Blog

  • Las reglas

    Las reglas

    Estoy muy nerviosa tengo una entrevista de trabajo como ama de llaves y necesito conseguirlo como sea, una amiga me ha pasado el contacto al parecer se conocen, él llevó su divorcio puesto que es abogado, es un hombre alto, moreno, fuerte, serio, la verdad es muy atractivo, pero aparto esos pensamientos de mi mente, he de conseguir el trabajo a como dé lugar.

    -Buenos días soy Lisa, mucho gusto.

    Lo cierto es que tiene una mirada muy penetrante y me está poniendo nerviosa.

    -Hola Lisa soy Rogger, encantado. Siéntate quieres tomar algo? -Dice mientras me quita el abrigo y me muestra un sillón para que me siente.

    -Gracias un poco de agua está bien.

    Me doy cuenta de que el traje que lleva puesto le sienta muy bien le queda bien ceñido al cuerpo, y le resalta la figura, tengo que dejar de fijarme en él me está poniendo cada vez más nerviosa. Me acerca un vaso con agua, se sienta delante de mí y me dice:

    -¿Bueno Lisa, tu amiga me ha comentado que necesitas mucho este trabajo es así? -Dijo dando un trago a su vaso con whisky.

    -Si señor es cierto, tengo a un familiar enfermo y debo cuidar de él. -Le explico muerta de vergüenza no es agradable decir esas cosas.

    Entonces se levanta del sillón me pone de pie me mira atentamente y se acerca a mí, creo que quiere besarme, pero se aleja y solo dice:

    -¿Y qué estás dispuesta a hacer para conseguirlo? -Pone su mano sobre mi hombro.

    -Verá necesito mucho el trabajo de verdad deme una oportunidad no se arrepentirá. -No sé qué más decirle creo que no me va a dar el trabajo.

    -Está bien, pero con una condición. -Mientras me dice esto me lleva delante de un espejo y se pone detrás de mí y continua:-Te pareces mucho a mi mujer no sé si lo sabrás, pero ella falleció hace algún tiempo, cuando iba a mis juicios la gente se giraba para mirarla era preciosa como tú, solo quiero jugar y el trabajo es tuyo, así de simple yo te diré donde, como, con quien, y que te debes poner, ¿dime aceptas? -Lo dice tan serio no puedo creer lo que me dice, pero necesito el dinero no me puedo negar así que asiento con la cabeza mirando al suelo.

    Llevo unos días trabajando aquí, hoy me ha dicho que por la noche me he de vestir con la ropa que ha dejado en mi habitación, hay vestido negro muy ceñido de tirantes finos que dejan al descubierto mi espalda, bastante corto y que resalta mis pechos, juega conmigo acercándose y alejándose no puedo mentir en realidad me gusta lo que hace, pero se pone detrás de mí y me dice al oído:

    -Este juego tiene reglas solo uno te follará, da igual que no te guste, que sea sucio, los otros bueno los otros ya lo verás. -Coge mi mano y me monta en el coche.

    No tardamos mucho llegamos a un descampado hace frío veo a tres hombres al lado de una fogata son altos y morenos no tienen muy buen aspecto y me pongo nerviosa Rogger se acerca a mí, me pide el abrigo y se marcha. Uno de los hombres me quita el vestido y empieza a jugar con mis pechos rozando con la yema de sus dedos mis pezones los cuales cada vez se iban poniendo más erectos, los demás estaban sentados mirando el espectáculo, él se desnuda me pone de rodillas para que comience a relamer su verga coge mi cabeza con fuerza y me ahoga con su miembro no me deja sacar la cabeza, está disfrutando, lo oigo gemir de placer, se sienta en un sofá roto y muy sucio me ordena sentarme encima de él mirándolo y me dice:

    -Métetela y follame como la putita que eres, y hazlo bien. -Me coge del cuello y me ordena que siga.

    Puedo ver que los otros dos hombres se van acercando y se están masturbando tienen sus miembros fuera de los pantalones y se relamen viendo cómo me penetra, no puedo mentir me estoy mojando esta situación me tiene bastante cachonda Rogger no me quita la vista de encima, así que me doy la vuelta para que me vea mejor.

    Este individuo pone sus manos en mi clítoris y empieza a masajearlo lentamente !dios¡ que placer siento no quiero parar, ahora ya no tengo a dos hombres a mi alrededor si no a tres de donde ha salido el tercero la verdad no me importa quiero ver como se masturban mirándome, se acercan y comienzan a tocar mis pechos uff que gusto, me están pellizcando suavemente mis pezones pido más y más en ese momento me levanto de encima de ese sujeto y me pongo sobre el respaldo del sofá echo mi trasero para atrás para que me la vuelva a meter y sin decir ni una palabra me la mete por el culo oh por dios necesito más estoy ardiendo, empiezo a comerles la polla a los demás uno a uno se van corriendo en mi boca voy escupiendo el semen para que caiga sobre mi barbilla mi cuello y mis pechos Rogger sonríe mientras me mira sabe que estoy disfrutando, por último, el ser que me está penetrando la saca de dentro de mí y se corre en mis nalgas, se visten y se van, me dejan ahí, Rogger se acerca me tira el abrigo y nos marchamos.

    Llegamos a casa y cuando me dirijo a mi habitación me doy cuenta de que la noche aún no ha terminado.

  • La noche que me hicieron sumisa

    La noche que me hicieron sumisa

    Es blanco, pero tostado y de ojos verdes, de 50 años quizás, como yo, se ve duro, bajo, pelo corto y tieso y todos lo tratan con respeto. De verdad siempre me gustó, sus manos son toscas pero cuidadas.

    Esa noche en la casa de la playa, después de jugar a las cartas con otros amigos, salimos a la terraza a tomar un trago. Nos dimos unos besitos y entramos a su dormitorio por la cocina para que los que jugaban no nos llamaran. Se sentó en el borde de la cama, me puso de pie frente a él y comenzó a desabrocharme la blusa, a sacarme el brassier.

    Yo inmóvil dejaba sus manos acariciarme la espalda y su lengua y sus dientes en mis pezones me daban escalofríos de lo rico que los sentía. Me hizo retroceder, me desabrochó el pantalón y me dejó frente a él, sola con mis pantaletas, pensé si estarían húmedas.

    Luego me tomó de la cintura me recostó en la cama, y encendió una velas y apagó las luces y se sentó a mi lado acariciándome, yo estaba algo mareada por los dos whiskys, pero después de 24 años de mal matrimonio y separada y sola hace medio año ya, me encantaba como me recorría esa mano áspera y subía hasta mi entrepierna.

    -Estas mojándote, putina- me dijo. Me pareció una ordinariez que me llamase así.

    -Zarina, le dije molesta.

    -Putina, me dijo. Y siguió acariciándome sin hacerme mayor caso. Luego me puso boca abajo y metió su mano entre mis piernas, me sacó las pantaletas y quedé desnuda en la cama, y ya a punto, lista, entregada.

    Él se dio cuenta de ello. Acomodó una almohada bajo de mis caderas que levantaron mi trasero. Y yo ya estaba a cien, levantaba mis glúteos para que los tomara y el paseaba su dedo por mi hoyito, luego bajaba su mano a mi rajita que estaba muy muy mojada.

    -¿Sigo?- Me susurró con sus dedos pellizcándome el clítoris.

    -Siii, por favor- le pedí entre suspiros.

    -Viste que eres putita… Mi putina-, me dijo. Reconócelo. Dilo… Mientras me magreaba el sexo.

    -Putina, le dije después de un silencio, murmurando, siguiendo con mi cuerpo su mano para que no se despegara de él.

    -Más fuerte, que no te escucho amor-. Me gustó que dijera amor.

    -Putina. Soy tu putina -le dije y me mordí los labios junto a la sábana donde hundía mi cara.

    Y siguió. Yo movía mis caderas buscando el contacto de mis labios mojados con sus dedos. Estaba muy muy excitada ya, como nunca creí que yo señora profesora, señora directora, pudiera estarlo solo quería que se sacara su ropa y entrara en mí.

    -Te mueves mucho putina -me dijo, y me dio media vuelta poniéndome boca arriba. Y acostada en la cama ató mis manos, mis muñecas a cada esquina de la cabecera. Luego separó mis piernas y las amarró desde sobre las rodillas a los bordes de la cama impidiendo que las juntara. Dejándome abierta a él, mojada palpitante e hinchada, cualquier roce me aceleraba, me hacía jadear.

    Luego me vendó los ojos.

    La ceguera hizo que escuchara afuera las voces de los demás que continuaban jugando a las cartas y olí las velas que alumbraban la habitación. Su mano continuó jugando con mi cuerpo, lo rozaba, lo pellizcaba, buscaba mi boca o colaba sus dedos entre mis labios sin introducirlos en mi vagina, los subía a mi cuello, los enredaba en mi pelo, así por un largo rato que me hacía padecer.

    Porque no me monta de una vez me preguntaba impaciente, porque no me lo mete de una vez. Por dios!! Luego su mano comenzó a bajar por mi estómago, lenta y se acercó a mi clítoris, pensé que si me lo tocaba no iba a poder reprimir el orgasmo. Estaba lista. Me tenía lista.

    En el momento que lo hacía que sentía como comenzaba a abrirme esos labios y acercarse y suspiraba para explotar, para irme, entregarme, perderme, en ese preciso momento, sentí traspasar mi pezón que una aguja lo atravesaba y no pude evitar un grito de dolor, parecía que un cuchillo lo cercenara. Grité corto y duro. Luego fue un haggg y retorcí mis brazos pero las correas de las manos y piernas me inmovilizaban, era un dolor de agujas que entraban por mi piel y que se confundió con las ansias que despertaba nuevamente su mano que se acercaba a mi entrepierna una vez más.

    En el momento que abría mis labios buscando mi vulva y yo levantaba hasta donde podía mi cadera buscando el roce para llegar, para tener ese orgasmo que se acumulaba en mi bajo estómago, y comenzaba nuevamente a jadear, la nariz a dilatárseme y me iba la cera caliente volvió a clavarme como miles de agujas en mi otro pezón. Esta vez solo emití un grito ahogado, un quejido que se confundía con un gemido no exactamente de placer.

    Yo acezaba, y la transpiración me pegaba el cabello a la frente. Su mano en mi pierna devolvía mi excitación, jadeaba de caliente que estaba, creo que si sopla mi clítoris me hace eyacular como un jovencito.

    -Tienes calor putina -me dijo más que me preguntó.

    Luego sentí sus pasos que se alejaban, el ruido de una botella verter líquido en un vaso y luego sus pasos hacia mi mientras con una mano en mi nuca enderezaba mi cabeza con la otra me daba de beber el tercer whisky que me tomé casi de un solo trago.

    Sus pasos se alejaron y una brisa baño mi piel desnuda sobre la cama con mis caderas allí levantadas. Sentí que se sentó a mi lado y su mano sobre mi rodilla subió lenta por el lado interno de mi pierna, estaba mojadísima, hundió dos de sus dedos en mi sexo y yo curvé mi estómago, luego los deslizó hacia atrás hasta mi ano que sintió que sus dedos mojados ahora penetraban en él.

    Yo levanté las caderas facilitando su clavada por atrás y un escalofrío, un suave calambre me recorrió… Había dejado de sentir el murmullo en la otra pieza… La brisa era de la puerta entrejunta. Quedé helada. Las lágrimas me brotaron sin control y la fuerza me abandonó, laxa pensé, mil veces maldito, maricón, este, huevón, bestia había dejado la puerta entrejunta y ahora seguro miraban, veían como metía sus dedos en mi hoyito y jadeaba y me retorcía toda caliente sobre la cama.

    Estaba paralizada. Iba a llorar. Lloraba ya en verdad. Pero sentí como me abría y penetraban sus dedos ahora en mi vagina y los sacaba y me los volvía a encajar. Quizás son ideas mías pensé y dejé que mi cintura se alzara buscando esa penetración. “Acá somos todos adultos” me había dicho en la terraza, y me lo repetí, pero no podía pensar, mi cuerpo era mas fuerte que yo.

    Seguro se han asomado a la puerta, sino porque el silencio, pero mi clítoris hinchado y duro como un pequeño volcán que quiere reventar no me dejaba pensar más allá y en el momento que sentía que desde mi estómago me bajaba un dulce escalofrío que se transformaba en un río de fuego en mi bajo estómago me quemó entre las piernas provocándome un ahogado grito de dolor, miles de agujas que me taladran la pelvis.

    Tiritaba de dolor, resoplaba, sentía mi sudor reunirse con mis lágrimas y gotear juntas desde mi sien hacia el colchón en que me tenía. Jadeaba, babeaba solo por la boca, resoplaba de placer y sufrimiento, de vergüenza de exhibirme allí y de la mayor calentura de mi vida. Presentía sus miradas cómplices, de burla, sus sonrisitas de “mírala, tan puestecita”, o “tan digna que se creía”, “ella que se las da de señora” y esa humillación que percibía de “mirala tan damita convertida en puta” esa humillación me excitaba aun mas, hacían que mi sexo y esa mano pudieran más que yo.

    Pensé que por suerte me había depilado porque mis caderas buscaban de nuevo el contacto, sudaba entre mis pechos, en el cuello, las axilas mojadas, la boca estaba seca de jadear como una perra y nuevamente sus dedos entre mis piernas. Mis orejas rojísimas, las narices dilatadas, las venas de mi frente hinchadas, mi cuello que impelía mi cabeza adelante buscando sexo.

    La cera aun tibia sobre mi coxis se endurecía, en mis pezones, en mis piernas. Y nuevamente me llevaba hacia el suspiro del éxtasis y la cera hirviendo lo anulaba justo en el último momento, cinco, ocho veces, mil veces hasta que perdí el sentido del tiempo, mareada, ida en esa cama, la vista en blanco, no tenía voluntad, estaba abandonada a lo que el dispusiera. 24 años de sexo de 5 minutos con luz apagada el sábado, de seis meses de abstinencia me tenían así. Allí.

    -Si me dices que eres mi putina te hago terminar-, me dijo al oído, él, que ahora yo sabía porque los demás lo respetaban y le decían “viento frío”.

    -Soy tu putina-, me escuché murmurar

    -Más fuerte me dijo, que no escucho- y se rio.

    -Soy tu putina-, le dije ahora en un tono normal

    -No te escucho mi amor-, me volvió a decir.

    -Soy tu putina-, le dije ya fuerte y entregada

    -No eres mi putina, eres una putina… ¡dilo!

    -Soy una putina, una putina, eso soy, una putina- lo dije asesando, mientras me caían las lágrimas de vergüenza y el sudor de la calentura por mis sienes. Y sentía que esa humillación me hacía sentir mas profunda mi excitación, esa degradación me provocaba una calentura que me enloquecía.

    -No te llamas Zarina, te llamas putina… Dilo

    – Me llamo putina, no me llamo Zarina, me llamo putita porque soy putina-, le dije balbuceando entre sollozos de vergüenza y asesando de caliente de exasperada por no poder llegar, explotar, terminar.

    -Y que quiere esta putina?…

    -Que me hagas terminar… Por favor, agregue.

    Por favor, hazme terminar

    Y sentí que algo fresco, una mano helada me tocaba donde antes me ardía como el infierno y había hecho que casi me desmayara, esos dedos toscos rodearon mi botoncito suavemente y este obedeció sumiso, lo acarició, lo pellizcó estirándolo hacia arriba y sentí como desde sobre mis rodillas atadas y desde mi estómago un dulce escalofrío comenzaba a transformarse en delicioso calambre que se concentraba en mi volcán y bajaba, se iba, una dulce agonía paralizaba hasta mis pensamientos mientras temblaba

    Eché la cabeza atrás y se me enterraron los cordones que me sujetaban las muñecas, levanté en una contorsión mi cintura y mi cuerpo dio un largo estertor, tiritaba, me iba, exhalaba, me iba en ese calor que escapaba por entre mis piernas, exhalaba en un grito ahogado mi placer, y entre ese dulce morir presentí que era observada y ello hizo que esta dulce muerte fuera más intensa aun.

    Mareada junto a un gemido ronco dejé de saber de mí por unos instantes, quizás unos minutos. Dejé caer la cabeza doblada al lado, ida, abandonada entre sudor, saliva, lágrimas y el flujo de mi vagina que esa mano tosca y mojada me restregó por la cara cuando volvía en mí.

    Estaba echa un bulto, un fardo sobre la cama con la entrepierna aun palpitante y sentí que la puerta se cerraba mientras él me desataba. Me dio vuelta y me puso en cuatro en el borde de la cama, de espaldas a él, yo apenas me sostenía, mi cuerpo aun tiritaba, me sujetó las caderas y sentí que me penetraba por atrás partiendo mi carne. Me sujetaba las caderas levantándolas para que llegaran a la altura de su entrepierna y para que no me cayera. De pie el me perforaba por atrás rasgándome, un dolor imposible de soportar me desgarraba y mi hizo suplicarle “me duele, me duele mucho” dije en un murmullo sollozando.

    Sentí que se salía, metía la mano en su bolsillo porque solo se había bajado sus pantalones y me ponía una crema, “te va adormecer el culito mi putina” me dijo, y sentí que se alejaba y tomaba un trago, luego puso su mano en mi clítoris que aun palpitaba pellizcándolo al tiempo que me provocaba otro suave orgasmo y me preguntó si aún quería más, “pero por tu culito…” me dijo.

    -Lo que tú quieras-, le susurré, totalmente entregada a sus deseos.

    -¿Quién eres? Me preguntó seguro sonriéndose mientras sentía como disfrutaba el empalarme así, arrodillada de espaldas a él, abierta entera a su disposición, total.

    -La putina, le dije, asumiéndolo, la putina.

    Bien, me dijo, voy a terminar dentro tuyo me dijo, acá atrás. Y sentí como me llenaba mis riñones de su generoso semen. Se salió de mí. Se subió los pantalones, puso la camisa dentro de ellos y se recostó en la cama y me dijo: “párate allí” señalando a unos pasos de la cama. “vas a ponerte de espaldas a mí y de frente al ropero, con las piernas abiertas, agachándote un poco, y apoyas las manos en él para que no te vallas para delante, quiero ver como chorreas”.

    Lo hice obediente, excitada aun, mareada, tiritando, con las piernas que apenas me sostenían. Él se paró y me tapó los ojos nuevamente y un escalofrío me hizo presentir lo que vendría. Desnuda allí, apoyada semi-recostada contra el ropero, con la piel cubierta de cera, como una niña que ha hecho mal la tarea, sentí como su semen comenzaba a escurrirse desde mi colita y mis líquidos bajaban bordeando mis piernas.

    -Voy a buscar un trago- me dijo. Y no te muevas. Putina.

    Sentí que salía y el aire frío baño la pieza nuevamente… Y los pasos se acercaron, varios, los presentía, me rodeaban, sentía sus sonrisas, sentía sus miradas, su desprecio. Yo me atrevía apenas a respirar… Creo que el pañuelo que me cubría la vista debe haberse mojado igual, no lo sé.

    Pero sí sé que me miraban, miraban como chorreaba un líquido viscoso desde mi ano y desde mi vagina hasta manchar el piso, miraban las huellas rojas aún de la cera en mi piel, mis piernas separadas con las marcas aun de las correas que las habían mantenido abiertas, la huella de la transpiración bajo mis brazos, mi pelo pegoteado por la transpiración y las lágrimas. Y sí sentí con meridiana claridad y estupor como mi clítoris se hinchaba nuevamente, duro, palpitante.

    Hacia algo de frío pero yo estaba caliente, caliente de excitada, de encendida mientras escuchaba el chocar de los hielos en los vasos de whisky.

    Sentí que me quedaba sola de nuevo y los dedos de viento frío enredarse en mi cabello y tomada guiada así me llevaba a la cama donde me recostaba. Tomó un largo trago de whisky que pasó de su boca a la mía y me ayudó a sentirme mejor. Me quitó la última cera que extrañamente casi no me dolió al retirármela.

    -¿Tu marido te produjo alguna vez un orgasmo como el de hoy?, me preguntó

    -No, le reconocí. Pero tampoco una vergüenza como la de hoy, que van a decir después, que… Y no pude seguir porque los sollozos no me dejaron.

    -Pero si no pasó nada, me dijo, cínico, canchero. Y aunque pasara. Acá somos todos adultos. No van a decir nada, porque el que dice algo se va de la mina y en su vida vuelve a encontrar un trabajo como el que tiene, para eso soy jefe y con buenos contactos. Y de las mujeres que había tampoco. Aunque nadie les va a creer si dijeran algo.

    -Y no me gusta que me digas putina-, le dije bajito…

    -Nooo, si te gusta, porque eres una putina, te gusta que te miren, te gusta que te controlen, te gusta que el otro sea responsable, te gusta servir, complacer. Tienes 25 años perdidos, tenis que recuperarlos luego putina, y yo te voy a hacer gozar como no te imaginas se puede gozar, putina. Porque eres una putina y medio putita, ¿verdad? Y se rio.

    Me quedé en silencio, me tenía, me controlaba, “era más fuerte que yo”, como dijo una vez un militar.

    -Si una putita, eso soy, una putita-, le dije casi en un murmullo.

    -Ahora te vas a masturbar de pie acá delante de mí y cuando termines, me lo mamas y te tomas todo.

    Lo hice obedientemente, luego me dormí en su cama.

    Al otro día, la vergüenza no me dejaba abrir los ojos pero sin preguntarme me sacó y me bajó a la playa junto a los demás. Las miradas a mis espaldas eran socarronas y las sonrisas de ellas de superioridad, de desprecio. Pero ninguno dijo nada, almorzamos y volvimos a la ciudad al atardecer.

    Me fue a dejar uno de los que había estado la noche anterior jugando a las cartas. Uno de los que me había visto “en eso”. Cuando se despedía me sorprendió preguntándome si me podía llamar cuando volviera a bajar de la mina, que le gustaría invitarme a comer, que había un restaurante recién abierto, de moda.

    Los hombres sí que son una sorpresa.

    Zarina

  • Angélica quiere el culo roto después de comer

    Angélica quiere el culo roto después de comer

    Después del último round, ambos exhaustos y con nuestros sexos palpitando, nos quedamos recostados unos minutos tratando de recuperar el aliento. Pasada una media hora seguíamos acostados, pero relajados, viéndonos a la cara, platicando, abrazándonos y recorriendo nuestros cuerpos con suaves caricias mutuas, riéndonos y besándonos, en ocasiones con más cachondeo y en ocasiones con más pasión, pero sin llegar a nada, por el momento la intención era únicamente dar y recibir cariño espontáneo. Finalmente decidimos levantarnos e ir a la cocina por agua y algo para degustar, ambos nos pusimos ropa íntima, yo un bóxer y ella su tanga y brasier.

    -Qué te gustaría comer? – pregunté.

    -Mmm, lo que sea está bien, algo simple estará bien – contestó.

    Sin muchas ideas en mente, y en forma automática, nos dispusimos a preparar una tabla de quesos improvisada que planeamos acompañar con vino. Ambos nos paseábamos por la cocina sin dar mucha importancia al otro, incluso nos rozamos en variadas ocasiones sin siquiera inmutarnos, en otra ocasión tan sólo vernos así hubiera sido suficiente para desatar un vendaval de sexo tórrido, sin embargo, estábamos enfrascados en nuestras tareas que ni siquiera notamos la cercanía, además el hambre nos mantenía enfocados.

    Terminamos y nos sentamos en el pequeño comedor de la cocina dispuestos a probar bocado y charlar como siempre, bebimos algo de vino, comimos sin premura y al finalizar nos dispusimos a limpiar sin muchos ánimos, mientras ella lavaba los trastos yo recogía la mesa y guardaba los sobrantes, nuevamente enfocados en nuestras tareas, nada podía salir mal…

    -Ups – Angélica dejó caer un cubierto al suelo por accidente – perdón.

    -Descuida, yo lo levanto – dije en automático.

    Sin pensar que ese sería el detonante me incliné para recoger el cubierto que soltó, cuando levanté la mirada su trasero se encontraba directamente apuntando hacia mi rostro, mis ojos no pudieron evitar quedarse clavados en su redondez, mi corazón comenzaba a acelerarse y dentro de mi bóxer mi polla comenzaba a palpitar.

    -Lo encontraste? Pásamelo para limpiarlo – dijo Angélica ajena a la situación en la que ya se veía inevitablemente envuelta.

    -Sí, claro que lo encontré – me puse de pie – en seguida te lo paso.

    Y así lo hice, se lo entregué y ella seguía en su labor, aproveché la situación para ponerme detrás de ella, y en el acto de guardar la botella de vino en el anaquel encima de ella le pasé mi polla semirrígida entre sus glúteos.

    -Ufff, has eso de nuevo – soltó de repente.

    Me pegué a su cuerpo fingiendo que aún ayudaba a limpiar.

    -Hacer qué? – dije y nuevamente empujé mi polla aún morcillona contra sus nalgas.

    -Mmm… – ronroneaba como gatita mientras echaba su cabeza hacia atrás exponiendo su cuello para mi – eso, hazlo de nuevo.

    -Te refieres a esto? – y comencé a besar su cuello, eso siempre la desarmaba.

    -Ahh sí, eso también – ahora retorcía su cuello contra mis labios.

    La excitación era palpable en el aire, Angélica ahora rodeaba mi cabeza con sus brazos apretándome contra su cuello e indicándome los sitios donde quería que la besara, y empujaba sus nalgas contra mi pelvis. En respuesta comencé a frotar cada vez más mi polla contra ella, la ropa era lo único que evitaba una inminente penetración, por supuesto también me apoderé de sus pechos por encima del brasier, por ahora resultaba válido prolongar el juego previo y dejar que la excitación aumentara. Seguí atacando su cuello, propinándole besos, mordidas y uno que otro lengüetazo lento y largo en toda su longitud.

    -La tienes muy dura y caliente – dijo Angélica llevando su mano por dentro de mi bóxer.

    Interrumpí mi labor en su cuello para contestarle.

    -Y qué esperabas? Si ve qué pinches nalgotas me pones en la cara.

    -Yo no te las puse, pero ganas no me faltan – respondió entre suspiros meneándome la polla suave pero firme.

    -Pues a mi me sobran – contesté liberando sus pechos y estirando sus pezones.

    -Y qué esperas para comértelo maldito? Arrodíllate de una vez.

    Bajé besándole la espalda hasta llegar a su trasero, me arrodillé como pidió, pero cuando intenté quitarle la tanga me detuvo y lo hizo ella misma, lo hizo lentamente meneando sus glúteos justo enfrente de mi rostro, no me permitía tocarla pero me estaba dando tremendo espectáculo. Cuando por fin terminó de bajarse la tanga abrió sus nalgas y me las restregó por la cara un par de veces para después con sus manos aprisionar mi rostro contra su trasero.

    -Comételo bebé – decía sin ceder un centímetro en su opresión.

    Ni dos veces, me aferré a sus nalgas con las palmas abiertas y dirigí mi lengua directo al ojo de su culo con expresa vehemencia, era tanto mi deseo que literalmente babeaba, con cada lamida le dejaba saliva escurriendo.

    -Oh sí bebé, así, comételo como te gusta, comételo todo bebé… – decía dando pequeños saltitos, empujando su culo contra mi lengua.

    Con una mano me tomó del pelo fuertemente para seguir haciendo presión, y con la otra ahora apretaba sus pechos por turnos. Yo usaba las manos para abrirle las nalgas y por supuesto seguía acariciando su arrugado ano con la lengua, asegurándome de dejárselo bien ensalivado. Angélica cada vez más acalorada ahora jugaba con su clítoris, lo cual aproveché para meterle dos dedos directo en su concha, así que mientras me comía su culo la penetraba con los dedos.

    -Mmm, sí, sigue, sigue, ya casi llego, más fuerte!

    Se vino rudamente en espasmos que aprisionaban mis dedos que escurrían de sus jugos vaginales y que también se propagaban a su ano, sólo entonces liberó mi cabeza permitiéndome respirar, aunque apenas unos segundos.

    Colmada de excitación por el clímax reciente me besó sin importarle donde había estado antes para acto seguido empujarme contra la pared, sacar mi polla de su prisión y engullirla por completo hasta la raíz dándome así una mágica chupada de pito. Aunque breve la chupada que me dio fue brutal, la tragaba por completo y me la dejaba bien lustrada, al final le escupió unas cuantas veces dejándola bien ensalivada.

    -Ya! Ven y termina de comerte este culo.

    Dicho eso se acomodó sobre la pequeña mesita en la que antes habíamos comido, mirándome fijamente, totalmente abierta de piernas. Me acerqué a ella y dejé caer un hilo de saliva en su ano y comencé a meterle la punta poco a poco, pero ella tenía otros planes.

    -No te ensalivé el pito para que te anduvieras con delicadezas bebé – me reclamaba con ojos de intensidad.

    -Uff me vuelves loco – contesté antes de metérsela toda de un solo empujón.

    -Uy sí, así, dame fuerte, rómpemelo.

    La estuve bombeando por espacio de 20 minutos en esa posición, firmemente agarrado de sus piernas, se la sacaba hasta que asomaba la cabeza y se la metía de golpe hasta el fondo cada vez, ella me apretaba con las contracciones de su culo y profería múltiples improperios alternados con agradecimientos.

    -Ay maldito estúpido, me lo estás rompiendo de verdad, ahh ahh, uff, que ni se te ocurra detenerte.

    -Ni loco, tu culo está riquísimo, sé que te encanta porque no has dejado de entregármelo desde que llegaste.

    -Ay me partes en dos, maldita sea, mmm, dame más, cógete bien este culo.

    -Uff te lo voy a dejar bien abierto hermosa.

    -Mendigo, me haces daño, auch, ay mi culo Mmm, te juro que si no me lo revientas en este preciso instante no te lo vuelvo a dar.

    Uy no Angélica, con eso no se juega. Al escuchar sus palabras me salí de inmediato, la bajé de la mesa y la puse sobre una silla con las nalgas de fuera, esta vez sin saliva se la metí de golpe, pasé mis brazos debajo sus axilas y flexioné mis brazos para tomarla de la cabeza dejándola inmóvil y continué con una penetración violenta y rápida, profunda en cada estocada.

    -Te lo voy a romper bien roto y te lo voy a dejar abierto y palpitando, me vas a rogar que te vuelva a hacer el culo.

    -Mmm, uff, bebé, espera un poquito, uff, ahh, mmm.

    -Nada de espera, tú a mi no me vas a amenazar con prohibirme el culo.

    -No bebé, jamás, es todo tuyo siempre que lo quieras, uff, más, dame más, ya casi, ya, ya, ya.

    Tan pronto sentí las contracciones en todo su recto y su culo apretándome como un anillo le solté toda la leche a borbotones, con cada contracción su hambriento culo parecía ordeñarme, exprimiéndome hasta la última gota, tan violento fue el clímax que ambos soltamos gemidos francamente ruidosos durante varios segundos. Incluso después de relajarnos me mantuve dentro de ella dándole suaves empujones, pero ahora con más calma regresé a besar su cuello y acariciar sus pechos, finalmente Angélica volteó el rostro para fundirnos en un beso romántico.

    -Me gusta que siempre me sigues acariciando hasta que me calmo bebé.

    -A mi también me gusta mucho que estés tan agitada y te relajes poco a poco en mis brazos hermosa.

    -Lo mejor es sentir cómo te sigue palpitando el pito jejeje.

    -Jajaja bueno, es inevitable si me lo sigues apretando con el culito bebé.

    Seguimos en esa faena unos minutos antes de salirme ya con la polla morcillona, y entre risas y caricias por lo sucedido terminamos de limpiar.

    *********************

    Su buen amigo Heathcliff de regreso, espero poder seguir contando estas aventuras que están lejos de terminar.

  • Mi hombre llega desde el pasado

    Mi hombre llega desde el pasado

    Todavía siento en la piel el roce de sus besos, me estremezco recordando como sus caricias hacían brotar mis orgasmos a borbotones. Imposible no extrañar sus penetraciones profundas, firmes, que me llenaban de placer.

    Han pasado 3 años desde que tuvimos un encuentro súper fugaz, solo una noche de verano. Fue en una playa del caribe, yo festejaba sola mis treinta años, donde habíamos coincidido de forma casual. Era el tipo de hombre que no me atraía, apenas llega a 1,70 cuando yo mido 1.80, con la cabeza rapada, pero con barba, un abdomen prominente, y finalmente, un pene de 15 cm. Yo tengo un cuerpo cuidado, mis medidas son las ideales, 90-60-90, pechos y culo bien firmes, soy rubia de ojos verdes.

    En estos tres años solo hemos mantenido contacto por mensajes, video llamadas. Nunca nada sexual, no es su estilo. No menos de una vez por mes, nos comunicamos, charlamos de nuestras cosas, incluso íntimas. Después de esa noche, se fue transformando en amigo, hasta hoy, que puedo decir que es mi mejor amigo hombre.

    Inconscientemente siempre pensé en volver a estar con él, aunque sea solo una noche. Debo reconocer, que a pesar que he tenido un par de parejas y otros touch con otros hombres después de él, nunca he disfrutado el sexo como esa noche. Anoche, me llamó por video llamada para charlar y sobre el final, como quien no quiere la cosa me dijo:

    “Pau, tengo ganas ve verte, de estar con vos”

    Me quedé helada, por su tono de voz y su rostro, entendí perfectamente a donde apuntaba la frase. El aprovechó mi desconcierto para continuar.

    “Dentro de 15 días viajo a Buenos Aires, voy a estar una semana. Pensaba que quizás, si tenés ganas, podemos cenar una noche”

    “Una noche, no. Por mí cenemos todas las noches, y también desayunemos todos los días…” le dije con malicia.

    “Me resulta difícil negarme a eso, pero viste como es la vida, quizás una noche sea suficiente para romper todo el encanto del recuerdo.” Me dijo. En nuestras charlas siempre se mostró igual, muy realista, duro, sin dejar de decir lo que piensa. Tenía razón. Aquella noche en el Caribe quizás fue algo excepcional, y hoy la realidad sea otra.

    De él sabía lo que me había dicho, que trabajaba en un banco de EEUU, y que rara vez viajaba al exterior. Yo en cambio, le conté que trabajaba en una oficina como administrativa. La pura realidad.

    “Tim, dejemos que las cosas fluyan, y que camino toman. ¿Dónde vas a parar?”

    “En un hotel, pero todavía no me confirmaron nada. Cuando tenga la fecha de llegada y el hotel te aviso, y si no estás ocupada, quizás podamos vernos.”

    “Dale, quedamos así” le dije.

    Los 14 días siguientes fueron interminables, no tenía noticias de su llegada, pensé que había suspendido el viaje, ya que teóricamente, al día siguiente llegaría. Me fui a dormir amargada y triste.

    Me levanté igual, amargada, triste. No tanto por la parte sexual, sino por la amistad que tenemos. Fui a la oficina, trabajaba, pero pensaba en él. Mis compañeros se preocuparon porque me veían triste. Casi al final del horario de trabajo me entró una llamada de él en el celular.

    “Hola Pau, mil disculpas, pero no pude llamarte antes. Se complicaron algunas cosas”

    “Tim, hola. No hay problema, estaba preocupada por si te había pasado algo.”

    “No, está todo bien. Solo fue problema de organización del viaje. Te puedo invitar a cenar, estoy en Buenos Aires.”

    “¡En serio! Que alegría me das. Claro que sí. Quiero verte ya mismo”

    “Por favor, pásame tu dirección por mensaje y a qué hora pasa un auto a buscarte.”

    “No es necesario…” dije.

    “Por favor, yo voy a estar hasta tarde en la oficina. Si te parece te pasa a buscar a las 21 h y pasan por el hotel a buscarme. Y vos elegís donde comemos.”

    “Bueno, dale.”

    Le mandé mi dirección y me cambió la cara totalmente. Estaba feliz, había podido venir, y esa misma noche lo iba a ver.

    Cuando llegué a casa, primero pensé en donde ir a cenar, para después elegir la ropa. Como me había contado de sus ganas de conocer una parrilla argentina, elegí un conjunto muy casual, pero sensual y elegante. Me di una ducha, me maquillé y me arreglé el pelo. Cinco minutos después de estar lista, sonó el portero eléctrico, avisando que me venían a buscar.

    Cuando bajé me encontré con una persona de traje negro, que muy amablemente me guio hasta un Mercedes Benz gigante y me abrió la puerta. Esperó cerrarla y subió.

    “Srta. Paula, el Sr. Tim me indicó que lo pasemos a buscar por el hotel, y después van a ir a cenar, pero que Ud. tiene la dirección. Si me la facilita, así la voy cargando en el GPS, por las dudas sea una zona que no conozco”

    Le di la dirección y me quedé pensando en el auto que me llevaba, era impresionante. El confort, el lujo, el andar. Y con chofer. Muy disimuladamente, el chofer tomó el teléfono y avisó que estábamos a 5 minutos. Llegábamos a la zona de los hoteles más caros de la ciudad y se detuvo frente a uno de ellos.

    Lo vi salir del hotel y me costó reconocerlo. Obviamente no había crecido, pero sí estaba más flaco. Llevaba un traje azul cruzado hermoso. Zapatos negros brillantes, lentes. Si bien tenía 40 años, parecía mucho menos. El chofer le abrió la puerta, el agradeció y subió sacándose los lentes.

    “Hola Pau” me dijo mirándome a los ojos fijamente, mientras tomaba mi mano y la acercaba a su boca para besarla.

    “Hola Tim, que alegría verte de nuevo. Y que elegante estás.”

    “Vos, hermosa y sensual como siempre. Estoy feliz de poder haber venido, hace muchos que quería venir a Bs. As., pero no se daba. Supongo que le pasaste la dirección del restaurant a Carlos”.

    “Si, pero vamos a una parrilla, me acordé que siempre me decís que querés comer carne argentina y en una parrilla.”

    “Genial, que buena bienvenida que me das: tu compañía y asado argentino”

    Debo reconocer que estaba impactada por todo, el auto, el hotel donde se hospeda, sus modales siempre impecables. Y su mirada. Sus ojos me hablaban tanto como su boca. Veía su pasión en la mirada.

    Cuando llegamos a la parrilla, el chofer abrió primero su puerta, luego la mía.

    “Carlos, yo lo llamo cuando terminamos de cenar. Muchas gracias”

    “Por favor, Sr. un placer. Que disfruten su cena.”

    Entramos y nos sentamos directamente.

    “Tim, por favor, me muero de intriga, ¿cómo estás?, te veo más delgado, súper elegante”

    “Feliz por poder verte, la realidad es esa. Como te dije, tenía muchas ganas de venir, pero siempre surgía algo. Esta vez no dejé que nada me lo impida. Si estoy más delgado. Quería verme bien. Pero Contame de vos, ¿novio, pareja, algo?”

    “No, nada. Te conté las veces que hablamos que salí con dos o tres, pero nada serio y terminó todo muy rápido. ¿Vos?”

    “Igual que vos, solo”

    Y se quedó mirándome a los ojos. En silencio. Estaba moviendo mi mano para agarrar la suya cuando el mozo nos interrumpió para tomarnos el pedido. Yo estaba turbada. El seguía teniendo ese magnetismo tremendo que me enloqueció en el caribe. Me dejaba sin palabras. Solo quería besarlo.

    “Contame, como es esto del Mercedes Benz, semejante hotel”

    “Te dije, trabajo en un banco de EEUU, y bueno, tiene sus beneficios”

    “Ya lo creo, yo sigo igual, en la oficina. Nada cambia para mí”

    Cenamos, charlamos, nos miramos en silencio. Su sonrisa me volvía loca, notaba que disfrutaba estar conmigo. Que más lindo para una mujer que un hombre la halague con sonrisas, miradas.

    Terminamos de cenar, y avisó al chofer que estábamos por salir.

    “Y, ¿Qué te pareció la carne argentina?” pregunté.

    “Es la segunda vez que la pruebo, y me gustó más la que saboree en el caribe” me contestó

    “Sos un desgraciado.” Le dije poniéndome roja como una chiquilina.

    Salimos de la parrilla, yo tomándolo del brazo, y antes de subir al auto, me miró y me preguntó:

    “¿Dónde vamos?”

    “Cerca de tu hotel hay un lugar muy lindo para tomar algo, podemos ir caminando desde el hotel”

    “Dale, indicale a Carlos así nos deja ahí”

    Era un boliche donde se junta gente a tomar unas copas después de cenar, con sillones muy cómodos, luz tenue, y muy buenas bebidas.

    “Que lindo lugar” dijo Tim.

    Fuimos a un sillón, pedimos un par de whisky’s. No pude con mi genio y le dije:

    “Tim, ¿empezas a hablar vos o yo?”

    “Normalmente se dice que primero las damas”

    “Sos muy malo, me tengo que mandar al frente sola”

    “Entonces empiezo yo, y espero que no salgas huyendo” me dijo y continuó

    “La verdad es que no te puedo sacar de mi cabeza desde aquella noche. Sé que te parecerá una locura, pero me volviste loco. No solo en lo sexual, que fue genial, sino lo poco que hablamos me maravilló. Y después, en nuestras charlas pude comprobar que eras como te había conocido: divertida, simple, madura, sensual, y sin haber hablado nada de esa noche, sexual. Y me fui enamorando de vos. Poco a poco, charla a charla. Me enojaba por no poder venir a verte, a charlar con vos, ver si había alguna posibilidad que vos…, pero siempre el trabajo me lo impedía. Y aquí estoy. Feliz de estar con vos, de ver tu sonrisa en persona, de disfrutar estos tragos, y que hayas tenido ganas de verme.”

    No pude hablar, se me hizo un nudo en la garganta. Tim era tal cual lo idealizaba, y me volvía loca que y como lo decía. Claro que yo también estaba enamorada, solo que quería taparlo para no ilusionarme gratis. Él se mantuvo en silencio, no forzó mi respuesta. Como caballero que es me dio mi tiempo. No me tomó la mano, ni intentó besarme. Solo tomó un trago de whisky mientras me miraba sonriendo.

    “Si te digo que me pasa exactamente lo mismo no lo vas a creer. Maldigo no haber hablado yo primero. No pude sacarte nunca de mi mente. Era imposible no comparar a otros hombres con vos, no existían al lado tuyo. Fui perdiendo las esperanzas de volver a vernos. Deseaba estar con vos, charlar en persona, reírnos juntos, y si, estar en la cama otra vez. Yo pretendía tapar lo que siento por vos, porque tenía miedo de no volver a verte.”

    “Este es el momento, donde yo tengo que preguntar: ¿Vamos?, pero estoy temblando como un adolescente, cono miedo a un papelón”

    “No te preocupes, que yo estoy igual. Me tiembla todo el cuerpo. Mejor no lo preguntes.”

    Pagó, me tomó de la mano y fuimos a su hotel. Su cuarto no era un cuarto. Era una suite, con una sala de estar, dormitorio, y una mini cocina.

    Solo se sacó el saco y la corbata y los zapatos. Yo la campera y los zapatos. Así, vestidos nos tiramos en la cama. Abrazándonos con fuerza. Cuando pude parar de temblar, lo empecé a acariciar, le fui sacando la ropa al tiempo que me sacaba la mía. Cuando terminé él estaba con una erección plena. Yo, totalmente mojada y excitada.

    Me subí a él, y me metí su pija en la concha, que estaba tan lubricada que entro totalmente, y me provocó el primer orgasmo.

    Dicho esto, lo empecé a cabalgar como loca, subía y bajaba sin parar, apretaba mis pechos, gemía y gozaba. Los orgasmos se sucedían. Por fin podía gozar al hombre que tanto me había hecho gozar aquella noche. El acariciaba mis piernas, siempre con dulzura, una dulzura infinita. Pero sus ojos lanzaban rayos de placer, lujuria, sexo a pleno. Hice que acaricie mis pechos, él fue bajando hasta tomarme de la cintura, sentía sus manos firmes. Me levanté y volví a meterla dándole la espalda. Ahora él veía como entraba y salía de mi concha, y tenía una visión total de mi orto. De pronto, sentí que me daba una palmada en el culo.

    Esa palmada fue un disparador de sensaciones, mi hombre estaba realmente caliente, me decidí a volverlo loco. Mojé un dedo y lo empecé a meter en mi culo. Escuchaba su respiración ponerse más pesada. Me tomó por la cintura y me hacía acelerar el ritmo. Llegué a un orgasmo tremendo. Y me dejé caer en la cama.

    Él no había acabado, por lo que lo comencé a chupar y masturbar. Me puse de forma que pueda acariciar mi culo y mi concha. El introdujo dos dedos en mi concha e inmediatamente encontró mi punto G. Ahora en cuatro patas, me movía como loca, sin dejar de chupar su pija. Metió un tercer dedo y yo deliraba de placer, pero lo sacó y lo puso en la puerta de mi orto, sin meterlo. Yo me fui moviendo hasta que entró por completo. Ahora lo tenía en mi boca, mi concha y mi culo. Pude sentir como estaba por venirse en mi boca y me la metí toda, para no dejar escapar nada. Cuando acabó me llenó la boca por completo, y fui tragando en medio de orgasmos.

    Me tiré su lado y lo abracé. Fui al baño y le lavé la boca. No pude salir del baño porque él estaba parado en la puerta esperando para besarme. El primer beso desde que nos vimos. Y duró varios minutos, por momentos con toda la pasión y por momentos toda la ternura. Nos dimos una ducha caliente juntos, nos secamos el uno al otro y fuimos a la cama. Nos quedamos abrazados sin hablar. Así nos dormimos y así nos despertamos cuando sonó la alarma de su teléfono.

  • Renacer de una mujer madura

    Renacer de una mujer madura

    No diré mi nombre pues no lo creo necesario, solo deseo contar mi experiencia lésbica una experiencia que cambió mi vida cuando creí que ya no había más que vivir.

    Mi vida fue tranquila pues estuve casada muchos años toda una vida trabajo en institución en archivo algo aburrido, tuve una hija mi ex marido siempre fue un hombre responsable y serio desde joven, de mi vida sexual pues fue normal nada fuera de lo extraordinario, si acaso sexo oral debes en cuando y eso cuando él fue joven.

    Mi cambio fue reciente, pasó lo siguiente me divorcié de mi marido hace cinco años y estuve en duelo unos cuatro años me quedé con mi hija que es una bella y buena jovencita. Una amiga me dijo de una aplicación para conocer personas, quise más que nada un amigo para charlar no pensé en relación, me registre en la aplicación, me abordaron muchos hombres de todas edades, pero me di cuenta que todos querían sexo y no vi nada bueno, pero en un mensaje que me llegó vi a uno que me llamó la atención por la foto pues era mujer, pero vestía como hombre, parecía hombre y pensé que era una lesbiana que vestía hombre de esas masculinas.

    Tenía unos 40 años eso decía su perfil, era muy educada más que los hombres yo no tengo nada en contra de las lesbianas, pero obvio que no me gustaban, accedí a su charla fue muy cortes y educada conmigo, caballerosa eso me gustó hablamos de todo de su vida de trabajo etc., y para no perder la amistad intercambiamos números hablamos por la aplicación conocida de color verde.

    Para no hacer más largo el relato estuvimos tratándonos unos cuatro meses o más luego hacíamos luego videollamadas, y ya agarrando confianza me empezó a platicar más del mundo lésbico y eso me empezó a inquietar hasta que se lo confesé y empezó a enviar videos lésbicos porno los cuales nunca vi en mi vida pues siempre fui una mujer sería y aburrida y a mis 52 años para mí si fue algo especial, me excitaban mucho diría que demasiado esto era nuevo para mí jamás me excite así.

    En charlas ella me preguntaba que si me gustaban y decía que si me pregunto si me masturbaba le decía que no sabía y ella en video llamadas me enseñó cómo hacerlo me envió videos todo, la charla de amigas cambio a cosas más atrevidas, me decía que me le gustaba mucho yo no le creía pues yo soy gordita ya madura y me hacía modelarle en ropa obvio hasta ya me vestía más juvenil jeans ajustados falda holgada acinturada pues mi cuerpo es grueso soy cadera ancha mega nalga pechos medianos piernas gordas a ella le enloquecía verme el culo como ella dice hasta palabrotas aprendí.

    Decidimos citarnos y vernos en persona en un café me pidió ir en jeans para verme bien mi cuerpo nos vimos ella fue vestida de ropa de vestir pantalón de vestir camisa de vestir toda como hombre zapato de hombre, yo jeans blusa rosa tennis, me comió con la mirada, me excite y ella lo noto tenía experiencia.

    Hablamos de todo me tomo de la mano me la acariciaba estaba súper nerviosa y excitada, me pidió discretamente que le chupara un dedo y me puse roja penosa lo hice y me humedecí le dije que iría al baño del café ella me siguió y entrando a la puerta me paso el dedo en el culo y salte pues no pensé que aria eso voltee y me dijo que estaba rica, no dije nada pase al sanitario me espero salí nomas están ella y me tomo y me dio un beso en la boca y dijo vamos a un lugar mejor a solas dije que si. estaba súper excitada, salimos y pagamos la cuenta, nos fuimos en su carro pues tenía su carro.

    En el camino me tocaba las piernas y vagina me decía que sería suya que estaba muy buena y yo en shock excitada, llegamos a su departamento cuando íbamos subiendo a su departamento que está en el cuarto piso iba yo adelante y me iba pasando el dedo por el culo y diciendo que pedorro tan grande tienes cosas así nunca me habían dicho esas cosas siempre fui mujer de casa y la gente me respetaba para mí todo fue nuevo.

    Llegamos y me dijo que me daría la cogida de mi vida, me beso me manoseo me decía palabras sucias. Me desnudo ella se desnudó, también me beso en la boca metía su lengua, me chupo los pechos, me acostó bien me abrió de piernas me empezó a mamar la vagina luego me puso en cuatro me abrió las nalgas de par en par me dio nalgadas y chupó mi culo mi ex marido nunca lo hizo, luego juntamos vaginas cruzando piernas nos tallamos me tuvo paciencia, al rato de llegar al orgasmo me pidió mamarle la vagina lo hice me costó eh hizo que me tragara sus jugos casi vomitó pero no me dejó.

    Y así empezó nuestra relación, llevamos más del año y me ha hecho a su modo, siempre le gusta tocarme cuando puede cuando vamos a un bar o café me ha presentado con sus amigas algunas lesbianas y poco a poco hace de mi una mujer nueva ya en mi trabajo me ven con un semblante nuevo.

    Espero les haya gustado mi historia y si les gustan puedo contar más anécdotas, bye.

  • Amiga me devora la verga, producto de un despecho

    Amiga me devora la verga, producto de un despecho

    Luego de asistir a un matrimonio acompañé a una amiga a su departamento, en el cual vivía con una prima; estando solos y con copas encima se me insinuó producto de un despecho, lo cual hizo que folláramos ardientemente en su sala, dándome unos maravillosos sentones que me volvieron loco.

    Corría mediados del 2006, solía salir con un grupo de amigas y amigos a varias reuniones, para ser franco aún tenía en mente a mi ex Margareth, quede obsesionado con ella tras terminar una larga relación y recordaba las muchas maneras en que follábamos.

    Volviendo a la historia, un fin de semana quedamos en ir a un matrimonio, nos juntamos solo unos cuantos, yo recogería esa noche a Fiorella y su prima que Vivian juntas, para ser sinceros mi amiga tenia figura de modelo teen tendría unos 23 años, delgada cabellos lacios teñido, de pequeños pechos y casi anda de caderas y su prima algo mayor era igual de delgada, ya camino al matrimonio Fiore estaba algo extraña, a lo cual pregunte.

    D: Todo bien Fiore

    F: Si, porque

    D: No, nada solo decía

    F: Si, son ideas tuyas

    D: Bueno cualquier cosa me cuentas, si realmente te pasa algo.

    Llegamos al matrimonio, y para que, pasamos una gran noche de baila, copas y mucha diversión; poco a poco fuimos intimando más en los bailes con Fiore, quizás por cosas del alcohol que se nos subió a la cabeza íbamos poco a poco estando más cariñosos.

    D: En serio, no me vas a contar que te pasa, no me equivoco estabas con la mirada perdida

    F: ¡No, que hablas! tráeme una copa de gin tonic del bar, porfa.

    Bueno copas iban y venían, ya para esto su prima había ligado con un tipo, y andamos por nuestro lado, hasta que llegó la hora de irnos eran como las 4 am, pero su prima dijo que se quedaría un rato más ya que era amiga de la novia.

    Pedimos un taxi, y el trayecto si era algo largo, y poco a poco fue liberándose contándome lo que realmente tenía

    F: La verdad, es que mi ex aún me sigue insistiendo en ver, pero sabes que él me fue infiel, no lo perdonaría nunca.

    D: ¿Pero lo quieres aún verdad?

    F: No sé, la verdad estoy confundida en este tiempo también han aparecido más pretendientes, y la verdad no quiero tener nada… nada serio… quiero estar sola

    D: Si me imagino, peor ya pasará… debes saber que siente antes de estar con alguien…

    Así mientras le hablaba se fue quedando dormida en mi hombro, mientras veía discretamente su figura, sus pechos pegados a mi brazo hicieron excitarme; llegamos a su departamento y por estar con copas la bajé del taxi y ya rendida de cansancio se quitó los tacos subiendo la escalera de su edificio, ingresamos a su departamento, aún era de noche y me acosté en su sofá para esperar el amanecer. Mientras ella cansada se recostó en su otro sofá más grande, se quedó dormida por un rato, por estar en época de invierno la tape con mi saco. Paso un tiempo y mientras yo entre sueños sentí que se levantó y se fue al interior (supuse a su habitación), momento en el cual aproveché en pasarme al sofá más grande dónde ella estaba, cayendo rendido por el sueño.

    Pasaron unos minutos y la oí salir de su habitación dirigiéndose hacia la sala, y entre dormido pude ver que llevaba puesta su bata de dormir, con un moño y se dirigía hacia la oscuridad de la sala, no hice mas que hacerme el dormido, pero sentía que ella movía el otro sofá que estaba a mi costado y lo unió junto al sofá donde estaba yo, seguía haciéndome el dormido y gire mi cabeza hacia el respaldar, sentí que salto sobre el sofá y se recostó a mi lado, estaba muy nervioso no sabía cómo actuar, y porque estaba ahí conmigo si pudo haberse quedado en su habitación, estaría conmigo porque querría follar, tendría ganas de que la follen, poco a poco mi verga se fue poniendo dura y gire disimuladamente dónde estaba ella, y note que estaba dándome la espalda en posición fetal, con su bata y acurrucada por el frio.

    Pensé por un momento, y si la toco, meto mis manos bajo su bata y se enfada y me bota, perder una amistad, pero seguí mis instintos y no hice más que girar hacia ella y abrazarla entre su cintura, acurrucándome como haciéndome el dormido, ¡es a todo o nada!

    Dio un salto, pero sentí que aflojo más su cuerpo, uno sabe cuándo “va a pasar “, poco a poco fui metiendo mi mano bajo su bata, sentía jadear y agitarse suavemente, bajé hacia su vagina y wao que sorpresa estaba perfectamente depilada, mientras con mi boca trataba de morder su nuca suavemente, fui pegando mi verga hacia su culo y fue en ese momento donde se desato la lujuria.

    Le abrí la bata y pude notar entre la penumbra que estaba desnuda, la giré hacia mí y ella en un acto de excitación se lanzó a besarme y levantar su pierna sobre mí, mientras la sujetaba de su cola y la besaba, bajando hacia sus pechos y manoseaba toda su figura; no hice más que empujar el sillón más pequeño que ya nos incomodaba montándola hacia mi mientras la sujetaba bajo su bata, pare un rato para quitarme la camisa, la cual me ayudo a quitármela, bajarme el pantalón y dejar escapar mi verga erecta, apunte mi verga hacia su vagina, la cual ya estaba húmeda, y de un zarpazo selo introdujo, lo cual la hizo gemir de dolor pero seguidamente el placer se apodero de ella… estábamos mudos, solo dejándonos llevar de placer, mientras sujetaba su pequeña cola meneándola hacia arriba y abajo, fue excitándose más que me empezó a besar y pedirme que le palmoteara su culo, poco a poco fue liberándose

    D: Ohhh, ohh, sigue así… ufff que rico te mueves

    Ella muda solo follaba y follaba

    D: Gira, dame tu culo

    F: Que, ehhh… es que hace… tiempo… pero despacio ok, si me duele paramos

    Se giró, quitándose la bata y fue sentándose suavemente sobre mi verga, al primer intento no fue fácil, pero para excitarla más fui agarrándole de sus pechos, besándola de las mejillas, dándole amor para que se excite, poco a poco fue entrando mi verga y pude sentir como su culito apretado cedía y ella gemía con placer para moverse poco a poco con más intensidad follándome su rica colita, mientras su cuerpo se estremecía recostada sobre mi pecho gemía de placer y replicaba

    F: Uyyy, ohh, ohm… ¿Te gusta?, que tal lo hago?

    D: De maravilla, de maravilla… sigue sigue

    Sentí que empezó a humedecerse mis huevos y al parecer había tenido una eyaculación producto del sexo anal, no hice más que meter mis dedos entre su vagina, friccionar su clítoris, pero también no aguate más y le dije que ya me vendría, lo cual ella dándome la libertad de acabar pude llenar de mi leche su ajustado recto; nos estremecimos de placer, piel con piel recostados sobre su sofá, la abrace por unos minutos y ella recostada en mi pecho giro hacia mí para darnos unos suaves besos. Veíamos que el día empezaba asomarse, nos tapamos con su bata, para luego ella invitarme a pasar a su habitación.

    Así que recogimos nuestra ropa y ordenamos algo, por si llegaba su prima, mientras estábamos desnudos la abrazaba, la besaba, nos morboseábamos, luego fuimos rápidamente hacia su habitación y efectivamente no había nadie, pasamos a su baño privado y nos asíamos algo, pero fuimos en el acto a la cama para el segundo round, estaba vez empezó a darme unas buenas mamadas

    D: ¿Porque regresaste, hacia la sala… por qué?

    F: Calla, no preguntes ahora

    Destapo su cama y por debajo de sus sabanas se recostó a mi lado dándome su culito libre a seguir follándomela, esta vez solo la penetre de vagina, pero esta vez lo hacíamos tiernamente, ya la ebriedad había pasado y aunque cansados y todo follábamos de lo más rico se entregaba completamente, en ese momento creo que pude olvidarme de mi ex, como dicen un clavo saco otro claco, era tan morbosa, mañosa, entregada al sexo lo cual hizo esfumar su recuerdo, tenía una nueva hembra, de bella y delicada figura de modelito, pero experta en el arte de amar.

    Terminé por eyacular en su abdomen después de estar follándola de misionero, le traje papel y al volver a la cama, ya estaba de amanecida, ella se quedó profundamente dormida boca abajo, mientras yo acariciaba suavemente su espalda con las yemas de mis dedos, fue un momento mágico luego quedé dormido junto a ella.

    No recuerdo que más paso, hasta que abrí los ojos y sentí que se estaba bañando, había doblado mi terno y camisa, viendo mi reloj, eran casi las el medio día, sí que habíamos dormido mucho. Salió de la ducha.

    F: Buenos días dormilón

    D: Buen día buena amante

    F: ¿Amante?

    D: o sea del arte amatorio, claro está.

    F: Ah… ok, y que entonces… ¿Ya te vas? – mientras se sentaba mi lado secándose el cabello

    D: ¿Me estas botando?

    F: No, para es que mi mamá viene a la 1 pm, discúlpame, quede en ella en vernos para almorzar y salir de compras.

    D: Claro, no te preocupes, descuida ya me voy… me puedo dar una ducha rápida

    Pase a ducharme rápido y me cambie en el acto, para suerte su prima también había campeonado que no regreso a dormir al departamento, al salir de su habitación me acompaño hacia la puerta

    F: Bueno, ya hablamos entonces

    D: Si, ósea, después de esto tenemos que hablar, me dejaste sorprendido

    F: Ok, vale… ya lo conversamos

    D: ¿Todo bien… verdad?

    F: Si todo bien porfis, ya viene mi mamá… conversamos luego

    Quise darle un beso, pero solo me dio un beso de mejilla, lo cual hizo confundirme más, ya camino a mi casa y a unas cuadras de la avenida pensé, vendrá su mamá o alguien más para que me haya hecho irme tan rápido, comí algo por la calle y regrese al edificio de Fiore y a la distancia oculto espere a que llegase su mamá, pasaba el tiempo, pasaba y nunca veía llegar su mamá, para sorpresa mía. Bajo su edificio se cuadro un carro, del cual ex… si su ex!, puta madre!! Esta pendeja estaba jugando con fuego, bajo llevando una caja de rosas e ingreso a su edificio.

    Me quedé sorprendido y desilusionado, pero no hice más que irme rápido, no quise que me descubrieran por si salían, vaya que uno no termina de conocer a las personas y menos a las mujeres, a mis 24 años no entendía a las mujeres y creo que con el tiempo tampoco las entendí tan bien; bueno después de pasar los días, le escribí un correo para saber que era de ella, sentí que se la trago la tierra, o seguro después de la aventura que tuvimos si descubría su ex que andaba de traviesa no hubiera querido regresar con ella, y era entendible… Así que solo atine a escribirle haciéndome el loco.

    “Fiore, en que andas mujer, oye el otro fin de semana nos vamos a juntar con los chicos a hacer una parrillada por mi cumple, te apuntas?… tenemos una conversación pendiente, ponte en contacto, cdt.”

    No respondió, pero igual, Salí a festejar mi cumple y ya con mis amigos, me confirmaron que volvió con su ex, era lógico así que no insistí más y nos fuimos alejando, nadie de nuestro grupo supo de lo que tuvimos, alguna vez me volví a encontrar con su prima por la calle, y pues todo bien, incluso me conto que Fiorella viajo a Usa donde vivía su papá, para estudiar y trabajar, muy buena noticia, que bueno por ella, replique.

    Llego el nuevo año Verano del 2007, y estando en el MSN vi que se conectó y le escribí, demorándose un poco en contestarme

    D: ¡Fiore! Que milagro encontrarte por aquí, todo bien en que andas – me hice el loco

    F: Bien, bien, estudiando trabajando

    D: ¡En Estados Unidos, cierto!

    F: ¡Como sabes!

    D: Me encontré con tu prima por la calle y me conto, que andas por allá.

    F: Si, bueno, si todo bien pro acá, empezando de nuevo.

    D: Porque que paso, te fue nuevamente mal con tu novio

    … pasó un tiempo y me escribió confesándome lo que realmente paso…

    F: La verdad, si, volvimos y pues todo bien a un inicio, pero nunca más fue como antes, así que terminamos y decidí venirme por acá a ver cómo me va… año nuevo vida nueva J.

    D: Jajaja, Si entiendo, que bueno… espero que te vaya bien por allá… solo dime algo, lo que paso, lo que vivimos esa noche… ¿fue solo por el momento, despecho?, una mezcla de todo, no te voy a juzgar no te preocupes, ya paso e igual nadie lo supe ni conté nada

    F: Te agradezco por ello, paso porque paso, sabes que estaba confundida, necesitaba cariño, discúlpame si te confundiste, pero no quería tener más problemas, espero me hayas entendido.

    D: Descuida, entendí, perfectamente… no hay por qué sentirse apenada, ya paso y quedo ahí lo que tuvimos, nunca le diré a nadie descuida… todo bien… todo chévere.

    F: Gracias, que lindo eres, espero que no te hayas sentido mal.

    D: La verdad, si un poco, pero ya está… descuida ya paso… amigos J

    F: ¡Amigos! J

    Seguimos hablando un ratito más y nos despedimos, tenía que salir a clases y yo tenía que salir del trabajo, ya que me quede haciendo rato en la oficina, camino a mi casa, el metro siempre pasaba cerca de su edificio, esa noche, aunque ya sé que no vivía más ahí, la mire a la distancia tratando de observar su habitación a los lejos. Recordé lo que paso y pensé, bueno un clavo saca otro clavo, y cuando un amor se va vienen más, y así fue al irme a vivir solo, tuve tantas aventuras, las cuales relato en mis primeros relatos.

    Con el tiempo la volví a ver por redes, ya con 2 niños y en familia, aunque la salude por redes por su cumple, ella me respondió gratamente, pero no pasamos de más que unos simples saludos. Obviamente se puso más guapa y volví a recordar en mi mente esa noche de aventura la cual vivimos… y siendo sinceros nunca entenderás a una mujer por completo, solo ámalas… y si se puede gózalas.

    Fin.

  • Experiencias nuevas

    Experiencias nuevas

    Esta vez, después de la experiencia (¿o sueño?) de la otra vez, Leía estaba más animada, más confiada en ella misma. Darse cuenta de aquello que anhela y le excita le hace ser más valiente y atrevida.

    Decidió tomarse un día libre de todos y de todo. Se escapó y se fue a su sitio preferido, aquel que consigue evadirse de su día a día: la playa. Pero no una cualquiera, su rincón favorito, aquel que sabía que en ese momento no había nadie porque solo se llenaba los fines de semana.

    Además, ese día hacía una temperatura perfecta, ni frío ni calor, y una suave brisa que de vez en cuando le hacía que le irisase la piel. El día ideal.

    Cuando llegó, preparó su toalla, se quitó su vestido playero semitransparente que cubría parcialmente su cuerpo, y se quedó con su bikini amarillo, ese color le encantaba, y se sentía bien con él, además, sin tirantes, perfecto para tomar el sol sin marcas, y una parte de abajo tipo brasileña. Se había animado a que se vea sin enseñar. Antes de ir al agua, se cercioró de echarse la crema solar. El masaje por su cuerpo de la crema solar hacía que su cabeza volase y recordarse una y otra vez la otra noche, deseando haber sido más consciente de la misma, si es que fue verdad. Deslizó poco a poco la crema por todo su cuerpo, parándose despacio en la zona de sus pechos, (no sabía si se atrevería quitarse la parte de arriba en algún momento y quería estar preparada), y en la zona del bikini, pasando la mano lentamente por los bordes. Ya notaba como ella sola se estaba excitando.

    Antes de tumbarse y disfrutar del sonido de las olas, Decidió darse un baño. El agua estaba perfecta, cristalina y justo el último temporal había llenado de arena la playa y no había piedras. Leía pensó que más suerte no podía tener y se zambulló. Aprovechó, y siguió con su mano hacia dónde no se atrevió en la orilla, bajó y la metió en su parte de abajo del bikini, buscando con sus dedos cada uno de sus labios. Estaba disfrutando cuando el ruido de unos que paseaban la distrajo e hizo que volviera a la realidad. Se resignó y decidió que era hora tomar un poco el sol, para intentar que la piel blanquita y suave que tenía cogiese algo de color.

    Una vez fuera del agua, Leía decidió que tenía que atreverse, y se deshizo de la parte de arriba de su bikini, total, no se veían más moros en la costa.

    Y allí estaba ella, tumbada al sol, con su cuerpo empapado, solo con su nueva y pequeña parte de abajo, dispuesta a desaparecer en su mente. Estaba a punto de quedarse dormida cuando notó que alguien le tocaba los pies y le tapaba el sol que tanto le apetecía tomar…

    Cuando abrió los ojos, la claridad le deslumbró, le costó trabajo adaptar su mirada a lo que estaba viendo, porque además no terminaba de creerse lo que estaba viendo. Hasta se pellizcó para asegurarse que no era un sueño. Y no, no lo era, era verdad. Estaba ocurriendo. Era ÉL, estaba delante de ella.

    Poco a poco fue elevando su mirada, fijándose en cada detalle de su piel. No es que tuviera un cuerpo de esos súper musculosos, pero había algo que la atraía, esa naturalidad que desprendía para Leía era un imán. Fue subiendo poco a poco su mirada, pudo notar su miembro a través del bañador, observó que de pronto cambió y notó el bañador más tenso. Apartó la vista lo rápido que pudo y siguió observando hacia arriba, quería cruzar su mirada con la de él. Sus hombros y sus brazos eran como a ella le gustaba, fuertes, grandes. Su pecho tenía esos pelos justos que a ella le gustaba para jugar con ellos. Y al fin, lo miró a los ojos, aunque no pudo directamente porque él traía sus gafas de sol negras puestas.

    Él esbozó una sonrisa picarona, que con su barba de 3 días, más sexy le pareció a Leia.

    Leia atinó a sonreír y decir un simple ¡Hola!

    Aunque ese simple hola, hizo que se le erizado la piel, y sus pezones, que no recordaba que tuviese al aire, se endurecieron. Al tiempo que ella intentó levantarse, él le tendió su mano. Al tocarse ambos, sintieron un pequeño calambre que les recorrió todo el cuerpo y al terminar de ponerse de pie la llevó contra su cuerpo «sin querer». Oportunidad que le dio a Leia de sentir como no eran sus pezones los únicos que se habían excitado. Y así, con sus caras tan cercanas, él se quitó las gafas y mirándola a los ojos le dijo ¡Buen día Leia!

    Lo que pareció el tiempo más largo, fueron apenas un par de minutos. Tiempo de sobra de que Leía se diera cuenta que lo de la vez anterior fue verdad. Intentó apartar su mirada de él, pero sus ojos eran de un dulce color y su mirada intensa no le dejaban.

    Ella atinó a preguntarle su nombre, quería dejar de llamarlo Él. «Me llamo «Han».

    El suave sonido de su voz hacía que ella se bloquease aún más.

    Y dentro de ese bloqueo, no sabe cómo ni dónde salió ese impulso, solo sabía que necesitaba hacerlo. Acercó su boca suavemente a la de él, y le besó. Un beso suave al inicio, pero intenso, mientras le rodeó del cuello con sus brazos y aprovechaba para acercar su cuerpo al de él.

    Cuando se dio cuenta, y antes de que él pudiera reaccionar se apartó de él corriendo y fue dentro del agua, necesitaba enfriarse su mente y sobre todo su cuerpo. Sin mirar atrás claro, se sumergió. Aguantó lo que pudo debajo del agua, ella no abría los ojos debajo del agua, así que hasta que no salió no pudo ver que él la había seguido.

    La cogió de la cintura y lentamente la acerco hacia él. Han tenía la piel caliente, y ella fría, pero no les importó. Él con una de sus manos, levantó lentamente la boca de ella mientras él acercaba la suya y con la otra mano la bajaba lentamente hacia su trasero.

    Leia salió de nuevo de su bloqueo y no pudo más que pasar su manos por su cuello y acariciar su pelo (no había dicho que Han tenía el pelo corto, pero lo suficiente largo como para hundir los dedos entre él) mientras dejaba que su boca saborease la boca de él al inicio y su lengua al final.

    Viendo que ella, finalmente también cedía a sus impulsos, él bajó su mano buscando sus pechos, que, aunque no fueran grandes eran naturales y los pezones estaban ya muy marcados, fruto de la excitación y del frío.

    La otra mano de Han, pasó del trasero a la parte delantera de ella, el pequeño bikini no fue obstáculo para que sus dedos encontrasen sus labios mayores, el clítoris y después su labios menores.

    Leia mientras tanto, bajó una de sus manos, quitó el nudo del bañador y siguió bajando buscando el miembro excitado de él. No hizo falta bajar mucho más, puesto que él también estaba ya lleno de impulso. Ella comenzó con movimientos suaves, acompañando a los que él le estaba haciendo en su labios, movimientos intensos, que de vez en cuando hacían que los dos soltasen un gemido.

    Un fuerte ruido hizo que los dos se parasen en secos y recordasen que estaban en un sitio público, escondido, pero abierto a todo el mundo. Aunque eso hizo que se excitaran aún más. Además, estaba empezando a caer la tarde y cada vez era menos probable que pasara nadie por allí y ellos lo sabían.

    Así que volvieron a juntar sus cuerpos, el agua les cubría justo por la cintura, así que daba igual si alguien más los veía. Esta vez fue ella más rápida y le sacó el bañador a él lanzándolo a la orilla. Pero él no se quedó atrás, de una zambullida se lo quitó a ella, además de aprovechar y pasar su lengua por sus labios mayores.

    Eso hizo que Leia pegara un respingo y lo cogiera de los pelos suavemente, pero levantándole la cabeza con una sonrisa picarona.

    Ella se acercó a él, y cogió su miembro entre sus manos y lo guio hacia ella, necesitaba sentirlo dentro, necesitaba sentir a Han así de cerca de ella. Y él dejó que pasara.

    Aprovechando el agua, ella entrelazó sus piernas entre su cintura, consiguiendo que ambos estuvieran más cercas, y los movimientos fueran más acompasados entre los dos. Además, a él le dejaba libre sus manos para llevarlas dejarlas en el trasero de ella y su boca más cerca de sus pechos para poder morder y saborear sus pezones.

    Estaban los dos en un mundo maravilloso, ajeno a todo y todos, no querían que terminase ese momento pero no eran dueños de su cuerpo. En unos de momentos, ella lo sacó de él, pero sin que a él le diera tiempo a reaccionar, ella agarró de nuevo su miembro y lo llevó hacia su trasero. Él se dio cuenta, y a la par que su excitación volvía a subir, sus movimientos fueron más suaves, más lentos, hasta notar que había conseguido entrar hasta lo más profundo de ella. Se fundieron en un beso más intenso y los movimientos de ambos fueron en aumento. De pronto, ella se abrazó intensamente a él y él supo que ella estaba llegando a su orgasmo y aceleró el ritmo para hacerla disfrutar y conseguir tener él el suyo.

    Y así fue, ambos se estremecieron de placer a la vez y les recorrió un escalofrío por todo el cuerpo. Él salió de ella y ella bajó sus piernas sin separarse de él. Se fundieron en un abrazo intenso, y un beso profundo antes de soltarse.

    Les había caído casi la noche, salieron los dos de agua, de la mano y fueron camino de las cosas de ella.

    Después de ese día ¿qué pasaría entre ellos? ¿Serían capaces de hablar más de dos palabras?

  • Bautismo del grupo de amigos de mi novio (Segundo relato)

    Bautismo del grupo de amigos de mi novio (Segundo relato)

    Luego de pasar un mes despertándome transpirada de recordar el horrible momento que pasé en la fiesta de fin de año, llega un mi novio para comentarme que iban a hacer una fiesta de carnaval, como la hacen ya hace varios años, en un salón alejado de la ciudad, y que tengo que ir disfrazada, la consigna es un disfraz o si no querés un disfraz, una máscara que tape al menos la mitad de la cara.

    Así fue, como un sábado a las 8 de la noche me paso a buscar por mi casa. Yo vestía una pollera de jeans corta, una remera mangas cortas al cuerpo roja sin tanto escote, no quería provocar a nadie, y había conseguido una máscara con plumas que me tapaba así toda la cara, sólo se me veía la boca y el mentón, para no tener que correrla a cada rato al querer tomar algo.

    Llegamos temprano para organizar todo, los turnos de las barras y los equipos por turno, los turnos de las guardias y como íbamos a colaborar todos en el proceso… en realidad, a mi me dejaron fuera de todos los grupos, pero porque iba a ser una noche especial y me necesitaban más disponible. No entendí mucho al principio, pero lo acepte como era.

    Mi novio y sus amigos vestían todos iguales, siempre lo hacían así en esa fiesta (o cualquiera que organizaran) y al ponerse las máscaras, con la poca luz del salón, a veces era difícil distinguir a Alex (mi novio) del resto.

    Todo empezó muy bien, la gente fue ingresando y enseguida se abalanzaban sobre la barra, ya que la fiesta era de pico libre (se paga una entrada de ingreso y se toma hasta reventar sin pagar nada extra), así que no llego la media noche que la mayoría ya estaba empinado, bailando y disfrutando de la fiesta.

    Yo estaba pasando el rato con las otras novias del grupo, Emilia y Noelia (las dos que más tiempo llevaban en el grupo, pero más jóvenes que yo 20 y 19 años), Amalia, María Pía y Trinidad. En eso se acerca Alex y me da un balde chiquito, de alrededor de 1 litro de capacidad y me dice – Ahora sale el cotillón, esta es tu arma de carnaval, llenalo y dispara a quien quieras, NADIE se puede enojar, todos saben las reglas.

    Y se va al mismo tiempo que bajan las luces a casi oscuras, el DJ anuncia que se va a hacer la entrega y empieza salir humo de la máquina del DJ que tenía al lado. Cuando quiero moverme siento como me rodean y empiezo a sentir como mi pollera se levanta, manos y dedos arrancan a tocarme la cola y la vagina y algún que otro dedo intenta ingresar a mis agujeros. Cuando intento cubrirme y sacármelos de encima me levantan de un tirón remera y corpiño dejando mis tetas al aire y más manoseo.

    Paso casi un minuto hasta que siento que me abrazan más cálidamente y me hacen caminar – Tranqui Vale, veni conmigo – escucho la voz de Emilia y empiezo a acomodarme la ropa.

    – Estas bien Vale?

    – No! No estoy bien! me manosearon completa! vieron quienes fueron!? Le voy a decir a Alex que los expulse de la fiesta!

    – Vale, te están bautizando, fueron los amigos de Alex, incluyendo nuestros novios.

    – Me estas cargando!?

    – No, es su tradición, para poder ingresar a esta «familia» que son ellos y ahora nosotras también, tenés que pasar por el bautismo.

    – A ustedes les paso también?

    – A Noe y a mi nos pasó algo peor, vos hoy la vas a sacar barata

    – Que, no termina? que les hicieron?

    -No, termina cuando termina la fiesta. Lo mejor que podes hacer es mantenerte cerca de Alex para «sufrir menos». A nosotras nos bautizaron en una casa de campo de fin de semana, estuvimos 2 días desnudas con esos consoladores en el culo que parecen cola de perro, andando en 4 patas como perras todo el día.

    -Me voy, que se vayan a la mierda!

    -Sé que es duro, pero créeme que vale la pena. Si querés irte, sos libre, pero si no pasas el bautismo, Alex te va a terminar dejando porque sus amigos son mucho mas para él que cualquier amor que encuentre por mas grande que sea.

    Esas palabras me dejaron helada, Alex era la primera persona que me había hecho sentir diferente, segura, que me hacía disfrutar cada momento. Hasta donde estaría dispuesta a aguantar por él y cuánto mas pasaría? No creo que Alex deje que sus amigos me cojan, espero que no.

    Me acerco a Alex, y me abraza fuerte muy fuerte, no me deja ni regañarlo y mientras me acaricia la cabeza me dice bajo al oído – Sé que no mereces esto, que es demasiado, pero es nuestra tradición, y sos tan especial para mi que quiero hacerte parte de nosotros, las otras mujeres con las que estuve jamás pasaron por esto porque no me importaban mas que para pasar el rato, con vos es diferente.-

    Esas palabras me llenaron tanto que me sacaron las ganas de putearlo y golpearlo. – Estas dispuesta a seguir? Creeme que vale la pena, y estoy tan seguro de que lo vas a hacer que te compre un regalo de recompensa-

    -Ok, no sé como podes mirarlos a los ojos sabiendo que me manosean completa, yo no podría perdonar a mis amigas si te desnudan y manosean, pero comprendo que los hombres son diferentes. Prometeme que no me van a penetrar!

    – Si haces caso, te dejas llevar y disfrutas, nadie te va a penetrar, te lo prometo… bueno, salvo yo después solos en tu casa jajaja. Vamos a la barra, vamos a tomar algo para descontracturar.

    Llegamos a la barra y se los veía a las corridas a 6 de sus amigos (imposibles de identificar) y a Emilia y Noelia. Entramos y sin dejar de atender empezaron a aplaudirme y felicitarme por haberme quedado. Uno pasa por atrás nuestro y me da una palmada en el culo – Buena Vale! hoy va a ser un antes y un después en tu vida!

    – Bueno amor, me toca mi guardia, ahora te hacen la prueba del embudo, que no es mas que un poco de alcohol vertido en el embudo y la manguera a tu boca como está haciendo ahora aquel flaco en la punta de la barra, cuando termines venis conmigo? me traes una jarra de Fernet?

    – Ok, puedo pasar esa prueba sin problema. Dale – dije entusiasmada. Pobre ilusa.

    Termina el flaco de usar el embudo y quien lo tenía empieza a acercarme a mi y me cuenta en que consiste la prueba cuando de repente siento que me abrazan muy fuerte por detrás y mientras lo hacía me aprieta bruscamente las tetas haciendo que grite- aaaggg – y me clavan la manguera adentro de la boca.

    -Tenela fuerte, que cambio de bebida – y veo que en lugar de la cerveza que le sirvieron al flaco, a mi me van a dar vodka. Empiezan a volcarlo sobre el embudo y empiezo a tragar y a atragantarme, escupo lo poco que puedo para afuera pero trago la mayor parte. Paso casi media botella cuando me sacan la manguera y me sueltan. Caigo arrodillada al piso y toso y escupo lo poco que me quedaba en la boca. Empiezo a sentir mareo, visión borrosa y escucho como con eco… y me vomito encima

    -Jajaja!!! sabía que iba a terminar pasando! te fuiste a la mierda! Como le vas a dar tanto!

    – Ya está, no pasa nada. Emi, desvístanla y por favor lávenle la ropa para sacarle el olor a vómito, déjenle la tanga y obvio la máscara, mantengamos su identidad oculta. Busca la reposera – escucho le dice a otro mientras siento como me desvisten y me dejan tirada, sentada en el piso apoyada contra la pared del fondo de la barra desnuda a la vista de todos.

    – Por favor, tápenme, por favor, no quiero que me vean desnuda

    -Tranqui Vale – mientras me acaricia las tetas – vas a ser el centro de la fiesta toda la noche, relajate y disfruta.

    En eso logro distinguir que ingresan tras de la barra una reposera de plástico de esas grandes para tomar sol al lado de la pileta. Me suben a ella y me atan los brazos con precintos a los apoya brazos de la reposera. -Esto es para que nos hagas renegar, si lo disfrutas, pasa rápido- Me pone un dedo en la boca y entiendo que tengo que chuparlo, así que juego un poco con él hasta que lo saca y me lo clava de una en la vagina seca- mmmm para, estoy seca, me duele, además me dijo Alex que no me iban a penetrar.

    -No te va a coger nadie… si te portas bien, pero necesito lubricarla porque esta conchita va a ser la diversión de nuestros invitados

    – Queee!!! No por favor no!! – dije entre lágrimas entendiendo que ya estaba entregada y no podía zafar mas ni aunque quisiera.

    – Relajate preciosa, cerra los ojos y pensa que cada mano que te toca es de Alex y vas a ver que te vas a terminar calentando, haceme caso.- y se levanta y se va.

    Pasaron unos 10 minutos donde no sentía mas que una cachetada en una teta o un pellizco al pasar. Si así iba a ser toda la noche, no me pareció que fuera para tanto, más allá de la humillante situación de estar desnuda a la vista de quien se asomara a la barra, pero considerando el pedo que tenía la mayoría, y que estaba con mi mascara puesta, quien iba a saber que era yo. En eso escucho -Bueno amigos! con el ticket de la entrada en mano, los que quieran 30 hacen fila frente a la barra y van a tener 30 segundos para tocar este hermoso cuerpo desnudo, parece poco tiempo, pero queremos que lo disfruten todos!

    Empezó a correrme un frío por el cuerpo y desesperación. Todos me iban a manosear! una locura! En eso siento como empiezan a sentir como se acercan 3 de los amigos de mi novio y me empiezan a vaciar baldes de agua fría en todo el cuerpo y uno se agacha y me dice – es para que los pezones estén duritos del fresco, después de un rato va a ser de calentura. Si lo disfrutas, recorda que nadie te va a penetrar.

    Y así fue, empezaron a pasar uno por uno y se tomaron sus 30 segundos para meterme uno o dos dedos en la vagina hasta donde ms podían mientras me lamian y mordisqueaban las tetas como si fuera un pedazo de carne mal cocinado. Las tetas ya me dolían muchísimo y hasta lograba ver unas gotitas de sangre cayendo de uno de mis pezones de la forma brutal en la que me mordían, y sólo había llegado a contar 20 tipos!!

    Ni se ya cuándos pasaron, cada tanto en medio del manoseo me besaban, o me metían los dedos llenos de mis jugos en mi boca lo que me daba arcadas y después me hacían tomar lo que estaban tomando. Hasta que llego lo que para mi fue la peor parte. Al parecer ya habían pasado todos los hombres, no sentía más mis pezones y la vagina me ardía de tanta mano.

    -Ahora es el turno de ellas! No vamos a dejarla sin disfrutar!!

    -Ellas? – no me gusta ni jamás estuve con otra mujer, pensar que me bese y me manosee una no estaba dentro lo que planificaba en mi vida ni siquiera borracha!

    -Vale, ya queda poquito, sólo son 17 chicas las que quieren disfrutar, pero ninguna es lesbiana, no les gustan las mujeres, así que no te van a tocar, les vas a chupar el culito

    -Estás loco! no voy a practicarle sexo oral a una mujer, a mi tampoco me gustan las mujeres!

    – Por eso, respetamos que no te gusten entonces no te pedimos que chupes una conchita, sino un culito, cerra los ojos y pensa que es el culo de Alex que si todavía no se lo chupaste ya se lo vas a chupar, y hacelo bien, que sientan placer, porque si no – y me muestra un consolador de unos 30 cm y como 7 cm de diámetro – en lugar de lamer el culo te van a penetrar con esto.

    Empecé a llorar y a suplicar que no, mientras siento que recuestan el respaldar de la reposera para dejarme horizontal y se para con una pierna a cada lado de mi cabeza una flaca hermosa, con piernas tatuadas, de ojos claros y cuerpo trabajado y me dice – a mi me gustan las mujeres, pero respeto que vos no, si me pegas una buena chupada, prometo no tocarte, sino además del consolador te voy a pasar la lengua de la vagina hasta tu boca sin parar.- y se levanta la pollera y corre la bombacha y se sienta mirando mis pies poniéndome el culo en mi nariz y la vagina en mi boca – Arranca! – no podía abrir la boca porque me tragaba todo así que me pellizco los labios de mi vagina hasta que no me quedo otra opción

    -ahhh!!! ahí arranco – le dijo al que cronometraba – es hermoso! – sin decir que mi lengua no estaba en su culo sino adelante. Jamás sentí algo tan asqueroso, creo que hubiese preferido el consolador hasta en el culo antes que esto.

    Así fueron pasando todas, sólo la primera disfruto algo diferente, el resto todas me dejaron lamer el culo

    Cuando todo termino, me volvieron a tirar baldazos para limpiarme un poco. Emilia y Noelia me desataron y me llevaron al baño para ayudarme a higienizarme y a vestirme. Me dieron un cálido abrazo entre ambas y me dijeron un «ya paso» dando por finalizado todo. Al salir, Alex y el resto de la banda estaban afuera esperándonos. Me abrazaron entre todos, esta vez sin tocarme mas que la cabeza y dándome besos en la mejilla todos me dieron un «bienvenida al grupo».

    El resto de la noche la pasé tirada tras la barra, pero vestida, sin poder moverme del dolor corporal y la borrachera. Al llegar a mi casa Alex me ayudo a desvestirme y bañarme, fue cuidadoso porque tenía mucho dolor. Así desnudos nos metimos en la cama. Me entrego mi premio – Este anillo es exclusivo, es para vos, es de oro y único, solo lo poseen las mujeres que pasaron el bautismo. Sos parte del grupo sin importar si nuestra relación por alguna cuestión no prospera, siempre vas a ser bienvenida para lo que necesites, sos parte de la banda a partir de ahora.

    El anillo valía mas de lo que yo ganaba en un mes de trabajo, y lo que me dijo supero lo que esperaba y comprendí las palabras de Emilia. Nos dormimos abrazados sin que pase mas nada. Al otro día me despierto y Alex no estaba, voy al baño y puedo ver las consecuencias de la noche, tenía mis 2 tetas negras, llenas de moretones y algunos otros perdidos en mi panza de alguna mordida brusca, los labios de mi vagina estaban inflamados y rojos y mis pezones cuarteados y adoloridos. Salí en búsqueda de un poco de hielo y en la puerta del baño Alex me esperaba con una bandeja con el desayuno preparado. – Sos mi reina y me reces que te atienda como tal. Anda a la cama, hoy tenés que descansar, desayuna que te traigo hielo y un poco de cremita, vamos a recuperar ese cuerpito a ver si esta noche lo disfruto yo.

    Fue un reinicio de mi vida, sentí que el sacrificio había valido la pena.

  • La madre de mi amigo y su hermana

    La madre de mi amigo y su hermana

    Todo empezó cuando recién había cumplido 18 años. Empezaba mis estudios de licenciatura. La carrera que yo había elegido no era algo popular en las mujeres, sólo había dos en el grupo. Aunque yo era muy caliente, eso no me preocupó pues yo tenía una novia muy bonita y chichona con la cual era feliz. Pronto hice amigos, particularmente uno llamado Salvador, quien me invitaba a su casa a estudiar. Él tenía una hermana y una madre de 38 y un padre, casi siempre ausente porque su trabajo así lo requería. La sonrisa de la madre, el cuerpo y las atenciones que me daba me hacían desearla. Fueron varias las pajas que me hice recordándola. Bajo el mantel de la mesa, cuando comía o tomaba el café con ella, me sacaba el pene y me daba unos jalones de verga y huevos viéndola sonreír.

    Pasó el tiempo y nuestra amistad siguió. Yo ya tenía 25 años y a veces pasaba a saludar a la familia de mi amigo. Una vez que llegué, mi amigo no estaba y su mamá me invitó a pasar aduciendo que no tardaría mucho Salvador, porque generalmente llegaba a esa hora. Me ofreció un café y se puso a platicar conmigo, ella traía una bata transparente entre la que se translucía su ropa interior.

    A veces se metía la mano bajo el brasier para rascarse las tetas “¡Ay, no sé por qué traigo tanta comezón!” decía como simple explicación, pero en eso estaba cuando una teta le quedó fuera del sostén y se veía el pezón, lo cual me excitó y se me paró la verga, la cual me tuve que acomodar rápidamente para que no me lastimara el pantalón ajustado que traía puesto. “¿Ya le pegué la comezón?”, preguntó cuándo me vio acomodándome el pene. “¿Y si nos rascamos uno al otro?”, dijo y sin más extendió su mano para sobarme verga y huevos sin recato. Tomó mi mano y la metió bajo su ropa, entre las chiches. Yo mismo le metí la otra mano en su concha y comenzamos un morreo y nos ensartamos por nuestros sexos, moviéndonos sin tregua; acción que terminó cuando nos vinimos.

    Me despedí con un beso y me di cuenta que la hija, ya con 18 años, había visto todo desde su cuarto con la puerta entreabierta. Al pasar por ahí ella sonrió, abriendo un poco más la puerta para que yo la viera sin nada más que una blusa metiéndose los dedos entre los vellos de la vagina.

    Mis visitas a la madre las hacía cuando estaba ella sola y disfrutábamos del sexo. Ella tenía mucha experiencia y aprendí bastante. Pero un día que llegué, la hermana de mi amigo estaba sola y me dijo “Pasa, hoy quiero atenderte yo”, insinuando que sabía a qué iba yo a ver a su mamá. Entré y apenas cerró la puerta me abrazó y me besó con gran maestría, como si lo estuviera haciendo su madre.

    Nos desnudamos en su cuarto y se puso a mamar mi verga, nos colocamos en 69 y los chupetones que le daba la hicieron venir varias veces, ella seguía su tarea, la cual sólo interrumpía con algunos quejidos, hasta hacerme venir. Se tragó todo el esperma que me sacó, ¡era igual de puta que su mamá! “¡Ay, qué lástima!, así ya no me la vas a poder meter, yo sí puedo embarazarme, o ¿traes condones?” Respondí “No y me vestí casi desfallecido por la deslechada que me dio.

    Con el tiempo, murió el padre de mi amigo, su hermana ya tenía una profesión, pero terminó embarazada por alguien que no dio la cara (seguramente ni ella supo quién fue) y, dados los frecuentes enfrentamientos con su madre, ella se salió de la casa dejando al crío. Yo seguí dándole mantenimiento a la mamá que cogía riquísimo pues toda su edad era un cúmulo de experiencia, adquirida con varios amigos que se la cogían desde la infancia y atendió durante su vida adulta.

    La hija, en lugar de trabajar en algo que fuera afín a su carrera, se fue de prostituta para continuar satisfaciendo su adicción al placer, atendiendo casi dos años en una calle muy conocida por todos los que buscaban jóvenes y expertas.

    Tiempo después su mamá me invitó al cumpleaños de mi amigo. Esa mañana pasé a ver qué se le ofrecía para la reunión en la noche, obviamente también darle algo de leche si era necesario, y me enteré que la hija ya había regresado a casa. La hija había mejorado enormemente en el arte de la seducción. Lo comprobé por la facilidad con la que me envolvió: me besó con gran maestría y despertó de inmediato mi deseo; diestramente, metió su mano en mi pantalón sin separar sus labios de mi boca. No pude rehusarme ni pensaré si había alguien más, ¡yo estaba calentísimo!; sobre tu ropa le apreté el pecho, pero cuando ella se disponía a quitarme el cinturón, despertó su hijo y nos separó pidiendo con insistencia que le diera un vaso de agua. Me quedé con mis ganas anudadas en las entrañas, ya que al poco tiempo llegó la madre de ella y con ello se canceló esa oportunidad.

    En la noche, ya en la fiesta, se le subieron las copas y se puso a bailar conmigo sin darme descanso. Pegaba su cuerpo al mío y con la pierna vigilaba que tuviera una continua erección. Logré desprenderme de ella para ir a la cocina por un vaso de agua. Me alcanzó allá y me besó en la forma hechicera que lo había hecho en la mañana. Le subí la blusa y le chupé los pezones.

    “Tengo ganas de hacer el amor”, me decía al tiempo en que sobre mi ropa acariciabas el pene.

    Afortunadamente, se oyeron pasos y se separó. De no haber escuchado que se aproximaban, nos hubieran sorprendido en el preámbulo, porque yo estaba perdido por la lujuria.

    Continuamos bailando, pero nuestra plática se centró en las maneras que ella sabía hacer el amor. “Yo lo disfruto como tú te acomodes”, me advertía. “Si estás abajo, ¿también te puedes mover?”, le pregunté recordando a quien de esa manera logró mi primera eyaculación. “Lo he logrado con otros de más peso que tú”, alardeó. “¿Qué otras cosas sabes hacer?”, pregunté. “Muchas, no terminaría de mostrártelas en una semana de cama”, contestó al tiempo que pasaba su mano recorriendo mi turgencia.

    Yo estaba tan caliente que no me daba cuenta si los demás nos veían o no. “¿A dónde iríamos a coger?”, le pregunté. “A donde quieras. ¿Qué te parece el Hilton?”, sugirió. “¡Es muy caro!”, objeté. “Pero está muy bien, se hace el amor muy a gusto”, replicó.

    Pronto te obligaron a sentarse, pues se estaba cayendo de borracha sobre mí. Volvimos a platicar sobre el asunto algunos días después, pero no pasó nada. Al poco tiempo se casó y tuvo otros embarazos. Cada vez que nos vemos nos manoseamos y planteamos la posibilidad de que nos acostemos, pero no creo que lleguemos a hacerlo. Tal vez me quede con las ganas de recibir el servicio de una profesional, aunque no, la mamá sabe mucho y atiende bien, a pesar de tener 28 años más, siempre me ha parecido muy jovial en su carácter y me encanta su sonrisa provocadora.

  • Una secretaria muy especial

    Una secretaria muy especial

    Hace algunos años atrás, asumí la dirección en el trabajo que desempeño, y con los cambios, la anterior secretaria, dejó su puesto, pues ingresó a la Universidad, y ante la necesidad de contar con alguien que apoyara la labor administrativa, publiqué la disponibilidad. Al día siguiente, apareció Beatriz, una chica conocida, y que recién había obtenido su título de secretaria. Con apenas 18 años, supo pasar la prueba oficial, para quedarse con el puesto. Al tercer día, comenzó a colaborar, ordenando toda la documentación y apoyándonos en las funciones que nos tocaban desenvolver. Ella, con mucha picardía, trataba de acercarse, mostrando su lindo cuerpo, trabajado en el gimnasio cada noche, usando una minifalda negra, una blusa un poco escotada, medias y tacones altos… sus 155 cm de altura se veían muy bien así como andaba.

    Antes de irnos, le recomendé que al día siguiente llegara preparada para levantar el inventario en la bodeguita de la oficina, sonriendo y diciéndome que con gusto, y que me llevaría una sorpresa.

    Justo el día siguiente, después del mediodía, nos dedicamos a ordenar y a levantar el mentado inventario. A eso de las 5 de la tarde, se fueron retirando los demás empleados, 16 personas en total quedándose solo la ordenanza y nosotros. A las 5 y 30, la señora ordenanza, se despidió, y obvio que nos quedábamos solos. Le dije si nos íbamos a comer algo y terminábamos al día siguiente, y me dijo:

    -No, si ya falta poco… en unos 20 minutos quizás terminamos.

    Olvidaba comentar cómo había llegado: zapatillas tenis, una falda pantalón a media pierna, una blusa tipo polo, y se había amarrado el pelo con un pañuelo, se veía muy bonita.

    -Está bien… entonces, al terminar te acercaré a tu casa- le dije, a lo que sonrió.

    Había una caja un poco pesada, con equipo a desechar, y ella trató de moverla, diciéndole yo que me dejara hacerlo, pues era grande la tal caja. Se colocó detrás de mí, y al levantar la caja, ella me abrazó por detrás, y me dijo

    -Ayer le dije que le daría una sorpresa- y justo ahí, me agarró el paquete, y me dijo- Quiero ver este amiguito suyo…

    Me quedé mudo y perplejo… dejé la caja y me di vuelta… al hacerlo, me volvió a abrazar, y me dijo:

    -Desde hace varios meses que lo vi por aquí, me sentí atraída por usted… por eso me apresuré para ser la nueva secretaria.

    Y diciéndome eso, me dio un beso en la mejilla, con algo de pena, pero con mucho de picardía… alcancé a decirle:

    -¿Estás segura de lo que haces?

    -Sí, así es- me respondió, y acto seguido, se desabrochó la falda, quedándose en un micro bikini que usaba, y me dijo- verdad que me veo bien?

    – Claro que si… muy linda- le dije sintiendo que mi miembro se comenzaba a levantar.

    Se dio vuelta, colocando su culito pegado a mí, y se movió eróticamente… luego, se quitó la blusa, mostrándome sus dos lindos senos, algo así como talla 36.

    Colocada así, movió sus manos para quitarme el pantalón, y tocándome dijo:

    -Que gorda es su cosa- y se dio vuelta comenzando a frotarse contra mi pene. Se quitó bikini y bra, y me dijo:

    -Quiero que me toque como quiera, pero sin hacer más que eso…

    Y claro, sabiendo que no tenía a la mano preservativos y pensando muchas cosas, accedí a hacerle caso… sus pezones estaban duros e inflamados de la pasión, y su vaginita, depilada, estaba ya muy húmeda… ella jugaba con mi miembro, dándome una tremenda masturbada que me hacía sentir las bolas a punto de explotar. Aunque el deseo era enorme, no consideré apropiado pasar a más… en un momento, se volvió a poner de espaldas a mí, y frotándome con sus redonditas y respingadas nalguitas, me pidió.

    -Solo frótela, sin meterla… y si acaba en mis nalgas, no hay problema.

    Así lo hice, mientras jugaba con su clítoris, y después de frotar su botoncito, me chupaba los dedos con su humedad, lo que la hizo gemir y decir.

    -A partir de mañana, andaré preservativos, porque mi jefe me dará muchos gustitos como este…

    Y, en el mismo momento que ella llegaba a un orgasmo que la hizo temblar, yo le bañe sus nalguitas con un chorro de semen caliente, del que ella tomó unas gotas, y lamiéndolas, dijo:

    -Esto es muy sabroso…

    Me dio otro beso, y recogiendo su ropa, salió sin decir nada al baño, regresando ya, como si nada.

    Unos minutos más tarde, cerramos todo, salimos de la oficina, le dije que la llevaría hasta su casa. Me dijo que ella sufría de esos deseos, pero que sentía que conmigo podría darse esos gustitos, pero que seria nuestro secreto, asegurándole que sería como ella dijera.

    En próximos relatos les compartiré más aventuras con esta secretaria tan especial.