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  • Sacala

    Sacala

    Antes que todo les quiero agradecer los comentarios y calificaciones, las leemos con mi chica y nos encantan.  Gracias, espero les guste ese nuevo relato que sucedió hace bastante.

    Esto pasó hace tiempo ya, una noche nos encontramos calientes, besándonos y manoseándonos. Disfrutábamos introducirnos manos debajo de nuestra ropa interior y ver gozar al otro.

    Bastaron unos minutos para devorarme ese hermoso cuello delicioso, su gemidos me decían que lo disfrutaba y más mientras ella jugueteaba con su mano en mí miembro.

    Me dirijo a su boca carnosa y nos comemos desesperados de ganas, cuando ella se aparta y me dice:

    -tengo una idea- levantándose camina hacia la cocina, no podía ver otra cosa que ese hermoso culito tan rico que me puede.

    Sentí el ruido de cerrar la heladera y segundos después la veo asomarse con algo en las manos.

    Totalmente caliente no sabía qué hacía ella, pero no me importaba, iba a ser mía de nuevo y era lo más importante.

    Seguí con mí mirada su mano al sacar el pote de helado que habíamos comprado y había sobrado un poco.

    A esta hora le dio hambre y en este momento juguetón pensé.

    Y si tenía hambre pero no una común pues así me lo indico

    -sacala!- me dijo atándose el pelo hacia atrás, todo sabemos lo que se venia

    Confundido, pero dispuesto a complacerla, dejé mi miembro al aire a su vista, erecto como ella lo desea.

    Y quizás puedan imaginarse la sensación espero que si y puedan llegar a disfrutarlo algún día.

    Ver a tu mujer besando acariciándote en tus partes es un delirio, pero verla frenar de su besos para colocarle helado en la punta y a los segundo verla devorárselo junto al miembro por completo.

    Creo que mí alarido o gemido como quieran llamarlo fue espectacular, los primeras veces no la mire por solo gozar y tirar mí cabeza había atrás, pero luego verla hacerlo me enloqueció.

    Su lengua rozaba cada centímetro en su recorrido, me encontraba demasiado mojado y a ella más le gustaba no creo que haya dejado partes de mis zonas sin probar o recorrer con sus labios.

    Obviamente luego cuando se terminó el helado siguió una noche salvaje como se merecía semejante delicadeza.

  • Esposada y desnuda en el comedor de su casa

    Esposada y desnuda en el comedor de su casa

    Hace un tiempo empecé a salir con una mina casada. Muy putona y muy caliente que me llamaba cada vez que el cornudo del marido se ausentaba un par de horas y con la pija dura, iba siempre corriendo. Nos habíamos visto unas cuantas veces y se notaba que le gustaba ser dominada, así que un día me saque las ganas de atarla por completo y ni bien cruce la puerta la agarre de los pelos. Poniéndola de frente a la pared la apoye bien fuerte de atrás y le vende los ojos. La hice caminar a siegas por el comedor empujándola del pelo mientras le sacaba toda su ropa. Le puse las esposas en ambas manos y las enganche a una viga dejándola inmóvil y completamente vulnerable me aleje uno poco y note su agitación estaba muy acelerada e indefensa. Empecé a pasarle mis dedos muy sutilmente por distintos lugares, tocándola y alejándome notando como inclinaba todo su cuerpo para que no dejara acariciarla cada vez que me iba.

    El ambiente era hermoso. Estaba todo bajo control ya notaba lo caliente y ansiosa que estaba ella por empezar a sentir más que caricias. La agarre solo con la yema de los dedos desde su cintura y la recline todo lo que la soga le permitía hacia adelante, dejándola aún más expuesta, con mi mano le rocé delicadamente toda la cola y ella cada vez más ansiosa empezaba a moverse para que mis dedos la empezaran a penetrar, pero yo decidiría cuando y tenía que quedarle claro, la agarre del pelo una vez más y le dije que cada vez que se moviera sin que le diga le iba a costar. Tome envión y le estrellé la mano abierta en toda la cola y lo repetí varias veces pero le encantaba se retorcía y paraba la cola de nuevo a cada golpe, la notaba cada vez más mojada y yo no quería parar de pegarle. Cuando vi lo húmeda que estaba me tenté demasiado. Le abrí las piernas todo lo que podía y empecé a pasarle mi lengua por todos lados sin chupársela para hacerla desear lo más posible y cada vez que ella quería poner mi lengua adentro suyo se ganaba una buena tanda de cachetadas otra vez. Con un hielo en mi boca le pase la lengua por todo el cuerpo desde el cuello a esas hermosas tetas y su espalda combinaba el hielo y la humedad de mi boca con el calor de mi mano y las caricias por cada lugar que iba pasando, y en el momento que me acerqué a su cuello intento abrazarme y subirse a encima mío, se tenía que controlar y fui por la fusta ya la mano parecía no era suficiente.

    Cada vez menos gestos hacia cuando le daba, cada vez le dolía menos y la excitaba más lo cual me prendía fuego y me daba ganas de no parar. Me aleje unos segundos y me hizo una petición bastante particular, me dijo, mi marido sabe de todo esto, le encanta que me cojas pero se va a morir si no se lo filmo y poniendo el celular en una esquina volví con mucho lubricante y él vibrador para pasarle la lengua por ese hermoso clítoris mientras le metía ese enorme juguete para que se vuelva loca. Mi pija ya no aguantaba más y ella no podía estar más mojada, me levante rápido, la incline de nuevo y ella con la cola parada esperando los golpes pero esta vez le apoye la cabeza de la pija y sola resbaló hasta el fondo, agarrándola siempre del pelo la empuje hacia mi metiéndosela lo más profundo que pudiera.

    Ella le hablaba a la cámara diciendo lo puta que era y como amaba la pija y se reía mandándole besitos al cornudo Y yo viendo su carita todavía sin haber visto nada, totalmente excitada agitada y muy caliente tan entregada para recibir pija y agarrándola de la cintura empecé a hacer sonar su cola rebotando contra mi calentándonos inclusive más y sus gritos me enloquecían, sin olvidarme cada tanto de darle sus cachetadas la cogí hasta que una gran carga de leche bien espesa comenzó a salir desde mi pija, llenándola a ella entera y chorreándole cuando despacito la saqué que por supuesto le mostré bien de cerca de la cámara como quedó ella. Y dándole unas buenas nalgadas más me aleje de nuevo y me empecé a cambiar, cuando escucho me pregunto qué hacía y le dije en una hora viene tu marido y te va a encontrar así. Lo vas a obligar a chupártela si? Y con una tremenda cachetada abrí la puerta y me fui.

  • Arrancándole la virginidad a mi prima

    Arrancándole la virginidad a mi prima

    Con mi prima Sofía nunca nos llevamos bien, desde chicos. En todas las reuniones encontraba un motivo para pelearme. Y como era tres años más chica que yo, los mayores siempre la protegían.

    Cuando yo tenía 15 años, mi familia se mudó a otra ciudad, Miramar, que tiene unas hermosas playas. Por suerte, durante 6 años no supe de ella, hasta este verano, que como ya tenía 18, mis padres la invitaron a pasar una semana.

    Fue terrible desde el primer día. Buscaba cualquier pretexto para pelearme. Hasta el más banal. Yo como ya no tenía clases, prefería irme a la playa con mis amigos y amigas desde la mañana, hasta el anochecer. Pero al regresar a casa, debía soportarla.

    El viernes a la noche, salí con mi grupo a un boliche, nos estábamos divirtiendo cuando vi que entraba. Ni se me ocurrió invitarla a acercarse a nuestro grupo. Cerca de las tres de la mañana vi que estaba a los besos con un chico, que le metía mano a más no poder, y ella se dejaba hacer. La verdad, no me importó nada de su suerte.

    Cuando al amanecer volví a casa, la encontré sentada en el cordón de la vereda. Me vio y se paró tambaleante. Había tomado de más, pero no totalmente alcoholizada.

    “Estúpido, no puedo abrir la estúpida puerta de tu estúpida casa.” Dijo.

    La tomé del brazo y por el costado de la casa la llevé a un cuarto que estaba en el fondo, donde guardamos cosas viejas, entre ellas recordaba un colchón.

    Increíblemente ella no hablaba. La metí en el cuartito y tomándola de los cabellos, le dije.

    “Ahora, te vas a sacar toda la ropa, y este estúpido te va a coger bien cogida por tu estúpida concha y tu estúpido culo.”

    “No primo, por favor. Soy virgen”

    “Lo hubieras pensado antes de molestarme como hasta recién.” Dije. Y comencé a bajarle la mini y la bombacha. La puse en el colchón, bajé un poco mis pantalones y mi pija, ya erecta apareció. Ella se quedó mirándola como hipnotizada.

    “No primo por favor te pido.” Dijo implorando.

    No la escuché y comencé a meterla de a poco, cuando llegué al himen, en dos estocadas lo perforé ella hizo un pequeño quejido y se calló. Le levante la remera y dos pequeños pechos aparecieron, sin brazier.

    “Ni tetas tiene la pendeja.” Dije burlándome. Pero igualmente se las fui chupando. Ella comenzó a gemir de a poco. Una de sus manos buscó una teta y la apretaba o retorcía sus pezones. De mi pantalón saqué el teléfono y le comencé a sacar fotos. Ella no se negaba. Me levanté y la hice poner de rodillas.

    “Supongo que una chica tan lista como vos, habrá mirado bastantes videos porno. A ver si aprendiste a chupar.” Y le puse mi pija frente a su boca. Ella la tomó con sus manos y le daba besitos. Yo sacaba más fotos. Le hice abrir la boca y se la metí. Ella primero se ahogaba y luego empezó a chupar. Me miraba a los ojos, y chupaba. Pasó su mano por su conchita y cuando la miró tenía hilos de sangre y sus propios jugos. Limpió sus dedos en mi pija y luego chupó todo.

    “Parece que a la chica lista le gusta el sexo. Pues vamos a darle más sexo.” Dije y la puse en cuatro patas, penetrándole nuevamente la concha. Ahora entro más fácil y ella enseguida comenzó a jadear como perrita.

    “¿Te gusta perrita?” Le pregunté.

    “Si, me gusta.” Dijo suavemente.

    Bombee un rato más, saque mi pija de su concha y la metí en su boca para acabar.

    “Ahora, chica lista, me vas a chupar hasta hacerme acabar en esa linda boquita. Ella chupaba y me masturbaba. Saque mi pija de su boca, la puse frente a su cara y mientras me masturbaba le sacaba fotos. Cuando acabé, todo su rostro estaba cubierto de leche. Le hice levantar la cara y le saque una última foto.

    “Bueno, lindas fotos para mi colección de chicas listas.” Dije.

    “Por favor primo, borralas, ¿para que las querés?” No le contesté.

    “Vestite así te enseño como abrir una cerradura con una llave, cosa difícil si las hay.”

    Finalmente entramos a la casa y me fui a dormir. Cuando me desperté, me bañe y me puse la malla. Al salir de mi cuarto e ir a la cocina, la encontré sentada hablando con mis padres.

    “Buen día.” Dije a modo de saludo general.

    “Buen día primo.” Me sorprendió saludándome ella.

    “Hijo, con tu padre vamos hasta Mar del Plata, tenemos que comprar algunas cosas allá. Vamos a volver casi al anochecer. Te encargas vos del almuerzo tuyo y de tu prima.”

    “Si, no hay problema.” Dije.

    Ellos se fueron y yo fui a comprar una caja da hamburguesas. Yo me movía por la casa como si estuviera solo. Mi prima estaba en el cuarto que usaba y no se la escuchaba. Cuando la llamé a comer, vino y se sentó callada.

    “¿Qué pasa que de pronto la chica lista no habla?”

    “Me di cuenta de lo tonta que fui todo este tiempo tratándote como te traté. Y me apena que mi primera vez haya sido contigo enojado. Me comporté como una tonta tratando que me des bolilla a través de acerté enojar.”

    “¿O sea qué?” Pregunté.

    “Si, quería debutar con vos. Por eso vine estos días, hace mucho que lo pensaba, pero desde que llegué lo único que hice fue alejarte.”

    “Perdoname pero no te creo. No podes haber cambiado tanto de la noche a la mañana.”

    “Te juro por mis padres que es cierto.” Dijo ella sollozando.

    Durante un rato nos mantuvimos en silencio. Lavo ella las cosas y fui a mi cuarto para buscar mi bolso de playa. Cuando iba a salir del cuarto la encuentro parada en la puerta, totalmente desnuda.

    “Ahora estoy sobria, ¿podemos empezar otra vez?”

    Fui hasta ella y la abracé. Fuimos hasta la cama, y me quité la ropa. La empecé a acariciar y besar, su conchita ya estaba húmeda. Besaba sus pechitos y jugaba con su clítoris. Ella tomaba mi cabeza y la apretaba contra sus pechos. Con cuidado metí un dedo en su vagina y busqué el punto G. Su sacudida delató que lo había encontrado. Baje mi boca hasta su clítoris y empecé a chuparlo mientras mi dedo jugaba adentro de ella. Pocos minutos llegaba a su primer orgasmo, que por supuesto la sobresaltó.

    “Que hermoso, que bien se sintió.” Me dijo. “Seguí por favor.” Me pidió. Le saqué otro orgasmo y me acosté boca arriba en la cama.

    La hice sentarse encima de mi pija y que se frote la concha y el clítoris con ella.

    “Así pendeja, date placer, deja que crezca tu calentura.”

    “Me vuelve loca, y no sé qué hacer.” Dijo avergonzada y tapándose la cara.

    “Hace lo que tengas ganas de hacer.”

    Ella se levantó un poco y metió mi pija en su concha. Ella subía y bajaba de a poco. No sabía que hacer con sus manos.

    “Deja que tus manos hagan lo que vos querés hacer, no te reprimas. Goza primita, goza.” Dije y ella primero llevo sus manos a sus pechos y luego, acelerando el ritmo, apoyo sus manos en mi pecho.

    “Que hermoso que es esto, por favor, estoy volando.” Dijo cerrando los ojos.

    La tomé por la cintura y me moví con todo. Fue suficiente para que llegue a otro orgasmo, más grande que el anterior. La hice poner en cuatro, y comencé a chupar su conchita y su orto.

    Ella gemía cuando mi lengua intentaba entrar en su culo.

    “Quiero que me la metas por el culo. ¿Qué hago?”

    “Si querés andá metiéndote dedos en el culo, mientras yo te meto la pija de nuevo en tu conchita.” Dije y nuevamente la enterré. Ella primero metió uno, lo saco y le costaba meter dos. Fui rápido al baño y busque un aceite para el cuerpo. Lo puse en su ano y le dije que empiece de nuevo. Ahora entraban con facilidad, con el segundo ya gemía, mientras yo la miraba. Cuando ya con tres no se quejaba, acerque mi pija. Le puse un poco de aceite y la comencé a meter.

    Ella cuando sintió que entraba respiró profundo. Lentamente la fui metiendo toda.

    “Listo, la tenés toda adentro.” Le dije. Ella respiró aliviada.

    “Ahora, con tus dedos juga con tu clítoris.” Lo empezó a hacer y yo a entrar y salir de su culo.

    “Llego a otro.” Me dijo. No dije nada y agarrándola más fuerte de su cintura, fui acelerando mis entradas y salidas. Ella mordía mi almohada gritando de placer.

    “Voy a acabar, ¿dónde la querés, en la boca, en la conchita o en tu culo?”

    “En mi culo.” Dijo tímidamente.

    Salí de ella, y se sorprendió. La puse boca arriba y levante sus piernas hasta apoyar sus tobillos en mis hombros. Puse un poco más de aceite en mi pija y le fui metiendo de a poco. Ella comenzó a gemir como loca. Me miraba a los ojos y mordía sus labios. Apretaba sus tetitas y me las ofrecía. Los chorros de mi leche salieron y llenaron su intestino bajo. Ella tuvo un orgasmo al mismo tiempo y respiró profundo.

    Me tiré a su lado y ella me besó tiernamente y me dijo al oído:

    “Gracias por cuidar de no lastimarme. Nunca soñé que el sexo y sobre todo el sexo anal serían tan hermosos. Ahora si puedo decir que perdí la virginidad.”

    Un rato después fuimos a caminar por la arena. Ella cada tanto me miraba.

    “Primo, sé que anoche y hoy, te cuidaste mucho de no lastimarme. Yo hoy empecé a aprender lo que es estar muy caliente, a gozar con todo, aunque tengo claro que todavía me falta muuucho por aprender.

    “Los hombres, vos, ¿cómo actúan cuando se ponen locos como hoy yo, suponte?”

    “Como las mujeres, todos somos diferentes, yo me ciego, y voy a fondo. Pero solo me sucede si la chica con la que estoy, se entrega totalmente, y no me pide que me frene. Muchas, se calientan aún más viendo como el hombre se vuelve loco cogiéndolas con furia.”

    “Y yo como puedo hacer que te vuelvas loco, que me cojas con furia.”

    “No es una sola cosa, es el lugar, el momento, un gesto, una mirada, una actitud. Son una serie de cosas, pero sobre todo desear mucho sentir como ese hombre las coge con toda sus ganas, gozándolas totalmente.”

    Esa noche fuimos a bailar, ella se cuidó mucho de no tomar alcohol. Miraba como chicas más grandes se movían de forma excitante para sus parejas, como jugaban con sus manos, y rozaban descuidadamente el miembro de sus parejas.

    Un rato más tarde, con una de mis amigas, nos fuimos a unos sillones que estaban en la oscuridad. Mi amiga me empujó, y se tiró sobre mí abriendo mi camisa besando mi pecho. Fue bajando lentamente y de pronto, sentí que alguien nos observaba. La chica me bajó un poco el pantalón y se puso a chuparme la pija. Lo hacía genial. De pronto, se abrió una puerta y pude ver por una décima de segundo, por la luz que apareció, que mi prima nos miraba absorta. Mi amiga me mostraba sus tetas y me seguía chupando. Me volvía loco con su boca, mostrándome sus tetas, y tomando su cabeza, acabé en el fondo de su boca. Ella limpió mi pija y luego tomó un trago de gaseosa, para después darme un beso mordiéndome el labio inferior.

    Volvimos al grupo y al rato apareció nuevamente mi prima a lo lejos. Mi amiga no se separaba de mi lado. Constantemente se refregaba contra mí y me hablaba al oído, pidiéndome ir a coger. Volvimos a los sillones y nos comenzamos a besar. Ella nuevamente liberó mi pija y levantándose la mini y corriendo su tanga, se sentó metiéndose la toda. Esta vez, podía ver a mi prima entre las sombras, que miraba todo lo que hacíamos. Me calentaba mucho que nos espíe. Hice levantar a la chica, y le dije algo al oído, ella dobló su cintura, y apoyo las manos en una mesa. De un golpe, metí toda la pija en su concha y bombeaba con todo, ella aprovechando el volumen de la música, gritaba frenética. Le saque la pija de la concha, tomé sus brazos e hice que se abra el culo. Ella me lo daba totalmente. Miré para donde estaba mi prima y metí toda le pija en un solo movimiento. A la chica se le aflojaron las piernas, pero yo cada vez me movía con más furia, mirando a mi prima. Le di algunos chirlos en el culo y ella estallaba de placer por los chirlos y por como mis pelotas golpeaban su concha al envestirla. Acabé en su culo, y ella cayo rendida sobre el sillón. Me acomodé la ropa y la dejé ahí. No le di tiempo a esconderse y cuando pasé a su lado la tome del cuello y le dije:

    “Y eso no fue mi máxima calentura. Si te gustó, y querés probar, seguime.” Y comencé a caminar hacia la puerta. Cuando salí mire para atrás y ella me seguía. Le hice una seña y ella me alcanzó.

    “Entendelo, hasta el momento que comencemos, podes irte. Una vez que comencemos… y pensalo bien, te puede doler mucho, te puede sangrar la concha o el culo y eso solo me va a calentar más.” Ella siguió caminando. Fuimos hasta unos médanos y buscamos un lugar bueno.

    Le miré y ella sonrió. La besé con mucha calentura y le dije al oído:

    “Te voy a hacer mierda primita.” Y levantándole la remera comencé a besar sus pechos, los besaba y los mordía. Ella gemía de placer mientras acariciaba mi cabeza. Mi mano fue a su entrepierna y su tanga estaba totalmente mojada.

    “Si que te calentaste mirándome, pendeja.”

    “Y mucho, te aseguro, mucho.”

    Metí dos dedos en su concha y le dije:

    “So puta, hasta te masturbaste de lo lindo.”

    “Si, y tuve un lindo orgasmo viendo como le rompías el culo a esa chica.”

    Me saque mis pantalones y el bóxer y la puse a chuparme. Ella de pronto había aprendido bien mirando. Chupaba como loca, mientras me acariciaba las pelotas. Quise ver sus límites.

    “Mostrame como te masturbabas viéndonos.”

    Ella dudó pero metió dos dedos en su concha y los empezó a mover, casa vez más fuerte. Tomándola por la cabeza, y mientras le decía que no deje de masturbarse, la puse a chupar nuevamente. Ella estaba loca de placer y fue acabando una y otra vez mientras lo hacía. La tomé de la cabeza y cogía su boca con calentura.

    “Que lindo cogerte así la boquita que tanto me molestó estos años, pendeja. Te voy a acabar bien adentro, mientras me mostrás lo puta que sos pajeandote y gozando para tu primo.”

    Cuando me derramé en su boca ella tragó todo. Sus ojos eran pura lujuria. No dejaba de masturbarse y tener orgasmos. Apoyándome en un arbusto, la hice acercar y metí dos dedos en su concha, mientras me masturbaba para volver al ataque. Ella se dejaba hacer.

    “Ahora quiero ese culo, te juro que te va a costar sentarte por un par de días.” Ella temblaba de excitación. Mojó un par de dedos con saliva, y dándose vuelta me mostraba como se los metía y sacaba del culo. Hundí los pies en la arena para afirmarme, y la penetre de golpe. Ella se llevó el antebrazo a la boca y lo mordió. No pare hasta enterrarla toda en su culo. Y empecé a moverme como una bestia, luego de un rato empezó a gemir cada vez más fuerte.

    “Dios mío, que locura. Que caliente que me pone verte loquito.” Me dijo. Me quedé quieto, solté su cintura y le di dos chirlos en el culo. Ella empezó a moverse enterrándose sola mi pija hasta el fondo del culo, mientras separaba bien sus cachetes. Yo le pellizcaba los pezones con fuerza. Ella era todo orgasmos, sin parar.

    “Así quiero estar para vos, bien caliente, bien puta, desde hoy soy tu primita puta. Y mi culo solo va a ser para vos, juro que ningún otro hombre lo probara.”

    Escucharla y verla en la penumbra subía a mil mi calentura, la tome nuevamente de la cintura y la embestía con todo, hasta el punto de producirme dolor en la ingle de los golpes que le daba. Cuando solté mi leche en su culo, ella comenzó a temblar, se sacudía como loca. Me quedé dentro de ella un momento y luego nos vestimos y volvimos a la casa.

    “Sí que me cuesta caminar, pero todo fue más fácil viéndote como te calentabas por cogerme. Nunca voy a olvidar esta noche.”

    Llegamos y cada uno fue a su cuarto.

    Al día siguiente partió. Antes de irse pude ver en su antebrazo la marca de cuando se mordió la noche anterior.

    Dos años después, apareció de repente con su novio en un auto, se quedaron unos días en mi casa. Una tarde lluviosa, ella hizo que el novio lleve a mis padres a Mar del Plata. Cuando se fueron, cerró la puerta con llave y con la velocidad de un rayo se desvistió.

    “Hola, soy tu prima la puta. Y vine especialmente a que me rompas el culo. Ah, mirá, nunca se fue la marca de mi brazo.”

    Fuimos a mi cuarto y por un par de horas la cogí con furia, una y dos veces.

  • Una noche de cine

    Una noche de cine

    Desde hacía meses le insistía a mi marido… tenía muchas ganas de ir al cine a ver una película y él se hacía el desentendido. Hasta que una tarde me sorprendió, me invitaba al cine. Ni siquiera pregunté por la película, de hecho no me importaba, mi deseo era salir de las cuatro paredes de casa.

    Me alegré y rápidamente me arreglé. Llegamos al cine, ni siquiera me enteré del programa. Entramos. Mi vista no es nada buena, sufro de miopía, por esto siempre nos sentamos en las filas más alejadas de la pantalla. La sesión ya había empezado, estaban pasando los anuncios y trailers.

    Medio encandilados todavía, nos sentamos en la segunda fila, casi en el centro. Después de los anuncios hubo un breve encendido de la luz; pude ver a la mujer de mi lado, estaba acompañada por un hombre; me dieron la impresión de ser otro matrimonio como…

    Tan solo al inicio de los primeros créditos de la cinta fue evidente, se trataba de una película erótica, no sabía hasta donde de pornográfica, pero de que tendría escenas de sexo explícito no había duda.

    Entonces entendí… mi marido me invitó no tanto por complacerme, sino para complacerse él mismo; me encogí de hombros dispuesta a disfrutar del filme. Con solo ver las primeras escenas deduje que sería una de esas películas en las que lo menos importante era la trama. Me inquieté; luego me dije, la verdad no tengo porqué no gozar de esto, así tendré buenas fantasías para mis ricas masturbadas.

    Masturbarme ha sido el maravilloso sucedáneo para las insuficiencias de mi marido, y no solo por los problemas de erección, sino por lo insulso de su forma de acariciar, si decidía hacerme algunas caricias, claro. No obstante mis dulces, ricas, prologadas y frecuentes masturbadas, mi insatisfacción sexual era apabullante. Si a esto se agrega mi libido exaltada, se pueden imaginar mi estado de ánimo y también mi disposición a gozar de la película.

    En la pantalla una hermosa joven hacía una presentación de algo en la cabecera de una larga mesa ocupada por hombres y mujeres, ellas hermosas, ellos galanes seleccionados. La presentación terminaba y uno de los hombres se acercaba a la ponente para invitarla a cenar. Ella, sonriendo coqueta, le decía que ya tenía cita.

    Pantalla negra para dar paso a la bella joven del brazo de una de las mujeres apenas entrevista sentada a la larga mesa, tomada de su brazo; ambas cruzaban una calle aparentemente para dirigirse a un edificio donde se podía leer: Restaurante. Y sentí…

    Las butacas de ese cine son amplias, los mismo los reposabrazos; yo tenía mi brazo plácidamente aposentado allí, en el brazo de la butaca y otro brazo se situó sobre el mío, me alarmé.

    Y lo hice porque la extremidad ajena bien pudo situarse en el amplio espacio de la butaca sobrante. Me giré y la vi mirándome…su sonrisa y su mirada fueron sumamente inquietantes; retiré mi brazo aun viéndola, ella continuó con la sonrisa y el brazo en la butaca.

    Volví a la película más inquieta y desconcertada. Si fuera un hombre el atrevido, seguramente no me hubiera desconcertado, hubiera retirado el brazo y ya. Para colmo, la porno se iniciaba; las jóvenes estaban en el restaurante, en una mesa; la mesa estaba aislada. Las manos de las mujeres se entrelazaban, las sonrisas de una para la otra eran amplias, significativas, eróticas. Luego una de ellas miraba en todas direcciones, para seguidamente acercar su rostro a la otra para depositar un beso largo y sostenido en la boca de la joven ejecutiva.

    Mis estremecimientos iniciales se multiplicaron; no tenía explicación válida para ello y sin embargo, algo me decía, te estremece el recuerdo del brazo ajeno. Hasta apreté los muslos, sin duda un reflejo de auto protección, pero pensé, ¿de qué me protejo?, para contestarme: ¡caramba, me protejo de la vecina!

    La secuencia en la pantalla donde las jóvenes continuaban a los besos, y sus manos vagaban ya por los muslos desnudos de ambas; las minifaldas de las dos eran escandalosas, ya lo había observado cuando cruzaban la calle, las minifaldas apenas bajaban un poco de la raíz de las nalgas, no sé, tal vez ese apretón de muslos, aunado a la secuencia vista, motivaban a mi chocho a pegar de saltitos y sentía los pezones erectos, mi intranquilidad se fue al infinito.

    Mis manos sobre el regazo eludiendo descansar mi brazo en la butaca, no fuera a ser el regreso del ajeno, este pensamiento me turbaba y lo hacía en el sentido de continuar con mi protección y al mismo tiempo acariciar mis muslos. Mi faldita era igual de escandalosa a las de la película. Y ese lento caminar de mis manos en los muslos me hacían tiritar de emoción… ¿excitación? Me pregunté y sentí sonrojos abrumadores.

    La vecina me observaba, no la veía pero sentía el peso de su mirada clavada en mí…

    La joven ejecutiva, cínica, tocaba los senos de la otra, joven también, aunque se apreciaba de mayor edad, para volverme loca, dentro de mí deseé tener una mano precisamente en mis senos, y para colmo, bajé la mirada y vi los muslos de la vecina desnudos, la faldita casi en la cintura.

    Con más estremecimientos aparté rápido la vista para llevarla a la pantalla donde las jóvenes estaban entrando a una residencia cogidas de la cintura y besándose prolongadamente.

    Mi coño se encargó de decirme… estás excitada, y lo dijo mojándose de manera ostensible. Bueno, estuve a punto de pedir a mi marido que nos fuéramos, o yo retirarme sola, dejándolo a él a continuar excitándose con la pantalla. En lugar de eso, quizá desquiciada, coloqué de nuevo mi brazo en el reposabrazos de la butaca, pretextando “cansancio” del mismo. Claro, el otro brazo concurrió a la cita de inmediato. Ahí lo dejé, aunque mi mano del otro lado ascendió a mi rostro para enjugarlo sin razón.

    Entonces fue la mano, sí, la ajena, inició una levísima caricia en mi brazo entumecido de emoción; eso no lo admití en ese momento, ahora lo digo así, aquella tarde continué pretextando cansancio y era natural, en la estrechez del reposabrazos, los brazos se tocaban, nada para alarmarse, decía mi conciencia erotizada ya. Y luego, el soponcio.

    No lo sabía, en la oscuridad de ese cine me enteré: los reposabrazos de esas butacas se pueden retraer como en los aviones; ella dejó mi brazo, luego inició el movimiento para elevar el reposabrazos, yo, en las nubes del desconcierto y la excitación en aumento. Los movimientos de la otra fueron una excelencia de discreción, nadie, excepto yo, se percató.

    Ahora se sumaba a mi desconcierto, la incertidumbre de a dónde deseaba ir la “intrusa”, así continuaba calificándola. No tardé en saberlo, la mano audaz se posó en mi muslo desnudo e inició una suave ¡y cachonda! caricia en mi muslo desnudo…

    Mis estremecimientos eran ya temblores importantes, y mi coño ya estaba escandalosamente mojado, era sin lugar a dudas, una hermosa catarata de jugos.

    La mano ascendía con suavidad, sin prisas, la sentí llegar al límite mismo de la ropa, para luego descender al mismo paso. La miré, me sonreía de una forma deliciosa, así sentí esa preciosa sonrisa.

    Luego, la mano apretó… Las jóvenes estaban entrando a una lujosa habitación, se situaban frente a frente, los besos eran a lenguas paradas y fuera de las bocas; las manos de ambas en las nalgas de la otra; enseguida una, la más ansiosa, bajaba las manos hasta tomar la falda de la otra, la elevaba, la de la falda levantaba los brazos para permitir la salida del minivestido sensacional, y sorpresa… estaba desnuda bajo el vestido, por eso la belleza del cuerpo deslumbró en la pantalla y…

    En mis emociones erotizadas, vi los senos maravillosos y los pezones endurecidos, nada les pedían los propios, y la mano ajena sobre mis muslos andaba ya en las meras alturas. De pronto y para otra sorpresa mía, la mano se fue, pero no era así, solo fue por mi mano, la cogió y la llevó a sus muslos, ahí la dejó, mi mano sentía la suavidad de esa piel extraña. Esa tersura de mujer solo conocida en mis propios muslos, me fascinó.

    Su mano regresó a mi muslo y así se inició una inédita competencia de manos para ver cuál de ellas acariciaba más y mejor…

    Yo, haciendo esfuerzos, apenas si podía acallar mis ya evidentes jadeos, ella hacía lo mismo, me pareció. Mi coño se contraía cuando la vecina recorrió las nalgas al borde de la butaca, por eso sucedieron dos cosas, la primera y más alarmante, los muslos se separaron ampliamente y mi mano quedó en íntimo contacto con los pelos de su coño…

    ¡No llevaba bragas! Aún con los esfuerzos de ella, pude escuchar un sonido claramente suspirante.

    Después, la mano ajena apretó mi muslo y me hizo separar la pierna y bajar un poco el cuerpo al borde de la butaca, era claro, deseaba sentir con su mano lo mismo que sentía la mía…

    En la pantalla las cuatro manos andaban por los hermosos cuerpos desnudos de las protagonistas, y una metía los dedos en el coño de la otra, acercando la cámara a primer plano y con esta toma se veía perfectamente los dedos metiéndole en el coño. Me estremecí aún más y ya me era necesario algo en mi chochito encharcado.

    Quizá esto me “obligó” a bajar mi culo hasta el borde mismo de la butaca, sin importar mi marido. La miré, me vio, sonrió y ya su mano estaba entrando por mis braguitas y acariciando mis pelos, entonces decidí quitarme las braguitas para no estar en desventaja…

    Sorprendida, fui por la mano ajena para colocarla en mis adorables pelitos, en mi jugoso coño que ya clamaba por caricias, y claro, mi mano se fue hacia su coño. Ella tiró todavía más adelante las nalgas, con los muslos abiertos de par en par. Y, sin el estorbo del reposabrazos, mi mano pudo agilizar sus dedos, y los dedos ajenos, atendiendo a mis deseos, se metieron en mi vagina empapada y deseosa de placer…

    En la pantalla la más joven chupaba el coño de la otra, y se despertó en mí el deseo de chupárselo a mi vecinita. Dejamos de ver la pantalla para concentrarnos en las miradas mutuas, en el continuo fruncir de los labios enviando besos a la otra y los dedos acariciando suave, tiernamente los coños respectivos, con lentitud estudiada, las dos igual, reprimiendo los jadeos y los gemidos, y más, mucho más, los movimientos de las nalgas desatadas por la enorme excitación…

    De mi marido ni me acordaba.

    Mi vecina era guapa, en una secuencia luminosa la vi, joven. En la pantalla una acercaba la lengua a la vagina depilada de la otra y se acercaba al clítoris mientras le metía los dedos en la vagina, esto hizo que culminara un orgasmo en mí tras tener sus dedos jugando en mi duro clítoris con mucha experiencia, la explosión de placer fue maravillosa, de una potencia nunca imaginada.

    Mis dedos apresuraron la marcha, deseé, loca de deseo, provocar esa misma explosión en la vagina tan deliciosamente acariciada por mis deditos… Y sí, ella detonó su orgasmo, lo sentí por cómo apretó los muslos deteniendo mis dedos y echó la cabeza hacia atrás…

    Mi orgasmo no se detenía, continuaba incansable, lo mismo los deditos sabios se movían sin descanso y en la pantalla las chicas hermosas caían en el fabuloso 69 y las cámaras hacían tomas de las lenguas penetrando a uno y otro coño y en la banda sonora estallaban los gritos orgásmicos de las dos en la pantalla, casi en simultáneo con los nuestros.

    Al retraer mis nalgas, mis desnudos muslos detectaron el asiento empapado de mis jugos y sonreí enviándole un sentido besito a la vecina, suspirando sin ruido, francamente agradecida.

    Volví a la pantalla, ahí las muchachitas se besaban amorosas mientras sus manos hacían recorridos por nalgas, senos y coños; las sonrisas eran maravillosas, reflejaban fielmente la satisfacción de ambas… Pantalla negra para volver a una mansión donde dos agraciadas jóvenes, más jóvenes que las otras, desnudas, se acariciaban mutuamente los pechos. Las secuencias posteriores no diferían de las ya vistas, sin embargo sí propiciaron el regreso…

    Ahora fueron mis manos las del regreso a los muslos increíbles de mi vecina, ella sonrió, abrió los muslos, empujó las nalgas al borde del asiento y al mismo tiempo, con sus manos levantaba discretamente la faldita, ya con mis dedos enrolados con los pelos mojadísimos, abrí los labios verticales y ella hizo un ligero movimiento a sus nalgas dando su aprobación, y la mano ajena no se hizo esperar, regresó calmada y tierna a mis muslos aún juntos.

    La hice esperar, no bajé las nalgas, tampoco abrí los muslos, ella me veía sonriendo y su mano acariciaba deliciosamente la piel de mis muslos, ya mis dedos nadaban en esa inapreciable piscina, mi coño reclamaba acción, mis muslos se abrieron de par en par y las nalgas se fueron al borde del asiento, no se apresuró a entrar a la cueva de las delicias, se entretuvo acariciando mis pelos, disfrutando de la excitante humedad…

    Yo deseaba intensamente la penetración de los deditos, por eso, instintos en acción, elevé las nalgas con cuidado pero con efectividad, para que los dedos entendieran la necesidad inmensa de su deseada penetración… eso hicieron, acariciaron más leve, más tierna, más cariñosamente mis labios llenos de pelos, y luego, para mi enorme satisfacción y mi candente admiración, los dedos se metieron en el chochito.

    En la pantalla gran acercamiento a las lamidas sensacionales de coños que se estaban dando, y ni cortos ni perezosos, nuestros orgasmos se detonaron sin que los dedos dejaran de acariciar los respectivos clítoris, fuente del inmenso placer de las dos…

    En la pantalla se escucharon los gritos de los orgasmos de las protagonistas, segundos después de los nuestros. Tal vez emití un gritito irreprimible y mi marido me miró, pero por fortuna en ese momento yo estaba con los ojos en la pantalla y había bajado mi faldita, lo cual hizo que volviera a mirar la pantalla donde las jóvenes se metían los dedos en sus respectivos coños sin dejar de mamar. No obstante permaneció un tanto inquieto, lo sentí y lo comprobé al percibir sus casi constantes abandonos de la pantalla para verme con el ceño fruncido. Miré a mi vecina, ella sonreía y se encogía de hombros indicándome estar al tanto de nuestra desdicha.

    En fin, ya no fue posible volver las manos a donde tanto había disfrutado, gozado del placer de acariciar otro coño, otros pelos, otras ninfas, otro clítoris, pero los ojos continuaron solazándose con la celestial visión de los hermosos muslos que continuaron desnudos hasta poco antes del fin de la cinta.

    Ambas, puestas de acuerdo con los ojos, hicimos castos movimientos para colocar las faldas en el lugar adecuado. Ella, más presurosa, hurgó en su bolsa, luego sacó algo, yo intrigada, no dejaba de verla. Ahora fue claro su suspiro; vio a su acompañante, luego al mío, estiró la mano y depositó en la mía una tarjeta, yo me apresuré a ocultarla en la palma de mi mano.

    Encendiéndose las luces, ella tocó por última vez mis muslos con el grave riesgo de ser vista por cualquiera. Nos enfrentamos al ponernos de pie, la sonrisa de ambas fue maravillosa, hasta muy afectuosa la sentí, eso quiso expresar la mía. Siguiendo en su onda audaz, frunció los labios en el beso final.

    El acompañante le tocó un hombro para señalarle la salida, luego se dio la vuelta y pude ver sus caderas y sus nalgas, ambas preciosas.

    Yo permanecí de pie viéndola irse, me atreví a una discreta despedida con mi mano cuando ella caminaba por el pasillo camino de la salida. La tarjeta punzando en mi mano.

    Mi marido me instó para salir, lo seguí con los muslos resbalosos y al caminar las sensaciones orgásmicas se dejaron venir, aunque no fueron suficientes para llevarme a un nuevo orgasmo. Por esto me metí en el baño y me encerré para masturbarme. Entonces me di cuenta que mis braguitas se quedaron dentro de la sala. Eso me calentó más y mi masturbada fue sensacional.

    Esa noche no pude dormir recordando el inmenso placer con los dedos de una mujer. Por la mañana, temblando de emoción, marqué el número de la tarjeta y ¡me contestó ella!…

    Fue el comienzo de una larga amistad y un placer desconocido hasta ese día e inmejorable hasta hoy.

    Woman Penelope

  • La chica botera que le gusta el bondage

    La chica botera que le gusta el bondage

    Todo empieza en Barcelona, al ir a trabajar con mis 33 años y coincidir en el metro, en la línea verde casi cada día, con una chica morena, de unos 25 años, pelo largo, blusa blanca, con chaqueta de cuero negra, minifalda de cuero negra y sobretodo con sus botas planas negras de cuero, que le llegan justo por debajo de sus rodillas. Al ir coincidiendo muchos días, al final se van cruzando las miradas.

    Cual es la sorpresa que un día al fijarme en su cara, veo que le sobresale por debajo de la mascarilla en su lado derecho un trocito, casi insignificante de cinta adhesiva gris. Me voy fijando en otros días y sólo se lo detecto en algunos, no siempre. Es un hecho que me extraña, entre mí pienso, “Hay días que debe de ir amordazada?, ocultando su mordaza con la mascarilla? Vaya morbo. Si es así, si se encuentra a alguien conocido, cómo saluda, si lleva la boca amordazada?, Si va a trabajar, al llegar, cómo saluda?, va directa al servicio y se quita la cinta adhesiva?, sin saludar a la entrada?, o con un sonido ahogado por la mordaza, saluda?” En definitiva, se me ocurren infinidad de preguntas sin respuestas…

    Van pasando los días y el tema sigue igual, ella vestida de cuero, con sus botas planas y con nuestras miradas que se cruzan, sobre todo cuando nos sentamos cara a cara y ella con sus piernas cruzadas, destacadas por sus botas.

    Un día al llegar a casa, empiezo a pensar “en que tendría que decirle algo, pero cómo? Si va amordazada no puede hablarme” Finalmente, se me ocurre escribirle en una hoja y entregársela. “Pero qué le escribo, qué le pongo?”

    Decido escribirle unas pocas líneas: “Hola, me llamo Óscar, coincidimos muchos días, noto una atracción hacía ti, por tu forma de vestir y tus botas, también por tus miradas. Si lo deseas, podemos quedar para cenar éste sábado a las nueve en la entrada de El Corte Inglés de Catalunya. Ya me confirmarás”

    Le entregó la hoja un jueves. Al verla le digo, “Hola, toma» y me alejo un poco de ella. Enseguida despliega la hoja y la empieza a leer. Cuando acaba me mira, me dice que sí con la cabeza, también el dedo pulgar de su mano derecha arriba y guiñándome el ojo.

    Pienso, “perfecto”.

    Llega el sábado. Llego en metro media hora antes. Todavía no está. A menos veinte la veo aparecer, con su melena al viento, su blusa blanca, con su chaqueta de cuero, su minifalda de cuero y sus preciosas botas planas negras de cuero. Y con una diferencia a los otros días cuando coincidimos, en vez de llevar mascarilla quirúrgica, va con una de piel negra. Cuando llega, nos miramos y nos damos un abrazo. Ella se presenta, “hola, me llamo Cristina». Encantado le digo.

    “Vamos a cenar por aquí el Paseo de Gracia”, le comento. Me dice, “vale”.

    Nos sentamos en una terraza, estamos en el mes de marzo y hace buena temperatura, se está bien. Viene el camarero, ella pide una cerveza, yo también. Mientras decidimos que comemos.

    Pedimos lo mismo, una ensalada de primero y de segundo un bistec. Mientras traen las cervezas, nos sacamos las mascarillas, por fin le puedo ver su cara entera, es preciosa, con su nariz respingona y sus labios muy bonitos, con una sonrisa preciosa.

    Nos miramos fijamente y nos sonreímos. Empezamos a hablar, tiene 26 años y vive independizada, sus padres tienen mucho dinero, su padre es arquitecto y ha contribuido en muchas obras, tanto de aquí el país, como en el extranjero. Ella vive en una urbanización en Sant Just Desvern. No tiene pareja, ha tenido tres novios, actualmente sin compromiso.

    Yo le explico también mis andanzas y que actualmente estoy sin compromiso también.

    Mientras vamos cenando. Entonces le pregunto el por qué de vestir así. Se sonríe y me dice que es “fetichista del cuero”, que le excita mucho llevar ropa así y sobretodo las botas. Me comenta “imagínate que tengo éste par de botas que llevo, para la calle y que en casa tengo otro par del mismo modelo, para llevarlas en casa». Entonces le pregunto, “así que en casa, vas con botas?” se sonríe y me dice que sí. Y que también va vestida de cuero, camisetas, pantalones cortos, vestidos, ropa íntima de cuero, pvc y látex también. Mientras pienso, “ufff, impresionante”.

    Le pregunto que desde cuando tiene ésta atracción por el cuero, látex…. Me contesta: “Desde bien pequeñita, imagínate que deseaba que lloviera a menudo, para llevar chubasquero y sobre todo las botas de lluvia, jajaja, me encantaba. Cuando me levantaba y mi madre me decía, está lloviendo, me ponía toda contenta, por ponerme el chubasquero y mis botitas. Así que ya ves, me viene desde bien pequeñita» Entonces me sonrío y le digo, ahora entiendo que vistas así, jajaja. Ella también se ríe y me guiña el ojo.

    Entonces me comenta que luego ya a partir de su adolescencia, que ya empezaba ir al cole con faldita tejana y botas negras hasta por debajo de las rodillas, disfrutaba llevarlas. Eso sí, siempre le ha gustado las botas planas, sin tacón. Le digo que muy bien.

    Le comento que a mi también me vuelve loco el cuero y que cuando veo por la calle una chica con botas, me vuelvo loco. Ella se sonríe y me dice “ya, ya, sino fuera así, no estaríamos juntos ahora, jajaja»

    Ya vamos comiendo el segundo plato y tengo en mente, preguntarle eso que le he visto varias veces debajo de su mascarilla, sobresaliendo un poquito… (la cinta adhesiva). Pero no sé cómo sacar el tema.

    Finalmente me decido y le digo, una pregunta, ella me contesta, “dime”. Le digo “Mira, una cosa, hay días que debajo de tu mascarilla sobresale un poquillo de cinta adhesiva gris. Perdona por si te ofende, es posible que vayas por la calle amordazada?”. Ella de golpe se pone roja, se sonríe y me contesta “Sí, como te fijas en mí, eh?” Me sonrío y le digo que sí, claro, tratándose de una chica tan guapa como ella. Vuelve a sonreírse. Y le pregunto y eso, por qué vas así amordazada por la calle?

    Entonces, me dice, “mira, me gusta mucho, en definitiva, que me vuelve loca también el bondage”. Entonces le digo, ostras, eso de ser atada, amordazada… Ella me contesta “sí, eso, pero sólo eso, el sado no me gusta, dolor, pinzas, cera, todo eso extremo no”. Entonces coge su bolso de piel negra, abre la cremallera y me dice, “mira al fondo, llevo unas esposas y un rollo de cinta adhesiva”. Ostras, me quedo de piedra, “por qué llevas eso encima”, me contesta “me excita llevar ese tipo de material en el bolso cuando salgo, ya ves, manías”. Le digo, increíble, vaya morbo. Le comento que también me atrae el bondage, que me da morbo eso de atar y amordazar a una chica. Ella se sonríe y me dice “pues ya lo sabes, aquí me tienes” y a continuación se pone roja. Entonces me río y le digo, vale, tomo nota, jajaja. Entonces le pregunto y cómo es que te gusta? Algún antiguo novio te lo hacía? Y ella me dice “No, no. Todo empieza siendo pequeña también, con dos compañeras del colegio, haciendo un trabajo de grupo, en casa de una amiga, entonces una de ellas sacó unas cuerdas y me dijo, Cristina, te vamos a atar y…

    Viene el camarero y nos trae los postres, fresas con nata. Entonces le digo, Cristina, te imaginas en la cama vestida de cuero, con tus botas, atada, amordazada y lamiéndote la nata derramada encima de tu cuerpo… y ella rápidamente me contesta, uuuffff, “calla, calla, venga comemos los postres y si quieres vente a mi casa”. Me sale una sonrisa y le digo, “quieres que venga, mmmm, vale, jejeje”

    Le digo, ya me contarás en otro momento lo de las compañeras del colegio. Ella me dice, sí, sí.

    Por cierto, le pregunto, me has dicho antes que vives en una casa de Sant Just Desvern, ella me contesta sí, en la urbanización can soteres, calle Joan Rigol, número 40. Entonces le digo, ostras, ya sé donde está, había ido muchas veces por esa calle de la urbanización, por motivos de trabajo. Ella me dice, perfecto, cuando vengas sólo ya sabrás ir, jejeje.

    Entonces me pregunta, “has venido en coche?” y le digo, no, en metro. Entonces ella me dice, pues venga, vamos al parking y para mí casa, allí ya tomaremos alguna copita. Le digo, vale. Entonces me levanto, “te invito, voy a la barra a paga”. Ella me dice “gracias”.

    Al salir ella ya está levantada esperándome, con su chaqueta de cuero, minifaldita de cuero y sus botas. También ya se ha puesto la mascarilla de piel. Noto que la gente la observa, lógico.

    Nos dirigimos al parking donde ha dejado el coche, en la plaza Catalunya, le digo, tengo ganas de llegar ya a tu casa y ella se ríe.

    Llegamos al parking, tiene el coche a la -3 , nos acercamos a su coche, ya no hay ningún coche en el rincón donde lo tiene. Se dirige al Mercedes deportivo de dos puertas, pienso, vaya cochecito tiene la niña…

    Entonces ella llega a la puerta del conductor, de golpe la agarro por la cintura fuertemente y ella me dice, “que haces, ahora no, suéltame”, mientras abro la cremallera de su bolso, ella “no, para”, cojo las esposas, agarró su muñeca derecha, forcejeamos un poco y se la pongo “click», ella “no, no, para por favor, no me esposes ahora», agarro su muñeca izquierda y por detrás la esposo junto a su muñeca derecha “click». Ya la tengo esposada con las manos atrás. Ella me dice, ahora que me vas a hacer, que vamos a mi casa, allí haremos de todo, venga suéltame, que no sabes ir a mi casa, le digo, no te acuerdas que te he dicho que sé ir…

    Ella se enfada, venga ya, suéltame o gritaré. Le digo, mira, te saco la mascarilla y quiero que me beses. Si me besas bien, te quito las esposas y vamos ya a tú casa. Me dice “valeee», empezamos a besarnos, ella apoyada a la puerta del coche, le digo, abrázame, es verdad, no puedes, mientras ella se excita más y dice no puedo, no puedo, mientras se escucha el ruido metálico de las esposas. De golpe levanta su rodilla derecha y me empieza a rozar el pene, me dice, mmm, noto una cosa muy dura aquí, venga va, que te estoy besando bien, suéltame y vamos a casa para gozar. Entonces le digo, “basta ya, tantas prisas, de vamos a casa ya, vamos a casa ya”.

    Empiezo a palpar su coño por debajo de su faldita y noto que su tanga está todo humedecido, una pasada, ella me dice, para, no me toques, entonces le saco el tanta de golpe para abajo y ella grita, “qué haces?, aquí no», calla ya, levanta una pierna, su tanga roza con su bota, venga, ahora levanta la otra rozando con su otra bota. Ella grita “para ya». Entonces le pongo mi mano derecha en su boca y le digo calla, ella se revuelve, mientras suenan sus esposas. Mi mano izquierda tiene su tanga y le digo, venga, abre la boca, ella no quiere, entonces con mis dedos índice y pulgar de la mano derecha le tapo la nariz, abre la boca y zas, tanga humedecido dentro de su boca, bien para dentro, ella “mmmppp», cojo de su bolso el rollo de cinta adhesiva gris, corto un trozo y hacia su boca, otro trozo justo a ras de su nariz, otro trozo por debajo de su barbilla, otro trozo en medio. Bien amordazada la tengo, de oreja a oreja. Ella suspira por la nariz y no para de gemir “mmmpppfff».

    La agarro de su brazo izquierdo, la esposo por delante, le pongo la mascarilla encima de su mordaza y la introduzco al asiento del copiloto, le pongo el cinturón. Le digo, tranquila guapa, ahora si vamos a tu casa, ves, no te he hecho nada, ella me mira enfadada, “mmmpppfff». Te he puesto la mascarilla, aunque sea de noche, pero así disimulas de que vas amordazada, por si alguien te ve en un semáforo, jejeje. Ella “mmmpppfff». Bueno, pues vámonos, me dirijo al asiento del conductor y salimos del parking, con su ViaT que lleva al lado del retrovisor interior. Vamos hacia su casa. Paramos en un semáforo, le empiezo a palpar su coño, ella con sus manos esposadas me la aparta un poco y le digo, para, uy, como lo tienes si está chorreando, vaya, vaya, tienes problemas Cristina, vaya, pobrecita. Ella “mmmpppfffggg»

    CONTINUARÁ

  • Mamá, morbo, y… estamos solos en casa

    Mamá, morbo, y… estamos solos en casa

    Era una de noches de estudio con mi inseparable amigo de la «facu» y de aventuras Eduardo, esa misma tarde le había comprado a mi novia un traje de encajes de tangas y body calado haciendo juego, los que aún estaban en una bolsa de regalo sobre mi cama.

    Habíamos cenado con mis padres y ya casi las nueve de la noche decidimos encerrarnos a preparar el final que tendríamos en la “facu”, mi padre se retiró a su cuarto mientras que mi madre se dedicó a levantar la mesa quedándose sola en la planta baja, donde también está el dormitorio de mis padres, por lo tanto con Eduardo nos fuimos hacia la planta alta, sin dejar de percibir que con cierta mirada pícara me sonrió mi madre, mientras que su remera musculosa blanca se marca sobre escote provocándonos con sus hermosas lolas de cuarentañera.

    —Suban chicos, en un rato les llevo café.

    —Gracias Laura, —le dijo Eduardo, a quien también le sonrió dulcemente.

    —Cada vez más perra tu vieja, —me dijo Eduardo mientras subíamos las escaleras.

    —Tiene un nuevo amante (le susurre al oído) y van…

    —Es que con ese lomo y lo que provoca, cualquiera se rinde a esos antojos, ¿y tú viejo?

    —Bien gracias.

    Estábamos en mi cuarto entre libros y concentrados con Eduardo ejercitando formulas, esas integrales y complejas derivadas, cuando mi madre apareció con una bandeja con las tazas de café y un par de alfajores de chocolate, casi provocándolo dejó caer café sobre su propia remera, ese fue un gesto premeditado, como una invitación a que nuestros ojos fueran a parar sobre su escote, el que estiraba como limpiando esas gotas de café que más aún, dibujaban las formas de sus tetas sin soutien. —Eduardo me miró sorprendido.

    Me incorporé del escritorio y tratando de ayudarla vi cierto antojo en sus ojos y en el morderse (otra vez) de sus labios.

    —¿Te quemaste mami?

    —No, estoy bien, solo dolió un poquito.

    Pero sus pezones se habían marcado en un bajorrelieve debajo de la musculosa sucia de café, a la que anudó sobre su ombligo dejando al aire su vientre y mostrando que su short ajustado de tiro bajo estaba desabrochado, su biquini negro, que sensual enmarcaba su cadera hasta su entrepierna, pero al salir del cuarto advirtió el regalo para mi novia.

    —Y este regalo, ¿es para mí?, ¿encajes negros? Hmmm!!!

    —No Ma, es para Roxana, mi novia.

    Lo tomó y saliendo del cuarto se llevó el regalo, mientras yo la seguí por el corredor, cuando viendo que estaba detrás de ella, se volteó y poniendo su dedo índice sobre mis labios, me hizo callar y susurrando, —les voy a dar una sorpresa a vos y a “Edu”—. Me excitaron demasiado esas palabras, más, el modo de su susurro, verla manchada de café, sucia y con ese short desflecado, estuve a punto de comerle la boca, pero pensé que mi padre aún podía estar dando vueltas, por lo que me contuve, pero ella no, me dio un piquito en los labios… —Ya vuelvo bebe.

    Mi madre, Laura ya con sus 49 años estaba en lo mejor de su edad, su cuerpo era siempre una escultura que cuidaba con natación y sus semanales rutinas al gimnasio con su personal trainer y masajista Verónica, que no era más que un travesti bien dotado y uno de sus dos amantes exclusivos el que había conocido en una disco. 1,70 de sensualidad provocativa, era una mujer deseada, aún por sus mismas amigas que supieron de sus antojos lésbicos y de sus placeres swingers entre secretos que yo también callaba y disfrutaba.

    —Xochi, tu móvil está sonando, es “Mena”, —Le gritó mi padre desde planta baja.

    —Atendela por favor, ya bajo, —respondió mi madre

    —Es un whatsapp, dice que se reúnen con las chicas en el “club house” y que te pasa a buscar

    —Ok.

    Como era viernes, luego de cenar mi padre se reunía en casa de “Mena” con su esposo —otro cornudo— y con otros amigos a jugar al póker hasta bien entrada la madrugada, mientras que “Mena” vendría a casa a pasar películas con mi madre en el living y esa noche no sería la excepción y eso se confirmó cuando mi padre se despidió desde la puerta de entrada; pero los planes cambiaron con aquel mensaje de “Mena”. Yo volví a mi cuarto a estudiar con Eduardo cuando a poco sonó el timbre de la entrada, como mi madre no atendía, y luego de advertir que ella estaba en su cuarto, bajé a abrirle a “Mena”.

    —Hola Richard, ¿Tu mami?

    —Guau… —exclamé en un suspiro, al verla deslumbrantemente erótica, pero nada ostentosa—Pasá, se estaba duchando, Estás hermosa “Mena”, cuando sentí unas cosquillas en mi glande; me costó desviar la mirada de las pecas de su escote y de la minifalda que traía, en composé con su cabello pelirrojo y sus ojos verdes al igual que los de mi madre.

    Mi madre se asomó por la baranda del primer piso envuelta en un toallón meneándose el cabello, mientras volteaba la cabeza hacia un costado, actitud que me excitaba cada vez que lo hacía con un dejó de provocación sensual.

    —Hola “Mena”, me doy un baño y bajo…

    —Dale, subo y hablamos…

    Los ojos de “Mena” se iluminaron al ver a mi madre que se abría el toallón delante de ella mostrando en su desnudez su belleza infinita; en ese momento Eduardo con un libro en sus manos salía de mi cuarto, presenciando el momento lésbico cuando “Mena” beso con un “piquito” los labios de mi madre. No llegué a escuchar lo que mi madre le murmuró al oído a “Mena” cuando esta, bajando las escaleras me pidió que le sirviera un poco de vino, —me llamó la atención, pero accedí, cuando veo que mi madre se pierde en el corredor de la planta alta y Eduardo se vuelve a mi cuarto.

    — ¿Cómo van los estudios? —Me pregunto “Mena”, llevando el cristal de la copa a sus labios y con cierto morbo.

    — Bien, complicado como todo en ingeniería. –Le contesté medio temblando, cosa que se notaba mientras me servía mi copa de vino.

    — Y… ¿siempre estudian juntos con “Edu”?

    — Si, somos muy amigos desde chicos y hacemos buen equipo en la facu.

    — Me lo imagino, respondió dándome la espalda, la que llevaba descubierta, notando que tampoco llevaba soutien.

    Siempre me excitó “Mena”, era una de esas mujeres no muy alta, pero con buen físico, de glúteos dibujados acorde con unos senos regado de pecas, siempre usa tacos para salvar justamente su altura, delicada piel —y como dije— regada de pecas y con esos fulminantes ojos verdes, debajo de eróticas pestañas negras. No imaginé que “Mena” también iba a dejar caer sobre esas tetas un derrame de vino, se volteó y me quedé mirando sus dos ojos que se clavaron en los míos…

    — No seas tonto, subile a tu amigo una copa de vino, que también la va a estar necesitando.

    Sonreí y subiendo las escaleras, el silencio era provocativo, solo de fondo se escuchaba la ducha en la suitte de mi madre, al pasar por mi dormitorio vi que Eduardo no estaba en este, con la copa de vino en mi mano seguí sigiloso por el corredor cuando descubrí a Edu masturbándose, mientras espiaba a mi madre a través de la puerta entreabierta del baño, lo que me provocó una erección tan dura como la pija que “Edu” agitaba en su mano.

    —¿Te gusta la perra que es? —Le dije ofreciéndole la copa de vino…

    —Hijo de puta, me tiene loco tu vieja, mirá que conchita depilada para comerla, ¡y esos pezones!

    —No seas boludo, —le dije— mientras le agarraba con mi otra mano su pija, sintiendo su calentura.

    —Me la quiero coger Richard.

    —¿Y qué esperas?, metete en el baño y cogétela, no ves que ya se dio cuenta.

    El agua de la ducha y resbalaba sobre la piel de mi madre, que tomando sus lolas se fue deslizando apoyada sobre pared, mientras esa espuma se confundía en el entre de sus piernas abiertas, mostrando su pubis y sus labios vaginales cubiertos de esa espuma. Me alejé por el corredor, mientras Eduardo empujaba la puerta del baño dejándose ver por mi madre que salía de la ducha…

    —Perdón Lau, no me di cuenta que estaba ocupado… —Dijo Eduardo temblorosamente.

    —Hmmm y esa erección a quien se la estabas dedicando. —Suspiró mi madre.

    Ella, aún, chorreando gotas de agua sobre su piel, lo arrinconó sobre la mesada del lavabo comenzando a besarlo, apoyando esos dorados pezones con sus pecosas lolas pecadoras, acomodó la pija de “Edu” entre sus piernas mojadas, y entre chupones morbosos abriendo sus piernas se fue poniendo de rodillas delante de esa erección carnosa de veintitantos centímetros, la que fue devorando en su boca y en silencio. Eduardo echó su cabeza hacia atrás, pero mientras acariciaba la cabellera húmeda de mi madre, con la otra sosteniendo la copa bebiendo a sorbos el vino, que dejaba correr por su pecho y su vientre, desde su boca hasta que mojaba su pubis donde mi madre pajeaba semejante erección entre sus labios confundiendo los sabores.

    El voyerismo sobre mi madre fue lo que siempre despertaba mis más bajos instintos de placer, pero “Mena” que estaba en un silencio provocativo apoyada sobre la baranda de las escaleras, con su minifalda bastante subida sobre sus caderas, a tal punto que su tanga se asomaba dibujando la raja de su vulva, mientras seguía bebiendo a sorbos de su copa, me volvió loco y adiviné que la noche iba a ser demasiado caliente.

    —Y tu mami, ¿tiene para mucho? —Me sorprendió la pregunta de “Mena”.

    —Creo que está bastante entretenida con un “pete”, —le respondí.

    —¿Y no te gustaría mirar cómo disfruta?, —Tomándome de la mano me llevó hasta la suitte de mi madre.

    —Mami tiene un encanto que envilece a cualquiera.

    —Es tan puta y lo sabe disimular tanto.

    —¿Uds. tienen sexo lésbico? —Le pregunté a “Mena”, haciéndome el sorprendido.

    —Dale Richard, a esa potra no la puede satisfacer un solo tipo, ni una sola hembra.

    Cuando nos asomamos por el corredor, reflejada en el espejo del baño, mi madre seguía en cuclillas saboreando la pija de Eduardo, dejando caer sobre sus pechos la miel de su saliva, mientras la sostenía fuerte del cabello apretándola contra su pubis, haciendo que las arcadas dejaran percibir su garganta profunda; en esa cogida bucal se dibujaba en relieve en los cachetes la erección tremenda de “Edu”, que se descubrió cuando se la quitaba e introducía en la boca, cuando mi madre levantando la vista, le dijo —Quiero más, quiero tu leche—. Le volvió a dar una tremenda mamada, dejando que su saliva caiga desde ese glande como mieles.

    —Primero me voy a sacar las ganas de cogerte… Lau, de acabarte en esa conchita tan putita que tenés.

    —Rompeme la colita primero, excitame más con esa pija que me arde de placer, ¡porfi!

    Ella se acomodó, apoyando sus manos sobre borde la tina, levantado sus muslos firmes, separando sus altas piernas y quebrando su cadera, Eduardo comenzó jugar con su lengua, enterrándola en ese esfínter antes de comenzar a acomodar su glande en ese culo lubricado por tantos besos negros; los ojos de mi madre se cerraron al placer que inhalaba con su boca, al momento que comenzamos a ver con “Mena” como veintitantos centímetros de pija se enterraban en mi madre, hasta que el ritmo de la cogida comenzó a sentirse en el golpeteo de esos cuerpos. Eduardo embestía con tanta fuerza que mi madre comenzó con clamores de ahogos y suspiros a rasguñar y sostenerse de las paredes. Eduardo la estrujó aún más, mientras la cogida era cada vez más profunda como la larga erección con la que la sometía con más y fuertes embestidas en ese rasgado esfínter.

    —Por favor no pares (suplicó mi madre) pero no acabes todavía.

    —Que apretadito lo tenés, te juro que te lo voy a seguir rompiendo por un rato largo, putita.

    —No pares…. Enterrámela profundo. —suplicó mi madre.

    “Mena” que ya se masturbaba a mi lado, me agarró la cara con sus dos manos y me enterró su lengua en mi boca.

    —Ahora es nuestro turno Richard.

    —Siempre le tuve ganas a tus lolas “Mena”. —Le decía mientras acariciaba su conchita sobre su tanga ya húmeda.

    —¿Y qué esperabas tonto? —Me decía mientras me volvía a besar.

    Me arrodillé delante de “Mena” y comencé con pequeños mordiscos a saborear sus labios debajo de la seda negra de su tanga, hasta que le introduje mis dedos buscando su punto “G”, dentro de su vagina suave y húmeda, me tomó de la cabeza y me empujó contra su pelvis. —chupame bebe, chupame—, haceme acabar antes que tu madre venga y te coja también— No tuve tiempo a reaccionar, su orgasmo explotó entre mis labios. “Mena” se desplomó contra la pared y cayendo hacia el suelo de rodillas delante de mí, comenzó a desnudarse, le pedí que se dejara la tanga, que mi pija rozaba poniéndose aún más tiesa. Los dos estábamos arrodillados enfrentados, sus labios me tentaban y comenzamos a besarnos frenéticamente, mi saliva iba y venía con la suya cayendo sobre sus tetas que me tentaron dejándoles correr esa saliva sobre las pecas que brillaban sobre sus lolas y sobre sus pezones.

    No dejaban de tentarnos aún más los grititos que venían desde la suitte cuando un ahogo de Eduardo anunciaba su acabada dentro de mi madre, “Mena” con sonrisa pícara me pidió también que acabara en su boca, pero mientras cogía profundamente esa garganta, mi madre y Eduardo aparecieron desnudos en el corredor, mi madre lo sostenía de la pija; —acá también están cogiendo, pero no acabes bebe— dijo mi madre dándome un chirlo en mi cola. “Mena” levantó los ojos hacia los míos, cuando con un chorro de semen comencé a vaciarme sobre su cara y en sus labios, mi madre se arrodilló también y se besaron baboseándose mi esperma entre sus labios. “Edu” nos sonrió, cuando dejé que mi semen acabara en el paladar de mi madre.

    —Vistámonos y vamos a tomar algo por ahí —sugirió Eduardo.

    —Vendría bien, —Dijo mi madre y se encerró con “Mena” en su cuarto.

    —¿Y “Edu”?… ¿Te la cogiste lindo?

    —Tu vieja es una puta hermosa, creo que le acabé tanto, que temo haberla embarazado.

    —No te preocupes, toma anticonceptivos, que si fuera por las acabadas que tiene adentro hubiera tenido más abortos de los que tuvo.

    —Le rompí el orto, espero que tu viejo no se dé cuenta, porque me llenó la pija de sangre.

    —Siempre le sale un poco de sangre porque es estrecha, no te preocupes, antes que me viejo le vea el culo a mi vieja, seguro que otra pija se la coge, y esta noche tengo ganas de acabarle también yo.

    —Espero que la noche siga así, me la quiero coger también a “Mena”. —dijo Eduardo.

    Estábamos con “Edu” esperando a las dos potras de “Mena” y mi madre que en estos casos pasaba a ser “Xochi”, cuando aparecieron bajando las escaleras, “Mena” con esa minifalda y su blusa sin soutien y con su espalda descubierta, mi madre más putita con un pantalón blanco bien ajustado demarcando su apetecible cola y blusa sin corpiño, resaltado sus pezones y con botas de caña alta por sobre las botamangas del pantalón; —Tremendas perras, murmuró “Edu”.

    Hacía tiempo que con mi madre Xochi no teníamos un encuentro, apenas juegos eróticos que no pasaban de una caricia atrevida, ya que siempre reservábamos nuestras delicias incestuosas para las vacaciones lejos de miradas y de entornos familiares; eso sí, siempre fui el cómplice de sus placeres y de sus cotidianos pecados. Pero poco duramos en un boliche al que habíamos llegado los cuatro, ya que “Mena” le pidió a “Edu” que la alcanzara a su casa, era imposible dejar de apreciar que “Mena” se había calentado demasiado con Eduardo, cuando veíamos como se la cogía a mi madre. No obstante, mi madre y yo decidimos quedarnos un poco más, —la noche era joven para volver a casa—, así que seguimos bailando y tomando como una pareja más entre tanto olor a morbo y trampa en esa disco; Laura mi madre estaba bastante picadita de alcohol, era momento de bailar más apretaditos y sentir sus lolas en mi pecho mientras acariciaba su espalda haciéndole sentir mis uñas que bajaban hasta su cola.

    —Me estás calentando Richard… —me susurró al oído.

    —Eso quiero putita, calentarte mucho.

    —Pero hay un tipo que nos está mirando y me gusta.

    —¿Te gusta que nos miré, o te estás calentando con ese tipo?

    —¿Me dejás bailar un rato con él, a ver que quiere?

    —Dale, pero esta noche te quiero coger, aunque estemos en Buenos Aires.

    Me volví a la barra, cuando mientras pedía otro trago, mi madre comenzó a bailar con ese tipo, que la sujetaba contra su cuerpo provocándole sensaciones que ella me compartía con su mirada, cuando no, mordiéndose los labios (gesto típico de placer de mi madre); en un momento y bajo la poca luz de la pista, Jorge —este tipo— comenzó a besuquearla y a dejar que sus manos jugaran sobre el pantalón blanco de mi madre, que cerrando los ojos abría aún más su boca devorando esos besos. Yo sabía que ya estaba por demás excitada, pero no entregada a ese tipo.

    —¿Quién es el que te acompaña?, Le preguntó Jorge.

    —Es mi hijo, ¿algún problema? Le respondió ella.

    —Ah, que bueno, ¿salís con tu hijo?

    —Es mi cómplice y mi guardián en todo.

    —Y la noche… ¿con quién la pensás terminar?

    —Hmmm eso depende (…).

    Mi madre le dio un piquito en los labios, pero lo dejó solo en el medio de la pista, se me acercó, me tomó de la mano y mirándolo me dijo, —vamos bebe— y me cerró la boca con un beso, mientras yo provocándolo, le acaricié la cola y le murmuré a ese desconocido —esta puta es mía—

    —¿A dónde me vas a llevar, Fran?

    —¿Qué te parece si, después de tanto, vos y yo vamos a un “telo”? hace dos años que te veo coger con tus amigovios y desde la nuestra última vez en Punta del Este, no hago más que dedicarte mis pajas.

    —Mi bebe, esta noche vas a acabar adentro de mis entrañas. —Me decía cuando se trepó entre piernas al subir al auto y mi pija sintió la necesidad de pegarse a los labios partidos que su pantalón fatalmente dibujaban. Nos comimos la boca y volvimos a ser amantes sin dejar de ser madre e hijo. Como en esas películas “porno” mientras yo conducía, ella comenzó a desabrochar mi pantalón hasta que acomodándome pude dejar que mi erección fuera a parar hasta el fondo de su garganta, no podía contenerme con la tremenda felación de su boca, no debía acabar, quería hacerlo dentro de ella, en lo más profundo de su vientre.

    El “telo” (albergue transitorio de parejas informales y de trampas), no estaba lejos; gracias que pude contenerme de no eyacularle mientras conducía, permitió que mi erección aún seguía firme bajo mi jean, que ella disfrutaba morbosamente.

    Creo que no llegamos a atravesar la puerta de la suitte que ya estábamos desnudos, los senos de mi madre apoyados sobre mi pecho y mi pija entre sus piernas sintiendo la humedad de su vagina amantemente depilada y dibujada apenas por esa fina línea de vellos que bajaba en su pubis. Calientes, muy excitados nos besábamos con antojos de lujuria, retenidos por esos años de abstinencia local, cuando fui penetrándola por el solo hecho de su lubricación, ella abrió un poco sus piernas, mientras que cerrando los ojos volvimos a besarnos.

    Maldito celular, el que sonó en el preciso momento que comenzaba a cogerme una vez más a mi madre, que sin dejar de penetrarla se fue recostando sobre la cama. El mensaje era de mi padre, —¿están bien?, estás con tu madre?… cuídense! —Le contesté que estábamos bien, mientras le sonreía y ella me devolvía la mirada pellizcando sus pezones; tirando el celular, me tumbé sobre su cuerpo de latina hasta que sentí que ya estaba tan dentro de ella que cogimos un buen rato conteniendo los orgasmos, transpirando lujuria entre sus flujos.

    —Dejame chuparte esa pija, dame esa erección en la boca, quiero tu semen.

    —Tragatela toda perrita, le decía mientras se volvió a arrodillar y con su arte no dejaba que de sus labios se escapara mi glande, iba y venía sobre este, yo sosteniéndole con fuerza su pelo, dejé que mis espermas fueran a parar desde el fondo de su garganta hasta que se convirtiera en una catarata sobre sus pecosas tetas; tosió lo suficiente para que esas arcadas tragaran a su vez, el resto de semen que fue —como ella quería— hasta el fondo de su vientre.

    Nos metimos juntos en el jacuzzi y pedí champagne, que dejé correr después sobre su cuerpo para volver a cogernos; ella apoyó sus pezones en la mampara de la tina reflejándose en el espejo que nos devolvía desde la pared opuesta, me levantó la cola y por detrás comencé a penetrarla mientras resbalaba con la espuma dentro de su concha, me apreté sobre ella y le dejé sentir un rato mi erección latente dentro de ella; con sus dos manos separaba a la vez sus glúteos para sentir mi penetración más profunda, seguimos cogiendo y brindamos después por lo tarde que era para regresar a casa; así nos sorprendió la madrugada cuando acabe mi semen con una estocada final dentro de su delicada conchita, la que despedía como una vertiente tanto semen, quizá lo que mucho le había acabado “Edu”, más mi fatal orgasmo dentro de ella.

    —Me coges como nadie hijo, sos mi mejor macho.

    —Y vos la peor de todas las putas, y como ninguna la mejor.

    Volvimos a casa, entramos con nuestro silencio cómplice, ambos descalzos, pero nadie había llegado, ni mi padre, ni mi hermano; ello provocó que nos volviéramos a besar en el baño donde había comenzado la noche. Me fui a mi cuarto, pero no sé cuánto habría pasado, cuando ella mi madre, vistiendo el traje de encajes de tanga y body calado, que habrían sido para mi novia y semidesnuda me despertó con el desayuno en mi cuarto.

    —Richard, ya es sábado, más de mediodía y estamos solos en casa…

  • Lo que siguió en la noche con Stella

    Lo que siguió en la noche con Stella

    Stella estaba terminado de platicarme lo que conté en mi relato anterior (dejo el link al final de este relato) cuando llegó el mesero del restaurante donde la invité a cenar.

    –Discúlpenos, ya vamos a cerrar esta zona de restaurante porque no tenemos licencia de horario. Pueden continuar su charla en la zona del bar, ahí cerramos más tarde –dijo extendiéndome la cuenta.

    Pagué y le pregunté a Stella si quería ir al bar. Ella aceptó con un gesto afirmativo.

    –Sí, Cornelio recogió a mis hijos en la mañana y hasta el domingo en la noche los regresa. ¡Hay tiempo para todo!

    –¿No tienes que verte con alguien para darle las delicias gastronómicas que hiciste con tu exmarido?

    –¡Ja, ja, ja! No, ya lo voy a cortar como macho de planta –me dijo y se apoltronó en uno de los sillones del bar.

    –¿Por qué? –pregunté extrañado– Pensé que te entendías muy bien con él.

    –Porque es un macho tóxico. Ya sacó las garras: se enojó porque le dije que este fin de semana yo saldría con un amigo y ¡me lo prohibió! ¡Pinche pendejo!, cree que porque coge divino ya es mi “dueño” ¡Está jodido! –me decía con un semblante que denotaba mucha ira, el cual suavizó y cambió a una cara coqueta y una sonrisa que acompañó extendiendo su mano bajo la mesa y acariciar mi pene por encima del pantalón para terminar la explicación–: vergas sobran…

    Movió su palma dándome masaje en el miembro que pronto se endureció. Le correspondí la sonrisa y pasé el dorso de mi mano sobre el brazo, acariciándola. Pedimos unas bebidas, que surtieron de inmediato y reanudé la plática que habíamos suspendido en el restaurante.

    –Bueno, de lo que me contabas de ustedes, cuando Cornelio llevó a tus hijos, ¿lo convenciste de quedarse esa noche a dormir contigo?

    –Sí, aunque no lo creas, nos amamos y deseamos mucho, pero no se me da la idea de ser propiedad de un solo hombre. Mi cama aún tenía el humor y los vellos del encuentro porque mi macho me dejó bien servida y me quedé dormida; cuando llegaron los niños sólo me puse una bata encima. Cambié a los hijos, Cornelio les contó un cuento dejándolos dormidos y lo esperé en el comedor con unos bocadillos que preparé pues yo sí tenía hambre. Le ofrecí, pero él declinó aduciendo que ya habían cenado. “Entonces acompáñame con esto” le dije extendiéndole una botella de vino y el sacacorchos. Él miró la etiqueta y sonrió pues con ese vino nos emborrachamos cuando me embarazó. El mensaje fue comprendido a cabalidad: de muy buen talante, abrió la botella, sirvió las copas y se sentó tomando uno de los bocadillos. Tomó la copa y dijo “Salud, chichona hermosa”. Choqué mi copa con la de él al tiempo que me desaté los botones de la bata y la deslicé por mi espalda dejando ver mis senos. “Terminemos de comer” dijo y volteando a ver la cama revuelta, porque la puerta de mi recámara estaba abierta, “A ver si logramos llegar allá sin traspiés después de acabarnos el vino”, dijo antes de darle varios tragos a la copa y la volvió a llenar. “¿Y tú…?” dijo acercándose para servirme más, urgiéndome a que me tomara el contenido. Cosa que hice mientras él me acariciaba los pezones. Me llenó otra vez la copa y seguimos comiendo los bocadillos hasta que se terminaron y nos fuimos al sofá con nuestras copas. Como yo dejé la bata sobre la silla ya estaba en pelotas, así que le empecé a quitar la suya dándole besos y lamidas en la piel y cuando lo tuve desnudo, metí uno de los pezones en mi vino y se lo ofrecí remembrando aquella noche del embarazo. Él mojó su pene en vino y continuamos la remembranza bebiendo el vino desde nuestra piel hasta que la botella se agotó.

    –¡Waw, qué descriptiva! –exclamé tomándole la mano dándole un beso en la muñeca y pasando el otro brazo por su espalda.

    –Sí, se nota que lo cuento bien –me dijo volviendo a apretar repetidamente mi herramienta y continuó su relato–. Me tomó de los brazos y los extendió hacia arriba para oler y lamer mis axilas. Imagina cómo olía después de no bañarme y con tanto ejercicio hecho en la cama, en el comedor y en la sala, con mi macho colocándome en todas las posiciones que quiso y el sudor de tanto movimiento frenético en cada vez, ya fuera sobre la mesa el sillón y el colchón. Le gusta olerme y se excita mucho cuando se concentra en la piel el olor que provoca la fornicación. “¡Hueles a puta muy cogida, mi amor!” dijo cuando me cargó para llevarme a la cama, donde sólo hizo las cobijas a un lado para dejarme caer sobre el colchón salpicado de los pelos que el fragor nos arrancó a mi macho y a mí. Continuó con la tarea que había iniciado con el vino y la lengua, metió su cara entre mis piernas y me limpió las ingles. Su lengua subió y succionó labios interiores y clítoris provocando mi entusiasmo por hacer lo mismo y se lo supliqué “Yo también quiero mamarte, acomódate bien”. Sin despegar los labios de mi sexo, se acomodó en un 69 que, de vez en cuando suspendía para señalar “Te cogieron mucho, Stella puta, ¡estás riquísima!” y volvía su lengua a provocar más orgasmos en el viaje delicioso desde el interior de mi raja, luego el periné para llegar a mi esfínter donde metía la punta de su ápice lingual. ¡Yo también estaba desatada! mi lengua recorría el tronco, los huevos que en cada viaje succionaba por turnos, me esmeré chupando el glande antes de meterme su falo hasta sentirlo en la garganta donde me soltó un generoso chorro de semen que al sentirlo hice la cabeza hacia atrás para que el siguiente trallazo inundara mi boca y pudiera saborearlo, Después de eso, quedo yerto, lo cual aproveché para acomodarme sobre él y compartirle mi buche de semen en un beso que disfrutamos. Después de descansar, con besos lo volvía excitar y me lo metió, yo cabalgué un poco hasta sentir un tercer escurrimiento de su amor líquido. y dormimos empiernados. Al día siguiente, me desperté sintiendo su lengua en el interior de mi vagina mientras que sus manos amasaban mis tetas. Lo dejé que saboreara el fermento del atole, que concluyó con el saludo mañanero de un beso a ocho labios que concluyó con un “Te amo” simultáneo a nuestra sincrónica venida matutina.

    –¡Uf, qué aguante tienen! Si se aman tanto, ¿por qué no regresan?

    –Porque también me gusta coger con otros y eso no se ve bien en una esposa –explicó poniendo una cara de resignación.

    –Pues, al menos tienes variedad en la diversión. Así que preparaste también el atole para tu macho, tal como se lo habías prometido –dije para motivarla a que continuara con la secuencia narrativa.

    –Sí. Nos levantamos, lo metí al baño y me fui a despertar a los hijos para que se lavaran y peinaran en el otro baño. Mientras ellos se vestían yo hice el desayuno. Cuando Cornelio salió de la recámara, las caritas de mis hijos se alegraron “¡Papi, buenos días! ¿Tú nos vas a llevar a la escuela?”, le preguntaron y él contestó afirmativamente con una gran sonrisa de felicidad. Al terminar el desayuno, todos nos fuimos a lavar los dientes. Con el tiempo muy limitado, salieron de prisa rumbo a la escuela, que está relativamente cerca. Al regresar, sólo tocó la puerta para despedirse. “Adiós, y muchas gracias” dijo y yo contesté “Al contrario, gracias a ti”, pensando en su donación de esperma y nos dimos un beso. No pasó mucho tiempo cuando llegó mi macho, quien después de besarme preguntó “¿Tu ex durmió aquí?” “Sí”, fue toda mi respuesta acompañada del abrir de mi bata para que disfrutara del olor de mi pelambre. Al igual que Cornelio, me tumbó en la cama y se puso a chuparme frenéticamente, deglutiendo el sabor que traía acompañado del flujo que me brotaba de los orgasmos que me daba su lengua…

    –¡Sí que les gusta el atole a los dos! –dije con admiración.

    –No sólo a ellos, todas mis parejas han probado el de Cornelio y él también el de ellos, además, de vez en cuando saborean el de otro, no sé si reconozcan que no es el de mi exmarido, pero también les gusta –precisó con un aire de satisfacción y en eso llegaron los mariachis al bar–. Vámonos ya, porque el ruido no es bueno para la plática y las canciones “tiranas” me molestan poniéndome triste–. Dijo haciéndole una señal al mesero para que nos trajera la cuenta.

    –Bien, te llevaré a tu casa –dije al pagar.

    –No, mejor vamos a la tuya, si no te molesta y tienes alguna botella para continuar la peda –me suplicó y yo acepté con un gesto afirmativo.

    –¿Por qué dices canciones “tiranas”? –le pregunté ya en el auto.

    –No lo digo yo, así les dicen a las canciones de desamor. Supongo que eso lo sacaron de la canción Corazoncito tirano – y me ponen triste porque me dan celos al acordarme de Cornelio y otros–. Es más, cuando ya estemos muy borrachos me pones una de esas para que llore a gusto en tus brazos. Creo que tú sabes más de mí, después de tu amigo Cornelio, que cualquiera otra persona, por eso me sentiré a gusto llorándolo –dijo recargándose en mi hombro y limpiándose una pequeña lágrima y yo recordé que siempre hicimos buenas migas desde que nos conocimos cuando ella y Cornelio eran novios.

    ——

    “Leyendo a Bataille y pensando en batir atole”

  • Siendo amante de Rodrigo (C. 4): Me cogió frente a su esposa

    Siendo amante de Rodrigo (C. 4): Me cogió frente a su esposa

    Mantuve el contacto con Rodrigo después de hacerlo con él en el viaje, seguíamos hablando. Incluso seguíamos jugando por videollamadas, enviándonos nudes y recordando nuestra noche de sexo de forma ocasional. Pero como si acostarme con él y ser su amante por una noche no hubiese sido una experiencia bastante alocada, vino algo mucho más loco.

    Un día me dijo que debía confesarme algo. Que no quería engañarme más. Me dijo que su esposa sabía todo y en ese momento sentí mucho miedo porque pensé que lo habían descubierto en la infidelidad. Pero la situación no era esa, me dijo que su esposa y él planearon todo desde el principio y que ella había tenido la fantasía de que él me cogiera.

    Al parecer habían platicado sobre aventuras del pasado y Rodrigo le contó a ella sobre mí. Eso fue lo que ocasionó el morbo en ella y le pidió que estuviera conmigo. Me dijo que les pareció raro decirme la verdad y por eso habían decidido hacerlo de esa manera.

    Rodrigo me pidió disculpas por haberme grabado y haberlo mostrado a su esposa. Debo decir que me sentí bastante extraña en ese momento pero no me molesté, fue algo muy loco e interesante. Dure un par de días sin hablar con él, creo que estaba apenado, pero fui yo misma quien me escribió. Le dije que no estaba molesta y que estaba bien mientras mis videos no los viera nadie más.

    Así fuimos ahondando más en el tema y me contó que su esposa se excitaba mucho cuando él le hablaba de mí y lo que hacíamos hace años. También veía los videos de cuando lo habíamos hecho en febrero y hasta le pedía que le hablara al oído cómo me cogió mientras ellos hacían el amor.

    Además, me dijo que el motivo principal de haberme confesado la verdad era que su esposa le había insistido en una propuesta. Ellos iban a viajar a la ciudad en la que vivo y su esposa quería que él me cogiera frente a ella.

    En principio lo vi como una locura pero no puedo negar que me daba curiosidad. No prometí nada pero en los siguientes días ella se unía a las conversaciones. Rodrigo me decía que estaba con ella y ella veía todo lo que hablábamos.

    Al saber que ella leía y oía todo lo que hablábamos, yo hacía comentarios más fuertes sobre cómo cogí con Rodrigo o como me gustaba su verga. Me excitaba la idea de que ella leyera como cogí con su esposo.

    Al final accedí a cometer esa locura. Solo puse algunas reglas, una era que ella no me tocara y que no se desnudara. Si nos iba a ver, era solo eso. Ellos accedieron y de hecho me dijeron que esa era la intención.

    Así que una noche salimos los tres. Recuerdo que me vestí con un jean azul que hacía que mi culo se viera bien parado, me puse tacones negros y blusa blanca. Metí condones, mi plug anal (nunca se sabe) y el resto de cosas que una chica lleva en su cartera para cualquier ocasión.

    Fuimos a un restaurante. El inicio fue incómodo ya que yo no sabía cómo portarme frente a ella, pero fuimos hablando de cosas normales, nada sexual. Fue Rodrigo quien al cabo de más 9 pm pidió la cuenta. Me dijo que fuéramos al apartamento en el que se estaban quedando.

    Rodrigo me pidió que me sentara con él en la parte delantera del auto. Mientras él manejaba, me acariciaba los senos suavemente y ella nos veía, yo respondía tocando su pene por encima de su pantalón.

    Así llegamos al departamento y servimos algunos tragos. Rodrigo se sentó conmigo en el sofá y ella en un sillón que estaba al frente de nosotros. Seguimos hablando y tomando hasta que él mismo me dijo “a que vinimos?” y yo solo respondí “a lo que tú digas”.

    Pude ver la cara de miedo en ella cuando Rodrigo sacó su pene y me lo puso en la boca. Yo no dejaba de verla a los ojos mientras chupaba el pene de su esposo. Recuerdo que ella le dijo a Rodrigo “atragántala” y él le dijo: “No me digas cómo hacerlo. Estamos cogiendo Sonia. Tú limítate a vernos”.

    Rodrigo me tomó por el cabello y la nuca para mover mi cabeza mientras se la mamaba. La tomé entre mi mano y empecé a pasar su pene por mi rostro lentamente y seguí haciéndole oral por varios minutos.

    Rodrigo me levantó y me desnudó toda y yo también le quité la ropa a él. Ya me sentía más excitada y me gustaba lo que estaba pasando. Me tomó por un brazo y me llevó a la habitación mientras hizo una seña a su esposa para que viniera.

    Yo saqué mi plug y él me hizo un poco de oral. También lamió mi culito y me introdujo el plug. Me parece que tener un plug anal puesto mientras te están cogiendo se ve sexy.

    Se acostó y me le subí encima a cabalgarlo, mientras me agarraba las nalgas y me las abría, volteé y la vi parada en una esquina de la habitación viendo todo. Él le dijo que grabara y ella tomó su teléfono para hacerlo.

    Seguí cabalgando a Rodrigo mientras ella nos grababa. Me moví como una loca. Rápido y duro, Rodrigo me nalgueaba y le decía cosas a su esposa. Cosas como “te gusta como me la cojo?” Y ella sin hacer demasiado ruido le decía que sí.

    Después me puso a cuatro y me empezó a coger duro. Cada vez le decía cosas más calientes a ella. “Ves como le meto mi verga a esta puta?” Mientras ella veía como me penetraba y me nalgueaba.

    No pude evitar gritar cuando Rodrigo me dio un orgasmo. Recuerdo el sonido de su pelvis chocando contra mis nalgas y eso combinado con un grito ahogado mientras sentía el cosquilleo intenso del orgasmo. La vi como se mordía los labios mientras su esposo me cogía como su puta.

    Me acosté boca arriba y Rodrigo me abrió las piernas. Recuerdo que me escupió la vagina y me penetró de nuevo. Mientras me daba, yo misma me tocaba el clítoris y él me decía que era una puta. Debe haber estado muy excitado de cogerme frente a su esposa porque cuando me tomó por el cabello y me arrodilló en el piso para acabar, me pareció increíble la cantidad de semen que cayó en mi cara. Me dejó cubierta de su leche y le dijo a su esposa “mira como la dejé”.

    Se acercó a ella y la besó mientras yo me limpiaba. Me puse mi tanga y mi brasier. Rodrigo se acostó en la cama y me dijo que lo acompañara. Me abrazó mientras me ofrecía un trago y si esposa se sentó en la parte baja de la cama. Así seguimos charlando hasta que volvimos a hacerlo.

    La siguiente vez que lo hicimos fue anal. Rodrigo me quitó mi plug y me penetró mientras estaba acostada boca abajo. Me sentí hasta un poco humillada porque me trató como una puta. Me cogió duro, me azotó.

    Mientras me hacía oral me pegaba con su pene y también me cacheteaba, me escupió. Me puso en cuatro y siguió penetrando mi culo. Después se acostó y me hizo metérmelo solita desde arriba. Le decía a su esposa “mira como me cojo a esta puta en tu cara”. Después de un rato y cuando ya yo había tenido varios orgasmos y no podía más, me hice una rusa. Su esposa le decía que si la sentía rica y él le decía que le gustaban mis tetas hasta que me echo de nuevo su leche en los senos.

    Me vestí, me maquillé. Mientras lo hacía él seguía abrazándome y besándome. Su esposa me agradeció y así me fui y los dejé solos. Todavía con la adrenalina encima. Ahora que la pandemia está pasando, ellos vienen de viaje nuevamente en dos semanas y me pidieron repetir la experiencia. No sé si voy a aceptar.

  • Cornudo de mi esposa Mónica (Parte II)

    Cornudo de mi esposa Mónica (Parte II)

    Mi novia Mónica salió de la casa a las 8 am para irse a la playa con Lucía, Josué y Fabio. Se fue en falda, blusa corta, sombrero y preparó su maleta. El plan que armaron Fabio y Josué era ir a una playa cercana al apartamento y después irse a la casa a tomar unos tragos y, bueno, obviamente sabíamos lo que iba a pasar después.

    Ellos las pasaron buscando en la camioneta de Fabio. Desde detrás de la cortina vi cómo Mónica bajó y se subió a ella mientras los saludaba. Ya Lucia estaba con ellos.

    Yo fui a comprar unas cervezas y algunas cosas para ver el partido de fútbol en la tarde y una pelea de boxeo que había en la noche.

    Cuando llegué de compras ya eran alrededor de las 11 am. Le escribí a Luis y revisamos la aplicación con la que se veían las cámaras de la casa. Todo en perfecto estado, se veían bien y en buena calidad.

    Yo: viejo, estamos locos. Ahora esas mujeres por allá con esos tipos

    Luis: Jaja sin arrepentimiento. Estoy demasiado nervioso pero ya quiero saber cómo va la cosa.

    Yo no quería cansar a Mónica, así que la comunicación que mantenía con ella era muy poca. Al mediodía le pregunté cómo iba y me dijo que bien. Que estaban en la playa los cuatro, tomando y riendo. Habían pasado por el apartamento para dejar las cosas y de ahí habían ido a la playa.

    Alrededor de las 5 pm me volvió a escribir, que seguían en la playa, tomando. Que ya se había besado con Josué y que incluso se habían tocado en el mar.

    No fue sino hasta las 8 pm cuando me dijo que ya se iban al apartamento de Lucía. Así que abrí la aplicación para ver las cámaras. Quizás 20 minutos después los vi llegar. Luis me escribió para confirmar que estuviese viendo todo. Yo había estado impaciente todo el día. Estaba sentado en el sofá viendo la tv y esperando el momento mientras tomaba una cerveza.

    Llegaron y dejaron las botellas y algunas bolsas que parecían ser snacks. Se fueron al área de la piscina donde había dos cámaras, una que veía toda él área y otra que apuntaba al área de la parrilla, donde había unas sillas y de ahí se podía ver todo mucho más cerca ya que esa cámara estaba ahí cerca en la parte alta de la pared.

    Fabio le hizo una seña a Lucía, la novia de Luis y se fueron a la cocina. Mi novia Monica se quedó afuera con Josué. Vi que en la cocina estaban sirviendo unos tragos y Fabio empezó a tocar a Lucía. Yo no paraba de ver la cámara de afuera donde estaba mi novia, quien estaba sentada en las piernas de Josué y se estaban besando y tocando. El corazón casi se me salía al ver eso.

    Mientras tanto, adentro en la cocina Lucía se lo estaba mamando a Fabio. Sinceramente estaba tan pendiente de lo que sucedía entre Mónica y Josué que solo alcance a ver poco de aquello y solo se podía ver una cámara a la vez. Lucía estaba arrodillada. La cámara estaba de espaldas a ella y se podía ver a Fabio de frente recostado de un mesón y a la novia de Luis de espaldas en traje de baño dándole sexo oral. En un minuto o un poco más ella se paró y se besaron, y ambos salieron. Solo había sido un calentamiento.

    Salieron de nuevo al área de la piscina donde Mónica seguía sentada en las piernas de Josué. Pusieron música y siguieron tomando. Se podía ver que cantaban, Mónica en las piernas de Josué casi todo el tiempo y Lucía con Fabio también en un pequeño mueble.

    Así pasó un rato. A veces iban a la cocina a servir tragos, los veía besarse, abrazarse, pararse a bailar esporádicamente. Pero no despegaba los ojos de la pantalla y estoy seguro de que Luis, quien ya no me mensajeaba, tampoco podía dejar de ver.

    Yo no sabía qué esperar. Pensé que podrían hacerlo ahí en la piscina, había muchas posibilidades. Quizás entrar a la sala, o en la cocina. Mónica cogiendo con Josué mientras Lucía hacía lo mismo con Fabio y hasta llegué a pensar que los tipos se las intercambiaban.

    Pero pasaba el tiempo y más allá de besos, bailes y juegos, no pasaba nada más. Ya era la 1:30 am cuando Josué se levantó con Mónica e hizo una seña de despedida a los otros. Casi se me sale el corazón y en serio pensé: “ya se la lleva a cogerla”.

    Los vi entrar a la habitación y pude ver que Mónica buscaba la cámara alrededor. La toma que daba era desde arriba, se veía toda la habitación y la cama de frente totalmente. Sin embargo, me dijo Luis que quienes instalaron las cámaras las habían ocultado bien así que supuse que Mónica no iba a poder conseguirlas.

    La vi entrar al baño. Estaba con su traje de baño blanco, que hacía un buen contraste con sus uñas de pies y manos pintadas de rojo. Josué solo tenía un short playero, se sentó en la cama con una cerveza en la mano mientras Mónica seguía en el baño.

    Aproveché la demora de Mónica para buscar la cámara donde estuvieran Fabio y Lucía. Los capté en otra habitación y ya Lucía estaba en cuatro mientras Fabio la penetraba. Lo que pude ver fue a Lucía en cuatro desde el frente, se veía su rostro y sus tetas moviéndose mientras que desde atrás Fabio se la cogía.

    Cambie la cámara y ya Mónica estaba saliendo del baño. Noté cómo Josué, sentado en la cámara en el borde de la parte baja (yo lo veía de frente) le hizo una seña y abrió las piernas. Mónica se arrodilló frente a él y le bajó el short. El cabello de Mónica tapaba el miembro de él pero sí se podía apreciar el movimiento de su cabeza. Se lo estaba chupando. Podía ver cómo él le decía cosas pero el audio era casi nulo, así que no podía identificar muy bien.

    Le desamarró la parte baja del traje de baño y destapó sus nalgas. Las empezó a abrir. Pude ver cómo se inclinaba y el culo abierto de Mónica, quien seguía mamándoselo. Él se acostó y pude verle el pene, lo tenía flácido. Mi novia se puso a cuatro patas pero a un lado de él, por eso podía ver cómo chupaba su aún flácido pene. Tuvo que trabajar un poco pero poco a poco pude ver cómo se le empezó a parar. Comprobé que Mónica no mentía en cuanto a su tamaño. Cuando lo tuvo totalmente erecto la empujaba por la nuca para metérselo entero pero no se lo podía meter todo. Ella siguió mamándoselo por varios minutos mientras él la agarraba por el cabello y con su otra mano acariciaba sus nalgas y también le daba nalgadas.

    Después de un rato, la dejó liberarse y noté que le dijo algo. Mónica se paró, se puso el traje de baño y salió de la habitación. Me quede viendo a Josué acostado con el pene erecto, excesivamente rojo y se estaba masturbando muy suavemente.

    A los dos minutos volvió a entrenar Mónica con una bolsa de la que sacó una caja de condones, tomó uno y volvió a subirse a la cama. Masturbó a Josué un poco y ella misma le puso el condón para acto seguido quitarse el traje de baño. Josué se sentó con la espalda apoyada en el copete de la cama y sus piernas estaban extendidas sobre la misma. Mónica se le subió encima mientras se besaban y empezó a moverse poco a poco. Podía ver su movimiento sobre el pene de él ya que no se lo estaba metiendo todo. Hasta que se vio cómo bajó completa y su pene desapareció dentro de su vagina y solo se veía el culo de Mónica sobre él.

    Mónica lo cabalgó por un rato y yo tenía una erección increíble. El tipo abría sus nalgas mientras ella se movía y podía ver sus nalgas rojas ante las nalgadas que él le daba mientras la cogía.

    Después vi a Mónica ponerse en cuatro. El tipo pasó su mano por su lengua y se lubricó el pene para penetrarla. Yo lo veía a él desde atrás. Estaba arrodillado sobre la cama cogiéndosela en cuatro y de Mónica solo veía los extremos de sus muslos y la parte baja de las piernas, incluidas las plantas de sus pies.

    Se podía apreciar cómo la nalgueaba, cómo jalaba su cabello y oía el sonido de su pelvis contra las nalgas de mi novia. Maldita sea, no aguanté y tuve que masturbarme hasta acabar. Juro que fue un orgasmo increíble. Me quedé pensando en que estaba a kilómetros de distancia viendo por una cámara y no pude aguantar las ganas de acabar, mientras que Josué la tenía ahí mismo en cuatro y tenía el aguante para seguirla cogiendo sin eyacular.

    De hecho pude ver a Mónica tener un orgasmo. Las plantas de sus pies se retorcieron mientras él la cogía con fuerza. La escuché gemir duro y lanzarse en la cama acostada boca abajo. No niego que soy raro y que estaba llevando la hora desde el momento en que la penetró por primera vez. Habían pasado 16 minutos, mientras que desde que ella se lo empezó a mamar habían pasado alrededor de 27.

    No sé explicarlo pero me generaba un morbo extraño que duraran lo suficiente. Lo cierto es que después del orgasmo de Mónica, Josué se quitó el condón y se bajó de la cama pero por un lateral. Mónica se puso en cuatro. Me encantó verlos así porque se veía a mi novia de lado mientras se lo mamaba y cómo entraba y salía de su boca. Ella lo masturbaba y le hacía oral mientras él la tomaba del cabello, hasta que él se empezó a masturbar rápido y pude ver cómo le acabó en la cara. Una vez eyaculó le empezó a pasar su pene por todo el rostro y también le daba cachetadas con él. Se fue al baño y Mónica se limpió la cara con una toalla.

    Por curiosidad cambié de cámara. Ignoro si Luis también veía lo que estaba haciendo Mónica pero yo sí intentaba ver a Lucía y Fabio cuando podía. Vi un rato como Fabio tenía a Lucía abajo, con las piernas en sus hombros y se lo estaba hundiendo. Impresionante.

    Volví a la habitación de Mónica y Josué. Ya eran casi las 3 am. Él salió del baño y se sentó recostado del copete de la cama. Mónica, totalmente desnuda, se acostó boca abajo y le empezó a dar besos en el pene. Se veía como lo agarraba y lo besaba suavemente mientras se veían y se decían cosas. Odié no poder escuchar lo que decían, porque el audio no era tan bueno.

    Mónica se veía deseosa de su pene. Que en ese momento no estaba totalmente erecto pero tampoco flácido. Estaba como en un punto medio. Pasaron alrededor de 20 minutos, Mónica se lo seguía acariciando y hablaban. Se vio cómo el la acostó y le empezó a chupar la vagina por un rato. La dedeaba acostada y se la chupaba hasta que Mónica tuvo otro orgasmo. Inmediatamente la puso en cuatro y metió su cara en su culo. Le estaba chupando el ano y la volvió a penetrar en cuatro al poco rato y sin condón.

    Lo hicieron en cuatro, ella se subió a él pero dándole la espalda, después hicieron un misionero en el que se veía como la penetraba a diferentes ritmos. Una vez estuvo listo se montó en la cara de ella. No pude ver nada, solo el cuerpo de mi Mónica boca arriba y él subido sobre ella a la altura de su abdomen. Supuse que me estaba acabando en las tetas porque lo veía masturbarse. Después dejó de hacerlo y se quedó allí sobre ella, supongo que también le pasaba el pene por la cara o algo así. Se retiró y cuando ella se levantó la pude ver llena de leche en cara y las tetas. Se estaba saboreando lo que tenía en los labios también.

    Se limpiaron y al poco rato apagaron las luces. Se arroparon y se habían ido a dormir. En el otro cuarto seguían Lucía y Fabio, ellos no paraban. Supongo que ya estaban en el tercer o cuarto polvo, eran las 4:30 am.

    Me quedé dormido después de volver a masturbarme y desperté a las 9 am. De una vez me puse a ver todo y Mónica seguía dormida con Josué. A ambos los tapaban las sábanas y vi que tenía un mensaje de Mónica. Me preguntaba si había visto todo y qué me parecía. Le respondí que no podía creerlo y que había estado demasiado excitado mientras veía. Me preguntó dónde estaba la cámara y no le dije, me gustaba la idea de que no lo supiera.

    Una vez se despertaron ya eran las 11 am. Josué se metió al baño y pude verlo con tremenda erección de recién levantado. Vi a Mónica tomar el teléfono y me escribió que le parecía bueno que me estuviese gustando. Me dijo que Josué le pidió entrar al baño. Maldita sea, ahí no habíamos instalado cámaras.

    Para esa hora ya Lucía y Fabio estaban abajo. Lucía estaba cocinando el desayuno con un short corto y un sostén de un traje de baño. Esporádicamente veía a la habitación de Mónica y nada. Pasaron alrededor de 30 minutos cuando salieron ambos en toalla. Josué se empezó a vestir, su pene ya estaba flácido como evidencia de lo que hizo con Mónica en el baño. Ella estaba deliciosa, recién bañada y peinándose. Se puso un short de jean, una camiseta, sandalias y bajaron a desayunar.

    Le escribí y me confirmó que cogieron en el baño. Desayunaron todos y alrededor del mediodía recogieron sus cosas camino a Caracas nuevamente.

    Hubo una especie de entendimiento mutuo. Yo no quería estar ese día con Mónica, solo quería pensar en lo que sucedió y masturbarme, mientras ella me dijo que era buena idea no tener sexo ese día y solo hablar. Ambos estábamos satisfechos con la experiencia.

  • Tu novia (perspectiva masculina)

    Tu novia (perspectiva masculina)

    Conocí a tu novia el primer semestre de la universidad. Con apenas 18 años, era una de las chicas más hermosas y joviales que había conocido. Era sin duda la chica más tierna y dulce de nuestra generación; siempre sonriente, con una voz tan suave, y sus expresiones que dejaban ver su inocencia. Yo, como muchos, me hice su amigo, deseando que ocurriera algo más. Y aunque ella no era para nada tonta, me di cuenta que sería complicado cumplir mis deseos con ella, al menos por un tiempo. Era una estudiante muy aplicada, tranquila, y aunque llegué a verla en una que otra fiesta, no era del tipo de chicas que no regresaba a dormir a su departamento, aun siendo una estudiante foránea.

    Ser amigo de tu novia me permitió verla crecer; verla transformarse en una mujer. Por los siguientes dos años, la dulce chica que conocimos, se convertía en una gran mujer, más hermosa que nunca, con una mirada encantadora y sexy. Su sonrisa alumbraba a quien fuera que la viera. Y siempre, sin excepción, era su cuerpo lo siguiente que llamaba la atención de cualquiera. Con 20 años, tenía un cuerpo increíble. Su piel blanca tan suave y femenina, era tan… su complexión delgada la hacía lucir muy atractiva, acompañada de lindas piernas, una cintura de modelo, y un par de senos preciosos. Más de una vez intenté observarla desde atrás de ella, intentando alcanzar a ver sus pezones en su escote, y desafortunadamente mis intentos fueron en vano. Como deseaba tener la más corta oportunidad de verlos… y más que eso.

    Tenía que aceptar que en ese momento tu novia era inalcanzable para mi. Así que me dedique a ser su amigo, genuinamente. Mis deseos sexuales los llené con otras chicas, no tan bellas como tu novia, pero sí más fáciles de atraer y de… bueno… coger. No me quejo, en realidad disfrute mucho del sexo con varias de ellas. Hasta tu novia las conoció, y sabía de mis aventuras con ellas. Tu novia destacaba hasta con su amistad conmigo, llegando a considerarla una de mis mejores amigas, y creo que ella a mi también. Lo que sin duda me causaba curiosidad, era su vida sexual. Me costaba entender como una mujer así no se llevaba a un chico diferente cada viernes por la noche. Yo mismo la llevé a su departamento después de las fiestas, sin nadie que la acompañara. ¿Sería que ella tenía sus ligues fuera de esos ambientes? ¿Cómo una chica así controlaba su deseo sexual? Era claro que por su cuerpo, estaba en plena condición reproductiva… si hablamos en términos biológicos.

    Luego… llegaste tú. Un chico fuera de su círculo social, de otra universidad, que en cuestión de semanas, se había ganado el corazón de una de las mujeres más hermosas que conocí. Me alegré por ella, si te soy sincero. Pero no podía dejar de pensar en como me molestaba la idea de que pronto, en algunas semanas más, estarías haciéndole el amor a esa mujer en particular. Una persona llega de la nada y se coge a la más buena de la carrera. Admito que pasé algunas noches masturbándome imaginándola contigo. Veía sus fotos, que siempre me habían inspirado en las noches, y pensaba en lo afortunado que eras en poder quitarle la ropa a esa hembra. Cuántos chorros de leche deje ir pensando en tu hermosa noviecita… qué desperdicio, pudiéndolos dar a ella.

    En principio, no planeaba intentar nada. Mi plan era seguir con mi vida, cogerme a otras chicas, masturbarme con fotos de tu novia de vez en cuando, y listo. Los meses pasaron y nada cambio. Recuerdo el día en que ella nos presentó, lo que me obligó a aceptar tus invitaciones de amistad en redes sociales. Quisiera agradecerte por restregarme lo feliz que eras con ella, como la besabas, las fotos que te tomabas con ella en la playa. Al menos me diste buen material para mis noches solitarias. Pero un día… decidí que esto no podía seguir.

    Recuerdo aquella noche, era final de semestre, y como siempre me disponía a organizar una salida de fiesta con todos mis mejores amigos y amigas de la universidad. Todos sabían que la última fiesta del semestre era la mejor; mucho alcohol y mucho sexo. No recordaba un solo semestre en el que no hubiera dormido con alguna chica en esa legendaria fiesta. La diferencia era que este año, yo no quería dormir con cualquiera…mi objetivo era tu novia. Y como si fuera una señal del cielo, recibí su mensaje: «Oye, cuando apartes la mesa, solo cuéntame a mi, mi novio no podrá ir». La mejor noticia de toda mi vida. Era mi oportunidad para cumplir mi sueño y llevarla a la cama. Y haría todo en mi poder para lograrlo.

    La noche llegó, me arreglé y me perfumé. Traté de cuidar más los detalles. Me considero guapo, y gracias al ejercicio, luzco un cuerpo atractivo. Nada podía salir mal. Al llegar al lugar, me sorprendí, como siempre, de lo preciosa que tu novia se veía. Llevaba un vestido de color rojo, que lucía unas piernas bellísimas, con tacones negros, y un escote increíble, que dejaba imaginarme lo hermosos que se verían esos pechos saltando en mi cama. Mi pene se endureció al instante, poco hubiera faltado para empezar a eyacular de tan solo mirarla. Tu novia se veía como la más hermosa puta de todo el mundo.

    La noche pasó bastante alegre. Tomábamos y bailábamos. Me aseguré de controlar mi sed de esa noche para estar en control de la situación. Me acerqué a tu chica, y no dude en preguntarle: «Qué paso con tu novio? Nunca te suelta y la mejor noche del semestre te deja sola». Ella solo sonrió, aunque era claro que su sonrisa no era del todo sincera. Al parecer perdiste puntos con ella, amigo, pues ella tenía muchas ganas de ir contigo. En lugar de acompañar a esta muñeca, decidiste salir de viaje un día antes de vacaciones. Bueno… afortunadamente me tienes a mi para cuidar de ella.

    Sin pensarlo dos veces, la invité a bailar. El cariño que sentía por ella, genuinamente amistoso, me impulsaba a intentar hacerla sentir mejor esa noche. Mi deseo de poseerla, me invitaba a otras cosas. Aproveché el baile para tomarla de la cintura y acercarme a ella. Le dije lo hermosa que se veía esa noche, y solo se sonrojó. La pasamos muy bien, tu novia sí que baila. No perdí la oportunidad de sentir sus senos golpeando mi pecho entre los movimientos. Cada vez más pegado a ella, sentía que era el momento de hacer mi jugada. La miré a los ojos y no tardamos mucho en acercar nuestros rostros, para por fin besarlos. Aquel fue el mejor beso de mi vida. El momento que tanto esperé, por fin comenzaba. Ni siquiera recuerdo cuánto tiempo la besé. De repente, ella se separó, y se disculpó, dejándome solo en la pista de baile.

    Creía que lo había arruinado todo. Seguro ella se iría y mis planes no funcionarían. Mi sorpresa fue encontrarla sentada en nuestra mesa, sola, mirando el teléfono. Fui a la barra y pedí dos tragos, una para mi y otro para ella. Al acercarme, noté que hablaba contigo por mensaje. No solo eso, tú te despedías de ellas, pues ya ibas a dormir. Pobre pendejo, pensé. Me senté junto a ella, y se sonrojó al instante. Muy apenada se disculpó conmigo diciéndome que no sabía por qué había hecho eso. La tranquilicé y le di un trago: «No pasa nada, lo pasado pasado». Brindamos, y tomamos.

    Más tarde, al terminar la fiesta, comenzamos a recoger nuestras cosas e irnos. Como siempre, me tocaba llevar a algunos a sus casas, incluyendo a tu linda novia, que como siempre se sentó en el lugar del copiloto. Me aseguré de llevar a todos y dejar lo mejor para el final. Al llegar a su departamento, me estacioné y apagué el auto. Comenzamos a charlar de todo, sobre la fiesta, sobre la escuela, sobre las vacaciones. Hasta que el silencio incomodo volvió. No podía perder la oportunidad de intentar algo, así que le dije que ese beso me había encantado. Otra vez se sonrojó; cómo amo cuando hace eso. Me sonrió y me dijo que a ella también, pero que había estado mal, pues tenía novio y yo lo sabía. A lo que respondí: «bueno, un par de besos no son la gran cosa», y poco a poco me acerqué a sus labios y la besé de nuevo. Segundo strike. Y esta vez, no dejaría que se me fuera a pasar.

    Comencé a acariciar su hombro, y subir mi mano por su cuello hasta su mejilla, para besarla más intensamente. Ella parecía mucho más entregada esta vez. Sus tiernas manos acariciaban mi rostro y mi cabello. Por fin era mi momento. Comencé a besar su mejilla, y luego su cuello. Su aroma era delicioso. Y era mi oportunidad para ir más lejos…mis labios siguieron por sus clavículas, y hasta llegar a sus acolchonados pechos. Tu linda novia solo acariciaba mi cabello y cerraba sus ojos. Acaricié sus hombros, y sutilmente deslicé los tirantes de su vestido rojo, y los jalé lentamente, liberando por fin los pechos hermosos de la puta. Qué emoción; eran más hermosos de lo que pensé. Realmente eran perfectos, en todos sentidos. Besar sus pezones fue lo mejor. Habría podido pasar horas comiéndolos.

    Creo que tu novia realmente estaba necesitada. Seguramente esa noche te la hubieras cogido. ¿Cómo lo sé? Pues no tardó mucho en desabrochar mi cinturón, y bajar mi pantalón. Ni siquiera tuve que pedírselo. La muy puta sacó mi pene… y vaya que se sorprendió. Creo que nunca había visto más de 20 cm en su vida. Recuerdo su sonrisa: «Wow… esta enorme». No dejaba de mirarlo, lo acariciaba tímidamente con su mano derecha. Se veía tan bella, con sus pechos de fuera, y una gran verga en su mano. La besé otra vez, y lentamente comencé a jalar su rostro hasta mi pene. Ella no puso absolútamente nada de resistencia. Pronto, tu novia estaría comiéndose mi verga como nadie. En serio era una experta. ¿Con quién había practicado tanto? Su forma de lamerla y chuparla era simplemente exquisita. Por más ganas que tenía de llenarle su boquita de leche, quería guardarla para la mejor parte.

    Nos volvimos a besar, y nuevamente acaricié y jugué con sus pechos. Le propuse entrar a su departamento, y ella no dudo de nuevo. En cuestión de minutos, ya estábamos en su cama, besándonos de nuevo. Esta vez le quitaría su vestido, para poder apreciar por primera vez su delicioso cuerpo. La recosté, completamente desnuda, y comencé a besar sus senos, bajando por su abdomen, hasta llegar a su vagina. Estaba completamente afeitada… se arregló para ti, y la desaprovechaste. Ahora sería yo quien se la comería hasta hacerla orgasmearse. Comencé a besar sus labios vaginales, buscando su clítoris, que estaba por demás hinchado y húmedo. Tu linda novia estaba empapada de excitación. Sus jugos sabían delicioso, no podía dejar de lamerla. Me aseguré de meter mi lengua lo más profundo que pude. Después de un rato, la puta estaba arqueada de la espalda, rogándome por detenerme.

    Me recosté junto a ella, y nos besamos de nuevo. Ella jugaba con mi verga entre sus dos manos. «La quieres?», le pregunté. «Si», me respondió. Decidí cumplir su deseo, me coloqué sobre ella, me acomodé, y lentamente la penetré. Su grito de placer me dio a entender que jamás había sentido una verga así en su interior. Finalmente, después de casi tres años, la estaba haciendo mía. Sentir el calor de su vagina me volvía loco… tan apretada y húmeda. Comencé a penetrarla más rápido y con más fuerza. Sus gemidos eran música para mi.

    Te cuento a que tu nena me la cogí en varias posiciones. La hice montarme, y vi sus pechos saltando por fin. Se acercó ella misma a mi para dármelos a chupar. La puse en cuatro, como buena perrita, y la penetré durísimo. Jamás había sentido tanta energía en el sexo. Sentía que podría darle toda la noche. Recuerdo como jalé sus brazos en esa posición, y la penetré aún más fuerte. Eso volvió loca a tu putita, y la hizo venirse de nuevo. Y recostada boca abajo, me levantó su hermoso trasero, y comencé a penetrar su vagina otra vez. Un poco más lento, pero fuerte. Acariciaba su espalda blanca, sus hombros, besé su dulce cuello, toque sus pechos… la disfruté tanto.

    No podía aguantar más. Y no quería aguantar más. Estaba dispuesto a cumplir mi fantasía, y hacer lo que siempre quise. La volteé de lado y, de cucharita, seguí penetrándola. Tu novia no paraba de gemir. Intentaba penetrarla lo más profundo posible, lo cual no era muy difícil. Luego, sin previo aviso, la penetré una última vez, para expulsa todo mi semen caliente en su interior y llenarla con mi semilla. Disfrutamos tanto ese momento, ella y yo. Gimió tan intensamente, y sonreía. Estaba tan feliz de haber recibido mi amor. Se volteó hacia mi y me besó como poseída. Se abrazaba de mi y me besaba. Era claro que necesitaba cariño y placer. Dormí plácidamente con tu bella novia, desnudos, con su cuerpo junto al mío. Más tarde en la madrugada, los dos despertamos con ganas de más. Volví a llenarla de semen.

    Ella volvía a su ciudad de vacaciones hasta el lunes. Me invitó a quedarme con ella el fin de semana, y no pude negarme. Lo que fuera por cogerme a esa puta todo lo que pudiera. Si te interesa, al día siguiente pude llenar su linda boquita de leche. Le pinté sus labios de blanco. También le di su merecido baño de leche a sus senos deliciosos. Pero sin duda, lo que más disfrute, fue eyacular en su interior una y otra vez. Espero que hayas disfrutado tus vacaciones, pues serás papá muy pronto…