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  • Cornudo consciente

    Cornudo consciente

    Con mi mujer tenemos un matrimonio normal ya estamos maduros ambos, vida normal, convencional. El sexo es normal por lo menos eso pensaba yo.

    Un día de otoño, lluvioso, feo, mi mujer me dice que se tiene que encontrar con una amiga para ir a ver un familiar de la amiga tipo 6 de la tarde. Me lo tome como normal no había nada raro

    Aspecto físico de mi mujer, contextura física normal, pelo castaño oscuro corto, tetas normales y lo que más resalta en ella es su cadera y cola, tendrá como 110, mas cola que tetas, con piernas rellenitas, de las llamadas mujer pulposa.

    A eso de las 4 de la tarde, lloviznaba, hacia frio, entro a bañarse, al rato a los 20 minutos la escucho salir rumbo al dormitorio a vestirse. Paso un ratito y voy al dormitorio a preguntarle algo y la verdad como se estaba poniendo me excito como nunca, estaba parada, ya casi lista, mandando un mensaje por celular. Mientras que no se daba cuenta, que la miraba, me fui calentando mal estaba de arriba para abajo con una especie de polera color beige al cual se le marcaba bien las líneas del corpiño, abajo una pollera de jean que le llegaba hasta las rodillas (ambas prendas las conocía) y coronaba su sensualidad medias de lycra con botas de cuero negras. Entro y le digo » mmm que sexy estas amor» me aproximo y me pongo atrás de ella a besarle el cuello, ella noto mi erección y empezó a mover la cola para atrás como para que la apoye e inmediatamente empezó a moverse al sentirme, yo estaba como loco, » te gusta amor? » me pregunto y le dije » siiii» «ya lo sé que gusta» me dijo.

    Como estaba muy caliente nos empezamos a besar en la cama tenía un perfume sexy, empecé a tocarle las piernas que con las medias tan suaves me recontra calentaba, subo por debajo de la pollera y siento la bombacha tan o mas suave que las medias, encima la tenía puesta por arriba de la medibacha, una cosa de locos, por lo menos para mi. Ella me bajo el short que tenía puesto y me dice » a bueno como estas amor» » es que estas muy sexy así como estas vestida» » si lo se me siento sexy».

    Me agarro la pija y me la movía yo no daba mas quería acabar como loco, «dejame ponerme arriba tuyo no doy mas» y me dice «para que no sea cosa que me ensucie» se puso boca abajo con la cola media para y yo al costado, me seguía tocando la pija, y yo con la mano le subí la pollera y deje al descubierto la bombacha de satén color marfil que tenía puesta muy suave y brillante, » viste que sexy me queda la bombacha?» «siii» le dije y empezó a frotar la pija más rápido y me dijo «ahora acaba toda la lechita amor, pero no me salpiques ni manches la bombacha y las medias mmmm dale amor no aguantas más lo sé» apenas dijo eso me salió como un geiser toda la leche.

    «bueno amor me voy, me alcanzas unas cuadras?”, «Dale»

    En el auto, le miraba de reojo las piernas, las medias, la pollera de jean e imaginaba la bombacha que tenía puesta y era como que estaba de nuevo excitado.

    Llegamos a una esquina, seguía lloviznando y ya estaba oscureciendo y me dice «dejame acá amor, después nos vemos» » voy para casa en un remis» ok dije.

    Se bajó, me voy e hice unas cuadras y me volví a donde la había dejado porque le tenía que preguntar algo importante.

    Cuando me voy acercando, veo que hay un auto con balizas y ella que subía, me agarro algo raro porque sabía que la amiga no tenía auto. Se quedaron ahí unos minutos y arrancaron, los empecé a seguir como a 1 cuadra de distancia, y veo que el auto se mete en una cuadra oscura y estacionan y apagan todo yo ya estaba pensando en que era otro tipo y a la vez me excitaba pensando en lo sexy que estaba mi mujer, pasaron 10 minutos y volvieron a arrancar los volví a seguir y esta vez se metieron en un albergue transitorio.

    Al instante me empecé a masturbar pensando en todo y acabe como loco.

    Me fui para casa para llegar antes que ella. Apenas llegue fui a su cajón de ropa interior y saque 2 o tres bombachas parecidas a la que tenía puesta, de satén bien suaves una blanca, otra grisesita y otra también de color marfil y me empecé a masturbar a lo loco tocándoselas

    Como a las 9 de la noche llega, yo estaba a full de nuevo, y eso que tengo diabetes me cuesta la erección y acabar semen mas ella estaba rara como si fuese una puta que le gusto coger.

    Fuimos a la habitación y nos besamos de nuevo, estaba como caliente, le dije «te tengo que contar algo por accidente esta tarde te vi subir a un auto y que fuiste a un hotel» «uy no me dijo te puedo explicar» y yo le dije para inexplicablemente me calentó mucho lo que hiciste, que estuvieses cogiendo con otro hombre y como te fuiste vestida, me calentó mucho y me masturbe a lo loco, no digo nada si lo volves a repetir.» «mmm mi amor te excita que este con otro a mi eso tambíen me calienta que vos lo sepas y que me coja otro mmm ya estoy empapada»

    Se puso boca abajo de nuevo y dijo «levántame la pollera y tocame la cola pasa la mano por arriba de la bombacha sé que te calienta y a mi tambíen el otro que es un amigo de antes tambíen se calienta con mi cola y tambíen lo vuelve loco las bombachas que me pongo

    Cuando dijo eso me dio un ataque de celos sexuales y le toque estando ella boca abajo la entrada de la vagina que estaba empapada y tenía semen y la bombacha tambíen tenía semen, la medibacha tenía un agujero en el centro con lo cual podía ser cogida con la medibacha y la bombacha puestas como mas directo, me puse atrás y metí mi pija, estaba caliente su vagina, al verla de atrás pensando todo la llene de leche, tocaba la bombacha bien suavecita y me ponía loco de celos sexuales.

  • Con mi vecina la werita

    Con mi vecina la werita

    Hola que tal,  nuevamente me presento, soy Antonio, tengo 25, soy del norte de México, complexión media, 1.68 de estatura nada del otro mundo, pero con una buena herramienta.

    Tenía algunos años que una pareja de vecinos con un pequeño se habían cambiado a un par de casas de la mía, en un principio me interesó la chica (siempre que hay una chica nueva sale el alfa que llevamos dentro) ella aproximadamente de mi edad (luego me enteré que es un año más que yo), él también de la edad.

    Al principio era el saludo de buenos días y buenas tardes, después me hice amigo del esposo, salimos un par de veces por una cerveza y de ahí no paso, el cuate es algo reservado no es de mucha platica. Paso el tiempo y deje de hablarle ya la chica también, por mi trabajo rara vez los veía ellos tampoco estaban mucho en casa.

    Pasaron algunos años y esto paso hace algunos días, yo tengo a los dos en Facebook, comencé a ver que ella publicaba cosas de desamor, infidelidad, ya saben, esas cosas que publican las mujeres cuando algo pasó, yo como buen amigo y vecino le escribí, le pregunte que si todo estaba bien y esas cosas, más que por chismoso que por realmente saber cómo estaba, me platico que justo él la había engañado y que lo odiaba y todas esas cosas que dicen las mujeres despechadas, aunado a que tenían escasos 3 meses de haber tenido su segundo varón.

    Yo empecé a consolarla decirle eso que las mujeres quieren escuchar, que él no vale la pena, que ella era hermosa, que él había sido un tonto y todo eso, a partir de ahí empezamos a hacernos buenos amigos, ella me contaba su vida, yo la escuchaba y creo que eso fue causando interés en ambos, empezamos a escribirnos cosas que no podía dormir, que se sentía sola en las noches, que tenía miedo, yo aprovechaba para enviarle cosas en doble sentido, que si quería yo podía ir a hacerle compañía, que yo iba a abrazarla y esas cosas.

    Un día paso lo inevitable, yo estaba en casa, era fin de semana, ella iba de tarde a su trabajo, me mandó un mensaje, que había tenido un incidente con la puerta de su patio, esta no cerraba bien y no se podía quedar abierta, ya que tienen un par de perros grandes, entran a la casa y hacen un desastre, aproveche que siempre es bueno ver a una linda mujer, fui a ver por qué no cerraba, me recibió con ropa de casa, un pants y una blusa normal, revise la puerta estaba un poco caída por el uso, solo hacía falta apretar unas bisagras, tome un desarmador, le dije que levantara un poco la puerta para poder ajustar los tornillos y en un minuto la puerta estaba lista!, cuando acabe estaba a punto de irme ella, me dio un abrazo fraternal de agradecimiento, a su vez decía gracias por apoyarme en estos momentos, el abrazo se prolongó unos segundos…

    Cuando dejo de abrazarme sentí un escalofrío cuando nos quedamos viendo, estábamos solos, en su casa y pues no pude más, la bese, honestamente creí que solo sería eso un beso ya que ella es bastante recatada, seria, va a la iglesia y todo eso.

    Cuando nos estábamos besando ella me volvió a abrazar, entonces me dijo algo que me dejo helado…

    W: Necesito bastante esto…

    A: Que?

    W: Te necesito a ti, necesito esto…

    Entonces me agarro la herramienta la cual para entonces ya estaba algo despierta, nuevamente nos volvimos a besar, ahora con mucho deseo, yo comencé a apretarle las nalgas mientras ella respiraba cada vez más agitada, la tome de las nalgas y la senté en la barra de la cocina, ella cerraba los ojos y solo decía:

    W: Si por favor, estoy bien caliente…

    A: Te hacía falta una buena cogida mamacita

    W: Si!!! El pendejo de «R» no me coge.

    Le comencé a besar el cuello mientras le apretaba sus ricas tetas (por el embarazo estaban bien ricas), ella solita se quitó la blusa y se mostraron ante mi ese par de tetas blancas enfundadas en un brasier negro, cabe mencionar que «W» tiene la piel blanca, bastante, entonces ese par de tetas se miraba impresionante!!

    A: Mamacita que ricas están!!

    W: Hay si papi, mámame las chiches no sabes cuánto lo deseo, me duelen, estoy bien cachonda.

    Seguido de eso se quitó su brazier, un par de pezones pequeños rosaditos se mostraron, enseguida me metí uno a la boca mientras ella gemía de placer!!! Yo tenía ya para ese entonces la verga como un mástil!! Mientras le mamaba las tetas ella me saco la verga y me la comenzó a jalar.

    W: Hay dios, esta si es una verga, mira como la tienes bien dura y grande, ahhhh!!!

    A: Así me la pones mamacita.

    Se puso de pie para bajarle su pants, unos ricos cacheteros negros cubrían ese rico par de piernas blancas!! Comencé a tocarle la panocha por encima de su calzón, estaba caliente en serio, bastante mojada, ella solo con tocarla gemía como loca.

    W: ahhh, ahhh papacito ya no aguanto, métemela por favor.

    A: No mi amor, primero te la quiero chupar.

    W: Hay papacito seguro, «R» casi nunca me la chupa que rico, si me la vas a chupar.

    La volví a sentar en la barra de la cocina, la bese, luego fui bajando a sus ricas tetas, seguí más abajo, ella respiraba bastante agitada!!! Llegue por fin a su monte de venus, tenía algo de vello negro como la noche, hacia contraste con su piel blanca como la leche, comencé a mamarle la panocha como si no hubiera mañana, le pasaba la lengua por el clítoris mientras le metía un dedo, luego alternaba metiéndole la lengua y con mi dedo darle vuela a su clítoris, ella estaba en el cielo

    W: Hay no mamas, que rico, que rico papi, me matas, no pares ahhh, no pares nunca había sentido esto papi me voy a orinaaar, ahhh!

    A: No mames que rica estas.

    Tuvo un orgasmo como creo que tenía mucho de no tenerlo, comenzó a temblar, yo estaba empapado, me encantaba saber que la había hecho disfrutar tanto, ella tenía los ojos cerrados, se tocaba sus pequeños pezoncitos rozados, era un delirio verla…

    La saque del trance con un beso, le apretaba las nalgas, ella volvió a empezar a jalarme la vera.

    W: Hay papacito me estas matando, ahora si ya la quiero adentro

    A: Te la voy a dar hasta el fondo mi amor.

    Se bajó de la barra, se dio la vuelta y puso su carita en la barra mientras con una mano se acomodaba mi verga en la entrada de su panochita! Se la deje ir de una, ella estaba empampada aunque realmente si la sentía justa, tenía la panochita bien apretadita!! Cuando se la metí ella soltó un gemido largo, yo la tome de las caderas tenía un panorama hermoso de ese rico culo blanco, por un momento me paso por la cabeza también que ese culo fuera mío pero no quería arruinar el momento, otro día lo intentaría sería mucho para el momento, comencé a darle fuerte mientras con una mano le apretaba una teta, con otra le daba guerra a su clítoris que para ese entonces había aumentado considerablemente de tamaño.

    W: Así papi dame, no pares, esta si es una verga, ahhh, ahhh, dame papi, tócame con tus dedos, me voy a venir otra vez.

    A: Hay mi amor estas bien apretada!!! Que rico.

    W: Pues es que ya le faltaba uso, «R» casi no la usaba y cuando la usaba no la tiene como tu papi.

    A: Estas bien rica mi amor, me encanta como se te ve tu culote.

    W: Hay papi me prende que me hables así, Ah! ya me voy a venir otra vez, no pares, ahhh!

    Y me volvió a mojar, esta vez la verga y lo huevos, está niña se venía como una loca.

    A: Hay mi amor yo también me voy a venir ahhh, donde termino mami ya no aguanto,

    Lo siguiente me sorprendió, rápido se dio la vuelta y se hinco, comenzó a mamármela como una loca!!! yo no pude más, le dije que me iba a venir, comenzó a jalármela con una mano, con otra me apretaba rico los huevos mientras abría su boca, entonces lance un chorro fuerte de leche, tenía mucho que también no me venía así, después otro y otro más, 3 largos y pesados chorros de leche le dieron en la boca, carita y en sus ricas tetas!!!

    Estábamos extasiados, había sido una cogida fenomenal! Comenzamos a vestirnos, ella con una enorme sonrisa en la boca.

    W: Ya se me hizo tarde jaja, pero valió la pena, estuvo riquísimo, gracias.

    A: Gracias a ti, estas riquísima, tenía rato de no echar un buen palo como el de hoy, espero que se repita.

    W: Papacito con esa verga como chingaos no se va a repetir.

    Seguido de eso me fui a casa, ella a trabajar, fue una sesión de sexo increíble, ella está intentando regresar con «R» pero estoy seguro que nos volveremos a ver, no era tan recatada como creí, encontré una mujer bastante cachonda y caliente.

    Espero les allá gustado, luego les cuento como siguió esta historia.

    Chao y saludos desde Mty NL México.

  • El caballito del diablo

    El caballito del diablo

    Este es la primera vez que publico un relato. Espero que les agrade mi forma de escribir y que les interese seguir la historia de Lili. Una cosa muy morbosa que le encanta jugar. Me gustaría saber sus comentarios. Espero que les guste.

    Estaba en el café a la hora citada, con mucha ansiedad y un vacío en el estómago que no tenía desde hacía mucho. Era una tontería, llevamos meses chateando en una página de internet y prácticamente habíamos hablado de todo lo que podía ser. Aun así me sentía nervioso. No tanto por agradarle físicamente ni por dar una buena impresión, más bien era un miedo tremendo de ver a los ojos a la mujer que había estado calentando mis ideas por meses y que conocía prácticamente todos mis secretos más morbosos.

    Ella era una mujer casada y siempre fue muy educada y respetuosa, pero con una imaginación abrumadora que me hacía sentir como en casa con cada una de sus frases. Solía escribir con ella en el chat solo para hacernos compañía durante horas y terminar exhaustos de placer.

    Nunca supe su nombre, pero yo le llamaba Lili. Era ama de casa felizmente casada y que hasta ese momento no había visto jamás.

    Recuerdo claramente el sabor del café en mis labios cuando la vi por primera vez. El amargo y dulce sabor del grano se tornó suave y diluido al ver a esa mujer de 40 y tantos se acercaba directamente a mi. Mi boca se llenó de saliva al notar como se iba contorneando al caminar y llegar hasta mi. Se sentó tímidamente en mi mesa sin decir una sola palabra.

    El momento fue muy incómodo y sentía que el corazón había subido a mi garganta. Ella parecía sentirse igual a juzgar por sus gestos de timidez e incomodidad. Aun así me dijo:

    -eres tu verdad? Tratando de ser discreta en un lugar donde nadie nos conoce.

    -espero serlo! Eres Lili? Pregunte con optimismo y pude notar una sonrisa cómplice que me respondía sin dudar

    -si, soy Lili! Extendió la mano y me acepto en un primer contacto físico.

    La salude y estuvimos hablando un buen rato de cosas triviales como si no supiéramos nada de los oscuros secretos del otro. Como si no tuviéramos un pasado sexual, pero sí, una buena amistad.

    Es una mujer segura y buena conversadora, lo que hizo pasar el tiempo muy agradable.

    Poco a poco fui ganando confianza y me relajé un poco con ella. Su porte de señora me resultaba muy atractivo. Su forma de hablar tan natural y corriente me hacía recordar anécdotas muy bizarras entre ambos que me hacían perder la quietud.

    Hasta que no me pude contener las ganas y le dije:

    -eres más hermosa de lo que esperaba… debí tener una monumental cara de tonto porque ella solo se rio de mi comentario. Después cayó y me dijo.

    -tampoco estás tan mal… fue entonces cuando me di cuenta que ella también se sentía nerviosa porque su voz se quebró un poco y voltea a ver si alguien la estaba viendo. Como escondida y fugada!

    Era la primera vez que la veía preocupada y asumí que sus temores no venían por estar ahí conmigo sino por lo que pasaría después y que ya no podría negarse.

    -Sabes muy bien que no pasara nada que no quieras… le dije amablemente. -ya sabes lo que quiero y aun así has venido. Me halagas. Completo mientras sorbo el último poco de café, pero con un tono suave con ánimos de apoyarla.

    Ella respondió con la cabeza y sonrió.

    Al verla aceptar mis términos de aquella manera no pude contener mis ansias mucho más y dejé salir lo que había estado esperando desde el momento que la vi llegar.

    Ella llevaba puesto un vestido veraniego algo suelto y sandalias que parecían muy cómodas, el cabello suelto y poco maquillaje, justo como le había pedido semanas atrás que me gustaría que estuviera el día que nos conociéramos. Claramente utilizó todo lo que estuvo a su alcance para agasajar mis deseos de aquella manera y que me habían hecho la espera eterna para poder decirle la siguiente frase.

    -puedo pedírtelo ya? Le digo viéndola a los ojos a los que ella no dejaba de ver fijamente con afán de encontrar la verdad en mi!

    Ella asintió sin dejar de verme a los ojos y de la misma manera le respondí.

    -entonces dame lo que quieras ofrecerme y después nos vamos de aquí. Le dije muy calmado.

    Días atrás habíamos acordado algo; a ella le gustan mucho los juegos sexuales y habíamos hecho muchas cosas en aquel chat. Pero entre nostalgia, fantasía y morbo pactamos que cuando llegara el momento ella me dejaría saber si estaría dispuesta a tener relaciones sexuales conmigo dándome un objeto en la mano. Así no habría peligro de que nadie se entere de lo que significa.

    Además, para mi serían como trofeos de una batalla donde nadie pierde y para ella una innegable declaración morbosa.

    Acordamos que si me daba su anillo de matrimonio en la mano me dejaría tratarla con la acostumbrada dominación de nuestros relatos, entonces sabría que desea que la trate como a una puta y me dejaría hacer con ella lo que quisiera. Y si me entregaba la tanga que llevará puesta ese día significaría que las cosas se harían con calma y todo bajo sus órdenes, cediendo ante sus necesidades y a su manera. Aunque a esto último había podido negociar con ella que si me entregaba su ropa interior la haría mía en su propia casa.

    Mi corazón se aceleró y sin poder evitar me puse muy duro al verla decidida.

    Ella se tomó de las manos, y con algo de esfuerzo logró deslizar la alianza de matrimonio por su dedo. Para mi fue tan sublime ver como ella aceptaba de aquella forma lo que habíamos acordado.

    Las miradas no se cortaron y podía ver en sus ojos el deseo de ser lo que yo quisiera.

    Mi boca no dejaba de salivar como si se tratara de un manjar lo que tenía delante. Mi mente trazó miles de planes a la vez los latidos del corazón me retumbaban en los oídos de lo excitado que me sentía.

    Justo cuando saco su anillo lo sostuvo en su mano cerrada.

    Está dudando demasiado, pensé! No me lo ha dado. Repetía en mi cabeza sin hacer caso a nada más.

    Fue entonces cuando perdí la cordura al ver que metió la mano en su cartera con delicadeza y soltura, sacando una pieza de lencería blanca que después la usa para atravesar la alianza con ella. Y sin titubeos entregármela en la mano.

    Tenía una gran sonrisa de victoria y satisfacción al ver mi rostro totalmente desencajado y absorto en la composición que anulaba todas mis teorías y planes en esos instantes.

    Claramente había planeado aquello y sabía que me había dejado sin armas por la sorpresa.

    Poco duro mi estado mental y volví a verla a los ojos con un vicio tremendo. Ya no podía esconder lo emocionado que suponía la gran carga sexual por lo que había hecho.

    Nos reímos como enamorados tonteando y le digo:

    -qué significa esto Lili? mientras tomaba la ofrenda y me recostaba para verla entre mis manos.

    -trátame bien y podré hacer lo que tú quieras donde tú quieras. Eso significa! Respondió segura y como si lo hubiese practicado.

    Yo olí la prenda para asegurarme de que la había llevado y en efecto olía a hebra en celo aquel pedazo té tela con encajes.

    Ella volteaba para ver si alguien se daba cuenta de algo, pero parecía emocionada.

    Yo separé los objetos. La tela fue directo a mi bolsillo y el anillo se quedó en mi mano izquierda. Tome mi cartera y deje unos cuantos euros sobre la mesa.

    Me puse de pie y le tendido la mano como si fuéramos a bailar a lo que responde tomándola y se levantó.

    Esa fue la primera vez que puse mi mano es su cintura. Pude comprobar sobre el vestido que no llevaba, efectivamente, nada que le cubría entre las piernas. Ella sonreían como niña traviesa y comenta -puedes sentir? Me dijo. A lo que yo respondí con un susurro al oído.

    -se siente muy bien, pero me gusta más lo que significa y sé que tú también. Ahora llévame a tu casa. Ya no puedo esperar más

    La sostuve de la cadera hasta que llegamos a una parada de taxis. Una mujer de unos 45 años aferrada a las caderas de un chico de 33 en medio de la calle como amantes me resultaba muy morboso y aunque solo fueron unos minutos que permanecimos así me cargué de morbo y mi cabeza se empezó a nublar con ideas lujuriosas con aquella mujer madura!

    Su porte fue firme aunque después me confesó que estaba asustada por quien pudiera vernos, aun así, me brindó la satisfacción de sentirme el dueño de sus caderas en el medio de la calle.

    Tomamos un taxi rápidamente y ella le dio la dirección al conductor. Él puso música suave y partimos sin nada especial.

    Lili estaba sentada a mi derecha, con total intención para poder usar mi mano más hábil.

    No demore demasiado en empezar a acariciar sus muslos con disimulo a lo que ella se sobresaltó un poco y se puso algo tensa.

    Fue entonces cuando abrí mi mano izquierda donde llevaba su alianza de matrimonio y se la dejé ver en señal de recordatorio

    Ella titubeaba y dudaba con su mano en mi muñeca para atajar mis intenciones.

    Mi mano derecha se movió hasta donde estaba el anillo y lo tomé despacio. Ella me soltó.

    Puse mi boca en su oído y susurré muy suave; (el conductor no pudo haber oído en medio de la música y el tráfico que había)

    -Piensa que es tu esposo quien te acaricia. Lleva su nombre gravado ahí!

    No hizo falta decir más nada para que aquella mujer cerrara los ojos y yo aprovechara en acariciarle los muslos con el anillo. Des pues ella solo miraba el camino

    Yo estaba alucinando con la reacción de aquella mujer casada. No podía creer que finalmente estaba con esa mujer, con la que había dejado expuestos todos mis vició y deseos más oscuros y ella parecía no importarle.

    No estaba seguro de si ella lo estaba disfrutando, pero no decía nada.

    Acariciaba los muslos por arriba y poco a poco me adentré en su parte interna, donde la piel es más suave y caliente

    El vestido se corrió convenientemente cuando ella abrió sus piernas cuanto podía. Y me vio con ojos de juego!

    El chofer no prestaba demasiada atención a lo que hacíamos ya que de la cintura para arriba parecía que estábamos discutiendo y no queríamos saber nada el uno del otro.

    Pero de la cintura para abajo nos conteníamos, yo con un pantalón a punto de explotar y ella con movimientos voluntarios que hacían muy despacio y promovía que el anillo le acariciara cada vez más profundo.

    Lógicamente mis manos alcanzaron rozar sus pieles que ardían al tacto, pero ella parecía que solo podía sentir la punta de mis dedos que sostenían el anillo, que un hombre le puso años atrás y que llevaba en su mano hacia algunos minutos.

    Sabía perfectamente que el letal rozaba el pubis y los labios vaginales de aquella mujer se tragaban al anillo sujeto en mi mano. El coño se le brotó en aquel taxi y dejaba que usara mis manos y el regalo de bodas de su pareja como un consolador enorme.

    Estuve algún tiempo hincando mis dedos en su vagina con calma y disimulo en aquel taxi hasta que empezó a oler un poco a sexo.

    Ella indicó al conductor donde podía aparcarse y me tomo por sorpresa. No me di cuenta del tiempo y del lugar. Sin saber me encontraba en la mimas calle donde vivía la ama de casa.

    Repuse mis manos y guardé de nuevo el anillo en la otra mano y para mi sorpresa se había humedecido de ella por completo y goteaba. Sin pensar cerré la mano y me baje del taxi por mi lado y estando fuera olí disimuladamente a aquella mujer atrevida y morbosa.

    Le fui a pagar al taxista, pero ella se adelantó y camino hasta un portal sin decir nada más.

    Yo mira a todos lados de la calle y no vi a nadie. Así que cruce la calle y la alcance en el portal.

    Continuará…

  • De madrugada en casa ajena

    De madrugada en casa ajena

    Resulta que una novia que tuve me invitó a una región del país a conocer a su familia, yo encantado fui a participar de unas fiestas que habrían en aquel pueblo para esas fechas, pues ya es en el lugar ella me presentaba a cada persona, familia, vecinos, amigos, etc…

    Llegada la noche me dijo que ella dormiría en la casa de su abuela y que yo me quedaría en la casa del frente que pertenecía a su madrina, no me sorprendió ya que su familia es muy conservadora y estaba más que seguro que no nos permitirían dormir juntos, por lo menos no que se supiera…

    Ya bien adentrada la noche nos quedamos charlando con varias personas mientras jugábamos algunas rondas de Dominó, ellos bebían mucha cerveza al mismo que tiempo que contaban historias familiares y me preguntaban que de donde era y demás cosas, yo charlaba muy amenamente con ellos y a decir verdad no tenía nada perverso planeado con mi novia, el esposo de la madrina de mi novia pidió que prepararán algo para comer, y nos brindó a todos los presentes, tanto su abuela como la anfitriona se movieron a la cocina y mi novia me pidió que las acompañará, nos sentamos a hablar los 4 en la cocina, me brindaron de comer y salieron a llevarles la comida a los que estaban afuera.

    Al rato ya se habían ido algunas personas, debían ser aproximadamente las 1 de la madrugada y estábamos los 4 aún en la cocina pero su abuela dijo que ya se iría a dormir, que estaba cansada y era muy tarde, mi novia le dijo que ella se quedaría un rato más pero su abuela no quiso dejarla, así que le insistió para que se fuera a dormir con ella, yo en ese momento todavía no entendía los planes de mi novia, pero si madrina le dijo que la dejara terminar de cenar y que ella misma la acompañaría hasta su casa, su abuela refutando de nuevo dijo que no, que la iba a esperar.

    Mi novia y yo seguíamos comiendo mientras ellas seguían conversando, pero la pobre señora estaba ya cabeceando del sueño que tenía, mi novia le dijo que se fuera a dormir que ella iría en un rato y su madrina también le dijo lo mismo y se levantó para acompañarla hasta la puerta, ella refutando se levantó y cruzó la calle hacia su casa, desde que estuvimos solos mi novia me comenzó a sonar el pene con sus pies por debajo de la mesa y fue entonces cuando entendí lo que pretendía.

    A esta altura de la madrugada ya todos se habían retirado y el esposo de su madrina estaba roncando en su cuarto todo borracho que estos se podían escuchar en la cocina, la madrina volvió a la cocina y nos recogió la mesa, nosotros comenzamos a comer de un dulce que ella misma nos brindó y luego de limpiar los trastes ella apagó la luz de la cocina y volviéndola a entender rápidamente pidió disculpas mi novia le dijo que no importaba que la podía dejar apagada, que nosotros casi nos iríamos a acostar y que la luz de la sala era suficiente para terminar el dulce, su madrina dijo que no había problemas y se retiró a su habitación.

    Mi novia comenzó a reclamarme lo abobado que había estado todo el tiempo, y me dijo todas las indirectas que me había tirado y yo no había captado ninguna, me sentí tonto, pero yo la calle besándola, nos reímos de que su madrina había apagado la luz porque ella si se había estado dando cuenta, me sentí bastante tonto, pero ya estaba caliente así que nos comenzamos a besar, ella me pidió que tuviéramos cuidado porque era la casa de su familia y que si se daban cuenta iba a ser un escándalo, yo le dije que todo estaría bien mientras sacaba una de sus tetas y la comenzaba a mamar, a ella siempre le encantó eso y sus gemidos ahogados era de lo mejor, la comencé a besar en el cuello mientras sacaba mi pene, ella lo agarró con fuerza, me lo sobaba salvajemente y me aparto de su cuello solo para hincarse y comenzar a mamármelo, escuchábamos los ronquidos del señor de la casa y como su madrina se alistaba para acostarse, desde su habitación me dijo donde dormiría y le pidió a mi novia que cerrará la puerta cuando se fuera, mi novia se sacó mi pene de la boca solo para decir “está bien, yo cierro” y siguió mamando, yo estaba ansioso por penetrarla y ella se levantó se colocó contra la mesa bajando su shorts hasta las rodillas mientras me decía “estoy mojadisima, métemelo ya” lo cual para mí fue una orden.

    Al tocarla comprobé su humedad y sin más procedí a penetrarla, ella trataba de ahogar sus gemidos y yo trataba de que los choques con su gran culo no hicieran mucho ruido, sabíamos que su madrina aún estaba despierta y aunque se había comportado como toda una cómplice, no pretendíamos que nos encontrara en el acto, al momento de darnos cuenta que su madrina había apagado la luz de su habitación y cerrado la puerta entonces si comenzamos con el desorden, la volteé, subiendo la a la mesa y la comencé a penetrar de frente, la besaba, le mordía el labio y ya si estábamos haciendo un poco de ruido, ella me decía que le encantaba como se lo hacía mientras yo le dejaba saber lo delicioso que se siente su apretada vagina, la baje de la mesa volví a colocarla de perrito se lo metí y me quedé quieto un momento, ella volteó a ver porqué no me movía, me envolví su pelo en mi mano derecha y sujeté su cadera con mi izquierda, ya ella sabía lo que venía y me dijo que no, que no podíamos hacer ruido yo ignorándola comencé a penetrar la con fuerza, el sonido de su culo contra mi pelvis sonaba muy alto, estaba seguro que su madrina debía saber que a su ahijada le estaban dando tremenda cogida en su cocina, mi novio no protestó más y al cabo de unos minutos sentí como sus piernas temblaban, sabía que se había venido y ahora me tocaba a mí, seguía cogiéndomela y cuando yo sentía que ya me iba a venir le pregunté que donde iba a quererla, ella me comenzó a pedir que terminara dentro de ella y así lo hice, sentí que me salía una cantidad enorme de semen y todo se lo deje ir adentro, al retirar mi pene cayó bastante cantidad en el piso, ella busco papel para limpiarlo y notamos que también le estaba corriendo por los muslos, nos miramos y reímos, nos besamos durante un rato más y luego ella se marchó hacia donde su abuela, al salir su madrina llamándola por su nombre le dijo que pasará buenas noches, ella volteó a verme con cara de sorpresa y vergüenza, yo sonreí y me dirigí hacia mi habitación asignada donde dormí muy profundo y descansado hasta el día siguiente donde ella me llevó a otras partes del pueblo a conocer más familiares y dónde también estuvimos cogiendo como conejos.

  • ¿Qué se necesita para dar el primer paso?

    ¿Qué se necesita para dar el primer paso?

    Antes que nada, buenas tardes (noches o días). Hay tantos relatos y experiencias de este tipo, lo sé. Pero, me toca a mí explicar o plasmar mis inquietudes. Trataré de cambiar un poco los nombres (el de mi esposa, principalmente), no quiero correr un riesgo.

    Me llamo Daniel, tengo 41 años, soy maestro de primaria. Casado desde hace 7 años, mi esposa (a la cual llamaremos) Karla, tiene 44 años, al igual es maestra de primaria. Es una mujer hermosa, cabello largo (a mitad de la espalda) color negro, ojos negros, boquita hermosa, labios igual de hermosos, pechos agradables (que, a pesar del paso de los años, los mantiene firmes) con una talla de 34 d, poquito llenita (como 72 kilos) mide 1.66 cm de altura.

    Un matrimonio feliz, con buenos y malos días (a pesar de la pandemia). Relaciones sexuales 2 o 3 veces por semana, deliciosas todas, acabando dentro de ella. Poses sexuales las básicas. Aun no tenemos hijos (no es tema de discusión). ¿Cómo surge todo esto? Pues sí, somos un matrimonio feliz. Pero en algún punto de hace 1 año, la idea surgió en mi mente. Tal vez encaminada por una frase que ella me comentó (durante aquellas noches de discusiones): “habrá otro que quiera abrazarme por las noches” Y todo terminó en uno enojo por mi parte y luego besos y a dormir.

    Esa frase sonaba y sonaba en mí. Nunca pensé en algún punto anterior en compartir a mi esposa, jamás pasó por mi mente. Pero ¿Qué podría ocurrir para que fuese así? Y de la nada me encontré viendo videos porno de intercambio de parejas (mucho muy excitantes, placenteros) y que al final de la noche o tarde terminaba con una rica paja. Luego, los temas de los videos eran de infidelidad (no recuerdo como pasaba de un enlace a otro) y al final del mes eran ya videos titulados “Cornudo comparte a esposa con extraño” y por más inverosímil, mis pajas eran más y más deliciosas y más y más deliciosas aun eran las cogidas con mi esposa esas mismas noches.

    Pero no pasaban de un morbo imaginario, jamás veía la cara de mi esposa o pronunciaba su nombre, pero llegado a un punto, en nuestro momento de intimidad, me la imagine (así como ella estaba en ese momento, abierta para mí y gimiendo) con otro hombre, gozando increíblemente y embistiéndola más y más duro (a ella no le gusta coger tan brusco, pero yo a ella la imaginaba que gritaba de dolor y placer cuando la embestían duro y más duro), fue una noche confusa y deliciosa para mí. El solo pensar que se vengan dentro de ella, ver como todo escurre por sus piernas, deseosa de pedir que la partan una y otra vez. Vaya, desconocer a mi esposa y verla convertida en otra mujer (deseosa de sexo), si que te intriga y te llena de morbo y placer al mismo tiempo.

    Y desde ese momento, aquella idea en mi (que solo veía en los videos) de desear ver a mi esposa en la cama con otro hombre y que ella me viera a lo lejos y gozara y yo gozara de placer, comenzó a ser más y más.

    Obviamente no le he dicho nada a ella, ya que es muy conservadora (chapeada a la antigua). Pero hasta la fecha sigo fantaseando, cada vez que salimos no pienso en eso, pero la veo caminar y la veo pasar frente a un hombre y pienso ¿Sera que ese hombre la desea como yo? ¿cogería con ella? Pero al final ella me sonríe y todo se esfuma.

    ¿Qué pienso al respecto? ¿Quiero hacerlo? ¿Quiero dar ese paso? ¿Quiero compartir a mi esposa? ¿Quiero verla gozar con alguien más? Puedo responder que sí. Y sé que todo conlleva un riesgo.

    Aunque la respuesta sea que sí. No quiero que sea con nadie conocido de mi ambiente laboral, social. Prefiero que sea un extraño, un hombre que encuentre en un bar o un restaurant o en la fila de Burger King. Creo es más excitante para mí.

    He leído artículos de cómo dar el primer paso, de que hacer, de que decir. Pero créanme, es difícil. Y no sé cómo resolverlo. Escribo esto en un lunes 10 de mayo del 2021. Más tarde saldremos a comer, lo que más interesa es pensar, ver o sentir esa excitación de verla caminar por los pasillos de una plaza y ver discretamente las miradas de 1 o 2 hombres y preguntarme ¿La llevarían a la cama y la haría gozar? ¿Dejaría que eso pasara?

    Reciban un cordial saludo. Continuare con esta serie de relatos y experiencias. Saludos desde México. Y si necesitan más detalles sobre mi o mi esposa, no duden en escribir.

  • Joven, casada, hermosa, puta y morbosa

    Joven, casada, hermosa, puta y morbosa

    Fermín había ido a Londres a una boda que se celebraba entre una hija de su hermano Miguel y un inglés. Su esposa no pudo ir por problemas laborales. La verdad, según me contó, es que no pensaba liarse con nadie, pero le tocó sentarse junto a pared y al lado de su sobrina Eli, que era hermana de la novia y que había venido sin su marido.

    Eli estaba para comerla, era morena, su cabello trigueño le llegaba a la cintura, sus ojos eran negros y sus labios carnosos, unos labios a la Jolie pintados de rojo carmín que hacían juego con las uñas de sus manos… Estaba muy, pero que muy rica.

    A Eli después de haber comido bien y bebido algo de más, se le soltó la lengua. Tomaban café y miraban cómo bailaban el vals los novios cuando le dijo a Fermín:

    -Con el novio ya bailé yo unas cuantas veces.

    -No me extraña, baila bien.

    -No me refiero a esa clase de baile.

    Eleanor, Leonor, Eli, para los amigos, llevaba puesto un vestido de color azul que le daba por encima de las rodillas y que tenía un escote que dejaba ver el largo canalillo de sus grandes tetas. Mirando para sus tetas le preguntó:

    -¿Te acostaste con él?

    -¿Qué te llevó a pensar eso?

    -Yo solo conozco dos clases de bailes, los que se bailan con música y lo que la música está en el baile.

    Eli, que llevaba en el cuello una gargantilla, en las orejas unos pendientes con forma de aro, en las muñecas un reloj y una pulsera y en los dedos un anillo de casada y un solitario, todo ello de oro, comenzó a coquetear con su tío.

    -¿Te interesa saber si me acosté con él? ¿Acaso me quieres hacer una proposición indecente?

    Fermín le entró a su sobrina.

    -Sí, soy muy cabrón, y el cabrón al igual que la cabra, tira al monte.

    -¿A qué monte?

    -Al de venus, ese monte con una pequeña cueva debajo donde se esconde el caudal más preciado.

    Se inclinó hacia él, le enseñó parte de sus grandes tetas, y le preguntó:

    -¿Qué caudal es ese?

    -El de los jugos de una corrida. ¿Te acostaste con tu nuevo cuñado?

    -No, no me acosté con él, follamos.

    Al confesarse así con su tío era porque buscaba polla, otra cosa no podía ser. Le preguntó:

    -¿De soltera o de casada?

    Eli tomó un sorbo de café negro si azúcar y después le dijo:

    -De casada, follamos de diez modos diferentes.

    Eli fue directa y Fermín también lo fue.

    -¿Te corriste bien?

    -Me corrí tres veces.

    -¿Qué modos fueron esas?

    -¿Quieres saber todas las posturas?

    -Sí, no dejes una atrás.

    -Lo follé en la posición del Lotus (loto), o sea, el sentado sobre la cama y yo sentada sobre su polla con mis brazos alrededor de su cuello. Es una posición en la que los besos acaban por hacerse lujuriosos. Así me corrí por primera vez.

    Eli ya se desmadró. Echó la mano a la entrepierna de su tío por debajo del mantel, acarició su polla y siguió hablando.

    -Después lo follé en la posición del Crab (cangrejo). Subí encima y echada hacía atrás con las manos apoyadas sobre sus piernas le di cera, lo puse a punto, pero no dejé que se corriera.

    Fermín bajó la cremallera y sacó la polla morcillona, Eli la cogió con la mano y masturbándolo siguió dándole a la sin hueso.

    -Pasé a la posición del Hook up (enganche). Le puse las piernas en los hombros y me folló duro. Yo acaricié el clítoris y cuando se corrió dentro de mí me corrí con él.

    -Me gusta esa posición.

    -Y a mí me gusta que te guste, luego pasamos a la posición de la Fushion (fusión), o sea, él sentado apoyado con las manos en el colchón de la cama. Yo también apoyada con las manos en el colchón… Lo follé con ganas. De esa posición me pasó él a la de la Butterfly (mariposa). Puse los pies en su pecho y él con sus manos en mis rodillas fue metiendo y sacando en mi coño al tiempo que abría y cerraba mis piernas. De esa posición me puso en la de Wheelbarrow, o sea la carretilla.

    Fermín le echó la mano al coño por debajo del mantel y por encima del vestido, y le dijo:

    -Esa sé cómo se hace, y lo que te voy a hacer también sé hacerlo.

    Eli subió el vestido y se abrió de piernas. La mano de Fermín entró dentro de sus bragas y se encontró con un coño acolchado y mojado. La gente bailaba y hablaba ajena a lo que Eli y su tío se traían entre manos.

    Los recién casados haciendo un recorrido por todas las mesas llegaron a la de Eli y Fermín. Le preguntó la novia a su hermana:

    -¿Todo bien, Eli?

    Eli sintiendo cómo dos dedos entraban en su coño, le respondió:

    -Genial, Eva, genial.

    -¿Y usted qué dice, tío?

    -Mejor imposible.

    El novio, que no entendiera lo que hablaran, sonrió cómo un tonto y después se fueron. Eli masturbando a su tío le dijo:

    -¡Que morbo tiene lo que estamos haciendo!

    -Tiene, sigue contando.

    Eli siguió con la historia.

    -Luego hicimos la posición de la cuchara…

    Masturbándola la interrumpió.

    -Esa también sé cómo se hace.

    -En ese caso te lo seguiré diciendo en español. De la cuchara pasamos a la posición del cruzado…

    Con los dedos mojados acariciando su clítoris le preguntó:

    -¿Y el cruzado qué es?

    La polla de Fermín ya estaba dura. La mano de Eli subía y bajaba por ella cada vez más aprisa, le respondió:

    -Con las piernas cruzadas las pondría sobre tu hombro y me follarías a tu aire.

    Ya lo había puesto en lugar del novio. Fermín le dijo:

    -A romper te follaría.

    -A romper quisiera que me follaras.

    -Eso tiene fácil solución.

    Eli siguió hablando.

    -Luego sería el Dancer. Tú me cogerías una pierna, la levantarías y me follarías a la pata coja mientras yo te comía a besos, y por último el Pretzel, o lo que es lo mismo, la galleta salada… Tú detrás de mí con tus piernas cruzadas con las mías y los dos de lado…

    Fermín ya no aguantaba más y se lo dijo.

    -O paras o me corro, Eli.

    No paró, al contrario, lo masturbó a toda hostia. Fermín se corrió en su mano.

    Al acabar de correrse los dedos de Fermín volaron sobre su clítoris y Eli se corrió cómo una loba. Para disimular apoyó la cara sobre la mesa y comenzó a reírse cómo si le hubiese contado un chiste muy gracioso.

    Al acabar de gozar bajó la falda, luego cogió una servilleta y limpió la leche de su mano. Fermín le preguntó:

    -¿De verdad que hiciste todo eso con el novio?

    -En una paja antes de venir a la boda.

    Fermín no salía de su asombro.

    -¡¿Pensaste todo eso en una paja?!

    Eli echó el resto.

    -No, pero fantaseo con esas posiciones y cómo dices que eres muy cabrón…

    Al oír aquellas palabras a Fermín ya no le quedo ninguna duda de que iba a mojar, le dijo:

    -¿Follas tan bien cómo haces pajas?

    -Follo aún mejor. ¿Y tú follas bien?

    -Eso dicen, pero a mí no me van las florituras, me gusta hacerlo arriba, abajo, de lado, a cuatro patas…, me gusta hacer un griego, una cubana, el cunnilingus normal, el cunnilingus cerdo…

    Lo miró con cara de curiosidad.

    -¿Qué es el cunnilingus cerdo?

    -Es correrme dentro de una mujer y después saliendo mi leche del coño comérselo hasta que me da su corrida en la boca.

    -Eso no es un cunnilingus cerdo, es un cunnilingus delicioso para quien lo recibe. ¿A dónde vas al salir de aquí?

    -No salgo, tengo una habitación en este hotel restaurante.

    -¿Qué número?

    -El 69. ¿Te animas?

    -¿El número de tu habitación es el 69?

    -Es.

    -Ese número me trae muy buenos recuerdos. No bebas más.

    Sus palabras se lo había dicho todo sin decir nada. Ya no tomó ni la copa de whisky que tenía delante. Esa noche se iba a cansar de follar.

    Llevaba media hora en la habitación del hotel restaurante cuando llamaron a la puerta, abrió y era Eli. La hizo pasar, cerró la puerta, le echó las manos a las tetas y se las amasó mientras arrimaba cebolleta a su culo. Eli, que se había hecho una coleta, le preguntó:

    -¿Tienes prisa, tío?

    La besó en el cuello y le respondió:

    -No hay que perder el tiempo, el tiempo es oro.

    -¿Y mis tetas qué son?

    -Tus tetas son gloria bendita, espero que me sepan a galletas de coco.

    Eli le echó una mano a la nuca al tiempo que giraba la cabeza, lo besaba y después le preguntaba:

    -¿A qué sabe mi boca?

    -A fresas.

    Le cogió una mano, se la llevó al coño, lo volvió a besar y le preguntó:

    -¿Y mi coño a qué esperas que te sepa?

    -A pastelito de crema.

    -¿Y mi culo?

    -A chocolate.

    Se dio la vuelta, le echó los brazos al cuello y le metió un morreo que le puso la polla dura y latiendo. Al acabar de besarse Fermín la empujó encima de la cama. Vio cómo flexionaba las piernas, cómo levantaba el vestido y cómo lo quitaba por la cabeza. No paró, al vestido siguieron las bragas y después los zapatos azules con tacón de aguja. Quedó cubierta solo con las joyas. ¡Qué polvazo tenía! Sus tetas eran grandes, lo mismo que sus areolas oscuras y sus pezones, y el coño, el coño tenía una mata de pelo tan espesa que escondía el corte. Fermín tampoco esperó, se desnudó y con la polla apuntando al frente se metió en cama y se abalanzó con su boca hacia sus tetas. Se las empezó a devorar, Eli le dijo:

    -Despacio, tío, despacio que pareces un adolescente comiendo sus primeras tetas.

    Tenía razón, por un momento Fermín había perdido los papeles, pero fuera porque Eli estaba tremendamente buena.

    -Despacio lo quieres, despacio lo tendrás.

    Lentamente le dio un repaso a las tetas que no dejó un poro de ellas sin besar, lamer, chupar y magrear. Al acabar con ella tenía los pezones de punta y duros cómo el granito. Eli le dijo:

    -Siéntate en la cama, tío.

    Se sentó, Eli rodeó su cuello con los brazos, se sentó sobre la polla empalmada, la metió hasta el fondo y moviendo su culo de atrás hacia delante, de delante hacia atrás y comiéndole la boca lo folló largo rato, lo folló hasta que a punto de correrse, le dijo:

    -Te voy a bañar la polla cómo nunca te la bañaron.

    No le dio tiempo. La puso en posición, metió la cabeza entre sus piernas, enterró su lengua en el coño, lamió con lujuria de abajo a arriba, y Eli se corrió en su boca haciendo un arco con su cuerpo y jadeando cómo una perra.

    Al recuperar el habla, le dijo:

    -Me corrí cómo una perra.

    -¿Qué tocaba ahora?

    -¿No decías que no te gustaban las florituras?

    -Las florituras, no, pero la mariposa…

    Puso sus pies en el pecho de su tío. Fermín le abrió las piernas y se la clavó a tope. Después la folló cómo le había dicho, poniendo las manos sobre sus rodillas y abriendo y cerrando sus piernas al tiempo que se la metía y se la sacaba. A Fermín le gustó, le gustó tanto que cuando los gemidos de su sobrina le dijeron que se iba a correr le llenó el coño de leche. Eli sintiendo la leche calentita dentro de su coño, dijo:

    -¡Dios, cómo me gusta que me llenen!

    Al acabar de correrme Fermín sintió cómo el coño de su sobrina apretaba su polla. Se iba a correr. Se la quitó, le levantó las nalgas y le comió el coño mientras su leche salía de él. No debieran comerle el coño de aquella manera, ya que se corrió cómo un río cuando desemboca en la mar, aunque en este caso la mar era la boca de su tío.

    Al terminar de correrse estaba exultante. Se echó la coleta hacia delante, y le dijo:

    -Van a caer muchas pajas recordando este momento.

    -Por mi parte, cantidad.

    -¡Anda que por la mía…!

    Vio la polla morcillona. Se incorporó, la cogió, la puso vertical, le lamió y le chupó los huevos, se la mamó con maestría hasta ponerla dura, y después le preguntó:

    -¿Te gustaría hacerlo en la posición del cangrejo, tío?

    Fermín estaba a su disposición para lo que fuera.

    -Sube.

    Eli subió, cogió la polla y la frotó en el ojete. Fermín le dijo:

    -No me hagas la boca agua.

    -En la boca lo que te voy a hacer es otra cosa.-le puso el culo en la nariz- Huele.

    Olió, pensó que le iba a oler a lo que acostumbra a oler un ojete, pero le olió a colonia. Le lamió y le folló el ojete con la punta de la lengua, luego Eli se puso en la posición del cangrejo y con las manos apoyadas sobre a cama acercó su ojete a la polla y empujó hasta meter la cabeza dentro, después fue moviéndose de atrás hacia delante y de delante hacia atrás para meter y sacar la polla de su culo. Fermín reclinado y con los codos apoyados en el colchón veía cómo sus bellas tetas iban y venían. Eli disfrutaba sintiendo la polla entrar y salir de su culo. Cada vez fue entrando y saliendo mejor, ya que el coño no paraba de soltar flujos y la engrasaba. Al rato ya sus gemidos anunciaban que se iba a correr. Fermín cerró los ojos. Iba a correrse dentro de su culo, pero cuando estaba en lo mejor Eli sacó la polla del culo, le puso el coño en la boca, y le dijo:

    -¡Saca la lengua!

    Fermín sacó la lengua, Eli frotó el coño contra ella y le volvió a llenar la boca con los jugos de su corrida.

    Al acabar, boca arriba sobre la cama y abanicándose con una mano, le dijo:

    -Tiempo muerto, pido tiempo muerto.

    Fermín estaba empalmado cómo un burro. Así no podía quedar. Le metió la polla entre las tetas, las apretó una contra la otra y las folló hasta que las soltó, al soltarlas se corrió sobre sus pezones y sus areolas.

    Al acabar de correrse le dijo:

    -Ahora el que pide tiempo muerto soy yo.

    Fermín salió de la cama, abrió el cajón de la mesita de noche y quitó media docena de barritas de double Decker y una cantimplora con vino tinto, que si le pillan en la aduana se había visto en un apuro. Eli, sonrió, se limpió la leche de las tetas con una sábana, y después le dijo:

    -¿Pensabas que no te iban a dar bien de comer en la boda?

    -No es eso, es que cuando estoy solo me gusta disfrutar de unas jolichadas acompañadas de vino tinto.

    A Eli se le puso cara de tonta.

    -¿Joli qué?

    -Lambetadas, dulces.

    -¿A los dulces les llamáis en Galicia jolichadas y lambetadas?

    -Sí.

    -Dime más palabras en gallego.

    Se las dijo mientras comían las barritas y bebían vino tinto. Al acabar de comer y beber, Eli le dijo:

    -¿Nos hacemos unas pajas mirando el uno para el otro?

    -¿Quieres correrte así?

    -Sí, bueno, no. ¿Me la vuelves a comer cuando esté llegando?

    -Le cogiste el gusto a la cosa.

    -Cogí.

    Metió la cabeza entre sus piernas, Elí flexionó las rodillas y le dijo:

    -Me lees el pensamiento.

    No hacía falta ser muy listo para darse de cuenta que quería que le comiera el coño. Le levantó el culo con las dos manos y le lamió el ojete y el periné, después le metió y le sacó la lengua de él. A continuación le clavó la lengua en el coño. Al sacarla apretó la lengua contra el coño hasta llegar al clítoris, lo lamió de abajo a arriba, transversalmente y alrededor. Después hizo un camino con su lengua entre su ojete y su clítoris, camino en el que su lengua hacía paradas para enterrarse en el ojete, enterrarse en el coño y lamer el clítoris de las tres maneras que ya he dicho. Pasado un tiempo, le dijo:

    -Si sigues me corro en tu boca.

    No siguió, se levantó de la cama, la cogió en alto en peso y la arrimó a la pared. Eli rodeó con sus brazos el cuello de su tío y lo besó mientras la polla entraba en su coño. No aguantó nada, ya venía demasiado excitada cómo para durar. Cuando le vino echó la cabeza hacia atrás y exclamo:

    -¡¡ I cum!!

    Se corrió temblando y gimiendo cómo una loca, Fermín al ver cómo se corría le llenó el coño de leche.

    Al acabar de correrse se siguieron besando. Por el interior de los muslos de Eli bajaban jugos y leche de las corridas. Sintiendo bajar la mezcla, le dijo a su tío:

    -Vamos para cama que quiero follarte.

    La echó sobre la cama sin quitarse de encima. Eli no dejó que se le bajara la polla. Se puso encima de su tío y le dio las tetas a mamar… Lo folló moviendo el culo de atrás hacia delante y de delante hacia atrás, alrededor…, aprisa, lento, aprisa… Lo folló a su aire. Al final, cuando notó que se iba a correr se quedó quieta con la polla enterrada en el fondo de su coño. Sintió cómo su tío le llenaba el coño de leche y dijo:

    -¡Ay que me voy!

    Se corrió gimiendo en bajito, se corrió cómo un pajarito.

    A Fermín se le encharcaran los huevos con los jugos de la corrida de Eli y con parte de su leche. Eli quitó la polla engrasada de su vagina. Y… ¿Y a qué no sabéis donde le puso el coño?

    Quique.

  • Infidelidad con el “anormal”

    Infidelidad con el “anormal”

    Hola a todos los lectores, aquí nuevamente Sandra, la zángana, para quienes no me conocen, tengo 35 años, casada, sin hijos, 1,60 estatura, 57 kilogramos de peso, contextura delgada, unas tetas medianas y unas nalgas redondas y paradas que no pasan desapercibidas por la calle.

    Quiero contarles que por la pandemia del covid, mi esposo como muchos otros trabajadores entraron en trabajo virtual desde sus casas, él se desempeña en la parte de contabilidad de una empresa de prestigio nacional, tiene bajo su control otros trabajadores que le colaboran en su labor.

    Hace apenas un par de semanas, contados desde la fecha de publicación de la presente historia, que sucedió lo que aquí les narro, aclarando que no tengo dotes de escritora ni mucho menos, me expreso lo mejor posible.

    Es conocido por todos que en la parte de contabilidad hay épocas del mes y del año que causan más trabajo que otras, mi esposo sentado en la sala de la casa, con un escritorio lleno de facturas, contratos, documentos de toda clase, organizando y haciendo su trabajo,

    Era asistido y ayudado por un muchacho de unos 24 años, de mediana estatura, pelo negro que le alcanzaba a tapar las orejas, ojos cafés, piel blanca, contextura mediana, unas facciones que no lo hacían muy agraciado, pero si en apariencia fuerte y tosco, mi esposo le decía en ocasiones Rafael, “rafico”, “rafa”, pero lo que más le llamaba era “anormal”, eso de cariño y confianza entre ellos.

    Llegaba a mi casa a eso de las ocho de la mañana, almorzaba con nosotros por indicación de mi esposo y se marchaba a eso de las 4 o 5 de la tarde, centrados en sus documentos y asistidos por teléfono y otras redes por sus demás compañeros, todo el día con sus llamadas, mensajes y cosas, ese fue el ajetreo durante una semana completa.

    El lunes siguiente, mi esposo salió hacia la empresa para entregar el trabajo de la semana anterior y complementarlo con sus compañeros, algo así me dijo, a eso de las 10:30 de la mañana, me disponía para salir a comprar un maquillaje y otras cosas personales que requería, mi esposo me había regalado un dinero para tal fin, cuando sonó el timbre, abrí la puerta y ahí estaba Rafael, el anormal, vengo a traer estos documentos para el patrón, si me permite le explico de qué se trata, por qué no se los llevó a la empresa, él no está hoy acá en la casa, yo no voy para la empresa, me contestó, tengo otra misión que cumplir, así quedé con él.

    Pasó a la sala en el escritorio usado por mi esposo, comenzó a acomodar papeles y dejar notas, yo me encontraba vestida con un pantalón de lycra, zapatillas y una blusa, lista y maquillada para salir.

    ¿Puedo hacerte una pregunta en confianza y que no te vayas a ofender? Le dije, claro que sí patroncita, dígame no más, ¿por qué le dicen anormal? Si suena mejor rafa o rafico, ay patroncita, ellos que me molestan, pero debe haber una causa para ellos, volví a inquirir, pues la verdad por mi cara y mis manos grandes que tengo, no son de una persona que trabaja en oficina, me respondió, pero eso ¿qué tiene que ver? Le dije, lo estaba notando incómodo con mi interrogatorio,

    ¿Te molesta que te haya preguntado eso’, le dije, no señora, la verdad es que me da pena decirte la verdad, jajajaja, me reí, no seas bobito, le dije en confianza, ay patrona, pues la verdad es que tengo un miembro muy grande, dormido iguala o supera a muchos en todo,

    Quedé como sorprendida con esa respuesta, inesperada para mí, como la curiosidad estaba a flor de piel, le dije, ¡qué va!, a ustedes les gusta exagerar, no mi señora, tengo una foto en el celular para que vea, me dijo, muestre a ver de qué se trata esa anormalidad, abrió su celular y apareció un tipo con una verga descomunal, erecta parecía de unos 20 centímetros sin exagerar,

    Pero ese sí es usted o la bajó de internet, allá hay cosas más grandes y todo, no señora ese soy yo, mire otras fotos, la verdad no estoy convencida, más bien parece un montaje de esos que hay por todos lados,

    Si quiere le muestro, pero por favor no me delata con el patrón, su esposo me echa y necesito el trabajo, me dijo, su cara estaba roja por la emoción o la vergüenza, está bien, miremos ese anormal, dije entre risas,

    Se desabrochó su pantalón, se abrió el cierre, se bajó su pantalón junto con los calzoncillos hasta la mitad de la pierna, oh sorpresa, de su humanidad descolgaba un trozo de carne enorme, grueso, parecía una manguera, de un color atractivo, algo trigueño,

    ¿Convencida? Me dijo, ¿pero eso sí es de verdad? Le respondí, con sus pantalones agarrados a cada lado de sus piernas avanzó, los dos o tres pasos que nos separaban, hasta donde me encontraba sentada, esperando que organizara sus papeles, compruébelo usted misma, me dijo sin rodeos y decidido a mostrar su aparato, orgulloso y con una mirada brillante en sus ojos, cójalo y tóquelo si quiere, pero por favor no dice nada al patrón, tú tranquilo, cómo cree que le voy a decir esto, me echa o me mata.

    Lo agarré con mi mano derecha, inmediatamente sentí unas pulsaciones en su miembro, estaba vivo y conectado, comenzaba a ponerse firme, rígido y listo para la acción, mi mano izquierda se fue hacia sus testículos, mis manos, una lo sobaba y la otra apretaba su bulto, no tardó en ponerse en total erección, un descomunal miembro, grueso, largo, cabezón, lleno de venas salientes por todo su canutillo, la piel de su cabecita no alcanzaba a cubrir, parecía llegar hasta la mitad de ella.

    Instintivamente, bajé mi cabeza hasta comenzar a metérmelo en mi boca, por poco y no cabe, me esforcé para hacerlo caber, haciendo esfuerzo para que mis labios lo rosaran en el recorrido, opté por propinarle un mordisquito en su cabecita, alcé mis ojos para ver su cara, sabía que estaba con más ganas de comerse a la esposa del patrón que otra cosa, ¿te gusta? ¿Ves que es real? Nunca había visto uno así, le dije y claro que me gusta,

    Mi boca se fue acomodando a esa manguera y comenzó su trabajo de tragar cada vez más profundo, pude dirigir mi atención a mi vagina, cuando sentí que un chorro de líquidos me salían por mis labios, recuerdo que me mandé mi mano entre mis piernas y apreté con algo de fuerza, queriendo sellar y evitar la salida de esos jugos,

    Como si supiera, el anormal, me agarró de mis brazos y me levantó, me abrazó y comenzamos a besarnos de manera acelerada, como afanados por alguna cosa, sus besos eran poco delicados, fue necesario decirle que se calmara, afortunadamente para mí, se dejó enseñar, hasta que se amoldó a mi gusto,

    Vamos a la cama, le dije, el anormal me agarró y me levantó en sus brazos como si fuera su novia en luna de miel, fuimos a la cama de huéspedes y allí me tendió, con algo de suavidad me sacó mi blusa, bajó mi lycra, quedé en brasier y panty, ¡qué cuerpo tan hermoso! Exclamó, se le caían las babas, me senté y ayudé a desvestirlo, en cada oportunidad nuestros labios se juntaban en un beso algo fugaz, o nuestras lenguas querían jugar a entrar en la boca del otro,

    Acuéstese usted primero, le dije, me acomodé para hacer un 69, mis manos y mi boca empezaron a hacer su trabajo, desde los testículos, hasta su cabecita o su cabezota, mejor dicho, él anormal, con sus manotas separaba mis nalguitas para tener mejor vista, perspectiva y poder meter su lengua dentro de mi rajita, también metía su nariz y movía su cabeza, en diferentes direcciones, su lengua recorría desde mi pelvis hasta mi año, hasta en esa lengua se notaba su fortaleza, su rudeza,

    Al rato me acomodé sobre esa vergota, me senté encima de ese tolete de carne, la cual se fue abriendo paso a medida que mi cuerpo bajaba, que sensación sentir como tenía que ampliar ese conducto para acomodar ese vergón de carne, cuando toqué fondo empecé a subir y bajar, al galope, de mi garganta salían gemidos de placer, combinados con algo de dolor, pero valía la pena, mi placer en ese momento era mi mejor paga.

    Me abrazó, me propinó un beso largo, profundo y apasionado, mientras yo me quedaba quietecita, con esa vergota dentro de mí, la podía sentir dentro de mi estómago, qué sensación tan maravillosa, mi cintura se menaba en círculos, hacia arriba y hacia abajo.

    Me puse en cuatro patas, él se arrodillo en mi parte trasera, enfilando su vergota que entró sin problemas dentro de mi humanidad, comenzó su mete y saca, cada vez con más fuerza, sentía como se golpeaba como un martilleo contra mis ovarios, estómago y fin del conducto vaginal, mis tetas se mecían como queriendo castigar mi cara, pero no llegaban tan lejos, como no era una situación muy agradable por el dolor en mi vientre, opté por acostarme boca arriba, abrirme de piernas, para permitir que se acomodara ese anormal dentro de mi cuerpecito.

    Metió sus brazos por debajo de mis piernas y se las llevó a la altura de sus hombros, y comenzó a atacar mi cuevita que estaba llena de jugos, gustosa y agradecida con esa labor que estaban realizando en ella, pocas veces uno de ese tamaño tan fenomenal.

    Al rato de estas así en esa posición, me hizo bajar mis piernas, y seguía con algo de inseguridad en sus movimientos, ¿qué tienes? ¿Qué te pasa? Le pregunté, ¿dónde quieres la leche, en tu chochita, tu cara, o dónde? La quiero adentro, dámela toda, inúndame por favor, le supliqué, se acomodó, comenzando sus movimientos más acelerados y rítmicos, su respiración se comenzó a entrecortar, su cuerpo se empezó a estremecer, se sentía su temblor, sentí en mis adentros, como su miembro parecía crecer con cada bombeo, sentía que su leche salía disparada, al estrellarse en mis paredes vaginales, pronto la entrada de su verga era mucho más suave y fácil por tanta leche.

    Fue quedándose más y más quieto encima de mí, sus labios buscaron los míos y nos fundimos en un beso prolongado y por qué no decir, lleno de amor o agradecimiento de ambas partes, él por comerse la esposa del patrón y yo por comerme esa tranca enorme y deliciosa, bien trabajada.

    Permanecimos abrazados un lapso de tiempo, me tengo que ir, le dije, voy a comprar unos cosméticos, mi esposo cree que estoy por allá, si quieres te acompaño, me dijo, ¿cómo se te ocurre’, le contesté, es que te quiero regalar algo para que me recuerdes, me dijo, qué amable, le contesté, ya te recuerdo con esa vergota que me enterraste, siguió insistiendo hasta que acepté, nos bañamos, me volví a arreglar y salimos en un taxi juntos.

    Obviamente, en el trayecto ya no hubo besos, ni caricias, ni cogidas de la mano, cada uno en su sitio, pagó todo lo que pedí en la tienda de cosméticos, no quiso que yo pagara algo, a pesar de que mi esposo me había dado el dinero, luego fuimos a comer una ensalada de frutas con helado, ¿nos volveremos a ver? Me preguntó, es difícil, aunque a mi esposo le gusta hacer asados con sus compañeros, quien quita y se dé la oportunidad.

    La verdad, yo te miraba con la boca abierta desde el primer día que llegué a tu casa, me confesó, como un niño soñaba con poder abrazarte o por lo menos darte un beso, cállate, le dije, soy casada y eso que pasó pues, fue debido a mi curiosidad, pero nada más, mi esposo es un buen tipo y no quiero que sepa nada de esto.

    ¿Te puedo llamar entonces? Me dijo, mira, yo tengo una sim card, que coloco en un teléfono que tengo en desuso, por eso mi esposo no sospecha nada, ahí recibo los mensajes y respondo lo que haya que responder, así cuando él está no cojo ese teléfono y puede revisar el que tengo en uso, ahí no hay nada que él le haga dudar de mí, magnífico, me encanta esa idea, dile a mi esposo que cuándo va a hacer un asado, que te invite, que tú das la cuota del trago y la carne, quien quita haya sorpresas para ti ese día.

    Recuerdo que llegué a mi casa y por poco se me olvida arreglar la cama, quitar los cubrecamas llenos de semen, de ese semental, vergón y tosco que me había hecho vibrar, gemir y gritar de placer, estoy segura que ese tipo vuelve a estar entre mis piernas, entre mis brazos y dentro de mi rajita, que ya está lista y preparada para recibirlo nuevamente.

    Hasta aquí otra historia real de mi vida, otra infidelidad, otra encamada con un final feliz para mí y para él, se despide Sandra, la zángana, espero tus comentarios, aportes y tu voto si te nace hacerlo.

  • En la playa con mi marido

    En la playa con mi marido

    Capítulo II (no es necesario leer el capítulo I para entender este).

    Mi marido definitivamente era un hombre patético, además de que su aspecto era anti lívido total, su inteligencia tampoco estaba muy desarrollada. Había tardado casi una década en sacarse su carrera de Derecho, que al final no le sirvió de nada porque acabó trabajando en el negocio de su padre, como era de esperar. Tenía unas rentas decentes gracias a que el negocio de su familia paterna iba viento en popa desde antes que él lo heredara, de modo que, prácticamente no tenía que hacer nada para mantenerlo, y por supuesto, su ambición para mejorarlo era nula.

    A pesar de que no me atraía nada como hombre, digamos que… me gustaba la versión que sacaba de mi misma cuando estaba con él, era como su madre, pero una madre que lo ridiculizaba y humillaba. A veces le hablaba como si fuera retrasadito, le hacía llevar pañales y le obligaba a cagarse y mearse en ellos, para así poder cambiarle como si de un bebé grande se tratara. Me acuerdo, que en una de esas ocasiones de cambio de pañal, estando el boca arriba y desnudo de cintura para abajo, con el pañal abierto lleno de caca, le extendí una toallita húmeda para que escupiera en ella, y así poderle limpiar bien el culito. Le gustó cuando se la pase por el ojete, tanto que tuvo una erección, que aproveché, para, con el dedo pulgar y el índice, apretarle el micro pene con fuerza, como una tenaza, y con la otra mano golpearle las pelotitas con la palma abierta, mientras le decía: “los niños buenos no se ponen cachondos con sus madres, eres un cochino, como sigas así te voy a cortar la cuca”. “Perdón mamá, perdón”, respondió quejoso y con una mueca de dolor en la cara.

    Nos gustaba también ir a playas nudistas o seminudistas. Íbamos, nos desnudábamos y caminábamos por la playa, el con su micro pene y yo con mis tetorras caídas pero aún bellas. Cuando veía a algún hombre desnudo por la playa y bien dotado, me gustaba ir a hablar con él, mientras mi marido esperaba dándose un baño en el agua o simplemente de pie observando el panorama. Me dirigía al hombre en cuestión bien para preguntarle la hora o bien para pedirle un cigarro, para ambas cosas el hombre debía de caminar, con su gran pene colgante, junto conmigo, hasta sus pertenencia. En ese trayecto, más o menos largo, procuraba ser dulce y amable, lo que siempre o casi siempre, generaba un aumento en el tamaño del pene del hombre, por el flujo de sangre, que comenzaba a llenarlo. Me divertía mucho ver como aceleraban el paso antes de que el pene comenzara a levantarse y la erección se volviera muy evidente. Una vez llegaban a sus pertenencias, ya caminando rápido y por delante de mi, para que no viera como sus pollas apuntaban al frente, se sentaban en sus toallas tapándose el pene con las piernas y comenzaban a rebuscar en su maleta, con la cabeza gacha y evitando contacto visual conmigo, que permanecía desnuda delante de ellos sin cubrirme ni un poco, a menos de dos metros. Me encantaba que tuvieran cigarros porque así podía tener una excusa perfecta para ponerme de cuclillas frente a ellos para coger su cigarro y permitir que me lo encendieran. En esa postura mantenía las piernas bien abierta para que vieran bien mi coño peludo. Siempre que hacía esto permanecían sentados en la toalla, con la mochila tapándoles la polla, seguramente tiesa como un palo, mientras me fumaba parte del cigarro con ellos, manteniendo una conversación agradable. Al rato me iba, caminando sin mucha prisa, y sabiendo que se la estaría meneando discretamente mientras veía mi parte trasera. Si había congeniado bien con el chico, le giñaba un ojo al despedirme y en el trayecto hacia mi marido, que permanecía mirando a la nada, hacía como que se me caía el cigarro para poder agacharme y poner el culo bien en pompa, durante unos segundos, en esos momento me imaginaba al chico meneándose el pollón y corriéndose de placer.

    En una ocasión tuve una experiencia de este tipo más que placentera. Estábamos en una playa por la mañana, mi marido y yo, metidos en una pequeña tienda de campaña para taparlos del sol y tener nuestra intimidad. Su enorme barriga ocupaba más de la mitad del espacio, pero me servía de almohada. Tenía puesta la radio y mientras la escuchábamos me manoseaba suavemente un pecho, jugando con mi pezón, estaba excitada. Yo mientras, jugaba con sus testículos y lo intentaba masturbar, cuando su cuquita se ponía tiesa. Cuando veía a una mujer atractiva pasar por delante de la tienda le apretaba las pelotas con fuerza y le preguntaba:

    -¿ves esa mujer?

    – Si, es muy guapa- respondía.

    – ¿Te la follarías?

    – No puedo- respondía- tengo…

    – una polla enana y soy feo- le decía, completando la frase que no le dejaba terminar.

    En ese momento me gustaba pellizcarle los huevos con las uñas hasta que se quejara, a la vez que le mordisqueaba un pezón. Esto lo ponía cachondo y le hacía soltar una de sus pequeñas carcajadas, y yo, en respuesta, le daba un pico en la boca, para luego besarle las pelotas, y decirle: “perdón bebé, mami se pone celosa si te fijas en otras mujeres”.

    Cerca de la una del mediodía, me fijé que había un pedazo de negro de pie junto a unas rocas, la polla no se la veía bien pero algo grande se balanceaba entre sus piernas. Miré a mi marido y le señalé al negro, sacó sus prismáticos y miró al negro un rato, luego dijo:

    – Que injusta es la naturaleza, unos tienen tanto y otros tan poco.

    – A ver- le dije con voz divertida.

    Cogí los prismáticos y miré por ellos, y vaya que negro había ahí, no era muy alto pero la polla le llegaba más allá de la mitad del muslo.

    – Jojojo, menuda tiene- dije con voz lasciva.

    – Cari, me apetece un cigarro, ahora vengo- anuncié.

    Me incorporé, me puse a cuatro patas delante de la cara de mi marido, me sacudí la arena del culo, mientras me reía, el me dio una nalgada como gesto de complicidad, y me dijo levantando los prismáticos:

    – Te observo desde aquí.

    Yo le giñé un ojo, hice un bailecito de triunfo delante de él y me fui. Esos momentos de complicidad con mi marido, en los que ambos encontrábamos nuestro placer, valían oro para mí.

    A medio camino me viré a ver a mi marido, que ya estaba mirando por los prismáticos, viéndome el culo seguro, el muy cerdo, ya le regañaría por eso después, pensé, pero en ese momento le saludé agitando la mano y con una sonrisa.

    Me encontraba ya a unos diez metros del negro, era realmente impresionante, estaba delgado pero fibroso, sus abdominales se marcaban perfectamente. “Pura genética, deben follar con sus mujeres negras y culonas en su país que da gusto”, pensé. Me miró y yo a él, nos sonreímos mutuamente como si nos conociéramos, le saludé muy simpática y le pedí un cigarrillo. El me respondió alegre:

    – Claro que sí guapa.

    Se dirigió a su mochila que estaba más bien cerca, y se sentó en su toalla. Rebuscaba en su maleta, pero a diferencia del resto de hombres, no se tapaba la polla ni con las piernas ni con la mochila, parecía orgulloso de lo que tenía entre las piernas y no era para menos. Al ser tan delgado y estar sentado su pene parecía más grande que nunca, le llegaba casi al pecho, estaba alucinando. Ni me acordé de ponerme de cuclillas, porque me quedé hipnotizada mirándole el pene que ya estaba casi erecto, de modo que, al estar yo de pie, se levantó él con el cigarro y el mechero en la mano, pero su pene ya no colgaba, estaba tieso apuntando hacia a mí, y a pocos centímetros de mi vientre. Sentí el impulso de agarrárselo y apretarlo entre mis manos, pero me contuve. Me puso el cigarro en la boca y se acercó un poco más para encenderlo con el mechero, su tronco parecía no estar tan cerca, pero su pene estaba a menos de un palmo de distancia de mi zona púbica. Salí de mi hipnosis y me di cuenta que sentía calor en la cara, así que le hice una pregunta y miré hacia el mar esperando su respuesta para bajar la calentura:

    – ¿de dónde eres?- dije.

    – de Nigeria- respondió sonriente.

    – vaya, son así todos tus amigos de Nigeria- le pregunte con una sonrisita en la cara y mirando a su pene, que aún seguía tieso como un palo.

    – oh lo siento por esto- dijo mirando a su pene y fingiendo estar avergonzado.

    – Lo siento de veras, no pude contenerme, estar aquí…, en esta playa, viendo pasar mujeres guapas desnudas, y que de repente se te acerque una. Los hombres somos de carne ya sabes, y deseamos la carne- se rio ligeramente esperando mi respuesta.

    – No tienes por qué contenerte- le dije mientras le echaba una mirada lasciva.

    Di un pequeño paso al frente y su pene se enterró en mi vello púbico. Él suspiró y se bajó la piel del prepucio, dejando al descubierto su negro glande, que estaba bien gordo. Restregó su pene por mi monte de Eva y luego se acercó un poco más y lo hizo también por mi vientre, dejándome manchada con el presemen lubricante que llevaba ya tiempo segregando. Le agarré la polla y se la apreté, era increíble sentirla en mis manos, estaba inyectada en sangre a más no poder.

    Me di cuenta que nos estábamos emocionando demasiado, estábamos de pie junto a unas rocas, en una playa nudista en donde había gente, y ahí estaba yo, junto con un negro agarrándole su gran polla erecta. Le solté el miembro y miré a mi alrededor haciendo un reconocimiento de la zona, él hizo lo mismo. Había algunas personas a lo lejos que parecían distraídas con lo suyo, pero otras nos estaban mirando, solo que se hicieron los suecos cuando nos giramos. Una señora a unos quince metros, no apartó su mirada, la mantuvo fija en la polla del negro, hipnotizada por las proporciones de ese miembro que en estado de erección sobresalía absurdamente de su cuerpo, formando un puente entre su pubis y el mío, que ahora estaba inconexo. La señora me miró, me sonrió y me guiño un ojo, luego se tumbó y se puso a leer una revista distraídamente, pero con la sonrisa aún en su cara. La señora me cayó bien, tanto, que me hubiera gustado follarme a ese negro con ella, pero no quise liar más la cosa de lo que ya lo estaba.

    Me dirigí al negro, cuyo miembro había bajado un poco por la vergüenza que le había entrado al ver la reacción de la señora, cosa que me hizo reír. Le puse una mano en el pectoral y le dije:

    – Tengo una tienda de campaña allí, ¿vienes?

    El pene se le volvió a llenar.

    – pero tendrás que ocultar eso con la toalla- le dije con una sonrisa juguetona.

    Cogió la toalla y se la ató a la cintura como si acabara de salir de la ducha, pero la polla le sobresalía como si fuera una espada atada al cinturón, así que cogió su maleta y se la puso en frente para cubrirse, y comenzamos a caminar.

    La gente nos miraba de reojo. Conversamos:

    – La gente tiene muchos tabús- dije.

    No respondió, mantenía su mirada fija en el suelo mientras andábamos, hasta que, al mirar hacia la tienda, vio a mi marido dentro, mirando hacia el mar.

    – Hay un señor ahí dentro- dijo.

    – Si, no te preocupes, es un amigo de confianza, yo le digo que se vaya a bañar un rato al agua para que nos deje la tienda libre.

    El chico negro no respondió, parecía un poco tenso.

    Llegamos al fin, y mi marido nos miró, su cara no expresaba nada en particular, simplemente comprendió la situación, se levantó y dijo:

    – Bueno, me voy a dar un chapuzón Maica-. Me miró con una leve sonrisa disimulatoria y marchó.

    El negro dejó su mochila por fuera, se quitó la toalla y se metió dentro de la tienda. Yo esperé un momento por fuera, mirando alrededor analizando el comportamiento de la gente, todos parecían distraídos en sus cosas, miré hacia la señora, y ahí estaba mirándome nuevamente, aunque con buena cara, interesada más que juzgadora, su actitud me hizo quererla aún más. Finalmente, me metí en la tienda.

    Lo que vi al entrar era extraterrestre. Ese negro tenía una polla absurdamente grande en comparación con el resto de su cuerpo. Se estaba agarrando la polla, que estaba perfectamente erecta, con las dos manos, y aun así, le sobresalían como diez centímetros más de rabo que quedaban al descubierto.

    – “Vero no se va a creer que me he comido 25 cm de rabo africano”- pensé. Así que, saqué el móvil, y le pedí a mi amigo de Nigeria, que me tomara una fotito con su linda polla.

    El accedió encantado, la idea de que una mujer conservara una foto de su rabo en su móvil a modo de trofeo pareció excitarlo, pues su polla se sentía más dura que nunca cuando la agarraba con ambas manos para posar para la foto. Cuando sacó la ráfaga de fotos, me metí toda su cabeza en la boca, la sentí dura y fría, quise calentársela. Chupe, chupe y chupe como una condenada. Él ya había dejado el móvil y sucumbido al placer. Me miraba con ojos caídos de goce disfrutando de las vistas, y dijo:

    – Chupa, chupa, chupa- susurrando extasiado.

    – Aaah si, cariño, que durita la tienes, dios mío- dije con una voz que una actriz porno no podría haber hecho mejor.

    Una vez tenía toda la polla embadurnada de mi saliva, le pajee con ambas manos, que se deslizaban por su rabo con gran facilidad gracias a la abundante saliva y a la tremenda erección que tenía.

    Le pedí que grabara un video con mi móvil, quería enseñarles esta maravilla a Vero y a mi marido. Se puso a grabar y le volví a chupar el rabo con vigor y alegría. Estaba tan dura que empecé a dudar si estaba chupando un tronco de manera o una polla de carne. Me golpeaba con el rabo los morros, los dientes, la lengua, me la pasaba por toda la cara, gimiendo de placer.

    La paja que le estaba haciendo y la fricción de su cabeza contra mi cara y labios lo hicieron correrse. Salió propulsado un chorro se semen blanco que acabó en mi pelo y en la tela de la tienda, el resto de la corrida fue una corriente continua de lecha blanca, que contrastaba muy bien con su pene negro, y que corría por el tronco hasta mis manos que aguantaban la base del pene. Cuando terminó de salir le exprimí el conducto del tronco para que saliera lo que quedaba, acumulándose en la punta una generosa cantidad de semen, que se resistía a resbalar por el tronco, así que, aproveché y mirando a la cámara con cara morbosa, absorbí ese semen de forma ruidosa y dije:

    – Hay que rico bebé, mami se lo está pasando muy bien- este mensaje se lo quise dedicar a mi marido para que luego, en casa, se hiciera una paja a gusto viendo gozar a su mujer.

    El negro estaba extasiado con la cabeza echada hacia atrás tras haber experimentado el placer más supremo. Satisfecho, su pene comenzaba a perder fuerza, a lo que respondí tratando de exprimirle un poco más, consiguiendo como resultado una nueva gota blanca en la punta que chupe con gusto. Me fui de la tienda todavía relamiéndome y con semen en la cara y el pelo, para ir donde mi marido que estaba en el mar. El negro se quedó en la tienda descansando con el pene sobre su vientre, ya casi flácido.

    – “Descansa”- pensé- “te he quitado toda la energía de hoy”.

    Caminé hacia el mar, y me fijé que la señora me miraba de nuevo, mientras se metía los dedos en la vagina con discreción, tapándose con la revista.

    Mi marido estaba con el agua por las rodillas mirándome con una ligera sonrisa en el rostro. Sin mediar palabra, me acerqué a él y le besé con mi boca llena de semen, él lo notó y me besó apasionadamente, le agarré las pelotas con la mano llena de semen, y el gemía mientras restregaba sus morros contra mi cara llena de semen. Yo reía, luego me besó por el cuello y reí más.

    Regresamos de la playa sin limpiarnos el semen del cuerpo, ni siquiera nos enjuagamos la boca. Aquello fue el mejor día de playa de mi vida.

  • Exhibiendo (Parte 3)

    Exhibiendo (Parte 3)

    Llegamos a un bar que se encontraba a las orillas de la ciudad, tuvimos que caminar como media hora para el fin de llegar, y durante todo el camino su mano se mantuvo en mi trasero, podía sentir la vista de todo el mundo sobre mí, incluso muchos hombres llegaron a decirme cosas mientras pasaba, pero a mí no me importaba estábamos en un lugar lejos de casa, las posibilidades de que alguien me conociera eran pocas, así que yo solo meneaba el culo dando provocaciones.

    En la entrada del bar el guardia nos observa con detenimiento, mi amo enseña una tarjeta negra y de inmediato nos dejan pasar.

    Todo el lugar estaba repleto de gente. Había mujeres con ropa diminuta bailando en la pista, otros estaban reunidos en grupo tomando. El ambiente era bueno, me daban ganas de bailar, pero mi amo en ningún momento me soltó, pasamos por entre la multitud hasta llegar a una mesa que se encontraba escondida al fondo del bar, era un lugar privado con poca iluminación.

    Nos sentamos y de inmediato llegó un mesero con un par de bebidas, le ofreció una a mi amo y una a mí. Pero antes de que pudiera tomarla, mi amo detuvo al camarero.

    – la perra ya comió – fue todo lo que dijo.

    El camarero entendió de inmediato y se retiró, no sabía que iba a pasar, pero mi amo se mantenía en silencio, y eso me dejaba inquieta. ¿Realmente se enojó por haberle coqueteado al chófer?

    – lista para tu castigo?

    – si señor- dije con voz firme para que no notará mis nervios. Dios no sabía que iba a querer pero sin duda no iba a ser bueno.

    – bien… Quiero que consigas la atención de todos

    – que?- respondí atónita, como iba a hacer eso. Todos estaban enfocados en el show de mujeres en el escenario, como iba a llamar su atención. Fue entonces que reacciones… Dios, iba tener que hacer algo parecido o aún más revelador que bailar frente a todos con poca ropa.

    – necesito repetirlo de nuevo?- respondió amenazante

    – no mi señor, una disculpa

    – bien, pues entonces por qué no estás haciendo nada.

    Me levanté de mi asiento y me dirigí a la pista, como se suponía que hiciera eso, digo, como ganarle a las tremendas mujeres que tenía enfrente. Llevaban escotes pronunciados mostrando sus grandes pechos y vestidos cortos que dejaban corta la imaginación.

    Comenzó a sonar una música electrónica demasiado movida, de esas que solo se bailan brincando, entonces aproveche y me subí a la pista y comencé a brincar entre ellas, en cada salto se levantaba mi diminuta falda dejando a la vista mi blanca y bien depilada vagina, mis pechos saltaban sin parar, el roce de la piel con la tela tenía mis pezones bien duros, y de repente entre los broncos que daba, podía sentir como mis pechos se escapaban de mi blusa.

    No pasó mucho para cuando las personas del bar comenzaron a darse cuenta y empezaron a rodear la pista, me sentía como una teibolera bailando frente a tantos hombres. Muchos de ellos incluso comenzaron a animarme, me gritaban cosas como

    «Mueve más ese culo» o » así quiero que brinques arriba de mi»

    Y escucharlos me ponía caliente, empezaba a sentir mis labios vaginales palpitar, y ya con la cabeza caliente no pensaba muy bien. La música cambio a una música más sexual, de esas que se usaban para desvestirme y dar un show completo. Las mujeres que estaban antes en la pista se bajaron y me dejaron ahí sola, era ahora o nunca, si bien ya tenía la atención de muchos en el bar, pero otros estaban en las barras bebiendo sin siquiera voltear a verme.

    Entonces al ritmo de la música fui bajando el cuello de mi camisa hasta los hombros, me deje caer sobre mis rodillas y abriendo las piernas, quise dar la imagen «tierna» y depravada de una niña inocente. Si algo bien sabía es que muchos tenían fantasías de ver a mujeres vestidas de colegialas, así que aprovecharía mi vestimenta para provocar atención. Comencé a jugar con mi cabello para después pasar mis dedos por mis labios y comenzar a chuparlos de forma provocadora, mis dedos se paseaban por mis labios e inconscientemente recordé la gran verga de mi amo, así que comencé a chuparlos y jugar con mi lengua sobre ellos, aquello me tenía escurriendo salí a sobre mis pechos, baje mis dedos lentamente hasta mi camisa y comencé a desabotonada por completo, pero no la retire, así la deje, el morbo de saber que hay debajo es más que el que existe cuando mostramos todo.

    Seguí recorriendo mi cuerpo con mis manos, dando pequeños apretones en mis pechos, sin duda estaba caliente… Podía sentir la humedad recorres mis muslos, levanto la vista y veo a todo un puñado de hombres observando me calientes, podía observar el bulto en sus pantalones y eso sin duda me excitaba más… Ese era mi gusto culposo. Ser observada y que por mi culpa se les parará la verga y aún más satisfactorio era saber que no iban a poder tocarme… O al menos me la estaba jugando para que eso no pasará.

    Paso mis manos de mis pechos a mis caderas pasando por el entremedio de mis piernas y descendiendo poco a poco hasta quedar con el pecho repegado al piso, apoye mi cara sobre la palma de mis manos y comencé a balancear mis piernas de adelante hacia atrás, dando esa imagen de niña buena, observó fijamente a una de las personas que está entre la multitud, era una persona alta, con buen rostro y buen paquete…

    El bulto debajo de su pantalón me provocó a relamer mis labios humedeciéndolos y pasando mi vista de sus ojos a su paquete y viceversa. Causando cierta provocación e invitación a acercarse. El hombre se acercó poco a poco y cuando lo tenía frente a mi me gire sobre mi espalda quedando boca arriba y con las piernas alzadas las abro y paso mis manos por mis pechos recorriendo mi vientre hasta llegar a la parte baja, cubriéndola con la falda y arqueando la espalda al contacto.

    Observó a mi víctima afectado por el movimiento, acercándose más a mi y con una sonrisa ligera pasa sus manos por mi rostro deteniéndose poco sobre mis labios, los cuales al contacto se abren deja do salir mi lengua permitiendo me saborearlos, para después bajar a mis pechos, dando pequeños masajes para después apretar los pequeños pezones haciéndome soltar un gran gemido. Mi cuerpo estaba muy sensible, cualquier rose me podría provocar un orgasmo, el hombre sonríe lujurioso y dio otro apretón provocando que me arquera más dejando salir un sonoro gemido

    -hasta ahí llegaste- dijo mi amo con un tono serio, mientras detenía la mano del hombre del paquetote. – verás, no me gusta cuando tocan las cosas que son mías sin mi consentimiento- agrego. El hombre al instante se alejó de mí mientras que yo preferí incorporarme de rodillas frente a mi amo. ¿Me va a regañar?

    – quítate la ropa- ordenó

    Continuará…

  • El reencuentro con Tati

    El reencuentro con Tati

    Pasaron cuatro años sin que sepa nada de Tati, ni mensajes ni llamados. Supongo que no habrá creído cuando le dije que había viajado a la capital cuando la llamé al día siguiente de nuestro primer encuentro.

    Yo había abierto un local propio en el shopping, de ropa unisex, y me iba muy bien, todavía tenía el Lotus, pero me había comprado uno moderno para todos los días. El convertible solo lo usaba para pasear los domingos. Yo estaba de novio hacía dos años, pero no convivíamos. Me costaba mucho entregar mi libertad. No estaba seguro de querer convivir.

    Una tarde noche, estaba en el local y recibí un mensaje de texto: “Hola Marcos, soy Tati, cambié mi número, ¿Te acordás de mí? ¿Seguís en el shopping?”

    “Hola, claro que me acuerdo y si sigo en shopping”

    “Bueno.” Me escribió y nada más

    Dos días después veo que entra con un bebé de unos dos años en brazos y un hombre que la acompañaba. Se acercaron donde yo estaba.

    “Fran, este es Marcos, el amigo del que te hablé.”

    “Marcos, Fran, mi esposo. ¿Cómo estás tantos años?” Me dijo Tati.

    “Bien, ahora con local propio, contento porque es la segunda temporada y me va muy bien. Veo que tenés un niño hermoso”

    “No, es hijo de Fran, no tengo hijos. ¿Y el Lotus?” preguntó.

    “Guardado, lo uso los fines de semana solamente.”

    “Supongo abras sentado cabeza, ¿novia, pareja, esposa?

    “Novia y cama afuera. Y no sé por cuanto tiempo. Quiere convivir, y yo no. Me siento demasiado libre en el Lotus y a ella no le gusta.”

    “Competir contra ese auto es peor que contra una amante.” Dijo ella.

    “Sabes que tenés razón.”

    “Bueno, no te molestamos más. Nos vamos a quedar unos días, así que seguro nos volvemos a ver,”

    “Cuando quieran.” Le dije.

    Ella le dio el bebé al hombre, que no había hablado nada, me dio un abrazo, y noté que con una de las manos me apretaba diferente la espalda y me dijo al oído “Después te cuento.”. Cuando me soltó me guiño un ojo.

    Se fueron caminando. Me puse contento de verla. Físicamente estaba igual. Al día siguiente vino sola al local. Fuimos a tomar un café.

    “Tenía muchas ganas de verte. Perdoname que desaparecí estos años.” Me dijo Tati.

    “Yo tampoco te mandé mensaje, nada que perdonar, en todo caso mutuamente.”

    “Sabes que pasa, no te pude sacar de mi cabeza por mucho tiempo. En realidad nunca te saque e mi cabeza. Tomé decisiones equivocadas por cobarde, de las que me arrepiento. Y hoy me temblaba todo cuando te vi.”

    “Pero que pasó, no te entiendo.” Le dije

    “Es que no me animé a venir a hablar con vos, encararte de frente. Fui cobarde. Después me enganche con Fran, era casado todavía. Tratando de olvidarte. Imposible. Después la mujer lo descubrió y lo hecho. Hace un año que convivimos. Lo quiero, si, pero lo quiero. No lo amo.”

    “¿Por qué seguís con el entonces? No te entiendo.”

    “Por cobarde, por no quedarme sola. Lo sé soy una boluda.”

    “No sos boluda, para nada.”

    “Marcos, desde esa noche estoy enamorada de vos. No solo por el polvo tremendo que nos echamos, por toda la charla, tu forma de seducirme, tu galantería. Primero esa noche pensé que solo había sido un gran polvo. El mejor de mi vida, pero después me di cuenta que había algo más, que esa primera noche, me había enamorado de vos.”

    “Guau, realmente me sorprendes.”

    “Me imagino. Cuando Fran quiso venir a pasar 15 días me quería morir. Por un lado quería verte, por otro no. Y ahora estoy contándote todo. Mi primer acto de lealtad conmigo misma en cuatro años. Y vos estás de novio.”

    “Justamente ahí viene”

    Carolina mi novia, es encargada en una lencería del shopping, 25 años, muy buen cuerpo. Hermosas tetas y cola.

    “Hola Caro, te presento a Tati, una enamorada de los Lotus, como yo.”

    “Hola, como estas. No sé como te pueden gustar esos autos, por Dios. Escuchame Marcos, me voy con las chicas a bailar. Nos vemos mañana. Chau, nos vemos, perdoname no recuerdo tu nombre.

    “Tati, no te preocupes, chau.”

    “Chau Caro.”

    Nos quedamos un par de minutos en silencio. Tati la miraba como se iba.

    “Tranquila, la critico yo primero. No es mala, pero…”

    “Está demasiado segura de su cuerpo y su cama.” Dijo Tati.

    “Una mujer como vos, la destroza. Ojalá yo encontrara aquí una mujer como vos…”

    “¿Lo decís en serio? No te creo.” Dijo Tatiana.

    “¿Cómo es que estás acá, y Fran?”

    “Se quedó en el hotel con el bebé. Y no le mentí. Le dije que venía a verte, y quizás a cenar con vos. Otro que está muy seguro.”

    “Mi amigo todavía tiene el restaurant. Vamos a cenar, así no le mentís.”

    “Marcos…”

    “Solo tenemos que pasar a buscar el Lotus a 10 cuadras, en media hora cierro.”

    “Marcos…”

    “Vamos al local”

    Y la tomé de la mano. Fuimos al local, cerré la caja, el local y fuimos a cambiar de auto.

    Cuando íbamos al restaurant ella disfrutaba de andar en el Lotus. Llegamos mi amigo nos recibió y por casualidad nos dio la misma mesa. Aunque los dos nos dimos cuenta, ninguno lo dijo. En realidad casi no cruzamos palabra durante la cena.

    Cuando terminamos de cenar, mi amigo se acercó a la mesa.

    “Marcos, los estaba mirando y me recordé que la primera y única vez que viniste fue con la dama. Y los senté en la misma mesa. ¿Estoy equivocado?”

    “No Pablo, no estás equivocado”

    “Entonces gracias señorita, Ud. logra que mi amigo venga a mi restaurant. Sin Ud. no lo hace.”

    “Aquella fue una noche especial, y hoy, nos reencontramos después de esa noche. Creo que el restaurant tiene cierto magnetismo que nos atrae.” Dijo Tati.

    “Entonces, ¿les llevo el champagne al otro salón?”

    La miré a Tati, y con la mirada me pedía que sí.

    “Si, Pablo, pero este cóbralo.”

    “De ninguna manera. Disfruten la noche”

    Fuimos y seguimos en silencio.

    “¿Qué pensas?” le dije.

    “En vos, en mí, en si tendré una oportunidad de conquistarte.”

    La tomé de la mano y fuimos a bailar ya que habían puesto lentos. Ella me abrazó por la espalda y apoyo su cabeza en mi hombro.

    “Estamos juntos, bailando lentos viejos, abrazados. Y si giras la cabeza te voy a poder besar”

    Ella la giró y me miró a los ojos. La besé y ella respondió a mi beso. Un rato después volvíamos.

    “Tati, donde vamos, ¿te dejo en el hotel?”

    “No, vamos a tu departamento.”

    Hicimos el amor como locos, nos entregamos totalmente. Ella gozaba y repetía mi nombre. Me vine en su vagina y nos quedamos abrazados.

    “Por Dios, cuanto extrañaba esto, cuanto te extrañé”

    “Y yo a vos. Ahora me doy cuenta que yo tampoco te pude sacar de mi cabeza, Que deseaba tenerte a mi lado. Por eso nunca pude tener nada serio con otras chicas”

    “Vos ya van dos veces que me seducís. Me das una oportunidad. Si me vengo a vivir aquí, ¿me das una oportunidad de conquistarte?”

    “No la necesitas, ya lo hiciste. Solo queda que vengas a vivir.”

    “Te amo, sos “El Hombre”, “Mi Hombre”. Te amo Marcos”

    Empezamos a besarnos y ella a acariciar mi pija. Se detuvo y me dijo:

    “Falta el cigarrillo y el whisky.” Fui a servirme el whisky, prender el cigarrillo y volví a la cama. Me recosté y ella comenzó a chuparme. Yo la miraba y disfrutaba. De pronto escucho la vos de Carolina:

    “Marcos”

    “Ah, Caro. Terminamos. Mañana paso por tu local a buscar las llaves.” Carolina se fue llorando, sin siquiera dar pelea.

    Tatiana, que no había dejado de chuparme sonrió y me dijo:

    “Sos un hijo de puta, que manera de patear a una mina”

    “Tati, callate y chupa.” Le dije. Ella bajó la mirada y siguió chupando. Siguió un rato y de pronto se levantó y buscó su cartera. La puso sobre la cama y me dijo:

    “Sabes, una de las cosas que nunca pudo hacer Fran, fue hacerme gozar como vos en la cama. Nunca pudo sacarme uno de esos orgasmos gigantes. Ni siquiera llegar a satisfacerme. Entonces, muchas noches tuve que ir al baño con este amigo”

    Y sacó un consolador de la cartera.

    “Es más, anoche mismo, en el hotel lo usé pensando en vos, en haberte visto nuevamente. Mira como sigo siendo tu hembra, tu yegua. Y se puso en cuatro patas a mi lado, mostrándome como se masturbaba por la concha mientras me chupaba. Así llegó a un primer orgasmo. Le di una palmada en la cola y más lo movía. De pronto lo sacó y se lo empezó a meter en el culo.

    “Es más chico que tu pija, pero, por lo menos me hacía acordar.” Dijo mientras soltaba mi pija y se lo enterraba por completo.

    “Mirá amor, mira como me pajeaba el culo pensando en vos. Todas las noches, todas, y al pelotudo de Fran ni un dedo lo dejaba meter. Solo quería sentirte a vos, este es tu culo.”

    La puse al costado de la cama, me paré atrás de ella, saque el consolador y lo reemplace con mi pija. Ella dio un grito de dolor, y se abrió los cachetes con las dos manos.

    “Hijo de puta, me partiste el culo, ahora me va a doler por dos días. Ahora no pares, seguí gozando el culo de tu yegua.”

    Seguí un rato, pero quería ver su cara. La puse de espaldas y levanté sus piernas. Volví a enterrar mi pija en su culo y ella dio un grito de placer, empezó a tener orgasmos. La tomé el cuello y ella cerró los ojos. Apretaba sus pezones y ella gemía de placer. Sus orgasmos no se detenían, yo miraba el consolador que había quedado sobre la cama y más me excitaba. Acabé en su culo pero la excitación, no bajaba. La hice poner de rodillas, me paré frente a ella y le dije:

    “Quiero ver como pajeas ese culo, pero con tus manos, basta de consolador, date dedos en el culo.” Y la tomé del cuello. Ella con una mano se separaba los cachetes mientras con la otra metía dos dedos en su culo.

    Yo me masturbaba trente a su cara, fui detrás de ella, miraba como se masturbaba y le di un par de chirlos en el culo. Ella más rápido entraba y sacaba los dedos. Me paré frente a ella, le metí la pija en la boca y se la cogí hasta acabar en ella. Veía su cuerpo temblar como una hoja. Los dos caímos rendidos en la cama.

    “Te Amo Marcos, sos mi hombre, te amo”

    “Y yo a vos Tatiana. Te amo.”

    Nos dormimos. Cuando desperté cerca de las 8 de la mañana ella no estaba. No había nota, nada. Llegué a pensar por un momento que todo había sido un sueño. Me quedé en la cama un rato más, cerca de las 9 sonó el portero eléctrico.

    “Soy Tati”

    Cuando abrí la puerta del departamento, ella bajaba del ascensor con una valija y un bolso.

    “Hola, me quedan 10 días de vacaciones, ¿me haces un lugar?”

    Se quedó los 10 días, viajó a buenos aires en mi auto, trajo el resto de sus cosas y desde ese momento vivimos juntos. Consiguió trabajo en los tribunales y llevamos 10 años juntos. Siempre felices, disfrutando el Lotus, cenas y sobre todo nuestras noche de pasión.