Blog

  • El creador de genios

    El creador de genios

    Y recuerden, Naruto y sus personajes son propiedad de Kishimoto sensei. 

    Barai Chusai era un recién graduado del Instituto Tecnológico del Rayo, de la ciudad de Kumogakure en el País de los Rayos, una de las Naciones más avanzadas del planeta. Se había graduado con todos los honores en la carrera de robótica y actualmente trabajaba en la empresa más prestigiosa de su país en esa área, ganando una cantidad más que decente de dinero.

    Le permitía pagarse un departamento cómodo y algo grande para él, pagarse todos los servicios más que a tiempo y tener unas comodidades más.

    Entre ellas, comprar una que otra cosa cara que deseara. Como el libro que le dio la idea en la que actualmente estaba trabajando.

    Chusai era un hombre culto, amable y gentil, y aunque no era el tipo más guapo de la ciudad, tampoco estaba feo, promedio si lo quieren ver, en el departamento físico. Sobresaliendo mucho en el intelectual.

    Aunque comenzaba él mismo a dudar eso último, debido al proyecto en plan de experimento que estaba llevando a cabo.

    Chusai había comprado un libro antiguo en el mercado de pulgas local, más para rescatar esa antigüedad de ese ambiente que para leerlo.

    El libro se veía sumamente viejo y era de hecho, tan antiguo que tuvo que hacer algo de investigación para poder leerlo, pero Chusai aprendía rápido y tras un año de estar cursando lingüística como extracurricular, pudo leer el contenido del libro que compro por centavos y que podría valer miles de ryos.

    Era un libro de Magia, de la antigua Nación de los ancestros y fue escrito por un mago llamado Tenji, en el libro narraba como con ayuda del conocimiento que fue acumulando por años, logro toda clase se maravillas que aún hoy, si la memoria de Chusai no le fallaba, eran leyendas.

    Leyendo en libro, llegó a una parte que hablaba de unas criaturas que habitaban una dimensión a parte que se habían extinguido, llamadas Djinn.

    Los Djinn eran seres sumamente poderosos que podían usar magia libremente, pero que tenían bastantes reglas para poder hacerlo y que por lo que vio, se habían exterminado entre ellos en una larga y cruel guerra.

    ¿Cómo sabía eso? Sencillo, por accidente había abierto una puerta a esa dimensión y la energía mágica resonó con él y le explicó eso, aunque inmortales en apariencia, los Djinn podían morir si se sabía cómo eliminarlos.

    Básicamente, su única debilidad yacía en este mundo, solo un arma bendecida podía matarlos, por lo que solo habían estado viniendo por ellas a esta dimensión, sin intervenir para perjudicar o dañar este planeta.

    Los Djinn nos veían como poco más que hormigas, seres nada dignos de su atención más allá de ese poder para matarlos y como tal, no tenían ganas de someter o ayudar a la raza humana.

    Eso le había revelado «La Consciencia colectiva» de esa dimensión. Eso y que ella estaba muriendo debido a que si habitantes, la energía de ese mundo estaba frenando y desapareciendo. Pasarían al menos cinco milenios para que la energía cesará y colapsara y así, jamás volver… a menos que Tenji le ayudará.

    Los Djinn se habían extinguido, pero eso no quería decir que se pudiera considerar cerrada la puerta al poder que empuñaban. Con restricciones y límites, sería posible que Tenji pudiera crear seres que no eran Djinn pero que podían ejercer su poder, usando como base a un humano, unos caracteres especiales, un ritual específico y un objeto en particular, se podía hacer que una persona emñupara los poderes de ese mundo y así, ayudarle a sobrevivir.

    Claro, tendría una serie de restricciones, como la cantidad de poder a ejercer, el albedrío y demás, lo que a ese mundo relativamente no le importaba, siempre que pudiera existir, Tenji podría hacer lo que quiera con ese conocimiento.

    Y al leer en el libro la parte donde narraba la creación de esos seres, entendió de dónde venían los relatos de los genios.

    Usando una lámpara de aceite, una botella, un anillo y una pluma, se podía vincular a una persona con ese mundo y darle una fracción del poder de «La Consciencia colectiva».

    La lámpara de aceite dotaba de un enorme poder y dejaba mucho albedrío al efrit, aunque seguía siendo esclavo de quién portará la lámpara, solo podía cumplir tres deseos antes de que se desvincule de ese amo y se vaya para siempre en busca de otro amo.

    Las botellas reducían mucho más el albedrío, disminuían el poder, aunque los deseos eran más, diez para ser precisos.

    Mientras que él anillo básicamente te daba un esclavo en mente y alma, con deseos ilimitados aunque muchísimo más reducidos.

    Un efrit de lámpara podía revivir básicamente billones de personas, sin importar cuándo y cómo fallecieron. Uno de botella solo a cientos recién fallecidos por muerte no natural y uno de anillo a un recién fallecido por asesinato.

    Uno de pluma… no podía, estos seres eran básicamente autómatas, criaturas que dependían totalmente de las órdenes de sus amos y que no eran más que cáscaras vacías de su ser.

    Chusai entendió al leer la descripción, que sí había usado Tenji ese conocimiento, si las leyendas y relatos sobre esos seres que coloquialmente se les conoció como «genios», al menos para crear a dos seres de cada tipo.

    Había leyendas de dos poderosos «genios» Kurama y Gyuki, dos genios muy poderosos y nada confiables que podían torcer los deseos de sus amos a su conveniencia y que fueron destruidos al fundir o romper sus lámparas. Dos genios de botella, Chomei y Saiken, cuyo fin fue idéntico debido a que se sacrificaron por su amo, a diferencia de los otros dos que fueron destruidos para poner fin a sus fechorías. Dos de anillo, Matatabi e Isobu, de los que las historias no decían que fue de ellos. Y había el relato de un par de autómatas en una ciudad que parecían estar vivos…. Y de los que no se sabía su paradero.

    Con mucha curiosidad, sin saber que era «La Consciencia colectiva» que lo animaba a probar la veracidad de lo ahí escrito, Chusai se puso manos a la obra y aprendió cabalmente todo lo necesario para saciar su curiosidad.

    Compró un anillo de oro, lo grabó él mismo con los sellos que sentía, harían falta para ello y pensó en alguien para probar su teoría, eligiendo a su vecina de al lado, una mujer rubia muy hermosa de nombre Nosekai Samui.

    De piel muy clara con figura atlética de reloj de arena y cabello rubio sedoso, de pechos color vainilla y además grandes, redondos y espesos, parecían seductoramente suaves y parecían desafiar la gravedad de la manera más natural. Con piernas largas y fuertes, pantorrillas bien formadas y pies delicados, ojos azul zafiro y un corte Bob, le pareció la persona ideal para probar su idea por dos razones, era su vecina y hasta donde sabía, no tenía amigos y familiares. La segunda, era su vecina y nadie sospecharía mucho, de funcionar esto, que se volviera de repente cercana a él.

    Espero que Samui regresará muy noche a su apartamento, dejando a la vista el hermoso anillo de oro para que ella lo recoja, sabiendo que nadie a esa hora saldría para nada, así que pacientemente espero a ver por la mirilla a que ella llegara

    Efectivamente, luego de esperar una hora, vio como la rubia levantaba el objeto, así que rápidamente comenzó a recitar el hechizo, mientras los ojos de Samui se agrandaron de sorpresa al notar que estaba paralizada y que el anillo estaba brillando.

    -Como hacedor de este anillo y abridor de la puerta, te nombro la guardián de la puerta. Samui, te ato en corazón, alma y cuerpo a este anillo mientras exista. Tú controlas su poder, quien quiera que la controle, te controla. Estás atada como la Efrit de este anillo, ¡así que repite ahora tu juramento ante el fabricante de este anillo! – expresó Chusai muy emocionado al ver que no eran patrañas las cosas que ese libro tenía.

    La joya parpadeó y los ojos de Samui brillaron, dándole una mirada perdida a la hermosa rubia.

    -Yo, Samui, estoy ligada a este anillo como su Efrit. Juro por mi alma que serviré a quien posea el anillo como mi amo hasta que yo sea liberada de su servicio por su fallecimiento o un nuevo amo me tome- juro Samui con voz monótona.

    Chusai sacó una aguja, le pinchó el dedo índice de la mano que no sostenía el anillo y lo presionó contra él. La sangre pareció hervir en vapor y fluyó hacia arriba. En lugar de disiparse, se espesó y fluyó alrededor de Samui como una envoltura corporal. Chusai vio cómo sus pies parecían convertirse en niebla y su forma fue devorada gradualmente por la niebla cada vez más espesa. Su rostro fue lo último en desaparecer y justo antes de que desapareciera el joven la escuchó decir: «Mierda, ¿qué me está pasando?» en un tono tranquilo y confuso. Su rostro desapareció en la niebla y la niebla de repente fue absorbida por el anillo en su totalidad.

    Chusai recogió el anillo y lo sostuvo frente a él con su mano derecha. Era frío al tacto y casi parecía tararear en sus manos. Exhaló lentamente y lo frotó… Una corriente de humo salió disparada del objeto y giró como un tornado frente a él. Rápidamente se disipó y allí, de pie frente a él, estaba Samui.

    Ella le sonrió a Chusai con una mirada que derretiría el acero, y luego juntó las manos como si estuviera rezando. Luego inclinó la cabeza y entonó con voz sexy:

    -Soy Samui, Efrit del anillo, y tu humilde y leal sirvienta. Seré tu lean sirvienta hasta tu muerte o si alguien más logra hacerse del anillo que me ata a este mundo.

    El joven sonrió mientras miraba a Samui. Estaba vestida de forma muy parecida a lo que él esperaba. Su cabello, ahora largo, estaba recogido en una cola de caballo con una cinta negra que lo ataba hacia atrás. Llevaba una diadema con monedas de oro brillantes y un velo transparente de seda negra. Sus magníficas tetas estaban a la vista con un pequeño sujetador de encaje negro que tenía tres filas de monedas cruzando sobre su busto. Cada uno de sus pezones colgaba una lágrima de diamante reluciente. Su abdomen estaba desnudo hasta que la tanga negra de encaje que sostenía más transparencias a través de la seda negra cubría sus largas piernas. Llevaba los pies ataviados con zapatillas negras con cascabeles. Su rostro estaba perfectamente pintado y sus labios eran del color de rubíes oscuros. Lazos dorados colgaban de sus orejas y brazaletes dorados colgaban de sus muñecas. Los brazaletes estaban conectados a mechones de seda negra como los usaría una bailarina del vientre y luego se unieron a su sostén.

    En resumen se había convertido en una genio súper sexy que era su leal sirvienta.

    Asintiendo satisfecho consigo mismo, Chusai levantó su anillo y con gesto dominante juro, por simple teatralidad.

    -Samui, te reclamo como mi sirvienta. Ya tendré tiempo de pedirte deseos- comenzó a pensar en esos detalles que no venían en el libro y tomando una precaución, añadió- Pero por ahora, deseo hacerte algunas preguntas y me responderás completa y sinceramente.

    La rubia volvió a inclinar la cabeza con una hermosa sonrisa antes de responder.

    -Por supuesto Maestro. Lo que deseas es mi orden. ¿Qué es lo que mi Maestro desea saber de su leal sirviente?

    El joven la pasó a su departamento y le pidió sentarse en su sala de estar antes de hacerle una pregunta.

    -Dime sinceramente ¿te recuerdas a ti misma como eras antes? ¿Te acuerdas de ser humana?- Preguntó.

    -Sí Maestro. Recuerdo varias cosas de mi vida mortal, sé que era una gran belleza y trabajé para complacer a los hombres. Bailé para ellos y les proporcioné placer sexual a cambio de dinero u otros obsequios- respondió ella sinceramente.

    -¿Disfrutaste lo que hiciste?- Preguntó Chusai.

    -Disfruté burlándome de los hombres y manipulándolos. Recuerdo que pensé lo fácil que era con mi apariencia y cosas simples como un beso o un baile. Recuerdo que pensé que mi madre tenía razón y que una mujer inteligente puede tener una vida fácil sabe cómo usar su cuerpo y sus encantos- respondió sinceramente Samui, sin una pizca de arrepentimiento o cualquier otra emoción en su voz.

    -¿Y qué piensas de tu nueva vida?

    -Ser hermosa para siempre y poderosa es un sueño hecho realidad- expresó Samui con algo de emoción en su voz- aunque no puedo manipularlo, me gustaría ayudarlo a crear a otras como yo, para que las pueda usar a su conveniencia

    El ingeniero en robótica arqueó una ceja ante esa respuesta. Ya que el subtexto más probable era la crueldad o el desquite. Ayudar a hacerles a otros lo que le hicieron a ella, un pensamiento mezquino del que tomó nota.

    «Así que aunque está atada a mi como mi esclava, al menos todavía puede sentir sus propias emociones y tener sus propias ideas, aunque no pueda actuar en consecuencia» meditó Chusai «eso es algo a tener en cuenta y algo de lo que deberé tener cuidado. Pero será mejor que cubra mis bases con ella»

    -Está bien- asintió Chusai de acuerdo, pensando en qué hacer con esa decisión sobre la marcha- te permitiré que me ayudes a manipular a otras chicas doblegarlas a mi voluntad, SI SE presenta la oportunidad. ¿Te gusta la idea de controlar a mis otras mujeres? ¿Ayudarme a hacer más sirvientes? esclavizar más bellezas?- Preguntó Chusai, ya intuyendo la respuesta.

    La nueva genio sonrió con una sonrisa muy malvada pero hermosa y se inclinó con las manos y la cara tocando el suelo frente a él mientras se arrodillaba. -Maestro, estoy muy contenta de que me mantengas y te serviré lealmente para siempre. Me encantaría ayudarte a esclavizar a otras mujeres y me siento honrada de que me coloques a tu servicio. Te ayudaré con todos mis poderes y capacidades para hacerte más grande y más poderoso. Te ayudaré a esclavizar las mayores bellezas que este mundo tiene para ofrecer y me aseguraré de que todas sean esclavas leales de tu voluntad- dijo con convicción, dando a entender que podía expresar sus emociones en el entorno adecuado.

    Así que aprovechando que ella podía cumplir sus deseos de forma limitada, pensó en los primeros que iba a pedirle.

    -Levántate, Genio. Escucha las órdenes de tu Maestro y obedece- ordenó Chusai. La rubia se puso de pie con gracia. Y el ingeniero sintió que su pene se endurecía con solo mirar su hermoso cuerpo. Pero primero tenía cosas que hacer- Samui, Genio del anillo, tengo mis deseos. Escúchalos y concédelos: primero, quiero que tengas tu antigua personalidad, manteniendo las leyes y restricciones de tu nueva naturaleza- pidió el joven para así no tener una muñeca casi sin emociones como juguete. Eso no sería nada divertido después de todo- y también deseo tener una gran destreza sexual, ser un amante maestro que pudiera hacer el amor y disfrutar del placer toda la noche sin efectos nocivos y el cuerpo físico, la capacidad y la fuerza para igualarlo sin trucos ni problemas- Chusai quizás al principio no planeaba tener un gran harén de mujeres hermosas, pero no era estúpido y estaría condenado si no iba a poder disfrutarlas toda la noche todas las noches.

    -Tus deseos son órdenes amo- asintió Samui antes de chasquear sus dedos- ¿Lo he hecho bien, Amo? ¿Tu esclava ha cumplido correctamente sus órdenes?- Preguntó con una voz que goteaba de deseo. Samui tenía una fascinación por los hombres poderosos y su amo lo era, en más de un sentido, eso la puso muy cachonda y ansiaba que su atuendo y el hecho de que no lo rechazaría, lo hiciera tomarla.

    Chusai ni siquiera habló, pero agarró a su esclava y la besó con pasión. La rubia le devolvió el beso con igual pasión y entrelazó sus brazos alrededor del cuello de su amo. Él la empujó de vuelta a la habitación y ella tropezó con una hermosa alfombra persa y se dejó caer sobre ella. Chusai estaba sobre ella en un instante y ella chilló de alegría. Él besó su cuello, sus pechos, su estómago y su coño afeitado. Ahora que Chusai tenía el cerebro lleno de toda la información necesaria sobre cómo complacer a una mujer, muy pronto estaba tocando, besando y lamiendo a Samui de una manera que la hizo balbucear de alegría y puso los ojos en blanco. Se dio la vuelta debajo de su amante y amo y tomó su polla en su boca. El miembro de Chusai era enorme, grueso y tenía casi 15 pulgadas de largo, pero como lo descubrió el ingeniero, los genios no son para nada seres normales. Samui agitó las manos y Chusai sintió que toda su polla se deslizaba por la garganta de ella. Debería haber sido imposible, pero lo hizo. Su lengua se arremolinaba a su alrededor como una serpiente y jugueteaba con su punta mientras lo masturbaba al mismo tiempo. El joven soltó toda su carga por su garganta y ella tomó cada gota.

    La Genio sacó la polla de su boca y se giró para enfrentarse a su amo. Ella lo besó con fuerza y envolvió sus piernas alrededor de su cuerpo duro. La polla del joven se puso dura rápidamente y la penetró con un gruñido y luego un jadeo y un suspiro.

    El coño de Samui era indescriptiblemente impresionante. Se sentía hecho a medida para su polla y cada movimiento de su polla enviaba oleadas de placer a través de su cuerpo. Obviamente, ella también lo disfrutó mientras jadeaba, gruñía y susurraba ferozmente al oído de su amo.

    -¡Sí Maestro! ¡Follate a tu esclava! ¡Mi coño es tuyo para que lo disfrutes y comas! ¡Empuja dentro de mí! ¡Tómame, maldita sea, toma a tu esclava y follarla hasta que se funda su cerebro!!- terminó con un grito de placer y su amo se dejó caer sobre ella jadeando. Pudo sonreír a su genio esclavo durante unos segundos antes de desmayarse de agotamiento. Tenía ya el conocimiento, pero ella juzgo conveniente transformar su cuerpo sin que el dolor de la transformación lo perturbara.

    Samui hizo rodar suavemente a su amo hacia un lado y se sentó. Ella le dedicó una sonrisa tonta a mientras lo veía convertirse en lo que ella pensaba era físicamente un hombre ideal.

    «¿Confío en que haya disfrutado de la atención de su Maestro?» Llegó a la mente de Samui, La Conciencia Colectiva que se sentía dichosa de no desaparecer al ponerse en cero nuevamente el reloj de su destrucción.

    «De hecho, lo disfruté mucho. Creo que disfrutaré mucho estar al servicio de él»

    «Me di cuenta de que los cambios que el dese, ahora es de piel más oscura, algo más alto y definitivamente más músculo. ¿Supongo que lo moldeaste en algo más a tu gusto?» Observó a través de los ojos de Samui La Conciencia.

    «Sí, eso es verdad» admitió ella » Cumplí sus deseos y requisitos y no le hice ningún daño. Nunca me prohibió convertirlo en lo que considero un hombre ideal. Su personalidad es bastante atractiva como es. Cortés, fuerte y no uno que sea fácilmente distorsionado por la belleza o el simple placer físico o un beso rápido. Si lo hubiera conocido como una mujer humana, me habría sentido muy atraído por él al paso del tiempo. Pero rara vez nos cruzamos. Aunque estoy muy enojada por qué me esclavizara creí que disfrutaré mucho sirviéndole. «pensó Samui dijo mientras se sentaba en una almohada y miraba a Chusai dormir.

    «Bueno, mientras haya más como tú y eso garantiza que siga existiendo, me da igual lo que pase» desdeñó la situación La conciencia y añadió «y quién sabe, tal vez yo le haga un día una vista para agradecer por evitar que me pierda en el olvido».

    Samui solo asintió en comprensión, antes de convertirse en humo y regresar al anillo. Su nueva vida sería sumamente interesante.

    Y corte.

  • La fiesta de la oficina

    La fiesta de la oficina

    Después de lo que pasó con Michelle, tuve varios encuentros con mi novio, en particular me gustaba calentarlo recordándole lo que me hizo Andrés, pero en especial lo que hice con Michelle. Me encantaba torturarlo contándole y dejándolo al borde del orgasmo durante mucho tiempo.

    No le había contado lo que me había pasado con el taxista pues no sabía cómo iba a reaccionar.

    Para ser honesta, el sexo con él no era malo, pero lo único que lograba excitarme mucho y llevarme al orgasmo era imaginarme a Andrés, Michelle e incluso al sucio taxista mientras mi novio me penetraba.

    Después de unas semanas Andrés me llamó indicándome que pronto estaría de regreso en la ciudad y que estaba ansioso de verme y por fin tener nuestro encuentro.

    Yo estaba muy emocionada pero antes de poder cumplir mi meta de acostarme con Andrés tuve un imprevisto. En mi oficina iba a hacer una reunión para celebrar que mi jefe directo iba a subir a director de la sección en la que nos encontrábamos por lo que iba a haber una gran comida en la oficina con música y barra libre.

    Nos indicaron que teníamos que ir formales por lo que yo llevé un vestido rojo muy apretado, ayudaba a resaltar mis caderas y aunque mis pechos son pequeños el escote los hacía ver muy bien, ese día por la mañana decidí ir al spa y hacerme pedicure pues estaba dispuesta a satisfacer a mi novio por la noche regresando a mi casa.

    Me coloque unas zapatillas rojas abiertas que hacían ver mis pies preciosos y no me puse bra, únicamente una tanga roja que hiciera juego con el vestido y los zapatos.

    Mi novio llegó por mi y me comentó que tendríamos que tomar un taxi ya que su auto se descompuso. Esto me incomodó un poco pero lo tome con calma.

    La llegar a la oficina note que capte la mirada de varios de mis compañeros en cuanto crucé la puerta y mi novio se dio cuenta de eso.

    -cariño, debes tener cuidado por qué con ese pantalón de vestir va a ser obvio si te excitas cuando veas que otros hombres me comen con la mirada… Jajaja

    El me miró ente molesto y confundido.

    Pero en fin la fiesta transcurrió con cierta normalidad, llegó un punto en el que la mayoría de los presentes ya estaban pasados de copas y varios estaban intentando propasarse con las mujeres presentes.

    Me vi tentada a provocar a mi novio ahí mismo pero me di cuenta que mi jefe seguía muy al pendiente de todo en ese cuarto por lo que rechace todas las invitaciones a bailar.

    Cuando ya quedaban pocas personas y nos sentíamos algo pasados de copas decidimos que era mejor retirarnos y disfrutar el resto de la noche juntos en mi casa. Pero cuando nos estábamos despidiendo mi jefe me pidió que lo acompañara un momento a la sala de juntas ya que tenía algo importante que decirme y no podía esperar al siguiente lunes.

    Le dije a mi novio y decidió acompañarme ya que supuso que no tenía gran importancia y quería salir de ahí lo más rápido posible.

    Por cierto tengo que darles una descripción de mi jefe… Él se llama Pedro, es un hombre en ese entonces ya entrado en los 50’s. No era del todo atractivo, pero tenía buen porte y su presencia imponía en cualquier lugar que llegara.

    Además era muy elegante y con buen físico.

    Al entrar a la sala de juntas me pidió cerrar la puerta y en ese instante noto la presencia de mi novio, pero únicamente lo vi sonreír y nos invitó a que nos sentamos frente a él.

    -Carlita… Llevas ya un buen tiempo en la empresa y creo que has dado muy buenos resultados hasta el día de hoy.

    -Gracias licenciado

    -no Carlita, por favor dime Pedro, estamos en confianza.

    En ese momento me sentí incómoda pero trate de disimularlo y escuchar lo que tenía que decirme para poder salir de ahí.

    -bueno Carlita, soy un hombre derecho y voy a decírtelo sin rodeos. Cómo director voy a tener más poder de decisión y podré tener más control sobre los empleados de la empresa entonces quería saber si te interesa quedarte en la gerencia ahora que quedó disponible.

    No lo podía creer, podía llegar al puesto que me había puesto como meta en un tiempo relativamente corto, aunque me imaginé que ese favorcito no me saldría nada barato. Es bien sabido por muchos en la empresa que al recibir uno de estos favores, normalmente el sueldo se ve mermado durante varios meses para pagar el puesto que te consiguieron.

    -me encantaría licenciado… Perdón, Pedro. Pero nuestra situación económica no me permitiría pagarle esta oportunidad, además…

    El me interrumpió y no me dejó terminar.

    -no Carlita, por el dinero no te preocupes. Tu sueldo te llegará íntegro. Pero si tendrías que hacerme algunos favores de vez en cuando.

    -favores? De qué tipo de favores estamos hablando?

    -bien como te dije, soy un hombre derecho y este sería el trato. Tú vas a estar a mi disposición dentro y fuera de esta oficina para complacerme.

    -como se atreve…

    -antes de que digas cualquier cosa preciosa, te aviso que no está a discusión. Tengo buen trato con el personal de recursos humanos, si te opones inmediatamente tendré tu renuncia firmada y antes de que quieras amenazarme con denunciarme o algo así, te aviso que tengo evidencia y testigos de que eres una cualquiera que se acuesta con uno y con otro sin ningún problema y eso me exoneraría de cualquier cargo.

    Me quedé helada y al voltear a ver a Raúl él se veía abatido, supongo que se sentía culpable por lo que estaba pasando y no supimos que contestar.

    -no te preocupes Carlita, además de hacerte disfrutar también habrá bonos económicos cada que me cumplas jajaja

    No sabía que hacer, pensé en levantarme y salir de ahí con mi novio, era verdad que me había vuelto una puta, pero me acostaba con quién me diera la gana y no con cualquier persona.

    Antes de mandarlo al carajo, saco un fajo de billetes de su saco y lo colocó sobre la mesa.

    -ahí hay $10,000.00 preciosa, considéralo el primer pago, eso sí. En cuanto tomes ese dinero no hay vuelta atrás en el futuro…

    Me quedé inmóvil y pensando por un momento, por una parte necesitábamos el dinero, pero no quería exhibirme con el jefe por qué eso haría que tarde o temprano toda la oficina se enterara. Después de unos minutos y de pensarlo mucho lo vi a los ojos, me puse de pie y tome el dinero, gire a ver a mi novio que estaba mirándome decepcionado, solamente pude decirle -discúlpame y le entregué el dinero.

    -jaja, muy bien Carlita. Bien hecho, no perdamos tiempo, quiero comenzar a disfrutar a la puta que me acabo de comprar.

    Se sentó en una silla frente a mi novio y me pidió que comenzara a desvestirme lentamente frente a los dos.

    Mi novio se puso de pie y se disponía a salir pero Pedro lo detuvo y le dijo que tenía que quedarse ahí o se cancelaba el trato y en ese momento me exhibiría frente a los presentes que era una cualquiera.

    Raúl solo se sentó en silencio mirándome con tristeza.

    Después de quitarme el vestido sentí la mirada lasciva de Pedro, me recorría de arriba a abajo con la mirada, me comía con los ojos.

    -ay cabrón, que buena estas mamacita. Vamos quítate lo demás.

    Comencé a quitarme las zapatillas y la tanga, quedando completamente desnuda frente a él.

    -muy bien Carlita, ahora acercarte pero hazlo a gatas. Quiero ver a mi nueva putita venir a mi como una perra.

    Nunca me había sentido más humillada en mi vida, ni siquiera con el taxista. Supongo que era por qué Raúl estaba observando todo, pero también estaba súper excitada y sin ropa interior era cuestión de tiempo para que lo notaran.

    Al llegar junto a Pedro, comenzó a desabrochar su pantalón y dejo descubierta una verga bastante gruesa y algo larga y comenzó a menearla frente a mi, no pude evitar seguirla con la mirada como un perro siguiendo su hueso.

    -vaya, vaya… Parece que la perrita tiene hambre… Vamos comienza a disfrutar, verás que te acostumbras rápido.

    No necesité que me lo pidiera dos veces.

    Lentamente la metí en mi boca y comencé a subir y bajar sintiendo el sabor de su verga en mi boca. No era del todo agradable pero no me disgustaba.

    Sentía como mi vagina comenzaba a escurrir.

    No me tomó mucho tiempo dejarme llevar y comenzar a disfrutar la mamada que le estaba dando, comencé a aumentar la velocidad y a soltar leves gemidos debido al placer que me provocaba sentir ese trozo de carne en mi boca.

    -muy bien, parece que la putita ya saco su verdadera personalidad no cabrón?

    Pedro dijo eso mirando a Raúl que miraba de reojo la escena pero yo podía notar como comenzaba a marcarse un bulto en su pantalón.

    Después de varios minutos así, Pedro me ordeno recostarme en el escritorio boca arriba y yo inmediatamente obedecí.

    -que bien, mira nada más que preciosura…

    Tienes una cascada entre las piernas mamacita. Vamos a ver qué tal sabe éste manjar.

    Acto seguido, Pedro estaba comenzando a jugar con su lengua en mi entrepierna. Sentía como mi vagina estaba ardiendo y mi flujo no dejaba de salir.

    Inmediatamente comencé a gemir y sin darme cuenta ya lo había tomado de la cabeza para no dejarlo retirarse de ahí hasta no hacerme llegar al clímax, cosa que no tardó en pasar. Inmediatamente sentí como chorros de mis juegos salían directo a la boca de Pedro que los había como si estuviera sediento.

    Después de llegar a ese orgasmo tan delicioso yo seguía jadeando en el escritorio y estaba dispuesta a seguir a su merced y cumplir sus caprichos pero se levantó y me pidió que me vistiera.

    Raúl y yo nos miramos confundidos.

    -bueno preciosa, por hoy es todo, ya probé la mercancía y me encantó. Y tú jaja tú te vas a quedar con las ganas de más. A ver si el pendejo de tu novio logra complacerte después de lo que te di yo…

    Salió de la sala de juntas sin decir nada más.

    Yo comencé a vestirme y me encamine a la salida junto con mi novio.

    Al salir a la calle yo seguía pensando en lo caliente que estaba y como me había dejado con ganas de más por lo que no pude atención a lo que pasaba mientas mi novio le hacía la parada al taxi que nos llevaría a casa.

    Pero volví a la realidad al escuchar las palabras del chofer…

    -buenas noches jóvenes, a dónde?…

    Era el taxista de la otra vez… Nos miraba sonriendo a través del retrovisor y mi mundo se detuvo por un instante…

  • Me estoy aproximando a su casa (capítulo 2)

    Me estoy aproximando a su casa (capítulo 2)

    Después de lo sucedido aquella noche (la noche de nuestro aniversario no planificad), tomamos nuestro auto, ya habíamos intercambiado números con aquellos colombianos, Jordan y Regina.

    En el auto, ninguno de los dos hablábamos, estábamos atónitos con lo que había sucedido aquella noche, nunca en mi vida habíamos esperado esto.

    Al llegar a casa, ese día casi no hablábamos, mi esposa estaba como apenada, enojada, su cara no manifestaba alegría, así que tuve que esperar en la noche para sentarme y hablar con ella.

    Estábamos abrazados viendo TV en nuestro cuarto, las niñas ya dormían.

    -Yo: amor, que tienes? has pasado todo el día sin decir mucho. Me tienes preocupado? Es por lo que pasó anoche, no me mientas, dime que estás pensando. Por qué estas así?

    -Diana: me miró a los ojos y me pregunto: te gusto lo que viste anoche? Estoy muy avergonzada contigo, me encontraste chupándoselo a otro, debes de pensar que soy una p…

    -Yo: (Hice una interrupción), si, si pienso que eres una puta, le dije mirándola a los ojos, y en un segundo le di un beso, y le dije, pero eres Mi puta.

    Diana: te gusto lo que viste anoche? Te gusto haberme visto chupárselo a otro tipo? Te gusto como en 4 patas me la metía por la boca y el me cogía? Se me sinceró, dijo ella como niña malcriada.

    Yo: tú sabes desde hace tiempo, que quería hacer un trio contigo, pero ayer no solo fue un trio, fue una súper cogida entre los 4. Me encantó verlas jugar a las dos. Llenas de semen.

    Pues si, si me gusto, espero se vuelva a repetir.

    Diana: pero la próxima vez algo más planeado.

    Desde ese entonces, no tuvimos otro encuentro sexual con otras parejas u otra persona, pero nuestra intimidad se mantuvo más firme, fantaseábamos mientras cogíamos.

    Después de eso, mi esposa y yo montamos un negocio, el cual ella era la administradora y la que hacía y concretaba los negocios.

    Y un día una empresa quiso hacer un contrato con nuestra empresa, querían proveer mercancía al mayor, y necesitaban que alguno de los dueños fuera a concretar el trato.

    Consentimos en que fuera ella la que viajara, a Colombia, estaría cerca de nuestros Compañeros de Noche de aquel día, así que ella aprovecharía de pasar a verlos.

    (Desde este punto, no seré yo quien relate lo que paso, sino más bien Ella)

    Me estoy aproximando a su casa. Fue lo que respondí por video llamada a mi esposo, mientras iba camino a casa de Jordán y Regina.

    Yo Iba mentalizada en que podíamos llegar a terminar cogiendo como aquel día, pero me daba tristeza saber que mi esposo no estaría…

    Aquí abro un paréntesis para contar acerca de mi, soy una mujer tímida, pero atrevida con mi esposo, el hace que yo saque de mi, lo mejor y lo peor, en medio de nuestra relación cuando estábamos jóvenes, en medio de tantas peleas entre mi esposo y yo nuestra relación llego a un punto de quiebre y yo, consentí estar con otro, él lo sabe, somos de mutua confianza.

    Pero en mi sexualidad, no había nunca consentido hacer el tan importante trio que mi esposo quería realizar, no me daba mucho gusto imaginar a mi esposo cogiendo a otra tipa, o a ver que mi esposo me cogía con otro macho, soy o era, de mente mas cerrada, mis pensamientos siempre han sido: una mujer debe tener un solo hombre, y un hombre solo debe tener una mujer con quien tener intimidad.

    Pero lo que sucedió aquella noche, desmoronó mi sentido común, y mis fronteras a explorar con mi esposo, ahora si el me pidiera hacer un trio, yo no le respondería, solo lo invitaría un fin de semana a tomar unos tragos y sorprenderlo al escoger una chica piel blanquecina y coger con ella, o que el escoja un tipo y me follen entre los dos. Jejeje, así de pervertida me volví.

    Regina me estaba fuera de su casa esperándome, me recibió como una buena amiga recibe a una cuando tiene años que no se ven. Con un abrazo y un beso de mejilla.

    Regina: como estuvo el viaje? Como estuvo esa reunión de negocios?

    Yo: bien, un poco agotador, no cumplir los caprichos de hombre sino hacer un buen trato, un buen precio, y buala, a bailar. Jajaja.

    Pasamos juntas a su casa, era una casa muy grande y cómoda, muy minimalista.

    Regina me mostró mi habitación, me dio una toalla, y me dijo que su esposo estaría hoy fuera de casa, así que, descansa y luego bajas a cenar.

    Me bañe, descanse como 2 horas. Pero no soportaba la tentación de saber que estábamos solas.

    Baje con una bata de baño, y solo un hilo gris.

    Al bajar, mire a la mesa, y estaba Regina, con un tipazo, más guapo que su esposo, unos ojos grandotes, cuerpo atlético, y una cara delicada,

    Regina: Oye Damián, está es una amiga de Venezuela…

    Yo: ho… Hola, mucho gusto, Diana, un placer conocerlos.

    Damiand: el placer es mío, que hermosa es tu amiga, le dijo volteando a mirar a Regina, hoy compruebo que las Venezolanas son Bellas en verdad.

    Regina: solo la estás viendo vestida, no te la imagines desnuda, porque es otro nivel, aunque casi no trae nada puesto.

    Yo me puse roja al escuchar estas cosas de ambos, a lo que solo respondí:

    Gracias.

    Regina: Diana, invité a mi vecino a cenar, sino te molesta, cenaremos los 3 juntos.

    Yo: donde come 1 o 2, comen 3 o 4, verdad Regina, dije con mirada suelta.

    Reímos juntas en nuestra complicidad.

    Empezamos a conversar ya que no habíamos tenido tiempo de hacerlo,

    Regina: y cuenta, tu esposo como le ha ido? Como quedó desde aquel día? No sé si decir, que arribamos la sorpresa o la arreglamos para que fuera más allá? Jajaja.

    Yo: Lo de aquel día fue algo de otro mundo, lo recuerdo y me da escalofríos.

    Damián veía como quien quiere participar de nuestra complicidad.

    Regina: Damiand, cuando estuvimos en Venezuela la última vez, ella es la Chica de la que contamos.

    Damiand: si causa en cuenta desde hace rato, no soy tan tonto así.

    (Yo toda apenada, cómo? Le habían contado a el que nos habíamos Follados)

    Diamond: quisiera encontrarme una mujer que fuera mi cómplice para algo así, yo soy el único que no pego una, Jordán se sacó a esta puta Rica (refiriéndose a Regina) y tu esposo, afortunado esposo al tener una chama como tú.

    Que iba a suceder aquella noche, yo no lo sabía, pero ya se me estaba calentando el clítoris al ver este hombre tan rico delante de mi, y a la guarra que nos fallamos hace un tiempo.

    Yo: denme un momento, voy a subir a cambiarme, bajo en un momento,

    Pero llegué al cuarto y comencé a excitarse al recordar aquella noche, y al ver aquel tipo.

    Cuando de repente siento que abren la puerta, era Regina, que por cierto tenía un pantalón súper cortos, de esos calentones , me mira y me lanza en la cama, me quita la bata y me quita el Hilo que tenía puesto, y comenzó a meter su lengua en mi coño rico, me comencé a mojar y comencé a gemir como loca, ella si que sabe dar sexo oral a una mujer, después de unos minutos, sentía que me venía, y ella comenzó a meter su dedo en el punto G, mientras con la otra mano y lengua me daba en el clítoris, sentí que me iba a orinar, de repente, miró hacia la puerta y Damiand estaba espiando, con el Pene en el aire, tocándose, yo le hice señas que pasara, tomo a Regina, le atravesó la Vagina, con un pene grande, pero qué? Aquel rondaba unas penetrada a esa puta de tal modo que ella Jadeaba como loca. Yo la quiero en mi coño, ven y dame Damiand, ella se quitó y él se puso encima de mi, ahahh’, que verga tan grande, que rico papiii, Regina saco un vibrador y lo puso en mi concha, que vaina tan rica aquella broma, sentir a ese huevo en mi, y el vibrador me daba duro en el clítoris, en un momento, él la puso en cuatro a ella y ella me la chupaba, ya teníamos cerca de una hora follandonos.

    Quería su leche en mi cara, en mi culo, en mis tetas, y de repente sentí que me estaba haciendo pipí, le dije a Regina que esperara, pero la desgraciada pensó que era que estaba excitada así que no paró, y en menos de 10 minutos, tuve por primera vez un squirt, su cara se llenó de eso que votaba mi vagina, yo no lo entendía, nunca me había pasado, todos al ver eso, él se excito más, y todas dos nos pusimos a merced de su guevo, nos bañó la cara y la boca en leche, estaba Rica su leche. Regina y yo nos besamos pasándonos la leche de él la una a la otra.

    Quedamos ella y yo tendidas en la cama, y el quedo en el piso, después de 15 o 20 minutos, me metí al baño, a lavarme y a bañarme. En el baño comencé a escuchar risas, y cuando salí, la muy curiosa estaba cabalgando nuevamente a ese macho, esta perra es insaciable, dije en mis adentro, les di un beso a los dos y bajé por un poco de agua o leche de vaca.

    Cuando llegue arriba, estaba ella de rodillas esperando nuevamente la leche de aquel pene, así que me uní, me quedo gustado su leche y zas, una vez más, estábamos ambas tratando leche de macho. Que delicioso. Esta vez no me lavé, me la tragué.

    Él se fue, y al siguiente día en la tarde, yo venia de regreso a Venezuela, y su esposo, no habías llegado, quizás si él hubiera estado, fallamos los 4. Pero KO sucedió así.

    Mi esposo quiso que yo contara lo que pasó, y saben cuál fue su impresión?

    Bajarse el cierre y pedirme que se lo chupara así de rico cono lo hice.

    Espero que les gusten mis relatos. Que tengan buenos sexos. Pronto vengo con otro relato erótico.

  • El inicio de mis vicios

    El inicio de mis vicios

    He fumado desde la edad de 18 y también a esa edad descubrí que me ponía el hecho de estar en un lugar público, a todos mis amantes los he orillado a una situación donde puedan descubrirnos.

    Pero todo tiene un inicio, si me pongo a pensarlo el inicio está un mes después de cumplir 18, nunca me habían tocado, nunca había salido con alguien, nunca había fumado y tomado solo en alguna reunión familiar supervisada por mi mamá, en pocas palabras era una virgen inexperta en muchos sentidos.

    Por aquellas fechas murió mi padrino, un buen hombre, y fuimos a su funeral, eran pasadas las 9 pm y a mí me rugía la tripa del hambre, decidí ir a la tienda, no sin antes pedir permiso, y el sobrino de mi madrina se ofreció a acompañarme.

    De regreso me tomó de la mano y mirándome a los ojos me besó y me dijo «me gustas mucho» quedé pasada y atontada, pero antes de dejarme decir nada me jaló y entre un carro y un árbol y la oscuridad de cómplice comenzó a besarme, primero de una manera tierna abrazándome por la cintura y me deje hacer, pero sus manos comenzaron a bajar, sus besos ahora estaban en mi cuello y mis oídos y sus palabras…

    -como es que estás tan rica y tan virgen.

    -no debieron dejarte sola conmigo

    -acaso todo esto es mío?- yo solo decía que si

    Me tomo de las caderas, yo estaba cada vez más asustada, cada vez más excitada, cada vez más empapada, me volteo y me quedé pasmada pero quería más, quería saber que seguía, en mis nalgas solo lo sentía a el creciendo, sentía su respiración creciendo, y cuando solté un leve gemido llevo su mano izquierda a mi boca y su mano derecha bajo mi blusa buscando mis pechos que al roce de sus dedos se ponían más duros, yo lamía su mano que me callaba, me pare de puntas para que pudiera sentir mis nalgas mejor, me dijo que en silencio llevará su mano a mi boca y la lamiera y así volviendo me a callar, bajo por mi abdomen hasta entrar en mi pantalón, yo sentía su mano acariciándome por encima de mis pantaletas y lo escuchaba más agitado cuando noto toda mi humedad, estaba entre el asombro, la pena, el miedo y la excitación, pasó su mano dentro de mis calzones y comenzó a acariciarme yo gemía despacio y mi voz se ahogaba en su mano.

    -abre tus piernitas mamacita.

    Obedecí y sentí sus dedos entrar, los movía y yo volaba y gemía y me mojaba, siguió así hasta que no pude más, termina y llene de mis fluidos virginales su mano, él tampoco pudo más y sentí como se venía dentro de su pantalón, supongo que el haberme hecho suya a su manera lo hizo terminar. Saco los dedos y me dio a probarme de mi misma para luego el de gustarme.

    Nos acomodamos, tomamos nuestras cosas del suelo y caminamos, encendió un cigarro y me ofreció, al doblar en la esquina estaba mi madre, apurada, buscándome y ahora enojada por verme fumar.

    Queridos lectores espero que este mi primer relato haya sido de su agrado, agradeceré sus comentarios y espero subir algo más.

    Besos. Ana.

  • No adorarás imágenes

    No adorarás imágenes

    Con Facundo y Adriana la pasamos muy bien en casa, algunas veces con Facundo nos hacemos tiempo para estar con María y yo cada tanto tengo mis encuentros con Bruno y Patricio.

    La vida sexual se ha vuelto mucho más interesante en el último año pero siento que todavía tengo mucho por aprender y por experimentar.

    Adriana parece incansable a la hora del sexo, está todo el tiempo pensando en coger, seguramente producto de su juventud. Facundo la pasa demasiado bien aunque creo que pobre ya no está dando a basto.

    A Adriana le fascina el sexo oral, cada vez que puede no tiene problemas en arrodillarse y chuparle la verga a Facu. Por las noches me suelen despertar los ruidos de los dos cogiendo, algunas veces me sumo pero muchas otras prefiero seguir durmiendo.

    Aunque su pancita ya está creciendo ella se las arregla para prenderse de la verga de Facundo.)

    Hoy almorzamos los tres juntos. Yo como algo liviano ya que en un rato tengo gym, me ducho y me alisto para salir.

    Al bajar paso por el living y como no podía ser de otra manera Facundo y Adriana están en el sillón, mientras él ve la tv ella le está chupando la verga. Con un gesto de asombro y fastidio los saludo y me voy.

    Mientras manejo rumbo al gym sostengo la imagen de ambos teniendo sexo, eso me excita y mi conchita lo demuestra con su humedad.

    Llegó al gym y sin demora comienzo con la rutina, al rato viene María:

    «Hola Eli, cómo estás??»

    Yo:

    «Todo bien y vos??”

    Hoy hay poca gente en el gym»

    María:

    «La verdad que sí.

    Si no fuera por Bruno y Patricio estaríamos solas con los profe solamente.

    Y de hecho después de lo que me contaste de Bruno no puedo dejar de pensar en su verga»

    Yo:

    «Y si… es como para pensar»

    María:

    «Y Facundo cómo está??»

    Yo:

    «Que puede estar haciendo???

    Ahí se quedó, cogiendo con Andrea»

    María:

    «Pero esa niña vive cogiendo,

    Bueno sigo con lo mío sino me voy a empezar a calentar»

    Sigo con mis ejercicios y veo a María ejercitando. Su hermoso culo resalta con cada sentadilla, la top de Lycra se parece vencer ante la presión de sus pechos.

    Al elongar las piernas su vulva se marca en su calza, sus labios vaginales gruesos sobresalen como una deliciosa empanada.

    La verdad que estoy re caliente, le hago una seña a María y la invitó al vestuario.

    (Debido a la pandemia los vestuarios están cerrados pero uno de ellos está abierto para que los profes se puedan cambiar)

    María se acerca y me dice:

    «¿Qué ocurre??»

    Yo:

    «vamos al vestuario bebe que quiero una clase particular»

    María:

    «Pero aquí??»

    Yo:

    «Que pasa te asusta??»

    (Yo sabía que si la provocaba así, no se resistiría. No le gusta quedar como cobarde)

    María:

    «Sabes que no me gusta que me digas así!

    Ahora no me dejas opción»

    Y dándome una nalgada me toma de la mano y nos dirigimos ambas al vestuario.

    Nos besamos y acariciamos, le levanto el top y sus pechos florecen, redondos enormes la top los empuja hacia arriba mientras la levanto.

    Sus pezones vencen la fricción de la tela y ambos pechos caen y rebotan. Es un movimiento sensual, mis labios se dejan llevar por mis deseos y se dirigen directo a sus pechos, los chupo y lamo, trato de meterme esos pechos en mi boca pero sé que es inútil son gigantes y duros. Sus pezones muestran una respuesta a su excitación, se ponen duros y de punta. Mi succión los inflama. Zambullo mi cara entre sus tetas y girando mi cabeza me golpeó la cara con ellas.

    Mi mano gana terreno por debajo de su calza de Lycra y bajando por su monte de venus alcanza su vulva, la humedad de esa conchita me demuestra que están tan o más excitados que yo. Mis dedos se deslizan por su rajita para terminar en su clítoris y masajearlo, primero utilizo solo un dedo, luego dos y ejerciendo presión sobre su clítoris lo masajeo lo introduzco en su vagina para retirarlo muy mojados y volver a frotar su clítoris.

    Le pido que se siente sobre un banco largo que se encuentra al lado nuestro, me arrodilló frente a ella y le abro sus piernas lo máximo posible.

    Su vagina queda a la vista tan hermosa como siempre con sus preciosos labios y su clítoris asomando entre ellos como una frutilla. De un color rosadito y totalmente depilada.

    Sin dudarlo dirijo mi boca hacia ella, lamo y mordisqueó sus labios. Froto su clítoris con mi lengua, dios es sabrosa!!!

    Mi lengua se introduce en su vagina y siento su flujo salir deslizarse directo a mi garganta.

    Ella gime cada vez más fuerte, su respiración se acelera, siento como mi flujo sale de mi mojando toda mi ropa interior, ella está llegando al clímax y algo nos interrumpe.

    Una tos surge desde la puerta y Patricio nos dice:

    «Disculpen damas no queremos interrumpir»

    Allí están Patricio y Bruno viéndonos con cara de depravados.

    Con María nos miramos sorprendidas y avergonzadas.

    (Aunque siendo sincera creo que ambas teníamos la fantasía de que esto pase)

    María mirándome dice:

    «Por mi está bien»

    Yo:

    «Ok que sea»

    No termino de decirlo que tanto Bruno como Patricio se están desvistiendo.

    Rápidamente se quitan la ropa completamente, Patricio se acerca y me desviste mientras que Bruno le termina de quitar la calza a María.

    Tanto Patricio como Bruno aparentemente hacía rato nos observaban ya que ambos están con sus vergas bien duras. Bruno por supuesto se destaca, ahora con buena luz puedo observar mejor su verga y continúa siendo enorme.

    María lo observa y me dice:

    «Mi dios!!! Amiga no me mentiste, su verga es gigante.

    No sé si mi conchita la resista»

    Bruno se ríe y golpea su verga en su mano presumiendo de ella.

    Yo me arrodilló frente a él escupo mi mano escupo su verga y la froto, la pajeo con ambas manos. Introduzco esa verga en mi boca y comienza la batalla entre ese miembro y mi garganta. El intenta penetrarla y ella opone resistencia. La verdad me gustaría que no fuera así, me gustaría poder tragarme esa verga por completo pero es inútil.

    Igualmente me entretengo haciendo el intento.

    Miro hacia donde está María y ella también se entretiene chupando la verga de Patricio. Su verga también es grande aunque por supuesto no se compara con la de Bruno.

    Nos miramos con María y yo sosteniendo la verga de Bruno con mi mano le digo:

    «¿Quieres probar algo grande???»

    María de rodillas se acerca y se pone al lado mío yo sin soltar la verga de Bruno la colocó en la boca de María, ella la chupa solo se mete el glande y un pedacito del tronco, me encanta ver a María chupar esa verga gigante sus labios carnosos succionan el glande, yo le chupo los huevos, meto ambos en mi boca y con la lengua los desplazo de un lado para otro dentro de mi boca, los salivo lo máximo posible, luego con mi mano los froto retirando toda la saliva para volver a hacer lo mismo.

    Bruno lo disfruta, nos dice:

    «Haaa siii, dios que lindo se siente que chupen la verga y las bolas al mismo tiempo. Siii continúen»

    Y nos sostiene a ambas por la nuca, evitando que nos retiremos.

    Patricio está de frente masturbándose, yo estiro mi mano y le tomo la verga, está muy dura y palpitante, la pajeo, él coloca sus manos en su nuca y gimiendo disfruta la paja que le hago.

    María larga la verga de Bruno y vuelve a chupar la verga de Patricio.

    Ahora lo dejamos a Bruno solo y ambas nos concentramos en dar placer a Patricio pero esta vez la desplazo a María y me dedico a chupar su verga mientras ella se dedica a sus huevos, la expresión de Patricio delata su placer. Pero aún le falta lo mejor, yo aplico la técnica que aprendí y le hago un garganta profunda al mismo tiempo que María chupa sus bolas con voracidad.

    Su verga está cogiendo mi garganta me encanta pero a él aparentemente le gusta aún más:

    «Siii hermosa, nadie la chupa como vos, te la tragas toda dios mío que placer»

    Me sostiene con ambas manos desde la cabeza y moviendo sus pelvis coge duro mi garganta.

    Se escuchan los sonidos que salen de mi boca una mezcla de arcadas con la saliva ayudando a la penetración.

    Mientras continúa con sus movimientos sostiene la cabeza de María y le dice:

    «Dale Mari, vos chupame los huevos mientras me cojo la garganta de tu amiguita»

    Qué lindo se siente ser cogida de esa manera y para rematar Bruno se pajea su gigantesca verga al lado mío.

    Patricio satisfecho de coger mi garganta retira su verga, retengo todo el flujo en mi boca. Una mezcla de saliva y líquido preseminal y lo escupo sobre la verga de Bruno lo desparramo por todo su paquete y lo pajeo.

    Mientras estamos entretenidas se abre la puerta e ingresan los dos profes que estaban en el gym.

    Están desnudos y mientras se frotan sus vergas dicen:

    «No pensaran dejarnos afuera?!»

    Nos miramos con María, ambas con una pija en la boca, sonreímos y estiramos nuestros brazos pidiendo a los profes que nos entreguen sus vergas.

    (Con María siempre charlamos y nos contamos nuestras experiencias sexuales y ambas siempre dijimos que lo que nos faltaba era estar en un gang bang. Siempre el máximo de hombres con los que cogimos a la vez fue de dos.

    Y creo que hoy cuando comenzamos todo esto, la idea era terminar así)

    Sumamos a ambos a la mamada.

    María le chupaba la verga a Patricio y a uno de los profe y yo a Bruno y el otro profe.

    Los profes tienen un cuerpo muy trabajado muestran una musculatura importante al igual que sus piernas sus brazos son gigantes y sus culitos rocosos y redonditos.

    Ambos tienen una verga normal de unos 15 a 17 cm y no muy gruesas.

    La que estoy chupando yo es muuuy sabrosa me encanta su gusto y me llama la atención lo dura que es, realmente parece de piedra, sus bolas son pequeñas.

    Chupo ambas vergas que contrastan entre Bruno con su enorme verga y sus bolas gigantes y el profe con su verga dura y con bolas pequeñas.

    Me detengo más tiempo chupando la verga del profe ya que su sabor es riquísimo y la puedo tragar por completo permitiendo frotar sus bolas con mi lengua mientras trago su verga.

    Para que Bruno se entretenga lo pajeo y froto sus bolas con mis manos.

    Luego de un rato intercambiamos las vergas con María. Me entretengo con la verga de Patricio y del otro profe. Para mí grata sorpresa la verga del otro profe también es sabrosísima.

    (Seguramente debe ser producto de sus dietas. Ambos son personas muy dedicadas a sus cuerpos y su alimentación es muy cuidada, no beben alcohol ni fuman).

    Sigo disfrutando de ambas vergas me deleito practicando garganta profunda con ambos y ellos también lo disfrutan muchísimo.

    No es por presumir pero luego de probar tantas vergas me estoy haciendo experta en esto de chuparla.

    El profe le comenta a Patricio:

    «Dios hermano, es impresionante como la chupa está mina, y se nota que lo disfruta creo que aún más que nosotros»

    Patricio:

    «Te dije que era una maestra chupándola, y espera a probar su conchita.»

    Yo me sentía la puta mas puta y me encantaba!!!

    La tragaba con más esmero y no dejaba milímetro de sus vergas y huevos sin chupar.

    Le pido al profe que estaba con María que se acerque. Ahora le chupo la verga a los tres un profe de cada costado y Patricio de frente mientras pajeo a los profe, uno con cada mano le chupo la verga a Patricio, luego lo dejo de lado y continuo saboreando las vergas de los profe.

    María continuaba chupando la gigantesca verga de Bruno. Patricio se acercó para que también se la chupe a él.

    Yo me quedé solo con ambos profes me coloque en cuclillas y con una mano pajeaba a uno con la otra mano me masturbaba yo y con mi boca chupaba la pija del otro al rato cambiaba.

    De sus vergas comenzaba a salir bastante líquido preseminal, señal que estaban por acabar. Era delicioso, tenía un sabor dulzón y muy suave.

    Les digo:

    «Por favor quiero que ambos acaben a la vez en mi carita»

    Abrí la boca y los pajeo a ambos uno con cada mano.

    Cuando están a punto de correrse ambos tomaron sus vergas con sus manos y continuaron pajeando apuntando directo a mi boca.

    Cómo lo pedí ambos se vinieron al mismo tiempo. Los disparos salieron de sus vergas, unos chorros finos pero largos ambos impactaron en mi rostro

    Seguidamente dos disparos más que ellos se encargaron de diseminarlos por mi carita.

    Luego frotaron sus vergas por toda mi cara embarrándola por completo. Les volví a chupar sus vergas generando mucha succión para sacarle hasta la última gota de esperma, luego ayudándome con mis dedos recogí toda la leche de mi rostro y la tragué saboreando cual fuese néctar. Ambos se miraron y dijeron:

    «Que puta mas hermosa! Le encanta la leche»

    María continuaba batallando con la verga de Bruno y Patricio.

    Yo me siento en el banco, abro mis piernas, salivo mi mano y lubrico toda mi conchita.

    Con mi dedo índice lo llamo a Bruno y le señalo mi agujerito.

    Él se alejó de María, frota su verga con la mano y la coloca en posición.

    Empujando su verga comienza la labor de perforar mi vagina, trabajo que no es fácil debido a las dimensiones de su falo. Le digo:

    «Tráeme esa verga para lubricar»

    Así lo hace, me coloca la verga en la boca, yo junto toda la saliva que puedo y la lubrico, de inmediato él se agacha vuelve a colocar su verga y a forzar mi vulva.

    Desde arriba puedo observar como mis labios se abren dando paso a ese glande.

    Este comienza a desaparecer dentro de mi conchita, puedo sentir cada milímetro de verga introducirse en mí, cada movimiento de caderas de Bruno son centímetros de carne que ingresan y miles de sensaciones que produce en mi conchita, que para este entonces es un mar de flujo.

    María se sienta al a mi lado también abre sus piernas y Patricio posicionado delante de ella la penetra muy suave. Ambas gemimos y gritamos, somos dos perras en celo.

    Bruno ya me introdujo todo su miembro y se mueve a un ritmo constante sus enormes bolas golpean contra mi culito que apenas sobresale del banco, Patricio por su parte también la taladra a María. Observó cómo la verga de Patricio se introduce en la vagina de María con mis dedos tocó sus clítoris ella explota de placer en agradecimiento me besa muy apasionada, nuestras lenguas se funden dentro de nuestras bocas mientras los dos machos taladran nuestras vaginas siento el gusto a verga en la boca de María y seguramente ella sentirá lo mismo en la mía.

    A todo esto los profes habían improvisado una cama con las colchonetas en el piso del vestuario, se acercan y sus vergas están dormidas. Con María tomamos una verga cada una y la chupamos de a poco sus miembros toman fuerza y nosotras disfrutamos sus vergas duras y sabrosas en nuestras bocas.

    Bruno y Patricio se mueven a un ritmo sincronizado provocando un gemido al unísono entre María y yo nuestros gritos están ahogados por las vergas de los profes y cada tanto le hago un garganta profunda arrancando un suspiro de su boca.

    Bruno le dice a Patricio:

    «Cambio, ya quiero probar la conchita de María»

    (María ya había estado con Patricio pero era la primera vez con Bruno)

    Bruno se acuesta en la colchoneta y sujetando su miembro con la mano lo coloca como un mástil.

    Yo me situé frente a él en cuatro y me dedico a chuparle la verga mientras Patricio se coloca detrás de mí y me penetra la conchita muy despacio.

    (Seguidamente se produce una imagen que me resulta de las más sensual y sexual de mi vida.

    Maria se coloca parada arriba de Bruno sus pierna abiertas, su cuerpo exuberante, sus tetas gigantes y perfectas su cintura diminuta y sus caderas anchas eran una imagen perfecta, la verga gigante de Bruno lista para empalar a María los profes se colocaron uno a cada lado de María y pasando sus brazos por detrás de la pierna de María la levantan, ella pasa un brazo a cada lado del cuello de ellos y baja sus caderas quedando sentada en el aire colgada de esos dos hombres de cuerpos trabajados. Parecía la imagen de un sacrificio siendo entregado a un dios. María mi diosa personal estaba a punto de ser entregada a esa verga.)

    Es una imagen digna de adorar.

    Los profes bajan a María acercando su conchita a la verga de Bruno yo sujetando la gigantesca verga de Bruno la acomodo en la posición perfecta, la bajan y esa verga intenta abrirse camino entre los labios de María pero sin éxito, yo la muevo de forma circular para ayudar pero no hay caso, su vagina se resiste a ser penetrada por esa verga. La levantan nuevamente yo tomo la pija de Bruno y la escupo disperso la saliva por su glande y ellos la bajan nuevamente vuelvo a colocar la verga en posición y esta comienza hacer su trabajo. Mientras tanto Patricio me continúa taladrando la conchita.

    La verga de Bruno se dobla al no conseguir penetrar a María.

    Su glande prácticamente entró pero falta el tronco.

    (La verga de Bruno tiene el glande notoriamente más pequeño que el tronco y este a su vez es mucho más grueso en el centro que en el comienzo o contra el glande.)

    Yo sé por experiencia propia que la penetración deberá ser algo brusca.

    Con mi mano enderezó el tronco de la verga de Bruno y los profes la bajan prácticamente por completo a María. Su vagina cede ante la presión y la verga de Bruno se abre paso, ella da un grito al ser penetrada, sus ojos se hacen blancos y haciendo fuerza con sus brazos se levanta desclavando el miembro de Bruno de su pobre conchita dolorida, intenta cerrar su piernas pero los profes no se lo permiten, yo me estiró y lamo la conchita de María, paso la lengua por su agujerito y le doy besos en su clítoris.

    Ella respira profundo junta fuerzas se suelta de los profes y esta vez ella sola se coloca sobre Bruno toma su verga y de a poco comienza a introducirla, una vez la tiene dentro se mueve. Ella gime y grita como loca, se perfectamente que esa verga está Dejando huellas en su conchita y nunca será como antes pero también sé que lo está disfrutando como nunca su cara lo dice todo, entre gemido y gritos mirándome y abriendo sus piernas me dice:

    «Chupame la conchita por favor»

    Cómo no complacer a María.

    Me agachó y le chupo su vulva está súper húmeda y abierta, sus labios vaginales están súper estirados y su clítoris está más expuesto que nunca yo aprovecho la situación y le como el clítoris como pocas veces, ella no lo resiste, gritando y suplicando que no paremos tiene un orgasmo terrible.

    La verga de Bruno chorrea los flujos de María, brotan de su agujerito y cada vez que la verga de Bruno ingresa despide fluidos hacia afuera yo los limpio de la verga de Bruno y de sus testículos. Estoy poseída por ver tanto placer en María. Sin notarlo mi posición dejo expuesto mi culito y Patricio que estaba taladrando mi conchita no dejo pasar la ocasión, coloco su verga en mi culito y lo introdujo de a poco. Una vez dentro me taladra muy duro, ahora somos dos las que gritamos y gemimos.

    Yo me incorporo y nuevamente quedó en cuatro, María se agacha un poco y nos besamos, ambos chocamos nuestras bocas con cada embestida de Patricio.

    María se levanta y cada uno de los profes se coloca a cada lado, toman sus vergas y la colocan en la boca de María, ella les chupa la verga a ambos.

    (Ahí estamos los seis, María siendo penetrada por la verga hermosa de Bruno y chupando las vergas de los profes y yo en cuatro siendo taladrada por el culo por Patricio.

    Que hermosa imagen ambas siendo cogidas por ellos.)

    Bruno levanta su pelvis y se separa del piso la toma a María de las caderas y la penetra muy duro, aumenta su ritmo y sus penetraciones son cada vez más profundas, ella ahoga los gritos con las vergas de los profes las aprieta fuerte con sus manos y con cada penetrada de Bruno chupa muy fuerte esas vergas.

    Bruno le da tan fuerte que ella no resiste suelta las vergas de los profes y grita como loca:

    «Siii siii, cógeme duro papi.

    Que hermosa verga tenés!!!

    Es gigante, me encanta, si, si, si

    Acabo de nuevo, no pares por favor cógeme duro no pares.

    Amo esa verga diooos»

    Y apretando sus piernas se corre en un orgasmo ruidoso se escucha la verga de Bruno empujando fluido hacia afuera es como un pistón generando ruido a líquido.

    «Gluck, Gluck, Gluck»

    Esto sumado a la cogida por el culo que me está dando Patricio me lleva a un orgasmo tan hermoso como el de María:

    «Siii, rompeme el culo, siii me encanta tu verga en mi culo»

    Toco mi conchita con la mano y froto mi clítoris el líquido brota por mi rajita, se chorrea por mi pierna.

    Mientras Bruno y Patricio continúan disfrutando de nuestros agujeritos nosotras tomamos aire, le digo a María:

    «Cambiamos de lugar??»

    María:

    «Obvio bebé»

    Ella se levanta yo me dirijo a su lugar mojo mi conchita, la verga de Bruno está empapada con los líquidos de María y de a poco me voy clavando esa verga.

    María por su parte se coloca en cuatro y Patricio sin más preámbulo le coloca la verga en su culito y al igual que a mí se la clava de a poco.

    Ella se queja y le dice:

    «Haa me duele dale despacio, pero no pares abrí ese culito»

    Patricio:

    «Si mami tranquila que ese culito será atendido»

    (María tiene un cuerpo impresionante y su culo es hermoso pero en cuatro es palabra mayor.)

    Patricio disfrutando ese orto le dice:

    «Mami tenés un culo de otro planeta!!!

    Es precioso y súper apretadito, no creo que aguante mucho»

    María sabiendo el poder que su culo tiene apoya su pecho en el piso y levanta lo más que puede su culo al mismo tiempo que lo mueve de un lado hacia otro. Patricio no aguanta y se corre de una manera tremenda.

    El primer disparo lo hace dentro del culo de María, pero luego saca su verga se masturba y su segundo disparo sale con mucha fuerza parte de él llegó a caer sobre mi y el resto quedó sobre la espalda de María los otros disparos los depósito en los cachetes gordos del culo de María luego con su verga los desparrama por todo su culo.

    Uno de los profe intenta tomar su lugar pero yo sosteniendo de su verga le digo:

    «¿A dónde vas?? Quédate acá que todavía quiero chuparte la verga un rato más»

    Así lo hago, mientras Bruno me coge yo le chupo la verga a los profes, me encanta su sabor, es aún más rico que el de Fabrizio.

    Saboreo sus vergas, las paso por toda mi boca, María se acerca y me devuelve el favor, me chupa la conchita mientras Bruno me coge.

    Que rico se siente que te coman la vulva mientras sos penetrada.

    Es una sensación imposible de describir.

    Le suelto la verga al profe que quiera coger a María y este no pierde tiempo y así en cuatro como estaba la comienza a coger.

    Yo me levanto y me doy vuelta colocó la verga de Bruno nuevamente en mi conchita apoyo mi pecho en el pecho de Bruno y con ambas manos separó mis cachetes del culo entregando el agujerito al profe que estaba al lado mío.

    Este no pierde tiempo y me penetra,

    Siii nuevamente tengo una doble penetración que delicioso sus vergas entran y salen de mi, me besó con Bruno y le digo:

    «Hoy el culito no.

    Se lo dejamos al profe que él nunca lo usó»

    Bruno chupa mis tetas y me cogen hermoso. Juega con mis pechos.

    Luego de un rato le pido al profe que él se ponga abajo me siento en su verga y la clavo justo en mi culito me recuesto en su pecho abro mis piernas invitando a Bruno que me coloque nuevamente su verga en mi conchita. Este lo hace, me encanta. Le digo:

    «Que hermosa verga tenés por dios!!!»

    Bruno:

    «te gustan las vergas grandes???»

    Yo:

    «Me encantan, dale cogeme»

    Él se mueve y empuja toda su verga dentro de mí.

    Toma mis piernas, las levanta y las coloca sobre mis hombros, el profe las sujeta y quedó de piernas abiertas hacia atrás Bruno se apoya con sus manos en mis piernas y me taladra duro, siento su verga tocar fondo en mi conchita se escuchan las embestidas.

    Me siento desmayar del placer. Solo puedo gritar y pedirles que me cojan.

    Bruno:

    «Te gusta puta que te cojamos?!?!»

    Yo:

    «Si me encanta, me encanta ser su puta. Cojanme por favor sin piedad»

    Y así lo hacen las embestidas de Bruno introducen su verga al máximo y sacan la verga del profe pero luego cuando la verga de Bruno se retira la del profe vuelve a ingresar en mi culito.

    No doy más necesito acabar le pido a Bruno:

    «Por favor cógeme lo más duro que puedas y no pares no pares no pares»

    El lo hace yo estoy al abismo del orgasmo y pumm.

    Me vengo en un orgasmo hermoso al igual que María mis fluidos brotan de mi vagina y se chorrean hacia abajo cayendo sobre la verga y las bolas el profe. Este se asombra y le dice a Bruno:

    «Amigo tremendo polvo se echó la putita»

    Bruno:

    «Si, ella es así te moja todo»

    Esto me termina de poner y me ayuda a culminar mi polvo de una forma brutal.

    Bruno continúa moviéndose y siento como de su verga brota la leche caliente, está acabando dentro mío su semen sale a borbotones de mi conchita e inunda todo la verga del profe está bañada en la leche de Bruno.

    Él se levanta de arriba mío yo levanto mi culito y le doy espacio para que el profe se entretenga un poco más producto de la leche de Bruno mi culito está más lubricado y el profe me coge muy sabroso.

    La lechita de Bruno se introduce en mi culito con cada embestida del profe.

    Luego de un rato me levanto el profe va donde María que para este entonces está sobre el otro profe con su verga clavada en su concha.

    El profe que hace un rato estaba dentro de mi culito ahora está en el culito de María.

    Ahora es ella quien recibe una doble penetración yo los observo, se escuchan los golpes de las embestidas y los gemidos de María, sus tetas se mueven al compás de la cogida, ambos profes están a punto de acabar, yo me acerco y les doy una mano.

    Me coloco por detrás y agarró con mi mano sus bolas las froto las acaricio utilizó el flujo de María y el líquido que sale de su conchita para lubricar sus bolas muy suavemente las froto, ellos comienzan a gemir fuerte yo les digo:

    «Vamos cojan a esa perra»

    Le susurro al odio del profe que está cogiendo el culo de María:

    «Cógela duro, mira que hermoso culito tiene, abrilo todo, rompe ese culo con tu verga»

    Todo mientras les froto las bolas, ellos no resisten y ambos se corren mientras María gime y grita seguramente también para provocar su corrida. Es hermoso como terminan, se levantan y de María brota la leche, sale de sus vulva y de su ano se chorrea por las piernas mancha toda la colchoneta.

    De regreso a casa me ducho, lavo mi ropa interior para no dejar evidencia.

    Por la noche nos acostamos los tres como siempre y me duermo, estoy exhausta. A la madrugada escucho que Andrea le está chupando la verga a Facundo, la verdad me dan ganas de sumarme y disfrutar yo también pero el cansancio me puede y me vuelvo a dormir.

    Pero bueno es de entender, después de coger con cuatro vergas cualquiera terminaría rendida.

    CONTINUARÁ…

  • Envuelta en sudor y otros fluidos en una tarde de sexo

    Envuelta en sudor y otros fluidos en una tarde de sexo

    Una cena, vino, licor y risas, un cóctel para hacer o decir cualquier cosa, una apuesta subida de todo y el pago de la misma, así empieza esta mi historia y termina dolorida en la cama cubierta de sudor y fluidos.

    Realidad o ficción, ficción o realidad, realmente no lo sé, juzgar vosotros porque la verdad que te puede pasar en cualquier cena con amigos o de negocios, luego una burda manipulación, sentirte violada en un principio y a pesar de los fuertes sentimientos por la persona que amas luego no pude parar y te conviertes en cómplice, lo que empezaría siendo una dominación de tu cuerpo y de tu mente, acabaría siendo algo muy diferente, acabaría siendo una tarde de sexo compartido.

    Quizás lo único que quiero decir es que fuera real o no, al escribir estas líneas lo hago mío y solamente quiero relatar un hecho que mi cuerpo experimentó o no, un placer tal, que solamente quiero compartirlo con todos vosotros, no sé si fue real o no, pero quiero que tanto si eres hombre como mujer, sintáis lo que yo sentí o no, los hombres siendo cómplices de penetrar en mi cuerpo dándome el mayor de los placeres y vosotras al sentir lo que yo sentí al ser penetrada, al ser follada haciéndome temblar y a partir de aquí, soñar, imaginar, sentir y gozar.

    No hace ni dos semanas perdí un juego en casa de unos compañeros del trabajo de mi novio, perdí en algo que ni yo creí nunca que pudiera perder, pero pasó, tan segura estaba de mi victoria que la apuesta fue un poco elevada de tono en mi caso y allí delante de todos, delante de mi novio me aposté que me dejaría follar por él, por un compañero de mi novio, por uno de sus jefes si ganaba, varias veces lo tuve que prometer mientras todos nos reíamos, en parte era un juego, todo fue un juego, pero perdí, perdí frente a un jefe directo de mi novio del cual no había oído hablar nunca de él, alguien quien tan siquiera vive en España y que estaba como de paso.

    Durante la cena varias veces me lo recordó, me lo recordó tanto que incluso mi novio tomó cartas en el asunto diciendo que ni se le pasara por la imaginación, pero si, si se le pasaba por la cabeza hasta el punto de mandar a mi novio de viaje, un viaje no programado mientras que él se presentaba una tarde en nuestra casa.

    Muy convincente la verdad, resultó tan convincente que esa misma tarde pagué mi apuesta, no sin antes escucharle decir que si no me acostaba con él, la carrera de mi novio estaba acabada y que aparte lanzaría el bulo de que al final si nos habíamos acostado, de hecho fui tan tonta al principio de dejarle pasar y darle la excusa de poder describir nuestra casa por dentro, ¿convincente no?, no sé si es la palabra, quizás será mejor decir chantaje, un chantaje al que no me podía oponer.

    Mientras me quitaba la falda y la blusa le miraba fijamente no sin sentir asco por él, de estar tremendamente enfadada conmigo misma por haberme metido en aquel embrollo y por ende a mi novio arrastrándolo conmigo, me lo tomé como algo que tenía que pasar, algo inevitable para que mi novio no perdiera el trabajo por mi culpa, le veía desnudarse entero y cuando sé bajo el bóxer salió un enorme pene ya empalmado que él empezaba a menear con una mano, me pidió que no me quitara más ropa, que me quedara con la braga y con el sujetador y que me diera la vuelta arrodillada en el suelo delante del sofá y así lo hice, por un momento me alegré porque así no tendría que verle la cara mientras me follaba.

    Note como él también se arrodillaba en el suelo y como apartaba la tela de mi braga subiéndola por encima de uno de mis glúteos dejando mi vagina perfectamente visible y accesible para él, yo estaba apoyada con los brazos sobre el sofá y mi cuerpo tumbado sobre el asiento cuando empecé a notar sus dedos sobre mi vagina, tocando mi vulva para comprobar lo seca que estaba, no había excitación, tan siquiera un poco de humedad por dentro de mí cuando metió uno de sus dedos, entonces decidió abrir bien mis glúteos y meter su boca para empezar a lamer mi vagina, pasaba su lengua por mis labios hasta mi clítoris y la verdad es que no soy de hielo, no, ni mucho menos soy de hielo y empezó a conseguir lo que desde un principio venía buscando, que yo de una manera u otra participara, pero de momento yo solamente participaba mojando involuntariamente mi vagina al paso de su lengua que entraba y salía de mi interior.

    Algo me comía por dentro al sentir aquel placer cuando masajeaba y lamía mi clítoris, como notaba sus dedos penetrar en mi vagina y como las barreras que había construido en mi cabeza poco a poco se iban desmoronando, mi vagina se iba abriendo al sentir como su glande subía y bajaba por mi vulva y para cuándo empezó a metérmela ya estaba lo suficientemente excitada como para que me pudiera follar sin hacerme daño, una triunfo para él y más vergüenza para mí, pero algo más le costó oír un gemido de mi boca, realmente yo no apostaba por mí, porque con sus manos en mi cadera moviéndose hacia delante y hacia atrás, con su glande metiéndose en mi vagina increíblemente mojada, deslizándose por ella me estaba provocando que tuviera que cerrar los puños y morderme los nudillos para no darle la satisfacción de oír que me estaba gustando.

    Minutos más tarde, su pene seguía penetrándome, saliendo totalmente mojado y alrededor de mi vagina y de su tronco se adhería restos de mi flujo vaginal, no podía fingir por más tiempo, realmente él lo estaba viendo, estaba viendo como me sacaba el flujo de mi interior y mis gemidos empezaron a oírse en el salón a la vez que yo apartando la braga de la entrada de mi vagina mientras me follaba, metiéndome su pene con golpes tan profundos, que cada vez que la sentía tan dentro de mí, un pequeño suspiro con un minúsculo grito soltaba por mi boca hasta el punto de que empecé a mover mis caderas en busca de su pene, bajando y subiendo mis nalgas haciendo que él se quedara quieto y su pene se fuera metiendo y saliendo de mi interior sin tener que moverse.

    Era tanto el placer que él sentía que llegó a apoyar sus brazos en el suelo detrás de él y con su pene bien duro, como si fuera una barra anclada en el suelo me iba recibiendo las embestidas de mi cuerpo cuando bajaba metiéndose en mi vagina, había pasado de estar quieta como una estatua inerte a ser yo la que se sentaba y levantaba de su pene, había pasado de ser follada a follarle y que los gemidos y pequeños gritos fuera ya lo habitual entre los dos, en mi cabeza los rescoldos de aquella barrera que había construido para defenderme se iban diluyendo hasta no quedar nada, nada más que las ganas por aquel pene entrar y salir de mi interior, las ganas de sexo ya sin perjuicios, sexo no por obligación sino porque quería y con su pene penetrando muy al fondo de mi vagina, después de haberme hecho dilatar tanto para él, sentada sobre su pene mis caderas se empezaron a mover en círculos arrancándole los gemidos que él deseaba y en ese momento me levante, me di la vuelta y mirándole a los ojos me empecé a quitar muy despacio el sujetador, luego con la misma parsimonia mirándole fijamente mis bragas, no perdía de vista ningún gesto mío, se notaba como subía y elevaba la excitación entre los dos y con una señal de mi dedo hice que se incorporara y me siguiera hacia la habitación.

    Tenía mi sexo realmente ardiendo, no sabía ni donde estaba ni con quien, solo sabía que estaba demasiado excitada como para que aquello se acabara tan rápido como en un principio tenía pensado acabar, necesitaba aquel pene dentro de mí entrando y saliendo haciéndome perder la razón como ya lo había hecho, realmente no me había follado como para que estuviera así, pero algo había hecho para ponerme así de caliente, así de excitada y nada más llegar me tumbe en la cama abriendo y cerrando mis piernas dejando ver como mi vagina estaba tan mojada que incluso sonaba al abrir y cerrar mis piernas.

    El jefe de mi novio se subió encima de la cama y de rodillas me cogió de los tobillos arrastrándome hacia él, empezaba a llamarme su putita, su zorrita y en vez de molestarme e ignorarle causo el efecto contrario en mí, me excitaba más y más y le pedía que me lo dijera, yo solo quería que me follase y que apagara el fuego de mi interior con esa manguera que tenía entre las piernas, arrastrándome más hacia él, me subió las piernas a sus hombros y levantándome las caderas me la empezó a meter, desde un primer empujón la notaba tan dentro que no pude más que soltar un grito de placer, cada penetración más fuerte y más profunda estaba haciendo que perdiera el control de mi cuerpo, el placer me inundaba continuamente al sentir como la metía y sacaba de mi interior, sus manos apretaban mis glúteos subiendo y bajándolos a la vez que empujaba su pene dentro de mí, estallando en gritos de placer al ser penetrada.

    No podía más y con un grito realmente enorme en mi interior, mi tripa empezaba arder, mis piernas a temblar, mi cabeza meneándose con la boca abierta de un lado a otro de la cama, mis manos se aferraban a sus muslos arañándoselos con mis uñas, luego a las sabanas tirando de ellas y otra vez sobre sus muslos, me estaba provocando un orgasmo tras otro me estaba provocando que entrara en éxtasis, que mis ojos se volvieran blancos y que me olvidara incluso de mi novio.

    Sé que un poco más tarde eyaculo dentro de mí y no fue la única vez que lo hizo aquella tarde, porque el polvo de media hora que él esperaba echar, se convirtió en una tarde de sexo, ocho horas follando sin parar, varios orgasmos, varias eyaculaciones dentro de mi vagina, no me preguntéis ni el cómo ni el porqué, pero me follaba de tal manera que nunca había experimentado un placer como aquel, tampoco es que su pene estuviera fuera de la media no mucho menos, pero al sentirme penetrada por él veía las estrellas, me hacía gozar tanto que no podía dejar de gritar, ya fuera arriba o abajo, a cuatro patas o montándole como una amazona con sus manos continuamente sobre mis pechos, de pie o sentados, en la cama o en el baño, aquella tarde los orgasmos se multiplicaron, los golpes y empujones de su pelvis contra la mía no cesaban, los gritos de placer el hilo musical de aquella tarde de finales primavera que empezó como empezó y termino con mi cuerpo dolorido sobre la cama, rendida y exhausta, envuelta en sudor y otros fluidos.

    Media hora más tarde me despertaba sola en mi cama, desnuda y con restos de su semen entre mis muslos o en mis labios, él se había ido sin decir nada y yo me quedaba pensando si había servido para algo o no, le había sido realmente infiel a mi novio o le había salvado de un despido.

    No lo sé, quizás vosotros me lo podáis aclarar varias preguntas que me rondan por la cabeza, preguntas que no sé siquiera contestar, pero lo que sí estoy segura es de que fuera real o no, fue una experiencia realmente, increíblemente placentera y sin embargo vuelvo a mi pregunta.

    ¿Sirvió para algo o no?, ¿Fui infiel o no?, y como adivinanza para vosotros ¿fue real o ficción?

    Dime con sinceridad ¿tú qué opinas?

  • El regalo: Un antes y un después (Decimosexta parte)

    El regalo: Un antes y un después (Decimosexta parte)

    —¡Ayyy, que pecadito con Amanda! Tener que dejarla a cargo de la oficina mientras nosotras nos vinimos a escoger la ropa que me llevaré a Turín. —Le dije a Magdalena mientras ingresábamos al piso y sobre el espaldar de una silla del comedor, dejaba mi bolso y el abrigo.

    —Mujer… ¿Quieres algo de beber? Y acomoda tus cosas por ahí sin problema. —Magdalena miró a su alrededor y finalmente al igual que yo lo hice, colocó su abrigo en un brazo del sofá y luego se sentó en la esquina opuesta.

    —Ni café ni té, Algo más fuerte podría ser. Y por esa loca no te preocupes cariño. ¡Vamos! Que Amanda me ha contado antes de salir, que esta noche se va con su compañera de piso a buscar follón por ahí. —Me respondió Magdalena desde la sala, en tanto que yo abría el refrigerador buscando que poder ofrecer a mi amiga.

    —Tengo vino, cerveza y aguardientico. ¿Qué prefieres? —Magda, se colocó en pie y se acercó hasta el mesón y mirándome de manera algo extraña, sin dudarlo eligió la botella de aguardiente.

    —Perfecto entonces brindemos. —Y serví en las pequeñas copas aquel licor, casi hasta el borde.

    —¿Y por qué o quién brindamos? —Me preguntó ella.

    —Pues por nuestro aumento puede ser. —Le contesté yo.

    —Bahh, esa es una chorrada tesoro. Mejor hagámoslo por ti y tu próximo viajecito con nuestro queridísimo «ogro». ¡Jajaja!

    —Entonces brindemos por mi viaje. ¡Salud! Ayyy Dios mío, estoy tan nerviosa Magda. Será mi primera vez viajando sola y a otro país. —Magdalena se sonrió de picaresca manera y en seguida me dijo…

    —¿Sola? Hummm, para nada corazón. Vas a viajar en compañía de nuestro jefe. Él te va a cuidar, tiene mucha experiencia y así tu primera vez con él, puede que no sea tan traumática. ¡Jajaja!

    —¡Magda! Pero que tonterías dices. Me refiero a que será la primera vez que viaje sola sin mi esposo. No te imagines cosas donde no las hay. Además él es un señor casado y yo amo a Rodrigo. ¡Qué ocurrencias las tuyas mujer! —Y diciéndole esto, seguramente sonrojada, me empecé a poner un poco incomoda con aquella conversación. Bebí un poco de aguardiente y hasta la mitad dejé la copa para luego tomar del refrigerador una botella de agua.

    —No te enojes tesoro. ¡Vamos! Que todas sabemos que el ogro no está nada mal. Es cierto que es muy serio y algo esquivo, aunque está cambiando y vaya una a saber la razón ¡Jajaja! Pero no me podrás negar que es un madurito llamativo y con todo muy bien puesto. Me matan esos ojitos grises. ¿A ti no? —Y Magdalena se bebió su copa de un solo trago, para posteriormente servirse otro más.

    —Pues sí, eso no se puede negar. ¿En serio te gustan los ojos? A mí, muchas veces se me antojan fríos y vacíos, bastante tristes. —Y salí de la cocina, encaminándome hacia el balcón. Abrí las puertas y luego de la mesa del comedor tomé el cenicero y de mi bolso la cajetilla de cigarrillos. Magda llenó mi copa nuevamente y me la alcanzó, reuniéndose a mi lado a pesar que ella detestaba el olor al tabaco.

    —Silvia, tesoro, no sabes la envidia que me da saber que te eligieron para viajar con nuestro «ogrito». Yo en tu lugar aprovecharía para echarme una canita al aire con él. ¿Te imaginas, darte un buen revolcón? ¡Jajaja! Oye corazón… ¿Crees que será bueno en la cama? A veces me pongo a pensar en él y si está bien «armado» ¿Me entiendes?

    —¡Jajaja! Mujer, con razón esa elevada que te pegas a veces en la oficina. Mira en las cosas que te da por pensar. Yo que voy a saber Magda. —¡Pufff! Suspiré y dando una calada a mi cigarrillo, de inmediato di un gran sorbo al contenido de mi pequeña copa. —No lo sé, puede que sí, o puede que no.

    Y acabando de dar una aspirada más intensa, me giré un poco para evitar que mi amiga pudiera observar lo turbada que me encontraba con sus preguntas, al recordar con claridad, ese cuerpo desnudo y húmedo, aquella tarde en el hotel. Y por supuesto en aquella dura «herramienta».

    —Pues es que nuestro ogro tiene los pies grandes. —Dijo de improviso Magdalena, lo cual me hizo sonreír y a continuación le respondí…

    —Y las manos también. ¿Y eso qué? —Magdalena se llevó la mano a la boca para amainar un poco su carcajada.

    —¡Para agarrarte mejor! Jajaja, Silvia en serio podrías aprovechar ese viaje con nuestro adorable «ogro», ya que el apuesto italiano, juega en otras ligas. —Me respondió aun sonriente Magdalena.

    —Eso no va a pasar querida, ni lo sueñes. Mejor pongamos manos a la obra y me ayudas a escoger los vestidos para llevar. —Y salí con ella agarrada de su brazo y nos dirigimos hasta la alcoba principal para revisar mi guardarropa.

    Tomé del armario los tres vestidos nuevos, pero el único que le llamó la atención a mi amiga, fue precisamente el brillante gris, que yo había pensado estrenar en alguna salida de rumba con Rodrigo.

    —Este está genial para la inauguración. Realmente es espectacular. Anda mujer, pruébatelo ya. —No Magda, es muy destapado, como se te ocurre que me presentaré así delante de todas esas personas. Que pensaran de mí, que soy una… —Y me interrumpió, tapándome la boca con su mano.

    —… ¡Una mujer inteligente! y que se va a ver espectacularmente bella, la mujer que se va a encargar de ayudarles con toda una reingeniería financiera a que mejoren sus utilidades. ¡Eso es lo que van a pensar! Lucirás esplendorosa, Silvia. No me hagas enojar ni perder mi tiempo. Éste lo llevaras a esa inauguración. Pruébatelo, pero ya mi niña. ¡Anda! —Me ordenó.

    Me fui a regañadientes para el baño y allí me desnudé. Frente al espejo me fui colocando aquel hermoso vestido, acomodando las finas tiras por detrás de mí nuca y observando que mis senos no se fueran a salir en algún descuidado movimiento. Realmente se me veía bien, se adecuaba a los contornos de mi cuerpo como si de una segunda piel se tratara. Los pezones se me marcaban ligeramente, pero mi muslo derecho, que sobresalía bastante por la abertura del costado, me hizo echarme para atrás de llevarlo. Era muy atrevido, demasiado sensual y de seguro esa visión provocaría en mi jefe, alguna reacción que lo llevaría a querer intentar conmigo algo más.

    —No Magda, este no puede ser, mira cómo se ven las tetas. Me brincan de aquí para allá al caminar y la abertura está muy alta, se me va a ver todo. No, este no. Que irá a pensar don Hugo al verme. Seguro que se sentirá incomodo a mi lado. Ven, mejor busquemos otro. Pero Magdalena, tomándome de los hombros me obligó a girar, observándome por delante y por detrás.

    —¡Este es! No seas idiota Silvia, te queda de maravilla. Solo es cuestión de darle una puntada por aquí y otra por acá. Nada que no tenga solución, tesoro. Y necesitamos unos zapatos de tacones altos. Hummm, tienes pendientes largos, porque el peinado para este vestido debe ser también especial. Creo que necesitas llevarlo recogido en una moña, para que te luzca mejor. Algo así. —Y aglomeró mis cabellos con sus manos y los levantó sobre mi coronilla, sacando a lado y lado de mi rostro, dos mechones que ondularon libres sobre los laterales de mi cara.

    —Y un collar de perlas… ¿Este es tu cofre? —Y Magdalena sin mi permiso lo abrió y obviamente reparó en la cadena de oro con el alado ángel. No me dijo nada y lo colocó a un costado. Luego revisó minuciosamente mis joyas y al no observar nada de su agrado lo cerró.

    —¡Estás muy mal de accesorios mujer! Tengo que pasarme por el chino que hay cerca de mi casa y miro por allí a ver que pesco para ti. Deja eso por mi cuenta. A ver, que tal si combinamos este blazer azul con algo como… Hummm, si esta falda blanca puede ser. Necesitamos un top blanco también. ¿Tienes uno por ahí? —Déjame revisar, le respondí.

    Magdalena había tomado en sus manos una falda que no usaba muy a menudo, pues era algo corta para ir a la oficina. Además se cerraba por delante por medio de unos botones dorados y dejaba mucha piel para ver. Revisé en mi armario y le pasé uno de poliéster que tenía guardado. Era de cuello en V y con finos tirantes dobles para anudar por detrás del cuello.

    —Si ese servirá. Y te adornas el cuello con esta cadena de oro. ¡Que pendiente tan hermoso y delicado! Se ve muy fino, Silvia. ¡A tu esposo debió de costarle un ojo de la cara! Bueno, a ver… Cambio de vestuario mujer y mientras tanto voy por otra copita. ¿Quieres una también? —Y se apresuró a salir hacia la sala, después de responderle que si me apetecía.

    Mientras que yo, obedientemente, me cambiaba de ropa y sacaba de una bolsa los dos pares de zapatos nuevos. Los negros de ante, no. Pero los azul marino de cuero, esos sí. Al rato salí de mi alcoba para encontrarme a Magdalena revisando algo en su móvil. No había servido las dos copas con el aguardiente, o si lo hizo para ella, se lo había tomado de una sola vez, sin yo darme cuenta. Cuando me vio se sobresaltó, supuse que era por verme allí con el look que ella me había escogido. Mientras yo colmaba las dos copas con la bebida, Magda se acercó para rodearme y darme su visto bueno.

    —Sensacional. ¡Pufff! Nuestro «ogro», con seguridad se va a sentir orgulloso de ti. —Me lo dijo tan seriamente que me molestó su comentario.

    —¡Y dale con el tema! Magdalena por Dios. Que no me voy a vestir así para él, métetelo en la cabeza mujer. Necesito verme bien a su lado, sí, pero para no hacerlo quedar mal ante esos inversionistas italianos. No te hagas ideas ni pienses que lo hago para él exactamente. ¡Entiéndelo! Estas intensa con ese cuentico del «ogro» esto y don Hugo aquello. —Magdalena encogió sus hombros y burlándose de mi respuesta, me saco la lengua.

    —Bueno, cambiando de tema… ¿Será que llevo algo más veraniego por si nos rinde el trabajo y puedo salir por ahí a darme un «Rolling» y conocer algo de la ciudad? Me enamoré del vestido que vimos ayer. Lástima que no pueda comprarlo. —Le comenté a mi improvisada asesora de imagen, dándole un corto sorbo a mi trago y encendiendo un nuevo cigarrillo, fumándomelo en el balcón.

    —Tesoro, por eso no te preocupes. La otra semana nos escapamos un momento y lo compramos. Puedo usar mi tarjeta de crédito y me lo cancelas el otro mes. ¿Qué te parece? —Y pensando que el otro mes ya debería tener más dinero en mi cuenta, le dije que sí.

    —Bueno no se diga más. ¡Ehhh! Silvia, no te vayas a ofender corazón pero hay que hacer algo con esos vellos en tus brazos y en las piernas. También oscurecer un poco el albor de tu piel. Mi prima administra un spa, de seguro que nos hace un buen descuento. Depilada total y una sesión de spray tanning para dejarte un color canela parejo. Y de pasada para mí también, que ya parezco una garza. —Miré con asombro a Magdalena y me sonreí luego por sus ocurrencias. Aunque no voy a negar que me llamó mucho la atención. Sería una bonita sorpresa para Rodrigo, verme tan… ¡Diferente!

    —¿Otro trago amiga? —Y miré la hora en mi smartphone pues debía salir para la casa de mi madre y quedarme allí el fin de semana con mis hijos. Ya anochecía.

    Lo había pensado muy bien en el transcurso de la mañana. Rodrigo me había ofendido bastante y alejarme de él esos días, podría servirle para entrar en razón. No debía desconfiar de mí y menos aún, pretender ufanarse de tenerme, como si yo para el solo fuera un mueble o una decoración más en su vida. Le haría ver lo importante que era yo para él y sobre todo que aunque me gustara sentirme protegida entre sus brazos, yo era muy capaz de cuidarme sola, de hacerme valer como mujer. Que me echara en falta unos pocos días no le vendría mal.

    Después del último sorbo, Magdalena me avisó que debía marchar a verse con su esposo y yo igual, reunirme con mis hijos. Así que la acompañé por el pasillo del piso hasta el elevador, quedando de hablarnos el siguiente lunes para ir de compras y visitar a su prima. Me cambié de vestuario por algo más casual y en un maletín mediano, tomé algo de ropa para mis hijos y para mí; salí de mi hogar algo triste pero confiada en que esa pequeña separación seria benéfica para los dos. ¡Ilusa!

    —¡Hola madre! ¿Cómo estás? ¿Y los niños? —Le pregunté nada más al llegar a su casa.

    —Mi vida, estamos bien, gracias. Y los niños en su alcoba jugando con Alonso. Ya sabes cómo los consiente y les hace fiestas a todos sus juegos. —Me respondió, dándome un fuerte abrazo.

    —¡Voy entonces a saludarlos! —Le alcance a decir a mi madre pero ella me detuvo por el brazo, y mirándome fijamente me preguntó…

    —¿Silvia? ¿Pasa algo entre Rodrigo y tú? —Al parecer me puse pálida pues mi madre posó el dorso de su mano sobre mi frente y luego con las dos, me acarició con ternura de madre, las mejillas.

    —No mamá, como se te ocurre. No pasa nada. Solo que él trabaja mañana todo el día y pues no quiero quedarme sola en el piso, así que me auto invité a pasar contigo y con Alonso, este fin de semana junto con los niños. ¿Por qué piensas eso? —Le terminé por preguntar.

    —Silvia, corazón que sabes que soy tu madre y te conozco bien. Además… Rodrigo acaba de llamarme. A mí, y eso sabes bien que él no lo hace. —Aquello no me lo esperaba. ¡Para nada!

    —¿Y qué quería acaso? —Le curiosee, demostrándole mi inocente desinterés.

    —Pues saludar a los niños antes de que se fueran a dormir. ¿Silvia? Cielo dime… ¿De cuál viaje hablaba él y que ni Alonso ni yo estábamos enterados?

    ¡Mierda! Imposible mentirle a mi mamá. Así que le conté por encima, sin entrar en detalles de nuestro disgusto y que lo del viaje había sido una excusa que por no avisarles con anticipación, se me había salido de las manos.

    —Vaya, ya entiendo. —Me dijo un poco intrigada mi mamá–. En fin, que alcance a decirle que sí, que había un viaje y se me había olvidado. Pero los niños se pusieron felices de ir mañana a piscina y adivina que dijo Alonso.

    —¿Vamos a ir? ¿Es en serio? —Le pregunté a mi madre, incrédula de ver como aquella pantomima pensada por mí para darle un pequeño escarmiento a mi Rodrigo, finalmente resultaba convirtiéndose en feliz realidad para mis pequeños.

    —¡Hey, hey! Un momento. ¿Y ustedes de donde se conocen? —Preguntaba casi a los gritos Martha, completamente sorprendida. Entre tanto yo, me acomodaba en medio de aquellas dos mujeres y me sonreía divertido pensando a su vez, que este mundo era apenas un pañuelo.

    —Jajaja, Martha… Somos conocidos de poco tiempo atrás. —Le dije aquella noche muy cerca de su oído para no elevar tanto mi voz.

    —Almudena tiene algo que me gustaría poseer y yo tengo algo que ella desea cambiar. —Pero Martha retirándose un poco, primero me miró, abriendo bastante sus hermosos ojos de miel y otro tanto su boca, para seguir con el mismo gesto, indagando con sus manos a Almudena que estaba ya más pegada a mí, para poder seguir nuestra conversación.

    —¿Aguardientico?–. Les pregunté a las dos y sin dejarlas responder, fui sirviendo hasta un poco por encima de la mitad, las dos copas. Necesitaba otras dos. Una para Eva cuando regresara y la otra, obviamente para mí.

    —¡Ya regreso! Voy al baño. —Les avisé, aunque en realidad me acercaría a la barra para buscar las dos copas y de paso mirar entre la multitud por donde andaba mi andaluza tabernera.

    La verdad terminé por darme una vuelta por el lugar, sufriendo pisotones y uno que otro empujón, sin resultado alguno. Finalmente me acerqué hasta el pasillo que conducía hacia los baños. Una fila de unas cuatro mujeres esperando su turno para ingresar y del otro lado solo un hombre algo ya bebido que apretaba sus manos entre las piernas, con cara de tener mucha urgencia. Esperé unos segundos y estaba ya por regresar a la mesa, pero tanto la puerta del baño de mujeres como la de los hombres, se abrieron y de allí salieron de un lado, tres mujeres y del frente, un solo hombre. No estaba Eva entre esas pero al menos el borracho pudo entrar apurado a cumplir con sus apremiantes necesidades.

    —Vaya si has tardado tesoro. ¡Has debido tener el tanque lleno! Jajaja. —Esas palabras fueron el recibimiento por parte de Almudena, haciéndome sentir apenado delante de Martha.

    —No seas así, Almudena. Mira que había mucha congestión de vejigas. —Oye Martha… ¿No ha regresado mi amiga?–. Le pregunté un poco preocupado por la desaparición de mi andaluza amiga.

    —Por aquí no ha vuelto a pasar Rodrigo. Estará por ahí con otro grupo seguramente. —Me respondió Martha, mientras bebía un sorbo de su vaso con agua para pasar el ardor del trago de aguardiente.

    Yo saqué de mi bolsillo el móvil para llamar a Eva, pero timbró y timbró hasta que se fue al buzón de mensajes. Finalicé la llamada, pensando en marcarle unos minutos más tarde. Cuando lo iba a guardar de nuevo dentro de mi pantalón, recibí la notificación de entrada de un mensaje. Y sí, era de ella. Me escribió disculpándose por su repentina ausencia, pero me intrigó el leer las últimas ocho palabras. «Me han pedido que te deje en paz». ¿Quién y por qué? Nunca lo supe.

    —¡Ohhh! interpeló Almudena. —¿Están hablando de tu amiga? ¿Aquella hermosa rubia que es tu compañera de trabajo? Hummm, creo saber dónde está y tenlo por seguro que en estos momentos no podrá responder ninguna llamada, pues su boca y los demás orificios deben estar bastante colmados.

    —¿Cómo así? —Le pregunté, seguramente con mis ojos desorbitados por aquella no solicitada revelación.

    —Tranquilo Rocky, no te afanes por ella. Se encuentra en una sesión privada, ya sabes que le llamó mucho la atención, disfrutar un poco en la «habitación del pecado». Ella misma me llamó para solicitar que le ayudara con su novio. Un muchacho bastante mono, aunque eso sí, con aires de superioridad social pero de personalidad, algo retraído. ¡Carlos! creo recordar que es su nombre. —Bueno, pues allá ella con sus gustos. Le respondí.

    —Y no, no estaba hablando de ella Almudena. Preguntaba por otra, una Eva que podría ser de ayuda para Martha y para mí. Pero creo que no va a poder ser. —Y tanto Martha como Almudena, se miraron entre sí, sin entender a que me refería.

    —Ustedes dos de que hablan. ¿Cuál es la habitación del pecado? Y… ¿Cómo así que tu amiga Eva, era la solución para ti y para mí? —Preguntó Martha tomándome del antebrazo y acercando su rostro me interrogó con su chispeante mirada.

    —¿En serio no sabías nada de aquella habitación? —Le dije a Martha y al ver su reacción, moviendo su cabeza de lado a lado, me giré para observar a Almudena, quien con su maliciosa sonrisa, me confirmaba que su gran amiga no tenía ni idea.

    —Vaya, vaya Almudena. ¿Guardándote secretos para con tu amiga del alma? ¡Que tristeza! —Y luego de expresar socarronamente mi inquietud, Almudena se acomodó de tal manera que las cabezas de los tres terminaron casi unidas al igual que nuestros cuerpos, para escuchar con algo de dificultad por el rumbero ambiente, su respuesta.

    —A ver Rocky, no es que sea un secreto, más bien pensé, que aquí mi amiga por su obtusa y férrea educación católica, al conocer esos detalles de mi vida íntima, todo ello podría poner en peligro nuestra amistad. —Y a continuación, tomándole por las manos a Martha le dijo…

    —¡Tesoro! Solo es una habitación que adecué hace algún tiempo, para mejorar las relaciones con mi esposo. Vamos mujer, que estábamos estancados. ¡Aburridos! Y decidí plantearme la posibilidad de poner un poco de picante a nuestras relaciones sexuales. Un poco de dominar y aceptar ser dominado. Intercambiar los roles, humillar al sometido, vencer sus orgullosos principios morales y otorgar el goce al que entregado por voluntad propia, necesitara un poco de sufrimiento para explotar de placer. —Martha prestaba mucha atención a su amiga y sin darse cuenta, tomó mi mano y la apretaba con algo de fuerza.

    —Explorar el mundo del BDSM. —Continuó Almudena con su peculiar monólogo–. Pero creo que si bien al principio lo del «Bondage» funcionó, luego mi marido no lo pudo soportar. Para muchas personas, este tipo de búsqueda del placer a través de la sumisión y un poco de dolor, es una aberración sexual y enfermedad mental, digna de ser proscrita y aquellos que la practican, deberían ser enviados a la hoguera de la Santa Inquisición. Por eso, corazón, no te comenté nada. —Y Martha, más bien poco asombrada, extendiendo su cuerpo por delante del mío, se abrazó con fuerza a su amiga y le obsequió sendos besos en las mejillas de Almudena.

    —Bueno chicas… ¡Menos charla y más trabajo! Les dije yo. —Que hemos venido a pasarla bueno. Vamos a parrandear y festejar por este encuentro. —Y colocándome en pie, tanto a Martha como a Almudena, les tendí mis manos, invitándolas a salir conmigo a la pista de baile.

    En esos momentos aquel tablado estaba casi al tope, sin embargo nos ubicamos en una esquina y los tres nos dejamos llevar por los ritmos de Don Omar y su pegajosa «Pobre Diabla». Almudena, quien aquella noche vestía un top negro tipo strapless y una falda amplia y larga de látex negro con broches plateados, se movía con facilidad y bastante sabrosura. Entre tanto Martha un poco más contenida, agitaba su cabeza y elevaba sus brazos, agitándolos de izquierda a derecha, eso sí, sin despegar casi sus pies de aquel piso de madera iluminada por los flashes de colores. Intentaba a su manera, cogernos el ritmo.

    Luego el Dj, tras hacer sonar un tema de Wisin & Yandel, si no estoy mal «Rakata», nos puso a parrandear con «Gasolina» de Daddy Yankee para con sutileza, ir bajando de a poco el sonido y por el otro canal, empezar a subir el volumen con la más suave y sentimental «Mis Ojos Lloran Por Ti» de Big Boy.

    Ya entrados en el calor de aquella rumba latina, los dos sudorosos y felizmente apartados de nuestras incomprensibles realidades, Martha con su mano sobre mi hombro, se acercó a mi oído para pedirme piedad e ir a descansar un poco de sus pies. Almudena por el contrario, consiguió que un joven admirador, paisano mío por su inconfundible… ¡Parce! ¿Será que puedo bailar con la cucha?, prosiguió sus agitar de caderas.

    Y yo, levantando mis hombros y sonriendo le respondí con mi cachaco parlamento… ¡Ala mi rey! Si a mi compañera le apetece, no le veo inconveniente. Obviamente que la alegre Almudena, no desaprovechó la ocasión para seguir bailando con aquella nueva compañía. Y en seguida me llevé de la mano a Martha hacia nuestra mesa. Llené las tres copas con aguardiente, me tomé la mía y ofrecí una a la esposa del jefe de mi esposa. Ella bebió hasta la mitad, ya sin hacer mala cara, aunque dio un trago bastante largo al vaso con jugo de naranja que yo había servido para mí. Ella feliz sonreía, mientras de su bolso tomaba un paquete de pañuelos faciales para secar el sudor de su frente y con uno nuevo, acercándose hacia mí, realizo la misma operación en la mía.

    —Ohhh, Rodrigo, perdóname. Estoy tan oxidada, que sentí que me iba a desarmar ante tus pies. ¡Jajaja! —Me decía Martha, sobándose uno de sus tobillos.

    —Ven aquí, dame tus pies. —Le dije yo.

    —¿Pero qué haces? ¡No! —Dijo ella.

    —¡Que sí! Le respondí risueño.

    —¡Que no Rodrigooo! —Y pataleaba como una niña, pero riéndose a carcajadas.

    —¡Claro que si Marthaaa! —Hasta que por fin gané yo, tomándola por sus tobillos, la descalcé y acomodando su pierna derecha sobre mi muslo, pude dar un firme masaje a la planta de su pie, frotando con mi pulgar por debajo, haciéndolo despacio de abajo hacia arriba, y por el empeine con mis otros dedos, lo acariciaba suavemente. Por supuesto en su talón también.

    —¿Mejor? —Le pregunté.

    —¡Ufff! Pero qué delicia. Mucho mejor. ¡Ahora en este! —Y ella misma me ofreció su pierna izquierda y una mirada de niña mimada, acompañada por el gesto aquel, de colocar su dedo índice en medio de su boca entre abierta. ¡Aprovechada!

    —Oye… ¿Y tú amiga? Esta desaparecida. ¿Si estará bien? —Me preguntó Martha, aunque no la sentí angustiada.

    —¡Si, preciosa! Ella está bien, no te preocupes. Me abandonó, sencillamente. Es una lástima corazón, porque yo pensaba hablar con ella y proponerle un trato. —Martha arqueó sus cejas en señal de extrañeza.

    —¿A qué te refieres exactamente? —Me indagó.

    —Pues… Se me ocurrió que de pronto Eva, pudiera ser esa mujer que casualmente, tropezara en el camino de la vida con tu esposo y con algo de «ayuda monetaria», se ocupara de hacer realidad tu idea, en vez de su aburrida secretaria. Me parece que Eva si es una mujer de armas tomar. Pero la apartaron muy rápido de mí. —Martha comprendió al instante mi idea y sirviendo una nueva ronda de bebidas para los dos, me preguntó con el gesto de sus manos, tan abiertas como sus ojos, qué había pasado con ella.

    —Aparentemente, –le dije yo con tranquilidad– alguien se opuso a que estuviera conmigo esta noche y se la llevo de aquí.

    Aun con el pie de Martha en mis manos, llegó extenuada Almudena y se acomodó pesadamente a mi lado.

    —¡Aguaaa, por favor!… ¡Aguaaa! —Y agitaba sus manos abanicándose la cara.

    —¡Eso te pasa por alocada! Recuerda que ya no somos unas jovencitas. —Le dijo Martha a su amiga, ofreciéndole la botella de agua.

    — ¡Viejo el carné de identidad tesoro! Que aquí donde me ves, tengo aun mucha vida por delante y bastante energía por ofrecer. ¡Jajaja! Y obviamente por lo que veo, tú ya no das pie con bolas. —Le devolvió Almudena, la amistosa ofensa y nos echamos a reír los tres.

    Martha terminó con su trago de aguardiente y dio otro sorbo a mi vaso con jugo de naranja. Yo por mi parte de un solo envión, me tomé mi respectiva copa de aguardiente. Almudena por el contrario prefería seguir calmando su sed con la botella de agua. Y en el sonido ambiente, se fueron apagando los ritmos salseros para empezar con una tanda de vallenato. Yo miré inmediatamente a Martha, calcé sus pies nuevamente y me dispuse a tomarla de su mano para llevármela hasta la pista de baile.

    —Voy a hacer el oso Rodrigo. No se bailar esa música. —No te preocupes preciosa, solo sigue mis pasos, afloja esa cintura y déjate llevar.

    En principio, no acerqué mi cuerpo al de ella, aunque tampoco la alejé mucho de mí. Coloqué mi mano sobre su cadera e imprimí un suave movimiento para que diera dos pasos hacia un lado y luego con mi mano tomando la suya, le hice devolver un solo paso. Posteriormente la dirigí hacia el lado opuesto y repetimos la lección, en sentido contrario. Cuando la canción iba por la mitad, sorpresivamente la hice girar despacio y de allí en adelante, decidí acercarme más. La fui atrayendo hacia mi pecho, colocando mi rostro pegado a su cara y mi brazo la fue rodeando por su cintura, sin esfuerzo, sin premura. Una vuelta más y ya sentía la dureza de sus senos, disparando por los poros de mis axilas la presencia sexual de las feromonas y en mi verga, la rígida presencia de mi virilidad al tener a aquella hermosa mujer tan pegadita a mí.

    Con plena seguridad y conciencia, Martha lo percibió. Se apretó más a mí y ya los pasos largos hacia uno y otro lado se hicieron mucho más cortos, ni ella ni yo, nos queríamos mover demasiado, aunque creo yo que los dos, queríamos despegar nuestras mejillas, observarnos y concluir la mirada del deseo con un profundo beso. Más no lo hicimos. Solo disfrutábamos en cómplice silencio, aquella tanda de vallenatos, muy abrazados, hasta que finalizando con aquella canción de Juan David Herrera y Miguel Morales, «Sirena Encantada», el Dj en un progresivo crescendo, me metió en problemas al hacer sonar el «Himno de la Feria de Manizales», aquel pasodoble realmente hermoso, pero que yo no sabía bailar.

    Y como por arte de magia, a nuestro lado se apareció Almudena cual matadora experta en lidia de toros, empezó con su gracia a invitarme a bailar. Me negué por supuesto, aduciendo estar cansado, y en vista de mi renuencia para danzar, tomo de la mano a Martha y de aquellas dos mujeres españolas, desbordaron su gran sapiencia y estilo por aquella pista, las figuras aflamencadas, llenas de gran elegancia en sus pasos y en ellas dos, la mirada de una hacia la otra, brindando un soberbio espectáculo a los que allí estábamos presentes. Ni que decir que al finalizar, mis dos acompañantes fueron muy aplaudidas. Se hizo un silencio mientras el Dj, micrófono en mano, nos informaba que la administración de aquella discoteca, esa noche le obsequiaba la cuenta completa a la mesa de aquellas dos esmeradas bailarinas. Más vítores y aplausos se escucharon. Yo, feliz por ellas y por mi billetera, las abracé y a cada una sin pensarlo, les di un beso en sus bocas, para envidia de muchos, sobre todo de mi antioqueño compatriota, que de igual manera, se acercó hasta nosotros para felicitarlas.

    Pasaron varias horas, casi sin darnos cuenta, bailando a ratos, hablando de temas sin trascendencia otro tanto. Miré mi reloj y vi que ya era muy de madrugada. Almudena nos dijo que se tenía que ir a revisar que estuviera todo en orden en su casa con sus invitados, pero nos insistió, a Martha y a mí, en ir a desayunar con ella. Martha tomo la vocería y sin consultarme, le dijo que allá estaríamos. Almudena partió sola, sin la compañía de su nuevo admirador, entre tanto Martha me dijo de ir al baño y yo como buen caballero desconfiado la seguí con mi mirada hasta que se perdió en el fondo del local.

    —¡Tengo hambre! —Le dije a Martha, mientras salíamos del lugar, ayudándole a colocarse su blazer y por supuesto yo, mi cazadora de cuero. Porque si algo hay más peligroso que tomar sin moderación, es el hecho de salir sin abrigarse bien a la calle y que el frío sereno, le pegué a uno dos o tres vueltas y te deje nocaut.

    —¿Tú no? Le pregunté. —Martha tambaleante, sin hablarme me indicó que también, aferrándose a mi brazo y reposando con ternura su cabeza sobre mi hombro.

    —Vamos a caminar por ahí a ver si pillamos algo abierto. Y los dos zigzagueantes, deambulamos unas pocas calles para dar en una esquina con un puesto de Hot Dogs que nos iluminaba el camino. ¡Dos con todo, para llevar puestos por favor!

    —¡Tengo sed, corazón! —Rechistó de repente mi achispada acompañante. Y convertí como doce euros en cena, desayuno y dos bebidas. Tambaleándonos un poco, ella empeñada en ir hacia su izquierda y yo jalándola hacia mi derecha, casi de manera recta, hicimos una torcida diagonal cruzándonos de acera para en la del frente, conseguir una banca donde merendar con tranquilidad, pues tras una que otra mordida, rastros de papas fritas, cebolla, salsa de tomate, mayonesa y algo que parecía haber sido alguna vez un huevito de codorniz, se esparcían desde la punta respingada de su nariz, hasta un poco más allá de la boca de Martha, decorando su mejilla.

    —Eres un colombiano muy loco y borracho. —Me dijo escupiendo migas de pan y papas como balas al hablar, al tiempo que notaba yo, chispear con gran intensidad, el caramelo de sus ojos.

    —Y tú, una ebria madrileña elegantemente sucia. —Le respondí, cuidándome de no torpedearle el rostro con algún trozo de piña o de aquella salchicha alemana y brindar con Coca-Cola por nuestro primer amanecer.

    Así fue aquella alborada, que entre amorosos insultos y piropos consentidos, nos fuimos acercando, primero por el intenso frio de la madrugada sabatina y después, con el resuelto interés de limpiar ella mi boca y por supuesto yo su nariz… ¡Nos besamos como se besan dos enamorados! Borrachos sí, pero para nada hambrientos. Y caminando bien abrazados, un poco más repuestos y derechos, fuimos al parking por su coche.

    —¡Estoy cansada de mis pies! —Me dijo mimosa.

    —Está bien preciosa, está bien. Le respondí. —¡Dios mío dame paciencia y en el culo resistencia! Ven a ver, móntate en mi espalda y te llevo a caballito.

    Y Martha risueña, adorable como una adolescente en dia de Jean-Day, acomodó sus brazos cruzándolos alrededor de mi cuello y sus piernas rodeando mi cintura con firmeza; con pasos lentos y un poco inseguros, cargué con su divertida inocencia sobre mí y dejó ella su aseñorada elegancia, refundida por ahí.

    —¿Sabes cómo llegar a casa de Almudena? —Bajando y subiendo mi cabeza, una, dos y tres veces seguidas, sin decirle nada, cerré un instante mis ojos y solo sonreí.

    Continuará…

  • Cornelio me pide hacer un trío con Stella (2)

    Cornelio me pide hacer un trío con Stella (2)

    Entre semana, Stella me habló al trabajo. Debido a la confidencialidad de los documentos que manejamos en la oficina, está prohibido que dentro utilicemos teléfonos móviles o que accedamos a Internet y las llamadas al interior sólo son a través del conmutador.

    –¡Hola, querido!, ¿cómo estás? –escuché después de decir “A sus órdenes” al descolgar, porque creí que era alguno de los altos jefes, pero reconocí la voz.

    –¿Stella? –pregunté para confirmar –permíteme, te comunico con Cornelio –le dije después de su confirmación y antes de que pudiera marcar la extensión de mi amigo, volví a escuchar su voz.

    –¡Espera, es contigo con el que quiero hablar! –dijo imperante– Ya hablé con él y me pasó a tu número para ponernos de acuerdo en lo del sábado.

    –¡Ah, muy bien! –dije emocionado– Dime qué debo hacer.

    –Además de lo que hiciste muy bien hace unas semanas, acordamos que nos veríamos a medio día en mi casa. ¿Sabes por qué? Tengo una king sise que no me gusta desaprovechar. Además, Cornelio dijo que como tú cocinas muy bien y yo también, sería bueno que nos pusiéramos de acuerdo para preparar una rica cena. ¿Qué opinas? –me preguntó.

    –¡Excelente! ¿Qué se te antoja que hagamos? –pregunté aún más emocionado porque me encantaría aprender de sus secretos culinarios, además del atole que le sale tan rico con cualquier leche, según afirma Cornelio.

    –Dice Cornelio que preparas una lengua almendrada que queda de rechupete, aunque me gustó la que me diste el otro día, lástima que no se me ocurrió guardarte del atolito que él y yo hicimos en la mañana.

    –¡Hecho, yo llevo la lengua, ya cocida, y los ingredientes para prepararla y, claro, también llevo la mía! A propósito, ya que tengo que llevar todo, y también yo me acordé de tu lengua, ¿cómo te gustan los huevos? –le pregunto en doble sentido.

    –Así, al natural, envueltos en pellejo con pelos, grandotes y sobre todo, ¡bien cargados! Los tienes hermosos… –dijo y después lanzó un suspiro– ¡Por cierto, antes de que se me olvide!: en la casa tengo vino suficiente y variado, pero si tú prefieres algo en especial, puedes traer tu botella, además del rico biberón. Beso.

    Al rato, Cornelio fue a verme para preguntar si había quedado de acuerdo con Stella en lo que haríamos para la cena. “La idea es andar en pelotas todo el tiempo, ¡le bailan las chiches divino cuando está de hacendosita!”, me aseguró para que yo fuera considerando las virtudes de su exmujer.

    El sábado que llegué a su casa, ellos no tenían mucho tiempo de haber regresado de dejar a sus hijos con los abuelos y ya estaban en bata. Después de descargar mis vituallas para preparar la cena, lo primero que me dijo Stella fue “Aquí vamos a estar cómodos” y empezó a quitarme la ropa hasta dejarme desnudo. En tanto ella me desvestía, se quitó la bata y Cornelio me trajo unas pantuflas.

    –Están nuevas, me las regaló Stella el día de mi cumpleaños, para cuando me quede con ella, pero no las he estrenado, sólo ando en la alfombra –dijo Cornelio, dándoselas a Stella para que me las pusiera, y se quitó la bata.

    –Si vienes con más frecuencia te compro unas –dijo al ponérmelas, abrazándose de mi pierna para acunarla entre sus chiches, dándome un beso en la rodilla, restregando después su cara en mis vellos. Yo miré cómo se le empezaba a parar la verga a Cornelio al ver a su exmujer en pleno calentamiento.

    –Pues vamos a trabajar –me ordenó Stella tomándome de la mano para llevarme al fregadero donde nos lavamos las manos.

    Cornelio abrió una botella de vino rosado dulce, nos sirvió las copas y brindó “por los amigos de verdad”. “Por ustedes, deseo que recapaciten y vuelvan a estar juntos, aunque a veces otros o yo, les echemos la mano”, dije en mi turno. “Por los hombres como ustedes, son tan parecidos…”, dijo Stella y metió una a una nuestra verga en su copa”. “¡Salud!” dijimos los tres, pero Cornelio y yo nos veíamos de cuerpo completo… ¡Sólo faltaba tomarnos medidas, para darnos cuenta y verificar la verdad que dijo Stella! Empecé a entender por qué, aquella noche, había sido tan fácil para ella seguir la fantasía de que yo era Cornelio. ¡Ya descubriríamos más tarde que también el olor y sabor nuestros eran similares!

    Cornelio se instaló en un banco del cual sólo se levantaba para darnos algún instrumento que necesitábamos o para lavar los trastes que desocupábamos. Stella preparó una deliciosa pasta al horno y yo fácilmente la lengua, y aún tuve la oportunidad de hacer un postre, para el cual había traído también los ingredientes. ¡Cómo tenía razón Cornelio!, Stella es un monumento por todas partes, pero la vista que teníamos cuando ella se agachaba a manipular el horno nos dejaba las vergas grandísimas y chorreantes de presemen que ella se encargaba de limpiarnos regodeándose con el sabor. Me daba un jalón para exprimirlo bien en su lengua y luego le daba un beso a Cornelio, ¡pero después que hacía la operación contraria, y el sabor que me quedaba en la boca era el mismo que aquella noche en que me besó después de mamarme!

    Por fin, todo estuvo listo. Stela fue sirviendo los platillos, dándonos un beso cada vez que servía o recogía un plato. “Si alguien gusta tomar el postre servido en algo especial, no digo que no, pero también le convidaré del mío, donde yo lo tome…” Dijo retadoramente Stella. “Mejor en el plato, porque terminaremos todos enmelados”, dijo Cornelio que la conocía bien. “Así está bien, gracias”, dije y empecé a comer el postre. Al concluir, Stella pidió que Cornelio y yo nos ocupáramos de lavar los trastos, y lo hicimos mientras ella se fue a acomodar los cojines de la sala y las cobijas de la cama.

    –¿Por qué no se te antojó el postre sobre el cuerpo de tu exmujer? –le pregunté intrigado a mi amigo, callando que a mí sí me hubiese gustado lamerle el cuerpo a Stella.

    –¡Claro que se me antojó, y lo he hecho! Pero ella advirtió que también nos convidaría del suyo donde ella lo tomara –me recordó Cornelio–. ¿Te hubiera gustado que te convidara el de ella servido en mis huevos? –me preguntó a bocajarro.

    –Ah… No creo que se le ocurriera hacer algo así –dije sin más interés en contestar.

    –Qué bueno que no quisimos, porque la conozco… –dijo justamente cuando concluimos nuestra tarea.

    En la sala había música alegre y Stella tomó a Cornelio para bailar. Yo me senté a mirar y disfrutar de la sensualidad que Stella desbordaba. Pronto ella alejó a su exmarido y me extendió la mano para invitarme a bailar, pero me jalo de la verga y ya de pie cuando la abracé, no me soltó y se fue a la base de mi aparato para jalarme desde los testículos. Se agachó, me bajó completamente el prepucio y me lamió el escroto haciéndome que me sentara junto a Cornelio para distribuir con mayor facilidad sus lamidas y chupadas entre los dos.

    “Pónganse de pie”, nos dijo y nos colocó frente a frente jalando nuestros troncos y extrayendo el presemen. Juntó nuestros glandes, rebosantes de nuestros líquidos y los friccionó uno contra otro. ¡Mi amigo y yo estábamos arrechos con esas caricias, nuestras caras lo delataban! Stella sonreía con malicia al vernos el rostro compungido de placer; su abundante saliva aumentaba la viscosidad entre nuestros glandes y troncos. Puso nuestros penes juntos y paralelos, pero encontrados, el mío abajo con el glande descansando en el escroto de Cornelio, y, sin despegarlos, comenzó a masturbarnos a dos manos. Yo sentía el calor y la turgencia en aumento de la verga de Cornelio y, seguramente él la mía. Ambos estábamos con los ojos cerrados y acariciando el pelo de Stella. Luego despertamos de golpe del letargo, que seguramente habría concluido en una eyaculación simultánea, pues agarró firmemente los testículos y golpeó un pene contra otro “¡Espadazos!”, gritó y le salpicaban gotas de presemen en el rostro. Dio una última lamida a cada uno y nos llevó, de la verga, a la cama.

    Acostó a su exmarido, se montó en su miembro, dándole la espalda, y se acostó sobre él. Me hizo una seña de que también la penetrara, diciendo “Ahora jugarán espadazos dentro de mi vagina”. Contra cualquier pronóstico, ¡todo resbaló muy fácil! Me hubiera gustado agarrarme de sus tetas, pero Cornelio la aprisionaba de allí, así que rodeé su cuello y la besé mientras me movía. En mi glande sentía el temblor de la circulación sanguínea de los tres, mi falo y el de Cornelio se hincharon simultáneamente y el temblor anhelante de Stella nos hizo explotar a la par. ¡Tres chorros le soltamos cada uno a Stella, hasta el útero seguramente! y sudorosos los tres quedamos quietos.

    “¡Qué rico, mis amores! ¡Qué rico!” Dijo por fin Stella obligándome a quitarme de encima, separando mi boca de la chiche que me había adueñado y se hincó dejando la cabeza de su marido entre las piernas; movió su pelambre que literalmente escurría flujo y semen sobre la boca y nariz de Cornelio. Él abrevaba gustoso lo que su mujer le daba y yo deseaba ser quien estuviera probando lo que mi amigo aseguraba era un manjar. Entonces vi que el pubis y el escroto de mi amigo también estaban tan mojados como Stella y quise chupárselo para saborearlo, pero mi razón me detuvo, sin embargo, tomé un poco del líquido y me lo llevé a la boca. Stella vio mi acción de reojo y dejó de darle a su marido para recorrer sus rodillas hacia atrás, dejando la grupa mojada cerca de mi cara “Ya me diste lengua almendrada, ahora dame de la tuya”, ordenó antes de comenzar a besar a su exmarido.

    –¿Me amas, aunque sea muy puta, mi amor? –le preguntó a Cornelio.

    –¡Te amo puta, mi Nena! –contestó él fundiéndose en un beso con su exesposa, en tanto que yo le metía la lengua a Stella en la vagina hasta donde alcanzaba mi lengua.

    ¡Fue delicioso sentirla calentísima, tallando su trasero en mi cara y sorber el flujo de sus venidas adicionales que le causaban el amor del beso de Cornelio y el frenesí de mis chupadas con viajes de mi lengua desde el ano a la vagina, ida y vuelta! Se ensartó otra vez en el miembro de Cornelio que ya estaba un poco repuesto. Se movió para cogérselo muy bien y a mí sólo me quedaron sus nalgas y su ano para lamer. Se vinieron otra vez y el líquido salía en cada bombeo escurriendo por el tronco. El beso de ellos y el magreo de chiches que hacía Cornelio continuaban. Esta vez no lo pude impedir y mi boca fue a la raja y al tronco de Cornelio para saborear directamente el amor que se entregaban.

    –Ber, por favor, ¿me la metes por el culo? – solicitó Stella sin sacarse la verga de Cornelio de la pucha.

    Yo concedí su deseo de inmediato, acomodándome y metiéndola poco a poco. Para ayudarme a que resbalara mejor, con mi mano tomé una y otra vez los jugos que escurrían y los ponía en mi tronco; a veces eran de la raja y del tronco de la verga de mi amigo, otras del escroto y de su pubis. Entró toda y mis huevos colgantes se friccionaban con los de Cornelio que había cerrado sus piernas para que se elevara el nivel y compartíamos la humedad que él le sacaba a Stella. Nuestros penes se “saludaban” a través de las paredes en cada embestida que dábamos. ¡Me vine dando un grito! y quedé encima de ellos hasta que Stella me tumbó hacia la cama. Qué bueno que lo hizo, de otra manera, mis ochenta kilogramos la hubieran asfixiado.

    Stella, entre los dos, se puso boca arriba. Sus tetas, desparramadas, le colgaban hacia los lados. Nos tomó del cuello y nos acercó la cabeza a la teta, una a cada quien. Nosotros chupamos como becerritos y quedamos dormidos por un par de horas. Despertamos cuando Stella se paró al baño. Cornelio y yo quedamos frente a frente y sonreímos al ver que nuestros cuerpos y cara tenían señales de semen, flujo y babas por todas partes.

    –¿Siempre ha sido así tu mujer? –pregunté llamándola “tu mujer” y no “tu exmujer”.

    –No es sólo mía, ¡sabe Dios cuántos se la han cogido! Pero seguramente que nunca lo ha gozado tanto como ahora, ni de lejos se parece al trío que hicimos con Ociel. Bueno, sí nos dirigió igual que lo hizo ahora –precisó.

    –¡Es muy hermosa y se disfruta a la vista, al tacto, al olor y al sabor…! –exclamé.

    –Sí es una putita muy linda… –verificó Cornelio–. Yo creo que todos la ven así pues no puede esconder su putez y atrae a los machos fácilmente.

    Cuando Stella salió del baño nos miró con una sonrisa tierna. Al parecer nos había escuchado pues se dirigió a Cornelio acostándose a su lado. Le acarició los huevos y el tronco mientras lo besaba con ternura.

    –Te amo. Tú me hiciste mujer, lo puta me salió después, al poco tiempo de que nos casamos. No sé si de verdad hubiese querido que no pasara así pues de lo contrario no nos hubiésemos disfrutado tanto como esta noche, mi amor –le dijo dándole otra vez un prolongado beso que me hubiera gustado fuera yo el receptor de tanto amor y no sólo un simple biocatalizador.

    –Me gustas puta, mi amor, ya te lo dije. Me sorprendías cuando me hacías lo que habías aprendido en otros cuerpos y eso me gustaba. Lo que no soportaba era que te comportabas como una puta sin recato, ni tampoco eras discreta cuando alguno de tus amantes estaba presente: todos se daban cuenta de las miradas y caricias entre ustedes –reclamó con suavidad Cornelio acariciándole el pecho.

    –Lo sé, amor, no podía evitarlo, por eso acepté divorciarme, tú no mereces a una puta viviendo a tu lado –explicó.

    –¿Por qué no puede vivir uno con alguien que sea puta? No creo que sólo se deba a la falta de discreción para tratar a sus amantes o clientes –expresó Cornelio y seguramente al acordarse de Tere incluyó la última palabra.

    –¿Por quién me tomas? Quizá debí decir “soy cogelona” y no “soy puta”, ¡Yo no le cobro a nadie, no tengo “clientes”! –dijo Stella con mucha molestia, separándose y echando por tierra la ternura de ese momento, dándole la espalda a mi amigo.

    –¡Perdón, sí, eres cogelona!, pero se te nota que lo haces con cualquiera que te gusta, Nena –le dijo Cornelio con voz dulce en el oído, abrazándola para besarle la nuca.

    Era claro que yo sobraba en ese momento. Me sentía ridículo. Me sonreí porque además de sobrar, estaba encuerado y con la verga muy flácida. Mejor, procuré no moverme y respirar lo menos profundo que pudiera para no estorbar. Al poco tiempo ya estaban uno sobre la otra besándose y magreándose a dos manos y piernas. El garrote de mi amigo entraba y salía de la tupida mata de Stella. Sus quejidos aumentaron de volumen y frecuencia para serenarse de golpe después de tener todos sus músculos tensos. Yo había empezado a masturbarme y dejé de hacerlo para no mover la cama y dejarlos regocijándose en su calma. Volvimos a quedar dormidos.

    En la mañana, me despertaron las caricias y los besos que me daba Stella, quien con la otra mano acariciaba a su amado desde el pecho hasta el escroto.

    –¿Durmieron bien, mis amores? –nos preguntaba Stela con voz dulce –¿Quién quiere empezar a desayunarse con un rico 69?

    Antes de que yo pudiera contestarle, Cornelio se fue hacia el sexo de ella y se acomodó metiéndole la verga en la boca. Tuvo que doblar las rodillas porque le estorbaba la cabecera. Mamaron y Stella se dio cuenta que yo me jalaba la verga y estiró la mano para ayudarme. Seguramente por la incomodidad, Cornelio la dejo de “a seis” al separarse, pero no soltó la panocha de su boca y se acomodó con el cuerpo hacia la parte baja de la cama. Stella me abrazó obligándome a acercarme a ella para chupar sus pezones y besarme a su arbitrio. Cornelio veía a la puta de su exesposa y le daba más lengua, que se traducía en caricias más estrechas de Stella para mí. “El atole fermentado es lo más rico, pruébalo” me dijo Cornelio y cambiamos de lugar. ¡Era cierto!, aunque no se trataba de algo que fuera disfrutable para muchos, ya que el olor y sabor recordaba más a un orinal de cantina barata, pero elevaba la calentura mucho y mis mamadas, sorbiendo el clítoris y los labios a la vez, propiciaron que Stella me regalara un río de jugos, en tanto que Cornelio gozaba de los besos apasionados que su mujer le daba.

    –Ya, ya… –imploró Stela completamente venida por las chupadas y respiraba dificultosamente al aspirar el aire a bocanadas– Hay que hacer el desayuno –dijo antes de quedarse inerme.

    Cornelio y yo nos vimos a la cara sonrientes de nuestro trabajo y nos levantamos. En la cocina nos lavamos la cara y las manos, para no hacerle ruido en el baño de la recámara a Stella. Hice un rico desayuno, mientras Cornelio exprimía las naranjas, a mano para no usar el ruidoso aparato eléctrico.

    –Esta cogida que le estamos dando, no la va a olvidar nunca la puta de mi esposa –aseguró mi amigo, sin percatarse que dijo “esposa”.

    –¿Sí piensas volver con ella? –pregunté–, dijiste “mi esposa”.

    –Fue un lapsus, así la siento, pero me gusta más que sea puta. ¿A ti no? –preguntó dejando ver que si volvían yo ya no estaría en el panorama de las relaciones de Stella.

    –Me gustaría que fuera tu esposa, aunque ya no me la volviera a coger, los quiero mucho –le dije dándole un beso en la mejilla ante lo cual hizo un movimiento afirmativo en la cabeza y dijo “Gracias”.

    Silentes, acomodamos el desayuno en las mesas de cama y esperamos a que diera señales de despertar para acercárselo. “¡Wow, qué hermoso detalle dijo al ver las mesas y nos dio un pico a cada uno al acercarlas. Encuerados y felices platicamos alegremente de sus hijos mientras desayunábamos. Al terminar le pregunté si quería algo más y dijo “A ustedes, sus cariños y apapachos son lo mejor”. Retiré las mesas llevando los trastos a la cocina y me puse a lavarlos, pues al quitarlos de allí, ella extendió las manos hacia Cornelio quien la abrazó y se quedó con ella. Bueno, aunque con envidia, me sentí satisfecho de mis buenas obras que hicieron brotar el amor, y solitario lave todo. Al terminar, me fui a la recámara y disfruté como espectador de una escena completita de amor, sentado en el banco del peinador. Ellos se amaban como si yo no existiera. ¡Te amo!, gritó Stella, “Yo también, le contestó jadeante Cornelio, quedando quieto entre sus piernas. Yo veía con ardor cómo escurría el amor entre las verijas de Stella, pero me contuve y los dejé reposar. Cuando se bajó Cornelio hacia la cama, se quedó dormitando y Stella se me dio cuenta de cómo me relamía al ver la verga flácida y completamente mojada de Cornelio.

    –¿Se antoja, verdad? Aquí hay mucho… –me dijo abriendo las piernas y extendió los brazos para que fuera hacia ella.

    Me puse a chuparla furiosamente y ella se fue hacia el pene de su marido para hacer lo mismo. “¿Ves que sí es rico el atole que hago?” Me dijo antes de enderezarse para sentarse sobre mi cara y moverse como en la noche anterior lo había hecho con su exmarido. ¡Quedé con la cara embarrada de su flujo que intermitentemente salía de su cueva que paseaba sus labios y clítoris desde mi barba hasta las cejas! El trabajo no era el de una puta, ¡era mejor!, el de una mujer enamorada que complacía a sus instintos. Nos acomodamos y ella se subió en mí para moverse. Acomodó sus tetas hacia arriba y los pezones se acercaban a mi cara con el vaivén de su cuerpo; yo estiraba la lengua para atraparlos, pero la boca de Stella capturó mi lengua y me besó con pasión… Ya no envidiaba el amor que hacía rato le había prodigado a mi amigo Cornelio, me hizo venir con abundancia, y sentí cómo me aprisionaba su “perrito” para exprimirme. “¿Me amas?” me preguntó sorpresivamente antes de besarme. En mi interior grité “Sí, te amo Stella”, pero al terminar de besarla le dije “Te amaré las veces que me lo pidas” y entendí por qué ni sus amantes ni Cornelio quieren dejarla…

    Dormimos todos. No sé si Cornelio nos haya escuchado en sus sueños. Al despertar, volvimos a cogerla, juntos y separados otro par de veces más, asombrándome de tantas veces que me vine en esas 24 horas y no supe si era porque sí estaba bien cargado o porque Stella sabía excitar la producción de esperma. Otra cosa que no pude evitar decirle fue “Qué hermosa puta” en la última vez que me vine; yo esperaba un regaño o al menos una mirada de enojo, pero fue todo lo contrario: sonrió complaciente de haberme cogido mucho.

    Cansados nos vestimos, nos despedimos. Ellos partieron a recoger a sus hijos y yo a descansar a mi casa, llevándome muchos pensamientos y reflexiones de tarea.

  • La madrina degenerada

    La madrina degenerada

    Tengo 39 años y soy un poco gordita, aunque en los últimos cuatro años asisto regularmente a un gimnasio. Trato de mantener una dieta equilibrada, y rutinariamente hago caminatas con alguna vecina. Esto ha hecho que mantenga unas nalgas abundantes y firmes y senos duritos. Soy de esas mujeres que todavía los hombres se dan vuelta a mirarlas a mi edad.

    Me casé muy joven por lo tanto mis aventuras amorosas no fueron muchas…

    Tengo dos niñas de diez y once años…

    El sexo siempre me ha gustado y ha sido satisfactorio con mi marido Edgardo un hombre de cabeza abierta y sin tabúes.

    Pasado los diez años de casados, donde ya no somos tan inseguros, comenzamos con bromas y chistes sobre fantasía que rondan la cabeza de todos los seres humanos. A él le encantan, y a mí también. Esto queda de manifiesto o a la vista cuando mantenemos relaciones y me dice al oído después de dejar resbalar sus dedos por mi vagina o ano e introducirlos junto a su pene.

    -Imagínate, otro clavándote y entrando apretadito?? Te gustaría??

    No precisa ni contestar, mi vagina me delata mojándose abundantemente.

    Confieso que ya pensamos en conseguir otra persona para poder llevar a cabo esas ideas.

    Las veces que nos planteamos eso, nunca encontramos a alguien convincente.

    Que fuera sobre todo discreto, de buena apariencia y un gusto mío personal es que tenga un pene bastante grande y sobre todo grueso.

    La vez que estuvimos más cerca fue en un viaje a Bahía, Brasil. Después de acertar el precio el candidato no quería la participación de los dos. Solo para mi, y no me anime a seguir.

    Además el miedo a contraer alguna enfermedad venérea, más allá de usar protección también nos preocupa.

    Pero la vida siempre da oportunidades y llegan cuando menos se espera.

    El año pasado visitamos a una prima y comadre mía que viven en el campo.

    Había bautizado a Jorge su niño mayor. Pasamos todo un fin de semana entre máquinas y animales. Donde nos contó que su hijo esté año vendría a la capital terminar sus estudios.

    Un adolescente, que como persona de campo, era bastante tímido. Pero ya era todo un hombrecito.

    -Tu ahijado, te acordás? Me dijo.

    -Qué edad tiene?

    -Cumplió 19 hace un mes.

    -Como pasan los años Marisa…

    Después de esos tres días, nos volvimos a la ciudad.

    Extrañábamos ya nuestra casa, y esa noche a pesar del cansancio hicimos el amor.

    Y creo que ahí comenzó toda esta locura linda y excitante que actualmente estoy o estamos envuelto.

    Ya estando en la cama yo en perrito, con mi vagina para arriba y abierta me dice Edgardo después de unas palmadas.

    -Vamos a comer esa colita, que la miraron con tantas ganas…

    -Quien? Porque me decis eso?

    -No te diste cuenta?

    Aahh, no lo viste?

    -No, yo no, pero quién?

    Terminamos enseguida y las embestidas de mi marido fueron grandes y profundas. Lo conozco, sé que cuando eso pasa tiene algún motivo que lo deja sumamente excitado. Después de terminar no seguimos con el diálogo. Solo lo retome al otro día, cuando insistí en saber quién me había mirado. Los hombres muchas veces palpan cosas que las mujeres no las vemos. Aunque a veces es también al revés. Nosotras vemos y percibimos cosas que ellos ni cuenta se dan.

    Con cara de picardía me dijo:

    -No se dio cuenta madrina quien le miraba ese culo redondito?

    -Quien!!??

    -No se dio cuenta que su ahijado le clavaba la mirada y la quería comer con los ojos?

    Aquel día que los ayudamos acarrear cajones de tomates o cuando la sujeto para subir a caballo?

    -Noo, es un guacho, no jodas, en serio…

    -Es un guacho, pero si te agarra con la vara que tiene te hace delirar… me dijo y se fue a trabajar

    Las bromas de mi marido siguieron, y primero diciéndome si no quería traer al ahijado a estudiar.

    Pero después me lo dijo en serio.

    Al comenzar el ciclo lectivo, ahí estaba mi ahijado. Ya no lo mire como un niño. Era un hombre, con los brazos torneadas y quemados del sol. Era tímido y observador tal cual me dijo Edgardo.

    Cada vez que salía a trabajar me decía pícaramente

    -No se vaya a comer su ahijado, madrina.

    Se reía y me daba un beso.

    Días después me dijo que si quisiera desecharlo lo hiciera que él no veía nada. Y para atizar más mi lívido agregaba.

    -Ojo que la tiene grande y gruesa…

    -No jodass…

    Pasados 15 días, note que era cierto que me miraba disimuladamente y seguí los consejos de andar con un short corto.

    Cuando venía del gimnasio y dejaba la ropa interior, note que faltaba y después aparecían misteriosamente en el lugar.

    -Lo vas a tener que pasar por la entrepierna era el consejo de mi esposo… me decía riéndose.

    Cada vez que lo llamaba a su trabajo lo primero que me preguntaba era si ya lo habíamos hecho.

    Un día arreglamos con Edgardo que él se iría a otra ciudad por dos días…

    Que tratara yo que él me comiera en esos días. Después de cenar esa noche, ya las niñas dormían, quedamos conversando y tomando unas cervezas.

    Bromeábamos y creo que el alcohol lo dejo más desinhibido. Lleve la mano en sus geniales, se río y acepto, no paramos hasta casi dos horas después.

    Lo que hicimos ahí mismo sobre el sofá, con aquel pene grande, lleno de venas y ansioso fue de lo mejor.

    Su venida dentro de mi parecía que hubiera orinado. Tenía semen dentro de mi vagina y chorreado hasta la espalda.

    Como sigue esta historia no lo sé, claro que mi deseo es de tener mi marido y el dentro mío.

    Todavía no me anime a eso. Si lo hago ustedes sabrán.

  • Teletrío

    Teletrío

    -¿De verdad no me crees? 

    -Imposible, le decía

    -¿Por qué? Me preguntaba

    -¿Por qué estarías aquí? Le seguía insistiendo

    -¿Necesito decir la razón? Culminó con esa mirada candente, comiéndome con sus ojos de pies a cabeza.

    Con 22 años, recién después de la ducha, con los ojos hinchados y sintiendo mi cuerpo de manera estrepitosa, disfrutaba, siendo interrogado de nuevo, de pie desde la orilla de la cama, no por no haber escuchado, sino porque, me calentaba infinito su manera de mirarme al pensar que no le creía.

    La excitación me empezaba a envolver y mi cuerpo lo iba sintiendo con cada respiración. Antes de que me preguntara, la miré muy caliente, con esa sonrisa en la cara:

    -¿De verdad no me crees? Insistió con mirada sospechosa, esta vez, levantándose de la cama, dejando entrever sus enormes tetas.

    -Absolutamente no. Le dije, a pesar de creerle todo, pero podía oler hacia donde iba.

    -¿Acaso crees que una cincuentona como yo no puede conseguir pareja y rehacer su vida de nuevo? En este punto, ya podía ver su cintura, sus talones, sus hombros, su cabellera pelirroja.

    -Ya te dije ¿Por qué estarías aquí? Me quiso agarrar la verga y me alejé para verla caminar en cuatro hacia mí.

    Su piel canela brillante, manos pequeñas, hombros relajados que demostraban un semblante de experiencia; mirada intensa y unos labios que, luego de besar, te dejaban boquiabierto. Mientras se acercaba sensual y tranquilamente, sentía su olor a caliente, quería comerme otra y otra vez.

    Me miró entendiendo el juego. Así, al otro lado de la cama, me miró decidida a perdernos en nuestros cuerpos de nuevo. Se puso en cuatro y sensualmente agachó su tronco y pecho, hasta tocar sus tetas con la cama y quedar con su cola parada moviéndola de lado a lado, como suplicando por mi pene en su culo.

    En aquel momento, con mi verga en el punto preciso para que me recibiera en su boca, Nené, la tía de mi tío, escupió sus dedos y empezó a humedecer su vagina.

    Desde los pies de la cama, la observaba. Escupí mi mano y la pasé por mi glande. Empecé a acariciar mi cabeza, lentamente. Rozaba con mi pulgar y mi dedo índice la punta de mi pico. Miré a Nené y cuando estuve seguro que nuestros ojos estaban en contacto, junté saliva y la dejé caer hasta que llegó a mi verga.

    Nené soltó un gemido que me hizo estremecer. Ella se seguía mojando, esta vez, oscilando su cola aún más lentamente, enseñándome lo que sería mío. En mitad del camino, volvió a escupir, esta vez su otra mano y empezó, como si fuera el contorno de su boca, a acariciar su fenomenal culo.

    Verla acariciar su cola me hizo mojar como nunca antes. Tenía unas ganas tremendas de reventar en semen. Pero sabía que podía contenerme y aguantar.

    No dejó de caminar en cuatro hacia mí. Su boca estaba cada vez más cerca de mi cintura y de todo mi ser. Recordé la primera vez que nos vimos: su sonrisa hizo que me perdiera en todas sus historias.

    Ahora, a menos de 20 centímetros, nos encontrábamos jadeando. Ella tenía 32 años más que yo, y había sido mi maestra hace unos tres años atrás. La pandemia nos alejó y un cumpleaños nos trajo hasta aquí de nuevo. Antes de llegar al motel, Nené, vestía unos pantalones negros sin apretar y una blusa que le hacía resaltar su busto.

    A los 54 años, se puede entender que el cuerpo ha tenido sus vejares. Sin embargo, Nené, sin querer exagerar, no tenía que envidiarle nada a nadie, porque simplemente no hay nada por lo que envidiar.

    Miré al cielo y pude ver en el espejo mi verga dura y sudada cada vez más cerca de la cabeza y de la boca de Nené. En aquella instancia recordé la primera vez que follamos, Nené había prometido entregarme todo su cuerpo. Sin embargo, cuando quisimos tener sexo anal, mi experiencia no estuvo a tono. Esta vez, si me quieren creer, ya podía ver y oler que entraría todo mi pico en ese culazo que me lo seguía suplicando.

    Como toda una profesional, cuando ya podía acariciar su cabello y empujar su boca hacia mí, pero aún sin tocarnos; cuando ya me iba a agarrar sólo con su boca y hacerme estremecer; cuando ya podía sentir no sólo su respirar, sino que su aliento muy cerca de mi glande, sonó su teléfono.

    A pesar del corte energético y erótico que estábamos viviendo, lo que vino no pudo sino que añadir más presura y cantidad, a mi estado de agonía por explotar en semen.

    Sin perder un segundo de sensualidad, Nené se volteó raudamente hacia el velador contiguo al respaldo de la cama -donde estaba su teléfono sonando -quedando en cuatro, con su culo parado frente a mí, sabiendo que sería mío. Nené tomó su celular, se dio vuelta, se acercó, se sentó en la cama y me dijo, tratando de agarrar mi verga húmeda y dura con una mano:

    -Si dices una palabra, estamos fritos. Sólo disfruta…

    Antes de contestar, me mostró el celular. Entendí y cerré los ojos:

    -Amor… -fueron sus primeras palabras

    -Hola amor -le respondieron en el altavoz -¿Cómo estás?

    -Amor, que oportuno eres -dijo ella candente. Entendí que quería hacer la conversación precisa y cortar rápido. Sin embargo, él le respondió

    -¿Estás en casa esperándome en cuatro? -dijo él sin tener idea de cómo en verdad estaba ella. Así que Nené, sonriendo, levantó su cabeza y se arrodilló por completo, quedando bajo mi pene. Me tomó con fuerza y comenzó a masturbarme con una sonrisa picarona en su cara. Su mano pequeña apenas me podía sostener. Sin esperar un segundo, añadió:

    -Estoy en casa amor, pero quiero que me ayudes ¿Te acuerdas de un consolador que tengo? Esta vez lo dijo con un tono más sucio y juguetón.

    -Siii -añadió él, con picardía y sabiendo que se venía.

    -Te extraño mucho -le dijo Nené, mientras me miraba, empezando a pajearme con más fuerza y rapidez, desde el glande hasta menos de la mitad ¿Quién es la perra más sucia? Terminó preguntando perspicazmente, buscando una respuesta clara…

    En ese momento, ya todos habíamos entendido el juego en el que estábamos. En verdad jamás dudé de la primera pregunta que me hizo: Nené realmente podía estar y pasar un resto de noche con quién y cuántos se le antojara. No sólo era hermosa y mamá de dos hijos mayores que yo, sino que muy simpática y amigable. Además de estar llena de historias que podían cautivar a cualquiera.

    Sin embargo, estaba yo ahí, viendo y sintiendo como, con su mano derecha sostenía el celular y con su mano izquierda, hacía el mejor intento para agarrarme entero.

    A la pregunta de Nené, el altavoz dijo:

    -Tú, perrita sucia ¿Estás caliente amor? ¿Quieres que te escupa en las tetas o en tu concha? Comenzó a hacer preguntas que parecían en vano, pero que -del otro lado -sólo hacían que mi verga estuviera más estrechada por sus manos. Su boca aún estaba reservada, pero, en un momento de perversión y coquetería, Nené no aguantó y se puso mi pene, ayudada de su mano, con el glande entre sus ojitos. Ya no podía divisar ni su boca ni nariz.

    -Perra sucia asquerosa soy -Dijo rozándome el pene, cómo suplicándome -¿Quieres metérmela? Me miró Nené y me levantó los ojos. Claramente, la pregunta iba para mi, aunque por más que quería responder y actuar, sólo me contuve y disfruté del espectáculo.

    54 años no son en vano, y era el día de Eros presente en ese cuarto. Cuando vi que la saliva de Nené se asomaba por su boca a medida que la iba abriendo, con sólo ganas de chupar, nuestro tele-invitado preguntó:

    -Amor ¿Te gusta chupar la verga? Sin previo aviso, Nené -por más intentos fallidos que tuvo -trató de meter toda mi verga en su estrecha boca. Mientras abría unos ojos grandes y su sonrisa iba creciendo, tuve que contener todos mis gritos y emociones. Jamás me habían dado una mamada tan profunda. Nené, llena de verga en su boca, como si fuera un helado, un plátano o un pepino, trató de responder:

    -Amo la verga en la boca amor, dámela toda toda por favor. A la vez que decía esto, sólo con su boca y lengua, se movía sin parar, de arriba abajo. Cuanto más se la podía echar en la boca, más lo hacía.

    Ante dicha petición, en el mayor silencio posible, para no despertar sospechas de nuestro tele-no-vidente-invitado, comencé, con amor y respeto, a meter cada uno de mis centímetros en su boca. Insisto, 54 años no pasan en vano, y la base de mi verga lo sabe muy bien en su boca.

    En esos segundos de sexo oral animal, donde lo único que se escuchaba era el sonido de mi verga con su saliva y boca, la interrumpieron nuevamente:

    -Que rico te metes ese pene plástico en la boca amor, no pares, no pares ¿Estás usando el juguetito que te regalé hace poco amor? ¿Ese realista que tira semen?

    La pregunta me llevó al punto previo de acabar. Estaba a un par de corridas de qué Nené quedara bañada de semen en su cara y boca, cuando ella, mirándome con la boca abierta y entregándome la verga para que acabara, mientras que agarraba y movía fuertemente sus tetas, hizo que todo se multiplicara por mil, respondiendo:

    -No mi amor, me compré uno más grande y grueso que apenas me entra en la boca y no lo puedo tomar con mis dos manos, pero también tira mucho semen…

    No alcanzó a terminar la frase, cuando, desde mi posición, empecé a ver como salía semen a borbotones, como si fuera la primera vez, dejando a Nené sin poder pestañear y con montones de semen deslizándose por su cara…

    Tras una breve demora, y Nené mirándome a través mi semen con la boca sonriente y ya vacía del semen que había tragado, nuestro invitado pareció dudar y señaló:

    -Amor ¿Sigues ahí? ¿Acabaste? Con picardía, Nené, audaz y suciamente respondió:

    -Si amor, aquí estoy. Sin querer presioné el botón de acabado del juguetito, y me llené la boca y cara de semen ¿Sigamos? Nuevamente, la pregunta iba hacia mí y, como si fuera magia, nuestro invitado tomó un rol protagónico, diciendo:

    -Amor ¿Qué tal si pegas la verga de plástico a la pared o al respaldo de la cama y te montas sobre ella? Así -continuó la voz -puedo escucharte gemir putita rica.

    En pocos segundos, como la verga de plástico ya estaba lista y dura de nuevo, Nené se paró, y lentamente, después de quedar en cuatro patas, lentamente, comenzó a agachar su culazo, haciendo sus últimas súplicas de verga, diciendo:

    -Amor ¿Quieres venir a metérmela? fue su último rezo, mientras me miraba al espejo y se mordía los labios. Así, me disponía con toda mi verga a meterlo en su vagina, cuando es escuchó:

    -Imagina que te estoy lamiendo tu vagina, llenándote de saliva, mientras endurezco mi verga…

    En ese momento comprendí la conexión con nuestro invitado y, antes de introducir mi pedazo, no pude dejar de tomar ese culo con mis manos, mirar lo estrecho que era y llenarlo de escupos y saliva, silenciosamente.

    Los gemidos de Nené ayudaban a que mis movimientos y lamidas, leves y minuciosas, no se escucharan por el celular. Mientras lamía su vagina con toda mi lengua y cara, podía contemplar su culazo y me preguntaba: ¿Cuántos habrán pasado por aquí?

    Pensamientos voyeristas sobre sus historias y lo que me relataba al oído, sólo hacían endurecerme más y creer que el tiempo se me iba de las manos. Aunque, en aquel entonces, aún bajo los excitantes gemidos de Nené -sin duda sobreactuados -entre mis manos y mi boca, sólo se encontraba un culazo, en donde mi lengua ya estaba más de la mitad adentro de su ano.

    Nuestro invitado, feliz, casi dándome órdenes, decía:

    -Amor, ya veo que estás toda mojadita ¿Pudiste colocar el juguete en la muralla? Nené, antes de darse vuelta, silenció su celular y dijo en una voz de calentura y desesperación que espero oír de nuevo:

    -Pendejo rico, métemela toda bien fuerte por el culo ahora por favor…

    Estupefacto, recordando que no había podido hacerlo bien antes y con infinita inseguridad, justo después que ella sacaba el silenciador, sentenciaba:

    -Aquí voy amor, no paro de pensar en tu pene mientras me como esta verga plástica…

    Si bien traté de hacerme dueño de su cola lentamente, para disfrutar y recordarlo como si cada día lo viviera, en pocos segundos, más de la mitad de mi verga era completamente de ella.

    Tratando de mantenerme estoico, como una buena verga de plástico pegada a una muralla, Nené hacía todo: cerca de su boca -al teléfono -le gemía y entretenía a su marido, mientras que a través del espejo, me miraba ardiente y con cada gemido que gritaba, su cola era cada vez más mía y estaba cada más más cerca de mi pelvis.

    -Que exquisito amor. Me encanta como mueves tu cintura ¿Te la meto por el culo? Nuestro amigo, definitivamente, no tenía idea de como estaba Nené en ese momento. De pronto, cuando entre su culo y mi verga no había espacio ya, entre gimiendo y gritando, exclamó:

    -Amor, me estoy corriendo ahora, me estoy corriendo ahora ¿Quién es la perra sucia? ¿Quién es la más puta? Jadeando preguntó

    -Tu mi perra asquerosa. Cómete todo mi pene ¿Te gusta bien hasta el fondo? ¿Quieres que te chupe las tetas? ¿Quién es la perra más sucia? ¿Te acuerdas del trío que me comentaste…?

    Con esta última pregunta, sólo como una persona experimentada puede saber, Nené agarró mi pico y, con mi ayuda, la metió en su vagina, tiritando de placer:

    -Si mi amor, si amor, culéame, culéame, culéame, lléname de semen. Dame mucho semen, semen, semen, quiero semen, mucho semen…

    Cada vez su voz se iba perdiendo entre gemidos, gritos, orgasmos que me iba poniendo de punta, llevándome derecho a otro orgasmo, pero me contuve y logré contemplar como en cada orgasmo, su vagina se adueñaba cada centímetro más de mí y su culo poco a poco iba volviendo a ser lo estrecho que se veía.

    Aún en cuatro, con su culo aún frente a mí, comenzó a despedirse de nuestro invitado, diciéndole que lo extrañaba mucho y que quería verle. Terminó de colgar, se arrodilló en el piso y empezó a terminar la escena con otra mamada, mientras, para reventar yo aún más, no paraba de pensar: ¿Haría Nené un trío de verdad?