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  • Me enfiesté sin quererlo

    Me enfiesté sin quererlo

    Cuando hace dos años fui a pasar unos días a la quinta de mis tíos no pensé que mi vida iba a cambiar tanto en tan pocas horas. Faltaba poco para terminar el año en la Facultad e iba a aprovechar para terminar de preparar una de las últimas materias que me faltaban para recibirme.

    Como ellos no usaban la quinta, y siempre me la ofrecían me decidí y fui. Llegué con mi auto el viernes a la tarde con un bolso de ropa, algunas cosas de supermercado y nada más. La ropa que llevaba eran solamente joggings ya que era el comienzo del otoño, para pileta no daba, y como no iba a salir… Cene y me fui a dormir.

    Al levantarme desayuné y me puse a leer uno de los libros de la materia. Estaba en eso, cuando veo que el auto de mi primo entra a la quinta.

    Nacho tiene 29 años, tres más que yo, es profesional, y de bastante pinta. Con el venían dos chicas y otro flaco, supongo que de la misma edad que Nacho, y también muy lindo. Las chicas, era evidente que venían de fiesta.

    Salí de la casa y la cara de sorpresa de Nacho fue para fotografiar. Las chicas se quedaron duras previendo un problema en puerta.

    “Hola primo, que sorpresa verte por acá.” Dije.

    “Bianca, uf, si una sorpresa para los dos, por lo que veo.” Y me tomó del brazo para hablar separados del resto.

    “La puta madre, los viejos ni me dijeron que venías, por eso vinimos con estas locas. No te calientes, ya nos vamos.” Dijo apenado.

    “Nacho, tranqui. Escuchame, a mí no me calienta lo que hagas, mientras no me metas en problemas. Habitaciones hay suficientes, enfiéstate tranquilo.” Le dije.

    “No flaca, no te quiero joder. Veo que estas estudiando, en serio, nos vamos.”

    “Boludo, ¿tenés vergüenza de divertirte con tu prima en la casa? Te recuerdo que soy solo tres años menor. Y algunas carreras tengo…”

    “Gracias Bianca, te debo varias, no una.” Dijo feliz.

    “Chicos, la genia de mi prima no tiene dramas que nos quedemos, solo que no quiero que le rompamos las pelotas porque está estudiando.” Le dijo al grupo.

    “Flaca, prendo el hogar para que caliente un poco el clima.” Me dijo sonriendo y guiñando un ojo. No pude dejar de sonreírme.

    Me fui a mi cuarto, y con los auriculares tapaba las risas que venían del living. Me quedé sin salir del dormitorio que por suerte tenía baño en suite, hasta el anochecer.

    Cuando pasé por el living una de las chicas se desvivía por chupar la pija de Nacho, que por cierto estaba muy bien dotado, mientras masturbaba al otro.

    Llegué a la cocina y la otra chica estaba preparando pizzas solo con la tanga. Me miró y me dijo:

    “Hola prima, Nacho me dijo que prepare pizzas para los cinco, porque segura te prendías.”

    “Ok, te ayudo.” Le dije.

    La chica tenía muy buen cuerpo. Flaca, de buenas tetas y culo. Un poco más alta que yo. Sin querer, empecé a sentir un poco de calor cocinando al lado de ella casi desnuda.”

    Un rato después, avisamos que ya estaban las pizzas y las llevamos a la mesa. Nacho y el amigo, seguían desnudos, y así se sentaron a la mesa. La chica que les chupaba la pija, fue al baño y volvió con una tanga puesta. Yo era la única “desubicada” que estaba vestida.

    “Bianca, no te presenté a Fredy, mi amigo.”

    “Hola.” Le dije. El flaco se paró vino hasta mí, y me dio un beso en la mejilla, con su lingo pene bamboleando.

    Las indirectas y directas iban y venían entre las dos parejas. Yo comía sin meterme hasta que Fredy habló:

    “Bianca, si querés y te aburrís de estudiar, podes integrarte al grupo.”

    “Bestia, es mi prima. Cortala.” Dijo Nacho.

    “Pero está fuerte la pendeja.” Dijo Fredy.

    “Gracias por lo de pendeja, pero por ahora, no me apetece.” Dije guiñándole un ojo a Nacho.

    Cuando lo miré a Fredy, me clavó una mirada tremenda. En un segundo me mojé por completo. Durante lo que restaba de la cena, no dejó de perseguirme con su mirada.

    Cuando terminamos de cenar, me fui a acostar y aprovechando que había silencio me dormí profundamente. En un momento mi sueño caliente donde era penetrada sin piedad y gozaba como perra, y un par de manos me acariciaban todo el cuerpo se fue haciendo cada vez más vivido.

    Abrí los ojos, y la chica que estaba cocinando conmigo, me acariciaba todo el cuerpo y su boca se dirigió a mis pechos cuando vio que abrí los ojos. Sentí que alguien estaba a mi lado y giré la cabeza. Su pija parada estaba a la altura de mi cabeza. Él se masturbaba mientras miraba a la chica acariciarme. Negándome pero sin poder frenarme, me fui excitando.

    “Andate.” Le dijo Fredy a la chica. Y se metió en mi cama. Tratando de escapar sin mucha convicción le di la espalda. El me atrajo hacia él y me comenzó a besar el cuello. Con una mano acomodó su pija entre mis cachetes, ya que dormía solo con tanga. Sentir eso bien duro me calentó más.

    “Fredy, por favor, yo no estoy en tu joda.” Dije.

    “Ya lo sé que no sos una atorrante como estas. Pero también sé que sos muy caliente. Tus ojos me lo dicen. Si me equivoco, y cuando te toco la tanga está seca, te juro que me levanto y me voy.”

    Ni esperé a que me toque, me di vuelta y tomé su pija con una mano para masturbarlo. Me comenzó a besar con todo, era un animal besando. Me apretaba un pecho mientras con la otra mano, sostenía mi cabeza para seguir besándome. Como pude, le volví a dar la espalda, levante la pierna y guie su pija a mi concha pegándome bien contra él.

    “Guacha, sí que sabes coger. Y sabes bien como te gusta que te cojan.” Me dijo mientras me embestía por atrás prendido con sus manos a mis pechos.

    Un rato más le dije: “Seguime.” Y fui lentamente poniéndome boca abajo con el arriba. Se acostó arriba mío por completo y con movimientos de pelvis suaves me cogía muy rico. Puse mis brazos y manos al costado de mi cabeza con los dedos separados. Seguro que él me vio hacerlo y reconoció la posición. Se levantó y tomándome de las caderas me puso de rodillas con la cara apoyada en la cama.

    Me penetraba con furia, cada movimiento era mezcla de placer y dolor por la envestida. Mi calentura solo subía. Cuando estaba por acabar sacó la pija de mi concha, la apoyo en mi culo y acabó chorreándolo de su leche.

    Lo miré a los ojos por encima de mi hombro y con uno de mis dedos fui guiando su leche a mi orto, y me comencé a meter el dedo hasta el fondo.

    “Lástima que no llegaste a disfrutarlo.” Dije burlonamente.

    “Hija de puta, como dije, sí que sabes coger.” Dijo. Y se fue de la habitación para regresar con la chica casi arrastrándola.

    “Ahora vas a aprender como una hembra goza y hace gozar a su macho.” Dijo mientras la dejaba sobre la cama.

    La tomé de los cabellos, y la puse a chuparme las tetas mientras lo miraba a Fredy.

    “Así me gusta, morderme despacito los pezones, eso nenita, así.” Dije muy caliente en mi primera experiencia con una mujer. La chica se empezó a calentar y a tocarse.

    “Apa, si por chuparme las tetas ya te tocas, no me imagino que vas hace cuando me chupes la conchita rica que tengo y el orto lleno de leche de Fredy.” Dije. Fredy tenía los ojos desorbitados. Ya se estaba masturbando con ganas.

    Tirando de sus cabellos, hice que me chupe la concha y el otro levantando bien las piernas. Ella se metí los dedos a más no poder. Mientras he chupaba gemía con todo. Estuve un rato disfrutando hasta que le mandé acelerar su chupada.

    “Dale nenita, chupa bien, se la primera mujer en sacarme un orgasmo con su boquita puta.” Le chica se excitó aún más, y al mismo tiempo que yo, llegó al orgasmo.

    Me puse en cuatro, y a la chica igual, delante de mi boca. Y mordía sus cachetes al tiempo que uno de mis dedos entraba en su culo. La chica gemía como loca.

    “Mmm, este culito es virgen Fredy, mirá que apretadito que está.” Dije. Me di vuelta y lo miré burlonamente a Fredy.

    “¿Qué, necesitas invitación por escrito para meterla en mi culo?” Le dije.

    Fredy tenía cara de contrariado. Acercó la pija y lentamente fue metiéndola. Cuando sentí que había entrado la cabeza, cerré con fuerza el esfínter y su pija quedó atrapada. Lo volví a mirar por sobre el hombro y le dije:

    “Flaquito lindo, es mejor que me hagas gozar porque te la corto, ya que no sabes usarla.”

    La chica me miró horrorizada. La hice acercar y le metí dos dedos en el culo, y los movía al ritmo de Fredy que por fin la había metido toda. Como no se movía lo suficiente le grité:

    “Movete nene, movete de una vez, porque en serio te la corto.” Y otra vez cerré el esfínter apretando su pija.

    Asustado por mi grito, mi primo Nacho entro a la habitación y se quedó absorto mirando como me hacía romper el culo.

    “Hija de puta.” Dijo y se fue.

    A Fredy lo tuve un largo rato bombeando y bombeando, hasta que casi no dio más. Lo miré y le dije a la chica que se acomode para chuparme la concha. En un segundo su boca jugaba con mi clítoris, y por fin llegaba a mi deseado orgasmo gigante. Mis jugos caían en su boca. Cuando me calmé reaccioné que Fredy no había acabado.

    “Chupale la pija.” Le dije a la chica. Fui detrás de Fredy, que permanecía parado junto a la cama y le abrí los cachetes y con mi lengua empecé a jugar con su orto. Él se volvió loco y en no más de tres minutos de cogerle la boca a la chica acabó en ella y se tiró en la cama.

    Hice parar a la chica dándome la espalda, abrir sus cachetes y le metí dos dedos en el culo, al tiempo que tiraba su cabello y cabeza para atrás. Ella abrió la puerta y fuimos al living donde Nacho le daba por atrás a la otra chica.

    “Primito, te traigo un culo virgen, era el premio para Fredy, pero…”

    Nacho dejó a la otra chica y de un solo golpe la enterró en el culo de la chica.

    Cuando iba para mi habitación me crucé con Fredy, le hice un mimo en la cara y seguí caminando.

    Un rato después, habiendo disfrutado de esa manera por primera vez en mi vida, y casi humillado a Fredy, me dormí.

    Cuando me desperté, me di una ducha, me vestí y fui a la cocina donde los cuatro desayunaban. Saludé a todos en general y a la chica que había estado conmigo con un beso en la boca que ella respondió. Fredy ni levantó la mirada.

    Un rato después, Nacho vino a mi habitación mientras yo leía mi libro.

    “Bianca, supongo que no vas a abrir la boca con mis viejos.” Dijo.

    “Sos loco, yo me expongo también. Te digo que me vino bien un poco se sexo aunque tu amigo…”

    “Pobre, está re mal porque no pudo hacerte acabar ni acabar él, solo me dijo que lo tuviste que ayudar para que acaba en la boca de Nene. Pero no que le hiciste.” Dijo casi preguntándome que había hecho.

    “Le hice lo que pocas mujeres se animan, a todos los hombres vuelve loco y ninguno se atreve a pedirlo: le chupé el orto y le metí mi lengua, mientras él se la cogía por la boca a Nene.” Dije.

    “Eso nunca me lo hicieron, sos muy hembra en la cama. Decí que sos mi prima…” dijo.

    A la tarde, escuché que había movimientos en el living y fui. Nacho ahora estaba con Nene y Fredy con la otra chica. Nene le estaba chupando la pija a Nacho que estaba sentado en el sillón. Sin sacarme la ropa me acerqué a ellos.

    “Nene, mira, te voy a enseñar a desarmar por completo a un hombre.” Ella dejo de chupar y vio como levantaba las piernas de Nacho hasta que sus rodillas casi tocaban su pecho.

    “Ves, primero agarras la pija con fuerza, sin mover la mano, después vas hasta el borde de su orto y desde allí vas besando y pasando la lengua suavemente hasta llegar a las bolas. Ahí empezas a masturbarlo con fuerza, apretando bien la pija.”

    Nacho gemía como loco, Fredy y la otra chica miraban.

    “Ves Nene, ahora de vuelta a su orto, y apenas le pasas la lengua, y otra vez a las bolas. En cada bajada a su orto, le metes un poquito más la lengua. Te aseguro que…” y me corrí para evitar los chorros de semen que tiraba Nacho por el orgasmo que tenía.

    “Te decía que te aseguro que en pocos movimientos lo haces acabar. Y si sos muy cerda, seguís haciéndoselo para que te coja bien cogida, como a la yegua que le demostraste que sos.”

    Le tomé la mano a Nene y nos fuimos a la habitación. Desde la puerta lo llamé:

    “Nacho, ¿venir primito?”

    Entro a la habitación y se tiró en la cama.

    “Bianca, me mataste, que tremenda acabada me sacaste.”

    Ellos no lo sabían pero era la primera vez que disfrutaba del sexo tanto, y le demostraba a un hombre que las mujeres también podemos destrozar a un hombre en la cama.

  • Mi compañera fotógrafa (Parte 1): Descubrimiento

    Mi compañera fotógrafa (Parte 1): Descubrimiento

    Era mi primer año de facultad y viviría lo impensado gracias a mi compañera Maia, explotarían deseos que nunca creí tener y cosas que nunca habría pensado hacer, algo en mi iba a cambiar y yo estaba dispuesto a explotarlo.

    Vamos al inicio, yo, Marcos, 18 años, de contextura atlética y de altura normal, con mi novia de secundaria, con quien llevaba un gran noviazgo, inocentes y recién iniciados ambos en el sexo, ella tímida aún y yo muy enamorado. Ambos con poca experiencia.

    El fin de la secundaria marcó nuestra separación diaria, empezando distintas carreras en distintos lugares ambos.

    Cada vez nos veíamos menos y yo al entrar a la facultad afronté un cambio inmenso, mujeres de todas las edades, de todo tipo, con quienes podía tener conversaciones mucho más interesantes que con mi novia y amistades anteriores, gente que podía hablar de sexualidad tan abiertamente como nunca había visto, gente con relaciones abiertas, bisexuales, etc. Mis hormonas estaban a full y exploraba una libido que no creí tener hasta entonces.

    Y ahí apareció ella, Maia, quien siempre se llevaba todas mis miradas en las clases, ella de 23 años, pelo corto oscuro, bajita y flaca, bien blanca, pálida, que denotaba más al usar casi siempre ropa negra, su cuerpito desproporcionado a las hermosas tetas que gustaba de lucir en atrevidos escotes o remeritas sin corpiño, remeras de red que denotaba el contorno de sus pechos, unas piernas hermosas bien apretadas por medias altas y polleras a juego, además de su belleza me causaba un morbo enorme y que desconocía su choker pegado a su hermoso cuello. Esto despertaba un deseo particular que luego descubriría. Yo estaba a full, ella era la dueña de mis pajas, explotaba mi perversión.

    Además de mi morbo siempre observaba como ella cargaba una cámara, tenía que entrarle por donde fuera (en todo sentido) y por ahí empecé. Lanzado de una como siempre y sin saber que buscaba la encaré al salir a los pasillos cuando la encontré sola, distraída con su celular, y me acerqué:

    -Hola como andas? somos compañeros en (nombre de la materia)

    -Si si, lo sé (sonriendo de forma desafiante que me desarmó completamente)

    -Ah, em bueno, te iba a pedir apuntes y em… veo que tenés una cámara analógica (estaba tirando todos los argumentos a la cancha de una, su mirada me tiro todo abajo)

    -Mira, eso querés? Pensé que mirándome tanto como me venís mirando me ibas a salir con otra cosa

    -Como? Yo te venía a pedir lo de hoy nomas (tratando de articular palabras nerviosamente)

    -Ai nene, de verdad? Bueno, parecías más interesante… está bien, ahí te paso los «apuntes».

    Me pasó lo que estúpidamente fui a pedir y se fue, medio molesta y yo con mi autoestima por el piso. Pero… porque estaría molesta?

    Esta duda me carcomió por semanas y yo culpándome por boludo de no prever que fuera una piba tan directa, ya no estaba encarando pibitas de mi edad que esbozarían una risa nerviosa o timidez al verme prestando atención a ellas, a ese juego de miradas de apartarlas al cruzar la vista, esto era distinto, acá me sentía un pajero que nunca se había dado cuenta que esta piba siempre supo mis intenciones y estaba esperando un paso adelante mío, un paso adelante que fue patético, pasaron los días y me estaba muriendo por ella y cada vez que veía a mi novia era volver a andar con una nena, sus charlas eran repetitivas, aburridas, nada de ella me despertaba lo mismo que con mi compañera de clase.

    Pasó el tiempo hasta que me agregan a un grupo de Whatsapp de la materia, viendo mensajes y nombres la terminé encontrando a ella, a «M><» no tenía idea quien era y no tenía foto, éramos de los dos que más hablábamos en el grupo y terminamos hablando entre nosotros porque nadie nos aguantaba, hablando vimos que teníamos bastante en común, hasta que una noche fue pasando a lo sexual la conversación y me fui calentando, ella me contó al pasar que ya no era de salir fijo con alguien, que terminaban mal las cosas y mejor no engancharse, sino salir con más de un chico e ir cambiando, usaba términos como «estancamiento», «monotonía», que me hacían repensarme a mi mismo, a la vez que me calentaban por ciertos detalles que daba. Seguimos hablando:

    -Veo que tenés experiencia

    -Que? qué te pasa, me estás diciendo trola?

    -Nono, digo que parece que estuviste con varios pibes y sabes cosas no?

    -O sea que soy re trola

    -No, bueno perdóname, soy un desastre

    -Jajaja te estoy jodiendo pibe

    Y puede que sea medio trola

    Yo a esta altura hervía, no me estaba tirando onda, pero a esta edad cualquier cosa de este estilo me llevaba directo a una paja, mis hormonas y mi pija vivían a full.

    -Ah, que bueno saberlo

    -Si? Por qué? te querés ganar puntos conmigo?

    -Pero si todavía no se quien sos, no puedo ni ver tu foto todavía

    -A ver, ahí te agrego, te lo ganaste

    Me agrega como contacto, y aparece una foto de sus piernas abiertas y una cámara en el medio, estaba en blanco y negro, pero pará, yo conocía esa cámara, esas piernas, las miraba siempre, eran la fuente de mi deseo… Me puse completamente nervioso, no sabía que decir, me había llevado adonde quería y me tenía en jaque, como pude me puse a escribir y borrar como por 5 minutos hasta que me llega un whatsapp.

    -Te diste cuenta no? Pendejito vueltero

    Seguía en blanco, no sabía que hacer

    -Dale che, mira que me aburro y me voy de nuevo eh

    -Acá estoy, perdona, si, me di cuenta quien sos

    -Jajaja que chiquito que sos, me gusta eso

  • Cogí con el papá de mi novia

    Cogí con el papá de mi novia

    Tal y como dice el título de mi relato cogí con el papá de mi novia.

    Pero antes de contarte la historia, permíteme ponerte en contexto. Soy un muchacho de la Ciudad de México, recién llegado a los 30 años. Durante mi adolescencia experimenté por curiosidad el travestismo de clóset ya que mis facciones son un tanto delicadas y siempre había tenido la fantasía de tener sexo con un hombre mientras yo estaba vestido de chica. Ese hobbie me llevó a utilizar en privado lencería, pelucas, tacones y maquillaje y a crear el personaje de «Bellota» que era como me presentaba en las redes sociales. Con el tiempo y la madurez fui dejando esa costumbre de vestirme cada vez que podía, y guardé mi interior femenino por años, hasta que pude sacarla este fin de semana.

    Ahora sí, comencemos:

    El padre de mi novia es un señor de 60 años, varonil, atractivo y bien conservado para su edad. Recientemente él y su esposa compraron una casa en el estado de Guerrero, México, aproximadamente a 5 horas de mi ciudad. Este fin de semana necesitaba ayuda para recibir un camión de mudanza que le entregaría algunos muebles y demás cosas para la casa, por lo que me pidió ayuda para que el día no se hiciera tan largo y pesado. La idea era comenzar a amueblar la sala y que en un par de días llegara el resto de la familia para estrenar, y yo, como buen yerno y queriendo ganar puntos con mi novia, accedí.

    Muy amablemente pasó por mí el señor a las 6 am y tomamos carretera. En el camino platicamos de algunas cosas de su juventud, de las novias que había tenido y de muchas locuras más que hizo de joven. Me dio la impresión que fue todo un galán en sus buenos años y por alguna razón comencé a fantasear con acariciarle la verga mientras manejaba. La idea de imaginarme su pene erecto me excitó mucho, al grado de también ponerme duro y comenzar a mojarme.

    Llegamos a la casa sin menor complicación, llegó el camión y recibimos los muebles. Era momento de poner manos a la obra. Después de un rato de verdadero trabajo duro tomamos un break para beber unas merecidas cervezas frías. Nos sentamos y yo no podía dejar de ver cómo sus músculos se tensaban al hacer fuerza y cómo su camiseta se pegaba a su pecho por el sudor y decidí buscar hacer contacto con él. Me agachaba para que me viera el trasero y trataba de pegarme mucho a él cuando me era posible. Le daba la espalda y le acercaba las nalgas «sin querer». En un momento pude darme cuenta que su pene también estaba reaccionando y lo sentí duro entre mis nalgas, pero de inmediato él se quitó. Creo que le dio pena, pero entre las cervezas y lo caliente que me sentía decidí hacer una movida. En cuanto volví a darle la espalda, me hice para atrás y quedé pegadito a él, y en ese momento hice mi mano para atrás y le toqué la verga. Su reacción fue la de esperarse: «¡No!, ¿qué haces?» y le respondí: «Disculpe, pero fue inevitable no sentirla». Al principio trató de negarlo pero su pantalón sugería otra cosa. Al ver que estaba un tanto renuente a la situación, le dije: «Estaremos solos estos dos días, así que podemos hacer algo si usted quiere».

    Me puse de frente a él y lo acaricié por encima del pantalón. Se volvió a negar y subió al baño. En ese momento pensé que tal vez me había equivocado y también me puse muy nervioso. Pensé en echarle la culpa a las cervezas y en inventar alguna excusa para zafarme, cuando salió y me dijo: «Está bien, pero no digamos nada». En ese momento me acerqué a él y comencé a besarle el cuello para excitarlo, pero noté que no se prestaba tanto así que decidí bajarme para probar de una vez su pene antes que se arrepintiera. Lo metí en la recámara, lo senté en el borde de la cama, me puse de rodillas frente a él y comencé a chupárselo despacio, desde la punta a la base, hasta que me lo metí todo. Me excitaba tanto sentir su verga erecta dentro de mi boca, que no podía decidir si quería que terminara ahí o si quería sentirla dentro de mí. Después de un rato de estarlo mamando, noté que sus ánimos se bajaron y me dijo: «No sé si pueda». En ese momento recordé que bajamos una caja con ropa de mi novia y decidí hacer algo arriesgado: busqué unos zapatos, una falda corta y una blusa y pude hacer una versión improvisada de Bellota.

    Al verme, se sorprendió y noté que su pene recuperó firmeza casi de inmediato. Me dijo: «Siempre he querido cogerme a una travesti», entonces supe que era mi oportunidad. Le chupé un rato más la verga y los testículos y cuando ya estuvo bien duro decidí sentarme en él. La sensación de su pene entrando en mí, de sus manos abriendo mis nalgas y empujando su cadera me dio un placer gigante; ¡quería gritar! Me embestía como me imagino que lo hacía en sus mejores años. Después de un rato, terminó dentro de mi ano. Los dos nos sentimos extraños y lo único que pudimos decir fue: ¿Nos bañamos? Pasamos a la ducha y ahí la situación se puso más íntima, porque nos acariciamos y nos besamos. Con la espuma del jabón acariciaba mi espalda y mis nalgas y yo le lavé la verga hasta que volvió a ponerse dura y volvió a penetrarme. Literalmente me empinó en la regadera y en esta ocasión terminó en mi espalda. Saliendo del baño me preguntó si sería raro que me quedara con ropa de mujer y yo accedí con tal que se sintiera cómodo.

    Me propuso salir a comprar algunas cosas más a un supermercado que estaba cerca y accedí. Además de comida y un vino, compramos un conjunto de tanga y bra, un body lotion de vainilla y un poco de maquillaje. Eso bastó para tener una versión travesti de mí bastante aceptable. Esa noche después de cenar, repetimos, y ahora yo quería cumplir mi fantasía. Le pedí que me tratara como si fuera su novia, y así lo hizo. Nos besamos en los labios, beso mi pecho y lamió mis pezones, acarició mis nalgas, pero eso sí, nunca tocó mi pene. Para mí esa fue la mejor de las tres veces que lo hicimos, porque comenzó siendo muy tierno y terminó cogiéndome tan duro que al otro día no podía sentarme.

    Llegó la mañana del domingo. Guardamos todo y terminamos de acomodar. Sabíamos que no faltaba mucho para que llegara la familia, entonces no dijimos más.

    Y justo así pasó; después del medio día todos llegaron, su esposa, mi novia y los hermanos de ella. Nadie sospechaba ni tantito, más que por las botellas en la basura fue que nos dijeron: «Estuvo buena la chamba». Nosotros nos reímos y nos miramos discretamente.

    Ahora, estoy en mi casa contándoles lo que paso, sin saber si ahora soy la amante de quien podría ser mi suegro en un futuro.

    No me arrepiento, estuvo delicioso y creo que ambos lo necesitábamos.

    Espero que estén tan mojados como yo al leer esto.

    Besos.

  • Comida familiar

    Comida familiar

    Un viernes la Señorita R me llamó por si quería acompañarla a comer con sus padres el sábado.

    Llegado el sábado pasó a recogerme y fuimos casa de sus padres. Nos reunimos la Señorita R, su hermana, sus padres y yo. Acudimos a media mañana para preparar la comida entre todos.

    Ese día la Señorita R y yo preparábamos unos aperitivos, mientras que su hermana y su madre habían salido a comprar algo de carne. Su padre, mientras, preparaba la mesa en el jardín.

    La Señorita R movía el culo de un lado a otro mientras cortaba rebanadas de pan. Llevaba un vestido de una pieza que se ceñía a su cuerpo y permitía adivinar todas sus formas. El caso es que ese vaivén estaba calentándome un poco, y mi miembro comenzaba a despertar. Me arrimé a ella y pegué mi paquete a su culo. Ella no dejaba de moverse a un lado y otro, y ahora también arriba y abajo. Estando de espaldas a mí, agarré sus pechos con ambas manos y comencé a pellizcar sus pezones. Estábamos comenzando a excitarnos de verdad, sobre todo porque la ventana de la cocina daba al jardín, y podíamos ver a su padre colocando los platos. Si este se daba la vuelta podría vernos en plena faena.

    En un momento, la Señorita R se dio la vuelta y bajó mi cremallera. Se agacho, sacó mi miembro ya erecto y se la metió en la boca. Empezó a mover la cabeza de adelante a atrás como una salvaje. La saliva resbalaba por su cara.

    Subió un poco su vestido, apartó su tanga y empezó a jugar con sus dedos en su sexo chorreante de flujos.

    Comenzó a meter y sacar los dedos fuertemente. El ruido de chapoteo indicaba lo mojada que estaba. De vez en cuando sacaba los dedos de su sexo y los metía en mi boca, para que saboreara su delicioso néctar.

    Con la mano libre pajeaba mi miembro y de vez en cuando agarraba mis huevos, presionando con ligereza.

    En pocos minutos ella se corrió con mi “espada” en su boca.

    Saco sus dedos de dentro de ella y los volvió a poner en mi boca, yo los lamía, chupaba… mientras yo miraba a su padre colocando la mesa. No podía gemir por si acaso nos escuchaba, así que ella siguió con su balanceo.

    Era tal el morbo que me estaba dando que no tardé en correrme en su boca, sin avisar, no pareció pillarla de susto, porque se tragó todo, sin dejar ni una gota, limpiándola bien.

    Se levantó y se recompuso un poco el vestido mientras yo hacía lo mismo con el pantalón.

    Al poco llegaron su madre y su hermana con la carne. A los 20 minutos ya estábamos todos en el jardín comenzando la comida. La Señorita R y yo con una sonrisa de oreja a oreja.

    Con esa complicidad que tienen las sonrisas de amantes y esa mirada picara por lo que había pasado. Me percaté que unas gotas de semen aun mojaban su vestido. Yo ya no podía más, y para evitar males mayores, le dije que se había salpicado con un poquito de nata en el vestido al hacer los aperitivos. Así que se levantó y fue a limpiárselo.

    Estábamos colocados de tal manera que sus padres y su hermana quedaban de espaldas a la ventana que había en la cocina y yo de frente, de manera que veía como la Señorita R se pasaba el paño de cocina por su vestido. Ella se percató de la situación y sacó uno de sus pechos para que los viera y empezó a acariciárselos. Yo no quería mirar directamente para que no se diera cuenta su familia, pero ya cuando empezó a jugar con la lengua con uno de sus pezones, sabiendo que me encanta ver esa imagen, tuve que retirar la mirada porque estaba poniéndome malo.

    Su hermana se dio cuenta de que algo sucedía y me preguntó: Qué te pasa, estás poniéndote muy rojo. Sera porque me ha dado mucho el sol en la terraza, le contesté.

    Ya vino la Señora R y acabamos de comer tranquilamente.

    Ya no había peligro. Recogimos la mesa. En la cocina, mientras metía los platos en el lavavajillas, se me acercó su hermana y me susurró al oído:

    -El próximo día tenéis que preparar más aperitivos de esos que parece que a mi hermana le gusta mucho “tu” nata.

    Yo me quedé a cuadros, y volviendo a mi oído me dijo que entre su hermana y ella había un vínculo y que con solo verse ya sabía que había pasado. Sonriendo, acabo de meter los platos en el lavavajillas.

    Así nos despedimos de su familia y nos fuimos, no sin antes su hermana giñarme un ojo.

    Espero que este corto relato os haya gustado, solo decir que la Señorita R es única y espero verla de nuevo pronto.

  • Lucía: gordita y virgen

    Lucía: gordita y virgen

    Conocía a Lucía desde hacía cinco años, pero siempre había tenido novia. Aun así, me fijaba en ella: bajita, gorda, una cara redondita muy bonita con pelo corto, una cadera ancha y dos pechos que en verano no intentaba disimular. Siempre escogía camisetas que le dejaban un escote que era imposible no mirar.

    En el grupo de amigos todos habíamos parejas y solíamos hablar de sexo con naturalidad. Lucia seguía siendo virgen y se sonrojaba cuando nos oía. No intervenía, y, aunque nunca nos lo dijo, era evidente que seguía siendo virgen.

    Yo hablaba a menudo con ella por Skype, especialmente en verano que era cuando menos veíamos. Un día hablando sobre mi novia le pregunté abiertamente si ella ya había perdido la virginidad. Me confesó que no, y que cuanto más tiempo pasaba más ganas tenía de probar todo eso de lo que hablábamos.

    La conversación subió de tono y le propuse que nos masturbáramos a la vez, en la distancia, aunque yo llevaba un rato acariciándome la polla sin que pudiera verme. Al terminar nos despedimos y supe que ella quería algo más.

    Pasaron los meses y seguíamos hablando, aunque yo seguía con mi novia. Hasta que un día ella cortó conmigo. Estuve muy mal, y tenía ganas de volver a follar con nuevas tías. Todo esto se lo contaba a Lucía, que hacía de confesora.

    En esos días tuve varios líos, a los que me pasaba toda la tarde follándome en mi piso. Al terminar le contaba mis aventuras a Lucía, que me preguntaba todos los detalles. Le encantaba saber si me la chupaban o no, si les había agarrado del cuello o si me había corrido en sus tetas.

    Pasó el tiempo y yo empecé a dejar de quedar con tantas chicas. Hasta que un día Lucía me pidió algo:

    -Siempre quise esperar a tener novio para perder la virginidad, pero me he casado. ¿Te gustaría acostarme conmigo?

    La verdad es que desde hacía un tiempo me masturbaba imaginándome como me comía sus tetas y agarrando ese enorme culo. Pero nunca pensé que me pediría que le quitara la virginidad.

    Le contesté que sí, que me gustaría mucho y que quería que lo disfrutara.

    -Estoy sola en mi piso, puedes venir ahora sí quieres.

    Me puse algo nervioso. Era mucha responsabilidad, pero le dije que sí. Me vestí y salí para su casa.

    Me abrió la puerta y me dijo que fuera hasta su habitación. Allí tenía la televisión puesta, con un capítulo de Los Simpsons de esos que ya has visto mil veces. Me tumbé en la cama y se puso a mi lado. En ese momento me confesó que no solo era virgen, si no que nunca había estado con un chico. No había besado nunca.

    Acerqué mi mano para darle una caricia en la cara. Ella estaba muy nerviosa. Jugué un poco con su pelo mientras le miraba a los ojos y me acerqué para darle un beso. Yo solo iba a besar sus labios, pero ella sacó la lengua y empezamos a besarnos de forma muy intensa, sin parar.

    Su determinación por follar me puso muy cachondo y le puse su mano derecha sobre mi polla, para que entendiera que con tan poco ya estaba muy dura. Me separé y empecé a jugar con mi dedo índice de su pecho a su cuello mientras notaba como la respiración le hinchaba el pecho.

    Le quité la camiseta y ella se retiró el sostén. Me cabía la cabeza dentro de esas copas enormes. Miré para sus pezones y dirigí mi lengua. Primero rocé en círculos la aureola, sabiendo que ella deseaba que lamiera su pezón. Al poco lancé mi lengua y empecé a estimular su pezón rápido. Ella se movía y parecía que quería gemir, aunque no llegó a embelesarme con sus gritos.

    Yo quería más, pero sabía que era pronto. Me puse de pie y me quité la camiseta y el pantalón. Lucía se quedó mirándome el calzoncillo, pues mi pene marcaba mucho paquete. Me lo quité y mis 18 centímetros rebotaron un par de veces.

    Lucía se rio y me acerqué para quitarle los pantalones vaqueros. Se había puesto para la ocasión unas braguitas de encaje muy bonitas que olí en cuanto estuve en mis manos. Me tumbé a su lado de nuevo y llevé mi dedo medio a sus labios. Los acaricié y lo metí en su boca para humedecerlo bien.

    Bajé mi mano y empecé a estimular su clítoris. Ella seguía moviéndose, sin saber muy bien como gemir, mientras me agarraba la cabeza. Yo deseaba meterle el dedo, pero quería reservar ese coñito apretado para mi verga.

    Después de un buen rato jugando con su clítoris ella me mandó parar. Me tumbé boca arriba y ella se puso de rodillas a los pies de la cama. Me cogió la polla y se la llevó a la boca.

    Fue la mejor mamada de mi vida. Supongo que al ser virgen tenía miedo de hacerme daño. No noté los dientes nunca. Jugó con sus labios y su lengua hasta humedecerme toda la polla. Se la metió hasta el fondo varias veces sin tener ninguna arcada.

    -¿Seguro que eres virgen? Le pregunté alucinando por lo bien que me la estaba comiendo.

    Ella sonrió y siguió chupando, con fuerza, subiendo y bajando. Yo creo que lo disfrutaba ella más que yo. Lo digo porque la tuve que parar: necesitaba metérsela.

    Se puso boca arriba en la cama y fui hacia mi chaqueta a coger un preservativo.

    -No lo necesitas, tomo la píldora. Saber que iba a poder sentir completamente su coño me puso más cachondo aún.

    Me puse de rodillas frente a ella. El cipote me iba a explotar. Me agarré y la polla y metí la puntita despacio. Mi verga no es muy larga, pero mi cipote hinchado es muy grueso. Ella me puso la mano derecha en los abdominales y me pidió que fuera despacio.

    Le hice caso y empecé a metérsela muy suavemente. Poco a poco aumenté la intensidad. A ella le gustaba y empezaba a gemir bajito, como si le diera vergüenza escucharse a sí misma. Seguí follándomela con mucho cuidado hasta que me corrí. Hacía tiempo que no echaba tanto semen.

    Recuerdo agarrarme la polla para quitarla y verla llena de sangre. No me dio asco, si no que me sentí orgulloso de portarla. Que idiotas todos los tíos que habían rechazado a Lucía por su peso.

    Ella se levantó de la cama y le di un beso, antes de ir al baño juntos a ducharnos. Recuerdo el agua cayendo por sus senos.

    -Podemos repetir cuando quieras, me dijo al salir.

    Pero desgraciadamente nos distanciarnos al tener que mudarnos. Nunca más pude volver a sentir ese coñito prieto, pero aún me masturbo pensando en aquella tarde. Espero que Lucía también.

  • Me cogí a la mejor amiga de mi esposa

    Me cogí a la mejor amiga de mi esposa

    Mi esposa suele reunirse siempre con dos amigas. Ross (su mejor amiga) y Liz. Liz es absolutamente prescindible para mí, no me resulta atractiva de ninguna forma. Ross es una cholita (como decimos en Perú), una mujer con rasgos predominantemente andinos. Tiene mucho dinero y se ha hecho múltiples pequeñas cirugías y arreglos, tiene un culo enorme y está muy propensa a engordar. Hasta donde sé, hace 3 horas diarias de gym y va por la segunda liposucción. No puedo decir que me guste, pero sí que me excita su rostro de mañosa.

    Una tarde de sábado, mi esposa salió a almorzar con ellas. Yo me quedé en casa, tirado en la cama. Mis hijos estaban donde sus abuelos. Hacia las 3 pm volvió con ellas con un ron, Coca-Cola y hielo. Se pusieron a beber y conversar en la sala mientras yo veía tv sin nada más que hacer.

    Hacía las 6 pm, mi esposa vino al cuarto y me dijo iría con Liz a comprar otro ron al supermercado, pues Ross se había quedado dormida. Mi esposa y Liz algo mareadas, supuse Ross igual. Entre ir y venir del supermercado, unos 20 a 25 minutos pues son pocas cuadras. Ni bien mi esposa salió, Ross vino a la habitación y me preguntó por el baño. Hay uno junto a la sala, ella lo usa siempre, así que me sorprendió. Tenemos otro privado en la habitación y cuando le iba a decir, por educación, que entre al mismo, se sentó en la cama.

    Comenzó a decirme que mi esposa tenía mucha suerte con un hombre como yo y blablablá. Yo estaba acostado en short y un polo. Mientras me hablaba, cogió mi pierna. Era obvio lo que ella quería. Me dijo que siempre le parecí un hombre atractivo y entre sus halagos y su mano sobre mi pierna, se me erectó. Al darse cuenta, ella, sin mediar palabra me bajo el short y empezó a mamarla con frenesí, hasta con desesperación diría. Fue bueno, pero sus ansías no la hicieron una mamada memorable.

    Tras unos minutos, ella misma, mientras me la mamaba, se había sacado el jean y una sensual y elegante tanga. De hecho, lo mejor de ella creo que fue la tanga, supongo importada y muy cara por los acabados y estilo. Se subió sobre mí y comenzó a cabalgarme, luego se puso en perrito y me dijo “cógeme con tu perra”, entendí que era una invitación a su culo. Lo ensalive con mis dedos, ella gemía y en una se la empuje, le entró sin ningún problema. Estuve bombeándola unos minutos, hasta que su ritmo y sus gemidos aumentaron, llegamos juntos.

    Sin más palabras. Se vistió y se fue a la sala, donde supongo siguió haciéndose la dormida. A los muy pocos minutos entró mi esposa. Me dio un pico en los labios y me preguntó por Ross, le respondí “supongo sigue dormida”.

  • La bailarina exótica… la hija del pastor

    La bailarina exótica… la hija del pastor

    En cierta ocasión un amigo de la compañía para la que trabajábamos me extiende la invitación para la fiesta de retiro de uno de los trabajadores. Regularmente no me invitan, pues siendo el jefe de ellos como que se sienten amedrantados cuando divisan mi presencia. Regularmente hay licor envuelto y para esta ocasión habían contratado a dos bailarinas exóticas para despedir a Sam, quien había postergado su retiro pues ya rondaba sus 70 años.

    No sé que pasaría, pero los pasillos de la recepción pueden ser intimidantes y para alguien quien no conoce las instalaciones, un verdadero reto incluso con la cantidad de rótulos que tenemos como guía. Es de esta manera que me encuentro a la simpática y bella Louise caminando por uno de los pasillos de la oficina y me pregunta: -¡Disculpe! ¿Podría dirigirme como llegar al salón de conferencias? -Le dije que para ahí me dirigía yo, que si me daba un par de minutos le podría acompañar hasta la puerta.

    La dulce chica me sonrió, iban muy bien maquilladas con un vestido de falda por sobre la rodilla de un color rojo. Tenía una sonrisa deliciosa y su cuerpo naturalmente era uno de medidas perfectas y se notaban unos bustos medianos y redondos que parcialmente se apreciaban de un sugerente escote. Entre y salí de mi oficina y la encuentro esperándome y un poco preocupada, pues según ella estaba a minutos de llegar tarde. Intuí que era la bailarina exótica y llevaba halando una de esas maleta con rodos.

    Sentí que había química en el ambiente en esos cinco minutos que nos tomó llegar al salón. Me dio las gracias y buscó a mi amigo quien era quien la había contratado para esta faena. Yo siempre me mantengo alejado de estas fiestas y me retiro siempre en los primeros minutos y de esa manera todos los demás se sienten libres de actuar como se les venga en gana. Me acerqué a despedirme de Sam y desearle un feliz retiro y obviamente siendo el centro de atracción, estas dos chicas estaban a la par de él. La que había acompañado hasta el salón me dijo de una manera coqueta: -¡No se vaya! Yo que pensaba darle un trato especial por lo cortes que ha sido conmigo. – Obviamente estas chicas son una tentación y no sé cómo se me ocurrió decirle al oído: -¿Recuerdas dónde queda mi oficina? Ahí te espero cuando termines. -le dije.

    Sabía que regularmente solo duraban una hora en aquel baile, pues después se irían todos a un bar cerca de esas instalaciones a seguir disfrutando pues también se trataba de una noche de viernes. Del salón queda inmediata la puerta principal y verdaderamente nunca imaginé que esta chica llegaría a tocarme la puerta. Escuché la algarabía de la gente caminando cuando todos se alejaban cuando escuché el toquido. Era ella, pero en esta ocasión iba con unos pantalones de licra bien ceñidos a su esbelto y sensual cuerpo. Los pantalones eran negros y llevaba una blusa blanca. Vestía zapatos de tacón que le hacían ver mas alargadas las piernas. Ella que se recordaba aun de mi nombre me dice de esta manera: Aquí me tiene Sr. Zena, ¿para que soy buena?

    Realmente me sentí un tanto ansioso, pero también acorralado con su pregunta pues esta chica que luego supe solo tenía 20 años estaba ahí dispuesta a todo, tomando muchos riesgos y haciéndome sentir un tanto inseguro de mi mismo. Retomando el control le pregunté:

    -¿Y qué es lo que está disponible… a que estás dispuesta?

    -¡Usted que sí es directo! Pues le diría que estoy dispuesta a casi todo si es que vale la pena.

    -Pues tu dime…

    -Bueno… si usted quiere una baile privado de media hora son $100.00. Un baile de piel a piel… usted se puede desnudar si usted gusta… pero si usted desea que pase algo más… pues son $300.00 por una hora.

    -¿Y que implican los $300.00 por una hora? -le pregunté.

    -Todo… creo que basta decir que no le diré “No” a algo que usted desee.

    La hice pasar a mi oficina, pues estábamos en la antesala y vio que mi oficina era todo un apartamento de soltero que incluso tengo una cama en una pequeña habitación con baño adyacente con las dimensiones de una habitación de hotel. Le dije que pasara, le puse en sus manos $350.00 con $50.00 de propina adelantada, los tomo dándome una serena mirada, los puso en su cartera, me dio las gracias y le dije que pasáramos a darnos una ducha, pues había sido un día largo para mí.

    Ella me asistió a desnudarme, me removió el traje, la corbata, las camisas y luego me desabrochó el pantalón y luego me bajó mis bóxer. Me tocó el sexo dándome el primer cumplido: ¡Tienes una verga muy hermosa! No sé cómo me cabera, pero sé que la voy a disfrutar. – me dijo con un tono de admiración. Ella se quitó su blusa blanca con su sostén y esta mujer que no había podido ver en su rutina de baile minutos antes, verdaderamente tiene unos pechos perfectos que parecen que se los ha mandado a hacer. Una areola rojiza, pezones con un tamaño acorde a las medidas de su pecho que hubiese querido lanzarme a mamarlos. Tenía unas caderas perfectas, unos glúteos redondos y solidos y sus piernas lucían divinas con un par de tatuajes al nivel de su rodilla y otro llegando a su glúteos. Su conchita era perfecta, con un clítoris que se le podía ver cuando se excitaba, un abdomen perfecto, plano y obviamente su rayita sin ningún vello y al igual cuando exploraba su culo, no se le podían ver vellos en sus partes íntimas. Nos bañamos por unos diez minutos, donde esta chica que decía llamarse Louise me enjabonaba mis huevos y masajeaba mi falo.

    Nos secamos y pasamos a la cama, la cual no es matrimonial, pero sí de buen tamaño y ella me tomaba del falo con la intensión de hacerme una felación, pero de repente ella me dijo de esta manera:

    -Sr. Zena… ¿le podría hacer una pregunta? Espero no se moleste.

    -Dime… ¿Cuál es tu pregunta?

    -¿Está usted casado?

    -No… soy un hombre soltero. ¿Por qué lo de tu pregunta?

    -Es que en verdad usted es un hombre atractivo… nunca imaginé que un hombre como usted tuviera que pagar por tener sexo.

    -¿Quieres hacerme sentir culpable?

    -No… no es eso. Solo que es difícil creer que sea soltero. No solo que me parezca atractivo, sino que parece que usted es un hombre de muchas influencias.

    -¿De veras te parezco atractivo? Louise, soy un hombre que quizá te doblo más que tu edad… lo dices por hacerme sentir bien.

    -No… para nada. Créame que creo que usted es el hombre mas guapo con quien he estado… y si, con el hombre más mayor, pero no creo que pase de los 40.

    -Tengo 45. -le dije.

    Se llevó mi glande a su boca y me comenzó a dar una felación delicada que poco a poco se convertía en una más agresiva. Intentaba meterse todo el falo, pero por su grosor y tamaño vio que era misión imposible, pero si que era divina para mamar. La invité a que hiciéramos un 69 en el cual por experiencia me coloqué por encima de ella y pude descubrir que su conchita estaba más que lubricada. Comencé con su clítoris y fui bajando lentamente hasta invadir toda esa rica rajadura. Comenzó a mover su pelvis de una manera única, pues parecía que la hacía chocar violentamente contra mi boca… pude sentir como sus jugos fluían con ese sabor saladito de se vagina y Louise me lo anunció cuando se corría: -¡Por Dios, me estás haciendo acabar! -Se mantuvo gimiendo hasta que su respiración se normalizaba y fue ella la que tomó una toalla y me limpió el rostro y el de ella. Me dijo que me quería montar y se subió por encima de mi a la inversa. Se acomodó, le apunté mi glande a su concha y vi como mis 23 centímetros se hundieron en esa conchita de ensueño de esta linda mujer. Solo me dijo cuando sintió que mi pelvis llegó a sus nalgas: ¡Que rica se siente esa enorme verga!

    Mi pene obviamente no es el más grande, pero su grosor creo que impresiona a muchas chicas que incluso mi amiga de travesuras sexuales de nombre Diana, le ha puesto su apodo y me le llama “Tamal”. – Tamaléame el culito. -Me dice de vez en cuando. La verdad que la mayoría de las chicas con las que he estado me le han dado cumplidos a mi verga y es como lo decían algunas, se me marcan las venas cuando está erecta y para muchas mujeres eso es como una aditivo visual que las lleva a elevar la excitación cuando me la maman y obviamente cuando las estoy taladrando con mi verga. Louise monta rico, definitivamente sabe coger esta chica… tiene unos movimientos pélvicos que fascinan al verlos desde esta posición donde ella me montaba a la inversa. Ver ese culo rosadito como lo contrae cuando me estoy cogiendo su concha es un paisaje aparte que a cualquiera manda a ver el cielo. Louise además tiene una habilidad que creo todas las mujeres la tienen y que algunas usan más que otras: La manera de cómo aprieta con su vulva, pero es un apretar desde el interior, lo cual descubriría que también lo hace con el culo. Y es de esta manera que me provoca la primera eyaculación. Ella había parado de hacer esos movimientos pélvicos y se dedicó a contraer su vagina y me apretaba tan rico y esa sensación me hizo explotar y fruncir los testículos. Como tenía una semana de no coger, su conchita quedó llena de mi esperma la cual escuché como se escurría golpeando violentamente cuando Louise la expulsaba contra el agua del inodoro. Luego se me vino a la mente y le dije:

    -No sé si te percataste… pero no usé condón.

    -No te preocupes… yo me cuido: uso la píldora. Además, quería disfrutar de tu hermosa verga así de natural.

    -¿Tu culito está disponible?

    -Te dije que no le diría No a nada que desearas hacer… claro que está disponible… para ti todo esta disponible. ¿Cómo me quieres?

    -En cuatro. -le dije.

    -De perrito… me encanta que me culeen de perrito. – me dijo.

    -¿Y cuantos han disfrutado de este rico culo Louise?

    -La verdad, que tú eres el tercero.

    -¿Tienes novio?

    -Si… y mira que a él nunca se lo he dado. ¡Nunca me lo ha pedido! -me dijo.

    Ya había entrado en confianza y antes de asumir esa posición de perrito me volvió a dar una rica felación y en esta ocasión se había concentrado en estimular mis huevos. Tiene buen tacto, pues nunca me quejé de cómo me los apretaba con sus labios. Se puso de perrito sobre la cama y le devolví el favor en esa posición e incluso le lamí el culo por unos 5 minutos. Fue cuando ella me lo dijo: -Sabes, en eso si eres el primero… nunca nadie me había hecho eso… que rico placer me causaste. Tu sí eres un hombre de experiencia. -terminó diciendo. -Me eché saliva en el glande, le dejé ir una escupida al ojete de Louise y comenzamos la faena de perforar el rico culo de esta bella mujer.

    Como siempre, lo quise llevar con tacto y aunque me lo rechazaba por el grosor, poco a poco se la fui metiendo hasta que su anillo del ano me atrapó completamente el glande. Sí qué lo tiene apretado esta chica que hasta yo sentí la diferencia entre cientos de experiencias. Solo escuchaba sus gemidos sin poder ver su rostro y le pregunté:

    -¿Te duele mucho… quieres que te la saque?

    -No… creo que te voy a dar una respuesta un tanto confusa; me duele, pero me gusta. ¡Que rica siento tu verga en mi trasero!

    -¿Quieres que te la pompee?

    -No… dejame disfrutarla así. Puedo sentir como pulsa adentro de mi culo y es una delicia que no recuerdo haber sentido antes…. Déjala ahí… así suavecito. – me dijo.

    Que delicia es ver ese rico culo de cómo se había tragado cada centímetro de mi verga y así sin mucho movimiento ella comenzó apretarme la verga y su ojete parecían labios apretando deliciosamente. Ella solo decía: no te muevas… solo contrae tu verga así, así como lo has hecho que se siente delicioso. Aquello fue suficiente para que con los minutos le provocara a Louise un potente orgasmo que parecía que lloraba y fue entonces que le di una embestida que me llevó otra vez a la gloria. Mi verga solo salió cuando se puso pasiva de nuevo y un chorro de semen recorrió el culo de esta linda mujer. Se lo había sangrado y para este tiempo estábamos 10 minutos por sobre la hora acordada.

    Me había gustado tanto la follada que le estaba dando que le ofrecí $300.00 por otra hora, pero ella me dijo que debía estar en casa. Que regularmente aquello no era parte de la rutina y que lo había hecho porque simplemente yo le había gustado. Se dio otra bañada a las ligeras y se maquilló y de su maleta sacó un vestido más conservador y casual pero siempre se miraba exquisita sensualmente. Ella me dijo de una manera de broma: -Le voy a dejar mis pantis de recuerdo, solo que tenga cuidado de que no se las encuentre su mujer. La fui a despedir donde estaba su coche, pues ya era noche y el estacionamiento estaba semi vacío. Me dio un beso de lengua apasionado y me dijo: Estuvo rica la cogida, pero me temo que esto no volverá a pasar… Adiós Tony. – y se fue.

    Louise es de los rostros más bellos y cuerpos perfectos que he visto. Es muy difícil de olvidarlos y yo que me encuentro con mucha gente a diario, es fácil para mi olvidarlos y después de ocho meses ni me recordaba de la hermosa y sensual chica de 20 años. Pero una tarde de verano en el restaurante de mi hermana veo que ella anda mostrándole las instalaciones a unos potenciales clientes. Es un grupo de unos seis, pero luego a mi hermana la llaman los de la gerencia y me involucra a mí con este grupo. Vaya a ser la coincidencia que se trata de Louise y su prometido con unos familiares considerando las instalaciones de mi hermana para su recepción de bodas. Ese día me doy cuenta de que su verdadero nombre es Patricia, cuyo padre es un pastor de una iglesia local y que su madre es una ex clienta de mi hermana. Todo se llevó con toda la naturalidad, aunque sé que esta chica estaba sorprendida y nerviosa. Finalmente llegamos a un acuerdo en el precio de las instalaciones, pues mi hermana les daba un buen precio, pues además la madre de Patricia o Louise había comprado un condominio a mi hermana para los novios. Quedamos que llegarían con un cheque más tarde. Fue Patricia quien llegó a solas y le dio el cheque a mi hermana y luego me buscó en el restaurante y me dijo.

    -¡Verdaderamente es pequeño el mundo Sr. Zena! Nunca me imaginé conocer a su bella esposa. -lo decía en forma irónica.

    -Si que lo es… nunca imaginé que vuestro padre fuera el pastor de la iglesia más grande del lugar y nuestro cliente. Aunque te equivocas con lo de mi esposa… ella es mi hermana.

    -Imagino que usted estará aquí para mi recepción.

    -Podría… a menos que tú me pidas a que no venga a mi restaurante.

    -¿Podría ser eso posible?

    -Si… si tú me lo pides. Aunque hay una condición.

    -¿Qué condición?

    -Me gustaría darte una despedida de soltera en el tiempo que a ti te parezca más prudente.

    -Me suena a chantaje, pero créeme que a mí también se me antoja. ¿Qué te parece el lunes en el hotel No Tell después de las 10 de la mañana?

    -¡Me parece perfecto!

    -Ahí lo espero, aunque me temo que no será la única despedida de soltera que me dará.

    Se fue con una sonrisa difusa, la vi salir del restaurante y sí, precisamente ahí estaba ni un segundo más o un minuto menos, en el estacionamiento del hotel. Cogimos como locos y tenía razón, no fue solo una despedida… en los meses que le quedaban de soltera, me he comido ese culo a morir y escuchar ese jadeo de placer de las corridas que le saqué a esta bella mujer de renta e hija de un pastor, pero que nunca me volvió a cobrar, porque explotaba su secreto y no solo cogimos en los días de su soltería, sino que me la llevé a la cama varias veces después de su luna de miel.

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  • Lara regresó a mi departamento para un espectáculo

    Lara regresó a mi departamento para un espectáculo

    Después de nuestro pequeño juego en mi casa, no podía dejar de pensar en Lara; sin embargo, por cosas de la vida no nos habíamos podido ver. Aquel día que follamos en el baño había sido improvisado pero increíble como la vez en mi casa, pero quería más, mucho más.

    Sentir su cuerpo, sentirlo en mis manos, sus pechos, lamer su coño, sentir como chupaba mi miembro, todo en ella era perfecto.

    Y por suerte algo inesperado sucedió, algo que me iba a ayudar a disfrutar de ella de una manera diferente.

    Ese día mi vecino del edificio de al lado me mandó un mensaje, seguramente había dado con mi número en el grupo de whatsapp que teníamos entre los edificios. Un tipo llamado Marco, apenas lo conocía y mucho menos hablaba con él, así que me quedé sorprendido al ver que me había mandado mensaje.

    Casi sin ningún miramiento, Marco me preguntó cuándo iba a volver a traer a ese bombón que había ido a mi casa la última vez, refiriéndose a Lara. Me comentó que tanto él como sus compañeras de piso habían disfrutado el espectáculo que les habíamos dado. Había olvidado que nos habían visto cuando ella vino a mi departamento, recordarlo me hizo querer repetir algo similar.

    Nosotros les dimos uno, creo que ahora es su turno le dije medio jugando. Si Marco era tan aventado para ese tipo de cosas, sentía que podía decirle lo mismo… aunque no sabía si había algo entre él y sus compañeras.

    De acuerdo, tú di la hora y el día fue su respuesta.

    Me quedé sorprendido, pero a la vez excitado.

    Casi sin pensarlo le mande un mensaje a Lara, invitándola de nuevo a mi casa, con la excusa de que le tenía una sorpresa. Tardamos un poco, pero finalmente acordamos un viernes a eso de las 8 de la noche. Inmediatamente le mande un mensaje a Marco para avisarle.

    El resto de la semana fue un viaje surrealista, cada vez que pasaba frente a la ventana que daba al otro edificio y una de las compañeras de Marco aparecía, se detenía por un momento y levantaba su playera para dejarme ver sus pechos o se bajaba el pantalón o short para deleitarme con su trasero, haciendo que la espera al viernes fuera dolorosamente larga.

    Finalmente el día llegó. Lara estaba tan preciosa. Llevas la misma ropa que la primera vez que vino: una blusa y una falda a cuadros. Al verla así no puedo evitar rememorar aquel día, cómo nos habíamos excitado con el juego, cómo se había quitado la falda y me había excitado a tal punto que terminé follándola como un loco.

    Tengo que usar toda mi fuerza de voluntad para no arrancarle la ropa en ese preciso momento. Llevaba toda la semana caliente gracias a mis amigas del otro lado.

    La tomo de la mano para llevarla frente a la ventana donde ya tenía preparadas unas cuantas cervezas y un par de sillas frente a la ventana.

    -¿Qué es esto? -me pregunta con una sonrisa.

    -Ya verás -le respondo mientras hago hacia atrás la silla para que se sentara.

    Yo también tomo asiento y abro una cerveza para Lara. Mientras bebe, le mando mensaje a Marco, indicando que estamos listos.

    Pasan unos cuantos momentos sin que suceda nada, pero después, en el otro lado del edificio, Marco aparece con apenas un calzoncillo y acompañado por sus dos compañeras en ropa interior.

    Lara me voltea a ver con genuina sorpresa, yo tan solo sonrío y le doy un trago a mi cerveza.

    El espectáculo empieza. Los tres comienzan a besarse, las chicas recorren el cuerpo de Marco lentamente, acariciándolo. De vez en cuando ellas también se besan y luego regresan con él.

    Miro a Lara de soslayo y puedo ver como sus piernas comienzan a cruzarse, puedo imaginar lo mojada que se está poniendo, porque yo también estoy excitado.

    Una de las chicas se arrodilla y le quita el calzoncillo a Marco, revelando una enorme erección, sin siquiera pararse un momento, la chica comienza a chupársela. Marco le va quitando el sostén a la otra y comienza a amasar y besar sus pechos.

    Aprieto ahora mi erección y miro a Lara. Sus ojos están pegados en ellos, se muerde el labio con lujuria y veo como su mano comienza a tocarse un pecho, tímidamente, como si quisieras prolongar esto.

    No tardan mucho antes de que ambas chicas se arrodillen y comiencen a chuparle la verga a Marco. Lara, sin poderte resistir más, abre las piernas y comienzas a acariciarse por encima de la falda, puedo ver cómo desea estar ahí, pero no había razón para desearlo, que pronto iba a dale lo que se merecía.

    Me levanto de mi asiento y me dirijo hacia atrás de su silla, procurando no hacerle perder nada del espectáculo. Marco ahora está sentado en el sillón mientras una de sus compañeras comienza a empalarse en su verga con lentitud, dándole la espalda para mirarnos. Nos sonríe mientras comienza a cabalgar a su compañero con destreza.

    Yo, por otra parte, comienzo a levantar la blusa de Lara, lentamente mientras le beso el cuello. Un ligero gemido sale de su garganta. Levanta los brazos para ayudarme a quitarla y luego continua estimulando su cuevita. La otra compañera de Marco se coloca sobre su rostro para que comience a comerle el coño. Los gritos de ambas chicas parecen llegar hasta mi departamento, o podrían ser los de Lara, en ese punto estaba tan concentrado que no sabía cual era.

    Desabrochó su sostén, puedo ver como los pezones de Lara están levantados, erectos, duros. Los tomo y comienzo a apretarlos, a masajearlos, jalando los pezones, todo mientras beso y muerdo su cuello. Sus gemidos salen de tu garganta, puedo ver cómo levanta tu falda y haces a un lado sus bragas para empezar a hacerse un dedo. Su cuerpo se mueve al ritmo de mis caricias. Bajo mi mano y le ayudo, nuestros dedos entran a su vagina completamente húmeda y caliente. Alzó la mirada. Marco ahora tiene en cuatro a una de sus compañeras, dándole de perrito, mientras que esta misma le está comiendo el coño a la otra.

    Te levanto del asiento y lanzó a Lara contra la ventana, aplastando tus pechos contra el vidrio. Me arrodillo y levanto su falda, sin preguntar y sin ninguna advertencia, le bajo tus bragas empapadas y me lanzo contra su rajita húmeda. Comienzo a comer como un hambriento caníbal. El sabor dulce de sus fluidos caen en mi boca y en mi lengua. Lamo todo su contorno mientras escucho como comienza a gemir, alto y fuerte. Meto mi lengua y exploro su interior, la falda cae sobre mi cabeza pero no me detengo.

    Sus manos juegan con mi cabello y me lo jalan, señal de que le gusta lo que te estoy haciendo. Mientras continúo comiéndole el coño, recuerdo como no hace mucho estábamos en una situación similar, completamente calientes, excitados y llenos de lujuria.

    -Follame -me dice casi con una súplica.

    Me levanto y bajo mi cierre para sacar mi pene, completamente erecto, deseoso de ella, de su coño. Deseoso de volver a sentir su interior

    -Tus deseos son ordenes -le digo mientras mi glande juega con tu vulva.

    No puedes más, me toma de la playera y me jala hacia ella, haciendo que entre por completo. Está tan mojada que me deslizo con facilidad, abriéndome paso en su dilatado coñito. Comienzo a penetrarla con lentitud, Lara aprieta su cuerpo contra la ventana de nuevo. Desvío mi atención de ella por un momento y veo a Marco follando a una de sus compañeras en el sillón mientras la otra se hace un dedo a su lado, mirándonos, masturbándose con nosotros.

    Esto me da ánimos y comienzo a darle a Lara duro, su cuerpo junto con el vidrio resienten mis embestidas y comienza a gritar de placer.

    El calor aumenta y me veo en la obligación de quitarme la playera.

    -Dame, dame -me dice con cara de éxtasis mientras mi pene la llena una y otra vez.

    Me detengo un poco y Lara aprovecha para empujarme. Mi trasero choca contra la mesa. Ella se da la vuelta para arrodillarse con rapidez y comenzar a comerme la polla con rapidez, sin darme tregua. La tomo del cabello para mirar mientras me la come. Varios gemidos salen de mi garganta, puedo ver la mano izquierda de Lara trabajando en su rajita mientras continua chupándomela, besándola, lamiéndola.

    Miro a mis vecinos. Ahora las mujeres estaban besándose y acariciándose solas, Marco se había corrido en algún momento e intentaba masturbarse para recuperar su erección.

    Sin previo aviso, yo también me corro, aprieto su cabeza contra mi verga para que Lara se trague toda mi leche. El orgasmo es glorioso y me vacía los huevos que se habían llenado durante toda la semana.

    Lara saca mi pene de su boca y me mira con una sonrisa.

    -Que rico -dice con una sonrisa tan lujuriosa que no puedo evitar volver a tomarla y lanzarla contra la mesa. Sus pechos se a aplastan contra la superficie y sin darle tregua, meto mis dedos en su rajita y le doy un par de nalgadas. Al estar a su lado, usa sus uñas para agarrarme el brazo y arañarlo ligeramente mientras continúa gimiendo.

    Mi pene comienza a recuperar su fuerza al oír su placer, sus gemidos. Me detengo un momento para ver a Marco. Ahora estaba recuperado y mantenía acostada a una chica, comiéndole el coño mientras la otra chica le chupaba la polla. Esa imagen era lo único que me faltaba para recuperar toda mi erección.

    Tomo a Lara de las piernas y le doy la vuelta, subiéndola en la mesa. Golpeo su vulva con mi pene, rozándola, haciéndole desear por mi polla. Sus ojos no se apartan de ella, abre la boca para decirme algo, pero la meto de un fuerte empujón, callándola antes de que pueda articular palabra.

    La beso mientras la penetro, acallando tus gemidos, puedo sentirlos en su garganta y eso me anima. Alejo mi rostro para colocarla un poco de lado, tomo sus piernas y hago que las cruce, haciendo que su coño aprisione mi pene de una forma tan deliciosa que comienzo a darte con rapidez.

    -Ah… Lara… que rico… que rico coñito tienes -digo entre gemidos, sintiendo su caliente coñito abrazar a mi miembro y no queriéndolo dejar ir.

    -Sí, sí, ¡ah! Me corro

    El orgasmo es tan violento que me tiene que empujar para disfrutarlo. Mi verga sale de ella y veo como su cuerpo se retuerce de placer, su coño se empapa más y no puedo evitar lanzarme a beber de su néctar. Vuelve a gritar, sin siquiera planearlo, un nuevo orgasmo le llega en cuanto lamo su clítoris y meto mis dedos en ella, claramente menos intenso, pero aun asi pude notar que lo disfrutó.

    -Quiero… -dice entrecortada por el orgasmo- quiero montar tu polla, por favor.

    Le doy una última lamida a su coño y luego me siento en la silla frente a la ventana, Lara se coloca de espaldas a mí, pero ambos vemos que Marco y las chicas están exhaustas, los tres están en el sillón, respirando entre cortado. Eso nos desilusiona un poco, pero aun así se da vuelta para verme de frente y toma mi pene para dirigirlo a su rajita.

    Se abre paso en ella con facilidad y comienza a cabalgar como solo ella sabes. Sus pechos rebotan sobre mí y me invita a morderlos y chuparlos. Lo hago mientras siento como su cuerpo se alza y baja sobre mí. En un momento, Lara toma el borde del asiento y comienza a mover su cintura con rapidez.

    -Sí, Lara, sigue -digo intentando encontrar un agarre, pero su cintura folla mi polla con rapidez que me es casi imposible.

    Suelto un fuerte gemido de placer mientras su cintura continúa moviéndose sobre mí. La corrida sale de mí mientras continua con su movimiento, haciéndola más intensa y duradera. Su cintura desacelera el ritmo poco a poco y comienza a hacer círculos sobre mí, intentando arrancarse en un último orgasmo.

    Me mira, sonríe y le sonrío, nos besamos. Su cintura continúa moviéndose sobre mí, intentando no hacer que pierda la erección. Funciona.

    Nos separamos, se levanta y me quita el pantalón. Chupa mi miembro para regresarlo a su máximo esplendor. Del otro lado mis vecinos han apagado la luz y ya se habían ido. Parece que el espectáculo nos sirvió más a nosotros que a ellos.

    Cuando vuelvo a estar completamente empalmado, tomo a Lara por la cintura y la cargo como si fuera una muñeca para llevarla a mi habitación a continuar con lo nuestro.

    A la mañana siguiente, después de llevarla a tu casa, recibo un mensaje de Marco

    Cielos, amigo, vaya que tú y esa chica saben durar.

    Sonrío y le reenvío el mensaje a Lara para mostrarle lo mucho que lo habíamos impresionando y luego añado:

    ¿Repetimos?

  • Camarero

    Camarero

    Los días pasaban igual de aburridos y monótonos que siempre, detrás de esa barra de bar sirviendo copas a borrachos, soy un camarero al cuál nadie recuerda cuando se marchaba, nunca he entendido porque llevo tanto tiempo trabajando aquí.

    Hoy es una de esas noches aburridas y pesadas en las que no avanzaba el reloj, pero de repente entró ella, una chica de unos 30 años morena de pelo largo hasta la cintura y rizado, sus ojos son de un color miel clarito, su piel pálida, piernas finas e inacabables, lleva un vestido rojo que le acentúa muchísimo su cintura delgada, el corte del escote le resalta los pechos, viene todos los días al salir del trabajo y siempre viste tan bien. Hoy su mirada luce diferente tiene un brillo que no le había visto antes, le serví un gin tónic es lo que siempre pide, bebe uno y se marcha, pero hoy es diferente hoy a invitado a una amiga, la cual no ha venido sola trajo consigo un acompañante, supongo que su pareja por las muestras de cariño que se dan.

    Las dos chicas deciden irse a una mesa y él se ha queda en la barra dándome un poco de conversación, la verdad no le estoy prestando mucha atención finjo estar de aquí para allá, no me apetece hablar solo acabar mi turno e irme, por fin a llegado la hora ya no queda nadie en este tugurio y me marcho, me pesan los pies no puedo más, cruzo por el callejón de detrás del bar nunca hay nadie y hay poca luz, pero es el camino más rápido. Estoy escuchando algo que parecen sollozos me acerco despacio y con precaución para ver qué está pasando, me acabo de encontrar a la chica morena del bar tumbada en el suelo mientras su amiga una rubia despampanante alta y fuerte junto con aquel desconocido, de semblante serio y rudo la atan y desnudan sé que tengo que hacer algo, pero esto me está excitando mucho así que decido esperar.

    No puedo dejar de mirar la tienen de cara al asfalto helado y se nota que por ese frío sus pezones se le están poniendo duros, ese hombre le está poniendo su pie en la cabeza mientras la otra chica la pone a cuatro patas, le comienza a lubricar el ano y le introduce un consolador pequeño y se lo deja puesto la pone de rodillas en el suelo y hace que empiece a lamerla la verdad estoy viendo a aquella mujer disfrutar mientras mordisquea el cuerpo de su amiga, mientras el sujeto se masturba mirándolas. No puedo más meto mi mano por dentro de mis vaqueros noto mi entrepierna dura necesito tocarme.

    La mujer atada y sumisa decide empezar a comerse el miembro de su compañero, la estoy viendo disfrutar quiero acercarme necesito tocar a esas diosas que tengo delante, pero me estoy conteniendo no quiero interrumpir y que paren estoy disfrutando mucho del espectáculo, de repente pone a la mujer de pie le levanta una pierna y la empieza a penetrar mientras le da golpes en los pechos y le masajea los pezones, la otra fémina decide agacharse y comerle el clítoris a su amiga mientras está siendo follada creo que va a correrse en cualquier momento su cara lo dice está babeando de placer y en efecto se corre mientras la penetran y la lamen entera.

    No lo resisto más me acerco a ellos con mi pene fuera de los pantalones cojo a esa joven sumisa le quito el consolador que le han puesto en el culo le escupo se lo mojo bien y la penetro, yo también siento que voy a explotar de un momento a otro, la otra pareja se pone cerca nuestro y comienzan a copular, las dos chicas se buscan con la mirada, sonríen se nota que lo están disfrutando, no resisto más saco el pene de dentro de ella y me corro en sus nalgas, el otro individuo pone a su chica a lamer mi semen mientras está fornicando con ella, seguidamente coloca a las dos chicas de rodillas y les ordena abrir la boca, sacan sus lenguas y se corre encima de sus rostros, ellas deciden besarse y lamerse para chupar cada gota de semen que tienen en la cara.

  • Mi primera vez en un bar swinger

    Mi primera vez en un bar swinger

    Mi primera vez en un bar swinger de voyerista todo comenzó como a las 10 de la noche llegamos a la calle 82 con 15 al norte de Bogotá.

    En la zona se localiza uno de los bares swinger más conocidos pero desapercibidos para quienes piensan que allí habita una familia. La fachada lo refleja.

    En la entrada de la casa blanca se halla una mujer y un vigilante. Ella pregunta si es la primera vez que visitamos el sitio.

    Él se encarga de la requisa, tras el pago del cover, ingresamos a la casa. Como en cualquier otro bar están las luces de neón, sofás y una pista de baile.

    Observó con discreción el sitio y luego nos sentamos en un sofá rojo. Las mesas están puestas a propósito que permite que veamos a las parejas que nos rodean. Una salsa, merengue clásico, muy clásico, un reguetón y vallenato suenan a medida que pasa el tiempo.

    La música alude a que en el sitio llegan parejas, hombre y mujer, o en su defecto tríos, mayores de 25 años.

    Las parejas bailan en la pista sin insinuar nada entre ellas. Otros beben una cerveza o un ron.

    Podrían ser los vecinos del conjunto residencial donde usted vive, o el decente y mojigato compañero de trabajo que se sienta en su piso de trabajo. Con vestuarios discretos y casuales.

    No predominan las curvas en ellas y mucho menos en ellos. A las 12 en punto una mujer realiza el respectivo striptease que el locutor anuncia durante toda la noche.

    A si empieza la noche Ella baila y se desnuda ante el público. Luego aparece un hombre que le sigue los pasos. La mujer con curvas recorre todo el bar y se acerca a algunas parejas para que la toquen. Se quita el brasier. Los hombres rozan sus senos y una sonrisa se asoma en sus bocas. Él se pasea por el bar y unta con una crema las manos de los asistentes y las dirigen a su torso.

    Nosotros solo observamos. Una pareja a nuestro lado que parecen gozar el estriptis como si fueran adolescentes. Ella se mueve con la música y es una de las mujeres que disfruta rociar la crema sobre un pecho marcado que se acerca y poza encima suya.

    Así termina el show y en menos de 5 minutos, Subimos al segundo piso y veo el sauna y turco que serán el preámbulo para quienes en un cuarto con un sofá redondo color rojo, tendrán mucho sexo.

    Una luz de neón baja ayuda a ver un poco las siluetas de las personas que llegan con una toalla blanca a follar al sofá casi todas parejas inician con sexo oral.

    Veo que muchas parejas lo hacen y así se calienta el ambiente. Sobre el sofá ya hay una mujer que está sobre un hombre que gime de forma discreta.

    Algunas parejas solo observan en unas sillas ubicadas frente al sofá. Como nosotros que solo observamos asombrados.

    Llega otra pareja de esas discretas que se podría ver en todos los sitios jamás pensados, menos en ese. Se ve de todo el ambiente se calentaba mi esposo excitado con una pareja que tenía enfrente y follaba muy rico le daban mucha verga en 4 y ella al frente de mi esposo solo lo miraba mientras sus tetas se movían y ella gritaba de placer, con él nos comenzamos a tocar se sentía un ambiente muy porno nos gustaban los gemidos de la gente, el olor que expide ese lugar tu alrededor solo escuchas gritos, gemidos , unos encima de otros la mujeres cambiaban de parejas sentía que todos se tocaban con todos mi esposo saco su verga y me la puso en la mano intente masturbarlo pero aún no estaba lista me excitaba mucho mirar como los demás lo hacían.

    Cada vez pasaban las horas y todos se ponían muy calientes solo me concentre en los gritos que escuchas a tu alrededor no sé cuántas horas pasaron, no se cansaban hubo varios intercambios fufé muy excitante, y así termino la noche en el bar la gente se arregla y todos salen como si nada hubiera pasado. Volvería las veces que quisiera que sensación más excitante…

    AMANTES