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  • Mi maestra de baile cubana

    Mi maestra de baile cubana

    Llevaba ya unos meses asistiendo a clases de salsa. Yo tenía 29 años y Mónica, mi maestra, 32, era una hermosa cubana mulata de pelo largo rizado negro azabache, unos labios carnosos, un culo grande y firme, unos muslos que reflejaban todos esos años de experiencia en las danza cubana, unas tetas bien proporcionadas y unas caderas que parecían hacer temblar en suelo cada vez que bailaba. Era como si su cuerpo hubiera sido tallado por los mismísimos dioses del erotismo. Para mí era imposible ver a esa mulata bailar y no imaginarla meneando esas caderas encima de mí.

    Un día la agregué a Facebook y empezamos a hablar por mensajes acerca de las clases de baile y otras cosas relacionadas con la cultura de Cuba. Días después de chatear con ella casi todos los días la invité a salir y aceptó.

    Nos quedamos de ver en un bar para tomar unos tragos. Ella iba vestida una blusa roja con un escote discreto pero que dejaban ver de manera sutil el surco entre sus senos y con unos pequeños shorts negros que exhibían sus deliciosos muslos.

    Estuvimos bebiendo y platicando hasta que cerraron el bar y le propuse ir a mi departamento a tomar una copa, a lo que Mónica aceptó.

    Al llegar a mi departamento ella me pidió que pusiera música, así que puse una playlist de salsa cubana y después de unas canciones Mónica se levantó a bailar frente a mí mientras yo la veía maravillado de su belleza y sensualidad al moverse. Ella me dijo que me parara a bailar con ella para ver si había aprendido algo de las clases, así que me levanté a bailar tratando de seguir su ritmo y destreza con los pasos que sabía. El hecho de estar con mi maestra de baile en mi departamento me estaba poniendo muy cachondo y podía notar que ella lo sabía. Después de un par de canciones nos sentamos y comencé a acariciarle uno de sus muslos que tantas veces había admirado en clase de baile, a lo que ella respondió sonrisa y una mirada fija en mi boca.

    Empezamos a besarnos en la sala, y luego de un rato empiezo a mover mi mano lentamente hacia su entrepierna y ella pone su mano en mi la mía para sentir cómo mi verga ya estaba punzando por debajo del pantalón.

    Le digo que vayamos al cuarto, y una vez ahí y ya entrados en calor le empiezo a quitar el shorts para descubrir el culo más maravilloso que he tenido la oportunidad de presenciar enfundado en una tanga de hilo dental que prácticamente desaparecía en medio de esas enormes nalgas. Para este momento mi erección era evidente por debajo de mi pantalón y Mónica me lo quita junto con el bóxer que develó mi verga parada, lo que le hizo decir “Qué pinga tan más rica tienes”. Le quité el calzón suavemente y pude contemplar ese coño lampiño que desprendía un olor a flores que me hizo agua a la boca. Terminamos de quitarnos la ropa y nos pasamos a la cama y Mónica puso esos suaves y carnosos labios alrededor de mi verga dura mientras yo tomaba un mechón de su pelo rizado en mi puño, ella me hizo una felación con una maestría impresionante; la mamaba delicadamente, sus grandes labios subían y bajaban con parsimonia por el tronco de mi verga hasta la cabeza; se notaba que disfrutaba mamarla con calma mientras yo sentía que me iba a correr en su boca en ese momento. Así que le pedí que se acostara para lamerle ese coño con olor a rosas que me estaba volviendo loco por probar. Le daba lengüetadas sobre todo el coño y succionaba suavemente su clítoris. Desde mi perspectiva veía cómo arqueaba su espalda y escuchaba cómo gemía suavemente. Me excitaba ver que ella también lo estaba disfrutando.

    Mónica me preguntó si tenía condones, pero yo no tenía ninguno, y ella me dice que me viniera afuera de ella. Mi verga ya estaba latiendo de placer de anticipar estar adentro de mi hermosa maestra de baile.

    La recosté en la cama boca arriba mientras le chupaba las tetas, le separé las piernas y me deslicé dentro de ella y suspiró suavemente a mi oído “Sí, papi” y con eso yo me sentía completamente desarmado ante semejante mujer. Tenía un coño suave y caliente, y empecé a moverme despacio progresando hasta darle más rápido. Mónica tomó mis nalgas y me empujaba hacia ella pidiendo la embistiera duro. Podía sentir mis huevos rebotando en su culo su culo y cada vez que me empujaba hacia ella.

    Paré y le dije que se pusiera en cuatro, a lo cual ella obedeció al instante. Se volteó y arqueó la espalda con ese culo duro apuntando hacia mí. La metí y mientras la agarraba de las caderas para traerla hacia mí. Era delicioso ver cómo mi verga desaparecía en ese culo grande mientras ella se movía de adelante hacía atrás con un ritmo constante que hacía que sus nalgas rebotaran de una forma gloriosa al topar con mi pelvis.

    Luego de un par de minutos de metesaca, me dice que si se podía montar sobre mí y yo me salí de ella y me acosté para dejarla que cabalgara.

    Se puso arriba de mí y comenzó a bajar suavemente sobre mi verga, podía sentir cómo su coño se deslizaba con calma desde la cabeza hasta la base, así que la dejé hacer lo suyo y que se cogiera solita mientas yo le agarraba las nalgas grandes que no podía ni siquiera abarcar completamente con mis manos estiradas.

    Se movía con una candela impresionante, podía sentir su coño hirviendo bailando sobre mi verga más tiesa que un palo. Sus fluidos vaginales calientes se me escurrían por los huevos y yo estaba completamente extasiado de ver a semejante diosa cubana montada sobre mí. Me preguntó si me gustaba así o más rápido y yo decidí poner esa batidora en modo turbo para ver el funcionamiento al máximo de esa máquina de baile sensual y Mónica empezó a moverse cómo si no existiera el mañana, era cómo si sus caderas tuvieran autonomía del resto de su cuerpo y rotaban a toda velocidad sobre el eje de mi verga. El fin estaba cerca y por la progresión de sus gemidos podía notar que ella estaba a punto de correrse también, no pasó ni un minuto para que Mónica tuviera un orgasmo que le hizo temblar los muslos y reducir la velocidad de sus movimientos, sin embargo no paró ahí, y siguió moviéndose arriba de mí hasta que sentí que estaba listo para correrme y aventar el chorro de placer afuera de ella, le dije que ya me iba a venir, ella se salió y me dijo: “Dámela”. Me quedé acostado mientras ella me masturbaba y me lamía los huevos con dedicación mientras yo estaba completamente indefenso ante sus manos.

    La gran corrida llegó, los chorros de semen cayeron sobre mi torso, y mientras yo seguía con mis espasmos del orgasmo, Mónica se apresuró a lamer el semen sobre mí, como si quisiera tragarse cada gota de mi líquido de amor mientras estuviera caliente. Al terminar de lamer todo el esperma, me dijo: “Qué rica leche… sabe dulce”.

    Nos quedamos acostados acariciándonoslas un rato hasta que Mónica me dijo que se tenía que ir. Nos despedimos, y minutos después de que se fue me llega un mensaje de ella que dice: “Me encantó, espero verte el lunes en clase.”

  • Fin de semana en casa de mi tía

    Fin de semana en casa de mi tía

    Aquella tarde de verano fui a pasar unos días a casa de mi tía Claudia, mis padres decidieron visitarla, ya que el esposo de esta había tenido un accidente automovilístico y tenía dos meses internado en el hospital, muchas fracturas y golpes por todos lados, nada grave pero si de mucho cuidado, cuenta mi madre que ella tenía muchos problemas con su pareja y siempre tenían riñas, que incluso estaban en proceso de separación.

    Mi tía Claudia la había llamado muy angustiada por todo lo ocurrido y pues que en esa situación en la que se encontraba su expareja no pensaba abandonarlo a su suerte, que las cosas ya estaban habladas y que incluso ya no estaban viviendo juntos, pero pues paso lo del accidente y debía apoyarlo, que era lo menos que podía hacer.

    Lo cierto es que yo prefería quedarme en su casa, ya que salían los tres para el hospital y esas cosas me aburrían mucho, caminar para arriba, ahora para abajo, papeles por el tema de la separación y esas cosas, no me la pasaba bien, yo prefería estar en casa y por las tardes salir a pasear por la playa, ya que estábamos cerca y en bicicleta llegaba más rápido. El fin de semana decidimos ir a la playa los 4 a relajarnos un poco y ya que el día lunes retornábamos a la ciudad pues era una buena excusa para salir y pasarla bien, así Claudia se despejaba un poco.

    Sinceramente hasta ese día no me había fijado mucho en mi tía, al llegar a la playa y pues luego de ubicarnos y sacar las bebidas del cooler, pude ver el cuerpo de Claudia, llevaba puesta una ropa de baño de dos piezas, me fije mucho en sus nalgas, la prenda que cubría su redondo culo le quedaba excelente, le tapaba muy bien la raya del culo, pero a la vez dejaba ver unas hermosas nalgas, pude notar hasta los lunares que tiene en la nalga derecha, fue una vista algo excitante ya que después de haberse retirado el short, la camiseta y quedar en ropa de baño, se agacho a recoger del suelo las monedas que se le habían caído y me dejo a escasos 30 cm de mi cara su hermoso culo, me quede alucinado y a la vez un poco avergonzado ya que podría pensar que estaba ahí a propósito, pero claro nadie se dio cuenta, ella se giró a mirarme y sonreír, me imagino que estarás cansado de ver tantos culos cada vez que vienes a la playa -me dijo.

    Me quede muy excitado, pase el resto de la tarde en el agua fría para bajarme la calentura que tenía encima, volvimos a casa sobre las 19 horas, mis padres se fueron a su habitación, me imagino yo a hacer sus cosas, bañarse y eso. Yo opte por salir a caminar un poco y conocer alguna chica que pudiera bajarme esta calentura que traía. Al volver a casa ya sobre las 20 horas, pues note silencioso el ambiente, me imagine estarían cansados ya que el día para todos había empezado muy pronto, 5 am y de ahí no habíamos parado.

    La sala-comedor estaba vacía, la cocina de la misma manera, creo que ni habían cenado, la habitación de mis padres estaba cerrada y al dirigirme hacia el baño, pase por la habitación de Claudia, la puerta de su habitación estaba entre abierta, ella estaba tumbada sobre su cama boca abajo, llevaba puesto el short, solo tenía cubierta la espalda con una manta y las nalgas y piernas las tenía al aire libre, observar ese culito redondo, tratar de ver entre sus piernas, pero me pareció muy arriesgado y tire para el baño, yo tenía ganas de ducharme y dormir fresco, ya que tenía la arena de la playa en todo el cuerpo.

    Vaya sorpresa la mía, que al meterme a la ducha y cerrar la puerta de la mampara, miro sobre la llave que abre el agua, miro unas bragas negras, estaban ahí, aun un poco húmedas, no mojadas, se notaba que tenía unas horas en el baño, eran de alguien, pero de quien, solo habían dos personas a la cual podría pertenecer esa prenda. Yo estaba en pelotas ya, mi excitación fue instantánea, mi verga cogió un tamaño, mi cabeza empezó a dar vueltas y tratar de pensar de quien podría ser esa prenda, estaba muy excitado, la tome con ambas manos, la coloque a un lado y me duche, al salir del baño mi madre se despertó y me la cruce en el pasillo, oiga madre, no deje sus bragas en el baño le dije, ¿estás loco? no son mías -me dijo.

    Por la mañana me desperté sobre las 9 am, vi en whatsapp que mis padres habían salido muy temprano a pasear, se habían alquilado un tour por la ciudad y ya que al día siguiente volvíamos a nuestra casa, que tenían ganas de conocer un poco el pueblo y pasarla en pareja, joder madre y donde me dejan a mí, que también me hubiera hecho ilusión conocer, díganme dónde están y voy, les dije, como no sabíamos si querías ir o no, pues no te avisamos, -me dijeron- Vaya sorpresa para mí, ah y tu tía Claudia volverá para el almuerzo, hemos quedado en salir para almorzar fuera y pasarla juntos como despedida, que ella nos invita, que estaba muy agradecida por la compañía de estos últimos días. Recoge tu ropa del cuarto de lavado, ya debe estar seca y anda empacando, que te conozco.

    Pues nada solo, lo primero que pensé, si, en la braguita negra que estaba en la ducha, ya no estaba, ahora ya sabía de quien era pero pues demasiado tarde. Curiosamente entre a la habitación de mi tía Claudia, la verdad lo pensé mucho, pero ya tenía una excitación en el cuerpo que por mirar un poquito creo yo que no pasaría nada, me adentre en terrenos peligrosos y el temor me pudo más, salí en seguida de ahí, me dirijo a la cocina para desayunar algo y esperar hasta el almuerzo.

    Me asome al cuarto de lavado para recoger mi ropa y ya ir empacando, mi ropa estaba efectivamente, pero ya estaba doblada, alguien las había bajado de las cuerdas y colocado las suyas, pensé habrá sido mi madre, no, había una cuerda que empezaba con la ropa de baño de mi tía, la que uso el día anterior en la playa y seguida de prendas íntimas, braguita roja, de colores, fucsia y la que más llamó mi atención fue una negra con bordes azules y un pequeño listón color negro en el frente. Mientras recogía mi ropa observaba aquellas prendas y otra vez la excitación y la erección en mi verga que se salía de mi pijama. Que rato que llevaba ahí de pie sin poder hacer nada, eso pensé, pero sacando cálculos no llegaba nadie hasta el almuerzo.

    Pues pensé en hacerme una pajilla viendo una peli porno y con las braguitas de Claudia, las baje del tendedero y me dirigí a mi habitación, tome el portátil y me conecte a internet, busque una peli porno y a pasarla bien, tenía las braguitas de Claudia en mi mano y un extraño escalofrío recorría mi cuerpo, me sentía algo excitado por la situación, pero era tan sexi la braguita de Claudia y que bien olía, que delicada se veía aquella prenda, pensar que después de ducharse, toma su toalla y se va secando el cuerpo, las tetas, la pancita, las piernas, el culito y metiendo aquella toalla entres sus piernas para secar su coñito, me estaba erectando a lo bestia, pensar en cómo subía su braguita por entre sus piernas hasta cubrir todo su coñito depilado, en realidad no lo sabía, pero aquellas imágenes se me venían a la mente y me excitaba mucho, tome en una mano mi verga y en la otra mano tome la braguita de Claudia, que bien la estaba pasando y que bien se sentía esa braguita sobre mi verga.

    Miro hacia la puerta de mi habitación y veo que Claudia me estaba observando, maldición pensé, no lo podía creer, que vergüenza.

    Yo; te pido disculpas Claudia, no debí hacer esto lo sé.

    Claudia; pero cariño, que estás haciendo

    Yo; ohh lo lamento tanto, por favor no digas nada de esto

    Claudia; me causa sorpresa que tengas una braga en tus manos y más aún que estés masturbándote con ella. Eso te excita, te excita las braguitas.

    Yo; aquella tarde en la playa que me pusiste el culo en la cara, me excito mucho y no he dejado de pensar en eso hasta ahora.

    Claudia; oh si, la verdad fue muy raro, pero quería mirar tu reacción, te vi una gran erección toda la tarde, me sentí muy deseada aquella tarde, me puse como una moto, aunque esto esté mal decirlo.

    Yo; no lo creo de verdad, eres una mujer muy hermosa y con un súper cuerpo.

    Se acercó hasta la cama donde yo estaba tumbado y tomo las bragas que yo sujetaba, todo esto es muy raro me dice y aunque estos días han sido muy difíciles para mí, yo agradezco mucho la compañía de ustedes, pero eres mi sobrino y por supuesto que me halaga sentirme deseada por un jovencito de tu edad, pero sabes que esto está prohibido, yo disimuladamente intentaba esconder mi verga dentro de los pantalones que llevaba puesto, pero era muy difícil, ella continuo diciendo que a pesar de todo, si otras hubieran sido las circunstancias a lo mejor, a lo mejor, lo hubiera pensado.

    Se retiró llevándose las bragas, yo me quede un poco confundido por las palabras que había dicho y exactamente no sabía que quería decir con, A LO MEJOR, minutos después y como Claudia había llegado mucho antes de la hora de almuerzo, se acercó a mi habitación y sin mediar palabra alguna se abalanzo sobre mí, me beso en la boca de una manera tan apasionada, con tanta fuerza, con tantas ganas de sentirse deseada, querida. Su lengua no dejaba de buscar la mía y moverse dentro de mi boca, yo la abrazaba con fuerzas y mis manos se posaron sobre sus nalgas hermosas y redondas, recuerdo que me tumbe sobre la cama y ella estaba sobre mí, devorando mi boca, no me lo podía creer y los besos y caricias fueron en más intensidad, yo tenía nuevamente la verga fuera de los pantalones y Claudia meneaba su vagina por encima de mi paquete, la meneaba de arriba abajo, yo jugaba con sus pechos que me quedaban justo a medida para poder besar, morder y meter mano, que momento más caliente, tenía la verga a mas no poder y totalmente erecta, no sé si podría crecer más.

    Me palpitaba tanto que pensaba que iba a explotar ahí mismo, le baje el pijama que traía puesto ya que me estaba rozando mucho la verga, no puso peros a la hora de bajárselos, quedo en bragas y no quise decir nada más, intente acomodar mi paquete hacia su coñito, y como tenía mis dos manos en sus tetas, mi pene solo se estrellaba contra sus bragas, vamos que podía sentir la humedad de su coño, la excitación de su ser por querer ser penetrada, los gemidos que pedían la atorase en aquel momento, solo ella sabe el tiempo que tenía sin ser penetrada, follada, deseada y poseída, tomo mi verga y con un movimiento de braga dejo que mis buenos centímetros la penetrasen, que serenidad al sentir que ya estaba dentro de ella, se acomodó a mí y sentí como se lo introducía todo, como retiraba su braga para que no robase ni un milímetro de placer entre nosotros, vaya placer que teníamos, se sentó del todo sobre mi y llevo sus dos manos a su cabeza, se jalaba los pelos y no dejaba de respirar entrecortado, como si le faltase el aire, solo gemía y me miraba a los ojos y me pedía más ritmo, la sujete de las nalgas y la movía de atrás para adelante, era excitante estar debajo de ella y ver como sus grandes pechos rebotaban entre sí, ella gemía y me pedía que no terminase aun, no pares me decía en cada embestida que le daba, no termines aun, no te corras, espérame, no sabes el tiempo que llevo sin follar y ohhh, ahhh, uhmmm que rico, que placer más grande, como me inundas el coño de placer, que delicioso, yo aguantaba la respiración, intentaba no pensar en la situación y poder sacar un notable con Claudia.

    Le pedí que se pusiera a 4 patas, quería disfrutar de ese tremendo culo, darle de nalgadas y marcar con mis manos aquel culote, no puso ninguna objeción y cual chica obediente se colocó, solo retire un poco la braguita y poder enterrar nuevamente mi pene dentro de ella, como se arqueaba cada vez que la embestía, como respiraba en cada embestida, como apretaba las sabanas cada vez le daba una cachetada en la nalga, no dejaba de pedirme que no parase, que no me corriese pronto, yo disfrutaba viendo como se lo enterraba una y otra vez, que delicia estar dentro y tenerla bien sujeta de las nalgas.

    Le acariciaba el culo y le decía que me gustaba mucho estar así, que bien follaba y que era mejor que alguna chica con las que he follado, ella gemía y gritaba sin parar, por un momento se quedó sin decir nada y unas fuertes convulsiones sacudieron mi verga, dejo caer su cabeza sobre la almohada, no hizo ningún movimiento y su respiración cayo entrecortada, solo sentí un pequeño respiro, un leve movimiento de su espalda, se escuchó un, que delicioso, me acosté a su lado y solo podía besar su espalda, una mano mía estaba en su culo y la otra acariciando sus pechos, que momento.

    Me pregunto, por qué me estaba masturbando con esa braguita, que de donde la había sacado, le dije que del cuarto de lavado, que estaba sobre las cuerdas y me gustó mucho.

  • Escapada a la montaña con mi madre (VIII)

    Escapada a la montaña con mi madre (VIII)

    El resto de la noche fue un infierno de incertidumbre en el que no paré de dar vueltas pensando qué había hecho a mi madre cortar de raíz el increíble momento que estábamos viviendo. A la mañana siguiente me levanté bastante pronto, a eso de las 8, ya que si yo no podía dormir supuse que mi madre tampoco, por lo que podría hablar con ella y saber qué había sucedido horas antes. Así que así hice, me levanté y fui directo su habitación. Entré despacio sin hacer mucho ruido por si aún seguía dormida, pero no la encontré ahí, por lo que supuse que estaría abajo desayunando. Baje las escaleras y pude verla en la terraza tomando una infusión, lo cual no me decía nada bueno, ya que mi madre sólo suele tomar esas cosas cuando anda nerviosa o disgustada por algo. En ese momento se me vino a la cabeza algo como la muerte de algún familiar o algo por el estilo, ya que de hecho mi abuela llevaba un tiempo algo delicada, por lo que decidí salir junto a ella y preguntárselo directamente.

    -Hola mamá buenos días -dije dándole un beso en la mejilla-.

    -Ay hola cielo no te había visto -sin duda no sonaba en su clásico tono animado, además por su cara se notaba que no había dormido apenas-.

    -¿Estás bien mamá? Tienes cara de haber dormido mal. ¿Ha pasado algo?

    -No cielo no te preocupes, todo bien -decía ella en un tono que más que tranquilizador sonaba a intentar esquivar el tema-.

    -Oye y lo de ayer…

    -Hijo mejor no hablemos de lo de ayer -me interrumpió ella rápido-. No pasa nada de verdad.

    -¿Cómo que no pasa nada? Mamá mira que cara tienes por dios. Vamos habla conmigo. ¿Quién te llamo ayer?

    -Hijo de verdad qu…

    -Mamá -dije yo en un tono serio cogiéndola de la mano, lo cual hizo que por fin me mirara a los ojos con cara de empezar a hablar-.

    -Tu padre hijo, ayer me llamó tu padre.

    -¿Papá? ¿Está bien?

    -Sí él está bien, solo me dijo que al final no llegaría el martes, de hecho que no podría venir en toda la semana.

    -Joder mamá pensaba que le había pasado algo. Pero bueno no es la primera vez que por trabajo hace algo así ya sabes como es. Pero entonces, ¿por qué estás así?

    -¿Que por qué estoy así? ¿Hace falta que te lo explique? -Dijo sin levantar la voz pero en un tono algo más mosqueado-

    -Mamá no será por lo de anoche, ¿verdad?

    -¿Lo de anoche? Cariño, le cogí el teléfono a mi marido mientras aún tenía la polla de mi hijo en mi coño. ¿Te parece ese buen motivo para sentirme mal?

    -Perdona mamá tienes razón, es culpa mía…

    -No cielo por dios nada de lo que ha pasado es culpa tuya, en todo caso la culpa es mía, por no comportarme como una buena madre.

    -Bueno me has cuidado bastante estos días jaja -dije dándole un codazo para intentar destensar la situación-.

    -Cielo esto ya es serio. Hace unos días todavía me hacía gracia bromear con el tema, pero ahora se ha vuelto algo tan real que da miedo.

    -Mamá entiendo como te sientes, pero debes saber que no me arrepiento de nada. No hemos hecho nada por obligación o con lo que nos hayamos sentido mal.

    -Ese precisamente es el problema, que no me he sentido mal en ningún momento, no me he parado a pensar en las barbaridades que estábamos haciendo. Nunca le he sido infiel a tu padre en más de treinta años de matrimonio y ahora me da por traicionarle con nuestro propio hijo…

    -Mira mamá no quiero sonar injusto con papá, pero esta situación no se ha dado por casualidad. Tu llevas muchos años reprimida sexualmente, y en algún punto tenías que explotar. O me vas a decir que nunca has querido tener un amante.

    -Cielo eso no nos justifica y lo sabes. No te voy a negar que alguna vez he fantaseado con alguien que no fuera tu padre, pero cuando quieres una persona solo tienes ojos para ella. Además, tu padre me complacía lo justo y necesario.

    -Mamá pero si nunca te había comido el coño por favor no digas tonterías.

    -Ay cariño por dios no hables así.

    -¿Ves? Ese es precisamente uno de los problemas.

    -¿Uno de los problemas?

    -Mamá tú siempre estás con el rollo este de que estás mayor, dices que estás cosas no son para ti y eres muy pudorosa hablando de todo lo relacionado. Eso sumado a que no satisfaces tus necesidades pues ha dado lugar a esto.

    -Puedo reconocer que igual soy demasiado cortada en muchos temas, pero he sabido satisfacerme como para llevar una vida alejada de las tentaciones. De hecho te mentí, ese dildo no era el primer juguete que probaba, en casa ya tengo alguno desde hace unos años.

    -Mamá pero no se trata de caer en tentaciones como tú dices. Si lo único que necesitases fueran un par de orgasmos esos juguetes ya te habrían cubierto las necesidades. Y en todo caso si de verdad tuvieras mucho deseo sexual sin atención, te hubieras buscado un amante hace tiempo, pero no lo has hecho porque amas a tu marido, al igual que yo amo a mi padre.

    -Y entonces como explicas lo que hemos hecho.

    -Lo nuestro no es simplemente sexo y lo sabes mamá. Nosotros nos queremos, pero no como se quieren en cualquier familia, nosotros hemos llegado al siguiente nivel.

    -¿Cómo puedes llamar siguiente nivel a algo así? El amor entre madre e hijo es lo más puro que hay, y nosotros no hemos hecho más que destrozarlo.

    -Pues yo no creo que sea así. En muchas civilizaciones antiguas se veía como lo más normal del mundo, de hecho muchos escritos y filósofos mantienen que entre una madre y un hijo hay algo más que simple amor familiar, hay una conexión que va más allá.

    -Cielo pero hemos avanzado como sociedad y ahora sabemos diferenciar qué está bien de qué está mal. Precisamente porque hemos dejado de ser salvajes se han dejado de hacer ese tipo de cosas.

    -Mira mamá sólo quiero que me respondas una cosa. Entiendo que lo que empezamos a hacer hace unos días lo puedas ver como un juego sexual depravado al tratarse de madre e hijo, entiendo que te chocara. Pero ayer todo cambió en el momento en que mi pene entró en…

    -Hijo por favor no hablemos de eso.

    -Mamá, anoche, cuando mi pene entró en tu vagina, sentí que nuestros cuerpos encajaban a la perfección. Cada uno rellenaba los huecos del otro, como dos piezas de un puzzle nunca antes completado, algo que no me había pasado con ninguna chica en toda mi vida. Y sé que tú también sentiste eso.

    -Hombre mentiría si te dijera que no me gustó o que no se sentía bien pero…

    -Mamá no estoy hablando del placer que te pueda dar un vibrador o incluso otro hombre, te estoy hablando de una sensación única -ella se quedó mirándome a los ojos con la cara toda sonrojada para seguidamente, asentir tímidamente con la cabeza-.

    -Pero hijo qué vamos a hacer. ¿Pretendes que sigamos con esto como si nada?

    -No mamá, quiero empezar de nuevo. Ayer me dijiste que había muchas cosas que nunca habías hecho, así que dejémonos llevar y empecemos a explorar. Ahora que hemos hablado las cosas podemos comunicarnos, despojarnos de tabúes e ir lento, como deberíamos haber hecho desde el principio.

    -Cielo pero tu padre…

    -Mamá, ¿tú amas a papá?

    -Pues claro que lo amo.

    -Entonces es sencillo. Tomémonos esta semana que queda como un reinicio de vida, como un retiro espiritual. Papá nunca se enterara de nada y a ti te servirá para volver con las pilas cargadas.

    -Esto que voy a decir es una locura pero, creo que tienes razón. Eso sí, debemos establecer unas normas. La más importante la digo yo ya, y es que cuando volvamos a casa haremos como si nada de esto hubiera pasado, volveremos a tener una relación corriente madre e hijo.

    -No sabes lo que me va a costar eso, pero todo sea por disfrutar sanamente de los que nos queda de vacaciones -dije yo haciendo gesto de brindar con una taza imaginaria, a lo que mi madre respondió un una tímida risa haciendo lo mismo con su taza de infusión-.

    Tras esto la mañana transcurrió sin mayor interés, cada uno hizo un poco lo que le apeteció, leer tomar el sol, etc. Y ya sé lo que todos estaréis pensando, que después de esa conversación cómo no me lancé sobre ella a hacerle de todo. Pues la verdad es que, aunque no me creáis, yo no quería. Así es, no quería que el resto de vacaciones con mi madre en convirtiera en puro desenfreno, todo el día haciéndolo sin control. A ver que no se me malinterprete, obviamente eso hubiera sido un sueño, pero también quería disfrutar de otras cosas junto a ella. Habíamos dado un paso en nuestra relación, ya no había prisa, ya no tenía que inventarme tácticas para conseguir llevarme a mi madre a la cama, por lo que preferí relajarme y dejar que las oportunidades se fueran presentando. Además sabía que si le dejaba espacio ella estaría mucho más relajada y su deseo sexual iría creciendo, ¿o nunca habéis oído eso de crear tensión sexual?

    A eso de las dos de la tarde hicimos algo sencillo de almuerzo y comimos en la cocina para no manchar mucho mientras charlábamos. Más tarde decidimos salir a tomar el sol y a bañarnos. Yo no tenía pensado bañarme, así que salí directamente al jardín con mis shorts y sin camiseta, echándome algo de crema y tumbándome sobre el césped. Mi madre por su parte subió a ponerse el bañador, por lo que tardó unos minutos más. Cuando por fin salió al jardín estaba preciosa, de nuevo deslumbrándome con otro nuevo bikini el cual nunca antes le había visto. En la parte de arriba llevaba un sostén bastante normalito de color blanco, el cual no era excesivamente pequeño, pero que para nada conseguía abarcar sus gloriosas y enormes tetas. La parte de abajo sí que era algo más atrevida, un tanga de hilo que dejaba bien al aire su gordo pero firme culo. Esto me hizo pararme unos segundos a apreciar esa masa de carne, ya que yo siempre he sido más de tetas que de culos, y nunca me había fijado del todo bien en el tremendo culazo que tenía mi madre. No sería realista decir que era igual que por ejemplo el de Kim Kardashian, pero sí que puedo decir que era una versión al natural, con alguna imperfección pero manteniendo la esencia.

    Yo le pregunté si quería que le echara crema, pero ella me respondió que no, que primero se daría un baño para refrescarse. La verdad es que me apetecía echarle crema solo por el hecho de tocar de nuevo ese cuerpazo, pero en cuanto la vi sumergirse en el agua me quedé embobado mirándola. No os podéis hacer una idea de lo guapa que estaba. Su pelo mojado al sol, sus mejillas sonrojadas por la temperatura… Pero lo mejor claro, sus pezones bien marcados, los cuales podía ver a través de la mojada tela del bikini que, al ser blanca, transparentaba perfectamente.

    -Vamos cielo metete un rato, que el agua está buenísima -decía ella apoyada en el borde de la piscina-

    -Igual más tarde mamá, que ahora no me he bajado el bañador. Además sabes que yo no soy mucho de bañarme.

    -Vaa no seas tonto hombre, que desde que hemos llegado no has metido ni un pie en el agua. No todos los días tiene uno una piscina privada a pie de casa, hay que aprovechar.

    -Pero es que me da pereza subir a por el bañador. Luego si eso cuando salgas te echo crema y subo a cambiarme.

    -Pero para qué quieres ir a por el bañador si aquí no hay nadie, métete en bolas hijo por dios jajaja.

    -Anda mira quien habla. ¿Entonces qué haces tú en bikini si tampoco importa eh?

    -Oye pues también tienes razón, mira yo que problema tengo.

    Tras esto se quitó tanto el sostén como el tanga y los tiró hacia su tumbona, haciendo que una vez más mi pene diera un salto de la impresión. Por desgracia como estaba pegada al borde no pude verle ni un triste pezón, por lo que ya tenía un motivo para meterme en el agua de cabeza. Y así lo hice, nos intercambiamos un par de bromas y de vaciles mientras me quitaba el pantalón, dejando al aire mi polla la cual no estaba empalmada, pero sí algo más dura que en reposo. Una vez dentro hicimos lo típico, nadar, jugar a salpicarnos y esas cosas, pero poco a poco fuimos acercándonos más, comenzando a rozarnos de forma inocente, pero con el factor de que los dos estábamos desnudos claro. Tras un rato así yo comencé a irme hacia la zona profunda, zona que no cubría mucho ya que yo conseguía hacer pie, pero mi madre ni de puntillas llegaba.

    -Venga mami vamos un rato para aquí.

    -Hijo sabes que no me gusta no hacer pie, vente para aquí mejor anda.

    -Ven no seas tonta que te cojo la mano -dije tendiéndole el brazo, a lo que ella respondió agarrándose y nadando junto a mi-. Bueno mamá yo creo que es hora de que superes tus miedos eh.

    -Ni se te ocurra soltarme eh.

    -¿Oye no habíamos dicho que esta semana iba a servir para probar cosas nuevas? Mira pues esta es una de ellas -dije mientras la soltaba y me alejaba lentamente-.

    A esto ella no tardó ni un segundo en reaccionar y se abalanzó sobre mí, rodeándome con los brazos el cuello y pegando por completo su cuerpo contra el mío, por lo que pude notar como sus gordas tetas se aplastaban contra mi pecho. En ese momento nos miramos a los ojos y ambos sabíamos lo que venía. Efectivamente yo di el primer paso y me abalancé sobre ella plantándole un cálido y húmedo beso. No hacía ni medio día que no sentía la lengua de mi madre, pero ese beso se sintió como el de dos enamorados que se reencuentran después de años sin verse. Duramos así varios minutos, dando rienda suelta a un deseo que seguramente ambos nos habríamos estado aguantando durante todo el día. Yo le agarraba el culo y le acariciaba la espalda bajo el agua mientras ella con sus finas manos me agarraba del cuello y me envolvía la cintura con sus piernas. Tras un rato de caricias y con nuestras lenguas danzando, saboreando bien la saliva el uno del otro, mi polla comenzó a estar en ese estado de súper erección, algo que sólo me pasaba con mi ella. Debido a esto mi pene se posicionó en la entrada de su vagina, comenzando a abrir hueco entre sus labios superiores.

    -Mmm… -suspiraba ella echando la cabeza hacia atrás-.

    -Dios mamá… Hasta debajo del agua siento lo caliente que lo tienes…

    -Es que tú me pones así amor… Dios no sé qué hacer para controlarme… Ufff…

    -Pues entonces no te controles -dije empujando muy suavemente, introduciendo apenas un centímetro de mi glande-.

    -Ahh… Espera… Quiero hacer una cosa antes…

    -Mmm… ¿Si? ¿Y qué quieres hacer?

    -Quiero… quiero chupártela hijo… -me dijo susurrando al oído para después darme un suave mordisco en la oreja-

    Yo me moría de ganas por follármela ahí mismo, pero me era imposible decir que no a una de las mamadas de mi madre, y más aún cuando era ella misma la que me lo pedía. Así que no esperé ni un segundo y salimos del agua para ponernos más cómodos. Yo me senté en una de las tumbonas con las piernas abiertas, dejando a su disposición mi húmedo y duro miembro. Ella por su parte se arrodilló frente a mi y, tras darme un último beso con bien de lengua, procedió a meterse toda mi polla en la boca hasta la garganta y sin previo aviso. Esto me sorprendió e hizo que me recorriera un escalofrío de placer por todo el cuerpo.

    -Aaaghhh joder mamá si que tenías ganas de tragártela… Ufff…

    -Gggaahhh -ella hacía lo imposible por mamar mientras de vez en cuando se la sacaba de la boca para pajearme con su propia saliva- Dios hijo es que la tienes tan rica… Ayer de noche probé hasta a meterme mi polla de goma en la boca, pero necesitaba tragarme la tuya amor… -dijo para seguir chupando-

    -Pues chupa… Aaghhh sí dios chupa todo lo que quieras preciosa…

    -Mmm… ¿Y tú qué cielo? ¿No tienes ganas de chuparle algo a mami? -dijo ella poniendo morritos con esa voz de niña que a mí tan cachondo me ponía-

    -Pensé que nunca me lo pedirías… Ven aquí amor que te lo voy a comer bien comido.

    Tras esto ella se puso de pie para después sentarse en mi cara en posición de 69, de forma que pudiera seguir con su mamada. Yo por mi parte tampoco tardé en ponerme manos a la obra. Conforme su culo se acercaba a mi cara pude sentir el calor que emanaba del coño de mi madre. Estaba tan apetecible como de costumbre, gordo e hinchado y con ese precioso color rosadito que se le ponía cuando estaba cachonda a más no poder. Ahí fue y empecé a chupar su pequeño clítoris con todas mis ganas, a lo que ella contestó comenzando a gemir y frotándose contra mi cara mientras tragaba polla con más y más energía. En ese momento se me ocurrió algo que sabía que la excitaría, algo que seguramente nunca le hubieran hecho. Me chupé un par de dedos y con bastante saliva comencé a frotárselos por la zona exterior de ano introduciendo muy suavemente la falange del dedo índice, todo esto mientras continuaba con mis lamidas. Esto hizo que de primeras pegara un leve salto de la impresión, soltando incluso brevemente mi polla. Pero no pasaron ni dos segundos cuando retomó su mamada y comenzó de nuevo a disfrutar, esta vez incluso apretando más su coño contra mi boca.

    Tras unos buenos minutos de los dos disfrutando tanto lamiendo como siendo lamidos, acabamos explotando en un orgasmo casi compenetrado a la perfección. Yo comencé a eyacular primero, a lo que ella respondió metiéndose mi polla en la boca para poder tragar tanta lefa como fuera posible. Apenas un par de segundos después y conmigo todavía expulsando semen, ella comenzó a correrse también gimiendo tanto como podía, ya que todavía tenía la boca ocupada. Con un dedo casi entero metido en su culo y su hijo con la boca abierta lamiendo todo su coño, de su interior comenzaron a brotar a toda potencia chorros y chorros de corrida los cuales me supieron a elixir divino.

    Mantuvimos la posición unos minutos para terminar de saborear los fluidos el uno de otro. De hecho mi madre le puso tanto empeño que mi polla no dejó de estar empalmada en ningún momento pese a haberme corrido, algo que no me había pasado casi nunca. Finalmente nos desenganchamos y ella se acostó encima de mí con las piernas abiertas, restregando su todavía palpitante coño contra mi abdomen mientras nos besábamos como dos buenos amantes que, al fin y al cabo, era en lo que nos habíamos convertido.

    -Dios hijo… No sabes lo mucho que me gusta eso que me haces ahí abajo…

    -¿El qué? ¿Qué te coma el coñito? -le dije susurrando cerca de su boca para seguido darle un seco beso con lengua-

    -Mmm… Sí… Me encanta como me comes el coñito… Pero más me encanta meterme tu polla en la boca -esta vez fue ella la que me susurraba para coronar su frase con otro corto morreo-

    -Mami pues ya sabes que yo te doy polla todo lo que quieras, ya te he dicho que en estas vacaciones solo estamos tú y yo.

    -Ya lo sé cariño. Ahora ya me da igual todo, pienso disfrutar todo lo que pueda.

    -Di que si mamá. Ya verás, voy a hacer que te corras tanto que vas a quedar seca…

    -Ufff… -se mordía el labio mientras intercalaba miradas entre mis ojos y mi boca- Pues como siga echando esos chorros que me haces echar sí que me voy a deshidratar sí…

    -Bueno tu tranquila que yo ya te doy de beber lechita cariño.

    -Mmm sí cielo por favor, estos días sólo me voy a alimentar de tu rica polla…

    -Pues todavía sigue juguetona, tendremos que pasar al plato fuerte, ¿no?

    -Vaya… No me digas que el nene quiere follarse a su mami… -su voz comenzaba de nuevo a soñar juguetona-

    -¿Y la mami? ¿Mami no quiere que su hijito se la folle?

    -Si cariño… Mami quiere que la follen bien rico… -dijo para seguidamente darme un profundo morreo en el cual su lengua recorrió cada rincón de mi boca-.

    -Mmm… Oye mamá una pregunta…

    -Dime amor.

    -¿Alguna vez te han follado a cuatro?

    -Mmm… ¿En perrito dices? Te vas a reír de mí pero supongo que ya sabrás la respuesta…

    -Pues ven aquí cariño, que ya va siendo hora de que le claven una buena polla a esta mami tan cachonda…

    Tras unos leves morreos yo me levanté poniéndome detrás de ella, mientras ella se colocó sobre la tumbona a cuatro patas, dejando sus gordas tetas colgando y su culazo bien abierto a la altura de mi cara. Comencé metiendo la cabeza entre ese rosado majar, lamiendo bien su húmedo coño para dejarlo blandito y dispuesto a ser embestido. Debido a la buena acogida de antes también decidí abalanzarme a comerle el culo, ya que es algo que me gusta bastante y que sabía que a ella también le encantaría. Y así fue, comenzó a gemir de una manera ya menos tímida mientras con una de sus manos se frotaba el clítoris. Pude apreciar como su ano se ablandó con bastante facilidad, abriéndose incluso un poco, lo cual me dio ideas para más adelante. De momento no quería pasarme y me volví a centrar en su coño, el cual después de unos minutos estaba ya chorreante y listo para ser follado.

    De esta manera agarré mi polla, la cual no se había desinflado ni un poco desde mi primera corrida, y comencé a pasársela por toda la zona, rozando sus labios y su clítoris, haciendo que los dos nos derritiéramos del gusto. Tras esto decidí meterla poco a poco, llegando a estar aproximadamente la mitad dentro.

    -Aaaghhh… Dios amor que bien se siente tu polla entera dentro…

    -¿Entera? No está entera mami. Esto, es entera.

    Era normal que si mi madre nunca había hecho esa postura no fuera consciente de lo hondo que puede llegar una polla en esa posición. Por lo que reculé un poco y le ensarté esta vez hasta el fondo todo mi miembro, haciendo que ella soltara un grito propio de escena porno, comenzando así nuestra follada.

    -Aaaggghhh por dios cariño… Nunca había sentido algo tan profundo… Ufff…

    -¿Te gusta mami? ¿Te gusta que te follen bien hondo verdad?

    -Dios si me encanta…. Aaghhh no pares… No pares…

    -Sabía que te morías porque tu hijo te volviera a follar…

    -Sí cielo… llevo todo el día pensando en que me follaras… Mmm… ¿Tú también tenías ganas de volver a probar mi coño verdad?

    – Es lo que más quería preciosa… joder que bien se siente mamá…

    -¿si? ¿Te gusta cómo se siente mi conejito amor? Pues rómpeme lo bien… Aaahh rómpeme el coñito amor mío…

    -jo-der… ¿Quieres que te rompa el coño preciosa? Mmm pues vamos a romperle el coño a esta mami tan cerdita…

    En ese momento la agarré por los brazos, poniéndoselos a la espalda como si estuviera esposada. Comencé también a acelerar mis embestidas, haciendo que mis huevos chocaran contra su sensible clítoris mientras sus tetas botaban suspendidas en el aire totalmente descontroladas.

    -Aaahhh… Joder cariño pero qué me haces… Ufff me estás destrozando…

    -¿Querías que te rompieran el coño verdad? ¿O quieres que pare?

    -Nooo… no pares por dios… ¡No pares!…

    -Sí… Córrete mientras tu hijo la clava bien profundo… Aahhh…

    -Joder amor me estás matando… Creo… creo que no aguanto mucho más…

    -Aguanta un poco mami… aguanta y nos vamos a la vez cariño… Ufff…

    -Aaahh por favor haz que me corra hijo… Mmm… Haz que mami se corra mi amor…

    -Estoy a punto mamá… joder… ¿Quieres correrte mientras tu hijo te llena de lechita?

    -Asiii por favor… Ufff córrete dentro de mí y hazme acabar… Joder cógeme del cuello cariño… Mmmm… Quiero correrme mientras me agarras del cuello…

    Así lo hice, solté una de las manos con la que le iba amasando las tetas para agarrarla por el cuello y ahogarla muy suavemente. Con la otra mano seguí sujetándole los brazos, quedando totalmente inmovilizada ante las embestidas de su hijo mientras sus tetas botaban totalmente descontroladas chocando contra su cuerpo.

    -Aaahhh dios que rico nene… Me estás haciendo acabar amor… joder siii… sigue… ¡Sigue!

    -Vamos córrete preciosa… joder córrete con la polla de tu hijito…

    -Joder… Joder que me voy hijo… Aahhh joder que me voy…

    -Yo también mamá… mierda estoy a punto…. ¿Quiere mi cerdita leche? Uffff…

    -Siii… Relléname con tu lechita cariño… ¡Relléname como la putita que soy amor!

    -Ya estoy… Me voy… ¡Me voy joder me voy! ¡Aaahhh joder! ¡TOMA MI LEFADA AMOR!

    -Yo también me corro hijo… Mierda que rico… ¡Que rico! Me voy… ¡Me voy! ¡ME VOY, ME VOY, ME VOYY!

    De nuevo casi al mismo tiempo ambos estallamos en un orgasmo de película. Yo empecé a vaciar todo cuanto pude dentro de su coño sin parar en ningún momento los movimientos de penetración. Ella por su parte se corrió también recibiendo mis embestidas, por lo que nuestros fluidos comenzaron a salirse salpicando por todos lados como si se tratara de un aspersor. Después de habernos vaciado bien, ella cayó rendida sobre la tumbona con el culo todavía en pompa, dejando a mi vista su roja y goteante vagina bañada por completo en semen y corrida mientras sus piernas abiertas sufrían todavía leves espasmos. Yo también necesitaba un descanso, por lo que me tumbé a su lado mientras le acariciaba el pelo y la espalda.

    -Madre mía cariño… No me habían… No me habían follado así nunca… -se notaba que le costaba recobrar el aire.

    -Ha sido increíble mamá… -yo estaba también exhausto, sin palabras-

    -Al final ibas a tener razón en eso de que nuestros cuerpos encajan a la perfección…

    -Te lo dije jajaja.

    -Dios cuando me has agarrado del cuello… No sé ni cómo explicarlo con palabras hijo, creía que me iba a desmayar del gusto.

    -A mi también me ha encantado mamá. Y ver tus tetazas botando ya ni te imaginas.

    -No me digas esas cosas que me da vergüenza…

    -¿No será más bien que te ponen cachonda?

    -Mmm bueno… Jajaja.

    -Vaya vaya… Ya estás lista para que te de un segundo asalto o qué jajaja.

    -Anda y por qué tienes que ser tú el que me dé un segundo asalto si se puede saber.

    -Mamá, todavía te tiemblan las piernas.

    -Pues como para que no me tiemblen cabrón, con la follada que me has pegado.

    -Pues cuando quieras te vuelvo a meter una follada de esas mami jajaja.

    -No te preocupes no. Ahora voy a ser yo la que te folle bien follado.

    Tras esto me sorprendió levantándose y colocándose de piernas abiertas sobre mí. Empezamos a besarnos de una manera más tierna a lo habitual, de forma más lenta y parando para mirarnos a los ojos. Una vez mi polla se puso dura del todo, no tardó ni dos segundos y se la metió entera hasta el fondo, comenzando a cabalgarme con una técnica brutal. Sin duda mi madre habría hecho pocas cosas en la cama, pero las que sabía hacer las dominaba a la perfección. Sus tetas estaban a la altura de mi boca, por lo que no tardé en lanzarme a comérselas mientras ella tomaba el control. Estaban preciosas, con los pezones bien rosados por la excitación, algo lubricadas en una mezcla de agua, sudor y corrida, y con varias venas marcadas. Ahí estuve un buen rato, sometido a la cabalgada de mi progenitora mientras ella disfrutaba viéndome derretirme del gusto.

    -Aaghh joder mamá… Me estás reventando…

    -Pensabas que tú madre no podría follarte eh… Mmmm pues voy a hacer que te corras para mi cielo… Ahhh… -obviamente ella también estaba disfrutando, pero quiso jugar a dominarme, juego que yo acepté sin rechistar claro-.

    -Dios mamá no voy a aguantar mucho más…. mierda ya estoy a punto…

    -Sabía que podía hacerte acabar… vamos cariño… Córrete en mí…

    -No… Quiero correrme contigo…

    -Pues a mí todavía me queda… Mmmm… ¿Qué pasa? ¿Qué el nene no sabe cómo hacer que su madre se corra?

    Esto lo dijo entre risas y jadeos buscando provocarme, lo cual obviamente consiguió. Reprimí todas las ganas que tenía de explotar y decidí darle su merecido. En ese momento le agarré con mis brazos la cintura, flexioné mis rodillas y comencé a tomar el control de la situación, penetrándola con todas mis fuerzas. Esto hizo que su expresión cambiara drásticamente, comenzando ya a gemir en serio mientras sus tetas subían y bajaban debido a las embestidas, excepto cuando con seguía atrapar alguna con la boca y chuparte el pezón como quién come un helado, lo cual hacía que ella se derritiera de placer.

    -Cabrón pero qué me haces… Aaahhh…

    -¿No querías que te follara? Pues te vas a enterar…

    -Por favor para cielo… Para qué vas a hacer que me corra otra vez… Ufff…

    -Eso es lo que quiero cariño… Aahhhh vamos córrete para mí…

    -Cielo no puedo más… Para… Para por dios…

    -Mmm… No voy a parar hasta que te corras… Vamos cariño sé que quieres…

    -N… No… Aaahhhh… -en ese momento acelere aún más las embestidas mientras con las manos y la boca le pellizcaba y chupaba los pezones- Hijo me voy… me corro…

    -¿Te gusta verdad? Yo también estoy a punto…

    -Mierda me estoy corriendo otra vez… Que rico por favor…. Que rico… ¡QUE RICO, QUE RICO!

    -Me corro mamá… ¡joder me corro!

    -Noo espera correrte en mi boca amor… quiero que me des de tu lechita…

    Rápidamente y con mi semen ya expulsando algún chorro, cambiamos posiciones y hundí mi polla en la boca de mi madre, soltando tantos chorros como pude de espesa lefa inundando por completo su boca y empapándole tanto la cara como las tetas. Era increíble como aun siendo la tercera vez que me corría en tan poco tiempo todavía tenía reservas. Esto también pasó con mi madre, la cual en medio de la acrobacia para poder tragarse mi polla seguía eyaculando sin parar mientras con la mano se palmeaba su encharcado y palpitante coño.

    Tras esto ambos nos quedamos al sol charlando en las tumbonas, abrazados, con nuestros cuerpos llenos de saliva, corridas y sudor. Las caricias y los besos duraron bastante tiempo, al fin y al cabo no éramos mandriles salidos de deseo, también disfrutábamos de darnos cariño de una forma más romántica, como dos amantes en su luna de miel.

    Continuará…

  • Cogiendo a la mujer de mi padre

    Cogiendo a la mujer de mi padre

    Mi padre tiene 55 años, empresario súper exitoso, bastante bien mantenido para su edad.  Siempre pudo darse una vida de lujos, ya que heredó la empresa de mi abuelo y el multiplicó exponencialmente sus ganancias. Yo, siempre viví con él ya que mi madre murió cuando yo tenía 5 años, de cáncer. Él siempre fue un excelente padre, compañero, estricto cuando lo debía ser, y nunca me hizo faltar nada. Ni material ni afectivamente.

    Yo sigo su camino, y trabajo en la empresa. Desde que entre en la universidad me fui a vivir solo a un semipiso que obviamente es de mi padre. Pero con mi trabajo pago los gastos y vivo bien. Tengo 25 años, aunque hago poco gimnasio, salgo a correr todas las mañanas. Tengo un buen físico. No tengo novia, pero si varias amigas ocasionales.

    Mi padre, hace unos cinco años, se juntó con una mujer 20 años menor. Linda de cara, con buen físico ya que todos los días va al gimnasio, juega tenis, y hace natación. Obviamente con todas esas ocupaciones, más juntarse con amigas, salir de compras y controlar que el personal de servicio de la casa haga las tareas, no le queda tiempo de trabajar.

    Una tarde cuando iba para clases, la vi salir de un edificio abrazada y a los besos con un hombre de su edad. Como no me vio, aproveche para sacarle fotos con el celular, fueron cuatro o cinco. La muy hija de puta le metía los cuernos a mi padre.

    El siguiente viernes, mi padre me invita a cenar a su casa porque tenía que charlar algunas cosas de la empresa en privado. Fui, cenamos los tres. Ella como siempre, con una actitud distante hacia mí. Luego de la cena nos quedamos charlando mientras tomábamos café y whisky sobre un nuevo negocio que había surgido. Cuando terminamos, mi padre me dijo que me quede a dormir en mi viejo cuarto, porque ya era tarde. Para que no se sienta mal, me quedé.

    Cuando me levanté al día siguiente cerca del mediodía, él se había ido a jugar al golf con amigos, solo estábamos Carla, su pareja y yo. Fui a tomar un café y la encontró en la cocina.

    “Buen día Carla” fue mi frio saludo

    “Buen día, tu padre fue a jugar golf con los amigotes. Como siempre, yo como una boluda en casa”

    “Es solo los sábados que lo hace, y le sirve por su salud”

    Siguió hablando y yo no la escuchaba. Cuando la miré bien, vi que estaba con una bata de satén bastante corta solamente. En un momento dado, me dijo

    “Y vos sos igual a él, te hablo y no escuchas, son dos estúpidos”

    En un instante me hirvió la sangre. Me acerque a ella, la tomé de los cabellos y le di una bofetada que dejó su cara roja. Ella cayó al piso y dijo lo peor que pudo decir:

    “Hijo de puta, me las vas a pagar”

    Nuevamente la tome del pelo y la hice parar. Sujeté su brazo por la espalda y sin soltarla del pelo la tiré sobre la mesa de la cocina. Sosteniéndola con una mano, me bajé los pantalones y el bóxer. Mi verga que estaba empezando a tomar volumen. Ella gritaba que la soltara, sin haberse dado cuenta de mi movimiento. La hice poner de rodillas y abrió los ojos como huevo frito.

    “¿Qué vas a hacer?, cerdo hijo de puta”

    Dos bofetadas dejaron marcada su cara. Llorando abrió la boca y la comenzó a chupar.

    “Chupa bien puta, porque te voy a hacer mierda”

    La tuve unos 10 minutos chupando. Ya no lloraba, pero tampoco hablaba. Sin soltarle el pelo en ningún momento, la hice parar. Le saque la bata y la comencé a mirar fijamente a los ojos. Ella no me mantenía la mirada. Le arranque el corpiño y la bombacha. Ella temblaba de miedo.

    “No me lastimes, por favor, no me lastimes” me decía

    “Tremenda puta y pedís que no te lastime. Hace caso y veremos si no te lastimo. Levanta todo y vamos a mi cuarto.”

    Ella levanto lo que quedaba de su ropa y caminaba delante de mí hacia mi cuarto. Llegando, quiso escapar, pero la agarre, la metí en mi viejo cuarto y le di una trompada en el estómago.

    “Entendelo, te voy a hacer mierda si seguís jodiendo”

    La tiré en la cama y metí dos dedos en su concha, que estaba seca. Le metí los dos dedos en la boca, y luego en la concha. Levanté sus piernas y se la comencé a meter. Si bien mi verga no es muy larga, 17 cm si es bastante gorda. Costaba que entre. Cuando entro un cuarto, la metí hasta el fondo. Ella gritó de dolor.

    Con mis manos apretaba sus pezones y los giraba. Ella miraba para un costado. Los giré más hasta que gritó de dolor

    “Mirame a los ojos, no lo haces y te voy a provocar más dolor” le dije.

    Ella me miraba con cara de pánico. Seguramente nunca imaginó que podía pasar esto.

    Estuve un rato así, bombeando con fuerza hasta que acabé en su interior. Me salí y puse mi verga en su boca para que la chupe. Ella, sin opción, lo hizo. Mi excitación y odio era tal, que nunca se bajó mi verga, seguía firme.

    La puse boca abajo, y entendió lo que venía

    “No por favor, te pido por favor, nunca lo hice por allí, por favor, piedad”

    “Tenés dos opciones: te lo abrís vos metiéndote dedos, o te lo desgarro de una”

    “Piedad, te pido por favor”

    Un golpe en los riñones, la calló. La arrastré hasta el borde de la cama y sus piernas colgaban, las separe y cuando me aprestaba a metérsela, ella sola metió un dedo y comenzó a abrirlo.

    “Si pensas que con eso basta, te equivocas, pero es tu decisión” le dije.

    Automáticamente mojó tres dedos de la otra mano y se los metió en medio de quejidos de dolor. Los comenzó a mover y unos minutos después increíblemente, empezó a gemir.

    “Ah, bueno, parece que te gusta jugar con tu culo. Sos muy puta. Entonces me vas a pedir por favor que te rompa el culo”

    Ella gemía fuerte, respirada agitada.

    “Por favor, rómpeme el culo, pero no me lastimes”

    Escupí mi verga, la acerque a su orto, y la clavé de una hasta el fondo. Ella gritó desesperada de dolor. Sin esperar, comencé a meter y sacar. Vi que salía con sangre, la había desgarrado. Eso me excitó aún más y aumenté en velocidad y fuerza mis envestidas. Ella no paraba de gritar y llorar. Pedía por favor que la suelte. Solo recibía golpes en su culo como respuesta.

    Cuando estaba por acabar, me salí de ella. Tomé mi teléfono de la mesa de luz y fotografié su orto sangrante. Junté sangre y jugos con una mano y se la puse en la boca. Ella no paraba de llorar y decir que la había lastimado mucho.

    La puse boca arriba, sus tobillos al lado de su cabeza y nuevamente penetré su culo. Otro grito desesperado de dolor. La miraba a los ojos y ella solo pedía piedad. Le saque fotos llorando y busque las fotos que le había sacado con el otro hombre. Y se las mostré. Ella miraba las fotos y me miraba. Ahí entendió todo.

    “Solo fue una sola vez, te lo juro. Y porque me forzó” me dijo

    “No tenés cara de haber sido forzada cuando lo besas, sos una puta, muy puta, y le pones los cuernos a mi viejo, pero eso se acaba hoy.”

    “Si, juro que nunca más lo voy a hacer. Pero por favor no me lastimes más”

    “Hoy mi padre no vuelve hasta tarde, mínimo tengo 4 horas más para usarte puta, y las voy a usar”

    “No por favor, ya es suficiente, por favor te pido, piedad”

    “Vos no tuviste piedad en meterle los cuernos”

    Le acabé en el culo, dejándolo bien abierto. Hice que me chupe y la limpie de esperma, jugos sangre y algo de materia fecal. Lo hizo sin decir nada.

    Me recosté y ella quedó en la misma posición que estaba, con las piernas colgando. Lloraba sin parar. Temía por lo que podía seguir. Luego de un rato, me paré detrás de ella y le empecé a meter dos dedos en la concha, luego tres. Se empezó a mojar. Como seguía boca abajo veía que seguía saliendo sangre de su orto.

    “Movete puta, metete bien adentro la mano que tenés en la concha”

    Ella se empezó a mover, subiendo y bajando la cadera, introduje un cuarto dedo y ella gimió de dolor. Al cabo de un rato, toda mi mano estaba en su concha, era un fisting hermoso.

    “Puta, te estás comiendo toda una mano, y te movés como una puta consumada. Mostrame como te entra tu propia mano”

    “No por favor, basta”

    Un nuevo golpe hizo que se empiece a meter la mano completa. Acerque mi verga a su boca y comenzó a chupar. Estaba totalmente excitada nuevamente. Toda la escena me puso al palo total. Saque mi verga de su boca y fui detrás de ella. La ensarté en el orto nuevamente, sin dejar que saque su mano de la concha. Gritó de dolor. Yo bombeaba como loco. Ella gritaba pidiendo piedad nuevamente. Acabé en su culo y la saqué, pero solo para reemplazarla con mis dedos, cuatro que siguieron abriendo el orto. Sin piedad, seguí moviendo la mano y manteniendo la de ella en su concha, hasta que mi mano entró totalmente en su culo. Su llanto ahora era silencioso.

    Tomé su otra mano, y la forcé a reemplazar la mía. Ella ya se dejaba hacer, no protestaba, solo lloraba. Cuando las dos manos estaban adentro de los dos agujeros, le saque fotos, y se las mostré

    “Muy pero muy puta estas quedando. Imagínate cuando les mande estas fotos a tus amigas, las suba a Internet, ahí van a conocer a la verdadera Carla, la súper-puta, seguro muchos te van a buscar para jugar con vos”

    Me hice una paja frente a su cara y terminé cogiendo su boca mientras ella tenía inmóviles las dos manos en culo y concha.

    Sin sacar las manos, quedó semi inconsciente en la cama. Cuando reaccionó se sacó las manos y miraba como las dos tenían sangre.

    “Supongo que se te habrán ido las ganas de seguir jodiendo. Ahora, ándate, que en un rato llega mi padre.”

    Como pudo se levantó, agarró lo que quedaba de su ropa interior y su bata y se fue a su cuarto. Escuche como se bañaba, yo hice lo mismo. Me vestí y fui a su cuarto. Ella se estaba cambiando. Nunca olvidaré su mirada de terror cuando me vio entrar. La tomé del cuello, apreté hasta que le faltara el aire y le dije:

    “Ahora, si no querés que mi padre se entere, vas a dejar de pelotudear, solo podrás ir al gimnasio, y el resto del tiempo en la casa de mi padre. Nada de salidas. Ah, y los sábados vas a estar disponible para mí. Ahora vas a ser la puta de mi padre y mía.”

    “Si, sí. Pero por favor, no muestres las fotos, ni a él ni a nadie. No podría volver a salir a la calle.”

    “Veremos”

    Cuando llegó mi padre, no pude aguantar y le pedí hablar a solas. Le conté todo, le mostré las fotos con el tipo, y las que le saque yo en mi cuarto. El respiró profundo.

    “Es más puta de lo que pensé. Algo me imaginé y me parecía. Gracias hijo por tu fidelidad”

    Se levantó, me pidió que lo siga y fuimos donde estaba ella

    “Carla, mi hijo me mostro todas las fotos. Imaginaba que andabas en algo. Ahora él me lo confirmó, te quedan dos caminos: irte ahora y que él reparta las fotos y explique porque te eche de casa o quedarte y ser la puta de la casa. Vas a tener plata para comprarte algunas cosas, ir al gimnasio, y nada más. Ah, y cuando él o yo queramos, te usaremos”

    Ella me miró con odio. No atinaba a decir nada.

    “Entiendo, veo que preferís irte. Dale, Carlos, empeza a mandar las fotos” dijo mi padre.

    “No, por favor, no. Eso haría que me tenga que ir de la ciudad. Piedad, no lo hagan”

    “Me metiste los cuernos, y te cagabas de risa” dijo mi padre

    “Me quedo” dijo agachando la cabeza.

    Esa misma tarde antes de irme junto con mi padre, la cogimos por todos lados.

    Durante la semana me llamó mi padre y me pidió algo que no pude rechazar. El viernes fui a su casa con dos amigos, a quienes les había contado que teníamos una puta para divertirnos y hacer mierda toda la noche.

    Cuando llegamos, ellos se la comían con la mirada. Mi padre estaba sonriente. Sin mediar palabra le dijo a Carla que se desnude. Dudó pero cuando vio que yo me acercaba se sacó toda la ropa.

    “Muchachos, tienen esta puta para disfrutar tanto como quieran, y tranquilos, por todos lados le gusta a la muy puta”

    Me senté junto a mi padre mientras los chicos se sacaban la ropa. La pusieron de rodillas y le dieron a chupar sus vergas. Sin otra posibilidad ella las chupaba con empeño. La pusieron en cuatro y uno fue a su concha para meterla de una. Ella comenzó a gemir de placer.

    “Bien muchachos, ven como le gusta a la puta” dijo mi padre.

    Me fui desvistiendo, ellos cambiaron los lugares, y luego de un rato, ambos acabaron dentro de ella. La hice gatear hasta donde estaba sentado y que me comience a chupar. El primer sopapo en su cara sonó fuerte.

    “Lento y rico, tenemos toda la noche” le dije.

    De pronto, mi padre se levantó y fue hasta la puerta. Entraron otros dos hombres con máscaras en la cara. Sin decir palabra, se sentaron en otros sillones a mirar. Mi padre nos sirvió whisky a todos. Carla cuando vio a los otros hombres empezó a llorar.

    Mis amigos ya estaban empezando a levantar temperatura nuevamente. La hice parar frente a mí, dándome la espalda y comenzar a bajar, hasta que sintió mi pija en su orto.

    “No por favor” pidió

    El golpe en su estómago la dobló en dos. Volvió a ponerse y mi pija empezó a entrar en su culo. Lloraba sin parar.

    “Puta, metete dedos en la concha, mostrales a los amigos como te gusta meterte la mano”

    Ella fue metiéndose dedos, hasta casi hacer desaparecer la mano. Todos la miraban como subía y bajaba con mi verga en su culo y la mano en la concha. Mis amigos se acercaron y le dieron sus pijas para chupar. Hasta trataron de meterle las dos juntas en la boca.

    Sonó un celular, y uno de los hombres fue hasta la puerta de la casa. Entraron dos personas, que por la altura, eran mujeres, también con máscaras. Se sentaron una con cada hombre. Nadie hablaba. Hice que uno de los chicos se acueste en el suelo y que Carla lo monte por la concha. El otro se acomodó para metérsela en el culo. Carla gemía de placer y respiraba entrecortada. Yo me acerqué y la puse a chupar mi pija.

    Eso la volvió loca, y empezó a moverse con todo para meterse todas las pijas adentro. Una de las parejas empezó a filmar con el celular, Carla al verlos más loca se ponía. Los tres acabamos juntos. Nos quitamos y nos sentamos. Carla quedó en el suelo exhausta.

    Cuando mi padre vio que se recompuso dijo:

    “Como verán es una mujer muy puta. Antológica. Por eso quería que la vieran en acción.”

    Los hombres y las mujeres se sacaron las caretas. Cuando Carla los vio, se tapó la cara y se largó a llorar desconsolada. Eran amigas de ella y sus maridos, amigos de mi padre.

    Las dos parejas saludaron a mi padre, la miraron y se fueron. Carla no paraba de llorar. Sin importarnos, entre los tres, la cogimos de vuelta. Luego nos íbamos turnando, así hasta el amanecer. Ella estaba llena de semen por todo el cuerpo, sus jugos también la bañaban por completo. Mi padre bajó dos maletas de su cuarto, una muda de ropa y la hizo vestir sin bañarse. Le puso un billete de 100 dólares en la boca, saco las valijas de la casa y la echo.

    Lo que se supo de ella fue que estaba en una ciudad cercana, de prostituta caminando la calle. Era otra mujer, destrozada por dentro. Todo por engañar a un buen hombre.

  • Marcelita la puta, mi mami

    Marcelita la puta, mi mami

    Holi! Me ausenté un poco porque mi amo me designó como el juguete de la casa entonces están todo el día culeándome, pero les traigo este relato muy rico.

    Faltaba que mi amo hiciera su puta a mi mami. Ella no decía nada de lo que pasaba en la casa, pero ya éramos dos las putas que mi amo usaba a su entero antojo en la casa.

    Un día mi amo, le ordenó a sus dos putas, yo y mi hermana que nos preparásemos para romper a nuestra madre. La calentura y perversión de nosotras la sentíamos entre nuestras piernas, porque de la pura idea, andábamos mojadas.

    A la mañana siguiente, mientras mi mami dormía… entramos a su habitación, la agarramos y la amarramos, sin hacerle caso a sus palabras, recordándonos que era su madre. Cállate vieja estúpida fue lo menos que le dijimos, mientras la dejábamos desnuda y amarrada como una cerda.

    Tenía sus piecitos y muñecas atados detrás de su espalda. Le pusimos una mordaza de esas que te dejan con la boca abierta, no queríamos que se ahogara.

    Cuando entró al dormitorio mi amo, la miró y contemplo el trabajo de sus dos perras. Le dijo a mi madre que primero vería de lo que eran capaces las putas de sus hijas. Así que me tomó, me ordenó que me desnudara y me pusiera en cuatro patas mirando a mi madre. Luego la perra de mi hermana lo desnudó y el me penetró de forma salvaje y sin piedad.

    Mi mami se retorcía y gruñía, mientras veía como mi amo me destrozaba la vagina a su gusto.

    Luego le tocó a mi hermana que, vestida de puta, esperaba arrodillada a su amo. Mi amo la agarró y la recostó de espalda en una mesa frente a mi mami. Le abrió la boca y nuestro amo empezó a follarle la garganta con la misma violencia que a mi la conchita. Mi mami miraba todo esto retorciéndose tratando de zafarse. Gruñía y miraba como mi amo penetraba la garganta de su hijita puta. En eso, nuestro amo toma la cabeza de su perra y mete toda la verga y la deja completa en la garganta. Joder, se podía ver la hinchada verga de mi amo en su garganta. La perra estúpida de mi hermana comenzó a patalear y retorcerse por la falta de aire, pero mi amo no se la sacó hasta que se le pusieron los ojos blancos y dejó de moverse…

    Mami trataba de gritar viendo como su hija menor y puta por amor a su amo, se ahogaba en verga. Pero no sirvió de nada.

    Mi amo saco la verga de la garganta y mi hermana volvió en sí, pero quedó tirada en el suelo balbuceando. Entonces su atención se volvió contra mi mami que amarrada, veía como se le acercaba. La vergota de mi amo estaba libre, lubricada y dura como roca. La pasó frente a su cara y luego recorrió todo el cuerpo de mi mami. Frotó con su fierro su ojete, sus pies, pasándolo entre sus dedos, su boca y contra sus axilas. Mi mami se movía como si tuviera descargas eléctricas, cada vez que sentía la verga en su piel.

    Yo de lo caliente que esto me tenía, me decidí a comerle el ano y sus pies. Mi amo le metió su vergota en la boca y no paró hasta tenerla completa dentro, hasta la garganta. Movía sus caderas con violencia entrando y saliendo de su garganta. Ya mi mami, no era mi mami, comenzaba a ser otra puta de mi amo. Y como tuvo el descaro de resistirse a la vergota de mi amo, recibió su castigo.

    Se puso detrás de ella y le rompió el ojete de ano, que ya estaba lubricado con mi saliva.

    Las siguientes horas mi amo no paró de darle por el culo, sin importarle los gruñidos lastimeros de la perra. Total, ya era de su propiedad. Ese ano quedó tan usado que se abría y cerraba solo como si respirara. Yo me masturbaba frente a la perra de mi mami, usando las manos y pies de la puta de mi hermana que aún estaba inconsciente. Mi mami me miraba con cara de estúpida, mientras mi amo le siguió abriendo el ano hasta cansarse.

    Así mi amo se hizo de las tres putas y perras que, hasta hoy seguimos siendo suyas para lo que él quiera y desee.

    Gracias a los que me mandan mensajes a mi email [email protected] y me ayudan.

  • Graciela

    Graciela

    Inventando situaciones, nombres.

    Hacía tiempo que no coincidía con Graciela, la última vez fue en verano en una de esas fiestas veraniegas a base furgonetas de comida y un concierto de una vieja gloría de los 80. Graciela es una antigua compañera de clase con la que coincidía en alguna salida nocturna, sobre todo en Navidad y verano que era cuando ella y su marido aprovechaban para salir.

    En el bachillerato había sido una niña bastante mona y con el paso de los años se había convertido en una mujer atractiva con esa belleza que solo las mujeres adultas pueden tener. El caso es que, estas navidades me la encontré en un garito de la ciudad. Aun sin estar a rebosar, estaba bastante lleno, grupos de gente de diferentes generaciones hablaban y bailaban a base de música de los 80 y 90. Mientras hablaba con Graciela sobre que había sido de este o de aquel, me entretenía mirando a la gente.

    Mayoritariamente eran grupos de entre 40 y 50 años, el resto eran gente de 30 y algún grupillo de chicas que parecían estar aun en la veintena. Me quede mirando para uno de estos grupos, eran tres chicas que debían tener sobre 26 años, se movían al ritmo de un tema de Loquillo formando un coro entre ellas y gesticulando con la letra de la canción.

    – ¿Ahora te van las jovencitas?

    Me dijo Graciela, al darse cuenta que no le estaba haciendo caso y que mi atención se centraba en aquel grupo de veinteañeras.

    – ¿Eh?, no, no, que va

    – Pues, no les quitas el ojo

    – Jajaja, al verlas estaba pensando que hacen las mismas tonterías que hacías vosotras en aquella época con esta canción. Mira, os poníais en círculo, hacíais un playback chunguísimo como un coro grupees histéricas.

    – Jajaja, tienes razón, y algunas aun lo siguen haciendo. Mira aquel grupo de cuarentonas.

    – En lo único que no evoluciona la humanidad es en la forma de hacer el gilipollas.

    – Por cierto, ¿sabes quién es una de las tres?

    – ¿De cuáles?

    – De las jovencitas. La morena es la hija de Julia

    – ¿Qué Julia?

    – Julia Sola, del colegio. Es su hija mayor se llama como ella, mi hijo estaba loquito por ella hace unos años. Menos mal que se le pasó, tener a la imbécil de la madre como consuegra no me molaba nada.

    Yo la recordaba como una chica altiva y bastante prepotente. Era muy guapa, la típica más desarrollada que el resto de las chicas del colegio, tanto que tenía un novio que estudiaba en la universidad, los chicos del colegio éramos unos pobres críos que trataba con indiferencia y a sus “amigas” como lacayas. Mientras Susana me contaba las aventuras de su madre, mi mirada se cruzó con la de su hija, un par de segundos no mucho más.

    Sus amigas eran las típicas chicas de clase media alta vestidas con ropa de marca, Julia en cambio iba vestida de forma más informal, pero era de ese tipo de mujer que aun vistiendo prendas informales transmite una elegancia natural. Volvió a dirigir su mirada hacia nosotros, justo en el momento en que estaba viendo para su trasero enfundado en unos vaqueros rotos. Le dijo algo su amiga al oído y las dejo bailando, emprendió camino hacia la barra casualmente donde estábamos nosotros. Cuando llego a nuestra altura, saludo con cara de sorpresa fingida efusivamente a Graciela

    – Hola Graciela

    – Ay, hola Julia. Cuanto tiempo, ¿Qué es de tu vida?

    Respondió Graciela, con la misma sorpresa e interés fingido. Una de las cosas que más me sorprende en estas situaciones, es la capacidad que tienen algunas de mujeres de mantener una conversación con alguien con quien no tiene ganas de hablar. Mientras hablaban vi que Julia era una chica de aproximadamente 1,70, morena, con unos ojos marrón verdoso, pelo por debajo de los hombros, con unos pechos redondos que se marcaban en su camisa blanca. Me recordó a la típica pija rebelde en contraste con sus amigas y su madre que eran las clásicas chicas de clase media orgullosas de serlo y exhibirse.

    – Por cierto Julia, te presento a Luis. También es un antiguo compañero de clase de tu madre.

    – Encantado Julia, hace años que no la veo dale recuerdos.

    – Mis padres ya no salen, ya me gustaría que fuesen más como Graciela y Arturo. A ver si así me dejan en paz jajaja.

    – Ves que bien hiciste en no casarte ni tener hijos. Al final lo único que quieren es que les des dinero y los dejes en paz.

    La conversación duro hasta que el camarero le puso su bebida, tras lo cual se despidió Graciela, de mi con un “encantada de haberte conocido, Luis”

    Cuando llego junto a sus amigas empezó a sonar “Cuando Brille el Sol” de la Guardia, de nuevo la coreografía a base de saltitos y movimientos de cabeza la hizo perderse entre ellas, aunque nuestras miradas se cruzaron en más de una ocasión aquella noche. Una hora después los primeros bostezo me recordaban que ya no pintaba nada allí, así que me despedí de Graciela y de mis amigos que tenían la típica conversación donde los casados le decían a los solteros que en su situación ya estarían follando, yo estaba ya demasiado cansado para ese debate. Me dirigí a la salida del local, no sin echar una última mirada a Julia que por sus gestos parecía que estaba enviando algún Telegram. Al verla, pensé que algo si había cambiado, antes para ligar solo necesitabas que dejaran de prestar atención a sus amigas, hoy en día, además tenías que conseguir que dejaran de prestársela al móvil.

    El caso es que la noche acabo como me esperaba, cogiendo un taxi y volviendo a casa recordando otros tiempos en que las 3 de la mañana eran casi el comienzo de la noche, decididamente ya no tenía ni el aguante ni las gansas de antes.

    Acostarse relativamente temprano tiene su parte positiva, me levanto y desayuno en la cafetería que hay debajo de casa leyendo a la prensa y cotilleando en mis redes sociales. Y así empezó aquel sábado víspera de nochevieja, con un café acompañado de pan tostado con aceite y jamón cuando una notificación me avisa de que Julia sucosas me acaba de seguir en Instagram, algo me dijo que era ella.

    Ese fue el inicio de un continuo cruce de mensajes sobre la música y la cultura de los 80. Julia era una chica inteligente sabía captar mi atención con preguntas y opiniones. Me deje llevar por ella y la falsa creencia de que solo era conversaciones inocentes en una red social, pero solo dos días después nos citamos en el casco viejo, una zona de pequeños locales donde el vino y las tapas son el principal atractivo. Llegue con 15 minutos de retraso debido al intenso tráfico con motivo de las fiestas navideñas, al llegar recorrí la plaza con la vista hasta que la vi. Allí estaba Julia vestida con chaqueta vaquera celeste desgastada, una camisa de seda blanca y una minifalda de gasa negra. Me acerque a ella y al verme guardo el móvil en su bolso.

    – ¿Eres así de puntual con todas tus citas?

    – Jajaja, ¿esto es una cita?, pensé que era una especie de entrevista para tu blog. Lo siento, el tráfico esta insufrible y el parking estaba completo, tuve que esperar a que quedase alguna plaza vacía

    – Jajaja, eso se lo dirás a todas tus entrevistadoras. Ven vamos a un sitio que allí podremos hablar con tranquilad.

    Me cogió por el brazo y me fue guiando por las calles estrechas del barrio, me encontraba un poco extraño en aquella situación no tenía claro de qué hablar con una chica de esa edad. Así que opte por seguirla y dejarla hablar a ella. Durante el trayecto Julia me hablaba de sus proyectos.

    – Aquí es, vamos entremos

    Abrí la puerta y la deje pasar, era un local muy pequeño por lo que una sola estufa lo mantenía a una temperatura agradable. Las mesas eran unos barriles salvo dos planchas de madera que a modo de mesas salían de la pared, una de estas fue la que escogió, se sentó en uno de los taburetes y yo en el que quedaba, quedamos uno enfrente del otro, de tal forma que si cruzaba mis piernas sus rodillas rozaban mis muslos. En aquel momento supe que estaba jodido.

    Mi mirada empezó a desviarse con demasiada frecuencia hacia sus piernas cubiertas por unas medias negras trasparentes y unos calcetines negros hasta las rodillas. Cada vez que nuestras piernas entraban en contacto tardábamos más en separarlas, hasta que ya no se separaron. Había llegado ese momento en que dos personas notan que se están tocando, el contacto se prolonga hasta que se hace permanente, y los dos esperan a ver quién es el primero en separarse, gesto delatará que ha prolongado el roce más allá de lo casual. Sin separase, Julia decidió romper el silencio que se produjo

    – Tengo una colección de discos de la época que te gustaría. Cuando estudie en Madrid los fui comprando en pequeñas tiendas de segunda mano. Nada que ver con esas horribles recopilaciones actuales. Me gustaría que los vieras podemos ir ahora, vivo aquí al lado.

    – ¿Sabes que si vamos a tu casa podemos acabar follando?

    Por su gesto deduje que no se esperaba aquella respuesta, pero no tardó en reaccionar.

    – Si, ya lo sé.

    – ¿Es eso lo que quieres?

    – No lo descarto

    Nuestras piernas seguían pegadas, ese punto de fricción era imprescindible para mantener esa conversación con esa sinceridad.

    – No eres una niña, pero te doblo en edad

    – Mira, no me voy a enamorar de ti, no me estoy vengando de mi madre, no soy ninguna pija caprichosa con complejo de Electra. Créeme, no suelo levantarme la falda con esta facilidad.

    Se quedó mirándome en silencio, y siguió

    – No puedo negar que la situación me da morbo, un hombre de 50 años además excompañero de clase de mi madre. Aquella noche al acostarme me acaricie pensando en esta situación, después ya fue todo seguido, Instagram, whatsapp y hasta hoy.

    El trayecto fue corto, en silencio, la lluvia hacia que se pegase a mí, lo que hacía que sintiese el calor de su cuerpo mientras caminábamos. Llegamos a la puerta de su apartamento que estaba en el mismo casco viejo en unos edificios reformados. Nada más entrar se dio la vuelta y me beso. Al cabo de unos segundos se separó y me dijo

    – Creo que no me he equivocado, allí está el salón ponte cómodo, yo iré por una botella de vino.

    El salón estaba decorado con buen gusto, pocas cosas pero escogidas un sofá chaise longue frente a una mesa baja y una pantalla leed eran los principales muebles de aquel salón.

    – ¿Te gusta?

    Pregunto Julia, entrando en el salón vestida únicamente con la camisa blanca bajo la cual se veían unas braguitas rosas estilo cullote. Se fue acercando a mí hasta que las tuve a un palmo de mi cara

    – Mucho

    Dije, mientras mis manos recorrieron sus muslos hasta llegar a su cintura moldeando cada curva de su cuerpo, lentamente fui bajando sus braguitas hasta sus rodillas, su sexo apareció ante mi desnudo, mis dedos acariciaron los escasos pelos que adornaban su pubis, era suave y desprendía ese aroma que muchos perfumes intentan imitar pero no ningún perfumista ha logrado todavía.

    – Me gusta cómo me acarician tus dedos, sin prisas, sin dudas y certeros

    Separe sus piernas con mis manos, lo que hizo que sus braguitas quedaran a la altura de sus tobillos. Situé mis dedos en el inicio de raja deslizándolos para abrir sus labios que empezaban a humedecerse. Lo bese delicadamente a lo que Julia respondió con un profundo suspiro. Mi lengua empezó a recorrer cada pliegue de su labios, la entrada de su estrecha vagina y su clítoris seguí así durante nos minutos hasta que con sus manos me obligo a parar.

    Me pidió que me levantase, busco la hebilla cinturón para desabrocharlo, y siguiendo el mismo ritual que anteriormente había practicado yo con ella, recorrió mi polla con su mano por encima de la tela de mi calzoncillo, después los bajo lentamente hasta que quedo liberada a la altura de su boca, sin ayudarse de sus manos la introdujo en la boca. Sus labios y su lengua fueron humedeciendo cada centímetro de mi miembro. Me miro y me pidió que me tumbase, se reclino sobre mí sin dejar de mirarme, esta vez, la cogió con su mano y fue deslizando suavemente la piel que cubre mi glande, a la vez que con su otra mano acariciaba lentamente mis testículos.

    De fondo sonaba Dreams de The Cranberries, el placer que estaba recibiendo, ayudado la melodía del tema, hizo que cerrase mis ojos. Volví a sentir la humedad de sus labios en mi sexo, bajando suavemente para después volver a subir, allí su lengua recorría mi capullo sin sacarla de su boca, cuando notaba que mi excitación había llegado casi a su tope, se relajaba y acariciaba mis testículos mientras me miraba.

    Mucha gente piensa que en el sexo oral como algo depravado o humillante, nada más lejos de la realidad. En el sexo oral se produce una mezcla entre sensaciones reales y oníricas, donde quien lo ejecuta tiene el total control sobre el que lo recibe. Julia lo sabía, así que cuando mi respiración se empezaba a relajar, la volvía a meter en su boca succionando ayudándose con suaves movimientos de su cabeza que me volvían loco

    Sus ojos me miraban, obligándome a mantener su mirada, mientras recorría mi glande con su la lengua jugando con los fluidos que salían, después volvía a meterla en la boca y bajaba por el tronco venoso de mi polla, oprimiéndola con sus labios para ejercer más presión.

    La suavidad de sus labios, lo carnoso de su boca y unas pequeñas mordidas hacían que mi excitación subiera a lo más alto. Sabía que no podía aguantar mucho más, así que intente que se retirase pero ella se resistió y acelero paulatinamente el ritmo de la mamada, sus labios presionaban el tronco de mi polla recorriendo cada centímetro, chupándolo cada vez más fuerte. Sentí que ya había perdido el control que me iba a correr, quise retirar su boca, pero Julia me lo impidió con un movimiento de su cabeza y oprimiendo mi glande con su boca, en ese momento llego mi primer espasmo, seguido de varios más. Mientras se producción, en ningún momento retiro su boca ni se movió, espero a que mi cuerpo dejase de vibrar y cuando noto que ya estaba relajado recorrió por última vez mi polla con sus labios, las saco de su boca y se levantó.

    Al cabo de unos pocos segundos volvió sonriendo, mirándome con cara de “te he vencido” se tumbó a mi lado, su mano recorrió mi pecho y mientras sus dedos se enredaron en los pelos de mi pecho, se acercó a mi oído y me dijo

    – Creo que ha sido la mejor mamada de mi vida, por lo menos la que más he disfrutado y sé que tú también la has disfrutado. Te tenía a mi merced, podía mover los hilos de tu placer a mi antojo. Yo decidía cuando debías estremecerte de placer y cuando no.

    Nos besamos apasionadamente, mientras mis manos se deslizaban sobre su cálida y suave piel. Ella se pegaba a mí, podía notar el roce de sus pezones en mi pecho, sentir su aliento sobre mi hombro y sus manos en mi espalda. Este conjunto de sensaciones hizo que miembro volviese a endurecerse y empezase a rozar su barriga.

    – Vaya con el señor mayor, parece que ya está usted dispuesto para otra sesión. Pero me apetece tomarme un vino antes. ¿Por qué no vas a la cocina a coger un par de copas?

    – Vale, tú descansa que ya has hecho un gran esfuerzo.

    Hay muchas cosas excitantes en la vida, y una de ellas, es ver a tu pareja desnuda con una copa vino en la mano, y esa era la situación, yo desnudo y Julia su copa sobre sus pechos mientras sus dedos jugaba con los pelos de mi barba.

    – Solo tienes canas en la barba, en cambio tu pelo es negro. Eso me atrajo de ti la primera vez que te vi en aquel antro. No sé por qué, pero me puse cachonda cuando te pille mirándome el culo.

    – ¿Me pillaste mirándote el culo?

    – Si, tú no te diste cuenta. Cuando te vi hablando con Graciela, sentí curiosidad por saber quién era aquel señor mayor con pinta de profesor que me miraba el culo.

    Cuando acabo su copa la puso sobre la mesa, al reclinarse sobre mí para hacerlo, su pezón quedo a la altura de mi boca y lo empecé a besar suavemente, note como su piel reaccionaba a mis labios.

    – Me gustan tus labios carnosos y húmedos. Vamos al dormitorio estaremos más cómodos. No tenemos prisa, ¿no?

    Se levantó, se acercó al equipo de sonido y empezó a seleccionar algunos temas. Yo me dirigí a lo que supuse era el cuarto de baño, necesitaba mojarme la cara, si esto era un sueño, eso me despertaría. Cuando entre en el salón sonaba Black Flowers de Chris Isaak pero Julia ya no estaba allí, camine hacia el dormitorio, al entrar la vi arrodillada en el suelo con la cabeza hundida en la colcha y moviendo su trasero, pensé que era un juego para volver a excitarme, y vaya si lo consiguió. Como aún no se había dado cuenta de mi presencia, me acerque por detrás y la penetre de una sola embestida. Al hacerlo lanzo un gemido de placer a la vez que se giraba, en ese instante me di cuenta que con una mano sostenía el teléfono pegado a su oreja. Intente retirarme, pero ella echándose hacia atrás impidió que me saliese y mi polla se clavó profundamente, así empezó una serie de movimientos por su parte que hicieron que mi polla entrase y saliese de su coño. Mientras seguía con la conversación telefónica.

    – Pues no lo sé, no sé dónde habrán ido

    – No me digas que no es extraño

    Nuestros movimientos empezaron a acelerarse, notaba como le costaba mantener la conversación, hasta que un gemido muy sonoro salió de su garganta.

    – ¿Julia, te pasa algo?, ¿Qué ha sido eso?

    – Nada, mama es que me he dado un golpe

    Cuando oí la palabra “mama” me quede petrificado, a lo que ella respondió acelerando el ritmo, al ver su reacción mi morbo se disparó, volví a embestirla, el deseo me cegaba en esos momentos. A la tercera de mis embestidas. Julia volvió a gemir esta vez de forma más escandalosa que antes.

    – ¡¡¡Julia!!! ¿Pero qué estás haciendo? ¿Qué son esos gemidos?

    – Nada, nada mama… joder me voy a correr no pares, no pares.

    Aún con la respiración entrecortada producto de su orgasmo, Julia se separó de mí, se dio la vuelta y se tumbó rendida sobre la cama, a su lado estaba su móvil del que salía oía una voz lejana llamándola a gritos

    – ¿Julia?, ¿Julia estas ahí?, Julia contéstame, ¿Qué ha sido eso? ¿Quién está contigo?

    Con los ojos cerrados busco el teléfono y lo apago.

    Espero os guste y ya sabéis, dejéis comentarios y valoración.

  • Por jugar con fuego (Parte 2)

    Por jugar con fuego (Parte 2)

    Hola de nuevo, soy Maribel y os quiero contar lo que pasó la noche que cenamos con Fernando, el argentino cliente de mi marido, haciendo una cena muy caliente, a base de dejarle ver mis pechos a través del escote de mi blusa.

    Salimos del restaurante, con la promesa de Fernando de no mostrar a nadie la foto en la que se me podía ver mi pecho, aureola y pecho incluidos, solo nos había puesto una condición: Tomarnos una copa en un local cercano que era de un compatriota suyo y se había comprometido en pasar a saludarle.

    Ernesto, me dijo al oído:

    -No te preocupes por la foto, estoy seguro que Fernando la borrará cuando estemos tomando la copa.

    La verdad es que mi preocupación era relativa, por una parte me daba mucha vergüenza que pudieran ver mi exagerado escote, pero por otra estaba demasiado excitada como para preocuparme por eso. En ese momento, lo que me apetecía era dejar a Fernando e irme a casa con Ernesto para follar todo lo que quedaba de noche, recordando la cara de Fernando al verme los pechos a través del escote.

    Cuando entramos al local, había un ambiente raro, parecía un pub normal, pero se podía respirar morbo en el aire: los vestidos de las señoras eran sexys, escotes minifaldas, rajas en las faldas, medias, tacones, en fin, se palpaba el sexo en el ambiente nada más entrar.

    Fernando preguntó por su amigo Arturo y la relaciones públicas, así se presentó, nos invitó a seguirla.

    Si la entrada era caliente, el salón a donde pasamos era el infierno. Parejas metiéndose mano sin ningún recato, mujeres en ropa interior, felaciones, dos hombres metiendo mano a una señora…

    Mi marido me dijo al oído:

    -Nos tomamos la copa, hacemos que borre la foto y nos vamos. Relájate que es cuestión de unos minutos más.

    Con un gesto le confirmé su plan, pero sin dejar de mirar cada una de las escenas que podía ver en cada rincón del salón.

    Le dije a Ernesto: ¿este local que es? ¿Una casa de putas?

    Mi marido levantó los hombros, indicando que no sabía nada, pero Fernando enseguida nos tranquilizó.

    -Es un club liberal, aquí vienen las parejas a ver a dejarse ver, a tocar a dejarse tocar a hacer intercambios de parejas, pero no os preocupéis en estos sitios no pasa nada que no quieras que pase. La principal norma es el respeto y aquí NO es NO.

    Llegamos a la mesa de Arturo, el amigo de Fernando, estaba con su pareja en una mesa que quedaba por encima de todas las demás con lo que tenía una visión de todo el local y podía controlar que no hubiera ningún patoso que incordiara y arruinara la noche.

    Después de las presentaciones de rigor, nos sentamos los cinco, solo me quedé un poco extrañada que al preséntame a su mujer, Ana, se acercó y me dio suave beso en los labios. Nunca me había besado una mujer y me recorrió un pequeño calambre por todo el cuerpo, en un principio, supuse que fue por inesperado, pero la cabeza siguió centrada en la experiencia y me hizo llegar a la conclusión que me había gustado.

    El asiento era una especie de U con una pequeña mesa en el centro, al sentarnos, Arturo reclamo su posición de anfitrión y nos pusimos las dos mujeres a su lado quedando a mi izquierda Fernando y Ana entre Arturo y Ernesto.

    Estuvimos hablando del tipo de local, nosotros no sabíamos ni que existieran y Arturo nos dijo que el que lo prueba repite, ya que el morbo que se respira no se consigue en ningún otro sitio.

    Ernesto, enseguida contesto que no era un tema que nos gustase, que éramos muy tradicionales, nos gustaba el sexo, pero nunca nos habíamos planteado nada con otras personas. Sin mucha convicción le di la razón a mi marido porque a veces había tenido sueños húmedos en los que participaban varios hombres, aunque solo había estado con mi marido.

    Cuando estábamos en la segunda copa, a la que invito Arturo, y no nos dejó marcharnos, nos hizo fijarnos en una mesa en la que estaba sentada una pareja de unos 40 años. Nos indicó es la segunda vez que vienen y mira como están de calientes.

    Era cierto, el marido había desabrochado todos los botones del vestido camisero que llevaba la mujer y estaba solo con un minúsculo tanga, con la mano de su marido en el coño y con la boca en un pecho.

    Se la veía que estaba disfrutando, cuando se acercó un hombre joven por su lado y le hizo una seña al marido para pedirle permiso para sentarse. El marido acerco la boca al oído de la mujer y esta, después de oírle, hizo un gesto de aceptación.

    El joven, al principio, se limitó a mirar, pero, poco a poco, fue poniendo su mano en el brazo de la mujer. Como no hubo rechazo siguió hasta llegar con la mano al pecho de la chica, que lo acepto echando la cabeza hacia atrás y disfrutando de las caricias que le hacían sus dos hombres.

    Mientras mirábamos el espectáculo, Arturo metió la mano por el escote de su mujer y empezó a masajearle el pecho, dejándolo al descubierto. Ana pareció no inmutarse y siguió viendo a la pareja y comentando la jugada con mi marido, que al mirarla, era incapaz de ver cualquier otra cosa que no fuera el pecho que estaba al aire y manoseado por Arturo.

    En ese estado de fascinación, le llego un mensaje al reloj y lo miro: «Fernando me está rozando el muslo».

    Se quedó mirándome y acercándose el reloj a la boca dicto un mensaje.

    Cuando me llego, puse el reloj en el oído para escucharlo: «Tenemos dos opciones: o nos levantamos y nos vamos o, si te apetece le dejas que siga».

    Mi cara cambio y por su expresión y con el gesto le dije: «seguro».

    El afirmo y continuo mirando los pechos de Ana, que en ese momento estaban completamente fuera, y Arturo con un gesto le invito a tocarlos.

    En ese momento pensé: como se te ocurra tocarlos, les estas abriendo la puerta para que ellos me toquen a mí. Fueron segundos, miradas intercambiadas con mi marido, algún gesto que se me escapo, pero parecía que le estaba dando permiso para que lo hiciera, bueno quizás no era permiso le estaba incitando a que la tocase, o al menos eso interpreto el porque enseguida acerco su mano al pecho de Ana y empezó a pellizcar el pezón.

    Lejos de molestarme, lo estaba disfrutando como si me lo estuviera haciendo a mí. Con los ojos fijos en las manos de Ernesto, note como Fernando ponía la mano directamente en mi muslo y subía mi falda. Era una locura, lo sabía, pero le deje sin hacer ningún gesto de rechazo, al contrario espere que Ernesto mirara en mi dirección, para dejarle ver como abría las piernas, poco a poco, para facilitar la explotación de la mano de Fernando.

    Arturo, se percató de la situación y empezó a desabrocharme la blusa del todo dejando mis dos pechos al aire.

    Los dos se centraron en mi cuerpo tocándome, los muslos y el coño por encima de las bragas. Arturo me dijo al oído: si te levantas te quitamos las bragas, vas a estar más cómoda y veras como se excita tu marido cuando lo vea.

    Mi cerebro ya no funcionaba, era un animal sexual, que solo quería seguir disfrutando sin pensar más allá ni en posibles consecuencias, así que me levanté, mirando a mi marido para que viera como, entre los dos me quitaban las bragas.

    Ernesto me guiño un ojo y me pareció que me decía: disfruta.

    Entre los dos, Arturo y Fernando, hicieron que me corriera 4 veces, dedos en el coño, me chuparon los pechos, les chupe sus pollas… Después de la 4 corrida, no sé si el cansancio o que me volvió la cordura, pero me levanté, cogí mis bragas y me despedí haciendo que Ernesto dejara de lamer el coño a Ana.

    Salimos del club y fuimos a casa sin decir una palabra.

    Cuando entramos en el ascensor me empezó a tocar y llegamos a nuestro piso con la blusa desabrochada, menos mal que no nos vio nadie.

    En la habitación hicimos el amor como animales, hasta quedar extenuados y todo sin dirigirnos la palabra.

    Cuando al final nos quedamos los dos tendidos en la cama, Ernesto dijo: ha sido una experiencia embriagadora, pero he disfrutado mucho viéndote gozar.

    Le contesté que a mi me había pasado lo mismo, que como experiencia estaba bien, pero que no pensara en repetirlo.

    -Claro cielo -me respondió.

    Al rato, me dijo suavemente: tengo que llamar a Fernando porque había quedado en que viniera a comer con nosotros y le llevaba al aeropuerto y querrás que lo anule ¿no?

    Me quede pensando, unos segundos, y le pasé la pelota a su tejado: Supongo que es lo mejor, a ti te dará mucho corte comer con un hombre que me acaba de ver desnuda, ha chupado mis pechos, ha introducido sus dedos en mi coño y me ha hecho disfrutar aprovechándose del alcohol y de la situación.

    El, sonriendo, me contesto: No creo que sea tan violento, mantendré la cita.

    Pero eso será en otro relato si es que ustedes quieren y me hacen comentarios.

  • Karen: la primera semana en su nuevo trabajo (Parte 1)

    Karen: la primera semana en su nuevo trabajo (Parte 1)

    Karen se preparaba para ir en busca de un nuevo trabajo, se colocaba un vestido negro, tal vez un poco más corto de lo que acostumbraba por su forma de ser recatada, este ajustaba de manera perfecta, su cuerpo esbelto (sin rastro de haber tenido dos hijos), su abdomen plano, cintura breve, caderas amplias, piernas torneadas al igual que sus pantorrillas, sus pies enfundados en zapatos de tacón alto, donde resaltaban a la vista las uñas pintadas del mismo color que los de las de las manos, jamás se podría imaginar que entraba en los 40 años, ya que apenas y parecía tener 35 máximo.

    Mientras se veía al espejo, se veía de frente y perfil y pensaba si no era demasiado atrevido mostrar ese culo tan perfecto, levantado, como ofreciéndose a quien deseara poseerlo, al igual que ese par de tetas levantadas, desafiantes.

    Estoy pensando demasiado, se decía a si misma, ya no hay tiempo de cambiarme, así que este será el atuendo que use para solicitar el empleo, dio los últimos toques a su peinado, su cabellera rubia, larga, casi le llegaba hasta su hermoso culito, el fleco escondía sus ojos, lo que le brindaba algo de seguridad, dentro de su timidez.

    Se dirigió al centro de la ciudad, a un edificio corporativo, donde solicito ver al jefe de recursos humanos:

    – Señorita Karen: pase por favor

    – Señora respondió ella un poco ruborizada

    – Perdón, señora: el empleo que estamos ofreciendo es como secretaria ejecutiva para el nuevo gerente, ¿está usted familiarizada con el trabajo que hay que desarrollar?

    – Claro que si, respondió Karen, tengo varios años de experiencia en el trabajo

    – Bien, creo que está suficientemente recomendada, solo faltaría que tenga una entrevista con quien será su nuevo jefe, para que de su aprobación final.

    Después de unos minutos de espera fue pasada a la oficina del nuevo gerente, ella se sintió intimidada, era un hombre entrado en los 50 años, moreno, de rostro duro, se notaba que era de difícil trato, enfundado en un traje gris y zapatos bostonianos, redondeaba una imagen intimidante.

    – Pase por favor Karen, me dice el departamento de recursos humanos que ya revisaron su currículo, y que está bien calificada, así que solo le hare una pregunta: ¿está dispuesta a hacer lo que le ordene sin detenerse a pensarlo?

    – Ella contesto sin reflexionar: claro que si, no se imaginaba que hubiera algo turbio detrás de esa pregunta, además de necesitar el trabajo, hare lo que me pida señor.

    – Muy bien Karen, solo te pediré que me llames Carlos, si no te molesta, de la misma manera te llamare por tu nombre.

    – Está bien Carlos, como usted diga.

    Y de esa manera empezó el trabajo de Karen en ese lugar, le asignaron un pequeño cubículo al lado de la oficina de Carlos.

    Después de unos minutos llego la primera orden: Karen, se escuchó por el interfon, venga por favor, al llegar ella le instruyo: vaya al archivo a traer los estados de cuenta del año pasado, necesito ver que es lo que estamos recibiendo.

    Ella bajo al archivo, viendo que contenían cientos de carpetas, acomodadas en estantes que llegaban hasta el techo, miro una pequeña escalera y después de ubicar el archivo, movió esta para subir a alcanzarlo.

    Al parecer la escalera era para gente más alta, ya que Karen por más que se estiraba no podía alcanzar el archivo, ella trataba de mil maneras de llegar hasta el, estiraba el brazo, levantaba una pierna, se ponía en puntillas, pero nada funcionaba.

    Después de varios minutos Karen se empezó a desesperar, la primera cosa que me piden y no la estoy haciendo rápido, pensaba. Entonces en su afán por alcanzar el archivo perdió el equilibrio y se proyectó al piso, cerró los ojos asustada, pero no se golpeó, cayó en los brazos de Carlos, quien decidió ir a investigar por que tardaba tanto Karen.

    La caída fue muy descompuesta, Carlos solo estiro sus brazos, pero una de sus manos le tomaba una teta y la otra se alojó entre las piernas de ella, Karen se ruborizo, no atinaba a decir una palabra; Carlos la bajo, la puso de pie y le dijo: ten cuidado Karen, no es buena forma de empezar un trabajo con un accidente, sube a la escalera, yo la detendré.

    Ella subió de nuevo, ahora con la mirada vigilante de Carlos bajo la escalera, ella subía peldaño a peldaño y volteaba a ver a Carlos, quien sin ningún disimulo veía las piernas de Karen, sus pies y claro su culito.

    Ella sentía la mirada de él que penetraba por el vestido y subía hasta sus bragas, sentía una mezcla de enojo y excitación por lo que hacía Carlos, pero una vez más la voz de él la saco de su trance, baja ese archivo ya Karen, no quiero estar todo el día aquí.

    Finalmente ella alcanzo el archivo, al voltear hacia abajo noto que Carlos sin ningún descaro veía dentro de su vestido, bajo la escalera y le entrego el archivo a su jefe.

    Regresaron a sus cubículos, y de nuevo por el interfon: Karen ven a mi oficina, ella llego de inmediato y Carlos le dijo: trae tu libreta que voy a dictarte un escrito.

    Fue por su libreta de dictado y regreso, sentándose en una de las sillas del escritorio, el empezó a dictar mientras caminaba por la oficina, caminaba de un lado a otro mientras ella lo veía de reojo.

    De repente él se detuvo cerca de ella mientas seguía hablando, en una pausa ella volteo hacia arriba y se dio cuenta que Carlos la miraba descaradamente al escote, no le dio tiempo de reaccionar cuando ella dirigió su mirada a la entrepierna de él, que la tenía a la altura de su cara, y se enrojeció por completo al ver bajo del pantalón de Carlos una tremenda erección, era notorio el pedazo de carne generando una montaña bajo el pantalón.

    Ella de repente se dio cuenta que ya no estaba apenada, ni enojada, se encontraba excitada al ver de tan cerca una verga dura, grande, sintió como bajo sus bragas color blanco se empezaba a formar un charco, sentía como empezaba a arder la zona de su entrepierna, y de nuevo una voz la trajo a la realidad: porque no escribes Karen!!!

    Perdón Carlos, dijo ella, no sé qué me paso que me distraje, ¿me puede volver a dictar desde donde me quede?

    Muy bien Karen, pero necesito que pongas más atención, no quiero que tengas ninguna distracción, ¿entiendes?

    Si Carlos, perdón, no sucederá de nuevo. Entonces Carlos retomo el dictado, ella trato de concentrarse en lo que Carlos decía, anotaba todo con gran velocidad, se sumergió en el contenido de la libreta, hasta que en una vuelta a la realidad ella miro de reojo de nuevo a Carlos y se quedó congelada, él se había sacado la verga del pantalón!, la tenía erguida apuntando a la cara de Karen, ella no sabía qué hacer, trataba de concentrarse en lo que él le dictaba, pero no podía dejar de mirar esa verga que le apuntaba a la cara.

    Seguía anotando, pero ya había visto las venas que recorrían el tronco de ese miembro, estaban saltadas, la cabeza brillante de ese pedazo de carne morena, un par de enormes huevos al final de ella, Karen pensaba que iba a perder el sentido, cada segundo que pasaba era más difícil poder entender las palabras que él decía.

    Cada segundo que pasaba sentía en su vagina una sensación de calidez, sabía a la perfección que se estaba mojando, sentía que sus pezones se endurecían, a punto de sucumbir ante esa gran verga que la asediaba.

    Finalmente Carlos le dijo, eso es todo, vaya a escribir lo que le dicte y no tenga más distracciones!

    Ella se fue a su lugar, trataba de concentrarse en lo que escribía, pero no podía quitarse de la mente la imagen de esa verga cerca de su cara, se decía a si misma: pero que patán!, quien se cree que es para hacerme esto!, es una total falta de respeto!, yo no puedo trabajar con alguien así!, pero a pesar de eso, sentía un gran charco de excitación en su panochita, sentía la necesidad de tocarla, de saber hasta dónde llegaría su jefe Carlos la siguiente vez.

    Sopeso los pros y los contras, finalmente llegó la hora de salida y se fue a su casa, pensó, ¿regresare mañana al trabajo o ya no vuelvo?

  • Mamándosela a un extraño

    Mamándosela a un extraño

    Hola y gracias por seguir leyendo mis relatos, les recuerdo mi nombre: soy Paulina, Tengo 33 años bastante bien vividos y soy una mujer TV a tiempo completo, esto básicamente quiere decir que a la actualidad realizó todas y cada una de mis actividades y me desempeño en cada una de ellas en el rol femenino. En la calle, en mi casa y en la intimidad respondo como dama, como mujer y como puta respectivamente.

    En esta ocasión les voy a contar otra experiencia cuando era más joven, este relato tiene lugar en la CDMX, y nos remonta al año 2007, teniendo yo mis tiernos 20 años y para ese momento ya bastante bien vividos. En ese punto de mi vida, si bien no era ya una mujer hecha y derecha, si ya tenía mis gustos y preferencias sexuales bien definidas, era yo un chavito gay pasivo afeminado con rasgos sumamente andróginos, por lo que siempre llame la atención del sexo masculino y nunca faltó quien me hiciera el favor. Una de estas oportunidades es justamente lo que nos lleva a este relato, en el conocí a mi coprotagonista, Armando Abad, no recuerdo más sobre él, pues lo nuestro fue un encuentro fugaz que no volvió a repetirse, aunque si volviera a verlo, con gusto repetiría. En fin, ojalá les guste:

    Era jueves por la noche, todo el día había sido frio, y a eso de las 5 pm había empezado a lloviznar y ya no se había detenido, era una de esas noches frías de otoño que avisaban como vendría la época decembrina. Como espejos en el piso, los charcos dejaban ver las sombras de edificios y las luces de la ciudad, justamente estos charcos es lo que me mantenía distraída, pues me encontraba caminando con la gracia de una chica tratando de evitar los charcos para no mojarme los pies. Venía saliendo de la estación de metro consulado ya solo para caminar un par de calles y llegar a la casa de mis padres, está calle siempre estaba iluminada tenuemente por el alumbrado público, por eso prefería venirme por allí que le la otra calle paralela que siempre está más sola y menos iluminada, pasaban de las 9 PM, había sido un día pesado en la escuela y en el trabajo, caminaba en verdad exhausta. A pesar de que vestía como niño, mi apariencia y la manera de mi caminar me delataban ante la sociedad, aquella noche vestía un pantalón de vestir que me quedaba muy ajustado debido al tamaño de mis caderas y de mis nalgotas, una camisa de vestir también arreglada para quedarme más ajustada de lo normal, y zapatos con un discreto tacón perfectamente bien boleados, un abrigo que parecía más de niña que otra cosa, y claro, por debajo una tanga negra.

    Sin duda la lluvia me había retrasado más de lo normal, a lo lejos el motor de un auto se escuchaba cada vez más cerca, volteé un poco la cabeza hacia un costado para mirar, el auto venia en la misma dirección que yo, lentamente comenzó a detenerse y exactamente a lado mío se detuvo por completo, era una camioneta Ford gris muy bonita, sus cristales negros reflejaban mi sombra obscura y poco clara por la tenue luz amarilla del alumbrado, el cristal más próximo a mi comenzó a bajar dejando ver el interior apenas visible por las pequeñas luces del auto-estéreo, una silueta apenas visible de la única persona en el vehículo se proyectaba en el lado del conductor, el rompió el silencio cuando dijo:

    AA- Buenas noches, y perdone la molestia, estoy un poco perdido… hacia dónde se encuentra la Avenida Robles Domínguez?

    P- Ammm… como a 3 cuadras así derecho, luego doblas a la derecha, manejas de frente hasta encontrar el semáforo y esa es la avenida.

    El hombre volteo hacia enfrente como si pudiera ver el camino a seguir, luego volteo a verme, volvió a voltear, tardo unos segundos y volteo a verme diciendo.

    AA- Perdona mi atrevimiento… para dónde vas tu? Mira la verdad ando bien perdido, te molestaría si me indicas por donde, te dejo donde tú me digas, claro si vas hacia la misma dirección sino no te preocupes.

    Tal vez fue su voz, la amabilidad con la que hablo, lo rico que olía su vehículo por dentro, la lluvia y la fría noche y el no querer sortear más charcos, o algo que no se, que me hizo aceptar su propuesta, asenté con la cabeza, estiré el brazo hacia la manija de la puerta del copiloto, antes de que mis dedos tocaran su objetivo, la puerta emitió un sonido mecánico, abrí sin problemas la puerta. Entonces mientras me sentaba en el asiento del copiloto se presentó:

    AA- Buenas noches, mi nombre es Armando Abad, me indicas por donde manejo?

    P- Si, derecho.

    El auto comenzó su andar, el interior estaba obscuro, su ambiente era ligeramente más cálido que afuera pero claro mucho más agradable. Mientras avanzaba el auto, las luces del alumbrado público pegaban una y otra vez por nuestros cuerpos, dejándonos vernos por instantes de la cintura hasta nuestros rostros antes de que de nuevo la oscuridad nos invadiera hasta encontrar la siguiente luz, esa fue la primera vez que pude verlo perfectamente, era un hombre maduro, de una edad entre 50 y 55 años, con un cuerpo bastante atlético, vestía muy elegante lo que indicaba que seguro venía de trabajar, el olor de su camioneta por dentro como ya lo recalque, fue lo que me invitó a subir antes incluso de verlo a él.

    En esos instantes me entró una atracción efímera por Armando, me recordaba mucho por su forma de ser al hombre que en ese momento era mi jefe, del cual estaba enamorada y de quién hay varios relatos que ya he dejado por aquí. Un sin número de ideas bien cachondas comenzaron a suceder en mi cabeza. La enorme camioneta se había desplazado unas cuantas calles, cuando le dije que doblara a la derecha, él maniobro con maestría, el coche obedeció y sus ruedas giraron hacia la derecha con suavidad. Yo iba totalmente embobada con él, cuando de pronto su gruesa voz rompió el encanto, me dijo:

    AA- Te molesta si hago algo incómodo?… Por precaución y seguridad.

    Estaba tan distraída mirándolo de reojo y pensando cosas indecentes que ni alcance a entender su pregunta, mucho menos a responderla cuando sus manos llegaron a mi cuerpo, como si se tratase de un cacheo policiaco pero muy light, el toqueteo cerca de mi pelvis y el modo que pasó sus manos por mis anchas piernas y mi cadera hizo encender algo en mi interior, no sé si él se percató, pero cerré mis ojos pues un brote de cachondez estaba a punto de invadirme, y eso para Paulina siempre fue muy peligroso, el continuó con lo que hacía, y muy amablemente me indico presionando mi espalda hacia el frente que me inclinara ligeramente como hacía el tablero de su camioneta, yo que ya me encontraba en un borde de excitación lo obedecí sin razón, sus manos tocaron mi cintura por la espalda y el detonante de mi puteria llegó cuando toco parte de mi trasero y espalda baja, en un instante sentí que se detuvo, solo un par de segundos, pero fue más que obvio que se detuvo porque logro sentir el borde de mi pequeña tanga. Entonces me dijo:

    AA- Perdóname por favor, es que en estos tiempos no se debe confiar en nadie, perdóname en verdad.

    El me pedía disculpas sinceras, como si me hubiera ofendido, quizá en su cabeza sentía que me iba a bajar porque se había propasado o algo así, hasta que se percató que lejos de lo que él creía, yo me había puesto cachonda. Entonces con voz melosa le dije:

    P- No te preocupes… Por cierto me llamo Paulina. Y es verdad, una también debe cuidarse…

    Armando a manera de respuesta levanto las manos y me pidió que lo revisara de la misma manera, yo lo comencé a tocar por las piernas y abdomen, mis manos por segundos rozaron su entrepierna, me percate entonces que un enorme bulto comenzaba a crecer un poco más abajo de donde yo tocaba, no pude evitar que mi mirada se posara en esa evidente protuberancia, Armando se dio cuenta de esto, así que me dijo:

    AA- Perdóname por favor… No puedo controlar las reacciones que provoca el tener tan cerca de mí a alguien tan bonito como tú…

    P- Esto es un arma?

    Fue lo que dije mientras buscaba coincidir mi cachonda mirada con la de él y al mismo tiempo con una mano acariciaba ese imponente bulto, que a través de la tela del pantalón de vestir color negro se sentía enorme y caliente, la expresión del rostro de Armando cambio a un modo de éxtasis total.

    AA- Vaya… sabes? Yo podría decirte que no, pero… tu no deberías quedarte con la duda… porque no te cercioras por ti misma?

    P- No se… Debería?

    AA- Adelante… es un juguete solo para ti…

    Estas palabras hicieron magia en mi interior y comencé a pensar en modo Paulina totalmente, ligeros gemidos de deseo salían de mi boca, me puse de rodillas en el asiento en el que momentos antes venía sentada, me incline hacia él, me apoye en su muslo, levanté en automático mis gordas nalgotas y bajé lentamente la bragueta del pantalón de Armando, entonces metí la mano, realicé algunos movimientos con maestría dentro y saque lo que buscaba, una verga gorda y bastante grande se alzaba a unos centímetros de mi cara. Le dedique un par de minutos para admirarla, minutos en los que no deje de estimularla, pues no quería que fuera a perder su dureza, Armando me interrumpió de mi éxtasis visual, me dijo:

    AA- Anda niña… no seas maleducada, salúdala de beso…

    Armando seguía conduciendo su gran camioneta sin perder de vista el camino, aunque lo hacía a una velocidad bastante baja, no sé si para evitar un accidente o para prolongar más el riquísimo viaje que estábamos teniendo, pero lo hacía con una evidente cara de placer. Incitada por Armando y por el excitante momento que estaba viviendo, y al tener esa gorda vergota tan cerca de mi rostro, me sentía bien cachonda, no dejaba de saboreármela, así que abrí grande mi boca y me decidí a engullirla, y en el primer ataque que hice logré devorarme más de la mitad, sentí la gorda cabeza de ese gordo miembro masculino tocar mi garganta, el sabor de este macho era delicioso, retire mi boca lentamente, los hilos de saliva unían mis labios con esa enorme virilidad, mientras Armando emitía gruñidos de placer, al saber que mis caricias bucales eran del agrado de este macho, decidí que era el momento adecuado para ahora si propinarle a Armando una soberbia mamada que no olvidaría tan fácil, así que comencé el típico movimiento con mi cabeza de sube y baja, a manera de sincronización cada 5 o 6 movimientos la sacaba de mi boca y la lamia desde la base hasta la enorme cabeza. En cada acto en el que esa gorda barra de carne de macho entraba en mi cavidad bucal yo emitía femeninos sonidos y gemidos de satisfacción que resonaban en mi boca tapada por aquella deliciosa verga que devoraba.

    Armando manejaba con suma habilidad su camioneta, sin interrumpir lo que yo realizaba entre sus piernas, aunque me percate que pronto giro y se estacionó. Pude ver qué estábamos en la calle Oriente 95, que ya por la noche es una calle solitaria y sin muchos transeúntes o automóviles debido a que es la calle del mercado de la colonia, en esos momentos estaba para nuestra suerte con alumbrado escaso, en definitiva un lugar ideal para lo que acontecía en esa lujosa camioneta. Ya sin la presión de mantener sus sentidos para poder manejar, Armando me tomo de los cabellos con una de sus manos, mientras que con la otra dirigía su gorda masculinidad a mis labios y comenzó a dirigir la velocidad de la mamada que le estaba yo dando, mis manos apenas lograron sostenerse del borde del asiento y de su pierna. Después de varios minutos violándome la boca, Armando me soltó del cabello, en ese momento yo me levanté lentamente, de mi boca escurrían hilos mezcla de mi saliva con su delicioso líquido preseminal, misma mezcla que cubría en su totalidad su vergota, le sonreí coquetamente a este macho y él me regreso la sonrisa, entonces me dijo:

    AA- Regresa a lo que estabas haciendo tu putita… Lo sabes hacer delicioso…

    Cómo la niña buena que soy, le obedecí sin chistar, y me volví a inclinar para recomenzar la espectacular mamada que le estaba yo dando. Sin separarse de su asiento Armando comenzó a desabrocharse el cinturón y con movimientos rápidos se bajó los pantalones y el calzón hasta sus rodillas, ahora nada impedía comerme toda su gorda masculinidad, los vellos recortados que se asomaban mostraban que Armando era un hombre limpio y evidenciaban su edad, pues pude notar algunos con apariencia canosa pero eso no impidió que yo siguiera disfrutando esa experiencia, pues siempre he dejado claro que a mí los hombres maduros son mi delirio. Armando deslizó su mano derecha en la misma posición en la que estábamos, y la metió por debajo de mi ajustado pantalón, buscaba acariciar mi ano, por la posición en que estaba yo y por lo ajustado de mi prenda le fue imposible, así que se conformó con acariciar mis gordas nalgotas por encima de mi pantalón.

    De pronto, un delicioso liquido salado muy bien conocido por mi comenzó a embriagarme, su sabor me incitaba a seguir con mi labor, pues sabía que ese sabor me indicaba que ese premio ya no estaba lejos, en cada acto me comía su vergota tanto como me era posible de un solo golpe y me deslizaba poco a poco de regreso procurando dibujar y memorizar con mis labios cada deliciosa vena y centímetro de la soberbia virilidad de Armando, y una vez que mis labios llegaban a su cabeza la besaba y yo misma me daba ligeros golpes sobre mi rostro y lengua, para después iniciar todo de nuevo, así una y otra vez hasta que entre gemidos de placer por mi parte y gruñidos de mi espontáneo amante, el me anuncio:

    AA- Voy a terminar Paulina, por favor apártate…

    P- Ummm… Ahhh…

    Retire mi boca de su delicioso instrumento masculino únicamente para contestarle:

    P- Ni se te ocurra terminar en otra parte que no sea mi boca… Lo que cargas en estos son mi premio!

    Le dejé en claro, mientras con una de mis manos palpaba sus hinchados huevos que lucían rebosantes de esperma que mis labios ansiaban degustar, e inmediatamente engullí de nueva cuenta con entusiasmo su vergota, a la que me aferre dejando en claro que no me harían cambiar de opinión por nada.

    Pasaron algunos instantes, y de pronto sentí que Amando se quedó tieso por lo que apresure el movimiento de mi mano que subía y bajaba de manera rápida sobre toda la extensión de verga de él, yo sabía lo que iba a ocurrir, por lo que abrí grande mi boca y saque la lengua lo más que pude, al mismo tiempo que gemía yo de placer, Armando comenzó a rugir y gruñir como una bestia emitiendo gritos de placer, y de pronto comenzó a salir en forma de disparos el tan ansiado premio que todas las niñas buscamos cuando mamamos una verga y que salpicó toda mi cara obligándome a cerrar los ojos, los primeros dos disparos se habían estrellado en mi rostro, y conté 3 más igual de cargados que terminaron en el interior de mi boca, después de terminar, Armando exprimió su enorme verga de abajo hacia la punta para que ninguna gota se quedara, yo que ya había abierto los ojos y me percate de esto, lamí la cabeza de este espectacular atributo masculino, tratando de dejarla lo más limpia posible, además de que ya había devorado todo el semen que había caído en mi boca y con la ayuda de mis dedos recogía los restos que habían caído a mi rostro para dirigirlas a mi boca donde las saboreaba y luego tragaba, Armando me veía con satisfacción pero exhausto. Yo lo miraba con una sonrisa de complicidad, mientras con mi mano no dejaba de darle masajes a lo que antes había estado en mi boca. Baje el vidrio polarizado de mi puerta para que entrara aire fresco y mientras lo hacía Armando me dijo:

    AA- Conocer a alguien tan bonito como tú siempre va a ser lo mejor del día.

    P- Y si la maman bien rico es mejor no?? Jijiji…

    AA- Eso es un plus…Te dejo en tu casa? Ya es tarde para que una preciosidad como tú ande afuera…

    Asenté con la cabeza, mientras revisaba mi teléfono, tenía 7 llamadas de mis papás, seguro me regañarían pero no me importaba pues me encontraba todavía excitada, llena de emoción y satisfacción. Armando se acomodó los pantalones, y mientras conducía lo fui dirigiendo entre las calles hasta que me dejo enfrente de mi casa. Entonces llegó el momento de decir:

    P- Gracias por el rato…

    AA- Al contrario bonita, gracias a ti… oye debo preguntar… te debo algo por esto?

    P- Oh no… no descuida…

    AA- De verdad? Podría darte un obsequio?

    P- No en verdad no es necesario…

    AA- Vaya… Disculpa es que estuvo en verdad muy rico… Aunque me hubiera gustado poder regresarte el favor…

    P- También lo disfrute… te dejo mi número y mejor un día me marcas y me regresas el favor… te parece?

    AA- Muy bien…

    Le di mi número, y enseguida él me pregunto cómo regresar a la avenida donde nos habíamos encontrado, baje de la camioneta y me incline un poco solo para recordarle las instrucciones de cómo encontrar la avenida que buscaba, parecía que todo había acabado cuando Armando se inclinó hacia donde me encontraba y me beso, entonces cerré la pesada puerta y con un simple adiós que nos dijimos mutuamente, Armando comenzó su andar hasta perderse de mi vista. Nunca más volví a saber de él.

    FIN

  • La primera de muchas

    La primera de muchas

    Corrí lo más rápido que pude a mi casa, después de casi 4 meses por fin tenía el dinero completo para mi nuevo video juego, solo tenía que subir por el resto del dinero para por fin ir al centro comercial por él. Daniel quedó en acompañarme al centro comercial y después jugar toda la tarde MK, pero su visita olvidada al dentista frustró los planes, quién diría que ese viernes lo recordaría por siempre.

    Compré mi video juego, pero me quedé hojeando unos comics, era cliente frecuente de esa tienda por lo cual no tenía mucho problema en hacerlo.

    De pronto…. escuché un sonido extraño, no le tomé importancia, lo volví a escuchar esta vez poco más cerca, decidí quitar la vista del cómic y ver de dónde provenía aquel raro sonido, pronto me di cuenta que aquel sonido era producido por una muchacha en muletas, en ese momento vi únicamente de sus hombros hacia su arriba ya que los estantes de los juegos no permitían ver su cuerpo completo.

    Seguí con mi lectura hasta que una voz me pedía permiso para pasar, me quedé pasmado al darme cuenta que aquella muchacha usaba muletas porque su pierna derecha no estaba, no tenía pierna derecha por arriba de su rodilla.

    En ese momento el pulso se me aceleró, las manos me sudaban demasiado y tuve una erección, paso junto a mi y ya no pude quitarle la vista, obviamente se dio cuenta, volteó a verme, me sonrió y tomo un video juego se dio la vuelta para venir hacia mí, no podía reaccionar, no dejaba de mirarla, me preguntó algo sobre el video juego que llegaba, realmente no recuerdo que me preguntó ni que le respondí, solo recuerdo que me dio las gracias, un cumplido y una sonrisa.

    Estaba en shock, no reaccioné como por 3 minutos, la vi salir de la tienda, decidí seguirla, pero al salir la alarma de la tienda sonó, tan emocionado estaba que olvidé pagar el cómic que tenía en las manos, por mi tontería ya no vi hacia dónde se fue, traté de buscarla por todo el centro comercial pero sin éxito.

    Regresé a casa pensando en ella y en lo que me sucedió, Recordaba su andar con las muletas y su única pierna y sentía mucha excitación, el video juego ya ni lo probaré ya no importaba.

    Esa tarde me masturbé más de 6 veces pensando en ella…