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  • Ludopatías (Capítulo 1)

    Ludopatías (Capítulo 1)

    Antes que nada, una disculpa por la tardanza de mi publicación, espero no haberlos hecho esperar mucho, pero ser multitask no es fácil; madre, esposa, exesposa, hija, hermana, amiga, novia, amante y empleada no es nada fácil.

    Como siempre espero sus valoraciones y comentarios, son motivantes para seguir compartiendo vivencias con ustedes.

    Como en muchas partes del mundo, el futbol en mi ciudad se vive con demasiada pasión, con ese plus que el jugador doce debe poner en cada partido, más allá de su afición y su presencia en las gradas o frente a la televisión. La rivalidad de los 2 equipo locales “Naranjas” vs. “Dorados” se vive intensamente.

    Es una ciudad de tradición futbolera, y el futbol es cultura, filosofía e identidad, Desde infante se te inculcan el futbol y apego algún de los equipos locales es otro ambiente comparado con otros deportes

    Rivalidad que en ocasiones divide competitivamente hogares, como en mi caso; mi marido viene de un largo historial de generaciones tras generaciones de aficionados “Naranjas”, en cambio yo por mi formación académica, practique balompié como primera selección universitaria bajo los colores “Dorados”, lo cual desde que nos conocemos a generado interminables disputas sobre cual equipo es mejor.

    Cuando mi bendición mayor externo su deseo por practicar este deporte, mi amado y comprensible marido insistió en inscribirlo en los Pre benjamines “Naranjas “, lo cual, yo no estuve muy de acuerdo, pero como Ustedes ya saben, que no me es posible ir en contra de la necedad de ese hombrecito.

    El entrenador, de la bendición, era un exjugador de los “Naranjas” que había tenido una carrera corta por una lesión, pero era toda leyenda local. Pero lo que tenía de apuesto lo tenía de pedante, el hombre sentía que el mundo no lo merecía y vivía de sus antiguas glorias.

    Coqueteaba y hacía pequeños comentarios que a cuanta madre, hermana, mujer o palo de escoba con faldas que acompañara a los pequeños y lo peor del caso alentados y festejados por las susodichas.

    Aún recuerdo el primer entrenamiento al cual lleve a mi bendición hermosa.

    Madre 1: Oh, Dios mío… tiene los muslos perfectos. – Mientras el resto de las damas se reían como niñas de la escuela.

    No podía evitar poner mi cara de fastidio y sorpresa.

    Yo: Amiga controla tus hormonas. Estamos aquí para nuestros peques -en broma.

    Madre 2: Claro que sí, pero ¿qué hay de malo en admirar a ese dios griego mientras cuidamos a nuestros niños?»

    Madre 1: Riendo y secundándola, «Vamos, no actúes como si no te gustara a ti también»

    Yo: Con una sonrisa sarcástica y dijo sin rodeos: «Cada quien sus gustos chicas, cada quien sus gustos”

    Al saber que no sería posible hacer cambiar la decisión de mi odiosito de tener a nuestra bendición en esa academia de futbol y ver la alegría por el juego de la pequeña sabandija, decide evitar los entrenamientos y dejarle esa responsabilidad a mi compañero de vida.

    Una noche mientras esperaba, viendo la televisión en la sala, en ropa de casa; un bottom negro y una camiseta blanca, la llegada de mi bendición y de mi amado del entrenamiento, oí como golpeaban la puerta para ingresar al girar mi mirada vi la pequeña estela “anaranjada” correr hacia su recamara y escuche el sonido de su llanto.

    Yo: Mor, ¿Qué pasó aquí? – preocupada preguntándole a mi esposo.

    Mi marido: Es que Bebecita en una jugada de gol a nuestra bendición, le robaron el balón y él le dio un puñetazo en la cara, al otro niño -resignado- y el entrenador lo va a dar de baja el resto de la temporada.

    Yo: Mor, ¿Pero, cómo?, si él no es violento -extrañada- deja hablo con él

    Mi marido: Espera, mejor déjalo solo… -no lo escuche y camine a la habitación de la bendición.

    Estaba recostado en su cama, sollozando.

    Yo: Amorcito que paso, ¿Qué golpeaste a otro niño? -consolando, poniendo mi mano sobre su espalda.

    Mi bendición: Si-sentándose en su cama y sollozando.

    Yo: ¿Por qué? –extrañada.

    Mi bendición: es que… es que… -casi llorando.

    Yo: Calma amor, mami no está enojada, solo quiere saber qué paso – abrazándolo con ternura contra mi pecho-

    Mi bendición: Es que ya me había quitado el balón 3 veces antes de que pudiera meter gol, y papá me regaño y me dijo que no me dejara, que hiciera algo- casi rompiendo en llanto y con lágrimas en sus ojos- y le pegue- sollozando-

    Yo: Mi amorcito, tu sabes que eso no está bien -enfada con mi marido-

    Mi bendición: Si, mami lo sé, y lo peor es que el entrenador dijo que ya no volvería a jugar -tenía los ojos empapados y la barbilla temblaba.

    Yo: Ya tranquilo, mama, va a arreglar todo, para mañana estarás otra vez en el equipo ya verás, ¿Está bien? – Mi bendición me sonrió esperanzado con esa carita que tanto amo y se secó las lágrimas de los ojos, le besé su frente y salí de su habitación.

    En la cocina me encontré con el odiosito de mi marido preparando la cena.

    Yo; ¿Es cierto lo que la bendición me dijo? -enojada-

    Mi marido; Si Bebecita, creo que lo presione de más- avergonzado y culpable.

    Yo: ¿Y ahora que vamos a hacer, para que vuelva al equipo? -aun enojada-

    Mi marido: Pues esperar, a que termine la temporada o que el entrenador cambie de opinión- son la mirada baja-

    Yo: Ósea, está en las manos del entrenador y ¿no pudiste arreglar nada? – conteniéndome para no gritarle-

    Recibí solo silencio, que me amorgo más el momento, mire la hora y vi que, aunque ya había anochecido aun estarían en prácticas con las otras categorías, si me apuraba llegaría a la academia, quizás cuando lo Juveniles estuvieran terminando.

    Yo: Como siempre tendré que limpiar tu desastre-tomando mi bolso y saliendo en mi coche hacia los campos de entrenamiento.

    Efectivamente cuando estacione mi coche en los linderos de los campos, estaban retirándose los grupos de la categoría Juveniles, espere un tiempo prudente en mi vehículo, para esperar hablar a solas con el entrenadorcito.

    A la distancia, entre la multitud que se dispersaba, vi al entrenador empacando los bolones colocándolos en una enorme red elástica. Llevando las hieleras y equipos al interior del club.

    Decide acercarme en ese momento, él noto mi presencia la primera reacción fue de verme de los pies a la cabeza con su sonrisa de sinvergüenza recorriendo mi cuerpo con la mirada, pero al ver mi rostro su sonrisa se borró y con la mirada al cielo puso su cara de fastidio.

    Entrenador: No tengo nada que hablar con usted- siguiendo con sus labores-

    Yo: No Señor, me tiene que escuchar, es solo un niño que está aprendiendo a dominar sus sentimientos, no puedes echarlos cada vez que se equivocan, tu trabajo es enseñarles valores- con seriedad tratando de controlarme.

    Entrenador: El Club tiene tolerancia cero con los niños que pelean, lo siento mucho -condescendientemente-

    Yo: ¿Qué? Vamos. Le encanta el fútbol -ya suplicante- Esto no volverá a suceder. Te lo prometo-

    Entrenador: Es cierto no volverá a suceder, al menos por esta temporada, el “Doradito” está fuera el resto del torneo, tiene que enseñarle a ese niño el espíritu deportivo al estilo “Naranja” -burlonamente-

    Es cuando ya no pude contenerme y me encendí, pero traté de suavizar mis palabras lo más posible.

    Yo: Aun te sientes como profesional “Naranja”

    Entrenador: ¿Cuál es tu punto? -confundido-

    Yo: Fui la jugadora del año de la selección universitaria de los “Dorados” -jactanciosamente-.

    Entrenador: ¿Y? -burlonamente-

    Yo: Te apuesto que te puedo ganar en un cascarita uno a uno. – Desafiantemente- Y si gano, que así será, mi bendición juega.

    Entrenador: Y, ¿qué obtengo de esto? -indiferente-

    Yo: Sin atinar que decir o cómo reaccionar – Tu dirás, que.

    Entrenador: ¿Lo “que yo quiera”? – con una sonrisa maliciosa en su rostro, recorriendo mi cuerpo con la mirada.

    Me di claramente que estaba en su mente sucia por el énfasis en la palabra «lo que yo quiera». Pero, me se sentía confiada en mis habilidades, a pesar de que habían pasado años desde la última vez que pise una cancha como jugadora, pero él tenía una lesión fuerte que me daba un Hándicap favorable.

    Yo: Ok, aquí y ahora -desafiante- pero necesito calzado.

    Entrenador: En los casilleros puedes encontrar, lo que ocupas, ahí hay equipo de repuesto- con una su sonrisa malévola y burlona-

    Sin comentar más me dirigí a los casilleros sintiendo su mirada en mi mientras le daba la espalda, por lo cual, intencionalmente, menee más mi cuerpo para burlarme de él, mostrándole lo no obtendría de mí.

    Efectivamente encontré equipo necesario en los casilleros, calzado, espinilleras y hasta calcetas elásticas de un hermoso color dorado, me alisté, amarrando mi cabello en una cola caballo y salí a la cancha de nuevo.

    El Entrenador había acomodado balones en la banda y la red en una de las porterías, se había alistado también con equipo para jugar, llevaba su camiseta oficial de su tiempo como profesional, lo cual, hizo hervir más mis nervios en contra de este hombre tan soberbio y pedante.

    Ambos empezamos nuestros respectivos estiramientos de calentamiento, que fueron bastantes incomodos, su mirada no perdía ápice de mis flexiones.

    Entrenador: ¿Entonces, las reglas son?

    Yo: -Tomando un balón y lanzándolo contra su pecho con la mayor fuerza posible- El primero que anote tres

    Entrenador: Escucha, lo que dije antes, ya sabes, ‘lo que yo quiera’… -con tono de superioridad-.

    Yo: Interrumpiendo su sermón -No me vas a vencer- con descaro-, así que no importa, «que tú quieras”.

    Entrenador Está bien, No digas después que no te di una salida -maliciosamente-

    Haciendo caso omiso de su comentario con una risita, nos dirigimos a la zona de saque.

    Entrenador: -Coloco el balón en el suelo y tomó una posición defensiva -Dejaré que lo saques

    Yo: Si así lo quieres, nunca lo recuperarás -pisando el balón con mi taco derecho – ¡Aquí vamos! -gritando.

    Fui rápida, natural, hice un toque interior, y con un movimiento de “bicicleta” con un movimiento de finta hacia la izquierda, después toqué a la derecha, para salir por la izquierda, pude pillarlo con la guardia baja, dejándolo clavado tras de mí, anotando libremente, recogí el balón del interior de la portería, volviendo a la zona de saque con él en mis manos.

    Yo: Ten cuidado “Naranjita” no te vayas a dislocar un hueso-mientras bailaba victorianamente pasando, por un lado-

    El entrenador solo apretó sus labios y guardo silencio.

    Reiniciando, arranque a toda velocidad por la izquierda buscando la banda, frenando intempestivamente, pisando el balón y girando sobre mi eje cambiando de dirección, haciendo que la inercia llevara al entrenador fuera del campo, dejándome vía libre para patear el balón al fondo de la red por segunda ocasión.

    Alzando mis brazos y brincando por la cercanía de mi victoria, fui por el balón, llevándolo nuevamente a la zona de saque contoneando mi cadera, en forma traviesa

    Yo: Uno más y será todo, “Naranjita”. Esperaba al menos un poco de competencia-burlándome segura de mi triunfo-

    Entrenador: Esto no termina hasta que termina, “Mi Mamacita, Dorada”

    Yo: No soy TU mamacita -molesta-

    Entrenador: Serás más que MI mamacita después de que gane -confiado-

    Mientras colocaba mi taco sobre el balón, apenas incline mi cuerpo para iniciar el camino a mi fácil conquista, el entrenado rápidamente me lo robó y corrió hacia la portería, anotando, no alcance ni a moverme, ahí me quede parada en medio del campo con mis manos en las caderas, enojada por su táctica barata.

    Entrenador: Ahora tomare mi turno y después te tomare a ti-soberbiamente-

    Yo: Eso fue bajo, pero te sedo el turno por misericordia-tomando la posición defensiva y esperando su avance.

    El inicio pateando suavemente hacia un lado, girando sobre su eje dándome la espalda. Empecé mi defensa agresivamente. Pegándome a su espalda, él tocaba el balón hacia afuera y hacia dentro, pero podía sentir como buscaba embarrar su espalda contra mis pechos, de repente sentí como su mano derecha toco mi cadera y se deslizaba hacia mi nalga, haciéndome girar en sentido contrario para evitar su manoseo, él aprovecho esto, para con un movimiento escurridizo, sobrepasarme disparar y anotar.

    Yo: “Naranja” tenías que ser, eres un tramposo de primera, eso es lo que eres. – mis nervios ahora estaban llenos de ira y ansiedad.

    Entrenador: Solo diré: Uno más y “lo que yo quiera” -mientras ponía el balón en posición de saque.

    No respondí, apreté mi mandíbula y traté de concentrarme.

    Entrenador: ¿Por qué de repente tan silenciosa? -burlonamente-

    Yo: Solo juega y ya

    El sacó la pelota, regateó a la izquierda, cortó a la derecha. Estaba sobre él como pegamento. Protegió el balón con su cuerpo nuevamente aplicando su manoseo con su mano derecha pero no caí esta vez, lo presionaba, después uso su mano izquierda haciendo lo mismo, yo metí la mano así su pecho jalando su camiseta buscando desestabilizar su equilibrio, pero este hombre era un roca de músculos, entonces el alzo el balón haciendo un sombrerito, usando su cuerpo empujo el mío derrumbándome al suelo, todo lo que pude hacer fue mirar con horror como antes de que el balón tocara el suelo en aire con una bolea anoto el gol del gane.

    Entrenador: He aquí el campeón -vitoreó, con los brazos en el aire, besando el escudo del club en su camiseta-.

    Con llamas saltando de mis ojos, me levante y solo quería salir de ahí, camine un poco tratando de retirarme hacia mi coche.

    Entrenador: ¡Oye!, Creo que me debes algo- con lascivia-

    Yo: -Me detuve y apoyando mi peso en una solo pierna, cruzando mis brazos sobre mi pecho y sin voltear- ¿Realmente, hablabas en serio sobre eso? -con mi voz suplicante-

    Entrenador: Te lo advertí…-se acercó por detrás de a mi- No me puedes culpar. Te quise dar una salida, ahora me la aguantas

    Yo: Pero, soy casada- buscando un pretexto.

    Entrenador: Como la mayoría de las mamas de club que me he cogido.

    Yo: Mmm- disgustada- Gran ética profesional que tienes entrenador, ¿eh?

    Entrenador: Ya sentirás que no solo eso tengo grande mamacita, desde que te vi he tenido ganas de cogerme ese culo que te cargas, pero no soy un mal tipo, si te portas bien, dejare que tu bendición juegue, ¿Eso mejora las cosas?

    Yo: -Resignada gire para estar frente a frente y suspirando- ¿Dónde?

    Entrenador: Aquí y ahora -mirándome perversamente-

    Yo: Que, no tú estás loco, No te voy a dejar cogerme aquí afuera, donde cualquiera puede vernos- enojada-

    Entrenador: Nadie va a pasar por aquí -masajeando mis brazos arriba y abajo-con cierta ternura falsa- podemos apagar las luces, todo terminará antes de que te des cuenta -escuchándolo en silencio- Por tu bendición …»

    Suspirando profundamente, limpiando las palmas húmedas de mis manos en mi pequeño bottom.

    Las manos del entrenador se movieron poco a poco debajo de mi blanca y sudada camiseta. Lentamente me la quitó por la cabeza. Tirándola negligentemente a un lado, desabrochó mi bra, dejando en libertad mis senos y la humedad de mi sudor y el frio de la noche estimularon mis pezones oscuros y duros. Besó mi cuello mientras acariciaba mis pechos. La sensación de sus gruesos labios frotando mi pezón y su lengua rodeándolos se sentía tan bien. Mis caderas rotaron cuando comenzó a frotar entre mis piernas, masajeando suavemente mi clítoris por encima de mi delgado y pequeño bottom.

    No me resistí apoyé la cabeza en su hombro musculoso y gemí atrevidamente en su oído. Mis párpados se agitan cuando las yemas de sus dedos se deslizan por debajo de su cintura, acariciando mis nalgas y mi entrepierna alternadamente.

    Entrenador: ¿Hace cuando que no te cogen como necesitas perra? -mientras su mano entraba en mi bottom tocando directamente mis labios vaginales-.

    Yo: Unos días -jadeante, mientras mi mano instintivamente buscaba su entrepierna. Podía sentir en toda su magnitud su polla en sus ajustados pantalones cortos llenando mi pequeña mano. Estaba asombrada de lo que sentía. Pero nunca mire hacia abajo para verlo por mí misma. Simplemente acaricie suavemente con mi mano de arriba a abajo mientras miraba las estrellas.

    El me quitó el corto bottom. Revelando mi depilada y lampiña vulva.

    Entrenador: Como buena puta ya estabas lista para coger

    Yo: Es solo un hábito – mientras mis ojos recorrían el campo vacío y el estacionamiento. Fue entonces cuando me di cuenta de que las luces todavía estaban encendidas y estaba de pie casi completamente desnuda en medio del campo – las luces, apágalas-suplicante-

    Entrenador: Así se van a quedar, No hay nadie en millas -se arrodilló y desató mis tacos. Luego me quitó las hermosas calcetas elásticas doradas y las espinilleras. Mis pies sentían el frio césped de cancha – Arrodíllate – dominantemente mientras se quitaba su camiseta y podía ver su tonificado cuerpo-

    Yo: ¿Vas a querer que te la chupe? – suplicante, imaginándome lo nauseabunda que sería su polla por todo lo habíamos sudado-

    El Entrenador se quedó quieto, en silencio por un momento. Con una mirada furiosa, haciéndome sentir intimidada.

    Entrenador: Ven acá zorra “Dorada”- tomándome con fuertes brazos la cintura y me tiendo su lengua en boquita mordiéndome los labios con lujuria, Sentí mariposas en mi estómago cuando le devolví el beso. Su lengua sondeó el interior de mi boca. Lo chupé ligeramente. Lo rodeé con mis brazos; Podía sentir los músculos de su espalda. Comenzó a masajear mis nalgas, amasándolas, mientras me besaba, intentó empujarme hacia la hierba-

    Yo: Espera, por favor –suplicante mientras trataba de recuperar la respiración- ¿Puedes al menos poner tu camisa en el suelo para mí? -con mi mirada llorosa –

    Él solo bufó, pero me complació, extendió su camiseta sobre la hierba y la tierra, recostándome de espaldas sobre ella. Ahí estaba en medio del campo de entrenamiento acostada sobre la camiseta “Naranja”, con las rodillas flexionas y las piernas cerradas y mis manos sobre mi pecho, siendo observada con morbo y deseo por el entrenador de mi bendición, mientras él se bajaba los pantalones cortos. Exhibiéndome su polla semidura, que incluso así superaba mis expectativas.

    Al ver en contraste, trague saliva, los rumores no mentían, No es de extrañar que se acueste con muchas mujeres, pensé. Al final yo solo era una más en su larga lista de conquistas, cuando mis pensamientos fueron interrumpidos por el placentero toque se sus manos sobre mis piernas abriéndolas. Ahora estaba encima de mí, sus caderas ayudaron a abrir mis piernas. Comenzó a frotar su polla arriba y abajo por mi raja. El roce de la punta de su polla en la entrada de vagina, dispersando todos mis pensamientos y haciéndome erizar los bellos de todo mi cuerpo.

    Sentí la presión de su gruesa polla cuando comenzó a penetrar, mis caderas comenzaron a retorcerse y empujó un poco más abriéndome. Me estremecí por todas partes, mi estómago revoloteó como nunca antes. Me ruboricé, mi cabeza comenzó a moverse de un lado a otro cuando sentí que su enorme cabeza comenzaba a abrirme. De repente, fue como si una ola me azotara; la cabeza de su polla rompió mi coño, mi boca ahogo un gemido. Eché mi cabeza hacia atrás.

    Yo: Ay Dios, ¿qué carajos, haces? – Empezando a sentir la humedad producirse a toda velocidad- Por favor, ve despacio.

    Entrenador: Valla, salió sensible, la zorra – riéndose de mi reacción, presionando su pelvis contra la mía, abriendo mi canal con su polla, suavemente, pero con firmeza- Y, tan tibia y húmeda… sí que eres toda una puta.

    Sus palabras me carcomían, por muy ciertas que fueran. Pero, guarde mis opiniones para mí misma. Aunque mis muslos estaban separados, mis pies permanecían apoyados completamente en el suelo. Sin embargo, Se echó hacia atrás un poco y luego empujó hacia adentro, sentí que me abría. Trabajó su enorme polla lentamente en mí hasta que descansó encima de mí. Sus enormes brazos se deslizaron por debajo de mi espalda hasta mis hombros agarrándolos mientras me inmovilizaba. Luego comenzó a moverse hacia adentro y hacia afuera un poco más profundo con cada empuje, solo sus caderas se movían.

    Sentí el momento en que su polla llegó más profundo de lo que me habían penetrado antes. La sensación y el sentimiento es indescriptible. Cuando sus caderas comenzaron a empujar. Sacudí la cabeza de un lado a otro. Estaba en éxtasis. Tuve una sensación de júbilo cuando sentí el grosor de su polla dentro de las paredes de mi coño. Por cada centímetro que me penetraba, mis pies reaccionaban y se elevaban, del suelo, a cada centímetro, hasta que quedaron envueltos alrededor de su cintura, cruzando mis tobillos. Quería sentir tan dentro, sentir cada embestida, sentí su respiración en oreja y no podía evitar leve gemir levemente con cada empujón.

    Entrenador: ¿Cómo se siente? -gruñéndome en el oído, mientras mordía mi lóbulo- ¿te gusta perra?

    Yo: Ho sí, no pares, sigue, cógeme – con sorpresa admití, sin aliento. Toda intención de retirarme del campo había desaparecido, el placer, era único, ya no me importaba mis colore, ya no me importaba si jugaba o no mi bendición, lo único que quería era ser cogida por esa polla, en medio de esa noche de verano, sintiendo la brisa, sudando, mojada, penetrada, por esa masa de músculos sobre mí.

    Entrenador: Vaya que valió la pena esperar por este culo, estas tan humedad y apretada, zorra- mientras manoseaba mis senos y mordía mis pezones.

    Eso era para él, con cuerpo, otra zorra a quien cogerse, una asignatura pendiente, entonces, sus caderas se desaceleraban repentinamente, se incorporaba de mi cuerpo, tomo mis tobillos y levantó mis piernas sobre sus hombros. Puso sobre sus rodillas y comenzó a martillar, sus poderosas embestidas que nunca disminuyeron la velocidad, sino con un ritmo perfecto, con fuerza, con furia, tomándome como bestia en brama. Mordía mis labios apretaba sus tonificados brazos con mi manitas, me resistía a emitir sonido alguno.

    Sus embestidas eran intensas, a ese ritmo pronto me llevaría al orgasmo y no quería darle gusto, pero el hormigueo en mi vulva me traicionaba, iniciando mis convulsiones, me lleve las manos a la cara para ahogar mis gritos de placer.

    Mis músculos vaginales se contraían contra esa deliciosa polla que me profanaba muy dentro, todo mi cuerpo se tensó, el imbécil lo estaba logrando, me estaba dando un delicioso orgasmo, me respiración se entrecortaba, mientras esta bestia seguía penetrándome, mientras expulsaba de mi cuerpo la humedad producto de ese delicioso orgasmo, se detuvo a contemplarme.

    Entrenador: ¿Acabas de acabar, zorra? -sudoroso jadeante, con la mancha de mi húmedo orgasmo sobre su marcado abdomen-

    Yo: Sí… -en un susurro entrecortado-

    Entrenador: Veamos si tienes más, zorra “Dorada”- me rodo rodar sobre mis manos y rodillas- ese es tu lugar y posición, perra.

    Nerviosamente miré hacia los alrededores una vez más y luego vi la red de fútbol, donde perdí su partido. Cuando él me penetró con una sola embestida hasta el fondo de mis entrañas, ella se tambaleándome hacia adelante. Mis manos solo se afianzaban al césped de la cancha y mi cuerpo recibía todo ese placer una y otra vez.

    Mientras su polla entraba y salía, él colocó mis manos detrás de mi espalda y ató mis muñecas con uno de los calcetines elásticos.

    Yo: Espera, ¿Qué estás haciendo? -con miedo-

    Entrenador: Quieta puta -se aferró a mis muñecas atadas y su empuje constante se aceleró, con fuerza. Con su mano libre la pasó alrededor de mi cintura y frotó vigorosamente la parte superior de su clítoris.

    Me estremecí, mi cuerpo se lanzó involuntariamente hacia adelante, con los hombros encorvados, mi cara estaba pegada al suelo mi mejilla podía sentir el picoso césped del campo, gozando de ser sometida, en cada empuje.

    De repente tiró de mí, levantándome y pegando mi espalda contra su pecho, y su larga polla continuó, deslizándose hacia adentro y hacia afuera.

    Entrenador: Gime perra, Déjame escuchar los sonidos de una puta “Dorada”- mientras respiraba en mi nuca-

    Simplemente lo ignore, Apoye la cabeza en su hombro y miré el cielo estrellado. Mis senos brincaban al ritmo de sus penetraciones, mis pezones picaban de excitación, Su polla estimulaba cada rincón de mi interior tan intensamente que contorsionaba el rostro y nublaba mi vista. Quería sentirlo más dentro más profundo, Levante los pies del suelo, manteniendo el equilibrio solo sobre las rodillas. Abrió los dedos de los pies antes de curvarlos una vez más.

    Entrenador: Gime perra – me ordenó apasionadamente-Grita fuerte puta, quiero oírte como gozas.

    Solo suspire, luchando en forma sobrehumana contra la necesidad de gritar. De repente me y me dejó caer sobre la hierba. Pero apenas estaba recobrando el aliento, él me puso boca arriba de nuevo, con los brazos atados debajo. Él tomó la otra calceta dorada, y al sentir que agarraba mis tobillos, comenzó a patear, por instinto

    Yo: ¡No!, por favor, te lo suplico, no lo hagas.

    Entrenador: Cállate puta, voy a gozarte como yo quiera

    Sumisamente deje de patear y deje me atara el calcetín alrededor de mis delgados tobillos. Ahora estaba indefensa, algo que nunca había sentido durante el sexo. Pero, el miedo y la ansiedad, por alguna extraña razón, me excitó aún más. Algo que nunca admitiría.

    Entrenador: Gime perra -Levantando mis pies atados en el aire y penetrándome sin contemplaciones de un solo golpe.

    Dios esta bestia no se detenía, con los tobillos atados y los muslos juntos, cada empuje parecía agregar más placer, indescriptible, templando a cada embestida

    Sentía que la presión aumentaba. Mi cuerpo se estremeció con un cosquilleo extremo. Mi rostro se contrajo. Y entonces sucedió fui arrastrada por una ola de placer, una ola de placer que nunca antes había surfeado, y mucho menos sabía que existía. Mi cuerpo se tensó. Un fuerte espasmo de placer se derramó sobre mí y forzó un gemido de mi boca.

    Yo: Si, dios, dame más, santísimo, que rico, hay

    Entrenador: ¡Eso es, perra! -bombeando más rápido- haciendo que mis aullidos de éxtasis se incrementaran con cada empuje-

    EL placer provocaba que arquera la espalda, mi coronilla tocaba por completo la hierba del campo. Mis rodillas se sacudían, temblaban mis piernas. Y mi cuerpo se convulsionaba bajo el cielo estrellado.

    Yo: ¡¡Ohhh, que rico, que delicia, Dios!! –sentía como si una fuerza interna atrapada por meses, tal vez incluso años, al fin se liberaba, haciendo estragos por todo mi cuerpo-.

    Él se retiró de repente. Se movió a un lado de mí y empujó su polla en mi boca, Mi boca se abrió instintivamente mientras el movía adentro la gran cabeza de polla.

    Empecé a chuparlo. Se sintió enorme en mi boca. Trabajé mi lengua sobre la cabeza, girándola y luego moviendo la punta sobre la punta de su polla.

    Sentí mis labios estirarse sobre su eje. Empezó a empujar sus caderas más rápidas y moví la cabeza dentro y fuera. Escuché mis propios ruidos de succión mientras mi saliva se acumulaba en su polla sus sacudidas se hicieron más rápidas buscando correrse dentro de mi boca él me agarró la cabeza con las manos y me abrazó con fuerza.

    Se vino dentro de mi boca. Se sentía extraño, cálido y pegajoso. Me tragué la mayor parte pensando que tenía que hacerlo. Sentí que algo me salía de la boca por la cara y la barbilla. Atragantándome y salí de debajo de él. Me senté sobre mis rodillas y terminé de tragar su delicioso de semen. Me miro con burla y lujuria estaba atada en medio de la noche en un campo de futbol, desaliñada, mi cuerpo desnudo brillaba en sudor, mi respiración estaba entrecortada.

    Yo: Desátame ahora -mostrándole enojo, pero visiblemente satisfecha-

    Entrenador: Claro zorra -sarcásticamente-

    Me desato, tome mi ropa y sin decir palabra camine a mi coche, desnuda con mis pertenencias en brazos.

    Conduje en mood autómata hasta casa, al estacionarme me percaté que aun iba desnuda, sudorosa y húmeda, me vestí en el coche antes de ingresar a casa.

    Realicé el checklist de toda madre, agua, gas, luces, etc. y subí a la alcoba y ahí estaba mi amado marido, muy sonriente.

    Mi marido: Vaya, sabía que eras intensa, pero mírate, estuvo buena la friega que te puso el entrenador -burlonamente, por mi estado tan desalineado-

    Yo: Mor, es que… -nerviosa-

    Mi marido: Hablo el entrenador hace rato y me conto que lo retaste, dijo que si nuestra bendición, heredo tu determinación y tus cualidades cancheras, siempre será bienvenido en el club.

    Yo: ¿Eso te dijo? -extrañada-

    Mi marido: Si bebecita, lo lograste-besándome intensamente-dijo que lo impresionaste con lo bien que te mueves en medio del campo-mientras paladeaba el sabor de mis labios, con cara de extrañeza-.

    Yo: Mor, es lo menos que puede hacer una madre por su bendición-aliviada- bueno deja me baño por que el partido estuvo intenso.

    Mi marido: Cierto, a también dijo que quiere le sigas DANDO las revanchas necesarias al menos lo que dure la temporada.

    Solo le conteste que lo pensaría, pero definitivamente quería la revancha contra ese pedante “Naranjita”, no importaba cuantas veces perdiera, tenía que ganarle, la temporada apenas comenzaba y sería muy intensa, definitivamente…

    Ig: @elenyrmz

  • Un rapidín con el Chacho

    Un rapidín con el Chacho

    Hola buenas noches a todos, les platico lo que me pasó ayer domingo con mi vecino (El Chacho).

    Como casi todos los domingos fui al Aurrera de palomas a comprar las cosas de la semana, eran como las 8 pm, estaba en la caja pagando, cuando se acercó alguien detrás mío, era el Chacho y su esposa nos saludamos, a ella le habló muy bien siempre que me ve me saluda muy linda y todo (si supiera que ya me cogí a su marido) terminé de pagar, me despedí y salí a la base de taxis paro no había ninguno y si traía varias bolsas de mandado, no estaban muy llenas, pero eran como 6 bolsas pequeñas.

    Estaba un poco desesperada porque no habían taxis, en eso oí como me hablaron, me gritaron por mi nombre y era la esposa del Chacho, venían en su coche y me dijeron que si me daban un aventón?

    Obvio les dije que si, así que me subí, pero antes subimos las bolsas a la cajuela y me subí, justo atrás de ella salimos del Aurrera y me dijo ella vamos con mi suegra, pero antes deja pasar por pan así que fuimos a una panadería que está en Palomas, ella se bajó del coche y fue por el pan, nos quedamos él y yo solos!

    -Que buena te ves hoy!

    Ayer solo andaba con un mallon de emojis y una playera rosa pegada y mis sandalias con un poco de tacón!

    -Tu crees que me veo bien Chacho?

    -Claro si no viniera mi esposa ahorita te daba una cogidota!

    Y paso su mano hacia atrás para tocarme las piernas, yo me hice hacia adelante y metió su mano en medio de mis piernas y me tocó mi papayita! Me puse muy caliente por la situación.

    Ya era de noche y ella salió de la panadería se subió y dijo ahora si ya vámonos!

    Chacho se arrancó, y se me ocurrió subirme la playera y enseñarle mis tetas al fin venía detrás de ella y no se daría cuenta sólo él me podía ver por el retrovisor! Vi cómo se puso rojo y nervioso, pero también sé que se puso muy cachondo! Llegamos a mi casa, me despedí y les di las gracias, me fui hacia la cajuela cuando oí que ella le dijo, ayúdala a meter sus bolsas a su casa!

    Él se puso un poco nervioso pero tomó unas bolsas y yo otras, entramos a la casa prendí la luz y se me fue encima me tomo por la cintura y me empezó a besar y a manosear, no manches nos va ver tu vieja!

    Si no haces tantos panchos y no gritas no se va a dar cuenta, acto seguido me levanto mi playera y me empezó a chupar mis pezones! Me estaba mojando mucho! Ya cálmate nos va a ver! Entonces me baje la playera y le dije ya porque nos vamos a meter en una bronca por calientes, ok me dijo! Oye chacho solo faltan 2 bolsas va!

    Fue por ellas todo rojo y nervioso! Cuando se salió me asome por la persiana y vi cuando venía de regreso con las 2 bolsas que faltaban, en eso me baje mi mallon mi tanguita también y me subí al sillón de la sala lo me puse de perrito y me separe mis nalgotas para que viera mis hoyitos y cuando entro oh sorpresa lo estaba esperando así con mi culito abierto y bien paradito para el!

    Entro y tiro las bolsas vi cómo se le salieron los ojos. Yo solo le dije!

    -Chacho me das por mi culito?

    Vi como se bajó el cierre del pantalón, se sacó su animalote, de hecho ya lo traía medio parado! Me escupió en mi culito y empezó a tratar de metérmela, todo fue muy rápido, de repente sentí como entro su cabezota en mi culito y después todo lo demás, estaba muy caliente aunque no quería hacer tanto ruido empecé a gemir como perrita!

    -Chacho que rica verga tienes!

    -Te gusta!

    -Claro que sí! Quería coger contigo desde que te vi en el Aurrera!

    -Yo también! Hoy te ves muy buena con esos leggings de emojis! Se te ven unas nalgotas!

    -Aprovecha que son tuyas!

    Se empezó a mover muy rápido!

    -Vente dentro de mi! Llenarme mi culito con tus mocos! Échamelos adentro Chacho!

    Saber que su esposa estaba afuera esperándolo y nosotros cogiendo como locos, me puso muy cachonda, apretaba y aflojaba mi culito para que se viniera más rápido.

    De repente dejó de moverse tan rápido, pero ahora hacia para atrás la cadera y de repente me daba unas embestidas que hasta me levantaba del sillón! Se estaba viniendo adentro de mi culito y aparte muy profundo!

    Me dio como 4 o 5 envestidas así y dejó de moverse! Se salió de mi culito y me hinque!

    -Deja te la chupo para que no te huela la verga a mi culito, para que no se dé cuenta!

    Me subí mis leggings él se la metido al pantalón y salimos juntos hacia el coche!

    -Gracias por ayudarme a sacar esas cajas que están muy pesadas.

    -de nada vecina ya sabe lo que se le ofrezca!

    Me despedí de los dos y al parecer no se dio cuenta de lo que pasó, nos tardamos como 5 minutos, fue un rapidín, pero estuvo muy rico y caliente! Tal vez a veces me pasó de la raya con mis puterías, pero cuando me pongo cachonda no pienso con la cabeza sino con el culito y hago cosas muy locas. Los veo luego chicos!

  • Karen: la primera semana en su nuevo trabajo (Parte 2)

    Karen: la primera semana en su nuevo trabajo (Parte 2)

    Segundo día. 

    Karen ha pasado una noche terrible, pensó y pensó que hacer con su nuevo trabajo, sabía que lo que hacía Carlos no estaba bien, sin embargo era algo que no le asustaba, es más le excitaba; se decía a si misma, voy a volver solo para saber hasta dónde es capaz de llegar Carlos.

    Llego la mañana, se metió a la ducha, y tenía una sensación diferente, el roce del agua en su cuerpo le generaba una sensación de placer, realmente la disfruto.

    Llego el momento de vestirse, eligió lencería color negro, de encaje, tal vez sin pensarlo, se puso un vestido color turquesa, abierto del frente, resaltando sus hermosas piernas, decidió adornarse de esclavas de oro, uno en el tobillo, otra en la muñeca.

    Finalmente el cabello suelto, largo, rubio, que caía de manera delicada sobre su espalda, y unos zapatos negros (para hacer juego con la lencería) de tacón alto.

    Se dirigió de nuevo al edificio corporativo, al llegar noto que sobre su escritorio estaba el trabajo que había realizado el día anterior, con una marca encerrando un error de ortografía, Karen se sintió morir, solo reacciono para ponerse a hacerlo de nuevo, con todo cuidado de no volver a errar.

    Termino de corregirlo, lo imprimió y corrió a llevárselo a Carlos, toco a la puerta sin recibir contestación, tomo valor y abrió la puerta, ahí vio a Carlos sentado en su escritorio, escribiendo sobre un papel, ni siquiera volteo a verla.

    -Carlos, dijo Karen, discúlpame por favor, aquí esta corregido el trabajo que me encargaste ayer, discúlpame, estoy muy apenada!

    El ni siquiera levanto la cabeza, siguió sumergido en lo que estaba escribiendo, Karen bajo la cabeza, dejo el escrito sobre la mesa y se retiró.

    Estaba muy apenada y asustada, pensaba ella, creo que mi trabajo aquí se acaba de terminar.

    El día fue muy largo, Carlos entraba y salía de su oficina sin mediar palabra con Karen, cada vez que pasaba Karen se sentía peor, se decía a sí misma, si fue un error pero no creo que sea para tanto.

    La jornada laboral estaba a punto de llegar a su final, ella se disponía a retirarse, pero la angustia pudo más, se armó de valor y entro a la oficina de Carlos, ¡no puedes tratarme así! Le grito, cometí un error, pero no es el fin del mundo, no creo merecer el trato que me has dado, ¡has sido de lo más grosero!

    Al decir esto Carlos levanto la mirada, busco sus ojos y le clavo la mirada hasta el alma de Karen, parecía que iba a asesinarla, su rostro endurecido, todo indicaba que había desatado al mismo demonio.

    Carlos se levantó, empezó a caminar hacia ella, y comenzó a hablar, Karen (le dijo) yo estoy acostumbrado que la persona que trabaje para mi debe estar comprometida al 100%, atenta siempre, enfocada, lista para descubrir cualquier falla antes que cualquier persona, ¿crees que tú eres esa persona?

    Claro que si (contesto Karen), muy bien le dijo Carlos, puedo pasar por alto esto siempre y cuando aceptes que mereces ser reprimida para que esto no vuelva a ocurrir, ¿estás de acuerdo?

    Sí, claro; contesto Karen.

    Muy bien dice Carlos, la prueba es sencilla, por favor pon las palmas de tus manos sobre el escritorio, a lo que ella inmediatamente obedeció, lo único que debes hacer, prosiguió Carlos, es permanecer así pase lo que pase, ¿estás de acuerdo?

    Apenas termino de decir Karen que si, cuando Carlos de manera inesperada levanto el vestido de la parte trasera de Karen, quedando al descubierto su hermoso trasero vestido de encaje negro, y sin mediar palabra alguna Carlos le azoto la mano contra el trasero.

    Karen sufrió un sin número de sentimientos, estaba sorprendida, asustada, enojada, pensando como debía responder, cuando recibió la segunda bofetada en su trasero, esta vez algo paso, había dolor, había enojo, pero empezó a haber algo de placer.

    Después del tercer azote Karen cerró los ojos, pero para disfrutar el castigo, para el cuarto ya fue imposible contener un gemido, el quinto ya fue directo a su entrepierna, la sintió que se empezaba a incendiar.

    Se entregó por completo, acostó su torso completamente en el escritorio, quedando completamente empinada, Carlos azotaba el sexto bofetón, los tres siguientes fueron ya de solo placer, después del décimo azote le dijo Carlos, miro su blanco trasero con un gran lunar rojizo de los golpes que le había proporcionado, listo ya puedes irte.

    Karen se levantó y giro, levanto la cara y busco los ojos de Carlos, al encontrarlos Carlos pudo ver el grado de excitación de Karen, lo cual le elevo la temperatura a él también, lo que hizo que realizara otro movimiento totalmente inesperado:

    De otro movimiento rapidísimo, bajo sus brazos y coloco cada mano de el en los tobillos de ella, levantándola casi de vilo, ella sintió el desequilibrio y lo primero que se le ocurrió fue caer de espaldas sobre el escritorio, esto hizo que quedara completamente a merced de Carlos.

    Con las piernas levantadas y abiertas el vestido se había subido hasta la cintura, totalmente expuestas las piernas hasta el coñito, elegantemente vestido de lencería.

    Carlos comenzó a besarle las piernas y a lamérselas, las recorrió todas, las pantorrillas, los muslos, los pies, Karen estaba a punto de perder el conocimiento, estaba excitadísima, ya no sabía de ella, solo quería ser poseída por ese hombre que hasta ayer le hubiera parecido un pervertido, ahora estaba convertido en todo un amo para ella.

    Sus tobillos apretados por esas enormes manos, no se podía mover y no quería, Carlos finalmente sumergió su cara en la entrepierna de ella, con una maestría evidente, con su lengua pudo hacer de lado la lencería, para dejar al descubierto su hermosa rajita, afeitada, perfumada, comenzó a lamer, desde la vulva hasta el clítoris, recorría cada uno de sus labio de manera desesperada, como si estuviera hambriento y ella fuera la única comida que existiera en el mundo.

    Karen solamente estaba concentrada en sentir, esperaba que la lengua del pasara por el lugar que ella deseaba, cuando esto sucedía, ella se estremecía, no supo cuándo pero su vagina estaba inundada, ya no sabía si por sus propios jugos o por la saliva de Carlos.

    El mientras tanto recorría cada centímetro de ella, masajeando con su lengua los lugares estratégicos, jugaba con el clítoris y bajaba hasta la vulva, donde hacia todo lo posible por meter su lengua lo más que podía dentro de ella.

    Karen estaba entregada, bajo sus manos y las puso sobre la cabeza de Carlos, mesaba sus cabellos y solo atinaba a decir: ¡cómeme mi amo!

    Ella disfrutaba ya cada uno de los embates de su lengua, sus terminales nerviosas estaban alertas, cada lugar recorrido por la lengua del generaba una sensación diferente, ella deseaba que esa sensación permaneciera para siempre.

    No tardó demasiado en soltar un potente chorro de orgasmo Karen, la lengua de Carlos logro que ella llegara al máximo de excitación, hizo un gran charco sobre el escritorio, sus bragas estaban empapadas, finalmente Carlos la soltó de los tobillos lo que hizo que Karen se incorporara lentamente, sentía que las piernas le temblaban, no sabía si podía sostenerse de pie.

    Al incorporarse, Carlos se acercó de nuevo a ella, para sorprenderla de nuevo, le bajo las bragas hasta el suelo, se las saco, las tomo en una de sus manos y se la metió en la bolsa del traje.

    Volteo la mirada hacia Karen y le dijo: limpia este desorden y nos vemos mañana, y se fue.

  • La videoconferencia

    La videoconferencia

    Relatos Insomnes

    Sentados a la mesa uno frente al otro, con los portátiles en dirección opuesta, nos conectamos a la videoconferencia de este curso que estamos realizando. Hoy es el día que nos toca realizar la exposición final y estamos allí acompañados por el mosaico de cámaras de nuestros compañeros y tutores. Cada uno debía realizar una presentación diferente y es por eso que era más práctico que nos conectáramos desde máquinas separadas, tu turno ya había pasado y era ahora yo quien estaba argumentando sobre la aburrida temática que tuvimos que estudiar.

    Me tiras una mirada y me haces una seña con la mano para mostrarme lo aburrida que estás y de forma burlona tratas de desconcentrarme. Intento ignorarte para no perder el hilo de la lección y eso no te gusta. Te conozco, estás planeando el próximo movimiento para hacerme tropezar en mi discurso, así que me preparo para enfocarme y que no me afecten tus bromas, sin poder anticipar que harías a continuación.

    En ese momento sentí como tu pie comenzó a frotar mi entrepierna, la oración que estaba diciendo fue interrumpida por un segundo, te miré con sorpresa y tú me miraste fijo, muy seria simulando para la cámara, como si nada estuviera pasando. Te aparté de mi con gentileza y continué con lo que estaba diciendo, como si tu acción me enojara, sin embargo, ya te habías metido en mi mente y lo sabías.

    Por un par de minutos no volviste a interrumpirme, lo que es muy sospechoso cuando me metes en tus juegos. Continué tratando de hablar sin pausa, frente a los veinte pares de ojos que me observaban a través de la nube, entonces me das unos pequeños golpecitos en la pierna y cuando levanto levemente la vista, fuera del rango del lente me muestras como al separar tus dedos se forma ese icónico hilo que se corta junto a mi concentración al saber lo que estás haciendo debajo de la mesa.

    La voz de la tutora interrumpe mi pensamiento preguntando si está todo bien, es claro que mi pausa fue demasiado prolongada. Comienzo a sudar y tú les dices a todos:

    -Creo que tenemos algunos problemas de conexión

    Y así darme un instante para recomponerme, debo lidiar ahora con mis argumentos y la alteración que me provocaste.

    Llegando al final de mi tema, me tocas en la cara interna del muslo, cuando trato de apartarte siento que hay algo que estás alcanzándome. Al mirar abajo con disimulo, veo tus bragas húmedas en mi mano. El ritmo cardíaco se me acelera drásticamente, me acomodo en la silla y apresuro el final de mi discurso para silenciar el micrófono y decirte algo, pero al agradecer y dar el punto final, la tutora dice:

    -Excelente, por favor no apaguen sus cámaras y dejen sus micrófonos abiertos que ahora es momento del debate y es fundamental que los escuche a todos hablar

    Trato de esconder mi respiración acelerada, digo frases breves y afirmaciones concretas para continuar con la participación en la clase. Una notificación de un mensaje tuyo aparece en la barra de mi computadora.

    «El micrófono no es lo único que tengo abierto…»

    Hago click en el mensaje… Es una fotografía de tu vulva, con tus dedos separando los labios, se puede apreciar como la humedad brilla reflejando el flash de tu móvil, trato de acomodarme en la silla para hacer lugar a mi erección creciente, otro mensaje llega.

    «No me dejes sola, pélala y date una mano»

    Lo acompaña otra imagen, esta vez de tu dedo medio introducido hasta el segundo falange, ya no me resisto a acariciarme sobre la ropa, la calentura comienza a tomar el control. Veo el flash que destella hacia mi lado y la notificación en mi pantalla unos segundos después.

    «Ya te vi»

    Dice el texto junto a la fotografía de mis dedos que inseguros juegan con el elástico de mis pantalones de chándal de andar por casa.

    Sé que nos están escuchando, lo que me provoca más así que decido rendirme a mis deseos, libero a mi miembro de su prisión y comienzo a estimularme apuntando hacia ti, sabiendo que a pocos centímetros te metes los dedos en este acto arriesgado. Excitados los dos por el miedo a que se nos escape un gemido o una expresión de placer y la multitud nos descubra. La fogosidad arde y el riesgo es su combustible, que aviva el fuego pidiéndome que suba el nivel. Hago un acto extraño tosiendo y acomodándome en el asiento para quitarme la ropa de abajo y la empujo a tus pies para hacerte notar que estoy como tú. Varias ráfagas de luz rompen la sombra debajo de la mesa y me muestras en la pantalla de tu móvil, el cual mueves peligrosamente cerca del rango de la cámara, la fotografía de mi polla siendo estrangulada. Sabes muy bien cómo me pone que me veas y sumas eso al juego para sacarme de mis cabales. Funciona a la perfección…

    Avanzamos sobre el camino del onanismo estirando las piernas para estar en contacto, marcando a la vez el ritmo de nuestra auto-satisfacción. Nos sintonizamos en un compás incremental que hace que nuestros sexos empiecen a calar. Empezamos a escuchar cada vez más alto el ruido de nuestros fluidos humedeciéndonos, aceleramos buscando un tono armónico que nos apura en el camino al clímax. No puedo verte, pero por medio de mis oídos mi mente reconstruye la imagen de como te penetras con vigor. Escucho el entrar y salir feroz de tus dos dedos en tu coño mojado y me jalo con más fuerza para equipararme a tu intensidad. En el ordenador alguien pregunta:

    -¿Todos escuchan como un ruido raro o soy sólo yo?

    Me pongo tenso por la posibilidad del descubrimiento, sin embargo decides responder

    -Yo también lo escucho

    Me enloqueces con ese atrevimiento y haces que logre apenas mantener la compostura. En la discusión sobre las tareas pendiente subes la apuesta y dices:

    -Me falta poco, ya estoy por acabar

    No me animo a acotar nada con pánico a jadear como un animal si abro la boca. Nuestro acto se intensifica aún más. Nos preguntan si la conclusión de mi trabajo debería hablar sobre lo que tú escribiste en el tuyo. Con total impunidad respondes:

    -Sería un desperdicio hacerlo en otro lado, lo mejor es que lo haga sobre mi

    Dejando caer ese morboso doble sentido al tiempo que presionas mi palpitante falo con la planta de tu pie, haciéndome venir sobre el empeine de este. Puedes sentir como varios hilos de mi simiente se deslizan por tu tobillo, tibia y cerca de la rodilla. Siento tu temblor que me anoticia que tú también te estás corriendo y mientras tu orgasmo se extiende, continuas frotándome varios segundos después de mi eyaculación, provocándome esos espasmos incontrolables consecuencia del contacto en ese instante posterior.

    No soy consciente del momento que terminó la clase, pero cuando vuelvo a recordar que estaba frente a la pantalla, al igual que nosotros dos, la videollamada había acabado. Te incorporas para acercarte a mi, mojas tu índice con el resultado de la sesión y lo pasas con lentitud por mis labios para que pruebe tu miel.

    -Supongo que nos enteraremos pronto si nos han pillado

    Dices mientras abandonas la habitación y me muestras tu desnudez inferior alejarse.

  • Contención

    Contención

    No lo podía creer…  Isabel estaba en su cama, mirando el techo, tratando de organizar sus pensamientos… perdida entre las sensaciones de su cuerpo y los reproches de su mente.

    Era hija única, de una buena familia, lo que aseguro que tuviera toda la atención que necesitaba, aunque no precisamente de sus padres, que trabajaban todo el día, más bien de sus primos, tíos y en especial de sus abuelos, que casi siempre la cuidaban mientras sus padres estaban de viaje, pero sin lugar a dudas, su abuelo era su favorito. Gonzalo era un hombre robusto y alto, de mentón fuerte y ojos penetrantes, nadador por excelencia, lo que le había ayudado a forjar un cuerpo saludable y atractivo, el tiempo le fue cambiando su cabellera castaño claro a un manto de plata que le cubría la cabeza, no era pretencioso, por lo que nunca negó el paso de los años.

    Era un hombre de familia, pero su debilidad era su pequeña Isabel, esa hermosa infanta de cabello azabache y piel de marfil, que corría a abrazar sus rodillas (que era lo más lejos que llegaba) cuando lo veía, con ella pasaba horas y horas, jugando, conversando, enseñándole a nadar… lo que fue forjando una relación cercana entre los dos, en especial cuando su abuela falleció. Isabel al igual que su abuelo, se había convertido en una nadadora excelente, su cuerpo fue moldeado por el agua, de figura delgada y atlética, se había convertido en una mujer que robaba más de una mirada. Había tenido un par de amoríos de oficina

    Pero nada serio, enfoco su vida al trabajo y sus logros, temprano entendió que el amor era algo que iba y venía… a veces iba a ver a su abuelo, comían algo juntos o tomaban el auto e iban a una playa cercana a nadar, claro que por trabajo no lo podía hacer a menudo. Gonzalo enfermo, nada grave, pero debido a su edad, debía mantener reposo, Isabel se ofreció para quedarse con él y cuidarlo, no era tan complicado, ya que era verano y su trabajo no le demandaba tanto tiempo, además, no era una enfermedad grave, solo tenía que cerciorarse de que tomara sus medicamentos y de que no se moviera mucho, porque era orgulloso como él solo, no soportaba la idea de estar postrado. Así que Isabel llevo sus maletas y se acomodó en la habitación para invitados… fue como revivir su infancia… ese hombre sabia tantas cosas… era tan elocuente, cuando conversaban, ella lo miraba fijamente para no perder de vista ningún detalle de su rostro varonil, de los ojos amables y cándidos con los que la miraba, de su cabello blanco y brillante como la luna que coronaba su cara, ella solo se limitaba a mirarlo, a sentir su mano grande acariciándole el cabello, firme pero suave.

    Pasaron un par de días, el verano era implacable, lea faltaban aparatos para mantener una temperatura agradable, lo que obligaba a andar con lo mínimo de ropa en la casa, ella por lo general usaba calzas y una polera holgada, el pantalones cortos y polera… a veces él la miraba… miraba sus formas maduras… su piel pegada a la ropa por el sudor… El gran escote que dejaba ver sus pechos firmes cuando se agachaba a recoger algo y a veces una indiscreta visual de una parte de su pezón rosado… se sorprendía, no era correcto, pero la soledad de la viudez tenia efectos..

    Cuando ya empezó a ver que su abuelo se sentía mejor, salían a caminar un poco, como el hombre recio y orgulloso que era, había insistido en hacerlo, pero ella se lo negaba, tenía miedo de que se complicara su condición. Una tarde, escuchando música en la sala de estar, ella se sentó en sus piernas, mientras conversaban, los brazos fuertes de ese varón robusto la rodearon de nuevo, la protegían de nuevo, ella le acariciaba la cara mientras conversaban… pero… ya no solo eran los brazos de su abuelo lo que sentía… sus muslos tersos estaban encima de sus genitales, ella ya sabía cómo eran… sabía lo que sentía… algo grueso y grande, separado solo por un poco de tela de su piel, mientras conversaban, ella lo podía sentir…

    Con la punta de sus dedos acariciaba sus labios, las comisuras de su rostro… era un varón tosco y a la vez hermoso… él la tenía en sus brazos, igual que hace años atrás, con sus ojitos grandes mirándolo, inocente, como si él fuera la única cosa en el mundo que esa pequeña quería mirar… pero su cuerpo era otro, sus brazos delgados y suaves, los contornos de sus pechos dibujados por el calor en su polera, sus muslos blancos apretándole su miembro… el contorno de sus pechos dibujados en la polera… de a poco se empezó a hinchar… muy de a poco… su respiración se aceleró, era una ola de calor que lo llenaba.

    Mientras ella lo acariciaba y conversaba, sentía su pene moviéndose, inflándose de calor, «no… pero, ¿Cómo?… que rico…” pensaba Isabel, era tan contradictorio… era el hombre que la protegía, que se estaba transformando en el hombre que deseaba… su vagina se empezó a humedecer, a palpitar despacio, sabía que tenía que alejarse, pero no podía, quería sentir esa verga dura, esos brazos grandes y robustos tomándola… ese pene creciendo de deseo… por ella.. Solo por ella… abrió un poco más la boca para respirar, podía sentir como su aliento se volvía tibio, en silencio siguió recorriendo su rostro, paso por sus labios, los rasguñaba con la punta de sus dedos… el silencio de lo prohibido los envolvió a ambos, sus ojos se cruzaron, diciéndose algo que nunca se habían dicho… casi por reflejo, Gonzalo tocio, para limpiar su garganta y dijo «se acerca la hora de las pastillas, ¿Comamos algo?»… el hechizo se quebró, ambos tomaron de nuevo sus respectivos roles, él se acercó a la mesa y ella fue a la cocina a preparar algo. Comieron en silencio, algo había cambiado, pero ninguno tenía las palabras para expresarlo, o mejor dicho, ninguno de los dos se atrevía…

    Al llegar la noche, ella le dio la medicación y lo acompaño a su dormitorio para que se acostara, ya estaba casi recuperado, pero aun así lo ayudaba. Le ayudo a ponerse su pijama, un pantalón corto y una polera… pero observaba su cuerpo… su pecho enorme, sus muslos fuertes. Ella se fue a su dormitorio, se puso una polera larga para dormir, era todo lo que necesitaba debido al calor.

    La noche estaba calurosa… le costó dormir, ya había despertado por el calor, aunque esta vez, necesitaba al menos tomar algo de agua… fue a la cocina, el agua la despertó un poco, al volver a la habitación, paso por su puerta.. Dormía profundamente, su pecho se inflaba lentamente… la tenue luz azul de la noche, dibujaba su figura… se quedó mirándolo… fue examinando su cuerpo de roble envejecido… vio lo que quería ver… su pene estaba duro… «¿Estará soñando conmigo?» Pensó pretenciosamente, lo miraba…

    Nunca pensó que a su edad fuera tan viril… esa era la misma verga que hace un par de horas le rozaba los muslos… volvió a ese instante, a las caricias, a mirarlo a los ojos… la oscuridad le daba un poco de libertad… despacio se empezó a apretar los pechos, a agitarse, su cabellera de plata, su rostro plácidamente dormido… su verga grande palpitando mientras soñaba… de a poco sus pezones se ponían duros… sentía el calor húmedo de su vagina propagándose en su vientre… sutilmente abrió un poco las piernas, la larga polera le tapaba hasta la mitad del muslo, con la misma, acaricio los labios de su concha, mientras se apretaba un pezón… ya no aguantaba más… de a poco la tela se humedeció con sus jugos, se pegó a su vagina, ella busco su clítoris y lo apretó entre sus deditos, el roce áspero y húmedo de la tela la calentaba más.. Sin darse cuenta movía sus caderas, buscando esa verga que tenía en frente… solo podía mirar eso…

    Trataba de ahogar sus gemidos, pero se le escapaban sin querer de su boca… no pensaba en nada, solo sentía… despacio camino, se acercó a la cama… él estaba durmiendo encima… se arrodillo cerca, estaba tiritando de calentura, de nervios… de ansia… sentía su olor de hombre, de bestia mansa descansando… no se atrevía, pero quería… sus dedos empezaron a tocar suavemente su miembro por encima del pantalón, la carne tensa, las venas que llenaban esa verga de sangre caliente… ya no podía mas… se apretaba la concha de pasión, se mordía los labios, «un poquito, solo un poquito» pensaba.

    Acercó su boca jadeante a esa carne erguida… lo rozo con sus labios, abrió un poco la boca para acariciarlo mejor, sin cerrarla, los jugos de su concha rosada le mojaban los muslos… sentía los bordes de la cabeza del pene en la oscuridad, sentía el palpitar de ese hombre, del que nunca de había dado cuenta, que deseaba tanto, sin darse cuenta sus dedos ya estaban dentro de su vagina, masturbándola frenéticamente, chapoteando en sus jugos, en sus pasiones más prohibidas… no pensaba, solo sentía… le bajo un poco el pantalón, no demoro un solo segundo en metérselo a la boca, en saborear toda su forma, con su boquita empezó a pajearlo, su otra mano no paraba de masturbarse, sentía como de a poco su abuelo empezaba a mover las caderas, no tenía miedo a que despertara, quería que lo hiciera, mientras más le comía la verga, más dura se ponía… sentía las primeras gotas de semen saliendo por su pene… eran exquisitas…

    Gonzalo pocas veces había tenido esa clase de sueños… por su mente pasaban sus primeros encuentros juveniles, sus primeros deseos, las incontables veces que tuvo en sus brazos, a la mujer que amo toda su vida… despertó inquieto, excitado.. No sabía porque… miro hacia abajo, reconoció inmediatamente la cabellera negra de Isabel… se sorprendió, pero no hizo nada, la lengua de su niña lamia su verga de forma tan exquisita, sentía el calor de su boca, la saliva acariciándole el miembro… tanto tiempo, tanta soledad… ¿Para qué detenerla? ¿Quién tenía el derecho de decirle algo ahora?.. acaricio la cabellera de su niña… ella se detuvo… lo miro a los ojos con vergüenza, se abalanzo sobre él, y casi llorando le dijo «te quiero tanto, te quiero tanto»… el no dijo nada… le tomo su mentón suavemente y le beso la boca, ya no como su abuelo, si no como su amante, ella se dejó llevar, solo se dejó llevar, las manos experimentadas de Gonzalo, no se demoraron en tocarle la concha, al principio, apretaba los labios suavemente, después sus dedos gruesos buscaban su clítoris, y los presionaba suavemente entre ellos… ella se movía como perra en celo… le tomaba su cabellera blanca, le chupaba la lengua al besarlo, estaba tiritando, nerviosa, ansiosa, solo podía gemir, y mirarlo a los ojos a la luz de la luna… con la otra mano, Gonzalo le apretaba las tetas…

    Cada dedo que se posaba en las tetas de Isabel, cada centímetro que recorría, era una marca de fuego en su piel… se sacó la polera, él la miro… hermosa… las formas de su cuerpo esculpidas por la luz luna… ella se tiró encima de nuevo encima de él, frotaba sus tetas en su pecho, su concha en sus muslos duros y trabajados, el sentía la humedad de sus piernas, su verga palpitaba más y más, le agarro con fuerza su culito blanco, lo apretó contra el… de a poco empezó a masturbar su ano, de a poco le acariciaba su culo, esos dedos gruesos eran sutiles.

    De a poco entraba más y más… ella solo lo miraba, loca de calentura… le permitiría todo, todo… cuando entro su dedo, ella movía el culo… por instinto, la verga de Gonzalo pasaba por su concha, justo al medio, el roce le hacía perder la razón… Gonzalo tomo su miembro, y sin advertencia se lo enterró en la concha… ella abrió los ojos, abrió la boca como si quisiera gritar… esa verga robusta le atravesó la concha, se la abrió de la mas manera más brutal que había sentido en su vida… no dijo nada.. Gonzalo la tomo, y la acomodo para que llegara más adentro… parecía que la iba a partir… se movió de a poco, despacio… nunca pensó que su abuelo tuviera esa fuerza aun… él le daba su tiempo, dejaba que ella se moviera, que lo conociera, las manitos de Isabel le apretaban el pecho… le apretaban las tetillas… eso lo calentaba más… y ella lo sentía… cuando Isabel tuvo un ritmo…

    El la dejo que lo llevara… la niña estaba como loca… de repente… tomo su cuerpo con fuerza, doblo ambas rodillas, y empezó a cogérsela, ella estaba prisionera en sus brazos, gimiendo, chillando prácticamente. El solo se la seguía cogiendo, podía ver su concha hincharse en cada embiste que le daba, las manos de su nieta se sostenían en sus rodillas, sus deditos tiritaban… la sintió llegar… tensando todo su cuerpo y estallando en un dulce «aaaahhh!»… bajo las rodillas, dejo su cuerpo descansar sobre el suyo. Le acariciaba la carita, el pelo, sentía sus tetas hinchadas de calentura al respirar… eso lo calentaba más… era como si su nieta lo hubiese despertado de un letargo tan prolongado… «quiero ser siempre tuya» le dijo… eso lo hizo hervir aún más… «pequeña, no sabes lo que dices», «te quiero, te deseo, nadie tiene que saber, voy a hacer lo que tú quieras» le dijo al oído… Gonzalo no aguanto más… la beso… le apretó las tetas, la concha, ella se calentó de inmediato… se apretujaban sus cuerpos sin control… el la dio vuelta en la cama, ella no dijo nada… le abrió el culo con sus manos, metió uno de sus dedos lo más adentro que pudo y le empezó a masturbar el culo con toda su fuerza… el roce la quemaba… solo levantaba las caderas para sentir más y más, ese animal bruto, fuerte la estaba haciendo suya… y era lo más hermoso que había sentido en su vida… Gonzalo acerco sus caderas al culo de Isabel…

    Con ambas manos tomo su trasero, le acaricio el ano con la punta de su verga, y la empezó a meter lentamente… Isabel se quedó quieta… tiritando… casi no podía respirar… ya no sabía si era dolor o placer… solo sabía que él era suyo… cuando llego hasta el fondo, Gonzalo empezó a cogerse ese culito blanco y firme, con toda la fuerza que tenía, cada embiste era brutal, la poca lubricación, lo apretado que estaba… los quemaba a ambos… no paraban… ella se quejaba con dolor y placer… él estaba despierto, como en su juventud, mientras más se quejaba más se calentaba… «culeame, culeame así… aaahhh… no pares, no pares» chillaba Isabel…

    Él no la escuchaba… su cuerpo solo se movía… la sostenía de los muslos, la levantaba de a poco cada vez que empujaba… ya iba a llegar… lo sentía… ella se agarraba de la cama, como podía… su culo ardiente envolvía la verga de Gonzalo… ya viene… «culeame fuerte» repetía Isabel sin parar… un pequeño gemido… un segundo de muerte y resurrección… empezó a tiritar, sus bolas se tensaban, su verga escupía leche caliente como nunca lo había hecho en su vida… parecía que se iba a desmayar… ella grito de placer… se quedaron así.

    Lentamente, Gonzalo saco su verga que goteaba semen y se estiro a su lado… ella se sentó, con una sonrisa exhausta a su lado, le acaricio su rostro, su pecho, su pene… se acostó a su lado… en silencio… toda la vida estuvieron juntos… nadie tiene el derecho a decir nada…

    Telegram @neko534.

  • El día que la gata Sonia me desvirgó (Primera parte)

    El día que la gata Sonia me desvirgó (Primera parte)

    Todo comenzó como un inocente juego, pero a cada semana se elevaba el volumen del morbo o la pasión y de repente pasó: La gata Sonia me hizo vivir ese momento donde pensé estar en el paraíso en la primera experiencia sexual donde esta linda chica me desvirgó.

    Ella llegó a vivir con sus primos para ese comienzo de la universidad pues solo les quedaba a veinte minutos caminando y solo se tenía que subir a un autobús si es que no quería caminar. Y ahora que he vuelto a comunicarme con Sonia me aclara otros detalles que había olvidado y que a pesar de que nos hemos venido comunicando por ya varios meses, como que intentaba evitar hacer plática sobre esta experiencia, pues ahora Sonia es casada, tienes tres hijos y dos nietos. Pero creo que el morbo siempre estaba ahí y, tarde o temprano lo recordaríamos.

    Según recuerda ella, estaba comenzando su tercer año en la universidad y ella ya tenía un novio, quien tenía permiso de ir a verla a su casa. Su nombre era Mauricio, un tipo popular entre las chicas de su edad, pero también algo engreído… era conocido mío, pero no era en realidad mi amigo, pues también estaba unos años mayor que yo. Algunas veces los sorprendí en esos encuentros que tenían donde se besaban apasionadamente y Mauricio intentaba manosearla a placer. No era que yo me propusiera espiarlos, pero mi casa era de dos pisos y ellos se ponían en contra de la pared que dividía los terrenos y mi ventana de mi habitación estaba ahí. Creo que Sonia sabía que los espiaba.

    Recuerdo en cierta ocasión que se besaban apasionadamente y solo veía que las manos de Mauricio estaban por debajo de la falda de la gata Sonia, cosa que me encendía y creo que esa vez me miró que yo la espiaba. Y es de esta manera que la bella Sonia se acerca a mí. Teníamos algo de confianza, pues su primo Marcos era uno de mis amigos cercanos y vivíamos como vecinos inmediatos y de hecho mi amigo me contaba en ese afán de excitarme de cómo de vez en cuando la espiaba cuando se vestía. Le sentía envidia a mi amigo, pues la gata Sonia además de tener una carita bonita, tenía un cuerpo fenomenal donde le resaltaban unas buenas tetas y un lindo y redondo trasero. La había visto en bikini, pues algunas veces vino a mi casa para alguna reunión de cumpleaños y realmente lo hacía fantasear a cualquiera, con ese tremendo trasero que se le veía. Tenía una altura promedia, pero sus piernas alargadas y bien torneadas la hacían lucir alta y por ese tiempo yo ya le había pasado en altura y me llegaba por encima del hombro.

    Como dije, teníamos algo de confianza pues algunas veces me pidió que la llevara en la moto y me gustaba sentir sus pechos contra mi espalda y podía sentir ese calor de sus entrepiernas cuando me apretaba por la tensión de la velocidad. Por ese tiempo, ella comenzó a llamarme de cariño “muñequito” y con sus amigas me presentaba como su novio, aunque todas sabían que su verdadero novio era Mauricio. Lo mío con la gata Sonia comenzó con este inocente juego y comenzó a elevarse el día que en son de broma me cuestionaba de la siguiente manera:

    – ¿Cuál de todas las chicas es la que más te gusta? ¿Ya has besado a alguna de ellas?

    No recuerdo a quien le mencioné, pero le admitía que todavía no había besado a chica alguna. Y fue ahí donde comenzó todo el juego:

    – Escucha bien, mañana no vayas al entreno de fútbol, quédate en casa y te voy a enseñar a besar. -me dijo.

    – ¡Esta bien! -le contesté.

    Obviamente me había dejado intrigado pues anteriormente me había ofrecido besitos y me había dado un caramelo al que llamábamos con ese nombre en ese mismo son de broma de cómo ella era conmigo. Los martes y jueves eran tardes de entreno y sus tíos y primos íbamos todos al parque pues el padre de Marcos era quien nos entrenaba. Ese día no fui al entreno y vi cuando todos salieron hacia al parque y minutos después salía Sonia y me hacía señales intuyendo que yo estaba viendo a través de mi ventana. Moví la cortina y me grita: ¡Tony… ven!

    Salgo un tanto nervioso pues, aunque admito que soy un promiscuo, tengo la característica de ser tímido al principio. Recuerdo vestía un pantalón vaquero con sus típicas blusas desmangadas y abrí el portón con cierta desconfianza y llego hasta la misma pared donde en varias ocasiones he visto como Mauricio la besa y le pone las manos por doquier. Sabe que estoy nervioso y me dice:

    – Tony, acércate que solo nos daremos unos cuantos besos… si es que tú quieres. ¿Quieres?

    Verdaderamente Sonia siempre me había gustado, creo que por esos entonces era la chica más popular de la vecindad y no es que era solamente bonita, pero también se distinguía en los servicios comunitarios, eventos de la iglesia, era una chica universitaria, con una reputación intachable de quien creo solo era yo el que sabía de esos encuentros furtivos con su novio en turno. Nunca me imaginé que tuviera esa oportunidad de besarla y recuerdo que se me acercó con la seguridad de una chica de su edad y me dijo que la besara. Fue un beso tímido de piquito y luego ella continuó con un segundo mordiscándome tiernamente los labios y cuya sensación era como una descarga eléctrica que me acariciaba los huevos.

    Pasamos de ese mordisqueo pues Sonia me invadió la boca con su lengua y sentí un sensación rica que con desesperación quería que lo volviera hacer. Ella me sonrió con esa mirada picara y sensual y me preguntó:

    – ¿Te gusta?

    – Si. -le dije con una voz quebrantada.

    – ¿Quieres más?

    – Si. -le repetí.

    Me dio unos dos o tres besos más que también fueron mas prolongados y aquello culminó con una erección que no pude evitar y que Sonia sintió inmediatamente diciendo.

    – ¿Estás excitado?

    – ¡Creo que sí! -le dije mientras se sonreía.

    – No solo eres tú… también a mí me has excitado. Tony, tienes unos labios muy ricos, pero vete para tu casa. Otro día ensayamos con otros besos.

    Realmente no sé cuanto tiempo fue, pero me fui excitado para mi casa con esa mínima experiencia que no pude dormir toda la noche pensando en ello y con la idea que habría otro día más así. La próxima semana un día antes la gata Sonia me había dado la señal y nuevamente cuando sus tíos y primos se fueron, ella volvía a llamarme por la ventana. Ese día llevaba una falda por sobre encima de la rodilla de tela denim y de color azul y una blusa blanca escotada donde le podía ver una buena porción de sus dos ricos melones. Para ese tiempo no imaginaba lo que se me venía, pues en mi mente solo pasaban esos besos que me excitaron una semana atrás.

    Nos acercamos y esta vez ambos nos besamos y desde el principio había sido un beso prolongado. Esta vez la gata Sonia me besó en el cuello y me mordiscaba los lóbulos. Ella vio mi excitación pues ella misma me hacía saber que notaba cómo mi piel se erizaba y lo hacía más agresivamente hasta que me desabrochó algunos botones de mi camisa de uniforme y me comenzó a mamar los pectorales y obviamente fue una sensación única y muy placentera. Volvía con los besos y regresaba a besarme el cuello y los pectorales y me halaba las tetillas con sus labios. Con esa mirada linda y sensual me preguntaba:

    – ¿Te gusta?

    – Si. -le decía.

    – ¿Estás excitado?

    – ¡Creo que sí! -le volví a contestar.

    – Mira. -me dijo haciendo una pausa y continuó. – Nunca vayas a decirle a mi primo nada de esto… si me lo prometes, te prometo que haremos cosas más ricas. – me dijo.

    – ¡Te lo prometo! – le contesté.

    La verdad que para esa época solamente sabía lo básico de lo que era una relación sexual. No tenía idea del preámbulo, de los juegos previos, ni nada de eso. La pornografía era un tabú y estoy hablando de una época donde la televisión era limitada a ciertas horas y obviamente no había internet y el conseguir un condón era una especie de odisea. Sonia sabía que era un chico tímido, ella me tenía ahí casi inmóvil, inerte… congelado a cómo reaccionar. Intuyendo esto, ella al besarme lo lóbulos me decía al oído:

    – ¡Se te ha parado tu cosa! ¿La puedo tocar?

    – Si. -le dije.

    – Tony, también te doy permiso a que me toques lo que tú quieras. -Me dijo.

    – ¡Está bien! ¿Todo lo que yo quiera? -Repetí.

    – Si… pero recuerda; esto no tiene que saberlo nadie.

    Ella me sobó el pene tomándolo sobre la tela del pantalón mientras nos besábamos y cuando pude, bajé mis manos debajo de la falda y recorrí su entrepierna hasta llegar a sus calzones color blanco que estaban calientes y húmedos. Primera vez que tocaba una conchita y por las orillas del calzón podía sentir algunos vellos. Quizá mi maniobrar por falta de tacto o experiencia fue algo tosco, por no decir bobo. Sonia seguía provocándome con sus palabras al oído:

    – ¿Qué me quieres hacer?

    – ¡Me gustaría estar adentro de ti! -se me ocurrió decir.

    – ¡A mí también Tony, pero será otro día con más calma! ¿Quieres besarme los pechos?

    No me había atrevido, aunque los tenía con una buena porción de ellos expuestos para mí. Hice lo mismos que ella había hecho al mamarme los pectorales, pero por sobre encima de sus pechos sin llegar al pezón que estaban protegido por su brasier. A sabiendas lo ignorante que era en estos trotes del preámbulo sexual, fue ella quien me lo propuso:

    – ¡Desabróchame el brasier! ¿Quieres?

    – Si. -le contesté.

    Me develó sus dos redondos pezones los cuales estaban erectos por la excitación del momento y no me tuvo que decir que hacer y me abalancé a mamarlos como un bebé. Tanta era su excitación que mientras le besaba los pezones me pidió que le tocara su sexo. Ella me dirigió con sus manos y esta vez hizo de un lado su calzón y me pidió que le tocara su rajadura y me pidió que le masajeara el clítoris. Obviamente ella no uso esos nombres, solo me indicó dónde y cómo. En esa posición parados en contra de la pared, he sentido ese temblar de sus piernas, Sonia ha jadeado mordiéndose los labios y me ha pedido que le inserté mis dedos en su vulva. Suspiraba sobre mi hombro, su respiración era profusa, agitada y su rostro sudaba y estaba sonrojado. En ese momento no sabía lo que había vivido Sonia, pero luego me vuelve a decir al oído:

    – ¡Que rico estaba! La próxima semana lo haremos como tú quieres… debes venir preparado. -me dijo.

    Me he quedado con la excitación y me he tenido que aguantar una especie de dolor en el vientre, pero todas aquellas imágenes del momento que vivía con Sonia, eran más fuertes que ese dolor. Llegué a mi casa con el olor del sexo de la gata Sonia y realmente no me lo quería quitar de mí… me gustaba ese olor y de hecho fue la primera vez que saboreé los jugos vaginales. Mi calzoncillo estaba empapado de este líquido seminal y nunca había visto algo así, pues la primera vez que nos besábamos vi la humedad, pero en esta ocasión parecía que me había orinado. Me bañé pensando en ese momento y soñando que llegara ese día y ver sí Sonia verdaderamente cumplía su palabra. La semana pasó como si no hubiese pasado nada… creo que nadie en su familia nunca sospechó y yo cumplí siempre mi palabra, pues nunca le conté nada de esto a su primo quien era uno de mis amigos más cercanos.

    Continuará…

  • Hermanos (Parte II)

    Hermanos (Parte II)

    Nuestro hermano Juan parecía no dar abasto con las dos, a pesar de que se alternaba de una a otra, a pesar de querer satisfacernos a las dos, primero lamiendo a Eva, bebiendo de los néctares que emanaban del sexo de mi hermana y como todo un profesional le metía dos dedos en su vagina haciendo que Eva se revolviese en la cama con sus manos sobre su cabeza de Juan, tirándole del pelo cada vez que un gemido salía de su preciosa boca, mientras eso sucedía a mí me tenía totalmente abandonada sin dejarme mover apenas, no es que me importase, yo ya había tenido lo mío, a mí me había follado de tal manera que aún recordaba su pene entrando y saliendo de mi cuerpo, de los escalofríos de los ataques de placer cuando me provocó aquel delicioso orgasmo.

    Mi hermano parecía un dictador con nosotras sin dejarnos mover apenas, cada vez que me incorporaba para besar a Eva, él se cambiaba de lado y empezaba a lamer mi clítoris, a meterme sus dedos haciéndome que me tumbara de nuevo, las dos boca arriba con las piernas abiertas para él, disfrutando de su lengua y de sus dedos mágicos, pero también queríamos participar de aquel banquete de sexo oral y fue mi hermana Eva la que consiguió cortar sus ligaduras y lanzarse contra él cuando estaba entretenido entre mis piernas.

    A partir de este punto del relato, me pondré en la piel de mi hermano Juan e intentaré expresar lo mejor que pueda sus sentimientos cuando nos tuvo a las dos, cuando nos folló a las dos.

    Lara no paraba de mover sus caderas, sus manos apretaban mi cabeza contra su vulva, la lamía de arriba abajo con mi legua desde su deliciosa entrada vaginal hasta su clítoris, la oía gemir cada vez que me paraba en su clítoris, metiéndomelo en mi boca, fue increíble, al principio tan pequeño y ahora tan abultado, no sabía que eso le podía pasar a una chica y con Eva me había pasado igual, parecía que ese era el punto débil de las dos, porque no paraban de revolverse en la cama y de gemir cuando lo acariciaba bien con mis dedos o con mi lengua, otra cosa que parecía volverlas locas era cuando les metía los dedos corazón e índice en sus vaginas sacándolos y metiéndolos a modo de polla mientras les seguía lamiendo el clítoris, realmente estaba disfrutando de las dos, las tenía abiertas de piernas para mí, las tenía como un encantador de serpientes, haciendo bailar sus cuerpos, pensando a quien se la metería primero.

    No me di cuenta y Eva se había levantado, todavía no sé cómo lo hizo, pero con un movimiento rápido estaba con mi pene en su boca, lamiéndolo, mordiéndomelo con sus labios, se lo metía un poco, solo el glande y con su lengua dentro de su boca empezaba a moverla de un lado a otro, para terminar metiéndoselo entero, dejando la polla tan metida dentro de su boca que casi la daban arcadas, luego la volvía a sacar, con su mano derecha me iba haciendo una paja a la vez que subía y bajaba con su boca, haciéndome gemir y dejando de lamer a Lara, que con otro movimiento rápido se zafó de mí y se juntó con Eva, las dos se pusieron a lamer mi pene, a besarse entre ellas, se pasaban mi polla de boca en boca como si fuera una piruleta, haciendo que terminara por tumbar mi espalda en la cama, pero de rodillas, pensando en lo putas y guarras que eran mis dos hermanas, el placer de sus lametazos era increíble, sentía sus bocas húmedas rodear mi glande, meterse la polla dentro de ellas, luego las veía lamer con sus lenguas mi polla de arriba abajo juntando sus lenguas a la vez.

    Lara empezó a subir por mi cuerpo, besándome mi tripa, mis costados, sus manos iban subiendo lentamente acariciando con delicadeza e indicando el camino a esos labios carnoso y tan deliciosos que tenía, se notaba que mi hermana no era la primera vez que hacia esto, porque sabía muy bien dónde dirigir sus dedos y sus labios, se había sentado a horcajadas sobre mi estómago y sentía la humedad de su sexo al ir subiendo por mi cuerpo dejando un rastro de ese líquido que le salía de la vagina, me estaba besando el cuello, la comisura de mi labios, sacando su lengua de vez en cuando para lamer mis labios y meterlos en mi boca besándome, las mejilla y los ojos, sus dedos enredados en mi pelo y su vulva restregándose en mi cuerpo con fuerza de arriba abajo.

    Eva seguía con mi polla metiéndosela y sacándola de su boca, sus manos sujetaban mis testículos, tenía las piernas dormidas así que la estire y Eva aprovechó para sentarse encima de mí a horcajadas y cogiendo mi pene se lo empezó a pasar por sus labios de arriba abajo hasta que sentí como mi polla se hundía en su vagina, notaba como su vagina me abrazaba, un calor húmedo alrededor de mi polla y sentía como me iba deslizando suavemente dentro de ella, era la segunda vez que sentía aquel calor, aquella humedad en mi polla envuelta y presionada por todos lados, era igual que con Lara aunque con mi hermana mayor fue algo maravilloso porque de vez en cuando sentía como presionaba y me apretaba con su vagina mi pene, haciendo temblar mi cuerpo, las dos estaban igual de mojadas por dentro y las dos gemían de la misma manera al metérsela, pero eso si el chochito de Eva era más apretado, más pequeño.

    Tenía a mis dos hermanas encima de mí, Eva botaba en mi polla metiendo y sacando mi pene de su cuerpo a la vez que con mis manos le cogía de los senos a Lara, se los apretaba y mientras que Lara con sus manos en mi pecho seguía moviendo sus carenas presionando su vulva contra mí, las veía a las dos moverse, besarse como en tantas películas porno que había visto y eso me ponía cada vez más frenético, sus caras cambiaban cuando sentían el placer Lara restregando su vulva, friccionando su clítoris contra mi cuerpo, contra mi piel y la otra cuando mi polla la penetraba, Lara empezó a subir más por mi cuerpo, hasta situar su coño en mi boca, se había sentado en mi cara y tenía su vagina y su clítoris encima de mí, la veía moverse como a una gata, a gemir con los ojos cerrados, morderse los labios con los dientes y apretar con fuerza sus pechos hasta tirar de sus pezones cuando empecé a meter mi legua en su rajita, sujetaba con mis manos sus caderas que se movían hacia adelante y hacia atrás, nunca la había visto así, con la cara desencajada, es cierto que no tenía recuerdos de ella, pero en los últimos años, desde que ella cumplió los 18 intentó estar más en nuestra vida, llamándonos e intentando quedar siempre que podía, ella no lo sabía, pero tanto mi hermana Eva como yo la queríamos más como a una madre que no como a una hermana.

    Eva seguía moviendo su cuerpo de arriba y abajo, yo casi sin poderme mover estaba sintiendo como mis fuerzas se me escapaban, pero fue en ese momento cuando sentí como mi polla entraba y salía con tanta facilidad de Eva, en un segundo el coño de Eva al igual que hizo el de Lara se había inundado, lo sentía tan mojado que mi polla nadaba en su interior, sabía que Eva se empezaba a correr no solo por los gritos que daba, también la notaba temblar y quedarse quieta durante unos segundos, fue en ese momento cuando elevé mi pelvis y se la empecé a meter con rapidez, impulsándome todo lo fuerte que podía para metérsela bien al fondo, mi hermana Eva no paraba de gritar al igual que Lara que se movía más rápido con mi lengua atravesándola la vagina.

    Le veía sus preciosos pechos, redondos y duros botar encima de mí, bailar de una lado a otro cuando Lara apoyó sus manos en la cama cayendo un poco hacia delante, tenía los ojos cerrados y la notaba que le temblaban las piernas dejando de moverse por momentos para luego volver a mover sus caderas sobre mi boca, el rostro de placer de Lara me excitaba aún más, pero fue entonces como su rostro cambió, frunció el ceño apretando bien sus ojos y se le abrió la boca sin decir nada, sin emitir ningún sonido hasta que al igual que Eva no paraba de gritar y de su coño empezó a salir como una especie de líquido a borbotones que yo bebía a la vez que me empapaba la cara.

    Mis dos hermanas se habían corrido y yo estaba a punto de descargar mi preciado cargamento dentro de Eva como había hecho antes con Lara, seguía moviéndome muy rápido hasta que por fin metiéndosela muy dentro, mi cuerpo se paralizó sintiendo un orgasmo breve, pero muy intenso, prácticamente me quedé sin fuerzas y uní mis gemidos y mis gritos a los de mis hermanas que seguían sintiendo en sus cuerpos sendos orgasmos.

    Mis hermanas se derrumbaron cada una a un lado de mi cuerpo, los tres jadeábamos mirando al techo hasta que Lara y yo nos miramos y empezamos a reírnos, Eva mirándonos se unió a las risas y los tres nos empezamos a abrazar, a entrelazar nuestras piernas cuando yo pasaba las manos por sus deliciosos cuerpos y pechos de piel blanca muy diferentes al resto de la piel por no haber estado en contacto directo con el sol y aun así eran tremendamente atrayentes para mí sobre todo sus areolas y sus pezones con un tono bastante más oscuro.

    Mis manos acariciaban sus cuerpos, pero también sus piernas y sus muslos, tenía el muslo de Lara encima de mí y sentía todavía la humedad de su sexo en mi piel al igual que el de Eva que no paraba de expulsar mi semen en mi costado al tener también su muslo por encima de tripa, sentía los besos de mis hermanas en mis labios, las risas se habían acabado, pero ellas parecía que querían, que necesitaba más de mí, Lara ya tenía entre sus manos mi pene y lo subía y bajaba haciendo que poco a poco este despertara de su letargo.

    Lara se incorporó y metió mi polla en su boca donde fue creciendo definitivamente poniéndose como una barra de acero que una vez más pretendía metérsela a mis hermanas en sus coños, las veía a las dos ilusionadas jugando una vez más con mi pene, pero esta vez Lara fue más rápida y dándome la espalda se sentó encima de mí y colocando mi pene en su rajita empezó a metérsela muy despacio hasta tenerla bien dentro de su cuerpo dejándola allí metida sin moverse, Eva se había incorporado y se puso frente a Lara besándose las dos y acariciando sus pechos, sus brazos, las oía besarse y Lara empezó a mover sus caderas hacia delante y hacia atrás muy lentamente sin sacar mi pene de ella, yo no podía más que acariciar sus caderas y su espalda aparte de empezar a gemir cuando notaba como mi polla quedaba presionada contra sus músculos lo que hacía que mi placer se disparara, Lara tenía un control sobre su vagina tremendo y a mí me encantaba lo que hacía.

    Mi hermana Eva se tumbó enfrente de Lara y esta sin sacarse la polla de su coño se puso de rodillas para poder meter su cabeza entre las piernas de Eva comenzando a lamer y a meter sus dedos en la vagina de nuestra hermana haciéndola gemir desde un primer momento, yo seguía sin poder moverme, estaba tumbado en la cama sujetando mi cuerpo con mis codos viendo como Lara se movía hacia delante y hacia atrás con su culo, veía como mi polla se iba metiendo en su vagina, veía como una y otra vez mi pene desaparecía en su interior, sentía como mi pene la penetraba y llegaba a tocar su fondo, oía como pequeños gemidos salían de los tres, se oían los lametones de Lara, los golpes de su culo contra mi cuerpo, el sonido acuoso de mi polla al entrar en su vagina, el olor a sexo por toda la habitación y como poco a poco los gemidos se iban convirtiendo en gritos, como los golpes de nuestras carnes al juntarse eran más altos y como mi pene salía tremendamente mojado de la vagina de Lara.

    Cambié de postura y ahora con mis brazos extendidos, con mis manos bien apoyadas en la cama elevé mi cuerpo, separando unos centímetros mi trasero de la cama y haciendo el recorrido de Lara más corto para que metiera mi pene en su vagina, Lara empezaba a montarme con más fuerza, echando hacia atrás su culo tan fuerte que mi polla la penetraba muy profundamente, estaba tremendamente lubricada y las sensaciones cada vez que se la metía eran cada vez más fuertes, era una sensación que no sabría explicar, sentía mi pene envolverse en un mar de sus fluidos, de sus flujos como una vez me dijo, sentía como me la calentaba, era tan grande el placer que no pude aguantar más y empecé a expulsar de mi pene tremendos chorros de semen a su interior justo también en el momento que mi hermana se sentaba con fuerza en mi polla y sin sacarla explotaba ella también con un orgasmo que se quedó muy quieta a las vez que le temblaba todo el cuerpo y se paraba con su cara metida entre las piernas de Eva.

    Yo había terminado, pero Lara seguía moviéndose hasta que mi pene sé salió de su vagina, Eva era ahora la que gritaba, la que no paraba de moverse hasta que también ella empezó a correrse en la boca de Lara, una vez más nuestros fluidos nos empapaban, de la vagina de Eva no paraba de salir el mismo liquidillo que le había salido a Lara en mi boca y yo estaba viendo como de la vagina de Lara le salía mi semen que resbalaba por sus muslos hasta caer en mi tripa.

    Los tres estábamos exhaustos, los tres habíamos…

    Me parecía increíble lo que habíamos hecho los tres, sabía que era algo reprobable, pero estaba contenta y no me arrepentía de haber follado con mi hermano Juan y con mi hermana Eva, me levanté tapándome con una sábana el cuerpo abriendo un poco la contraventana para que entrara luz en la habitación, viendo desde allí la enorme piscina sucia que tenía la casa, el jardín sin arreglar, la casa bastante sucia, había que levantarse y ponerse manos a la obra, solté la sabana en el suelo de la entrada del baño y abrí el grifo de la bañera para ducharme, eran las doce del mediodía y había que empezar a planificar los siguientes días hasta dejar todo bien limpio.

    Hasta aquí el relato contado según Juan, espero que haya sido de vuestro agrado y como en la anterior historia hasta que quizás Eva tenga algo que decir, volar e imaginar que sois Juan, que sois Eva, e incluso meteros en mi cuerpo y sentir, disfrutar lo que siento y disfruto yo, cuando me hacéis el amor.

    En unos días la versión de Eva.

  • Nuestra fantasía de un trío se hizo realidad

    Nuestra fantasía de un trío se hizo realidad

    Hola, mi nombre es Ivette soy una mujer casada con 3 hijos, actualmente tenemos 14 años de casados, mi esposo se llama Javier y hoy quiero contarles lo que nos sucedió.

    Conocí a mi esposo cuando tenía 23 años y a los 2 años y medio nos casamos, yo nunca había estado íntimamente con ningún hombre, había tenido 2 novios anteriormente pero no pasábamos de lo normal sin llegar a intimidar aparte de que no dure mucho con los 2 chicos con los que llegue a salir, bueno no quiero entrar mucho en esos detalles, con mi esposo nuestra relación fue muy distinta, con el tuve relaciones al poco tiempo, pareciera que estábamos el uno para el otro nos llevábamos muy bien y cuando nos casamos nada cambio, seguimos teniendo una buena relación y un buen sexo, no recuerdo en que tiempo comenzamos a utilizar juguetes mientras hacíamos el amor, un día mi esposo compro un vibrador con forma de pene y me estimulaba mi clítoris mientras me hacia oral y luego lo introducía, a mi me encantaba me hacía llegar a unos orgasmos deliciosos, un día mientras él me penetraba estaba yo tan excitada que agarre el consolador y comencé a chuparlo y mi esposo tuvo un fuerte orgasmo creo que le excito bastante verme así, seguimos con nuestros juegos, a veces cuando él no estaba en casa yo me masturbaba y usaba el consolador y me imaginaba como él me había cogido en ciertas ocasiones y le mandaba videos para calentarlo y me preguntaba que si lo estaba disfrutando y que le encantaría estar ahí conmigo para verme como me cogía mi consolador después de esos mensajes llegaba a casa con muchas ganas de cogerme, un día que le envié un video masturbándome e introduciendo el consolador me preguntó:

    -Que rico, lo estas disfrutando?

    -Si mucho, me tiene muy mojadita

    -Te gusta que te esté cogiendo tu consolador

    -Si, me encanta y me gusta que veas como me coge

    -Y no te gustaría que fuera una verga de verdad la que te estuviera cogiendo ahorita

    -Ayy si me encantaría así como estoy ahorita de caliente

    -Y me mandarías video para ver como te están cogiendo de rico?

    No me esperaba ese último mensaje, no pensaba que los mensajes tomarían ese rumbo pero fue una mezcla de asombro morboso así que tuve que preguntarle.

    -Si si te lo mandaría, te gustaría que fuera una de verdad la que me está cogiendo?

    -Si, me gusta verte disfrutar, me calientas muy rico.

    Esa misma noche hicimos el amor, comenzamos besándonos estábamos parados, me mordía los labios, besaba todo el cuello después me volteo y me besaba los hombros y la espalda y me manoseaba mis senos me tenía gozando, después fue bajando y me besaba las nalgas y así contra la pared estaba dándome un oral muy rico después me acostó y me lambió mi vagina hasta hacerme venir, estaba yo muy excitada después yo me puse de a perrito a chuparle su verga tenía muchas ganas de saborearla estaba muy caliente, mientras el me apretaba mis nalgas después me recosté boca arriba y seguía chupándolo mientras él me acariciaba con su mano mi vagina luego me detuvo y fue por el consolador, se acercó a mi y me volvió a poner su verga en mi cara y comencé de nuevo a chuparla y el comenzó a sobar mi vagina con el consolador y poco a poco me lo fue metiendo yo estaba gozando y comencé a mover mis caderas al movimiento que el llevaba introduciendo el consolador…

    -te gusta amor

    -Ayy si que rico me encanta

    -Me gusta verte así gozando, mira como me pones la verga de dura

    -Si la tienes muy durita papito, me encanta chupártela así

    -Y como está la verga que te está cogiendo?

    -Muy rica amor, grande y esta dura como la tuya me coge muy rico

    -Así la quieres la que sea de verdad como me dijiste esta mañana?

    -Si amor así la quiero

    Después de esas palabras que nos decíamos note que mi esposo se le ponía la verga muy dura, después el me penetro y tuvo un fuerte orgasmo me dejo llena de semen podía sentir los chorros que aventaba, estaba muy calientita su lechita, la verdad disfrutamos de un sexo muy rico, después ya que terminamos nos duchamos y nos acostamos en la cama y me pregunta

    -De verdad te gustaría que fuera otro en vez del consolador?

    -Jajaja no cómo crees, solo lo dije porque en el momento estaba caliente pero ni siquiera lo he pensado, a ver… de verdad a ti te gustaría que fuera otro en vez del consolador?

    -Mmm pues la verdad no sabía que me excitara tanto eso, lo imaginé y no me causo celos al contrario me excito mucho.

    -A mi también me excito mucho pero no es algo que lo haya estado pensando.

    Bueno pues seguimos con nuestras rutinas pero desde ese momento fueron varias ocasiones las que hicimos el amor haciendo esa fantasía, nos adaptamos muy bien y supimos usarlo para satisfacernos, ambos disfrutábamos mucho de esa fantasía y lo comentábamos si nos animaríamos a hacerla realidad, el parecía estar convencido de querer realizarla y yo de verdad no sabía, es que en su momento estando caliente si de repente por arte de magia apareciera otro hombre si me animaría y haría todo lo que nos decimos pero cuando estoy tranquila he pensado las cosas y me da miedo, como pueden entender tengo una buena relación, un esposo comprensivo y no me veo yo seduciendo a otro hombre para llevármelo a la cama, no tengo amigos y los amigos que tengo son casados y aunque estuvieran solteros no me animaría a proponer algo así, por donde lo vea sé que eso no va a pasar a menos de que mi esposo trajera a un hombre pero no lo haría por que el me a dicho que tendría que ser alguien que a mi me guste y si el me preguntara si me gusta cierta persona lo mas seguro es que le voy a decir que no por miedo a que salga algo mal.

    Bueno ahora paso a contarles lo que nos sucedió.

    Resulta que un día fuimos a un evento musical, mi hermana nos hizo el favor de cuidar a los niños, yo tenía muchas ganas de ir a ese evento y verme linda para mi marido, me compre un vestido de lycra muy cómodo no era de esos que quedan muy ajustados ni tampoco era tan cortito creo que era perfecto para verse uno sexy pero sin llegar a verse vulgar, subimos al coche y puso su mano en mi pierna y me dio un beso me dijo te vez riquísima mientras subía mi falta subiendo su mano y le dije no empieces que es muy temprano para ir toda mojada jajaja.

    Llegamos al lugar y estuvimos disfrutando del evento, mi esposo cada que me abrazaba me apretaba con fuerza y de vez en cuando me agarraba las nalgas, como era de esperarse el evento estuvo muy bueno pero termino como a las 10 de la noche, salimos del lugar y mi esposo dijo que era aún muy temprano y me invitaba a ir un hotel que ya conocíamos que tiene jacuzzi y la hemos pasado muy bien ahí anteriormente entonces le dije…

    -de veras?

    -Si claro vamos un rato la pasamos bien y luego regresamos a casa si quieres

    El lugar del evento está situado en una zona donde hay tiendas, restaurantes, discotecas, bares etc., así que me dijo primero vamos a tomarnos una copa y luego nos vamos, entramos a una discoteca pedimos un par de bebidas buscamos un lugar en donde sentarnos a platicar, mi esposo siempre a sido muy mano larga jajaja me acariciaba la pierna mientras platicábamos y poco a poco iba metiendo mas su mano entre mis piernas mientras me decía lo hermosa que me veía esa noche, sus manos y sus palabras me iban calentando así que yo le acariciaba la verga por encima del pantalón y le decía si todo eso me iba a comer esa noche y él me decía que si que era todita para mi, después de un rato se levantó y dijo que iría al baño, le dije…

    -no tardes he porque ya me dejaste caliente y que tal si alguien llega y me saca a bailar (en tono de sarcasmo)

    Se volteó y me dijo…

    -pues te vas a bailar, es mas espero cuando regrese sentarme aquí y verte bailando a ver si es cierto

    -Jajaja no te creas es broma

    -Mmm pues lo mío no es broma, así que si te invitan a bailar pues vas a bailar si quieres, es mas creo que sería buena idea, así cuando estemos en el hotel podamos fantasear mas rico

    -Jajaja estás loco como crees

    -No te estoy diciendo que te consigas un novio jajaja solo como un juego total en un rato más nos vamos a ir ya.

    -bueno pero no te garantizo nada, sabes que me da pena aparte que a lo mejor ni se me acerca nadie jajaja

    -Lo dudo porque te ves hermosa, a cualquiera le encantaría bailar con una mujer tan linda como tu.

    Creo que iba en serio porque tardo más de lo normal y estaba pensando en lo que me dijo y no lo voy a negar pero nomas de pensar me calentó el morbo cuando sorpresa! se acerca un hombre y me dice…

    -hola vienes sola? Te gustaría salir a bailar?

    -No lo podía creer jajaja el tipo no era feo así que le dije

    -no no vengo sola

    -Oh ok, disculpa

    -pero si puedo bailar aunque sea un par de canciones

    -Pues para mi sería un placer

    Me tomo de la mano y nos dirigimos a la pista, ya estando ahí bailando me pregunto mi nombre le dije Ivette y me dijo que él se llamaba Raul, me pregunto… entonces no vienes sola? Con quien vienes? Le dije que con mi esposo y puso una cara como de asombro y le dije pero no te preocupes no es celoso jajaja aparte no tiene nada de malo bailar y a el no le molesta, eso lo tranquilizo y mientras bailábamos me dijo que mi esposo tenía mucha suerte de tener a una mujer tan linda como yo, le dije que ambos teníamos suerte y me dice claro por qué no todos los maridos dejan a su esposa bailar me imagino que tienen una muy buena relación, así es le dije, como a la segunda canción volteo a donde estábamos sentados y ahí estaba ya Javier, ya me había encontrado entre la gente bailando, nos situamos en un lugar donde pudiera encontrarme fácil, cuando lo vi levanto el pulgar como dando su aprobación, no lo podía creer lo que estábamos haciendo, poco a poco me sentí mas cómoda, Raul parecía agradable y poco a poco nos sentimos mas relajados y disfrutando del baile, me imaginaba lo que esa noche fantasearíamos mi esposo y yo con esa situación era algo nuevo nunca había bailado con otro hombre delante de mi esposo, de hecho no había bailado con nadie más desde que conocí a mi esposo.

    El lugar tocaba música Pop en ese momento y por ratos bailábamos despegados y en ratos me tomaba de la cintura y yo de sus brazos, de vez en cuando volteaba a ver a Javier y en un momento Raul me tenía abrazada volteé a ver a Javier y cuando me vio que voltee a verlo se llevó la mano a su paquete jajaja no podía creer yo bailando y mi esposo viéndome y tocándose su verga por encima del pantalón, la verdad me causo mucho morbo así que quise darle un espectáculo y me di la vuelta y me puse a bailar de espaldas pegada a Raul y el me tomo por la cintura, mientras nos movíamos a ritmo de la música Raul se arrimó a mi completamente y pude sentir su paquete que me lo pasaba entre las nalgas era la primera vez que yo sentía a otro hombre agarrarme así y arriándome su paquete, mientras vi a mi esposo y parecía que lo estaba disfrutando, después me volteé y seguimos bailando, me tomo de la cintura y pegamos nuestros cuerpos y poco a poco fue bajando su mano hasta posarla encima de mi nalga y no me molesto al contrario creo que deseaba que me agarrara las nalgas para que mi esposo pudiera tener un buen espectáculo lo que no sabía mi esposo es que Raul me estaba metiendo unos arrimones y yo podía sentir su pene cada que se me arrimaba y a mi me estaba gustando sentir su pene así que volví a voltearme y le arrime las nalgas y el volvió a arrimarme su pene entre mis nalgas para ese momento creo que Raul ya tenía una erección porque lo sentía más duro y grande que la primera vez, pasaron algunos 15 minutos tal vez un poco mas y le dije…

    -Gracias por el baile pero tengo que volver a mi mesa (moría de ganas de escuchar a mi esposo lo que me iba a preguntar y yo de verle la cara cuando le diga que otro hombre le estuvo arrimando la verga a su inocente mujer jajaja)

    -No, al contrario gracias a ti, me encanto bailar contigo la estaba pasando muy bien

    -Si pude sentir que la estabas pasando muy bien (tono pícaro)

    Solo se rio y le dije no te preocupes yo también la estaba pasando muy bien y le di un beso en la mejilla.

    -me permites si le doy las gracias a tu marido? No le molesta? Me voy a sentir avergonzado de solo irme

    -Si está bien, no le molesta

    Caminamos hacia la mesa y ahí estaba Javier viendo acercándonos, que pasara por su mente ahora que vamos hacia con él? me preguntaba yo en mi mente

    Llegamos y le dije hola amor mira te presento a Raul que me invito a bailar mi esposo se levantó y le extendió la mano.

    -mucho gusto Raul mi nombre es Javier

    -Hola Javier mucho gusto, quería pedirte una disculpa por el atrevimiento…

    Mi esposo lo interrumpió y dijo

    -no te preocupes no hay problema, venimos a divertirnos, hoy es su cumpleaños así que lo importante es que ella la pase bien en su día.

    -Mentira no era mi cumpleaños pero como no se me ocurrió decirle eso? Jajaja

    -ahh si? No me dijo, pues felicidades (y me dio un abrazo)

    -Jajaja no me preguntaste pero gracias

    -Permítanme invitarles un trago dijo Raul

    -no no te preocupes estamos bien conteste

    -No por favor es lo menos que puedo hacer para agradecer y regalarte de cumpleaños

    -Jajaja ok aceptamos

    Se retiró a la barra y me quede sola con mi esposo.

    .y bien como la pasaste?

    .Bien, es agradable, pero como la pasaste tu? No te molesto? Te dieron celos?

    .No, de hecho me excito verte bailando con el

    .En serio? (Puse mi mano encima de su verga y efectivamente tenía una erección), mmm cierto, veo que te calentó jajaja

    -Y a ti? No te excito el momento?

    -La verdad si, cuando me comenzó a arrimar su paquete y tu me estabas viendo me excito bastante

    -Te la arrimo?

    -Si varias veces, pero no estas molesto verdad?

    -Claro que no, al contrario, disfrute mucho de este momento, pero cuéntame? Se la paraste? no se la agarraste?

    -Jajaja noo como crees y si yo pienso que si se le paro podía sentirla jajaja

    -Que tiene? Él te tenia manoseando las nalgas

    -Si verdad jajaja si lo pensé pero la verdad no me anime, para la próxima jajaja

    -Próxima? Jajaja quieres volver a bailar con él?

    -No, ya es tarde y me hiciste una invitación antes de venir aquí

    -Si claro pero la estamos pasando bien, pero si quieres nos vamos

    -Vamos a tomarnos el trago y ya después vemos

    -Ok

    De rato llego Raul con los tragos, salud por la cumpleañera jajaja brindamos y comenzamos a platicar, mi esposo le pregunto si venia solo y dijo que venía con una pareja de amigos pero lo dejaron solo por irse a bailar, seguimos platicando y mientras platicábamos mi esposo tenía su mano acariciando mi pierna, yo estaba en medio de los 2 estaba entre nerviosa y excitada y Raul miraba como mi esposo me acariciaba la pierna y yo en el fondo no podía creer y que quería que también él me acariciara la otra pierna, no podía creer mis deseos me desconocía a mi misma.

    -y ustedes vienen seguido por aquí?

    -No, es la primera vez que venimos, teníamos planeado ir a otro lugar a festejar con mi esposa a solas pero decidimos pasar aquí a tomar un trago primero

    -Ahh que bien así me dieron el gusto de conocerlos y de nuevo gracias por la confianza tienes una esposa hermosa, hacen bonita pareja

    -Gracias y también gracias a ti por bailar con ella, me dijo que la paso muy bien contigo y me da gusto que ella la pase bien hoy en su cumpleaños

    -Para mi también fue un gusto, la pase muy bien también

    -Por qué no van a bailar? Por mi no hay ningún problema aparte ya nos vamos a ir pronto

    -Me encantaría, gustas ir a bailar?

    -Claro vamos, nos paramos los 3 y le dije… ahorita vengo amor, me acerque y le di un beso a mi esposo, mi esposo me abrazo de la cintura y le dijo a Raul… te la encargo ehh, hoy es su día y quiero que disfrute de este día.

    Llegamos a la pista y comenzamos a bailar y me dice…

    -me cae bien tu esposo, es buena onda y se ve que se la llevan muy bien

    -Si nos la llevamos muy bien y creo que también le caíste bien

    -Tu crees? Pero si se la pasó torturándome mientras acariciaba tu pierna

    -Jajaja por qué?

    -Como por qué? Tienes unas piernas hermosas, que envidia verlo acariciándolas

    -Jajaja como crees, pues hubieras acariciado la otra

    -Jajaja capaz y me golpea ahí mismo

    -Naaa no creo, aparte es mi cumpleaños recuerdas? Jajaja

    -A ti te hubiera molestado si lo hubiera hecho?

    -Mmm no creo, total ya hasta las nalgas me habías agarrado

    -Jajaja de ver sabido

    Nuestras pláticas ya eran otras, yo no sabía que iba a pasar después de salir de ese lugar pero lo que si se es que en ese momento la estaba pasando bien y cuando hiciera el amor con mi esposo seguro incluiríamos el nombre de Raul mientras estemos haciendo el amor.

    Seguimos bailando y Raul sentaba su mano sobre mi nalga y yo volvía a pegarme hacia él, quería sentir de nuevo su verga, me volteaba y él me tomaba de la cintura y movía su verga entre mis nalgas y luego quito una mano de la cintura y con esa me acarició las nalgas, me las apretaba con su mano mientras yo estaba recargada sobre de él, eso me excito bastante si hubiera metido su mano se hubiera dado cuenta que me tenía mojada, aproveche el momento y pase mi mano hacia atrás y la puse encima de su verga la tenía dura, la apreté lo más que pude agarrar y pude comprobar que tenía una verga bastante gruesa apenas si la rodeaba con mi mano, mi esposo tiene una verga que a mi me encanta de algunos 18 centímetros y también es gruesa así que yo pensaba que Raul la tendría de algunos 22 centímetros por que podía sentir lo que me sobraba en la mano, en ese momento yo era otra jamás imaginé estar en esa situación, me volteé y seguimos bailando de frente, Raul me seguía agarrando las nalgas y yo volví a meter mi mano entre nosotros para agarrarle su verga Raul se acercó a mi oído y me pregunto…

    -te gusta lo que agarras?

    -Claro, soy mujer y mas aun que se te puso durita

    -Pues así me la pusiste tu

    En eso nos dimos un beso, fue un beso rápido pero lo suficiente para saborear sus labios y chocar nuestras lenguas, no sabía si Javier había visto eso, le pregunte a Raul si ya podíamos ir a sentarnos y me dijo…

    -otra canción mas, tu esposo nomas va a torturarme agarrándote la pierna

    -Jajaja pues ya te dije tu agarras la otra

    -Estas bromeando verdad? Jajaja no me animo a ser tan descarado

    -Jajaja tranquilo ven vamos a sentarnos

    Llegamos e inmediatamente Raul dijo ahorita vengo voy por unos tragos, no nos dio permiso de decir nada solo se fue por los tragos, me senté en el mismo lugar y le di un beso a mi esposo.

    -veo que la pasaste mejor, mira como me tienes (Le toque la verga encima del pantalón y la tenia dura de excitado)

    -Pensé que a lo mejor ibas a enojarte pero ya veo que lo estás disfrutando, le di otro beso mientras seguía agarrándosela

    -No claro que no, como te fue? cuéntame, vi mal o se dieron un beso?

    -Si nos dimos un beso pero fue rápido, no tenía pensado besarlo pero simplemente se dio

    -Y te gusto?

    -Si, pero yo pienso que es por la excitación de saber que tu me estabas viendo, no se, te digo se dio muy rápido e inesperado.

    -Que mas paso? Te siguió arrimando la verga?

    -Siii pero ya me dio miedo jajaja

    -Por qué? Que paso?

    -Es que me anime y se la agarre

    -De verdad? Oye eso no lo vi y que tal? Te gusto agarrársela?

    -Pues si pero se siente que la tiene grande y gruesa ya me dio miedo jajaja

    -Tanto así? Mas grande y gruesa que el consolador?

    -No se, yo pienso que igual o tal vez un poquito mas grande

    -Y no es así como la querías? Te gustaría que lo invitáramos esta noche?

    -No se, a ti te gustaría? Y luego si después te molestas

    -Por qué me he de molestar? Si te estoy dando mi consentimiento, y si tu lo deseas por mi esta bien a mi me gusta la idea, a ti te gusta la idea? No te gustaría disfrutar de su verga?

    -Ahorita en este momentos si, estoy muy caliente

    -Que te gustaría hacer?

    -Ahorita? Sacársela y jalársela pero es porque ahorita me tienen ya bien caliente pero nerviosa también jajaja

    -Que excitante pero no se te nota lo nerviosa, entonces que? lo invitamos?

    -Solo me mordí el labio y con la cabeza dije que sí y nos volvimos a besar.

    En eso llego Raul con las bebidas y dijo hmm hmm veo que la están pasando bien.

    -Si claro que la estamos pasando bien, gracias por las bebidas

    -De nada, me da gusto que la estén pasando bien quiere decir que se van a quedar un rato mas?

    -No de hecho estábamos hablando de que ya nos vamos a ir pronto pero si gustas puedes acompañarnos por mi no hay ningún problema y de hecho a Ivette le encantaría

    -Es en serio Ivette?

    -Si claro ya lo hable con mi esposo y claro también si tu quieres.

    -Pues a mi me encantaría

    -Ven siéntate tomémonos este trago primero

    -Bueno pues brindemos por esta noche y por la festejada

    Todos brindamos y en eso mi esposo se levantó y dijo yo necesito ir al baño los dejo solos ahorita regreso.

    -Es verdad la invitación? Aun no lo puedo creer

    -Jajaja claro, aunque yo tampoco lo puedo creer y debo confesar tengo algo de nervios jajaja

    -Nervios por qué? la vamos a pasar muy bien te lo aseguro

    -Eso espero

    Comenzamos a besarnos y a acariciarnos, Raul ahora si me acariciaba las piernas e iba subiendo poco a poco mientras seguíamos besándonos, yo estaba calentísima en ese momento y también le sobaba la verga encima del pantalón y el siguió subiendo su mano hasta llegar a mi vagina e hizo a un lado mi tanga y pudo sentir que ya estaba yo muy mojada y me acariciaba yo sabía que tendría un orgasmo ahí mismo por que era una sensación muy excitante sentir que otro hombre me estuviera tocando y no quería que ese momento terminara lo estaba disfrutando mucho deseaba montarme encima de el ahí mismo, en eso llego Javier, se sentó y puso una mano en mi pierna, nos encontró besándonos y manoseándonos y no me di cuenta cuando llego pero me sentí con mucha confianza y Raul no dejaba de dedearme, solo volteé y le dije

    -te gusta lo que vez?

    -Si, me encanta y a ti?

    -Si, creo que voy a tener un orgasmo aquí mismo

    Solo me dijo adelante con toda su aprobación y volví a besar a Raul, tenia la mano de mi esposó acariciándome la pierna y Raul seguía dedeandome y pronto me hicieron tener un orgasmo, todo mi cuerpo se estremeció quería gritar fue algo riquísimo, volteé a ver a mi esposo y le dije nos vamos?

    Nos levantamos y nos dirigimos a nuestro coche, me iba sentar en mi asiento y mi esposo me dijo segura que no quieres ir en la parte de atrás? dije ok te amo y le di un beso.

    En el camino seguí besando a Raul y me decía que ya tenía ganas de llegar que quería comerme todita, yo seguí muy caliente con ganas de que ya me hicieran suya los 2 y ahí en el auto fue donde no aguante mas y desabroche su pantalón de Raul y saque su verga y efectivamente tenía una verga grande y gruesa era como una verga de Cono, definitivamente era una verga diferente a la de mi esposo, ahí mismo me hinque en el asiento trasero y comencé a chupársela pero no me cabía toda en la boca era un poco mas larga que la de mi esposo algunos 4,5 centímetros mas larga, Raul me levanto el vestido y dejaba a la vista mis nalgas mientras me las agarraba, estoy segura que mi esposo iba teniendo un gran espectáculo por el retrovisor, llegamos pronto al hotel y mi esposo fue quien fue a pedir la habitación luego nos fuimos los 3, al entrar a la habitación abrace a mi esposo y comenzamos a besarnos en eso Raul se acercó por mi espalda y comenzó a besar el cuello era realmente excitante como pude perderme de ese momento tanto tiempo? mi esposo me tenía tomada de la cintura y Raul me acariciaba los senos, yo comencé a desabrochar el pantalón de mi esposo y le saque su verga y se la acariciaba después me gire y quede con los 2 a mi lado Raul a mi izquierda y Javier a mi derecha, gire mi cabeza para besar a Raul, seguía jalándole a mi esposo la verga y lleve mi otra mano para desabrochar el pantalón de Raul y el me ayudo, por primera vez tenía dos vergas hermosas en mis manos, mi esposo me besaba el cuello mientras yo seguía besándome con Raul y comencé a desabrochar los botones de la camisa de Raul y pasaba mis manos sobre su pecho y lo besaba luego volví a hacer lo mismo con mi esposo y ellos solos se despojaron de los pantalones era hermoso ver sus dos cuerpos desnudos frente a mi, ambos me ayudaron a despojarme de mi vestido solo me quede con mi sostén y tanga, después me hinque y comencé a chupar la verga de mi esposo y con mi mano atraje también a Raul y ahí tenía yo 2 vergas por primera vez frente a mi cara, chupaba una mientras jalaba la otra y después cambiaba y así estuve disfrutando de esas 2 hermosas vergas después me levante y nos fuimos a la cama, me besaba un rato con uno y luego el otro mientras los 2 pasaban sus manos por todo mi cuerpo después Raul se bajó y comenzó a hacerme un oral muy rico mientras yo besaba a mi esposo y me pregunta..

    -te lo chupa rico amor?

    -Sii muy rico amor, me gusta!!

    En eso Raul se levanta y acerca su verga a mi vagina y comienza a pasármela por encima y le pegaba a mi vagina con su verga yo quería gritarle ya metemelaaa estaba ansiosa por sentir su verga dentro de mi y poco a poco comenzó a meterla, su verga era muy gruesa yo ponía mi mano en su cintura para que lo hiciera despacio, podía sentir que trataba de entrar y luego la sacaba y otra vez iba abriendo camino que rico fue sentir como iba entrando esa vergota, yo solo agarraba la verga de mi esposo y me recargaba en ella y el me abrazaba, luego me gire para ver como me la estaba metiendo y le acariciaba sus huevos mientras me estaba cogiendo luego volteo de nuevo con mi esposo y vuelvo a chuparle su verga mientras me decía…

    -te gusta amor?

    -Sii muchooo

    -La tiene como la querías?

    -Sii amor esta muy rica, me encanta, así querías verme verdad?

    -Si amor, me encanta verte gozando.

    Esas palabras me ponían a mil mientras Raul me estaba dando una rica cogida, me tenía de costado con una pierna levantada y con su mano me acariciaba las nalgas, yo le decía que no parara, quería más, me encantaba sentir esa verga y yo la agarraba con mi mano mientras el la metía y sacaba, me siguió dando hasta que me hizo tener un fuerte orgasmo, me abrase de mi esposo y el me abrazaba mientras yo me retorcía de placer, Raul siguió cogiéndome despacito, yo estaba muy mojada y Raul me la sacaba toda y luego la volvía a meter luego la sacaba y le pegaba a mi vagina con su verga luego la volvía a meter, que orgasmo tan rico tuve en brazos de mi esposo y otro hombre cogiéndome, era mas rico de lo que nos habíamos imaginado en nuestras fantasías, Después Raul se quitó y yo me levante y me puse en la orilla de la cama para que mi esposo pudiera cogerme de a perrito, tenía a Raul acostado frente a mi, no cabe duda que mi esposo estaba muy excitado también con la situación, tenía la verga bien parada y me daba con fuerza, me apretaba las nalgas y de las caderas me sujetaba con fuerza, yo le daba mis nalgas, me arqueaba y movía mis caderas sentía sus huevos rebotar, mientas le mamada la verga a Raul, ayy no que ricura yo estaba en las nubes le chupaba toda la verga y sus huevos toda me la quería comer, mi esposo me tomaba por el pelo y me decía..

    -Así amor chúpasela todita, te gusta chupar su verga amor?

    -Yo con la verga en mi boca le contestaba que si uhumm

    -Tienes ganas de montarte en esa verga?

    -Sii, quiero sentir su verga venirse en mi

    -Y que esperas?

    Me dio una nalgada y me subí a la cama de nuevo y me puse encima de Raul, tome su verga con la mano y yo sola la lleve hacia la entrada de mi vagina, comencé a metérmela pero como les había dicho Raul tiene una verga como de Cono en cuando mas va entrando mas gruesa la vas sintiendo y tuve que irla metiendo poco a poco hasta al fin tenerla toda adentro de mi y movía mis caderas suavemente sin sacarme ni un centímetro me encantaba sentirla toda dentro de mi, después comencé a subir y bajar y poco a poco lo iba haciendo mas rápido, no sabía que todo eso me podía entrar, Raul también se movía conmigo, yo estaba muy mojada que podía sacarla y dejarme caer encima de esa vergota, Raul me agarraba los senos, mi esposo se paró a un costado y me agarraba mientras yo subía y bajaba en la verga de Raul, tome la verga de mi esposo y se la jalaba mientras yo montaba a Raul descontrolada era muy excitante, en eso siento que Raul está por venirse y me dice que se va a venir y yo le decía siiii asiii papito dame tu lechita dámela toda y Raul comienza a venirse dentro de mi, sentía su verga como aventaba chorros calientitos sentía que toda me mojaba y yo me movía más rápido para sacarle toda su lechita y el gemía de placer, después comencé a moverme mas despacio y miraba su cara de satisfacción y mi esposo me toma del pelo y yo le mamo la verga me la quería tragar toda después la saca y yo le ofrezco mi lengua y comienza a venirse algunos me los avienta en la cara otros en la boca, era la primera vez que me tragaba el semen de mi esposo y me gusto, le agarre la verga y seguí chupándola, caímos los 3 rendidos en la cama yo en medio de los 2 y seguía sobando ambas vergas una en cada mano, ellos me seguían acariciando, después de estar unos minutos así Raul se levantó…

    -Les molesta si me echo un baño?

    -No para nada adelante

    -El baño parece ser grande y tiene una tina amplia por si gustan venir

    -Jajaja gracias lo tendremos en cuenta, dejas la puerta abierta le dije

    Mientras tanto yo seguí abrazada de mi esposo quien me preguntó si había disfrutado del momento y le dije que si, me gustó mucho la pase muy rico y tu como la pasaste?

    -también a mi me encanto, disfrute mucho mirándote

    -Que te gusto mas?

    -Todo, me encanto verte tomando ambas vergas y ver como las disfrutabas y también cuando se vino dentro de ti, se ve que te encanto sentirlo como se venía dentro de ti

    -Ayyy sii fue riquísimo sentir como se venía dentro de mi, gracias de verdad me encanto tener ambas vergas en mi cara y chuparlas me sentí muy afortunada de tener el mejor marido porque siempre me complaces y mas hoy que pude tener esas dos hermosas vergas para mi solita

    Qué bueno que te gusto, lo vas a querer repetir después?

    -Ahorita te diría que por supuesto que si jajaja pero no lo sé, Raul se comportó muy bien y me hizo sentir en confianza pero no sé si me anime después a volver a hacerlo no sé si este bien seguir o que ahí quede ya como una bonita experiencia que pasamos juntos.

    Desde la cama podíamos ver a Raul cuando se metió a la ducha era un baño con puertas de vidrio y efectivamente dejo la puerta abierta pero completamente abierta jajaja así que podíamos verlo perfectamente a través de la puerta de vidrio, se metió y solo dejo caer el agua de la regadera sobre él y nosotros platicábamos y a la vez lo veíamos, me encantaba verlo como se bañaba yo solo había tenido esas imágenes con mi marido así que le dije a mi esposo si lo acompañábamos en la regadera y me dijo…

    -por que no vas tu sola mejor y yo desde aquí los veo

    -Estas seguro?

    -Si claro mira la panorama desde aquí es muy buena, no te gustaría ir a enjabonarlo?

    -Si si me gustaría pero y si se le para de nuevo?

    -Pues mucho mejor, mi espectáculo va a ser mas agradable, voy a disfrutar mucho viéndote

    -Jajaja ok entonces voy a darte un show para que disfrutes como me como esa vergota que se carga

    -Jajaja me encantas, anda ve y disfrútalo que yo también lo voy a disfrutar

    Nos dimos un beso me levante y fui al baño, abrí la puerta, me acerqué hacia el e inmediatamente nos abrazamos, le di un beso, pase mis manos sobre su cuerpo y el pasaba sus manos sobre el mío me dice…

    -Que tal tu cumpleaños? como la pasaste?

    -(Jajaja ya se me había olvidado que era mi cumpleaños) la pase riquísimo y lo volvía a besar

    -Yo también la pase genial, que suerte tuve de conocerlos

    -Y nosotros a ti

    Seguíamos con los besos mientras yo pasaba mis manos sobre su verga y el acariciaba mis senos luego me besaba el cuello y después besaba mis senos mientras yo seguía acariciando su verga después me hinque y comencé a chupársela, la tenía semi flácida, podía meterla toda en mi boca, me la metía toda y luego la iba sacando poco a poco apretándola con mi lengua y mis labios, luego me la volvía a meter toda mientras él me agarraba del cabello y hacia un leve movimiento como cogiéndose mi boca, que rico era sentirla así que aunque estaba flácida seguía estando gordita pero poco a poco se le fue parando de nuevo y yo iba sintiendo como su verga iba creciendo en mi boca, luego la sacaba y comenzaba a jalarla y otra vez la chupaba, cuando ya la tenía parada otra vez me levanto me dio un beso y me volteo, puse las manos sobre la pared me arqueaba para ofrecerle mis nalgas, desde adentro del baño no podía ver bien hacia la recamara pero seguro que mi esposo estaba viendo como me entregaba a Raul, él se agacho y comenzó lamberme toda, me lambía mi vagina y mi culito me comía toda y yo levantaba mas mis nalgas para que siguiera comiéndose todo y comencé a gemir de placer, luego se levantó y me pasaba su verga entre las nalgas y luego sobre mi vagina y le daba golpecitos a mi vagina con esa vergota y comenzó a meterla poco a poco hasta que al fin la tenía toda adentro yo comencé a mover mis caderas, mis gemidos comenzaron a ser mas fuertes aparte no me cohibí para que mi esposo pudiera escuchar lo rico que la estaba pasando, Raul comenzó a bombearme con mas fuerza sentía sus huevos chocar, yo también me movía me encantaba estar dándole mis nalgas pero quería ver a Javier así que abrí la puerta para poder verlo y al fin pude verlo estaba recostado con la verga parada con cara de satisfacción, le hice una seña para que viniera, entro al baño se acercó y tome su verga, se la comencé a jalar, Raul paso su mano por enfrente a sobarme mi vagina mientras me estaba cogiendo en esa posición y ahí mismo me hizo tener otro orgasmo, Raul también sintió venirse y saco su verga, me voltee e inmediatamente me hinque y comencé a jalar su verga y le decía aviéntame tu lechita papacito y comenzó a venirse en mi cara, tenía su verga en mi mano viendo como me aventaba su semen, se la volví a chupar hasta dejarla limpiecita, volteé y comencé a chupársela también a Javier quien no tardo también en venirse en mi cara.

    Es fue la noche mas loca sexualmente que he tenido, nunca la voy a olvidar, Después nos terminamos de asear nos vestimos y nos ofrecimos a llevar a Raul a su casa, en el trayecto hablamos de lo bien que la pasamos esa noche y al bajarse Raul del auto nos dejó un papel con su número de teléfono y nos dijo

    -Les dejo mi numero por si les gustaría que salgamos otro día a tomar un par de copas, me dio mucho gusto conocerlos

    Lo tomamos y dijimos claro lo tendremos en cuenta, esa noche caímos rendidos y los días siguientes transcurrieron como cualquier día, claro que volvimos a recordar mi esposo y yo esa noche pero no nos trajo ningún problema de hecho creo que fortaleció mas nuestra relación y confianza, en ocasiones cuando hacíamos el amor y fantaseábamos metíamos en nuestras fantasías el nombre de Raul y la pasábamos de maravilla, mi esposo me preguntaba si me gustaría volver a hacerlo y le dije solo se me antoja volver a hacerlo cuando fantaseamos mientras hacemos el amor pero luego se me pasa, como al mes llamamos a Raul solo para saludarlo, tal vez en alguna otra noche de locura lo llamemos pero por ahora estamos muy bien así.

    Espero les haya gustado mi relato, ya les contare en otra ocasión si volvemos a encontrarnos.

    Me encantaría leer sus comentarios, les ha pasado lo mismo? Tienen la misma fantasía? Yo estoy contenta de contárselos necesitaba contárselo a alguien y no me animo a contárselo a mis amigas. Saludos!

  • El desahogo de una esposa frustrada

    El desahogo de una esposa frustrada

    Déjenme contarles lo sucedido y el porqué ocurrió. Para ese momento llevaba casada casi doce años con un hombre con quien sólo me uní en matrimonio por haber quedado embarazada de él por descuido. Entiendan esto por favor, realmente no estaba enamorada de Joel pese a estar casada con él, tómenlo en consideración antes de juzgarme, ¿okey? Fácil es tacharme de traidora o algo peor, pero consideren mi situación y pónganse en mis zapatos. Como mujer me sentía necesitada de pasión en mi vida, y ya llevaba años así.

    Pese a lo dicho anteriormente yo me esforzaba, créanme, lo hacía. Siendo nuestro aniversario, esa mañana me había levantado con el firme propósito de celebrarlo con mi marido pasionalmente. Tras bañarme me vestí con la lencería color rojo que previamente había comprado justo para tal evento. Me peiné y maquillé con cuidado, matizando mis líneas de expresión y resaltando mis mejores rasgos. Luego de eso un último detalle; me dispuse a colocarme un expansor anal que había adquirido por internet en una tienda de artículos eróticos, me pareció un curioso accesorio sexual que me excitó con la sola idea de usarlo, y creí que a él también le provocaría lo mismo; es decir, pensé que a Joel le excitaría el vérmelo puesto.

    Al introducírmelo me produjo múltiples sensaciones que me hicieron sentir entusiasmada, no me sentía así desde mis primeros escarceos sexuales. Usé lubricante, por supuesto, y me lo metí con cuidado y paciencia, poco a poco, no estaba acostumbrada a introducirme cosas por allí la verdad. Una vez lo conseguí limpié el área y acomodé el diamante figurativo en forma de corazón que aquel “tapón” tenía en la parte que permanecería al exterior. Lo giré de tal modo para que quedara derecho y a la vez no me lastimara su vértice al caminar.

    Luego de salir del baño fui hacia mi esposo dispuesta a despertarlo. Era domingo y Joel seguía aún dormido. Con unas palmaditas lo desperté y luego lo besé.

    “Feliz aniversario”, le dije.

    Despertó perezosamente no entendiendo del todo mis palabras.

    “¿Aniversario?”, preguntó aun bostezando.

    Era evidente que lo había olvidado.

    Tras excusarse por el olvido, achacándolo al cansancio del trabajo, de llevar a los niños a sus actividades, y de realizar tareas de la casa, se volvió a dormir. ¡El muy cabrón se volvió a dormir!

    Ni siquiera había mostrado entusiasmo por hacerme el amor.

    Viéndolo ahí durmiendo plácidamente me embargó un sentimiento de frustración, de insatisfacción total de mi vida. Ya íbamos para doce años de matrimonio y si así iba a ser lo que restaba de mi existencia eso me deprimía y mucho. Mientras que yo me había esforzado y preparado para mejorar nuestra relación, a pesar de todo, Joel ni siquiera se interesaba. Era el colmo.

    No podía entender por qué mi esposo no me devoraba en la cama como tantos hombres lo hacían tan solo con la mirada. Siendo de amplias caderas y muslos rollizos siempre he atraído las miradas de los hombres, soy consciente de ello. Estoy caderona, pa’qué negarlo, y gracias a ello llamo mucho la atención. Y de verdad, cuando voy de compras al mercado de la colonia son habituales los chiflidos y los “piropos” que más de un hombre me hace, y sino por lo menos no dejan de mirarme los muslos y las caderas. Cada que salgo a la calle puedo sentir esas miradas escudriñando mi cuerpo, y no voy a negar que lo disfruto. Sentir ese placer de llamar la atención, siendo honesta, me gusta.

    Pero se los juro, desde que me casé nunca le fui infiel a mi marido, a pesar de todo, por lo menos hasta que aquello pasó.

    Un día, mientras llevaba a mis niños al karate, me topé sorpresivamente con Adela. Ella y yo habíamos sido muy amigas desde la secundaria, sin embargo nuestra amistad terminó cuando la descubrí teniendo relaciones sexuales con Guillaume. Él era un chico sin duda atractivo que desde que lo conocí me cautivó. De ascendencia extranjera, destacaba de los otros chicos que conocía en aquellos años no sólo por ser muy guapo, sino por lo que más me fascinaba, su notoria madurez. Obvio me hice su novia y quedé prendada de él. Era el hombre de mi vida, soñaba con casarme con él algún día; no necesitaba a nadie más. Pero me llevé la amarga sorpresa de encontrarlo chingando con mi mejor amiga. Luego de pelearme con ambos nunca más les hablé. No quise saber más de ellos, me habían traicionado.

    Por mucho tiempo culpé a Adela incluso de haber terminado casada con Joel, ya que luego de mi ruptura con Guillaume tuve sexo con muchos por despecho; lo hacía casi con cualquiera. De tal forma que entre sexo y sexo quedé embarazada de él, Joel, todo un pelmazo quien ni conocía bien ni mucho menos amaba. “De no haber sido por ella —me decía— hubiera sido tan feliz con Guillaume”.

    Por tanto en ese instante que la volví a ver traté de hacerme la disimulada, no quería ni dirigirle la mirada. Hice como si no la hubiese visto, pasé de largo. Sin embargo Adela vino directo a mí llamándome por mi nombre, así que no tuve más remedio que reconocerla. Me saludó como si nada, como si no hubiese ocurrido nada entre nosotras.

    Adela me invitó a tomar algo y yo no supe cómo negarme así que fui con ella mientras mis niños estaban en su clase.

    “Vaya que han pasado los años, pero tú sigues igualita”, me dijo cortésmente.

    “No digas eso, soy mamá de dos, no puedo seguir igual. Pero tú sí que te ves muy bien”, le respondí. Y la verdad es que su apariencia era digna de pasarela. Lucía un traje sastre elegante cuya blancura le daba altivez a su esbelta figura. Yo vestida del diario me sentí apocada ante su elegancia.

    Luego nos pusimos al tanto de nuestras respectivas vidas. Le comenté que estaba casada y que mis hijos tenían seis y once respectivamente.

    “¿Y tú… te casaste?”, le pregunté con miedo a su respuesta, pues temía que ella y Guillaume hubieran terminado juntos.

    “Sí, estoy casada”, me respondió.

    Pero para mi tranquilidad me comentó que se había casado con un hombre llamado Santiago, un empresario. Sonreí, supuestamente feliz por ella pero en realidad llena de esperanza al saber que el amor de mi vida no se había casado con la que fuera mi mejor amiga. Quizás incluso seguiría soltero; ya sé, sólo me ilusionaba. A estas alturas sería difícil que él se interesara en mí.

    “¿Y sabes algo de Guillaume?”, no me aguanté y se lo pregunté directamente.

    “Pues le ha ido muy bien. Tiene suerte en los negocios”, me respondió.

    “Ah, entonces… aún lo frecuentas”, aclaré.

    “Sí, de hecho mi esposo y él son socios”.

    El sólo hablar de él me hizo sentir entusiasmada. Lo imaginaba tan guapo como lo recordaba y quizás más interesante.

    Mientras Adela continuaba hablando yo rememoraba el momento en el que Guillaume me había desvirgado. A decir verdad el fue el primero en hacérmelo. Plenamente vigoroso, después de arrancarme prácticamente de un tirón mis ropas, me penetró de un solo empellón. Él, a diferencia de otros hombres antes, no desistió pese a mi propia resistencia. Con otros normalmente, luego del faje, los detenía no dejándolos ir más lejos pues aquello me daba miedo, pero él no se detuvo. Aquel instante quedó para siempre grabado en mi memoria. Si bien fue dolorosa la primera vez también fue memorable pues Guillaume sí era un hombre que no sólo buscaba su propia satisfacción, sino que sabía brindarla, y así lo hizo. Con aquel muelleo propio de la cópula me hizo sentir como nadie nunca. Él sí tenía brío. Ambos nos movimos con una coordinación natural, con movimientos como si los hubiésemos ensayado tiempo antes. Nuestro acoplamiento fue perfecto. Era indudable que éramos el uno para el otro, de no haber sido por Adela… pensé en aquel momento saliendo abruptamente de mi ensoñación. Al tenerla delante de mí me llené nuevamente de aquella furia que amargaba mi existencia desde aquellos años. Sin embargo sus palabras me hicieron cambiar de emoción.

    “…por cierto, Guillaume nos ha invitado a conocer su nueva propiedad. Es una casa en la provincia. ¿Por qué no nos acompañas? Vamos a ir este fin de semana. Estoy segura de que Guillaume se sentirá muy contento de volverte a ver”, me dijo Adela.

    «¿Este fin…?», pensé y me quedé en silencio por un momento, no sabía qué responder. Me había tomado por sorpresa. En mi mente varios pensamientos se agolparon, mi resentimiento con Adela; mi responsabilidad para con mis hijos, pues justo ese fin había quedado de participar como monitora en una excursión escolar a la que ambos irían; la casa; mi marido…, en fin, todo aquello era una borrasca que inundó mi cabeza en aquel instante. Al final ganó lo inevitable, mi deseo sexual pues en ese momento tomé consciencia de que si me pasmaba por mi incertidumbre perdería la oportunidad de cumplir mi felicidad. Mi satisfacción estaba en mis propias manos. Desde aquel instante tomaría las riendas de mi vida, yo pensé.

    Aún no sabía cómo explicaría mi viaje a mi marido y ya estaba en la farmacia comprando preservativos pues quería ir bien preparada. Compré también un fino perfume, ese detalle seguramente sería mejor apreciado por aquél que mi marido. Luego, al llegar a casa preparé maletas. Inmediatamente metí el juego de ropa interior sexy que había comprado para mi aniversario. Nunca había hecho semejantes preparativos y el sólo hacerlo me emocionaba.

    Nadie me había cogido como él, pensaba mientras preparaba todo.

    Cuando escuché la llegada de mi marido yo aún no sabía que coartada le daría para explicar mi ausencia. Al final tuve una inspiración.

    “Joel, iré a visitar a mi tía Inés pues mamá me ha dicho que ha estado muy enferma”, Joel ni la conocía así que confié en que eso funcionaría y así fue. Por primera vez me alegraba la estupidez de mi marido quien muy incauto aceptó mis palabras.

    Días más tarde me despedía de Joel y de mis hijos antes de abordar un taxi que supuestamente me llevaría a la terminal de autobuses, no obstante, ya una vez abordo, le di instrucciones al chofer para que me llevara a la dirección que Adela me había dado.

    Al llegar pude darme cuenta que mi amiga vivía en una auténtica residencia. Ahí me presentó a su marido, Santiago, quien resultó ser una persona verdaderamente agradable.

    Poco después salimos en su coche. El viaje resultó muy entretenido gracias a las anécdotas contadas por Santiago. Por sus palabras pude darme cuenta que él y Guillaume realmente eran amigos desde hacía años y que éste había tenido éxito en la vida.

    Llegamos a la casa y era una amplia finca muy hermosa. Estaba a las afueras de un pueblito bastante pintoresco. Una enorme puerta automática se abrió permitiéndonos la entrada y Guillaume salió a recibirnos.

    Me sentí extraña al encontrarme de nuevo con él. Había cambiado, sin duda, pero era evidente, de acuerdo a la expresión de sus ojos y el efusivo abrazo, que aún se acordaba de mí.

    “Hueles delicioso”, me dijo.

    Tras la comida y una breve plática, Adela y Santiago decidieron ir a conocer el pueblo, dejándonos a Guillaume y a mí solos.

    No tardó mucho en acercárseme y rodear mi cintura con su brazo. Moví la cabeza hacia él y nuestros labios se unieron, al principio dulce y suavemente pero mientras rodeaba su cuello con mis brazos, nuestras lenguas empezaron a buscarse y nuestros cuerpos se unían más y más. Sentí la presión de su sexo contra mi cuerpo. Él comenzó a susurrarme palabras de amor recordando nuestros encuentros del pasado.

    “Te deseo con toda mi alma”, le dije francamente y sus manos se cerraron sobre mi trasero apretando muy fuerte mis nalgas, con tal gesto sabía que él me correspondía.

    Mis entrañas palpitaban de deseo y mis ojos se clavaron en los suyos.

    “Mi vida… ¡te he extrañado todos estos años!”, me dijo y al escucharlo me sentí completa después de tanta desilusión.

    Entonces, como en un sueño, me sentí transportada en sus brazos hasta una de las recámaras. Sus manos no dejaban de estrujar mis nalgas y posteriormente mis tetas sobre la tela de mi ropa.

    Ya en la cama me fue desnudando lentamente, deteniéndose para admirar cada uno de mis tesoros, según él les llamaba a mis atributos enmarcados por la lencería roja. A mi esposo no le había provocado nada y a este hombre le embelesaba. Sus dedos se movieron entre mis muslos en busca de mi ansiosa vagina que ya la sentía húmeda. Sólo mi ropa interior separaba sus manos de mi deseosa vulva.

    Guillaume se desvistió y yo lo admiré ansiando lo que vendría. Su cuerpo estaba bien tonificado demostrando que se mantenía activo físicamente.

    “¡Jesús, qué verga!”, exclamé sin poder contenerme cuando aquél se bajó el calzón.

    Casi me había olvidado de lo grande que era. La roja e hinchada cabeza me apuntaba como si me estuviera mirando por su pequeño orificio.

    Él rió del espontáneo comentario y yo también al tomar consciencia de haberme referido a su sexo con tal palabra que hacía años no utilizaba. Con mi esposo no se me hacía natural llamarle así a su pene, no sé por qué, como que me sentía incómoda. Pero ahora ante Guillaume me sentí otra, una mujer liberada.

    Guillaume me bajó la prenda que cubría mi sexo y miró amorosamente mi raja femenina que ya emanaba una suave crema. Con ternura pasó un dedo a lo largo de la entrada y eso bastó para sentirme en las mismas puertas del paraíso.

    Apeteciéndolo me abrí de piernas ahí sobre la cama y lo invité a penetrarme.

    “¡Métemela! ¡Por Dios, cógeme con todas tus fuerzas!”, expelí suplicante y enardecida a la vez. Lo necesitaba. Él era hombre y yo mujer, eso era lo único que en ese momento importaba.

    Su cuerpo cubrió el mío y sentí cómo su enorme y dura verga entraba hasta el fondo de mi sexo, mientras sus manos jugaban con mis pechos. Guillaume empezó a bombearme lujuriosamente, tal como lo recordaba, con aquel ímpetu que yo tanto ansiaba. En tan sólo unos instantes me invadieron los espasmos del primer orgasmo. Mis uñas se enterraron en su varonil espalda y él no emitió queja alguna.

    Aun temblaba por la salvaje venida cuando aquel masculino ser me levantó de la cama y, cargándome, me recargó contra la pared y allí continuó dándome verga. Tras minutos que parecieron horas, el hombre que tanto había deseado, sin muestras de cansancio, me miró a los ojos y me preguntó: “¿Me puedo venir dentro?”.

    Fue hasta ese momento que me di cuenta que pese a prevenirme llevando condones no los había utilizado. La caja de preservativos yacía en mi bolso, los había olvidado por completo. Dejándome arrastrar por la pasión ni siquiera le había pedido que usara protección. No es que temiera que me fuera embarazar, ya hubiera querido que él hubiese sido el padre de mis hijos, pero debí haber actuado con precaución, más que nada para prevenir alguna enfermedad; si de casualidad me llegara a contagiar de algo ¿cómo se lo explicaría a mi esposo? De cualquier forma para ese momento no me importó y acepté su simiente asintiendo y besándolo apasionadamente.

    Inmediatamente sentí su chorro inundándome por dentro con un calor que casi quemaba pero que sin embargo era placentero. Su cuerpo temblaba mientras su miembro se vaciaba dentro de mí depositando hasta la última gota de su pegajoso néctar en mis entrañas.

    Permanecimos inmóviles durante unos minutos disfrutando de nuestra unión en aquel bendito momento. Nos susurramos palabras de amor que evidenciaban nuestros sentimientos. Palabras que yo nunca le oí pronunciar a mi esposo.

    Luego, mientras yo reposaba en el lecho, Guillaume caminó hasta la terraza y miró al exterior. Mientras veía su desnuda masculinidad me pregunté si aquel hermoso macho estaría comprometido con alguien, si habría alguien especial en su vida, si amaría a alguien, si me amaría a mí acaso, o si todo esto sólo se trataba de sexo.

    Él regresó hacia mí muy sonriente.

    “Adela y Santiago ya volvieron”, me dijo y luego me besó.

    Yo me disponía a reincorporarme pero él me detuvo.

    “No te preocupes, ellos no nos molestarán, saben que ésta es como su casa, sabrán cómo ponerse cómodos”, dijo Guillaume.

    Al mismo tiempo que él me seguía besando yo estiré mi brazo y alcancé su verga dormida. La tomé con ternura y la metí en mi boca, paladeando su sabor salado, producto de la mezcla de nuestros amorosos jugos. Poco a poco sentí cómo su carne reaccionaba a mi acción e iba creciendo entre mis labios.

    Guillaume se dejó caer boca arriba en la cama, mientras yo me acomodaba entre sus piernas y mis manos acariciaban sus duros huevos. Mi cabeza subía y bajaba metiendo la verga hasta el fondo de mi garganta.

    Tan ocupada estaba yo en aquella labor que no escuché cuando la puerta de aquella habitación se abrió para dar paso a Adela y a Santiago, quienes en silencio empezaron a desvestirse.

    Concentrada en devorar aquella gruesa carne, me sorprendí al darme cuenta de que otra verga se restregaba a la entrada de mi vagina buscando entrar en mi aún empapado túnel.

    Sorprendida, me detuve y la verga de Guillaume se deslizó fuera de mi boca cuando me giré para enterarme de lo que ocurría detrás de mí. Vi a Santiago sonreír con complicidad mientras sus manos me tomaban por las caderas y más de la mitad de su miembro ya estaba dentro de mis entrañas. Por un momento estuve tentada a gritar, pero las ondas de lujuria en mi cuerpo eran tan intensas que no pude articular palabra. Aprisioné la lanza de Santiago en mi intimidad y volví a meterme el pene de Guillaume en la boca.

    Levantando la vista pude atestiguar como Adela se encaramaba en la cama y, de espaldas a mí, se arrodillaba de tal forma que la cabeza de Guillaume quedaba entre sus desnudos y abiertos muslos. Ella continuó agachándose hasta que su pelambrera hizo contacto con la boca de Guillaume. Casi le muerdo el sexo a mi amante al ver como su lengua empezaba a entrar y salir de la vagina de mi amiga. En ese momento, mientras tenía un macho metiéndomela atrás y la esposa de éste le brindaba la vagina al hombre cuyo pene yo mamaba, me creí transportada a un mundo de depravación total, y me sentí como pez en el agua.

    La verga de Guillaume dentro de mi boca se ponía cada vez más dura, más gruesa, y el placer entre mis piernas se incrementaba con las arremetidas de Santiago, quien tenía sus dedos prácticamente enterrados en mis caderas. Exprimí la verga de Guillaume succionándolo con toda la fuerza de mis pulmones, hasta que, con un gemido, su esperma se disparó dentro de mi boca. La espesa crema me llenó tanto que se me escapaba por las comisuras de mis labios.

    Me estremecí y me tragué su simiente para luego seguir chupándolo del falo, mientras contemplaba a Adela quien meneaba las nalgas sobre la cara de Guillaume. En ese momento otra oleada de semen me bañó ahora en mis entrañas, cuando Santiago se dejó caer sobre mi espalda con su mandarria bien metida hasta lo más hondo de mí.

    Todos quedamos exhaustos, tendidos sobre aquella enorme cama en la que cabíamos sin problema. Me sentía en las nubes, estaba totalmente embelesada habiéndome transportado al verdadero paraíso. De pronto escuché sonar el timbre de mi celular y aquel sonido me trajo de nuevo a la tierra.

    Como el aparato estaba en mi bolso, el cual había dejado en el salón, corrí hasta allí aún desnuda. Al hallarlo me di cuenta que la llamada venía de mi hogar. Tragué saliva y contesté.

    “Hola”, dije un tanto nerviosa.

    “Ah sí, ya hace rato que llegué, disculpa que no te había hablado es que…”, le di cualquier pretexto a mi esposo.

    Luego me informó que Sergio, nuestro hijo más pequeño, había tenido un accidente durante la excursión, una luxación al meter su pie en un agujero.

    Me preocupé, por supuesto. Pero él me dijo que no había porque alarmarse. Que había sido atendido y ya estaba en casa.

    Tras hablar con mi esposo hablé con mi hijo y me sentí culpable. Adela, notando mi estado, vino hacia mí y se sentó a mi lado. Debo confesar que una oleada de pensamientos me llenó de angustia. ¿Acaso había hecho algo terrible sólo por…?

    Le expliqué lo ocurrido y ella me reconfortó.

    “No te angusties, tú no has hecho nada malo. Mira, lo que hicimos aquí es tan sólo una fiesta privada, tú no estás perjudicando a nadie por disfrutar de tu cuerpo, de tu vida. ¿Recuerdas cuando te enojaste conmigo y con Guillaume? No pongas esa cara, no creas que te lo reprocho, es sólo que nunca te pude explicar que entre él y yo no había más que una franca amistad. Es cierto, tuvimos sexo, pero nunca hubo un interés para quedarme con él ni mucho menos por perjudicarte.

    Sólo éramos dos amigos teniendo sexo. No somos cosas que le pertenecemos a los demás, somos personas que disfrutamos de nuestros cuerpos, y así somos felices. Tú no le perteneces a tu marido, eres una mujer maravillosa, necesitada de amor como cualquier ser. Todos tenemos derecho de vivir y disfrutar del placer. De hecho ver a alguien disfrutar de ese mismo placer, ver el gozo en alguien más, le hace sentir bien a una, ¿o a ti no te pasa lo mismo? Hay que disfrutar de nuestra sexualidad más allá del yugo matrimonial. De ese yugo que impone la presión social, esa misma que te impuso casarte con un hombre a quien no amas sólo por el hecho de haber quedado embarazada.

    Dime que has ganado con serle fiel al imbécil de tu marido. Tú misma me has contado cómo no ha sabido valorarte. Piensa en lo que te has perdido sólo por serle fiel a un hombre que no te aprecia. Joel debería estar agradecido por tenerte a su lado —me dijo y me vio con tal ternura que yo sonreí—.

    En cuanto a lo ocurrido con tu hijo piensa que de cualquier manera aquello habría sucedido, son cosas que suelen pasar, no siempre puedes estar al pendiente de cada paso que dé en la vida, ni es posible que permanezcas a su lado todo el tiempo. Tú no has sido la culpable”.

    Así me consoló Adela, quien demostraba ser mi amiga realmente.

    Adela me abrazó y me besó con cariño, y yo le correspondí abrazándola como en aquellos años que nos confiábamos todo. Me sentí respaldada, apreciada. Después noté que ella fijaba su atención en alguien detrás de mí. Cuando volteé me di cuenta de que se trataba de Santiago, su marido, quien traía su verga tan erecta que parecía un gancho apuntando al techo.

    Santiago colocó su pene a unos centímetros de mi cara y me quedé apreciándolo por unos segundos. A decir verdad era la primera vez que lo veía, pues aunque antes lo había resguardado en mi intimidad no había tenido el gusto de conocerlo primero.

    Estaba a punto de metérmelo en la boca cuando el pudor me detuvo al ser consciente de que mi amiga, su esposa, estaba a lado mío.

    “No, no puedo”, le dije a Santiago mirándolo hacia arriba.

    “No te preocupes por mí, yo estaré muy ocupada con Guillaume como para ponerme celosa”, me dijo sonriente Adela.

    Se levantó, dispuesta a regresar a la recámara con Guillaume.

    “Ahora prepárate, que mi marido te va a dar verga”, dijo y abandonó el salón meneando sus nalgas sensualmente, con la seguridad que le caracterizaba.

    En ese momento me di cuenta que ya no sentía celos al saber que ella fornicaría con quien consideraba el amor de mi vida, el hombre a quien yo tanto amaba. Y es que los amaba a ambos después de todo.

    Santiago, tomándome de ambos brazos, me levantó, me giró y me indicó que me hincara sobre el sillón en tal posición que, bien empinada, quedaba con el culo en alto, como si se lo estuviera ofrendando. De pronto sentí la punta del miembro de Santiago. Me sorprendí, hacía mucho que no lo hacía por ahí. El marido de Adela estaba por penetrarme analmente y mi hueco cloacal lo esperaba temeroso.

  • A ciegas

    A ciegas

    -¡Hoy es el día! -Gritó Sarah mientras se lanzaba a los brazos de Matt, quien aún tenía la cara hinchada y los ojos entrecerrados. Despertarse siempre fue un suplicio, pero si lo hacía junto a Sarah era todo lo contrario.

    Sarah no había podido dejar de pensar en qué pasará cuando llegue a casa, llevaba un día muy estándar en el trabajo, un tanto despistada, normal, su mente estaba intentando adivinar cual era la sorpresa que Matt le había preparado.

    Matt le había propuesto un nuevo juego, tenían que aguantar 2 semanas sin tocarse, ni entre ellos ni a ellos mismos. Y para el día final prepararía algo especial.

    Hasta ahora solo había recibido 4 pistas:

    1. Llevar ropa a la que no tengas mucho aprecio.

    2. Estar el sábado 24 a las 21:00 en casa.

    3. No llevar pulsera.

    4. “No habrá nadie que pueda oírnos…”

    Por fin llegó a casa, abrió la puerta y allí le recibió Matt, con una copa de vino espumoso…

    -Relájate amor… ya está todo preparado, cuando quieras empezamos.- dijo Matt mientras Sarah daba unos sorbos.

    -Amor… llevo dos semanas deseando que llegue este momento, ¡¿qué has preparado?! -Preguntó Sarah impaciente.

    -Ponte esto y disfruta… – susurró Matt dándole un antifaz.

    Matt le quitó los tacones mientras se ponía el antifaz. Todo oscuro, eso le creaba una sensación extraña, un tanto vulnerable, pero a la vez con el resto de sentidos alerta, sintió la mano de Matt subiendo por su pierna izquierda mientras se erguía, y sin decir nada agarró su mano y un tanto brusco la empezó a guiar por lo q ella pensaba que era el pasillo hacia el dormitorio.

    De repente se frenó y notó la respiración cerca de sus labios, lanzó un beso pero no encontró la respuesta que esperaba. Le obligó a levantar sus manos y las ató en algo que seguramente colgara del techo de la habitación.

    Aun con los pies en el suelo se sentía suspendida en el aire, en cierto modo. Notó los labios de Matt recorrer su cuerpo hasta llegar a su oreja y dar un leve mordisco. Acto seguido escuchó como todos los botones de su blusa se rompían y caían al suelo, notó el frio del desnudo en su torso, su piel se erizó, no tanto por la temperatura si no por la sorpresa.

    Los dedos de Matt dibujaban un camino por su cuerpo, sabía que la estaba abrazando desde la espalda, notaba su respiración en la nuca, y sus manos desabrochando el botón de su pantalón negro, ese que le queda ajustado pero le encanta las piernas que le dibujan. Bajó bruscamente y sintió el frio en su piel de nuevo. Esta “brusquedad” le estaba empezando a gustar…

    Los labios de Matt recorrían sus piernas hacia su torso, las manos apretaron sus nalgas desprevenidas, lo cual le hizo dar un leve salto hacia delante, supuso que eso le había acercado más a Matt que debía estar delante de ella aun a media altura, pues notó como comenzó un camino de besos desde su bajo vientre, pasando por su pecho hasta llegar a su boca, sintió sus labios y la mano que agarró fuerte su pelo para hacer de ese beso algo más intenso, beso que terminó con un mordisco al mismo tiempo que le desabrochaba el sostén rojo con encaje, liberando así sus pechos al placer de Matt.

    Pronto notó las manos de Matt en su pecho, apretando por un momento y soltando un suspiro como de autocontrol. Sintió como sus brazos se liberan del techo y se desprendía de la blusa y el sujetador. La guio unos pasos mientras acariciaba su cuerpo, lo sintió frente a ella y de pronto un cálido beso, suave, tranquilizante… de la nada un empujón hacia atrás, se le escapó un grito y calló de espaldas en lo que debía ser la cama.

    Sin tiempo de reacción su mano izquierda estaba ya atada y la derecha ya estaba en proceso. Se vio desde arriba allí, con los brazos en cruz, solo tapada por unas braguitas rojas. Ya había jugado a atarse cuando estaba estudiando, pero nunca había sentido esa sensación de entrega como la de ahora, ya no es dueña de si misma, cada centímetro de su piel está a la merced de Matt.

    Sintio el calor de Matt al colocarse sobre ella, aunque no lo estaba tocando, sabía que estaba ahí. Ese calor fue bajando por el pecho hasta su entrepierna, las piernas le empezaban a temblar, el no saber que va a pasar la estaba volviendo loca. Sintió un roce sobre lo que le quedaba de ropa, estaba muy acalorada, llevaba 2 semanas deseando sentirlo y ya no puede aguantar, impulsivamente trató de llegar con sus manos a Matt, pero eso solo sirvió para recordarse que estaba atada. Quería quitarse todo ya y sentir su amor dentro para poder viajar juntos al nirvana.

    -¡Quítamelas ya! -gritó poseída por el deseo.

    Como respuesta solo escuchó el rasgar de una tela, y otra vez ese golpe de frio. Las ha arrancado, aun sentía un elástico apretando su muslo derecho, pero sabía que estaba completamente desnuda. De nuevo sintió los labios de Matt, pero esta vez rozaban otros labios, no pudo evitar el gemido y el temblor de todo su cuerpo, esta sensación de sorpresa iba a hacer que explotara ya. De pronto paró.

    -No puedes irte sin mi permiso lo sabes ¿no?

    Trató de ponerse tensa para evitarlo, peto si seguía un poco más ya no podría parar.

    Por suerte paró y sintió como el calor de Matt volvía a subir por su cuerpo, algo rozaba su mejilla y su olfato mandó un escalofrió a todo su cuerpo. Sin dudarlo la buscó con la boca, estaba deseando sentirla, gozarla, saborearla.

    Escuchó gemir de puro placer como solo ella lo conseguía en Matt, hasta que se retiró de ella. La había notado tan dura que casi tiene un orgasmo.

    Separó sus piernas, había notado la palpitación de él, por primera vez sabía lo que iba a pasar y lo estaba esperando con deseo. Lo sintió entrar, con facilidad, su cuerpo necesitaba eso desde hacía mucho y no puso ningún impedimento. La notaba palpitar, se notaba palpitar, no iba a tardar en llegar e iba a ser colosal.

    -Puedes correrte… -dijo Matt entre vaivén y con la voz agitada.

    Y Los dos explotaron en un torbellino de emociones incontrolable.