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  • Humillando a mi marido con su mejor amigo

    Humillando a mi marido con su mejor amigo

    Fuimos de vacaciones con mi marido, su mejor amigo y su mujer, los conocemos hace años pero nunca nos habíamos ido de vacaciones. La primera noche nos divertimos comiendo algo y tomando unas copas hasta tarde.

    Estuvo entretenido y a la hora de dormir cada matrimonio a su cuarto. Tengo que confesar que estaba bastante caliente hacia más de dos semanas no cogíamos con mi marido y tenía muchas ganas. Mi marido había llegado primero, supuse que estaría preparando todo, pero cuando entre lista para cogerlo sin parar ya estaba acostado prácticamente dormido!

    No lo podía creer no me importo y le manotee la pija que se despierte bien caliente y sin abrir los ojos me corrió y se dio vuelta. Dios que bronca la calentura que tenía, no me quedo más que darme vuelta y dormir. Vamos a sumarle un poco a la bronca, se empiezan a escuchar unos gemidos muy suavecitos desde la pieza de al lado. De la muy puta esa. Que suerte tenia de que la estén cogiendo y a mi nada. Gritos suaves fueron lo primero, pero no tardo en comenzar a hacerse oír el inconfundible ruido del colchón, era oficial estaba muy enojada con mi marido.

    A cada minuto que pasaba los gritos aumentaban su volumen y se llenaban más y más de placer, el ruido del colchón pasó a ser de la cama contra la pared y mi enojo se empezó a transformar en excitación. Realmente había dos opciones o ella estaba vilmente exagerando o el amigo de mi marido realmente la estaba matando. No pararon!

    Habría pasado más de 40 minutos, de ese incesante concierto de gemidos golpes a la cama, nalgadas y mucha mucha humedad dentro de mí. Yo me tocaba parando el oído por debajo de la sabana para que el imbécil de mi marido no lo notara. Sus gritos de placer cuando llegaron al clímax tenían un nivel de excitación que hicieron que me corra en el mismo instante que ellos. Casi como si estuviera ahí.

    Claramente no pude volver a verlos con los mismos ojos al otro día. Sentía mucha envidia por esa yegua que había recibido todo lo que quería y encima se comía al amigo de mi marido que la verdad está bastante bueno pero después de oír lo de ayer. Realmente me gustaba ahora. Con mi marido cogíamos poco y jamás me hacía gritar así mucho menos duraba casi la hora entera que este macho la cogió a la muy suertuda esta. Paseamos todos por la tarde y volvimos a la casa, yo me puse a ordenar mi marido a prender el fuego.

    La yegua creo que fue a hacer compras y el potro este se estaba bañando. Vi que había dejado preparada la toalla muy cerca de la puerta, porque estaba apenas abierta y la agarre para esconderla. Y me quede cerca del baño para cuando terminara. Y se oyó -amooor! Me acerque y le dije -no está tu amor creo que fue a hacer compras que necesitas? -Uy male menos mal que estas vos se ve que me olvide la toalla me la alcanzas? (Yo ya la tenía en la mano) abrí rápidamente la puerta haciéndome la sorprendida de encontrarlo obviamente fuera de la ducha y sin nada para cubrirse y no pude resistir a sacarme la duda y verle esa pija y ahí si me enloquecí.

    Una hermosa y gorda verga que no me podía imaginar lo que sería toda dura y en mis manos. Él se sonrojo y ni bien tomo la toalla se cubrió rápido. Le dije -perdona no quería que te asustes, me quería sacar una duda. (Salí del baño) y el quedó realmente confundido. Corrí al cuarto, no me podía contener quería esa pija ya. Era hermosa mucho más grande y gorda que el tarado de mi marido y ni hablar de todo lo que era capaz de aguantar bien dura y dándome placer.

    Cuando de repente se abre la puerta y aparece el aun solo en toalla y me dice -que pasa bebe? Querías ver una pija en serio? Mis latidos por el techo, mi concha totalmente mojada cuando se abre la toalla dejando a la vista esa hermosa verga ya un poquito engomada y me le tire de cabeza. No resistí, abrí mi boca lo más grande que pude y hasta que no llego al fondo de mi garganta provocando una arcada por lo enorme que era no pare.

    Cuando escuchamos que de afuera entraba mi marido a la casa. Ambos nos miramos preocupados y dije que me encargaría. Me saque la remera y el corpiño y salí de la habitación. Lo encare y su reacción al verme en tetas fue de desesperación -male! Que haces en tetas? Tapate que te va a ver Martin. (Jaja si supieras) -no puedo bebe, estoy muy caliente y no sé porque creo que hoy voy a recibir una buena cogida. Veni a la pieza conmigo. -pero y el fuego? Ahora te parece? – si bebe no puedo esperar Y le empecé a tocar esa que ahora me parecía una pijita para que se caliente y el bobo en un segundo estaba entregado.

    Le digo -gordo (con la voz de puta que más le calienta) quiero vendarte los ojos y atarte a la cama para cogerte bien bien fuerte. Obvio me hizo caso. Vende sus ojos. Cerré todas las puertas de la casa para que la yegua quede afuera si es que volvía y entramos a la pieza. El pijudo ahí en silencio listo para todo y la verga durísima. Lo acuesto a mi marido en la cama y le saco la ropa bien fuerte sin perder un minuto el me decía -mi amor que caliente estas!! Te vas a comer toda la pija? -si gordo me no puedo esperar más. Con su misma ropa le ate muy muy fuerte brazos y piernas a la cama para que quedara inmóvil. -están muy ajustados bebe ya me duele. No voy a poder salir (Decía el muy pelotudo).

    Me puse en cuatro arriba de él y lo llame al verdadero macho de la sala y le dije -cogeme toda bombón con esa pija hermosa. Y el muy bobo de mi marido, que ya tenía sus 12 cm totalmente erectos dando pena. Me contesta que no podía por estar atado. Antes que se le ocurra otra estupidez con un previo buen cachetazo metí en su boca mi tanga que ya estaba totalmente empapada y le dije -callate inútil hoy vas a ver como hay que garchar de verdad a una mina.

    Y mientras le sacaba la venda de los ojos esa enorme pija empezó a penetrarme y pegue un grito ufff que hermoso. No sé qué era mejor la cara del tarado viendo como me cojean o esa poronga dándome muy muy duro desde el comienzo. -que pasa bobito? Ah ah ah! No se te durmió la pija. Le digo entre unos gemidos imposibles de acallar -te calienta ver aaah a un hombre de verdad cogiéndome? Miraba con la boca tapada y solo se retorcía.

    Era obvio que le excitaba. Yo, enloquecida esa pija me hacía sentir placer en lugares donde nunca esa poronguita que tenía a mano había llegado antes. – Mira lo que es? (Mostrándosela) mira que grande que es. Que decís me entra toda en la boca? Y acercándole el pedazo a la cara la chupe otra vez hasta la garganta. Toda hasta el fondo y al salir toda esa saliva con gusto a verga se la escupía en la boca al muy cornudo. Y se retorcía todo como le gustaba verme bien garchada una vez en la vida. Apoye una rodilla en su pecho mirando hacia sus pies e hice que el pijudo me empiece a romper de verdad la cola justo en su cara. Aaaaay por Dios cuando empezó a empujar vi las estrellas esa cabeza tan tan dura abriéndome la cola bien mojada por la chupada hermosa que le había pegado.

    Me generaba un dolor mezclado con placer 10 veces más intenso que el que Alguna vez había sentido. Cuando logro hacerla entrar toda me sentía entregadísima. -ay gordo nunca más me vas a poder coger por la cola! Va a bailar siempre ahora. Y de un fuerte cachetazo en el orto me hizo callar el potro que me cogía cuando la metió toda hasta el fondo se recostó encima mío agarrándome con una de sus manos fuerte del pelo y con la otra tocándome la concha tan bien que ni yo lo hubiera hecho mejor.

    Empujaba cada vez más creí que me iba a romper. Cuando al tocarme tan tan rico en muy poco tiempo provocó que acabe como nunca lo había hecho. Jamás me había saltado un chorro hermoso como el que estaba largando ahora todo encima del muy virgen de mi marido que cuando sintió toda esa humedad y vio ese chorro, seguido de unas contracciones de placer que nunca el había logrado hacerme sentir.

    Sin que nadie le rosara su pijita empezó a largar bocanadas de leche inútil, tirándosela toda en el pecho como un nene. Que risa nos dio a mi y al hombre detrás de esa poronga gigante. -mostrale como acaba un hombre!! Le dije mientras volvía a colocármela en la boca. No podía ser tan lindo chupársela era increíble. Se la chupe de mil maneras me dejo hacerle de todo. -pfff que bien la chupas diosa! Repetía largando bocanadas de aire violentas pero no se apresuró a largármela como otros hubieran hecho! Y lo empecé a pajear con todas mis fuerzas poniéndole la boca bajo la cabeza de la chota diciéndole -por favor dame esa leche la quiero sentir toda en mi boca! Ya! Dale dale dale siiii. Y me largo un chorro enorme el cual pude retener completo entre mis labios pero la segunda bocanada me desbordo por toda la cara y empezó a chorrearle encima a mi marido que ya nada mas le faltaba para acabarse otra vez después de ese show de semen que nos regaló su amigo.

    Que amigo! Quien es capaz de dejar tan feliz a la mujer de un amigo como él? Y con mi mano después de exprimírsela toda comencé a desparramarle la leche suya que el bobo tenía en el pecho mas la que ahora tenía ajena, por todo su cuerpo y junte con mis dedos todo lo que pude y se lo pase por la cara. Apiadándome de él decidí manosearle la pijita para que acabara. Estaba a punto de explotar e increíblemente para cerrar con broche de oro con un mínimo rose que le di largo nuevamente la leche sin poderlo resistir. Por favor! Salimos del cuarto con Martin y fuimos a ducharnos. Obviamente me garchó otra vez Y me dejo totalmente exhausta.

    Gracias a dios la yegua no llego hasta ese momento y se encontró a su marido haciendo el asado y yo terminando de limpiar. Pregunto por mi marido y le dijimos que se sentía mal que se fue a acostar, que no lo molestara. Aún está acostado ahí ya estamos por comer lo dejamos con la luz apagada todo lleno de leche atado de pies y manos con mi tanga empapada en la boca. Tal vez más tarde lo desate. Pobre idiota!

  • La primera vez que follamos Lucila y yo

    La primera vez que follamos Lucila y yo

    Como os dije en la publicación anterior, mi novia y yo quedamos en «pasear» otra vez en el coche, cuando pudiera disponer de él.

    Esta vez me preparé para que no me pasara lo que la primera vez, así que antes de salir de casa me hice una buena paja, no me fuera a correr antes de tiempo.

    Lo que hacíamos los días que no tenía coche era ir a la discoteca y morrearnos bien allí, pero claro, no era lo mismo que si estás en un sitio a solas.

    A mi lo del portal, como hizo mi amigo, me daba miedo, te podía pillar cualquier vecino o lo que es peor, sus padres, así que esa opción estaba descartada.

    Pues bien, el día en cuestión, fuimos con el coche a un descampado que había cerca y allí paramos, pero no fuimos los únicos que pensamos en ese sitio, aquello parecía un cine para coches, pero con las luces apagadas, no había problema, al fin y al cabo todos estábamos allí para lo mismo.

    Nos pasamos al asiento de atrás y empezamos a besarnos y acariciarnos. Se notaba que estábamos los 2 muy calientes porque nuestras manos no dejaban de tocar y manosear al otro, pero esta vez no nos quedamos solo en los tocamientos.

    Le desabroché la camisa y se quedó en sujetador, ¡¡¡madre mía, que maravilla!!! e intenté desabrocharlo, pero entre la inexperiencia y los nervios, nada, se lo tuvo que quitar ella. Me puse a tocarle las tetas y a besarlas como si no hubiera un mañana y si no llega a ser porque me había hecho una paja un rato antes, me corro allí mismo.

    Pasé a quitarle los pantalones y allí se quedó, desnuda entera, joder, como tenía el corazón, me iba a estallar.

    Tenía el chocho peludo chorreando, parecía que se había hecho pis de lo mojada que estaba.

    Me quité los pantalones corriendo y los 2 totalmente en pelotas nos abrazamos y besamos por todos lados.

    Como ya no podía más, le dije que si me dejaba penetrarla, que lo haría con cuidado para no hacerla daño.

    A eso me puse, sin preservativo ni nada, con mucho cuidado, se tumbó en el asiento de atrás con las piernas abiertas y levantadas y yo me puse encima y empecé a metérsela muy despacio sin dejar de mirarla a la cara y así con movimientos suaves follamos un rato. Un momento antes de correrme la saqué para no hacerlo dentro de ella. Le llené la tripa de leche.

    Ufff, que placer.

    Tardé unos segundos en darme cuenta de que no se había manchado nada de sangre, pero no dije nada.

    Fue ella la que me lo dijo, el novio anterior a mi fue el que la desvirgó.

    Bueno, le dije que lo que hubiera hecho antes de estar conmigo que no era asunto mío y no me importaba, al contrario, me ponía cachondo cuando pensaba que ya había follado con otro.

    Que yo supiera había estado con dos, mi compañero de clase que la manoseó bien y al que le hizo una paja y el novio que la desvirgó.

    Y tenía 18 años, buena putita pensaba yo, y me ponía más cachondo.

    Volvíamos a hacerlo siempre que teníamos ocasión, y cada vez hacíamos cosas nuevas, le lamía el clítoris hasta que se corría, me la chupaba, hacíamos el 69 para ver si nos corríamos a la vez, pero nunca lo conseguimos, siempre me corría yo antes.

    Tuvimos varias anécdotas, pero esas las dejo para los siguientes publicaciones.

  • Por amor a la familia (Día 6): El amanecer de una chica

    Por amor a la familia (Día 6): El amanecer de una chica

    Desperté por la sensación extraña dentro de mi cuerpo, al parecer ya había amanecido más no sabía la hora. Mi tío dormía profundamente aun, estaba agotado, me moví con cuidado y su pene ahora flácido salió de mí. Podía sentir su semen en la entrada de mi ano, me sentía lubricada. Me moví con cuidado hasta la orilla de la cama para no despertarlo, baje mis piernas y toque el suelo, quería ir al baño, pero no quería lastimar las medias, así que me coloque los zapatos que yacían en el suelo sin abrocharlos, y camine con mucha discreción. Una vez dentro, me mire al espejo, mi maquillaje estaba totalmente corrido, sin embargo, lo que se veía era el rostro de una chica que acababa de tener una noche loca, la peluca, sorprendentemente, estaba en su lugar, un poco maltratada, pero sin moverse. Arquee mi espalda y apreté mi trasero mientras cerraba mis ojos, podía sentir aun el pene dentro de mi, trataba de asimilar el momento.

    Quise hacer mis necesidades, y lo iba a hacer como normalmente lo hago, de pie, pero recordé que ahora soy una chica, así que me senté, hasta ese acto me hacía sentir ahora diferente. Me levante, limpie mi órgano y tome un cepillo que estaba junto al lavabo, cepille mi “cabellera” y salí nuevamente a la recamara, observe a mi tío, que al sentir que ya no estaba a su lado, se había colocado boca arriba, pero su miembro hacia un bulto enorme bajo las sabanas, lo veía como una perra hambrienta, deseaba tenerlo entre mis manos, como poseída, camine hacia él, me senté por un costado y comencé a acariciarlo por encima de las sabanas. El seguía dormido, lo acariciaba con cuidado, sentía como empezaba a crecer, no pude mas y retire la tela que lo separaba de mi, ahí estaba, podía verlo, su aroma era delicioso, olía a sexo ni tan añejo pero no fresco. Ver el cuerpo desnudo de ese hombre que me había poseído me provoco una ligera erección.

    Lo masajee con ternura, hacia arriba y hacia abajo, seguía creciendo, mi tío despertó y me dijo “buenos días, hijita” ya vas por tu desayuno?” Le sonreí y me agache para introducirlo en mi boca, esta vez sabia diferente, supongo que era esa mezcla de sudor, semen y mis entrañas, sin embargo, no me importo nada, su fuerte olor me excitaba. Lo lamia desde su base hasta la punta, acariciaba sus testículos, metía mi lengua en el orificio de la punta, esto lo hacía retorcerse y detenerme la cabeza. Subía nuevamente por el costado de ese erecto miembro con mi lengua y descendía hasta su base. Parecía fascinarle, pero ya estaba yo demasiado excitada y ya conocía los placeres de la carne, eso ya no era suficiente para mi.

    Me levante y me monte sobre él, tome su pene y lo coloque en mi ano, me sentaba pero no entraba, incluso parecía lastimarlo. El me tomo de la cintura con ternura y me jalo hacia el mientras me decía “tranquila, así nunca va a entrar” se llevó una mano hacia su boca y escupió en ella, posteriormente me lleno con su saliva mi anito y metió un poco su dedo. Entonces nuevamente me sentó sobre él, pero esta vez pude sentir como su glande entraba partiendo mis entrañas, me quede quieta tratando de asimilar el dolor, el parecía gozar con mi sufrimiento, empujaba su pelvis contra mi al momento que me bajaba de la cintura, haciendo que entrara mas y mas, el dolor era demasiado, pero la excitación también.

    Finalmente quede sentada totalmente en él, mis testículos descansaban en su cuerpo y mi pequeña erección se veía mas bien ridícula, pero esto solo yo lo veía, el parecía estar divertido con mis expresiones. Cuando me acostumbre a su órgano, comencé a moverme, despacio, mas rápido y cada vez mas y mas. Estaba ahora yo poseída, necesitaba su semen dentro mío otra vez, me había hecho una adicta a él. Parecía que yo quería exprimirlo, él lo gozaba en demasía, pero no lograba mi cometido, me movía con mas velocidad y fuerza, jadeaba ya sin pudor, gritaba, le rogaba que me lo diera, esto parecía excitarle mas, ya que también jadeaba, me daba nalgadas fuertes de vez en cuando, yo no sentía dolor alguno, al contrario, me excitaba. Me clavaba sus recortadas uñas, yo le rasguñaba un poco el pecho, me jalaba hacia el y con coraje me mordía el cuello, me estaba lastimando, pero ese dolor se convertía en placer, me mordía la oreja, me mordía los labios, al grado que me saco un poco de sangre.

    Estaba tardando demasiado, pero cada minuto yo lo estaba gozando, era un choque de emociones entre que ya necesitaba su semen pero no quería que se detuviera el momento. Finalmente me tomo fuertemente por debajo de mis brazos, sujetándome de los hombros y me jalo hacia su cuerpo, al tiempo que los espasmos en mis entrañas se hacían notorios, él se convulsionaba con los ojos cerrados y jadeando como animal poseído al tiempo que sentía su liquido llenándome. Me provoco un placer indescriptible, el hecho de que no me dejara moverme me hacía sentir como una hembra a la cual su macho la detenía para que no se perdiera nada de su semilla, asegurando el embarazo. Poco a poco se fue relajando, me soltó y yo comencé a apretar y relajar mi ano, como exprimiendo las ultimas gotas, no quería desperdiciar nada, estos movimientos hacían que él se retorciera nuevamente sobre su espalda. El ritmo de ambos finalmente cedió, me quede viéndolo fijamente sin hacer movimiento alguno, estaba satisfecha, había absorbido su ser.

    Me levante con cuidado, pero esta vez, y creo que por el semen de la noche anterior o porque era demasiado lo que puso dentro de mi, salió sin querer bastantes espermas de mi orificio, llenando sus piernas, no pude contenerlo, me apene y corrí al baño mientras el reía. Me sentía algo humillada mientras me gritaba “no te preocupes, es normal” limpie todo el semen con papel, me sentía mal, aquella sensación de placer se acababa de convertir en humillación.

    En eso estaba cuando el entro en el baño y me ordeno con un tono bastante fuerte “quítate toda la ropa” yo lo escuche pero seguía en mis labores de limpieza, entonces volvió a repetirlo, mas enojado y haciendo una pausa entre cada palabra “quítate… toda… La ropa” pero yo estaba demasiado humillada por la situación. Entonces paso algo que definitivamente no esperaba, me dio una cachetada y posteriormente me tomo fuertemente del cuello. Que estaba pasando? Que le pasaba a él? Me decía: “otra vez vas a empezar a ser una niña mal educada? Te di una orden”

    Con miedo, comencé a desabrochar el liguero de las medias y a quitarme el corset, mi cuerpo quedo liberado de la presión, la cual no había sentido para nada dado el placer mental que me provocaba, mis pequeños pechos quedaban expuestos y el no dejaba de verlos, el tomo el corset que aún estaba quitándome y lo arrojo lejos de nosotros al momento que me besaba y apretaba mis ridículos senos con rudeza, me lastimaba un poco.

    Su pene estaba nuevamente erecto y lo incrustaba contra mis piernas, como queriendo entrar entre ellas, justo debajo de mis testículos, me fue empujando hacia la regadera, la cual era excesivamente amplia, ahora mordía mis pezones y apretaba mis bultitos, volvía a mi boca, yo instintivamente lleve mi mano hacia su pene, comencé a masturbarlo y el parecía gozarlo, ahora, con fuerza, me tomo de los hombros y me obligo a arrodillarme ante él, metió con brusquedad su pene en mi boca y yo gustosa comencé a succionarlo, él me tomaba de la cabeza y empujaba contra mi, pero al parecer ya había aprendido a dominar esa parte, relajaba mi garganta y simplemente dejaba que entrara hasta donde pudiera, ya no me provocaba esa sensación de nauseas.

    Salió de mi y comenzó a masturbarse con mucha velocidad al tiempo que me sujetaba la cabeza. En un momento repentino, un chorro de semen caliente cayó sobre mi rostro, yo, por reflejo, cerré mis ojos y mi boca, el jadeaba nuevamente y seguía masturbándose mientras que un chorro tras otro caían sobre mi cuerpo, pero sin puntería, ya caía en mi cara, ya caía en mi cuello, el ultimo chorro callo sobre mis pechos. Él se relajó y abrió los ojos, me vio ahí arrodillada frente a él, hecha un desastre, llena de su semen en todo el cuerpo, por la posición en que estaba hincada podía sentir como el semen de mis entrañas también estaba saliendo. Era una imagen demacrada, pero el parecía gozarla, sonreía mientras me veía, como un artista que termina su obra de arte, complacido, satisfecho.

    Me acariciaba la cabeza, yo me sentía muy humillada, su pene ya había perdido su dureza, pero su tamaño seguía siendo grande, colgaba imponentemente entre sus piernas, su vello alrededor le daba una virilidad impresionante. Entonces, algo que jamás, jamás jamás hubiera siquiera imaginado, sucedió, tomo su pene, lo apunto hacia a mi, yo supuse que quería que nuevamente lo chupara, así que abrí mi boca y me acerque hacia él, sin embargo, no alcance siquiera a tocarlo cuando un chorro de orina callo dentro de mi boca, otra vez por reflejo la cerré de repente, pero escupiendo entre los cerrados labios el líquido que acababa de entrar dentro de mi. Él estaba orinándome!!! Al tiempo que decía “gózala perrita, ahora eres totalmente mía” yo anteponía mis brazos y manos como tratando de defenderme, pero me ordeno que no me resistiera, así que baje mis brazos y los apoye en el suelo, entonces sentí como me bañaba con su asqueroso líquido. Estaba firmando su obra.

    Él se reía mientras me veía ahí tirada, el semen pegado a mi cuerpo comenzaba a escurrir con su orina, finalmente termino, yo me sentía como un vil objeto. Salió de la regadera y abrió la llave de agua caliente, la cual estaba en la pared frente a donde yo yacía en el suelo, de tal manera que el agua no alcanzaba a tocarme. Cerró la puerta (del área de la regadera) y salió del baño. Yo me quede ahí tirada como asimilando lo que acababa de pasar, me imagine que así debía sentirse una mujer al ser violada. Estaba en mis pensamientos cuando comencé a sentir el agua que tocaba mis nalgas, consecuencia de que el piso empezaba a llenarse. Me levante, me retire la peluca y las medias, las cuales habían quedado hechas un asco, las saque por un costado de la puerta y me puse bajo el chorro del agua, esperando que esta limpiara la asquerosa sensación que ahora sentía.

    Fue la ducha mas larga que jamás había tomado, estaba totalmente inmóvil, recapitulando todo lo hecho en la semana y mayormente pensando en lo que acababa de pasar, me sentía culpable, sucia, había vuelto a mi el “hombre” y al verme como chica me sentía fuera de lugar. Y… Simplemente lloré.

    Salí de la regadera, y me coloque una bata de mi tío, ahora no encajaban mis sentimientos de mujer. Salí del baño y vi a mi tío ya vestido, arreglando sus últimos detalles, sin voltearme siquiera a ver, me dijo: “guarda todas tus cosas, conserva todo lo que te di, incluso la peluca de tu tía, ella no se dará cuenta. Arregla todo el desorden, que no quede rastro de nada y date prisa, porque hoy llegan”.

    Eso fue todo, no pregunte nada, simplemente salí de su recamara y me dirigí hacia la mía, me puse un short y una camiseta. Alcance a oír la puerta de la cochera que se abría, lo que me daba a entender que mi tío se estaba yendo. Salí, fui a aquella recamara donde acababa de ser poseída, entre al baño y recogí el corset y la peluca, vi las medias, hechas totalmente un asco, las tome aparte, ya que estaban llenas de orina. Salí y recogí los tacones y el vestido, busque la joyería, y cualquier otro detalle que pudiera evidenciar lo sucedido. Lleve todo a mi recamara, baje al patio y puse en una cubeta con agua las medias para posteriormente lavarlas.

    Revise cada detalle de la casa, principalmente la recamara de mis primas, al parecer todo estaba en su lugar. Finalmente, fui a mi recamara nuevamente, me recosté en la cama y perdí mi mirada en el techo, todo había terminado, fue un sueño? Estaba confundida, un hombre me trataba como princesa y al siguiente momento me humillaba. Que sentimientos me provocaba eso? No podría explicarlos.

    Así como empezó, termino esa maravillosa semana, viví lo que toda chica quiso vivir, incluso mas. Pero ya no sería nada como antes, acababa de abrir una puerta que sabía ya no se cerraría jamás, ya no era yo, ya era dos personas en una, sabía que no quería que esta fuera la única vez. La incertidumbre de que pasaría después mantenía mis pensamientos dando vueltas.

    Ahora, soy otra persona. Y muchas otras cosas vinieron después de esto, otras más intensas, otras muy simples, pero algo que no olvidare, tal como una chica, es mi primera vez…

    Fin.

    Epílogo:

    Mis pensamientos estuvieron perdidos durante horas, mi familia regreso muy contenta, nadie sospecha absolutamente nada, sin embargo, yo veo a mis primas de una forma diferente, ahora soy como ellas, ahora, cuando las veo vestidas, no pienso más en que quiero usar eso que ellas traen puesto, cuando veo a la mayor salir con un chico, quiero ser yo la que sale con él.

    Mi tío, siguió siendo el mismo de siempre, como si nada hubiera pasado, como si no fuera ese hombre cariñoso que a diario veo, el mismo que me sometió como a un vil objeto sexual. Nunca se repitió nada con él, nunca se mencionó nada, tal como lo dije antes, como si nada hubiera pasado, ¿acaso lo imaginé todo?

  • Una reconciliación termina en follada

    Una reconciliación termina en follada

    Era sábado y después de una jornada laboral que mejor una salida de esas que quieres que nunca acaben y todo ya estaba planeado. Hoy debía ser diferente, hoy me tenía que graduar, no tenía margen de error ya que se debía dejar todo en el ruedo y nada a la imaginación.

    Fue así como me encaminé y llegué al lugar de la cita, lo confieso aun me daban nervios estar con ella y mucho más cuando se debía dejar por alto muy alto la mejor tarde que desde ese entonces se podría tener. La esperé por unos minutos tiempos largos pero eso no importaba ya que no tenía prisa, al cabo de un tiempo ella llego, estaba radiante, hermosa, tal como en algún momento la tenía en la mente, sexo de mujer. No era el muy experto en la zona y fue así como ella tomo el manejo del sitio y yo tan solo me deje llevar, así tal cual cordero a matadero.

    El entrar fue normal, el llegar a la habitación la tensión me fue aumentando, me sudaba todo y a ella ni se diga, es por eso que antes de empezar que mejor bajar el nivel un poco, alcohol y un buen cigarrillo arregla el momento y sirve para poder preparar un todo.

    Empezamos con un beso el cual extrañaba y el cual me hacía sentir nuevamente un algo con ella do., largo sexual y apasionado y en respuesta solo sentía más nervios y un descongelamiento como lo llamábamos, nos dejamos llevar y fue así como de la nada ya estábamos mucho mas cerca y con las manos en la masa, tenía un aroma delicioso y mas que el lugar daba esa sensación, olía a sexo, olía a placer, olía a unas ganas insaciables de estar solo los dos.

    Nos fuimos dejando llevar y fueron cayendo cada prenda que llevábamos y fue así que resulte en bóxer y ella en ropa muy sensual ella sabe que hacer y que ponerse para la ocasión. Solo quería tenerla a mi lado y le fui metiendo la mano en su Cuca la tenía húmeda muy rica y con un olor fuerte delicioso, saque los dedos y ella solo lo sabía chupar y yo al tiempo que delicia, le nalgueaba y sus tetas en mi boca no me entraban mas y solo sabía chuparlas, eso a ella la volvía cada vez mas mierda y eso si que le excitaba. Ya teníamos todo listo y solo faltaba darle un empuje a lo que se nos venía, pero decidimos frenar por un buen trago y bajar el momento. Lo solemos hacer y si que funciona por que llegamos mucho mas fuertes. La cogí muy duro de espaldas y ella solo sentía mi Verga la cual estaba firme, dura y con ganas de romperla, ella lo sabía y así lo sentía de espaldas porque solo se la pasaba por encima por su espalda y solo ella sabía moverse.

    La acosté boca abajo y yo encima solo me movía y de la nada sentía susurros, y su cuerpo como temblaba como asustada por lo que se venía. Quería acabarle ese Culo pero sabía que hoy no era el día, por mas que lo tuviera al frente tan solo me limitaba a chuparlo morderlo y darle mas nalgadas. Ella solo lo movía, lo subía y lo bajaba y yo con mi mano por delante solo sabía estimular ese clítoris a punto de mojar cada vez mas fuerte Delicioso. Se giró y se la puse en la cara, me lamia la verga de punta a punta, me chupaba las bolas completas, las metía a la boca las sacaba y las escupía y así se la pasaba entera, eso le arrechaba y se sentía por que su cuca solo cumplía la necesidad de abrir y cerrar, que dilatación tan rica y estimulante.

    Al sentir la verga mas dura y mas mojada por sus babas me dispuse a metérsela y fue ahí donde ella la sintió, dura, firme y con ganas de llegarle hasta el final, de su boca solo salían susurros, gemidos y palabras que me excitaban “Que verga tan rica, tan dura, la extrañaba”, esas palabras las tenía en mi mente y fue así como la clave y le di hasta que ella hizo su labor, y se fue subiendo, se fue montando y cabalgo hasta sentir una humedad sensacional, había llegado pero me lo quería ocultar, no me lo grito pero su expresión lo hizo todo, se desprendió de su cuerpo y la sentía mas liviana momento que supe aprovechar. Sin darle tiempo de espera la volví a tener en posición original ella miraba hacia arriba y yo de frente a ella dándole cada vez mas fuerte, no daba tregua de perder el nivel donde estaba, solo me pedía mas y mas duro, le subía las piernas, la abría, la cerraba, y ella se perdía cada vez mas.

    Me porté como un Hp no me importaba acabarla la idea era su satisfacción, y si que se sentía y se notaba porque sudaba y solo me pedía más y más. Así fue como tuve mi primera llegada y se la di toda y si que lo sintió por que escuche un gemido de satisfacción, descansamos y decidimos tomarnos un trago un cigarro y buen baño para ir preparando un segundo intento.

    En el baño fue mejor aún, nos sentíamos como peces en el agua, la cogí por detrás y las manos apoyadas solo sentían como le entraba y ese si que lo sentimos porque solo gritos sonaban en esa habitación, parecíamos caníbales y no nos importaba solo queríamos acabarnos y de la nada resultamos acostados y se nos vino el otro sin saberlo, ya la tenía en cuatro y mis guebas solo la cacheteaban y sonaba delicioso, me pedía mas y mas, solo me preguntaba y me decía esta puta de donde salió, así no éramos pero me tocaba darle nivel porque sabía que era una reconciliación de la cual si no daba taya ya sabía mi destino, pa su mierda como ella solo lo sabía decir. Acabe llenándole en 4 y sí que lo hice porque mojada y llena estaba y solo pudo decir ya no mas, déjeme así.

    El resto de la tarde fue una historia de los dos volvimos a estar muchas veces a punto que no la quería dejar ir, solo sonaba la música la cual nos señalaba que la tarde acababa y ella tenía que salir de allí a cumplir su obligación y su posición de esposa, mujer que esperaban para repetir la dosis pero hoy no era, iba muy feliz con una cara de ponqué que no quería cambiar.

    AMANTES.

  • El regalo: Un antes y un después (Séptima Parte)

    El regalo: Un antes y un después (Séptima Parte)

    —Esto es una locura Jefe. Las muchachas en la oficina van a terminar murmurando que entre usted y yo sucede algo más que una simple colaboración de mi parte para su famoso «aniversario». —Le hablé mientras él ponía en marcha el coche.

    —No te preocupes por eso Silvia, ya verás cómo… —Y justo en esos momentos entró una llamada a su teléfono, enlazándolo de inmediato al sistema de audio de su automóvil–. Me hizo una señal con su dedo índice en sus labios, en claro mensaje de que me mantuviera en silencio.

    —Hola Hugo, estoy en tu oficina y me han dicho que has salido a almorzar. A dónde vas a ir y te busco para que lo hagamos juntos y así podamos dialogar sobre lo que me dijiste anoche. —Era la voz de su esposa, se escuchaba preocupada y abatida, bastante mustia en verdad.

    —Martha, ahora no te quiero ver cerca de mí. Es una decisión tomada que no voy a reversar. Me fallaste, eres una puta infiel. ¡Traidora y mentirosa! Martha, ¿creías que no me iba a dar cuenta de tus infidelidades? Quiero el divorcio, ya te lo dije anoche. No creo que tengamos nada más de que hablar. Te recomendaría que empieces por buscarte un buen abogado, porque con las pruebas que tengo a mano… Martha… ¡Te voy a dejar en la puta calle! ¿Me escuchaste bien? ¿Si lo entiendes? Te podrás revolcar con gusto con tus amantes de ahora en adelante, pero sin mi dinero, sin mi casa y sin mis hijos. —Mi jefe se puso rojo de la ira.

    Pufff, al escuchar como don Hugo le hablaba y le gritaba a su mujer, no pude dejar de pensar en mis problemas con Rodrigo. Yo me moriría si mi esposo me fuera a proponer lo mismo al hablar los dos aquella noche. Y me puse a llorar en silencio. Sin él, sin mis hijos, todo por una puta tontería. Por querer ayudar a mi jefe, por tratar de aliviar sus penas. En qué momento le había dado la vuelta a mi vida. Mi matrimonio en riesgo. No, no podría dejar que eso sucediera, pensé.

    Hablaría con honestidad con Rodrigo cuando nos viéramos en casa. Le contaría todo, sí. Le diría la verdad. Sí mi esposo me amaba tanto como pregonaba, seguro me podría llegar a comprender, entender la situación. ¿Perdonar? Finalmente no fue nada más. Solo unos pocos besos, unas caricias permitidas por el ambiente y el alcohol, por mis putas ganas de sentirme útil para mi jefe. ¡De nuevo deseada! Fui débil a la tentación, más no dejé que fuera a más. ¿Me creería?…

    —No Hugo, no me hagas esto ¡Hablemos por favor! Déjame explicarte porque… Por qué lo hice. No solo soy yo la culpable de todo y lo sabes… —Pero mi jefe la interrumpió enseguida.

    —Ahora resulta que yo soy la causa de que me pusieras los cuernos. Vaya Martha, que bien echar sobre mis hombros tus errores, si estabas tan aburrida podrías haberlo hablado conmigo y buscar una solución en pareja, pero no, tu sola decidiste salir a buscar macho como una cualquiera. Sabes qué… Mejor dejemos esta conversación aquí. —Le respondió mi jefe, en un tono de voz que se escuchó a resignación.

    ¡No espera! Hugo… Despacha a esa mujer y hablemos, yo… ¡Buahhh! ¿Sabes qué querido?… Disfruta de tu puto almuerzo con tu secret… —Y mi jefe cortó la llamada. Ella insistió dos veces más. A ninguna respondió.

    Ahora, sí antes estaba metida en enredos con mi jefe, el saber que su esposa conocía que había salido a almorzar conmigo, me hacía sentir como una verdadera plasta de mierda. Se me quitaron las ganas de almorzar, de todo, menos de llorar. Cuando salimos a la calle, llovía fuertemente. Y yo seguía con lágrimas en mis ojos, dientes apretados de rabia por mis estúpidas decisiones y la angustia atrapada entre mis puños cerrados.

    —Discúlpame Silvia, me alteré. No llores por favor. Tú no tienes la culpa y menos sentirte mal por acompañarme. ¿Te gustaría almorzar algo en especial? Conozco un sitio encantador que estoy seguro, te va a ayudar a calmar los nervios. —Sollozando le contesté que no tenía mucha hambre y era cierto.

    —Bueno déjame invitarte a una marisquería, queda cerca y es un lugar que nos puede brindar cierta intimidad para que dialoguemos. Anda, deja de llorar. —Y posó su mano sobre mi muslo–. Se la retiré educadamente y limpié de mis ojos el llanto.

    Don Hugo tomó hacia El Paseo de la Castellana, dirigiéndose hacia un centro comercial no muy lejos de la oficina. Yo nunca había estado allí, solo sabía de el por avisos de publicidad que había visto en algunas de las revistas que leía mi mamá con avidez. Estaba al tanto de que se especializaba en la moda, un lugar con grandes almacenes de ropa de marca. Imposible para mí salario y aburridor sería tan solo pasearme por allí para mirar las vitrinas de los almacenes de moda, antojarme e irme con las manos vacías.

    Recorrimos los amplios pasillos caminando sin afanes, yo al lado de él pero no muy cercanos, ni pensar en ir por ahí tomados de la mano. Se detenía él a veces, frente a las vitrinas de almacenes de calzado, observaba, luego en el siguiente, pero a ninguno entraba. Después en el otro nivel, admiraba vestidos para hombre, ya en otros, los relojes y las joyas. Más adelante ingresó a un almacén de ropa femenina. Todo allí me deslumbraba, los vestidos, los zapatos, sombreros, accesorios para mujer, un almacén sencillamente primoroso y yo me sentía como en el Disney World de la moda, todo tan fastuoso y obviamente, prohibitivo para mis finanzas.

    Don Hugo se acercó a una de las empleadas y sostuvo con ella una breve conversación, luego me hizo una seña para que me acercara a ellos. Lo miré extrañada y el, tan sonriente alzó sus hombros y me hizo un guiño cómplice. Se acercó a mí oído para decirme que tendríamos que llegar a la oficina con varias bolsas en la mano, para evitar los posibles rumores. Me pareció una idea genial. Pero una duda me asaltó de repente. ¿Le compraría ropa, a la mujer que acababa de amenazar con dejarla en la calle?…

    —Bueno Silvia, escoge lo que te guste y por el precio no te preocupes. —Lo miré sin entenderle, y en mi boca se fue formando una «O» de completo asombro.

    —Don Hugo ¿Está usted totalmente loco? ¿Cómo se le ocurre gastar su dinero en mí?

    —Pues Silvia es que tenemos que llegar con algo para mostrar, de lo contrario, sí que les daríamos motivos para que murmuren. Vamos, escoge tres vestidos, los que más te gusten, ahhh y tres pares de zapatos.

    —Jefe, pero es que no puedo llegar con esas bolsas a mi casa, ya estoy en problemas con mi esposo, usted ni se imagina, no quedaría bien llegar a mi hogar y delante de él, verme con vestidos nuevos y tan costosos. Qué pensaría de mí, si él sabe muy bien que estamos escasos de dinero y yo… ¿Gastándome lo poco que tenemos en ropa de marca? No, imposible. Mala idea. Pensaría mal, se lo aseguro, Rodrigo es muy detallista y no se le escapa una.

    —Pues le inventas alguna excusa, por ejemplo que recibiste un bono extra por tu excelente trabajo y compromiso en la oficina, o tan solo dile que los nuevos inversionistas han decidido que esos sean los nuevos trajes para ir a trabajar. Anda, hazme caso, todo nos va a salir bien. —Pufff, suspiré. Tenía razón en que llegar a la oficina con las manos vacías sería motivo de intrigas en mis compañeras, y por otra parte, don Hugo se había inventado una buena excusa para obviar algún posible reclamo de parte de Rodrigo. Al final, mi armario sería el beneficiado.

    Excelente idea y una muy buena ocasión para darme un lujito después de tanto tiempo con el mismo ropero anticuado, así que… ¿Por qué no? Me dejaría consentir por mí… Por él. Y miré a mi alrededor que podría gustarme y que no fuera muy llamativo ni ostentoso. Ya untado el dedo, pues…

    La empleada me fue llevando por un costado, de estantería en estantería y luego por el otro de aquel almacén, y yo tomando uno, dos y finalmente tres vestidos. El último era un traje para salir de fiesta, de tela brillante, delgada y muy delicada, dejando mucha piel a la vista. ¡Súper sensual! Y ese, pensé, lo usaría solo con mi esposo, si lograba llegar a conseguir que confiara de nuevo en mí. Le invitaría a salir y aprovecharía este golpe del destino para recomponer mi relación. Lo seduciría de nuevo.

    Finalmente salimos, con tres grandes bolsas él y yo con dos más en mis manos, en las cuales iban dos pares de zapatos. El tercer par me pareció excesivo el precio y no los llevé. Y don Hugo feliz, orgulloso caminando a mi lado como si yo fuese su mujer y el mi hombre. Mi jefe tan sonriente, yo completamente pensativa. ¿Me estaba «vendiendo» de alguna manera al aceptar esos obsequios? Y en eso…

    —Bien y ahora vamos a almorzar, anda. — Me dijo colocando su brazo sobre mis hombros, apretándome a él. No lo aparté, me pareció de mal gusto hacerlo después de que se hubiera gastado tanto dinero en mí. Bueno… ¡Y en nuestra coartada!

    Y llegamos a un restaurante muy moderno, con un ambiente acogedor, mi jefe escogió la mesa más apartada, en un rincón de aquel lugar que nos daba la privacidad necesaria para hablar. El pidió un plato de atún rojo con huevas de salmón, perlas de jengibre y alga negra, y yo un lomo de lubina con un poco de verduras. De postre Coulant de chocolate y helado de vainilla para mí, don Hugo tan solo un sorbete de limón verde y cactus. Y vino por supuesto. Tanto él como yo, estábamos ya un poco más relajados.

    —Bueno mi ángel, aquí estamos. Ya podemos hablar con calma… Y antes de que empieces, de antemano te voy a decir que por nada del mundo voy a aceptar que renuncies a tu trabajo. Yo te necesito, te quiero a mi lado. No me abandones por favor.

    —Primero pues, gracias… ¡Por todo! —Pero mire don Hugo, la única condición para quedarme a trabajar con usted, es que dejemos claro, que entre los dos… ¡Nunca!… Jamás va a pasar nada. Quiero que volvamos a ser los de antes. Usted como mi jefe y yo como su asistente personal y todo profesional. Todo de manera estrictamente laboral. Si está de acuerdo, sigo a su lado–. Se lo dije con mi mirada segura y mis palabras totalmente honestas.

    —Silvia, pero es que yo… —Usted nada jefe. Entiendo, su situación, créame–. Pero todo se me está saliendo de las manos, estoy con los nervios de punta, mi matrimonio está tambaleándose y no puedo permitir, que yo acabe con lo mío por culpa de nuestras muestras de afecto. Don Hugo… mi esposo nos vio llegar anoche. Y está muy molesto. Voy a contarle a Rodrigo la verdad esta noche y depende de lo que él me diga, de cómo se lo tome, si seguiré o renunciaré.

    —Pero si no hemos hecha nada malo Silvia, ¡Por Dios! No ha pasado nada. Tu esposo tiene que entender, que de vez en cuando debes trabajar hasta tarde, incluso deberías haberte ido de viaje conmigo desde hace mucho tiempo por ser tu mi mano derecha, pero yo respetando tu situación sentimental, no quise apartarte de tus hijos y… bueno de tu esposo. —Sí, señor muchas gracias por eso, –le respondí– pero solo estaría disponible para usted de manera estrictamente laboral, nada de lo sentimental. Creo don Hugo, que me excedí en cuidarlo.

    —Silvia, está bien. Procuraré no interferir en tu matrimonio, pero no me abandones. Prometo intentar apartarte de mi mente, aguantarme las ganas de abrazarte y de mimarte. Silvia lo del viernes pasado, fue para mí un descubrimiento y todo gracias a ti. Te besé a la fuerza, lo sé, pero luego tú correspondiste a ese beso y sentí Silvia, después de tantas angustias y dolor, sentí que yo podía también reconstruirme. Sé que te gusto ¡Sí! Y no me mires así, porque yo lo presiento. Tenerte recostada sobre mi escritorio, besándote y sintiendo tú… —levanté mi mano y me acomodé de manera que quedaría más cerca de él, para hablarle en voz baja.

    —Jefe, esos besos no quieren decir nada, solo fue un momento erróneo, usted estaba afectado por lo de su esposa y yo cedí, por… Pues porque hace años nadie aparte de mi esposo me besaba, de esa manera, con el deseo que usted lo hizo. —Y gustarme como hombre pues si, no se lo niego, pero es como tantos otros, como decirle que me gusta Brad Pitt o Mickey Rourke, o aquel tipo, mire. El que está sentado cerca de la barra con la morena esa. ¿Si lo ve? Es guapo, como usted, pero hasta ahí. Ni modos, soy casada. ¡Una mujer prohibida!

    —¿Brad Pitt? ¡Jajaja! Ok, pero y quién es ese… ¿Mickey Rourke? A ese si no lo tengo presente. En fin, mira Silvia, podrás ser todo lo casada que quieras pero eres muy hermosa, así desees a veces pasar inadvertida, tú atraes la atención así no lo reconozcas, pero me gustas y no es de ahora, ni creas que lo que siento en estos instantes por ti, es por venganza o para causarle celos a Martha. ¡No! Te deseo y sería muy feliz de al menos pasar más tiempo contigo, a solas…

    —Silvia, anoche me dormí en paz, en calma después de tantos insomnios por culpa de mi esposa y sus… En fin. Pensé en ti, en tu rostro, tus esmerados cuidados y en tu cuerpo. Y yo… —Levanté mi mano derecha y le acaricié con ternura su mejilla.

    —Don Hugo por favor, no siga con esto, no me lo ponga más difícil. —Se lo dije muy suavemente, casi entre susurros–. Él me regaló una sonrisa entre abriendo un poco sus labios y en sus ojos grises la confirmación de su interés por mí. Y sentí una descarga entre punzadas intermitentes.

    —Tú pensaste… ¿En mí, Silvia? ¿Anoche tu tal vez?… ¿Un poco? —No señor, disculpe voy al aseo un momento–. Le mentí.

    Como le iba a decir que sí. Qué a pesar del agobio en mi esposo, yo me había encerrado en el baño y apartando todo, tantos años en común, me había masturbado pensando en él, dejándome entre fantasías, amar por mi jefe.

    En el baño me cambié de toalla y me miré al espejo, en el reflejo el rostro de una mujer que sonreía por ser anhelada, y en los destellos de mis ojos cafés, la culpa de una mujer que aún no había dado el paso… ¿Deseado? Me recompuse el traje y salí de allí con la firme convicción de poner un alto.

    Lo encontré observándome atentamente acercarme hasta la mesa, alegre, confiado y la copa de vino en su mano, llevándola elegantemente hasta sus labios. Me senté de nuevo, lo miré y le dije…

    —Veo que no me escuchó, –trague saliva– llegué a mi casa y me encontré con el disgusto y la indiferencia de mi esposo–. Por supuesto que no pensé en usted ¡faltaría más! No es el primer hombre que veo desnudo ni al primero que tengo que lidiar con su borrachera, de hecho creo que no será usted tampoco el último.

    —Está bien, está bien, no te enfades Silvia. Prometo que lo intentaré. —Lo dijo seriamente, tomando mis manos entre las suyas por encima del mantel–. Pero esa promesa no calmó mis dudas, por el contrario me generó más inquietudes.

    Y nos quedamos los dos en silencio, hasta que nos llevaron el almuerzo a la mesa.

    —Mira necesito ahora concluir lo mío con mi esposa. Necesito conseguir un buen abogado y aportarle las pruebas que tengo para que el divorcio salga a mi favor. Sé que la custodia de mis dos hijos va a ser una batalla legal complicada. —Fui a decirle algo pero no me dejó y siguió hablando. Entre tanto yo daba buena cuenta de aquella exquisita lubina y a la segunda copa de vino.

    —Por eso necesito al mejor, y los abogados que trabajan para nosotros en la oficina, no son expertos en estos temas. Debo asesorarme bien, me cueste lo que me cueste, pero la voy a hacer pagar con sangre todo lo que me ha hecho. —En su mirada vi odio, un profundo rencor. Sí, mucho dolor también.

    —Jefe, pues yo conozco a uno, muy bueno según he podido escuchar. Es inteligente y muy discreto. Si usted gusta lo puedo llamar y pedir una cita. Hable con él y asesórese antes de que pueda ser demasiado tarde y termine perdiendo todo. Yo de usted hablaría con su esposa, honestamente, antes de dar este paso. Es lo que voy a hacer con mi esposo tan pronto lo vea.

    —Me parece perfecto mi ángel. ¡Ehhh! perdón, Silvia. —No pude evitar sonreírle su comentario final. Sí, había sido su ángel pero ya no más. No quería que mi jefe se convirtiera en un demonio que no pudiera exorcizar después.

    Sentía tanto rencor, tanta desazón en mi alma. Era increíble, en verdad no lo podía creer. Yo con toda la buena intención de hablar y ella, tan despreocupada, yéndose de almuerzo con su amante. Era obvio que no le importaba. Esto ya tenía una sentencia. Hablaría con una buena amiga que era abogada especializada en temas de familia, al fin y al cabo, para eso tenía yo buenos contactos entre los clientes. Le pediría que tramitara mi divorcio lo más diligentemente y me regresaría a mi país, poniendo un gran océano de por medio.

    —Hola Paola, ¿Cómo va todo? ¿Conseguiste hablar con ese cliente?

    —Huich, pero que efusividad señor Cárdenas. Y si por supuesto. «Su secretaria» le confirmó para mañana una cita a las nueve de la mañana. ¿Le parece bien al doctor? —Aprecié el tono sarcástico en aquellas frases. No fui justo con ella. Necesitaba con urgencia un café caliente.

    —Yo… lo siento, discúlpame. —Agaché mi cabeza y mi rubia barranquillera me abrazó. Y yo, en medio de aquel abrigo, recargué mi cabeza en su pecho y me derrumbe entre sollozos. —Inevitable fue para mí, romper el dique que retenía mi llanto.

    —Rocky, mi precioso «rolito», ya estás aquí, tranquilo. Cuenta conmigo Nene y… ¡Ajá! no le pongas más tiza a tus problemas. —¿Estas así por ella? ¿El problema es tu esposa cierto? Ven–. Y me llevó fuera de las instalaciones del concesionario hasta el costado del parking. Sacó sin mi permiso, del bolsillo de mi saco los cigarrillos y luego su mano se introdujo dentro de mi pantalón, en búsqueda del encendedor.

    —Rocky, si quieres yo te puedo escuchar, tal vez eso te ayude a despejar la mente y organizar tus ideas. No vayas a cometer locuras sin estar ciento por ciento seguro. —Ella no tenía idea por lo que yo estaba pasando y aun así me ofrecía su reconfortante amparo.

    —Un buen cazador, como me has explicado, sabe cómo aguardar, como aprovechar los arbustos, los relieves del terreno y en calma, tirar a matar. —Me termino por decir.

    —Pao, creo que me la está jugando con su jefe. Son muchas circunstancias, nada evidente pero yo presiento algo y créeme una cosa… por lo general mi sexto sentido no me falla. Hay algo, lo sé. Está muy rara y hoy… Bahh, olvídalo.

    —Por eso mismo Nene, son solo apariencias, y ¡Ajá! no tienes pruebas concretas. «Busca y encuentra». Yo estaré para ti, siempre. Cuenta conmigo precioso. —Y me besó en los labios, tan plácidamente que se grabó ese día en mi corazón–.

    Fue un beso leve, sin batallar de lenguas, solo su boca a medio abrir sobre la mía, tan urgida de afectos, el sabor de aquellos labios pintados de rosa intenso, su inolvidable sabor a cereza. —Y sus ojos… ¡Ufff! con el color del mar en calma, pintado en ellos, su especial fulgor. Paola era… Ella podría ser… Ella nunca se fue.

    —Bueno ya estoy mejor, gracias mi Pao hermosa. Volvamos al trabajo. Tenemos que llevar unos catálogos y preparar una oferta, te recojo temprano y nos vamos a comernos, los dos, a esa presa.

    —Por supuesto que sí mi «rolito», cuenta con eso. —Me respondió entre aplausos de alegría.

    —Pero antes nos toca informarle a nuestro jefe inmediato, espero que no nos ponga pegas. —Paola muy alegre me tomó del brazo, pasando el suyo por debajo del mío y nos encaminamos hacia el escritorio.

    Y después de tener listo todo, fuimos hasta la oficina de don Augusto…

    —Jefe, lamento mucho informarle que mañana, esta señorita me acompañará a visitar al cliente de Cercedilla, para negociar la renovación de su flota de minivans. La cita es a las nueve de la mañana y ya sabe usted que me gusta llegar con tiempo para realizar una evaluación sobre el terreno antes de la entrevista. ¿Alguna objeción Jefe?

    —Pues Rodrigo, como lo expones no tengo nada que objetar. ¿Tienes preparado el dossier con las órdenes? ¿Necesitas algo de dinero? —De hecho jefe, estoy más pelado que las nalgas de un recién nacido, si puede me prestar algo de efectivo y ¿a fin de mes cuadramos?

    —No te presto pues prefiero tu amistad. Ten, pasa por la caja y que te den esta suma como viáticos. Y tú señorita Torres, espero que saques buen provecho de esta visita. Paola, observa y toma apuntes si quieres. Esta ocasión puede ser muy provechosa para ti, bueno para los dos. Suerte y me están comunicando por el móvil como acontece todo.

    Paola sonrió, asintió respetuosamente con su cabeza y después como una niña pequeña, brincó de alegría. Mi jefe levantó sus gafas pequeñas sobre su escasa cabellera y finalmente me estrechó la mano.

    —Gracias jefe, Ehh una cosita más don Augusto… Recuerda que me ofreció hace un mes y medio un sofá cama que… ¿Tenía para la venta? ¿Aún lo tiene disponible?

    —Lo siento Rocky, ya lo vendí. —Vaya, que lastima. Gracias. —Hummm, seria seguir durmiendo en el sofá de la sala, pensé para mis adentros.

    Pero al salir, Paola me detuvo del brazo y como no se perdía detalle de nada, me comentó que ella en un depósito del hotel de su padrastro, guardaba uno casi nuevo, que lo habían cambiado en una reciente renovación del mobiliario y que me lo regalaba si yo quería.

    —Pero por supuesto Pao, gracias–. Sonreí, para luego mecerme los cabellos, pensando en cómo carajos iba a hacer para recogerlo y llevarlo hasta el piso. —¿Será muy grande Pao? Es que no puedo llevarlo encima del techo del Mazda, me puedo ganar una multa por eso. —Tranquilo bobito, ya me ocupo de eso.

    Y mientras yo recorría las curvas de su encantadora figura con mis ojos, ella hablaba con alguien, dando órdenes con decisión y totalmente seria, un poco «mandona» en verdad, para luego terminar con un… ¡Ajá! lo tienes listo que en un rato llego.

    —Anda Nene, pues ya está todo cuadrado y listo mi «rolito» hermoso. Y… ¡Ajá! Cuando quieras vamos hasta el hotel y allí en la furgoneta de mantenimiento, lo llevamos hasta tu urbanización. —Perfecto, dame unos minutos y termino de recoger lo que vamos a necesitar mañana.

    Y la abracé en señal de agradecimiento. Una extraña que el día anterior no quería tener cerca y que al siguiente, me ofrecía todo su aprecio y atención, sintiéndola tan cercana en un suspirar.

    No fue sino cruzar el umbral de la entrada y de inmediato Amanda y la señora Dolores, se acercaron para ofrecernos su ayuda para tomar las bolsas y llevarlas hasta la oficina de mi jefe. Las acomodamos en el largo sofá y después de un… ¡Gracias por todo! de parte de don Hugo para ellas por su colaboración, salimos las tres y nos dirigimos hasta la cocina.

    Y allí ardió Roma. Se acercó también rauda Magdalena, otra de mis compañeras, para informarse de lo acontecido en mi hora larga de almuerzo, casi dos y un cuarto en verdad, con mi jefe.

    —Vamos Silvia, cuenta cómo te fue con el ogro. —Me preguntaron las dos al unísono.

    —Señora Dolores, sería tan gentil de prepararme una taza de té caliente, estoy que no me aguanto este dolor. —Claro que si señora Silvia, ya enseguida–. Me respondió respetuosamente.

    —Bueno muchachas, pues que les digo. Finalmente después de mirar en varias tiendas, compró tres vestidos y dos pares de zapatos. —¿Cómo? ¿Y nada más? Al menos un anillo de diamantes, una gargantilla de oro por Dios. ¡Vamos! Que es un aniversario y no una simple fecha más en el calendario. ¡Pero qué tacañez! Y qué falta de imaginación ¿No les parece? —Comentó Magdalena con algo de decepción.

    —Pues Magda, tal vez los vestidos sean porque la va a llevar a cenar o al teatro, no lo sé. Pero puedes ir a preguntarle si gustas. —Respondí con algo de enfado en la modulación de mis palabras–. Amanda se sonrió con timidez, por el contrario, Magdalena frunció el ceño y me saco la punta de su lengua.

    —Lo siento chicas es que estoy que me muero con estos cólicos, me ha bajado el periodo con fuerza y no me aguanto ni yo misma. —La señora Dolores me alcanzó el té caliente. —Bueno muchachas, vamos a seguir que tengo que apurarme para ir por mis hijos al colegio, les expliqué y las tres salimos de la pequeña cocina y nos fuimos a cumplir con los deberes.

    Me dispuse a cuadrar la agenda de los próximos días para don Hugo. Tenía el viaje a Lisboa el jueves y al día siguiente la reunión en las oficinas de Londres. Hice las reservas de los vuelos, de los hoteles también. Por los restaurantes no me preocupé, pues bien sabía yo, que a mi jefe le gustaba salir por ahí y dejarse llevar por las recomendaciones de los conocidos de cada ciudad que visitaba. Lo conocía tan bien. Hummm, y después de todo lo acontecido los últimos días, con mayor razón. ¿Volvería el sábado o pasaría por allí todo el fin de semana? Ni modos, tendría que preguntarle.

    Le marque por el interno y al responder él…

    —Silvia, me puedes por favor colaborar con el tema de los… —Tranquilo jefe, de hecho acabo de hacerlo y todo esta cuadrado. Despreocúpese.

    —Gracias, tu como siempre tan diligente, me conoces mejor que… Ahh y por favor, regálame el dato de tu amigo el abogado, necesito hablar con él. —¿Quiere usted que lo llamé directamente y le solicite una cita?

    —No Silvia, muchas gracias. Yo lo haré–. Y cortó la llamada.

    Tendría que inevitablemente entrar de nuevo a aquella oficina y preguntarle. Anoté en un papelito amarillo el dato del abogado y me dirigí hasta su oficina.

    —Jefe, tome. Este es el número del letrado. Y otra cosa, antes de irme a recoger a mis hijos, me podría informar si va a pasar todo el fin de semana próximo en Londres o ¿se va a regresar el mismo viernes en la noche? ¿El sábado en la mañana, quizás? Necesito saber para hacer entonces las reservas. —El me miró en silencio, muy serio, para luego tomarse sus cabellos con la mano derecha, peinándose un poco, para luego regalarme una sonrisa y responderme con dos preguntas incómodas.

    —¿Quieres que regrese pronto? Será por qué… ¿Me vas a extrañar? —Los colores subieron a mi rostro. Mierda no entendía qué me pasaba con ese hombre.

    —Don Hugo… ¿En que habíamos quedado? —Le respondí seguramente no tan seria como debiera haberlo hecho y por eso el me respondió esa tarde de martes…

    —Soñar no cuesta nada, jejeje. Y por supuesto, me regresaré el viernes en la noche. Mis hijos regresan con sus abuelos para pasar el fin de semana de paseo conmigo por la sierra. Si gustas podrías acompañarnos con tus hijos, sin tu esposo, en plan familiar ¡Jajaja! —¡Uichh! Definitivamente con usted no se puede–. Voy entonces a dejar listo su regreso y nos veremos mañana. Feliz noche. —Y Salí de allí hacia mi escritorio, con esas últimas palabras en mi mente. Juntos… En familia. ¡Pufff! suspiré.

    Y de repente me puse a pensar en lo complicado que es acostumbrarse a alguien. A él sobre todo. Seguir a su ritmo, adivinar el siguiente encargo sin palabras, solo con observar las facciones en su rostro. Intuir el próximo paso, adentrarme en sus pensamientos. Anticiparme a sus necesidades. Como si me hubiera convertido en su esposa durante el día.

    Terminé de cuadrar el regreso para el viernes en la noche. Y me alisté para salir. Justo cuando tenía mi abrigo puesto y el bolso colgado de mi hombro, salió don Hugo de su oficina.

    —¿Ya te vas Silvia? —¡Sí señor! le respondí. —Qué bien, yo también. Podrías por favor ayudarme a bajar estas dos bolsas hasta el automóvil? Yo me encargo del resto. —Lo dijo delante de mis compañeras de oficina, que nos observaron en silencio, como para que no me quedara otra opción más que responderle afirmativamente.

    —Por supuesto jefe, yo le colaboro. —Y miré a Amanda con cara de resignación para decirle que si podía cerrar la oficina antes de irse, pero ella se me anticipó.

    —No te preocupes tesoro, ve y recoge a tus niños que yo me encargo de montar la alarma y dejar bien cerrada la oficina. Descansa y que te mejores. ¡Ahh Silvia! cielo, me saludas a tu esposo, que guapo es, por eso no querías presentárnoslo ¿cierto? —Me lo dijo en un tono de voz bajito cerca de mi oído para que don Hugo no la escuchara.

    —¡Cómo! Exclamé también entre susurros. ¿Rodrigo estuvo aquí? ¿A qué horas? ¿Por qué no me dijiste antes? —Amanda sorprendida por mi reacción me respondió…

    —Pues es que llegó justo después de que te hubieras marchado con el «ogro». Pero tranquila que no venía a nada en especial. Solo que estaba atendiendo una visita en otra planta del edificio, así que me dijo que no era importante y se me olvidó decírtelo antes.

    —Es un amor Silvia, tan detallista contigo. —Y ella miró hacia mi escritorio, sobre el archivador, hacia aquel ramo de rosas que todas creían que era mi esposo el que me las había obsequiado.

    —Bueno gracias, yo le doy tus saludos. Hasta mañana. —Me fui a dar alcance a mi jefe que me esperaba junto a las puertas del ascensor, con una de sus manos deteniendo las compuertas.

    —Bien Silvia, vamos y te acerco hasta el colegio de tus hijos. —No señor, como se le ocurre, alguien nos podría ver. Ya está bien, en serio. Tengo muy complicada mi vida para arriesgarme a más. —Le respondí un tanto alterada.

    —Solo te dejaré cerca, a unas calles de distancia para que no te afanes. —Ummm, está bien, le agradezco pero nada de caricias ¿Le quedo claro?

    —Por supuesto, entendido. —Y arrancamos en su coche.

    Efectivamente no sucedió nada fuera de lo normal entre los dos, le confirmé las reservas y anduvimos bastante rato en silencio, solo que al despedirnos me vi forzada a recibir de él, un beso en la mejilla, con su boca entreabierta, humedeciendo mi piel.

    —Por cierto Silvia… ¿Y qué hacemos con tus vestidos? —La verdad no lo sé, voy muy liada con mis hijos y sus maletas. —Entonces toma y solicitas un taxi para que te lleve. —Y me extendió unos billetes–. ¡Jefe!… Gracias, yo se lo devuelvo a fin de mes.

    —No te preocupes por eso Silvia. ¿Y por qué no usas el servicio de transporte escolar puerta a puerta? —Ayyy, don Hugo, pues porque mis finanzas no dan para más. Ya estoy acostumbrada no se preocupe. —Se bajó del auto y me alcanzó las cinco bolsas.

    —Hasta mañana don Hugo, y de nuevo gracias por todo. —¿Silvia?… Te voy a pensar esta noche, mucho. ¿Y Tú?–. ¡Ufff! Suspiré y sin dejar de mirar sus hermosos ojos grises le respondí… —Voy a estar muy ocupada tratando de salvar mi matrimonio–. Y cerré la puerta de su automóvil negro para ir apresurada a recoger a mis dos hijos. Él pasó despacio en su auto a mi lado y se despidió con un agitar de su mano diestra.

    —Bueno Rocky, ¿entonces aquí es donde vives? Está muy bonito, se ve muy tranquilo. —Me dijo Paola, admirando la fachada blanca con gris de los edificios de la urbanización.

    —Sí, es muy tranquila y apacible la zona. —¿Me esperas mientras ayudo a subir el sofá cama a mi piso y luego te regreso hasta el hotel?

    —No Rocky, ve. Mejor me voy con José en la furgoneta y así tú te acomodas. Y por favor mi «rolito», no vayas a «cagarla». Mantén la calma y cualquier cosa me llamas a la hora que sea. Mientras tanto me fumo uno de tus cigarrillos. Regálame uno, Nene. —Me respondió.

    Se lo entregué y lo encendí. Con un abrazo y un leve roce de mis labios sobre su mejilla me despedí.

    —Mañana temprano paso por tu hotel, pendiente para no demorarnos. Y Pao… ¡Gracias por todo! Feliz noche.

    Con algo de esfuerzo logramos subir por las escaleras el pesado sofá y dejarlo a la entrada de mi apartamento. Le di las gracias al muchacho de la furgoneta y una pequeña propina por su colaboración. Nada más entrar se abalanzó mi hija sobre mí, para abrazarme…

    —¡Papi, papiii!… ¿Papito y esto que es? —Me preguntó con su infantil vocecita.

    —Ahhh, esto mi cielo es nuestra nave espacial. En ella podremos con tu hermanito, soñar con las estrellas. ¡Yupiii! —Y mi chiquita saltó de alegría para luego, ladeando su cabecita y mirarme con un gran signo de interrogación en su carita…

    —¿Papi y mi mamá también? —Hummm, cariño a ella no es que le guste mucho mirar las estrellas. Algún día de pronto–. ¡Ven! Dame permiso para llevar esto hasta la alcoba de invitados. —¿Y porque Papi?

    Sus porqués anteriormente me divertían tanto y ese en aquella noche, solo hizo que me quedara mudo, sin saber qué responder.

    —Veras, mi cielo, tu mamita está como cansada y enferma estos días, así que prefiero darle todo el espacio en la cama para no molestarle. —¿Y tú hermanito? Le pregunté.

    —Durmiendo con mi mamita, pero a ella no le molesta. ¿Será que ya no está tan enferma Papi? ¡Bendita inocencia!

    —Vamos Caroline, ayúdame a acomodar esta nave espacial. ¿Ya comieron? —¿Sí señor y tú papito? —No, ahora miro que me preparo.

    Y Terminé por ingresar el sofá cama en el cuarto de invitados, desplazando una silla vieja y la mesa para el planchado. El bote con la ropa limpia y en el mis camisas, sus blusas y los uniformes con las medias.

    Lo dispuse de manera que al extenderlo en las noches no estorbara con la apertura de la puerta, sin embargo por lo amplio, solo dejaba abrir la mitad del recorrido, dejando espacio al costado derecho para las cajas con libros y recuerdos que no habíamos desembalado aún. Era necesario comprar un estante o mejor una biblioteca, quizá un mueble donde colocar mi computador. Silvia se acercó, nerviosa la noté, recostada sobre el marco de la puerta, observándome.

    —Hola, ¿Y esto? ¿Lo compraste? ¿Con qué dinero? ¿Ya comiste?

    —Hola, esto es un sofá cama. Me lo regalaron y no, no he comido. —Respondí a sus preguntas en respectiva secuencia y sin mirarla.

    —OK, voy a bañar a los niños y luego a dejarlos en sus camas. —Y salió de allí.

    Me fui a nuestra alcoba para tomar mi almohada y entonces sobre la cama, vi tres bolsas grandes y dos medianas. ¡Hummm! Revisé con apuro el contenido. ¿Vestidos nuevos? Dos. No, ¡Tres! ¿Zapatos nuevos? Sí. Dos pares. ¿Y con cual dinero? Abrí las puertas del armario y de la parte superior bajé una colcha y un juego de sábanas. Entre tanto se escuchaban los gritos a manera de juego de mis dos niños en el baño junto a su madre. Tenía hambre así que después de dejar ordenado mi nuevo lugar para dormir, fui hasta la cocina y allí encontré un plato frío con restos de la pasta de la noche anterior y rebanadas de pan. Lo metí en el microondas y destapé una cerveza…

    —Ya se durmieron los niños. Ya regreso y hablamos. —Dijo Silvia con el manojo de llaves en su mano derecha y en la otra su móvil más el pequeño monedero.

    Yo seguí comiendo. —¿Vas a salir? —Le pregunté.

    —Sí, voy hasta la farmacia, no me demoro. Se me acabaron hoy las toallas higiénicas. —Respondió sin mirarme, abriendo el portón. —¡Ufff! Pero qué alivio. —Le dije yo.

    —¿Perdón? —Me respondió con aquella pregunta llena de apatía y su cuerpo ya fuera en el pasillo. —Sí, pues es que así me ahorro un dinerito en pruebas de paternidad.

    —¡Eres un estúpido! —Lo dijo enfadada y con una mirada de rencor, que si pudiera me hubiera tragado sin mascarme, pero cerró con suavidad la puerta. Lo sé, fui bastante ofensivo pero el resentimiento, la desilusión, los recuerdos, me avasallaron la razón.

    Cuando regresó después de una media hora me encontró Silvia ya bañado y en bóxer, dispuesto dormir, con la luz apagada en la alcoba, la puerta a medio cerrar.

    —Y entonces ya veo que lo tienes todo decidido, Acaso no querías que habláramos y me dejaras explicarte. ¿Todo? —Mira Silvia, le respondí. –Ya no me interesa. Lo tengo todo muy claro.

    —Sí por supuesto. Tan claro para culparme por cosas que te imaginas. ¿Las cochinadas que tú crees que he hecho con mi jefe? Hoy fui a almorzar con él porque necesitaba mi ayuda para unos regalos para su esposa. —Entre él y yo solo existe una relación laboral, nada más.

    —¿En serio Silvia? Mira que te di todo el dia para que pensaras con claridad, fui para invitarte a almorzar pero claro, tú no estabas tan triste ni compungida por la situación con tu marido. Mejor irte a almorzar con ese tipo. ¡Claro! Para agradecerle que te trajera sin peligro en la noche después de… ¡Ahh! y también por el hermoso arreglo de rosas.

    —¿Y regalos para su esposa? ¡Jajaja! en serio crees que soy tan estúpido para no haberme dado cuenta de los vestidos que compró… ¡Son para ti! Martha su esposa, es más alta que tú. Hoy la vi también.

    —Las flores… no sé Rodrigo… Solo llegaron. Es que él es muy atento y quiso regalarnos a todas algo para la oficina y pues Amanda le dio por colocarlas encima de mi archivador. Son para todas no solo para mí. —Y los vestidos pues… Eran una sorpresa para ti. Te los iba a mostrar, en serio. Son los nuevos uniformes que debemos llevar a la oficina y los pagaron los nuevos inversionistas.

    —Si claro, sobre todo ese gris humo de tela brillante, escote profundo y con la espalda destapada completamente, dejando ver que no podrías llevar sostén, claro, que idiota soy. Ese debe ser para los cocteles y las reuniones de la junta directiva. Ya te imagino, tú hay de pie tomando apuntes. Sí, perdóname, es que soy tan mal pensado.

    —¿Sabes qué? ¡Vete a la mierda Rodrigo!

    —Jajaja, esta vez te equivocas conmigo Silvia. A la mierda ya me enviaste años atrás o… ¿Se te olvido? Pero sabes ¡Querida!, el sabor a estiércol me supo mal y ahora, tal vez tenga con quien pueda viajar al paraíso.

    Y con mi pie di un empujón a la puerta entreabierta, hasta que esta se cerró dejando a Silvia sin palabras y quizás con la nariz aplastada.

    Mañana empezaría otro día y con suerte una nueva vida.

    Continuará…

  • Siendo amante de Rodrigo (Capítulo 1): Así lo conocí

    Siendo amante de Rodrigo (Capítulo 1): Así lo conocí

    A través de mi vida, he tenido varías experiencias sexuales que poco he contado. Solo un par de personas muy cercanas las conocen y hoy decidí sentarme a escribir un relato dividido en varias partes sobre una historia que se alarga por varios años.

    Soy una mujer de 26 años que atrae miradas. Mi rostro es bastante lindo, con una nariz perfilada y una mirada sensual, mi cuerpo tiene bastantes curvas, un trasero que es lo mejor, según me dicen los hombres, además de una cintura muy formada y unos senos grandes y redondos. A pesar de eso, soy muy recatada.

    Primero quiero contar cómo me convertí en la amante de Rodrigo, un chico que conocí a través de una aplicación de citas cuando tenía 18 años. A esa edad yo no salía sino a reuniones con amigas y planes tranquilos. Poco a poco fui conociendo a Rodrigo, quien tenía 21 en ese tiempo y empezamos a salir. A mí me gustaba, me divertía con él, era un chico delgado pero atlético y me la pasaba bien cuando nos veíamos. Sin embargo, mi problema con él es que tenía novia y trataba de engañarme con la típica excusa de que estaba mal con ella y estaban por terminar.

    Yo tenía 18 años, pero no era tonta. Sabía que me estaba mintiendo y solo quería que yo fuera la otra. Realmente mi preocupación era que él me gustaba mucho y sabía que tener sexo con él haría que me gustara más, por eso evitaba ir más allá. Primero salíamos a centros comerciales o al cine, me gustaba poder besarme, que me tocara y sentirlo. Así era cada vez que salíamos juntos y después llegaba a mi casa desesperada a masturbarme y a pensar en que él me hacía el amor mientras lo hacía.

    Mi juego de seguir saliendo y hacer cosas funcionaba porque él lo seguía. No me presionaba a tener sexo, pero jugaba sus cartas y poco a poco iba siendo más atrevido. Ya tenía la confianza de tocarme el trasero, apretarlo y de besarme de forma morbosa. La relación tomó otro nivel cuando me dijo que lo acompañara a su partido de fútbol. La cancha quedaba muy cerca de la casa de su abuela y se volvió una rutina ya acompañarlo y después ir a la residencia.

    Aun así yo no entraba a la casa y nos quedábamos en los pasillos que siempre estaban solos. Los besos, los toques y todo lo que hacíamos me prendía. Creo que es el chico que mejor me ha besado en la vida y cada vez que sentía su lengua en mi boca la imaginaba en mi clítoris haciéndome sexo oral.

    La primera vez que llegamos a algo sexual fue porque no aguanté y llevé mi mano a su pene. Él siempre era quien me tocaba pero esa vez no me resistí. Sentir cómo lo tocaba lo encendió de más y abrió mi blusa, sacó mis senos en pleno pasillo del edificio y empezó a chupar y morder mis pezones. La adrenalina y el muerdo de qué alguien pasara era increíble y luego paró y me dijo que lo acompañara.

    Yo lo seguí por unas escaleras y llegamos a un lugar que parecía estar menos transitado en el piso de arriba. Solo había una puerta de un apartamento en el área. Se desabrochó su bermuda y sacó su pene. Lo tenía efecto y mojado; no pude evitar tomarlo entre mis manos pero le dije que se cerrara la bermuda.

    Él no me hizo caso y me dijo que se lo chupara. Me arrodillé y vi de cerca lo que ya había visto por fotos cuando chateábamos. Me encantaban como se veían sus venas brotadas y su verga grande. Me la metí a la boca y empecé a mamar como una desesperada. Él me tomó por el cabello y me lo hundió hasta la garganta mientras me dio una arcada e hice ruido. Me dijo que hiciera silencio porque alguien podía escuchar pero igual me lo seguía hundiendo y yo aguantando.

    Seguí haciéndoselo rápido para que acabara, ya que tenía que alguien nos pillara. No fueron más de cinco minutos cuando ya Rodrigo se vino en mi boca. Aunque intento sacarlo al momento de acabar no lo dejé y sentí como todo su semen entró en mi boca y tragué de una vez.

    No fue el encuentro más erótico, pero recuerdo la adrenalina. Fue el inicio de una historia larga que seguiré relatando.

  • Vendiéndome a extraños (Parte 2)

    Vendiéndome a extraños (Parte 2)

    La primera parte de este relato terminaba con un hombre metiéndome su dura verga en la garganta tan violentamente que se me caían las lágrimas, pero después de todo era mi obligación satisfacerlo, había pagado buena plata por eso y yo no iba a comportarme mal. En un momento paró y nos miramos, recuerdo que me dijo «ahora sí sos una verdadera puta, esto es lo que te merecés». Me sentía tan humillado, pero tenía razón, así que sin decir ni una palabra me corrí y aun en el piso me puse en cuatro.

    Metió la cabeza de su enorme verga en mi apretado culito y sin darme ni tiempo a gemir la metió toda en un segundo. Me dijo que si me dolía me lo tenía que aguantar porque él se merecía romperme el culo como él quisiera, siguió dándome fuerte y con nalgadas incluidas hasta que acabó. Como tenía condón me hizo limpiarlo con la lengua, y también a la punta de su verga. Recuerdo que me agarró del cuello y me dijo «Te portaste muy bien hoy, a los hombres se los obedece, espero que te portes igual la próxima y mandame una foto tuya cuando llegues a tu casa, te voy a pagar extra si lo hacés pedazo de puta».

    Ese día me fui en Uber hasta mi casa, sin poder sentarme bien y con gusto a semen en la boca, el sentimiento de la humillación no se iba. Como soy bien obediente, al llegar a mi casa me saqué toda la ropa y le mandé como 10 fotos, le dije que me pague solo una, el resto era de cortesía porque me encantó lo que me había hecho.

    Este mismo hombre me agregó a un grupo de whatsapp con otros más, y mientras yo veía todo, subió todas esas fotos con el precio al que vendía mis servicios. Si antes me sentía humillado, ahora era peor. Parecía que les gustaba lo que veían, porque muchos empezaron a pedirme sesiones, otros querían que fuera gratis pero obviamente eso no iba a pasar y claro, me insultaron de mil maneras distintas aunque seguramente sabían que eso me calentaba. Conseguí varios clientes fijos, los cuales me agendaban como «trola» o «putita» y sólo me hablaban para vaciar toda su leche en mí. Así es como empecé a cobrar por lo que me gusta.

    Para cualquier consulta, ideas, mensajes privados, siempre pueden escribirme a [email protected].

  • Cornudo él y cornuda ella

    Cornudo él y cornuda ella

    Era su noche de bodas.  Isabel, una muchacha de diecinueve años, morena, de ojos negros, blanca de piel, alta, ni gorda ni flaca y muy guapa, estaba desnuda en la cama con su marido. Ya habían tenido sexo oral, él, y ya habían follado. Entre besos Aníbal le preguntó:

    -¿Me dejas que te la meta en el culo?

    Isabel le respondió:

    -¿Por qué no me comes antes el coño? Ya que follando no me corrí, a ver si así…

    Aníbal, un joven de veinte años, un poco más bajo que Isabel, delgado y guapote, le dijo:

    -¡¿Qué?!

    -Que no me corrí.

    -No, lo otro, lo del coño

    -Que me lo comas. ¿O no sabes comer un coño?

    Aníbal se puso exquisito.

    -Sabía que eres una mal hablada, pero nunca imaginé que fueras tan guarra.

    Se acabaron los besos.

    -¡¿Qué me has llamado?!

    Aníbal la miró desafiante.

    -Guarra.

    A Isabel no la iba a hacer callar.

    -Me llama guarra quien me quiere dar por el culo, tiene cojones la cosa.

    -Habla bien, y no cambies de tema.

    -Hablo cómo me sale del coño, y no cambié de tema.

    -Cambiaste, estabas hablando de comer el coño.

    Isabel le dio donde más le dolía.

    -Y por lo que se ve lo más parecido a un coño que has comido es un mejillón.

    Aníbal se escaqueó.

    -Todo este lío lo montaste porque no querías que te la metiera en el culo, haber dicho que no y nos ahorrábamos nuestra primera discusión.

    -El lío lo montaste tú. ¿Aún quieres meterla en mi culo?

    -Si me dejas, sí.

    Isabel, cómo una esposa complaciente, se puso a cuatro patas y le dijo:

    -Todo tuyo. A ver si así acabo corriéndome.

    Aníbal escupió en su ojete y después frotó el glande en él. Isabel viendo lo que se avecinaba, le dijo:

    -No, así no, antes debes lamer mi agujerito, meter y sacar tu lengua en él…, antes debes prepararme, si no me preparas no me correré.

    Aníbal se escandalizó.

    -¡Serás puta! ¿Quién te comió el culo de esa manera?

    Isabel se puso boca arriba. Tenía unas tetas grandes y duras, sus areolas eran oscuras y sus pezones gordos, en el coño lucía una buena mata de pelo negro y rizado, le respondió:

    -Yo no te pregunté quién te la mamó antes que yo.

    -Esa es otra. ¿A quién se la chupaste antes que a mí y quién te comió el coño y el culo?

    Isabel le mintió.

    -No son más que fantasías.

    Aníbal bajo su tono de voz y su polla bajó la cabeza.

    -No te creo, creo que te comieron el culo, que te comieron el coño y que chupaste más pollas que la mía.

    Isabel le dio la espalda, y le dijo:

    -Cree lo que quieras.

    Aníbal se sentó en el borde de la cama, cogió un cigarrillo ducados encima de la mesita de noche, lo encendió, le echó una calada y dándole la espalda le dijo:

    -Necesito saber quién te comió el coño y el culo y a quién se la mamaste antes que a mí.

    Isabel se dio la vuelta y con cara de mala hostia le dijo:

    -¡No me toques más el coño, Aníbal! Vale que no me hicieras correr, vale que no me comieras las tetas, vale que no sepas comer un coño, vale que no sepas comer un culo, lo que no vale es que me estés dando por culo en el mal sentido de la palabra.

    Aníbal se dio la vuelta y se puso bravo.

    -¡No me vengas con hostias! ¡¡O me dices quien o quienes gozaron de ti o coges tus cosas y te vas para tu casa!!

    Isabel no se creía lo que estaba oyendo, se sentó en la cama y le preguntó:

    -¡¿Ahora?!

    Le respondió el macho cabrío.

    -Sí, ahora mismo.

    -Pues me voy. Mal negocio hice al casarme contigo.

    Aníbal se fue para la sala. Al rato largo pasó Isabel por delante de él con una maleta en la mano y le dijo:

    -Si recapacitas sabes donde estoy, Aníbal.

    -Si estás dispuesta a confesar sabes donde estoy, Isabel.

    La casa de Aníbal, casa que le dejara en herencia su padre antes de morir, estaba en la misma aldea que la del padre de Isabel.

    Isabel caminó por un camino de tierra iluminada por las bombillas de los postes de la luz hacia la casa de su padre. Se cruzó con un par de perros callejeros y media docena de gatos que la miraron con indiferencia. Eran casi las dos de la madrugada cuando llamó a la puerta. Tobías le abrió en calzoncillos y a pecho descubierto. Al verla se le puso cara de tonto.

    -¡¿Qué te pasó?!

    -¿Me dejas entrar en casa o no?

    Tobías se hizo a un lado. Isabel entró en casa y el hombre cerró la puerta. Poco más tarde, sentada en una silla de la cocina terminaba diciéndole a su padre:

    -… Y cómo puedes imaginar no le iba a decir que eras tú el que me comía el culo y el coño y quien me aprendió a mamar una polla.

    Aníbal, que se había echado un vaso de vino tinto de una botella que dejara a medias, se lo bebió de un trago, limpió la boca con el dorso de la mano, y le dijo:

    -Voy a ser sincero. Me alegra que lo dejaras.

    -Eres un egoísta.

    -Que quieres, no me gusta estar solo.

    A la mañana siguiente Isabel se levantó para orinar. Vestía una enagua azul transparente e iba sin sujetador ni bragas. Al llegar al aseo se encontró a su padre en calzoncillos con la cara enjabonada y a medio afeitar, le dijo:

    -Buenos días, Tobías.

    Tobías miró para su hija y vio que no llevaba nada debajo de la enagua.

    -¡Muy buenos días, Isabel! ¿Qué tal pasaste la noche?

    -Me quedé dormida esperando a que vinieras a darme una visita.

    Levantó la enagua y se sentó en la taza. Tobías sintiendo el ruido que hacía el meo de su hija dentro de la taza, le dijo:

    -Creí que no tenías ganas de fiesta.

    -Creíste mal. Tenía y tengo ganas de una lengua experta entre mis piernas.

    -Eso tiene fácil solución.

    Isabel se limpió el coño con papel higiénico, bajó la enagua, le echó la mano a la polla a su padre, y le dijo:

    -Lo sé, papá, lo sé.

    La polla de Tobías reaccionó al contacto de la mano poniéndose dura. Isabel le dijo a su padre.

    -Conoce mi mano.

    -Y tú boca.

    Isabel sonriendo le bajó el calzoncillo. Vio la polla tiesa, se puso en cuclillas le dio un beso en el glande, lo metió en la boca y se lo mamó al tiempo que le meneaba el tronco con su mano izquierda. Tobías, a medio afeitar y con los calzoncillos en los tobillos miraba cómo su hija se la mamaba.

    -Pensé que no me lo ibas a hacer más.

    Isabel machacándole la polla lo miró a los ojos y le dijo:

    -Aunque vuelva con Aníbal seguiré follando contigo, no quiero que otra mujer ocupe mi lugar.

    La mano de Isabel voló de arriba abajo y de abajo a arriba hasta que de la polla comenzó a salir leche. Isabel apretando y soltando la polla por la base le lamió el frenillo hasta que salió el último chorro, después la metió en la boca y la mamó entera.

    Al acabar se levantó y se limpió la mano a una toalla. Tobías se agachó detrás de su hija. Isabel se quitó la enagua. Tobías le magreó las nalgas cómo si fueran tetas y le lamió el culo. Isabel le dijo:

    -¡Me encanta!

    La lengua de Tobías lamió el ojete con ganas atrasadas y con ganas atrasadas se lo folló con la lengua… El coño de Isabel ya estaba encharcado cuando su padre la puso cara a él. En el primer recorrido lamió su raja despacito, la lamió de abajo a arriba con la puntita de la lengua sin llegar a profundizar y sin legar al clítoris, en el segundo lamió metiendo la puntita entre los labios vaginales y ya rozó el clítoris… Fue metiendo la lengua entre sus labios cada vez un poquito más al fondo y acababa lamiendo su clítoris haciendo círculos… Conocía a su hija. Su respiración y sus gemidos le iban a decir cuando se iba a correr, y se lo dijeron, se lo dijo su respiración, sus gemidos y se lo dijo ella:

    -¡Me corro, papá!

    Isabel entre gemidos y convulsiones le llenó la boca a su padre con los jugos de una corrida brutal.

    En la casa de Aníbal también se cocían habas. Su madre sentada en el borde de la cama donde había estado Isabel, le decía:

    -Tienes un problema, hijo, a una mujer hay que saber satisfacerla en la cama.

    -Isabel no es una mujer normal, es una puta.

    Carmen le habló claro.

    -La mujer que no es puta en la cama no es mujer, y el hombre que no la hace gozar no es hombre.

    Las palabras de su madre hicieron mella en él. Aníbal, que estaba tapado con una sábana, se destapó. Carmen vio su polla erecta, una polla de lo más normal.

    -Dime que tiene que hacer esta para que una mujer se corra.

    Carmen al ver la polla se puso en pie y le dijo a su hijo:

    -Tápate.

    -¿No me vas a ayudar?

    -Una madre no puede ayudar a un hijo en esas cosas. A no ser…

    -¿Qué?

    -Pilar, Lucía, Moncha, Lola o Mercedes. ¿Cuál te gusta más?

    -¿Para qué?

    -Las cinco les meten los cuernos a sus maridos con hombres más jóvenes que ellas. Cualquiera de ellas te podría enseñar todo lo que tienes que saber para hacer gozar a una mujer.

    -No quiero que me enseñe un puta, quiero que me enseñes tú, mamá. Estás más buena que ellas.

    A Carmen se le escapó una sonrisa.

    -No digas tonterías, soy una vieja al lado de ellas.

    -¡Ya quisiera cualquiera de tus amigas estar tan buena cómo tú! ¿Me vas a enseñar?

    -No, no sería apropiado.

    -Entonces dime. ¿Se pasa la lengua por el coño?

    -No voy a hablar de esas cosas contigo. Pensar en la lengua de mi hijo en mi coño subiendo y bajando me da repelús.

    -Entonces es que se pasa. ¿Se pasa también por el culo?

    -Sí, se pasa, pero hay que saber hacerlo, hijo, y yo no te voy a enseñar.

    -Pues yo puedo imaginar mi lengua en tu culo haciendo lo que me mandases hacer.

    Carmen hacía cinco años que no tenía una polla entre sus piernas y su coño se empezaba a mojar. Viendo que se podía perder, le dijo:

    -Me voy que tengo hora en la peluquería.

    Aníbal era cómo un martillo pilón.

    -¿Volverás y me aprenderás cosas guarras?

    -¡Qué pesado! Ya te dije que no, una madre no le enseña a hacer esas cosas a su hijo.

    Aníbal se iba a jugar el todo por el todo y que pasase lo que tuviese que pasar. Se levantó de la cama, agarró a su madre por la cintura, le apretó la polla empalmada contra el culo y le besó el cuello. Carmen le dijo:

    -Déjame, Aníbal, déjame.

    Aníbal le cogió por los pelos, tiró hacia atrás y le comió la boca mientras su polla chocaba una y otra vez con el culo de su madre. Luego la mano que tiraba de su cabello dejó de tirar y le magreó las tetas. Carmen siguió con la cabeza echada hacia atrás para que su hijo le siguiese comiendo la boca.

    -Enséñame, mamá.

    -No estaría bien.

    Aníbal le hizo el macho.

    -Me vas a enseñar por las buenas o por las malas.

    Carmen no conocía a su hijo.

    -Tú no eres así, déjame.

    Le levantó el vestido, le bajó las bragas, volvió a subirle el vestido y metió la polla entre sus piernas. Su polla se mojó al rozar los labios vaginales.

    -Estás muy mojada, mamá.

    Carmen hizo cómo si no lo oyera:

    -Déjame ir, Aníbal, déjame ir.

    Aníbal hizo que su madre se inclinase y le clavó la polla en el coño.

    -Estás violando a tu madre, hijo, la estás violando.

    Aníbal le dio leña de roble, leña de la buena y Carmen, en nada, se corrió en silencio. Aníbal ni se enteró de que su madre se había corrido y eso que le baño la polla bien bañada y el coño le apretó la polla varias veces.

    Después de correrse, sintiendo la polla de su hijo latir dentro del coño, le dijo:

    -No te corras dentro que puedo quedar preñada.

    Aníbal sacó la polla. Carmen se incorporó y Aníbal se corrió entre sus labios vaginales, Carmen casi se vuelve a correr sintiendo la leche calentita en su coño y sintiendo después cómo le bajaba por las piernas.

    Aníbal al acabar de correrse volvió a la cama y se tapó con la sábana.

    Carmen, que era una mujer alta, de cabello negro y corto, morena, ni gorda ni flaca, con buenas tetas y buen culo, yéndose de la habitación, le dijo:

    -Nunca pensé que abusarías de mí, hijo.

    -Perdona, mamá, pero estás tan buena…

    Un par de minutos más tarde volvió Carmen a la habitación. Sin decir una palabra se desnudó delante de su hijo… Aníbal vio sus grandes y decaídas tetas moverse hacia arriba y hacia abajo al caminar hacia la cama. No se fijó en su pequeña barriga ni en sus michelines, se fijó en la tremenda mata de pelo negro que rodeaba su coño. Carmen se metió en cama, se abrió de piernas, y le dijo:

    -Te voy a enseñar a hacer gozar a una mujer, pero que conste que solamente lo hago para salvar tu matrimonio.

    Mentía con descaro, pero Aníbal la creyó.

    -Gracias, madre.

    Carmen fue al tema.

    -Mete la cabeza entre mis piernas y besa, lame y chupa donde y cómo yo te diga.

    Aníbal fue y lamió su coño cómo le dijo, de abajo a arriba con la punta de la lengua, de abajo a arriba apretando su lengua contra el coño… Besó, chupó y lamió su clítoris, folló su coño con la lengua, y cuando su madre levantaba el culo lamía y follaba su ojete y su periné… Hizo todo cómo su madre le ordenó. Cuando Carmen ya no pudo más, le preguntó:

    -¿Quieres ver cómo se corre mamá, hijo?

    -Sí.

    -Aprieta tu lengua contra mi coño.

    Aníbal apretó la lengua en su coño. Carmen moviendo el culo de abajo a arriba, de arriba a abajo, hacia los lados y alrededor busco el orgasmo y lo encontró. Corriéndose en la lengua de su hijo, le dijo:

    -¡¡Así se corre una mujer!!

    Aníbal sintió cómo el culo de su madre temblaba entre sus manos, sintió sus gemidos de placer y sintió cómo su boca se iba llenando de jugos espesos y calentitos.

    Carmen al acabar de correrse se sentó sobre la cama y le dijo:

    -Échate boca arriba sobre mis rodillas que quiero ver si te gusta lo mismo que le gustaba a tu padre.

    Aníbal hizo lo que le dijo. Carmen mojó el dedo medio de la mano derecha con saliva, se lo metió dentro del culo y se lo folló. Con la otra mano lo masturbó a la misma velocidad que entraba y salía el dedo del culo. A Aníbal le gustó una barbaridad, tanto le gustó que al ratito de su polla comenzó a salir leche, leche que pringó la mano de su madre.

    Al acabar de correrse y quitarse su hijo de encima lamió la leche de su mano. A cada lamida besaba a Aníbal con lengua. Su idea era convertirlo en un cerdo y lo estaba consiguiendo. Carmen ya se entregó a la causa.

    -¿Qué quieres que te enseñe ahora, hijo?

    -A comer unas tetas.

    En la otra casa Tobías, que era un cincuentón, moreno y de estatura medianas estaba en pelotas en la cama de su hija. Arrodillado detrás de ella le lamía el coño y el culo, Isabel le dijo:

    -Tú sí que sabes, papá.

    Tobías dejó de comerle el coño y el culo, se puso boca arriba, y le dijo:

    -¿Quieres correrte en mi boca?

    Isabel no le contestó, se abrió de piernas encima de él y le puso el coño en la boca. Tobías sabía cómo le gustaba a su hija, sacó la lengua, le echó las manos a la cintura y dejo que ella se moviera a su aire. Al principio aplastaba la lengua con el coño y movía la pelvis despacito de atrás hacia delante y de delante hacia atrás, tiempo después levantó el culo y metió y sacó la lengua de su coño cómo si estuviera metiendo y sacado una polla, luego volvió a aplastar la lengua con el coño y movió la pelvis de delante hacia atrás y de atrás hacia delante cada vez más aprisa hasta que dijo:

    -¡Me corro, papá!

    Levantó el culo. Tobías le metió la puntita de la lengua en el coño. El coño abriéndose y cerrándose descargo una inmensa corrida, corrida que fue bajando por los lados de la lengua y cayendo en su boca.

    Al acabar le lamió el coño y el culo. Isabel se quedó quieta mientras lo hacía. Cuando se movió fue para poner la polla en la entrada del ojete, luego fue bajando el culo hasta que la polla le llegó al fondo. Acto seguido folló a su padre hasta que sintió como la polla latía dentro de su culo. En ese momento se quedó quieta de nuevo y mirando la cara de placer de su padre sintió cómo su corrida le llenaba el culo de leche. Ya estaba cachonda de nuevo. Antes de que se le bajara la metió en el coño y le dio caña de la buena, tan buena fue que no tardó en correrse, pero no en la polla de su padre, ya que la quitó, le puso el coño en la boca y se lo volvió a frotar contra la lengua hasta que echó la cabeza hacia atrás, y exclamó.

    -¡Traga, papá, traga!

    Tobías tragó hasta la última gota.

    En la otra casa la que bebía era Carmen, bebía una corrida brutal después de que su hijo le quitara la polla del culo y se la metiera en la boca.

    Una semana después se reunieron para hablar Aníbal e Isabel. En la sala de estar, tomando un café, le decía Aníbal:

    -… Y La gente nos critica.

    -¿Qué dice?

    -Que yo no puedes vivir lejos de las faldas de mi madre ni tú lejos de los pantalones de tu padre.

    -Que critique, pero por eso no creo que me mandaras llamar

    -No, te llamé porque quiero que vuelvas conmigo.

    Isabel puso las cartas boca arriba sobre la mesa.

    -No hay confesión que hacer y no creo que dejaras de ser celoso de un día para el otro.

    -No quiero saber nada de tu pasado, quiero vivir el presente contigo. y respecto a los celos, celoso lo seguiré siendo mientras te quiera,

    -Yo te quiero y no soy celosa.

    -No me querrás tanto como yo a ti.

    -Porque tú lo digas. Yo a ti te la mamé y tú a mí…

    Aníbal ya entró a matar con su esposa.

    -¿Quieres que te coma el coño?

    A Isabel se le alegró la cara.

    -Hombre, si dejas que te guíe…

    -No me hace falta.

    -¿Cómo me lo comería?

    – Antes te comería a besos- la besó-. Te comería las tetas -le magreó las tetas-. Te comería el culo…

    Isabel sacó las uñas.

    -¡¿Quién te enseño a hacer eso?! ¿Con quién me engañaste?

    -¿Pero tú no decías que no eras celosa?

    Isabel parecía una gata rabiosa.

    -¡No me cambies de tema! ¿Quién te enseño?

    -Me lo explicó mi madre.

    Lo miró cómo quien mira a un bicho.

    -¡¿Te follaste a tu madre?!

    Aníbal tenía que mentirle.

    -No seas bruta. Me explicó cómo se hacía.

    Isabel no se tragaba la mentira.

    -Una madre no explica esas cosas.

    -Lo hizo para salvar nuestro matrimonio, y le costó hacerlo, no creas que me fue fácil convencerla para que lo hiciera.

    Ahora sí que se tragó el cuento.

    -Debió costarle, debió, pues habrá que saber cómo te lo explicó y a ver si lo salvamos.

    Isabel que vestía una blusa blanca y una falda negra que le daba bastante más abajo de las rodillas se levantó para ir a la habitación. Aníbal fue a su lado, la cogió por la cintura y se besaron con lengua, después entre beso y beso, él le desabotonó a ella la blusa y ella a él la camisa. Al estar ella en sujetador y él a pecho descubierto le quitó el sujetador. Sus manos cogieron las tetas por debajo y les metió unos magreos y unas mamadas que le dejó los pezones tiesos y duros cómo clavos. Isabel se quitó la falda y las bragas, Aníbal se quitó los zapatos, los pantalones y los calzoncillos. Su polla empalmada apuntaba al coño mojado de Isabel. Le levantó la pierna izquierda y se besaron con lengua, después Aníbal bajó el culo y al subirlo le clavó la polla de una estocada. Isabel rodeaba el cuello con sus brazos, apretaba sus tetas contra el pecho de su marido y comenzaba a gemir. Dándole caña de la buena por los muslos de Isabel bajaban regueros de jugos. Su coño lubricaba una cosa mala, parecía un lago que se desbordaba. Le diera con el punto y gozaba cómo una perra. A Isabel le hubiese gustado estar así durante horas, pero llegó un momento en que su coño no pudo más, y ella menos.

    -¡Me voy a correr, Aníbal!

    Le quitó la polla y le bajó la pierna. Isabel le dijo:

    -¡No!

    Aníbal se agachó y su lengua lamió su coño empapado. Isabel exclamó:

    -¡Síííí!

    Sintiendo la lengua de su marido lamer su coño, le agarró la cabeza con las dos manos, apretó la boca contra su coño y movió la pelvis para que la lengua lo recorriese todo, en nada le dijo:

    -¡Me corro, Aníbal!

    Aníbal recibió en su boca la corrida de su esposa mientras Isabel gemía y se convulsionaba.

    Al acabar le lamió el coño bien lamido, después le dio la vuelta, le abrió las nalgas con las manos y le lamió y folló el ojete antes de levantarse y frotar su polla contra él… Después se la fue clavando al tiempo que le magreaba las tetas. Isabel apoyó las manos en la pared y disfrutó de cada milímetro de clavada. Aníbal le preguntó:

    -¿Te gusta?

    -Sí, mucho.

    Cuando la polla llegó al fondo del culo Aníbal se corrió cómo un pajarito. Isabel, que hasta ese momento estuviera quieta, comenzó a mover el culo hacia atrás y hacia delante. Sentía que a poco más que le follara el culo se iba a correr, le dijo:

    -No la quites.

    Aníbal la cogió por los pelos, tiró hacia atrás y comiéndole la boca le folló el culo a romper. Isabel no tardó en correrse, y al hacerlo comenzaron a temblarle las piernas y de su coño salió una cascada de jugos. Unos cayeron al piso y otros bajaron por el interior de sus muslos.

    Al acabar de correrse, Aníbal le quito la polla del culo e Isabel se dio la vuelta. Su sorpresa fue grande cuando vio que su marido se volvía a agachar y le lamía los jugos de su pierna izquierda, tiraba de ella y la echaba sobre el piso de madera., lamía el otro muslo y después metía coño y pelos en la boca para luego enterrarle la lengua dentro, Isabel le dijo:

    -Me vas a matar de gusto, ladrón.

    -Eso pretendo.

    Le puso las piernas sobre sus hombros, la levantó poniendo las manos en su cintura y le devoró el coño a lamidas lujuriosas…. Isabel cuando sintió que se iba a correr trató de aferrarse a algo, pero sus dedos se toparon con la madera del piso. Se arqueó más de lo que estaba y arañando la madera, le dijo:

    -Me voy a correr, Aníbal.

    Aníbal le quitó las piernas de los hombros, la agarró por las nalgas, la levantó un poco y le clavó la polla en el coño de un zurriagazo, a ese zurriagazo le siguieron unos cuantos más. Isabel con los ojos cerrados se corrió cómo una fuente. Aníbal la sacó del coño, metió el glande dentro de su culo y se lo llenó de leche… Al acabar sacó la polla del culo y miró para su esposa, la vio preciosa, con la cabeza de lado y los ojos cerrados. Parecía la Bella Durmiente, le dijo:

    -No abras los ojos, no hagas nada, solo disfruta.

    Con el dedo pulgar de la mano derecha echó hacía atrás el capuchón del clítoris. El glande, del tamaño de un guisante, quedo a merced de su lengua. Lo lamió con la puntita, lentamente. Cada vez que lo lamía sentía como latía. Mojó los dedos anular e índice en los jugos de su coño y después le metió el índice en el ano, el anular en la vagina y le folló los dos orificios con ellos mientras su lengua hacía estragos en el clítoris Al rato el ojete y la vagina apretaron su coño e Isabel se corrió copiosamente. Desbordó en su boca y Aníbal se tragó su corrida. Estaba tan excitado, tan ansioso de hacer feliz a su mujer que ni cuenta se dio de que Isabel había dejado de gemir. Cuando quitó los dedos de su ano y de su vagina y miró para ella vio que sonreía, sonreía pero había perdido el conocimiento. Aníbal se llevó un buen susto, susto que le pasó un par de minutos más tarde, cuando Isabel abrió los ojos y le dijo:

    -Quiero más de eso que me has dado.

    Aníbal tenía mucho tiempo de su vida para dárselo, a ella y a su madre, e Isabel para gozar de su marido y también de su padre, ya que eran cornudo él y cornuda ella.

    Quique.

  • Nuevamente atrapado

    Nuevamente atrapado

    Me acostumbré a usar calzones. Para mi ahora es normal porque representan mi verdadera naturaleza…

    El miércoles pasado, me llamaron para invitarme a ver una película en pantalla gigante en casa de un amigo nuevo. Él es un artesano que conocí en la tienda donde comercializan nuestros productos. Nos quedamos de encontrarnos en su casa este miércoles al anochecer y de ahí partir al lugar de la invitación.

    Mi amigo artesano se llama Javier. Es de estatura normal, de unos 35 años, soltero y muy divertido. En muy pocas ocasiones nos hemos visto, creo que simpatizamos naturalmente. Pero, he notado que lo que más le gusta de las mujeres es su trasero. Cada vez que pasa una mujer, se fija en su culo y como se mueve… Y siempre dice: «está rica para montarla». Cada vez que él hace eso de mirar y expresar sus palabras, aprovecho el momento de mirar sus entre piernas, y me he dado cuenta disimuladamente, que tiene un buen bulto escondido en sus pantalones de mezclilla. Eso me excita y me vuelve de inmediato la necesidad de sentirme hembra. Me he convencido por los escasos momentos que hemos compartido, que Javier o es muy caliente o está escaso de cariño.

    ¡Bueno ese era el dilema que daba vueltas en mi cabeza hasta antes de ver la película!

    Juntos con Javier, partimos a la casa del anfitrión de cine.

    En la sala acomodada, había unas 10 personas. Todos eran hombres de edades entre 25 y 40 años. De inmediato, me di cuenta que era cine erótico. Muchos se conocían entre ellos, eran amigos. Sólo 3 más Javier, eran amigos del dueño de casa. Yo, no conocía a nadie más que mi amigo. Nos saludamos y compartimos palabras y copas.

    Lo más novedoso es que no llegó ninguna mujer ni tampoco salió ninguna mujer en la pantalla. Fue cine erótico de machos con travestis afeminados. Eso me hizo sentirme apetecible y seguro de mi condición y deseos.

    Exclamaciones eufóricas como: ¡Pártela, a esa perra! o ¡Dale duro a esa putita, cabrón!, me estremecieron, provocando deliciosas ganas…

    Por fin terminó la función y después de la algarabía y tragos, se fueron en grupos de la casa. Sólo quedamos, el dueño de casa, Javier y yo. Ahí, me percate que ellos eran muy amigos. Jorge, el dueño de casa se notaba muy contento y extremadamente excitado. En un momento, algo se susurraron a los oídos, me hice el desentendido en busca de una copita. Tenía sed de todo…

    En esas ocasiones, los hombres perciben lo que se trata de ocultar. Cuando volví, ya estaban de acuerdo porque Javier, me abrazó tiernamente diciendo: él es un amigo especial muy sensible y lo invite para que lo conocieras. Después de algunas palabras, nos fuimos al dormitorio. Me desnudaron, mientras mi cuerpo tiritaba ansioso. Mis calzones celestes saltaron por el aire como palomita mensajera con buenas noticias.

    Prácticamente me asaltaron en la cama como dos pervertidos delincuentes sexuales. Comenzaron a repartirse mi cuerpo como un territorio recién conquistado. Javier, que tenía algo de más confianza, me tomó de la cintura y me puso de rodillas con las piernas abiertas al borde de la cama, me dio unas fuertes palmadas en las nalgas y dijo: ¡por fin este culo me lo voy a comer! Yo sabía que ese era su plato favorito… Mientras tanto, Jorge jalaba su verga enorme en mi boca, atragantándose por su volumen y dureza, sin embargo, sentía sus palpitaciones porque desesperadamente me agarraba con sus dos manos con fuerza el pelo para que no me escapara de sus caprichos…

    ¡No tenía otra opción que entregarme!

    Javier, volvió a golpear mis nalgas con más fuerza, el aullido no pudo escapar completamente. Mojó bien mi trasero acariciándolo y enseguida lo embistió dando el primer empujón, sólo otro grito mío logró. Necesitaba intentarlo otra vez y eso lo hizo con más empuje, pero otro grito más fuerte ocurrió, aunque mis nalgas aflojaron un poco. Desesperado, volvió a golpear con sus palmas diciendo: ¡Tendrás que ser mío, puta caliente! Yo, no pude contestarle afirmativamente porque tenía la boca llena de placer. Pero, me arrepentí enseguida de esa afirmación silenciosa cuando dio el siguiente empujón… Fue como si me hubieran partido en dos mitades. El grito retumbó en todo el dormitorio. ¡En esos momentos de martirio, odié a todos los hombres de la tierra!

    Después de esos instantes de arrepentimiento, llegó dulcemente la recompensa. Comencé a sentir en todo el cuerpo, las delicias maravillosas del placer sexual. Mi cuerpo se agitaba moviéndose sin control alguno, y los gemidos repetidos e incansables lo confirmaban más y más. Sentí, que nos elevamos el uno pegado al otro más allá del dormitorio, las estrellas revoloteaban a nuestro alrededor, acariciando nuestros cuerpos sudados con el extraño y especial perfume de los deseos…

    De pronto, varios chorros de néctar caliente, estaban atrapados en mi boca sin poder salir. Comencé a tragarlos todos. Agarrado fuertemente con mis brazos a la cintura de Jorge para no perder el equilibrio, deseaba tragar más. Pero él se detuvo. Luego, comenzó lentamente a moverse en forma circular, y retrocediendo un poquito lo empujaba como bestia enloquecida produciendo arcadas en las profundidades de la boca que podía soportar con alguna dificultad. Él también, necesitaba entregarme más néctar preparado en sus entrañas para que pudiera beber y saciar mi sed. Entonces, consciente de ello, apresuró su trabajo mientras con mis brazos lo atraía hacia mí para que no escapara cuando más lo deseaba… Eso hicimos naturalmente sin previo aviso… Se derramó con todo lo que quedaba dando un alarido de placer intenso… Con espanto lo bebí a borbotones, saciándonos. ¡Eso es lo que más le gusta a los hombres! Le había dado el placer que necesitaba y él me hizo feliz bebiendo.

    Javier, galopaba apegado a mi espalda, con sus dedos apretados a mis pezones que estaban hinchados mientras feliz movía mi culo como puta experimentada. El dolor se había evaporado cuando estábamos suspendidos en los cielos. No había ninguna restricción para que saliera y entrara todas las veces que quisiera… Yo me estremecía con cada movimiento que hacía, lanzando orgasmos interminables, hasta que se derramó con todo lo que había acumulado sin que pudiera evitar de parte mía un intenso grito de hembra satisfecha…

    ¡Esto explica, quizás, porque los hombres se juntan a ver esas películas!

    Me fui con Javier a su casa, ya era tarde para devolverme a la mía. Ahí, volvimos a saciar las ganas. Me montó a su regalado gusto, sin ninguna oposición mía. Con él, fui obediente en todo. Me sometí a sus deseos más primitivos. El dilema que daba vueltas en mi cabeza fue resuelto: Es caliente… y muy caliente.

    Me sentí hembra a cada segundo, mientras fui suya, infinitamente suya… hasta el amanecer cuando cantan los gallos.

  • Fui puta por un día

    Fui puta por un día

    En un momento de mi vida, estando soltera tuve muchos amigos, que me visitaban durante el día para darme sus caricias y besos; y siempre terminaba igual… teniendo sexo salvaje en cualquier lugar y en una diversidad importante de posiciones sexuales.

    Fue un tiempo en que me divertí mucho, conocí muchos hombres y mujeres, muchas bocas, muchos cuerpos desnudos.

    Entre esos compañeros sexuales conocidos en mis años de lujuria, entable una especie de relación con un chico.

    Tuvimos muy buen sexo, el mejor hasta ese momento.

    Él era súper creativo, me regala diferentes atuendos, y propone juegos.

    Una tarde al volver de trabajar encontré sobre mi cama un regalo.

    Y con una sonrisa pícara abrí esa caja.

    Reconocía ese tipo de regalos.

    Al abrirlo descubrí que dentro contenía un ambo blanco con sus medias de red al tono y una tarjeta con la propuesta del juego impresa, escrito en letras negras-: Juego: sos una masajista profesional y fría y yo el paciente caliente.- decía.

    Era súper divertido.

    Durante el primer verano juntos nos tomamos unas vacaciones juntos y caminando por la playa, me propuso el juego más caliente, erótico y divertido de todos.

    Me dijo que había observado las miradas que los hombres le propinaban a mi exquisita cola y pensó porque solo conformarse con mirar si también se podía tocar. Solo había que ponerle un precio.

    Te propongo, me dijo, que seas prostituta por un día.

    La idea me encantó!!! Pero necesitaba poner algunas reglas para mi seguridad, y confort.

    “Yo no quiero ser prostituta, quiero ser puta”.

    Creo que a la prostituta se le paga por hacer lo que el otro quiere.

    A la puta se la paga para que haga lo que sabe hacer, lo que le gusta hacer.

    Yo quiero ser puta, quiero hacer todo lo que me gusta, dominar la situación. Ser el ama del momento.”

    Esa noche fuimos a tomar un trago a un bar, vi un muchacho que me gustó y se lo indiqué a mi chico.

    Tome un trago para que me de coraje y me encamino hacia la barra para encarar al muchacho.

    La adrenalina que el juego me producía me excitaba mucho.

    Cuando me acerque desfachatadamente, le pregunté si quería ser mi primer cliente sexual, le dije que era también mi primera vez, y que estaba igual de nerviosa que él, y que si le gustaba la propuesta le pasaba la dirección del hotel. Obviamente su respuesta fue un contundente SÍ.

    Volvimos al hotel y esperamos a que mi cliente llegara.

    Preparamos el ambiente, con música y tragos…

    Mi cliente llegó y mi chico lo recibió ofreciéndole tomar asiento, mientras le ofrecía algo de tomar. Mientras yo, en el baño, me miraba en el espejo buscando en él a la loca que habitaba en mí y me preparaba para jugar.

    Abrí la puerta del baño totalmente dispuesta a todo y creyéndome mi personaje.

    Al vernos nos gustamos. Él se puso de pie de inmediato. Estaba muy nervioso lo note al acercarme, por su espalda, apoyé mis manos en sus hombros y noté su cuerpo temblar.

    Yo estaba igual de nerviosa, no era mi primera vez con dos hombres pero sí lo era siendo puta.

    Nos encontramos con un beso suave, como pidiéndonos permiso.

    Y comenzamos a conocernos.

    Supe su nombre, Pablo, y que estaba muy nervioso.

    Con mi mano entre sus jeans note el efecto que los nervios provocaban en su miembro flácido.

    Algo dentro mío se encendió y supe que era el momento de demostrar que tan puta podía ser.

    Le quite la ropa y le dije -quedate tranquilo, déjame trabajar. Te cobro la mitad ahora y la mitad al terminar de acuerdo?

    Solo asintió con la cabeza y depositó algo de dinero sobre la mesa.

    Coloque en mi boca una pastilla de mentol y me arrodille frente a él, que estaba parado frente a mí y más relajado. Introduje su pene en mi boca, y jugué con la punta de mi lengua de un lado al otro, distribuyendo el mentol por el pene.

    Introduje todo el pene, hasta llegar a mi garganta y lo sostuve con mis manos con fuerzas, jugaba con movimientos rápidos, y los combinaba con movimientos suaves y lentos. Colocando mis manos en su trasero, me pongo de pie, su pene estaba erecto, bien duro.

    Y de pie frente a él, mirándolos a los dos les digo -Yo soy la puta acá. Hago lo que me gusta. No recibo órdenes. Dejame trabajar y relájate.

    El muchacho explotaba, solo quería que siga con lo que tenía pensado hacerle. Mi chico me miraba divertido. Al verlo tan atento, lo invitamos a participar. Se pone de pie. Yo hago lo mismo.

    Mi cliente exhalaba placer.

    Cruzamos miradas pícaras entre los tres y casi instintivamente comenzamos.

    El cliente seguía parado, mi chico acompañaba con su mano mi movimiento con su mano apoyada sobre mi nuca. A mi lado. Luego se reclina y me tomó suavemente de la cadera y me ayuda a ponerme de pie, quedando mis piernas rectas, abiertas, exponiendo mi vagina y me penetra, acompañando mis movimientos orales.

    El ambiente estaba cada vez más caliente, el juego nos había excitado a los tres, éramos fuego puro, nuestra sangre hervía.

    Llegamos los tres al orgasmo juntos. Fue muy fuerte y ardiente la experiencia.

    Los muchachos depositaron el dinero restante sobre la mesa.

    Mi hermoso y joven primer cliente se despidió sonriente con un beso y se fue.

    Mi chico asombrado y complacido decidió tomar una siesta.

    Yo, por el contrario, me duche, sola y me masturbe recordando mi desempeño en el desafío propuesto…

    Salí de compras durante toda la mañana a gastar el dinero que había ganado la noche anterior.