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  • Mis vacaciones en Venezuela (Parte 3 Final)

    Mis vacaciones en Venezuela (Parte 3 Final)

    Las vacaciones aquí en Venezuela han sido de las mejores sobre todo muy placenteras y excitantes, mi amigo Néstor, ha sido una gran persona conmigo y que hablar de sus hijas Ariana, Beatriz y Bethania, que siempre me llevare en el recuerdo y en todo mi cuerpo jajaja, faltaban unos pocos días para regresarme a México yo no quería pero tenía que volver, así que se lo comenté a Néstor y a sus hijas las cuales se pusieron bien tristes.

    Ariana: no te vayas bebe tan rico que no las estamos pasando

    Beatriz: si amor no nos hagas esto

    Bethania: no seas malo papi

    Leo: discúlpenme ricuras pero tengo que regresar yo tampoco quiero dejarlas

    Néstor: en serio te tienes que ir compadre

    Leo: si hermano tengo que regresar por algunos compromisos

    Néstor: está bien pero vas a darnos una buena despedida para todos en especial a mis nenas

    Leo: eso ni lo dudes hermano ustedes se han portado de maravilla conmigo y no las pienso decepcionar en nada sobre todo a estas 3 ricuras

    Me levanto y las abrazo a las 3 y después las beso en la boca en eso a Néstor se le ocurrió algo

    Néstor: saben que porque no nos vamos a la finca a pasar estos últimos días de vacaciones que les parece mis amores

    Bethania: si papá para que Leo la conozca y disfrutemos todos de la alberca

    Ariana: hay si ya tiene mucho tiempo que no vamos, que buena idea papi

    Beatriz: si ya quiero que sea mañana jajaja

    Néstor: pues está decidido, mañana nos vamos para la finca

    Todos nos pusimos contentos sobre todo yo que quería disfrutar al máximo mis últimos días de vacaciones y llevarme un candente recuerdo de mis bellas mujeres, salimos esa tarde a comprar varias cosas para llevar a la finca, al día siguiente nos levantamos temprano y salimos rumbo a la finca de Néstor la cual se encontraba a un par de horas de la ciudad.

    Como habíamos salido muy temprano llegamos a buena hora la mañana estaba muy fresca y era un día muy agradable la finca es muy hermosa con una alberca bien grande definitivamente la pasaríamos de maravilla, salimos de la camioneta Ariana, Beatriz y Bethania salieron corriendo como niñas chiquitas divirtiéndose en todo momento y nos encanta verlas sonreír, bajamos las cosas y las metimos en la cocina de la casa, en esos momentos el celular de mi compadre sonó y me dijo:

    Néstor: Hermano tengo que atender esta llamada es urgente podrías meter tu las cosas que faltan por favor

    Leo: claro hermano no te preocupes

    Néstor: Gracias

    Néstor se fue al estudio que tenía en su casa para atender su llamada y yo me puse a bajar las cosas faltantes de la camioneta, termine de bajarlas y me dispuse a dar un recorrido por la finca para conocerla un poco más vaya que era un lugar muy hermoso la recorrí admirando cada parte después entre a la casa y vi las fotos de recuerdo de mi amigo y sus nenas vaya que les gustaba disfrutar mucho en su finca ya que la mayoría de las fotos eran de fiesta en la alberca, 30 minutos después Néstor salió de su estudio y me llamo

    Néstor: Leo ¿Dónde estás? Necesito hablar contigo

    Leo: aquí estoy en la sala compadre

    Néstor: Hermano necesito pedirte un favor

    Leo: que pasa te ves un poco estresado

    Néstor: si lo que pasa, es que tengo que regresar a la ciudad es que salió un imprevisto en mi trabajo y tengo que regresar pero volveré hasta en la noche así que quería pedirte que cuides a mis nenas por favor

    Leo: Hermano eso no me lo tienes que pedir dos veces, claro que las cuidare, oye y me das permiso de ser travieso cuando te vayas jajaja.

    Néstor: jajaja que goloso eres adelante hermanito, eso sí prepárame algo rico con ellas para cuando regrese

    Leo: claro hermanito te tendré una sorpresa cuando ya estés de vuelta

    Néstor fue a ver a sus nenas para avisarles que saldría y regresaría hasta en la noche después lo acompañe hasta la camioneta me dijo que cualquier cosa que pasara o necesitara lo llamara de inmediato, nos dimos un abrazo después se subió a su camioneta y regreso a la ciudad, entre en la casa y me puse a acomodar todo lo que habíamos traído mientras sus hijas estaban en sus habitaciones después de terminar fui a verlas pero no las encontré y me imagine que estaban en la habitación de su padre fui hacia haya me acerque a la puerta la abrí con cuidado y la sorpresa que me encontré fue que solo Bethania era la que estaba ahí, ella se estaba cambiando probándose la ropa nueva que su papá le había regalado en el cumpleaños de su hermana, era muy excitante verla como se despojaba de sus prendas se las quitaba lentamente su mini short para después quitarse su blusa y quedarse solamente en esa diminuta lencería de color rosa waoo el solo verla así mi pene se erecto así que continúe viéndola y ella luego se puso un vestido de color rojo ajustado solo le faltaba subirse el cierre para terminar de ponérselo yo quise entrar a ayudarla pero luego pensé en algo mejor.

    Quise entrar de una manera diferente así que hice un pequeño ruido a la puerta para que ella me escuchara y pensara que era una de sus hermanas pidiéndome que la ayudara lo hice de esa manera esperando que funcionara y vaya que si funciono.

    Bethania: ¿quién está ahí? Si eres tu Ariana me puedes ayudar súbeme el cierre del vestido por favor

    Me acerque a ella cuidadosamente como un León rodeando a su presa me le pongo por atrás la abrace le comencé a besar el cuello y masajearla desde sus piernas, su rico culo hasta llegar a sus pechos frotaba mi pene ya erecto en sus ricas nalgas y eso le encantaba porque de su boca empezaron a salir gemidos de placer fue cuando le dije.

    Leo: en vez de subírtelo mejor te lo quito mi amor

    Bethania: mmm si quítamelo papi, quítamelo

    Fueron las palabras de Bethania que rápidamente se estaba entregando al placer que ese momento se irradiaba en toda la habitación quite mis manos de sus pechos y lentamente la despoje de su vestido y lo baje hasta dejarla otra vez en su diminuta lencería quede agachado a ella y la mire desde sus piernas ella me veía con una sonrisa coqueta señal de que estaba disfrutando a todo momento así que comencé a besar sus piernas lentamente hasta llegar a su vagina la cual chupe por encima de su pequeña tanga de color rosado aunque su vagina estaba cubierta se alcanzaba a notar lo húmeda que estaba, con una maniobra con mi boca la despoje de esa fina tela dejando en total libertad ese rico tesoro después me levante y la lleve hasta la cama, le dije que se acostara y la acomode n la posición que yo la quería tener fue cuando comencé a devorar su rico tesoro, Bethania gime y respira de forma entrecortada ante mis lamidas, cerrando los ojos y echando su cabeza hacia atrás.

    Bethania: aaa mmm así papi que ricooo

    Continué así hasta que le logra arrancar un intenso orgasmo que me inundo mi rostro con sus jugos íntimos

    Se levanta un poco se quita ella misma su Brassier y me ofrece sus pechos gustosa, mordiéndose el labio y mirándome con una expresión en sus ojos que me decían “ven para acá papi” ayudándome con las manos, cojo sus ricos pechos y los chupo, las succiono hasta dejarse sus pezones bien parados y húmedos

    Leo: Qué ricas están bebe mmmm

    Bethania gime fuertemente y me toma con sus brazos mi cabeza para que no me separa de ella, en ese momento quería sentir todo el placer de mis succiones al máximo

    Bethania: hay papi que rico me las comes síguele síguele síguele

    No sé qué es lo que paso en ese momento pero se sentía muy húmedo el ambiente, el olor a sexo estaba impregnado en toda la habitación cuando me doy cuenta vi que Bethania había tenido otro orgasmo, era increíble lo que había pasado solo le estaba chupando sus pechos como si fueran unos dulces pero mi mayor sorpresa es que su cuerpo al parecer está conectado al placer en todo momento ya que no importa que parte de su cuerpo devore con mis labios ella lo disfruta y dispara un potente orgasmo sin duda Bethania y sus hermanas eran unas diosas del sexo y eso aumentaba más el vigor en mi, después me susurra al oído con una vocecita tan dulce que me pone los pelos de punta

    Bethania: ¿Me dejas masajearte tu pene y darte placer bebe?

    Leo: claro amor es todo tuyo no tienes que pedirlo es tuyo mi amor

    Bethania: mmmm

    Me acuesto en la cama y quise desvestirme pero ella no me lo permitió como una fiera me fue despojando de mi ropa hasta dejarme en bóxer y de la misma manera en que yo le había quitado la tanga ella hizo lo mismo conmigo con su boca me fue quitando el bóxer hasta dejar libre mi pene que ya se encontraba erecto el cual toma con sus manos y lo empieza a masturbar en eso suspiro de placer, cerrando los ojos y relajándome, con la certeza de que tengo mis partes en buenas manos, me lo va masajeando con suavidad haciendo que se ponga aún más duro de lo que ya estaba después se lo lleva a la boca y comienza a chuparlo de una manera extraordinaria, el sentir sus labios besando la punta me hace sentir un tremendo choque eléctrico que fue aumentando más y más.

    Leo: Bethania Pfff Qué biennn

    Bethania: ¿te gusta bebe?

    Leo: me encanta amor

    Sus lamidas estaban ocasionando que ya le soltara mi descarga de semen en la boca pero no quería que pasara aun así que le dije que se detuviera

    Bethania: que pasa bebe ¿ya no te gusto?

    Leo: no es eso preciosa, si me encanta lo que pasa es que ya te la quiero meter

    Me sonríe coquetamente y se acuesta en la cama yo me levanto acomodo sus piernas en mis hombros y apunto mi pene a la entrada de su vagina pero primero lo paso encima lo froto con sus labios vaginales vaya que estaban muy húmedos el hacer eso le provocaba a Bethania una sensación muy rica al sentir las frotadas de mi pene con sus labios vaginales

    Bethania: ya métemela papi la quiero adentro toda qué rico, te quiero dentro de mi

    Mi hembra estaba bien acomodada en la cama se puso de pie para acomodarse una almohada debajo de ella tomo después mi pene con su mano, la cual subía y bajaba, suavecito.

    Bethania no soportaba más la excitación, deseaba sentir ese pene mexicano entrando en su cuerpo, así que lo tomo con firmeza rozándolo con su clítoris ahora era ella quien tenía el control de la situación entonces ubicó el glande en la entrada de su vagina y se lo fue introduciendo lentamente hasta sentir mis testículos chocar contra sus nalgas después comienzo a bombearla un sinfín de veces hasta irle arrancando intensos gemidos de placer.

    Bethania: así papi así síguele papi

    La sujete de las nalgas marcando el ritmo de mis estocadas, Primero lento, quería disfrutar cada segundo que pudiera el cuerpo de Bethania, esa hembra ardiente que me hacía sentir una gran corriente eléctrica de placer, deseo por ella y sus hermanas, con las que había soñado varias veces en tantas oportunidades.

    Empecé a besar sus pechos, sujetando un pezón entre mis labios, jalándolos suavemente, chupándolos hasta dejarlos bien rojos ella ahogaba sus gemidos intentando ocultar lo que sucedía en esa habitación, pero el placer y el deseo eran tan grandes que lo disfruto en todo momento la abrace de la cintura ella me abrazo rodeando mi cabeza la cargue y la recosté de espalda contra la cama, puse sus piernas sobre mis hombros, su manos se entrelazaron, y en medio de besos, gemidos y estocadas, ambos obtuvimos el orgasmo que tanto deseábamos

    Leo: Bebe me voy a correr donde los quieres

    Bethania: adentro papi adentro por favor

    Un potente chorro de semen salió disparado al interior de la vagina de Bethania la cual gimió intensamente y sus ojos se volvieron blancos como la leche

    Leo: te gusto amor

    Bethania: me encanto papi que rico

    En eso le dije a Bethania que iba a la cocina, ella me dijo que si le seguíamos y le dije que si solo que necesitaba volver a rehidratarme para después continuar dándole batalla jajaja, ella se sonrió y me dio un beso el cual yo le correspondí después me dirigí hacia la cocina por algo de tomar solo vestido con mi bóxer y cuando entre vi que ahí se encontraba Beatriz, ella estaba bailando muy sensualmente parecería que no me escucho cuando entre fue cuando note que tenía puesto sus auriculares ya que estaba escuchando música en su celular pero parecería música muy sensual ya que lo demostraba con ese baile tan provocativo por la forma en que movía sus caderas sin mencionar que llevaba puesto un vestido negro de tela muy delgada que le hacían relucir sus bellas piernas, resaltaban también su rico culo y sus muy apetecibles pechos bailaba de una manera que apetecible, sin darme cuenta mi pene empezó a ganar firmeza otra vez después del primer round con Bethania ahora está adquiriendo más fuerzas para un segundo round solo que esta vez seria con Beatriz pero no me quise apresurar tome un pequeño descanso y algo de tomar para revitalizarme

    En ese momento después de sentirme que ya tenía energía nuevamente jajaja quise hacer la misma maniobra que hice con Bethania así que primero me acerque sigilosamente hacia Beatriz sin que se diera cuenta me pongo detrás de ella y comienzo a seguirle el ritmo de su baile hasta que la rodeo con mis brazos poniéndolos justo en sus ricos pechos los cuales masajeo suavemente y rosándole mi ya erecto pene en su rico culo ella se dio cuenta se quitó los auriculares dejando que la música en su celular continuara, la canción que ella estaba escuchando era la de la Lambada el baile Brasileño vaya que lo sabía bailar muy bien yo nunca lo había bailado pero había observado los videos del grupo que la interpretaba sobre todo las presentaciones en vivo y no me fue difícil seguirle el ritmo a Beatriz la cual seguía sorprendida al ver que le seguía los pasos en su baile.

    Beatriz: Que bien bailas amor donde aprendiste

    Leo: te sorprenderás que nunca he bailado esto pero verte mover tus caderas de esta manera me llenaron de mucho placer y ánimo para bailar contigo

    Beatriz: hay que lindo

    Me da un beso en la boca después se agacha y me baja el bóxer para llevarse a la boca mi pene para darle más firmeza y dejarlo listo para ella.

    Me encantaba escuchar ese sonido escuchar como devoraba mi pene me hacía sentir de maravilla en todo mi esplendor, la levanto y como su vestido era como una playera larga lo tome por debajo y se lo levanto hasta quitárselo por completo por encima de su cabeza dejándola solo en tanga, no llevaba brassier solo una pequeña tanga de color blanco que se le veía espectacular.

    Me agaché, la comencé a acariciar y besar, metía mi mano para comenzar a masturbarla con mis dedos, le pedí a Beatriz que se acomodara hacia la pared de la cocina y así lo hizo. Puse mí cabeza entre sus piernas, eché la tanga a un lado y comencé a comerla su vagina mientras le comía su rico tesoro, acariciaba sus nalgas mi lengua no salió de su vagina hasta que se vino en mi boca.

    Me levante volvimos a besarnos Beatriz comenzó a masturbarme de nuevo esta vez con sus manos. Mientras comencé a besarle el cuello y fui bajando hasta llegar a besarla los pechos con mis pulgares acaricie sus pezones, notando como se iban poniendo duros comencé a chuparlos y mordisqueándolos un poco logrando hacerla gritar de placer

    A Beatriz le encantaba que le hiciera eso le arrancaba más gemidos a cada instante en ese momento la cargue y me la iba a llevar a la sala así cargada pero antes vi que en las cosas que habíamos traído había una crema en espray o crema batida como se le llama y un jarabe de chocolate le dije a Beatriz que los agarrara que quería hacer algo así que ella los tomo y me la lleve cargada hacia la sala al llegar Beatriz me dice que el sofá grande es en realidad un sofá cama la baje fui directo hacia el sofá y lo abrí y efectivamente era un sofá cama así que volví por mi segunda hembra la cargue nuevamente y la deje acostada le quite la tanga y ella me miraba con una mirada muy coqueta y lujuriosa me hacía gruñidos invitándome a ya reventarla de placer y eso es lo que iba a hacer pero primero quise hacer algo que siempre me llamo la atención una fantasía que no había cumplido con nadie tome la crema y el chocolate las empecé a untar encima de los pechos de Beatriz ella sonreía sorprendida por lo que estaba haciendo pero me dejo total libertad después de cubrirle sus pechos con crema y chocolate me subo encima de ella y se los comienzo a chupar lentamente saboreando ese rico sabor de chocolate combinado con crema y el sabor natural de una mujer ardiente era un sabor muy rico, Beatriz al sentir mi boca recorrer sus pechos gemía intensamente se mordía los labios y sostenía mi cabeza para evitar que yo no me detuviera

    Después le unto en su abdomen y en su entrepierna para después atacar esas zonas haciéndole retorcer en todo momento a mi bella hembra

    Beatriz: hay Leo que rico mmmm

    Mi lengua entra en contacto con sus labios vaginales y mis manos fueron directo hacia sus pechos ella por su parte aprisionaba mi cabeza con sus piernas mientras le chupaba su rica vagina y apretaba sus ricos pezones parece que ella también tiene su cuerpo conectado al placer en todo momento porque Beatriz se empezó a retorcer como pescado fuera del agua el apretarle los pezones y lamerle su vagina al mismo tiempo provoco que ella estallara en un intenso orgasmo.

    Mi boca se inundó de sus jugos íntimos que me encantaba saborear en todo momento cuando mi verga estaba bien dura, me acuesto en el sofá cama ella se levanta con mucho esfuerzo ya que sus piernas le temblaban después de su intenso orgasmo se sentó de rodillas encima de mí y se metió mi pene en su húmeda vagina comenzó a moverse en círculos y después se sentó hasta ponerse como jinete cabalgando a su semental cogimos muy rico mientras acariciaba sus muslos nos besamos, pellizque sus pezones me levante hacia ella y los mordisquee cuando los tuvo bien duritos nuevamente.

    Después la coloco en cuatro ella me pide que se la meta por su culito tal como se lo hice a su hermana Ariana lo cual accedí ella sola lo metió en su culo siguió moviéndose circularmente mientras yo continuaba acariciando sus muslos y masturbándola continúe dándole un buen rato mis estocadas en su culo Beatriz estuvo un buen rato con mi pene dentro hasta que la cogí de la cintura, la tumbé en el sofá cama conmigo encima de ella. Seguimos cogiendo, disfrutando a cada momento, mi boca después se pegó a su cuello mientras la cogía por su culito mis labios succionaron su cuello bien fuerte hasta que su piel se marcó por mi succión y sentí como los dos nos veníamos al mismo tiempo.

    Mi semen inundo su rico culo, nuestro orgasmo fue brutal intenso y muy rico, nos sentamos en el sofá nos relajamos, besándonos y acariciándonos, antes de que me pusiera de nuevo el bóxer me dijo que si la iba a extrañar mucho después de que me regresara a México a lo cual dije que sí, siempre las extrañaría mucho a las 3 nos besamos y me vestí le dije que me quería dar un chapuzón en la alberca para refrescarme que si me acompañaba me dijo que al rato que descansaría un poco me levante y me fui a la habitación de Néstor a ver a Bethania cuando entre vi que ella se había dormido por lo cual no la quise despertar me acerque un poco para verla desnuda su rica vagina aun goteaba mi semen que le había dejado temprano, en ese momento recordé el chupetón que le había dejado a Beatriz en el cuello y dije porque no mejor le dejo su recuerdo a las 3 jejeje, con cuidado me acomode detrás de ella y bese su cuello con suavidad para no despertarla hasta dejárselo marcado también estaba tan cansada de la cogida que habíamos tenido que no se despertó aunque sonreía al parecer estaba soñando con ese momento, Salí de la habitación y me fui a la alberca

    En la alberca había otra sorpresa, al llegar veo a Ariana que estaba nadando llevaba puesto su mini bikini negro que se había comprado días antes verla con ese pequeño bikini me hizo despertar mi pene otra vez y ya había tenido el 1 y 2 round con sus hermanas pero al parecer vendría el tercero con ella pero me sentía un poco cansado por lo cual decidí reponer fuerzas aunque sin dejar de mirar a tan radiante y sensual mujer.

    Al sentirme recuperado me quite el bóxer y así desnudo entre a la piscina nadando hacia ella, no sé si se hiso la sorprendida o ya me estaba esperando pero me le aparecí por detrás causándole un susto

    Leo: sorpresaaa

    Ariana: hay me asustaste

    Leo: no es cierto de seguro que ya sabias que estaba aquí verdad

    Ariana: no es cierto jajaja

    Leo: tu sonrisa te delata

    Ariana: que hacías hace rato, mmm andabas de travieso con mis hermanas verdad guapo

    Leo: tú qué crees bebe

    Ariana: en que toca que me hagas travesuras a mi también bebe

    De inmediato me abraza y me planta un beso en la boca yo le acerco mi pene por encima de su bikini y ella de inmediato se da cuenta que no llevo nada puesto a lo cual ella sonríe y se quita rápidamente la parte de arriba de su bikini dejando en libertad esos ricos pechos los cuales como si fuera yo un recién nacido empiezo a chupar sin darle tiempo a Ariana de reaccionar solo dejarla que de sus labios empezaran a salir gemidos

    Ella metió su mano al agua hasta alcanzar mi pene y lo masturbo por debajo del agua hasta sentir que estaba listo para empalarla empecé a besar el cuello de Ariana hasta dejarlo marcado como a sus hermanas sus brazos me rodeaban, mi pene empezó a ponerse muy duro en la mano de Ariana siguió masturbándolo hasta hacerme sentir ese choque eléctrico después tomó su rostro y la besó apasionadamente esos bellos labios la levanto y la coloco en el borde de la alberca la despojo de su bikini y comienzo a devorar su vagina mientras ella disfrutaba en todo momento

    Me decía que ya se la metiera así que le hice caso salimos de la alberca y la cargo ella se cuelga encima de mí y con su mano dirige mi pene hacia la entrada de su vagina y lo introduce lentamente me lo acomoda y en eso momentos comienzo a bombearla lentamente después subía la intensidad como estábamos fuera de la alberca y ella estaba encima de mi quise hacer algo nuevo así que le dije a Ariana que se agarrara bien y comencé a hacer sentadillas con ella encima de mí, vaya que el cardio me deja en buena forma porque al hacer las sentadillas el ritmo que aplicaba tenía un buen efecto en las estocadas que le daba a Ariana ya que sus ojos parecías un par cebollas por lo blancos que se pusieron

    Un prolongado gemido fue expulsado de los hermosos labios de la linda Ariana, echó la cabeza para atrás sin poder negar el intenso placer que sentía; esto fue aprovechado por mi seguí besando su cuello, su nuca, y mordisqueando, suavemente, sus apetitosos hombros, mientras sus manos me rodaban para evitar zafarme hasta que siento mi cuerpo retorcer era señal que ya iba a venirme y ella igual sentía lo en ese momento un potente chorro de semen invadía nuevamente su vagina para después ella expulsara una gran cantidad de jugos íntimos

    Mis piernas estaban temblorosas por el orgasmo pero aun tenía fuerza para aguantarla encima de mí y darle otras buenas estocadas fue en ese momento que la baje nos metimos en la alberca y adentro del agua le metí mi pene en su culo y la penetre un sinfín de veces hasta llenarle todo su culito con otro gran chorro de semen y una parte quedo flotando en la alberca

    Ariana: que ricooo guapo

    Salimos los dos de la alberca y nos fuimos adentro entrada ya la noche los 4 la pasamos muy bien Néstor llego de su Trabajo y le dije que le prepararía una sorpresa la cual fue mis hembras me ayudaron a prepararle cuando el llego digamos que la paso de maravilla como yo horas antes mientras yo veía desde las gradas jejeje.

    Los días pasaron y llego el momento de regresar solo que esta vez nuestras hembras nos acompañarían al aeropuerto eso si durante el trayecto las tres me dieron la despedida en la camioneta mientras su padre manejaba, las iba a extrañar un chorro pero me aseguraría que esa despedida la disfrutaran mucho llegamos al aeropuerto y antes de abordar nos despedimos

    Néstor: adiós hermano cuídate mucho y buen viaje

    Ariana: adiós guapo te extrañare

    Beatriz: adiós amor regresa pronto

    Bethania: bye papi cuídate te voy extrañar, espero que regreses pronto

    Leo: así lo hare por lo pronto se llevan buenos recuerdos de mí

    Al decir eso las 3 voltean a ver a su papá que había hecho una mirada rara y las 3 les enseñan su cuello señalando los chupetones que les había dejado marcado y sonriendo coquetamente, Néstor al verlos sonríe diciéndome

    Néstor: que cabron eres jajajaja

    Los 5 nos damos un abrazo y nos despedimos beso a las 3 en la boca acompañado de un buen agarre de sus nalgas lo cual disfrutaron y un fuerte abrazo para Néstor después aborde el avión para regresar a México concluyendo ese maravilloso viaje.

    Espero que les haya gustado y ante todo una disculpa si mis relatos son un poco largos espero también seguirles compartiendo las demás experiencias que sucedieron después de esta y aunque han pasado 4 años pareciera que no tiene mucho en que sucedió jejeje.

  • Adiós a mi inocencia (Primera parte)

    Adiós a mi inocencia (Primera parte)

    Soy moreno, delgado, maduro y pasivo. Perdí mi inocencia con un hombre de piel canela, con experiencia y dominante. Convirtiéndose en mi mejor amigo y amante durante varios meses. Lamentablemente, tuvo que viajar fuera del país por motivos laborales.

    Él me inició, convirtiéndome en su hembra y en la hembra de dos amigos de su confianza, que también marcharon al extranjero, dejándome escritos en la piel sólo sus placeres y recuerdos…

    Hoy, voy a relatar los hechos cuando me despedí definitivamente de mi inocencia.

    Vivo en un barrio popular, como tantos en la Región Metropolitana. A la casa de un vecino de la misma calle, llegó un nuevo arrendatario a vivir solo. Los dueños de la propiedad, dejaron al cuidado de su arrendatario sus bienes materiales según un contrato.

    Comenzaron a pasar los primeros días y semanas. Al final de la calle, se encuentra un negocio donde se venden todo tipo de alimentos para el consumo del vecindario. Por las tardes, por casualidad cotidiana, al anochecer nos topamos comprando diferentes víveres en ese negocio con el nuevo arrendatario. Nos comenzamos a saludar, a mirarnos y a conversar. Por instintos inexplicables, lo acompañaba caminando hasta su nueva casa. A veces él hacía lo mismo. Nos hicimos rápidamente amigos. Claudio es un hombre joven pero maduro. De mediana estatura, fuerte y manos duras por el trabajo en la construcción de carpintería. Alegre y buen conversador. En varias ocasiones me invitó a compartir una taza de café con algunas tostadas. Le comenté que era solterón igual que él. Y que en mi caso, vivo con familiares desde hace varios años en ese lugar. Pero, en una de esas invitaciones a tomar café. Noté que no tenía ganas que me fuera pronto.

    Me insistió con otra taza de café calentito. Aceptando su invitación elocuente, cuando se levantó de la silla y se puso de pie frente a mí, me di cuenta (creo que lo hizo a propósito) que las entre piernas del pantalón estaban demasiado abultadas. Sentí un profundo escalofrío que recorrió mi cuerpo. Con una mirada de segundos interminables, mis ojos se extendieron como dos manos ansiosas para acariciarlo con dulzura. Él sintió mis caricias visuales y respondió con una nueva erección notable.

    Después de tomar nota, del hecho observado por mí, giró en busca de la tetera para llenar las tazas. Seguro de sí mismo, volvió y vació el agua. Para salir algo nervioso de lo ocurrido, espontáneamente cometí la imprudencia, y le comente que me había dado cuenta que era visitado por dos personas los fines de semanas. Son un par de amigos de confianza del trabajo. Nos juntamos los sábados a beber algunos tragos y ver vídeos eróticos o películas ejemplares, mientras nos divertimos con asuntos laborales. Uno de ellos es haitiano con sólo algunos meses en Chile. A ellos les he hablado de nuestra amistad, además, ya te conocen como eres. ¿Cómo es eso? La semana pasada, nos vinimos directamente del trabajo y durante esos tres días, te vieron pasar varias veces camino al negocio de la esquina. Detrás de los cristales de la ventana les mostré tu persona. Quedamos de acuerdo de invitarte este fin de semana. Pero Claudio, ¿por qué no me lo comentaste ayer? susurre tímidamente.

    Me miró con la paciencia que tienen los amantes al acecho del momento oportuno. Necesitaba algo de tranquilidad y sentirme más seguro. Ahora, es el momento para conocernos. Yo no quiero que tú te marches a tu casa y tú tampoco deseas dejarme solo tan pronto. Ambos descubrimos el silencioso discurso que habían pronunciado los instintos, ahora sólo faltaba completarlo a viva voz.

    Se levantó en busca de cigarrillos y a los pocos instantes, volvió con un cigarrillo encendido. Se acercó por detrás de la silla, con una mano me acarició el pelo y su boca buscó mi oído susurrando que chupara una bocanada de tabaco. Lentamente, mis labios húmedos cumplieron la ordenanza. Tomé su mano y me la puso en la boca. El humo del cigarrillo, formó círculos concéntricos hasta desaparecer en las alturas del comedor. Tomó una de mis manos y después de un suave apretoncito, me invitó a sentarnos en un amplio sofá antiguo de color rojo.

    Como de costumbre, frente al sofá se encontraba a poca distancia un televisor grande apagado. Nos sentamos uno al lado del otro. Me tiritaban las piernas sin decir nada. Después de unos instantes de pavor, puso una de mis manos arriba de su pantalón donde estaba su sexo, Lo sentí moverse atrapado en su jaula de género. La imaginación voló como una mariposa de colores. Era fuerte como un roble. Me acercó, rodeando con uno de sus brazos mi cabeza y me besó la boca intensamente con dulzura. Lamió mi cuello y prometió hacerme su hembra. La calentura recorrió nuestras pieles, apoderándose de nosotros. Se levantó del sofá y dejó su sexo al desnudo frente a mi. Mis ojos lo volvieron acariciar, pero ahora con asombro y en otras circunstancias muy distintas a las de hace sólo algunos momentos. Es largo y robusto. Tomó con sus dos manos mi nuca y lo puso delante de mi boca entreabierta de pánico. Lo deslizó suavemente a lo largo de mis labios encantados y perplejos.

    Sentí su aroma de macho ardiendo y poco a poco y sin ninguna insistencia, la abrí de par en par otorgándole una maravillosa bienvenida. Apenas, pudo ingresar algunos centímetros al principio, necesitaba relajar mis nervios. Mientras me tranquilizaba, mi lengua recorrió toda su piel y los dos frutos que cuelgan adecuadamente para dar toda su perfección, Después de varios minutos de placer, él la volvió ingresar para que se hunda más y más hasta llegar al fondo de mi garganta y dejarme lujuriosamente sin aliento. Ahora, puede recorrer todo mi húmedo territorio, entrando con algunas dificultades y saliendo de prisa sin mi permiso, para volver a entrar una y otras innumerables veces más…

    Mis manos, una sobre la otra, las tenía puesta firmemente donde nace en sus raíces esa maravilla que tenía en mi boca. Sentía cada centímetro de espesor y dureza cuando ingresaba lentamente sobre mi lengua hasta el fondo de mi boca, atragantándose, mientras mis manos apretaban con desesperación empujando hacia afuera para no caer asfixiado. Mis manos pueden dar testimonio de todo el trozo que quedaba fuera. De pronto, me dió una salvaje embestida dejándolo por más tiempo embutido. Sentí sus palpitaciones y una hinchazón adicional, pensé que iba a explotar como un volcán en mi garganta entreabierta, inundándose de néctar´ caliente saliendo a borbotones, mientras me esforzaba por hacerlo retroceder un poquito para respirar más libremente, Claudio, con sus manos agarradas en mi nuca, lo hundía más y más. Sólo necesitaba urgentemente una bocanada de aire que ingresó escasamente por mis narices…

    Sentí que jadeaba como bestia acorralándome en sus dominios, después de varios instantes, retrocedió lo necesario para besar y ordenar que me desvistiera de inmediato, ayudando a cumplir su mandato. Cuando quedé en ropa interior, vio que tenía puesto calzones blancos… Veo que no estaba equivocado, susurro pecatomitosamente. Yo tampoco, respondí con malicia. Rápidamente quedó en piel, mientras lo miraba bajando mis calzones. Estaba tenso, más que cuando me senté por primera vez a su lado. Me ordenó con una suave sonrisa, que apoyara mis rodillas en el sofá e inclinara mi cuerpo con mis brazos sobre el respaldo del sillón, abriendo un poco mis piernas con sus manos.

    Me tomó de la cintura rodeándola como un lazo y la empujó lentamente hacia fuera del borde del sillón. Mis nalgas, naturalmente se levantaron, puesto que quedaron un poco más arriba que el nivel de mi espalda. Me sentí más cómodo en esa posición y comencé espontáneamente a relajarme con la ayuda tierna de sus manos que se deslizaban desde mis hombros en busca de mi trasero. Desde el primer día que vi a Claudio, descubrí que nos aparearíamos en cualquier momento. Era cosa de tiempo. Por tanto, todos los días al atardecer, me volvía a duchar y asear con cuidado el interior de mi trasero. Después, me lubricaba profundamente, y me ponía calzones de colores y salía a la puerta de mi casa a esperar su aparición en la calle. Siempre era puntual su aparición.

    Después de entrar a su casa, al poco rato salía con un bolso de compra en dirección al negocio donde nos saludamos la primera vez. Yo de inmediato, repleto de fantasías, caminaba al mismo lugar con algún pretexto. Buscaba una oportunidad y ahora la estaba viviendo con ansiedad. Con sus dos manos, abrió mis nalgas y puso en la entrada su pico largo, grueso y duro. Con unas cuantas palmadas en el trasero, disipó de inmediato mis pensamientos, volviendo a la realidad. Humedece con saliva su órgano sexual y lo ubicó en el lugar preciso para comenzar su expedición. Empujó con decisión un poco y se detuvo, respondiendo con un gemido que se escapó de mi boca. Puso una de sus duras palma en mi boca para taparla antes del segundo empujón, con la otra mano me tenía agarrado firmemente del pelo. Relájate y no opongas resistencia, exclamó. Por unos breves instantes, sentí alivio de tanta compasión. Pero, volvió a empujar de nuevo.

    Mordí la dura piel de su palma, lanzando un chillido al aire… la ansiada exploración había comenzado a hurtadillas y nadie podría detenerla. Sobre mi espalda, sentí como jadeaba como un potro hambriento y experimentado. El viaje hacia mis profundidades estaba limpio y lubricado. Sólo debía someterme a sus caprichos y aceptarlo sin miramiento, aunque sufriera con algo de dolor. En cualquier momento llegaría el placer y la lujuria, antes de recibir su néctar caliente para beberlo en mis entrañas. Una vez más dio un nuevo empujón y avanzó más de prisa, un gemido mío rebotó varias veces en las paredes del comedor. Mis nalgas se separaron definitivamente de par en par, permitiendo entre aullidos, darle la bienvenida. Mi trasero se conmocionó, agitándose de lado a lado y de arriba hacia abajo. Por fin ya estaba adentro gran parte de su robusta existencia, un aullido profundo de loba salvaje lo atrapó intensamente como si fuera una presa para saciar su hambre. Nos quedamos quietos por algunos instantes. Lo doloroso se esfumó, ahora vendría el placer y la locura se desató.

    Me apretó ambas caderas, y como jinete se puso a cabalgar lentamente, mientras gemía más y más. Después de muchos minutos, tomó mis hombros y apresuró el tranco, sentía como sus frutas golpeaban mi piel una y otra vez. A cada instante sentía que su expansión aumentaba más y más. Por fin lanzó varios chorros de néctar delicioso que me anegaron las entrañas. Ahora, gemía de placer. Descanso sobre mi, agitado un largo tiempo, mientras me abrazaba tiernamente. Había sido suya. Tenía que disfrutar su conquista. Satisfecho como los animales, se bajó del sillón. Yo hice lo mismo y nos abrazamos con arrumacos, largamente. Nos vestimos apresuradamente, nos besamos intensamente y nos despedimos hasta el fin de semana. Era miércoles y la noche había avanzado demasiado pronto…

  • Exhibiendo

    Exhibiendo

    Estaba sola en mi habitación, recostada sobre espalda esperando a que algo interesante pasara, pero nada ocurría, mi vida era muy aburrida, siempre fui conocida como una niña buena, y solo me rodean personas igual de aburridas, así que para buscarle adrenalina a mi vida, me cree una cuenta falsa donde me puse el seudónimo de «julia», en mi foto de perfil, tenía una foto mía en un espejo donde aparecía con poca ropa. Día tras día me llegaban un montón de solicitudes, y con ellas muchos mensajes diciéndome un montón de halagos.

    Lo interesante comenzó ese día en la noche, ese día me agregaron a un grupo xxx, y comenzaron a mandar mensajes morbosos, pidiendo videos y fotos. Interesada por su reacción, mande una foto mía donde estaba sentada con una sudadera (únicamente la sudadera) no llevaba nada más, se podía apreciar mi vagina descubierta y bien depilada. Llegaron un montón de mensajes en un instante, unas llevaban foto.

    – así me pusiste perra

    – muéstrame mas

    – abre las piernas puta

    – cuanto cobras por una noche

    -te invito a un trio

    Etc…

    El solo leer sus mensajes me puse tan mojada que incluso el lugar donde reposaban mis nalgas se mojó, me sentía tan excitada que mis dedos no me bastaban quería algo más grande y carnoso, aun así logre llegar a un orgasmo. Una vez satisfecha, iba a cerrar sesión cuando mire un montón de mensajes en mi buzón. Muchos de ellos eran fotos de penes bien erectos, otros con videos, pero había uno que me llamo la atención.

    Solo decía – cuando termines márcame-

    Me quede en shock cuando leí eso, pensé que quizás alguien me había descubierto, me sentí observada, pero a pesar del miedo, decidí marcar a esa persona.

    De inmediato me respondió la voz de un hombre gruesa pero sexy,

    – hola julia, tan pronto terminaste?- respondió con voz juguetona

    – como sabes que estaba haciendo algo?

    – en la foto que mandaste te mirabas mojada, imposible que no te masturbaras, dime ¿te sientes satisfecha? O ¿quieres ayuda?

    Por un momento me sentí relajada al saber que no era alguien que me conocía, pero ahora me sentía muy intrigada

    – no necesito su ayuda, gracias- respondí y colgué.

    A la mañana siguiente cuando entre de nuevo a la cuenta, observe que la foto que compartí un día antes estaba circulando en un par de grupos porno, y quien las compartía era la misma persona con la que hable ayer, y en su descripción decía:

    «conseguí juguetito nuevo, envídienme perros»

    En sus comentarios, un montón de mensajes morbosos donde me describían en santo y seña como me penetrarían, con juguetes, con cuerdas o incluso en tríos. No pude evitar excitarme un poco. De inmediato le mande mensaje a ese tipo «que te pasa, no puedes hacerme eso»

    De inmediato me respondió:

    «deberías de agradecer, te apuesto que estas que escurres de solo leer los comentarios»

    Tarde en contestar y entonces el mando otro mensaje

    «por qué mejor no me mandas un video de cómo estás? Te aseguro que quieres que te penetre bien fuerte, la propuesta es simple, déjame ayudarte, nada pierdes, te aseguro que nadie sabrá quien eres Rosi»

    Me quede en shock cuando dijo mi nombre, me sentí amenazada que para evitar que me exhibiera, decidí seguirle el juego- muy bien, que quieres.

    -así me gusta hermosa, desde hoy soy tu señor, de acuerdo, comencemos con algo sencillo, te gusta masturbarte con los comentarios morbosos que lees, así que solo tienes que excitarlos mas, mándame una foto de tus tetas desnudas con un escrito en ellas donde diga «propiedad de Axel» te doy tres minutos»

    Hice una mueca y sin responderle escribí con labial lo que me pidió en mis tetas y de inmediato le mande foto.

    – listo- respondí

    – cuida tu boca maldita puta, soy tu señor y siempre me debes llamar así, no se te ocurra volverme a dejar en visto  entendiste Rocío?

    Su amenaza me asusto así que de inmediato le respondí- si señor, perdóneme-

    – si te perdonara así de fácil, mi orgullo caería al suelo, eres una perra maleducada, como castigo debes mandarme un video poniéndote pinzas en los pezones y los vas a dejar ahí, por 1 minuto, agradece que es poco tiempo, solo porque es tu primer día.

    – si señor- respondí y con miedo me quite la ropa, y buscando sobre mis cajones, saque todos los juguetes sexuales que he comprado en línea, escogí dos pinzas de plástico y las puse sobre mi pecho, mi celular estaba grabando todo, mis pezones ardían, tanto que mis lágrimas comenzaban a salir, pero más allá del dolor, mi vagina se sentía doler, me sentía mojada, apenas paso el minuto, me los quite y mande el video.

    – así me gusta bebé, dime, ¿te gusto?

    – me duelen mis pezones es lógico que no me gusto… Señor- respondí con sarcasmo

    – perra mentirosa, estoy seguro que estas tan mojada que bien te caben dos pollas dentro de ese coño, pero está bien, por hoy es suficiente- respondió – puedes desconectarte, tienes mi permiso de masturbarte, pobre de ti si te veo conectada en esta cuenta, a partir de hoy, a menos que yo te lo diga, no puedes mandarte mensajes con otros hombres, entendiste’?

    – si señor- respondí y me desconecte. Maldito loco, la verdad es que si quería tocarme, pero no le daría ese gusto, preferí darme una ducha de agua fría.

    Quien se cree que es…

    Continuará.

  • Mi mejor amiga Gabriela (Parte IV)

    Mi mejor amiga Gabriela (Parte IV)

    De algo estaba completamente seguro: mi próximo encuentro con Gabriela sería muy intenso. Luego de lo que ocurrió en mis clases de manejo, que pueden leer en: Mi mejor amiga Gabriela (Parte III), decidí llevar la relación a terrenos más intensos.

    Para aquellos que recién se están enganchando a estos relatos pasare a describirme y describir a Gabriela. Me llamo Daniel, tengo 36 años, mido 1.80, de piel morena y constitución esbelta. Gabriela es delgada, mide 1.60 de piel blanca, cabello cortado estilo Bob, posee una mirada bastante sexy, una nariz delicada y redondita, de lindas piernas largas, senos de tamaño medianos y unas nalgas redonditas.

    Antes de continuar con la historia creo que debo aclarar que pese a vivir en una de las ciudades más grandes de mi país, los sex-shop con los que se cuenta no están lo suficientemente bien surtidos y, para ser sincero, en mi próximo encuentro con Gabriela deseaba darle rienda suelta a otra de mis fantasías la cual era: usar juguetes sexuales con Gabriela. Luego de salir del trabajo me enfrascaba en horas y horas navegando por páginas web buscando los juguetes sexuales que deseaba, un día, luego de horas de búsqueda al fin pude dar con una página web que tenía en stock muchos objetos que deseaba comprar. Hice mi pedido y según el formulario el envío demoraría máximo 3 días una vez realizado y cancelado el pedido.

    Los días pasaban poniendo a prueba mi paciencia, mientras los pasaba mensajeándome con Gabriela. Un jueves (2 días después de haber realizado mi pedido) recibo una llamada de Gabriela.

    -Hola, ¿Cómo va?

    -Hola, todo bien, aquí preparando una reunión para esta noche. ¿vos? –le respondo

    -Bien, ¿estás ocupado? –me dice usando cierto tono de voz que me encanta.

    -Sabes que para ti siempre tengo tiempo.

    -Más te vale, ¿has visto el Facebook?

    -La verdad que hoy no –le digo y era cierto, normalmente los jueves eran días muy estresantes para mi persona.

    -Ni sabes quien toca Meraki –me dice toda emocionada.

    Meraki es un bar de nuestra ciudad donde en ocasiones tocan bandas en vivo. Una sonrisa se dibuja en mi rostro al escuchar su pregunta.

    -¿Quieres ir conmigo? –le respondo directamente.

    -Déjame pensarlo –dice haciéndose la interesante y luego de unos cuantos segundos contesta –está bien jaja.

    -Gaby y que te parece si luego del concierto nos vamos a otro lugar?

    -Sabes que sí –es su respuesta y yo por dentro pensando: no digas pero, no digas pero –pero también sabes que es un poco complicado –finaliza ella.

    -Entiendo, no te preocupes.

    -Bueno, ¿vamos el sábado?

    -Está bien –respondo– te llamó ese día para que coordinemos todo.

    -Espero tu llamada entonces… Y… guapo… esa noche deseo sentirte –me dice y corta la llamada.

    Aquel jueves lo pasé con una sonrisa de oreja a oreja, pese a ser uno de los días donde más trabajo tenía no lo sentí tan pesado, es realmente increíble como una llamada o una sola frase puede imbuirte de tanta felicidad. Ese día una vez terminada la reunión y una vez se fueron todos me encontré solo en la oficina, me dirigí a mi escritorio, saque mi botella de whisky y me prepare un vaso, lo bebí lentamente con la mirada fija al sofá de la oficina, aquel sofá donde empezó todo esto que ha estado pasando. Recordé con lujo de detalle el cuerpo de Gabriela desfallecido en aquel sofá, totalmente desnuda, con su vagina chorreando mi semen y recordé su expresión de placer. Me bebí el vaso de whisky de golpe y procedí a masturbarme pensando en Gabriela.

    Al día siguiente mi alegría se tornó ansiedad, era el tercer día desde que había hecho mi pedido y el envío no había llegado. Ya por mediodía estaba perdiendo la esperanza que el paquete no llegue. Al finalizar la tarde me resigne a que los juguetitos que había comprado para Gabriela no iban a llegar esa semana, fue así como viernes llegó a su fin.

    El sábado en la mañana me despierta el celular, al tomarlo compruebo que era Gabriela la que me llamaba.

    -Alo, buenos días ¿Cómo estás?

    -Buenos días guapo… ¿te desperté?

    -No –le mentí– hace rato me desperté, pero sigo en cama.

    -Eso es vida –me dice– yo estoy llegando a la oficina.

    -Aaah verdad que trabajas sábado.

    -Si, ¿a qué hora nos veremos hoy?

    -Vaya que estás impaciente –le digo y lanzo una carcajada.

    -Es que no te imaginas como me pones –bromea ella.

    -Suelo causar ese efecto –le digo– pensaba que nos juntemos a las 8 de la noche ahí mismo en el boliche así llegamos y apartamos una mesa, recuerda que se va a llenar y luego es difícil hallar una mesa libre.

    -Me parece bien, y guapo una cosita más… te cuento que arregle unas cositas y esta noche luego del concierto me puedo ir contigo a otro lado… además que te tengo una sorpresa.

    -Wow muy bien –contesto al aire ya que me doy cuenta que Gabriela había cortado la llamada.

    A veces ella suele hacer eso, corta la llamada de golpe, supongo que lo hace para lograr una salida dramática o misteriosa. Tomo el celular y realizo una llamada para reservar una suite temática para nosotros en un conocido motel de mi ciudad. Finalizando me dirijo a darme un buen duchazo cuando el timbre de la casa suena, al abrir enorme es mi sorpresa al ver que son de la compañía de envío, el paquete que había pedido había llegado. Firmo el recibo y me dirijo veloz a mi habitación a apreciar la compra, abro la caja y una sonrisa se dibuja en mi rostro, todo lo que había pedido había llegado… aquella noche sería LA noche.

    Después del almuerzo me dirigí a tomar posesión de la suite, llevé todo lo que había comprado y también la ropa que iba a usar para ir al concierto, guardé en un cajón todos los juguetitos y me recosté en la cama apreciando la habitación, esta era espaciosa, con espejos ubicados en varios lugares, con una televisión enorme, el baño también era espacioso y con abundantes espejos, la habitación al ser una suite temática contaba con una mini habitación que simulaba una aula de escuela, además de poseer un sillón del amor (para referencias visuales googlear: sillón del amor).

    Tomo el control de la tv y la enciendo sólo para hacer ruido, al encenderla justo se encuentra sintonizando un canal porno, los que han ido a este tipo de lugares saben que esto pasa siempre, me entretuve viendo la porno, me calenté demasiado que terminé masturbándome pensando en Gabriela y las cosas que quería hacer con ella. El tiempo pasó rápidamente, así que me apresuré a alistarme, me di un buen duchazo y luego de cambiarme me dirigí al boliche a esperar que llegara Gabriela. Ingresé al local y me dirigí al área de fumadores donde encontré una mesa vacía. Me pedí una cerveza y mientras jugaba en el celular para pasar el tiempo me llegó un mensaje de Gabriela.

    -Hola Guapo, ya estoy llegando, ¿Dónde estás?

    -Hola –le contesto– salgo a esperarte. Ya llegué y aparte una mesa.

    Me dirijo hacia la salida no sin antes encargarle a una mesera que por favor nadie se apropie de la mesa. Ya en la calle observo entre los autos que pasan por la calle y diviso a Gabriela a lo lejos, estaba bellísima, pantalones negros al cuerpo, una blusa blanca con un escote generoso, con un maquillaje oscuro que le sienta muy bien.

    -¿Esperaste mucho? –me pregunta luego de saludarme con un beso en la mejilla

    -No mucho, pasemos rápido para que no nos quiten la mesa.

    -¿Hay mucha gente? –me pregunta

    -No mucha –le respondo– aunque algo me dice que se llenara pronto.

    Entramos al boliche y nos dirigimos a la mesa que ya había apartado, me ordene otra cerveza y Gabriela se pidió vino, brindamos por la noche, por nosotros y por el concierto que empezaría. Pasaron un par de horas y ya notamos como la banda estaba subiendo al escenario, nos dirigimos a un buen lugar para poder escuchar bien y disfrutamos el concierto. Durante el mismo yo me coloque detrás de Gabriela y mientras la banda tocaba los temas que nos gustaban yo la abrazaba.

    Luego del primer show nos dirigimos nuevamente a nuestra mesa.

    -Dani –me dice mientras enciende un cigarro- ¿lo que sentía entre mis nalgas cuando me abrazabas era lo que creo que era?

    -¿Tú que crees? –le respondo

    -Lo supuse –me dice mientras expulsa el humo de su boca– ¿qué planes tienes para esta noche?

    -Bueno luego del concierto quiero que vayamos a un lugar más íntimo.

    -Más te vale –me dice– mira que traigo tu sorpresa en el bolso.

    -Supongo que no me dirás lo que es –le digo

    -Quiero que sea sorpresa –me dice guiñándome el ojo.

    -Ya veremos quien sorprende a quien.

    Para el comienzo del segundo show de la banda el local estaba a reventar de gente, nos ubicamos en un lugar desde el cual podíamos ver bien el escenario, la banda continúo tocando, yo nuevamente abracé a Gabriela y empiezo a sentir como su mano empieza a acariciar mi pene sobre el pantalón, se da vuelta colocándose frente a mí, se acerca a mi oído y a pesar del excesivo sonido dentro del boliche escucho que me dice:

    -Esta vez me toca a mí frotar.

    Y mientras la banda tocaba y el público alrededor se emocionaba, ahí estaba Gabriela frotándome salvajemente el pene sobre el pantalón, siento como me baja el cierre del pantalón e introduce su mano buscando mi pene erecto, no le fue difícil realizarlo, una vez su mano dentro comienza a acariciarlo lentamente. La situación era muy intensa, prácticamente Gabriela me estaba masturbando en público. Mi mente luchaba por controlar mi cuerpo, Gabriela solo apoyaba su cabeza en mi pecho, su brazo rodeando mi espalda mientras que con su otra mano me masturbaba rítmicamente. La situación era demasiado excitante, por ratos Gabriela paraba en su ritmo, supongo que cuando sospechaba que podía vernos alguien del público o en ocasiones aceleraba el ritmo como queriendo hacer que acabe ahí mismo, todos mis pensamientos estaban en controlarme y no terminar, por lo visto este jueguito tenía muy feliz a Gabriela quien ocasionalmente acercaba su boca a mi oído para reírse o susurrarme cosas como:

    -¡Dale guapo, acaba rápido o no te animas!!! –me decía mientras se reía

    -Ahora yo tengo el control –lo decía con una mirada lujuriosa

    -Si te puedes aguantar te daré tu sorpresa –esto lo decía dándome besitos en el cachete

    Tengo que confesar que del concierto no preste casi nada de atención, al terminar el segundo show nos dirigimos nuevamente a la mesa.

    -Te contuviste demasiado bien –me dice con una sonrisa

    -No sabes cuánto me costó –le respondo doy un trago a mi cerveza– ¿te parece si ya nos retiramos?

    -Ya no te aguantas jajaja

    Me acerco a ella, le hago señas para que se acerque a mi entonces le susurró al oído

    -Me estoy muriendo por comerte toda

    -Está bien, vamos chico –me dice.

    Llamo a la mesera para cancelar el consumo y salimos del boliche, tomamos un taxi al cual le doy la dirección, en el camino Gabriela se acuesta en al siento, usando mis muslos como almohada mientras me cuenta lo bien que la paso en el concierto.

    Al tenerla acostada así en el taxi y aprovechando la oscuridad del mismo, mi mano se dirige sin disimulo hacia su escote, apretó uno de sus senos con fuerza, Gabriela ahoga un gemido de sorpresa y continúa hablando para que el taxista no se dé cuenta, mis dedos localizan su pezón y comienzo a jugar con él, apretándolo, estirándolo y estimulándolo con mis dedos. Al darme cuenta que estábamos llegando a nuestro destino me detengo y aparto la mano. Pago el taxi y nos bajamos directo a nuestra suite.

    Al entrar a la habitación Gabriela se queda observando todo el ambiente, observa detenidamente el mini ambiente que simula un aula y se queda observando el uniforme de colegiala que cuelga de la pared, yo la abrazo por atrás mientras mis manos buscan desesperadamente sus senos, ella me detiene apartándose de mí.

    -Calma –me dice– Dani espera un momento, voy a alistarme, saldré en un momento, puedes pedir algo mientras esperas.

    -Está bien… ¿deseas algo en particular?

    -Un whisky para mí –dice y se mete al baño

    Llamo a recepción y hago el pedido, prendo la televisión cambiando rápidamente el canal y mientras hacía zapping escucho como colocan el pedido en el mueble especial de entregas.

    -Gaby –digo elevando la voz– ya llego el pedido.

    -Ok –me responde

    Ya estaba comiendo ansias, sirvo dos vasos de whisky, dejo uno en una mesita y me llevo el otro conmigo a la cama. Me acuesto y continuo con el zapping, ya me encontraba terminando mi vaso cuando escucho a Gaby.

    -Lista Guapo, ¿puedes apagar la tv?

    -Está bien –digo y apago el televisor.

    -Siéntate en el sofá y cierra los ojos, sino no salgo –me dice

    -Bueno.

    Me dirijo rápidamente al sofá del amor, me acuesto y cierro los ojos.

    -Listo –le digo.

    -Ok.

    Escucho como se abre la puerta del baño, lucho contra el deseo irresistible de abrir los ojos, escucho como sus pasos se acercan lentamente a mi hasta detenerse a determinada distancia.

    -Listo, abre los ojos y disfruta tu sorpresa.

    Abro lentamente los ojos, quedo realmente sorprendido, Gaby lleva una lencería de enfermera color negro, medias nilón negras hasta el muslo sostenidas por un portaligas negro, las medias tienen un detalle de red que va del muslo a la cintura, una faldita mini color negro con detalles rojos, guantes negros altos, un sostén con encajes color negro y detallitos rojos, además de una cofia que hacía juego con todo el conjunto. El conjunto en su totalidad, el color negro le sentaba demasiado bien, contrastando con la piel blanca de Gabriela, realmente estaba hermosa.

    Gabriela se acerca a mí, intento levantarme, pero ella hace una señal para indicarme que desea que me quede acostado en el sofá del amor, al llegar junto a mi toma mi mano y la coloca en uno de sus senos, empiezo a apretarlos fuertemente, Gabriela levanta el rostro disfrutando como apretó sus pechos, toma mi mano, la baja lentamente por su vientre hasta llegar a su vagina, mis dedos acarician su vagina por encima de su tanga, noto como su tanga se encontraba demasiada húmeda.

    -Parece que la que no se aguantaba eras vos –le digo acariciándola bien.

    Gabriela solo suelta un gemido y empieza a mover su cuerpo de manera rítmicamente mientras mis dedos acarician su intimidad. Me levanto del sofá, tomo a Gabriela de la cintura y beso sus labios, lentamente siento como su lengua sale tímidamente buscando la mía, el beso se torna apasionado, nuestras lenguas chocando una con otra, mis manos se dirigen a acariciarle las nalgas. Guio a Gabriela hacia la cama, donde le doy un pequeño empujón para que ella quede sentada.

    -Ahora te toca cerrar a ti los ojos –le digo

    Gabriela toda obediente cierra los ojos, rápidamente saco los juguetitos que compre del cajón, me acerco a Gabriela la beso pidiéndole que no abra los ojos, ella me devuelve el beso apasionadamente.

    -¿Confías en mí? –le pregunto al oído.

    -Si –me contesta ella toda agitada.

    -Aprecio eso, te colocaré algo y esta noche quiero que simplemente disfrutes.

    -¿Qué será? –me dice.

    Tomo un antifaz y se lo coloco, dejándola sin poder ver nada.

    -Quiero que uses esto mientras yo disfruto totalmente de ti.

    -Me gusta el rumbo que está tomando esto –me dice mientras se dibuja una sexy sonrisa en su rostro.

    -Por si acaso tengo más juguetes que quiero usar en ti –le digo.

    Acuesto a Gabriela en la cama, tomo dos esposas de cuero colocándolas en cada muñeca de Gabriela y el otro extremo colocándolo al espaldar de la cama, dejándola inmovilizada y vulnerable. Me coloco a los pies de la cama, tomo uno de sus pies de Gabriela que aún lleva sus tacones, lo levanto acercando mi rostro a él y besándolo, Gabriela queda abierta de piernas para mí, comienzo a besar y lamer sus muslos, Gabriela suelta pequeños gemidos.

    -Prepárate –digo suavemente.

    Tomo el vibrador clitoriano que compre y lo enciendo colocándolo en la velocidad más suave, el sonido del aparato empieza a sonar por toda la habitación, lo dejo encendido, todavía no lo uso, solo quiero que Gabriela lo escuche.

    Empiezo a lamer la vagina de Gabriela, lo hago por encima de su tanga, mi lengua ataca y empiezo a lamerla como si fuera un animal sediento, Gabriela no se contiene y empieza a gemir fuerte, aparto un poco su tanga y continúo lamiendo su vagina, sus labios vaginales y su tanga están totalmente empapados, me detengo y para estar cómodo levanto sus piernas y le saco su tanga, no me aguanto y meto su tanga a mi boca para saborearla, la dejo a un lado de la cama y continuo haciéndole sexo oral a Gabriela, mi lengua empieza a atacar su clítoris, lamiéndolo como loco, Gabriela empieza a retorcerse de placer.

    -¿Te gusta cómo te lamo la vagina? A mí me gusta lamerte toda y beber de tus jugos

    -Continua… continua –responde Gabriela jadeando.

    Introduzco dos dedos a su vagina mientras mi lengua sigue estimulando su clítoris, Gabriela se retuerce de placer, intenta usar sus brazos, pero están firmemente esposados al espaldar de la cama.

    -¿Quieres que me detenga? –le pregunto.

    -Nooo Dani… sigue… sigue –me dice en tono suplicante

    Empiezo a realizar un mete y saca frenético con mis dedos, el sonido que hace su vagina al ser penetrada por mis dedos es increíble, continúo lamiendo su clítoris, chupándolo. Siento como Gabriela está llegando al clímax, de repente Gabriela se arquea y sus piernas empiezan a temblar convulsionando, es sorprendida por un orgasmo brutal. La contemplo como sus piernas siguen sacudiéndose con movimientos erráticos, poco a poco se calma.

    -No creas que esto ha terminado.

    -Mmmm –es su respuesta.

    Tomo el vibrador clitoriano que deje encendido, este aparato tiene una cabeza redonda y un mango largo, apoyo la cabeza en la vagina de Gabriela, esta da un pequeño salto al sentir el vibrador en su intimidad, comienzo a moverlo lentamente, recorriendo sus labios vaginales, noto como Gabriela comienza a mover sus caderas estimulada por el vibrador. Aumento la intensidad del vibrador y con mi mano libre inserto mis dedos nuevamente en su vagina, noto como está totalmente mojada, mis dedos ingresan fácilmente y empiezo a meterlos y sacarlos rápidamente.

    -Vamos perrita… quiero que termines nuevamente –le digo

    -No… me digas… perra –Dice entre jadeos Gabriela.

    No puede decirme nada más ya que de su boca sólo salen gemidos, continuo con el mete y saca frenético, al mismo tiempo castigo su clítoris apoyando con fuerza el vibrador. No pasa mucho tiempo cuando nuevamente sus piernas comienzan a temblar víctimas de un poderoso orgasmo.

    Apago el vibrador y a continuación quito las esposas del espaldar de la cama y esposo las manos de Gabriela, me encanta que solo se deja guiar, hago que Gabriela quede arrodillada encima de la cama, libero sus senos del brasiere, noto como sus pezones están erectos, apretó sus senos fuertemente, Gabriela suelta un gemido de dolor.

    -Sabes que tus senos me vuelven loco –le digo pellizcando sus pezones con fuerza.

    Empiezo a chuparle los senos con fuerza, alternando entre uno y otro, Gabriela gime de placer, realmente me volví salvaje, chupo con fuerza notando como sus senos quedan enrojecidos, no me importa, solo deseo disfrutar su hermoso cuerpo y darle todo el placer posible. Me detengo y guío a Gabriela para bajarla de la cama. La acerco hacia el sofá del amor.

    -Ponte de rodillas –le digo.

    -Sácame el antifaz –es su respuesta– sabes que me gustan los espejos.

    -Primero de rodillas –le digo.

    Gabriela obedece colocándose de rodillas frente a mí. Tomo mi pene el cual se encuentra erecto y le doy golpecitos en el rostro, Gabriela abre un poco la boca y yo presiono la cabeza de mi pene en sus labios, Gabriela tímidamente abre la boca y empieza a chupar mi pene. Le saco el antifaz como recompensa, Gabriela continúa chupando y lamiendo mi pene, ahora el que da gemidos de placer soy yo, su lengua recorre mi pene desde su base hasta la cabeza para, a continuación, envolver la cabeza de mi pene con sus labios y empezar a meterlo a su boca completamente chupándolo. No aguanto tanto placer y tomo a Gabriela de la cabeza y empiezo a penetrar su boca como si se tratará de su vagina, noto como Gabriela se sorprende por la expresión que hace con sus ojos. Supongo que ella no esperaba que yo hiciera eso. Inserto mi pene en su totalidad sacándole arcadas a Gabriela, lo mantengo durante unos segundos y luego lo saco totalmente. Gabriela empieza a toser y noto como ella se encuentra chorreando en saliva.

    La tomo de las esposas para levantarla del suelo, Gabriela se pone de pie y la acuesto de espaldas en el sofá, me acomodo frente a ella colocando una de sus piernas en mi hombro y comienzo a penetrarla vaginalmente. Mi pene ingresa fácilmente debido a lo mojada que estaba Gabriela. La penetro fuertemente arrancándole gemidos de placer.

    -¿Te gusta lo que ves? –le digo- ¿Te gusta ver cómo te estoy cogiendo duro?

    -Si… sabes… que si –me responde entre gemidos.

    Al penetrarla en esa posición abofeteo su rostro y senos, a Gabriela parece gustarle todo lo que hago, sus gemidos y sus movimientos me hacen que ver que lo está disfrutando, siento como estoy a punto de venirme, me detengo porque tengo deseo de algo más.

    -Ven aquí –le digo.

    Ayudo a levantarse del sofá, le doy vueltas para ponerla de espaldas a mí, Gabriela entiende lo que deseo y se acomoda en sofá, ofreciéndome su cola. La tomo de sus caderas y coloco la cabeza de mi pene en la entrada de su culo. Empujo hasta meter la cabeza de mi pene en su ano, Gabriela lanza un gemido largo y noto como su respiración se pone agitada.

    -Me encanta cogerte así –le digo y a continuación meto totalmente mi pene en su ano, Gabriela suelta un grito de dolor

    -Así no –me dice lanzando un grito– me vas a romper toda.

    -Lo siento no me aguanto más.

    Una vez mi pene ha entrado en su totalidad empiezo a penetrarla fuertemente por el ano, Gabriela entre gemidos y gritos parece gozar todo, ya que mueve sus caderas acompañando cada una de mis embestidas.

    -¿Quieres que me detenga? –le pregunto

    -Dámelo todo –me responde entre gemidos.

    Continúo penetrándola duro y acompaño cada una de mis penetradas dándole nalgadas, Gabriela esta fuera de sí, sus gemidos son fuertes, nuestras miradas se conectan a través de nuestros reflejos en los espejos.

    -Te gusta ver cómo te parten el culo, ¿no?

    Gabriela solo responde con gemidos, estamos totalmente entregados en el acto, siento como su ano aprieta con fuerza mi pene erecto, lo que hace que mi excitación vaya en aumento. Siento como mi pene se va hinchando, preparándose para eyacular.

    -Mmmm voy a correrme en tu culo –le digo entre jadeos

    -Siii… lléname el culo de leche –me dice.

    El escucharla hablar así hace que me enloquezca, siento como un largo chorro de semen sale de mi pene, mi eyaculación es fuerte, realmente Gabriela me ocasionó un fuerte orgasmo. Al mismo tiempo noto como Gabriela también tiene un orgasmo, sus piernas tiemblan, las mías también. Disfruto sentir como mi pene está dentro de Gabriela, luego de unos segundos lo saco totalmente y busco la cama donde me lanzo rendido, Gabriela queda en el sofá con la cola levantada. Luego de unos minutos Gabriela se levanta del sofá y se dirige a la cama, se acuesta a mi lado y me enseña sus muñecas, entiendo el gesto y le saco las esposas.

    Se acomoda apoyando su cabeza en mi pecho y con su mano hace círculos en mi pecho. Realmente esta hermosa en su traje de enfermera sexy.

    -Me gustó mucho tu traje –le digo.

    -Gracias –me dice– Y a mí me gustaron los juguetes que compraste.

    -Y eso que no use todos –le digo.

    Gabriela se detiene y se levanta un poco para mirarme directo a los ojos.

    -¿Qué otras cosas más compraste?

    -Espera que me recupere y lo descubrirás –le digo.

    Gabriela me da un beso en los labios y me sonríe.

    (Continuará)

  • Viaje en tren

    Viaje en tren

    Me llamo Joe. Les cuento que llevo tiempo queriendo escribir mis experiencias y finalmente lo haré. Soy un hombre de 37 años, de tez blanca, mido 1.91 de altura, de complexión delgada, cabello castaño oscuro y ojos miel, siempre llevo barba tupida. Para mi edad me suelo ver joven, así me dicen, y pienso que es porque llevo ropa de moda y varios tatuajes. Soy bien sociable y algo extrovertido. Aunque suelo pasar como odioso y misterioso de primeras impresiones. Sin más preámbulo iré al grano con el primero de varios relatos que espero hacer para ustedes.

    Durante un invierno me encontraba de vacaciones en Italia. Para ese entonces tenía 25 años. Era una mañana de domingo nublada, desperté bien temprano porque quería salir a dar un paseo y conocer la ciudad. Milán es magnífica y tiene una arquitectura formidable, además como negarse a salir estando en la capital de la moda, todo es un espectáculo. Hacia bastante frio, aproveche para vestirme como de revista: use un sweater negro, un jean claro y unas botas altas, coloque un sobretodo bien grueso encima y una bufanda que tapaba toda mi cara y cuello, solo quedaban mis ojos a la luz. Me sentía muy feliz y emocionado de estar en otro sitio de paseo.

    Salí del apartamento donde me estaba quedando, el cual se encontraba en el centro de la ciudad, camine par de cuadras y llegue a un café a desayunar, esperaba en fila para ser atendido en esa panadería cuando llego un grupo de chicas justo detrás de mí. Eran todas muy lindas, como si de modelos se tratara, hablaban italiano lo cual lo hacía un tanto seductor. Mientras me acercaba al mostrador a ser atendido note a través del gran espejo frente a mí encima del mostrador, que del grupo de chicas habían dos que me miraban; sabes cuando sientes que alguien te ve y sabes que hablan de ti pues así me sentía. Miraban de forma penetrante y luego se hablaban y se reían.

    Continúe a hacer mi pedido y después de pagar procedí a sentarme en una mesa al final del café. Mientras esperaba saque un mapa y comencé a planificar mi itinerario, lo que haría ese día. Justo en ese momento el grupo de chicas se sentó en la mesa del lado y las chicas seguían mirándome. Muy de vez en cuando, yo miraba esta vez un poco más fijo, como con incertidumbre de saber que pasaba. En ese momento ya pude verme de tú a tú con una de ellas. Note su mirada, sus ojos me embelesaron, no podía dejar de ver sus ojos, eran bellísimos, ojos grandes con una silueta perfecta, de color marrón. De sus ojos baje mi mirada a su sonrisa, de verdad que esta chica era un bombón, ya mi café se había enfriado de tan fuerte conexión que había logrado con aquella extraña en ese sitio. Comenzamos a lanzarnos miradas picaras y provocativas.

    Siento que el ya llevar 2 semanas allí disfrutando del paseo no había pasado ni un pensamiento morboso, algo raro en mí, pero ya con este encuentro sentía una pequeña necesidad de que algo sucediera, y creo que era clara oportunidad de sacarle el mayor provecho. De momento se acercó el mesero con mi comida. Iba a comenzar a comer cuando note que no me había dejado cubiertos y trate de hacerle señas y no prestaba atención. Volteo a un lado y noto que esta hermosa chica había notado lo sucedido y me estaba sirviendo amablemente los suyos. Creo pudo intuir que los necesitaba; no sé si era mi atuendo o más bien que el mapa me había delatado como turista, pero acto seguido ella se acercó a la mesa y comenzó a hablarme. Le dije enseguida que no hablaba italiano para evitar quedar como idiota, no tanto de no entender, si no de que no se me notara tanto que ella me gustaba, se rio, y me dijo que no me preocupara preguntándome de donde Yo era, le dije que hablaba español y entre los dos pues tratábamos de comunicarnos como podíamos. Me pidió permiso para sentarse y accedí, obvio como no. Ellas eran estudiantes de la universidad y estaban haciendo sus últimos días del semestre.

    Hablamos brevemente de que me había motivado a ir a Italia, su edad (21 años), donde me quedaba, entre otras cosas. Nos reíamos y pasábamos rato agradable. En eso sus amigas se levantaron para irse, me desanime pensando que se iría, pero para mi sorpresa regreso a decirme que se quedaría conmigo. Me dijo: “he notado que estás viendo ese mapa con cara de perdido y no pienso dejarte recorrer la ciudad como un turista más. Te daré un trato especial VIP”. Me asombro muchísimo su actitud. Una chica aceptando salir con un desconocido, ¡wow! Pero a la vez me alegro mucho, salimos de allí y le pregunte qué hacía si su novio se enterara de que estaba allí conmigo? como para yo saber si estaba soltera o qué? a lo cual respondió: “no me importa si me ve, en realidad lleva ya tres días sin hablarme y creo que me es infiel. Lo que es igual no es trampa”, y me lanzo una pícara sonrisa mientras abrazaba mi brazo y me encaminaba por la calle. Es decir, quede más sorprendido aun cuando dijo eso. ¿Se me estaba insinuando?

    Ya levantada y delante de mi note un cuerpo bien lindo. Era una chica delgada, de tez blanca, una hermosa cabellera castaña, no pude detallarla bien por su ancho atuendo, pero su cara, su mirada y su actitud emanaban algo excitante en ella. Me pregunto si conocía el Lago Di Como, le dije que no, me dijo que no podía irme sin conocerlo y que iríamos, pero me advirtió que era un poco retirado, me pregunto si confiaba en ella, le dije que sí que no habría problema, lo peor que podía pasar era que me sacara los riñones para venderlos, se rió y me dijo: “no hare eso, pero dependiendo de que tanta suerte tengas me podría ganar un beso suyo”. Otra anotación. Tamara, así se llama, llevaba 2 puntos y yo 0, Jaja!

    Caminamos a la estación del tren y nos montamos en él. Yo estaba además de emocionado por todo lo que pasaba atónico de verla quitarse el abrigo dentro del tren. Llevaba una falda a cuadros con unas medias negras debajo y encima una blusa negra teñida al cuerpo que desfilaba un hermoso par de senos, tuve que disimular muy bien el resto del viaje en no mirárselos y mirarla a su cara, creo que lo noto porque las exhibía sin pudor, cada vez entrabamos en mayor confianza. Conversamos de muchas cosas y el tiempo paso volando, finalmente llegamos al sitio. Bellissimo! Exclamo. Un hermoso lago, grande, oscuro, mucha neblina, rodeado de montañas, como un cuento de hadas y yo con una hermosa y sexy damisela.

    La pasamos genial toda esa tarde, era como una película, como si nos conociéramos desde siempre. Íbamos de la mano. De verdad que me sentía a gusto. Se hizo tarde y nos dispusimos a regresar a montar el tren, justo antes de partir de ese sitio se acercó a mí y me dijo: ha sido una linda velada, la he pasado genial, te has portado bien, creo que te has ganado un beso y sin mediar palabras me lo dio. Yo no entendía que pasaba, ¿así de fácil fue? éxito exclame. Después de besarme me dijo: “ya vuelvo, espérame acá, iré al baño”.

    La espere, regreso y nos subimos al tren, le dije que todo era tan distinto, me sentía como en las nubes, nunca había estado en un tren, nunca había estado en un sitio tan lindo y nunca me había topado con una chica tan llamativa e intrigante como ella. Nos adentramos por los pasillos del tren. Notamos que los usuarios iban aglomerados en algunos pocos vagones, nos comentaron que algo había pasado con la calefacción y la electricidad del resto. Tratábamos de acomodarnos mientras caminábamos cuando el tren se dispuso a andar, haciendo que Tamara tropezase con alguien y cayera empujándome de espaldas a mí, la logre sostener y al rozar mis manos sobre ella, sobre su cuerpo, sentí una especie de chispa, de emoción, creo que ella lo sintió igual, nos quedamos juntos unos segundos sin saber que hacer y cuando volví en si no lo pensé dos veces y la bese, esta vez no fue un simple beso, esta vez las ganas de todo el día, el morbo de todo el viaje se habían juntado para hacer de mi un león tras su presa.

    Ella correspondió el beso. Pude sentir sus carnosos labios chupar y saborear los míos, pude entrelazar mi lengua con la suya, recorrer su boca entera, el final de su paladar, pude probar su saliva y sentir su aliento. Entre nuestros cuerpos juntos ya se sentía el calor, era inevitable la necesidad de sexo entre nosotros. Ella me alzó del suelo con ella y me dijo: “te deseo aquí y ahora, tengo una idea, sígueme”. Me tomo de la mano y camino con velocidad por el pasillo que lleva de vagón a vagón.

    Esta vez llevaba apuro. Miraba de un lado al otro moviendo su larga cabellera con cada giró, buscando con velocidad conseguir con suerte un espacio vacío donde consumar su deseo nuestro deseo. Al cabo de unos segundos paro, había dado con uno. Me miró a los ojos con brillo y deseo y dijo: “lo logré, aquí esta oscuro y no hay nadie, entra”. Me hizo pasar dentro hacia el asiento, me empujó a sentarme y con las mismas se lanzó encima de mí, sus manos se posaron en mi cabeza y las mías en su espalda, continuamos a besarnos con frenesí. Sabíamos que nos podrían encontrar y acabar con la fiesta, pero al mismo tiempo era excitante. Toda una aventura para devorarnos y vaya que lo hicimos. Mis manos bajaron lentamente hacia su falda y de inmediato busque debajo de ella y pude tener al tacto unas divinas nalgas las cuál toque por primera vez y se sentían tan suaves y voluminosas, estaban calienticas, vaya que culazo tan rico se gastaba está chica, era un culito pequeño, pero bien formadito mis manos apretaban y amasaban su carne y fue entonces cuando me dije, ¿pero si ella traía unas medias negras que pasó? Y entre el tocarle y el beso le pregunté, a lo cual respondió: “he ido al baño a quitármelas porque ya estaba mojada del deseo por ti y porque sabía que esto pasaría”. Uffff mi mente se sintió libre, volé a alzarle y como si fuera una pluma la moví súbitamente hacia arriba de mi cara y sin tardar mucho comencé a comerle su coño.

    Era uno de esos chochos que clasificas como además de bello divino, ya estaba tan mojada que podía sentirla por toda mi cara, yo lamía de arriba a abajo con lentos lengüetazos a lo largo de la entrada de su raja y ella solo se sostenía con ambas manos posadas sobre mi cabeza al igual que su mirada se posaba en la mía, que rico poder ver su boca cerrada con la poca luz que entraba por el ventanal del tren, poder ver sus dientes su mordida de placer tratando de no dejar es capar altos gemidos que nos delataran, pero su cuerpo sí que no podía negarse, su cuerpo temblaba ya del deseo y su hermosa cueva comenzaba a crear un riachuelo con su néctar. Yo solo saboreaba con tanto gusto.

    Ya para ese entonces Tamara comenzaba a hurgar por debajo de su blusa para tocar sus hermosas tetas, que por el momento no podía verlas, pero bien que me las imaginaba mientras ella las tocaba y yo me la comía a ella. Con el pasar los segundos comenzó a mover sus caderas al compás de mi lengua, su respiración se aceleraba y ya sus gemidos comenzaban a escapársele, no faltaba mucho para que entrase en clímax, era algo inminente y yo lo sabía. Apreté mis manos en sus nalgas para combinarme a ella con firmeza y aceleré el ritmo de mi lengua la cual ya giraba sobre su rica pepita, la cual había crecido hinchada de sangre y estaba lista para explotar. En par de idas y venidas pose mis labios sobre ella y comencé a chupar y con eso se soltaron sus primeras olas de placer y se dejó ir en un tremendo orgasmo clavando sus uñas en mi pelo y quedándose firme disfrutando de aquel escenario. Logro hacerlo y pasado los segundos bajo a besarme en la boca probando su desastre y diciéndome: “mira como me tienes”, al mismo tiempo que ya con su mano apretaba mi verga, la cual quería traspasar como un mástil en una carpa mi pantalón. Ufff madre santa ha suspirado a mi oído: “que clase de dura verga me voy a comer”.

    Fue bajando lentamente su rostro a lo largo de mi torso, besando y lamiendo mi abdomen, sin quitarme la mirada ni un segundo, con sus ojos me decía todo lo que haría, todo lo que estaba por venir, esas ganas que me había tenido durante todo ese largo trayecto, hasta que ya ambas manos habían hecho con astucia malabares para despojarme de mis pantalones y sacar a libertad mi potente erección. Mi pene se catapulto hacia arriba y de vuelta abajo reboto en su frente tan pronto ella zafó con sus dientes mi bóxer. Mi duro miembro tapaba el centro de su rostro, hacia una división simétrica de su mirada. Ya no veía ni su boca ni su nariz ni su frente, pero si sus ojos que contemplaban con alegría y lujuria cada centímetro de mi rolo erguido y con el mismo gesto ya iba su lengua suave y húmedo untando con delicadeza toda mi carne desde la base hasta llegar lentamente al tope de mi glande. Fue introduciendo la mitad del mismo hasta yo sentir como topaba con la campanilla en su garganta. Lo hacía desaparecer con suma sensualidad en su boca lo más que podía, mientras seguía creciendo dentro de ella. Tuve que contenerme en no correrme tan pronto, se notaba que su boca había succionado la vida de otros bendecidos seres. Disfrutaba aquel momento a plenitud, hacía con magia movimientos de succión y su lengua abrazaba enrollándose en el grosor de mi pene. Solo cerré mis ojos por unos segundos y me dije a mí mismo: “como es que he sido tan suertudo en la vida?”. Pero agradecido de que eso estuviese pasando.

    Al abrir los ojos para encontrarme con aquel hermoso panorama la cara de esa diosa ya bajando y subiendo mientras chupaba y chupaba con su boca, mamándome el bicho ya prácticamente entero, tan duro como un roble y brillante de tanto fervor, con cada subida sus manos me iban masturbando lo que salía de su boca y luego su lengua invitaba a la acción mis cojones expuestos; ya grandes y preparados para expulsar lo que era para mí ya imposible de contener. Sujeté su cabeza con ambas manos a través de su cabellera y sin pensarlo dos veces me dejé ir dándole una hermosa lechada en su estupenda boquita. Al sentirme ella apretó el paso y continuo a succionar cada chorro de semen que salía de mis entrañas, los cuales fueron tanto que comenzaron a colarse por la comisura de sus labios, chorreándose hasta mi entrepierna. Era indescriptible la sensación, era algo tan divino y tan increíble, mis espasmos me tenían en shock, pero eso no me dejó percatar que con las mismas ella se había posado encima de mi como jinete listo para cabalgar y tomar las riendas, puesto que con tal aperitivo yo seguía erecto como si no hubiese pasado nada aun, al contrario, más hinchado y grande que nunca. No es por nada, pero tengo un buen trozo y en ese momento me lo veía enorme, venoso y palpitante. Un fiel compañero de batalla listo para ir a la guerra.

    Ni bien pude coger aire y relajar mi abdomen y aun tensas piernas cuando ella de una sola estocada con su mano llevo mi pene hacia su hermosa rajita y sentándose bruscamente lo hundió por completo hasta llegar a los pelos y que sus nalgas tocaran mis webos. Pensé que no podía tener mayor placer pero el sentir como llene su vientre, tan apretado y caliente además de ver el blanco en su mirada, cuando sus ojos se viraron de placer no tiene precio alguno. Pase a sentir como hundía sus uñas en mi pecho, para sin pena alguna dejar salir un sabroso gemido de placer cercana a mi oído. Toda una estupenda orquesta. Esto sí que era la gloria señores, un show inédito. Mientras el tren viajaba de retorno, a medio camino aquella italianita retumbaba en mi verga, clavándose ida y vuelta sin piedad alguna. Yo miraba cantando la zona por si alguien se acercaba, pero ya tan de noche, no había moros por la costa. Decidí a reponerme sentado mientras ella gozaba y ahora sí con toda libertad tomar esas hermosas tetas en mis manos. Alce su blusa y logré contemplar unos hermosos y grandes pezones, rosados, paraditos, divinos, los cuales apreté y pellizque con mis dedos sutilmente antes de llevarlos a mi boca.

    Ya nuestros cuerpos se habían unido por completo, eran uno solo. Ya nada ni nadie importaba. Tamara se había unido a mí en aquel tren, el cual la había llevado junto a mí a un inolvidable viaje, no sé si era en venganza a su cabrón novio. O si era cuestión del destino, solo sé que fui suyo y ella mía, y cada segundo de mi dentro de ella valió la pena.

    Ella continúo subiendo y bajando, meneándose de un lado a otro, disfrutándome tanto como yo a ella. Me dije a mi mismo: “cuando coges con alguien de otra nación debes demostrarle quienes somos como venezolanos para que cuando escuche Venezuela automáticamente se le venga a la mente ese momento”. Y como buen macho alfa que soy me levanté, y teniéndole cargada en el aire comencé a darle unas buenas embestidas. Le recosté junto al vidrio de la ventana y aquel paisaje fue testigo de tan pornográfica escena. Cada vibración del tren en esos rieles se sentía en mi pene chocando contra su raja: Una y otra vez le daba fuertes embestidas. Mientras la luz de la luna se iba dando paso, nosotros seguíamos comiéndonos.

    Bajé sus temblorosas piernas al suelo y sin sacar ni un segundo mi verga de su divino chochito la fui girando hasta tenerla de espaldas a mí y poder contemplar ese carnoso culo a todo dar. Yo pensaba haber llegado a la gloria pero que va, lo bueno apenas estaba por llegar. Todo ese escenario desato una nueva fuerza en mí y creo que también en ella. Mi lado oscuro, mi lado obsceno y malvado se enfrentó al suyo. La tomé por la base de su cuello y apreté en mi puño su pelo y con la otra mano sujeté su nalga para tener amarre y firmeza entre ella, el cristal del ventanal y yo no tenía donde ir.

    Gire su torso hacia mí, dejándome ver sus lindas tetas y su carita. Ya se había tornado traviesa y la bese al mismo momento que la taladraba. Su aliento empañaba el vidrio con cada respiración y yo con firmeza me enterraba más en ella. Era mucho placer, su inundado coño había hecho un charco en el asiento de aquel vagón. Ella apretando mis labios con sus dientes acerco su mano a mi verga la saco y la dirigió a su ojete y con par de roces lubrico su culo con sus jugos, hundiendo la punta de mi glande en él. Todo fue tan rápido, fue uno de los actos más morbosos que una mujer haya cometido en mi presencia, en mi vida. Irme hundirme de esa forma en tan estrecho agujero, de verdad ya no tenía sorpresa alguna, podía morir feliz. Ese día esa mujer cambio mi vida y yo la suya, ella había entregado toda su inocencia en mí, ella se convirtió durante ese viaje de tren en mi perra sumisa. Haciendo que su cuerpo fuese todito mío y yo con muchísimas ganas le devolví el favor. Quizás una de las mejores folladas de nuestras vidas.

    A partir de allí, dedique todas mis fuerzas, todo mi enfoque en taladrar su hermoso culo. Y miren que si lo hice. Tamara tuvo un excelente segundo orgasmo, mientras yo tenía el mío y fue tal que caímos desmayados. Ni cuenta nos dimos y ya estábamos de vuelta en la estación. Rápidamente nos repusimos y nos vestimos, acomodándonos para salir rápido de tan cachondo escenario. Entre risas caminamos de la mano hasta su casa, donde amanecimos juntos. Al pasar los meses ya devuelta de mis vacaciones en mi país, acomodaba mis pertenencias en mi closet cuando guardando mi maleta, dentro del bolsillo del sobretodo conseguí las medias de Tamara, un hermoso recuerdo de tan inolvidable paseo.

  • ¡Sin palabras! Un orgasmo en sus ojos esmeraldas

    ¡Sin palabras! Un orgasmo en sus ojos esmeraldas

    No recuerdo exactamente cómo se dieron las circunstancias o cómo llegué a esta recepción de una boda, pero recuerdo que me encontré con muchos trabajadores de la compañía y sus respectivas esposas. Cerca de la mesa que ocupábamos estaba un grupo de chicas… mujeres que en el recuerdo podría estimar entre la edad de unos veinte a treinta años. Era imposible no establecer un parentesco sanguíneo entre ellas, pues tenían un enorme parecido y luego después confirmábamos que cinco de ellas eran hermanas. Eran cinco bellas mujeres que a esa edad era difícil establecer quien era la menor o la mayor.

    Recuerdo muy bien esta experiencia, aunque cierto grado de culpabilidad me obligaba a bloquearla o a omitirla. Y es que esta convicción que ya tenía de no volverme a casar o tener una relación seria, sé que en más de una ocasión he lastimado los sentimientos de algunas chicas que con seguridad puedo decir esperaban algo más que una experiencia conmigo en la cama. Siempre intento dar esas señales a todas las mujeres y evitar mal entendidos o dar explicaciones, pero mi experiencia con Rocío fue una que me marcó por lo especial y única de esta experiencia. Como les dije y en forma general me referí a estas mujeres como chicas muy bellas y la verdad todas ellas lo eran: Rubias, ojos verdes, tez clara y todas de un cuerpo petit y escultural. Lo único que las diferenciaba en esa noche fueron los estilos y colores de sus vestidos, pero luego también descubrí que había otra diferencia entre dos de ellas: eran sordomudos y entre las dos, estaba la hermosa Rocío.

    Uno de los trabajadores me las presentó como sus primas hermanas y desde ese punto me concentré en ellas y noté que se comunicaban por señas. El baile comenzó y es como me acerqué a la bella Rocío, quienes bailábamos en forma de grupo. Intuí que le había caído bien pues noté de sobremanera que intentaba acercarse a mí. Luego me hizo una señal la cual pensé era lo lógico por el descomunal sonido de la música, pero luego su hermana se acercó y me dijo al oído: – Dice mi hermana si deseas tomar algo. – Y fue ahí que descubría que la bella Rocío era esta chica especial. De alguna manera intenté acercarme sin la intensión del promiscuo que soy y terminamos ambos sentados departiendo una cerveza mientras su hermana quien era mayor que Rocío me traducía lo que ella decía. Es como me doy cuenta de que es contadora y se especializa en trámites fiscales. Terminamos la noche bailando y tomándonos una última cerveza no sin antes intercambiar teléfonos, dado que ya teníamos esa comunicación de textos por ese entonces.

    Con los días… quizá una semana; recibo su primer mensaje los cuales eran simples, triviales como: ¡Hola! ¿Cómo estás? ¿Qué haces? – Un día me invitó a comer y casi siempre tenía una excusa para evitarla, pero un día para que no pensara que la estaba evitando, fui yo quien le hice la invitación. Nos reunimos en un restaurante y ella llegó muy elegante y lo que no entendía por señas, lo escribía en un cuaderno que llevaba. Entenderme a mí era fácil para ella, pues podía leerme los labios a como posteriormente me di cuenta. Pasamos un buen momento, nos despedimos con un beso y Rocío volvía con los días a comunicarse a través de textos. Un fin de semana me sorprendió con la siguiente conversación:

    – Tony, quiero ser sincera contigo. Quiero que sepas que me gustas y sé por la manera que eres que no buscas una relación, pero a mí me bastaría sentirte mío, aunque sea por solo una noche.

    – Rocío, tú eres una mujer muy bella y cualquier hombre se sentiría completo con una relación contigo. Tu me gustas mucho, pero no deseo que nadie salga lastimado.

    – Es un riesgo que me gustaría tomar, si ese riesgo me permite sentirte como hombre.

    – A mí también me gustaría sentirte como mujer, pero no te prometo más que eso.

    – ¡Ya te dije que no me importa el riesgo! ¿Podrías venir a mi apartamento esta noche?

    – Si… sí puedo. Rocío, ¿has tomado hoy?

    – Solo un par de tragos… lo suficiente para poder escribir las locuras que siento.

    Eran como las nueve de la noche cuando me envió su domicilio. Me di un regaderazo apresurado y en quince minutos estaba a la puerta de su apartamento. Toqué el timbre, lo cual para Rocío es una luz que se enciende. Me hizo pasar a su sala y ahí me encontraba con la bella Rocío vistiendo un vestido sencillo de un color celeste que le cubría en algo sus rodillas, se había maquillado y verdaderamente se miraba lindísima. Todo lo tomamos con calma y disfrutamos de un trago y nos comunicábamos por la computadora portátil y algunas señales corporales. Recuerdo que le hice la siguiente pregunta:

    – ¿Realmente estás segura de esto?

    – Si… nunca había estado tan segura de algo…

    – ¿Debemos ir a traer algo para protegernos… evitar un embarazo?

    – Si… no creo estar preparada para ser madre todavía.

    Salimos por unos minutos a una tienda y me compré un paquete de 12 profilácticos. Me tomaba de la mano como si fuéramos novios y verdaderamente esta chica era muy cariñosa y tenía una vibra de serenidad que realmente me hacía sentir muy bien. Desde que entramos a su apartamento de nuevo nos comenzamos a comer a besos. Era una sensación extraña, pues inclusive sus gemidos eran diferentes a los muchos que he escuchado en mi vida. Miraba ese rostro divino con una sonrisa en los labios pero que no podía emitir ninguna palabra. Estuvimos en ese preámbulo por varios minutos y le encantaba que le besara el cuello y podía sentir y ver como sus vellos en esa piel clara se le erizaban. Desabotoné su vestido y creo que se dio cuenta porque sintió que le quería despojar de su brasier y ella me hizo una señal, que el brasier se removía desde el frente. Me tomó de la mano y me encaminó hacia su habitación donde podía ver las velas tímidas que alumbraban una habitación de buen tamaño, la cama se miraba inmaculada y muy cómoda, tenía una botella de vino en un contenedor con hielo en una mesita adyacente y se podía oler una esencia dulce que emanaban las candelas.

    Bajé su vestido cuidadosamente y la pude ver todavía con ese brasier y un calzoncito diminuto de color blanco que se le hundía en su conchita y se divisaba húmeda pues Rocío ya estaba bien excitada con el preámbulo bastante prolongado. Le removí el brasier y me quedaban unas pequeñas tetas redondas de un tamaño exquisito y un pezón erecto, más grande que el típico pezón en este estilo de pechos, y se me antojó mamarlos de inmediato. Rocío solo gemía de una forma única… quizá era que quería expresar algo, y me comí sus dos tetas que se sentían sólidas y verdaderamente tenían una simetría de antojos… realmente me gustaron mucho. Cuando le quité su calzoncito, este estaba mojado completamente, toqué esa miel caliente y sentía ese olor de su sexo que me atraía. Ella comenzó a removerme la camisa y luego me asistió a removerme el pantalón y mi paquete le quedaba en su rostro pues ella estaba sentada a la orilla de la cama y sin removerme mi calzoncillo, comenzó a chuparlo por sobre la tela. Se tomó su tiempo para sacarlo y tenerlo libre para mamarlo a su antojo, pues Rocío me sorprendía en una forma de mamar tan exquisita pues ella además tiene un rostro que se mira delicioso cuando te está mamando el falo. Quizá me la mamó por unos diez minutos.

    Le indiqué que se acostara y ella me dirigió por sobre ella en posición del misionero y evitó en ese momento que le correspondiera con sexo oral. Olvidábamos el condón y ella lo había tomado del buró que teníamos a la par de la cama y me incorporé de nuevo para ponerme el profiláctico. Asumí la posición del misionero nuevamente y comencé a introducirle mi pene hasta que mis testículos chocaban en el área de su perineo. Rocío respiraba profusamente, me tomaba con sus brazos y acercaba su lindo rostro al mío. Con esa mirada me pedía que la besara mientras sentía como le hundía mi falo en un mete y saca que comenzó a hacer ese ruido en ese friccionar a su vagina. A pesar de estar usando un condón, sentía como su vagina se contraía, podía sentir un calor intenso en su vientre y con los minutos sentí como me apretó mi verga y vi en sus ojos su excitación y me tomó, me abrazó, me besaba con una ansiedad que nunca había visto en mujer alguna y supe que se estaba corriendo pues vi como sus ojos se le aclararon por lo fuerte de su orgasmo que de pronto hizo que me afligiera, pues sus sonidos emanados no eran los usuales, y no sabía si estaba bien. Recuperó ese respirar normal y volví lentamente a ese vaivén que a los cinco minutos me hizo acabar y a rebalsar ese condón con mi primera corrida.

    Rocío se fue al baño a asearse y yo hice lo mío también. Me gustaba ver a esta mujer desnuda caminando en la habitación. Tiene unas bonitas curvas y ese caminar tiene un vaivén delicioso de sus caderas que me volvieron a encender. Regresamos a la cama y ella me comenzó a mordisquear las tetillas mientras me tomaba del falo y con los minutos era yo quien le volvía a besar el cuello por la espalda pues estábamos acostados de lado y ella estaba frente a mí. Es de esa manera que Rocío siente mi falo entre sus nalgas y ella lo recibe y se acomoda para sentir mi verga entre ellas. No pasó mucho tiempo para que mi verga produjera suficiente lubricación y ya se escuchaba ese chasquido cuando le rozaba sus nalgas con un ritmo como si se las estuviese penetrando. Con su mano derecha me empujaba en contra de ella y se me ocurrió pensar que ella me estaba dando la aprobación para que la sodomizara. Con los minutos puso su pierna derecha por sobre mi rodilla derecha y con esa elevación su rico culo me quedaba disponible para ser penetrado. Me tomé el tiempo y de tanto intentarlo, su anillo de ese ojete cedió y me atrapó el glande y Rocío había dado un gemido. No se alejó de mí o de la intensión que teníamos y correspondió para acomodarse de nuevo. Mi glande se le salía de su precioso culo y lo volvíamos a intentar y así lo hicimos por varios minutos hasta que se lo empujé con la intensión de avanzar y media verga yacía adentro de su rico culo.

    Todo aquello le excitaba a Rocío, pues su conchita estaba escurriendo como si se hubiese corrido y seguía emanando jugos vaginales como si de una fuente se tratara. Lo extraño e incómodo para mi era que no había esa comunicación verbal y yo no podía evitar en preguntarle si estaba todo bien. Cuando le hundí toda la verga dio un jadeo de dolor que pensé sacársela del todo, pero ella me había tomado con su mano mis nalgas y me las empujaba contra ella. Eso me dio la señal que ella quería que continuara y así lo hice. Comencé con un vaivén semi lento abriéndole bien el culo mientras con mi mano izquierda le apretaba uno de sus pezones y con la mano derecha me dediqué a sobarle su inflamado clítoris. La conchita de Rocío es la típica conchita pequeña de una chica petit, lo que significa que se puede sentir de cómo aprieta, la tiene estéticamente depilada y es de labios pequeños y parece que es solo una pequeña raya en su cuerpo, pero su clítoris ya inflamado de la excitación se le sale y me dediqué a masajearlo mientras la sodomizaba. Con los minutos comenzó a jadear de nuevo, un jadeo que al principio me desconcentraba pues no sé si tendría que ver las cuerdas vocales y esta era y fue la única experiencia que he tenido con una chica sordomudo. Dio un quejido lo más cercano a un grito y comenzó a mover su pelvis en contra del mío y le pompeé el culo con un ajetreo descomunal que me hizo acabar en tres minutos. Podía sentir como su culo se contraía y mi verga se salió por si sola cuando perdió ese grosor al haber eyaculado. Vi que le había sangrado el culo a Rocío y tomamos toallas con agua caliente para ayudar a limpiarla.

    Nos fuimos a bañar y ya en el baño le comí su conchita junto con el culo. Tuvo un orgasmo tan potente que sus piernas le temblaban pues ella estaba parada contra la pared del baño y yo hincado comiéndole ambos orificios. De esta manera se corrió una segunda vez cinco minutos después de la primera. Luego pasé a cogérmela de perrito y era una delicia ver a esta chica con el culo parado viendo mi verga entrar y salir de su conchita mientras le masajeaba el culo. Se corrió de nuevo en esa posición y pensé que eso de cogerle el culo ya no podría ser porque se lo había sangrado anteriormente, pero después de comérmelo de nuevo me lo volvió a dar y esta vez también de perrito. Cogimos como locos toda esa noche y esa primera vez le metí seis palos y creo que ella se corrió unas ocho o nueve veces. El siguiente fin de semana lo repetimos de nuevo y creo que con Rocío ha sido una con las que he rotó las reglas de tres veces y ya no más. Sé que se estaba encariñando y un día dejé de ir y le daba muchas vueltas para otro encuentro. Un buen día ella me escribió lo siguiente:

    – Tony, sé que me estás evitando y yo eso me lo esperaba. Quiero que sepas que siempre me has gustado y que me he encariñado contigo, pero también sé que nunca te pondré un compromiso. Cuando tú quieras las puertas de mi casa están abiertas, pero si decides nunca regresar, lo entiendo y solo me conformaré con recordar esos bonitos momentos.

    Nunca la volví a contactar y no porque fuera sordomuda, sino que la miré como he mirado a muchas lindas mujeres en la vida… chicas con las que hay que vivir un momento, pero sin llegar a sentir ningún compromiso, pues ya estaba decidido a morir soltero en esas instancias de mi vida. Luego supe que se había casado, había formado un hogar y que era feliz con su familia. De vez en cuando me meto a ver su perfil donde aparece con dos lindas chicas que se parecen a su bella madre y quizá esta experiencia es una que me incomoda y me hace sentir culpable… algo que no entiendo en realidad. Sé que Rocío era una linda chica, una deliciosa amante, pero también una gran mujer. Nunca escuché de sus labios decir: ¡Te amo! – No… nunca lo dijo, pero lo sentí. Era delicioso verla en ropa interior pues tiene un cuerpo pequeño y curvilíneo y siempre me gustaba como vestía y como olía su piel. En la cama era una fiera a pesar de lo tímida, recatada e inocente de su linda mirada, pues Rocío es de esas chicas que a esa edad de sus 25 años te ponían a prueba tu resistencia en los deportes de la cama. Rocío a esta edad no era la chica de un par de polvos en una noche, lo de ella era un maratón de sexo hasta quedar totalmente rendido. Me gustaba que me montara a la inversa pues tenía un movimiento sensual de sus caderas y me gustaba correrme en ella en esta posición todo el tiempo. Fueron doce noches de maratón sexual y aún recuerdo su manera única cuando se corría.

  • Gangbang en un parque y con voyeristas (2)

    Gangbang en un parque y con voyeristas (2)

    En la última parte me quedé insertado por dos machos y mamando la de un tercero, era increíble que tanto chavo se haya presentado al lugar, la mayoría era joven como de 20 o 25, menor que yo, ahora era a la inversa, me cogían chavos menores que yo; alguna que otra chava también estaba en el lugar, aunque se apartaban rápidamente, pero en ningún momento nos levantaron la voz por estar haciendo eso.

    Bueno, seguíamos haciéndolo en esas posiciones un buen rato, hasta que decidimos cambiar de nueva cuenta, esta vez de pie, José se puso detrás de mi y me empezó a coger bien rico, Miguel estaba de frente a mi así que me agache sin doblar las piernas y comencé a chupar la verga de Miguel, mientras el chavo que se la estaba mamando se puso a un lado mío, y en eso llego otro vato del otro lado y comencé a masturbarlos, no podía creer la escena que los demás estaban viendo, en plena orgía con 4 chavos, ya era de noche y muchos sacaron sus celulares tal vez para grabar o para alumbrar con el flash, no sé, porque los faroles dan una luz muy tenue, el chavo que estaba a mi lado izquierdo se corrió en mi mano y se fue de la escena, yo solo tome su semen y me lo pase por la lengua, en eso llego otro chavo mas joven que el anterior y comencé a jalársela también; ahora el vato que estaba a mi derecha me dijo que me quería echarlos en la cara, así que Miguel se apartó, y el chavo se corrió en mi rostro.

    Luego cambiamos de posición, esta vez me tumbe en el suelo boca arriba con las piernas abiertas, y otro chavo le entro a la faena, me empezó a penetrar mientras Miguel se puso a un lado para masturbarlo, otro chavito se puso detrás de mi cabeza y empecé a mamarle el mástil, era algo incómodo pero se pudo hacer, mientras alguien mas se puso del otro lado para masturbarlo también, cuando en eso siento algo caliente en el estómago, uno de los chavos se vino en mí; continuamos así varios minutos más, 4 chicos ya se habían venido en mí, cuando en eso me levanto y me coloco de rodillas y le pido a uno de los chavos que estaba sentado que me coja mientras que le pido a 3 jóvenes que pasen para mamarles la verga, pasaron los tres y ahí estaba yo, cogiendo, mamando una verga y masturbando a otros dos, quedamos así un buen rato…

    Cuando en eso les dijo que ya me tenía que ir, ya llevábamos como 1 hora cogiendo, así que algunos dijeron que no me fuera que no me habían dado mi ración de verga como me merecía, les dije que no podía, ya me estaba doliendo la parte trasera, y con justa razón; le dije al chavo que estaba atrás que ya terminara, así que se vino dentro de mí, en eso reuní a 5 vatos frente a mí, comenzaron a jalársela, y de uno en uno iban acabando en mi boca, el sabor era indescriptible, estaba recibiendo la leche de 5 machos, el que me cogió me dio el condón y saqué el semen que traía y también me lo vacié en la boca, ya casi todos habían acabado y en eso veo que se acercan 3 más a tirarme sus mecos en la cara, no me importó, quería más jeje, así que todos ya se estaban vistiendo, algunos me pidieron mi numero para ver si nos veíamos (cogíamos más bien) luego, acepté, una que otra chava se acercó y me dijo que como se sentía, le dije que muy padre, que debería intentarlo, ¿cómo no se metió a la faena verdad? casi todos ya se habían ido, yo me vestí, no me limpie los mecos del rostro así mero los deje, era excitante llevarlos así hasta mi casa, no había nadie en la calle que los viera de todos modos, llegue a mi casa, no había nadie, llegue tomando una ducha, me limpie todo, y me fui directo por el plug, le di un beso como si lo hubiera extrañado, y me lo metí para dormir con él, era sorprendente que entra con tal facilidad, yo creo que ahora si me rompieron el ano, espero repetir esta experiencia pronto, ya les estaré narrando todo.

    ¿Quieren ver mi plug ser insertado en mi culito o mi ano después de la cogida que me dieron? manden mensaje por Telegram: @Km4zh0.

  • Y finalmente… ella y tu regalo (Tercera parte)

    Y finalmente… ella y tu regalo (Tercera parte)

    Cuando salí de aquel bar esa noche, “El Puertas” ya no estaba. Apuré mis pasos para conseguir llegar al piso, unas calles más hacia el sur. Nada más entrar recibí una notificación en el móvil…

    —¡No me esperes despierto! —Leí en la azulada pantalla. Dudé en responder, aunque al final le escribí… —¡Por supuesto que no lo haré!

    De inmediato lo apagué y lo dejé esquinado sobre la mesita de noche, cargando batería. Equivocadamente, pensé que con apagar el móvil sería suficiente; dejarían de llegarme sus mensajes. Lastimosamente para mí, esos «vídeos» ya los tenía pre-visualizados en mi mente. Aquellos besos y sus intensas miradas, sus declaraciones de afectos y deseos de consumar, estaban ya revoloteando desde antaño en mi interior. ¡Se había rebobinado el reproductor de vhs!

    ¡Que mentira! Claramente dormir para mí, no era la primaria elección. ¡Respirar! Sí. ¿Desaparecer? No. Mi matrimonio, mis hijos, mi estabilidad emocional. ¿Qué hacer? ¿Cómo continuar? ¿Fingir? ¿Cambiar? Las manos a mi cabeza, halando el cabello, friccionando mis sienes, sorbiendo por mi nariz. De nuevo aquellas sensaciones de decepción y de abandono, que se atoraban entre las costuras de una herida vieja, aquella que creía ya sanada.

    Me senté al borde de nuestra cama, en silencio. Tan solo dejé fluir mi llanto, desvestí así entre dolores, mi pesada armadura. ¿Valiente? ¡Nahh!, un cobarde condescendiente fui aquella noche. Al menos alcancé a llegar a mi hogar, para masticarme solitariamente mi aflicción y no dar espectáculo en la calle. Silvia volvía a caer en la misma telaraña que nos había separado un prolongado tiempo, aquella ya lejana y angustiosa madrugada en Bogotá.

    Nuevo país, mismas estrategias. Pero no, no era una traición como la de antes. Distintos eran los motivos, tan idéntico mi pesar. ¿Venganza? O la fortuna de Silvia, el que yo cayera con mi rubia tentación, para que ella tomara la decisión de desagraviar mi falta, al lado de un jefe nuevo, similar a la pasada vez. Y yo creyendo que había dejado, –ochos días atrás– en tablas la partida.

    ¡Iluso! Ahora la Dama en audaz jugada, había tomado en el tablero, una posición privilegiada. Tenía la afilada espada pendiendo sobre el cuello de su… ¿Antiguo Rey? Recordé cuan juvenil y delicada era antes. Yo la protegía escribiendo románticos conjuros y mi corazón lo anteponía por escudo. Una apetecida joya, que debilitada un día se resbaló, –no supe cómo– de mis manos y al intentar recogerla en pedazos, me cortó las venas con sus traidores cristales.

    Regresé a la sala, para terminar recostándome en el sofá, abrazando dos retratos que tomé de la pared. Una fotografía de Silvia sonriente junto a mí, el día de nuestra boda. Y en la otra imagen, los dos, tomando de la mano cada uno, las pequeñas y regordetas de nuestros adorables hijos. ¿Otra cerveza para no cerrar los ojos? O… ¿Mejor un cargado café para no dormir? ¡Puff! Decisiones, como aquella canción de Rubén Blades. ¡No! no quería cerrar mis pesados parpados para no verla… ¡Imaginariamente entregada! Y sin embargo el cansancio me venció y quede allí, enroscado en el sofá, entre quejumbrosos suspiros, profundamente dormido.

    A la mañana siguiente ya estaba terminando de afeitarme cuando escuché la puerta del baño abrirse. Miré la hora. Tendría que apurarme, el tráfico más tarde se haría imposible y yo sin coche, pues con mayor razón, debería acelerar mis pasos. ¿Transporte público? Ni hablar, un taxi y ya está. No podría llegar tarde a la reunión de ventas.

    —¡Hola! buenos días. —Me dijo. La miré de arriba para abajo y se notaba el cansancio en su cara ya desmaquillada, el cabello revuelto y sus ojos con ligeras ojeras. Tantos años de casados logran conocer como la palma de tu mano, las reacciones y los estados de tu pareja. Y yo le notaba su agotamiento y también que no traía las medias veladas puestas.

    —¡Que temprano has vuelto! Apenas faltan diez minutos para las seis de la mañana. —Le respondí, volteándome para terminar mi rasurada. Silvia no dijo nada más, apenas la vi de espaldas por el espejo, devolverse hacia la alcoba para desvestirse.

    —Lo sé, pero tengo permiso para llegar un poco más tarde hoy a la oficina. –Pero por supuesto, pensé yo– Y en seguida disparé las balas que tenía dispuestas en el cargador de mi desesperanza.

    —¡Es lo bueno de conseguir ciertos beneficios! —Le respondí sarcásticamente. No supe que cara me puso pues yo estaba apurado y no me sentía cómodo al tenerla a ella allí esa mañana. Para mí era como una mujer desconocida y extraña.

    —¡Puff! Necesito una ducha. —Y entró envuelta en una de las toallas grandes y el teléfono en su mano. Me lavé la cara y cepillé mi dentadura, Me peiné afuera en la habitación, frente al espejo del tocador. Yo había salido del baño sin detallar su cuerpo. No me importaba conocer las evidencias de sus batallas. Me vestí, me perfumé, recogí mi móvil y el maletín con las cosas del trabajo. Desayuné poco, con prisa. Cuando abría la puerta para salir del piso, me llamó desde el fondo de la habitación; estaba ella recostada sobre el marco de la puerta, con la toalla envolviendo sus cabellos, cayendo la sobrante tela por detrás de su espalda. La vi desnuda, tenía depilado su sexo al completo, como antes no solía llevarlo. Usualmente solo se recortaba los vellos oscuros de su pubis lo justo, apenas para demarcar la zona del bikini. ¡Otra novedad!

    —¿Ya te vas? ¿No vas a decirme nada? —Me dijo en un tono de voz, entre pausado y cansino. Su mirada estaba dirigida hacia el tapete del pasillo. No me observaba. La culpa seguramente le pesaba.

    —Ahh, si claro. ¡Se me olvidaba! Te dejé el desayuno preparado dentro del horno microondas. —Y me dispuse a salir cuando otra vez le escuché llamarme.

    —¡Rodrigo! ¿Y ese regalo? —Me hice el sorprendido, aunque en verdad lo hice de adrede.

    —¡Upss! gracias casi lo olvido. —Me dirigí hacia la mesa de centro de la sala, lo tomé y ajusté la puerta tras de mí, sin manifestaciones de rabia. Me fui al trabajo, ya sin besos como antes. Sin un ¡te amo y que te vaya bien! como siempre lo solíamos hacer.

    Encendí el móvil en la calle para buscar la aplicación y no desgastarme corriendo detrás de uno o de otro taxi. Tenía varias llamadas perdidas, tres de Lara, una de “El Puertas” y apenas una de ella. Y un mensaje de voz… ¡Esperanzador!

    Estaba por ingresar a la sala de juntas para la reunión de ventas con el Gerente Comercial, cuando recibí una llamada de Silvia…

    —¿Dime? —Respondí seco. —¡Estoy por entrar a la reunión de fin de mes! Y luego esperé a que me contestara. Un corto silencio y sonido posterior de un suspiro. ¡No! no mío, de ella.

    —Rodrigo… ¡Puff! ¿Entonces cuando te desocupes me llamas? ¡Tenemos que hablar! —La notaba seria, cortada. ¿Confundida? Tal vez… ¿Avergonzada? No lo sabía, pero para nada en su voz percibí la angustia por su traición. Al contrario, ella se encontraba muy serena.

    —Perfecto, tan pronto pueda. ¿Ya estás en tu oficina? —Le pregunté como una mera formalidad, un trámite de rigurosa caballerosidad.

    —Aún no, de hecho creo que no voy a ir hoy. Voy a llamar a Hugo y decirle que estoy indispuesta, que por favor me excuse por hoy y ya el lunes próximo retomamos las labores. De paso recojo los niños donde mi mamá y me quedo aquí descansando todo el día. —¿Hugo? ¡Pero que familiaridad! Ya no era el Jefe, ¡no! Hugo ya era alguien más de confianza, obviamente. ¿Qué tan íntimo?

    —¡Bueno estupendo! Besos a los niños y diles que los amo. Más tarde los llamo a tu teléfono y hablo un momento con ellos. ¡Adiós! —Y colgué la llamada, sin esperar su respuesta.

    En la sala de juntas nos fuimos reuniendo todos los vendedores, acomodándonos en las sillas, a excepción de mi rubia Barranquillera que para variar se le había hecho tarde. La reunión empezó con los trámites de siempre, las quejas por las bajas ventas, los interrogantes sobre las posibles causas, las metas del mes que no parecían llegar a cumplirse, y bla, bla, bla. Entonces el gerente fue interrumpido por la llegada como siempre risueña de Paola, excusándose por el retraso y regalándome una mirada pícara, fue a sentarse en la única silla vacía, la que quedaba a la izquierda mía.

    Más temas, exposiciones del uno y del otro acerca de la competencia, en fin, aburridora, salvo por las cogidas de mano por debajo de la mesa entre mi rubia y yo. Afortunadamente la reunión no se alargó más allá de las dos horas y pudimos salir para tomar algo en una cafetería cercana, donde Paola me atrapó con su mirada esmeralda.

    —¿Y bien? Algo te sucede. ¿Nene, me vas a contar? —El famoso sexto sentido de ellas se había puesto en marcha, así que no tuve más remedio que desembuchar los acontecimientos de la noche anterior. ¡Todo! Le conté todo con pelos y señales. Mi Barranquillera no salía del asombro. Su boca permanecía entre abierta, humedecida por ratos con la punta de su lengua. Tomamos el café y de regreso al concesionario, Paola me detuvo antes de ingresar y me dijo…

    —Esto no se puede quedar así Rodrigo. Si todo es por mi culpa, tengo que ayudarte a solucionarlo. —¿Pero cómo solucionar lo que ya estaba consumado? Pensé para mí.

    —¡Pao mira! Más reversa tiene un avión. A lo hecho pecho. Ella estaba ofendida y quería su desquite. Yo pensé que lo mejor sería darle carta blanca, me engañé creyendo que no sería capaz y mira, lo hizo. Ya no hay nada que hacer.

    —¡A vaina triste! No joda. Déjame nene y le doy una vuelta a eso en mi cabeza. Ya se me ocurrirá algo para ayudarte a darle su merecido. —Me respondió Paola y de inmediato se dirigió a su escritorio y yo, pues al mío. Tenía que atender a una clienta ya cincuentona que quería cambiar su camioneta por una similar pero del último modelo. Y yo vi la oportunidad de hacerme a esa SUV, ya que tenía poco uso a pesar de ser un modelo con cinco años de antigüedad, a buen precio si sabía mover mis labios y acomodarme de manera que notara mi «encanto» por colaborarle a renovar el modelo.

    A la hora del almuerzo no me pude encontrar con Paola para salir juntos pues ella se encontraba reunida con mi jefe inmediato, supuse que para terminar de cuadrar horarios por sus días de permiso, debido al tema de su boda. Finalizando el postre y un café negro, recibí la llamada de mi esposa. ¡Mierda! Se me había olvidado llamarla para hablar con mis hijos.

    —¿Aló? —Contesté. —Bueno, si la montaña no viene a Mahoma, Mahoma irá a la montaña.

    —Sí, lo sé y lo lamento. —Le respondí.

    —Es que salí de la reunión un poco apurado. ¿Cómo están los niños, me los puedes comunicar para hablarles?

    —Pues no se va a poder. Decidieron quedarse este fin de semana con mi mamá. —Puntualizó Silvia.

    —¡Uhum! ya veo, bueno. Esperemos que se diviertan con ella estos días. ¿Y entonces tú dónde estás? —Le respondí, tratando de no parecerle molesto.

    —Fui de compras y al banco a cancelar los recibos y pagar el mes de renta del piso. —¿Pagar? ¿Con que dinero si a mí se me había pasado por alto dejarte los euros? —¿Silvia y de donde sacaste el dinero? —Le pregunté finalmente.

    —¡Ahh pues!… Hugo me facilitó algo ayer en la mañana. Después cuadramos los dos. No te preocupes por eso ya. —Preocupado yo no estaba. Apesadumbrado era como me sentía.

    —Ok, perfecto, más tarde hablamos que voy a atender a un cliente. —Le manifesté, tratando de terminar la llamada, pero ella continuó…

    —¡Rodrigo! Espera. ¿Cómo se siente saber que eres un “cornudo”? —Lo dijo en un tono que no era cínico, al contrario era más bien afligido.

    —Pues sinceramente mal. —Le respondí y a continuación me despaché con sarcasmo…

    —Aunque yo no llegué hasta la mañana siguiente, como tú si lo hiciste. —Terminé por aclararle mi situación sentimental.

    —¡Vaya!… ¿Me vas a echar en cara eso? Yo no tengo la culpa de que tú no aguantaras tanto como yo y menos que solo te pudieras divertir en tu fiestecita con una sola puta. —Eso sí me dolió. Pensé no responderle nada, pero finalmente le dije…

    —¿Sabes qué Silvia? De eso tenemos que hablar más tarde, fue una desfachatez de tu parte, que fueras precisamente al “Juli” para restregármelo delante de todos. —Y colgué la llamada. Me dirigí al baño para arreglarme antes de la visita programada por mi clienta.

    Paola me sorprendió con un pellizco en mis nalgas, la sonrisa de siempre y un besito muy cerca de mi boca. Me subió el ánimo un poco con su atrevimiento y aquel beso; cambié el semblante, como lo hace aquel payaso de circo, que sonríe durante la función, a pesar de tener roto su corazón. Me dispuse a cerrar el negocio, con amplios beneficios para la clienta, para la empresa y obviamente para mí.

    —¡Erda mi niño! pero que negocio te has mandado. —Me dijo mi Paola, ya más tarde, con su acostumbrado acento costeño. —¡Felicitaciones! Y encima, mira que sonsacarte esa camioneta a tan bajo precio para ti. ¡Eres un zorro muy amoroso! —Me aduló mi rubia Barranquillera, estampándome un sonoro beso en la mejilla. El otro y más deseado, el largo y húmedo, tendría que esperar para cuando estuviéramos solos.

    Lo cierto es que había logrado convencer a la señora de cambiar su vehículo y que me dejara la suya para mi uso personal, cuadramos un precio bastante favorable, muy por debajo del valor normal y aparte con facilidades directas para cancelar el saldo. Así que sí, había hecho una buena labor, palmada en la espalda de mi jefe de ventas y salida más temprano de lo usual, en forma de compensación.

    Antes de irme, me acerqué hasta el escritorio de Paola, para entregarle su regalo de bodas. Ella al verlo se puso colorada y emocionada se levantó para agradecerme, obsequiándome un fuerte abrazo y un… —¡Espérame donde siempre, no demoro, tenemos que cuadrar unas cositas para esta noche! —Y sí, salí feliz como una lombriz, a esperar en la cafetería cercana a mi hermosa Barranquillera.

    —Rodrigo, esta noche me voy a estrenar mi regalo, pero contigo. Carlos ya tendrá tiempo de vérmelo puesto muchas noches. —Me dijo Paola tan pronto nos encontramos en aquella cafetería.

    —Ven, vamos fuera, me obsequias un cigarrillo y te comento mi idea. ¡Vas a ver Nene! —Y salimos, ella abrazada a mí y yo con mi maletín, mi saco en el brazo y en la mano un café, intentando balancear a la perfección el líquido para no regarme. Un defecto mío, lo sé. Tengo puro pulso de maraquero en carnaval.

    Tomé la cajetilla y la abrí para ofrecérselos, ella sacó dos y los colocó juntos en su boca, los encendí a la par y tomé uno de ellos para mí, untado de su brilloso y rojo labial, saborizado a cereza.

    —Bueno Pao ahora sí cuéntame tu idea. —Y con maliciosa sonrisa de niña traviesa me regaló un ligero beso en los labios, adornándola con su verde mirar, coqueta y completamente… ¡Loca! Se acercó a mi oreja y con baja voz, casi en susurros me fue contando lo que había meditado para salvar en algo mi relación con Silvia. ¿Loca? Sí, en serio estaba ¡Completamente loca! Y los dos terminamos riéndonos de sus ocurrencias. Finalmente, nos montamos en la SUV y partimos rumbo a un centro comercial. Allí la dejé para que se encontrara con su futuro esposo y yo, pues debía ir a otro lugar para hacer unas compras. ¡Imprescindibles!

    Llegué pronto a mi hogar, parquee la camioneta y tomé mi maletín y las bolsas. Ascensor ocupado en el último piso. Bueno, pues subiré a pie los tres pisos, que me hace bien para calmar las ansias. ¿O los nervios? Abrí la puerta, no escuché ruidos. Al parecer mi esposa no se encontraba o estaba en nuestra habitación durmiendo. Dejé el maletín y la bolsa encima de una mesa auxiliar al lado del sofá. Fui a la cocina para buscar en el refrigerador una cerveza. Destapé una, tomé un sorbo y algo de aire, sí, estaba nervioso por aquel encuentro con mi mujer después de todo lo acontecido.

    Me dirigí hasta nuestra habitación, pero no estaba allí. Revisé la de mis hijos y tampoco se encontraba. Me cambié de ropa, un pantalón de lino azul, un buzo con cuello de tortuga blanco, y mocasines de cuero beige. Luego salí hasta la sala y empecé a depositar las compras en aquella mesa de centro, que reposaba sobre la alfombra gris. Una botella de Vodka, las dos copas de cristal escarlata que obsequiaron por la compra de la Smirnoff, servilletas y una bandeja con hojas de menta y rodajas de limón. Ahh y una bolsa de regalo. Coloqué igualmente sobre la otra mesa auxiliar y sobre el mesón de la cocina, dos candelabros con tres velas rojas cada uno.

    Eran casi las ocho de la noche y revisé en mi móvil, las redes sociales, para distraerme mientras en el equipo de sonido, el tocadiscos giraba. Se escuchaba la música de Marvin Gaye y su “Sexual Healing”. Deslizaba la pantalla sin interés alguno. Entré en el Instagram de Silvia por “chismosear”, para ver que fotos nuevas hubiera colgado. Había pocas, dos o tres nada más. La fachada de un chalet, una adicional fotografía de una sala amplia, muy bien decorada y con una hermosa alfombra de un mullido color albo en el centro. Al fondo de la panorámica se podía apreciar un gran ventanal que conducía a un espacioso balcón. La última era de ella, sentada de medio lado posando risueña en la mitad de un lujoso sofá de cuero beige, mostrando sus hermosas piernas, cruzándolas, una sobre la otra. Al fondo de marco una iluminada chimenea. ¿Sería la casa de…? Si podría ser. Las había subido recientemente, pero no tenían ningún comentario, pero si dos gustados corazones.

    Sobre las nueve de la noche el hambre me pudo, así que fui hasta el horno y puse a calentar dos trozos de pizza Napolitana. Tres minutos después y sentí la puerta abrirse. Mi esposa al entrar se sorprendió por la ambientación de nuestra sala. Y me miró.

    —¿Y esto a que se debe? —Me dijo sin saludar y sin asomo de felicidad.

    —¡Buenas noches cariño! le respondí. —Esto es para que celebremos. —Sentencié.

    —¿Pero qué vamos a celebrar? —Respondió encogiéndose de hombros y sin más se fue por el pasillo hacia nuestra alcoba. Desde la cocina, mientras masticaba un pedazo de aquella sabrosa pizza, le grité…

    —¡Ahh! pues que ahora ya estamos equilibrados, hay que festejar que ya somos un matrimonio felizmente infiel. ¿No te parece? —Ella se demoró un rato en la alcoba, seguro cambiando su vestuario. No respondió nada.

    —¿Y los niños cómo están? —Terminé por gritarle, tras dar el último bocado y un sorbo a la cerveza. Y también con el ánimo de quitarle tensión al asunto.

    —¡Felices con mi mama y mi suegro! Ya sabes cómo los consiente ella y él además los malcría. —Me respondió llegando hasta la cocina.

    —Los traen de regreso el domingo. ¿Tienes que trabajar este fin de semana? —¡Humm! Vaya pregunta. Anteriormente le hubiese respondido con la verdad, pero dadas las circunstancias le mentí.

    —¡Si Claro! Es una lástima. Hubiéramos podido aprovechar para salir por ahí al cine o a pasear y conocer nuevos lugares, un bar distinto y nuevas personas. Pero ni modos, el deber primero. Pero tú puedes aprovechar para descansar. —Concluí.

    —¿Y entonces todo esto qué? ¿Es para pedirme perdón? —Dijo ella, de manera un tanto soberbia, mientras daba una mirada a la bebida y las velas encendidas en nuestra sala. Se había puesto ya un pijama de color rosado, estampada con huellas de gatitos por todas partes.

    —¿Perdón? ¿Otra vez yo? No sería acaso tú… ¿La que deberías pedirlo? —Le respondí en total calma, sin alterar el tono sereno de mi voz. Silvia me observó y se acomodó a lo largo en el sofá.

    —Mira Rodrigo, no te voy a pedir perdón porque me lo debías. Es más, estuviste de acuerdo en que lo hiciera, ¿No es verdad? —Yo la escuchaba, acercándome a la mesa, sin mirarla. Empecé a servir en dos vasos un poco de Vodka con dos hielos y unas hojas de menta y una rodaja de limón en cada uno.

    —Dijiste que hiciera lo que yo creyera que era justo. Me diste vía libre para acostarme con quien yo quisiera. ¡Así que no! no tengo que pedirte excusas. Tú lo quisiste así. Ahora aguanta como yo lo tuve que aceptar. A las malas. Estamos empatados, bueno casi. ¡Jajaja! —Y se empezó a sonreír, mientras yo le extendía su bebida. No me cedió espacio a su lado en el sofá, así que me senté sobre la alfombra, a un lado de la mesa.

    —Bueno… ¡Brindemos! —Y chocamos el cristal de nuestras copas.

    —¡Salud! —dijo Silvia, y los dos bebimos.

    —¿Por quién brindamos? —Preguntó.

    —Pues yo creo que por aquellos que nos hicieron felices. A ellos les debemos nuestra reunión esta noche, ¿No te parece? —le respondí yo.

    —Me parece bien, entonces brindo por Hugo, que me hizo apreciar placeres no sentidos antes. ¡Humm! Y por David, ese gringo que esta como quiere. Y se relamió los labios, entre cerrando sus ojos. Luego prosiguió… ¡Ahh! y por Martha, porque esa puta infiel no sabía el tremendo hombre que tenía a su lado y de esa manera me lo cedió sin pensárselo. —Suspiré y elevé mi vaso al techo del piso… ¿Martha, puta infiel? ¿Y ella qué era?

    —¡Yo lo hago también por ellos! Por mostrarme en una sola noche, la mujer desconocida que despertaba cada día, justo al lado de mío en aquella cama. Brindo por ellos, por haberle proporcionado al amor de mi vida, todo el placer que ella no pudo sentir tras tantos años junto a mí. ¡Y claro! por la puta amiga mía, esa mujer hermosa que tuvo sexo conmigo, no solo porque le atraigo como hombre, sino porque me ha brindado su cariño y sus amorosas atenciones; porque en verdad le intereso y que por sus sentidos gestos esa noche, sus prolongados gemidos con mi verga dentro suyo y su entrega total en todas las posturas imaginadas, creo que sacó dentro de mí la pasión que estaba oculta, hibernando tras años de fracasado placer con mi esposa.

    A Silvia no le cayó muy bien mi brindis por la mueca de disgusto que hizo. Cambió su postura en el sofá, se acomodó de tal manera, que sus piernas las cruzo una encima de la otra, dejándome observar la palidez de sus blancos pies.

    —Hummm, pues ya era hora de explotar. Nos habíamos vuelto un par de personas aburridas, atenidas al diario vivir. Nos estábamos desvaneciendo. ¡Y aquí estamos gracias a ti! —Me dijo Silvia, tomando el último sorbo de vodka y con su boca entreabierta la rodaja de limón, atrapándola entre sus dientes a la mitad.

    —¡Que música tan aburrida! Rodrigo porque no escuchamos una salsita o un vallenato. Algo que sea más alegre y que esta noche no parezca nuestro funeral. —La miré sonriente y me puse en pie para acercarme hasta el equipo de sonido. ¿Podría ser nuestro final?

    —¿Te gustaría escuchar una del grupo Niche o tal vez al Joe Arroyo? —Le pregunté, mientras Silvia intrigada por el paquete envuelto en papel regalo, se adelantaba un poco en el sofá para tratar de averiguar el contenido y el destinatario. Finalmente me decidí por «La Rebelión».

    —…«Quiero contarle mi hermano, un pedacito de la historia negra. De la historia nuestra, caballero y dice así: ¡Uh! En los años mil seiscientos, Cuando el tirano mandó. Las calles de Cartagena… Aquella historia vivió»… —La inaugural estrofa de aquella canción cantada con el sentimiento de una raza oprimida y que tantos recuerdos nos traían de nuestra lejana patria, lograron que Silvia se pusiera en pie y comenzara a bailar sola, apartada de mí, girando y moviendo rítmicamente sus caderas.

    —Esa canción me encanta, ven… ¡Bailemos! —Y me estiró su mano, esperando por la mía en señal de aceptación. La tomé, y nos fuimos acercando, mirándonos fijamente pero sin decirnos nada. Dimos unas vueltas, desplazándonos sobre la alfombra; la giré hacia un lado y luego hacia el otro, pasando yo mis brazos por encima de su cabeza, hasta dejarla de espaldas hacia mí, tan solo unos segundos. Rozándonos apenas lo suficiente, mi bajo vientre contra el nacimiento de sus nalgas, mis antebrazos apretando en contadas ocasiones, sus pechos.

    —Rodrigo, que bien bailas. —Me dijo mientras dábamos otros dos pasos hacia un costado. —En eso si le ganas de lejos a Hugo. Es tan tieso y falto de ritmo. Tendré que darle clases… ¡Privadas! —Y dejo escapar una sonora carcajada.

    —¡Claro! Me imagino que si no baila bien, en la cama debe comportarse tal cual. Sin cadencia ni sabor. ¿O me equivoco, Cariño? —Le repliqué su irónico comentario.

    —¡Pues sí! Te equivocas te cabo a rabo. Es esmerado, muy atento y… Mejor no te cuento porque te molestaras. —Me respondió Silvia, sin apartar sus ojos de los míos.

    —Ehh, vaya eso si es una sorpresa. —Le refuté sin demostrarle mi enojo.

    —¡Ahh! y hablando de sorpresas, mira, ese paquete contiene un obsequio para ti. ¿Por qué no lo abres y te lo pruebas? Si te gusta y quieres, obviamente. —La incité, señalándole el regalo, que reposaba sobre la mesa de centro. A Silvia se le iluminaron los ojos y corrió a destaparlo, desgarrando la envoltura con prisas, como una niña pequeña con sus obsequios en navidades.

    La caja contenía un conjunto de bata y tanga brasilera, negra y con transparencias. Encaje delicado y suave por sus contornos. Y un cinturón de raso, para ajustar por su cintura. Además en el interior también estaba un antifaz rojo para dormir. Y un juguetico especial. Un estimulador de clítoris, elegante, discreto y bonito. Y con la práctica función de controlarlo a distancia por bluetooth, por medio de una aplicación que ya había descargado previamente a mi móvil. Eso no lo sabía Silvia, ¡Aún!

    —¿Te gusta? —Le pregunté.

    —¡Si por supuesto! Gracias, está divino este conjunto. ¡Espera! Voy a probármelo. —Y de inmediato se empezó a quitar las prendas rosadas de su pijama, la prenda superior y el pantalón fuera. Sus medianos senos al aire. Un tanga formalito y blanco fue retirado con prisa por sus manos. Se fue colocando la tanga nueva, deslizándola coquetamente, ofreciéndome la vista de sus nalgas y la sinuosidad de la espalda, subiéndola por sus blancos muslos hasta acomodarla, de manera sexy a sus caderas. Se dio vuelta y observe como la raja de su vulva se alcanzaba a apreciar, tras la delicada tela negra. Y luego la bata encima, un brazo primero y luego el otro, anudándola posteriormente a su cintura.

    —¡Espectacular! Me sienta genial. —Y me abrazó dándome por fin un casto beso, después de tantas horas de ser usados esos labios, seguramente por otras bocas. —¿Sabes una cosa? —Continuó hablándome, tomando de nuevo su copa de vodka…

    —Anoche lo pase genial, fue morboso y excitante. ¡Ufff! Hacerte ver que yo también podía seducir y ser deseada por otros hombres, me hizo sentirme poderosa. Lamento si te humillé, pero es que estaba muy dolida. —Me retiré de su abrazo y le entregué en sus manos el dichoso aparatico. Me miró sorprendida sin saber qué hacer con aquella rosada mariposa siliconada.

    —¿Y esto? —Me dijo extrañada.

    —¡Hemos cambiado! —Le contesté rápidamente. —Así que vamos a agregar nuevas sensaciones a esta noche.

    Lo destapé, lo encendí y lo introduje con cuidado por debajo de su estrenada tanga, acomodándoselo sobre su pubis. Ella al sentirlo frio se erizó un poco. Luego me dirigí hacia la mesita auxiliar, tomando mi teléfono y abriendo la aplicación.

    —¡Ya verás! ¿Otro trago? Y no me hagas esa carita que lo vas a pasar genial esta noche. —Serví una mayor cantidad de vodka en los dos vasos. Cambié la salsa por un Long Play de vallenatos románticos. Y brindamos nuevamente, haciendo sonar los cristales. Nos abrazamos, ella recostó su cabeza sobre mi hombro derecho y fuimos moviéndonos lentamente, apretados, unidos como antes. Y le di al play de la aplicación. Las vibraciones eran suaves al comienzo pero luego subí un poco la velocidad y la potencia. Y Silvia temblaba, empezaba a sentir, a gemir y a entreabrir su boca, deseando los labios míos.

    —Wow ¡Qué rico se siente! Cariño, me tienes arrecha con este regalito. ¡Aghhh! Mmm… Estoy mojadísima. —Silvia bailaba pero a veces se detenía porque las sensaciones en su clítoris, le hacían flaquear las piernas. Y yo dichoso de verla así, caliente y dispuesta para lo que se vendría.

    Y así se fueron consumiendo los minutos, los bailes y las canciones también. Besos no quise, los evitaba. Todo marchaba a la perfección, Silvia estaba deseosa con claras señales de querer follar. Bebimos dos copas más, alargando su placer, modificando la cadencia de las vibraciones, todo hasta llegar la hora señalada. Y sobre las once de la noche, el sonido de mi celular me advirtió de que el final se acercaba.

    —¿Quién podrá ser a esta hora? Que no vaya a ser uno de tus amigotes, no vayas a echar a perder el momento Rodrigo. —Me dijo Silvia algo alterada.

    —No te preocupes Cariño. Esta llamada solo confirma la llegada de la otra parte de tu regalito. La vas a pasar fenomenal, ya verás. —Tomé en mis manos aquel antifaz rojo y se lo coloqué a Silvia diciéndole…

    -—¡Silvia! te vas a quedar aquí en medio de la sala, con esto puesto y tienes que prometerme que no lo vas a retirar hasta que llegue el momento. Yo te diré cuando lo podrás quitar de tus ojos. ¿Entendido? —Y mi esposa, aceptó de buena manera mi propuesta, asintiendo con su cabeza y tal vez por el alcohol ingerido, me siguió el juego.

    Sonó el timbre y me dirigí hacia la puerta. Abrí y allí estaba mi hermosa y loca, rubia Barranquillera. Sonriente como siempre. Me guiñó un ojo y le cedi espacio para que ingresara.

    —Ohhh, pero que bonita escultura tiene el señor. —Y se acercó hasta donde permanecía Silvia de pie.

    —Así que esta es… ¿tu casta mujercita? ¿La que voy a devorarme esta noche y a quien sacaré orgasmos, entre gritos de placer y delirio? —Y Paola empezó a rozar con su dedo índice, la nariz, los labios y el cuello de Silvia. A mi mujer se le erizó la piel del cuello, los brazos y los poros en sus muslos. Confundida y excitada a la vez.

    —¡Sí! Ella es. Por eso te contraté. Me dijo un amigo que eres de las mejores. Espero que valgas lo que cobras. —Y enseguida Paola se apartó de Silvia, para entregarme su largo abrigo. Debajo de él, solo traía puesto el picardías negro que yo le había obsequiado para su noche de bodas. Su piel blanca me ofrecía dorados brillos, sus labios de rojo encendido también.

    —¿Deseas tomar algo antes de empezar? —Le pregunté.

    —¿Tienes aguardiente? Lo que están tomando ustedes no es de mi agrado. Me gusta algo que haga arder mi garganta. —Respondió mi rubia cómplice.

    —¡Pero por supuesto! espera un momento voy a la cocina que lo tengo enfriando en el congelador. —Y las deje allí, a solas.

    Cuando regresé con la botella de aguardiente y una copa adicional, en la sala estaba Paola rodeando a Silvia, acariciándola, palpándole las nalgas y mi esposa se dejaba, sus mejillas coloradas, la boca entreabierta, su respiración agitada y recibiendo adicionalmente las vibrantes ondas del juguetico sobre su vulva.

    —¿Estas acalorada preciosa? —le decía la rubia a la castaña. Acercando al oído su boca, calentándola con su aliento.

    —¡Respóndeme! Le habló con sobrada autoridad a Silvia. —Esta respondió con un sí prolongado, entre excitada y temerosa.

    —¡Nene, dame ese trago de una vez! —Y le alcancé a Paola la copa. Lo bebió por completo, de una sola vez.

    —Ahhh, que delicia de “guaro”. ¡Sírveme otro! —Me ordenó. Llené la copa nuevamente y mi rubia se acercó hasta el centro de la sala, donde permanecía Silvia en pie.

    —¡Vamos a ver qué tal besa tu casta esposa! —sentenció de forma picaresca. Y de forma muy sensual juntó sus rojos labios con la boca de mi mujer. Silvia no demoró en abrir su boca buscando la cálida humedad. Paola se apartó levemente, pero enseguida su lengua empezó a recorrer el exterior de los labios de Silvia, los humectaba de su saliva y mi mujer jadeaba, exteriorizando su éxtasis. Las manos de Paola tomaban posesión de un seno, delicada pero firmemente. La otra sostenía la mandíbula de mi esposa.

    — ¡Humm, que rica boquita de puta te gastas! Haber, saca esa lengüita que te la quiero chupar, anda ¡Dámela! —Y mi mujer se la ofreció, sin resistencia.

    Paola la introdujo en su boca, para luego sacarla y enfrentarla con su lengua, jugando entre las dos, enroscándose una sobre la otra. Hasta que finalmente, abrazándose las dos, se besaron apasionadamente, juntando sus cuerpos, donde se observaba la diferencia de altura. Mi rubia le sacaba más de media cabeza a mi esposa. Para ese momento yo estaba empezándome a excitar, con aquella escena.

    —¡Anda Nena! Pero que rico besas, ¡Humm! Mira como me has hecho mojar. —Y Paola entonces tomo la mano de Silvia y la llevó hasta su humedecido coño, para dejarla allí un instante.

    —¡Aja! vamos a ver que nos encontramos por acá. —Y Paola deshizo el nudo del satinado cinturón y fue apartando los costados de la bata. Silvia colaboró y moviendo un hombro primero y enseguida el otro, le ayudó a mi rubia Barranquillera, a despojarse de la negra tela. Esta delicada prenda cayó a sus pies, vencida por la gravedad y el deseo de aparecer desnuda ante su desconocida amante.

    —¡Mira que téticas tan preciosas y erguidas te gastas! Y estos pezones tan duritos y parados… ¿Para quién son? —Se hizo un silencio momentáneo. Mi esposa no respondía la pregunta. Paola me miró y pícaramente colocó un dedo en la boca de mi mujer, jalando hacia abajo, el labio inferior de Silvia y le dijo nuevamente con firmeza…

    —¡No lo voy a volver a repetir! —E inmediatamente pellizcó con fiereza uno de los rosados pezones, haciendo a Silvia gemir de dolor, para luego contestar finalmente…

    —Son… tuyos. —Lo dijo en voz muy baja, a lo cual Paola retorciendo el otro pezón entre su pulgar y el índice, girándolos, le dijo muy cercana a su oreja izquierda…

    —No escuche bien nenita… ¿De quién? —Mi esposa contestó enseguida, ya con una voz más decidida y potente, casi gritándoselo…

    —Tuyos, maldición, estas tetas son tuyas ¡Chúpamelas! —Y Paola se sonrió generosamente, dándole una palmada al seno derecho, haciéndolo mecer.

    —Tú no me mandas, son mías, yo decido cuándo y cómo me las comeré. — ¿Vencedora? ¡Sí! La tenía donde ella quería.

    —¿Nene? Anda, regálame otro trago, pero llénala hasta el borde. —Y le serví un aguardiente que rebosaba en la pequeña copa de transparente cristal.

    —¡Gracias! Y ahora apaga estas luces, que el calor ya lo tenemos dentro y con las velas nos alcanza ¿Cierto que sí, mi putita? —Y Silvia respondió afirmativamente, tocándose un seno, apretándose el enrojecido pezón. Paola me guiñó uno de sus preciosos y esmeraldas ojos, sonriendo con malicia.

    —Mi nenita, vas a portarte bien. Te vas a quedar quietecita y me vas a sostener algo, pero no te lo puedes tomar porque es mío, esta frio y quiero que me lo calientes un momento. ¡Abre bien la boca! —Y bebiendo todo el contenido de la copa, Paola acercó su boca hacia la de Silvia y le pasó la bebida. Silvia se quedó inmóvil, con su boca entreabierta y en su interior el trago largo de licor. ¡Ardiente!

    —¡Aja! ¿Y aquí abajo que me aguardará? —Y las blancas y suaves manos de mi rubia, deslizaron las tiras de la tanga brasilera hacia abajo, apartando el juguetico del esplendoroso pubis de Silvia.

    – ¡Wow! ¿Pero que tenemos por acá? ¿Un coñito rasurado y húmedo por este aparatico? ¡Creo que ya no lo vamos a necesitar! ¿No es verdad preciosa? —Y se arrodilló, metiendo su nariz y boca entre los muslos aun temblorosos y apretados de mi esposa.

    —¡Abre bien las piernas! —le ordenó y mi mujer acató sin rechistar aquel erótico mandato.

    Paola empezó a jugar con su lengua sobre la vulva de mi mujer. Con los dedos de su mano izquierda, fue apartando los pliegues de los labios mayores, dejando a su disposición en abierta «V» aquel rosado y brilloso botoncito del placer. Todo alrededor de su vagina brillaba de saladas ambrosías que fluían acuosas de su interior y con los dedos de su mano derecha, la tomaba por detrás de las nalgas, supongo que escrutando la húmeda cavidad desde la parte posterior. Silvia se movía nerviosa, en sus muslos se podía apreciar un ligero tremor.

    Paola abrió su boca, humectando sus rojos labios con la punta de su lengua, mirándome plena, de sádica emoción. Y se apoderó con ambición de aquel tesoro que yo creía que me pertenecería exclusivamente, hasta la noche anterior, obviamente. Y desde atrás, la penetraba con sus finos dedos.

    —¡Ahh! Que rico tu sabor nenita mía. —Le decía Paola a Silvia.

    —¿Te gusta putita? —Pero mi mujer no respondía.

    No podía sencillamente hacerlo, sin derramar aquel trago de aguardiente, que Paola había resguardado en el interior de su boca. Sus mejillas sonrosadas más aquella respiración agitada y tan conocida por mí, aspirando grandes volúmenes de aire, mezclado con su sexual aroma, tras mil noches de pasión. El brillante sudor que se apreciaba sobre toda su delicada piel lozana, respondían positivamente por ella. Se estremecía, de su boca se escapaban ya algunas gotas de aquel licor. Respiraba cada vez más excitada, exhalaba y aspiraba por su nariz. Mi rubia Barranquillera la tenía a punto de alcanzar el clímax, besando, lamiendo y penetrando.

    Y el orgasmo no demoró. A Silvia le flaquearon las piernas, era caerse o mantener en su boca aquel trago que no era suyo y tenía prohibido beberlo. Hasta que no pudo más y gimió, fuerte y prolongado, dejando escapar la bebida que cayó por su quijada hasta mojar sus senos y ella, mi amada esposa, recogía con su boca abierta, todo el aire que podía del salón, mientras se apoyaba con sus manos, sobre la cabellera dorada de Paola, manteniendo su equilibrio.

    —Mala niña, no eres para nada obediente ¡Oyeee! —Le dijo Paola con su voz azucarada. —Has desperdiciado mi aguardiente, Nenita. Te mereces un castigo.

    —¡Arrodíllate! —Y mi esposa se le arrodilló, como valiente y vendada heroína, a enfrentar su erótica suerte. Paola se apartó con dos dedos, el borde de la tanga negra hacia un costado y le ofreció los dorados vellos que adornaban el comienzo de su rosada raja, acercándola a la deseosa boca de mi rendida Silvia.

    —¡Lame putita mía! Es toda tuya. —Y ella lamió, chupó, beso y bebió de aquel frugal néctar. Minutos pasaron con Silvia entregada a la labor, –yo excitado a mas no poder– hasta arrancarle a mi rubia Barranquillera un reconfortante y merecido orgasmo, solo con su inexperta boca y la lengua ensalivada.

    Luego de eso, se tendieron las dos a lo largo sobre la alfombra, besándose, intercambiando fluidos y saliva, las dos entregadas, frotándose sus pubis contra los muslos de la otra. Yo acalorado y endurecido, opté por tomar un trago largo de aquél vodka rojo. ¿El fuego se combate con más fuego? Tal vez si, a veces no.

    Pero Paola tenía una última carta por jugar. Se acomodó en el medio de las piernas de Silvia, tomó su bolso y del interior, extrajo un consolador negro, largo y grueso, con venas que recorrían en realistas relieves toda su extensión y encauchados testículos al final. Lo chupó ella, ensalivando el falso glande de aquel falo y luego se lo puso en la boca a Silvia que seguía a oscuras, sin ver, solo imaginar y sentir. Mi esposa abrió su boca instintivamente cuando mi cómplice Barranquillera se lo acercó, y recibió con deseo, la artificial verga qué besó y lamió. Pero Paola desatada, le dijo…

    —¿Te gustan las vergas grandes Nenita? —Y ella le dijo que sí.

    —¿Y te has comido varias? —De nuevo su respuesta fue positiva.

    —¿Y cuantas has probado recientemente? — Paola me guiñaba un ojo, y se sonreía maliciosa. —Acaso nenita mía… ¿Tan solo conformada con la de tu maridito? —Pero Silvia guardó un largo silencio.

    -—¿Cuantas? ¡Te pregunte! —Se reafirmó con rigor Paola en su cuestionamiento a Silvia, quitándole el consolador de la boca y acercándolo peligrosamente a la entrada de su vagina, ejerciendo algo de presión sobre los henchidos labios.

    —Un… ¿Dos? ¡Aghhh! me he comido dos, ¡ufff! Me follaron dosss ¡Ughh! —Respondió entre gemidos mi esposa, mientras era penetrada despacio por aquel falo de plástico, y tan solo le había introducido la gruesa punta. Pero Paola escupió abundantemente sobre el grueso tallo de aquel consolador y lo deslizó en su húmedo interior con mayor facilidad, sacándole extendidos gemidos a Silvia.

    —Mira como estas de mojada deseando pollas, ya te ha entrado la mitad. ¿Quieres que te meta el resto? —Mi mujer respondió que sí, que quería más.

    —Vaya puta infiel me he encontrado. ¿Quieres más verga o deseas chupar mejor mi vagina? —Le preguntó Paola, introduciendo casi al completo aquel grueso consolador.

    —Aghhh, ¡Jueputaaa! Que ricooo… Sí, quiero verga y… Hummm ¡Siii! Chuparte, lamerteee… ¡Oughhh! Tu cuquitaaa, Dios que ricooo, me gustaría lamerte ¡Dame tu cuquita otra vez! Por favor, por favooor. —Silvia estaba enloquecida por el placer recibido.

    Y a mi esposa le llegó otro nuevo orgasmo, pero mi sádica y cómplice rubia, la continuó penetrando rítmicamente, sin dejarla descansar. Tres, ¿Cinco minutos tal vez? Silvia se retorcía, apretaba sus dientes, intentaba sin conseguirlo, cerrar sus piernas para apaciguar sus electrizantes sensaciones. Alzaba y bajaba la cadera, indecisa entre «un quiero más y un déjame descansar». Ladeaba su cabeza a izquierda y a derecha, como sin encontrar la ubicación deseada. Estrujaba ella misma un seno con su mano derecha, a la vez que la zurda la extendía a su costado, afincando sus dedos como garfios, en el tejido de nuestra alfombra. Levantaba y bajaba el culo, ofreciendo su abierto tesoro lubricado. Exhalaba ansiosa y con ganas de acabar su seductor tormento. Pero los orgasmos le seguían continuados, ramalazos cortos y espaciados, pero seguramente igual de intensos.

    Paola sudada igualmente, con su mirada orgullosa, intercambiaba la visión, entre aquella agradecida vagina y la dureza de mi verga resguardada dentro de mis mojados pantalones. Y se reía a la vez que daba un sorbo directamente a la botella de aguardiente. ¡Triunfante!

    —¡Anda Nene! mira como estas de tieso. Pero… ¡Aja! Quita esas manitas de ahí. Ni se te ocurra tocarte esa verga, que la quiero toda para mi más tardecito. —Me ordenaba de manera sexy y provocadora, mi hermosa Paola.

    Me tocó ponerme en pie, respirar profundamente, tomar otro trago pero ya directamente de la botella, ya que yo también sudaba, sin haber hecho nada. Caminé alrededor de ellas, para observar mejor la penetración. Silvia seguía en medio de sus espasmos, sus piernas bien abiertas y temblorosas…

    —¿Entonces te has comido dos vergas, te has dejado penetrar por dos hombres, como la buena putita que eres? —Y una Silvia entregada al disfrute del descanso después de tantos orgasmos, le respondió claramente a Paola, mientras esta sacaba lentamente del interior de la enrojecida vagina que…

    —¡Siií! Jueputaaa. ¡Oughhh! Sí, me picharon dos, dos vergas para miiii… Siii, sácala ya, please… Ufff… Dos solo para mí. —¿Asunto pendiente y dudas resueltas?

    Y Silvia se derrumbó en la alfombra, envuelta en los espasmos de su electrizante declaración. Y yo me arrodillé a su lado, retirándole aquel rojo antifaz, que le ocultó por un tiempo, el rostro y la imagen del cuerpo armonioso de mi rubia confidente. Adorable secuaz amiga mía.

    —¿Silvia? Cariño, mírame. Abre tus ojos. —Le dije con seguridad.

    —Mira y escúchame bien. Esta que vez aquí, es la mujer que nunca contraté, pero que igual quiso y vino para proporcionarte intensas caricias y sensaciones, hasta hacerte alcanzar el clímax.

    —Es hermosa, ¿no te parece? —Silvia se restregaba los ojos, tratando de magnificar con la escasa luz que provenía de las rojas velas, la imagen de su desconocida amante.

    —Silvia, mi vida. —le dije suavemente, mientras le acariciaba con delicadeza su mejilla y apartaba un mechón de aquel cabello tinturado de su rostro.

    —Esta mujer que ves aquí, es la que tú has llamado últimamente… ¡Puta!

    —Es mi amiga Paola, la que ahora se va a ir conmigo a un hotel para celebrar su última noche de soltera conmigo, después de haberte brindado tantos orgasmos prolongados. ¿Lo ves? También fuiste de ella, como ella ya fue mía.

    Y mi esposa, descompuesta aún por el placer recibido, abrió muy grandes sus ojos cafés, y sudada como estaba, se apoyó sobre sus codos para observar por vez primera el rostro de su femenina amante, la mujer que fue mía por dos pocas horas unos días atrás y qué sería de nuevo mía, pero ya hasta el próximo amanecer.

    —¿Cómo? Pero… Yo… —Y Paola se acercó de nuevo a su boca y la besó profundamente, con deseo y mi mujer aunque lo intentó, al final no se apartó. También la besó, con ansias, completamente entregada a mi rubia Barranquillera.

    Me puse en pie y le extendí mi mano a Paola, quien la tomó y fue hasta el sofá para recoger su abrigo y su bolso. Mi esposa estaba confundida, apenas recomponiéndose se fue arrodillando sobre la alfombra, mirando impasible como Paola se arreglaba con los dedos sus dorados cabellos y repasaba con su labial, el grosor de sus labios.

    —Se… ¿Se van a ir? —Nos preguntó una Silvia compungida.

    —¡Ajá nena, pues claro que sí! —le respondió sonriente Paola y continuó hablándole a mi esposa…

    —Yo era tu otro regalo y ya recibiste los dos. Anda y por tus gemidos, se ve que te encantó. Así que ahora me llevo a tu maridito para pasar con él una noche completa de sexo tórrido y salvaje. Porque nenita, tu Rodrigo… ¡Va a darme mi despedida de soltera! —Y Silvia no podía ni sabía cómo salir de su asombro.

    —¡Ahhh! Pero no me hagas esa carita de desconcierto. —Continuaba Paola fustigando a Silvia. —Mira qué mañana temprano te lo regreso. Y te juro por lo más sagrado, que Rocky, nunca más tendrá sexo conmigo. Eso sí, va a llegar cansadito, con hambre pero sin ganas de ti, ¡Jajaja!

    —Pero Silvia, si te aclaro algo… ¡Voy a volver!… Pero volveré por ti, no lo dudes mi putita hermosa, nos faltan huequitos por explorar. —Y Paola se dirigió hacia la puerta, en tanto que Silvia me miraba bastante alarmada.

    —¿Rodrigo?… Mi amor, no te vayas, en serio… ¡No me dejes! —Mientras lo decía, mi esposa se abrazaba arrodillada como estaba, a mis piernas y empezaba a llorar.

    —Creo, Cariño mío, que no estábamos tan a la par como yo pensaba. Disfrutaste tu noche y la madrugada, por partida doble. —Y me zafé con delicada firmeza de su amarre diciéndole… —¡Silvia, mi amor! Dos veces van ya, en que me has pagado con traición. Yo, como lo has vivido y sentido, he canjeado mi dolor por tu placer.

    —Hmm ¡Por cierto mi Cielo!… Ehh, como no voy a tener mucho tiempo libre y mi boca al igual que las manos, van a estar bastante ocupadas, de una vez te lo digo y me ahorro eso de enviar mensajitos, por favor… ¡No me esperes despierta!

    Y me dispuse a salir del piso acompañado por mi rubia y seductora cómplice. Pero una Silvia, convertida en una derrotada Magdalena, abatida e hincada de rodillas y llorando casi lágrimas de sangre, gritó desde su sitio de penitencia en el centro de la sala…

    —¡Es mentira mi Amor, es mentiraaa! No pasó nada, no hice nadaaa. Créeme por favor, te mentí… Les mentí a los dos, lo juro ¡Te lo juro por nuestros hijos! —Por esas últimas palabras dichas, me giré y debajo del marco de la puerta, le dije a Silvia…

    —A nuestros hijos los dejamos fuera de nuestros problemas. ¿Ok? A ellos no los metas en esto. —Y dando un portazo, me llevé de la mano a mi rubia Barranquillera y a la gestora de mi dulce venganza, en búsqueda de un buen hotel.

    —¡Ajá Rocky! ¿Y tú le crees? —Me preguntó Paola, ya bajando en el elevador.

    —¡Y como saberlo! —Le respondí, alzando mis hombros y apretando mis labios.

    En ese momento entró a mi móvil una llamada. Pensé de primera que fuera Silvia para insistirme en regresar, pero no. La llamada entrante era de un número privado. ¡Desconocido!

    Tome la llamada y contesté.

    —¡Hola!… ¿Rodrigo?

    —¿Martha?… ¿Eres tú?

    ¿Fin?

  • La prima de ciudad y las hermanas de aldea

    La prima de ciudad y las hermanas de aldea

    Años sesenta del siglo pasado en una aldea gallega.

    Tania, que era prima de Gracia y Tina, estaba sobre la cama entre las dos. Tania vestía un pijama de rayas y Gracia y Tina camisones largos. Las hermanas con el cabello recogido en coletas y echadas de lado la miraban. Tania boca arriba y con las manos detrás de la nuca, decía:

    -… Bilbao es cómo es, grande y ruidoso, cómo todas las grandes urbes. Allí no te despierta el gallo y no ves más pájaros que gorriones, palomas y gaviotas. Gracia estaba intrigada, le preguntó:

    -¿Y cómo despiertas?

    -Poniendo el despertador.

    -¿Y eso qué es?

    -Cómo un reloj de cuco pero a lo bestia.

    -No mientas, los cucos no tienen reloj -le dijo Tina-. Además dijiste que no había más pájaros que los gorriones, las gaviotas y las palomas.

    Tania se armó de paciencia.

    -Yo no he dicho que los cucos tuvieran reloj. Les llaman relojes de cuco porque sale un cuco por una puerta y haciendo cu cu da las horas.

    -No mientas más, carallo, que un cuco después de salir por la puerta se largaría volando -le dijo Gracia-. Iba a dar las horas. ¿Te debes creer que los cucos son idiotas?

    Tania no quiso enrollarse.

    -Vamos a dejarlo.

    Las hermanas chocaron las palmas. Gracia le dijo a Tania:

    -Uno cero te vamos ganando, prima.

    -¿En qué vais ganando?

    -En pilladas.

    -¡Ahí va la ostia! Vosotras no sois normales.

    Tina, muy seria, le dijo:

    -Tu manda la ostia que ya verás cómo rebota.

    -Es una frase hecha, no hablaba de daros una hostia.

    -Pues la próxima vez haz mejor la frase.

    -No mejor será que no la haga. -Tania se dio cuenta de que la había liado-. ¡Si yo no estaba haciendo una frase, coño!

    -¡Qué rariña eres! En fin, vamos a lo que de verdad importa. ¿Tienes novio?

    Tania se volvió a armar de paciencia.

    -No, es mejor no tenerlo, así se puede coquetear con todos.

    Tina le dijo a la hermana:

    -¡Uuuy que puta nos salió la prima!

    -Dos a cero en pilladas.

    Gracia le dijo a su prima.

    -Seguro que ya dejaste que te diera un beso algún chico.

    Tania, que tenía ganas de guerra y veía a sus primas cómo dos caramelitos, empezó con su juego de seducción.

    -Sí, ya me lie con unos cuantos.

    Las hermanas se miraron con las bocas y los ojos abiertos. Quedaron tan sorprendidas con la confesión que no sabían que decir, Gracia exclamó:

    -¡Pedazo de zorra!

    Tina estaba escandalizada.

    -Un pedazo, no, es un zorrón.

    -Os iba a contar cómo fue la última vez que estuve con un hombre, pero después de saber que soy un zorrón no creo que queráis que os lo cuente, os escandalizaríais.

    Gracia le dijo:

    -Una cosa no tiene que ver con la otra, y no creas que nosotras somos santas.

    Tania una había captado su atención, ahora debía que entrar en su mundo.

    -¿Tres uno en pilladas?

    -Vale, tres uno. Cuenta cómo es estar con un hombre.

    -La última vez fue en una fiesta. Bailábamos el arrimado cuando sentí su polla empalmada frotarse contra mi coño. Cómo no le dije nada me cogió el culo y me apretó contra él. La orquesta estaba tocando canciones lentas sin parar. Nosotros bailábamos en una esquina. Sacó la polla y me la puso en la mano. Apoyada con mi cabeza en su hombro le cogí la cabeza de la polla. Estaba calentita y mojada, se la apreté, moví mi mano de delante hacia atrás y en menos de un minuto Patxi se corrió y llenó la palma de mi mano de leche. Con un pañuelo secó mi mano y después metió su mano derecha dentro de mis bragas. Yo tenía el coño encharcado, tanto que manchó la palma de la mano al cogérmelo, después me metió un dedo dentro y yo me moví al ritmo de la música hasta que llegó una explosión, y otra, y otra.

    Gracia le preguntó:

    -¿Empezaron a echar bombas los de la comisión?

    -¡Qué bombas ni que hostias! Soy multiorgásmica.

    Gracia se compadeció de ella.

    -No sabía que estabas enferma, prima.

    Tania pensó que eran tan ingenuas que no había por donde cogerlas.

    -Enfermas estáis vosotras.

    -De eso nada, la única enfermedad que tuvimos fue el tifus.

    Tania supo que le iba a costar aguantarlas, pero cómo al mirarlas el coño se le mojaba, les dio explicaciones.

    -Un orgasmo no es una enfermedad, Gracia. Mi primer orgasmo fue con otra chica. ¿Nos hacemos un dedo juntas?

    Gracia le dijo:

    -Primero cuenta lo de la chica.

    Tina se escandalizó.

    -¡¿Jodiste con otra chavala?!

    -Sí, se llama Itziar.

    -Ya no sé qué llamarte.

    -Llámame prima.

    Gracia era muy distinta a su hermana.

    -Cuenta, prima, cuenta que hicisteis.

    Le preguntó a Tina.

    -¿No te vas a molestar, prima?

    Tina se tapó los oídos.

    -Habla larguirucha que Tina no te escucha.

    Tania comenzó a hablar.

    -Itziar es mi mejor amiga y voy a dormir a su casa de vez en cuando. Una noche que estábamos en su cama sacó una revista del cajón la mesita de noche y me dijo:

    -«Mira que le robé a mi hermano.»

    -Abrió la revista y vi una foto de una mujer desnuda con las piernas abiertas enseñando su coño rosado y con las manos en sus grandes tetas, eso fue lo más suave, después vi fotos donde tres hombres con grandes pollas se la metía por todos los lados, boca, coño, culo. Vi fotos con la leche de las corridas en sus tetas, en su boca, en su vientre… Aquellas fotos hicieron que se me mojara el coño, por eso cuando Itziar me miró a los ojos y pasó un dedo por uno de mis pezones la miré esperando que me besara, y me besó, metió su lengua en mi boca. Era mi primer beso con una chica y al tener su lengua en mi boca mi coño se mojó más y más, luego me quitó la chaqueta del pijama y su lengua lamió mis pezones y mis areolas, después las amasó y me las chupó, para luego quitarme el pantalón del pijama y las bragas. Yo ya estaba muy cachonda. Cuando Itziar lamió mi coño supe que me iba a correr en su boca. Traté de aguantar porque yo cuando me corro expulso muchos flujos, pero no pude, el cuerpo se me tensó, comencé a temblar y me corrí en su boca. Itziar estaba cómo loca lamiendo y tragando mis jugos y yo, yo estaba en la gloria.

    Tina le dijo:

    -En el infierno es donde debías estar.

    -¿Pero tú no taparas los oídos?

    -Se oía igual.

    Tania volvió a ir al grano.

    -¿Nos hacemos ahora el dedo?

    Las dos hermanas estaban echando por fuera, Gracia le preguntó:

    -¿Cómo se juega a eso?

    -Jugando.

    -A ver si te piensas que somos brujas para poder ver cómo es el juego.

    Tania metió una mano dentro del pantalón del pijama. Gracia le preguntó:

    -¿Te pica el coño?

    -Por las noches, por las mañanas, a veces al tomar la siesta. Rascándolo me follé a todas y a todos. Así me folle a Patxi y así me follé a Itziar.

    Las hermanas, que eran morenas, bajas de estatura, delgaditas y que tenían muy poco de todo vieron cómo la mano se movía dentro del pantalón del pijama de su prima, que también era morena, pero que era más altas que ellas y que tenía buenas tetas y buen culo. Tina le dijo:

    -Rascando el coño no se puede joder con nadie.

    -Sí que se puede, se puede si piensas en un chico o en una chica y los imaginas besándote, desnudándote, desnudándolo, comiéndote las tetas y el coño él o ella, metiéndotela, imaginando mil cosas, al final te acabas corriendo lo mismo que si lo estuvieras haciendo.

    Tina sin dejar de mirar cómo se movía la mano, le dijo:

    -Ya estamos, ibas tan bien y la vuelves a joder.

    -¿Qué dije que no te cuadró?

    Le respondió Gracia.

    -Que las mujeres no nos corremos. No sé cómo pudiste pensar que somos tan tontas cómo para no saberlo.

    -Sois tontas, muy tontas. ¿Queréis ver cómo se corre una mujer?

    -Tú eres la tonta, y lo eres porque dices tonterías. Tres a cero en pilladas.

    Tania cerró los ojos. Con su mano izquierda acarició la teta izquierda y con la derecha se siguió tocando.

    -Así se empieza a tocar una mujer.

    Tina no comulgaba con ella.

    -No, así se empieza a tocar una puta, creo.

    -Si queréis paro.

    Gracia le dijo:

    -No pares, a mí me gusta verte.

    Tina seguía viéndolo todo mal.

    -Acabarás siendo una puta cómo ella, Gracia.

    A Gracia ya la hartara su hermana mayor.

    -Si no quieres mirar tapa los ojos o vete para tu habitación, esta es la mía.

    Tina no tenía ganas de perderse la fiesta.

    -No te voy a dejar sola con ella, a saber que te acabaría haciendo.

    Tania seguía a lo suyo. Vieron cómo quitaba la mano del coño y como desabrochaba los botones de la chaqueta del pijama. Al abrirse la chaqueta vieron sus tetas, unas tetas medianas, tirando a grandes, redondas, con areolas oscuras y pezones gorditos. Vieron cómo se magreaba las tetas. Se empezaron a mojar sus coños y al hacerlo sus caras se pusieron más coloradas de lo que ya estaban. Tania se bajó el pantalón y vieron su mata de pelo negro rodeando el coño. Luego vieron cómo con un dedo se frotaba la perlita y cómo metía otro dentro de su coño. Se pusieron cachondas de verdad, y más que se pondrían cuando sacó el dedo del coño y lo chupó, para después acariciar con él los pezones.

    Gracia sintiendo cómo los flujos vaginales le salían del coño y mojaban sus bragas, le dijo a su hermana:

    -Me estoy empapando, Tina.

    A Tina le costó decirlo, pero lo dijo.

    -Yo también, Gracia.

    Tania volvió a meter el dedo en el coño, luego lo sacó, lo metió en el culo y después dos dedos volaron sobre su clítoris. No tardó nada en correrse. Tapando la boca con una mano y sacudiéndose sin parar tuvo tres orgasmos seguidos… Soltó tal cantidad de jugos que dejó asombradas a las hermanas.

    Al acabar de correrse, les dijo:

    -Así se corre una mujer.

    Gracia con su carita de ingenua, le dijo:

    -Nosotras nos mojamos mucho.

    Llegara el momento. Se lo soltó sin anestesia.

    -¿Quieres que te haga correr, Gracia?

    Gracia lo estaba deseando, pero para disimular sus ganas le preguntó:

    -¿Qué me harías?

    -Quita el camisón y lo sabrás.

    Tina tenía que poner la nota discordante.

    -No lo quites, Gracia, no lo quites que ella casi la espicha. ¿No viste cómo acabó con los ojos en blanco?

    Tania tenía que probar aquellos coños sin estrenar.

    -Ninguna mujer se murió por correrse. Lo que pasa es que el gusto que se siente es tan grande que es cómo si abandonaras este mundo.

    Tina, por no variar, no estaba de acuerdo con ella.

    -Ya no será la cosa para tanto.

    -Desnudaos y os haré correr a las dos.

    -Ni borracha dejaría que me tocaras.

    Gracia se lanzó de cabeza al río.

    -Pues yo quiero sentir lo que sintió ella.

    Gracia quitó el camisón, Tania vio sus tetas, eran cómo limones y tenía las areolas rosadas y los pezones cómo lentejas, vio su coño y la pequeña mata que lo rodeaba.

    Tina se limitó a mirar.

    Tania le quitó las bragas mojadas y después la besó. Al meterle la lengua en la boca se le abrieron los ojos como platos, pero acabó metiendo la suya dentro de la boca de su prima. Luego Tania le pasó un dedo por el coño mojado y después se lo dio a chupar. Gracia chupó. Tina miraba y cada vez se mojaba más. Tania le chupó las pequeñas tetas a Gracia, lamió sus pezones y ocurrió algo inaudito, en vez de gemir Gracia, la que comenzó a gemir fue Tina, a gemir y a tocarse las tetas. Tania bajó al coño encharcado de su prima, hizo que flexionara las rodillas y después le lamió el coño. El cuerpo de Gracia dio una sacudida. Tania apretó la lengua contra su clítoris y después lamió de abajo a arriba cada vez más aprisa. Gracia levantó la pelvis. Tania supo que Gracia se iba a correr. Le tapó la boca con una mano, lamió hacia los lados sin dejar de apretar el clítoris y Gracia se corrió cómo un río. Mientras se corría, gimiendo, hizo un arco con su cuerpo.

    Tania era una golosa. No salió de en medio de las piernas de su prima hasta que no le dejó seco el coño. Después al mirar para Tina vio que estaba desnuda y con las piernas flexionadas. Su cuerpo era parecido al de su hermana, tenía tetas cómo naranjas, areolas marrones, los pezones como granos de arroz y una buena mata de pelo negro alrededor del coño. No hicieron falta palabras, Tania metió la cabeza entre las piernas de Tina. Tina no le dio tiempo a que le lamiera el coño. Cuando su lengua se estaba acercando al coño y Tina sintió el aliento caliente de la boca de su prima comenzó a sacudirse y descargó. Entonces se lo lamió y se hartó de beber los jugos agridulces de su larga corrida.

    Al acabar de correrse, les dijo:

    -¿Tres a tres en pilladas?

    Gracia no era la ingenua que parecía, se descubrió al decirle:

    -No, cuatro a uno. Ya nos habíamos corrido metiendo el dedo.

    El mes que estuvo Tania de vacaciones en Galicia lo iban a recordar ella y sus primas mientras viviesen.

    Quique

  • Barrio viejo

    Barrio viejo

    Una tarde de verano en Montevideo, caminando por el barrio viejo disfrutando de unas vacaciones que fueron deseadas todo el año.

    De pronto veo un cartel raro y gente entrando, hombres en una puerta de un edificio viejo, mi curiosidad puede más y me animo a entrar, un cuarto oscuro iluminando dos cajas solamente, era un Sauna, nunca había entrado y quería probar la experiencia.

    Pago mi entrada y me dirijo a los vestuarios, veo un cartel con las indicaciones y me preparo para entrar.

    Una toalla, un preservativo y voy a las duchas, un buen baño y entra alguien, un señor no mucho más grande, se baña también, yo no sabía qué hacer, solamente lo miro.

    Le miro su miembro, trato de darme vuelta para que me mire la cola, me agacho, me sigo enjabonando, pero no me mira.

    Termino de bañarme y recorro un poco el lugar, era grande, lleno de gente, de grandes a jóvenes, mucha curiosidad, ansiedad, ganas de probar lo que había.

    Me siento en una silla a ver qué decido hacer, el jacuzzi me había tentado, pasa un señor desnudo y me mira, de arriba hasta lo último de mi cuerpo, me estaba saboreando completo, bajo la mirada y lo dejo pasar.

    Voy al jacuzzi, dejo la toalla y el preservativo en los bancos, había cuatro personas relajadas y con los ojos cerrados, entro con mucho silencio y me propongo a relajar yo también.

    Cuando mis ojos estaban cerrados en sintonía con el silencio del lugar, siento una mano en mi pene, un suspiro por mi cuello, alguien se me acerco, abro los ojos y lo miro, era joven como yo, estaba ardiente, le toco su pene y estaba duro como una columna, era grande, mucha carne que venía hacia mí.

    Lo toco y él me toca, nos besamos, nos tocamos, le digo al oído “vamos a otro lugar”, cuando se levanta veo su pene duro y erecto como una locomotora sin rumbo, no puedo negar la tentación y abro la boca, la saboreo despacio y la empiezo a chupar, a disfrutar, yo agachado al pie del jacuzzi el parado afuera, disfrutando, mi boca la tragaba sin dudar, entraba toda, era gigante pero entraba, las personas que estaban se habían ido pero volvieron para mirarme, observaban como chupaba, era una mujer vestida de hombre prendida fuego, saboreando la carne que le habían ofrecido, no podía dejar de chupar, me encantaba ese sabor a piel.

    Mi macho estaba en una erección fuerte, disfrutando, me miraba y se reía, no podía creer como se la chupaba, de pronto siento una mano por mi cola, alguien me estaba pasando la lengua por mi puerta, me estaban saboreando la cola, tocándome con las dos manos, metiéndome la lengua, un dedo, dos dedos, mi cabeza estaba prendida fuego, no podía creer lo que estaba pasando, un pene en mi boca y dos manos tocándome atrás, me estaban masturbando la cola y mi pene, mientras yo chupaba sin parar.

    Bajamos al piso, mi macho arrodillado frente a mí y el invitado por detrás tocándome, sin pensarlo aparece otro pene al lado de mi cara, uno mediano muy lindo, me toca la oreja, se me acerca a la boca y también abro sin dudar, estaba saboreando dos penes, carne en el estado más rico y sincero estaba siendo participe de un acto sin igual, fogoso y audaz.

    Cuando mi cola ya estaba totalmente dilatada, despacio empezaron a meterme un pene, el primer invitado que vino me estaba cogiendo, me estaba metiendo su carne adentro, mis ojitos no podían más de la alegría, tenía dos penes en la boca y un pene en la cola, quería mas, quería mas carne adentro mío.

    Me estaban cogiendo como nunca, mi macho con su pene erecto y dos invitados, todos juntos y sincronizados.

    Lo miro al que estaba por detrás y le digo que deje a mi macho cogerme un poco que venga que se la chupo toda, hacen cambio de lugares y el pene más grande entra en mi cola, fue una sensación de un poco de dolor pero enseguida fue mucho placer, tenía adentro mío un pene enorme y lleno de fuego, íbamos más de 15 minutos cogiendo, disfrutando, teniendo el placer mas grande que puede haber, mi cola estaba abierta a puro placer, me estaban penetrando de la manera más linda que podía haber, mis gritos ya eran notorios y llamaron la atención de más gente, hicieron una ronda para mirarme y masturbarse, me estaban cogiendo 20 personas con los ojos, me estaban haciendo sentir la puta más linda del lugar.

    Mi macho le cede el lugar al segundo invitado, el cual me empieza a coger fuerte sin decirme nada, era un león enjaulado, una fiera indomable, que me hacía gemir como nadie, me estaba cogiendo muy fuerte, haciéndome gritar de placer, quería probar su leche, quería probar la leche de todos, me dieron vuelta y me siguieron cogiendo, una y otra vez, gritos, gemidos, gente mirando, yo la puta más linda y todos masturbándose conmigo, era la reina del lugar.

    El segundo invitado llega a su punto donde antes de decirme algo, saco su pene, me acerco y le pongo la boca para que me diera su néctar, su semen, acaba como una canilla, me llena de leche mi boca, rica, sabrosa, la saboreo y la trago a la mirada atenta de él, que había acabado y estaba suspirando de placer, una vez tragada la última gota me doy vuelta para que mis dos machos me sigan cogiendo, un pene en mi boca y otro en mi cola, quería más leche, quería que me dieran todo lo que tenían guardado adentro de esos penes hermosos.

    Mi primer macho me seguía cogiendo fuerte por atrás, mientras que el primer invitado estaba por llegar, su pene estaba temblando a punto de estallar, abro mi boca y dejo que caiga todo su semen en mi lengua, una fiesta de sabor, me había bañado la lengua, pera y cuello, tenía semen por todos lados, me dedico a limpiarme y tragar, levanto la mirada y digo “El que quiera acabar, acá esta mi boca” se me acercaron de a uno los cinco que todavía estaban mirando y masturbándose, todos tiraron su néctar en mi cara y boca, fue una cascada de placer, todos mirándome mientras acababan, todos dejaron su miel en mi.

    Ahora teníamos que terminar con mi macho, mi cola estaba abierta en su mejor punto, todo era dilatación y orgasmo, mi pene explotaba de semen, todo era placer, mi macho no podía más, necesitaba acabar, saca su enorme pene y me dice acá tenés leche reina, cuando quise mirar tenía todo en la boca, pene y semen saliendo hasta mi garganta, me había atragantado, era mucha cantidad, pero lo disfrute, estaba tomando lo más rico de alguien, su néctar, miel, leche y placer.

    Me besa fuerte y me dice sos lo mejor que me paso en este lugar, se va sin dejar su teléfono o dirección.

    Ya era hora de retirarme, voy al baño por la última ducha, necesitaba limpiarme, pasarme jabón y volver al hotel.

    Cuando me estaba bañando, aparece una mano por mi espalda, me besan el cuello y me empiezan a tocar la cola, alguien que no conocía me estaba tocando, me dicen al oído “te me escapaste al principio”, me doy vuelta y era el primero que había visto en el baño, me agacho y se la empiezo a chupar fuerte, sin dudarlo, quería tener su pene en mi boca desde que entre al lugar, me dice cosas al oído “sucia, chúpala, puta, puto, que rico estas, te quiero culear, veni acá” , me doy vuelta y me empieza a chupar la cola, me mete la lengua y un dedo, era todo fogoso y rápido, me abre las piernas, me dilata la cola que ya estaba cansada y me empieza a penetrar, al rito del agua que caía desde la flor de la ducha, todo era pasión desenfrenada.

    Mi cola quería mas pero ya estaba cansada, me agacho en cuatro para que se abriera mas y sentir su pene que era hermoso, sus palabras sucias se habían callado ahora solo estaba disfrutando de mi cuerpo, de mi actitud, me estaba cogiendo como a nadie.

    Acabo de manera colosal, sale leche en cantidad y cae todo al piso, me siguen cogiendo desde atrás, haciéndome sentir una puta, me siguen penetrando, hace dos horas que me están penetrando y haciéndome sentir una hembra.

    Su pene no podía más, estaba por explotar, me agacho y me pongo de rodillas, acábame toda la cara hermoso, me bañaron en semen de nuevo, mi cara llena de leche, llena de miel, su cara era de alegría, nunca había cogido a alguien así, en la ducha y sin amor, solo pasión.

    Lo miro con cara de mujer satisfecha y me trago todo lo que voy limpiando, me dice acá te dejo mi número, nos vemos.

    Me termine de bañar sentado, cansado por tanta penetración, mi cola no podía más, mi cuerpo quería más, mi boca solo deseaba más miel.

    Salí del lugar flotando, deseando volver pronto, había sido penetrado durante tres horas al ritmo más placentero que podía imaginar, todo estaba en orden.

    Mis vacaciones eran un éxito.