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  • El nuevo jefe de mi mujer (Parte 7)

    El nuevo jefe de mi mujer (Parte 7)

    A la mañana siguiente me desperté antes que Noelia, aproveché para darle una ducha y enviarle algunos mensajes a Raúl.

    En ellos le decía que intentará poner más celosa a mi mujer, que me gustaría que la hiciera sufrir un poco más. Me vino a la cabeza una idea, que no sé si saldría como esperaba, le propuse a Jordi que contrata a otra escort, que le dijera que se vistiera de secretaria sexy, que la hiciera llegar a última hora de la tarde junto a él, ja que la idea era que Raúl llegara también a última hora, quería que Noelia pensará que Raúl buscaba otra secretaria.

    – Que tienes pensado Luis? Que se supone que tenemos que hacer en mi despacho?

    – Cuando estéis en tu despacho me avisas, entonces yo disimuladamente hablaré con mi mujer y le preguntaré si te enseñó ya el vídeo, de normal me dirá que estás con otra mujer en el despacho y será entonces cuando le diga que aproveché para mandarte el vídeo.

    Cuando lo recibas, le dices a la escort que te empiezo a comer la polla debajo de la mesa, pero no puede hacer que te corras.

    – Esto se pone interesante, vaya mente más perversa tienes cabrón jaja.

    – Sólo de imaginarme la situación ya se me está poniendo dura jaja.

    Bueno, la cuestión es que cuando tengas a la otra debajo de la mesa, le dices a mí mujer que entre a tu despacho, que quieres hablarle del vídeo, si te dice alguna cosa de la chica, le dices que pase igualmente que es importante.

    – Quieres que Noelia vea cómo me están comiendo la polla mientras os veo follar en el teléfono? Suena increíble, aún que quizá tú mujer me suelta un par de ostias.

    – Si no se va enfadada, pregúntale si le apetece quedarse mientras te follas a la escort, entonces seguramente sí se vaya.

    – Pero la final no va querer saber más de mí, tú me dijiste que podría follar con ella laguna vez más.

    – No te engaño, ten paciencia, conozco bien a Noelia.

    Ella llegará a casa enfadada y cachonda, pero yo le voy hacer nada tampoco, le diré que la invito a cenar a la marisquería que ella quiera y que luego ya le haré olvidar todo.

    Tú lo único que tienes que hacer es reservar la misma habitación en la que estuvimos con Susana y esperar dentro de la habitación con algunas cosas preparadas para cuando lleguemos.

    – Ostia, vamos hacer un trio?

    – Esa es la idea, vamos hacer realidad la fantasía de Noelia, vamos hacer que se corra un montón de veces entre los dos.

    – Gracias por elegirnos para el trio, puedes estar tranquilo que no haré nada que os incomode.

    – Bueno Raúl, ya sabemos la teoría, ahora a rezar para que lleguemos a la noche tal y como hemos planeado.

    Mi mujer ya había desayunado, y se había vestido con un vestido azul y negro que le tapaban los hombros pero le hacía lucir un generoso escote en el que cualquier hombre perdería la vista. Se calzó unas sandalias negras y fue a trabajar contenta.

    Llegó la mediodía y todo seguía la rutina de un día normal y corriente, Raúl me había pasado fotos de la mujer que había contratado y no iba a defraudar, 1’75 cm melena rubia, ojos verdes, tetas operadas de la talla 95 y una cara muy bonita.

    A las cinco de la tarde entró Raúl en las oficinas con Lucía, la rubia que parecía sacada de una revista de las que todos nos preguntamos de dónde sacan esas mujeres. Pasaron por delante de Noelia y Raúl pudo ver perfectamente como mi mujer se los había quedado mirando atentamente.

    Yo acordé a lo pactado, escribí a mi mujer preguntando si ya le había enseñado el vídeo ñ a Raúl, en lo que ella contestó que había estado fuera todo el día y que hacía diez minutos que había entrado en el despacho eso sí, acompañado de una mujer muy guapa. Le dije que quizá estaba buscando otra secretaria y ella me contestó que no tenía ni idea.

    – Cariño, y si le envías el vídeo ahora, con esa mujer en su despacho, que mejor manera de vengarse, porqué se morirá por verlo pero no se atreverá delante de la chica y si se atreviera sería divertido ver la escena.

    – Está bien, vamos hacer cómo reacciona.

    Mi mujer le pasó el vídeo por WhatsApp, Raúl al verlo le dijo a Lucía que ya iban a empezar. Lucía se quitó la camisa que llevaba y también el sujetador, luego se puso debajo de la mesa y le bajó los pantalones y calzoncillos a Raúl, del morbo de la situación, su polla estaba durísima.

    Raúl empezó a mirar el vídeo mientras Lucía le comía la polla con mucha habilidad.

    – Noelia, pasa a mi despacho en cuánto puedas, es urgente quiero enseñarte lo que has conseguido mandándome el vídeo.

    Mi mujer entro al despacho con intriga de que se iba a encontrar en el interior, supongo que no habría pensado ver esa escena de la cual parecía no dar crédito.

    – Para que me haces venir, ya veo que tienes a otra para que te chupe la polla.

    – No te enfades mujer, tú me amenazaste ayer que me harías ver el vídeo sin hacerme nada.

    – Y rápido has buscado a otra para reemplazarme.

    – Si quieres le digo que pare y continúas tú.

    – Ya claro y de paso nos ponemos las dos a chuparte la polla como dos guarras.

    – Yo no me negaría, solo tienes que unirte si lo deseas, tengo polla para las dos.

    – Y yo tengo una en casa más grande que la tuya y que me folla mejor.

    – Bueno veo que no quieres, no pasa nada, si eres tan amable de dejarme con Lucía a solas, quiero terminar de ver tu vídeo mientras me la follo.

    Mi mujer salo enfadada del despacho, por un instante dudo si ponerse de rodillas junto a Lucía a comerle la polla a Raúl, ya que al ver cómo le hacían la mamada la puso a mil, pero su orgullo le pasó por encima.

    Esa tarde le dije a mi mujer que estuviera relajada, le conté que la invitaba a cenar una mariscada donde ella quisiera. Eso la animó bastante, le pedí que se pusiera lo más sexy que tuviera para ponerme cachondo durante toda la cena.

    Se puso unas medias que se ataban a un conjunto de lencería negro que te dejaba sin palabras, encima se puso un vestido negro de tirantes en el que el escote dejaba ver todo el canalillo y un tercio de cada teta.

    – Me parece que los camareros van a pelearse por servir nuestra mesa, estás jodidamente buena amor.

    – Muchas gracias cariño, que miren todo lo que quieran, pensaran vaya mamón esté tío que se va a follar a este pivon.

    – Pues si, te amo vida, venga vámonos.

    Llegamos al restaurante y nos atendió rápidamente el maitre, nos puso en una mesa para cuatro en una zona tranquila del comedor, entre las mesas había separadores de forma que no podías ver con claridad el resto de personas, eso nos proporcionaba bastante intimidad.

    La llegar el camarero, intenté hacerme el despistado, no quería incomodarle ya que quería que se fijará en las tetas de Noelia. Mi mujer le habló con voz melosa y se mostró muy simpática, rápido había entendido que me ponía cachondo ver como otros hombres se la comía con los ojos.

    El camarero estuvo todo el rato atento a nuestra mesa y en ningún momento faltó nada, al terminar nos invitó a una copa.

    Cuando nos fuimos, llevé a mi mujer a un pub ambientado como si fuera un bosque mágico, con árboles, luces, música chillout, sofás y mesas pequeñas, el pub está bastante oscuro, menos la barra donde pedías las consumiciones, la actual estaba al entrar al entrar al pub.

    Nos acomodamos en un sillón para dos, pedí un par de cocktail bastante cargados, durante la cena habían servido vino blanco y ambos estábamos ya contentos.

    Nos estuvimos besando y Noelia me contó que estaba un poco nerviosa, porqué no había plazas vacantes en el despacho y no entendía porque Raúl había querido contratar a otra secretaria, me decía que seguramente la quería despedir para poner a la nueva.

    Yo le dije que se relajara, que esa noche quedaba prohibido hablar de trabajo, al terminar de decirle eso le besé el cuello y le metí la mano por debajo del vestido, llevándola directamente a su coño.

    Mi mujer me dijo que estaba muy cachonda y quería follar conmigo toda la noche.

    – Poco a poco cariño, te pone que te meta mano aquí mismo?

    – MMM ya sabes que si, si pudiera te hacía ahora mismo una mamada que te dejaba seco.

    – Quieres comerte mi polla amor?

    Me desabotono el pantalón y bajé lo que pude el bóxer, mi polla que estaba presa se los calzoncillos, dejaba verse la mitad y ya estaba bien dura.

    Noelia me la agarró y me besaba con lengua, mí mano empezaba a mojarse, su coño estaba realmente húmedo.

    – Cariño tengo una sorpresa para ti, he reservado una habitación en un hotel cinco estrellas, la suite tiene una cama King size en la que vamos a poder hacer todo lo que se te ocurra.

    – En serio? Que bien porqué me muero de ganas de tenerte para mí solita en un sitio más tranquilo.

    – Pues si quieres nos vamos para allí.

    Llamamos a un taxi, el cual nos llevó al hotel, el conductor hacía esfuerzos por no desviar su mirada al escote de mi mujer a través del retrovisor, y más cuando le dije a Noelia que se apretara las tetas para que aún se vieran más, de seguro puso bien cachondo al taxista, otro más esa noche pensé jeje.

    Al llegar fui a recoger la llave, evidentemente Raúl ya había venido antes y disponía de otra llave, envié un mensaje a Raúl advirtiendo de nuestra llegada.

    Subimos por el ascensor a la novena planta, la última del hotel.

    Cuando íbamos por el pasillo, me empezaron a venir los nervios, era la primera vez que íbamos hacer un trio y no sabíamos cómo podía acabar la verdad.

    Al estar en frente de la puerta, agarré con fuerza a mi mujer por el culo y la empecé a besar.

    – Nos lo vamos a pasar de puta madre cariño.

    – Te amo amor, entremos ya por favor, no aguantó más.

    Al abrir la puerta, había una luz tenue encendida y música ambiente sonando en la televisión con la pantalla en negro.

    La habitación era una suite, así que al entrar no vimos a Raúl, ya que tenía un pasillo antes de entrar al dormitorio, en el pasillo se encontraba el baño, la fortuna me sonrió ya que Noelia me dijo que iba al baño un momento.

    Entre al dormitorio y allí estaba Raúl sentado en el sillón tomando un cubata.

    En voz baja le dije:

    – Noelia está en el baño, espero que no se asuste al vernos jaja

    – Oye Luis, que hacemos nos quedamos así o nos ponemos en calzoncillos.

    – Pues no sé tío, venga va en calzoncillos con dos cojones.

    Nos quedamos en bóxer los dos y nos sentamos en la cama esperando a nuestra diosa. Escuchamos la puerta del baño abrirse, la emoción y nervios se apoderaban de mí.

    Mi mujer entro al dormitorio sin el vestido, ya solo llevaba puesto el conjunto de lencería con las medias.

    – Joder que susto! Que representa que haces aquí Raúl? Que es todo esto?

    – Tranquila amor mío, esto es un regalo que quiero hacerte y Raúl quiere ayudarnos, está noche vamos a ser para ti los dos, para que hagas con nosotros lo que quieras, a que si Raúl?

    – Efectivamente, Luis me contó que siempre has deseado hacer un trio con otro hombre, yo le dije que estaría encantado de participar, así que estoy a vuestra disposición.

    – Madre mía, es que aún no me lo creo, joder cariño eres el mejor marido del mundo, te amo y quiero que sepas que si algo te sienta mal me lo hagas saber.

    – Tranquila cariño, creo que ya hemos hablado demasiado.

    – Venga va, iros poniendo a tono parejita que voy a prepararos unos cubatas.

    Mi mujer se subió a la cama y me empezó a besar, yo le iba metiendo los dedos por debajo de las bragas, estaba completamente mojada.

    Raúl nos acercó los cubatas, le di un buen trago y dejé el vaso en la mesita, mientras mi mujer bebía me puse de pie y le dije a Raúl que se acercara. Luego le dije a mi mujer si le apetecía comerse nuestras pollas.

    Mi mujer se puso de rodillas en frente de nosotros, me quitó los calzoncillos a mí primero y luego a Raúl, los dos estábamos empalmados.

    – Dos pollas para mí sola, que guarra me siento diciendo eso jeje

    – Para nada amor, está noche te vas a hartar de comer polla.

    – Ya sabes que no me canso nunca de eso, espero que me folles toda la noche guapos.

    – Eso no lo dudes dijo Raúl.

    Mi mujer agarró una polla con cada mano, empezó chupando la mía, dándole lametones a los huevos y escupiendo en el glande, luego escupió en la polla de Raúl, le lamió los huevos y se la metió en la boca.

    Nunca imaginé que me pondría tan cachondo viendo a mi mujer con otra polla en la boca delante de mí. Noelia parecía dominar la situación y se la veía muy cómoda con los dos.

    Se metió la polla de Raúl por completo en la boca y luego empezó a mamar la mía, también se la metió entera hasta la garganta.

    La excitación se apoderaba de mí y me fui a por el cubata, me senté en el sillón y le dije a mi mujer que quería verlos un poco a ellos.

    Mi mujer se desnudó por completo y se tumbó en la cama, pidiéndole a Raúl que le comiera el coño.

    Luego le mandó que se tumbara boca arriba y ella le puso el coño encima de su boca y me dijo que me acercara, que quería comerme la polla mientras le estaban dando placer.

    Me puse se pie en la cama y volvió a tragársela por completo, luego empezó a mamar fuerte, mi mujer notó que me estaba resultando difícil aguantar y me guiñó el ojo, dándome permiso para correrme, así que me relaje y disfruté de su boca. Raúl estaba haciendo un buen trabajo porque de vez en cuándo Noelia se sacaba la polla de su boca para gemir y no podía combinar la mamada con los espasmos de placer que le estaban ocasionando.

    Mi mujer aceleró la mamada y se ayudó de sus manos para hacer que me corriera en su boca, le llene con violencia la boca de leche, ella no paró de tragar y mamar hasta que me empezaron a temblar las piernas.

    Luego baje de la cama y le dije a Raúl que me tocaba a mí.

    Así que en la misma posición nos intercambiamos los papeles.

    – Noelia afloja un poco que me voy a correr si sigues así.

    – Tranquilo hombre, mi marido ya se ha corrido en mi boca mientras me comías el coño.

    – Bueno, si no ponéis ninguna pega, por mí puedes continuar.

    Raúl no tardó en correrse, y fue entonces cuando fuimos hacer un trago los tres.

    – Bueno chicos, ahora que ya os habéis desahogado un poco, vais a darme un poco de caña?

    – Te vamos a reventar cariño.

    Agarré a mi mujer y la puse a cuatro patas en la cama y la empecé a follar por detrás, mientras ella volvía a chupar la polla de Raúl, la cual ya se estaba recuperando.

    No tuve piedad y embestía con fuerza, le metía por completo toda mi polla, y estaba marcando un ritmo rápido, mi mujer tenía dificultades para realizar la mamada por mi culpa, cuando estaba a punto de decir de cambiar la posición vi una imagen que me puso a cien. Raúl cojo del pelo a mi mujer y le obligó a comerle los huevos y luego le empezó a golpear en la cara con la polla hasta que volvió a metérsela en la boca y con su mano fue obligando a mi mujer a tragársela por completo. Mi mujer estaba a merced de Raúl y le dejaba hacer lo que él quería, casi me corrí al contemplar tal espectáculo, así que la saqué y le dije a Raúl de cambiar.

    Raúl siguió mi ritmo y mi mujer estaba completamente entregada a nosotros y me pedía que le follara la boca, que me amaba y quería verme disfrutar al máximo.

    Luego Raúl le dio la vuelta a mi mujer y la puso boca arriba y empezó a follársela, yo puse mis huevos en la boca de Noelia y entre los dos le tocábamos las tetas.

    – Vaya tetas tiene tu mujer, las mejores que e visto en mi vida de verdad.

    – Ya lo sé, grandes, naturales y bien puestas, no verás muchas así seguro.

    – Me muero por follar esas tetas

    – Mira que te muestro cómo queda de bien una polla en medio de ellas

    Me delante de forma que podía follar las tetas de mi mujer mientras el continuaba a lo suyo.

    – Uff madre mía, vamos a cambiar que yo también quiero.

    – Venga va.

    Después de un rato, me senté en el borde de la cama, mi mujer estaba de lado de forma que podía mamar mi polla mientras Raúl la follaba aguantado una pierna.

    Mi mujer se había corrido más de tres veces y estaba disfrutando como nunca.

    – Oye Raúl, que te parece si grabamos en vídeo cómo nos come la polla hasta que nos corremos.

    – A mí genial.

    – Te gustaría cariño?

    – Haz lo que quieras mi vida.

    Volvimos como al inicio, los dos de pie y ella en medio comiéndose nuestras pollas, me aparte un poco y enfoque bien la mamada a Raúl ya que quería ver como se corría en la cara de mi mujer.

    Noelia abrió la boca y Raúl empezó a masturbarse hasta soltar una buena corrida en la cara de mi mujer, algunas gotas resbalaban a sus tetas, me puso como loco ver como le llenaban la cara de leche a mi mujer así que le di el teléfono a Raúl y Noelia me empezó a chupar la polla con la corrida en la cara aún.

    Le dije que me iba a correr y abrió la boca sacando su lengua y aceleró el ritmo de sus manos, en segundos estaba soltando leche en su cara, cuando ya no salía más se la trago y la dejó reluciente.

    – Madre mía, que arte tienes Noelia, eres un cabrón con suerte Luis.

    – Ya lo puedes decir, así que cuídame como una reina siempre.

    – No lo dudes nunca eso jeje.

    – Bueno chicos, nos damos una ducha y seguimos?

    – Venga va, que la siguiente quiero ver cómo te corres dentro de tu mujer.

    – Eso está hecho!

    Nos fuimos a duchar mientras seguíamos bebiendo, en el cuadro de baño disponíamos de un jacuzzi así que la velada siguió durante toda la noche hasta que nos quedamos dormidos.

    Continuará.

  • El cambio de una madre (Parte IV)

    El cambio de una madre (Parte IV)

    Estaba dándome una relajante ducha, me puse a pensar los cambios que había dado mi vida en la última semana. Hace una semana, era una persona normal, con un trabajo normal, con una familia normal, pero ahora algo estaba cambiando. Sobre todo lo de la familia normal. Nunca tuve deseo alguno por mi madre, pero ahora mismo lo único que pasaba por mi cabeza todo el tiempo, era disfrutar del sexo con ella. Hacerla gozar, quería que disfrutara a cada paso, que estábamos dando en el terreno sexual. Pero sobre todo lo que yo quería era FOLLÁRMELA. Me encanta estar con mi madre, estoy muy a gusto con ella, el tiempo vuela a su lado, pero esto también era así antes de que nuestra relación llegase a tener sexo.

    Mientras canturreaba en la ducha, un flash vino a mi cabeza, no sé parecía como si estuviese olvidando algo. Pero no acertaba saber que era… Entonces me sacaron de mis pensamientos, las protestas de mi madre.

    -Luisja hijo, tienes para mucho? que llevo prepara más de 5 minutos. Son los hombres los que tienen que esperar, no al revés. Protesto mamá.

    -Voy, voy no seas impaciente, no me dejas ni darme una ducha tranquilo. Le respondí.

    Cuando salí de la ducha, me puse el albornoz del hotel. Cuando salí a la habitación, allí estaba esperando una preciosa madura, radiante, brillaba más que el sol de agosto. Madre mía qué guapa estaba con la ropa que había escogido para ella. Si no fuese mi madre y me cruzaría con ella por la calle, haría lo que suelo hacer cuando me cruzo, con alguna madura de las que quita el hipo. La seguiría de cerca un par de calles por lo menos para poder apreciar esas bonitas curvas, esas preciosas piernas…

    La falda le marcaba un poco su redondo culo, sus tacones de 5 cm estilizaban sus preciosas piernas… Como era posible, me había vuelto a empalmar… Era un continuo calentón con esta mujer. Pero, como puede estar tan buena y en 32 años no me dado cuenta? bufff

    -Que tal me ves dijo la coqueta de mi madre, mientras daba una vuelta girando sobre si misma.

    -Que como te veo Ma? Te veo como lo que eres, la madre más guapa y que más buena está del mundo. Afirmé

    Abrí mi albornoz para poder vestirme. Ante los ojos de mi madre apareció mi durísima polla.

    -Ves Ma, mi pichita piensa lo mismo que yo.

    -Hijo , Estas todo el día caliente, en eso eres igualito a tu padre a tu edad. Siempre estaba caliente, no le importaba el dónde, el cómo pero siempre necesitaba su ración de sexo… Eso sí, sin preocuparse lo más mínimo por darme una pizca de placer a mi.

    -Bueno Ma, a partir de ahora eso ya no va a pasar más. Para eso está tu hijo y dejarte bien satisfecha. Dije muy seguro.

    -Hijo ya te he dicho más de tres veces, que cuando nos marchemos para casa acabará la tontería está. Será como en las Vegas. «Lo que pasa en las Vegas se queda en las Vegas» vale? dijo mi madre muy convencida.

    Cuando estaba buscando mi ropa en el armario caí en una cosa… no tenía ropa suficiente. Yo venía para dos días y nos vamos a quedar 6. Ya solo me quedaban un par de calzoncillos limpios. Se lo comunique a mi madre, mientras me ponía un pantalón vaquero, una camisa y unos zapatos.

    -Ma, no hemos caído en una cosa, sólo íbamos a estar aquí dos días y ahora serán 6, yo no tengo ropa, no tampoco calzoncillos, protesté.

    Tú, no tienes problema, compraste de todo el sábado pero yo apenas tengo nada. Dije con pena.

    -Bueno no pasa nada hijo, no te preocupes por eso, mañana es lunes y las tiendas vuelven abrir, compraremos toda la ropa que quieras… Eso sí la que yo quiera. Si por ti fuese te compras tres chándal y tan contento… Además pagá tu padre, esto le pasa por no venir el a la boda. Dijo risueña.

    -Me pongo un poco de colonia y ya estoy listo, le dije a mi madre.

    Salimos del hotel y nos dirigimos hacia el mercado de San Miguel. Un antiguo mercado que ahora son bares- restaurantes. A mi madre le gustan mucho los sitios así. Probamos 6 o 7 pincho y raciones que estaban de muerte, regadas con unos buenos vinitos, blancos y tintos.. Estaba súper a gusto con mi madre, bueno siempre lo he estado. Cuando saciamos nuestro apetito, cogí a mi madre de la mano y paseamos por Madrid centro. Había mucha gente.

    Vimos la plaza mayor, la puerta de Alcalá, la Almudena, Hasta fuimos al retiro y nos montamos en una barca. Parecíamos dos enamorados… En la barca estábamos enfrentados, mi madre en una de la tablas y enfrente yo en otra. No tenía junta las piernas y pude ver sus bragas y sus medias. Me volví a poner como una moto.

    Mientras remaba, seguía todavía dando vueltas que se me estaba olvidando algo. No había forma de acordarme. Mi madre me volvió a sacar de mis pensamientos.

    -Bueno rey, me está gustando mucho Madrid, pero después de esto nos vamos al hotel no? Ya hemos conocido unas cuantas cosas. Además anoche no descansamos mucho, y me está empezando a pasar factura. Ahh y se me olvidaba, tú tienes pendiente de enseñarle a mamá, como haces una cosita, dijo muy sonriente.

    -Perfecto Ma, pero como tenía mi cabeza en otro lugar, seguía pensando que se me olvidaba, no sabía a qué se refería con «enseñarle a mamá». Que te tengo que enseñarte Ma, pregunté distraído.

    -Joder hijo, como te haces el tonto cuando quieres… Pues que es un buen conilingus, que esta mañana no me lo has querido hacer…

    Joder es verdad, Ya me podía acordar pronto, de lo que se me estaba olvidando o arruinaría estos días tan especiales junto a mi madre.

    La verdad que tenía muchas ganas de comerle el coño a mamá. Le haría gozar como nunca, más que cuando le hice la paja anoche y esta mañana.

    Que se corriera en mi boca… Pero antes de todo eso, jugaríamos un poco en el jacuzzi para ponerla bien cachonda.

    Cogidos de la mano, paseábamos de regreso al hotel, entonces mi madre me dijo:

    -Me muero de ganas de darte un buen beso, llevo más de 5 horas sin darte uno, lo necesito.

    Me arrimé a ella y le comí la boca en medio de Madrid, por la calle pasaba gente, mucha gente, pero no llamamos la atención de nadie. Éramos dos personas dándose un beso, en medio de la calle. Nos fundimos en un largo beso, nuestras lenguas jugaron durante unos segundos, hasta que ya nos separamos…

    -Te quiero mi chico. Dijo mi madre un poco acalorada por el beso.

    Seguimos andando, como si de una pareja de novios se tratara…

    Al pasar una licorera, pude ver que vendían champagne, no podía dejar pasar el detalle del jacuzzi sin tomar una copa de champagne.

    -Espera aquí Ma, voy a comprar una cosa.

    Compre una buena botella. Me sorprendió la pregunta del dependiente.

    -Frío o del tiempo?

    Era perfecto, tenían champagne frío y encima me regaló dos copas. La tarde-noche prometía. Lo íbamos a pasar en grande madre y yo.

    Sin más sobresaltos llegamos al hotel. Mientras que subíamos en el ascensor, mi madre dijo.

    -Hay que ver hijo que bien, te portas conmigo. Siempre pienso en como puedes estar soltero, con lo buena persona y detallista que eres. Eres capaz de hacer feliz a una mujer, sin costarte el mínimo esfuerzo… A mí me estás haciendo la mujer más feliz del planeta… Una mujer menopáusica que está a punto de cumplir los 54.

    Estas consiguiendo que nunca olvide, estos días.

    Joder ya está. Eso era, Mañana era el cumpleaños de mi madre. Joder se me había olvidado por completo, bueno como otros años. Pero esta vez la cosa era distinta estaba en deuda con ella, me sentía obligado a tener un detalle con ella. Llevaba más de 6 años sin comprarle nada… Pobre mujer. No me extraña que a veces este triste… Que mal hijo, pensé. Bueno luego pensaría algo para mañana, ahora tocaba un rato de placer con mi madre…

    Abrimos la puerta de la suite mientras nos dábamos un largo y apasionado beso. Mi madre daba los mejores besos con lengua del mundo. Hay que ver qué rápido ha aprendido, con lo mal que lo hacía apenas 48 horas y ahora es toda una experta.

    Mientras que nuestras lenguas se unían, jugaban y se entrelazan, yo acariciaba con mucha suavidad el cuerpo de mi madre. Acerté a levantar la falda por la parte de atrás y acariciar su redondo culo.

    Seguimos besándonos y comencé a desabrochar los botones de la blusa de mamá, se la quité, ella me tocaba el culo, con las manos metidas en los bolsillos de mis vaqueros.

    -Te quiero Ma. Le susurré al oído.

    – Yo también cariño mío, pero por favor no pares, y enseña otra manera más de disfrutar. Por favor hijo hazme que pierda la cabeza y me vuelva loca teniendo otro orgasmo.

    Besé, su cuello mientras mis manos recorrían todo su cuerpo, pasé mis dedos por encima de su sujetador. Sus pezones ya estaban empezando a estar duros… Busqué la cremallera de su falda y esta cayó al suelo. Me separé para deleitarme con la visión de mi madre, con esas bragas blancas semi transparentes, con encajes y esas medias negras con sus detalles rojos. Hice una foto mental para cuando volvería a casa tendría un recuerdo para hacer una buena paja…

    Mi madre se dejaba hacer, la veía un poco perdida, dejaba que yo llevaría la iniciativa. Me volví a acercar a ella y la volví a besar, le solté el sujetar, chupé sus pezones y sus tetas yo ya estaba a mil. Metí mi mano en sus bragas para tocas su humedecido coño, estaba lubricadito. Metí mi dedo por su rajita y un suspiro salió de la boca de mi madre. Cuando acaricié su clítoris, resopló. Le quité las medias y el liguero, le dije al oído vamos a llenar el jacuzzi y seguiremos jugando allí.

    Llenamos el jacuzzi y abrí la botella de champagne, brindamos los dos desnudos. Mientras que se terminaba de llenar el Jacuzzi, agarré a mi madre por detrás, y restegré mi dura polla contra su culo, tenía la polla llena de líquido preseminal, estaba a punto de explotar. Apreté sus redonditas tetas, jugué con sus pezones y le ordené que se metiese en el jacuzzi.

    Nos seguimos comiendo a besos acaricié su coño, toque su clítoris y le metí dos dedos por su raja la cosa ya estaba más que caliente…

    -Ma, estás preparada para que te coma ese coñito tan rico que tienes? le pregunté al oído.

    -Me muero de ganas, ya no aguanto más, como sigas poniendo mas cachonda me voy a correr. -Dijo muy segura.

    Entonces le dije que sentará en la repisa del jacuzzi y apoyase la espalda contra la pared. Así lo hizo. A la altura de mi cara apareció, ese coño que me había visto nacer hace 32 años, y que ahora me moría de ganas de comerme lo.

    Quité el jabón que tenía en su coño y empecé mi labor.

    Empecé a subir y bajar mi lengua a lo largo de todo su coño, ella empezó a acariciar mi pelo Seguí metiendo mi lengua por su raja, hasta subir a buscar su clítoris. Se lo chupe…

    -Ahhhh acertó a decir mi madre… Joder qué gusto no pares mi amor… Que gusto me matas…

    Seguí comiéndole el clítoris, lo absorbía, mi madre se empezaba a retorcer de placer… Entonces absorbí sus labios vaginales… la tenía a punto. Cuando no lo esperaba y mientras jugaba con su clítoris con mi lengua, metí dos dedos en su coño. Los metía y los sacaba poco a poco, fui aumentando el ritmo… hasta que de su boca empezaron a salir quejidos de placer que inundaron todo la habitación. Estaba claro que mi madre se estaba corriendo en mi boca…

    Apretaba mi cabeza contra su coño, le estaba gustando y mucho. Tardó 4 o 5 min más hasta que ya soltó mi cabeza y la empujo suavemente hacia atrás…

    Dejó caer su cuerpo inerte al jacuzzi.

    -Que tal Ma, te ha gustado? Que te ha parecido? pero no obtuve respuesta.

    La dejé mientras servía otro par de copas de champagne. La verdad que no me quería quitar el sabor del coño de mi madre, pero toda la vida no podía estar sin beber…

    No se movía, tenía la mirada perdida… A los 3 o 4 minutos por fin volvió del shock.

    -Brutal. Dijo mi madre, suspirando. Si lo de ayer creía que era LO MÁS, esto es LO MAS DE LO MÁS. No tengo palabras para describirlo…

    -Entonces le dije; Ma, yo sé que tú te has quedado muy bien, pero mira como estoy yo.

    -A ver, voy a hacerle qué una buena paja a mi niño, que hoy se lo ha merecido…

    Mientras me besaba, subía y bajaba, la piel de mi polla, despacio y aumentando el ritmo, poco a poco hasta que después de un rato así, me corrí.

    De mi polla salieron unos cañonazos de semen y brotaban por encima del agua del jacuzzi…

    -Qué manera de correrte dijo mi madre. No recuerdo que tú padre se corriese así…

    -Papá se ha corrido encima de ti? le pregunté intrigado?

    -No hijo, siempre lo hizo, dentro de mi para que me quedaría embarazada de vosotros o dentro del condón, el cual cuando acaba, lo tiraba a la basura y yo no lo veía.

    Aquellas dos pajas que le hice de novios se corrió en mi mano, pero no recuerdo tal cantidad… Dijo asombrada.

    Nos seguimos relajando el jacuzzi y terminamos la botella de champagne. Nos dimos unos cuantos besos y nos acariciamos nuestros desnudos cuerpos. Tras mas de 2 horas salimos del jacuzzi, nos pusimos los albornoces y yo me tiré en la cama a ver la TV. Mientras que ponía una peli, pude ver que madre, estaba buscando su crema para darse. Sin quitarse el albornoz y con una toalla enroscada en pelo, subió una pierna en la mesa y comenzó a darse crema. Entonces me acerque a ella y le dije;

    -Ma, me dejas darte la crema a mi?

    -Claro que sí cariño, dijo mientras soltaba su albornoz y quedaba desnuda ante mi.

    Unté mis manos en crema, y empecé dando un liguero masaje por su espalda, luego pase a sus tetas en la cual me recree un rato, bajé hasta su culo y sus piernas. Volví a repetir el recorrido otra vez. Mi polla esta dura otra vez y me rocé con el culo de mi madre…

    -Bendita juventud, estás todo el día preparado.

    Tras untar todo su cuerpo de crema, me volví a recrear en su coño, lo acaricié. Mi madre no oponía la más mínima resistencia creo que quería más. La tumbé en la cama y comencé a besar su cuerpo, desde su cuello hasta los dedos de su pie, parando en su ombligo.

    Acaricie la raja de su coño y seguía húmedo. Así que sin pensármelo dos veces, volví a comerle el coño. A ella le gustaba pero a mí también.

    Le estrujaba el clítoris con mi lengua, la subía y la bajaba desde el culo hasta el clítoris, buuf bufff, qué gusto, decía mi madre. Estaba lista para tener otro orgasmo. El tercero del día…

    Tras un buen rato jugando con su clítoris, y sus labios vaginales, se corrió en mi boca. Que sabor más rico.

    -No puedo más, acertó a decir mi madre sobre la cama.

    Esta vez tardó en reaccionar 5 o 6 minutos. Entonces acertó a decirme.

    -Cariño creo que estoy en deuda contigo, quiero chupar tu polla, yo también quiero que disfrutes. Dijo muy convencida.

    Yo estaba empalmado como un loco, encima de la cama. Ella era la que tenía que meter mi polla en su boca y chupar. Pensó que sería fácil y que cualquiera lo podría hacer, pero cuando se lanzó encima de mí y engulló mi polla, un grito de dolor salió de boca…

    -Ahhh, dije yo, no era de placer. Ma, no más despacio esto es muy sensible, tienes que hacerlo más suave y sobre todo esconder los dientes en tus labios.

    -Lo siento hijo, pero es mi primera vez.

    -No pasa nada Má, ya aprenderás. Mira tienes que esconder los dientes detrás de tus labios y subir y bajar los labios por mi polla.

    Al bajar lo hacía bien pero al subir los dientes arañaba mi polla y me hacía daño. Probó varias veces pero a esto no le cogía el aire. Si escondía los dientes, me raspaba el prepucio con el paladar… un verdadero desastre. Pero no le podía enseñar, así que tras 10 min de dolor, le dije que lo dejara que me dolía mucho, y estaba muy lejos de darme placer.

    Pero esta vez, en vez de decaer dijo muy risueña.

    -El otro día me dijiste que si a papá le había hecho alguna vez lo de las de Cuba.

    -Ja ja acerté a reír, una cubana mamá, una cubana es eso.

    -Bueno pues una cubana, como sea. Quieres que te haga una de esas? Si es más fácil mucho mejor. Dijo mi madre.

    -Si mamá esto es muy fácil, solo tengo que meter mi polla entre tus tetas y hacerme una buena paja.

    -Pues aquí las tienes dijo tocándose las tetitas.

    La senté en la cama, cogí un poco de crema y la extendí pos sus tetas. Metí mi dura polla entre sus tetas y las junté. Comencé a subir y bajar mi polla mientras movía mis caderas… Joder que tetas mas ricas, que buena cubana me iba hacer mi madre. Le dije que apretara sus tetas y así lo hizo. Ver esa imagen fue lo más, me puso a mil. Que pedazo de cubana me estaba haciendo mi madre. Deje de moverme y le dije que subiese y bajase ella las tetas y así lo hizo. Estaba tan caliente que iba a explotar en cualquier momento…

    Estaba tan a gusto y tan excitado, que no me dio tiempo de avisar a mi madre, y de mi polla salieron unos cuantos chorros de lefa. Alguno fue a parar a su cara, otros encima de sus tetas… Eso sí supo hacerlo y aminoró la velocidad, mientras aflojaba la presión de sus tetas… que gusto madre mía qué buena…

    -Lo siento Ma, quería haberte avisado, pero no me dado tiempo.

    -No pasa nada, me limpio y listo. Por esto no se muere nadie…

    Entonces vi algo que me descolocó, mi madre estaba chupando la lefa que tenía cerca de la cara… Bueno más que chupando, probándola.

    -Ma, estás probando la lefa? le dije asombrado.

    -Si, no sé, tenía curiosidad por saber a qué sabía. Dijo muy tranquila.

    -y te ha gustado? le pregunté intrigado.

    -La verdad que no, pero bueno, si un día aprendo hacer mamadas y te corres en mi boca no me voy morir, la escupo y tan felices.

    Joder mi madre… la que decía que no iba a pasar nada entre nosotros, y ahora sé cómo hasta mi corrida.

    Yo pensé que toda era un sueño y que en cualquier momento sonaría el despertador, pero no fue así.

    Mi madre fue al baño y se limpió la corrida, cuando salió, entre yo y me di una ducha rápida.

    Nos metimos en la cama desnudos, y mi madre dijo.

    -Cariño, estoy reventada, tanto placer me está matando. Tengo el coño muy sensible tanto trajín…

    -Bueno Ma, para mañana como nuevo no te preocupes.

    Nos dimos unos besos y abrace a mi madre. Espere a que se durmiera, tenía que pensar en algo para sorprenderla mañana.

    Cogí mi móvil y puse mi ubicación. Vi que al lado del hotel había una joyería, la cual ya tenía elegí una gargantilla y unos pendientes a juego. Justo al lado había una boutique, en la cual dejé pedidos unos pantalones Negros ajustados, tipo pitillos, una blusa con encajes totalmente transparente, que dejaría ver el sujetador, y una cazadora de cuero roja. En la sección de zapatos pedí unos rojos a juego con la cazadora, de unos 5 cm de tacón. Estaría guapísima. Para rematar el día se me ocurrió, buscar un restaurante de esos que tienen dos o tres estrella Michelin. Esos sitios a mi madre le pierde y nunca había estado en ninguno. Menuda sorpresa se iba a llevar. Mandé correo a 5 o 6 es muy difícil que haya sitio de un día para otro, imposible diría yo, pero quién sabe lo intenté.

    Ya sólo me queda idear un plan para salir del hotel sin que mi madre me acompañase. Bueno eso mañana se me ocurrirá algo.

    Con todo más o menos preparado para el día del cumpleaños de mi madre. Apagué el móvil y me dormí.

    Continuará…

  • Afortunado del bar se lleva a mi novia

    Afortunado del bar se lleva a mi novia

    Una noche de viernes mi novia y yo estábamos los dos en casa esperando a que unos amigos nos confirmaran si querían salir a bailar, pero al final nos cancelaron así que nos quedamos con las ganas de hacer algo. No era aún muy tarde, por lo que decidimos irnos a tomar una copa a un bar pequeño, en realidad no buscábamos un lugar con mucha gente.

    Dentro del bar no habría más de 25 o 30 personas, era un lugar pequeño pero agradable al que nunca habíamos ido antes; había un grupito de Rock en vivo y una mesa de billar donde estaban 3 muchachos de unos 25 años. Mi novia ya se había arreglado para la cita y aunque no andaba para nada vulgar, si traía un vestidito flojito y debajo una tanguita blanca.

    Nos tomábamos una copa y no pude evitar ver las miradas que ella le lanzaba a uno de los muchachos de la mesa de billar, era un tipo alto, de barba cerrada y con el brazo izquierdo cubierto de tatuajes. Le pregunté si se sentía con ganas y me dijo que sí, inmediatamente noté la cara de chiquilla perversa que pone cuando está excitada, así que le dije que no dejáramos pasar la noche y le dije que se imaginara que uno de esos muchachos se acercara y le propusiera algo, ella de inmediato me siguió la idea y empezó a imaginar una historia súper caliente.

    Yo me prendí de inmediato y me levanté para ir al baño, pero antes le dije, «pues sonríele a ver qué pasa». Me fui al baño y tardé quizás unos 10 minutos, porque había bastante gente, cuando salí del baño miré hacia nuestra mesa y vi al muchacho de los tatuajes ahí de pie, platicando con mi mujer. Me escondí un poco y los dejé otro ratito platicando, pude ver que ella estaba muy sonriente y volteaba a cada rato hacia el baño para ver si yo salía, al fin vi que ella sacó su celular y grabó un número en él y al terminar él se regresó a la mesa de billar.

    Al regresar, ella me contó todo; me dijo que él le sonrió y al ver que ella le respondió la sonrisa, de inmediato se le acercó, que era muy agradable, se llamaba Joaquín y que al final le había dado su número de teléfono. Yo pude ver que ella estaba muy excitada y a cada rato intercambiaba miradas con él. Ya alguna vez habíamos fantaseado con una situación similar, por lo que le dije que me iba a levantar de nuevo al baño y que debería de escribirle un mensaje invitándolo a irse con nosotros a un motel, ella se moría de risa, pero sé que en el fondo se moría por hacerlo, así que yo se lo propuse y me levanté al baño, y todo dependía de ella.

    Regresé y entonces ella me dijo que iba al baño, pero antes me dijo, “ve mi celular” ella se fue y yo abrí su whatsapp, donde encontré una conversación:

    Brenda: -Hola, soy Brenda.

    Joaquín: -Hola, pensé que no me ibas a escribir

    Brenda: -Oye, ya le comenté a mi novio y está de acuerdo

    Joaquín: -En serio?

    Brenda: -Si, vamos a algún lugar tranquilo

    Joaquín: -Y él no tiene problema?

    Brenda: -No, te digo que a eso vinimos

    Al leer esto me quedó claro que ella estaba realmente caliente, no solamente le había contado que me gusta ver como se la cogen, sino que ya le había propuesto irse con nosotros. De inmediato miré hacia el baño y los vi platicando, los dos muy contentos.

    Ella regresó a la mesa y me dijo que ya estaba todo listo, que yo decidiera a donde ir. Pedimos la cuenta y nos dirigimos a la salida, él nos alcanzó afuera; en realidad si era un tipo agradable, de inmediato me preguntó si yo estaba de acuerdo, a lo que le dije que sí. Nos subimos al UBER los 3, Joaquín en el asiento trasero con Brenda y yo con el chófer. En cuanto salimos, ella empezó a platicar con él y me sorprendía lo desenvuelta que estaba, hablando con dobles sentidos, de sexo, etc.

    Nos detuvimos en una farmacia a comprar condones y ahí se quedaron ellos dos, al regresar al auto le dije a Brenda que se pegara más a él en el trayecto al motel; me excitaba mucho ver sus risas y miradas cachondas por el espejo. Le dije a Joaquín que lo veía muy tímido y eso bastó para que se lanzara sobre ella. Se besaban con una pasión que me ponía al 100, aunque no podía ver exactamente todo lo que pasaba, claramente se veía que él le estaba besando las tetas.

    En cuanto llegamos al Motel, en la recepción me indicaban el número de habitación, pagué y nos metimos; cuando regresé, ellos seguían en el asiento trasero del auto. Ella tenía el vestido más arriba a la altura de las nalgas. Abrí la habitación y ellos entraron de inmediato.

    Ella se tiró en la cama y él sin perder el tiempo, le quitó los tacones y le subió la falda. Le hizo a un lado la tanga blanca que traía puesta y empezó a hacerle un oral riquísimo. Yo me senté en un pequeño sillón dispuesto a disfrutar de la escena. Mientras él se comía la vagina de mi mujer, ella le arrebataba la playera y él le agarraba y apretaba las tetas como desesperado. Brenda ahí tuvo un orgasmo larguísimo. Después del oral, le quitó el vestido, la tanga y la besó en cada pulgada de su cuerpo, la lamía y le daba pequeñas mordidas por todas partes, a lo que ella respondía con arqueos de su espalda, arañazos y gemidos.

    Él ya estaba desnudo y le acercó el pene a la boca, a lo que ella respondió como un imán, se lo metió todo a la boca, le daba unas enormes chupadas, le acariciaba los testículos, le jalaba el pene y se lo metía a la boca una y otra vez. Mientras él se ponía un condón, ella me pidió que me acercara, yo también ya estaba desnudo y ella se metió ahora mi pene a la boca. Ya con el condón puesto, Joaquín se acercó y empezó a penetrarla, así con ella boca arriba y mi pene en la boca, él le abría tanto las piernas que parecía que la iba a romper pero ella parecía disfrutarlo enormemente.

    Me subí a la cama y ella se dio la vuelta para seguir chupándome así que ahora él la levantó y la puso en 4 para empezar a cogerla ahora de perrito. Ella gritaba, lo veía a él y me veía a mí, parecía poseída. Me hice a un lado y dejé que él la siguiera disfrutando, la cambiaba de posiciones, le daba nalgadas, le metía los dedos al ano y ella cada vez se ponía más y más intensa.

    Todo estaba delicioso pero yo quería más. En ese momento escuché a un tipo pasando fuera del pasillo. Era un pobre perdedor que estaba un poco borracho, desaliñado y feo. Lo llamé, le dije lo que estaba pasando y lo invité a pasar para que viera. Solo bastó con decirle ¿gustas? Cuando inmediatamente se quitó los pantalones, se acercó atrás de ella y empezó a embestirla. Creo que de inmediato ella sintió que no era mi pene el que estaba adentro, si no con sorpresa vio que era alguien más con un aspecto no tan agradable como el de Joaquín. Me excite más aún al verlos a los dos tomándola por todos lados.

    Ya había visto a mi novia coger con alguien más pero nunca con esa pasión, con ese deseo en la cara, nunca soportando que la castigaran y que experimentaran con ella como si fuera un juguete. Por fin el tipo feo la penetró analmente y después de unos minutos se corrió dentro de su ano. Ella quedó exhausta, pero seguía tocándose la vagina pidiendo más pene, más castigo. En eso yo me levanté y seguí cogiéndola hasta que terminé dentro de su vagina. Era increíble verla en 4 con el ano dilatado, rojo y escurriendo semen pero al mismo tiempo su vagina completamente húmeda y con mi semen escurriendo hasta sus muslos.

    Ella se levantó y se metió a la regadera, que tiene los cristales completamente transparentes, solo se empañaban un poco por el vapor del agua; Joaquín al verla en la ducha se metió a acompañarla y de nuevo la hizo suya, ella se veía feliz mientras que la penetraban al mismo tiempo que el agua le recorría todo el cuerpo. El otro tipo hizo su parte y al terminar su fue sin más.

    Por fin se cansó Brenda cuando ya eran cerca de las 5 de la mañana, después de haberla cogido entre 3, con sus genitales completamente rojos, el cuerpo y el cabello lleno de semen. Joaquín pidió un Uber y se fue, poco tiempo después nosotros hicimos lo mismo y llegando a casa me la volví a coger una vez más de una manera salvaje, sin preguntarle y solo bombeándola, susurrándole al oído «que rica te viste esta noche, te veías deliciosa… y eres mía».

    Después de 2 años de novios nunca habíamos tenido una noche de tanto sexo como esa y pensar que todo fue gracias a una cancelación.

  • Mi hija y el messenger: Cosas de familia (Parte 2)

    Mi hija y el messenger: Cosas de familia (Parte 2)

    Patricia cruzó nerviosamente sus piernas, sabiendo que Dark Master la observaba a través del par de cámaras que le había hecho llegar con las instrucciones de cómo conectarlas a su laptop y cuales eran los mejores sitios estratégicos para que pudieran pasar desapercibidas.

    Frente a ella, con su exuberante cabellera rubia y un aire juvenil y refrescante en su mirada, se encontraba Pamela, la mejor amiga de su hija Cristina. Atendiendo el reto que le había puesto su amo (le causaba una mezcla de excitación y reparo, el llamarle así al hijo de puta que la estaba chantajeando, aunque a estas alturas dudaba mucho que aquel excitante juego fuera todavía impuesto sobre ella) Patricia había logrado atraer a solas a la chica para poner en marcha su plan o bosquejo de plan al menos.

    Desde su oficina, Ricardo, alias Dark Master, le contemplaba con curiosidad, sin saber a ciencia cierta si su esposa se animaría a llevar a cabo el reto que se le había pedido. Patricia seguía sin saber que aquel era todo un plan orquestado por Ricardo para castigarla por sus infidelidades y que él había logrado descubrir cuando contrató a un Investigador Privado que se trasladó a Nueva York, donde ella pasaba la mayor parte del tiempo, poniéndole el cuerno de lo lindo a su complaciente esposo.

    Patricia había invitado a Pamela a su casa, aprovechando la ausencia de su hija, que estaría toda la tarde ocupada realizando un trabajo escolar con algunas de sus compañeras. Pamela, siendo la chica inteligente del salón, no había tenido qué hacer dicho trabajo y esa circunstancia le había caído como anillo al dedo a nuestra cachonda amiga Patricia.

    Eran demasiados años de verla crecer desde una inquieta y risueña chiquilla hasta la floreciente jovencita en que se estaba convirtiendo. Ambos sabían, aunque desde distintas trincheras, que estaban jugando con fuego ya que ellos, como matrimonio eran también muy amigos de los padres de Pam.

    – Entonces Pamela. ¿Qué te parece mi propuesta? – Le dijo Patricia una vez que le hubiera explicado el plan.

    – La verdad, Patricia, está un poco complicado. – Dijo Pamela, rascando su cabeza en señal de duda. No es que no quiera ayudarte, pero…

    – Si hay alguien que conoce a mi hija, esa eres tú. No puedo pensar en nadie mas que le pueda organizar una fiesta sorpresa de cumpleaños. – Dijo Patricia, sonriéndole.

    – La parte de la sorpresa es la que me preocupa. Cristina es muy observadora y sabe cuándo le estoy ocultando algo. Te puedo ayudar a escoger la música, a quienes invitar, la bebida y todo lo que se necesite, pero tratar de sorprenderla, no soy tan astuta…

    – Creo que con eso me vas a ayudar bastante, Pam. – Le dijo Patricia. Miró el reflejo de los ojos claros de la jovencita y se preguntó en qué demonios estaría pensando ahora. Cuales eran sus mas secretos deseos, donde tenía escondido el interruptor que la podría convertir en una perra dispuesta para sus antojos. Súbitamente la idea no le desagradó; mas bien, le hizo sentirse mas caliente aún y volteó disimuladamente a donde sabía que Dark Master les contemplaba.

    Pamela tenía un cuerpo bonito, con unas tetas ligeramente mas grandes que las de Cristina, unas piernas bien torneadas y un vientre plano que se ocultaba bajo la holgada blusa que vestía esa tarde. Sus jeans se ajustaban de forma perfecta a la forma de sus piernas y, de no ser por las manos que cruzaba distraídamente sobre su regazo, le hubieran permitido ver la delicada forma de su entrepierna. Patricia suspiró y cruzó de nueva cuenta su pierna sabiendo que la corta falda que usaba tendía a subirse un poco mas de la cuenta.

    De pronto notó la mirada de la chica fija en algo que quedaba a sus espaldas. No necesitaba voltear para saber qué era lo que Pamela veía. Ella lo había puesto ahí de manera deliberada para que la chica lo pudiera encontrar. Si se fijaba bien, tal vez podría todavía ver los rastros de humedad que había dejado en ese consolador cuando se masturbaba mientras esperaba la llegada de la joven.

    Patricia volteó siguiendo la mirada de Pamela y pretendió descubrir la presencia del consolador en la sala, fingiendo un gesto de pena que le salió muy auténtico.

    – Ay, Pamela. Perdón. Se me olvidó que estaba eso en la sala. Qué pena, Dios mío…

    – No te preocupes, Patricia. Yo entiendo…

    – Es que te soy sincera, quince días fuera de casa son demasiados para una mujer como yo y pues tengo que buscar la manera de…

    – No tienes que darme explicaciones, Patricia. Te dije que de verdad entiendo.

    – Gracias Pamela. De verdad que eres una chica muy madura para tu edad.

    – Ni tanto. – Sonrió. – De pronto nos sale lo alocadas a Cristina y a mí.

    – ¿Tú no tienes uno de esos? – Dijo Patricia a bocajarro. La cara que puso Pamela al escucharla le indicó que había cometido un error estratégico.

    – No, claro que no. Yo no tengo esas aficiones aún, señora.

    – Perdón, Pamela. Creo que me estoy entrometiendo donde no debo. Es solo que me dio curiosidad.

    – La verdad es que ya me tengo que ir. Necesito ir al centro comercial a comprar el regalo para Cristina y no quiero…

    – Quédate un poco más para terminar los preparativos de la fiesta. Por favor.

    – Está bien, Patricia (y la miró con esa mirada que decía “solo mantén tus guarradas para ti misma y déjame ser Pamela la que no rompe un plato”)

    – De acuerdo. Vamos a ponernos a trabajar.

    Se pusieron a hacer las playlists de Spotify, posibilidades para el menú de la comida, las decoraciones que necesitarían y la mayor parte de los elementos sobre los que podían decidir en ese momento sobre la fiesta. Casi para terminar, Patricia sacó de su bolsa una prenda negra que mostró a Pamela. Era una blusa casi transparente que tenía las letras “Happy 18, Girl” impresas en colores del arcoíris.

    – ¿Crees que le gustará? – Le dijo Patricia extendiéndola frente a sus ojos. Pamela la vio y sonrió imaginando a su amiga en ella. No era la mejor prenda pero sería divertido obligarla a que la usara al menos por un momento durante la fiesta.

    – Buena idea. Me gusta. – Dijo la chica.

    – Yo no estoy muy convencida. No sé cómo se le verá. – Me harías el favor de probártela para darme una idea?

    – No, Patricia. No creo que sea apropiado.

    – ¿Porqué? – Le apremió la apetitosa señora.

    – Es que no es mi estilo…

    – No quiero que la uses, ni que se vistan como hermanitas gemelas, Pam. Solo quiero darme una idea…

    – Bueno, está bien. Todo sea por Cristina. Voy al baño a cambiarme.

    – Te puedes cambiar aquí. Solo estamos nosotras dos. No creo que te de pena conmigo, ¿o sí?

    – Supongo que no. – Dijo Pam quitándose la blusa.

    Patricia pudo admirar de reojo, su piel perfecta bajo su abdomen, y los bellos senos que se apretujaban en ese sostén rosita que los sujetaba. No quiso mirarla de frente para no incomodarla pero la vista le dio lo suficiente para sentir un ramalazo de placer en su entrepierna ya mojada. Lo irónico es que nunca había pensado en la posibilidad de tener sexo con otra mujer y ahora se hallaba en aquella situación extraña nada menos que con una chica con la que jamás se llegó a imaginar en el mismo contexto sexual.

    Finalmente Pamela se terminó de poner la breve prenda y se mostró ante Patricia buscando su aprobación.

    – No lo sé, siento como que algo no le va bien. Creo que el sostén le hace deslucir mucho.

    – Pero no creo que quieras que tu hija ande enseñando todo en la fiesta.

    – ¿Quieres decir, enseñando las tetas?

    – Si, eso. – Dijo la chica ruborizándose un poco. Verla así, con esa vestimenta y el rubor juvenil hizo que el líbido de Patricia se elevara unos cuantos grados más.

    – ¿Si, no te molesta si te lo quitas para ver cómo se te mira? – Preguntó Patricia. Pamela hizo un mohín de disgusto y negó con la cabeza.

    – Lo siento. No me siento cómoda con las tetas al aire. – Se notaba determinación en su comentario y Patricia decidió no seguir presionando y cambiar la táctica.

    El pendejo de Dark Master se la estaba haciendo verdaderamente difícil, aunque debía admitir, que el proceso la tenía muy, pero muy cachonda. Recordó que había decidido no ponerse ropa interior por lo que llegara a ocurrir, y distraídamente abrió las piernas en su asiento, sabedora de que le estaba dando un pequeño espectáculo a la tímida joven.

    Pamela se quitó la prenda y se la devolvió a Patricia, quien se quitó su blusa y su sostén, quedando únicamente con su falda. Se levantó ante la atenta mirada de la chica y se la puso a su vez. Estaba consciente de que sus pezones estaban duros y se mostraban a través de la delgada tela, pero no le importó. Tenía que echar toda la carne al asador si no quería que se le fuera viva su presa y sin siquiera haberlo intentado.

    – Y bien. ¿Qué te parece, Pamelita? – Dijo Patricia abriendo sus brazos y mostrándose ante su acompañante. Le pareció percibir que Pamela se ponía un poco nerviosa y sonrió, sabedora de que todo aquel circo no le estaba resultando indiferente a la inocente chica. Pero aún no era suficiente, ni por asomo.

    – Pues, se ve… un poquito atrevido. Si invitamos muchachos se les van a ir los ojos y algo más.

    – Jajaja, si, tienes razón. Pero pues Cristina ya está en esa edad en que los chicos no le resultan indiferentes, ¿si sabías?

    – Algo me ha comentado. – Contestó Pamela con evasivas. No quería ser interrogada por la mamá de su amiga.

    – Pierde cuidado. Cristina y yo estamos mas unidas últimamente. Ya se ha animado a compartirme algunas de las cosas que le ocurren y lo que le gusta, lo que no le gusta. – Patricia se sentó de nueva cuenta y dejó sus piernas abiertas deliberadamente de nuevo. Sintió la mirada de Pamela en su entrepierna y deseó que hubiera logrado apreciar la humedad que todo aquello le estaba produciendo.

    – ¿De verdad? – Dijo Pamela abriendo sus enormes ojos bellos con sorpresa genuina. Sabía de los constantes pleitos entre ambas, pero no quiso ahondar mas al respecto.

    – Si, de hecho, me confesó que ya había empezado a tener relaciones sexuales con chicos. – Esa parte de la conversación si le sorprendió de golpe. Ella sabía también de los novios de Cristina y qué tan lejos había llegado con cada uno de ellos. Su sorpresa era mas bien por el hecho de que Patricia también lo supiera.

    – Guau, guau. ¿Qué tal con mi amiga? – Dijo Pam solo para rellenar esa parte de la conversación.

    – También me confesó algo que me sorprendió bastante. – Dijo Patricia, bajando la voz en tono confidencial. – algo que le gustaría hacer pero que aún no se ha atrevido a hacer.

    Patricia sabía que Cristina y Pamela tenían un espíritu bastante competitivo. Especialmente en lo que ellas mismas. De niñas, habían hecho apuestas para ver a quien le empezaban a salir los senos primero, quien daba su primer beso, entre otras cosas de adolescentes. Contaba con que se mismo espíritu competitivo le hiciera asomarse un poquito a la trampa que tenía pensado tenderle, aunque a decir verdad, no albergaba muchas esperanzas.

    – ¿Qué te confesó? – Dijo Pamela. Se escuchaba un dejo de ansiedad en su voz y decidió soltar un poco mas el anzuelo.

    – Es que no sé si deba traicionar su confianza. Sé que tú eres su mejor amiga y se cuentan todo pero esto es diferente. Es más… difícil de confesar.

    – Anda, dime… – suplicó. El pez daba vueltas alrededor del anzuelo.

    – Pero tendrías que prometerme que jamás le dirás nada acerca de lo que te comente.

    – Lo prometo. – Dijo Pamela apurada. Le comía la curiosidad.

    Patricia se despojó de la blusa para el regalo de Cristina y con un gesto teatral, hizo el ademán de ponerse su propia blusa, sin molestarse de poner su sostén de nuevo. Antes de que se lo pudiera poner , pretendió recordar algo y se acercó a Pamela con las tetas al aire para hablarle en un tono mas confidencial,

    – De verdad lo tienes que prometer. Sé que te van a dar ganas de decírselo, pero no quiero que esta indiscreción nos vaya a separar…

    – De verdad te prometo que no diré nada, Patricia. – Dijo Pamela. Se notaba agitada, tanto por la perspectiva del secreto de su amiga, como tal vez, la cercanía de esas preciosas tetas al aire, que Patricia enarbolaba como un arma de destrucción masiva.

    – A Cristina le gustaría probar algunas experiencias de la dominación. – Dijo susurrando en su oído. No era necesario porque sólo estaban ellas dos en la casa, pero le pareció una buena manera de sentirla mas cercana y elevar la temperatura entre ambas. Patricia no tenía la menor idea de si aquel tema le llamaba la atención a Cristina o no, pero contaba con que Pamela no le fuera a decir nada como le había prometido.

    – ¿Qué? ¿Quieres decir eso de que la azoten y le pongan cosas en la boca para que no hable? No gracias. – Dijo Pamela haciendo un mohín de disgusto.

    – No necesariamente. Dominación es mas bien ceder el control de tus emociones y de tus actos a otra persona. Es entrar en un juego donde las reglas las ponen ambos, y cuando se juega correctamente puede llegar a ser muy excitante. Sólo si tú quieres ser azotada o humillada y es lo que te pone, entonces le permites a esa persona que lo haga. Como te dije, tú le cedes voluntariamente el control.

    – De cualquier manera, no creo que eso sea algo que me pudiera llegar a entusiasmar demasiado…

    – Nunca lo sabrás si tú no lo intentas. – Dijo Patricia, aun cerca de ella. Sentía el nerviosismo de la chica y sabía que no se le iba a presentar otra oportunidad como aquella.

    Pamela tragó saliva, y preguntó con un hilo de voz

    – ¿Tú has practicado la dominación? – Patricia iba a contestar que sí pero vio de nuevo abierta una oportunidad y se contuvo, fingiendo un poco de pena.

    – No es de mí de quien estamos hablando, Pam.

    – Ya sé, pero tú me has preguntado cosas y tú no me has dicho nada de ti…

    – Eres muy astuta, chica. – Dijo Patricia, adoptando una pose de gacela herida. Pamela siguió presionándola.

    – ¿Te puedo confesar algo sin que me juzgues?

    – Te lo prometo. – Ambas seguían muy juntas todavía y susurraban apenas.

    – Recientemente tuve un par de experiencias de dominación; y antes de que te preguntes, no me dieron latigazos ni me pusieron con el culo al aire en una cadena.

    – ¿No? ¿Cómo te dominaron entonces? O mas bien, ¿te dejaste dominar?

    – Dejando mi voluntad en manos de esa persona. Dejando que esa persona tomara el control, yo obedecí…

    – Pero ¿qué tal si lo que te pide no te gusta?

    – Por eso existen las reglas. Tú decides al inicio hasta donde estás dispuesta a llegar…

    – ¿Lo disfrutaste? – Pamela se notaba genuinamente interesada. Se revolvió nerviosa en su asiento.

    – Muchísimo. No tienes idea. El cerebro es el órgano mas poderoso de todos.

    – Me cuesta trabajo creer eso que me dices. – Dijo Pamela, tratando de regresar a la realidad.

    – Te propongo un pequeño juego.

    – No, Patricia. Eso de que me toque otra mujer me pone de verdad muy incómoda.

    – No te voy a tocar en absoluto. Eso es la mitad de la diversión en el juego. – Contestó Patricia con las manos en el aire como evidencia de que no pensaba tocarla.

    – ¿Y la otra mitad? – Es que tú tampoco te podrás tocar hasta que yo te lo diga. No tienes permitido tocarte en absoluto. – ¿Quieres jugar?

    – Parece algo inofensivo. – Dijo Pamela a manera de consentimiento. Todo aquello le resultaba extraño, pero le había picado grandemente la curiosidad. – ¿Dónde me pongo?

    – Ahí donde estás. No te preocupes. Recuerda. Yo no puedo tocarte, pero tampoco tú lo puedes hacer.

    – ¿No puedo tocarte a ti?

    – Ni a mí ni a ti tampoco. Aceptas las reglas.

    – Si.

    – Si, ama.

    – ¿Eh?

    – Que debes contestar “si ama” a partir de este momento. Dejamos de ser Patricia y Pamela y tú eres mi súbdita y yo tu ama. ¿Estamos?

    – Si… este… si ama.

    – Quiero que cierres tus ojos recuerdes la sensación de la suavidad de tu piel. Cómo se deslizan tus manos cuando te estás bañando. Cómo recorren tus manos cada pedazo de tu piel para aplicar crema sobre tu cuerpo. Lo puedes imaginar.

    – Si…

    – ¿Si qué?

    – Perdón, si ama.

    – ¿Te gusta la sensación que te provoca el roce de tus manos en tu cuerpo? La yema de tus dedos pasando por tus pezones, recuerdas cómo se endurecen ante tu toque como si tuvieran vida propia.

    – Hmmm, si lo recuer…

    – Ey, recuerda. No te puedes tocar. Eres mi perrita y me debes obediencia.

    – Si, perdón… ama.

    – Ahora imagina cómo se sentiría mi lengua rozando esos mismos pezones. – Dijo Patricia acercando su boca al oído de Pamela lo suficiente para que llegara su cálida respiración sin llegar a tocarla. Pamela seguía con los ojos cerrados, poco a poco sumergiéndose en aquella fantasía. Estaba caminando una línea muy delgada donde todo aquello se podía echar a perder en cualquier momento.

    – Imagina mis manos presionando tus senos mientras te beso esos pezones rígidos. Siente cómo se agita tu respiración, como vas sintiendo que las emociones se agolpan en tu entrepierna.

    – Ufff… sigue… ama.

    – Humedécete para mí, perrita. Siente cómo tu cuerpo se quiere retorcer para dejar salir esas emociones. ¿Quieres tocarte ahora?

    – Ss… sii, si quiero.

    – ¿Si, qué?

    – Si, ama. Si quiero tocarme.

    – No puedes hacerlo todavía. Imagina qué delicioso sería dejar que tus dedos se movieran por debajo de tu pantalón. El suave roce de la yema de tus dedos. Tus piernas se van abriendo de manera involuntaria. Deseas sentir mi lengua rozando tu pubis.

    – Ahh…

    – La punta de mi lengua en tu clítoris, siente su aspereza, su calidez, su humedad. Siéntela moverse en tu interior como una serpiente inquieta.

    – Tócame, por favor…

    – No, no nos lo hemos permitido. Y se dice, ama, perrita. ¿Cuántas veces te lo tengo que recordar?

    – Perdón ama…

    – Eres una puta de mierda que no sabe seguir las indicaciones, perrita. ¿Por qué debería de recompensarte con mi lengua en tu coño?

    – Perdón, ama. De verdad, tócame…

    – ¿Qué tantos deseos tienes de tocarte, putita?

    – Muchos, tengo muchos deseos de tocarme… ama.

    – Te permito que te quites la blusa solamente. No puedes quitarte nada más. ¿Entendido?

    – Si, mi ama. – Pamela se despojó de su blusa de nuevo quedando con su pantalón y aquel hermoso sostén rosa. Se apreciaba que sus pezones pugnaban por asomarse por arriba de esa prenda y su respiración se agitaba en el asiento.

    – Tócate la piel de tu vientre, perrita caliente…

    – ¿Así ama? – Pamela deslizó su mano por su abdomen, hasta llegar al borde del pantalón sin atreverse a ir mas allá donde su cuerpo le pedía satisfacción.

    Asi, perrita. Eso, que se te erice la piel. Lo estás haciendo muy bien. Casi te has ganado el derecho de quitarte el sostén…

    – Mmhh deja que me lo quite, por favor ama. – Su voz ya era un ruego en toda la forma. La sentía como se agitaba en el asiento, sin poder controlar los movimientos de su pelvis.

    – Quiero que te pellizques por debajo de las tetas. Quiero que sientas un dolor suave y placentero recorrer tu cuerpo…

    – Ahhg,.. Agggm, qué rico…

    – Ahora la otra, ¿te gusta la sensación?

    – Si, ama. Me gusta, mucho – Pamela se pellizcaba sus senos dejando unas marcas cárdenas detrás de sus dedos.

    – Quítate el sostén. Te lo has ganado. Dame las gracias.

    – Sí ama. Muchas gracias. – Pamela se quitó el sostén con nerviosismo. Sus dedos trastabillaron al tratar de soltar las pequeñas hebillas de la prenda, pero al fin logró su cometido.

    – ¿Quieres acariciar tus tetas? – Le preguntó Patricia con voz demandante. Había adoptado por completo su papel y le hablaba muy cerca del oído con esa voz baja pero que con un dejo de autoridad.

    – Si, ama. Quiero que me acaricies las tetas, quiero ser tu perrita. Haz que me venga, por favor…

    – Necesitas ganarte el derecho de acariciarte tus tetas, perrita. ¿Qué estás dispuesta a hacer?

    La voz que brotó de la garganta de Pamela, era gutural, distinta, casi un rugido animal cargado de deseo.

    – Lo que tú quieras ama.

    – Lo que yo quiera… ¿estás segura, perrita?

    – Ssi, si lo que quieras.

    Patricia le dio de pronto una sonora bofetada. Los ojos de Pamela se llenaron de lágrimas inmediatamente, pero se quedó callada.

    – A ver si así aprendes a llamarme ama, perrita desobediente. Ahora te puedes tocar las tetas, duro pero solo un momento hasta que yo te diga que pares.

    Como un sediento llegando a un oasis, Pamela sujetó sus senos con ambas manos y se las estrujó con ansía, gimiendo incontrolable mientras lo hacía. Cuando el contacto no fue suficiente, presionó sus pezones con la yema de sus dedos y sus gemidos crecieron en intensidad. Su cuerpo se empezó a convulsionar sin control cuando Patricia dio la orden de parar.

    Pamela siguió acariciándose sin hacer caso, absorta en sus propias sensaciones.

    Patricia dio un grito que retumbó por toda la casa.

    – ¡QUE PARES TE HE DICHO, PUTA MALNACIDA!

    A regañadientes, Pamela paró cuando estaba a punto de colapsarse en la silla con una vorágine de sensaciones recorriendo todo su cuerpo y mojando de manera copiosa su vagina.

    Pamela empezó a sollozar quedamente sin atreverse a levantar la mirada para ver a Patricia. Finalmente musitó con una voz apenas audible.

    – Perdón ama. Perdóname por favor.

    Patricia de pronto la vio como la niña adolescente desvalida que prácticamente se había convertido en otro miembro de la familia y le abrazó. El torso desnudo de ambas les transmitía la tibieza de la piel de la otra y Pamela se recargó en el pecho de Patricia sin poder aplacar sus sollozos. Patricia le acarició el pelo y finalmente le dio un ligero beso en los labios.

    – Creo que con eso es suficiente para mostrarte el poder de la mente y lo excitante de ceder el control. ¿Qué te pareció? – Le dijo Patricia sin dejar de acariciarle su rubio cabello.

    Pamela la miró con la mirada enturbiada, sus mejillas mojadas y tocó los pechos firmes y excitados de Patricia.

    – No me dejes así, por favor, Patricia. Ayúdame. – Su gesto compungido le pedía que siguieran con aquello. Patricia sabía que no habría vuelta atrás y, adoptando un papel de mamá comprensiva, le dijo

    – ¿Estás dispuesta a hacerlo a mi manera? – Patricia la miró de forma enigmática y se encontró con la mirada sumisa y excitada de Pamela. Totalmente entregada en sus manos.

    – Si, ama. Como tú quieras. Haz lo que quieras conmigo. Te cedo el control de mis sensaciones a partir de ahorita…

    – Bien, perrita. La palabra clave que usarás cuando quieras salirte de nuestro juego o sientas que ya no puedes mas es “Excalibur”. ¿Estás de acuerdo?

    Pamela asintió en silencio, repitiendo la palabra solo con el movimiento de sus labios.

    – A partir de este momento, no puedes objetar a nada de lo que te ordene hacer o te haga a menos que uses esa palabra. ¿Está claro?

    – Si, ama. – Asintió Pamela.

    – Quédate aquí en la silla y quítate el pantalón, pero deja tus braguitas puestas. No te las puedes quitar aún. Te puedes tocar todo lo que quieras en lo que regreso.

    – ¿A dónde vas, ama?

    – ¿Me estás preguntando a mí, perrita?

    – Perdón, ama. Aquí te espero.

    Cinco minutos después, Patricia regresó con un cinturón de Ricardo. Pamela se estremeció con una rara mezcla de miedo y excitación al verla. Se imaginó cómo explicaría los verdugones que le dejaría ese cinturón, pero una parte muy honda de su ser, se sintió terriblemente excitada ante la perspectiva.

    Sin embargo, Patricia utilizó el cinturón para maniatarla a la silla donde se hallaba. Le pasó el cinturón por los brazos y el respaldo y lo apretó para asegurar que no se pudiera desatar. La belleza tierna e inocente de Pamela iba mutando para convertirse en un cuadro erótico con su cabellera rubia desordenada, dos marcas aún visibles debajo de sus tetas y el rastro seco de las lágrimas que había derramado cuando Patricia la abofeteó. Cuando Patricia hubo confirmado que la joven no se podía mover, se acercó a ella por detrás del respaldo de la silla y le susurró quedamente “me encantas, putita. Estoy segura que estás mojadísima del coñito, verdad?”

    Pamela asintió en silencio y cerró los ojos. Patricia sacó la lengua y la deslizó por su oído, jugueteando con el lóbulo y llenándolo de saliva. Sintió cómo Pamela se estremeció en la silla y bajó por su cuello que se hinchó de placer ante la caricia de aquella lengua intrusa. Mientras continuaba por su recorrido por el cuello, pasó sus manos por sus hombros y acarició sus tetas, suavemente al principio y conforme la chica se empezaba a convulsionar de nuevo en su silla se las apretó con fuerza. Esto hizo que Pamela gritara por el repentino dolor. Patricia paró un segundo, pero Pamela le dijo quedamente. “sigue, ama. Sigue por favor”.

    La experimentada mujer, bajó del cuello y se apoderó de uno de aquellos apetitosos senos, metiéndolo en su boca. Succionó con desesperación y logró arrancar un prolongado gemido de la boca de la adolescente.

    Aprovechando sus movimientos convulsionados, metió su mano bajo la braguita y la encontró mojada. No, empapada. Sintió el contacto de unos escasos vellos púbicos y siguió su contorno con el dedo hasta que sintió la suave humedad de su coñito. Sin dejar de chupar sus tetas y morder esos pezones endurecidos, empezó a meter y a sacar el dedo con un ritmo semilento, tratando de acoplarse con las convulsiones de la chica. Patricia sintió que la pelvis de Pamela se arqueó con desesperación en ese momento, dejo de besar sus tetas y de acariciar su mojado coñito.

    – ¡No pares, ama! ¡No me dejes así por favor! – Gritó Pamela, incapaz de acariciarse ella misma para lograr el anhelado orgasmo. Con desesperación trataba de rozar sus piernas entre sí pero la posición no le permitía mucho contacto entre ellas.

    Patricia le mesó sus cabellos con ternura, tratando de aquietar sus ansias poco a poco, pero Pamela estaba demasiado lejos de la tranquilidad. Tratando de liberarse del cinturón se volteó hacia Patricia y le dijo con esa voz ronca y desfigurada.

    – Eres una puta ama de mierda, cabrona, deja que me corra, ama pendeja…

    Patricia la miró en silencio sin decir nada y Pamela volteó a verla de nuevo, con una mirada tierna y compungida, como si fuera una versión moderna y erótica de Dr Jekills y Mr Hyde.

    – Por favor, ama. Ayúdame. Ya no aguanto. Siento que ardo. Ayúdame.

    – Perrita, estamos haciendo edging y creme que después me lo agradecerás.

    Patricia le ayudó a quitar su braguita para dejarla completamente desnuda. Pamela, de forma instintiva, abrió sus piernas lo mas que pudo para permitir el acceso a la mano de su ama. Patricia, haciendo caso omiso, se plantó frente a la chica y le ofreció sus tetas para que las chupara. Obedientemente, la chica sacó su lengua y empezó a comer esas ricas tetas extendiéndose lo mas que el cinturón se lo permitía. Patricia sintió los chupetones descontrolados de Pamela y se sintió excitada por todo el entusiasmo que le ponía a la faena. Mientras la chica la chupaba, Patricia volvió a meter sus dedos dentro de aquel coñito apretado y sintió de nueva cuenta cómo aumentaba su excitación. Patricia tuvo temor de que se fuera a caer con la silla al ser incapaz de controlar sus movimientos espasmódicos. Cuando sintió que estaba de nuevo a punto de venirse en su mano, la retiró de nueva cuenta, ante la mirada impotente de la caliente chica.

    Esta vez, Pamela sólo jadeó, incapaz de seguir rogando por ese orgasmo que se asomaba desde sus entrañas.

    Patricia se levantó y se dirigió a la parte de atrás de la sala y, ante la mirada expectante de Pamela, cogió su consolador y lo trajo hasta donde se hallaba su sumisa.

    Los ojos de Pamela brillaron de deseo de nueva cuenta y le miró con agradecimiento, intuyendo cual era el plan que tenía en mente. Patricia volteó a ver el reloj y notó que faltaba menos de una hora para que regresara Cristina, así que decidió acelerar el paso ante la mirada expectante de Pamela.

    Esta vez, Patricia se quitó la falda y quedó completamente desnuda también. Volvió a ofrecer sus tetas a Pamela y empezó a acariciar su coño. Cuando lo tocó, se dio cuenta de lo caliente que estaba ella también. Enfrascada en el tratamiento de la chica, no se daba cuenta del flujo vaginal impresionante que corría por sus piernas. Metió un par de dedos en su encharcada vagina y así, empapados, los metió en la boca de Pamela en un intenso mete y saca como si la chica le estuviera haciendo una rica mamada. La saliva de Pamela escurría por sus pechos y Patricia la embadurnó acariciando sus pezones y bajando la mano lentamente hasta volver a tocar su palpitante coñito. Una vez mas deslizó la yema de su dedo por dentro de su vagina, tratando de acariciar su clítoris y Pamela se estremeció dando un potente brinco en la silla. Estaba sudorosa, cansada, cachonda y sus gemidos apenas se reducían a sonidos mas bien guturales ante la acometida de Patricia.

    Con diestras manos, Patricia alcanzó el consolador y lo encendió con maestría, lo sostuvo unos momentos en su mano ante la mirada expectante y deseosa de Pamela. Le dejó ronronear en su mano, como un gatito de angora y lo fue bajando hasta que rozó los labios hinchados del coño de la joven amiga de su hija.

    Pamela se arqueó de nueva cuenta cuanto pudo para facilitar la entrada de aquel instrumento mientras se mordía la lengua con desesperación. Patricia empezó a jugar con el consolador moviéndolo de arriba abajo a través de los labios vaginales hasta que lo empezó a hundir poco a poco. Pamela pareció recuperar un poco del vigor y empezó a gemir con desesperación de nueva cuenta. Era una sensación poderosa, magnificada por el par de ocasiones que había estado a punto de venirse y se acomodó para sentir el instrumento aún mas dentro de ella. Esta vez, Patricia la dejó ser y empezó un frenético mete y saca con el consolador en una mano mientras se daba placer ella misma con la otra.

    De nueva cuenta sintió el estremecimiento de la chica pero esta vez no paró. Al contrario, aceleró el metesaca del monstruoso aparato y finalmente llegó el ansiado orgasmo para la cachonda chica.

    Pamela se tensó en la silla y sintió oleadas de placer atravesando su cuerpo como si fuera un arco de electricidad. Patricia la escuchó llorar, incapaz de soportar esas sensaciones tan intensas. Era el detalle que le faltaba a ese cuadro erótico, las salvajes convulsiones, el llanto, los gemidos incontrolables mientras cerraba los ojos con furia tratando de prolongar aquel interminable orgasmo. Patricia le retiró el consolador de su abierto coño y empezó a masajearla con rapidez, en un rítmico movimiento de su mano. De lo profundo del ser de Pamela, surgió un fuerte chorro de líquido que cayó en el abdomen y las tetas de Patricia. Esta, al sentir la tibia humedad en su cuerpo, sintió cómo su propio orgasmo llegaba con una intensidad similar del de Pamela. Tomó a la chica por su cabello y le besó rabiosamente los labios, apretándolos contra sus dientes. Pamela le correspondió sacando su lengua para corresponder a aquella acometida salvaje hasta que poco a poco, se fueron tranquilizando.

    Diligentemente, Patricia quitó el cinturón, expectante ante la reacción de Pamela. Ya con sus ansias satisfechas, se quedó pensando que, tal vez, había ido demasiado lejos con aquel juego de sumisión con la amiga de su hija.

    Pamela se quedó reclinada un par de minutos, tratando de recuperar el aliento con sus ojos cerrados. Patricia le contemplaba, ya sin la actitud autoritaria y dominante que le había mostrado anteriormente.

    La chica la miró, fijó sus bellos ojos claros en ella y se abalanzó a darle un beso cargado de promesas por cumplir.

    “Gracias, mi ama. Esto fue maravilloso. ¿Me puedo ir a bañar?”

    Su mirada inocente y sumisa le dijo que esa chica había sido domada. Mientras la chica se alejaba contoneando su desnudo trasero, Patricia volteó hacia la cámara que estaba oculta en el mueble del televisor,

    “Misión cumplida” dijo en voz muy baja, recalcando las palabras en sus labios y dando un guiño hacia la cámara, se alejó para encontrarse en el baño con su pequeña sumisa.

    Dedicado para nuestra amiga y fan Clau, por todas esas pajas y las que vendrán.

    Dark Knight

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  • Exhibiendo (Parte 2)

    Exhibiendo (Parte 2)

    Al día siguiente por la mañana me desperté con pocas ganas de seguir con mi día. Me sentía de nervios pensando que alguien afuera sabía quién era. Como de costumbre tomo un baño antes de seguir con el día y para cuando salgo de la ducha, me doy cuenta que tengo un nuevo mensaje de texto:

    «Que tal amaneció mi perrita»

    Por un momento me espante, como diablos había conseguido mi número, tenía dos opciones, bloquearlo, o seguirle el juego, opte por la segunda opción puesto que no quería que todo el mundo supiera mi mayor secreto.

    «Bien mi señor» respondí y espere ansiosa su respuesta, la cual no tardó

    «Por qué tardaste en responder?»

    «Una disculpa amo, me estaba bañando»

    » No quiero que me vuelvas a responder tarde, por ser tu primer día lo dejaré pasar, pero quiero que tengas en cuenta que a partir de hoy, todos los días desde temprano te me vas a bañar, quiero bien limpio ese culo y me vas a mandar fotos de esa conchita bien rasuradita, entendiste?»

    «Si mi señor» respondí, y de inmediato envía una foto donde salía de cuerpo completo exponiendo mi flor. El solo morbo me empezó a calentar y en la imagen se podía observar el brillo de mis labios vaginales a causa de la humedad que me provocaba.

    «Así me gustas perra, te mereces un premio, te espero en una hora, frente la calle… te quiero ver sin sostén y bragas, únicamente con una blusa del escote más pronunciado que tengas y una minifalda, y también te quiero de coletas… Así que arréglate bonito y no me hagas esperar»

    Sentí un escalofrío recorrer mi cuerpo, sentí miedo y curiosidad, bien podría a ver llamado a la policía y terminar con esto, pero… Tenía ganas… El morbo me hacía querer hacer lo que él me pidiera. Segada por la calentura me visto tal y como me lo pidió.

    Siempre sentí un gusto obsesivo por la ropa reveladora, pero solo la utilizaba para tomarme fotos, nunca para salir con ella. Escogí una camisa blanca de mangas largas y una minifalda de cuadros rojas, era la típica imagen de las putas esas que te vendían en el porno, las típicas escolares con faldas diminutas que apenas y tapan el trasero y con los primeros botones suelos permitiendo ver los pechos claramente.

    Me observó en el espejo de mi cierto y joder, el solo verme me tenía escurriendo, sentía palpitar mi vagina, y el aire que se colaba por debajo de la falda me hacía tener constantes escalofríos. Fue entonces que reaccione ¿Cómo voy a salir así de la casa?

    Mire la hora y necesitaba salir tan pronto fuera posible si no llegaría tarde y no quería ver las consecuencias de eso. Rápidamente busque entre mi closet y saque un abrigo que llegaba hasta las rodillas… eso me serviría… Me apresure para hacerme un par de coletas y poner un poco de maquillaje sobre mi rostro, cuando termine no pude evitar admirar me en el gran espejo de mi cuarto, joder me encantaba como me veía, fue entonces que me di cuenta que aquello me encanta, el morbo y la emoción me tenía al 100, veo mi reloj y joder… llegaría tarde, eso era seguro. Tomo mis llaves y salgo corriendo. Llegué 10 minutos tarde al lugar acordado… Y me mantuve parada frente al gran reloj, después de un rato llego un señor alto, de tez blanca y cabello medianamente largo, vestía un traje negro de negocios, esa cara me era familia, y después de ver cómo se acercaba más y más a mi, saque la conclusión de que aquella persona era mi amo y señor, cuando lo tengo frente a mi, me recibe con una sonrisa y es entonces cuando reconozco el rostro. Era mi vecino.

    Quedé petrificada, esa persona vivía a mi lado y él sabía lo que hacía…

    -hola cariño, llegas tarde- su tono de voz ronco y masculino me hicieron temblar y lo único que pude decir fue un » lo siento». Me observó por un rato de pies a cabeza para después decirme

    -esto no fue lo que ordene- si tono de voz era demandante, tanto que me provocaba miedo hacerlo enfadar, inmediatamente me despojo del abrigo quedando completamente expuesta, sintiendo como las corrientes de aire pasaban por debajo de mi corta falda refrescando mi parte baja. Siento un enorme rubor y ganas de salir corriendo, pero entonces mi amo me vuelve hablar

    -bien hecho cariño- sonríe – sin duda te queda perfecto, deberías darme las gracias por lo linda que te hago ver- esta vez su tono de voz era seductor y sin duda eso me calentó.

    -gracias mi señor- respondí coqueta

    -más sin embargo llegaste tarde, me hiciste esperar y eso merece castigo, sígueme- respondió y de inmediato comienza a caminar

    -si amo- respondí y a pasos apresurados me incorporo a un lado de él.

    Puedo sentir las miradas de todo el mundo, mis piernas tiemblan del bochorno, estoy segura que pueden ver todo, el roce de la tela con mis pechos, tiene mis pezones duros, notables a la vista de todos. Me siento expuesta y avergonzada, comienzo a caminar despacio, con las manos cubriendo mis pechos y la mirada en el piso.

    Pego un pequeño grito ahogado después de sentir una fuerte cachetada en mis nalgas, el ardor permanecía en mi piel y no pude evitar soltar una lágrima

    -camina como la perra que eres… – dijo mi amo enojado – menea las caderas, quiero ver cómo rebotan esas tetas, que en cada paso se note tu culo.-

    No sabía que hacer… Estaba apenada y las personas solo me observaban, sentí nuevamente el ardor en mi piel, pero esta vez me dio una gran cachetada para sacarme del shock, después decidió Bajar otro botón a mi camisa, dejando casi por completo a la vista mis pechos, me sentía desnuda, pero de una u otra forma me las arregle para caminar derecha, meneando mis caderas y meneando los pechos en cada paso. Mi amo se puso a mi lado y puso una de sus manos en mi trasero, sin duda tenían una vista completa de mi trasero, pero aquel agarre me tenía escurriendo, podía sentir como mis flujos corrían por mis piernas.

    -te gusta verdad?- susurro a mi oído mi amo

    -si amo- respondí

    Seguimos así un par de minutos hasta llegar a la parada de autobuses, apenas llegamos, al primer autobús que llegó nos subimos, yendo nos hasta el fondo, quedando justo en el centro del autobús. El chófer solo me daba miradas constantes.

    -bien, es hora de tu castigo- dijo mi amo, paso una de sus manos por detrás de mi y la otra la puso sobre mi muslo izquierdo, se acercó a mi oído y susurro – abre las piernas.

    Tenía grandes ganas de negarme, pero sabía que hacerlo sería peor, así que poco a poco abrí las piernas, dejando todo a la vista.

    -no finjas timidez perra, hay que darle un espectáculo al chófer tal y como lo haces en tu recamara.

    Me animo a subir los pies al asiento y abrir bien las piernas, el chófer solo me observaba con lujuria, podía sentir como me tragaba con la vista, mi amo paso su mano sobre mi muslo y llegó hasta mi vagina dónde sin aviso metió su dedo medio hasta el fondo, sus manos eran grandes y sus dedos gruesos… Con ese solo movimiento me hizo gemir y por mero instinto mis piernas trataron de cerrarse.

    -mi lo pienses, te quiero bien abierta- alego – y baja la voz, si no quieres que el niño de enfrente te vea-

    Lleve mis manos a la boca para ahogar mis gemidos, mientras mi amo media y sacaba su dedo, nos tardó mucho para meter el segundo dedo, cada vez era más rápido… Podía sentir venirme, los metía y sacaba y justo cuando estaba por llegar al clímax, los saco… Estaba jadeando, de mi boca escurría saliva y mis ojos le imploraban más.

    -este es tu castigo por haber llegado tarde- dijo divertido – deberías de ver tu cara de zorra, se nota que quieres más – paso sus dedos por mi boca, y automáticamente comencé a chuparlos, hasta dejarlos limpios.

    -es hora de darle placer a tu amo- dijo mientras con una mano me guiaba a bajar las piernas y ponerme de rodillas frente a él.

    Quedé completamente expuesta, a medio pasillo, en medio de sus piernas, no era tonta, sabía lo que quería… Y para ser sincera yo también lo quería.

    -sin usar manos- demandó

    Así que puse mis manos en la espalda y acerque mi rostro a su entre pierna, y con la boca tome el cierre del pantalón, con cuidado lo baje, mi torpeza no ayudo mucho… Cómo se suponía que lo sacará… Pero al parecer mi amo también lo quería rápido, así que se apresuró a sacar su pene del pantalón, quedé asombrada al ver su verga frente a mi, abrí mi boca y mi amo puso su verga en la entrada, dando pequeños golpecitos en la lengua, mi saliva escurría y pasaba por mis pechos, levanté la mirada para toparme con la vista lujurienta y morbosa de mi amo, quien con su otra mano, me empujó hasta su paquete y me hizo tragármela toda de un solo golpe… De arcadas por el impacto de sentir mi boca llena, entonces comencé a subir y bajar, lentamente, hasta acostumbrarme al tamaño, mi amo marcaba el ritmo, empujándome lento y otras veces más rápido, podía escuchar pequeños gemidos de su parte y eso me hacía querer hacerlo más rápido, con mi lengua lo enrollaba y cada que lo sacaba succionaba la cabeza, quería hacer que se viniera, y mi amo solo se seque a en su asiento, sentí su mano soltarse de mi cabeza y bajar hasta mis caderas, dónde agarro mi falta y la levanto por completo.

    -levanta el culo perra- dijo con voz cortada y obedecí de inmediato.

    A este punto me daba igual el lugar en el que estaba, mi vecino, no… Mi amo y señor me estaba dando el mejor de los placeres, su mano acariciaba mi culo, y cada que lograba chupaba la cabeza podía sentir como su mano apretaba mi culo, cada vez iba más y más rápido, hasta que entonces sentí como el autobús comenzó a descender la velocidad, en ese momento mi amo paso su mano por mi raja humedeciendo uno de sus dedos, y metiendo lo de un empuje a mi ano, aquella sensación me hizo tensar y apreté la boca para evitar gemir a gritos, al instante sentí algo llenar mi garganta, y la mano libre de mi amo paso a empujar su verga más al fondo de mi garganta, lo único que pude hacer fue levantar más el culo dándole la oportunidad de clavar más su verga en mi garganta y su dedo en mi culo.

    Sentí mi garganta llenarse y lo único que pude hacer fue tragarme toda la leche que mi amo me había dado.

    -llegamos- anuncio en chófer y de inmediato mi amo saco su dedo de mi culo. Me pare enseguida y después de que guardo su verga en el pantalón, nos dirigimos a la salida. Mi amo continuaba llevando una de sus manos en mi trasero

    -no olvides darle las gracias al chofer- me dijo travieso,

    -si amo- sonreí

    Veo de reojo al chófer y puedo observar el gran bulto en su entre pierna, le miro el rostro y con una leve sonrisa le doy las gracias, y comienzo a bajar del bus

    -oye nena- hablo el chófer – tienes leche en la cara- dijo con morbo.

    Sin despegar la vista de él, pase mi lengua por mis labios, limpiando los de una forma seductora.

    -no quiero desperdiciar el regalo de mi amo- respondí coqueta- gracias señor –

    Me incorpore al lado de mi amo y este volvió a poner su mano en mi trasero, dando un ligero agarre que me hizo respingar

    -coquetearle a otro frente a tu amo, es un grave error, espero estés lista para tu castigo.

    -si mi señor- respondí, pero esta vez la sola palabra «castigo» me puso más caliente que nada

    Continuará…

    Gracias por leer mi relato, si les gusto dejen su comentaría, antes de irme me gustaría agradecer al usuario argos62 por ser de ayuda para la creación de este relato. Mi señor, espero le haya gustado, quiero que sepa que mientras lo redactaba el puro morbo me tenía chorreando que tuve que meterme algo en el coño para no sentirme vacía, además de que puse dos pinzas en mis pezones para que no se sintieran solos. Gracias por el placer que me ha otorgado, espero sus comentarios. Besos

  • Nuestro primer lésbico

    Nuestro primer lésbico

    Hola a todos, después de contaros los dos primeros relatos de nuestras dos primeras experiencias, creo que me he quedado corto, y este relato de nuestra última y diferente experiencia lo voy a contar con todo lujo de detalle… así que les invito a que se relajen, se acomoden y sientan el placer de lo que sentimos…

    Para empezar, mi mujer y yo (Julia) tenemos de amistad una pareja (Leo y Lyn) en común desde antes de conocernos ella y yo y empezar a tener una relación. A Lyn, nuestra amiga y pareja de nuestro amigo Leo, la conozco desde muchos años antes inclusive de que ella estuviera con Leo, de muy jóvenes, y siempre la he visto como una amiga de verdad pero a medida que pasaban los años, más me atraía y más ganas tenía de cogérmela… hasta el día de hoy, pero nunca se lo he dicho ni dejado caer, pero ya yo estando con Julia, y después de que Julia y yo tuviéramos nuestras primeras experiencias en un trío (con un chico) Lyn y yo hablábamos mucho, pero un día por un juego tonto se preguntas ella me confeso que tuvo sexo lésbico una vez… eso me dejo caliente!!! No me lo esperaba… y a partir de ese día empezó la cuenta atrás hasta el día que hoy os voy a relatar lo bien que la pasábamos.

    Bien, dicho esto, Julia y yo ya habíamos tenido nuestro primer trio cuando yo y mi amiga Lyn empezamos a hablar más… atrevido entre nosotros e intimando más por mensajes… contándonos cosas muuuy intimas… hasta que ella me confeso… que la encantaría poder follarse a Julia… mi mujer, que me gustaba mucho, la ponía mucho… comerla el coño, las tetas… besarla… y todo esto entre nosotros dos sin comentar nada a nadie (a nuestras parejas).

    Después de un tiempo así, Lyn, la empezaba a dejar caer a mi esposa Julia que la gustaba, una noche salimos los 4 sin planear a tomar algo, tranquilos, pero ellas dos se emborracharon a tal punto que salían a bailar en la pista de la discoteca las dos juntas y pegaditas, mi amiga que es más atrevida y descarada la empezaba a sobar como sin querer sus tetas… se la arrimaba, la tocaba el culo y Leo y yo esa noche solo mirábamos y dijimos de broma si nos íbamos los 4 a casa… pero nanai de paraguai, cada uno a su casa y punto.

    Después de esa noche y un tiempo después, mi amiga Lyn y yo, cada vez que hablábamos a escondidas era para ponernos calientes y fantasear lo que ella y yo querríamos que pasara en un futuro, mientras mi amiga visitaba a mi mujer de vez en cuando, la dejaba caer alguna cosa y tal hasta que mi amiga Lyn se confesó, y la dijo que a ella la gustaría acostarse con Julia, mi mujer, mas vergonzosa, tímida y menos atrevida, la dijo en frío que tal vez algún día en caliente que si, pero de ahí nada mas.

    Ya después de unos cuantos meses más, habíamos quedado los 4 en nuestra casa para pasarla bien, cenar y tomar, no voy a dar detalles de ese día porqué nos emborrachamos literalmente y nos dormimos, eso sí, antes de dormir yo me culee a mi mujer pensando en que podríamos culear los 4 juntos pero nada jajaja.

    A los días después de quedar los 4 Julia y yo haciendo el amor la decía que si se imaginaba a Lyn comiéndola el coño o ella a Lyn, y cosas así, ella solo afirmaba gimiendo y moviendo mas su culazo con mi polla dura dentro de ella.

    Bueno pasado un mes volvimos a quedar los 4 pero esta vez en casa de nuestros amigos, En teoría otra noche normal, pero mi amiga Lyn y yo ya habiamos planeando en que esta vez ella fuera mas atrevida con mi esposa y su marido Leo igual, para romper el hielo y que nos divirtiéramos algo mas entre nosotros y así mi mujer que es un poco mas vergonzosa, se relajara más y pudiera estar mas atrevida.

    Pero por mala suerte no fue así y ya la noche iba avanzando y veía que se nos escapaba otra oportunidad, entonces en un momento dado, decidí proponer a hacer el juego de la botella, no sé si algunos de vosotros que estáis leyendo sabéis en que consiste, pues bien el juego consiste mas o menos en que los 4 estuviéramos en círculo y que uno moviera la botella al azar y al que termine señalando la botella pues a esa persona se le diera la oportunidad de escoger reto o verdad, y bueno al principio como no, ellas siempre elegían la verdad, ninguna quería reto.

  • Encuentro en el subte

    Encuentro en el subte

    -» Que buen libro»!

    Miré instantáneamente a la voz que me había hablado, y me encontré en con un señor que me miraba fijo.

    A esa hora, 15 h, el subte iba con gente, si bien no era como en otros horarios donde es imposible apenas moverse.

    Yo había subido a la línea D, en la estación Catedral, y me dirigía a Belgrano, donde vivía en ese entonces. Una vez arriba, me enfrascaba en la lectura. Siempre amé la lectura. Prefería siempre viajar parado, ya que de ese modo no tenía que prestar atención a ceder mi asiento a alguien necesitado y podía disfrutar y concentrarme totalmente en mi libro.

    – Si – respondí con cierta timidez

    – No te voy a contar el final así no te lo arruino

    – Jaja. No, porfa, igual al ser una novela histórica, gran parte no tiene mucho secreto

    – ¿Leés mucho historia?

    Y así fuimos entablando cierta charla mientras el subte hacía su tradicional y ruidoso trayecto.

    Me contó que se llamaba Rolando, que tenía 61 años y que trabajaba de abogado (había subido en estación Tribunales por lo que había podido adivinar). Era viudo y parecía también muy discreto y serio. Físicamente, era altísimo. Yo mido 1,80 cm pero aun así hacía un esfuerzo al verlo a los ojos. Me dijo que su altura era 1.99, aunque a simple vista yo hubiera arriesgado algunos centímetros más.

    Continuamos charlando despreocupados, y, aunque no pude continuar mi lectura, me sorprendí con su buena parla.

    Yo en aquel momento tenía 35 años, y estaba soltero. Había terminado una relación unos meses antes, y si bien alguna aventura había tenido, me tomé aquel tiempo como un impasse emocional, y claro, sexual. Tenía por aquel entonces poca experiencia en el sexo, casi todas con mi anterior novio.

    Fue terminando el viaje y Rolando empezó a indagar sobre alguna otra cosa, sobre todo mi situación sentimental, por lo cual mis alertas comenzaron a sonar.

    – Tenés pareja?

    – No, hace unos meses nada

    – Bue, ya aparecerá otra… u otro

    – Jajaja. Si, otro… soy gay

    – Me había dado cuenta

    – Cómo?

    – Por la cola que tenés…

    Al recibir aquel comentario me quedé helado. Y seguramente él se dio cuenta, porque enseguida continuó:

    – Perdón perdón Nico! No quise ofenderte para nada! Que desubicado soy!

    – No… está bien, pasa que me sorprendió lo que dijiste

    – Pero en qué sentido?

    – En que hayas dicho algo así…

    – Ah, porque una cola hermosa ya sabés que tenés

    De nuevo me quedé sorprendido, y esta vez Rolando se quedó mirándome fijo.

    En ese momento el subte llegó a mi estación, Congreso de Tucumán, y bajé presuroso, seguido de él. Ninguno decía nada, pero yo sentía cómo caminaba atrás mío.

    Subimos por escaleras mecánicas, y al llegar arriba se me puso a la par, me agarró la mano y me pidió hablar.

    – Perdón Nico, pero seguramente no vaya a verte nunca más, y me vuelve loca esa cola que tenés.

    Dijo esta frase en un tono normal, sin bajar un tono la voz, y recuerdo que un muchacho que estaba al lado en la parada del colectivo miró enseguida la situación.

    Debo decir que Rolando, más allá de su altura, era un hombre muy elegante. Vestía traje, iba bien arreglado, y jamás uno hubiera sospechado que pudiera encarar a alguien así en un subte.

    Yo solo lo miraba.

    – Mirá, si me decís que no te interesa nada, nos damos la mano y sigo, pero la verdad es que me tendría que haber bajado hace 6 paradas y seguí solo para intentar estar con vos.

    Yo seguía mirándolo, sin saber como reaccionar.

    – Ya sé que seguro estás súper incómodo y no te animas a nada, pero en la vida vale la pena hacer cosas locas y disfrutar…

    – Mirá, nunca me pasó algo así, la verdad te agradezco pero no me animo…

    – Te gusto?

    – Ese no es el punto…

    – Te gusto o no?

    – No es ese el punto!

    – Te gusto físicamente o no?

    – Si!!! Físicamente sos lindo!

    – Y no sabés lo que tengo acá abajo…

    Al decir eso me subió el morbo a la cabeza. Debe haberse notado porque se empezó a reír y me pidió que lo acompañara » a caminar».

    La caminata llevó a la puerta de un telo, que estaba a 3 cuadras de la boca del subte.

    En la entrada empezó a insistir para que entráramos, y yo no terminaba de convencerme. A esa altura estaba muy excitado por la situación, muy caliente con él, pero el miedo me ganaba.

    – Hagamos algo, te paso mi celular y hablamos

    – No, te quiero coger ahora

    – No, si querés vamos a tomar algo en finde…

    – Quiero ponértela ahora, ya.

    Y para reforzar, se me acercó y me besó. Ahí en medio de la gente que pasaba, del diariero que observaba la situación me pasó la lengua por toda la boca y me franeleó la cola durante cinco minutos. Cuando terminó, el que estaba desesperado por entrar era yo.

    Pagamos a medias la habitación, entramos y enseguida comenzó a besarme nuevamente. Comencé a tantear su entrepierna y enseguida me dio la impresión que no me había mentido.

    Me hizo desnudar, me fui quitando la ropa lentamente, poniéndome de espaldas para que tuviera buena visión de mi trasero. Me sentí avergonzado por la ropa que tenía, dado que en aquel momento no estaba preparado para «la guerra». A Rolando pareció no molestarle:

    – Ah, el orto que tenés nena

    Fui hasta donde estaba el, sentado en el sillón, y lo hice levantarse. Me arrodillé y le bajé el pantalón del traje. Tenía un bóxer horrible de un hombre de la prehistoria, pero cuando lo bajé me encontré con un pene como ninguno hasta ese momento había visto. Colgaba un miembro hermoso, sin saber de medidas mediría algo como 20-21 cm, con una vena muy notoria, palpitante, ya gomoso, con líquido preseminal y dos testículos bien velludos.

    Sin apenas darle tiempo a nada me metí esa cosa en la boca como desesperado.

    – Ah bueno putita! Que desesperada!! Jajaja, como era que no querías jajaja

    Yo solo chupaba con desesperación

    – Ayy bebe ay ahhhh

    Continué mamando con más ansia, disfrutando esa cosa enorme que no entraba en mi boca.

    Se le chupé por espacio de 10 minutos, y cuando pensaba que podría seguir así mucho tiempo más, escuché la frase que más anhelaba:

    – Date vuelta Nico, te voy a coger todo

    – Ponte el forro

    – Obviamente

    Me puso en 4 patas, se ubicó atrás mío y comenzó a chuparme la cola de una manera increíble. Sentía lengua, labios, dedo, lengua, más lengua. Tuve hasta la sensación que iba a venir el conserje a decirme que baje el tono, así de gritando me encontraba.

    – Cogeme Rolando cogeme

    – Te lo quiero seguir chupando!

    – Cogeme ahora forro, culeame que no aguantooo!!

    Sentí tus enormes manos agarrar mis caderas, tu pene en mi ano, y su empuje.

    Insistió una vez, dos veces, tres veces y no podía entrar.

    Cuando empezaba a pensar que habría que cambiar de posición, sentí como finalmente entraba de a poco en mi.

    Su pija abriendo las paredes de mi cola, entrando de a poco en mi ser, me hizo ver el cielo.

    – Ahhh ayyy ahhhh

    – Siiii Nico siii!!

    – Auuu ayyyy

    Continuó entrando, lento pero sin demora, mientras el conocido dolor se apoderaba de mi.

    – La puta madre cómo duele!! Ayyyy

    – La saco?

    – No! Déjala un ratito así

    Nos quedamos quietos mientras mi cola se acostumbraba, y finalmente y de a poco empezó a moverse con más velocidad.

    – Dale dale

    – Ahhhh

    – Dame Rolo, dame pija!

    – Que puta hermosa! Que ojete por favor!

    Cada vez con más intensidad.

    – Aaahggggh!!!

    – Si puta! Toma tomaaaa!

    – Ahggghhj!!!

    Cuánto más estaba disfrutando, sintiendo su pija completa, salió, se sacó el forro y comenzó a masturbarse mirándome y apuntando a mi cara.

    Puse cara provocadora para calentarlo más y terminó despidiendo una cantidad de semen que no creí en alguien de su edad. Terminé con la cara llena de semen, el pelo pegoteado, y la mandíbula goteando.

    Me fui a duchar, me higienicé y cuando volví lo encontré tirado en la cama, plácidamente dormido.

  • Fascinación por la sumisión

    Fascinación por la sumisión

    Para empezar les diré que soy una chica travesti de closet ya madura,  soy alta, mido 1.70 sin tacones, morena clara, de cuerpo normal, ni llenita, ni flaquita. Me gusta mucho usar tacones altísimos, son mi fetiche más grande, así como la ropa entallada y lencería.

    Pues bien, les diré que en todos mis años de vestirme de mujer y tener experiencias agradables, la que más me gustó fue la primera, o mejor dicho con el primer hombre con el que estuve, y el que marco mi vida como pasiva y por el cual, quizás jamás me conforme con el amor de un hombre, y ahora les explico el porqué.

    Resulta que con el primer hombre que estuve, era mayor que yo como por 10 años, se dio cuenta de mis gustos cierto día que me vio usando unas zapatillas de una tía. Al principio como la mayoría de hombres reacciona, se burló de mí, y cada que me veía lo hacía, hasta que cierto día, se encontraba tomando con sus amigos en una esquina, cercas de dónde yo vivía, y al pasar junto a ellos les susurró algo que no escuché, pero al unísono 3 de ellos exclamaron: «¿en serio?» Y comenzaron a reír, así que apresure mi paso para llegar a casa.

    Pasaron como 2 horas y la noche llegó. Estaba a punto de dormir y en eso tocaron la puerta y al abrir era el, diciéndome que si quería salir un rato con ellos, le dije que no podía, pero termino por convencerme, pues estaríamos en unos cuartos de ese mismo lugar, pero me susurro al oído: ¿puedes traer las zapatillas? Y después de pensarlo un poco, las fui a buscar y salí con él, llegamos a los cuartos dónde los usaban como bodega y pasamos algunos obstáculos y allí estaban sus amigos. Me presento con ellos y me ofrecieron de tomar y fumar, cosa que hice por primera vez también, con los inconvenientes propios de la experiencia nueva claro.

    Pasado algún tiempo me cansé de estar parada ya que el lugar era algo reducido y al hacerlo notar me ofrecieron sus piernas algunos de ellos, cosa que acepte, quizás por el alcohol, pues hasta ese momento no sabía aún sus intenciones, y después de sentarme en las piernas del primero, este se movía de una forma muy sensual, tomaba mi mano y la ponía en su verga, mientras los otros reían y se burlaban, así me pasaron por las piernas de los que estaban sentados.

    Ya después de un rato de burlas y risas, comenzaron a secretearse y algunos se despidieron, mientras los otros los cuestionaban y les susurraban algo, el caso es que después que se fueron ya había más espacio y al quererme sentar en un banco que estaba vacío, uno de ellos me agarró fuerte de la cintura y jalándome hacia él, me sentó ya descaradamente encima de él, mientras hacía movimientos circulares con su cadera, y movía la mía con fuerza sobre su verga, mientras el que me había llevado les recordó lo de las zapatillas, así que me hicieron ponérmelas.

    De pronto, el que me tenía encima de él me pasó al que tenía junto en la misma posición y este continúo con el movimiento de cadera y me jalaba de la cintura, haciendo círculos contrarios a la suya, 2 de ellos se bajaron el pantalón y se sentaron junto a este, y pusieron mis manos en sus vergas. A estas alturas mi cuerpo se sentía súper caliente, y entre risas, jadeos y murmullos ricos, yo solo cerré mis ojos hasta que sentí algo en mi cara, y al abrirlos, vi la verga del que me llevo, ordenándome que se la besara, que sacará la lengua y que la lamiera y chupara como si fuera una paleta, y así lo hice por un rato.

    Después el que me tenía encima de él, me levanto la playera y comenzó a besarme por otro rato, hasta que de pronto, bruscamente me aventó, se levantó y se bajó el pantalón también, se paró junto al que estaba frente a mi y comenzó a bufar y a jalarse la verga efusivamente hasta que se vino en mi cara, y antes de poder reaccionar, uno de los que tenía al lado, me jalo y me sentó en su verga, emulando una penetración… yo estaba extasiada, sintiendo calor por todo mi cuerpo, mientras oía el ruido de los tacones que traía puestos al golpear en el piso. Mientras oía por primera vez, lo que marcaría mis gustos y preferencias a partir de ese momento, pues comenzaron a decirme entre insultos y halagos que estaba bien rica, que les mamara la verga. Me ordenaba exactamente que hacerles, como sacar la lengua, chupárselas, y mover mis manos más rápido, me decían: que se las chaqueteara, ¿Que si me gustaba? Y yo solo movía la cabeza afirmando.

    El siguiente en venirse, fue el que me había llevado, y mientras me agarraba de la cabeza y literalmente me cogía por la boca, comenzó a humillarme verbalmente, ordenando me que abriera más la boca, para metérmela hasta el fondo, y en ese momento, escuché la palabra más excitante para mí, y que hasta la fecha sigue provocándome morbo y excitación desmedida, pues mientras me cogía por la boca me decía: ya me voy a venir, así, así, sácame los «mocos» ¡trágatelos! En momento solo sentí como le crecía su verga dentro de mi boca, para después sentir espasmos que anunciaban su inminente venida, la cual no pude retener en mis labios, e incluso al sentirme ahogar, me hice hacia atrás y al zafarme de su verga, perdí el apoyo de uno de mis pies y le di una patada (sin querer claro) en una de sus espinillas, a lo cual los otros 2 rieron y se pauso la acción jijiji.

    Ya después de un rato de tomar me quisieron penetrar, pero la verdad si me dolió y decidieron que no lo harían, pero me hicieron mamarles la verga e incluso llegaron otros 2 a la reunión y yo ya entrada en gastos los atendí como se merecían pero se vinieron rápido.

    Al final solo se quedó el que me había llevado y los demás se fueron, dejándome toda llena de «mocos» hoooo que rica palabra… me los dejaron por todo el cuerpo, en el cabello y ropa, mi pantalón a la altura de las rodillas y con las zapatillas aún puestas, y al verme así de indefensa y sumisa, se volvió a sacar la verga y me hizo mamársela, mientras me preguntaba:»¿Si me había gustado?» Y yo asentía con la cabeza, se puso de pie y mientras me seguía humillando, diciéndome toda clase de groserías, me volvió a coger por la boca, diciéndome que era bien puta y que él sería quien me cogería primero, me jalo del cabello y me hizo gatear como metro y medio, se sentó y continuo con groserías, ordenándome que se la mamara y que le sacará los mocos. Creo que se dio cuenta de mi fascinación por esa palabra y que a él también le gustaba usarla, porque después de eso me la repetía a cada rato, e incluso fue tanta su excitación por mi sumisión que cuando se vino, me hizo lamer toda su venida, e incluso algunas gotas que cayeron en el piso me hizo limpiarlas con la lengua.

    Después de ese día me hice su puta personal, e incluso comenzó a cobrarles a sus amigos por qué les hiciera sexo oral solamente, pues como lo dijo y al final así fue, él fue quien me penetró por primera vez.

    El caso es que he tenido algunos amantes que incluso me han propuesto vivir juntos, pero siento que no podría corresponderles como quisieran, ya que desean que solo sea de ellos y aunque lo he intentado, la verdad es que por temporadas me sale lo puta y deseo otras vergas. Digo, no puedo por cuestiones de trabajo salir tanto, pero cuando la calentura me domina no puedo evitarlo.

  • Curiosidad por conocer algo nuevo

    Curiosidad por conocer algo nuevo

    Llevábamos tiempo hablando mi amiga Penélope y yo de cómo sería el sexo entre mujeres, era curiosidad o quizás nos sentíamos atraídas una a la otra, pero no queríamos aceptarlo, pero una tarde nos propusimos hacerlo.

    Lo planeamos para el viernes noche porque entrábamos en el último turno de ejercicios de relajación y motivación, estábamos nerviosas y nos mirábamos y no parábamos de reír.

    Por fin acabamos y nos marchamos a nuestro dormitorio, ya que compartíamos habitación en la universidad. No sabíamos bien que hacer o quien empezaba, así que al final nos metimos en una cama y dentro empezamos a desnudamos con la luz apagada.

    Era una sensación rara el estar con otra mujer en la cama y desnudas, así que empezamos hablar de sexo y poco a poco empezamos a rozarnos y tocarnos cada una por separado, y poco a poco empezamos a hacernos una paja. El calor por momentos era más sofocante, estábamos cachondas e instintivamente mientras con una mano continuábamos acariciando nuestros coños, con la otra empezamos a tocar los pechos de la otra.

    Nerviosas, con el calor sofocante, notaba mis dedos cada vez más ágiles, metiéndome los dedos en la vagina y el líquido que corría por mi mano. Penélope dijo que ella estaba muy mojada, que estaba súper cachonda y sin darnos cuenta, nos estábamos tocando una a la otra.

    Las manos de Penélope eran suaves y ligeras, hundió sus dedos en el interior de mi vagina y yo abrí las piernas todo lo que pude sin dejar de estrujar sus pechos y juguetear con sus pezones puntiagudos, después bajé una de mis manos y metí dos dedos en su vagina que chorreaba como si de un río se tratara.

    Al rato nos corrimos casi al unísono, con gemidos tímidos. Pero necesitábamos más y continuamos acariciándonos los coños, los pechos y nos dimos besos que sabían a dulce de leche, besos que nos transportaron a un deseo incontrolable, me volví loca y empezamos a chuparnos los pechos y al final cambiamos de postura y empezamos a chuparnos los coños a una velocidad que no sabía que pudiera llegar y volvimos a corrernos, esta vez explotamos al mismo tiempo, nos quedamos unos minutos sin poder movernos en esa posición.

    Fue tremendo de ensueño…

    Penelope2021

  • El regalo: Un antes y un después (Cuarta parte)

    El regalo: Un antes y un después (Cuarta parte)

    Un destello lejano parpadeó un instante, fastidiando el iris marrón de mis ojos, llamando mi atención. Sacándome de mis pensamientos, trayéndome de nuevo a aquel presente, seguramente producido al mover algún cristal de una de las ventanas de los pisos del frente, que yo podía observar tras de aquel ventanal. La música fue decreciendo, y la aguja del tocadiscos cayó en el vacío del surco que aparta una pista de la siguiente y se hizo un silencio breve, solo interrumpido por el sonido característico de un pequeño motor en funcionamiento y produciendo una monótona vibración.

    Me di vuelta sin guardar el móvil en mi bolsillo, sosteniéndolo en mi mano derecha. Las delicadas notas primeras de aquella preciosa composición de Francis Lei, me causaban tranquilidad, tan necesaria como recordada, al escuchar después de tantos años las melodías de «Les Deux Nudités». Me fijé entonces que en aquel estudio estaba yo solo. Ni la señora Almudena ni Paola se hallaban allí. ¡La habitación del pecado! Sí, allí deberían de estar conversando. Y me dirigí hasta la abierta entrada.

    Me encontré de golpe con una imagen jamás imaginada y en mi rostro se dibujaría con seguridad, una expresión de profundo desconcierto. No sabría expresar muy bien aquellas lejanas sensaciones, por lo que veía, por lo que estaba sintiendo al ver aquella… ¿Erótica visión? Su perfecto rostro de anguladas facciones tan púberes, sus abochornadas mejillas y el áureo cabello revuelto… ¿Sus agitados gestos? Descifrado en aquella carita de niña buena, por contraste el rostro de una mujer que goza. Ahogados gemidos con los párpados cerrados y grititos incesantes, pretendiendo salir con mayor fuerza y placer de… ¿su boca?

    En aquella habitación con módica claridad, embelesado me quedé tan solo unos dos pasos dentro. ¡Inmóvil! La puerta tras de mí completamente abierta y tapizada por dentro con acolchado rojo de cuerina, tal como las demás paredes del lugar. Maderos en cruz, estanterías altas de barnizada madera con artilugios varios, metálicos unos, de cuero otros. Una cama tan amplia como para jugar allí una partida de squash, de barrotes altos y cromados. Cubierta ella por una satinada sábana de seda negra, almohadones anchos y rojos, de formas rectangulares, otros bastante largos, como tabacos cubanos y unos amarres con sogas en sus extremos. Algunos taburetes y un mueble sinuoso a modo de las colinas que rodeaban mi lejano terruño. Por cielo raso una malla acerada, con cables y poleas. Y tres juegos de luces, azul, roja y ámbar; distribuidos en lo alto de las cuatro esquinas. Velos suspendidos, rojos, negros y blancos. Cintas anchas, otras angostas de tela brillante, negras, rojas también. Velones sin fulgor y más velas encendidas. Aromas, olores… Aquella era sin duda alguna, la «Habitación del pecado».

    Un poco al fondo, Paola estaba acostada boca abajo sobre algo parecido a una camilla de baja altura. Brazos y manos a sus costados, sus piernas blancas y largas abiertas a 45 grados, dobladas también hasta rozar con los dedos de sus pies el suelo de madera. Ella con su falda remangada por encima hasta su cintura y sus zapatos beige de alto tacón, ordenados a un costado. En la boca una pelota roja, de goma tal vez, unida a una delgada cinta de cuero negro que se aseguraba con una hebilla metálica tras su nuca.

    Y entonces comprendí el porqué de aquellas vibraciones. Una máquina de aspecto extraño para mí, se hallaba justo por detrás, en medio de sus piernas. Un marco de negra tubería metálica, hacía las veces de soporte para un motor eléctrico, el cual mediante un engranaje, hacia girar una rueda plateada y esta a su vez movía con empeño y frecuencia constante un pistón brillante y delgado, en cuyo extremo se adosaba una verga gruesa y negra, un falo descomunal. Desplazándose hacia adelante y luego atrás, como siguiendo el ritmo de la música que se escuchaba al fondo.

    De nuevo escuché aquel… « ¿Te gusta lo que ves? ». Y sí, morbosamente me gustaba, tanto que fui notando como mi pene iba alcanzando tamaño y consistencia bajo mis bóxer y mi pantalón de paño. Aparté mi mirada de aquellas nalgas que subían afanosas, que se adelantaban un poco, para luego volver bajando, insaciables hacia atrás, lo que ella podía por la posición y la sujeción de sus piernas con correas a cada extremo de la camilla. Recibiendo las percutidas embestidas.

    —Serás bienvenido cuando quieras Rodrigo. Si quieres probar otros límites del placer. Explorar nuevos caminos y fronteras, dejarte llevar por lo que es tan natural e inocente, aunque muchos lo tilden de pecado. —Me dijo una Almudena sonriente, orgullosa de seguramente, poder deleitarme con aquellas vistas, de enseñarme su lugar secreto y de tener a su disposición la cándida belleza de mi rubia compañera.

    Y yo seguía allí, mis pies fijados al tablado como si fuesen de concreto e impidieran mi libre movimiento. Y la Barranquillera, complacida más allá. Desde mi posición no podía observar como aquel falo de plástico profanaba su, –de seguro– rosada intimidad. Más mi mente si la imaginaba, entre sus húmedos fluidos, recibiendo ella agradecida, su grosor y artificial virilidad. A pesar de estar mi rubia aprendiz tan expuesta ante nosotros, respeté su momento lleno de erótica intimidad. Nos olvidamos los dos por un momento de Paola y de su placentero sufrimiento. Aunque jadeaba, aunque gruñía, no la escuchaba con mucho interés. Solo su voz, la de Almudena. Aquella suave, firme y segura, la voz de una cliente jamás imaginada.

    —Si quieres te enseñaré un mundo nuevo, uno diferente donde confluyen en un mismo océano, dos corrientes. —Continuó Almudena hablándome, pervirtiendo mis normales emociones con su discernimiento.

    —Por un lado tu monótono placer tan conocido, el cual con un poco de tiempo y algo de esfuerzo tuyo, despojaré de tus recuerdos. Y por la otra vertiente, el placer por el dolor que te niegas a reconocer. —Estaba confundido, nervioso y como no, expectante ante aquel soliloquio.

    —Aquel temor que guardamos internamente todos. ¡Si tesoro! Aunque me pongas esa carita de desconcierto. Toda esa adrenalina que sentimos frente al peligro, expuestos a perderlo todo en un ínfimo instante. Nuestra ilusa moralidad, nuestras honestas sensaciones. La conmoción causada por la euforia cuando alcanzamos una victoria, cuando tenemos en nuestras manos el poder. Esa fuerza interior para entregar gozo, causando antes un poco de dolor, que al final no es lo más importante. Nuestro placer es lo primero. Egoísta emoción, aunque sea alcanzando nuestro clímax por medio del arrebatamiento en otro ser. ¿Deseas experimentar? ¿Conocer tus fronteras? Así como ésta frágil preciosidad que se arriesgó, que ahora disfruta, sufre y gime. ¡Sí! Rodrigo, ella también busca, sondea sus bordes… ¡Mírala! Rodrigo, llora. Placer, dolor… Tú, ¿cuál puedes ver? ¿Cuál de las dos?

    No sabía qué contestar, sencillamente al mirar el rostro de Paola, con aquella bola en su boca, impidiéndole articular entendibles frases, permitiéndole tan solo gestos y un breve espacio para babear. ¡Sudor! En su frente y en la mía. Escalofríos recorriendo mi espalda y en ella, tanta vida y mil espasmos. Sus lagrimales dejaban escapar algunas brillantes gotas de salada humedad. Podía observar como sus manos esposadas a los costados, se crispaban una y otra vez, como si quisiera arañar con sus largas uñas, la espalda de un invisible amante, o tan solo afirmarse en las volátiles moléculas que formaban el aire a su alrededor.

    Contraía sus dedos por momentos para luego estirarlos tan largos eran y sucumbir al orgasmo recibido. Escuchaba más fuerte su respiración, jadeante belleza de cabellos dorados y tan desordenados por el agitar de su cabeza, hacia un lado y luego hacia atrás, para después, desvaneciéndose entre atrapados gemidos caer hacia el frente, ocultando de mi panorama su hermoso perfil. ¿Rendida quizás? o ¿Satisfecha y agradecida? Y la respuesta a esas preguntas, era un rotundo sí para las dos.

    —¡Rocky! ¿Puedo llamarte así? Creo que ya nos tenemos bastante confianza. ¿O no? ¡Jajajaja! Ven corazón, y sírveme otra copa, brindemos por el destino que ha entrelazado nuestros caminos. —Y me acerqué para recibir de sus manos la botella de Brandy, para llenar primero su copa y posteriormente la mía. Miré luego hacia el ¡Aughhh! prolongado que provenía del lugar donde se sucedía un encuentro sexual tan disfrutado como bizarro. La ví por un instante, Paola que seguía allí, batallando sola en una guerra desde un comienzo pérdida. La máquina en su constante funcionar, embistiéndola desde su posterior posición, al final iba a vencerla con plena seguridad.

    —Cuando causamos gozo en otras pieles, cuando hurgamos en sus mentes y en las profundidades de angostos orificios, buscando los límites del gusto por el dolor en los demás para hacerlo propio, nuestros miles de orgasmos sentidos, al tomar de nuestros amantes, lo suyo, ¡lo que al parecer nos es tan clandestino! —No daba crédito a lo que escuchaba. Y menos al ver como Almudena, muy cercana a la cabeza inquieta de Paola, subía una de sus piernas en un taburete cercano, tomando el borde de su vestido para levantarlo y llevarlo a su cadera, ofreciéndole con total seguridad, la vista de aquella vulva de morenos y gordos labios, con la íntima argolla atravesando su clítoris y a mí, un amplio campo de visión. Media nalga, doblada y bronceada pierna, un tobillo decorado por aquellas sandalias, cubriendo un pie de uñas bien pintadas. Muy cerca. ¡Demasiado!

    —Ese deleite al final, cuando paramos de disfrutar o de tolerar y al que nunca queremos dejar emerger. ¡Venceré tus miedos Rocky! Si tú quieres y deseas, juntos alcanzaremos la libertad añorada, descubrirás placeres sin demarcaciones ni confines, porque en el dolor, también hallarás la cúspide de un clímax que después no querrás abandonar. —Y entonces se encendió la flama de un zippo de plata, dando calor y vida a un rubio cigarrillo. Aspiró con la hermosa firmeza de sus labios, dibujando en sus mejillas una leve oquedad, para luego expulsarlo muy lentamente. Despacio liberó el humo en azuladas ondas flotantes. Muchas mujeres he visto fumar en mi vida, tan pocas contadas con los dedos de mi mano, sabían hacerlo de manera íntima, tan espectacular. Erótica imagen de pura elegancia y sensualidad.

    Me llevé la copa a la boca y bebí, un trago profundo, no lo saboree como es debido. Me urgía calmar mi sed física, pues la mental ya estaba siendo colmada con aquella información. Almudena se agachó ágilmente para observar el rostro de aquella entregada rubia. Le acarició la cara, acomodó un poco aquella bola roja y luego su mano la pasó por la cabeza de Paola, tomando entre sus dedos, su larga cabellera, levantándola con fuerza, provocando otro espasmo en mi hermosa compañera de trabajo. Le acercó su vulva al rostro, su cigarrillo pendiendo de su boca y con la mano libre, abrió deliberadamente los pliegues de su vagina para restregarla contra las delicadas facciones de aquella Barranquillera, antes tan desatada y ahora tan sumisa.

    —¡Acércate Rocky! —Exclamó de repente Almudena–. —Comprueba tú mismo si en este inocente rostro, ves tú el pecado o la virtud del placer alcanzado. —Y me acerqué a ellas con mi copa de Brandy casi vacía.

    —Ven Rocky, dame tu mano. —Y se la entregué sin rechistar, alucinado por aquel sórdido ambiente de parcializada claridad y fragancia a flujo de mujer, de artificial sexo consentido, al igual que los volátiles aromas que se desprendían de su copa, de la mía y aquel olor a tabaco de su cigarrillo.

    Tibia la temperatura de su mano, firme el sonido de su mandato.

    —Arrodíllate aquí y obsérvala. —Y me arrodillé.

    Almudena mantenía la cabellera rubia de Paola, firmemente enredada entre los dedos su mano cerrada, obligando a la Barranquillera, a mantener su cuello en alto, dificultando en algo su estremecida respiración. Excitada movía sus caderas, elevándolas, desplazándolas hacia atrás. Gemía, gruñía, temblaba y su sudor resplandecía en su hermoso rostro, desmaquillando sus pómulos, corriendo desordenadamente la línea azul en sus delineados ojos esmeraldas. ¡Lloraba!

    —Bésala ahora, calma su ansía y métele tu dura polla en la boca. —Me ordenó Almudena.

    Me acerqué como en cámara lenta hacia aquella boca abierta, con la bola roja entorpeciendo sus sexuales lamentos. Tomé con cariño y delicadeza su cabeza y me apresuré a liberar su nuca de aquel artilugio, deshaciendo su ligadura.

    Almudena tomó entonces una de las esposadas manos de Paola, la izquierda para ser exactos. La proveyó primero de caricias suaves y dando vuelta por la palma, un poco por encima de la muñeca, esperó el último jadeo de aquel orgasmo, uno más de los tantos conseguidos en corto tiempo y estampó la encendida colilla de su cigarrillo, en la blanca piel. Paola grito de dolor, al tiempo que me ofrecía con ansías, la humedad de su boca, en un último estertor de placer.

    ¡Pero no! no la besé. Me puse en pie rápidamente y a mi mente vino el rostro de mi esposa, mi amada Silvia, mi único amor. Y adicional a esa hermosa imagen un recuerdo, aquel de cómo había aprendido yo sobre el sexo, sobre el cariño y el respeto, la primera vez de un adolescente amor.

    Me encontré de golpe con una extraña sensación tan antigua como olvidada. Porno duro de mi adolescencia. Pecaminosas revistas acompañantes de mis primeras pajas a escondidas, en aquella ciudad tan elevada y fría; de clásica moralidad y rígida educación espiritual.

    Una colección valiosa solo para mis ojos y mis cinco dedos, temerosamente escondidas bajo el colchón. Imágenes posteriormente apartadas, bloqueadas por el sexo buscado en las calles angostas de antiguas casas de puertas abiertas, invitando todas y cada una de ellas, para entrar en sus laberintos de pasión. Disfrutar de intimidades en su buscada oscuridad a las faldas de una montaña de verdes y altos pinos, bosques de aromáticos eucaliptos, barrio de tejas de barro escarlata, en la zona roja y prohibida de Bogotá.

    Sexo conseguido con una pequeña maestra, sola Soledad conmigo, desnudo yo, vestida de experta prostituta esa hermosa «sardina». Rubias sus trenzas tejidas de inocencia, blanca piel usada de mujer. Dos adolescentes amantes en escapadas tardes, tomados con nervios de la mano la primera vez. Una piel besada en un final de mayo, enseñadas muestras de placer a comienzos del soleado junio; la segunda vez que falté a clases por ir a verla, hablar con Soledad, besarla y amarla, hacernos a un amor por pago, sobre la misma cama con variadas frazadas de lana, sin importarnos que fuera en una habitación con poca ventilación.

    Llena ella de un dolor tan humano, tan vacía mi Soledad del amor de una madre. Aromas de sexo mezclados con madera enmohecida, pintada la pared de mucha mugre que para nada deshonraba a su rosa virginal. También, ocupaban aquellos espacios mis hormonados temores, la inexperiencia de social intimidad y su inocente manera de enseñarme ella, a acariciar, besar y penetrar de cariño, su cálido interior. Fue Soledad la mujer primera, la llave que abrió la cerradura de mi despertar.

    Todo terminó en un instante, tan repentinamente como tal vez comenzó. Su cara sudorosa, su boca húmeda por la exagerada salivación, denotaba una leve sonrisa. Tan agradecida como confundida. Su pecho subía y bajaba, su top blanco de delgada tela, parecía querer desgarrarse por la presión de sus pechos, dejando percibir, la dureza de sus pezones embravecidos. En su rostro una extraña mezcla de lujuria e inocencia. Al verla así tan entregada, a mi nueva compañera de trabajo, –mi rubia Barranquillera– aquella figura tan sumisa y dispuesta, se incrustó para siempre en mi mente, con su sexual atracción.

    —Rocky, has visto cómo se obtiene un poco de placer, más yo te auspicio que gozaras muchos momentos, obtenidos y ofrecidos. Pero solo si al buscarlo, entregas. Aunque debo advertirte también qué al hallarlo, encontrarás en él, un poco de dolor.

    —Creo que por hoy ha sido suficiente, me esperan mis hijos y mi esposa. Luego hablamos de la retoma, después de entregarle a mi jefe las impresiones de tu camioneta. —Y ayudé a Paola a recomponer su vestuario, abrigándola con su chaqueta por encima de los hombros, arrodillándome ante ella para colocar en sus pies los zapatos beige y todo, sin observar ni un instante el rostro de Almudena.

    Bajamos en silencio los tres hasta la puerta de salida. Tomé mis cosas y Paola su cartera de charol negro. Y salimos fuera de aquella hermosa casa en dirección a mi coche. Paola se detuvo y se giró hacia Almudena, abrazándose con entregada complicidad, dándole un beso en la mejilla a modo de agradecimiento por las molestias causadas y por despedida una mirada extraña y de su voz, un hasta pronto.

    —¿Rocky?… —¿Señora?–. Contesté.

    —¿Serás capaz de aguantar unos días tu propuesta? Debo salir de viaje por unos días. —Claro que sí, me puedes llamar cuando regreses, ojala antes de fin de mes–. Le respondí, envolviendo sus manos, dentro de las mías.

    —Oye Almudena, tengo curiosidad. —Ella entonces me regaló su plácida mirada–. ¡Tú dirás Rocky! —Me respondió con su aguda voz.

    —Verás, todo esto es extraño para mí y pues… ¿Que piensa a todas estas tu marido?

    —Jajaja, Cariño, digamos que no supo estar a mi altura. No pudo asumir mis deseos de experimentar, de conocer mis límites y menos estaba dispuesto a compartir mis deseos ni tan siquiera… ¡Dejarme volar sola! Me aburrí de su egoísmo. Nos divorciamos hace unos meses atrás. ¿Satisfecho? —Por supuesto, esta todo más claro. Gracias.

    Abrí la puerta del acompañante y dejé seguir a Paola hacia el interior, con ella acomodada cerré la portezuela del auto y me di la vuelta por la parte delantera. Ya dentro de mi vehículo, bajé los vidrios delanteros y Almudena se acercó, colocando a modo de repisa sus dos brazos cruzados y sobre ellos su mentón. Y me habló.

    —¡Volverás Rocky! pero no solo. Y no con esta. —Me advirtió aquella rara cliente mía, señalando con un gesto de sus labios a Paola.

    —Regresarás con tu esposa, con la mujer a quien dices tanto amar. ¡Rocky!… Perderás un poco por ofrecer… ¡Pero ganarás mucho al obtener! —La miré con cara de asustado, exteriormente nervioso y confundido mi interior. Metió su cabeza hasta alcanzar la cercanía justa y necesaria para darme un beso con su boca entreabierta, un beso al cual no correspondí.

    —Almudena… —le dije. —Y a qué te dedicas aparte de pintar y de…

    —¡Hummm! En serio con todo lo que te expuesto ¿aún no lo descifras? Te lo dejaré de tarea y la próxima vez que tú y yo hablemos, me darás tu respuesta. —Ok, perfecto–. Contesté.

    —Sin embargo… Puedo entender que la gente busque la «felicidad» a su manera. Soy comerciante, un hombre de negocios y lo sabes. Un vendedor normal de autos y camiones, más nunca negociaré ni canjearé mis principios. Para mí el amor es un sentimiento único, personal e indivisible. A sola una persona se lo puedo entregar. Y ya lo hice años atrás.

    —Y sí, tienes razón en algo… «Amar, usualmente duele». Pero es un riesgo que no te niego, ni al que yo me ocultaré. Lo demás es querer y ganas. Cariño es distinto y la estimación puede confundirnos, mi atractiva Almudena. —Ella tan solo sonreía, no se inmutaba para nada y ni una de mis palabras parecían afectarla–. Y continué mi disertación…

    —Puedo tener sexo contigo por lujuria, o deseos de estar con una u otra mujer que se me antoje, si rubias o morenas, altas o bajitas de estatura; planas o rellenas de carne y silicona. Que sean hermosas y atractivas no estaría de más, –y miré a Paola– pero nunca… ¡Jamás! me aprovecharía de ellas en estados de embriagada insensatez o de maniatada indefensión.

    —Soy un hombre de luces y de sombras. Yo doy de lo que recibo. Un hombre sencillo de rectas muy derechas y de curvas escabrosas. Necesito de visuales estímulos y de nítidas sensaciones. Porque soy de estructura bastante física y de química ensoñación… ¡Corazón!

    —Hasta pronto Almudena. No olvides llamarme al regresar.

    —Con el tiempo tesoro, todo va perdiendo consistencia. El cuerpo, los órganos y por supuesto… ¡El amor, Rocky! — Me dijo Almudena a modo de despedida.

    Finalmente arranqué.

    Salimos con prisa de aquel hotel, caminando él unos dos pasos por delante de mí. Íbamos en silencio los dos, el sumido en sus problemas con sus manos en los bolsillos del pantalón y yo de brazos cruzados, mi cabeza inclinada mirando mis pasos, con ganas de llegar a poner todo en orden y hablar. ¡Sí! Conversar sinceramente con mi jefe acerca de lo ocurrido entre los dos aquella tarde del viernes pasado. ¿Cómo empezar a hablar? ¿Qué decirle después de todo lo acontecido entre los dos, en aquella habitación de hotel? ¿Y lo de la oficina? ¡Pufff! Muchos suspiros y pocas ideas. Y luego estaba en mi mente, aquel revelador video que mi jefe no sabía que yo había observado. Mi esposo no.

    Justo antes de llegar a la entrada del edificio, mi jefe se detuvo y se dio vuelta para abrazarme y acercándose a mi oído derecho, me dijo casi susurrando… ¡Gracias por todo, por cuidar de mi con tanta dedicación y esfuerzo, mi ángel! Seguramente me puse colorada, por aquellas palabras y por su inesperado abrazo. Fue un instante, quince o veinte segundos de breve cercanía, pero me separé de él educadamente y continuamos hacia las amplias puertas de cristal. Don Hugo como de costumbre siguió de largo sin saludar a los guardas de seguridad, por el contrario yo sí. Nos metimos al elevador y el pulsó el número diez. Escasos los metros cuadrados, incómodo silencio al interior, nerviosa mi respiración. Llegamos a la oficina y de manera profesional, me senté yo en mi puesto, encendí mi ordenador y la luz de la oficina de don Hugo se iluminó. Revisé los folders y las carpetas acumuladas a la derecha de mi escritorio, mientras escuchaba como el entraba a su baño, la puerta no la cerró.

    Después de observar que todo estaba completo y en orden, tomé aquellos informes y me dirigí a su oficina. El seguía en el baño, la puerta a medio cerrar. Coloqué con cuidado las carpetas al costado izquierdo, fijándome que aquel portátil se encontraba apagado. El retrato seguía boca abajo, todo tan igual. Me quedé de pie allí por un momento, hasta que escuché el sonido del interruptor y el aroma intenso de una colonia varonil, invadir la oficina y mis despiertos sentidos. Y lo miré dar un rodeo hasta situarse en frente de mí, sentándose como siempre, imponente en su sillón.

    —Bueno Silvia, vamos a ver qué es tan urgente para ti. —Me dijo sonriente, empezando a encender su computadora y luego el portátil. Se acomodó los tres botones de una camisa tipo polo, de color amarillo, pues se había cambiado de ropa en el baño. Ambas pantallas iluminaron su rostro, y su mirada se detuvo unos minutos en la de su personal laptop. Frunció el ceño, hizo una mueca de disgusto y luego se giró hacia el ordenador, escribió su clave sin hacer el mínimo gesto por ocultarla de mi vista. Abrió un programa y tomó la carpeta con el primer informe, el que yo había preparado para las oficinas principales en Nueva York.

    No había ruido en aquella oficina, aunque mis pensamientos quizás, se podían escuchar con fuerza en el exterior. Solo el sonido de las teclas presionadas por sus dedos, al deslizarse sobre letras y números, con inusitada velocidad, rompía la monótona reunión, él y yo de nuevo a solas.

    —Pues Silvia, todo está en orden. Eres simplemente magnífica en tu desempeño laboral, tú tan bella y eficiente como siempre. —Muchas gracias jefe–. Le respondí.

    —Don Hugo debe firmar aquí, en la última hoja. —Le hablé, indicándole el lugar donde debería estampar su elegante rúbrica, dándome para entonces la vuelta a su escritorio, colocándome a su izquierda.

    —Ok, perfecto. Ya está. Lo puedes enviar mañana a primera hora, por favor. —Levanté mi mirada y mis ojos los dirigí sin querer hacia la pantalla del portátil. Las cámaras seguían allí, en cuatro recuadros mostrando señal de actividad. Su esposa se paseaba de la alcoba principal hasta la sala de aquel hogar. Hablaba con alguien por el móvil. Obviamente con mi jefe no. ¿Sería con su amante? Ella vestía ligera, con un pijama de tela brillante y perlada palidez. Descalza y su rostro desmaquillado. Cómoda ella, tan intranquila yo.

    Don Hugo se dio cuenta de mi curiosa impertinencia y con dos dedos, bajó la tapa del notebook.

    —Hummm, ¿Continuamos, Silvia? —Sí señor, disculpe usted–. Le respondí, apartándome un poco para luego inclinarme para tomar el siguiente informe, el de Portugal.

    Lo revisó con calma, hoja por hoja y lo firmó también. Finalmente el dossier con los documentos para entregar a la oficina de Londres. Estuvo varios minutos inspeccionando la documentación y confrontándola con los datos que estaban en su programa, los acomodó finalmente y mirándome satisfecho, me los entregó. Con todo firmado, recogí las tres carpetas y me di la vuelta para llevarlas a mi escritorio, con tan mala fortuna de que al pasar por el costado de su escritorio, tropecé con una de sus maletas y me torcí el tobillo, haciéndome trastabillar y gritar saltando en una pierna, por el dolor en mi pie.

    No solté las carpetas, pero tuve que sentarme apurada en una de las sillas que estaban frente a él. Con cuidado deposité en el asiento de la otra los informes y cerrando mis ojos, con claro gestos de dolor, crucé mi pierna maltratada sobre la otra y llevé mi mano hasta el tobillo para apretármelo, mientras que la otra frotaba mi frente, como si el golpe hubiese sido allí. ¡Juro que lo hice sin querer!

    Con mi cabeza echada hacia atrás por el agudo padecimiento, sentí las tibias caricias de otras manos, las de mi jefe sobando mi tobillo, delicadamente. Que agradable sensación de firmeza y de calor, frotando hacia arriba y hacia abajo el lugar en el cual sentía de a poco, llegar la calma y bajar el ardor del golpe.

    —Silvia… ¿te lastimaste mucho? —Le escuche decir–.

    Abrí mis ojos y lo miré agradecida… ¡Mierda! Los ojos de mi jefe no estaban a la altura de los míos. Por el contrario, estaban fijos mirando el espacio abierto entre mis dos piernas, que había dejado mi falda por aquel intempestivo movimiento. Yo no tenía mis panties puestos. Húmedos estaban dentro de mi bolso junto a mi brassier. Con seguridad, don Hugo me habría visto toda la vulva, con mi descuidada mata de pelos. Mi vagina expuesta a su indiscreta mirada.

    Rápidamente retiré mi pie de sus manos y descrucé las piernas, para luego acomodar el largo de mi falda. Ruborizada y sin mirarlo, le di las gracias, me puse en pie y salí cojeando presurosa de su oficina. En ningún momento busqué su mirada. Apenada, ordené todo y tomé mi abrigo y mi bolso… ¡Juep…! No había mirado mi teléfono por descuidada. ¿Ocupada? ¡Qué tarde era por Dios!, ya casi las diez. Revisé los mensajes, las llamadas perdidas. Nada, cero mensajes, ni una sola de Rodrigo. ¡Qué raro! Un solo mensaje de mi madre, confirmándome haber dejado ya a mis hijos al cuidado de mi esposo.

    —Silvia, vamos te llevo a casa. —Y entonces apagué mi móvil y le observé su rostro. Estaba serio, como molesto. De seguro no por mí. —Acepto encantada jefe, ¡pues ya se me ha hecho tarde!–. Le respondí.

    Ya metidos en el auto, él, yo y sus maletas, de manera diligente y caballerosa se ofreció a acomodarme el cinturón de seguridad. Nuevamente la fragancia de su colonia me envolvió al acercarse a mí.

    —¿Tomamos la misma ruta? —Me dijo sonriendo, mostrándome el perlado de su perfecta dentadura.

    —¡Si señor! A estas horas no debe de existir mucho tráfico. ¿Recuerda bien la dirección? —Cómo olvidarla Silvia. —Me respondió rápidamente y en sus ojos grises, una maliciosa mirada que me hizo sonrojar. Y sentí un hormigueo importunando mi vagina. ¿Humedad también?

    Y arrancamos en silencio, sin mirarnos ni decirnos nada, un recorrido largo de avenidas iluminadas y pocos autos rodando, hasta que mi jefe encendió la radio del auto. Una balada pop en español sonaba, la reconocí de inmediato, pues su voz flamenca y la figura preciosa de aquella morena, era una de las preferidas cantantes españolas de Rodrigo.

    …«Se despierta azul Madrid por la mañana,

    Entre las perdidas, tengo tu llamada.

    El mundo está ya en la televisión, pero yo

    Sigo aquí resistiendo a la confusión»…

    Y entonces lo miré, pero él seguía concentrado, su vista puesta al frente, en la ruta.

    …« Quiero rendirme en sus brazos

    Quiero conocerle y abrir un camino de nuevo

    Es que cuando me roza, prendo fuego al mar, te digo

    Quiero encontrarme en sus ojos y volverme a ver

    Ya lo sé es cruel, perdóname, todo no es casualidad».

    Al terminar esa estrofa, Mi jefe se detuvo en un semáforo y me miró. No esquivé sus ojos para nada, y de la misma nada, sentí su mano acariciar mi mejilla y sus dedos bordear mis labios.

    —¡Jefe, por favor!… Tenemos que hablar de lo que pasó el viernes y de lo que aconteció hoy. —Me miró sin hacer comentario alguno, el semáforo cambió su color y prosiguió la marcha el auto, suavemente. —Lo sé preciosa, mi ángel salvador. —La canción estaba por terminar y yo… le sonreí, consentida por aquel halago–.

    Giró a la derecha y unos metros antes del portal de la entrada a los edificios de mi hogar, se detuvo. Apagó el motor y se giró un poco en su asiento. ¿Solo para hablar?

    —Mire don Hugo, el viernes no sé por qué sucedió, yo me dejé llevar al verlo tan triste y llorando sin saber por qué. Me conmovió mucho verlo a usted tan abatido. Yo solo me acerqué para darle consuelo y… —No me dejó continuar, pues estiró su brazo y un dedo suyo se posó en mi boca, en señal de no dejarme hablar más. Nos miramos fijamente y por algunos minutos, tres, tal vez seis o diez, no lo recuerdo, sin hablarme él ni continuar yo, tan solo nos unía la conexión en nuestros ojos y la suave caricia de nuestras manos.

    —Tú no tienes que disculparte Silvia, ni yo tampoco por lo sucedido el viernes en la oficina. Pasó, te besé, me besaste. Nos besamos. Simplemente sucedió. Pero lo de hoy si… Perdóname, disculpa mi torpeza y la embriaguez. Pero quiero que sepas el porqué de todo. Por qué te llamé en mi borrachera, yo… ¡Silvia te necesito! —Soltó su cinturón de seguridad, yo desabroche el mío. El pasó su mano por detrás de mis cabellos, posándola brevemente por mi nuca, causándome escalofríos.

    Las diez y veinte y yo allí, a su lado y tan cerca de las miradas indiscretas de algún vecino. Más la verdad, no me importaba, no estaba haciendo nada malo ni dando espectáculo en la calle. Solo conversaba con alguien, aunque ese alguien me estuviera gustando.

    —Silvia, quiero que sepas que estoy así, pues Martha, mi esposa me ha sido infiel. Y lo que sucedió entre los dos el viernes no fue por venganza o desespero. Seré honesto contigo… ¡Me gustas Silvia! me atraes desde mucho tiempo antes, solo que yo creía ser feliz en mi hogar con ella y con mis hijos y tú, pues tan eficiente y tan presente en mis días, eras una mujer prohibida. —¡Soy don Hugo! No se le olvide que estoy también casada. —Le afirmé mis palabras, mostrándole la alianza que rodeaba el dedo de mi mano–.

    —Silvia, Martha se viene acostando con un tipo que seguramente conoció en alguna de sus salidas los jueves, quizás se lo presentó una de sus amigas. Hay una de ellas, una divorciada que no me pasa. Es un tipo alto y de piel morena, quizás de una edad similar a la mía… —Lo escuché sorprendida completamente, pues la descripción de aquel amante, no era para nada equivalente al joven rubio y musculoso del video.

    —… Pero el fin de semana anterior, mientras yo estaba de viaje, pude constatar que no era el único amante. Los vi Silvia. —Y empezó nuevamente a dejar caer por sus mejillas, las lágrimas y en sus manos, un leve temblor.

    —Yo la amaba y te consta que no di motivo alguno para ser traicionado de esa manera. Los grabé Silvia, lo hicieron en mi propia casa, en mi sala. No le importó nada, ni los rumores de los vecinos si la hubieran visto entrar con otro a mi hogar. No le carcomió la conciencia para nada, mancillando nuestro hogar, donde convive conmigo y con mis hijos. Por eso al llegar de Nueva York, yo empecé a evitarla, hablarle lo justo y necesario. Mandé a mis hijos a París, con mis padres y mi hermana. He decidido divorciarme. Tú no has dañado nada, tu imagen para mi permanece íntegra. Me has salvado de mi tristeza, de mi maltratado ego, pues con los besos de tus labios, me has demostrado que aun gusto y atraigo, que puedo encontrar a alguien más para entregarle mi amor. Me gustaría que ese «alguien» fuera como tú.

    —Pues jefe, en serio que lo siento, lo lamento mucho y agradezco su confianza, pero conmigo no cuente. Yo tengo un esposo a quien quiero, y que me ama con locura. Entre usted y yo no puede… ¡No debemos tener nada! —Y abrí la puerta del coche, aunque solo pude colocar un pie en el asfalto, pues mi jefe, estirándose hasta mi lado, me tomo del brazo con firmeza, de mi mano después con suavidad.

    —Silvia solo aclárame una duda. —Me dijo sin soltarme–. Me agaché un poco introduciendo mi cabeza y medio cuerpo en su auto, para escucharle.

    —¿Te gusto? ¿Te parezco atractivo? —Me preguntó. —Lo miré insegura, y sin contestarle, hice un esfuerzo por soltarme. —Mañana tendrá mi carta de renuncia en su escritorio–. El me soltó de improviso, y aproveche para incorporarme y decirle al final…

    —¡Sí, me gusta! Me parece atractivo y eso es una señal de peligro. Hasta mañana don Hugo.

    Me salí por completo del habitáculo sin esperar algún comentario adicional. Cerré la puerta de su auto con firmeza y me di vuelta. Al hacerlo levanté mi mirada hacia el tercer piso del bloque de los apartamentos. La luz en la sala de mi hogar, iluminaba el balcón y allí, la figura ensombrecida de Rodrigo estaba de pie. De su boca se elevaba hacia el exterior, una bocanada de humo de un cigarrillo que permanecía encendido en una de sus manos.

    ¡Mierda! Seguramente lo había visto todo. Y en mí, empezó a habitar el temor. Llena mi alma de angustia y mi corazón emprendiendo su palpitar con inusitado bombeo, hasta llegar la sangre a pulsar aceleradamente mis sienes. Apresuré mi llegada hasta el elevador, pulsé el tercer botón y afortunadamente el ascensor me subió en calma y sin mis prisas. Cuando caminé sobre las baldosas del pasillo para alcanzar la caoba puerta de mi hogar, solo se podía escuchar el taconeo afanado de mis zapatos.

    ¿Qué le digo? ¿Cómo explico mi tardanza? ¿Le confieso quién me trajo a casa? ¿Le miento nuevamente o le explico todo, con pelos y señales? ¡No! no me comprendería, pensaría mal de mí y yo en su lugar, seguramente haría igual con él.

    Tomé del fondo de mi bolso las llaves que estaban frías por quedar ellas, bajo la humedad de mis bragas y mi sostén, introduje la llave con miedo, nerviosamente la giré y abrí la puerta dispuesta a contarlo todo, para bien o para mal. Y entonces…

    Oscuridad total, luces apagadas. Me descalcé con cuidado para no despertar a mis hijos al pisar el laminado suelo del corredor. Encendí mi móvil para brindarme con su iluminada pantalla, algo de claridad. Fui hasta la cocina y en el patio de ropas dentro de la máquina de lavar, deposité perturbada mis calzones y el brassier. Regresé mis pasos para dirigirme nerviosa al encuentro con mi esposo en nuestra alcoba.

    También las luces apagadas, pero aún dentro de mi inseguridad, las encendí. Nada, nadie allí. Fui hasta la habitación de los niños y me fijé bien, tampoco estaba él. Hummm, la alcoba de invitados y la colchoneta para las visitas, pensé. Estaría muy enojado para quedarse a dormir allí. Abrí con cuidado la puerta, dispuesta a enfrentar su desconfianza y sus demonios. Pero tampoco estaba. ¿Entonces adónde?… Nuestra sala, aquel sofá.

    Pulsé el interruptor de la cocina, brindando una ramplona claridad hacia el balcón. Allí estaba Rodrigo, acostado dándome la espalda, cubierto por la frazada de nuestra cama, recogidas sus piernas y en incómoda posición.

    —¿Mi… amor? Mi vida, hola. ¡Ya llegué! —Me acerqué hasta posar mi mano en su hombro, pero ni se inmutó–. Lo sabía, lo intuí.

    —Rodrigo, cariño comprendo que estés enfadado, pero se complicó todo hoy. —Me incliné un poco para darle un beso en su mejilla, pero con su hombro, hizo el gesto aquel de inconformidad y me apartó la intención.

    —Amor, no volverá a pasar ¡Te lo juro! Ya terminamos de completar los informes. Volveré a ser la de antes, a estar temprano en nuestra casa, contigo y los niños. —Pero Rodrigo no me contestaba–. Por favor Rodrigo, estaba trabajando… —le dije en un tono suplicante, diciendo la verdad en parte.

    —Al menos tiene buen gusto para las colonias. —Me habló por fin, sin siquiera volverse–. ¡Rodrigo me había pillado!

    —Amor no es lo que piensas. —Más no obtuve respuesta, ni un movimiento en él.

    Un largo silencio, tan solo roto por un lastimero y prolongado… ¡Déjame en paz!

    Continuará…