Blog

  • ¿Te follaste un desconocido?

    ¿Te follaste un desconocido?

    Hacía tiempo que te rondaba por la cabeza buscar algo diferente, aunque solamente fuera compartir experiencias, intercambiar opiniones… sin necesidad de poner cara a quien fuera tu confidente. Fue por ello que decidiste adentrarte nuevamente en el mundo de las redes.

    Tras un tiempo paseándote que contenido ibas a subir, que Nick te ibas a poner, te abriste una cuenta en una red social, subiendo una foto de sus sugerentes pechos y un simple hola. En cuanto la gente empezó a ver esa foto te enviaban privados, comentarios y alguna foto sin más comentario. Empezaste a mirar perfiles de otros y otras personas, y si, con alguien hablabas, pero siempre era algo monotema. No había quien mereciera realmente la pena, hasta que apareció Él, un chico educado e interesante, y aunque era algo mayor que tú, enseguida conectasteis.

    Después de cruzar algunas palabras, continuasteis la conversación por Skype, por donde seguíais hablando cada semana durante meses, descubriendo un mundo acerca de la sexualidad, pues a diferencia de Él, tus experiencias en ese momento eran escasas, algún acercamiento al mundo BDSM con alguna pareja que habías tenido. Además, en esa época eras una chica monógama, trabajadora… siempre preocupándose del “qué dirán”, y con más prejuicios de los que tienes hoy en día.

    Charla tras charla subía la temperatura, y tu rol de inexperta sumisa despertaba su rol dominante. En ese momento tu estado de ánimo no era el mejor, pero él se esforzaba en intentar sacar de tu interior a esa zorrita que un día vio el sol pero que había desaparecido, pensando en que no encontraría en un chico lo que ella necesitaba.

    Esto, sumado a alguna videollamada y alguna que otra fotografía erótica, iban despertando en ti cierto interés, deseo y excitación, incitándote a encontrarnos cara a cara. Pero no podías, sabía que si eso ocurría, nuestros cuerpos acabarían uniéndose, y tu conciencia te decía que no podía engañar de ese modo a la persona con la que estabas compartiendo tu vida. Siguieron sucediéndose conversaciones vía online, hablando de todo un poco, como harían dos buenos amigos, pero siempre con el trasfondo de aquella potente atracción sexual que existía entre ambos.

    Pasaron unos meses, y tu cabeza estalló. Vinieron tiempos difíciles marcados por el dolor, ese que nace de lo más profundo y te desgarra por dentro. Pero ahí estuvo Él, apoyándote, siempre tan respetuoso, dejando a un lado vuestros sentimientos más obscenos.

    Meses después y diversas circunstancias fueron necesarias para darte cuenta de que no podías continuar hundida en el fondo del pozo, que tenías que pensar más en ti y en lo que realmente querías… Te ibas a entregar a Él como sumisa.

    Y así fue como una semana después te encontrabas delante del hotel donde habías quedado. Los nervios te invadían, pues jamás habías sido la sumisa de nadie, ni habías tenido una sesión como tal, pero en el fondo tenías la tranquilidad de que, a pesar de ser dos desconocidos, conocía tus gustos y tus límites, y tú confiaba plenamente en Él.

    La puerta de la habitación se abrió y al cruzar por primera vez vuestras miradas, te distes cuenta que era YO. Algo se removió en tu interior. Nos saludamos con un “hola”, y entraste. Dejaste tus cosas, y tan apenas habíamos intercambiado cuatro palabras, cuando te viste sorprendida por un intenso beso.

    –Desnúdate– te ordene, mientras tomaba asiento, dispuesto a disfrutar del espectáculo. Ahí estabas tú, de pie en medio de la habitación y sintiendo mis ojos clavados en ti. Te ruborizabas, te sentías como un objeto, observada mientras te ibas despojando de cada una de tus prendas hasta acabar completamente desnuda.

    –Abre las piernas y coloca tus manos detrás de la cabeza–. Nuevamente obedeciste. Comencé a manosearme todo tu cuerpo de manera poco delicada, buscando tu humillación.

    –Ahora vengo, no te muevas– te dije. No tarde en volver, trayendo conmigo tu nuevo vestuario: un par de medias, un liguero de vinilo y unos zapatos de tacón, todo ello de color negro.

    Te vestiste torpemente sentada sobre mis rodillas, humedeciendo mi pantalón con tu sexo, y te pusiste en pie.

    –Ven–.

    Te situé frente a un espejo de cuerpo entero y te coloqué un collar, también negro. Un escalofrío te recorrió el cuerpo. La sensación de sentir como aquel adorno iba rodeando tu cuello era indescriptible.

    –Mírate, ¿qué ves? – te susurre al oído.

    Te veías extraña, poco acostumbrada a vestirte de ese modo, pero se apreciaba a una perrita preparada para ser utilizada por su Dueño.

    –Desnúdame… y comienza por el cuello– te ordene.

    Te diste la vuelta y empezaste a quitarme la camisa. Tus labios buscaron mi cuello, y fueron descendiendo por mi torso. Consciente de que YO observaba tu parte posterior en el espejo, tratabas de agacharte sugerente, de tal manera que tus nalgas quedaran bien expuestas. Cuando alcanzaste mi ombligo, te pusiste de rodillas y me quitaste el pantalón, evidenciándose mi erección bajo mi slip, el cual fuiste bajando a la vez que tus labios recorrían mis ingles.

    Con mi miembro erecto frente a tu cara, miraste hacia arriba, y mi mirada penetrante te hizo retirar la tuya enseguida y centrarla en la delicia que tenías a escasos centímetros y que no tardaste en llevarte a la boca. Rodeaste mi glande con tus labios y comenzaste a ensalivarlo y a juguetear con tu lengua, que continuó su camino deslizándose por el tronco hasta la base, y subiendo de nuevo para esta vez introducir mi verga en tu boca.

    Tras varios minutos inmersa en una felación en la que tratabas de poner todo tu empeño, te agarre de la cabeza y profundice hacia mi garganta, provocándote una arcada, la primera de varias que se sucedieron más adelante, pues hacía tiempo que deseaba follarte la boca. La sensación no era placentera, pero mi excitación era cada vez mayor.

    – Sé que te gusta lo que te hago, pequeña zorrita. Te dije mientras una lágrima caía de tu cara.

    Cuando lo considere, te retire, quedando varios hilos de saliva entre mi glande y tus labios. Te tumbe en el pequeño sofá que había en la habitación y te obligue a abrir las piernas, pudiendo así observar por primera vez tu sexo abierto. Acerqué mi boca y hundí mi lengua en tus jugos, iniciando así una especie de tortura con tu clítoris, buscando la zona más sensible y haciendo que te retorcieras.

    –Vamos a la cama– te dije.

    –A cuatro patas, zorra–. Obediente te colocaste en la posición, pero nada ocurría, tan solo se advertían tus jadeos de agitación, hasta que de repente su mano chocó contra una de tus nalgas, seguido de una leve caricia. Recibiste algún azote más, nada excesivo, pues YO era consciente de que primero debía valorar tu umbral del dolor.

    –¿Tienes ganas de que te folle este cabrón? – Te pregunte. Tras tu respuesta afirmativa, escuchaste el sonido del envoltorio de un preservativo y coloque mi miembro en tu húmeda entrada.

    –Ven a buscarla–. Y poco a poco tu interior fue abriéndose, acogiendo toda mi longitud. Comencé a follarte, subiendo progresivamente la intensidad, mientras agarraba tu pelo recogido en una coleta.

    –Mírate, qué puta estás hecha–. – Necesitabas sentirte así, ¿verdad? Esa frase produjo que ti que tu lubricación aumentara hasta un punto al que jamás habías llegado.

    Con cada embestida sentías que tus piernas cubiertas por las medias se iban deslizando hacia los lados, y sin poder evitarlo terminaste tumbada, atrapada entre mi cuerpo y las sábanas. Mi aliento rozaba tu nuca y una de mis manos se apoderó de tu cuello, dificultándote la respiración y provocando que tus gemidos se percibieran entrecortados. Te follaba sin piedad, y tu cara se iba transformando a cada segundo en la de una perra viciosa, porque cuando te volteaste ligeramente, te susurre al oído “zorra”. Y no pudiste evitar soltar un sonoro gemido junto con un orgasmo que hizo que mi miembro acabara empapado de ti.

    Al rato salí de tu interior y me tumbé sobre tu espalda.

    –Ahora te toca trabajar a ti– te dije. Así que servicial te subiste sobre mi para cabalgarme. Por primera vez ambos nos miramos fijamente.

    –¿Te atreves con las pinzas? – te pregunte.

    –Sí– dijiste.

    Lo siguiente que sentiste fueron pinzas sujetándote los pezones. Para tu asombro, tu sexo se humedeció más aún y YO no pude contenerme en agarrarte de las nalgas y volver a follarte a mi manera.

    Después, decidí cambiar las pinzas de lugar, y tumbada boca arriba, te coloqué dos en cada uno de los labios mayores y empecé a masturbarte. La sensación de placer mezclada con el dolor generado por esos pequeños objetos, te iba llevando al dulce camino de otro orgasmo, pero fue interrumpido por la repentina retirada de las pinzas. Un segundo después te clave nuevamente mi miembro y fue entonces cuando inevitablemente alcanzaste el ansiado clímax.

    Como buena sumisa debías agradecer a tu Amo el orgasmo que te había dado. Conocías mis gustos por los juegos anales, así que no se te ocurrió mejor manera de corresponderme que introduciéndote algún que otro dedito sin que YO me lo pidiera, mientras me masturbaba, y a la vez lamías y succionabas mis testículos con tu boca. No tardo en brotar la leche, que cayó sobre mi abdomen. Limpias con tu lengua las últimas gotitas que quedaban en mi glande y ambos caímos extasiados en el colchón.

    Esa es la mujer que quería conocer, esa era la mujer que quería que saliera en ti.

    Mientras nos abrazábamos y nos comíamos a besos te dije una frase que sé que te gusto, – Para hacer el amor, mejor tu pareja, pero para follar… siempre tendrás a tu diablillo dispuesto.

    Espero que os gustara este relato, que dejéis comentarios y valoréis, es gratis y se agradece.

  • Me gusta recordar lo bien que follas

    Me gusta recordar lo bien que follas

    Me gusta recordar como me follaste aquel día en tu casa, aquel día en el baño de la universidad, esta historia va de eso de mis recuerdos una vez que estoy sola en casa y me encuentro deprimida, el recordar, el volver a sentir cuando me follaste encima del capo de tu coche mientras todos nos miraban.

    Una de las cosas que más me gusta cuando estoy sola en casa, es recordar los momentos felices, agradables y ese día tenía mucho que recordar, no hacia ni tres horas me habías dejado en la puerta de casa después de haber pasado una maravillosa tarde contigo, pasaba mis manos sobre mi cuerpo cerrando los ojos y revivía una vez más esa tarde junto a Julián y mis recuerdos comienzan cuando…

    El ruido de la puerta del baño cerrándose de golpe hizo que mirara por el espejo para ver como te acercabas a mí, me estabas esperando en el pasillo mientras me retocaba un poco, ya que íbamos a ir a cenar, realmente no sé el tiempo que estuve allí dentro, supongo que una vez más el tiempo no pasa igual para los hombres que para las mujeres, porque según yo acababa de entrar y según tú había pasado una eternidad y te cansaste de esperas, ahora te acercabas a mí con una sonrisa muy pícara, te observaba mientras guardaba mi resaltador de labios en el bolso a la vez que te sonreía, sabía que me ibas a proponer algo así que espere a que llegaras dándome la vuelta y apoyándome en la encimera sin decirte nada, simplemente mirándote y sonriéndote, ese día estabas realmente guapo, querías sorprenderme en nuestra primera cita, ya que aquella noche en tu casa jugando a la oca no contaba y de momento lo estabas consiguiendo.

    No me dijiste nada, simplemente te plantaste delante de mí y con las dos manos me cogiste la cara y empezaste a besarme, nuestras lenguas enseguida se unieron escapando de nuestros cuerpos y creando un baile erótico sin que ninguno tuviera intención de pararlo, apoye mis manos sobre la encimera del baño sin abrazarte, pero con tu cuerpo pegado al mío apretándome con tu pelvis, rozando la erección de tu pene contra mi falda, no hacía falta que me estimularas más, ya lo estaba, estaba excitada incluso antes de entrar en el baño en cuanto te vi aquella tarde me notaba húmeda y ahora esa sensación de tenerte encima de mí, lo acrecentaba.

    Como un juego tus manos iban cambiando de posición, primero cogiéndome la cara, luego abrazándome mientras me besabas con tanta fuerza que me cortabas la respiración, ahora las tenías sobre mis pechos apretándolos y desabrochándome con suavidad los botones de mi blusa, empecé a mirar nerviosa a la puerta, era tarde y muy posiblemente seriamos los últimos dentro de la facultad, pero aun así podía entrar alguien y vernos, aunque poco a poco mi nerviosismo se fue diluyendo al notar mis pezones mojados con tu lengua que había empezado hacer de las suyas, todavía me acordaba de cómo me lamiste en tu casa, de cómo me follaste y de los orgasmos que me regalaste, estaba tremendamente excitada y me daba igual que pasara alguien o no, quería que me follases allí mismo, que sacaras tu polla y me la metieras haciéndome gritar una vez más, te habías convertido en una nueva droga para mí, una droga hecha a mi medida, hecha para mi vagina.

    Mis manos dejan de estar en reposo y busqué en tu pantalón, más concretamente tu cinturón, el botón y tu bragueta para poderte sacar la polla, empiezo un meneo con mis manos sobre ella, esta como recordaba, llena de vida dura y enorme, empiezo a pasar la palma de mi mano sobre tu glande haciéndote gemir, levanto mi falda y la meto entre mis muslos mientras tú sigues saboreando mis pechos con mi sujetador a medio quitar por encima de ellos, nuestros movimientos de cadera más acelerados y fuertes con tu pene presionado entre mis muslos, moviéndote hacia delante y hacia atrás como queriéndome follar.

    Levanto mi pierna y te pido que me la sujetes pero no estas por esa labor, hoy lo quieres todo y con fuerza me sorprendes quitándome las bragas de un tirón, te las has llevado a la cara para olerlas y te las guardas en el bolsillo, me coges de la cintura y me sientas en el mármol frío de la encimera del baño para a continuación agacharte y empezar a lamer mi clítoris haciendo que los gemidos empiecen a inundar el baño, mis piernas caen sobre tus hombros con las rodillas flexionadas dándome con los tacones en tu espalda, tus manos me cogen de la cadera y tu lengua recorre mi vulva de arriba abajo saboreando los flujos de mis labios y de mi vagina, noto como tus dedos comprueban si mi clítoris siente o no y a fe mía que si sienten, porque no podía articular palabra cuando me tenías totalmente entregada a ti.

    ¡Julián!, ¡Julián!, así sonaba tu nombre en mi boca entre jadeo y jadeo, sintiéndote entrar con tu lengua y dedos en mi vagina, sintiendo que mi cuerpo me abandonaba del placer que me dabas, pero te levantaste y contigo mis piernas que seguían sobre tus hombros haciendo que mi cuerpo fuera una V perfecta faltando tan solo una unión entre los dos cuerpos, una barra incandescente que tú casualmente tenías entre las piernas y que yo necesitaba con urgencia para que se metiera en la cueva húmeda y mojada que tengo yo, casualmente entre mis piernas, en esos momentos yo necesitaba un valiente que entrara y saliera de mi cueva explorándola como si le fuera la vida en ello, pero desgraciadamente para mí o no, depende de cómo se mire, tú estabas otra vez en desacuerdo con mis necesidades, porque a lo que te estabas dedicando era hacerme sufrir, a meter y sacar tu glande de mi vagina, a recorrer como en autopista mojado mis labios hasta mi clítoris, dándole pequeños golpes, hundiéndomelo, presionándomelo y haciéndome gemir, plantearme decirte al oído que me follaras, ya sabía de tus juegos, ya habíamos jugado a esto y habías perdido, aunque yo te dije que no, que no gano nadie o mejor dicho que ganamos los dos, quien sabe quizás la próxima ganarías tú, pero esta no iba a ser, esta a pesar de mi excitación iba a ser neutral.

    Tan neutral como pude, porque cuando la sentí nuevamente penetrar mi vagina aunque tan solo fuera unos centímetros, mis manos te cogieron de la nuca y haciendo fuerza con un punto de apoyo apreté mi pelvis contra ti haciendo que me la metieras hasta el fondo, en ese momento los dos sentimos un tremendo placer gritando al unísono, tu pene se había deslizado por mi interior a gran velocidad con aquel empujón y solo eso basto para que me ensartaras con tu polla, tan mojada, tan preparada para ti que ya no consentí que la sacaras de mi interior, solo lo justo para que pudieras volver a entrar, ya no había marcha atrás así que empezaste un baile frenético, entrando y saliendo de mi coño hasta hacerme estallar en un orgasmo que resonó por todo el edificio, te aparte tarde porque al sacármela varios chorros salían de mi vagina mojando el suelo y empapándote el pantalón, pero no te importo porque antes de que terminara de expulsar todo nuevamente me la metías para seguir follándome.

    Parecías una máquina engrasándome el interior de mi vagina otra vez, no sé si mi orgasmo duro tanto o no, pero sé que no podía parar de gritar hasta que te corriste llenándome con tu semen, golpeando mi interior con dos grandes chorros que a gran velocidad entraban muy dentro de mí.

    Ni una palabra entre los dos, tal y como empezamos terminamos besándonos como si no hubiera un mañana hasta que oímos como golpeaban la puerta del baño, los bedeles registraban la universidad en busca de rezagados, en nuestro caso en busca de quien estaba follando y al abrir la puerta los dos salimos como alma que lleva el diablo, corriendo cogidos de la mano y sin mirar atrás, reíamos mientras que nos gritaban y nos daban el alto, suerte a que corríamos más, suerte de ser más jóvenes y de que no vieron nuestras caras, no sabemos cuáles habrían sido las consecuencias y más en una facultad privada y religiosa.

    Conseguimos salir a los jardines del campus y mimetizarnos con otros estudiantes que deambulaban y jugaban por allí, nos sentamos en la hierba y esperamos un rato mientras hablábamos, nos mirábamos y mientras nuestros pensamientos nos seguíamos quitando la ropa para seguir haciendo el amor.

    -Tengo la vagina empapada con tu semen, me está chorreando todo y tú tienes mis bragas. – Me reía a la vez que te pedía por favor las bragas.

    – ¡Ah! Claro y yo tengo la culpa no, que yo sepa el que tiene todo el pantalón como si me hubiera meado soy yo.

    -Jajaja es verdad pobrecito, pero me das las bragas por favor. –Seguía riéndome y pidiéndoselas con cara de gatita triste.

    Ya serían las segundas bragas que me desaparecerían con él, aparte de que no me apetecía ir por ahí en minifalda y sin bragas, de hecho ahora estaba sentada sobre mis piernas con sumo cuidado de que nadie viera nada, aunque la verdad prácticamente ya estábamos solos en el jardín, un grupo de chicas, otro de chicos jugando al balón y los bedeles que seguían buscándonos pero ya dándonos por perdidos. Recuerdo que te incorporaste y que me ayudaste a levantarme, empezamos andar en busca de tu coche que lo había aparcado más alejado de allí, los dos íbamos de la mano, jugando e intentando cogerle mis bragas que tenía en el otro bolsillo, pero sin éxito, jugábamos, corríamos y reíamos, la verdad que el tiempo se nos echó encima y para cuando llegamos al coche estábamos a oscuras y en silencio.

    Al llegar al coche sacaste mis bragas de tu bolsillo y me las distes, pero no sin antes jugar conmigo, me las dabas y me las quitabas, yo iba detrás de ti alrededor del coche hasta que conseguí agarrarte, hasta que nuestros labios se unieron una vez más besándonos y dejándome por fin coger mis bragas. Nuevamente bailabas con tu lengua dentro de mi boca, entrelazándose con la mía, tus manos recorrían mi cuerpo levantándome la falda y metiendo tus dedos en mi vagina, me apretabas mi sexo con toda la mano y nuevamente esa droga en mi cabeza, nuevamente el sexo primero después la discreción, me diste la vuelta y me agarrabas por detrás con tu mano, tus labios en mi cuello y con la otra levantándome la falda apretando mi vulva.

    Jadeaba nuevamente por la excitación, te quería dentro de mí y poco importaba que estuviéramos en el parking, solo dos coches en aquel aparcamiento y cada uno en una punta, los dos con movimiento en su interior, supongo que como a mí, algún chico estaría jugando con su varita haciendo gemir y retorcerse de placer alguna chica, la diferencia estaba que no se les veía y sin embargo yo estaba tumbada boca abajo sobre el capo del coche con mis manos extendidas y sintiendo el calor de la chapa en mis mejillas y el calor de su pene en mi vagina, me habías hecho que me tumbase y que abriera mis piernas subiéndome la falda, sentía como tu pene me empezaba a penetrar como solamente tú sabes hacerlo, con suavidad, pero con dureza, despacio, pero con velocidad, llenándome con tu pene y no poder más que gritar cada vez que sentía como tu pelvis chocaba con mis nalgas metiéndomela tan profundo que pensaba que atravesarías las paredes de mi útero.

    Con las bragas en mi mano, las metía en mi boca y las mordía cada vez que sentía un empujón, cada vez que tu polla entraba en mi coño arrastrando todo el placer hasta mi cerebro, entrabas y salías de mi coño realmente mojado de flujos, gemías de placer hasta que te corriste que con un empujón tan grande que realmente me llegaste hacer daño al metérmela, pero la sensación de dolor se marchó y volvió el placer, te quedaste encima de mí reposando con tu polla metida en mi coño, habías finalizado, pero a mí aún me faltaba, así que tenía que hacer algo, tenía que revivir a esa gran amiga que llevas entre tus piernas y apoyándote ahora tu sobre el capo sin llegarte a sentar me agache para metérmela en la boca, lamiendo tu glande con sabor a mí, con tu semen y mi flujo recorriendo tu tronco el cual metía una y otra vez en mi boca, llegando a meterme tu polla hasta la raíz, aún estabas un poco empalmado, pero mi boca, mis labios y mi lengua realizaron el resto, tu polla estaba nuevamente tal y como nos gustaba a los dos, sobre todo a mí que no paraba de moverme de arriba y abajo mientras que gemías y me sujetabas de la cabeza subiéndomela y bajándomela.

    Te miraba y sonreía, me levanté acercándome a ti, cociéndote de la polla la empecé a pasear por mis labios metiéndola en mi vagina, ahora era yo la que jugaba aunque por poco tiempo, realmente no estaba para juegos, necesitaba que me follaras, necesitaba follarte como así hice, levante mi pierna izquierda, apoyando el pie en el guardabarros del coche, mi rodilla izquierda flexionada y mi pierna derecha apoyada firmemente en el suelo a la vez que mis manos te apartaban, pero me sujetaba en tu pecho, me guardabas la falda con tu mano después de habérmela quitado y con tu polla en mi mano buscaba nuevamente la entrada de mi vagina, empezaba a moverme hacia abajo y hacia arriba, los dos mirábamos como tu pene entraba y salía de mi vagina, los dos gemíamos cuando uno de los coches paso por delante de nosotros mirando como te follaba, como cabalgaba tu polla, estaba oscuro, pero pude ver la cara de la chica al pasar mordiéndose los labios, podía oírla decir en su mente lo afortunada que era de gozar tanto con aquella polla que no hacía más que meterse en mi interior y salir realmente empapada de mí.

    Podía ver en su mirada que no salía satisfecha con su novio y me sentía afortunada de tenerte, mientras todos estos pensamientos me atravesaban yo seguía moviendo mis caderas, bajando y subiendo mi pelvis aumentando la velocidad y empezar a sentir como el calor se apoderaba de mi cuerpo, como mi vientre ardía expandiendo el incendio por la vagina y por mis extremidades, me saque tu pene de golpe y una vez más expulse mi orgasmo fuera de mí en forma de chorros, luego me la volvía a meter y volvía a bajas y subir para parar y sacarla nuevamente, mis gritos eran como aullidos de loba mi vagina ronroneaba como una gata cuando quiere caricias y yo quería más caricias de tu pene dentro de mí.

    Te levantaste como un resorte que dejan libre, me sentaste en el capo y me abriste de piernas metiéndome tu polla con rapidez y hasta el fondo, tus movimientos rápidos y tus penetraciones profundas, mis pies estirados a la altura de tu cadera bailaban como mis pechos cada vez que me la metías, no podía parar de gemir un nuevo orgasmo me volvía a llenar la vagina, pero esta vez no te apartaste, esta vez seguías metiéndomela hasta que explotaste nuevamente y una vez más me llenabas con tu leche todo el coño.

    Los dos terminamos exhaustos, mis piernas abiertas ya tocaban suelo y tú en medio de ellas tumbado encima de mí, jadeábamos y nos besábamos, unos aplausos y silbidos venían de alguna parte del parking, no avergonzados, pero si incómodos nos montamos en el coche y nos fuimos.

    En la puerta de mi casa te invitaba a subir, pero tenías que madrugar y me rechazaste no sin antes despedirte de mí con un beso que me supo a gloria y yo te susurre al oído.

    – Última oportunidad de subir Julián, tengo una chimenea de pega que podemos encender, una alfombra blanca de pelo muy suave donde me puedes hacer el amor después de que hayas jugado con mi cuerpo con las fresas y el champán que tengo reservado para una ocasión como esta, mientras que me tapabas los ojos con una venda.

    -Tentador, Lara, pero otro día jugamos.

    -De acuerdo, entonces guardo las fresas y el champán hasta otro día.

  • No tendrás pensamientos impuros

    No tendrás pensamientos impuros

    Hace un tiempo que nuestro matrimonio volvió a ser muy parecido al de antes. Nunca será igual debido a todo lo acontecido. Pero definitivamente estamos atravesando un buen momento, después de la experiencia de Facundo en Córdoba y de la noche que disfrutamos ambos con María nuestro sexo se ha vuelto muy interesante y frecuente.

    Facundo recuperó su autoestima y lo siento más seguro que antes, yo también me siento más segura y más curiosa también.

    María me ha invitado esta tarde a su departamento, ya no tengo que ocultar lo mío con María de Facundo, a él no le molesta que tengamos nuestros encuentros con María, eso sí, siempre y cuando luego ambas lo atendamos.

    Al llegar María me recibe solo vistiendo una remera larga, me hace pasar y dándome una nalgada fuerte me dice:

    «Entra que tengo algo especial»

    Yo:

    «¿Qué es??»

    María:

    «Aaa sorpresa, ve a la pieza y quítate todo»

    Ingreso al dormitorio y me quito la ropa, María entra se quita la remera y se puede apreciar un conjunto de ropa interior símil cuero con tachas plateadas, lucía en sus cabellos una única trenza gruesa.

    Sobre la cama hay una toalla extendida, ella la saca y deja a la vista accesorios que me llaman la atención.

    Logro ver un juego de muñequeras un trozo de seda negro y alguna cosas más.

    Mirándome dice:

    «Te gusta?? Hoy te voy a coger yo a vos y vamos a jugar un poco»

    Toma las muñequeras y me las coloca, me venda los ojos con la seda.

    Me acuesto y me pide que recoja mis pies, que lleve mis rodillas a mi mentón, al hacerlo toma mis brazos y me los coloca abrazando mis piernas. Une ambas muñequeras y me suelta. Yo no puedo separar las muñecas y por ende tampoco estirar las piernas.

    (La sensación es agradable me siento vulnerable, en gran medida por no ver debido a la venda en mis ojos pero mucho más por el hecho de estar con mis manos atadas y en esa posición.)

    Está situación de vulnerabilidad hace prolongar el tiempo, esperando a ver qué acontece se siente una mezcla de ansiedad y adrenalina.

    María no emite sonido, yo tengo ganas de gritar «bueno ya, haz algo!!!» Pero lo resisto, y seguidamente puedo sentir perfectamente los labios de María rozar mi vulva

    (Es imposible no reconocer esos labios carnosos)

    Seguidamente su lengua separando mis labios vaginales de extremo a extremo de mi rajita. Ella mueve esa lengua muy suave y al hacerlo lubrica toda mi conchita con su saliva. Se detiene en mi clítoris y lo lame juega con él y la punta de su lengua. Aunque no pueda ver puedo asegurar que es María quien me está chupando la conchita, nadie absolutamente nadie lo hace como ella.

    Con sus manos apoyadas en mi trasero me empuja hacia arriba esto pone mi vulva mucho más accesible para ella, la chupa, cada tanto la escupe muy suave para lubricar aunque yo creo que es totalmente innecesario ya que siento mis fluidos brotar de mi conchita, ella se encarga de eliminar el exceso de fluido lo succiona para tragarlo y continuar con su trabajo.

    Estoy llegando al clímax, ella lo sabe e incrementa el ritmo, la succión y cada tanto introduce profundo su lengua en mi conchita.

    Tengo un orgasmo hermoso, intento estirar las piernas pero no puedo debido a que estoy esposada trato de girar pero María lo impide sosteniéndome de mis nalgas me levanta y sigue chupando mi conchita no termino de tener un orgasmo que comienzo con otro, no lo puedo creer es hermoso como si fuera una explosión tras otra de placer. Solo puedo gemir y gritar, mi cuerpo convulsiona y yo sin poder defenderme aunque en realidad no lo quisiera hacer María continúa chupando un rato más y me deja en la cama.

    Yo no digo nada solo respiro, trato de relajarme, me acostumbré a la oscuridad.

    María se acerca y dice:

    «Bueno ya descansaste??

    Ahora viene lo mejor, relájate y goza»

    Agarrando mis caderas me arrastra al borde de la cama, siento algo frío en mi vagina, le pregunto:

    «¿Qué es eso???»

    Responde:

    «Lubricante, vos tranquila que no voy a hacer nada que no quieras»

    Me frota el lubricante en mi vulva y en mi ano. A continuación siento la punta de lo que estoy segura es un dildo en mi culito y otra en mi vulva. Ella me sujeta de las piernas y comienza a penetrar.

    Siento como ambos dildos se introducen en mi cuerpo, ella se mueve, me penetra una y otra vez.

    Me dice:

    «Te gusta como te cojo??»

    Yo:

    «Me encanta, cogeme duro»

    Ambos dildos me penetran, el del ano es claramente más pequeño y me da gran placer y el otro más grueso y rugoso. Cada embestida me provoca un suspiro puedo sentir claramente ambos juguetes introducirse.

    De mi solo salen gemidos, nuevamente estoy a punto de correrme María me coge cada vez más duro ella también gime sosteniendo fuerte mis piernas me dice:

    «Me encanta cogerte, hoy la que te rompe el culito soy yo»

    Yo:

    «Si, cógeme, rompeme el culo hermosa si, si, si»

    Tengo un orgasmo precioso y ella también.

    Me suelta los brazos y me quita la venda. Se tira en la cama, yo le quitó el cinturón le abro las piernas, ella tenía puesto su juguetito (el que es como una bala y que vibra), le chupo la concha la tiene muy húmeda siento como vibra dentro de ella, estoy unos minutos y nuevamente se corre pero esta vez en mi boca. Le limpio su vulva de los fluidos y me recuesto a su lado.

    Le digo:

    «Me sorprendiste juguete nuevo y sensación nueva, es raro estar atada y más aún vendada»

    María:

    «Nunca lo habías hecho??»

    Yo:

    «La verdad que no pero me encantó!!!»

    María:

    «Si, está bueno. Pero esto no fue nada»

    Yo:

    «¿Cómo nada?? Que querés decir??»

    María:

    «Que hay prácticas más intensas»

    Yo:

    «Vos tuviste??»

    María:

    «Si»

    Yo:

    «Y te gustaron»

    María:

    «Para ser sincera no tanto.

    Viste Patricio?? el morocho del gym, el que siempre está con su amigo Bruno.»

    Yo:

    «Si, los que son flacos y medios antipáticos»

    María:

    «Si esos.

    Bueno Patricio me enseñó sobre el tema»

    Yo:

    «Nooo!!! No me digas que te cogiste a Patricio?!?!!»

    María:

    «Si, pero para ser más exacta él me cogió a mí… literal!!»

    De vuelta en casa no puedo dejar de pensar en lo que me contó María.

    Porque no le gustó la experiencia si a mí lo poquito que probé me encantó.

    Miles de pensamientos rondan mi mente pensamientos lujuriosos.

    Hoy es martes y tengo gym, así que me preparo y voy dispuesta a salir de la duda.

    A convertir esos pensamientos en realidad

    Mientras hago los ejercicios lo observo a Patricio.

    (Para ser sincera siempre me atrajo, es del tipo que me gustan, flaco no muy trabado con un rostro juvenil)

    Él se percata y también comienza a mirarme, ambos cruzamos miradas. Yo me muestro interesada.

    Él se acerca y se presenta:

    «Hola soy Patricio, siempre entrenamos juntos pero no nos conocemos»

    Yo:

    «Si, la verdad tenés razón, nunca me había detenido a observarte»

    Patricio:

    «Bueno yo no puedo decir lo mismo, pero nunca me animé a conversar contigo»

    Yo:

    «Que tonto, tenías miedo que te muerda»

    Patricio:

    «No. No es eso, es que no quería incomodarte»

    Yo:

    «Para nada.

    Te hago una consulta, estabas haciendo unos movimientos raros recién.

    Que son???»

    Patricio:

    «Es que soy profesor de artes marciales y estaba practicando algunos movimientos»

    Yo:

    «Que bueno!!! Siempre me llamo la atención todo eso»

    Patricio:

    «Bueno cuando quieras te puedo dar algunas clases»

    Yo:

    «Sería genial!! Pero dónde serían??»

    Patricio:

    «En mi casa»

    Yo:

    «Genial. Cuando vos puedas por mi está bien»

    Patricio:

    «Mañana tengo libre. Si querés»

    Yo:

    «Ok, pero yo quiero el mismo entrenamiento que le diste a la profe María»

    (La cara de Patricio cambio, sus ojos se tornaron brillantes, y sonriendo me dice)

    «El mismo???»

    Yo:

    «Si… el mismo»

    Patricio:

    «Ok. Mañana te espero a las 13 h»

    Me anoto su domicilio en mi celular y se retiró.

    Yo me quedé entrenando, lo miraba de lejos, él hablaba con su amigo Bruno y se reían, estaba segura que le estaba contando lo ocurrido y de cómo me cogería. Esto me excita me siento toda mojada. Todavía no puedo creer como me regale de esa forma, me siento la más puta y la verdad me encanta!!!

    Salgo del baño, me estoy alistando para ir a la casa de Patricio, por suerte Facundo está trabajando.

    Llegó a la casa de Patricio, el abre y me invita a pasar.

    La verdad estoy súper nerviosa y ansiosa.

    Patricio:

    «Hola Eli, pasa, todo bien??»

    Yo:

    «Hola Patricio, si todo bien»

    Cierra la puerta, y sin perder tiempo me toma por la cintura y me da un beso demasiado fogoso. Yo le digo:

    «Bueno, espera vamos con calma»

    Él se sonríe y me toma del brazo. Nos dirigimos a la habitación, al entrar, veo que está Bruno parado.

    Yo:

    «Espera, espera. Nunca arreglamos esto. Abrime la puerta que me voy»

    Patricio:

    «Cómo tú quieras. Yo le conté a Bruno y él me dijo que no podía perderse esto»

    Bruno:

    «La verdad que siempre me llamaste la atención y he querido estar contigo»

    Patricio:

    «Esto es así, te quedas y la pasamos bomba o te vas, como tú elijas»

    La verdad si bien no era lo que esperaba tampoco me disgustaba la idea, ambos son bonitos y desde aquella vez con Fabrizio y Andrés me he quedado con ganas de repetir.

    Yo:

    «Ok, me quedo pero vamos de apoco»

    Patricio choca las palmas con Bruno como festejando y le dice:

    «Bueno Bruno ve a preparar todo»

    Él se retira y yo me quedo con Patricio, súper intrigada.

    El me mira me dice:

    «Bueno Eli, te explico, tu pediste el tratamiento que le di a María sabes cómo es el tema»

    Yo:

    «La verdad no»

    Patricio:

    «Ok, esto es así, a partir de ahora tu cuerpo es mío y de Bruno, nosotros no obedeceremos nada de lo que digas a menos que nosotros lo queramos así, si dices no y para nosotros es sí será sí sin importar lo que digas o hagas, solo hay una forma de que puedas frenar una situación y es con la palabra clave»

    Yo:

    «Palabra clave???»

    Patricio:

    «Si, elige una palabra y si en algún momento la pronuncias nosotros nos detendremos»

    Yo:

    «Ok, será… labios!!»

    Patricio:

    «Perfecto, labios entonces. Pero recuerda solo labios, no obedeceremos a -para-alto-eso no-por favor no. A nada solo a labios.

    Ahora allí tienes el baño para prepararte te espero en la cocina»

    Me dirijo al baño me ducho, la verdad estoy súper nerviosa y ansiosa y bastante asustada pero no voy a arrepentirme ahora…

    Aparte todo esto me excita bastante.

    Y me intriga que me espere en la cocina pensé que lo haría en la pieza.

    Salgo del baño solo con mi ropa interior llevo un conjunto de encaje negro me acerco a la cocina y Patricio mirándome me dice:

    «Mmmm qué bonita estás, te ves súper sexy con ese conjunto»

    Me toma de la mano y nos dirigimos a unas escaleras que llevan al sótano.

    Entramos y pumm, quedó sorprendida. Es una habitación sin cama las paredes tienen un color oscuro, no lo distingo ya que la luz es muy tenue. En el centro hay una especie de caballete en una de las paredes grilletes con cadenas en un rincón una mesa con cosas sobre ella y en el otro rincón un potro como los de tortura pero más pequeño.

    Se siente un olor fuerte lo reconozco, es mariguana pero está mezclado con perfume miro al rincón que faltaba y lo veo a Bruno desnudo solo con una especie de calzoncillos negros, es el que fuma marihuana. Patricio se retira un instante y vuelve también desnudo pero él sin nada. Su pene está totalmente en reposo.

    El olor me está mareando Patricio me sujeta de la mano y me dice:

    «Ok ven aquí ya comenzamos»

    Me toma los brazos y me coloca unas esposas en mis muñecas, son blancas de cuero y tienen como un peluche del lado interno, también coloca unas iguales en mis tobillos.

    Abre mis piernas y sujeta cada grillete de mis tobillos a unos ganchos que hay en el piso y mis muñecas a cadenas que cuelgan del techo Bruno se para y enciende una luz negra que vuelve todo lo blanco en un violeta fosforescente mis esposas y todos los accesorios tienen detalles blancos que brillan.

    Me quedo parada con las piernas abiertas y mis brazos abiertos.

    Los dos se acercan uno se coloca delante mío y otro detrás.

    Patricio está detrás de mí, me coloca un antifaz cerrado que no me permite ver absolutamente nada.

    Los dos comienzan a tocarme lo hacen muy suave con sus dedos recorren ambos mi cuerpo, evitan tocar mis partes íntimas, Bruno que está de frente besa mi cuello mordisquea mis orejas mientras continúa tocando mi cuerpo, baja con su palma por mi abdomen y bordea mi vulva sin tocarla, Patricio hace lo mismo, besándome toca mi espalda y manosea mis nalgas.

    El olor a marihuana me tiene mareada y bastante relajada.

    Bruno succiona mis pechos y mordisquea mis pezones.

    (La situación me tiene tensa, el no poder ver me genera mucha ansiedad pero también morbo.)

    Siento que ambos se alejan, yo quedo parada sin decir ni hacer nada, el calor en la habitación es elevado.

    Pasan unos cuantos segundos que me parecen eternos, escucho que hablan entre ellos, de pronto algo toca uno de mis pezones. Roza mi pecho primero uno, luego el otro, baja por mi abdomen y cuando está por tocar mi vulva vuelve a subir. Esto lo hace dos o tres veces.

    Baja nuevamente y se posa sobre mi vagina. No sé si es madera o cuero o algo así pero definitivamente no es parte del cuerpo de alguno de ellos.

    Lo que me esté tocando ejerce presión en mi vulva y la frota manteniendo la presión.

    Se separa de mí para luego golpear mi vulva suavemente lo hace una y otra vez, son golpecitos que me estremecen, es inútil querés cerrar las piernas.

    Escucho a Patricio decir:

    «Coloca el travesaño y levántala»

    Escucho ruido metálico sobre mi cabeza y seguidamente me toman ambas manos las abren y me hacen agarrar lo que parece un caño.

    Patricio:

    «Sujetate y no te sueltes, porque te lastimarías la muñecas»

    Siento como me elevó del piso y quedó en el aire colgada, no puedo cerrar los brazos ni las piernas ya que ambas están atadas.

    Alguien toca mi vulva, lo hace con su mano. Siento sus dedos rozar mis labios vaginales e introducirse apenas por mi conchita, mi primer reacción es intentar alejarme pero es inútil, me toca y masturba.

    Siento a uno solo cerca mío puedo sentir su respiración mientras me toca. Comienza a bajar lamiendo mi cuerpo se detiene en mis pechos los chupa y lame, luego baja por el abdomen siento su lengua deslizarse por mi piel, llega al monte de venus, lo besa muy suave, siento sus manos sostener fuerte mis nalgas. Su lengua se abre paso entre mis labios vaginales lame toda mi vulva, mordisquea mis labios y frota su lengua en mi clítoris. Me gusta, es una sensación extraña estar colgada y al mismo tiempo que me chupen la conchita pero sobre todo sin poder ver y sin saber quién es que está allí, mi mente vuela en Miles de realidades todas pueden ser y ninguna es al mismo tiempo.

    Siento como mi vagina se humedece, esas lamidas están dando frutos, deliciosos frutos en forma de placer.

    Alguien se para detrás mío, lo puedo sentir.

    Vuelven a tocarme con eso que parecía cuero, baja por mi espalda y de pronto, siento un golpe fuerte en mi culito. Doy un grito:

    «Hay!!!»

    Detrás otro golpe, me dan golpe tras golpe alternando en cada nalga. Son golpes fuertes pero solo aumentan el placer que la boca en mi conchita produce.

    Yo doy gemidos y gritos con cada golpe, estoy a punto de alcanzar el clímax cuando se detienen, me bajan, una vez en el piso me sueltan los brazos y las piernas. La verdad me duelen los brazos debido a la posición. Pero toda la situación me tiene sobreexcitada.

    (Creo que es el hecho de sentirme a su merced, el no poder hacer nada para defenderme de esos dos hombres que yo sabía me cogerían)

    Patricio me quita el antifaz, tardo unos segundos en recuperar la visión con claridad, él continúa desnudo pero su pene esta erguido, su tamaño es similar al de Facundo.

    Tomándome de la mano comenta:

    «Bueno Eli ven por aquí»

    Nos dirigimos al caballete, me posiciona frente a él y con su mano empuja mi cabeza, quedó de pie y mi torso apoyado sobre el caballete, toma mis brazos y los coloca hacía atrás cerrando las esposas, mis tobillos los ata a el pie del caballete. Estoy totalmente inmovilizada, mis piernas juntas, mi culito expuesto y al tener mis brazos hacia atrás atados no puedo hacer equilibrio con mi parte superior y me veo obligada a reposarla sobre el caballete.

    Lo veo a Patricio dirigirse a la mesa donde estaban los accesorios, toma lo que parece un palo con flecos. Se posiciona detrás de mí y siento como con ese accesorio golpea mis nalgas lo hace primeramente suave y luego incrementa la fuerza. Esto me produce dolor, con cada golpe doy un grito. Es extraño aunque sienta dolor no me molesta, por el contrario me excita, cada golpe de esas tiras de cuero producen algo dentro de mi, un cosquilleo que se refleja directamente en mi sexo.

    Siento que estoy siendo castigada, que me están utilizando como a un objeto y me calienta:

    «Si, hay si papi dame duro»

    Estoy húmeda, necesito ser penetrada ya, quiero sentir una verga entrar por mi conchita.

    Delante mío se para Bruno, está desnudo él también, su verga no está parada por completo pero se la ve muy grande, debido a mi posición la tengo justo delante mío.

    Tengo ganas de tocarla pero no puedo.

    Patricio me da una nalgada muy fuerte con su mano

    Yo:

    «Hay, tan fuerte no!!!»

    El me da otro a contramano.

    Recuerdo que solo se detendrían si digo labios solo labios.

    Pero no digo nada, por el contrario muerdo mis labios y él continúa nalgueando. Se escuchan los golpes de su mano en mi culito. Él se detiene pasas unos segundos y siento como cambia los golpes por besos, besa mis nalgas las acaricia las frota, baja por mis piernas con su lengua, vuelve a subir y lleva su boca directo a mi vulva siento su cara hacer fuerza contra mis piernas para llegar con su lengua a mi conchita. Yo lo ayudo y abro lo mas que puedo mis piernas el lame mi concha pasa su lengua por mis labios vaginales, miro hacia adelante y Bruno estaba masturbándose, su verga ya estaba erguida y es enorme!!!

    Entre gemidos le digo a Bruno:

    «Que hermosa pija que tenés!!»

    Bruno:

    «Te gusta???»

    Yo:

    «Me encanta, la tenés enorme»

    Seguidamente estiró mi cuello y abro mi boca, como suplicando me den de comer.

    Él toma su verga con su mano y la acerca, pero no la introduce en mi boca. Por el contrario la refriega por mi cara, la pasa por mis labios, por mis ojos, por mis mejillas.

    Cuando la acerca yo trato de meterla en mi boca pero él con su mano la corre y ahí quedo yo, con mi boca abierta la lengua afuera y mi expresión diciendo (dame esa pija). Él lo hace una y otra vez mientras Patricio sigue chupándome la conchita, Bruno toma su verga y me da un vergazo en la cara, se escuchó el golpe que produjo tamaña verga al chocar mi rostro. Estoy desesperada necesito sentir una pija dentro mío ya!

    «Por Favor dame esa pija para poder chuparla»

    Bruno se sonríe y me dice:

    «Tranquila ya te la vas a comer toda. Pero todavía no»

    Él continúa jugando conmigo. Yo me siento la mas puta suplicando por favor que me den pija, pero no me importaba estoy súper excitada y lo único que quiero es que me tomen y cojan de una vez.

    Patricio se incorpora y me apoya su verga en mi culo. La siento perfectamente, está dura y caliente. La coloca entre mis nalgas y la frota por mi culito, luego la baja y la pasa por mi rajita. Yo creo que para este momento debe ser una laguna y estará totalmente hinchada.

    El pasa su glande por mi conchita y se detiene en mi agujerito una y otra vez cada vez que lo hace espero su penetración, pero no, vuelve a sacarla.

    Bruno me pones su bolas en la boca son gigantes yo las chupo y las lamo, cuando quiero comenzar a lamer su tronco, él lo quita y vuelve a ponerme sus hermosas bolas en mi boca. No aguanto más la excitación siento un hilo de líquido que baja por mi entrepierna, meto los huevos de Bruno por completo en mi boca lo hago como poseída él con su mano levanta su verga y la deja caer en mi rostro. Al hacerlo provoca un ruido hermoso me pone a mil sentir toda esa carne, su verga aparte de grande es muy blanca es la primera vez que veo una verga tan blanca sus venas se marcan. Desesperada le digo:

    «Ya porfa… cojanme!!»

    Ellos se ríen y Patricio dice:

    «Tenés que ser más convincente en el pedido»

    Yo sabía que quería.

    Y con la excitación que tengo no lo dudo:

    «Por favor necesito que me cojan, quiero sentir sus vergas dentro mío»

    Bruno:

    «Bueno parece que esta mujer realmente quiere ser cogida»

    Patricio me coloca nuevamente el antifaz, coloca su verga en mi conchita y tomándome de las esposas que tengo en mis muñecas me introduce de un solo movimiento toda su verga. Doy un grito de placer:

    «Haaa, si!!! Que lindo, que hermosa verga»

    El me da embestidas fuertes siempre sosteniendo mis muñecas, se ayuda de ellas para penetrarme bien duro, sus golpes son continuos mi vagina está totalmente mojada.

    Yo de inmediato abro mi boca y comienzo a buscar la verga de Bruno él continúa con su juego y no me permite tragarla como yo quiero.

    No lo veo pero mirando a dónde creo está su rostro y con las palabras entrecortadas producto de las embestidas que me daba Patricio le digo:

    «Por Favor déjame chupar esa pija gigante»

    Seguidamente abro mi boca saco mi lengua y siento ese gigantesco glande apoyarse en mi lengua.

    (Si!!! Por fin podía comerme esa verga)

    Le chupo el glande, abro lo mas que puedo mi boca e intento tragarme esa verga pero es inútil, su verga es gigante es aún más grande que la verga de Andrés.

    Me encanta chupar esa verga lo hago apasionadamente.

    Patricio sigue cogiéndome ahora me sostiene de las caderas, me da nalgadas fuertes siento su verga entrar y salir de mi conchita mojada.

    Patricio:

    «Amigo no sabes lo estrechita y mojada que tiene la concha esta mujer»

    Bruno:

    «Se nota que necesita verga, la chupa como una profesional»

    Patricio:

    «Te gusta como te cogemos??»

    Yo como puedo sin sacar por completo la verga de mi boca:

    «Siiii, me encanta»

    Los dos comienzan a reír

    Bruno:

    «No la suelta ni para hablar»

    Esto me calienta y sigo mamando la verga de Bruno, Patricio me saca la verga y la coloca en mi culito la frota la retira pasa su mano por mi vulva juntando el mayor flujo posible, luego lo pasa por mi culito y vuelve a colocar su glande en mi ano.

    Ejerce presión con su verga en mi culo para penetrarme, trato de relajarme, con sus manos separa mis cachetes y empuja pero me genera dolor. Intento aguantar lo más posible estoy súper excitada y quiero que me cojan por el culo más que nunca pero el dolor no lo aguanto:

    «Labios!!!»

    Automáticamente Patricio se detiene se separa y me pregunta:

    «Que ocurre?? No te gusta??»

    Yo:

    «Si, me encanta pero me duele demasiado»

    Patricio:

    «Ok dame un segundo»

    Toma algo de la mesa y vuelve yo aprovecho y le digo:

    «También te pido que me sueltes las esposas, pero solo las de las muñecas»

    El estar atada me genera mucho morbo pero los brazos hacia atrás ya me estaban molestando, aparte quería tener las manos libres para otras cosas.

    Patricio me frota algo frío en mi colita, le pregunto:

    «¿Qué es??»

    Patricio:

    «Lubricante»

    El me introduce su verga por mi conchita y vuelve a cogerme, lo hace muy suave solo me introduce una parte de su verga, me relajo y vuelvo a entrar en clímax el me sigue cogiendo cada tanto me da una penetración dura y profunda lo que me genera un gemido y vuelve a hacerlo suave, siento su mano en mi culito, con su dedo empieza a trabajarlo.

    En mi espalda siento los flecos del accesorio que estaba utilizando previamente, me lo pasa por toda la espalda, con la siguiente penetración profunda me golpea las nalgas con él, lo hace repetidamente también golpea mi espalda.

    Siento que Bruno se acerca se para frente a mí y coloca su enorme verga sobre mi cabeza me quedan sus bolas en la boca y el tronco sobre mi cara, siento algo muy caliente caer en mi espalda estoy segura que es cera, está muy caliente y les digo:

    «¿Qué es?? Está muy caliente»

    Patricio me sujeta de las caderas y mientras me coge fuerte y con movimientos rápidos me dice:

    «Vos relájate y disfruta la cogida»

    Su respiración es acelerada y sus embestidas cada vez más fuertes, vuelve a colocar su dedo en mi ano y lo introduce por completo, yo siento mucho placer su verga entra y sale de mi vulva mojada ahora utiliza dos dedos los siento claro como entran el los mueve en mi culito que está dilatado. Para mí asombro no me genera dolor.

    Yo lo disfruto abro mi boca y vuelvo a buscar la verga de Bruno, la encuentro y la chupo, ahora tengo libertad en mis manos, me quito el antifaz y nuevamente luego de unos segundos veo con claridad. Tomo ese pene gigante con ambas manos y todavía le sobra verga, ver mis manos tomar esa verga la vuelve más grande y más hermosa sin vacilar me la llevo a la boca y continuo con la mamada.

    Por supuesto no entra ni la mitad pero no me importa lamo sus bolas, lamo el tronco para luego concentrarme en su glande lo chupo y paso mi lengua por todo su alrededor, siento líquido preseminal salir de él yo lo succionó y lo trago (me encanta) lo miro a los ojos y le digo:

    «No podés tener semejante pija, nunca tuve una pija así en mis manos»

    Él me toma la cara me empuja para que trague su verga diciendo:

    «La vas a tener en todas partes te voy a llenar de carne»

    Me toma la nuca y me obliga a una garganta profunda.

    Yo también quiero hacerlo quiero sentir esa verga completa en mi boca pero por más fuerza que haga no entra, solo me genera arcadas, él la retira y yo largo toda la saliva y líquido que tengo en mi garganta sobre su verga, con mi mano lo pajeo desparramando todo el fluido sobre su verga y vuelvo a chuparla.

    Patricio saca su verga de mi conchita y la coloca nuevamente en mi culito nuevamente siento su glande ejerciendo fuerza esta vez no siento dolor, me llama la atención pero es lo que menos me importa. Siento como su glande se abre paso en mis nalgas para lentamente dilatar mi esfínter e introducirse en mi ano, luego de tres o cuatro embestidas ya la tengo toda adentro:

    «Haaa siii, que lindooo. Rompeme el culo me encanta!!!»

    Tomándome por las caderas me taladra el culo lo hace con fuerza yo solo siento placer pese a que su verga no es chica no siento dolor, es hermoso sentir el rebote de mis nalgas contra él, me toma de los cabellos y me monta como si fuera una potra salvaje. Me tira la cabeza hacía atrás desde mi cabellera y me coge una y otra vez, está abriendo mi culito de una forma brutal y me encanta Bruno toma su verga y la vuelve a colocar en mi boca estamos los tres en un estado de frenesí, Patricio taladrando mi culo sin parar yo disfrutando de su cogida y Bruno cogiéndome la boca con su verga gigante.

    Patricio:

    «Haa sii, Bruno cogele la boca mientras yo le rompo el culo a esta hembra»

    Se oye el golpe de mis nalgas y mis arcadas producto de la cogida que me está dando Bruno en mi boca.

    Bruno:

    «Siii que pedazo de hembra, coge como una diosa»

    Para entonces mi vagina es una catarata de fluido siento como chorrea por mi entrepierna, el hecho de sentirme tan mujer de estar siendo cogida por dos machos de esa manera me pone a mil y me vengo en una corrida tremenda

    Suelto la verga de Bruno y digo:

    «Sii sii no pares, cógeme cógeme, abrime bien ese culito no mezquines nada y métela toda hasta el fondo siiii»

    Mis piernas se vencen y quedan temblando, Bruno me toma del pelo gira mi cabeza y coloca su verga en mi boca yo la chupo exhausta mientras Patricio sigue utilizando mi culito a su placer.

    Luego la saca de mi culito para introducirla en mi conchita:

    «Uuu bebé estás empapada, tremenda acabada tuviste»

    Ahora me toca a mí dice Patricio.

    Me sujeta fuerte de las caderas y me coge duro la vagina lo hace rápido y fuerte. Rápidamente llega al clímax y al mismo tiempo que me da nalgadas muy fuertes con su mano se corre dentro mío. Siento claramente como su esperma inunda mi vagina. Su semen está muy caliente continua penetrando más suave, su leche sale de mi conchita para caer por mis piernas y terminar en el piso.

    Patricio sale de mi y le dice a Bruno:

    «Llévala al sofá que ya vuelvo»

    Él se retira al baño creo yo, Bruno me suelta las piernas y tomando mi mano me lleva a un rincón de la habitación apoyado en la pared hay una especie de sillón sin respaldo él lo baja y lo coloca en el piso también hay un espejo de pie grande lo gira y lo coloca junto al sillón apenas separado, mirándome dice:

    «Para que veas cómo te cogemos»

    Enciende una luz tenue pero que iluminaba bien esa zona de la habitación.

    Yo al ver el espejo solo pensé en una cosa.

    Me arrodilló y vuelvo a mamar la verga de Bruno estaba en semi reposo, igualmente seguía siendo enorme. Pero yo trataba de meterla entera (era como un reto que me había fijado) pero es inútil aunque entraba más que antes no llegaba a meter la mitad, rápidamente se volvió nuevamente una roca, sus venas se marcaban, la luz me permitía apreciar más detalles es preciosa. Intento inútilmente tragarla completa la coloco en mi boca y mientras la chupo pajeo el resto de la verga que queda fuera de mi boca, me paro y le digo:

    «Bueno no aguanto más quiero sentir esa verga en mi conchita, pero ve con cuidado que es muy grande»

    Él se acuesta, yo le pido que se gire.

    Desde que vi el espejo tuve una sola idea, quiero ver cómo esa cosa gigante entra en mi conchita.

    Él lo hace y queda al borde del sofá, me arrodilló le doy una última mamada, sobre todo para asegurarme que esa verga esté bien mojada me incorporo escupo mi mano y lubrico mi rajita, paso un pie sobre el y de frente al espejo comienzo a bajar. Tomo esa verga con la mano y la coloco en la entrada a mi conchita, la observo en el espejo, mi conchita se ve diminuta al lado de tamaño verga su glande es gigante.

    No sé porque pero ver esa imagen me excita muchísimo froto su glande por mi rajita, disfruto lo que veo en el espejo. La vuelvo a posicionar y muy lentamente voy bajando.

    Mi vagina se estira en un intento por tragar esa verga, pero no es fácil. Es muy grande y mi conchita no está lo suficientemente dilatada, continuo intentado introducirla veo en el espejo como el glande se comprime al intentar ingresar en mi conchita. Cómo me calienta ver esa imagen al mismo tiempo que siento esa verga haciendo fuerza por penetrarme, el esfuerzo está rindiendo frutos y ya casi tengo todo el glande dentro.

    Hago un esfuerzo más y por fin ingresa por completo, sentí claramente cuando lo hizo, si bien ya tuve experiencia con una verga grande (Andrés) está es aún más grande.

    Me veo en el espejo, mi conchita diminuta haciendo frente a esa verga gigante, me encanta, me vuelve loca verme así.

    Me vuelvo a escupir la mano y froto la verga de Bruno la lubrico preparándola para que me coja.

    Sigo bajando muy suave de apoco Bruno está ingresando en mí.

    Prácticamente tengo toda su verga dentro pero Bruno no aguanta y levantando su pelvis termina por introducirla por completo. Me género mucho dolor y pareció que mi matriz se rompía.

    «Haayy, con calma. Me vas a destrozar la concha»

    Bruno:

    «Perdón pero hay cosas que son mejor de una forma rápida»

    Por un lado tenía razón, miro al espejo y mi pequeña conchita se había tragado toda esa verga gigante. No podía creerlo.

    Pero sentía como su verga me llenaba por completo rozaba todas las paredes de mi conchita. Es hermoso sentir esa verga ingresar.

    Mirando en el espejo subo y bajo clavándome toda esa chota, aquello que mi boca no pudo mi conchita si, aunque no fue gratis, veo en el tronco de la verga de Bruno un hilo de sangre, definitivamente su verga forzó demasiado a mi pobre conchita, es increíble que a mis 40 años me hayan roto la conchita como la primera vez.

    No le doy importancia y continuo disfrutando, mi pobre vagina da batalla y se comienza a lubricar nuevamente, siento la zona más mojada y las penetraciones son más fáciles y menos dolorosas y por ende las disfruto más. Estoy gimiendo y dando gritos de placer cada vez que Bruno me penetra, siento su verga chocar en el fondo de mí, es hermoso:

    «Haaa si dios, que rico como me estás cogiendo, me estás destrozando la conchita»

    Bruno:

    «Te gusta??? A mí me encanta, la tenés súper estrechita y muuuyyy mojada.

    Aunque yo colabore con eso»

    Yo:

    «Ya acabaste?!»

    Bruno:

    «Nooo, tranquila solo largue un poco de leche para descomprimir las bolas»

    Patricio ingresa nuevamente, como lo pensé se había ido a bañar.

    Con una sonrisa dice:

    «Por lo que veo te entro toda!»

    Yo:

    «Si, y ven que necesito chupar algo»

    Patricio se acerca le agarro la pija y se la chupo.

    Lamo sus bolas su tronco y esta si puedo tragarla casi por completo.

    De reojo me veo en el espejo y ahí estoy, con una verga gigante en mi concha y otra en mi boca, ver esa imagen me calienta me siento más mujer y también bien puta.

    Mi instinto femenino está súper complacido.

    Bruno me levanta desde mi cintura y aumenta el ritmo de las embestidas yo continuo chupando la verga de Patricio comienzo a sentir esa sensación que ya la he tenido anteriormente, es un cosquilleo interno algo que nace en la pared frontal de mi vagina y se traslada por mis piernas hasta mis pies, sé que se aproxima un orgasmo precioso y muy húmedo Patricio quita su pija de mi boca y toma el accesorio que utilizo anteriormente ahora lo puedo ver es un palo con un pedacito de cuero en la punta como los que utilizan los jinetes.

    Lo apoya en mi vagina justo donde termina y comienza el monte de venus, lo frota. Bruno continua cogiéndome yo lo veo todo en el espejo la sensación aumenta. Todo se vuelve como un círculo vicioso Patricio me da golpecitos en la zona del clítoris mientras la verga de Bruno rellena cada milímetro de mi conchita y la veo entrar y salir a través del espejo.

    No aguanto más, dando un grito y apoyando mis manos en los muslos de Bruno tengo un orgasmo gigantesco:

    «Siii, cógeme cógeme. Por dios que pija enorme, dale hijo de puta cogeme reventame la concha»

    El continua siento mis piernas como un flan, cada vez que retira su verga de mi concha puedo ver un chorro de fluido salir de mi conchita y Patricio golpear mi clítoris, mojo todo el accesorio, cada golpe de Patricio salpica mis fluidos por todas partes.

    Bruno sigue penetrándome, me tiene tomada fuerte de mi cintura se escuchan las embestidas que da producto de lo mojada que está la zona, el separa sus piernas, mi flujo chorrea por su huevos que se mecen al compás de sus movimientos. El gime:

    «Si, si me mojaste todas las bolas. Me encanta»

    Le pido que no pare que me coja duro

    «Seguí, no pares que me vengo otra vez»

    Bruno:

    «Yo también, siii. Te voy a llenar la concha de leche»

    Yo:

    «No creo, en mi conchita no entra nada más, tu verga la tiene llena por completo.

    Si si si, y vos tráeme esa verga que necesito chupar algo»

    Patricio vuelve a meterme su verga en la boca y chupándola tengo otro orgasmo, estoy en el cielo. No puedo creer sentir tanto placer.

    Al mismo tiempo Bruno suelta un chorro de leche, lo veo salir desde mi concha, está tan llena que sale con fuerza, el grita y gime:

    «Siii que lindo!!! Que pedazo de hembra por favor»

    Me recuesto en su pecho y el manoseando mis tetas me dice:

    «Gracias, estuviste espectacular te la bancaste toda como una reina»

    Esto me hace sentir como la mejor actriz porno.

    Se levanta y se retira.

    Patricio se sube arriba mío y me besa los pechos los lame y mordisquea. Lo hace de una forma brusca le digo:

    «Para que me duele»

    El continúa muerde mis pezones muy fuerte

    «Hay para que me duele!»

    Continua con lo mismo mordiendo y apretando mis pechos.

    La situación me incomoda y lo recuerdo:

    «Labios»

    Entonces el para y me dice:

    «Viste que fácil es, no hacemos nada que tú no quieras»

    Se arrodilla delante mío y me pone su verga en la boca, se la chupo y pajeo mientras lamo sus bolas el baja un poco y la coloca entre mis tetas apretando ambas tetas frota su verga en mi pecho cada vez que su cabeza asoma entre mis tetas yo la chupo, el espera, disfruta mi mamada y vuelve a cogerme las tetas, la escupo para que se lubrique y la cogida sea más cómoda, en su rostro se nota como lo disfruta me mira y dice:

    «Desde el primer día que te vi quise hacer esto»

    Mueve su pelvis y su verga se desliza entre mis pechos, siento sus bolas golpear contra la boca de mi estómago.

    Vuelve Bruno, su verga está casi dormida pero sigue gruesa. Esta es mi oportunidad de meterme toda su verga en mi boca lo llamo se la agarró y la meto en mi boca entra toda, así y todo me llena la boca. Con su verga en mi boca saco la lengua y le refriego las bolas, el empuja su verga y está se introduce en mi garganta, me produce arcadas pero no puedo escupir ya que su verga me tapona la garganta, es la primera vez que me cogen por completo lo garganta. La retira y escupo todo el líquido en su verga se la pajeo y me meto la verga de Patricio en la boca, la suya está dura intento lo mismo. Saco la lengua para lamer sus bolas y esta vez soy yo quien hace fuerza para que su verga atraviese mi garganta. Trato de retraer la campanilla. La verga atraviesa mi garganta, él se da cuenta y se mueve cogiéndome la garganta. Que lindo se siente poder tragarla por completo sus bolas golpean mi mentón. Anteriormente solo lo había podido hacer con Fabrizio, pero porque él tenía su verga muy pequeña.

    Pero estas no son para nada pequeñas y me entra por completo.

    Vuelvo a chupar la verga de Bruno ya está nuevamente en carrera. No está dura por completo pero ya está bien grande, intento aplicar la técnica pero es inútil, ya no logro que entre en mi garganta. Continuo chupándoles la verga a ambos alterno entre uno y otro, las miro las comparó ambas son hermosas pero la de Bruno me vuelve loca.

    Patricio me coloca unas pinzas en los pezones me provocan una sensación de incomodidad pero no digo nada. Él se acuesta en la cama pone su verga erguida y me dice:

    «Veni y clavatela en la concha’

    Yo obedezco, me subo de frente a él la coloco en mi conchita y me la introduzco. La verdad que mi vagina estaba súper dilatada la verga de Bruno había hecho estragos con ella.

    Patricio se da cuenta y le dice:

    «Bruno se la dejaste abierta»

    Ambos se rieron, me dio mucha vergüenza después de todo era de mi conchita que hablaban.

    Patricio me cogió un rato en esa pose mientras yo se la chupaba a Bruno, luego de un rato Patricio le pidió a Bruno que tomara su lugar, ahora era Bruno quien me cogía la conchita, su verga si la sentía, me daba un placer sin igual Patricio se acercó y volvió a poner en mi culito el gel, sabía lo que se venía. Dentro de mi pensaba (si por fin, estaba esperando esto) Patricio coloca su verga en mi culito y lo penetra, entro muy suave.

    Los dos me cogen, me llenan los orificios.

    (Desde aquella noche con Fabrizio y Andrés que tuve mi primer experiencia de doble penetración, que quiero repetirla)

    Sus vergas entran en mi, me encanta, lo más lindo es que la verga de Patricio es grande pero no le da dolor a mi culito pero si gran placer.

    Sus vergas entran y salen de mi, lo puedo ver reflejado en el espejo lo miro hipnotizada.

    Bruno mientras lame y chupa mis tetas me dice:

    «Te gusta ver cómo te cogemos???

    Mírate sos toda una puta»

    Tiene razón me miró y me siento la más puta y me encanta me calienta

    Me da tirones en los broches de mis pezones, esto me genera dolor. Aunque no me agrada no digo nada para que no paren de cogerme pero me desconcentra sacándome del clímax.

    Patricio saca su verga de mi culito y se levanta me toma del brazo y yo también me levanto él se sienta en el borde del sofá me toma de la cintura y poniéndome de espaldas me hace sentarme en su verga. Vuelve a cogerme el culo, sujeta mis piernas por detrás de las rodillas y abriéndolas las levanta y dice:

    «Mira en el espejo como te abro el culito con mi verga»

    Lo hago, me fascina. Ver esa verga entrar y salir de mi culito.

    Bruno se posiciona arriba mío pone una pierna a cada lado y su enorme verga cuelga apuntando directo a mi conchita justo cuando está por introducirla le pido:

    «Espera!! Hazlo despacio que quiero ver cómo ingresa tu verga en mi»

    Me corro un poco al costado y observo como la verga de Bruno se abre paso entre mis labios vaginales que se ven diminutos al lado de tamaño miembro.

    «Siiii que lindo si, cojanme siiii.

    Me encanta, habrá mis agujeritos.

    Que hermoso me están cogiendo»

    Sus vergas entran y salen. Las bolas de Bruno golpean en mi.

    Es hermoso sentir una verga entrar luego de la otra y más aún verlo. Cada tanto observo el espejo y veo mis orificios dilatados y colorados, mis nalgas están rojas como nunca debido a los golpes que sufrió durante toda la cogida. La verdad no sé cuánto hace que me están cogiendo pero parece una eternidad y espero que nunca acabe.

    Sus movimientos provocan un orgasmo tras otro ya no sé el líquido que sale de mi vulva de quién es.

    Bruno sale de encima de mí y Patricio me saca de encima de él se para y me dice:

    «Ponete de rodillas»

    Lo hago. Él comienza a masturbarme delante de mí, yo lo ayudo. Lo pajeo y se la chupo lamo sus huevos él me separa y se masturba. Sé perfectamente que su chorro de leche es inminente, me pregunto qué gusto tendrá estoy ansiosa por probarlo, abro mi boca saco la lengua y puff. Un gran disparo de semen impacta mi cara luego otro salta y cae sobre mi cabello, otro chorro impacta justo en mi boca, antes que salga el próximo me metí su verga en mi boca y siento como sale el último disparo dentro mío. Trago su leche es de sabor fuerte, lamo su verga la chupo y la limpio aplicó la técnica que aprendí y me la trago por completo, los últimos chorritos de esperma salen directo en mi garganta. Patricio respirando fuerte se retira balbuceando:

    «Uff que mujer por favor! Es impresionante como coge»

    Bruno toma su lugar le chupo la verga esperando el mismo desenlace, pero no.

    Tomando mis brazos me dice:

    «Esto aún no termino»

    Me lleva al rincón donde está el potro.

    Me coloca en el potro, se da la vuelta y sujetando mis caderas me penetra. Yo estoy totalmente a su merced con los brazos y el cuello trabados en el artefacto. Siento sus embestidas duras me generan dolor por su verga tan grande pero mucho más placer así que no digo nada, sus bolas rebotan en mi conchita se escucha el golpe uno tras otro.

    Mientras taladra mi conchita le dice a Patricio:

    «Alcánzame el gel»

    Patricio se sonríe y lo trae.

    Bruno tira un chorro de gel en mi culito y lo frota con los dedos e introduce un dedo luego dos luego tres. Los mueve.

    Yo le digo:

    «Ni se te ocurra querer meter eso en mi culito»

    Bruno:

    «Si no te gusta sabes lo que tenés que decir»

    El saca su verga de mi conchita y la coloca en mi culito al igual que con mi conchita comienza a hacer fuerza pero es inútil su verga no entra sigue intentándolo su glande comienza a abrirse camino.

    Me duele pero también me gusta, el continua siento una molestia grande y le digo:

    «Haayy para para que me duele»

    El continua empujando no se detiene yo sé que si quiero que se detenga no es esa la palabra que debo usar, pero la verdad no quiero que se detenga en el fondo deseo que esa verga me rompa el culito.

    De apoco siento su verga más profundo en mí, de pronto escucho un gemido de el:

    «Haaa siiii, ya te entro la cabeza»

    Para mí sorpresa tiene razón su cabeza está dentro de mi culito y no siento dolor su tronco empieza a penetrarme, cuando quiero reacciona tengo toda su verga dentro mío. No puedo creerlo, que semejante cosa allá entrado por mi culito. El me sujeta de la cintura y me bombea el ano lo hace suave yo le digo:

    «Por Favor tocame la conchita»

    El con su mano derecha me masturba mientras me rompe el culo es hermoso aumenta su ritmo sus embestidas son más fuertes y seguidas, me dice:

    «Bueno esto va a durar poco, tu culito es demasiado estrecho y no aguanto las ganas de acabar»

    Su respiración se acelera su verga se pone más rígida que nunca le pido que no pare y antes de que el largue su chorro de esperma yo me vengo en una corrida deliciosa seguidamente siento su esperma inundar mi ano.

    «Siii que ricooo, que hermoso culito que tenés! Cuánto hace que quería cogerme este culito»

    Me da las últimas embestidas como para sacarse toda la leche, me suelta del Potro y dándome una nalgada fuerte me dice:

    «Linda cogida te dimos, no???»

    No respondí aunque dentro de mí sabía que tenía razón.

    Me duche y lave bien, luego me cambié y subí en la cocina estaban los dos me ofrecieron café, lo acepte y charlamos, les dije que no podía creer que la verga de Bruno hubiese entrado en mi culito.

    Patricio me dijo:

    «Tenemos un secreto, el gel lubricante tiene anestésico»

    Yo:

    «Que desgraciados, por eso no sentía tanto dolor»

    Tome mis cosas y me fui.

    Estoy segura que volveré, la pasé muy bien.

    Pero ahora me preocupa el llegar a casa, estoy sintiendo bastante dolor en mi culito, casi que no me puedo sentar y mi conchita también está muy sensible.

    Por la noche luego de cenar recojo los platos y Facundo se levanta de la mesa pasa por detrás de mí me da una palmada en la nalga y me dice:

    «Esta noche quiero esa colita»

    Yo me quedo parada sin decir nada y pensando (pobre de mi culito le espera otra batalla dura de afrontar)

    Continuará…

  • Mujer casada deseosa de verga fuera de su nido

    Mujer casada deseosa de verga fuera de su nido

    Un día me saqué las ganas de atarla por completo, poniéndola contra la pared la apoyé bien fuerte de atrás y le vendé los ojos. La hice caminar a ciegas por el comedor mientras le sacaba toda su ropa. Le puse las esposas en ambas manos y las enganché a una viga dejándola inmóvil y completamente vulnerable me alejé unos pasos de ella y noté su agitación, estaba muy acelerada e indefensa. Empecé a pasarle mis dedos muy sutilmente por distintos lugares, tocándola y alejándome notando como inclinaba todo su cuerpo para que yo no dejara acariciarla, cada vez que me iba.

    El ambiente era cálido y erótico, estaba todo bajo control y podía notar lo caliente y ansiosa que estaba ella por empezar a sentir más que caricias. La tome suavemente de la cintura y la recliné todo lo que la soga le permitía hacia adelante, dejándola aún más expuesta, con mi mano le rocé delicadamente toda la cola y ella cada vez más ansiosa empezaba a moverse para que mis dedos la empezaran a penetrar, pero yo decidiría cuando. Con fuerza le pegué una cachetada en el culo, a mano abierta y lo repetí varias veces, ella los disfrutó se retorcía y paraba la cola aún más, desafiando a cada golpe. Estaba mojada, se podía ver lo jugosa que estaba su concha, abrí las piernas todo lo que podía y empecé a pasarle mi lengua por todos lados sin chupársela para hacerla desear lo más posible y cada vez que ella quería poner mi lengua adentro de su cuerpo se ganaba una buena cachetada en el culo.

    Con la respiración agitada y la voz entrecortada me hizo una petición, cógeme… totalmente excitada, deseosa y muy caliente, completamente entregada para recibir verga la tomé del pelo, tiré su cabeza hacia atrás y le ensarté todo el tronco hasta adentro, empecé a hacer sonar su cola rebotando contra mis huevos, calentándonos inclusive más, sus gritos me enloquecían, sin olvidarme cada tanto de darle una palmada en el culo. La cogí hasta que una gran carga de leche bien espesa derramé en su concha, llenándola enteramente, consumando su infidelidad de mujer casada deseosa de verga fuera de su nido.

  • Antonio, mi vecino favorito (Parte V)

    Antonio, mi vecino favorito (Parte V)

    Lamentablemente para Antonio y para mí, no pude cumplir sus órdenes. Cómo les había contado, apenas iba llegando de mi viaje y por mucho que había trabajado en la otra sede, aún me quedaba trabajo de mi sede principal, claro que no era mucho pero si lo tenía que terminar lo antes posible por lo que ese día me fui más temprano de lo acostumbrado y no quise despertar a mi vecino favorito.

    Llegué a casa mucho más tarde de lo normal pero, al menos, ya estaba al día con el trabajo.

    Al entrar al departamento por poco me da un infarto. Sentado en el sofá, solo iluminado por la luz de la luna, estaba Antonio.

    -¡Por Dios! ¿Qué haces ahí? Casi me matas de un susto

    -Eres una desobediente. Y a las niñas desobedientes hay que castigarlas.

    -¿Pero de qué hablas? ¿Te enloqueciste?

    -Hablo de que ayer te deje una tarea y no la cumpliste. Solo huiste cuando hubo oportunidad.

    -No, no fue así, me tuve que ir temprano por asuntos laborales, por eso mismo hoy estoy llegando tarde; tenía que dejar todo al día. Pero no hay problema, si quieres ahora mismo cumplo con mi tarea.

    -Claro que la vas a cumplir, pero primero quítate la ropa, deja las medias y tacones, y dame tu tanga.

    Ese día me había puesto un conjunto azul de chaqueta y falda con una camisa negra y tacones negros. El brasier, la tanga y las medias también negros en encaje. La verdad no me los puse con la intención de mostrárselo a mi vecino después, lo hice porque siempre me ha gustado combinar mi ropa interior y desde que yo misma me compro mi ropa me he inclinado por comprar cosas con encajes.

    Cuando solo me quedé en ropa interior, me dijo:

    -Mmmm la puta está preparada. ¿Te coges a alguien en tu trabajo?

    -Ni soy puta ni me coge nadie… Además de ti

    -Eso hay que comprobarlo. Quítate la tanga.

    Lo pensé un momento antes de hacerlo porque en parte no me gustó cómo me hablaba y en parte me excitaba eso mismo.

    Finalmente me la quite bajo su mirada devoradora, me la arrebato de las manos y se puso a olerla viéndome el pubis.

    – Que bien huele, se nota que la tuviste puesta todo el día. Parece que la perrita dice la verdad. Uuff mira como me para la verga tu aroma.

    Y si, efectivamente su verga estaba erecta, muy dura. Tenía muchas ganas de saborearla. Parece que él también se dio cuenta de eso, porque riendo me dijo;

    -Aun no zorrita, quiero ver esas tetas al aire.

    -No me digas así- respondí mientras me quitaba el brasier más caliente de lo que quería admitir.

    Se sentó nuevamente en el sofá pero esta vez con todas las luces encendidas.

    -Vas a poner tu vientre en mis piernas de modo que tú culo quede al aire porque sea como sea a las niñas desobedientes hay que castigarlas.

    Me quedé viéndolo incrédula, ¿Es que pretendía darme nalgadas como si tuviera 5 años?

    -Ya perra.

    -No me digas a…

    Me interrumpió diciendo -Ya- de una forma tan firme, varonil y sensual que mi clítoris empezó a palpitar y mis pezones se pusieron más duros y erguidos que antes.

    Así que lo hice, fui y le dejé el culo a su Merced.

    -Así me gusta, pu ti ta… Me dijo al oído mientras me daba la primera nalgada. Resonó por toda el departamento, tanto el sonido de la nalgada como mi gemido. No podía creer que aquello me gustará tanto.

    El paso un dedo por mi vagina que salió empapado. Me estremecí queriendo que lo metiera pero como respuesta solo recibí otra nalgada, volví a gemir alto y fuerte. De nuevo el dedo en mi vagina. Mantuvo está deliciosa tortura por un buen rato.

    -Por favor, te necesito dentro

    -Aun no, sigues debiendo me una mamada

    Así que me quite de sus piernas y descubrí su enorme verga gorda y caliente lo más rápido posible. Me atragante con ella, me la metí lo más profundo de la garganta que pude, hasta sacarme lágrimas mientras el apretaba mis tetas sin piedad y como me gustaba que lo hiciera. No podía más, lo necesitaba adentro.

    -Penetrame, ¡penetrame ya!

    -Lo haré solo si admites que eres mi puta, mi perra, mi zorra que quiere que me la coja.

    Solo me lo quedé viendo, no supe que decir ni hacer en el momento.

    -Dilo-

    Agarro su verga llena de mi saliva y me la paso por la cara -Dilo- me follo la boca mientras torturaba mis tetas -Dilo- pasó su dedo alrededor de mi vagina y no pude más…

    -Soy tu perra, tu puta caliente, por favor, folla a tu zorrita, cógeme que soy tu perra y necesito tenerte dentro.

    Me levanto e inclino sobre el brazo del sofá y sin previo aviso me la metió entera, se salió totalmente y volvió a entrar todo de una sola embestida y siguió haciéndolo hasta que casi había perdido la voz de tanto gemir. Mientras seguía entrando y saliendo de mi, me tomo del cabello y me levanto un poco con él y reanudó las nalgadas. Nunca imaginé que algo así me iba a gustar tanto, tanto que al poco tiempo tuve un orgasmo delicioso que grite tanto como si solo Antonio y yo existiéramos en el mundo. Poco después se vino el, dejándome todo su semen corriendo por mi espalda.

    Nos dimos una ducha y continuamos en mi habitación, follando hasta que ya no pude, con mi vecino favorito.

  • La rebelión de mamá (II): El auxilio

    La rebelión de mamá (II): El auxilio

    Anteriormente: Mi madre se divorcia de mi padre por una infidelidad, luego de separar bienes comienza un cambio en toda su vida, se libera.

    Me cuenta de esos cambios y comienzo a notarlos un domingo en el cual voy a comer sus pastas, allí la noto con calzas, un nuevo color de pelo, una remera escotada deportiva y planes de nuevos negocios.

    Por primera vez en mi vida veo a mi madre con calzas que le marcan su figura, y también descubro que mi madre tenía pechos desnudos, al menos por lo que se vio por su escote, algo que siempre estuvo oculto a mi vista.

    Mi madre tiene 50 años, comenzó gym con sus amigas, en un mes fue casi todos los días y se nota el cambio en su físico.

    No se si es el uso de ropa elastizada o fajas, pero ahora se le puede notar una cintura, sus pechos están más erguidos y su cola que siempre estuvo cubierta por la holgura de un jean o pantalón de vestir hace su presentación cuando camina de acá para allá.

    Al despedirme del almuerzo me pide que nos saquemos una foto.

    Cambió su celular astillado de 5 años de antigüedad por un iphone, se ríe porque aún le cuesta entenderlo.

    Nos sacamos una selfie, cachete con cachete y ella tirando un beso a la cámara.

    Es la primera vez que tomamos una foto así.

    Nos despedimos hasta otro momento.

    Pasan los días y sigo atareado con mi trabajo, cada vez hay que hacer más cosas por la misma paga. Además debo renovar el alquiler dentro de poco tiempo con un incremento sin sentido.

    Llego a casa, cocino algo simple y me acuesto a mirar una serie por una plataforma de estas de moda.

    Me aburren las historias trilladas que dan ahora, me distraigo y tomo el celular y comienzo a rastrear a la «novia» de mi padre.

    Era una chica de 20 años, cuerpo de modelo, sacando cola y tetas en todas las fotos, en ninguna foto aparece mi padre, pero ella sí aparece en restaurantes, boliches, piletas, playas, etc.

    Tenía la boca con botox, como muchas de hoy en día, tal vez los pómulos también, se notaba que no era su cara original.

    No parecía estudiar ni trabajar, evidentemente mi padre era financista de su estilo de vida. Me agarra un poco de bronca, tanto por mi madre que sufrió el divorcio, como mi padre que por un poco de calentura tira el dinero que era de la familia.

    Reviso como siempre el perfil de mi ex, parecía estar con un nuevo novio desde hace un tiempo, se la veía feliz.

    Veo el de la chica con la que engañe a mi ex novia y la veo también con un compañero de trabajo, evidentemente yo no era el único que estuvo con ella de la planta.

    Estaba por cerrar la aplicación y veo una sugerencia, era mi madre. Se había hecho un perfil de Instagram y estaba subiendo fotos.

    Jamás creí que usaría tales aplicaciones, pero ahí estaba, me puse a ver cada una de sus fotos. La mostraba alegre, fuerte, empoderada.

    Tenía fotos en el gym, videos donde un profesor joven y musculoso la guiaba a hacer sentadillas, tambíen fotos tomando sol.

    ¿Mi madre con una bikini? ¿desde cuándo? Ahora parecía haber descubierto esas prendas, desde que era pequeño la recuerdo ir a Mar del Plata con una maya enteriza y un short, donde solo quedaba al descubierto su cuello, sus hombros, brazos y piernas, por debajo del short.

    Aún se le nota flacidez en su cuerpo, recién va poco más de un mes en el gym, se notan cambios pero aún le falta bastante, pero lo más importante es que se siente segura de sí misma, segura de su cuerpo, de ninguna otra manera se mostraría así en redes sociales.

    Pasan más semanas, en ese tiempo no he podido visitar a mi madre, pero si me mantuve al día con sus actualizaciones en Instagram.

    Ha salido con sus amigas de noche, por primera vez desde que se casó con mi padre. Se la veía feliz posando con tragos, un vestido de noche y música de fondo. Se la ve en historias bailando, evidentemente está disfrutando su nueva soltería.

    Para dormir hago zapping en el cable, paso por las mismas películas de siempre que pasan cada dos semanas en todos los canales, terminó en un canal donde pasan cine argentino.

    Aburrido me pongo a ver una película que no le encontraba mucho sentido, mas que el de agotarme y prepararme para dormir hasta el siguiente día.

    De la nada en la película (el bonaerense) los protagonistas comienzan a tener relaciones. Son dos policías, uno joven y ella más madura.

    No esperaba encontrarme con una escena sexual en la película pero ahí estaba, no la cambie, la seguí viendo. Escenas donde no se ve mucho, solo algunas nalgas, algún pezón, mucho juego con la oscuridad y la luz tenue. Gemidos, transpiración y la idea de que ella dice que no quiere hacerlo pero termina haciéndolo todo.

    No me importó cómo seguía la película, solo me dispuse a meter mi mano en mi bóxer y comenzar a tocar mis bolas y mi pene que ya estaba en crecimiento.

    Lo había sacado de mi bóxer, lo tenía en mi mano y comencé a masturbarme recordando lo que acababa de ver en tal escena.

    En ese momento que estoy en plena tarea masturbatoria me llama por teléfono mi madre.

    En otro momento no la atendería, pero me resultaba extraño que a esa hora de la noche estuviera llamando.

    La atiendo, mi mano sigue en mi miembro. Me cuenta de que se le quedó el automóvil, no sabe porque no arranca, que salió con sus amigas y que ahora está en Palermo, zona de bares de Buenos Aires, sin saber cómo volver.

    Me visto rápidamente y le digo que salgo para allá a buscarla.

    Al llegar al lugar, la encuentro dentro del auto con el asiento reclinado descansando.

    Me abre, le hago preguntas de rigor, pruebo encender el auto y no arranca.

    Ella está usando un vestido relativamente corto, medias color piel de nylon,

    Cuando se agacha para señalarme donde está la llave del capot su falda se sube considerablemente quedando como una mini.

    Sus piernas grandes ya se notan mas torneadas por el gym. El frente está más escotado que nunca, mucho más que la remera con la que la vi ese domingo de pastas.

    Tras unos ensayos me doy cuenta que parece haberse agotado la batería, parece que se había olvidado las luces encendidas.

    Mientras intento hacerlo arrancar, llega una de sus amigas también al rescate, se ve que había llamado a todo el mundo.

    «qué lindo chongo te vino a ayudar Sandrita» le dice la amiga a mi madre

    Ella se enoja y le dice que soy su hijo, y nos presenta.

    «Disculpame, pasa que tome un poquito, no digas nada porque así tengo que llegar a casa» me confiesa graciosa su amiga que estaba muy linda, un jean apretado que marcaba su culo y una blusa escotada.

    Tras confirmarle a su amiga de que estaba todo bien ella se despide diciéndole «después pasame el número de tu hijo por si se me rompe el auto…»

    A lo que mi madre le grita que nunca y que no sea irrespetuosa mientras se ríen a la vez.

    Arranca el vehículo luego de hacer el puente, Nos despedimos organizando algún encuentro pronto, Cada uno se vuelve a su casa.

    Llego de madrugada a mi departamento, cansado, me acuesto y me duermo inmediatamente.

    Duermo profundamente, en un momento siento un sonido molesto, no le presto atención y sigo durmiendo, pero el sonido sigue. Me despabilo un poco y es mi celular sonando.

    Es mi madre nuevamente, aun con los ojos tratando de enfocar y de acomodarse a la luz, atiendo. Me dice que se le volvió a quedar el auto.

    Pero no entiendo porqué si solo debía ir a su casa, qué habrá pasado que se le volvió a quedar. Estaría fallando la batería o el alternador que la carga.

    Me levanto nuevamente rápido, vistiéndome con lo que tengo a mano y me voy hacia donde está mi madre.

    Llego a una calle desierta con árboles y alguna luz de calle amarilla que no ilumina demasiado. Allí encuentro al auto de mi madre.

    Le pregunto y le cuestiono de porque dejo apagar el auto y no fue directo a su casa. Intento hacer arrancar el vehículo en una zona que está linda para que nos roben porque no hay nadie circulando.

    Me saco la remera para no ensuciarla porque intento sacar la batería y cambiarla por la mía, yo vendría a buscar mi auto al siguiente día.

    Tampoco sirve la idea, termino con el cuerpo manchado con aceite y grasa.

    Agotado nos sentamos dentro del auto llamando a una grúa que vendría en 2 horas.

    Sentados en el auto con la luz tenue, veo el vestido de mi madre más arriba de lo normal por la posición, casi se puede ver su ropa interior. Su escote se ve claro con la luz de la calle.

    De repente me dice que no aguanta más y se sube a horcajadas arriba mío, una pierna a cada lado y me pone su escote a la altura de mis ojos.

    Se sienta sobre mi y siento el calor de sus piernas, ella siente mi bulto creciendo rápidamente. Sus manos recorren mi cuello y bajan por mi pecho.

    «te gusta lo que ves?» me pregunta ronroneando

    Asiento con mi cabeza sin decir nada, solo disfrutando ver esos pechos y ese crucifijo que hipnotiza al ir de uno a otro seno.

    Su mano baja hasta el cierre de mi pantalón y con esa sola mano saca de mi bóxer mi miembro caliente y duro, lo masajea con suavidad, solo me mira, no nos besamos.

    Mis manos recorren sus piernas maduras torneadas, llego hasta tocar ese culo de nalgas generosas.

    «rompe la media» me susurra al oído.

    Obedezco y se escucha el ruido de la media rota tan fuerte que parece que toda la cuadra escucharía lo que estábamos por hacer.

    Ella se levanta un poco, se está corriendo la ropa interior y ubicando mi pija en la dirección precisa a su interior.

    Siento la cabeza de mi pija hacer contacto con sus maduros labios vaginales.

    Estoy por entrar dentro de mi madre.

    Ella me mira y abre su boca y deja escapar un gemido audible que retumba dentro del auto.

    Suena el despertador.

    Había soñado, mi bóxer está húmedo, tuve sueño húmedo y terminé enchastrando mi ropa interior.

    Anoche sí había ayudado a mi madre, si ocurrió lo de la batería, pero el segundo rescate ocurrió solo en mi mente dormida.

    Me bañe con culpa, ni siquiera me animé a masturbarme, aunque estaba muy caliente.

    No quería ni pensar en la perversión que había soñado.

    Pero era solo un sueño, no tiene un sentido literal según la psicología, así que con ese consuelo me dispuse a vivir mi rutina.

    [Que les va pareciendo la historia hasta ahora?, que les gustaría que ocurra? Sigan comentando]

  • El regalo: Un antes y un después (Novena parte)

    El regalo: Un antes y un después (Novena parte)

    Cerré la puerta con cierta incertidumbre. En el transporte público ya iba yo pensando en aquella llamada tan intempestiva.  Las palabras de mi esposo, su cara tan sorprendida como la mía y el tono nervioso de su voz, con aquellas frases concisas… ¿Tan afanadas? Recuerdo muy bien que le dije que lo amaba a pesar de todo, pero ese a pesar de todo no era por mí situación con mi jefe, –eso ya lo tenía cubierto– era por lo que él pudiera llegar a hacer debido a su dolor, a su desconfianza hacia la mujer que el tanto amaba. Buscarse otra, reemplazarme.

    Rodrigo era tan transparente para mí, que intuí que había algo allí. Él siempre me habló de sus compañeras de trabajo sin mostrar especial interés en alguna de ellas. Todas eran casadas o con novios y según me contó, ninguna le había llamado la atención. ¡Intuición femenina! dirán algunos, o tan solo una voz de alerta se disparó dentro mío, cuando le escuché decirme enojado que ya tenía a alguien para acompañarlo al paraíso. ¿Por qué? ¿Por darme celos? Tal vez solo fuera eso, pensé después. Y era bastante comprensible. Pero esa mañana me sentí muy inquieta. ¡Ojalá así hubiera sido!

    Llegamos todas casi al mismo tiempo a la oficina. Después de los saludos, besos y abrazos de rigor, cada una nos dispusimos a iniciar con nuestras labores. De mi jefe nada, ninguna noticia, me despreocupé y pensé de nuevo en Rodrigo y su viaje de negocios. ¿Con quién? ¿Un compañero? O… ¿Una mujer?… ¿Tendría alguna amiga?

    Una llamada entrante me devolvió a la realidad de esa mañana de un miércoles diferente y decisivo. Un mensaje desde la recepción que Amanda respondió. Una mirada suspicaz surgió de ella para mí. Y luego de unos minutos un domiciliario se acercó hasta la puerta preguntando por mí.

    —Ehh buenos días, ¿La señora Silvia García? — Sí señor, soy yo. Respondí y él se acercó hasta mi escritorio.

    El muchacho traía en sus manos un estuche con dos cajas de bombones de chocolate blancos y negros, también venía una con nueve trufas más una tarjeta mediana en azul pastel y una frase en inglés… ¡You are the best!

    Hummm, por supuesto se me subieron nuevamente los colores al rostro y tanto Amanda como Magdalena, igualmente la señora Dolores, se acercaron para sonrientes, abrazarme.

    —¡Por Dios Silvia! ¿Pero qué le estas dando a tu esposo de comida? Mira que delicia. Nos compartirás, ¿cierto que sí? —Me dijo Magdalena, mientras que Amanda intentaba en vano quitar de mis manos la dichosa tarjeta para leerla.

    —Pues muchachas, la verdad es que discutimos por una bobada el fin de semana y está arrepentido, Nada grave. —Y antes de que me fueran a decir algo más, por la puerta entró mi jefe, sonriente y saludando nuevamente a todas, para después de dirigirme una mirada disimulada, retirarse a su oficina.

    Pero no me descompuse, por el contrario destapé una de las cajas y les ofrecí a mis compañeras para luego dirigirme hasta la oficina de don Hugo. Decidida a enfrentarlo nuevamente. ¿Agradecerle? Pues también debería pues era un obsequio y no podía pasar por mal educada. Sin embargo solo pensaba en detener esos intempestivos obsequios pues me estaba comenzando a preocupar su obsesión.

    —Buenos días don Hugo, se ve que pasó buena noche. Muchas gracias por este detalle pero ya sabe… no más por favor. —Y le extendí la caja de bombones para que tomara uno de ellos.

    Él se giró en su silla reclinable mirándome detenidamente, de forma normal. Se puso en pie y rodeando el escritorio, fue hasta la puerta para ajustarla, sin cerrarla totalmente. Me puse nerviosa y me senté en el amplio sofá. Acercándose, su mano se dirigió hacia el estuche abierto y tomó un chocolate, para luego darle una pequeña mordida, pausada, lenta cerrando sus labios sin dejar de observarme. Luego la parte que sobró, la tomó entre dos de sus dedos y lo acercó hasta mi boca.

    —Gracias jefe, pero debo controlar el azúcar, puede resultar que se me descontrole el nivel de glucosa y se me suba la presión arterial. —Y me puse en pie mientras don Hugo se sonreía por mi acertado desprecio hacia aquel chocolate. Lo terminó él de llevar a su boca para degustarlo, sin dejar de admirarme.

    —Humm, es solo un poco, no creo que te vayas a descontrolar por eso o perder tú… Silueta. —Le sonreí su apunte y tomé de su escritorio la agenda para luego escabullirme de aquella oficina.

    Al rato salió mi jefe y me anunció que iba a subir a una reunión en las oficinas de la Dirección General. Supuse que sería para acordar los últimos detalles de sus visitas a las oficinas en Lisboa y Londres.

    Empezamos todas a trabajar en nuestros asuntos, la señora Dolores me obsequió una taza de té caliente y como a eso de las diez de la mañana me acordé de la acostumbrada llamada para mi esposo. Tomé mi teléfono y lo alcancé a desbloquear. Pero no tuve oportunidad de marcar pues mi jefe se presentó en la oficina en ese preciso instante.

    —Señoritas… ¿Podrían pasar todas a mi oficina por favor? Necesito darles una noticia antes de salir de viaje. —Por supuesto, sí señor–. Contestamos todas al unísono.

    —Haber, debo pedirles disculpas a todas por mi comportamiento de las últimas semanas. Ustedes son mi equipo y su desempeño ha sido ejemplar. Y gracias a Silvia, que me ha hecho algunos comentarios acertados, me he dado cuenta que no he sido muy justo con ustedes por su compromiso, primero hacia la compañía y en segundo lugar, hacia mí. Somos de los mejores departamentos de la organización y debido a ello, he hablado con las directivas para a manera de reconocimiento, solicitar para todas ustedes un aumento en sus salarios, el cual se hará efectivo a partir del próximo mes. Para todas, su salario aumentará un treinta y cinco por ciento. —Y todas aplaudimos, le dimos las gracias y por supuesto todas me abrazaron porque según mi jefe, fui yo quien le había hecho caer en cuenta de aquel compromiso de sus subalternas.

    —Silvia para ti, el aumento será de un cincuenta por ciento, pero… —Y en mi rostro se reflejó tal vez una duda y en el de mis compañeras de oficina la incertidumbre. Mi jefe prosiguió.

    —… deberás arreglar tu documentación para viajar fuera del país. Las directivas están al tanto de lo sucedido en Nueva York y de cómo con tu invaluable ayuda, lo hemos superado. Por eso ellos han pensado que si hubiéramos viajado juntos, aquel percance no hubiese acaecido. Solicitan que estés más pendiente de mí. Que me acompañes cuando yo lo considere necesario.

    Las muchachas saltaron de alegría y de nuevo me abrazaron felices. Yo sonreí por fuera, pero por dentro estaba terriblemente angustiada. ¡Sorpresa! Para todas mis compañeras más no para mí, ya veía yo que todo no era tan color de rosa.

    —Gracias Jefe, ehhh, claro que me ocuparé de poner todo en regla. —Y él me miró sonriente, con ínfulas de vencedor, y estiró su mano para estrecharla con la mía.

    —Así me gusta Silvia, usted siempre tan comprometida y diligente. Bien señoritas, y para redondear estas agradables noticias, quiero invitarles a almorzar hoy. Eso sí, que sea por acá cerca pues debo cumplir un compromiso después antes del viaje de mañana. Pueden retirarse y nos vemos en un rato. ¡Silvia! usted quédese un momento. —Sí señor, le respondí mientras que sentía mis piernas flaquear y mi corazón latir precipitadamente.

    Ese ofrecimiento no me lo esperaba y por muy alegre que me encontraba aquella mañana por el aumento de salario, que me beneficiaria bastante en verdad, sentí escalofríos por lo que yo sabía que se me vendría encima, con mi jefe y su galanteo, obviamente con mi esposo por el tema de los viajes. ¡El mono sabe a qué palo trepa! Y mi jefe creía saber por cual rama.

    —Bueno Silvia, antes de que me culpes, quiero decirte que solo influí en lo del aumento salarial. Lo de que me acompañes a los viajes ha sido exclusivamente idea de la junta directiva. —Yo lo miraba nerviosa y estática.

    —Tranquila, sé lo que te costará con el tema de tus hijos y de tu esposo, pero piensa que podrás pagar el transporte puerta a puerta para ellos y los viáticos de los viajes te ayudarán a solventar otros gastos. No es mala oferta y además, te juro que intentaré que no sean viajes muy largos ni tan a menudo para no complicar tu matrimonio ni la atención que de ti requieran tus hijos. —¡Puff! suspiré y lleve mi mano hasta la frente. ¡Mis hijos, mi esposo! ¿Cómo lo tomaría Rodrigo?

    —Don Hugo, le agradezco todo lo que hace por mí, ehhh… Por nosotras. Muchas gracias en verdad. Ahora lo de los viajes pues creo que deberá darme por favor un tiempo para hablarlo con mi esposo, debo buscar una manera y el momento adecuado para decírselo. ¡Pero por ahora no! Las circunstancias no son las más adecuadas. Mi esposo no me ha dejado hablar, apenas vio los vestidos, se disgustó y no le convenció para nada la excusa que usted me dijo que le dijera.

    Don Hugo esbozo una sonrisa sutil y se acomodó en una esquina del sofá, pendiente de mis pasos, pues mientras yo le hablaba, iba haciendo un circular recorrido entre las sillas frente a su escritorio y la puerta de la entrada a su oficina. Yo miraba de reojo para ver que nadie nos pudiera estar escuchando. Ví que las muchachas estaban hablando al fondo, felices con las buenas noticias recibidas.

    —Jefe, no más obsequios por favor. Me pone nerviosa que en un determinado momento, ellas se puedan dar cuenta. ¡Prométamelo!

    —Humm, Silvia, está bien lo prometo pero antes ven, date la vuelta. —Y yo obedecí, quedé mirando hacia el amplio ventanal, observando desde aquellas alturas, los edificios del frente y más allá el cielo azul de Madrid. A mi mente llegó la imagen de Rodrigo… ¿Dónde estarás amor mío y con quién?

    Pensé en lo insólito que resultaba aquella mañana, extrañar a quien me hacía reír con sus bromas, quien me enamoró con sus cartas y frases repletas de amor, que tristeza me hacía sentir cuando me marché sin despedirme como usualmente lo hacíamos, de darle un beso en la boca y luego él en mi nariz y la frente, deseándonos un buen día. Me faltaba el aire, me faltaba mi marido noche y día. Y mi jefe allí, a mi espalda, ordenándome y yo tan obediente, pero intentando evadir sus avances.

    Don Hugo se acercó por detrás, sentí sus manos posarse sobre mis hombros, para luego una de ellas pasar por encima de mi cuello, rozando levemente mi seno derecho. Cerré mis ojos y posteriormente sentí como recogió mis cabellos con la otra mano, haciéndolos a un lado, estremeciéndome con el roce de sus dedos sobre mi nuca. Luego sentí sus dos manos unirse en la mitad de mi pecho, para después retirarlas y en mi nuca, detenerse un instante. Se acercó a mi oreja y susurrando me dijo… —Ya está listo.

    Abrí mis ojos y observé que llevaba en mi pecho colgado, una fina cadena de oro elaborada en forma de espiga y una pequeña figura de un ángel con sus brazos extendidos y en sus alas varios brillantes. Un precioso y costoso colgante. Me giré, lo miré y le di las gracias.

    —Está muy hermosa, pero no puedo recibírsela ni tan siquiera usarla sin llamar la atención de mi esposo y de mis compañeras. —Le dije, mientras los dos de pie, permanecíamos muy cerca–. Hice el ademán de retirármela, pero sus manos tomaron las mías impidiéndolo.

    —Es verdad, pero puedes llevarla oculta debajo de tu blusa. O… úsala solo frente a mí, cuando estemos solos. —Y sin pensarlo, sus dedos tomaron la pequeña cadena y apartándola levemente, desabrochó un botón, luego otro y la metió por dentro, apuntando sin precipitarse, nuevamente mi blusa.

    Sentí calor, creo que hasta sudaba o era el ambiente tan acalorado de aquella oficina. Ahuecando su mano, tomó mi barbilla e intentó besarme. Me aparté unos dos pasos, negando con mi cabeza, sin dejar de mirar aquellos lujuriosos ojos grises.

    —Don Hugo, no más por favor. ¡Basta!… De lo contrario en serio tendré que buscar otro trabajo, lejos de usted. Lo siento. ¿Necesita algo más? ¿O puedo retirarme?

    —Discúlpame, yo… No Silvia no necesito nada por el momento. Gracias por lo de anoche, dormí muy bien. —Yo ni me acordaba pero por lo visto mi jefe sí.

    Al llegar el mediodía de aquel miércoles, salimos todas detrás de don Hugo, en busca de un lugar donde almorzar y que no fuera lejos. Terminamos por decidir ir a un restaurante de comida italiana, muy recomendado por Magdalena. A don Hugo le pareció buena idea y fuimos caminando hasta el local. Ellas se decidieron por una tabla toscana de embutidos, mi jefe por un plato de arroz con pollo braseado y yo por unos canelones de ossobuco. Y por supuesto, el infaltable vino tinto para un buen maridaje.

    Durante el almuerzo ninguna hablamos del trabajo, solo de lo que íbamos a poder comprar con los aumentos recibidos. Don Hugo se mostraba afable con todas, y sí, conmigo sentada a su lado derecho, mucho más cordial que de costumbre en frente de ellas. Incluso me preguntó, haciéndose el inocente, que quien me había obsequiado el ramo de rosas y el estuche de bombones. Por supuesto Amanda, que de repente dejó su timidez a un lado, le explicó a su manera, que todo aquello eran detalles de mí adorado esposo. Mi jefe se mostraba muy interesado y les respondía entre risas, que con esos obsequios, seguramente es que estaba muy enamorado. Y me miraba sonriente. Yo me puse colorada, pero trate de disimular diciendo que era a causa del vino.

    Una vez terminamos de almorzar, don Hugo se despidió de todas con un abrazo y luego me tomó suavemente del brazo, apartándome un poco de mis compañeras.

    —Silvia, ahora voy a reunirme en el despacho de tu amigo. Si llego a necesitar algo… ¿Puedo llamarte esta noche? —Humm, jefe mejor escríbame, pero confíe en Albert, él sabrá darle buenos consejos. Déjese asesorar por él. Ya verá como se soluciona todo–. Y delante de todas, también me abrazó.

    Él se encaminó presuroso hacía la torre de oficinas y nosotras nos dirigimos hasta una terraza cercana por un café y mientras esperábamos, yo aproveché para encenderme un cigarrillo y llamar a mi esposo, contarle las buenas noticias y además para… ¿Saber con quién estaba?

    —Y bueno Paola y Rodrigo… ¿Cómo les pareció la trucha? —Nos dijo Tomás al salir de aquel acogedor restaurante.

    —Todo estaba exquisito, muy agradecidos con ustedes. La trucha muy fresca y la atención sin igual. —Le respondí.

    Paola se le acercó y le dio un beso en su mejilla y un… ¡Muchas gracias! exteriorizado con su inconfundible sonrisa. Trini y Joaquín también se despidieron de nosotros dos, con un abrazo medido y un par de besos en cada moflete. No vi en ellos ninguna ofuscación. Sabían que habían equivocado sus intereses, malgastada la oportunidad con Paola y por supuesto conmigo.

    —Rodrigo, le envío los documentos por correo electrónico cuando los tengamos en orden. —Perfecto don Tomás, le respondí estrechando su mano–. Los estaré esperando para adelantar la negociación. Muchas gracias por confiar en nosotros.

    Y con Paola agarrada de mi brazo, nos dimos la vuelta en búsqueda de mi automóvil. Mucho turista cerca de la estación de trenes, varias personas, hombres y mujeres se quedaban mirándonos. Humm, en verdad debido a la belleza de mi rubia compañera, y yo me sentía orgulloso de tenerla a mi lado, causando envidia y torceduras de cuello, mientras llegábamos al coche.

    —¡Aja Nene! nos echamos un «humito» antes de regresar y me cuentas ¿cómo te fue? —Me dijo Paola recostándose sobre la portezuela del conductor.

    —Nos fue Pao hermosa, nos fue. Porque aquí tú también tienes tu parte. Adivina preciosa… ¿Cuántas unidades vendimos?

    —¿Las tres? —Me respondió intrigada, mientras se miraba las puntas de un mechón de sus dorados cabellos.

    —¡Cinco! Y lo mejor es que no tendremos que hacernos cargo de las unidades usadas. Les plantee que se hicieran socios con aquellos conductores al cincuenta por ciento. ¡Jajaja! ¿Qué tal? ¿Cómo te quedó el ojito? —Y tomé mi cajetilla de cigarrillos, tomando dos de ellos y encendiéndolos en mi boca al tiempo, para luego colocarle en los dedos el suyo.

    —¡No jodaaa! ¡Erdaaa! Nene, eres un… ¡Un zorro muy travieso! —Y me obsequió cariñosa, un besito en los labios y el humo de su cigarrillo lo expulsó muy despacio sobre mi rostro. ¡Puff! Paola y sus tentadoras e imprevistas reacciones.

    —Bueno, ahora vamos a llamar al jefe para contarle que vamos de regreso. Dije yo, tomando mi teléfono móvil.

    —¿Me dejas conducir otra vez? —Me dijo Paola con carita de consentida.

    —¡Ni loco! ¿Acaso quieres que se me devuelva el almuerzo en el camino? —Y nos reímos los dos–. El iris mucho más brillante, mezclando pigmentos amarillos y colores azulados, dotándolos de aquel verde selva, tan tupido y penetrante.

    Paola dichosa y yo con ella a mi lado, agradecido. Me cambiaba el semblante al verla, me hacía reír y apartar de mi mente mi desconsuelo, provocaba con su compañía, el olvido de la llamada de mi esposa durante el almuerzo. Me sentía sosegado a su lado. Perturbado con aquellas peligrosas «curvas».

    —Alo, ¿Jefe? Sí señor, con su vendedor estrella. Todo en orden, ya vamos para allá.

    Colgamos la llamada y yo me sentí tranquila. Rodrigo se escuchaba mucho menos alterado, quizás en la noche yo pudiera conversar en calma con él, explicarle cómo sucedieron las cosas, hacerle ver que a pesar de los avances de mi jefe, yo no había caído, que me había mantenido firme. Bueno casi. Y además que podríamos pagar el transporte de nuestros hijos y aliviar un poco nuestros bolsillos con aquel aumento.

    Solo aquella tarde me asaltaba la duda de qué manera se iba a tomar lo de los viajes. Hummm, ni idea de por cual lado darle la vuelta a esa torta. Afrontar ese escollo. Porque eso era en realidad. Solo un pequeño problema. Mi madre podría hacerse cargo de mis hijos durante los viajes. No serían muy frecuentes y mi jefe lo máximo que demoraba eran tres o cuatro días cuando surgía alguna reunión en Nueva York. En Lisboa y en Londres, un día, a lo sumo dos.

    Yo viajaría y podría conocer aquellas ciudades, para luego regresar al lado de mi esposo y de mis niños. Sí, era una oportunidad inmensa y esperaba que mi esposo me apoyara y no se convirtiera en un obstáculo para mi desarrollo profesional y personal. Solo tenía que ser sincera con él y que Rodrigo entendiera que con mi jefe al lado, no pasaría nada de índole sentimental.

    —Silvia, tesoro… ¿Quieres acompañarnos al salir a la peluquería? —Me habló Magdalena, quien estaba dichosa con el futuro aumento de salario.

    —Mira que necesitamos un cambio de look, de pronto de vestuario también y por qué no, unos conjuntos divinos de lencería sexy para animar a nuestras parejas. Que dices, ¿te apuntas? —Miré a Magda y también a Amanda, que no perdía ocasión para escuchar aquella propuesta.

    —Hummm, chicas, hoy no puedo escaparme. Rodrigo esta fuera de la ciudad y me toca recoger a mis hijos del colegio. Pero… ¿Qué tal si lo dejamos para mañana? ¡Aprovechemos que don Hugo estará ya de viaje y yo le pido a mi madre que los recoja en mi lugar! ¿Cómo les parece?

    A ellas mi idea les pareció genial. Terminé con mis asuntos pendientes que no eran muchos en verdad y me despedí de mis compañeras para dirigirme a la dirección del colegio y pactar el transporte para mis hijos. Después les prepararía la cena y esperaría por la llegada de mi esposo, sí, estaba decidida, aquella noche hablaría con Rodrigo.

    —Bueno Pao, vamos que se nos hace tarde para llegar a la oficina. —Y Paola se subió al auto, pero por el lado del conductor, desobedeciéndome.

    —«No jodas culitos que me cágas la cara», le dije y ella rebelde, no quería cederme el lugar. Entonces empecé por tomarla de su cintura y ella se agarraba del timón y del cabecero de la silla, impidiéndome sacarla del asiento.

    ¡Hummm! recuerdo que me tocó tomar medidas más severas, así que me decanté por hacerle cosquillas en su estómago, pero ella solo me sacaba la lengua diciéndome que no era para nada cosquillosa. Le quité a la fuerza los dos zapatos y en las plantas de sus pies fueron mis dedos como hormigas, recorriéndolos de arriba hacia abajo, y mi rubia tentación, revolcándose como una gata patas arriba, intentaba escapar a su suplicio, tratando con fuerza de apartar de mí, sus dos pies, se carcajeaba y emitía gritos de auxilio. Algunos transeúntes pasaban por un lado, primero extrañados y luego al ver más de cerca nuestra pequeña y divertida batalla, se alejaban sonriéndose. Todos tenemos un punto débil, solo hay que hallarlo. Y yo había dado en la diana.

    —¡Me rindo, me rindo! Detente por favor Rocky. ¡Jajaja!… Si sigues me voy a… ¡Orinar encima de tu asiento! —Y bueno esa advertencia logró su objetivo–. La solté y Paola se incorporó, pasando una de sus largas piernas por encima de la palanca de cambios y apoyada en la manija del techo, terminó por acomodarse en el asiento del acompañante. Y yo encantado, había visto por milésimas de segundos, un poco de aquella tela blanca que, con delicados encajes, cubría su intimidad.

    —¡Y ajá Nene! Estás completamente loco. ¿Lo sabías? —Me habló mientras yo le alcanzaba su par de sandalias y luchaba con mi cinturón de seguridad que de vez en cuando se atascaba.

    —Pues hace unos días atrás yo estaba muy cuerdo. ¡Será que es por culpa de una rubia que me enloqu!… —Me contuve. La miré y le tomé uno de sus mechones dorados, estirándolos de la punta, levantándolos para acomodarlo detrás de su oído izquierdo.

    Pao se inclinó hacia mi costado, sus dos manos acariciaron mi rostro, nos acercamos, ella sin cerrar sus ojos, abrió un poco su boca y mis labios decididos, se encontraron con los suyos.

    Saboreamos con más detenimiento que antes, nuestras lenguas. Lamí la punta de la suya, cuando parecía escaparse de su boca. Pero no huía, por el contrario, ella me la ofrecía, me buscaba. La chupé con ganas, y entre esas ansias, mi mano se posó en su pecho, buscando un resquicio en el escote donde pudiera profanar mi lealtad.

    Y con esmero, sin ninguna oposición, se coló por debajo de su corpiño. Me apoderé de la tibieza de su seno derecho, superando sin apenas esfuerzo, la tela de su sostén. Sopesé su tamaño, rodee su pezón y se lo ceñí entre la comisura de dos de mis dedos. Apreté con firmeza mientras besaba con pasión aquella boca, lo pellizqué y estiré, mientras me dejaba lamer por aquella húmeda lengua de fuego, el contorno de mis labios, los alrededores de toda mi boca y hasta la punta de mi nariz. Sus recurrentes ¡Ajá! los cambió por una variedad de suspiros y jadeos, acompañados de la excitación reflejada en sus mejillas coloradas y en el oscurecido tinte del verde esmeralda de su iris y las ya dilatadas pupilas.

    Y fue su mano izquierda buscando acomodo, tocando por encima de mi pantalón, la extensión endurecida de mi hombría. Apretó un poco y luego de aquel asedio exterior, intentó colarla entre el espacio de mi cintura y la camisa contenida tras mi cinturón.

    —Hummm, espera Pao, espera. No puedo, lo siento. —Le dije apartándome del rostro de mi preciosa tentación.

    —¡Nooo Rocky! sigue, sigamos. No me dejes así. Estoy cachonda. —Me respondió aún agitada.

    —No Pao, no puedo, soy un hombre casado. —Y en su rostro se dibujó una ligera sonrisa.

    —Pues yo tengo novio, da igual. Ellos no lo sabrán si no lo confesamos. —Podría ser, pensé. Pero… ¿Novio?

    —Pao ese no es el problema. Así ellos nunca lo supieran, tú y yo si lo sabríamos. Créeme, no está bien, no es justo con ellos. —Me miró resignada pero sin soltarme la mano derecha.

    —¡Mejor vámonos! —Retiré mi mano de la suya, acomodé mi cinturón de seguridad y mi rubia barranquillera el suyo y arrancamos–. Se encendió por igual el reproductor y Paola aumentó el sonido, se escuchaba el inicio de la canción de Prince, «When Doves Cry». Y empecé a tararearla, al ritmo de mis dedos sobre la curvatura del volante.

    Salimos de aquella población por las estrechas calles hasta la vía principal. Paola callada, raro en ella, la mirada hacia la inmensidad del paisaje de su ventanilla. Yo concentrado en la ruta, conduciendo a prudente velocidad detrás de un camión de reparto.

    —¡Me dejaste excitada! —Me dijo, recostando su cabeza contra el cristal–. Ya sonaba la siguiente canción, si no recuerdo mal era «Hung Up» de Madonna.

    —Lo siento Pao pero no podíamos… —No me refiero a lo de ahora Rocky. Antes ya lo estaba y durante el almuerzo no dejaba de recordarlo. Me sorprendiste, incluso más que a esos dos.

    —Humm, discúlpame Pao, solo se me ocurrió de repente. ¡Pero casi ni te toqué! —Y levantó su preciosa cara de muñeca Barbie para decirme algo más serena…

    —¡Es que no fue el hecho de que me rozaras! Fue el acto en sí, tu inesperada reacción después del beso que te pedí y además la sensación de que lo hiciéramos delante de alguien más. De mostrarnos antes ellos como una pareja con deseos, disfrutándonos. Y yo quería más, Nene. ¿Tú no? —Tragué saliva y sin dejar de observar la parte posterior del camión, le contesté…

    —Pues ahora que lo pienso… ¡Sí! Me gustó. Pero era un escarmiento, para que la Trini te dejara en paz y que Joaquín desistiera de sus intenciones conmigo. —Y recordé aquella escena, la tibieza que sentí rozando la piel suave de su vulva y sobre todo el aroma impregnado en mis dedos, la forma tan erótica de aceptar lamer mis dedos con mi saliva ya en ellos.

    —Pero si preciosa… ¡Me causó un gran morbo hacerlo delante de ellos! —Paola se sonrió y guardó silencio por unos minutos.

    —Te llamó a mitad del almuerzo. ¿No es verdad Nene? —Me preguntó sin dejar de observar la lejanía.

    —Exacto. Era mi esposa. —Le respondí–. Quería saber cómo me encontraba y… supongo que también con quien.

    —¿Y le vas a contar? Es decir… ¿Le vas a comentar que estuviste conmigo? —¡Pufff! Suspiré y en mi mente construí la imagen de Silvia, su rostro, su voz diciéndome que me amaba. Sí… «A pesar de todo».

    —Pues si lo pregunta sí, no le veo el inconveniente Pao. Estamos trabajando e hicimos un buen negocio. —Le contesté finalmente.

    —Tú… ¿La amas mucho no es verdad? —La miré un momento, un instante tan solo…

    —¡Rocky!… ¡Cuidadooo! —Me sobresalté por el grito de Paola, el camión que marchaba delante hizo a su izquierda un cambio abrupto de carril, –después de un curva– dejando de repente en mi campo de visión a una mujer que parada casi en frente y a poca distancia, agitaba sus dos brazos desesperada, rogando que me detuviera.

    Cambié la marcha de Cuarta a segunda, forzando la desaceleración y pisé con fuerza el pedal. 15 o 20 metros de huella de frenada y esa mujer ni un centímetro se movió. ¿Valiente? No, sencillamente se había paralizado por el pánico. Me bajé con afán para ver cómo se encontraba ella. Paola igualmente descendió y nos acercamos hasta la mujer que estaba lívida, pero respirando de manera agitada, a tan solo escasos dos metros del parachoques de mi Mazda.

    —¡Señora pero que carajos le pasa! —Le dijo disgustada Paola a la mujer que apenas si reaccionaba.

    —Tranquila Pao… Disculpe señora. ¿Se encuentra bien? ¿En qué le podemos ayudar? —La mujer reaccionó y se sujetó de mi antebrazo.

    —Ehhh, Ayyy, discúlpenme es que algo le sucedió a mi coche y nadie se ha detenido para auxiliarme. —Era una mujer que denotaba elegancia, no solo por su forma de vestir sino por sus modales delicados, tanto como el melifluo sonido de su voz, atractivo, sin llegar a ser empalagoso.

    Una chaqueta de cuero negro y brillante, con cremalleras dobles y plateadas en sus anchas solapas, que se alargaba tan solo hasta su cintura, bajo ella una camiseta blanca en algodón con la imagen de Jimmy Hendrix estampada en variados colores anudada a su cintura, dejando al descubierto un ombligo algo oblicuo y poco profundo. Unos jeans apretando sus piernas, de un azul envejecido y los ya clásicos rotos deshilachados en ambos muslos. En sus pies un par de cómodos zapatos terminados en punta de pana gris y con una delicada franja negra al costado, con tacón bajo.

    Su rostro era alargado, con delineadas cejas cafés, ojos algo achinados pero sus pupilas… esas parecieron titilar, cambiando entre marrones y verdes, difíciles de olvidar. Nariz recta, un poco levantada su punta nasal, muy atractiva, boca algo pequeña pero de labios voluminosos y gruesos en el centro, llamativos además por el brillo carmesí satinado en tonalidades naranjas de su pintalabios.

    Me quedé unos segundos mirando fijamente aquel rostro tan perfecto para mi personal deleite, hasta que ella algo conmocionada aún, me habló…

    —¡Que pasa! ¿Tengo algo en mi cara? —Sí claro, le dije yo. —La belleza primaveral de una mujer en apuros–. Y tras decirle aquel piropo, la mujer me obsequió una sonrisa sincera, cambiando de paso su pálido semblante.

    —Bueno vamos a revisar su auto. —Y ella fue por delante de mí–. Me giré y le entregué las llaves de mi auto a Paola, solicitándole aparcar detrás del pequeño auto rojo que se encontraba varado. ¿Pequeño? ¿Rojo? ¿Un Mini JCW? ¡Vaya casualidad!

    —Me permite las llaves, por favor. —Y ella estiró su mano, dejándome ver una pulsera dorada, gruesa, quizá demasiado masculina, rivalizando con la delicadeza de su reloj en su muñeca.

    Me acomodé en el mullido asiento del piloto y di al botón del encendido. Nada. Más falto de vida que el mismísimo Mar Muerto. Aunque había esperanza de vida. Como también en aquel lugar.

    —Humm, al parecer el problema es de la batería, le dije y tensioné la apertura del cofre. Salí de él y plantado en su parte frontal levante la tapa. ¡Puff!, resople por mi boca hasta levantar un poco el mechón que caía sobre mi frente, pues la batería se encontraba en aquel auto, oculta bajo una tapa plástica que debía llevarme algo de tiempo retirar.

    —Supongo que herramientas no tiene. Y en su rostro se hizo un pequeño mohín de contrariedad. —Fresca, no hay problema, como dijo Alf–. Ella me miró y me guiño un ojo.

    —Jajaja ¿El peluche ese que se comía los gatos? —Me respondió–. Jajaja… Si ese mismo. Le confirmé. —Aunque no era un peluche propiamente sino un extraterrestre. La mujer no paró de sonreír.

    Fui hasta mi auto y del baúl retiré el estuche de herramientas y le pedí a Paola que encendiera dos cigarrillos mientras me retiraba el Tissot de mi muñeca.

    —Pao, preciosa… Me va a llevar algo de tiempo. Por favor llama a don Augusto y comunícale lo que estamos haciendo, no vaya a ser que se preocupen por tu estado, estando tú tan cerca de mis manos. ¡Jejeje! —Y le di un beso en la frente, mientras Paola me encendía un cigarrillo, sonriente y sacándome coquetamente la punta de su lengua.

    —Bueno… ¿Señora? —¡Ohh! Lo lamento que descortés soy, mi nombre es…

    —Martha con hache. Y se quedó sorprendida. —Yo soy Rodrigo, encantado de conocerla–. Y le extendí mi mano, ella la suya. Las estrechamos sin mucha efusividad y una mueca a manera de interrogación, permaneció en su rostro. —Y la rubia de allí es Paola.

    —¿Pero cómo? ¿Nos conocemos? —Y entonces me reí.

    —No lo creo Martha, y tampoco soy un adivino ni trabajo para Scotland Yard. De pronto sí tenga en mi sangre algo del linaje de Sherlock Holmes. —Y ella volvió a regalarme su sincera sonrisa.

    Llevé mi dedo índice hasta su cuello, la mujer bajó su mirada junto a su cabeza y rocé con delicadeza su gargantilla dorada, en cuyo centro estaba tallado en letras cursivas de oro, su nombre.

    —No creo que lleves encima el apelativo de otra que no seas tú. Este es un regalo de… ¿Tu esposo?

    —Pero qué observador es usted. Sí, este es mi nombre. —Me dijo mientras acariciaba entre sus dedos las letras cursivas. —Pero en algo si ha fallado, no fue un obsequio de mi esposo–. Y miró hacia el cielo.

    —Fue un regalo de mi padre para mi último cumpleaños. —Noté tristeza en sus palabras.

    —Qué bonito detalle, le dije yo, mientras tomaba en mi mano un destornillador y una llave para liberar la tapa que cubría la batería.

    —Disculpe Martha, podría iluminar aquí. —Y le pasé mi teléfono móvil encendiendo la linterna para visualizar mejor las ranuras y la tuerca.

    Ella lo tomó en sus manos y yo con la colilla aún entre mis labios me dispuse a la labor requerida. Paola se acercó y la retiró con delicadeza de mi boca, pisándola luego con la suela de sus sandalias. Martha observó con detenimiento aquella acción.

    —¿Y ustedes dos son pareja? —Nos preguntó–. ¡No señora! Le respondí.

    —Paola es mi compañera de labores. ¡Ehhh! Martha por favor ilumine bien a este sitio. —Le indiqué, pero no me alumbraba bien, miré de reojo y la vi, manipulando el teclado de mi móvil. Y por fin me hizo caso y dirigió la luz de la linterna hasta el lugar que le había solicitado.

    —¿Y a que se dedican? —Yo soy políglota, le comenté mientras luchaba por retirar con cuidado aquella lámina de plástico. —Pero Paola de inmediato se carcajeó ruidosamente, haciendo que mi mentiroso comentario, despertará en Martha la curiosidad.

    —¿En serio? Humm, ya veo. Interesante. ¿Y qué idiomas domina usted? —Ehhh, algo de inglés y un poco de alemán. Respondí terminando de retirar una tuerca.

    —Ese idioma es muy difícil–. Comentó Martha. —No tanto como parece, solo hay que ponerle un poco de lógica al asunto, le dije yo, liberando por fin la tapa y dejándome observar el desperfecto.

    —Por ejemplo, cómo diría usted en alemán ¿Metro? —Martha alzó sus hombros y de manera coqueta suspiró y entornó sus ojos, para decirme…

    —Ni idea. ¿Cómo se dice? —¡Suban, estrujen, bajen! —Le respondí.

    Tanto Paola como aquella mujer se miraron y sonrieron levemente, para posteriormente posar cada una, su mano en el brazo de la otra, empezar a reír por mi gracejo.

    —Listo ya está. —Y me monté de nuevo en el habitáculo para dar encendido al pequeño y deportivo coche. No encendió. ¡Mierda!

    Me bajé y de nuevo fui hasta mi auto para buscar unos cables pasa corriente y le solicité a mi rubia compañera que encendiera mi coche y lo acercara para suministrar energía a la batería muerta.

    Y al cabo de unos minutos volví a darle arranque al auto de Martha y… ¡Eureka!

    La dueña aplaudió agradecida y me devolvió mi teléfono. También me alcanzó unas toallitas húmedas para limpiar mis manos. Y me abrazó.

    —Gracias, muchas gracias. Que alegría que aún quedan caballeros en este mundo. —Escuché su comentario muy cerca de mi oído.

    —Rodrigo… ¿Le debo algo por su ayuda? —La miré seriamente, tomé del bolsillo posterior de mi pantalón la billetera de cuero café, la abrí. La cerré. Y entonces mirando las chispas de caramelo de sus preciosos ojos, le dije…

    —Con un café bastará, ya la llamaré algún día para cobrar. —Y tanto Paola como yo nos despedimos de aquella mujer.

    Martha caminó elegante hasta su auto y antes de subir en él, colocó en su cara unos lentes para sol negros y grandes, un rápido resplandor en las doradas letras D&G en la varilla, terminó por confirmar mi suposición. Arrancó por delante de nosotros y Paola colocó un nuevo Cd.

    —Rocky, Nene. Esa señora se ve muy distinguida, y… ¡Ajá! no le preguntamos a qué se dedica. No supimos quién era. —Es cierto Pao, pero el destino quiso que en esa curva, la solución a mis problemas fuera un cable suelto en su batería.

    Paola me observó intrigada y yo tan solo sonreí. En verdad, más temprano que tarde, debería cobrarme ese café.

    Continuará…

  • El verdulero bruto

    El verdulero bruto

    Es un día triste y aburrido. Llovizna afuera. Esta ventisca insoportable me tiene loca y aburrida en el departamento.

    Necesito salir, necesito caminar y desplegar mi putez. Necesito una buena verga en mi OGT. Necesito esa zanahoria de placer que llene mis espacios que ansían una descarga de adrenalina y de leche para vencer el hastío de un otoño frío y solitario.

    No soporto más, y me pongo mi tanga más cavada. Me miro al espejo y me siento todavía insatisfecha. Me pongo un portaligas de color negro que le da forma a mis piernas y me marca la cola. Arriba de eso me pongo un pantalón de jean bien ajustado. Me calzo unos zapatos de plataforma que no son de mujer pero tampoco son masculinos, algo unisex digamos…

    Arriba me pongo una remera, un buzo slim fit de polar color azul con detalles fucsia y blanco. Una camperita arriba de corderoy y con piel de cordero por dentro. Muy ajustada, muy muy de puto mi outfit. No me importa, estoy acostumbrado a las miradas, soy inmune a las puteadas. Estoy dispuesta a salir a comprar comida porque ya no me queda casi nada en la alacena. Comida para mi cuerpo, desahogo para mi mente.

    Hace frío en la calle, camino y tirito de frío. Me consuelo a mí mismo frotándome los brazos con mis manos, como abrazándome para darme calor. Silva el viento y la llovizna toca mis mejillas, las moja, las humedece con el frío del inclemente otoño que me quita el calor corporal, el calor externo, pero en el interior sigo más caliente que nunca deseando un pedazo de carne que me haga sentir bien.

    Camino rapidito, con pequeños pasos de puto, caminando en puntas de pie casi a los saltitos. Me meto en una galería para resguardarme del frío y la llovizna, pero no hay nada nuevo para ver. Sigo caminando sin rumbo, en una dirección random sin tener ni idea dónde podría terminar. Encuentro una verdulería abierta y me meto casi sin mirar. Estaba full de ricas frutas de estación, amontonadas en una pared como al azar. Descuidadamente un grupo de hortalizas muy aromatizadas hacían sentir su frescura e inhalé con fuerza para sentir un poco de pureza entre tanto cemento y viento congelados. Con los ojos cerrados siento el aroma de las hortalizas hasta que una voz ronca y masculina me despierta de golpe: ¿Qué buscabas?

    Pegué un gritito de mina asustada y un pequeño salto en el lugar.

    Yo: -¡Ay! ¡Perdón, no me di cuenta que había alguien!

    Un vendedor como de unos 35 o 40 años, barbudo, pelo negro, delgado de físico marcado (se le notaba a través de la camisa de leñador que tenía puesta), un chaleco inflable sin mangas y pantalón de jean gastado con manchas de tierra por haber manipulado papas, cajones de verduras, etc. Me miraba fijamente con un dejo de desprecio.

    Verdulero: -¿Qué andabas buscando?

    Su voz no era nada complaciente. No me importó. Su sola visión me llevaba a un sitio aislado que dejara desplegar «nuestra» calentura. Así lo imaginaba, en una cabaña en la montaña abrigados con un hogar a leña y sólo vestidos con nuestra ropa interior. Mi imaginación volaba mientras él solamente esperaba una respuesta.

    Yo: -Quisiera un poco de verduras para llevar…

    Me interrumpió y no me dejó continuar

    Verdulero: -¡¿Cuáles?!

    Yo: -No… no sé, algo como para hacer una sopa…

    Mi mente trataba de pensar ante su insistencia porque no traía una idea previa de lo que quería, más su hostilidad me ponía nervioso y menos podía pensar.

    Verdulero: -¿Cuáles verduras? Si vos no sabés yo menos puedo adivinar

    Yo: -¡Ay, bueno, no sé! ¡Algo de verdeo, puerro, zapallo anco, no sé…!

    El tipo empezó a agarrar las verduras que le había nombrado y las iba poniendo en una bolsa, las pesaba y armaba un paquete más grande.

    Verdulero: -¿Qué más?

    Yo: -¡¿Pero por qué tanta hostilidad?!

    Sus malos tratos no me amedrentaban. Sentía en mi interior mucho entusiasmo, muchas ganas de hablar, y sobre todo me gustaba mucho lo que estaba viendo así que no me iba a dejar ahuyentar así no más

    Yo: -Disculpame si te molesto, pero ¿tenés algún problema?

    Verdulero: -Dejémoslo ahí.

    Yo: No, no. Decime si algo te molesta, por ahí te puedo ayudar

    Verdulero: -Lo que me molesta no se puede decir, menos hoy en día. Así que dejémoslo ahí…

    Insistente como pocas seguí hablándole para ablandarlo y quitarle su rispidez, aunque ya me estaba imaginando lo que le molestaba.

    Yo: -A mí me podés decir lo que sea, es muy difícil que me ofenda.

    Verdurlero: -La verdad no me gusta la gente como vos

    Yo: -¿Como yo?

    Verdulero: -Dejémoslo ahí…

    Yo: -¿Querés decir… puto…?

    Verdulero: -Sí, no me gustan, no los entiendo, no me caen bien

    Yo: -Bueno, muchos dicen eso, pero después terminan queriendo algo conmigo y más aún, terminan pidiendo repetir

    Verdulero: -¡Jajajaja! Eso nunca va a pasar. No te hagas ilusiones

    Yo: -¡¿Ay, por qué sos así, tan arisco!? -. Le hablaba con mi voz más de puto que pudiera tener o hacer

    Verdulero: -Ya te dije, no me caen bien ustedes.

    Yo: -¿Y cómo sabés que no te gusta si nunca probaste? La única forma de saber si te gusta o no es probando.

    Mientras yo decía eso me había puesto de espaldas a él, fingiendo que revisaba las verduras, sacando el culo para afuera, y lo miraba de reojo haciendo una caída de ojos con una mirada muy seductora, me llevaba un dedo a los labios y chupaba haciéndome la gata.

    El verdulero me miraba fijamente, con los ojos bien abiertos, muy concentrado en lo que yo hacía, no sabía hasta el momento si quería darme una trompada o comerme el culo a besos ahí mismo.

    Yo: -La única forma de saber si alguien te gusta es haciéndoselo.- Yo le hablaba con una voz suave y muy seductora. -Solamente podés saber si penetrás a alguien, si te la sabe sobar bien… Si te seduce con sus suaves movimientos…. Si te pide que lo claves una y otra y otra vez….

    Mientras yo decía todo esto me acariciaba las caderas, pasaba mi mano por mi pecho y bajaba de nuevo contoneando la cintura, gimiendo suavemente con mi mayor vocecita de putito femboy.

    El verdulero no aguantó más y me agarró por el brazo y me arrastró hacia atrás del local, me llevó a un depósito donde guardaba las verduras. Me tiró contra una pared y me apoyé con mis dos manos dándole la espalda. No sabía si me quería coger o si estaba a punto de darme la paliza de mi vida…

    Verdulero: -Ahora vas a ver, puto de mierda, lo que es bueno

    Yo: -¡Ay, AY!

    Verdulero: -¡Callate puto, callate que nos pueden escuchar!

    Yo: -¡Ay! -. Logré decir y después ahogué mis palabras tapándome la boca yo mismo con mi mano izquierda, mientras con la otra me apoyaba contra la pared.

    El verdulero empezó a bajarme el pantalón elastizado desde atrás, me dejaba el culo al descubierto y yo para ayudarlo me desprendí el botón y el cierre. Descubrió por completo mi culo redondo, suave y depilado, totalmente entangado y soltó una frase que pretendía ser hiriente pero que se notaba lo llenaba aún más de calentura:

    Verdulero: -¡Pero qué puto de mierda! ¡Mirá la tanga que tenés! ¡¿Cómo podés salir así a la calle?!

    Yo: -¡Sí, señor! ¡Castígueme, castígueme! ¡Soy un puto de mierda, hágame lo que usted quiera!

    Verdulero: -¡Ahora vas a ver lo que es bueno, así se te van a pasar las ganas de andar de puto por ahí!

    Acto seguido se desprendió el pantalón de jean, se bajó el cierre y peló una verga gruesa que ya estaba muy, muy dura. Una verga venosa, caliente, ardiente como una braza volcánica, y me la empezó a meter sin lubricación.

    Yo: -¡AY, AY!

    Verdulero: -¡Callate puto, si te gusta! -. Me tapó la boca con una mano mientras con la otra me arrancó la tanga negra que yo traía puesta. ¡Esa tanga me salió carísima! Pero en ese momento no me importó porque la calentura que tenía era mucho más fuerte que cualquier razonamiento monetario.

    Verdulero: -¿Te gusta, puto? ¿Te gusta? ¿Esto es lo que querías, no?

    Yo: -¡Sí, señor! ¡Me porté muy mal, no me tenga piedad, castígueme señor verdulero!

    Yo gemía como una puta en celo y me derretía de placer. Mi cuerpo flojito se dejaba hacer y no oponía resistencia ante la brutalidad de este animal que me zamarreaba con cada empujón.

    Mi ojete estaba dilatado a la fuerza por esa verga siniestra que se abría paso a empellones sin piedad y sin saliva. Cada embestida de ese cuerpo fibroso, furioso, caliente, me hacía delirar de calentura y de morbo candente. No soportaba más y mi líquido pre-seminal estaba chorreando por mi pequeño pene. Me calentaba tanto la situación que mi verguita estaba chorreando saliva peneana.

    El verdulero me tomaba por la cadera con una mano y con la otra me tapaba la boca para que no hiciera ruido, al punto ya casi de quitarme el aliento. Lejos de asustarme esa situación aumentaba mi orgasmo a punto de venirme en cualquier momento. (La asfixia aumenta la sensación de placer, no la disminuye)

    Verdulero: -¿Esto es lo que te gusta, no? ¡Putito! ¿Esto es lo que te gusta? ¡¿Eh!?

    Yo: -¡¡Sí, sí, señor!! ¡Castígueme, me lo merezco!! ¡¡Sí, sí, ay, ay…!

    Su cuerpo era como un escudo que me cubría por completo. Sus brazos me abrazaban desde atrás impidiendo cualquier movimiento mío. Me sacudía con los empujones de su pelvis, de su cintura. Me zarandeaba como una locomotora sin piedad y sin rumbo. Me clavaba su lanza implacable hasta sentirla en lo más profundo de mí. Hasta que empezó a gemir él, empezó a resoplar más fuerte como un garañón agitado y sediento. Me abrazó trayéndome hacia su cuerpo y me levantó en el aire con su fuerza de macho, llenándome con litros y litros de leche caliente, leche espesa que estuvo meses esperando el momento de salir.

    El verdulero me había dejado el culo bien abierto, chorreando de leche.

    Se sentó en unas bolsas que había por ahí y yo sin decir palabra, sin importarme en lo más mínimo los insultos anteriores que me había propinado, sin dejarme inmutar o amedrentar, tomé la tanga del suelo que él me había arrancado, le di un beso a esa tanga y se la tiré a la cara. Me fui caminando mientras me levantaba el pantalón de jean ajustado, y antes de salir del local le dejé una de mis tarjetas en el mostrador de su verdulería con mi número de teléfono celular.

    A las dos semanas más o menos suena mi teléfono con un número que no tenía agendado. Era el verdulero que me llamaba porque quería volverme a ver…

  • Mi madre, Rebeca y el negro

    Mi madre, Rebeca y el negro

    Durante el diferente verano de 2020 Rebeca y yo nos encontrábamos aun teletrabajando así que para huir del calor de la gran ciudad decidimos pasar el verano en mi pueblo situado en una zona más fresca del país, algo que ambos agradeceríamos.

    Y lo íbamos a pasar, como no con mi madre, tras el anterior relato publicado los tres habíamos tenido nuestros acercamientos y momentos pero nada comparado con lo acontecido y narrado en aquel relato, para el que sea el primer relato de esta saga de historias le pongo al día en cuanto a cómo somos nosotros:

    Mi madre se llama Candela, contaba con casi 58 años, 1,60 metros de altura, morena con el pelo hasta los hombros y morena de piel, debido al deporte que practicaba y a pesar del confinamiento su culo estaba muy duro y sus pechos como siempre grandes, redondeados y más o menos tersos fruto del esfuerzo del gimnasio.

    Rebeca, mi novia, por su parte contaba con casi 40 años, es bajita y con algún kilito de más aunque durante el confinamiento no había cogido peso, tiene el culo muy redondo y bonito pero su punto fuerte son los pechos: son bastante grandes y resaltan sobre todo lo demás.

    Por mi parte me llamo Jaime, contaba con 32 años aun y soy de estatura media y complexión delgada aunque la situación de pandemia había hecho que cogiera algún kilo de más debido a que ya se podía hacer deporte estaba poniéndome algo más en forma.

    Entre semana Rebeca y yo nos pasábamos las mañanas y parte de la tarde trabajando, el resto de la tarde salíamos a dar una vuelta o tomar algo en alguno de los bares del pueblo, mi madre en cambio era la que llevaba más las tareas del hogar, iba a la compra y demás.

    Los fines de semana se pueden resumir en descansar, acercarnos a dar una vuelta y cenar o comer en la capital de provincia y poco más, mi madre había tenido alguna aventura con algún conocido, polvo aquí y polvo allá pero poco reseñable, todo muy tranquilo hasta el momento.

    De vez en cuando jugábamos los tres a cartas, una noche de sábado que no era para nada fría nos encontrábamos jugando a las cartas del UNO, después de unas cuantas partidas quise hacerlo algo más entretenido:

    Jaime: ¿lo hacemos más interesante?

    Rebeca y Candela: ¿de qué forma?

    Jaime: Bueno, aquí fuera se está bien, podríamos hacer que el que quede el último de los tres se quite una prenda…

    Ambas se miraron pero no parecía disgustarles la idea.

    Candela: Por mí vale hijo pero ya sabes estas cosas como acaban…

    Rebeca asintió.

    Jaime: es para pasar el rato y nadie nos va a ver.

    Y así era, estábamos en nuestra parcela rodeados con arizónicas de más de 3 metros.

    Ambas aceptaron y empezamos nuestro «Streep UNO» particular.

    La ropa que llevábamos no era mucha por la época del año: Rebeca un pantalón, tanga, camiseta y sujetador al igual que mi madre y yo un pantalón, calzoncillos y camiseta así que el ver a alguno desnudo podía llegar más o menos rápido.

    Tras varias partidas yo ya me encontraba sin camiseta ya que quedé último en la primera partida, Rebeca también había perdido una y decidió quitarse el pantalón y mi madre había caído en dos y estaba en tanga y sujetador, la cosa por tanto se ponía interesante.

    Llegado ese momento mi objetivo ya no era ganar la partida si no no quedar último y evitar quitarme más ropa aunque por una más realmente no me iba a importar.

    En la siguiente fue Rebeca quien quedó última y la partida posterior tras un final ajustado entre ella y yo por muy poco volvió a perder por lo que se quitó primero la camiseta y luego el sujetador quedando sus melones al aire veraniego de la sierra, mi madre se le quedó mirando:

    Candela: pero qué bien las conservas hija, ¡Cuánto tiempo sin verlas!

    Rebeca: ¿tiempo? ¡si me las viste hace dos días!

    Ambas rieron.

    De las tres siguientes partidas yo perdí una quedándome en calzoncillos y mi madre otras dos quedando totalmente desnuda, ¿se habría acabado el juego? al final y al cabo mi madre no podía quitarse más ropa, era obvio.

    Empezamos a pensar en ideas y dado que ya eran cerca de las 2 de la mañana y no habría nadie por la calle al estar los bares cerrados desde hacia horas decidimos que quien no pudiera quitarse más ropa y quedase de nuevo último se iría a dar una vuelta a la manzana desnudo, a mi madre no le parecía mala la idea y era quien más papeletas tenía así que seguimos con esas condiciones.

    Seguimos con el juego y a veces tenía que mirar las tetas de mi madre, al tenerlas tan grandes y sin contención ninguna en ocasiones la parte baja de sus domingas tocaba la mesa de juego, mi novia no tardó en decírmelo:

    Rebeca: Candela creo que tu hijo quiere leche – dijo mientras se las miraba.

    Candela: ¡¡anda!! que mire que mire – dijo mientras se agarraba una de ellas.

    Los tres reímos.

    Esta partida se alargó más que las demás, no sé si por el cansancio de todos o por las nuevas condiciones que harían que tuviéramos que caminar unos minutos desnudos por la calle, pero finalmente mi madre perdió.

    Candela: ¡joder! ¿tengo que salir así?

    Rebeca y yo asentimos.

    Ella ni corta ni perezosa se fue a la calle solo con su mascarilla y dar la vuelta a la manzana mientras Rebeca y yo preparábamos la siguiente partida, la vimos partir: sus tetas al viento y su coño rasurado salían a la calle como Dios la trajo al mundo.

    La vuelta no debía ser más de 1-2 minutos ya que tampoco era plan de hacerlo pasar mal pero ya llevaba casi 5 y mi madre aún no había vuelto, al no llevar bolsillo no se llevó el móvil y cuando ya nos empezábamos a preocupar se abrió la puerta de la parcela, pero mi madre no llegaba sola.

    Se empezó a acercar y vimos que con ella venía un hombre de aproximadamente 1,85 cm de altura, vestido lógicamente y de tez muy negra, al acercarse a nuestra posición (ambos sentados en la mesa) nos dijo:

    Candela: Chicos os presento a Ibrahima, me voy dentro a jugar con él, adiós!

    Ibrahima dijo un leve hola y entraron dentro de casa pero unos segundos antes pude observar como claramente se quedó mirando las tetas de Rebeca

    Rebeca: anda mira tu madre que morenazo se ha traído.

    Jaime: Joder ya ves, van a pasar un buen rato.

    Rebeca y yo nos quedamos en la parcela unos 20-30 minutos más y decidimos entrar para irnos a la cama, al entrar ya escuchamos en la habitación de mi madre que la fiesta ya había empezado, se escuchaban gritos y jadeos sobre todo por parte de mi madre, estaba siendo follada por un negrazo.

    Rebeca y yo lógicamente no somos de piedra así que nos empezamos a besar y al rato la estaba penetrando, ella también gritaba y se mezclaban sus gritos con los de su suegra, situación curiosa pensé pero en otras más raras nos hemos visto.

    Al terminar nosotros nos fuimos a limpiar al baño y… ¡¡sorpresa!! no habían acabado: por lo que se oía Ibrahima seguía bombeando dentro de mi madre aunque sus gritos ahora parecían más exhaustos, es más al rato de meternos en la cama pararon de follar y fue cuando nos pudimos dormir no sin pensar que menudo aguante tenía el Ibrahima este.

    Rebeca me despertó como más me gustaba, al darse cuenta que estaba despierto sacó su boca de mi polla y me dio los buenos días, mientras yo le tocaba una de sus grandes tetas, era algo que me gustaba hacer cuando me la comía.

    Al terminar estuvimos un rato más en la cama, en la otra habitación solo se oía el silencio: ¿estarían despiertos?

    Rebeca ya quería levantarse así que se fue al baño, se fue solo vestida con el tanga, puede que nuestro invitado la viera así pero a mí no me importaba.

    Unos minutos después fui yo y al salir del baño fui a la cocina y ahí estaba Rebeca con sus melones al aire delante de Ibrahima quien estaba solo en calzoncillos, al parecer había ido a por un poco de agua, al verme me saludó y dijo:

    Ibrahima: Voy a la cama con Candela.

    Y salió de la cocina.

    A Rebeca le noté una sonrisa pícara cuando él se fue y mientras nos preparábamos el desayuno y la juerga volvía a empezar entre mi madre y su amigo su cabeza parecía volar, tenía que se realista: Rebeca pensaba en que Ibrahima le cabalgase.

    A mí esta situación no me molestaba y aunque mi novia ya se había follado a mi amigo Leo yo no estaba delante para verlo pero no, la idea no me molestaba para nada.

    Jaime: ¿cómo ves a Ibrahima?

    Rebeca: ¿en qué sentido?

    Jaime: Pues en el único que le conocemos: follando.

    Ambos nos reímos.

    Rebeca: tu madre parece estar pasándolo bien, no debe estar mal.

    Jaime: ¿no debe estar mal? ¡anoche estuvieron horas! te iba a decir que si tú querías tenías carta blanca pero bueno…

    A Rebeca se le cayó la cucharilla e inmediatamente me miró:

    Rebeca ¿en serio?

    Jaime Claro, si tu quieres por supuesto

    Rebeca: ¡¡Si!! eres el mejor ¿no te importa de verdad?

    Por su reacción estaba deseando que esa polla negra entrara dentro de ella.

    Jaime: para nada, solo con la condición de poder ir a ver de vez en cuando como estáis y que a mi madre no le importe claro.

    A Rebeca eso no le extrañó y aceptó, si se están follando a mi novia en mi casa que menos que pasarme a ver que todo va bien, pensé.

    Seguimos desayunando y su sonrisa ya era otra, me comía a besos y se la notaba contenta y feliz.

    Nosotros salimos un poco al jardín a regar las plantas y luego a hacer la cama y limpiar un poco nuestra habitación cuando por fin salió mi madre de la habitación, sudando y muy despeinada nos dijo buenos días y fue a desayunar:

    Rebeca ¿qué tal suegra? ¿bien?

    Candela: como nunca cariño, como nunca, que aguante, que fuerza, que… que de todo!

    Rebeca: qué suerte… ¿crees que tendrá más aguante?

    Mi madre la miro extrañada:

    Candela: ¿Por qué lo dices?

    Rebeca: Jaime me ha dicho que si quiero y si tú estás de acuerdo puedo…

    Candela: ¡ah! claro cariño, ahí está en la cama, todo tuyo.

    No le importó para nada así que Rebeca me dio un beso y fue hacia donde estaba su futura presa, tirado en la cama hacia abajo me puse a escuchar cerca:

    Rebeca: Hola Ibrahima ¿qué tal?

    Ibrahima: Bien, gracias

    Era hombre de pocas palabras, o al menos en nuestro idioma.

    Rebeca: que brazo tienes madre mía – mientras parece le tocaba el brazo

    Oí como él se incorporaba y segundos después lo confirmé:

    Rebeca: ¡Madre mía que palanca!

    Ibrahima emitió una leve risa.

    Rebeca: a mi novio y mi suegra no les importa, él posiblemente se pase a ver qué tal.

    Nuestro invitado no dijo nada entendiendo que daba su aprobación.

    Se escucharon leves besos y poco después se escuchó a lo lejos:

    Candela: ¡Chicos voy a mi habitación a cambiarme! ¿podríais…?

    Segundos después salieron de la habitación estando Rebeca cogida por Ibrahima mientras se besaban apasionadamente, se dirigieron al salón, ahí fui yo para ver al menos el inicio del espectáculo, este no se hizo esperar.

    Al dejarla en el suelo Rebeca se quitó rápidamente el tanga mientras le miraba fijamente con la mirada perdida, ella de motu propio se sentó en el sofá grande (de tres plazas) y se abrió de piernas para que fuera penetrada, cuando se la vi no podía creerlo, era muy grande ya no de larga que debía estar en torno a los 25 cm o más si no de gruesa, la va a reventar pensé yo.

    Ibrahima era consciente de lo que tenía entre las piernas e iba despacio pero aun así:

    Rebeca: ¡¡Aaah!!! ¡¡Joder!!

    No creía que iba a entrar toda, pero con movimientos muy lentos la palanca como antes la había llamado Rebeca entró completa en el coño de mi novia, ella ya sudaba literalmente pero quedaba lo mejor: las embestidas. Rebeca gritaba más y más pero su coño parecía que se iba haciendo a ella, con una de las piernas en alto y la otra apoyada en el suelo Ibrahima aprovechaba a tocarle los melones.

    Tras un buen rato más de embestidas Rebeca aguantaba bastante bien y fui a ver a mi madre y saber qué le parecía esto, al llegar a su habitación la cama ya estaba hecha y ella salía de la ducha:

    Candela: ¿aun siguen?

    Jaime: sí, ahí están

    Candela: es una máquina, se nos puede hacer de noche – rio –

    Se quitó el albornoz y se empezó a vestir delante de mí.

    Jaime: ¿no te molesta que se lo tire?

    Candela A mí nada, conmigo ya ha hecho su función, que lo aproveche otra ¿a ti te molesta?

    Jaime: que va, está disfrutando como nunca así que bien.

    Candela: ayyy que suerte tiene Rebeca contigo, ¡ya quisieran otras!

    Mi madre se había puesto un tanga rosa al uso, un pequeño pantalón vaquero que apenas baja al muslo y una camiseta blanca sin sujetador atada con un nudo en la parte baja y de esta guisa salimos al salón para ver que tal seguía todo, en ningún momento habíamos dejado de oir los gritos de placer de Rebeca, eso a mí me gustaba.

    Candela: ¿qué tal chicos?

    Rebeca no podía hablar así que elevó el dedo pulgar, a mí me lanzó un beso mientras se la estaban metiendo, por su parte su penetrador seguía a lo suyo, bombeando el coño de mi novia mientras le hizo a mi madre una señal que se acercase a él.

    Candela: Dime cariño – dijo mientras iba.

    Cuando estaba cerca le dio un tirón de la camiseta y sus tetas salieron propulsadas fuera de la misma, en ese momento empezó a chuparlas cosa que a Rebeca no pareció importarle, ya tenía suficiente con lo suyo.

    Candela: Uhhh, te has quedado con hambre ¿eh? cómemelas cariño

    La excitación de Ibrahima pareció ir en aumento porque su velocidad subió así como el placer de Rebeca:

    Rebeca: Uf uf uf!!! – gritaba

    Momentos después se corría dentro de mi novia mientras seguía chupándole y tocando las tetas a mi madre.

    Las revoluciones bajaron pero no así las ganas de seguir de nuestro invitado y es que como un director de orquesta y mientras sacaba su enorme polla del coño mojado de Rebeca me señaló a mí y luego a Rebeca indicándome que era mi turno, él haría lo propio con mi madre.

    Me acerqué a Rebeca que estaba exhausta pero me miraba con cara de lujuria, vi su coño un poco enrojecido así que en lugar de metérsela directamente procedí a comérselo un poco:

    Rebeca: Mmmm –gemía- tú sabes lo que necesito…

    Mientras Ibrahima alejaba a mi madre un poco, le hacía quitarse el pequeño pantalón y el tanga y le hizo apoyarse ligeramente en una silla para follarla el coño por detrás.

    Ibrahima: Vamos puta

    Fueron de las pocas palabras que dijo, se ve que era más de actuar que de hablar.

    Candela: Soy toda tuya

    Después de lamerle un poco el coño a mi novia y notar como estaba literalmente palpitando, más grande y abierto de lo normal lo cercioré una vez se la metí: entró muy fácilmente y después de la palanca que había tenido dentro tuve que realizar las embestidas muy bruscamente y hasta el fondo para intentar mantener el nivel de su anterior oponente, oponente que ahora estaba follando a mi madre; ambos gemidos, de suegra y nuera se entremezclaban en un caluroso ambiente de sexo matutino en el salón.

    Después de un buen rato finalmente eyaculé dentro de Rebeca y esta soltó un gemido de placer y satisfacción, mientras nosotros terminamos y salíamos del salón mi madre y seguía a lo suyo, se notaba que había tenido un descanso y había podido recargar algo de pilas, Ibrahima dio un cachete en el culo de Rebeca y esta le respondió guiñando un ojo.

    Nos duchamos juntos para luego salir a sentarnos a la mesa del jardín donde había comenzado todo la noche anterior.

    Jaime: ¿qué? ¿bien no?

    Rebeca: Buffff, bufff

    Jaime: jajajaja! pero di algo mujer, reacciona.

    Rebeca: Ha sido brutal, te quiero muchísimo cariño.

    Al momento nos dábamos un beso, no parecía que acababa de ser follada delante de mí por un negro de polla descomunal.

    Volvimos a entrar para ir preparando la comida y mi madre y su acompañante se habían ido a la habitación, se oían gemidos de ella y sonidos de empuje provenientes de él

    Rebeca: Joder la va a destrozar, cuánto tiempo llevan?

    Jaime: No lo sé pero más de una hora y media seguro

    Un rato después salieron, mi madre desnuda e Ibrahima vestido para irse, no se quedaba a comer y es que su trabajo en mi casa ya estaba hecho: le había dado a probar a mi madre y mi novia el sabor de una polla negra, de mi madre se despidió dándole un beso, a mí me dio la mano y cuando parecía que a Rebeca le daría dos besos le metió la lengua en la boca mientras le tocaba el culo.

    Ibrahima: Adiós.

    Y Rebeca volvió a tener esa sonrisa en la cara, esa sonrisa de pícara…

  • Manuel, mi nuevo hombre

    Manuel, mi nuevo hombre

    Hola cómo están? Espero que bien, como sabrán o esperarán tengo anécdotas que me sucedieron con hombres en el pasado pero son sólo eso cosas del pasado, debido a la cuarentena lo pase meses sin encuentros por lo que cuando se liberó las actividades y la circulación en mi ciudad decidí intentar algo pero no conseguí nada. Debido al tiempo libre decidí conseguir un trabajo para matar el tiempo y de paso ganar, algo en la empresa debido a su campo de administración contable solemos trabajar con otras empresas en especial contratistas y en una de estas lo conocí.

    Manuel es un hombre increíble, es divertido y amigable es un hombre de 38 años, alto y fornido, es calvo aunque posee barba y bigote además de ser bastante peludo, me gusta jugar con los bellos de su pecho. No bien nos conocimos supimos que había algo entre nosotros, él dedujo fácilmente mi orientación y aprovechó que era un joven (para él, tengo 21) soltero para seducirme lo cual logró. Rápidamente empezamos a salir aunque era todo informal rápidamente escaló a encuentros en su casa en donde nos dejamos llevar, empezábamos con unas charlas amigables mientras comíamos algunos aperitivos y terminábamos con un apasionado rollo en la cama, él es increíble lograba guiarme de su cocina a su habitación de tal forma que para cuando este en la cama ya estaría completamente desnudo y el tumbado arriba mío mientras nos comíamos a besos.

    Debido al tamaño de su casa aprovechamos para cumplir nuestras fantasías desde tener sexo en la ducha hasta en el balcón de su pieza, mi lugar favorito es en el patio trasero cerca de su piscina y él lo sabe por lo que me lleva ahí y me devora el hoyo con sus labios. Como es de esperar de un maduro vergudo como el, coger es una experiencia increíble su larga lengua me llena la boca y me hace olvidar todo el trayecto hasta su cama, sus increíbles manos me manosean sin dejar rincón en mi cuerpo, si polla entra con fuerza, pero sin hacerme retroceder en cambio lo abrazó con fuerza deseando que ese momento dure para siempre mientras nos besamos.

    En una fiesta conocí a varios de sus amigos que no sabían de sus gusto o en cambio por el lado de las mujeres conocían su increíble habilidad en el sexo por lo que se le insinuaba, por lo que tras pasar unas 3 horas de puros celos por mi parte decidimos hacerlo ni bien se fueron, me desnudó rápidamente y me puse en posición de perrito en el sofá, el respondió rápidamente penetrándome con vigor y frenetismo a la vez que me besaba el cuello. Si increíble físico le daba una fuerza que hacía que cada vez que montaba su verga el me haga sentir en el cielo, si no fuera por el tamaño de la casa tendríamos muchos vecinos quejándose de mis gemidos.

    Lo que más me alegra es que cada vez terminamos solemos abrazamos y recostarnos en algo ya sea la cama, el sofá o el mismo piso en donde procede a decirme lo que siente por mi mientras me abraza con sus fuertes brazos esta sensación de calidez no hace más que crecer y hacerme sentir que no sólo lo deseo por su físico o lo increíble que es haciéndolo.

    Esto es todo, voy a publicar otros encuentros que tuvimos a la vez que informó como avanza lo nuestro, les deseo lo mejor y me despido.