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  • Sexo con mi tía y mis primos (Parte 1)

    Sexo con mi tía y mis primos (Parte 1)

    Hola a todos los lectores de relatos en esta página, para quienes no me conocen soy Sandra, mi tío violador me llamaba la zángana, estoy casada, tengo 35 años, no tengo hijos, mi contextura es delgada, 1,60 metro de estatura, 57 kilogramos de peso, negro y lacio, tengo también unas tetas medianas y unas nalgas redonditas y paradas que no pasan desapercibidas cuando voy por la calle.

    Hoy quiero relatar otra historia real, ocurrida de manera inesperada en mi vida, así como suelen suceder las mejores cosas, que, sin necesidad de buscarlas, llegan a nuestras vidas, unas para bien y otras no tanto, pero que igual debemos superarlas.

    Algunos recordarán a mi tía Teresa, que vive en la ciudad de Bogotá, llegó hasta mi ciudad de Bucaramanga a pasar un fin de semana con sus dos hijos, mis primos, Fredy de 23 y Jhon de 20, ella fue la persona que estaba enferma en un viaje que hice a visitarla y ocurrieron cosas que ya fueron comentadas aquí.

    Llegaron el día jueves en las primeras horas, viajaron en bus toda la noche, fueron recibidos e instalados, mi esposo tiene una casa muy amplia, con tres habitaciones en el segundo piso y una en el primero, en el segundo piso está ubicada la alcoba principal con su baño privado, es la que utilizamos mi esposo y yo, hay dos habitaciones más separadas por un baño comunitario para ellas, mi tía se instaló en la habitación contigua a la nuestra y mis primos en la habitación del fondo, después del baño.

    El día jueves todo fue normal, algo de camaradería, risas, recuerdos, la confianza volvió a todos nosotros, ya había más interacción y burlas entre todos, salíamos a dar alguna vuelta y regresábamos nuevamente, mis primos se peleaban por tomarme de la mano y burlarse de mí, ¿cuándo vas a crecer?, ¿cómo es el clima en el piso?, ellos son mucho más altos que yo, rondan él 1,80 metros, herencia de la familia de su papá, comprenderán que todo era risa y juegos hasta ese momento.

    El día viernes me levanté temprano a alistar el desayuno de todos, incluyendo mi esposo que se iba a trabajar, preparar el café o tinto como decimos aquí, entre tanto, mi esposo se estaba duchando y vistiendo para sus obligaciones, estando en la cocina, llegó mi primo Fredy, se acercó por detrás y me abrazó fuerte, ya había mucha confianza, primita hermosa buen día, me dijo, ole, ¿qué hace? Le dije un tanto perturbada, el muy descarado, había bajado sus manos y me había mandado la mano por entre el caucho de mi pijama, llegando hasta mi propia rajita, eso no me lo esperaba ni lo veía venir,

    Ay, primita, discúlpeme, me soñé estando con mi novia, descarado, respete, le dije, uy primita, si vieras cómo me pones, cada que te miro se me sube todo en mi cabeza, sí, como no, vaya báñese mejor, le dije, ¿qué tal si llega mi esposo y lo ve en esas?, yo sé que él se está bañando, escuché la ducha y por eso bajé, fue su respuesta.

    Yo lo miraba entre asustada y confundida, no te pongas bravita querida primita, no volverá a pasar, está bien le contesté, ven déjame darte un abrazo de reconciliación y olvido, como es tan grandote para mí, quedé atrapada nuevamente, me miró a los ojos, acercó su cara contra la mía y nuestros labios se encontraron en un beso ingenuo en apariencia, ¿me perdonas de verdad? Claro que sí, ya pasó, volvió a besarme un poco más arriesgado, ¿te gusta así? Obviamente, eres muy tierno, le dije, quiero volver a tocar con más tranquilidad aquello que llegué sin pensar, no seas descarado le respondí, ¿qué tal si mi esposo baja en este momento? Pues que sepa que me gustas, fue su respuesta mientas volvía a deslizar su mano por entre el pantalón de mi pijama, que rico se toca esto, no tienes pantys y estás mojadita, mmm, me volvió a besar con mucha pasión, mientras sus dedos recorrían mi vulva, de adelante hacia atrás y viceversa.

    Le mandé la mano a su bulto por encima de la pantaloneta que llevaba puesta y pude agarrar una verga muy dura, templada, con unos huevos grandes, por lo menos debería usar mis dos manos para abarcar todo eso, ya paremos esto, le dije, voy a llevar tinto a mi esposo, aquí te espero fue su respuesta.

    Esperé a que mi esposo se arreglara y bajamos al comedor, le serví su desayuno, le entregué su almuerzo que siempre lleva en una taza para su trabajo, serví tinto para llevar a mi tía y al primo Jhon, mientras mi esposo y Fredy charlaban en ese momento, la tía agradecida lo recibió, mijita que bien atendida estoy, te lo mereces querida tía,

    Fui a la alcoba que ocupaba Jhon, mi primo, la puerta estaba entreabierta como la había dejado Fredy, entré y lo vi, con su verga bien parada, típico de los hombres en las mañanas, cuando me vio, quiso tapar con la manta sus piernas y la verga parada, jajaja, ya para qué, yo ya vi todo, le dije, me recibió el pocillo y aproveché en ese momento para bajar su pantaloneta hasta su media pierna, ves que ya veo todo, le dije entre risas y burlas, por poco se quema o me quema a mí, del susto que se pegó, le volví a subir su pantaloneta a su puesto, ¿cómo eres de mala y aprovechada, esto no se queda así, verdad? Volví a sonreír y bajé a despedir a mi esposo, estaba jugando con fuego.

    Mi esposo salió para su trabajo, apenas cerré la puerta ya tenía a Fredy abrazándome y besándome, o besándonos, mejor dicho, levanté los platos del comedor para lavarlos, cundo sentí que mi pantalón de la pijama, era bajado hasta los tobillos, ¿qué haces? Le pregunté, vamos a terminar algo que está inconcluso, me hizo sacar un pie de la manga de la pijama y se levantó, mandando su mano directo a mi raja, que ya estaba obviamente a mil, babeando, llena de jugos y líquidos para soportar lo que se veía venir,

    Su mano y sus dedos se abrían paso por entre los labios de mi vagina, exploraban todo a su paso, yo parecía estar perdiendo el sentido, los besos en mi nuca, en mis orejas me ponía la piel de gallina, ¿te gusta? Me preguntó, sí primito, me encanta, acaté a decir, nuestros labios se unieron con fuerza, con fiereza, nuestras lenguas se trenzaron en una batalla de fuerza, de agilidad y pasión.

    Me hizo dar la vuelta y quedé frente a frente con él, me agarró una pierna y me impulsó hacia arriba, mi espalda baja quedó apoyada sobre el mesón de la cocina, agarró su verga con un mano y me la metió con fuerza, tan así que un grito, quejido o no se salió de mi garganta, pacito, por favor, papito, ¿no ves que nos escuchan? Tranquila, mi hermano no dice nada y i tía tampoco, ella es bien abierta a estos temas.

    Siguió su mete y saca, una verga de muy buen tamaño, la que por la incomodidad seguramente o la presión ejercida en esa posición se me antojaba deliciosa, rica, algo placentero, yo estaba gozando de la mejor manera posible, no se puede pedir más a la vida, Fredy se encorvaba para chupar mis teticas o propinarme un beso en mi boca, que hacía más caluroso ese momento,

    Me bajó del mesón, entendí que quería una mamada como premio a su faena, sin dudar me agaché y me la llevé a la boca, mis manos apretaban sus bolitas o bolotas, unas huevas grandes, lo tragaba hasta el fondo, sentía cómo se retorcía de placer, no tardó en abrir su boca para decir, me vas a hacer venir, sí, dámela toda, aquí mismo, le dije y aceleré mis ejercicios,

    Un gran chorro de semen inundó mi boca, a tal punto que por la comisura de mis labios se escurría, cayendo sobre mi pijama, tragué lo que pude en ese momento, con mi blusa de la pijama le limpié un poco su vergota que aún seguía dura, lista para seguir trabajando, me levanté para besarnos apasionadamente, los dos estábamos agradecidos con lo que había pasado.

    Todo siguió normal esa mañana, después del almuerzo, Fredy invitó a mi tía a hacer una vuelta, Jhon estaba encerrado en su alcoba, ¿para qué quieres llevarme? Necesito comprar unos regalos y tú eres la indicada para orientarme, ve con tu prima, ella conoce más la ciudad, le dijo, no mamá, tú eres la indicada, la convenció y se fueron.

    No tardó en salir de la casa mi tía y el primo Fredy, cuando apareció en la sala el primo Jhon, estaba vestido con una camiseta de esqueleto, de esas que no tienen mangas, no traía puesto nada más, ¿qué haces así vestido? Le dije, tú ya viste todo, ¿cuál es el problema? Me respondió, ¿qué tal si ellos se devuelven? Ellos van a demorarse un buen rato, fue su respuesta, nosotros vamos a seguir con algo que me hiciste esta mañana, estábamos en este punto, ¿lo recuerdas?

    Sabía que no podía escaparme de esa otra cogida, ven primita hermosa, que tienes un culito más rico que la miel, que el chocolate y todo el dulce junto, jajaja, reí a carcajadas, eres un loco, sí un loco de amor por ti, así he estado toda la mañana desde que me bajaste la pantaloneta, además Fredy me comentó lo que pasó entre ustedes, así que estas en deuda conmigo,

    Opté por callar, no pude decir nada, se acercó y me abrazó, buscó de una mis labios para besarme, sentí de una vez una punzada en mi estómago, era su verga, templada como un acero, una de sus manos optó por apretar una de mis téticas, yo me dirigí con una de mis manos a apretar su verga y desviar su camino, estaba apuntando directo a mi estómago, comencé a masajear ese trozo de carne, de unos 15 centímetros, de muy buena calidad, ¿vamos a la alcoba? Le pregunté, sí, pero quiero hacerlo en la cama donde duerme mi mamá, fue su respuesta, ¿y eso?, ¿por qué allá? Es donde duerme mi mamá, es un fetiche para nosotros, eso es un secreto, ¿me entiendes? Listos, claro que sí.

    Me senté en el borde de la cama y comencé a propinarle una mamada con fuerza, me la tragaba hasta el fondo y hacía rozar mis dientes contra su miembro para que sintiera más emoción, le chupaba esas bolas, mis manos lo frotaban como si lo estuviera masturbando, vaya si lo haces rico, querida prima, eres toda una experta, de lo que me estaba perdiendo por no venir a visitarte, me hizo levantar y comenzó a desvestirme rápidamente, se le notaba como afanado.

    Me recostó en la cama y se me echó encima, al estilo misionero, yo abrí mis piernas y le rodeé su cintura, sentía esas embestidas de su cadera, sus nalgas contra mi pequeño cuerpo, gemía de placer, como una buena puta, sin remordimientos, sin presión de ser sorprendida, me hizo poner en cuatro patas y comenzó a atacarme de esa forma, uno de sus dedos se abrió paso por mi colita, mi culito en principio parecía negarse, pero, con su saliva, se fue ablandando, hasta que su dedo quedó pleno dentro de mi culito, lo sacó un poco y llevó otro de sus dedos dentro de mí, igualmente al principio era difícil, luego se deslizaban con facilidad.

    Sacó su verga de mi vagina, con su mano la fue dirigiendo y acomodando lentamente dentro de mi culito, hasta que quedó completamente encajada dentro de mí, yo no paraba de gemir, de suplicar que pacito, papacito, hazme con cuidado, cuando estuvo cómodo, comenzó su mete y saca, el placer se disparó, el dolor desapareció, no sé cuántas veces me vine en ese momento, tal vez por la velocidad con que lo hacía,

    Me hizo acostar de medio lado y se arrodilló montado sobre una pierna mía, no había experimentado esa posición, me comparé a ver una perra acostada, me levantó la otra pierna y se dirigió con su miembro a esa abertura que se formaba al separar mis piernas, la introdujo de un solo golpe, fue para mí una sensación diferente, algo no conocido por mi memoria, siguió metiendo y sacando, mientras su sudor caía sobre mi cuerpo, cuando sentí que se iba a venir, él mismo la sacó de dentro de mi rajita y disparó su leche contra mi vientre, llegando con tal fuerza a alcanzar mi cara, me incorporé un poquito, hasta alcanzar su verga y llevármela a la boca, hasta que quedó bien escurrido,

    Que rico culeas primita, tienes una chocha adorable, apretadita y sabes manejar esas manos, y boca, un complemento perfecto, así cualquiera se enamora, me dijo, entre muchas cosas más, te aprovechaste de mí, le dije, lo contrario, te comiste a Fredy esta mañana y me bajaste mi pantaloneta aprovechando mi descuido, por eso te dije que me las pagabas, además Fredy me contó todo y planeamos para sacar a mi mamá de la casa, ay qué porquerías, le dije, se reía como loco, volvimos a besarnos, abrazarnos, quedamos en silencio un buen rato.

    Por qué aquí en la cama de mi tía, le pregunté, es un fetiche, mi mamá ve películas porno con nosotros, aunque no hacemos nada, ella siempre nos mira el bulto de nuestras vergas, seguramente luego va y se masturba, pero cuando mi hermana está en la casa, se hace la santa y regañona, eso nos causa curiosidad, y mi prima Andrea, ¿qué hace? Esa se da buena vida, la he visto salir de moteles y mal parqueada con varios tipos, pero no le digo nada ni a mamá ni a mi hermano, ella está sana de todo eso.

    A eso de las cinco y media regresó mi tía con mi primo Fredy, ¿cómo les fue? Les pregunté, ¿se perdieron?, mira primita, le trajimos este regalito, era una bolsa con unos chocolates, unas galletas y un par de artes de oro, de muy buena calidad y presencia, ah, conque eran para la prima esos regalos, dijo mi tía, ¿a cuenta de qué tanto aprecio? Parecía estar un poco molesta o sorprendida, no mami, dijo Fredy, es por solo cariño y agradecimiento por atendernos bien, además Jhon también puso plata, a propósito, y ustedes ¿qué hicieron toda la tarde? Aquí nos quedamos hablando y riendo de todo, adelantando cuaderno, como dicen por ahí, pero estás recién bañada y perfumada, dijo mi tía, sí tía, estaba haciendo mucho calor, le dije, ella respondió, sí, como no, yo soy boba mija, es en serio mamá intervino Jhon.

    Desde ese momento mi tía no nos perdía pisadas, se levantó temprano a beber café en la mañana, parecía cuidarnos, esos hijos míos son terribles, me decía a cada rato, usted tenga cuidado con su marido mija, ese hombre es bueno, no le dé motivos para pelear, tranquila tía, yo me sé cuidar muy bien, a eso me refiero mija, me dijo mi tía.

    Sabiendo qué era el fetiche de mis primos, comencé a maquinar un plan para hacer la locura más grande de mi vida, juntarlos a ellos en un momento de placer mundano y lascivo, mi mente no tardó en planear un paseo a la piscina en la mañana de ese sábado, en la tarde un asado y unas cervezas, eso desataría el infierno que les narraré en mi próxima historia, les adelanto que todo se dio a pedir de boca.

    Aquí termino este relato de mi vida real, hasta creo que nací para estas aventuras, con mis primos la relación es un tanto distante por la lejanía entre las ciudades, pero que vuelve a pasar, seguramente sí y muchas veces, mi tía es un ser extraordinario, me quiere como su hija boba.

    Gracias por leerme, gracias por comentar y gracias por votar si les gusta mi escrito, soy Sandra, la zángana.

  • A mi esposa le gusta mostrar el culo

    A mi esposa le gusta mostrar el culo

    Capítulo 1: El balcón 

    Es difícil de explicar porque aparece el amor, pero eso fue la sensación que sentí la primera vez que la vi en el gimnasio que compartíamos.

    Eso paso hace 8 años y desde ese momento estamos juntos. Ella, Ana, tiene hoy 36 años es castaña con algunos reflejos naturales colorados, con buen cuerpo y una colita muy parada, yo, Jorge, de 53 años, bastante atlético, pero con algunos achaques que trae la edad.

    Hace 5 años nos casamos y decidimos no tener hijos, los dos tenemos nuestras carreras laborales que nos lleva gran parte del día. El tiempo que nos queda lo dedicamos a viajar y disfrutar la vida juntos.

    El sexo con Ana durante muchos años fue normal, lo que se llama tradicional, y porque no decirlo, bastante aburrido.

    Tengo que confesarles que desde chico me encanta masturbarme, lo que hago con mucha frecuencia. Últimamente mis fantasías siempre rondaron en la infidelidad de mi esposa. Me excita terriblemente pensar que alguien desea a Ana, desde amigos míos, compañeros de trabajo, vecinos e incluso desconocidos. Imaginar que ella se entrega con ganas a esas personas me hace legar al clímax.

    Por supuesto Ana desconocía esta conducta, hasta hace poco, donde todo comenzó a cambiar.

    Habitamos un departamento en un cuarto piso al contra frente y nuestro balcón está expuesto a varias ventanas y balcones de edificios vecinos. A veces cuando teníamos sexo, dejaba las cortinas abiertas, siempre imaginando que alguien estaba espiando, deseando a mi esposa, acrecentando de esa forma mi fantasía.

    Hace dos veranos atrás, en una noche de mucho calor, Ana solo vestía una tanguita negra, que se perdía entre sus glúteos y una remera blanca sin nada debajo, que además de marcar sus lindos pechos solo le cubría la mitad de la cola.

    Yo miraba televisión en el living y la veía como se paseaba por el balcón, yendo y viniendo, dándoles a los vecinos una imagen muy caliente.

    Mire a los balcones vecinos con la esperanza de ver a alguien que la estuviese observando, cosa que nunca había pasado, hasta hoy.

    En el quinto piso de un edificio que da justo enfrente al nuestro, descubrí a tres muchachos que estaban muy atentos a los movimientos de mi esposa.

    Se los veía claramente, tenían alrededor de 25 años y mientras se reían nerviosamente, se tocaban por arriba del pantalón.

    Tengo que avisarle a Ana que no se ha dado cuenta pensé, o si se dio cuenta y no le importa repensé. Eso me produjo una inmediata erección.

    Seguí observando y note que era imposible que Ana no los hubiera visto, es más me di cuenta que cada tanto miraba hacia ese balcón y luego se daba vuelta y se paraba arqueando un poco la espalda, dándoles a los jóvenes una vista casi completa de su colita.

    Me calentó tanto la situación que tuve que hacer un gran esfuerzo para no comenzar a hacerme una paja ahí mismo.

    Seguí con atención toda la escena, mientras ella siguió unos minutos más exhibiéndose haciéndose la distraída. De repente se paró de espalda a ellos y se levantó la remera dejando toda su cola al aire por unos segundos y entro, sin antes, mirarlos y tirarles un besito con la mano.

    Estaba tan excitado y sorprendido que no pude aguantar, corrí al baño y apenas me toqué, tuve un orgasmo que hacía rato no tenía.

    Volví al living sin decir nada.

    – Amor, me voy a bañar, dijo Ana

    – Bueno, le respondí

    Me quede solo con el televisor encendido pero ya sin prestarle ninguna atención. En mi cabeza daba vueltas lo que había pasado. Tuve una nueva erección, raro a mi edad, hacía mucho tiempo que no me pasaba seguir excitado después de una paja.

    – ¿Vamos a acostarnos?, pregunto mi esposa, sacándome de mis pensamientos.

    Había salido del baño envuelta en una toalla.

    – Sí, claro, le respondí

    – ¿Estas bien? Preguntó

    – Si, ¿por?

    – Estás un poco colorado y duro por lo que veo, me dijo sonriendo y tocándome la entrepierna.

    La abrace, le arranque la toalla y la bese, la lleve al dormitorio y me la cogí como jamás lo había hecho.

    – ¿Estabas caliente eh, que pasó?, me pregunto

    – ¿No te gusto?, dije

    – Claro, mucho.

    – ¿A vos también te note calentita, fue por algo en especial?, pregunte.

    Estaba seguro que con lo recatada que siempre había sido conmigo nunca me iba a decir lo que había hecho con esos pendejos. Estaba equivocado.

    – Te cuento algo, me prometes que no te vas a enojar, me dijo.

    – Si claro, decime, respondí sorprendido.

    – Desde hace unos días cuando salgo al balcón por las noches hay unos chicos en el edificio de enfrente que me miran, dijo avergonzada.

    – Primero era uno solo pero ahora hay noches que son tres o cuatro, siguió.

    No solo había confesado lo que había pasado esta noche, sino que lo venía haciendo desde hace rato. Eso me produjo otra erección.

    – ¿Y no te molesta que te miren?, pregunte.

    – La primera vez me dio vergüenza, pero ahora me gusta ver cómo me desean, ¿no te enojas no?

    – No, la verdad hoy te vi, porque crees que estoy tan caliente, le dije mostrándole la erección que tenía.

    No dijo nada, se metió el miembro en la boca y lo chupo hasta que me hizo acabar por tercera vez en la noche.

    Terminé extenuado, ya no pude decir nada más, solo me dormí.

    Al despertarme al otro día ella ya no estaba, ingresaba antes que yo a su trabajo y la verdad que había dormido tan profundamente, que no la escuche cuando salió.

    Ya en mi oficina durante toda la mañana no pude sacarme de la cabeza lo vivido la noche anterior, seguía caliente. Como estará Ana pensé.

    A la hora del almuerzo, y como era nuestra costumbre, le envié un mensaje.

    – Hola amor, ¿todo bien?

    – Si amor todo bien, ¿vos?, pregunto.

    – Bien, sigo caliente por lo de anoche, escribí.

    – Qué vergüenza, era mi secreto, me respondió.

    – Sabes cuál es el mío, dije.

    – ¿Cual?

    – Siempre me calentó que te desearan, es más me he masturbado varias veces imaginando como te poseían otros hombres.

    – Ahora sabes mi secreto, estamos a mano, continué.

    Pasaron unos minutos sin recibir nada, me inquiete, tenía miedo que no lo hubiese gustado mi confesión.

    – ¿No te molesta entonces que los chicos me vean la colita?, escribió.

    – No, conteste temblando de la calentura.

    – Esta noche espero que estén porque me compre una linda tanga para que espíen, siguió.

    Y me mando un emoticón de un beso, despidiéndose.

    Les confieso que la tarde se me hizo larguísima, quería llegar a casa lo antes posible, deseaba ver a mi esposa exhibiéndose ante esos muchachos.

    Al abrir la puerta, Ana estaba sentada en el sillón vestida con una pollera corta de jean y una blusa celeste.

    – Te estaba esperando amor, me dijo, mientras se incorporó y me dio un beso muy fogoso.

    – Hola amor, estas muy calentita o me parece, le dije sonriendo.

    – Un poco, pero me parece que vos también, dijo mientras me manoseaba la verga que ya se notaba erecta a través del pantalón.

    – ¿Así que te gusta que me vean los chicos?, continuó.

    – Me encanta, ¿pero no te da vergüenza que te vean otros vecinos también?, pregunte.

    – Para nada, cuanto más sean mejor, me respondió mientras me daba otro beso.

    La erección era tan grande en ese momento que ya me molestaba. Mi esposa, estaba por cumplir mi fantasía más deseada.

    – Me voy a bañar y vuelvo, dijo.

    Rápidamente fui a cambiarme, necesitaba sacarme los pantalones y pajearme un rato. Me costó no acabar, pero aguante, quería estar bien caliente para lo que se venía.

    Al rato la vi salir del baño. Estaba vestida con un desabillé blanco semitransparente.

    – ¿Te gusta la tanga que me compre para los chicos?, me pregunto mientras se levantaba el desabillé y dejaba ver una tanga diminuta color roja.

    – No te parece muy chiquita, te van a ver toda la colita, le dije para calentar más la situación.

    – Si ya sé, pero no te parece que hay que ser buen vecino, me respondió.

    Se la notaba muy excitada, yo estaba que explotaba.

    – Bueno, me voy que me esperan, continuó mientras se dirigía al balcón.

    – Vos apaga la luz y quédate acá adentro así me ves bien y yo no te veo porque si no me da vergüencita, prosiguió.

    Eso hice, apagué todas las luces, abrí bien las cortinas y me senté en el sillón. Ella encendió la luz del balcón y comenzó a pasearse disimuladamente. Mire hacia el balcón y no había nadie.

    No habían pasado ni dos minutos, de repente se abrió la puerta balcón y se asomaron dos de los chicos.

    Ana apenas los vio los saludo con la mano. Uno de ellos levanto la suya, el otro estaba hablando por teléfono.

    Ana se dio vuelta para mi lado y levanto de a poco su desabillé hasta llegar a mostrar la mitad de sus glúteos. Se quedó dándoles la espalda un rato, mientras se meneaba despacio y muy sensual. Yo a esa altura me pajeaba frenéticamente.

    Sin cambiar de posición, los miró y les tiro un beso con la mano, volvió a tomar el desabillé con las dos manos y de un tirón lo levanto hasta la cintura dejando toda la tanga al descubierto.

    Note como uno de los chicos se bajó el short que vestía y comenzó a pajearse. El otro se tocaba por encima de su pantalón. Ana también los vio, y se notó por su expresión que estaba muy excitada. Paro bien la cola y metió una mano dentro de la tanga y comenzó a masturbarse.

    El otro muchacho había bajado sus pantalones y ambos se pajeaban animadamente.

    Yo estaba que explotaba, pero quería más antes de acabar.

    – Amor, sácate todo, le pedí asomándome por la puerta balcón.

    Ella me miro desconcertada, pero no lo dudo. Con una cara de puta que nunca le había visto se quitó el desabillé, quedando solo vestida con la tanguita.

    Puso las manos a los costados de la tanga y visiblemente acalorada me pregunto:

    – ¿Todo es todo no amor?, mientras se bajaba la tanga.

    Con la tanga a la altura de las rodillas se masturbaba excitadamente y se acariciaba la cola y los pechos. No aguanto mucho, en pocos segundos nos regaló un terrible orgasmo.

    Yo no pude más y terminé como hacía mucho que no lo hacía. Pude ver que a los chicos les paso lo mismo.

    Ana agarro la ropa y entro, no sin antes darse vuelta exhibiendo a todos los vecinos su cuerpo totalmente desnudo.

    Esa noche tuvimos sexo hasta quedar totalmente exhausto.

    Capítulo 2: La cámara

    Al otro día era sábado, ninguno de los dos trabajamos, así que nos despertamos alrededor de las 9 de la mañana.

    – Buen día amor, ¿dormiste bien?, me pregunto Ana.

    – Como un adolecente, le respondí.

    – Me dejaste de cama ayer, continué.

    – No puedo creer lo que hice, nunca me había desnudado toda, me comento avergonzada.

    – Por lo que vi, te gusto bastante, le dije sonriendo.

    – Y no sabes la acabada que le sacaste a los chicos, no habrán podido dormir en toda la noche continúe.

    – Qué vergüenza, que habrán pensado de mí, dijo apenada.

    – Que sos una señora muy putita, nada más que eso, dije riéndome.

    – No digas eso, dijo, mientras me pegaba suavemente en el brazo.

    – No te mortifiques, si te gusto y a mí me gusto que problema hay, la tranquilice.

    – ¿En serio te gusto?, preguntó.

    – Sí, claro, mucho, quiero más, respondí riendo.

    – ¿Te gustan los pendejos?, pregunte.

    – Solo conozco a uno y es un bombón, respondió.

    – ¿Como que lo conoces?, ¿personalmente?, pregunte asombrado.

    – Si, lo veo a veces en el almacén de la esquina.

    – ¿Y él sabe que sos la del balcón?

    – Casi seguro que sí, nunca dijo nada, pero me coge con la mirada.

    – Que va a pasar ahora cuando me lo encuentre, prosiguió con cara de asustada.

    – Cuando te lo encuentres va a estallar, reí.

    – Nada, no va a decir nada, relájate y disfrútalo, la calme.

    – ¿Cual es, el rubio?, pregunte.

    – Sí, escuche que el almacenero lo llamo Gastón, es divino de cara, debe tener 22 o 23 años y tiene un físico bárbaro, debe estar lleno de chicas, dijo.

    – Lleno de chicas, pero parece que quiere darle leche a mi esposa, dije riendo.

    Solo hizo una exclamación de deseo, metí la mano en su entrepierna y estaba empapada. La bese e hicimos el amor.

    Al mediodía, como es habitual los sábados, almorzamos en la casa de un familiar. Note que Ana estaba distraída, imagine que lo que había pasado le rondaba la cabeza. Confieso que a mí me pasaba lo mismo. Había sido muy caliente lo vivido y quería que llegara la noche para que se repitiera.

    En el regreso a casa, no pude controlar mi ansiedad y saqué el tema.

    – Parece que esta noche va a ser muy calurosa, va a estar perfecto para tomar un poco de fresco en el balcón, le dije sonriendo.

    Ella solo me miro y sonrió.

    – Seguro Gastón debe estar pensando lo mismo, ¿no te parece?, pregunte.

    Con su expresión demostró que lo que había dicho le había gustado.

    – No sé qué ponerme hoy, dijo.

    – Seguro a Gastón y a sus amigos no le importa mucho, reí.

    Al abrir la puerta de casa, nos encontramos algunas facturas y un sobre que el encargado había tirado por debajo de la puerta.

    Ese sobre me llamo la atención porque en él solo estaba escrito el piso y el número del departamento. No estaba dirigida ni a Ana ni a mí y tampoco tenía remitente. Sera publicidad pensé. Intrigado lo abrí y dentro había una hoja de papel manuscrita. Menuda sorpresa me lleve al leer las primeras líneas.

    “Señora, espero no tome a mal esta carta, pero realmente no me animo a abordarla en la calle. Tengo la necesidad de decirle que es hermosa y que tiene una cola divina. Ayer fue una de las mejores noches de mi vida, verla a usted desnuda me causo tanto placer que estuve toda la noche excitado y me tuve que pajear varias veces. Me dijo el encargado de su edificio que es una mujer casada por lo que espero que su marido no se moleste si se entera, pero realmente quería que lo supiera. Le cuento que, junto a mi compañero que ayer estaba conmigo, somos del interior y venimos acá a estudiar. Hoy vienen dos amigos a cenar, y nos gustaría poder disfrutarla. No sé si le gustara, pero nos encantaría conocerla por webcam, así usted también puede conocernos. Le dejo mi Skype: gastonrami21, por si le interesa. Sino no importa, la esperamos en el balcón. Le agradezco por el placer que nos da y le pido mil disculpas por ser tan atrevido. Gastón.”

    Puedo asegurarles que por un momento me asusto un poco este chico, pero al ser tan educado, no lo pensé mucho, además la idea de la cámara en vivo me encantaba, aunque estaba seguro que mi esposa no iba a querer.

    – Amor, te llego una carta, la llame.

    – ¿Una carta, a mí?

    – Si, de tu admirador, le dije.

    Vino apresurada con cara de sorpresa. Mientras la leía esa sorpresa se empezó a convertir en expresión de deseo. La leyó toda de corrido, ni me miro ni comento nada.

    – Este pendejo está loco, me dijo apenas terminó de leerla.

    – Es bastante arriesgado, pero bueno, el que no arriesga no gana, comenté.

    – Decime que no te gusto que te escribiera, continué.

    – La verdad me gusta que un pendejo se fije en mí, pero es un arriesgado este pibe.

    – ¿Decime que no te mojaste toda?, pregunte.

    No me contesto, estaba caliente, la conocía. Fue hacia el dormitorio, la seguí.

    – ¿Cómo es el tema de la cámara?, me pregunto mientras se sentaba en la cama.

    – Quieren verte en una cámara en vivo y que vos puedas verlos y hablar con ellos, le respondí.

    – Lo bueno de eso es que es más privado que el balcón, continúe, como tratando de convencerla.

    – ¿A vos te gustaría?, me pregunto.

    – Claro, me calienta tanto o más que a vos que te deseen, le conteste.

    – Bueno, lo voy a hacer para darte el gusto, dijo.

    Esa respuesta sonó como una excusa para no sentirse avergonzada ante mí, no podía disimular las ganas que tenía de hacer la cam.

    Fui a la computadora, lo agregué a Gastón y aunque estaba desconectado le dejé un mensaje:

    “Hola Gastón, soy el marido de Ana, la señora que le escribiste la carta. No te asustes, a mí no me molesta que mires a mi esposa. Solo te escribo para decirte que ella aceptó la invitación a hacer una Cam en vivo. Si te parece los conozco primero yo y después se suma mi mujer. Voy a estar conectado a las 22 Hs. Saludos. Jorge.”

    Gastón me había parecido educado, pero igual quería conocerlos a todos para ver qué onda tenían. Si eran unos pendejos irrespetuosos tenía que cuidar a que Ana pasara

    un mal momento.

    – Listo amor, ya le escribí a Gastón, le avisé a ella que estaba encerrada en el baño.

    – Bueno, dijo con voz entrecortada.

    Deduje que se estaba tocando, era lógico con lo caliente que se la veía. Eso me produjo una erección.

    Me encontraba en la cocina preparando unos sándwiches cuando Ana se apareció en la puerta.

    – Amor, ¿estoy bien así para que me vean los chicos?

    Al darme vuelta casi me muero, estaba vestida con una remera ajustada al cuerpo color azul que le llegaba a su cintura y una tanga blanca, tan chiquita que le dejaba ver casi toda la cola. Se había maquillado y arreglado el cabello, le colgaba un collar corto y finito y tenía puestos unos aros chiquitos brillantes. Estaba muy sexy.

    – Estás hermosa, le dije. Sinceramente lo estaba.

    Se me acerco y me dio un beso terrible, me dieron ganas de cogerla ahí, pero me contuve, no quería desarreglarla para que los pendejos la vieran así.

    Se me había ido el hambre, y aunque aún no eran las 22 Hs. quise ir a ver si Gastón había contestado.

    – Espérame un rato acá que ya vengo. Le dije.

    Fui hasta la computadora y abrí Skype, Gastón estaba conectado y ya me había aceptado y respondido:

    “Sr. Jorge, realmente me alegra muchos que su esposa haya aceptado y que a Ud. no le moleste. Realmente lo felicito, tiene una mujer hermosa, me encanta hasta su nombre. Le cuento que acá estamos mis amigos y yo muy caliente con ella, y esperamos ansiosos las 22 Hs. Hasta luego. Gastón.”

    Estaba terminando de leer cuando vi que estaba escribiendo:

    – Hola Sr. Jorge ¿como esta?

    – Hola Gastón, todo bien.

    – ¿Quiere que lo llame?, preguntó.

    – Si, le respondí.

    Me ubiqué bien frente a la PC y atendí la llamada. Apenas apareció la imagen lo vi a Gastón y al otro chico que había visto en el balcón.

    Vestían camisa y jean y se veían realmente muy atractivos.

    – Hola, dijeron los dos casi al unísono.

    – Hola, ¿cómo están?, pregunte.

    – ¿Están solos?, continué.

    – No, acá están mis amigos dijo Gastón.

    Aparecieron por atrás de ellos los otros dos. Eran de pelo corto y uno de ellos era bastante gordito. Ambos lucían remera y jean.

    – Hola, salude.

    – Hola señor, contestaron.

    – Preséntense por favor.

    – Él es Fede, dijo Gastón señalando al que tenía a su lado.

    – Y ellos son Damián y Seba, continuó con los que tenía a sus espaldas, que levantaron sus manos.

    – Mucho gusto, dije.

    – Igualmente, contestaron con amabilidad.

    – Que edades tienen, pregunte.

    – Fede, Seba y yo, 22 y Damián 21, contesto Gastón.

    – Mi esposa tiene 36 y yo 53, dije.

    – Puedo preguntarles porque siendo tan chicos les calienta mi esposa que es mucho más grande, continué.

    – A los cuatro nos encantan las mujeres más grandes y además su esposa es muy linda, dijo Fede.

    – Gracias, respondí.

    – Bueno, ahora voy a llamar a Ana, lo que les pido es respeto. Ella es la primera vez que va a hacer esto, no la incomoden porque corto la conversación, ¿está claro?, pregunte.

    – Quédese tranquilo señor, dijo Gastón.

    – ¿Podemos pedirle que haga cosas?, pregunto Seba.

    – Siempre con respeto, dije.

    – ¿Podemos sacarnos la ropa y pajearnos?, pregunto nuevamente Gastón.

    – Sí, claro, ¿para eso es esta cam no?, dije.

    Todos sonrieron.

    – Espérenme un momento que voy a ir a buscar a mi esposa. Voy a cortar y conectarme desde una Tablet, ya los llamo, les indiqué.

    Corte, y volví a la cocina donde esperaba Ana, sentada en una silla y con una expresión que mezclaba ansiedad y excitación.

    – Son muy amables los chicos, te van a encantar, le dije.

    – Te están esperando, continué.

    No dijo una palabra, la tome de la mano, la bese y la lleve al dormitorio. Se sentó en la cama, yo puse la Tablet apoyada en un mueble de manera que la cámara la enfocara a ella y el resto de la cama.

    – ¿Estás lista?, le pregunte.

    – Sí, dijo visiblemente excitada.

    Llame y a los segundos estaban en la pantalla los cuatro pendejos sentados en un sillón uno al lado del otro, se habían desnudado por completo y jugaban con sus penes erectos. Se destacaba Gastón sobre el resto. Era delgado y tenía los músculos muy marcados. Su miembro también sobresalía, era realmente enorme. Ana me miro con una sonrisa en sus labios y regreso la vista a ellos.

    – Hola señora, dijo Gastón.

    – Hola respondió ella, notándosela nerviosa.

    – Que hermosa que esta, dijo Seba mientras se masturbaba lentamente.

    – Gracias, dijo ella.

    – ¿Le gusta lo que ve?, pregunto Fede, mientras se agarraba el miembro.

    Ana no contesto, pero no sacaba la vista de la Tablet. Yo me había sentado al costado y contemplaba la escena sin que ellos pudieran verme.

    – Nos muestra esa colita hermosa que tiene, continuó.

    Ana se puso de rodillas en la cama y giro, dejando ver su cola entangada.

    – ¿Así está bien?, pregunto, girando su cabeza.

    A los pendejos se les transformo la cara y se escucharon algunas exclamaciones de deseo, yo mientras tanto me saqué el pantalón y comencé a masturbarme.

    – Que buen culo tiene señora, dijo Gastón.

    – Gracias, dijo ella mientras se lo acariciaba.

    – Muéstreme sus tetas por favor, le pidió Seba, que parecía el más excitado.

    Ana se dio vuelta y se sacó la remera, dejando sus hermosos pechos al aire. Eso fue mucho para él y para Damián que acabaron casi al mismo tiempo.

    Ana al verlos se acercó a la Tablet, saco la lengua y la movió como si les lamiera el semen, mientras se tocaba sobre la tanga.

    – Denme la leche pendejos, dijo, con la mayor cara de puta.

    Estaba que explotaba, Gastón y Fede se pajeaban frenéticamente, yo hacía lo mismo.

    – ¿Me saco la tanga para los chicos amor?, me pregunto con voz entrecortada, debido a la calentura.

    – Si amor, mostrarles la colita desnudita, conteste.

    – Si, señora, denos la colita, dijo Gastón.

    Ana, se sacó la tanga de un tirón y quedo totalmente desnuda, se dio vuelta, se puso en cuatro con las piernas abiertas y comenzó a pajearse, dándole a los pendejos una vista impresionante de su culo abierto. Seba y Damián ya se habían recuperado y estaban de nuevo masturbándose.

    – Amor, mira cómo te desean la cola, le dije.

    Ella sin cambiar de posición y sin parar de tocarse, giro la cara, miro a las cuatro vergas que estaban a punto de estallar y se metió un dedo hasta el fondo en la cola. Eso fue suficiente para ella, les regalo un orgasmo terrible. Sus gemidos también fueron demasiado para los pendejos que uno a uno eyaculó.

    – Vení, chúpamelo, le dije mientras me ponía frente a la Tablet.

    Ella se lo puso en la boca y mientras me lamia con desesperación miraba a los muchachos que tenían una imagen de la cara de ella en primer plano.

    Ver en su rostro como deseaba a los pendejos me hizo tener un terrible orgasmo. Ella se tragó todo mi semen y se relamió unos segundos ante ellos.

    – Hasta otro día les dijo, mientras se alejaba hacia el baño.

    – Adiós señora, gracias, dijo Gastón.

    – ¿Te gusto?, le pregunte a Gastón, que había quedado solo mientras los demás se lavaban.

    – Mucho señor, respondió.

    – Pero me quede con ganas, sonrió.

    – Ya habrá otra oportunidad, le dije.

    – Seguro, gracias señor.

    – Gracias a ustedes por portarse bien.

    Corte la comunicación, y espere que Ana saliera del baño, yo también me había quedado con ganas.

    El domingo nos despertamos cerca del mediodía, habíamos pasado una noche muy caliente y cogido hasta tarde.

    – Qué noche la de anoche, le dije riendo.

    – Terrible, contesto.

    – Como te pusiste con los pendejos, caliente, caliente.

    – ¿Estuve muy puta?, pregunto sonriendo.

    – Nooo, para nada, dije riendo.

    – Los chicos se habrán pajeado toda la noche, continúe.

    – No te enojes pero que bueno que esta Gastón, dijo.

    – Es verdad, que físico y que verga tiene, dije.

    – Impresionante, dijo con expresión de deseo.

    – ¿Lo llamamos hoy?, pregunto.

    – Ah, te dejó calentita de verdad, dije.

    Le metí una mano y la noté toda mojada, la besé y cogimos una vez más. Mientras la tenía arriba cabalgando, le dije que imaginara que era Gastón el que le estaba dando.

    – Uff si, dijo en medio de gemidos.

    Aceleró el ritmo hasta que ambos tuvimos un tremendo orgasmo.

    Mientras se duchaba, me quede solo en la habitación, estaba feliz por haber cumplido parte de la fantasía que me acompañaba hace tiempo. Pero quería más, deseaba ver al pendejo cogerse a Ana. Tenía que buscar la estrategia para lograrlo, a ella la excitaba Gastón, no podía perder esa oportunidad pensé.

    Encendí la Tablet y me conecté a Skype, estaba desconectado, decidí escribirle algo.

    “Hola Gastón, esperamos la hayan pasado bien ayer. Quería agradecerte que todos hayan sido muy correctos. Mi esposa quedo encantada con ustedes y ya piensa en repetir la experiencia. Nos hablamos. Saludos. Jorge”

    El día estaba muy lindo y caluroso así que después de almorzar en un restó que queda cerca de casa, fuimos a pasear hasta que se terminó la tarde. En varias oportunidades comentamos la experiencia de la noche anterior. A Ana no se la notaba avergonzada, por el contrario, estaba exultante. Hablaba de los chicos como si los conociera de hace tiempo. Se le notaba las ganas de hacer otra cámara por la noche.

    Apenas regresamos a casa, me conecté a Skype desde la computadora y me encontré con un mensaje de Gastón.

    “Hola señor Jorge, yo también la pase muy bien, pero como le dije ayer, me quedé con muchas ganas de Ana. Hoy estamos solos con Fede y nos gustaría, si no le molesta, repetir. Espero que no lo tome como un atrevimiento, pero tengo mucha leche guardada para su esposa. Si tienen ganas avísenos. Saludos”

    Debo confesar que el comentario me pareció un atrevimiento, pero además me produjo una erección inmediata. Fui hacia la cocina donde estaba Ana cocinando algo.

    – Amor ahí escribió Gastón que quiere verte esta noche, dije.

    – ¿Sí?

    – Bah, en realidad me dice que tiene mucha leche guardada para vos, dije intencionalmente para observar como lo tomaba.

    – ¿Eso te dijo?, ese pendejo es un zarpado, dijo mientras me miraba con cara de que le había gustado.

    – Sera un zarpado, pero te calienta mucho, dije.

    Ella solo sonrió.

    – Va a estar solo él y su compañero, ¿te gusta igual?, pregunte.

    – Para mí con Gastón ya es suficiente, me contesto mientras se acercaba para dame un beso apasionado.

    – Me voy a duchar, dijo mientras se dirigía al baño.

    Yo fui a preparar la tablet, me esperaba otra noche caliente. Fui hacia el dormitorio y me conecté nuevamente a Skype. Esperaba que el pendejo estuviese conectado, por suerte, ahí estaba.

    – Hola Gastón, soy Jorge ¿todo bien?

    – Hola señor, si todo bien, usted, pregunto cordialmente.

    – Bien, gracias.

    – ¿Su esposa?

    – Se está duchando.

    – No sabe las ganas que tengo de verla, ¿lo puedo llamar?, pregunto.

    – Si

    Atendí la llamada y ahí estaba Gastón en la cama, completamente desnudo y con su impresionante miembro totalmente erecto.

    – Perdone que este así, es que no puedo más, su esposa me tuvo caliente todo el día, dijo disculpándose.

    – Te cuento que ella también te recordó todo el día, le dije sonriendo.

    Se notó que mi comentario lo había excitado más, comenzó a masturbarse lentamente.

    – Por favor señor Jorge, cuénteme que dijo de mí, pidió.

    – Espera que venga y le preguntas vos, dije.

    A momento de decir esto se abrió la puerta del baño y apareció Ana, con su cuerpo envuelto en una toalla.

    – Amor, acércate que esta Gastón esperándote.

    – ¿Ya?, no estoy preparada todavía, contesto.

    – No importa señora, necesito verla ahora, dijo el pendejo, que la había escuchado.

    – Hola Gastón, lo saludo Ana poniéndose frente a la tablet.

    Apenas vio su cuerpo desnudo tendido en la cama, cambio la expresión de su rostro.

    – Hola señora, ¿como esta?

    – Me decía Jorge que estuvo hablando de mí, ¿se puede saber sobre qué?, pregunto.

    Ana, estaba como hipnotizada mirando la pantalla, era como si yo no estuviese ahí, lo miraba con deseo y se notaba que realmente Gastón la excitaba mucho. A mí me encantaba que así fuera.

    – Le comenté que eras lindo y con un cuerpo tremendo, contestó ella, sonriendo nerviosa.

    – A mí me gusta mucho el suyo, ¿me lo muestra por favor?

    Sin decir nada, se desenredo la toalla dejando a la vista su cuerpo totalmente desnudo. Gastón comenzó a pajearse con más intensidad. Yo me había alejado de la pantalla y seguía la escena desde una silla que estaba a un costado.

    – Como me calienta señora.

    – Y vos a mí, dijo ella tocándose.

    – Muéstreme su cola, por favor.

    Ella se puso en cuatro en la cama, mientras se masturbaba, dejando escapar algunos gemidos.

    – Mire lo que tengo para esa colita, dijo el pendejo agarrándose su terrible miembro.

    Ella giro su cabeza, y abrió la boca como queriéndosela tragar toda.

    En ese momento entro al cuarto Fede, que, al ver el espectáculo que estaba dando mi esposa, se apresuró a sacarse la ropa y acostarse desnudo en la cama.

    – Mire señora, ahora tiene dos vergas para jugar, dijo Gastón visiblemente muy excitado.

    Fede tuvo una terrible erección de inmediato, Ana, solo se retorcía de placer mientras metía y sacaba dos dedos de su cola.

    – Señor Jorge, queremos cogernos a su esposa, ¿a usted le molesta?, pregunto Gastón.

    – Amor, mira como pusiste a los chicos, ahora vas a tener que cogértelos, le dije mientras me masturbaba a un ritmo frenético.

    – No quiere que vayamos para su casa, le tenemos muchas ganas, continuó Gastón.

    Ana, que continuaba en su posición, me miro con sorpresa. Se le noto que solo quería mi aprobación, ella ya tenía decidido cogerse a los pendejos. Solo asentí con la cabeza, sin decir palabra.

    – No tarden mucho, dijo Ana. Se incorporó y se encerró en el baño.

    – Ya vamos dijo Gastón.

    Cortaron la comunicación.

    Capítulo 3: El encuentro

    Golpee la puerta del baño, ella abrió ruborizada.

    – Está todo bien, no te avergüences.

    – Perdón, pero estos chicos me pusieron muy puta, me dijo.

    – Está bien, no me molesta que te los cojas, al contrario, lo voy a disfrutar, dije.

    Me beso apasionadamente, luego se metió en la ducha.

    Estaba acomodando el dormitorio cuando sonó el timbre.

    – Sr. Pietro, acá hay dos muchachos que vienen a verlo, me indico el de seguridad del edificio.

    – Hágalos pasar, respondí.

    A los pocos minutos ya estaban tocando el timbre en la puerta. Ambos vestían pantalón de gimnasia y remera.

    – Un gusto señor Jorge, dijo Gastón tendiéndome la mano. Lo mismo hizo Fede.

    – Igualmente, dije.

    Se los notaba muy inquietos.

    – No estén nerviosos, disfruten y hagan feliz a mi esposa, les dije.

    – Lo que si les pido es mucho respeto, es la primera vez que vamos a hacer algo así, continué.

    – No se preocupe señor, vamos a ser sumamente respetuosos, dijo Fede.

    – Vengan, vamos al dormitorio.

    – Ana está en el baño, pueden ir poniéndose cómodos, ya vuelvo, dije.

    Los pendejos comenzaron a desvestirse, mientras yo golpee e ingrese al baño.

    – Ya están en el dormitorio, ¿estás bien?, pregunte.

    – Nerviosa, me dijo mientras se maquillaba.

    – Tranquila, son buenos pendejos.

    – ¿Que hago, me pongo algo o salgo desnuda?

    – Usa el desabillé rojo ese que me gusta sin nada abajo, es muy caliente.

    La besé y volví al dormitorio.

    Ya estaban acostados en la cama vestidos solamente con bóxer, que le marcaban una enorme erección.

    – Ya viene, les dije.

    – ¿Es la primera vez que se cogen a una mujer más grande?, pregunte mientras me sentaba en la silla al costado.

    – Si, respondieron ambos.

    Se escuchó abrirse la puerta del baño. Ahí estaba mi esposa, más hermosa que nunca y dispuesta a cogerse a dos pendejos casi desconocidos.

    Se acercó al borde de la cama y dijo hola, mientras acariciaba el torso de Gastón.

    Bajo la mano y manoseo su miembro por encima del bóxer. Fede se sacó el suyo. Al ver esto Ana, lo miro y tomo su miembro con la otra mano y comenzó a masturbarlo. Le saco el bóxer a Gastón y también lo empezó a pajear.

    – ¿Te gustan las vergas de los chicos?, le pregunte mientras me quitaba la ropa hasta quedar completamente desnudo.

    Me miro con una expresión de puta que nunca le había conocido y sin decir nada se ubicó entre las piernas de Gastón y se metió su miembro en la boca.

    Fede, se puso detrás de ella y lentamente levanto su desabillé hasta dejar su culo todo al aire. Lo acaricio, lo abrió con las manos y metió su cara entre sus nalgas. Ana gimió, pero no dejo de chupar.

    Tuve que hacer un esfuerzo para no acabar, quería disfrutar el espectáculo un poco más.

    De repente Ana se dio vuelta y le dio un terrible beso a Fede, se subió arriba de Gastón y metió su verga toda dentro de su vagina. Se escuchó un grito de placer.

    – Si señora, cójame todo, dijo Gastón mientras mi esposa le cabalgaba a un ritmo vertiginoso.

    Fede, que seguía detrás le quito el desabillé y le manoseo las tetas con desesperación. Todo eran gemidos, ella no pudo más y tuvo su primer orgasmo.

    – Venga señora póngase acá, le pidió Fede, mientras la guiaba para que se pusiera en cuatro al lado de Gastón.

    Ella le hizo caso y enseguida se encontró ensartada desde atrás por este, que golpeó con ritmo y con fuerza contra el culo de mi esposa.

    Gastón se puso de frente, la beso apasionadamente y volvió a poner su verga en su boca, Ana mamaba con deseo.

    – Señor, ¿puedo terminar adentro de su mujer?, me pregunto Fede.

    – Si, le conteste con voz entrecortada a causa de mi excitación.

    Mi respuesta hizo que los pendejos acabaran casi al mismo tiempo, dejándole a Ana la vagina y la boca llenas de leche.

    Esa imagen fue demasiado para mí que tuve un terrible orgasmo. Ella se incorporó y se metió en el baño, yo la seguí, los pendejos quedaron exhaustos sobre la cama.

    – Que buenos polvos te echaron, le dije, mientras me higienizaba.

    – Que bien cogen, dijo.

    – Se nota que te gustó, dije sonriendo.

    – Mira que seguro quieren más, continué.

    – Avísales que ahora voy, dijo con cara de pícara, mientras me besaba.

    Volví al dormitorio. Los pendejos seguían acostados, pero ya, nuevamente, con sus vergas erguidas.

    – Me pidió mi esposa que les dijera que ya vuelve, les dije para calentarlos más aún.

    – Gracias señor, me dijo Fede.

    – No quiero que lo tome a mal señor pero que buena puta es su esposa, dijo Gastón.

    – ¿Coge bien no?, pregunte.

    – Terrible, contesto.

    – ¿Señor a usted le molestaría si le hacemos la cola?, continuó.

    – Si ella quiere, no tengo problemas, dije, sin demostrarles que realmente yo deseaba que eso sucediera.

    Al entrar al dormitorio, Ana se quitó la salida de baño que llevaba puesta y se arrojó a la cama completamente desnuda, acomodándose en medio de los dos chicos. Yo volvi a la silla.

    – Mmm ¿que tenemos acá?, pregunto mientras tomaba uno con cada mano los miembros tiesos.

    – Amor, viste que rápido se volvieron a poner duros, me dijo con voz sensual, mientras frotaba suavemente sus vergas.

    – Con una señora putita como usted es imposible que no se pongan así, dijo Gastón.

    Ese comentario le gustó. Sin cambiar de posición le metió la lengua dentro de su boca y lo beso. Lo mismo hizo al rato con Fede. Así estuvo un rato alternando entre los dos.

    – Señora nos muestra la cola, pidió Gastón.

    Ella se arrodillo, se dio la vuelta y se puso en cuatro con la colita parada apuntando a los dos pendejos. Ellos comenzaron a acariciarle los glúteos.

    – ¿Les gusta mi colita?, pregunto con tono inocente.

    – Mucho, dijo Gastón, mientras jugaba con un dedo en el hoyito de su cola.

    – Es hermosa y tiene un rico gusto, dijo Fede. Claro su lengua había estado ahí recordé.

    – ¿Le molesta si le meto un dedito?, dijo Gastón sin darle tiempo a contestar, su dedo había desaparecido dentro de su culo.

    – Ufff, fue lo único que se le escuchó a Ana.

    Gastón entendió que tenía vía libre y agrego otro dedo, ahora tenía dos que entraban y salían rítmicamente de la cola de mi esposa. Eso me puso muy caliente, fui y la besé.

    – ¿Cree que entrara mi verga aquí?, le pregunto Gastón.

    – Habría que probar, contesto Ana entre gemidos, parando más la colita.

    Gastón se puso de rodillas y puso la cabeza de su miembro en la entrada de su cola. Yo me acerque, quería ver cómo le rompían el culo a mi esposa.

    Empujo un par de veces y con suavidad comenzó a penetrarlo hasta que ese pedazo de carne termino invadiendo el cuerpo de mi esposa.

    Veía como entraba y salía y no podía creerlo, ella solo suplicaba por más. Estuvieron así un rato largo.

    – Déjame a mí, dijo Fede, corriendo a su amigo.

    – Metemela toda Fede, dijo ella casi suplicando.

    El pendejo la ensartó violentamente, ella pego un grito y seguió agitándose de placer.

    – Aca tiene la leche señora, exclamó y le acabó dentro.

    Se la saco del culo y se la puso en la boca.

    – Límpiela bien, le dijo, mientras Ana le lamia con desesperación la verga.

    Gastón, tomo el lugar de su amigo y luego de un momento también le dejo la leche dentro de la cola. Ana había acabado como 3 veces. Yo tuve el segundo orgasmo de la noche.

    Durante varias horas siguieron disfrutando de mi esposa, Todos habíamos tenido una experiencia inédita. No fue la última, pero esa es otra historia.

  • Una ingenua clienta

    Una ingenua clienta

    En ese tiempo era un joven estudiante de ingeniería de 24 años, que hacia pequeños trabajos de reparar computadoras, donde iba a domicilio y quedar bien cada trabajo requerido. Una vez fui a la casa de la hermana de una clienta que me recomendó para hacer el trabajo, cuando llego al domicilio para el trabajo, me abre una mujer de estatura pequeña, unos 1.50 cm de gran busto, el cual me dejo con los ojos abiertos. La saludo y me hace pasar, yo estaba nervioso porque me encontraba con gran mujer, pensé que la computadora estaba en su sala, pero la sorpresa fue mía cuando me dice que era en su habitación.

    En casa solo estaba su abuelita, que ni escuchaba ni miraba bien, pero se percató que alguien extraño ingreso a casa. Yo solo quería trabajar, y bueno también seguir viendo los grandes senos de mi clienta.

    Todo estaba tranquilo, yo verificando todo, mientras Judit estaba viendo que hacía, como para aprender o solo de curiosa o vigilándome que hacía. Yo me preguntaba el porqué de tanta vigilancia, habrá oculto en la pc? o solo tendrá desconfianza.

    De un rato u otro salía de su habitación y yo seguía trabajando en tratando de ver algún virus o guardar info. Viene la segunda sorpresa, encontré carpetas grandes de multimedia, eran fotos y videos, pensé que eso debía tenerlo en otro Disco para mayor seguridad y no se pierda. La sorpresa fue que estaban llenas de fotos de Judit desnuda, mostrando sus hermosos pechos. Ella le gustaba tomarse fotos desnuda, realizando poses y videos masturbándose.

    Al inicio pensé que era para ella o su novio que se enviaban entre ellos, pero aquí viene mi tercera sorpresa… Judit hacia sexo virtual! trabajo rentable sin salir de casa. Sonó la puerta entrando ella, cerré todo y seguía trabajando, un poco nervioso pero excitado, porque mi pene se notaba en el pantalón, cosa que Judit se dio cuenta, quizá pensó que vi sus videos, porque se puso algo nerviosa.

    Cuando le dije que debía mover archivos a otro lado, ella se confesó y dijo que tenía muchos videos y fotos guardados, que si deseo puedo abrir y llenarme de sorpresas, finalizando esas palabras se echó en su cama sacándose la casaca puesta, como viéndose en su futuro haciendo algo.

    Yo abrí sus videos, hice que me sorprendía, y ella me dice «salgo bonita?», te gusta?, yo le dije que sí, esta hermosa y grandes pechos, ella se sacó la blusa y en sostén se aplastaba los pechos… yo estaba a mil, súper excitado!!

    Judit también se le veía excitada me invita a echarme a su cama, yo con gusto voy y empiezo a besarla, a meter mi manos dentro del sostén y quitarle todo. Lamerle los pechos, escuchar su gemido, pezones paraditos, lo mejor! Sacarle el pantalón jean y su hilo dental puesto, lamerle la vagina mojadita, sentir su aroma y su piel cerca de mí. Aplastarle los pechos y hacerla sentir excitada. Era el momento de penetrarla, de ver esos grandes pechos moverse de arriba hacia abajo, de ver su rostro con los ojos cerrados sintiendo el placer.

    Judit gemía un poco fuerte con el miedo de que su abuela escuchara, a pesar de su sordera. El tiempo pasaba, seguíamos teniendo sexo y nos dejó de importar si escuchan o no, empezó a gritar y pedir más, la cama sonaba más y más, me corrí dentro de ella.

    En la segunda que lo hicimos le eche mi leche en los pechos y ella empezó a lamerlo, esa tarde fue una de las mejores. Me invito a una próxima para grabarnos mientras lo hacemos, tendría más suscriptores, pero no accedí, era muy tímido en ese tiempo.

    Me bañe con ella, lo hicimos de nuevo, nos cambiamos y me retire dándole las gracias.

    Fue un gran momento vivido, salí mejor pagado y todo fue gracias a las computadoras.

  • El sobrino (Parte I): Viernes

    El sobrino (Parte I): Viernes

    Hola, mi nombre es Tatiana, tengo 50 años y esta es mi historia:

    Primero quiero aclarar que me he encontrado con esta página por casualidad (la vi en el historial de mi computadora) y me decidí a entrar algunos meses atrás, confieso que soy caliente a la hora de tener sexo y me gusta ver porno por lo que la utilizaba en ciertos momentos. La zona de relatos era la que menos me llamaba la atención ya que no me considero buena lectora, pero vengo aquí a contar algo real que me sucedió apenas hace una semana y que no me ha dejado dormir desde entonces. Tengo varias amigas y amigos pero esto es tan intenso que no me confío para contárselo a alguien. Bueno aquí vamos:

    Para ponerlos en contexto debo decir que soy casada hace 20 años y tengo hijos, soy Doctora de profesión y vivo una vida relativamente normal. En mi país la gente acostumbra mucho a estar en familia sobretodo en fechas especiales como navidad, año nuevo, reyes, cumpleaños, en fin… siempre compartimos muchas de esas fechas con la familia de esposo en una casa campestre familiar de ellos que está destinada para celebraciones, pues hasta una piscina tiene.

    Hace una semana cumplía años el hermano mayor de mi esposo por lo que el viernes empacamos las maletas y salimos ya de noche para allí donde nos esperaba el resto de la familia para pasar el fin de semana, entre ellos el antagonista de esta historia, el hijo de mi cuñado que cumplía años, Joaquín, mi sobrino.

    Más o menos a las 8:30 de la noche estábamos nosotros estacionando el auto afuera de la casa, en un espacio en el que apenas cabíamos pues la cantidad autos ya estacionados nos decía que éramos los últimos en llegar. Adentro estaban todos ya: los hermanos y hermanas de mi esposo cada uno con su familia y su padre, o sea mi suegro.

    Después de cenar acompañé a mi hijo menor a acostarse en un gran cuarto repleto de literas donde duermen todos los sobrinos, grandes y chicos. Las parejas dormimos en habitaciones individuales, entonces después de acostar a mi hijo fui a mi cuarto para ponerme mi pijama: una blusa blanca y unos shorts cortos. Soy una mujer de curvas pronunciadas, mis pechos son grandes, también mis nalgas y mis piernas, ese día llevaba una tanga color negro por lo que se notaba un poco encima de los shorts, además era una noche fría y mis pezones se notaban encima de la blusa por su color y su tamaño, por lo que no consideré apropiado salir así no más de nuevo donde estaban todos y me cubrí con una cobija alrededor de mi cuerpo.

    Al llegar de nuevo con todos empezamos a beber cervezas, whisky y ron mientras yo ponía música desde mi celular a un amplificador, era la Dj de la fiesta y los animé a bailar. Todos se negaron al principio pero a medida que todos bebíamos nos poníamos más felices hasta que apagaron casi todas las luces y empezaron a bailar. Era muy divertido y todos la pasamos bien hasta que mi esposo (ya ebrio) decide invitarme a bailar, yo me niego ya que seguía envuelta en aquella gran cobija, pero él insistió tanto que no le importó mis motivos, pues me dijo que nadie le pondría atención a lo que llevaba puesto y yo finalmente acepté.

    Me quité la cobija y quedé en mi pijama blanca esperando que la poca luz no dejara que se notara demasiado que no llevaba brasier ni tampoco mi tanga debajo del short. Bailamos de forma normal hasta que me soltó para tomar más whisky y yo mientras me iba por mi cobija sentí que me tocaban el hombro. Al voltearme veo a Joaquín, mi sobrino, el hijo de mi cuñado a quien conozco desde que nació y que ya había bebido también algo de alcohol. Me pidió que bailáramos y yo me negué totalmente, pero mi esposo volvió y prácticamente me obligó a aceptar.

    Al principio me sentí incómoda pues las mujeres siempre nos damos cuenta cuando nos miran y mi sobrino me miraba el cuerpo más de lo normal, intentaba disimular pero era demasiado obvio que no le interesaba demasiado verme a los ojos. A medida que pasaba la canción yo me alejaba pues él quería pegarse a mi cuerpo, o sea a mis senos, que de vez en cuando le rozaban su pecho por el movimiento.

    Yo sentía cada roce de su pecho con el mío y cada vez que se intentaba pegar lo hacía con fuerza haciendo que mis senos se hundieran un poco y yo no podía hacer nada, pues siempre estuve pensando que era normal y que todo esto era mi imaginación, cómo iba a pensar que mi sobrino intentara tomar ventaja de esto, así me convencía que nada estaba pasando fuera de lo normal.

    Pero no dejaba de pensarlo pues cada roce era más y más seguido y cada vez se me pegaba más y yo lo despegaba mientras mis senos brincaban muy cerca de él hasta que sentí algo raro por mi cuerpo, un escalofrío que me llevó a mirarme los pechos y darme cuenta que tenía los pezones muy parados y seguían rozando con el cuerpo de mi sobrino. Todos los pensamientos me atacaron en un segundo y yo me di cuenta que estaba pasando algo porque en una de las veces que se me pegó al cuerpo pude sentir dura su entrepierna.

    En ese momento me puse muy nerviosa pues no podía pensar en otra cosa y quería que se acabara la canción, pero también estaba confundida, le eché la culpa a los tragos que me había tomado de whisky y me dije a mí misma que eso no podía ser verdad, cómo iba a tener una erección mi sobrino conmigo, las personas de su edad pueden tener chicas jóvenes, sus compañeras de estudio o alguna de sus novias seguro habrían sido más sexys que yo, entonces pensé que debía confirmar lo que había sospechado y sin pensarlo dos veces dejé que en uno de sus intentos de pegarme a su cuerpo lo lograra por completo, él y yo quedamos totalmente juntos y ahí pude sentir lo que sospechaba: una erección completa que iba desde mi vagina hasta mi obligo, así se sentía y cuando la tuve pegada a mi pude sentir también cómo se movió en ese instante tal vez para hacerme saber que estaba allí o tal vez porque noté que mis senos estaban totalmente pegados a él y seguro debía estarlos sintiendo en todo su esplendor sobre su pecho.

    No sé cuánto tiempo duramos así pero cuando reaccioné lo alejé bruscamente y me fui a sentar, mi sobrino me dijo que volviera pero preferí envolverme en mi cobija y cerciorarme que nadie había notado lo que acababa de pasar allí. Afortunadamente nadie se dio cuenta y mi sobrino se sentó en una silla alejado de mi, yo me tomé otra copa de whisky y decidí irme a dormir, pues las miradas de mi sobrino no paraban y yo ya me sentía bastante ebria. Le dije a mi esposo que me acostaría ya y él aunque no quería me dejó, así que me retiré a mi cuarto.

    Entré y cerré la puerta, dejé caer la cobija al piso para darme cuenta que mis pezones seguían parados y duros, me pasé las manos por encima de ellos y los pellizqué con mis dedos fuerte hasta que sentí otro escalofrío por mi cuerpo entonces apagué la luz y me tumbé en la cama boca arriba, busqué mi celular pero me di cuenta que lo había dejado en la sala con la música, entonces solo cerré los ojos y me quité el short, metí una mano debajo de la tanga, tenía empapada la vagina no me había dado cuenta de lo excitada que estaba, entonces empecé a pasar mis dedos de arriba a abajo acariciando mi clítoris y sintiendo todo cada vez más húmedo, con la otra mano me subí la blusa dejando salir mis tetas, tocando mis pezones desnudos que cada vez se endurecían y me hacían sentir más.

    Me masturbaba como casi todos los días lo hacía pero esta vez no entendía por qué estaba tan excitada, tan mojada, tan sensible, esa confusión me preocupaba pero a la vez recordar los instantes bailando con mi sobrino me ponían a mil, soltaba un gemido cada que recordaba como se sentía su duro pene contra mi vientre, como mis pezones le rozaban el pecho y habrían provocado semejante erección que me hacía retorcer en la cama de pensarla mientras mis dedos cada vez estaban más mojados y yo gemía cada vez más fuerte… oh, dejé escapar uno muy fuerte a la vez que me metía los dedos cada vez más rápido y más fuerte, oh, oh, oh, oh, lo repetía mientras imaginaba eso que había pasado allá frente a todos, frente a mi esposo y su hermano y toda su familia había sentido el gran pene de mi sobrino que me tenía así de mojada gimiendo, hasta que un ruido fuerte de la puerta me hizo detener en seco pensando que mi esposo podía estar por entrar al cuarto.

    Con mucha velocidad me subí las tangas, cubrí los senos y paré de gemir, pero al cabo de unos minutos no entró nadie, entonces decidí pararme a mirar qué había sonado, encendí la luz y me di cuenta que la cerradura estaba entreabierta, la abrí por completo y no había nadie en el pasillo, afuera se escuchaba aún la música y todos de fiesta, hasta mi esposo, entonces decidí cerrar, apagar de nuevo la luz y acostarme a dormir.

    Me desperté tiempo después, cuando sentí llegar a mi esposo muy ebrio y cayó acostado a mi lado casi dormido ya. Yo aún estaba mareada por el whisky y también tenía muchas ganas de ir al baño, así que me levanté y cuando quise buscar el short para ponérmelo noté que mi esposo se había acostado encima de él, así que, aprovechando la oscuridad y la soledad ya que todos se habían ido a dormir Dios sabe hace cuánto me decidí a salir en tanga.

    No tengo mucho más tiempo para continuar así que la segunda parte la dejaré para el siguiente relato.

  • Mi madre me coge en las vacaciones (4)

    Mi madre me coge en las vacaciones (4)

    “Salimos de la cabaña y nos encontramos con Su, mi madre. La miró a Clau, y como si supiera de su fantasía, le dio un beso en la mejilla, pero su mano le apretó el culo.”

    Nos quedamos toda la mañana en la playa. Una de las veces que fuimos al agua, vi como Su, desde atrás, le tiraba del pelo a Clau, y le metía una mano en el culo. Clau se dejó hacer. Luego Su le dijo algo al oído.

    Antes del almuerzo, fuimos a pasear y hacer algunas compras. Susana le dijo a Clau que se compre una bikini más provocativa, ella le hizo caso, pero no me dejaron verla. Después fueron al sex shop que mi madre había visitado el viaje anterior. Entraron y luego de un rato salieron con una bolsa.

    Almorzamos, tomamos unas cervezas y fuimos a las cabañas. En realidad, fuimos a la cabaña que compartía con Clau. Entramos y Su le dijo que se pusiera la bikini nueva. Si bien Clau tiene un buen cuerpo, buenas tetas y culo, pero cuando la ví con la malla no lo podía creer. Abajo solo una tela de muy fina cubría su monte de venus, y un hilo corría entre sus glúteos. Arriba, dos pedacitos de tela solo tapaban lo justo y necesario.

    “Ahora sí estás con una malla para el caribe.” Dijo Susana y siguió: “¿Que tenés planeado para esta noche Tim?

    “Sorpresa Su, sorpresa”

    Cenábamos los tres y fui al baño del bar para aprovechar y hablar con Lia. Le conté la fantasía de Clau y obviamente no tuvo problemas.”

    Cada uno fue a su cabaña y más tarde Lia nos pasó a buscar. Sin mediar palabra le puso un collar y una cadena a Claudia. Se puso frente a ella y le metió un dedo en la boca que Claudia chupó.

    “Ahora, serás nuestra perrita por esta noche. Y mejor que te portes bien.”

    Fuimos a la cabaña de Su, que nos esperaba.

    “Afuera ropa perra.” Ordenó Lia. “Igual Ud. Sra. Puta. Hoy vamos a disfrutar de esta perra.”

    Lia y Su, se tiraron en la cama y se pusieron a besarse y acariciarse. Clau miraba y se pasaba la lengua por los labios. Las manos las tenía juntas al frente.”

    “Chupanos un ratos las conchas.” Dijo Lia. Y Claudia obedeció. Chupaba con ganas, gemía mientras lo hacía. Luego pasó a Su, que me miraba como yo estaba sentado en una silla con un trago en la mano, aún con los shorts en su lugar. Lia fue hasta un bolso que trajo, y sacó un arnés con un consolador grande, la puso a Su en cuatro y la comenzó a penetrar. Su dio un grito de dolor cuando sintió que el consolador entraba por completo. Pero no se movió.

    De a poco sus gemidos eran más fuertes, pedía más. Le tomo por los cabellos a Clau e hizo que le chupe las tetas.

    “Chupa perra, chupa bien mis tetas.” Mientras Clau lo hacía, Lia le daba chirlos en el culo.

    “Si llego a ver un solo dedo en tu concha o en tu culo, te juro que te empalo con un bate de béisbol. Tienes prohibido tocarte.”

    No tardó mucho Su en llegar a un gran orgasmo. Lia se acostó sin sacarse el arnés y la puso a Clau a chuparlo.

    “Sra. Puta, chupa mis tetas.” Dijo mientras se metía un consolador mediano en el culo.

    “Así, así las dos, háganme gozar, como a la Puta Reina.” Dijo súper caliente. Su y Clau se prodigaban en chupar, las hizo cambiar y ahora era Su la que chupaba ese enorme consolador. Lia llegó a un buen orgasmo y no se detuvo. Hizo poner en 69 a las dos, Clau abajo y Su arriba.

    “Srta. Puta, chupa bien esa concha, quiero que le saque un buen orgasmo jugoso.” Dijo Lia. Clau se puso a chupar, hasta que consiguió sacarle un orgasmo. Lia entonces volvió a penetrar la concha de Susana, mientras Clau chupaba su clítoris y el consolador como si fuera una pija real. Mi madre daba gritos de placer en cada orgasmo.

    Lia vio que yo ya estaba desnudo y con mi pija al máximo. Sacó el consolador, me miró y sonrió, para empezar a meterlo en el culo de Su.

    “No por favor Lia, me vas a desgarrar, no.” Decía Susana.

    “Abrile bien el culo, porque le voy a enterrar esta pijona si o si.” Le dijo a Clau que abría los cachetes al máximo. De a poco lo fue enterrando. Su lloraba. Cuando lo tuvo todo adentro, las chupadas de Clau la empezaron a excitar. Se movía lentamente sacándolo y volviendo a poner en su culo.

    Lia bombeaba con todo, del culo de Su caían jugos y gotas de sangre en el rostro de Clau. Cuando Lia llegó a un orgasmo, enterró todo el consolador y lo dejó clavado. Su casi convulsiona por el orgasmo. Lia sacó el consolador y lo metió en la boca de Clau, que casi lo rechaza pero finalmente se puso a limpiarlo. Cuando terminó, Lia me miró y me dijo:

    “Sr. Tim, es su turno, la perra está muy caliente.”

    “Bien, Lia, sin sacarte el arnés, acostate boca arriba.” Subí a la cama y le dije a Su, “Parada al lado mío, y abrite bien el culo.” Lo hizo y le metí tres dedos en el culo. “Clau, putita, sentate en ese consolador.” Le dije.

    Mientras ella iba bajando, mi madre acariciaba mi pija, y me besaba, mientras yo la masturbaba por el culo. Claudia bajaba muy lentamente, apenas si tenía apoyado el consolador en su concha. Lia le dio una cachetada en los pechos, que quedaron marcados de rojo. Claudia bajó un poco más y dijo: “No entra”. La cachetada de Lia, ahora fue a su cara, la dio vuelta. Y moviendo su cadera la enterró un poco. Claudia dio un grito. Yo le metí la pija en la boca. Ella de a poco fue metiendo todo el consolador en su concha, y comenzó a subir y bajar. Yo le pasaba la pija por su cara y ella gemía de placer, la metía en su boca y chupaba ávida.

    “Parece que a la putita le gusta más de una pija a la vez. Miren como coge y chupa, linda puta resultó”

    Me volvía loco verla tan excitada, ya con su concha bien abierta, era frenético su ritmo. Busqué un par de consoladores en el bolso de Lia y de Susana, y encontré un par de esposas que esta había comprado. Puse las manos de Claudia en la espalda y le puse las esposas. En ese momento suspiró profundo, como gozando las esposas. Le di un consolador a Su para que se lo ponga en el culo y el otro para que lo ponga en la boca de Clau.

    “Como te gusta que te cojan putita, pensar que hasta que llegamos, eras una mojigata. Y ahora…” dije.

    “Ahora soy muy puta, tu puta.” Dijo Claudia.

    Me puse detrás de ella, la empujé sobre Lia, y sin piedad le metí la pija en el culo. Ella trató de gritar, pero no pudo por el consolador en la boca. Como podía gemía y trataba de respirar profundo. Los orgasmos se sucedían.

    “Como goza esta perra, voy a acabar con Uds. por favor.” Dijo Lia. Y Susana se sumó a Lia.

    Cuando acabé en ella, me siguió con otro terrible orgasmo. Cuando pudo, se salió del consolador, y me limpió la pija.

    Cuando terminó, tomé la correa, y sin sacarle las esposas, la llevé a nuestro cuarto. Se acostó así y se quedó dormida.

    Me despertó sentir como me chupaba la pija. Al abrir los ojos, ella, con las manos esposadas, me chupaba sin parar.

    “Buen día Tim, mi amor. Gracias por tanto placer anoche. Permitime darte placer esta mañana.” Y siguió chupando. Cuando Lia trajo el desayuno, Claudia seguía chupando.

    “Buen día Sr. Tim, veo que la Srta. Puta, ha aprendido. Me alegro mucho”

    Cuando acabé en su boca, le quité las esposas y desayunamos.

    “Tim, me hiciste llegar a niveles de placer impensados, y me hiciste hacer cosas que nunca imaginé. Prometeme que me vas a coger así cuando volvamos, me encanta, y sentir que me podes hacer cualquier cosa y yo feliz.”

    “Bueno, entonces así será.”

    Pasamos todo el día en la playa, y al cenar, Lia nos dice: “Para esta noche, tengo preparado si desean un nuevo servicio. Le prometo a la Sra. Susana, que quedará encantada.”

    “Guau, si claro. Te esperamos Lia.” Dijo Susana.

    Con Clau nos quedamos tomando un trago, y Susana se fue a su cabaña. Vimos que Lia iba para la cabaña y esperamos un poco para ir. Cuando llegamos a la cabaña, vimos que Su estaba con los ojos vendados, arrodillada. Una mujer muy joven, con lindos rasgos, aún vestida, le chupaba los pechos. A su lado, un hombre con una pija descomunal, se masturbaba.

    Le acercó la pija a Susana, y ella abrió la boca a más no poder. Se sacó la venda y comenzó a chupar desesperada. Apretaba la cabeza de la mujer contra sus pechos.

    La miré a Clau y se mordía los labios. La pija del hombre excedía los 23 cm de largo y unos 7 de circunferencia. Susana no sabía cómo hacer para que le entre toda esa pija en la boca. La mujer se quitó la camisola que llevaba y dos tremendos pechos quedaron al descubierto. Ahí me di cuenta que era un transexual, aunque ni Su ni Clau se habían dado cuenta de tan femenina que era.

    “Sacate la ropa.” Le ordené a Clau, que obedeció de inmediato. Tomé la venda y la puse en sus ojos. Toqué su concha y estaba empapada. El hombre acostó boca abajo a Susana, y la penetró sin piedad por la concha. Dio un grito, pero enseguida comenzó a gemir. Yo le indiqué a la mujer que se quite el resto de la ropa y como sospechaba, apareció un pene de buen tamaño, casi como el mío. Le indiqué que lo acerque a Clau, que lo empezó a chupar.

    Susana gozaba como loca, “Si, es hermosa esta pija, una locura. Me parte, pero la quiero toda adentro.”

    La hice levantar a Clau y poner en cuatro en la cama. A la mujer, que se la meta por el orto. Y yo le di de chupar mi pija a Susana, mi madre.

    Cuando Susana vio que era una trans abrió los ojos gigantes. Más cuando vio como Clau se dejaba romper el culo. Cuando aquella la bombeaba duro, le saque la venda y me miró intrigada. De inmediato se dio vuelta y vio a la trans rompiendo su culo.

    “Hijo de puta, me estás haciendo coger.” Dijo Clau.

    “Y te gusta puta, bien que te gusta.” Le dije.

    El hombre sacó la pija de la concha de mi madre, y le dije que se la dé a chupar a Clau. Al principio no quería, pero un sopapo en la cara, la hizo comenzar a chupar de a poco. Sentir todo ese pedazo de carne, la volvió a excitar, hasta que llegó a un buen orgasmo.

    Me miró y me dijo “Hasta aquí”.

    “Ok.” Le dije respetándola.

    Yo hice acostar al trans, a mi madre montarlo y le di carta libre al hombre, que inmediatamente se apoyó la cabeza de su pija en el orto, y la comenzó a meter. Susana gritaba como loca, pedía más y más. El hombre fue cuidadoso, y siguió enterrándola despacio. Cuando la tuvo toda adentro, se empezó a mover al ritmo con el trans.

    Clau empezó a chuparme la pija, mientras se masturbaba. Los gritos de placer de Susana la excitaban más. Y ver a mi madre gozar de esa forma, me ponía loco.

    Clau se acercó a mi oído, y me dijo:

    “Nadie iguala a mi hombre, por más pija gigante que tenga, solo con vos gozo, lo pude comprobar.” Y bajó a chuparme la pija. La tomé por la cabeza y mirándola a los ojos, literalmente, le cogí la boca. Ella tenía arcadas pero no protestaba, sus brazos caían flácidos al costado del cuerpo. Cuando acabé lo hice en el fondo de su garganta. Ella se ahogó pero tragó todo.

    En ese momento, el hombre y la mujer acabaron dentro de mi madre, que inmediatamente se puso a chupar sus pijas.

    Nos fuimos a nuestra cabaña y nos acostamos.

    “Amor, me encanta que me cojas como me cojas, que me domines, que hagas de mi lo que quieras. No me molesta verte con otras mujeres, y me gusta compartirte con otras mujeres. Pero me di cuenta que no me gusta estar con otro hombre o con una trans perdoname.”

    “Clau, no hay problemas, quise darte la oportunidad de decidir, y con un buen tronco. Claro que acepto tu gusto.”

    “Y vos, ¿que fantasía tenés para cumplir en la isla?” Me preguntó.

    “Te va a parecer morbo, pero me gustaría verla a Lia hacer mierda a la hermana, y después yo cogerlas a las dos, a vos y a Lia, por todas partes. Pero solo a Uds. dos.”

    “No hay problema, me encanta Lia.” dijo Clau.

  • Sacarnos las ganas

    Sacarnos las ganas

    Nos encontrábamos acostados en su habitación luego de cenar con su familia, cansados hablábamos tranquilamente. En la noche solo se escuchaba la tele de fondo que miraba mí suegro, seguramente algún partido de fútbol.

    Yo tenía que irme en un rato a mí casa pero bueno estábamos pasándola tan bien, como toda pareja al comienzo de su noviazgo.

    Pero hay algo ahí en nuestra chispa que siempre roza la lujuria ese deseo, de cada día probar y probar el cuerpo del otro con desesperación como si no hubiese un mañana.

    Así una mano llevo a la otra y la loca idea de saber que solo una puerta, a medio cerrar sin llave, era la única barrera entre su familia y nuestros cuerpos, encendió el fuego.

    Su cuerpo y sus curvas eran incontrolables para mis ojos y caricias. No paso mucho para que ella decidiera desprenderse de su pantalón, aunque le hablara no me escuchaba ni una palabra ella tenía una misión y la iba a completar como fuera lugar.

    Tenía una mirada caliente como alguien que no tiene ningún límite en ese momento introdujo su mano izquierda en mí pantalón y comenzó a provocar mí erección, pero la sola idea de saber que en cualquier momento alguien podía entrar me intimidaba, a ella todo lo contrario. Y fue la encargada está vez de todo, el sometido fui yo y bajándome la ropa subió su cuerpo sobre el mío y nuestras partes se cruzaron se rozaron íntimamente sin ninguna barrera de por medio solo el calor, la desesperación de hacernos con el cuerpo del otro reino esa noche.

    Su boca besaba la mía, mientras sujetaba su cintura que se movía casi por tiempo completo de forma brusca y violenta, así le gusta a ella. Mis dedos solo atinaban a tomar esas piernas carnosas, para mí perfectas, a veces se deslizaban hacía sus hermosas nalgas duras y redondas. La sola mención de mí parte sobre que podría entrar su padre o su familia la hacía enloquecer su movimiento sobre mí se volvía más fuerte y sus gritos solo se contenían mordiéndome la oreja unas veces y otras mis labios. Ya me encontraba hundido en la locura que me propuso ella desde el inicio, dejé fluir todo sin importar nada y así luego de tanta calentura desesperación y excitación a la exposición llegamos al punto máximo de placer, sentir nuestros fluidos y esos gemidos de placer escapar de nuestros labios.

    Habíamos dado todo ya no quedaban ganas en nuestros cuerpos y nos encantaba.

    El sueño nos invadió completamente.

    Al otro día vi la luz de sol y el amanecer nos encontró acostados, vestidos por suerte.

  • Me follé al conserje

    Me follé al conserje

    Hola a todos, mi nombre es Susi, soy una típica ama de casa, tengo mis gemelos que van aun al colegio y un esposo muy dedicado a nosotros, tengo 37 años, soy delgada pero algo caderona, mis pechos son medianos, algo caídos por el paso del tiempo, pero aún mantienen su sitio.

    Me gusta vestir con bragas pequeñas, de colores negras, rojas o blancas, siempre me dedico un tiempo a mi higiene personal y mantener mi cuerpo en forma. Uso cremas para la piel, me depilo cuando veo ya muy crecido el jardín, me hago las uñas de las manos y los pies, el cabello me gusta llevarlo siempre arreglado.

    Mi vida sexual es muy complaciente, los fines de semana que no trabaja mi marido, follamos toda la mañana, tiene buen aguante mi rey y casi siempre me deja satisfecha en la cama. Normalmente el siempre lleva la iniciativa, me despierta sobándome su verga erecta por el culo, eso hace que me excite mucho, me soba hasta que me humedezco toda, me despojo de la pijama y quedo en braguitas, mete sus dedos por encima de mi chochito y eso me vuelve más loca, deseosa de ser penetrada, me excita mucho sentir sus dedos querer entrar en vagina, me enloquece cuando acaricia mi cuello y me susurra al oído, cuando besa mi cuello y siento toda su verga en la raya de mi culito, ufff eso es lo más.

    Cuando ya llevo una buena calentura, me bajo a mamar esa vergota que lleva entre sus piernas, la muerdo, la beso, la succiono, la golpeo contra mis mejillas, con mi lengua, con mi cara, disfruto mucho hacerle el sexo oral, le cómo los huevos y no dejo de meter en mi boca su verga grande, erecta, venosa y cargada de mucha leche para mí. Me encanta cuando él me come el coñito, aunque siento que a él, no le apetece mucho, me corro más cuando mete su lengua entre mis labios vaginales y juguetea dentro, cuando aprieta mi clítoris con sus labios y se queda pegado ahí, que rico y delicioso.

    Últimamente debo de confesar que las cosas no van bien en nuestra cama, pues no sé a qué se debe esta situación, siento que no me desea como antes, muchas veces he intentado ser yo la que inicie el jueguito de la pasión para poder ser follada, pero veo que mi marido no quiere, no le apetece, no tiene ganas o simplemente por las noches no va a la cama, se queda dormido en el salón. Le he preguntado muchas veces que sucede y siempre es la misma respuesta, estoy cansado, comprende sí.

    Los fines de semana me despierto muy excitada, muy deseosa de poder sentir su erección en mi culo, pero o sigue durmiendo o ya está de pie haciendo otras cosas, esto me tiene un poco contrariada, confusa, irritada ya que a la primera me pongo rabiosa y discutimos sin motivo aparente y así los fines de semana. Recuerdo la única vez que hice lo que no debía, recuerdo haber estado tan caliente aquel día, tan deseosa de querer correrme, de poder sacar esta llama que me consumía las fuerzas, llevaba mucho tiempo despertando con las bragas mojadas, en la ducha sin motivo aparente me corría a mares, el solo pasar la maquinita de rasurar por mi vagina hacia que me encienda, meter mis dedos dentro de la vagina y poder lavarme me ponía a cien. Que calentura llevaba encima.

    Aquella mañana me desperté más temprano de lo normal e intentar provocar a mi marido para que me coja, me folle, me tome y penetrase. Dormí con una camisetita corta y una braguita muy sexi, coloque todo mi culo hacia su lado, para que pueda sentirme y vea que no llevaba nada más que eso y que me metiera mano y poder apagar este fuego que me encendía. Solo me dio la espalda y siguió durmiendo como si nada hubiera a su lado.

    Por la mañana siguiente baje a la 366 a por el pan para el desayuno y solo veía delante de mí, pollas y pollas, de diferentes tamaños y formas, estaba tan caliente que si alguien me decía para follar en ese momento no lo pensaba dos veces y lo dejaría que me penetrase a cuatro patas. Al llegar al portal me topé con el conserje, un chaval muy bueno y amable. Nos dimos los días y seguí mi camino hacia mi piso, nada más llegar y cerrar la puerta, coloque la barra de pan entre mis piernas y la parte dura, la punta que casi siempre es redonda la acerque a mi coño, ya deseoso de querer tener algo dentro, acerque aquella parte dura de la barra de pan y no dejaba de estrujarla y querer meterla entre mis piernas, sentir el crujir de la barra y ver como se iba deformando me ponía más cachonda, recuerdo que termine sentada en el piso y la barra de pan totalmente desecha.

    Lleve a los peques al colegio y al regresar solo llevaba un pensamiento en la cabeza, me follaría al conserje, cueste lo que cueste, pasase lo que pasase, no pensaba en otra cosa que no sea terminar follada aquella mañana. Ya en el portal le pedí amablemente al chaval que si podría subir un momento ya que necesitaría me ayude a mover un mueble y que sola no podría hacerlo, con mucho gusto subiré Susi, me respondió.

    Ya en mi piso, me cambie de ropa, me puse un vestido de seda casi traslucido, algo ligero y me quite el sujetador para poder tener todo más rápido y no perder tiempo en nada, me cambie a unas braguitas limpias, llevaba el coño completamente depilado. Suena el timbre y una voz dentro de mi decía: abre rápido, apresúrate que se va. Paso el chaval y ya dentro lo lleve a mi habitación, al entrar me agache lo más que pude para que pudiese ver mi trasero y parte de mis muslos, mis bragas y todo lo que quisiera mirar sin ningún reparo, le dije que necesita mover el canapé y que si me ayudaba a empujar sería más fácil, le pedí se pusiese detrás mío y empujemos a la de 3, cuando sentí su presencia detrás de mi pensé, entendió el mensaje, lo tengo, ahora solo esperar se ponga cachondo y me tome ahí mismo.

    Al estar detrás de mi le dije que no sea tímido y se pegase más, madre mía la erección que sentí en mi culo me hizo temblar las piernas, se me hizo agua la boca, el coño y hasta los pezones se me pusieron de punta, me frote un poquillo más para que este a tope y poder disfrutarlo un rato, sentía su respiración sobre mi hombros y ya no tirábamos del canapé, solo era mi culo y su verga rozándose de lado a lado. Me coloque a cuatro patas sobre la cama y me baje las bragas y le pedí me penetrase ahora mismo, sin mediar más palabras, sin repetirlo dos veces y sin mucho esfuerzo me clavo toda su verga en el coñito, me penetro de un solo golpe, de un solo empujón quedo dentro de mí, de un solo empujón me tapo el coño, la dilatación de mi vagina y lo húmeda que estaba ayudaron mucho a la penetración, solté un fuerte gemido en señal de aceptación, gusto y placer.

    Yo estaba muy excitada y chorreante de tanto placer, todo salió más fácil de lo que espere, que fácil todo y que practico pensaba, quien se podría resistir a echar un polvito sin ningún compromiso de por medio, yo seguía disfrutando y siento como me llena el coño de leche, pero que a pasado le dije, no aun no, no puedes terminar ahora, no querido, no me hagas esto, lo tumbe boca arriba, espera que ahora vuelvo, me fui al baño, me lave el chochito y volví nuevamente, ahora me vas a comer el coño hasta que yo termine vale, solo asintió con la cabeza y me coloque en 69, al principio no le ayudaba mucho el ritmo que teníamos, pero con el pasar de los minutos y sentir mi excitación le cogió el puntillo, cuando más me contraía, más apretaba, más intensos hacia los chupones en mi coño, más prolongada dejaba su lengua en mi interior, que placer estar en esa posición, el comenzó a comerme el coño de manera más alocada y fuerte, eran otras sensaciones, otras maneras de sentir mis orgasmos ya muy acumulados, era otra forma de correrme, de sentirme deseada, apetitosa y cachonda.

    Me corrí creo que tres veces y en todo momento se mantenía ahí el chaval, para nada intento salir de ese sitio y cada vez lo hacía mejor, cada vez inventaba un nuevo movimiento de lengua, sentí sus 10 dedos explorar mi coño, su nariz, lengua, labios y hasta sus pestañas las sentí jugar en mi intimidad. Ya le había puesto la verga dura nuevamente como un tronco, mientras el siguiese ahí, yo seguí salivando por sus bolas y su verga, un ligero levantamiento de su cuerpo me indicaba que estaría a punto de correrse, intente contener todo su líquido seminal dentro de mi boca pero me fue imposible, a pesar de recién haber eyaculado, aun poseía más y se me desbordo por toda la boca, su cuerpo y las sabanas. Madre mía que intenso todo y que bien, la habitación quedo muy olorosa a sexo, semen, fluidos vaginales, sudor, fragancia a buen sexo y disfrute.

    Al terminar le pedí por favor que se marchase y de la misma manera que entro, salió.

  • Vacaciones increíbles y muy bien acompañada (Parte 2)

    Vacaciones increíbles y muy bien acompañada (Parte 2)

    Tranquilos ya después de aquel sexo espectacular, nos abandonamos al descanso y a dormilar.  Mi cabeza en su regazo y mi mano en su flácida verga. Un rato después, ya despierta y él aún no, veo su verga que, estando en descanso, le sobraba mucho prepucio, lo empecé a mordisquear y chupar y Joel despertó, su verga también. Estaba poniéndose ya dura y firme. La introduje en mi boca hasta donde pude y la chupé fuertemente, se oyó un gemido muy profundo de Joel.

    Sus contracciones hablaban por sí mismas, en las mismas, me ofrecía más y más verga a la vez que murmuraba lo rico que estaba sintiendo. Me arrodillé con mis piernas abiertas sobre él, y me dirigí a su rostro colocando mi coñito sobre su boca, el que empezó a lamer y chupar. Mi clítoris no escapaba a su lengua lo que me hacía retorcerme de placer. Capaz fue su boca de recibir todos mis líquidos y listos ya para que me penetrara, me levanté para juguetear un poco por la habitación. De pie frente a él y con risa pícara y burlona, lo reté a que me atrapara en alguna parte. Comprendió enseguida mi jueguito, se levantó con su verga bien parada y chupada, mientras yo iba alrededor de la cama, ambos totalmente desnudos. Por fin logró tomarme por un brazo y me tiró violentamente a la cama. Se abalanzó sobre mí y con su verga me dio en las mejillas antes de penetrarme.

    Con locos movimientos de mi parte y balbuceando hasta palabras soeces, recibía todas las cargas que Joel tenía para mí. Me puso una de mis piernas sobre uno de sus hombros y arremetía violentamente bufando de placer.

    Yo solo recibía todo aquello sin poder provocar movimientos…suficientes con los de él. Escapaban de mi boca gemidos imposibles de acallar. Los estremecimientos que tenía hacían vibrar mi cuerpo completo. Le pedía más y más verga… más y más duro hasta que casi con un grito, inundó mi coño. Tres, cuatro o cinco orgasmos de mi parte? No sé. Lo que si sé, es que fueron varios y me sentía satisfecha y también mujer.

    Él, se recostó en la cama nuevamente mientras yo le limpiaba la verga con mi lengua. No quería desperdiciar ni una gota de semen. MI coño estilaba por lo que puse en él papel toilete suficiente para no regarlo por la habitación. Una vez limpia su verga, me tendía a su lado y lo besé apasionadamente diciéndole lo bueno que era como amante.

    Nos duchamos juntos enjabonándonos uno al otro antes de arreglarnos para ir a cenar. Vale decir que toda la ropa que yo llevaba, era pensando en parar vergas… muy sensual sin caer en la vulgaridad, tanto la de vestir como la de playa (trajes de baño). Al poner el vestido aquella noche para cenar y darse cuenta Joel del mismo, sus ojos se agrandaron y suspiró diciendo… con esa ropa, tal vez no me dejen nada quienes te vean… Yo reí y lo besé tiernamente en los labios.

    Cenamos en un bonito restaurante y muy bien. Caminamos por el complejo conociéndolo. La brisa que soplaba, abría mi gran escote dejando al descubierto mis tetas y teniendo que ponerlas en orden con mis manos. Dentro de los edificios del complejo, no había pena al respecto, por no haber corrientes de aire, por lo que podía lucir mis tetas sin los pezones al descubierto.

    Caminamos a un bar a tomar algo, llevándolo a la playa. Nada de gente ahí… solo nosotros en una obscuridad casi total. Nos recostamos en una tumbona muy juntitos y platicamos de la vida de nosotros. Me enteré que Joel había estado viviendo con una compañera con quien tuvo un hijo. Ella los abandonó y ambos viven en un pueblo muy cercano a donde está el complejo hotelero. Durante la conversación, nos besábamos y tocábamos. Parecíamos adolescentes calientes buscando soledad y obscuridad.

    Al regresar a la habitación, dicho sea de paso muy cansados, él me quitó el vestido, lo colgó en el closet y me acarició todo el cuerpo. De mi cuenta, lo despojé de su pantalón y de su playera, quedando solo en ropa interior en la cual se marcaba su verga deliciosa. Nos vimos a los ojos, nos aproximamos, nos besamos y haciendo lo posible por vencer el cansancio, nos entregamos de nuevo al placer del sexo. Ya éste era duro y a veces hasta violento. Nuevamente mis orgasmos no se hicieron esperar y su verga fue limpiada con mi lengua.

    Ahí terminó aquel maravilloso día. Nos entregamos al descanso esperando más deleite para el siguiente.

    Hasta aquí ésta entrega en su segunda parte. La tercera y final describirá algo que jamás creí que me sucedería en la vida. Hasta pronto.

  • Mi mejor amigo, amante de mi esposa y mi pija preferida

    Mi mejor amigo, amante de mi esposa y mi pija preferida

    Me llamo Nicolás y les voy a contar cómo mi mejor amigo Mariano hizo de mi esposa Paula y de mi sus esclavos sexuales.

    Todo comenzó con mi fantasía de ver a mi esposa gozar con otro hombre, me daba lo mismo estar presente o no pero si no estaba quería fotos o videos de la fiesta sexual. Llene la cabeza de Paula durante mucho tiempo y de a poco se fue prendiendo con la idea aunque para mi sorpresa me confesó que le calentaba mi mejor amigo Mariano. Me encantó la idea de que sea él quien la calentaba, Mariano tenía una pija terrible y eso me excitaba mucho. Cada vez que cogíamos con Paula le hablaba del pedazo de verga que tenía Mariano y ella se calentaba muchísimo, gemía y lo nombraba cuando se acababa, me volvía loco que se acabe pensando en él.

    Fue pasando el tiempo y seguíamos fantaseando a full, ella lo deseaba y me lo decía, ya se va a dar bebé, tené paciencia yo le decía. Hasta que llegó la oportunidad perfecta y empecé a armar nuestra fiesta. Yo tengo una casa de playa en la costa Argentina, en Cariló y se dio un fin de semana largo en pleno enero, hablé con Paula para irnos y dejar a nuestros hijos con mis padres y le encantó la idea de irnos solos al mar.

    Justamente un día antes de irnos me llama Mariano para saber qué iba a hacer el feriado largo y le comenté de mi viaje, me dijo que divino amigo poder ir a la playa a descansar unos días, pensé día segundos y le dije… venite con nosotros Marian que ya sabes que la vas a pasar bomba, para boludo dijo, pregúntale a Paula a ver qué dice y si está de acuerdo voy con ustedes, ok ya te llamo en un rato Mariano.

    Fui corriendo a Paula que estaba preparando la valija y le comenté la situación, aproveché para recordarle lo morboso de poder estar con Mariano solos en nuestra casa y fantasear hasta donde podíamos llegar. Paula me dijo… Mira Nico te confieso que todo esto me excita mucho y tengo un poco de miedo de que se cumpla mi fantasía pero la oportunidad es excelente, decile que venga. Mi pija se paró de imaginar lo que podría llegar a pasar y llame a Mariano, prepárate que mañana te busco 6 de la mañana papá, así le dije.

    Preparamos todo y me quería llevar algo para calentar más la fiesta, de vez en cuando me doy unos pases de cocaína y quería llevar para calentarme más así que llame a mi dealer para buscar una buena bolsa. Al volver a casa sugerí a Paula que lleve sus mejores tangas y lencería y que también lleve sus juguetes sexuales, yo estaba re caliente y al acostarnos empecé a hablar con ella de lo que nos esperaba. Tardamos dos segundos en calentarnos y meter a Mariano en la cama. Paula solo hablaba de cómo deseaba a Mariano y cuanto quería su pija, yo aprovechaba para meterle más morbo en su cabeza y contarle lo que quería que haga en Cariló.

    Tenía mil fantasías en mi cabeza, deseaba que la coja en los médanos, en el asiento de atrás de mi camioneta mientras yo manejaba por el bosque y que la garche en el sillón del living mientras yo me pajeaba frente a ellos, volaba de calentura. Así llegamos los dos al orgasmo y nos dormimos, mañana era el día que esperábamos.

    Buscamos a Mariano y partimos, la idea era llegar tipo 12:30 e ir a la playa. En el viaje hablamos mucho y Mariano contó que estaba distanciado de su novia Victoria hacía 4 meses, le pregunté si no tenía sexo desde su ruptura y lo afirmó agregando que estaba re caliente y ojalá tuviera suerte con alguna pendeja porteña. Paula le dijo… ayy Mariano ojalá se te dé sino cómo soy una buena amiga tuya te voy a dar una mano… jajaja se rio él y yo dije… claro amigo para que estamos nosotros y mira que Paula es terrible en la cama… todo queda entre viejos amigos… ustedes dos son terribles bandidos y me encanta que sean así ya veremos qué pasa abusadores de solteros.

    Nos cagamos de la risa y seguí unas cuantas horas hasta por fin llegar a Cariló. Nos acomodamos en la casa y le di el cuarto más cercano al mío, Paula se preparó para ir a la playa y Mariano también, saqué el cuatriciclo y lo cargué con las reposeras, todo listo para salir. Paula apareció con un bikini blanco que le quedaba bárbaro, ella tiene largas piernas, cola parada divina y dos tetas grandes muy bien hechas, tenía los pezones duros y se marcaban en la bikini, eso me calentaba mucho porque sabía que ella estaba excitada también.

    Agarré el volante, ella se sentó atrás mío y le pidió a Mariano que se siente atrás de ella y que no deje de agarrarse… no seas tímido Marian, agarra de donde quieras dijo Pau. Salimos para la playa y cruzamos el bosque, sentía golpear las tetas de Pau en mi espalda y su conchita apretar mi cola, te estamos haciendo un sándwich Pau, cómo venís?? dije… estoy bárbaro mi amor, me encanta estar entre dos machos como ustedes pero no sé cómo viene Marian, estás bien Mariano?? yo bárbaro chicos, vengo viendo el paisaje y apoyándola muy bien a Paula, perdón che pero tenemos confianza y lo tenía que decir… jajaja con razón algo sentía Mariano todo bien jajaja dijo Paula.

    Llegamos a la playa y acomodo las cosas, la veo a Paula sacarse el pareo que la cubría y veo sus dos pezones duros como una piedra, seguro ya estaba re caliente, lo miro a Mariano y el bulto de su pija iba a hacer explotar su short, mi cabeza ya fantaseaba y morboseaba a full. Me metí al mar solo y veo cómo Paula le pide a Mariano que le ponga crema para el sol en la espalda, se acostó y él empezó a frotar su espalda y bajar sus manos despacio, yo esperaba que pare pero veo una orden de que siga, hecho más crema pero ahora en su cola y frotaba esas carnes divinas despacio, se me paró la verga a full, como estaba con agua hasta el pecho baje el short y la saqué para agarrarla y frotarla un poco.

    Mariano seguía con su cola y las piernas y le hablaba al oído, miró hacia donde estaba yo y su mano entro entre sus cachetes, me volvía loco ver cómo estaba empezando a tomar a mi esposa, en la playa no había mucha gente y daba para tocarse. Paula se dio vuelta y abrió sus piernas, él se sentó a su lado y besaba su cuello mientras ella guiaba su mano hacia su conchita, veía muy bien cómo metía sus dedos y besaba en la boca a Paula.

  • Compañera agradecida

    Compañera agradecida

    Todo el que va a la universidad sabe que es la época de la vida donde uno más conoce e inventa cosas, en esta clase particular conocí a una compañera, describiéndola es bien tetona, tez clara, pelo teñido de un rojo brillante y de tamaño promedio, desde el primer día el cual llegué tarde, me senté frente a ella y como suelo ser muy conversador ese mismo día conversamos bastante.

    Durante la clase noté un casi directo coqueteo de ella hacia mí y pues yo le seguí el juego, casi siempre le hacía comentarios sobre sus enormes tetas y ella siempre con voz sexy y miradas insinuantes sonreía aceptando mis “piropos”. También note que era bastante irresponsable con la clase, solía llegar tarde y faltar también, no hacía los trabajos asignados, entre otras cosas.

    Nos fuimos conociendo más a través de los chats y pues también vi que en cuanto al sexo era muy suelta al hablar, así que yo también lo fue con ella, me dijo que vivía y a la vez no con su novio, ya que me lo vivía a menos de una cuadra de su casa y que ella vivía con su abuela, pero que era muy común quedarse a dormir y hasta por una semana en casa de su novio, me resultaba gracioso que me hablaba de su novio y de repe te cambiaba el tema con alguna insinuación hacia mí pero no fue hasta finales de semestre cuando sucedería algo más que palabras entre ella y yo.

    En la clase que compartíamos el maestro era algo anticuado en cuando a la nota se refiere, quería poner los porcentajes divididos en asistencia, participación, exámenes y la compra y entrega de un folleto de su autoría, que obviamente sería la mayor parte de la nota, ya para la semana final ella aún no tenía ni el folleto y por supuesto no lo había completado, este constaba con algo más de 60 páginas. Al preguntarle ella me dijo que no sabía cómo le haría pero que no tenía el dinero para comprarlo y tampoco había estudiado para llenarlo, entonces le dije que yo se lo compraría pero no de gratis en tono de chiste/insinuación pero más que nada insinuación a ver si se daba algo, ella me miró y me dijo que claro que ella me pagaba y que como yo quisiera, ambos reímos pero le dejé claro que solo le compraría el folleto y le prestaría el mío para que me ella copiara, pero que yo no copiarla por ella.

    Le compré el folleto, le dejé el mío para que copiara y nos despedimos, al hacerlo ella me dio un beso a mitad de la boca, sonrió y me dio las gracias, me dijo que la siguiente clase (que era la final) me pagaría como yo quisiera, en la noche me mostró que estaba llenando la práctica y pues yo en verdad no estaba del todo seguro en qué fuera verdad esas insinuaciones pero si estaba dispuesto a correr el riesgo con lo que iba a pedir.

    Llegado el día llegué al aula, ella como siempre llegó tarde, me entregó mi folleto un poco arrugado y maltratado, a decir verdad me molestó un poco eso pero ya no le iba a reclamar, me contó que lo había terminado de llenar la noche anterior porque se habían presentado varias cosas y que su novio no quiso ayudarla a copiar porque ella le contó que había sido un compañero de clases que le había prestado el folleto y que por ende estaba molesta con él. Yo sonreí al saber eso y pues ese día estaba más sexy de vestimenta que nunca, sus tetas casi salían de su vestido corto, recuerdo que pensé “le irá a hablar coquetamente al profesor a ver si se olvida de su inasistencia e impuntualidad” y reí a mis adentros, entregamos los folletos y el profesor nos dijo las notas acumuladas, yo pasé la materia con una calificación buena mientras que ella aunque fue muy baja fue suficiente para aprobar la materia.

    Salimos le brindé algo de comer y justo cuando le iba a hablar de cómo quería que me pagará, ella se me adelantó y me dijo “como me dijiste que te gustan las cosas arriesgadas no querrás que tengamos sexito en un aula?”, me tomó desprevenido, sé que mi cara fue de sorpresa y ella estaba sonriendo, le dije que me parecía buena idea y subimos a unos cursos que casi siempre estaban vacíos y más en esa época de final de semestre (ya lo sabía por experiencias previas), entramos a uno, me coloque contra una ventana y de inmediato le saqué una teta y se la empecé a chupar, ella lo disfrutaba mientras buscaba sobarme el pene sobre mi pantalón, le facilité las cosas y me lo saqué, ella sonriendo me dijo “entonces si es cierto que te gustan las cosas peligrosas” y le dije que me encantaban, me lo comenzó a mamar pero me di cuenta que en un aula cercana desde donde hay vista a través de las ventanas había una persona, entonces le dije que mejor nos fuéramos a mi vehículo, le expliqué que vi a alguien y ella estuvo de acuerdo.

    Bajamos al parqueo, mi vehículo estaba aparcado de frente a la facultad y ella me pidió ponerlo al revés ya que tenía los cristales polarizados menos el del frente, no lo hice porque me pareció que sería muy obvio hacer eso, así que le dije que mejor nos pasábamos atrás y que solo me diera una mamada, que lo del sexo lo podíamos hacer después, ella estuvo de acuerdo y recibió una llamada, me dijo que volvía en breve, yo puse cara de decepción pensando que era su excusa para irse y ella lo notó me dijo, que no, que no me dejaría sin pagarme primero y que para que estuviera tranquilo me dejó su mochila y un abrazo que llevó ese día, solo sonreí y le dije que la esperaría, al cabo de unos 10 minutos volvió y yo ya estaba en el asiento trasero, se hice señas y ella mirando alrededor entró, ya yo tenía mi pene fuera del pantalón y ella sonriendo rápidamente lo metió a su boca y comenzó la mamada de nuevo.

    Yo acariciaba sus enormes tetas mientras ella acostada en el asiento trasero me daba lengüetazos y trataba de meterlo entero en su boca, se veía que se estaba esperando en hacerla bien, de vez en cuando lo sacaba y mientras me masturbaba me miraba y me preguntaba que tal lo hacía? Yo le decía que me estaba gustando y que siguiera porque se la quería echar toda en la boca, ella seguía pero se detenía mucho para mirar alrededor, yo trataba de calmarla diciéndole que nadie se daría cuenta, que siguiera tranquila que estaba mamando muy bien, ella seguía, lo lamía, lo apretaba, lo metía lo más que podía pero en verdad yo sentía que tardaría mucho en hacerme acabar, le propuse ayudarla, ella no se vio muy feliz con la idea pero aceptó, me masturbe un poco y al cabo de unos minutos se la deje ir toda en la boca, ella dejó salir bastante que cayó sobre mi pantalón dejando una gran mancha de humedad, y me enseñó que el restante si lo había tragado.

    Me abroche el pantalón y nos dispusimos a irnos, como ella vivía de camino a mi dirección y ya la había dejado antes le propuse volver a llevarla, ella aceptó, nos pasamos al frente y ya en marcha le recordé lo que me había dicho de que su novio estaba celoso y que al final tenía razón de estarlo, ella sonrió y me dijo que seguía molesta con el, porque se había negado a ayudarla y ella estuvo despierta hasta muy tarde llenando el folleto, ya al llegar donde ella se quedaba me explico cómo se llegaba a su casa, por si algún día quería ir, y que la casa de su estúpido novio quedaba contrario a como me había explicado pero que cerca, pero en dirección contraria, nunca olvidaré lo que dijo a continuación “cualquiera va a darle un besito al estúpido ese, es más sí, eso haré” y se despidió de mí y cerró la puerta del vehículo, la vi dirigirse en la dirección que me dijo él vivía y le dije adiós.