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  • Vengándome de mi tía

    Vengándome de mi tía

    Mi nombre es Mario, soy originario de México y lo que les contare; tal vez sea despreciable, pero a su vez muy excitante. Al menos para mí.

    Resulta que tengo una tía de nombre Magdalena de mi misma edad. 27 años.

    Ella es (para mi) muy hermosa.

    Tetas medianas, de tez blanca, cabello claro, piernas bien moldeadas, trasero grande y una fama de puta, que sabe ocultar muy bien.

    La historia comienza en una ocasión en la cual me encontraba dándole duro a una conquista del trabajo en mi recamara.

    Mi tía nada discreta nos interrumpió de pronto.

    Como ella tenía llaves de la casa, podía entrar a la hora que le diera la gana.

    Bueno. Era de esperarse que me acuso con mis papas, haciendo que mi padre (su hermano) me diera una pequeña, pero importante reprimenda.

    Reclamándole a Magda, por lo que había provocado; se puso a reír argumentando que lo que había hecho estaba mal. Le dije que andaba de zorra y lo único que contesto fue que nadie me creería.

    Así que, me tuve que quedar con mi coraje.

    Pasado el tiempo Mi tía le pidió a mi papa un cuarto prestado.

    Entre a su recamara para espiar entre su ropa interior y me encontré un tesoro. Un gran tesoro.

    La muy puta tenía un diario!!

    Mi venganza casi estaba hecha.

    Al paso de los días y realmente no recuerdo el porqué. Magda y yo tuvimos otra discusión. Le dije que tendría que hacer lo que yo quisiera; pues sabia de su diario.

    Ella. Como siempre se echó a reír.

    -Esto te traerá consecuencias.

    Así que me fui a mi habitación.

    El fin de semana siguiente, mis papas salieron a un pequeño viaje, por lo que aproveche para mandarle un pequeño mensaje anónimo a mi futuro tío.

    Él era algo adinerado, por lo que a Magda le convenía seguir con él.

    Mi plan resulto. Mi tía peleo con su novio, por aquel mensajito anónimo.

    Al llegar a la casa, yo estaba sentado viendo la tele cuando Magda se puso enfrente y dijo.

    -Eres un idiota! Porque le mandaste mensaje a Arnulfo?

    -Te dije que me las pagarías. A ver? Síguete riendo.

    -Que quieres Mario? Dinero?

    -Lo lamento, pero te quiero a ti.

    -Estas pendejo?

    -Tú dirás querida tía.

    -Eres un imbécil!!

    -Tal vez. Pero harás lo que yo diga.

    -Pero soy tu tía, no puedes hacerme esto!

    -No lo pienso repetir. Iras a tu cuarto, me esperas acostada, vestida con el short cachetero de mezclilla que tanto me gusta cómo te marca las nalgas. Tu top azul, sin sostén abajo y me harás gozar.

    -Mario, eres un idiota!

    Como no le respondí, ella fue para su recamara.

    Deje pasar media hora.

    Excitado por lo que iba a hacerle a Magda, me dirigí a su recamara temblando por los nervios.

    Pensando. Por fin disfrutare a mi tía!

    Al entrar. Ella estaba como se lo pedí. Así que pronto fui a sobarle los pies, para luego pasear mis manos por aquellas suaves, blancas y deliciosas piernas, que pronto abriría.

    -Aun piensas tomar mi cuerpo?

    -Cállate! Desde ahora serás mi esclava.

    Acaricie su triangulo por encima de su short, subiendo la manos hasta llegar a sus pechos, duritos y firmes.

    Magda, no estaba llorando, pero si tenía una mirada de odio hacia mí.

    Sin decir nada comencé a desnudarla, besando cada parte de su cuerpo, hasta quitarle una tanga de encaje rojo, poniendo mi boca en su totalmente depilada vagina.

    Mi lengua jugueteaba en su clítoris, mis manos subían y bajaban de sus piernas a sus pechos.

    Con mis labios jalaba ese rosado botón, una y otra vez.

    Me di cuenta que el cuerpo de Magda comenzó a reaccionar.

    -Te gusta verdad putita?

    No dijo palabra alguna.

    Así que ahora subí a disfrutar de esos pezones erectos y rosados, mis labios recorrían su cuello, hasta llegar a meterle la lengua en sus oídos.

    Pronto le abrí la boca para que me diera un beso.

    Para sorpresa mía fue, que correspondió aquel beso lleno de lujuria.

    En esa posición la penetre de golpe, arqueando su cuerpo, para dejarme llegar hasta el fondo.

    Ella no quería dar gemidos, pero supe que lo disfrutaba, porque sus manos empezaron a recorrer mi espalda y nalgas.

    Le ordene que se pusiera de perrito.

    La visión de ese trasero casi con un redondo perfecto, hizo que le lamiera las nalgas, pasando por su culo.

    -Te gusta? Pues que esperas para metérmela?

    Haciéndole caso, ensalive bien su agujero, para ponerle la verga en la entrada y poco a poco se la metí.

    -Hayyy, uuumm, pinche Mario. Eres un pendejo.

    Pensé que le había dolido, pero al medio ver su cara de satisfacción, me movía como loco, como si quisiera atravesarla.

    -No sabes cuantas ganas te tenía Magdalena. Siempre que podía te espiaba cuando entrabas a bañarte, me masturbaba con tus tangas, me vaciaba al leer tus puterías.

    Diciendo esto, quería atravesar a la muy perra.

    Porque, la muy puta se había metido hasta con dos vecinos, un compañero mío de trabajo y hasta con mi padrino.

    Pero ahora yo la disfrutaría hasta que me cansara de ella.

    Ahora le ordene que me limpiara la verga con su boca, dándome una mamadas de película.

    Sentía que se los echaba en la cara, pero pude controlarme.

    Ahora, descanse un poco para volver a clavarla y aprovechar para planear donde.

    Dos minutos de respiro y de estarle metiendo tres dedos en la pepa. Decidí que hiciéramos un 69.

    Su boca ya era muy experta; tanto que la senté y termine en su boca, tomándose toda mi leche.

    -Eso fue todo maldito puñetero?

    Ahora veras.

    Tomo mi casi flácido pito, metiéndoselo a la boca, para revivirlo.

    Pasaba su lengua de arriba para abajo de mi palo, lamia y chupaba mis huevos.

    -Que bien lo haces puta.

    Ella solo medio rio.

    Cuando conseguí erectar mi miembro, le hice una tipo rusa. Ella encorvaba su cabeza para lamer mi glande.

    Luego se la volví a meter por el culo. Magda agradeció empujando sus nalgas para mayor entre.

    Así estuvimos un rato.

    Mi tía gemía como la zorra que era desde su primer palo.

    Se la puse en la vagina, teniendo sus piernas en mis hombros.

    En esa posición trataba de devorarle los chamorros y parte de los muslos.

    Volviendo a la posición del misionero, le advertí que me vaciaría.

    La muy condenada cruzo las piernas en mi cintura para no dejarme salir; además de eso me dio un beso tan o más caliente que el que le di al principio que no aguante más y me vacié en su vagina.

    Sudorosos nos quedamos acostados, ella me dio la espalda y yo la abrace por atrás.

    Seguí acariciando ese lindo cuerpo y dando pequeños besos en la parte baja de la nuca.

    -Desde ahora harás lo que yo te diga, cuando se me antoje.

    -Maldito. ¿No me has hecho lo que quisiste?

    -Mira. Si no quieres perder a tu mina de oro, harás lo que te pida.

    El solo hecho de decírselo, me puso duro otra vez.

    Así que se la volví a clavar por el culo. Esta vez no dure mucho y sin más termine en esa posición.

    -Que aguante sobrino. La verdad eres un idiota.

    -Hay Magdalena. Te prometo que esta no será la última vez.

    Me levante, tome mis cosas, le di un beso a mi tía en la boca y me fui para mi recamara con una victoria sexual y excitante para mí.

    Y sí. Esta no sería ni la primera, ni la última vez con mi tía Magdalena.

    Vladimir escritor.

  • Andrés, el amigo de mi novio

    Andrés, el amigo de mi novio

    Las cartas ya estaban sobre la mesa y yo estaba dispuesta a aprovechar mi situación.  Raúl ya había aceptado que si le gustaría verme con otros, pero yo le dije que también iba a estar con otros aunque él no estuviera presente.

    Me preguntó que cuál iba a ser la ventaja para él y le comenté que iba a convencer a algunas de mis amigas para estar con él y posiblemente también conmigo pero que solamente podía ser frente a mí.

    Me miró sorprendido pero aceptó y me dijo que cuando íbamos a comenzar?

    Yo le contesté que al día siguiente iba a comenzar a notar los cambios.

    Esa noche llegando a mi casa estaba tan excitada que me masturbe hasta terminar dos veces de manera excesiva, sabía que tenía el control y ahora podía dar rienda suelta a mis deseos con quién yo quisiera.

    No perdí tiempo e inmediatamente contacte a uno de los amigos de Raúl que siempre se me había antojado, se llama Andrés y es de la misma edad que mi novio. Es un poco más alto que el pero con un cuerpo súper atlético y algo bronceado.

    Le dije que si podía ir a verlo ya que necesitaba contarle algo y no podía ser por teléfono. Inmediatamente me preguntó si todo estaba bien o si había tenido algún problema con Raúl, pero le dije que se trataba de otra cosa.

    Siempre he sabido que la mayoría de los amigos de mi novio me traen ganas y no voy a negar que le he dado indirectas a varios y ahora iba a poder aprovechar a cada uno de ellos las veces que se me antojara.

    Cuando llegue a casa de Andrés me saludo y me hizo pasar, nos sentamos en la sala y le dije que no era nada malo lo que tenía que contarle sino algo que nos convenía a ambos, al escuchar esto él me contestó extrañado.

    -a que te refieres Carla?

    -bueno yo me he dado cuenta de cómo me miras y creo que no deberías quedarte solamente con eso.

    -a que te refieres? Eres novia de mi amigo y nunca intentaría nada contigo

    -no nos hagamos pendejos, sabes muy bien que si tuvieras la oportunidad de estar conmigo la aprovecharías y es lo que te estoy ofreciendo en este momento

    -esto es algún tipo de prueba? Ja, ya se. De seguro Raúl está esperando afuera para saber si puede confiar en mí o no

    -te equivocas él está en su casa, no sabe que estoy aquí, pero no tiene problemas en compartirme y supongo que eso incluye a sus amigos

    -cómo has dicho?

    -que Raúl es un cornudo sumiso que acaba de aceptar lo que yo haga con tal de que yo también comparta a mis amigas y sobre todo para poder adorar mis pies

    -jajaja, es en serio? Ya le había dicho yo que ese fetiche algún día lo metería en un problema gordo, pero bueno si lo que dices es verdad… No hay que perder tiempo.

    Se acercó a mí y tomándome de la pierna me dio un beso apasionado, sus manos comenzaban a recorrer mi cuerpo y yo comencé a mojarme solo de pensar que en realidad estaba por cogerme a otro hombre que no fuera mi novio.

    En ese momento me deje llevar y comencé a acariciarlo por encima del pantalón y me di cuenta como inmediatamente su verga iba creciendo y poniéndose dura, cada vez se apretaba más y yo no aguantaba las ganas de sacarla de ahí.

    En un movimiento rápido le baje el pantalón y pude observar su verga por completo, era grande y gruesa, con muchas venas bien marcadas, por mucho era más grande que la de Raúl.

    No lo dude ni un minuto y me la metí completa a la boca, era deliciosa yo estaba perdida de placer. No sé cuánto tiempo estuve mamando pero si sé que lo hice como una verdadera puta, noté que Andrés estaba a punto de terminar y logré que lo hiciera de la misma manera que lo hacía con Raúl, comencé a jugar con sus huevos en mi boca mientras lo masturbaba con mi mano llena de saliva. No duró más de 2 minutos cuando sentí que su verga comenzó a palpitar y rápidamente levanté la cabeza y abrí la boca con la lengua de fuera para recibir toda su leche caliente.

    La manera en la que termino fue exagerada, me sorprendió la cantidad que soltó en mi boca, fue tanta que comenzó a desbordarse y escurría por mis pequeños pechos.

    Cuando terminó por completo me lo tragué todo y me sorprendió ver qué la seguía teniendo parada como si nada, y me observaba con una mirada penetrante, se veía que quería más. Intenté tomar mi rol de ama pero él no lo permitió, en cuanto me puse de pie me empujó sobre la cama abriéndome las piernas y arrancando mi tanga de un tirón.

    Eso le excitó más de lo que ya estaba, el no perdió el tiempo e inmediatamente de lanzo a jugar con mi clítoris y a beber todo el jugo que salía de mi vagina. Debo admitir que es un maestro para eso… Me hizo terminar varias veces en poco tiempo solo con el movimiento de su lengua.

    Yo me encontraba rendida, nunca había tenido tantos orgasmos y mucho menos uno tras otro, cabe aclarar que mientras yo le realizaba el oral me estuve masturbando con la mano disponible por lo que ya había tenido un par de orgasmos previos.

    Cuando dejó de jugar con su lengua en mi vagina sentí un poco de alivio ya que me había dado un pequeño respiro, pero esa sensación no duró demasiado pues en ese momento sentí como me tomo de los tobillos y me levantó las piernas para penetrarme fuertemente, él no se colocó condón pero no me preocupé pues tomo anticonceptivos pero me impresionó el hecho de que lo hiciera sin siquiera consultarme.

    Esos pensamientos se alejaron de mi mente por qué la forma en la que me estaba embistiendo era brutal y comencé a gemir como loca arañándole la espalda y sudando en exceso.

    Yo cada vez le pedía más y notaba la excitación en su mirada, me miró a los ojos y comenzó a bombear todavía con más fuerza.

    – que puta resultaste, que suerte tiene Raúl al tenerte en la cama cuando él quiera.

    – ay papi… Tú también vas a poder tenerme en tu cama cuando quieras.

    – muy bien putita pero la próxima vez te voy a coger enfrente de tu pendejo cornudo para demostrarle como se debe coger a una perra como tú.

    Esas palabras me excitaron más y me arranco otro orgasmo, yo ya no podía más, quería que el terminara y se lo rogué en repetidas ocasiones.

    – por favor papi, ya dame tu lechita… Lléname por favor.

    – quieres leche putita?

    – si papito dámela ya por favor…

    En ese momento me dijo que no me iba a dar la satisfacción de sentir su descarga dentro de mí. Y que me tenía que ganar mi leche de otra forma.

    Me pidió que lo hiciera terminar como más le gustaba a mi novio, por qué el hecho de saber que le iba a contar a Ricardo que lo que más le gusta es lo que le hice a él le excitaba bastante.

    Entonces le dije que se sentara en la cama, recargando su espalda en la cabecera y que abriera un poco las piernas, acto seguido me coloqué acostada boca abajo para poder darle una mamada mientras él desde la cabecera podía ver cómo lo masturbaba y me comía sus huevos con una vista completa de mis nalgas y de mis pies a la altura de su cara ya que Raúl siempre me pide que flexione las piernas para poderlos ver bien.

    – ja, ahora veo por qué le gusta esto a tu cornudo putita. Siento como te humillas comiéndote mis huevos, te tengo completamente debajo de mi y por otro lado está posición tiene algo que me excita bastante. Ahora veo por qué le gustan tus pies.

    Ahora demuéstrame que quieres tu lechita perra

    En ese momento me escupí en la mano y comencé a masturbarlo más rápido mientras me comía de manera desesperada sus huevos y con mi mano izquierda me masturbaba.

    Después de unos minutos así escuché como comenzó a gemir y saco un chorro de semen igual al primero que salió disparado hacia arriba cayendo en mi mano, cabeza y espalda, yo no deje de masturbarlo hasta que deje de sentir los espasmos en su verga y procedí a limpiarla con la lengua detalladamente cómo se lo hacía a Raúl hasta que la deje completamente limpia.

    – muy bien Carlita, ahora veo por qué lo traes tan pendejo. Jaja. Si quieres pasa a bañarte y te llevo a tu casa, y espero que le cuentes al pendejo de tu novio lo que te hice para que aprenda a tratarte como se debe.

    Pase a bañarme y el me dejó en la entrada de mi casa dándome un beso y una nalgada.

    Esa noche llame a Raúl y le conté por teléfono lo que había pasado, me dijo que estaba muy excitado y que necesitaba verme pero le dije que su amigo ya me había dejado satisfecha y que yo lo llamaba después…

  • El ayudante (Cap. 9): Irene a espaldas de su novio (I)

    El ayudante (Cap. 9): Irene a espaldas de su novio (I)

    Terminó de arreglarse usando el espejo de cuerpo entero que tenía en su cuarto. El vestido negro de lycra, ceñido a su delgada y esbelta figura, constaba de unas mangas largas que llegaban a cubrir sus manos y que dejaba sus hombros al descubierto. El ajustado y corto vestido terminaba apenas un par de centímetros por debajo de su firme retaguardia, dejando completamente a la vista sus definidos muslos y apetitosas piernas. El color negro de la tela ondulada en pequeños pliegues contrastaba perfectamente con su piel blanca y saludable. Su largo cabello, negro y lacio como la seda, que cubría hasta la parte alta de su cintura, caía libre por su espalda.

    Terminó de retocar la fina capa de maquillaje de su rostro, con sus labios resaltados por un natural y suave rojo, y sonrió, mientras los dedos de sus pies descalzos se movían sobre la alfombra de su cuarto.

    Irene estaba lista.

    Su corazón latía un tanto más acelerado de lo normal. Estaba ansiosa. Ya era hora de que su novio llegara. Dejó escapar un suave suspiro antes de caminar, aún descalza, hacia la puerta de su habitación. La abrió despacio, asomándose por la abertura, cerciorándose de que no hubiera nadie antes de salir.

    Y al hacerlo se vio obligada a arrugar el ceño. Hacía más de treinta minutos que había dejado de escuchar los gritos, gemidos y murmullos de esos dos. Pero el desastre que habían dejado a su paso aún estaba más que presente en la sala; Objetos y prendas de vestir desparramados por el suelo, la mesa y sillas movidas fuera de su lugar, además de un rastro de manchas y fluidos cuyos orígenes no quería determinar.

    Pero lo que más atacaba sus sentidos, haciendo que arrugara el puente de su fina nariz, fue el punzante olor a sexo que abrumaba toda la sala. Aquella asfixiante mezcla de olores que ahora tenía que respirar haciendo que sus piernas temblaran levemente. Alzó una mano cubierta por la manga de su vestido para llevarla a tapar su nariz, aspirando del dulce y fino perfume que se había colocado para intentar atacar el pesado ambiente a sexo que intoxicaba el ambiente y empezaba a afectarla a ella. Su afilada mirada ubicó de inmediato una de las ventanas a la cual se dirigió a paso apresurado para abrirla de par en par y así ventilar la amplia sala. Aprovechó para tomar una bocanada de aire fresco, calmando un poco el calor que había llegado a ruborizar su rostro. El aire un tanto fresco de la tarde golpeó rostro para terminar de despertarla y devolverla a sus sentidos.

    Sí, no tenía tiempo que perder.

    Ahora un tanto más apresurada, comenzó a limpiar como pudo los rastros de la guerra que habían librado Yeri y el Ayudante con sus cuerpos. Ordenó la mesa y sillas, lanzó las prendas húmedas tiradas por el suelo al lavadero y limpió las manchas de fluidos con determinación, especialmente aquellas sobre la mesa, ¿Cuánto tiempo habían estado en el acto? ¿Horas? Negó con la cabeza, la mueca de molestia en su hermoso rostro agravándose un poco más.

    Cuando finalmente estuvo satisfecha con su limpieza, se permitió suspirar suavemente, ignorando la ligera capa de sudor que se había formado en su rostro y axilas por la acelerada carrera contra el tiempo. Y qué exactitud la suya, pues fue justo entonces cuando el timbre de la residencia sonó.

    Abrió la puerta de la entrada y recibió a su novio con una de sus angelicales sonrisas, enseñando sus dientes, disfrutando de la sorpresa en su rostro y las miradas que le dedicaba, antes de tomarlo en un cálido abrazo. Se felicitó así misma, pues evidentemente había logrado impactarlo con su imagen.

    “Me alegra tanto verte.” No podía evitar ampliar la sonrisa mientras lo tomaba de la mano para invitarlo a pasar, llevándolo a la sala. El joven era unos centímetros más alto que ella, e iba vestido como lo haría alguien que asistía a una salida, casual pero con estilo. Asintió ligeramente aprobando su imagen, alegrándose internamente al saber que no era la única que había puesto empeño para su encuentro.

    Lo dejó sentado en el sofá de la sala, mostrándose con finos pero intencionados movimientos en ese ajustado vestido negro mientras le invitaba algo de tomar, sonriendo orgullosa cuando sintió la mirada del chico delinear su tallada retaguardia y luego bajar por la piel de sus piernas desnudas. Se dirigió a la barra de la sala donde tenían sus tragos, que quedaba a la espalda del sillón. Y aunque tomar soju le trajo recuerdos de la noche anterior y de lo que había hecho para poder conseguir esa cita con su novio, se permitió disfrutar del momento. Brindaron, y entre charla y charla la botella de Chamisul quedó a menos de la mitad. Claro, era una bebida dulce y suave al gusto, fácil de digerir. Pero la madura Idol había aprendido a controlarse, y en este caso era su novio quien había consumido más de la cuenta, actuando un tanto más risueño y desconcentrado.

    Todo marchaba a la perfección. Pero jamás debió confiarse. Pues, mientras reía suave por un chiste mal contado del contrario, sus oídos captaron otro sonido. Dirigió una discreta mirada a la alcoba de Yeri, y fue entonces que el mundo se le vino encima.

    Todo pasó en una secuencia como a cámara lenta para ella. La puerta se abrió y la imponente figura de su Ayudante surgió de la habitación de su compañera de grupo y gran amiga. De fondo quedó la voz de su novio, como un eco lejano, pues la presencia de aquel enorme hombre exigía toda su atención en ese momento. Vestía la misma ropa de cuando habían entrenado hoy a la mañana, con esa camiseta negra tallada a su cuerpo y el pantalón corto igualmente algo ajustado. Curiosamente, al igual que ella, él también iba descalzo.

    Su novio ni siquiera pareció percatarse del nuevo individuo que caminaba hacia ellos, tal vez por el alcohol, pero la Idol de 28 años hasta había girado su cabeza por completo para poder verlo, con mirada entre nerviosa y amenazante, ¿Qué diablos quería él allí?

    “¡A-Ayudante!” Interrumpió lo que sea que estuviera diciendo su novio mientras se levantaba del sofá casi de un salto, una sonrisa nerviosa y nada convincente dibujándose en su hermoso rostro. “Creí que, que habías salido.” Su mirada se movió del enorme hombre a su novio y viceversa un par de veces. “Hm, ¿Se conocen? Ayudante, él es-…”

    “Sé quien es, Irene.” Y ahora fue ella la interrumpida. Sus piernas temblaron ligeramente, el más alto finalmente llegando a ellos, deteniéndose frente a ella y a su novio aún sentado en el sofá, que finalmente caía en la imponente figura del recién llegado. “Tu chico, ¿Verdad? Hablé con él hoy por la mañana para arreglar los detalles de su visita. Claro que fue por llamada, es un gusto el finalmente conocerte en persona.”

    La madura modelo e Idol tragó saliva, de cierta forma expectante por la situación. Su corazón acelerándose un poco más cuando sintió la mano del hombre frente a ella descansar en su hombro desnudo, ofreciéndole una caricia con su robusto pulgar por debajo de la nuca.

    Su mirada entonces se movió rápido hacia su novio, que se levantó algo torpe de su posición, ofreciéndole una reverencia al recién llegado en señal de saludo, mientras se presentaba con voz entre tímida y entrecortada, al parecer ignorante del confianzudo toque de su Ayudante a la piel de su hombro. Fue entonces, al tenerlos parados el uno frente al otro, que cayó en cuenta de la diferencia de tamaño y porte entre ambos.

    Su Ayudante soltó una risa antes de usar su mano libre para revolver el cabello de su novio con ligera brusquedad, como si de un niño se tratara. “No seas tan formal, chico. Me alegra saber que Irene cuenta con alguien como tú para apoyarla.” Claro, su Ayudante era extranjero, tal vez no muy acostumbrado a la formalidad y trato en su país, ¡Pero no por eso tenía que tratarlo como a un niño!

    Su novio sólo rio algo nervioso, negando apenas con la cabeza, comenzando a murmurar unas palabras para iniciar una nueva conversación.

    “Pero bueno, veo que no pierden el tiempo ustedes dos, ¿Eh?” Pero su intento fue acallado por la grave voz de su Ayudante. Ya era natural en él, imponer con su presencia, con su voz de comando. Ni siquiera su querido novio era la excepción, quien sólo se calló riendo forzadamente de nuevo. “A ver, que no está mal que tomen algo de soju. Pero con Irene ya lo probamos bastante anoche, ¿No, Baechu?” Y aquella fue la primera señal real de peligro para ella.

    Negó con la cabeza dejando escapar una suave risa, dándole un ligero golpe en el duro abdomen que se notaba marcado aún debajo de su ajustada camiseta. “No digas tonterías, Ayudante.” Y con sus inocentes palabras, acompañó una afilada mirada de advertencia hacia el más alto, aunque por la diferencia de altura debía alzar su cabeza para verlo a los ojos. La sonrisa tranquila que le devolvieron a cambio, la hicieron sentir aún más pequeña frente a él.

    “Ten, noviecito, sírvete más, que el alcohol abunda en esta casa.” Finalmente, su Ayudante se separó un poco de ambos para tomar la botella de Chamisul y servirle un nuevo trago al muchacho, a la vez que usaba un pequeño control remoto para encender el estéreo de la residencia, dejando una música lounge, suave y perfecta para el momento. “Siéntate y relájate, que con Irene prepararemos unas bebidas más picantes para que no se vuelva aburrida la tarde.”

    “Ah, hm, ¿Ayudante? No tiene otras c-” Intentó detener lo que sea que estaba planeando. Lo sabía, algo endemoniado tramaba, algo que no sería nada bueno para ella.

    “No te preocupes, Irene, no los regañaré, en especial a ti, por estar bebiendo alcohol a estas horas.” Y el más alto les sonrió a ambos. Una sonrisa que, para su sorpresa, pareció finalmente tranquilizar a su novio. Eso no era bueno.

    De hecho, el muchacho aceptó con gusto el trago que se le invitaba, agradeciendo cordial pero sinceramente al hombre vestido aún en su ropa de gimnasio, ¿Realmente su novio iba a dejar que el recién llegado se entrometiera en el momento de ambos como si nada? Al parecer sí, pues no vio indicación de ninguna protesta de su parte cuando la masculina mano del hombre más alto y grande se afirmó en su delgada cintura para empujarla y guiarla hacia la barra.

    Se dejó llevar entre sorprendida y anonadada, mientras giraba su cabeza para mirar por sobre su delicado hombro hacia su condenado novio, quien quedaba sentado solo en el sofá dándoles la espalda a ambos, tomando más soju del que debía. Aquella fue la segunda señal de peligro para la fémina.

    “¿Qué, qué intenta hacer?” Su voz apenas en un susurro con tono de molestia, aunque se dejara llevar. Debía salir de aquella situación. De lo que sea que planeaba ese malvado hombre.

    “Te ves espectacular en este vestido.” Pero la ignoraron. El inesperado cumplido le trajo un hormigueó a su estómago, mientras ambos se detenían detrás de la barra con todos los tragos, vasos y bebidas. Sí, a Red Velvet le gustaba su alcohol.

    Su respiración se entrecortó cuando el hombre se colocó detrás de ella, dejándola atrapada entre la barra y él, y sus manos se colocaron en su delgada cintura. Mordió su labio, girando un poco su cabeza para poder verle, sintiendo como las manos ajenas bajaban en una caricia por su cuerpo hasta sostenerla firme de su cadera. “Deténgase. M-mi novio-..”

    “Sólo estamos preparando unos tragos.” Sintió el enorme cuerpo de ese hombre casi recostarse sobre ella, y tuvo que afirmar sus manos en la encimera de la barra ante la ligera presión. Terminó inclinada un poco sobre la barra haciendo que su vientre quede afirmado sobre el mueble, y un suspiro se escapó de entre sus labios, sus finas manos apretando la tela de sus mangas.

    “S-sabe que eso no es, hm,” Mordió su labio inferior cuando sintió el rostro del contrario hundirse en el espacio entre su cuello y hombro. Aspiraron con fuerza la fragancia de su piel y no pudo hacer nada para evitarlo pues aún la sostenían firme de su cadera. Seguidamente apretó su mandíbula al sentir como la nariz de ese hombre comenzaba a recorrer una y otra vez la piel de su cuello y hombro buscando embriagarse de su dulce esencia a mujer. “no, no es verdad- ¡NNH!” Y casi se le escapa un gritito al recibir una embestida contra su retaguardia. Algo muy duro y robusto hundiéndose en su cola alzadita, aún abrazada por la ceñida tela de su corto vestido negro.

    Luego siguió la caliente boca de su Ayudante. Ya no contento con sólo aspirar su aroma, el malvado hombre comenzó a comerse su cuello y hombro desnudos con lascivos chupones y lamidas. Jadeó sofocada por la situación, su mirada clavada en la cabellera negra de su novio que sobresalía apenas por la cabecera del sillón, ¿Cómo no se daba cuenta de lo que le estaban haciendo frente a sus narices?

    Mientras repartían más besos y calientes chupones por toda la piel que enseñaba el tallado vestido, la hermosa Idol se sostuvo como pudo con sus manos afirmadas a la encimera, sacando pecho, como dando resistencia, aunque lo único que lograba era que más y más de su piel fuera bañada en la saliva del contrario. Sentía el calor de sus mejillas sonrojadas, el calor de la boca ajena recorriendo su espalda y cuello pecaminosamente, y el calor de su propia intimidad que comenzaba a mojarse, humedeciendo y ensuciando su ropita interior.

    Las cosas se le estaban saliendo de control, y respirando agitada intentó buscar la salida más cercana de tal aprieto. Contrario a lo que la razón dictaría en tal situación, no empujó o intentó alejarse del hombre que la atacaba con lujuria, sino que buscó con sus manos el vaso más cercano y las botellas con alcohol para preparar el dichoso trago que la sacaría de las garras de ese malvado hombre y la devolverían a su despistado novio, ¿Eso era lo que quería, no? Si terminaba el trago, la dejarían libre.

    Pero era difícil concentrarse en algo así cuando una experta boca te comía a besos en las zonas más sensibles y erógenas de tu cuello y espalda. Dios, hasta el lóbulo de su oreja recibió el trato de esos calientes labios mientras unas enormes manos comenzaban a masajear sus modestos pechos aún cubiertos por el vestido y su sujetador.

    “E-es que, ¿Nno tuvo suficiente con, con, hnm, Yeri?” Sus manos, temblorosas, intentaron dar el primer paso a preparar el trago, buscando abrir la botella con una bebida que ni siquiera conocía. Pero se detuvo al sentir una nueva embestida de esa enorme cosa, afirmándose implacable a la perfecta y dura manzanita de retaguardia que ella poseía. Tal vez vestirse de esa forma no había sido la mejor idea después de todo.

    “Yeri aún está descansando en su cuarto. Ahora sólo estamos tú y yo.” La voz ronca de su Ayudante era casi tan embriagante como su cálido aliento acariciando la piel de su oreja con cada palabra. “Bueno, y él, ¿Crees que tu noviecito nos quiera ver?”

    La Idol tuvo que arrugar el puente de su nariz al escuchar el tono con el que expresó tales palabras. No había burla, sólo certeza. Una indomable confianza de que aquel acto continuaría, lo quisiera su novio o no. “Justa-, uhm, mente. Es por mi novio que d-debe detenerse.” Sus atractivos labios se torcieron en una mueca, mirando la cabellera negra de su novio aún inconsciente de lo que estaba aconteciendo a sus espaldas. Luego llevó una de sus delicadas manos a tapar su boca y parte de su rostro, cuando sintió el tacto de la mano ajena descender por su cadera hasta llegar a la firme carne de una de sus piernas. Arrugó más el ceño en su lindo rostro, todavía cubriéndose la boca, cuando la mano invasora se coló en un descarado manoseo hasta la cara interna de su muslo. Luego, el dominante macho a su espalda ejerció la fuerza suficiente para hacerla separar todavía más una pierna de la otra.

    La morocha sólo jadeó despacio contra la mano que aún descansaba sobre sus labios, tragando saliva. Todavía con su vientre afirmado sobre la tarima de la barra, su posición ahora se había vuelto incluso más comprometida, con sus piernas abiertas, los sexis músculos de sus piernas tensándose a la vez que su piel se adornaba de un delicioso brillo a causa de la transpiración, todo producto del calor emanado de sus cuerpos pegados el uno al otro.

    “Muy bien.” Su mente, nublada por la lujuria que la había ido dominando poco a poco, casi no captó bien las palabras de su Ayudante. “Me detendré.” Pero finalmente cayó en lo que estaba escuchando. Separó la mano de su boca y giró su cabeza, alzando la vista, sus ojos negros expresando su sorpresa. Allí, los ensombrecidos ojos de su Ayudante le devolvieron la mirada, sus rostros cercanos el uno con el otro.

    Al estar ella dándole su perfil, el más alto aprovechó para dar un húmedo beso en el mentón de la fémina. Luego otro beso sobre su mandíbula, y ahora la mujer entrecerró los ojos ante la atención, pero también por la sospecha que tenía en sus palabras. “¿Lo hará?” Apenas un susurro para no ser escuchados, mientras el contrario continuaba con esos cálidos besos por toda su barbilla, cada vez más cerca de sus propios labios.

    “Por supuesto, pero debes hacer algo por mí antes.” Ella todavía podía sentir las viriles manos ajenas masajeando libremente la tersa piel sobre sus aductores, por lo que tuvo que apretar sus labios antes de voltear su cabeza alejándose de los besos que dejaron humedecido todo su mentón. Su mirada al frente, allí donde podía notar a su novio inclinándose, seguramente sirviéndose más soju.

    “Lo que sea, con tal de dejar este juego.” Vil, muy vil juego, quiso agregar. Pero estaba ocupada mordiendo su labio inferior, todavía sintiendo las persistentes caricias de esas manos a sus muslos que todavía no se habían dignado a hundirse en su caliente entrepierna. Pero eso era lo mejor, sino el contrario comprobaría lo mojadita que estaba, y eso no era nada bueno.

    Sin embargo, acceder a tal pedido, fuera o no a causa de su mente nublada de razón debido a las acciones hasta el momento, fue un groso error del que no caería en cuenta hasta ser demasiado tarde.

    *******************

    Notas finales:

    Chamisul es una marca de soju, una bebida alcohólica.

    Red Velvet es el nombre del grupo de Kpop al que pertenece Irene. Búsquenla en caso de querer referencias de cómo es físicamente.

    Baechu es un apodo cariñoso para Irene.

    Si te ha gustado esta lectura y no has leído capítulos anteriores te recomiendo que les des un vistazo.

  • La sorpresa de mi compañera de oficina

    La sorpresa de mi compañera de oficina

    La noche nos sorprendió en el trabajo, había muchas actividades por cubrir y todos ya queríamos terminar la jornada. Era uno de esos días en los que coincidía con aquella compañera de trabajo, con la que había una suerte de tensión sexual. No trabajábamos en la misma oficina directamente ya que la empresa es muy grande, sin embargo, cuando coincidíamos había mucha química, siempre me sonreía cuando nos encontrábamos y cuando nos tocaba cubrir algún evento juntos, me lanzaba alguna que otra mirada provocativa.

    No tengo novia y siempre he sido algo tímido para conseguir chicas, generalmente son ellas las que terminan dando el primer paso y algo parecía que esta sería la ocasión. Andrea me tenía hipnotizado esta vez, ya que hoy lucía un vestido gris entallado, una cadenita plateada a modo de cinturón, medias negras y tacones; aunque el vestido no era muy corto dejaba ver claramente su esbelta silueta, que iniciaba con unos senos redondos casi perfectos y algo grandes que ella siempre buscaba mantener a discreción y terminaba en un sutil trasero que si bien no era enorme se mostraba firme y rematado por unas piernas largas y bien torneadas. Su sonrisa dominaba la mayor parte de su rostro, ya que su boca era muy grande y sus labios carnosos.

    Lo nuestro no parecía algo romántico, ya que a pesar de intercambiar miradas, risas y algunas charlas sin sentido, se sentía algo más, como unas ganas contenidas o una atracción reprimida. En los 2 años que llevo en la empresa nunca la vi con algún novio y cuando llegué a preguntar a compañeros en común siempre me dijeron que no salía con nadie.

    Eran casi las 9 de la noche cuando finalmente el último evento terminó y con ello cada uno empezó a guardar sus cosas para salir. Un compañero externó el clásico «¿De aquí a dónde?» a lo cual varios asentimos y empezamos a proponer ideas de ir a algún lugar cercano a tomar una cerveza. Para mi sorpresa Andrea se sumó al plan por lo que me pareció una gran oportunidad para acercarme a ella.

    De 10 personas que estábamos aún en la oficina sólo acudimos la mitad al bar. Andrea, el organizador, una amiga suya, un amigo mío y yo. La velada en general estaba muy tranquila, hablando generalidades del trabajo, quejándonos de nuestros jefes y hablando de política. Andrea se sentó a mi lado, era una de esas mesas empotradas al piso con sillones. Reíamos, bromeábamos y tomábamos cerveza. Ver junto a mí esas piernas cruzadas, pegadas a mi me tenía sudando, y Andrea lo notó. De pronto tomó mi mano y notó que me sudaba la palma, -uy está mojada, trae la seco- y la llevó a sus piernas, la talló contra su vestido y la suavidad de sus medias.

    Un poco avergonzado, la observé mientras ella en cada risa se acomodaba los lentes. No retiré la mano que ella custodiaba con la suya, lo que me hacía suponer que el siguiente paso era inminente. Mi amigo, al notar lo que estaba pasando, decidió huir del lugar, con el pretexto de que debía levantarse muy temprano. El organizador y su amiga que ya también traían algo se despidieron rato después dejándonos a Andrea y a mi solos.

    Nervioso y emocionado por la situación, decidí tomar la iniciativa con Andrea, en medio de una charla insulsa la miré fijamente a los ojos, me acerqué a ella y le planté un beso breve que por tímido no dio en el blanco a pesar de su gran boca, rosando apenas su comisura.

    Ella no se mostró sorprendida, al contrario me sonrió mientras retiraba la mano de su pierna. Tomó un poco de distancia cuando el mesero llegó con más bebidas. Me miró fijamente y me dijo: -Necesito que sepas que estoy saliendo con alguien- Esa frase retumbó en mis oídos y me recordó las 20 veces que por no atreverme con una chica alguien más se me adelantaba. -… sin embargo tú me gustas mucho, eres simpático y tengo ganas de pasar la noche contigo- me quedé petrificado ante sus palabras. Durante unos minutos no dije nada, sin embargo ella luego de tomar su cerveza, morder sus labios y quitarse los lentes, me dio un beso apasionado, intenso, mientras ponía sus manos en mi cuello.

    Paga la cuenta y vámonos a mi casa, -me ordenó al oído-, a lo cual accedí sin chistar, mientras nervioso lancé un chiste al aire para relajar la situación -Vamos pues y que me perdone tu novio- ella soltó la carcajada mientras decía -mi novio jajaja.

    Caminamos a su casa ya que ella renta muy cerca del trabajo y del bar a donde fuimos. Mientras subíamos las escaleras, me besaba y ponía mis manos en sus caderas, en su trasero y me repegaba toda su figura.

    Cuando al fin entramos a su casa, me abalancé a su cuerpo, pero ella me apartó, me puso la mano en la boca en señal de que guardara silencio y me llevó a una recámara, iluminada apenas con la luz de la ventana, casi obscura. Ahí, comenzó todo, la tensión que traíamos por meses finalmente tenía salida, empezó por quitarse los tacones, colocándose a mi altura. Se giró, repegando su trasero a mis piernas, mientras agarraba mis manos y las subía de sus piernas a sus caderas, a su cintura, se detuvo en la cadena plateada que con algo de trabajos logré desabrochar mientras besaba su cuello.

    Llevó mis manos a sus senos, me permitió conocer su tamaño, su firmeza, apretarlos mientras seguían atrapados en el sostén debajo de aquel vestido. Ahora yo la giré, ella desabotonaba mi camisa, mientras yo llevaba mis manos a sus nalgas, levantaba el vestido, que terminé de sacar por su cabeza. En ese momento supe que ella estaba preparando este momento, su lencería era de alguien que lo había planeado todo. Su coordinado negro satinado se complementaba con sus medias sostenidas firmemente a un fino liguero de encaje.

    Di un paso hacia atrás para observar a detalle toda su figura, momento que ella aprovechó para arrodillarse, maniobrar y aflojar mis pantalones, mi bóxer liberando mi miembro que a esas alturas ya chorreaba líquido seminal.

    -Está llorando, pobrecito, voy a consolarlo- mientras se mordía los labios y con una de sus manos lo tomaba y lo llevaba a su boca, yo le quité los lentes y apartaba el pelo para contemplar esa rica mamada que me estaba dando. Perdí la noción del tiempo durante la felación, pero recuerdo que me tumbé de espaldas a la cama. Ella retiró por unos instantes la boca de mi miembro y me ordenó que no abriera los ojos para nada, porque me iba a llevar al cielo y que tratara de no venirme.

    En ese momento todos mis sentidos estaban concentrados en su labor, escuchaba su boca tronar en cada succión, sentía su mano tocar mis testículos y acariciar mis piernas. Me dejé llevar por el momento. De pronto sentí mi cara aprisionada por una vagina, húmeda, con un olor delicioso entre sexo y perfume, unos labios vaginales buscaban mi boca ansiosamente, sin embargo la felación no se detenía, se hacía más cadenciosa, recorría mi miembro de la base a la punta, reía, mordía a ratos y seguía succionando, mientras yo me ahogaba entre jugos vaginales y fino vello púbico.

    Yo estaba a punto de reventar, el momento era extaciante, explosivo, no podía ver nada ni incorporarme pues seguía atrapado, lamiendo, los labios, el clítoris y a ratos el movimiento me llevaba al ano. Di lengua a todo mientras trataba de no explotar. Escuché la voz de Andrea cuando detuvo la felación

    -Por favor cariño, no te vayas a venir-

    Mientras yo seguía concentrado en dar lengua al clítoris, sentí como mi miembro era tomado por su mano e ¡introducido en su vagina!

    En ese momento reaccioné, con todas mis fuerzas aparté el cuerpo que estaba sobre mi cara y me incorporé mientras veía una nueva escena a media luz.

    Andrea estaba sobre mi, sentada al borde de la cama con mi miembro dentro de ella, al lado mío, de rodillas sobre la cama, recuperando la posición después de empujarla, estaba otra mujer, joven, completamente desnuda.

    Ambas reían y yo estaba estupefacto. La otra chica le decía -te dije que se iba a sacar de onda- mientras Andrea se despegaba de mi y se acostaba a mi lado.

    Yo estaba paralizado recostado en medio de ambas, sin dar cuenta de lo que miraban mis ojos ni de lo que había pasado, Andrea me revelaba la sorpresa.

    -Mira, te presento a Karen, mi novia-

    Sin poder articular media palabra volteé la cara para ver entre las luces a la otra chica. Era una joven también muy atractiva, de piel morena, labios delgados y ojos ligeramente rasgados. Se veía más bajita de estatura que Andrea, con unas enormes caderas, piernas gruesas y unos tobillos como troncos, que quitaban la atención de unos senos discretos pero firmes y un vientre casi plano. Recibí una sonrisa casi infantil mientras me decía hola con la mano y sostenía con la otra mano su cabeza en la cama.

    -Yo sé que esto te puede parecer raro -continuó diciéndome- pero estoy saliendo con ella desde hace mucho tiempo, ambas somos bisexuales y aunque nos amamos y adoramos mucho como pareja, de vez en cuando nos gusta experimentar otras cosas. Le conté de ti, de lo mucho que me atraías, de tu carácter y de que estaba segura que eras muy bueno en la cama. Ella fue quien me sugirió traerte y meterte a nuestra cama. ¿Qué opinas?

    Yo empezaba a asimilar lo que estaba pasando, me dirigí a Karen y le dije, -mucho gusto Karen, mientras le extendía la mano sonriente- Evidentemente con la sorpresa, mi erección había bajado un poco, sin embargo estaba emocionado por continuar con esa tremenda sorpresa que me había llevado. -Y bien, pues soy todo suyo jajaja- les dije. Ambas se fundieron en un apasionado beso que extendieron a mi boca para hacer un gran beso de tres que implicó varios minutos de intercambio de besos profundos entre los tres.

    Ambas intercambiaron sonrisas, mientras Karen se incorporaba y podía ver la razón por la que me fue tan difícil despegarme de su entrepierna. Sus nalgas grandes eran sorprendentes. -Oye amor, deberías probar su boca, es bueno comiendo- Le decía a Andrea.

    En instantes, en la misma posición de antes tenía el sexo de Andrea sobre mi rostro, mientras Karen tomaba su lugar delante de mi miembro, que poco a poco luego de los besos estaba más erecto que nunca. Los labios vaginales de Andrea también olían delicioso y estaban también muy húmedos. Tan pronto los toqué con la lengua y empecé a estimularlos, empezaron a salir chorros de líquido que recorrían mi cuello y mis orejas.

    Mientras tanto Karen, tomó entre sus manos mi miembro, lo llevó a su boca y comenzó a lamerlo, a besarlo y a chuparlo con menos intensidad que Andrea. Después de unos instantes se incorpora y exclama – te voy a pagar ese par de orgasmos a mi modo- mientras toma mi miembro y lo introduce en su vagina.

    Las dos se encuentran, frente a frente mientras una es penetrada y la otra recibe mi lengua en su clítoris, labios y ano. Ambas se mueven con cadencia sobre mi, se funden en besos, chupan mutuamente sus senos y gimen y respiran agitadamente.

    Mientras con mi lengua estimulo todo lo que está a mi alcance, siento como mis piernas y cintura reciben cada uno de los sentones de Karen, cada momento más fuertes, cada momento más rápidos, mientras mis manos se turnan entre abrir las nalgas de Andrea para alcanzar su ano, y recorrer alternadamente los senos y piernas de ambas, sintiendo también la textura de las medias de Andrea.

    Algo cansados de esa posición, los 3 decidimos cambiar e incorporarnos, Andrea con una mirada pícara me dice -con que te gustó mucho mi anito- al tiempo que de su buró saca un tubito y pregunta -¿Les gusta el mango?- Karen sonríe y parece entender claramente la idea y se acuesta boca arriba, mientras Andrea, se acomoda en un 69 sobre su cara y empieza a untar el lubricante en su propio ano y vagina. De pie, observo la escena y entiendo claramente la invitación, me preparo a penetrar a Andrea, mientras Karen se pierde entre las piernas de Andrea quien con su cola al aire se prepara para recibirme.

    Entro delicadamente en la vagina de Andrea, mientras siento como la lengua de Karen recorre mi miembro y los labios de Andrea alternadamente. Bombeo, cada vez con mayor intensidad aferrándome a las caderas de Andrea mientras ella esparce lubricante en la entrepierna de Karen.

    Karen coloca uno de sus dedos en el ano de Andrea y empieza a introducirlo mientras yo sigo penetrándola. Después de algunos minutos de continuar con el vaivén, Karen exclama: ¡Está lista! Andrea se separa sutilmente, mientras Karen toma mi pene desde su posición, se lo lleva a la boca y comienza a lubricarlo. Lo coloca en la entrada del ano de Andrea invitándome a entrar.

    Yo maravillado no puedo resistir más y empiezo a introducir mi miembro en ese perfecto orificio que emana un dulce olor a mango y al perfume de Andrea. Cuando al fin logro entrar totalmente Karen comienza a estimular con su lengua el clítoris de Andrea quien ha perdido el control de su cuerpo y gime sin rubor, en medio un gran orgasmo provocado por la doble estimulación.

    Ya no puedo más, siento las primeras contracciones de una eyaculación. Comienzo a gritar y aumentar la intensidad de las embestidas en el culo de Andrea. Uno a uno voy sintiendo como los chorros de semen, van llenando la cavidad de Andrea mientras ella se aferra a las caderas de Karen quien además aún tiene la cabeza de Karen entre sus piernas ahogando sus orgasmos.

    Termino y retiro cuidadosamente mi miembro del ano de Andrea, que empieza a derramar mi semen sobre la cara y boca de Karen quien lo lame y traga. Los 3 exhaustos nos dejamos caer sobre la cama. Ambas aún continúan con los espasmos de sus respectivos orgasmos.

    Después de unos minutos de silencio, ríen, se besan cariñosamente, y nos acomodamos en la cama a respirar mientras yo proceso lo que acaba de pasar.

    La noche no ha terminado, nos miramos cómplices para continuar, Karen se levanta prende la luz y va por unas bebidas mientras yo sonrío a Andrea.

    Vamos por más.

    Continuará.

  • El cambio de una madre (Parte V)

    El cambio de una madre (Parte V)

    Me despertó mi madre, dándome besitos en el cuello, serían ya sobre las 10 de la mañana.

    -Hola Ma, buenos días qué tal ha dormido la mujer más guapa del mundo?

    -Cariño, muy bien la verdad, he dormido como una reina en esta cama tan grande. Dijo mi madre muy contenta.

    Entonces se levantó y salió hacia el baño a mear. La visión era espectacular. Mira que estaba buena mi madre, el día que cumplía 54 años. A mí me parecía que tenía el cuerpo de una de 35, estaba impresionante…

    -Buff dijo mi madre desde el baño. Otra vez he vuelto a echar moco y sangre. Esta vez un poco preocupada. Ya verás… voy a volver a tener la regla. Después de los años… Claro tanto trajín sexual, me ha movido el organismo por dentro.

    -Ma, no te preocupes, seguro que eso es porque ayer le distes 3 orgasmos a tu cuerpo y no está acostumbrado.

    -No sé, dijo un poco preocupada, cuando vuelva a casa iré al ginecólogo. Que me dé su opinión.

    -Claro que sí Ma, así estarás más tranquila. Dije, mientras que mi madre se metía en la cama de nuevo y yo salía a mear.

    Tenía que salir a por su regalo. Ella no había dicho nada de su cumpleaños, ni yo la había felicitado todavía. Cuánto duraría el juego?

    -Ma, que vamos hacer hoy? le pregunté a ver si me decía algo.

    -No se cariño, podíamos ir a ver el Escorial, o la casa de campo, el zoo, el parque de atracciones o el prado. Lo que tú quieras mi vida.

    -Ma, que te parece si bajamos lo primero a desayunar le dije, tengo hambre.

    -Venga vístete y vamos, dijo alegre.

    Mientras se ponía un tanga negro de encaje y un sujetar a juego con las copas transparentes, me estaba volviendo a empalmar. Madre mía qué buena está. Se puso unas mallas y una camiseta, con una sudadera deportiva, se calzo una zapatillas Nike y me dijo

    -Todavía estás así? venga o me voy yo sola.

    Fui al armario y vi que me quedaban unos calzoncillos limpios, los escondí un poco, tenía que comenzar con el plan para ir a por el regalo de mi madre y que ella no viniese. Entonces cuando se giró me los puse corriendo y encima los pantalones vaqueros, mi madre no se había dado cuenta cuales me había puesto. Entonces le dije.

    -Ma, me he tenido que poner los calzoncillos sucios, no tengo más. Tengo que ir a comprar unos ya.

    -Vale hijo luego vamos y compramos ropa. No te preocupes…Dijo mi madre muy convencida.

    Bajamos a desayunar, parecíamos dos novios. Éramos una pareja de novios que se llevan unos años, pero que no llaman la atención… Mi madre estaba muy rejuvenecida y no decía nada de su cumpleaños. Yo seguí con mi plan.

    -Ma, que te parece si me voy ahora a comprar yo unos calzoncillos aquí al lado que hay una tienda? Así, tú mientras si quieres te puedes dar un baño relajante en el jacuzzi… yo no tardo nada. Luego nos vamos damos una vuelta a conocer algo y compramos algo de ropa te parece? le dije, sin darle mucho tiempo a pensarlo.

    -Bueno, como tú quieras mi amor, pero prefiero que el baño en el jacuzzi sea contigo y que me hagas algo divertido, me dijo en voz baja mientras me guiñaba un ojo.

    -No tardaré nada, no te preocupes mamita le dije con voz dulce.

    Todo estaba preparado, la veía perderse entre la gente en recepción y pensaba, que bien le sientan los años a esta mujer. Está para comérsela entera, ya me podía dejar echarle un buen polvo… Pero la verdad que estaba complicado…

    Entré en la joyería que estaba al lado del hotel, recogí el colgante y los pendientes que había dejado reservados la noche anterior.

    -Tiene usted muy buen gusto, dijo la dependienta de la joyería. Sin duda es una joya preciosa para una joven. Espero que su pareja sepa apreciarla.

    -Seguro que sí, le dije a la dependienta mientras nos despedíamos.

    Bueno una cosa ya está, ahora iré a por la ropa. Al ir hacia la tienda de ropa, vi una tienda de ropa interior, tanto de hombre como de mujer. Así que ya aproveche y entre a comprar unos calzoncillos, compre 6 pares. Entonces caí en la cuenta que también, le podía regalar algo de lencería a mi madre, así sería el regalo completo.

    -También quería, un conjunto para mí pareja, le dije a la dependienta.

    -Claro que sí caballero, me dijo ella. Traía alguna idea? preguntó.

    -No, la verdad. Aconséjame algo, le dije a la amable chica.

    -Mire, tenemos este conjunto de seda transparente de braguita tipo culote pero no se marca nada en los pantalones, con este sujetador, con transparencia sólo en los pezones. Es muy sugerente y muy cómodo.

    -De acuerdo me gusta, me lo llevaré. Le dije mientras que sacaba la tarjeta para pagar.

    Bueno, ya estaba cogiendo forma el regalo. Sólo me quedaba ir a por la ropa.

    De repente sonó mi móvil. Mierda pensé, seguro que es mi madre porque estoy tardando mucho. Pero No, era un número desconocido…

    -Si, acerté a decir intrigado por ver quién era.

    -Hola, buenos días, el señor Luis Javier?

    Madre mía seguro que es del banco, o alguien para venderme algo.

    -Sí, soy yo quien es?

    -Le llamamos del restaurante xxxx, hemos visto el correo que mandó ayer a ver si teníamos sitio para cenar. En nuestro restaurante tenemos una lista de espera de 2 meses. Pero puesto que es lunes y al medio día, se ha suspendido una reserva si usted quiere, tenemos sitio para la comida. Quiere llevar a cabo la reserva de la misma?

    Joder que educado, madre mía, creo que me iba a pagar una pasta por comer, pero por mi madre lo que sea.

    -Claro que sí, es una suerte que tengan sitio. A las 14, estamos allí.

    -No caballero, dijeron al otro lado del teléfono. Siento mucho comunicarle, que la hora sería a las 15 no a las 14. Lo siento de veras, espero no trastocar sus planes. Lo siento enormemente no poder atenderle en su horario demandado…

    Joder cuando educación, bueno en el precio cobran todas estas cosas… Pero después de tener la suerte de poder conseguir mesa de un día para otro no perdería la oportunidad por nada del mundo.

    -Ah, perfecto, no pasa nada a las 15, estaremos allí. Muchas gracias.

    Llegué a la tienda de ropa, en la que había dejado reservada la ropa. La chica muy amable me enseñó toda la ropa, que había encargado y nos aseguramos de la tallas, También saco los zapatos y me regaló unas medias de tobillo para los zapatos… Mientras que envolvía todo y lo metía en las bolsas la chica me dijo.

    -Has elegido tu la ropa?

    -Sí, le dije yo. Es el primer aniversario de boda y quiero sorprender a mi mujer, le metí.

    -Ya veo que es muy detallista, tiene mucha suerte su mujer…

    -Muchas gracias, le dije a la amable dependiera que tendría mi edad. Una cosa más, para pasar a la sección de caballero? le pregunté.

    -Acompáñame, dijo la chica yo te puedo atender. Qué es lo que buscas? me preguntó.

    -Pues unos pantalones de vestir, una camisa, una americana, algo que sea elegante pero informal. A los 10 min me había comprado unos pantalones chinos con una camisa, una americana y uno zapatos, no parecía yo.

    Salí hacía el hotel, llevaba más de una hora pero mi madre no me había llamado. Se había olvidado de mí… Al pasar por una tienda vi un bolso precios estaría muy guapa con él, además iba a juego con la ropa que le había comprado. Me estaba gastando un dineral, pero me sentía culpable, tantos años sin comprarle nada.

    Justo en la puerta del hotel había una perfumería en la cual compré un perfume. Quería tener hasta el más mínimo detalle.

    Mientras subía en el ascensor, estaba pensando en que diría mi madre tras la sorpresa…

    Abrí la puerta de la suite, y comencé a cantar el cumpleaños feliz… Mi madre estaba el jacuzzi, se asustó cuando me vio entrar…

    -Felicidades Ma, sal de ahí, y ven a abrir tus regalos. Que pensabas que me iba a olvidar? le pregunté muy contento.

    -Pero hijo, estás loco, todos esos regalos son para mi? Te mato, se habrás gastado un dineral…

    -Bueno todos no, estas dos bolsas son mías.

    -A ver a ver, que me ha regalado mi niño… y yo que pesaba que se te había vuelto a olvidar mi cumpleaños otra vez…

    Pude ver como sus ojos, se llenaban de lágrimas de la emoción. La tenía en el bote…

    -Madre mía qué pantalones tan bonitos, decía mientras abría los paquetes, y está blusa madre mía un poco atrevida pero me gusta… Bueno… que zapatos rojos, tan preciosos. A ver qué más hay por aquí. Pero chico esto si que es detalle que cazadora a juego con los zapatos, hasta unas media para ellos, no te has dejado un detalle…

    Un bolso también, buaaa que guapa voy a estar…

    Pero todavía hay más? dijo mientras abría el perfume. Que bien huele… Cuando abrió la ropa interior y vio el conjunto se sorprendió más… son de seda… jolinnn

    Dejé para el final, las joyas. Cuando se las di y las abrió, se puso a llorar como una loca…

    -No merezco tanto, dijo muy emocionada…

    -No digas tonterías Ma, te mereces esto y mucho más. Eres la mujer que ha dado la vida y tanto ha luchado por mí. Yo nunca había estado tan cerca de tí. No podía estropear este momento…

    Además deja de llorar tengo una sorpresa más…

    -No hijo, ya vale, te has gastado una fortuna en todo esto. Más sorpresas No.

    -Bueno me sentía en deuda, tras tantos años sin tener un detalle el día de tu cumpleaños así, que esto era el mínimo…

    Venga a ponerse guapos que tenemos sitio en un restaurante de 2 estrella Michelin… Dije muy contento.

    -No tengo palabras hijo, un restaurante de esos caro que está todo buenísimo dijo mi madre. Con las ganas que tenía de ir alguna vez a uno de esos.

    Mi madre se acercó a mí y me dio un beso en la boca. Largo con amor, con mucho amor y deseo.

    Nuestras lenguas jugaron un rato y entonces de la boca se mi madre saliendo unas palabras que nunca olvidaré.

    -Hijo mío, sabes una cosa? En la vida ni tu padre ni nadie ha tenido, tantos detalles conmigo. Nunca nadie se ha preocupado por mi tanto. Nunca había tenido un cumpleaños como este. Estoy segura que nunca lo olvidaré, y que tú tampoco.

    Quiero que me hagas ahora mismo el amor.

    Quiero que me hagas gozar más ayer.

    Quiero perder la cabeza.

    Sé que dije que nunca follariamos tu y yo, pero ahora mismo es lo único que quiero. Pero te voy a pedir una cosa.

    Me dejó tan helado, que no sabía que decir para nada me esperaba esto… no me lo podía creer.

    -Ma, que cosa me vas a pedir? acertó a decir mi cabeza…

    -Quiero que lo hagamos con condón. No me fío de que pueda volver a ovular y quedarme embarazada, eso sería un gran error.

    -Pero yo no tengo ningún condón aquí.

    -Pues compramos hay cientos de farmacias en Madrid

    Entonces me vino una idea a la cabeza, no quería follarme a mi madre con condón. Quería hacerlo a pelo. Nunca había follado sin condón, nunca tuve pareja estable, como para hacerlo a pelo y coger alguna enfermedad o dejarla embarazada… Fue cuando le dije a mi madre.

    -Ma, tengo una idea mejor,

    -Cual? dijo mi madre un poco sorprendida.

    -Porque no buscamos, con el seguro de salud privado que tienes un ginecólogo en Madrid, seguro que hay muchos y que te eche un vistazo? Para eso están esos seguros, así te quedas más tranquila… le dije convencido.

    Claro y así te puedo follar a pelo que es lo que quiero… Quería tener la máxima sensación al meterla por el coño que había salido 32 años antes. Quería correrme dentro… Pensé, para mí.

    -Buena idea, Dame el móvil y buscamos entre los dos, dijo mi madre muy convencida

    A los 15 min teníamos una cita a las 19 h en un ginecólogo cerca del restaurante que íbamos a comer…

    -Ahora que hacemos dijo mi madre? mientras se pegaba a mi cuerpo y me comía la boca.

    -Pues vamos a ir a darnos una duchita juntos. Nos vamos a poner guapos y vamos a ir a comer… que te parece el plan? preciosa, dije en todo romántico…

    -Me encanta, y luego después de eso vamos hacer el amor tú y yo como locos hijo mío, que me muero de ganas ya… Por ciento hijo, volvió a decir mi madre, tengo una idea antes de entrar en la ducha. Porque no pones en internet, que seguro que hay algún vídeo, y puedo ver cómo se hace una buena mamada. Quiero darte todo el placer que tú me has dado a mi.

    -Tus deseos son órdenes para mí. Ma.

    Puse en Google, » video de madura chupando polla a joven» y aparecieron más de 100 páginas que yo conocía bien. Entre en una que hay vídeos muy buenos, abrí uno que yo ya había visto en otras ocasiones. El joven se lía con una madura, está le chupa la polla hasta que se corre en su boca.

    Cuando le di al play, mi mrade dijo

    -Anda si ella es mucho más mayor que él. Parecemos tú y yo. Dijo mi madre mientras me daba un beso.

    Estaba muy atenta y no perdía detalle de cómo lo hacia la madurita, recreaba los movimientos y ponía los labios como ella…

    -Sabes hijo? preguntó mi madre

    -Que Ma.

    -A decir verdad me estoy poniendo muy cachonda viendo este vídeo contigo. Me gusta…

    Seguimos viendo el vídeo, hasta el chico se corrió en su boca…

    Entes fue cuando nos fuimos a la ducha. Entramos los dos, toque el coño de mi madre estaba bien húmedo la verdad, la bese por todo su cuerpo, chupé sus pezones, su coño. Bese su cuerpo. Comencé a meter todos los dedos por su coño. Ella me la cascaba mientras los dos ya estábamos a mil. Entonces le dije a mi madre.

    -Ma, y si lo hacemos por el culo? Con esto no te quedas preña, dije convencido.

    -Como? dijo ella.

    -Sí, que te la meta por el culo, dicen que da mucho gusto. Dije muy seguro.

    -No se… pero si quieres probamos, dijo mi madre muy dubitativa

    Unté mis dedos en jabón, y fui metiendo uno dedo en su culito para dilatarlo un poco, volví a darme más jabón para lubricarlo bien, y metí dos dedos, mi madre estaba relajada, pero esta vez no la veía disfrutar.

    Yo estaba a mil… Joder estaba a punto de darle por culo a mi madre..

    Metí el tercer dedo, ya entraba bien.

    Decidí meter la polla ya. Me iba a explotar…

    -Ma, quieres probar ya?

    -Sí, cuando quieras cariño.

    La cogí por detrás y puse mi polla en la entrada de su culo, la tenía dura a más no poder…

    Fui poco a poco, jugando y metiendo la puntita… que imagen mi madre con su culo en pompa y yo metiéndole la polla… Pero cuando tenía media polla dentro, mi madre me paró.

    -Para cariño, esto no me gusta nada, me duele mucho. Desde que has empezado con el dedo me ha empezado a doler y no me gusta lo siento dijo derrotada

    -No pasa nada Ma, para saber si una cosa te gusta hay que probarla… si no te gusta lo olvidamos… y seguimos jugando.

    Yo estaba muy cachondo quería metérsela. Seguí comiéndole el coño, cuando mi madre estaba a punto de explotar en un orgasmo, intenté meterle la polla, en su jugoso coño.

    Cuando puse mi polla en la entrada de su lubricado coño, me paro en seco.

    -Lo siento hijo por muy cachonda que estoy, ya te he dicho que a pelo no lo vamos hacer lo siento…

    -Vale perdona mamá. Le dije comprensivo

    Entonces mi madre se arrodilló en la ducha y comenzó a poner en práctica lo que había aprendido en el vídeo… Ahora sí que me gusto…

    Que bien la chupaba, está vez estaba lejos de hacerme daño, esta vez me iba a dar un gran orgasmo. Ver a mi madre de rodillas engullendo mi polla me puso a mil.

    Quise avisar a mi madre de la eminente corrida, que iba a tener.

    -Me corro mamá, me corro, quería avisarla, pero no hizo, mención de soltar mi polla hasta que unos cuantos chorros de lefa, cayeron dentro de su boca. Entonces bajo la intensidad de la mamada, pero siguió chupando mas despacio. Cuando soltó, se lo había tragado todo.

    -Ma, te lo has tragado? le dije sorprendido

    -Sabes que no me gusta, pero te he visto tan excitado que por nada del mundo quería sacar esa polla de mi boca…

    -Te quiero Má, le comí la boca y el coño hasta que explotó en un orgasmo, muy placentero por los gritos que dio…

    Nos enjabonamos, el uno al otro y disfrutamos un rato mas de nuestro cuerpos desnudos dentro del agua…

    Salimos, y mientras que mi madre se daba crema por el cuerpo y yo la miraba me dijo…

    -Hijo, me encanta disfrutar del sexo contigo. Ahora entiendo a la gente.. .como les puede gustar tanto…Te quiero mucho mucho.

    Vas hacer que nunca olvide Madrid y esta boda…

    -Yo tampoco lo voy a olvidar tan fácilmente Ma.

    Me senté, con el albornoz puesto, en una butaca que había en la habitación. Entonces le dije a mi madre.

    -Quiero ver cómo te pones la ropa, que te he regalado, no quiero perderme como te vas vistiendo.

    -Está bien, pues observa como lo hago, dijo mi madre mientras se ponía la braguitas…

    Joder que bien le sentaban, cuando se puso el sujetador, me quedé sorprendido se le veían los pezones solo, que buena estaba, estaba preciosa. Los pantalones negros le estilizaban desde los pantorrillas a los tobillos eran muy ajustados le quedaban como un guante.

    Se puso la blusa, los encajes dejaban ver todo su cuerpo menos el sujetador… Menos mal pensé sino se le hubiesen visto los pezones… se puso las medias y los zapatos, luego la cazadora…

    Esta espectacular. Me hubiese quedado todo el día observándola

    -Como está tu vieja madre? preguntó.

    -Ma, no digas tonterías, en la tienda le dije a la chica, que la ropa era para mi mujer, que hacíamos un año de casados. Me dijo que tenía muy buen gusto. Y eso que no te ha visto con la ropa puesta, si te viese ahora sí que diría que tengo buen gusto…

    Mi madre se dio un par de vueltas para que pudiera verla bien. Verla con esa ropa interior, y con esos pantalones tan apretados, hizo que mi dura polla saliera de mi albornoz… Mi madre la miraba.

    Pero en ese momento sonó, el móvil de mi madre.

    -Es tu padre, me dijo. Dime le contesto. Muchas gracias cariño, le dijo mi madre a mi padre. Pues sabes estamos en Madrid todavía, a Luisja le dio vacaciones su jefe, y nos hemos quedado unos días más en Madrid para conocerlo… le contaba mi madre muy ilusionada a mi padre.

    Charlaron un rato, mientras que yo miraba a mi madre, con ese cuerpazo y lo guapa que estaba. No había forma que se me bajase la polla, pensé en hacerme una paja, pero parecía mal, mi padre estaba al otro lado del teléfono.

    Tras unos minutos de conversación, mi madre me pasó el teléfono. Cuando me dio el teléfono hizo algo que me descolocó.

    -Toma Luisa, tu padre quiere decirte algo. Me dio el móvil.

    -Hola Pa, qué tal por ahí? donde estás? le pregunté.

    Mientras esperaba respuesta de mi padre, mi madre se puso de rodillas frente a mi, y comenzó a chuparme la polla, mientras que yo hablaba con mi padre. No me lo podía creer, que morbo me daba…

    -Luisja hijo, que tal por ahí? Dijo mi padre.

    -Bien sin novedad, por aquí estamos pasando unos días…

    Si mi padre podría ver la estampa le daría algo. Mi madre así vestida, yo desnudo sentado en un sillón y mi madre comiéndome la polla. Se moría de infarto….

    -Vale hijo, me puedes hacer un favor?

    -Síii dije, me estaba matando el gusto y el morbo…

    -Joder, que sí más efusivo, dijo mi padre. Mira luego cuando salgáis, cómprale algún detalle a tu madre. Lo que ella quiera, una joya, ropa lo que sea. Yo te hago un bizun con lo que cueste. Vale campeón? Ya que no puedo estar con ella, por lo menos quiero tener un detalle.

    -Vale Pa, corre de mi cuenta. Cuídate ya hablaremos le dije, y colgué.

    Mi madre estaba haciéndome una gran mamada, mientras que yo hablaba con mi padre, que morbo. No tardaría mucho en correrme tanto morbo…

    -Me voy a correr… Ma,

    -Hazlo en mi boquita cariño, te ha gustado como te la ha chupado mamá, mientras hablabas con el cornudo de tu padre? dijo muy segura…

    Entonces llene su boca otra vez de lefa…

    Esta vez fue al baño y lo tiro se enjuago la boca y salió a darme un beso en la boca.

    -Joder mamá que si me ha gustado? me ha encantado, con papá al otro lado me ha matado el morbo…

    -No sé, me ha dado morbo la situación a mi también, dijo mi madre muy contenta. Por fin he pagado con la misma moneda a tu padre, que él a mí… ahora somos los dos unos cornudos…

    Jaja reímos a la vez…

    -Venga arréglate dijo mi madre mientras iba al baño maquillarse.

    Me puse la ropa que había comprado por la mañana, cuando salió mi madre del baño.

    -Jolín hijo que guapo, y esa ropa? estas guapísimo…

    -La he comprado está mañana, le dije. No quería ir de cualquier manera vestido, cuando voy con una mujer tan guapa y elegante.

    Le puse a mi madre el colgante y los pendientes. Estaba preciosa… Nos dimos unos besos y nos tocamos un poco por encima de la ropa jugando…

    -Vámonos Ma, tenemos que coger un taxi para ir al restaurante…

    Así lo hicimos cogimos un taxi que nos dejó en la puerta del restaurante, faltaba 20 minutos para la hora de la comida. Tomamos un vermut, en una terraza cercana. Hacia buen día, la temperatura era ideal…

    A las 15, entramos en el restaurante… Todos los platos estaban buenísimos. Estuvimos más de dos horas comiendo.

    Sacaron 10 platos de degustación, con mucho plato y poca comida, pero todo estaba delicioso.

    Mi madre estaba disfrutando como nunca. Nos bebimos una botella de vino. Todo había sido perfecto.

    Salimos del restaurante sobre las 17:30, quedaba una hora y media hasta que iríamos al ginecólogo.

    Estaba cerca fuimos hasta la puerta, y nos sentamos en una terracita a tomar un gin-tonic.

    Estábamos muy a gusto parecíamos dos novios.

    Mi madre me decía todo el rato, lo bien que lo había pasado y lo que me quería… Me decía que era el mejor cumpleaños de su vida.

    -Vamos Ma, son las 18:55, ya puede subir yo te espero aquí…

    -No, hijo acompáñame. Si no quieres entrar en la consulta no lo hagas, pero por lo menos acompáñame arriba.

    Así lo hice, nos montamos en el ascensor y subimos al séptimo. Al séptimo cielo era donde yo quería llegar con mi madre. Pero eso sería luego.

    Al salir del ascensor, justo enfrente estaba la recepción de la consulta, tenía la puerta abierta.

    -Buenas tardes dijo la chica de recepción.

    Hola dijimos mi madre y yo.

    -Es usted Pilar no? le preguntó a mi madre.

    -Si, le respondió mi madre.

    -Tengo que rellenar la ficha. Necesito su nombre completo, edad y si tiene alergias. Dijo la joven.

    -Mi nombre, Pilar García López, no soy alérgica a nada y tengo 54 años.

    Cuando mi madre dijo 54 años la chica de la recepción levantó la cabeza del ordenador como un rayo. Entonces la miró de arriba a abajo… y le dijo.

    -De verdad que tiene usted 54 años? No los aparenta para nada. Yo hubiese dicho que tendría 45 por ahí, no más. Está usted muy bien para su edad. Dijo la amble chica.

    -Muchas gracias, le dijo mi madre muy contenta.

    Nos pasaron a la sala de espera. A los 5 min, la llamaron.

    -Pilar dijo la enfermera. Pase.

    Mi madre me dio el bolso, y fue hacia ella. Entonces fue cuando dijo la enfermera.

    -Su pareja también puede pasar.

    -Ja ja sonrió mi madre, no es mi pareja es mi hijo. Y no creo que quiera pasar…

    -No, no yo espero aquí le dije a la joven

    -Lo siento, se disculpó la enfermera, pero la he visto tan joven que pensaba que era su novio-marido… lo siento… Perdóneme.

    -No pasa nada dijo mi madre, es todo un alago que me vea tan joven, y cerró la puerta…

    Tras más de 15 minutos de espera que a mí se me hicieron eternos, salió mi madre. Estaba nervioso, no sé porque pero lo estaba…

    Mi madre salió y nos dirigimos a firmar en recepción.

    -Muchas gracias por todo dijo mi madre,

    -Gracias a usted, hasta cuándo quiera volver le dijo la joven de recepción.

    Esperamos el ascensor bajo la mirada de la joven de la recepción, se me hizo eterno el tiempo que tardo el ascensor…

    Cuando llegó y cerré la puerta, le pregunté a mi madre muy intrigado.

    -Que te ha dicho? Ma

    Entonces mi madre me miró, y por primera vez, desde que estábamos así, me cogió la polla encima de los pantalones y me dijo…

    -Que está pollita de mi hijo, se puede correr las veces que quiera en el coño de su madre que no la va a dejar preñada… así que vamos para el hotel que esto hay que celébralo…

    Nos fundimos en un beso con lengua apasionado, hasta que el ascensor aviso que habíamos llegado a la plata 0.

    Ya de camino al hotel mi madre me explico que lo de la mucosa, era normal y más cuando vuelves a hacer el amor después de la menopausia, que cuando llevas mucho tiempo sin hacerlo y luego vuelves a lubricar que es una cosa normal.

    Que de lo la regla que me olvidé, una vez que se va es para siempre. Que a un 15% de las mujeres cuando llega la menopausia, se ponen muy cachondas, les entran ganas de follar… y mi madre era una de esas del 15%. Que además se moría de ganas porque me la follara…

    De camino al hotel, fuimos paseando, nos apetecía dar un paseíto y no teníamos ninguna prisa. Le dije a mi madre que papá, me había pedido que le comprase algo, por su cumpleaños. Lo que ella quisiera entonces le dije.

    -Ma, que quieres para el regalo de papá?

    -No sé, hijo creo que tengo una idea.

    Porque no compramos un bonito conjunto de lencería para esta noche?

    A ti te gustan mucho y mí, me pone muy cachonda verte tan excitado. Así cuando hagamos el amor por primera vez, y me veas con el modelito que tú padre va a pagar, disfrutaremos más con el morbo de la situación.

    -Me parece una muy buena idea.

    Pasamos por una tienda muy grande de lencería, había de todo. Yo podría vivir aquí… Me encanta este sitio. Al poco de entrar por la puerta vino una dependienta de la edad de mi madre, está no me llamó mucho la atención la verdad…

    -En que puedo ayudarles?, dijo la señora.

    Lo más rápido que pude le contesté a la señora. No quería estar presente cuando mi madre, se comprarse el modelito. Yo lo que quería es que me diera una sorpresa y se dejará aconsejar de la dependienta..-

    -Sabe esto para mí, es muy bochornoso le dije a la señora. Es el cumpleaños de mi madre no somos de aquí, y mi padre me ha pedido que acompañe a mi madre a darse un capricho y que yo lo pagase. Y mi santa madre me ha traído aquí. Yo me muero de vergüenza..- Acerté a decir haciendo el ofendido…

    Mi madre, pillo el juego a la primera y vio por donde quería ir. Así que siguió el juego y le dijo a la dependienta.

    -Estos jóvenes, muy modernos y luego les da vergüenza venir con su madre a comprar lencería… Que le da vergüenza dijo muy risueña mi madre.

    -Tiene usted toda la razón, le dijo la dependienta, a mi con mi hijo me pasa igual, todo le da vergüenza. Me ve desnuda le da vergüenza, me ve en la ducha le da vergüenza… Que jóvenes más raro… Pues espera a tu madre en la puerta y te avisamos para pagar. Dijo la dependienta, mientras metía a mi madre al interior de la tienda.

    Buf, estaba como una moto, mi polla iba a reventar otra vez, solo pensar que en una hora estaría con mi madre, con un conjunto provocativo de lencería y apunto de follarmela… Casi me corría encima. Quería ir al hotel y follarmela ya…

    Tardaron 20 minutos o así, venían con tres bolsas riendo las dos.

    -Pasa joven a pagar. Dijo, la risueña dependienta

    No sé qué había comprado pero pague 180€ madre mía… Mientras que esperaba le había mandado un whatsapp a mi padre y le había dicho que le había comprado a mamá, un juego de colgante y unos pendientes, y que la deuda ascendía a 250€. Me dio el ok y a los 10 minutos tenía ya el dinero en mi cuenta. Así cuando volviera a casa y viera el colgante y los pendientes pensaría que ese era el regalo, aunque en realidad el regalo era, el bonito conjunto de lencería. Pagué la factura y nos despedimos… Cuando nos habíamos alejado de la tienda mi madre me contó.

    -Me ha gustado la idea que has tenido, así te sorprendo ya verás… Te va a encantar.

    Sabes, cuando te has salido para afuera la chica, me ha preguntado la edad. Le he dicho que cumplía 54, y me ha dicho que ella también tenía 54. Que al entrar nos había confundido con una pareja de novios, y que estaba muy bien conservada para la edad que tengo… También me ha contado que el modelito que he comprado, ella lo compró igual para su amante, que tiene 30 años menos y que lo pasan de miedo follando juntos. Que llevan dos años liados y que se encuentra como cuando tenía 20 años.

    Que el marido nada ya, así que un día decidió buscarse un amante y a darle duro. Que está viendo su segunda juventud…

    -joder, con la madurita le dije a mi madre como se las gatas. Los dos reímos.

    Llegamos al hotel y subimos a la habitación.

    Mi madre ya no podía esperar más. Yo tampoco.

    -Espérame en la cama o en el sofá dónde quieras ahora salgo dijo, mientras se encerraba en el baño.

    A los 10 minutos más o menos, a mí me parecieron 2 horas, se abrió la puerta del baño y salió mi madre. Con un modelito que a poco me explota la polla al verlo, Me puse a mil. Nunca recuerdo estar tan excitado…

    Estaba para comérsela, tenía puesto un body de cuerpo entero, totalmente transparente negro de seda, que dejaba sus tetas al aire y con una apertura en su coño para no tener que quitárselo. También llevaba unas medias con fantasías con su liguero a la cintura y unos zapatos de charol negros de 10 cm de tacón de aguja… Madre mía qué buena estaba. Su depilado coño se transparentaba, se veían esos labios carnosos que tenía. No podía más.

    Me hizo una especie de baile, mientras que yo no le quitaba ojo de encima… Necesitaba correrme antes de follármela, sino con lo excitado que estaba me correría nada más metérsela y no quería eso para nada…

    Mi madre se acercó a mí y me quito la camisa, comenzó a chuparme los pezones, mientras tocaba mi polla sobre mi pantalón. Esta mujer estaba desatada… Me quitó los zapatos y el pantalón, tiro de mis calzoncillos y salió como un resorte mi dura polla. La cogió y empezó a jugar con ella. Se la metió a la boca y me la chupo, muy bien, subía bajaba, se la tragaba entrará, me chupaba los huevos, pasaba su lengua por toda mi polla, me iba a correr. Entonces le dije a mi madre…

    -Ma, chupámela hasta que me corra, estoy muy cancho y si follamos así, nada más metértela me correré. Y no quiero que esos suceda.

    Mi madre no dijo nada, siguió con la manada hasta que le avisé que me corría… Siguió más suave y se tragó toda mi leche…

    -Vamos hijo, ahora te toca a ti… dijo muy excitada mi madre.

    La tumbe en la cama y comencé a besar todo su cuerpo despacito, desde el cuello hasta los pies. Seguí rozando su cuerpo con mis dedos, el bello se le erizo, estaba cachonda.

    A mi tras la buena mamada de mi madre no se me había bajado nada está listo para metérsela, pero esta vez no estaba tan cachondo.

    Seguí besando a mi madre en la boca y baje hasta su coño. La abertura del body me dejaba comerle el coño, sin quitarle la ropa. Se lo comí, jugué un rato con su clítoris, metí mi dedo en su húmedo coño, y pude ver que esta vez si que estaba lubricado.

    Estaba muy muy mojada. Estaba a mil mi mamá. Seguí jugando un poco más hasta que me madre me dijo.

    -Quieres follarme ya de una vez? no aguanto más, deja de ponerme más cachonda y métemela joder… dijo entre excitada y enfadada.

    -Voy Ma, no te impacientes, disfruta del momento.

    Entonces la puse a cuatro patas, no quería follarmela, en la postura del misionero. Quería que disfrutase, y que no se parecería a las otras veces que lo había hecho con mi padre.

    Ante mí apareció eso carnoso coño y si culo madre mía qué buena estaba, chupe su coño y su culo antes de meterle la polla, salían jugos a borbotones que lubricada estaba.

    Cogí mi polla y la puse en la entrada del coño por el cual había salido 32 años antes.

    Cuando mi capullo tocó su caliente coño me encantó, estaba caliente… Fui poco a poco metiendo mi polla, cuando había metido media polla, la saqué, y volví a meterla otra vez, entraba sola. Se la metí de golpe entera hasta que mis huevos hicieron tope con su coño… Mi madre pegó un chillido de placer…

    -Siii joder qué gusto, me muero… métela más vamos joder vamos…

    Comencé con un mete saca despacito y fui subido la intensidad, nunca había follado a pelo y era una sensación muy placentera, nada que ver q follar con condón. Seguí y agarre a mi madre por la tetas, mientras que el ritmo era rápido…

    -No pares mi amor no pares, qué gusto buaaa si sí sí, dame más más que gusto, gritaba mi madre.

    Mi madre estaba enloqueciendo no hay que decir que estaba disfrutando, gemía como una loca. Tuve que taparle con mi mano un poco la boca sino se enteraría todo el hotel… seguí un poco más, pero tanto morbo junto, el estar follandome a mi madre, con la lencería que había pagado mi padre, follarmela a pelo que nunca había follado así, me estaba pasando factura. Me iba a correr de un momento a otro…

    -Ma, me voy a correr joder que gusto, no aguanto más joder… mamá como te mueves…

    -síii hijo, sii córrete dentro quiero sentir tu caliente leche dentro de mi, yo ya he gozado bastante, me he corrido cuatro o cinco veces la verdad que he perdido la cuenta…

    Entonces un pinchazo me dio en los huevos y llene el coño de mi madre de lefa. No paraban de salir chorretones de lefa de mi polla, baje la intensidad pero no paraba de correrme… Cuando la saqué del coño de mi madre caía mi lefa por todos los lados…

    -Buff qué gusto dijo mi madre… me ha gustado muchísimo más que nada. Que gusto da follar contigo. No con el cornudo de tu padre que nunca me ha dado ni un poquito del gusto, que tú me has dado.

    -A mi también me ha gustado mucho mamá, el follarte a pelo ha sido lo más… Te quiero…

    Caímos rendidos en la cama pero a los dos minutos, nos fundimos en besos y…

    Continuará…

  • Vacaciones increíbles y muy bien acompañada (Parte 1)

    Vacaciones increíbles y muy bien acompañada (Parte 1)

    Recién regreso de vacaciones del trabajo. Fueron planeadas por mucho tiempo, pero no se habían dado por los problemas sanitarios que todos conocemos. Mi sitio preferido como todos saben, son las playas. Y ésta es otra ocasión que fui a una de ellas, localizada en una linda Isla Caribeña, cuyos habitantes son muy agradables y excelentes anfitriones.

    Durante algún tiempo había ya contactado con un chico… bueno no tan chico, que me resultaba muy agradable en nuestras conversaciones virtuales. En realidad fueron aproximadamente dos meses antes de ir y encontrarnos. Habíamos acordado reunirnos el día de mi llegada en el aeropuerto. Al vernos, conectamos de inmediato. No era muy alto, cuerpo bastante proporcionado, mirada profunda y muy penetrante y otras cualidades adicionales. Nos abrazamos y besamos como amigos antes de dirigirnos al transfer contratado para llevarnos al resort, mismo que era increíblemente grande y lujoso. La reserva la había hecho yo, por lo que rápidamente nos condujeron a la habitación. Amplia, moderna, bien decorada y con piscina al salir de ella donde había dos camastrones dentro de la piscina y en un deck, dos sillas cómodas y una mesa. Cama King size, bar en la habitación y jaccussi. Qué más se podía pedir?

    Desempacamos nuestras maletas y conversamos por un rato para conocernos un poco más ya personalmente. Poco tiempo después, tomamos una cerveza del frigorífico para seguir charlando hasta que le dije que necesitaba tomar una ducha. En realidad había salido de mi apartamento desde las 3 de la madrugada por el horario de vuelos que tenía. Realmente me sentía cansada y la necesitaba. Sin ropa como estaba dentro de la ducha, abre la puerta de la misma Joel, así se llama, totalmente desnudo y me acompaña dentro. Fue entonces que el verdadero sentido de mi vacación empezaba. Si bien su verga no era descomunalmente grande como tienen fama ellos, si lo era de un buen tamaño y bastante gruesa. Al suceder aquello, ambos nos miramos fijamente y nos acercamos uno al otro hasta encontrarnos muy pegados. Besos y caricias no se hicieron esperar. Mi conchita iba perfectamente depilada y mis pezones inmediatamente se endurecieron, invitando así a ser chupados y besados. Su mano encontró mi entrepierna muy fácil y rápidamente mientras su boca se deleitaba con las tetas. Por mi parte, empecé a masajear su verga, descubriendo y tapando su oscura cabeza. Sin más, me arrodillé y la empecé a chupar y lamer. La profundidad de mi boca no permitía meterla completa por lo que opté por lamerla a lo largo, chuparla hasta donde mi boca lo permitía y mis manos y dedos acariciaban delicadamente sus pelotas.

    Al estar su verga muy dura y grande, cerró la llave del agua de la ducha, nos secamos un poco con una toalla y nos acostamos en la cama dejando abajo toallas para no humedecer la cubierta de la misma. Al estar yo acostada boca arriba, lo primero que buscó fue mi conchita, la que acarició, besó y chupó hasta que alcancé mi primer orgasmo en su boca. Sucedido esto, puso su verga en mi boca para que la chupara de nuevo. Así lo hice y me deleité nuevamente jugando con aquel instrumento, hasta que decidió penetrarme lento y cuidadoso. Aquello que sentía era tan maravilloso, que me obligaba a tener movimientos bruscos y gemidos muy profundos demostrando el placer que estaba recibiendo. Joel por su parte, tenía su mirada perdida y sus gemidos también eran profundos. Nos dimos vuelta quedando yo sobre él sentada en su verga. Lo empecé a cabalgar fuerte y duramente. Yo ya había alcanzado dos o tres orgasmos, hasta que en medio de un bufido, terminó dentro de mi. Le busqué su rostro para besarlo en la boca muy profundamente, y permanecimos así algunos minutos hasta que sentí cómo su verga ya achicada, salía de mis interiores.

    Hasta aquí la primera parte de éstas vacaciones increíbles. Fueron siete días en los que llegué hasta a invitar a Joel a que venga a mi País para estar de nuevo con él. Veremos qué pasa.

    Hasta la siguiente… la parte 2.

  • En el apartamento de la asistente venezolana

    En el apartamento de la asistente venezolana

    Luego de un inicio de tarde tan inesperadamente sexual, seguimos trabajando con Corina en los reportes. Realmente me sorprendía su habilidad para el trabajo y la pulcritud con la que presentaba los resultados. Una pena todo el capital humano que ha tenido que huir de Venezuela y se tiene que mal emplear en mi país y seguro otros. Durante el trabajo no volvimos a hablar del sexo post almuerzo que habíamos tenido. Un par de veces fue al baño, pero me percaté que cerró muy bien la puerta.

    Hacia las 6 pm nos informaron que ese día habría fumigación de las oficinas y que podríamos quedarnos máximo hasta las 6.45 pm. A pesar que nos esforzamos, el tiempo quedó corto y nos faltarían al menos dos horas para terminar el trabajo. Le dije si podíamos ir al De Marco o al Romana, dos cafeterías cercanas que me encantan. Ella me dijo que no, que su esposo se molestaría y que, si yo aceptaría ir a su apartamento, que quedaba también a pocas cuadras, en pleno centro de Trujillo. Le dije que de mi parte no había problema.

    Cerramos todo a las 6.45 y con ambas laptops fuimos a su apartamento. Era muy pequeño, en un pequeño edificio antiguo. Una sala comedor cocina, todo junto, un pequeño cuarto con un camarote para sus dos hijas, otro pequeño con un colchón en el suelo donde dormía ella y su esposo y un mini baño, todo separado por cortinas, no por puertas. Su esposo se alegró al verla y me pidió disculpas por el desorden, le dije que tranqui, que mi casa era igual o peor incluso.

    Intentamos avanzar, pero las niñas saltaban, gritaban, correteaban. Era imposible. Con una mirada, de esas que sólo las parejas entienden, Corina le dio a entender a su esposo que saque a pasear a las niñas. Él dijo que las llevaría al parque. Les pregunté porque mejor no las llevaba al cine. Ambos se miraron con desazón y entendí que el cine estaba fuera de su presupuesto. Sin titubear, abrí la billetera y le di a Corina 100 soles, para que su esposo lleve a sus hijas al cine, que también estaba cerca. Ella me dijo que no podía aceptarlo. Le insistí y le dije que no era dinero mío, sino de los viáticos que me asignaban por el viaje, así que no era problema para mí. Se miró con su esposo y aceptaron.

    Las niñas no entendían que era cine. Seguro nunca habían ido. Pero el esposo estaba más feliz que un niño en Disney. Se acicaló, las alistó y salieron. Ni bien cerró la puerta, Corina se me acercó y me dio un tierno beso, no me lo esperaba, me desarmó. Me besó luego las mejillas, la nariz, la frente. Y, cuando, por la ventana pudimos ver que su esposo se alejaba con las niñas, me cogió de la mano y me llevó a su habitación.

    Me pidió con ternura que me acueste sobre el colchón, encima del piso. Me desabrochó el pantalón, me lo sacó, me sacó el calzoncillo y empezó una mamada que me llevó al cielo. Mientras la hacía, me saqué la camisa y la ayudé a desnudarse completamente. Sentí sus labios y su lengua recorrer mi verga entera, mis bolas, mi entrepierna, mi vientre. En algún momento no pude resistir más y la cogí por el culo y la puse sobre mí, en un perfecto 69.

    Ni bien introduje mi lengua en su ya jugoso coño, sentí el sabor de sus orines, de mi semen, de sus flujos, me puse a mil. Sentí como ella empezaba a gemir y seguí haciendo lo que más me gusta hacer. Pasé a su culo y cuando empecé a lamérselo ella se olvidó de mi verga y se concentró en su propio placer. Se sentó sobre mi rostro y comenzó a moverse rítmicamente, poniendo en mis labios su jugosa vagina y su culo dilatado.

    Comenzó a decir “ingeniero, ingeniero” eso me excitaba más y mientras me concentré, con mi lengua y labios en su húmeda vagina, le introduje dos dedos de golpe en el culo, en pocos segundos llegó, humedeciéndome el rostro con su increíble corrida.

    Se levantó y se acostó de costado en la cama. Mirando hacia el lado que yo no estaba. Me acurruqué detrás de ella y comencé a acariciar tiernamente su espalda. Supongo la descarga y mis caricias la abrieron sentimentalmente para mí. Me narró en pocos minutos su vida en Maracaibo, como su esposo había quedado sin empleo. Como ella a pesar de trabajar ganaba una miseria que no les permitía dar de comer bien a sus hijas. Como habían vendido sus cosas, dejado el apartamento en alquiler y emprendido el viaje a Trujillo, donde tenían un contacto en un albergue para venezolanos migrantes.

    Ella tuvo suerte y en menos de dos semanas consiguió el empleo en la ONG. Le empezaron pagando poco más de un sueldo mínimo (una miseria en Perú), pero a los tres meses, sin que ella les pidiera se lo duplicaron. Con ello habían podido alquilar el mini apartamento donde vivían y comprar las pocas cosas que tenían. Me contó que su esposo no podía conseguir empleo y se dedicaba a las niñas y la cocina. Que el estrés lo había vuelto impotente y que lo único que tenían era un vibrador (me lo dijo entre risas) que lo usaba ella a solas en el baño, pues él se resistía a darle placer con él.

    Cuando mencionó el vibrador, me calenté y mis caricias fueron bajando de su espalda a sus nalgas. Sentí como su respiración se aceleraba y comencé a acariciarle el culo. La puse boca abajo y comencé a lamerle el culo y mientras lo hacía, la interrogaba.

    – Te gusta Corina

    – Si ingeniero me encanta, me encanta.

    – Te gusta que te coja en tu cama

    – Si, ingeniero me gusta

    – Que eres Corina

    – Soy una mujer infiel en su cama

    Cuando mencionó que era una “mujer infiel” me movió el morbo y sin preámbulos, le introduje dos dedos en el coño y dos en el culo, mientras mi lengua alternaba ambos lados. Sentirse cogida por ambos lados la calentó muchísimo y sin que yo dijera una palabra más comenzó a gemir y balbucear “soy una infiel, soy una perra, soy una zorra, soy una mujer fácil” y llegó muy rápidamente. Íbamos dos a cero.

    Se quedó tendida en la cama, boca abajo. Con una respiración agitada, que poco a poco empezó a normalizarse. Estuvimos sin hablar unos minutos, yo sólo besando su espalda y cuello. De pronto me dijo que iría al baño y decidí acompañarla. Le pregunté en la puerta (cortina para ser exacto) del baño que haría y me dijo que orinar. Le dije que orine encima de mí. Ella me miró con una cierta sorpresa, pero le gané la iniciativa, me senté sobre el inodoro, le pedí que se siente sobre mí, mirándome y que mee.

    Me obedeció y mientras me besaba, sentí como sus orines caían sobre mi vientre bajo y mi verga, nos excitamos ambos. Ni bien terminó de orinar, la penetré sintiendo su muy húmeda vagina y nos cogimos como perros por unos minutos, sobre el inodoro. Sin que se lo pida, se levantó y se puso de espaldas a mi diciéndome “ingeniero, cójame por el culo”. Sin dilaciones la penetré y en un par de minutos, escuchándola decir “soy una perra infiel, soy una zorra, engaño a mi marido en mi casa”, llegamos juntos. Se levantó, me besó y volvimos al colchón sobre el suelo.

    En ese momento yo ya estaba rendido y simplemente la abracé y retozamos un rato. Tras unos minutos le pregunté por su vibrador. Ella se paró y lo saco de una caja donde lo tenían guardado. Era un vibrador de los baratos, textura simple y quizás de unos 20 cm., no enorme, pero suficiente. Me lo dio y lo encendí, se lo introduje en su vagina y jugueteamos un rato con él.

    Pronto nos calentamos ambos. La acomodé boca abajo, con una almohada bajo su vientre, con el vibrador en su vagina, que ella podía controlar con sus manos. La almohada levantaba su culo y mientras ella usaba el vibrador, yo le daba por el culo.

    – ¿Te gusta Corina? ¿comerte dos vergas?

    – Si ingeniero, dos vergas, quiero dos hombres, quiero dos machos, quiero ser una puta

    Tener el vibrador en el coño y mi verga en el culo la puso absolutamente loca. Comenzó a repetir que era una “puta con dos hombres”, llegó una vez, volvió a llegar repitiendo que quería “dos hombres” y en la tercera llegamos juntos.

    Le saqué el vibrador, ella temblaba, me miraba con una jovencita recién descubriendo el sexo. Me abrazó, me besó, me dijo que me amaba (a pesar de ser nuestro primer día). Me di cuenta de la hora y eran casi las 10 pm. Su esposo ya estaba al regresar con sus hijas. Me lave un poco sus orines sobre mi cuerpo. Cogí la laptop. La besé intensamente y antes que me fuera ella me preguntó por el trabajo. Le respondí que lo terminaría solo, que daría por ciertos sus informes y prepararía los reportes de supervisión.

    Caminé al hotel (es lo que me gusta de los centros históricos). Cogí unas pringles de la refri, un par de cervezas y terminé los reportes.

  • Descubriendo nuevos placeres

    Descubriendo nuevos placeres

    Bueno para comenzar me presento, me llamo Luis y al momento de pasar lo que les voy a contar tenía 26 años y soy de lima, Perú. Físicamente mido 1.75 y peso 92 kg esto debido a mi fascinación por levantar pesas y la buena comida, tengo piernas gruesas, un culo redondo y estoy muy satisfecho con mis humildes 15 cm de verga.

    Entrando un poco en contexto les cuento que siempre he sido una persona muy sexual, desde muy pequeño me fascinaba ver cuerpos desnudos y me llamaba mucho la atención porque se me ponía duro el pene al hacerlo, al entrar a la pubertad comencé a masturbarme con regularidad casi siempre viendo porno, cabe resaltar que siempre vi porno hetero, hasta ese momento no me había llamado la atención el porno gay o transexual, no por nada específico, solo no era lo mío.

    Al llegar a mis 20s seguía masturbándome con regularidad a pesar de ya haber tenido varias relaciones sexuales con novias o alguna que otra amiga, en esta edad me llamó más la atención el porno con shemales o transexuales, me gustaba ver como se las cogían y como su verga rebotaba con las embestidas de sus compañeros de escena y en más de una ocasión me masturbe llegando a venirme con mucha fuerza al ver las escenas en las que la shemale se cogía al hombre, esto despertó el morbo en vi y en varias ocasiones extendía mis duchas intentando meter 1 o más dedos en mi culo, grande fue mi sorpresa al descubrir que no era para nada desagradable como siempre pensé, es más me empezó a gustar cada vez más y más, sobre todo al descubrir que mis orgasmos eran mucho más fuertes e intensos cada vez que tenía un dedo en el culo.

    A partir de ese momento seguí teniendo relaciones con cualquier chica con la que se me presentara la oportunidad, y en privado seguí masturbándome de forma regular y una que otra vez usando mi culo como parte del estímulo, siempre intente meterme cosas más grandes por ahí pero por temer a que me iba a doler demasiado no lo hice, lo máximo que me llegué a meter fue el mango de un cepillo para cabello al que agarre mucho cariño y mantuve conmigo mucho tiempo a pesar de que ya no servía para su propósito original, bueno suficiente contexto comienzo con el relato.

    Ese día comenzó como cualquier otro día de verano, me desperté muy temprano para poder hacer un poco de ejercicio antes de comenzar mi día, tomé una ducha fría y baje a tomar desayuno en la cocina me encontré con mi hermana Kiara y su novia Leslie, ellas vivían conmigo y con mis papas desde hace 4 años cuando formalizaron su relación y los padres de Leslie no lo aceptaron por lo que la echaron de su casa, mis padres también son conservadores pero supieron entender mejor la relación, Kiara y Leslie estaban de aniversario y por eso salían de viaje esa misma mañana rumbo a cuzco, tome desayuno con ellas y mis papas para luego despedirnos y desearles buen viaje, el resto de la mañana transcurría con normalidad, por la pandemia que tenemos encima yo trabajo desde casa así que me la pase metido en el trabajo toda la mañana hasta que aproximadamente al medio día recibí una llamada de Kiara me decía que habían llegado bien a su destino y que ya se encontraban alojadas en su hotel, lo siguiente que escuché fue Leslie que le reclamaba por no encontrar algo pero no entendía que, resulta que al desempacar se dieron cuenta que su dildo favorito, un consolador de 20 centímetros de silicona con venas y de color azul no aparecía por ningún lado, Kiara me pidió que vaya inmediatamente a su habitación y busque en su ropero… pero no lo encontré, al momento en que le dije esto se escuchó como se tomaba la cabeza y me dijo muy apresurada.

    – Ve corriendo y busca dentro de una bolsa blanca dentro de la ropa sucia, antes que mi mamá la encuentre.

    Le hice caso y fui inmediatamente, tal cual me dijo ahí estaba dentro de la bolsa blanca, me dije que hubiera nadie cerca lo recogí y escondí bajo mi camisa para después salir prácticamente corriendo hacia mi habitación, al llegar lo escondí bajo el colchón de mi cama.

    Luego de tener este «artículo» por así decirlo conmigo llame a Kiara y le dije que pierda cuidado que yo lo guardaría y que disfrute su viaje, bueno que disfrute como pueda.

    El resto del día paso sin ningún otro incidente digno de comentar, casi toda la tarde la pase frente a la pc realizando actividades laborales al terminar cene temprano y me puse a ver una serie en Netflix, en esta serie paso una escena erótica entre un hombre mayor y una joven de unos 20 años lo cual me dejó muy prendido, al avanzar la noche decidí hacerme una paja como regularmente hacia así que puse seguro a mi puerta y busque una buena peli porno, esta vez escogí una en la que aparecía una joven latina que se había vuelto una de mis actrices favoritas, la película comenzaba con la típica escena de la amiga de la hija que ella a buscarla pero solo encuentra al papá, para que entrar en detalles todos sabemos como comienzan estas películas, la mejor parte vino en el momento en la que esta chica es cogida por el culo muy fuertemente, yo estaba con la verga a punto de explotar pero como quería disfrutar corriéndome decidí para de tocarme para aumentar el placer, sin darme cuenta la película terminó y yo me quedé con ganas de mas, rápidamente busque una pero esta vez busque «teen shemale» y escogí la primera que me apareció donde una chica trans muy blanca era follada desde el principio por un negro con una verga gigante, al ver estas imágenes ya no pude aguantar más me levante de la silla en la que estaba sentado, puse una pierna sobre la misma y empecé a frotar mi ano con un dedo ensalibado, al momento mi dedo entraba y salía y yo me aventure a meter otro, ya tenía dos dedos adentro y se me hacía muy difícil controlar mis jadeos ya que temía que mis padres puedan oírme, seguí así un buen rato, ya había dejado de tocarme el pene y solo me concentraba en mi culo el cual me pedía a gritos sentir más placer, sin demorarme cogí mi confiable cepillo de cabello me lo metí en la boca para lubricarlo con saliva y rápidamente me lo metí en el culo muy lentamente y de a pocos para disfrutar esos 14 centímetros que me estaban volviendo loco, me lo metí completo y sentía como mi culo latía alrededor de ese mango de madera, lo saqué lentamente así como entro, lo ensalivé un poco más y lo volví a meter en mi culo, esta vez más rápido para comenzar un mete y saca delicioso, cada cierto tiempo tocaba mi pene el cual estaba mojando el piso por todo el líquido preseminal que estaba escurriendo de él y al darme cuenta de esto lo use como lubricante para hacer más cómoda esta paja que estaba siendo la mejor de mi vida y que yo no sabía se pondría incluso mejor.

    No me había dado cuenta pero la película ya había terminado hace varios minutos y pare mi labor unos segundos para seleccionar cualquier otro video, a esta altura no me importaba cual, en un momento me di cuenta que había seleccionado un video en la que un hombre fornido y con un cuerpo hermoso saltaba alegremente sobre la verga de otro hombre igual de musculoso, ambos con una verga considerable, y el video aumentó aún más mi excitación, cogí una almohada de mi cama la doble por la mitad y la puse sobre la silla, le coloque una toalla encima y acomode el cepillo con el mango hacia arriba, una vez listo esto procedí a sentarme lentamente, y Dios mío a los segundos ya me encontraba rebotando al mismo ritmo del hombre de aquel video, estaba en la gloria pero mi culo pedía más.

    En un momento sentí que mi cuerpo se movió por si solo, la excitación había dominado mis actos, me levante de la silla aun con el cepillo en el culo, levante mi colchón saque aquel consolado enorme, en ese momento me di cuenta de lo que iba a hacer y sin importarme el dolor me lo metí en la boca lo ensalivé lo mejor que pude, me quite el cepillo del culo y traté de meterme ese hermoso juguete de silicona por el mi ano que ya lo estaba deseando con ansias, pero por mas que intente solo entraba un poco la punta y nada mas, al parecer mi salía no era suficiente para lubricar ese tremendo pedazo de verga, fui rápido a mi velador tome un condón y una bolsita de lubricante, era la primera vez que iba a usar lubricante para meteré algo por el ano, mientras preparaba todo esto me volví a meter el cepillo por el culo y puse nuevamente el video desde el principio, una vez colocado el condón sobre la verga de silicona pase a lubricar mi ano con un poco de lubricante y el resto lo esparcí sobre todo el juguete que me iba a comer por el culo, estaba impaciente, lo coloque sobre la almohada en la silla e intente sentarme para meterme lo, lo intente varias veces y por mas que presionaba no me terminaba de entrar, adicional de eso empecé a sentir algo de dolor por el nuevo inquilino en mi culo, pero mi excitación era demasiada en un último intento me levante, lo escupí desde mi posición y rápidamente me senté sobre él, al instante sentí como mi culo se abría lo que nunca se había abierto, sentí como ese delicioso pene de goma de abrió paso por mi ano que lo recibió gustoso, me lo metí de golpe hasta la mitad y lo que sentí fue indescriptible, nuca había sentido algo pareció pero por lo violento del suceso sentí dolor por lo que instintivamente me levante de golpe, toce mi ano incrédulo de lo que acababa de hacer para después escupir en la palma de mi mano lubricar mi ano un poco más y nuevamente sentarme sobre ese juguete que me había vuelto loco, esta vez dejé que entrará suavemente y sentía con cada centímetro que avanzaba como mis piernas temblaban recibiendo a este nuevo amigo, no sé bien cuanto tiempo pase así, recorriendo lentamente de arriba abajo los 20 centímetros de ese consolador, hasta que comencé lo que se puede describir como un galopeo, me convertí en jinete y con cada salto me volvía cada vez más loco de placer hasta que ya no aguante mas y con dos toques en mi verga me vine de la forma más fuerte en la que me he corrido en mi vida, eyacule como un loco mientras sentía como mi ano se contraía alrededor de esa verga de silicona y parecía querer succionar y que se quede adentro para siempre, yo estaba en el clímax y sentía que en cualquier momento me iba a desmayar.

    Luego de varios segundos en el cielo, sentí que mi cuerpo respondía nuevamente, al pararme de la silla sentí como salió de mi esta verga que me había vuelto loco de placer, tenía el cuerpo totalmente sudado tome una toalla de mi ropero y me fui a dar una ducha, mientras me duchaba me quedé pensando en lo que acababa de hacer y lo mucho que había disfrutado el momento, por mi cabeza pasaban muchas cosas pero en lo que más pensaba era en cuantas veces más iba a disfrutar este nuevo amigo mientas Kiara estaba de viaje.

    Gracias por leer hasta el final, este es el primer relato que escribo, todo el contenido es basado en experiencias propias, si tienen algún comentario no duden en hacérmelo llegar al correo [email protected] estaré gustoso de leerlos y recibir cualquier crítica de mejora, me despido hasta la siguiente oportunidad, saludos.

  • El reencuentro de Silvia (Parte 1)

    El reencuentro de Silvia (Parte 1)

    En una medianoche de soledad, le mandé un email a Silvia para decirle que estaba escribiendo sobre las aventuras de nuestro corto, pero intenso amorío. Le pedí no permiso para relatar nuestro romance, sino para mantener su nombre en el cuento. No esperaba que me contestara y se lo deje a ella si quería saber más sobre este proyecto. Pasó más de un mes para saber su respuesta. Le entró la curiosidad sobre lo que había escrito. Yo curioso de saber sobre su vida en estos 5 años sin verla. Antes de mandarle uno de los 4 relatos ya publicados, quise saber de su vida y después de unos minutos de chatear por el Messenger, resultó que se casó un par de años atrás con alguien mucho mayor y según ella, estaba feliz (¿Pero por qué la curiosidad sobre mis relatos eróticos?).

    En ese momento, las cosas con Mirna se enfriaron. Ya no visitaba seguido su trabajo y ella parecía estar con un gringo, su compañero de trabajo. Quizás quería ponerme celoso o hacerse la difícil. No le di importancia, me excitaba que ella viniera a buscarme y no viceversa. Mi objetivo era que Mirna se ofrezca entera.

    Me comporté como siempre con Silvia, coqueto y haciéndola reír. Quedamos en que le iba a mandar el primer relato al cortar el chat porque no le tenía a mano (Mentira). No fue hasta las 10 de la noche del día siguiente que se lo mandé, sabía que a esa hora iba a estar en cama y deseaba que se excitara cuando estaba al lado de su esposo, el cual no habla español. Le mandé el link por WhatsApp para saber que recibió y leyó el mensaje… A las 10:17 pm, de la noche de un martes, Silvia leyó, pero no me comentó nada hasta la tarde del miércoles.

    -Dijiste que ya tienes escrito 4 historias? – Silvia preguntó por WhatsApp.

    -Si- respondí casi de inmediato. -Qué opinas?

    -Me haces ver como casi una puta. – Me dijo, esquivando un poco la pregunta.

    -Tú lo dijiste: “Una mujer recatada en público y una…”- Escribí de vuelta

    -PUTA EN LA CAMA. – Replicó con una carcajada virtual.

    Durante la semana, le mandé a Silvia nuestras historias restantes. No le pregunte su opinión, pero si conversábamos de rato en rato sobre nuestras vidas diarias. En una de esos chats, me dijo que ya no vivía en el apartamento cuando estaba soltera. El apartamento era suyo y estaba tratando de alquilarlo, pero se le hizo difícil encontrar inquilino por la pandemia, así que lo tenía vacío pero amoblado.

    -Dijiste que no tuviste tiempo de hacerme cosas ricas. – Comentó Silvia

    -Siempre fuiste mi fantasía. – Le dije por escrito, a pesar que me llamo por teléfono.

    No quise contestarle, no quise escuchar su voz. Era más erótico hacerla leer mis textos que escuchar mi voz.

    -Cómo todavía mantienes tu apartamento voy a relatar lo que te haría si quieres verme otra vez. – Escribí con el morbo encrespando el pelo detrás de mi cuello. – Quieres que te cuente? – Le pregunte sin tener nada que perder.

    -Sigues siendo un niño malo… ¿Qué me harías? – Dijo la casi cincuentona de ahora grandes caderas y con unos pocos kilos de más.

    -Esto sería al pie de la letra lo que te pasaría- Le dije a Silvia asumiendo su sumisión en el relato y dejando la puerta abierta para que lo fuese en la vida real.

    Ya estaba estacionado fuera del apartamento de Silvia con ansias de ver si seguía manteniendo su buen culo. Le pedí el código de la puerta principal del edificio, le indique que deje su puerta sin llave y que se vaya a la sala a esperarme en pose de perrito con su culo en dirección a la puerta. La noche anterior ordené que, vista faldita corta, estilo tutu, con calzón de hilo dental y con solo el top de su “Prenda Mágica”, la ropa interior que usan los mormones. Que esté atenta cuando la puerta se abra pero que no tiene permitido voltear ni hablar hasta que yo le dé permiso.

    Eran las 7 pm y todavía abajo le dije que se ponga en su posición. Silvia tenia mala una pierna, la de su accidente, pero no me importo hacerla esperar 15 minutos en esa posición. Más los años, esos 15 minutos esperándome debieron ser difíciles… Su castigo por los años perdidos. Llegó la hora de entrar y felizmente el código funcionó, porque llamarla para que repita el código hubiese matado el morbo y ansias por estar juntos otra vez. Ya en su puerta, giré la manija y como había estado pre establecido, estaba sin llave.

    La puerta de entrada da a la cocina y es separada con la sala por una pared que no deja ver los muebles en ese ambiente. Cerré la puerta, puse el seguro y silenciosamente comencé a entrar a la sala. Al asomarme me encontré con el culaso de la vieja. Estaba más llenita pero redondita, con su faldita que con las justas cubría su coñito abultado, el cuál que se podía ver al otro lado de la tanga. Sin agacharme mucho, mi mano fue directamente a su sexo introduciendo mi mano por atrás, entre sus piernas.

    -Ohhh Baby!!! – Suspiró Silvia

    -TAS!!!- Con una palmada fuerte en su culo le dije que se calle.

    -Nadie te ha dicho que hables o me mires- Le dije en voz alta evitando con mi mano que su cara voltee a verme.

    Silvia obedeció suspirando, su sexo caliente haciendo notar que el latigazo con la mano fue efectivo. Su calentura aumentó. Pase minutos manoseando su vagina completamente depilada por encima del calzón y por ratos mordiendo sus ricas nalgas. Luego completamente vestido, acerqué mi pelvis a su culo y ella salto con sorpresa al sentir la frialdad de la hebilla de mi cinturón. Le di dos palmadas intensas y la pegué al bulto de mi pantalón, mientras metía mi mano abajo del top blanco, acariciando sus senos, más grandes por la subidita de peso que adquirió. Silvia mantuvo la mirada al frente o al piso cuando le exprimía con pasión sus senos, haciéndole doler un poco, recordando que le gustaba el dolor de mis mordiscos a sus pezones.

    Su culo comenzó a moverse sobando con sus nalgas mi pene. Me separé de inmediato y le di dos cachetadas a su culo redondo y ahora rojizo. Ella no estaba en control, no tenía que tomar la iniciativa del placer. Dio un grito perdiendo el aliento, pero sin voltear después de las bofetadas

    -Voy hacerte algo ahora, que me he aguantado por más de 10 años.- Le dije mientras recogía su faldita para posarla encima de su cintura.

    Con el culo todo expuesto y el apartamento en completo silencio, excepto por la música del vecino, la exaltada respiración de Silvia llenaba todos mis sentidos. Silvia nunca me había dejado ver su ano, algo que solo pude apreciar cuando la cogía por atrás, pero aun así se avergonzaba. Le indique que abra las piernas, y con unos de mis dedos arrime el hilo dental dejando al descubierto su delicioso orificio. Le puse una mano en la nalga derecha indicando que, si se negaba, le iba a mandar una nalgada más fuerte que las anteriores. Cuándo no hubo objeción, le abrí sus cachetes delicadamente para concretar una de mis fantasías. Silvia seguía tratando de mantener el aliento con cada respiración y al introducir mi lengua en su ano, exhaló bruscamente con un instantáneo temblor de piernas.

    Me estaba comiendo el culaso de la vieja mientras ella iba cambiando de mano seguido para poder mantener el equilibrio y posición, gozando con cada entrar y salir de mi lengua. Silvia estaba chorreando de placer. Note que quería masturbarse, sobar su clítoris, pero no podía mantener su equilibrio porque el placer la tumbaba. Me separé de ella para poner su cabeza en el sentadero del sofá y así, con cabeza y brazos encima de este, seguí comiéndome su culo. Le quite la mano de su clítoris, introduje tres dedos en su sexo para encontrar y sobar su punto G y hacerla venir.

    Mi lengua hacia círculos en su culo en total coordinación con el movimiento de mis dedos dentro de su cuerpo.

    Silvia se había limpiado todita, oliendo rico de pies a boca. No creo que se haya esperado que me comiera su culo de esta forma tan pasional, tan salvaje, con tantas ansias. El clímax venia y ella me agarró la mano que tenía dentro de ella y cerrando con fuerzas sus piernas, clavó sus uñas en mi brazo. Esta viejita, en modo perrita, se vino completa en mi mano, desplomándose para atrás con mi mano adentro. Recibí su espalda en mi pecho hasta que el temblor pasara y con mi mano izquierda apreté su garganta, evitando una directa mirada.

    -Quien es mi perrita? – Le susurre al oído sin dejarla voltear, poniendo presión en su garganta.

    -Yo soy. – Replicó recolectando su aliento.

    -Eres qué? – Le pregunte más fuerte.

    -YO SOY TU PERRA. – Me dijo a los ojos.

    Le di un beso…

    -Ahora quiero tu boquita- Le dije y la puse de rodillas frente a mi, dejándole la iniciativa que abra mi pantalón y saque mi miembro.

    Estando erguida, pero en rodillas, mi perra comenzó lentamente a desabrocharme mi pantalón, mordiéndose el labio y mirándome a los ojos. Esa mirada coqueta me fascinaba y ella lo sabía. Mientras lidiaba con mi pantalón, les daba cachetadas a sus senos y ella saltaba distrayéndose de su tarea.

    No solo saco mi pene erecto, pero también me bajo el pantalón y el calzoncillo. Mi miembro estaba mojado, y esta tía culona, de ricos labios y sonrisa coqueta, comenzó a comerse mis jugos. Con calma se comía mi miembro, metiendo casi todo en su boca y después jugando con su lengua sobre mi glande. Agarré mi pene y lo tiré para arriba exponiendo mis bolas para que se las coma. Metía una por una en su boca y Silvia se las comía enteras intercalando su rico juego de lengua. Junte con una mano mis dos bolas para que se las meta, pero no pudo. Esa tarea no era para hoy.

    -Quién eres tú? – Le pregunte acercando mi cara a la suya.

    -Soy tu perra. – dijo Silvia respirando hondo porque sabía que algo se venía.

    La senté con las piernas abiertas en el suelo, apoyando su espalda en el sofá…

    -Cómetela toda- Le dije poniendo la punta del pene en sus húmedos labios.

    El recuerdo más morboso de nuestra antigua relación fue escuchar cómo se atoraba con mi pene cuando le follaba su boca. Sin perder el tiempo, metí lentamente mi pene a su boca haciéndola mirar para arriba. Me ponía a mil como se atoraba, pero no desistía a metérsela toda ni tampoco rechazaba mis empujes. No le quitaba la mirada y ella tampoco. Comencé lento, pero no tarde mucho en aumentar el ritmo.

    -Gurp… Gurp- Se escuchaba desde su garganta. -Abre más linda-Le indique al hacer una pausa y darle un beso.

    Silvia se sorprendió una vez que la besara después que me haya dado una mamada, y eso la ponía más loca. Yo sabía que ese beso la iba a poner más ardiente.

    Con manos en mis nalgas, Silvia trataba de comerse toda mi polla, atorándose, pero nunca parando y soportando todas mis embestidas que no la dejaban respirar. La estaba dominando y le encantaba que no le quitase la mirada. Ya estaba cerca de expulsar mi semen, ya casi en el clímax y ahora sí, quitándole la mirada deje que el placer me lleve. Empujé más fuerte mi pene en su boca y diciéndole fuerte: “Saca más la lengua linda”. Silvia estaba soportando mis idas y venidas, con lengua afuera y con lágrimas corriendo por la atragantada. Soltó las manos de mis nalgas para ponerlas en mi pecho, llena de placer, dejándome el control total. Ya estaba en el punto de no regreso y saque mi miembro y apoyando su cara en mi pelvis, con mi pene apuntando hacia abajo… Expulse mi semen en sus senos.

    -Hoy no te toca semen, será la próxima- Le dije mientras recuperábamos el aliento.

    Me puse de rodillas para encontrar su rostro, le sequé las lágrimas y nos besamos por unos minutos.

    -Hora de bañarse- Le dije dándole una palmadita en el culo cuando iba al baño. -No vayas a salir sin mí.

    Pasaron unos 10 minutos y entre a ducharme con Silvia. Los dos nos manoseamos con el jabón de forma juguetona. La puse de espaldas, mi pene empujando sus nalgas… La lleve a una esquina y le baje un poco su torso para que su culo sobresalga y así tener fácil acceso a su vagina. Se la metí lentamente, disfrutando cada centímetro. Ella volteó con una sonrisa seductora y después de recuperar la sorpresa me dijo:

    -Eres terrible niño- Mientras mis bolas rebotaban con su cuerpo.

    Un día después de mandarle este relato, Silvia me contesto en una sola línea:

    «TE VEO ESTE VIERNES 7 PM».

  • De monja a puta de lujo

    De monja a puta de lujo

    No sé cómo comenzar,  siento que durante mucho tiempo estuve perdida, pero por fin sé quién soy, una mujer fuerte, sincera y decidida, pero no siempre fui así, también fui joven, inexperta, maleable, sumisa, hubo un tiempo en que no tenía ni voz ni voto en mis decisiones, un tiempo en el que me encontraba fuera de sitio sin saber muy bien donde estaba mi camino, esta es mi historia desde mi juventud hasta el día de hoy, la historia de una monja joven que se dejó llevar por el sexo, la historia de una chica con un padre demasiado recto y sin saber perdonar, un padre que castigó a su hija por lo que le contaron un día cuando vieron a su hija con el novio en una situación, digamos que un poco cariñosa, un padre que no quiso enfrentarse al que dirán, él siempre recto, siempre modélico ante la sociedad, un padre que encerró a su hija en un convento y que tiró la llave, pero el destino me tenía reservada mi venganza, el destino quiso que conociera a Andrés el hombre que la enseño a follar, ahora soy y no para siempre una de las chicas de compañía más caras y más carismáticas de la ciudad a la que nunca le han puesto cara quizás por el que dirán.

    Mi historia comenzó una tarde del mes de febrero, un febrero frío y lluvioso como hacia tanto que no había, un febrero que con 18 años mi padre me llevó al convento donde me quedé, sola sin saber todavía que iba a ser de mí, con tan solo una maleta y algo de ropa miraba detrás de la puerta enrejada como se marchaba mi padre sin tan siquiera decirme adiós, aquel día gasté todas mis lágrimas que una tras otra fueron cayendo por mis mejillas.

    Habían pasado cuatro años desde aquel día, cuatro años daban para mucho y me había convertido en una de las monjas más jóvenes del convento, una chica de 22 años muy rebelde, inquieta y muy curiosa según la madre superiora, una chica de cabellos rubios, ojos azules y cara angelical a la que le gustaba reír, cantar, leer y dibujar, esto último parecía que no se me daba nada mal, hacía cuatro años que no había salido de los muros del convento cuando un día me encomendaron una tarea que según mis superioras estaba hecha a medida para mí y así podrían descansar de mí durante un tiempo, la tarea era ser la enlace entre el arquitecto y mis superioras, para que la reconstrucción de la nueva parroquia junto al convento se llevara a buen puerto.

    El primer día que me fijé en él bajaba del andamio sucio y sudoroso, era un hombre guapo, mayor que yo, tenía la camisa abierta y podía adivinar sus músculos bien perfilados del gimnasio, el olor que desprendía su perfume era muy embriagador por lo menos para mí, fui la única monja en fijarse en él, en lo tremendamente atractivo que era y evidentemente la única que por la noche pensaba en aquel hombre, había algo que me atraía sin que yo pudiera evitarlo, era tan evidente que él se había percatado y seguramente Andrés también pensaba en mí, pensaba en la joven monja que revoloteaba como una zángana a su alrededor, en la joven monja con cara angelical y que a pesar del hábito se podía adivinar un bonito cuerpo por debajo, la monja que le miraba con deseo, la monja que era diferente a las demás, más alegre, más desinhibida a la que seguro podía dominar.

    Empezó claramente a tirarme un anzuelo, a recoger sedal lentamente para ver si picaba, algo de lo que intenté escapar en más de una ocasión, pero no me era fácil huir de él más cuando en más de una ocasión era yo la que buscaba el anzuelo sin que fuera una cosa demasiado evidente, por ejemplo cuando supervisaba con él los avances viendo los planos, Andrés intentaba siempre posar su mano en mi cintura o se acercaba demasiado, ese tipo de cosas que intentaba a diario y a diario le apartaba de mí regañándole.

    Andrés era un hombre de esos que gustan a las mujeres por su labia y por su físico y aunque yo era un poco más resistente y monja seguía siendo mujer después de todo, las noches para mí empezaron a ser un tormento, soñando e imaginándome con él, hacía tiempo que esas sensaciones no las tenía, las tenía ocultas, olvidadas y encerradas gracias a la oración y a mis hermanas, gracias a las continuas confesiones, trataba de no pecar de no caer en las tentaciones de la carne, pero con Andrés me estaba poniendo realmente a prueba, todas las noches me despertaba exaltada por las visiones de los dos juntos, después de verme jadear y gemir, después de haber humedecido mis bragas y de tener mi vagina mojada.

    Siempre recordaré aquel día, era un día tormentoso del mes de marzo, un mes que nos estaba sorprendiendo con temperaturas cercanas al verano y a la semana con heladas y lluvias copiosas, aquel día nos encontrábamos solos en el contenedor que utilizaba de oficina, al principio le busqué por la obra un buen rato, los obreros me dijeron que estaría en la oficina, pero al llegar no estaba, pero si los planos encima de su mesa, los giré y me quedé mirándolos un buen rato hasta que saqué un par de ideas, no me había dado cuenta cuando entró hasta que le noté por detrás de mí, tan cerca que notaba su cuerpo sobre el mío, una vez más le esquivé y me eché hacia un lado, le tenía a mi derecha con una mano apoyada en la mesa y su cuerpo presionando mi cadera, su olor, esa sensación de tenerle tan cerca, los sueños y visiones que tenía con él por las noches hacia que me excitara y un calor entraba por mi cuerpo sin poder salir del hábito, Andrés se percató de que aquello no era como otros días, otros días ya me hubiera apartado por completo e incluso le hubiera llamado la atención, aquel día era diferente, él lo sabía y yo lo sabía.

    Era tan evidente que yo había levantado un poco la prohibición y así se acercó más a mí, sus labios junto a mi oído, su cuerpo unido a mi espalda sin que recibiera queja alguna, solo nerviosismo, solo miradas nerviosas por mi parte, tartamudeos al hablar y una respiración más rápida de lo normal, Andrés se puso por completo detrás de mí, apoyaba su cuerpo sobre el mío, sus manos sobre la mesa rodeándome sin dejarme salir, seguíamos hablando cuando empecé a notar como su pelvis se rozaba contra mi hábito, como podía sentir su erección sobre mis glúteos, su cabeza por encima de mi hombro derecho con sus labios moviéndose, hablándome, mordiendo mis lóbulos y cambiando de conversación.

    Me sentía nerviosa, muy nerviosa sin saber qué hacer, es cierto que antes de ingresar en el convento había tenido relaciones sexuales, pero desde que ingresé en el convento, aunque fuera obligada no había vuelto a pensar en el sexo hasta que le conocí, hasta que Andrés se cruzó en mi vida. Mi respiración se había acelerado al igual que mi corazón, miraba hacia abajo con los ojos fijos en el plano como esperando que pasara algo, esperaba que sonara el teléfono, que llamaran a la puerta, o que se oyeran las voces de mis hermanas llamándome para irme con ellas, para atender la llamada de la madre superiora que me requería como había pasado tantas veces, pero aquel día no pasó nada de eso, todo lo contrario, noté como su pelvis presionaba mis glúteos por detrás y como sus manos subieron por mi cintura hasta mis senos.

    Debería haber gritado, debería haberme ido, pero no lo hice, ni una cosa ni la otra y no sé por qué, quizás porque no quería, quizás porque quería ver si tenía la fuerza suficiente como para aguantar o quizás porque realmente me quería quedar, había fantaseado tanto con él, le había soñado haciéndome el amor que ahora al estar a solas con él me sentía feliz, realmente quería sentir todo lo que había soñado, sentir sus manos sobre mis senos gustándome tanto, notaba y sentía escalofríos por todo el cuerpo, podía notar como su pene me golpeara por detrás excitándome tanto, pero sobre todo notaba como tenía las bragas, con sed de sexo, con mi vagina que se empezaba a dilatar, a humedecer, podía notar como apretaba mis muslos por debajo del hábito, podía notar esa sensación antes de, antes del sexo.

    Andrés seguía susurrándome al oído y empezaba a quitarme la cofia y el cuello de mi hábito dejando al descubierto mi pelo rubio y la rosada piel de mi cuello, sus labios enseguida se posaron en mí para besarme, notaba los húmedos besos desplazándose poco a poco y una electricidad atravesó mi cuerpo de inmediato, cuando sus manos apretaban mis senos por encima del hábito grueso de lana ya a esas alturas yo estaba totalmente entregada a lo que él quisiera hacerme y salvo por una pequeña resistencia en mi interior, pero prácticamente nula contra los deseos de mi cuerpo que no atendían a ninguna razón, mi respiración, los pequeños gemidos y jadeos, además de haberme observado cómo me mordía mis labios síntoma del gozo que estaba experimentando al verme reflejada en el espejo que teníamos delante detrás de la mesa, me habían delatado ante él y le animaba a que siguiera a que terminara lo que había empezado.

    Andrés seguía presionando su pelvis contra mí dándome pequeños empujones hacia delante, sus manos dejaron mis pechos y agachándose empezó a subirme el hábito hasta la cintura, ahora sentía sus manos acariciar mi piel, las notaba recorrer mis muslos metiendo sus dedos en su parte interior llegando a tocar mi vulva, notar como mis bragas se habían mojado susurrándome precisamente eso al oído, luego los sacaba de allí y apretaba con ellos mis glúteos por encima de mis bragas, notaba como muy despacio cogían la tela de mis bragas y me las empezaba a quitar bajándomelas por debajo de mis rodillas, sus manos se apartaban de mis caderas dejando caer mi hábito hasta el suelo tapándome nuevamente las piernas, veía a través del espejo como se empezaba a bajar y quitar sus pantalones, veía como sus manos nuevamente me subían el hábito, dejándolo por encima de mis caderas como antes o sujetándolo con sus brazos a la vez que sentía su pene sobre mis glúteos desnudos, sus manos sobre mis caderas y fue el momento en el que realmente me asusté y pensé en lo que estaba haciendo, la parte racional de mi cerebro todavía no me había abandonado, seguía luchando contra la excitación de mi cuerpo, hasta que sentí sus dedos sobre mi clítoris, humedeciéndose en mis labios y en mi vagina, allí acabó toda resistencia.

    Una de sus manos había bajado por mi cadera hasta mis nalgas, metiéndose entre mis muslos para descubrir la humedad que guardaban celosamente, sus dedos empezaron a pasearse por en medio de mis labios, presionando mi clítoris y acariciando la entrada de mi vagina, algo que había jurado no volver a hacer estaba a punto de suceder, había jurado no entregar mi vagina a ningún hombre estaba a punto de caer como un castillo de naipes. Andrés me separó un poco de la mesa abriendo un poco mis piernas, mis bragas húmedas hacía tiempo que yacían en el suelo por debajo de sus calzones y parecían estar haciendo el amor al igual que nosotros cuando sentí como algo gordo, duro y suave bajaba al abrigo de mis labios hasta mi vagina y metiéndose en ella su glande empezó a penetrarme sacando un pequeño gemido de mí al notar aunque solo fuera su cabeza dentro de mí.

    El gemido fue en aumento cuando le sentía entrar y salir de mí, cuando me iba llenando con su pene, dilatando más y más mi vagina, mi cuerpo estaba casi paralelo al suelo, mis piernas abiertas y Andrés detrás de mí entrando y saliendo de mi vagina con su pene, me sujetaba a la mesa mediante el apoyo de los antebrazos, mi cara se movía según recibía cada empujón, cada vez que me penetraba y me atravesaba entera con su lanza, veía el reflejo en el espejo, veía como Andrés miraba como me la metía, como su cara experimentaba el placer de meterme su pene y aquello me excitaba aún más, que él viera como desaparecía su polla dentro mi vagina y por supuesto ver mi propio placer reflejado en mi cara, con la boca abierta sin poder emitir sonido alguno, salvo en ocasiones que al sentirme penetrada tan profundamente con su pene cuando le veía mover su pelvis hacia delante y hacia atrás con fuerza, conseguía arrancarme pequeños gritos que poco a poco se hicieron más asiduos.

    Andrés sin sacar su pene de mi vagina hizo que me incorporara y tirando del hábito hacia arriba me dejó completamente desnuda, sus manos paseaban por mi cuerpo como buscando algo perdido, recorrían mis curvas y parecía impresionado de que una monja tuviera esas medidas, sus manos apretaban ahora con la desnudez de mi cuerpo mis pechos tirando de unos pezones puntiagudos casi haciéndome daño, pero era un daño placentero, ahora yo misma buscaba su polla moviendo mis nalgas hacia delante y hacia atrás metiéndome su polla en mi vagina sin que él se moviera, el olor a mi sexo empezaba a perfumar aquel contenedor reconvertido en oficina, el sonido acuoso al meterme su pene en mi vagina tremendamente mojada, los golpes de su pelvis contra mis nalgas junto con mis gemidos y pequeños gritos envolvían aquella oficina improvisada.

    Por un momento pensé que todo había acabado, su pene descansaba dentro de mi vagina, muy dentro en mi interior cuando Andrés me la sacó, ya está, eso era todo pensaba, no había notado que se hubiera corrido y por supuesto que yo aunque me había encantado tampoco, aunque no sabía que era eso de tener un orgasmo, pero estaba equivocaba porque Andrés me cogía de la mano y me llevaba hasta el enorme sofá de cuero que tenía allí en la oficina, hacía que me tumbara boca arriba y sin que me tuviera que decir nada yo misma le abrí bien mis piernas elevándolas al techo, dejándole ver mi vulva peluda y desaliñada con la raja de mi vagina abierta, dilatada y húmeda, no tardó en tumbarse encima de mí, en meter enseguida su pene en mi vagina y hacerme disfrutar nuevamente con cada movimiento, con cada empujón que sentía y con cada penetración.

    Esta vez la notaba más dentro de mí, esta vez su pene entraba y salía con tanta facilidad que me arrastraba a un mundo imaginario para mí hasta entonces, su pene me llenaba rozando toda mi vagina hasta el fondo, arrebatándome los gritos de mi boca, sentía como me penetraba tan fuerte que me hundía en el sofá, que ahora si sentía algo diferente, sentía como mi cuerpo me abandonaba y entraba en un éxtasis, un éxtasis de sexo, notaba como el vientre me ardía y una explosión de calor me llenaba por dentro, no sabría explicar aquella sensación de placer solo sé que me hizo gritar de verdad y como mis gritos alertaron a los obreros que trabajaban fuera, solo sé que sentí como una ola inundaba mi vagina y como Andrés acelerando su ritmo metiéndomela con rapidez, con fuerza y llegándola a meter muy profundamente sus gemidos empezaron a ser también audibles en el exterior, su excitación no le permitió sacar su pene dentro de mi vagina cuando explotó y descargó dentro de mí, una eyaculación tremenda que empezó a recorrer mi interior hasta mis ovarios, no fui consciente hasta mucho más tarde cuando después de vestirme y pasar mi vergüenza por el camino hacia el convento con todos los obreros mirándome llegué a mi celda y me empecé a limpiar.

    Al día siguiente fingí estar enferma, al siguiente y al siguiente, hasta que por fin una mañana desperté con dolores menstruales, estaba aliviada y sin embargo a pesar de mis oraciones sentía que había fallado y más porque por las noches todavía revivía aquel encuentro con tanto placer, no tardó mucho en saberse todo aquello dentro de los muros del convento, no tardé en ser expulsada y colgar los hábitos marchándome de allí pidiendo refugio en mi casa, supongo que el que los obreros chismorrearan tampoco había ayudado a que no se supiera fuera de los muros del convento, tanto chismorreo que llegaron a oídos de mi familia, de mi padre que una vez más me obligó hacer las maletas para irme de casa y repudiarme en público.

    Dos años más tarde y no precisamente unos buenos años para mí, ya con 24 años vivía independizada, vivía muy cómodamente en una casa más grande que la de mi padre, quizás haciendo lo que siempre me gustó por lo menos desde aquel día, me había convertido en una de las prostitutas de lujo con más caché de la ciudad, era conocida por todos los hombres poderosos y ricos de la región y aunque nadie supiera realmente mi identidad pues siempre celosa de ella les recibía en la habitación de un hotel, abriendo la puerta con un batín blanco transparente dejándoles soñar desde el primer momento con mi espectacular cuerpo desnudo, pechos duros, cuervas difíciles de crear, sexo perfumado, depilado y cuidado y de mi rostro solo unos ojos azules muy claros perfilados de negro, labios carnosos de color rojo intenso y llevando una máscara de carnaval veneciana tapando el resto de mi cara.

    El tiempo quiso, que aquel que me llevó al convento, aquel que me echó de su casa, me estuviera follando por sexta vez como un hipócrita, metiendo y hundiendo su polla en la vagina de su hija sin saberlo, seis visitas ya engordando mi cuenta en el banco y fue al único que le permitía no usar preservativo y descargar su semen dentro de mí, pero quería que sufriera lo que yo había pasado así que ese día nada más terminar de follarme fue con el único con el que me quité la máscara, nunca más volvió y sé que muy pocas veces salía de su casa.

    Siempre dije que sería durante un pequeño y breve momento de tiempo, que en cuanto ahorrase para comprarme una casa y poner un pequeño negocio de flores lo dejaría como así fue al cabo de cinco años de ser la más cotizada de la ciudad, por otro lado y durante ese tiempo seguía disfrutando y mucho de mi amistad con Andrés, aquel hombre tan maravilloso que despertó un día mi sexo me llamaba a menudo y siempre había un hueco para él, los minutos se convertían en horas y las horas en tardes follando con él, disfrutando como hundía su polla en mi vagina haciéndome gritar alto y sin importarme lo que pudieran decir de mí, Andrés se había ganado el derecho a follarme siempre que quisiera, con el único hombre donde los orgasmos eran reales y no fingidos, el único hombre que sigue disfrutando de mi cuerpo aun hoy.