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  • Sexo oral a mi sugar daddy mientras una pareja nos mira

    Sexo oral a mi sugar daddy mientras una pareja nos mira

    Parece que este sitio de relatos se está convirtiendo en una especie de diario para mí.

    El día de hoy tuve un encuentro exprés con mi novio, así que el relato de hoy será breve.

    Como saben si es que han leído mis relatos anteriores, estoy cogiendo con el padre de la chica con la que salgo desde hace un par de años.

    Las cosas sucedieron sin planearlas, con un simple: «¿Dónde andas?», para terminar metidos en un hotel de paso. Nos tocó una habitación en sexto piso con vista a la calle, que da a una avenida bastante concurrida que es Eje Central. Al entrar a la habitación, empezamos a cachondearnos, yo en mi papel de nena y él de mi macho. Lo abracé y besé mientras él me agarraba las nalgas y metía las manos a mi pantalón para acariciarlas y para meterme el dedo por el ano. Después de un rato de estar así, se acercó al ventanal para cerrar las cortinas y se quedó mirando a la calle. Me dijo: «Ven, quiero que me la mames aquí» y yo, como una novia obediente y sumisa, accedí. Me quité la ropa y me puse de rodillas frente a él para empezar a saborear ese delicioso trozo caliente de carne. Mi lengua se dio gusto probando cada rincón de su verga y la metí toda en mi boca. También le chupé los testículos mientras con mis manos tiraba de su prepucio una y otra vez.

    Después de tenerla en mi boca por un rato, pude notar que en la calle, en la parada del trolebus, unas personas nos observaban portándonos mal, y le pregunté: ¿Quieres que siga o pasamos a la cama? y él respondió: «Quiero que nos vean cómo termino en tu boca…». La idea me encantó de inmediato, nunca lo habíamos hecho antes y era una fantasía que yo quería cumplir; terminar con mi cara llena de su leche, que recorriera hasta mis labios y tragarla, entonces me esforcé por darle la mejor mamada de su vida. No dejé nada. La besé, chupé y lamí tanto como quise ante la mirada de muchos que pasaban por ahí y que podían ver cómo complacía a mi novio notablemente mayor que yo. Cuando me dijo: «Ya casi termino» decidí no parar y se la chupé como si yo estuviera desesperada por comerme su semen. Así fue, terminó en mis mejillas y mi frente. La sacudió en mi cara hasta quedar seco. Su verga pasó en segundos de ser dura y gruesa a ser delgada. Yo como en una película porno, estaba con la cara llena de semen caliente y delicioso de él, así que probé un poco. Cuando volteaba a ver, había diferentes personas observando abajo. Entonces más de uno pudo vernos.

    Después de que él terminó, nos acostamos un rato en la cama. Él tomó una siesta y yo simplemente lo observé dormir. Cuando despertó, pasó al baño y se fue. Yo tomé una ducha antes de salir, y mientras me vestía recibí un WhatsApp que decía: «Me encantó que probaras mi leche. La próxima vez te la daré toda dentro de tu boca». Le respondí que no podía esperar a que me la diera.

    Un encuentro más, una experiencia más y esto es cada vez más íntimo e intenso…

    Besos, Bellota.

  • En casa de Eva

    En casa de Eva

    Hoy os traigo un relato que pasó hace años… o no. 

    Hace un tiempo salíamos un grupo de amigos, y a mí me había introducido una chica llamada Eva que había conocido en una cena de amigos, y con la que tenía bastante confianza. Con ella íbamos al cine, hacíamos salidas, pero nunca había pasado nada más. Hay que decir que me sacaba 5 años de edad, y si yo tenía unos 25, ella estaba próxima a los 31.

    Un día de esos de verano, caluroso, y que no había mucho que hacer, quedamos en su casa. Al llegar estuvimos charlando un rato y me invitó a tomar algo. Debía ser media mañana. La mayoría de los amigos estaban de vacaciones y aunque teóricamente íbamos a ir por la costa, charlando, charlando se nos hizo tarde, así que Eva me propuso tomar el sol en su terraza.

    – Si quieres desvístete en el cuarto de la izquierda, deja la ropa en la cama, y te vienes a la terraza – me indicó mientras ella se dirigía a su cuarto para ponerse el bikini.

    Pasé al cuarto de la izquierda, pequeño y recogido, bastante acogedor que tenía una cama individual y supuse que era el cuarto de las visitas. Allí me fui quitando la ropa y dejándola bien doblada sobre la cama.

    Cuando llegué a la puerta de la terraza, ladeé la cortina para pasar y al salir vi a mi amiga tumbada sobre una de las hamacas. Me sorprendió mucho verla en topless, de forma que mientras avanzaba hacia mi hamaca, mis ojos miraban fijamente sus pechos. Me parecieron preciosos, duros, con un pezón muy bonito y con un tamaño intermedio como a mí me gustaban.

    Cuando ya me tumbé, el sonido hizo que mi amiga se percatara de mi presencia.

    – Ah, aquí estás – dijo mientras me observaba – hace un día estupendo – añadió risueña. Vaya, llevas bóxer negro, claro, no te has traído bañador, y yo no tengo de chico, los míos te apretarían seguro jaja

    – Sí, no pensaba que tomaríamos el sol -respondí

    – Como en este balcón no nos ve nadie, yo casi siempre tomo el sol, así, desnuda, porque no me gusta que me queden las marcas en la piel. Así que, si tienes calor, te los quitas, ¿que aquí no nos ve nadie – su propuesta era tentadora y morbosa a partes iguales – Te importa si me lo quito yo el bañador?

    – No, claro, estás en tu casa – le dije

    Así que Eva, hizo un gesto levantando su trasero de la hamaca y sus manos escurrieron el bañador hacia abajo, que con hábiles movimientos de sus piernas fue bajando hasta sus tobillos y por fin cayeron al suelo. Mi amiga estaba desnuda ante mí, y mientras ella se relajaba bajo el sol, yo la miré de arriba abajo, explorando su cuerpo. Veía perfectamente sus pechos. Estaba preciosa.

    Así que yo también, me deshice de mis boxes y me quedé desnudo allí tumbado, entre relajado y excitado ante una situación tan morbosa.

    A los cinco minutos, mi amiga se levantó y pasó por mi lado, diciendo que iba a buscar crema para que no nos quemásemos, pues sol apretaba cada vez más. Y al instante reapareció con un bote blanco de crema solar en la mano.

    Tal cual se sentó en mi hamaca, dejando toda su espalda a mi alcance, y pasándome el bote de crema y me dijo que le pusiera. Abrí el bote, y lo apreté para lanzar un chorro sobre su espalda, que pasé a restregar con mi mano. Le fui poniendo bastante por la espalda, entonces ella levantó un poco los brazos y me pidió que le pusiera por los costados, cosa que hice, pero que inevitablemente conllevó que rozara el contorno de sus generosos pechos. Luego se puso de pie y seguí extendiendo crema por sus piernas y sus glúteos, mientras ella se ponía por el pecho y abdomen, cosa que yo desde mi posición no veía bien.

    – Bien, te toca, ponte de pie! – me ordenó

    Me puse de pie de espaldas a ella, que rápidamente comenzó a ponerme crema por mis hombros y fue bajando. Lo hacía vigorosamente, brazos, espalda, también pasó por mi trasero y se agachó para ponerme por las piernas.

    – Ok, date la vuelta – me dijo, mientras comenzaba mi movimiento de girarme, que al completarse quedamos frente a frente desnudo, lo que propició que lanzase una mirada intensa a sus pechos que brillaban por la crema, mientras ella me embadurnaba por delante. Pero cuando bajó la mirada y vio entre mis piernas que asomaba una gran erección, se detuvo. Entonces, cogió mi mano, le dio la vuelta dejando la palma hacia arriba y me soltó un chorro de crema al estrujar el bote.

    – Ten, ponte ahí, que no se te vaya a quemar – me aconsejo con voz muy pausada.

    Con mi mano llena de crema, agarré mi miembro, y comencé a manosearlo para expandir el aceite solar. Era un movimiento muy similar al de la masturbación, la piel fue quedando blanquita y brillante por la acción de la crema. Mi amiga miraba fijamente como me tocaba y extendía la crema por mi miembro erecto. El sólo hecho de extender la crema, hizo que mi erección aún aumentará e incluso yo hice fuerza para que se tensara y pusiera más dura, mostrándole sin complejo lo que daba de sí todo mi sexo.

    Cuando me detuve, ella apuntó con el bote hacia él y lo apretó soltando un nuevo pero pequeño chorro que quedó sobre mi verga.

    – Ponte un poquito más y date por los huevecillos, no se vayan a freír – me dijo con una voz muy sexy.

    Así que de nuevo manoseé mi pene extendiendo la crema, mientras mi amiga no perdía detalle. Yo alternaba mi mirada entre mi órgano viril y su cara, aunque ella sólo miraba hacia abajo.

    Cuando terminé de nuevo, se dio la vuelta y se tumbó en su hamaca, esta vez boca abajo.

    Allí estuvimos un buen rato. Ella se había puesto unas gafas de sol, y boca abajo, su cabeza ladeada miraba hacia mí. Mientras conversábamos de varios temas repasaba su cuerpo, su bonita espalda, su culito respingón y provocador y me preguntaba si ella, bajo aquellas gafas de sol, estaría mirando mi miembro que aún erecto, reposaba palpitante posado en mi abdomen. Me hubiera gustado ver a dónde miraban sus ojos, pero ella contaba con la ventaja de sus gafas de sol, las cuales yo no había traído.

    Verla allí desnuda junto a mí y saberme desnudo y erecto ante su mirada, sumado al calor y la placentera sensación del sol calentando directamente mi sexo, me impedían bajar mi nivel de excitación y mi erección.

    Al cabo de un buen rato, Eva dijo que había tenido suficiente y me invitó a que nos diéramos una ducha. La seguí hasta el cuarto de baño. Me hizo alcanzar unas toallas de un mueble para secarnos, mientras ella dejaba correr el agua para que se calentase.

    Por ducha tenía una bañera bastante grande, a la que entró una vez que el agua se había templado, y sujetando la cortinilla de plástico me invitó a pasar, corriendo la cortinilla después.

    Sin decir ni media, dirigió el grifo de la ducha a mi cuerpo y comenzó a mojarme, por suerte el agua estaba deliciosamente tibia, y refrescó mi cuerpo recalentado por el sol. Ella guiaba el chorro del agua, moviendo el grifo arriba y abajo, de forma que primero mojó mi cabeza, luego mi torso, e incluso apuntó a mi sexo, para terminar, mojando mis piernas y luego me hizo dar la vuelta. Ella también se mojó entera y por último colocó el grifo en el soporte, mientras alcanzaba el jabón y el gel de baño de una repisa.

    Mientras me enjabonaba el pelo, noté como ella hacía lo propio con mi cuerpo, frotando animadamente mi pecho y espalda en general, esparciendo el jabón. Fugazmente noté sus manos rozando mi glande en un par de ocasiones y luego ya en mis piernas, antes de ordenarme que me diera la vuelta para seguir por la espalda.

    Cuando me comencé aclarar el jabón, al abrir los ojos, la vi a ella terminando de enjabonarse. Ver aquellos pechos preciosos enjabonados, brillantes y húmedos delante de mí, me hizo desear tocarlos y chuparlos con una gran fuerza.

    Tras la ducha nos secamos, y por iniciativa de Eva decidimos no vestirnos, así que la ayudé hacer la comida, y nos preparamos una ensalada y algo de pasta. Fue muy excitante para mi estar todo el rato desnudo con ella, pudiendo apreciar bien todo su cuerpo, mientras preparábamos la comida, o mientras comíamos, sentados en la mesa, con sus pechos frente a mí.

    Tras charlar después de comer, nos entró algo de sueño, así que Eva propuso que hiciéramos una siesta, y nos trasladamos a su cuarto, donde tan solo una fresca sábana blanca cubría la cama. La descubrió y nos tumbamos sobre el mullido catre. Y no tardamos en caer rendidos en los brazos de Morpheo. Era excitante estar a su lado allí tumbados, pero el sueño nos venció.

    Cuando desperté, estábamos tumbados frente a frente, aunque mi amiga estaba situada más abajo, y yo notaba una especie de caricias. No tardé en descubrir que ella tenía mi pene entre sus dedos que lo sujetaban y acariciaban en un curioso movimiento.

    – Oh, ¿te he despertado? – dijo risueña, sin alterarse demasiado y sin dejar de manosear mi verga.

    – Tranquila, estoy bien – contesté – que agradable forma de despertar de una siesta.

    – Es que siempre me ha llamado la atención la forma del pene, cada chico tiene la suya, y el tuyo además de estar bien, y lo estaba viendo bien – sus dedos seguían jugando con mi pene de forma pausada y placentera

    Suspiré de placer, al tiempo que mi pene crecía tímidamente entre sus dedos. En condiciones normales hubiera terminado con una notable erección, pero recién despierto de la siesta, estaba tan relajado, que mi sexo no creció más.

    Sus dedos ahora jugaban con mi pene crecido ligeramente, y permanecimos unos instantes en silencio allí tumbados.

    – Hmmm… es tan placentero – susurré

    – Si? – preguntó Eva

    Entonces hizo un gesto para acercarse más y mi verga desapareció dentro de su boca ante mi sorpresa. Ahora eran sus labios y su lengua la que lo sujetaban y jugaban con él. Podía notar la humedad de su saliva empapando toda mi erección y como era presionado dentro de su boca, lo que me excitó muchísimo.

    Mientras ella jugaba con él, mi pene comenzó a crecer dentro de su boca. Ella además ayudaba, presionando con sus labios y estirando hacia atrás de mi pene. Cuando nos quisimos dar cuenta, ya no le cabía entero en la boca.

    De todas formas, ella siguió manteniéndolo dentro de su boca, pasando su lengua por él y saboreándolo unos instantes con los ojos cerrados.

    Finalmente, se lo sacó de la boca, abrió los ojos y lo atrapó con su mano al tiempo que me empujaba ligeramente para que me pusiera boca arriba. Ella hizo un gesto para recostar su cuerpo sobre mí, y sosteniendo mi miembro con su mano me dijo:

    – Tienes un buen tamaño, el justo – decía mientras lo sostenía y miraba fijamente. Mi pene brillaba por la saliva que ella había dejado al rechupetearlo – me he dado cuenta cuando te ponías la crema, como se te ha puesto, me ha sorprendido mucho. Sabes, me hubiera gustado ponerte la crema yo misma. ¿Y a ti, te hubiera gustado?

    – Si, me habría encantado – le confesé

    – Te imaginas como hubiera resbalado mi mano con crema por esta polla tan gorda que tienes? – decía ella

    – Me hubiera dado mucho placer, seguro

    – Pero entonces no hubieras querido que parase creo yo…y me hubieras pedido que siguiera y siguiera moviendo mi mano, del placer que te estaría dando… – su mano seguía apretando y moviéndose sobre mi miembro

    – Seguramente…

    – Y si yo hubiera estado de rodillas, te habrías corrido sobre mis pechos, y yo habría extendido tu semen sobre mi piel como si fuera crema solar – dijo esto y luego río tímidamente como si hubiera confesado una fantasía que llevaba rato en su cabeza.

    – Hubiera sido muy morboso la verdad

    – Hmmm… pues prométeme que lo haremos otro día, quiero usar tu leche de protección solar para mis tetas

    Y sin decir nada más se volvió a introducir mi pene en su boca y comenzó una estupenda mamada. Mientras con una mano sujetaba mi pene por su base, su boca subía y bajaba lo largo del tronco, dándome un placer indescriptible. Se la notaba excitada y entusiasmada con aquella polla que había caído en sus manos, y en su boca. Fue aumentando la intensidad hasta un punto que pensé que me la iba a arrancar. Dolor y placer se mezclaban en mi miembro.

    Entonces se incorporó y se puso sobre mí. Mientras su mano sujetaba mi pene y lo dirigía hacia su sexo, se fue sentando sobre mí. Noté como mi pene se clavaba en su interior y como se abría paso por dentro de su caliente y húmeda carne. Estaba tan mojada que entró sin hacer ningún esfuerzo. Hizo un par de subidas y bajadas para terminar de metérsela bien y luego se inclinó para dejar sus pechos a la altura de mi boca. De hecho, uno de sus pezones chocó con mis labios, que ansiosos tras todo el día viéndolos, por fin podía chuparlos.

    Me comenzó a cabalgar a buen ritmo, ayudada por una de mis manos que se situó en su espalda y la ayudaba a empujarla más y clavarse más en mi verga, mientras sus pechos bamboleantes pasaban por mi boca por turnos.

    Me excitó muchísimo oírla gemir de aquella manera follando en su cuarto conmigo. Al rato se salió y se tumbó en la cama, levantando sus piernas y ofreciendo su sexo.

    – Házmelo duro, cabrón – me dijo.

    Me acoplé encima de ella, introduciendo mi glande lo más adentro que pude, sus piernas se posaban por encima de mis hombros y en esa postura me la pude follar a placer, comencé fuerte, pero le susurré si quería más aún y me contestó que sí, así que con un desenfreno apasionado la taladré fuerte y rápidamente todo el tiempo que pude.

    Intenté aguantar, pero noté que mi orgasmo estaba cerca, y en ese momento ella se tensó, sus uñas se hundieron en mi carne y su sexo se puso muy caliente al tiempo que comenzaba a palpitar, entonces le avisé mi orgasmo, y sus gemidos se incrementaron, supongo que aquello alargó su orgasmo.

    Con un gemido importante comencé a descargar en su interior, llenando todo su sexo de leche caliente. Ella se abrazó fuertemente mientras gemía y se abrazó fuertemente a mí, mientras todavía convulsionábamos ambos con los últimos embistes y el orgasmo. Fue tremendo.

    Estuvimos unos meses liados Eva y yo, viéndonos en su piso. Lo hicimos por todas las habitaciones de su casa, y cumplí la promesa de correrme en sus pechos mientras ella me masturbaba con crema solar en sus manos para luego ella aplicarse mi semen por sus pechos, de hecho, le encantaba que me corriera sobre su cuerpo para luego extenderlo. Aquel fue un verano especialmente caliente.

    Espero que os guste esta fantasía veraniega, donde el nombre de Eva es inventado, podría ser el tuyo, y si alguna vez habéis tenido algo así, o parecido, dejar comentario, es gratis.

  • Mi sobrino Marco

    Mi sobrino Marco

    Miércoles once de la mañana, no podría ocultar mi nerviosismo aunque pudiera, a esa hora sigo sentada en el baño con las bragas en las rodillas, tan siquiera había hecho el intento de levantarme y simplemente esperaba allí sentada a que el predictor me mostrase si estoy o no, embarazada, me llamo Alejandra y esta es la historia de estos últimos tres meses de mi vida.

    Todo empezó hace un poco más de 18 años, yo por aquel entonces tenía 22 años y estaba terminando mis estudios universitarios, mi hermana daba a luz a un niño precioso, realmente hermoso para un recién nacido, poco pelo y con la piel oscura, mezcla entre la carne rosada de mi hermana y el negro intenso de su padre, mi cuñado que era un hombre negro con unos ojos azules que le hacían diferente a los demás de su raza, un hombre muy culto y leído, con un gran sentido del humor, realmente podría decir que yo también estaba un poco enamorada de él.

    Los años iban pasando y mi relación con mi sobrino era especial, era mi único sobrino y le adoraba, teníamos una relación de tía sobrino un tanto especial, siempre le defendía aunque no llevara la razón, era su tía, su amiga, su confidente, ya fuera porque se había enfadado con sus padres, con sus abuelos, amigos o amigas, siempre que me necesitaba allí estaba su tía, al cumplir los 18 años empezáramos a pasar más tiempo juntos, nos enviábamos mensajes a todas horas, no sé, pero de un modo u otro me sentía muy ligada a él, era algo que no podía explicar, pero me encantaba estar con él, había sacado la simpatía de su padre y aquel verano después de las clases quiso pasar el verano conmigo, en mi casa, una pequeña casa de dos habitaciones en lo alto de un acantilado que compre y reforme por completo, tenía unas impresionantes vistas al mar desde casi toda la casa, pero sobre todo desde la pequeña piscina que tenía.

    Estábamos en los primeros días de un verano tremendamente caluroso, un junio realmente infernal, mi sobrino Marco que así se llama, había cumplido los 18 años en el mes de marzo, Marco es un muchacho guapísimo, ha sacado lo mejor de sus padres, los rasgos suaves de su madre y los ojos de su padre, el cuerpo atlético trabajado por la cantidad de deporte que hace y todo esto junto con el calor de aquel año lo metía en una coctelera y el resultante era que me fijaba más de la cuenta en él, ya le había visto otras veces en bañador, pero aquel verano lo que tenía ante mi era a un chico realmente atractivo, le miraba con otros ojos, le había visto crecer y nunca llegue a pensar que me llamara tanto la atención, la atención como hombre, como un chico casi imberbe de 18 años y no como mi sobrino.

    En mi casa tengo una pequeña piscina de no más de dos metros por dos y de 1,30 m de profundidad con un pequeño asiento alrededor de toda la piscina simulando a los de un yacuzi, era suficiente para refrescarme y relajarme sentada o de pie mirando a un mar inmenso, todos los sábados terminamos metiéndonos allí mientras tomamos unos refrescos, hablamos de chicas, de sus planes cuando fuera a la universidad, había momentos que me sorprendía mirándole fijamente, le veía mover los labios, pero mi atención estaba en otra parte, en un cuerpo de piel negra, brillante por las gotas de agua y sol, piel suave y sedosa, me estaba empezando a sentir incómoda con Marco allí conmigo, la verdad que nunca había estado con un hombre de color y era algo que me atraía enormemente y cuando digo atraída quiero decir sexualmente, las sensaciones que tenía eran realmente maravillosas si de otro chico se tratase a pesar de la diferencia de edad, 22 años nos separaban, hasta que despertaba y me preguntaba a mi misma que es lo que estaba haciendo, no podía mirarle ni pensar en el de esa manera, yo tenía 40 años y mi sobrino 18 y de ser otro chico, otro hombre seguro que ya me habría insinuado, pero era mi sobrino Marco, mi querido sobrino.

    Las noches era una tortura para mí, me estaba enganchando a él, me atraía como las flores con su aroma atraen a las abejas, recordaba mi vida con él, siempre juntos quizás ya me atraía, pero nunca lo llegue a ver, los lunes al ir a trabajar solo pensaba en volver, mirando el reloj a todas horas y empujando con mi mente las manillas, una llamada suya, un mensaje ya me alegraba el día y al llegar cansada del día, sudada por el calor asfixiante solo pensaba en meterme en mi pequeña piscina con él, deleitarme con su cuerpo y soñar despierta cuando Marco se acercaba a mí acariciando su cuerpo de piel oscura, brillante y aterciopelada, como me besaba y me acariciaba los pechos y como metía la mano por debajo de su bañador hasta sacarle esa polla negra con la que tanto estaba soñando últimamente, con la que tanto estaba deseando tener dentro de mi vagina rosada, la unión de dos colores en uno solo y en esos momentos despertaba enseguida avergonzada casi sin poderle mirar.

    Miraba el atardecer de aquel día junto a Marco, llevaba puesto un pequeño bikini rojo, en aquellos momentos me sentía poderosa, hasta que sentí como mi sobrino se puso detrás de mí y después de haberse zambullido entero en el agua emergía como un Dios, como el mismísimo Poseidón que salía de las profundidades con su piel mojada y brillante, las gotas de agua que resbalaban por su cuerpo recorriendo y dibujando las formas de sus músculos y mirándome fijamente con esos ojos azul claro no creía que hubiera mujer que se resistiese a él, mis defensas ya no existían Marco las había hecho añicos convirtiéndolas en polvo, Marco coloco sus manos en mis hombros y me susurraba al oído lo bonito que era aquel atardecer, sentía su cuerpo tan pegado al mío, su torso rozaba continuamente con mi espalda y su cintura golpear mis glúteos, podía notar como poco a poco en esos roces no sé si intencionados se le iba empalmando su pene, el atardecer había pasado a un segundo plano porque mi fijación estaba en lo que hacía mi sobrino detrás de mí, en su pene golpear mis nalgas, en sus manos que pasaron abrazar mi cuello, dejando una mano casi a la altura de uno de mis senos.

    Estaba demasiado excitada como para reaccionar, realmente esto era lo que anhelaba desde hacía días, estuviera bien o mal, fuera mi sobrino o no, realmente yo sentía otra cosa, sentía como mujer, no había nada malo en aquello, no había mal entre un hombre y una mujer que se desean, notaba como todo mi cuerpo empezaba a prepararse para entregarse a él, sentía como su mano se había posado discretamente sobre mi pecho y lo acariciaba por encima de la tela del bikini, notaba como su pene ya buscaba con fuerza el roce con mis nalgas sintiendo un enorme pene duro detrás de mí, no podía aguantar más sin besarle, sin dibujar con mis dedos su cuerpo.

    Me había dado la vuelta y nuestros labios se unían por primera vez, mis manos acariciaban su pecho y mi vulva sentía los empujones de su pene, le miraba y no veía a mi sobrino sino a un muchacho negro tremendamente atractivo con unos ojos azules increíbles, nuestros cuerpos se unían en caricias, abrazos y besos, el rosado de mi piel se mezclaba y unía junto a la piel negra de Marco, mientras que mi mano sacaba de su bañador un enorme pene negro que inmediatamente dirigí a la entrada de mi vagina separándome la braga, su glande rozaba mi entrada, la metía apenas unos milímetros en mi entrada tremendamente mojada, poco a poco la acompañaba con la mano hacia dentro, poco a poco su pene se metía en mi vagina haciendo que le mirara fijamente con la boca abierta sin poder tan siquiera gemir cuando me la metió hasta su raíz de un empujón, mi sobrino empezaba a salir y entrar dentro de mí, llenándome con su polla por debajo del agua, mi sobrino empezaba a follarme de tal manera que…

    En esos momentos me levantaba asustada, me despertaba tremendamente excitada y mojada con mi braga realmente empapada de flujo, eran las cuatro de la mañana y había vuelto a soñar con él, pero esta vez había ido mucho más lejos porque esta vez soñaba como mi sobrino me follaba y metía su polla dentro de mi coño, fundiendo el negro de su pene con el rosado de mi vagina, estaba muy excitada, había sido tan real que llegue a sentir su polla dentro de mí, como me rozaba por dentro y me llenaba haciéndome gemir, no entendía lo que me estaba pasando, deseaba a mi sobrino de 18 años y me avergonzaba haber soñado con él, pero por otro lado maldecía el haberme despertado.

    La mañana siguiente era domingo y no teníamos nada previsto, era uno de esos domingos de piscina, tele y comida a domicilio, estuve tentada en la piscina de abalanzarme sobre él, busque y me puse el bikini más sugerente y allí constate que no sé si por las hormonas de un chico de 18 años o por cualquier otra razón, pero mi sobrino también se excitaba conmigo, tuve realmente que contenerme para no follármelo, estaba tan guapo como en el sueño, pero sabía que aquello estaba mal y que no podría acabar de ninguna de las maneras bien, pero estaba tan excitada, estaba tan caliente que solo pensaba en ese tremendo trozo de carne metiéndose en mi vagina haciéndome disfrutar de lo lindo, tenía que salir de allí, era demasiada la tentación, Marco no era ni mucho menos tonto y lo sabía.

    Con la excusa de oír el teléfono salí de la piscina y me fui a duchar, a pesar de haber tenido la fuerza de irme de allí yo seguía pensando en él, quizás por eso deje la ventana bien abierta para que Marco me viera como me duchaba, viera mi cuerpo desnudo con el agua recorriendo mis curvas, como mis manos acariciaban mi piel formando espuma sobre ella, me tocaba y apretaba mis pechos con delicadeza y me entretenía en mi vulva acariciándola con la mano, metiéndola una y otra vez entre mis piernas y quizás algún que otro dedo se metía en mi vagina dándome un pequeño placer mientras soñaba con el pene de mi sobrino dentro de mí, poco a poco iba terminando de ducharme estirando mi cuerpo todo lo que podía para que me lo viera perfectamente, ya tengo una edad si es cierto que no soy una jovencita de 20 años con los pechos bien duros, pero no tenía que avergonzarme porque a mis 40 años mis senos seguían siendo dos hermosos pechos duros con sendas areolas grandes y unos pezones que se elevaban cada vez que me hacían sentir, las cuervas de mi cuerpo poco tenía que envidar a la de las veinte añeras y mi culo, mis nalgas realmente era una delicia sin apenas celulitis.

    Termine de ducharme y cubrí mi cuerpo desde mis pechos con una toalla y otra en la cabeza para secar mi pelo, detrás de mí entro mi sobrino para ducharse mientras que yo me servía un vaso de té bien frío, al sentarme en el sofá con las rodillas flexionadas y mis pies por debajo de mis glúteos observe la puerta de la ducha, Marco al igual que yo había dejado la puerta abierta, sabía que no había sido ningún error, quería mirar, pero algo me lo impedía, no veía más que un poco del cuerpo de mi sobrino hasta que se dio la vuelta, en ese momento ya nada me impedía inclinarme un poco más para ver como su piel oscura se blanqueaba por la espuma del gel de baño, como pasaba sus manos por su cuerpo al igual que yo lo había hecho y como se agarraba de aquel enorme pene con las dos manos, un pene totalmente erecto tan grande que su glande salía de sobra por encima de sus dos manos que lo rodeaban, un pene que media más de 27 centímetros como más tarde pude comprobar.

    Los dos estábamos realmente calientes, muy excitados y la tensión sexual se notaba claramente en el ambiente, había algo que a los dos nos echaba hacia atrás y es que yo fuera su tía Alejandra y el mi sobrino Marco, de no ser así hacía tiempo que estaríamos bajo las sabanas de la cama, los dos nos resistíamos y los dos queríamos, Marco se había sentado junto a mí y al igual que yo se cubría con su toalla atada a la cintura con el resto del cuerpo desnudo, estábamos viendo la televisión cuando empezamos a discutir por la posesión del mando a distancia, lo tenía en mi mano y no lo soltaba cambiando de canales continuamente, nos reíamos cuando me lo intentaba quitar echándose encima de mí para cogerlo, me gustaba hacerlo de rabiar y él estaba encantado al tirarse encima de mí, mi toalla por debajo se iba abriendo poco a poco, una de mis piernas se había estirado al igual que mi cuerpo para evitar que cogiera el mando, cuando Marco se tumbó encima de mí para poder alcanzarlo.

    En ese momento noté como su pene golpeaba entre mis muslos, sentía la piel de su miembro suave y duro, nuestros movimientos continuos hicieron que notara su glande sobre mi vagina, estaba tan excitada que mi vagina se empezaba a mojar, sentía como la humedad se hacía permanente en ella y de pronto algo me hizo caer al suelo quedándome de rodillas, mi sobrino detrás de mí intentando coger el mando a distancia, los dos reíamos a carcajada, extendía mi brazo lo más que podía para que Marco no lo alcanzase, él se echó encima de mi sobre mi espalda apretando su pelvis contra mí, estirándose también todo lo que podía hasta que ocurrió un pequeño accidente, si yo no hubiera estado tan excitada, si él no estuviera igual que yo o que simplemente yo me hubiera puesto unas bragas, simplemente con eso no hubiera ocurrido lo que ocurrió cuando se estiró su cuerpo hacia arriba, con tan mala suerte que su pene totalmente endurecido por la excitación que tendía encontró a su paso la entrada de mi vagina que en esos momentos ya rezumaba de flujo.

    – Aaahh, Marco!!! Aauumm.

    – Tía Alejandra, lo siento, lo siento.

    Los dos reaccionamos a la vez, yo con un gemido de placer llamándole la atención y él pronunciando mi nombre cosa que pocas veces hacia pidiéndome perdón, los dos nos mirábamos a los ojos, pero ninguno de los hizo nada por deshacer aquel accidente, todo lo contrario, yo me relajaba y retiraba con disimulo la toalla de mi espalda y él sin llegar a tumbarse sobre mí, pero sin quitarse de encima, me tenía a cuatro patas con su polla metida en mi vagina y empezaba a bombear su pene dentro de mi vagina sin que yo le dijera nada, solo agachando la cabeza y con mi noca abierta empezando a gemir cuando la notaba entrara, él pidiéndome perdón y yo diciéndole que no pasaba nada, cinco minutos más tarde ninguno de los dos hablaba, solo gemíamos, mi sobrino penetraba con fuerza mi coño y mis piernas y brazos resistían continuamente las embestidas por detrás con mis pechos entre sus manos.

    Demasiado ímpetu, demasiado rápido y a pesar de que me estaba encantando como me la metía le pare y me levante, Marco me miraba extrañado, parecía no comprender nada hasta que me agache y metiéndome su pene en la boca lo empecé a lamer, limpiar de los restos de mi flujo vaginal que salpicaban de blanco su polla negra, le oía gemir, me había cogido del pelo y no me soltaba, mis labios no paraban de morder todo el tronco con mis manos subiendo y bajando por aquel enorme palo, una vez más dentro de mi boca subía y bajaba por él llegándome incluso a dar arcadas de lo mucho que me la metía, sus gemidos aún más fuertes y sus manos haciendo más presión en mi cabeza impidiendo que separara mi boca de su pene, la empecé a succionar lamiendo el glande cuando marco soltó primero un grito de placer y luego regó mi boca y mi cara con su semen.

    Me volví a levantar y quitándome la toalla de la cabeza me limpié la cara, la solté al suelo y nada más hacerlo mirándole fijamente, solté la toalla de mi cuerpo que cayó a mis pies quedándome totalmente desnuda delante de él, marco seguía sentado y me miraba de arriba abajo acariciando con sus manos mis caderas.

    -Marco, ven conmigo a la cama. – No le dije nada más, le había cogido de la mano, me di la vuelta y me dirigí a mi habitación tumbándome en la cama.

    Marco se tumbó justo a mi lado acariciando mi cuerpo con sus manos, dibujando mis curvas con las yemas de los dedos y lamiendo mis pezones con suavidad a la vez que mi clítoris daba la bienvenida a sus dedos, su pene en mi mano subiendo y bajando recuperando su antiguo vigor, le iba diciendo lo que tenía que hacer, le fui guiando poco a poco hasta tener nuevamente su pene dentro de mi vagina, yo me quede tumbada con una pierna estirada y la otra doblada, Marco se sentó a horcajadas sobre mi pierna estirada y mi otra pierna reposaba por encima de uno de sus muslos, apoyándola sobre su pecho y abrazándola con una de sus manos.

    Su pene entraba y salía de mi interior con un ritmo pausado un ritmo que en parte le iba indicando yo, su pene tremendamente duro me atravesaba entera de punta a punta, había dilatado tanto mi vagina que prácticamente me la metía hasta el fondo, hasta la raíz de su polla con sus testículos golpeándome las nalgas con cada penetración, no había forma ni medio de separarnos ya, éramos la unión perfecta, el puzzle que encajaba a la perfección, su pene me llenaba por completa, me hacía gemir, gritar, llorar de placer, le miraba y veía su cara de satisfacción al ver como me follaba, seguro que durante mucho tiempo pensó en ello y hoy Marco cumplía su sueño, me miraba con la cara desencajada de placer, miraba como su tía por debajo de él gemía al tener su polla dentro de ella, gemidos que iban a más, gemidos que no paraban ni con el sonido del teléfono que sonaba y sonaba una y otra vez.

    El ritmo iba in crescendo, pero lo que más sentía eran las penetraciones cada vez con más fuerza, era el momento perfecto con el hombre perfecto, estaba en esos días que mi cuerpo pide algo más, en esos días en que te encuentras más sensible, más excitada de lo normal y levantando la pierna que tenía doblada se la puse sobre los hombros cogiéndome la espinilla su mano y echándose un poco hacia atrás con su mano derecha se apoyaba en el tobillo de la pierna que tenía estirada y empezó a darme pequeños empujones con su pene metiéndose con fuerza y rapidez dentro de mi vagina, luego la sacaba despacio y volvía a penetrarme de esa manera, al levantar mi pierna me había abierto un poco más a él, su polla entraba con más facilidad y sus empujones cada vez más rápidos con igual de intensidad.

    Le pedía más, le gritaba y pedía que me follara así, la sensación de aquellos golpes contra mi vagina con su polla introduciéndose de esa manera me estaban volviendo loca, gemía cuando me la sacaba y gritaba cada vez que la metía, el sonido otra vez del teléfono, de las embestidas con su carne golpear la mía, el sonido de su polla entrar en mi vagina totalmente encharcada de flujo con su pene negro saliendo de mí con restos de mi flujo adherido como una crema que le blanqueaba parte de su polla era una sensación que me estaba llevando al éxtasis del placer, perdía toda voluntad con mi cuerpo, un orgasmo tras otro, totalmente agotada de placer miraba a mi sobrino y sabía que estaba cerca de correrse, tan cerca que cerró los ojos metiéndomela tan dentro de mí que la dejo allí haciendo fuerza contra mi vagina y empezó a gritar a gemir en alto, en esos momentos sabía que se había corrido dentro de mí sin protección alguna, notaba su semen golpearme por dentro, ninguno de los dos lo tenía previsto y por otro lado no debería de pasar nada al tomar yo otras medidas anticonceptivas.

    A partir de ese día era habitual oírnos gritar todas las noches, vernos bañarnos dentro de la piscina mientras follábamos y nos besábamos, me había hecho una adicta al sexo con mi sobrino y si un día no me la metía sentía que me fallaba algo, era habitual vernos en la cama, el sentado y apoyado sobre el cabecero con sus piernas extendidas y yo sentada a horcajadas encima de él con mis rodillas flexionadas y mi cuerpo arqueado hacia atrás con mi espalda reposando sobre sus piernas, mis manos le agarraban de los talones y su polla bien metida en mi vagina, con pequeños movimientos, con mi vagina presionando su pene. Marco metía y sacaba despacio su polla de mi coño, minutos en esa posición entrando y saliendo, haciéndome gemir, sentirme amada, con sus labios besar mis pechos a la vez que con sus manos me cogía de las caderas moviéndome adelante y atrás.

    Todo un verano, todas unas vacaciones en las que cuando venían sus padres a vernos a pasar el día estábamos los dos deseando que se marcharan, todo un verano hasta que se marchó a la ciudad para empezar la universidad, a partir de ese día ya a mediados de septiembre yo me quedaba sola, mirando por la ventana esperando verle entrar de un momento a otro, paso septiembre y casi octubre y lo que me preocupaba ahora era otra cosa, algo había fallado y por eso me encontraba angustiada sentada en el baño con las bragas sobre mis rodillas mirando un pequeño trozo de plástico rosa, se acercaba la hora de resolver aquello que me llevaba un mes angustiando.

    Negativo, ha salido negativo.

  • La secretaria: Un fin de semana de mucho sexo en la playa

    La secretaria: Un fin de semana de mucho sexo en la playa

    Aquella mañana en la playa pude disfrutar de su deliciosa figura, además de echarle bloqueador en su cuerpo acariciando su espalda y nalgas, de regreso a nuestra la llené de leche por todos sus agujeros que pude penetrar.

    Luego de descansar fuimos temprano a la playa con su amiga y el novio de ella, estaba tan bella “Mary”, con su ropa de baño fucsia intenso, que hacia resaltar su blanca piel, sus labios y su cabello rubio al viento, tenía una belleza a mi lado, pero con el temor de que sea la última vez en verla y porque me invito de improvisto.

    D: Estas preciosa – le susurraba

    M: Gracias… me pone bloqueador

    D: ¡Claro!

    Mientras se echaba boca abajo, pude notar el monumento de mujer, acariciaba su espalda con el bloqueador, bajando por su espalda y frotando también sus piernas, toda aceitada me hizo excitarme, aproveché disimuladamente en pasar mis manos por su derrier, ya que su amiga fue al mar con su novio.

    M: Cuidado que nos vean

    D: Descuida no ven… además no hay mucha gente, mira para ponerte bloqueador al frente

    Me excite tanto que mi verga se empezó a poner dura, sus pechos resaltaban, aplique algo, pero para no excitarme más también me eche yo, echa se ofreció a ponerme bloqueador en mi espalda, mientras surgió una romántica conversación.

    D: Me sorprendiste que me respondieras y más aún que me invites pasar contigo el fin de semana

    M: Si, bueno… fui un poco dura contigo, así que pensé en vernos y poder remediar lo ocurrido

    D: ¿Un poco dura?, bueno ya paso y me alegra estar aquí contigo… tendremos más días así?

    M: No se… quien sabe, todo depende de lo bien que la pasemos y nos sintamos

    D: Te quiero Mary, siempre te quise… lo sabes, y si te molesta oírlo sorry… es lo que siento

    M: Yo… yo también te empiezo a querer, solo que entiéndeme no quería sentimientos de por medio

    D: Lo sé, lo se… solo te digo lo que siento, no quiero presionarte, peor con lo que me dices me basta, aunque sea poco… es algo inmenso para mi… así, para no caer en el romanticismo vamos al agua

    M: Vamos

    Fuimos al mar, nos bañamos, jugamos chapoteando en la misma, estábamos pasando un lindo día, ya al medio día con el hambre que apremiaba, fuimos a comer a una cevichería, y para variar me pedí una leche de tigre para ponerme oso, ya que es afrodisiaco.

    Regresamos a la playa, tomamos más sol, le aplique nuevamente bloqueador, pero ya su piel estaba algo rojiza por el sol, notaba que marcaba ya la piel su traje de baño y al caer el atardecer, mientras bebíamos unas cervezas juntos a su amiga y su novio… esperamos a caer el sol para besarnos románticamente.

    M: Vamos a bañarnos

    D: Vamos nena, vamos para limpiarte toda… estoy excitado

    M: Mañoso jaja… vamos

    Ya en nuestra habitación, entramos mientras nos besábamos fuimos quitándonos nuestras pocas prendas, camino a la ducha trate de ser lo más delicado con las caricias, ya que le ardía algo los hombros y espalda, ya con el agua cayendo en nuestros cuerpos fuimos jabonándonos mutuamente, mientras ella me excitaba al tope masturbándome y obvio yo correspondía acariciando sus tetas y su rica conchita, en un momento bajo a mi verga y de rodillas empezó a chupar mis bolas y darme una riquísima mamada, me hacía feliz y me arrechaba tanto verla , sus tetas se movían a cada movimiento de cada mamada, mientras cerraba los ojos disfrutando de mi verga.

    D: Vamos ponte de pie que quiero darle a ese culito rico que tienes

    M: Ujum, glup, glup, pero suavecito sí, creo que la arena del mar me irrito algo mi vagina

    D: Ok, despacito

    Poniéndola contra la pared de la ducha, empecé a penetrarla, que delicia ver su espalda y culito marcados con la bronceada, bombeaba rico culito, tomándola de sus caderas, la besaba por la oreja para excitarla, todo mojados veía su rostro disfrutar de la culeada, poco a poco me fui poniendo más intenso ya que su vagina la sentía lubricada, paramos para salir a la habitación, nos echamos algo mojados y empezó a cabalgarme, disfrutaba ver sus tetas moverse, mientras las sujetaba, también sujetaba por momentos su cola tratado de abrir sus nalgas, ella cabeza atrás disfrutaba el momento.

    M: ¡Ahhh, Aahhh sigue que me vengo, sigue nos pares!

    Hizo ponerme a mil, que seguí bobeando tan rica conchita, hasta que sentí remecer un poco de su cuerpo, pero sin parar seguí hasta que también sentí vaciarme a chorros dentro de su conchita, cayendo rendida en mi pecho exhausta, la tuve abrazada buscando sus labios para besarla, estuvimos así, hasta que fuimos nuevamente a bañarnos, esta vez nos arreglamos porque dijimos que saldríamos a beber en algún restobar de la zona.

    En aquel lugar cenamos y baile junto a ella esa salsa, que me hizo identificarla siempre…

    Ella tiene la magia de un instante de amor

    Y su mirada un toque de misterio

    Cuando ella llega siempre suelo perder el control

    No vuelvo a ser el mismo si la beso

    La conciencia me dice que no la debo querer

    Y el corazón me grita que sí debo

    La conciencia me frena cuando la voy a querer

    Y el corazón me empuja hasta el infierno

    Al abismo, Dulce invierno, De sus besos

    Cuando se aferra un querer al corazón

    Y la conciencia no tiene la razón

    No valen los consejos

    Cuando se prueba del fruto del querer

    Cuando se aprende a sentir más de una vez

    No queda más remedio

    Que darle cielo y alas

    Y hacer de lo difícil lo más bello

    La conciencia me dice que la debo olvidar

    Y el corazón me grita que no puedo

    La conciencia no sabe que no se puede hacer más

    Cuando te vuelves preso de unos besos

    De un «te quiero», Del deseo, Del corazón

    Cuando se aferra un querer al corazón

    Y la conciencia no tiene la razón

    No valen los consejos

    Cuando se prueba del fruto del querer

    Cuando se aprende a sentir más de una vez

    No queda más remedio

    Que darle cielo y alas al amor

    Y hacer de lo difícil lo más bello

    Que la quiera y me entregue sin condición

    (Pero me grita la conciencia)

    Que lo piense bien, que no cometa esa imprudencia.

    Todo ese momento, abrazados, disfrutando de tan bello momento, sentí en ese momento que cayó rendida, era mi oportunidad de pedirle que sea mi novia, que sea mi mujer.

    D: Espero siempre me dejes estar a tu lado, espero que pase lo que pase podamos estar juntos en las buenas y malas, si estamos juntos es por algo no crees.

    M: No digas nada, no quiero.

    D: No me quieres

    M: No, o sea… No quiero ceder… no quiero equivocarme

    D: Conmigo no te equivocaras, conmigo estarás seguro… vente a vivir conmigo, seamos novios, seamos cómplices, amantes… lo que tú quieras, pero quédate conmigo.

    Mientras nos mirábamos a los ojos, para en ese instante besarnos y sé que sintió esta vez amor, no perdimos más tiempo y ya con copas encima regresamos a la habitación y fue ahí donde se entregó completamente a mí sin condiciones, la pasión desbordo en esa habitación, esta vez hicimos el amor… bese toda su desnudes, hasta creo que llegue a besar su alma.

    La llene de leche una y otra vez, hicimos el amor, me dio las mejores mamadas, me entrego al final su ano sin tapujos, le hice un delicioso beso negro, dilataba con mi lengua su esfínter mientras jugueteaba metiéndole mis dedos para preparar la embestida, que deliciosa noche, por fin la sentí que ya era mía. Ya echados sobre la cama desnudos acariciaba sus caderas sus pechos, disfrutaba a luz tenue de las lámparas. Era feliz.

    Al día siguiente ya de regreso a Lima, la deje en su casa y quede en verla durante las semanas siguientes, así salimos a, cenar, al cine, no dijimos que éramos nada, pero teníamos ya una linda relación, se acercaba navidad esperaba con ansias pues planeaba oficializarla y esperaba que ella también. Acercándome al desenlace de esta gran historia.

    Continuará…

  • Lambdamy (Memorias de Xanadú)

    Lambdamy (Memorias de Xanadú)

    Tollan despertó a campo abierto, cerca del ahora incendiado pueblo. Confundido miró de un lado al otro, buscando al ente que lo había sacado de las abrazadoras llamas que consumieron su casa. Encontró a un joven de no más de 18 años con orejas similares a las de un catfolk, un gato humanoide, sin embargo este carecía del pelo tan abundante que tenía su especie, asumió entonces que era un medio catfolk, definitivamente su otra mitad era humana, este joven de rubios cabellos y piel pálida le había salvado.

    Tollan se levantó y caminó hacia esta figura dormida y pequeña. El chico ni se inmutó, no fue hasta que Tollan lo movió un poco con su pie que el chico aterrado se levantó

    -¿¡Quién…!?

    -Woah tranquilo- respondió Tollan calmado

    -¿Qué… qué pasó?

    -Esperaba que tú pudieras decírmelo

    -Tú… estabas… muy herido, solo vi una luz resplandeciente, estabas inconsciente y te arrastré hasta aquí ¿Eres el héroe no es cierto?

    -Yo- Tollan se ruborizó, ya había pasado más de un año y definitivamente no se había acostumbrado aún a que la gente le llamara de esa forma -sí, soy el.

    -¿Viste quien fue aquella persona que destrozó nuestros hogares?

    Recordó entonces a Elina, el secuestro, Ishtar y Velimount.

    -N-no, lo siento chico, debo irme- dicho esto Tollan comenzó a correr hacia el bosque, si deseaba recuperar a Elina solamente podría hacerlo si recuperaba a «Ronin» e iba inmediatamente a Deathtouch.

    -Hey, espera… -dicho esto el muchacho se transformó.

    Tollan llegó al claroscuro del bosque, se encontró con la figura calcinada de lo que hasta hace pocas horas había sido un orco y allá a la distancia encontró a «Ronin», se acercó a ella y con pocas dificultades la destrabó del tronco, en eso sintió una presencia seguida de una voz femenina, espectral.

    -No podrás vencer a los demonios con esa espada.

    -Muéstrate, no estoy para juegos.

    -Vale «héroe» aquí me tienes- dijo la voz y un ente salió por detrás de un tronco cercano.

    Era una media catfolk femenina, cabellos rubios, ojos color miel y piel de color pálido, inevitablemente Tollan notó sus curvas, unos pechos bastante protuberantes y eróticos que aún en una postura tan relajada como la que ella tenía se veían parados y firmes, su culo, por su parte, no le hacía justicia a su belleza, era pequeño, aunque bien formado no destacaba tanto ante esa cara angelical o es pechos dignos del disfrute del mismísimo Visaerys. Todas estas facciones acrecentadas por el vestido tan sensual que llevaba la gatita, de un color blanco puro las capas caían sobre sus hombros apenas tapando sus pechos y ajustándolo gracias a un cinturón que caía sobre su pequeño y perfecto trasero.

    -¿Quien eres?- dijo Tollan desenfundando su espada, después de los eventos del día de ayer Tollan estaba específicamente irritable y alerta.

    -Tanquilo «héroe», mi nombre es Lambdamy y no busco confrontación alguna- mencionó caminando sensualmente en dirección a Tollan, con sus ojos fijos en los de él.

    -¿Entonces que deseas?

    -Ayudarte por supuesto, tu espada no podrá contra el poder de Ishtar y Velimount.

    -¿Y tú qué interés tienes con ellos?

    -Yo soy sierva de Visaerys, es vital que Arno no regrese a Xanadú, pues ni Visaerys podría detenerlo, por lo tanto es mi deber ayudar al que ahora puede ser el único salvador de Xanadú.

    Tollan enfundó nuevamente su arma aunque mantuvo una postura marcial y la mano en la empuñadura, no se fiaba de ella pero no veía como una media catfolk pudiera hacerle daño sin ningún arma.

    -Supongamos que te creo ¿Cómo me ayudarás?

    Lambdamy se acercó moviendo sus caderas al mismo ritmo sensual que su cola corta.

    -Existe una hoja en la ciudad de Kadath, dicen que fue la responsable de cortarle la mano a Arno en la mítica batalla de los 100 soles, esta debería de ser la espada con la que podrás derrotarlos.

    -No lo entiendo- replicó pensativo Tollan -mi hoja decapitó a Ebdickson en la guerra de invasión ¿no debería funcionar?

    -Para nada héroe mío, he observado de cerca a los demonios y me he enterado de sus secretos. Puedo ayudarte, claro, pero tu deberás ayudarme también, soy una seguidora de Visaerys ¿recuerdas?

    Tollan lo comprendió, los que seguían la religión de Visaerys eran gente devota al amor y a las relaciones, sin embargo había una tela muy fina entre Visaerys y Arno, ambos dioses eran sinónimo de sexualidad, mas Arno era oscuro, devoto por el placer personal, la dominación y la humillación mientras que Visaerys apasionado al amor y las relaciones que enlaza el sexo entre los habitantes de esta tierra. Si quería sacar algo de información de esta mujer debía pagar con su cuerpo, muy a su pesar pues en su mente Elina se volvía a arremolinar en sus pensamientos.

    -Bien… lo haré- exclamó a secas

    Lambdamy sonrió y se acercó a Tollan y lo besó, él sintió calor en su boca pero poco a poco ese húmedo beso llegó a su entrepierna, mientras se besaban Tollan comenzó a apretar las dulces tetas de Lambdamy, ella en respuesta emitió un pequeño pero sonoro gemido. Tollan bajó sus pantalones y ella comenzó a chupar, de arriba a abajo, jugando con su glande solo para volverlo a meter en su cálida y húmeda boca, comenzó pues a mamar mas rápido, tan rápido que incluso saliva salía de la boca de Lambdamy e iba a parar a la fina tela de su vestido blanco, mojándolo y dejando ver sus erectos pezones.

    Después de unos minutos el primer chorro de semen inundó la boca de la gatita mientras ella lo bebía por completo. Después de dos disparos más casi del mismo volumen Tollan se arrodilló ante Lambdamy, hizo a un lado sus pequeñas bragas blancas y comenzó a lamer y a tocar, Lambdamy era víctima de excitación pura, sus gemidos cada vez eran más y más intensos, un pequeño hilo de baba salía de su lengua mientras su cara hacia una mueca de orgasmo, sus ojos se iban para atrás mientras la lengua de Tollan jugaba con su clítoris, mientras sus dedos entraban y salían sin parar, mientras los labios de Tollan comían de esa deliciosa vagina. Eventualmente el orgasmo llegó, Lambdamy se corrió fuertemente mojando un poco la cara de nuestro héroe entre gemidos de placer y suplicas obscenas que recordarían los más bajos burdeles de Endo.

    Unos minutos después:

    -Entonces ¿Por qué Ronin no servirá contra los demonios?- dijo Tollan con sus pantalones recién puestos.

    -Esos demonios no son puros, es decir, su linaje no es completamente demoniaco, por lo mismo una hoja santa como Ronin no les hará más que rasguños.

    -¿Y dónde está esa ciudad de Kadath que mencionas?

    -Nadie sabe, es una ciudad perdida, sin embargo yo puedo buscarla por ti, claro si me das mas recompensas así- dijo y lo miró con lujuria.

    -Está bien, puedes buscarla, aunque…

    -¿Qué pasa héroe?

    -Mi esposa, está en Deathtouch, el castillo y debo llegar allá lo antes posible.

    -Puedes tomar el camino que está al sur de aquí, son 3 semanas de viaje.

    -¿Y en cuanto a nuestro trato…?

    -Ve héroe, yo seguiré buscando información y te esperaré aquí- dicho esto Lambdamy le guiñó el ojo y por un segundo su cara se fundió con la que en ese entonces pareció la cara de su pequeño salvador, una cambiaformas sin duda, las cosas cada vez estaban más raras. Pensando esto Tollan se aventuró hacia el castillo Deathtouch.

    Lambdamy sonrió pícaramente al verlo alejase, se pavoneó y relamiendo sus labios acercó su dije azul a su boca.

    -Nuestro «héroe» va en camino, le he corrompido bien amos.

    (Continuará)

  • El congreso (Parte 1)

    El congreso (Parte 1)

    Esto que voy a contar sucedió hace 10 años cuando yo transitaba mis 48 años de una vida totalmente heterosexual, casado y con hijos, y tirándome de vez en cuando alguna canita al aire con alguna mina que se me cruzaba en el camino. Aconteció en el marco de un Congreso sobre Derecho Penal que se realizaba en la ciudad de La Paz, Entre Ríos. Un grupo de colegas, 7 en total, viajamos desde la ciudad de Córdoba para participar del mismo y como la capacidad hotelera del lugar estaba colapsada, nos hospedaron en un monasterio, cercado a La Paz.

    Las condiciones de mismo eran limitadas, dado que solo contaban con amplios pabellones con 12 camas cada uno, que en uno de los extremos contaban con un baño también comunitario, con 12 duchas en línea, sin divisiones y los correspondientes wáter y lavabos. Nos hospedamos en uno de los pabellones que estaba también ocupado por 4 curas jóvenes y como arribamos tarde, procedimos a ducharnos para poder llegar a la cena de recepción que se servía a las 21 h. Cuando regresamos 3 horas más tarde, ya los curas estabas durmiendo y tratando de no molestar nos acostamos en las camas que teníamos asignadas.

    Por el cansancio del viaje al instante me quede profundamente dormido. En medio de la noche, cosa que no es habitual en mi, me desperté y en la confusión del sueño sentía una respiración cerca y un peso sobre el vientre, algo que se apoyaba en la zona de la ingle. Tratando de despertarme un poco mas porque el sueño con la realidad se me iban mezclando todo el tiempo, sentí que algo se deslizaba por encima de la sábana en la zona genital. A medida que iba tomando mayor conciencia comencé a percibir que tenía la verga empalmada y algo presionaba suavemente sobre ella como acariciándola. También sentía una respiración agitada cercana a mi cara. Trataba de mantenerme en calma sin demostrar que me había despertado. Recién ahí me di cuenta que esa presión que sentía sobre mi verga dura era una mano que la estaba acariciando y dándole pequeños apretones como para percibir la dureza que tenía y que la respiración que sentía cerca de mi oído se iba alterando.

    Trate de mantener la calma y poder entender que estaba pasando en medio de esa oscuridad que no me permitía ver absolutamente nada. La mano que se deslizaba sobre mi pija se notaba muy excitada, porque la respiración que escuchaba cerca de mi oído se iba acelerando. Por un instante deje de sentir la presión de la mano sobre la sábana, pero al segundo me di cuenta que la mano se había deslizado bajo la sábana y ya estaba apoyada sobre el bóxer presionando fuerte sobre mi pija que estaba a full, trate de controlar mi respiración que comenzaba a alterarse, sin lograr ver, ni entender qué era lo que estaba pasando.

    La mano apretaba mi verga dura y buscaba meterse por la bragueta del bóxer para tomarme la pija directamente. Como al descuido afloje un poco las piernas para que su mano pudiera acceder, se asustó y la retiró, pero cuando sintió por mi respiración que seguía dormido, volvió a intentar introducirla con mucha delicadeza hasta que sentí que sus dedos entraban en contacto con mi pija, si bien era todo muy confuso para mi, reconozco que yo tenía una bruta calentura y que si seguía tocándome me iba a acabar. A él se le agitaba la respiración y por la forma que se sacudía la cama me daba cuenta que se estaba pajeando. Yo tenía la cabeza en blanco y no pensaba nada, solo sé que quería que me siguiera tocando.

    Con mucha cautela la fue sacando por la abertura del bóxer, yo sentía que el glande estaba totalmente mojado y el jugo se me comenzaba a escurrir fuera del prepucio y cuando él lo sintió en su mano acerco la boca y lo comenzó a chupar con desesperación. Casi al instante me acabe en su boca mientras sentía por sus quejidos que él también se había corrido… Muy despacio introdujo mi pija dentro del bóxer y me echó la sábana encima y se fue apartando de mi cama. Quedé totalmente desorientado, nunca había vivido una situación semejante y por más que pensaba quién podría haber sido la persona, no encontraba respuesta.

    Sería alguno de mis compañeros del Congreso? O sería alguno de los 4 curitas que dormían en el pabellón con nosotros? No podía dormir y al rato comencé a tener otra erección. Como a las 5 de la mañana recién me volví a dormir. Al día siguiente y cuando bajamos a desayunar al comedor del monasterio trataba de analizar los rostros de cada uno, tratando de descubrir quién había sido el que anoche me había hecho vivir esa experiencia tan extraña y diferente que me había sumido en una confusión de la cual no lograba despegarme. Todo estaba en relativa calma y no encontraba ninguna señal que me diera una pista firme.

    Recién al ir a ducharme por la tarde al baño comunitario encontraría la pista. Al llegar con atraso a las duchas ya no quedaba ninguno de mis compañeros, solo un curita joven que no sobrepasaba los 27 años, que se encontraba haciendo la limpieza del mismo. Me desnudé y abrí la ducha, como ya explique las mismas estaban en línea, sin divisorios, ni cortinas, es decir, que cualquiera que ingresara a esa zona podía ver los cuerpos desnudos duchándose. En un momento dado que giré hacia la zona que estaban los lavabos pude ver que el curita me observaba detenidamente a través del espejo de los mismos. Su mirada no era casual ni inocente, era insinuante, casi descarada, lasciva y descarada.

    Yo dispuesto a descubrir esa incógnita que me había perseguido todo el día, comencé a enjabonarme las zonas intimas y me asombre cuando noté que la pija se me puso dura de una, tambíen me asombré cuando veía que el curita lejos de disimular se quedó petrificado mirándome sin tapujos. Termine de enjuagarme y ya no dude en dirigirme a un wáter como simulando orinar, cuando me volví hacia la puerta abierta vi que el curita estaba detrás mío tocándose.

    Ya sin dudar lo tome del brazo y lo metí en el cubículo del wáter y cerré la puerta, al instante, sin mediar palabra se arrodillo y comenzó a mamarme la pija que la tenía hecha un tronco. Lo hacía con desesperación, como algo realmente deseado de hacía mucho tiempo, lo lamia, se metía los huevos en la boca y volvía a recorrer el tronco con avidez hasta llegar al glande y se la metía hasta que yo sentía que topaba en su garganta.

    No aguante más y me descargué en su boca, él chupaba mi leche con avidez y yo sentía como saltaban mis chorros y él no dejaba escapar ninguno y los tragaba con desesperación. Después lo desnude, tenía un cuerpo hermoso, velludo, bien masculino, comencé a chuparle la cola que me la ofrecía como un trofeo, la pija ya estaba dura de nuevo, entonces sin miramientos lo penetre hasta las bolas. El curita se movía queriendo comérsela toda, era realmente una delicia de macho caliente suspiraba y me pedía mas, no aguante mas y me corrí dentro de él, mientras él se acababa y su leche saltaba por todos lados.

    En la próxima entrega les termino de contar como siguió esta historia real.

  • El regalo: Un antes y un después (Decimocuarta parte)

    El regalo: Un antes y un después (Decimocuarta parte)

    Se podría decir que aquella noche previa al viernes, se convirtió en la puerta cerrada que yo sin pensarlo bien, decidí abrir.

    Cuando me encontré con la posibilidad de mostrarle al idiota jefecito de mi mujer, que yo era el único hombre en la vida de Silvia, no me lo pensé dos veces. ¿Quería verla? ¿Regodearse con la imagen de mi esposa, modelando para él, los trajes que le había obsequiado? Ok, le daría ese gustico, adornado por una escena de sexo fuerte y procaz con Silvia, recibiendo mis embestidas, haciéndola gemir nuevamente hasta delirar y entre gritos, que gritara delante de él, mi nombre. El de su único hombre, su gran amor. Con eso creí que bastaría. ¿Error?

    Coloqué un sillón al lado del sofá, porque estorbaba el paso de mi mujer cuando viniera caminando del pasillo. La mesa del comedor la desplacé hasta dejarla bien pegada al muro que dividía esa estancia con la cocina. Una lámpara de pie, la adecué de tal modo, que brindara una iluminación indirecta, aunque con la claridad necesaria para que la imagen tomada desde el teléfono móvil de mi esposa, le dejara una buena visualización del espectáculo al enamorado y aburrido espectador.

    La mesita de centro la retiré por completo, para darle a Silvia, el espacio suficiente para dar una o dos vueltas mostrando elegantemente, la perfección de su cuerpo y de forma coqueta modelar los vestidos elegidos por ella, cancelados con gusto por su jefecito.

    También reparé en las puertas de cristal del balcón, las cuales abrí de par en par y sobre el muro, acomodé, el cenicero, la cajetilla de cigarrillos y el encendedor. Adicionalmente, una botella de aguardiente sin destapar, para entrar los dos en calor, junto a dos angostas copitas de cristal.

    Pasaban los minutos y mi esposa no llegaba. Me asomé un poco mirando hacia la profundidad del pasillo… Nada, solo oscuridad. Así que me dirigí intrigado hacia la alcoba, para casi darme de narices con la puerta cerrada. Que estaría sucediendo allí. ¿Hablando con su jefe a solas? Pegué mi oreja a la madera de la puerta, sin lograr escuchar palabra alguna.

    Decidido, tomé la perilla y la giré. Nuestra habitación estaba a oscuras. Silencio casi sepulcral.

    —¿Silvia? Amor… ¿Qué pasó? —Sin poder verla, desde nuestra cama la escuche decir…

    —No voy a seguir tu jueguito de macho dominante. Eso es lo que sucede. ¿Qué pasa contigo? Quieres exhibirme como tu trofeo. Piensas acaso… ¿Qué me gusta sentirme como una vaca con moño y cencerro en mi cuello, dispuesta para exhibición en una feria ganadera de pueblo? Pues si es así, déjame decirte qué estas completamente equivocado. Conmigo no cuentes para tus estúpidas ideas de venganza machista.

    —Pero que estás diciendo mi vida. Solo pensé que podríamos jugar un poco con el morbo de tu jefecito, dejándole en claro que se fuera olvidando de su ilusión de conquistarte. Y de paso, lograr que en su lejano encierro, pudiera desfogar sus ganas. Quizás que mientras nos viera juntos, se hiciera una paja mientras regresa como un corderito al lado de su esposa y se calme.

    —Pues la paja ya se la hizo, gracias por tu misericorde preocupación.

    —Ya veo, Silvia… Seguramente colaboraste bastante para ello.

    —Puedes pensar lo que quieras. ¿Sabes? Ya no me importa. Mira Rodrigo, ese plan tuyo de víctima no te queda. ¿Qué quieres más de mí? ¿Hasta cuándo voy a tener que cargar con esa lápida de mármol a cuestas?

    —Te busqué, te pedí que regresaras porque comprendí lo absurda y vacía que sería mi vida sin ti. ¡Dos hijos, Rodrigo! Dos hermosos niños que parí con dolor y con mucho amor te regalé. Tantos años a tu lado, luchando junto a ti, formando una familia y tratando con mis acciones, de obtener tu perdón. Sí, Rodrigo, esas palabras que nunca me dijiste, las que llevo esperando escuchar de ti. Y mírate. Convertido en un ser celoso, preocupado porque otro hombre se haya fijado en mí. Pero él no me tiene, aquí estoy. Lo he estado siempre y me tienes tú aquí, contigo todos los días con sus noches. Confía un poquito más en mí. Eso te pido.

    —Silvia yo…

    —Tú nada Rodrigo. ¿Qué pretendías? ¿Demostrar lo muy hombre que eres? ¡Lucirme delante de él! Claro, por qué mejor te lo presento y en su cara le dices que eres mi macho, el único que puede culearme a placer, cuando y donde tu decidas, porque te pertenezco, porque un día al firmar en el juzgado nuestro compromiso, en alguna cláusula que no leí, rezaba que yo me convertiría en propiedad tuya. Exclusiva, sin voz ni voto… ¿Sin derecho a rechistar?

    —Nunca he pensado eso Silvia. Si me dejas explic…

    —Pues te equivocas, estoy cansada de demostrarte mi amor y fidelidad. Cometí un error, pero eso fue hace muchos años, cuando aún dudaba, cuando me sentí tan desplazada por tus sueños de ser el mejor en todo. Olvidándote de hacerme reír, de vivir feliz conmigo, centrándote en tus estudios. El mejor claro, el súper hombre, así como en el barrio a punta de peleas te hacías un nombre para que todos te tuvieran miedo y huyeran de ti al verte por ahí.

    —¿Dónde quedo eso que decías que me apoyarías, que no te interpondrías en mi desarrollo personal y laboral? Dónde están esas bonitas palabras… ¿Cómo eran? ¡Ahh sí!… «No eres mi propiedad y confió en ti». ¿Dónde Rodrigo, dónde?

    —No soy ya más esa niña inexperta, soy una mujer hecha y derecha. Madre de dos hijos, por si se te olvida. Con uso de razón, el suficiente para saber cuándo alguien me está echando los perros y una mujer con el suficiente carácter y entereza para detener los avances de un hombre que tan solo está confundido por la traición de su puta esposa.

    —Mira Rodrigo y para que te quede bien claro. Cuando, donde y con quien, decida abrirme de piernas y dejar que me hagan o me deshagan, te lo voy a decir antes. Tenlo por seguro. Y ahora ese señor, el que es mi jefe y tanto temes, mantiene fantasías con su secretaria como la mayoría de los hombres, y te aseguro que él no es mi prioridad.

    —Lo siento mi vida, tienes razón pero no es necesario que…

    —¿Pero en que estabas pensando? ¿Qué idiotez era esa de mostrarme? Te aseguro que si lo hubiéramos hecho, obtendrías exactamente lo contrario. En lugar de apaciguar sus ganas de mí, acrecentarías su deseo de encamarse conmigo. Te imaginas todos los días próximos persiguiéndome, mirándome de manera obscena y lujuriosa. ¿Es eso lo que quieres? Por qué te recuerdo que la próxima semana estaré lejos de aquí, distante de ti y muy cerca de él. Si es lo que deseas dímelo y de pronto me convierta en una bella genio y les haga realidad a ustedes dos sus deseos.

    —No Silvia, ¡por Dios! cómo se te ocurre. Yo te amo y no me gustaría que eso sucediera. Ven, vamos a calmarnos y olvidar todo esto, te parece.

    —No, Rodrigo, será difícil para mí olvidar esta noche. Lo que empezaste bien con tus manos, lo acabaste de joder a patadas. Mejor vete a dormir a tu nave espacial. No te quiero cerca esta noche. Déjame dormir sola.

    ¡Mierda! Lo había jodido todo. Silvia había dejado muy en claro que su jefe no era ninguna amenaza para mí. Otra noche de vuelta a mi soledad.

    —Buenos días muchachas. Necesito que hoy me colaboren en ubicar algún buen hotel en Turín. —Les expresé a Magdalena y a Amanda, mientras desactivaba la alarma y girando la llave, abría la puerta de la oficina.

    —¡Genial! Silvia, eso quiere decir que… Te ves radiante, de seguro tu maridito te chupó todos los deditos de tus pies. ¡Oh, mi diosa del placer! Jajaja. —Me dijo Magdalena, orgullosa de mi, su gran amiga.

    —Hubo algo, sí. Pero necesito de tu colaboración Magda. Quiero que me ayudes a escoger de entre mi vestuario que podría llevar para sin llamar la atención, no pasar tan desapercibida. Necesito verme elegante pero no como la típica secretaria rígida y anticuada. ¿Te parece?

    —Por supuesto tesoro, cuenta conmigo. Esa es una de mis especialidades. Vas a ver como dejas con la boca abierta a esos italianos. Y de paso le alegras el ojo a nuestro «ogro».

    —Vamos Magdalena, ya no le digas así, mira que ha cambiado bastante y hasta abogó por nosotras para que nos subieran el salario.

    —Es verdad Silvia. Pero tesoro, sigue siendo «nuestro ogro», aunque un poco más tierno, como Sherk. Pero no tan gordo, ni tan feo y por supuesto para nada un viejo verde. ¡Jajaja! —Respondió Amanda, trayendo en sus manos, como casi todas las mañanas, mi taza de té y la suya con café. ¡Si supiera ella, cuánta razón en sus palabras!

    —Bueno… ¿Y a qué horas vamos a mirar vitrinas? —Preguntó emocionada Magdalena.

    —Pues a ver, creo que le pediré otro permiso a don Hugo. Esperemos que nos llame después de que el asista a su reunión. Yo creo que a la hora del almuerzo se lo consultaré.

    —Pero será que si nos dejara salir otra vez antes de tiempo. —Me preguntó Amanda con justa razón.

    —No se preocupen por eso chicas, yo me encargaré de convencerlo. Además debe comprender que es por una buena causa, para lucir perfecta al lado de él. —Y me eche a reír.

    —Bueno, ahora sí, menos charla y más trabajo. Pongamos a funcionar esta oficina. Las insté a comenzar nuestras diarias labores. Señora Dolores, buenos días. Podría usted por favor, ¿conseguirme algo para desayunar en la cafetería del primer piso? Le agradezco, hoy salí de prisa y no pude desayunar.

    Dormí un poco más, aprovechando que mis hijos sin colegio ese viernes, estaban con su abuela y el padrastro de Silvia. Tenía tiempo suficiente así que hice un poco de pereza. No se me hizo para nada extraño que mi esposa no me despertara, seguramente estaría aun ofendida, pero me llamaría luego para desayunar.

    Entré en el baño auxiliar para ducharme y luego de afeitarme, salir de nuevo para la habitación de invitados y acomodar el sofá cama, doblando con cuidado las sabanas y la colcha. Luego aun en toalla me dirigí hasta nuestra alcoba para vestirme allí.

    La puerta estaba abierta y no veía movimiento. Silencio. Y en el baño tampoco se encontraba mi mujer. Estaría preparando el desayuno aunque no se escuchaba el trastear de ella en la cocina. Me vestí en calma, y posteriormente salí, atravesando el corto pasillo hasta llegar a la cocina, pensando en hacerle alguna broma, que bajara la tensión entre los dos.

    Cocina vacía, mirada mía alrededor. Nada en el comedor ni en la sala. Mucho menos en el balcón. Silvia no estaba, el desayuno que esperaba recibir, también brillaba por su ausencia. No pensé aquella mañana que las cosas estuvieran tan mal. No era para tanto, creía yo.

    Al llegar al concesionario, malhumorado por mi situación, saludé a los que había por allí sin muchas ganas. Directo a la máquina expendedora. Un café, un pastel de pollo. Los mismos catorce pasos para desayunar de pie. Un cigarrillo fue el postre y un trident de hierbabuena para iniciar la acción.

    Ya sentado en mi cubículo, tarde como siempre, escuché el taconeo apresurado, la carcajada por usual saludo y la algarabía barranquillera en su voz, para hacerse notar.

    —Y ajá, nene buenos días. ¿Qué vamos a hacer hoy? —Me preguntó y yo, sin dejar de mirar la pantalla del ordenador le respondí secamente…

    —Buenos días. Para hoy puedes empezar por buscar otro escritorio donde colocar tus cosas. Creo que ya has concluido tu inducción y con altas notas. —La escuché suspirar. Segundos después, de nuevo aquel sonido de sus tacones pero más mesurados, alejándose despacio de mi escritorio.

    ¿Pretendía ella que todo seguiría igual entre los dos? ¡Qué ilusa! Por más hermosa que me pareciera, cuando me siento traicionado u ofendido reacciono igual. Esa persona se me va saliendo del rincón de mis afectos.

    No estaba enojado por eso en verdad, pero si me sentía decepcionado, bastante. Por eso siempre preferí trabajar sin acompañantes, hacer mis cosas solo. ¿Para qué dar sin recibir? ¿Para qué esperar de alguien, lo que no me puede entregar? ¡Falsas promesas de sincera amistad!

    Una cliente menos, pero tenía en la mira otro probable negocio en las cercanías de Madrid. Así que me dispuse a preparar una oferta irrechazable. Una tabla de colores nueva, algunos suvenires para provocar recordación. Ya estaba terminando de alistar todo en mi maletín cuando la voz de mi jefe se escuchó con fuerza por toda la vitrina.

    —¡Cárdenas a mi oficina! Y usted también, señorita Torres.

    ¡Mala cosa! El qué don Augusto me llamara por mi apellido no era una buena señal. Respiré profundo y enfilé mis pasos hasta su oficina.

    —Buenos días jefe. ¿Para qué soy bueno? le dije yo. Antes de que por mi espalda llegara Paola.

    —Rodrigo, se te encargó la labor de enseñarle a la señorita Torres todo lo referente a las ventas. En serio crees que en cuatro días ella ya se encuentra enterada de todo… ¿Para que la despaches de tu escritorio? —Me lo soltó franco y directo, como solía ser él.

    —Yo, sinceramente pienso que es una alumna muy aventajada. De hecho ya hasta roba clientes y eso no se le enseñe yo. Creo que se lo aprendió a Federico ayer en su desayuno. ¡Es que el anda entre la miel, algo se le pega! —Hablé sin tapujos ni cortapisas.

    —Y ajá, pues que te quede claro que yo no tenía idea de que la mamá de mi novio fuera cliente tuya. —De inmediato Paola contraatacó–. Y mi novio insistió en que fuera yo la que los atendiera de ahora en adelante o se irían de compras a la competencia. En serio lo lamento, pero yo no estaba enterada de que eras tú quien les proveía los camiones, hasta que te ví fuera del almacén. —Y dicho esto, fue mi jefe el que tomó control de aquella conversación.

    —Los clientes no son de ustedes, pertenecen a la empresa y por lo tanto ustedes dos deben ponerse de acuerdo en quien los va a atender. No podemos permitirnos perder negocios. O lo definen entre ustedes o las comisiones por las ventas serán para la gerencia.

    —Pues yo no tengo problema Jefe, igual no será el primer negocio que me roben y tengo ya preparada, otra visita. Por eso no necesito venir a poner quejas. «Lo que por agua viene, por agua se va». Y ya no quiero seguir con ella a mi lado. Voy a trabajar solo como siempre. Con el respeto que usted se merece jefe, si no le parece me avisa para dejarle mi puesto libre. No nací aquí, tampoco he de morir. —El rostro de mi jefe se mantuvo sereno, aunque me pareció estar a punto de explotar.

    —Rodrigo, yo no puse ninguna queja, fue Federico el que se metió al verme llorar. —Me dijo Paola, aunque no me importó, pues yo estaba más pendiente de la reacción de don Augusto, ante mi ultimátum.

    —Bueno pues entonces, para no hacer más larga y tediosa esta reunión, Paola tu continuaras llevando bajo tu responsabilidad ese negocio. Y hablaré para que te adecuen un puesto de trabajo. Y tu Rodrigo, más te vale que dejes tu soberbia a un lado y consigas más negocios. Y no lo digo por esta empresa sino por tu bolsillo. ¿A dónde piensas acudir? —Me preguntó mi jefe, sarcástico pero sin explotar. Paola me observo un instante, tenía en verdad algo de humedad en sus preciosos ojos verdes, pero salió de nuevo de la oficina para dirigirse hacia el refugio que le brindaba ahora, el pesado de Federico.

    —Voy para Torrelaguna, a cerrar una venta. No será mucho, pero de granito en granito, la gallina llena el buche. —Perfecto, me estas comunicando el progreso–. Respondió mi jefe, confiado en mis habilidades y compromiso. Y estrechando su mano, procedí a salir del concesionario.

    Una hora y media más tarde ya me encontraba persignándome frente a las puertas de la gótica Iglesia de Santa María Magdalena. Ya había estado allí anteriormente, con mi familia, al poco de llegar a este país. Todo parecía tan bueno, éramos tan felices y ahora, atravesábamos valles de inquietudes, senderos amargos causados por agentes externos empeñados en dividirnos.

    Miré mi reloj y me percaté, qué en unos minutos ya serian la diez de la mañana. Me preguntaba si me llamaría, pero definitivamente, primero era cumplir la cita, después trataría de arreglar las cosas con mi mujer.

    Me concentré en revisar con calma y más a fondo los documentos que me había entregado Francesco Bianco. Tomé la primera de las carpetas y me dirigí hacia la maquina fotocopiadora para poder imprimir unas copias y de esta manera poder subrayar cifras y comparar datos. Magdalena hablaba por su teléfono móvil con alguien y cuando me vio allí cerca se sobresaltó. Me observó por un segundo, alzando sus ojos para a continuación, apartarlos agachando su cabeza y luego bajar el tono de su voz. Seguramente pensó que le iba llamar la atención, pues de manera nerviosa, culminó su llamada.

    Angustiada, y sin yo demandarle alguna explicación, me comentó que era una amiga que le había invitado a almorzar. Ya estaba por «chismosearle» quien era su amiga y adonde irían, cuando escuché el tono de llamada de mi móvil, colocado sobre mi escritorio. Pensé que fuera mi esposo y realmente no tenía ganas de hablar con él, aún no.

    Seguía ofendida con Rodrigo, así que no me afané en alcanzarlo y responder. Pero volvió a sonar y vibrar. Tanto Amanda como Magdalena me hicieron señas de que tomara la llamada, por lo tanto recogí mi teléfono y me apresté a responder.

    —Silvia, buenos días. —Era mi jefe y no mi esposo. Tampoco me sentía preparada para hablar con don Hugo. La noche anterior le había cortado de manera intempestiva, una salida bastante vulgar ante su propuesta de que le modelara los vestidos.

    —¡Jefe buenos días! ¿Cómo amaneció usted? —Excelente Silvia, aunque me quedé un poco preocupado por ti–. Me contestó amablemente.

    —¿Y eso porque don Hugo? —Le pregunté. Aunque intuí por donde iban a ir los tiros.

    —Pues Silvia, por la situación de anoche con tu esposo. ¿Todo está bien entre ustedes?

    —Claro que sí señor. No era nada importante don Hugo. Tan solo que no encontraba un calcetín. Es un poco desordenado y soy yo la elegida después, para solucionarle sus pequeños problemas. Discúlpeme por dejarle así a mitad de nuestra conversación.

    —Menos mal. Me quede pensando en que podría convertirme en un obstáculo entre ustedes, con mis llamadas tan tarde. —¡Jajaja! No señor. Rodrigo no es para nada celoso. Le respondí, mintiéndole obviamente. —Y comprende claramente, que entre usted y yo, por temas laborales debemos estar conectados sin importar la hora. Despreocúpese.

    —Ok, perfecto, me quitas un peso de encima, no quiero que tu esposo piense que me interesas, más allá de lo laboral. Pero si te soy sincero, me quedé con las ganas de verte otro rato y hablar contigo sobre lo que me preguntaste. Lo mío con mi esposa. —Me aclaró.

    —Claro que si jefe, permítame un momento y reviso en su oficina. ¡Ya! Sí señor. Deme unos minutos que estoy encendiendo su computadora.

    —¿Qué? ¿Cómo así? ¡No te comprendo Silvia!

    —¡Shhhh! Jefe, es para que podamos hablar con algo de privacidad. Le dije yo bajando mi voz y acomodándome en su silla giratoria. —Listo, don Hugo. Ya podemos hablar. Cuénteme como le fue con su esposa. ¿Hablaron? ¿Se arreglaron?

    —¡Pufff! Silvia, hablar hablamos. Entenderla no lo sé. Me pidió que guardara silencio y que la dejara hablar. Que iba a ser completamente sincera. —Y qué le dijo jefe. ¿Por qué hizo lo que hizo? ¿Por qué le puso los cachos? —Intrigada le pregunté.

    —Aburrimiento, una búsqueda de renovación personal de energía. Y también una necesidad de conocer sobre el sexo. La verdad, me da pena comentártelo pero te considero una amiga muy especial. Eres mi ángel y confió en ti. —De nuevo yo, convertida en su amiga y por supuesto seguía siendo para él, su ángel. ¿Me vería cómo su premio de consolación?

    —Parece ser, –según me explicó– que se sentía descuidada por mí, sexualmente hablando. Por lo visto nuestras relaciones sexuales se fueron convirtiendo en algo rutinario y monótono. Pasaron a ser un mero trámite. Y tiene razón pero yo Silvia, no me di cuenta. Sabes el nivel de estrés que manejo y la enorme responsabilidad que tengo encima de mis hombros. —Su voz la escuché resignada y llena de culpabilidad.

    —Me comentó que nadie la impulso a hacerlo. Ninguna de sus amigas, me lo juró. Que fue una decisión espontanea que le llegó una tarde. Me dijo que se dio cuenta de que había hombres y mujeres que se compartían el amor sin prejuicios ni egoísmo. Y otros a los cuales ella les llamaba la atención y que se fueron sucediendo varios encuentros en principio, normales entre ella y algunos conocidos de sus amigas. También de uno de los instructores del gimnasio que frecuenta.

    —Se sintió diferente. —Me habló apesadumbrado y sin embargo continuó–. Como renacida, Silvia. Aceptando de buen grado miradas y adulaciones. Finalmente meses atrás, cedió a una invitación. Luego otras más. Y me dolió su sinceridad. ¿Pero sabes que me desbastó? —Sí señor, lo imagino bien. Le respondí. Fue verla en… ¿Acción?

    —Sí, Silvia. Hacerlo a mis espaldas, traicionando mi confianza. Sin hablarlo conmigo. Sin tenerme en cuenta. No me dio la oportunidad de cambiar y tomó la decisión de experimentar. ¡Solo sexo! Sin involucrar lo sentimental, según ella. Y que cuando se dio cuenta de las diferencias, comparó lo que había vivido con sus amantes y lo que tenía tan diferente conmigo. Pero que me ama y no desea que termine lo nuestro. —Se hizo un corto silencio, en el cual pude escuchar un leve llanto. Luego tomó aire suspirando y prosiguió.

    —¿Tú lo entiendes Silvia? Porque yo aún no lo concibo. ¡Traicionarme! Buscarse amantes. ¿Para qué? ¿Para compararme? Me sentí muy mal al escucharla, se me revolvió la bilis y no pude soportar más aquella confesión que no solo me hacía sentir hundido sino que afectaba mi… ¡Mi ego de hombre!

    —Hummm, jefe, eso fue muy fuerte. Lo entiendo. O mejor, a usted si, a ella no.

    —Jefe, por favor no lloré más y cálmese. Creo que tiene en unos momentos la reunión. ¿No es verdad? —Si Silvia. Es verdad–. Me respondió.

    —Entonces don Hugo, dejemos por ahora este tema aquí y si le parece con más calma lo hablamos personalmente y entre los dos, le buscamos alguna solución. —Tienes razón, como siempre mi ángel.

    —¡Jefe! antes de colgar… ¿Será que puedo abusar de usted nuevamente y autorizarme a salir una hora antes hoy también? —¿Y eso Silvia? Antes no solías pedir tantos permisos. Que necesitas, dime.

    —Jajaja, no es nada raro. Ayer pues ya vio usted, sesión de peluquería y pasar revista a las vitrinas. Estoy preocupada por vestirme bien para la visita a Turín y esta tarde me gustaría que Magdalena me acompañe hasta el piso para ayudarme a elegir la ropa para usar allá.

    —Debería decirte que no, por no dejarme a mí ayudarte con ese tema. —Me respondió ya de mejor ánimo.

    —Hummm, jefe estaba mi marido allí. Además es mejor que se sorprenda al verme la otra semana. Allá tendrá tiempo para admirarme. ¿No le parece a usted? ¡Jajaja!

    —Está bien Silvia, pero que Amanda permanezca en la oficina hasta el horario habitual, para evitar rumores. —Está bien jefe, tiene razón, le respondí–. ¡Ahhh! Silvia, se me olvidaba un detalle. Por favor, mi regreso no será esta noche, no quiero ni puedo ver a la cara a mi esposa. Consígueme vuelo para mañana temprano. Llegaran mis padres con los niños y saldremos a medio día para el chalet en la Sierra. —Ok, señor. Ya me ocupo de ese tema y le confirmo la hora. Feliz resto de día y gracias

    —Lo mismo para ti. Ya deseo regresar para verte.

    Y terminé la llamada, fijándome de que fuera, mis compañeras hubieran asumido que yo trabajaba en algo. ¡Pufff! Aquel hombre no cesaba en pensar en mí. Menos mal que no le seguí el juego a mi esposo, pues de haberlo hecho, las cosas entre mi jefe y yo, podrían pasar a mayores.

    Apagué el ordenador y salí de allí hacia el escritorio de Magdalena para comentarle del permiso otorgado y a Amanda, la mala noticia de que debería permanecer allí. De la habitual llamada a mi esposo, esa… ¡La dejé pasar por alto!

    Afortunadamente para mí, cuarenta minutos después, salía caminando hacia la plaza central, con una orden de compra bajo mi brazo. Y la sonrisa triunfante de un buen negocio, la verdad nada del otro mundo pero era algo que antes no tenía y en esos momentos agradecí a Dios, pues fue una pequeña gloria, otra batalla ganada. ¡Hambre! Si esa fea sensación de vacío en mi estómago, acompañado por un gran bostezo. Miré a mí alrededor y me fijé en un restaurante con una preciosa terraza exterior al cual me dirigí.

    Realmente no me complico la vida, pedí que me sirvieran una porción de arroz coreano con verduras y huevo, algas y algún tipo de col fermentada. Té por supuesto. Sí, sin darme cuenta terminé en almorzando comida oriental. Entre bocado y bocado, revisaba el móvil, ninguna llamada de Silvia, por supuesto de Paola ni más pero si un mensaje que por algún motivo no escuche. Era de Eva, la preciosa bartender, invitándome a una discoteca esa noche de viernes, con gracia terminó su mensaje escribiendo que era una invitación para una sola persona, y no que fuera a aparecerme con mi esposa.

    Un emoticón de un muñequito morado sonriendo con malicia, culminaba la línea del texto. Miré de inmediato mi dedo anular y sonreí. Giré mi alianza matrimonial con los dedos de mi otra mano, recordando cuando años atrás, una compañera de la universidad, que en todos los semestres me miraba como un culo, sin yo haberle hecho algo malo ni cruzar palabra alguna, hasta que finalizando el ultimo, cuando se enteró de mi compromiso con Silvia, decidió hablarme, declarándome su amor y llevándome a… Pero bueno, esa es otra historia que no viene al caso.

    —¿Qué postre va a elegir el señor? —Me preguntó con un marcado acento asiático la mesera. Un café negro con dos de azúcar por favor y le sonreí. Ella igualmente correspondió mi gesto y haciéndome una venia de dio vuelta dejándome en una bandejita la cuenta. Casi se me salen los ojos de las orbitas al observar el valor de lo consumido. Obviamente culpa mía por meterme al primer lugar sin consultar otros lugares, como siempre me recomendaba mi mujer.

    De regresó en mi auto hacia la ciudad, coloqué en el reproductor el Cd de Maná, «Revolución de amor» del 2002 y Justicia, Tierra y Libertad, el primer track que dio inicio al persistente retumbar de las cuatro bocinas, con los acordes desgarrados de la guitarra de Carlos Santana, dentro del habitáculo de mi Mazda. Poco menos de una hora para devolverme hasta el concesionario, tomando la ruta más corta. Media hora después acompañaba con mi voz de tarro, la de Fher. «Mariposa traicionera», cantaba a pleno pulmón y en mi mente la sensual imagen de aquella chica en el videoclip, culminando la infidelidad conseguida en un baño y bueno, para terminar con la otra chica en ese beso sensual al lado de la barra.

    Concluí aquella tarde, con un cigarrillo en mi boca, reposando mi trasero sobre el cofre tibio de mi auto en el parking, antes de ingresar a la vitrina de ventas. No llamé a Silvia, ella tampoco lo había hecho a las diez. Un mano a mano entre los dos. Ella y sus razones. Yo con mis convicciones.

    —Hola jefe, regresé. Aquí está la orden. Finalmente la hija de mi cliente se decidió por el hatchback y de rojo su color. —Le dije a don augusto, colocando la carpeta con la orden firmada y remarcada con la huella digital, justo al lado.

    —¡Ese es mi muchacho!–. Me respondió mi jefe, dándome una pequeña palmada en el hombro. —Voy a alistar otras propuestas para la otra semana y si no hay inconveniente me agradaría salir un poco más temprano hoy.

    Y le ofrecí mi mano por encima de sus pequeñas gafas colocadas cerca de los documentos que acababa yo de dejar sobre su escritorio. Don Augusto sonrió, no me dijo nada más y tan solo me estrechó con fuerza mi mano. Asunto resuelto. Salí de la oficina hacia mi escritorio y con disimulo busqué a mi rubia tentación, mas no la vi por ninguna parte.

    Saliendo del concesionario recibí la llamada de Martha. La esperaba sí, pero sabiendo lo que conocía de ella y de su baboso esposo, aún no tenía idea de cómo colaborarle en su reconciliación.

    —Hola Martha. ¿Cómo va todo contigo? —Hola Rodrigo, no muy bien la verdad. Me vendría bien hablar con alguien de confianza, alguien como tú.

    —Bueno Martha, la verdad es que iba para mi piso a descansar pero si quieres podemos vernos por ahí y tomar algo. —Le respondí.

    —Me encantaría. ¿Te gustaría verme en el mismo lugar? ¿Cómo en media hora? —Perfecto, salgo entonces para allá. Nos vemos en un rato–. Y colgué la llamada.

    Al parecer lo que Silvia pensó haber logrado al hablar con su jefe, no fue tan así. Noté a Martha angustiada y triste. Lo peor era que si buscaba en mí, algún consejo, aún no aparecía en mi firmamento alguna estrella fugaz que lo iluminara.

    Cuando descendí de mi coche dejándolo en el mismo parking de la vez anterior, mi móvil en el bolsillo de mi camisa, comenzó a vibrar y sonar. Encaminándome hacia aquella cafetería, tomé la llamada.

    —Hola. —Tan solo esa fue su palabra para saludarme.

    —¿Qué tal? ¿Cómo están los niños? —De la misma manera fría y seca que Silvia me saludó, lo hice yo también. Desviando la atención de su llamada hacia el estado de mis hijos y su permanencia en casa de mi suegra.

    —Rodrigo, no me llamaste a mediodía. —Tú tampoco lo hiciste a las diez–. Le respondí.

    —Es que estaba ocupada en una reunión. Los niños están felices como siempre. —¡Ahh! Fíjate que yo igual con un cliente. Me alegra por mis hijos. Pienso llevarlos mañana al parque y al centro comercial a comer helado–. Terminé por anunciarle.

    —Lo siento Rodrigo, no va a poder ser. Precisamente te llamo para avisarte que Alonso nos ha invitado a pasar el fin de semana en la Sierra. No me pude negar, ya sabes cómo se pone mi mamá con los desplantes ante las invitaciones de mi padrastro. Y no te dije nada pues pensé que tal vez deberías trabajar. Lamento no haberte llamado para consultarlo contigo y estropear tus planes. —Vaya, llevo días sin poder verlos, seguro que me extrañaran.

    —Si por supuesto, ellos te aman con locura. También te extrañan y te mandan saludos, pero estarán muy felices de pasar estos días de paseo. El hotel tiene piscina y varias actividades para ellos. —Me respondió.

    —Sí, seguro. Y piensas seguir con esta estupidez. Porque la verdad Silvia, ya me estoy cansando de tus actitudes y reproches. No pretendí ofenderte anoche. Quería que entre los dos le diéramos una lección de amor a ese señor. Pero estas confundiendo las cosas y lo estás llevando muy lejos. En serio te lo digo. No eres para mí un trofeo que mostrar. Al contrario eres la mujer de la cual estoy orgulloso de llevar a todas partes cogida de mi mano. Pero a ti parece ya no importarte. Estas cambiando y no me gusta eso de ti. Para nada.

    —¿Me estas amenazando Rodrigo? —Me respondió altanera y elevando el tono de su voz.

    —¡No! Solo te estoy explicando cómo me estás haciendo sentir con todo este temita tuyo con tu jefe, tu empresa, los obsequios y ahora el viajecito de la otra semana. ¡Por Dios Silvia! Date cuenta mujer. Analízalo, ponte por una vez en tu vida de mi lado. Ese señor lo que quiere es estar contigo, busca joder nuestra relación. Y creo que lo está consiguiendo. —Le hablé esa tarde con honestidad. Exponiéndole mis temores.

    —Ya te dije claramente que no. Que entre él y yo no existe nada de índole sentimental. Mi jefe solo me trata bien. Me aumenta el salario para que pueda yo descansar de llevar y recoger a nuestros hijos del colegio. Y se preocupa por mí. Él solamente valora mi desempeño laboral, alaba mi esfuerzo y desea que yo consiga superarme día tras día. Pero Rodrigo, tú en cambio, te enojas por todo, me celas y solo deseas tenerme a tu lado. Tal vez quieras verme todos los días en la oficina, cubierta con una bolsa en la cara para que nadie me mire. Eres muy celoso. Yo también estoy cansada de todo esto. De pedir que confíes en mí, pero sigues pensando que me voy a abrir de piernas con todo aquel me lo pida. Y eso me ofende mucho. Me estas insultando Rodrigo, no soy una puta. ¡No soy tu puta propiedad! —Y me colgó la llamada.

    Continuará…

  • Delicioso con mi prima

    Delicioso con mi prima

    Soy Manuel y este relato que pasó entre mi prima y yo es 100% real.  Sucedió ya hace unos ayeres, la familia de mi padre proviene de Toluca y les gusta venir a mi casa la cual se sitúa en un Pueblo de Querétaro. (muy bonito por cierto), es tradición el venir y reunirse en mi hogar la verdad es que no hablo mucho con ellos por el simple hecho de que los frecuento muy poco y no tengo esa confianza para llevarme de lo mejor con ellos, aparte de que la mayoría de mis tíos o primos ya son muy grandes entonces no tengo nada en común con ellos a excepción de una prima que solo me lleva un año, ella es una chava muy sociable y siempre trata de crear conversación, por ser como es, puede conocerla mejor y llevarnos bien tanto que hasta me las terminó dando.

    Ella y su familia no eran de los que frecuentaban venir a las reuniones a mi casa así que solo la veía en ocasiones, platicábamos o jugábamos así hasta que llegamos a la adolescencia y nos centrábamos en conversaciones ya más locas “ya tienes novio(a), quien te gusta, eres virgen etc. etc.”, cosas de chavos. Comenzamos a crear más confianza entre nosotros que ya nos buscábamos para hablar por redes sociales, al inicio lo tomaba todo muy normal sin ninguna mala intención hasta que algo dentro de mi cambio, comencé a pensar en ella o fantasear (la maldita calentura). Para ese entonces yo tenía 20 años pareciera que entre a una etapa en la que solo quería remojar la brocha, de igual forma yo ya me había dado cuenta que mi prima no era una santa por todo lo que me había confesado ya tiempo atrás.

    Entonces esta historia toma forma cuando un año si vino de visita a mi casa, esa tarde no la pasamos juntos platicando y en todo ese tiempo no dejaba de excitarme con ella, la verdad es que ella no es una chica muy atractiva o de bonito cuerpo, medirá 1.65 o 1.70, muy delgada, de senos pequeños y el culito igual pero como se los comente en ese tiempo andaba muy caliente que me daba placer su aroma el estar cerca de ella y verla caminar moviendo el poco culito que tenía (es una flaquita sexy).

    El día termino y era la hora de dormir entonces ambos nos fuimos a nuestros cuartos, pero yo aún no tenía sueño solo estaba en mi cabeza la puta de mi prima, saber que estaba en mi misma casa y yo con la verga bien parada, pasaron 15 minutos de que nos metimos a los cuartos cuando me manda un mensaje preguntándome si ya me había dormido, inmediatamente le conteste y comenzamos a charlar me comento que no podía dormir porque hacía mucho calor, con eso fue el inicio de todo y yo con unas ganas de coger, le escribí que se desnudara, a lo que me responde que no le daba pena y que tal y la veía alguien, como el caballero que soy le dije yo te cuido, solo me coloca un emoji sonrojado y uno riendo a lo que yo le mando uno de guiño.

    Paso un minuto para que me respondiera diciéndome que estaba loco así continuamos debatiendo entre sí o no hasta que mi prima se calentó y comenzó a darme entrada a lo cual me pregunta “y si te calientas por verme”, en ese momento solo estaba pensando en tenerla bien empinada y penetrándola, pero le respondí que me aguantaba las ganas y haciendo otra insinuación le pregunto “o se vale tocar”, solo estaba atento a su respuesta y pensando en las porquerías que le quería hacer, cuando me contesta “solo un poco”, rápidamente me levante de la cama busque entre mis cosas unos condones y rápido le contesto “ya voy a ir a tu cuarto entonces”, cuando me dice que no porque estaba su mamá en ese mismo cuarto, yo todo agitado pero aún caliente no lo deje así le dije que nos fueranos al jardín.

    Al principio se puso difícil de que tal y despierta su mamá y no la ve pero tanto era mi insistencia que termino accediendo a lo cual le dije que la esperaba en la sala, pasaron 5 minutos cuando ella llego junto a mí la tome de la mano y nos dirigimos hacia lo más profundo del jardín desvaneciéndonos entra la obscuridad para que nadie pudiera notarnos, llegamos al punto exacto donde concordaba todo una barda pequeña que funcionaba como banca, la sombra de los árboles que cubría aún más la poca luz que reflejaba la luna, mi prima se notaba algo indecisa o tal vez nerviosa al igual que yo mi corazón estaba a mil por hora aun no creía lo que pasaba al fin la tenía a solas para mí.

    Por ese momento olvide que éramos familia, ella me dice “y ahora que”, yo solo la tome de la cintura y comencé a besarla apasionadamente ella me respondía los besos mis manos recorrían su espalda para después besarle el cuello comenzaba hacer quejidos de excitación de ahí mis manos bajaron a sus pequeñas nalguitas a lo que ella solo murmuraba en tono de excitación “no esto no está bien primo, no, no, nos van a ver” cosa que a mí me valió un cacahuate, le desabroche el pantalón así pude meter mis manos para frotar esas nalguitas y sentir la lencería que traía puesta como ya les había comentado no tenía grandes atributos, pero en ese momento me parecieron perfectas muy suaves y esponjosas y con esa trusa chiquita que traía fue la cereza en el pastel.

    De ahí la despoje de su sudadera, su blusa, baje los tirantes de su bracier para poder sacarle una teta y mamársela a lo que hizo que se prendiera y me desabrochara el pantalón para sentir todo mi paquete, la volteé de espaldas hacia mí para meter mi mano en su caliente y jugosa panochita para jugar con su clítoris, con la otra mano recorrí su pelo hacia un lado para poder saborear su cuello y hombros, ella me mostraba lo excitada que estaba al exhalar tan cachondamente, lo mojada que se estaba poniendo y al frotar su mano en mi vergota, solo estaba pensando en “si me la voy a coger”.

    Le baje todo yo me senté en la tipo banca que estaba a lado me puse el condón y espere a que ella se acomodara y se sentara en todo mi miembro, sabía que no era virgen y que le gustaba la puteria y en esos sentones me lo demostró se movía increíble sentía que en cualquier momento explotaría de semen en ese hoyito tan caliente y mojado era tan excitante sentir como me chorreaba la verga hasta llegar a escurrir en mis huevos, yo continuaba besándola y mamándole las tetas recorriendo todo su cuerpo con mis manos hasta que me vine, esa noche sentí que me vine como nunca, al calmarse nuestro apetito de pasión nos vestimos y nos quedamos en silencio en uno muy incómodo pues ninguno de los dos sabía que decir, volvimos a nuestras habitaciones y a la mañana siguiente estábamos avergonzados el uno con el otro pero poco a poco nos volvimos a hablar como antes en el transcurso del día.

    No se mencionó nada de lo ocurrido de esa noche hasta tiempo después y todo porque nos volvimos a poner calientes, pero eso queda para otro relato.

    Si les interesa por favor dejen sus comentarios de que les pareció mi relato para que me anime a contar otra experiencia con mi prima caliente.

  • Aventuras y desventuras húmedas: Segunda etapa (3)

    Aventuras y desventuras húmedas: Segunda etapa (3)

    La vuelta a casa, aunque extraña porque apenas hablaron, estuvo llena de felicidad.  Ambos terminaron con una sonrisa en los labios y la promesa de que al siguiente hablarían para ver qué rumbo tomaba la relación.

    En una única tarde, los temores, la ira y el rencor que Sergio adquirió durante todos esos meses, se habían esfumado. ¿Tan fácil podía ser olvidar el pasado? Solo contempló la visión de un futuro que parecía ser esperanzador, quizá una relación diferente, alejada de la monotonía que destruyó la anterior. Lo pudo corroborar en el propio sexo, había sido más pasional, mucho más aguerrido que los que solían tener. Marta había gozado mucho más que en el pasado y si no llega a ser porque estaban en un lugar público, sabía que hubieran expresado su amor de forma mucho más obscena.

    Sergio llegó a casa con una sonrisa exagerada, en verdad se sentía feliz. Se notaba liberado, sobre todo en la parte inferior de su cuerpo, pero también de la carga mental. Había aparcado por fin el estúpido rencor que cultivó hacia su exnovia y que no le había dejado de pasar por la mente. Aunque ahora ya no era su exnovia ¿Qué eran? No encontraba ni nombre, ni título para clasificarla. Solo tenía una cosa clara, la tensión vivida esa tarde, sumado a felicidad que ambos derrochaban, era un síntoma claro de que la pregunta ya estaba en la mesa, “¿podría volver con ella?”.

    Pasada buena parte de la tarde y más cercana la noche, su padre salió para la fábrica después de cenar. En casa estaba solo con las chicas y su hermana ya se había metido en su cuarto a disfrutar de la soledad que tanto le gustaba. El entrechocar de platos que salía de la cocina delataba la ubicación de su madre. Sintiéndose feliz, quizá cercano al sentimiento que desarrolló en casa de Carmen, se acordó de Mari, la mujer a la que había prometido que intentaría ayudar y la había dejado de lado a las primeras de cambio.

    Había pasado ya un tiempo y su relación volvió a ser tan lejana como era antes del viaje al pueblo. Sin embargo aquel día su positivismo ante la vida era tal, que con decisión caminó hacia la cocina sentándose en la mesa y mientras su madre miraba sorprendida le dijo.

    —¿Qué tal estas, mamá?

    Mari torció el rostro mostrando un gesto de extrañeza, era muy poco habitual que a esas horas del día su hijo apareciera por allí y menos para hablar con ella. La mujer apagó el grifo de agua caliente con calma y dejó los guates en el cajón que quedaba debajo del fregadero con la misma pasividad, estaba cansada. El tiempo de complicidad con Sergio había quedado en el olvido, un sueño lejano al que acudía a veces mientras miraba por la ventana evocando buenos momentos, similares a los que vivió un su época de juventud. Sin embargo, en ambos casos, cada día los veía más borrosos.

    —Bien, algo cansada —contestó con voz apagada.

    —Ahora que no hay “nadie” en casa, —entrecomilló aquello sabiendo que Laura estando en su habitación no hacía caso a nadie— quería hablar contigo.

    —¿Conmigo? —la propuesta le pareció incluso descabellada— ¿Ha pasado algo?

    —No, mamá. —sonrió Sergio viendo la preocupación de su madre al sentarse a su lado— Te quería hablar de algo que me ha pasado hoy, es algo bueno… eso creo.

    —Vale, vale, Sergio… me había preocupado. —cogiendo una pera del frutero comenzó a moverla en sus dedos antes de morderla.

    —Es solo que… bueno… ayer estuve hablando con Marta, ¿sabes de quién te hablo?

    —Sí, claro, ¿Cómo no voy a saber quién es Marta? —A Mari aquella chica no le caía en gracia. Sabía de buena mano el dolor que le había hecho a su pequeño y eso no le gustaba ¿a qué madre le podría gustar?

    —Pues nada, básicamente me dijo ayer que quería hablar conmigo, que todo había sido muy precipitado y necesitaba dar la cara.

    —A buenas horas… —dijo sin contenerse dando el primer bocado a la pera.

    —Eso mismo dije yo… Pero el tema es que le di una oportunidad para explicarse. Al final creo que todo el mundo la merece. —días atrás ni se le hubiera ocurrido mencionar tal cosa sobre Marta.

    Mari sabía lo que venía después. Ese pero no le había gustado. “Un pero anula todo lo dicho anteriormente” decía siempre su padre y tenía más razón que un santo. Tenía la sensación de que su hijo le vendría con la cantinela de que la chica había cambiado y que podría pasar algo, lo leía en sus ojos. Sin embargo, también veía como estos estaban brillando, como su sonrisa no se apagaba y que su cuerpo emanaba una energía que no veía desde agosto.

    —El caso es que hoy hemos quedado para estudiar después de clase y hemos hablado del tema. Ha estado muy maja, me ha pedido perdón, me ha explicado los motivos de porque lo hizo y bueno… al final nos lo hemos pasado muy bien.

    —Hijo, —Mari pensó en decirle la verdad o seguir su juego. Estaba tan feliz… aunque quizá a la larga el golpe fuera mayor— ¿te ha hecho feliz volver a verla?

    —Tenía mucha rabia acumulada en mi interior antes de verla. Sin embargo desapareció cuando comenzamos a hablar, como por arte de magia, no sé cómo explicártelo. Su voz, su rostro, su colonia, todo me gustaba, era como si en verdad la hubiera echado de menos todo este tiempo.

    Mari lo entendió. Su hijo estaba enamorado de esa chica y por mucho que aquella vez se desahogase de una manera tan efusiva, pese a que no lo admitiera, en el fondo la seguía queriendo.

    —Me alegro, de verdad. Lo que si te quiero decir es que tengas cuidado, solo has estado un día con ella, ir despacio, limando las asperezas y sobre todo olvidando el pasado.

    —Sí… no quiero correr. Creo que ella se ha equivocado con el chico que estuvo y que ahora quiere volver, aunque no es definitivo.

    —Haz lo que te diga tu corazón. —Mari quería que la rechazase. Cabía la posibilidad de que Marta hubiera tenido un desencuentro amoroso con el otro novio, no lo sabía, sin embargo querer volver atrás… algo tenía que haber pasado. O quizá… solo eran suposiciones suyas y en verdad lo que quería era que su hijo no estuviera con ella y punto— Yo te voy a apoyar con lo que sea.

    Estar cerca de su pequeño, volver a hablar de cosas íntimas y tener la conversación más larga en dos meses hizo que Mari corriera el velo que tenía delante de los ojos. Volvía a estar frente al chico alegre que vio en casa de Carmen, no era su hijo, sino Sergio, el niño que había cambiado para ser un hombre. El muchacho con el que se contó confidencias en el río y con el que sintió una comodidad que había olvidado, llegando a opacar incluso a… su marido.

    Estiró la mano que no sujetaba la pera y que se encontraba más cerca de donde el joven reposaba las suyas. Por un acto reflejo sintió la necesidad de contacto, de tocar la piel de su chico y sin pensárselo dos veces palpó una de ellas. Rozó primero los dedos de su hijo que acto seguido entrelazó y acabó por girar para cogerle la mano entera.

    —Solo te recomiendo que esperes un tiempo, cariño. —“cariño” qué raro le sonó decírselo en casa, apenas lo hacía— Vuelve con ella si es lo que el cuerpo te pide. —su voz sonaba tenue como una nana de cuna— Sin embargo, creo que es mejor esperar un poco, si sale bien y estáis toda la vida, no creo que recordéis los días de más que esperasteis.

    —Puede que tengas razón, mamá… —contempló los ojos de su madre, de ese color azul precioso que se veía más apagado junto a unas ojeras inacabables. Aun así, parecía que la Mari del río estaba por ahí… cerca… tratando de escapar de donde la tenían recluida— Lo de hoy ha sido todo. Intentaré ir despacio, aunque no lo sé, no tengo ni idea de lo que haré mañana, como para saber lo de pasado. Eso sí, muchas gracias, necesitaba contárselo a alguien.

    Una pequeña sonrisa salió de su boca que llegó hasta la de su madre donde se pegó. Ambos sonreían bajo la luz de la lámpara de la cocina, mientras en silencio, con los ojos fijos el uno en el otro, sus manos seguían entrelazadas. El silencio pareció total, el mismo que en la cumbre más alta de la tierra. Mari no quería romperlo, parecía un momento mágico, de esos que solo recordaba en su memoria, un pasado lejano que apenas había sido unos meses atrás.

    Sin saber que la impulsaba, apretó con más fuerza la mano de su hijo, como si le quisiera pedir que le devolviera la vitalidad, que llamase a aquella Mari que en casa se había perdido. Sergio en cambio, lo que vio fue a su madre, a esa madre que reía al lado del río, junto con un bikini de lo más sugerente. A la madre que se emborrachaba con su hermana, a la madre que vestía con ropas que estilizaban su ideal cuerpo, a esa madre… tan bella.

    Su boca se movió, pero no emitió ningún sonido. Su madre le observó expectante esperando que su lengua acompasase el movimiento de los labios. Sergio lo volvió a intentar, esta vez con más ganas, una barrera creada por el mismo parecía impedirle lo que la mujer se merecía escuchar.

    Emuló el apretón de su madre. En ambas manos los dedos rojos iban acorde con la zona blanquecina que dejaban al estrujar. Haciendo algo más de fuerza, al punto de no querer soltarla nunca y tirando de valor, le soltó algo que para Sergio era mucho más que dos palabras.

    —Te quiero.

    En casa de su tía no le hubiera costado, en cambio en la cocina del que había sido su hogar toda la vida y sin nadie alrededor, fue tan duro como subir a un volcán en erupción.

    Mari abrió los ojos, queriendo complacer a su hijo que parecía querer escuchar una respuesta. Se propuso corresponderle, decirle que le quería… no… no le quería, ¿qué era lo que sentía por él? Era más. En el viaje lo sabía muy bien, pero ahora parecía haberlo olvidado, no le quería… lo amaba.

    ¿Por qué tan difícil? Su hermana le gritaría que era su hijo que le diera el amor que le correspondía. “A Carmen le sale tan natural…” pensó mirando a los ojos de su primogénito que comenzaba a levantarse. Los sentimientos olvidados en dos meses salieron poco a poco a la luz, su vientre comenzó a irradiar un leve calor que apenas recordaba, pero allí estaba, de nuevo removiéndola el alma.

    Sergio se levantó sonriendo a su madre, pero seguía esperando… esperando que le dijera que ella también le quería. Mari no podía disimular la tristeza de su rostro, porque se lo quería decir, se lo quería gritar, lo gritaría por la calle si era necesario, sin embargo su garganta no articulaba palabra. Una estúpida vergüenza la retenía, una timidez que no dejaba expresar lo que sentía.

    El joven alzó la mano y la movió para despedirse de forma juvenil, como haría un niño de tres años, desapareciendo tras las paredes de la casa. Mari se quedó allí, inerte durante varios minutos, maldiciéndose a sí misma y acabando por tirar con fuerza a la basura la pera que le sabía a decepción. No supo que hacer, solo se le ocurrió que con la cabeza gacha podría terminar de lavar los platos. Así lo hizo.

    En cambio, Sergio con el cuerpo vibrante de felicidad se tumbó en su cama y salido del subconsciente una idea surgió de su mente. Algo había cambiado al hablar con su madre, todavía notaba el calor de su mano en la palma, esos ojos cansados, pero bellos, mirando a través de su piel. Todo aquello le recordó a alguien… a Carmen.

    —¿Qué tal, tía?

    —¡Vaya! —contestó la mujer con rapidez al leer el mensaje— Mi sobrino favorito.

    —No tienes otro…

    —Lo sé, aun así, lo serías. ¿Qué cuentas, cielo?

    —Una novedad, quizá hasta te suene raro, pero hoy he quedado a estudiar con Marta.

    —Raro no, rarísimo. Pero dime más, cariño.

    —Me quería pedir perdón por todo y… se la veía afectada. Me la he creído, parecía sincera.

    —Ya estoy viendo por donde vas. Ten cuidado, ¿vale, cielo? Despacio y comprobando que todo vaya bien. Ahora no puedo hablar mucho, pero si quieres en otro rato lo comentamos.

    —Lo haré. —se dio cuenta de lo curioso que era que las dos hermanas le dijeran lo mismo— En otro momento te llamo y si quieres te doy detalles…

    —Viniendo de ti, espero detalles algo marranos…

    —Acertaste.

    —Me encanta… eso sí, espero que no te olvides de tu tía favorita.

    —Eso jamás.

    Acabó por mandarle un corazón y dándose cuenta de que su tía le volvía a activar como siempre, no era solo cuando la tenía cerca, simplemente el mero hecho de hablar con ella le hacía calentarse. Comprobó con cierta sorpresa que su miembro saludaba, no se había olvidado de Carmen y el joven con picaresca adolescente, cogió el móvil, activó la cámara y le mandó una foto de lo más explícita.

    —Para que veas que no me olvido de ti. —rezaba el texto que acompañaba la foto.

    —Sergio… ahora voy a tener que buscar una excusa para un momento de soledad y… llevar el móvil conmigo.

    —Te quiero, tía.

    —Y yo, mi rey.

    Apagó el móvil metiéndose en cama con una felicidad extrema y sin poder borrar la sonrisa de su rostro. Veía un día perfecto, con un futuro prometedor, iba a volver con Marta, estaba seguro y además, para redondear el día había hablado con Carmen con cierto picante sexual.

    Su mente le disparó la imagen con su madre, como habían tenido cierta conexión que no sucedía en casa y mientras cerraba los ojos, reflexionó antes de dormir. “Debo prestarla más atención, pero… ¿Por qué no me dijo que me quería? Yo en verdad… no la quiero… la amo”.

    CONTINUARÁ

    ——–

    En mi perfil tenéis mi Twitter para que podáis seguirme y tener más información.

    Subiré más capítulos en cuento me sea posible. Ojalá podáis acompañarme hasta el final del camino en esta aventura en la que me he embarcado.

  • Fantasía versus realidad

    Fantasía versus realidad

    No puedo evitar fantasear deseos sexuales con mi mujer, me encanta imaginarme esas fantasías y me excitan muchísimo mis pensamientos.

    Somos una pareja estable, con muchos años de estar juntos y en mi persona más que feliz de estar a su lado. Me encanta tener sexo con ella, que me coja y cogerla, que ambos juguemos y disfrutemos de nuestros cuerpos, sin tapujos y libres de gozar todo lo que podamos.

    Lo que más me gusta de ella es que es muy calentona, se pone a mil cuando se deja llevar y sus tetas y pezones piden a gritos ser chupados y succionados, tiene unas tetas riquísimas. Y después lo que más me gusta es comerle la conchita, una conchita húmeda y muy sabrosa, que dan ganas de pasarle la lengua por horas y de morder esos labios carnosos que hacen que ella se revuelque de goce, y jugar con su pequeñito clítoris que se pone durísimo y me pone la pija muy ardiente y rígida.

    De ella me gusta que manosee mi pene, que lo toque muchísimo y lo acaricie suavemente, despacito y sin apuro, a veces la tengo que obligar a que lo haga, porque enseguida quiere ser penetrada y eso a mi a esta altura me quita las ganas… yo quiero jugar y disfrutar de nuestros cuerpos, con las lenguas, los dedos y cada parte del cuerpo. Pero me gusta obligarla, me gusta insinuarle que quiero que me mame mí colita y mis huevos, que me acaricie y pase sus dedos por mí cola haciendo que me vuelva loco y se me pare la colita para que con sus dedos me la penetre toda… y ahí gozo de placer, y me la imagino con un cinturón con pene penetrándome muy suave y despacio, que lindo se siente, y así le pido que siga lamiendo mí verga y penetrando mí culo, casi hasta hacerme acabar.

    Y entonces ella se sube totalmente mojada sobre mi pija y se la traga entera con toda su conchita frágil, y casi tímida, pero que me vuela la cabeza de lo bien que se siente, y ahí aparecen mis fantasías que poco a poco le voy susurrando; donde le digo que es muy trola y me gusta verla así, donde le digo que es mí putita y le pregunto si le gusta, a lo que ella responde con gemidos que si. Y así sigo fantaseando, donde me excita preguntarle si le gusta la pija? si le gusta que se la cojan?… eso me prende fuego y más aún sentir que se vuelve loca con mis palabras haciendo que sus jugos ardan sobre mí polla durísima, no puedo parar ya y es donde muy excitado le digo que me encantaría verla coger con otro, que ese otro pruebe esa concha mojadita y tragona y que ella goce de esa pija porque le encanta… y es aquí donde se produce un acumuló de movimientos que nos llevan a acabar y sentir como si el mundo es eso y nada más.

    Me excita fantasear con mi mujer y poder decirle mis fantasías para seguir avivando el fuego del deseo y de ese juego erótico pornográfico dónde solo busco que ambos gocemos y sigamos cogiendo con frenesí y con lujuria.