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  • Mi vecina Yanina

    Mi vecina Yanina

    El día hacía sido muy pesado, en la oficina no me había ido muy bien durante toda la semana, lo único que deseaba en ese momento era llegar a mi pequeño departamento, meterme a la ducha y luego dormir esperando olvidar esos días tan malos. Para poner la cereza a la torta los minibuses estaban repletos de gente (¿acaso alguna vez han estado vacíos?). Al menos es viernes, pensaba al subir al minibús.

    Llegando ya a mi destino empiezo a agradecer, ya que el codo de mi compañera de asiento me golpeaba en las cotillas desde hacía ya bastante tiempo. El minibús se detiene y peleo entre empujones para poder salir.

    Al llegar a mi edificio veo a lo lejos como se acerca mi vecina Yanina caminando en dirección contraria a la mía, al menos el día no había sido un desperdicio, mi vecina era lo único hermoso en el edificio en donde vivía, ella mide 1.60, tez blanca, cabello oscuro, una mirada hermosa, entre inocente y pervertida, unos senos de buen tamaño, lindas piernas y unas nalgas que si bien, no son enormes, a mí me encantan. Con ella sólo había intercambiado unos cuantos saludos e intercambiamos un par de palabras cuando coincidíamos en las escaleras y salvo eso no había tenido otra interacción con ella, pero mi sorpresa es enorme cuando al acercarme más ella me saluda y se acerca a mi:

    – Hola Daniel! ¿Ya llegando del trabajo?

    – La verdad que sí.

    Me detengo un momento y me pongo a apreciarla, estaba vestida con unos jeans azules al cuerpo, botas altas negras, una blusa negra con un generoso escote que resaltaba más sus senos, una chaqueta bolero negra y noto como aparte ella lleva un pequeño bolso.

    – Supongo que vas de salida – le digo.

    – Algo así, saldré de viaje por unos días – y me hace un gesto enseñándome su bolso.

    – Que bien – le digo – hay que aprovechar el fin de semana.

    – Si, mira, que bien que te encuentro… quería pedirte un favor enorme.

    – Claro… que necesitas…

    – Pasa que como estoy de viaje y no retorno hasta el lunes en la mañana quería saber si puedes darle comida a mi gatito.

    En eso recordé que ella era dueña de un gatito, lo poco que había conocido de ella era que es una defensora de los animales.

    – Claro, está bien… solo alimento al gato.

    – Ya le deje alimento en su platito y también tiene agua… sólo sería que le coloques alimento y agua el día domingo.

    – Entonces les daré de comida sólo el domingo.

    – Si… toma esto – alarga su mano y me entrega una llave – estoy confiando en ti, es una llave de mi departamento, úsala para entrar el domingo y colocarle la comida a mi gatito.

    – Listo – le digo mientras guardo la llave en mi bolsillo.

    – Bueno ya me voy – me dice – te encargo que al abrir la puerta no dejes que se salga.

    – No te preocupes – le digo y nos despedimos.

    Al parecer ella esta apurada ya que se despide apresuradamente y se va en dirección a la parada del minibús. Continuo mi camino llegando a mi edificio, subo las escaleras e ingreso a mi vivienda, me dirijo a la ducha y mientras me duchaba me puse a pensar en mi vecina, de seguro ella estaba de viaje con su novio, pensando en la suerte que tienen algunos termino de ducharme y me acuesto en mi cama, prendo la televisión y no supe en que momento me dormí.

    En mitad de la noche me despierto sobresaltado por el sonido de un trueno, me doy cuenta que me había dormido con la tv prendida y la luz de mi habitación también, me levanto de mala gana para apagar la luz y entonces me detengo en seco.

    Empiezo a escuchar movimiento en el departamento de mi vecina, supongo que el gato anda algo inquieto, quizás extrañando a su dueña. Apago la luz y el televisor, al meterme en la cama nuevamente se escucha movimiento en el departamento de mi vecina, me quedo en silencio total conteniendo la respiración, esto con el fin de poder escuchar mejor, el viento y la tormenta que está próxima no ayuda mucho, nuevamente se escucha ruidos en el departamento de al lado, claramente escucho como si abrieran un cajón, la tormenta inicia y gruesas gotas de lluvia comienzan a caer.

    Empiezo a sospechar que algún ladrón haya ingresado a su departamento y con temor busco la llave que me dio mi vecina, salgo de mi departamento y me acerco a la puerta de su vivienda, me quedo de pie en silencio escuchando, otro sonido como de un cajón cerrándose se escucha, coloco la llave y la giró lentamente abriendo la puerta, noto como el departamento está a oscuras, mala señal, mi temor de que sea un ladrón se incrementa. Escucho sonidos en dirección a la habitación de mi vecina, con extremo cuidado me acerco lentamente, la oscuridad de la habitación solo es disipada por breves segundos por los relámpagos de la tormenta. Me arrepiento no haber traído conmigo algo con lo cual defenderme de un posible ataque y lentamente llego a la puerta de la habitación de mi vecina. La puerta esta entreabierta y noto como un resplandor en la oscuridad de la noche.

    Con sorpresa me doy cuenta que el resplandor que veía en la habitación era la pantalla de un celular, me doy cuenta que mi vecina se encontraba en su cama atenta al celular, al parecer ella había retornado y yo, pensando en un posible ladrón, me había colado en su departamento. Qué pensaría ella si me encuentra de pie en la puerta de su habitación, al parecer ella, concentrada en el celular, no había percatado mi presencia.

    Mi primer pensamiento es retirarme aprovechando su distracción, pero esos pensamientos son opacados al apreciar mejor a mi vecinita. Yanina estaba sentada en su cama, con la espalda apoyada en sus almohadas, vestida sólo con lencería negra, lleva puesto una bata negra transparente, el cabello agarrado en dos coletas y noto como tiene unos auriculares puestos, vencido por el morbo me muevo lentamente ocultándome un poco, lo suficiente como para que pueda seguir apreciándola en la oscuridad, la tormenta cae con más fuerza, luego de unos minutos considero prudente ya retirarme en silencio, no quiero imaginar el problema que se me armará si soy encontrado espiando a mi vecina. Decido apreciar por última vez esos magníficos senos e irme cuando noto como mi vecina se acomoda en la cama, dirige su mano libre hacia sus senos y empieza a acariciarlos lentamente…

    No puedo creer lo que ven mis ojos, mi vecina empieza a apretar con fuerza uno de sus senos soltando pequeños gemidos que eran opacados por el sonido de la lluvia, luego Yanina dirige su mano hacia su sexo y empieza a acariciarse por encima de su ropa interior. No podía entender mi suerte, hacía solo unas horas atrás estaba lamentándome por la mala semana en el trabajo y ahora me encuentro viendo en primera fila como mi vecina se estaba masturbando. Noto como mi pene empieza a ponerse duro, lentamente con mi mano acomodo mi bóxer para aliviar la erección.

    Al parecer mi vecina estaba viendo una buena porno, ya que deja de masturbarse para tomar y liberar uno de sus senos, sacándolo de su brasiere y procede a pellizcar su pezón, empieza a alternar sus toqueteos pasando de sus senos a su vagina. No supe en que momento, pero yo ya me encontraba con el pene de fuera masturbándome, la razón por fin se hace presente y decido que ya es suficiente y que debo irme de ahí, dejo de masturbarme y lentamente empiezo a retroceder.

    – Ya te vas a ir – escucho como mi vecina me pregunta, deja el celular a un lado y su mirada fija en dirección a donde yo creía estaba bien escondido.

    – Eemmm – balbuceo con total pánico, había sido encontrado infraganti y no sabía que inventarle.

    Es cierto, pensé que había entrado un ladrón a su departamento, pero una vez darme cuenta que mis sospechas eran incorrectas yo debía de haberme ido. Pero no, debí de quedarme a espiarla y lo que es peor me estaba masturbando mientras la veía desde la oscuridad.

    – Lo siento Yanina – digo luego de segundos de balbuceo – pensé que había ingresado alguien a tu departamento y…

    – Decidiste quedarte mirándome en la oscuridad.

    – Eeemmm

    – Acércate por favor – me dice.

    Como niño regañado ingreso a su habitación, me acerco a ella y quedo frente a ella con temor de mirarla a los ojos.

    – ¿Te gusta espiar cuando las personas se masturban? – me pregunta

    – No, como digo entre pensando que había entrado alguien a robar y pues…

    – Me viste en mi cama y decidiste quedarte a mirar

    Desvío la mirada sin saber que decir.

    – Acércate más – me ordena

    – Está bien.

    Me coloco a su lado, ella se levanta de la cama y se pone de pie frente a mí, la diferencia de tamaño es evidente ya que yo mido 1.80, noto como su seno sigue descubierto. Desvío la mirada al darme cuenta de eso, pero Yanina toma una de mis manos y la dirige a su pecho.

    – ¿Te gustan estas? – me dice mientras hace que la apreté con fuerza.

    – Si vecina – le digo alentado.

    – Entonces aprétalas con ganas – me dice.

    Con mis manos empiezo a apretarle los pechos, noto como mi pene se empieza a poner duro, libero totalmente sus senos del brasiere, con mis manos empiezo a pellizcarle los pezones notando como se ponen duros a mi tacto. Yanina solo cierra los ojos y su respiración se hace agitada. Con timidez acerco mis labios a sus pechos e inserto uno de sus pezones a mi boca, succionándolo lentamente.

    – Mmmm – Yanina suelta un gemido largo

    Alentado por esto empiezo a lamerle los pezones, chupando fuertemente sus pechos y magreándolos a mi antojo. Con mi mano apretó fuertemente sus generosos senos y trato de meterlos lo más posible en mi boca chupándolos, alternando entre uno y otro. Noto como las manos de Yanina acarician mi pene por encima de mi ropa.

    – Vaya que estás caliente – me dice

    – Así me ponen tus hermosas tetas – le respondo aun dándole lamidas a sus pezones.

    – Quiero sentirte dentro de mí -me dice con su voz entrecortada.

    Nos abrazamos y nos besamos, aprovecho para dirigirla hacia la cama donde ella se sienta y hago que se recueste, me arrodillo y la tomo de los pies levantándolos, la acomodo en la cama de manera que su vagina quede a mi disposición, acerco mi cabeza a su intimidad y empiezo a lamer su vagina por encima de su tanga, Yanina suelta un largo gemido y abre más sus piernas.

    – Parece que deseas que te lama todita – le digo.

    Ella solo abre sus piernas y con sus manos hace a un lado su tanga ofreciéndome su vagina. No pierdo más tiempo en charla y con mi lengua empiezo a recorrer sus labios vaginales, noto como esta mojada, mi lengua recorre sus labios vaginales de arriba hacia abajo, haciendo círculos. Mi lengua empieza a atacar su clítoris, noto como al primer contacto de su clítoris con mi lengua Yanina da un pequeño saltito, inserto uno de mis dedos en su vagina, ingresa fácilmente ya que Yanina tenía la vagina empapada en sus jugos. Inserto dos dedos y empiezo a realizar un mete y saca frenético, mientras que con mi lengua sigo estimulando su clítoris.

    – Así… así… así – balbucea Yanina mientras sus piernas empiezan a temblar.

    Noto como Yanina empieza a retorcerse por un orgasmo, con sus manos toma mi cabeza y la presiona fuertemente contra su vagina. Luego de muchos gemidos y de algunos espasmos de parte de ella me libera.

    – Ahora me toca a mi – le digo.

    Tomo sus piernas y las coloco en mis hombros, dirijo mi pene duro en la entrada de su vagina y con un movimiento fuerte de cadera la penetro fuertemente. Yanina suelta un gemido y yo, en esa posición, empiezo a penetrarla fuertemente. La vagina de Yanina se siente muy bien, estrechita, el sonido que hace mi pene al penetrarla me enloquece, en esa posición con mis manos estrujo y aprieto sus pechos. Siento como estoy por terminar, pero me detengo.

    – No la saques – me dice con tono entre suplicante y dando una orden.

    – Espera – le digo – date vuelta quiero darte en cuatro.

    Yanina obedece, me acomodo atrás de ella, tomo mi pene duro y lo dirijo hacia su vagina, la penetro lentamente, Yanina suelta un gemido, la tomo de las caderas y empiezo un mete y saca rápido, la cogida que le estoy dando es ruda, le doy de nalgadas para acompañar cada embestida que le doy, Yanina solo gime pidiéndome más y más. Los pechos de Yanina se bambolean con cada una de mis penetradas, solo escucho los gemidos de Yanina y el sonido que hacen sus nalgas al chocar contra mi, siento como estoy por terminar, tomo a Yanina de sus cabellos y empiezo a jalárselos.

    – Si… más duro Dani – me dice – me harás acabar de nuevo.

    Mi respiración se torna más agitada y noto como Yanina tiene un orgasmo y empieza a gemir con fuerza, no aguanto más y saco mi pene fuera de su vagina, teniendo un orgasmo y lanzando chorros de semen que caen en su espalda y en sus nalgas.

    Caigo rendido al lado de ella y Yanina queda en esa posición, acostada de barriga víctima de pequeños espasmos.

    – Creo que tendrás que venir más a menudo para alimentar a mi gatito – me dice luego de varios minutos de estar en silencio.

    – Claro vecinita, cuando desees – le digo.

    En silencio recojo mi ropa y me dirijo a mi departamento, agradeciendo la buena suerte que tuve aquella noche.

  • Aventuras y desventuras húmedas: Primera etapa: Fin

    Aventuras y desventuras húmedas: Primera etapa: Fin

    Sergio se vistió y bajó con calma a desayunar. Su madre ya le había calentado la leche y tenía listo el cola-cao. Se sentó junto a ella después de darla un beso, como si nada hubiera pasado el día anterior, aunque al hijo algo le molestaba en su conciencia.

    —He ido al baño y estaba allí la tía, se había ido a duchar a ese para no despertarte con el ruido. Por cierto, mamá —Sergio creía que debía una disculpa a su madre. Lo del día anterior había estado fuera de lugar y por mucho que hubiera sido el momento más extraño y lascivo de su vida, ella era su madre — ayer… no sé qué pasó. Supongo que estaba demasiado a gusto y…

    —Tranquilo, cariño, no te preocupes, creo que es algo involuntario, a los hombres os puede pasar sin que sea apropósito, no le des más vueltas.

    —Ya, pero con vosotras… que no sois unas cualquiera, sois mi familia.

    —Nada, olvídalo, de verdad. Como si no hubiera pasado. Estate tranquilo, por mí no hay ningún problema, te lo digo en serio. —puso la mejor sonrisa de la que disponía, aunque poco convincente, seguía bastante inquieta— Tomate el desayuno anda.

    Las palabras de Mari en parte eran ciertas, no sentía que su hijo hubiera hecho nada mal. Ellas se habían quitado los bikinis, y un hombre con esos cuerpos delante “no estamos nada mal… Carmen tiene razón. Le puede pasar a cualquiera ¿no?… seguro que sí”.

    Al de pocos minutos escucharon ruido en las escaleras, era Carmen que bajaba aseada aunque todavía con fluidos de su sobrino en el interior. Dio dos besos a cada uno y cogió el café para prepararse una taza.

    —Os tengo que dar una noticia. —los dos la miraron— Pedro viene hoy, llegará a Madrid esta mañana y coge un vuelo hacia aquí cuando pueda, a la tarde más o menos estará en casa.

    Mari lo recibió como un jarro de agua fría, un golpe duro de realidad. Se encontraba tan a gusto con su hermana y con su hijo, que no tenía ninguna gana de que alguien se entrometiera y menos de volver a casa. Sin embargo, así era, su cuñado volvía y ella… “No pintamos nada aquí” pensó rápidamente, en su cabeza la “Mari de casa” que yacía amordazada se comenzaba a erguir. Por mucho que su hermana insistiese, la comodidad que sentía se iba a diluir como el azucarillo en el café de Carmen, “no quiero estar de prestado”.

    —Entonces, será mejor que me…

    —Cielo —cortó Carmen a su hermana—, sé lo que vas a decir, pero te puedes quedar sin ningún tipo de pega.

    —Y tú sabes… —devolviéndole la sonrisa— que no quiero aprovecharme de tu hospitalidad, es momento de que estéis tranquilos tú y tu marido. Además puede que sea bueno para vosotros.

    —No te aprovechas. Tu hermana te acoge con los brazos abiertos los días que quieras… quédate Mari… —la sonrisa se esfumó y casi sonaba a ruego. Aunque la hermana morena negó con la cabeza, su mentalidad comenzaba a transformarse en la habitual.

    —Muchas gracias, cariño, de corazón. Pero prepararé mis cosas y marcho, de verdad, Carmen, no te sientas mal, me lo he pasado de maravilla, no te puedes hacer a la idea de lo que he disfruta. Pero también tengo que volver con mi marido y con mi hija. Ahora a la mañana me voy a comprar un billete de autobús.

    Carmen sabía que no había vuelta atrás y no se iba a dedicar a discutir con su hermana las últimas horas que pasarían juntas. Por mucho que no compartiera su idea, la entendía.

    —Te pago el autobús —levantó el dedo viendo que Mari iba a hablar y añadió— ni un pero o me enfado, te lo digo muy en serio. Tú me trajiste el coche, déjame compensarte pagándote el autobús al menos.

    —Tía, no hace falta —saltó Sergio que se mantenía en silencio escuchando a las dos mujeres—. Mamá, podemos volver juntos en mi coche.

    —¿Cómo? ¿No ibas a quedar con tus amigos?

    —Sí, pero vendré en otro momento, o el año que viene. No pasa nada, así ahorro a la tía un dinero, a ti un viaje pesado y además… no sé… podemos seguir disfrutando de lo que me queda de vacaciones en casa.

    —No, cariño, no… tú quédate y pásatelo bien, no vengas por mí.

    Sergio que estaba junto a su madre, miró a su tía y esta le asintió sabiendo que estaba haciendo lo correcto. Iba a perder el tiempo precioso con Carmen, aunque ella lo entendía. Además que con Pedro en casa, poco podrían hacer, quizá si fueran a casa de la abuela y allí desatar su pasión, pero era algo arriesgado.

    Sujetó la mano de su madre y mirándola a los mismos ojos azules que las dos mujeres heredaron, le dijo.

    —También me lo paso bien contigo. Mira que no tengo veranos para volver, seguro que la tía quiere que vuelva cuanto antes —la miró con una sonrisa pícara y esta le contestó.

    —Cuando quieras, tienes mi puerta abierta. — “la de casa y la de…” acabó pensando Carmen.

    —Si lo dices en serio… y no te importa… acepto. Hacemos las maletas y marchamos.

    Se levantó y dio un beso a su madre en la mejilla mientras esta lo recibía con los ojos cerrados. Suspiró siguiendo con la mirada como el joven se perdía por las escaleras y escuchó la voz de su hermana.

    —Tienes un hijo… que no sé cómo calificarlo

    —Ni yo.

    Ambas le miraron como embelesadas y en unos segundos volvieron a charlar de cosas mundanas que tanto les apasionaban.

    Pasaron la mañana entretenidas mientras hacían las maletas. La tía les preparó a ambos dos bocatas para el camino y ayudó a bajar las maletas hasta el coche. La despedida fue breve, unos besos y un abrazo entre hermanas más que largo. Aunque cuando Sergio cargaba la última maleta, su tía le comentó que entrara un momento, su madre asintió y se metió en el coche para esperarle.

    Pasaron la puerta de casa y sin decir nada, llegaron a la cocina donde estaba el monedero de Carmen, de allí sacó cincuenta euros y se los acercó.

    —Casi se me olvida, esto como siempre es para ti.

    —Sabes que no me gusta cogerlos, tía.

    —Quizá esta vez, te entienda… igual te sientes un poco prostituto… —de las últimas bromas que se hacían.

    —Un poco… —le siguió la gracia.

    —Toma. —Carmen acabó metiéndole el dinero en el bolsillo y después pasó sus manos rodeando el cuello del joven— Te voy a echar de menos.

    —Y yo…

    El joven rodeó su cadera con ambas manos. Carmen se levantó un poco sobre sus dedos del pie dejando su rostro a la par que el de su sobrino. Sin dejar de mirarse, juntaron con mucho amor sus labios dándose un beso sentido que sumó algo de pasión cuando sus leguas se despidieron.

    Fue corto, pero intenso. Sergio sintió que el calor le recorría la entrepierna (como siempre) y Carmen tuvo que resoplar para airearse.

    —Vamos, marcha ya que no respondo. —comentó Carmen mientras le empujaba a la salida. Y en el camino le añadió— Recuerda, coméntame que tal esta tu madre, y de vez en cuando, si quieres… podemos hablar de otras cosas. —acabó guiñándole el ojo mientras abría la puerta.

    —Te mandaré también alguna foto… y ya me contarás si te da por escribir tu libro.

    Ambos sonrieron y Sergio poco a poco se metió en la zona del conductor. Tanto él, cómo su madre despidieron a Carmen sacando la mano por la ventanilla, llenos de pena, hasta el punto que a Mari le resbaló una pequeña lágrima por la mejilla. Cuando se dio cuenta se la secó con rapidez. Sergio soportó las lágrimas y tragó sus sentimientos, era lo que solía hacer siempre, pero la pena de alejarse de su tía casi le podía.

    El viaje resultó bastante corto, los kilómetros pasaban volando, habló más que nunca con su madre y los dos sintieron que aquella carretera se consumía a pasos agigantados. El momento de “Duelo por Carmen” pasó relativamente pronto. Al poco comenzaron a bromear sobre las pequeñas vacaciones que habían pasado, sobre un programa de televisión y diversas cosas… no paraban de hablar.

    No tocaron temas comprometidos, Sergio no tenía el cuerpo y a Mari, simplemente ni se le pasó por la mente. Al abandonar la casa de su hermana, parecía que el recuerdo del jacuzzi había sido un sueño, algo extraño que reprodujo su cerebro mientras dormía. Solo una vez en todo el viaje lo rememoró como un suceso real.

    Vio cómo su hijo se dirigía al baño en la gasolinera que habían parado y mientras le observaba con la mente en blanco, todo surgió pese a las barreras que le había puesto. La imagen de aquella “cosa”… poderosa… titánica… le atravesó surcando la cabeza haciendo que por su espalda un escalofrío la desestabilizase.

    Casi al final del camino, Mari tuvo curiosidad. Habían hablado de ella, de sus inquietudes incluso de su relación con su marido, cada vez lo veía más surrealista. Sin embargo, de Sergio no habían hablado apenas y a su modo de ver, su hijo tenía cosas que contar.

    —Cariño, —bajó la voz de la radio en señal de que quería conversar— ¿hablamos sobre Marta? —Sergio torció el rostro no era un tema que le gustase. Solo lo había hablado con Carmen y tratarlo así de sopetón, no era de su agrado— Sé que has hablado con tu tía, solo quería tratarlo por si te podía ayudar.

    —Gracias, mamá, pero no puedes hacer nada. Bueno nadie puede, ni yo mismo.

    —Solo lo decía por si te apetecía desahogarte —Mari se acomodó en el sillón, su trasero se comenzaba a dormir, menos mal que estaban cerca.

    —Poco hay que contar, me dejó, por su… Ex. —todavía le molestaba. La seguía queriendo y aunque lo negara, le producía mucho dolor— No creo que le amase el tiempo que estuvo conmigo, pero es que no lo comprendo.

    En aquel momento, algo en Sergio cambio, su mente no pareció darse cuenta de que estaba con su madre, sino con su amiga, la misma sensación que le sucedió con Carmen. No le había contado apenas nada en toda su vida, pero en ese instante, como decía su madre, se desahogó.

    Y fue un gran desahogo. Contó a su madre que aún la amaba, que le seguía gustando aunque no quisiera, y que sin ser una relación de felicidad plena, juntos estuvieron muy bien. Le sorprendían sus propios sentimientos llegando a mencionar que su historia “parecía de telenovela mala de la tarde”.

    —¡Vaya! Lo tenías todo bien dentro. —se sorprendió su madre cuando Sergio acabó el monólogo— Has hecho bien en soltarlo, es como un peso de encima ¿verdad? —asintió, resopló y sonrió— Encontraras a otra.

    —Me cuesta, mamá… me cuesta. Soy bastante cortado para conocer chicas nuevas, no sé por qué… me gustaría ser más como mi hermana, creo que es más suelta para el tema social.

    —Sí, Laura es más dicharachera, no digo que tú seas soso… —ambos se sonrieron, su madre bromeaba— Aunque no sé, desde que sale con estas chicas, me gusta menos…

    —Mamá, está en la edad, la tengo que defender en ese aspecto y quizá en el único…

    —Sergio —le reprochó la puntilla hacia su hermana—. Ya, pero que si fuman, que si beben…

    —Mari, ya. Pareces una abuela —ella le golpeó el brazo— Laura esta ahora con las chicas “populares” y van a cumplir los dieciocho, seguramente algunas ya tengan la mayoría de edad.

    —Con las macarras… —Sergio no aguantó la risa.

    —Bueno, con las macarras… cuando iba al instituto era lo mismo. Son etapas creo yo, mis conocidos que eran “macarras” como dices, ahora son gente muy maja y agradable.

    Era cierto que su hermana era insoportable desde hacía un tiempo, que también daba la sensación de que estaba ligado a su grupo de amigas. Habían pasado del parque, a salir de fiesta, estaban disfrutando de la novedad, él ya lo había probado y sabía de lo que hablaba. Hasta que cumplieran los veinte sería una locura, luego ya disminuiría.

    Sergio lo conocía y su madre también, lo que pasaba era que esta no se acordaba de cuando era joven o no lo vivió tan fuerte. El muchacho recordó la conversación que mantuvieron en el río “quizá le faltó vivir eso… se casó muy joven”.

    —Si vieras alguna de sus amigas… es que van casi desnudas, incluso en invierno, menos mal que Laura no es así.

    —A ver, creo que necesitas alguna actualización… estamos en la época de Instagram y demás redes sociales. Lo de enseñar está a la orden del día, Laura la verdad que siempre ha vestido igual, podríamos decir… normal. No creo que eso vaya a cambiar, o sea que puedes estar tranquila, tu hijita no ira desnuda por la calle.

    Los dos rieron y volvieron a guardar silencio, último desvío antes de entrar en su ciudad, en su casa. Los dos lo miraron con cierta nostalgia, no por volver a su casa, sino por volver a su realidad, a una realidad que no deseaban.

    Sergio girando el volante y colándose por la salida hacia la ciudad, pensó en todo. Cada situación vivida tan intensa, tan pasional, tan sexual. Se sorprendió de haber perdido la noción del tiempo, sentía que una vida entera había corrido, pero en verdad fueron únicamente siete días desde que marcho con Carmen. “¡Qué locura de semana!” gritó su cabeza aminorando las marchas del coche.

    Retornaban el punto de salida, una casilla donde esperaban que sus personalidades no volvieran atrás. Sobre todo Mari, que en silencio sujetaba con fuerza su pantalón arrugándolo entre sus dedos y sabiendo que el cambio que había sufrido no lo podría soportar. El proceso sufrido dentro de la casa de Carmen, que apenas llegaba a tres días completos, se desvanecería en otros tantos en su casa, lo sabía.

    Lanzó el último vistazo a su hijo, a ese pequeño que había descubierto que era un hombre. Se sintió orgullosa por verle tan mayor, tan responsable, tan adulto. Sin embargo, algo más, había algo más en el que no podía vislumbrar y que esperaba que no desapareciera en la rutina casera.

    Mari vio su casa a lo lejos mientras Sergio suspiraba y sentía pena por volver al hogar y separarse de su amada Carmen. La madre también la sintió, pero curiosamente, de su estancia en la casa de su hermana solo una imagen le vino a la mente. De todos los buenos momentos y las risas junto a Carmen, un único recuerdo de todos los que poblaban su memoria era el que primero se presentaba.

    Se estremeció en el asiento moviendo la cabeza para mantener el control porque lo que su cerebro le recordaba era un bulto. Un montículo por el que circulaba agua y que una muy fina tela tapaba haciendo de segunda piel.

    No se podía creer que aquel fuera el último recuerdo que le pasase por la cabeza antes de llegar a casa, pero así era. Cerró los ojos para sentirlo más nítido, antes de que quizá lo olvidase en aquellas cuatro paredes que eran su hogar. Su subconsciente no quería que el recuerdo se difuminase, lo quería retener por algún motivo que se le escapaba. Quería… quería recordar… el relieve que marcaba en el bañador… la polla de su hijo.

    FIN PRIMERA ETAPA

    ———

    Antes de nada, os quiero agradecer a todos haberme seguido en esta loca aventura, a los que habéis leído, comentado, puntuado y a los que llegarán. Cuando empecé jamás me hubiera esperado llegar a escribir tanto como he hecho, en verdad ha sido un logro que todavía no puedo creerme y sin vuestro apoyo no podría haber sido posible.

    De momento la historia se tomará un parón, la vuelta la espero en uno o dos meses. El descanso se antoja necesario, ya que ha sido un ritmo frenético de escritura y con la cabeza dándole vueltas continuas a la historia. Aun así, trataré de traer de vez en cuando otras historias para no dejar la cuenta huérfana.

    Volveré con más fuerza para afrontar una segunda etapa que ya está en mi cabeza, donde Sergio volverá junto a su madre a casa. Allí se encontrarán de nuevo con sus rutinas diarias y una vida aburrida lejos de la pequeña semana de ensueño que tuvieron. La temática aunque en su contexto global seguirá siendo de Amor filial y seguiré publicándolo en esta sección, pasará también por momentos cotidianos en la vida de un joven como Sergio.

    Sin más que decir me despido hasta la próxima, un placer que me hayáis leído y espero volver a leernos pronto. Dejadme escrito que os pareció esta primera etapa en general y si os animáis, comentarme que esperáis de la segunda, os leeré y contestaré lo antes posible. Si queréis más información, en mi perfil tenéis mi Twitter, donde iré subiendo cuando pueda más información.

    ¡¡¡Saludos!!!

  • Mi madre y mi amigo: Fin de semana de campamento (Parte 1)

    Mi madre y mi amigo: Fin de semana de campamento (Parte 1)

    Yo ya había aceptado que a mi madre le gustaba mucho el sexo y sobre todo si era con mi amigo Carlos, tampoco podía negar que me provocaba un morbo enorme verla follando con él y que después de la primera vez trataba de hacer lo posible para pillarlos en alguno de sus encuentros.

    Sin embargo, luego de observar la segunda vez que habían estado juntos (Mi madre y mi amigo -02- Secretaria ejecutiva) no había podido satisfacer mi morbo nuevamente, ya había pasado más de una semana y aún no sucedía nada. Mi morbo por ver a mi madre con Carlos crecía cada vez más y más, por lo cual decidí trazar un plan, quería comprobar si todavía mantenían sus encuentros, así que inventé una salida a acampar. El plan era el siguiente: Le diría a Sofía que me iba a ir de campamento con unos amigos por el fin de semana, supuestamente saldría el sábado en la mañana y no llegaría hasta el domingo en la noche. Después de pensar bien cómo lo haría y afinar todo los detalles, el día miércoles me acerqué a mi madre y le dije:

    -Mamá, voy a irme de campamento con los muchachos.

    -¿Si?, que bien y ¿cuándo van a ir?

    -Este sábado, nos vamos a ir temprano y volveremos el domingo en el noche, es sólo por el fin de semana.

    -Ahhh, que bueno, está bien que salgas a divertirte.

    Pude notar un dejo de «felicidad» en la voz de mamá, estaba contenta de quedarse un fin de semana sola. Terminé de coordinar todo y hablé con un amigo de la universidad que vive en el centro de la ciudad a pocas cuadras de mi edificio le conté una historia que había tenido unos problemas con mi madre y le pregunté acaso me podía recibir en su casa un par de días, el me respondió que no había problema y que llegara cuando quisiera, así lo hice.

    El sábado temprano armé mi mochila con la esperanza de que mi plan funcionara. Ese sábado Sofía debió trabajar por lo cual salimos juntos, en el hall me despedí de ella y me dirigí al apartamento de Rodrigo. Después de un rato en su casa le dije que iría donde mi novia y que volvería en la noche, él me pasó una copia de su llave y me dijo que probablemente el no estaría en la noche, ya que se iba a quedar en la casa de Javiera, su novia, pero que me sintiera como en casa, yo le agradecí y salí. Obviamente no fui a la casa de mi pareja, sino que me dirigí a mi apartamento. El día antes de salir me había preocupado de dejar la ventana de mi pieza sin seguro y ponerles un pequeño trocito de madera para poder entrar por ahí, también engrasé la puerta de entrada para que no sonara al abrirse y dejé todo preparado para los posibles escondites.

    Llegué a las cuatro de la tarde a mi departamento, mi madre supuestamente debía llegar como las seis. Durante ese rato terminé de arreglar todo, estaba un poco nervioso no sabía si mi plan iría a funcionar. Luego de preocuparme por todo y realmente por cada detalle, esperé. Sofía llegó aproximadamente a las 6:15 y observé como rápidamente entraba a su pieza, una vez allí y frente al espejo comenzó a arreglarse velozmente, se soltó el cabello, se abrió un botón más de su ajustada blusa y se pintó nuevamente los labios con un intenso color rojo y se quitó las bragas A los pocos minutos se escuchó el timbre, mi madre corrió a abrir la puerta y yo no alcancé a moverme de donde estaba:

    -Te ves exquisita. Era la voz de Carlos

    -Me arregle para ti. Respondió mi madre

    -¿De verdad? Ya no aguantaba más. Logré escuchar como comenzaban a besarse.

    -Yo tampoco mi vida, quería que me besaras, que me tocaras, estaba desesperada, oh, si, como me encantas.

    -Me fascina tu cuello y tus duras tetas. Seguramente mi amigo le estaba comiendo las tetazas.

    -Ven, apresuremos que luego tengo que salir con Ricardo.

    -¿Prefieres a ese cornudo en vez de a mí? Preguntó Carlos con ironía.

    -Nooo, mi amor, paraaa nada, sólo va a serr un rato, vamos rápido ya no aguanto más quiero tenerte dentro. Sofía estaba calientísima.

    Ambos llegaron a la pieza, esta vez no hubo preámbulos. Mi madre le quitó con maestría el cinturón y le bajó velozmente los pantalones, Carlos la tendió sobre la cama y le levantó la falda, encontrándose con el coñito de mi madre listo para el combate.

    -Jajaja, ¿Ya te quitaste las bragas?, ¿parece que me estabas esperando?

    -Siiii, mi amooor, hace días.

    -Qué mojadita que estás ¿Te pones así por mí? Decía Carlos con ese tono orgulloso que caracterizaba sus diálogos sexuales con mi madre.

    -Siiii, mi vidaaaa, tú me pones así, vamos clávamela, hazme tuya, métemela por favor. Suplicaba Sofía.

    Carlos no se hizo esperar, estaba completamente empalmado. Mi amigo se subió sobre mi madre y la penetró así. Pude ver como Sofía abría su boca y cerraba sus ojos liberando un gran y extenso gemido de alivio, mientras clavaba sus uñas en las nalgas de Carlos. El muchacho empezó a cogerla salvajemente, sin lograr aún penetrarla completamente, pero logrando metérsela un poco más profundo:

    -¿Vamos a tener dos días para esto, verdad? ¿Jorge se fue por todo el fin de semana? Preguntaba Carlos.

    -Sii, mi amor, ya no aguantaba más.

    -¿Te gusta la idea de estar conmigo estos dos días?

    -Me encanta, mi vida, no entiendo cómo me haces gozar tanto.

    -Te hacía falta que te follaran de verdad, Una mujer como tú necesita un polvo diario a cada momento. Necesita de un buen miembro ¿verdad?

    -Siii, mi cielo, eso es lo que necesito, me encanta como me la metes, no pares.

    -Siempre supe que lo que necesitabas era una buena verga, grande y joven como la mía.

    -Ohh, es justo lo que necesito, tu verga todos los días, ahhh, te amo. Sofía agarró fuertemente las nalgas de Carlos y soltó un grito desgarrador, señal de que se había corrido.

    -Viste que lo pasas bien conmigo. Parece que ya acabaste, ¿o no?

    -Ya no aguantaba más, me fascina hacerlo contigo, me encanta como me haces sentir.

    -Pero yo todavía no he acabado. Decía mi amigo acelerando nuevamente sus movimientos.

    -Por eso me encantas. Sofía lo abrazó fuertemente, posando sus manos en la espalda de Carlos.

    Después de un rato en esa posición, mi amigo tomó a mi madre y sin sacarle la verga de dentro la ubicó su lado y tomándola de los hombros se la comenzó a meter así. Desde donde yo estaba podía a mi madre en todo su esplendor con Carlos clavándosela detrás de ella, ambos tendidos sobre la cama de dos plazas. Realmente debo reconocer que Sofía tiene un muy bien cuerpo, las horas en el gimnasio, el tiempo en el solarium y la comida liviana si habían cumplido su cometido permitiéndole tener un cuerpo firme, un abdomen duro y una piel bronceada. Mi madre tenía una mano apoyada atrás en las caderas de su amante y con la otra apretaba fuertemente la almohada. Sin embargo, su rostro era el que lo decía todo, tenía los ojos cerrados, la boca semi-abierta y a ratos se mordía los labios y apretaba los dientes lo cual era un signo claro de que lo estaba pasando muy, pero muy bien. Carlos seguía con un mete-saca continuo, aumentando paulatinamente la velocidad.

    -¿Quién iba a pensar que la verga que necesitabas estaba tan cerca?

    -Si hubiese sabido que iba a gozar así, el primer día que te viii te pedía que me la metieras.

    -¿Sí, aunque sea el amigo de tu hijo? Decía Carlos aumentando su morbo.

    -Que importa eso, lo único que me interesa es como me haces sentir.

    -Ohh, ya poco a poco te estás empezando a adecuar más a mi verga. Siento que cada vez entra mejor. Carlos le metía un dedo en la boca a mi madre, quien lo chupaba con desesperación.

    -Siii, métemela toda.

    -Aún no puedo, Sofy, pero cada vez entra más, ohhh, sabía que se abriría paso en tu estrecho coñito. Estaba seguro que podrías abrirlo para recibir mejor mi miembro, pero tengo una idea que luego podemos poner en práctica para que la tengas toda adentro.

    -Siii, mi amor, hagásmoslo, quiero tenerla toda adentro. Las palabras de Sofía claramente aumentaban la excitación de mi amigo, quien agarró fuertemente a mi madre de los hombros y aceleró al máximo su penetración.

    -Ya no aguanto más, toma lo que te gusta zorrita, toma mi leche, que tu coñito se la trague toda.

    Mi madre recibió el semen de Carlos y girando su cabeza lo besó, luego se levantó de la cama y fue buscar un cigarro a su cartera, vuelvo a repetir que era impresionante verla desnuda, realmente tenía un cuerpazo, digno de cualquier mujer de veinte. Reconozco que el ver su cuerpo desnudo y sudado era muy excitante. Sofía le convidó un cigarrillo a Carlos y ambos se tendieron por unos instantes en la cama satisfechos con su labor.

    -¿Y Jorge dónde fue? Preguntó Carlos.

    -Salió de campamento con unos compañeros de la universidad.

    -Ahhh ¿Y estás segura que volverá mañana?

    -Si, recién salió hoy temprano probablemente va a llegar el domingo bien tarde.

    -Que bueno que salió, así te puedo tener sólo para mí. Decía mi amigo besando a Sofía.

    -Siii, echaba muchos de menos esto. Me fascina estar contigo. Respondía mi madre acariciando el cuerpo de Carlos y besándolo en el cuello.

    -¿Qué hora es? Preguntó de repente Sofía asustada.

    -Las 7:30 ¿Por qué? Respondió Carlos.

    -Ricardo me va a pasar a buscar a las 8:00. Mi madre se levantó rápidamente de la cama.

    -Ahggg. Porque no le dices que no puedes salir, que tienes que hacer algo, no sé inventa algo. Reclamó mi amigo.

    -No puedo mi amor, tenemos que ir a comer a la casa de unos amigos con los que nos habíamos comprometido, además, ya debe venir en camino. Respondió Sofía besándolo y dirigiéndose al baño para tomar una ducha.

    Mi madre entró a la ducha y Carlos quedó unos momentos tendido sobre la cama. Luego de un rato se puso su bóxer y encendió el televisor. Sofía demoró sólo un par de minutos en la ducha y salió del baño. Sacó de su mueble unas braguitas tipo colaless rojas y un sostén del mismo color, luego se dirigió hacia su closet para buscar algo de ropa, tomó un jeans azul ajustado y un pequeño top naranja con el infaltable escote, y ¡que escote! Carlos no aguantó al verla así, se levantó semidesnudo y le dijo:

    -Realmente eres exquisita. Ayudando a mi madre por detrás para amarrarse el top y sobajándole un rato las tetas.

    -¿De verdad lo crees? Respondió Sofía con picardía.

    -¿Qué si lo creo? Carlos la giró para besarla desesperadamente.

    -¿Qué si lo creo? Repitió mi amigo. ¡Mira como me pones! La verga de Carlos estaba nuevamente dura como piedra.

    -Ahh, por eso me encantas. Respondió mamá con otro beso.

    -Sofy, no me puedes dejar así. Ricardo aún no llega, serán sólo un par de minutos. Mi amigo no aguantaba más.

    -Está bien, pero sólo un poco.

    -Vamos, si sé que también te gusta. Carlos tomó la cabeza de mi madre dirigiéndola a su miembro erecto.

    Mi madre se arrodilló delante de él y se la comenzó a comer rápidamente. Mi amigo, como siempre, sólo alababa las habilidades mamadoras de Sofía, mientras se la metía cada vez más profunda y aumentando la velocidad parecía que se la follaba por la boca. Mamá seguía con su trabajo hasta que sonó su celular, ella aún de rodillas y pajeando con su mano a mi amigo cogió con la otra el aparato y contestó.

    -¿Alo? Ya mi amor. Era Ricardo. Si estoy casi lista bajo en seguida. Sofía colgó el teléfono.

    -Tengo que irme.

    -Ohhh, Sofy no me puedes dejar así. Reclamó Carlos.

    -Si sé mi vida, pero tengo que salir. Mi madre lo seguía pajeando velozmente.

    -Ohhh, mira… con esto voy a acabar de inmediato. Mi amigo la levantó y rápidamente le quitó a mamá el gran cinturón que traía puesto bajándole los jeans y la tanguita hasta los muslos. Luego la aprisionó contra la pared y se la clavó por detrás.

    -Viste que igual te gusta mamármela, estás toda mojada no me costó nada metértela. Señaló Carlos riendo.

    -Eso Carlitos, no puedo aguantarme contigo. Me encanta comerte la verga y que me la claves. Mi madre movía sus caderas intentando seguir el veloz ritmo de Carlos.

    -Viste que así me haces acabar luego, tu conchita estrecha me hace terminar como nadie.

    -Te voy a dejar calientita para cuando bajes a juntarte con tu noviecito. ¿Pero él no te provoca esto, verdad? ¿No te calienta así?

    -Nooo, mi vida, sólo tú me haces sentir así. Dame tu líquido, lléname toda.

    -En todo caso no te preocupes, el cornudo ese no lo va a notar te lo voy a dejar ir profundo para que no te chorree, acá va.

    -Siii, la siento, me matas

    Luego de que Carlos terminara dentro de ella, Sofía se subió los jeans y las bragas rápidamente, se arregló un poco el pelo y bajó despidiéndose de mi amigo con un gran besote. Carlos quedó unos momentos tendido sobre la cama con una gran sonrisa, luego comenzó a ver televisión, cambiaba de canal en canal una y otra vez. Estuvo en eso un largo rato hasta que de repente observé como tramaba algo, se sentó a los pies de la cama y se dijo para si mismo con una sonrisa:

    -Que gran idea, soy un genio. Esta noche voy a hacer sodomizar a la madre de Jorge como nunca en la vida y de paso voy a cumplir todas mis fantasías.

    Se puso la polera y se dirigió al mueble donde mamá guardaba su ropa interior y empezó a revisarlo. Mi amigo cantaba y se hablaba a si mismo mientras hurgueteaba con paciencia el lugar mirando con excitación algunas prendas que dejaba a un lado, entre estas habían unas braguitas minúsculas, algunos eran colaless y otros simples hilos dentales de diversos colores que apenas debían cubrir una pequeña parte del culote de mi madre, y algunos brassiers de lencería. Luego de seleccionar un par de conjuntos fue al closet donde también, luego de revisar unos momentos, retiro algunas prendas de ropa, entre las que se encontraban unas faldas más cortas de lo normal, pequeños petos, todos con el típico gran escotes que caracterizaba la vestimenta de Sofía. Después de esto, Carlos comenzó a hurguetear el lugar donde mi madre guardaba los zapatos, desde donde también apartó un par de sandalias negras de tacón aguja. Tras decidirse finalmente por un atuendo mi amigo guardó el resto de ropa y se volvió a tender en la cama:

    -Como voy a gozar hoy. Cantaba Carlos con un ánimo increíble.

    Aproximadamente a las 10:30 retornó Sofía.

    -Que aburrido, estaba desesperada por venirme, ya no aguantaba más. Lo peor es que mañana tenemos que ir a almorzar a la casa del jefe de Ricardo. No sé cómo voy a soportar tanto aburrimiento, pero bueno. Señaló mi madre apenas entró al departamento.

    -¿Carlos? ¿Dónde estás? Preguntó mamá.

    -Acá preciosa en la pieza, te he estado esperando, menos mal que volviste luego.

    -¿Me estuviste esperando? Yo también mi amor, estaba desesperada por verte. Sofía se dirigió a la pieza.

    -¿Y esa ropa? Preguntó mi madre extrañada.

    -La aparté para que te la pongas. Respondió Carlos con autoridad.

    -¿Si? ¿Y por qué no me quitas la ropa mejor? Dijo Sofía con voz sexy.

    -Eso también lo voy a hacer, pero quiero observarte con esa ropa. De sólo imaginarlo me vuelvo, te debes ver aún más exquisita de lo normal.

    -Bueno, si eso te provoca lo hago sin ningún problema, me encanta excitarte.

    Sofía se acercó a él y comenzó a besarlo, luego tomó la ropa y cuando se disponía entrar al baño para cambiarse, Carlos indicó que se cambiara delante de él que quería verla, mi madre rio y se ubicó delante de la cama.

    -Eso es preciosa, hazme un pequeño striptease. Señaló Carlos tocándose el miembro.

    -¿Así está bien? Poco a poco mi madre comenzó a quitarse la ropa comenzando por la chaqueta.

    -Muy bien, sin embargo, hace falta música. Carlos volvió a encender el televisor y seleccionó un canal de reggaetón que hay en la TV cable.

    -Así está mejor. Mi amigo se acomodó bien sobre la cama y comenzó a sobarse el paquete.

    -Jajaja… ¿Y tengo que bailar también? Decía Sofía manteniendo el tono sexy.

    -Si, baila para mi, muévete, eso.

    Y así lo hizo, mamá comenzó a quitarse la ropa de manera muy sexy bailando al ritmo del reggaetón, luego de quitarse la chaqueta siguió con el top quedando solamente con el brassier. Con sexys movimientos continuó su baile sacándose los zapatos y desabotonándose los jeans, los que poco a poco empezó a bajar dando la espalda a Carlos, el cual desde su posición privilegiada podía observar el culazo de Sofía en todo su esplendor. Siguió bailando en ropa interior hasta que mi amigo le dijo:

    -Toda la ropa. Ahí también te dejé un corpiño y la tanguita que quiero que uses.

    Sofía sonrió de nuevo y se quitó el brassier, luego se volvió a girar para bajarse lentamente las bragas de espaldas a Carlos. Sin dejar de moverse al ritmo de la música tomó la pequeñísima tanguita blanca que mi amigo había dejado para ella y se la puso lentamente, luego siguió con el corpiño que apretaba bien sus tetas. Continuó con la mini falda negra que resaltaba sus hermosos muslos y obviamente su gran culo, terminó con un top, el cual le costó trabajo ponerse, ya que era ajustadísimo. La ropa que mi amigo había elegido le marcaba muy bien la figura a mi madre y resaltaba todos sus atributos. Debo reconocer que se veía muy excitante.

    -¿Está bien así Carlitos? Preguntó mamá sin dejar de bailar.

    -Te ves excelente, preciosa, sabía que esa ropa era perfecta para ti.

    -¿Realmente lo crees? Preguntaba Sofía con clara ironía.

    -Me tienes duro, está que revienta y todo gracias a ti. Carlos se bajó el bóxer desde donde saltó su miembro empalmado.

    -Ohhh, ¿De verdad te causo eso, Carlitos? Seguía Sofía riendo.

    -Esto y mucho más Sofy, eres increíble. Mi amigo se tomó la verga y comenzó a pajearse.

    -¿Te gusta mi cuerpo?

    -Me fascina, eres exquisita. Respondía Carlos.

    -¿Estoy mejor que tus amiguitas? Sofía continuaba con las preguntas claramente se estaba excitando.

    -Mejor que cualquiera, tu figura es preciosa y es toda mía.

    -Toda tuya, mi amor, soy toda tuya. Mi madre se había comenzado a tocar por sobre la ropa.

    -Realmente eres la mejor Sofy, la mejor. Carlos continuaba masturbándose.

    -¿No quieres que te ayude con eso, mi vida? Sofía gateando sobre la cama se ubicó sobre mi amigo.

    -¡Ven acá! Mi amigo tomó a mi madre, le levantó un poco la mini y apartándole el colaless, la ubicó sobre su verga erecta.

    Sofía emitió un gemido seco y comenzó a cabalgarlo. Carlos la tomaba del trasero siguiendo su ritmo, la música seguía sonando:

    -Me encanta como lo haces, viste que eres una experta. Señalaba mi amigo.

    -Tú me pones así.

    -Eres la mejor, Sofy, ohhh, la mejor zorrita que me he follado.

    -Me encantas. Replicaba mi madre besándolo desesperadamente.

    Sofía continuaba montada sobre Carlos moviéndose rápidamente, apoyando sus manos en el pecho de mi amigo, quien la tomaba fuertemente de las nalgas y la cintura guiando su cabalgar. Con cada penetración mi madre echaba la cabeza hacia atrás cerrando los ojos y emitía sendos gemidos de placer a lo que seguían grandes besos en la boca y cuello de su amante. Luego de un rato, Carlos le pidió a mamá que se quitara el top y el brassier, ella obedeció y con gran maestría quedó semidesnuda sobre él sin dejar de cabalgarlo. Mi amigo comenzó a comerle las tetazas a lo que Sofía respondió soltando su largo cabello y curvando su cuerpo hacia atrás afirmando sus manos sobre los muslos del muchacho, todo esto acompañado de continuos gemidos La imagen desde mi posición era magnífica, mi madre era una verdadera experta del sexo.

    -Que tetas que tienes Sofy. Carlos no dejaba de magrearle y besarle los melones.

    -¿Te gustan? Respondía mi madre entre gemidos.

    -Son hermosas y esto también me encanta. Decía mi amigo acariciándole la cintura.

    -Siii, dame más

    -Y esto también me gusta. Carlos le introducía un dedo en la boquita que Sofía no demoró en chupar.

    -Ohhh, uhhh, sigue

    -Pero esto es lo que más me fascina. Decía Carlos agarrándole firmemente el culote.

    -Me mata como me tocas. Mi madre estaba en un verdadero limbo de placer.

    -En realidad me gustas completa, cada parte de tu cuerpo, completita para mi.

    -Soy toda tuya, mi vida. Tú también me fascinas, me encanta como me haces sentir.

    Ambos continuaron así durante unos instantes, Sofía poco a poco había comenzado a sudar, se mordía los labios y se sobajaba las tetas, luego besaba apasionadamente a Carlos. Por su parte, mi amigo seguía magreándole las tetas y el culo. Estuvieron cogiendo así durante unos veinte minutos más hasta que mi amigo se detuvo y tomando a Sofía de la cintura la recostó en la cama:

    -Te dije que se me había ocurrido una idea para que pudieras disfrutar de toda mi verga. Señaló Carlos besándole el cuello y la oreja.

    -Verdad, mi amor, ¿qué me vas a hacer? Preguntó mamá con una voz ganosa.

    -Una vez me follé a una muchacha que tenía el mismo problema que tú. Decía mi amigo quitándole la falda y la tanguita dejándola totalmente desnuda.

    -¿A si? y ¿Qué hiciste? ¿Cómo lo solucionaste?

    -Comencé a averiguar y descubrí una técnica infalible. Mi amigo seguía besando todo el cuerpo de Sofía.

    -¿Cuál? ¿Y funcionó? Dijo mi madre.

    -Sí, funcionó perfecto después de utilizarla la chica pudo recibir todo mi miembro y su conchita quedo abierta para tragarse cualquier verga, ahora me ha dicho que disfruta mucho más que antes. Carlos le metía dos dedos a mi madre en el coñito.

    -¿Y cuál es? ¿Qué se necesita? Preguntaba Sofía entre gemidos.

    -Sólo necesitamos una gran verga y una conchita bien húmeda, parece que lo segundo ya lo tenemos…jajajaja ¿verdad?

    -Y lo primero también, mi vida.

    -Cumplimos con los dos requisitos entonces.

    -¿Y cuál es la famosa técnica? ¿Qué me vas a hacer? Preguntaba Sofía impacientándose.

    -Tú sólo déjame a mí. Preocúpate sólo de gozar que después de hoy este coñito no volverá a ser el mismo.

    -Hazme gozar mi amor.

    Carlos se ubicó frente a mi madre y tomándola de las caderas la dirigió hacia su verga, poco a poco comenzó a penetrarla. Con cada centímetro que avanzaba los gemidos de Sofía aumentaban. Cuando tenía un poco más de la mitad de su miembro dentro de mamá empezó a realizar lentos movimientos circulares en su coñito, a medida que hacia esto introducía un poco más su vergón. Estuvo en eso durante largo rato con sus movimientos circulares y sacando y metiendo su miembro. Mientras hacía esto le preguntaba a Sofía:

    -¿Lo sientes?

    -Siii, mi amor, cada vez lo siento más adentro.

    -Está abriéndose camino…jajajaja.

    -Ohhh, tu miembro es enorme.

    -Eso Sofy poco a poco comienzas a abrirte.

    Luego de eso, mi amigo continuó con su labor, pero aumentando gradualmente sus movimientos, lo que aumentaba la excitación de Sofía, quien cada vez gemía con más fuerza y pasión. Después de otros diez minutos así, pude observar un gesto de satisfacción en la cara de Carlos, quien miró a mi madre y le dijo:

    -Ya lo has logrado. Has abierto tu coñito, tienes toda mi verga dentro. ¿La sientes?

    -Siii, mi amor.

    -Parece que no la sientes muy bien, ¿A ver ahora? Carlos le sacó la verga y se la introdujo toda de una vez.

    -Ahhh. A Sofía prácticamente se le salieron los ojos y emitió un grito espantoso.

    -¿Parece que ahora si la sentiste bien? Voy a comenzar con la segunda parte del tratamiento. Carlos sonreía y empezó con nuevos movimientos.

    -Ohhhh. Mi madre sólo gritaba con cada embestida de mi amigo.

    Carlos le sacaba la verga completa para luego introducírsela toda de una vez, en un principio los gemidos de mi madre eran una mezcla de placer y dolor, pero a medida que mi amigo aumentaba la velocidad y rudeza de su penetración, el coñito de Sofía se agrandaba adecuándose a su verga y haciéndola sentir un placer único. El muchacho estuvo un rato haciendo «la segunda parte del tratamiento», sacándosela y penetrarla con mayor rapidez y profundidad y realizando unos veloces movimientos circulares de cadera hasta que logró su cometido.

    -Parece que ya está. Señaló Carlos sacando su miembro y mirando el coñito de mamá.

    -Oh, mi amor, lo tengo completamente abierto.

    -Deberías ver este espectáculo… jajajaja, sabía que ibas a poder adecuarte a mi verguita. Ahora vas a poder gozar de todo mi palo.

    -Siii, mi vida, métemela toda, por favor quiero sentirla dentro.

    -Desde hoy tu conchita va a estar preparada para recibir cualquier miembro. Decía Carlos con rostro orgulloso por la labor cumplida.

    -El tuyo es el único que quiero tener, mi amor. Vamos, ya no aguantó más.

    -Ahora si que vas a gozar.

    Mi amigo se ubicó sobre mi madre, le levantó las piernas y se las puso sobre sus hombros, la curvó un poco hacia delante y se clavó hasta el fondo. Sofía gemía como desesperada y le clavaba las uñas en la espalda y trasero. Carlos emitía una especia de «rugidos» a medida que continuaba con sus movimientos brutales, la cama crujía muy fuerte parecía que se iba a desarmar, mi amigo seguía con su violenta penetración que provocaba una sensación única en mamá quien se agarraba firmemente de él, abrazándolo y gritando de pasión.

    -Viste que ahora entró mejor.

    -Siii, mi vida, que grande la tienes.

    -¿Está mejor así, la sientes mejor?

    -Me encanta, la siento muy profunda.

    -Eso es, hasta el útero… jajaja. Replicaba Carlos riendo y observando fijamente el rostro desesperado de mamá.

    -Métemela toda, que goce.

    -Ahora si que estás disfrutando de una verdadera verga.

    -Me fascinas, me encanta tu verga. Nunca me había sentido así. Mamá apretaba la almohada detrás de ella con una fuerza increíble.

    -¿Te gusta hasta el fondo, verdad? ¿Viste que es mejor así? ¿Viste que funcionó?

    -Me matas, que grande la tienes. Sofía lo aprisionó con fuerza lo que demostraba que se había corrido.

    -Ohhh, me encanta follar contigo Sofy. Carlos seguía saltando sobre mi madre aumentando su velocidad.

    -Me fascinas Carlitos, me lo haces tan bien, me haces gozar como nadie.

    -Como hemos abierto tu estrecha conchita, cada vez me apresa menos, ahora la estás recibiendo toda, a este ritmo no podré aguantar mucho más, siempre me haces acabar tan rico.

    -Dale, mi amor, acaba dentro de mi coñito abierto, me lo has adecuado a tu vergón ahora déjame sentir tu leche bien profundo.

    -Con tanto semen que te estoy dando vas a quedar preñada. Decía Carlos riendo y clavándosela más y más rápido.

    -Me encanta sentir tu lechecita calientita dentro de mi. Replicaba mamá.

    -Ahora la vas a sentir directamente en tu útero, te voy a llenar toda. Mi amigo echó la cabeza hacia atrás y se la clavó lo más profundo que pudo dejando ir todo su semen dentro de mi madre.

    -Oh, la siento tan adentro, me llena completa. Esas fueron las últimas palabras de Sofía.

    Después de que ambos soltaran sendos gemidos de placer, Carlos separó las piernas de mi madre dejándose caer sobre ella. Sofía lo abrazo con sus piernas y lo besó apasionadamente. Estuvieron un largo rato así hasta que mi amigo se bajó de mi madre y quedó tendido al lado de ella:

    -¿Viste que iba a funcionar la técnica? Preguntó Carlos notablemente agotado.

    -Funcionó perfecto mi amor. Respondía mi madre besándolo.

    -Jajajaja… nunca falla. Señaló mi amigo orgulloso.

    -Carlos, ¿Por qué no te quedas esta noche conmigo?

    -¿Quieres que me quede?

    -Si, me encantaría que te quedaras.

    Carlos la besó y le pidió el teléfono a mamá, llamó a su casa y le inventó una historia a su madre. Después de conversar un rato, el cansancio los venció y ambos se quedaron dormidos. Era ya pasado la una de la madrugada, yo esperé unos momentos y cuando noté que estaban profundamente dormidos salí de mi escondite y me dirigí a la casa de Rodrigo, en el camino no dejaba de pensar en la imágenes de que había observado y cuando llegué lo primero que hice fue masturbarme como desesperado. La verdad es que el morbo que me daba la relación de mi madre y mi amigo era un sentimiento incontrolable. Además, aún faltaba un día y ni siquiera podía imaginar lo que viviría al día siguiente.

    Para comentarios o sugerencias me pueden escribir a [email protected].

  • Dominación, sexting y placer

    Dominación, sexting y placer

    Ahí estaba yo, pensando en la señorita R, solo en casa, por fin un día tranquilo. Después de casi un mes sin tiempo para nada, corriendo de aquí para otro sitio. Cuando digo para nada es para nada, ni siquiera para mí.

    Con la única compañía de mi perra, la cual a todos los lados me acompaña. Mi pareja, bueno mi pareja trabajando y cuando llega a casa… el móvil es una prolongación de sus manos.

    Escuchando un día la radio, me dieron ganas de acudir a Apps de esas de citas, pero con el mismo interés de quien se pone una peli de serie B un domingo al mediodía, vamos, para pasar el rato.

    Mientras escucho en la radio un programa de tertulia política de dudosa calidad, prestando poca atención, o nula, a lo que escucho. Hay días que tengo la sensación de consumir programas de radio, del modo en que consumo imágenes, productos, comida, como cuando voy al supermercado y escojo una longaniza…

    Yo seguía haciendo la casa, sin ganas, un día cualquiera, sin más interés que el de acabar pronto para tumbarme un rato en el sofá y dedicarme tiempo a mí y a mis oscuros recuerdos que tengo de la señorita R.

    De repente y mirando los estados de WhatsApp me doy cuenta de que hay un mensaje cifrado de la señorita R que decía:

    -Sé que me echa de menos, amo. Yo también tengo ganas de usted. Y una carita de diablo. Señal inequívoca de que era un mensaje para mí.

    Vuelvo a mirar por si acaso había leído mal y veo que ha puesto otro estado, esta vez una foto de su escote manchada con un poquito de chocolate, nada, inapreciable, pero yo no veo fotos, yo miro, observo fotos. Tanto es así y tan tonto de mí, que moví el móvil por si veía más allá de esa camiseta blanca mínimamente manchada.

    Al segundo borró los estados, eso quería decir que también estaba pendiente de que yo, su amo, los viera.

    Mi reacción era clara, escribirle otro estado para que supiera que yo también pensaba en ella y en esas montañas duras que tiene por pechos.

    -Sí, yo también tengo ganas de ti, mi pequeña cervatilla, tu amo te desea, escríbeme.

    Tardó 0’1 segundo en verlo, y en escribirme.

    R -Hola, cómo estás. Pregunto.

    Y – Esa es mi diablilla, estoy bien, escuchando una mierda en la radio y acabando de limpiar la casa, planazo para el día de hoy.

    R – Pues casi como yo, mi chico se fue a las 06:00 a trabajar, dejé a la niña en el cole, recogí la casa y aquí estoy, tumbada en el sofá y escuchando música y con el móvil pensando en ti y escribiéndote por si me leías.

    Mi imaginación saltó de repente como cuando haces palomitas en una sartén, empecé a fantasear con la señorita R. En que llevaría puesto, que le apetecería, en recordar nuestros encuentros… aunque con aquellos estados que había puesto, con la cara de diablillo y aquella foto, ya sabía lo que buscaba y lo que lleva puesto.

    Y – Bueno, pues yo también voy hacer lo mismo, tumbarme un rato en el sofá. Y a pensar en ti.

    R – Yo también estoy pensando en ti y la verdad es que me está entrando calorcito.

    Y – Así tiene que ser, que pienses en tu cabrón y te enciendas como la zorrita que realmente eres.

    Después de unos minutos sin decir nada, la señorita R me contesta diciendo que no le gusta mucho que la hablé así, que prefiere otro lenguaje.

    Y — Calla, yo sé cómo tratarte y se lo que anhelas en tus más oscuros deseos. Dime qué llevas puesto y déjate de tonterías.

    A lo que ella me escribe que una camiseta blanca y unas mallas negras, sin ningún tipo de ropa interior debajo, dejando notar sus pezones duros en la camiseta y su sexo marcado en esas mallas.

    Y — No me has entendido, te he dicho que me lo digas, no que me lo escribas. Dale al micro, quiero escuchar tu voz dulce.

    Minutos después ya tenía un audio suyo diciendo lo mismo que había escrito y pidiéndome perdón por no haberme entendido.

    Y — ¿Que yo te perdone?, has hecho que te corrija y eso, como tú comprenderás, merece un castigo.

    R — Si, lo entiendo. Me dice con esa voz dulce, pero triste por su error.

    Y — Hoy me siento magnánimo con mi zorrita, dejaré que te impongas tú el castigo.

    R — Que puedo hacer para satisfacer tus deseos, amo.

    Yo callado, si decirla nada, que se recreara en su imaginación, ya la tenía de nuevo obedeciéndome.

    R — Se me ocurre mandarte una foto pero sin camiseta.

    Mi carcajada fue enorme, ¿En serio crees que una foto de tus pechos sería un buen castigo a tu error?, la contesté.

    Con una voz temblorosa me dijo que otra cosa no se atrevía.

    Y — ¿Como que no? La contesté. Esa es una contestación de mi pequeña cervatilla, quiero que salga tu diablilla, que sepas satisfacer a tu cabrón.

    R— No sé, mi amo. Sabes que hago lo que pidas, elige tú.

    Y no me quedo otra. Quiero que me hagas una videollamada y veas cómo me masturbo para ti. La dije con voz autoritaria.

    R — Pero no puedo hacer eso, me verías sin arreglar, sin los labios pintados para ti, mi amo.

    Y — Solo quiero que veas como haces que mi miembro crece para ti, según estás en el sofá, pon una pegatina en la cámara y solo quiero oírte mientras me ves.

    Dicho y hecho, a eso no se podía negar, le apetecía ver como su amante se masturbaba para ella.

    A los 5 segundos estaba viéndome tumbado en el sofá, con mi miembro en la mano. Sabía que me veía porque la escuchaba suspirar como si estuviera tocándose.

    La pedí que se acariciara los pechos por debajo de la camiseta, que empezará a apretarlos mientras pellizcaba sus pezones.

    Y — ¿Te gusta lo que ves, zorra?

    Entre suspiros la escuché decir que si, que estaba súper cachonda.

    Escupí en mi polla para que viera como mi saliva hacía que mi mano fuera más rápida con la lubricación.

    R — Joder, acabo de escupir en mis pezones y estoy con mi mano dentro de mis mallas.

    Y — Aunque no lo creas, se lo que estás haciendo, no me puedes mentir, desnúdate, quiero que goces como lo que eres.

    Yo escuchaba como sus pantalones caían sobre el suelo y su camiseta hizo lo mismo. Estaba completamente desnuda.

    Y — Dime a tu alrededor que hay, que ves.

    R— Está la tele, la play, unas fotos con mi chico… pero estoy centrada en ver a mi amo masturbarse.

    En mi pervertida mente se me vino la idea de que pusiera el móvil al lado de la foto de su chico, y que se masturbara por mí, pero delante de su foto. No tardó en hacerlo, con la suerte de sin querer (o queriendo), la pegatina que tapaba el objetivo cayo, y ahí estaba ella, completamente desnuda, pellizcando sus pezones, mirándome y obedeciéndome.

    Y— llena tus dedos de saliva y juega con tu clítoris mientras vez como muevo la lengua.

    Estaba desatada, había conseguido que hiciera lo que quisiera con ella.

    Sus gemidos hacían que retumbaran mis tímpanos con los auriculares puestos.

    Y— ¿Cómo estás?

    R— Súper caliente y mojada ahora mismo, si estuvieras aquí querría lamerte de arriba abajo— Es cierto, jugar con sus pezones sensibles a la orden de su amo la pone muy cachonda.

    Y– ¿Tú estás viendo cómo me estás poniendo y lo que estoy haciendo señorita R?

    R— joder, tienes una polla muy bonita.

    Y— ¿Te gustaría lamerla?

    R— Me encantaría… Parece apetitosa.

    Jugué con mis dedos como si fuera su lengua, llena de saliva, mientras que veía como ella se mordía los labios. ¿Qué haces?, le preguntaba de vez en cuando para que no sospechara que la veía.

    No me engañaba y me decía lo que estaba haciendo en cada momento.

    Tuve la idea de llevarme el móvil a la cama, ponerme de pie y empezar a masturbarme como si la tuviera tumbada delante de mí.

    R— Joder como me estás poniendo, cabrón, vas a hacer que me corra.

    Mientras se estaba metiendo 3 dedos dentro de ella y con su otra mano apretaba sus tetas.

    Y— Ábrete más, a ese coño le caben más dedos.

    R— Cabrón, vas a hacer que me quepa el puño de lo cachonda que estoy y lo zorra que me pones.

    Me reía y le decía que lo hiciera mientras miraba la foto de su chico y en su móvil a su puto amante.

    Mis manos se movían cada vez más rápido, casi haciéndome correr, pero mi zorrita me ganó. Empezó su squirting dejándolo todo empapado.

    Cabrón, no veas cómo he puesto esto y que a gusto me he quedado, me decía mientras lamía sus dedos lentamente.

    Y— Pon la cara cerca del móvil y abre la boca, voy a correrme.

    Empezó a lamer sus dedos como si fueran mi polla.

    Cuando acabe de correrme, le dije que se había dejado un dedo sin limpiar. Roja se puso.

    R— No jodas que me estás viendo. Pregunto avergonzada.

    Y— Claro que te estoy viendo y quiero que hagas una cosa.

    A tu servicio estoy. Dijo

    Y— Coge la foto de tu chico y pásale el dedo húmedo por su cara.

    A lo mejor la cabrona voy yo a ser ahora, me dijo. Yo moví las cejas haciéndome el sorprendido.

    R— Si, porque en 10 minutos viene mi chico y me lo voy a follar como nunca pensando en ti, cabrón. Le voy hacer lo que te haría ti.

    Y— jajaja, sabes que no me importa. Disfruta. Adiós.

    Y apagué la videollamada dejando a la señorita R con cara de lo que es, mi zorrita viciosa.

    Espero que les guste, valoren y dejen comentarios.

    Pd: Si ven errores, faltas de ortografía y cosas así, os ruego me disculpéis, no estoy en mi ordenador y estoy usando otro programa de escritura.

  • Sexo con mi hijo mayor

    Sexo con mi hijo mayor

    Espero que disfruten este relato, es un poco corto ya que, no sucedió nada más.

    Después de algún tiempo de estar disfrutando, de ver y saber cómo mi esposo se cogía a mi hija, poco a poco, mis memorias de lo que había pasado con mi padre y mis hermanos, se volvían cachondas y no traumatizantes, nunca pensé que pudiera pasar, que me excitara al recordarlo.

    Y es que no fue fácil asimilarlo, el que mi papá me cogiera, cuando debería cuidarme y ya después mis hermanos también; tardé muchos años en aceptarlo. Pero lo pasado pasado, fue una parte de mi vida, que intenté olvidar, pero fue imposible.

    Lo que pasó con mi hija, fue como una terapia, para saber que ya lo había superado.

    Este relato es algo corto, espero que les guste.

    Sucedió recientemente, con la pandemia del año pasado; por el mes de Agosto del 2020, mi esposo fue diagnosticado con el covid-19 en su trabajo, fue asintomático, pero el médico dijo que era mejor que se aislara totalmente durante la cuarentena, lo dejamos en nuestra recámara, aislado, para evitar cualquier cosa y yo me fui a la que fue la recámara de mi hija; cabe mencionar que la casa tiene tres recámaras, la tercera recámara, la ocupa mi hijo mayor, por la situación que todos sabemos, también se tuvo que quedar en casa, afortunadamente él no perdió su empleo, pero trabajaba en casa. Mis salidas de casa para ver a alguno de mis amantes, se habían pausado.

    Habían pasado más de quince días, la verdad, la calentura me estaba matando, así que cada noche, tomaba mi juguete sexual y me hacía venir varías veces, hasta quedarme dormida.

    Cuando me voy a dormir, lo hago nada más con una camiseta, sin nada abajo, para estar más cómoda.

    Habían pasado más o menos veinte días, cuando una noche, ya casi madrugada, sentí como abrían la puerta de la recámara, con mucho cuidado, tratando de no hacer ruido, decidí no hacer nada, seguramente era mi hijo, buscando algo y no quería despertarme.

    Me habló para ver si estaba dormida, al ver qué no le contesté, me empezó a mover, no le contesté, estaba algo cansada, pensé que quería algo, alguna ropa o algo así que los hijos, necesitan cuando una se encarga de su ropa y todo eso, nunca me imaginé lo que quería de mi; cuando no obtuvo respuesta, sentí como ponía su mano en mis nalgas, yo estaba acostada de lado, al ver qué no hacía nada, me empezó a acariciar, me sentí muy nerviosa, pero también con lo caliente que estaba, lo deje hacer para ver hasta donde llegaba, me deslizó las cobijas un poco, dejando mis nalgas al descubierto, alcance a escuchar que dijo: que ricas nalgas tienes mamá.

    Él se recostó atrás de mí y con mucho cuidado y delicadeza, eso me excitó todavía más, me empezó a acariciar las nalgas y el culo suavemente, poco a poco se fue acercando a mi, hasta que su verga tocó mis nalgas, para ese punto yo estaba por «despertar», pero lo que sentí, me hizo esperar un poco más.

    Mi hijo, es un muchacho alto, fornido, desde pequeño y desde que lo dejé de bañar, no le había vuelto a ver la verga, nunca me imaginé que tan grande la podía tener, para mi sorpresa, al empezar a pegarme su verga, la sentí muy dura, grande y muy gruesa, la verdad para que voy a mentir, me gustó mucho sentirla.

    Poco a poco, él se iba acercando, me abrió un poco las nalgas buscando mi culo, cuando lo encontró me dio unos piquetes que me excitaron mucho, mi mente estaba entre que era mi hijo y lo rico que estaba sintiendo, la calentura que tenía desde hace días, me hizo tomar la decisión: lo deje que me hiciera lo que quisiera.

    Él seguía picándome, intentando en cada embate, meterme la verga, sus líquidos seminales, ayudaban un poco, pero no eran suficientes, pero venía preparado el muy canijo, oí como destapaba un frasco, seguramente era de crema para las manos, se separó un poco, sentí como me abría las nalgas, luego uno de sus dedos me unto algo de crema, otra vez se acercó a mi, poniendo nuevamente su verga en mi culo, esta vez no hubo nada que impidiera la entrada, con su primer empujón, sentí como me penetraba. Lo fue haciendo poco a poco, sentía como esa vergota iba entrando en mi, la tenía tan dura y grande, que ya no me importó que fuera mi hijo, después de unos minutos, sentí sus vellos púbicos en mis nalgas, la tenía toda adentro, mi panocha estaba empapada, quería tocármela, pero no sabía cómo iba a reaccionar a verme despierta, lo seguí dejando. El dejo varios minutos su verga dentro de mi, sin moverse, poco a poco, la fue sacando y metiendo, primero muy despacio y después un poco más rápido, logrando con esos movimientos sacarme mi primera venida de la noche.

    Yo estaba gozando mucho, él seguía moviéndose muy rico, de repente, me dice: perdón mamá, pero ya no aguantaba las ganas de cogerte, diciendo esto, aceleró el ritmo de sus embestidas, muchos minutos después, sentí como su verga se ponía más dura todavía y sentí como explotaba dentro de mi culo, fueron muchos disparos que hizo, todos con una gran cantidad de mocos, se veía que ya la traía atrasada.

    Después de varios minutos, de sentir sus mocos dentro de mi, la saco de mi culo, se paró rápido de la cama, de reojo pude ver su vergota, se veía riquísima, llena de mocos, hubiera querido limpiársela con mi boca, pero no lo creí prudente.

    Salió del cuarto y yo me levanté para limpiarme, sentí el culo muy abierto y lleno de mocos.

    Al día siguiente, a la hora del desayuno, lo vi muy nervioso, como esperando un reclamo de parte mía, pero no le dije nada.

    Pensé en que iba a pasar después, decidí que yo no iba a provocar nada, pero tampoco lo iba a detener si él quería volverme a coger.

    Afortunadamente o desafortunadamente, no lo sé, ya nunca se dio nada, ni un comentario, nada, fue como si nada hubiera pasado.

    Hoy día el anda con una novia, habla de casarse.

    Espero que les haya gustado y lo disfruten mucho.

  • Cumpleaños de mi esposo

    Cumpleaños de mi esposo

    Hola a todos,  aquí nuevamente Sandra, la Zángana, ya muchos saben de mí, tengo 35 años, casada, sin hijos, 1,60 m de estatura, delgada, tetas medianas y una cola pequeña y redondita que muchos la miran ávidos de tocar y algo más.

    Hoy les relataré el cumpleaños de mi esposo, el que seguramente no olvidaré por dos razones, era época de cuarentena obligatoria y otra por todo lo que pasó aquella noche.

    Corría el mes de abril de 2020, mi esposo cumplía sus 36 años, uno más que yo, por el estrés que se vivía para ese entonces, la falta de costumbre de esas limitaciones, el poco roce y muchas cosas más hicieron que mi esposo al que llamaré Jorge (nombre ficticio por obvias razones) me dijo que iba a tener un cumpleaños aburrido, le dije no señor, hagamos algo privado y muy íntimo, le quedó sonando esa idea.

    Volvimos a hablar del tema y me dijo si yo quería o tenía alguna idea en mente, le dije pues como no se puede salir de noche, invite a dos o tres o a sus amigos más cercanos, pasamos rato, que se queden en el colchón a dormir, para que no los multen por la restricción, me preguntó si quería que estuviera alguien en especial, escógelos tú, tus mejores amigos yo invitaré a los vecinos y nadie más, así se acordó todo.

    Encargué un pastel, unas botellas de champaña, varios litros de whisky, varias cajas de cerveza, algunas gaseosas como refresco, algunos pasa-bocas y encargué la cena de un restaurante que me encanta, ellos la llevaron a domicilio sin problemas.

    Todo transcurría normal, con tapabocas o mascarilla por momentos, otros momentos parecía olvidarse esa medida de seguridad sanitaria, los vecinos cenaron y se fueron, los cinco amigos que invitó mi esposo, compañeros de trabajo en la empresa donde labora, que estaban disponibles o libres ese día pudieron asistir, comenzaron a beber cerveza todos y hablar de sus cosas de la empresa, el cumpleaños pasó a otro cuento aparte, reían, se burlaban entre ellos, comenzó la romería para el baño, un desfile interminable, yo por momentos los acompañaba en sus conversaciones, otros me paraba y me iba a fingir hacer cosas, como recoger los platos usados u organizar algo.

    Para ese día me había arreglado con un peinado en el salón de belleza, un vestido rojo de mangas cortas en seda, unos 20 cm arriba de la rodilla, por momentos parecía quedarse corto, ya que al sentarme se lograba ver una partecita de mi panty blanco, es mi color favorito, zapatos negros, mi esposo es muy sencillo de vestir jean y una camiseta tipo polo, al igual estaban sus amigos, todos ellos oscilaban entre los 30 a 40 años supongo,

    fue entrando la noche bebiendo whisky y pasando con cerveza, alguno de ellos dijo uy, esos revueltos matan a cualquiera, mi esposo dijo: mi amor, ya que organizaste esto, sírvenos tú el trago, así se hizo, vasos, hielo y empecé las rondas para todos, todos bebiendo más desinhibidos a cada momento, entrados en calor y mucha tranquilidad, pues ya no se podía salir a la calle sin justificación para la policía.

    Empecé a beber a la par de ellos, con mis primeros tragos empecé a sentirme más relajada, con puertas y ventanas cerradas, música suave, una sola luz para evitar que la policía llegara a molestar, cuando menos lo notaba tenía la mirada de alguno de ellos, queriendo quitar mi panty con sus ojos,

    Se decidió que bailáramos un rato, me imaginé que no me dejarían descansar, así que les propuse el que quiera bailar conmigo se toma un buen trago de whisky completo o me quedo sentada, yo misma les servía los vasos, todos se bebieron de un sorbo sus tragos, se inició el baile como única mujer, turnándome con ellos y delante de mi marido, aunque tenía su venia y todos estábamos a la vista de todos.

    Lentamente se fueron sintiendo más y más borrachos, mi esposo igual, sería pasada la media noche que las cosas se pusieron mucho más calientes para todos, los tragos hicieron efectos, todos comenzaron a ver belleza por todos lados, todos se volvieron enamorados, llovían las propuestas un tanto indecentes, calientes y cada vez más descaradas, yo como una dama los evadía, aunque les seguía la cuerda a todos, el único que para ese entonces me besaba era mi esposo, cada que le tocaba su turno, ya que también debería competir para bailar, yo no elegía mi parejo.

    De vez en cuando me sentaba y seguramente mi vestido me jugaba algo de picardía y parecía que se subía por momentos, me tocaba estire y estire, mostrando algo de mis pantys blancos que usaba ese día, los amigos de mi esposo no podían disimular con su mirada como querían ver más y más.

    Seguía ya la madrugada y Juan, uno de ellos me dijo que si me podía dar un beso de manera disimulada de todos, le dije de plano que no, que mi esposo estaba ahí, que respetara, me dijo pero está que se duerme, le dije sí, él no está acostumbrado a beber tanto, para tratar de convencerme se arrimaba y me olía mi cuello y resoplaba cerca a mis orejas, cosa que me producía escalofríos pero no protestaba por eso, de vez en cuando se arrimaba y me espichaba mis tetas o arrimaba su bulto contra mi cuerpo, se notaba lo arrecho que estaba en ese momento, mi mente cavilaba algo, yo también los veía interesantes también, ninguno me causaba desagrado, pero no sospechaba todo lo que se vendría, minutos más tarde.

    Todos se sirvieron tremendos tragos de licor y obligaron a mi esposo a beber igual que ellos, es tu cumpleaños, hora del desorden pleno, solo se cumple una vez y cosas así, hicieron beber varios tragos seguidos a mi esposo quién no pudo pararse a bailar más, lo cierto es que todos se pararon al tiempo, me hicieron una encerrona de cuatro tipos ebrios, bailando y dando vueltas en círculo, un trencito improvisado, Jairo y Carlos casi se caen por efecto del licor, al sentarnos nuevamente mi esposo recibió más trago y le dieron una cerveza, solo bebió un par de sorbos y se quedó dormido, pensé se acabó la fiesta, cuan equivocada estaba, siguió el baile con mi esposo y Luis dormidos,

    Al ver, que mi esposo estaba incómodo en esa silla, lo subimos a nuestro cuarto en el segundo piso, a Luis lo acostaron en uno de los colchones, que estaban en una alcoba del primer piso, ¿necesitas ayuda para empijamar a tu esposo? No, respondí, sólo le desabrocho su jean y que duerma así un rato y se levante, aquí estamos por si necesitas algo, se hicieron en la puerta, le quité los zapatos, desabroché su pantalón, me imaginé a su verga dormidita y flácida, José que estaba en la puerta dijo miren, creo que van a tener sexo, José, Alberto y Carlos, soltaron la risa, les dije, depravados, aprovechados, no tienen oficio que hacer, acomodé a mi esposo y le cubrí con una sábana para abrigarlo, Carlos me dijo ya vimos a tu esposo desnudo, cómo nos gustaría verte a ti igualmente desnuda, ni sueñen, les dije, más bien salgan que voy a colocarme mi pijama, ahí están sus camas, descansen ustedes, por la mañana hablamos para desayunar, bailemos otro rato y luego nos acostamos, es temprano en la madrugada y no aguante terminar así, acepté pero me cambié mis zapatos por unos más cómodos.

    Las cosas cada vez se ponían más y más calientes, Carlos y José parecían competir por lograr al menos un beso conmigo, eso se notaba a leguas, yo toda digna y señora. El primero en bailar conmigo fue Carlos que era un poco más lanzado y de una me rodeó mi cintura con uno de sus brazos y en una vuelta me aventó con fuerza, me recibió con la otra y nuestras bocas quedaron frente a frente, aprovechando mi desventaja de estar inclinada, me dio un beso con fuerza al que no pude rechazar, qué has hecho, le dije, me dijo perdón, disculpa, te aprovechaste de mi indefensión, pero sonreí, eso marcó el fin de la discusión, tomé la iniciativa de dar un beso a Carlos y ahí paró el baile, nuestros cuerpos se fundieron en un interminable beso, parecía ser un solo cuerpo,

    José dijo qué lindo espectáculo, que envidia, le grité, la envidia es mala consejera, me acerqué y le di un beso apasionado en su boca, entenderán que las cosas se habían salido de curso y tono, gracias a los tragos, ya nada ni nadie podía parar eso, solo que llegara de repente mi esposo y todos a sus camas o fin de la besadera. Nada de eso ocurrió y en ese momento Luis se despertaba y corría al baño, puse un dedo en mi boca para decir que se callaran, pero de poco sirvió, ellos estaban muy arrechos y calientes, José me volvió a abrazar y besar, no ofrecí mucha resistencia, escuché bajar el agua en el baño y supe que Luis iba saliendo y no tardaría en enterarse de lo que estaba ocurriendo, sentía a la par un par de manos subiendo mi vestido y manoseando mis nalgas y vagina por sobre mi panty, yo empezaba a mojarme cual puta profesional, puedo unirme dijo Luis, escuché un shiiittt y empecé a sentir otras manos acariciando mi cuerpo y agregando calentura a mi cuerpo, sentí que me arrancaron mis pantys y no supe a dónde fueron a parar, mi vestido salía por sobre mi cabeza y quedaba en solo brasier y zapatos, pero no tardaron en ser sacados y quedar totalmente desnuda, indefensa, y a la merced de tres lobos hambrientos con una calentura indescriptible, les dije vamos a sus colchones para mayor comodidad y privacidad.

    Me alzaron como el que lleva un trozo de madera uno de la cabeza, otro de mi cintura y otro de mis pies, quedé de pie y Luis bajó directo a lamer mi chocha húmeda y llena de jugos, Calos se pegó a mi boca y José a una de mis tetas y con la otra mano apretaba y sobaba mi otra teta, para mantener mi equilibrio o algo de él, opté por echar una pierna encima de la nuca de Luis y él quedó mejor acomodado para meter sus dedos, lengua y una vista plena de mi chocha y mi culo,

    Cuando se cansaron de esa posición les dije, a desvestirse ustedes también, los ayudé en lo que pude ya que tenían como afán de estar como Dios los trajo al mundo, ahí pude observar por primera vez sus vergas, todas erectas, me incliné y comencé a mamar la de Carlos, luego a José y terminé con Luis, cuan puta soy pensé para mis adentros, culpa del dormilón de mi esposo o esto no estaría ocurriendo, paró ese reproche de mi mente, a disfrutar se dijo.

    Seguía mamando y de vez en cuando trataba de echarme dos a la boca y era un tanto difícil, cómo lo harán en las películas que esas chicas lo hacen ver fácil seguía yo cavilando, Carlos se cansó seguramente y me agarró por la cintura haciéndome poner en cuatro patas y empezó a meterme sin preguntar esa vergota entre mis húmedos labios vaginales, los que la recibieron gustosos, un leve quejido salió de mi garganta y seguí chupando verga de José y de Luis, José se tiró boca arriba y me hicieron sentar y enterrarme esa verga, Carlos me inclinó y me la clavó con saliva en mi culito y quedé empalada doble, no hallaba como acomodarme a recibir esa doble ración de verga, José me agarró la cara y me obligó a meterme la verga suya en mi boca, tal como si estuviera culeando mi boca, apretando de vez en cuando para propinarle una mamada, vaya cumpleaños de mi esposo, me llegó ese pensamiento,

    José se cansó y Luis se tiró al piso y Carlos fue su turno de recibir su mamada, sentí un leve olor a mierda pero, pasó rápidamente, seguro por las sensaciones de dos vergas en mi cuerpo que ya empezaba a sudar igual que mis penetradores, no sé cuánto tiempo pasamos cambiando de posiciones, otras me ponían boca arriba y recibía verga por mi chocha, otra en mi boca y alguno de ellos parado mirando y pajeándose, se turnaban eso sí para que todos pasaran por los mismos agujeros, parecían organizados por un miliar o algo así.

    Seguía mi faena de recibir verga de tres tipos, desconocidos para mí, pero muy amigos y compañeros de mi esposo, yo más feliz que niños en recreo y todos con juguetes nuevos, así me sentía yo, recibiendo placer a más no poder, cuando se iban a venir dijeron: ¿la quieres recibir en la boca? De mi calentura les dije, donde ustedes quieran, ya me volvieron una puta, qué más da, rieron como lo habían hecho con mi esposo al inicio de la reunión,

    Luis me la echó en mi boca y la recibí toda, tragué lo que pude y la otra escupí, cayendo en mis tetas, al rato Carlos fue el siguiente, la sacó de mi chocha y la acercó a mi cara llenándome de leche en mi cabello, frente, ojos y toda mi cara, con la palma de la mano me la extendió por toda la cara y dijo qué linda te ves así, mi reina hermosa. José la sacó también de mi chochita y la disparó en mi vientre y ombligo, les volví a mamar esas vergas un tanto flácidas, las escurrí hasta la última gota de semen, quédese con nosotros y sigamos la fiesta, les dije espera que voy a ver a mi marido, en el baño cercano me asee un poco, me vestí y arregle un poco y subí a ver a mi marido, mientras ellos se volvían a vestir también. De lo que se perdieron los afanados que se fueron por miedo al toque de queda por la cuarentena, nos sacamos la lotería, dijeron riendo de felicidad.

    Es de anotar que desde que empezó la calentura de la fiesta, todos los invitados se dejaron venir en piropos bonitos, expresiones de admiración, ganas de estar conmigo, por la amistad con mi esposo y muchas cosas más. Desde aquí les digo gracias a todos.

    Al llegar a mi habitación y cama nupcial a ver a mi esposo bien dormido, lo empecé a mover y llamar hasta que despertó, se paró a orinar en nuestro baño privado, cuando salió preguntó por sus amigos, le dije están allá hablando mierda y burlándose de ti por haber quedado dormido, qué pena, dijo, tú tranquilo son muy respetuosos, pero no los calla nadie, él no se imagina toda la verga que acababa de recibir, pobre de él, pensé, no tenía completa mi arrechera, tampoco podía dejar a mi esposo sin su porción, le bajé el pantalón hasta las rodillas, le propiné una mamada que pronto se transformó en una erección poderosa, seguí y seguí hasta que se vino en mi boca y tragué toda su leche, le dije vas a seguir durmiendo o bajas otro rato, ya casi amanece, se volvió a vestir bien y me arregle un poco mejor, disimulando todo lo que acababa de acaecer.

    Bajamos con mi esposo abrazados y besándonos apasionados y muy enamorados, de una le ofrecieron un trago de whisky y nos volvimos a sentar a charlar, no podía casi evitar que le dijeran a mi esposo la gran mujer, recta, correcta y con garra para atender a tres borrachos, cansones, groseros y muchas cosas más, le dije a mi esposo que sus amigos eran muy cansones, que les gustaba mucho el juego y reírse de todo y de todos, ellos son así, buena gente y buenos compañeros, eso sí es verdad, le respondí, todos me caen muy bien, ojalá vengan el otro año a repetir estos tragos, ellos dijeron para vacaciones, para navidad, para tu cumpleaños, ah, no quieren salir de mi casa, les dije, para qué nos atienden tan bien y son así de buena gente con los invitados, todos reímos, mi esposo de manera ingenua, obviamente.

    Seguimos la charla de amigos, preparé café para todos pues no tenía cómo quitar de mi boca ese sabor a semen y verga de todos esos machos, me cepillé mi boca y quedé como nueva, lista para otro acto de amor y generosidad con los amigos de mi esposo, mentira, me volví a portar como una dama delante de él.

    Los tres invitados pidieron desayuno por domicilio y como ya había terminado la restricción de movilidad, salieron para sus casas o no se para dónde, con mi esposo nos metimos a la cama y tuvimos sexo tempranero, haciendo el comentario de qué húmeda y empapada estás mi amor, le dije no es para menos, la situación así lo ameritaba, es verdad mis amigos son muy especiales conmigo, me respondió, conmigo también fueron muy especiales, respetuosos y cariñosos, esos sí son verdaderos amigos, vuélvelos a invitar, pero no te duermes o ellos se aprovechan para burlarse de ti y me toca atenderlos a todos yo sola, no volverá a ocurrir me dijo un tanto apenado.

    Desde esa fecha recibo detalles por mensajería y mantengo conversaciones por chat o video llamadas con estos personajes del cuento, no todas ellas son solo para saludar, a veces o mejor casi siempre se ponen un poco calientes, pero nada del otro mundo, eso sí todos coinciden en querer repetir lo ocurrido o hacer un paseo a la costa, para durar una semana perdidos en una isla u hotel, el problema sigue siendo mi esposo, que sería la piedra en el zapato, ya veremos con el tiempo qué me invento para involucrarlo al cuento, si puedes aportar ideas las leeré gustosa.

    Dejo claro que estos relatos son verdaderos, algunos detalles se me escapan por mi ignorancia de escribir profesionalmente, pido disculpas por ello y espero sus comentarios al respecto. Sandra la zángana.

    Gracias por leer, por sus votos y comentarios.

  • En la fiesta de mi amiga con el dealer vergón

    En la fiesta de mi amiga con el dealer vergón

    Hola, y gracias por seguir leyendo mis relatos, les recuerdo mi nombre: soy Paulina, una mujer travesti a tiempo completo, esto básicamente quiere decir que salgo vestida de mujer a la calle y realizó todas mis actividades en mi rol femenino.

    Mi siguiente relato se remonta a una época en la que viví excesos, me relacione con tipos con los que definitivamente hoy en día ya no lo haría porque con esas compañías incluso llegue a conocer las adicciones. Sin embargo, claro que en mis recuerdos quedaron personas de esa época, uno de ellos, Luis alias “El Stock”, un exnovio mío que me mostró y me enrollo en el feo vicio de la marihuana, a mi punto de vista la más liviana de las adicciones que pude conocer, sin embargo por preferencia personal decidí no continuar consumiéndola, pero no es por esto que en mi perversa mentecilla se mantiene el recuerdo de “El Stock”, ya Uds. se lo imaginaran… Así es… mi ex tenía una verga tamaño familiar!! Además tenía esa mezcla de personalidad rebelde y problemática que a una niña de 23 añitos le fascina.

    Él era muy moreno, alto, de cuerpo muy ancho, brazos fuertes, unas manotas y como ya hice mención… este hombre se cargaba con una tercera pierna que era su principal atractivo: Larga, gorda, cabezona, llena de venas… En fin, un monumento en verdad a la verga, escribo sobre ella y mi agujerito se estremece como si pudiera regresar el tiempo para volver a disfrutar como loquita rebotando en ella, además, a este hombre le colgaban un inmenso par de huevotes que se encargaban de almacenar su testosterona y liberarla en forma de premio para mí cada que hacía yo buenos méritos… en fin, este relato tiene lugar en la CDMX por allá del año 2010, ya en ese momento era yo casi todo lo que hoy Uds. pueden ver de Paulina, en ese momento lejos de mis compromisos escolares o laborales, ya prácticamente hacia todo en mi rol femenino, salía como tal a la calle y respondía como tal en la cama y la intimidad… en fin ojalá les guste:

    Siempre fui una chava fiestera y amiguera, escuchar para mí la palabra fiesta era motivo más que suficiente para esbozar una sonrisa, y con el tiempo ame más aún las fiestas de disfraces, o fiestas con temática, así que cuando mi amiga del alma Franny, otra chava travesti tan desclosetada y puta como yo organizo una con motivo de celebrar su cumpleaños número 24, me emocione, y más aún cuando me hizo saber la temática de los disfraces: prostitutas y chulos

    Alrededor de 80 personas habían llegado a una enorme casona rentada en la colonia Roma, calle Orizaba lo recuerdo a la perfección. Vestidos diminutos, zapatos de plataforma, escotes sumamente reveladores, labios rojos y pestañas postizas; fueron lo que todas las chicas usaban. Ellos, enfundados en trajes brillantes, camisas llamativas, sombreros y grandes cadenas tenían un espectáculo visual a donde quiera que miraran.

    Apenas eran las 2 de la madrugada y casi todos estábamos borrachos, quizá la ropa escasa y la atmósfera del lugar nos hacían un poco más desinhibidos. Esa noche elegí unos tacones plateados de 10 cm, medias de red, un mini vestido plateado que apenas llegaba unos tres dedos debajo de mis nalgas, puse brillos en mi clavícula y en mi espalda para resaltar la desnudez de esta, el gloss rojo es mis labios terminó con mi look. Los rizos rojos de la peluca que para esa noche usaba descansaban sobre mi sensual espalda.

    Con todo entallado, la curva de mis nalgas resaltaba y mi cintura embonaba perfectamente entre las manos de Luis “El Stock”, mi novio. En ese momento me sentía diferente, nunca tuve ataduras en cuanto al sexo pero al vestirme así y notar la mirada de otros hombres e incluso de otras mujeres Tv y biológicas también, era como si ellos pudieran saber lo que pensaba en mi calenturienta cabecita.

    Si algo me enseñó Luis fue a disfrutar mi cuerpo y mi sexualidad aunque no fui premiada naciendo mujer biológica. Estando con él descubrí todo lo que podía lograr aceptándome y dejando que otros me disfrutaran. Siempre gocé masturbándome pero hacerlo frente a él era muchísimo mejor: su mirada, sus ganas, su ansiedad por tenerme y obvio… Verlo a él también jalarse frente a mi su vergotota alimentaba mi placer… no necesitaba nada más y así entendí que no eran necesarios unos senos enormes, bastaba con mis gordas nalgotas, redondas y respingonas, y mis pequeñas bubis, el resto según Luis “el Stock” era simple actitud.

    Decidí llevar un poco de esa actitud frente a todos y provocar más cínicamente a Luis. Él había notado que gracias al vestido lograba llamar mucho la atención, no se separaba de mí por mucho tiempo, cuando no me abrazaba por la cintura, me tomaba de la mano, me ponía frente a su cuerpo y acariciaba suavemente mi estómago, era evidente que hacía notar que era mi dueño.

    Me puse frente a él para bailarle, tomé su mano y la puse en mi cintura, acerqué mi cuerpo y puse una de mis piernas entre la suya, acerqué mis labios a los suyos para apenas rozarlos, lo besé en las comisuras y bajé mi mano para acariciar lentamente su entrepierna, que evidentemente comenzaba a alborotarse. Entonces con su típico tono regañón me dijo:

    L- Tranquila Paulina, pues sin pensarlo te quitaría la ropa aquí mismo, no sigas…

    P- Ah si?? Pues sin pensarlo te la mamaria aquí mismo…

    Le respondí y acto seguido lo besé, metí mi lengua entre sus labios casi desesperada, aprisioné su labio inferior entre los míos y mordí un poco. Sus brazos rodearon mi cuerpo y una de mis manos se posicionó en su paquete, el cual a propósito apreté un poco, por respuesta obtuve que la fuerza de sus brazos al abrazarme fuera mayor.

    L- Ya estás demasiado borracha!! Le estás dando espectáculo a todos estos weyes!! Vámonos!

    P- No quiero irme, ya me voy a calmar.

    L- No! no quiero que te calmes! te quiero desvestir, te quiero coger, hoy vas a cenarte mi verga… Vámonos!!

    Esto me lo dijo con tono de orden, diciéndomelo al oído debido a la fuerte música y agarrándome una nalga.

    P- Si tantas ganas me tienes… Cógeme aquí. Hay muchos cuartos sin luz allá en la casa, seguro encontramos uno para nosotros…

    Un segundo después Franny se acercó con otro grupo de amigos para seguir con la fiesta. Yo bailaba con ella, pero no dejaba de lanzarle miradas a Luis, me restregaba muy provocativamente a ella cada que tenía una oportunidad, en un determinado momento, a propósito solté una cajetilla de cigarros y me incliné al piso sin doblar las rodillas, siempre buscando darle el mejor espectáculo a Luis, sin embargo era obvio que cualquiera que en ese momento hubiera estado lo suficientemente atento también pudo haberme visto. Cuando iba levantándome, sentí que Luis me jalaba hacia arriba con mucha fuerza y me acomodaba firmemente hacia él, entonces me dijo:

    L- Qué chigados crees que haces? Lo de puta es sólo el disfraz, ¿por qué tendrías que mostrarle las nalgas a estos pendejos?

    P- Si te molesta que se los enseñe, me los puedo quitar papito, así no va a haber calzones que puedan mirar…

    L- Que fumaste? De la mía no fue, esa no te pone así…

    P- Solo de la tuya y nada tiene que ver… solo estoy demasiado cachonda y quiero jugar con tu vergotota aquí mismo…

    Lo tomé de la mano y lo llevé con rumbo a la casona, yo por delante, contoneándome para el como una verdadera puta, no conocía a la perfección las habitaciones ni los pasillos, pero afortunadamente por la tarde cuando llegue a ayudarle a Franny para los preparativos de la fiesta pude andar de curiosa y fue allí que pude darme cuenta de un baño en la parte trasera, ese serviría pues los demás cuartos estaban solos y no había muebles, apenas teníamos iluminación en ese bañito, básicamente lo que podía entrar por las ventanas y proveniente del alumbrado de la fiesta, sin embargo a nuestro favor es que estábamos lo suficientemente alejados como para pasar desapercibidos unos minutos.

    Apenas cerré la puerta de ese baño tras de nosotros, y Luis ni lo pensó, me puso sobre la pared y me besó frenéticamente, su lengua acariciaba la mía y sus labios buscaban los míos, me mordió el labio inferior y bajó al cuello. Sus dedos se enredaban en mi peluca y yo subí una pierna a su cintura, mis manos buscaban desesperadamente su enorme atributo masculino.

    Debajo del vestido llevaba unas pantimedias de red, al subir la pierna sentí la fría brisa del aire recorrer mi humedecido ano, pues la diminuta tanga que traía apenas lo tapaba. Debido a que mi vestido se subió, se interpretó como una completa invitación para que los dedos de Luis hurgaran en mi apretado agujerito anal, Luis llevo su dedo medio a mi boca para que yo misma lo lubricara y lo llevo de vuelta a mi ansioso hoyito, el cual lo recibió y lo engullo sin mayor dificultad ante la satisfecha mirada de él, al fin y al cabo acostumbrado a recibir el trozo de carne que mi novio se colgaba entre las piernas, que era muchísimo más grande, sin embargo no podía no sentir placer por cada caricia de Luis, así que involuntariamente arquee mi espalda en señal de gusto por lo que me hacía, lo besaba, mordía sus labios, sus hombros, mis uñas se aferraban a su espalda.

    La adrenalina recorría nuestros cuerpos, sentía el latir de su corazón, su respiración, sus dedos entrando a su gusto en mi ano terminaron con el equilibrio de mis piernas. Me esforzaba por mantenerme de pie, prácticamente me colgaba de su cuerpo, también hacia un esfuerzo sobrehumano por no emitir ni un gemido que pudiera evidenciar lo que en ese baño estaba sucediendo. Entonces suplique:

    P- Luis… vámonos!! No podemos hacer esto aquí… sabes que yo soy bien gritona y apenas puedo contenerme en este momento… Por favor vamos a tu departamento!!

    L- Querías que te cogiera no? Me estuviste provocando frente a todos en la fiesta… estás muy cachonda pero te niegas a continuar aquí… Creo que ese disfraz de puta te queda muy grande…

    El tono con el que Luis el Stock me contestó esto estuvo bien cargado seducción y de deseo por hacerme suya. Además el seguía tocándome, sólo que esta vez la penetración con su dedo llevo un intencionado interés por estimular mi próstata, situación que sumada al calor del momento y la adrenalina de lo que hacíamos provocaron en mi un orgasmo que no pude ocultar, pues además de que ensucie su pantalón y mis medias, mi cadera se pegó completamente a él, mis brazos lo abrazaron fuertemente y de mi boca salió un sonoro gemido que Luis ocultó con una de sus manotas, cuando terminó me dijo:

    L- Shhh… Princesa… Aunque siempre es delicioso verte terminar y me encanta oírte gemir, esta vez tenías que ser un poco más discreta. Pero me tienes muy caliente, quiero métetela hasta que te fastidies, así que ahora sí ya vámonos.

    En definitiva no me iba a hacer del rogar cada que mi novio me brillaba la oportunidad de gozar de su vergotota, así que prácticamente salimos de la fiesta sin despedirnos de nadie, podía sentir los rastros de mi pequeña eyaculación deslizándose por mis piernas, subimos a su auto y la tensión sexual se sentía en el aire. Prendió el aire acondicionado, subió las ventanas y tomó camino hacia su departamento en la colonia valle Gómez, en un semáforo en rojo que nos tocó por insurgentes me sorprendió sacándose su gordo miembro semi flácido del pantalón y me preguntó:

    L- No quieres?

    P- Uhhh papi… le preguntas que si quiere agua a la más sedienta!!

    Enseguida me agache, quería olerla, besarla, mimarla, la tomé con suavidad casi con cariño entre mis manos, no me costó trabajo terminar de ponerla dura, al fin y al cabo ese monstruo de verga estaba acostumbrado y familiarizado con mis caricias. Se la apretaba con algo de fuerza, movía la muñeca para arriba y para abajo y ocasionalmente rozaba la punta con el pulgar, pasé mi cabello a un lado de mi cabeza y me termine de inclinar dispuesta a devorar ese gran pedazo de carne gorda y venosa, que soberbia sabiendo que era en ese momento la dueña de todos mis deseos y fantasías se erguia ante mi esperándome con unas gotitas de su cristalino liquido preseminal en la punta, así que agradeciendo el gesto pase mi lengua alrededor y bese la punta, impregnando mis labios con ese salado pero delicioso sabor a macho que a mí me enloquece. Metí esa gorda cabezota y la chupe delicadamente mientras seguía masturbándolo suavemente, poco a poco iba metiéndola a mi boca, Luis ya estaba durísimo como una barra de metal, tenía la verga caliente por toda la sangre que bombeaba en ese momento, podía notar las venas que recorrían su gordo instrumento masculino haciendo su trabajo y yo simplemente no podía parar a pesar de que Luis ya me lo había pedido un par de veces. Entonces me dijo por tercera vez al tiempo que me jalaba del cabello:

    L- Ya detente Paulina… o vamos a chocar.

    Esbocé un puchero por haberme separado de mi labor oral tan bruscamente, sin embargo mis manos no dejaron de estimularlo. Lo bueno fue que me di cuenta que ya estábamos muy cerca de su deprtamentoa, al cual llegamos ya en cuestión de minutos, el guardia nos abrió, estacionamos y subimos por el elevador sin quitarnos ni un minuto las manos de encima. Yo estaba súper cachonda, Luis tenía su vergota durísima, los besos, las caricias, la presión de su cuerpo, todo era perfecto. Entramos a su departamento sin siquiera prender las luces, no alcanzamos a llegar a la recámara, pues me detuvo a medio camino y me dijo al oído:

    L- Siempre he querido cogerte en la cocina, ven…

    Su cocina tenía una isla o barra de azulejos justo en el centro, Luis me tomó por la cintura y me subió a ella con suma facilidad como si de una muñeca de trapo se tratara, al fin y al cabo él era un hombre de 100- 110 k así que cargar mis 62 k para el no representaba ningún problema, el frío de la barra al contacto con la piel desnuda de mis gordas nalgotas me erizó la piel y me puso chinita chinita. Luis se agachó, termino de retirar mi pequeña tanguita, subió una de mis piernas en cada uno de sus fuertes hombros y me hizo inclinar hacia atrás, a modo que quede recostada en la barra y mi zona más íntima a merced de la boca de este macho, que me dijo enseguida:

    L- Mi cena está servida…

    P- Ahhh… Ahhh… si papi…

    Así comenzaron los lengüetazos largos y profundos en mi ano y en mi diminuta verguita que de inmediato me hicieron vibrar, cada que Luis se acercaba a darle atención a mi agujerito yo quería absorberlo y con mis piernas lo jalaba más y más hacia mi. En unos minutos Luis provocó mi segundo orgasmo de la noche, no pude evitarlo y terminen en su cara, y eso que aún ni siquiera me había metido su vergotota que me encantaba. Después de aquello él se levantó me besó tranquilamente, me dijo:

    L- Que rico sabe mi putita… Ahora me toca darle de comer a estás tragonas que me han traído loco toda la noche…

    Mientras sobaba mis gordas carnosidades femeninas aún sentada en la barra. Entonces Luis deslizo mi vestido, solo de la parte de arriba y así quedé con mis pequeñas bubis al aire, yo realmente estaba cansada y me desplomé sobre la fría isla, solo dejándome hacer, mi respiración continuaba agitada debido a mi segundo orgasmo. No terminaba de recuperarme aun cuando me percaté de que sus manos recorrían mis piernas suavemente, me quitó los zapatos y hasta ese momento me incorporé. Luis el Stock ya estaba completamente desnudo, con su vergota bien dura, listo para darme bien duro.

    Con la misma facilidad con la que me subió a la barra, con esa misma facilidad me bajó y me puso de espaldas a él, ahora la barra me servía de soporte para que me recargara con mis manos de ella, me sentía a desfallecer pero Luis ya me había dado mucho placer y yo no quería quedarle mal, por lo que gire mi cabeza para mirarlo lo más putona posible y hacerle saber que esperaba ansiosa su siguiente movimiento. La cara que Luis me regreso fue de plena satisfacción, y enseguida me hizo sentir la dureza de su enorme vergota ya enfundada en un condón en mis femeninas nalgas, sus labios se paseaban por mis hombros, por mi cuello, mis oídos, sus manos se recreaban en mi, e iban de mi cintura a mis bubis. Debido a sus ricas caricias mi deseo despertó dejando de lado el cansancio y mi tragón agujerito anal buscaba ansioso a su enorme atributo masculino, como queriendo demostrarle que queríamos batalla.

    De pronto aplico un poco de fuerza en mi espalda, lo necesario para que yo entendiera su mensaje y yo misma me inclinara hacia adelante, recargándome en la barra y entonces Luis comenzó a presionar buscando penetrarme, la primer barrera que era que su cabeza atravesará mi esfínter siempre fue lo más doloroso, pero aquella vez fue además de riquísimo muy fácil, quizá la excitación del momento o el excelente trabajo oral que previamente mi novio me había dado, así que de inmediato Luis comenzó a recargar su peso hacia mi, buscando desaparecer sus 20 cm de carne gorda y dura en mi pequeño agujerito, lo cual logré soportar sin mayor problema, al sentir sus piernas chocar contra las mías, gemí de placer:

    P- Ahhh!!!…

    L- Ahora si putita… puedes gemir todo lo que quieras!!

    Cada que le daba la gana me plantaba una sonora nalgada, yo estaba realmente muy excitada, sólo gemía y eso a él lo prendía más, me decía:

    L- No sé si me gusta más lo apretadita que estás o lo rico que gimes… hermosa putita…

    P- Ahhh.. Ahh.. Si papi!! Te gusta que me escuchen gemir tus vecinos?? Pues es por ti!! Tú lo provocas… Ahhh Ahhh… Sólo dame más, no te detengas…

    L- Con que mi zorrita quiere más!!!

    Entonces me jalo del cabello, yo arquee por instinto mi espalda y esta vez de verdad me penetro bien duro, mis piernas perdían fuerza y la violencia con la que entraba y salía no me dejaba poner atención a lo que me decía, Luis me sujetaba del cabello con una mano y con la otra me abrazaba por la cintura. Dolía? Claro que dolía… pero el placer de sentirme usada me gustaba, siempre me a gustado, y pienso firmemente que siempre me gustara. Hablando del Stock no me encantaba solamente su verga, me encantaba su furia, su deseo por mi…

    P- Ahhhh!!! Que rico me coges papi!!

    L- Te cojo así porque no vas a volver a enseñarle tus nalgotas a la gente como hoy… Este culote… es solo mío… Entiendes Paulina?

    P- Ahhh… si!! Si!!

    A continuación aceleró el ritmo y terminó dentro de mí, incluso a través del látex del condón logré sentir sus potentes disparos de semen. Nos quedamos un momento inmóvil, ambos necesitábamos reponer las fuerzas, Luis se sentó en uno de los bancos y me llevó sobre sus piernas abrazándome.

    L- Te quieres quedar un rato más conmigo? O te llevo a tu casa?

    P- Bueno en casa dije que me quedaría con Franny toda la noche… así que o me llevas de vuelta con ella o me das asilo en tu casa, pero que sepas que si me quedo no tendré muchas ganas precisamente de dormir, eh?

    L- Hahaha… Hermosa zorrita… te di verga hasta para llevar y no te llenas!! Eres insaciable Pau…

    Y si que lo soy!!!

    FIN

  • Cambiando la vida de mamá (Parte I)

    Cambiando la vida de mamá (Parte I)

    Hola a todos. Me llamo Luis Javier, aunque todo el mundo me conoce como «Luisja», os voy a contar mi historia, y como pasó algo con mi madre, que nunca en la vida lo podría haber pensado. Ahora somos algo más que madre e hijo, y nuestras relaciones sexuales son muy muy placenteras.

    Mi familia está compuesta por mi madre Pilar (54 años), mi padre Arturo (53 años), mi hermano Roberto (38 años), casado con una rubia que esta como un pan, las de pajas que me he casado a su costa.

    Mi padre es muy buena persona, nos quiere mucho a todos, y nosotros a él. Es comercial de una multinacional, por lo que pasa fuera de casa, viajando el mayor tiempo del año. Solo viene 2 o 3 días cada dos meses y se vuelve a ir. Trabaja mucho y tiene un sueldo muy bueno, por lo que nunca ha hecho falta que mi madre trabaje. Siempre dice que le gustaría cambiar de trabajo, y estar en casa a dormir todos los días, pero dice que a su edad quien lo va contratar? Nadie quiere a viejos, solo a chicos jóvenes con estudios… Así que así me jubilaré…

    Mi madre ama de casa, no es ninguna mujer que te quite el hipo, ni de las que te giras cuando pasa. Lo que es una mujer del montón. Es castaña tirando a rubia. No muy alta, tetas normalitas eso sí tiecesitas para su edad. Tiene unos pezoncitos riquísimos, y una pequeña aureolas que los rodea. Para ser más exactos 95 copa C. Jeje. Tiene un buen culo. Coño peludo, bueno ya no, estrecha de cadera, entre sus muslos y su coño queda un agujerito que me encanta en las mujeres. Nunca se arregla, siempre usa pantalones anchos, y faldas de mucho vuelo. Por lo que las curvas que tiene, hay que suponerlas. Nunca se le marcan. Siempre bragas feas y aburridas «bragas cristianas», nada de tangas ni mallas ni nada… Pero esto cambiará gracias a mi.

    Yo el «Luisa», fontanero de profesión, 32 años, mido 1’95, peso 95 kg, un chico del montón. Nunca me ha faltado sexo desde que perdí la virginidad, a los 17 años con una compañera de clase… Todavía recuerdo los primeros polvos, me corría nada más meterla. Me encanta ver videos x de maduras, y paja que me pegó. Suelo follar todos los fines de semana, dicen que en la cama no lo haga nada mal, sobre todo comerme los coños. Les encanta. Pero como dicen mis amigos, siempre que alguna repite, no os creáis que es por mi polla, puesto que llego justo a la media española de 14 cm pero tengo labia. Y alguna cae… Vivo solo en mi casa, estoy felizmente soltero y hace 4 años que salí de casa de mis padres.

    Me encanta la lencería de mujer, me vuelve loco. Siempre digo que no hay mujer, que por fea que sea, por mal tipo que tengan, que con una buena lencería no ponga a 1000 a cualquier hombre… Cuando aún vivía en casa de mis padres, siempre que estaba solo en casa, me ponía algún vídeo de mujeres mayorcitas, iba a la habitación de mis padres y sacaba de la mesilla de noche de mi madre, todas las bragas y sujetadores de mercadillo que tenía, feos pero aun así me ponían cachondo. Y pajote al canto. Eso sí nunca pensé en mi madre con ellas puesta. Nunca había mirado a mi madre con ojos de deseo. En casa nos hemos visto, desnudos, en ropa interior, de todas las formas pero nunca había deseo en nuestras miradas. Nunca pensé en tener una relación sexual con mi madre no entraba en mi cabeza, pero al final paso y no nos arrepentimos ninguno de los dos, de echo nos encanta follar juntos.

    Todos los días al terminar mi trabajo, suelo pasar por casa de mis padres, estoy un rato con mi madre, charlamos un rato y me voy cenado, muchas veces, sobre todo en invierno me quedo a dormir con ella, así no tengo que poner la calefacción en mi casa. Eso sí siempre lo hacía en cama de toda la vida.

    Un día al llegar de trabajar, y pasar por casa de mis padres, mi madre estaba hablando por teléfono en la cocina (su sitio de la casa favorito).

    -Hola, Ma qué tal?

    -Hola, Luisja mi amor qué tal el día? -me dijo mientras me dio un casto beso en la mejilla como siempre hacia.

    -Bien Ma, sin mucha cosa que contar -le contesté mientras abría una cervecita fresquita- Quién ha llamado? Era Pa? Esta por Almería no? Que se cuenta?

    -Sí, hijo si en Almería -dijo mi madre con un largo suspiro-. Me ha llamado puesto que le ha llamado el primo Eduardo, que se casa Andrea, su hija en Madrid.

    -No nos habrá invitado a Roberto y a mí no? -le pregunté con cierto enfado.

    -No, a vosotros no solo a papá y a mi, pero ya sabes qué pasa con el trabajo de papá, que nunca puedes contar con él. Y ¿sabes quién va ser mi acompañante entonces? -preguntó con su voz, la forma de decirlo parecía un premio de esos de TV… pero no no era eso, era un marrón.

    -Jo Ma, hay que ir hasta Madrid, el hotel, el regalo, la ropa es un gasto innecesario… Que te lleve Roberto -le dije con enfado.

    -Ya sabes cariño, que prefiero ir contigo, es con quién más confianza tengo y mejor filin tengo… -Me dijo con voz dulce…

    -Bueno ya veremos le dije.

    Nos pusimos a cenar y por un buen rato nos olvidamos del tema boda.

    Pasó el tiempo y un viernes, al volver del trabajo y tomar unas cervezas con los colegas, sonó mi móvil mientras abría la puerta de mi casa.

    -Hola Ma -contesté.

    -Que pasa ya no quieres a tu madre? -me dijo.

    En tono de broma. Al otro lado de la línea.

    -Hoy no has venido a verme, seguro que si fuese una amiguita de las tuyas veinteañeras, hubieses perdido el culo por venir a verme.

    Siempre me hacía bromas con las chicas, siempre decía que no podía entender cómo está soltero…

    -Venga Ma, tengo unos amigos con los cuales también tengo estar.

    -Lo sé, hijo solo era una broma mi amor, no te enfades. -Me dijo con esa vocecita de madre afligida…- Bueno vamos al grano sabes que tenemos una boda el sábado no? Te acordarás? No te habrás olvidado?

    -Mierda la boda… Olvidado total…

    -Madre mía si no fuese por mí -dijo mi madre.- Mañana por la mañana si quieres, preparo un chocolate con churros para desayunar y vemos cómo lo hacemos, te espero a las 10. Hasta mañana cariño, que descanses.

    -Adiós -solo acerté a decir.

    Al día siguiente a las 10, estaba puntual en casa de mis padres.

    -Buenos días Ma. Que tal has descansado?

    -Buenos días mi amor. Muy bien he descansado mucho y bien. -Contestó mientras ponía el chocolate y los churros en la mesa.- Sabes no se me hace ilusión lo de la boda, así pasamos algo más de tiempo juntos.

    -Si pasar más tiempo juntos es lo único bueno que tiene, la dichosa boda, -le dije poco convencido.

    -Tú tienes el traje que te compraste hace dos meses para la boda de Luis. Está en tu armario, lo traje del tinte y lo deje allí. De todos modos pruébate lo por si acaso.

    Terminamos el desayuno y fui a probarlo, mi madre vino junto a mi. Lo sacó del armario, mientras yo me quita mi chándal. Como antes dije, no tenemos pudores de desnudarnos delante, el uno del otro. Me lo probé y me estaba perfecto.

    -Ves como un guante le dije a mi madre, por cierto tú qué te vas a poner? Hace mucho que no vas a ningún evento, dije.

    -Seguro que tengo algo en el armario que sea posible. Vamos a ver me dijo. Y pusimos rumbo a su habitación.

    Me senté en la cama y empezó a sacar trajes de viejas, bueno como siempre vestía.

    -Este -dijo el cuarto que sacó. Un traje de falda ajustada pero ancha, y una chaqueta ideal para mí abuela. Se quitó el pijama feo que llevaba y se quedó en bragas y sujetador. Feos como si solos, Pensé aquí pasan los años pero hay cosas que no cambian. Se lo puso y me preguntó.

    -Que tal me ves?

    -Para ir de funeral está muy guapa. -Le contesté con gran ironía.

    -Igual tienes razón hijo -me dijo- y tengo que renovar un poco mi vestuario.

    -Un poco? Creo que todo. Deberías de cambiar. Anda dúchate y vamos a comprar algo no tengo nada que hacer hasta el lunes.

    La cosa sería difícil, los gustos de mi madre y los míos distan mucho. Se fue a la ducha y me tiré en el sofá a ver las redes sociales.

    A los 15 minutos ya estábamos, saliendo de casa.

    Vestía un pantalón arreglado de vestir, pero ancho, iba delante de mí y cuando íbamos a salir por la puerta, se le cayeron las llaves de casa, cuando se agachó me pareció ver algo muy raro, en los pantalones no se marcaban «bragas cristianas» sino la silueta de un tanga. No puede ser me dije es imposible. Seguro que ha sido producto de mi imaginación. Recorrimos la ciudad viendo escaparates, en la tercera boutique, por fin decido entrar.

    -Madre mía que bodrio de ropa, dije.

    -No te gusta nada -me dijo…

    -Mamá creo que le puedes sacar más partido a tu cuerpo, le dije convencido de mis palabras.

    -Si a mi cuerpo de vieja -respondió rápidamente ella.

    -Anda Ma, no te hagas la mártir, sabes que para tu edad estás muy bien, pero nunca te arreglas. Si te molestases un poco en ponerte ropa más moderna, estarías mucho más mona

    -Anda calla, que te crees que tengo 30 años como tus amigas? -me contestó un poco mosqueada.- Además para que me voy a arreglar para estar en casa?

    -Bueno Ma, no te enfades.

    Al pasar una tienda, llamó mi atención la madura que había atendiendo. Me pierden está mujeres.

    Le dije a mi madre:

    -Mira la dependienta, tiene tu edad y mira qué bien le sienta ese vestido.

    -Pues tienes razón.

    Entramos y saco un par de modelitos muy bonitos, que le quedaban de maravilla, le quitaban 10 años de encima. Cuando la vi salir con el primero, deje de fijarme en la dependienta, que me estaba poniendo muy cachondo… Que paja me voy hacer cuando llegue a casa…

    Y empecé a ver esas curvas tan bonitas que tenía mi madre, y nunca enseñaba.

    -Me gusta -le dije pruébate el otro.

    Entonces me vino a la cabeza la foto del tanga.

    -Llevará puesto uno -me pregunté. Hay que descubrirlo me dije. Y me acerqué al probador y vi como se quitaba el vestido, y lo dejaba en la percha. Si señor llevaba tanga, pero que tanga, parecía una de esas bragas horribles, pero en tanga, gris, sin una transparencia o un encaje. Madre mía qué feo, me dije. Cuando salió con el segundo flipe… Esta es mi madre? Con unas medias y un tacón, para quitar el hipo.

    -Cual me quedo? Me pregunto.

    -Está muy elegante y guapa con los dos -le dijo la maciza madura de la dependienta.

    -Yo me compraría los dos, le dije, sabes lo que te he dicho antes.

    -Tiene razón, su hijo, creo que tiene muy buen gusto, para lo joven que es. Replico

    -Me llevo los dos y así no fuimos a casa de lo más contentos.

    Por el camino parecía como si mi padre habría rejuvenecido. La veía muy contenta.

    -Ves me alegro que me hayas cambiado un poco el chip.

    Fuimos a casa y cuando estamos haciendo la comida le pregunté.

    -Ma si no eres tan moderna porque te ha comprado tangas?

    Siempre hemos tenido mucha confianza entre nosotros.

    -Calla, dijo mi madre. El otro día fui al mercadillo a comprar bragas y me lo regaló el vendedor. Nunca me había puesto uno pero no me disgusta, y cómo íbamos a comprar ropa pues me lo he puesto para ser moderna como tú dices…

    -Mamá eso dista mucho de ser moderna, un tanga más feo, que las bragas que tienes.

    -Que les pasa a mis bragas? -pregunto indignada.

    -Ma, que son de vieja, de muy vieja.

    -Pues lo que soy -me dijo.

    -Pues bien que te gustan los trajes que te has comprado, bien joven y guapa que te has visto o no? Dije yo

    -Si eso sí. Me dio la razón, pero no sé cómo quieres que sea la ropa interior si no se ve. Me dijo muy convencida de su respuesta.

    -No sé porqué pero desde que la vi con esos vestidos, me estaba pasando algo por mi mente. Me estaba empezando a poner cachondo mi madre, desde ese momento la empecé a mirar con otros ojos que los de toda la vida.

    Le dije, que si quería, podíamos compramos ropa interior, para la ocasión.

    Si hombre dijo mi madre, voy a ir a una tienda con hijo y que elija el mis bragas. Si claro hijo que aquí nos conocemos todos.

    Entonces puse a maquinar mi mente. Empecé a imaginar a mi madre con unas bragas transparente pequeñas, un sujetador a juego, un liguero y unas medias a media rodilla y se me puso la polla como el mármol de la cocina. Para Luisja que es tu madre…

    -Bueno ya veremos dijo mi madre. Pero eso en ella era un si. La verdad que estaba flipando.

    Cogí el móvil y al segundo estaba en una página de una conocida cadena de ropa interior. Mira Ma le dije.

    Era un conjunto de braguita, sin costura negra transparente, con un sujetador a juego, también transparente y unas medias a media rodilla, con unos adornos preciosos y su liguero a juego.

    -Eso es de puta. Fue lo primero que dijo.

    Pero yo ya estaba pidiendo mi número de tarjeta, y la dirección de envío. La talla la conocía bien desde siempre.

    -Estás loco dijo mi madre. Pero no sé, porqué se dejaba hacer…

    El día paso y por la noche en la cama. Fue la primera vez, que vi a mi madre como mujer, me la imaginaba con esa ropa interior y me puse a mil. Dos pajas me tuve que hacer.

    El miércoles antes de la boda mi, madre ya había estado el peluquería. Me mandó un whatsapp. Luisja ya he llegado el paquete, pero esto no lo veo.

    Al terminar de trabajar pase por su casa. Toda la tarde estuve pensado, en como le quedaría a mi madre el conjunto. Cuando llegue estaba en el salón viendo la TV.

    -Hola Ma que tal?

    -Mal hijo mal… no me veo con esas bragas, no tapan nada, y enseñas todo… No es para mí, devuélvelas.

    -Bueno Ma. Pruébatelas y vemos… Voy pero ya verás como no… Dijo mientras entraba en su habitación.

    A los 5 minutos entro en el salón, ves como no me queda…

    Al verla entrar por la puerta flipe y mi polla más, como se puso, la visión era flipante, mi madre una madura, con un buen cuerpo y eso conjunto, me puse a mil.

    -Que le pasa Ma? Dije medio tartamudeando.

    -Pues que se me ve el coño, el culo, las tetas, todo.

    Madre mía te comía entera ahora mismo, pensé.

    Para quitarle hierro al asunto, le dije en broma, el coño es lo único que no se te ve, con ese matojo de pelos que tienes, y me eche a reír.

    -Tampoco te gustan los pelos de mi coño? Me dijo indignada.

    -No mamá creo que deberías depilártelos. Esos además es antihigiénico.

    Se le desencajo la cara. Ya lo que me faltaba acertó a decir, con más de 50 años y depilándome el coño.

    -Se acabó. El traje me lo pongo, pero no sueñes que me voy a poner estás bragas y mucho menos, depilarme el chichi. Dijo de los más seria y tajante.

    -Bueno Ma cómo quieras. Igual ha sido querer cambiar mucho… Le dijo derrotado. Le di un beso y me fui a casa.

    Nada más llegar estaba como una moto. El ver así a mi madre me había puesto a mil. Me tuve que hacer tres pajas. Con la excitación que tenía esa noche soñé con ella, menudo polvo le eche… Madre mía. Se me estaba escapando la cosa de las manos.

    Llegó el viernes que era el día que salíamos hacia Madrid. Había reservado un hotel para dos noches. Pero el viernes por motivos de curro me tuve que quedar a terminar una obra y llegue a recoger a mi madre a las 23 h. Vamos que a las 2 am estamos allí, le dije mientras se montaba en el asiento del copiloto

    Durante el viaje hablamos de cosas poco banales, trabajo y así. Cuando en la radio, había un programa de esos subidos de tono, y salió un chico que se había tirado a su prima.

    -Madre mía a donde vamos a llegar dijo mi madre, no habrá más gente en el mundo con quién echar un polvo? Que te tienes que tirar a tu prima? Esto es muy moderno para mí dijo ella.

    -Me eche a reír, joder Ma eres más antigua que el hijo de coser.

    -Bueno ahora estoy cambiando me dijo.

    No le di importancia. Pero a los 100 km me dijo, oye Luisja. Lo de chichi bien sabes tenías razón, además es muchos más higiénico así, sin pelos, pero es una sensación muy rara. Se me pega la piel.

    Joder no puede ser, se ha depilado el coño, me ha hecho caso. Me moría de ganas por llegar y verla me puse como un toro.

    -Ves Ma, hay que ir con los tiempos… Le dije.

    .Si hombre ahora vamos y está noche echamos un polvo tu y yo, para ir con los tiempos no te jode. Dijo mi madre y los dos reímos a carcajadas.

    Pero a mí, ya no me importaba esa idea, había traspasado la barrera y ahora era lo único que quería. Follármela.

    Cuando subimos a la habitación, era amplia y con dos camas. Mi madre se tumbó en la cama y me dijo estoy muerta.

    -Venga pues a dormir que mañana tenemos un día duro. Le dije.

    Los dos nos desnudamos, pero las bragas que tenía puestas eran las de toda la vida, eso me enfrió un poco. Se había depilado el coño pero me daba que no se lo iba a ver. Maldije mi suerte.

    Nos pusimos el pijama y a dormir. Espere que se durmiera mi madre y solo en pensar verle el coño depilado, me hice una paja de campeonato y caí rendido.

    Serían las 9 cuando nos despertamos.

    -Buenos días cariño, descanso el señor, me pregunto.

    -Si Ma y muy bien además. Bajamos a desayunar? Le dije.

    -Vale y luego subimos nos damos una ducha y salimos a dar un paseo te parece? Dijo mi madre.

    -Después de desayunar y subir a la habitación, dijo mi madre. Quién se ducha primero?

    -Yo, le dije. Me desnude delante de mi madre cuando me pregunto. Hijo tu también tienes depilados los huevos? Dijo asombrada

    -Ja ja le dije Ma, la verdad que es más cómodo y más fresquito, ya hace dos años o así que lo hago… Y me fui a la ducha. Me di una ducha bien fría, no quería empalmarme y que mi madre se sentiría violenta.

    Cuando salí, ella entró pero hizo algo que nunca había hecho, cerrar la puerta del baño… Un poco más y me echo a llorar, ahora pensaba que iba a ser mi oportunidad de ver ese coñito depilado, pero nada… Hasta me enfade un poco

    Cuando salió con una toalla enrollada al cuerpo, me dijo te parece si me pruebo la ropa de esta tarde y ves a ver que tal y así ves los zapatos que me he comprado, dijo mi madre.

    -Vale -acerté a decir un poco derrotado. Pensaba que se podría esa bragas fea que siempre lleva, que las que le había comprado las dejo en casa. Pero no fue así.

    Yo desde la cama vi como cogía algo de la maleta y fue al baño a cambiarse. Ahora se vuelve recatada la tía. Cuando se depila el coño. En fin, pensé.

    Pero a los 5 minutos algo cambio para siempre en mi, cuando vi salir a mi madre con el conjunto de Braga, sujetador y esas medias que habíamos comprado días atrás.

    -Que tal me ves? -Me dijo como una coqueta colegiala de 20 años.

    -Madre mía, ahora sí Ma, pero acércate para verte mejor. Le dije. Cuando se iba acercando pude ver esos labios que nunca había visto y toda la vida llevaban, bajo un matorral de pelos. Que tetas. Que culo y que coño que labios más redonditos y gordos los tenia, creo que era el mejor coño que nunca había visto estás preciosa Ma, no pareces la misma, si te viese así PA.

    -Anda calla que tú padre ya no me toca ni con un palo, ya ni cuando llega a casa me echa un polvo. Dijo en tono enfadado.

    Siempre hemos tenido confianza, pero nunca había oído hablar así a mi madre y mucho menos contarme los secretos de alcoba.

    -Bueno cierra la boca. Me dijo. Tú no querías venir a la boda. Y lo has hecho por mí, pues yo por ti he hecho lo que has pedido. Me he puesto lo que tú has dicho que me sienta bien. Y la verdad que me siente bien. Parece que me que quitado 20 años de encima. Dijo muy orgullosa.

    -O más, Ma pareces mi novia. La verdad, calla zalamero que no sé cómo lo haces pero siempre te sales con la tuya. Dijo sonriendo.

    -Pues a ver si es verdad y te echo un polvo que es lo quiero. Pensé.

    -Venga vamos a vestirnos y vamos a dar una vuelta. Se acabó la pasarela Cibeles. Dijo mi madre.

    Pero yo así no podía ir a ningún lado está cachondisimo el ver a mi madre con esa ropa me estaba matando. Entonces se me ocurrió una cosa ir al baño de recepción y cascármela.

    -Ma voy al coche a por la cartera me la deja allí, te espero en recepción.

    -Vale tesoro ahora bajo. Dijo ella desde el baño.

    Bajé como un loco al baño de la recepción, corrí el pestillo y casi nada más tocarme me corrí, me recordó a mis primeros volvos… Estaba muy excitado la verdad, así que como no se me bajaba la cosa, pues me hice otra…

    Me limpie y salí a esperar a mi madre. Llegamos a la vez.

    -Vamos amor y se agarró a mi brazo cual novia.

    -Sabes cariño, no sé, me siento muy bien a si contigo, sabes que siempre hemos estado muy unidos pero, ahora parezco una persona nueva. Más joven no sé, has hecho subir mucho mi estima cariño, y me plato un beso en los labios.

    Pensé que estaba en un sueño pero no fue así. Esto no puede estar pasando.

    -Donde vamos le dije…

    -Al Corte Inglés mi asesor de imagen, dijo alegre, quiero renovar todo y cuando digo todo es todo, mi vestuario.

    -Pero no decías que no podías ir a una tienda y que tu hijo te eligiera las bragas? -Le dije con cierto rintintin.

    -Si hijo, pero eso es, en casa donde todos nos conocemos. Aquí es distinto, nadie nos conoce. -Dijo muy segura, sin soltarse de mi brazo.

    Allí estaba yo en la sección de lencería, mi sito favorito con mi madre. Compramos varios conjuntos, de braga y sujetador y de tanga y sujetador. Dijo que porque no unos tangas. Puesto a modernizarse…

    Me estaba poniendo como una moto, no sé cómo mi madre no se daba cuenta de lo empalmado que estaba. Bueno si estaba como un niño con zapatos nuevos. Estaba emocionada.

    -Tengo que comprar algún panty para las faldas que me tengo que compara -dijo.

    -Ma, -le proteste al instante…

    -Vale compraremos medias lo que diga mi estilista… Los dos partimos a reír.

    Compramos tres juegos de medias que me estaba volviendo loco. Y cuando ya piensas que va a acabar tu sufrimiento, va y te dice que se va a comprar un par de faldas, unos pantalones ah y unas mallas., que tenía ganas de tener unas…

    Cogimos unas faldas por encima de la rodilla ajustadas, pero si ser cortas. Una faldas muy elegantes para una mujer como mi madre. Luego unos pantalones vaqueros y dos pantalones blancos.

    -Que tal estos me dijo y me asome por la cortina, mal Ma, creo que necesitas una talla menos, pero me estarán muy justos protesto.

    -Bueno pruébatelos, le dije yo. Y… en efecto como le quedaban, que culito le marcaban. Como ha podido estar esta mujer así tan dejada, sin sacar partido a ese cuerpo, durante tantos años. Un poco de atención es lo que necesitaba.

    Las mayas para que contarte… Dos pares se compró. Le dije ves Ma, porque hay que comprar tangas. Con estas mallas se te marcan esas bragas feas y grande que llevas.

    -En cuanto lleguemos al hotel las voy a tirar todas las que he traído. Dijo convencida

    -Buenos pues listo -dijo mientras pagaba 350€ que había gastado en ropa.

    -Verás cuando vea Pa, el extracto del banco… -Le dije de broma.

    -Que no se va enterar, tu padre sólo se preocupa de sus ventas y sus clientes…

    Veía que mi madre se estaba desahogando conmigo, y que cada vez estaba más a gusto a mi lado, y yo más cachondo. No sé cuánto aguantaría este suplicio.

    Cuando salimos de allí, mi madre me dio un abrazo, y me dijo, gracias cariño por preocuparte por mí. Entonces me plato otro beso en los labios está vez más largo.

    -Ma, que haces? -Acerté a decir.

    -Lo siento, dijo asustada, no era mi intención incomodarte, pero es que me sale dentro nunca nadie se había preocupado tanto por mi.

    -No me importa, tranquila mamá, pero aquí delante de todos le dije temeroso.

    -Aquí no nos conoce nadie, ves todo el mundo va a lo suyo. Y volvió a darme otro beso en los labios más largo, yo la verdad que no podía separarme, me gusta la sensación, era de lo más agradable.

    -Ves no se ha dado cuenta nadie, que soy una madre , dándole un beso en los morros a mi hijo… -dijo risueña.

    -Ya pero yo no soy de piedra Ma, soy un hombre y muy fogoso y me estoy poniendo un poco cachondo. Acerté a decir.

    -Jaja -rió mi madre, ahora me vas a decir que porque has visto a tu madre en ropa interior y comprando algo ropa «arreglada» que dices tú, te has puesto cachondo?… No si al final vamos a acabar como los primos de la radio.

    -Me voy a modernizar tanto que acabamos follando. Dijo en su tono sarcástico. Anda calla Luisja, dijo mi madre no será para tanto.

    Comimos algo rápido y volvimos al hotel a descansar un rato. Bueno o eso era nuestra intención. Justo al lado del hotel había una peluquería, mi madre entro para ver si le podían maquillar y preparar un poco el pelo.

    -Que te han dicho? -Le pregunté cuando salió.

    -Que baje en 1 hora o así, respondió muy contenta.

    Ya en la habitación mi madre, dijo que quería probarse otra vez la ropa que habíamos comprado. Y así lo hizo, cuando ya se había probado todo, incluyendo la ropa interior, supe que no podía más que me hacia una paja o reventaba.

    Cuando mi madre tiro toda su ropa interior de mercadillo a la basura y estaba desnuda en la habitación, me dije ahora o nunca, me desnude delante de ella. En cuanto me vio como tenía la polla, solo acertó a decir:

    -Pero si se va reventar. Madre mía chiquillo cómo estas.

    -Te lo he dicho antes Ma, que uno no es de piedra y que tanto beso y ver eso cuerpazo desnudo, me está pasando factura. -Dije todo cachondo.

    -Pero hijo eso es por mi? -Dijo mi madre, pero como te va a poner cachondo el cuerpo de una vieja, bueno, será que los modernos sois así, me dijo entre risas

    -Ma, déjate de tonterías me he tirado a chicas de mi edad que estaban mucho peor que tú, las cuales no me ponían ni la mitad de cachondo que me potes tú.

    -Para el carro, dijo muy seria y tajante, hijo que no se te olvide que soy tu madre, y no va a pasar nada entre nosotros.

    -Soy mujer, he sido durante 35 años y seguiré siendo solo, para tu padre…

    -Me voy a duchar, y fue hacia el baño.

    Pero lo que ella no sabía es que desde mi posición y gracias a los espejos, estaba viendo su cuerpo desnudo, su chocho depilado y su culo redondito. Que paja me casque en aquella silla, mientras la veía jabonarse ese cuerpazo. De hecho creo que la mejor que recuerdo con mucha diferencia.

    Cuando salió, yo no me había dado cuenta, pero mis calzoncillos negros, estaban llenos de lefa, llenos de manchas blancas.

    -Pero hijo, esas manchas son las que siempre que lavaba tus calzoncillos, estaban ahí. Dijo como asombrada. No me dirás qué te has tocado no? Y espero que mucho menos pensando en mi. Dijo un poco enfadada. Soy tu madre hijo recuérdalo, tú no me puedes mirar con ojos de deseo, ni yo pretendo provocar eso.

    Ya más calmada.

    Se comenzó a poner el conjunto de ropa interior, que yo escogí para ella. Esas braguitas y ese sujetador que no dejaban nada a la imaginación, esas medias preciosas con sus liguero.

    -Anda abróchame el corchete de atrás del liguero, dijo mi madre sacándome de mi sueño.

    Mientras lo hacía, me volví a poner, como una moto. Se puso su elegante vestido y me pidió que le abrochase la cremallera. Y así lo hice, pero no calculé bien la distancia, y mi polla se estaba restregando en su culo.

    -Luisja, dijo en tono seco, te pareces a tu padre cuando éramos novios, todo el día estaba con la cola dura, dijo mi madre. Con lo que ha sido y ahora ni me mira, ni se fija en mi, dijo derrotada.

    -Venga Ma, no te vengas abajo que estabas de lo más contenta. Que pasa? Que con papá ya nada? No tenéis sexo?

    -Mira hijo te voy a decir una cosa. Antes lo de follar sin estar casados era pecado, Tu padre hasta la noche de boda, no me había tocado ni un pelo, de los que antes tenía ahí abajo. Después de 35 años de casada con él, siempre en la postura del misionero, y no te creas que duraban más de 15 minutos. Alguna vez he llegado a pensar que no he descubierto el sexo, que no disfrutado de él. Incluso que no he tenido ni un orgasmo. Dijo casi sollozando.

    -Ma, que me estás diciendo? Nunca has tenido un orgasmo? Madre mía no lo podía creer, hace dos días me dices que iba a estar con mi madre, en un hotel, en la misma habitación, desnuda, poniendo más cachondo que nunca en la vida, y contándome su vida íntima… y no me creo.

    -No se cariño, la gente dice que tiene un orgasmo y es capaz de colgarse de una lámpara de gusto, oigo que la gente pierde la cabeza por follar. Y entonces yo dijo no es para tanto. Si un poco de calorcito y un poco de gustito sientes, pero de ahí a morirte de gusto… Dijo mi madre.

    -Mamá, creo que tu nunca has tenido un buen orgasmo, si no lo sabrías. Creo papá no ha sabido hacerte gozar en la cama, no ha sabido sacar chispas a ese cuerpazo, que tienes le dije, haciéndome el entendido.

    -Puedes hijo, ya así me quedaré, de por vida. Nunca seré infiel a tu padre. Dijo muy tajante.

    -Ya Ma, pero te puedes tocar…

    Pude ver cómo se sonrojaban sus mejillas, mientras me decía, eso desde pequeñas en el colegio, y en la iglesia nos decían que era pecado, y por eso nunca, bueno o casi nunca lo he llevado a la práctica. La verdad que las tres o cuatro veces que lo he hecho, nunca encontré el placer que dice la gente… Dijo.

    Buff aquí tienes mucho trabajo que hacer Luisja, tienes que trabajártela mucho para llevártela a la cama. Pensé en mi cabeza. Poco a poco, tampoco se iba a poner esas bragas, y se las puso, tampoco se iba a depilar el coño, y lo hizo. Dice que entre nosotros no habrá nada pero lo habrá. Valla si lo habrá… Pensé

    -Uff es tardísimo, no llego a la pelu. Adiós mi rey, luego seguimos esta conversación. Vete preparando para cuando suba. No quiero llegar tarde, dijo mientras corría por la habitación y se dirigía hacia la puerta. Entonces me planto otro beso en los morros, esta vez apretándose mucho a mis labios.

    Cuando salió, me hice una paja de campeonato qué manera de eyacular, si me había hecho una paja hace 20 minutos. Esto me iba matar. Tras acabar la paja no se me bajaba me tuve que hacer otra. Tras esta, me fui bajo la ducha, con agua bien fría.

    Me vestí, peine, y me puse colonia. En ese momento se abrió la puerta de la habitación, como si de una película se tratara, por ella apareció, la mujer que me había parido, la mujer que tanto se preocupó de mi cuando crío, la mujer que se pasaba las noches en vela, esperando que volviera de fiesta… Pero preciosa cómo nunca la había visto. Estaba radiante, elegante…

    -Pilar -me salió decirle- No tienes que envidiar a ninguna chicha de 18 hasta 40. Quitas el hipo… -Le dije zalamero de mi.- Si no fueses mi madre y te dejaras, te enseñaría a tener un buen orgasmo.

    -Calla marrano, no seas tan zalamero, que veo tus intenciones, y ese no es el camino. Pervertido.

    No le dejé seguir le planté un largo beso en los morros, y le dije

    -Vámonos. Que puedes pasar perfectamente por ni novia en vez de por mi madre.

    Continuará…

  • El Regalo: Un antes y un después (Primera parte)

    El Regalo: Un antes y un después (Primera parte)

    —¡Buenos días amor! —Le dije a mi esposo una madrugada del comienzo de julio. — ya tengo listo el desayuno y los niños están terminando de alistar sus maletines. Y me lancé entre sus brazos para besarlo y demostrarle todo mi cariño a modo de… ¿Compensación?

    —Buenos días mi cielo, tú tan linda como siempre. Gracias, mi vida. ¿Qué tal tú noche? ¿Descansaste bien para empezar esta dura semana? —Me respondió Rodrigo, abrazándome por mi cintura y dejando caer su boca en un ligero beso sobre mis ya pintados labios y posteriormente una palmada en mi nalga derecha, acercándose a la mesa del comedor.

    —Hummm, más o menos bien pero no soñé contigo si es lo que quieres saber. No tuve en verdad bonitos sueños mi amor. Estoy preocupada en verdad. —Y terminando aquellas palabras, bajé mi mirada.

    —¿Y eso? Pesadillas o… —miré entonces a mi esposo y con un pequeño puchero le respondí a su pregunta de manera afirmativa. Rodrigo me tomo de las manos y me besó en la frente. Levanté mi rostro y le di un beso en su boca, en señal de agradecimiento por su preocupación.

    —Amor, sucede que mi jefe últimamente, más o menos unos dos o tres meses atrás, ha llegado a la oficina de muy mal humor y bastante ajeno a las prioridades; pensativo y lejos de los asuntos de financieros que requieren de su oportuna atención. ¡Pufff! suspiré, virando mis ojos cafés hacia la pared de la sala donde estaban colgados varios retratos, entre ellos uno donde Rodrigo y yo, reíamos abrazados. —De hecho esta semana tenemos programadas unas reuniones con unos altos ejecutivos que quieren hacer algunas inversiones en la compañía y además lo están requiriendo de las oficinas en Lisboa y Londres.

    —¿En serio? Ya se le pasará. —Rodrigo sin mirarme, dando sorbos cortos a su taza de café, respondía sin un atisbo de importancia en su rostro, a lo que yo le contaba de mi jefe. Sin embargo, se detuvo antes de tomar una rebanada de pan para no perder de vista a mis ojos y continuar diciéndome… —Humm, pues eso debe ser por lo que está de mal humor. Igual ese es su estado natural según me has contado. ¿Cómo son las palabras con las que lo defines?… ¿Pedante y huraño? Desde que no te moleste ni te haga sentir mal, allá él.

    —Sí mi vida, pero estos últimos días ha estado peor. Está muy cambiado. No se concentra en la oficina y he tenido que revisar continuamente los informes que prepara para arreglar uno que otro error y créeme, eso en él, es bastante extraño. De hecho llegó el miércoles pasado de su visita a las oficinas principales en Nueva York y la sensación que ellos se llevaron de mi jefe fue muy similar a la mía. Redactó unos informes y dejó algunos vacíos, obviamente tuve que salirle al paso a esos comentarios, recalcular ciertos fallos que sin ser muy importantes, podrían afectar su intachable imagen. Así que me comprometí para arreglar ese informe posteriormente.

    —¿Por eso te demoraste en salir el viernes pasado? —Me inquieté en ese momento y me separé de la mesa del comedor, –sintiéndome cohibida– dirigiéndome hacía el interior de la cocina, sin contestar ni dejar que mi esposo advirtiera en mi rostro algún signo de perturbación. Pero Rodrigo prosiguió con sus comentarios.

    —Tranquila mi vida, haces muy bien tu trabajo y tu jefe no se puede quejar de ti. No tendrás que viajar con él o… ¿Sí? —Me quedé en silencio por un breve instante, pensando si mi esposo tendría el don de la clarividencia y yo, después de todo, debería viajar con el entristecido jefe mío. Me sentí de pronto angustiada por eso y además, porque yo no tenía en regla mis documentos, si los llegara a requerir para viajar fuera del país. Rodrigo me observó fijamente mientras daba cuenta de los huevos revueltos y el café. Las rebanadas de pan finalmente no las tocó.

    —Teníamos que revisar unos movimientos bancarios que no están bien soportados. ¡Ya te lo había explicado! Creo que te había quedado bien claro. —Le respondí alterada mirándole enardecida, mientras terminaba de enjuagar los platos. Mi esposo abrió sus ojos y sé echó hacia atrás en la silla, corriendo la taza de café con su mano, bastante sorprendido por mi sorpresiva y puntual aclaración. La cara de Rodrigo me lo decía todo y entonces, tomé conciencia de lo que acababa de decir y como se lo había recalcado de altanera manera. No, no era la forma, no era mi intención. Pero de pronto me sentí señalada, acusada. Arrepentida, bajé el tono de mi voz y mi cabeza por igual.

    —¡Lo siento! Como te decía, esta semana debemos enviar los informes a la junta directiva antes de este próximo fin de semana. Y el viernes se nos pasó muy rápido la tarde y no alcanzamos a dejar al completo las últimas transacciones. —le respondí a mi esposo después de repasar los últimos acontecimientos sucedidos en aquella oficina. ¡Y me avergoncé!

    Creería que me puse un poco pálida, pero el estar ya maquillada, eso me favoreció. Sin embargo Rodrigo es muy detallista e intuí que algo pudo percibir en mi rostro, porque cambió su semblante y apartó su mirada, en franca molestia por la manera en que le había contestado.

    —Pero mi amor, no creo que deba viajar con él, si eso te molesta o preocupa. Nunca me ha necesitado en sus viajes. No creo que esta vez sea la excepción. —Terminé por decirle ya más calmada.

    Rodrigo se tomaba con mucha tranquilidad el desayuno y yo… Me sentía confundida, como apresada en mi propio hogar y me urgía salir del piso. Estaba afanada y quería llegar al trabajo para aclarar mi situación.

    —¡Cielo apresúrate que se me hace tarde! O… ¿Amor, te parece si tu dejas hoy a los niños en el cole? ¿Por favor? Necesito llegar temprano a la oficina y terminar lo que dejé pendiente el viernes pasado. —¡Maldito viernes, maldita tarde! Pensé para mí. Debería enterrarla en lo más profundo de mis recuerdos, no volver a dejar que sucediera.

    —Listo amor, claro que sí, pobrecita mi vida. Y eso que el viernes pasado tuviste que trabajar hasta tan tarde. ¡Ten! toma este dinero y vete en taxi o en un Uber. Tranquila que yo me encargo de los niños. — Y con un beso en las mejillas y un abrazo, me despedí ese día de mis hijos y otro más prolongado, lleno de mi amor en sus labios para mi Rodrigo y un sentimiento de culpa me embargó.

    —¡Gracias mi amor! Tu siempre tan comprensivo. Es algo urgente que necesita ser firmado por don Hugo antes de mediodía. ¿Si porfis? Y puse mi carita de niña buena, achinando mis ojos y arrugando la nariz, lo que siempre mataba de ternura a mi amado esposo mientras abría la puerta dispuesta a salir corriendo.

    —¿Silvia?… —y me giré antes de cerrar la puerta para mirarlo.

    —Te amo, cuídate mucho y me llamas más tarde.

    Le sonreí agradecida y cerré aquella puerta de madera caoba y de mi bolso tomé el móvil y abrí la aplicación para solicitar el servicio de transporte, mientras el ascensor dividía en dos, sus angostas puertas.

    Al llegar al edificio por la zona de Azca, tomé mis llaves y la identificación para marcar mi entrada ante el guarda de seguridad, que me sonrió como siempre amablemente y mis pasos presurosos me llevaron hacia los elevadores para acudir al piso décimo. Sola en el ascensor, mirándome en el espejo, me quedé pensativa, rememorando y buscando en mi interior, las palabras que debía pronunciar para aclarar aquel mal entendido. ¡Porque lo fue! ¿O no?

    Y se abrieron silenciosas las puertas dándome acceso inmediato al hall principal. Me fijé que no había llegado ninguna compañera de trabajo aún, solo la señora de la limpieza estaba esperando fuera de la oficina para ingresar. Yo tenía las llaves y la clave de la alarma, como autorizada para abrir. Nos saludamos las dos como siempre, con un beso en la mejilla y un leve abrazo. Pero al colocar la llave en la cerradura, me di cuenta de que ya alguien había ingresado. Un solo giro y la puerta nos permitió el ingreso. La alarma no se activó. Alguien había llegado más temprano y la había desconectado. ¿Mi jefe tal vez?

    Enseguida dejé mi bolso sobre mi escritorio, el abrigo lo colgué sin cuidado alguno del espigado perchero y miré hacia el ventanal que me apartaba de la oficina de mi jefe. Las persianas estaban completamente cerradas al igual que la puerta donde se leía claramente en el dorado letrero: Hugo Bárcenas y Esguerra, un poco más abajo de su nombre el cargo… «Director Financiero». Él debía estar allí, seguramente animado a terminar con lo que dejamos pendiente la tarde del viernes anterior. ¿Pensativo tal vez? Tomé mi taza y me encaminé hacia la cocina, me apetecía un té para iniciar la jornada. Larga iba a ser.

    Mientras se calentaba el agua en la tetera, recordaba los momentos de aquella tarde. Ese día en particular mi jefe había estado más distante que de costumbre, se le notaba agotado tal vez por el largo viaje y en su mirada no había brillo, solo tristeza y melancolía. No lo estaba pasando bien, esa mañana ni siquiera se había tomado la molestia de saludar a nadie. Algún problema de índole personal lo atosigaba. Y yo, sin quererlo me convertí en su confidente, en su paño de lágrimas al finalizar el día.

    Pero al atardecer, nos convertimos en un par de seres imprudentes y no sé bien porque sucedió. ¿Consideración? ¿Todo por un sentimiento de pesar? Sí, eso creo que fue lo que me causó su abatida apariencia y bajé la guardia, declinando mi resistencia. Por eso pasó aquello y ahora debería entrar a la oficina, enfrentarlo y decirle que sucedió pues sentía por él, algo de pena. ¡Temor y vergüenza! ¿Cómo se sentiría mi jefe? Eso también se me pasó por la mente esa mañana de lunes. Un comienzo de un julio tan diferente.

    —¡Don Hugo, buenos días!… Toqué con mis nudillos suavemente la puerta. Silencio, nadie me respondía. Giré la manija y entré. No lo vi. ¿Estará en su baño? Y esperé unos minutos allí de pie, a escasos dos pasos de su escritorio. El tiempo transcurría y observé entonces que la puerta del baño estaba entre abierta y la luz apagada. Me acerqué hasta allí…

    —¿Jefe, está ahí dentro? Pregunté ya con un tono de voz más potente pero no obtuve respuesta alguna. Abrí la puerta, toqué el interruptor y el interior se iluminó, pero allí no estaba. Me devolví hasta su escritorio, el ordenador estaba apagado y el portarretrato de metal, en el centro de su escritorio, reposaba boca abajo. El otro, uno más pequeño con marco de madera pulida, donde él posaba feliz al lado de sus dos hijos, abrazados los tres, se mantenía firme en su posición habitual. ¿Qué raro?

    En el centro estaba también un portátil abierto, uno que no había visto antes, seguramente era el suyo, uno personal. Al tomar el portarretrato caído para colocarlo en su sitio, toque sin querer el teclado y la pantalla se iluminó. Me di cuenta que mostraba en varios recuadros pequeños, diferentes estancias de una casa. Una enfocaba hacía una amplia sala y al fondo, las puertas de cristal que daban acceso a un balcón. En otro recuadro podía observar desde una elevada posición, una alcoba a media luz con las persianas cerradas y una cama con un par de hermosos y grandes almohadones blancos. Estaba muy bien ambientada y daba la impresión de no haber sido utilizada. En la otra imagen, una alcoba más pequeña y con dos camas sencillas. En las paredes, coloridos unicornios y dragones pintados. Unos cuadros de mundos flotando en el espacio en la otra pared cerca de una ventana con las persianas a medio abrir. Seguramente era la alcoba de sus hijos. La otra cámara ofrecía una vista hacia el exterior de un amplio jardín, mostrando la puerta de acceso y algo del garaje. No aparecía nadie, ninguna persona se hallaba por allí. ¿Era su casa?

    Una ventana estaba minimizada en la parte inferior de aquella pantalla y me dio curiosidad. Lo sé, fue indebido de mi parte pero el capricho me pudo y amplié la imagen. Era un video que estaba pausado. En la imagen se podía observar a una hermosa mujer de cabello oscuro y tintes pardos, media melena por debajo de los hombros y un hombre rubio de cabellos largos y rostro de modelo, ambos desnudos sobre una alfombra blanca en la sala de… ¿La misma casa? La mujer estaba de espaldas cabalgando sobre el cuerpo de aquel hombre joven de brazos musculosos y manos grandes y cuidadas, que se aferraban poderosamente a los glúteos de la mujer, atenazándolos entre sus dedos; el pecho fuerte y de piel bronceada, abdominales bien marcados. ¡Puff! Unas nalgas redondas, fuertes y aquellas piernas tan bien formadas. Ambos cuerpos tan sudorosos, tan brillantes y entregados. ¿Será su mujer? ¡Mierda!…

    —¡Señora Silvia! —Y me sobresalté. Era la señora de la limpieza que me llamaba desde la puerta de la oficina. —Ya está caliente el agua. ¿Le preparo su té?

    —Me asustó señora Dolores. ¡Ehhh, si gracias! ya voy. Estoy ordenando aquí un poco. Y ella se retiró dándome la privacidad necesaria para pensar en todo lo que acaba de observar. Volví mis ojos a la pantalla, tenía ganas de darle al play y mirar un poco más. Solo un poco más para confirmar o desmentir lo que parecía ser. Y mi dedo índice oprimió la tecla y avanzó el video…

    Un quejido alto de la mujer, respiración agitada en él, reconocidos sonidos de placer obtenido, que de inmediato silencié, bajando al máximo el volumen, más en las imágenes el movimiento de caderas continuó rítmicamente y en ascenso. Ella subiendo, bajando y meciéndose, agitándose sobre aquel precioso muchacho y este, chupando los senos al levantar su espalda y darles con su abierta boca alcance, mordisqueándolos, jalando con sus dientes los puntiagudos pezones cafés. Ella arqueó su espalda unos instantes después, se notaba el clímax alcanzado al apretar sus glúteos y la cabeza caída hacia atrás; ojos cerrados y en su frente aquellas gotitas de sudor. Boca con labios secos, tan abierta reclamando su aire, toda ella rebosante y agitada en su prolongada convulsión. ¡Sí! la vi y la reconocí. El rostro sonriente en el retrato que sostenía en mis manos, la cara mucho más feliz de ella en la pantalla del portátil.

    La señora Martha, la esposa de mi jefe disfrutando con otro hombre. Detuve el video y lo minimicé. Me temblaban las piernas, toda yo estremecida y mi respiración entrecortada, tan similar como si ella fuese yo. Nerviosa me dejé caer en el cómodo sillón giratorio, sentando mis livianos 45 kilogramos y todo el peso de mis pensamientos, en la misma silla ejecutiva de mi ausente jefe, aquel hombre traicionado. Llevé un dedo a mi boca y me lo mordí con algo de fuerza, de manera masoquista, necesitada de algún tipo de dolor para despertar, volver de aquel video a mi realidad.

    ¡Infiel! Ella con el rubio aquel y desleal también yo, en menor proporción pero con él. Me puse en pie y recompuse el largo de mi falda, la alisé. El portarretrato lo volví a dejar sin vida, boca abajo como estaba inicialmente y lo demás también, todo tal cual lo había encontrado y con mi corazón agitado por la sorpresa me encaminé hacia mi escritorio, pero al rodear el amplio mueble, me tropecé con unas maletas de viaje ubicadas al lado de un cajón. Mi jefe tenía vuelos pendientes más ninguno programado para aquellos días, que yo supiera. ¿Y esto qué?

    Me preocupé. Sin embargo, podría ser que Don Hugo hubiera bajado a desayunar en alguna cafetería del centro comercial cercano. ¿Podría tener hambre después de ver aquello? No, claro que no. Muerto en vida seguramente se encontraría el pobre hombre, recuperándose del golpe con un reconfortante café.

    Y yo en la cocina recostada contra el mueble donde se guardaban las escobas y los demás artículos para el aseo, con la taza de porcelana entre mis manos, caliente bebida hindú, esperanzada en que me diera más calma que calor. ¿Valor?

    Mil razones busqué oculta de la mirada de mi esposo aquel fin de semana, jugando con mis hijos en el parque un largo rato e incluso dentro del baño prolongando el tiempo de una ducha fría. O en nuestra cama al acostarnos y cuando mi esposo me abrazaba sin pedírmelo explícitamente, pero yo me negaba categóricamente a sus intenciones, obsequiándole mi espalda y mis falsas razones para no hacerlo ni con las luces apagadas; mi esposo ya vencido, dormido y yo muy despierta, sin hallar respuestas, sin ninguna luz para lo acontecido en aquel pasado atardecer. Mi culpa y sufrimiento interior en alza. Hasta encontrar las respuestas esa mañana en la oficina de don Hugo, gracias a mi curiosidad al darle al play de aquel video.

    Que tráfico tan pesado, ¡por Dios! Lunes inicio de semana y nuevo mes. Normal. Afortunadamente había podido llegar a tiempo al concesionario y entrar a la reunión de ventas con mi jefe. Saludé a las compañeras con par de sonoros besos y a los demás compañeros, estrechando sus manos. Entregamos de uno en uno los informes verbales y escritos de nuestra labor comercial y los negocios del fin de semana. El viernes no fue bueno para mí en las ventas, pocos clientes atendí y por eso salí en el horario acostumbrado. En cambio el sábado y el domingo, las instalaciones se atiborraron de clientes y pude finiquitar seis ventas. Y obtuve el contacto de una empresa ferretera, interesados en renovar su pequeña flota de camiones livianos. Una oportunidad que no podría desaprovechar para cerrar ese nuevo mes.

    Sin embargo tan a solas dentro de mí, tan rodeado de personas en aquella oficina, existía cierta inquietud. Extraño en ella llegar tan tarde y sin avisar. Una angustiosa espera, mensajes enviados sin pronta contestación y conocida por mí la premonición de que algo no estaba bien. Y a mi mente regresaba la imagen de Silvia, llegando a media noche a nuestro hogar. Su rostro cansado y desmaquillado, su mirada apesadumbrada y sin brillo. Y sobre todo, aquella inusitada efusividad al abrazarme, comerme literalmente a besos con gran connotación sexual, a pesar de haber llegado tan fatigada del trabajo. ¡En fin!

    —Y a usted le fue excelentemente con los clientes. Felicidades Señor Cárdenas… ¿Señor Cárdenas? ¿Rodrigo?… Un llamado de atención para regresar de mis interiores y antiguas catacumbas, hacia aquella aún no certificada realidad.

    La sonrisa en el rostro de mi jefe lo decía todo. Estaba muy feliz por el mes que se preveía muy movido. De seguro alcanzaríamos con creces las metas. Y «pluma blanca» dejaría un poco de molestarnos tanto. ¡Error! No alcancé a llegar a la máquina expendedora por mi café negro matutino luego de aquella acostumbrada reunión de ventas, pues don Augusto, mi jefe inmediato, me llamó con un grito desde el interior de su oficina.

    —Dígame jefe, ¿para que soy bueno? —Y le sonreí sin tomar asiento.

    —Así me gusta Rocky, esa efusividad y compromiso tuyo. A ver cómo te lo explico. Resulta que fuiste el elegido en una reunión importante de la gerencia general de esta compañía y por lo tanto nuestro jefe mayor, –me lo dijo con una sonrisa bastante maliciosa que me dio a entender que algo se traía entre manos– requiere de tus conocimientos para enseñarle a una nueva empleada, como son los pasos de las ventas en el sector de los automotores. Vamos, que serás el tutor, el instructor, el maestro de una recomendada de «las altas esferas» de la marca. Ahhh y por favor trátala muy bien, enséñale las instalaciones, los procesos, la documentación que utilizamos y todo el manejo del «Back office». Y por favor Rocky, mantén la compostura y tus manos lejos, pues ella es muy cercana y apreciada por alguien de la cúpula de esta organización. Te llevarás bien con ella pues viene también del otro lado del mar. Es tan colombiana como tú y de la tierra de Shakira.

    Vaya, esa era una situación que no tenía prevista y que probablemente trastocaría mi agitada agenda comercial y yo tan urgido de poner en verde el saldo en rojo de mis bolsillos. Por lo tanto no me sentó bien aquella decisión sobre mi futuro sin contar conmigo y me enfadé.

    —¡Jefe! pero si esta semana voy a estar demasiado ocupado. —le respondí con el cuidado justo y medido en mis palabras para no demostrar mi disgusto.

    —Tengo varias visitas por hacer, aquí en Madrid y en los alrededores, tengo un cliente en Cercedilla por la sierra, a quien debo visitar para concretar el negocio que dejamos planteado el fin de semana. Ahh y un gerente hotelero muy importante en Torrelaguna, que va a regalar a su hija un automóvil y necesita tomar la decisión del color junto con su esposa. Y dos clientes más para visitar en Aranjuez, a mediados del mes. En fin, ¿no se la puedes encargar a alguien más? ¿Qué tal a Federico? Él es el mejor asesor, el que más vende. —Le comenté a mi jefe mientras terminaba de colocar mis dos manos sobre el borde de su escritorio y colocaba en mi rostro la imagen de súplica más sentida que podía, pero mi jefe, bajándose del tabique de su nariz un poco, las plateadas y elegantes gafas para mirar las letras pequeñas, fue ladeando su cabeza hacia la derecha, desvió su mirada hacia a mí y me dijo seriamente…

    —Es una orden desde arriba. Ni modos. Además, el soberbio de Federico no tiene la paciencia de enseñanza que tú si posees. —Y me quedé en silencio, malgeniado e indispuesto. —Rocky, aquí entre nosotros, serás muy bien apreciado y tenido en cuenta por esta pequeña «colaboración». Y puedes llevarla contigo a esas visitas y ella aprenderá de ti, y te la podrás quitar de encima en menor tiempo. ¡Animo muchacho! —No empezaba bien mi semana, mi comienzo de aquel julio.

    Salí de la oficina malhumorado y por la prisa tropecé en la puerta de la oficina de mi jefe con una espigada mujer rubia que se aprestaba a entrar. No alcancé a agarrarle de la mano ni del brazo, pero sí de su delgada cintura. Una carpeta de plástico azul salió volando por los aires, esparciendo pocas hojas de blanco papel, que alborotadas por el agite de mis prisas, se desordenaron en el aire, –como si ya fuese otoño– hasta reposar lentamente en el piso de cerámica. Ella se fue de espaldas, doblándose un tobillo o resbalando debido a la altura de diez centímetros de sus afilados tacones beige. Contuve con agilidad su probable caída y de inmediato la apreté contra mi pecho, salvándola de un aparatoso desplome, pero sin saberlo, condenándome yo a vivir a las puertas de mis tormentos junto a ella. Sentí sus duros senos oprimirse contra mí, su inolvidable y florido aroma, perfumando mi agradecido olfato; el cálido aliento de su hermosa boca entreabierta y aquel par de ojazos esmeraldas, iluminando su angulado y perfecto rostro.

    —¡Anda Nene, pero que afán tienes! —Perdón disculp… ¡Que cara tan hermosa! ¡Qué ojos tan verdes! ¡Qué cabellos tan dorados! ¡Qué mujer tan divina! Que voz tan… ¿Costeña? No, no podía ser verdad. ¿Me había golpeado la cabeza nada más o estaba ya en el cielo? ¿Pero si era ella?…

    —¡Oyemeee! Cierra la boca que se te van a meter las moscas. ¡Jajaja! —Esa voz, ese acento, esa risa. Posó un dedo sobre mis labios, cerrándome la boca. Me sonrió. ¡Me enamoré! Bueno no tan así pero casi. Casi me da un infarto al recordar las palabras de mi jefe: ¡Mantén lejos tus manos! Y en vez de tocarla, mi carta de presentación fue que de entrada, ¡por poco y la mato!

    —Le pido mis sinceras disculpas por mi torpeza… ¿Señorita…?

    —¡Paola! Paola Torres. Mucho gusto. —y me extendió su mano de finos dedos, decorados con varios anillos de plata y aquella tersa piel blanca. Uñas pintadas de un rojo intenso como sus apetecibles labios. —¡Rodrigo! mi nombre es Rodrigo… Ehh… Cárdenas, pero puede llamarme «Rocky», o como prefiera usted. —La rubia me miraba entre divertida y sorprendida. Pero me ofrecía su amplia sonrisa.

    —Y de nuevo mis disculpas por el golpe. Espero no haberla lastimado. —Y correspondí a su sonrisa con una más extensa mía, aún sin dejar de estrecharnos las manos. Sintiendo ya, su agradable calor.

    Continuará…

  • Dime todo lo que me harías…

    Dime todo lo que me harías…

    Nos iríamos de noche a la playa un fin de semana, con cuartadas ambos para justificar con nuestras parejas, sería un viaje clandestino, sería un viaje de placer.

    Cuando estemos viajando, en la obscuridad de la carretera, me detendría a la orilla en la berma de la pista, te abriría la puerta, te daría la mano y te inveteraría a descender, ya de pie te apoyaría a contra el auto y te besaría apasionadamente, calientemente, besaría tu cuello, nuestras lenguas se trenzarían en una lucha apasionada y jadeante, mientras acaricio tus tetas te clavaria mi verga completamente erecta, te puntearía para que te imagines el fierro que te voy a atravesar, tomo tu mano y la pongo en mi paquete para que lo aprietes y sientas el grosor del tronco.

    Bajo lentamente acariciando tus piernas quedo a tus pies y comienzo a bajarte los calzones, levantas una pierna y luego la otra para quedar ahí, a la orilla de la carretera, totalmente expuesta y deseada. Me acerco lentamente a tu concha, la huelo, puedo sentir el perfume de tu sexo, tus labios vaginales están hinchados y brillosos por los jugos que emanas, me abalanzo y comienzo a chupar esa concha, la chupo, la lengüeteo y con mis labios aprieto tu clítoris, apoyas tu espalda contra el auto por el placer que experimentas, me aprietas la cabeza con tus uñas, me hundes con más fuerza en tu caverna que está hirviendo, los camiones pasan por el lado, encienden sus luces altas y tocan la bocina, te sientes una zorra.

    Me pongo de pie te tomo con fuerza y te doy vuelta contra el auto, te apunto y te la clavo en la concha hasta el fondo, hasta los cocos, gimes de placer y haces fuerza hacia atrás para clavártela más y más, te tengo ensartado el falo hasta adentro, te tomo firme de la cintura y comienzo a cabalgarte con un mete y saca salvaje, te tomo del pelo levantando tu cabeza para que puedas ver la cara de sorpresa de los camioneros que pasan, al verte ensartada en la berma de la autopista, al ver tu vestido en el suelo y tus carnes al aire para el deleite de todos los que pasan.

    Con tu mano me detienes, tomas la base del pico y te apuntas solita a tu ano, me vuelves loco, comienzo a presionar lentamente, pero con fuerza, al glande se abre paso abriendo tu aro anal, comienzo a entrar lentamente, milímetro a milímetro, sin parar, bajas tu cara y la apoyas contra el auto, quedas a noventa grados, como una escuadra para facilitar la entrada, hasta que llego hasta el fondo, mis huevos chocan en tus nalgas, me detengo y me quedo inmóvil, te he enculado hasta el fondo, espectáculo es lujurioso, lascivo y publico a todos los que transitan.

    Comienzas a bambolear tu culo suavemente, es un suave vaivén, eres una diosa, se nota tu experiencia en sexo anal y para mi delirio aprietas y sueltas tu esfínter. Vanesa, eres la más puta y perra de todas las mujeres que he conocido y ahora eres mía, completamente mía, te tomo de la cintura firmemente y te culeo como un salvaje unos minutos hasta que exploto, eyaculando profusamente, descargándome por completo en tu hermoso culo.

    Luego nos incorporamos y me abrazas con fuerza, yo repito tu nombre, Vanesa, Vanesa, Vanesa, eres la más hermosa.