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  • Hermanos (Parte III)

    Hermanos (Parte III)

    Tercera parte y última donde Eva empieza a disfrutar.

    Después de aquella noche y después de que le dijera a Lara que no estaba tomando ningún anticonceptivo, las dos nos fuimos a la farmacia para comprar una píldora del día después, no fuera a que Juan encima me hubiera dejado… puff no quiero ni pensarlo.

    Ya en casa nuevamente nos pusimos los tres a trabajar, a limpiar la casa, primero las habitaciones, los baños, la cocina, realmente estábamos haciendo un buen trabajo y me encantaba estar con mi hermana Lara, la verdad que ella hizo que nos olvidáramos un poco de todas las desgracias, habían pasado ya 15 días y aquella noche Juan se fue pronto a la cama, por fin cada uno teníamos nuestra habitación, Lara y yo nos quedamos en su habitación hablando de chicos, de lo que había pasado con Juan a lo que ella le quito hierro, “paso y ya esta no hay que darle más vueltas” me decía toda convencida.

    La conversación al final siguió otros derroteros, hablamos de música, de viajes, de moda, mi hermana me enseñaba un poco su vestuario, los pantalones, las blusas, los vestidos y la colección de zapatos que tenía, era toda una obsesa de los zapatos y la ropa interior, me enseñaba sus bragas y sus tangas, los sostenes, los que la subían el pecho, las que se lo apretaban, ropa interior sexy, sugerente, tenía un tanga rojo que realmente era espectacular, unos hilos acabados en una tela roja totalmente transparente por donde se la podía ver su vagina, un tanga muy pornográfico como ella decía.

    Estábamos las dos tumbadas en la cama, Lara recién duchada tenía una toalla cubriéndola el cuerpo y otra recogiendo su melena mientras las dos seguíamos entreteniéndonos ahora con las revistas del corazón, me fijé que uno de sus muslos estaba fuera del abrigo de la toalla y podía verla incluso su sexo depilado, no quería mirar y sin embargo mis ojos continuamente se desviaban hacia esa zona de su anatomía, después de ver unas fotografías en la revista Lara me explicaba como vestirse para una cita, lo importante que era elegir bien la ropa interior y poniéndose de pie, se quitó la toalla quedándose desnuda enfrente de mí, cogió uno de sus tangas, un tanga negro con flores de encaje y se lo fue poniendo muy despacio, subiéndoselo por los muslos muy despacio hasta encajarlo en su vulva, giraba su cuerpo para mirar como le quedaba por detrás, cogiendo la tela y estirándola, ajustándose el tanga por la parte de la vulva para colocarlo bien, el encaje de flores no ocultaba su vagina, se le trasparentaba parte y yo me estaba empezando a excitar, la miraba fijamente a la vulva, a sus senos cuando cogió un sostén a juego y se lo fue colocando, un sostén que le realzaban los senos y que dejaba una figura espectacular.

    La verdad que mi hermana tenía un cuerpazo, era guapa, simpática e inteligente, se reía continuamente y pocas veces la pude ver triste, realmente la empezaba a descubrir y admirar.

    -Qué te pasa Eva, porque me miras así. –Lara sabía que algo me pasaba, me había visto mirarla, había notado mi excitación.

    -No nada, nada, que eres muy guapa y que ese conjunto te sienta perfecto. –La contesté intentando disimular mi excitación por ella.

    -Ya, pero algo más te pasa mi niña, dime. –Lara insistía y armándome de valor.

    -Pues que viéndote así, viéndote como te vestías me has… me has excitado. –Con la cara enrojecida de vergüenza solté esas tres palabras rápidamente apartando la mirada y tapándome con la almohada.

    -Pero bueno mi princesa eso es normal y no te tienes porque avergonzar, en cuanto a la belleza tú eres más guapa que yo y lo sabes, tienes un cuerpo de infarto, anda que seguro tienes a un montón de chicos haciendo cola por ti y el que me veas así y te excites pues, pues que sepas que a mí me pasa lo mismo, anda ven aquí. –Lara me cogía de las manos y me atraía hacia ella y sujetando mi barbilla con la otra mano me besó en los labios, con sus labios carnosos y deliciosos, luego otro beso y otro.

    Las dos empezamos a besarnos, a envolver con besos nuestros cuerpos, en el cuello, en la barbilla, en los lóbulos de las orejas, sus manos recorrían mis pechos por encima de mi camiseta apretándome los pezones y en ese momento algo cambio en mí, mis manos empezaron a acariciarla también a ella, atreviéndome a quitarla el sostén y a besarle los senos, dando rienda suelta a mi lengua en sus areolas y sus pezones que empezaron a elevarse con mis caricias, Lara cogió mi camiseta para quitármela al igual que mis bragas y mis pantalones, sus manos empezaban a apretar mi vulva humedecida, sus dedos recorrían mis labios hasta mi clítoris donde empezó a apretármelo, hacer círculos sobre él, a dejarme allí tumbada sin saber qué hacer más que gemir y disfrutar de mi hermana.

    Sentía la humedad de su vulva que se rozaba una y otra vez con mi muslo, Lara se había quitado el tanga y no paraba de frotarse conmigo, las dos juntas empezamos a tocar una sinfonía de placer, envolviendo la habitación de los cantos de jadeos y caricias, Lara se dio la vuelta para ponerme su vulva sobre mi boca, empecé a besar, a lanzar en una carrera deliciosa a mis dedos y mi lengua sobre sus labios, su clítoris y vagina, ella por otro lado tenía ya mi vagina en su boca, me estaba metiendo su lengua dentro de mí bebiendo el néctar de mi placer, sus dedos continuaban acariciando mi clítoris cuando empecé a meterla un dedo y luego dos en su vagina mientras que la punta de mi lengua disfrutaba de su clítoris, mis dedos entraban y salían de ella con suavidad, Lara empezaba a gritar, minutos después sentía como Lara temblaba, como mis piernas temblaban de placer que mi hermana me estaba dando, su melena húmeda sobre mis muslos al caérsele la toalla de la cabeza sentían pequeños espasmos.

    En ese momento Lara se levantó y sentándose haciendo una tijera entre las dos, entre nuestras piernas juntábamos nuestras vulvas, rozándonos los clítoris, uniendo nuestros labios, su humedad, la mía, las dos gemíamos, las dos moviendo sin parar nuestras vulvas arriba y abajo, apretándolas la una con la otra, la miraba a la cara y se la veía desencajada del placer que nos estábamos dando la una a la otra, cerraba sus ojos y abría su boca, me miraba y fruncía el ceño cada vez que le gustaba como nuestros clítoris, enormes y duros se unían empapados en nuestros flujos, el olor a sexo, de amor entre hermanas flotaba en el ambiente, era noche de chicas, era noche incendiada de vaginas, una noche en clave femenina sola para nosotras dos.

    Nuestros cuerpos cada vez más sudados y cada vez con más espasmos musculares, nuestras vaginas bebiendo y alimentándose de la otra, un flujo lechoso salía de nuestras vaginas cada vez más y abundante, sentía como una ola de placer barría mi interior y como los gritos de Lara hacían que dejara de moverse, como un orgasmo increíble que la hacía abría la boca sin gritar, sin poder gritar, cerrando los ojos, abriéndolos y volviéndolos a cerrar cuando por fin conseguía explotar con un grito audible, ese mismo que sufrí yo cuando me pasó lo mismo que a ella.

    Las dos nos dejamos caer sobre la cama realmente relajadas, al rato me incorporé y me puse a su lado mirándola y besándola suavemente, empezamos a reírnos como locas, despertando a mi hermano Juan que dormía hacía rato o eso pensábamos. Con las risas, Juan abrió la puerta de golpe y nos vio a las dos desnudas encima de la cama, le gritamos las dos a la vez tirándole una almohada que le impactó en la cara hasta que conseguimos echarlo diciéndole solo chicas, seguíamos gritando como unas histéricas y riendo hasta que conseguimos que se fuera, al cabo de unos minutos cogí mi ropa me fui a mi habitación.

    Al entrar en mi habitación me tumbé en la cama pensando en lo que acabábamos de hacer Lara y yo, estaba muy excitada así que la visita de Juan no fue para nada molesta, todo lo contrario y más cuando me fijé que venía con una tremenda erección, Juan solamente quería preguntarnos una cosa y al tener Lara la puerta cerrada entro en la mía y…

    La verdad que ninguno de los dos intentó fingir una situación que no era, se le veía que al oírnos se había excitado y él también quería follar ¿y yo?, pues si yo también quería, se habían pasado ya todos mis perjuicios, no era esa niña de mirada triste, tímida y cabizbaja, en esos momentos era como mi hermana mayor, decidida, abierta, con la mirada felina de alguien que consigue todo aquello que se propone y sin pensarlo dos veces me abalancé sobre él, la verdad que no tuve casi que hacerlo porque con tan solo abrir mis piernas enseñando a mi hermano mi coñito él se me echó encima y sin pensárselo dos veces con su mano guiaba su pene para metérmelo hasta el fondo.

    No sé si Lara habría actuado igual, conociéndola estaría todavía jugando con él, chupándosela y haciendo que la deseara cada vez más, deseando lamer su clítoris y meter su lengua en su vagina, conociéndola habría hecho que él pensara que la seducía y que dominaba la situación cuando si algo había aprendido con ella era todo lo contrario, les dejaba creer que ellos dominaban, pero hacían todo lo que ella les pedía, solamente una vez la observé indefensa en manos de mi hermano y era cuando no tenía fuerzas para seguir, cuando su cuerpo se paralizaba por el orgasmo, en esos momentos ella sabía que estaba indefensa ante ellos y que podían hacer con ella lo que quisieran.

    Tenía mucho que aprender de ella, pero de momento iba mejorando porque tenía a Juan follándome como yo quería, sin juegos, pero follándome, cambiando de postura como Lara me decía, enseñándole como meterla para que yo gozara más y esa noche quería que mi hermano me follara con mis piernas en sus hombros, con la almohada en mis riñones, el de rodillas agarrándome de la cintura moviendo mi cuerpo y metiéndomela una y otra vez, parándole cuando se aceleraba y acelerándole cuando se paraba, mis gemidos y mis gritos de seguro que los estaba oyendo Lara y aunque Juan me tapaba la boca a mí no me importaba, estaba disfrutando como una gatita como decía mi hermana, como una perra bien follada.

    Juan seguía metiendo su pene en mi vagina que estaba tremendamente mojada, sintiendo cada centímetro de su pene cuando entraba en mi interior, mi vagina se estrechaba cuando hacia fuerza, Lara me había enseñado que nosotras podemos mover nuestros músculos apretándoles el pene para que el roce fuera mayor y las sensaciones de placer más intensas cuando nos penetraban y sobre todo también para ellos.

    “Más, más”, le estaba gritando a Juan cuando veía que estaba a punto de correrme, cuando notaba como mi tripa ardía y Juan al sentir mis espasmos me la sacó rápidamente para que expulsara mi flujo como un chorro, luego me la volvía a meter y cuando volvía a temblar me la volvía a sacar, era algo maravilloso, nunca antes había sentido tanto placer, Juan me la sacaba cuando sentía como mi vagina se inundaba y me la metía cuando ya no expulsaba nada, en ese momento era presa facial para Juan así que me bajó las piernas y me dio la vuelta, me abrió un poco las piernas y me la metió sin piedad hasta el fondo.

    Seguía gimiendo, seguía gritando de placer, ahora los dos lo hacíamos, Juan se movía en círculos metiéndomela cada vez más, no me podía creer que fuera a tener otro orgasmo, apretaba con fuerza mis manos a las suyas, mordía la sabana cuando Juan empezaba a metérmela muy al fondo y quedándose quieto mientras estallaba, su pene expulsaba su leche dentro de mí una vez más, empezaba a sentir como mi vagina se volvía a inundar y no podía parar de gritar.

    Por la mañana Lara nos desdentaba en mi habitación, abrazados el uno al otro después de una noche movida, se sentaba en medio de nosotros y como si no hubiera pasado nada empezaba a organizarnos para las tareas de hoy, era increíble un poco locuela pero increíble.

    **********

    Terminamos la casa, dejándola realmente bonita, un verdadero hogar por fin para mis dos hermanos, Juan y Eva por fin tenían un sitio al que llamar hogar, un hogar donde se seguían escuchando por las noches los gemidos de los tres cuando follábamos, cuando curábamos nuestras heridas con el sexo.

  • La asistente venezolana

    La asistente venezolana

    Por motivos de trabajo, tuve que empezar a coordinar unos reportes con una ONG de la ciudad de Trujillo, en el norte del Perú. El director de la ONG delegó la responsabilidad en una ingeniera venezolana que había contratado. Por las coordinaciones telefónicas, por email y whatsapp pude darme cuenta que era una profesional muy competente.

    La última etapa de los reportes era presencial, en Trujillo mismo, tres días a full que empezaron con el director de la ONG y la ingeniera, a la que al fin pude ver en persona. Alta, algo más de 1.70 cm, culona y tetona, con unas enormes piernas. Me excitó a la primera mirada.

    Tras la parte protocolar, subí con ella a su oficina. La habían acomodado en un altillo, no incomodo pero tampoco una oficina legalmente. Empezamos a trabajar. A la media hora se apareció su esposo llevándole el almuerzo. Un buen tipo, amable y hablador. Estuvo un par de minutos y se retiró.

    A la hora del almuerzo le dije que si no la incomodaba, la invitaba a almorzar conmigo. Le dio su comida a alguien en el camino. Salimos y fuimos al Fiesta, un restaurante de comida criolla que me encanta, sabroso y elegante. Comimos rico y tomamos un par de pisco sours cada uno.

    Volvimos a la oficina. Yo ligeramente mareado pero ella muy mareada y se le subió más al ascender caminando al tercer piso. Empezamos a intentar trabajar y no se podía avanzar.

    Me pidió permiso para ir al baño, que estaba junto al altillo donde ella trabajaba. Por descuido o con premeditación, dejó la puerta semi abierta y pude ver mientras se desabrochaba y bajaba el jean, como se bajaba una coqueta tanga roja y como se sentaba en el inodoro.

    No resistí y me metí al baño. Ella me miró y rápidamente desbrochó mi pantalón, lo bajó y empezó una mamada como solo las llaneras la saben hacer. Su lengua recorría mi verga y mis bolas con una sapiencia infinita.

    Se levantó, se arrodilló sobre el inodoro y me dejó disponible su coño y su culo. Me arrodillé en el piso y lamí primero su coño hasta casi hacerla llegar y en ese instante pase a lamerle el culo, igual hasta casi hacerla llegar.

    Volví a su coño y llegó en mi lengua y mi boca, me lleno los labios con sus jugos y en ese momento decidí encularla, entró deliciosamente en ese culo firme de hembra llanera, culo tragón y sabroso.

    Comenzó a gemir y soltarse «dame que mi marido no me coge» y se la seguí empujando. La baje del inodoro y la puse de 4 patas en el suelo. Llegó en pocos minutos con el culo latiendo.

    Se sentó en el inodoro y comenzó a mamarla mientras me decía «quiero leche, mi marido no me da» llegue sobre su lengua. Se tragó hasta la última gota. Relamió mi verga y mis bolas y se calmó. Se lavó los dientes. Me lave la cara y seguimos trabajando hasta la salida.

  • Yo, mi marido y el sexo (Capítulo I)

    Yo, mi marido y el sexo (Capítulo I)

    Mi marido es una basurilla patética con un pene ridículamente pequeño. Dicen que la naturaleza es perfecta, que no tiene fallos, pero resulta increíble que un hombre adulto, supuestamente diseñado para reproducirse, pueda tener una polla tan estúpidamente chica, es como un colgajo de piel que no tiene cuerpo alguno, un pene de recién nacido haría competencia al lado del de mi marido.

    Cuando nos conocimos tardamos meses en hacer el amor, no es que él no quisiera, me lo pedía semana sí, semana no, como esperando que cambiara de opinión. Era yo la que lo rechazaba constantemente, porque su aspecto me resultaba penoso. No solo su pene era un pellejo de piel, aunque en aquel entonces aún no lo había visto, sino que también tenía una cara lechosa, y un pelo, que en realidad no tenía, que parecía una pelusa, poco densa y de pelo fino como el pelaje de un perro yorkshire, además de una barriga de 110 cm de diámetro (se la medí en su momento) y unos brazos y piernas delgados y poco musculados. Vamos lo que se dice un hombre de bandera.

    Al quinto mes de empezada nuestra relación, follamos…, bueno no hubo coito, así que no sabría decir si cuenta como polvo. Ese día, después de la cena, dimos nuestro paseo diario antes de dormir, mientras le hablaba de los cotilleos de mi entorno de trabajo. Concretamente, le hablé de un compañero muy sexy y varonil, que según me habían contado algunas compañeras, se había follado a la mitad de la plantilla femenina de la empresa, incluyendo a las que me lo habían contado. Cuando me lo dijeron, me lo imaginé empotrándolas y me puse cachonda. Me dijeron que tenía una polla que, según dijo Vero, alzando el brazo y con cara de golfa, le medía como su antebrazo.

    Al contárselo a mi marido, como hombre beta que es, suspiró resignado por saber que me follaría con gusto a ese hombre. Nos sentamos en un banco y me comentó que aún era virgen, cosa que ya suponía, y que querría tener aunque sea una oportunidad de follar. Por supuesto, no dijo follar, se siente tremendamente frustrado al emplear esa palabra, más propia de personas sexualmente activas que de eunucos como él, así que optó por decir relaciones sexuales. Ante su nueva proposición de tener sexo, acepté, pues sentía ganas de jugar ya que las vivencias de mis amigas me habían dejado cachonda, aunque no sentía deseo hacia él.

    En el trayecto a casa casi no hablaba y caminaba mirando al suelo con el rostro inexpresivo, se notaba su falta de capacidad de seducción por todas partes, nada que ver con la cara del semental que teníamos en la oficina, llena de vida y con ojos muy sugerentes.

    Llegamos a casa. Pensé en darme una ducha, pero me apeteció hacerlo sudorosa y oliendo un poco fuerte de haber estado todo el día sentada en una silla. Mis bragas y pantalones estaban sudorosos y eso me hizo sentir una cochina muy sensual. Mi marido, en cambio, prefirió ducharse, quizás en la idea de que haciéndolo me iba a agradar más, lo que me hizo sentir cierta lástima.

    El chico de la oficina, no se andaba con florituras, según me habían dicho mis amigas, se escupía en la polla antes de penetrarlas, sin preguntar ni nada, cosa que a ellas no les importaba, de hecho, en el momento en que veían el buen hilo de saliva cayendo de su boca a la cabeza de su troncho, su excitación aumentaba y se metían dos dedos profundamente y con fuerza en la vagina, mientras esperaban a que extendiera la saliva por todo su miembro, deseosas de ser penetradas. Mis amigas no lucen como unas súper viciosas de película porno pero, pareciera que cuando hay un hombre atractivo en frente, las princesas refinadas se vuelven unas cochinas.

    Mi marido salió del baño desnudo, la luz estaba apagada, como me había pedido él. Solo vi su silueta cuando entró en el cuarto, tenía una barriga y debajo otra barriga más pequeña en la zona del pubis. La oscuridad no me permitió ver su pene. Se sentó en el borde de la cama de espaldas a mi, mientras yo estaba tumbada en la cama también desnuda. Me miró sin decir nada, con cara inexpresiva, y me empezó a acariciar la parte interior del muslo más próximo a él. Intentó subir hasta mi vagina, pero se encontró con que mis piernas estaban bastante cerradas, así que se resignó a mantener la mano a mitad del muslo dando caricias en círculos, esperando a ver si le daba acceso a la zona mágica.

    Seguí rígida, como una tabla, así que decidió posar su mano en mi pubis, que lo tenía bastante peludo, se puso a jugar con los pelos y me dijo: “vaya estas bastante peludita aquí abajo”, se rio ligeramente en una carcajada que fue casi inaudible y que no duró ni un segundo, yo no me reí, pero le dije: “¿por qué no lo hueles?”. Inmediatamente enterró su nariz en mi pubis y aspiró sonoramente, yo seguía con las piernas cerradas. “Delicioso” dijo, “huele fuerte, me gusta”, añadió. Me gustó su respuesta, así que le pregunté si quería oler algo fuerte de verdad, hizo un ruido asintiendo y se tumbó en la cama siguiendo mis órdenes, acto seguido, me puse de cuclillas encima de él y le planté mi ano en su nariz. Hizo una especie de gemido de agradecimiento y placer, y empezó a aspirar, shhh, parecía estar gozando el aire más puro del mundo, pero en realidad estaba oliendo la raja de mi culo, sucia de no haberme limpiado con muchas ganas esa mañana, tras cagar en el trabajo, y sudorosa de haber estado sentada ocho horas en una silla barata.

    Me moví hacia adelante y hacia atrás, asegurándome que le quedara sustancia en todo el morro, movía sus labios y sacaba la punta de su lengua, lo que me permitió limpiarme un poco la suciedad del culo, como cuando te pasas una toallita húmeda, “está saladito”, comentó, yo le contesté: “¡gózatelo, gózatelo!”, mientras aumentaba la agresividad de mi movimiento pélvico. Sus morros se deformaban entre mis nalgas por la fuerza del roce. Me puse de pie en la cama y me giré para quedarme de frente a él, volví a ponerme de cuclillas con la concha peluda y olorosa mirándole a los ojos, y me dijo: “entiérrame el coño en la cara”. Se estaba entusiasmando, así que mi respuesta fue clara: “no te lo mereces puta mierda”. Acto seguido le escupí en la cara con agresividad, el escupitajo sonó mucho, pero no salió consistente, me recordó al disparo de una escopeta. Le estaba gustando lo que estaba ocurriendo, aunque en realidad no importaba, simplemente me nació hacer todo eso y lo hice.

    Quería verle encharcado en mis fluidos así que me puse a cuatro patas como para hacer un 69 pero dejando mi cuerpo despegado del suyo para poder generar el efecto que quería. Le mee encima con toda la fuerza que un chorro de meados puede tener después de varias horas sin evacuar. El chorro calló en la parte superior de su pecho, pero él, al darse cuenta de lo que estaba ocurriendo, corrigió rápidamente su posición para que el chorro, que estaba en su mejor momento, le callera directo en la boca, y así fue, el meado le había llenado la boca casi por completo cuando la meada empezó a menguar. No quería que acabase, deseaba dejarlo todo perdido, aunque ya lo estaba. El chorro era ya un chorrito que sonaba como el último hilito de pis que mi padre soltaba en el retrete con la primera meada del día, ese sonido me puso más cachonda. Le dije que aguantara la meada en la boca, aunque él ya lo había hecho instintivamente, parecía que estaba entrenado para ser un contenedor de mierda. Quería ver todo aquello, así que encendí las luces. En ese momento, tosió un poco y buena parte del meado salió de su boca como fuegos artificiales, el resto del meado lo echó en la cama.

    Me fijé en su cuerpo, parecía el de un señor mayor a pesar de que solo tenía 43 años, tenía una barriga llena de pelos, una segunda barriga más pequeña como pubis, que también estaba llena de pelos. El meado le había cubierto todo el torso, de manera que su bello se encontraba apelmazado y mojado, el pubis lo dejé de ver porque se había sentado en la cama y su barriga y muslos lo cubrían todo. Quería ver que tenía entre las piernas, no me había interesado en sus genitales hasta ese momento, pero ahora tenía curiosidad, así que le pedí que se abriera de piernas. Obedeció, pero enseguida le corregí diciéndole que se agarrara con las manos por detrás de las rodillas, pues también quería verle el ano. Su mirada era inexpresiva como siempre, parecía que acababa de venir de trabajar en un día muy aburrido, pero no era así, acababa de mearle en la cara, toda la cama estaba llena de meados, y por si fuera poco, mientras examinaba sus genitales me tiré un pedo horrible, muy sonoro, aunque poco oloroso, cosa que me fastidió un poco.

    Sus genitales…, bueno que decir de sus genitales que no haya dicho ya, era la primera vez que los veía, y la verdad no me sorprendió lo que vi, no me esperaba en lo absoluto que un hombre como él tuviera entre las piernas una buena polla gorda y dura para ofrecerme, se me ocurrió en ese momento la comparación que antes dije del recién nacido. Era una pollita realmente pequeña, más bien se trataba de un pellejo de piel. Agarré esa piel usando mis dedos como si fueran unas pinzas, tenía las uñas largas y cuidadas como las debe tener una mujer, de modo que le hice un poco de daño, cosa que supe por el ruido que hizo a modo de queja. Tiré de la piel, que se estiró hasta los 7 cm como mucho, y le pregunté con una risotada: “¿qué es esto?”. “No sé”, me dijo.

    Su cara de pringado y la situación me generaron una mezcla entre excitación y ganas de maltratarlo, así que, con la palma extendida, le golpee las pelotas, que sí tenía de un tamaño normal. Cruzó las piernas en un acto reflejo, pero no pudo cerrarse bien porque no se lo permití, quería seguir golpeándole. Le mantuve las piernas abiertas a la fuerza, cosa que no me costó mucho, no sé si porque en verdad quería que lo golpeara o si porque el muy nenazas tenía menos fuerza que yo, cosa que no sería de extrañar teniendo en cuenta que la testosterona es la hormona de la fuerza, y este hombre, desde luego, no tenía mucha. “Agh!”, gruñí de rabia al imaginarme al chico que se habían follado mis amigas y que tenía una polla funcional…, que coño, mucho más que funcional, tenía un brazo por polla, con erecciones estupendas. ¡Este desgraciado que me acompañaba no se podía decir que tuviera polla!

    Le golpee más fuerte y con rabia. Me puse de pie en la cama y le planté el pie en los huevos, lo moví como aplastando una cucaracha, mientras le decía: “no tienes polla, me quiero follar a un hombre con polla”. El hacía como que lloraba pero en realidad no lloraba, era una especie de gimoteo, como siguiéndome la corriente. Me senté en su barriga y se la golpeé con la palma abierta como si fuera un caballo, a la vez que me movía como si cabalgara, pero lo hacía de forma muy exagera, como si estuviera encima de un caballo agresivo en pleno galope. Me intentó agarrar los pechos, que se movían como locos en todas las direcciones, pero se lo impedí golpeándole las manos con agresividad, a lo que añadí, mientras me tapaba los pechos y con cara de odio y desprecio (aunque en el fondo me lo estaba pasando bien): “esto se lo reservo para un hombre de verdad”.

    No se corrió, por supuesto que no, a pesar de que le hice una paja usando los dedos como a modo pinzas, que se quedaron grandes para semejante gusano, debí usar unos palillos chinos. Yo tampoco me corrí, ni tuve un orgasmo, aunque sí que tuve momentos de éxtasis y de locura que me hicieron sentir viva.

    Terminé con la velada diciéndole: “no voy a seguir pajeándote hasta mañana, eres patético, no tienes testosterona, apenas la mantienes tiesa”. Le escupí en el pene, esta vez sí que salió mucha saliva, y añadí: “hoy dormiremos entre meados, no te vas a bañar, y yo tampoco lo haré. Mañana, por suerte, no trabajamos, así que seguiremos sucios todo el día, quiero olerte a cinco metros. Quizás retomemos esta paja para que te corras, aunque dudo que sientas nada”.

    Esa noche dormimos juntos en la cama llena de meados, saliva y sudor, él tumbado boca arriba y yo encima de él estirada sobre su barriga. Me di cuenta de que tuvo una erección cuando estábamos en esa postura, pero la ignoré en vistas a que parecía más el clítoris de una culturista que un pene.

  • Me tiré a amiga del trabajo

    Me tiré a amiga del trabajo

    Este relato toma lugar en el distrito de los olivos, Lima, Perú. 

    El primer día de trabajo yo, Luis de 18 años conocí a Fernanda, de 19. Una joven que aparentaba de más edad por su aspecto físico. Cabello largo y castaño, 169 cm, un delicioso cuerpo contorneado que escondía unos grandes senos debajo del uniforme. Al momento de presentármela noté cierta mirada cómplice que me evaluó por unos segundos demás que me dejó pensando, en mi inexperiencia, que algo raro había pasado allí.

    Los días transcurrieron con normalidad cuando un día el jefe no fue a la tienda y los empleados nos dimos un relajo tomando las cervezas del local. Entre copa y copa no pude dejar de notar como Fernanda no dejaba de mirarme, así que sentí esa electricidad en el cuerpo que me impulsó a ponerme a su lado. Risas van y risas vienen, pasan los tragos… En un momento dado digo la siguiente frase:

    Yo: saben, hace mucho que no tengo pareja, hasta ya olvidé como besar, ja.

    A lo que Fernanda contesta:

    -no te preocupes que eso tiene solución.

    Ruborizado y entre los gritos de mis compañeros solo atiné a reírme de los nervios mientras ella no dejaba de mirarme.

    Llega la hora de salida y siento que me llaman de la oficina: era Fernanda.

    F: bueno, ya que estás aquí, quiero ayudarte con ese problema que tienes.

    Yo: bueno, que puedes hacer por mí?

    F: puedo hacer esto.

    A lo que se me pone muy cerca y nos empezamos a besar apasionadamente, impulsado por las cervezas y el vino en nuestra sangre. Que fuego sentía por dentro mientras acariciaba sus mejillas, cuello, para recorrer su cintura y cadera con mis manos, mientras sentía como ella iba subiendo las suyas por mi pecho. Estaba a punto de agarrarle esos grandes senos con los que había estado soñando desde hace días cuando escuchamos pasos cercanos y nos separamos.

    Luego de esto no pasó mucho más porque me cambiaron de tienda, pero semanas más tarde fui invitado a una fiesta de la empresa, donde volví a encontrar a Fernanda.

    Luego de lo que habíamos hechos hace pocas semanas, nos lanzábamos miradas de lujuria de tanto en tanto. Una amiga nuestra se puso mal por los tragos y Fernanda se la estaba llevando en un taxi a su casa, a lo que, ni corto ni perezoso, me ofrecí a ayudar. Subimos al taxi Fernanda, la amiga borracha y yo, ambos sentados al lado de la amiga ebria.

    F: avisa en tu casa que hoy no vas a llegar, ya es tarde para que tomes un taxi solo.

    Yo: por mí no te preocupes, yo estaré bien si me dejas quedarme en tu casa, puedo dormir en el sofá?

    F: claro, veremos si puedes dormir esta noche.

    Estas palabras hicieron que el taxista me mirara con una sonrisa pícara a través de su espejo retrovisor.

    Llegando a la casa de Fernanda en Comas llevamos a la amiga borracha a que descanse en el sillón, mientras Fernanda iba a su cuarto un momento. En este punto estaba nervioso por la posibilidad de quedarme a solas con Fernanda, a oscuras, en su sala. Vuelve Fer vestida con una pijama corta. Shorts cortos y una blusa pegada negra, sin brasier. Esto me provocó una erección al ver sus pezones marcados aún en la oscuridad y ver como ese short no alcanzaba a ocultar todo su trasero y solo lo dejaba a 3/4. Era obvio que algo iba a pasar esa noche.

    Acomodamos a la amiga en un sillón, que ya dormía, y ambos nos sentamos juntos a su lado. Para romper el hielo hice un pequeño sonido de dolor:

    F: estas bien? Te sucede algo?

    Yo: si, es que tengo un dolor aquí en los hombros or cargar algunas cajas temprano en la tienda.

    F: recuéstate en mí, te haré unos masajes.

    Me sentía en la gloria al estar acostado y sentir sus senos duros encima de mi cabeza, mientras Fernanda me hacía masajes en los hombros. Poco a poco fui poniendo mis manos en sus piernas desnudas e ir acariciándolas, primero empezando por las rodillas y subiendo por sus muslos. Fernanda por su parte había dejado de masajearme los hombros y estaba tocando el pecho por debajo de la camisa. Era tanta la excitación que empezamos a besarnos como la vez pasada. Cuando empecé a besar su cuello sentí como ella arañaba mi espalda, y no me importó sentir el dolor.

    Yo: vamos a tu cuarto, sigamos allí

    F: no podemos, comparto con mi hermana. Sígueme cuando te indique

    Fernanda se paró y se fue a otra habitación, que resultó ser la cochera. Desde allí me llamó.

    Tomé un segundo para respirar y procesar que luego de un tiempo por fin iba a cogerme a alguien y quién mejor que está tetona que me traía loco desde. Hace dos meses.

    Al entrar a la cochera la vi apoyada sobre una pared, sonriéndome e invitándome hacía ella. Me acerqué y salvajemente empecé a besarla y morderle los labios, el cuello. Fui metiendo mi mano debajo de su blusa y rápidamente toque sus efectos pezones. Ella soltó un gemido y me apretó el pene cuando hice esto. Con las dos manos le hice masajes a sus tetas grandes mientras le besaba el cuello. Ella no paraba de sobarme el pene por encima del pantalón. Baje a mordisquear y retorcer sus pezones. Ella no podía hacer más que reprimir gemidos para no despertar a sus padres y agitarse por lo que estaba haciendo. Le bajé el short y para mi sorpresa no tenía calzones. Tenía el monte sagrado depilado a cero.

    Estando loco y salvaje me agaché y la volteé. La abrí de piernas y hundí mi cara en su muy húmeda vagina. Empecé a meterle la lengua a su agujero mientras estimulaba su clítoris con la mano derecha. Tenía un olor rico, fresco, para nada a sudor u olores raros. Esto me hizo perder más la cabeza y empecé a lamerle el ano. Primero poco a poco, a los lados, y luego enterraba la lengua en su pequeño agujero. A este punto ella no podía contenerse y lanzaba gemidos que podía despertar a la amiga borracha. Se dio cuenta y tomó mi mano y me llevó al pequeño baño que había en la cochera.

    Dentro seguimos besándonos mientras me introducía tres dedos. Ella no podía dejar de gemir y suplicarme que se la meta de una vez, a lo que finalmente accedí. Me senté en el wáter y ella se montó encima. En esa posición empezó a moverse de arriba a abajo, de izquierda a derecha, en círculos, a saltar. Era una maldita experta en esta posición. Se sentía muy rico ver cómo bailaba mi pene en esa estrecha vagina. Poco a poco fue aumentando en ritmo entre ambos y sentí como me venía, a lo que ella empezó a moverse más rápido y terminé viniéndome dentro de ella. Fue tanta la arrechera que no usamos condón y en ese momento no importaba.

    Exhaustos por tirar nos sentados al lado de la amiga borracha, y sentía un gran morbo por tener el pene al aire con Fernanda y esta amiga al lado. Luego de un rato el amigo empezó a resurgir y Fernanda lo notó. Esta vez no pedí permiso e hice que se agacharse un me cogiera el pene con la boca. La maldita era una experta en el arte del fellatio. No sólo se la tragaba entera, sino que también me lamía las bolas y con la mano libre estimulaba el perineo. No podía aguantar más y pedí que se sentará otra vez encima mío, pero está vez lo hizo de espaldas. Por fin pude tener ese culo glorioso en mi pene erecto. Ver cómo entraba y salía ese carnoso trasero hizo que pierda el control y me venga en 8 minutos…

    Al día siguiente me retiré de su casa, con la promesa de que nos volveríamos a encontrar para seguir con la faena. Y VAYA que lo volvimos a repetir…

  • Mi lado oscuro

    Mi lado oscuro

    Llevo varias noches sin poder dormir. Tu voz era mi canción de cuna, tu mirada mi razón de ser feliz, tus besos mi fortuna.

    Mis días son siempre los mismos, no hago más allá de mis labores cotidianas y no tengo más vida social.

    Se avecina la noche. Algo de precipitación se escucha afuera y mi cuerpo pide que lo asee.

    El sonido de la lluvia se mezcla con el del agua que cae de mi regadera, música que sensibiliza mis oídos, mi piel al desnudo.

    Mi mente se pasea por los bellos jardines, donde un día te conocí. Eras perfecto, no te faltaba nada.

    Disfruté cada segundo del tiempo que fui conociéndote, cada día eras más perfecto para mí.

    Me hacías vivir cosas inolvidables, que no encontraba en los chicos de mi edad, pero que un hombre de treinta y ocho me supo dar.

    En mis pensamientos aceleré hasta el día en que hiciste que perdiera el control de mi vida, que me perdiera por completo.

    Justo así, mientras me bañaba, recuerdo muy bien que deslizaste la cortina y descubriste mi desnudez.

    No traías nada arriba, solo tenías tu pantalón aún y mientras me contemplabas te lo fuiste quitando poco a poco.

    Algo sabía yo sobre la seducción, aunque muy poco, pero no dudé en tomar mis senos y darme una vuelta para provocarte.

    El frenesí te llevó a acercarte a mí y tocar esas partes mías que casi todo el tiempo cubre mi ropa, sin exceptuar ninguna.

    Y vuelvo a la ducha que me estoy dando, pero no son tus manos, sino las mías las que recorren mis zonas ardientes.

    Hasta tengo la costumbre de darme una nalgada con la intensidad con que me lo hacías, solo para pensar que te siento a ti.

    Quiero repetir paso a paso lo que me hacías sentir, pero con solo tocar mi clítoris ya quería y quiero ser penetrada y no era momento de eso aún.

    Cerraste la llave del agua por mí, me llevaste a la sala, mojada, aunque sin preocuparme por el frío, pues tus besos y caricias me mantenían al rojo vivo.

    Y ahí voy cada día para repetir ese ritual, sin secarme, voy hacia la sala, me acuesto en el sofá y mis manos hacen lo que las tuyas hacían con mis pechos.

    Instintivamente abro mis piernas como las alas de un ave al volar y me agarro los muslos, como si sobre ellos sintiera el peso de tu cuerpo.

    Me transporto de nuevo a esa tarde, donde, sin esperar más, desabroché tu pantalón y te desnudé por completo mientras aún me comías la boca.

    Mi siguiente acción es llevarme un dedo a la boca y chuparlo con desesperación, recordando cuando te trepaste hasta mi cara y pusiste tu miembro frente a mi boca.

    Nunca imaginé en mi vida devorarme apasionadamente algo semejante a una víbora y con consistencia de piedra.

    Recuerdo que la empujabas hasta tocar mi garganta, yo no resistía el ahogo, pero era deliciosa en su totalidad. Tu rostro me decía que lo hacía bien.

    Aunque, sin duda alguna, deseaba tener una cavidad bucal mucho más grande para albergarla completamente, tenía otro lugar donde sí iba a caber toda.

    Me dejaste falta de respiración y cuando aún trataba de componerme, tus palabras me erizaron la piel y obedecí tu orden de ponerme a gatas.

    Aquella vez no me vi experta, pero he practicado tanto cómo excitarte con sutiles movimientos en esa posición.

    Y hallé que es más rico cuando la espalda está totalmente en pendiente, la cabeza en la superficie y las caderas bien alzadas.

    Estuve practicando, sin ti, pero no es lo mismo dos o tres dedos míos a la bestia con que me dominabas.

    Por eso decidí adquirir una imitación barata, pero creo que me excedí al pedirla de diez pulgadas.

    Y es que me acostumbraste a la tuya, tanto que no he sentido lo mismo con otros. Comprobé el dicho que cuando se prueba una grande ya no se antoja una pequeña.

    Volviendo a la imaginación, recuerdo cómo tu locomotora se abría espacio en mi interior, desplazando todo, topando con pared y repitiendo el proceso a mil por hora.

    Usaste mis nalgas como tambor y mi cabello como soga, creando un ritmo placentero al son de mis gritos.

    Admiraba cómo cambiabas la forma en que te apoyabas en el sofá, a una sola rodilla o con las dos, en cuclillas, pero en cada una recibiendo toda tu potencia.

    Amaba que me dejabas enganchada por unos instantes, sentía la pieza que me hacía falta, que me hacía sentir completa. Me sentía tuya, sentía que eras mío.

    Me levanto y marcho contenta hacia la habitación, sujetando mi juguete de la punta, como aquella vez te la sostuve caminando hacia mi cama.

    Me aviento hacia la cama y dejo abiertas mis piernas, teniendo listo ya mi vibrador para hacerlo pasar por mi clítoris.

    En alusión a cuando me abriste las piernas y colocaste tu lengua ahí, haciéndome retorcer y gritar de placer.

    Y no retiro mi accesorio hasta experimentar ese río fluyendo en mi interior, como tú me lo hiciste sentir.

    De nuevo repito la penetración, abierta de piernas e imaginando tus sabrosas embestidas con toda la carrocería.

    Desatando mi lado oculto, aquel que no conoce nadie más que tú, en el que te pido que me des más duro, más rápido, más intenso.

    Aquel lado oscuro mío en el que halago tu enorme, colosal, gruesa, fuerte y dura verga y en el que admito que soy adicta a ella.

    Aquel lado oscuro mío en el que cumplo tus fantasías auditivas y te declaro mi papi, mi hombre, mi fiera y yo me declaro tu mujer, tu sumisa, tu puta, lo que sea, pero tuya.

    Aquel lado oscuro mío que busca intensamente tu orgasmo aunque en momentos te detengas para no correrte rápido.

    Aquel lado oscuro mío que sabe cómo consentirte y vuelvo a colocarme en cuatro para que me cojas durísimo mientras te excitas viendo mi silueta.

    Aquel lado oscuro mío que te permite que me la metas por el culo y así te pida a gritos que me rompas el orto.

    Aquel lado oscuro mío que te pide que si te vas a venir me dejes tragarme toda tu leche y darle una mamada final a tu verga.

    Y aquel lado oscuro mío continuaba operando durante la tierna noche que me brindabas. Pero llegado el amanecer, recordabas que tenías esposa y lamentabas lo sucedido.

    «Llévame a vivir con ustedes», sugería cada vez que me visitabas y hasta hoy no se cumple mi deseo, porque ni siquiera lo intentas hablar con ella.

    «No te preocupes por ella, tengamos algo a escondidas», insistía de últimas, pero el ser yo diecisiete años menor que tú te hace pensar en tu reputación.

    Aquel lado oscuro mío se disipa al llegar a ese punto y solo deseo aunque sea que le pongas el cuerno conmigo otra vez.

    Y es que solo tú desatas ese lado oscuro mío, en el que soy una amante del sexo, una enferma mental y una adicta a tu cuerpo.

  • No levantarás falsas acusaciones (Capitulo 3)

    No levantarás falsas acusaciones (Capitulo 3)

    Estoy siendo penetrada por la verga de Facundo.

    (En los últimos tiempos he tenido experiencias sexuales que en mi vida habría imaginado tener, pero tener sexo con Facundo sigue siendo sublime, su cuerpo, su mirada, su forma de poseerme, todo es especial con él.

    No niego que últimamente me han logrado llevar a un éxtasis inimaginable, pero con él es otra cosa.

    Nos conocimos de jovencitos y desde entonces hemos estado juntos, se podría decir que crecimos juntos.)

    El me sujeta por mi cintura mientras me coge duro mi conchita, está golpeando mi culo con su abdomen a un ritmo acelerado que me pone a mil, en cada embestida siento su verga dura penetrarme y al mismo tiempo el ruido que produce el choque de su cuerpo con el mío. Yo estiro mi mano por debajo y agarro sus huevos, comienzo a masajearlos, se los apretó, siento un gran deseo por girarme y chupar su verga y sus huevos, pero me contengo para no cortar su ritmo.

    El quita su verga de mi y me dice:

    «Está súper mojadita tu concha, mira… me dejaste la verga toda lubricada. Ahora que hago???»

    Sé exactamente que quería decir. Apoyo mi pecho en las sabanas levanto el culo y con mis manos abro mis nalgas, entrego mi ano a su merced.

    Muy suavemente apoya su verga en mi culito y comienza a empujar muy muy despacio, no se apura se toma su tiempo para ir dilatando mi agujerito, de a poco su verga se abre paso entre mis nalgas y comienza a invadir el interior de mi cuerpo. Que sensación tan hermosa.

    Yo comienzo a gemir.

    Esto provoca en él una actitud más desenfrenada y comienza a empujar con más vehemencia. Su verga está más dura y gruesa el placer se comienza a transformar en dolor, trato de aguantar pero no lo logró:

    «Espera espera, me estás lastimando, hazlo más suave»

    Él se incorpora y se sienta en el borde de la cama, baja su cabeza y se toma la frente con ambas manos.

    Me paro frente a él y le pregunto:

    «¿Qué ocurre???

    Solo te pedí que lo hagas más suave»

    El me mira y con sus ojos vidriosos me dice:

    «No lo soporto más, no sé qué hacer.

    Todo me remite a lo mismo, no puedo evitar caer en aquella noche»

    Yo:

    «Pero amor aquello ya pasó, ahora estamos los dos amándonos»

    Facundo:

    «Si pero cuando Fabrizio te cogía por el culo no dijiste que se detenga porque te dolía, de hecho tampoco lo hiciste cuando Andrés con su verga gigante te cogía mientras que Fabrizio te cogía por el culo!!!»

    Yo podría explicarle que Fabrizio tenía una verga pequeña que no provocaba dolor en mi. Solamente placer.

    Pero callo; no emito sonido, tengo miedo de seguir hiriendo a Facundo.

    En cambio me pongo en cuclillas frente a él, lo tomo del rostro y le doy un beso tan tierno como puedo.

    «Cariño tú tienes algo que ningún hombre tiene.

    Tú tienes mi corazón, tú me tienes a mí incondicionalmente. Tu eres mi todo, aquello fue solamente una reacción de mi organismo a una situación sexual. Pero ten por seguro que no cambio aquello por un solo beso tuyo»

    Lo acuesto me subo arriba de él y colocando su pene en mi, comienzo a moverme, lo hago suave su miembro está relajado yo comienzo a besarlo muy suave, continuo con mis movimientos lentos casi en cámara lenta, apoyo mis manos en su pecho:

    «Te amo, sos mi vida, solo tu logras llevarme a ese lugar donde el sexo se transforma en energía que da vida»

    Tomo su mano derecha y la coloco en mi pecho entre mis tetas y le digo:

    «Lo sientes??? Eso que suena ahí dentro lo hace por vos, si se acelera a un ritmo que pareciera estallar es por vos y si algún día dejará de latir definitivamente sería por vos»

    Siento como su miembro comienza a erguirse.

    El me abraza muy fuerte y comenzando a mover su pelvis me dice:

    «Te amo, no quiero perderte, me sentiría perdido sin ti»

    Me toma por la cintura, me acuesta y separando mis piernas comienza a cogerme de frente, sus movimientos son fuertes, yo los disfruto me dan placer y me genera eso que solo él logra generar comienzo a mojarme nuevamente el continua moviéndose provocando mi orgasmo, el continua moviéndose cada vez más rápido, baja su cabeza y torso y besándome apasionado como solo él sabe hacerlo se corre dentro mío, siento su leche caliente en mí, continúa moviéndose cada vez más lento para luego descansar su cuerpo en el mío, me abraza, lo mismo yo. Haciéndole caricias en su pelo nos dormimos.

    Estamos desayunando, afuera el sol brilla radiante, Facundo me mira y dice:

    «Voy a cambiar de psicólogo, necesito solucionar mí conflicto, por mí y por ti. Tú no te mereces esto»

    Le tomo la mano:

    «Amor, verás que todo se solucionará. No sé qué nos depara el destino, pero estoy completamente segura que el mío es a tu lado»

    Él se levanta y se va al trabajo.

    (Los días pasaban, yo continuaba con mis clases particulares de gym, cada tanto por lo general los viernes que Facundo volvía tarde a casa aprovechaba y tomaba clases especiales con María [mi diosa particular].

    Facundo hacía tres semanas que estaba yendo a un psicólogo nuevo, según él le hacía mejor que el anterior. Afrontaba el problema desde otro punto de vista)

    Hoy martes me toca gym llego a la casa de María y hacemos la clase normalmente al terminar siento una molestia en mi espalda, le comentó a María y ella me sugiere ir a un masajista.

    Si quieres te puedo recomendar uno, es súper bueno y aparte utiliza técnicas medias tzen. Me envía el contacto a mi celular y nos despedimos.

    La mañana siguiente después de desayunar y despedir a Facundo me contacto con Alejandro, el masajista que me recomendó María.

    «Hola buenos días, me pasó tu contacto María una paciente tuya»

    Alejandro:

    «Hola buenos días, María, María?? No la ubicó»

    Yo:

    «La chica venezolana profe de gym»

    Alejandro:

    «Haaa si María… ahora sí la ubicó»

    (Su forma de decirlo estaba cargada de lascivia.

    Acaso Alejandro también tomaba clases particulares con María???

    Sinceramente me daba un poco de curiosidad y también bastantes celos.)

    Yo:

    «A ok, bueno te comento que estoy teniendo algunos dolores de espalda, quisiera saber si podés ayudarme con eso»

    Alejandro:

    «Por supuesto, para eso estoy. Si te parece hoy por la tarde tengo disponible.»

    Yo:

    «Genial, a qué hora??»

    Alejandro:

    «Tengo para las 15 h o para las 18 h»

    Yo:

    «Mejor el de las 18 h»

    (Hoy tenía pensado dormir la siesta para descansar)

    Alejandro:

    «Perfecto ya te agendo.

    Cómo me dijiste que te llamas???»

    Yo:

    «No te lo dije.

    Me llamo Eli»

    Alejandro:

    «perfecto Eli ya quedas agendada para hoy a las 18 h besos»

    Yo:

    «Ok, nos vemos»

    Lo noté bastante confianzudo y me intrigaba saber que había entre él y María.

    A la hora indicada me dirijo de Alejandro.

    Tocó timbre y me habré Alejandro

    (Es un hombre bastante joven de unos 30 o 35 años morocho de 1,70 m aproximadamente ojos marrones pelo negro corto en los costados y largo con colita arriba, luce una túnica blanca.)

    Me invita a pasar, el ambiente es muy agradable, todo con una onda indú, luz tenue, muchas velas dispersadas por todo el lugar, música relajante y un aroma exquisito en el aire. En el centro de la habitación hay una camilla de madera bastante grande con sábanas blancas inmaculadas.

    Alejandro:

    «Bueno Eli, contame que te está pasando»

    Yo:

    «Tengo un dolor en la espalda, creo que algún movimiento mal hecho o algo así»

    Alejandro:

    «Ok vamos a tratar de sacarlo y dejar esa espalda como nueva»

    Señalando un rincón de la habitación dónde había una mampara de madera con una gran imagen de lo que parecía un Dios hindú me dijo:

    «Puedes desvestirte y colocarte la toalla detrás de la mampara»

    Me dirijo al lugar y me quito la ropa, solo me quedo con mi conjunto de ropa interior. Escucho que Alejandro me dice:

    «Por favor solo déjate la prenda íntima inferior»

    La verdad me daba bastante pudor pero también entendía que sería muy difícil que él me hiciera masajes con la ropa puesta.

    Tapándome con la toalla que él me dio me dirijo a la camilla, el me indica que me acueste boca abajo.

    Mientras suelta la toalla que se encontraba debajo de mi cuerpo y la enrosca en sentido a mis caderas pregunta:

    «La temperatura del ambiente está bien?

    Yo:

    «Si si perfecto»

    Pese a que yo me encontraba sin ropa solo tapado mi trasero con la toalla que él había plegado, no sentía frío, por el contrario se sentía bastante caluroso el lugar.

    Frotando sus manos en aceite Alejandro comenta:

    «Vas a sentir algo frío, es el aceite que te voy a tirar pero tranquila que enseguida pasa»

    Siento perfectamente cuando el aceite toca mi cuerpo. Comienza a masajear de una manera fuerte pero que no produce dolor, sus manos se deslizan por mi espalda seguras y sin pausa. Comienzo a sentirme relajada mientras mi mirada fija en el piso se empieza a interrumpir por mis párpados que reflejan la relajación de mi cuerpo. Ya con mis ojos cerrados me dejó llevar por la hipnosis que los masajes de Alejandro me provocan. El continúa masajeando cada centímetro de mi espalda luego de casi 30 minutos me dice:

    «Bueno, ahora vamos a continuar con las extremidades»

    Yo venciendo el letargo que mi cuerpo había adquirido le respondo:

    «Cómo tú digas»

    Siento sus manos masajeando mis dedos de la mano derecha, uno por uno los frotaba, luego la palma para después seguir con el brazo, lo mismo con la mano izquierda, que sensación tan hermosa físicamente es muy relajante y sedativo y mentalmente me hace sentir una reina o emperatriz.

    Mientras comienza a masajear las palmas de mis pies dice:

    «Eli disculpa la pregunta si quieres no me contestas… cuántos años tienes??»

    Yo riéndome respondo;

    «Para nada me molesta, tengo 40 años»

    Alejandro:

    «De en serio!!! Te daba menos, no sé… máximo 36»

    (No sé si es sincero, me halaga para conservarme como clienta o me está coqueteando)

    Yo:

    «Que exagerado!! Considero que los llevo bien pero tampoco para tanto»

    Alejandro:

    «No de en serio, para que mentir, 40 años es una edad excelente también, pero sinceramente pensé que tenías menos»

    Yo:

    «Bueno gracias»

    Alejandro:

    «No tienes porque, sabes que yo considero que la mujer alcanza su esplendor entre los 35 y los 50 años.

    Es allí cuando sabe lo que quiere, sabe cómo conseguirlo, su cuerpo ya no tiene secretos para ella. Si bien no te puedo negar que a los veintitantos están radiantes y su fisionomía está en la cúspide le falta saber cómo manejar todo eso.»

    No podía dejar pasar esta oportunidad para sacarle información respecto de María.

    «Y si. Son radiantes.

    Como María??»

    Luego de un silencio delator Alejandro responde:

    «Bueno si. María es joven e irradia belleza.

    Pero seguramente no tiene tu experiencia»

    Yo largo una risa, y quedó en silencio.

    (Si supiera que María me enseñó cosas que yo no sabía)

    Alejandro me cuenta que conoció a María en Venezuela en un viaje que hizo y que formaron una amistad, cuando ella quiso venir para Argentina él la ayudó consiguió trabajo y le salió de garante para alquilar el departamento donde vive María.

    Alejandro:

    «El día que hablamos, me dijiste que te recomendó María, no la ubicaba por qué yo la llamo Nina»

    Yo:

    «Aaa ok»

    No quiero indagar mucho, pero estoy segura que Alejandro y María tienen o tuvieron algo.

    Nadie hace lo que él ni llama por apodo a otra persona porque sí nomás, quizás sea mal pensada.

    Alejandro continúa con sus masajes, se ocupa de mis piernas y mis pies.

    Luego de casi una hora me dice:

    «Bueno ya está listo, con esto tenés que estar como nueva»

    Estira la toalla y la coloca nuevamente en mi espalda.

    Yo me incorporo, ato la toalla y quedo sentada en la camilla, me siento como nueva, mi cuerpo tenía el peso de una pluma el dolor en mi espalda ya no existía.

    Yo:

    » Genial!!! No me duele nada, la verdad tenés unas manos especiales»

    Alejandro:

    «Bueno gracias, me alegro que estés conforme»

    Mirando la mampara le pregunto a Alejandro:

    «Esa imagen de que o quien es»

    Me intrigaba desde el momento en que la vi.

    Alejandro:

    «Esa es Rati diosa del amor el sexo la lujuria»

    Yo:

    «A bueno, que momento incómodo»

    Alejandro:

    «No para nada, para quienes optamos la filosofía hindú el sexo no es un Taboo, es algo muy bueno y que lo vivimos y disfrutamos de una forma natural»

    Yo:

    «Pero yo estoy bastante alejada de eso, digamos que soy bastante occidental con respecto a ese tema»

    (O al menos lo era hasta no hace mucho tiempo, porque últimamente el sexo se estaba transformando en algo común en mi vida)

    Alejandro:

    «Deberías probar nuestra filosofía, si querés yo también hago masajes tántricos»

    Yo:

    «Y eso que es??? Lo es sentido nombrar pero nunca supe bien como es»

    Alejandro:

    «Son masajes orientados a estimular y potenciar el sexo,

    Ojo, no necesariamente son sexuales.

    Quiero decir que el hecho que te haga masajes tántricos no quiere decir que tengamos sexo»

    Yo:

    «A bueno me quedo más tranquila»

    Alejandro:

    «Para que te des una idea lo mismo que hice con tu espalda hacemos con tus chacras»

    Yo:

    «La verdad cada vez entiendo menos»

    Alejandro:

    «Mira esto es fácil si quieres te doy una sesión de media hora y pruebas. Por Supuesto gratis»

    Yo:

    «¿Te parece??»

    Alejandro:

    «Y que tienes por perder?!»

    Yo:

    «Ok»

    Alejandro se retira y me pide que vuelva a recostarme

    Al regresar esta con otra vestimenta. Una bata larga negra con bordes dorados, con la abertura frontal y cerrada con una tira de la misma tela de raso.

    Cambia la música por otra y apaga los calderos que emiten los aromas con los aceites aromáticos.

    Baja la persiana qué permite el paso de un poco de luz solar. Y enciende dos lámparas de pie que emiten una luz roja tenue.

    Alejandro:

    «Bueno comencemos»

    Me vuelve a plegar la toalla y comienza con los aceites a realizar los masajes. Son distintos, como más suaves y con otros movimientos. Toca zonas que anteriormente no hacía, se dirige a mi cuello, masajes mis orejas, mi nuca, los costados de mi torso, todo de una forma suave y muuuyyy erótica.

    Mientras lo hace me dice en un tono muy suave y pausado:

    «Vamos a hacer algo tranqui ya que este tipo de masajes requieren mucho tiempo pero la idea es que veas de que se trata»

    Yo lo estoy disfrutando demasiado.

    (Siempre me gustaron los masajes, pero Facundo para nada, el solo me hace masajes cuando quiere que le haga sexo oral.

    Si, él sabe que los masajes son mi debilidad, cuando me hace masajes comienzo a sentir un hormigueo dentro y unas ganas incontrolable de chupar una buena pija, no se porque pero es así, es más fuerte que yo me desespero por agarrar una pija bien dura y lamerla chuparla y en fin comerla toda.

    Con respecto a este tema siempre tuve una duda [será solo con Facundo o con otro hombre me ocurrirá lo mismo].

    Por ahora con Alejandro no paso, sus masajes me relajaron pero no provocaron nada especial.)

    Alejandro me dice:

    «Te das vuelta, eso sí, necesitaría que dejes tu pecho descubierto.

    En caso que no quieras dejamos la cesión acá»

    Yo:

    «Eeee, bueno pero solo el pecho?!?!»

    Alejandro:

    «Si si solo el pecho tu zona íntima tápala con la toalla»

    Así lo hago, me doy vuelta y utilizo la toalla para tapar mi conchita.

    El tapa el orificio para la cara de la camilla y continúa con los masajes. Masajea mi pecho sin tocar mis tetas solo el contorno de la parte baja del cuello y los costados de mi cintura también mi abdomen.

    Vuelve a masajear el contorno de mis tetas, con su mano roza la parte baja de mis tetas, comienzo a sentir una comezón dentro de mi cuerpo.

    (Esto me comienza a preocupar)

    Alejandro pregunta:

    «Me autorizas a masajear tus pechos»

    Yo tragando saliva:

    «Si claro»

    El no pierde tiempo y frota sus manos sobre mis tetas lo hace en forma circular con mucho aceite pasa sus dedos por mis pezones sin apretarlos solo sus yemas.

    Me dice:

    «Trata de relajarte, respira conmigo»

    El me marca la respiración aspira y exhala… aspira y exhala… Aspira y exhala.

    Yo le sigo el ritmo y comienzo a relajarme.

    La música, la penumbra, y el calor ayudan al relax.

    Masajes a mis pies, lleva sus manos desde mis tobillos a las rodillas una y otra vez luego desde las rodillas a mi entrepierna casi rozando mi vulva. Una… Y otra vez.

    (Yo comenzaba a sentir la sensación de debilidad, comenzaba a sentirme vulnerable.)

    De reojo lo veo a Alejandro comienzo a prestar atención a sus detalles, su rostro mostraba facciones árabes, una barba de días cubría sus mejillas y mentón la tenía prolijamente recortada, sus ojos redondos y marrón oscuro con pestañas largas y cejas gruesas.

    Siento que estoy entrando en un éxtasis peligroso, si lo quiero cortar debe ser en este momento.

    (Había algo que me impulsaba a seguir, y era María.

    Si, en mi mente estaba la idea de que María tenía algo con Alejandro y si así era, producto de algo parecido a celos me decía que yo también tenía que estar con Alejandro).

    Mientras los masajes siguen mi vulva comienza a segregar fluidos.

    Alejandro me dice:

    «Bueno y así son los masajes tántricos, listo por hoy»

    Yo de una manera muy sugestiva le digo:

    «Nooo, ya terminamos…»

    (Sinceramente lo hice sin intención me salió de adentro.

    Por supuesto que Alejandro se dio cuenta).

    Dice:

    «Bueno si tú quieres seguimos, pero te aclaro que ya no voy a pedir permiso y debes sacarte la bombacha, pero te tapas con la toalla»

    Yo:

    «Ok pero mira para otro lado por favor»

    Él sigue con sus masajes, y yo con mi estado de éxtasis.

    Masajea mis pechos, mis piernas. Cuando lo hace es desde las rodillas a mi entrepierna pero sin tocar mi vulva, cada vez que se acerca pienso (sigue un poco más. Sigue un poco más) pero no, vuelve a bajar esto me pone cada vez más caliente. Mi cuerpo instintivamente se quiere contorsionar pero yo lo freno para no delatar mi excitación.

    Pero hay una parte de mi que no lo puede disimular. Mis pezones están súper erectos, y él lo sabe porque cada tanto pasa sus manos por ellos, ahora a diferencia de antes los aprieta con sus dedos.

    Él me dice:

    «Bueno ahora vamos a cambiar de aceite, este es especial»

    Frota sus manos con el aceite nuevo y se pone de frente a mi por detrás de mi cabeza, bajando su espalda retira la toalla y la tira al suelo.

    (Dejándome totalmente desnuda y con mi conchita excitada, húmeda y ahora totalmente expuesta)

    Masajea mi entrepierna desde el comienzo de mis piernas hasta mi monte de venus contorneando la vulva, yo ya explotó.

    Se inclina un poquito más y por fin toca mi vulva con sus manos, es delicioso, sus dedos frotan mis labios vaginales, lo hace con sus dos manos a la vez, una en cada labio. Con sus dedos índice separa mis labios y los frota por toda mi rajita desde abajo hasta tocar mi clítoris que ahora está súper sensible.

    Me dice:

    «Lo sientes?? Sientes el calor??»

    Yo casi sin poder hablar:

    «Siii»

    Alejandro:

    «Es el aceite tiene efecto caliente»

    Me masajea mi conchita muy rico cada tanto desliza un dedo penetrando, esto me produce leves espasmos.

    Su posición deja muy cerca de mí su bulto yo trato de inclinar mi cabeza hacia atrás para estar más cerca de su pija, su perfume es afrodisíaco.

    Seguramente él comprende lo que sucede y simulando un masaje en mis pies por fin apoya su bulto en mi rostro, no lo dudo abro mi boca y muerdo muy suave todo su paquete, lo siento bastante duro, el retrasa los masajes haciendo tiempo. Mientras tengo su bulto en mi boca muevo mi lengua masajeando lo que sea que esté del otro lado de la bata y lo que tenga debajo, no logro saber si es su pene o sus huevos o ambos.

    Mi corazón late fuerte y nuevamente siento esa necesidad de chupar una pija.

    El se para, yo me doy vuelta y levanto mi cabeza apoyando mi mentón en mis dos manos, mis codos están sobre la camilla, él lentamente desata la tira que mantiene cerrada la bata, abre su bata dejando su miembro a la vista. No lleva nada debajo de la bata, la penumbra me permite ver su físico es delgado no está trabajado pero luce muy bien, su piel morocha luce algunos tatuajes que no logro ver con detalles.

    Bajo la mirada y veo su miembro a medio parar.

    Lo miro, y con el dedo índice le hago la seña para que se acerque, tomo su miembro con mi mano derecha, siento el calor y como palpita, sin dudarlo me lo llevo directo a la boca y le doy una primera chupada profunda y fuerte.

    Él dice:

    «Ufff, siiii que rico!!!»

    Yo me entrego a mi lujuria, continuo chupándole la pija ayudándome con mi mano derecha, apoyó mi boca en mi mano y la chupo y pajeo al mismo tiempo, lo hago a un ritmo acelerado a medida que saco su verga de mi boca, arrastro la saliva con mi mano, tapo su glande con su prepucio y vuelvo a empujar el prepucio hacia atrás con mi mano a la vez que voy metiendo su pija en mi boca.

    La suelto, me retiro unos centímetros y la veo. Es normal unos 16 o 17 cm, bastante gruesa y está muy arqueada hacia arriba, su prepucio está bien recogido dejando su cabeza descubierta que por cierto resalta del tronco ya que es notablemente más grande, lo miro a Alejandro él me está viendo y me dice:

    «Te gusta»

    Yo me siento la más puta:

    «Me encanta tu pija»

    Alejandro:

    «Entonces seguí chupando»

    Obedezco y la vuelvo a meter en mi boca. Ahora sin ayuda de mis manos hago un garganta profunda, choco una y otra vez su glande con mi paladar. Oigo el sonido que de mi garganta sale:

    «Gluck, gluck, gluck»

    Alejandro:

    «Ahaa siii, chupa, chupa siii

    Que putita hermosa»

    Esto me pone a mil.

    Saco su pija de mi boca y rebalsa la saliva, la recojo con mis manos y lo pajeo, me encanta ver su enorme cabeza, siento claramente como mi mano choca con ella cuando lo pajeo.

    Su sabor no me disgusta, el me sujeta con ambas manos y me coge la boca de una manera brutal, parece poseído mi saliva comienza a salir por la comisura de mis labios, con cada embestida siento un chorro de saliva que sale. La saca, yo cierro la boca; junto la saliva y la escupo directo a su pija, su verga quedó chorreando saliva.

    Inmediatamente lo pajeo haciendo presión con los dedos índice y angular sobre la base de su glande el comienza a gemir:

    «Si, si, si, no pares, no pares.

    Ya acabo ya acabo!!!»

    Sabiendo lo que viene lo pajeo más duro abro mi boca y espero su corrida.

    A los segundos pumm.

    Un gran chorro de semen impacta en mi boca, gran parte fue directo al fondo de mi garganta el resto a la lengua y labios. Cierro mi boca empujando con mi lengua hacia afuera el semen que puedo y el resto lo tragó, su sabor no es fuerte pero si bastante salado.

    Yo me reposo sobre la camilla para descansar pero no. Él se pone en la parte de la camilla donde daban mis pies, me sujeta de las piernas y me arrastra hacia él. Mi cola está en el borde de la camilla, abre mis piernas y comienza a chuparme la concha, lo hace bastante bien, lame mis labios y clítoris, introduce su lengua y juega entre mi agujerito y mi clítoris, yo lo disfruto.

    (Pero sinceramente no lo hace como María, ella hasta ahora lo hizo como nadie).

    Parándose toma su verga que todavía seguía erguida con la misma potencia y la introduce en mi vagina. Yo doy un gemido fuerte al sentir su verga penetrarme, siento claramente su enorme cabeza abriéndose paso entre mis labios. Nunca había estado con un hombre que tenga su pija así de cabezona, es muy agradable la sensación.

    Cada vez que me penetra la puedo sentir, en el instante que está ingresando rosa mi clítoris dándome un placer muy singular.

    El me sujeta de los tobillos y levanta mis piernas, las apoya en sus hombros y me sigue taladrando.

    Sus brazos sujetan mis piernas, haciendo que queden bien cerradas, el saca su verga para volver a introducirla, esta posición permite sentir más claro esa cabeza hacerse paso entre mis labios, rozar mi clítoris y por fin meterse hasta el fondo de mi vagina. Esto me hace gemir y gritar cada vez más:

    «Ay si, si, si hay, hay, hay»

    El me chupa los dedos de los pies, me mordisquea el dedo gordo, dios que placer.

    «Si Alejandro, si cógeme cógeme, sí.

    Ha, ha, ha si»

    Sigue con un ritmo incansable, es embestida tras embestida no se detiene, me coge sin parar.

    Su ritmo provoca un orgasmo hermoso.

    Sonriendo dice:

    «Te mojaste más»

    Yo:

    «Si, no pares»

    El sigue, sus bolas rebotan contra mi culo. Las siento claro rebotar, el sonido de su pelvis y mis piernas no permiten distinguirlo, pero estoy segura que sus huevos hacen ruido al rebotar con mis nalgas.

    Estiro mis brazos y lo tomo por su cola, es redondita y dura, mis piernas siguen levantadas y veo mis pies como se mueven con cada embestida de su verga. Yo con mis manos tomando sus nalgas rocosas le marco el ritmo.

    Su verga doblada frota claramente la pared frontal de mi vagina. Su cabeza toca ese punto especial que tanto placer me genera y pum!!! Mi segundo orgasmo seguido. El me suelta las piernas saca su verga de mí y me dice:

    «Sube un poco más arriba de la camilla»

    Me ayudo con mis brazos y lo hago.

    El sube a la camilla se posiciona arriba mío y me besa, lame mi cuello y chupa mis tetas, las manosea y sigue chupando. Se pone en cuclillas, vuelve a sujetar mis piernas y las tira hacia atrás, coloca mis pies a cada lado de mis orejas, mi culo se levanta de la camilla levemente, él estira para atrás sus piernas y vuelve a penetrarme con su verga.

    En esta pose siento su verga entrar más profundo, sus embestidas son fuertes y continuas a un ritmo parejo. Comienzo a gritar:

    «Hay, hay, hay «

    Alejandro:

    «Te duele??»

    Yo:

    «Siii, pero no la saques por favor»

    Él se sonríe y aumenta el ritmo me está cogiendo muy duro muy muy duro.

    Yo:

    «Si si si que rico que me coges, si si si, me encanta tu pija cabezona»

    Esto lo enloquece y tirando su cuerpo sobre mi comienza a penetrar más profundo mi sensible conchita.

    Sentía su verga chocar con mis paredes vaginales.

    Yo:

    «Ha, ha, ha si si no pares»

    Alejandro:

    «Dios me encanta tu conchita, sii siiii ya me vengo me vengo»

    Siento como mi vagina se inunda de semen, es increíble la cantidad de semen que tenía dentro, es su segunda corrida y al sacar su verga de mi conchita siento como gran cantidad de su leche desborda de mí.

    Él se para y me estira la mano, lo tomo y me ayuda a levantarme, miro su pija y para mí asombro seguía dura. La tomo con mi mano y la froto, estaba caliente y empapada de los fluidos de los dos, toma un paño húmedo y se limpia. Me arrodilló y vuelvo a chupar su verga, no puedo creer que siga tan parada dura y doblada como cuando comenzamos.

    La mamo y con mi mano derecha lo pajeo, con la izquierda le froto los huevos, los observo y noto que tiene dos bolas bien grandes y que colgaban bastante por debajo de su verga, me llama la atención que las dos son de tamaño idéntico y están bien simétricas, me exitan y son una invitación a lamerlas y tragarlas. Dejo su verga y solo pongo atención en sus huevos, los chupo, primero uno luego el otro luego los dos. Los estiró, los salivo, juego con ellos y mi lengua dentro de mi boca mientras él se pajea, su verga sigue dura

    (Parece que esto continúa)

    El me ayuda a pararme, me da vuelta y me coloca de espalda con mi abdomen apoyado en la camilla me toma la nuca y empuja para abajo, quedó parada con el pecho apoyado en la camilla y mi culito expuesto.

    Él se frota su verga y la coloca en la entrada de mi conchita de un movimiento de pelvis me penetra nuevamente, mi conchita está muy sensible y percibe el mínimo roce, sus movimientos nuevamente me hace gemir y gritar como loca.

    Sujeta mi cintura y embiste repetidamente mi vagina, me da nalgadas cada vez más fuerte esto me excita, toma mi cabello con ambas manos y me coge duro, me siento una potra que está siendo domada, mis gemidos son como relinchos.

    (Me muevo pero no para quitarme al jinete de encima sino para provocarlo más)

    Muevo mi culo mientras él me penetra profundo él suelta mi cabello y saca su verga, con una mano abre mis nalgas y con la otra mano posiciona su verga en la puerta de mi culito. Giro mi cabeza y le digo:

    «Por allí no»

    Alejandro:

    «Segura»

    Yo con voz firme:

    «Siii segura»

    Alejandro:

    «Ok»

    Creo que molesto por la negativa sin piedad me penetra la vagina de un solo empujón, la siento entrar y no me genera dolor pero por la excitación y lo sensible doy un grito fuerte, él me toma nuevamente de la cintura y coge duro, constante, rápido y profundo. Lo disfruto muchísimo, el no para estoy llegando al clímax.

    «No pares sigue, sigue que termino.

    Ay si hay si hay si»

    El me da nalgadas fuerte y yo vuelvo a correrme en su verga, nuevamente se la mojó por completo.

    El continúa con su cogida ya me duelen las nalgas por los cachetazos y las embestidas que resistieron durante toda la cogida.

    Noto que su respiración aumenta y con voz agitada me dice:

    «Ya que no me dejaste hacerte la cola déjame que te acabe en ella»

    Entonces con mis dos manos abrí mis cachetes y el sacando su verga de mi concha se masturba y a los segundos siento su corrida en mi ano y mis nalgas.

    (Sentí claramente cuando el chorro choca con mi esfínter)

    Él apoya su glande en la puerta de mi culito y lo frota desparramando su corrida por todo mi ano.

    Nos levantamos y me dice:

    «Si te quieres bañar tengo una ducha»

    Yo:

    «Si por favor»

    Salgo de bañarme, le doy la plata de los masajes pero él no me la acepta

    Alejandro:

    «No por favor, no te voy a cobrar… eso sí, espero que vuelvas»

    Yo:

    «La verdad no sé, ya veremos»

    Dentro mío me decía (la pasé bien pero no creo que vuelva)

    (Una vez en casa tome conciencia de lo ocurrido, era la primera vez que le era infiel a Facundo por voluntad propia [lo de María no cuenta] lo único que espero es no delatarme)

    Facundo llegó del trabajo pero para mí suerte estaba muy ocupado con un inconveniente laboral, así que no me prestó mucha atención y yo no me sentí perseguida.

    Al otro día voy de María.

    Cuando ingreso al departamento lo primero que hace María es preguntarme por los masajes.

    Yo le respondo en modo medio agresivo:

    «No me dijiste que Alejandro y tú tienen algo»

    María asombrada:

    «Que dices!!! Alejandro es un amigo»

    Yo:

    «Si, un amigo que te trae al país, te sale de garante y te consigue trabajo?! Haa y te llama ni-na».

    Ella riéndose a carcajadas dice:

    «Mira qué dices pavadas, como puedes hablar así de alguien que no conoces»

    Yo:

    «Entonces cómo es?!?!»

    María:

    «Alejandro es amigo de mi hermano. Lo conocimos en Venezuela, mi hermano le pidió un favor para mí como si fuera para él y lo de Nina lo sacó de mi familia, me llaman así de pequeña»

    Me sentí las más estúpida por la situación y por el planteo, parecía una quinceañera celosa.

    María me mira y riéndose me dice:

    «Espera espera, te hizo el cuento de los masajes tántricos???»

    Yo haciéndome la tonta pero con la cara que se me quemaba de la vergüenza le digo:

    «Nooo nada que ver»

    María:

    «Siii caíste en su cuento»

    Me tomo la cara con ambas manos y le digo:

    «Si soy una idiota»

    Ella no aguanta la risa

    «Siempre que se quiere coger a alguien le hace el mismo verso»

    Me siento todavía más estúpida

    María:

    «Bueno por lo menos la pasaste bien??»

    Yo no le contesto y me vuelvo a casa.

    Continuará…

  • En casa de mi compañero Testigo de Jehovah

    En casa de mi compañero Testigo de Jehovah

    Esta historia sucedió algún tiempo antes de las historias de mis relatos anteriores.

    Manuel era uno de mis mejores amigos de la preparatoria, hacíamos muchos trabajos en equipo y nos llevábamos muy bien. Pasábamos mucho tiempo juntos jugando algún video juego o rentando películas y viéndolas en su casa. Obviamente desde aquel tiempo a mí ya me atraían los hombres y Manuel me parecía sumamente atractivo, pero sabía que nunca pasaría nada entre nosotros dado que por su religión era muy conservador en cuestiones sexuales o al menos esa era la fachada que me daba.

    En cierta ocasión me invitó a pasar todo el día en su casa ya que sus papás habían salido a un evento de su religión y regresarían hasta el día siguiente. Llegamos a su casa y dejamos nuestras mochilas en su cuarto, después de que ambos nos cambiamos el uniforme y nos pusimos ropa más cómoda, bajamos a comer la pizza que habíamos ordenado, hasta ese momento todo transcurrió como normalmente sucedía chistes, bromas, comentarios de ciertos maestros y compañeros

    Terminamos de comer y nos subimos a su cuarto con la idea de jugar, pero en lugar de eso me dijo – tengo algo que enseñarte, espero no lo tomes a mal- y sacó de debajo del colchón unas 4 revistas para adultos – las dejó un primo que vino la semana pasada, la verdad no había tenido oportunidad de verlas porque estaban mis papás, quieres que las veamos- yo le dije –si claro, si tú quieres yo no tengo ningún problema.

    Extendió las revistas sobre la cama y me dijo -escoge la que tú quieras- para mi sorpresa, vi que dos revistas mostraban a mujeres desnudas y las otras dos mostraban a hombres desnudos. En ese momento pasó por mi cabeza la idea de que tal vez existía una pequeña posibilidad de que algo sucediera, pero antes tenía que medir el terreno, le dije – escoge tu primero son tuyas- si escogía una de las revistas con los hombres desnudos yo lo imitaría y sabría que tendría una oportunidad y efectivamente así lo hizo, escogió una revista que mostraba a un hombre de piel blanca vestido con una chaqueta de bombero, su casco y su pantalón abierto por el cual se asomaba su verga que sostenía firmemente con su mano. Yo tomé la otra revista, la cual mostraba una pareja de hombres completamente desnudos en una oficina solo con una corbata y el pantalón a los tobillos.

    Nos sentamos en un sillón de dos plazas que había en su recamara y empezamos a hojear la revista al inicio nuestros cuerpos estaban separados y cada uno de nosotros se enfocaba en su propia revista, de pronto Manuel se deslizó un poco sobre el sillón y abrió sus piernas lo cual hizo que su rodilla chocara con la mía, no le di importancia y seguí metido en mi revista, mi verga ya estaba despertando dentro del pantalón y el roce con la pierna de mi compañero hizo que diera un pequeño salto.

    Algo me hizo voltear a ver que hacia Manuel y vi que se empezaba a masajear su verga por encima del pantalón, en el cual, ya se marcaba un pequeño bulto. En ese momento sentí como apoyaba más su pierna contra la mía, eso me hizo dudar de si era una indirecta o solo una casualidad por la postura, así que separé mi pierna un poco y el la volvió a juntar, ahí me animé a dar el siguiente paso y dije – vaya vergas que se cargan estos tipos- él me contestó –si verdad, ¿oye estoy un poco incómodo con el pantalón ¿te molesta si me quedo en pelotas? – Adelante es tu casa- le contesté, acto seguido se levantó del sillón y desabrochó el pantalón y se lo bajó con todo y calzones dejando al descubierto un pedazo de carne blanca semi-erecta de unos 15 cm con unos vellos rubios que cubrían unos pequeños testículos. Tuve que hacer un esfuerzo para no lanzarme a agarrar aquel paquete, se volvió a sentar y agarrando su revista llevó la mano a su verga y empezó un suave sube y baja- ¿te molesta si me quedo en pelotas yo también- le pregunté- al contario- dijo sonriendo. Así que me quité mi pantalón y mi ropa interior, me senté en el sillón y Manuel se recorrió en el asiento pegándose a mí de manera que su pierna y la mía estaban completamente juntas, me dijo – así lo vamos a disfrutar más porque podemos mirarlas juntos-

    Cada uno de nosotros se encargaba de su propia verga, hasta que Manuel me dijo mostrándome una imagen de dos hombres sentados en un sillón, masturbando a su compañero- deberíamos intentar esto no crees- y sin esperar respuesta llevó su mano a mi verga y la empezó a sobar suavemente mientras subía una de sus piernas sobre mi muslo, yo exhalé un suspiro y llevé mi mano a la verga de Manuel, empezamos un sube y baja con la reata del otro mientras mirábamos nuestras revistas que descansaban sobre los muslos.

    De pronto Manuel clavó su vista en mi verga y dejando que su revista se resbalara hacia el piso se acercó a mí y me dio un beso, se alejó instantáneamente, yo me acerque a él y le devolví el beso. Nos acercamos al otro al mismo tiempo y nos dimos un beso de lengua, mientras nuestras manos seguían encargándose de la verga del otro. Manuel se alejó de mi un momento, se acomodó de tal manera que quedó con ambas piernas flexionadas arriba del sillón – siéntate como yo- me dijo con una voz entrecortada- imité su movimiento y me senté igual que él, lo más pegado que pude, de manera que mis piernas eran abrazadas por las de él estábamos tan juntos, que nuestras vergas rozaban entre si mientras nos abrazábamos y nuestras manos recorrían la espalda del otro y nos dábamos pequeños besos ocasionales en la boca.

    Cambiando de postura Manuel me recostó en el sillón y él se colocó sobre mí, al ser casi de la misma estatura nuestras vergas ya completamente erectas continuaron rozándose, se lanzó a besarme en la boca y fue descendiendo poco a poco llenando de besos mi cuerpo, hasta que sentí su cálido aliento en mi miembro, primero pasó la lengua por todo el tronco deteniéndose especialmente en el glande, luego volvió a bajar hasta mis testículos, los lamió, los chupó y se los metió a la boca alternadamente, después volvió a subir a la cabeza de mi verga, que ya lanzaba sus primeras gotas de precum. Después de lamerla, empezó a meterla completamente en su boca, podía sentir sus labios chocando con mi vello púbico, luego suavemente empezó a subir y bajar lentamente por todo el tronco, ocasionalmente apretaba sus labios contra mi verga, ahora que lo escribo me doy cuenta que con dicha técnica fue evidente que no era la primera verga que chupaba, volvía a subir a la cabeza y la recorría con su lengua chupando el precum que lanzaba.

    Manuel me tenía completamente dominado en un placer que nunca había sentido, mis manos apretaban suavemente su espalda, subió nuevamente hasta mi boca donde nos dimos un beso, -quiero que nos hagamos un oral al mismo tiempo- se volvió a acostar sobre mi pero esta vez yo tenía su verga a la altura de mi boca, la empecé a chupar suavemente y aunque nunca lo había hecho, deseaba regresarle el placer que él me estaba proporcionando, pasaba mi lengua por todo su glande que ya estaba lubricado y lo probé la experiencia fue alucinante, empecé a meter su verga en mi boca al inicio me costó un poco de trabajo encontrar la técnica adecuada, y seguramente más de una vez lo lastimé sin querer, pero poco a poco fui dejándome guiar por los movimientos que el hacía en mi verga, imitándolos yo con la suya, en ese momento una de mis manos fue directo a su culo y empezó a jugar con él. Pude sentir como Manuel se contrajo del placer, así que sin pensarlo decidí continuar con aquel juego, mientras nuestras bocas estaban ocupadas en lamer la verga del otro, uno de mis dedos empezó a moverse tratando de entrar en aquel apretado culo, lleve mi dedo índice a mi boca y chupándolo suavemente volví a llevarlo a su culo y esta vez pude sentir como empezaba a entrar, en esto tenía un poco más de experiencia ya que lo había hecho conmigo mismo cuando me masturbaba, así que empecé a mover mi dedo en forma circular y luego flexionándolo un poco lo metía y lo sacaba.

    Manuel se separó de mi verga –me encanta lo que estás haciendo- y se puso en cuatro sobre el sillón recargando su pecho en uno de los brazos, me acerqué a él y decidí seguir jugando con su culo, pero esta vez no usaría mi dedo, sino la lengua. Me acerqué a sus nalgas y las apreté con mis manos mientras las separaba, llevé mi lengua a su culo y empecé a hacer círculos y a pasarla sobre su agujero, mis lamidas provocaban que Manuel se retorciera de placer, volví a introducir un dedo, pero como entro con facilidad debido a la dilatación y a lo húmedo que estaba introduje dos dedos empezando a moverlos, meterlos y sacarlos. Empecé a incrementar el ritmo con el cual metía y sacaba mis dedos, de pronto ya eran tres dedos los que masajeaban el culo de Manuel, de vez en cuando alternaba mis dedos y los cambiaba por mi lengua que entraba y salía de aquella cavidad, después de unos 5 minutos de estar cogiéndolo con mis dedos Manuel dijo- Me vengo… -y unos 5 chorros salieron disparados contra la revista que yo había estado leyendo y que había quedado justo debajo de su pene, cuando terminó de chorrear se volteó y dándome un beso, bajó a mi verga y metiéndosela a la boca empezó una mamada que me llevo al éxtasis en un segundo pues con su otra mano estimulaba mis testículos. Le alcancé a avisar que me venía, pensando en que se retiraría, pero solo incrementó el ritmo de la mamada haciendo que lanzara chorros calientes de semen dentro de su boca, limpió mi verga y se retiró y volvió a darme un beso donde pude sentir el sabor de mi corrida.

    Nos tumbamos en el sillón desnudos y abrazados –creo que tendré que pagarle la revista a mi primo- me dijo Manuel tomando con su dedo la corrida que estaba sobre una de las hojas, le tomé la mano y la llevé a mi boca, saboreando su semen – me gustaría ver como se la vas a pagar- dije, mientras le daba un beso.

    No olvides dejar tus comentarios y si tienes sugerencias para hacer mejor mis relatos también te las agradecería. Si gustas escribirme y platicamos.

  • Policía tubera: la maestra del Kama Sutra

    Policía tubera: la maestra del Kama Sutra

    Por el 2008, conocí a una mujer policía madre soltera, una “Cholita power”, trigueña de buenas piernas y culo, de pequeños pechos, su cuerpo se entregaba a posiciones del Kama Sutra con tal destreza que caí rendido a ella.

    Un fin de semana acodamos con unos amigos ir a una peña para celebrar un cumpleaños de ellos, así llegamos al lugar y en medio de la fiesta, el baile, empezamos a conocer a varias chicas, la cual una de ellas nos llevó a su grupo, así nos presentamos entre todos y entre las chicas estaba Zully, de unos 28 años, de 1.70 m, trigueña, cabello pintado de buena figura y aunque no era de senos muy grandes, era atractiva, como dirían en mi país “Cholita power”.

    Así, pasamos el ato, y fui conociéndola peguntándole cosas de ella.

    D: ¿Y dime estas soltera, de novia?

    Z: ¿Tu qué crees? – sonriendo

    D: Uhmm, bueno no veo que lleves anillo

    Z: Ok, cierto, ¡pero por eso crees que no estaría con novio o casada?

    D: ¿Bueno, entonces eres casada?

    Z: No, soltera… en verdad soy madre soltera, ¿tendrías algún problema con ello?

    D: no que va, ningún problema, ¿porque dices eso? – todo dudoso

    Z: Nada, olvídalo

    Seguimos charlando y nos pusimos a bailar nuestros grupos empezaron a formarse las parejas y así poco a poco , ya con unas cuentas copas encima, con Zully empezamos a bailar muy pegados y en ocasiones presionando nuestros cuerpos, y ya en medio de la pista nos besamos disimuladamente, sin embargo mi verga la sentí abultarse de excitación, al parecer ella también lo sintió, y los besos se iban volviendo más intensos, por un momento nos olvidamos que estábamos en medio de la pista de baile, y nuestros amigos empezaban a molestarnos, para luego darnos cuenta y reírnos.

    Amigas: Te va pedir tus papeles y te va arrestar por falta a la autoridad, jaja

    D: Como así Jaja!

    Z: Es que somos policías, soy policía, escuadrón fénix, ¿algún problema con eso?

    Me quede sorprendido por un instante

    D: ¡Para nada oficial!

    Riéndonos, y tocándola de las caderas, mientras bailábamos

    Así pasaron las horas, todos emparejados fui proponiéndola ir a mi departamento, pero no accedió, tenía que regresarse con unas amigas.

    D: Vamos, que dice oficial, puede si quiere requisar mi habitación

    Z: No, no ahora… yo te diré cuando, debes hacer caso a la autoridad y obedecer

    Riendo ambos, así quedamos en que ella me visitaría un día x sería sorpresa y así fue, realmente fue una caja de sorpresas, descubrí y abrí na caja de pandora sexual.

    Pasaron unos tres días y quizás sin darle importancia creí que nunca vendría a visitarme, y una tarde camino a mi casa, me llamo dándome la grata sorpresa que podía verme ese día en la noche.

    Z: ¿Por dónde estás?, estás en tu casa estoy por pasar.

    D: Estas cerca, por donde ya estoy a unas 5 calles- camine todo presuroso

    Z: espérame en la puerta paso en 10 minutos.

    Llegue y la espere en la entra de mi edificio, en eso la vi llegar en una moto vestida con su uniforme, mientras se acercaba a mí y se estacionaba para acercarme a saludarla.

    D: Que gusto verla, oficial Zully

    Z: Documentos por favor.

    D: ¡En serio Zully!

    Z: Oficial Zully, su documento de identificación por favor

    Aunque me pareció raro le seguí el juego, entregándole mi DNI, lo miro

    Z: Ok, constato entonces que Ud. es soltero

    D: Claro oficial, se lo dije esa vez en la peña

    Z: Muy bien, la requisa será en una hora, voy a mi base y regreso en una hora, ¿estará en casa para el allanamiento?

    D: Si, oficial, aquí estaré, ordenarle el lugar para esperarla

    Z: No vaya a tocar nada, que tendré que buscar al milímetro, cada rincón de su casa

    D: Pero que busca oficial, estoy dispuesto a colaborar

    Mientras me devolvía documento, me miro y susurrando me dijo:

    Z: Una buena verga, para esta noche… Ud. cree que la tenga sino para retirarme y allanar otro lugar

    Volví a sorprenderme, esta estaba dándome órdenes y como civil que soy debo acatar la ley.

    D: Si oficial Zully, regrese y encontrará aquí esta noche – devolviéndole el susurro en medio de la calle

    Z: regreso, buenas tardes

    D: La espero oficial.

    Así se fue rápidamente a su base, manejando con habilidad su moto, y con la esperanza de que sea mía esa noche, en casa me bañe limpie bien mi habitación puse vino a ponerla al tiempo. Al rato tocaron mi timbre y casi al hacerse noche, pude divisar que era ella, vestida en buzo y zapatillas y con un maletín al hombro, Salí a recibirla y me sonería comenzando una amena charla mientras ingresábamos a mi departamento.

    D: Oficial puede revisar cada rincón de mi casa, no hallará nada

    Z: Sorry, es que no puedo estar con cariños en plena calle y uniformada, pero entonces…

    Entrando y al cerrar la puerta

    D: Claro que tengo una buena verga para ti, esta noche y las que quieras… entonces, lo buscas tu o te lo entrego yo- fui atrevido a ganar o todo o nada.

    Acto seguido nos besamos apasionadamente, besaba su cuello, ella se pegaba a mí, tocaba sus caderas, fui metiendo mi mano bajo su casaca sintiendo su piel, para luego tocarme el bulto de mi verga poniéndose casi erecta, fuimos al grano y ella fue directo hacia mi verga, me senté sobe mi sofá y al bajarme el pantalón empezó a besar mi pene y mis bolas, para en solo bocado metérsela y empezar a darme una buena mamada.

    Z: ¿Te bañaste verdad?

    D: Muy bien oficial, y encontró la verga que quería por lo que veo… ahhh… siga oficial, siga…

    Z: Sáquese la ropa para revisarlo bien

    Empezamos a entrar a un juego erótico, me desvestí rápidamente, para que ella de rodillas, fue quitándose su casaca y polo, dejando en el aire sus pechos y meterse ente mis piernas mientras me lo mamaba, estaba devorándome con esa deliciosa boquita

    D: sigue, ahhh, ahhh, que rico me lo mama oficial

    Z: cállese y siéntese sobre el sofá

    Al sentarme se puso de pie frente de mí, dándome la espalda y al momento de bajarse el pantalón del buzo dejo a mi vista tremendo culo, que a la oscuridad de la noche y con una luz tenue de mi lámpara quede maravillado, bajo hacia mi verga clavándosela poco a poco, tocando sus nalgas presionando tremendos glúteos

    Z: ¡No toque, está prohibido, Ud. obedezca!

    D: ok, ok

    Empezó a darme unos sentones, viendo como sus nalgas remecían al contacto de mi pelvis, empecé a sujetarme sobre las abrazaderas del sofá para evitar la tentación de tocar su culo, arrimo mi mesa de noche, y sobre mi alfombra se echó para luego indicarme a hacer la pose del “acordeón”, era una maestra del Kama Sutra, llevando sus piernas hacia atrás y fui hundiendo mi verga en su concha ya mojadita, así seguí o un rato, viendo su cara de excitación.

    Z: Acuéstate en la alfombra

    Siguiendo con una tremendas “sentadillas” que me daba, dejándome dominar y complacer todos sus fetiches, no podía creer que fuera tan ardiente. Ambos gozábamos y ya entrados en calor y con el cansancio debido, cayó sobre mi acostándose, para yo en ese momento tomar el control y hacer el “yin yan”, empecé a lamer y morder ese coño ya mojado y ella a devorar nuevamente la verga y lamer mis bolas, estábamos desinhibidos.

    El levante llevándola a que se echara sobre el sofá piernas arriba, para posicionarnos en la pose de “el acordeón”, esta vez yo era quien dominaba la situación, Zully ya solo gozaba

    D: Oficial, disculpe, pero le faltare el respeto y quizás pueda arrestarme si desea

    Apunte mi verga hacia su ano, empezando a meterlo suavemente

    Z: ¡Espera!

    Con su mano fue poco a poco guiándome a seguir penetrándola, yo con algo se saliva trataba de humedecer su culito, fue cediendo e iba viendo como mi venosa verga al tope de su erección entraba y salía, ufff deliciosa escena. Ella solo gozaba y gemía, sosteniéndosela sobre la cara con el cojín y así no hace tanta bulla, iba penetrándola cada vez más intensamente, y ahora era yo quien exhausto estaba a punto de venirme, y cambiando a la pose de “el repartidor” abrí más esa deliciosa cola y mi embestida final fue maravillosa.

    D: Ya, ya… me vengo, me vengo en tu culo

    Z: ahhh dámelo, dámelo…

    Sosteniéndose de mi cuello, empezando a eyacular, sin dejar de desenfundar mi verga en su ano, quedándonos inmóviles y rendidos, para luego darnos besos como actos de pasión. Saque mi verga y juntando sus piernas empezó a expulsar mi semen sobre el filo del sofá el cual limpie luego, gajes del sexo; con la sala toda revoloteada, la lleve a bañarse junto conmigo, y para seguir con la acción seguí chuleándomela en la ducha.

    D: ¿Te vas a quedar o me vas dejar? –mientras la besaba en su cuello

    Z: ¿Quieres que me quede? – con la voz de excitación

    D: Si, quédate, quiero seguir explorando su cuerpo – la besaba por todos lados, tetas, nalgas piernas, la sopeaba por momentos, para luego ella bajar y darme nuevamente más mamadas.

    En un momento empecé a lavar bien su ano, con mucho jabón le metía mis dedos al parecer eso le gustaba, baje y bese su ano mientras lo lengüeteaba y sentía que se volvía a excitar

    Z: Siéntate sobre la ducha

    Pues no perdió tiempo e hizo un “69 invertido”, quedé maravillado y sometido a su concha y ano arrinconado hacia la ducha, mientras ella empezaba a mamármelo una imagen recontra bizarra el tiempo y volví a clavarla con su ano ya dilatado y dispuesto a placer, para luego parar y salir hacia mi habitación a seguir con la acción, así posé tras pose, la X, La rana, alguna tijera la pasábamos de maravilla, que rico se gozaba, así por fin logre que se viniera… por la excitación que sintió por poco y me marca mi espalda de lo excitada que sintió en ese instante.

    Pero como siempre le gustaba que le dieran por el culo, ella ya rendida y dada a que la follara, nuevamente con la pose del repartidor iba follando tan rica colita de mi cholita power, mi cholita tubera y aguantadora, mi oficial maestra del Kama Sutra.

    D: ¡Ya me vengo, chúpamelo!

    Z: ¡Ven sube!

    Y así subí y sin dejarla escapar sobre el respaldar de mi cama, con mi verga dentro de su boca empecé a venirme nuevamente, mientras ella gemía y recibía toda mi descarga de leche, sentía que se ahogaba y dejaba escapar por los lados de su boca mi semen, estaba rendida, y para calmar el momento le daba caricias sobre sus cabellos mientras nos mirábamos y ella le daba caricias a mis bolas.

    Paso así el instante volvió a lavarse, y nos vestimos para salir a comer algo, ya en una KFC me conto de ella de su historia.

    D: Cuéntame de ti, quiero conocer más de ti, sin tapujos solo la verdad.

    Z: La verdad es que me separe hace casi 2 años, en realidad nunca me case, el papa de mi nene es un oficial de plana mayor, que tiene familia y yo estoy asumiendo la crianza de mi hijo, aunque si me da para mi hijo, no quiero tener problemas con la institución, es lo que me tocó vivir.

    D: ¿Te entiendo así suceden las cosas, y tu hijo donde esta? Lo dejaste con su papa

    Z: Lo deje con sus abuelos, tengo que trabajar este fin de semana, tengo que escoltar en una comitiva diplomática, tengo que regresar a mi base en la mañana, en fin, un fin de semana agitado

    D: Y porque hoy, ósea yo, porque venirte a buscarme,

    Z: ¿Tengo que decírtelo? ese día me quede con ganas en la peña

    D: Ok, no… a buen entendedor pocas palabras– riéndonos

    La contemplaba por ratos, y si era una cholita bonita, ojos negros, trigueña de bonita piel, buena hembra. Regresamos a mi departamento a descansar, y no voy a negar que nuevamente le pedí otra mamada, la cual accedió, aunque esta vez por el frio solo lo hizo por debajo de las sabanas.

    Partió a la mañana siguiente salió muy temprano, charlamos en la noche y así paso el fin de semana, quedamos en vernos en los días siguientes; y aunque no tuvimos nada oficial fuimos un par de veces a hoteles y para que decir el sofá tántrico fue testigo de más poses y locuras a nuestro place y lo que me llego a enviciar de más culeadas, gozaba de sus caderas y de su hambrienta cola.

    Creo que poco a poco nos fuimos enganchando más, aunque solo era sexo (del bueno), nunca me atreví a tener algo más formal, ella era algo mayor que yo, ella de 28 y yo de 26 quizás no le convencía mi edad y solo lo que necesitaba era placer por un momento.

    Pasaron unas semanas y vi en sus redes sociales que la destacaban a diferentes ciudades por comisiones, la saludaba por redes y le daba like a sus fotos, pero casi sin planear vernos. Creo que llegué a engancharme a ella debido al sexo anal, nunca me ponía peros y más aún me gustaba experimentar poses, muy pocas de las mujeres con las que tuve daban su cola porque les solía doler, se ponían nerviosas o no les gustaban, solo tuve una mujer que, si llego a darme su cola y que disfrutaba de recibir verga, era de la selva, blanquita, voluptuosa de pechos y caderas, pero que nunca llego a igualar lo aguantadora que era Zully.

    Con el tiempo le perdí el rastro, estuve con otras mujeres y alguna vez la veía en sus redes, aunque actualmente ya tiene pareja, envidio a ese tipo, y si los años pasan y aunque está más subidita de peso, no pierde su forma, sigue bella de grandes caderas y piernas, como toda policía mujer suele lucir en sus mayas y botas, sigue siendo bella, sigue viéndose power.

    Fin.

    Pd: Si desean conocer la historia con la otra dama pueden buscarla en mi perfil. Abogada adicta al sexo anal parte 01 y 02… Disfruten de esos grandes relatos.

  • Primera vez con Tati

    Primera vez con Tati

    “Hijo de puta, me mataste.  Sos el segundo hombre que me hace sentir sumisa, y al que le dejo hacerme el culo. Gocé como una bestia.” Me dijo la primera vez que estuvimos juntos…

    Un miércoles a la noche de marzo, que en mi país es el comienzo del otoño, salí a dar una vuelta en mi nuevo coche. Era una réplica convertible Lotus 7, con motor algo preparado. Yo tenía 32 años y era el coche de mis sueños.

    En esa época yo trabajaba de Gerente en unos locales en un shopping. Ganaba bien, y no tenía ni novia ni mujer. Si algunas amigas con las que cada tanto nos juntábamos solamente por sexo.

    Esa noche, luego de manejar un rato paré en una costanera y me bajé a fumar un cigarrillo. Unos cinco minutos después, una chica, pasa caminando, mira el coche y me mira. Solo por educación hago un gesto con la cabeza saludándola.

    Ella sonríe y me lo devuelve. Eso me dio pie para tratar de iniciar una conversación.

    “Hola, ¿te gustan los convertibles antiguos?”

    “Hola, la verdad es que no se mucho de autos, pero este la verdad que me llamó la atención.” Dijo ella

    “Mi nombre es Marcos. Este en realidad es una réplica, un original sale fortunas. Y en nuestro país no se consiguen, solo buenas réplicas como este”

    “Hola de nuevo Marcos, soy Tatiana, pero me dicen Tati. Igual es muy lindo.”

    “Te propongo ir a tomar un café, y charlar un rato. De paso ves si te gusta andar en uno de estos.”

    “Me tienta probarlo, pero la verdad, no subo con desconocidos. Pero allá hay un café, si querés nos encontramos allí.”

    “No tengo problemas, te entiendo. Voy yendo.”

    Estacioné y ella enseguida llegó. Nos sentamos en una mesa, me contó que era turista, que trabajaba como abogada en un estudio jurídico en su provincia, que tenía 36 años, soltera. No era una mujer infartante, aunque se notaba que tenía buen cuerpo. Si era muy sensual, seductora.

    Estuvimos más de una hora hablando, yo le conté sobre mí, de mi trabajo y nos despedimos.

    Al día siguiente, estaba en uno de los locales cuando ví que entraba. Yo estaba dando indicaciones de como armar presentación de prendas y se acercó.

    “Hola Marcos, que lindo está el local.”

    “Hola Tati, que sorpresa. Si, este es todo ropa de hombre, y el otro de mujer.”

    “Bueno, sigo caminando, nos vemos.”

    Un rato después cuando entro al otro local, veo que ella sale de uno de los probadores.

    “Mujer, me hubieses dicho que venías, te atendía yo.” Dije sin ninguna intención, lo juro.

    “Perdón, como dijiste” dijo ella con una sonrisa pícara.

    “Uff, que yo te mostraba la ropa, que mente sucia que tenés.”

    Ella compró dos remeras y se fue.

    Cuando cerré los locales fui al patio de comidas a cenar. Ella estaba tomando café en una mesa. Sin pedir nada, fui a su mesa.

    “Hola Tati, ¿ya cenaste?”

    “No, solo tomo un café”

    “¿Te puedo invitar a cenar? Un amigo abrió un restaurante en Santa Clarisa, a unos kilómetros y le debo conocerlo. Que mejor que en tu compañía. Y ahora ya me conoces, hasta donde trabajo.”

    “Si, esa excusa ya no me sirve. Además me caes bien. Acepto”

    Fuimos a la cochera y subimos al Lotus. Todo el camino era bordeando el mar, su cabello volaba al viento, y ella cerraba los ojos sonriendo. Era evidente que le gustaba la sensación. Llegamos y entramos.

    Nos recibió mi amigo, nos ubicó en una mesa que daba directamente a la playa y el mar. El ambiente del lugar era muy intimista, luces bajas, velas en las mesas.

    “Creo que caí en la boca del lobo. Este lugar es súper intimista, romántico. Noche, mar, luna, pocas luces. Difícil decirle no a un hombre apuesto.” Dijo ella.

    “Eso porque no viste que en el salón contiguo hay una pista de baile, sillones, y luces más bajas.” Dije sonriendo y mirándola a los ojos.

    Ella sonrió y levantó sus cejas.

    Cenamos y mi amigo se acercó a la mesa para ver como había estado todo.

    “Muy buena cena, realmente, lo felicito.” Dijo Tati.

    “Totalmente de acuerdo, muy rico todo.”

    “Me alegro, permítanme invitarlos una botella de champagne. ¿La toman acá o en el otro salón?” Preguntó

    Yo la miré, ella sonrió y bajo la mirada.

    “En el otro salón.”

    Fuimos, trajeron el champagne y le dije:

    “Por vos y el placer de conocerte.”

    “Por una hermosa cena, y una muy buena compañía”

    Charlamos un poco y le tomé la mano para ir a bailar. Era música lenta de los años 80.

    “Marcos, no sos el tipo más lindo, pero sos uno de los mejores seductores seguro.” Me dijo al oído. Yo la tomaba por la espalda y ella me rodeaba la cintura. Un rato después, dos o tres canciones le di un beso en el cuello aprovechando que estaba apoyando su cabeza en mi hombro.

    “Marcos, ojo que las hojas que caen están secas, una chispa puede provocar un incendio.” Me dijo sin mirarme.

    Momentos después, otro beso. Ella suspiró profundamente y pasó un brazo por mi nombro y me acarició la nuca.

    Un rato después nos sentamos uno frente al otro, tomamos una copa de champagne en silencio y cuando tomé su mano nuevamente, ella tomó su cartera. Saludamos a mi amigo y subimos al auto.

    “Yo estoy con mis padres en un hotel.”

    “Yo vivo solo.”

    “Que oportuno.”

    Fuimos, guardamos el auto y subimos al departamento.

    En el ascensor la besé, ella respondió mi beso y sonrió.

    Entramos fuimos al dormitorio y nos desvestimos el uno al otro. Nos tiramos en la cama y comenzamos a besarnos y acariciarnos. Yo bajé a besar sus pechos y succionar sus pezones, ella gemía dulcemente. Mientras lo hacía mi mano comenzó a acariciar sus labios vaginales y su clítoris, ella jugaba con mis cabellos, oprimiendo mi cabeza hacia sus pechos. Fui bajando y ella con sus manos acompañaba mi cabeza. Jugué con su clítoris, introduje mi lengua en su vagina, totalmente mojada. Volví al clítoris mientras dos de mis dedos acariciaban su punto g.

    “Por Dios, que hermoso Marcos, seguí por favor” un par de minutos y ella llegó a un orgasmo que la hizo estremecer. Levanté sus piernas y la penetré lentamente. No porque yo tenga una gran pija, solo para hacerla sentir bien como la penetraba. Empecé a bombear y ella levantó los brazos. Fue la primera señal. Fui aumentando el ritmo de mis bombeos y ella el de sus gemidos. La penetraba hasta el fondo, mis pelotas golpeaban su culo. Ella bajó su mano y se tomó de la garganta y tiraba la cabeza hacia atrás. Yo comencé a acariciar sus pechos pero ella con la otra mano apretaba mi mano para sentir la presión en sus pechos. Yo los comencé a apretar y a bombear más violentamente. Tati gemía sin parar. “Más, más” Pedía u ordenaba. De pronto tomó la mano que yo tenía en su pecho y la puso en su garganta. Comenzó a tener orgasmos, uno tras otro. Minutos después, me fui dentro de su concha. Ella gritaba de placer. Me tumbé a su lado y nos quedamos en silencio.

    Al rato ella dijo:

    “Te dije que las hojas estaban secas. Vos las encendiste.”

    Le convidé un whisky y fumamos un cigarrillo. Cuando ella lo apagó, bajó a chuparme la pija. Yo todavía fumaba, y estando casi sentado busque mi vaso y tomé un trago. Fue la primera vez que una mujer me chupó la pija mientras yo disfrutaba mi whisky y un cigarrillo. Ella me miraba y sonreía.

    “Que placer, por favor.” Dije.

    “Disfruta.” Me dijo Tati.

    Cuando no resistí más, dejé el vaso de whisky y apagué mi segundo cigarrillo. La hice poner boca abajo y me senté en sus piernas con mi pija apoyada en su culo, puse sus manos sobre su cabeza, y tirándome sobre ella, comencé a besar su cuello. Enseguida comenzó a gemir. Fui recorriendo su espalda con mi boca y llegué a su culo, separé sus cachetes y comencé a besar su orto. Cuando comencé a meter mi lengua en su orto ella comenzó a jadear, y a insultarme.

    “Hijo de puta, me estas poniendo al rojo vivo.”

    Metí un dedo en su cocha y estaba empapada, lo llevé al culo y lo fui metiendo de a poco.

    “Guacho, sí que sabes calentar a una mina.”

    “Bien que te gusta que juegue con tu culo. Abrilo bien”

    Ella bajó sus manos y se lo abrió bien. Cuando metí el segundo dedo, le di un suave chirlo en el culo.

    “Si, más, quiero más”, fueron dos o tres chirlos y ella pedía más y más fuerte.

    La hice poner en cuatro patas y se la fui metiendo lentamente hasta que entro la cabeza.

    “No me tengas piedad, rómpeme el culo”

    Haciéndole caso, la embestí y entro hasta el fondo. Fui entrando y saliendo cada vez más fuerte, sin pensarlo tiré de su pelo hacia mí. Su excitación no paraba de subir. La puse boca arriba, metí nuevamente mi pija en su culo hasta el fondo, puse dos dedos de su mano en su concha y la tomé del cuello.

    “Goza, goza con todo.”

    Ella metía y sacaba sus dedos a toda velocidad, con la otra mano se acariciaba el clítoris mientras yo disfrutaba de su culo.

    “No siento que sean muchos tus orgasmos”

    “Hijo de puta, no paro de tener orgasmos, me estas reventando el culo y no puedo parar de gozar.”

    Escuchar eso fue lo que necesitaba para llenarle el culo con mi leche, ella tuvo un doble orgasmo y quedó como en trance, semi desvanecida.

    Me salí de ella, y me acosté a su lado. Cuando se recobró dijo.

    “Hijo de puta, me mataste. Sos el segundo hombre que me hace sentir sumisa, y al que le dejo hacerme el culo. Gocé como una bestia.”

    La llevé a su hotel, intercambiamos números de teléfono y nos despedimos con un beso. Al día siguiente por trabajo tuve que viajar a la capital y no volví a verla. Siempre recuerdo esa noche hermosa.

  • Juguete de mi tío

    Juguete de mi tío

    Hola me presentó soy un joven de 20 años (18 en la historia), Delgado, pequeño de menos de 1,70 y con unas ricas nalgas. Esto ocurrió en las vacaciones de 2019 en donde estuve de visita al campo de mi tío, solos él y yo, mi tío es un hombre muy distinto a mi alto, fornido, moreno y con unos huevos cargados de leche predicho de estar viudo más de 10 años y por supuesto no desaprovecha la oportunidad de desquitarse de lo putita que es su sobrino.

    A la historia:

    Tras un caluroso y arduo día de trabajo en su campo Carlos estaba agotado y sólo quería tomarse el día bebiendo su cerveza, para su suerte su amante le habría preparado su cena y alistado una fría cerveza para relajarse mientras mirada sudorosamente su televisión y a su sobrino limpiar la mesa y alistar el baño y posteriormente la cama para su querido tío.

    Carlos si mediar palabras terminó su plato y se dirigió al baño para limpiarse toda la mugre que tenía de paso preparando su enorme y jugosa verga tras terminar se aproximó hacia su cuarto en donde se encontraría a su sobrino con las piernas y el culo desnudos, su agujero estaba abierto producto de tener a sus manos agarrando sus nalgas para tenerlas lo más abierta posible. La parte superior del cuerpo estaba recostada contra la cama mientras las caderas y la cola estaban en lo alto permitiendo una perfecta vista para su mucho.

    Como era de esperar del serio hombre de acercó a su sobrino para proceder a lamer ese hoyo que tanto ansia ser profanado, el ano comienza a dilatarse producto de los intensos movimientos de la lengua del tío que tras llenarle de saliva a su sobrino como si de vaselina se tratase decide posarse atrás del joven para que con sus propias manos agarra las nalgas e ir penetrando el rosquete prohibido, suavemente el hombre va clavando más y más al fondo a su nueva esposa provocando leves gemidos en ella dichos movimientos se van intensificando y sin preocuparse por los gesto de dolor del joven.

    El acto sigue en esa posición con el tío profanado a su sobrino quien con el tiempo sólo suelta ruidos de placer acompañados de agradecimientos a su tío por convertirlo en su nueva pareja, para finalizar el agujero del joven es llenado de la espesa y caliente leche del semental que ahora lo posee y juega con su cuerpo cuando se le plazca.

    Esto fue uno de los recuerdos que tengo con mi tío Carlos hay otros encuentros más explícitos pero por el momento comentó sólo este, gracias por leer.