlando, cenamos y volvimos a sentarnos a los sillones, me contó por arriba su historia que está publicada “Mi tía Ana me inicia en el sexo (I)” y siguientes.

    “Impresionante historia, escribila y la publicas” le dije

    “Lo que pasa es que viendo como escribís vos, yo soy un tronco, si querés te la escribo y vos la laburas y la publicas vos?”

    “Como vos quieras, va a ser un placer”

    “Querés un whisky para acompañar el postre que trajiste?

    “Buena idea” contesté, pensando en como ella me había contado que le pegaba cuando relató su affaire.

    Mientras disfrutábamos del postre y el whisky, la charla pasó por otros relatos, míos y de otros. Era más que evidente que los relatos no solo le gustaban sino que la excitaban.

    Llegó el segundo whisky. Y se fue soltando más.

    “Y a vos, persona, te gusta el sexo, sos de practicarlo mucho?

    “Si, claro que sí, y para tu desilusión no lo practico en cantidad. Prefiero poco y muy bueno”

    “Y tenés pareja estable?”

    “No, solo algunas amigas, con derecho a roce profundo”

    “Entiendo, y…”

    “Hey, siento que me interrogas, y no hablas de vos.” Le dije riendo.

    “Huy, perdón. Yo como vos, de vez en cuando con Ana, mi tía y Marcos, y algún flaco que me cope, y sobre todo que tenga mente abierta”

    “Por los relatos que mencionaste te gusta algo el tema sumisión, tanto como domina como vos misma sumisa?”

    “Si, creo que es lo que más me calienta. Pero sobre todo, la sumisión mental, sentir que el otro puede doblegarme mentalmente, y lograr que haga cosas sin necesidad de castigos, aunque algunos, de vez en cuando, no te digo que me disgustan”

    La miraba y su actitud corporal era de relajación, sus manos las movía tranquila, solo para acompañar sus palabras, no se notaba excitación, solo placer de hablar. Sirvió el tercer whisky.

    “Pensé que ibas a pasar al vodka?” le dije.

    “No, hoy no. Me siento muy cómoda con vos hablando. No te voy a negar que siento alguna picazón, pero cagaría el momento que pasamos. Ojo, no quiere decir que mañana no te busque para ir a la cama, al contrario, pero hoy estoy más para charlar. Te jode?

    “Para nada. Es genial tener una amiga con quien hablar tranquilos, sin presiones, y sobre todo sin la presión de tener que terminar en una cama, sillón o mesa del comedor.”

    “Que bueno, gracias por compartir un momento así.

    Y a vos, te gustan las mujeres sumisas? Me preguntó.

    “Si no son extremas sí, quiero decir, sin excesiva violencia, algunos chirlos puede ser, juguetes, estimuladores.” Le dije.

    Ella sin percatarse le mordió apenas el labio inferior

    “Como los que te podrían gustar a vos.” Le dije directo

    “O me vas a decir que no tenés un consolador, o dos, que te gusta que te venden ya lo dijiste, y que los estimuladores también te gustan.” Continué

    Ella cambió de posición en el sillón, evidentemente estaba en lo correcto.

    “Los estimuladores no los probé. Pero vos por qué pensas que me gustan los consoladores y los estimuladores?

    “Porque te encanta el sexo, y necesitas sexo a diario, estoy casi seguro”

    “Sos malo, me estas sacando la ficha”

    “Y eso te molesta, pero al mismo tiempo, te gusta que descubran que te gusta gozar con todo, que podes ser una bestia en la cama, si aprietan los botones correctos”.

    “mmm, puede ser?”

    “Ya me voy, pero antes quiero mostrarte algo, tenés un papel y algo para escribir?”

    “Si, claro, toma”

    Escribí algo sin que ella lo viera, doble el papel y lo puse en el piso, en medio de los dos.

    “Bueno, si en 3 minutos no se cumple lo que escribí, tomo el papel, y me voy.” Le dije.“

    “Y si se cumple?”

    “Simplemente me levanto, te saludo y me voy. Cuando me haya ido, vos podes levantar y leer el papel. Estás de acuerdo?”

    “Si, me intriga”

    Nos quedamos sentados, en silencio. Yo tomé un sorbo de whisky, ella se levantó se sirvió otro, y se sentó nuevamente. Yo la miraba fijo a los ojos. No habían llegado a los dos minutos, que me levanté. Ella hizo lo mismo, fui hacia la puerta, la salude con un beso en la mejilla y me fui.

    Ella fue corriendo a leer:

    “1 te vas a levantar y servirte whisky, eso es fácil

    2 vas a tomar whisky y vas a pasar varias veces tu lengua por el borde del vaso.

    3 vas a cambiar de posición para sentarte.

    4 te vas a llevar un dedo a la boca

    5 vas a apretar las piernas

    6 vas a pensar en pajearte cuando me valla

    7 Antes de leer el papel, te vas a apretar una teta”

    Estaba subiendo a mi auto, cuando entro un mensaje: “Puto, me dejaste bien caliente”

    Le respondí, “entonces, te mando un besito, un chirlo en medio de tu vagina y clítoris y mañana a las dos estoy acá. Ah, y nada de pajearte hoy”. “Te espero y no te prometo nada” me respondió.

    “Entonces no vengo. Chau”. “Puto, re puto, vení”

    Como se imaginarán a las 2 estaba ahí, con una botella de vodka, un paquete de papas fritas, una barrita de chocolate amargo y un regalito.

    “Pensé que no ibas a venir” Me dijo

    “Pues te equivocaste. Toma, traje esto. Servite un shot. Y dame un platito para las papas.”

    Nos sentamos, brindamos el shot de un solo trago, como se debe.

    “Y cuántos puntos acerté de los que escribí en el papel?

    “Todos acertaste, sos puto!!!”

    “Parate, sacate toda la ropa, ponente enfrente mío y separa las piernas”

    “Qué, no, vos que… pen… sas”

    No dije nada, me limite a mirarla. Lentamente se empezó a sacar la remera, el brazier. Se detuvo por un momento y vio que mi mirada seguía clavada en sus ojos. Bajo la mirada y se continuó quitando la ropa.

    Se paró frente a mí y separó las piernas.

    “Cerrá los ojos y separate los labios de la vagina”

    Iba a decir algo pero supo que era inútil. Lo hiso. Pase mi mano por su vagina que se estaba empezando a mojar, metí dos dedos en su concha y luego de varios movimientos de entrada y salida le puse un estimulador a control remoto.

    “Que??” Dijo.

    “Uds. los músculos de la vagina, que no salga, porque voy a comprar cinta, te lo vuelvo a meter y te encinto la concha. Sentate”

    Serví otro shot, comimos unas papas, y nos quedamos sentados.

    Cada tanto, lo activaba, y ella daba un salto. Se empezaba a frotar el clítoris, los pechos. Y lo apagaba nuevamente.

    Así estuvimos por 5 minutos. Sin hablar.

    “Cómo estás?” le pregunté

    “Muy caliente, o no te das cuenta?” me dijo con cara de furia

    “Muy caliente, me va gustando, pero quiero verte demasiado caliente, explotando”

    “Puto” me dijo

    Prendí el estimulador y la miraba disfrutando su excitación.

    Lo apague y la senté con las piernas levantadas en el sillón. Le puse un trapo en la cara pero sin atarlo, solamente apoyado.

    “Vamos a poner algo en claro: no podes soltar las piernas, ni sacarte el trapo de los ojos.

    Comencé a chupar su clítoris, ella de deshacía en gemidos, bajaba a la vagina, al ano, volvía al clítoris, y lo prendía nuevamente. Sus gemidos eran casi gritos.

    “Bombacha” dijo

    Se la puse en la mano y ella se la metió toda en la boca. Sabía que no podía contener los gritos

    “Huy, estás haciendo un enchastre en el piso”

    Ella movió varias veces la cabeza hacia los costados.

    “No te importa?” pregunté y ella hizo que no con la cabeza.

    Besaba sus tetas, sus pezones, y activaba el aparatito.

    “Bueno, te doy un descanso de 5 minutos, pero sin abrir los ojos. Solo podes bajar las piernas.

    Ella las dejó caer y se sacó la bombacha de la boca para respirar mejor

    “Como vas, es suficiente o querés más?”

    “Quiero más, aunque ya no sé cuántos orgasmos tuve y cuantos me cortaste, puto”

    Esta vez le di un sopapo en la cara que la sorprendió

    “Perdón, no lo volveré a hacer, perdón”

    Tome la barra de chocolate y le dije:

    “Por eso que dijiste, los 5 minutos quedan en dos, levantá las piernas”

    Ella lo hizo de inmediato, después de ponerse otra vez la bombacha en la boca, activé el bullet y comencé a chupar. Con el bullet funcionando tomé la barrita de chocolate y la introduje en su concha.

    Enseguida se empezó a derretir, fui lamiendo todo sus jugos y el chocolate. Detuve el plug, le saque la bombacha y por primera vez la besé

    “Que es eso?” Preguntó

    “Tu conchita me está haciendo un fondue de chocolate, está rico no?

    “Sos un hijo de puta”

    “Puede ser, pero sigo chupando porque se pierde mucho”

    Ella gemía con todo, como pudo se volvió a tapar la boca. Saqué lo que quedaba de la barrita de chocolates, con dos dedos lubrique su ano. Saque el bullet de la concha y lo puse en su ano, y lo empuje con la barrita de chocolate, que quedó aprisionada en la entrada del ano.

    Liberó su boca y pidió: “Amo, por favor, eso no, me va a destruir, no doy más, por favor”

    Su pedido no fue escuchado, active el bullet y ella se estremeció con todo. Su cadera subía y bajaba. Esta vez no lo apague. Volví a chupar su concha y meterle dos dedos, Dos dedos en su punto G, mi boca en su clítoris y mis manos apretando pechos y pezones.

    Fueron 10 minutos de tortura para ella, se escuchaban los gritos de placer aún con la bombacha en la boca.El chocolate se había derretido, cayendo al suelo. Dejando el aparato activado, me levanté y sin hacer ruido para que no adivine mis movimientos saque tres hielos chicos de la heladera, volví a ella, junté sus piernas, ella las abrazaba y yo sostenía sus brazos. En un solo movimiento metí los tres hielos en su concha. Fue un grito gutural, y comenzó a estremecerse y moverse como loca tratando de expulsar los cubitos. No podía, y el bullet le seguía estimulando el culo. Y por la posición las vibraciones llegaban al punto G, a través de los cubitos.

    Apague el bullet, lo saqué de su ano, le saque la bombacha de la boca, el trapo de los ojos y le hice soltar los brazos, que ella seguía trabando.

    Pasaron varios minutos hasta que reaccionó. Lo primero que hizo fue ver que yo todavía estaba con los pantalones puestos, y mi pene, guardado.

    “Pausa?” me preguntó. Asentí con la cabeza.

    “Sos un hijo de puta. Me hiciste gozar como perra. Me sentí, desde anoche, totalmente sometida a tu voluntad!!!, y lo peor que me atraía y me gustaba. Y cuando me metiste el hielo, te juro que del orgasmo sentía que me explotaba la concha.”

    “Me alegro que hayas gozado, tanto y tan bien”

    “Glorioso, no bien. Pero, vos? Nada? Ni una paja te hiciste?

    “No”

    “No entiendo, por qué”

    “Me guardo para cuando estés caliente”

    “Más?”

    Nos quedamos un rato charlando, me contaba de sus sensaciones, como la sorprendían sensaciones que nunca había sentido, gozado.

    “Bueno, seguimos o paramos aquí?

    “Seguimos, pero, otra vez, y vos?

    “Quiero que vos te preocupes por vos, por tu placer, recién viste que hay un nivel más alto del que conocías. Pues hay más niveles, solo es cuestión de querer alcanzarlos, desear alcanzarlos. Por uno mismo y por la pareja, te vuelvo a preguntar, seguimos o querés llegar hasta acá?”

    “Entre una cosa y otra, son las 20. Tengo una pizza en el frezzer, comemos, me das tiempo a recuperarme y seguimos?”

    “No, cenamos después”

    “Como vos digas. Seguimos”

    “Quiero que te vayas a dar una ducha caliente, lenta, relajante, que limpies toda tu piel, tus cavidades, que pienses en el hombre que quieras conquistar, busques ropa y te vistas para él, te perfumes para él. Pero primero, de rodillas y con la lengua, limpia el enchastre que hiciste en el piso”

    “Yo, con la lengua?”

    “En silencio, ahora”

    “Se puso de rodillas y fue limpiando, me puse detrás de ella, toque su vagina y estaba mojada”

    “Que cerdita, te calentas chupando tus propios jugos y el chocolate, eso es de cerdita”

    “Es que pienso en como se generaron, lo que me hiciste, y me saben ricos.”

    Terminó y se fue a bañar. Se tomó su tiempo, dejé que lo haga sola, esperé en el living que ella elija la ropa, se cambie, perfume. Vino hacia mí, me pasó los brazos a ambos lados del cuello y me besó tiernamente.

    “Te gusto, estoy linda?

    Marisa es una mujer realmente bella, muy buen cuerpo, hermosas facciones, sus pechos sos lo suficientemente grades, y su cola proporcional. Tenía puesto un vestido mini espectacular, negro, escotado en la espalda. Hasta tacos altos se puso.

    “Bueno, como te dije, ahora vas a conquistar a tu hombre soñado, con las herramientas que quieras usar, solamente, no me podes tocar a mí, mi vos va a ser la de ese hombre, no la mía.”

    “Está claro”

    “Podes empezar”

    “Mi amor, cuanto desee este momento, poder estar juntos, tranquilos gozándonos, quiero hacerte gozar con todo, entregarme totalmente a vos” me dijo mientras me abrazaba y besaba mi cuello.

    Movía el cuerpo sensualmente, separó sus piernas y puso una de las mías entre ellas.

    “Sentí amor, sentí el calor que emana de mi cuerpo, estoy hirviendo por vos, por tenerte dentro mío gozando cada milímetro.”

    Sus besos he hacían cada vez más calientes.

    Me tomo de la mano, y me llevó al cuarto. Puso música sensual, dejó solo una luz tenue, pero que permitía ver perfectamente su cuerpo.

    “Amor, deja que te quite la ropa, poco a poco, sintiendo el aroma de tu piel”

    Asentí y una pequeña sonrisa de satisfacción apareció en su rostro. Me quito la camisa, aprovechando para recorrer mi torso y mis brazos con sus manos. Su perfume suave y poco dulzón llenaba el ambiente, me era muy difícil resistirme a esa mujer.

    Desprendió mis pantalones y los bajó mirándome con malicia a los ojos. Me quitó los bóxer y solo por un instante acarició mi pene ya erecto.

    “Recostate amor, y disfrutá” me dijo.

    Ella comenzó a moverse al ritmo de la música, sensualmente, acariciando su cuerpo a través de la ropa.

    “Amor, soy tuya, soy todo fuego por vos, te deseo con locura, miré como tiemblan mis manos porque imagino que las tuyas recorren mi espalda, mi cara, mi cuello.”

    Se sacó lentamente el vestido y su cuerpo estallaba dentro de un conjunto de ropa interior de encaje maravilloso. Sus manos empezaron a jugar. En sus pechos, por encima o por debajo del brazier, lo mismo que en su vagina. Mojaba sus dedos y los chupaba. Subió y se paró a los pies de la cama, con las piernas separadas, mostrando como se acariciaba toda, se quitó el brazier, y pellizcaba sus pezones.

    Yo estaba totalmente erecto, mi pija de 17 cm apuntaba al techo. Ella la miraba y mordía sus labios.

    “Que linda que está tu pija, no sabes cuánto la deseo mi amor, te gusta como me veo desde allí abajo”

    “Si, Mónica, que ver hermosa” dije cambiando a propósito el nombre

    Se quedó helada. No reaccionaba.

    “Como Mónica, en quien estás pensando hijo de puta, ándate de acá, hijo de puta. Ya mismo” Dijo enfurecida.

    Se bajó de la cama, caminaba por la habitación como una tigresa enjaulada

    “Ya se fue Marisa, ahora estás sola”

    “Hijo de puta, Mónica. Vos mirá y contale a ese desgraciado”

    Buscó en un cajón y sacó dos consoladores, los puso en la cama y subió nuevamente. Cambió de música y ahora sonaba algo de rock pesado.

    “Puto, vos te perdiste esta mujer, pero sabes qué, no te necesito para tirarme un buen polvo.”

    Me miraba con bronca, como si yo mismo fuera el hombre que la despreció, era una furia bailando, su cuerpo parecía poseído por una corriente eléctrica. Tomó uno de los consoladores y lo comenzó a chupar con furia,

    “Mirá, mirá la mujer que te perdiste, ahora voy a gozar, gozar de los hombres que me van a dar el placer que merezco, porque se necesitan varios para hacerme gozar”

    Y tomó el consolador que estaba chupando y se lo introdujo en la vagina. Lo hacía entrar y salir con furia, hasta el fondo. Tomó el otro, de mayores dimensiones y se lo puso en la boca. Estaba imparable, llegué a pensar que se iba a lastimar por lo violento de sus movimientos.

    “Mirá, ahora tengo dos machos para mí.”

    De pronto se sacó el que estaba en la concha y lo puso en el culo. Dio un grito de dolor, pero no le importó. El más grande, fue directo a su concha, sin miramientos, lo enterró. Otro grito de dolor, pero ya estaba entrando y saliendo. Se dejó caer de rodillas, y enterrando bien el del culo, seguía moviendo el de la concha mientras su mano libre metía dos dedos en la boca.

    “Ver, ahora tengo los tres ocupados, pelotudo. Vos te lo perdiste!!!ª

    Llegó a un orgasmo y sucedió lo que nunca esperaba, se dejó caer de costado y comenzó a llorar con todo.

    “Pero al final, siempre sola. Sola”

    Temblaba y lloraba sin parar, repitiendo esa frase. Con cuidado saque los consoladores y la recosté a mi lado.

    “Ya está. Ya pasó todo Marisa, estás conmigo, con Mike”

    Abrió los ojos, me miró y se dio vuelta, acurrucándose contra mi pecho. Aunque menos, seguía llorando. Comencé a acariciarla, su espalda, su cara, sus brazos. Se fue relajando, milagrosamente mi pene seguía erguido. Ella lo sintió apoyarse sobre su ingle y sonrió. Lo tomó en su mano y lo acariciaba.

    “Querés que… al final vos nada?

    “Quiero que me escuches, yo vivo en una quinta en las afueras, no es muy grande ni moderna, pero tengo un buen parque, mis perros, mis flores, mi estudio. Y mi cama está vacía. Mi casa está vacía. Vos me gustas demasiado. Tu sonrisa, tu frescura, y obviamente tu cuerpo. Los dos somos bastante locos. No te voy a decir que te amo. No soy estúpido, pero si que te estoy queriendo un poco. Si vos andas sintiendo algo parecido, y no tenés ganas de compartir la vida con la soledad, podemos ver, si estando juntos podemos seguir locos, y hacer que esto crezca”

    “Te diste cuenta” dijo ella

    “Si”

    Ella se puso a besar y chupar mi pija, su mirada era de ternura, pero al mismo tiempo de pasión, gozaba tanto como yo. Luego de un rato se detuvo. Se levantó fue corriendo al living y volvió con el bullet y el control remoto. Se lo metió en el culo.

    “Cuando te diga, prendelo al máximo”

    Se sentó sobre mi pija, se sonrió y me dijo: “ahora prendelo y agarrate”

    Se comenzó a mover lentamente. Subía y bajaba. Se acariciaba los pechos.

    “Que lindo se siente tenerte dentro. Tan caliente como lo imaginé, tan macho como lo imaginé”

    Se acariciaba el clítoris, su excitación crecía paro sus movimientos no, siempre lentos, gozando cada momento.

    “No pensé que fuera así de lindo hacerlo, hacerte el amor.”

    La puse boca arriba, saque el vibrador del culo, y la penetré. Lenta y pausadamente. Nuestros sexos estaban empapados de sus jugos. Ninguno de los dos quería acelerar el ritmo.

    “Prometeme algo” me dijo

    “Que?”

    “Que voy a seguir siendo tu sumisa, que de vez en cuando vamos a dar rienda suelta a nuestra locura en la cama, que si vos querés, vamos a traer una chica sumisa para que vos nos goces”

    “Si claro que si”

    Al escuchar eso empezó a mover la cadera, buscando sentirse totalmente penetrada

    “Y vos, vas a ser una puta terrible en la cama para mí? O ahora, vas a ser una vainilla”

    “Ya me enseñaste otros niveles de placer, pero puta, solo si vos me haces tú puta, yo estoy dispuesta a ser la más puta de las putas”

    “Ponete de rodillas al lado mío, separándolas,”

    Lo hizo, humedecí dos dedos en sus jugos y se los metí de una en el culo. Los enterré hasta el fondo. Ella se mordió los labios de dolor.

    “Movete” y la miré fijamente y me empecé a masturbar.

    “Que lindo tener mis dedos en ese culo, mira como me masturbo con los dedos en tu culo.”

    Ella se movía yo movía mis dedos en su interior

    “Me parece que voy a acabar en la paja nomas, no veo que estés caliente, y cogerte caliente, no me va.”

    “Puto, me estás provocando y lo peor que resulta”

    “Pues no lo veo. No te veo bien puta.”

    Se sacó los dedos de culo, se acostó boca arriba, y levantó las piernas

    “Cogeme, lléname de leche, por donde vos quiera, pero cógeme.”

    Se la metí en la concha, hice que bajara un poco las piernas, y le dije al oído: “Te quiero en mi cama por mucho, mucho tiempo Marisa, a vos no a otra, para hacer el amor, solo a vos. Te quiero”

    Eso desató una serie interminable de orgasmos, mientras ella clavaba sus uñas en mi espalda.

    Acabé dentro de ella.

    Mi cama y mi corazón ahora están ocupados.

  • Enseñando a La señorita R

    Enseñando a La señorita R

    En la noche no sé si estoy despierto o dormido, no sé si es fantasía o realidad, pero si sé que mi subconsciente solo es para la señorita R.

    Nos conocíamos desde hace unos años, solo de coincidir en el ascensor, ya que nuestras empresas estaban en el mismo edificio y también de coincidir en el bar de la planta baja. Salvo los saludos de rigor no habíamos cambiado palabra salvo en alguna discusión sobre futbol ya que ella era una autentica forofa del equipo de nuestra ciudad.

    Aunque me gusta el futbol yo no era forofo ni de ningún equipo en particular, pero me gustaba llevar la contraria a la señorita R, me reía mucho a su costa. La señorita R, como ya deberíais saber, tiene unos 40 años, alta, cara agradable y buen cuerpo.

    Llego el partido contra el máximo rival de la liga, si ganaba el equipo de ella, pondría tierra por medio y casi era campeón.

    En el bar los comentarios sobre lo que pasaría, los podéis suponer según los colores de cada cual. A alguien se le ocurrió hacer una porra.

    El viernes antes del partido baje a desayunar y estaba ella.

    R- ¿Has jugado en la porra? –me preguntó-

    Yo- No, esas cosas no van conmigo. –respondí-

    Empezó a hacerme un lavado de cabeza para que hiciera una apuesta, yo me negaba. Al final más por aburrimiento que por otra cosa le dije.

    Yo- En todo caso haría una apuesta contigo.

    Tardo unos segundos en responder.

    R- ¿Qué nos jugamos?

    Yo- Cien euros a que tu equipo pierde –me lance sin pensarlo y con esperanza de que me dejara en paz-

    R- Yo no puedo hacer esa apuesta –fue su respuesta-

    Yo- Eso es que no te atreves y note fías tanto de tu equipo.

    R- Si pudiera gastar ese dinero ten por seguro que aceptaría. Estoy segura de que ganaremos.

    Me pico la curiosidad. Quería ver hasta donde llegaba.

    Yo- Hagamos una cosa -le dije- Si pierdo la apuesta te doy los cien euros y si pierdes me invitas a cenar donde tú quieras. Creo que justo.

    Se lo pensó un rato, pero contesto afirmativamente.

    Yo- ¿Puedo invitarte al desayuno? –le pregunte-

    R- Por supuesto –respondió-

    Subimos en el ascensor, ella llego primero.

    R- Nos vemos el lunes y por cierto trae los cien euros –se marchó riendo-

    Me quede pensando en la que me había metido, palmar cien euros por una tontería, ya que lo lógico sería que ganara ella.

    Llego el lunes y mientras que desayunaba vi en el periódico que yo había ganado la apuesta. La espere. Algunas personas se mofaron de ella, pero yo permanecí en silencio mirándola de vez en cuando.

    Cuando pudo se me acerco.

    R- Has ganado –dijo-

    Conteste con un lacónico sí. Sin más comentarios.

    R- Gracias por no reírte.

    Yo- No es mi estilo –respondí-

    R- ¿Cuándo quieres cobrar la apuesta?

    Yo- Pues si te viene bien el viernes próximo creo que sería buen momento.

    R- De acuerdo –me dijo- nos vemos y quedamos.

    Llego el viernes, ella vino a buscarme en su coche. Llevaba un vestido negro por encima de la rodilla, medias finas también negras, ligero maquillaje, nada exagerado. La verdad estaba perfecta.

    Me indico el restaurante, eligió uno de moda y la cena no le saldría barata. Por lo menos no trataba de aliviarme con algo de baja categoría.

    Durante la cena hablamos de muchas cosas. Yo estaba francamente a gusto. Quería prolongar aquello, en el fondo me apetecía acostarme con ella.

    R- ¿Saldada la deuda? Me inquirió de pronto.

    Yo- Saldada –conteste-

    R- Genial.

    ¿Te apetece tomar una copa en otro sitio? –le pregunte-

    R- Vale.

    Salimos del restaurante y la lleve a un disco-pub que también estaba de moda. Había bastante gente.

    No fue una copa si no tres. Hablamos, bailamos, hablamos y bailamos de nuevo. Llego la hora de irnos.

    R- Ya hemos llegado –dijo cuándo paré frente al portal-

    Yo- Sí. Gracias, ha sido una buena noche.

    R- Gracias a ti, lo he pasado fenomenal.

    Llevo su mano a la manivela para abrir la puerta, pero se giró hacia mí y dijo:

    R- Estaba claro que la apuesta era una cena, pero me ha sorprendido que no intentaras nada, ni siquiera bailando.

    La mire a los ojos fijamente, espere un poco en contestar y decidí atacar con todo.

    -Yo no insinúo, peque, yo exijo.

    R- Eso es muy fuerte, así tendrás muchos noes.

    Yo- En ese caso a otra cosa mariposa –le respondí-

    Se quedó mirándome, interprete que estaba decidiendo si se bajaba del coche o no. Pasado un tiempo prudencial pase a la acción.

    Yo- Quiero que me hagas una mamada.

    R- Estás loco, en el coche y en la puerta de casa.

    No le conteste. La miré con dureza, sin vacilar, hasta que vi que apartaba su mirada de mí. Pasaron unos cuantos segundos, yo estaba esperando y seguía mirándola. De repente sus manos se dirigieron a mis pantalones. Me comenzó a sobar la polla por encima de la tela. La señorita R se acercó e intento besarme. Me aparte y deje que lo hiciera en la cara al tiempo que le indicaba:

    Yo -He dicho que me comas la polla, no que me beses.

    Su cara mostro sorpresa por mi salida. Desabrocho la correa y la cremallera, saco mi miembro prácticamente en erección completa. Con la mano comprobó la dureza y se volcó para comenzar la mamada. Lo hacía despacio, la verdad es que sabía lo que debía hacer.

    Recorrí sus muslos enfundados en unas magníficas medias y como suponía me encontré que eran pantys.

    No tarde mucho en llegar a correrme y me hizo gozar bien, por descontado que no la avise cuando me corrí y apreté su cabeza contra mi polla para obligarla a tragarse mi semen.

    No dijo nada y yo tampoco, me limite a girarla para que adoptara una posición más cómoda. Introduje la mano por debajo de la falda. Me entretuve acariciándole los muslos. Me encantaba el tacto de sus pantys.

    Al pasar la mano por delante de su sexo lo note humedad. Genial, pensé, además está caliente. Jugué con el borde del elástico y lo bajé un poco.

    Yo -Señorita R cuando salgas conmigo llevaras siempre medias, no quiero tener impedimentos cuando te toque.

    R- Entendido –dijo mirándome a los ojos-

    Comencé a tocar sus pechos, lo hice con suavidad al principio luego se los apreté de vez en cuando y ella suspiraba, le gustaba.

    Los suspiros se hicieron generalizados cuando acariciaba al mismo tiempo sus senos y los labios de su vagina. Le fui abriendo el coño con cuidado y metí la punta de un dedo. Seguí profundizando hasta que me entro entero, bueno hasta que yo quise meterlo entero, ya que según estaba de mojada no hacía falta precauciones. De vez en cuando gemía bajito.

    Saqué la mano y le puse el dedo mojado en los labios.

    Yo- Lámelo.

    Una vez que me pareció suficiente, volví a meter la mano en sus bajos, un dedo en su vagina y con otro la fui masturbando, todo muy lento. Su cuerpo se agitaba, abrió todo lo que pudo las piernas, su cara fue cambiando.

    Seguí así hasta que noté que se iba a correr. Pare en seco. Vi la decepción en su rostro.

    Lleve de nuevo el dedo a su boca y lo lamio hasta que lo dejo limpio.

    Yo- Bésame –le ordene-

    Se incorporó un poco y comenzó a besarme. Primero con algo de timidez, pero en cuanto sintió mi lengua presionando en sus labios, los abrió y enroscamos las lenguas. Me gusto el sabor de su flujo en la boca.

    La masturbe de nuevo. Rápidamente estaba a tono otra vez, mejor dicho, preparada para llegar en cualquier momento. Volví a parar ya no era decepción lo que se veía en su cara, creo que era ira.

    Después de unos segundos volví a masturbarla. Ella casi inmediatamente comenzó a gemir.

    Yo- ¿Te quieres correr? –le dije-

    R- Siiii

    Yo -Pídemelo –mientras mis dedos no dejaban de entrar en su vagina y jugaban con su clítoris-

    R- ¿Qué?

    Yo- Lo que has oído –le respondí-

    R- Haz que me corra de una vez –en tono con voz de cabreo-

    Decidí forzar un poco más la situación.

    Yo- ¿Así se piden las cosas, zorrita?

    R- Haz que me corra –dudo un poco, pero añadió- por favor.

    No le conteste, seguí manipulando su sexo. No tardo casi nada en correrse. Comenzó a tensar el cuerpo y se abandonó al placer. La agitación le duro un rato, igual que la respiración entrecortada.

    Sin decir nada, me baje del coche, abrí su portezuela y la acompañe hasta el portal.

    Yo- Hasta el lunes –me despedí-

    R- Adiós –dijo, supongo que sin saber que decir más porque no esperaba esto-

    Durante la semana coincidimos como siempre en la cafetería, si ella quería hablar sobre lo sucedido no pudo ya que no había intimidad para ello. El martes le pedí su número de móvil. Espere hasta el jueves para mandarle un mensaje.

    Yo- “¿Cenamos mañana?”

    Al rato llego la respuesta, un lacónico OK.

    La cena trascurrió tranquila, hablamos de trivialidades, de futbol, pero no de lo sucedido en la anterior cita. Cuando salimos del restaurante y ya en el coche le pregunte:

    Yo- ¿Tomamos una copa?

    R- Claro –respondió-

    Yo- ¿Prefieres algún sitio? –Hice una pausa- o ¿me invitas a la copa en tu casa?

    R- Donde quieras –respondió-

    No hablamos hasta que llegamos a su casa. Ni siquiera en el portal o en el ascensor.

    Vivía en un apartamento no muy grande, solo tenía un cuarto de estar, un dormitorio, baño y cocina.

    R- ¿Qué quieres tomar? –me pregunto-

    Yo- Si tienes ron me apetece un cuba libre.

    Se fue a la cocina, yo curioseé un poco y puse música tranquila.

    Cuando vino y tras un trago la invite a bailar. Se arrimó más de lo necesario, dando a entender por si no lo había dejado claro ya, lo que deseaba.

    La bese en el cuello y mientras que bailábamos le pregunte:

    Yo – ¿Cuántas veces te has masturbado, recordado lo del coche?

    Permaneció en silencio mirándome a los ojos.

    Yo -Contesta –ordene-

    Apoyo la cabeza sobre mi pecho y dijo:

    R- Dos o tres veces.

    Yo- No está mal en una semana.

    Alzo los ojos y mirándome añadió:

    R- Al día, incluso en el trabajo. Es recordarlo y mojarme.

    Pues sí que se había impresionado por una simple masturbación.

    R- Nunca me lo habían hecho así, ni siquiera yo misma, Fue muy intenso.

    Era mía. La duda estaba en si la señorita R lo sabía ya.

    Seguimos bailando hasta que termino la canción que sonaba en ese momento, Aproveche para comprobar lo que le había indicado sobre el vestuario. Había obedecido.

    Le fui bajando el vestido. Llevaba un conjunto negro de encaje y medias con ligero. Le acaricie las nalgas y el culo.

    Desabroche el sujetador y ella se lo quito. Tenía unos preciosos pechos. Luego baje el tanga y con un movimiento de sus pies lo saco. Pase la mano por su depilado sexo y estaba mojado.

    Le baje las medias y se las quite. Con ellas en la mano me senté en el sofá y me quedé mirándola. Ella no sabía qué hacer, si venir o quedarse donde estaba, opto por quedarse.

    Yo -Quiero verte bien –le dije- gira lentamente.

    Obedeció. En el segundo giro la mande parar.

    Yo- Presume de culo. Exhíbelo.

    Lo saco un poco y dio otra vuelta, luego que doblo hacia delante y surgió aquella maravilla de la anatomía. Realmente era precioso y lo mejor de su cuerpo. Lógicamente no le dije mi opinión.

    Yo- Arrodíllate, quiero ver tu culo en plenitud –no era necesario para admirarlo, pero sí lo era para que fuera metiéndose en su papel de obediente sumisa-

    Se puso a cuatro y la verdad era magnifico. No pensé en cómo iba a disfrutarlo ya que no quería que mi miembro se pusiera duro del todo.

    Yo- Acércate –le dije-

    Fue a incorporarse, pero se lo impedí.

    Yo- Ven como estas, a cuatro patas, como mi zorrita que eres.

    Me miro con sorpresa, pero inicio su camino. Cuando llego la comente:

    Yo- Muy bien, no has dudado, así debes comportarte.

    R- No sé porque te hago caso –me respondió-

    Yo- ¿Quieres que te lo diga o prefieres esperar a descubrirlo por ti misma?

    No contesto. La hice girar para que mediera la espalda. Con una de sus medias le ate las manos por detrás. Mientras que se giraba me saque mi miembro.

    Al verlo fue directa a besarlo.

    Yo- ¿Qué vas hacer?

    R- Lo que deseas, si no para que te has sacado la polla.

    Yo- Tienes que esperar a que te lo ordene, eres mía.

    Sin decir más, apoyé su cabeza en el sofá y le di cinco azotes con la mano en las nalgas. Cuando termine le dije que así iría aprendiendo. La oí que me llamaba cabrón en voz baja.

    Yo -Efectivamente lo soy –le dije- no lo tomo como un insulto y si era un desahogo la próxima vez piénsalo para que no te oiga porque tendré que corregirte.

    R -Vale –contesto-

    Se quedó mirándome, esperando. Me demore a propósito, deseaba que sintiera cierta ansiedad.

    Yo- ¿Quieres hacerme una mamada? –le pregunte de repente-

    R- Si –contesto de forma fuerte y audible-

    Yo- ¿Y por qué no lo preguntas, Cristina?

    R- Quiero hacerte una mamada, ¿me dejas?

    Bien parece que iba comprendiendo lo que deseaba de ella, sabía que era una chica lista.

    Yo-Te dejo –le conteste-

    Se acercó y comenzó a besarme la polla, desde la punta al final de tronco, también se ocupó de mis testículos. Se notaba que era la primera vez que no usaba las manos en estos menesteres. Me dio bastante placer, me corrí en su boca y se lo trago sin tener que decirle nada.

    La separé y me puse de pie. La abracé desde atrás y comencé a masturbarla. Estaba completamente mojada. Suspiraba, yo seguí manipulando el clítoris. Cuando note que su cuerpo se tensaba…

    R- Permiso para correrme –dijo-

    Yo- No –le conteste- aguanta.

    Afloje un poco la presión sobre su clítoris. Se relajó un poco. Volví a la carga, pero no tardó mucho en estar otra vez a tono. Note sus esfuerzos en contenerse. De repente me grito:

    R- Para o me corro ya.

    Yo- Aguanta –le indique mientras que volvía a bajar la intensidad de la masturbación.

    Le bese el cuello, ella busco mi boca y nos besamos.

    Repetí otra vez y la puse por tercera ocasión al borde del orgasmo. Ella no decía nada, pero tenso el cuerpo.

    Yo- Córrete cuando quieras –le susurre- Córrete para mí.

    Fue a decir algo, pero no pudo. Su cuerpo empezó como a temblar, se estaba corriendo en mis brazos. La sujete ya que se le doblaban las rodillas. La senté en el sofá para que se recuperara.

    Esta noche tampoco la penetre, lo dejaba para la próxima cita.

    Pasaron unos días, nos veíamos en la cafetería y hablábamos de lo que siempre lo hacíamos con otros clientes. Parecía que teníamos un pacto de silencio delante de otras personas. Un día coincidimos en el ascensor los dos solos.

    Yo- ¿Cuántas veces, Cristina?

    R-Casi igual que la semana pasada, dos o tres al día y otra cuando me acuesto.

    Yo- Bien –le dije, mientras le besaba en la mejilla-

    El jueves le envié un mensaje:

    Yo- “Mañana cenamos en tu casa”

    Su respuesta fue preguntarme si me apetecía algo en especial, le respondí que al abrirme la puerta tenía que estar desnuda.

    R- Estás loco –respondió-

    Cuando abrió la puerta estaba desnuda. Le sonreí y le di un beso en el frete mientras que murmuré un “muy bien”.

    Durante la cena permaneció desnuda. Tenía que acostumbrarse a que esa sería su “vestimenta” cuando estuviéramos juntos, aunque la señorita R aun no lo sabía. Terminamos de cenar y recogió la mesa.

    Yo- Ponte lo más sexi que puedas –le dije cuando volvió de la cocina-, que vamos a salir.

    Se marcho a su dormitorio.

    Yo- No tardes –agregue, mientras me tomaba una copa-

    Sobre los quince minutos apareció, Estaba realmente bella y con empaque, pero no sexi según mi concepto. Vestía una blusa semi trasparente que dejaba ver parte de un sujetador blanco, falda negra justo por encima de la rodilla y asomaban unas finas medias negras. Elegante, bella, un punto sexi, pero no suficiente para donde iba a llevarla. Se lo dije.

    Yo- Me tendré que ocupar de tu ropa.

    R- Usare lo que me guste y apetezca -respondió-

    Me acerque y le agarre de la cara.

    Yo- Cuando vayas conmigo te pondrás lo que yo te diga. ¿Entiendes?

    R- Si –contesto de forma lacónica-

    Le solté y acaricie su pelo y la bese en el cuello, sabía que eso le gustaba.

    Yo-Tienes que ser obediente, pequeña –le susurre-

    Entonces me beso en la boca. Le deje, incluso nuestras lenguas se entrelazaron. Estaba madura, solo faltaba un par de pasos para que fuera mía totalmente.

    Lo primero que hice fue llevarla a un sex-shop. La cara que puso fue de alucinada. Estuvimos viendo diversa ropa y elegí un mini vestido rojo con ropa interior trasparente a juego y medias rojas de red, solo desentonaban los zapatos que eran negros, pero eso no tenía solución. Page y le pedí al vendedor que, si podía cambiarse en el baño, evidentemente dijo que sí.

    Me acerque a ella y le dije que pasara al baño y se pusiera la ropa. Me cogió la bolsa y sin decir nada se encamino al improvisado vestido, pero su cara era de mala leche. Me regocije interiormente de ello.

    Cuando salió y la vi, se me acelero el corazón, estaba realmente espectacular. El vestido que era muy corto realzaba sus muslos.

    Yo- ¿Te gusta? –le pregunte-

    R- Parezco una zorra.

    Yo- ¿Y lo eres?

    R- No –dijo secamente-

    Yo- ¿Estás segura?, mira en tu interior.

    No respondió. Salimos de la tienda y ya sin dilaciones la lleve al club.

    Antes de entrar le di unas indicaciones.

    Yo- Al club al que vamos a entrar es privado, de gente con unos gustos muy concretos. Probablemente vas a ver cosas que solo has visto en algún video o ni siquiera has imaginado.

    R- De acuerdo.

    Yo-Te harás una idea más precisa de lo que me gusta. Si lo que ves hace que se sientas mal y quieres irte, dímelo y nos vamos.

    Asintió con la cabeza.

    Tras los saludos de rigor con el portero, entramos. Aparentemente era como un pub o club normal, con su barra, mesas, camareros y clientes. Lo único que podía llamar la atención era en las vestiduras de las personas que allí estaban, era un club de BDSM.

    Todo el mundo se quedó mirándonos. Mi acompañante levanto miradas de admiración. Su cara se puso colorada cuando fue consciente de que era el centro de miradas y comentarios. Como dije estaba espectacular con su nueva ropa.

    A la señorita R le fui dando algunas explicaciones. Pedimos unas copas y seguimos con el tour. Al fondo de la sala había una puerta, le informe que por allí se entraba a la zona de prácticas.

    R- ¿Prácticas? –Pregunto con voz que me pareció llena de curiosidad-

    Yo- ¿Quieres que demos una vuelta y lo ves?

    R- Claro, vamos.

    La zona reservada se componía de una amplia sala y en su centro había una especie de escenario.

    Yo- Aquí se hacen prácticas públicas, cualquiera puede verlas y si el dominante quiere puede hacer participar a algunos de los espectadores.

    R- Los dominantes son hombres ¿no? –pegunto-

    Yo- También hay mujeres, pero son menos numerosas.

    R- Ya entiendo porque me has vestido así.

    Yo- No quería que desentonaras con el ambiente –le conteste- Además estas guapísima.

    R- Ya me he dado cuenta que no me quitaban ojo de encima.

    Yo- Y te ha gustado ser el centro de atención –mientras que con mis dedos palpe por encima de su tanga rojo que estaba mojado.

    R- Debo ser una calentorra –contesto-

    Yo- Una zorrita calentorra -le corregí-

    R- Si, una zorra.

    Se quedó mirando el escenario, había una chica a cuatro patas y un hombre que la azotaba las nalgas con una fusta.

    R- ¿Por qué la pega? –me pregunto-

    Yo- Puede ser por varios motivos. Desde un castigo, para calentarla, por placer….

    R- Pero delante de todos –me corto- no lo entiendo.

    Yo- Para ella es más humillante si es un castigo. Todo el mundo sabe que ha fallado y es castigada por ello. Normalmente suelen decir el motivo al principio.

    Parecía extasiada viendo la escena, con cada azote y el gemido o grito de la sumisa, me hacía gracia porque ella daba un pequeño salto cada vez que veía azotar a la otra sumisa. Le deje un par de minutos viendo la azotaina.

    Yo- Vamos a seguir.

    R- Sí, vamos.

    Llegamos a una puerta. La abrí, era un pasillo con varias puertas a los lados.

    Yo- Esas son estancias para prácticas en privado, aunque se puede invitar algún amigo.

    Estando en esto, un conocido mío fue a entrar. Me saludo, le presente a la señorita R como una amiga y en voz baja me dijo.

    Conocido- Bonita amiga, ¿iniciándola?

    Asentí con la cabeza.

    Conocido- Estoy con dos sumisas ¿quieres pasar un rato? Y la pruebas más a fondo.

    Me acerqué a la Señorita R y le comenté la invitación, acepto. Supongo que más que por complacerme.

    Acompañamos a mi amigo. Al entrar a la celda vimos a dos mujeres atadas en unas cruces en forma de X. Una debía tener unos 40 años, la otra no llegaba a los 30. La señorita R y yo nos sentamos en un sofá que había, bueno en todas las celdas había uno.

    Mi amigo desato a las dos mujeres, cogió una cadena que en cada extremo tenía dos pinzas. Les pinzo los pezones y entrego una fusta a cada una.

    Conocido- A la que antes se le caiga una pinza pierde y pagara por ello.

    Las chicas comenzaron a darse fustazos, no muy fuertes. La señorita R fue apretándose a mí. Me agarro del brazo con fuerza. Me fije y sus pezones comenzaron a marcarse en el vestido. Magnifico, pensé. Pase mis dedos por su tanga y estaba húmedo.

    A la cuarentona se le soltó una pinza. Pararon en el “juego”. La perdedora se arrodillo y la joven se sentó al pie de una de las cruces con las piernas bien abiertas. Yo ya sabía cuál iba a ser el castigo.

    Mire a mi sumisa, porque ya lo era, aunque ella aun no fuera consciente de su condición.

    Yo- El castigo –le dije en un susurro- consiste en que la perdedora debe masturbar a la ganadora.

    No dijo nada, pero se estremeció. Seguro que le excito la idea, aunque yo no sabía si le gustaban las mujeres.

    -Vamos a hacer una variación –dijo mi amigo- si nuestros visitantes no tienen inconveniente me gustaría que el premio lo reciba la linda mujer que está mirando con los ojos tan abiertos.

    Inmediatamente la mire. La señorita R ya estaba observándome y negando con la cabeza. No dije nada, pero puse una mirada dura.

    Yo- Solo si tú quieres –le dije al oído-

    R- Aún es pronto para eso –me contesto-, pero si lo deseas….

    Yo- Querido amigo –comente- prefiero que sigan ellas.

    Tenía en mente otra cosa que probaría su sumisión y tal vez sería más dura para ella.

    Yo- He sido bueno, pero te costara algo y espero que cumplas –le dije a la señorita R.

    La mujer mayor comenzó a masturbar a la joven y yo a tocar el sexo de mi sumisa por encima del tanga. Esta no quitaba ojo de lo que sucedía en la sala.

    Cuando le metió los dedos en el coño yo se los metí a mi acompañante. Gimió. Estaba muy mojada, más que otras veces.

    Luego comenzó a lamerle la vagina y el clítoris. En ese momento le dije a mi amigo:

    Yo- ¿Te importa?

    Amigo- Por supuesto que no.

    Me acerque a las mujeres con la polla en la mano. La joven se la metió en la boca y comenzó a mamarme la polla.

    Al poco mi amigo se sentó junto a la señorita R y sacándose la polla y se la ofreció.

    Por el rabillo del ojo vi que dudaba, pero se la metió en la boca.

    Me corrí en la boca de la sumisa y por descontado que trago mi semen. Luego pidió permiso para correrse y se lo di.

    La señorita R seguía comiéndole la verga al tipo. Cuando iba a correrse, la saco y se vino en la cara de mi sumisa. Su cara era un poema, seguro que se había preparado para tragar la lefada pero que lo hiciera en su cara la pilla de sorpresa.

    Tras un pequeño descanso llevé a la señorita R a una de las cruces y la até. Mi amigo se acercó y le puso unas pinzas en los pezones. Por su gesto supe que no quería eso, que no le agradaba, pero de su boca no salió una palabra. Creo que era consciente de la situación en la que estábamos.

    Nos pusimos una copa y después de un rato viendo el gesto de dolor en la cara de la señorita R, le dije a la sumisa joven que fuera y le quitara las pinzas. Así lo hizo comenzó a lamerle los pezones.

    Luego le ordene a la otra sumisa que la comiera el coño e hiciera que se corriera. Se acercó y poniéndose de rodillas comenzó a acariciar los muslos y el tanga. Lo aparto a un lado y sus dedos se deslizaron en busca de su vagina. Le metió dos dedos y los saco y me los enseño totalmente mojados. Mi sumisa negaba con la cabeza. La joven acaricio los pechos de mi amiga y fue subiendo besando el cuello, la cara, las orejas y finalmente la beso en la boca. Observe que oponía resistencia. La sumisa siguió insistiendo hasta que finalmente sucumbió y abrió la boca, dejando que las lenguas se juntaran.

    No tardó mucho en pedir permiso para correrse, se lo negué. La sumisa que la estaba comiendo no fue misericordiosa y prosiguió al mismo ritmo. La señorita R me miraba suplicante y yo le hacía señas con la mano de que aguantara. La verdad es que estaba haciendo muchos esfuerzos para contenerse.

    Yo- Puedes correrte– le dije cuando me pareció que no aguantaba más-

    No tardo ni treinta segundos en tener el orgasmo. Fue tremendo, se agito todo lo que permitían sus ataduras y sus ojos pasaban de estar en blanco a estar cerrados

    Una vez que termino, me levante y desde la puerta indique:

    Yo- Aséate y te espero en la barra.

    Nos fuimos del club sin dirigirnos la palabra. Nos montamos en el coche y nada más arrancar comenzó a hablar.

    R- Eres un cabrón –me dijo-

    Yo- Lo sé –conteste-

    R- Pero ha sido brutal. Nunca me había corrido de esta manera.

    Yo- Por lo que estabas preparada.

    R- No sé, supongo –respondió con cierta ingenuidad-

    Yo- Ya sabes lo que me gusta.

    R- ¿Soy tu sumisa? –me pregunto-

    Yo- No, aun no. Eso lo tienes que decir tú y yo aceptarte como tal.

    Se quedó callada. Le di dos o tres minutos para que pensara.

    Yo- ¿Me llevas a tu casa o vamos a la mía?

    R- Soy tuya, tú decides –me contesto-

    Yo -Mira pequeña, es una decisión que te cambiara la vida, tienes que estar segura y además yo también debo estar seguro de ti –le dije-

    R- Pero…

    Yo- Escucha –proseguí- ser sumisa no es solo pasarlo bien, tendrás que obedecer en todo y muchas cosas no te gustaran, yo debo tener la certeza que no te negaras a nada. Siempre podrás dejarlo. La misión de la sumisa es obedecer y complacer a su dominante.

    R- Podemos intentarlo y ver qué pasa.

    Yo- Está bien, vamos a mi casa y de lo que suceda esta noche, tomaremos una decisión.

    Había salido mejor de lo que había planeado, no pensaba ir tan lejos, pero se había precipitado todo.

    En casa tomamos una copa, pretendía que se relajara.

    Yo- Esta noche –le dije- vas a tener lo que llevas deseando desde la primera vez que salimos Te voy a penetrar.

    R- ¡Por fin!

    Yo- No te alegres tan rápidamente. Sera la prueba que te pido para ver si de verdad estas dispuesta a ser mi sumisa. Lo voy hacer analmente.

    R- Pero eso duele, según dicen, además yo no lo he hecho nunca.

    Yo- Claro, que te va a doler las primeras veces, hasta que tu esfínter se acostumbre y se dilate de forma natural, luego sentirás cosas y con el tiempo lo disfrutaras y quizás llegues al orgasmo.

    R- Tengo miedo, de verdad, me vas hacer daño y yo no quiero eso.

    Yo- Pero ser sumisa lo lleva implícito, sufrimiento por tu amo, pero un buen amo cuida de su sumisa ya que es el objeto más preciado que tiene.

    No contesto nada, su mirada lo decía todo.

    Yo- Por ser la primera vez –proseguí- te permitiré que si no aguantas, te puedas mover y sacarte mi polla para que descanses un poco y luego seguimos. Si prefieres dejarlo, me lo dices y hasta aquí hemos llegado.

    R- De acuerdo, probemos –me contesto-

    Yo- Desnúdate.

    No tardo casi nada en estar en cueros vivos dada la poca ropa que llevaba.

    Yo- ¿Te acuerdas de lo que ordene para cuando fuera a tu casa?

    R- Recibirte desnuda.

    Yo- Estarás siempre desnuda cuando estemos los dos juntos, salvo que indique lo contrario

    R- Entendido.

    La llevé a mi dormitorio nos tumbamos en la cama y comencé con una sesión de besos y caricias. Su sexo estaba seco, pero poco a poco fue mojándose. De vez en cuando le daba un azote o le mordía los pezones, arrancándole suspiros cada vez.

    Poco a poco su sexo se fue humedeciendo. Le dije que me chupara la polla. Sabía que eso le gustaba y lo note muy pronto en sus flujos vaginales. Al rato la aparte, tumbe y separe sus piernas. Comencé a lamer su sexo, los labios y el clítoris. Se puso como una moto. A mí me gusta el sabor de los jugos y lamerle el coño, cosa que no es muy frecuente entre los dominantes.

    Mirándole a los ojos le ordene que se pusiera a cuatro patas.

    R- Preparada para el matadero –dijo con voz nerviosa, sabiendo que se iba acercando el momento-

    Le acaricié la cabeza y le di un beso en la boca. Al terminal le dije:

    Yo- No tengas miedo, estate tranquila y fundamental que relajes el esfínter, No trates de impedir la penetración contrayéndolo.

    Seguí lamiéndole el sexo y el ano. Tenía un ano precioso, cerrado. Me encantaba la posibilidad de fallármelo, pero supe que me costaría trabajo.

    Metí un dedo en su sexo, suspiraba con cada acción. El dedo mojado se lo fui metiendo lentamente en el ano y lo moví. Repetí la acción varias veces. A continuación, le introduje dos dedos. Mi lengua seguía jugando en su vagina. La señorita R pasó de los suspiros a los gemidos, leves, bajos. Parecía que estaba relajada.

    Entonces comencé a pasar mi verga desde el ano a la vagina. La primera vez que sintió la polla en su culo dio una contracción, yo seguí yendo hacia abajo.

    Yo-Tranquila, relájate –le dije-

    No contesto. Decidí follarla el coño y con dos dedos seguí abriéndole el culo. Cuando notaba que estaba excitada de más le sacaba la polla y los dedos. Volvía a ponerle la verga en el ano y ella volvía a contraerse, pero en cada ocasión era menor que la anterior.

    Repetí el juego varias veces. La última casi no percibí que se contrajera por lo que decidí empezar a penetrar ese culito que me tenía loco.

    Apoyé mi miembro y comencé a presionar agarrándola de las caderas. Espere que dijera algo, pero no lo hizo.

    Yo miraba en los espejos que tenía por las paredes y que me permitían tener una buena vista de la cama y por tanto de ella, incluso de su cara. Estaba mordiendo la almohada. Bien por ella.

    Cuando el glande estaba dentro le di un respiro. Note como se relajó y alzo la cabeza. Le di un par de azotes en las nalgas y volví a la carga. Entraba despacio pero ya sin concesiones. Centímetro a centímetro hasta que mis huevos toparon con su culo. Me quede quieto dando tiempo a que su recto se acostumbrara a mi polla.

    Vi que volvió a morder la almohada varias veces, pero en honor a la verdad no hizo ni un comentario ni intento zafarse de la penetración anal.

    Inicié el mete saca de forma suave y al mismo tiempo la fui masturbando. Aumente el ritmo y su esfínter se cerró sobre mi verga, sentía presión. Vi como daba puñetazos en la cama, volvió a morder la almohada, gimió, dio pequeños gritos, signos de que le estaba doliendo, pero aguanto.

    Yo seguí masturbándola hasta que note que me iba a vaciar y le agarre con las dos manos de las caderas para entrar bien a fondo.

    Fue una corrida monumental, con mucho semen. Me deje caer sobre ella y la aprisione entre mi cuerpo y el colchón, inmovilizándola. Con la verga en su culo la masturbe hasta que ella también llego. Nunca le había visto correrse de esa manera, los ojos en blanco, gritando, con espasmos.

    Nos llevó algunos minutos recuperarnos. La abrace, no dije nada, esperaba que fuera ella la que hablara. Tardo un rato y me sorprendió.

    R- ¿Te ha gustado romperme el culo? –me pregunto-

    Yo- Mucho, un culo virgen es lo mejor que te puedes encontrar, incluso mejor que una vagina.

    R- He pasado momentos duros, he estado a punto de mandarte a la mierda e irme a mi casa.

    Yo- Pero no lo has hecho y al final has tenido tu recompensa.

    R- Si –dijo.

    Yo- Pero no has pedido permiso para correrte, eso supone que tendré que castigarte.

    R- Por supuesto, amo.

    Era la primera vez que me llamaba amo y había salido de ella, a mí no me gusta obligar a las sumisas el uso de tratamiento, prefiero que lo hagas cuando realmente lo sientan.

    La apretuje contra mí, rodeándole con los brazos.

    Yo- Ahora, puta, vamos a dormir.

    R- Lo necesitamos –dijo mientras que me besaba-

    Yo- Has estado fenomenal, mejor de lo que esperaba y eso que tenía confianza en ti. Mañana tendrás un premio.

    R- Si mi amo, un premio y un castigo.

    Y así no quedamos dormidos.

    Espero que os haya gustado y por favor, valorar y dejar un comentario para así poder corregir posibles fallos en otros relatos.

  • Estéril y padre

    Estéril y padre

    Somos un matrimonio, actualmente tengo 31 años y mi esposa Ana María 28. Nos casamos muy jóvenes Ana María con 18 años y yo con 21, habíamos sido novios desde la secundaria.

    Todo comenzó después de 5 años de casados, a pesar de todo, no habíamos podido tener hijos, y mi esposa se sentía frustrada, lo que hacía que nuestras peleas fueran cada vez más constantes. Fuimos al médico, nos hicieron exámenes a los dos y nos dijeron que el del problema era yo, que era estéril, que la calidad de mis espermas era muy mala y que jamás podría ser padre.

    Esto hizo que nuestro matrimonio tambaleara y estuvimos a punto de divorciarnos si no hubiera sido por mis compañeros del taller mecánico en donde trabajo. Un día mi jefe, un señor de unos 60 años, me vio muy triste y hablo conmigo en su oficina, entre lágrimas le conté mi problema y que no sabía cómo salvar mi matrimonio, ya que amaba mucho a mi esposa.

    El después de escucharme, me propuso ayudarme junto con los muchachos del taller, siempre que yo estuviera de acuerdo, y la idea era que pudiera compartir a mi esposa con todos ellos, para ver si así lograba quedar embarazada, por supuesto nadie más se enteraría que yo no era el padre del niño o niña que naciera, y todos se harían cargo de la mantención. Lo hablo con los demás, y los 8 estuvieron de acuerdo en ayudarme.

    Salí del taller con una sensación extraña, que no supe comprender en ese momento, pero que con el paso del tiempo lo entendí, y es que me daba placer ser un cornudo. Cuando le conté a mi mujer la idea de mis amigos del taller, se enojó muchísimo y me dijo que como se me ocurría, y que jamás lo haría.

    Pero pasaron los días y me seguía rondando la idea en mi cabeza, lo hablaba todos los días con mi esposa, pero ella se negaba. Un día, de mucho calor en el verano, en que iríamos a casa de mis suegros, ella me paso a buscar al taller, cuando entro, me buscaba con la mirada, pero yo estaba detrás de una carrocería y la divise parada en la puerta del taller, observe como ella miraba a mis amigos, los que por efectos del calor solamente estaban vestidos con pantalones cortos y sin camisetas, exhibiendo sus cuerpos transpirados y con grasa, todos eran fornidos y grandes, note que su cara se descompuso, y pude percibir el deseo carnal que la invadió.

    Mis amigos se percataron que ella había entrado y la saludaron con mucha amabilidad, mientras me llamaban para avisarme, cuando salí y me acerque, pude ver la turbación en su rostro y lo colorada de su cara. Yo me cambie y nos fuimos.

    Durante el camino no dijo nada. Pero al regresar a casa, me empujo al dormitorio y me hizo el amor como nunca antes, ahí comprendí que nunca más seria la misma. Después que estábamos abrazados, me dijo que haría lo que le pedía, pero solamente porque me amaba y quería salvar nuestro matrimonio.

    Al día siguiente, mis amigos comenzaron a visitar mi casa. Hicieron un sistema de turnos para estar con mi esposa. Uno falta un día al trabajo, y pasa todo ese día con mi mujer, y así lo hacen toda la semana. Hasta mi jefe, don Rubén, se va a quedar los fines de semana con mi esposa. Cuando voy saliendo al trabajo por la mañana, uno de mis amigos llega a quedarse con mi mujer.

    Nuestra vida ha cambiado, en estos últimos 5 años, soy padre de 2 niños y una niña, mi esposa se ve feliz y radiante y nuestro matrimonio cada día es más sólido, mis amigos y compañeros de trabajo, solventan los gastos de mis hijos y los de mi casa.

    El precio que pague es que ya nunca más poder compartir mi cama con mi esposa, ella les pertenece a mis compañeros y yo debo dormir en la pieza de visitas desde hace 5 años… mi único placer es masturbarme viendo a mi esposa gozar y gemir, con mis buenos amigos y compañeros del taller.

  • Cómo descubrí a mi hija con su papá (2)

    Cómo descubrí a mi hija con su papá (2)

    Gracias a todos los que leyeron mi relato anterior. Qué bueno que les haya gustado. Aquí les comparto la segunda parte.

    Después de lo sucedido esa noche, mi esposo, estuvo muy confundido, no sabía bien a bien que había pasado, no sabía que iba a decirme y como decirme que se había cogido a su hija. Pasaron algunas semanas, yo sabía que algo andaba mal, ya que nuestra vida sexual decayó mucho, hasta que se animó a contarme lo todo.

    Fue una tarde en la que ambos llegamos de trabajar temprano, estábamos solos, ya que mis hijos habían decidido pasar la tarde-noche fuera de casa. Él me dijo que tenía algo muy delicado que contarme, que esperaba mi comprensión y mi apoyo, yo le dije que siempre había sido así, que lo que hubiese pasado, lo solucionaríamos juntos como siempre.

    Mi corazón estaba a mil, sabía de qué me iba a hablar, pero jamás pensé que las cosas estuvieran tan adelantadas, como después me enteré.

    Comenzó diciéndome: me he cogido a Fernanda y no una sino varias veces; al principio me dio mucho coraje y frustración conmigo misma, ya que como les comenté, no quería que lo que me pasó a mí, se repitiera con mis hijos, le dije: ok no te preocupes, tranquilízate, cuéntamelo todo y veremos qué decisión tomamos.

    Me platico, lo que les relate anteriormente; él estaba muy arrepentido de no poder haber aguantado la tentación; me dijo que esa fue la primera vez que se la cogía, pero que después de esa siguieron varias más: de la misma manera, mi hija lo había convencido de que se acostaran todas las noches, totalmente desnudos y lógicamente terminaban cogiendo, el ya comenzaba a gozar del cuerpo de mi hija, las primeras veces fue nada más, que el metía la verga en el culo a mi hija, se movía y le llenaba de leche el culo; ya con más tranquilidad, me dijo que al principio nada más era uno o dos «disparos» de leche que le echaba, pero ya después la bombeaba tanto, que se vaciaba totalmente en su culo.

    Él se sentía culpable, pero ya no podía detenerse, así que decidió tomar la iniciativa.

    Un día que se acostaron de la misma manera que lo habían hecho, mi esposo le dijo a mi hija que si quería probar otras cosas ya que estaban haciendo eso, mi hija le pregunto: que se te ocurre papá, él le pidió que se volteara, quedando boca arriba, mi esposo empezó a chuparle las tetas, ella solo gemía, al tiempo le acarició la panocha, le abrió los labios y encontró su clítoris hinchado de la excitación, lo manipuló un rato, hasta que logro que mi hija se viniera abundantemente, como viejo lobo, mi esposo la fue llevando por el camino del deseo, cuando terminó, él se subió en ella y le chupo todo el cuerpo, hasta llegar a su panocha, la cual estaba totalmente mojada, se metió entre las piernas y le mamo de una manera que ella tuvo varias venidas, mi hija estaba tan excitada, que le dijo que necesitaba si verga dentro de ella.

    Él se subió poco a poco, sin dejar de besar su cuerpo, hasta que su verga quedó a la entrada de la panocha, él tomó su verga y la restregó por fuera de los labios, con algunos piquetes al clítoris de mi hija, hasta que la acomodó en la entrada y poco a poco fue metiéndola, para ese momento, mi hija era un volcán en plena erupción, así que nada más sintió como iba avanzando la verga de su papá dentro de ella, se vino nuevamente.

    La verga de mi esposo estaba totalmente adentro de la panocha de mi hija, el empezó a meterla y sacarla lentamente por algunos minutos, hasta que empezó a aumentar el ritmo, la fuerza y la profundidad de su embestidas, logrando con ello, sacarle unos gritos a mi hija, lo mismo que varios orgasmos más.

    Mi esposo estaba totalmente excitado y no dejaba de bombear la panocha de mi hija. Después de un buen rato de hacerlo, sintió que llegaba el momento de venirse, afortunadamente, en ese momento, la cordura triunfó sobre la excitación, le saco la verga y le arrojó los mocos sobre el vientre, estómago y tetas.

    Mi hija le dijo que porque no se los había echado dentro, que ella siempre había querido sentir la leche de su papá dentro de ella, él se sacó de onda, como que siempre, le preguntó; si papá, tú crees que soy de palo y no siento nada cuando, desde que me acuerdo, escucho como te coges a mi mamá, no sabes cuánto deseaba sentir lo que le hacías a ella, ya veo porque siempre está con una sonrisa de oreja a oreja (no todo era él, también mis amantes, me dejaban con esa sonrisa).

    Mi esposo le dijo que se fuera a bañar y que después hablarían de lo que había pasado.

    No podía procesar bien lo que había escuchado, tenía una mezcla de sentimientos terrible, pero lo que más me sorprendió es que estaba excitada, muy excitada, mi panocha estaba totalmente mojada, pudo más mi calentura que la razón y le dije a mi esposo que me cogiera, nos subimos al cuarto y tuvimos la cogida más rica que en mucho tiempo había tenido con él.

    Al terminar, me preguntó cuál era mi opinión de lo que había pasado con Fernanda, yo estaba todavía muy confundida y no sabía que decir, le dije que me diera un poco de tiempo para ordenar mis pensamientos y mis sentimientos; sabía que algo había cambiado dentro de mí; mis recuerdos volaron a los tiempos en los que cogía con mi papá y mis hermanos; le pregunte que el que pensaba, que iba a hacer, no sé porque no me sorprendió su respuesta, me dijo: pues si tú no te opones, me gustaría seguir cogiendo con Fernanda.

    Pensé muy bien que contestar, ya que todavía no procesaba bien lo que había pasado y que también tendría que platicar con Fernanda.

    Le hice una serie de preguntas: cuántas veces más había cogido con ella, que si influía en al algo saber que Fernanda no era su hija, si le gustaba coger con ella y otras más referentes al tema.

    Me contestó que en el último mes casi diario cogían, cuando ella llegaba de la universidad, hasta se bañaban juntos; disfrutaba mucho de meterle la verga a su hija y que no había pensado nunca el que ella no era su hija, me confesó que, a raíz, de que le conté lo que hacía con mi papá y mis hermanos, él había tenido la curiosidad de saber que se sentía coger a alguien tan cercano, pero que nunca se había enfocado a cumplir esa fantasía, se dio la situación simplemente.

    Mi mente era un caos total, pero decidí disfrutar de lo que estaba pasando, le dije que si él quería y Fernanda también, podían seguir cogiendo, pero que antes me dejara hablar con ella y que la llevaría a que le pusieran un método anticonceptivo, para evitar cualquier cosa, el asunto era gozar no sufrir.

    Él me dijo que estaba bien, me dio las gracias por mi comprensión y la confianza.

    Sabía que había pasado una situación complicada, pero también, sabía que algo muy rico saldría de todo esto, para empezar nuestra vida sexual, volvió a ser lo de antes, entre él y yo, también deje que más hombres gozarán con la calentura que desde ese día aumentó dentro de mí.

    Pero eso se los platicaré en mi próximo relato, porque esto aún no acaba.

  • Marcelita la puta (Parte 2)

    Marcelita la puta (Parte 2)

    Después de esa primera vez tan morbosa con mi amo mi vida cambió mucho, de partida mi mami no podía mirarme a los ojos ¿cómo podría después de ver como se follaban mi boquita y comportándome como una zorra?

    Al principio me sentí mal pero mi amo me dijo que no me preocupara, que con el tiempo iba a acostumbrarse y con un poco de suerte también se convertiría en su puta. Cuando me dijo esto al principio me sentí celosa, yo quería ser la única puta de mi amo, pero después de pensarlo un poco me di cuenta que me calentaba la idea de ver a mi mamita abusada por la gran verga de mi amo.

    Mi amo empezó a venir a mi casa a diario, aunque mi mami lo odiaba y no quería verlo cerca de mi yo lo dejaba entrar y ella no se atrevía a hacer nada jejeje, obviamente mi amo me follaba cada vez que tenía la oportunidad y ya no teníamos tapujos en hacer ruido, total mi mami y mi hermana no hacían nada. Con el tiempo las cosas fueron escalando y mi amo se puso cada vez más atrevido y pervertido. Lo primero que me pidió hacer era usar un micro bikini mientras estuviera en casa, este era uno color turquesa que apenas cubría mis oscuros pezones (que por lo general estaban duros como rocas) y mi chorito, el bikini se metía tan rico entre los cachetes de mi culo y podía sentir el hilo contra mi lindo ano. Se veía increíble contra mi cuerpo moreno y me hacía sentir como toda una zorra.

    Bueno, ese día salí de mi habitación con el micro bikini puesto y fui descalza a la cocina donde estaba mi mamá y mi hermanita, cuando me vieron quedaron con la boca abierta jeje.

    -¿Cómo me veo? -pregunté dando una vuelta, el bikini era tan ridículamente pequeño que no dejaba nada a la imaginación, mi mami trató de regañarme, pero antes de que empezará le respondí- cállate vieja estúpida, me veo súper rica y a mi amo le gusta que me vea así.

    En eso llega mi amo detrás de mí y me da una nalgada.

    -que buena estas puta -me dice en frente de ellas.

    Yo me reí y le di un beso jugando con su lengua, el me agarró el culo y lo masajeó muy rico, agarró el hilo y lo jaló hacia arriba haciendo que presionara mi anito, mi mami no lo aguantó más y se fue muy rápido de la cocina, pero mi hermana, la Paulina, se quedó ahí congelada o tal vez muy caliente para moverse jeje, mi amo masajeaba y jugaba con mi culo mostrándole mi ojete a mi hermana

    -¿qué pasa? ¿ te gusta el ojete de tu hermana? -le preguntaba mi am.

    Yo gemía y me reía y me daba palmadas en el culo, estaba tan caliente.

    -amo, dame tu verga por favor -le suplicaba mientras frotaba mi cara en su entrepierna.

    Saber que mi hermana me veía me calentaba aún más. Mi amo me agarró del cuello y apretándolo me hizo arrodillarme al lado de mi hermana, yo lo miraba con la lengua afuera y la cara roja por la falta de aire hasta que por fin liberó su gran vergota frente mío, al verla ahí dura, venosa y caliente se me hizo agua la boca.

    -muéstrale a la Pauli cómo se hace -me dijo y sin dudarlo metí su gruesa verga hasta que sus pesadas bolas chocaron con mi barbilla, no pude retener una arcada y la saqué de mi boca

    -jodeeer, que verga -dije jadeando- te gusta Pauli? No quieres jugar con ella? -le pregunté justo antes de escupirle encima y meterla en mi boca otra vez sin dejar de mirar a mi hermana a los ojos.

    La Pauli no aguanto más y salió de la cocina, nosotros nos reímos.

    -ya van a caer las putas -exclamó mi amo, estoy segura que escucharon.

    Yo seguí chupando su vergota hasta que se corrió en mi carita y así mismo me paseaba por la casa, vestida como zorra y cubierta de leche.

    Hola mis amores, vi que les gustó mi relato anterior así que les dejo este, ojalá se hagan una paja bien rica imaginándome. Por favor déjenme comentarios, me calienta mucho.

  • Aventuras y desventuras húmedas: Primera etapa (20)

    Aventuras y desventuras húmedas: Primera etapa (20)

    La mujer le miró con ganas, con unos ojos de cazadora que el joven podría haber confundido con la de una Leona en mitad de la sabana. Carmen se introdujo en el agua con lentitud, primero su trasero, el cual sentó con calma mojando así el bikini rosa que llevaba. La parte de arriba no llegó a mojarse, solamente la atadura que tenía en su espalda, que junto con el nudo del cuello sujetaban y escondían unos senos que Sergio deseaba volver a ver.

    El disimulo en ambos brillaba por su ausencia, según traspasó el umbral de la puerta y vio a su tía, Sergio no dudo en parar de admirar a la poderosa mujer que dentro se hallaba. En ese instante, al tiempo que seguía mirando a su la hermana de su madre y ella le sonreía con esa picardía que solo ella sabía, supo que no era una gran idea estar allí.

    —¿Has visto la foto de tu “amiga”? —procuró hablar bajo por si Mari estaba de camino— Me ha costado enviarla, es la primera vez que he hecho algo así…

    —Carmen… —le contestó lo más bajo que pudo y agarrándose el paquete de manera soez y marcando ya una notable erección, añadió—, lo ves… esto, cada vez que te veo…

    —Mi vida. —resopló llena de placer por ver de nuevo la gran herramienta de Sergio— Por dios, cariño…

    La tensión se hizo insoportable y Sergio se amasó el pene de manera dura delante de la mirada de su tía. Sus ojos azules iguales a los de su madre, miraban con deseo el gran cacho de carne que su sobrino tenía aprisionado. No parecía poder abarcar todo lo que había dentro del bañador, era grande, gordo, delicioso… Carmen lo sabía muy bien.

    Ambos querían poseerse allí mismo, la lujuriosa mente de la mujer rezaba porque le rompiera el bikini y contra la encimera del lavabo, le practicara un coito de forma bien dura. Sergio, no pensaba muy diferente.

    —¡Si ya estáis los dos aquí! —Mari apareció por la espalda de su hijo haciendo que este soltara su paquete a la velocidad del rayo.

    —Sí, esto creo que ya está caliente —el juego de palabras era tan evidente.

    —Perfecto. —otro sorbo de champán y Mari metió el pie en el agua.

    La tía dejó su copa junto a la de su hermana, sin perder de vista como en último lugar, Sergio se adentraba en el jacuzzi con un marcado pene que rápido escondió bajo el agua. Formaron un triángulo en el que el joven tenía a su derecha a Mari y a su izquierda a Carmen. Las mujeres comenzaban a comentar lo bien que se estaba y lo fabuloso que era tener uno, pero el joven no escuchaba.

    El calor del agua y el masaje burbujeante le estaban calmando el cansancio, pero también transportando a una relajación muy profunda. Antes de entrar, cierto vigor había vuelto a su cuerpo. Ver a su tía tan ardiente, le puso un poco las pilas, aunque temía que se sobrecargara. Observó bien la situación y agradeció a la altura de las mujeres o a la persona que creara el diseño del jacuzzi, porque justo las mamas de ambas hembras se posaban debajo del nivel del agua. Por esta ocasión, para Sergio, sería mejor así.

    Las burbujas llegaban justo, nada más y nada menos, hasta el pecho de ambas mujeres. Cortándolos a la mitad, similar a llevar un vestido palabra de honor, dándole al joven una imagen de relativa desnudez que su loca imaginación le hizo acrecentar. Miró con todo el descaro que pudo los de Carmen que flotaban alegres, “tan cerca…” se decía mientras agarraba su pene escondido bajo el agua.

    Sin embargo algo le llamó la atención y los recuerdos de la tarde en el río afloraron. Se acordó de aquel bulto tan pequeño que era imperceptible y que a duras penas se notaba tras la tela. No trató de prohibir el giro de cuello que comenzaba a suceder, su curiosidad salvaje y animal le hizo que los ojos se movieran de unos pechos… a otros. En un movimiento en el que su madre se acomodó, allí lo volvió a ver, como si le estuviera esperando.

    Quitó la vista de inmediato, aunque no supo por qué. El joven se gritaba en su cabeza “¡Es tu madre!, ¿Qué haces?”, aunque una voz demasiado débil, pero con toda la razón le respondía “y la otra tu tía… y ya ves”. Prefirió mantener la mente limpia de sexo, mirando los rostros de las dos mujeres que estaban con él, sin embargo, era ineficaz, en su entrepierna algo había empezado a funcionar y no se iba a detener.

    De mientras en el otro cerebro, en el que en teoría de verdad sirve para razonar, solo pensaba que aquella situación no era normal, “esto es el comienzo de una escena porno…”. Con disimulo se palpó su zona íntima, corroborando lo que se imaginaba, la fábrica había empezado a bombear sangre y su pene estaba a media asta.

    —¿Tú qué tal, Sergio? ¿También te lo estás pasando bien? —le preguntó Carmen forzándole a que participara.

    —¿Cómo…? —el joven no sabía apenas ni donde estaba. Se encontraba fuera de la conversación, mucho más preocupado por su miembro— Eh… sí… se está muy a gusto aquí con vosotras.

    —Me refería al viaje, cariño —le contestó Carmen sin esconder una mirada de saber muy bien lo que ocurría a su joven amante.

    —Sí, eso… también. Una delicia.

    —Sergio, ¿estás bien? —preguntó su madre mirándole el rostro— ¿Estás algo acalorado? La cara, la tienes algo roja —buscaba el veredicto de su hermana, ella la asintió.

    —No sé… supongo que sí… o sea, digo sí —Sergio cada vez se encontraba mejor y peor.

    La sensación de placer le invadía, se notaba demasiado bien dentro del agua, su pene creciente era testigo directo de ello. No obstante, la tensión por estar así a escasos centímetros de su tía, con su madre presente… era un cóctel difícil de asimilar.

    —Déjale, Mari, tendrá vergüenza de estar con dos viejas en el jacuzzi —saltó Carmen picándole con claridad.

    Sergio no contestó, ¿para qué lo iba a hacer? Vio cómo su tía le miraba mientras se rellenaba la copa y su madre… estaba haciendo lo mismo. La única diferencia era que una sentía cierta preocupación por su hijo, pero había algo más…

    Sus ojos no eran los de siempre, quizá por el alcohol, quizá el día, quizá… a saber por qué, Sergio no lo sabía. Sin embargo, la mirada de su madre no era la misma, era diferente, más cercana a la que le lanzaba… su tía.

    —¿Sabes a lo que me recuerda esto, Carmen? —dijo Mari, mientras su hermana esperaba paciente la respuesta— Cuando íbamos al río de adolescentes.

    —Buenos momentos —respondió dejando la copa— algunos demasiado buenos… —las dos rieron como colegialas— ¿Te acuerdas el día que nos quedamos con Francisco Javier?

    —No me llaméis así, me llamo Javi —la madre de Sergio imitó una voz de enfado infantil en alusión al hombre del que hablaban—. Sí que me acuerdo, como para no… ¿Qué será de él?

    —Se casó y se marchó del pueblo, similar a lo que hiciste tú. No tengo la menor idea de que será de su vida, ¿crees que se acordará de nosotras? —preguntó Carmen, a lo que Mari le respondió con un gesto cómplice, para después sonrojarse.

    —¿Qué… pasó? —Sergio obviamente no lo sabía y pensaba que quizá fuera mejor así. Aunque preguntó… por supuesto que su lujuria interna quería saberlo.

    Las dos chicas, porque ya no parecían mujeres, sino dos féminas atrapadas en sus recuerdos de adolescencia, se rieron al escuchar la pregunta del joven y se miraron de manera malvada.

    —Cuéntalo, Carmen, que a mí me da algo de reparo.

    —Bueno… —no podía parar de sonreír— Sergio, no te pienses que somos malas, solo fue una vez. Estuvimos en el río, por donde has estado esta tarde me imagino, ya sabes cerca de las afueras del pueblo. Habíamos quedado unos cuantos, era un día como hoy, de verano y hacía mucho calor. Al final, casi todos fallaron y solo fuimos cinco creo…

    —Sí, fuimos dos coches, tres y dos. —matizó Mari que se mordía una uña a la par que sonreía.

    —Eso es, en uno iban una pareja y en otro íbamos Javi, tu madre y yo. Javi era un chico de 17 años, no tenía carnet obvio, aunque bueno… esto era el pueblo y se conducía y ya. Nadie decía nada. Buen paquete le caería a más de uno si lo hiciera hoy en día.

    —Carmen, te lías —le reprochó Mari expectante al tiempo que daba un nuevo sorbo.

    —Sí, sí, pues eso. Tu madre tenía 16 y yo 19, Javi era un amigo más. Estábamos allí los cinco, ya era de noche, y la pareja se fue y entonces… no sé ni porque se nos pasó por la cabeza, pero nos metimos al agua. Los tres.

    Sergio escuchaba expectante, su tía lo estaba contando con una voz melosa, en un tono más bajo de lo habitual. La pausa, la tranquilidad y el modo de narrarlo, trasmitía un erotismo que el muchacho no comprendía. La sensación que le daba era que aquella historia no podía terminar bien y lo peor de todo, que su madre con el rostro ruborizado en su totalidad, escuchaba con gusto como si lo reviviera.

    —Y bueno, creo que mejor resumir, le provocamos un poco…

    —Provocar, provocar… a ver, no fue para tanto.

    —Sí, Mari, lo hicimos… —las dos se miraron y asintieron dando validez a sus palabras— Nos metimos con él en el agua. Nos desnudamos, primero las chicas y luego lo hizo Javi. Tenía una cara que no se lo creía y después… —lanzó una mirada sexual a su sobrino, importándole bien poco que su hermana estuviera presente y le preguntó— ¿Qué crees que pasó, Sergio?

    La voz de Carmen sonó de lo más fiera, una cazadora viendo al joven cervatillo amedrentado y listo para ser devorado. La mujer notaba la tensión del chico, estaba al borde de la locura, podía sentirlo en la burbujeante agua. Aquella situación le estaba calentando a rabiar, solo la detenía la presencia de su hermana. El joven no respondió, solo se volvió a sujetar el pene bajo el agua y movió los hombros. Pero ambas mujeres esperaban una contestación.

    —Os lo… Os lo folla… —llegó a decir el joven casi con toda su fuerza de voluntad, dedicándole una mirada tímida a su tía.

    —Nooo —su madre le cortó algo apresurada y con una mano sujetando su pecho que por un momento se había agitado— hijo, ¡qué lanzado!

    —Sergio que mala impresión tienes de nosotras. —el joven pensó que la maldad de su tía no conocía límites— Nos metimos en el coche rápidamente con su ropa y le hicimos que anduviera desnudo una buena parte hasta el pueblo. Creo que nos odió una temporada, pero no se lo dijimos a nadie.

    Ambas explotaron en carcajadas incontenibles ante la perpleja mirada de Sergio. El joven las observaba atónito mientras su mente le lanzaba un reproche “¿qué te crees que son tu tía y tu madre? ¿Dos actrices porno y su vida una película?”. Aunque tuvo que añadir “eso si… menudas cabronas…” para acabar sonriendo y negando con la cabeza.

    Las mujeres detuvieron sus carcajadas, mientras el joven las miraba todavía incrédulo. Se sirvieron otra copa más. Mari había perdido la cuenta, pero se notaba muy alegre y atrevida.

    —Fuimos crueles… —no se le borraba la sonrisa.

    —Podíamos serlo, cielo, éramos tan guapas… tan sexis… lo podíamos todo. —Carmen se encontraba evocando recuerdos cuando preguntó— ¿Te acuerdas que le dijiste cuanto te quitaste el sostén?

    —Sí… es que no paraba de mirármelas y yo era una niña. —asintió algo avergonzada. Aunque tantos años atrás no tuvo la más mínima vergüenza— Me las levanté y solté un “libres y liberadas” ¡Jesús, tenía 16 años!

    Ambas volvieron a reírse sin parar, mientras Sergio no daba crédito a la historia que escuchaba. No se imaginaba a su madre calentando a un chico, además mayor que ella… y menos, enseñándole los pechos. Aunque por otro lado, a una parte de su cuerpo que reptaba sigiloso por el muslo derecho, la historia le parecía encantadora.

    —Es que cuando están liberadas, es mucho mejor —dijo en todo neutro Carmen, mientras alzaba su copa y su hermana la seguía brindando en mitad del jacuzzi.

    —Hace tanto que no me quedo en toples… —ambas se habían olvidado del joven— y mira que en el río casi siempre que estábamos solas lo hacíamos… incluso alguna vez en compañía.

    —Qué raras éramos para aquella época. Oye, mejor recuperar las viejas costumbres ¿no? —preguntó Carmen sonriente y con un movimiento de cejas alentó a su hermana. “¿Qué quieren hacer…?” Pensó Sergio sumamente perdido.

    —Pero…

    Mari pareció acordarse en el último instante de que su hijo estaba presente y miró a su hermana pensando en que no podían si él estaba allí. “No puedo enseñarle los pechos a mi hijo” meditó mientras sorbía lo poco que quedaba en su copa.

    —Tranquila, se quedan bajo el agua. —Carmen guiñó un ojo y decidida se soltó el nudo del cuello para que no hubiera vuelta atrás. Pasó sus manos con cuidado hacia la parte inferior rodeando ambas protuberancias. Le dio mucha importancia a que su sobrino no viera ni un poco, sabía que la estaría mirando. Se lo sacó por completo y miró a su hermana— Lo ves, se quedan bajo el agua. Además, Sergio, no eres un chico cochino de esos que miran a las chicas cuando no se dan cuenta ¿verdad?

    Sergio negó, estaba jugando con él, su pene ya estaba completamente duro y ahora con los pechos de su tía tan accesibles, el calor le estaba subiendo a la cabeza.

    —¡Madre mía…! —Mari lo susurró. Parecía atorada, dispuesta a cometer una locura, surcando una barrera que nunca se había atrevido a atravesar. Sin embargo, esa barrera ella mismo se la había puesto y quizá para otras como su hermana sus límites eran fácilmente franqueables. Con voz seria le mencionó a su hijo— Sergio, no mires.

    No miró, pero sabía lo que estaba pasando y aquello era suficiente. Su madre se quitó el bikini y lo dejó junto al de su hermana. Ambas estaban con los senos sueltos, a unos centímetros la una de la otra.

    El curioso bulto que Sergio tenía en el bañador, había dejado de ser tan curioso para convertirse en un verdadero coloso que quería reventar la tela. No podía salir de allí sin ocultar tremendo “paquete” debía aguantar el chaparrón y mantenerse sereno hasta que viera una oportunidad.

    —¡Mucho mejor! —resopló Mari y se acomodó con su copa en la mano.

    —¿Lo ves? —su hermana asintió con cara de placer— Además, las burbujas dan un pequeño masaje.

    La cabeza del muchacho estaba en otra dimensión, el agua les llegaba a cubrir el 80% del pecho y sus ojos no podían perder de vista aquellas cuatro obras de arte. En cualquier movimiento que enturbiase el agua… se veía mucho más, cualquiera de los cuatro pezones, podrían salir a la luz y ser visto de un momento a otro.

    Las dos mujeres estaban algo borrachas, las copas de vino de Mari, más el champán le habían subido a la cabeza y ahora, con el calor del agua, todo se acrecentaba. Carmen en cambio, no tomó tanto como su hermana, pero el calor que desprendía su cuerpo, sobre todo en cierta zona sexual, le estaba causando una sensación de mareo mayor que el alcohol.

    Sergio no sabía dónde meterse, las mujeres seguían hablando ajenas al muchacho y cuando una de ellas se movía levemente, no podía evitar lanzar sus ojos en busca de algo más que ver. Intentaba mantener quietos aquellos globos oculares marrones verdosos que la genética caprichosa no había querido que fueran azules, no obstante… no podía.

    Por mucha fuerza de voluntad, siempre que los generosos pechos de su tía salían a flote, como un cazador agazapado en la maleza, soltaba una mirada fugaz observando lo máximo posible. Cuando sucedía lo mismo con su madre… ¡También miraba!

    Estaba en su límite, se quería ir, bueno… no quería, pero era lo que debía hacer si no se quería desmayar allí mismo. Aunque bueno, estaba la otra opción, la de dejar fluir sus instintos primarios y arrancar la parte de abajo del bikini a su tía y que su madre contemplara lo que era capaz de hacer.

    Su pene se movía como un látigo dentro del bañador, el calor que emanaba su cuerpo hacia parecer frío el propio agua del jacuzzi. Se notaba como si se hubiera bebido un sinfín de litros de ron, estaba algo mareado y le costaba enfocar, “no he estado tan cachondo en mi vida”. La boca se le había vuelto pastosa y una de sus manos, ya no podía soltar su miembro erecto mientras lo amasaba al amparo del agua dándose un pequeño placer.

    Con la mano libre, cogió un poco de agua y se la echó por la cabeza, se dio cuenta de que no se encontraba nada bien, aunque mejor dicho… se encontraba demasiado bien. Echó la cabeza hacia atrás, cerró los ojos por un segundo relajándose lo máximo que el cuerpo le permitía. En su mente volaron millones de imágenes, imágenes que comenzaron a unirse como en una película. Todo cobraba vida en su cabeza, una historia tan real que no parecía imaginación.

    Ambas mujeres se le acercaban y sacando su rica entrepierna daban buena cuenta de lo que tenía. Sabían lo que hacer y sabían lo que deseaba. “Pobre Francisco Javier… lo que te perdiste…” pensó mientras se imaginaba que a él sí que le hacían un delicioso triángulo amoroso. Daba igual que una fuera Mari, en ese momento cualquiera le valía.

    —Mi vida… —la habló su madre esta vez desde la lejana realidad—, ¿seguro que estás bien?

    Los ojos de Sergio algo perdidos, miraron a su progenitora. Tenía los pómulos colorados y los ojos algo vidriosos, en el puente de la nariz vio marcadas las pecas que tanta gracia le hacían de pequeño. Cada facción de su rostro le estaba pareciendo una belleza, estaba realmente preciosa, pero ¿desde cuándo? ¿Cómo pudo haber un cambio tan inmenso?

    —Tienes la cara muy roja —le siguió diciendo.

    —Sí… —dijo él tocándose el rostro con una mano húmeda y arrugada— creo que tengo mucho calor. —esperaba que eso no sonara con segundas.

    —Salte, cariño, a ver si te vas a marear.

    —No, tranquila, mamá, en un rato mejor. —no podía salir con aquella erección, se notaba como si una barra de pan atravesase su pierna, incluso sentía cierto dolor en la presionada punta. Mejor desmallarse, que enseñar aquello a su madre.

    —Sergio, de verdad, vete. Tienes un poco la mirada perdida, igual te da una bajada de tensión, me estoy preocupando un poco.

    La mirada de su madre no mentía. Pero el caso era que al chico no le pasaba nada malo, solo estaba más caliente que en toda su vida. Su tía miraba la situación con una media sonrisa, sabía lo que le pasaba al joven y aquella situación, le estaba encantando, “ponerle es como una droga” pensaba para ella misma.

    Mari se movió queriendo acercarse a Sergio para tocarle la frente e instarle a que se fuera a la cama. Levantó el brazo para llegar hasta su frente y este se dejó hacer, pero en ese movimiento, en ese preciso instante, el pezón izquierdo de Mari, atravesó el umbral del agua y salió a la luz. Ella no se había dado cuenta, suficiente preocupación tenía con su hijo, pero este lo vio y… miró.

    “Mierda… en que momento” pensó mientras cerraba los ojos y apretaba sus labios con fuerza. Su pene le dio un brinco, exigiendo salir al exterior y guerrear con quien fuera, no conocía de lazos familiares, solo quería ponerse a trabajar.

    —Estás caliente —dijo su madre volviendo a su posición inicial—, quizá tengas fiebre, mejor marcha, cariño. Te habrá dado mucho el sol.

    —No tengo nada, mamá, de verdad, déjalo, no es fiebre… se me pasa y salgo. —Sergio se veía en un aprieto y no sabía cómo evadirse. Para colmo su tía no le iba a ayudar, aquella sonrisa la delataba.

    —Sí, Sergio, mejor sal —pidió ella mordiendo con disimulo uno de sus labios. Se sentía el mismo demonio—. Vamos, otro día te metes, no pasa nada.

    —¿Seguro? —le preguntó únicamente a su tía, ella asintió contenta a rabiar. Pasó su mano por su pene duro como el hierro y lo apretó con fuerza dándose un poco de placer— Mamá, mira para otro lado, por favor.

    —¿Qué? ¿Para qué?—su madre no entendió nada.

    —Hazme caso, date la vuelta.

    A Sergio cada parte del cuerpo le fallaba excepto una. Solo un hilo de voz surcaba su garganta, aunque no le hizo falta más, su madre sin comprender mucho, giró su cabeza y miró a su hermana. Sergio se levantó del agua, su bañador estaba demasiado ceñido debido a lo que tenía guardado. Un bulto enorme, gordo y duro como el diamante surcaba desde el medio de su entrepierna hasta casi el final de la corta pernera derecha del bañador.

    Mari no estaba mirando, pero Carmen por supuesto que sí. Vio caer el agua caliente por su cuerpo y en especial por el bañador. La fina tela que guardaba un tremendo bastón se pegó de manera perfecta a la piel del joven, uniéndose ambas y dejando el relieve en una perfecta visión.

    Todavía con el bañador tapando lo poco que podía, a la tía, le pareció mucho más grande, “¿es posible?” Se preguntó sin quererlo, aquello era un verdadero titán. Todo el calor se le concentró en la entrepierna y de pronto, al ver como su sobrino se ponía totalmente erguido y la serpiente de su entrepierna luchaba por salir, todo explotó en su interior.

    —¡Jo-der! —dijo casi atragantándose sin poder contenerse ni por un solo momento. Si no llega a decirlo, le hubiera dado un infarto.

    La otra mujer que estaba mirando a su hermana. Vio primero el rostro enrojecido de la mujer, la sorpresa, la incredulidad, los ojos azules abiertos al máximo parecían salirse de sus órbitas y su cara de estupefacción hablaba más que sus palabras. El instinto la llamó “¿Qué pasa?”.

    En lo más profundo de su conciencia, seguramente supo al instante que es lo que realmente ocurría. Sabiendo de antemano que su hijo no quería que viera aquello, o quizá Mari realmente no tenía ni idea de lo que sucedía. Por simple curiosidad, cuando escuchó como de los labios de su hermana salía semejante palabra dicha con tanta intensidad, comenzó a girar su cabeza hacia la dirección de Sergio, con toda la inocencia de su mente.

    Estaba a punto de divisar a su hijo. Carmen se dio cuenta, aunque era demasiado tarde para hacer algo. Los ojos de Mari se fijaron en el joven, estaba de pie, no había nada que llamara su atención, era el mismo Sergio de siempre o no…

    —¡DIOS…! —salió de su boca, justo cuando el tremendo bulto de su hijo llamó su atención. Para después notar las manos de su hermana tapándole la visión— ¡… MÍO!

    Con las suyas propias, giró la cabeza y también se tapó los ojos. “¿Qué es eso? ¿De verdad, era… era… su… polla?”. El corazón le latía a mil por hora, estaba atorada y la respiración se le aceleró. Sus ojos habían hecho contacto con un bulto enorme, casi temible. El bañador pegado debido al agua le hizo ver lo que su pequeño guardaba casi a la perfección, observando como la punta, por milímetros no escapaba por uno de los lados.

    —Lo siento… —escuchó la voz de Sergio mientras unos pasos rápidos salían del baño y luego de la habitación.

    Separó sus manos y las de su hermana y ambas se miraron durante unos segundos hasta que escucharon la puerta del cuarto de su hijo cerrarse. El silencio entre ellas se cortaba, alguien tenía que decir algo.

    —Lo has visto ¿verdad? —preguntó Carmen, algo obvio. Su tono denotaba preocupación, era sin duda algo impactante para una madre ver así a su hijo. Mari asintió.

    No sabían que decir, era una situación de lo más extraña, habían visto el pene tanto a su sobrino como a su hijo, aunque Carmen ya lo observó y probó con anterioridad. Se tenía que hacer la tonta, sin embargo, no sabía que decir, prefería que Mari fuera la que hablara, para algo era su madre.

    Esta se llevó una mano al pecho notando su corazón y su respiración desbocados de tal manera, que sus duros pechos estaban fuera del agua. Pero no le importaba, eso era lo de menos, miró a su hermana para decirla.

    —Perdona… me ha sorprendido… —resopló y añadió— es que no me esperaba eso… fue sin querer… te oí y… y… me siento incluso mal.

    —Tranquila, cariño, es algo normal, está con las hormonas revolucionadas… es un adolescente.

    —Ya, pero… Carmen, estamos tú y yo… su madre y su tía.

    —Era una situación… extraña. Al final somos dos mujeres… estamos bien… casi desnudas… puede haber posibilidades de que pase. Además, ya sabes que esa parte piensa sola. —señalándose como si tuviera un pene.

    Ambas dieron un sorbo a sus copas para serenarse y Mari se echó agua en la nuca para enfriarse un poco. Misteriosamente o no de forma tan misteriosa, pero el calor de su cuerpo había aumentado, quizá por vergüenza o por otra cosa. Además… ¿Qué había dicho en su mente?, no lo recordaba, ¡ah, sí! Hacía mucho que no decía esa palabra… POLLA.

    —Dices que te ha sorprendido —le dijo Carmen con seriedad— pero, ¿no se la habías visto? —y añadió mintiendo— A mí sí que me ha impactado…

    —Sí, pero… era desde lejos… algo tapado… ver el pe… —no se atrevió a decirlo en voz alta— así de pronto, pues…

    —Te digo una cosa —le dijo Carmen envalentonada por el alcohol— a mí verla no me ha sorprendido, o sea sí, claro… no me lo esperaba, —mentira— pero más lo otro…

    —¿Qué otro? —preguntó su hermana algo ida.

    —Chica… ¿El tamaño? —una risa tonta surgió de su boca e instantáneamente a Mari se le pegó.

    —Ya… bueno, ya lo hablamos…

    —Tú tenías una idea, —haciendo un gesto con la mano simulando la longitud— pero a mí… sí que me ha pillado de pronto.

    —¿Por qué dices que lo sabía?

    —La vez que le pillaste…

    —Dios, si… lo siento, estoy algo en shock. —recordó aquella escena, estaba lejos, desde la puerta no la vio bien. Sin embargo ahora sí que la había visto, estaba a centímetros de su cara, aunque estuviera tras la tela, casi la podía sentir— Pero, no recordaba que fuera tan… pues eso…

    —No creo ni que la recordases.

    Ambas se echaron a reír sin saber muy bien por qué, seguramente por el alcohol en vena que tenían y el nerviosismo que a Mari le abordaba todo el cuerpo.

    —Mejor será salir —dijo esta una vez cesó su risa.

    —Sí, esto ya no puede ir a mejor… —riéndose todavía en un claro tono de broma.

    Las dos se secaron y Carmen le dejó a su hermana un pijama para dormir, aunque no lo necesitaba seguía teniendo mucho calor. Cuando fue en dirección hacia su habitación, le dijo a su hermana.

    —¿Te importa que duerma contigo?

    —No, pero…

    —Es que —le cortó Mari antes de que preguntara— me siento rara, no sabría explicártelo. No sé el porqué, pero no me apetece dormir sola. Incluso me da vergüenza salir de la habitación… —esto último a Carmen le recordó cuando su hermana era pequeña y vivían en casa de sus padres.

    —Bien, Mari. Vamos, entra en la cama.

    Ambas se metieron en cama y al de pocos minutos estaban dormidas. El sueño fue largo y reconfortante, como buenas hermanas soñaron algo similar, con algo… que vieron en el jacuzzi, pero que a la mañana siguiente no recordarían.

    CONTINUARÁ

    —————

    Por fin en mi perfil tenéis mi Twitter donde iré subiendo más información.

    Subiré más capítulos en cuento me sea posible. Ojalá podáis acompañarme hasta el final del camino en esta aventura en la que me he embarcado.

  • Autobiografía sexual (Parte 12): Violada (entre comillas)

    Autobiografía sexual (Parte 12): Violada (entre comillas)

    Caminaba naturalmente por la vía pública, a más de diez calles de distancia de mi casa. Extrañamente, no había mucha gente como era costumbre, pero no le di importancia. Por mi mente solo pasaba el apuesto profesor Lorenzo que me dejó con ganas de garchar.

    Mi mirada estaba al frente todo el tiempo, cuando de pronto, alguien me sujetó del abdomen con un brazo, me tapó la boca con su otra mano y me jaló hacia la puerta trasera de un auto. Su fuerza era mucha que no podía hacer nada para zafarme. Como cualquier objeto que se avienta, me lanzó al asiento trasero, tomó cinta para atarme de las muñecas, de las piernas y también me puso en la boca, se pasó hacia el volante y arrancó. No pude verle la cara porque traía pasamontañas.

    Estaba asustada y hacía el intento de gritar, pero no podía con la cinta en mi boca. Minutos después, ingresamos a un lugar oscuro, apagó el carro y se pasó al asiento trasero conmigo.

    —Ahora sí, primor —dijo como nervioso—. Prepárate para saber lo que se siente ser mujer.

    El sujeto me empinó, puso sus rodillas sobre mis chamorros lastimándome, subió mi falda y me quitó el cachetero que traía puesto. Yo estaba temblando de miedo, pero sabiendo de antemano lo que me iba a hacer comencé a calmarme. «Tranquila, solo quiere sexo, no te va a matar» pensaba para dejar de gritar tras la mordaza, controlar mi respiración y evitar entrar en caos emocional.

    Como era de esperarse, sentí su pene tocar mis nalgas e instintivamente moví mi trasero hacia atrás, como queriendo tenerlo dentro. «¡Si lo vas a hacer hazlo ya!» pensaba luego de tanto vacilar de su parte, pero él no procedía. De repente, haló mi cabello tan fuerte que me hizo encorvarme y me propinó un duro golpe en la cara.

    —¡¿Por qué dejaste de gritar?! —exclamó furioso.

    Su siguiente acción fue meterme uno de sus dedos en mi concha y lo agitaba muy rápido. A petición de él, comencé a gritar amordazada como si lo que me hiciera fuera contra mi voluntad, pero para ese momento, en mi mente ya lo estaba sobrellevando para no generar un gran trauma, no tanto por la penetración sino por el golpe que me dio, que tiempo antes ya había experimentado esa clase de masoquismo con Adrián. Habiendo identificado el tipo de persona que era, lo único que tenía que hacer era fingir ser violada y soportar el tiempo que durara.

    Entonces comencé a hacer como que gritaba y el sujeto dio inicio a la penetración de manera brusca, rápida e intensa. No sentía nada mal su verga, así que mis gemidos fueron en gran parte naturales, así como mis gritos con cada dura embestida y las fuertes nalgadas que me propinaba.

    De pronto se detuvo y vi que en medio de la oscuridad se dejó ver una luz brillante.

    —¡Ah! ¡Qué rica estás, putita! ¡Vas para mi colección!

    Deduje que la luz era de su cámara y estaba por tomarme fotos o filmarme, pues continuó cogiéndome intensamente.

    Minutos después, hizo intentos por penetrarme analmente, cosa que me dolió muchísimo porque no lo sabía hacer y por consecuencia, me hizo gritar demasiado y llorar, razón por la que se excitó mucho y me decía cosas guarras. Luego de lastimarme bastante consiguió meterla toda en mi culo y siguió cogiéndome violentamente.

    Un rato después, con su fuerza me volteó para tenerme boca arriba y puso mis pies en uno de sus hombros para seguir penetrándome por el ano, mientras que con su mano desocupada me grababa con su celular.

    —Si supieras lo fascinante que te ves así, amor. Tu pose, tus gestos y cómo te hace retorcerte mi verga. Todas se merecen este trato, eres afortunada.

    Fui agudizando cada vez más mis gritos, porque empecé a sentir rico, aunque no quería dar a entender eso, pero logré que el tipo se sintiera muy excitado y se corriera en mi culo.

    Repentinamente, tomó más cinta y me puso en los ojos. Instantes después, el automóvil se puso en movimiento, por lo que empleé fuerza para sentarme y me asusté, ahora sí creía que me quitaría la vida. Sin embargo, minutos después habló.

    —Te quitaré la cinta de la boca, pero cuidado con que grites porque te mato.

    De pronto, jaló fuerte de la cinta que tenía en la boca y me la arrancó, provocándome dolor.

    —Oye, en verdad, perdóname —expresó como queriendo llorar—. Yo sé que no está bien lo que hice. Es que estaba harto de no coger.

    —No te preocupes —dije tranquilamente, pero seria—. Aunque creo que era más fácil decirme, «oye, quiero coger, ¿te animas?»

    —No hubieras aceptado. No me conoces y si pudieras ver mi cara tras este pasamontañas huirías de mí.

    —Hay días que estás de suerte, pero no lo sabrás si no lo pruebas.

    —Nunca estoy de suerte. Todas me rechazan, incluso mi esposa no quiere acostarse conmigo.

    Por fin, llegó el momento en que podía expresar lo que tanto pensé desde que me sometió.

    —Me refiero a que hoy pude haber sido tu suerte. Soy una puta. Sinceramente, estuviste increíble, papi. La tienes muy bien, me calentaste delicioso y me rompiste el culo bien rico. Tu sometimiento me encantó.

    Acabé de hablar y, de forma sorprendente, recibí un golpe muy fuerte en la sien que me hizo chocar con el vidrio de la puerta del auto y terminé acostada sobre el asiento trasero. El sujeto me gritó algo que no pude alcanzar a discernir en ese momento.

    Cuando volví en mí, estaba boca abajo y sentí que la superficie sobre la que me encontraba era tierrosa. Aún seguía atada de manos y pies y con cinta en los ojos. Guardé la calma, aunque por dentro estaba muriéndome de miedo. Traté de recordar lo que pasó antes de despertar, pero solo logré dilucidar lo que me gritó el sujeto después de que me golpeó: «¡Así no me sirves, pendeja! ¡Quería que lo sufrieras! ¡Muérete puta asquerosa!»

    Transcurrieron algunos minutos hasta que escuché pisadas. Luego oí como el sonido característico cuando se afila un cuchillo. Reaccioné alteradamente y al borde del llanto.

    —¡Por favor, no me mates!

    Sentí una mano que sujetó uno de mis antebrazos hasta que me retiró la cinta que ataba mis muñecas. Me giró para colocarme boca arriba, me quitó lentamente la cinta de los ojos y pude ver, gracias a la lámpara que traía, que se trataba de dos señores, sorprendidos de verme así. También pude ver a uno de mis lados que estaba como a la orilla de un lago, el cual reflejaba la luna y las estrellas. Ambos me cargaron y me subieron a una camioneta, preguntándome primero si estaba bien y yo respondí que sí.

    —¿Qué le pasó, jovencita? —preguntó uno de ellos.

    —Fui atacada por un sujeto. No me hagan nada malo, por favor. Ya estoy muy espantada.

    —Tranquila —dijo el otro—. Queremos llevarte al ministerio público, ¿estás de acuerdo?

    —Está bien. Muchas gracias.

    Llegados al ministerio público, los muy amables señores me acompañaron a denunciar y ellos rindieron su testimonio, pero el agente del ministerio público, sin motivo alguno, ordenó aprehender a los señores. Por más que los defendí y argumenté que ellos me rescataron los llevaron a los separos, mientras que a mí me canalizaron con el médico, quien dio paso a una interrogación algo fastidiosa y tuve que resumirle todo para dejar de recibir esas preguntas sin tacto.

    —Un sujetó me sometió, quiso violarme pero consentí y eso le molestó, por lo cual me golpeó, me dejó inconsciente y al despertar descubrí que me abandonó en la nada.

    —¿Eso dónde sucedió?

    —No sé exactamente. Estaba cerca de llegar a mi casa, por la carretera Querétaro-Tequisquiapan.

    —¿Sí sabes que en este momento te encuentras en San Juan del Río?

    Mi respuesta fue no. Se me olvidó preguntarle a los señores dónde me encontraba. Con razón no reconocía los parajes cuando me trasladaron en su carro. El médico salió del consultorio por unos momentos y regresó.

    —¿Podría saber por qué detuvieron a los señores que me acompañan?

    —Por inconsistencia en las declaraciones, pero salí a comentarle al agente del ministerio público lo que me acabas de señalar.

    —¿Y los pondrán en libertad?

    —No. Siguen siendo sospechosos.

    —¡Pero ellos me rescataron!

    —Con todo respeto, señorita, no sabes si fue uno de ellos el que te agredió porque comentas que traía pasamontañas. Es un modus operandi en el que se quieren hacer ver como buenas personas para que se les descarte como culpables.

    —Pero la voz de ellos no corresponde con la del que me agredió.

    —Se puede fingir la voz.

    Harta de la situación, salí del consultorio y me dirigí al agente de ministerio público para retirar mi denuncia, si es que se podía hacer eso, pero me lo negó y me advirtió que si llegaba a decir que fue falso lo que declaré me meterían a prisión.

    Ya era demasiado lo mal que la estaba pasando y no podía comunicarme con mis colegas abogados o con mi mamá porque mi celular no tenía batería. Pasaron unas horas para que me permitieran entrar a ver a los pobres señores que me ayudaron y estaban asustados. Les pedí perdón por no decirles que era de Tequisquiapan, pero ellos me explicaron otro motivo, susurrándome.

    —Somos guatemaltecos, llevamos viviendo casi un año aquí en San Juan del Río pero somos indocumentados.

    Entendí que el ministerio público tramaba un acto de corrupción y me comprometí con ellos a ayudarles a salir de esa situación con mis colegas del despacho.

    Antes que nada, me dirigí al sanitario, donde me enteré que no traía ropa interior. Claro que me parecía familiar el lugar porque ya había estado ahí, el único detalle que se me estaba olvidando era Ricardo, el guardia del separo con el que cogí aquella vez que me encarcelaron. Y hablando del rey de Roma, el tipo abrió la puerta del baño donde estaba haciendo mis necesidades y se encerró conmigo.

    —¡Regresaste a casa, putita! —habló en voz baja por el eco que se producía.

    —¡Ahora no, cabrón! —respondí enfadada.

    —¿Cómo que ahora no? Así como estás luce perfecto.

    Ricardo me tomó de las piernas y me jaló de forma que mi trasero desnudo tocara su entrepierna y dejándome acostada sobre la taza del baño, mojándose mi cabello con el agua del retrete.

    —Mira no más cómo te dejaron la cara —dijo mientras se bajaba la bragueta—. ¿Por qué no me invitaste a la sesión de sexo hardcore?

    —¡Espera, espera! —alcé la voz, a lo cual me apretó el cuello con una de sus manos.

    —¡Cállate! Estamos encerrados pero si gritas sí se escucha afuera. ¡¿Qué quieres?!

    —Mira, vamos a coger, pero a cambio quiero que liberes a mis amigos que están en el separo.

    —¿Los guatemaltecos? —preguntó riéndose—. Se necesita mucho más que solo coger contigo

    —Entonces gritaré —dije enojada y decidida por lo ofensivo que resultó ser eso para mí.

    —¡No! Está bien, tú ganas —dijo algo nervioso y, como queriendo que no se le escapara la oportunidad, me metió su pene en la concha y comenzó a cogerme con algo de prisa—. ¿Y qué haces aquí?

    —Ay, ¿pues qué? ¿no ves? Me golpearon.

    —Pensé que viniste por otra dosis de buen sexo con tu papi Ricardo, o sea yo. Te fuiste sin despedirte aquella vez.

    Mis gemidos no eran fingidos, en realidad me estaba gustando cómo me daba, no duro pero sí aceleradamente.

    —¡Ay, papi me estoy viniendo! ¡Ahhhh!

    Estaba jadeando de lo pronto que me vino el orgasmo. Luego de eso, me pidió que me sentara en sus piernas dándole la espalda y así lo hice, introduciéndome su pija y comenzando a brincar, pero él me alzó la falda y notó algo raro.

    —¿Por qué tienes sangre seca en la cola?

    —Porque tuve sexo anal rudo.

    —¿Con quién?

    —¿Eso importa?

    —Sí, me importa.

    —Con un desconocido.

    —Tienes un nivel de puta muy interesante. ¿Puedo probar metértela por el culo?

    —Me duele todavía. Tú dices, porque puede que grite.

    —Mejor otro día.

    Mientras le seguía dando sentones sacó su teléfono de su bolsillo y me pidió que le dictara mi número de teléfono. Segundos después, me pidió que me arrodillara y se masturbó en mi cara para correrse en mi boca, tragándome toda su rica leche.

    Después, me dio la indicación de que no saliera del baño hasta que viniera por mí, así que tuve que esperar dos horas. Cuando volvió, me tomó del brazo, me llevó hacia los separos y me condujo junto con los señores guatemaltecos por una puerta que daba hacia el exterior.

    —¡Vámonos, vámonos! —me apresuraban para correr, pero yo no corría tan rápido como ellos, por lo que uno de ellos me tuvo que cargar y así nos escapamos.

    Los muy amables señores me llevaron a su casa caminando, me dieron de comer y luego me hicieron el enorme favor de llevarme en el auto de uno de ellos hasta mi casa. Uno de ellos me pidió mi número de teléfono para estar al pendiente de mi estado de salud y lo agradecí mucho.

    Llegando a casa, mi mamá me recibió demasiado preocupada y asustada de ver mi rostro maltratado, me atendió y, omitiendo lo del ministerio público, le conté lo que me pasó desde que fui violada (solo con ella manejé la información así para que le fuera creíble todo lo que pasé), además de golpeada y abandonada en la nada, pero que fui hallada y devuelta a casa.

    Mi mamá se alegró conmigo de tenerme a salvo en casa, pero me dio una noticia que, hasta ese punto, no sabía si era buena o mala.

    —Hija, ayer me reconcilié con tu papá. Mañana se viene a vivir con nosotros.