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  • Aventuras en playa del Carmen 2: Jactitafilia y narratofilia

    Aventuras en playa del Carmen 2: Jactitafilia y narratofilia

    —Solo quiero dormir en una cama, el sofá no es cómodo para mí. 

    —¿Y si los demás ven que dormimos juntos?

    —No pasará, me levantaré temprano y esperaré a todos en la sala.

    —Está bien.

    Tuve curiosidad de saber qué se siente dormir con un hombre, pues nunca lo había hecho y por eso accedí. Claro que pensé hasta en la consecuencia más perversa y no me estaba negando a que sucediera, al fin que ya lo habíamos hecho cuando éramos novios y que en ese momento, lo que había entre él y Lizeth parecía haber terminado con esa fuerte discusión.

    Llegamos a la cama, nos acostamos y me volteé del lado contrario para no verlo, pero él comenzó a hablar.

    —Estuvo increíble.

    —Eres un patán —dije a modo de regaño y él calló.

    Cerré mis ojos por escasos minutos, en los que soñé que me satisfacía sexualmente dándome sentones en mi enorme consolador favorito que olvidé en mi casa. De pronto, él me despertó jalando mi brazo.

    —Estás muy ancha —me dijo y me di cuenta de que mi trasero invadía su mitad de la cama.

    —Perdóname —contesté y me acomodé.

    —No movías la cola así cuando cogíamos.

    —¿¡Qué!?

    —Nada, solo es una broma.

    —Más te vale, porque estoy segura de que la movía muy bien.

    —Para ser sinceros… no.

    —¿Por qué dices que no? —pregunté molesta y me volteé para verlo de frente.

    —Porque solo te movías a los lados, no te clavabas mi verga sino que te movías con mi verga ya adentro.

    —Pero me movía en círculos.

    —No, solo te movías de arriba a abajo.

    —¡Ya! —quise parar la discusión—. Calla porque quiero dormir.

    —Hoy aprendí lo que es que una mujer se mueva en realidad.

    —Te encanta discutir.

    —Tal vez, ¿no quieres aprender a moverte?

    —¡No! Ya duérmete —regañé y me volteé de nuevo, dándole la espalda.

    —Está bien —dijo y se quedó callado, mientras que yo, recordando las veces que cogimos, me empecé a mojar y a morderme los labios del antojo por follar.

    Pensé mucho si hacerlo o no, pero al final me decidí: Me bajé mi short, dejándole ver mis nalgas en bikini.

    —No pienses mal —advertí—, tengo mucho calor.

    —Yo no dejé ese culo así, está más voluminoso.

    —¿Con qué clase de prostituta estuviste que aún tienes ganas?

    —Ya sabes que yo soy muy fogoso —dijo, calló por unos instantes y luego volvió a hablar—. Y puedo hacerte todo lo que aprendí con ella.

    —Mira, no te dejé acostarte conmigo para eso, podemos ser escandalosos y los demás nos pueden escuchar.

    —Continúa.

    —¡Ash! Solo relátame qué tal estuvo tu experiencia de esta tarde.

    —¿A detalle?

    —Sí, a ver qué tanto te creo.

    —¡Por favor! —alzó un poco la voz riendo—. Te diré toda la verdad.

    —De acuerdo, te escucho.

    —Se llama Valeria, tiene 24 años, es morenita, un poco más alta que yo, delgadita y muy sexy. Nos vimos en un hotel de la zona hotelera. Entramos a nuestra habitación y lo primero que le hice fue tomarla de la cintura —de pronto, tomó mi cintura.

    —Sin tocarme, solo cuéntame —dije y me soltó.

    —Ok. La tomé de la cintura, nos dimos unos besos intensos de lengua y con mordidas, le agarré las nalgas, ella me empezó a manosear la entrepierna y antes de que me hiciera algo a mí, la acosté en la cama y me hinqué para subirle la falda, hacerle a un lado la tanguita y dedearle su concha.

    Cuando llegó a esa parte de su historia, sentía empaparme mucho ahí abajo. Experimenté lo que se conoce como narratofilia, es decir, excitación al escuchar un relato erótico. Discretamente, deslicé una de mis manos hacia adentro de mi bikini, pero él lo notó.

    —¿Qué? ¿Ya te prendiste?

    —No, solo es comezón en la ingle. Tú sigue.

    —Bueno. Después acerqué mi boca a sus labios vaginales y los besé, los lamí, los dejé bien chupados al igual que su clítoris, aunque me tardé más con ese porque ella me pedía que lo hiciera más cada vez. Se lo dejé muy bien chupadito y lengüeteado. Luego ella me pidió que me acostara y lo hice. Se apuró en bajarme el pantalón. Luego se agachó y me la chupó muy rico, se la metió toda a la boca, tenía garganta profunda… Mmmm… También me lamió los huevos y recorrió mi polla desde mi escroto hasta mi glande.

    —¿Te acabas de sacar la verga? —pregunté curiosamente al notar movimientos extraños en la cama.

    —Sí, ¿la guardo?

    —No. Si gustas, mastúrbate viendo mi trasero.

    —Eso es lo que hago.

    Erick acababa de experimentar un episodio de jactitafilia, que es la excitación por relatar sus experiencias sexuales.

    Mis ganas me llevaron a estirar mi mano hacia atrás para tocarle el pene y frotarlo. Lo tenía muy bien parado y me volteé de frente a él para vérselo.

    —Yo no dejé esa verga así, está más larga.

    —Estuve practicando mucho baby.

    Yo estaba tomando la iniciativa de bajar mi cabeza hacia su polla, pero no sabía si él estaba de acuerdo.

    —¿Puedo? —le pregunté y lo persuadí deslizando mi lengua por mis labios y mordiéndomelos.

    Erick solo me tomó de la cabeza y la llevó hasta su verga para metérmela en la boca, él empezó a moverse de forma que me la metía y sacaba de la boca y yo la saboreaba con los labios y con la lengua, hasta que la introdujo toda y empecé a toser de sentir que me estaba tocando la garganta, lo cual hizo que la sacara.

    —Métela otra vez —le pedí—, sí la aguanto más tiempo.

    Erick lo volvió a hacer y pude aguantar un poco más de tiempo con toda su herramienta hasta el fondo, la sacó toda empapada de mi saliva y diciéndome que lo hice fantástico.

    Tomé mi celular para ver la hora, eran las 2:30 de la madrugada y le hice una propuesta.

    —Hazme lo que le hiciste a esa tipa, pero en cámara rápida y silenciosamente.

    —Bueno, primero nos acostamos y continuamos besándonos —relató mientras me hacía lo que narraba—. Le agarraba las tetas así mientras ella se me subía encima y se hacía a un lado la tanga.

    Me quité el bikini, me senté en sus muslos y me metí toda su verga en la concha sin esperar más tiempo.

    —¡Ah, mmmm! Continúa, Erick.

    —Tssss. Ella se dio sentones duros hasta el cansancio, pero no creo que quieras hacerlos porque ella hacía que sonara como aplausos.

    Tomé la sábana y cubrí sus muslos para comenzar a darle sentones duros sin que sonara el impacto de mis glúteos con sus muslos.

    —¡Ay, papi! ¡Qué rico!

    Erick sujetaba mis pechos con fuerza y eso me excitaba y me provocaba a agacharme para ponérselos en la cara, a lo que él supo mis intenciones y los empezó a mamar delicioso mientras yo seguía azotándome con su polla adentro.

    —Cuando se cansó de darse sentones —continuó—, vino el show en que me apantalló con sus movimientos, así con mi pene ensartado.

    Entonces me enderecé, sostuve mis tetas con mis manos y empecé a moverme en círculos a un ritmo lento, sintiendo muy rico de ver a Erick muy excitado. Sin saber qué era lo que seguía, me di la vuelta sin sacarme su pene, dándole la espalda y comencé a hacer rebotar mis nalgas poco a poco hasta que volvieron a ser sentones duros.

    —¿Seguirás diciendo que no me muevo bien? —le pregunté mirándolo lascivamente.

    —Depende cómo lo hagas en cuatro.

    Inmediatamente me puse a gatas y él se hincó atrás de mí para penetrarme, trayendo consigo la sábana para que no sonaran los impactos.

    —¡Ah! ¡Me excita mucho cogerte y verte el enorme culo que has adquirido, mami!

    —¡Mmmm! ¿Te excita mucho, papi?

    —¡Tssss, sí! —exclamó al mismo tiempo que me dio una nalgada indirecta con la sábana tapándome.

    —¿Qué pasaría si dejas de moverte y empiezo yo? —dije de forma sugestiva y delicada.

    Erick se detuvo y yo comencé a azotarme solita contra sus muslos, con su pene adentro, sintiendo que vibraba, por lo que mis movimientos se hicieron más rápidos y añadí movimientos en círculos.

    Fue así como Erick me sacó su verga y avisó que se iba a venir. Me acosté boca arriba, poniendo mi cara bajo su verga y mis pies hacia la cabecera de la cama y esperé hasta que me echó sus chamacos en la boca y me salpicaron en las mejillas, en el cuello y en los pechos. Cuando terminé de pasarme su semen, me vestí para dormir de nuevo, sin evitar quitarme la curiosidad.

    —¿Eso fue todo lo que hiciste con la escort?

    —Cállate. Hice más, pero te moviste muy rico y me corrí muy rápido.

    —¿Ella no se movió rico? —comencé a reírme, tapando mi boca con la sábana—. ¿No que ya habías aprendido lo que es que una mujer se mueva bien?

    —No se vale. ¿Con quién estuviste practicando?

    —¿Después de ti? Solo con mi dildo de doce pulgadas.

    —Pensé que te metiste con alguien más.

    —No soy tú, que dos semanas después de terminar con una te consigues otra novia.

    —Ni me digas. Lizeth no coge nada bien.

    —¿Ves para qué me terminaste?

    —Pero podemos volver, si quieres.

    —No, gracias. Así estoy bien.

    —Al menos podemos frecuentar para coger, ¿qué dices?

    Me quedé callada, pero me pareció una propuesta magnífica y le di un indirecto sí, haciendo mofa de lo poco que duró conmigo.

    Erick cayó en profundo sueño y posteriormente le seguí yo, pero no me duró mucho el gusto, pues en tan solo cinco horas ya había que despertar. Como Erick me lo anticipó, amanecí sin él a mi lado en la cama.

    —¡Vamos, Nicole! —vino Valentín a mi recámara a levantarme—. Eres la única que falta de bañarse.

    Preparé mis cosas para bañarme, pero tuve que esperar afuera de la regadera un momento en lo que una pareja se estaba bañando, pero no solo eso, sino que se escuchaban los gemidos de la chica, lo cual indicaba que estaban garchando y la voz no era ni más ni menos que de mi mejor amiga Naydelin.

    Minutos después salieron de la regadera Naydelin y su novio Gilberto. Ella me vio sonriendo desvergonzada.

    —¡Perdona la demora! Apúrate en bañarte —me dijo muy contenta.

    —Ustedes no desaprovechan ninguna ocasión, como ayer en el cuarto de Valentín, ¿verdad? —insinué.

    —¿De qué hablas? —me preguntó ella sacada de onda, pero no permaneció para seguir platicando, pues Gilberto la haló del brazo y se fueron.

    Luego de bañarme, me arreglé y salí hacia la sala con la cámara encendida y filmando a todos, excepto Katherin, quien seguía en su habitación y no iba a salir con nosotros, pues argumentaba que su regla se había puesto muy intensa.

    Capturé los momentos más importantes desde que salimos. Fuimos a desayunar a un restaurante, fuimos a la playa y ahí estuvimos jugando voleibol, jugando frisbee, metiéndonos al mar, en fin, divirtiéndonos.

    Apenas eran las dos de la tarde cuando me salí del mar y me senté en la arena. De pronto, un joven guapo, morenazo, alto, delgado y nalgón se me acercó y quiso entablar conversación conmigo. Yo solo sonreía y le respondía sus preguntas, tales como mi nombre, si me la estaba pasando bien y si venía acompañada.

    También yo le empecé a devolver preguntas y nos reíamos de mis amigos que se revolcaban con las pequeñas olas que llegaban a la orilla del mar mientras yo los filmaba en la distancia. A su vez, mis amigas volteaban a vernos y me hacían burla, haciéndome señas obscenas como queriendo decir que ya encontré con quién coger. Tiago, como se llamaba el muchacho, solo me veía con una sonrisa y yo me veía atraída por él.

    De pronto, se escuchó un grito y una multitud se concentró alrededor de mis amigos. Me levanté y tras de mí Tiago me siguió hasta el punto de reunión. Sergio se había torcido el tobillo y se le hinchó. Bajé la cámara para no grabar la espantosa imagen. Después, mi primo Valentín y Raúl cargaron en sus hombros a Sergio y lo llevaron hasta la camioneta para canalizarlo con un médico.

    —Yo los acompaño —me dispuse.

    —Pero ¿quién va a seguir grabando a los demás?

    —No se preocupen, yo seguiré grabando —llegó la novia de Valentín, Michelle, y me pidió la cámara.

    Fue así como buscamos un médico y Sergio fue atendido. Lo llevamos a la casa, entramos y no pudimos creer lo que vimos inmediatamente.

    —¡Katherin! —gritó Sergio al ver a su novia desnuda en la piscina con otro hombre.

  • La rusa que me hizo una rusa y también la hacía de Cupido

    La rusa que me hizo una rusa y también la hacía de Cupido

    Después de más de una década de tener el mismo médico de cabecera, la clínica a la cual atiendo por lo menos una vez al año me hace saber que se me ha asignado un nuevo médico. Nunca leí en su totalidad la nota y para mi sorpresa, el médico que se me ha asignado es una bella mujer que de primera vista le calculé unos 32 años. Rubia, unos ojos azules, labios gruesos y nariz fina… podría decir que de un rostro y cuerpo extremadamente atractivo. Esta bella mujer bien podría haber sido modelo de pasarela.

    Fui a esa inspección de rutina que conllevo a cada año y por primera vez y quizá porque el médico es del sexo opuesto, esta se hace acompañar de una enfermera, pues parte de la inspección médica es tocar los genitales mientras un tose. En esta ocasión y creo que porque la que me tocaba mis partes privadas era una bella mujer y aunque tuviese guantes me provocó una potente erección que no pude evitar y con un poco de pena le tuve que decir:

    -¡Disculpe! No lo puedo evitar… así reacciono al contacto.

    -¡No se preocupe! Se mira que tiene una buena presión sanguínea y que por lo menos de impotencia no sufre. -Me dijo con un tono serio.

    Sentí que se tomó más tiempo haciendo esta inspección que el otro médico que tenía, pues se tomó más tiempo inspeccionando por alguna razón mi glande y quizá esto me envió el mensaje equivocado e intenté coquetear con esta linda mujer que ahora era mi médico de cabecera. Infortunadamente no la vería hasta un año después para mi inspección anual, la cual sería para mis 50 años de vida.

    Iba con algo de ansiedad, me pidió que me desvistiera y me pusiera la bata de paciente. Al igual que un año atrás estaba acompañada de una enfermera, no menos de guapa que mi médico y pude ver esa reacción de esta otra mujer cuando me vio el falo erecto cuando mi médico me tocaba los genitales. Esta vez mi médico me hacía saber que a mis 50 años tendría que conllevar esa inspección al recto y me hacía saber el proceso. Untó uno de sus dedos de un lubricante y me invadió el recto el cual sentí como lo movía revés y derecho adentro de mi culo. Luego lo sacó y ella misma me limpió con una toalla el trasero diciendo:

    -Todo parece normal. -Me dijo.

    Sabía que el contacto con ella era mínimo y cuando la enfermera salió no perdí el tiempo y no dude en invitarla a almorzar o a cenar. Me dio las gracias, pero con un gesto bien civilizado me rechazo la invitación una y otra vez, pues los siguientes años la volvía a invitar y ya para este tiempo sabía que estaba recién casada. Quizá me atreví a cortejarla pues había sentido que se tomaba mucho más tiempo en esa inspección a mis genitales o quizá era una percepción equívoca de mi parte y lo mismo sentía de la enfermera, que desde la segunda vez que me atendió mi nuevo médico, ella fue la misma acompañándola.

    Debido a esta pandemia el año pasado ya no fui a mi inspección anual con mi médico y de hecho la clínica estaba cerrada. Un día cuando comenzó el cierre y muchas cosas dejaron de faltar en los estantes de las tiendas, no recuerdo que es lo que buscaba en la misma, cuando escucho la voz de esta chica que por llevar esa típica máscara de la cual nos vemos obligados a usar, no la reconocía. Era la enfermera que asistía a mi médico de cabecera: ¿Es usted el Sr. Zena… verdad?

    Su nombre es Micaela y es rusa. Como les dije, la enfermera no era menos atractiva que mi médico, pero al contraste esta chica es de cabello y ojos oscuros. Rostro fino y de piel blanca y unos centímetros más alta que mi médico. Cuando me llamó por mi nombre supe que en algo le había interesado, pues a pesar de que por los últimos cuatro años la había visto una vez al año, yo no me recordaba de su nombre. Hablamos de la situación y que los estantes estaban casi vacíos y a ella le urgía encontrar agua embotellada y papel higiénico. Es como la invito a pasar al restaurante de mi hermana y donde sé que tenemos estas dos cosas que Micaela necesita de urgencia. Ella después de una breve plática me invita a desayunar a su casa y pienso que lo hace como un gesto de agradecimiento por lo que le he obsequiado sin tomarle un centavo. Es como me doy cuenta de que es madre soltera y comparte un apartamento con una tía de ya muy avanzada edad. Fue en ese desayuno que la plática salió en forma de broma, aunque creo que esa era la avenida que Micaela buscaba donde ella me recordaba mi reacción cuando mi médico me hacía saber lo de la inspección al recto. Y Micaela me daba la razón y que mi percepción no estaba tan equivocada.

    -Creo que la doctora se sentía insegura contigo… pues con otros pacientes del género opuesto nunca me pidió asistencia.

    -¡Insegura! No lo creo… estas personas están entrenadas para todo esto.

    -Bueno… sí tenemos ese entrenamiento, pero tampoco somos de piedra; también sentimos… nos emocionamos como cualquier otra persona.

    -¿A poco te ha excitado algún paciente?

    -Para ser honesta… claro que sí. ¡Usted por ejemplo!

    Supe desde el principio que esto era lo que Micaela buscaba, entablar una plática que nos pusiera en esta perspectiva, podía intuirlo desde que sacó esa plática. Yo para conocerla y ver hasta donde estaba dispuesta la confronté con la ética médica y le pregunté:

    -¿A poco tú te involucraras con un paciente?

    -¡No lo creo!

    -Entonces, aunque yo quisiera algo contigo, tú no aceptarías por tu ética profesional.

    -Si usted siguiese siendo mi paciente, pues obviamente le diría que no, pero usted ya no es mi paciente… ya no trabajo para esa clínica.

    -¿Entonces tengo una oportunidad? -le dije.

    -¡Muchas! – me contestó.

    Ese día que desayunábamos en su apartamento Micaela llevaba un vestido suelto por sobre la rodilla de una tela delgada que de vez en cuando se le ceñía ese relieve de su prenda interior y se le notaba hasta el hilo dental que se le hundía en sus preciosas nalgas. Su vestido le llegaba al tronco de un precioso cuello donde le podía notar un lunar negro que se le miraba atractivo. Sus pechos deben ser de una medida doble D y quizá por su altura y cintura delgada, sus pechos y trasero se miran descomunalmente atractivos. Quizá la bata de enfermera ocultaba todos esos atributos, pero este día sentía que Micaela me los estaba modelando. Recuerdo que me paré mientras ella salía por más café y la esperé con esas intenciones de besarla. Ella lo intuyó y quedó frente de mí y nos comenzamos a besar. Le pregunté por su tía y me dijo que se había ido con su hermana y su pequeña hija de cuatro años, un día antes su padre se la había llevado. Todo parecía que Micaela lo había planeado y ella en forma de broma mientras nos besábamos me decía: -Usted puede hacer conmigo todo lo que quiera y nadie está aquí para defenderme. – Sentí que me decía: -Usted me puede follar y aquí nadie nos va a interrumpir.

    Nos fuimos enredados en besos hasta llegar a su cama. Era una habitación pequeña con baño incluido y se miraba muy oscura pues alrededor hay un bosque muy denso. Recuerdo le bajé el cierre a su vestido y cayó a sus pies. Liberé esos preciosos melones de su sostén y eran de hechura redonda, de areola oscura y pezones grandes y puntiagudos. Comencé a mamarlos mientras con mis manos tomaba su trasero aun con su tanga de color verde olivo. Alternaba sus pechos mientras Micaela solo gemía del placer. Con los minutos me decía que le gustaba que le mamara los pezones de una manera agresiva… que le gustaba sentir dolor en sus pezones. Prácticamente se los mordía y aquella hermosa mujer solo cerraba los ojos y se dejaba llevar por el placer. Sin quitarle su tanga, bajé a su monte venus, el cual solo tenía un pequeño arbusto por sobre donde comienza su lubricada rajadura. De labios superiores más gruesos y un clítoris muy pronunciado. Descubrí que también le gustaba que le mordiera el clítoris, pues Micaela es de esas chicas que asocian el dolor con el placer. Hice a un lado su tanga y comencé a chuparle la conchita de una forma violenta, así como Micaela me decía que le gustaba.

    Ahí tenía a mi exenfermera, con las piernas abiertas, los ojos cerrados, frunciendo los labios y gimiendo escandalosamente del placer. Le chupaba el clítoris mientras con mis dedos le halaba los pezones y se los apretaba. Eso le encantaba a Micaela, pues ella misma comenzó a decirme. – Si, así… que rica mamada me estás dando Tony, Dios mío me vas hacer acabar así. -Sus jugos vaginales escurrían por esa rajadura, se podía notar su abundancia y comenzó con esos movimientos pélvicos que la conducirían a tocar el cielo por primera vez en ese primer encuentro. Se oía ese chasquido de ese friccionar de su concha contra mi boca y de repente me lo anunció: -Ya, ya… me vengo, por Dios, me estás haciendo acabar. -Y esta mujer gemía del placer mientras le atrapaba fuertemente con mis labios el clítoris. No fue con ese efecto de “Squirt”, pero sus jugos eran abundantes que se vio obligada a cambiar el cubrecama.

    Estaba en éxtasis, y recuperaba la normalidad cuando se levantó de la cama y fue al baño a tomar una ducha. Yo también me aseé mientras ella lo hacía, pues mi rostro estaba empapado de sus jugos vaginales. Fue allí de que ella me invitó a bañarme con ella y comenzó a enjabonarme todo el cuerpo hasta llegar a mi verga y esto fue lo que me dijo:

    -Siempre imaginé que algún día tendría para mí esta preciosa verga. Como envidiaba a esa doctora que miraba cómo te la tomaba cuando te hacía esa inspección a cada año.

    -¿De veras deseabas tomarla así?

    -No solo tomarla, quería mamarla y sentirla en todos los orificios de mi cuerpo.

    -¿En todos?

    -Si cariño… quiero que me la metas en todos los lugares posibles… quiero sentir ese enorme pedazo de carne adentro de mí.

    Me hablaba de esa manera mientras me la pajeaba y luego se acomodó en una especie de asiento en la bañera y comenzó con una rica felación que de movimientos delicados paso a ser más violenta y agresiva donde esta bella mujer intentaba tragarse todo lo que podía de mi verga y creo que lo logró dos o tres veces, mientras con esos sonidos de la sofocación sentía que llegaba adentro de su esófago. Sus ojos se pusieron rojizos, que parecían que lloraban, pero ella insistía en tragarse toda mi verga. Pasó con esa felación por unos diez o quince minutos y luego ella me dijo: Quiero que te vengas entre mis pechos… esta rusa te va hacer acabar haciéndote la rusa.

    Me acomodé y prácticamente medio me hincaba y le puse mi verga entre sus tetas y ella se tomaba sus tetas aplicando presión a mi verga mientras intentaba besar mi glande cuando este aparecía en la parte superior de sus dos grandes melones. Ella estimulaba mi oído y mientras me hacía la rusa, ella me decía cosas como; quiero sentir esta hermosa verga en mi conchita, quiero que me rompas el culo con este enorme pedazo de carne que tienes… siempre lo quise tener así, siempre me lo quise coger así. – Con aquellas palabras de Micaela me hizo correr entre sus tetas y le llené todo el pecho con mi esperma. Ella lo tomó con uno de sus dedos y me dijo: ¡Sabe rico… tomas mucho jugo de cítricos…sabe dulce!

    Ya en la cama, ya relajados los dos empezamos una plática que sé que las mujeres al igual que los hombres siempre compartimos esas fantasías con nuestros amigos o amigas. Ese era el caso entre Micaela mi exenfermera y me médico de cabecera. Ella empezó la plática con la pregunta:

    -¿Te cogerías a la doctora si tuvieras la oportunidad?

    -¿Por qué la pregunta?

    -Sé que te gusta… ella es una mujer muy hermosa que bien pudiera ser modelo. Yo sé que tú le gustabas.

    -Si, es una mujer muy bella, pero también casada y además es mi médico.

    -¿Pero sí te la cogieses si se te daba la oportunidad?

    -Siendo honesto… si, me la cogería.

    -Quizá si insistieras un poco más se te daría. Sé que tú le atraes y te voy a decir el por qué: Ese año que comencé a trabajar en la clínica y que por primera vez te conocí, ella me llamó diciéndome que este paciente me pone nervioso, necesito que vengas a asistirme. Te vi y me pareciste un hombre muy atractivo, aun vistiendo esa bata, pero igual me puse de nerviosa cuando vi que te tomó ese trozo de carne y te inspeccionaba tus pelotas. Creo que ni ella ni yo habíamos visto una enorme verga así de erecta. Creo que eras una enorme tentación para ella. La segunda vez que te hizo la inspección en el recto, sentí que la doctora se tomó más el tiempo en esa inspección genital… y pensé que lo hacía por mí, pues previo a que tú llegaras a tu cita ella me lo había advertido: -Hoy vendrá ese paciente guapo que a ti te gusta. -me dijo.

    -Es una forma de juego entre compañeras de trabajo. -le dije.

    -Quizá sí, pero era una forma de liberarnos de la tensión o tentación que nos hacías vivir.

    -¿Por qué lo dices con esa seguridad? ¿Ella te lo dijo?

    -Esa tarde después de tu consulta, me tocó almorzar junto con ella. Ella en forma de broma me preguntó: ¿Qué harías con un pedazo de carne como el que tiene el Sr. Zena? -Que es lo que no le haría. -le contesté. Ella agregó diciendo de qué suerte de la mujer que gozaba de tan hermosa verga y que te visualizaba por tus condiciones de salud, con un vigor incansable en la cama. En ese momento le pregunté: ¿Usted se lo follaría? – Y ella me contestó: Dicen que nunca hay que decir Nunca… Y es que ese hombre es muy atractivo y luego saber del armamento que tiene disponible, sería fácil para cualquiera caer en tentación… creo que es fácil decir no en la distancia, pero si te provoca siento que será difícil negarse a cogerse esa enorme verga.

    Micaela me contaba todo esto mientras me masajeaba la verga y esta ya estaba disponible para un segundo round. Me la volvió a mamar, pero en esta ocasión de una manera delicada… quizá para lubricarla y comenzar el coito vaginal. Me pidió que ella me montase y comenzó con un movimiento de caderas delicioso donde sus tetas se balanceaban al ritmo. Se las tomé con mis dos manos y se las unía para mamarle los dos pezones a la misma vez. Luego alternaba con chuparle una teta y luego la otra y eso le fascinaba tanto a esta mujer que solo cerraba los ojos, fruncía los labios y gemía escandalosamente. Por un momento dejé de mamarle los hermosos melones y me dediqué a amasarle las nalgas y se las abría hasta encontrar el ojete de esta linda chica. Le eché saliva a mi dedo y comencé a invadirle el culo con mis dedos mientras mi verga le taladraba su rica y lubricada concha. Se volvía a escuchar ese chasquido del friccionar de su vulva y el entrar y sacar de mi verga. Sintió entrar mi dedo a su culo y solo me dijo: Así mi amor… qué rico sentir que me estas abriendo el culo también… quiero que me rompas mi culito con esa enorme verga también. -me decía.

    Pasó montándome por unos siete minutos y me gustaba cómo restregaba esa conchita contra mi pelvis. Estaba tan mojada esa área pues esta chica sí que emana jugo vaginal que parece que se ha orinado. Ella me pide que cambiemos de posición y me pide que la ponga en cuatro. Ella ahora recibe mis embates más potentes mientras dos dedos están insertados en su rico culo. Lo mueve rico y gime con más fuerza. Me pide que le pegue palmadas en sus nalgas y cada vez me pide que la nalguee más fuerte al punto que su trasero se ha vuelto rojizo. La tomo del pelo y se lo halo como si se tratara de las riendas de un caballo para controlarlo. Le tomo de los brazos hacia atrás y comienzo con una bestial embestida cuya inercia permite balancear el peso del torso de esta linda mujer y a la vez me permite penetrarla a más profundidad y comenzó con un jadeo que llevaba el ritmo del rechinar de la cama y en concordancia del chasquido de su vagina lubricada con ese entrar y salir de mi verga con una alta revolución que la hice acabar al son de un par de minutos. Sus gemidos endulzaron mis ansias y después de un minuto de su corrida, le exploto nuevamente mis huevos en su conchita húmeda de tanta excitación. Ella se fue de bruces y yo por sobre de ella siguiendo con esa necesidad de penetrarla hasta que mis huevos escurrieron lo que mantenía aquella erección. Ella solo me dijo:

    -Tenía razón tu doctora… tienes un enorme vigor para coger. ¡Qué rica corrida me sacaste! Me dejaste viendo hasta estrellitas.

    Esa embestida que le di me había dejado agotado, pero quería cogerme ese culo. Ella me limpió la verga con una rica mamada y mi verga comenzó a tomar volumen de nuevo. Le pedí que me quería coger su culo y ella me propuso nuevamente que ella me montaría, pero en esta ocasión ella lo hizo a la inversa. Se subió por sobre mi y me dejó a la vista ese hermoso culo que tiene esta mujer. Ya se lo había dilatado momentos atrás, así que ella tomó mi glande ahora lubricado por su saliva y comenzó con la penetración. Dio un pujido de dolor y solo me dijo de esta forma: Tienes una enorme verga, pero que rica se siente tenerla en el trasero.

    Al principio sentí que era una tortura para Micaela, pero luego ella me lo recordaba, que el dolor para ella es parte de un profundo y complejo placer. Ella comenzó con los sentones y de vez en cuando se sacaba toda mi verga y me dejaba ver ese culo bien abierto. Sacudía su trasero de una forma muy sensual que todavía tengo en mente ese movimiento sensual de esta hermosa mujer y con los minutos quedaba paralizada y quedaba sentada con los 23 centímetros de mi verga adentro de su culo. Sentía como lo contraía y literalmente sus nalgas temblaban sin control y su ojete me apretaba el tronco de mi verga como si se tratara de un tic nervioso y fue cuando me lo dijo: ¡Qué rico Tony! Me has hecho acabar por el culo… que delicioso está esto. – Sus gemidos eran tan melosos y provocativos que sin mucho movimiento y sintiendo ese temblar interno masajeando mi verga, me hizo acabar de nuevo. Mientras nos bañábamos me decía que era su segunda corrida anal… que nunca pensó sentir una corrida así de nuevo, pues según me decía, era como una especie de multi orgasmos, cortos pero potentes. Esa mañana cogimos una vez más donde le volví a sacar un orgasmo en posición de misionero, pues a esta mujer es fácil sacarle un orgasmo sí se le maman las tetas a la vez cuando es penetrada.

    Esta sesión la hemos repetido una media docena de veces, pero por alguna razón ella insiste en traer esa plática de mi médico de cabecera. Le pregunté por su insistencia, pues me parecía raro. Me dijo que le excitaba la idea de saber que la bella médico cayera en la tentación en la que ella ya había claudicado, que se sentiría conforme saber que no solo ella era la débil, sino que también le pudiera suceder a una mujer culta y recatada como aparentaba ser la doctora. Me dijo que sabía que tenía problemas con su esposo, pues ella seguía teniendo contacto con ella y fue cuando ella le dijo que por casualidad me había encontrado y que yo le había preguntado por ella. Dice que le dijo que yo le había pedido su número de teléfono, pero que no me lo daría si es que ella no lo autorizaba. Hace unos días mi ex o médico de cabecera le autorizó a Micaela darme su número de celular y hasta me especificó el día y la hora a que le llamara. No sé si se me va a dar, pero por el momento en eso estoy trabajando y ver que es lo que puede suceder. Deséenme suerte y les contare el relato.

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  • Sexo, fresas y champaña… una velada con Julián

    Sexo, fresas y champaña… una velada con Julián

    La semana había sido larga, demasiados exámenes, pero por fin era viernes y tenía ante mí un fin de semana entero para relajarme, esa tarde llegué a mi casa a eso de las ocho de la tarde, me desnudé y antes de bañarme, durante el tiempo que se llenaba la bañera con agua caliente y sales aromáticas, bebía una copa de vino blanco que me había servido mientras ojeaba el periódico sentada en el sofá, mi tanga y una camiseta rota de estar por casa era todo lo que cubría mi cuerpo.

    Según daba pequeños sorbos y después de haberme leído los titulares de la prensa sin que hubiera nada que me llamara la atención, dejaba el periódico encima del sofá y empecé a pensar en Julián, miraba a través de la ventana y observaba como una pequeña brisa sacudía las hojas de los árboles en una tarde de finales de mayo que llegaba a su fin, llevaba casi dos semanas sin saber de ti, desde aquel día en la universidad que después de dejarme en casa e invitarte a subir me quedé con las ganas, puesto que no podías quedarte esa noche a pesar de plantearte una deliciosa velada con fresas y champán.

    El agua estaba como a mí me gustaba, una capa de espuma cubría la bañera y era hora de relajarme, me quité el pequeño tanga y la camiseta e introduje una pierna en la bañera, luego la otra sentándome con cuidado cubriendo mi cuerpo con el agua y la espuma, metí la cabeza por completo mojándome el pelo y me quedé con los ojos cerrados pensando en Julián, ¿dónde estaba?, ¿qué estaría haciendo?, la verdad que yo tampoco había contribuido a que nos viéramos esa semana, estaba sumida en mis recuerdos cuando algo me despertó, era el timbre de la puerta que sonaba con insistencia, me puse el albornoz y con el pelo mojado fui a ver quien llamaba, miré por la mirilla y abrí la puerta, el corazón se me había acelerado.

    Espero con tranquilidad frente a la puerta, emocionado por verte de nuevo después de todo lo que había pasado entre nosotros, había pasado aquellas dos semanas pensando en ti y odiaba no poder verte, pero bueno eran cosas del trabajo, de la escuela y ya era hora de compensarte. Vuelvo a cambiar de mano las rosas que tengo para volver a tocar tu puerta, sé que estás en casa pues vi tu luz encendida y me pregunto si no había sido un mal momento de llegar sin avisarte, quizá sí.

    Abres la puerta y me quedo de piedra, puedo notar que acabas de bañarte, tu pelo mojado se pega ligeramente en tu cara y tus piernas están desnudas frente a mí… sí, había escogido un buen momento para venir a verte y aún hipnotizado por lo que veo, logro esbozar una sonrisa.

    –Hola, Lara, disculpa que haya llegado sin avisar… es solo que… bueno, quería verte.

    Estabas tan guapo allí con aquellas rosas en la mano que se me olvidó decirte que pasaras, estaba nerviosa, inquieta, excitable, era quizás el mejor regalo que me podían haber hecho aquella semana, después de tontear y balbucear durante un momento te invité a pasar dándote un beso en los labios, cogiéndote las rosas, oliéndolas mientras te miro enamorada y te doy las gracias por ellas, nos sentamos en el sofá y empezamos hablar, de cómo nos había ido durante aquellas dos semanas, habíamos tenido ya tres encuentros sexuales y sin embargo aún me sentía nerviosa en tu presencia.

    Te saqué una cerveza y te la llevé al salón donde estabas sentado en el sillón frente a mí, los dos hablábamos y sinceramente estaba tan a gusto que me olvidé por completo de que acababa de salir de la bañera, me había sentado de rodillas en el sofá como si tal cosa olvidándome que estaba completamente desnuda, el albornoz se abría por arriba enseñándote mis pechos y un muslo salía del abrigo de la suave tela que lo tapaba, tenía mi pelo mojado como si tuviera una coleta cayendo sobre mi lado izquierdo tapándome un seno y te veía mirarme con aquellos ojos que me fascinaban y enamoraban.

    Me siento tan a gusto contigo que coloco una mano sobre tu muslo desnudo y lo acarició con delicadeza y cariño, continuamos hablando y me acerco lentamente hacía a ti, cuando nuestros cuerpos están lo suficientemente cerca puedo oler el aroma floral de tu cabello, te lo comento y te ríes nerviosa. Me encanta oír tu voz y tu risa, tomo la cerveza y la dejo en el suelo acercándome un poco más a ti y te beso lento, tomo tu cerveza y también la dejo en el suelo, luego con mi cuerpo te empujo en el sillón para quedar sobre ti.

    Puedo sentir tu pierna acariciar la mía, el albornoz se ha abierto más y sin pensarlo, comienzo a recorrer tu cuerpo con mi mano hasta que tomo tu pecho para apretarlo ligeramente mientras continúo besándote, me detengo un momento y me separo de ti, mi curiosidad es demasiado y te pregunto a qué te referías el otro día, habías mencionado champaña y fresas.

    Me encanta que me acaricies, me encanta el sabor de tus labios sobre los míos, me rio cuando me preguntas extrañado por las fresas y la champaña, esa curiosidad, el querer saber todo, tenerlo todo controlado es una de las cosas que más me gustan de ti, mi cuerpo ya ha empezado a experimentar cambios en mi interior, siento la humedad entre mis piernas y mis pezones tremendamente sensibles, no has hecho más que mencionar las fresas y mi excitación ha ido a más.

    Sin decirte nada, me levanto y me voy a la cocina, abro la nevera y cojo un cuenco lleno fresas y una botella de champaña, sé que me miras, sé que la curiosidad te mata, pero tendrás que esperar, me acerco a la chimenea de adorno y la enciendo, la sensación es como si fuera de verdad, estoy encima de una alfombra blanca con el pelo muy suave, flexiono mis rodillas y dejo el cuenco de las fresas y la botella en el suelo, me incorporo nuevamente y mirándote fijamente tiro de la lazada de mi albornoz abriéndose por completo, dejándote ver mi cuerpo desnudo, me lo quito con cuidado cayendo al suelo y sin parar de mirarte me tumbo en la alfombra boca arriba, solo miradas, ni una palabra entre los dos, me enfrento a ti con mi cuerpo desnudo, desafiando hasta que cierro los ojos y espero.

    Te miro desnuda y siento como mi erección crece dentro de mi pantalón, la aprieto ligeramente y luego camino hacia ti y arrodillándome tomo una fresa.

    —Vaya, esto es… una grata sorpresa.

    Con la punta de la fresa comienzo a recorrer tu cuerpo, empezando por tus piernas, dejando que el frío de la fruta te cause escalofríos, la subo poco a poco mirándote a los ojos y deleitándome con tus expresiones, llevo la fresa a tu vientre y subo, recorro el borde de tus pechos con ella y luego juego con tus pezones, la fresa los mueve como batallando con ellos y me acerco para lamerlos ligeramente antes de continuar subiendo la fresa hacia tu boca, dejo que la muerdas un poco y recorro tus labios para hacer que el jugo se quede en tu piel, te beso y dejo que mi lengua juegue con la tuya, luego me como la fresa con una sonrisa que ves.

    —Rico

    Estoy temblando, miles de voltios atraviesan mi cuerpo cuando recorres con la fresa mi cuerpo, es excitante ver en la oscuridad como tu pene está completamente empalmado, como mi vagina se ha mojado tanto con tan solo el paseo de una fresa, que mis pezones estén tan sensibles que solo piden ser consolados con tu boca, mis labios con sabor a fresa, con sabor a ti, con tu lengua jugando al juego de la pasión con la mía, estoy viviendo una fantasía, una de mis fantasías sexuales y la estoy viviendo contigo.

    Quiero más, mucho más, mi cuerpo inquieto y tembloroso me lo exige, sé que estás junto a mí de rodillas y mi mano acaricia tu pene apretándolo por encima del pantalón, siento tu respiración, siento que muero de tenerte junto a mí, mi mano ha conseguido atravesar las barreras de la tela y ahora, siento la piel suave de tu pene en mi mano haciendo que suba y que baje, siento como con otra fresa estás nuevamente recorriendo mi cuerpo, pero esta vez has empezado por mi boca, has pasado por mis senos y mis pezones y continuas hacia abajo.

    Te beso mientras continuó bajando la fresa por tu cuerpo, puedo sentir como tu mano comienza a jugar con mi pene y apago mi gemido con otro beso, ahora llevo la punta de la fresa a tu rajita y comienzo a jugar con ella, la fruta roza tus labios y puedo sentir tus gemidos en mi garganta. Intento meter un poco la fresa, puedo sentir como te resistes, la aprieto un poco más, no tanto para no aplastarla, lo suficiente para mojarse de ti, la llevo de nuevo a tu boca y te pido que saques la lengua para que saborees la fresa cubierta en tus fluidos.

    Tu mano continúa jugando con mi verga mientras vuelvo a meter la fresa en tu boca y te beso. Entre los dos intentamos comerla, pero la fruta se cae en tu pecho y puedo ver el pequeño rastro rojo, casi rosado de la fruta mientras recorre tu piel, bajo la cabeza y lamo el dulce en tu piel, bajando a tus pechos, lamiéndolos y tomándolos entre mis manos, puedo sentir tu mano aumentar la velocidad, entonces me detengo.

    —Creo que esto merece un brindis. —Digo y tomo la botella de champaña que rápidamente la abro y la descorcho procurando que el corcho no salga volando a algo que se pueda romper, luego alzo la botella.

    —Por nosotros Lara. —Te digo e inclino la botella sobre tus pechos, solo un poco, tu cuerpo reacciona al frío y sonrío, vierto un poco más y comienzo a chupar de tus pechos, el sabor de la champaña con la fresa y tu piel saben más que delicioso y vierto un poco más para beber de la champaña, me detengo para lamer tu piel, para saborearte por completo, te doy otra fresa en la mano y te digo que quiero verte jugar con ella.

    Aun con la botella en la mano, bajo hasta tus piernas y las abro para dejar caer el líquido en tu monte de Venus mientras mi otra mano comienza a acariciar tu vagina, humedeciendo por completo tu vulva, junto mi boca a tu vagina y comienzo a lamerla, la champaña aumenta la delicia de probarte, así que vierto un poco más y comienzo a comerte el coño, completamente hambriento de ti.

    No puedo parar de gemir, siento como tu lengua recorre mi cuerpo dándome el placer que tanto deseaba, como un líquido frío recorre mis labios inferiores metiéndose en mi vagina y como poco a poco tú lo vas bebiendo, provocándome escalofríos en todo el cuerpo, tengo la fresa que me has dado en la mano y la paso suavemente por mis pechos, lamiéndola como si fuera tu polla con mi boca, sé que me estás mirando, todavía no he querido abrir los ojos, quiero sentirte solo con mis otros sentidos, el oído, el olfato, el tacto de tus dedos sobre mi cuerpo, de tu lengua recorriendo mi figura, te deseo, deseo tanto que me beses, que me hagas el amor que intento llegar a tu pene para agradecerte lo que estás haciendo por mí, pero no puedo, no llego.

    Sé que te has dado cuenta, lo dejas todo por un momento y oigo como te desnudas, te tumbas encima de mí justamente al revés, mi vagina en tu boca y tu pene en la mía que por fin después de que la fresa caiga a la alfombra consigo lamer tu glande, consigo tener tu enorme pene dentro de mí, subiendo y bajando en mi boca, oigo nuestros gemidos, huelo el olor a sexo, a fresas y champaña, siento tu lengua atravesar mi vagina junto a tus dedos y me vuelvo loca succionando tu glande, permitiendo que tu pene entre muy dentro de mi garganta provocándote esos gemidos que me encantan.

    Siento como tu boca abraza mi pene, como me comes la polla de una forma tan hambrienta como yo lo estoy haciendo con tu coño, tu clítoris se ve tan increíble que sale queriendo un poco de la diversión, lo succiono y lo lamo, mi pene está en tu garganta apagando esos gritos de placer que sale de ti, continuo trabajando en tus labios sin dejar de darle atenciones a tu clítoris, puedo sentir como aprietas mi pene con tus labios y como tu lengua recorre mi falo.

    Dios, que rico la comes, no puedo más y me corro, puedo sentir como te la tragas toda, cuando termino me hago a un lado sin despegar mi boca de tu rajita, junto mis labios y gruño para hacerlos vibrar, mi dedo índice ataca tu clítoris y sueltas un grito debido a tu orgasmo, un grito tan alto que seguramente los vecinos habrán oído, me voy levantando poco a poco, recorriendo tu cuerpo con besos, recreándome un poco con tus pechos y luego en tu boca.

    —Quiero más de ti —Te susurro al oído mientras acaricio tu entrada con mis dedos de forma tranquila y lenta.

    Un orgasmo atraviesa mi cuerpo cuando termino de lamer tu pene, de saborear todo el semen que ha salido disparado dentro de mi boca, me encanta oírte gemir, ver como tu cuerpo se paraliza cuando te corres, los dos hemos terminado, pero no pienso en eso, “te deseo Julián”, “te deseo”, son las únicas palabras que consigo decir cuando me vas besando, cuando tus labios se escapan a tu control en mis pezones y cuando te oigo decir “quiero más de ti”, una sonrisa se me escapa a la vez que unas lágrimas, te siento encima de mí con tu pene en mi estómago, tu torso aplasta mis pechos que sienten que se funden con tu cuerpo, yo también quiero más de ti, quiero que me hagas el amor lentamente, que me mires a la cara mientras me penetras sintiendo tu pene entrar en mi vagina hasta hacerme temblar.

    Te abro mis piernas para que te quedes en medio, siento como tu pene se va recuperando y noto como una mano tuya lo acompaña a mi entrada, te siento cerca, te noto entrar suavemente y es la primera vez que abro los ojos para mirarte, veo mi cara reflejada en la tuya cuando tu glande como punta de lanza me empieza a atravesar la vagina, siento como tu polla sigue creciendo dentro de mí, ya dentro de nada podrás sacarla y meterla con ese ritmo que me encanta, ese ritmo que me permite saborear cada centímetro de tu pene, esos empujones lentos que meten tu polla tan al fondo que pueden llegar a dar con la mismísima entrada de mi útero, la tienes tan metida en mí que ya no hay espacio para más, estoy tan dilatada que tu pene es como la ficha que falta en el puzzle, la unión perfecta, la unión tan perfecta que mis gritos vuelan por todo el salón obligándome a que mis brazos te abracen y mis uñas te arañen cada vez que te siento entrar, cada vez que mmmm.

    Continuo penetrándote mientras junto nuestras frentes, puedo ver como tus pechos suben y bajan al ritmo de mis embestidas y eso me encanta, me detengo para besarte y me salgo para darte la vuelta, que quedes bocabajo en la alfombra y vierto lo último de la champaña sobre tu trasero, luego lo alzo ligeramente para comerte el coño y lamer la champaña de tu piel, siento que ya no puedo más y me coloco sobre ti con mi cuerpo aprisionándote contra el suelo mientras meto cada centímetro de mi polla en ti, con lentitud.

    Beso, tu cuello mientras levanto y dejo caer mi pelvis sobre ti, para escuchar cómo nuestros cuerpos chocan y ese sonido es más fuerte gracias a la champaña, lo que hace que aumente mi velocidad para darte tan duro como puedo, tomo tu mano en el suelo y entrelazo nuestros dedos mientras acerco mi boca a tu oído para que escuches mis gemidos, debido a tu vagina tan apretadita, húmeda y caliente me está dando un placer inigualable.

    El silencio del salón solo roto por tus gemidos, por mis gritos que no controlo cuando sacas y metes tu pene de mi vagina, vagina tan mojada que el sonido de tu pene al entrar resuena por todo el salón, los choque de tu pelvis contra mis nalgas y yo incapaz de levantarme, tan solo mi cabeza se salva de tu presión, una presión maravillosa con nuestras manos entrelazadas, siento que me arrastras a un mundo de placer, no quiero que te vayas, no quiero que la saques, más de diez minutos llevas haciéndome el amor, metiendo y sacando tu polla de mi vagina, quiero diez más, quiero que al final no podamos aguantar tanto placer que explotemos juntos, quiero que mis gritos atraviesen las puertas declarando al mundo entero lo feliz que soy y el placer al que me sometes cada vez que follamos.

    Soy como una muñeca en tus manos, me la sacas de repente y me haces darme la vuelta, te sientas con las piernas cruzadas, con los tobillos cruzados entre tus muslos, haces que me siente sobre ti, frente a ti, envuelvo mis piernas alrededor de tu cintura colocando mis pies contra tus nalgas, los dos bien enganchados colocas tu pene en mi vagina y me empiezas a penetrar, nos vamos inclinando suavemente hacia delante y hacia atrás como un loto que se balancea por el viento, siento que me voy a morir de placer, te abrazo por el cuello y nos empezamos a besar, mis pechos se aprietan a tu torso y vemos como nuestras caras van experimentando el placer de nuestros sexos, cinco minutos deleitándome con tu polla hasta el fondo y siento como mi vientre me empieza arder, un orgasmo asoma y no quiero llegar antes que tú, inclino mi pelvis hacia adelante y hacia atrás, mi vagina se aprieta alrededor de tu pene aumentando más las sensaciones, estamos realmente sincronizados, nuestra respiración, nuestros movimientos convirtiéndose realmente en uno.

    Siento tu aliento en mis labios, te agarro el trasero con fuerza y controlo el movimiento de tus caderas, me encanta sentirte sobre mí, sentir como tu cadera se mueve, dándome tanto placer y felicidad, te tomo por las nalgas y te levanto, sin sacar mi pene de ti, te acuesto en el sillón boca arriba y coloco tus piernas sobre mis hombros y me inclino lo más que puedo hacia adelante, te miro los ojos mientras continuo penetrándote pudiendo verlo en tu rostro, ver como estas disfrutando de cada una de mis embestidas, puedo sentir tu vagina abrazando mi polla, intentando hacer que no me vaya, intento inclinarme más, intentando llenarte aún más, pero me es imposible. Extiendo mi mano al reposabrazos para sostenerme, mi cuerpo se convulsiona debido al orgasmo.

    Puedo sentir como me corro dentro de ti, pero no me detengo, quiero sentir como tu vagina me abraza hace que me corra más, notar como te mojas tanto cuando tú también terminas en un orgasmo, gritando de placer, pero aun así no me detengo, continuo bombeando mi pene dentro de ti, no quiero sacarla, no quiero que acabe, pero el aliento me falta y poco a poco me obligo a reducir el ritmo. Me desplomó sobre ti y veo la luminiscencia de tu piel. ¿Sudor? ¿La champaña? No lo sé, pero te ves tan hermosa, no puedo evitar besarte, sé que puedo darte otro round, pero necesitaba ayuda, puesto que mi polla comenzaba a perder su dureza.

    Acaricio tu cuerpo y araño tus muslos, eres tan hermosa, tan sexy que no tengo suficiente de tu cuerpo ni de ti.

    Un orgasmo delicioso me ha atravesado de lado a lado, sentía como tu semen salía velozmente en mi interior, has conseguido que mi cuerpo tiemble cada vez que me penetrabas tan profundamente, sentía tu glande golpear las paredes de mi útero, como mi vagina se inundaba tanto y como me seguías follando sin parar haciendo que mi orgasmo se dilatara más en el tiempo, estoy cubierta de sudor, de tu sudor y de tu semen, desnuda, con los fluidos resbalando por mi vagina entre mis muslos, quiero más, te cojo de la mano y te subo a mi habitación, me limpio un poco con una toallita y me tumbo en la cama junto a ti para que me sigas haciendo el amor, mis labios recorren tu cuerpo hasta dar con tu pene que poco a poco dentro de mi boca se va recuperando, quiero despertar junto a ti, pero quiero que me sigas follando esta noche, necesito más de ti.

    Me siento a horcajadas sobre tu pelvis y buscando tu pene que ya está nuevamente en posición inicial, duro como una piedra para poder darme el placer que hasta la última célula de mi cuerpo te reclama, lo voy frotando por mi vagina hasta que va entrando en mi cuerpo, hasta que me va llenando la vagina, entrando y saliendo de mí, nuevamente esa sensación de placer al rozar tu pene contra el interior de mi vagina, nuevamente los gemidos mientras apoyo mis manos en tu pecho, tragando saliva, cerrando los ojos y abriéndolos cada vez que me penetras, mi cuerpo sube y baja, me muevo hacia delante y hacia atrás con tu pene metido tan dentro de mí que siento que me atraviesa, me siento como una ninfómana, como una loca del sexo, quiero que me lo hagas de mil y una maneras, quiero que me folles en todas las posturas que conozcamos, no quiero que amanezca, no quiero que las fuerzas nos venzan, quiero que me hagas el amor una y otra vez.

    Te veo montar mi polla y agarro tus pechos para jalar tus pezones, te ves como una diosa, verte así me excita tanto que dejo que seas tú quien me folle, quiero ver todo tu cuerpo moverse sobre mí, quiero hacerte tantas cosas que mi dedo se dirige a tu culo e intento meterlo un poco, con mi otra mano hago que bajes tu cuerpo y comienzo a penetrarte con rapidez y tus gritos retumban en mis orejas, puedo sentir como agarras las sábanas con fuerza mientras te sigo castigando tu rajita, te doy un par de nalgadas apenas audibles ante tus gritos de placer.

    Continúo unos momentos antes de que te endereces y saque mi verga de ti, te das la vuelta y vuelves a apuntar mi polla a tu rajita, entra tan lento, tan delicioso que vuelves a moverte sobre mí con esa habilidad que solo tú posees, cierro los ojos y recuesto mi cabeza en la almohada, disfrutando de nuevo de tus movimientos.

    Sigo montándote, sé que me miras, sé que ves como me muevo, como levanto mis brazos y revuelvo mi melena del placer que siento al meter tu polla en mi vagina, intento hacerme un pequeño moño que enseguida se cae sobre mi espalda, aprieto mis pechos al son de mis movimientos cada vez más rápidos sin sacar tu polla, restregando nuestros sexos hacia delante y hacia atrás, recuesto mi espalda sobre ti tocando tu pecho y tú me besas en el oído, coges mis pechos con tus manos y me los aprietas, mi cuerpo realmente está sudoroso del esfuerzo, noto como levantas tu pelvis y como si te diera un ataque me la empiezas a meter con rapidez y con fuerza, luego paras después de que me hayas hecho gritar como a una loca.

    Continuo penetrándote con pasión mientras mi mano derecha va a uno de tus pechos y luego a tu cuello para apretarlo ligeramente mientras mi mano izquierda ataca a tu clítoris, la combinación de mis dedos junto con mi pene hace que llegues al orgasmo, tu cuerpo se retuerce cayendo sin fuerza sobre mí y con mi polla que entra y sale con lentitud, me falta poco para volver a correrme, pero decido dejarte descansar un poco, giro tu cabeza para besarte y aprieto tus pechos lentamente, me encanta tenerlos en mis manos, se acomodan como si estuvieran hechos para mí.

    Descanso sobre tu cuerpo empapada en sudor, tu pene sigue metido en mi vagina, pero inmóvil, has hecho que nuevamente tenga un pequeño orgasmo y aun así quiero más, me haces sentir como una ninfómana nuevamente, pero no me importa, parezco tu puta, pero me encanta, lo único que quiero es que me folles y que me hagas realmente gritar, quiero un orgasmo que me eleve por el aire, que no me deje ni gemir, que mis ojos se pongan en blanco y me conviertas por unos minutos en una loca sin remisión.

    Sin decirte nada parece que has oído mis pensamientos y me levantas, no sé lo que quieres hacer, solo siento tus dedos pasar por mi vulva de arriba abajo, me pones a cuatro patas, muy cerca del borde de la cama, te miro esperando con deseo que me la metas, sentir nuevamente tu pene en mi interior, noto como pasas tu polla por mis labios despacio abriéndolos y penetrando un poco tu glande, te noto muy excitado, como si quisieras ralentizarlo todo por miedo a que te corras, pero a mí me encanta todo lo que haces, lento o rápido, suave o fuerte, me encanta como ahora que ya te has decidido y tu polla está bombeando mi coño lentamente, no sé lo que has hecho, ni como, pero cada vez que me la metes sacas de mi un gemido realmente lleno de placer, empujas y aprietas todo lo que puedes antes de sacármela, me llegas tan dentro que mis manos aprietan el final del colchón haciéndome caer sobre la cama, mis nalgas en pompa reciben ahora varios empujones tan fuertes que me estás sacando del colchón, tengo medio cuerpo fuera de la cama con mi cabeza y mis manos reposando en el suelo, mis piernas horizontales sobre la cama y tú encima de mí, follándome cada vez más fuerte elevando tu cuerpo sobre mis nalgas con tus manos apoyadas en ellas sujetando tu cuerpo, sobre el espejo hacemos con nuestros cuerpos una Y perfecta, una Y de gemidos, de gritos de placer.

    Me encanta tenerte así, tan dominada por mí, verte en esa posición me encanta y continúo penetrándote con rapidez, el cansancio comienza a hacer mella en mí y me detengo poco a poco, mi respiración es rápida, pero aún quiero darte un poco más y sobrepasar mi límite, te ayudo a levantarte y te pongo sobre la cama para besarte y empiezo a penetrarte lento, con un ritmo constante, junto nuestras manos y continuo, ya no tengo fuerzas para follarte, pero continuo besándote y haciéndolo, mi pene entra con lentitud en ti mientras mis besos se acercan a tu cuello.

    Con una última embestida mi polla queda tan dentro de ti que empiezo a correrme, una última corrida que puedo darte, mi orgasmo es inesperadamente intenso y suelto un gemido en tu oído mientras te lleno, luego caigo rendido a tu lado tratando de recuperar la respiración, te volteo a ver y te beso el cuello estoy feliz de estar contigo, feliz de haberte follado y feliz de conseguir correrme varias veces, te beso, eres mi droga, una que no creo poder dejar.

    Has conseguido realmente hacerme olvidar todo el mal que nos rodea, un orgasmo antes de que te corrieras dentro mí ha sido como estar en el nirvana, me lo has dado todo, no quiero olvidar esta noche, no quiero olvidar estos días, soy feliz por haberte encontrado, feliz de que un día sin que ninguno de los dos lo esperara hiciéramos el amor por primera vez en tu casa debido a un tonto juego, estas a mi lado con los ojos cerrados, exhausto por todo lo que me has dado, te beso y veo que te has dormido, no te quiero despertar, me arrimo a ti abrazándote con mi mano, una pierna sobre la tuya y mi cabeza en tu pecho, sintiendo tu respiración, me siento segura.

    Es la primera vez que despierto junto a ti, la primera vez que el sol entra por la ventana calentando nuestros cuerpos desnudos, me siento feliz de tenerte a mi lado, te beso y me pongo encima de ti, te voy despertando con besos en tus párpados cerrados, en tus labios, hay otra cosa que ya está despierta que anoche se agotó, pero ahora estoy sorprendida de su tamaño, antes de que abras los ojos y de que yo pueda guiarla se ha metido en mi vagina llenándome una vez más de ti…

    Es una mañana deliciosa, una mañana inolvidable al igual que la noche pasada, pero todo llega a su fin y esa noche tú ya no estas, siento un vacío en mi cama, espero que no tarde en verte, espero que no tardes en volver a dormir conmigo, espero no ser un polvo más para ti, que no sea un pasatiempo más en tu vida, porque yo me he enamorado de ti.

  • El primer engaño

    El primer engaño

    Hola nuevamente, les saluda Martha, de 48 años, de la Ciudad de México, bajita de estatura, un poco gordita, tetas de buen tamaño, lo que más sobresale de mí y lo que más les gusta a los hombres, con los que he cogido y con los que no, son mis nalgas, grandes y redondas, así es como soy; me encanta el sexo, aunque ahorita, por la pandemia de salud, que estamos viviendo en todo el mundo, he bajado mucho mi actividad sexual, limitándose a mi marido y a alguno que otro amigo cariñoso, que he hecho a lo largo de mi vida.

    Gracias por sus comentarios, me agrada saber que les están gustando mis relatos, recuerden que son 100% reales, son parte de mi vida.

    Me han comentado que quisieran saber y que les cuente más de mi vida desde que empecé; también que les relate lo que viví con mi padre y mis hermanos, también quisiera contárselos, pero quisiera dejar esa parte de mi vida, guardada; si bien, esa situación, fue un detonante para ser lo que soy, hoy en día, en cuestión del sexo, también es algo que me apena y me hace sentir culpable.

    Me enfocaré a contarles, de cuando ya tenía la mayoría de edad, que fue solo un año, ya que a los 19 años, me casé con el que hoy es mi esposo.

    Al llegar a mis 18 años, ya había cogido con una buena cantidad de hombres, jóvenes, maduros, solteros y casados; todos y cada uno de ellos, dejó una huella en mi cuerpo y dentro de él. Por coincidencia todos tenían una verga de buen tamaño, algunas gruesas, otras delgadas, pero todas deliciosas.

    Me casé, creyendo que al hacerlo controlaría ese fuego ardiente, que siempre traía entre mis piernas, pero no fue así; al ya no estar en el seno de la casa paterna, hizo que mi calentura fuera más intensa. El sexo que tenía con mi esposo era delicioso, pero yo necesitaba más, como les comenté siempre tuve la fortuna (sin buscarlo), que los hombres que me cogieron tuvieran la verga grande o muy grande, eso hizo que me acostumbrara a sentirla hasta adentro de mi panocha, sentir como llegaba al fondo y hasta en ocasiones más allá, me ponía a mil, las mujeres que lo han experimentado me van a comprender perfectamente.

    Lamentablemente, el amor me cegó y terminé casándome con un hombre con una verga pequeña, apenas 12 cm ya parada. Al principio, cuando cogí por primera vez con él, de inmediato sentí la diferencia, pero el amor, me hizo pensar que me acostumbraría a ese pequeño miembro, pero con el paso de los meses, me di cuenta de que algo me faltaba, a pesar de que disfrutaba mucho coger con él, siempre terminaba insatisfecha.

    Eso provocó que al medio año de andar con el que hoy es mi marido, lo «engañara» con uno de los tantos amigos cariñosos, que tenía en el trabajo.

    Llevaba el mismo tiempo insistiéndome que cogiéramos, que el tiempo que llevaba de novia, siempre quise ser fiel, pero esa tarde caí.

    Luis es moreno claro, alto, complexión media y con una verga deliciosa de 22 cm. Y la sabe utilizar de manera muy rica.

    Ese día, llevaba una minifalda roja y un bikini del mismo color, qué hacían que mis nalgas, se vieran todavía más grandes de lo que eran, blusa blanca y un brasier también blanco con algo de relleno, que hacía que mis pequeñas tetas de aquellos días, resaltarán más; desde que me subí al camión, como iba lleno, los hombres buscaban la manera de quedar detrás mío para repegarme su verga, regularmente yo siempre me acomodaba, de manera que no lo hicieran, pero ese día, iba más caliente de lo normal, así que cuando sentí algo que me agrado no me quite, aquel hombre, al notar que cuando me arrimaba su verga no decía nada, tomó confianza y se acomodó bien entre mis nalgas, cada vez que frenaba el camión, el aprovechaba para hacerme sentir el tremendo animal que traía, me agarraba de las caderas para que lo sintiera aún más; mis remordimientos y el amor, hicieron que en cuanto llegamos a la terminal de los camiones, diera por terminado aquel cachondeo, pero la inquietud estaba sembrada.

    En cuanto llegué a mi trabajo, Luis empezó con sus coqueterías, siempre que podía y nadie nos veía, trataba de manosearme, pero no lo dejaba, ese día con lo que había pasado en el camión, ya iba muy excitada, así que cuando el paso detrás mío, me puso la verga en las nalgas, yo no me quite como siempre, él lo notó y me agarró de las caderas y me atrajo más para que sintiera su vergota, como todavía no llegaban muchos empleados y los pocos que había sabían lo puta que era, sabía que no harían, ni dirían nada; me empezó a agarrar las tetas, primero encima de la ropa, después por dentro, con la otra mano, subió un poco mi minifalda y la metió a mi panocha, mi bikini estaba mojadísimo por la excitación, me estuvo acariciando por un rato.

    En un momento, me jalo y me llevo a una pequeña bodega donde teníamos algunas cajas de archivo muerto, cerró la puerta y me dijo «ahora sí chiquita, te voy a meter la verga, como te gusta», se acercó a mi y nos besamos con tanta pasión, me agarró las nalgas y subió mi minifalda hasta la cintura, bajo mi bikini y empezó a estrujar mis nalgas «no sabes cuánto he extrañado tus nalgotas y poderlas tener entre mis manos» me dijo, yo ya acariciaba su verga, se sentía durísima y deliciosa, se la saque del pantalón y del calzón, se la mame como desesperada, como queriendo recuperar el tiempo perdido, tuve que detenerme ya que de otra manera le iba a sacar los mocos y ambos sabíamos que en ese momento no queríamos eso, acomodo unas cuantas cajas a manera de cama, y me recostó sobre ellas, me quitó el bikini, se bajó un poco más el pantalón y el calzón, me subió las piernas a sus hombros, sabiendo que es una de mis posiciones preferidas, ya que la verga me entra hasta el fondo, la acomodo en mi panocha y de un solo golpe me la dejó ir, estaba tan mojada, que llegó al fondo de mi ser, me sentía en la gloria, tanto tiempo sin sentir esa sensación de tener totalmente llena mi panocha me hizo llegar al orgasmo, fue una cosa que no sabría explicar claramente.

    Luis siempre me decía que mi panocha estaba hecha especialmente para su vergota, porque se acoplaban perfectamente, comenzó a moverse muy rápido, sintiendo como sus huevotes, chocaban ruidosamente en mis nalgas, de esa manera me saco varias venidas; cuando sentí que él se iba a venir, la saque y se la empecé a mamar, no tardando ni un minuto cuando me arrojó sus mocos, eran muy ricos, espesos, calientes y en gran cantidad, no desperdicié una sola gota, todos me los tragué, saboreándolos, como hacía un rato no lo sentía.

    Todo esto pasó en 10 minutos, nos limpiamos, nos acomodamos la ropa, aunque yo sin bikini, ya que estaba demasiado mojado y no me lo puse, salimos de la bodega; ya había más gente en la oficina, las mujeres me veían con molestia y envidia y los hombres sabían que la puta de la oficina había regresado.

    Espero que les haya gustado este relato, procuraré subir los relatos más seguido, pero con la vuelta a la «normalidad» me queda poco tiempo para escribir. Saludos.

  • Una noche en la vigilancia

    Una noche en la vigilancia

    Les contaré esta vez cuando trabajé en una fábrica abandonada. El lugar había cerrado durante la crisis del 2001 en Argentina. Los dueños presentaron quiebra y para que no se roben las cosas de la fábrica habían puesto vigilancia las 24 horas en tres turnos de 8 horas.

    Como yo estaba sin trabajo conseguí en ese lugar, mucho no me gustaba la idea de estar de vigilancia porque parecía peligroso pero al no tener otra cosa decidí presentarme y quedé seleccionado. La verdad que mis miedos nunca se cumplieron porque el lugar era muy tranquilo y hasta era un poco aburrido porque a veces estaba solo, aunque a veces estaba con uno o dos compañeros. Y a veces cuando hacíamos el cambio de turno comíamos un asado entre tres o cuatro compañeros con vino tinto o cerveza incluidos. No pasaba nada porque los dueños nunca venían y el lugar era muy tranquilo como dije antes.

    Una de las veces que me tocaba entrar el domingo a la noche me retrasé porque el tren se había suspendido, en vez de llegar a las 22 h llegué a las 23 h. El lugar era tan tranquilo que hasta podíamos dormir. Y para eso mis compañeros habían tirado unos colchones en la parte de arriba de la fábrica donde hay unas oficinas. A eso de la una de la madrugada y más o menos cada dos o tres horas había que hacer una ronda por la fábrica, así que nos levantábamos y hacíamos la ronda, pero a veces ni eso.

    Mi compañero del turno noche era un tipo de 48 años. No era lindo pero tampoco era feo. De 1,70m aproximadamente. Muy morocho y un poco peladín. Su cuerpo era normal, ni gordo ni flaco, digamos que estaba en su peso. Y siempre se lo pasaba hablando de mujeres, de sexo y era bastante zafado.

    A veces me contaba de sus aventuras sexuales, de cuando se cogía a una mina casada. Se metía a la casa de esa mina cuando el marido se iba a trabajar y le hacía el culo porque a ella le encantaba. Mi compañero era casado pero no era mayor problema para él meterle los cuernos a su mujer. Lo hacía indiferentemente si a ella le gustara o no, porque al ser una mujer muy religiosa, siempre le perdonaba sus andanzas.

    Esas historias me ponían re loco porque soñaba que en vez de cogerse a esa mina casada me cogía a mí. Demás está decir que mi compañero a esas alturas ya me estaba gustando. No tanto por su belleza física, sino por ese desparpajo y picardía que desplegaba todo el tiempo. A veces es más atrayente la actitud de la persona que cualquier cualidad física. Y más hacía volar mi imaginación sabiendo que a él le gustaba hacer un buen culo y que no buscaba solamente mujeres.

    Me contó que una vez se hizo chupar la verga por un gendarme que iba de franco a su trabajo. Mi compañero tenía un auto bastante viejo pero todavía andaba. Cuando iba para su casa, un gendarme recién recibido le hizo dedo, un muchacho joven como de 22 años. Mi compañero paró y lo llevó. Y cuando quiso acordar el gendarme le estaba haciendo insinuaciones y en un rato más, el gendarme le estaba chupando la verga a mi compañero al costado de la ruta.

    ¡¿Por qué no seré yo?! -Pensaba para mis adentros.

    Y muchas veces los gays pensamos que nadie se da cuenta de nuestras inclinaciones, pero pobres ilusos de nosotros. Yo supongo que mi compañero para este momento ya se había dado cuenta de cómo yo lo miraba y lo mucho que me calentaban sus historias. Para ese entonces yo tenía 25 años y mis hormonas estaban muy alborotadas.

    Así que, como iba contando, llegué tarde un domingo a la noche cuando me tocaba tomar mi turno, y mi compañero para esa hora ya estaba acostado en uno de los colchones tirados en el suelo. No había problema, yo tocaba timbre y él se levantaba. Venía hasta la puerta de entrada así como estaba en calzoncillo. A veces usaba una remera para dormir y a veces no usaba nada más que ese calzoncillo slip. Llegaba por adentro de las oficinas, bajando por las escaleras y abría la puerta de calle estando así en ropa interior. Me saludaba y me hacía pasar.

    Demás está decir que yo lo relojeaba de arriba a abajo. Le miraba un poco el bulto cuando estaba él distraído y le miraba fijamente el culo cuando caminaba frente a mí por el pasillo y subiendo las escaleras.

    Una vez le pregunté por qué andaba semidesnudo por todo el lugar, y me dijo que no sentía vergüenza porque entre hombres no hay nada que ocultar, además que no se iba a vestir solamente para abrir la puerta. Sinceramente no me molestaba que anduviera así por toda la oficina. Es más, podía quedarse en bolas toda la noche si por mí fuera. Pero mi pregunta estaba dirigida a saber cuál era su intención y si lo que realmente quería era provocarme, porque de verdad lo estaba logrando.

    Cuando llegamos arriba me dijo que tenía una mala noticia para darme. El gato que teníamos en la oficina había orinado en el colchón que yo usaba para dormir, y el único colchón disponible que había era el colchón de dos plazas donde dormía mi compañero. Como él no estaba dispuesto a dormir en una silla, me dijo que si quería yo podía dormir en una silla. Y si no, que duerma al lado suyo.

    Me hice el orgulloso y dije que en una silla no iba a dormir. Así que sin más me empecé a sacar la ropa, me quedé en bóxer y me metí a la cama improvisada al lado de mi compañero, me tapé con las frazadas hasta el cuello mientras mi compañero me miraba un poco asombrado. Aun así no se corrió un milímetro y nuestros cuerpos quedaron al borde de rozarse.

    Me di vuelta dándole la espalda a mi compañero y me quedé dormido bastante rápido. No pensaba que pudiera dormir tan rápido, solamente sucedió. Y a la madrugada, cuando yo estaba profundamente dormido, siento las manos de mi compañero que me toman por las caderas. Se iba arrimando hacia mí y me empezaba a apoyar su cuerpo. Muy entre dormido hice como un quejido de protesta y lo aparté de mi cuerpo. «Dejame dormir», le dije. Él se retiró y me dejó seguir durmiendo.

    Cuando nos despertamos a la mañana temprano, eran como las seis de la mañana y el sol me daba justo en la cara. Mi compañero que sintió mis movimientos se despertó también, conversamos un poco y noté que se estaba tocando debajo de las frazadas. Sin mediar palabra simplemente levantó la frazada y dejó ver lo que estaba haciendo. Estaba agarrándose el pene que ya estaba afuera del calzoncillo slip. Su pija estaba muy dura. La agarraba muy fuerte con su mano y la apretaba, hacía resaltar la cabeza que estaba muy mojada y estaba de un color rojo, casi morado.

    A penas vi eso di vuelta mi cara, no quise mirar, sentí miedo. Aunque en mi interior sentía unas ganas locas de mirársela y si fuera posible, de tocársela.

    Mi compañero dice: ¡Mirá, MIRA! -Me dijo casi ordenándome hacerlo.

    Sumisa como soy me di vuelta y le meré la pija bien dura y cabezona. Me quedé hipnotizado.

    Entonces me dice: «¿Viste cómo es?»

    Yo nada, no decía nada. No sabía qué decir porque más que una palabra se me salía un suspiro. Quería agarrarla con desesperación pero al mismo tiempo no quería admitirlo.

    La sacudía tomándola por la base pelando la cabeza y ya había corrido completamente la frazada, dejando al descubierto todo su pecho desnudo y hasta la mitad de sus piernas. Había olor a verga y la verdad me dio un poco de asco, pero al mismo tiempo me intrigaba tanto cómo podría sentirse entre mis manos.

    Mi compañero siempre fue muy charlatán y seguía hablando mientras yo solamente le miraba fijamente la pija: «¿Viste cómo es? Es dura y cabezona. Creo que me dejaría tocar por un pendejo joven. Estoy re caliente. Lo mejor sería una mujer en este momento, pero supongo que me gustaría hacer un culito tierno si no hay otra cosa. Sí, un poco de carne tierna no me vendría nada mal.»

    Claramente estaba hablando de mí. Y era verdad, su verga estaba muy dura y era cabezona tal como él la describía. Su color era oscuro como toda su piel y tenía poco vello púbico. Todo el cuerpo de mi compañero era casi lampiño por completo y su edad madura era una de las cosas que más me gustaba. Después me enteré que los maduros llaman carne tierna a un pendejo más o menos de mi edad (25) con poca experiencia o simplemente vírgenes en el sexo.

    Él seguía con sus insinuaciones bastante directas: ¿Alguna vez tocaste una pija que no sea la tuya?

    Le contesté que no. Entonces me propuso tocar. La verdad me moría de ganas pero hasta ese momento no me animaba. Así que él sin esperar una respuesta agarró mi mano y la llevó hasta su pija.

    ¡La sensación fue increíble! Le tomé la pija suavemente primero. Se sentía dura por dentro pero la piel de afuera se deslizaba hacia arriba y hacia abajo. Lo fui pajeando y sin darme cuenta se la iba apretando cada vez más. Él suspiraba y jadeaba sin parar. «Ahh, pendejo, así…»

    De a ratos no decía nada y de a ratos me daba indicaciones para sentir más placer: Agarrame la cabeza, mirá cómo se siente. Ahh, así ¿Te gusta? ¡Así…!

    Yo le pajeaba la cabeza descubierta que estaba muy jugosa. Se veía que el tipo estaba muy caliente.

    No tardó mucho en acabar y largó un géiser de leche espesa y caliente que me chorreó por toda la mano y quedó en parte de su panza y vello púbico.

    Demás está decir que esa fue la primera vez que hicimos algo, y por ser la primera solamente terminó ahí esa ocasión. Por supuesto más adelante pude chupársela y me desfloró la cola, pero eso es parte de otra historia…

  • Cinco horas

    Cinco horas

    Mi nombre es Miriam, soy madre soltera y me siento joven,  desde que murió mi madre vivo con mi hijo en su casa, lugar donde pase mi infancia, una casa grande y antigua, con un inmenso jardín y viejas habitaciones. Nunca pensé en mudarme, pero para nosotros dos es demasiado grande, aunque lo bueno es que nos da nuestros espacios personales. Con 37 años mis días pasaban del trabajo al gimnasio y de ahí de vuelta a casa, mi hijo, ya con 18 años estaba en su último año de escuela, se las pasaba todo el día estudiando y haciendo su vida, en verdad casi nos veíamos un rato a la mañana y a la noche.

    La cosa cambio con la pandemia, yo tengo la posibilidad de trabajar desde casa, soy programadora, casi no volví a la oficina. Aunque el trabajo es el mismo o más, el estar todo el día en casa me dio la oportunidad de trabajar en distintos horarios, por lo tanto, hacer la rutina de gimnasia y también aprovechar para limpiar, cosa que antes hacia una mujer que venía a casa dos veces por semana.

    Mi hijo, que se llama Luis, siguió con sus clases, por lo que casi lo veo como antes, en los mismos horarios, eso me da cierta libertad. En la oficina debo verme formal, aunque soy programadora, también soy jefa de programadores, debo dar la imagen de una mujer ruda para tener autoridad sobre una mayoría de hombres, unos pocos años mayores que mi hijo y con una mentalidad de adolescentes. Tengo varios trajes, polleras y sacos de colores oscuros y camisas claras. Trato de ser fría con mis empleados, algo que me piden mis jefes, pero no puedo evitar excitar a mis empleados con mis curvas, sé que mi culo es espectacular, ellos se la pasan mirándomelo continuamente, aunque disimulan, yo me doy cuenta, cosa que a mí en silencio me excitaba.

    Ahora la cosa era diferente, en la oficina me exigen una reunión por la mañana en línea, una video conferencia con mis empleados, no puedo lucir el culo frente a ellos como hacía antes, pero encontré una forma de excitarme. Cuando me cambio de ropa para hablar con ellos quiero me vean de la misma forma en que lo hacían en la oficina, me visto con la misma ropa, pero sólo lo hago de la cintura para arriba, abajo estoy desnuda, apoyo mi desnudo culo sobre la silla mientras les hablo y mientras habla alguno de ellos me llevo los dedos a mi vagina y me masturbo con sutileza. Eso lo hago todos los días, me masturbo delante de mis empleados, aunque ellos no lo sepan.

    Cuando termino la reunión, quedó empapada y con la adrenalina a tope, como estoy en un rincón de mi habitación, apenas apago la PC, me saco toda la ropa y me termino de masturbar en la cama, luego me pongo ropa de entre casa y hago una hora de gimnasia, o como paso el día que viene a cuento, me pongo a hacer limpieza.

    Me pongo solo una remera larga para estar cómoda y poder limpiar, ese día empiezo por mi habitación, tiene pisos de madera y después de aspirar el piso tomo un paño y lo encero, hasta ahí todo normal, siempre que limpio o hago gimnasia pongo música fuerte, total la casa es grande y los vecinos no escuchan nada. La habitación está llena de muebles viejos, todos de madera, menos la cama que tiene las cabeceras de bronce, toda llena de dibujos en relieve, resaltan sus cuatro patas que se prolongan hacia arriba terminado en unas puntas decorativas, de unos treinta centímetros, en donde antes de llegar al extremo tienen unas bolas de bronce, del diámetro de una pelota de tenis. La descripción tan minuciosa de la cama tiene una razón que paso a explicar. Ese día sonaba en mi reproductor, la canción de Joe Cocker “You can leave your hat on” y no podía dejar pasar la oportunidad de bailar, tocando la punta de la cama como si fuera un falo al que chupaba sensualmente. Tal era mi calentura que decido ir un poco más lejos con mi baile sensual, subo una pierna a la cama y me inserto la punta en la vagina como si fuera un consolador y me masturbo, pero no estaba conforme, decido cambiar de agujero.

    Hice algo de lo que podría arrepentirme, pero después de lo que paso, no. Me pongo en puntas de pie y me siento lentamente sobre la punta de bronce, primero la lubrico con lo que tenía a mano, crema humectante y la empiezo a meter en el culo, bajo despacio hasta que hago tope con la bola de bronce y luego subo despacio, me estaba violando una cama. Estaba muy excitada, era penetrada por el culo a un ritmo muy sensual con la música ideal de fondo, me sentía una estríper, una puta.

    De repente pierdo el equilibrio, estaba de puntas de pie sobre un piso recién encerado, patino y me incrusto de golpe casi los treinta centímetros del metal, también entro la bola de bronce. El dolor me dejó sin aliento, me dejó inmóvil, ensartada. No lo podía creer, quedé paralizada, el dolor se convirtió en miedo, y el miedo en pánico. Siento el frio metal dentro de mi cuerpo, me llegaba al vientre y podía sentir su dureza. Estaba en un grave problema.

    No sabía cómo podo entrar semejante bola, pero iba a tratar de sacarla. Intento elevarme con lentitud estirando las piernas, puedo sentir como baja la bola por mi abdomen, pero no logro subir lo suficiente como para que asome la bola, mi ano lo impedía. Empiezo a preocuparme, sentía miedo. Me relajo y nuevamente sube la bola por mí abdomen, me quedo quieta y pienso que puedo hacer, estaba sola y no quería empeorar la situación. Miro el reloj que hay sobre la cómoda frente a la cama y eran las diez de la mañana, el único que me podría sacar de este problema era mi hijo, pero llegaría a las tres de la tarde, debería esperar cinco horas para que me rescate. La sola idea de que mi hijo me vería en esta situación me daba muchísima vergüenza, pero después de pensarlo un rato fui cambiando de idea. Así empalada como estaba empiezo a tocarme la vagina, me froto el clítoris y me masturbo, no pasa ni un minuto que acabo en un largo chorro sobre el piso, aunque soy muy calentona, no me pasa muy seguido, realmente estaba muy excitada.

    Ahora la vergüenza se convirtió en deseo, pero la posición incómoda me recordaba a cada minuto que la espera sería larga, no me arrepentía, cada vez deseaba más que mi hijo me viera en esa posición.

    Tal vez podría haber intentado sacarlo del culo y volver a meterlo de nuevo cuando faltaran unos minutos para que llegue mi hijo, pero no, decidí que la situación sea lo más realista posible, aguantar todo lo posible, soportar el dolor y el cansancio, soportar lo que haya que soportar. La calentura me ayudo en el desafío.

    Después de tres horas de estar en esa posición incómoda, mi cuerpo reflejaba un agotamiento extremo, estaba toda transpirada, empapada en sudor, el culo me dolía apenas hacia un pequeño movimiento, pero estaba cada más excitada. Ya faltaba poco.

    Las últimas dos horas de espera se hicieron eternas, cada minuto que pasaba no dejaba de pensar en como me quedaría el culo cuando sacase semejante elemento, no paraba de imaginar la reacción de mi hijo, como se lo tomaría, si se enojaría, pero estaba cada vez más ansiosa de que llegue.

    Por fin llega la hora tan esperada, escucho un ruido en el medio del silencio, la música del reproductor hacía rato que había acabado, el sonido indicaba su llegada.

    Llega lo hora de llamarlo.

    – ¡Luis! ¡Luisss!

    -Sí, ma, ¿qué pasa?

    – Ven a mi habitación, rápido

    Ahí estaba esperando su entrada a la habitación con las manos cruzadas sobre mis pechos tratando de tapar los pezones, fingiendo algo de pudor, apenas entra me ve en esa posición y se queda duro, mirando mi desnudez, sorprendido, con los ojos abiertos recorriendo todo mi cuerpo.

    -¿Qué te pasó?

    -Perdón, hijo, no quería que me vieses así, pero no pude evitarlo.

    -¿Qué tiene de malo? ¿Por qué estas desnuda?

    -No solo eso, quede atrapada, estaba jugando con la cama y metí esta punta en el culo, no me sale, me da mucha vergüenza contarlo.

    -jajaja no pasa nada, te estabas masturbando, no tiene nada de malo, todo lo hacemos. Claro que te puedo ayudar.

    -Pero me ves así, desnuda, en esta posición, vas a pensar que soy una degenerada.

    -Ma, ya te dije que no pasa nada, vivimos solos, nos tenemos que ayudar entre nosotros, mira a Nacho con Marta.

    – ¿Nacho, tu amigo? ¿Qué pasa con Nacho y Marta?

    -A Marta siempre le gustaba tomar sol desnuda y no tenía problema de hacerlo cuando estaba Nacho en casa, al parecer le gustaba, un día le pide si le puede pasar protector solar, se calentaron y terminando cogiendo. Desde ese día cogen cuando tienen ganas, que es casi todos los días.

    – ¿y cómo sabes?

    – Nacho me cuenta todo, saben que yo no se lo voy a contar a nadie, bueno, menos a vos, hasta me pasa videos de ellos cogiendo, la madre lo sabe y se masturba cuando le cuenta que me los muestra.

    Quede sorprendida con lo que me contaba mi hijo, no me lo hubiese imaginado, me calentaba, me daba envidia de Nacho y su madre, pero primero tendría que resolver el problema en el que estaba y sacarme el falo del culo.

    -¿Me ayudas?

    -¿Qué hago?

    -Pon esa banqueta y trato de subir mientras me sostienes

    Quería que tuviera la mejor visión de mi culo, un primer plano, para eso hago que se ponga detrás mío y me sostenga de las nalgas mientras me voy levantando de a poco. Empiezo a levantarme y siento como empieza a salir de mi culo, hasta que llega a la bola y aunque sabía que, aunque era grande, saldría con facilidad, pero empiezo a fingir dolor mientras, que se empieza a dilatar el esfínter.

    -¡Ay!, ay, ay…

    -¿Duele?

    -Si un poco.

    -Tengo una idea, puedo sacar la pata tiene unos tronillos, puede ser más cómodo.

    -Bueno dale.

    Sale a buscar su caja de herramientas, no puedo ver si tenía una erección, pero me imagino que sería lo lógico. Vuelve enseguida y se pone a trabajar con la pata la cama, estaba debajo de mí casi no puedo ver que hace, pero en pocos minutos tengo la pata colgando del culo como un gran rabo.

    -Listo, así va a ser más fácil.

    -Si, mejor así, vamos al baño y me ayudas a sacarla.

    -Si, vamos, pareces una perrita

    -jajaja no me hagas reír que se mueve y me duele

    Ya en el baño me inclino y dejo en sus manos el trabajo de retirar el improvisado consolador de mi culo. Empieza a sacarlo con lentitud hasta que se vuelve a trabar en la parte más ancha, ahí se detiene y me dice.

    -Esto hay que grabarlo, va a ser un lindo recuerdo.

    -Estás loco, no tengo el cuerpo de Marta

    -No, eres más linda, tienes mejor culo que Marta, dale no tengas vergüenza queda entre nosotros.

    -jajaja, lo que andas mirando

    Con su mano izquierda sostiene el teléfono y me empieza a grabar, con la derecha empieza a tirar con más fuerza, puedo sentir que el ano se dilata, ahora sí me empieza a doler, me quejo un poco, pero dejo que siga. Tira con más fuerza, podía sentir como el esfínter se resistía hasta que de golpe pasa la bola y siento un inmediato alivio, el resto sale con facilidad.

    – ¡Acá está!

    -Bueno, ahora fíjate si me lastimó

    -Dale, entra a la bañera que te limpio.

    Le hice caso, después de ver como salió el adorno de mi culo, no le cuestione nada, me di cuenta que tenía restos de mierda, algo lógico si uno lo piensa, pero él lo tomo con total normalidad y tal vez por vergüenza hice como si no hubiese visto nada. Veo como desenrosca de la manguera del duchador de la regadera y me dice que me agache, ahí me di cuenta que me quería hacer. Estaba completamente entregada.

    Siento que apoya la punta de la manguera metálica en el ano y sin preguntar la introduce.

    -aguantá que abro la canilla.

    Literalmente me estaba haciendo un enema, el agua de la canilla en unos segundos me llena, siento la necesidad de expulsarla y lo hago con fuerza, parecían las aguas de una fuente saliendo a presión. Vuelve a meter la manguera y repite el lavado hasta quedar satisfecho.

    Ya estaba limpia por dentro y por fuera, salgo de la bañera, ahora le doy la espalda y me agacho para que revise mi ano y me de su opinión. Mi hijo no solo mira, sino que mete el dedo a modo experto y lo revuelve como buscando algo.

    -Bueno señora, parece que el agujerito está sanito, un poco flojo, pero no creo que sea de ahora

    -jajaja ¿flojo? Seguro que Nacho no dice lo mismo de la madre.

    -Yo vi los videos de Nacho con la madre y cuando se la metía por el culo parecía que le entraba apretada

    -Bueno, pero por ahí Nacho la tiene grande

    -No, yo la tengo más grande ¿Querés probar?

    -jajaja bueno, tanto que hablas, quiero ver si es verdad.

    Me arrodillo y mi cara queda a la altura de su pene, se saca el pantalón y me lo ofrece para que lo chupe, tenía razón era un pene enorme. No dudo un solo segundo en llevármelo a la boca y lo chupo con desesperación, me detengo, no quería que acabe en mi boca, lo necesitaba duro y gordo para mi culo. Me doy vuelta y le ofrezco el culo, ahora si fui toda de él.

    De inmediato puedo sentir como su pija me llena cada grieta del culo, calzaba de manera perfecta, ni una gota de aire nos separaba, la empujaba con fuerza a mi interior y cuando la retiraba, la succión parecía que quería arrancarme los intestinos, era una sensación hermosa. De repente se detiene y empieza a acabar dentro de mí, un líquido caliente me inunda y puedo sentir como va perdiendo la erección hasta que puede sacar la pija con facilidad.

    Nos duchamos y, ese día, cogimos varias veces más por toda la casa. De ahí en más mi hijo fue mi consolador personal, no necesite de artilugios artificiales para excitarme, el sexo venció todos los tabúes, había pasado una barrera y no quisimos volver atrás, todo lo contrario.

    Al principio cogimos en secreto, no nos cuestionamos nada, no nos importaba nada, solo coger de todas las formas posibles, pero dimos un paso más, nos obsesionamos en que formaran parte de nuestra relación, Nacho y su madre, hasta que en poco tiempo lo logramos, pero esa será una historia de una segunda parte.

  • El short

    El short

    Miércoles 14 h terminando de trabajar en una tarde de calor, vestida solo con una musculosa verde y un short de jean estaba a punto de retirarme cuando Marcelo me llama para hablar con él en la cocina de la casa.

    Comenzó a hablarme de manera enérgica y reclamarme la forma de venir vestida, ya que su mujer me había imitado y salió a la calle con un short diminuto el cual fue mirada de todos. Le respondí que porque se molestaba si le queda bien, él tomo de mi mano y me giró para quedar a la vista de él mi cola que trataba de escapar del short, con una suave palmada me dijo que a mi quedaba muy bien, pero que a su esposa no, mi reacción fue dar un paso tratando de no quedar al alcance de sus manos, pero demasiado tarde su mano se metió entre mis piernas apoyando todo su cuerpo sobre el mío para después comenzar a besar mi cuello girando mi cabeza y meter su lengua dentro de mi boca la cual fue recibida con mucho placer, sus manos ya no sostenías mis nalgas sino que se deslizaban por todo mi cuerpo buscando piel entre mis ropas.

    Mi cuerpo decidió rendirse y comencé a excitarme dándome vuelta sobre las puntas de mis pies lo enfrente y le pedí que me cogiera, su respuesta fue automática su lengua comenzó a recorrer todo mi cuerpo cada rincón deteniéndose en mis pequeños pechos durante unos cuantos segundos, tiempo suficiente para hacerme acabar por primera vez, con toda mi ropa interior mojada intente apartarlo, resulto inútil ya que su cuerpo estaba sobre el mío que se encontraba apoyado en una mesa.

    Lo empujé suavemente y con una sonrisa, me arrodillé y comencé a buscar su verga, rápidamente él desabrochó todo su pantalón y sacó su pija para dármela, la tomé con mi mano y comencé a lamerle la cabeza de la verga con mucho frenesí, al ver esto tomó mi cabeza por la nuca y me la metió en la boca hasta donde más pudo, rápidamente comenzó a cogerme, entraba y salía cada vez más adentro por segunda vez mi vagina se mojó. En un pequeño descanso aproveché mi oportunidad y saboreé esa verga junto con sus huevos, pero mi concha pedía que la penetren.

    Me levanté, me besó, me sacó la musculosa, me besó los pechos, el cuello, me giró, me besó la espalda, se agachó y bajó muy lentamente el short de la discordia quedando mi culo solo cubierto por una tira de tela de mi ropa interior sentí su lengua comenzando a tratar de correr mi bombacha y me incliné para atrás para facilitarle trabajo. No tardó mucho en arrancar lo único que quedaba de ropa en mi cuerpo.

    Ahora comenzó la locura, mi cuerpo desnudo a la merced de sus manos, lengua y más que nada de su pija, me inclinó sobre la mesa y su lengua esta vez no tuvo obstáculo alguno para introducirse en mi culo… una… dos… tres veces, para mi fueron miles una más deliciosa que la otra, sus manos no se quedaban atrás, sus dedos se metieron en mi vagina suavemente el primero, con más vigor el segundo y violentamente el tercero para comenzar a masturbarme y cogerme a la vez, esos tres dedos fueron la antesala de lo que le pasaría a mi concha en un par de minutos cuando su verga esté lista para penetrarme.

    Su lengua seguía en mi culo, pero ya no estaba sola un dedo comenzó a penetrar mi culito cada vez más adentro, pero esta vez no me dolía así que tiré mi cuerpo para atrás como señal de que quería más, la respuesta fue inmediata dos dedos penetraron mi culo haciéndome gozar como una perra en celo. Todo se detuvo por 10 segundos y me di cuenta que su verga ya se encontraba lista para penetrarme me estiré sobre la mesa y sentí como toda su pija dura y carnosa comenzaba a entrar, mis gemidos de placer fueron apagados por sus manos y a la vez su pija se introdujo hasta el fondo de mi cuerpo.

    La cogida no se hizo esperar. Me penetraba y murmuraba cosa que no podía entender, pero yo solo quería sentir la penetración no me importaba nada, se separó de mí y me dio vuelta, miró mis labios, los besó, me senté sobre la mesa y coloqué su pija dentro de mí. Me recosté luego de la segunda penetración y el resto solo recuerdo su leche caliente sobre mi cuerpo. Quedamos inmóviles por 30 segundos Marcelo se reincorporó, tomó una toalla y limpió todo el enchastre que había hecho sobre mí.

    Me besó y se alejó unos metros, bajé de la mesa, cuando voy a recoger mi short introduce su verga recién acabada en mi boca y me ordena limpiarla con la lengua lo miro disgustada y accedo a pasar mi lengua por toda la pija hasta dejarla bien limpia sin una gota de leche.

    Nos vestimos y cada uno siguió su rutina. En lo días siguientes mi cola sentía sus manos y hasta sus dedos introducirse cuando se podía y cada tanto me cogía en su cama, yo disfrutaba mucho y volvía mi casa con muchas ganas las cuales me las sacaba mi marido, muchas veces pude ver a Marcelo cogiendo a su mujer en la cocina, en la misma mesa donde lo hicimos y no tuve otro remedio que tocarme hasta acabar o mejor aún buscar algún amigo. Pero esa es otra historia.

  • Los pies de mi sirvienta

    Los pies de mi sirvienta

    Bueno ella ha trabajado desde que tengo memoria en mi casa, hasta que al llegar a mi mayoría de edad, empezamos a experimentar cosas. 

    Ya había una confianza total y cuando veía la oportunidad iba tras ella y empezaba primero acariciando sus pies, los cuales son muy deliciosos y fuertes, acto seguido chupaba cada uno de sus dedos, ella lo disfrutaba, así que avanzaba hasta sus pantorrillas lamiendo todo al paso, pero hasta ese momento no me atrevía a dar el siguiente paso.

    Fue recientemente, una noche después de llegar ebrio a mi casa que me fijé que solo estaba ella, así que como de costumbre me metí a su cuarto y empecé con las caricias, chupando sus pies y en ese momento me decidí y saqué mi miembro. Ella no se lo esperaba, pero ya era el momento, así que me empezó a tocar con sus pies poco a poco, mientras exploraba mi miembro estaba a reventar, por fin se había dado el día, me empezó a masturbar con sus pies hasta que salió todo el líquido seminal, cayendo en sus pies.

    Fue una gran noche y lo mejor de todo es que a ella le encantó. Hasta ahora seguimos complaciéndonos.

  • Mi nueva familia y mi prima tímida (3)

    Mi nueva familia y mi prima tímida (3)

    Hola a todos, continúan mis aventuras en mi nuevo hogar.

    Me desperté un poco desorientado con el sonido repitente de la alarma de mi celular, entre abrí mis ojos buscándolo y desactive ese desagradable sonido, me frote los ojos y los abrí para encontrarme totalmente desnudo como me había dejado Glenda hace unas horas, me tome la cabeza recordando lo ocurrido y vi nuevamente mi celular para ver la hora, eran las 10:30 am, por lo general mis días libres mi alarma suena a las 9:30 am para así dormir un poco más y recuperar energía, significa que había dormido durante 1 hora de alarma.

    Glenda me había dejado exhausto en la madrugada y la verdad estaba muy feliz con esto, me levante tome mi toalla y me dirigí a darme un baño, salí de la ducha me vestí rápidamente me serví un poco de cereal con leche a modo de desayuno y me puse a revisar mis mensajes, lo primero que hice fue escribirles a mis amigos diciéndoles que tenía asuntos pendientes y que no podría ir con ellos ese día, a lo que ellos sin falta empezaron a fastidiarme diciéndome que seguro los dejaba por un culo, y efectivamente eso hacía y vaya que culo, respondí un mensaje de mi grupo de mi familia y algunos mas de mis grupos de estudio, luego tenía un mensaje de mi tío diciéndome que iba a salir con mi tía a un compromiso durante el día así que mis primas se quedarían solas, luego tuve dos mensajes de números que no tenía registrados uno era de Flavia saludándome y pidiéndome que cuando pueda vaya a hablar con ella, el otro era de Glenda quien me preguntaba a donde iríamos y que debería ponerse, decidí no contestar ninguno de los mensajes y bajar para hablar con ellas en persona.

    Al bajar pude ver por una de las ventanas de las escaleras que tenía vista hacia la calle y la cochera, que efectivamente mis tíos habían salido ya que no se encontraba el auto en la cochera, llegue al segundo piso y me quedé parado frente a las puertas de las habitaciones de mis primas, dude por un segundo cual tocar primero pero finalmente toque a la puerta de Flavia, aun me sentía un poco culpable de lo ocurrido el otro día con ella así que de esta forma trate de compensarla.

    Toqué su puerta y espere un momento que me abriera.

    – Hola primito.- Me saludo con su habitual sonrisa coqueta.- ¿A dónde vas tan guapo? jajajaja.- Rio mientras ponía una mano en mi pecho.

    – Hola Flavia?.- La salude con un tono de pregunta ya que me sorprendió mucha la forma en que su actitud regreso a como antes, como si lo que pasó hace unos días nunca hubiera sucedido, la mire de pies a cabeza, estaba bellísima y verla parada en el umbral de su habitación con la luz de sus ventanas detrás de ella le daba un toque como celestial, tenía puesto un short deportivo de color negro muy pegado que apenas tapaba sus muslos, un polo suelto de color blanco en el cual se disimulaban las deliciosas curvas de su torso, estaba descalza y tenía el cabello amarrado con 2 colitas.- ¿Cómo estas ? ¿Para qué me hablaste? -le dije mientras no dejaba de admirar su bello rostro.

    – Quería saber que ibas a hacer hoy, de repente podíamos salir a algún lado.- Me respondió dándome una mirada coqueta y jugando con su cabello.- No te creas, sé que vas a salir con tus amigos, solo quería decirte que te vi hablando con Karla anoche, por favor trata de no relacionarte con esa Perra, de verdad es muy mala persona.- Me dijo mirándome con una sonrisa que la verdad me dejo un poco preocupado, lo otro era que ella no sabía que iba a salir con su hermana, lo de mis amigos lo debe de saber por su papa ya que yo les había dicho eso y no les dije que cambiara de planes, creo que me conviene que siga creyendo eso.

    – La verdad no creo que me cruce muy seguido con Karla ni con nadie del barrio la verdad, es que paro muy ocupado, y como dijiste voy a salir con mis amigos que es una de las formas en las que me relajo…

    – Si creo que ya sé de qué otras formas te gusta relajarte jajaja. -Me interrumpió Flavia en voz baja y no terminó de reírse bajo la mirada y se puso muy roja, esta actitud me calentó demasiado y ya estaba a punto de empujarla a su habitación para quitarle esos aires de superioridad de nuevo, pero me tuve que contener ya que Glenda estaba en la habitación de enfrente y podría escuchar.

    – Jajaja, muy graciosa.- Le respondí mientras daba un paso adelante para acercarme lo suficiente a ella como para que mi verga semi erecta toque su vientre, Flavia me miró hacia arriba al mismo tiempo que se llevaba los dedos a la boca como asustada por mi comportamiento, definitivamente era una belleza y me ponía a mil la actitud sumisa que tomaba cuando yo no caía en su juego.- Bueno me tengo que ir nos vemos más tarde Primita.- me despedí de ella con un firme beso en sus labios y cerré su puerta.

    Me gire y me acerque a la puerta de Glenda, toque dos veces y escuche una Dulce voz que me dijo:

    – Pasa.

    Abrí la puerta y me encontré con Glenda, vestía unos shorts cortos de color negro medio rasgados por adelante y con unas cadenas de metal que iban al costado de este, tenía unas zapatillas converse negras y unas medias negras largas con unas franjas blancas en la punta que llegaban hasta por encima de sus rodillas, tenía un top de color Negro sin mangas que le quedaba súper pegado y dejaba ver a la perfección su hermoso cuerpo, se había maquillado los ojos con una sombra y delineador negro, definitivamente estaba hermosa, suspire fuertemente mientras la miraba de pies a cabeza y le dije:

    – Buenos días Glenda, wow estás bellísima.

    – Buenos días Primo, gracias, voy a salir con unas amigas en un rato.- Me respondió mientras me guiñaba un ojo, había escuchado mi conversación con Flavia y me estaba siguiendo el juego.- Bajaré a comer algo de desayuno, me acompañas?

    Asentí con la cabeza y salimos de su habitación, la dejé pasar delante mío para poder deleitarme con ese bello culo, dios me estaba poniendo a mil sobre todo que al pasar sentí el aroma a su perfume que olía como a flores, me sentía el hombre más afortunado del mundo, pasamos por la puerta de la cocina que era de esas que se abren al empujarlas y se cierran solas, lo primero que hizo fue girarse abrazarme por el cuello y darme un largo y dulce beso, por mi parte la tome de la cintura jalándola hacia mi, tenía una clara erección y ella lo noto rápidamente ya que puso una de sus manos encima de mi verga y empezó a frotarla de arriba hacia abajo.

    – Te debo algo de esta mañana.- Me susurro mientras me desabrochaba los shorts y los dejaba caer al suelo, se arrodilló me bajó los boxers y se metió toda mi verga a la boca, se la tragó completa de la cabeza a la base mientras sentía como le daban arcadas por lo violento de su accionar, yo solo atine a dar una exclamación de placer y tomarla del cabello con una mano para guiar sus movimientos, yo estaba en la gloria y no paraba de disfrutar de la boca de mi primita.

    – Que bien que la chupas Glenda… -Le dije en voz baja mientras ella se sacaba mi verga de la boca para empezar a hacerme una paja con la mano derecha. – Nunca pensé que fueras tan sexual.

    – Mmm… jajaja y aun no sabes nada de mi primito. -Me respondió en susurros mientras sorbía un poco de saliva que caía por su barbilla, levantó mi verga hacia arriba y paso su lengua por mis huevos antes de meterlos uno a uno a la boca esto sin parar la paja que me hacía, dios mío yo estaba a punto de correrme en cualquier momento y recordando la última vez que me vine en su boca le dije:

    – Estoy a punto de correrme.

    Glenda me sonrió mientras me miraba con esos hermosos ojos marrones y se metió la cabeza de mi verga nuevamente en la boca, mientras con la mano derecha me hacía una paja con la izquierda masajeaba mis huevos, la condenada me estaba ordeñando, no pude aguantar mas y me vine a chorros dentro de su boca, a diferencia de la vez pasada ahora Glenda recibió mi descarga con gusto tragándose toda la leche que podía, pero era demasiada por lo que un poco de mi corrida llegó a escurrirse por la comisura de sus labios, recogió hasta la última gota con sus dedos y se los trago para a continuación limpiar mi verga con su boca hasta dejarla sin rastros de mi corrida.

    – Wow, eso estuvo increíble.- Le dije en forma de halago mientras me subía y abotonaba mis shorts.

    – Te dije que te la debía primito, ahora que tome desayuno a dónde vamos?  -Me dijo mientras se terminaba de limpiar y me dio una sonrisa como de niña consentida.

    – Qué te parece si vamos al Jockey Plaza, vamos a almorzar y luego vamos al cine a ver una película? -El Jockey Plaza es un mall conocido y uno de los más grandes en mi ciudad, quedaba relativamente cerca a la casa de mis tíos.

    – Si claro me encanta la idea, que te parece si salgo yo primero y nos vemos allá, así Flavia no sospecha que nos vamos a ir juntos.

    – Perfecto. -Le dije.- Eres muy inteligente. – Le dije mientras le daba un amoroso abrazo.

    – ¡Flavia ya me voy!  -Grito para avisar a su hermana que iba saliendo, espero unos segundos pero no recibió respuesta alguna.

    Tomo sus llaves y salió por la puerta mientras me lanzaba un beso con la mano, por mi parte había sudado un poco por lo que acababa de ocurrir así que aproveche el que no iríamos juntos para ir a mi habitación, lavarme un poco y cambiarme la ropa, me encontraba subiendo las escaleras cuando recordé lo ocurrido con Flavia hace unos minutos y lo mucho que me prendía la actitud sumisa que tomaba cada vez que yo me ponía fuerte con ella, me quede en el segundo piso camine hacia la habitación de Flavia y abrí la puerta con violencia sin tocar la primero, Flavia no estaba en su habitación pero escuchaba el ruido de agua caer, Flavia estaba en el baño que estaba dentro de su cuarto, estaba tomando una ducha, por eso es que no respondió cuando Glenda se despidió, abrí lentamente la puerta de su baño y me empecé a quitar la ropa, al quitarme la camisa la tire con fuerza al suelo para llamar su atención, Flavia cerró la llave del agua y corrió la cortina para ver que sucedía, se quedó mirándome con la boca abierta mientras soltó un grito por el susto que le saque.

    – ¿Luis qué haces?, ¿estás loco?

    – Perdón primita no quise asustarte, pero necesitaba una ducha rápida y bueno como esta me quedaba cerca. – Le respondí mientras me acercaba a ella. – No te importa compartir un baño conmigo no?

    – N no no. -Me respondió con un tono nervioso, me fascina el cambio drástico de personalidad que tenía conmigo.

    Me metí a la ducha con ella mientras Flavia me miraba fijamente a la cara, con sus brazos tapaba sus rosados pezones, yo pase una de mis manos por su costado y ella se acercó a mí para sentirme cerca, abrí el agua y la puse en una temperatura que le guste, la empecé a acariciar mientras Flavia no dejaba de verme a los ojos, se puso en las puntas de sus pies y me dio un beso yo la tome por la cintura y empecé a acariciar ese delicioso culo, metía mi lengua dentro de su boca y ella me respondía haciendo lo mismo con la suya, se fue soltando dejando sus pezones al aire y tomándome por mi cuello, ni bien hizo esto yo baje mi cara para empezar a besar ese perfecto par de tetas, las lamia y succionaba sus pezones mientras Flavia soltaba esta vez sin ningún reparo sus agitados gemidos.

    -Mmmm… Ahhh asiii que ricooo! -Me decía mientras yo me daba un banquete comiendo sus senos.

    Flavia tomo mi verga con su mano izquierda y empezó a hacerme una paja deliciosa, yo la tenía agarrada por la espalda con una mano y con la otra jugaba con el seno que no tenía en la boca, me arrodille frente a ella y le empecé a besarle su rosada panochita, lengüeteaba su delicado clítoris mientras ella se retorcía y entrando en conciencia del ruido que ella estaba haciendo se tapó con ambas manos la boca, yo seguí varios minutos dándole placer a esa perfecta rajita cuando de pronto sentí que ella no podía aguantar más, sus piernas empezaron a temblar y dejó escapar unos suaves gemidos que solo podían indicar una cosa, se estaba corriendo y muy fuerte de pronto en pleno orgasmo soltó su boca y me tomo de la cabeza como si quisiera hundir mi cara en su rajita y empezó a gemir con aún más fuerza.

    – Ahh mmm.- La escucha gritar mientras yo animado por esto movía mi lengua aún más rápido y fuerte contra su clítoris cuando sentí algo caliente correr por mi barbilla y en mi pecho, Flavia no había podido aguantar más del placer y se estaba orinando sobre mí, si dije orinando no fue squirt como muchos sabrán eso es una cosa totalmente diferente.- Perdón Luis no me pude aguantar.

    Yo no estaba molesto, esto y el sonoro orgasmo que acababa de regalarme me tenía a mil y a punto de explotar.

    – Pues adivina que, no te perdono. -Le dije mientras la tomaba de la cintura y la giraba poniéndola de espaldas a mí y empujándola para que ponga ese hermoso culo hacia arriba, pase mi lengua por toda su raja y culo antes de parar, tome mi verga con la mano derecha y se la metí hasta el fondo de un solo movimiento y sin piedad.

    – Ahhh. – Grito Flavia mientras apoyaba sus manos en la pared de la ducha.

    Yo empecé un mete y saca muy rápido, no podía contenerme mas el cuerpo de Flavia me parecía delicioso y su rajita se sentía tan apretada que no sabía como era posible no haberme corrido ya.

    – Esto es por orinarte encima mío.- Le dije mientras le daba dos fuertes nalgadas en su hermoso culo, mi prima guardaba silencio solo se escuchaban sus gemidos silenciados mientras ella se mordía los labios.

    Ya no pude aguantar mas, la tome de la cadera y con dos fuertes embestidas me vine dentro de ella, sentía mis chorros de leche llenar su pequeña rajita mientras empujaba mi verga lo más profundo que podía, Flavia levantó su torso hacia mí dejándome abrazar la por su vientre y acariciar sus suaves senos, tiró su cabeza para atrás apoyándola en mi hombro mientras ponía sus manos sobre las mías acompañando mis caricias.

    – Flavia, ahora si estas perdonada. – Le dije mientras cerraba el agua la gira para tenerla delante mío le levante la barbilla con una mano y le di un largo beso en los labios, Flavia había tomado nuevamente su actitud tímida y no era capaz de pronunciar una sola palabra solo me sonrió y me respondió con otro largo beso. – Flavia me tengo que ir, por cierto Glenda ya salió se despidió de ti y no le respondiste nada.

    – No la oí seguro ya estaba en la ducha, ¿A qué hora vuelves? podemos salir en la noche a tomar un café o cenar? yo invito.- Me dijo esta vez con la sonrisa coqueta y desafiante de siempre, no podía negarme.

    – Claro que sí Flavia, regreso como a eso de las 7:00 pm me esperas lista y salimos a cenar algo.

    – Genial. -Me sonrió nuevamente y se despidió de mí con otro beso en los labios.

    Salí prácticamente corriendo aun mojado y me fui a mi habitación, me puse ropa decente y salí a la parada de autobús, recibí un mensaje de Glenda diciéndome que acababa de llegar y que me esperaba cerca de una conocida tienda de departamentos, me envió una foto mandándome un beso, le respondí diciéndole que ya estaba en camino y que no podía esperar para pasar el día con ella. Seleccione una playlist con musa de los 80’s subí al bus y fui a su encuentro.

    Muchas gracias por leer hasta el final, y muchas, muchas gracias a todos los que me escriben a mi correo con comentarios y preguntas de verdad me alegro bastante que les esté gustando tanto mis relatos, les dejo nuevamente mi correo para que me hagan llegar sus apreciaciones [email protected], todos mis relatos son basados en experiencias propias.

    Saludos.

  • El chochito de papá

    El chochito de papá

    Sonia estaba bajo la ducha. El agua caía sobre su largo cabello negro, bajaba por su espalda, por su culo duro y respingón, por sus grandes tetas, por su coño, en el que empezaban a ver las raíces de los pelos, por sus largas piernas y se iba por el desagüe mientras ella con su mano izquierda metía y sacaba de su culo un pequeño consolador y con los dedos de la derecha acariciaba su clítoris. En su imaginación estaba en un jardín, rodeada de rosas rojas y bajo la lluvia, su padre, que era su inspiración, estaba detrás de ella besando su cuello, magreado sus tetas y follando su culo.

    Eusebio, el padre de Sonia, entró en el chalet. Llegó al salón y le pareció oír algo así cómo gemidos. Cómo su hija estaba en Londres de vacaciones y su mujer en París con su machacante, se dijo a sí mismo:

    -Estás obsesionado con el sexo, Eusebio.

    Cuando se iba a quitar la chaqueta de su traje gris, oyó decir:

    -¡Me corro en tu polla!

    Eusebio, un hombre de 46 años, alto, moreno, atractivo y juez de profesión, ya no acabó de quitar la chaqueta del traje, dio media vuelta y volvió a salir del chalet. Subió en su Mercedes E Q A y condujo media hora hasta llegar a su lugar favorito, una tranquila cala que estaba en otra ciudad. Allí aparcó el auto a unos cincuenta metros de la arena y sin salir de él se puso a mirar cómo jugaba con su bichón maltés una joven alta, delgada, morena, con coletas y en biquini que tendría la edad de su hija. La muchacha lanzaba un disco de plástico y el perro y ella salían corriendo para ver quien lo cogía, obviamente lo cogía siempre el perro, se lo devolvía y volvía a lanzarlo. A la muchacha al correr sobre la arena no se le movían las tetas ni las nalgas, las debía tener duras cómo piedras. Eusebio hizo lo que nunca haría si no hubiera oído los gemidos de su hija al correrse, sacó la polla y mirando para la joven de la cala comenzó a menearla. Al rato la muchacha se percató de que la estaba mirando y fue lanzando el disco con dirección al Mercedes. Cada vez que se acercaba veía con más claridad que el brazo del hombre se movía. Acabó lanzando el disco al lado del Mercedes. Eusebio al ver a la joven venir hacia el auto dejó de menearla, pero no la guardó por si caía algo. La muchacha tenía que saciar su curiosidad, acercó la cabeza a la ventanilla, miró y vio que Eusebio tenía la polla en la mano. A la joven se le escapó una sonrisa y después le preguntó:

    -¿No te da vergüenza hacer una paja a tu edad?

    Eusebio bajó el cristal de la ventanilla y le respondió:

    -Al ver una chica tan bella como tú, no.

    Cómo si no estuviera cansada de saber que la paja la hacía a su salud, le preguntó:

    -¿¡La estabas haciendo por mi culpa?!

    -¿Hay alguien más en la playa?

    -Panchito.

    Panchito tenía que ser el perro, Eusebio le dijo:

    -No me va la zoofilia.

    -Ya que soy la causante me gustaría ver cómo te sale la leche.

    Eusebio miró para la muchacha, era preciosa, tenía los ojos azules, el cabello pelirrojo, los labios gruesos y no iba pintada, no le hacía falta, su belleza no necesitaba aditivos. Le dijo:

    -Enséñame algo.

    -¿Qué me das a cambio?

    -Mi leche.

    -Dame algo que se pueda gastar.

    -¿Te valen cincuenta euros por enseñarme las tetas?

    -Valen.

    Cogió la cartera en la guantera y le dio los cincuenta euros. Con el dinero en una mano, la joven apoyó los brazos en la ventanilla, se subió la parte de arriba del biquini, y dándole el culo a los coches que a unos treinta metros pasaban por la carretera, le enseñó sus tetas casi triangulares, con areolas marrones y pezones gorditos, luego le preguntó:

    -¿Te gustan?

    Eusebio meneando la polla, le respondió:

    -Me gustaría más ver tu coño, pero se me acabó el dinero.

    -Tú dale que ya veremos.

    La joven vio cómo la mano derecha de Eusebio subía y bajaba. Cómo la piel tapaba el glande y después bajaba… Cuando del meato le empezó a salir aguadilla ya ella tenía la braga del biquini mojada. La apartó para un lado y le dijo:

    -Abre la puerta.

    Eusebio abrió la puerta del auto y vio su coño.

    -¿Te gusta?

    -Lo que me gustaría es comerlo.

    -Nunca se sabe, a lo mejor tienes suerte, mientras tanto voy a hacer algo para ti.

    La joven empezó a hacerse un dedo… En nada estaba gimiendo. Eusebio, sin dejar de menear la polla, la agarró por la cintura y tiró hacia él. La joven se dejó ir y su coño se encontró con la lengua de Eusebio. Con poco más de una docena de lamidas hizo que se corriera en su boca y con ella se corrió él.

    La joven al acabar de correrse se agachó le cogió la polla y se la chupó un par de veces, después se levantó, bajó la parte de arriba del biquini y le dijo:

    -Fue un placer.

    Eusebio guardando la polla, le dijo:

    -El placer fue mutuo.

    La muchacha echó a correr con el perro detrás de ella. Llegó hasta donde tenía su ropa y guardó los cincuenta euros en uno de los bolsillos de sus vaqueros. Cuando Eusebio encendió el auto para irse la joven le dijo adiós con la mano. Después lanzó el disco y el bichón maltés y ella se echaban a correr en su busca.

    Cuando Eusebio llegó a casa se quitó la chaqueta del traje, se desabotonó el chaleco, se sentó en el tresillo del salón, se quitó los zapatos, cogió el mando de la televisión y la puso en Discovery Channel.

    Sonia llegó al salón vestida con un short rojo y una blusa con los cuatro botones de arriba fuera de sus ojales y anudado por encima del ombligo. Enseñando el canalillo y la mitad de sus grandes tetas, le dijo a su padre:

    -¡Sorpresa!

    Eusebio la miró y le dijo:

    -¿Pero tú no volvías la semana que viene?

    -Londres no es lo que yo esperaba, por cierto, llamó mamá.

    -¿Y qué te dijo?

    -Que te dijese que el miércoles vuelve de Paris y que firmará los papeles del divorcio.

    -Sin tiempo no era.

    -¿Una copa, papá?

    -Pon.

    Sonia fue al mueble bar y se sirvió una copa de peppermint Marie Brizard. Hizo cómo si sirviese otra de brandy Fundador Supremo y cuando devolvió la botella al mueble bar cogió otra copa que ya había preparado con brandy y en la que le echara una viagra, luego fue junto a su padre, le dio el brandy, tomó un sorbito de peppermint, posó la copa en la mesa camilla, y le dijo:

    -Me voy a dar una ducha.

    En el aseo se tomó su tiempo. ¿El motivo? Que la pastilla le hiciese efecto a su padre. Afeitó las piernas, el coño y las axilas, dejó su piel suave cómo la seda.

    Media hora después volvía al salón cubierta con un mini albornoz de satén rojo y oliendo a J´Adore, una esencia de perfume que le había regalado su padre. Se puso unos cascos en la cabeza, encendió el reproductor de música y dándole la espalda a su padre comenzó a mover el cuerpo sensualmente y a cantar a dúo con Pablo Alborán:

    -Hablemos de amor, del sol en tu espalda, del sueño que tarda en soltar la mañana, ser tu despertador, hablemos de amor, el beso en la frente que llama a la suerte y avisa que está todo bajo control…

    Sonia había cantado moviendo rítmicamente sus caderas y su culo. Era una zorrita de mucho cuidado. Llevaba tiempo provocando a su padre de decenas de maneras diferentes, con besos en la comisura de los labios al besarlo en la mejilla, con salidas del baño casi sin ropa…, incluso una semana antes cuando Eusebio iba para cama al pasar por delante de la puerta de la habitación de su hija la había visto frente al espejo desnuda y tocándose, y la había visto porque había dejado la puerta abierta para que esto ocurriera… Pero volvamos al turrón.

    Al acabar la canción se quitó los cascos. A Eusebio ya le hiciera efecto la viagra y tenía un empalme brutal, empalme que tapaba poniendo las manos encima del bulto. Sonia le preguntó:

    -¿Jugamos a las cartas y escuchamos música?

    -¿A qué te gustaría jugar?

    -Al strip poker.

    Eusebio sabía de sobras que quería, pero le dijo:

    -A ver, Sonia, primero el bailecito, ahora el strip poker. ¿Qué buscas?

    -¿Por qué preguntas lo que ya sabes, papá?

    Eusebio se puso duro, aunque esperando que no le hiciera caso.

    -¡Tira para tu habitación si no quieres que te ponga en tu sitio!

    Sonia fue junto a su padre, se quitó los cascos, y cogió el mando a distancia encima de la mesa camilla para apagar la televisión. Eusebio, muy serio, le dijo:

    -¡Ni se te ocurra!

    Sonia sonreía.

    -Voy a cambiar y vamos a jugar…

    Eusebio le cogió el mando de la mano. Sonia se echó encima de su padre para arrebatárselo. Sin querer queriendo se había puesto en posición para que la azotase.

    -¡Ahora verás, gamberra!

    Eusebio le puso una mano en la espalda, le levantó el mini albornoz, y cómo no llevaba ropa interior le quedó el culo al aire. Eusebio mirando para aquel culo redondito y duro casi se le cae la baba, pero haciendo de tripas corazón, le dijo:

    -¡Serás guarra!

    La palma de su mano derecha fue de una nalga a la otra pegando con ganas.

    -¡¡Plas! -Ay, me gusta-. Ay, me estás calentando-. ¡¡-Ay, podría correrme así!!

    -Sé que estás mintiendo para que deje de castigarte.

    Sonia siguió pinchándolo.

    -¿Se te puso dura, papá?

    -¡La madre que te parió! De mí no te ríes tú.

    -¡¡Plas!! -Dios, sigue que me corro.

    -Deja ya de fingir.

    Sonia no estaba fingiendo, y es que tenía una mano entre las piernas y dos dedos dentro de su coño, cosa que no había advertido Eusebio. Su polla lo debía saber, ya que babeaba cómo una perra.

    -Estás dándome para ponerme cachonda, lo sé.

    Su hija tenía razón, quería calentarla. Le volvió a dar mientras le decía:

    -Sí, te estoy calentado, pero el culo.

    -¡Me corro!

    Eusebio sintió sus gemidos, vio cómo temblaba y supo que no había estado fingiendo. Sus azotes y los dedos la llevaran al orgasmo. Poniendo cara de tonto le dijo:

    -Te corriste.

    Sonia, tardó en contestarle, se puso en pie, luego señalándole el bulto que hacía la polla en el pantalón, le respondió con otra pregunta:

    -¿Una mamada, papá?

    Aún no llegara la hora.

    -Chupa un dedo, descarada.

    Sonia se vino arriba.

    -Un dedo lo vas a chupar tú.

    Pasó el dedo medio de la mano derecha por el coño, lo sacó pringado de jugos y llevándolo a sus labios, le dijo:

    -Prueba el sabor de mi chochito.

    Eusebio abrió la boca para hablar y le metió el dedo en la boca.

    -¿Te gustó su sabor?

    Eusebio ya se moría por follar a su hija, pero no quería entregar tan pronto la cuchara.

    -Eres…

    -Soy una zorra. ¿Follamos?

    -Sería algo…

    -Sería algo mágico. Estamos solos. Tú estás empalmado. Yo tengo ganas…

    -Sería una barbaridad.

    -Sería una barbaridad de polvo.

    -Eres la tentación hecha mujer.

    -Una tentación que tiene empapado su pequeño chochito.

    Sonia se sentó encima de su polla y le abrió el nudo de la corbata. Eusebio deseaba echarla sobre la alfombra y reventarle el coño, pero para que lo cogiera con más ganas, siguió haciendo de padre.

    -Un padre y una hija no hacen estas cosas.

    Sonia acercó la boca a la de su padre para besarlo, la retiró y le dijo:

    -Te huele la boca a chocho.

    Eusebio ya se soltó.

    -Será porque comí uno.

    -¿A quién le comiste el coño?

    -Esas no son cosas tuyas.

    Le quitó la corbata y empezando a desabotonar su camisa blanca, le dijo:

    -El mío te va a saber mejor que el de esa que no es cosa mía.

    -Pero…

    -Ni pero ni pera, sé que te gusto. A veces veo cómo me miras para el culo cuando crees que no te veo.

    No se lo negó.

    -Ni que tuvieras ojos en el culo.

    -Tengo, tengo, tengo uno y aún no ha visto una polla jugar con él.

    -Pero, Sonia…

    Le calló la boca con un beso con lengua que le dejó la polla latiendo cómo un corazón, luego le dijo:

    -Llámame chochito y ámame, papa.

    -Sería una locura.

    Sonia apretando su coño contra la polla movió su culo de atrás hacia delante y de delante hacia atrás. Le dejó perdido de jugos el pantalón. Después se quitó el mini albornoz y totalmente desnuda, le dijo:

    -Siento tu polla latir bajo mi chochito. Quiero que me lo comas y después que me lo llenes con tu leche.

    -¿Nunca te das por vencida?

    -¡Nunca!

    -Estás muy loca y me vas a volver loco a mí.

    Sonia tiró de él. Eusebio se dejó ir y quedó sentado sobre la alfombra con la espalda apoyada en el tresillo. Sonia le puso el coño en la boca, y le dijo:

    -Come, come que sé que lo estás deseando.

    Un par de gotas de jugos le cayeron sobre la lengua y ya no hizo más el paripé. Le echó las manos al culo y le lamió el coño. Le supo a gloria. Después enterró su lengua en él y Sonia moviendo su culo de delante hacia atrás y de detrás hacia delante, le dijo:

    -¡Cuantas veces soñé con este momento! Cuantas pajas… ¡¡Me corro!!

    Sonia soltó una pequeña cascada de jugos blanquecinos y mucosos que su padre se tragó con lujuria.

    Al acabar, comiéndolo a besos, le dijo:

    -Ahora te voy a hacer correr yo a ti, papá. Échate sobre la alfombra.

    Eusebio tenía otros planes.

    -Si quieres follarme, chochito, fóllame en cama.

    No le llevó la contraria, solo le preguntó:

    -¿En tu cama o en la mía, papá?

    Fue en la de Sonia. Allí al lado de la cama, Sonia besó y desnudó a su padre. Después Eusebio cogió la botella de champán de una cubitera que había puesto encima de la mesita de noche, llenó dos copas, le dio una, y chocándolas, le dijo:

    -Por nosotros, chochito.

    -Por nosotros, papá.

    Después de vaciar las copas, le dijo Eusebio a su hija:

    -Échate sobre la cama.

    -Así no te puedo follar yo a ti.

    -Tiempo tendrá para hacerlo.

    Sonia se metió en cama y se echó boca arriba. Eusebio arrodillado a sus pies, le cogió el pie derecho y le lamió y le chupó el dedo gordo, después fue separando los dedos y se los lamió y chupó, luego lamió entre ellos al tiempo que le masajeaba las plantas, después al lamer las plantas vinieron las cosquillas y las risas, el ji, ji, ja, ja. A continuación le hizo lo mismo en el pie izquierdo, y terminó lamiendo la planta, al lamerla volvieron las cosquillas y las risas, el ji, ji, ja, ja, cosquillas y ji, ji, ja, ja que desaparecieron cuando le cogió los pies con las dos manos, le puso la polla en medio, apretó y se masturbó con ellos. Sonia le preguntó:

    -¿Te vas a correr así?

    -No, me voy a correr dentro de ti, chochito.

    -¡Bien!

    Al rato Sonia ya no paraba de gemir. Eusebio subió besando lamiendo y acariciando sus piernas, al llegar a las rodillas, le preguntó:

    -¿Te lo estás pasando bien, Chochito?

    -Sí, papá.

    Subió acariciando, besando y lamiendo el interior de sus muslos, al llegar arriba vio que al lado del coño los tenía mojados, lamió esa humedad antes de acercar su boca al coño y soplarle. Sonia reaccionó diciendo:

    -¡Travieso!

    Le pasó la lengua por el coño y lo encontró pastoso, tan pastoso estaba que al sacar la lengua de él y tragar fue cómo si tragara leche condensada, solo que con sabor agridulce. Sonia le facilitó el trabajo abriendo el coño con dos dedos.

    -Come, goloso.

    Eusebio lamió sus labios y su clítoris erecto. Le metió y sacó la lengua en la vagina media docena de veces y después volvió a lamer labios y clítoris. Luego mojó el dedo pulgar en la boca y le acarició el ojete, ojete que comenzó a pedir guerra, la pidió y se la dio. Le metió el dedo gordo dentro. Follándole el culo le lamió el clítoris de abajo a arriba cada vez más aprisa y Sonia, le dijo:

    -¡Me voy a correr, papá!

    -Córrete, Chochito, córrete!

    Se puso tensa, hizo un arco con su cuerpo y le dijo:

    -¡Me corro, papá!

    Al acabar de correrse besó su ombligo, besó su vientre, besó el pezón de la teta izquierda, el de la derecha, su boca, su nariz, su frente, y besando su frente le metió la polla en el coño. Le entró hasta el fondo deslizándose suavemente entre las paredes vaginales. Desde el fondo comenzó el viaje hacia atrás hasta que abandonó la vagina. Volvió a besar su boca, pero ahora con lengua, después le comió las tetas despacito, pero sin dejar un milímetro de ellas sin besar y lamer. Volvió a bajar, llegó al coño y pasó su lengua por él, de nuevo estaba pastoso. Con la lengua pringada de jugos la puso boca abajo y le lamió el ojete, al lamerlo quedó lleno de jugos. Algunos de estos jugos fueron entrando dentro de su culo cuando se lo folló con lengua y otros entraron cuando le metió el dedo pulgar, dedo que moviéndose alrededor fue haciendo hueco para la polla. Cuando se la frotó en la entrada del ojete ya Sonia estaba preparada para recibirla, de hecho el ojete la recibió con un beso al cerrarse, y al abrirse la invitó a entrar. Sonia gemía cómo una loca. Le dijo:

    -¡Mete, papá, mete!

    Le metió el glande. Sonia no se quejó, al contrario, le dijo:

    -Toda, métemela toda, Papa.

    Eusebio se la metió despacito hasta que los huevos hicieron tope, después la sacó despacito, le dio la vuelta, levantó a su hija cogiéndola por la cintura y se la clavó hasta las tranca en el coño. Con la polla en el fondo se quedó inmóvil mirando para ella, Sandra comenzó a mover su culo alrededor, de abajo a arriba y de arriba a abajo. Cuando sintió que se iba a correr, le dijo:

    -Córrete conmigo, papá.

    -Aguanta, chochito.

    Sonia no podía aguantar más. Sus ojos se cerraron y gritó:

    -¡¡No puedo!!

    Eusebio miró cómo se corría su hija. Jamás había visto tanta belleza. No pudo contenerse y le llenó el coño de leche.

    Aún se estaba corriendo Sonia cuando la sacó del coño y se la metió en el culo. Las últimas gotas de leche ayudaron a lubricar el ojete… Al tenerla toda dentro la folló muy, muy lentamente.

    Sonia aún tardó en recuperarse de la inmensa corrida, cuando lo hizo, le dijo:

    -Ni sentí que me la habías metido en el culo.

    Mentía, ya que la clavada en su culo había hecho que se alargara la corrida.

    -¿Preparada para correrte otra vez, chochito?

    -Ya nací preparada, papá.

    Comenzó a follarle el culo más aprisa… Al rato Sonia acarició el clítoris con tres dedos de su mano derecha. Miró a su padre a los ojos, y le dijo:

    -Mírame a la cara cuando te corras.

    Pasado un tiempo Sonia sintió cómo su padre le llenaba el culo de leche y vio cómo la miraba, la miraba pero no la veía, ya que los ojos se le pusieran en blanco, esa visión hizo que sus dedos volasen sobre el clítoris y que de su coño saliese un chorro de jugos.

    -¡¡Qué ricooo!!

    Se corrió jadeando cómo una perra.

    Al acabar Eusebio salió de la cama y echó dos copas de champán. Le dio la de su hija, y le dijo:

    -Eres la mujer más sensual que he conocido.

    Sonó el móvil de Eusebio, lo cogió y se acabó la fiesta. Tuvo que ir a una casa en las afuera para que pudieran descolgar a uno que se le acabaran las ganas de vivir.

    Sonia y su padre siguen juntos y no tienen pensado dejarlo, eso sí, la relación la mantienen en secreto.

    Quique.