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  • De una red social a la realidad

    De una red social a la realidad

    Todo comenzó un viernes por la tarde, después de varias charlas online, llegó el día que por primera vez nos conoceríamos en persona.

    Justo ahí en la estación del tren lo vi llegar, y dije era mucho más alto de lo esperaba, que guapo es, será que le gustare?, pero entre los nervios lo único que se me ocurría era solo hablar sin parar, trataba de disimular todo lo que observaba de él, no quería que se diera cuenta, miraba sus ojos, sus manos, su manera de caminar, de hablar.

    Fuimos a compartir entre amigos, fue cordial, atento, nos divertimos.

    Llegó el momento de irnos y pensé que cada quien se iría a su casa, pero él me miró con esos ojitos hermosos y me preguntó si nos podíamos ir a su casa, me sentía tan cómoda que no dudé en decirle que sí.

    Nos montamos en el auto y me tomó de la mano, tan caballeroso, me dijo “está bien, esto está bien para ti”.

    Al llegar los nervios se volvieron apoderar de mí, ya sabía que pasaría, traté de ponerme más cómoda, miraba desde la ventana, pero él llego a mi espalda y me abrazó, justo ahí volví a sentir esa química que sentía cada vez que conversamos por teléfono, mi cuerpo solo deseaba ser explorado por él.

    Nos besamos tan apasionadamente como si su boca y la mía se conocían de toda la vida, su cuerpo ardía y sentía la necesidad de solo tomarlo completamente para mí, el deseo excitante fue desenfrenado, tan fuerte como si toda una vida su cuerpo y el mío estuvieron esperándose para ser unidos, todo fluía tan perfecto como si nuestros cuerpos ya se conocían, queríamos más y más.

    Me hacía gemir de placer, estaba tan húmeda, tan caliente, su pene me hacía sentir tanto placer, que solo deseaba que no se acabara nunca, estamos sedientos, locamente apasionados, terminamos y seguíamos de nuevo y así estuvimos toda la noche, pero mi cuerpo aún lo deseaba.

    Ya por la madrugada, mientras dormía, quería sentirlo en mi boca, bajé y le hice sexo oral, estaba tan duro, tan rico, que solo quería sentirlo dentro de mí, tocaba mis senos, sé que le gustaba tanto como a mí, estaba totalmente sumergida en él y él en mí, era una entrega única.

    Disfrutamos de nuestras pieles y dormimos plácidamente.

  • Violado en el extranjero

    Violado en el extranjero

    Este es un relato real, que me sucedió en un viaje de trabajo hace unos años en México, cuando yo tenía 32 años.

    Para entrar en contexto voy a comentar que trabajo en sistemas y me había tocado ir de viaje para realizar una implementación. Había apuro por hacerla así que apenas bajé del avión, pasé a dejar las cosas en el hotel y me llevaron directo a las oficinas del cliente. Sabía que iba a hacer un trabajo arduo, pero no tanto (En sistemas nunca se sabe).

    Aproximadamente mido 1,80 y siempre fui de cuidarme, tanto en las comidas como haciendo deporte. Tengo buen cuerpo y una de las mejores cosas que tengo es el culo, que lo han elogiado hombre y mujeres por igual. (Ya sabrán porque comento esto más adelante).

    Al cuarto día de trabajar casi 10 o 12 horas diarias, quedé prácticamente solo en la oficina, ya que me quedé hasta muy tarde. Cuando me doy cuenta, agarro mi mochila, me despido de la poca gente que había y salí para la calle. Era una zona fabril, oscura, medio “fulera” y para colmo de noche y tarde, así que no había nadie por la zona.

    Los días anteriores me había llevado en auto a la vuelta, pero eso día me quise quedar a terminar unos pendientes y me tuve que volver solo, pensando que podía volver en taxi, pero no fue así.

    Al principio, intenté conseguir uno, pero no pasaba ninguno. Lo único que pasaban de vez en cuando eran camiones o autos particulares, pero esporádicamente.

    Comienzo a caminar para salir rápido de esa zona y tratar de llegar al hotel donde me hospedaba. No estaba seguro si estaba yendo en el camino correcto ya que, en los días anteriores, no había prestado atención al camino, porque me subía al auto de alguno, y éramos 4 o 5 personas, íbamos hablando y demás.

    A pesar de no estar seguro si estaba yendo bien, continúo caminando hasta que me encuentro con un hombre de frente, de aproximadamente unos 60 años, que al escribir este relato, parece que lo estoy viendo ahora mismo. Estaba vestido de manera informal (remera, jeans, zapatillas y usaba boina).

    Lo paro de una porque ya venía pensando que ojalá me encontrara con alguien para preguntarle si estaba yendo en sentido correcto.

    (A partir de ahora voy a poner, cuando hable cada uno de los protagonistas, las siguientes referencias à Y (Yo) – V (Violador))

    Y: – “Discúlpeme señor, pero no soy de acá y necesito llegar a esta dirección (Le muestro la dirección del hotel), ¿Estoy yendo bien?”

    V: – “Se nota que no eres de aquí (Se ríe). Estás en la dirección correcta, pero te conviene doblar en la izquierda en dos calles, para salir a la avenida y de seguro conseguirás un taxi, ya que estás lejos de tu hotel. De todas maneras, déjame acompañarte ya que por aquí no es muy seguro.”

    Y: – “Claro, muchas gracias por su gesto”.

    Si hubiera sabido lo que vendría después, hubiera dicho que no, pero, en fin.

    Empezamos a caminar, hablando de cosas triviales, como de donde era, a donde trabaja, etc. Al ir hablando, no me di cuenta que habíamos pasado, con creces, las dos cuadras que me había indicado cuando le pregunté. No quise decirle nada al principio, pero en un momento me doy vuelta para comprobar, y ya nos habíamos pasado por más de seis cuadras.

    Y: – “Disculpe, ¿no tendríamos que haber doblado antes para salir a la avenida?”

    V: – “Tienes razón, pero déjame llevarte por este otro lado que es más rápido y saldremos en un santiamén al Centro. Justo aquí, doblemos”.

    No quise contradecirlo porque yo desconocía la zona, así que lo seguí y doblamos, pero ya me hizo sospechar porque en lugar de doblar a la izquierda, como me dijo anteriormente, lo hicimos a la derecha.

    Seguimos caminando y la zona era peor que antes, con obras en construcción y descampados (Solo faltaban el ganado y era una típica escena de la Ruta 2).

    Ya estando nervioso le pregunto nuevamente:

    Y: – “¿Está seguro que es por acá a dónde tenemos que ir?”

    V: – “Si, muy seguro. Es más, llegamos…”

    Miro para todos lados y no veo nada, ni nadie. Cuando dijo “llegamos”, se refería a mi perdición.

    Y: – “No entiendo, ¿A dónde llegamos?”

    V: – “No te hagas y entra aquí” – Me señala con la cabeza para un costado, dónde había una obra en construcción de un edificio.

    Y: – “Miré, no sé lo que pretende, pero no entiendo. ¿A dónde quiere que entre?”.

    V: – “Que no te hagas cabrón, sígueme y entra atrás de mí. Te digo que te conviene…”

    En ese momento, saca un cuchillo y, además, me muestra que tiene un arma en un costado del pantalón. Yo me puse pálido y nervioso como nunca antes en mi vida. Se debe de haber dado cuenta por la cara que puse.

    V: – “Tranquilo, si haces lo que te digo, estarás en tu hotel en lo que canta un gallo. Vamos, entra”.

    Había una reja, a la cual se accedía abriendo un candado y quitando unas cadenas enroscadas en la misma. Ahí me di cuenta que era el sereno o un obrero de la obra, ya que tenía las llaves. Luego de abrir la reja, me señala nuevamente con la cabeza que ingrese. Pensé un segundo si me convendría correr, pero luego se me pasó por la cabeza que me podría disparar por la espalda o correrme, alcanzarme y acuchillarme, así que accedí a ingresar, pensando que me iba a robar solamente.

    Apenas ingresamos los dos, escucho que cierra la reja, pero solamente pone el candado. Me indica que lo siga, por lo cual subimos una escalera que estaba a medio hacer, para llegar a un entrepiso, donde había palas, una mezcladora y diferentes artilugios de materiales de construcción.

    V: – “La mochila, rápido”

    Se la tiro, ya que estábamos a 2 metros aproximadamente de distancia. La revuelve, apurado. Me pide la billetera y el celular. Se los tiro también ya que los tenía en distintos bolsillos del pantalón.

    Observa que llevaba puesto mi alianza de casamiento. Me la pide y me dice:

    V: – “¿No tienes nada más de valor? No alcanza nada de lo que traes.”

    Y: – “No tengo efectivo encima, más de lo que tengo en la billetera. Me manejo con tarjetas porque tengo que tengo que juntar los gastos para luego… “

    V: – “No me interesa tu puta historia chavito, pero algo más vas a tener que darme…”

    En eso, entre el terror que tenía y sentía también, veo que se me acerca y me mira, con cara de baboso, de arriba abajo varias veces.

    Me dice riéndose:

    V: – “Desnúdate chavito”

    Lo miro sorprendido como nunca:

    Y: – “No entiendo”

    V: – “No te hagas wey. Te dije que te desnudes y hazlo rápido. O quizás prefieres que lo hago yo…”

    Se pone la mano en el arma.

    Con un terror único, me empiezo a sacar la ropa, lo más lento posible. Eso pareció molestarle y al darse cuenta:

    V: – “Te dije rápido cabrón. Te conviene, por las buenas…”

    Le meto para sacarme la ropa. Me saco todo menos el bóxer. Me dice que tire la ropa y los zapatos a un costado.

    Se da cuenta que me quedé con el bóxer puesto y me dice, enojado:

    V: – “¿Qué parte no entiendes de TODO? ¡Y AHORA!”

    No podía seguir haciéndome el boludo, así que me saco el bóxer finalmente. También me dice que lo arroje al costado, con las demás pertenencias mías.

    Me tapaba con ambas manos la pija, ya que no quería que me viera en bolas, por lo que dice.

    V: – “¡Por la chingada déjate ver de una puta vez cabrón!

    Me corro las manos y quedo totalmente desnudo frente al tipo. Se me acerca y me mira de arriba abajo. Me mira el culo y me lo toca, dándome palmadas.

    Al estar en bolas, puede ver que tengo depilada la pija, las bolas y el culo (Cada tanto lo hago y justo lo hice antes de ese viaje). También observa que tengo la pija chica (Mide 12 cm. parada).

    Al contemplar el tamaño, estalla de risa.

    V: – “¡¡Jajaja!! ¿Con esa picha atiendes a tu esposa? Ni siquiera sirve para hacerle cosquillas. ¡¡Jajaja!!”

    Yo pasé de estar aterrado a estar también avergonzado. De todas maneras, lo único que quería era que me dejara ir.

    En ese momento, se da vuelta para encender un cigarrillo. No tuve mejor idea de querer pegarle una trompada, pero me la atajó en el aire y me pega una en la cara, que no me impactó de lleno porque se la esquivé a medias. Trato de pegarle nuevamente, se cubre y hace un movimiento que no vi, muy rápido y me encaja una trompada de aquellas en el estómago, lo que hace que me caiga y me retuerza en el piso. Quedó en evidencia que era más fuerte que yo, no había dudas.

    Me dice:

    V: – “Tranquilo chavito, no quieras pelear conmigo porque va a ser para peor.”

    Yo lo miro desde el piso y nuevamente me habla:

    V: – “Ponte de pie porque me la tienes que mamar.”

    El primer pensamiento que se me vino fue “Está loco, antes muerto”. Me di cuenta que se me ponía loco cuando yo no respondía.

    V: – “¡He dicho que te pares y me la mames wey!”

    Me di cuenta por como gritaba que estábamos solos alrededor, porque si no tendría que haber aparecido alguien al menos, para ver que sucedía.

    Finalmente le respondo:

    Y: – “Mira, por favor, déjame ir. Ya te di todo lo que tenía a mi alcance. No tengo más nada encima”.

    Me mira fijo y me dice, sonriente:

    V: – “Eso es lo que tú crees…”

    Se acerca y me agarra de los pelos, me levanta del suelo y me pone de rodillas, frente a él. Con la otra mano, se desabrocha el pantalón y saca su pija para ponerla enfrente de mi cara.

    V: – “Chavito, más te vale que empieces a chupármela, porque si no te lo haré hacer a la fuerza”.

    Saca el cuchillo y me lo muestra más cerca que nunca. Yo estaba paralizado por el miedo, pero tampoco quería abrir la boca. Me sigue agarrando de los pelos y me empuja contra su pija pero no abro la boca. Esto lo enfurece.

    V: – “¡sudaca de mierda! más te vale que abras esa boca porque te vas a ir con un agujero de más”.

    Finalmente, al no quedarme otra y de re putearlo en silencio, abro un poco la boca. Me la quiere meter de una, pero choca con mis dientes. Me vuelve a pedir que abra la boca y me empuja tan fuerte que casi vomité porque me llegó a la campanilla de la garganta.

    En eso, comienzo a mamársela y también a llorar. Yo estaba quieto, él me movía agarrado de los pelos, de atrás para adelante.

    Al darse cuenta que lloro, me dice:

    V: – “No llores chavito que me mojas las bolas”.

    Debemos haber estado así un rato (no sé el tiempo exacto porque no lo recuerdo) hasta que en un momento se detiene y me empuja violentamente para atrás.

    Ahí me dice:

    V: – “Se nota que nunca has mamado una picha cabrón. Nunca me la chuparon peor. Hasta me raspabas con los dientes. ¡¡Jajaja!!”

    Lo miro atónito desde el suelo. Lo único que quería hacer era irme. Junto valor y le pregunto:

    Y: – “¿Puedo irme?”

    Mi responde, riéndose:

    V: – “No la creas tan fácil chavito, recién empezamos”.

    Y: – “Pero ya obtuviste lo que querías, por favor déjame ir”.

    V: – “Aún no, y deja ya de suplicar argentino maricón”.

    Dicho esto, me dice que me de vuelta y que me ponga en cuatro. Totalmente aterrado y llorando, le digo:

    Y: – “Por favor, por lo que más quieras, déjame ir. Nunca estuve con un hombre. Soy virgen por detrás”.

    V: – “¿Y entonces para que te depilas el culo chavito? ¿Será que nunca te atreviste a probar? ¡¡Jajaja!!”.

    V: – “¡VAMOS WEY! Te he dicho que te pongas en 4 chingue de tu puta madre”.

    V: – “¿De verdad tengo que hacerlo yo?”

    Saca el arma y la veo finalmente, a pesar que había poca luz en la obra, pero veía que era plateada.

    Con todo el miedo del mundo, accedo a ponerme en cuatro. Encima, al ser una obra en construcción, el piso estaba rugoso, con piedras de ripio y demás, así que ya pensaba que me iba a raspar por todos lados, pero eso era lo de menos.

    Lo escucho que se me acerca y le digo, parándome de un saque, que eso hace que se sorprenda.

    Y: – “Por favor, no lo hagas. Nunca estuve con un hombre. Me vas a romper y además, me puedes contagiar algo”.

    No sé para qué le dije, se puso como loco. Se me acercó, me agarró de los pelos y me dijo, gritándome en la cara.

    V: – “¿Qué mierda te crees maricón de mierda? ¿Crees que soy un apestoso? ¡En cuatro patas como un puto y ya!!!”

    Me pongo en cuatro patas, sabiendo que me espera lo peor. No escuché o vi que se ponga un forro así que peor aún. Lo primero que hace es verme el culo, a fondo. Me separa las nalgas, rodea el ano con un dedo y me lo mete de una, por lo cual lanzo un grito.

    Se ríe y dice, mientras me da palmadas en la nalga.

    V: – “Si que lo tienes cerrado chavito, pensé que era chiste”.

    Era verdad, tenía el culo virgen y estrecho. Encima, hacía más fuerza todavía cerrándolo, a eso sumado los nervios de la situación.

    V: – “Pero no te preocupes. Te voy a tratar bien, ya que es tu primera vez y, además, quiero disfrutar de tu culito cerrado wey”. Al mismo tiempo que me da palmadas nuevamente en la nalga.

    Seguido de esto, me dice:

    V: – “Aflójate wey, sino va a ser peor”.

    No me aflojaba un carajo, pero tampoco podía, aunque quisiera por los nervios. En ese momento veo, que se baja más aún los pantalones y se pone de rodillas, enfrente a mi culo.

    Escucho que escupe, pero lo hace en su mano, para luego pasármela por el culo, intenta metérmela, pero no puede. Intenta 2 o 3 veces más, pero es inútil.

    Al ver esto me dice, enfurecido:

    V: – “¡Te dije que te aflojes maricón! ¡¡no puedo entrar!!”

    Y: – “Eso hago, pero no puedo aflojarme más”.

    En ese momento, escucho que se levanta. Busca entre las cosas que tiró al piso de mi mochila y encuentra unos sobres de aceite que yo me había traído. (Siempre me llevaba del comedor del trabajo, sobres de condimentos. A raíz de este episodio, me saqué esa costumbre).

    Vuelve a ponerse de rodillas enfrente de mí y escucho que abre los sobres de aceite. Todavía es el día de hoy que me puteo por haberlos llevado conmigo.

    Primero me unta en el culo y luego se unta él, lo mismo hace con el contenido de los 2 sobres.

    Me dice:

    V: – “Ahora sí chavito. Perdiste…”

    Se me pasaron mil cosas por la cabeza, pero lo que quería con todas las ganas era que terminara esa pesadilla que parecía no tener fin.

    Siento que me apoya la verga en el culo y la frota, para arriba y para abajo. Luego intenta introducírmela, pero no puede. Escucho que se me empieza a meter el aceite en el culo y me empieza a hacer: Plop, plop, plop.

    Intenta una vez más y empieza a entrar, de a poco. Empiezo a sentir como entra la punta de la cabeza. Lo peor era que hacía fuerza para que no entrara, pero al lubricarme fue inútil.

    Escucho que me dice:

    V: – “Ufff chavito, que buen culo que tienes. Me calienta por demás que esté apretadito…”

    Siento que comienza a entrar más la verga del violador, rompiendo todo a su paso. En eso, siento que me agarra de las caderas, y al mismo tiempo me da nalgadas. Me dice:

    V: – “Ahora disfruta…”

    Me empezó a coger, agarrándome fuerte de las caderas. Las embestidas son bestiales, siento como entra y sale esa pija lubricada, además de un dolor extremo, como nunca había sentido antes. No quería emitir sonido, pero en un momento se me escapa un grito, lo que produce la burla del violador que aprovecha para decirme:

    V: – “Grita tranquilo chavito. Quiero que goces también. Es más, ábrete tú las nalgas”.

    Me pongo las manos en las nalgas y las separo, con la pija del violador dentro.

    Este movimiento se ve que lo excitó por demás porque me dijo:

    V: – “Ufff, que bueno chavito. Me calienta verte tan entregado wey”.

    A todo esto, no pude aguantar más y empecé a llorar, gemir y gritar, y entre medio de los gritos y gemidos, le rogaba que se detenga. Pero era inútil, me seguía culeando como si no existiera un mañana; Yo trataba de pensar en otra cosa, pero no podía.

    Lo peor fue que en un momento empiezo a notar que se me empieza a parar la pija. No entendía y no me pregunten porque, pero sucedió.

    Es más, y peor aún, en un momento siento como que viene la sensación de eyacular, que pensé que no podía ser, pero no, a pesar de hacer fuerza para no hacerlo, terminé acabando antes yo que el violador.

    Al ver esta situación, el viejo se burla y me dice:

    V: – “Vaya, mira ese manantial chavito. ¿No era que no te gustaba? Finalmente, tu chupetín sirve para algo. ¡¡Jajaja!!”

    Yo miraba para abajo, no pudiendo estar más avergonzado y humillado que nunca.

    En un momento de las embestidas, siento que la verga del viejo se pone muy dura, pero dura como una roca, y me dice:

    V: – “ahhhh… ahhh… Ya viene chavito, siéntela, siéntela toda en tu culo…”

    Hace dos embestidas más y en la última, acaba. Siento como me llena de leche, y como me late el culo, todavía con la pija del viejo adentro.

    V: – “Ufff chavito, esto estuvo de la chingada, muy bueno…”

    Había terminado agitado el viejo y se le dificultaba la respiración. Yo estaba inmóvil, en cuatro, culeado y en bolas.

    Cuando se levanta, siento que mi culo no paraba de latir, además de un dolor indescriptible. En ese momento, me veo las rodillas y las tenía todas raspadas, casi en carne viva.

    Siento que emana un líquido de mi culo, lo cual me cae un poco en la pierna. Pensé que era el semen del violador, pero me quedo corto. Era una mezcla de semen, sangre y mierda que salía de mi culo. Lo peor era que no podía parar el chorro, porque sentía que no tenía control sobre mi esfínter, además de querer pararme y no poder aún, a raíz del mismo dolor.

    Al ver esta situación, el violador se burla y cuando termina de reírse me dice:

    V: – “Sabía que los argentinos eran cagones, pero no que se iban cagando por los lugares. ¡¡Jajaja!!”.

    Finalmente puedo ponerme de pie, totalmente abatido. Le pregunto con las pocas fuerzas que me quedan y en una voz baja, casi inaudible:

    Y: – “¿Puedo irme ahora?”

    A lo que me responde el viejo:

    V: – “Claro chavito, pero tendrás que irte desnudo de aquí. Yo me quedo con tu ropa wey”.

    Le digo, sin ganas de pelear, que además ya no tenía:

    Y: – “Al menos dame el bóxer y el pantalón”.

    Pero fue inútil:

    V: – “No chavito, no funciona así. Ahora te vas a ir muy despacio, y en cuanto te pare la policía, le dices que te robaron. Te van a creer porque eres argentino y a los extranjeros que andan por aquí, les roban hasta el espíritu… o se lo llenan, como fue tu caso. ¡¡Jajaja!!”.

    Ni quise discutir y me atajaba para no caerme, estaba hecho una piltrafa. Pensé que me estaba jodiendo con lo de la ropa, pero no, hablaba en serio.

    Me bajo agarrado de un brazo, abrió el candado, luego la reja y me empujó a la calle.

    Si, como escuchan, me empujó a la calle totalmente desnudo.

    Empecé a caminar, para el otro lado, y veo luces de la famosa avenida. No tenía idea de que hora era, pero estimaba que eran más de las 12 de la noche seguro. Finalmente pasó un taxista y me paró, le expliqué, rompiendo en llanto y el tipo se portó de diez. Primero me llevó al hotel, mientras lo hacía llamó a la policía para contarles.

    Cuando llegamos al hotel, ya estaba la policía. Se bajó el taxista, habló primero con ellos y luego con la recepción del hotel. Les dije desde adentro del taxi que lo dejaran ingresar a mi cuarto para que me bajara ropa. Me vestí en el taxi, mientras les contaba a los policías lo sucedido, que también se portaron bien. Me llevaron a un Hospital para hacerme los estudios correspondientes (Tenía terror que el viejo me haya contagiado SIDA), donde salieron “bien” dentro de lo posible de la situación.

    Fuimos al rato a la obra en construcción, ya que los policías sabían donde era, y también vino el taxista, pero el viejo no estaba. Volvimos al otro día, y tampoco estaba, no lo conocía nadie.

    En el trabajo dije que me habían robado y que tenía que hacer la denuncia y demás. Al irme en pocos días, desistí de hacer algo más que la denuncia, ya que era inútil. Lo único fue que quedó el identikit del viejo violador. Los policías me dieron sus teléfonos personales, pero nunca les mandé para saber si lo agarraron o no.

    A los pocos días volví a mi país y no quise saber nada más del tema. Lo enterré junto con mi pasado.

  • Aventuras en playa del Carmen (3): Porno venganza

    Aventuras en playa del Carmen (3): Porno venganza

    El hombre que estaba en la piscina con Katherin salió y no pude evitar verle la herramientota que tenía, típica de un sujeto de color como él.  Se vistió, agarró sus cosas y se retiró.

    Mientras tanto, Sergio con dificultad se acercó a Katherin, ambos intercambiaron algunas palabras y se dirigieron a su recámara. Minutos después, Katherin salió vestida con minifalda y un top, se despidió de nosotros, se encontró afuera de la casa con el hombre que estaba con ella momentos antes y se marcharon.

    Valentín y Raúl quisieron ir a ver a Sergio, pero los convencí de que él debía estar solo, así que me encargaron la casa y volvieron a la playa con los demás.

    ¿Me sentía mal en ese momento por Sergio? Obviamente, es más, me sentía empática, pues la engañó la misma tipa con la que me engañó uno de mis novios de la preparatoria. Sin embargo, también tenía intenciones perversas, así que agarré un par de cervezas y fui a la habitación donde se encontraba Sergio, quien estaba acostado en la cama y me senté en el filo de la cama. La plática no se hizo esperar mucho.

    —Contéstame las siguientes preguntas —decía como nervioso—: ¿Quién tenía la razón en la discusión de ayer, Lizeth o Erick?

    —Por supuesto que Lizeth —contesté.

    —¿Y quién ganó? ¿O quién obtuvo lo que quería?

    —Pues si Erick quería que su infidelidad no afectara en su relación, la que ganó fue Lizeth.

    —Ok. Ahora, entre Katherin y yo, ¿quién tiene la razón?

    —Tú, sin duda.

    —Y adivina quién ganó —dijo con el nudo en la garganta.

    —¿Sabías que uno de mis novios me puso el cuerno con ella?

    —De haberlo sabido.

    —No te conocía bien.

    —No importa, me pude haber dado cuenta desde hace tiempo, pero no quise. Confiaba ciegamente en ella. Ahora entiendo todo a la perfección, entiendo porqué ya no quería estar en la intimidad conmigo desde hace unas semanas, ella ya tenía premeditado esto. Me siento humillado.

    —No tienes porqué —dije tomándolo de la barbilla y levantando su cara—, ella no vale que estés así, ahora que te hizo esto y que tienes mi referencia acerca de cómo es.

    —Lo sé, pero en este momento duele. ¿Cómo le está haciendo ella para que no le duela haberme engañado?

    —No mires a Katherin, es una cínica hija de puta. Mira a Lizeth, hoy está como si nada, pero tomando su distancia del imbécil de Erick. Solo no está permitiendo que la situación le afecte mientras disfruta sus vacaciones.

    —Además me vino a joder la existencia la lesión de tobillo que tengo.

    —Tú diviértete, en la medida de lo posible. En este momento le deseo a Lizeth que se encuentre a un joven atractivo, que se gusten y se vayan juntos a hacer cochinadas —dije sin evitar pensar en Tiago y lamentando que no le pedí su teléfono u otra forma de contactarlo.

    —Eso me hace falta. Por cierto, discúlpame de nuevo porque me hayas visto masturbándome ayer.

    —Descuida. ¿Sabes algo? En cuanto saliste de mi recámara, yo me encerré y me masturbé también.

    —¿También andabas ganosa?

    —Sí, mucho.

    —¿Y ahorita lo estás? —me cuestionó insinuante.

    —Demasiado —dije inclinando mi cuerpo hacia él, recargando mi cabeza en su desnudo pecho y dándole suaves besos.

    —¿Lo hacemos?

    —Te propongo algo: Vamos a hacerlo filmándonos, para que quede grabada nuestra venganza.

    Sergio estuvo de acuerdo con mi sugerencia y sacó su teléfono celular para filmarme besando su pecho y recorriendo con mis labios su abdomen hasta llegar a su short, el cual bajé con mis dientes junto con su bóxer para sacarle la polla.

    Antes de mamársela, se la masturbé confesándole que quería hacerlo cuando lo descubrí haciéndolo en mi recámara. Después, con delicadas lamidas desde sus testículos hasta su glande terminé por meterme su verga en la boca y chupándola intensamente.

    —¡Ahhh! ¡Qué rico me la chupas, baby!

    —¿Sí, amor?

    —Sí. Mejor que la puta de Katherin.

    No pude evitar reírme y sentirme realizada por ese comentario, sin detenerme mucho para seguir mamando su rica verga. Sergio me pidió parar y me invitó a acostarme, yo hice como él me dijo y me dio su celular para grabar ahora cómo me quitó mi short con mi bikini y luego devoró mi pucha.

    —¡Uy, así! ¡Qué rico la mamas, amor!

    —Nunca se la mamé a Katherin, eres afortunada.

    Cuando me dijo eso, justifiqué en mi mente porqué Katherin lo engañó, pero no me importaba, estaba completamente dispuesta a darle a ella su merecido, propinándole una cogidota a Sergio.

    —¡Ay, sí, papi! ¡Cómete mi concha como no se lo hiciste a ella! —exclamaba para aportarle drama al video—. ¡De lo que se perdió esa puta, mmmm!

    Verdaderamente me hizo un riquísimo oral. Su boca en mi clítoris me hacía retorcerme de placer y más porque me metía dos dedos en la vagina al mismo tiempo. No ha sido el mejor oral de mi vida, pero sí el que duró más tiempo, pues se tomó poco más de media hora, en cuyo tiempo me hizo correrme cuatro veces. Mis gritos fueron a todo pulmón, aprovechando que no había nadie en la casa.

    Luego, Sergio se subió a la cama, flexionó mis rodillas hacia mí, poniendo mis pies en sus hombros y me dejó ir toda su polla. La profundidad con que me penetraba me hacía gritar de placer, filmando cada dura y sabrosa embestida que me daba.

    —¡Ay, papi! ¿Así te follabas a Katherin?

    —Todos los días.

    No pude evitar pensar que a un hombre así yo no lo dejaba ir tan fácil, o al menos hubiera sido más lista a la hora de engañarlo, porque sí, las mujeres somos ambiciosas y mañosas.

    Sergio extendió su brazo hacia mí, pidiéndome que le diera el teléfono para que pudiera grabar desde su posición, pero lo aventó y me avisó que se iba a venir. Rápidamente me arrodillé para que me eyaculara en la boca y quise tomar el celular para grabarlo, pero él se masturbó y se corrió en la cama.

    —¿Qué pasó? —pregunté delicadamente, pensando que se estaba arrepintiendo de hacerlo.

    —Si ella llega a ver el video, no quiero que vea que me vengo rápido como siempre.

    Lo noté frustrado por ello, pero traté de animarlo. Le llevé varias cervezas, tomamos juntos y una vez que nos prendimos de nuevo, le mamé la verga para ponérsela firme una vez más. Sergio volvió a tomar su móvil y a filmar que me tenía en cuatro bien empinada y no dejó pasar más tiempo para ensartármela y cogerme intensamente.

    Al principio gritaba y le decía guarradas para animarlo a follarme, pero pasó un largo rato y mis gemidos eran más carraspeo que otra cosa, al parecer el alcohol le dio la capacidad de durar más, sin detenerse hasta que yo solita me quité, lo acosté boca arriba y decidí que era mi turno de cogérmelo a sentones, dándole la espalda.

    —Me encantan tus pinches nalgotas, Nicole —expresó luego de una serie de nalgadas ricas que me dio.

    —¿Sí, amor? ¿Te gusta cómo rebotan?

    —Me encanta. Las tienes enormes. Sin duda ya me gustan más que las de Katherin.

    —Cuando quieras, sabroso vergón —le dije luciendo ofrecida.

    De pronto, me pareció haber escuchado el sonido de una puerta de auto azotándose. Le pedí silencio a Sergio, pero al oír el sonido de apertura de la puerta principal me levanté, tomé mi ropa, corrí hacia los baños y abrí la regadera para hacer creer que me estaba bañando. Escuché las voces de todos y no faltó la curiosa que esperó a que saliera de bañarme y esa era Michelle, la novia de mi primo, a la que de por sí ya le caía mal.

    —¿Por qué te estabas bañando? —me cuestionó Michelle justo a la salida de los baños.

    —Para quitarme la arena de la playa —respondí.

    —¿Tanto tiempo en la casa y apenas tomaste el baño?

    —No se me había ocurrido, ya sabes, estaba distraída con el teléfono.

    —¡No me digas! ¿Y por qué no contestaste mis llamadas?

    No pude haber puesto una excusa más tonta, era mejor haber dicho que me quedé dormida. Como dejé mi teléfono en mi habitación, no me di cuenta si recibí llamadas o mensajes, por lo tanto, me eché la soga al cuello. Traté de improvisar, pero no me salió bien la jugada. Al final lo tuve que admitir.

    —Está bien, me eché un polvo con Sergio, pero no se lo digas a nadie, ¿de acuerdo?

    —No lo sé, esto te va a costar muy caro.

    —¿Me vas a chantajear? Va —me puse desafiante—. Dime qué quieres a cambio de guardar mi secreto y lo cumplo, estas dizque vacaciones no pueden ser peor para mí.

    —Sé bien lo que te quiero pedir, pero viendo lo descuidada que eres me preocupa que no salga como espero y tendré que revelar tu secreto —dijo con una soberbia que me cayó muy mal.

    Después de insistirle, porque hasta eso tuve que hacer, me explicó a detalle lo que quería que yo hiciera: Ella sospecha que su novio (mi primo Valentín) la engaña y ella ha querido averiguarlo tomando su teléfono móvil, pero él no se lo presta y lo cuida mucho. En dos noches estaba programada una salida a un bar nocturno y sería el momento perfecto para alcoholizarlo y quitarle su celular, de forma que Michelle me pidió ser yo quien lo indujera a ponerse ebrio, pues a ella siempre le rechazaba las invitaciones a beber y embriagarse. Me pareció pan comido y acepté ayudarle.

    A Sergio no le cuestionaron más que sobre su estado de salud y nadie más sospechó sobre una cogida entre él y yo.

    Tan pronto me desocupé, tomé mi teléfono celular y me enteré que, efectivamente, tenía llamadas perdidas de Michelle, así como de un número desconocido.

    En Facebook tenía un mensaje de Tiago, que decía que mi mejor amiga Naydelin le proporcionó mi perfil y mi número y que estuvo llamándome. Respondí su mensaje y de inmediato contestó, comenzando así una conversación que terminó cuando me invitó a salir el día siguiente a la playa. Emocionada a más no poder acepté su invitación.

    Mis vacaciones parecían encontrar un rumbo particular muy divertido, ya me había acostado con dos hombres en menos de veinticuatro horas y apostaba a que Tiago no se podría resistir a un polvo conmigo.

    Llegó la noche y todos fueron a dormir, pero, de nueva cuenta, escuché pisadas que se dirigían a la sala. Volví a armarme de valor para ir a plantarme sigilosamente detrás del sofá, donde tres personas estaban sentadas frente al televisor encendido y repitieron los pasos de la vez anterior, la persona de en medio se acostó sobre las piernas del de la izquierda y la persona de la derecha puso sus manos sobre el cuerpo de la de en medio, sin poder ver lo que hacían más allá.

    Seguí sin poder dilucidar sus identidades y me vi en peligro de ser descubierta espiándolos cuando se escuchó el sonido de una persona con zapatillas de tacón acercándose desde el exterior hacia el interior de la casa. Volví a ocultarme tras la columna mientras los que estaban en el sofá apagaron la televisión y se fueron corriendo hacia los baños.

    La persona que entraba a la casa era Katherin, llegando a las dos de la madrugada de su cita con su big black cock, apenas podía caminar y, además, estaba borracha. Se dirigió hacia las recámaras y anunció su llegada, despertando a todos y congregándolos en el pasillo.

    Fui acercándome lentamente en medio de la oscuridad hacia los baños, encendí la luz y esperé ver a los pervertidos que hacían su trío de madrugada, pero no había nadie, debieron aprovechar el escándalo que hizo Katherin para escabullirse hacia sus cuartos. Mi curiosidad crecía aún más, pero esa noche me tuve que resignar e irme a dormir.

    Al día siguiente, mientras desayunábamos, Valentín proyectó en la televisión el vídeo de la salida a la playa. Transcurrió la cinta hasta el momento en que Sergio se lastimó y que evité grabarlo bajando la cámara, pero la lente enfocó de cabeza y atrás de mí, capturando otro suceso vergonzoso.

    —¿Michelle? ¿Qué haces ahí besándote con Gilberto? —preguntó Valentín con algo de furia.

    Todo era confusión, una vez más. Todos se miraban entre sí, pero para mí fue inevitable mirar a mi mejor amiga Naydelin, que tenía cara de que el mundo se le estaba haciendo pedazos en ese momento, al ver que su novio, Gilberto, se besó con otra.

  • El chico de la mansión me caza en la calle

    El chico de la mansión me caza en la calle

    Estaba haciendo un buen día, era un viernes en la tarde con el sol ya casi ocultándose y una brisa que sentía desde el balcón de mi casa, ya llevaba mucho tiempo encerrado estudiando así que decidí darme un descanso y salir a caminar con mis audífonos y solamente tomar aire fresco un buen rato, si bien vivo cerca al centro de la ciudad me gusta caminar por la periferia hacia un pequeño bosque que es bastante tranquilo y perfecto para liberar la mente.

    Caminando por la acera de una pequeña avenida ya saliendo un poco de la ciudad noté que un auto negro del que solo reconocí era un Volkswagen me llevaba siguiendo desde hace ya varias cuadras que llevaba girando, no sé a qué se debía ni porque alguien estaría siguiendo a un chico de 20 años, bueno… quizá me quería robar, así que me puse tenso ante la idea pero el bosque ya se acercaba y debía coger una calle que poca gente transita pero no había otra que me llevara allí, confíe en que nada malo pasaría y voltee en aquella calle y el coche a los pocos segundos también giro, me asustó cuando rápidamente se acercaba hasta quedar a mi lado y tocar la bocina, me simbronee y voltee a mirar el coche directamente, la ventana del copiloto descendía mientras me mostraba el rostro de su piloto, no tenía cara de alguien a quien me quisiera hacer daño pero tampoco lo conocía, así que espere a que el dijera algo, aparentaba unos 25 años de pelo castaño, llevaba unas gafas de sol que debo admitir le quedaban muy bien y era muy evidente un gran tatuaje que abarcaba buena parte de su cuello, la ventana seguía descendiendo y pude ver que llevaba una camisa blanca remangada la cual se veía ajustada debido a sus gruesos brazos musculosos de los que también salían varios tatuajes, esperaba ver algún malandro queriendo robarme pero de hecho encontré un hombre que en realidad me quito el aliento al verlo.

    – Hey, dijo el desconocido

    – Emmm, Hola? Por qué me estas siguiendo?

    – No te estoy siguiendo, respondió volteando un poco los ojos.

    – Claro que si, lo note desde hace como 5 cuadras, volteabas hacia donde yo iba y aquí estas

    – Bueno, es que me pareciste alguien a quien le podía preguntar una cosa, soy algo precavido para hablar con cualquier desconocido

    – Que cosa?

    – emmm… – note que se puso algo nervioso y no me supo contestar la pregunta, esto era ya algo sospechoso.

    – la verdad me pareciste atractivo desde que te vi en la avenida, y el movimiento de tu culo mientras caminabas me hizo seguirte hasta aquí cuando me decidí por hablarte y decirte si te gustaría que te invitara a ir a algún lado

    – What?? o sea que me estabas acosando todo el camino?

    – Bueno emmm, si y no, al caso… quieres subirte al coche y te llevo a donde ibas?

    Me quede pensando un momento, si fuera un viejo verde probablemente le hubiera mentado la madre pero este chico me calienta, no debería aceptar pero el coche también está lindo, así que acepte y me subí en él sin decirle nada, el seguro ya estaba abajo para cuando aborde el auto.

    – Bueno y… para dónde ibas?

    Demonios se me olvido esa parte, iba para el bosque pero ya estoy en la entrada, que le digo? Piensa, piensa.

    – Iba al… centro comercial que queda en el otro costado del bosque.

    – hay un centro comercial por aquí?

    – si, siempre voy allá a pasar el rato

    Sin más el comenzó a conducir a través del bosque a muy baja velocidad que era extraño debido al coche deportivo podía ir mucho más veloz, aquella rareza se solucionó cuando el chico puso su mano derecha sobre una de mis piernas, mis latidos se dispararon de inmediato y tartamudee.

    – que que e e e estás haciendo?

    Con una sonrisa en su cara quitó su mano, se quitó los lentes de sol poniéndolos en su camisa colgando de su cuello y giro el coche en dirección contraria.

    – A dónde vas?

    – A un lugar más cómodo

    Oh por Dios!! lo tuve frente de mi desde que se detuvo a mi lado hace un rato, y hasta ahora lo capto, en realidad que soy lento para esto pero no me disgusta la idea de lo que va a pasar así que solo me quede viéndolo mientras él se dirigía a donde quiera que se diríjase permanecí en silencio contemplando su cuerpo. No me pude contener y comencé a tocarle sus fuertes brazos recorriendo todos los bordes que se formaban, no eran tan gruesos como los vi antes, eran moderados, apenas acorde al cuerpo delgado que tenía, el me miro un segundo y solo tuve ganas de morderle esos labios carnosos que brillaban con la luz de las calles ya anocheciendo.

    Llegamos a una casa que tenía una entrada grande que se abrió en cuanto el auto apareció en el horizonte, la casa no quedaba en la ciudad, no me percate cuando pero salimos unos 3 kilómetros antes de llegar a la casa, entró el coche hasta la puerta de una enorme casa y solo me miro, pasaron 4, 5, 10 segundos cuando fue que se inclinó hacia mi encajando sus labios en los míos, se sentía tan fresco y con tanto lugar para apretar con mis dientes que cuando él se quiso separar lo retuve un poco mordiéndole su labio inferior, en cuanto lo soltó bajo del coche y corrió a bajarme a mi también del coche jalándome de la mano hasta cruzar la puerta de su casa.

    En cuanto cruzamos la puerta todo el nerviosismo se fue, me quitó el buzo que llevaba puesto dejando expuesto mi torso y pecho, a lo cual yo seguí desabotonándole su camisa y quitándosela mientras lo besaba, no me quería despegar de él, hacia un poco de frio lo que él noto y me alzó, a lo que yo enrede mis piernas en su torso, en aquella posición y besándolo sin parar fuimos a su cuarto sin hacer mucho ruido pues después me daría cuenta que la casa no estaba sola, pero era tan grande que nadie se daría cuenta que estuve allí, entró a su cuarto y tras de nosotros cerró la puerta con el pie e incómodamente logro echar el pestillo, se dirigió a la cama y caímos en ella ruidosamente lo cual no importo puesto que de inmediato bajo sus manos y me quitó el pantalón junto con los bóxer dejando ahora si todo mi cuerpo desnudo a su vista, se congelo un par de segundos los que aproveche para bajarle el pantalón y ver como su verga ya dura intentaba salir de aquel bóxer, la lamí sobre su bóxer y sentí un poco de líquido pre seminal salir, la frote un poco hasta que no aguante más y le baje el bóxer para meterme su verga hasta la garganta dejando todo su extensión desde el glande hasta las bolas mojadas por mi saliva, él se quitó como pudo el pantalón y los boxers, me levanto dándome un pico y me volvió a tirar a la cama, está vez él cayendo sobre mi.

    Sentir todo su cuerpo en libertad tocando el mío, sentir su verga chocando con mi abdomen y como su liquido pre seminal mojaba mi cuerpo me calentaba y ponía cachondo cada vez más fuerte, me sentía salir de mi, sus besos dejaron de situarse en mi boca para situarse en mi cuello y orejas, suavemente, con fuerza, de cada manera lograba que estremeciera todo mi cuerpo, vi lo lujuria en sus ojos cuando notó el estado en el cual yo me encontraba de placer, siguió recorriendo mi cuerpo con su lengua enloqueciendo todos mis nervios que hacían palpitar prontamente mi ano, sin tocarlo ya sentí como se dilataba, con su fuerza no se le dificultó darme rápidamente la vuelta dejando parado mi culo hacia su mirada, separe inconscientemente mis piernas dejando todo mi ano expuesto a lo que él no dudo en probarlo.

    Se acercó lentamente, se acomodó y paso su lengua desde mis huevos hasta donde comienza mi espalda pasando con maestría por mi hueco, lo que me hizo recorrer un escalofrío por todo el cuerpo, ya sentía mojado de su saliva mi culo, metía cada vez más profundo su lengua moviéndola en forma circular, de arriba a abajo y de formas que no pude saber cómo hacia pero hacia dilatarme cada vez más, introdujo de pronto un dedo para ya cabía más de uno, no pensó más, se levantó y sitúo su verga en mi entrada, sentía como empujaba lentamente y sacaba introduciendo solo la punta, a lo que yo iba empujando hacia atrás un poco más clavándome más profundo su gruesa verga, poco a poco me lo introducía más, sentía como en mi interior quería entrar cada vez más profundo y yo le abría el paso, cuando entró completamente aguante el gemido pero en un rápido movimiento la saco y volvió a golpearme completamente dentro a lo que el gemido solo salió y caí levantando aún más mi culo.

    Él lo vio aún más caliente y comenzó con un rápido movimiento penetrándome, pausándose en momentos para hacer un movimiento con más fuerza a lo que por dentro se lo agradecía, me saqué aquel trozo de carne y me acosté boca arriba, levante separando mis piernas y su verga como un imán se introdujo con facilidad, posé mis piernas en sus hombros cerrándome un poco y vi en su cara el placer que le daba mi agujero apretándose ante su entrada constante mi, me beso y en cada beso intentaba morderlo un poco hasta que no me controlé, torne la cabeza hacia atrás y mis ojos se tornaban a blanco, el placer que me daba aquella verga no me dejaba pensar en más.

    Él se levantó de mi cuerpo, cogió mis tobillos en cada una de sus manos y separo mis piernas sujetándose de ellas para darme por el culo con más profundidad, sentí como golpeaba mi próstata y que pronto me haría venir, pero se separó un momento y me jaló de una mano para que me levantara, con un poco de dificultad y dolor en el culo me llevo a una habitación contigua a su cuarto, pasando por un pasillo en el que cualquiera nos pudo ver desnudos, al abrir la puerta vi lo que allí guardaba, una cantidad sorprendente de juguetes sexuales y en el medio un arnés que colgaba del techo.

    Me dijo que me acercara a él y me amarró a él quedando en una posición similar en la que estábamos, pero me di de cuenta de la comodidad que le daba a él y el placer que me daría a mí, el arnés permitía un movimiento tipo péndulo, con cada embestida que él me daba me separaba un poco de él para después regresar por inercia con aun más fuerza ensartándome en él, cada embestida llegaba más lejos, sintiendo como salía casi completamente y volvía a entrar hasta sus huevos, sonaba como un aplauso contante cuando veía en su cara como ya casi iba a venirse en mi, bajó sus ojos para conectar con mi mirada y en embestidas descoordinadas y mucho más fuertes me lleno de leche el culo descargando una y otra vez, ver su rostro de placer en su orgasmo sentí mi leche salir disparada hacia mi rostro y cayendo por todo mi pecho y abdomen, con mi orgasmo sentí apretar un poco mi culo en lo que él soltó un fuerte gemido y saco lentamente su verga de mi, en cuanto había salido lo siguió un chorro de leche derramándose en el piso y dejándome el culo untado de él, salía y salía mientras el descansaba besándome y recogiendo el semen que había caído en mi cara limpiando también mis ojos.

    Una vez volví a ver sus ojos el me bajo del arnés y me tuvo que sostener, pues mis piernas no tenían fuerza para mantenerme de pie, así con mi culo chorreando su semen volvimos a su cuarto a lo que al cruzar el pasillo esta vez si vi que un hombre de unos 40 años nos vio y se limitó a seguir su camino, entramos en su cuarto y nos dirigimos al baño en el que nos dimos una ducha juntos besándonos entre la ducha, al salir vi la hora en mi celular marcando las 3 de la mañana, por lo que él me invitó a pasar la noche allí y al despertar me llevaría en su auto de vuelta a mi casa no si antes haber tenido un rico mañanero.

  • Raquel

    Raquel

    Raquelita es una joven de unos 27 años ya, de un cuerpo privilegiado, cuidado, coqueta y generosas curvas, caderas firmes y busto que a cualquiera hace soñar, su piel blanca sonrisa jovial invita a admirarla una y otra vez, agradable por donde se la mire, la joven tiene un aspecto que a cualquiera agradaba, tanto por su apariencia física como por su candidez al trato, inteligente había pasado sus materias de secundaria de manera firme y segura, ya por ese entonces rompía corazones por donde pasaba, era una joven privilegiada, como pocas.

    Por aquellos años, cuando la conocí, era yo un hombre joven recién recibido, docente buscando oportunidades, es así como llegué a aquel colegio, una casona vieja por donde se la mire, pero plagada de ese olor a adolescente que desprenden propiamente esos lugares, muchas veces pensaba que aquella vieja casona se mantenía en pie por su constantes impregnación de tanta juventud y belleza que esa etapa trae a todos.

    Pasaron los años, hoy ya siendo un hombre maduro, puedo describir mi historia sin tapujo alguno, puesto que lo que narraré tampoco aconteció por aquellos años, sino más bien ocurre en la actualidad, siendo yo un hombre casado de mediana edad, bien conservado, pero con mis años, digamos que a mis cuarenta ya pinto canas, o me niego a pintarlas para ser más exacto.

    Fue justamente en aquella casona a donde conocí a mi actual mujer y a donde les relate que conocí también a Raquel, por aquellos años alumna, hoy vecina por esas cosas de la vida, mi mujer también docente.

    Raquel y mi mujer siempre fueron vecinas, podría decirse que mi mujer vio nacer a Raquel y criarse por el barrio, a donde ambas se conocieron justamente por la materia que dictaba mi mujer.

    Raquel en ocasiones, solía llevarle las tareas cuando faltaba a casa para que mi mujer las corrija y además claro le ponga como buena alumna la nota de una persona cumplida y responsable. Según me relato por aquellos años.

    Hoy en la actualidad, ya esa vieja casona a donde funcionaba el viejo colegio, ya no existe, pues quebró, por esas cosas de la vida, yo y mi mujer quedamos sin trabajo por ese lugar, yo concentraba bastantes horas, solo en ese lugar, por el contrario, mi mujer tenía dividida entre ese viejo colegio y uno nuevo sus horas de trabajo.

    Hoy desempleado, paso mis días preparando alumnos, ocupándome de la casa, aprovechando cada changa que se presenta para hacer monedas.

    Raquel y mi mujer se hicieron bien amigas, Raquel suele visitar a mi mujer a menudo, para conversar o como dicen por aquí para ponerse al día y chismear.

    Mi historia transcurre claro entre bambalinas, digamos puesto que como les dije Raquel vecina, sigue acudiendo a casa y la relación con mi mujer digamos marcha viento en popa en todo sentido, ella ya tiene novio, suelen entre charlas de visita charlar largas horas de horas, más los fines de semana.

    Fue justamente hace unos meses, cuando aconteció que estando arreglando limpiando la canaleta subido a la escalera, cuando de reojo pude ver a ambas sentadas en la cocina, mi mujer de espalda a la ventana, Raquel de frente cruzando sus piernas blancas y torneadas, realmente se había convertido en una bella mujer, pensé, sin poner mucha atención, pero por esas cuestiones de la vida, digamos que los hombre no sabemos disimular cuando miramos, creemos que lo hacemos pero somos un verdadero fracaso en esas cuestiones.

    A la hora de mirar dejamos puesto más de lo debido los ojos en lo que estamos haciendo o mirando que lo que no deberíamos.

    Si no les mentiré, miraba sus piernas perfectas, mientras ella hablaba con mi mujer.

    Yo no podía concentrarme en lo que hacía puesto que no quitaba la mirada de sus piernas verdaderamente eran perfectas desde el Angulo que las apreciaba, ese día traía un falda corta, y sus piernas cruzadas permitían ver prácticamente todas sus piernas.

    Nunca me percate, hasta que me di cuenta que llevaba mucho tiempo allí en el mismo lugar que ella me había estado mirando, por esas cosas de la vida las mujeres parecen tener un don especial para contemplarlo todo con disimulo y sin que se le mueva ni siquiera un pelo.

    A todo esto, no sé porque cuestión, supongo que en aquel momento algún pensamiento sucio curso por mi cabeza y claro esa cuestión también se trasladó a otra parte de mi cuerpo que dejo notar justamente eso que miraba y además pensaba.

    Toda la escena fue interrumpida cuando Raquel se llevó la mano a la boca tapándosela para reírse, fue justamente ahí cuando note que de reojo me miraba, y además note que otra cosa me estaba pasando a mí que llevaba puesto un short corto un tanto ajustado que no dudo en dejar notar la erección que tenía, entonces rápidamente comprendí la actitud de Raquel y la de su sonrisa picarona.

    Sentí mucha vergüenza, yo había sido su docente, como me podría haber pasado eso, justo a mí, como volvería a mirarla a la cara, ella habiendo notado lo que había ocurrido, dejar liberado esos pensamientos justo en esos momentos, y además la reacción. Fue todo tan vergonzoso.

    Por un tiempo esquive la mirada de Raquel, y la esquivaba también a ella, por vergüenza, me había excitado con las largas y esbeltas piernas de una exalumna, imperdonable para mí. Nunca imagine que me pasaría, Dios pensé que me tomaría por un maldito viejo baboso. O al menos así me sentía, por toda aquella situación.

    Pasaron los días, solía llevar a mi mujer a trabajar tres veces a la semana, ella y traer en auto la rutina. Ella trabajaba mientras yo quedaba en casa ocupándome siempre de algo que tenía que hacer.

    Fue justamente hoy dos semanas de que ocurrió, un hecho que la verdad me tomaría enteramente por sorpresa, después de llevar a mi mujer a trabajar, volví y me dispuse a lavar un poco el auto y a revisarlo de la parte de abajo, metiéndome abajo, boca arriba mirando un poco el estado general del vehículo, y fue en ese entonces que algo me tomo por sorpresa, la puerta de la cochera de repente se empezó a cerrar, mire para los costados me percate de unos pies que se dirigían hacia mí, a paso lento y con vos suave me dijo:

    – ¡Epa! ¡Apuesto a que te asustaste al sentir que se cerraba la puerta!

    Muerto de la vergüenza por aun no poder mirarla a la cara, reconocí la voz de Raquel, a la que secamente le dije Raquel:

    – ¡Raquel! ¿Qué te trae por aquí?, Pilu (mi mujer) ¡Está trabajando! regresa después de las 15 h.

    Lentamente sentía como sus pasos se acercaban a mí, podía ver partes de su piernas, y sentí de nuevo esa sensación, vergonzosa, de que todo terminaría igual que la última vez en la escalera, y comenzaba a salirse de control ante una nueva erección, y atine a ponerme u poco de costado, para evitar que mis pantalones cortos me delataran nuevamente.

    Llego hasta mí, se puso en cuclillas, yo no miraba, solo pude intuirlo de reojo pude percibir su rodillas aparecer ante el campo de mi visión, mas no miraba, sentía que esto terminaría mal. Y seguí callado y ella en cuclillas al lado mío, un silencio un tanto extraño se produjo, mientras yo movía mis piernas e intentaba prácticamente meterme bajo del auto, de lo excitado que estaba. Sentía otra vez una vergüenza que no puedo describir y ella ahí ante mi…

    Como un estúpido solo atine a preguntar.

    – ¿Qué haces Raquelita?

    Dios nunca me sentí tan estúpido en mi vida, que pregunta estúpida, porque será que hay personas que no sabemos cómo manejar ciertas situaciones.

    Ella se arrodillo y prácticamente a la altura del piso mostrando su carita jovial solo me dijo.

    – ¡Qué tal, todo Bien, profe! ¿Todo bien?

    – ¡Si! Le respondí.

    – ¿vos? Pregunte nuevamente lo mismo.

    – ¡bien! Me respondió, acto seguido…

    Las mujeres suelen ser persuasivas y además muy astutas, lo descubrí justo ese día, si ya se digamos que a los 40’s soy medio caído del catre, o que se yo, será porque simplemente solo quería mantener las antiguas formas, estipuladas y ya caducas de Estudiante – Profesor.

    Pero… Raquel al parecer tenía otros planes.

    Me dijo en ese mismo instante algo que debo confesarles que lejos, de aumentar mi vergüenza, además profundizo mi excitación.

    – ¡se lo bien parado! ¿NO?

    Sentía que estallaría o que se saldría por un costado del pantalón, como hacer para disimular la situación…

    – ¡si! Le conteste.

    – A pesar de sus años, se conserva bastante bien.

    A lo que ello solo retruco.

    – y Profe, las cosas muchas veces se parecen a sus dueños. Y continúo.

    – ¡Se ven muy bien!

    – ¡más desde cierta perspectiva privilegiada digamos!

    A todo esto yo había vuelto la cara para mirarla, ella estaba arrodillada cerca de mi mirándome fijamente, apoyada en sus antebrazos, pude ver como sus pechos se dibujaban por el escote de su remera, eso me puso aun peor.

    – ¡Vamos me dijo!

    – ¿Cómo viene esta bestia con el rendimiento? Pregunto con una mueca de sonrisa burlona.

    A los que solo le respondí, con otra mueca, diciéndole…

    – Y a pesar de los años, ¡no me puedo quejar! Funciona… ¡y funciona bien!

    ¡Trágame tierra! ¿Qué estoy haciendo? ¿Qué estoy diciendo? pesaba para mis adentro… no colaboro en nada para evitar esta situación aunque no sé si verdaderamente la quería, la cabeza me decía que ¡NO!, mas mi entrepierna, no decía lo mismo.

    – ¡Humm! Exclamo, mientras su mirada se mantenía fija en mí, me dijo.

    – ¡Seria lindo probarla! Aunque sea un poquito, ¡me gusta lo que veo! Con una sonrisa en sus carnosos y rosados labios, me guiñaba un ojo, con eso la muy picarona estaba diciéndolo todo.

    – ¿Qué parte es esa? Me pregunto señalando algo que por la incomodidad no podía ver.

    Cuando voltee para ver que señalaba me tuve que poner de frente prácticamente boca arriba, buscando un poco lo que me señalaba.

    Fue en ese preciso instante cuando sentí su mano deslizarse por debajo de mis pantalones cortos y sacándome el miembro por un costado, comenzó a sobarlo, volví la mirada, y pude ver su rostro a la altura de mi miembro y exclamo.

    – ¡solo una probadita Profe! En ese preciso instante pude ver como sus labios carnosos y lengua se envolvían a mi miembro que parecía a punto de estallar, chupándolo todo frenesí.

    Yo, solo me limite a ver esa escena, que no podía creer que estaba ocurriendo ante mis ojos, ella fuertemente aferrada a mi miembro chupándola descontroladamente sin ningún temor o vergüenza, incluso la muy zorra me miraba y me guiñaba un ojo.

    – ¡Harás que me venga pronto! Le dije…

    Y sin importarle redoblando la apuesta, continuo chupándolo sin importarle nada me masturbaba.

    De repente sentí que no podía contenerlo más, y lo solté, solté todo el semen, a lo que ella solo atino a recibirlo en su boca y seguir chupándolo sin problema alguno.

    Se lo trago a todo, y no dejaba de chuparlo y masturbarme.

    – ¡hum! ¡Excelente! Exclamo… realmente excelente, lo frotaba como pidiéndole que reaccione una vez más.

    De repente lo soltó, se irguió, se sacó la remera, dejando al descubierto sus dos grandes senos, llevo sus pechos hasta mi miembro frotando mi aun hinchado glande en sus pezones. Intente zafarme se la posición en la que estaba ella lo noto y me dejo salir.

    La tenia frente a mi sin remera con una sonrisa picarona insinuadme que ya que había dado el primer paso, que podíamos continuar.

    Lleve mi boca a sus enormes tetas, y la chupe mientras ella se aferraba a mi cabeza y me ofrecía sus pechos para gozarlos. Lleve mis manos a sus caderas, acariciando suavemente sus muslos por entre su corta pollera, mientras no dejaba de chupar esas par de tetas enormes y ella ofreciéndolo para que lo goce como quiera y cuanto quiera.

    Me levante ella aún permanecía en el piso de rodillas ante mí, yo con el miembro afuera, ella volvió a aferrarse a mi miembro con su boca, y a chuparlo desenfrenadamente, mientras no dejaba de mirarme, mantuvo siempre la mirada fija a mis ojos.

    Cuando sentí que volvía la erección, la incorpore, esta vez la tome de sus caderas, note que no traía ropa interior debajo de su pollera, la lleve al frente del auto, la recline sobre el capo del auto, y levantando sus piernas las abrí de par de par y lleve mi boca a su vulva, chupándola toda y disfrutando más de todos sus jugos que chorreaban hace rato de la excitación.

    Yo enajenado con su jugos y pliegues, sentía que tenía en mi boca un manjar único, jugoso y de un sabor indescriptible, les confieso les chupe hasta el culo, y ello solo se aferraba a mi cabeza como queriendo que no saliera de ahí ni por un instante, solo sentía que sus jugos brotaban y brotaban, a lo que supuse que serían intensos orgasmos por su movimientos compulsivos y gemidos.

    Y yo no quería soltarla, seguí aferrado y enajenado con aquella jugosa vulva que en mi vida había visto, era perfecta, jugosa de labios firmes y rosados, sus jugos de un sabor indescriptible, debo confesarles en mi vida disfruté tanto de chupar una concha, no había visto en mi vida algo igual en su forma y sabor y además que lo disfrutara tanto.

    La incorpore trayéndola a mi tenía mi miembro listo, le di media vuelta, ella abrí sus piernas y empino su culo, ofreciéndolo todo, entonces con mi miembro rosando los pliegues de su mojada vulva, atine a su orificio vaginal y empecé a darle duro, mientras ella acompañan con meneos de sus caderas y gemidos que lo único que hacían eran excitarme más y más…

    Sentía que me vendría.

    – ¡Le dije creo que me vengo de nuevo!

    – Ella solo dijo, ¡Métemela toda, es seguro! ¡Dame todo adentro!

    En ese momento envestí un par de veces mientras sentía que todo salió, aferrándome fuerte a sus caderas, no quería soltarla, seguía moviéndome y moviéndome… que polvo magnifico, ella seguí meneando sus caderas.

    Se incorporó, me hizo hacia atrás, y me dijo, ¡Gracias fue excelente la probada!

  • Profesora en desgracia

    Profesora en desgracia

    Rose Mary es una joven profesora de piel blanca y tersa pelo rubio con tetas pequeñas, pero un culo respingón, que trabajaba en una escuela para adultos jóvenes en Saint Louis. Antes de salir del trabajo se encontró a su supervisor el profesor Arnold.

    Arnold: Rose Mary, no te vayas necesito que te quedes, que hay muchachos en detención.

    Rose Mary: Pero profesor ya me iba y hoy no me toca atender las detenciones.

    Arnold: Lo se Rossie, pero entiende somos una pequeña escuela con poca ayuda federal y los problemas que se han suscitado nos dejado con un personal aún más reducido y recuerda no tenemos los alumnos más… aplicados

    Rose Mary: Entiendo bueno me encargare de ello. Dije mientras el viejo supervisor se retiraba solo estaría yo algún empleado de limpieza y los delincuentes que estén en detención.

    Entre al salón de detención, Oh Puta madre, dije para mí misma al ver a los alumnos eran Elon, Dion y Leandre un trio de malnacidos conocidos por ser problemáticos y yo sabía bien de eso tenían la desgracia de ser profesoras de 2 de ellos. De Leandre solo había escuchado lo que decía profesores y profesoras ya lo habían suspendido por acosar a alumnas e incluso profesoras. Bueno ahí estábamos yo teniendo que vigilar a esos haraganes, nada fuera de lo común. Por desgracia la naturaleza me llamo abandone la sala hacia un sanitario la escuela se encontraba desértica sin señal de un alma. Regrese al salón de detención solo para sentir como unas grandes y pesadas manos me tomaban. Intente gritar pero no podía soltar más simples balbuceos. Entonces pude notarlo eran los alumnos. Los alumnos.

    Dion: Pero que hermosa es profesora no sabe las ganas que la traemos a ese culo que carga

    Elon: Mire coopere y no le pasara nada.

    Decía mientras me alzaba la falda. Quise patear pero me tenían inmovilizada con sus enormes brazos. Estaba realmente paralizada por el miedo Dion tomo mi mano me hizo tocar el bulto de su pantalón por encima de este. Lo mismo hizo Leandre mientras vi a Elon saco su verga enorme un mástil negro de 20 cm, vamos putita chúpelo el restregaba su cabeza en mi cara tratando de meterlo en mi boca, como me rehusaba él se hartó y me dio una fuerte cachetada muy fuerte que tiro al piso. Entonces alzo la voz que hiciera la que ellos exigen o me golpearían más fuerte. Yo solo empecé llorar y a acercarme a ellos de nuevo hacia los penes de esos muchachos. Y Elon metió su pene en mi boca lo más al fondo que pudo sujeto mi cabeza y me forzó a un me te saca hasta que sentí que espasmos en su verga y el eyaculo una gran cantidad de semen en mi boca termine tosiendo y escupiendo lo que no me trague.

    Empezaron a reírse de mí llamándome perra tragona, cerda, zorra comepollas y demás obscenidades. Bien profesora ahora quítese la ropa sin más tuve que desnudarme frente a ellos me quite el vestido, sujetador y la falda. Cuando quede solo en pantaletas me hicieron voltearme agachándome frente ellos para dejar mi culo en pompa uno de ellos vino tomo mi calzón y lo bajo hasta mis tobillos rápidamente metió su cara en mi posterior. Sentí sus labios y lengua meterse en vagina excavando entre mis labios y tocar mi uretra hasta dar con mi clítoris. Sin darme cuenta los negros me rodearon de nuevo me obligaron a quedar en cuatro patas para violarme. Solo pude sentir como Leandre metió su verga en mi coño.

    Leandre: Que bien se siente su coño profesora pero no es muy apretado que digamos,

    Elon: Seguro que a la zorra le encanta la verga, la situación continua así hasta que se fueron corriendo uno por uno Leandre se corrió sobre mi espalda mientras Elon y Dion me obligaron a mamar y tragar su leche. Dion me obligo lamer sus bolas hasta que se vino abrí la boca para tragar la leche. Dejando mi cara embarrada de esta. Al final quede llorando en el piso del salón pero esos cabrones me forzaron a vestirme de nuevo y arreglarme excepto por mi ropa interior que no me permitieron ponérmela de nuevo. Entre ira y sollozos amenace con denunciar pero entonces vi las grabaciones de todo lo que hicimos y debo admitirlo grabaron los momentos en los que mi cuerpo me traiciono y podría parecer que disfrute del apto. Los 3 monstruos me propusieron que a partir de ahora sería su puta personal y que tendría que hacer lo que ellos quieran o de lo contrario se publicarían los videos o incluso tomar acciones más violentas contra mí. Me obligaron a darles mi dirección decirles en que horarios me quedaba en casa finalmente. Todos se vistieron se fueron yo me retire subí a mi auto y me dirigía a mi casa para tomar un baño y tratar de recuperarme del shock. Eso solo fue el inicio de todo.

  • Exhibiéndome frente a unos albañiles

    Exhibiéndome frente a unos albañiles

    En ocasiones en complicado viajar a más de una hora de distancia de casa para cuidar a una mascota que no es nuestra. Pues hoy, me tocó a mí. La mejor amiga de una de mis tías viajó a USA para vacunarse contra el COVID y me pidió de favor cuidar de su gato y de sus plantas. Ella vive en un condominio bastante elegante, en una zona de las zonas más bonitas de la Ciudad de México, pero que no me queda nada cerca de casa; sin embargo acepté. Lo que de inmediato vino a mi cabeza es que ella seguro tiene muchos zapatos lindos que podría probarme pero sobre todo, que podría vestirme y estar así por un largo rato sin preocupación ninguna de que me descubrieran.

    Entonces, empaqué mi peluca nueva, maquillaje, ropa y un par de juguetes nuevos que conseguí para usar en mis encuentros íntimos con el padre de mi novia.

    Llegué al apartamento y después de una rica ducha tibia, comencé con mi transformación. En esta ocasión me puse una tanga morada de leopardo, que hacía juego con mi bra con relleno, unos jeans ajustados, y una blusa de animal print. Tomé prestadas unas zapatillas negras con un tacón alto. El resultado ya lo pueden imaginar: toda una zorrita, lista y dispuesta a ser cogida. Anduve un rato así por toda la casa, incluso me serví una copa de vino y entrando en calor, decidí asomarme a la ventana principal, que da a la calle.

    En la casa de enfrente se encontraban trabajando un par de albañiles. Uno de ellos joven y el otro maduro. Bien podrían ser padre e hijo. Yo los observaba detrás de una cortina mientras hacían sus cosas y me parecían tan varoniles que comencé a tocarme. Me gustan ese tipo de hombres, HOMBRES, machos y bien masculinos. El chico era alto y delgado, con esos músculos que sólo el trabajo duro bajo el rayo de sol, provoca. El señor, bajito de estatura, pero se podían apreciar unas nalgas y unas piernotas que yo hubiera deseado morder. Al poco tiempo de estar babeando por mirarlos, el joven volteó de repente, y me di cuenta que algo le dijo al otro, porque de inmediato volteó. Yo, muriendo de pena, me quité lo más pronto que pude, pero pensé: ¿Qué podría pasar?, no estaba en mi casa y ellos están hasta el otro lado de la calle. Me armé de valor y calentura y recorrí las cortinas, así que el cuarto se llenó de luz y ambos podían verme de frente a ellos. Decidí hacerles un tipo striptease; empecé acariciando mis piernas y mi trasero y comencé a moverme despacito.

    Ellos no perdían detalle de mí, podía ver cómo ambos, por morbo o por lo que sea, deseaban que les enseñara más. Así seguí por unos minutos hasta que decidí volver a cerrar las cortinas. El corazón se me salía del pecho. Me daban ganas de plano de desnudarme frente a ellos y que vieran todo mi cuerpo, pero en ese punto no estaba seguro que ellos supieran que no era una chica. Como tenía relleno en el bra, se me notaban unos senos de buen tamaño, y no habían visto nada de mi «paquete» pese a que ya lo tenía parado y mojadito. Decidí no romper el encanto y sólo mostrarme de espaldas y de lado, y realmente creo que ellos no necesitaban más.

    Después de unos minutos hice una segunda aparición, en esta ocasión con un short de mezclilla, tacones y una blusa de tirantes. Para cubrir un poco más mi rostro, me puse un cubrebocas color rosa, que combinaba súper bien con mi peluca rubia. Volví a salir de por detrás de las cortinas y ahí seguían ambos tipos esperando por mí. El mayor no tardó en hacerme señas para que me levantara la blusa y les mostrara las tetas, pero como era algo que no iba a pasar, solo me bajé un poco el short para mostrarles las nalgas.

    l más joven sacó su teléfono y comenzó a grabar o a tomar fotos, por lo cual decidí quitarme el short y mostrarle por completo mi culo y mis piernas. Mientras me veían yo me imaginaba estando ahí, sentada en las piernas de uno mientras masturbaba al otro, para que después uno me metiera la verga por el culo mientras se la chupaba al otro y después cambiaran de lugar, para cogerlos y mamarlos a ambos. Me hubiera encantado que entre los dos me hicieran suya y que me trataran duro, que me jalaran el cabello, me manosearan y me mostraran lo machos que eran dándome una cogida inolvidable. Siempre he tenido la fantasía de chupársela a dos al mismo tiempo y que los dos terminen en mi cara y en mi boca, así que esa pudo ser una gran oportunidad. Después de un ratito, volví a meterme a la habitación…

    No sabía si volver a asomarme o no, pero me di cuenta que solo quedaba el señor. Lo saludé con la mano y me respondió. Después le mandé un beso y lo recibió. Me hacía señas para que fuera, seguramente quería ponerme de rodillas a chuparle el pene y después cogerme y aunque la idea no me desagradaba en lo más mínimo, pero por alguna razón no quise arriesgarme y solo juguetonamente le dije que no. De repente se sacó la verga del pantalón y vaya que estaba enorme, parada y morena. Me excito mucho ver ese pedazo de carne saliendo de la bragueta de sus jeans.

    Quería tenerla en mi boca, tanto que casi podía saborearla. Quería chupársela toda y hacerlo venir en mi cara. Decidí abrir mis nalgas para él. Me agaché un poco y recargué mi trasero en el borde del balcón mientras con los dedos empecé a separar mis nalgas, dejando ver poco a poco mi ano. Miré de reojo y se la estaba jalando como loco, incluso pude ver que escupió en su glande y continuó masturbándose mientras me miraba abriéndome. Me imaginé que me escupía en el culo antes de penetrarme y esa sensación hizo que casi me viniera de puro placer, así que también decidí masturbarme hasta terminar dentro de mis braguitas. Después de algunos minutos lo vi terminar en el piso, y casi de inmediato, se la guardó y se retiró de la habitación…

    Últimamente he sentido muchas más ganas de experimentar con hombres maduros y sobre todo, con hombres reales, con cuerpos naturalmente fuertes y con la virilidad al mil. Espero poder quitarme el miedo y animarme a dar ese paso.

    Espero que en estos días se concrete mi encuentro con el papá de mi novia para contarles cómo resultó todo, mientras tanto les dejo besitos y caricias…

  • Una putita indecisa

    Una putita indecisa

    Ahí estaba yo, indecisa, sin saber qué hacer. Mi mente decía que subiera a mi cuarto y me acostara, que era demasiado tarde. Pero mi panochita tenía otros planes. Y como toda putita que se precie de serlo, tuve que hacerle caso.

    Unas horas antes mi novio, que era casado, había pasado por mí, para llevarme a una fiesta con sus amigos del trabajo. Es ese tiempo yo estudiaba la Universidad por lo que compartía casa con una amiga y con un amigo del dueño de la casa, que tenía como un mes de haber llegado y con el que casi no tenía amistad. Recuerdo que, al regresar de la Uni, me metí a bañar y me dispuse a depilarme la panochita, porque sabía que esa noche estaría muy bien atendida.

    Al salir del baño, me puse un bra y una tanguita sexys, me puse un vestido entallado y muy corto, me maquillé y a las 5 de la tarde en punto, estaba lista para salir. Justo en ese momento sonó mi teléfono; era mi novio que me avisaba que llegaría 20 minutos más tarde. Eso me dio tiempo para escoger con más calma las zapatillas que llevaría, pues las que traía no me convencían del todo. Escogí unas negras de tacón de aguja, que eran mis preferidas y que hacían juego con el vestido. Me miré al espejo y me veía como me gusta, como una verdadera putita.

    Cuando mi novio llegó quedó encantado por cómo me veía. Me dijo que sería la envidia de sus amigos, me abrazó deliciosamente y pude sentir lo dura que se le había puesto la verga con solo verme. Eso me hizo sentir muy halagada y no pude contener el deseo de tocársela por encima del pantalón, que era algo que siempre le gustaba que hiciera. Yo me había puesto tan cachonda que le pedí que me la metiera un poco, pero el siempre tan correcto, me dijo que ya íbamos tarde y que mejor, lo dejáramos para después de la fiesta. Así que no me quedó más remedio que aceptar.

    Cuando llegamos a la fiesta, que era por el cumpleaños de uno de sus amigos, pude sentir las miradas de varios de ellos que casi me desnudaban con los ojos, lo que hizo que mi panochita se mojara todavía más de lo que ya estaba. Entramos y comenzamos a tomar y a bailar. Yo era una de las chicas más jóvenes. Debo decir que mi novio era 10 años mayor que yo, por lo que las esposas o novias de los amigos de mi novio, me miraban con cierto recelo, sobre todo por lo putita que me veía.

    En un momento de la fiesta, le dije a mi novio que necesitaba ir al baño y el dueño de la casa, con mucha consideración, nos dijo que podíamos usar el baño que estaba en el piso de arriba. Así que subimos mi novio y yo y nos metimos juntos al baño. Era la oportunidad que los dos estábamos esperando y en cuanto terminé de orinar, mi novio me dio la vuelta, me recargó sobre la taza y me la empezó a meter deliciosamente. Mi panochita estaba tan mojada que su verga entró con mucha facilidad. Estuvimos cogiendo por cerca de 10 minutos, pero tuvimos que interrumpir para no levantar sospechas de sus amigos, porque escuchamos que nos estaban llamando. Nos acomodamos la ropa y salimos del baño como si no hubiera pasado nada. Bueno, al menos eso es lo que nosotros queríamos hacer creer o aparentar, pero lo cierto es que sus amigos, sabían lo que estábamos haciendo, pues no dejaban de bromear con que habíamos tardado en bajar.

    La fiesta siguió entre baile, bromas y bebida y alrededor de la una de la mañana, mi novio me dijo que era hora de irnos. Salimos de la fiesta y tan solo al subir a su auto y arrancar, comenzamos a tocarnos el uno al otro. El metió su mano por debajo de mi vestido y mi tanga y pudo sentir como sus dedos se hundían en mi panochita por lo mojada que estaba, pues tenía unas ganas inmensas de coger. Yo por mi parte le bajé el cierre del pantalón y comencé a masturbarlo. El me pidió que me quitara la tanga y se la diera, cosa que obedecí de inmediato. Cuando se la di, pude sentir que estaba muy mojada. Él la tomó y se la acercó a su cara para olerla, lo que hizo que mi panochita comenzara a palpitar como si tuviera vida propia. Después de oler mi tanga, la guardó en la bolsa de su pantalón. No pude contener mis ganas de mamarle la verga, por lo que me acerqué a él y se la comencé a chupar. Era tan excitante que él fuera manejando y yo chupándole la verga.

    Como yo iba muy entretenida, no supe que ruta tomamos hasta que se detuvo el auto. Para mi sorpresa, mi novio me había llevado a mi casa en vez de al motel. Como vio mi cara de contrariedad me dijo que ya era tarde, que al día siguiente tenía una reunión muy importante en el trabajo y prefería que dejáramos la ida al motel para el día siguiente. Le dije que sí, que estaba bien pero que no podía irse si metérmela, así que pasamos a la sala. Como yo ya iba sin tanga, solo me levantó el vestido, se sacó la verga, me acomodó sobre un sillón y me la empezó a meter. Yo tenía muchas ganas de gritar de lo rico que estaba sintiendo, pero tuve que contenerme porque no quería que mis compañeros de casa se enteraran de la cogida que me estaban dando. No supe si fue el alcohol, el pensar que mis compañeros podían escucharnos o lo incomodo del sillón, pero el caso es que por más que lo intentamos no pude venirme y a mi novio le pasó igual. Así que después de un rato, decidimos dejarlo para el otro día y salí a la puerta a despedir a mi novio.

    Luego que regresé a la sala, pasé al baño que estaba en la planta baja y decidí subir a mi cuarto que estaba en el tercer nivel. Al ir subiendo la escalera y pasar frente al cuarto de mi compañero de casa, vi que su puerta estaba abierta y la luz estaba encendida. Lo primero que vino a mi mente es que se había quedado dormido sin apagar la luz, por lo que me dispuse a hacer mi buena acción del día. Entré un poco buscando el apagador y de manera involuntaria miré hacia donde estaba la cama. La imagen que vi fue muy provocativa y perturbadora. Ahí estaba mi compañero de casa, boca arriba, aparentemente dormido, con un bóxer negro ligeramente bajado, dejando al descubierto su verga completamente erecta. Retrocedí lentamente sin apagar la luz, esperando que no me hubiera escuchado y me dispuse a continuar subiendo las escaleras hacia mi cuarto, como si nada hubiera pasado. Habría subido unos seis escalones cuando empecé a dudar de si estaba haciendo lo correcto.

    Ahí estaba yo a medio camino sin saber qué hacer. Me dije a mi misma que ya era tarde, que debía dormir, pero mi panochita empezó a palpitar recordando la rica verga de casi 20 centímetros, que había visto unos segundos antes y que no estaba dispuesta a ignorar. Por otra parte, mi novio ya se había ido y no se iba a enterar. Así que llena de deseo, regresé sobre mis pasos y entré otra vez al cuarto, cerrando la puerta detrás de mí. Lo que pasó ahí adentro es una historia tan deliciosa y prohibida que no me atrevo a contar… todavía. Lo único que diré por ahora es que, a las cinco de la mañana, salí de su cuarto y me fui al mío, para guardar las apariencias. Pero desde esa noche, me convertí en su putita y seguimos cogiendo en secreto por cerca de un año.

  • Viendo la tele con mi prima

    Viendo la tele con mi prima

    Hola, me presento mi nombre es José Luis, tengo 19 años y la historia que les voy a contar es 100% real, pasó hace un mes y medio.

    Un jueves en la noche mi tío vino a mi casa a tomar unas cervezas con mi papá y a platicar un rato, mi tío tiene su casa y familia en el estado de Hidalgo pero tiene su trabajo aquí en la Ciudad de México entonces entre semana se queda aquí en la Ciudad de México y el fin de semana se va a Hidalgo, mientras ellos hablaban yo baje por un vaso de agua y lo salude como siempre, con un abrazo y saco el comentario de que fuera a su casa el viernes, o sea el día siguiente, pero tenía una cita en una universidad entonces no podía ir le dije que mejor el otro fin de semana me dijo que estaba bien y acepto.

    En toda la semana lo único qué pensaba era en ir a su casa, ya que después de tanto tiempo volvería a ver a mis primas, que son 7 y 8 años mayor que yo pero que desde siempre me gustaron. Mi prima la mayor es súper cariñosa, muchos dirían que empalagosa pero la verdad a mi me gusta como es, me abraza mucho, me toma de la mano, me pone apodos y su hermana es algo seca, casi nunca está en la casa, yo casi no le agrado, pero ella es la que más me gusta.

    Cuando llego el fin de semana, vi a mi tío en el punto acordado para irnos a su casa, fue un camino largo pero valió la pena, al llegar solo estaba mi tía, mis primas estaban trabajando, entonces estaba algo aburrido viendo una película, cuando subí al cuarto donde me hospedaría esos días, noté que solo era la cama, ni televisión, nada con que entretenerse entonces solo estaba con mi celular, cuando llego mi prima.

    Me recibió muy cariñosa, me dio un beso en la mejilla y me abrazo, me invitó a su cuarto para ver la tele, yo con pena acepté, los dos nos acostamos en su cama y vimos una película, yo solo pensaba en que los dos estábamos metidos en su cama, se me iba parando poco a poco, pero lastimosamente esa noche no pasó nada, ella se durmió y me dejo viendo la película, ni la terminé de ver, me fui a mi cuarto y me la jale pensando en ella.

    Al día siguiente fue igual, yo aburrido en mi cuarto esperando a que llegue de trabajar, y cuando llego fue lo mismo, me abrazo, me dio un beso en la mejilla y me invitó a ver la tele, otra vez nos acostamos en su cama pero esta vez me dijo que me acercara más y me abrazo, estábamos acurrucados viendo la tele, de juego me pellizcaba el trasero y me daba besos en la frente, yo estaba recargado en su pecho, me decidí a besarla, subí un poco más a la cama, para estar a la altura de su cara y empecé por darle besos en la mejilla, así hasta llegar a su boca.

    Lo increíble es que ella me correspondía los besos así que decidí besarla de lengua, estuvimos así un rato hasta que me puse encima de ella y le quité la pijama y el calzón, no podía creer que esto estaba pasando, después de tantos años, por fin pude tener sexo con ella.

    Cuando le quite la pijama y el calzón toque un poco si vagina y la empecé a lamer, ella me agarraba del pelo con bastante excitación, yo solo seguía lamiendo cuando me jalo hacia arriba, agarro mi pene y se lo metió en la vagina, estaba súper húmeda, yo solo pensaba en darle placer, sus gemidos se fueron haciendo notorios, hasta se tuvo que tapar la boca porque el cuarto de su hermana estaba al otro lado.

    Me quite de encima de ella y me lo empezó a mamar, se notaba que tenía experiencia por qué ha sido la mejor mamada que me han dado en la vida, se puso en 4 y se lo volví a meter, me excitaba aún más tenerla en esa posición, admirar su enorme culo, ver mi verga entrar y salir de ella, ver cómo le rebotaban las nalgas, yo solo se las tocaba y las golpeaba, era excitante el sonido de mis huevos chocar en ella.

    Nos detuvimos un momento por qué le habían hablado por teléfono, era su novio y compañero de trabajo, le había hablado para preguntarle unas cosas sobre unos presupuestos, ella le mando los archivos y seguimos cogiendo, cuando ya me iba a venir, ella saco mi verga de su vagina, se acostó en la cama y me dijo que me corriera en su cara, yo lo hice, me corrí como nunca lo había hecho, lamió mi verga para limpiarla, se limpió la cara, nos cambiamos y nos dormimos juntos.

    Como ella se va a trabajar a las 6 de la mañana, me despertó, se bañó, se cambió enfrente de mi y me dijo que me fuera a mi cuarto para que no sospecharan.

    Cuando llego de trabajar actuamos como si nada hubiera pasado, pero esta vez estaba algo distante, ya no me había invitado a su cuarto a ver la tele, pero ya no me importaba, ya me la había cogido…

  • Me follan en la revisión médica

    Me follan en la revisión médica

    Estoy nerviosa, hace mucho que no trabajo.

    Desde que me casé con mi marido y nos tuvimos que trasladar por medio mundo que tuve que dejar mi carrera en pos de la suya.

    Él es diplomático y pasábamos la mayor parte del tiempo viajando. Ahora llevamos un año viviendo en Alemania y parece que la cosa va para largo.

    Ha sido él quien me ha animado a volver al mercado laboral después de que me quejara varias veces de que me sentía vacía, sin motivaciones. Necesitaba algo más que ir al gimnasio, al spa, de compras o a las fiestas que debíamos asistir.

    Así fue como me decidí a buscar algo con lo que entretenerme, y ese algo vino de la mano de un contacto de mi marido, por lo que no podía dejarlo en mal lugar.

    Estaban buscando una profesora de español para altos cargos de una empresa con la que la Embajada española solía tratar.

    —Es ideal para ti, Marta. Ya lo verás, son pocas horas al día y la remuneración es excelente.

    —Sabes que el dinero es lo de menos, necesito sentirme útil. —Él me acarició el cuello y lo besó por detrás.

    —Lo sé. Y me siento culpable de que hayas pasado estos años sacrificándote por mí, ha llegado el momento que retomes tu autonomía.

    Mi marido era un cielo. Nos conocimos en una fiesta universitaria, él estudiaba relaciones internacionales y yo filología hispánica. Fue amor a primera vista, con él perdí mi virginidad, me casé y fundamos una familia de dos. Con la vida que llevábamos pensar en hijos era una complicación.

    Me había plantado con cuarenta y tres años y un currículum demasiado escaso, así que si no era por enchufe, raramente iban a quererme en algún lugar.

    —¿Me veo bien o me he pasado? —Él me repasó de arriba abajo.

    Había escogido un vestido escote halter en color negro que se amoldaba a la perfección a mi cuerpo. La falda justo por la rodilla. Mi madre siempre me dijo que cuando enseñas por arriba, te cubras por abajo. Una americana del mismo color con raya diplomática en blanco, a juego con los zapatos y el bolso.

    Llevaba la melena rubia recogida en un moño bajo y me había maquillado con discreción.

    —Absolutamente perfecta —murmuró colando una de sus manos por el escote para acariciarme un pezón. Este se erizó al momento marcándose bajo la tela del vestido.

    —No hagas eso, no puedo llegar tarde. —Me dio un pellizco antes de retirar la mano.

    —Esta noche no te libras. —Le sonreí colocándome los pendientes.

    —Esta noche, si me dan el puesto, te prometo que lo celebramos. Ahora tengo que irme.

    Le di un beso escueto y salí pitando del ático en el que vivíamos para parar un taxi. El portero de nuestro edificio lo detuvo por mí.

    Di la dirección, por fortuna en la carrera escogí como asignaturas optativas, inglés y alemán. Lenguas que no había dejado de practicar. Con los años me interesé también por el francés y el italiano. Podía decir que me desenvolvía bien con esas lenguas además de la propia.

    Medía uno sesenta y cinco, el pelo rubio gracias al tinte de la peluquería y los ojos negros. Intentaba mantenerme en forma, aunque con tantas comidas y cenas fuera la cosa era algo complicada. Aun así mi marido me decía que le encantaba mi físico, puede que me sobraran dos o tres kilos, pero a él lo único que le importaba era que no perdiera las tetas, Una vez hice una dieta muy estricta y casi me obliga a engullir la comida por embudo cuando vio que el sujetador mermaba.

    No podía quejarme, tenía un cuerpo armónico que siempre había llamado la atención, tanto a hombres como a mujeres.

    La entrevista fue mucho mejor de lo que pensaba. La directora de recursos humanos dijo que era justo el perfil que estaban buscando aunque, qué quieres que te diga, me parece que el puesto ya era mío incluso antes de hacer la entrevista.

    Les urgía que empezara al día siguiente y por ello me derivó a la clínica que había en los bajos del edificio. Todos los trabajadores debían pasar por un reconocimiento médico.

    —¿Y tiene que ser hoy? —pregunté cohibida pensando en la escasez de ropa interior.

    —Sí, necesitamos que comiences mañana y sin el reconocimiento no puede ser. ¿Algún problema? —negué. Total, me iban a atender profesionales de la medicina.

    —Perfecto. Nos preocupamos mucho por la salud de nuestros trabajadores, así que el chequeo va a ser completo. No te preocupes, todos pasamos por él.

    —Está bien, gracias.

    Me despedí de ella y bajé al lugar indicado. La clínica se veía muy reciente. Me hicieron rellenar un formulario, ir al baño para hacer pis en un bote, me sacaron sangre y después me hicieron pasar a la sala de espera varios minutos.

    Aproveché para leer un rato con mi ebook. Estaba con un libro y anoche lo dejé en una escena más que interesante porque hoy tenía la entrevista.

    Me mordí el labio y apreté los muslos. La protagonista del libro estaba tomando el sol, desnuda, mientras el vecino la estaba espiando, ella había comenzado a masturbarse sin saber que estaba siendo observada. Aquel tipo de situaciones me daban mucho morbo. Mi coño se puso a hormiguear cuando la protagonista del libro introdujo los dedos en su vagina.

    —¿Marta Escudero? —preguntó una voz desde la recepción. Tuve que cerrar el libro electrónico abochornada. Me había humedecido sin poder evitarlo y los pezones se habían puesto duros. No tendría que haber cogido el libro.

    —Yo. —Me levanté como un resorte y fui detrás de la enfermera quien me indicó la cabina.

    El médico, que debía rondar los cincuenta, eso sí, muy bien puestos, me miró de arriba abajo antes de darme los buenos días. Por suerte la americana cubría la alteración de mis tetas. Tenía las mejillas encendidas. Era un hombre muy atractivo, con el pelo color tabaco y unos intensos ojos azules.

    —Por favor, siéntese.

    Se presentó como el doctor Becker, revisó mi cuestionario y llegó a la parte de las preguntas de rigor.

    —¿Fuma, bebe o toma drogas?

    —No fumo, como mucho tomo de vez en cuando una copa de vino o de champagne y no me drogo. Ya ve, no soy nada viciosa. —Él me miró a los ojos y después al escote de tal manera, que volví a notar como mi pecho reaccionaba.

    —Quítese la chaqueta —me pidió. Su voz era ronca. Tragué duro porque ante la mirada que me había echado sabía que tendría los pezones de punta y no podría disimularlos.

    Me la quité y la dejé en él asiento. Él volvió a mirar mi escote de reojo y no me perdí la media sonrisa que le curvó el labio derecho. Una pillada en toda regla.

    —Hace un poco de frío, ¿no? —dije para disimular. Frotándome los brazos.

    —Tranquila, eso son los nervios. ¿Puedo llamarla Marta?

    —Sí, por supuesto.

    —Bien, voy a tomarle la tensión. —Cogió el tensiómetro y cuando me lo apretó alrededor del brazo sin abandonar mis ojos se me escapó un jadeo—. ¿Te he apretado mucho?

    —No, ha sido más bien la sorpresa.

    El modo en que ese hombre me hablaba y me miraba me estaba excitando.

    Cuando hubo terminado me dijo que la tenía un poco baja, pero nada importante.

    —Voy a hacerle las pruebas de la vista y el oído. Acabamos en diez minutos. —Me dijo lo que ya sabía, que tenía un ojo un pelín vago y que necesitaba gafas para ver de cerca—. Ahora necesito que se quite el vestido. Voy a hacerle una espirometría, auscultarla, reconocimiento de la columna, mediré su peso, estatura, reflejos y electrocardiograma.

    —Em… Doctor, yo… No sabía que venía a una revisión, mi ropa interior…

    —Tranquila, soy médico, en esta consulta las he visto de todos los colores, relájese. Quítese solo el vestido y los zapatos, nada más. Puede hacerlo tras ese biombo y colgar sus cosas detrás.

    —Está bien.

    Lo hice, me quité el vestido, los zapatos y me quedé con el fino tanga de encaje y las medias a mitad de muslo. Cuando salí, conteniendo la respiración vi que él me recorría al cuerpo sin pudor. Yo fijé la vista hacia abajo y me topé con la bragueta de su pantalón, la cual estaba ostensiblemente abultada. Que no solo me afectara a mí la situación, me tranquilizó.

    —Venga por aquí, Marta. Súbase a la báscula, de frente a mí.

    Se acercó mucho para ajustar la barra de la estatura, olía bien. Con la manga me rozó un pezón y ahogué un sollozo. Los tenía tan rígidos que dolía.

    —¿Todo bien? —me preguntó. Asentí—. Bien ahora estese quieta mientras le regulo el peso. —Era difícil pues me rozaba a cada momento—. Sesenta y cinco kilos, metro sesenta y cinco.

    —Ya sé que estoy un pelín pasada.

    —A algunos nos gustan las mujeres con carne encima de los huesos —susurró cómplice. Me tendió una mano para que bajara de la báscula—. Si no tiene problemas de colesterol yo diría que está perfecta. —Me sonrojé.

    —Gracias.

    —Ahora camine, desde aquí hasta la otra pared, vaya y vuelva sin prisa, quiero ver su pisada.

    Caminé notando el frío suelo en la planta de los pies y el bamboleo de mis pechos en cada paso. Sabía que de espaldas me estaba viendo todo el culo, pues el tanga no era más que una fina tira de hilo. Y cuando me di la vuelta, sus ojos me comían las tetas y la entrepierna.

    Me hizo repetir el paseo varias veces y después ponerme de espaldas a él y tocarme las puntas de los pies mientras el doctor arrimaba cebolleta y me acariciaba la columna.

    —Sube lento —anunció colocando la mano izquierda en la carne de mi abdomen y la derecha serpenteando por la espalda. Mi ritmo cardíaco se estaba alterando—. Con suavidad, Marta, o tendré que repetir la palpación.

    La mano del abdomen rozaba la parte baja de mi pecho y creí sentir que me tocaba el pezón. Jadeé excitada, mis bragas tenían que estar empapadas. Por suerte no tuve que repetir. Me palpó las caderas y me dijo que parecía tener una cadera más arriba que la otra, que me convendría una revisión con el ortopedista para que me hiciera una plantilla.

    Después me llevó a la camilla. Hizo que me sentara y comprobó mis reflejos que salieron perfectos. La aspirometría me costó un poco, me comentó que para no ser fumadora tenía que mejorar mi capacidad pulmonar, que incluyera más cardio en mi rutina deportiva.

    Me auscultó y esa fue mi perdición, notar el fonendoscopio y sus dedos sobre mis pechos me puso mala.

    —El pulso te late muy deprisa.

    —Es que estoy nerviosa.

    —Relájate, solo soy tu médico. —Lo intenté, pero no pude. Cada vez que apretaba el aparatito sobre mi cuerpo lo imaginaba apretándome entre los muslos. ¡Qué vergüenza! —Vamos a por el electrocardiograma después te palparé el abdomen. Túmbate en la camilla, el gel está un poco frío.

    Casi que lo agradecí, porque tenía muchísimo calor con aquel hombre poniéndome electrodos por todo el esternón. Mientras me hacía la prueba pidió que no hablara, cerrara los ojos e intentara relajarme. Y volví a intentarlo, pero era imaginarlo mirándome a voluntad y volvía a excitarme.

    —Ya está. Me parece que hoy no voy a lograr que te relajes, vamos a palpar ese abdomen.

    Pasó la mano arriba y abajo, ahondó en mi barriga con las yemas de los dedos y yo más mala me ponía.

    —¿Cuándo fue tu última revisión ginecológica?

    —Em… Hará un par de años, me cancelaron la de este y por una cosa u otra no cogí cita.

    —A tu edad no puedes saltártelas. Voy a hacerte una mamografía y una citología, para asegurarnos.

    Me ayudó a bajar de la camilla, me ofreció una bata y fuimos a otra consulta donde manipuló mis pechos y los chafó contra las placas.

    Una vez las tuvo me llevó a una silla ginecológica y me pidió que me quitara la bata y las bragas.

    No me dejó tiempo a que me aseara por lo que iba a ver que mi coño estaba anegado en flujo. Cohibida y avergonzada, me ubiqué en la silla. Me pidió que pusiera los pies en los estribos y bajara el culo. Mientras se ponía los guantes de nitrilo.

    Desnuda y abierta esperé a que sus ojos recorrieran mi vagina con el vello recortado.

    —Mmmm. —Tiró de mi s labios inferiores que superaban los mayores—. ¿Te molestan?

    —No.

    —Bien, hay mujeres que deciden operarlos, a mí me gustan. —Tragué con rudeza, a mi marido lo volvían loco junto con mis tetas de aureolas grandes, pero eso no se lo iba a decir—. Veamos qué tenemos aquí… —Me separó los muslos con las manos—. Bonito color, buena lubricidad. —Al decir la palabra me sonrojé—. Voy a hacerte la citología y después una revisión del útero. El espéculo estará algo frío. —¿Frío? Yo estaba ardiendo.

    Me abrió por completo y tomó la muestra. Estar más excitada que yo era difícil a esas alturas.

    —¿Has sido madre? —Me preguntó.

    —No.

    —Eso he imaginado al no ver marcas. Vamos a ver ese útero.

    Preparó la máquina y se puso a penetrarme con el ecógrafo. Estaba al borde del orgasmo, no estoy segura de si eran imaginaciones mías o no, pero sentía como aquel aparato emulaba un acto sexual en toda regla, las acometidas eran rítmicas, profundas. El sudor perlaba mi cuerpo, los pezones no podían estar más tiesos. Mis manos se apretaban intentando controlarme.

    —Me parece que tienes el útero algo distendido, necesito hacer una palpación manual.

    Sacó el aparato y me introdujo dos dedos con el pulgar en mi clítoris. Los tenía gruesos anchos y bastante largos. Gemí cuando empujó con hosquedad, presionando mi barriga con la mano libre.

    —¿Te he hecho daño?

    —No, no, qué va, siga por favor, siga… —Él me ofreció media sonrisa.

    —¿Te está gustando lo que te hago? —La temperatura de mi cara subió varios grados—. Eso me parecía. Estás muy buena Marta —confirmó sin dejar de masturbarme—. Y por la dimensión de tus pupilas, esos pezones duros y la humedad de tu coño, me dicen que quieres que te folle. ¿Es así? —Tenía la mente nublada, solo podía sentir lo excitada que estaba—. Contesta, o paro. —Detuvo el movimiento.

    —Sí, sí, por favor doctor, hágalo.

    —Lo suponía, eres una zorrita descarada, una puta de las caras. Suplícame, Marta. —Nadie me había hablado nunca así y me gustaba, mucho, demasiado.

    —Por favor, doctor, fólleme, se lo suplico.

    —Dime que eres mi puta.

    —Soy su puta, su zorra, por favor, por favor.

    —Eso es, eres mi puta. —Quitó los dedos se bajó los pantalones y metió la ancha cabeza de su glande en mi coño hambriento.

    La tenía grande llana de venas, con unas pelotas llenas y deseosas de ser vaciadas. Empujó en mi coño una y otra vez, una y otra vez. Sobándome las tetas, retorciéndome los pezones con rudeza. Mi marido era mucho más delicado y acababa de descubrir que me apetecía lo que el doctor me daba.

    —Qué buena estás, puta. Me la pusiste dura nada más entrar por la puerta.

    —Y a mi me excitó en cuanto lo vi. Hágame lo que quiera, soy suya. Suya.

    —Claro que lo eres. —Agarró uno de mis pechos se lo metió en la boca y succionó. Chillé. Repitió la operación con el otro. Y después se puso a abofetearlos hasta dejarlos rojos.

    —Sí, sí, siga, por favor.

    —Joder, eres mucho más zorra de lo que pensaba. —Cogió gel del ecógrafo se puso en la polla y me la encajó en el culo sin reservas. Aullé del dolor. No me había preparado. El culo me ardía y aun así me daba igual Porque el médico estaba frotándome el clítoris y yo ardía de necesidad.

    —Más, más —supliqué.

    —Claro que sí. —Bombeó sin descanso, perforándome el ojete, amoldándolo a su tamaño.

    —No aguanto me voy a correr.

    —Espera… Aguanta un poco…

    —No puedo.

    —Sí puedes.

    Abandonó mi culo y se puso a alternar mis agujeros aferrándome de los pezones. Me sentí una yegua, un animal de monta y él mi semental.

    —Oh, sí, sí, así, por favor.

    —¿Te gusta?

    —Mucho.

    —¿Cómo te sientes?

    —Como una yegua.

    —Eso es lo que eres. Relincha puta, relincha.

    Lo hice, relinché, una y otra vez sin que me lo pidiera, llegando a un punto de no retorno hasta que su voz me dio la orden.

    —Córrete yegua puta. —Lancé un relincho sin fin. ÉL me retorció las tetas y lo sentí llenarme de leche, tanto el coño, como el ojete. Y cuando terminó subió hasta mi cara para separarme los labios y limpiar su polla en el interior de mi boca.

    Cuando terminó me dejó algo de tiempo para que me aseara y me dijo que me esperaba en su consulta.

    Avergonzada e incrédula, me aseé como pude y regresé abochornada a la consulta.

    —Yo, no soy así —fue lo primero que dije.

    Él me sonrió sentado en la mesa del despacho.

    —Eso ya lo veremos. Puedes pasar dentro de una semana a por los resultados.

    Puedes vestirte e irte cuando estés.

    Lo hice, me vestí todo lo deprisa que pude y salí de la consulta sin mirar atrás.