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  • El mejor viaje a España (P. 6): Mi último día en España

    El mejor viaje a España (P. 6): Mi último día en España

    La última semana con Ashe fue maravillosa. El día después de que me sacó del Airbnb me despertó chupando mi verga, llevaba el pelo recogido en un par de colitas para que pudiera guiar el ritmo con facilidad hasta que me corrí. A pesar de que nos deseamos mutuamente, decidimos que no queríamos gastarnos cogiendo a cara rato, pero claro que era algo que hacíamos muy seguido.

    Durante el resto de mi visita, Ashe me llevó a muchos sitios, lugares donde había crecido y se había enamorado de Canarias. Cada vez que podíamos nos besábamos, uníamos nuestras manos y nos tomábamos fotos. Como una pareja.

    Un día Ashe fue a cortarse el cabello y me dijo que diera una vuelta para que pudiera comprar unos recuerdos del viaje. Cuando regresé vi que se había cortado el pelo hasta que le quedó cerca de los hombros, la veía se veía hermosa con ambos estilos: pelo largo o corto. Ese mismo día me llevó a comer con sus papás, desde luego que estaba algo nervioso por el evento, pero sus padres me recibieron con alegría y entusiasmo.

    —Así que tú eres el Rodrigo que mi hija no dejaba de mencionar —me dijo su madre cuando llegamos.

    —¡Mamá!

    Ríe por el comentario pero mi mirada fue con su padre, tenía miedo de que el hombre se enojara conmigo. Ashe me tomaba de la mano y estaba pegada a mí, no faltaba ser un genio para saber lo que hacíamos su hija y yo. Para mi sorpresa, el papá de Ashe parecía no tener problemas conmigo, me hablaba como si fuera un miembro más de la familia.

    La comida estaba demasiado rica, agradecí a la mamá de Asha por tan exquisita comida y ella me dijo que siempre era bienvenido en su casa.

    La semana estaba pasando demasiado rápido, el día que tenía que regresar se avecinaba y el humor de Ashe baja un poco, el mio también un poco, eso no quitaba que nuestra pasión se volvía a encender cuando regresábamos a su casa y comenzábamos a besarnos, a desnudarnos y a hacer el amor. Ya no sólo cogíamos, podía sentir como Ashe se entregaba a mí en cada ocasión y yo a ella. Estaba completamente perdido por esta chica.

    El día antes de mi regreso, estábamos los dos sentados desayunando, sin hablar. Este era nuestro último día juntos y no sabíamos que podíamos hacer.

    —Ro —me dijo Ashe y la mire—. Hoy hay que ir a la playa, llevas aquí dos semanas y no has tenido esa oportunidad.

    Era cierto, íbamos a ir con James y las chicas la semana pasada, pero después se montó la orgía y no pudimos ir.

    —Tengo algo planeado, solo que necesito hacer una llamada —me dijo ella con una sonrisa—. Va a ser una velada para que la recuerdes para siempre.

    —Todo el viaje lo ha sido —le contesté y tomé su mano para besarla—. Estar contigo ha sido lo mejor.

    Ella me sonrió y me apuró a que me pusiera un traje de baño debajo de la ropa normal, ella se puso un bikini azul fuerte debajo de un vestido rosa bastante corto. La primera parte del día recorrimos la ciudad, en un momento nos detuvimos en un mirador y ella me pidió que nos tomáramos una foto. Mientras la tomaba, gire mi rostro para besarle la mejilla, luego ella volteó el rostro y me besó mientras tomaba otra.

    La tarde comenzaba a caer y yo tenía la duda si iríamos a la playa, comenzaba a ser de noche y el frío aumentaba. Antes de que pudiera preguntarle a Ashe, ella me guio a la playa que estaba cerca de su casa.

    La gente comenzaba a irse y unos, muy pocos, se quedaban a ver la puesta de sol. Ashe me llevó a un lugar apartado y me quedé sorprendido al ver lo que parecía un picnic al lado de una chimenea.

    —Sorpresa —me dijo ella—. Conozco un negocio que hace este tipo de cosas. En la noche nos van a venir a encender la leña para que cenemos bajo las estrellas. ¿Te gusta?

    —Me encanta —le dije.

    Ella se mordió el labio con alegría, luego tomó el borde de su vestido y lo levantó lentamente, de forma tan sensual, luego lo arrojó donde estaba el picnic y salió corriendo al agua. Yo hice lo mismo y corrí tras ella.

    Nos mojamos mutuamente, la cargaba sobre mí para luego arrojarla al agua, la besaba, la abrazaba. Ella me correspondía, me hacía cosquillas, se lanzaba sobre mí para tirarme en la arena. En fin, el mejor tiempo con ella.

    Para cuando el sol comenzó a ocultarse, regresamos al pequeño espacio que habían preparado para nosotros. El fuego ya estaba encendido y nosotros nos sentamos sobre la toalla y miramos el atardecer mientras comíamos algo de la comida que nos habían dejado.

    La playa quedó casi desierta. Sólo estábamos Ashe y yo acompañados por el sonido de la madera crepitando a nuestra espalda y el oleaje.

    Ella tenía su cabeza sobre mi hombro y nos tomábamos de las manos, ninguno de los habló, disfrutando la presencia de cada uno.

    —Me gustaría que esto durara para siempre —dijo y luego me miró—. Me gustaría que no te fueras.

    —Igual que a mí. Estos días han estado… perfectos.

    —¿Por qué no buscas trabajo aquí? Mudate.

    Lo había pensado en los últimos días, era una posibilidad que había rondado mi cabeza casi a diario.

    —Aunque quisiera, tendría que volver a mi país, tendría que dejar todo listo en mi casa, no puedo simplemente no volver.

    Su expresión mostró tristeza y volvió a colocar su cabeza sobre mi hombro.

    —No quiero tener una relación a distancia.

    —¿Así que si tenemos una relación?

    Ella me miró.

    —Yo sí, estas dos semanas las considero como que eres mi novio… ¿tú?

    Le sonreí.

    —También.

    Me acerqué a besarla y ella me devolvió el beso. Ella separó su boca un momento para susurrarme.

    —Te amo.

    Espere un momento antes de contestarle.

    —Yo también.

    Nuestros labios volvieron a juntarse. El calor del fuego no se comparaba con lo que ardía en mi interior, deseaba a Ashe como nunca lo había hecho en los últimos días. Mientras nos seguíamos besando, mi mano se metió en el sostén de su bikini para apretar su pecho. Un ligero gemido salió de su garganta, apagado por nuestro beso.

    Amasaba su seno con delicadeza, jalando su pezón ligeramente, luego acariciaba su clavícula, subiendo hasta su cuello y su hombro, haciendo a un lado el tirante de su bikini. Regresé a apretar su pecho y ella se retiró un poco para mirarme con deseo. Mordió mi labio ligeramente y yo lo hice con su pezón.

    Me empujó sobre la toalla y se colocó sobre mí, besándome con pasión. Nuestras lenguas se bailaban en nuestras bocas, su pelvis se movía sobre mi miembro que comenzaba a ponerse duro ante el movimiento de su cadera.

    Besaba mi cuello, acariciaba mi pecho, todo mientras continuaba con su movimiento, dándole gusto también a mi pene.

    Ninguno de los dos habló, nuestros gemidos eran bajos, pero al estar tan cerca el uno del otro los oíamos claro. Ashe se detuvo un momento para verme, yo mire esos ojos azules que me encantaban. Ella se bajó el otro tirante y llevó mis manos a sus pechos para que los tocara y apretara.

    Ashe cerró los ojos mientras se movía en círculos sobre mí y yo continuaba con sus pechos. Verla en esa posición, dándole la luz de la fogata, me hizo verla tan bella, como nunca lo había visto.

    —Quiero sentirte —me dijo deteniéndose un momento. Bajo mi bañador para sacar mi pene completamente erecto, hizo a un lado la braga de su bikini y puso mi miembro entre sus labios sin meterlo aun. Sus labios abrazaron el tronco de mi verga y Ashe se movió de arriba abajo, estimulándonos al mismo tiempo.

    Yo miraba como su entre pierna se movía a un ritmo calmado. Sus gemidos aumentaron de tono. Coloque mis manos en sus caderas para ayudarla, ella me tomó de los brazos y continuó con ese vaivén que me estaba volviendo loco. Podía sentir la humedad de su coño cubriendo por completo mi falo. Ella continuaba con los ojos cerrados, disfrutando con una expresión de éxtasis.

    Sin levantarme alce mi cuerpo para besar sus pechos, ella abrazó mi cabeza mientras alzaba el cuerpo y tomando mi pene con la mano. Lo introdujo lentamente, resbalando con tanta facilidad. Yo continuaba jugando con sus pechos hasta que llegó al fondo, luego alcé la mirada para verla, ella me sonrió mordiéndose los labios y comenzó a bajar y subir sobre mí.

    Unidos en ese abrazo, podía sentir como mi verga llegaba hasta lo más profundo de ella. Ambos gemíamos de placer. El fuego continuaba quemándose a nuestro lado, el calor de la fogata junto con el de nuestros cuerpos rozándose entre sí era tan intenso que podía ver como Ashe comenzaba a sudar y podía sentir que yo también lo hacía.

    Besaba su cuello y mordía su hombro, sus gemidos se oían como un canto en mi oído. Ella arañaba mi espalda con una mano y jugaba con mi cabello con la otra.

    Abrace a Ashe por la cintura y la coloque en el suelo. Llevado por el fuego que tenía dentro comencé a darle con celeridad. Ella ya sin poder controlar el volumen, comenzó a gemir más fuerte.

    Podía ver sus perfectos pechos moverse de arriba a abajo mientras continuaba penetrándola. Entrelazamos nuestros dedos y ella me sonrió. El sudor perlaba su piel, haciéndola ver tan hermosa, unos cuantos cabellos se le pegaron a la frente, pero a ella no le importó, ella tan sólo veía como mi verga desaparecía en su interior. El calor que sentía emanar de su coño mandaba descargas a mi cabeza y me hacía perder el control. Quería llegar más profundo, quería apagar el fuego que tenía dentro, tanto el de ella como el mío.

    El orgasmo llegó de improviso, apenas logré sacar mi verga de ella para correrme sobre su coño y sobre su bikini. Ella tomó mi falo y comenzó a jalármela para sacar todo lo que tenía adentro. Gruñí de placer mientras lo hacía. Luego baje la mirada para verla, ella tan sólo me sonreía, acariciándose el coño.

    —¿Y?

    Baje el cuerpo para besarla, quería más, mucho más, pero escuchamos voces acercándose. Nos vestimos rápido justo en el momento en que los encargados del picnic llegaran por las cosas. Nos comentaron que nuestro tiempo de la renta había expirado y que tenían que apagar el fuego y llevarse las cosas.

    Un poco decepcionado, acepté y ayudé a Ashe a tomar nuestras cosas para regresar a la casa. Dado el intercambio con los tipos de la compañía, en lo que Ashe les pagaba y regresábamos a la casa, mi erección bajó.

    Ambos estábamos cubiertos de arena cuando entramos a la casa de Ashe.

    —Me caería bien un baño —comenté.

    —Está bien, sabes dónde está —me dijo ella mientras entraba a su cuarto para dejar su vestido la bolsa que traía.

    Entre al baño y abrí el agua de la regadera. Cuando sentí que estaba en la temperatura adecuada me quite el bañador y me metí. Un gran cambio al agua fría del mar. Sentía la arena caer de mi cuerpo mientras me bañaba. Mientras me enjabonaba, escuche la cortina de la ducha moverse, giré mi cuerpo. Ashe estaba desnuda frente a mí.

    Sin decir nada, entró conmigo, tomó el jabón de mis manos y comenzó a hacer espuma con él. Yo la miraba, igual sin decir nada. Sus manos comenzaron a enjabonar mi pene quien reaccionó casi con lentitud ante su contacto. Ella subía y bajaba su mano en mi falo mientras éste crecía y se ponía duro, todo sin dejar de verme. Utilizó el agua para lavar el jabón de mi miembro, continuó jalándomela un momento luego se agachó y se la metió en la boca. Me hice un poco para adelante para que el agua no le cayera en el rostro. Podía sentir el calor de la regadera en mi espalda mientras Ashe me la chupaba con lentitud. De vez en cuando se la sacaba para darle unos cuantos besos, lamerla de arriba abajo, golpear su lengua con ella y luego volverla a meter en su boca.

    Yo sólo podía mirarla mientras lo hacía. Mis gemidos eran superados por el sonido de la regadera. Ashe metió hasta donde pudo mi falo, mandando descargas a todo mi cuerpo. Tuve que sostenerme de la pared para evitar caerme. Se la sacó y chupó mi glande. Luego sacó la lengua e hizo pequeños círculos en la punta. Sus ojos no se despegaban de mí mientras continuaba comiéndosela con deseo y lujuria. Sentí mi pene palpitar y ella se la sacó de la boca para pajearme.

    Mi corrida salió con fuerza, cayéndole sobre la cara, su barbilla y sus pechos. Me hice para atrás para que ella entrara el agua y se pudiera limpiar los restos de mi semen. Ella se levantó y me sonrió antes de ofrecerme el jabón.

    Lo tomé manteniendo la vista en sus ojos. Comencé a recorrer su cuerpo con el jabón, haciendo espuma en su perfecto cuerpo. Ella me miraba, mordiéndose los labios mientras recorría su cuerpo. La espuma del jabón cubrió sus senos, la acerque al agua para quitársela y vi sus pezones parados y duros, chupe sus botones con deseo mientras pasaba el jabón por su trasero. Luego hice que diera la vuelta y la lancé contra la pared para enjuagar el jabón. Mientras el agua caía por su trasero, comencé a darle un par de nalgadas, cada vez que lo hacía, Ashe gemía. Su piel se quedaba tan roja, dejando la marca de mi mano en su blanca piel.

    La tomé por la cintura y la apreté contra mi pecho, volví a tomar el jabón y lo pasé por su entrepierna. Ella gimió en mi oído mientras mi mano acariciaba su coñito. Acerqué nuestros cuerpos al agua mientras metía mis dedos en ella. Ashe abrió las piernas para darme más espacio para trabajar.

    Mientras exploraba su interior con mis dedos, mordía ligeramente sus hombros y besaba su cuello. Ella gemía fuerte y claro, dándome ánimos de que continuara. Mis dedos buscaban casi con desesperación el punto de G de Ashe. Ella giró su rostro, podía sentir su aliento en mi rostro.

    —Sigue, sigue —me susurró mientras su cuerpo se movía y sus caderas buscaban con ahínco que mi mano continuara.

    Su rostro me indicó que había llegado al orgasmo. Cerró los ojos con fuerza y abrió la boca. Ningún sonido escapó de ella, pero la vibración en su cuerpo me indicaba que había llegado.

    Cuando su orgasmo acabó, tuve que sujetarla para evitar que se resbalara, pues relajó su cuerpo.

    Ashe se volteó y me besó mientras el agua caía sobre nosotros. Nos separamos un momento y le quité el pelo de la cara para mirar su hermoso rostro.

    Cerró la llave del agua y me jaló mientras continuamos besándonos. El agua caía de nosotros mientras ella me llevaba a su cuarto, mi erección había perdido su fuerza, así que necesitaba un poco de tiempo para recuperarme.

    Gire a Ashe y la lancé a la cama, ella se quedó bocabajo, riendo. Sin darle tiempo a levantarse, me coloque sobre ella y comencé a besarle la espalda, ella se quedó quieta dejándose ser.

    Baje mis besos hasta llegar a su trasero y lo abrí ligeramente. Su coño rosadito me saludó, lamí sus labios y Ashe se agitó por mi contacto. Alzó ligeramente su cadera para que pudiera comerle el coño un poco mejor. Mi lengua recorría toda su vulva. Olía dulce, combinado con el olor del jabón. Sus dedos acompañaron mi lengua mientras un gemido salía de su boca, tan puro, tan excitante.

    Mi pene comenzaba a recuperarse, animado por los gemidos de Ashe. Penetraba su vagina con mi lengua y apretaba su trasero con mis manos.

    —Sí, sí. Sigue, por favor —me decía con deseo.

    Junte mis labios a su entrada y gruñí para hacerlos vibrar. El cuerpo de Ashe se agitó y podía escuchar como exhalaba varias veces, intentando buscar el aliento necesario para hablar, pero lo que estaba haciendo evitaba que lo hiciera.

    Mi miembro recuperó su fuerza, volvía a estar completamente empalmado. Empujé de nuevo a Ashe sobre la cama y la aprisione con mi cuerpo. Apunté mi glande a su cuevita y entre lentamente. En esa posición su vagina apretaba mi falo tan rico que no pude evitar soltar un gemido mientras me perdía centímetro a centímetro en su interior.

    —Dame, por favor —me rogó.

    Empecé con un ritmo lento. Me encantaba tenerla así, a mi disposición, torturándola lentamente. Mi cuerpo comenzó a subir y bajar rápidamente. Con cada embestida nuestros cuerpos hacían ruido, acompañados por nuestros gemidos de placer.

    Ashe intentaba voltear el rostro para poder besarme, pero apenas lo lograba dejaba de hacerlo para continuar gimiendo.

    —Así, sí, dame. Que rico, Ro.

    Continué unos minutos más antes de detenerme y tomar a Ashe por el cuello para hacer que levantara el rostro. Besaba su mejilla y su cuello mientras ella respiraba con agitación. Su cabello mojado se pegaba a mi rostro, su aroma era embriagante.

    Las sabanas debajo de nosotros estaban más que húmedas, pero a ninguno le importó, queríamos seguir, sentir como nuestros cuerpos se rozaban una y otra vez.

    —Quiero más —me dijo—. Dame más.

    Saqué mi miembro de ella y la giré para que quedara boca arriba. Me coloqué entre sus piernas, tomé la derecha y la coloque sobre mi hombro, dejando su pierna izquierda debajo de mí. Ella me miró, interesada por lo que iba a hacer. Con mi glande jugué en su entrada, lo introduje de una fuerte embestida que le arrancó un grito de placer a Ashe.

    Había visto esta posición recientemente, pero no la había practicado. Usando su pierna como soporte, comencé mis embestidas. Desde el principio, Ashe me miró con una expresión de sorpresa y excitación, parecía que la posición le gustaba mucho. Su boca se abrió por completo, formando una O perfecta, gritaba con cada embestida que le daba, cada centímetro que entraba en ella.

    Por mi parte, podía sentir como mi falo entraba bastante profundo, sus paredes vaginales lo aprisionaban como no queriendo dejarlo ir. El calor de su interior me hizo aumentar la velocidad. Ashe gritaba, gemía, exhalaba, buscaba aire para continuar. Su cuerpo se movía debajo de mí, llevado por el ritmo que yo marcaba. Sus pechos se movían de arriba abajo. Sus manos fueron a las sabanas, agarrándolas con fuerza, intentando buscar algún soporte.

    —¡Sí, sí! ¡No pares! ¡No pares! ¡AH! ¡AH!

    La presión en mi falo aumentaba, sentía que Ashe estaba llegando al orgasmo y yo también.

    —Ashe… —dije entre gemidos.

    —Dámela, dame tu leche. Lléname por favor.

    Con una última embestida me corrí. Podía sentir la vagina de Ashe cerrarse sobre mi pene, queriendo extraerme hasta la última gota. Ashe gritó. Su cuerpo se agitó una última vez, sintiendo como mi semen la llenaba por completo.

    El orgasmo fue intenso y longevo. Mientras la sensación desaparecía, metía y sacaba mi pene de Ashe con lentitud. Solté su pierna y me desplome sobre ella. Ella respiraba de forma agitada, su pecho subía y bajaba, intentando recuperar el ritmo normal.

    Sentí sus manos buscando mi rostro, me alzó y me encontré con sus ojos.

    Nos besamos nuevamente. Satisfechos.

    No sabía si era sudor o agua lo que recorría nuestra piel, pero mi mano resbalaba sobre su cuerpo con facilidad.

    Al día siguiente, Ashe me acompañó al aeropuerto. Nuestras manos no se separaron incluso cuando estaban llamando mi vuelo para abordar.

    —Última llamada para el vuelo 235. Última llamada para el vuelo 235 —decía el altavoz.

    Me volteé a ver a Ashe, tenía una expresión triste en el rostro.

    —Voy a extrañarte —me dijo, aun sin soltar mi mano.

    —Oye —dije dejando mi maleta en el suelo y tomando su rostro entre mis manos—. Prometo venir a visitarte tan pronto como sea posible.

    —¿En serio?

    Le respondí con un beso.

    —En serio.

    Tome mis cosas y cruce el punto de control, sin despegar mi mirada de ella.

    Continuamos hablando a larga distancia, tal como lo habíamos hecho antes del viaje, pero de forma más íntima. Ella me mandó una foto de su cuarto, mostrando que había colgado la foto que nos había tomado en el mirador, la que tomó cuando besaba su mejilla.

    De vez en cuando me manda una foto de ella usando ropa sexy o incluso desnuda, yo le respondía de la misma forma. En Navidad recibí varias de ella vestida con una ropa interior vino, unas medias negras a juego y un gorrito de Santa, poco a poco se iba quitando una prenda hasta sólo quedarse con las medias y el gorro de Santa. “TU REGALO DE NAVIDAD” Rezaba la última foto.

    De vez en cuando intentábamos llamarnos, algo complicado debido a los horarios diferentes, pero cuando lo hacíamos nos pasábamos horas hablando hasta que uno de los dos caía dormido por la hora. En más de una ocasión, en esas llamadas prendíamos la cámara y nos mirábamos mientras nos tocamos, susurrándonos las cosas que haríamos cuando nos volviéramos a ver.

    Un día Ashe me sorprendió diciéndome que estaba ahorrando para venir a mi país a verme, lo cual respondí con alegría. Le dije que cuando viniera le tenía una sorpresa, pero preferiría esperar a que ella llegara para decirle.

    No le había dicho que estaba hablando con una editorial española para poder publicar con ellos y parecían convencidos de hacerlo.

    Quizá mudarme a España sería más fácil de lo que parecía.

  • Aventuras universitarias: Francesita me instruye (2)

    Aventuras universitarias: Francesita me instruye (2)

    Les conté de mi adolescencia de años reprimidos en sexo, pero que una compañera de intercambio de mi último año sería mi instructora de vida… sexual al menos, para no presentarme virgen a mi vida universitaria.

    En el capítulo anterior relaté un hermoso inicio que quedó inconcluso con la llegada de amigos… o al menos con esa sentencia de Loreley que en un abrazo muy dulce me dijo “¿Gustó? ¿Mucho? ¿Quiere más? Soy mimosa y me quedé con muchas ganas… me debe…”, y mientras me besaba sensualmente, mordiendo mis labios y acariciándome con su lengua llevo mi mano a sus entrepiernas donde note su pequeña raja que se notaba húmeda y caliente bajo su pantaloncito de tela liviana, haciéndome sospechar que no tenía bombacha puesta…

    La llegada de mis amigos a buscarnos nos interrumpió, pero no nos privó de salir con nuestros amigos a disfrutar cada momento que estuvimos juntos y que seguiría durante todo ese año inolvidable, con charlas de conocimiento mutuo… de vidas diferentes, turismo, geografía y muy sexual por las edades que vivíamos.

    Lo hermoso de mi relación con Lore era poder hablar lo que nos pasaba, lo que sentíamos, que nos producía placer y como debíamos ir mejorándolo para complacer al otro.

    Después de ese encuentro charlamos cuanto deseaba besarme y mi inocencia le permitió enseñarme, como besar suavemente rozando los labios, tocar apenas con la lengua, ir humedeciendo, poco a poco penetrar con la lengua la boca del ser amado, ir tocando la lengua, abrazarla, hacer exploraciones, morder los labios suavemente, sintiéndose vivo en cada movimiento, hasta terminar en un frenesí total. Según ella, falto que mis manos subieran a su nuca… su espalda… su piel… su… en todos lados para aumentar los estímulos que le propiciaba.

    Solo hablar me ponía muy nervioso, y más cuando mezclaba términos idiomáticos, pues sabía mucho español, pero no las palabras que se usan en el sexo… que expresaba en su francés original.

    Un sábado mis padres habían ido a la pileta dejándonos solos en mi dormitorio, respondí su beso como me pedía, haciendo los deberes…

    Mis manos recorrían acariciaban su nuca respondiendo a sus susurros… sobre su camisa de tela liviana sentía hasta las pecas de su piel… sentía su corpiño… mis manos se desesperaban, llegaba a su cola que acariciaba a través de su pantalón muy suelto… ella solo decía en su adorable francés “lentement”… prolongando mi deseo… más cuando no encontraba evidencias de una bombacha, ni siquiera una pequeña tanga entre mis deseos y su piel… su cola… su vagina…

    Su habilidad y cuerpo bien formado de gimnasta, donde nada esta flojo parecía más fuerte que yo, y realmente lo era. Lo mostro al tumbarme y sujetarme en la cama impidiendo que mueva mis manos inquietas, aprovechando a besar mi cuello… llevar su lengua a mi oreja diciendo en su mejor español que hoy se cobraría los mimos que debía, me enseñaría como complacer del mejor modo sin dejarla con las ganas como la vez anterior. Que haría que mi biloute (pene) se comportara…

    La muy turra me hacía calentar muchísimo, ya estaba con mi pija (biloute para ella) al tope y por más que quiero pensar en palabras suaves en este momento al recrear aquellos momentos no me salen otras… me sentía ardiendo en leche, con tremendas ganas de tener mi primera cogida en serio… poder hacerla mía, y ser juguete de aquella seductora francesita que había robado mi inocencia.

    Su pierna entre las mías apretaba con fuerza mi pene (biloute) con fuerza, frotándolo y haciéndolo crecer increíblemente, se quería salir del short que aun llevaba puesto.

    Besaba mi cuello, mis orejas, mi boca y bajaba desabrochando mi camisa hasta mi pecho, besándome poco a poco y diciéndome cosas… “Super! C’est top!” (Eres lo máximo)… se detuvo en mis pezones y mientras me miraba de reojo le pasaba uno a la lengua… diciéndome “Ça vous dit…?” (¿te gusta?)… Besó mis pezones y recorrió mi pecho, ya con bello, que enredaba con su lengua… una y otra vez… llegando casi a mis axilas que insinuaba besar retirándose rápidamente. Me estaba volviendo loco… Me decía “C’est de la balle!” (esta genial) y me pedía lo mismo en su “Chatte” (Concha), y que ella deseaba besar mi Zizi y Couille (pene y testículos)… Traducciones que supe después…

    Seguía besándome e impidiendo que mis manos bajaran hasta que llego a mi ombligo y allí aproveche a liberarme mis manos que fueron a tomar su cola… las introduje en su pantalón y sentí sus nalgas en mis manos suaves, duras, al mismo tiempo, al bajar ella a mi short besaba mi pene a través de la tela… haciéndome desear que lo haga suyo… aprovechando a bajar su pantalón quedando su cola blanca ante mis ojos y viendo entre sus piernas que asomaba su vagina deliciosa.

    En ese momento se recompuso… salió la profe sexi impidiendo que siga mi faena, frenándome y nuevamente dominando la situación… imponiéndose para mostrar cómo debía hacer las cosas.

    “lentement” me volvió a decir y con suavidad me acostó a su lado y comenzó a besarme con dedicación todo mi pecho hasta llegar a mi boca invitando a que sea yo ahora el que recorra su pecho al cual fui bajando… facilitando mi tarea al desabrochar su brazier por delante y dejar sus hermosos pechos a mi vista… y mis labios.

    Jugué con sus pezones que se tornaban cada vez más duros y grandes, haciendo visible la aureola de sus pezones un poco más oscuro que su blanca piel. Me sentía un bebe clamando por su alimento, y una mama deseosa de dar mimos dando su aprobación… sintiendo su piel en mi lengua, y mi boca ceñida a sus pechos que ella toma y daba en alimento pidiendo más y más.

    Siguiendo sus enseñanzas de la primera vez soplo con picardía para despertar aún más su deseo y paso la lengua sintiendo la firmeza de sus pechos, que firmes y blancos siento ser el primero en besar con tanto placer.

    Besaba sus pechos… seguí hacia abajo… llegue a su ombligo jugando en ese ojito tan precoz y sensible… y Loreley en dulce francés que dice “Ça marche! Ça roule!” (Dale, dale, me gusta esa idea!)… y al no saber francés me quedo jugando sin conocer su mayor deseo… llegar a su vagina… y me dice “besitos… chatte (Concha)… chatte”… sus susurros me siguen incitando y trato de bajar a su pantalón sabiendo que es lo único que me separa de su sexo… pero es ella la que me guía por encima, queriendo que primero adivine sus pliegues a través de la tela… con su vagina que se marcaba a través de ese pantalón blanco… mis labios la recorren por fuera y siento sus susurros de placer al tiempo que decía… “nickel!! Nickel…!” (que sabía que era su señal de aprobación).

    Con la humedad de mi boca sus labios vaginales se hicieron aún más visibles marcados… además de estar muy mojados por sus flujos vaginales, muestra de su excitación que note sus manos tomando mi cabeza, que llevaba a su concha, revolcándose para que su pantalón se deslice hacia abajo.

    En ese momento lo sentí, un exquisito aroma que jamás borre de mi mente el olor a concha excitada, sus feromonas desprendían un aroma inigualable y que llevaba mi calentura al máximo… sin saber mucho que hacer atine a mirar sin tocar su hermosa vagina, con sus pequeños labios vaginales que solo vistos en alguna porno… eran rosados, dulces, insinuantes como lengua saliendo de un cálida boca… y ella me guio diciendo “besa… beso francés a mi chatte…”, toque con mi lengua esos labios y ella se estremece en un “Mon Dieu!! Siiii” que no necesitó traducción.

    Mi ansiedad de ese día me llevo a dar mimos en el modo que lo sentía… otro día comentare que hacer una primera vez, enseñanzas para causar infinito deseo, pero en ese momento comencé con mi lengua a saborear esa vagina, mientras sentía que mi pene estaba cada vez más duro y a punto de explotar.

    Disfrutaba cada vez más mis labios sobre su vagina, porque apretaba mi cabeza sobre sus genitales, sentí jugos exquisitos que invadían mis boca, y alternaba mis besos de lengua que se introducía una y otra vez cual pequeño pene en su primer coito, con muchas ganas y ella disfrutando como queriendo sentir más y más. Había algo mas y use mis dedos para investigar ese pequeño grano que se fue agrandando con mi lengua, mis dedos ayudaban como podían al trabajo de mi lengua, para que su clítoris se excitara cada vez más…

    Con mis caricias jadeaba y gemía y descubrí una parte de su cavidad que la llevaba a una máxima excitación y a esa parte dediqué mi esfuerzo y ella solo decía expresiones en francés “Oh la vache!” que al principio me desubicaron por su traducción textual pero después comprendí.

    Sus gemidos eran combinados con pequeños chorros que salían de su vulva y desconocía que existía la eyaculación femenina, pero la disfrutaba, tragándola primero, en mi rostro después, para calmar mi sed de sexo… al menos por el momento.

    Ella se veía excitadísima y muy cansada… como extenuada y solo atinó a decir “Creve… demasiado… estaba fuera de estado… maravilloso” señal que estaba muy complacida pero era yo el que sentía que mi short estaba demasiado apretado… ella noto mi indirecta pues dulcemente bajo por mi pecho y acaricio mi short tirándolo hacia abajo lo que dejo al descubierto mi pene que se veía enorme y reluciente, por lo caliente que estaba de tanto placer recibido y que le hizo expresar “Mon cul c’est du poulet” (no te puedo creer) que al traducirme hincho también mi orgullo…

    Lore tomo mi pene en su mano… suavemente lo acaricio y con sus ojos entornado hacia mí, acerco suavemente sus labios que se posaron muy suavemente, y sin quitar la mirada de mis ojos con la punta de la lengua toco la piel del pene que estirada mostraba mis venas y un glande a punto de estallar. Su saliva era exquisito lubricante de mis deseos… levemente hacía sentir sus dientes sobre mi miembro erecto, que comenzó a introducir en su boca sintiendo que esa penetración como la mejor cogida de mi vida, al entrar en el candor de su cavidad, cual si fuera una vagina.

    Sentía mi pija llegar a lo más profundo de su garganta, y al salir disfrutaba de ver mi glande empapado que alternando sus miradas entre él y mis ojos que brillaban de felicidad… comenzó a meter y sacar el miembro lentamente, y luego cada vez más rápidamente donde sus labios eran mordazas de placer… Puedo haber tardado segundo o días, pero lo que quería era aguantar ese orgasmo continuo que me producía tanto placer.

    Sentía que con su mano tomaba mis testículos y los acariciaba suavemente, hasta que en un momento bajo con sus labios introduciéndolos en su boca haciéndolos vibrar mientras la mano sacudía la verga delante de sus ojos que seguían mis reacciones con su mirada.

    Ya estaba en el máximo de placer…a punto de explotar …y con dulzura y ojos de deseo me dijo “… quiero… dame tu lait… quiero lait“ (leche) y sentí que no podía aguantar más ante semejante pedido, más cuando con su mano libre acaricio mi pecho y metiendo su mano en mi boca se la humedeció y la llevo a mis tetillas que tomo con delicadamente pero con firmeza, haciéndome sentir un orgasmo completo que cubrió de leche su cara y saliendo en ese momento la contención de años de deseo.

    No sé cuánto duró, pero mi cuerpo se estremecía una y otra vez mientras ella seguía accionando sobre mi pene, y mis tetillas… sentía que no iba a terminar nunca… pero cuando me fui calmando vi como con la punta de su lengua lamia los restos de ese líquido blanco que marcaba el deseo consumado de muchos años.

    Luego subió y dulcemente me beso y se reclino en mi pecho descansando de tan agitada sesión de sexo. Muchas veces se repitió, pero nunca olvidare aquella primera vez.

    Y muy bueno sería que comenten que les parece esta experiencia vivida hace muchos años y hoy en pandemia me animo a describir en capítulos, y los comentarios harán que siga describiendo estos interesantes capítulos de vida… que mientras más sexual, más divertida.

  • Rose Mary (Capítulo 6)

    Rose Mary (Capítulo 6)

    Al día siguiente le tocaba trabajar de día, así que la vi salir a las 9:00 de la mañana y subirse a un taxi. Seguramente pasó rápido para que yo no la vea.

    Pero era imposible que escape, yo tenía suficientes evidencias para que hiciera lo que yo quisiera por el resto del mes.

    Soy sincero, estuve enamorado de ese culo desde la primera vez que lo vi; tenía que hacerlo mío. Fui a un sex shop y compré lubricante, y me dispuse a esperar a Rose Mary hasta que vuelva.

    A las 19:40 paró un taxi, la rubia hermosa bajó rápidamente y subió las escaleras hacia su departamento.

    La dejé subir y le di unos minutos para ponerse más cómoda. Miraba por las cámaras sus movimientos, entró a su habitación busco ropa y una toalla y entró a darse una ducha que duró aproximadamente unos 15 minutos. Bien limpita como estaba se acostó en su cama a ver televisión. Ahora ya estaba, era hora de subir y pasar a la acción.

    Usé mi llave maestra y entré a su departamento; se pegó un susto cuando me vio entrar a su habitación. Pero no dijo nada, estaba callada, sabía que debía relajarse y disfrutar hasta que termine.

    No hablé, directamente fui hasta donde estaba ella y suavemente le saqué su remera para dejar sus tetitas al aire. Le agarré la cabeza para que no se escapara y sin darle tiempo a reaccionar le di un beso en la boca metiéndole toda la lengua que pude mientras le acariciaba los pezones. Ella no luchó, estaba resignada, se quedó quietita dejando que mi lengua penetre sus labios hasta la garganta.

    La hice acostar empujándola hacia atrás y fui besando cada centímetro de su cuerpo desde el cuello, pasando por las tetas y el abdomen, hasta llegar a su conchita. Le saqué cuidadosamente su short y la bombachita y la dejé totalmente desnuda. Ella cerraba los ojos y me dejaba hacer. Empecé a pasarle la lengua por sus labios vaginales y el clítoris mientras que ella se movía de manera de hacer saber que estaba disfrutando. Le acerqué la mano derecha al clítoris y con su dedo índice le hice hacer el movimiento para masturbarse. Le susurré:

    – Seguí vos mientras me saco la ropa.

    Obediente, empezó a masturbarse suavemente mientras yo me desvestía.

    Una vez completamente desnudo me puse encima de ella, le abrí bien las piernas y la penetré suavemente. Desde el momento en que la penetré empezó a respirar más fuerte dando a entender lo excitada que estaba. Me la empecé a coger en esa posición y ella acompañaba como podía con sus caderas los movimientos. No tardó en llegar al orgasmo en esa posición moviéndose violentamente y agarrándome de mis caderas para que me la coja más fuerte. Nunca la había visto tan caliente.

    Pese a haber tenido su orgasmo, la di vuelta la puse en cuatro patas y se la metí otra vez. Ella no parecía haber perdido las ganas, al contrario, desde que se la puse empezó a moverse acercando el culo todo lo que podía hacia mí para que la pija le entre bien al fondo. Yo le abría las nalgas todo lo que podía para observar mi objetivo final. Mientras me la cogía agarré el lubricante que había dejado al lado mío cuando me saqué la ropa y le puse un buen chorro en el ano que empecé a esparcir mientras yo seguía con los movimientos y ella parecía que iba a tener otro orgasmo. Pero antes que acabe otra vez se la saqué.

    – Abrite las nalgas Rose Mary que quiero metértela por el culo.

    – Me va a doler…

    – No, vos solo relájate y vas a ver que te va a gustar.

    Ella abrió las nalgas para dejar el ano a mi disposición, me puse lubricante en un dedo y se lo metí para lubricar su esfínter. Ella movía el culo, se notaba que estaba incomoda con mi dedo adentro suyo. Le saqué el dedo y me puse bastante lubricante en la pija para no lastimarla, apunte a su orificio y cuando estaba entrando la punta Rose Mary se alejó susurrando:

    – Ay!

    – Rose Mary relajá los músculos porque te la voy a meter igual, te duela o no.

    Ella relajó un poco el esfínter y le metí toda la cabeza hasta el glande.

    – Eso Rose Mary relájate para que se acostumbre. Ya no sos virgen por ningún agujero.

    Quedé unos segundos con la cabeza metida y empecé a empujar un poco más adentro. Ahí empecé el movimiento despacio metiendo y sacando hasta la mitad de la pija, pero cada vez que metía le introducía un pedazo más grande. Ella estaba desorientada, descubriendo que no era tan doloroso eso que le estaba haciendo.

    En un momento se la metí toda, hasta que desapareció entera dentro de su hermoso y desvirgado culo.

    – Uhhh Rose Mary la tenés toda adentro del culo… Que gusto que da… Como me gusta metértela por el culo… aaahhh…!!

    Mis movimientos eran ahora más rápidos ya que se había dilatado hasta aceptar toda la circunferencia de mi pija. Estiré mi brazo a mi costado y agarré la cámara de video para hacer una toma desde arriba mostrando como entraba toda en el culo de Rose Mary. Sin dejar de filmar se la saqué por un par de segundos solo para que se vea el ano dilatado. Era hermoso, el agujero del tamaño de mi pija negro y abierto, y volvía a metérsela del tirón.

    – Ahhh Rose Mary, tenés el agujero del culo totalmente abierto… que ganas le tenía… esto es un sueño hecho realidad…

    Ella no decía nada, solo respiraba profundamente y recibía sumisa todo mi pene adentro suyo.

    Yo ya no podía más, la presión del esfínter sobre mi pija hacía que esté por llegar al orgasmo.

    Aceleré el ritmo desesperado hasta que llegué al placer máximo y empecé a eyacular bien en el fondo del culo de Rose Mary.

    – Aaaahhh… que bueno Rose Mary… te estoy llenando el culo de leche… que buen culo que tenés… que puta que sos… uuuhhh… lo tenés lleno de leche!…

    Fui terminando hasta vaciar la última gota. Agarré mi cámara para sacársela y filmar el semen en el culo.

    – Quedate en esa posición Rose Mary, no te vayas a mover…

    Se la saqué y le filmé el culo bien de cerca, con el semen adentro y a medida que se iba contrayendo, unos hilitos de leche quedaron afuera.

    – Huy Rose Mary que bueno que estuvo, te tengo que mostrar el video para que veas el culo hermoso y abierto que tenés.

    Ella ya se había relajado y había quedado tendida en la cama sin entender muy bien lo que había pasado, habiendo disfrutado de un orgasmo y después haber recibido por primera vez en el culo. Ella en el fondo estaba preocupada por una cosa, que recibir por el culo no le había disgustado y se estaba sorprendiendo de las cosas que estaba haciendo.

    Ella quedó acostada con el culo lleno de leche, yo me vestí y me fui despidiéndome de ella.

    – Que buen culo que tenés Rose Mary, seguro que te gustó, por algo no te quejaste mucho. Lo tenemos que repetir.

    Y me fui a mi casa a ver el video varias veces.

  • Mis vacaciones en Venezuela

    Mis vacaciones en Venezuela

    Desde hace un tiempo que conozco a Néstor un buen amigo de Venezuela que conocí por el chat de una página de relatos solo que a las que conocí primero a través de esa página fue a sus hijas y después a él, desde ese momento inicio una gran amistad entre nosotros. Lo que se de mi amigo es que es viudo, padre de 3 hermosas chicas a las cuales ama profundamente y vaya que las ama, porque lo primero que supe a través de sus hijas es que aparte de ser su padre es su hombre, así es su hombre, al principio quedé sorprendido e impactado no lo negaré, pero también emocionado.

    Después mi amigo Néstor me explico cómo había iniciado todo y entendí que era un gran hombre que había criado a tres chicas él solo, sacarlas adelante con mucho esfuerzo y dedicación desde ese momento sus hijas empezaron a mirarlo no solo con admiración sino también como hombre.

    Las tres en un momento entendieron que el esfuerzo de su padre y el tiempo que estuvo solo lo había en cierta manera cansado por lo cual ellas lo veían con más admiración y como hombre quizás porque desprendía la misma sensualidad, radiantes y humildad con la cual su madre se había enamorado de él, mucho tiempo después los cuatro comenzarían hasta el día de hoy con la mayor aventura de sus vidas.

    Un día le hablé a Néstor por una llamada de la aplicación telegram con la cual nos mantenemos en contacto, le dije que pronto saldría de vacaciones y que me gustaría ir a Venezuela a conocerlos finalmente a él y a sus hijas, mi amigo se emocionó y me dijo que sería bienvenido en su casa le dije que llegaría una semana antes del cumpleaños de su hija mayor que se llama Ariana, así que después de colgar empecé a hacer mis maletas y preparar la documentación para por fin salir rumbo a mi destino, después de unos días estaba abordando el avión directo hacia Venezuela.

    Llegué el día pactado y estando en el interior del aeropuerto le envié un mensaje a mi amigo inmediatamente el respondió diciéndome que ya iba en camino a recogerme que le dijera como iba vestido para poder identificarme, después de unos 25 minutos llego mi amigo me vio de lejos y me reconoció y por fin después de varios meses nos pudimos dar un fuerte abrazo pero sobre todo conocernos personalmente.

    Néstor: ¿cómo estas mano? Por fin gusto en conocerte en persona

    Leo: bien carnal, si verdad por fin después de varios meses por el Telegram jajaja

    Néstor: jajaja pero ya estás aquí hermano ahora a disfrutar estos días de vacaciones

    Leo: claro hermano eso ni lo dudes

    Néstor: vamos te llevare a mi casa para que conozcas a mis hijas

    Leo: vamos pues Carnal

    Nos fuimos directo a su camioneta metimos mis maletas en la parte trasera y después nos dirigimos a su casa todo el trayecto fue tranquilo me preguntaba cómo había sido el viaje que tal estaba México por si en un futuro él y sus nenas se animaban a ir de vacaciones para allá, todo fue tranquilo hasta que llegamos a su casa, entramos dejamos las maletas y en esos momentos mi amigo llamo a sus hijas a la sala.

    Néstor: mis amores ya llegamos

    En ese momento salieron las 3 hijas de mi amigo y vaya que eran unas bellezas una cosa era mirarlas por fotografía, pero otra muy diferente fue mirarlas en directo de verdad las 3 eran muy finas, hermosas y radiantes como me lo había dicho mi amigo.

    Néstor: mira hermano te presento a mis hijas ellas son: Ariana mi hija mayor, Beatriz mi hija de en medio y Bethania mi hija menor son mis 3 tesoros los amores de mi vida.

    Las tres sonrieron coquetamente y abrazaron a su papá, el cual les dijo:

    Néstor: mis amores él es Leo mi amigo de México

    Las tres me saludaron y me dieron un beso de bienvenida después mi amigo me dijo:

    Néstor: pues bueno mi hermano que quieres hacer dime

    Leo: pues quisiera conocer un poco la ciudad ya que lo que conocido actualmente solo ha sido el avión jajaja

    Néstor: tienes razón espéranos un rato nos arreglamos y salimos.

    Los cuatro se fueron a preparar para salir a dar una vuelta y minutos después salimos a pasear, me llevaron a conocer la ciudad donde vivían de verdad era una ciudad muy hermosa, nos divertimos mucho fuimos a bailar y muchas cosas más para disfrutar mis vacaciones, después regresamos a la casa de Néstor y le dije que quería descansar que después de 5 horas y media de viaje desde México me habían cansado un poco pero que mañana le seguiríamos él me dijo que estaba bien por lo cual me llevo a un cuarto de huéspedes que tenían y me dispuse a descansar.

    Esa noche entrando ya la madrugada me desperté ya que creí oír unos ruidos muy raros así que me levante y me dirigí hacia donde se escuchaban los ruidos que venían del cuarto de Néstor y al acercarme más pude notar que se trataban de gemidos de una mujer o más bien dicho de 3 mujeres.

    Mmmm aaaa asiii ricooo

    Síguele sigue sigueee no pares papiiii

    Dameee dameee rico mmmm

    Me acerco a la puerta la abro despacio y vaya sorpresa que me llevo al ver a Néstor cogiendo con Ariana mientras que Beatriz y Bethania estaban a un lado de ellos dándose placer mutuamente debo decir que yo estaba al tanto de la relación incestuosa de mi amigo con sus hijas pero no es lo mismo verlo escrito en Telegram, que verlo en persona directamente, la verdad fue la sensación más placentera y candente de mi vida, Ariana estaba que reventaba de placer ante las estocadas que le daba su padre

    Ariana: ay asiii rico dameee papiii no pares

    Ariana gemía intensamente hasta que estallo en un tremendo orgasmo mi amigo de verdad que se había lucido había reventado de placer a su hija pero parecía que Néstor quería más y no me equivoque se levantó con unas ganas y como un león fue de inmediato por su segunda presa en este caso era Beatriz que estaba comiéndole los pechos a su hermana Bethania se acercó a ella y como estaba de espaldas la beso lentamente pasando sus manos por todo su cuerpo la volteo la beso en la boca, después la tomo en sus brazos quedando ambos prensados y de inmediato Néstor paso al ataque comenzando a darle múltiples bombeadas a Beatriz.

    Beatriz: Aaaa

    Mi pene de inmediato comenzó a reaccionar y sin darme cuenta ya lo tenía completamente erecto sentía unas ganas de entrar y unirme a mi amigo en la faena pero aun no me sentía con la confianza no sé que me pasaba así que mejor seguí participando desde las gradas jajajaja, debo decir que Néstor a sus 42 años es un hombre en forma con sus 1.82 de estatura y complexión atlética vaya que tenía la energía suficiente para complacer a sus 3 mujeres.

    Sentía unas ganas tremendas de entrar y acompañarlos pero como dije no quise sentirme con tanta confianza así que decidí retirarme al cuarto a dormir, durante el resto de la noche seguía escuchando los gemidos de las chicas al parecer Néstor ya había comenzado a darle su dosis a la pequeña Bethania y vaya que al escucharlas a las 3 no me había equivocado son unas tremendas hembras

    A la mañana siguiente me despierto con una gran sensación de placer en todo el cuerpo sobre todo en mi pene, el solo tener la imagen de mi amigo y sus hijas disfrutando de un momento muy candente me habían dejado totalmente cachondo y no sabía que pasaría al estar así.

    Me dirijo hacia la cocina por un vaso de agua ya que aunque los cuartos de la casa de mi amigo estaban con aires acondicionados me sentía muy acalorado y no era fiebre lo que sentía era otra cosa creía yo en fin no le tome importancia.

    Al llegar a la cocina mi sorpresa fue extraordinaria al encontrarme ahí mismo con Ariana la hija mayor de mi amigo esa belleza con un cuerpo de amazona sus 1.71 de estatura, sus pechos redondos como un par de melones bien jugosos, su piel blanca como la leche y sus piernas bien torneadas pero sobre todo sus ojos que hipnotizan, estaba ella ahí tomándose una taza de café solo traía puesta una bata de dormir se le notaba que no traía brassier porque se le alcanzaban a notar sus pezones que seguían erectos

    Ariana: buenos días Leo ¿Cómo amaneciste?

    Leo: bien muy bien y tu papá y tus hermanas

    Ariana: están durmiendo aun, están aprovechando las vacaciones y descansando mas jajaja

    Leo: ah ya veo pero al parecer tú eres más madrugadora no es así

    Ariana: puede ser jajaja, quieres algo de desayunar

    Leo: si está bien

    Ariana: siéntate te prepare un café mientras está listo el desayuno

    Me senté en la mesa mientras Ariana preparaba el desayuno pero en esos momentos la imagen de ella disfrutando la noche anterior con su padre y sus hermanas invadió mi cabeza no podía pensar en otra cosa, en mi mente solo estaban los intensos gemidos de las hijas de Néstor sobre todo los de Ariana, pero que haría la tenía cerca pero no quería tomarme nada a la ligera, dije a mi mismo ya no puedo más así que decidí arriesgarme y que pasara lo que pasara.

    Me dirigí hacia la cocina nuevamente y contemple a Ariana, nuevamente el deseo invadió mi cuerpo sin mencionar que mi pene ya estaba completamente erecto, así que me acerque a ella me le puse por detrás y con suavidad comencé acariciar su cuerpo de amazona vaya que era muy excitante, ella al sentir mis manos recorrer su cuerpo reacciono pero no negativamente al contrario comenzaba a corresponder a mis caricias, lentamente pasaba mis manos por su cuerpo, le empecé a quitar la bata y efectivamente no traía brassier con mis manos masajeé esos bellos pechos además apretaba sus ricos pezones ya erectos mientras Ariana comenzaba a danzar provocativamente y yo siguiéndole el ritmo, con sus manos dirigió mi mano derecha hacia su vagina y la empecé a masturbar por encima de su diminuta tanga para después meterla y acariciar su bello tesoro desde adentro.

    Ariana: mmm así no pares así

    Eran las palabras de placer que salían de los labios de Ariana, la volteo y le quito la bata dejándola solo en su diminuta tanga de color rojo, ella de inmediato me quita la playera y me baja el pans, el bóxer y con sus manos comienza a masturbarme hasta dejarme más erecto el pene después la besé con mucha pasión, ella me abrazo, se subió a horcajadas sobre mí y movió sus caderas, me excitó demasiado eso, sentía una gran sensación muy placentera, no dejaba de moverse y de besarme, mi pene reacciono más a ella y cuando lo percibió dejó de abrazarme para bajar sus manos agarrar mi pene, hizo a un lado su pequeña, suave y sexy tanga para después meter mi pene en su ya dilatada y mojada vagina, cuando entró, ella gimió muy intenso

    Ariana: aahhh aahhh

    Se colgó de mí y movió sus caderas, me miró mientras lo hacía y vio mi cara de placer, eso hizo que intensificara sus movimientos, la sujete de las nalgas y me moví como loco, ella gimió más intenso al sentir mis estocadas en su vagina, continúe mis estocadas hasta sentir que me temblaran las piernas.

    Ariana era una diosa en el sexo y yo no quería fallarle en nada así que continúe bombeándola hasta que le arranque un intenso orgasmo.

    Ariana: ayyy que ricooo

    Mis bolas exigieron vaciarse y no me detuve, deje que mi semen se fuera directo al interior de su matriz. Terminé de eyacular y ella no se bajó de mí, siguió moviendo sus caderas suavemente, me miraba directamente y su mirada cambió, se volvió coqueta y tierna a la vez, ella aun me abrazaba, en eso ella me dice.

    Ariana: veo que lo que viste anoche te dejo con muchas ganas y no me equivoque

    Leo: que, no me digas que me viste

    Ariana: el que estuviera gritando de placer no quiere decir que no esté atenta en nada

    Leo: pues me descubriste nena jajaja

    Ariana: si niño travieso jajaja

    Sonrió me dio un tierno beso y se bajó de mi, no pude evitar el tomarla suavemente de su nuca y guiarla a mi verga, ella lejos de enojarse sonrió nuevamente y abrió su boca, permitiendo que entrara mi verga chupando las gotas de semen que me quedaron lo hiso de una manera tan asombrosa que me la dejo limpia, se levantó y le plantee un tremendo beso en la boca después iba bajando lentamente por su cuerpo pasando primero por sus pechos los chupe como si fueran una paleta después baje por su abdomen plano y hermoso hasta llegar a su vagina cubierta por esa diminuta tela de la tanga roja y con la boca le quite muy despacio la tanga dejando en libertad ese maravilloso tesoro que escurría las gotas de semen que unos instantes atrás le había depositado en su interior, ahí tenia a esa bella amazona totalmente desnuda frente a mi, dejo que se acomode bien en la pared de la cocina y después coloco mis labios en sus labios vaginales para comenzar a succionar delicadamente y luego aumentaba la intensidad, subía y aumentaba la intensidad de mis lamidas ya que quería que ella disfrutara en todo momento.

    Ariana: aaaaa

    Hasta que en ese momento le arranque otro orgasmo inundándome la cara con sus jugos íntimos, mi verga comenzó a erectarse una vez más ella lo vio pero me detuvo en ese instante.

    Leo: que pasa nena ya no quieres

    Ariana: si quiero, pero no aquí ven tengo una mejor idea

    Me toma de la mano y nos vamos directo a su cuarto y al entrar veo la sorpresa de que estaban Néstor, Beatriz y Bethania durmiendo aún muy acaramelados al parecer si estaban algo agotados después de su batalla jajaja ahí estaban los 3 muy juntos Néstor acostado en la cama cubierto solo por un bóxer mientras que Beatriz y Bethania estaban encima de él totalmente desnudas, no solo Ariana tenia cuerpo de Amazona candente también sus hermanas no se quedaban atrás no las había podido ver bien debido a la poca luz que tenían encendida en su cuarto la noche anterior pero ahora ya con la luz del amanecer pude apreciarlas placenteramente.

    Ariana me pide que me acueste en la cama y lo hago después ella se baja directo hacia mi verga y la comienza a mamar para después acomodarse encima de ella y comenzar a cabalgar como una jinete profesional gemía intensamente, sus gritos de placer se escuchaban en todo el cuarto, ahí estábamos los dos, Ariana cabalgándome al lado de su padre y sus hermanas al voltearlos a ver note que el pene de Néstor comenzó a dar señales de vida ya que rápidamente se erecto tal vez los gemidos de su hija lo despertaron o estaba soñando, no sabía si mi amigo se hacia el dormido o estaba teniendo un sueño húmedo el caso es que no era el único al aumentar más la intensidad de mis bombeadas Ariana comenzó a gemir mas fuerte sus hermanas empezaron a notarlo ya que ellas también gemían casi al mismo ritmo de su hermana

    Se bajaron de encima de su padre y comenzaron a masturbarse ambas estabas bien cachondas pero no se estaban soñando o ya estaban despiertas mientras el pene de Néstor ya estaba completamente erecto, Ariana seguía encima de mi cabalgándome en eso ella con sonrisa coquetona me dice:

    Ariana: te quieres coger a mis hermanas verdad travieso

    Leo: si nena al igual que te quiero seguir cogiendo a ti

    Ariana: pues qué esperas bebe, disfrútalas mientras me voy con mi papi que quiero darle su desayuno

    Ariana fue directo hacia su padre como una pantera en busca de su presa fue directo hacia su bóxer se lo bajo despacio y con caricias hasta dejar libre el ya erecto pene de su padre muy lentamente lo fue devorando hasta tragárselo entero yo seguía pensando que mi amigo solo se hacia el dormido pero deje que siguiera así.

    Me acerque directo hacia Bethania que era la que estaba más abierta ella igual estaba en la situación de su padre no sabía si estaba soñando o solo se hacia la dormida pero decidí pasar en alto eso yo quería disfrutar ese momento al igual que Ariana que ya se había devorado por completo el pene de Néstor y resultaba tener efectos ya que mi amigo estaba disfrutando en todo momento aunque tenía los ojos cerrados

    Néstor: así mami así que rico continua es todo tuyo mi niña cometelooo

    Eran las palabras de mi amigo, comencé a masturbar a Bethania mientras su hermana mayor devoraba el pene de su padre y masturbaba a su hermana pude notar que estaba muy mojada y a parte se acariciaba mucho los pechos, no dude en comenzar apunte mi verga directo en su vagina y de un empujón se la introduje haciendo que ella pegara un grito muy fuerte combinado con placer y algo de dolor pero fue lo suficiente para que abriera los ojos pero sus actitud no mostraba signos de enojo sino de placer solo que en esos momentos me dijo:

    Bethania: no me des tan duro mi amor suavecito primero siii

    Esas palabras confirmaron mis sospechas de que solo se hacían los dormidos no sé si lo habían planeado pero mejor empezamos a disfrutar eso si en esos momentos les dije:

    Leo: ya despiértense ya los chache jejeje

    Néstor: está bien hermano nos descubriste

    Leo: luego me dices hermano lo primero es lo primero hay que consentir a estas diosas del sexo

    Néstor: pues adelante mano

    En esos momentos todo cambio y empezó la batalla del placer entre mi amigo Néstor y yo contra sus 3 mujeres y vaya que sería de lo más candente, Mis dedos hurgaron el culo de Bethania ya que quería poder cogérmela por ahí y cuando logré meter tres, supe que estaba lista, la puse en cuatro sobre la cama y mi glande se atoró en su culo para después entrar, cuando sentí como la base de mi verga fue abrazada por su culo, la bombee como ella ya estaba acostumbrada, la sostuve fuerte, me sentí muy excitado con ella, me acerque y besé su espalda, tuve que doblarme mucho para hacerlo, lengüetee su cuello y estuve a punto de hacerle una marca en su cuello pero me detuve porque no sabía si eso le gustaba y no quería causarle un disgusto por lo que seguí penetrándola una y otra vez, sacándole intensos gemidos estaba en la gloria, gruñí cuando sentí como mi leche llenaba su culo, ella mordía un cojín de la sala, los dos tuvimos nuestro orgasmo de forma intensa y muy deliciosa.

    La besé mucho, ella me correspondió, la lleve cargada hacia donde estaba Beatriz, la puse encima de ella y les devore sus ricas vaginas como la cama era grande me acosté entre las dos abrace a Beatriz y la bese en la boca, mi pene se volvió a erectar, sentí muy rico, mientras Ariana empezaba a cabalgar a su padre.

    Mientras besaba a Beatriz mi mano se perdió dentro de la vagina de Bethania y sentí la humedad, mi mano masturbó su vagina y ella nublo su vista, su boca se abrió y su entrecejo se frunció, un gemido escapo de su boca, sus dos manos sostenían la mano con al que la masturbaba, pero no para detenerme, al contrario, parecían querer sostener y retener mi mano dentro de su mojada vagina, apreté su clítoris entre mis dedos y ella gimió con mucha intensidad.

    Bethania: aaaa

    Leo: aaaaa

    Ahora el que gimió fui yo al sentir la tibia boca de Bethania rodear mi verga y empezar a mamarla con el entusiasmo que tenía, sostuve su cabeza mientras besaba a su hermana y no pude evitar meter mis dedos entre su cabello tiernamente, sintiendo como ella movía su cabeza metiendo y sacando mi verga de su boca, mientras acariciaba mis huevos con una mano.

    Por su parte Beatriz se sube encima de mi cara para que le comiera su rico tesoro y sin dudarlo me lance al ataque, Bethania se levantó, sus piernas le temblaban, estaba toda mojada, levantó su pierna acomodándose y se sentó sobre mí, tomó mi verga y la guio su mojada vagina.

    Bethania: Ah mi amor, no sabes que rico te siento dentro de mí

    Gimió tan intenso estaba tan perdida en el placer, yo estaba igual de excitado y sentía bien tener el cuerpo de esas dos amazonas encima mío, me movía de arriba abajo sincronizado a los movimientos de ellas, gemíamos los tres.

    El otro lado Néstor y Ariana no perdían ningún momento en disfrutar ella era toda una profesional cuando se trataba de mamar la verga de su padre, mi amigo como que se cansó de la mamada y se levantó, mientras lo hizo su hija siguió mamándolo, no saco el pene de su boca y nunca lo dejo de masturbar, se quedó pegada a él como lo haría un becerro de la ubre de su madre que a pesar de que ella camina el becerro no se desprende y camina junto a ella.

    Mi compadre Néstor quedo completamente de pie y Ariana casi estirada para poder seguirlo mamando, la sujeto de la nuca y se movió obscenamente de atrás hacia adelanta como cogiéndosela, lo hiso muy fuerte, tanto que la cabeza Ariana rebotaba con el pene de su padre dentro, él se reía con perversión mientras lo hacía, se la sacó y su hija lejos de enojarse le mamo los huevos, metiéndoselos a la boca alternadamente.

    Mi carnal la jaló de los cabellos y la puso de pie, se agacho un poco y la beso metiéndole la lengua, mientras lo hiso Ariana se apoderó de su verga y lo masturbo, él la retiro y la hinco en la cama y ella al hacerlo separo sus piernas, levanto su culo y se sujetó del respaldo con las manos.

    Néstor se colocó atrás de ella y con su mano guio su verga hacia la raja de su hija, la verga entro hasta la mitad en el primer empuje, el segundo metió tres cuartas partes y en la tercera la metió toda, cuando lo hiso Ariana levanto su cabeza como si quisiera mirar el cielo y tal vez, por como gimió que hasta yo la escuche, si lo había visto.

    Él empezó un mete y saca moderado, lo hacía con ritmo y potencia, las nalgas de mi mujer vibraban a cada golpe que él le daba, mi mujer gemía intensamente, se movía de un lado a otro se sujetaba las nalgas, se acariciaba ella sola las tetas, mi compadre seguía en lo suyo.

    Mi compadre Néstor se detuvo y se la saco, ella se volteó cuando vi como ella metió la verga en su boca, no le importo que estuviera llena de moco vaginal, la mamó un buen rato y después él algo le dijo porque regreso a su posición, solo que embarró saliva en su cola, cada vez más Ariana estaba dejando que su padre le metiera la verga en el culo y al parecer le encantaba que lo hiciera.

    La sujeto muy fuerte de la cadera y del hombro, ella hiso mil gestos y finalmente abrió su boca como si sintiera algo fuertemente cuando mi compadre salvajemente se la metió hasta el fondo, la pobre respiraba como si fuera un parto, pero no se quejaba, de repente él se movió una vez más, se la saco un poco solo para regresar a metérsela toda, escuche un grito de dolor de ella pero no lo retiró, él algo le dijo y ella asintió, se la sacó de un jalón y Ariana nuevamente se metió al verga en la boca y la mamó, aunque no parecía propiamente una mamada, más parecía una técnica depurada de lubricación, la embarro toda de saliva con la lengua y cuando estuvo toda babosa, se volvió a empinar y abrió sus nalgas, no sin antes embarrar más saliva en su culo, mi compadre ni tardado ni perezoso se la metió de nuevo, ella lanzó un chillido intenso pero eso no lo detuvo, la culeo un buen rato.

    Ariana chillaba mucho siendo sodomizada por su padre, yo estaba como un salvaje en lo mío con Beatriz y con Bethania mientras su papá hacia lo mismo con su hermana mayor, él se encorvó un poco se la metió muy profundo y rápido, Ariana seguía gritando pero llena de placer.

    Ella no lo quitaba al contrario cuando él la beso en su nuca, ella lo acarició con su mano, era una hembra dominada por su macho, no importaba su dolor, solo importaba complacerlo. Mi compadre aceleró más sus bombeadas y como si eso fuera posible arremetió muy duro en el culo de su hija, ella agachó su cabeza, pero después la enderezo y la volteo hacía arriba cuando de repente Néstor empezó a dar signos de que estaba eyaculando en el culo de su hija, gimieron los dos, mientras Ariana miraba al cielo, al parecer estaba de nuevo en el paraíso.

    Mientras tanto yo estaba disfrutando al máximo con Beatriz y Bethania el escuchar los gritos de placer de Néstor y su hija mayor no me desanimaron al contrario me animaron más y me sentí más lleno de vigor por lo cual no decepcionaría a ese par de hermosas hembras diosas del sexo.

    Me pare de la cama, le dije a Beatriz y a Bethania que se pusieran en posición de 4 una encima de la otra, le pedí a Ariana que me lubricara mi verga para tenerla lista para sus hermanas, ella rápidamente se paró como pudo ya que le temblaban las piernas después de la increíble cogida que le había dado su padre se acercó hacia mí y me comenzó a mamar hasta dejarme la verga bien lubricada y lista para empalar a sus hermanas.

    Teniendo lista mi verga la apunto primero hacia la vagina de Beatriz y comienzo a bombearla de una manera bien bestial mientras besaba la espalda y nuca de Bethania la saco y le doy sus bombeadas a la mas chica de las hijas de mi compadre Néstor (aunque no sea padrino de ninguna de sus hijas en México siempre a un gran amigo se le dice eres mi compadre, no importando que no haya bautizado a uno de sus hijos)

    Seguía alternando una a una a las dos seguía y seguía siempre dándole a cada una su buena dosis y arrancándole intensos gemidos de placer hasta bañar toda la cama con sus jugos íntimos.

    Bethania: ay siiii Leandroooo que ricooo

    Beatriz: asiiii no paresss rico

    Desde las gradas Néstor y Ariana observaban placenteramente, él estaba sentado en el sofá mientras ella estaba encima de él masturbándolo y Néstor hacia lo mismo con ella y además besaba cada parte de su cuerpo lentamente gozándola a cada momento en eso me tiro encima de Beatriz la beso de la espalda hacia su cuello hasta que mi boca quedo pegada en él, mi boca se abrió y besé su cuello, lo chupé un poco y ella gimió de forma intensa.

    Beatriz: ah si mi amor, chúpalo… chúpalo mucho, si… así… mas

    Beatriz abría su boca desesperada al sentir mi succión en su cuello la verdad no me esperaba que a ella le gustaba eso pero estaba tan caliente que no me detuve, elevó su cabeza para dar total facilidad a mi boca que succionó mucho hasta que su piel se marcó, tuvo su orgasmo con mi verga penetrándole la vagina y mi boca marcando su cuello, le saque la verga a Beatriz que ya había explotado en un intenso orgasmo y me dejo que finalizara con su hermana la cual se acomodó mientras que yo atacaba su vagina y succionaba sus pezones en vez de su cuello fue tanta la intensidad que conseguí que ella también explotara en un orgasmo al dejarle bien rojos sus ricos pezones.

    En ese momento sentí que ya iba a eyacular y fue que les dije

    Leo: donde los quieren mis amores

    Bethania: en la cara amor

    Beatriz: si en la cara

    Se acomodaron las 3 ya que Ariana también quería su dosis de lechita y para dar más emoción Ariana me toma de los huevos no sé qué hizo pero en ese momento mi verga exploto y las bañe a las 3 con mi semen no deje a ninguna sin su lechita.

    Después nos acomodamos juntos los 5 en la cama y desnudos, Néstor y Yo en el respaldo de la cama y Ariana abrazada a él mientras que Beatriz estaba abrazada a mí y la más joven Bethania acostada en nuestras piernas, todos nos estábamos relajando y recuperando de la tremenda cogida que nos habíamos dado.

    Néstor: que buena bienvenida te dimos verdad hermano.

    Leo: ni que lo digas carnal, de verdad que voy a pasar unas ricas vacaciones

    Ariana: eso ni lo dudes guapo

    Beatriz: si ni lo dudes vamos a pasar todos unos maravillosos y ricos días

    Bethania: saben deberíamos repetir en el cumpleaños de Ariana que ya se acerca bueno sin descuidar los demás días jajaja

    Néstor: si mi nena tienes razón vamos a preparar una buena celebración por nuestra Ariana y por la visita de mi Hermano nos la vamos a pasar bien rico.

    Leo: si hermano a disfrutar bien rico.

    Después nos fuimos a bañar, primero se metieron Néstor con Bethania y Beatriz mientras Ariana y yo esperábamos tardaron mucho porque empezaron a jugar pero yo tampoco me quede atrás Ariana y yo también jugamos y bien rico.

  • Mis amigas tramposas: Karla y la fiesta de su prima

    Mis amigas tramposas: Karla y la fiesta de su prima

    Karla regresaba de su trabajo y su prima la llamaba para que no dejara de ir a su cumpleaños, no la había pasado muy bien en su trabajo donde su jefe siempre la invitaba a salir, esa tarde él se había atrevido a decirle que no había nada malo en que la invitara a salir si eran compañeros de trabajo y le había dado una mirada que indicaba otras intenciones, ella también lo miro y él le había tomado una mano y ella no pudo sentir por primera vez un estremecimiento que la había asustado, era la primera vez y sin más se soltó y le dijo que no medio tartamudeando.

    No entendía como le había pasado eso, no era la primera vez que su jefe José le pedía salir, pero si nunca había sentido un cosquilleo en todo el cuerpo, no podía explicarlo su jefe era gordo y calvo, entonces reparo en su problema, su esposo hace un mes que estaba de viaje, y era la primera vez que se separaban tanto tiempo, ahora que lo pensaba nunca debió aceptar ese trabajo si bien la paga era buena pero debía ausentarse por sus viajes al interior un mes, esas dos últimas semanas había tenido sueños eróticos con su esposo al principio y la última semana con desconocidos a quienes no podía ver la cara, y no podía evitar que estos con desconocidos la excitaran mas y hasta había amanecido totalmente mojada.

    Al llegar decidió ir al cumpleaños de su prima, que era en una zona un poco peligrosa, así que se cambió se puso un vestido floreado holgado pero strapless, al fin iban a estar sus primos y se podía entretener y evitar malos pensamientos y bailar mucho, se peinó su cabello lacio negro, y se miró al espejo, se dio cuenta de sobra porque su jefe siempre la invitaba, era chaparrita pero tenía unos buenos senos y caderas, bueno al menos en la fiesta se alejaría de la tentación.

    Llego como a las 10 p.m. era una casa de tres pisos, todavía de ladrillo, al llegar la recibió mi prima la abrazo y junto con otras amigas se pusieron a lorear ya que un año que no se veían, así como a tomar cervezas ya tenían varias y se sentía un poco mareada y su esposo la saco a bailar, ella estaba feliz si bien un poco mareada, bailaba con otros primos, mientras se refrescaba con cerveza, así la pasaba muy bien y sin más se dio cuenta que ya eran la una de la mañana y le dice a su prima.

    -Prima creo que ya me voy es muy tarde mira que son la una, voy a pedir un taxi…

    -Pero Karla como te vas a ir así, tienes que comer, así nomás no nos vemos hay que aprovechar que tu esposo está de viaje.

    Entonces las dos voltearon la cara pues tres de sus primos habían dejado de bailar incluso el esposo de su prima, para ir a saludar a un recién llegado.

    -Pero prima que tanto escándalo por un invitado.

    -Karla lo que pasa es que ha llegado Don José el jefe de mi esposo Raúl, que es dueño de la fábrica en que trabajan varios del familia, no pensé que iba a venir pues es una persona de mucho dinero, mira allí se acerca seguro que me trae un regalo.

    Karla se quedó muda y paralizada al ver al hombre que se acercaba a ella, era. Su jefe de la oficina, el quedo mirándola de arriba a abajo.

    -Luisa caramba no sabía que tenías una prima tan guapa -mientras me guiñaba un ojo como para que quedara en secreto que nos conocíamos, ella lo saludaba mientras el acariciaba su mano.

    -Don José no sea mandado que mi prima Karla es casada.

    -Pero Luisa yo también y tú no dices nada además estoy aquí para cuidarla mientras no venga su esposo y además mira la hora, hay que llevarla a su casa que a esta hora es peligroso, pero primero hay que brindar por ti he traído dos botellas de wiskey, brindemos.

    José se sentía el hombre más suertudo del mundo, había encontrado a la mujer que tanto había deseado tener en el lugar menos pensado, tenía que actuar rápido, trajeron los vaso y el los lleno hasta la mitad de wiskey, para Luisa su esposo y Karla, pidiéndoles que por ser el primer brindis lo tomaran seco y volteado, de hecho con toda la cerveza que tenían un vaso de wiskey los iba a marear mucho más, entonces sin más la saco a bailar una salsa de esas romántica y el sin más tomo fuertemente de su cintura, y comenzó a moverse siguiendo el ritmos de la música, él era un buen bailarín y Karla se dejaba llevar, ella sentía el cuerpo de José muy pegado al de ella, bueno nadie se daba cuenta pues todos estaban bailando y aparte la mayoría estaban mareados, y ella no pudo evitar otra vez sentir el estremecimiento agradable en todo el cuerpo al sentir un cuerpo de hombre tan pegado al suyo y más sabiendo que ese hombre gordo se moría por poseerla, pensó que de malo tenia jugar un poco, pero José no perdía el tiempo y sin más pego su cara a la suya y sus labios a su oído.

    -Karla por fin te tengo en mis brazos no saber cuánto he soñado tener mis brazos en esta cinturita, esta noche es nuestra -y sin estrecho más su brazo, mientras la miraba hacia abajo podía tener una buena visión de sus grandes senos más aun por el vestido strapless.

    -Pero Don José contrólese que nos pueden ver, mira que algunos son de mi familia y conocen a mi esposo -ella no podía evitar sonreír sin darse cuenta la falta de tener a su esposo y el licor la hacían coquetear porque el sentía que no le decían que no quería sino que lo malo era que la iban a mirar.

    -Karlita mi amor, primero llámame José, que aquí nadie sabe que soy tu jefe, segundo no te preocupes que nadie dice nada tus tres primos son obreros de mi empresa y varios más de los que están en esta fiesta, es mas esta casa la construyo Luisa con un préstamo que yo les di así que tranquila por ese lado que esto será nuestro secreto -mientras la miraba le sonreía como un gato que quería comerse al ratón, ella no sabía que decir y solo sonrió mirando al suelo, en eso termino la salsa.

    Él no le dejaba la mano libre, cuando se acercó Luisa y su esposo con una botella de cerveza y vasos y al verlos de la mano dijo.

    -Ay primita tenga cuidado con Don José que es muy mujeriego, y Don José tranquilo que mi prima es casada, así que pórtese bien, bueno nosotros somos pobres así que brindemos con cerveza pero con vaso lleno, salud, salud -y sin más lleno los vasos hasta el borde y nos dio brindamos tomando hasta la última gota, José estaba feliz y no se molestaba sino más bien le gustaba que Luisa se dé cuenta de sus intenciones y que lo tomara a broma.

    -Pero Luisa que desconfiada, yo estoy aquí para cuidar a tu prima de que no le pase nada, así que no la voy a dejar sola que le pase nada además tu sabes que en la fábrica somos como una familia así que Karla es en cierta forma mi prima y como familia debo cuidarla, así que salud otra vez y no hables tanto y llena estos vasos que tengo sed -se volvieron a llenar los vasos y los volvieron a secar, ahora Karla se sentía mas mareada y se sentía más desinhibida, es más se reía delo que decía José y no protesto cuando el hablando con su prima la sujeto con un brazo por la cintura.

    En eso comenzó a sonar otra vez la música de cumbia, el sin más la tomo de una mano y la jalo a bailar, Karla le gustaba sentirse deseada y protegida por un hombre y se dejó llevar a la mitad de la cumbia se armó un trencito y todos se tomaba de la cintura, pero José se dio cuenta que era su oportunidad y sin más la abrazo fuertemente pegando su cuerpo a su espalda el podía sentir sus grandes nalgas calientes tenía a su presa y no la iba a soltar, la gente que no bailaba aplaudía mas al ver lo que hacía José.

    -Pero Don José, bueno José no hagas eso pórtate bien, suéltame un poco, no seas malo.

    -Pero Karlita con tu cuerpazo que tienes no hay hombre que se pueda resistir y yo soy muy débil, que rica estas -ella no podía evitar sentir un cosquilleo en todo el cuerpo al sentirse tan deseada tanta abstinencia y licor comenzaban a debilitar su resistencia, débilmente hacia movimientos para liberarse pero sin mucha convicción y no podía dejar de sonreír lo que hacía sentir a José que a ella le estaba comenzando a gustar su cercanía.

    En eso comenzaron a formar una ronda y las parejas salían a bailar para algarabía de todos, a todas las parejas le pedían que se fueran poniendo en cuclillas hasta el suelo, cuando José salió a bailar con Karla él era muy ágil y cuando comenzaron a pedir al suelo al suelo, Karla se dio cuenta que ella no podía uno por los tacos que tenía y dos porque con todo el licor que había tomado tenía miedo de caerse, el seguía en el suelo, se levantó y miro a todos los que estaban en la ronda como queriendo decir algo que todos entendieron pues comenzaron a corear.

    -Castigo, castigo, castigo…

    -Vamos Karlita tienes que hacer el castigo.

    Mientras todos seguían gritando José se paró frente a ella señalando sus labios, ella no sabía que hacer, su corazón palpitaba a 100 por minuto, sabía que era casada pero sentía que iba a quedar en ridículo si no aceptaba y es más comenzó a decirse que no había nada de malo además era todo un juego y José se había portado bien, y sin más se acercó lo tomo por el cuello y le dio un beso sintiendo unos labios calientes y húmedos, se dejó llevar y fueron unos segundos, que despertó cuando todos irrumpieron en un aplauso, gritando Don José, Don José, en eso termino la pieza y él se quedó con la dos manos de ella sujetas y mirándola a los ojos.

    -Eres toda una hembra Karla esta noche es nuestra -sin más se fueron de la mano a un rincón de la habitación y el sin más fue a traer una botella de cerveza, ella no entendía pues él la trataba con frases fuertes y no le pedía permiso para tocarla ahora ella le había dado un beso y no pudo evitar estremecerse al sentir los labios caliente de un hombre que se la quería comer ella se sentía otra y tomaron toda la cerveza.

    A medida que seguía la fiesta la gente estaba mas borracha sobre todo con la combinación de cerveza y wiskey, él ya la estrechaba descaradamente con los dos brazos y sus manos se le iban más abajo, mientras ella se reía y se las subía mirándolo como quien reprende a un niño, en una de esas salsas sensuales después de haberlo intentado varias veces y ella con todo su esfuerzo se había resistido, finalmente cedió y junto sus labios y sus lenguas se juntaron, ella comenzó a sentir que todo le quemaba, pero un último esfuerzo de decencia salió a flote separándolo.

    -No José aquí no, aquí no, nos van a ver…

    El la miro y sin más la tomo de una mano y caminaron juntos a una escalera que estaba en la esquina de la habitación, en el segundo piso había personas durmiendo en las sillas y en un sofá, siguieron al tercero que era una azotea que solo estaba iluminada con la luz de la calle, caminaron hacia un cuarto también de ladrillo, estaba con un candado, ella no sabía cómo había llegado hasta allí sin hacer resistencia, intento alguna resistencia que el no escucho, solo abrió el candado de la puerta y tomando dela mano la jalo adentro ,cerrando la puerta la recostó a la pared y sin más comenzó a besarla como loco metiendo al lengua y la saliva, ella solo le correspondía su cuerpo no le respondía, su cuerpo le ardía.

    -No no, José no sigas esto no está bien, tenemos pareja está mal, déjame ir.

    -Mi putita linda carajo no te vas a ir de aquí mientras no te atraviese todos tus agujero, se ve que el cachudo de tu marido no te tiene al día, pero no te preocupes que mi verga es tuya esta noche.

    Sus manos no estaban quietas mientras se daban el apasionado beso el ya había bajado el cierre de su vestido y este cayó como una hoja, ahora el si recorría con sus manos todo ese cuerpo que tanto había deseado, sus mano atenazaban esas nalgas poderosas, ella se sentía que comenzaba a sentirse húmeda en su vagina quería resistirse, quería salir corriendo pero su cuerpo no le obedecía, esas palabras de putita la excitaban mas, ya no oponía ninguna resistencia y tenía que morderse los labios para no gemir de placer. En eso el dejo de besarla y cargándola como un bebe la llevo a la cama que estaba en el centro de la habitación, así echada el comenzó a besarle el ombligo y mientras tanto sus manos iban bajando la tanguita que tenía, ella cuando la tenía a la altura de las rodillas se la termino de sacar con los pies, el entonces comenzó a comerle su conchita y su clítoris ella no pudo aguantar más.

    -Que rico papi, ah ah ah umm, mas sigue con esa lengua que me matas ah ah -sus últimas resistencias habían caído y ahora era una hembra que disfrutaba como loca y quería más y más.

    -Que rica conchita Karla, que rica mojadita estas ya estas quedando lista para comerte la mía, te voy a atravesar.

    Sin más se levantó y de un tirón se bajó el pantalón y la trusa, dejando ver una gran verga con venas y con una cabeza roja, sin más se acostó encima de ella separo sus piernas y sin más se la metió de un solo viaje entrando fácilmente con lo mojada que estaba Karla, se la comió todita.

    -Ah ah ah, que rica verga, mas mas métemela toda papi más mas, soy tu puta tu perra, lo que tu ah ah quieras que sea pero sigue sigue no pares ah ah.

    -Que ah ah rico me comes la verga, tienes una vagina mordiscona, estrechita, ah mi reina, vas a ser mi putita ahora, te voy a dar todos los días, ah ah ah, que huevon el cachudo de tu marido de descuidarte, a una hembra tan rica aha ah.

    Si alguien hubiera entrado en ese momento hubiera visto los dos cuerpos desnudos sudorosos, con José en un mete y saca brutal, eran embestidas que hacían sonar los huevos en sus nalgas mientras ella se acoplaba a su ritmo para sentir más dentro esa vergota, así siguieron varios minutos, cuando él se salió de ella y sin más se echó.

    -Mi amor ahora tienes que ganarte que te siga crucificando, así que chupámela como una puta que eres.

    Ella estaba hipnotizada por esa verga y sin más se subió a él y con sus dos manitas tomo esa verga, ese monstruo de un solo ojo, y metiéndosela a la boca hasta la mitad comenzó a chuparla con desesperación, se interrumpía para besarle los testículos negros y peludos, y pasar su lengua por esas venas que parecían reventar.

    -Chupa chupa mi putita, que rica boquita, ah ah ah, mas mas, sigue, esta verga es tuya, bésala, chúpala, ah ah…

    Karla parecía desesperada quería comerse la verga quería complacer a su macho, al que le daba tanto placer, quería mas y seguía chupando, y por momentos miraba ese cilindro de carne que tanto placer le daba.

    -Para para, mi amor que ya no voy a poder retenerlo, y quiero llenarte dentro, quiero preñarte mi putita, quiero vaciarme dentro de ti.

    Sin más nuevamente se puso encima y ella inmediatamente abrió las piernas para permitirle el paso, el metió esa verga fácilmente con lo empapadita que estaba la vagina, y sin más comenzó otra vez el mete y saca, con más fuerza, pero a los tres minutos José se quedó inmóvil y su cuerpo se puso todo rígido.

    -Ahora si mi amor recibe -y entonces un chorro de semen caliente inundo la vagina de Karla, la cual atenazaba con sus piernas su cintura como facilitando que todo ese semen quedara dentro de ella.

    -Si papi quiero tu lechita dentro de mí, dame dame, préñame, préñame, quiero ser tu puta por siempre.

    Dos chorros más ingresaron a ella, poco a poco se fueron relajando y él se rodó y se quedó dormido boca arriba, ella entonces pudo verlo detenidamente, podía ver su cabeza calva, podía ver su gran barriga peluda, pero sobre todo veía esa verga tan hermosa y ahora dormida y flácida, se quedó mirándola como si fuera el un guerrero ahora descansando y sin más se acercó y tomando esa pieza de carne la comenzó a limpiar con su lengua deglutiendo los restos de sus fluido mezclados.

    Se quedaron así dormidos y los sorprendió el día, se cambiaron se besaron y se fueron juntos en el carro de José, cuando pasaron por la sala sus primos no estaban, sino muchas personas tomando y otras durmiendo.

    Karla nunca volvió a ser la misma, fue para bien o para mal.

  • Novia sádica, novio cornudo, el cupón

    Novia sádica, novio cornudo, el cupón

    Nota para los lectores:  Esta serie está pensada para que cada historia «sobreviva» por si sola, puedes leerla por separado, rellenar algunos huecos sin mucha importancia y aun así divertirte, pero si quieres saber todo, ve y lee más de la saga en mi perfil, sin más, la historia, disfrútala.

    Mariana estaba emocionada. Todo este corto viaje les había dado nuevos bríos a su relación y a la autoestima de ella, ahora se vestía más sexi, pero no descarada, disfrutando las morbosas miradas en su asombroso culo, pero sin enseñar “nada realmente” ahora podía disfrutar toda esa morbosa atención con la bendición de su novio, además, le ponía súper cachonda pensar en cuantos de sus amigos, compañeros y conocidos se masturbarían pensando en ella. Habían pasado 2 semanas desde que ella le dio esa apasionada y sucia mamada a Damián en su auto y aún hablaban prácticamente a diario sobre ese hombre, sobre el sabor, el tamaño, el olor, su espesa, asquerosa y abundante corrida que ella tragó.

    “me encantó que el solo eyaculara sin avisarme, es muy varonil de algún modo”

    “su vergota me encantó”

    “Su corrida sabía asquerosa, pero me gustó”

    Sin embargo, ella sabía que eso se agotaría, necesitaba ir más allá, ahora tenía la bendición de su novio, después de pensar 2 días en un pequeño juego morboso propio, lo llamó para verse en el apartamento de ella. Ella no le dijo nada, sería más divertido así. Cenaban, bebían un poco y charlaban alegremente, él la tocaba en ocasiones, ella llevaba un diminuto short negro con el que su culo lucía delicioso.

    Mariana: encontré a Damian en Facebook – decía viéndolo fijamente a los ojos mientras bebía lentamente de su copa de vino, Luis se puso histérico de inmediato

    Luis: ah ¿s-si? – respondía casi tartamudeando intentando esquivar la malvada mirada de su novia sin parecer un cobarde

    Mariana: no – decía contundentemente y echaba a reír fuertemente

    Luis: jajajaja ¡hey! – reía aliviado

    Mariana: pero te hubiera encantado ¿eh? Que cara hiciste… -le decía mordiéndose el labio sensualmente

    Luis: jajaja bueno ammm la verdad no lo sé… -decía con completa honestidad

    Mariana: mira – decía ella sin tomar mucha importancia a la respuesta de él

    Ella se ponía de pie y tomaba una caja que estaba arriba de su alacena, ella obviamente la había colocado ahí para esa noche, él veía curiosamente la pequeña caja rectangular mientras ella la ponía sobre la mesa

    Luis: ¿qué es eso? – preguntaba viendo la caja

    Mariana: es un juego… – decía ella sonriéndole, él sonreía y acercaba medio cuerpo al centro de la mesa separando la espalda de su silla, analizando la caja

    Era una caja rectangular, de unos 15 centímetros de alto, de unos 40 de largo y otros 15 de profundo, quedaba acostada a lo largo. Estaba pintada por el frente, en 3 “secciones” rosa, rojo y negra, todas las secciones del mismo tamaño, pintada cuidadosamente. Luis miro por encima y cada sección tenía una tapa del mismo color que representaba

    Luis: ¿qué es esto? Jaja – preguntaba riendo nerviosamente, llevando su mirada de la caja a ella, luego a la caja de nuevo, él casi abre la sección negra…

    Mariana: cuidado… – decía ella delicadamente, pero sin impedirle nada en ningún momento, como cualquier persona haría, él detuvo su mano en el aire sonriendo confuso

    Luis: ¡¿qué es esto?! Jajaja – preguntaba desesperado pero con tono juguetón

    Mariana: es la caja de Pandora jajaja – reía jocosamente, le ofrecía la caja moviéndola un poco hacia él – vamos abre una sección – le levantaba las cejas retándolo, él veía la caja pensando con una sonrisa nerviosa – pero una vez abierta, tienes la obligación de tomar algo de lo que haya dentro… Y vivir con las consecuencias jajajaja – decía malvadamente, Luis se recargaba en su silla sonriendo, dispuesto a entrar en el juego

    Luis: explícame – decía con esa sonrisa tonta y nerviosa que no lo abandonaba

    Mariana: miedoso jajaja – reía un poco, lo besaba dulcemente en los labios, retomaba – ok, funciona así, yo pondré ideas de vez en cuando dentro de esta caja y tú podrás decidir si tomar algo de lo que hay dentro – lo veía expectante, ella sabía que no había explicado suficiente

    Luis: ¿que son los colores? – preguntaba curiosamente

    Mariana: intensidades obviamente – decía cortante

    Luis: ¿intensidades de qué? ¿Ideas de qué? – preguntaba ansioso

    Mariana: jajaja tú querías que fuera más allá, ¿no? – decía levantando una ceja, el asentía nervioso – bueno, aquí dentro están contenidas ideas, escritas, desde las sencillas y casi inocentes… – decía poniendo su mano sobre la tapa rosa – hasta las más sucias y descaradas que se me ocurrieron, casi que no sé si realmente me atrevería… – decía llevando su mano por encima de la caja, pasando por encima de la sección roja y llegando a la negra

    Luis: ok… – decía él, viendo atentamente la caja, una pequeña erección le crecía en los pantalones, ella no decía nada, le encantaba la morbosa situación – entonces… – decía el acercando la cara a la caja – yo abro una sección… – decía esperando aprobación, ella asentía dejándolo continuar – tomo una idea… – ella asentía de nuevo – y tú lo harás…- decía esperando haber comprendido todo

    Mariana: básicamente – decía ella sonriendo, retomaba – pero, quiero dejar claras las reglas – él asentía – una vez que abras una sección, es como en el ajedrez, pieza tocada… – dejaba que él terminara

    Luis: …pieza movida? – preguntaba confuso, él a veces jugaba ajedrez con un amigo suyo con el que siempre era muy reñido el asunto, se habían superado mutuamente de manera constante

    Mariana: ajam una vez que abres una sección, TIENES que, estas OBLIGADO a tomar una idea – decía ella, remarcando las palabras “tienes” y “obligado” – y eso ocurrirá… Quieras o no… – remarcaba esas últimas 3 palabras, proseguía – y por supuesto que no sabrás que es, la tomarás, me la darás y la leeré, será a la suerte – sonreía malvadamente

    Luis: mmm ok ok sin arrepentimientos… – decía él con tono lúgubre, ella asentía sonriendo – pero ¡no sé qué hay dentro! Jajaja ¿una pista? – decía desesperado, ella negaba con la cabeza torciendo la boca ridículamente haciendo un gesto de tristeza infantil – entonces, tengo que tomar una idea de ahí y aunque no me guste, ¡¿sucederá?! No sé… – decía sinceramente un poco asustado

    Mariana: bueno, no estás obligado nunca a tomar nada, puedes nunca tomar nada y esta caja simplemente irá a la basura y encontraremos otra manera de jugar – decía tranquilamente, aunque un poco decepcionada de pensar que tal vez la que ella consideraba una idea divertida, se desperdiciara – no te presionaré, ni pediré, ni insinuaré, ni nunca estarás obligado a abrir la caja, pero una vez que se abra, el caos se desatará… exactamente como la caja de Pandora – estaba orgullosa de su propia metáfora, Luis pensaba viendo la caja atentamente

    Luis: así que solo la abriré cuando yo quiera… – decía analizando la situación, ella solo lo veía sin decir nada – ¿hay turnos o tiempo de espera o algo así? – intentaba rascar más de las reglas

    Mariana: nop – decía tranquilamente con tono infantil – puedes ahora mismo abrir las 3 secciones y tomar todas las ideas, y todo sucederá, tomara tiempo pero todo sucederá jajaja pero, si abres una sección, tienes que tomar al menos una… Y sucederá – decía malvadamente

    Luis: maldición… – expresaba Luis con tono juguetón viendo de cerca la caja, la veía intentando analizarla, ella solo sonreía malvadamente – ok… – decía él a modo de aprobación, estaba emocionado y aterrorizado, ella le acercó la caja suavemente, ambos estaban respirando a toda velocidad, veían la caja, Luis acercaba la mano, lo pensaba sin tocar ni por error la caja

    Mariana: rosa suaves, rojo fuertes, negro… Bueno, hay algunas locuras ahí dentro – decía suavemente viendo a los ojos a su novio mientras él tenía la mano por encima de la caja

    Él la miró a los ojos por un segundo sin responder su comentario, luego miró rápidamente la caja, respiró profundamente pero sin hacer aspavientos, abrió rápidamente la sección de en medio, la roja, el corazón le dio un salto a Mariana en el pecho, se puso nerviosa de que él no empezará con lo sencillo, pero le enorgulleció ver qué el estaba dispuesto a correr riesgos, a él le sudaban las manos, dentro de la sección intermedia había varios papelitos doblados, hojas iris color rojo, ella se tomó su tiempo diseñando el pervertido juguete. Él dudaba, veía los amontonados papeles rojos, no acercaba la mano, solo veía

    Mariana: las reglas fueron claras… Tienes que tomar uno – decía emocionada

    Luis: lo sé… – decía sin dejar de ver los papeles

    Pareció una eternidad, pero solo fueron algunos segundos, él metió la mano y revolvió, quería tener buena suerte, ella reía un poco nerviosa y él por fin tomó uno, asegurándose de que fuera solo uno. Apenas él iba sacando la mano del pequeño cofre rectangular, ella le arrebató el pequeño papel de las manos, él reía un poco y no hacía nada por recuperarlo. Ella no lo abría, acomodaba su silla cerca de él para que ambos pudieran leerlo.

    “Cupón válido por una mamada” leían básicamente al mismo tiempo, ella se echaba a reír nerviosa y se ponía tan roja como el pequeño papel, él reía nervioso esperando.

    Mariana: este puede ser muy divertido… – decía y él reía nervioso esperando más – tan divertido como tú quieras de hecho… – agregaba perversamente.

    Luis: ¡explícame! Jajaja – demandaba riendo.

    Ella le explicaba un poco, no del todo, lo suficiente para mantenerlo divertido, él preguntaba ansioso, emocionado, la idea si que parecía divertida.

    Luis: entonces… ¿tú me lo das mañana? – preguntaba ansioso.

    Mariana: ajam

    Luis: y tendrá instrucciones precisas… – decía intentando dejar claro que había entendido

    Mariana: sip – decía alegre

    Luis: bien – decía él besándola apasionadamente, sabía que ella ocultaba información, pero eso lo hacía más emocionante

    Se entregaron y tuvieron ese intenso sexo que habían tenido ese último mes y medio. Él pasaba la noche ahí, cuando se fue por la mañana ella le decía que por la tarde tendría el mentado cupón, él reía y se iba corriendo a clases.

    Ella se tomó su tiempo diseñando el cupón en su laptop, no tenía formación profesional de diseñadora, pero terminó contenta con el resultado mientras lo imprimía en una hoja de papel estucado brillante blanco. Esa clase de papel blanco satinado sin poros, plásticoso al tacto, que se usa para hacer revistas de actualidad o flyers. El cupón ocupaba una sección de la hoja solamente, ella reía nerviosa mientras recortaba el cupón que tenía el tamaño aproximado de un billete de 20 pesos, casi grande, rectangular. Lo dejaba perfectamente recortado sin una sola esquina chueca, ni un solo borde chueco.

    Por el frente, “Cupón valido por una mamada”, sin comillas, las letras perfectamente alineadas al centro, muy negras y lo suficientemente grandes como para que la frase cupiera en una sola hilera a lo largo del billete, ocupando todo el ancho. Debajo de la frase, emojis, la ya clásica berenjena apuntando hacia la derecha con la punta, seguido de unas gotas de agua y al final un emoji de monito babeando. Ella reía viendo orgullosa su creación recién impresa, detrás, venían varios apartados con letras más pequeñas, muchos asteriscos, explicando las “condiciones legales” del cupón.

    Cuando vio a su novio por la tarde él estaba con algunos amigos, ella le extendió el pervertido cupón discretamente para que el pudiera tomarlo sin que los demás lo vieran, y si alguien lo notó, nadie dijo nada. Él lo veía curiosamente y reía discretamente al ver las enormes letras negras que anunciaban la recompensa y no pudo evitar reír genuinamente cuando notó los emojis, le apretó el culo y se besaron.

    Luis estaba en su casa después de su aburrido trabajo y la universidad, el día terminaba, leía obsesivamente las condiciones intentando encontrar “huecos legales” en el absurdo cupón e intentando comprender al máximo, sostenía el cupón leyéndolo por detrás mientras hablaba con ella por teléfono:

    Luis: bueno, queda claro lo de la fecha de expiración – decía tranquilamente, el cupón tenía una validez que expiraba dentro de 2 semanas, un sábado

    Mariana: ajam – decía esperando ansiosa las preguntas y comentarios que él pudiera tener, el juego morboso había comenzado para ella desde que diseño todos esos intrincados apartados legales

    Luis: “solo usaré la boca”… – decía leyendo textualmente otro apartado

    Mariana: ajam, nada de manos… – lo dejaba continuar, esto en serio le divertía a ella

    Luis: “facial o tragaré, el portador del cupón elige” – decía leyendo literalmente de nuevo

    Mariana: ajam, tragaré o dejaré que sea en la cara al final – decía tranquilamente

    Luis: ¿el tiempo que sea necesario? – preguntaba lujuriosamente, quería que ella lo confirmara

    Mariana: sip – decía con facilidad

    Reían y comentaban sobre los apartados, ella especificaba en algunas condiciones, él le decía que la amaba y que era fantástica, en serio él sentía que la amaba más por ser tan pervertida.

    Mariana: bueno… Todo está claro, ¿no? – decía ella, no porque quisiera terminar la morbosa charla, sino porque esperaba alguna clase de señal de él sobre qué haría a continuación

    Luis: si… – pensaba muy seriamente lo que diría a continuación, quería ponerle emoción también como lo hizo ella, lo logró – … Tengo una idea, te diré luego – decía él, ella se emocionaba tanto, por primera vez quería rogarle desesperadamente porque el soltara la sopa, lo de hacerse la misteriosa era cosa de ella, no de él, pero ella decidió solo confiar en su hombre mientras reía nerviosa.

    Los días pasaron, ella intentaba no hacer comentarios sobre el pervertido juego, quería que él la sorprendiera, él a veces bromeaba

    “aún tendré el ticket? Jajaja” decía riendo y abriendo su cartera frente a ella, “oh si, ahí está” decía mostrándole el ticket doblado por la mitad dentro de la cartera, ambos reían, ella ansiaba presionar botones o insinuar ideas, pero se resistió con todas sus fuerzas.

    Una semana después, Luis durmió en casa de ella ese fin de semana, cuando él estaba en serio dormido ella tomó delicadamente la cartera de su novio para revisar, el ticket seguía ahí, ella no pudo evitar sentirse algo decepcionada, luego algo preocupada, ¿habría sido demasiado para él? ¿Estaría nervioso al respecto? Los días siguientes pensó en darle una salida fácil, decirle que simplemente podía romperlo y todo estaría bien. Para su fortuna no lo hizo, el miércoles de la segunda semana, tan solo con 4 días para que el cupón expirara hablaban por teléfono, cualquier cosa, cualquier estupidez, ella ni siquiera había pensando ese día en eso…

    Luis: por cierto… – agregaba después de que ambos se hubieran despedido, como nota final

    Mariana: ajam – expresaba ella del otro lado de la línea

    Luis: el viernes haré algo en mi departamento, algo sencillo… – él intentaba lucir tranquilo, tomarla con la guardia baja, pero hizo una pausa demasiado larga, dudó un segundo, ella lo conocía a la perfección, algo importante venía, ella apretó su celular contra su oído firmemente sin decir nada – … Ammm algunos amigos míos vendrán, quiero que vengas… – él respiraba fuertemente, ella lo notó, pero le dejó tener su pequeña victoria, ella despistó

    Mariana: claro, suena bien – dijo intentando lucir tranquila, tal vez el lo notó, pero también despistó

    La segunda despedida fue torpe

    Luis: ok ammm bueno si, el viernes ¿ok? – decía torpemente

    Mariana: claro – respondía

    Luis: te amo bye – decía rápidamente, huyendo de la llamada

    Mariana: también te amo bye – colgaron

    Ella corrió por su juguete favorito, él ya estaba masturbándose antes de colgar.

    El jueves estuvieron evidentemente nerviosos y cachondos, se tocaban apenas podían, se besaban apasionadamente, pero ninguno decía nada, ambos lo sabían, pero Luis quería sorprenderla, era su turno, estaba emocionado, ella resistió sus enormes ganas de decir algo, esperaría ansiosa por el morboso desenlace. Él quería correr y follarla fuertemente, ella inventó una excusa para negarse, pensó que dejarlo con las ganas le agregaría emoción.

    El viernes estaban con las mismas ganas infernales de follarse, pero ella resistió de nuevo, por la tarde Luis le mandó un mensaje recordándole lo de la noche, ella solo respondió que ahí estaría. Ambos estaban al otro lado de la conversación sonriendo y emocionados.

    Luis le dijo que estaría bien que ella llegara a las 9 pm, ella se preparó para la ocasión, no estaba segura de que sucedería ni de quién estaría, no quiso preguntar nada, pensó mil veces en los posibles invitados. Se decidió por un maquillaje discreto, una blusa blanca sin escote, ombliguera, decidió no llevar brassier, veía con alegría en el espejo como sus lindas y firmes tetas levantaban la blusa, debajo un short blanco, tan apretado que parecía que su hermoso y redondo culo lo haría explotar, no muy pequeño, pero si muy apretado. Le gustaba lo que vio, esperó la hora, pidió un Uber y se decidió emocionada a ir al departamento de su hombre.

    Cuando llegó le abría la puerta Raúl, el mejor amigo de Luis, un hombre de unos 23 años, alto, delgado, blanco, no era ni feo ni guapo, había charlado muchas veces con él, siempre estaba con Luis, ellos 2 eran las personas con las que más tiempo pasaba Luis, él era amable y tranquilo, ella había conocido a alguna de sus novias, ella se preguntaba si él estaba soltero actualmente. Era el mejor amigo de Luis, pero incluso a él lo había sorprendido mirándole el culo varias veces, y estaba (casi) segura que en una ocasión él había tocado su lindo trasero mientras los 3 estaban ebrios, ella solo ignoró eso en aquella vez, ni siquiera estaba segura y no quería causar problemas, no es que ella hubiera quedado perturbada ni nada, solo fue una estupidez de alguien ebrio, ¿cierto? Sin embargo, no podía evitar pensar en que pasaría ahora si él volvía a tocarla, ella tendría luz verde, ¿no? Y tal vez podría ser divertido.

    Ella estaba sumida en sus pensamientos que pasaron todos en un segundo velozmente por su mente, mientras Raúl gritaba que ella había llegado.

    “¡Ya llegó tu vieja we!” Y la saludaba de beso amablemente, abriendo por completo la puerta y entrando, ella asomaba la vista y su novio le levantaba una cerveza en lo alto a modo de saludo.

    Asomaba la vista hacia la puerta de inmediato Diego, un amigo de Luis que era un pervertido de mucho cuidado, a ella le daba asco ese hombre, algo pequeño, incluso más chaparrito que ella misma, demasiado delgado, con unos lentes enormes que hacían ver su cara aún más pequeña y patética, feo, con la barba mal cuidada, había escuchado algunos rumores sobre que ese pervertido le tomaba fotos del culo a las compañeras de clase en la universidad, se preguntaba si tendría una galería suya, él sin duda miraba su enorme trasero sin ninguna vergüenza cada que podía, ella intentaba mantenerse alejada de él, no hacia demasiados dramas con Luis al respecto, algunas veces lo comentaba, pero más para burlarse de ese pobre tarado que como una queja realmente, era solo un perdedor inofensivo. El desagradable hombre la saludaba alzando una mano y las cejas, ella sonreía amablemente, él bajaba la vista para de inmediato buscar sus tetas en su blusa de una manera casi descarada, ella intentó no vomitar.

    Mariana entró y se dirigió hacia su novio, la incómoda y descarada mirada de Diego se dirigía sin vergüenza a su asombroso culo, ella lo ignoraba de nuevo mientras avanzaba hacia la barra, dónde estaba su novio bebiendo con César, un hombre completamente diferente. César era guapo, jodidamente guapo, alto, tenía los músculos bien definidos, pero no parecía de esos hombres deformes que se ejercitan e inyectan hasta el cansancio, solía monopolizar la conversación con su voz profunda y su arrolladora personalidad. Ella había notado varias veces su abultada entrepierna y con culpa se había masturbado algunas veces pensando en él, bueno ahora lo hacía más y sin culpa, aunque tampoco le mencionaba nada a Luis. Ella se sentaba con ellos a la barra, Luis corría por una cerveza para ella y Mariana se disponía a coquetearle ligeramente al guapo amigo de su novio, sabía que ya no habría problema, ¿y pasaría algo esa noche con él? cuánto habían cambiado las cosas.

    El trio platicaba en la barra y bebía, mientras en la sala a solo unos cuantos metros pasaban el rato Juan, Raúl y Diego, era extraño que Juan estuviera ahí, era amigo de Luis, pero de los 4 invitados esa noche él era menos cercano, intentaba recordar si alguna vez lo había visto en su departamento, no recordaba ninguna. Ella lo miraba con curiosidad mientras el hombre estaba sentado, recordaba aquel gracioso evento cuando Luis le contó que Juan envío “por error” 2 fotos de su verga a un grupo de una clase, en WhatsApp, algunos rieron y las chicas parecían sorprendidas por la enorme verga de Juan, quien orgullosamente no borró las fotos aunque dijo que había sido un error, ella nunca había reparado en eso, pero lo imaginaba en ese momento, se regodeaba con la idea de que ahora el mundo era su bufete de hombres, ojalá hubiera podido ver las fotos ella misma.

    La noche avanzaba, de las 9 pm se acercaban a la media noche, todos iban de aquí para allá, charlando a veces en pequeños grupos, a veces todos juntos riendo, incluso en algún momento Raúl parecía estar en una llamada en una esquina alejado un poco del grupo.

    Las descaradas y en serio sucias miradas de Diego no paraban, César parecía casi coquetear con Mariana en ocasiones justo frente a Luis, no demasiado, él no solo era jodidamente guapo, también era amable y Luis era su amigo, pero él disfrutaba de la atención que ella le daba. Raúl contaba anécdotas estúpidas que apenas parecían posibles, todos parecían tener su momento, incluso Diego que hablaba sobre alguna estupidez de alguna convención ñoña en la capital, solo Juan estuvo la mayor parte del tiempo únicamente escuchando y riendo, parecía apenas estarse acoplando al grupo.

    Ella estaba orgullosa, en mayor o menor medida todos dirigían discretas miradas (excepto Diego) a sus lindas tetas y a su precioso y redondo trasero. Tenían la música a un volumen bajo así que la convivencia era amena.

    Para la 1 am todos estaban ebrios, unos más, otros menos, pero todos habían sido presa del alcohol, Mariana había pensado mil veces en que sucedería, tenía que ser ese día, literalmente ya era sábado, el ticket vencía ese día, no podía ser casualidad esa reunión, pero soportó no hacer ningún comentario y esperar, el grupo estaba en círculo, bebiendo y fumando…

    Luis: ¡hey hey! – decía alzando la voz cortando de golpe alguna tontería sin importancia que contaba su mejor amigo Raúl, Luis sacaba su cartera, a Mariana casi se le sale el corazón, los demás esperaban – miren lo que mi novia nalgona me dio – decía cómicamente por el alcohol que le impedía hablar con naturalidad, sacaba el ticket y lo desdoblaba, lo mostraba en lo alto, Mariana reía nerviosa, los demás se interesaron más, todos intentaban leer

    Raúl: cupón val… – el mejor amigo de Luis ajustaba la mirada y sonreía – ¡cupón valido por una mamada! ¡Jajajaja! – todos carcajeaban, Mariana reía nerviosa no tenía idea de que venía, eso la asustaba, pero la emocionaba aún más.

    César: un buen regalo sin duda – decía el guapo hombre riendo un poco, bebiendo de su cerveza

    Juan: ¿vendes cuponeras? – se atrevía el no tan amigo de Luis a decirle directamente a Mariana, ella reía genuinamente en voz alta

    Diego: a ver a ver – decía curiosamente el pervertido de campeonato, extendiendo la mano, pidiendo el ticket para verlo, Luis se lo daba, a Mariana le dio un escalofrío

    Los 5 hombres corrieron a ver el ticket que sostenía Diego, sentado en una silla delante de la barra, dejando a Mariana en la barra frente a ellos, de pronto los vio a los 5 juntos y se sintió abrumada por “la multitud”. Ellos reían por los emojis y Raúl chocaba el puño con Luis a modo de felicitación. Se pasaban el ticket y reían, casi perdían el interés en el estúpido ticket cuando Raúl le dio la vuelta…

    Raúl: espera espera hay “términos y condiciones” – decía leyendo textualmente la parte trasera del cupón y todos reían

    Juan: lee en voz alta – decía sonriendo el menos acoplado del grupo, Mariana en serio se sentía abrumada en momentos, ellos 5 de aquel lado, todos dirigiéndole miradas de vez en cuando

    Raúl: ¡ejem! – se aclaraba la garganta cómicamente – número uno – decía con voz alta, dándole un tono cómico de comunicado presidencial – “este ticket expira el día 24 de Julio” – todos reían

    Diego: ¡osea que lo canjearas al rato suertudote! – decía el pervertido confirmando la fecha, César miraba su celular confirmando el día

    César: si, es máximo hoy ¡ya estuvieras we! – todos reían

    Raúl: número 2 – decía en voz alta, todos callaban para escuchar – “no usaré las manos, ni te dejaré masturbarte” – todos reían, aullaban y exclamaban sorpresa, y con la misma sorpresa la veían, ella carcajeaba nerviosamente

    Diego: ¡más! – decía emocionado el pervertido viéndole las piernas a Mariana

    Raúl: ¡número tres! – casi gritaba – “facial o tragaré” – todos reían

    Diego le arrebataba el ticket a Raúl de las manos y lo leía incrédulo, Luis intercambiaba miradas intensas con su novia, ambos estaban tan cachondos…

    Raúl le quitaba el ticket a Diego

    Raúl: número cuatro señores – decía cómicamente, todos ponían atención de nuevo – “lo haré el tiempo que sea necesario” – todos exclamaban “wow” como si hubieran ensayado – ¡el tiempo que sea necesario! – repetía, remarcando lentamente cada palabra

    Juan: ¿qué significa que es al por…? – decía curiosamente en voz baja, ajustando la mirada por encima del hombro de Raúl, pero este lo interrumpía para que no se adelantará

    Raúl: ¡¡este ticket es al portador!! – decía terminando casi gritando y carcajeando, le dio un vuelvo al corazón a Mariana, a Luis le saltó la verga, Juan no entendía nada, Diego parecía entender, César reía

    Juan: ¿que significa eso? – decía casi molesto por sentirse fuera del chiste

    Raúl: un cheque al portador mi amigo, significa que cualquiera que lo presente puede cobrarlo jajaja – todos reían

    César: no pierdas eso amigo – decía jocosamente

    Le regresaban el ticket a Luis, él lo guardaba, todos hacían bromas al respecto, ellos bromeaban diciendo que se irían si Luis quería cobrarlo en ese momento, amagando con acercarse a la puerta y cosas por el estilo. El chiste se hacía viejo y todos seguían en sus cosas, tal vez alguien hubiera querido hacer preguntas, pero nadie se atrevió.

    El celular de Mariana sonaba, reconocía la notificación, un mensaje de Luis, lo volteaba a ver con cara expectante, el solo sonreía

    “Ve a mi cuarto y espera”

    A Mariana se le agitó la respiración, se le puso húmedo el coño, terminó su cerveza y desapareció subiendo las escaleras lo más discretamente que pudo, había un baño arriba, tal vez nadie preguntaría, sintió todas las miradas clavadas en su delicioso culo mientras subía, ella dio un poco de espectáculo subiendo lentamente.

    Ella abrió la puerta del cuarto de Luis delicadamente, se sentó en la cama y estaba nerviosa como el carajo, no sabía qué hacer, pensó en ir a cerrar la puerta pero luego el morboso pensamiento de alguien entrando por esa puerta la frenó. ¿Qué haría Luis? ¿Simplemente ofrecería el ticket a alguien directamente? ¿Lo echaría a la suerte? ¡¿Lo vendería?! Él no se atrevería a eso, ¿cierto? Ojalá se lo diera a César, ella definitivamente le chuparía la verga hasta dejarlo seco, pero tal vez se lo daría a Raúl, ¿no? Era su mejor amigo, aunque eso podría ser jodidamente incómodo, ¿Juan? Casi no le hablaba, sería menos incómodo y más fácil mandarlo al diablo ¿o Luis la jodería como alguna clase de broma retorcida y se lo daría a Diego? Ella no hacia demasiados dramas con él sobre sus miradas, pero lo mencionaba y él obviamente sabía que ese pervertido mirón le desagradaba mucho.

    Pasaba una eternidad para ella, aunque solo fueron realmente menos de 10 minutos, pensó en cerrar la puerta y tocarse, podría taparse rápidamente si alguien tocaba y estaría en buen mood, se puso de pie rápidamente, pero escuchó pasos en la escalera, se detuvo a medio camino, ella se quedó muda, sin moverse, la boca seca y el coño húmedo, no le importaba quien fuera, le daría una mamada hasta tragarse su asquerosa corrida, no importaba quien fuera.

    Pero apareció Luis, sonriendo de oreja a oreja, ella rio aliviada, ella misma pensaba que debía decepcionarse pero solo estaba aliviada, el corazón le latía de nuevo. Luis se sacó la verga lentamente viéndola a los ojos, sin acercarse y sin cerrar la puerta, ella se acercó a él y se puso de rodillas a darle una buena y profunda mamada.

    Mariana: entonces… ¿lo cobraras tu? – le decía tranquilamente mientras lamía su verga

    Luis: no… – le volvía el pequeño infarto a Mariana, le chupaba la verga desesperadamente, él la empujaba con ambas manos

    Mariana: ¡¿a quién se lo diste?! – le preguntaba ansiosa, lamía las bolas, lo veía a los ojos

    Luis: … – la veía y sonreía malvadamente

    Mariana: ¡¿a quién?! Jajaja – reía histérica, seguía lamiendo las bolas de su novio, él se retorcía y disfrutaba, se tomaba su tiempo para hablar

    Luis: … Lo dejé sobre la barra – dijo con la voz entrecortada, Mariana se tragó su verga de golpe, Luis se retorcía y la empujaba con ambas manos – ya – decía con la voz cachonda indicándole que se correría, ella se separó histéricamente.

    Mariana: no – decía con autoridad, Luis parecía casi asustado ¿fue demasiado lejos? – no te correrás, no hasta que ese ticket sea cobrado – le decía viéndolo a los ojos lujuriosamente.

    Luis: ok – decía él, aceptando la pequeña tortura

    Ella se ponía de pie, él guardaba su verga casi sin quererse tocar, cualquier estímulo lo haría explotar.

    Luis: ¿entonces? – preguntaba curiosamente, sentándose a lado de ella en la cama

    Mariana: no sé – decía genuinamente, algo frustrada, pensaba en las opciones – ya sé – decía rápidamente

    Luis: ¿qué? – preguntaba ansioso

    Mariana: tú te quedas aquí, ya no bajas ¿ok? – le decía ella segura de sí misma, el asentía sin saber que había pensado ella, pero se acostumbraba a disfrutar la incertidumbre.

    Se besaron dulcemente, ella evitó su impulso de tocarlo, cuando ella se puso de pie él le besó el trasero juguetonamente y ella salió.

    Mariana bajó torpemente pensando aún en las opciones. Ok, el ticket estaba en la barra, llegaría a buscarlo y si ya no estaba ¿qué haría? Preguntar sería demasiado obvio e incómodo para quien lo tuviera. Había 4 hombres ahí abajo, no podía desparecer con uno de ellos y fingir que nada sucedía. Pero siguió caminando, abajo la saludaban los 4 hombres

    Raúl: ¿ya fue cobrado el ticket? Jajaja – preguntaba cómicamente, ella solo reía no supo que decir

    César: está aquí, a lo mejor viene por él para exigir firmemente que sea cobrado – decía cómicamente apuntando al ticket que aún yacía sobre la barra, todos reían

    Mariana: ya se durmió, que lo disculpen – dijo hábilmente, se sintió orgullosa de su buena y natural improvisación

    Raúl: siempre se va a dormir el muy idiota sin despedirse – todos reían

    Mariana se sentaba en la barra viendo el ticket, los demás parecían solo reír y pasar el rato, ella le informó por WhatsApp a Luis sobre su mentira para que no bajara de nuevo, él respondía que sí, emocionado, incluso dijo que si alguien lo llamaba o iba a tocar su puerta él tendría la luz apagada y no respondería.

    Algunos minutos pasaban, Mariana se desesperaba, la fiesta parecía casi llegar a su fin, que el anfitrión se hubiera ido apagaba los ánimos, ella se regodeaba con la morbosa idea de que sobre la barra estaba literalmente una mamada gratis de ella, a la mano, gratis, fácil, para cualquiera de ellos, pero se desesperaba al ver qué no sabía qué hacer. Un movimiento torpe por su cachondez y su ebriedad, y tiró su cerveza sobre su pequeña blusa. Todos la miraron y reían.

    César: ya no bebas amiga – le decía el amable y guapo hombre

    La idea le vino de pronto, era una moneda al aire, una remota posibilidad pero podía funcionar y con eso era suficiente. Ella hizo un gesto infantil de estar triste por su camisa.

    Mariana: ¡es de mis camisas favoritas! – todos reían, ella pondría en marcha su arriesgado plan – ammm la lavaré – decía decidida, todos le prestaban atención ya que ella apretujaba sus lindas tetas mientras miraba ella misma su camisa, haciéndolo parecer algo inocente.

    Raúl: mejor – decía con seguridad – luego la cerveza deja manchas medio rudas – decía encendiendo un cigarro.

    Mariana: si… – decía fingiendo pensar – sí, la lavaré ammm – fingía pensar más mientras se ponía de pie y volteaba a todos lados – iré al cuarto de lavado ¿ok? Está allá atrás, se quedan en su casa, sin pedos neta – decía amablemente, todos asentían o levantaban un vaso – ¿dónde dejaré está pendejada? Jajaja – fingía reír mientras levantaba el ticket y dejaba claro que se refería a eso, incluso lo movía un poco cómicamente al aire, si alguien quiso hacer algún comentario, nadie lo hizo – lo dejaré aquí jajaja – dejaba el ticket mamatorio en una pequeña mesa en la cocina, entrando algunos metros, debajo de una tabla para picar, a la vista pero no tan a plena vista, se aseguró de que todos vieran donde lo dejaba, confiaba que si alguien se atrevía y entraba despistadamente por el cupón fingiendo ir por algo más o a dejar un vaso en el fregadero por ejemplo, el hipotético hombre podría tomarlo de manera sigilosa – bueno, iré a lavar esto, perdón – decía fingiendo tristeza.

    Raúl: como quiera no tardamos en irnos, nos quedamos sin alcohol – decía amablemente.

    Mariana: si se van, van a despedirse de mi, yo cierro no se preocupen.

    Mariana se despidió levantando una mano y fue al cuarto de lavado, encendió la lavadora solo para despistar, cerró la puerta, se bajó los shorts y comenzó a tocarse delicadamente, quería disfrutar, pero no fue de lleno buscando su orgasmo, necesitaba estar en el mood adecuado.

    Y ahí estaba ella, mirando fijamente la puerta del pequeño cuarto de lavado con una mano acariciándose delicadamente, pensando morbosamente en qué definitivamente pagaría el ticket al que fuera lo suficientemente atrevido, inteligente o sagaz de ir a cobrarlo. Disfrutaba divagando sobre quién sería, aunque en el fondo sabía que lo más probable es que nadie se atrevería, ni siquiera parecían tener en cuenta realmente el ticket, no la creían capaz o no querían problemas. Deseó haber estado más ebria para atreverse a ser más directa y que no le importara.

    Después de algunos minutos la puerta sonó, alguien tocaba fuerte y con seguridad la puerta, ella se metió el dedo hasta el fondo y se retorcía un poco disfrutando la sensación, no dijo nada, su voz la delataría, la puerta sonó de nuevo y la voz del hombre del otro lado la llamaba, “¿estás ahí?” Ella tuvo una pervertida y excelente idea de inmediato. Tomó su celular rápidamente, el hombre tocaba la puerta por tercera vez, “¿hoolaaa?” Insistía cómicamente, ella respondió mientras marcaba rápidamente por video llamada a su novio, “voy voy” y veía ansiosamente la pantalla, Luis contestó básicamente apenas tomó su celular, ella sonrió lujuriosamente a la cámara, volteaba la cámara para mostrar la cámara trasera, y colocó su celular acostado en una pequeña repisa, mientras corría a abrir la puerta, Luis no sabía que pensar, sabía que sucedía, pero no si estaba listo.

    Luis veía el pequeño cuarto en un 90%, agradeció que ella tuviera un celular con tan buena cámara y que el tuviera un servicio de internet que iba excelente, vio como ella se quitaba su pequeña camisa y le dio un salto la verga cuando vio sus lindas tetas sin brassier salir rebotando de aquella pequeña blusa blanca.

    Ella se acercaba a la puerta, como dije él veía el 90% del cuarto, pero como si un director de cine porno quisiera torturarlo, él no podía ver la puerta. Mariana se acercó a la puerta, ella reconoció la voz, estaba nerviosa, pero lo haría sin duda alguna. Se acercó a la puerta, dejando su semidesnudo cuerpo detrás de la puerta mientras abría lentamente asomando solo la cabeza, del otro lado estaba él, ella ya sabía que era él.

    “Ya me voy” él hacía una pausa viéndola, suponía que ella estaba semi desnuda por el asunto con la camisa, le ponía un poco nervioso saberlo, ella lo veía sonriendo evidentemente nerviosa, esperando, “bueno creo que de hecho ya se van todos, bye”

    Ella solo le respondió el tímido “bye” estaba un poco aliviada de que él precisamente no se hubiera atrevido, pero también un poco decepcionada. Solo 3 opciones más. Ella tomaba el celular y aunque la video llamada seguía adelante, ella escribía, el cuarto era pequeño, si alguien estaba afuera tal vez podría escuchar

    “No tenía el ticket o le dio miedito jajaja” le escribía a su novio, con las manos temblando de los nervios

    “Era *** ¿cierto? Jajaja” Respondía, ya que había alcanzado a escuchar la voz

    “Si jajaja” respondía ella

    Ella apenas mandaba el mensaje y la puerta sonaba de nuevo, ella veía hacia la puerta esperando que quien estaba tocando hablara, pero nada, él tocaba de nuevo, ella dejaba el celular rápidamente sobre la repisa de nuevo, se acercaba con seguridad a la puerta, casi quiso abrirla de golpe, mostrando sus lindas tetas a quien fuera que estuviera del otro lado, pero una pizca de cordura la hizo abrir la puerta tapando su lindo cuerpo de nuevo.

    “hey” decía el hombre al otro lado de la puerta.

    “Hola” decía ella está vez con más seguridad en sí misma, mientras asomaba la cabeza cómicamente de costado escondiendo su cuerpo.

    “creo que ya me voy” decía intentando averiguar si ella estaba semi desnuda detrás de esa puerta, sin esconder mucho su mirada que iba curiosamente vagando por los bordes de la puerta.

    “Ok ok… ¿Es todo?” Ella casi se arrepintió de preguntar lo último, ¡¿es todo?! ¡¿Que se supone que significaba eso?! Se lamentaba por dentro, su interlocutor tardó un segundo en responder.

    “Ammm si amm tu cierras ¿verdad?” Decía con curiosidad.

    “Si si no te preocupes, es que ahorita no salgo porque no traigo nada arriba” dijo y se volvió arrepentir de inmediato, ¡¿por qué le dio esa información?!

    “Jajajaja ok ok, por cierto, me dijo *** que lo llevará a su casa” le dijo el hombre, apuntando detrás de él, ella casi saca medio cuerpo, se detuvo a medias, vio al otro hombre ya mencionado detrás despidiéndose con una mano tímidamente.

    “Ok ok, yo cierro” se despidieron los 2 hombres, era obvio por las miradas que ellos vieron la parte superior, casi la mitad, de sus bien redondas y lindas tetas, a ella le gustó eso.

    Ella regresó y se recargaba sobre la lavadora, bajaba rápidamente sus shorts junto con su diminuta tanga, se tocaba fuertemente está vez, ella casi escurría, obviamente sabía quién sobraba ¿él tendría el ticket? Claro que él lo tendría ¿cierto? ¿Él se atrevería a decir algo? ¿Solo lo mostraría como juego? ¿O pediría el pago? ¿Ella se atrevería a empujar la situación?

    Ella se masturbaba desesperadamente, quería llegar al delicioso orgasmo y aclarar su mente, su versión de ella consiente no lo haría ¿verdad? ¿O aun así lo haría? ¿No importaría que ella llegara al orgasmo y aun así se abalanzaría a chupar esa verga? ¿Había cruzado una puerta que se cerró detrás de ella para siempre? ¿Se arrojó ella misma al abismo de la lujuria del que ya no podría salir?

    Ella había planeado esto y disfrutado con el juego durante 2 semanas, había tenido orgasmos y momentos de lucidez, aun así, pensaba en que esto era divertido, incluso cuando estaba completamente “fría” durante el día, entonces, ¿ella era ahora así? Se torturaba con estás preguntas para si misma mientras acariciaba como loca su rugoso punto G dentro de ella retorciéndose medio cuerpo sin poderlo evitar, ella llegó a la resolución, el orgasmo tal vez solo la calmaría 2 minutos, lo aceptó, bajó la velocidad y decidió esperar acariciando delicadamente su entrepierna, intentó controlarse, llegó a un punto de tranquilidad donde hizo las paces consigo misma, ella lo haría, pero no forzaría demasiado las cosas, estaba en control, pero quería hacerlo y estaba dispuesta a disfrutarlo, sin miedo, sin culpa, sin arrepentimiento.

    No tomó el celular para hablar con su novio, que pasará lo que tuviera que pasar, y como si el diablo estuviera de por medio, en cuanto llegó a su decisión, la puerta sonó. Ella sabía que tenía que ser él, ya habían pasado algunos minutos, los otros 3 ya se habían ido. Ella avanzó hacia la puerta cruzando su brazo derecho por encima de su lindo par de senos, con la punta de sus dedos apenas y tapaba su lindo pezón rosa izquierdo, apretó, quería que sus tetas se vieran grandes y carnosas, abrió la puerta por completo, quedó parada frente a la puerta abierta con solo su brazo tapando sus tetas, el hombre no pudo evitar su sorpresa, abrió los ojos por completo, parecía que iba decía algo pero solo se quedó con la boca abierta, tenía el ticket en la mano derecha, ella se sentía tan poderosa de ver cómo lo dejaba como un idiota.

    Diego: Ammm ammm este ya-ya me voy – decía torpemente casi tartamudeando, sin dejar de verle las tetas.

    Mariana: ok – decía ella con una pokerface increíble, parecía tan desinteresada que lo convenció, por dentro estaba echa un desastre.

    Diego: ammm si… es que jaja – no decía nada realmente, solo exclamaba torpemente, dejaba de ver sus tetas por un momento, veía el ticket y se lo entregaba estirando el brazo lo más que podía, sin acercarse, como si la chica estuviera armada y apuntándole con un arma, ella no decía nada, ahora amaba torturar hombres sexualmente – se-se quedó ammm en la cocina jaja – decía riendo nerviosamente con la mirada clavada de nuevo en las tetas, movía la mano ofreciéndole el ticket.

    Mariana: pasa – le decía ella tranquilamente mientras soltaba la puerta entrando al pequeño cuarto de lavado, dejando que él entrara detrás de ella.

    Él entraba torpemente, ella se recargaba sobre la lavadora que ya había terminado el ciclo, solo agua tirándose por la coladera, mojando un poco el piso.

    Mariana: cierra, por si mi novio viene – dijo tranquilamente, sabiendo lo que esa frase significaba implícitamente, Diego casi tiene un infarto.

    Diego: si-si – dijo de una manera tan patética que ella casi ríe, le encantó ver los nervios tan atroces que le causó.

    El cerrojo de la puerta sonó más fuerte que nunca en la cabeza de Mariana, silencio total, silencio incómodo, Diego no sabía qué hacer, de pronto el cuarto pareció ridículamente pequeño, parecía que sentía la respiración de ella en la cara, aunque estaban a un metro y medio de distancia.

    Mariana: aunque creo que está muy dormido, estaba pedisimo – disfrutaba preparándole el terreno, pero tampoco le regalaría la victoria.

    Diego: si jaja – decía riendo fingidamente, sus sucias miradas iban de sus tetas a sus piernas y a veces a su cara – intenté despedirme de él, fui a tocar a su puerta como 5 veces y nada jajaja – reía fingidamente.

    A Mariana le recorrió un escalofrío, el muy cerdo se quedó al final, recuperó el ticket y se aseguró de que nadie los molestara, planeó todo, ella se sentía cachonda de pensar que él hubiera hecho todo eso, ¿cuánto tiempo habrá estado afuera pensando en si probar su suerte o solo irse? Ella decidió empujar un poco más, con una simple frase pero que pensó detenidamente.

    Mariana: yo también estoy súper peda, apenas y puedo mantenerme en pie jajaja – decía riendo fingidamente, eso le daría valor ¿cierto? Diego reía nerviosamente, evidentemente fingido, tomaba el ticket, lo volteaba y leía en voz alta sin alzar la vista.

    Diego: “este ticket es al portador” jajajaja – la carcajada más falsa que había escuchado Mariana en su vida, pero no pudo evitar sonreír un poco, estaba roja como tomate, aunque ella no lo sabía.

    Mariana: si jaja y mi novio que lo pierde – decía con un tono nervioso, se sintió patética de perder control de la situación por un segundo.

    Diego: o sea jajaja es que… – más risa falsa, él veía fijamente el ticket sin levantar la mirada – toma – se lo ofrecía con el brazo estirado de nuevo, dando solo un paso para ponerse apenas al alcance de ella, no podía mirarla, literalmente estaba volteando a un lado y casi hacia el piso.

    Mariana no se movía, lo veía fijamente, no le haría las cosas más fáciles, se pararía en la orilla del abismo, pero esperaría a qué el la empujara, él no quería verla, solo movió la mano ofreciendo el ticket de nuevo, ella no lo tomaba así que el muy cobarde pervertido alzó la vista por fin y movió la mano ofreciendo por tercera vez el ticket, tenía la boca seca, ella pudo notarlo. Mariana retiró lentamente su mano derecha lentamente de sus lindas tetas, de manera completamente innecesaria con su otro brazo colgando hacia el piso sin siquiera hacer el amago de taparse, dejando rebotar sus senos en el aire una vez, Diego miró sin vergüenza, ella tomó el ticket con firmeza con la mano derecha con el dedo índice y el dedo gordo, pero sin retirarlo, él tampoco lo soltó.

    Mariana: ¿solo me lo estás devolviendo? – ella en serio quería hacerlo sufrir, no retiraba el ticket.

    Diego: ammm o sea sí, es que o sea ammm se quedó en la cocina – él repetía lo que ya había dicho en un intento patético de no quedarse callado, ella lo veía fijamente, él levantó la mirada y la vio a los ojos por fin – … quiero cobrarlo – dijo con la voz temblorosa.

    Mariana: ok – dijo ella con voz tranquila, a muy poco volumen

    Ella retiró el ticket suavemente de las manos de Diego y lo dejó sobre una repisa que tenía a un lado sin moverse de su lugar ni voltearse, sin dejar de verlo a los ojos, avanzó 2 pasos hacia él con los brazos abajo dejándole admirar sus pechos, llegó tan cerca que pudieron sentir la respiración del otro encima, ella se bajó delicadamente sobre sus rodillas sin dejar de verlo a los ojos ni un segundo, él respiraba con dificultad y era obvio, no le importaba que ella lo notara, ella estaba de rodillas frente a la entrepierna de él, viéndolo fijamente a los ojos.

    Mariana: ¿no te la vas a sacar? – le decía con voz suave

    Diego: si-si – contestaba con una alegría evidente, mientras tomaba torpemente su zíper

    Mariana: ¿cerraste bien? – le preguntaba solo por joder, ella adoraba todo ese poder

    Diego: él está muy dormido – decía volteando a ver la puerta, pero sin moverse mientras bajaba su zíper – fui a despedirme a su puerta, toqué como 5 veces y nada – repetía emocionado, Mariana estaba orgullosa de su cornudo y pensaba con morbo como Diego se aseguró de que no los molestaran.

    Diego sacó con nervios su verga completamente erecta, pero solo a través del zíper, sin bajar sus pantalones, la veía detenidamente y parecía esperar alguna clase de aprobación mientras sostenía nerviosamente su falo, Mariana pensó morbosamente que él definitivamente había estado pensando en eso, no solo tenía la verga dura, tenía la cabeza húmeda. Una verga más larga de lo que ella hubiera pensado que el patético y torpe Diego tendría, un largo bastante decente, por encima del promedio sin duda, aunque algo delgada, estaba curva en la punta.

    Ella lo vio a los ojos y le sonrió delicadamente sin enseñar los dientes, él sonrió por completo de una manera casi infantil. Él jalaba su pellejo hacia atrás, mostrándole su muy húmeda cabeza, invitándola, mientras se veían sin parpadear ella introdujo la amarga y viscosa punta en su boca, el sabor era abrumador, pero ella lo disfrutaba, él se retorcía sin soltar su verga y se hacía un poco hacia enfrente, ella le permitía entrar más en su calidad boca.

    Ella no levantaba los brazos y no le retiraba la mirada de los ojos mientras bajaba lentamente por su larga verga, él la veía fijamente y hacia caras retorcidas de placer sin importarle que ella lo viera. Ella bajaba casi por completo, solo con la mano de él y sus pantalones estorbándole, ella retiró de una manera casi agresiva la mano de él, Diego lo permitió.

    Ella hacia su labor lentamente pero de manera contundente, bajando por su verga hasta donde la ropa de él le permitía, Diego alzaba la cara y gemía disfrutando la cálida boca de ella, él se atrevió a tomarla delicadamente de la cabeza con una mano, ella lo permitía, él nunca había estado más emocionado en su vida, ella pensaba con lujuria en esto, el definitivamente nunca habría tenido una chica tan sexi como ella, la hacía sentir más lujuriosa pensar que le estaba dando un momento inolvidable. Él empujaba delicadamente la cabeza de ella hasta estar casi por completo dentro, la presionaba delicadamente como un gesto desesperado de que ella permaneciera con todo dentro, ella lo permitía, él se retorcía sin quererlo.

    Diego: me masturbo mucho pensando en ti… – dijo atreviéndose, se arrepintió de inmediato, ¡él tenía lo que quería! ¡¿Por qué arruinarlo?! Casi se golpea la cara el mismo pensando eso.

    Mariana: ¿ah sí? – decía ella con lujuria sincera viéndolo a los ojos retirándose un segundo de su verga y volviendo de inmediato, él la empujaba con más fuerza.

    Diego: si, pienso en tu culote casi diario – decía con morbo total, quería usar palabras sucias para degradarla, ella había sido el objeto de su deseo durante tanto tiempo…

    Mariana: ¿te masturbas con mi Instagram abierto? – preguntaba morbosamente mientras lo veía fijamente a los ojos, él la empujaba con ambas manos contra su erecto pene, cuando ella no tenía sus ojos sobre los de él, atacó.

    Diego: no, te fotografío el trasero en la uni cuando puedo, tengo muchas fotos de tus hermosas nalgotas – ahí estaba de nuevo intentando causar una reacción en ella, lo logró.

    Mariana tomaba desesperadamente, de una manera casi violenta los pantalones de Diego por ambos lados y los jalaba agresivamente hasta bajarlos junto con sus boxers hasta sus rodillas, los soltaba y caían un poco más, juraría que casi le lastima la verga a Diego, o tal vez lo hizo, no le importó a ninguno de los dos, su verga se veía más larga, las bolas morenas, algo peludas, a ella le encantaron, así que bajó directamente a lamerlas con la vista alzada hacia él.

    Diego: me la jalo viendo las fotos de tu culo casi diario, tienes el mejor culo del salón – le decía restregándole las bolas en la cara de manera grosera, mientras le sostenía la cabeza con ambas manos, sin dejar de verla a los ojos.

    Mariana: ¿qué quieres hacerme? – decía en voz alta para que el escuchará a través de sus bolas.

    Diego: metértela por el culo – dijo sin dudar con completa sinceridad.

    Mariana: ¿qué más? – preguntaba lujuriosa, alimentando el morbo de él.

    Diego: lamerte entre las nalgas – decía de nuevo sin dudar un segundo, ella sabía que era verdad, le encantaba.

    Mariana lamía todo lo ruidoso y gráfico que podía las bolas de ese pervertido asqueroso, como desesperada, le lamía el periné salado y él se retorcía sin dejar de verla, ella lo pensó un segundo, tal vez era demasiado, pero quería hacer eso, se puso de pie rápidamente, él la veía ansioso esperando que sucedía.

    Mariana: puedes tomar 4 fotos – dijo desesperada, solo pensó cuántas estarían bien sin que fuera demasiado, ni muy poco.

    Diego: ¿qué? ¿Cómo? – decía arrepintiéndose un poco de haber revelado esa información.

    Mariana: como las quieras, aquí – decía ella, él no comprendía nada – con tu celular, dime cómo las quieres y puedes tomar 4 fotos – ella decía como si tuvieran solo unos segundos con tono apresurado.

    Diego: ok ok – decía desesperado sin creer su suerte, buscando rápidamente en el bolsillo de su pantalón, casi agachándose.

    Mariana se separó un poco, esperando, él tomaba su celular y lo desbloqueaba torpemente fallando 2 veces, entraba de inmediato a la aplicación de la cámara, levantaba el celular, ella lo miraba ansiosa.

    Diego: así – le decía indicándole que se doblará un poco hacia enfrente, ofreciendo las tetas, ella lo hacía – apriétate las tetas – le decía desesperado.

    Ella juntaba sus tetas con ambas manos, abría la boca y sacaba la lengua haciendo un gesto lujurioso, por la distancia, ella sabía que el enfocaba todo su cuerpo, cara incluida, el duraba unos segundos, yendo con la mirada hacia la pantalla de su celular y hacia ella, ella no se movía de la pervertida pose.

    Diego: ¿traes tanga? – preguntó ansioso.

    Mariana: si – respondía sin dudar.

    Diego: enséñame el culo, una con tanga y otra sin – dijo rápidamente.

    Ella se daba la vuelta, bajaba innecesariamente lento sus shorts hasta sus tobillos, revelando una tanga de hilo dental negra que se perdía entre sus redondas nalgas, lo hizo intentando doblar las rodillas lo menos posible, sabía que seguramente el lanzaba una foto tras otra mientras ella se empinaba lentamente, ella se quitaba los shorts sin dejar de darle la espalda, los lanzaba a cualquier lado, se recargaba medio cuerpo sobre la lavadora inclinando la espalda, apuntándole con el culo medio empinada, volteaba y sonreía lujuriosamente.

    Mariana: ¿así? – preguntaba amablemente, intentando verlo sin perder la pose.

    Diego: si – decía el sin dejar de ver su pantalla, tomaba todas las fotos que podía – quítate la tanga – decía con un tono tan histérico que ella casi ríe.

    Ella bajó delicadamente su tanga, quedó colgando a medio muslo, a Diego no le importaba nada ya, se puso de rodillas detrás de ella, enfocando su celular desde abajo, poniendo en primer plano el imponente culo de ella desde abajo, el sostenía con fuerza el muslo de ella y hacia una foto tras otra.

    Mariana: ¿así? – decía ella y abría sus preciosas nalgas con ambas manos dejándole ver todo

    Diego: ¡dios si! – decía el de una manera tan desesperada, lujuriosa y alegre que ella sí que rio un poco está vez

    Ella no podía verlo, no quería perder la posición, por eso no vio cuando Diego dejó su celular sobre el piso y acercó la cara, ella sintió su cálida y agitada respiración en su trasero una milésima de segundo antes y se retiró un poco instintivamente, pero no sé quitó realmente, el lo tomó como aprobación y fue hasta el fondo, ella sintió la cara de Diego sobre sus hermosas y enormes nalgas, y su húmeda y caliente lengua en su coño, ella se retorció un poco y se mordió el labio para no hacer ningún ruido, el tomó su culo con ambas manos y lamió su coño ruidosamente, mientras se afianzaba con la cara sobre su trasero para no resbalar, ella le restregó el trasero en la cara, por lujuriosa y para dejarlo ir bien hasta su coño, él recorrió su lengua desde su delicioso y rosado coño hasta su precioso y apretado ano, ella lanzó un tímido gemido al sentir la lengua de él lamiendo profundamente su ano, queriendo entrar. Ella le restregó el trasero en la cara una vez más, luego se retiró hacia un lado y busco su cara rápidamente.

    Diego: tu culo sabe delicioso – decía viéndola a la cara, ella se puso más cachonda de ver como él tenía los labios y todo alrededor húmedo por sus jugos

    Mariana: lo sé – le decía viéndolo fijamente, él acercó la cara y lamió su coño a lo largo por completo con toda la lengua de fuera viéndola a los ojos, ella se retorcía y lo retiraba con una mano delicadamente con una mano

    Diego no quiso tentar su suerte, buscó su celular que yacía en el piso, lo tomó y se ponía de pie

    Diego: van 3, falta una – decía de pie frente a ella apuntando con un dedo de su mano libre al piso, ella sabía que seguramente él tenía 50 fotos ya, pero decidió no quitarle eso

    Ella se puso de rodillas frente a él, Diego la tomaba firmemente de una manera casi violenta del pelo alzando su cara hacia la cámara de su celular, poniéndole las bolas en la boca y dejándole la verga sobre la cara, ella le sorbía ruidosamente las bolas y él le apuntaba con su celular mientras respiraba agitadamente, ella lamía y lo dejaba hacer fotos, se soltó de su agarre y le chupaba la verga, él tomaba más fotos.

    Mariana: guárdalo – le decía ella con autoridad pero sin ninguna molestia

    Diego: si – decía él, básicamente arrojando su celular sobre la misma repisa donde estaba el ya tan mencionado ticket

    Ella lo tomaba agresivamente de las nalgas, él tomaba la cabeza de ella con ambas manos y le follaba la cara fuertemente, hasta el fondo, con toda velocidad, sin piedad, ella daba arcadas escandalosas y la saliva caía a sus bolas, luego escurría al piso, el gemía sin vergüenza a todo volumen.

    Diego: yo sabía que eras una puta – decía cruelmente mientras le follaba la cara con toda velocidad sin dejar de ver su rostro, disfrutaba ver sus caras de asco y escuchar sus escandalosas arcadas – ¡que puta eres! – decía entre sus histéricos gemidos clavándole la verga por completo en la garganta mientas ella luchaba por respirar.

    Diego follaba la cara de Mariana a toda velocidad, gemía sin vergüenza y la insultaba viéndola a los ojos sin importarle, sabía que era cosa de una vez, no le importaba arruinar futuras oportunidades que no sucederían.

    Ya iban 20 minutos desde que esa locura hacia comenzado, Diego tomó con fuerza la cabeza de ella, metió toda su verga dentro de su garganta y se restregaba repetidamente contra ella sin sacar un solo centímetro de su boca, queriendo emular tantos videos que había visto de “facefuck”, complaciendo tantas veces que había pensado en eso, el gemía con fuerza y Mariana sentía como su verga se retorcía con una fuerza casi violenta dentro de ella y podía sentir también su asquerosa, espesa y caliente corrida caer en su boca. El gemía y se retorcía, le restregaba el pubis contra la nariz y ella sentía como su verga seguía retorciéndose, y a cada pulsación, una asquerosa carga espesa de él.

    Ella daba arcadas escandalosas, caras de asco, apretaba los ojos y le golpeaba el muslo mientras sentía que el semen de él no tenía fin, intentaba liberarse débilmente, pero no en serio, ella pasaba un mal rato, pero lo disfrutaba aun así, él la sostenía con fuerza sin dejarla ir.

    Diego: tienes que tragártelos – decía con autoridad sin dejar de ver su expresión de asco, disfrutaba tanto ver cómo ella sufría y sentir la garganta de ella moviéndose alrededor de su verga solo aumentaba su placer.

    El gemía relajado, pero sin soltarla, ella se liberaba lentamente y él la dejó ir, ella tosía un poco y disfrutaba el asqueroso sabor amargo en su lengua, saliva y paladar, él recuperaba la respiración, ninguno se veía a los ojos. Ella se levantó tímidamente, le daba la espalda a propósito y levantaba su tanga del suelo, él le azotaba fuertemente el culo y ella no hacía nada por impedirlo, ni lo hizo cuando se ponía sus shorts de espaldas a él.

    Diego: eres la puta perfecta, Luis tiene suerte – decía él mientras tocaba su trasero, la veía vestirse lujuriosamente y la saliva espumosa escurría de su verga al piso.

    Mariana: nunca puedes decir nada de esto – decía intentando lucir tímida, dándole la espalda aún, pero lanzaba una lujuriosa mirada al celular que seguía puesto en la repisa, Luis sonreía al otro lado mientras se masturbaba.

    Luis: no, nunca, lo juro – decía intentando conciliar, desesperadamente pensando en si habría algo más alguna vez, pero de algún modo sabia dentro de él que seguramente no sería así, guardaba su verga y levantaba sus pantalones

    Mariana: te acompaño – decía ella mientras el aún se vestía, ella tenia la tanga y los shorts puestos, pero dejaba sus lindas tetas al aire aún

    Diego: si – respondía terminando de ponerse los pantalones

    Caminaban en silencio por la casa, sin decir absolutamente nada, uno al lado del otro, la situación era ridícula, casi cómica, ella semidesnuda con las tetas de fuera y los 2 con la vista básicamente al piso. Llegaban a la puerta, Mariana nunca había despedido a un amante en una puerta, ella no había tenido nunca esas situaciones, abrió la puerta, él esperaba en el umbral.

    Mariana: tu verga sabe deliciosa – le dijo sin pensarlo, porque realmente lo pensaba, sabía mal, como todas, pero tú me entiendes, rompió la tensión satisfactoriamente

    Diego: tu culo también – le decía el viéndola a los ojos y se besaban unos segundos con lengua, él le magreaba firmemente las tetas con ambas manos, ella lo permitía

    Mariana: estuvo rico, pero ya vete – le decía con autoridad

    Diego: si – decía separándose – nunca le diré a nadie no te preocupes, las fotos son solo para masturbarme – él fue gráfico a propósito, quería poner esa imagen en la mente de ella

    Mariana: lo supuse – decía sonriendo

    Diego se separó y se despidió alzando la mano a lo lejos, intentando ver todo lo que podía esas lindas tetas mientras ella cerraba la puerta. Apenas ella cerraba la puerta escuchó pasos en las escaleras, cerró la puerta bien, apenas se dio la vuelta, tenía a su novio encima.

    Luis: no me beses – le decía el con fuerza

    Mariana: ok – ella disfrutó tanto ese signo de autoridad de su lindo novio, él no era así, y a ella le gustaba eso

    Luis la tomó de la mano, la llevaba a un sillón, la ponía en cuatro patas y bajaba agresivamente su short junto con su tanga, lamió con fuerza su coño restregándole la cara en el trasero, se colocaba detrás de ella y la penetraba por completo de golpe, sin ninguna dificultad, ella gemía.

    Luis: hiciste más de lo que quedamos puta – decía con autoridad mientras comenzaba a follársela de 0 a 100

    Mariana: ¿y qué? ¿Me vas a castigar? – decía queriéndose imponer, pero obviamente sometiéndose irónicamente

    Luis se la folló histéricamente, ella tuvo 3 orgasmos antes de que el terminara, hace apenas algunos meses eso hubiera sido inconcebible, ella sabía que todo esto habías sido una excelente idea. El terminó y eyaculó sobre sus preciosas nalgas, no usó condón por la premura, pero ella seguía sin estar en control natal, y esta vez no había descanso. Subieron rápidamente al cuarto, él la lamió hasta que estuvo erecto de nuevo y la folló como un animal salvaje de nuevo, y de nuevo y de nuevo, follaron desesperadamente de una manera primitiva y lujuriosa sin hablar, solo ruidos húmedos y gemidos.

    Estaban tan agotados que al final solo durmieron, sin hablar del tema, sin charla sucia, ni charla cursi, solo durmieron sudados, exhaustos y satisfechos, abrazados de cuchara.

    Otra nota para los lectores: gracias por las valoraciones tan positivas, comenta o mándame correo, leo todos los comentarios, gracias si llegaste hasta aquí.

  • Mi prima y una deuda de por vida (II)

    Mi prima y una deuda de por vida (II)

    En el instante que leí aquel mensaje una parte de mi no entendía que sucedía, ¿por qué Belén tenía otro número de teléfono? ¿Por qué escribía de aquella forma tan sospechosa? Y más importante que nada ¿qué era lo que estaba sucediendo en ese momento? Cientos de escenarios y posibles bromas de su parte aparecieron en mi mente mientras decidía cómo reaccionar a aquel mensaje por lo que pagué por aquel desayuno en la estación y tomé mis pertenencias antes de aventurarme a las frías calles de la Capital.

    Una vez estaba en la calle, dirigiéndome hacia la habitación de Airbnb que había reservado con el ensordecedor sonido de los coches pasar y el GPS guiándome, mis ojos no paraban de observar aquel tan misterioso mensaje. El reloj del móvil marcaba las 8:15 de la mañana por lo que, sin pensarlo dos veces, decidí marcar a aquel misterioso número de celular que no tenía registrado y que jamás en toda mi vida había visto.

    — ¿Hola? ¿Sebastián? — Pudo escucharse del otro lado de la línea; efectivamente era Belén, con aquella voz chillona tan característica de ella, una voz que podía confundirse con la de una chica un par de años más pequeña que ella pero que en esa ocasión se encontraba diferente.

    — Si, soy yo. ¿Qué sucede? ¿Estás bien? He recibido tu mensaje. — Le respondí, intentando ocultar la preocupación en mi voz, pero de todas formas no fue posible. Era Belén, mi mejor amigo, la primera mujer que quise en mi vida y que hacía tanto no veía.

    — Estoy bien, solo es que necesito tu ayuda… Vi tus historias, estás en la ciudad. ¿Puedes venir a mi departamento? — Hizo una breve pausa antes de terminar la llamada de una forma que le dio escalofríos a todo mi cuerpo. — No le comentes nada a nadie, por favor.

    Luego de unos considerables minutos, me encontré en aquella pequeña habitación de mala muerte que contraté en el centro de la ciudad y, provechosamente, cerca del departamento de Belén. Dejé mis cosas, me di una rápida ducha y en menos de media hora volví a tomar las calles para dirigirme hacia su encuentro, preparado para encontrarme casi con cualquier cosa que sucediera.

    El edificio donde vivía mi querida prima era digno de una película de Hollywood; completamente vidriado, inmenso, alto y con todos los lujos que solo una persona de muchísimo dinero podía permitirse. Aún no podía entender como Belén dejó nuestra humilde, pero buena vida en el interior de la provincia, por un edificio de alta gama en una de las zonas más lujosas de toda la ciudad, pero, cuando estuve parado frente a su puerta en el piso 20 de aquel edificio, sentía como el corazón poco a poco iba acelerándose hasta el punto de querer salir a trotar por sí mismo. Toqué el timbre y en menos de dos minutos pude ver como la puerta se abría delante de mis ojos.

    — ¡Viniste! — Dijo aquella muchacha de baja estatura y cabello castaño mientras, de una sorpresa, se colgaba de mi cuello formando un fuerte abrazo, casi como si estuviera aliviada de no estar sola. — No sabes cuanto te necesitaba.

    — Claro que vine, me lo has pedido. Además, también te extrañé. — Dije correspondiendo a aquel abrazo, pero, luego de unos segundos o quizá minutos parados en la puerta, en completo silencio, nos separamos para entrar dentro de aquel inmenso y luminoso departamento digno de un millonario.

    Belén estaba físicamente igual que cuando la vi por última vez, su perfume había cambiado, ya no era aquel perfume de calidad media-baja que compraba siempre, ahora era algo bastante caro. Su ropa cambio de igual forma, estaba vestida con lo que parecía ser un pijama. Tenía una camiseta blanca manga corta bastante holgada pero que dejaba ver sus duros pezones debajo de la tela, un short color negro bastante corto que dejaba sus pálidas y algo regordetas piernas al aire libre, extremadamente espectaculares para la vista de cualquiera y sus pies descalzos con las uñas pintadas de rojo, pies dignos que cualquier fetichista reconocería como “perfectos”.

    Sin decir nada, ambos nos sentamos en aquel inmenso sofá que dejaba de espaldas el ventanal en su sala de estar, ventanal que dejaba ver toda la ciudad con una increíble majestuosidad, pero, el rostro de felicidad de Belén poco a poco fue cambiando a uno por más tristeza, miedo y vergüenza por lo que, estando frente a frente como aquellas incontables tardes o noches, le pedí que me contara que sucedía.

    — Te lo diré, pero no debes decirle a nadie. Y hablo en serio, si se sabe… No sabría que hacer. — Dijo con una voz llena de miedo, pero al asentir con la cabeza decidió continuar. — Hace poco más de dos años conocí a un chico por internet, jamás te conté de él porque realmente parecía uno de estos muchachos que se crean cuentas falsas para molestar y todo, pero resulto que no fue así. Era encantador, realmente perfecto. Era precioso, inteligente, tenía dinero y me trataba como una reina. — Hizo una pausa para tomar su móvil y enseñarme una foto de ambos. — Literalmente fue amor a primera vista y él me dijo que fuera a vivir con él, entonces dije que sí. Fue ahí que decidí dejar nuestro hogar para venir aquí, a la Capital. Todo fue maravilloso, la pasábamos genial, vivía como una reina, pero al cabo de un año lo descubrí engañándome con mi mejor amiga así que lo dejé. Me quedé sin un solo centavo, teniendo un enorme resumen de tarjeta de crédito que pagar, este departamento, todo así que me las ingenié.

    En sus ojos podían verse las lágrimas, las inmensas ganas de llorar que en su voz quedaba reflejada por lo que, sin decir nada, tomé su mano y la apreté con fuerza dándole coraje para que continuase. — Necesitaba dinero así que un amigo me presentó a unos tipos, unos prestamistas… Ellos me dieron más de lo necesario para abrir mi estética y poder subsistir. Todo volvía a la normalidad, tenía enormes ganancias, pero todo cambio cuando estos tipos quisieron su dinero de vuelta. Las tazas de devolución eran enormes… Tendría que pagar tres veces lo que me prestaron, pero era imposible así que me atrasé con los pagos, con absolutamente todo y ellos juraron que se cobrarían el dinero, de una forma u otra. — Allí hizo una nueva pausa para tomar su móvil, buscar algo y luego, sin poder ver que era, volvió a bloquear la pantalla. — Hace unas dos semanas, alguien hackeó mi cuenta en la Nube, no parecía haber nada importante allí, pero con el pasar de los días, ellos exigieron un pago o de lo contrario, iban a publicar fotografías mías… Privadas.

    —¿Cómo? Espera. ¿Ellos tienen fotografías tuyas desnuda? ¿Por qué no dijiste nada? ¿Cuánto dinero les debes dar para que no lo hagan? — Aquellas preguntas salieron de mi boca sin siquiera poder controlarlas mientras una mezcla de enfado con… ¿Excitación? Se apoderaron de mi cuerpo. Estaba increíblemente enfadado, pero al mismo tiempo, sin querer, mi mente comenzó a imaginar como serían aquellas fotos de Belén desnuda.

    Durante toda mi vida fantaseé con ella, con verla desnuda o con como serían aquellas fotos que estaba seguro que se tomaba para sus pequeños novios. La única vez que pude ver algo siquiera parecido a ello fue cuando estábamos en un viaje a la playa poco después de ambos haber cumplido los 18 años, estábamos los dos solos en la piscina del hotel sin nadie a nuestro alrededor y, por un percance con la parte superior de su bikini, este mismo se le salió dejando a mi vista sus perfectas tetas blancas.

    Fue la primera vez que veía a mi prima de una forma exclusivamente sexual en la vida real, en mi mente había imaginado cosas parecidas, pero nada era siquiera cercano a la realidad. Sus tetas tenían el tamaño perfecto, ni tan grandes, ni tan pequeñas, completamente redondeadas y con unos pezones de tamaño mediano completamente rosados. Mentiría si dijera que no recuerdo esa imagen por lo menos una noche a la semana desde entonces.

    — Ellos tenían fotografías mías… No pude conseguir esa cantidad de dinero a tiempo y las publicaron, hace dos días. Las publicaron en todas las páginas posibles, cada vez que veo sus publicaciones y logro quitarlas, vuelven a subirlas. — Dijo antes de desbloquear su móvil y darme un vistazo por aquella página de contenido pornográfico, un post titulado “La zorrita deudora” y donde la primera foto era simplemente ella, en una pose bastante sugerente en bikini, pero, sin decir nada más, bloqueó el celular antes de seguir. — Amenazaron con que, si no les daba un adelanto considerable, ellos buscarían la forma de cobrarse su dinero una última vez, y que quedaríamos a mano pero que me costaría mucho y tendría que vivir con ello toda la vida.

    Mi mente explotaba debido a la cantidad de información que estaba recibiendo; mi prima, la inocente chica que amé durante muchos años, estuvo metiéndose en negocios turbulentos con gente peligrosa y ahora mismo tenía quien sabe cuántas fotos privadas en páginas para adultos. — ¿Han dicho que sería eso que querrían cobrarse? — pregunté sin salir del estado de shock en el que me encontraba.

    — No… Y eso es lo peor de todo, no sé qué quieren, no sé qué es lo que buscan. Te mentiría si te dijera que no tengo miedo…— Dijo antes de mirarme en búsqueda de una respuesta.

    Nos pasamos gran parte del día hablando sobre aquella situación, sobre cómo lo resolveríamos, sobre cómo se sentía y buscando llenar los espacios vacíos que quedaban en la historia. Luego, fuimos a cenar y decidimos cambiar un rato de tema, hablamos de cómo estaba la familia, que había de nuevo y cuánto tiempo me quedaría en la ciudad a lo que respondí sin siquiera pensarlo “El tiempo que haga falta”. Al finalizar la noche, la llevé nuevamente a su departamento, me aseguré de que estuviera todo en orden antes de dejarla tranquila y dirigirme hacia mi departamento.

    Una vez estuve en la tranquilidad de las cuatro paredes que había rentado, me despojé de la ropa para meterme en la ducha, pensando en todo lo que había conocido desde que llegue de la ciudad, cada situación, cada detalle, cada cosa que Belén me confió, además de haber recibido la magnífica invitación de acompañarla mañana a pasar un día completo en su trabajo pero, cuando estaba a punto de salir de la ducha, la imagen de aquella publicación con sus fotos llegó a mi mente así que cuando estuve en la cama, tomé el móvil y no pude vencer a la tentación de buscar aquellas fotos para observarlas con mucho cuidado y satisfacer aquella curiosidad, al mismo tiempo que satisfacía mis deseos y morbos más profundos con ella, con la mujer de mi vida, la mujer que ya no era la niña inocente que conocí y la mujer que vería en apenas un par de horas, fingiendo como si nunca hubiera estado haciendo esa actividad manual que para muchos parecería indebida, inclusive hasta morbosa, con las fotos de mi querida prima.

    ————————

    Sé que esta segunda parte se demoró más de lo que había pensado, pero lo cierto es que, entre el trabajo y las actividades familiares debo manejar muy bien los tiempos de escritura, pero les prometo que la siguiente parte estará disponible muy pronto y que estará llena de sorpresas, morbo y actividades de lo más entretenidas para nuestros queridos protagonistas.

    Esta es mi primera historia de este estilo y es la primera vez que publico en esta página. Iré subiendo los capítulos conforme el tiempo me lo permita y espero que les guste esta pequeña historia, esta aventura que he estado teniendo en mi mente durante mucho, mucho tiempo.

  • Y finalmente… ella y tu regalo

    Y finalmente… ella y tu regalo

    Llegamos a este país persiguiendo nuevos sueños. ¡Tal vez ya es la hora de despertar!

    Por la mañana ya me sentía extraño, un café y un cigarrillo, antes de atender a dos clientes interesados en comprar el mismo automóvil. La cita seria en veinte minutos con uno primero y una media hora más tarde, el otro después. Habría que no dar mucho descuento, sería finalmente una especie de subasta al mejor postor, y el que jodiera menos se llevaría las llaves, sin bajar mucho el precio, mi comisión por la venta sería mucho mejor.

    Necesitaba concentrarme en el trabajo, aunque el hecho de haberle puesto sobre la mesa esa propuesta a mi esposa, antes de salir del piso donde residíamos recién llegamos a esa ciudad, repicaba cual campanadas de Iglesia en domingo, citando a misa matinal. ¿Estaría bien? Aún en mi interior me preguntaba si era lo justo y necesario o era un paso incorrecto para ambos. Pero algo había que hacer para intentar poner un orden y remediar los disgustos de los últimos días entre los dos.

    —¿Me invitas uno? —Y me sobresalté ligeramente. Era ella, sacándome de mí enrarecido mundo y atrayéndome con sus hermosos ojos verdes hacia la realidad.

    —¡Pero claro! Ten. —¿Y un cafecito para acompañar el cigarrillo? —Puede ser, Jajaja.

    —¡Nunca me había visto tan bien atendida! —¡Ahh! Eso debe ser porque no te has dejado. Y soltamos al unísono nuestras risotadas. ¡Humm! Mujeres, pobres hombres.

    Paola era una hermosa mujer barranquillera, también recién desembarcada por estas tierras madrileñas. Era delgada y casi tan alta como yo. Por cierto, muy amiga del Dueño. Cabello dorado, liso hasta llegar a su cintura. Rostro anguloso, nariz perfecta de muñeca Barbie y dos hoyuelos preciosos, que asomaban en su cara cuando sonreía. ¡Que era casi siempre! De senos no estaba mal, no muy grandes, pero como era de cintura estrecha y caderas anchas, pues resaltaban bastante. Y su cola era un durazno, que yo deseaba morder, casi siempre. Estaba a pocos días de su boda, con un muchacho que por cosas del destino, era hijo de una clienta mía, dueña de una gran ferretería. La señora ya me había comprado dos autos y un camión de carga, para los repartos.

    Ya llegaba la hora de la primera cita con el interesado en el automóvil verde usado, un Seat Ibiza del 2012, muy bien cuidado y cuyo propietario era mi Jefe de ventas. El señor González llegó puntual a la cita, con la familia completa. Le pasé las llaves del automóvil para que apreciara el interior y el perfecto funcionamiento del motor. La esposa de mi cliente y los niños, junto a la otra señora que por su facha, me pareció la suegra, también quedaron encantados.

    Como en todo negocio, el cliente buscaba peros y rayones para aminorar en lo posible el precio de venta, pero es que ese bendito Seat estaba impecable, mi jefe lo cuidaba más que a la niña de sus ojos. No pudo el señor González, rebatir el precio pero se empeñaba en intentarlo.

    Les ofrecí cafecito y una mesa apartada para que se acomodaran y fueran dialogando, mientras que mi rubia barranquillera me hacía la segunda, distrayendo con sus carcajadas al segundo cliente. Las citas acordadas con anticipación, salieron a pedir de boca. La familia veía con angustia, como se le escurría la baba al nuevo posible comprador.

    Ese segundo cliente mío era un gordo dueño de una salsamentaría que quedaba a pocas calles del concesionario. Desde hacía días le venía echando el ojo al auto de mi jefe, hasta que una noche antes de cerrar las puertas y marcharme a casa con mis hijos y mi esposa, me abordó para saber si estaba en venta. Hasta ese momento no, obviamente.

    Pero la idea me quedó rondando en la cabeza, pues el gordito se veía enamoradísimo del vehículo y estaba dispuesto a pagar por el en efectivo. Podría meterme en el bolsillo un buen dinero si lograba, –por supuesto– convencer a mi jefe de que ya era hora de espantar al pasado y comprarse un carro nuevo. Transcurrieron cuatro días y yo sin plata en el bolsillo. En la casa estaban pendientes los recibos de luz y de agua. El alquiler ya pronto por vencer.

    Mi mujer, entre furiosa y angustiada, se debatía entre pedir un préstamo a su queridísimo jefe o darme el chance de conseguir las ventas, que me brindaran las comisiones suficientes para cancelar esos servicios. Su jefe era la última opción, porque de seguro que el hombre no le pondría ninguna pega ni le cobraría el dinero prestado, si ella accedía a sus libidinosas pretensiones.

    Bueno, el tema terminó en que esa tarde efectúe un doble negocio. Vendí el Seat de mi jefe a la familia y terminé andando a pie, porque para no ofender al gordito de la salsamentaría, le ofrecí mi Mazda 323F y le gustó. Ya el dinero para pagar las cuentas estaba en mi cartera, solo faltaba encontrar una manera para decírselo a mi esposa. Ahhh, se me olvidaba, era necesario ir a comprar algún regalo para mi rubia barranquillera por su próximo matrimonio. Me hubiese gustado cerrar ese día de manera fenomenal disfrutando de los quejidos y los ¡Ayyy, Dios mío! de Paola, pero yo, lastimosamente tenía un compromiso infaltable.

    Aún estaba temprano, tomé el móvil y llamé a casa.

    —¿Hola? —Me contestó mi mujer con cierta premura…

    —¡Hola Cariño! ¿Cómo estás? —La saludé de manera cordial.

    —¡Bien! Los niños ya los recogió mi mamá. ¿Dónde estás, te demoras? —Obviamente me demoraría, tendría que hacer una compra antes y luego dar un rodeo por ahí. No tenía muchas ganas de llegar a mi hogar y quedarme completamente solo esa noche.

    —¡Perfecto! Me demoro un poco, voy a comprar algo de camino. Esta tarde pude concretar el negocio… ¡Bueno en realidad fueron dos! Y ya tenemos dinero. Aunque tengo que contarte algo, pero lo dejaremos para después. Así que tranquilízate.

    —Me alegro… De todas maneras voy a salir.

    ¬—¿Todo sigue igual? ¡O.k! Adelante, sé que lo deseas. Después nos vemos. ¿Ya estas arreglada?

    —¡Si obvio! Pero estoy muerta de los nervios. ¿Estas completamente seguro de esto? —Me preguntó algo inquieta.

    —Solo ten cuidado y disfruta tu noche. Cualquier cosa me avisas y te iré a recoger donde estés. —Era mi deber de esposo estar pendiente de ella.

    —Ok. La idea es pasar primero un rato por un sitio que esta por Santa Engracia, creo que es el Barnon Bar Club. Te aviso cuando estemos allá. Y después no sé dónde la seguiremos. No alcancé a dejarte la comida lista. ¡Ya llegaron a recogerme, adiós! —¿Sin comida? Bueno igual si algo picaría por la calle algo.

    —Cuídate, Bye. —Me despedí y terminé la llamada.

    Se había ennegrecido el cielo y una lluvia fuerte, de esas que no dan tregua, inundó las calles y las aceras. Y yo sin paraguas ni un periódico para tapar mis goteras. Me despedí de mí “mona” y me dirigí entre charcos, esquivando como podía, las salpicaduras de los vehículos que transitaban por la vía, hacía un local de Sex Shop, que había de camino al bar de mi amigo. Aún seguía sin comprender porque ejercía por las noches de portero, si de día con traje y corbata era un prestigioso abogado. Tal vez tenía sus tragedias y uno que otro complejo, en el que se mezclaban, Clark Kent y Superman.

    Recordaba plenamente los lunares y las pecas en los hombros de mí Barranquillera, su piel blanca y tersa. Los rosados pezones que coronaban altivos sus preciosas tetas.

    El tatuaje de dos cerezas por encima de su pubis, con sus vellitos dorados y recortados, formando una delgada línea que terminaban dos centímetros, justo antes de la abertura de su raja. ¡Ufff! De solo recordarla, ya me iba empalmando mientras rodeaba las vitrinas de aquel sex shop, observando los atrevidos conjuntos con transparencias. Había algunos jugueticos colgando de las estanterías, pero ahora no tenía disposición para pensar en adquirir alguno de ellos.

    ¡Un regalo para su noche de bodas! Yo lo compraría para que otro lo disfrutara. ¡Qué estúpido que es uno! ¿Cierto? Bueno allá él, que disfrutara desvistiéndola. Igual a mí, me encantaba más tenerla debajo, encima, de medio lado y sobre todo en cuatro, desnuda y completamente mía. Finalmente escogí uno, de color negro, que resaltaría sobre su piel de porcelana. Cancelé la compra y salí de aquel local con la intención de pasar un rato escuchando rock en “El Juli”, pero la lluvia no se detenía.

    Aun así, me dirigí hacía allá con la bolsa metida bajo mi chaqueta, mientras mis cabellos de manera estoica, recibían los embates de las gruesas goteras. Solo una calle más y llegaba a mi destino. Finalmente el frio y mis medias empapadas dentro de mis zapatos rotos por debajo, detuvieron mis ganas y el presuroso paso.

    Esperé bastante hasta que menguara el aguacero, mientras compartía mi pequeño espacio con un perro negro tan empapado y frio como yo, debajo de un alero de un edificio viejo. Las personas con sus paraguas iban y venían. Otras se dirigían también hacia mi destino y el “puertas”, cauteloso como siempre, requisaba a los hombres. Las mujeres seguían de largo. Un mensaje entró al móvil, observe la hora: 9:45 P.M.

    —Ya estoy con ellos. ¡Chao! —¡Puff! Suspiré intrigado. ¿Ellos? ¿Quiénes y cuántos? Se suponía que solo sería… En fin, me lo tenía ganado. Y encendí otro cigarrillo mientras aguardaba que la tormenta amainara. ¿O no? Otra media hora y un cuarto más, aún seguía lloviendo, por supuesto que yo tiritaba del frio.

    Eran casi las once de la noche y a pesar de que seguía la lluvia, esta aminoró un poco y aproveché para despedirme del mojado animal y correr hasta la puerta de aquel Bar.

    —Hola Alberto, lluviosa noche. “Puertas” se sorprendió al verme. De seguro por mi mojada apariencia y por los quince días que habían transcurrido desde mi última visita.

    —Tiempo sin verlo por acá mi apreciado amigo. ¿Y cómo está todo? ¿Lo demoró la lluvia?

    —Bien “Puertas”, problemas que no faltan, pero mejorando. —Le noté la mirada un tanto extraña, demasiado abiertos sus ojos al verme allí.

    — ¡Y sí! estuve esperando a que parara de llover pero nada. —Respondí.

    —Así que como esta noche vengo solo, pues me tomaré solo dos o tres birras y me iré a casa, muy juicioso. —Rematé mi confesión.

    —Humm, sí ya se me hacía extraño. Ya sabes, unas son de cal y otras son de arena… Bienvenido al club y por favor, si necesitas algo, cuenta conmigo y sobre todo, tómatelo con calma y no rompas nada. —Y yo quedé en las nebulosas por ese comentario.

    —Mejor estar debajo de las cobijas bien “entrepiernado” con tu mujer ¿cierto? Jajaja. —Le dije finalmente al “Puertas”, intentando entrar pero él se mantenía frente a mí, sin dejarme pasar al interior del bar. Alberto no se sonrió por mi comentario. ¿Será que pensó que me refería a la suya y no a la mía?

    —Poca gente ha venido a esta hora. ¡Sera la noche tan fría! El ambiente no está animado. Tal vez es mejor que te vayas a casa y te prepares una sopa caliente. —Me respondió tajantemente mi amigo.

    —Gracias “Puertas”, lo tendré en cuenta para la próxima. —Y enseguida atravesé la puerta de vaivén que sostenía Alberto con su brazo –aunque me extrañaron sus palabras y su mirada, algo apesadumbrada– y me dirigí de inmediato hacia la barra, donde por fortuna había tres butacas solas, dos pegadas y una intermedia, entre un solitario hombre y dos mujeres más allá, cercanas al final. Y la hermosa Lara detrás sirviendo copas y colocando una botella de Whiskey escoces y cuatro vasos sobre una bandeja. Se dirigía hacia una mesa ocupada por un hombre maduro y una joven hermosa de cabellera castaña y ondulada, con decoloraciones al final, que estaba de espaldas hacía mí.

    Me acomodé en la silla contigua al señor que ya bebía lo poco que le quedaba de su cerveza. Finalmente se me acercó Lara para saludarme desde detrás de la barra, con una cerveza en su mano.

    —Buenas noches, preciosa. Jajaja, ya conoces la clientela. —Y le di las gracias.

    —¡Oye! ¿Me regalas unas rodajas de limón? —Lara se giró hacia el mueble que estaba a su espalda, de un anaquel tomó un limón fresco y lo tajó con suma habilidad.

    Por el espejo que había detrás del mobiliario, con sus copas y botellas decorando la pared, pude observar el paso elegante de una mujer de unos treinta y tantos, de rostro angelical y ojos brillantes, en algo humedecidos, que se acercaba desde el fondo del local, donde se encontraban algunas mesas ocupadas por una que otra pareja y las demás con algunos jóvenes que reían y brindaban.

    —Hola Rodrigo. —Me saludó cordial Lara. —Se te hizo algo tarde ¿Cierto? —Y me obsequió intrigada, su mirada bondadosa y una leve sonrisa que se ladeaba hacia su lado izquierdo. Otra más con el cuento aquel de que había llegado tarde. ¿Acaso me esperaban? -No recordaba haber pactado una cita- Pasé el primer trago por mi sedienta garganta y le pregunté finalmente…

    —¿Tarde para qué, Lara? —levantando mis hombros un poco para enfatizar la pregunta.

    —¡Ehh! No por nada. Solo que te esperaba un poco antes. ¿La lluvia te detuvo? —Me dijo, mientras se inclinaba un poco sobre la madera pulida y lacada del mesón. Me regalaba así una preciosa vista de sus hermosos pechos, embutidos tras un sostén con encajes que se podía adivinar con mediana claridad, bajo su camiseta blanca. Le sonreí, mientras apartaba algo apenado, mis ojos de aquellas sinuosas maravillas. Lara se percató de mi pequeño desliz y tan solo se sonrió. Estaba ya acostumbrada a deslumbrar a propios y a extraños con sus encantos.

    —Así fue Lara, aunque me detuve antes en un sitio para comprar un regalo. —Y enseguida le mostré la bolsa pero sin comentarle para quien era.

    —Oye Larita, “Puertas” está un poco raro esta noche. ¿No te parece? De hecho también se sorprendió al verme llegar solo y me preguntó exactamente lo mismo que tú. —Bebí un trago largo a mi cerveza, después de introducir en la botella una rodaja de limón. Lara enfocó su mirada hacia la puerta y luego hacia el fondo del local.

    —Larita, se me hizo tarde por la lluvia pero igual no tengo afán de llegar a casa, mi esposa tenía una salida con sus amigas. Total hoy es jueves de chicas. —Le dije.

    —Vaya, ya veo. ¿Entonces no hay problemas en el paraíso? —Me dijo, aunque seguía su rostro falto de su acostumbrada sonrisa y en sus ojos no se podía ocultar la sorpresa de verme allí, tomándome tranquilamente una cerveza.

    —Los problemas no faltan. Y en el paraíso siempre existe, no lo olvides, la serpiente y la manzana. ¡Ahh! por cierto, también hay quien quiera darle de vez en cuando una mordida. —Finalmente respondí a Lara.

    Y en el momento que ella me iba a responder, la mujer de larga melena castaña y armoniosa figura, ocupó el lugar a mi lado, en el que minutos antes, el hombre aquel se apuraba con el último trago.

    —¿Señorita, me puede servir una cerveza? —Su voz era delicada y suave como toda ella. El porte y la educación, le otorgaban un aire aún más distinguido y si me apuran, le hacían aún más sensual. Lara le sonrió y le preguntó que si se la llevaba hasta su mesa. Pero la mujer le respondió que no. Que ella se la tomaría allí, sentada en la barra. Me miró y la miré.

    —¡Salud! y buenas noches. —La saludé. Mientras observaba su vestido negro, sobrio y refinado, que le llegaba a una cuarta por encima de sus rodillas. Un recatado escote en V, rematado con un fino cordón blanco bordeándolo y un collar perlado que resaltaba su estilizado atuendo.

    Dueña ella de un cuello largo, con pendientes prolongados y dorados del que pendían un par de brillantes perlas desde sus sonrosadas orejas. Maquillaje delicado, nada llamativo. Distinguida y de manos cuidadas, delicadas y blancas, aderezadas con varios anillos y pulseras de oro. ¡Ahh! Y una alianza gruesa en el dedo anular de su mano izquierda.

    —¡Salud! y lluviosas, querrás decir. —Me miró de arriba hasta abajo.

    —Estas bastante mojado, ven quítate esa chaqueta que vas a terminar resfriándote. —Y ella misma se puso tras de mí, colaborándome en el proceso. Tomé mi chaqueta y Lara, que no perdió detalle, me estiró sus brazos y me dijo que la colocaría a secar un poco, adentro en el depósito. Coloqué la bolsa de regalo sobre el mesón. Y me giré un poco hacia la mujer de cabellos cobrizos y ojos acaramelados, hasta rozar su muslo con mi rodilla. Su vestido ya arremangado por la postura sobre la alta silla, me dejaba observar un poco más, de ella. ¡Wow, pero que buen par de piernas!

    —Mucho gusto, Rodrigo. —Y le extendí mi mano.

    —¡Encantada! Mi nombre es Martha. —Y me sonrió, aunque de manera algo tímida, dejándome tomar su cálida mano, estrechándola con suavidad; y ella, mirando fugazmente hacia una mesa ubicada al fondo, situada al lado de una de las columnas, en medio de la penumbra, la fue retirando casi de inmediato.

    —¿Casada? ¡Tranquila que no muerdo! Hoy almorcé muy bien. —Y logré sacarle una ruidosa y sincera carcajada. Era hermosa y al reír… ¡Se veía aún mejor!

    —Y tú también, por lo visto. —colocando su dedo índice sobre mi argolla matrimonial.

    —Así es, al parecer somos colegas de matricidio. ¡Jajaja! —Y de nuevo se iluminó su rostro con su risa contagiosa. Martha era una mujer… ¡Impactante!

    Tomamos nuestras bebidas mientras se soltaban en nosotros dos, las frases y las palabras. A cada pregunta suya, una respuesta mía. A cada broma mía, una carcajada suya. Se terminaron nuestras bebidas y entonces llamé la atención de Lara, que en una esquina de la barra, miraba hacia la entrada, de seguro pensando en el “Puertas” y es que en lo poco que tenia de conocerlos, se notaba que entre esos dos, saltaban chispas.

    —Larita, obséquiame otras dos por favor. —Me escuchó y confirmó el pedido con su pulgar en alto. Lara soltera y mi letrado amigo, casado. Pero el amor no conoce de estados civiles ni de fronteras morales.

    —¿Martha? Y acaso… ¿has venido sola? —Se desconcertó con mi pregunta, nerviosa se acomodó un mechón por detrás de su oreja, me miró fijamente, sin parpadear y se removió un poco en la silla. Giró de nuevo su cabeza hacia aquel lugar entre tinieblas, hasta que suspiró y me respondió, mirándome de nuevo.

    —No, por supuesto he venido aquí con mi esposo. Esta por allí, con su secret… ¡Una amiga! —Pero el brillo que tenía anteriormente en sus ojitos de miel, se había desiluminado.

    —¿Y tu mujer? —Me atacó con su pregunta para desviar mi atención sobre su respuesta. ¡Hermosa e inteligente!

    —Humm, pues verás… —Y me acerqué un poco a su oído derecho, pues habían subido el volumen de la rockola; alguien había colocado un tema bailable con música salsa, algo extraño en aquel bar, donde casi siempre el rock era el rey del lugar.

    —De colega a colega, –le dije sonriendo– últimamente hemos estado algo distanciados, entre su trabajo y el mío, pocas horas tenemos para disfrutarnos. Hoy decidimos que fuera su noche y aceptara salir por ahí. A regocijarse de la vida y de lo que se le atravesara. —Le comenté con mi tono de voz algo fuerte para que ella me escuchara bien. Martha fijó su vista en Lara, quien traía en sus manos las siguientes cervezas.

    —¡Wow! hoy en día es difícil encontrar hombres tan “comprensivos” —Lo dijo en un tono que me sonó a sarcasmo, sobre todo cuando con los dedos de sus blancas manos, encomilló la última palabra. Pero inmediatamente me tomó de la mano y continúo diciéndome…

    —La verdad es que a veces se hace necesario tener espacios para una misma. Respirar, mirar otros lugares, tomar distancia pero sin alejarse por completo. —Lo dijo con una mirada triste y un tono de voz que me sonó a un íntimo arrepentimiento.

    —¡Eso que dices es cierto! —Respondí.

    —Nacimos libres sin atadura diferente a la que nos une a nuestras madres. Y luego nos vamos comprometiendo, enredándonos con los sentimientos y la felicidad cómplice, se convierte en rutinas que nos aburren y nos distraen de la verdadera motivación que no es otra que vivir a plenitud. —Martha me observaba completamente concentrada en mis palabras y en mi expresión facial.

    —No somos testamentos, –continué con mi exposición– menos aún propiedades que atesorar, solo compañeros de un camino, que por desgracia no está en nuestras manos dirigir. A veces la ruta se hace larga y la compartimos hasta el final, tomados juntos de las manos. En otras ocasiones el sendero se bifurca después de un largo trecho y uno de los dos decide que atajo nuevo recorrer. Decisiones que nos afectan Martha, de una u otra forma, pero que se hacen urgentes de tomar.

    —Brindemos mejor por la vida y por el amor. ¡Salud! —Y Martha, ya más sonriente chocó su bebida contra la mía.

    —Vaya, me has dejado sin palabras. ¡Déjame adivinar!… ¿Psiquiatra? —Y yo negué sonriendo, moviendo mi cabeza de diestra a siniestra. ¡Jajaja! Lejos, pero cerca. –Le manifesté– Usualmente me interesa hacer feliz a las personas. Vendo sueños convertidos en automóviles —Los dos nos echamos a reír.

    —Me estas mintiendo… ¿En serio? —Y yo asentí, haciendo un leve puchero que a Martha le debió parecer muy tierno, pues me tomo las mejillas con sus suaves manos.

    —¡Rodrigo! eres alguien muy especial y mira que no soy muy de hacer amistades y menos después de… —Se contuvo para tomar aire y después de suspirar.

    —¡Puff! De hecho mi marido y yo estamos esta noche aquí en una especie de terapia. —La miré asombrado y con interés de seguir escuchándola. Y así se lo hice saber, moviendo en forma circular mi dedo índice derecho, adelantando rítmicamente al izquierdo.

    —Bueno, como dices hay que tomar decisiones drásticas si quieres cambiar el rumbo y mejorar tu relación de pareja ¿cierto? —Obviamente estaba de acuerdo y así se lo hice saber, asintiendo con mi cabeza.

    —¿Y bien? ¿De qué trata esa terapia? ¿Tomar cerveza con un desconocido forma parte de ella? —Le indagué a esa interesante mujer.

    —Algo así. Mejor dicho, tengo que vencer mis temores. Debo vencer mi miedo a relacionarme con los hombres. —Me contestó ella algo apenada, bajando su mirada mientras sus dedos acariciaban nerviosos, el vaso con su cerveza.

    En ese momento, me puse en pie y empecé a mirarme de abajo hacia arriba hasta mis caderas, y posteriormente alisé con mis manos mi pantalón desde las rodillas hasta mi cintura, simulando a la vez estirar una imaginaria y corta falda. Martha me miró sobresaltada por mi actuación exagerada.

    —¿Qué te pasa? ¿Te manchaste el pantalón con tu cerveza? —Me sonreí un poco y agudizando mis vocales y consonantes, lo más que podía le dije con una fingida voz de mujer…

    —¡Tranquila mi niña! lo que sucede es que me estaba percatando de qué esta minifalda que llevo puesta, es muy corta y posiblemente estuviera mal sentada y yo aquí, ofreciendo un espectáculo a los morbosos hombres, tú sabes; mostrando sin recato, mis piernas y mis bragas. Y me da pena contigo, porque no alcancé hoy a depilarme bien las piernas, por el afán de salir. —¡Y me reí! Martha al principio no entendió mi exclusiva obra de teatro, pero al cabo de unos segundos, cayó en cuenta de mi broma y se lo tomó de buen grado, sonriéndose ampliamente.

    —¡Eres un loco de atar! Rodrigo. Me asustaste un poco. —Me dijo ya más alegre. Su miraba brillaba y las mejillas tenían un suave rubor.

    —A ver Martha, ponte en mi lugar. Es que yo, si no estoy mal, hace una hora más o menos, llegué a este sitio sintiéndome muy hombre. –Martha me miraba curiosa, a la vez que daba un sorbo corto a su bebida.

    —Y de repente, –continué– se sienta a mi lado una mujer muy hermosa, con quien entablé una divertida y amena conversación; pero de repente ella me suelta una historia, donde me dice que no es capaz de relacionarse con los hombres. Entonces sí, me sentí muy confundido por mi sexualidad. —Y mirándonos fijamente, no pudimos los dos aguantar más y nos echamos a reír descojonadamente.

    —No eres de por acá ¿Cierto? —Me preguntó Martha, risueña y con un mechón de su cabello ondulado, suelto sobre el lado izquierdo de su hermoso rostro. Se lo sopló, pero allí siguió. Y sonreí, mientras yo le mostraba una fotografía del Tigre Falcao con la camiseta del Atlético de Madrid, que curiosamente, colgaba debajo de un crucifijo, en una pared de aquel local.

    —¡Colombiano! Jajaja. Humm, ya. Yo si pensaba que tenías cierto aire a un “Latin Lover” —Me aduló con su voz delicada, mientras colocaba descuidadamente, una de sus manos en mi pierna, pero un poco más arriba de mi rodilla. ¡Y ella sin saberlo, todo su aroma perfumado que yo podía respirar!

    En esos instantes empezó a sonar la música de mi tierra, un recordado y bailable vallenato de Carlos Vives y sus clásicos de la Provincia. Por lo visto esa noche en “El Juli” había alguien con similares gustos musicales que los míos, de pronto en el lugar se encontraba algún paisano mío, con ganas de mover el esqueleto o algún español con algo de sangre caribeña y al que le gustaban las canciones de la tierra de mi nobel, Gabriel García Márquez y sus mariposas amarillas.

    La observé y apurándome el trago final de la cerveza, le pregunté…

    —Martha… ¿Te gusta bailar?

    —¡Claro que sí! Aunque no lo hago muy a menudo. Mi esposo no es muy de bailes. Es en realidad algo “tieso” para moverse. Ya sabes hay hombres a los que no le gusta bailar. —Hummm, pues eso podría yo aprovecharlo, pensé.

    —¿Entonces me concedes “una azotadita”? —Le dije, tomándole una de sus manos con delicadeza. Ella me miró como asustada, echando su cuerpo un poco hacia atrás, ¿prevenida?…

    … Y entonces comprendí su cara de angustia.

    —Lo siento Martha, es un modismo de mi patria. En Colombia hablamos así para pedirle a una mujer, que si nos da la oportunidad de bailar con ella. «Azotar las baldosas del piso con nuestros pies mientras bailamos» ¡Jajaja! —Entonces se sonrió, y levantó su mirada de bellos claroscuros, pero estéticamente acaramelados y chispeantes, hacia el techo de aquel Bar y suspiró. ¡Radiante!

    —¡Ufff! Está bien, caballero. Pero necesito ahora que me acompañes hasta mi mesa y te presento a mi esposo y a su… ¡nuestra amiga! —Nos levantamos de las butacas, dejando lo poco que nos quedaba de las cervezas, pero yo recogí mi bolsa de regalo y nos fuimos dirigiendo hacia la mesa que estaba cerca de la columna. Pero estaba vacía.

    —De igual forma como te digo Rodrigo, a mi esposo no le gusta… ¿Bailar? —Y ella suspiró aún más profundo que antes, para después de unos instantes de silencio, sorprendida decir con voz algo trémula su nombre…

    —¡Puff! Y… ¿Hugo?

    Continuará…

  • Escapada a la montaña con mi madre (VI)

    Escapada a la montaña con mi madre (VI)

    Era la mañana siguiente y yo comenzaba a despertarme.  A un lado pude ver a mi madre totalmente desnuda y abrazada a mí. Miré el reloj y me di cuenta de que era muy pronto todavía, apenas daban las 7 am, por lo que decidí ir al baño para luego volver a dormir un rato más. Y así lo hice, fui al baño y volví a la cama, pero cuando quise darme cuenta ya estaba empalmado. Si de normal todos nos solemos empalmar de buena mañana, la vista de mi madre desnuda con sus pechos al aire no ayudaba precisamente.

    En ese momento pensé en despertarla para así divertirnos un poco nuevamente, pero decidí no hacer nada y seguir durmiendo, ya que no sabía cómo se lo iba a tomar. Y así hice, rápidamente me dormí y por suerte enganché de nuevo un sueño que había tenido durante toda la noche. El sueño era obvio, mi madre y yo follando sin parar. Ya había tenido sueños de este estilo claro, pero la noche anterior me había dado experiencia suficiente para sentir esos sueños aún más realistas y placenteros. Recuerdo que en un momento estaba soñando cómo mi madre me comía la polla, una de esas mamadas a garganta profunda bien cariñosas que sólo ella sabía hacer, porque si algo había aprendido aquella noche, era lo bien que se le daba y lo mucho que le gustaba a mi madre tragar verga.

    No tengo ni idea de cuánto tiempo estuve soñando, pero en cierto momento me desperté, y ahí vino mi sorpresa. Miré hacia abajo para comprobar si me había corrido pero no, no me había corrido, sino que tenía a mi madre haciéndome una buena mamada de buenos días. Dios que sensación despertarte de esa manera. Al darse cuenta de que yo me había despertado y de que la estaba mirando, ella me regaló una sensual sonrisa, para después seguir chupando.

    -Agghh, menudo desayuno de buenos días que me has preparado mami…

    -Mmm, desayuno el mío querrás decir… -decía mientras se volvía a meter mi polla en la boca-

    -Vaya… pensaba que estarías menos lanzada…

    -Y yo también cariño, pero me he despertado y he visto esto tan rico aquí llamándome y no me he podido resistir.

    -Pues disfrútala, cómo te dije a ayer a partir de ahora es tooda tuya -dije yo mientras le comenzaba a follar lentamente la boca-.

    Yo estaba que no me lo creía, hacía apenas una hora tenía dudas de si estaría arrepentida de lo sucedido o no, y ahora me levanto con ella entre mis piernas totalmente entregada dándome los buenos días. Estuvimos así unos cuantos minutos, hasta que ya no pude más.

    -Mamá aagghh… Dios me voy a correr no puedo más…

    -¿Quieres correrte cielo?

    -Sí mami, quiero correrme…

    -¿Tienes muchas ganitas?

    -Joder… Sii… Aaagghh…

    -Mmmm… -en ese momento miró su reloj- ¡Uy pero mira qué tarde es! Vamos a tener que dejar esto para otro momento cielo, que hay que preparar el desayuno.

    -¿Qué? Espera espera estoy a punto -yo no entendía nada-.

    -Tranquilo cariño lo dejamos para más tarde, ¿no te importa verdad? -decía ella con una cara desafiante y juguetona, claramente quería jugar un poco conmigo-

    -¿En serio me vas a hacer esto? Joder mira cómo estoy.

    -Venga no seas tonto que no será para tanto jeje. Ale voy a ducharme, nos vemos abajo -decía mientras me daba un piquito y se reía-.

    ¡Mi madre estaba jugando conmigo! Me había despertado con una de las mejores mamadas del mundo para después dejarme a medias. Esto no podía quedar así, si quería guerra, tendría guerra. Decidí no acabarme la paja para así guardar reservas, me duché y bajé a la cocina para desayunar. Ahí encontré a mi madre haciendo unas tostadas para los dos. Llevaba bikini nuevo el cual nunca le había visto, súper sexy, con un tanga que dejaba casi todo su culo al aire y una parte de arriba con forma de triángulos la cual apenas le conseguía sujetar las tetas.

    -¡Hola cariño! Ven siéntate que estoy preparando el desayuno.

    -¿Qué hay para desayunar mamá?

    -Pues estoy haciendo unas tostadas con tomate.

    -Mmm qué pena, a mí me apetecía más otra cosa -mi voz comenzaba a sonar juguetona-.

    -Vaya hombre. Bueno ¿pues no querrás que las tire no? Jajaja.

    -No tranquila, me las comeré luego, ahora quiero comerte a ti.

    -Iván cielo debemos echar un poco el fren…

    No le dio tiempo a acabar la frase cuando me acerqué por su espalda para darle la vuelta y plantarle un buen morreo. Sabía que a mi madre le gustaban los besos tanto o más que a mí, por lo que eso la calentaría bastante. Estuvimos besándonos un par de minutos, parando sólo para mirarlos a los ojos, coger aire y seguir juntando nuestras húmedas bocas. Rato después la agarré del culo para subirla a la encimera de la cocina, para seguido abrirle bien las piernas y comenzar a masturbarla por debajo del tanga, todo esto claro mientras seguíamos dándole a la lengua.

    Comencé a notar la entrepierna de mi madre más que encharcada, por lo que decidí pasar al plato fuerte. Fui bajando mientras le besaba cada rincón de su cuerpo, el cuello, las tetas, el ombligo, todo eso para llegar a ese rico manjar. Le aparté el tanga con una mano sin llegar a quitárselo, para poner degustar ese rico coño. Estaba tal cual la noche anterior, rojito, hinchado y bien jugoso, por lo que no esperé ni dos segundos y comencé a comérmelo con ansia.

    -Mmmm… dios cariño, sí que te gusta comerle el coño a mami eh…

    -Y a ti que te lo coma, ¿a que sí?

    -Aggghhh, cómo no me va a gustar que me hagan una cerdada tan rica cómo esta… Pues claro que me gusta. ¡Me encanta! Mmm…

    -Pues yo sé de algo que te gusta aún más -a la vez que le lamía el clítoris, le metí un par de dedos, ya que sabía que eso la volvía loca-

    -JOD… ER… Dios nene tu sí que sabes lo que le gusta a mamá… Sí así así, méteme bien esos deditos -decía mientras se masajeaba las tetas, pellizcándose los pezones muy suavemente-.

    -Mmmm…

    -Ufff… Sí… Hazme acabar amor… Haz que mami se corra…

    -Mmm… ¿te vas a correr para mí?

    -Aggghhh… Sí cariño… Me corro, me corroo…

    En ese momento me separé y me senté tranquilamente a desayunar con una sonrisa de oreja a oreja, dejándola así al borde del orgasmo, tal y cómo ella había hecho conmigo.

    -¿Estás de coña? ¿En serio me vas a dejar así?

    -Bueno es que vi que era tarde, y me apetecía desayunar -dije bien sonriente-.

    -Menudo cabrón estás hecho jajaja -decía mientras se bajaba de la encimera-. Bueno pues ahora que me has dejado así tendré que acabar por mi misma.

    -Me parece muy buena idea mamá, pero no tardes mucho en el baño que luego tengo que entrar yo.

    -No tranquilo, es que hoy me apetece variar un poco -decía mientras cogía una silla y se sentaba justo a mi lado, apuntando hacia mí-.

    En ese momento se quitó el bikini por completo y se sentó recostada y con las piernas apoyadas en la mesa donde yo desayunaba tranquilamente. Acto seguido comenzó a masturbarse sin cortarse un pelo, gimiendo cómo si la estuvieran follando y gritando sin vergüenza alguna. Yo estaba alucinado, mi madre había pasado de ser una mujer cortada y reservada a masturbarse sin pudor alguno en la cara de su hijo con total normalidad. Aquella escena la verdad es que me puso a cien. En algún momento pensé incluso en abalanzarme sobre ella para ser yo mismo el que le provocara el inminente orgasmo, pero sabía perfectamente que eso era lo que ella quería, por lo que reprimí mis instintos. Y no sólo eso, sino que respondí, ya que decidí hacer lo mismo que ella. Y así fue, me bajé el calzoncillo, acomodé mi silla y comencé a hacerme una lenta y lubricada paja manteniendo en todo momento el contacto visual.

    Obviamente quería tentarme con sus armas, pero yo sabía perfectamente que en este punto ella se moría por mí tanto como yo por ella, y sus miradas no mentían. Comenzó a intercalar miradas entre mis ojos y mi polla mientras se mordía el labio, señal de que tenía unas ganas tremendas de saltar a mamarla. Y así estuvimos un buen rato, con cada uno de nosotros deseoso de comerse al otro, pero conteniéndonos para no perder aquel pervertido juego que habíamos comenzado.

    No pasó mucho tiempo y mi madre comenzó a gemir y gritar de una manera mucho más notable, retorciéndose en leves espasmos mientras se palmeaba el coño con toda su corrida chorreándole. Esto hizo que instantáneamente yo me eyaculara sin previo aviso, con unos cinco chorros saliendo directamente hacia mi madre, chorros los cuales ella recogía con los dedos para después llevarse a la boca.

    -Mmmm… Parece que hemos empatado, ¿no? Jajaja -decía ella mientras se relamía los dedos-.

    -Jajaja pues eso creo mamá. Eso sí, he estado a punto de lanzarme a comerte enterita más de una vez, no sabes lo que me ha costado contenerme.

    -Dios hijo la verdad es que yo también he tenido que hacer un esfuerzo. Sé que esto que estamos haciendo está fatal, y que deberíamos parar, pero no sé por qué ando cachonda perdida todo el día -se notaba que mi madre estaba desatando toda la sexualidad reprimida de años y años-.

    -Bueno mamá ya sabes que esto queda entre nosotros, simplemente nos estamos divirtiendo no tengas remordimiento.

    -Ese es el problema hijo, demasiada diversión es peligrosa -mi madre claramente tenía el miedo de que acabáramos follando, lo cual a este paso era cuestión de tiempo-.

    -Bueno de momento con este juego me he divertido mucho mamá, supongo que estamos en paz, ¿no? Jajajaja.

    Eso creo sí jajaja. En ese caso hagamos una tregua -dijo mientras me tendía la mano con la que se había masturbado, la cual estaba llena de su corrida-

    -¡Tregua pues! -le dije yo dándole un apretón con mi mano llena semen mientras ambos reíamos-

    La mañana pasó y llego la tarde sin ningún acontecimiento a destacar salvo algún beso cuando nos cruzábamos o algún chiste algo subido de todo, lo cual a estas alturas ya era algo prácticamente cotidiano de la convivencia. A eso de las 5 de la tarde nos pusimos a tomar el sol, yo en un bañador normal y corriente y ella con el mismo bikini que llevaba por la mañana, el cual hacía que sus tetas se vieran de lo más jugosas y apetecibles, más que de costumbre quiero decir. Junto a la piscina teníamos varias tumbonas y hamacas, por lo que los dos estábamos acostados simplemente disfrutando del sol y de la calma de la montaña.

    -Oye Iván cielo, ¿te importaría echarme algo de aceite bronceador por la espalda?

    -No claro mamá, ¿dónde está?

    -Creo que lo metí en mi maleta de mano, está en el baño de abajo.

    -Vale voy a ver.

    Y así hice, fui al baño y ahí estaba la maleta. Me puse a rebuscar entre una gran cantidad de cremas que mi madre había traído cuando por fin encontré el aceite. Lo curioso fue darme cuenta que en el bote no ponía aceite bronceador, sino que ponía aceite lubricante. Mi madre nunca ha visto bien de cerca, por lo que pensé que seguramente se habría equivocado al comprarlo, ya que no era la primera vez que le pasaba algo así. Igualmente me puse a mirar toda la maleta para estar seguro de que no había realmente un bronceador, y sorprendentemente sí que lo había. Pero la verdadera sorpresa no fue esa, sino encontrarme en un doble fondo de la maleta nada más y nada menos que, ¡un dildo! Era un clásico pene de goma, sin vibración ni nada, con ventosa en los huevos y un montón de venas. Tenía un diámetro parecido al mío pero mucho más largo obviamente, sin duda un señor consolador. Ahora todo tenía sentido, ese lubricante no había sido comprado por error. De nuevo descubría una faceta de mi madre cada vez más atrevida, no paraba de sorprenderme. Así que nuevamente la oportunidad de jugar un poco con mi madre se presentaba ante mis ojos, por lo que decidí guardarme el dildo como bien pude en el bañador, coger sólo el aceite lubricante y volver a la piscina.

    -Ay hijo mucho has tardado, ¿lo has encontrado?

    -No mamá, sólo he encontrado este -le dije enseñándole en bote de lubricante-.

    -Ah no, ese… Verás… -de nuevo mi madre se ponía roja de vergüenza-

    -Este pone que es lubricante, seguramente irías a comprar sin gafas y como viste que ponía algo de aceite te confundiste, ¿verdad? -yo sabía perfectamente que no se trataba de un error, pero quería hacer que se confiara-.

    -Emm, sí claro recuerdo que fui sin gafas, seguro que ni me fijé al meterlo en la maleta. Si es que tu madre ya está mayor hijo jajaja -se notaba como se quería hacer la loca-.

    -Bueno pues ya que lo tenemos aquí podíamos darle un buen uso.

    -Hay que ver hijo, parece que estás todo el día pensando en guarradas jajaja.

    -No no mamá, yo sólo me refería a darte un masaje. ¿No serás tú la que está todo el día pensando en guarradas? Jajajaja.

    -¿¿Yo?? Anda que menudas cosas tienes nene. Tu madre ya es una mujer adulta, no anda pensando en esas cosas de jóvenes jajajaja.

    -Ya claro… Jajaja. ¿Bueno pues entonces qué te parece? Cómo ves que tu hijo te haga un buen masaje de espalda.

    -Bueno pues la verdad es que no me vendría mal, así me relajo un poquito.

    -Pues no se diga más, te voy a tratar como si estuvieras en un spa con todo incluido.

    -Uy qué bien suena eso -decía ella mientras se daba la vuelta quedando boca abajo-. En ese caso adelante caballero, haga su trabajo.

    -Con mucho gusta señorita.

    Una vez con ella boca abajo me saqué el dildo del bañador para esconderlo debajo de la tumbona y así estar más cómodo. Comencé echando una buena cantidad de lubricante por todo la espalda, y le pregunté si le importaba quitarse la parte de arriba del bikini para hacerlo más cómodo, a lo que ella respondió quitándoselo con total normalidad sin decir apenas ni una palabra. La verdad es que era flipante como en apenas tres días el pedirle a mi madre que se quedara en tetas se había convertido en lo más normal del mundo. Tras esto comencé a darle un masaje normal y corriente, repasando toda su espalda, como haría un auténtico profesional.

    Después de un rato eso sí comencé a repasar muy tímidamente el costado rozando el borde de sus pechos, ya que estando boca abajo las tremendas tetas de mi madre quedaban aplastadas y sobresalían por los lados. Tras unos quince minutos de masaje, decidí pasar a la parte inferior, echando bien de lubricante por las piernas. Comencé de nuevo un clásico masaje primero por las piernas y después centrándome en su gordo culo, el cual quedaba prácticamente al descubierto ya que el tanga que llevaba se le metía por la raja. Ella no decía nada, simplemente soltaba alguna leve risilla al echarle el lubricante, ya que este estaba bastante frio. Después de varios minutos recorriendo todo su cuerpo, decidí dar el siguiente paso.

    -Oye mamá, ¿qué te pare que ahora pasemos a la parte de delante?

    -Dios hijo, me estás dejando relajada a más no poder, así que no te voy a decir que no -decía mientras se daba la vuelta-.

    Al quedar boca arriba pude ver cómo sus tetas se desparramaba por ambos lados de su pecho, aunque he de reconocer que me parecieron sorprendentemente firmes para estar en esa posición. De esta manera le eché de nuevo bastante lubricante por la parte alta del pecho, centrándome primero en la zona de las clavículas y el cuello para así hacerlo menos violento. Después de un rato decidí pasar a lo fuerte. Eché algo más de lubricante esta vez directamente es las tetas, y comencé un suave y sensual masaje, amasando bien ese pechamen. Joder, era un auténtico espectáculo, ver las venosas tetazas de mi madre lubricadas a más no poder, bien húmedas y brillantes, mientras a ratos apretaba muy delicadamente esos gordos y morenos pezones. Todo esto hacía que mi madre de vez en cuando soltara leves gemidos de aprobación. No se cuanto tiempo estuve amasando ese rico par de melones, los cuales casi no conseguía ni abarcar, pero sí sé que tuve que volver a echar aceite más de una vez, por lo que podéis hacelos una idea. Tras un buen rato decidí repetir lo que había hecho con ella boca abajo, pasar a las piernas. Y así lo hice, de nuevo comencé por la parte baja, para después ir subiendo por los muslos y finalmente llegar a su entrepierna.

    -¿Te importa quitarte en tanga mami?

    -Jajaja, hay que ver cómo aprovechas para verle el conejo a tu madre eh hijo. ¿Es que también me vas a masajear ahí? -decía ella con voz de nenita-

    -Qué pasa, ¿nunca has oído hablar de los masajes con final feliz?

    -Bueno sí claro, pero nunca me pensé que fuera mi propio hijo el que me haría uno…

    -Y eso precisamente es lo que más cachonda te pone, ¿me equivoco?

    -Serás cabrón… -decía sonriente-

    Tras esto se quitó el tanga, quedando completamente desnuda y a mi disposición, con todo su cuerpo bien lubricado y caliente. Le eché algo más de aceite por toda la zona de la vulva, el cual resbalaba e iba cayendo entre los labios, llegando hasta el culo. Comencé a masajear su entrepierna, pasando la palma de la mano por todo su coño, sin dejar una sola zona sin lubricar. De todas maneras pude notar que tenía la zona ya bastante húmeda, sin duda mi madre tenía una gran facilidad para ponerse cachonda como una moto y quedar bien mojada de forma natural. Continué con los movimientos, esta vez masturbándola de una forma muy suave y cariñosa centrándome sobre todo en el clítoris. Ella por su parte comenzó a acariciarse las tetas, centrándose sobre todo en los pezones y soltando leves gemidos los cuales iban subiendo de volumen a medida que yo aceleraba mis movimientos. La cosa se empezaba a poner seria, y había que jugar.

    -Mami, ¿te puedo hacer una pregunta?

    -Mmmm… Claro que… Ahhh… Claro que sí amor… -ella estaba con los ojos cerrados y apenas podía decir una frase de lo concentrada que estaba en su »masaje»-.

    -Te gusta que te haga, ¿esto?

    En ese momento le metí un par de dedos mientras con el pulgar le seguía frotando el clítoris. A estas alturas esa combinación ya se había convertido en un clásico, y sabía que a mi madre le hacía gozar como nada en este mundo.

    -¡Ahhhggg! Ufff… Ya sabes que tus dedos me vuelven loca hijo… -decía moviendo la cadera para sentirlos bien adentro-

    -¿Y no te gustaría más sentir algo que no fueran los dedos? Algo como una polla…

    -Dios hijo bien sabes que sí… Mmmm… Pero eso sí que es una linea que no podemos cruzar…

    -Tranquila no me refiero a la mía, me refiero a… -en ese momento saqué el dildo de debajo de la tumbona-.

    -¿De dónde has…? -dijo ella incorporándose exaltada-. Joder pensaba que lo había escondid…

    -Shhhh… -dije sin dejarla terminar-.

    Paré la explicación poniéndole la mano en la boca y recostándola de nuevo, mientras con la otra mano comencé a acercarle muy suavemente el gordo pene de goma hacia su encharcado coño. Su mirada era todo un poema, sus ojos desprendían cierto temor por lo que se venía, pero también un gran morbo y vicio. Empecé a pasárselo por la raja de arriba a abajo, muy lentamente para que esta se fuera abriendo. Sus ojos empezaron a ponerse prácticamente en blanco y su respiración comenzó a acelerarse. Después de unas cuantas pasadas introduje la punta con mucha delicadeza, y poco a poco fui metiendo cada centímetro hasta dilatar y lubricar bien el interior de su coño, dejando así el dildo casi metido del todo. Mi madre ya empezaba a retorcerse del gusto, y comenzaba a gemir tímidamente. Tras esto yo empecé a sacar lentamente el pene hasta dejarlo prácticamente fuera, para seguidamente meterlo de golpe sin avisar.

    Esto hizo que mi madre soltara un grito de placer el cual se debió oír desde todos lados. De este manera comencé a follar a mi madre a un buen ritmo con ese pene de plástico, no muy rápido pero si de una manera constante. Ella comenzó a gemir ya sin cortarse, mientras se intentaba pellizcar los pezones agarrándose las tetas, las cuales estaban totalmente descontroladas rebotando en todas las direcciones. Los sonidos que se podían oír en ese momento eran como música para mis oídos, mi madre con la boca tapada gimiendo y gritando tanto como podía mientras sus tetas botaban chocando contra su cuerpo y su encharcado coño sonaba bien húmedo y jugoso con cada embestida que recibía. Yo por mi parte, que estaba arrodillado a un lado cerca de su cara, no pude más y decidí bajarme el bañador, quitándole la mano de la boca a mi madre y dejando mi polla a punto de reventar a su disposición. Ella no dudó ni un segundo en llevársela a la boca y empezar a mamar con más ganas que nunca, mientras con la otra mano seguía amasándose las tetas.

    -Mmmm… ¿Has visto? Dos pollas para ti solita.

    -Gghhhh -se sacaba mi pene de la boca-. Dios cielo que polla más rica tienes… Me encanta cómo me foll…

    -Mmm… Vamos mamá dilo, ¿te gusta cómo te folla tu hijito?

    -Mmmm… Sí… Me encanta cómo me estás… follando… Ufff sigue por dios, no parees… ¡Aaahhh! -aunque fuera sólo con un pene de goma se notaba que se había quitado un peso de encima diciéndolo, y que eso hacía que gozara más que nunca-.

    Yo me abalanzaba por momentos a comerle los pechos, mordiendo suavemente sus duros y grandes pezones, dejándole varios chupetones por todo el tetamen y haciendo que ella gritara como una perra retorciéndose de placer. Había visto a mi madre gozando estos días, pero nada parecido a esto, sus gemidos eran incontrolables y parecía estar totalmente entregada a nuestro placer incestuoso.

    -Mmmm así… Chupa bien de mi verga mientras yo me como estas tetitas tan ricas… Ufff sí… Hasta el fondo… -decía yo mientras le follaba la boca-

    -Agghhhhh… Mmmmm…. -de vez en cuando se la sacaba de la boca para tomar aire mientras me seguía haciendo una paja bien salivada-. Sí cariño así, sigue… ¡Sigue! Fóllame bien el coño… Aaaghhhh joder me estás partiendo en dos cabronazo… Ufff que gusto… ¡Que gusto por dios!

    -¿Vas a correrte mami? ¿Vas a correrte mientras tu hijo te mete una polla en el coño?

    -Joder sí cariño… Dios que placer… No pares… ¡No pares por favoor!

    -¿Te justa cómo te jodo tu chochito verdad? Aahhh…

    -Mmmm sii… Me gusta… Párteme el conejito cielo… ¡Mierda pártele el conejito a mamá!

    -Mmmm… ¿Y quieres que siga follándote ese coñito tan rico mientras mamas la polla de tu hijito?

    -Uffff siii… No pares por dios… me encanta joder estoy a punto…

    -Mmmm yo también amor… -era la primera vez que utilizaba una palabra de ese tipo con mi madre, pero en ese momento me salió del alma-. Aagghhh dios no voy a aguantar mucho más…

    -Dios sii fóllame rico bebé… Mmmm fóllame cómo la cerdita que soy y luego córrete en mi boca… ¡Ahhhh! -todo su cuerpo botaba sin control alguno mientras disfrutaba tragando polla y recibiendo una buena cogida.

    -¿Quieres que me corra en tu boca? Ufff joder… ¿Quieres que tu hijo te llene esa boquita tragona que tienes?

    -Siiii… Soy tu puta amor mío… Mmmm fóllame y luego dame lechita rica cielo… ¡Agghhhh joderrr!

    -Agghh joder estoy a punto… Mmmm chupa… ¡Chupa y trágate mi lefada cariño!

    -Mmmm… Dios hijo que cerdada más rica estamos haciendo… mierda me corro amor mío… ¡Dios sí haz que mami se corra cielito!

    -Yo tambíen mamá… Aggghhh joder me corro… ¡Me corro, me corroo! ¡Toma mi lechita perraa!

    -Ufff que rico hijo… Aghhh que me voy mi amor… Me voy… ¡Me voy, me voy, ME VOOYY!

    Yo comencé a soltar chorros y chorros de semen de una manera descontrolada. Los primeros cayeron sobre la cara y las tetas de mi madre, pero ella rápidamente agarró mi polla para meterse el glande en la boca y tragarse el resto de la corrida, la cual desbordaba por sus labios cayendo por toda su cara. Ella por su parte explotó soltando hasta 6 chorrazos de squirt, lo que hizo que el dildo saliera prácticamente disparado como un cohete. Joder era un espectáculo, yo no pude resistirme y en cuanto vi el primer chorro me abalancé a comerme toda su corrida, tragándome todos los fluidos que pude, escupiendo y lamiendo de arriba a abajo todo su gordo coño, el cual estaba dilatado, rojo e hinchado a más no poder.

    Después de un buen rato tragándonos la corrida el uno del otro, la agarré por su húmedo culo para sentarla sobre mis piernas, poniendo eso sí una toalla entre nuestros genitales para que no se tocaran, ya que no sabía si eso le molestaría. Ella comenzó a esparcirse sus fluidos y a escupir restos de semen en sus tetas, tetas las cuales yo me comí con mucha calma mientras ella se frotaba la vagina muy suavemente. Más tarde empezamos a morrearnos como a nosotros nos gusta, chupándonos bien las lenguas y con la saliva cayendo sobre nuestros pechos. Ahí estuvimos más de una hora, frotando nuestros sucios cuerpos, los cuales estaban manchados con una mezcla de sudor, lubricante, saliva, y corridas, con ella sentada encima mío bien abierta de piernas, comiéndonos la boca como dos adolescentes en celo. Sin duda los encuentros con mi madre estaban pillando un ritmo increíble, y la el día todavía no había concluido.

    Continuará…

  • Mi primo Hugo

    Mi primo Hugo

    Esta historia se remonta a mi juventud.

    Arrancaban los 90 y yo con plata y facha la vida me sonreía, y las mujeres sobraban.

    Era el orgullo de mi viejo y de los tíos, el machito perfecto, lo único que nadie sabía era que el secreto de mi éxito era por ser taxi boy, ganaba mucha plata y tenía muchos clientes fijos (parejas).

    El otro secreto es que en el sexo me gustaban todas, siempre en rol de activo, nunca me gustó ser penetrado, esa idea nunca pasó por mi cabeza jamás, pero por lo demás me encantaba todo, en ese sentido soy abierto a todo.

    Un día me llama mi viejo y me dice que tenemos que ir a la casa de una de mis tías porque necesita hablar conmigo.

    Fuimos allá, era la casa de mi tía Liliana (cambio de nombre por cuestiones obvias), ella es esposa de mi tío Elio, hermano de mi viejo, y a su vez ella tiene otras hermanas que no tienen nada que ver con mi familia en lo que a lazos de sangre se refiere.

    Una de esas hermanas es madre de Huguito, sobrino de mi tía, pero nada que ver conmigo, esos que uno llama primos segundos o emparentados por un familiar indirecto.

    Ella me plantea que quiere que le haga un favor, que lo invite a Huguito a salir a bailar y le presente alguna amiga, ya que el pibe con casi 19 años y contrario a mi persona, todavía nunca había presentado nadie a la familia y eso les preocupaba.

    Huguito viene de una crianza complicada, su mamá no podía cuidar de él y se lo dio a su madre; La abuela de Huguito lo crio como su propio hijo pero fue demasiado sobreprotectora al punto que no lo dejaba salir a jugar y hasta a veces lo vestía de nena, entonces, Huguito no sabía jugar al futbol pero sí sabía tejer al crochet.

    Su tía más centrada quería, no sé cómo decirlo, «salvarlo» o «encaminarlo», pero que por lo menos tuviese opciones, que él decidiera sus gustos sexuales, la tía era muy abierta en ese sentido.

    Ella me dijo textualmente «Fíjate si le gustan las minas, si le gustan bien, sino ya está, que sea lo que él quiera»

    Le dije que iba a organizar una salida, pero primero tenía que hablar con él, porque si resultaba que no le gustaban las minas me iba a hacer quedar para el culo con quien lo presente.

    Mis viejos son separados, le dije a mi viejo que el sábado a la mañana mi vieja labura y estoy solo, que lo lleve o le diga que vaya a casa así hablo con él en privado y si pintaba, que se quede en casa y a la noche ya salíamos de joda a algún lado.

    Legó el sábado y dejaron a Huguito en casa plantadito como un árbol, mi viejo y mi tía, mi tía me dijo «fíjate» y se fueron.

    Nos llevábamos 3 años de diferencia, me saludó tímidamente y entramos a la casa.

    No soy muy diplomático, mejor dicho, nada diplomático, y ni bien se sentó en la mesa del comedor arranqué con mi plan maquiavélico.

    Le dije «cabeza tenés novia?», se rio y me contestó que no, y me dijo «esto es todo idea de mi tía cierto?», le dije «totalmente», le pregunté si había desayunado, me dijo que si.

    Me senté arriba de la mesa, lo mire fijo y sonriendo y le pregunté, «entre nosotros dos, te gustan las chicas?», me dijo que si.

    Después le pregunté, «y los chicos?», me dijo que no, «no? o no se?», entonces me dijo «y a vos?», yo le dije que todo lo que tuviese un hueco para meterla me gustaba, sea chica o chico. Ahora que te respondí con total sinceridad, te vuelvo a preguntar, «que te gusta?» y me dijo no sé, nunca estuve con nadie, ni chico ni chica.

    Me exploto la cabeza, estaba con un pendejo de casi 19 años que era virgen y no sabía lo que quería, encima re lindo, piel blanca, ojos negros, pelo negro con rulos, cuerpo bien formado, mucho bello corporal para mi gusto, pero muy lindo pibe.

    Le dije sonriendo y tocándole el hombro para aflojar la tensión en el ambiente que me iba a pegar una ducha, que lo pensara y cuando volviera que me diera una respuesta. Me dijo para qué querés saber?, y le dije para saber a quién o que presentarte esta noche cuando salgamos.

    Me fu a bañar, segunda parte de mi plan, salir desnudo y forzar una respuesta a mi favor, lo sé, soy un hdp, pero la vida y mi profesión me hicieron así, ser oportunista y mover las cosas a mi favor, de lo contrario en este mundo te pasan por encima.

    Ahora soy un viejo cincuentón, que una vida de excesos le pasó factura, pero en ese momento con 20 años taxi boy y un cuerpo marcado por el gym, salí del baño desnudo y Huguito quedó con la boca entreabierta.

    Tenía una máquina de pelo con la que me pasaba la nº 1 en mi vello púbico y lo mantenía así, una por cuestiones de higiene y otra porque quedaba mas linda e imponente y hasta parecía más grande.

    Me encanta exhibirme, que me vean y admiren mi cuerpo, eso me excita, y es precisamente lo que hice con Huguito, mientras le preguntaba nuevamente, apoye una pierna en la silla que estaba a su lado y comencé a secarme, él no respondía, pero cuando vi su cara estaba todo dicho, no podía dejar de mirar mi sexo, se pasó la lengua por sus labios, y después me miró y me dijo «no sé qué hacer».

    Le acaricié el pelo arriba de su nuca y le acerque la cara a mi verga, con mi otra mano la apunté a su boca, cerré los ojos y pensé por dentro «ojalá que se anime»

    A los pocos segundos sentí su aliento cálido en la punta de mi glande, tocó la cabeza con la punta de su lengua, se quedó quieto, después de unos segundos lo hizo nuevamente, después pude sentir el calor de su respiración en toda la cabeza de mi verga como hasta la mitad del tronco, pero no había contacto, pasaron unos segundos y sentí sus labios cerrarse y tocar mi verga a la mitad del tronco, no sentía su lengua, solo sus labios y aire caliente alrededor de mi pija.

    A los segundos todo cambió, todo explotó, su lengua comenzó a explorar todo lo que había dentro de su boca, al mismo tiempo dejaba de moverla y succionaba, lamia y succionaba, abrí los ojos, lo miré y esa carita era todo placer, le pregunté si estaba todo bien y me dijo «Ajam», ustedes entienden, estaba en su mundo y no quería soltarse de él, estaba experimentando el sexo por primera vez, con un vago pero eso no importaba, la estaba pasando bien y eso era lo importante.

    Le dije que fuéramos a mi habitación, así podía sacarse la ropa, lo invité a hacer un 69, el arriba, tenía muy lindo cuerpo salvo que también mucho vello púbico, en su verga, en sus nalgas, un pibe muy peludito.

    Cuando estaba por chupársela me dijo que no le tirara el cuerito porque tenía fimosis así que, si no se la tocaba mucho no importaba, porque prefería eso a que le doliese.

    Me arme de paciencia y mientras él seguía en mi pene yo lo masturbaba despacio, sin tironear así no le causaba ningún daño.

    A los minutos me dice que pare, que iba a terminar, le dije que no hay drama, que termine, que yo quería verlo acabar. El separó un poco más su cuerpo del mío, yo lo seguía pajeando mientras que con la otra mano acariciaba esa colita pequeña y peludita.

    Vi inflarse sus huevos, mucho más grandes en relación al tamaño de su pija que era normal, flaquita pero sin venas y una capucha que no dejaba ver nada de su glande.

    Lo pajee un poco más, y sentí como sacaba mi verga de su boca y me la agarraba con fuerzas. Empezó a gemir varias veces y de su pito comenzaron a salir chorros de leche sin fuerza, su glande se inflaba y después salía la leche.

    Todo cayó sobre mi pecho, quedó exhausto por unos segundos, pero al ratito se activó de nuevo y comenzó a pajearme a toda velocidad, me decía «dale, quiero ver como volcás», eso me puso re loco y acabé casi al instante, le llené el rostro de semen.

    En ese momento dejo caer su cuerpo encima mío, con su mano todavía en mi verga, quedándose viéndola a su lado.

    Hubo silencio, así estuvimos un rato, después él se fue al baño, yo me quede en la habitación y cuando regresó le dije para romper el hielo, «ahora lo tenés que hacer con una piba y vos decidís», a lo mejor te gusten las dos cosas como a mi. Se sonrió, le pregunté si estaba todo bien, si era lo que esperaba o la habíamos cagado, me dijo, todo bien, la pasé muy bien.

    Se fue, nunca organizamos una salida, cuando me preguntó la tía le dije que lo de él era solo timidez, que no sabía cómo encarar a una chica, que no se preocuparan.

    Con el tiempo tuvimos un par de encuentros más, después él se casó, yo me casé y la vida siguió su camino.

    Al día de hoy creo que está separado y vive con otro pibe.