Blog

  • Calor en el ascensor

    Calor en el ascensor

    Salí de casa de mal humor, me había dormido y llegaba tarde a trabajar.

    Llamé al ascensor y escuché que primero paraba en la planta de arriba, maldije mi suerte y al vecino de turno.

    El ascensor paró en mi planta, entré y vi a mi vecina, una chica de dieciocho años, bronceada, ojos verdes, delgada, pero con curvas, 1,68…

    Llevaba una falda plisada de cuadros y una camisa blanca ajustada, los primeros botones desabrochados, se podía ver perfectamente una parte de sus pechos, su pelo largo recogido en una coleta. Con la mochila colgada en el hombro.

    Mi mirada se cruzó con la suya, le miré la boca, tenía los labios carnosos y simplemente se había aplicado un poco de brillo, deseaba besarla.

    Mi miembro empezó a crecer, las gotas de sudor empezaron a asomar por la frente.

    Sorprendentemente ella acercó su cara a mi cuello, y con su lengua empezó a recorrerlo. Al mismo tiempo me cogió la mano y la puso en su pantorrilla. Tenía unas piernas firmes, empecé a acariciarla y a subir la mano hasta que llegué a sus partes íntimas, retiré un poco el tanga, me di cuenta que estaba totalmente depilada y… mojada.

    Noté que su respiración era más fuerte, puse el dedo en el clítoris y empecé a moverlo lentamente, comenzó a gemir en mi oído.

    Con la otra mano me desabroché el pantalón y liberé mi polla. Me había puesto unos pantalones ajustados y creía que iban a reventar en cualquier momento.

    De repente noté un fuerte dolor en el cuello, me había dado un mordisco, quería guerra y a mí me encantan las batallas.

    Dejé de tocarle y le abrí la camisa de un tirón, le saqué los pechos del sujetador, con una mano le tapé la boca para que no gritara y se los mordí con saña, con la otra mano le metí un dedo en la vagina, la tenía chorreando, le gustaba. Le seguí tocando el clítoris mientras le metía dos dedos y los movía de un lado a otro hasta que se corrió. Le quité la mano de la boca y le pedí que la abriera, le metí los dedos que estaban llenos de sus fluidos para que los limpiara con la lengua.

    Ahora era mi turno, le cogí de la coleta y estiré de ella obligándola a arrodillarse, le pedí que sacará la lengua y despacito fuera chupando mi polla al mismo tiempo tenía que mirarme a los ojos. Lo hacía muy bien, yo estaba a punto de explotar, le sujeté la cabeza y se la metí de golpe en la boca, no podía parar y a la pobre no paraban de darle arcadas. Cuando me corrí le puse otra vez la mano en la boca y le dije que tragara todo. Me obedeció.

    Escuché una voz que me decía:

    -Santi hemos llegado ¿Estás bien?

    Allí estaba Sara sujetando la puerta del ascensor y esperando a que saliera.

    Yo le contesté:

    -Gracias Sara, estoy tan cansado que creo que me he dormido de pie.

    Yo creo que me puse rojo, ella me miró y me guiñó el ojo.

  • Asecho femenino

    Asecho femenino

    Es una tarde de viernes normal como otra cualquiera, excepto que en las escuelas becadas los fines de semana vienen acompañados de mucha diversión, sexo y música a todo volumen. Jason es un excelente deportista, aunque a diferencia de muchos otros él si sabe divertirse y pasarlo bien a lo grande.

    Jason es un joven alto, y con un físico ni increíblemente fuerte pero, se le nota mucho los ejercicios, si quitar que tiene una cara muy atractiva y con un color moreno. Jason a pesar de su gran atractivo no se considera un hombre con suerte cuando se habla de mujeres, pero no desaprovecharía una oportunidad con alguna que otra mujer atractiva. Pensó pasar un fin de semana como todos los demás, un poco de baile y a dormir, pero yo Laura no pienso lo mismo.

    Jason siempre me ha gustado muchísimo pero nunca me le he acercado porque fue novio amante de mi amiga por unos meses pero a mi amiga todavía le gusta, no le gusta; le encanta. Pero mi amiga tiene novio desde hace años y él es muy celoso, no le conviene arriesgarse a invitado y realmente quiero que esto parezca lo más casual posible. En estas fiestas se baila reggaetón latino, ideal para cuando quieras calentar a alguien y más si eres como yo, no tengo muchos pechos, pero tengo muy buenas nalgas, nalgas que pienso restregarle a Jaso, ya perderlo, pero conmigo de esta noche no pasa. Yo y el solo somos conocidos, no hay posibilidad de que me tenga en la friendzone o algo así. Ya casi empieza la fiesta y Jason no acaba de llegar, parece que también le gusta llegar tarde a este estúpido. Me estoy preocupando demasiado como si lo hubiese veremos si me lo tiro o no.

    Y al fin parece Jason, lo miro fijamente para ver si se da cuenta, pero que va parece que está buscando a sus amigos. –No me lo puedo permitir- voy a hacerle señas con las manos. Si ya me ha visto y se está acercando, es increíble lo bueno que esta y lo bien que se viste.

    Le saludo -hola Jason como estas

    -Muy bien y mejor ahora que te veo. Quieres bailar?

    Genial! No tuve que sacarle conversación, parece que el también viene a lo suyo, no quiere perder el tiempo. Pusieron una canción muy movida de esas en las que bailas bien pegada, me puse delante de él y empecé a mover y refrotar mis grandes nalgas contra su entrepierna, tenía muy buen ritmo, a pesar de que yo arremetía mis nalgas contra él, buscando calentarlo.

    Hasta que sentí algo, sentí que un bulto para nada raro, estaba muy excitado casi que podía ver en su cara como se moría de la vergüenza, lo mire con cara de puta y fue increíble su reacción, se le puso más dura ya hasta me empecé a humedecer yo también, era tan bueno aquello…

    Yo frotando mis nalgas contra su pene bien erecto. Hasta que finalmente se acabó la canción, casi no quería mirarme a la cara y trataba de esconderme su parte delantera… parece que estaba muy apenado, aunque yo para nada, no era la primera vez que hacia esto con algún amigo. Le pregunté – Jason te encuentras bien? Y me respondió con un –si si solo que me ha dado un mareo.

    -si quieres podemos ir a mi habitación, tengo medicamentos

    -si si me encantaría

    Nos escabullimos de la fiesta y no fuimos a mi cuarto, yo subí la escalera delante de él, yo llevaba puesto un short tan ajustado que podías ver parte de mis nalgas, y subiendo escaleras se me subía un tanto y alcance a ver como Jason me miraba las nalgas a tal punto de que no se aguantó más y decidió tocarlas, ya estábamos casi llegando a mi cuarto. Unos pasos antes de llegar, me dio la vuelta y me besó.

    Fue un beso desesperado y muy excitante podía sentir como agitaba su lengua dentro de mi boca, y me rosaba en el abdomen con su pene, que estaba inmenso, cabe imaginar que tendré que usar las 2 manos con semejante cosa. Me apretó las nalgas de una manera tan fuerte, que llegue a sentir como sus dedos ya querían entrar dentro de mí. Sin más tardanzas entramos a mi cuarto, no podíamos soltarnos. Lo lancé sobre mi cama y lo mire con mirada pervertida en lo que me quitaba la blusa, a pesar de mis pequeños pechos los miraba con muchas ansias como si quisiera devorarlos.

    Me acerque a él y le saque su pene del short, la tenía bien grande y un poco gruesa y tenía muchas venas alrededor. Comienzo a masturbarlo con mis dos manos, podía ver su cara de satisfacción y me dijo- tienes manos de princesa pero dominas mi pene como si fueras una puta. Aquello que me dijo me gustó mucho, lo suficiente como para que yo empezara a mojarme. Finalmente me la introduje dentro de mi boca, pude sentir todas las venas de su pene restregándose con las paredes de mi boca.

    Me agarro por el pelo y me hizo mover el cuello a su ritmo, casi que me ahogaba con su pene enorme. Hasta que finalmente me subió encima de la cama y me puso a cuatro patas, lentamente me metió su pene, sentí una vez más como sus venas hacían contacto pero esta vez fue con mi vagina. Me agarro el cuello y me forzó la cara contra un almohada que estaba delante de mí.

    Empezó a moverse lentamente, mi vagina cada vez se mojaba más y más. Mientras más lento se movía mas me humedecía y me entraba el desespero de querer mas y mas de él. No aguante tanta tentación y empecé a moverme yo, comencé a embestir mis nalgas contra su pelvis, podía oír el sonido, era un sonido muy excitante y lo era aún mas cuando podía escuchar que se le escapaban gemidos.

    Empezó a moverse muy rápido y cada vez las embestidas eran más fuertes, los gemidos míos cada vez eran más altos y mas placenteros. El me agarraba por su cuello y me decía “eres una puta increíble “cada vez que abría su boca, era para decir algo que me excitara mucho más que lo anterior dicho. Luego de 10 minutos de choques intensos me la saca, rápidamente tome mi iniciativa, lo empuje en dirección a la cama y me senté muy delicadamente encima de él. Podía notar muchos gestos de placer en su cara, si yo haber empezado sus ojos se ponían en blanco.

    Finalmente termine de acomodar mis nalgas encima del, y empecé a cabalgar su pene. Mi humedad aumentaba por cada minuto que permanecía encima de él, moví mis nalgas de una forma muy rápida y fuerte, mis ojos también estaban en blanco, pude escuchar como Jason decía- si si que rico tu vagina tan húmeda y apretada. Mientras tanto yo repetía mis movimientos y acariciaba su pecho con mis manos. Pase la lengua por su cuello varias veces y también lamí su pecho. De repente siento un impulso desesperado por parte de Jason, me preguntó- donde quieres tu leche?? – a lo que respondí – la quiero toda dentro de mi boca.

    Le dio tanta emoción escuchar eso que me saco de encima de él casi a empujones, entonces me acostó boca arriba si puso sus 90 kilos sobre mi abdomen y comenzó a sacudir su pene cerca de mi boca. Se lo quite de las manos y me lo introduje dentro de mi boca. Y comencé a chuparlo y masturbarlo a la vez. Fue gracioso ver como los dedos de sus manos quedaron estirados y rígidos. Pude sentir como su pene, se ponía cada vez más duro cuando estaba apresado por mis manos y labios, hasta que por fin salen los primeros chorros de semen, alcanzaban parte de mi ojo derecho mi boca y hasta se escabullían en mi pelo.

    Nuestras miradas de cansancio se cruzaron y mostraron signos de satisfacción, nuestros cuerpos estaban sudados, señal de que fue un encuentro muy salvaje.

    Luego de ese encuentro hubo muchos más y hasta mejores, con la diferencia de que ninguno de los demás tuvo la intención más mínima de que fueran encuentros casuales. Nunca llegamos a ser novios, pero estuvimos así por varios meses hasta que los dos encontramos pareja.

  • Por amor a la familia (Día 5: Parte 7): Su mujer

    Por amor a la familia (Día 5: Parte 7): Su mujer

    El camino fue más bien tierno, el policía nos quitó totalmente la emoción, yo creo que mi tío también se había asustado un poco, a pesar de la serenidad que mantuvo y su risa posterior. Yo estaba casi quedándome dormida, acurrucada por mi protector. Sus manos acariciaban mis hombros desnudos y su boca me besaba eventualmente en la frente o en la cabeza.

    Estaba entre dormida y despierta cuando escuche la puerta de la cochera automática abrirse, ahí me enderecé porque mi tío uso sus dos manos para tomar el volante. Trataba de reaccionar mientras el estacionaba bien el auto, cerro la cochera y bajo del auto, me abrió la puerta, me dio su mano y me ayudo a bajar, sinceramente el glamour de mi parte se había perdido un poco, no tuve cuidado en mi posición al bajarme, pero en mi defensa, estaba algo dormida, afortunadamente estaba obscuro y no se notó nada, de lo contrario, quizá hubiera sido regañada.

    Al colocar mis pies sobre el piso y sentir aquellos tacones a los cuales no estaba acostumbrada, la emoción volvió como quien enciende un interruptor, me recordó mi situación, el me abrazo para ayudarme en mi caminar y entramos a la casa, avente mi bolso (como era mi costumbre como chico) sobre el sillón de la sala, a mi tío no pareció importarle, me soltó y yo comencé a subir las escaleras con cuidado, el venía detrás mío, observando mis muslos. Llegando al pasillo me quede quieta, estaba en una disyuntiva, a que habitación debía ir? El pareció notarlo, me tomo del rostro y me dijo: “hija, ve a mi recamara, ahí dormirás”

    Entre al baño de mi tío y no pude evitar observarme en el espejo, a pesar de lo desaliñada que estaba, aún seguía siendo hermosa. Al colocarme frente al baño, recordé que era una chica, me puse de espaldas al wc, levante mi vestido e intente bajar mi ropa interior, había olvidado que el liguero había quedado por encima, así que lo desabroche y logre bajarlas, me senté e hice lo que tenía que hacer. Mi ano aún se sentía extraño, la entrada del mismo estaba aún mojada por los líquidos de mi tío y míos, aproveche estar en el baño y me asee, seque bien mi cuerpo y abroche el liguero, enseguida subí la tanga acomodando mi inútil miembro, aun a esa hora de la noche, yo debía mantenerme como toda una chica.

    Salí del baño y mi tío me sorprendió, me tomo del cuello, me jalo hacia él y comenzó a besarme apasionadamente, me presionaba contra su cuerpo mientras agarraba mi trasero, me fue guiando sin soltarme hacia la orilla de la cama, nos sentamos con cuidado sin separar nuestras bocas, me costó un poco de trabajo mantener mis piernas juntas, pero me senté como toda una señorita, una mano me tomaba de la nuca y la otra de la cintura, poco a poco fuimos cayendo hasta quedar recostados, el un poco sobre mi, yo mantenía mis manos inertes a mis costados.

    Estábamos nuevamente excitados, él se subió en mi, yo instintivamente abrí mis piernas quedando el entre ellas, se movía como si hubiera una penetración imaginaria mientras el beso no cesaba, ahora lo rodee con brazos y piernas, al hacer esto, sentí como los tacones chocaban entre si, me excito mucho eso, además el rose de cualquier cosa sobre mis piernas con medias me provocaban sensaciones maravillosas, al doblar mis piernas, sentí como los resortes del liguero empujaban un poco mi ropa interior, haciendo que esta presionara mas mi pene.

    Mi tío se levanto agitado, me levanto con una fuerza impresionante de la cintura y me giro, quedando yo a gatas sobre la orilla de la cama, busco mi trasero dentro del abultado vestido y comenzó a acariciarlo con brusquedad, tomo la orilla de la tanga y la bajo de un solo movimiento hasta la mitad de mis muslos, mi miembro quedo liberado y semi erecto, mi ano medio lubricado por mi liquido recibió un frescor provocado por la exposición. Me paso el canto de su mano por mi rajadura, masajeo un poco mi ano por encima con sus dedos y finalmente pude sentir como se clavaba ahí con su rostro y su lengua comenzaba a lamerme. La sensación es increíble, suspire de placer y mi cuerpo perdió tensión.

    Escuche el sonido de la hebilla de su pantalón cayendo al suelo, voltee a tratar de ver y pude ver la mayoría de su ropa tirada en el suelo, pero no lo veía a él, estaba poseído tratando de introducir su lengua en mi. Entonces se levantó y me tomo de la cintura, pegado a mi cadera, sentía sus manos sujetándome fuertemente y jalándome hacia él, bajándome un poquito para quedar mas a su altura, las panties en mis piernas estaban al límite de su elasticidad. Fue cuando sentí su pene sumamente erecto colocarse en la entrada de mi levemente dilatado ano. Empujo con fuerza, y gracias a su saliva, entro su glande en mi, yo brinque de dolor, contraje mi cuerpo, apreté las sabanas con las manos al tiempo que un reflejo apretaba mi orificio, pero había un cuerpo extraño impidiéndolo.

    El dolor era inmenso, pero a él no parecía importarle, seguía entrando mas y mas, un centímetro tras otro hasta que sentí sus enormes testículos colgantes chocar contra los míos, yo le decía que me dolía, pero él no me escuchaba, soportaba el dolor estoicamente pero su peso y fuerza me vencieron, mis brazos se doblaron y caí sobre la cama, el cayó sobre mi sin salir, soltó mi cintura y me sujeto mis manos con las suyas, quedando yo como una prisionera, mientras él se movía y el dolor iba desapareciendo. Cuando me di cuenta, yo estaba gimiendo, no era consciente, no era yo, era mi cuerpo independientemente de mi quien hacia esos sonidos, cada vez que entraba mi boca exhalaba junto con un grito.

    Mis gritos parecían excitarlo aún mas porque me embestía con mas brutalidad, mi cara oprimida contra el edredón azul apenas me permitía respirar por un costado, mientras la saliva salía por la comisura de mi boca. Entonces se apiado de mi y levanto el peso de su cuerpo, bajo desesperadamente el cierre de mi vestido dejando visibles los listones del corset. Saco su pene repentinamente y se levantó, me tomo de la cintura y me jalo hacia él, quedando ahora parada en el piso, mis tacones hacían que mis piernas quedaran estiradas totalmente, me enderezo y me dio la vuelta, bajo mi vestido hasta el suelo y me arrojo a la cama, yo caí con mis manos indicando sorpresa, el vestido en el suelo fue pateado por mi ahora totalmente desnudo tío. Me levanto las piernas y me quito la ropa interior.

    Doblo mis piernas hasta casi mi cabeza dejándome totalmente a su disposición, dejo caer su cuerpo sobre mi y con una precisión de arquero, su pene entro en un solo movimiento hasta el fondo de mis entrañas. Me empujo con su pelvis hacia mas adentro de la cama y el quedo arrodillado también sobre ella, me tomo de los tobillos y me levanto las piernas, quedando yo en posición de “V”. Se movió así durante mucho tiempo, su miembro rosaba las paredes internas de mi cuerpo en una mezcla de dolor y placer, yo tocaba mi cuerpo sobre el corset, supongo que me veía muy sensual.

    Soltó mis piernas y se dejó caer sobre mi, metió su brazo bajo mi cintura, por la espalda y la otra mano la metió detrás de mi nuca, comenzó a besarme nuevamente pero esta vez con mas pasión, sin tanto salvajismo, sus movimientos eran mas lentos, pero mas profundos. Mis piernas estaban dobladas, clavando los tacones en el colchón. Jamás me imagine que se pudiera hacer esta posición entre un hombre y una chica travesti, pensé que era exclusiva de las mujeres por la posición de sus genitales, pero no era así, además la posición era muy intensa, muy íntima. Su lengua jugaba con la mía mientras me percataba de que estaba siendo penetrada por un macho, mi macho, me sentía completa, llena, realizada.

    Tomo mis piernas y las coloco sobre sus caderas, yo con gusto lo abrazaba entrelazando mis tacones y ayudándolo con unos a penas permitidos movimientos, no tengo ni la mas mínima idea de cuánto tiempo pasaba o había ya pasado, pero podía ver entre los huecos de las cortinas que la noche ya no era tan obscura, cuanto había pasado? 1 hora? Tres? El tiempo nos había abandonado. En un momento en que mis piernas se cansaron de abrazarlo, las libere un poco, dejándolas nuevamente casi libres sobre la cama. El me tomo de una de ellas y con un movimiento ágil giro sobre el mismo, quedando yo montada sobre él y el recostado boca arriba, a pesar de su destreza, su pene salió de mi, pero sin dolor alguno, solo sentía mucha humedad, mucha lubricación.

    Tome su pene por detrás de mí y lo coloque en mi entrada, deje caer mi peso y quede ahí empalada. Ahora era yo quien lo controlaba, mis movimientos eran lentos al principio, después mas rápidos, hacia adelante y hacia atrás, en círculos, hacia arriba y hacia abajo. Yo sonreía mientras lo veía fascinado, estaba complaciendo a mi hombre. Después de un buen rato en esta posición, mis rodillas se cansaron, así que las doble hacia adelante, quedando sentada como en cuclillas con su duro falo dentro de mi, pero esta posición si era algo dolorosa, llegaba mas adentro que en las anteriores ocasiones, mis movimientos ahora eran mas hacia afuera que hacia adentro mientras mi rostro delataba mi sentir, mi tío parecía gustarle mucho que me doliera, porque me jalaba de mi cintura hacia abajo, cuando yo sentía que me picaba, brincaba y trataba de sacarlo un poco, él estaba como niño de escuela molestando a una niña, entre más veía que me dolía, mas me bajaba hacia él, gozaba con mi dolor.

    Cuando se cansó de molestarme, me soltó mi cuerpo y con sus hábiles manos comenzó a desatar las correas de mis zapatos, me lo quito uno a uno, a pesar de haber disfrutado toda la noche de esos tacones, sentí un placer enorme al quedar liberados, era realmente una tortura usarlos, pero la emoción no me había permitido darme cuenta de eso. Moví los dedos de mis pies para relajarlos, las medias sobre ellas hacían que se sintiera divertido.

    Empezamos a relajarnos un poco, la energía de tanto tiempo se había agotado, estaba casi amaneciendo, ya no podíamos engañar a nuestros cuerpos que pedían descanso, mis movimientos repetitivos estaban arrullándome, él lo noto, con ternura me levanto de mi cintura, su pene salió con facilidad y me coloco a su lado, jalo una sábana que quedaba a su alcance sin levantarse y me cubrió, su cuerpo se acercó a mi y pude sentir que su pene aún seguía erecto, pero como podía seguir así???

    Levanto un poco mi pierna izquierda y volvió a penetrarme de lado, como coloquialmente se dice: “de cucharita” yo me encorve para darle mas facilidad, paso un brazo bajo mi cabeza y otro sobre sobre mi cintura, me apretó contra él mientras seguía moviendo su miembro dentro de mi, yo gozaba mucho, pero estaba en estado de relajación, comenzó a apretarme con más fuerza y sus movimientos se hicieron mas veloces, su jadeo en mi oído me provocaba excitación, mordía mi oreja que ya no tenía aretes (quien sabe dónde habían quedado) sus gemido se hicieron mas fuertes y constantes hasta que su cuerpo se quedó quieto contra mi y un solo grito grueso invadió la habitación, su pene palpitaba, podía sentirlo en mi ano, al tiempo que un calor intenso llenaba mis entrañas, nunca había sentido eso, ni siquiera había imaginado que así se sentiría, estaba descargando todo su ser dentro de mi, estaba llenándome con su semen, espasmos de su cuerpo hacían que entrara eventualmente mas profundamente, estaba llevando demasiado tiempo, era un orgasmo enorme. Finalmente se relajó aunque su pene parecía no hacer lo mismo, sus jadeos fueron en disminución.

    Todo esto hizo que yo me despertara un poco, pero él ahora estaba a punto de quedarse dormido, aun dentro de mi, como es costumbre en mi mente, recapitule nuevamente lo que pasaba, acababa de ser poseída, penetrada, había descargado su semen dentro de mi, ahora tenía algo de el en mis entrañas. Un hombre acababa de llenarme con sus espermas mi ser. El círculo estaba completo, me acababa de convertir totalmente en una mujer, en su mujer.

    Se relajó totalmente, su pene ya no tenía la misma dureza, pero no estaba flácido, su semen dentro de mi comenzó a provocarme una sensación extraña, como cosquillas, pero al tiempo sentía que trataba de escurrir fuera, aun teniendo su órgano dentro de mi, trate de levantarme para correr al baño, pero él me sujeto con fuerza, como un niño que sujeta su oso de peluche, lo intente nuevamente, pero me apretó con más fuerza. No me quedo más remedio que desistir, y quedarme ahí a su lado, sintiendo esos seres caminando dentro de mí, esperando que mi cuerpo los absorbiera, me relaje y me quede profundamente dormida con un pensamiento en mi cabeza, acababa de ser inseminada.

  • El de la verdura

    El de la verdura

    Hola soy Marta, 35 años, casada ama de casa, con un hijo, que nunca esta en casa, vive con mis padres por una cuestión de comodidad geográfica, puesto que todo le queda más cerca desde casa de mis padres que por estos apartados lugares.

    Mi marido es un asalariado, nos casamos muy jóvenes, él fue el primer amor de mi vida, bueno, digamos que eso de primer amor, solo podría decirlo en términos relativos, puesto que amé a otras personas, claro como es normal, uno se enamora de muchas personas, a lo largo de su vida, como eso que de alguna manera tiene como el ideal.

    Mi historia trascurre en lo que podrías decir esa gran ciudad, este prefacio es inevitable para poder hilar el conjunto de hechos o acontecimientos que pronto les narraré.

    Digamos que no encuentro, el cómo, ni tampoco el modo de como narrar lo vivido, puesto que se hace difícil ponerme en la piel de protagonista, (menos intentar explicar los móviles que otros podrían esgrimir).

    Por más que sea una protagonista, puesto que no deja de ser un hecho de alguna manera vergonzoso para mí, pero intentaré no obstante, expresar en unos cuantos párrafos bien seleccionados lo más relevante de toda esta historia.

    Él solo aprovecho la oportunidad.

    Decirles que podría narrar todo esto desde la perspectiva de Martita, mi vecina, creo que sería igualmente fácil.

    Lo difícil en este punto, es que al contarles mi historia puedan entender mi móvil en todo esto, (aunque este si resulte inexplicable) puesto que podrían calificarme de con sinfín de arquetipos que bueno no serían del todo desacertadas.

    Sin embargo, esto no me exime de culpa y cargo. Como podrán ver se una puta descarriada que aprovecho la oportunidad, no me hace mejor que nadie.

    Ahora bien, ya les dije, mi nombre, coincide con el de mi vecina claro ella Martita puesto que era “unos” años menor (29), yo 35, como ya les dije casada, de 35 años, bien conservada, de una familia de clase media conservadora y digamos tradicional, con fuertes convicciones religiosas, y no dada a cuestiones carnales, no mucho menos mundanas.

    Ahora bien, les hablaré de Martita, les describiré un poco a ella no era muy distinta a mí, una muchacha de clase media, también de una familia tradicional, que bueno estaba en lo que podríamos decir su mejor momento en lo que concierne a su propia vida. Esto es lo chicos la seguían, tenía prometido, tenía una carrera, y todo por delante.

    ¿Qué porque hablo de tenia? Bueno, simple, es asombroso como un par de pantalones jogging ajustados puede llegar a perder a una mujer, o incluso varias mujeres, entre ellas yo.

    Si ya se, más de una se preguntara, como alguien puede perder la cabeza por un pantalón, bueno, no sé qué se yo, supongo que la ocasión siempre hace al ladrón.

    ¡En fin!

    Y es que así, de lleno, me introduciré en el relato para mostrarles sin más todo aquello que hice, o hicimos, o simplemente aconteció en nuestras vidas.

    Y es que esa chirusa de Martita, andaba de mil amores, bueno si eso es exagerar un poco, y amén de que la venían a buscar, muchos jóvenes guapos, no podría decir que eran de unos mil, tampoco era tan linda, aunque debo reconocer que más alta, tenía un mejor cuerpo que yo, claro más joven, pero que yo no me quedaba atrás, tenía lo mío, mis caderas aun firmes y mi busto además generoso, aunque si, descuidada por mi marido, vamos, creo que el pobre estaba cansado, y su tarea dentro de casa más bien simplemente se resumía a cumplir y nada más.

    La cosa que bueno, en las largas ausencias de mi marido, Martita, algunas veces no siempre, cruzaba a casa para poder charlar o hacerme encargos porque ella saldría.

    -¡hum! ¡Martita! ¡Martita! (terrible putita, pensaba para mi adentro)

    – ¿A quién le toca hoy?

    Ella solo se limitaba a sonreír, y a decir, ¡Debo de probar de todo!

    No quería digamos dejar a su madre sola del todo. Así que bueno algo siempre me pedía, yo la verdad, no lo hacía en este punto por la misma Martita, sino más bien por su madre, vecina de años.

    Es así que entre charlar y charlas, pedidos, favores, un buen día Martita me pidió algo que me dejaría helada la sangre, o caliente. Puntualmente fue, que le permitiera ver a un hombre en nuestra casa, claro que me aclaro, que solo quería recibirlo y conversar por unos minutos y luego lo despacharía, para analizar la situación que claro de público conocimiento Martita sostenía con distintos pretendientes de toda naturaleza, (aclaro, no se mal interprete hasta ese momento, Martita solo flirteaba con uno y otro, siendo soltera, me parece bien que lo hiciera).

    Mi respuesta fue que lo pensaría, que no sabría que decirle, puesto que no se si Rubén (48 años, mi marido) vería con buenos ojos el asunto, más si llegara y encontrase la escena, como que creo que los sacaría a patada.

    Pasaron los días, y bueno ella de vez en cuando siempre se encargaba de fogonera la situación un poco presionándome, otro tanto diciéndome el “favorazo” que le haría.

    A lo que debo decirles, accedí, no sé porque, si fue el día, o que fue, pero accedí.

    Digamos que un poco de curiosidad, me sentía como pandora, ante la caja, a punto de abrirla y dejar salir todo aquello malo, pero nada más que la caja era yo, y todo lo malo saldría de mi misma. Cosa que no sabía que existían o estuvieran ahí, tan reprimidas.

    Creo que uno siempre es probado y muestra de lo que está hecho en momentos como esos.

    La cosa que bueno ese día, cuando mi marido salió temprano, Martita cruzo corriendo la calle, golpeo mi puerta, estaba en bata, me sorprendió, apenas Rubén se había retirado. Y ella estaba ahí parada a mi puerta. Le pregunte que ocurría si todo estaba bien, a lo que me dijo que si, que todo estaba bien, pero en vista del día quería ayudarme a acondicionar un poco el lugar para bueno eso que tanto había insistido su cita, en ese lugar, a lo que bueno encogiéndome de hombros le dije que bueno, que empezáramos por limpiar un poco y pasar el plumero. Estuvimos media hora haciendo el quehacer rápidamente ordenando limpiándolo todo.

    Le pregunte que debía hacer yo, ella solo me dijo que nada, que dejara café, y unas tazas para poder servir café y claro azúcar. Pero insistí, debo retirarme del lugar, a lo que respondió con un rotundo no, no es necesario, solo necesito que bueno estés en tu pieza y nada más.

    Las horas trascurrieron, y claro el atardecer llego, le remarque antes de que todo ocurra que no tenía mucho tiempo, que Rubén luego de su jornada puede tardarse mucho, como puede venir directamente de su lugar de trabajo, que por favor, no lo retuviera mucho tiempo al muchacho, y sea breve.

    Los minutos trascurrieron, le di la lleva para que entrara ella misma, me oculte en el pasillo tras la puerta corrediza que da a la habitación a donde generalmente se reciben las personas, no podía perderme todo eso, y de repente sentí sonido de llave en la puerta central, era ella sonriéndole mientras entraba al lugar acompañada con un muchacho de unos 25 años alto muy guapo flaco de un buen físico. La verdad estaba lindo el flaco, además de bien vestido. Todo esto me parecía una locura. Ella lo hizo pasar, en la cocina había agua caliente para hacer café, le preparo un café, le sirvió y conversaban en voz muy bajita, no se entendía muy bien que decían, esas casonas viejas a donde no solo los techos son altos sino a donde las voces de las personas se pierden entre los viejos muebles y gruesas paredes, era así la casa, aunque bien en excelente estado, y envidiable para algunos, el lugar constituía una verdadera reliquia, pero la verdad que una casa hermosa.

    Los minutos pasaron, de repente el hizo un extraño movimiento, y pude ver qué y esto lo supuse en ese momento que “se ponía más cómodo” al pasar los minutos me pude percatar que nada más alejado de la realidad. Ella se contorneaba como no queriendo hacer una acción que él le pedía, no entendía bien todo lo que ocurría pero, claro lo entendí cuando de repente vi al flaco pararse con una terrible cosa afuera y que además enfilo en dirección de Martita, abiertamente.

    Ella… ¡uf! Que calor, ella solo se arrodillo aferrándose al largo miembro de ese flaco, y empezó a darle una chupada en vivo y en directo, yo solo miraba por entre la rendija de esa puerta que apenas cerraba y estaba que no podía creer lo que mis ojos veían…

    Terrible cosa se estaba comiendo la Martita, sin vergüenza alguna, acto seguido pude ver como el flaco se aferraba a los pelos de martita, y en unos cuantos movimientos frenéticos, le deposito todo en su boca, se ve que ella entrenada en el asunto lo recibió todo sin dejar caer una gota al tapizado, y tragándose todo lo que podía dar el flaco.

    Pero, como siempre existe qué se yo digamos un pero, Martita, no podía solo recibir lo del flaco, así que se veía que quería un poco más, no dejaba de chupárselo al flaco que además no le aflojaba ni hacía por sacarle el miembro de la boca, el tío aferrado a la cola de caballo de martita estaba sosteniendo una relación carnal literalmente como si estuviese ante la vulva de martita pero hablamos de su boca, le entraba y le entraba y le entraba mientras las bolas se le movían de aquí para allá y martita se engullía tremendo caño, todo cabo de repente el flaco claro 25 años, a esa edad dos al hilo es un chiste, ella aferrada al largo miembro del flaco, con sus dos manos sin menguarle un minuto a la furtiva mamada que le propinaba.

    De repente se incorporó, y le subió los pantalones, cortándolo al espectáculo, claro el flaco quería más, pero ella les puso los puntos, el tipo se subió el pantalón y haciéndose el tonto, intercambio algunas palabras, ella amablemente le abrió la puerta y el salió.

    La cara de felicidad del flaco era total cuando salió de aquel lugar.

    No les miento, muchas cosas atravesaron por mi mente en ese momento desde que sí estuvo bien que la dejara hacer eso, hasta incluso qué pensaría le gente al ver salir a un hombre que no era mi marido de casa, si alguien hubiera visto las escena, se habría dado cuenta de que era Martita, la que lo había hecho entrar, además de ser yo una mujer casada qué pensarían de todo aquello, como me prestaría para eso, pero todo eso atravesaba mientras, tenía mi manos entre mi entrepierna, y fue ahí que la note mojada, que digo mojada, la escena había hecho que me venga, la verga de aquel flaco aun la tenía grabada en las retinas, y podía ver además sentir esos movimientos furtivos que le propinaban a Martita cogiéndole literalmente la boca. Hijo de puta como puede tenerla tan larga y cabezona y esos dos huevos que le colgaban, ¡WOW! suertuda martita comerse semejante poronga, hija de puta. Verdaderamente sentí envidia.

    La situación pasó, ella salió luego de unos minutos, supongo que pensó que yo estaba guardada en mi habitación sin haber visto nada, nada más alejado, yo estaba detrás de la puerta desabrochándome la vulva de lo caliente que había quedado ante la escena, por un momento quería estar en el lugar de ella, quería eso que había tenido en su boca, quería eso en mi boca, me vine una y otra vez imaginando aquel falco aferrándose así a mi cabello y cogiendo mi boca, me pregunto a qué sabría ese flaco. Martita hija de puta, suertuda.

    Ella se había retirado, yo con un calor infernal, llegue como pude al baño, me desvestí y me di un baño de agua fría. Me cambie y salí, a esperar a que Rubén volviese. Intentaba pensar en otra cosa, me pregunte si agarro a Rubén y me desquito con él, se preguntaría que habría pasado, que ocurría, todo sería confuso, estaba re caliente sin saber qué hacer.

    Los días pasaron, todo volvió a la normalidad, o casi todo, Martita siguió con su rutina de puteo, pero claro ya si fuera de casa. Tal como ella dijo solo sería una vez y así fue. Una excepción.

    Sin embargo a pesar de los días transcurridos, no lograba sacarme de la cabeza esa escena pornográfica que había presenciado en el propio living de mi casa. Menos aún dejar de sentir envidia por todo lo que había visto y deseado lo mismo.

    No podía sacarme a ese flaco de mi mente, menos aún, a ese flaco moviendo la enorme poronga en la boca de martita, si sé qué dirán, que me obsesione, con la escena, y si, no sabía cómo hacer pero yo quería lo mismo, me preguntaba de donde sería el tipo ese, me preguntaba como averiguar para conocerlo, como se llamaba, a donde trabajaba, que hacía de su vida.

    Como hacer para preguntar sin que Martita se diera cuenta de que había estado fisgoneando todo el asunto.

    Deje pasar el tiempo, semanas, un buen día entre esos que Martita se cruza de calle para preguntar algo, la retuve un poco más, para ver que podía obtener, y comencé entre bromas y bromas, preguntándole primero que cuando me pidiera de nuevo la casa, me dijo que eso ya no sería posible, puesto que el tipo, luego de aquel día había desaparecido, (mierda, no la vi para nada afectada) no la había vuelto a contactar más, pero que eso además era algo que la tenía sin cuidado, puesto que conocía mejores candidatos, eso de mejores solo se figuró en más pichas grandes en mi mente.

    Pero claro le insistí le dije pero vamos quien era, como se llamaba, a que se dedicaba, no podía ser tan malo.

    Vamos que no era malo. Con semejante herramienta, y ella despreciándolo. No entendía nada.

    Ella bueno se explayo poco, digamos, pero lo suficiente, como para saber quién era y adonde encontrarlo, me conto que ese llamaba Martin, que trabajaba en un verdulería de una cuadras, que la verdad que no era un lugar por donde solía transitar, pero que además también tenía al flaco como compañero de la facultad en cursos distintos, ya a punto de recibirse él.

    Fue suficiente digámoslo así, iría a verlo en persona, quería tenerlo cara a cara. Me despedí de Martita, los días pasaron, entre idas y venidas, me toca salir por unas cosas, y claro entre ellas productos de verdulería, cosa que iría a buscar a lo de Martin habiéndose presentado la oportunidad.

    Me prepare poniéndome mi vestido más bonito, me arregle un poco el pelo, me hice una cola de caballo, me pinte los labios todo lo que una chica hace digamos para salir aunque sea a una verdulería, soy coqueta, me gusta estar arreglada.

    Recordaba la dirección y a paso firme pare sostenido salí de casa caminando y en dirección al lugar, al llegar, vi una larga cola de mujeres que esperaban, eso me desalentó un poco, me puse en la fila, a esperar. De todas formas no tenía mucho que hacer, aunque ya estaba buena entrada la mañana, me dije a mi misma que bueno podría esperar.

    Llego mi turno, y ahí pide verlo, el flaco la verdad era guapo, alto, traía un delantal con el que atendía de esos que utilizan para no mancharse la ropa, abajo tenia puesto un pantalón elastizado, tipo jogging y una remera, tenía una buena espalda, y brazos fuertes, le pedí primero la fruta, me dijo que llevaría, y le pedí manzanas, peras, ciruelas y una banana, me dio la banana, esbozándome una sonrisa que no entendí del todo, la pele ahí, y digamos que me salió del alma comérmela ahí mismo, ante su mirada, mientras él me veía.

    Una cosa extraña que me ocurrió, es que me éxito, el momento, me excite ante e flaco que me miraba atónito con ojos mientras me llevaba la banana a la boca. Me pregunto si estaba rica. A lo que le dije que muy rica y que llevaría otras dos.

    Me dijo que más y claro eso bueno rompió la magia del momento, le marque que quería papas y algo de cebollas. Llego la hora de pagar, le pregunte cuanto le debía, atrás dos mujeres esperaban en la fila, me dijo que eran $74,45 le pague con $100 esperando que se yo que me dijera quizás que no tendría vuelto para darme si quería que completara con algo. Pero no.

    Sorpresa mía, y creo que también de las tías que estaban ahí cuando vieron que el flaco se corrió el delantal exponiendo sus pantalones que dejaban ver una marcada poronga que bajaba por su pierna, me parece que lo hizo a propósito, saco la plata del bolsillo ese, del jogging para darme el vuelto. Yo a esas alturas había constatado todo. El flaco tenía terrible poronga y la exhibía sin tapujo alguno.

    Cuando me retire le dije gracias, y claro no pude con mi genio, le guiñe un ojo. Que puta me sentí. Pero no pude evitarlo. Me retiraba y no camine ni 20 metros el flaco me alcanzo y tocando mi hombro me dijo disculpe señora aquí tiene la dirección y el teléfono de la persona que me pidió, estirando sus grandes manos tenía un papel, doblado, que me dio y que yo agarre y sostuve con mi mano.

    No pensé mucho, me di media vuelta él tambíen y ambos salimos en direcciones distintas. Continúe mi camino, me preguntaba qué era lo que había recibido de aquel hombre. Al doblar la esquina no pude más con mi genio y desdoble el papel, había un número, era al parecer su número de teléfono, continúe caminando, me preguntaba como podría ocurrir el siendo del barrio o yo una mujer casada, los vecinos hablarían, no eso no podría ser de ninguna manera, no veía la oportunidad en que se diera, o que podría ser posible.

    Pasaron los días, semanas, pensaba en aquel hombre y yo volviendo a mi rutina diaria, de vez en cuando salía, pero evitaba ir, puesto que era solo hacerme falsas expectativas de realmente poder concretar algo, el problema era simplemente no veía bajo qué circunstancias esa oportunidad se podría dar.

    Y eso me tenía deprimida, y bajoneada, a todo esto Martita seguía su “periplo de porongas” constante y sonante, bueno si eso es un decir más de envidiosa que de otra cosa. Hasta que un buen día pude ver al flaco nuevamente que le traía mercadería a Martita.

    Yo en la cocina, pude ver toda la escena, cuando de repente señalaba para aquí, ella le hacía un gesto, y pude ver como el flaco, de unos saltos estuvo en mi puerta. Tocándome el timbre… no sabía que hacer Martita sabía que estaba en casa, y que lo había mandado a hacer.

    Y con la pinta de crota que tenía como atenderlo toda desarreglada.

    Mierda… Mierda… Mierda…

    No sabía qué hacer, me arregle como pude la ropa el cabello y salí rápidamente a atender la puerta, abrí, y ahí estaba el flaco con una sonrisa en sus labios, me dijo disculpe señora, pasaba por aquí y me preguntaba si necesitaba algo. A lo que no sabía que responder, quizás una banana me dijo, yo abrí grandes mis ojos sin responder nada, perdón ahí regreso le dije me di media vuelta, y entre a la cocina, moviendo el culo desarmándome ante la mirada de aquel flaco… busque plata, le dije que sí que por favor bananas, y las más grande y “jugosas” que tenga…

    ¡Dios! me sentí una estúpida

    “Banana jugosa” como pude decir semejante estupidez…

    Como directamente no le pide que se baje el pantalón… no entendía lo tonta que estaba.

    Salí y ahí estaba el flaco, traía en sus manos una bolsa con manzanas peras y me dijo que era la única fruta que le había quedado, a lo que le respondí que estaba más que bien, rápidamente saco las bananas de la bolsa y me dio una en la mano, no entendía del todo la escena y el porqué de la situación, me dijo la banana es regalo mío, gracias me dijo, asentí con la cabeza, y acto seguido me dijo pruébela, le encantara, por favor pruébela, todo era tan cómico, no sabía qué hacer ante la sonrisa estúpida de aquel flaco que me daba la banana en su gran mano peluda, la agarre la pele y hasta el día de hoy me pregunto con qué necesidad hice lo que hice, supongo que para poner al flaco loco nada más, me metí la banana prácticamente entera en la boca y la acaricie delicadamente con mis labios y lengua.

    A lo que pude ver claramente como el delantal del flaco entro a levantarse, en tremenda erección, le dije que estaba riquísima, que era de mis frutas favoritas, y le pregunte cuanto era, me dijo que nada, ok bueno pero me diste tambíen manzana y además peras eso déjame pagártelo, cuanto te debo, a son solo 20 pesos diez para usted, nada más, no entendía eso de diez claro había mirando el billete en mi mano y tenía yo un billete de 20 pesos lo hizo solo, para correrse el delantal y darme el vuelto mostrando tremenda poronga erecta. Como si yo no iría a darme cuenta.

    Disculpe, me dijo, tengo muchas ganas de entrar al baño, usted podría darme permiso, por favor, bueno, ya estaba toda la situación, qué más da le dije que me siguiera, lo hice pasar cerré la puerta, y le dije que me acompañe, le movía el culo al flaco, como diciéndole dale anímate.

    Llegue a la puerta del baño, entro sin cerrar del todo la puerta, me hice la de retirarme pero me quede a un costado, pude ver toda la escena, saco su miembro, era enorme, largo con un glande que sobresalía a la vista, en ese momento me mordí los labio, no podía creer que lo tuviera ahí a pocos metros de mí, era una cosa increíble, me preguntaba si estaba parada o era así naturalmente. No podía mas, el flaco y su miembro fueron al lavado, pude ver como él se lavó las manos, adivinen que tambíen se lavó ahí abajo, mojándoselo con abúndate agua, cuando de repente levante la vista el flaco me miraba fijamente mientras se lo sobaba, yo no podía dar crédito a toda aquella situación que se presentaba ante mí, salió con su miembro para afuera del baño, y me dijo te gusta, quieres más banana, a lo que yo estaba petrificada ante aquel tipo sin saber que hacer o reaccionar, y entonces me agacho delicadamente, a la altura de su miembro y empezó a pasármelo por la cara, por el cuello, yo no apartaba la mirada de sus ojos, solo atinaba a mirar sus ojos mientras el rosaba mis labios con su miembro, me dijo quieres una probadita de una banana jugosa, vamos rápido, un probadita.

    A lo que sin dudarlo cerré mis ojos y abrí mi boca, tragándome aquella enorme chota, en el pasillo de mi propia casa, entre la penumbra del corredor y los ventanales de afuera.

    Que decirles, yo había provocado toda aquella situación, la verdad que lo había deseado, me comí todo del flaco, no solo le pele la banana sino que tambíen me la comí entera, extasiada, jugaba con mi lengua y aquella descomunal poronga jugosa, dura, que sentía que podía metérmela entera, me sentía una cualquiera, una perra en celos, era una mujer casada y allí estaba en mi propio hogar siéndole infiel a mi marido.

    Con un flaco que tenía un enorme miembro y hacía de mi boca una fiesta para ambos. Me aferre fuerte a aquel falo descomunal, con ambas manos, mientras el cogía mi boca aferrado a mi cabello, nos mirábamos fijamente, le daba y le daba a mi boca sin miedo alguno, diciéndome:

    ¡Si comete toda la banana mi amor! ¡Así de jugosa esta por vos! Y se movía sin miedo mientras yo, no le mezquinaba boca, lenguas y una sobaba de aquellas, cuando sin decirme nada, se vino en mi boca haciéndome tragar todo.

    No me importo, me aferre aún más como Martita aquel día y el continuo sus embates constantes a pesar de haber acabado, seguí duro y yo seguía extasiada de tanta poronga, la verdad que la situación, toda la de estar arrodillada frente de él, mirándolo fijamente, aferrada a semejante miembro en mi boca, saciando todo aquello que había imaginado, no hizo más que darme placer y más placer, imaginaba al flaco entre los pliegues de mi vulva y entrándome así y me excitaba y sentía que acababa…

    No sé cuántas veces se vino adentro de mi boca, perdí la cuenta, no me importaba nada, al final soltó mi cabello, pero la que no saltaba aquella banana era yo, seguía aferrada a ella, mamándola y exprimiéndole hasta la última gota, podía sentir su glande como se había empezado a hinchar y poner más duro nuevamente y solo le dije con vos mimosa que ¡Me diera más juguito!

    Una vez más pude ver al flaco estallar, vaciar todo en mí, nada más que esta vez lo recibí afuera, quería ver como acababa en mí, llenándome toda le leche, descubrí mis pechos, agarrando su poronga con ellos, aquel instrumento que tiraba chorros de semen sobre mí, y continúe mamándolo, como si después de eso no iría a haber otra vez.

  • Fantasía con Laura, la chica del gimnasio

    Fantasía con Laura, la chica del gimnasio

    Llegué a casa del gimnasio, me duché, cené y me senté en el sofá a descansar antes de irme a dormir. Esa tarde en el gimnasio había un poco diferente. La rutina había ido bien, pero en mitad de uno de los ejercicios vi a una chica que me llamó la atención. Pareció notar que me gustaba porque me acabó sonriendo y acercándose a hablar.

    Se llamaba Laura. Acaba de llegar a la ciudad. Estuvimos hablando de cambios en la vida, de cómo afrontarlos; me pareció una persona decidida a cambiar su vida en cualquier momento, y de otros temas de menor interés. Mientras hablábamos me permití jugar con la mirada en sus formas. Su cabello moreno caía hasta casi la cintura. Una cintura en cuyas curvas me imaginaba poner tocar algún día. De su sonrisa y de sus ojos marrones pasé en más de una ocasión al top que le ceñía su pecho. Llamaba la atención y más de algún chico se volvió para mirarla. Quedamos en volver a hablarnos y me dio su Instagram para volver a contactar con ella.

    Y allí estaba, sentado en el sofá cotilleando. Las fotos corroboran que no me había equivocado al echarle el ojo. Las fotos de ella con amigas, de viaje o algún restaurante se sucedían. ¿Tendría alguna foto un poco más sugerente? La respuesta fue no. Todas las fotos, incluso las que había de un viaje suyo a Tailandia y Camboya, llevaba siempre un pareado turquesa. No iba a hablar esa noche, no quería parecer desesperado aunque tal vez, valdría correr el riesgo. Una mujer así y que te hace caso no se encuentra todos los días. Entre foto y foto, se fue pasando el tiempo y mi imaginación dio rienda suelta a algún deseo oscuro. Iba a cerrar la aplicación cuando descubrí algo curioso. Laura tenía una cuenta secundaria, aparecía linkada a una de sus primeras fotos y según el mensaje parecía que era una cuenta donde mostraba… sus encantos.

    Mentiría si dijera que dudé. Mis pensamientos estaban ávidos de encontrar algo con lo cual seguir fantaseando, y se hacían mayores, al no ver ninguna fotos de chicos que pudieran ser sus novios ni ninguna referencia. Llegué a la nueva página y encontré lo que iba buscando. La primera imagen ya era una declaración de intenciones. Laura estaba tumbada en la cama enfrente de la cámara con mirada desafiante. Tan solo se podían ver su rostro cubierto la mitad por el pelo y sus tetas con un sujetador de encaje rojo. La foto me encendió más de lo que esperaba. Seguí buscando nuevas fotos y mi imaginación tuvo que empezar a trabajar cada vez menos. Cada foto que veía me ponía un poco más. Creo que una de mis favoritas era de Laura, apoyada contra la pared con el culo en pompa hacia fuera sin nada de ropa. Para ese momento de la noche, ya estaba lo suficiente parado y decidí saciar mis deseos. Con una mano seguía viendo fotos, deleitándome lentamente y con la otra iba haciendo lo propio. En alguna salía acompañada por alguna otra chica, pero solo tenía ojos para Laura.

    La excitación fue en aumento y encontré un video corto de ella. Se veía a Laura de espaldas sin ropa. Ponía su enorme y redondo que ya había visto en fotos anteriores pero ahora me hipnotizaba de una forma que no podía imaginar. Lo movía hacia los lados, hacia arriba y hacia abajo. Me excitaba cada vez más. Se dejó sobre la cama y elevó un poco sus caderas. Me imaginaba con ella en esa posición y no podía parar. Se fue dando la vuelta, miraba a la cámara con la misma cara de desafío que me había mirado en otras fotos. No veía nada de la dulzura del gimnasio. Era una versión de Laura más carnal. Se acabó de dar la vuelta, de su cara pasé a sus tetas que ya bien reconocía. De sus tetas fui bajando hasta llegar a su polla. Fue un momento de shock. Me paré. Durante unos segundos me quedé mirando perplejo. No quería entender pero era todo bastante claro. Era las dos piernas de Laura, asomaba un pene como el mío. Y allí sentado en el sofá, enamorado de las curvas de Laura, tras descubrir su sorpresa entre las piernas, me excité aún más. Miraba la imagen fijamente. No sabía muy bien donde mirar. Iba de una parte de su cuerpo para otro deleitándome. Nunca antes había sentido esa sensación, era algo nuevo para mí.

    Me iba centrando cada vez más en su miembro. Cada vez mis miradas pasaban más por esa zona de su cuerpo. Busca las fotos donde pudiera tener una nueva perspectiva. Todo empezaba a girar en torno a su zona pélvica. Imaginé que mi polla era la suya, y que era yo quien la estaba masturbando. Imaginé sus besos en mi cuello y sus manos recorriendo mi pecho mientras mi otra mano le recorría la cadera.

    Laura soltaba pequeños gemidos en mis oídos que me espoleaban. Quería sentirla entre las manos y a ella en mi pecho. Quería acompasar nuestras respiraciones entre cortadas y hacer coincidir nuestros labios rotos por el placer. Ella me pedía más y yo quería complacerla. Aumenté el ritmo para obligarla a gemir aún más. Imaginé un beso largo que acaba con un último gemido de los dos.

  • Una propuesta inesperada

    Una propuesta inesperada

    Mi móvil comenzó a sonar con el clásico tono para una llamada,  miré la pantalla y decía «oficina» lo primero que imaginé fue que otro cliente quería que fuera a visitarlo, esa mañana mis clientes habían estado muy insistentes en que los fuera a visitar, todos querían ver el nuevo catálogo y ser los primeros en comprar para luego ellos poder distribuir los nuevos productos.

    Toda la mañana había sido así, una junta tras otra con los distintos clientes y aunque yo quisiera ir con todos no me ajustaba el tiempo para visitar a todos ese día.

    Así que no hice caso y seguí con la presentación que tenía por delante, estaba en medio de una junta con uno de mis mejores inversionistas y dejé el teléfono en segundo plano.

    Cuando la presentación hubo terminado y salí del edificio del cliente fui directo al estacionamiento y ya en el auto me comuniqué a la oficina para informar los productos que debían mandar la próxima semana. La comisión de esa venta va ser genial, ya hasta estaba pensando cómo disfrutar de las jugosas ganancias.

    Ya ni recordaba la llamada perdida que habían hecho desde la oficina, luego de anotar mi pedido y asegurarme que todo estaría listo para la fecha requerida, Paulina cambio de tema abruptamente solo dijo:

    —»Queremos un trio»

    ¿¡Queee!?

    ¿¡Un trio!?

    ¿Y mi mujer?

    ¿Mi Paulina, mi esposa y yo?

    ¿Su esposo, ella y yo?

    Una voz del otro lado de línea me dio otra posibilidad.

    O ¿sería entre compañeros? ¿Rubi, Paulina y yo?

    ¿Rubi también estaba escuchando?

    Uta!!! ¿y mi esposa? Quizá ella quiera participar ¿y si ella graba? No, creo que es más fácil que el infierno se congele.

    ¿Dónde será bueno hacerlo?

    ¿En la oficina? No, ahí no es buena idea.

    ¿Un motel? Pero nunca he ido a uno bueno siempre hay una primera vez.

    Ya veré como le hago.

    Tanto tiempo pensando en esa fantasía, y ahora que estaba latente.

    Mi mente ya estaba a mil por hora.

    —¿Qué dices?

    —Lo que oíste, Rubi y yo queremos hacer un trío contigo, en unos pocos días es el cumpleaños de Rubi y quiere festejar de una forma que nunca lo olvide. Yo le di una idea y ella está más que emocionada por eso.

    Jajaja ahí estaba yo dentro de mi automóvil, con el teléfono en la oreja sin dar crédito a lo que escuchaba. Ya estaba relamiendo los bigotes e imaginando lo que nos divertíamos.

    Faltaban dos semanas para el cumpleaños de Rubi, pero no queríamos esperar tantos días así que antes de que cambiaran de opinión, y aprovechando que el esposo de Paulina estaría fuera de la ciudad el fin de semana aprovechamos la ocasión.

    Rentamos un apartamento en una de las aplicaciones que te permite rentar desde un cuarto hasta mansiones preciosas, el departamento está ubicado en una ciudad vecina y teníamos sábado y domingo para hacer en él lo que nos venga en gana.

    El sábado temprano salí de casa y pasé primero por Paulina que es la que vive más cerca de mi casa.

    Cuando salió de su casa imaginé una pantera, venía todo de negro con unas delgadas líneas claras en un conjunto de pantalón a tres cuartos de su pantorrilla y una blusa que dejaba al descubierto sus hombros en su mano solo una bolsa de mano, su elegancia al caminar.

    Sin duda que evocaba cierto parecido a una felina al acecho, me le quedé viendo a los ojos directamente, se veía hermosa, entró al auto rápidamente y me saludó alegre con cara de excitación, luego del breve saludo seguimos hasta la casa de Rubi, baje del auto y toque la puerta.

    Rubi salió unos minutos después, traía puesta una blusa roja con un hombro descubierto y el otro cubierto por la manga larga de su blusa, un pantalón de mezclilla y sus tenis blancos, me saludó de beso Rubí expuso su cuello permitiendo que me acercara y percibiera su aroma… Bvlgari. Comencé a olfatear unos cinco centímetros arriba de sus senos, justo donde ella estiró la tela de su blusa para que oliera, pero no me retire seguí ascendiendo primero por la tela y luego por su piel hasta rozar su cuello y casi llegar a su barbilla, noté como su piel se eriza a mientras el dulce aroma me embriagaba.

    —Epa chicos que tenemos todo el fin de semana!!!

    Venga que se hace tarde.

    Así que Rubi y yo soltamos la risa mientras mirábamos a Paulina dentro del automóvil.

    Entramos al auto y entre risas nerviosas y cómplices comenzamos (creo que ya había comenzado desde que lo comenzamos a imaginar) la aventura y pronto íbamos sobre la carretera en busca de un divertido fin de semana.

    El edificio donde estaba el departamento parecía nuevo, estaba ubicado en el quinto de diez pisos, el lobby era amplio toda la planta de abajo estaba destinada a él, había salas de espera, una cafetería, las escaleras y los ascensores al fondo estaba el área de administración.

    Así que nos encaminamos hacia allá y pedimos la llave de la habitación, el chico que comprobó los datos nos veía con una mirada curiosa y una sonrisa en la cara -como si imaginara lo que iba a ocurrir entre nosotros-, nos dio la llave y nos dio las instrucciones para llegar a la habitación.

    En cuanto las puertas del elevador se cerraron, tome a las chicas por la cintura y las atraje hacia mí, bese a una y luego a la otra para al final terminar los tres en un solo beso.

    Nos separamos justo a tiempo -o eso creímos-, la puerta se abrió en el tercer piso y entraron una pareja de ancianos que volteo a vernos de una forma rara y una guapa mujer de pelo crespo y unos hermosos labios rojos que llevaba un perrito abrazado que me dirijo una pícara sonrisa.

    En cuanto abrimos la puerta el lugar nos gustó, se notaba que era solo para rentar lo no había una sola foto personal en la paredes había arte decorativo, algunas macetas en los rincones con plantas verde y brillosas, todo era de concepto abierto, junto a la puerta había un perchero donde Paulina y Rubi colgaron sus bolsa luego una sala amplia con sillones enormes y muy cómodos a la derecha una pequeña mesa de vidrio cuadrada para cuatro personas con un frutero lleno con manzanas y peras en el centro, pegada a la pared la cocina.

    En la pared detrás del sillón principal estaba acomodado un singular collage de seis pinturas; Jack Sparrow al centro la Mona Lisa y Frida a sus lados arriba, una chica dibujada sobre papel periódico, una apache hermosa y otra mujer que decidí llamar la señorita Flores por la gran cantidad que tenía pintadas en su espalda, había también algunos espejos, nada muy personal, el lugar estaba creado para la renta y el mobiliario era específico para que la vista se enamorara de inmediato del lugar.

    Al fondo un balcón con vista a la avenida y las tiendas de diseñador que estaban por todas partes, la puerta a la habitación estaba justo enfrente de la cocina, rápidamente entramos a investigar; a la izquierda un pequeño closed y a la derecha un enorme baño lleno de pisos elegantes y cristal, las llaves negras resaltaron en cuanto entramos, había toallas limpias y varias botellas de diversas cremas y jabones, luego del pequeño pasillo que formaban la puerta del closet y el baño se abría el resto de la habitación, una enorme cama de toda la pared contigua al baño hasta llegar al vidrio del enorme balcón de la habitación, arriba de la cabecera un impresionante cuadro a blanco y negro de una ciudad con grandes edificios y el mar como fondo, enfrente a la cama un gran espejo con su taburete igual de largo y una banca otomana.

    Mire a mis amigas y ambas tenían la misma idea que yo…

    Saltamos a la cama y comprobamos la comodidad del colchón, entre risas y bromas nos tocamos y besamos por algunos minutos entre todos antes de enfocarnos en Rubi.

    Paulina y yo nos miramos y con esa sola mirada nos pusimos de acuerdo, Rubi disfrutaría de todas nuestras atenciones, la colocamos boca arriba y fuimos tocando su cuerpo aún con la ropa puesta, la besamos y acariciamos sin parar por un buen rato.

    Antes de seguir más allá de esos besos nos detuvimos y decidimos comer y jugar algo.

    Salimos del cuarto para mirar qué es lo que había en el refrigerador. Nada, no había nada.

    Jajaja

    Decidimos ir a la calle en busca de algo para desayunar, preguntamos al chico que nos había dado las llaves por algún lugar cerca para ir a desayunar y nos indicó como llegar a una taquería cercana, encontramos la taquería en la esquina del edificio. De regreso íbamos entretenidos viendo a través de los cristales de las tiendas todo tipo de mercancía, una tienda de trajes me llamó la atención -tal vez aproveche y compre algo para el guardarropa-, tiendas de tenis, vestidos de noche; primera comunión, confirmación, novia, boutique de lencería, había de todo, pasamos por una pastelería y entramos.

    No podíamos dejar a Rubi sin su pastel de cumpleaños encontramos casi al instante una buena opción, en el exhibidor había unas rebanadas de pastel con chocolate, café y pay de queso, cubiertas con betún, algunas uvas, fresas y nuez.

    Pedimos tres de esas, cuando vimos el nombre en la nota nos echamos a reír.

    El pastel se llamaba: trío…

    Como si supiera lo que entre nosotros tres planeamos, como un testigo de aquella aventura de fin de semana.

    Llegamos al departamento sin nada más en la cabeza que sexo, ya no había preámbulos toda la semana lo habíamos imaginado y deseado, ese fue el juego previo, ahora ya no lo necesitamos, ahora queríamos disfrutar de lo que nos había llevado ahí; la fantasía y la perversión, la lujuria y el deseo. Tres personas con una misma fantasía…

    —¡Quiero verlas!

    Las dos se miraron.

    ¡wooow!

    Sus miradas. Las dos con el fuego en sus ojos, las dos con la sensualidad que da la certeza de saber lo que va ocurrir, las dos con la seguridad anhelante de hacerlo.

    Comenzaron a desnudarse retadoramente frente a mí, Rubi tomó la blusa por debajo de su ombligo, estiró los brazos y sacó la blusa mientras por encima de su cabeza, Paulina comenzó con los pantalones, un par de piernas de ébano me hicieron babear, luego Rubi se acercó a Paulina ayudó la con su blusa, acaricio su cuerpo mientras miraba sus ojos, Paulina no se quedó atrás ayudó a Rubi con sus pantalones.

    Rubi de piel más clara, con su ropa interior negra. Paulina, una morena de fuego y unas caderas que embrujan y un culo que te vuelve loco con sus bragas de encaje y seda.

    Ese paso lo quería hacer yo. Me acerque a ellas y tome las bragas, las dos al mismo tiempo la de Paulina con la derecha y la Rubi en la izquierda ambas eran delgadas, delicadas, finas, un firme tirón bastó para que rompieran y quedarme con ellas en mis manos noté la suavidad de las telas al instante, no pude evitar llevarlas a mi cara, oler su aroma, sentir la esencia contenida en ellas, estaban húmedas, ambas mujeres están listas.

    El morbo era enorme ya nos conocíamos completamente, ya antes habíamos tenido algún encuentro, nunca habíamos estado los tres juntos pero había química y ganas.

    En pocos minutos las dos quedaron desnudas ante mí…

    Paulina con sus pezones oscuros, duros ansiosos y una mirada felina, Rubi con sus senos tersos, casi juveniles en un tono más rosado, como el pétalo de una flor.

    Una con su cuerpo estilizado por la juventud y la práctica del baile, la otra con la belleza que da la maternidad en un cuerpo ejercitado y elegante.

    Ambas con una sonrisa y la mente dispuesta al placer.

    Mi pene erecto, duro ante ellas, sus vulvas brillosas destilando miel, palpitantes deseo.

    Rubi lo tomó entre sus manos acarició toda la extensión apretó la base y me guio hasta el borde de uno de los amplios sillones, sentó al borde y abriendo las piernas lo guio hacia ella, Paulina miraba como mi dureza poco a poco desaparecía en el fondo de Rubi.

    Estaba caliente y húmeda, fue fácil perderme en ella, fue fácil recordar la primera vez que lo hicimos entre cajas de cartón allá en la bodega.

    Le dije eso al oído y ella río mientras yo seguía bombeando.

    Paulina ya se nos había unido besaba y acariciaba los senos de Rubi.

    Mi mano se estiró buscando el culo de Paulina. Toqué y acaricie sus firmes nalgas, seguí hasta rozar su ano.

    Un roce en esa zona prohibida tiene diferentes reacciones, hay quien se excita al sentir la sensación de una caricia prohibida y simplemente se deja llevar por la lujuria, hay quienes se asustan ante el tabú que representa una caricia en esa parte…

    Pero ella, ella sabe que es un juego, uno que le genera placer y la moja ante el primer roce.

    Fue fácil que Rubi se corriera, fue sencillo llevarla a ese primer orgasmo.

    Salí de ella y le ofrecí mi dureza a Paulina lamio y disfruto cada centímetro con su boca, probó el sabor de Rubi por primera vez directamente de mí, me comió como si no hubiera un mañana.

    Luego se separó de mí, tomo un poco de las frutas del pastel y las puso en la entrepierna de Rubi, comenzó a comerla a ella, su lengua era maestra, sabía lo que hacía, sabía en qué punto frotar, acariciar, chupar o presionar, la fruta y el betún fueron desapareciendo del cuerpo de Rubi, yo besaba sus pechos o besaba su boca.

    Después de unos instantes me dedique a observar, la respiración de Rubi cambió, el tono en su rostro también, su mirada era distinta, todo su rostro indicaba una cosa…

    Sus manos se aferraban a sus piernas, las mantenía abiertas y elevadas mientras Paulina seguía movimiento su lengua.

    La imagen es brutal, Rubi intentando detener sus piernas que tiemblan descontroladas, su boca conteniendo suspiros que escapan por sus ojos, Paulina sabe lo que hace, y no se detiene mientras una fuerte explosión ocurre dentro de Rubi, pero no se detiene una y otra vez la lleva al límite. Los tres gozamos la escena, yo estoy fascinado, extasiado observando cómo Rubi no puede simplemente controlar sus piernas que tiemblan aunque sus manos las sostienen. Paulina sigue moviendo la lengua de forma mágica entre sus piernas.

    Simplemente la ha hecho gozar mejor que yo.

    No puedo resistir más y me hundo en Paulina mientras ella sigue entretenida en la entrepierna de Rubi.

    Los tres somos uno en ese momento, los tres somos cómplices de esa escena.

  • Mi sobrina gordita de Cuzco

    Mi sobrina gordita de Cuzco

    Habíamos viajado a Cuzco a visitar a mis suegros.  En ese viaje nos habíamos quedado en su casa, que es muy amplia. En el patio de la parte trasera, la hermana mayor de mi esposa había construido un departamento dúplex donde vivía con su esposo, mi sobrina Liz, de 20 años y dos hijos más.

    Fue un excelente viaje y tras más de 5 días en Cuzco donde la pasamos realmente bien, el domingo, antes de volver el lunes a Lima, decidieron ir todos de paseo a Urubamba, en el Valle Sagrado. Por tener un informe pendiente, que debía entregar el lunes, al volver de las mini vacaciones, no pude acompañarlos y tuve que quedarme en la casa trabajando en la computadora. Mi sobrina veinteañera Liz también se quedó en su departamento por un trabajo de la universidad.

    Partieron todos hacia las 10 am y yo me quedé trabajando en la sala de la casa, donde la internet tenía mayor potencia. Hacia las 12.30 se apareció Liz, vestida en una minifalda blanca medio translucida, que permitía apreciar su tanga negra en contraste absoluto y una blusa gris igualmente translucida que permitía ver sus senos y pezones pues no llevaba brassiere.

    Mi sobrina es gordita, subida de peso, con un culo grande pero redondo, una barriga que seguro con los años será muy voluminosa y unos senos grandes, de mujer rolliza. Es muy muy blanca y pecosa, de cabello castaño, simpática de cara, pero por ser gordita nunca le había prestado mucho la atención, además de verla muy poco, eventualmente cuando viajábamos a Cuzco y se nos ocurría quedarnos donde mis suegros.

    Pero así vestida, claramente en una actitud sexual, me movió rápidamente. Me excité solo con verla y a sus primeras palabras con voz picara y claramente caliente. Pero igual no imagine nada fuera de lo común.

    – Tío, ¿Qué vas a almorzar?

    – No lo sé Liz, pensé pedir un delivery.

    – Podemos comer juntos, ¿me invitas?

    – Claro, ¿qué te provoca?

    – Hummm, no lo sé quizás sushi.

    – Ok, me parece bien. ¿Puedes pedir tú y cuando vengan yo cancelo?

    – Perfecto tío.

    Y se fue. Pasado el incidente, no volví a hacerme ilusiones pues su rápida partida me hizo pensar era sólo una joven de look sensual, sin más que eso.

    Cuando llegó el delivery lo recibí, pagué. Ella, que había escuchado el timbre, vino rápidamente y estaba muy alegre. No había pedido bebidas, pero ella me dijo “tío no te preocupes, mis abuelos siempre tienen en la refrigeradora, ¿vienes para escoger lo que quieres tomar?”. La seguí a la cocina, abrió la refrigeradora y cierto, había varias marcas de cerveza y de gaseosas.

    Adrede se inclinó en 90 grados para recoger la gaseosa que se encontraba en el anaquel más bajo de la refrigeradora, al hacerlo se levantó la minifalda y pude ver sin restricciones su enorme culo blanco con una sensual tanga negra entre sus nalgas. Se hizo la desentendida y me preguntó que quería y sin dudarlo le dije “lo mismo que tú”.

    Cuando volvió a inclinarse tan provocadora no me resistí y sin más le cogí las nalgas. Ella no dijo nada e intencionalmente se demoró una eternidad en recoger la botella de gaseosa. En esa eternidad, mis manos ya habían ingresado entre sus nalgas, puesto de lado su tanga y empezado a explorar su culo.

    Se levantó, se volteó, me miró y sin más me dijo “´tío me quieres coger”. No respondí y sólo mis manos fueron hacia su tanga, se la bajé sin problemas, dejándola sólo en su minifalda. En el mismo momento ella se sacó la blusa y me dejó a la vista sus enormes pechos, con los pezones rosados y pequeños, de mujer aún sin hijos. Así, de pie, comencé a lamerle los pezones, uno y otro, mientras mis dedos la masturbaban.

    Seguimos unos minutos así y pronto deseé corrérsela por el culo también y le metí al culo uno de mis dedos ya muy húmedo de su jugosa vagina. Ella dio un gritito. Claramente era un culo con poca experiencia aún. Pero lo soporto. Corriéndola por culo y vagina y mamando sus pezones tuvo un primer orgasmo, que la hizo gemir con discreción.

    Sin darle tiempo a reaccionar y la posibilidad de que todo termine al haber ella llegado, jalé una silla de la mesa de la cocina, la incliné hacia adelante, apoyando sus cabeza y hombros en ella, lo que me dejó su inmenso culo a merced. Comencé a cogerla por su aún estrecha vagina y volvió a llegar rápidamente. Seguí bombeando y ella ya gemía sin ningún recato.

    La levanté y la llevé al sofá de la sala que era contiguo, unos 15 segundos de caminar. La puse en 4 patas sobre él y seguí disfrutando su vagina. Volví a estimular su culo, primero con un dedo, luego con dos. Sentí como se iba dilatando y sabía que mi leche se descargaría allí dentro.

    Sin sacar mi verga de su vagina la acomodé un poco más hacia abajo, cosa que podía cogerla por el culo sin problemas. Ella se dio cuenta y me dijo “tío por el culo no, me duele”. Sólo le respondí “tranquila princesa, te va a gustar”.

    Para que hubiera menos fricción, con mis dedos ensalive lo más que pude su culo mientras seguía cogiéndola por la vagina y luego la saqué y empecé a rozar su culo, de poco uso, con mi pene. Recorría toda su entrenalga con mi verga y le dedicaba más segundos a rozar su ano. Cada vez más intensamente hasta que, sin mucho esfuerzo, la cabeza de mi verga logró ingresar.

    Ella tembló y me pidió que la sacará, pero le dije “princesa ya entró, tranquila”. Y por un buen rato sólo tuve la cabeza allí, sintiendo como ella se iba dilatando y relajando. Poco a poco empecé a empujar y ella a gemir. A pesar de su poco uso, su culo ya sabía recibir verga. Hasta que la tuve toda dentro. Ella gemía un poco de dolor y cada vez de más placer. Cuando empecé a bombear, ella llegó, su primer orgasmo anal (me lo comentó luego) y yo seguí, no se me ocurrió cambiar de posición pues tener su enorme culo blanco pecoso a mi vista y uso era mega excitante.

    Finalmente ella volvió a llegar y sus contracciones me hicieron llegar. Nos pusimos las prendas que nos habíamos sacado y fuimos por el almuerzo. Mientras comíamos me dijo que era la primera vez que llegaba por su culito. Al terminar de comer, recogió las cosas, las tiró a la basura y volvió a su departamento a seguir con su trabajo de universidad. Yo seguí el mío.

  • ¿Y qué si me gusta vestirme de mujer y entregarme?

    ¿Y qué si me gusta vestirme de mujer y entregarme?

    Soy travesti de closet y mi virginidad anal que perdí hace unas semanas es cosa del pasado. Me gusta la verga ¿por qué negarlo? Al momento he probado 5. No hablaré de la primera, esa me la reservo, pero todas las demás las he disfrutado sin el miedo del dolor de la desfloración.

    La segunda verga que probé fue muy selecta. Andaba caliente, todavía con el ardor en medio de mi agujero de la primera cogida rica que me dieron. Él estaba tímido, indiferente. Somos compañeros de universidad. Lo invité a mi casa con la excusa de estudiar. Cuando llegamos de la universidad, entramos, me quité los zapatos, me miró extrañado, luego me desenfundé la camisa y el pantalón. Me increpó que qué me pasaba. Me acerqué a él y le dije: “te voy a dar una sorpresa”. Lo tomé de la mano, lo conduje a la sala de estar, lo senté y le encendí la televisión. Había ya preparado yo un video de travestis dándose lengua y lo dejé viéndolos. “ya regreso”, le dije.

    Llegué a mi cuarto y supe que Genoveva, la mujer que hay dentro de mi deseaba salir. Terminé de desnudarme. Vi mi ridícula y pequeña verga y la descapoté. Me vi al espejo y me sentí deseada. Me travesti de inmediato: vestido rojo pegado al cuerpo y mis nalgas redondas resaltaban. Negras medias, sandalias de tacón de aguja de cintas cruzadas hasta media pierna. Me apliqué perfume, maquillaje en los ojos y labios y lindos aretes de presión dorados. Estaba preciosa.

    Como una modelo caminé con mi delgado y torneado cuerpo. Llegué a él, se había sacado la verga y se estaba pajeando viendo la pareja de travestis. Se volteó a mí. Se sobresaltó.

    -Shh- le dije y puse mi dedo sobre mis labios pintados de rojo oscuro. Me arrodillé frente a él, tomé su miembro, se lo descapoté y añadí: -me conoces con mi forma y nombre de hombre, pero en estas paredes soy Genoveva, soy una travesti de closet. Estoy caliente, quiero que me cojas.

    Me acerqué más a él y comencé a mamarle su erguida polla. Olía a hombre, sabía salado y a marisco. Era un miembro blanco, de cabeza rosada y lisa, gorda. Besé el cuello de su pene. Él se dejó. Lo lamí de abajo hacia arriba. No era muy grande, pero si grueso. Puse la punta de mi lengua en la punta del agujero de su miembro y la introduje. Gimió de placer.

    Se puso de pie, se desvistió rápido, era flaco y blanco, algo débil. “Qué rica te ves en vestido”, me dijo. Me volteé, el entendió y bajó el cierre de mi vestido. No tenía yo calzón y quedé solo en medias hasta arriba de la pierna y mis sandalias de cintas.

    Me agaché boca abajo sobre la alfombra, me puse de rodillas y de bruces, le ofrecí mis nalgas, separándolas y sintiendo el viento en mi agujero caliente.

    -Sentí rico tu verga en mis labios, métemela que tengo ganas de sentirla dentro del culo- le dije.

    No esperó. Escupió sobre su mano, humedeció con la saliva la punta de su miembro y me lo metió de un solo tirón, inmisericorde, hasta adentro y topó sus huevos con mis nalgas. Me dolió rico. Tenía muchas ganas de que me penetraran de nuevo como a una yegua.

    Esta vez no era yo una princesa que desfloraban tiernamente, sino un hombre vestido de mujer que sabía lo que quería. Comencé a mover la cintura y el culo en círculos. Él me metía la verga con ritmo y sentía que tocaba con su verga cada parte de mi recto.

    – ¡Puta, qué rico! Más, más, más, rico, rico, rico – grité.

    El me respondió: -Qué caliente está tu hoyo mamacita rica- y me embistió con mas fuerza.

    Estimuló con su polla mi próstata y sentí un piquetazo en la punta de mi micropene. Con un alarido de placer le grité: “papacito rico, ¡me voy a venir!”. Y sin demora tres chorros de ardiente leche salieron de mi pija mientras me movía incontrolablemente como una culebra.

    Me la sacó y me volteó quedándome acostado boca arriba. Se pajeó y me untó en toda la cara su semen salado. Al sentirlo me excité de nuevo y a pesar de que ya no la tenía parada, sentí en mi verga otro orgasmo que me hizo evacuar lo que me quedaba de semen, en los testículos.

    Se desplomó sobre mí. Lo abracé con mis brazos y mis piernas. Nos besamos de lengua hasta la garganta, profundamente.

    La verdad fue un palo delicioso, pero la verdad poco comparable con la cogida que pronto me daría un negro. Fue a la semana siguiente que nos vimos en…

    Continuará…

    Te mando una mamada, siéntete libre de masturbarte por mí, e imaginar que me lo echas todo en la cara, recibiré tu semen virtual y lo degustaré con mi lengua ardiente mientras me pajeo en tu honor.

    [email protected]

  • Experiencia con el taxista

    Experiencia con el taxista

    Después de la primera grata experiencia con Andrés, pensé en seguir buscando amigos de mi novio para complacer mis necesidades y de paso humillarlo más. Sobre todo teniendo en cuenta que eso es lo que él quería.

    Al siguiente quien tenía en mente era Carlos, un hombre alto de 1.85, fuerte y de piel clara y ojos azules. Era buen sabido que él era el más mujeriego del grupo. Y como no iba a serlo, si tenía las características que vuelven loca a casi cualquier mujer.

    Cómo era de esperarse, Andrés no tardó nada en comentar con el grupo de amigos lo que había pasado entre nosotros, lo que provocó que comenzara a recibir mensajes y llamadas de ellos invitándome a salir o preguntándome si se me ofrecía algo. Por su parte Raúl comenzó a ser la burla de todos indirectamente ya que no le decían nada sobre mí de frente, pero si comenzaron a tratarlo como escoria y se burlaban a sus espaldas de lo puta que había resultado su novia.

    Yo al principio comencé a ignorar los mensajes y las llamadas, después fui contestando, pero haciéndome la digna y negando todo. Al final yo sabía que iba a terminar cogiéndome a todos los amigos de mi novio.

    Cómo les comenté mi atención de centro en Carlos comencé a tener llamadas candentes con él y a hacer intercambio de fotografías, dejándole claro que sí abría la boca con alguien ya no iba a tener oportunidad de estar conmigo.

    Un día durante el trabajo estuve intercambiando mensajes con él hasta que llegó un punto y no pude más. Me fui al baño y le mandé fotos a Carlos que me devolvió las suyas y provocó que comenzara a masturbarme en los baños de la oficina.

    Cabe aclarar que por mi trabajo siempre llevo tacones, falda negra (que siempre he usado más corta de lo que marca la norma) y blusa blanca a la cual me gusta abrirle botones a manera de escote.

    Cuando terminé aún sentía una calentura inmensa, estaba dispuesta a ir a casa de Carlos para entregarme a él, pero el destino tenía algo diferente para mí…

    Carlos tenía que salir de la ciudad por un asunto personal y no podría «atenderme» en un par de semanas, lo que me provocó una frustración enorme.

    Quería ser usada ese mismo día, pero no estaba dispuesta a darle el gusto a mi novio todavía. Desilusionada decidí ir a mi casa y tratar de buscar una opción para reemplazar a Carlos en los próximos días, tomé mis cosas y salí a buscar un taxi ya que mi novio no había ido por mí porque no se lo pedí.

    Después de unos minutos comenzó a llover y me resguardé debajo de un toldo de una tienda mientras esperaba taxi en la avenida.

    Tardé bastante en encontrar uno, pero por fin después de más de 20 minutos logré subirme a uno que me llevara a mi casa.

    Al abordar el taxi inmediatamente me di cuenta de la manera morbosa en la que me miraba el conductor. A pesar de que el hombre no era de mi agrado (algo gordo, canoso, con barba desaliñada) no me molestaba que me mirara de esa forma, de hecho estoy acostumbrada y me gusta llamar la atención.

    El hombre no dejaba de lanzarme piropos, preguntándome qué hacia una joven tan bonita como yo sola en la lluvia y ese tipo de cosas. Al principio lo ignoré, pero después le contestaba de manera seca para ver si dejaba de molestarme.

    Pero lejos de eso lo único que conseguí fue que siguiera molestando, diciendo que tenía una voz igual de bonita…

    Cómo sea al llegar a mi casa me percate que había dejado la cartera en la oficina y que no tenía suficiente dinero para pagar el viaje. Le comenté al señor la situación y viéndome a través del retrovisor me preguntó que pretendía hacer.

    Le dije que un par de calles adelante había un banco y que podía ir al cajero a retirar el dinero para pagarle.

    Él acepto con una sonrisa marcada en su rostro, eso debió causarle desconfianza pero yo estaba enfocada en sacar el dinero para pagarle y poder llegar a casa.

    Cuando íbamos llegando al banco me di cuenta que el tipo no bajaba la velocidad por lo que le pregunté qué estaba haciendo.

    Él solo me miró a través del espejo y me dijo

    -no bonita, está cuenta pendiente no la vas a pagar con efectivo jajaja

    Yo me sentía angustiada, intenté abrir la puerta pero estaba cerrada y no podía liberar el seguro, una lágrima comenzó a rodar por mi mejilla y le suplique que me dejara salir, que le daría lo que quisiera.

    -claro que me vas a dar lo que quiero, a poco crees que no voy a disfrutar a una hembra como tú…

    Seguimos avanzando por un buen rato hasta que llegamos a un terreno que únicamente tenía un cuarto construido al centro.

    El tipo bajó y se acercó a la puerta trasera, me abrió y me dijo que bajara, le dije que si me hacía algo gritaría pidiendo ayuda. A lo que me contestó.

    -inténtalo si quieres preciosa, pero te advierto. Este es el lugar al que mis amigos y yo traemos putas y si escuchan algún ruido lo único que vas a provocar es que más hombres con ganas de coger vengan aquí y entonces no te vas a ir hasta complacerlos a todos.

    Yo estaba aterrada, no sabía si lo que el tipo me decía era verdad, pero no quería arriesgarme.

    Me hizo entrar al cuarto en el que solo había una cama y un sillón desgastados.

    Él se sentó en el sillón y me dijo que quería que comenzará a quitarme la ropa conforme el me lo indicara y que por mi bien no intentará nada, eso me lo dijo señalando un cuchillo grande que estaba sosteniendo en su mano derecha y con la izquierda bebía una cerveza.

    Yo estaba temblando pero accedí, el me pidió que desabotonara mi blusa despacio y procedí a quitármela lentamente.

    Al terminar me pidió que la lanzará a la cama, después me pidió que me quitara la falda, baje el cierre y la deje caer al suelo, lanzándosela con el pie, él la tomo en el aire y comenzó a inhalar pegándola a su nariz. Me quedé únicamente con el conjunto de bra, tanga y zapatos negros que utilizaba en conjunto, debo admitir que a pesar del miedo y nerviosismo que tenía sentía un poco de excitación por la situación y la humedad de mi tanga me delataría más adelante.

    El hombre me dijo que me acercara y diera una vuelta para poder mirarme mejor.

    -mira nada más que rica estás chaparrita, no sabes lo bien que lo vamos a pasar.

    Tiro un cojín al suelo y me ordenó hincarme frente a él. Enseguida me dijo que me recogiera el cabello y que le abriera el pantalón. Sabía lo que el tipo quería y pensé que si lo hacía bien el terminaría satisfecho y me dejaría en paz…

    Procedí a aceptar lo que estaba pasando y me puse en la posición que me ordenó, noté el bulto en su pantalón y tomando aire libere su verga frente a mí, la verdad me sorprendió. No esperaba algo así, no era tan grande pero si era ancha. Él no me dio tiempo de nada, inmediatamente me tomo de la nuca y me hizo metérmela de golpe a la boca.

    Su sabor no era desagradable pero tampoco era como el de las vergas que había probado antes. Además por el ancho me costaba metérmela completa.

    No voy a negar que el hecho de que se comportara como un animal me estaba excitando y lo notó cuando comencé a mamar por mi cuenta sin que el moviera mi cabeza y comencé a gemir aferrándome a sus piernas.

    -vaya que eres una puta, ya veo que solo era cuestión de motivarte para que hicieras lo que te gusta jajaja

    Yo jugaba con mi lengua rodeando su cabeza y su tronco, buscando que terminara lo más pronto posible.

    En ese momento no sabía lo equivocada que estaba, después de unos minutos escuché como comenzó a gemir y acelere los movimientos con mi boca para hacer que terminara, de repente comencé a sentir las palpitaciones y como se descargaba en mi garganta. El sabor era diferente pero no desagradable, terminó en una cantidad exagerada, me costaba trabajo tragarlo todo y cuando intenté separarme para tomar aire me tomó de la nuca y me dijo – no mamacita, esto te lo vas a tomar todo, si no quieres que te vaya mal no quiero ver una sola gota desperdiciada.

    Al terminar me soltó y pude ver qué aún escurría algo de semen por su tronco por lo que comencé a lamerlo hasta dejarlo completamente limpio.

    -bien zorrita, ves que no era tan difícil?

    -ahora me va a dejar ir?

    – dejarte ir? Pero si apenas vamos comenzando además se nota que te está gustando esto.

    Después de eso me tomo del brazo y me lanzó boca arriba sobre la cama, con la navaja cortó mi bra y comenzó a besar y lamer mis pechos como loco. Yo estaba excitadísima, pero no quería darle la satisfacción de notarlo, lo que fue en vano por qué colocó su mano sobre mi tanga y notó que estaba empapada.

    – vaya… Sí que eres una puta, tú negando el placer que te estoy dando y tu tanga está empapada jaja

    Bajo a la altura de mi sexo y comenzó a inhalar como si fuera un adicto, en ese momento noté que se estaba excitando aún más, de un movimiento brusco me arranco la tanga haciéndola pedazos y me quitó los zapatos dejándome completamente desnuda.

    Comenzó a besarme las piernas desde los muslos hasta los tobillos, lo que provocó que mi piel se erizara y me provocaba pequeños gemidos, no pude evitar comenzar a tomarme mientras él me miraba con una sonrisa.

    Al llegar a mis pies, los colocó juntos frente a él y los observó por un instante.

    -vaya estos piecitos están muy bien cuidados, tal parece que le pones empeño para que se vean así

    Acto seguido comenzó a dar pequeños besos en mis plantas y a inhalar profundamente.

    Cómo les he contado anteriormente, le tome el gusto a eso con mi novio por lo que comencé a excitarme más.

    Después comenzó a lamer mis plantas una y otra vez hasta meterse mis dedos a la boca mientras se masturbaba.

    Después abrió mis piernas y metió su cabeza para comenzar a lamer mi clítoris y beber mis jugos que en ese momento salían a chorros de mi.

    Me provocó un par de orgasmos muy intensos que me dejaron exhausta, pero todo estaba lejos de terminar pues noté que me tomo de los tobillos levantando mis piernas y penetrándome de manera violenta y de golpe, yo solo pude soltar un grito pero no de dolor sino de placer pues ya estaba muy excitada y lubricada por todo lo que ese hombre me había hecho.

    No me importaba que lo haya hecho sin protección pues no puedo quedar embarazada por los anticonceptivos que tomo y en ese momento no pensaba en otra cosa que fuera disfrutar de la situación.

    Después de unos minutos embistiéndome volvió a gemir y sentí como se descargó dentro de mí.

    Por fin había terminado. Se levantó y me dijo que le vistiera.

    Que me llevaría a mi casa.

    En ese momento regreso esa sensación de miedo y ansiedad que tuve al principio. Pero me comporte lo más tranquila posible para no alterarlo.

    En el camino iba tocándome las piernas y riendo, me imagino que estaba recordando lo que pasó.

    Al llegar me dijo:

    -bueno preciosa, ya estás en casa. Mucho cuidado con contarle a alguien lo que sucedió entendido? Ya sé dónde trabajas y dónde vives entonces supongo que no quieres problemas verdad?

    Además te aviso desde este momento que cuando se me antoje te voy a buscar y vamos a repetir lo que hicimos hoy, además que le voy a contar a mis amigos de ti, estoy seguro que les va a encantar cogerse a una putita como tú.

    Bajé del auto y entré a mi casa, esa noche no descansé bien, tenía sentimientos encontrados y falté al día siguiente al trabajo.

    Hoy recuerdo esa experiencia con mucho placer y más cuando recuerdo las experiencias que vinieron después de eso.

    Pero ya se los contaré después…

  • Chantaje (Parte 1)

    Chantaje (Parte 1)

    Esta es la historia de cómo terminé siendo la puta de mi profesor, tenía 20 años y estaba en la universidad, mi nombre es Héctor soy un chico bajo de piel pálida y demasiado flaco, nunca me he considerado sociable mi vida no era más que mis clases y de vuelta al dormitorio, sin embargo todo esto cambio un día en el que me quedé muy tarde en la biblioteca, al notar la hora decidí que era hora de irme tome mis cosas y salí de ahí parecía que era la última persona que quedaba ahí así que antes de irme decidí ir al baño, una vez ahí escuché pasos entrar. Entonces vi al profesor Víctor entrar, este era un hombre muy apuesto era alto con un cuerpo muy bien trabajado, tenía un porte muy varonil que a mí me encantaba en más de una ocasión había fantaseado con él.

    —¿Trabajando hasta tarde?

    —Yo… He… perdí la noción del tiempo.

    Dije nervioso intentando terminar lo más pronto posible, cuando de pronto se puso alado y comenzó a orinar, no pude evitar pensar en cada una de mis fantasías y en menos de un segundo mi verga estaba dura, inmediatamente volteo para corroborar que esté no lo uniera notado sin embargo solo empeoró todo cuando veo su enorme verga era mucho más grande de lo que había imaginado provoca que mi excitación sea más grande. Aun así intento disimular mi erección he intento salir de ahí.

    —No vas a lavarte las manos.

    Doy media vuelta hacia el lavabo en donde comienzo a lavar mis manos y veo como él hace lo mismo. Intento guardar la compostura hasta que él me dice.

    —Siempre miras la verga de los demás o debo sentirme alagado.

    Todo mi cuerpo se congeló, creía que no lo había notado y realmente no tenía idea de que contestar.

    —Yo… Yo… No fue a propósito disculpe.

    —Ha no. Porque por tu erección pareció que fue con mucha intención.

    Sin saber que decir decidí salir de ahí, sin embargo está me tomo del brazo jalándome hacía el, quedando muy juntos.

    —¿Te gusta mirar vergas? —Me decía mientras me arrinconaba contra la pared.

    No sabía que hacer solo miraba hacia el piso avergonzado y asustado.

    —Mírame cuando te esté hablando putito.

    Me dijo mientras tomaba mi barbilla y me hacía levantar la mirada. Era mucho más alto teniéndolo así de junto me sentía totalmente insignificante he indefenso, antes de poder decir algo comenzó a besarme de forma apasionada, me sentía totalmente extasiado ni en todas mis fantasías habría imaginario esto, luego de un momento me hizo hincarme.

    —La vas a poder ver más de cerca puta.

    Me decía mientras desabrochaba su pantalón y sacaba su enorme verga, yo nunca había hecho nada parecido toda mi vida había ocultado mi homosexualidad por mis padres religiosos, sin embargo no podía negar lo mucho que estaba disfrutando, así que comencé a lamerla.

    —Se nota que la perra no sabe hacer una buena mamada, vamos a enseñarle.

    Me tomo del cabello y de golpe me metió toda su verga en mi boca, tuve arcadas pero este no permitió que me apartará me tenía completamente a su merced, comenzó a follarme la boca de forma brutal, podía escuchar sus jadeos y los míos mientras que mi verga se ponía cada vez más dura.

    —Te gusta puta, ¡he! Claro que te gusta eres una guarra chupa pollas.

    Sin dejar de follarme hizo que levantará la mirada y pude ver cómo estaba grabando, sin embargo estaba tan extasiado que no me importó. Luego de unos minutos así saco su verga de mi boca y chorros de semen en abundancia me llenaron la cara.

    —Mira bien a la cámara puta.

    Luego de mirar unos instantes a la cámara este detuvo el vídeo, se subió los pantalones y salió del baño dejándome de rodillas con la cara llena de semen. Apenas pude asimilar todo lo que había pasado, sentía mi verga casi por estallar así que me masturbe en la misma posición en la que me dejó recordando cada detalle hasta venirme. Me sentía utilizado y humillado pero al mismo tiempo me sentía totalmente satisfecho como nunca antes me había sentido, me levanté me limpie en el lavabo y me dirigí a mi dormitorio en donde no podía dejar de pensar eso, cuando de pronto mi teléfono sonó, era un mensaje de un número desconocido al abrirlo me di cuenta que era el vídeo que el profesor Víctor me había tomado acompañado de un mensaje que decía:

    Me preguntó qué pensarán tus padres cuando vean como mama el marica de su hijo.

    Inmediatamente le supliqué que no lo hiciera que por favor borrara aquel vídeo.

    Borrarlo, pero si con esto te tengo en mis manos putito. Sabía que eras un marica de closet y si quieres permanecer ahí ante papi y mami harás absolutamente todo lo que yo te diga pues desde este momento eres mi putita personal.