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  • Cogí por segunda vez a la mejor amiga de mi esposa

    Cogí por segunda vez a la mejor amiga de mi esposa

    Después de la tarde, en la que algo ebria se me entregó en casa, no supe de Ross por unos días. A los 4 o 5 días de habérmela cogido, me escribió diciéndome que se sentía “mal por haber hecho eso con el esposo de su mejor amiga”, le dije que somos adultos y son cosas que pasan. Palabras más, palabras menos, ese fue el tenor de una conversación que terminó en nada práctico.

    Unos 10 días después volvió a escribirme para decirme que “lo había pasado súper rico conmigo” le respondí igual, que había sido delicioso hacerlo y que me encantaba su cuerpo. Tampoco hablamos mucho, pero me dejó un poco caliente lo que me dijo. Volvió a desaparecer unos días.

    Varios días después, perdí la cuenta de ellos, me volvió a escribir para preguntarme “¿te parezco sexy?”, me encontró en un momento caliente y me explayé mucho, diciéndole que siempre me pareció muy atractiva (mentira de varón), interesante (otra mentira típica) y muy sexy (cierto, pues su culo siempre me gusto). A ella le gustó lo que le respondí y desde ese momento intercambiamos líneas casi todos los días. Nada muy caliente o explícito, pero todo tendiente a ello.

    Me di cuenta, rápidamente, de dos cosas. La primera que siempre era ella la que tomaba la iniciativa, si yo le escribía, no respondía. Así que asumí ese rol prontamente. No me sorprendió, es una mujer de mucho dinero, supongo la que toma siempre las decisiones. Segundo, que siempre que tenía alguna “culpa”, era por ser “la mejor amiga de mi esposa”, jamás por ser una mujer casada. Lo que no me sorprendió pues su esposo es un buen tipo, pero absolutamente dominado por ella.

    Estuvimos así un par de meses o algo más, con mensajes de deseo y poco más. Una mañana de viernes, me escribió preguntándome si podía opinar sobre algo.

    – Alonso, necesito una opinión tuya.

    – Dime Ross, de que trata.

    – Es que me da un poco de vergüenza.

    – Dale, no hay rollos, nos conocemos bien, jejeje

    – Bueno, va. Es que me he comprado una lencería y no sé si me queda bien

    – Pues voy a verte y opino en directo

    – No tonto, como crees, estoy en casa ahora.

    – Manda foto entonces

    Y mandó las fotos. Dos, una desde adelante y otra de atrás. Joder que me perturbó, le quedaba espectacular y se veía impresionantemente bien, en su culo cobrizo, fuerte, de mujer andina. Sin mencionar lo de andina, se lo recalqué varias veces, que estaba perfecta y demasiado provocativa. Era obvia su intención ese día, pues me dijo rápidamente “quiero volver a estar contigo”. Con las fotos que me había enviado, era imposible negarme.

    Ese día no podía, tampoco el siguiente, ni el subsiguiente. Ni por varios más. Siempre tiene su agenda copada (y un esposo celoso e inseguro). Me siguió mandando fotos casi inter diario. Me hizo enviarle algunas de mi verga erecta, lo que no era difícil de lograr viendo sus fotos y, finalmente, tras unos 15 días de idas y vueltas, encontramos el momento para vernos.

    Salí de casa con el pretexto de una reunión de trabajo. Dejé el auto en una cochera a una media distancia. Ella me recogió en el suyo y fuimos a un motel discreto, pero realmente de lujo. Ella manejaba y tenía claramente el control de la situación. Había decidido día, hora, donde recogerme y donde ir.

    Al llegar, ella pagó el hotel. Subimos a la mejor habitación (supongo) del mismo y ni bien entramos, me “ordenó” acuéstate. Lo hice y siguió casi el mismo proceso de la primera vez, con ella mandando que hacer y cómo hacerlo. Sus labios ansiosos mamando mi verga me hicieron sentirla puta muy rápidamente, aunque ella llevaba el control. Se desnudaba mientras la mamaba y me fue desnudando. Cuando quedamos ambos desnudos, se subió sobre mí para una 69.

    Sentí su sexo muy húmedo, casi chorreando sobre mis labios. Eso me excito aún más. Le introduje mi lengua lo más profundo que pude y comencé a masturbarla con mis dedos. Ella seguía mamando con maestría, desde la cabeza hasta los testículos y detrás de ellos, casi hasta llegar a mi ano. Llegó con mi lengua y dedos y sentí como se chorreaba sobre mí boca, me tomé todos sus fluidos.

    Pensé, por un instante, que ella pararía al haber llegado, pero nada. Se sentó sobre mi rostro y se acomodó dejando su culo exactamente sobre mi boca. Procedí con la lamida de ano que esperábamos ella y yo. La sentí vibrar y la sentí venirse nuevamente, con mi lengua disfrutando su culo de chola cobriza.

    Se levantó y con su cara de puta muy peruana me pidió (diría ordenó por la forma) que la coja por el culo. Se puso en cuatro patas al medio de la cama y me monté sobre ella. Entro demasiado fácil, ni siquiera la había untado con saliva, ya estaba húmeda desde el beso negro y dilatada tras su primer orgasmo anal. Llegamos ambos rápidamente, ella por tercera vez y yo por primera.

    La saqué de su culo y ella, sin mayor permiso ni recato, se la puso en la boca y me limpió la verga de mi semen y del sabor de su propio culo. Luego de ello se acostó un momento y dormitó unos 20 minutos. Yo me acosté a su lado, exhausto y satisfecho. Al despertar de su muy breve siesta, comenzó a besarme desde el cuello hasta los pies. Con maestría, con ansías y definitivamente dándome a entender que, en esa relación infiel, ella llevaba la marcha.

    En pocos minutos se volvió a poner tiesa mi verga y comenzamos el segundo round. Esa mañana de hostal de lujo, sólo fui por su culo las tres veces que la cogí. Las dos últimas, sin que ella me lo pida o indique, sin que yo se lo propusiera. Luego de eso, pararon unos quince días o algo más hasta que ella me volvió a contactar. Supe que, yo disfrutaba de su cuerpo, pero a la vez era usado por ella.

  • Has hecho correr a mamá, bandido

    Has hecho correr a mamá, bandido

    Renata, una mujer de 44 años, muy delgada, estaba llorando sentada a la mesa de la cocina enfrente de una botella de vino blanco medio vacía. Su hijo Anselmo, un joven de 24 años, moreno, alto y fuerte, al entrar en la cocina y ver cómo lloraba, le preguntó:

    -¿Qué te pasa, mamá?

    Renata cogió el vaso mediado de vino, se lo bebió, y con la cabeza baja le respondió:

    -Tu padre me dejó. Se fue con otra. Todo es culpa mía. ¡Estoy seca cómo un bacalao!

    Anselmo, que se llamaba cómo su padre, trató de consolarla.

    -Tú estás de buen ver, mamá.

    -¿De buen ver? ¡Solo miran para mí los perros y miran porque ven muchos huesos.

    -Te subestimas, padre si se fue con otra es porque toda su vida fue un putero.

    -En eso llevas razón. ¿Pero cómo voy a vivir sin su sueldo?

    -Viviremos con el mío.

    -Tú un día te irás. ¿Y después qué va a ser de mí?

    -No me voy a ir, no ahora que te tengo para mí solo.

    A Renata le sonó la voz de alarma.

    -Espero que no estés insinuando lo que estoy pensando.

    -Sí, te estoy diciendo lo mismo que te dije hace dos años después de dejarte padre por primera vez, que te quiero para mí solo.

    -Aunque tu padre no hubiese regresado nada hubiese ocurrido entre tú y yo, y lo sabes.

    Anselmo se puso filosófico.

    -Solo sé que no sé nada.

    Renata no estaba para filosofía, se echó otro vaso de vino y le dijo.

    -Todos sabemos lo que sabemos y yo sé que no valgo ni para tomar por culo.

    Para Anselmo el culo de su madre era un sueño.

    -Ese culito. ¡Ay si yo pillase ese culito! Está para comerlo poquito a poco.

    A Renata se le pasó la tristeza momentáneamente y rompió a reír.

    -Poco ibas a comer. ¡¿Qué acabo de decir?! El vino ya empieza a hacer efecto.

    -Ojalá te emborraches.

    -¿Para qué quieres que me emborrache?

    -Sería más fácil…

    Renata la pilló por el aire.

    -¡No, hijo, no! Ni de borracha ni de sobria permitiría que me tocases. ¿No te da vergüenza tener esos sentimientos sucios hacia tu madre?

    Anselmo no tenía perjuicios.

    -No, pues no creo que sean sucios. Me voy a bañar. ¿Ya has hecho la cena?

    Renata se dio con la palma de la mano derecha en la frente.

    -¡Qué cabeza la mía!

    Anselmo se fue de la cocina. Renata sin cambiarse fue al supermercado a comprar un pollo para cenar. Pollo estofado era la comida favorita de su hijo, y eso le iba a hacer. Cenaron, hablaron más de lo mismo, y luego cada uno se fue para su habitación.

    Era el mes de agosto y hacía calor. Renata estaba sobre la cama vestida solo con una enagua blanca cuando entró Anselmo en la habitación. Llegó desnudo y con la polla tiesa. Renata lo vio venir y le dijo:

    -Si te metes en mi cama mañana me voy de casa y no me ves más.

    Anselmo le preguntó:

    -¿No podría masturbarme mientras te miro?

    -No, vete.

    Anselmo le suplicó.

    -Por favor, deja que lo haga.

    -No, es no.

    Al día siguiente Anselmo volvió y la amenaza fue la misma, al siguiente igual, pero al tercer día Renata, después de hacerse media docena de pajas en dos días, le preguntó:

    -¿Si te dejo masturbarte mientras me miras dejarás de molestarme?

    -Si tú quieres, sí.

    Renata encendió la luz. Anselmo vio los pezones de las tetas de su madre marcándose en la enagua, una enagua negra que le daba muy por encima de las rodillas. Vio sus bellas piernas, piernas que siempre llevaba tapadas con faldas largas y comenzó a menear la polla. Renata vio la mano de su hijo subiendo y bajando por la polla y su coño se empezó a mojar. Cerró los ojos y se quedó quieta, sin mover un músculo y sin decir nada, y nada dijo cuando su hijo le levantó la enagua y se encontró con el negro felpudo de su coño peludo, ni cuando le bajó una asa de la enagua para dejar al descubierto una teta mediana con una areola oscura y un gordo y erecto pezón, ni cuando le paso la polla sobre él, ni cuando se la pasó sobre el otro, ni cuando le pasó la cabeza de la polla entre los labios, ni cuando subió a la cama y se la pasó entre los labios mojados del coño… Se movió cuando le frotó la cabeza de la polla contra el clítoris erecto… Movió su pelvis de abajo a arriba y de arriba a abajo y cuando se corrió sobre su clítoris se corrió ella cómo una loba, diciendo:

    -Has hecho que se corra mamá, bandido.

    Después de correrse, le preguntó Anselmo a su madre:

    -¿Quieres que me vaya?

    Renata ya estaba demasiado cachonda cómo para andarse con tonterías.

    -Lo malo ya lo hemos hecho. Si algún día pagamos por ello que sea por haber pecado a conciencia.

    -¿Qué quieres que te haga?

    -Hace años que no me comen el coño ni el culo, y creo que a ti te gusta hacer esas cochinadas.

    -Gustan, mamá, gustan.

    Renata quitó la enagua y se puso a cuatro patas. Anselmo le acarició las nalgas, se las besó y se las lamió antes de pasar su lengua por el coño empapada. Luego subió para lamer su ojete. Estuvo lamiendo y acariciando sus nalgas, su coño y su ojete un par de minutos, después le metió el dedo pulgar en el coño y le lamió y le folló el ojete con la punta de la lengua. El pulgar dio paso a dos dedos, y estos dos dieron paso a tres dedos, dedos que entraban y salían de su coño al mismo compás que su lengua entraba y salía del ojete. Renata llegó un momento que echaba por fuera y se lo dijo:

    -¡Voy a correrme, hijo!

    Anselmo la siguió masturbando con los dedos y la lengua hasta que Renata descargó.

    -¡Me corro!

    Mientras se corría, Anselmo le metió la polla empalmada en el coño y la folló a romper. Renata jadeaba cómo una perra. La nalgueó con las dos manos y le dio leña. Al rato se volvió a correr en su polla.

    Al acabar de correrse, Anselmo quitó la polla empapada y se la frotó en el culo, luego mientras se la metía, Renata le dijo:

    -¡Me guuusta!

    La folló a romper de nuevo, pero a Renata le encantaba, tanto le gustaba que con dos dedos comenzó a frotar su clítoris y cuando su hijo le llenó el culo de leche ella volvió a descargar cómo una cerda, diciendo:

    -¡Me corro otra vez!

    La cosa no acabó ahí. Anselmo quería probar los labios de su madre, y los probó, probó el sabor de sus labios, de su lengua, el de sus pezones, el de sus areolas, el sabor salado del sudor de sus axilas peludas, el de su vientre, el de su ombligo y luego bajó a su coño, lo abrió con dos dedos y vio que estaba encharcado, lamió de abajo a arriba para limpiarlo y tragó los jugos. Le enterró la lengua en el coño y después volvió a tragar. A continuación fue lamiendo y chupando un labio, el otro, un labio, el otro… Luego con un dedo le echó el capuchón del clítoris hacia atrás y lamió y chupó el glande erecto. Después le cogió el culo con las dos manos, lo levantó y le lamió y folló el ojete con la lengua. Renata estaba perra, muy perra. Anselmo puso la lengua plana entre los labios del coño de su madre, y le dijo:

    -Dámela en la boca, mamá, dámela.

    Renata volvió a mover la pelvis y babeando por el coño cómo babea un caracol se corrió en la boca de su hijo con una fuerza brutal, exclamando:

    -¡¡¡Diossss!!!

    Anselmo siguió follando a su madre, esa noche y después de regresar su padre.

    Quique.

  • Una deliciosa fijación

    Una deliciosa fijación

    Todo empezó en Bogotá hace 1 año, la difícil situación y las bajas ventas me llevaron a cerrar mi salón de belleza y dedicarme a trabajar como empleada, soy una mujer divorciada 38 años caderas anchas, cabello corto y unas tetas que atraen a los ojos curiosos.

    Mi aspecto es impecable y muy educada, pero soy una mujer normal para mi edad. Por esas vueltas de la vida termine trabajando en un centro de estética haciendo depilaciones en cera, como se imaginaran el trabajo en si ya es poco monótono y de a poco cada vez se hace más fácil ver tanta gente desnuda, vergas de todos los tamaños, formas y grosores, al principio les confieso que la timidez la disfrazaba con seriedad, pero en este trabajo no sirve mucho así que dé a pocos he podido soltarme y entablar charlas amenas aunque los clientes siempre buscan la forma de intimidarme.

    El día empezó de manera normal don Armando un señor como de 40 años que viene mensualmente tenía el primer turno y pidió que le hicieran el bikini lo cual me venía muy bien porque es muy caballeroso y huele muy rico, cosa que me encanta.

    Al despedirse en la sala de espera estaba un joven delgado y muy buen mozo, como de unos 22 años, le pedí que pasara y al preguntar que se quería depilar lo note muy tímido casi como si quisiera devolverse, trate de hacerle conversación para que se soltara un poco, me dijo que se llamaba Johan y quería depilarse todo, me pareció algo extraño, pero me venía bien más dinero así que le pedí que se desnudara, mientras lo hacía me ruboricé un poco al notarme mirando sus glúteos redondos y que me parecieron los más lindos de la vida, redondos y blancos, por lo general los chicos ni nalgas tienen pero este…

    Empezamos por las axilas tumbado boca arriba me conto que quería ser modelo y por eso debía estar impecable pero le asustaba mucho la cera y me pedía que por favor lo tratara con mucho cuidado yo me sentía nerviosa y me esmeraba porque no sintiera dolor, aunque mi mente solo tenía la imagen de su culito redondito, no sabía que me pasaba.

    Cuando pasamos a su zona genital esperaba ver si como otros clientes me mostraría con orgullo su verga mirando al techo pero no fue así, creo que era su timidez así que pase mis manos suaves hasta dejar esa verga prolija aunque se veía más bien delgada (en realidad no veía la hora de que se diera la vuelta y volver a ver ese sexy duraznito).

    Él no hablaba casi pero me dijo que estaba muy contento con el trabajo y que no sentía dolor para nada, al ponerse boca abajo tuve que pasar saliva sus nalguitas blancas y paraditas no tenían ni un pelo así que cruzando los dedos le pregunté, la zona perianal también? a lo que contesto con la voz entrecortada que sí, eso me daba una hora completica para manipular esas nalgas que de verdad no entendía porque me causaban tanto agrado así que afán no tenía.

    Empecé separando sus nalgas para ver qué tanta cera debía usar y me encontré con una fila a lado y lado de su ano de unos vellitos largos y negros pero me parecieron tan sexys que mi vagina empezó a producir jugos, hace rato que no me sentía así de excitada y me encantaba, la cosa es que estaba como hipnotizada quería meter mi cara y oler y lamer su ano, pero no entiendo porque yo tan pulcra y tan normal en la vida pensaría en hacer eso y menos a un hombre… normalmente son menos prolijo que nosotras.

    Mientras untaba la cera acariciaba sus nalgas y acariciaba sus pelos incluso llegue a quitar los guantes para poder sentirlo, el no hacía nada pero con el pasar de los minutos no sé si es mi impresión o por el calor de la cera sabe pequeños respingos yo quería creer que me ofrecía sus nalgas, que le estaba gustando mi mano que lo rozaba, mi mente era una fábrica de lujuria idee mil planes para manosearlo más, para devorarlo me sentía hambrienta, sedienta la lujuria se apoderó de mi así que al arrancar la cinta con cera ya no lo hice delicado espere unos minutos más de lo debido y tire con fuerza, eso a él le dolió así que gimió quedo yo puse mi mano en su ano y le dije que si lo había lastimado que era una parte muy sensible, que le daría algo para refrescarle el dolor y sin pensarlo le pase mi lengua por toda la rayita de su culo… ashhh eso fue la gloria que delicia, tenía la necesidad de olerlo de sentir ese olor de macho olía raro entre fuerte y dulce, me encanto…

    Todo pasó en cuestión de 3 segundos, él se volteó, pero yo ya buscaba crema para aplicarle. Le dije que debía separar sus nalgas por unos 5 minutos para que todo quedara en su punto, pero no podía dejar de pensar en su sabor quería meter mi lengua en ese agujerito, recorrer su culo con mi lengua completa, que me pasaba estaba como loca y ni hablar del brillo en mis ojos y el rubor de mis mejillas o el rio en mis tangas y yo sentía que mi olor impregnaba la sala y me asustaba un poco.

    Él se levantó se vistió y sonriendo dijo que de ahora en adelante pediría turno conmigo… me dio un beso en la mejilla y se fue y yo… encantada y… confundida.

  • Ludopatías (Capítulo 2)

    Ludopatías (Capítulo 2)

    Como ya saben mis historias-relatos son algo largos, espero sea de su gusto, he recibido muchas ideas, anécdotas, fantasías en mi IG espero recibir mas.

    Mis publicaciones no siguen una cronología, las voy escribiendo y publicando a cómo van llegando a mi memoria.

    Como ya saben en mi Ciudad el futbol es muy importante, yo misma en mis años universitarios fui seleccionada de primera clase.

    Tenía poco a haberme recibido de mi licenciatura, y poco menos tiempo de casada con mi primer marido, mi rey adorado, quien gracias a sus influencias me consiguió trabajo de maestra en un Instituto de Bachilleres.

    Al ingresar a la Catedra me di cuenta de que la red Universitaria del Instituto realizaba cada año un torneo interno de futbol tanto varonil como femenil y de ahí hacían una selección para enfrentarse en un campeonato Interuniversitario con otras Instituciones de Educación Superior.

    En el campus donde yo trabajaba no había representación femenil, así que, motivaba por amor al deporte, organice un equipo femenil con las chicas del ultimo grado, fue un poco contra corriente, que, aunque mis alumnas eran mayores de edad, al ser dependientes económicos de sus padres, tuve que conseguir la autorización de los mismos.

    Así como el apoyo de la Directiva de la escuela, y el de mi Rey, porque me consideraban demasiado joven para dirigir a chicas que casi tenían mi edad.

    Pero contra todo eso pude lograr mi objetivo con el apoyo de la auxiliar de deportes, Raquel, y la disciplina y respeto de mis niñas, inculcándoles los principios de juego de mis “dorados” y sobre todo de mi estrella Laura, una chica con un talento natural para el futbol.

    Para participar en el torneo interno viajamos a un Estado/Provincia vecino, ahí el equipo local, era el equipo a vencer, normalmente era la base de la selección y su entrenador al ser el regular campeón, era el entrenador de la selección interna.

    No apostaban mucho por mi campus, dado que era la primera vez que participábamos, pero les callamos a la boca muchos, a base de talento y suerte, el talento de Laura y la suerte que nos daba la ropa interior con los colores y símbolos de mis “dorados” que mi reyecito amado me compro y usaba en cada partido.

    Llegamos hasta la final, que para variar era contra el equipo local, el equipo del Profe Marcos, un tipo alto 1.80, que su vida era el deporte y la fiesta, no impartía ninguna catedra, pero era muy efectivo en ganar campeonatos para la Red Universitaria, con 35 años era el coach más exitoso en la historia de la Institución.

    Durante el juego final, confiaba en mi artillería pesada, Laura, que de hecho nos dio la ventaja de 1 gol, durante el primer tiempo, pero durante el segundo, (con todo respeto a mis lectores uruguayos), la estrategia del equipo rival fue el estilo uruguayo.

    Marcos: ¡Vamos!, ¡métele la pata!, ¡mándala al hospital!, ¡rómpela!, ¡pasa la bola, pero no la mujer!, mátala!, ¡que sepa lo que es amar a Dios!, etc.

    Fue la constante durante esos largos 45 minutos, a mí me dolían mis niñas, eran novatas y no tenían la malicia ni el colmillo para evitar que las cosieran a patadas.

    No me quedo más remedio que sacar a Laura para que no me lastimaran más, y eso pego en el ánimo de mis niñas que provoco desatenciones, haciendo que nos voltearan el marcador 2-1.

    Refrendo así nuestras rivales su campeonato, yo lloraba de coraje junto a mis niñas, durante la premiación, no me parecía una buena forma de perder. Y más lo pedante que se comportaba mi entrenador rival ante la victoria.

    Marcos: Reconozco, el esfuerzo de mis rivales, es grato saber que hay sangre nueva, el jugar bonito gana partidos, pero los campeonatos se ganan con coraje.

    Detestaba a ese tipo definitivamente, pero entonces las chicas del equipo rival se acercaron con mis niñas y les entregaron sus medallas de 1er lugar.

    Marcos: Y aunque hoy mi equipo ganó el campeonato, reconocemos que son Ustedes el mejor equipo del torneo, Laurita, tienes futuro hay que pulir ese colmillo, felicidades

    Mis niñas pasaron de lágrimas de coraje a llanto de alegría, yo definitivamente no le compraba el discurso del campeón sin corona, quería haber ganado jugando limpio.

    Camino al hotel, las niñas me recordaron mi promesa de llevarlas de Antro si llegaremos a la final, a lo cual, les confirmé, pero me vi sorprendida con el hecho que ellas invitaron al equipo contrario a unírseles a la fiesta. Eso ya no me daba buena espina, sabía que las salidas de alumnos deben de ser supervisadas por los maestros, de seguro andaría el insoportable de Marcos.

    Ya en la habitación del hotel hable con mi marido platicándole todo mi peregrinar.

    Mi Rey: ¿Princesa, Vas a salir con tus pupilas esta noche? preguntó.

    Yo: Estoy pensando en cancelar, es mucha responsabilidad. Andar cuidando a esas niñitas.

    Mi Rey: Princesa, No, no, no puedes cancelar, yo te dije que no te echaras el compromiso y pues ahora les cumples, después se van a quejar con los papas y estos con la escuela y no quiero líos con mi compadre.

    Estaba consternada. Quería salir de fiesta, pero quería evitar al engreído de mi colega rival. Pero tenía razón en que muy probablemente mis pupilas se quejarían con los padres y estos a su vez con mi Director.

    Mi Rey: Princesa, Pero tienes que prometerme llamar o enviar un mensaje de texto si para saber que está todo bien- ya se había tardado en externar su lado celo y posesivo, pensé -necesitas algo. Lo digo en serio, cualquier cosa, y estaré de vuelta aquí en un instante.

    Yo: Por supuesto- sin más remedio-

    Tome un delicioso baño y empecé mi arreglo, el día había sido bueno después de todo, un subcampeonato en mi primer torneo como entrenadora, me merecía realmente festejar, había empacado un vestido corto sin mangas, que sería adecuado para la ocasión, tacones, curry hair, y debajo la lencería “dorada” que mi rey me compro, finalmente seguíamos en el torneo y cábalas son cábalas.

    Pase por mis pupilas a sus habitaciones y salimos todas en una Van, a la zona de antros, al Antro convenido. En el interior, el Antro era ruidoso y animado. La gente se amontonaba alrededor del bar y la pista de baile estaba llena. Más gente se alineaba en las paredes o en las pequeñas mesas esparcidas por el Antro. Una escalera conducía a una zona de loft, con sofás bajos y una segunda barra; la gente también se alineó en la barandilla, algunos hablando entre ellos, otros simplemente mirando a la multitud en la planta baja.

    Tan pronto como llegamos, Raquel se separó de nosotras regresando rápidamente, para guiarnos a la barra, donde el equipo campeón, nuestras rivales estaban sentadas en taburetes y nos esperaban con gusto y alegría. Un par de chicos estaban parados cerca. No es de extrañar; la juventud y las hormonas siempre van de la mano.

    Las chicas se fueron integrando como amigas de toda la vida, quien diría que unas horas antes se tendían a patadas figurativa y literalmente, fui saludando una a una hasta que lo vi, deteniéndome en seco, Marcos, mi entrenador rival que durante el todo el torneo se había portado de lo más pesado.

    Yo: Hola- lo más fríamente posible

    Marcos: Bueno, mierda. Supongo que debería estar pidiendo perdón ahora mismo – con una sonrisa tímida- por lo intenso que estuve durante el torneo.

    Yo: Pues sí que te pasaste de cabrón, antes no mandaste alguna de las muchachas al hospital-con la cara enrojecida-Idiota.

    Marcos levantó las manos con las palmas hacia adelante y dio un paso atrás.

    Marcos: – Calma, dalai, dalai, no planeaba lastimar a nadie. Es un deporte de contacto y como tal le exijo a mis alumnas que den todo en la cancha. Pero ahora que estás aquí, podemos ser amigos.

    Yo: Así estoy bien, Gracias – ignorándolo.

    Marcos: Voy a dejarles chicas chicas, para que disfruten su noche de chicas- diciéndole a su equipo- Entrenadora la oferta sigue en pie, si quieres esa bebida, avísame -Retrocedió unos pasos, luego se fue a la pista de baile.

    Todavía molesta me senté en la barra e hizo una señal al camarero. Las chicas estaban mirando.

    Laura ¿Está todo bien, Maestra? -preguntó, un poco vacilante.

    Yo: Tratando de calmarme, respirando hondo -Sí. Es solo que ese idiota todo el partido, estuvo mandando a sus jugadoras a golpearte y te pudieron lesionar de por vida, ¿sabes? Y ahora él está pasando un buen rato como si nada hubiera pasado.

    Laura: Maestra, desde que integramos el equipo sabíamos que era un riesgo lastimarnos, además, no paso a mayores, es solo un juego, y las muchachas y Él ya se disculparon conmigo, ¿por eso estamos aquí o no? – parándose frente a mi haciendo su baile de la victoria, sacándome una risa.

    Por un momento todos estuvimos ocupados pidiendo bebidas. Aproveche el tiempo para reflexionar y controlarse. Laura probablemente tenía razón, y lo que podía hacer un adulto maduro era aceptar la disculpa de Marcos, y en realidad era Laura con quien debería disculparse, lo cual ya había sucedido.

    Pero no podía simplemente ir conversar como viejos amigos con Marcos. Saque mi teléfono y le envió un mensaje de texto a Reyecito

    Yo: El idiota del equipo campeón está aquí

    Mi rey princesa, dale una patada en el culo por mí.

    Yo: Sonriendo un poco y respondí. – Se ofreció a invitarme a una bebida para disculparse, roñoso.

    Mi Rey: Princesa, Hazlo. Las bebidas gratis son bebidas gratis, y si puedes endósale la cuanta de todas.

    Yo: ¿Es en serio? – pensando lo dice por tacaño de seguro

    Mi Rey: Princesa, ¿Por qué no? Dale donde le puede doler en la bolsa, jajaja- pensando definitivamente el león cree que todos son de su condición.

    Me encogí de hombros ante ese último texto. Mi Reyecito tenía razón: era una bebida gratis, y si tenía que estar en el mismo lugar que Marcos, también podría sacar algo de eso. Las chicas conversaban entre ellas mientras ella enviaba mensajes de texto y las interrumpí.

    Yo: Niñas, voy a buscar al Profe. Marcos, tienen razón fui muy grosera con él, pórtense bien no tardo.

    Alumna de Marcos: Está ahí, bailando- señalando vagamente hacia la pista de baile.

    Sondeando a la multitud y vi a Marcos rápidamente: estaba bailando cerca de otra mujer, una chica de aspecto gótico vestida de negro. Sus manos estaban sobre su estómago desnudo. La vista me trajo otra pequeña oleada de ira, aunque no sabía porque de mi molestia, si era porque había le valía su actitud tan antideportiva y violenta en el juego, o si eran celos de que estaba bailando tan cerca con alguien más.

    Me acerque a él y se pare frente a su vista, mientras bailaban, con los brazos en las caderas.

    Yo: Oye, idiota- gritando por lo fuerte de la música -Ven y cómprame esa pinche bebida.

    Marcos no pareció darse cuenta al principio; se quedó cerca de su desencajada pareja de baile, quien por su parte me dio una mirada sarcástica.

    Marcos: Muy bien, lindura- sonriente

    Le susurró algo a la mujer morena con la que estaba bailando y ella se apartó.

    Gótica: Pendejo – y se alejó enojada.

    Yo: Eres un verdadero encanto, ¿eh? –con mi mayor sarcasmo- se ve que sabes tratar a las mujeres.

    Marcos: Se rio entre dientes. -Cuando quiero, Pero, ahora es más importante que me disculpe contigo.

    Parecía sincero y me calme un poco. Regresamos al bar, solo para encontrar que la mesa estaba muy saturada, había un lugar abierto un poco más abajo en la barra, por lo que les indicamos a las niñas que nos dirigíamos hacia allí.

    Marcos: ¿Cuál es tu veneno, bella dama?

    Yo: Vodka y Coca-Cola, mucho vodka. Y si realmente estuvieras tratando de disculparte, no estarías coqueteando al mismo tiempo- muy seriamente.

    Marcos: Si lo dices por lo de bella dama, solo soy descriptivo, nada más-cortésmente

    Marcos le hizo un gesto al camarero y se dirigió hacia ellos. Pidió un vodka con Coca-Cola, como le había pedido, y una cerveza para él. Unos momentos después, ambos teníamos nuestras bebidas en la mano; Marcos los puso en su cuenta, le dio al camarero un guiño coqueto y volvió su atención a mí.

    Levantó su copa hacia mi como si fuera a brindar, pero me limita a arquear una ceja en respuesta, para desincentivar su gesto. Se encogió de hombros y tomó un trago profundo.

    Marcos: Gracias por aceptar esta bebida de disculpa. Me siento muy mal por lo que le pasó.

    Yo: Si lo note por la forma que celebraste la victoria- sabía que se había disculpado con Laura, pero no quería hacerle las cosas fáciles.

    Marcos: Tú también hubieras celebrado así de haber ganado.

    Interiormente, admitía a regañadientes que tenía razón. Pero no quería darle la satisfacción.

    Yo: No está bien; pusiste mandar a una de mis niñas al hospital. ¿No recuerdas las entradas tan arteras de tus chicas?

    Marcos: Sí, pero si tuviera cualidades futbolísticas las pudo haber evitado.

    Yo: Bueno, pues no lo hizo- seguía molesta, bebí un trago y el calor del vodka que le bajaba por la garganta le hizo pensar en los gritos de Marcos durante el juego.

    Marcos: Mira veré la forma de incluirla en la selección regional para compensarla – parecía arrepentido realmente

    En ese instante, el bar se estaba llenando y la multitud comenzó a empujarnos de poco en poco, lo que lo obligó a acercarnos.

    Miré alrededor y no pudo ver a mis niñas; seguramente debieron haber ido a bailar, o tal vez encontraron una mesa lejos de la barra, pensé.

    Marcos se percató de mi inquietud

    Marcos: Apuesto a que sé dónde están tus alumnas, mis campeonas probablemente las llevaron a la pista de baile. Vamos, vamos a unirnos a ellos.

    Una bebida era una cosa, especialmente una que se ofrecía como parte de una disculpa. Pero bailar era algo completamente diferente. Parecía una pequeña traición a mí misma, bailar con este hombre, que a base de juego sucio me robo el campeonato interno.

    Yo: Iré a buscarlas yo sola

    Marcos: Oh, vamos -Sin esperar una respuesta, tomó gentilmente mi mano y bebidas en mano fuimos hacia la multitud, empujando a la gente reunida alrededor de la barra con facilidad.

    Cuando llegamos a un claro dentro del antro, me estremecí; el aire en el bar estaba más frío de lo que se había imaginado, ahora que estaba libre de la presión de la gente que calentaba las cosas.

    Me llevó a la pista de baile, y nunca se me pasó por la cabeza soltar mi mano del agarre de Marcos o dejarlo e irse por su cuenta a buscar a Laura y las chicas. Nos detuvimos brevemente a lado de la multitud de bailarines, inspeccionando a la gente reunida y buscando rostros familiares. No vi ninguno, pero todavía estaba mirando cuando Marcos pisó el suelo y se volvió hacia mí, comenzando a moverse con la música.

    Aparte mi mano y me quede quieta, mirándolo con escepticismo.

    Yo: ¿Este era tu plan desde el principio?

    Marcos ¿Tu qué crees? – con una amplia sonrisa.

    Marcos: No puedo evitar notar que mis niñas no están aquí, y tampoco las tuyas. Estoy seguro de que nuestros auxiliares están cuidando de ellas, y llegarán pronto. Vamos, baila conmigo. Solo un baile.

    Me mordía el labio mientras consideraba qué hacer. Todavía parecía una especie de traición. Pero bailar era solo bailar, por supuesto. Y además Mi Reyecito no tuvo ningún problema con que Marcos comprara una bebida; él también podría estar bien con el baile. Y, además, puedo bailar sin bailar realmente con Marcos.

    Entre a la pista, la sonrisa de Marcos se ensanchó y puso los ojos en blanco, manteniéndose al menos a un brazo de distancia, atravesando entre la multitud. Él me siguió, respetando un poco mi espacio, pero sin perderme de vista.

    La música era apenas audible sobre el estruendo de la multitud, pero el ritmo del bajo era claro, y tanto yo como Marcos nos movíamos a su ritmo.

    La presión de la multitud los obligó lenta pero inexorablemente a acercarnos mientras nos desplazábamos desde la periferia hacia el centro. Para cuando la primera canción pasó a la segunda, estábamos lo suficientemente cerca como para tocarnos, aunque no lo hicimos. Miraba a Marcos mientras bailaba, y el a mí, estaba claro que estábamos bailando juntos a pesar de que no hacer contacto.

    Decidí molestar un poco a Marcos. Mientras bailaba, me incline y, como era de esperar, los ojos de él bajaron rápidamente de su rostro al escote que mostraba prominentemente mi vestido. Fue sólo por un momento, pero cuando volvió a mirar hacia arriba le di un guiño coqueto. Eso pareció dejarlo nervioso, provocándome pequeña risa y placer culposo.

    Al ritmo de la música gire sobre mi propio eje, mis caderas palpitando con la música, e imagine como sus ojos siguiendo mis curvas hacia abajo y fijándose en mi trasero mientras se movía. Prácticamente podía sentir lo mirándome, viendo cómo mi trasero rebotaba bajo mi vestido. Y efectivamente, cuando mire hacia atrás por encima del hombro, él me estaba mirando abiertamente. No podía negar que el interés de Marcos por mí era atrayente; me sentía sexy, sabiendo que era tan deseada por un hombre que era, podía admitirlo, bastante impresionante él mismo.

    Sentía que el dobladillo de mi vestido comenzaba a subir, subiendo por mis muslos mientras mis caderas rodaban y giraban con la música. Tenía los brazos sobre la cabeza y se volvió lentamente, dejando al descubierto la mayor parte del muslo ante la mirada hambrienta de Marcos. Las luces parpadeantes y las sombras cambiantes de la pista de baile jugaban sobre mí, oscureciendo mi rostro, ocultando mi sonrisa cuando lo vio mirándome, su rostro una máscara de deseo. Seguí girando hasta que una vez más estuve de espaldas a él, y luego me incliné hacia adelante, la acción hizo que mi vestido se levantara aún más, dejando en un destello al descubierto mi pequeña tanga “dorada”. Nadie se movió entre nosotros, ni siquiera en el piso lleno de gente; una fuerza invisible nos mantenía en aislados por un breve instante de todo y todos.

    La multitud nos empujó, y cuando me volví para mirar a Marcos de nuevo, tuve que dar un paso más hacia él y terminar en sus brazos. Sus manos estaban en mi cintura, las de mías en sus hombros, y el toque fue eléctrico. Sentía que se me ponía la piel de gallina en los brazos. Estaba cálido al tacto, incluso más cálido que el aire en la pista de baile, calentado por todas las personas que se movían juntas.

    Aun así, seguimos bailando, ambos respirando con más dificultad a medida que el esfuerzo, y otras cosas, nos pasaba factura. Las manos de Marcos estaban en su mayoría estacionarias, pero aún a solo pulgadas de mi trasero, y la proximidad a un hombre tan atractivo provocaba mi deseo de que él se deslizara más abajo y les diera un buen apretón a mis nalgas.

    Como si me leyera la mente, Marcos trató de hacer precisamente eso. Sus manos se deslizaron hacia abajo, con una sonrisa de complicidad en su rostro, y me sentí dominada por un momento por la compulsión de dejarlo hacerlo. Pero, me resistí y mirándolo con furia, volví a levantar las manos, pero no se apartó ni hice que me soltara.

    Antes de que tuviera la idea de hacerlo de nuevo, me gire y me recostó contra él. Su pecho era ancho y fuerte, y se sentía cálido contra mis hombros. Me incline más hacia él. Marcos tenía un cuerpo asombroso, musculoso, bien esculpido, me parecía que podía sentir cada manojo de músculos mientras presionaba mi espalda contra él. Sus manos se deslizaron alrededor de mi cintura, acercándola más, inconscientemente comencé a apretarme contra él. Sus piernas, como el resto de él, eran fuertes y los grandes músculos de sus muslos se tensaron cuando aplaste mi trasero contra él. Cerré los ojos y la música los inundó; nos balanceamos juntos, ninguno quería romper el contacto. La música seguía siendo rápida y la multitud seguía allí, pero todo pareció desvanecerse cuando nuestros propios ritmos naturales tomaron el control.

    Pero entonces me aparte bruscamente de él, girando y retrocediendo. Ambos estábamos casi jadeando, más por la pasión que por el esfuerzo.

    Yo: No…- murmurando

    Huyendo me abrí paso entre la multitud y se encontró cerca de una de las cabinas privadas del Antro, en una esquina. Nadie las estaba usando. Escudriñe la multitud; no había ni rastro de Laura, Raquel o alguien. Un momento después llegó Marcos; me había seguido, y se deslizó en un asiento como si estuviera reservado para él.

    En ese momento, mi teléfono volvió a sonar cuando recibí un mensaje de texto. Mientras lo sacaba para comprobarlo, también me senté distraídamente.

    Mi Rey: Princesa, ¿Conseguiste esa bebida?

    Yo: En eso estoy ahora. Marcos parece estar realmente arrepentido. Dijo que quiere incluir a Laura en la selección- Obviamente No mencione el baile, ni los momentos en los que se puso caliente y pesado, ni lo cerca que estuve de cometer un gran error.

    Una vez que envié mi respuesta, miré hacia arriba para encontrar a Marcos mirándome

    Yo: ¿Qué?

    Marcos: ¿Con quién estás hablando?

    Yo: Mi esposo- levantando mi mano y mostrando mis anillos burlonamente.

    Marcos cerró los ojos con fuerza y se pellizcó el puente de la nariz durante un segundo.

    Marcos: ¿sabes? No lo hice a propósito. Te dije que lo siento. ¿Podemos dejarlo? – con remordimiento.

    Realmente sentí una punzada de culpa por eso. Mi enojo se había enfriado un poco desde que había traído mi bebida, y estaba convencida de que Marcos estaba realmente arrepentido; Considere que tal vez fue un poco grosero por mi parte seguir martillándolo por ello.

    Mi teléfono volvió a sonar mientras le daba otro trago al vodka y Coca-Cola leía el mensaje, en parte para ganar tiempo antes de responder a Marcos.

    Mi Rey: Princesa, Sí Él se está cediendo, No le puedes guardar ningún resentimiento y darle la oportunidad

    Yo: Si tú lo dices, Rey lo intentare -Con el mensaje enviado mire miró hacia arriba de nuevo, tomando otro trago mientras lo hacía. – ¿Dónde están mis niñas?

    Marcos: Estoy seguro de que aparecerán, los auxiliares deben de estar con ellas.

    Sus ojos estaban sobre mí y su mirada atenta e intensa hizo que me sintiera paralizada, como una mariposa clavada en una tarjeta.

    Marcos; Entonces, cuénteme sobre usted, bella dama. Me sorprendió ver que corrió al campo hoy, en socorro de tu estrella.

    Simulé un encogimiento de hombros y le di un guiño juguetón; el vodka estaba haciendo efecto en mi sistema y me hacía ser un poco coqueta. Las atenciones de este hombre, incluso si había dado la orden de lastimar a mi jugadora, eran emocionantes: Marcos era indudablemente guapo y parecía completamente concentrado en mí.

    El hecho de que hubiera huido de él hace solo unos minutos parecía insignificante. Después de todo, lo que me hizo salir de la pista de baile fue el contacto físico, y esto fue un paso atrás de eso.

    Yo: No creo que quiera hablar de mí, Quiero hablar sobre por qué estás coqueteando con una mujer casada.

    Marcos: Porque ella también está coqueteando.

    Asentí, reconociendo su punto.

    Yo: Tal vez solo un poco. Ha sido un día difícil, y tal vez esta bebida esté influyendo.

    Marcos; ¿Entonces estás diciendo que necesitas estar en estado etílico para coquetear conmigo? Eso sí que duele- juguetonamente

    Yo: Para nada. Estás guapo, puedo admitirlo. Riendo de nervios dándome cuenta de lo que acababa de decir, pero rápidamente calle con otro trago de vodka y Coca-Cola.

    Marcos: Eres bastante agradable a la vista. – se inclinó hacia delante, mordió sus labios y miró de arriba abajo, mirándome con los ojos abiertamente,

    Esa mirada causo un estremecimiento en mi entrepierna, Sabía, en este punto, que debía levantarme e ir a buscar a mis pupilas, pero después de mi terrible día, la necesidad de relajarme y descansar se impuso a sus instintos, ayudada, sin duda, por el vodka que había estado bebiendo. y ahora quería deleitarme con las atenciones de un hombre atractivo.

    Así que me quedé en la mesa con Marcos y mantuve sus bromas juguetonas y coquetas, en algún momento su mirada estaba más concentrada en mi escote que en mi rostro

    Yo: ¿Quieres una foto? ¿Algo que mirar cuando vuelvas a casa? – en broma coqueta

    Marcos nunca vaciló cuando sacó su teléfono y para no quedarse atrás, la desafió:

    Marcos: Abre un poco más tu escote e inclínate hacia adelante, linda dama, así puedo llevarme un buen recuerdo.

    Jadeé con fingida indignación, pero hice lo que me pidió, y el teléfono de Marcos tenía una foto de mía, inclinada sobre la mesa, los ojos brillando en la penumbra, el inicio de mis senos en exhibición debajo de mi vestido. Mi teléfono volvió a sonar cuando recibí otro mensaje de texto

    Mi Rey: Princesa, Espero que Marcos no arruine tu noche- ya se había tardado en aparecer el celoso de mi reyecito pensé

    Yo: Ya anda con sus alumnas, y yo con Laura, Raquel y las chicas otra vez- presione enviar

    Termine mi bebida Marcos lo notó y asintió con la cabeza hacia la barra

    Yo: Otro de lo mismo, si tú pagas – Marcos se levantó hacia el bar.

    Otro mensaje de texto de Mi Rey antes de que Marcos regresara.

    Marcos: Me alegro de eso, hay gente que entre más lejos mejor. 🙂 Me iré a la cama pronto.

    Mientras Marcos regresaba a la mesa, con una cerveza y otro vodka y Coca-Cola, envié respuesta.

    Yo: Duerme bien, mi rey amado. Ya te podré ver mañana. Creo que me iré pronto de todos modos. -Era otra mentira, pero antes de que pudiera contemplar por qué lo estaba haciendo, Marcos se sentó, esta vez a mi lado, en lugar de al otro lado de la mesa. Me entregó mi bebida y ofreció el suyo para brindar. Tintineamos vasos y bebimos.

    Seguimos charlando un rato, Su coqueteo continuó también, secretamente me alegre de la ausencia de mis pupilas.

    Para cuando terminamos nuestras bebidas, Marcos tenía su brazo alrededor de mis hombros, y yo estaba apoyada contra él, los dos reíamos a carcajadas sobre la vez los incidentes transcurridos durante el torneo. No estaba segura de cómo habían llegado allí, pero no vi nada extraño en eso mientras sucedía.

    Mi teléfono sonó una vez más, recibí lo que resultaría ser el último mensaje de texto de mi rey por esa noche.

    Mi Rey: Buenas noches, Princesa, Nos vemos mañana. Te amo

    Yo: Ya voy de regreso. ¡Buenas noches!, Yo más que tu-me sentía culpable por mentirle, pero no quería que él pensara que de alguna manera le estaba faltando el respeto al pasar tiempo con Marcos, Mejor, que él no lo supiera.

    Marcos; ¿Tu marido de nuevo?, bebiendo lo que le quedaba de cerveza.

    Yo: Sí. Se va a la cama.

    Marcos: ¿Ya? No es tan tarde. Pero supongo que así pasa con la gente mayor

    Le dio una palmada en el pecho, ligera y juguetonamente, dejando que mi mano se demorara en su fuerte torso por un latido más de lo que debería.

    Yo: No seas malo. Sabes, aunque todavía estoy muy tensa por las emociones de hoy. Pasar el rato contigo ha sido bueno. Siento haber sido una perra antes.

    Marcos: Está bien, de verdad, Lo entiendo. a veces puedo ser bastante competitivo y no mido mis acciones y no necesitas disculparte por estar enojada. Sin embargo, me alegro de que aceptaste la oferta de bebida. De lo contrario, no podría pasar la noche con una linda dama como tú

    Se acercó más a mí. Que debería alejarme, pero no lo hice. De hecho, se moví en sobre mi asiento para acercarme aún más.

    Ninguno de los dos tomó la delantera a la hora de dar el siguiente paso. En cambio, parecía que nos movíamos simultáneamente. Gire la cara hacia Marcos al mismo tiempo que él bajaba la cabeza. Su mano se deslizó por mi espalda mientras mis labios se separaban, solo un poco. Nos acercamos el uno al otro y mis ojos se cerraron cuando mi boca se encontró con la de él. Nos fundimos en un beso lento y sensual, sorprendentemente, dada la capacidad de agresión que había mostrado Marcos al principio del día.

    Duró la mayor parte de un minuto, y durante ese tiempo sentí las manos de Marcos sobre mí, una en mi espalda, frotándola, mientras su otra mano descansaba sobre mi pierna a la mitad del muslo. mis manos también estaban sobre él, sobre su pierna y sobre su amplio y musculoso pecho. Cuando terminó el beso, ninguno de los dos movió las manos. nos mirábamos a los ojos.

    Marcos: Mmm, eres una buena besadora, linda dama. Ven dame otro

    Me aparte de Marcos, deslizándome lejos de él. Estaba horrorizada por lo que acababa de suceder.

    Yo: De ninguna manera, ¿qué diablos crees que estás haciendo, besándome?

    Marcos: ¿Es eso lo que crees que acaba de pasar? Fuiste tú la que me beso a mi- socarronamente

    Yo: Vete a la chingada, idiota. Déjame salir. – Pase por encima de él, sin esperar siquiera a ver si hacía lo que le pedía.

    Pasar significaba que tenía que deslizarse sobre su regazo, y hubo un momento en el que pensé que Marcos me agarraría y me mantendría allí, o tal vez lo haría yo misma. Pero pasé y me puse de pie, acomodando mi vestido.

    Yo: Me voy. Será mejor que no te vuelva a ver, idiota, o le diré a Junta Directiva que trataste de manosearme. -Marcos levantó las manos en señal de derrota y me marche furiosa.

    No tenía idea de dónde estaban sus niñas, y después de unos minutos de marcha alrededor del bar, mi ira comenzó a desvanecerse en confusión y culpa. pensé, necesito tomar un poco de aire fresco. Me dirigí a la salida y salí a la noche fría.

    Mis pupilas tampoco estaban ahí fuera. La calle estaba casi vacía. Aproximadamente una docena de personas estaban de pie en pequeños grupos, fumando y charlando entre sí, y algunas otras jugueteaban con sus teléfonos. Busque en mi bolso el teléfono y llame a mi auxiliar.

    Mientras sonaba, oí que la puerta del bar se abría con un crujido detrás de mí. Mirando por encima del hombro, vi a Marcos, que se mantenía a una respetuosa distancia, aunque claramente era su centro de su atención.

    Yo: ¿Qué diablos quieres ahora? -gruñí, justo cuando una voz somnolienta contestaba el teléfono.

    Raquel: ¿Eh? ¿Maestra Elena? ¿Qué está pasando?

    Yo: Mortificada. -Oh, lo siento cariño. Estaba hablando con un imbécil – esa palabra salió dura, obviamente dirigida a Marcos, quien hizo una mueca – que me ha estado siguiendo toda la noche.

    Raquel ¿Está bien?

    Yo: Por supuesto, cariño. Solo quería saber dónde están y si están bien. Espero no haberte despertado.

    Raquel: Lo hiciste, pero está bien. Si todas bien, ya están dormidas, la vimos bailando con el Profe Marcos y decidimos dejarlos divertirse ya todas estábamos muy cansadas. ¿Quiere que vaya por Usted?

    Yo: Gracias, cariño, eso es dulce de tu parte.

    Mientras tanto, Marcos enunció exageradamente:

    Marcos: ¿Es tu auxiliar? – asentí y Marcos se acercó y me susurró al oído: ¿Le dirás que nos besamos?

    Entrecerré los ojos y aparte a Marcos.

    Yo: ¿Raquel? Tengo algo que decirte.

    Raquel: ¿qué?

    Yo: Yo, eh … tomé demasiados tragos y yo … bueno, yo …-Besé al profe Marcos, pensé. Pero lo que soltó fue- Bailé con un el Profe Marcos ¡Lo siento!

    Raquel: Desconcertada. Está bien o ¿Por qué me lo dice?

    Yo: Me sentí mal. El profe mando a sus jugadoras a golpear durante el partido a Laura y ahora yo estoy bailando y divirtiéndome. Con el aquí.

    Raquel: No necesita sentirse mal. Ya le dijo Laura que todo es parte del juego -Bostezó- Maestra si quiere puedo ir por Usted.

    Yo: No es necesario, descansen, en rato más las veo- y colgué.

    Marcos estaba de pie cerca, sonriendo.

    Marcos: ¿Por qué no le dijiste? -abrí la boca para responder, pero Marcos interrumpió. -Creo que es porque sabes que fue tu idea besarme, ¿no?

    Mi mirada mortal que le di debería, por derecho, haberlo ahuyentado aterrorizado o de perdido dejar un contorno ceniciento en la pared, pero a Marcos no pareció importarle.

    Yo: Vete a la chingada -le señale con el dedo. -Eres un idiota.

    Marcos: Quizás. Quizás eso es lo que te gusta. -Dio un paso más cerca, lo suficientemente cerca para que su ventaja de altura se volviera notable; tenía que dar un paso atrás o enfrentarlo. elegí lo último, manteniéndome firme y sin dejar de mirarlo. -Vuelve adentro. Y quizás puedes mantener tus manos lejos de mi en esta ocasión- pretenciosamente

    Yo: No, y vete a la chingada- Trate de empujarlo, pero no logre mucho. De hecho, todo lo que sucedió fue que termine teniendo que dar un paso atrás y él se balanceó ligeramente sobre sus talones, y acabando mis manos planas contra el pecho de Marcos. El pecho fuerte, ancho y musculoso de Marcos.

    Marcos: Supongo que realmente no puedes quitarme las manos de encima, ¿eh? -burlonamente-Y no me digas que me vaya a la chingada otra vez. Se está poniendo aburrido y repetitivo-Dio un paso atrás y levantó las manos en un gesto conciliador- Mire, linda dama, solo estoy jugando Vuelve adentro. Déjeme invitarla a una copa más, luego te conseguiré un taxi. No hay daño, no hay falta.

    Sabía que era imprudente. Estaba bastante segura de que Marcos iba a hacer otro movimiento conmigo, y cuando lo hiciera, bueno, podría ceder. Él estaba que ardía, y aunque sabía que no debería excitarme, había algo más, algo en la forma en que me enfrentó que me hizo sentir que tenía algo que demostrar. No estaba muy segura de qué era; tal vez tenía que demostrar que era mejor que Marcos enfureciéndolo y luego abandonándolo, o tal vez tenía que demostrar que era capaz de resistir la tentación, o que realmente amaba a Mi Reyecito, o algo completamente diferente. Pero fuera lo que fuera, para demostrarlo tendría que aceptar la oferta de Marcos, aunque probablemente fuera una mala decisión.

    Yo: Está bien. Un trago más. Y si me pones un dedo encima de nuevo, lo romperé y te lo meteré en el culo-con una mirada furiosa.

    No pareció tener el impacto que deseaba. El Se quedó allí, con una sonrisa confiada —quizá incluso arrogante— en su rostro, los pulgares metidos en los bolsillos, bloqueando el camino recto entre ella y la barra. Entrecerrando los ojos, pase junto a él, asegurándome de empujarlo hacia atrás con el hombro al pasar.

    Marcos me siguió al interior y me guío de regreso a la mesa. Algunas personas se habían reunido, pero una mirada de Marcos los dispersó y una vez más tuvimos la mesa para nosotros solos, en la medida en que eso significara algo en el Antro lleno de gente. Me dejó sola durante unos minutos mientras iba por más bebidas. Me preocupó por qué hacer. no podía simplemente irme. Parecería que me había asustado, y no quería darle a Marcos ni siquiera esa pequeña victoria. Pero aceptar la bebida también fue una mala idea.

    Decidí tomar la bebida, beberla rápido y marcharme. no iba a responder si él intentaba involucrarse más, y absolutamente, definitivamente no iba a hacer nada más de lo que me arrepintiera. no iba a besarlo, o dejar que él me besara, o dejar que él pusiera sus manos en mí, o poner mis manos sobre su fuerte pecho, o …

    Marcos regresó y dejó las bebidas sobre la mesa. De alguna manera había conseguido una bandeja del personal, y había cuatro bebidas en ella: dos cervezas para él y dos vodka y refrescos más para mí.

    Yo: Dije un trago, Se nota que solo eres entrenador y no Maestro no puedes contar hasta uno correctamente.

    Marcos: Happy hour. Dos por uno,

    Sospechaba: nunca había oído que un bar hiciera una hora feliz tan tarde. Y nadie más parecía llevar tragos dobles en el bar. Por otro lado, sabía que Marcos podía ser encantador; tal vez había convencido al camarero para que le diera algo extra.

    En cualquier caso, si estaba bien que bebiera un trago, podría soportar dos. Los bebería de forma agradable y rápida y escaparía. Marcos habría perdido su pequeño juego, y mañana podría ir a ver a Mi Rey y desquitarme con él en la intimidad y más allá.

    Cogí uno de vodka y coca cola y bebi la mitad de un trago. Luego golpe la mesa con el vaso medio vacío, salpicando un poco mi mano, y desafiante:

    Yo: ¿Qué? ¿Ya no bebes?

    Marcos sonrió y tomó una de sus cervezas, sosteniéndola en un saludo burlón antes de tragarse todo de una vez

    . Yo: Cualquiera puede hacer eso. La cerveza es fácil. Pruébelo con licor fuerte.

    Marcos: Te emparejaré cualquier momento, Pero pensé que te irías una vez terminadas estas bebidas.

    Yo: Y así será ternurita

    Antes, había comenzado a sentir simpatía por Marcos, pero ahora estaba muerto. Me bebería estos vodkas y me iría.

    Marcos: Bien por mí. – algo decepcionado

    Se apoyó contra la pared y miró a la multitud. Bebió su segunda cerveza y miró a la gente en la pista de baile. Lo observaba Parecía completamente feliz de ignorarme. seguí su mirada, y aunque no podía estar segura de que pareciera que él estaba observando a algunas de las mujeres que bailaban. Era completamente irracional, pero me sentí celosa. No quería la atención de Marcos, pero realmente no quería que él se concentrara en otra persona.

    Yo: Oye, idiota, ¿Terminaste de ser grosero?

    Marcos me miró por un momento, luego volvió a mirar a la gente que bailaba.

    Marcos; ¿Qué? Te vas. Así que necesito encontrar a alguien más que me haga compañía-directo y despreocupado

    Me dejo momentáneamente sin habla, Sin embargo,

    Yo: ¿Crees que encontrarás una mujer soltera aquí que este tan buena como yo? Buena suerte. Probablemente terminarás yéndote con alguna perra borracha- con ácido desprecio.

    Marcos; Quizás.

    Yo: Probablemente algún troll de pecho plano y sin culo. – dándole sorbo a mi bebida,

    luego me incline hacia adelante, de modo que, si Marcos miraba hacia mí, pudiera ver mi escote. Sin embargo, no miró. Parecía que Marcos había perdido por completo el interés. Sabía que era una táctica, una forma de atraer. Lo había usado yo misma. Pero incluso sabiendo esto, estaba funcionando.

    Yo: Oye, imbécil. Estás siendo grosero. Eres un compañero de mierda para beber.

    Marcos Y tú no sabes cómo aceptar un cumplido.

    YO: ¿Qué quieres decir?

    Marcos: Quiero decir, un hombre te muestra algo de atención, algo de atención que obviamente quieres, y te asustas. – entrecerré los ojos. Abrí la boca para responder, pero Marcos interrumpió. Se volvió para mirarme-Demonios, tú eres quien me besó, y luego te volviste toda una perra psicópata.

    De alguna manera, la repetición regular de su afirmación de que yo había comenzado el beso me había convencido de que tenía razón.

    Yo: ¿Y? Incluso si así fue, sabes que estoy casada. Deberías haber dicho que no, como buen caballero.

    Marcos: ¿Por qué? Lo querías. Yo lo quería. Es sólo un beso. – se repego a mí. ¿Sabes qué? Voy a demostrar que todavía lo quieres. Un beso más, Bésame una vez más y luego dime que no te gusta.

    Influenciada por el vodka que había consumido y el pequeño aleteo que sentía entre mis piernas, tome eso como un desafío. no era de las que se echaba atrás cuando alguien se me acercaba. Agarre a Marcos por la camisa y tire de él hacia mí. Una vez más, nuestros labios se encontraron. La mano de Marcos se posó en mi muslo y deslizo por mi pierna, hasta la parte superior del muslo, sus dedos se curvaron para descansar entre mis piernas a solo unos centímetros de mi ingle.

    El beso terminó y ambos nos encontramos respirando rápidamente. Nos mirábamos el uno al otro, con los rostros cerca, y sin hablar, deslice mi pierna sobre la de Marcos, girándome mientras lo hacía, así que termine sentada sobre sus piernas y frente a él. La mesa detrás de mi presionó contra mi espalda baja y me empujó contra él; Fue incómodo, pero en el momento que no me preocupó en lo más mínimo, puse mis palmas contra su pecho y lo besé una vez más, esta vez con más pasión, más hambre. Marcos devolvió el beso con igual fervor.

    Nos besábamos, allí en la mesa en la esquina de la barra, con los labios y las manos el uno en el otro, explorando, sintiendo el cuerpo del otro. La confianza de Marcos se mostró cuando se hizo cargo, agarrando mi trasero y jalándome hacia él, haciéndome apretarme contra su pierna y terminando con su ingle presionado contra la mía. deje escapar un pequeño ruido, un pequeño arrullo cuando terminó el beso.

    Aprovechando mi conformidad, Marcos inclinó la cabeza y me susurró

    Marcos ¿Quieres salir de aquí? Puedo llevarte

    Inocentemente pensé que, si decía que sí, no se iba a conformar con solo llevarme y nada más. pero podría controlarlo

    Yo: Podemos compartir un taxi, pero no nada más.

    Eso pareció satisfacer a Marcos, y rápidamente, ya estaba esperando junto a él mientras Marcos pagaba su cuenta. Marcos caminó un paso por delante cuando salimos del bar, con mi mano en la suya. Hizo señas a un taxi y nos apiñamos juntos en la parte trasera. El taxista preguntó adónde nos dirigíamos; Respondí dando la dirección. El taxi apenas había empezado a moverse cuando nos entrelazamos de nuevo, las manos de Marcos sobre mi pecho masajeaban mis senos a través de mi vestido color.

    Mis manos de viajaron hacia abajo: primero, sentí su pecho ancho y musculoso, luego bajaron, descubriendo que tenía la estructura fuerte y densa de un deportista consumado, con bloques de músculos alrededor de su abdomen. Y aún más abajo, a sus caderas, sus muslos, y luego hacia el interior de su pierna, hasta que su mano izquierda fue detenida por una gruesa obstrucción, algo que estaba oculto debajo de sus pantalones. Mis ojos se agrandaron.

    Yo: Dime que es un calcetín metido en tus pantalones.

    Marcos: Nop. Es todo real, linda dama. Y es todo para ti. – sonriendo sínicamente

    comencé a pasar la mano arriba y abajo por su longitud, otra decisión tonta en una noche de errores.

    Yo: ¿Todo para mí? Te aclaro que no pasara nada cuando lleguemos ¿Qué, crees que te hacer algo contigo en un taxi? –mientras mantenía traviesamente mi mano en su ingle.

    Marcos: Ciertamente no diría que no.

    le di una palmada en el pecho juguetonamente.

    Yo: Socio cerdo. Intenta dejar de pensar con tu polla. – tenía algo más que decir, pero a Marcos no le importo, o al menos ese fue el mensaje que recibí cuando él se inclinó y me besó de nuevo.

    Le devolví el beso con igual entusiasmo, las preocupaciones se habían borrado de mi mente por la lujuria ebria. Mi mano nunca abandonó su ingle. De hecho, se deslizó más hacia arriba, lo agarre a través de sus pantalones, su polla era un peso completo en mi pequeña mano. Incluso a través de su ropa, sentí su calor, y no pude evitar imaginar cómo sería. Cómo se sentiría en piel con piel en mi mano, en mi boca … en mi pequeño y depilado coño.

    Mi mano permaneció allí durante el resto del breve viaje. Las manos de Marcos vagaron, explorando mi cuerpo, pero las mías se quedaron quietas. Sabía que Marcos era fuerte y tenía el cuerpo para demostrarlo, pero no había esperado tener el grueso trozo de carne en mis manos, y ahora que lo tenía no quería dejarlo ir.

    Me aparte de Marcos el tiempo suficiente para decir, entre respiraciones profundas:

    Yo: ¿Sabes que este viaje en termina al salir del taxi verdad? ¿No va pasar nada más al llegar?

    Marcos: Me miró y luego volvió su atención a besarle el costado del cuello. – Entendido -, murmuró.

    Yo: Bien.

    Luego metí la mano debajo de su cintura y agarré su polla.

    Ahora era el turno de Marcos de parecer sorprendido. MI agresividad lo tomó desprevenido. Sabía que era luchadora, y eso se había mostrado en abundancia, desde el primer momento en que nos encontramos, pero que se tradujera tan directamente en esto le sorprendía, pero para nada le era desagradable.

    Una noche de coqueteo, el alcohol que ambos habíamos consumido y el estrés del día me dejaron desesperada por algún tipo de liberación, y Marcos lo fue. Me olvide del hecho de que había enviado a sus jugadoras a patear a mi jugadora estrella; incluso el hecho de que tuviera menos de un año con mi marido parecía distante e irrelevante.

    Marcos se sintió caliente y cada vez más duro en mi mano. Mis dedos podían tocar la base de su eje. Su mano corrió por debajo de mi vestido, devolviéndome el favor, deslizándose por mi muslo y forzando el dobladillo de mi vestido lo suficientemente alto como para mostrar la pequeña tanga “dorada” que escasamente cubría mi vulva.

    Taxista: ¡Oigan! ¡Me van a manchar el asiento! ¡No cuenten dinero enfrente de los pobres! –ladro, mirando por el espejo retrovisor.

    Marcos: Simplemente disfruta del espectáculo, amigo

    Él nos miró ceñudo y refunfuñó, pero no hizo nada más mientras continuamos manoseándonos y besándonos en su asiento trasero. En un pequeño acto de pudor, nos restringimos; saque la mano de los pantalones de Marcos y el evitó que sus manos se desviaran debajo de mi vestido. Sin embargo, no resistió la tentación de ponerme las manos encima en otros lugares. Una de sus manos grandes se aferró a mis pechos. Él era sorprendentemente gentil, su toque ligero, y mientras sus manos la acariciaban a través de mi vestido, sentí pequeños temblores placenteros recorriéndome.

    El taxista se detuvo de repente, enviándonos hacia adelante.

    Taxista Págame y lárgate, – mirándolos a los dos en el espejo.

    Abrió la puerta y salí del coche de alquiler.

    Yo: Te encargas de eso, ¿verdad, Profe? – dándole una sonrisa burlona.

    Él puso los ojos en blanco y le entregó al taxista un puñado de dinero en efectivo.

    Marcos: Quédese con el cambio, -y también se bajó del taxi.

    Yo: Bueno que pases buenas noches

    Marcos: Ese tipo era un idiota. Déjame subir un rato. Llamaré un taxi nuevo y me iré cuando llegue. ¿O qué, vas a hacerme esperar en la calle?

    Respire hondo y note feliz la forma en que los ojos de Marcos se desviaron hacia mi pecho mientras subía y bajaba, por efecto de mi respiración agitada.

    Yo: Está bien. Puedes subir a esperar. Pero —y aquí puse mi mano sobre su pecho — no estamos haciendo nada más. ¿Entendido? –con un poco de buen sentido tomando el control por un momento.

    Marcos: Asintió, todavía sonriendo. –Ok, Bien, de acuerdo.

    Y entramos al edificio, con paso acelerado recorrimos el vestíbulo hacia los ascensores. antes de que se cerraran las puertas, volvimos a estar uno encima del otro. Marcos me empujo contra la pared trasera del pequeño ascensor. envolví mis piernas alrededor de él, dejándolo sostenerme contra la pared espejada, pateando una pierna para presionar el botón de mi piso. Tocando varios botones en mi intento.

    Mientras las puertas del ascensor se cerraban lentamente, continuamos explorando cuerpos mutuamente. Mis brazos y piernas estaban envueltos alrededor de él, abrazándolo, atrayéndolo hacia mí. Se inclinó, aplastándose contra cuerpo, inmovilizándome contra el frío cristal plateado de la pared detrás de mí. La mano izquierda de Marcos estaba en la pared, por encima de mi cabeza, mientras su mano derecha subía por debajo de mi vestido y frotaba el lado de mi muslo.

    El ascensor se puso en movimiento apenas nos dimos cuenta. Cuando sonó y las puertas se abrieron por primera vez, abrí los ojos y miré la pantalla. Era un piso antes, y había una mujer mayor de pie frente a las puertas, mirándonos con los ojos desorbitados. Marcos no la vio en absoluto, y la mujer se quedó de pie y miró fijamente mientras las puertas se cerraban una vez más. Segundos después, las puertas del piso se abrieron se abrieron el piso correcto, nos apresuráramos hacia mi habitación.

    Mientras buscaba la llave electrónica, Marcos se acercó detrás de mí y pasó un brazo alrededor de mi cuerpo, tanteando mi pecho debajo de mi vestido con una mano y apretando mi nalga con la otra. Él me acariciaba, besando suavemente mi cuello, cerré los ojos, distraída por el hombre detrás de mí, este asombroso espécimen físico que parecía completamente interesado en mí. Por un momento quise dejar caer mi bolso, girarme y follarlo allí mismo, en el pasillo, pero sabía que no podía arriesgarse a que los vecinos los vieran y se enterase sus pupilas, la escuela, mi marido. El pensamiento de mi marido por breve momento fue acompañado por una punzada de culpa. Pero entonces la mano de Marcos encontró y pellizcó uno de mis pezones a través del vestido de sostén, jadee de placer y el pensamiento de Mi Reyecito desapareció, llevándose consigo la culpa.

    Aunque estaba distraída por las atenciones de Marcos, logró sacar la llave electrónica y abrir la puerta. Tan pronto como entramos agarre a Marcos con ambos brazos del cuello. Me levanto del suelo y se abrió camino y cerrando la puerta de una patada detrás de él. Seguimos besándonos, casi frenéticos.

    llegamos hasta el sofá antes de que el tenue autocontrol se rompiera. Marcos cayó hacia adelante en el sofá, atrapándome a debajo de él. Mis manos agarraron el dobladillo de su camisa y la subieron, revelando su pecho cincelado. Los tatuajes tribales en sus brazos continuaron subiendo más allá de sus hombros, hasta justo debajo de su clavícula. Su piel estaba casi completamente sin pelo. apoye la palma de mi mano sobre su pecho; Marcos estaba cálido al tacto.

    Marcos luego me devolvió el favor, deslizando mi vestido. Encogí mis hombros, ayudándolo, ansiosa por liberarme de la ropa; de repente me sentí tan confinada, con este hombre fuerte encima de mí, cualquier cosa que no fuera el contacto piel con piel parecía inaceptable. me retorcí debajo de él, y mi vestido se deslizó por mi cuerpo, hasta que mis senos cubiertos por sujetador quedaron al descubierto.

    Pero la vista de mis senos copa C cubiertas por un sujetador push-up de encaje no fue suficiente para Marcos, Desde mi posición recostada boca arriba, no podía llegar fácilmente al broche, pero Marcos no parecía interesado en ayudarme.

    Sus grandes manos bajaron sobre mi pecho, sus palmas contra mis senos, agarró su sostén, una taza en cada mano. Vi en su mirada sus negras intenciones

    Yo: ¡No, no lo hagas!

    Marcos gruño con firmeza, rompió y rasgo mi sujetador en la parte delantera donde se unían las copas.

    Yo: ¡Estúpido!, ¡eres un bestia! ¡era un regalo de reyecito!

    Marcos no respondió, simplemente me hizo callar besándome de nuevo. Mi ira fue subsumida en otra cosa, una poderosa necesidad de él, despertada por su clara y casi bestial lujuria por mí.

    Mis senos estaban al descubierto, mis delicados senos que provocaban que los hombres me miraran fijamente y las mujeres se pusieran celosas. Estaban a la merced de sus grandes manos, mi carne suave pero firme se derramó entre sus dedos. mis pezones estaban rígidos y erguidos contra sus palmas. Nuestras lenguas exploraron la boca del otro. Mis manos recorrieron su espalda, mis uñas rastrillándola. Podía sentir los músculos densos y duros de Marcos tensándose mientras se movía, su cuerpo encima de mí.

    Marcos se deslizó por su cuerpo, hasta su cara quedo entre mis tetas las apretó una contra la otra para poder darse un festín con ellas, prácticamente babeando mientras besaba y lamía mis carnosos orbes. Mis manos encontraron su camino hacia su cabeza y lo atraje hacia mí, presionando su rostro contra mi pecho como si quisiera sofocarlo en mis delicados senos. Deje escapar un pequeño gemido, un pequeño sonido que indicaba mi conformidad con los insistentes deseos de Marcos.

    Quería que se arrancara el resto de su ropa y me tomara por completo, olvidando por el momento cómo este hombre había ganado el torneo con trampa, deseándolo simplemente como un hombre fuerte y agresivo. Pero algo me hizo resistir este impulso. Salí de debajo de Marcos, retorciéndome hacia atrás en el sofá, tirando mi vestido más abajo de mi cuerpo mientras lo hacía y dejándome desnuda hasta la cintura. Marcos tuvo una idea equivocada de esto y comenzó a besar mi ombligo, luego se movió más abajo, su objetivo final estaba claro.

    Yo: ¡No! ¡No esto! No puedo. -jadeando de deseo

    Marcos me miró, aparentemente sin comprender, su lujuria le dificultaba procesar lo que le había dicho. Pero se detuvo y se apoyó en sus brazos. Sus ojos todavía me dominaban; no había hecho ningún esfuerzo por cubrirme, y él contempló ansiosamente la vista de mis senos subiendo y bajando mientras respiraba profundamente.

    Marcos ¿Qué ocurre?

    Yo: No puedo simplemente coger contigo. Estoy casada, No puedo engañar a mi marido.

    Marcos: Se incorporó hasta sentarse a su lado. Está bien, nena, lo entiendo.

    Estaba un poco sorprendida por la facilidad con la que Marcos se retiró. Casi había esperado que él siguiera adelante, a pesar de mi negativa, y su aparente disposición a dejar que el asunto No siguiera me tomó desprevenida. Y todavía sentía una necesidad ardiente entre mis muslos, el fuego avivado por la embestida de Marcos aún no se había enfriado. Eso, quizás, fue lo que me impulsó

    Yo: No puedo coger contigo … pero eso no significa que no podamos hacer nada.

    Deslizándome por el sofá hasta su entrepierna, encontrándome cara a cara con el bulto hinchado en sus pantalones.

    Yo: Oooh, ¿esto es para mí? – coquetamente, mientras mis manos se deslizaban por sus anchos muslos y mis dedos se enganchaban bajo su cintura.

    Empecé a bajarle los pantalones. Marcos levantó las caderas para que pudiera quitarle la ropa más rápido. Mientras le bajaba los pantalones más y más, mis ojos se quedaron fijos en su ingle y mi mandíbula cayó cuando vi empaque de Marcos.

    La base de su eje era gruesa, A medida que sus pantalones caían más, más y más de su polla fue revelada ante mi hambrienta mirada, centímetro tras centímetro de su rolliza polla. No fue hasta que le bajé los pantalones a la mitad del muslo que vi la cabeza de un apetitoso tamaño, que brillaba ante la luz de las circunstancias. Y debajo de su polla había dos bolas, del tamaño adecuado.

    Me quede mirándolo por un momento, estupefacta. Marcos se rio entre dientes.

    Marcos: Nunca me canso de ver, esa expresión en la cara de las chicas cuando conocen a Marcos Jr.

    Yo: Wow, ahora ser por usas pantalones holgados.

    Baje los pantalones el resto del camino, dejándolos caer alrededor de sus tobillos, luego separando sus piernas y pasando mis manos por sus piernas. Mis manos se juntaron donde sus piernas se unían, envolví ambas manos alrededor de su grueso poste, disfrutando de su peso, sintiéndolo entre mis manos.

    Casi tan pronto como me apoderé de la polla de Marcos, comencé a acariciarla, suavemente, no del todo conscientemente, mi cuerpo simplemente corría en piloto automático enfrente de una herramienta tan impresionante. Pensaba que mi Rey estaba bastante bien dotado y sabía cómo usar lo que tenía. Sin embargo, Marcos estaba en la liga Premium.

    Yo: Wow, maravillándome de la sensación del grueso palo en mis manos.

    Marcos sonrió con confianza

    Yo: Bueno, no creas que te voy a dejar que me cojas esta noche. Te mamaré y eso es todo.

    No había dejado de acariciarlo mientras hablaba. Marcos no pareció decepcionado; simplemente separó las piernas y se deslizó por el sofá, dándome un acceso más fácil a todo lo que necesitaba.

    Comencé de abajo hacia arriba, lamiendo la parte inferior de su eje desde la base hasta la punta, mi lengua se aplanó y se deslizó por su longitud. Luego cambie de rumbo, siguiendo el mismo camino hacia abajo hasta que alcance los orbes pesados en la base. Con la lengua me llevé uno a la boca, donde le di un baño de lengua, prodigándole atención antes de dejarlo deslizarse por mis labios para poder hacer lo mismo con su gemelo. Sabía limpio, con solo una pizca del casi inevitable sudor salado.

    Marcos gimió cuando me moví de nuevo hacia arriba, trazando una de las venas que sobresalían en su vara con la punta de mi lengua, regresando a la parte superior donde abrí la boca y resbalé la cabeza entre sus labios. más allá de mis dientes, dejando que mis labios se cerraran alrededor de él y succionando con fuerza. Parte de mi cabello caía frente a mi cara, Marcos lo cepilló hacia atrás para poder verme mientras comenzaba a menear la cabeza, sin tomar mucho de él al principio, solo empapando los primeros centímetros en saliva y dejando que goteara más allá de mis labios para cubrir el resto de su eje. Mis manos trabajaron el resto de él, esparciendo la saliva que goteaba en una capa uniforme. La habitación se llenó con los sonidos de su succión y los ruidos húmedos que hacían mis manos mientras volaban arriba y abajo, con los gemidos de Marcos como contrapunto.

    Marcos: Que deliciosa mamada, me estás dando, esa boca es fantástica, parece de una puta profesional chupapollas- entre gemidos.

    Le guiñe un ojo en broma y chupe más fuerte, moviendo la cabeza más rápido. Quería que pensara en esto cada vez que otra mujer estuviera entre sus piernas. Más que eso, quería que él comparara a todas sus otras viejas y que las encontrara deficientes, ante mí.

    Me asegure de que mis labios estuvieran bien sellados alrededor de su polla y chupe con fuerza, mi lengua plana contra la parte inferior de su eje mientras me alejaba lentamente de él, finalmente liberándose con un * pop *.

    Mis manos no se detuvieron mientras lo miraba a los ojos.

    Yo: ¿Te gusta esto, Profe? burlándome de él. ¿Te gusta que una linda dama te chupe tu gorda polla?

    Marcos solo gimió. sonreí victoriosa

    Yo: Voy a dejar en mal a todas las perras con las que has estado, esto fue solo un calentamiento. -Su tono era confiado, incluso arrogante

    Respire hondo, abrí mucho la boca y me lo lleve adentro. Pero esta vez, cuando la cabeza de él golpeó la parte posterior de mi boca, apreté la lengua y tragué, reprimiendo el reflejo nauseoso y dejando que la cabeza se deslizara hacia mi garganta. Con los ojos abiertos, mire a Marcos con arrogancia mientras lo tomaba más y más profundamente en garganta.

    Marcos dejó escapar un gemido largo y bajo tono.

    Marcos: Que me jodan, nadie ha hecho una mamada así antes.

    Era todo lo que podía hacer dejarme trabajar en lugar de intentar hacerse cargo. Inconscientemente, comenzó a moverse en su asiento, sus caderas subían y bajaban a medida que aumentaba el placer. No me importaba, estaba concentrada en tragar más y más de su vara.

    Marcos estaba más que impresionado. mientras comenzaba a mover la cabeza hacia arriba y hacia abajo, manteniéndolo en mi garganta hasta que mi cara comenzó a enrojecerse, luego despegándome de él lo suficiente para respirar profundamente y luego volver a sumergirme. Cuando mi lengua pasó por su cabeza, probé el líquido que fluía constantemente de él. Una de mis manos ahuecó su saco, jugando con sus bolas, girándolas en mi palma y sintiendo que empezaban a tensarse.

    También estaba impresionada, Marcos no solo era liga Premium, también podía controlarse. Se las había arreglado para evitar correrse a pesar de todos mis esfuerzos, y no me estaba obligando a bajar a pesar de su obvia lujuria. Pero ahora era el momento de ir a matar. En el movimiento ascendente, hice una pausa, inhalé profundamente por la nariz, acariciando a Marcos con una mano y amasando suavemente sus bolas para mantenerlo en el borde. lo miré tenía los ojos cerrados y la cabeza hacia atrás. Tenía los brazos a los lados y las manos ligeramente hacia arriba, los dedos se curvaron y se desenroscaron como si quisiera desesperadamente agarrar mi cabeza y obligarme a bajar.

    Una vez que estuve lista, contuve la respiración y abrí la garganta por última vez. Moviéndose lentamente, lo trague, mis labios se deslizaron por su eje. mis manos lo acariciaron mientras descendía, descensos cada vez más cortos a medida que centímetro a centímetro desaparecían en mis labios. Muy pronto mi otra mano se unió a la primera, apretándola suavemente, sus cálidas bolas deseando que se corriera.

    Mis labios se deslizaron hacia abajo lentamente, él se mordió el labio, conteniéndose todo lo que pudo antes, con un explosivo grito sin palabras llegó.

    Sentí los primeros disparos en lo profundo de mi garganta mientras su polla se hinchaba y palpitaba, antes de retirarse y tomar el resto en mi boca. Mis manos y lengua nunca dejaron de moverse, alargando su clímax tanto como pude hasta que mi boca estuvo llena de su cremosa carga. Cuando su polla dejó de estallar, levante la cabeza, besando la punta de su polla antes de abrirse y mostrarle la bocanada de semen que había guardado. Y luego cerré la boca y, con una sonrisa maliciosa, devoré cada gota.

    Chasquee los labios una vez que termine, como si acabara de disfrutar de una deliciosa comida. Marcos sacudió la cabeza con asombro, sin creer del todo lo que le acababa de pasar. Luego me puse de pie de un salto

    Yo: Está bien, semental, tienes lo que querías. Estoy borracha y cachonda, pero no voy a dejar que me cojas, así que puedes guardar a Marcos jr. y marcharte.

    Marcos estaba un poco aturdido por el cambio repentino. Se subió los pantalones y se puso de pie. Le señalaba la puerta, mirándolo y desafiándolo a objetar.

    Marcos tomó el desafío. Él la miró hacia abajo

    Marcos: Conseguí algo de lo que quería. das unas mamadas increíbles, pero no es justo que me vaya sin devolver el favor.

    Me agarró por la cintura, grite cuando de repente se giró, poniéndome entre él y el sofá.

    Marcos: Pon tu hermoso culito en el sofá y sube tu vestido. Es mi turno.

    Estaba en conflicto, no había mentido cuando dije que estaba cachonda. Marcos me miraba como un león a punto de devorar a su presa, y una parte de mi quería dejarlo hacerlo. Pero esta noche ya había ido más lejos de lo que esperaba, y me preocupaba que las cosas no terminaran ahí. Sin embargo, Marcos parecía estar leyendo mi mente.

    Marcos: Vamos, zorrita, Déjame hacer lo mío y luego me iré. Lo prometo. No es como si fuéramos a coger, solo voy a saborear tu linda panocha y hacerte terminar.

    Me mordí el labio, considerando, sopesando sus opciones, y en poco tiempo mi lujuria ganó.

    Yo: Está bien, – agachándome y subiéndome el vestido, dejándolo como un rollo de tela alrededor de mi cintura. – Pero esto es todo. Una vez que te diga que terminamos, terminamos- con severidad

    Marcos sonrió y respondió enganchando sus pulgares a los costados de mi tanga, mientras se ponía de rodillas frente a mí, bajando mi pequeña y “dorada” tanga por mis piernas hasta mis tobillos. Ni siquiera tuve tiempo de sentarme en el sofá antes de que él estuviera hurgando entre mis piernas.

    Las manos fuertes de Marcos ahuecaron mis nalgas, sus dedos se clavaron un poco, manteniéndome de frente a él. termine sobre las puntas de mis pies, con su rostro presionando con fuerza contra mi entrepierna. posada precariamente sobre él mientras él se comía mi coño como un hombre hambriento.

    Incluso antes de que él comenzara, ya estaba ardiendo; había planeado echar a Marcos y luego auto complacerme como loca. Las acciones agresivas de Marcos me tenían en un sube y baja de pasión. Y ahora, con la sensación de su lengua entrando en mi intimidad, sus manos fuertes apretando mis nalgas manteniéndome a su merced, estaba casi abrumada. Me agarre mis tetas, acariciándome, pellizcando mis pezones y apretándolos.

    Yo: En la madre –suspirando – no te andas con rodeos.

    Marcos no estaba realmente en posición de responder, pero miré hacia abajo y vi la mirada confiada y victoriosa en sus ojos, y esa fue suficiente respuesta. Su lengua se abrió camino dentro de mí, separando mis labios inferiores. Me encontré tratando de bajar, para que él pudiera ir más profundo; el músculo que actualmente se abría paso dentro de mi coño simplemente no era suficiente.

    Fue entonces cuando supe que iba a dejar que Marcos me cogiera. Podría intentar resistirme, y probablemente lo haría, era parte de la diversión. Pero si él presionaba para que le diera más, cedería. Era tan impresionante, tan dominante, tan masculino. Se había manifestado en el campo antes, cuando Marcos había ganado el torneo con su estrategia de juego agresiva, pero fuera lo que fuera, ahora parecía una forma primordial e instintiva de expresar su superioridad. Y en el bar, cuando dejó en claro que me quería pero que no toleraría mi mierda para conseguirme, eso también había sido una expresión de su poder y confianza.

    Cualquier otro pensamiento se cortó cuando Marcos se movió ligeramente, y su lengua encontró mi botón y comenzó a hacer círculos apretados y rápidos alrededor de él. Toda la habilidad y la pasión que había demostrado antes, cuando se besaron, también estaba en exhibición aquí. Al poco rato, sentí que me temblaban las piernas y que se le debilitaban las rodillas.

    Yo: Chingada madre – en voz baja.- Pinche cabron. Hazme terminar, Pinche cabron pendejoo.

    Marcos me agarró por el culo, sosteniéndome presiono mis interiores con la misma intensidad resuelta que había mostrado en el Antro. hasta que sucumbí. Ahora, era más o menos lo mismo. Pero su objetivo entonces había sido seducirme, y eso lo logró. Su objetivo ahora era cimentar su victoria haciéndome terminar. Y él lo estaba logrando.

    Aguanté lo inevitable todo el tiempo que pude. Y luego, cuando mi resistencia se desmoronó, me vacié. Con un grito ahogado, explote, moviendo mi cabello de un lado a otro. Mi cuerpo se convulsiono, la electricidad recorriéndome desde las caderas subiendo por mi espalda en un solo destello una ola de placer me invadió.

    Yo: ¡Pinche bastardo! ¡Hijo de puta! ¡Trágatelo mi panocha, Cabron! ¡Oh, Dios mío, oh Dios mío, oh Dios, ¡joder! – Las palabras salían de mi boca con la misma velocidad que mis jugos brotaban de mi pequeño y depilado coño.

    Cuando terminé, estuve a punto de colapsar, pero Marcos todavía estaba allí, apoyándome y recostándome suavemente en el sofá. Tenía los ojos cerrados. Me estremecí mientras recuperaba lentamente el control de mi cuerpo. Y cuando abrí los ojos, vio a Marcos, de pie junto a mí y mirando hacia abajo con una expresión en su rostro que hablaba de triunfante confianza. Había visto esa mirada antes, cuando Marcos recibía el trofeo del campeonato interno.

    Pero había una gran diferencia entre ese momento y el presente. La primera vez que vi esa mirada, Marcos no estaba desnudo. me arrastré por el sofá y pude sentarme.

    Yo: Controla tus ímpetus, Sin coger ¿recuerdas?, chingado, no deberíamos haber tenido nada en absoluto.

    Marcos dio un paso hacia mí. Su polla había recuperado su vigor mientras me estaba comiendo, se balanceaba en el aire mientras se movía. mis ojos seguían su movimiento; sacudió la cabeza para aclarar mis ideas, luego volvió la mirada hacia Marcos. No tuvo más efecto en él ahora que antes.

    Marcos: No vas a hacer que me vaya, -confiado.

    Yo: ¿Por qué no? – desafiante.

    Marcos: Porque todavía estás bien pinche caliente, y necesitas un poco de polla, – con total naturalidad.

    Era difícil de negar; me había corrido ya, pero necesitaba más. Si Marcos se fuera, podría ir mi maleta y buscar mi roll-on, para masturbarme como una puta toda la noche. Además, aunque me hacía sentir culpable admitirlo, incluso para así, no sería mi marido, mi rey adorado, quien estaría en mis pensamientos mientras me auto estimulará.

    Yo: Eres bastante arrogante, La mayoría estaría feliz con una mamada … especialmente de mí.

    Marcos sonrió y agarró la base de su polla, apretándola suavemente.

    Marcos: Engreído, ¿eh? ¿Supongo que sé en qué estás pensando?

    Se acercó aún más, y el extremo de su polla terminó a solo unos centímetros de mi cara.

    Marcos: Si quieres que me vaya, me iré. Pero te estarás arrepintiendo de perder esta oportunidad de tener una polla de verdad dentro de tu delicioso coño

    Yo: No es tan sencillo

    Marcos: Piénsalo. Nadie nos vio salir del bar. Nadie nos vio venir aquí, excepto el jodido taxista. Sabes que tu marido no va a aparecer. Esta es tu oportunidad de probar una nueva polla, sin consecuencias, no hay posibilidad de ser descubierto- Su voz se volvió un poco más grave y ronca – puedes pasar esta noche teniendo buen sexo o puedes ir a jugar contigo misma. Es tu decisión.

    Con más sobriedad y menos cachonda podría no haber sido influenciada por el pequeño discurso de Marcos, pero me convencí. Después de todo, racionalice, ya falle como esposa. podría ir a por todo el placer y no es como si nadie lo supiera ni mis pupilas, ni la escuela, mucho menos mi marido, solo y nadie más que nosotros.

    Yo: Tú planeaste esto, ¿verdad, hijo de puta? – señalándolo con un dedo acusador y entrecerró los ojos. Marcos se encogió de hombros y sonrió descaradamente. -Aquí están las nuevas reglas: nunca le dirás una palabra de esto a nadie. Después de esta noche, apenas me conoces. Puedes saludar con la cabeza desde el otro lado de la calle, pero eso es todo. ¿Entendido?

    Marcos no parecía impresionado por mi fanfarronada. No es de extrañar, de verdad; casualmente había ignorado todas las otras veces que había tratado de establecer reglas, y lo sabía, o al menos sospechaba, que seguiría haciéndolo hasta que hubiera repercusiones. Pero una parte de mí también sabía que no habría ningún castigo por romper las reglas. Algunas personas simplemente patinaron por la vida, y Marcos parecía ser uno de ellos.

    Ahora mismo, sin embargo, eso no era asunto tuviera mi atención, Estaba mucho más interesada en el aspecto de Marcos mientras estaba allí, desnudo como el día en que nació. Los tatuajes de sus brazos musculosos le llegaban hasta los hombros y la parte superior de la espalda, Su cuerpo mostraba los resultados de largas jornadas en ejercicio. Y, por supuesto, entre sus piernas, colgaba un trozo de carne que (odiaba admitirlo) era sustancialmente más impresionante de lo que mi marido cargaba con él. Me encontré mirándolo mientras Marcos se acercaba, siguiendo cada movimiento y rebote con los ojos y abriendo las piernas inconscientemente mientras él se acercaba.

    Cuando se acercó, estaba recostada en el sofá. Marcos se deslizó entre mis piernas abiertas, pero antes de que pudiera entrar, y estaba claro que ese era su objetivo, le puso una mano en el pecho y lo detuve.

    Yo: No, Aquí no.

    Marcos se apoyó en su mano y, aunque podría haberme forzado, no lo hizo.

    Marcos ¿Por qué no aquí, bella dama? ¿No estás cómodo en este sofá?

    Yo: No, pendejo – puso los ojos en blanco- Quiero follar en algún lugar donde pueda al menos cubrir sábanas después. Nadie, absolutamente nadie, puede saber sobre esto, así que no tenemos nada en el maldito sofá, mañana pueden venir mis pupilas y no quiero dejar rastros de nada.

    Con un movimiento Marcos me tomo de la mano. y me levanto en vilo poniendo mi humanidad sobre su hombro.

    Yo: Bájeme cabron- agitando las piernas y dándole una palmada en la espalda.

    Marcos me dio un manotazo en el trasero, haciéndome que gritara y cortando mis protestas.

    Marcos: Te llevo a la cama contrólate

    Yo: ¿Crees que eres impresionante? ¿Hombre grande, fuerte, maltratando a la mujercita? Es patético. Este acto de hombre de las cavernas podría impresionar a las putas tontas que recoges en el bar, ¡pero…- A mitad de la palabra, me arrojó sobre la cama. Aterrice pesadamente, rebotando hacia atrás por un momento, agitando las extremidades.

    Antes de que pudiera recuperarme, Marcos estaba sobre mí. Se movió suavemente, deslizándose por la cama, sus caderas forzaron mis piernas a separarse. Marcos me presiono contra el colchón por los hombros. Su rostro estaba a centímetros del mío y estaba sonriendo.

    Marcos: ¿Esta mejor, linda dama? – en un tono levemente burlón.

    Yo: frunciendo el ceño – Solo fóllame, cabron, y si no haces terminar como dios manda, haré que te arrepientas.

    La amenaza estaba vacía, en más de un sentido. No tenía idea de cómo iba a hacerle pagar si él no me hacía correrme, y, lo que, es más, la forma en que me maltrató, me arrojó como un juguete … me tenía extasiada. Mi rey podría ser muy dominante pero nunca me trató así, y algo en la forma en que Marcos simplemente tomaba lo que quería hizo que deseara más y más.

    La polla de Marcos descansaba sobre mi vientre, atrapada entre nuestros cuerpos. Estaba caliente al tacto, y parecía incluso más duro de lo que había sido antes, cuando lo había estado chupando. Me retorcí debajo de Marcos, queriendo sentir el grueso trozo de carne dentro de mí y no solo contra mi vientre. Pero Marcos se burlaba de mí, negando también este premio; todo lo que logre fue mover mis caderas lo suficiente como para apretar mi coño contra la parte inferior de su eje. Y eso, a su vez, solo avivó su fuego, haciéndome cada vez más ansiosa por sentirlo dentro, abriéndome, haciéndome gritar de placer. Deje escapar un pequeño, necesitado y frustrado quejido al sentir su poste caliente y grueso, tan cerca de su lugar de descanso natural pero no dentro de él.

    Marcos se apresuró a aprovechar mi frustración. Lentamente se apretó contra mí,

    Marcos: ¿Qué pasa, bella dama?

    trate de ignorarlo, pero no funcionó. En el espacio de unos pocos latidos cedi.

    Yo: Ya Deja de burlarte de mí ¡Métemelo y cógeme, cabron!

    Con una sonrisa de complicidad en su rostro, se agachó y agarró su polla. lo golpeó contra la entrada de mi canal de amor par de veces, mis caderas se sacudían involuntariamente cada vez que él hacía contacto con mi tierna vulva, y luego se acabó la burla. Echó las caderas hacia atrás, y cuando lo hizo, su polla se deslizó dentro de mi raja, hasta que la cabeza estuvo en su lugar, apuntando a mi centro. Luego, moviéndose lentamente, se acomodó en mí.

    Instintivamente, gemí, sintiendo el eje de Marcos estirándome. Una parte de mi pensaba con culpabilidad que a pesar de que Mi Reyecito no se quedaba atrás, Marcos era aún más impresionante, y su polla me llenaba de una manera deliciosa. Mi rostro se sonrojó cuando Marcos descansó profundamente dentro de mí. Sus manos estaban sobre mis hombros, inmovilizándome contra el colchón, asegurándose de que no pudiera irme. Ahora que había empezado, me di cuenta de que Marcos tenía la intención de cogerme hasta que estuviera satisfecho, tanto si podía soportarlo como si no, si lo quería o no.

    Era bueno, entonces, que ahora más que nada lo que quería era sentir que Marcos me usaba, cogiera duro, mostrara esa misma agresión y salvajismo animal que él había mostrado en el torneo y antes en la noche y hacerme un receptáculo para sus deseos. Sabía que era una traición a un buen hombre, un hombre al que amaba, pero en el fragor del momento eso no importaba.

    Marcos no defraudó. me dio unos momentos para que me acostumbrara a su longitud y su circunferencia, momentos que los pasó mirándome a los ojos triunfalmente. Cuando pensó que estaba lista, se echó hacia atrás, sintiendo que mi coño se aferraba con fuerza a él, como si no quisiera dejarlo salir. Una vez que solo quedó la punta en mí, se estrelló contra mi pelvis, atravesándome, empalándome en su mástil, empujando con fuerza, lo suficientemente fuerte para que sintiera todo su grosor.

    Y luego lo hizo de nuevo. Y otra vez. Y otra vez.

    Yo: ¡En la Madre! chillando de éxtasis.

    Estaba dividida entre querer decirle que bajara la velocidad y querer exigirle que me cogiera aún más fuerte. todo lo que pudo hacer fue liberar mi lujuria

    Yo: ¡Pinche hijo de puta! ¡Me vas a romper! ¡Me vas a dejar samba!

    Mis palabras afectaron a Marcos como las espuelas de a un caballo. Él soltó un gruñido y (Dios mío, ¿cómo era posible ?, pensé) comenzó a cogerme aún más fuerte.

    Sentía que mi coño ondulaba alrededor de su tranca, convulsionando casi continuamente, como si quisiera ordeñarlo. Pero estaba lejos de terminar. Me penetró unas cuantas veces más, asegurándose de que sintiera cada poderoso empujón.

    Y luego, todavía alojado profundamente en mí, me agarró del cabello y tiró, rodando mientras lo hacía, termine encima de él, Grite, de dolor, de sorpresa y de placer, mi peso cayó sobre el eje de Marcos y un repentino destello de éxtasis me atravesó.

    Por un momento, pensé que quería que tomara el control, pero resultó ser un error. Lo que quería, más bien, era lucirse. Sus caderas se movieron y me tomó por la cintura, levantándome antes de dejarme caer, manipulándome fácilmente mientras me usaba como un juguete sexual viviente. Los músculos de sus brazos y pecho brillaban a la tenue luz del dormitorio mientras sudaba.

    Mis tetas rebotaron salvajemente mientras subía y bajaba por su longitud. Sus manos fueron a mis pechos, estabilizando el moviendo de mis senos dándole la oportunidad de apretarlos y pellizcar mis pezones. Alguien estaba gritando breves gritos entrecortados, me di cuenta vagamente de que era yo. Mi voz era un poco ronca y mis gritos de placer fueron interrumpidos por la forma en que los poderosos empujes de Marcos sacaron el aire de mis pulmones. Trate de empezar a montarlo al ritmo de él, pero su fuerza implacable simplemente dominó, convirtiéndome en un verdadero juguete para coger.

    Marcos Sigue gritando, Quiero que tus vecinos sepan lo bien que te están cogiendo follaron.

    Quise dar una respuesta sarcástica, pero no pude. Todo lo que pude hacer fue tomar un respiro y soltarlo como otro grito de euforia primitivo y crudo. Con un pellizco en los pezones, me corrí. Mi panocha se apretó alrededor de la magnífica polla de Marcos, agarrándolo lo suficientemente fuerte como para obligarlo a disminuir sus poderosas embestidas. Gire las caderas, arquee la espalda y mi cabeza se agitó de un lado a otro mientras soltaba un aullido sin palabras.

    Marcos: Así, puta así, – no es que estuviera en posición de escucharlo, y mucho menos procesar lo que estaba diciendo. -Córrete en mi polla, linda puta fina. Apuesto a que el puto de tu marido novio no te hace correrte así.

    Si pudiera habría demostrado mi enfado por con eso, pero también tendría que admitir que mi Rey no podía estar a la altura, en más de un sentido.

    Antes de que mi clímax terminara, Marcos cambió las cosas nuevamente, rodando hacia un lado y una vez más colocándome boca arriba en la cama. Pero esta vez, había movido mis piernas a un lado y terminó de pie en el borde de la cama. Mi espalda estaba en la cama, pero mis caderas colgaban a fuera de la cama, sostenidas por las fuertes manos de Marcos y el grueso, rígido e inflexible poste incrustado profundamente dentro de mis entrañas.

    Marcos no perdió tiempo en reanudar sus bruscos y rápidos estocadas. En esta posición, podía usar la fuerza de sus piernas en cada penetración e hizo precisamente eso, levantándose sobre las puntas de sus pies para poder penetrar más profundamente. chille cuando su eje aporreó mi vulva, incrustándose profundamente en ella. Marcos se rio entre dientes.

    Marcos: No estás acostumbrada a tener una polla como esta, ¿verdad, puta fina? ¿Qué? ¿El marido no tiene suficiente poder?

    Abrí la boca para replicar. Pero antes de que pudiera decir una palabra, el pistón de Marcos se hundió una vez más y todo lo que salió fue otro grito de placer cuando mi vagina se apretó y se corrió de nuevo, sobre su tranca.

    Mi espalda se arqueó, mi coño temblaba, y luego … me encontró vacía. Mis piernas se agitaron, y luego sintió las fuertes manos de Marcos en mis piernas, agarrándome y volteándome sobre mi estómago. Marcos no perdió el tiempo una vez se acomodó detrás, apenas estaba bajando de mi pico orgásmico, cuando me penetro nuevamente, esta vez como por detrás como un animal, como si yo fuera una perra en celo.

    El impacto de su polo que me partía el coño volviendo a entrar hizo correrme una vez más, o tal vez solo prolongó mi clímax anterior; no estaba segura. Todo lo que sabía es que estaba arañando las sábanas y gritando

    Yo: ¡Sí! ¡Cógeme, ¡Cógeme, Cógeme más fuerte!

    Agarró un puñado de mi cabello y tiró hacia atrás, haciendo que mi espalda se arqueara. El dolor puso una cereza sobre el placer extático que estaba sintiendo, y eso me encendió de nuevo. A estas alturas, por lo que sabía, Marcos ya se había corrido. Mi coño estaba tan empapado que no sería capaz de decir si él le hubiera agregado su propio jugo sexual. Pero por la forma en que me estaba empalando, su gorda cabeza de polla penetrando y tocando cada rincón de mis interiores … solo … empuje, si no estaba inclinada hacia atrás, haciendo que todo su peso presionara sus caderas, siendo follada en el colchón con cruel intensidad, pensé que probablemente no había terminado.

    Podía sentir el calor de su aliento en la oreja y en un costado de la cara. Tenía los ojos cerrados, para experimentar mejor las sensaciones que me recorrían. Había algo de dolor, en mi espalda, mi cuero cabelludo, pero sólo sirvió para realzar el contraste entre esos sentimientos y el increíble placer frenético que la había empalado en su eje al rojo vivo, en el eje de Marcos. Y luego, a través de la neblina, escuchó la voz de Marcos. Fue un gruñido bajo en su oído, algo apenas en el borde del oído, cuando él le dijo:

    Marcos: No me arrepiento de mandar a patear a tus niñatas

    Mis ojos se abrieron de golpe. Me enoje, más enojada de lo que había estado en toda la noche, lo cual fue bastante impresionante. Furia al rojo vivo ardía en mi pecho. Mis mejillas se sonrojaron y mi rostro se contrajo en una mueca. Todas estas cosas sucedieron, y también sucedió algo más.

    Tuve un intenso orgasmoooo.

    Más largo y duro de los que había tenido en toda la noche. Más intenso de lo que podía recordar correrme. No debería haber sucedido, pero sucedió. grite, un grito ensordecedor sin palabras que indicaba mi rendición al placer abrumador. Mi ira solo pareció hacer que mi clímax fuera más intenso, hacer que mi coño temblara y se estremeciera y se apretara e inundara con mi miel.

    Marcos también llegó a su límite, tal vez impulsado por su viciosa confesión. Rugió como una bestia herida y se enterró en mi apretado coño. Por segunda vez en la noche, sentí la cálida sensación húmeda de Marcos irrumpiendo en su interior, aunque esta vez en el otro extremo de mi cuerpo. Su carga se disparó desde su polla, inundando mi coño ya empapado con su semilla. Siguió empujando mientras llegaba al clímax, golpeándome con fuerza cada vez que sufría un espasmo y lanzaba otro disparo.

    Soltó mi cabello y caí hacia adelante. Marcos casi colapsando encima de mí. Por un momento ambos nos quedamos allí, su gran cuerpo encima del mío, su peso apoyado en sus brazos. Sus caderas se movieron suavemente y mi vagina lo apretó, ordeñando las últimas gotas mientras ambos disfrutábamos de nuestros respectivos clímax. El único sonido era que ambos respirábamos con dificultad.

    Pero entonces recordé lo que Marcos le acababa de decir. comencé a retorcerme debajo de él, empujándolo con los pies.

    Yo: Quítate de encima, grandísimo cabron.

    Sentí su suave polla deslizarse fuera de vagina, trayendo consigo una corriente nada despreciable de jugos mezclados, que se derramaron fuera de mi manchando las sábanas.

    Yo: ¡Dije, bájate!

    Marcos: Ya voy, en un momento, bella dama

    Rodé sobre mi espalda y me puse de pie

    Yo: A chingar su madre de aquí – con frialdad.

    Marcos: Ya voy, en un momento, bella dama – sonrisa fue francamente arrogante

    Se levantó de la cama, yo era una furia. lo empuje, aunque, a decir verdad, termine moviéndome más que él.

    Yo: A chingar su madre de aquí – siseó con los dientes apretados – pero ya. No quiero verte nunca más. Si alguna vez, alguna vez, le cuentas a alguien sobre esto, iré a la policía y les diré que abusaste de mí y si no te buscare y te encontraré y te castraré.

    Marcos, por primera vez en la noche, parecía desconcertado. Hasta ahora, él parecía pensar en mi ira como algo de lo cual reírse, pero ahora, mientras avanzaba hacia él, con el cabello alborotado, los ojos destellantes, la cara enrojecida, estaba realmente aterradora. Levantó las manos y cedió.

    Marcos: Me voy, me voy- retirándose del dormitorio. Sin embargo, no pudo resistirse a hundirse en una última púa antes de irse. -Solo recuerda, linda dama. ¿Lo que te hizo correrte más fuerte? Que reconocí que no me arrepiento de jugar sucio.

    Me quedó paralizada, mirando con ojos asesinos a Marcos mientras él estaba de pie en la puerta. Luego, con un grito, agarró el objeto más cercano, que estaba en la mesa de noche, y se lo arroje. Sin puntería se estrelló contra la pared. Marcos prefirió salir de la línea de fuego.

    Todavía desnuda, me precipite hacia Marcos, haciéndolo retroceder más.

    Yo: A chingar su madre de aquí, te voy castrar- gritando

    Marcos cedió. Cogió sus ropas y huyó, escabulléndose por la puerta antes de que pudiera ponerle las manos encima. Se encontró de pie desnudo en el pasillo cuando, al otro lado de la puerta, cerré el pestillo.

    Me se senté pesadamente en el suelo. Ahora que Marcos estaba fuera de la vista, la ira ardiente que había sentido estaba dando paso rápidamente a sentimientos de culpa y vergüenza. Pero también había algo más, algo que casi no podía admitir para sí misma, todo esto había sido realmente placentero.

    Increíblemente esa noche dormí profundamente tanto que Raquel tuvo que ir a buscarme para despertarme para tomar nuestro autobús de regreso.

    Raquel: maestra despierte se nos hace tarde ya las chicas están listas en el autobús

    Yo: Como no puede ser me quede dormida

    Rápidamente me levante busque un leggins, una playera, gorra para salir, mientras Raquel empacaba mis cosas y corríamos al vestíbulo.

    Yo: Raquel, porque me dejaste dormir tanto

    Raquel: Maestra que pena, pensé que al igual que las demás no te dejo dormir la loca de anoche, con su escándalo y gritos, por eso la deje descansar, pero ya pues ya sé porque durmió hasta tarde- con una sonrisa picara

    Obviamente Raquel vio mi habitación y mi ropa se dio cuenta claramente quien era la loca que gritaba esa noche.

    Yo: Raquel, yo….

    Raquel: Nada Maestra lo que pasa en los torneos se queda en los torneos

    Al salir al lobby no esperaban equipo local y las autoridades educativas para despedirnos, me despedí rápidamente y subimos al autobús, sentándonos una a lado de otra.

    Mientras les decíamos adiós por las ventanas recibí un mensaje de mi Director.

    Director: Dejaste muy impresionados a todos, el Profe. Marcos te solicito como entrenador auxiliar para el campeonato Interuniversitario, la Junta Directiva de la Red lo autorizo, así que NO hagas planes. Quieren que estas al 100% bajo las órdenes Marcos.

    Apenas estaba procesando el lio que me esperaba cuando

    Raquel: Creo que los “dorados” tienen un nuevo seguidor- señalando sonriente hacia el comité de despedida

    Allí estaba Marcos ondeando un pedazo de tela con los colores de mis amados “dorados”, que enfocando un poco más la mirada pude ver que era mi pequeña y hermosa tanga.

    Yo: Como odio a ese hombre- entre dientes.

    Raquel: Nada Maestra lo que pasa en los torneos se queda en los torneos- sonriendo pícaramente y recostándose en su asiento.

    Epílogos:

    Laura participo como seleccionada en el torneo Interuniversitario, no había partido donde no metiera gol, quedando campeona goleadora, obteniendo una beca completa para concluir sus estudios.

    Contra mi mejor juicio participe como Coach auxiliar, Marcos no desaprovechaba la oportunidad para cada postpartido superaba el marcador de Laura, metiendo el doble “obuses” hasta el fondo de “mis porterías”, después, de ese torneo ya No volvimos a coincidir en la vida.

    Raquel participo como utilera y guarda secretos, aun trabaja en la Institución a cada generación le cuenta la leyenda loca que gritaba cada que el equipo ganaba.

    Poco después de finalizado el torneo Interuniversitario, mi rey, empezó a tener mucho éxito financiero, por lo cual, me obligo a abandonar la Institución para dedicarme al Hogar y arrancar la producción de bendiciones.

  • El señor de la tienda me hizo suya

    El señor de la tienda me hizo suya

    Ya he escrito varios relatos y pues ya me conocen, me llamo Marisol y tengo 38 años y pues donde vivimos hay una tienda atendida por un señor gordo y feo, él siempre aprovecha que yo compro ahí para decirme de cosas, yo naturalmente lo ignoro y no le doy importancia a sus comentarios hasta que cierta vez estos pasaron de lo «normal».

    -Ay señora Mari, que rica está usted, tiene unas nalgotas bien sabrosas como para estárselas besando y acariciando todo el día.

    -Cómo se atreve a decirme eso, yo soy decente y además casada, sépaselo usted.

    Esos comentarios groseros se repitieron siempre que yo iba a su tienda, no me podía explicar cómo a pesar de eso yo seguí asistiendo a esa tienda, me estaban gustando acaso sus groserías? no lo sabía hasta que un día que estábamos solos en la tienda el viejo ese me dijo que la mercancía que yo quería estaba en la trastienda, que lo siguiera ahí, cuando entré a ese lugar apenas cubierto por una cortina, él ya se encontraba adentro de espaldas a mí y cuando se volteó pude observar entre sus piernas la verga más grande que haya visto, incluso más grande que la del amigo de mi hijo (su amigo Héctor) era enorme, gruesota y con una cabezota descomunal, él la sostenía con sus manos al tiempo que decía.

    -¿Te gusta, a poco habías visto una así?

    Yo no sabía qué hacer, estaba hipnotizada por esa enorme vergota que ese hombre tenía entre sus piernas, fingí enojo, y traté de salir de ahí pero él me detuvo diciendo.

    -Vamos, tócala que yo sé que te gusta, tu marido no tiene ni la mitad de esto, tócala

    -No señor, por favor, soy casada y amo a mi marido y no puedo hacer eso que me pide, no por favor

    Dije sin mucha convicción, me acerqué y empecé a tocar esa cosota con mis manitas, apenas si podía abarcarla con mis manos, era enorme y dura, además llena de venas.

    -Así mamacita, tócala, ahh que rico, ¿te gusta verdad?

    -Sí, digo no, no por favor Don Toño, no me haga esto

    -Híncate y métetela en la boca! Anda, sé buenita y chúpala

    -No, eso no por favor, yo no sé, no sea así conmigo por favor, soy decente agh agh pude decir mientras me follaba mi boquita

    Y se la mamé, mamé verga de otro otra vez, empecé a mamar su verga hasta que me levantó y me dijo.

    -Ya mamacita, si no vas a hacer que me venga en tu boquita y ya no te la voy a poder meter.

    -Por favor Don Toño, no me vaya a coger, no me la vaya a meter, me mataría con eso y yo grito mucho, nos pueden oír, puede venir alguien y vernos así, mejor otro día, si?

    -No mamita, te hiciste mucho del rogar y de aquí no te vas hasta que te vayas bien cogida

    Salió de la trastienda y cerró la puerta principal regresando conmigo.

    -Ahora si mamacita, te voy a dar la cogida de tu vida, puedes gritar todo lo que quieras

    -Por favor Don Toño, me va a matar, la tiene muy grande y yo nunca me he comido nada así, le mentí pues recuerden mi historia con Héctor, no sea malo conmigo, déjeme ir por favor

    Se acercó a mí y me bajó el pantalón con todo y calzones para empinarme sobre unos costales y puso la cabeza de su vergota en mi ya mojada panochita, empujo lentamente y pude sentir como esa vergota se abría paso por los labios de mi cosita estirándolos al máximo, siguió empujando hasta que toda esa enormidad estuvo dentro de mí y entonces empezó a bombear, yo sentía morir con cada empujón de verga y comencé a gritar y a gemir.

    -Ay, me mata, por favor, ahh, que bárbaro, me está matando con su vergota ahh, así, así, métamela toda

    Fuera de control por esa cogidota me vine una y otra vez en la tremenda vergota de Don Toño.

    -Eso putita, así, te dije que te iba a gustar ahh toma

    -Ya soy suya, soy su puta ahh, estaba como loca

    -Me voy a venir mamacita, te los voy a echar adentro putita ahh

    -No, no por favor adentro no, no me estoy cuidando y me puede dejar panzona, mejor en la boca, véngase en mi boca

    Y con mucho pesar me saqué su vergota de mi adolorida panochita y abrí la boca para recibir sus mecos.

    Cuando terminó de cogerme quedé toda llena de semen en la cara y con mi vagina abierta de forma normal, ahí estaba yo con mis pantalones abajo y mis calzones igual abierta aún de piernas y bien cogida, me vestí y salí de la tienda, iba adolorida y casi no podía caminar, iba con el sabor de su semen en la cara y así llegué a mi casa donde me bañé para esperar a mi marido.

    Ese fue el comienzo de una serie de cogidas que el señor me daba cada que él quería, fui su puta, se la mamé, me cogió, me culeó estrenando mi culito de nuevo, ese que ni si quiera a mi marido le he dado, fui su amante por cerca de 4 meses en los que me cogió cuantas veces quiso.

    Me hacía mamar verga en la trastienda y cuando llegaba un cliente lo despachaba y volvía para que yo siguiera comiéndole su pitote.

    Un día que me tenía ensartada por el culo llegó mi marido a buscarme a la tienda, él salió y le dijo que ya me había ido, le comentó a mi esposo que estaba con un culito adentro y que se la estaba cogiendo, mi marido sonrió y se fue, jamás imaginó que era a su mujer a la que tenían empinada y ensartada por el culo, ese día llegué a mi casa sin calzones y bien culeada, llena de semen en mis hermosas nalgas de mi amante y mi marido me comentó que el señor de la tienda se cogía a las señoras del barrio en la trastienda y yo le dije que ese señor estaba bien feo, más nunca le dije que lo que tenía de feo lo tenía de pitudo y bueno para coger, ni tampoco que a mí no me cogía.

    Espero les guste esta historia y díganme que opinan, un beso en donde ustedes quieran amigos.

  • El rico culo de Cinthya

    El rico culo de Cinthya

    Esto que les voy a contar sucedió ya hace algunos años, es una relato largo, pero trate de poner énfasis en cómo sucedieron las cosas fielmente, pues bien mi nombre es Alfredo, soy un hombre sencillo y normal como cualquier mexicano, moreno, chaparrito, cabello negro, 39 años, siempre me han gustado muchas las mujeres sobre todo sus culos, desde chico veía las novelas pornográficas de mi papa, ahí fue donde nació el amor por el culo de las mujeres, las leía una y otra vez, las escondía dentro de un libro grande y hacia como que leía el libro, yo en ese entonces soñaba con cogerme un culo, como lo hacían en esas fotonovelas, hasta ahora me gustan esas revistas más, incluso que la pornografía del internet, donde se coge por coger, en cambio en esas fotonovelas tienen historia, hablan obsceno y vulgar como cualquier mexicano cuando anda cogiendo.

    En el 2016 me despidieron de la empresa donde trabajaba como soldador, era todavía soltero, así que busque un local donde rentar, para trabajar por mi cuenta, Encontré uno barato como a 15 minutos de donde vivía, esto en Neza al oriente de la CDMX, trabajaba de lunes a sábado, así empecé a hacerme de clientes, después de trabajar 2 años ya me conocían en la colonia, a veces iba a la casa de los clientes a hacer trabajos de herrería, una señora que se llama Karina me pidió que le pusiera una puerta en su casa, así que fui y ahí conocí a la protagonista de esta historia, su hija, Cinthya, una mujercita de 21 años en ese entonces, bonita la chamaca, blanca, una cabellera larga hasta la cintura, se peinaba de muchas formas, ese día se peinó de fleco lo recuerdo bien, media como 1.65 m, la canija tenía unas tetas de buen tamaño, tenía bonita cintura, su cola era generosa, nalga grande y paradita, esa clase de culo rico que se le antoja a cualquier hombre, esa vez ella vestía un pantalón de mezclilla azul y una blusa del mismo color, que dejaban ver el buen tamaño de sus tetas, me encanto la chamaca desde que la vi, ella en sí, era una niña sencilla, algo seria, pero linda y amistosa cuando hablabas con ella, como toda mujer cuando la tratas bien y eres atento con ella, cuando la vi por primera vez, ella me saludo cortésmente al igual que yo, como ya lo dije siempre he sentido pasión por las colas de las mujeres y pues en este caso la cola de ella era perfecta para mí, aparte de que ella era bonita, ese día mientras soldaba la puerta, ella estaba barriendo el patio, yo me daba mis tiempos para observar su cola, cada vez que se agachaba a recoger la basura la veía ese hermoso trasero, así estuve observando su belleza mientras hacia el trabajo.

    En una de esas nuestras miradas se cruzaron, la verdad es que no soy para nada un galán, pero en su mirada sentí algo, no sé si curiosidad, pero supe que no le fui indiferente, termine el trabajo, su mama me pago y me despedí.

    Paso como un mes, me encontré a su mama en el mercado, ella era una mujer muy sociable, me conto que su marido se había ido con otra, que ahora tendría que trabajar y que se le dificultaba con sus 3 hijos, Cinthya era la mayor de sus hijos, la señora Karina a sus 45 años todavía tenía lo suyo, pero desafortunadamente para ella, lo mío eran los culos de chavas y la cola de su hija cumplía con el requisito, poco después de esto, Cinthya empezó a vender gelatinas en la colonia para ayudar a su mama, empezaba temprano desde las 8 de la mañana, porque tenía que atender a sus hermanos por la tarde, la primera vez que fue al local a ofrecerme gelatinas lo recuerdo muy bien, llego linda con una diadema para su pelo largo, suéter blanco y unos jeans azul claro que dejaban ver lo deliciosas que eran sus nalgas, llego y me ofreció una gelatina, acepte y cuando ya se iba, la vi por atrás y me gusto como se movían sus nalgas, se veían paraditas y ricas, le dije oye Cinthya que bonitas las tienes, ella se volteo y me dijo “Ay Alfredo” y siguió su camino, yo solo veía como se iba caminando, imaginando como se vería ese culo desnudo, con el paso del tiempo las personas de la colonia, le pusieron de apodo a ella «la gelatinas”. Algunas veces oí hablar de ellas a varios hombres de la colonia, entre ellos a los que recolectaban basura, decían entre ellos “Esa vieja de las gelatinas tiene unas nalgas bien ricas, con ganas de encuerarla y cogerla”. Nunca le comente nada de esto a ella.

    Siempre que Cynthia pasaba a mi local, le compraba y me ponía a platicar con ella. En una de esas me comento que se salió de la escuela por lo de su papa y que a pesar de qué tenía en pausa la relación con su novio, todavía lo quería, así pasaron varias semanas y nos hicimos buenos amigos, siempre la andaba chuleando y a veces le hablaba en doble sentido sobre su culo, siempre no cayendo en lo vulgar, pero diciéndole de alguna manera que me encantaba su trasero, a pesar de eso. Algo que no había hecho era insinuarle directamente el tener sexo, como me había dicho lo de su novio y pues yo pensaba que ella tal vez no quería algo con un hombre mayor, además me agradaba su amistad y no quería perderla, todo eso me llevo a esperar para ver qué pasaba.

    Un día viernes, abrí temprano, porque tenía que entregar una chamba. Ese día ella llego como a las nueve y media, se pasó al local. Nos saludamos y le compre una gelatina, yo no pensaba en algo más, solo en apurarme, ese día ella vestía una blusa larga café y un mallon negro que dejaba ver lo sabroso de su trasero, con su peinado de cola de caballo que la hacía verse muy guapa, me empezó a contar sobre cómo era la gente de la colonia y sobre los hombres que le decían cosas, le dije a ella “que cosas te dicen Cinthya”, ella me contesto que había veces que pasaba por un taller mecánico y le gritaban “quiero checarte el aceite” y otros el clásico de “que rico culo”, pensé dentro de mi “es lo más normal que te digan eso, con el culo que tienes” pero le conteste “No hagas caso a eso, los hombres solo quieren molestarte”, en eso estábamos cuando entro una señora para pedirme que si podía ir a ver un detalle de soldadura, le iba a decir que no podía, pero ella insistió, entonces le dije a Cinthya, que si me cuidaba el local un ratito, ella me dijo que si, realmente no quería ir a ver, pero pues fui, vi rápido lo que era y le dije a la señora que lo podía hacer el próximo lunes, aun así perdí 30 minutos, llegue a mi local y Cynthia estaba con su cara colorada, me dejo un poco intrigado del porqué, le pregunte que le pasaba, me dijo “nada”, así que iba a continuar con el trabajo, entonces vi de reojo la revista pornográfica que compraba cada semana en el puesto de periódico, se me había olvidado entre las cotizaciones que hacía a mis clientes, seguramente estaba ella de curiosa revisando entre esos papeles, así que entendí por qué Cinthya estaba así, ella agarro su vitrina y me dijo “ya me voy Sr. Alfredo”, nos despedimos, sin hacer más comentarios, ese día me quede tarde para acabar mi chamba.

    Al siguiente día era sábado, solo abrí para entregar el trabajo al cliente, que paso por el temprano, ya como las 10 de la mañana. Salí a buscar una torta a un puesto cercano, mientras estaba ahí, paso Cinthya y empezamos a platicar, Ese día recuerdo muy bien lo que ella vestía, una falda blanca larga de esas que son delgadas algo transparentes, con un chalequito de mezclilla azul, blusa de botones blanca, zapatos de tacón bajo, entonces compre 2 tortas y la invite a comer una a mi local, se hizo un poco del rogar pero acepto.

    En ese entonces ya nos teníamos confianza y mientras comíamos, ella me volvió a comentar “usted cree que hoy un señor de una combi me volvió a gritar que rica cola tienes nena“ y continuo “No entiendo porque los hombres les gusta gritar cosas a las mujeres”, me quede callado y le dije “si caray” pues ella sabía que yo le decía los mismos piropos a su cola aunque un poco más ligero, no sé si porque nos conocíamos hacia la diferencia, además de que se los decía solo a ella, entonces ella me pregunto “Alfredo usted es casado”, le conteste que no, sin extenderme mucho del porqué, entonces con la confianza que había le pregunte “ y tú no extrañas a tu novio” me respondió “algo, a veces se necesita a alguien” y me pregunto “¿A poco no?

    Y dirigió su mirada al escritorio, supe de inmediato que me lo estaba diciendo por la revista porno, le dije “si así es”, cambiamos la conversación a cosas sin importancia, terminamos de comer y me dijo “Gracias Sr. Alfredo” y me pregunto “ya va a cerrar”, le dije “pues sí, ayer me quede tarde, ando algo cansado”, entonces ella me dijo “Pues bueno, ya me voy” en un tono como de no tener muchas ganas de querer irse, se enfilaba a la calle, cuando la vi por atrás sus nalgas moviéndose de un lado para otro, tuve un gran deseo de coger, llevaba como 2 semanas sin liberar mi esperma, así que le dije “ya te vas nena”, me dijo “sí” y prosiguió “pero quiere que le ayude en algo”, en ese instante, mi mente se nublo por el deseo de coger, ya me había lanzado sin importar que pasara, con voz entrecortada, le dije “si me puedes ayudar en algo más”, ella dejo su vitrina en el suelo y me dijo “en que le ayudo, Alfredo”, la vi a su rostro y le dije directamente “oye te gusto la revista”, ella se volvió a poner bien roja y no supo que decir, luego me dijo “solo vi la portada” (mintió en una plática posterior me dijo que si la había hojeado), así que le dije “espérame tantito”, vi quien venía en la calle y baje la cortina rápido, ella se me quedo viendo algo sorprendida y creo que sospecho que iba a pasar, le dije ven te voy a explicar algo, la dirigí hacia el escritorio como si le fuera a indicar hacer algo, le dije “pon tus manos sobre el escritorio”, ella lo hizo, me puse atrás de ella y le empecé a decir “eres muy hermosa, me gustas mucho” y empecé a agarrarla de las caderas, ella se sobresaltó un poco y luego volteo tímidamente a verme con sus mejillas rojas, sentir esa cintura con mis manos fue excitante y le dije “te voy a confesar algo, esa revista la compro porque me gustan mucho las colas y tu cola es la más hermosa que he visto”, ella solo escuchaba pero estuvo receptiva y calmada, agarre uno de sus brazos y le dije “nena pon tus brazos recargados en el escritorio”, así quedo empinadita con su culo paradito, le dije “Que hermoso trasero tienes Cinthya”.

    Ella no me respondió nada, le empecé a sobar sus nalgas sobre su falda suavemente y despacio, a estas alturas creo que ella ya sabía que le había llegado el tiempo a su culo, Mientras le agasajaba las nalgas, le pregunte que si era virgen y me dijo que no, que con su único novio ya lo había hecho, entonces le dije que si ya le habían bautizado el chiquito, ella inocentemente me pregunto “¿qué es eso?”, le dije “lo mismo que le hicieron a la chica de la revista”, guardo un silencio y luego me dijo “no, pero, me han dicho que duele un buen”, le conteste “no si se hace con cuidado y cariño”, ella se quedó pensando y por fin dijo, “Bueno, pero despacito”.

    Al sentir la seguridad que iba a pasar, subí el tono de mi lenguaje con el que me dirigía a ella usualmente y le dije “hoy te voy a dejar bien lleno de leche tu culito, así que prepárate”, agarre el vuelo de su falda y la empecé a levantar, descubriendo sus piernas blancas, sus muslos gorditos, hasta que vi sus nalgas cubiertas aun con un calzón de cintura alta, esos que cubren casi las nalgas, enrolle su falda en la cintura y agarre el resorte de su calzón, ella como niña curiosa, solo volteaba a ver que le estaba haciendo, entonces me dijo “ay Alfredo, no sé si sea bueno hacerlo”, a estas alturas ya no iba a parar, estaba muy caliente, le dije “tranquila nena, ahora voy a conocer tu culo, que tanto te chulean en la calle”, ya no dijo más, sabía que ya no había retorno, así que empecé a bajarle sus calzones poco a poco hasta dejar descubierto ese par de nalgas redondas y paraditas, le baje sus calzones hasta los tobillos y empecé a masajear esas nalgas desnudas, gordas y paraditas, eran suaves y firmes.

    Entonces le abrí sus cachetes y pude ver su ano arrugado y le dije, “Cinthya este es el chimuelo, chicloso y mejor conocido como chiquito, el que todos los hombres quieren, ahora te lo voy a rellenar con mi verga”, desabroche mis pantalones, me baje los calzones y mi verga salió erguida, queriendo ser engullida por el culo de Cinthya, como ella era quinto del chiquito, para que resbalara, saque una crema de cara que yo utilizaba y se la unte con paciencia, en cada pliegue de su ano y hasta donde me alcanzo el dedo, Cynthia mantenía su posición, tenía apoyado los 2 codos en la mesa y su culo bien paradito para comerse mi verga, para mayor comodidad, le quite sus calzones y su falda.

    Le abrí su chaleco y desabotone su blusa, le hice hacia arriba su brasier para dejar libres sus tetas, tenía bien paraditos sus pezones, pero me concentre en su culo, le acaricie la espalda unos minutos y le puse mi cabeza de la verga en la entrada de su ano, la agarre bien de la cintura para que no se fuera a mover y empecé a metérsela, mi cabeza se hacía hacia arriba cuando trataba de meterla, así que me agarre la verga y la dirigí hacia su ano, empuje con fuerza, me moví en diferentes ángulos, hasta que encontré la dirección correcta y mi verga entro en su ano, Cinthya lanzo varios gritos y un “auug” fuerte, ella me dijo que estaba muy grande que no le entraba, la calme le dije que se tranquilizara y el clásico de ponte flojita para que entre, así estábamos platicando, ella se quejaba y yo tranquilizándola, pero seguí avanzando sin piedad atravesando su ano, ella no dejaba de quejarse, le agarre sus tetas con mis 2 manos y le apreté los pezones, para que se relajara, pero no pare hasta que cada arruga de su ano fue alisada, ya con mi verga completamente adentro, le dije “ves Cinthya como si te cabe bien mi verga en tu chiquito, es como una funda caliente para mi verga”, estaba bien apretado y sabroso su ano, a pesar de que ya mis huevos habían chocado con sus nalgas, sentía la sensación que mi verga seguía creciendo dentro de su culo, una vez adentro, me quede disfrutando de su ano sin moverme, su esfínter se acostumbró a mi verga, y ella también se quejó menos, me dijo “ay me duele ya vas a terminar”, le dije “no nena te tengo que llenar de leche tu culo y para eso necesito moverme”, ella me dijo que iban a ver más veces que por esta vez estaba bien que le dolía su culito, mientras hablaba le estaba sobando sus nalgas eran deliciosas, le dije que ya iba a acabar y me empecé a mover aunque despacio con movimientos firmes, adentro-afuera, sacándosela poco, para que no le doliera, disfrutaba cada arremetida a su ano, con el movimiento de meter se lo dejaba ir con fuerza para entrar a lo más profundo de su ano, después de unos 5 minutos de cogerla, empecé a sentir que mi verga se entumía y cosquillas en mi escroto, le dije a Cinthya, “Ya me voy a venir nena, este momento siempre lo recordaras”, empecé a sacar leche dentro de su ano, mi verga se vacío por casi medio minuto, rellenándole el ano de esperma que tenía almacenado de varios días, hasta que por fin termine y le dije “que rico nena” y continúe “espera unos minutos para que se salga, sino te va a doler si la saco de golpe”, ella acepto, mientras esperábamos le dije “Listo nena, tuve que hacer el trabajo que no quiso hacer el marica de tu novio, llenarte el ano de leche, con un culo como el tuyo cualquiera se lo quiere coger y tú lo sabes, por las cosas que te dicen en la calle”.

    Cinthya solo escuchaba sin decir nada, mas con cara de alivio que yo haya terminado, por fin después de 5 minutos su ano saco a mi flácida verga, le deje el ano bien rojo y batido de leche, la agarre de la mano y le dije que ahí estaba el baño para que se limpiara, tardo como cuarenta minutos en limpiarse y vestirse, salió como cuando entro en la mañana, ni parecía que le hubiera bautizado su culo y me dijo “ya me voy a terminar de vender” (sus gelatinas), le dije a ella que si le dolía su cola, me dijo que si y que además le ardía un poco, le dije, “es natural por ser su primera vez” y proseguí “ten nena el dinero de tus gelatinas y ve a tu casa a descansar”, se me quedo viendo y me dijo “oye esto es por lo que paso”, le dije “que no interpretara mal, que era para que se fuera a descansar y que su mama no sospechara nada”.

    Entonces ella acepto y se despidió de beso de mí, antes de irse la abrase por la espalda y le dije agarrándole las nalgas, “este culo es mío y me lo voy a comer cuando quiera, lo tengo que dejar bien abierto” ella solo sonrió y me dijo “ya veremos, hasta luego”, abrí la cortina y salió, la vi caminando un poco extraño, era obvio después de haberle roto su culo, la vi alejarse, habían pasado casi 90 minutos inolvidables para mí, estaba más que satisfecho, completamente ordeñado de mis bolas por su culo, aparte de haberla estrenado, al final, ser su amigo, me había facilitado llegar a su culo, así como era ella de carácter con gente extraña o que no tenía confianza, jamás lo hubiera logrado, ella era como una nuez, muy dura por afuera, pero una vez que te la ganas y la tratas bien se vuelve muy suave, amistosa y nunca te decía un “no”.

    La volví a ver el lunes y me dijo que todavía le dolía algo su culo, así que le di esa semana para que se recuperara, pero el siguiente lunes, nomás la vi entrar al local, cerré la cortina. Ni permiso le pedí y la encuere por completo, la acosté boca abajo en una colchoneta que había comprado, le abrí sus grandes nalgas y me comí su chiquito, se ve que le gustaba, no paro de jadear en esos 30 minutos de comida de cola que le di, como estaba muy ansioso, me apure y le puse lubricante que había comprado en su ano y luego a mi verga.

    El lubricante ayudo que todo resbalara mejor y se la enterré completa con fuerzas, con esas ansias de un macho por coger a su hembra, esta vez se quejó menos, pero también dio varios grititos, me movía como loco en su culo, le aplastaba con mi pelvis esas nalgas paraditas que tenía, era una delicia, el culo de ella aguanto mi embate, hasta que su culo saco la última gota de esperma de mi verga, igual que la otra vez esperamos a que mi verga aun parada después de haber eyaculado en su fundillo se saliera solita, fue el inicio de una serie de cogidas de culo que duro como 10 meses.

    Siempre fuimos discretos en nuestros encuentros, para que no se enterara la mama de ella y los vecinos chismosos, cuando nos encontrábamos en otros lados o ella venia acompañada con un familiar o amigo, solo nos saludábamos.

    En ese tiempo, una vez me encontré a su mama en un puesto de comida, la señora se vestía con pantalones de mezclilla que dejaban ver un culote, ya sabía de donde había heredado su culo Cinthya, me comento que como estaba yo y que hacía, estuvimos platicando un rato, la verdad es que en cualquier otra circunstancia me hubiera echado ese culo, pues nunca me he negado a dar verga a un culo, ella no sabía que le rellenaba de crema el culo de su hija, así que adicionarla, solo traería problemas, además prefería el culo de su hija, me satisfacía completamente.

    Es por demás decir que en ese tiempo me cogí a Cinthya en todas las posiciones que quise, me la cogía parada, sentada, boca abajo, de lado, de a perrito, le enseñe a contraer su ano con fuerza para apretar la verga rico, aprendió muy bien, fue una alumna muy obediente y aplicada, le enseñe a ser una maestra del sexo anal.

    En alguna ocasión después de coger, ya con toda la confianza, le pregunte porque cogía conmigo, no es que me hiciera menos, pero me intrigaba saber la verdad, ella se quedó pensando y me dijo “La verdad me gusta la forma en que me tratas y pues una amiga me dijo que algún día alguien me iba a estrenar por atrás y que dolía un buen, además por las cosas que usted decía de mis pompis hacia que me sintiera extraña y me daban cosquillas en mi estómago, también esa revista que vi, me dejo intrigada y me pregunte sobre cómo se sentiría hacerlo, por todo eso decidí dárselas a usted que le tengo confianza”.

    Después de esos 10 meses, ella entro a trabajar en una tienda de abarrotes grande, como cajera, nos dejamos de ver seguido ya solo lo hacíamos una o si al caso 2 veces al mes, sospeche siempre que el gerente de esa tienda se la estaba cogiendo (ella me platico de él), con todo lo que le enseñe ahora ese buey resulto ser el que le llenaba el culo de leche, yo por mi parte tuve que aceptar que ya se había acabado lo nuestro, así que continúe en mi local trabajando un año más, ella al andar con el buey de la tienda se olvidó de mí por completo, por medio de su mama, me entere que después regreso con su único novio y se iban a casar, yo de consuelo me quedo haberle estrenado su ano a Cynthia.

    Un par de veces los vi a los dos, y si, su novio si era carita el wey, pero el que había estrenado a su vieja por el ano, fui yo, meses después cerré la herrería y me cambie a Chalco. hace no mucho, una vez que andaba por ese barrio de paso, la vi pasar, ya tenía 2 chamacos y estaba gorda, creo que el casarse no le sentó muy bien, ya no quedaba nada de esa hermosa jovencita, no le hable, solo la vi pasar y me acorde de esos tiempos de gran placer.

  • ¡Fin del confinamiento!

    ¡Fin del confinamiento!

    Como fue mi regreso a la normalidad cotidiana, después de la vacuna contra la pandemia de Covid-19.

    ¡Otra vez a disfrutar completamente de la vida! Ya cumplimos un mes de que nos vacunaron y pudimos continuar con nuestras rutinas amorosas.

    El asunto es que todo volvió a la normalidad y aprendimos que éramos felices y ahora vamos a disfrutarlo con mayor intensidad.

    El viernes me dijo Saúl que el lunes tenía una reunión presencial en la Universidad pues les presentarían formalmente a la nueva jefa de la división de ingeniería. “Es buen momento para que Eduardo venga a darme su amor, ¡lo extraño mucho!”, me dije y le envié un Whatsapp advirtiéndole que no hiciera compromiso en la mañana del lunes. Cuando supe los datos de la hora y el tiempo de la junta se los envié para señalar que le hablaría cuando Saúl saliera, como en los viejos tiempos en los que todos mis amores extramaritales eran furtivos, eso le ponía emoción y suspenso a la relación. Como respuesta al juego, me envió un sticker de un embozado estilo espía y reí de la ocurrencia.

    El lunes, diez minutos después que salió Saúl, le marqué a Eduardo. “Ya se fue, te espero” le dije. “Sí ya vi que salió hace rato, ahorita mismo estoy allí, mi mujer”, dijo y yo contesté con un “Te amo” antes de colgar. Así pasaba antes, él llegaba y yo metía a los niños en el estudio donde les prendía la televisión y les pedía que no me interrumpieran y que, si necesitaban algo, tocaran el timbre de servicio. Ahora nada de niños, ningún reclamo por mis relaciones con mis amores extra, pero la travesura seguía.

    Lo recibí en el negligé que no me quité desde que me levanté, pero seguramente Saúl sospechó por qué pues al despedirse, metió sus manos para acariciar mis tetas al tiempo que me daba un beso riquísimo. “Te portas bien”, dijo con doble sentido al despedirse. “Sí, claro”, le contesté pensando en que sí lo haría lo mejor que pudiera, ¡mi ansiedad me pedía calmarme en los brazos de mi otro amor!

    En cuanto cerré la puerta de acceso, Eduardo hizo lo mismo que había hecho Saúl: me magreó las tetas mientras me besaba con pasión y yo le empecé a desabotonar la camisa. De pie, a mitad de la sala, las manos de Eduardo me acariciaban completamente y yo seguía con la tarea de encuerarlo, desde la gorra hasta los zapatos, hice mi tarea velozmente, estaba sumamente ansiosa de mamarle la verga. Al tenerlo desnudo con el palo inhiesto, me agaché a consumar mi deseo, en el viaje, mi negligé fue subiendo pues mi macho lo había tomado desde abajo y me lo sacó completamente. Mi boca creció para alojar hasta la garganta esa belleza que me ha cautivado cuarenta años y que he ordeñado de múltiples maneras, principalmente con la vagina y la boca. ¡Cuántos litros me he servido de esa fuente…!

    El presemen que escurría estaba delicioso, metí en la boca, una por una, las hermosas bolas que le cuelgan, mordí el escroto y temblaba de amor, pero antes de que pudiera extraer la miel, Eduardo me hizo erguirme, me tomó de las nalgas y en cuanto yo lo abracé del cuello dándole un beso para que probara el sabor sublime que yo había saboreado, él me cargó y sin miramientos me penetró hasta el fondo. Su pene resbaló en mi vagina encharcada, me movió varias veces y sentí el primer orgasmo, él no suspendió los movimientos y así, ensartada, haciéndome el amor entre mis quejidos de placer, caminó conmigo en vilo hasta la cama que no quise ni sacudir para apreciar el aroma de los dos machos de este día. Sin sacar la verga me acostó y luego sentí su cuerpo encima. ¡Qué delicia! él seguía jugando conmigo, haciéndome venir una y otra vez hasta que quedé quieta de cansancio.

    Se separó de mí y se puso a lamer mis pezones, su lengua fue bajando, la metió en mi ombligo y continuó lamiendo la cicatriz que me dejó una cesárea, obviamente me acordé de Saúl, quien hace eso, pero años antes de mi operación Saúl recorría el camino de vellos que nacía en mi ombligo que, como río, continuaba cada vez más caudaloso hasta desembocar en la mata de mi triángulo. Ahora el recorrido es en la cicatriz que eliminó a la línea de vellos.

    Ya instalada su boca en mi vagina, chupó y sorbió labios y clítoris que me hicieron sentir las piernas dormidas por el tren de orgasmos, Eduardo saboreaba con mucho deleite los jugos que le estaba prodigando por su trabajo. Entreabrí los ojos y vi su miembro crecidísimo, ¡él no se había venido aún! Se acostó a mi lado besándome el rostro sus manos jugaban con mis tetas que se habían desparramado hacia los costados: las tomaba llevándolas hacia el centro de mi pecho y luego las soltaba para verlas caer.

    –Ya están todas aguadas y caídas, mi amor. ¿Te acuerdas cuando las mamaste por primera vez? –le pregunté, más como una nostalgia compartida que por verificar sus recuerdos.

    –Sí, mi mujer, siempre se han caído, ¡pero de buenas! –contestó de la misma forma que aquella primera vez vez que me las alabó (y me las mamo, ¡claro!), pues le dije entonces que ya estaban algo caídas. ¡Pero ahora! Más masivas y con los pezones apuntando directamente al piso…

    Su respuesta, al igual que las de Saúl y mis otros burros lecheros, son de amor, de eso no me cabe duda. Dormité un poco entre sus caricias y mi letargo de felicidad.

    Más tarde me desperté y me acomodé en un 69. “No me vayas a sacar el semen ahorita, ese quiero dártelo adentro. Después, si quieres y quedó algo, me ordeñas con tu boquita, mi mujer”. ‘Mi mujer’ escuché y recordé que así quedó el mote que él me daba pues en una ocasión que me exigía que me divorciara de Saúl, argumentó “Él es tu esposo y sólo están unidos por el papel, en cambio tú eres mi mujer pues no hay quien te haga sentir el amor así”. Recordaba esas palabras y lo seguía mamando, pero también me felicitaba de no haberme divorciado: todos me hacen sentir feliz; cada uno a su manera o con sus virtudes. Eduardo tiene el pene más grande que los demás y lo mueve muy bien dentro de mí…

    En esa posición estuvimos como media hora, yo cambiaba el ritmo cada vez que sentía que se le hinchaba, tanto de jaladas y lamidas como del lugar específico donde las hacía, para no hacerlo eyacular y recibía las caricias de sus labios, lengua, dedos y nariz sintiéndome en el Nirvana. De repente, ¡me dejó sin chupón! Ja, ja, ja, no me había puesto alerta en hacer el cambio de ritmo y ya mero se viene en mi boca. Me dejó acostada boca arriba e, hincándose en la cama, me puso de “armas al hombro” ¡Otra vez, de una sola estocada me penetró! lo sentí como una lanza de fuego penetrando hasta el útero. Se inclinó hacia mí y descansé mis piernas en sus brazos, metió las manos bajo mi espalda y me jaló de los hombros hacia él. Yo estaba completamente doblada, pero feliz, sintiendo el jaloneo en los hombros y los golpes de su pubis en mis nalgas, ninguna mejor onomatopeya del “chaca-chaca” que escuchar cómo me penetraba mi hombre agitado al fornicarme. “¡Vente, mi amor!” le dije al sentir más crecido su miembro próximo a explotar ¡Dale a tu mujer todo el amor que nos debe la pinche pandemia! ¡Lléname el útero de tu amor!, le gritaba mientras los dos nos veníamos. “¡Nada mejor que hacer el amor contigo, ninguna puede exprimirme tanto!”, contestó antes de zafar sus brazos para que yo abriera completamente las piernas y él pudiera acostarse sobre mí, resoplando y sudando lo tuve hasta que ya no podía yo respirar bien y giré mi cuerpo para que él cayera en la cama.

    Dormimos un buen rato. Al despertarse, Eduardo se preocupó por saber la hora. “Aún falta para que llegue mi marido, hay tiempo para que me des más de tu cariño. Ten un poco del mío”, le dije ofreciéndole un pezón en sus labios. Abrió enormemente la boca y succionó estrujándome la teta entre sus dos manos. Después le pedí que se quedara acostado boca arriba. Le chupé el falo, haciéndole caricias en los testículos y dándole jalones rítmicos en el mástil. Cuando todo estuvo firme, lustroso y mojado, me lo fui ensartando con lentitud en la vagina, para disfrutarlo. Al sentir que mis nalgas estaban sobre sus huevos, comencé a mecerme, primero con suavidad, fui aumentando el ritmo, hasta que llegué a los sentones y me vine riquísimo.

    Me acosté de cucharita hacia él, pero Eduardo tomó una de mis piernas y la levantó para meterme su vergota que seguía tan firme como yo la había usado.

    –¡Qué bien que tomaste tu pastillita azul! –le dije al sentir que me trataba como una marioneta.

    –Eso fue anoche, a mi esposa debo tenerla contenta, se lo merece. Pero después de dos palos con ella, los besitos de “buenas noches” y “buenos días”, no ha de quedar nada de ellas.

    –¡Pues sí queda mucho del fármaco en tu cuerpo! –dije al estar empalada como muñeca de plástico con una rodilla sobre la cama, una pierna en el cuello de Eduardo y colgada de una mano sostenida por Eduardo y el puño de la otra descansando en la cama temerosa de que me soltara.

    –¡Tú eres el mejor excitante, la golfa más rica del mundo! –me decía y se movía con mucho vigor.

    –¡Mi mujer está que se cae de buena! ¡Es toda una golfa! –dijo al estar soltando un chorro tras otro de semen en mi vagina. Esa expresión es para mí la muestra de felicidad que le estoy dando a Eduardo.

    Pero también recordé cómo hacía feliz a Roberto, el primer cuerno que le puse a Saúl y comencé a llorar por saber que ya no lo volveré a tener entre mis piernas diciéndome “te amo, Tita, mi putita…” al terminar de eyacular en mí.

    –¿Qué tienes, no te gusta? ¿Te molestó que te llamara golfa? –preguntó preocupado de haberme lastimado.

    –¡Me fascina, mi amor! –le contesté abrazándolo más fuerte y callé la razón de mis lágrimas– No me molesta que me digan puta cuando me hacen el amor y están felices, o de coger, como dice Saúl. ¡Los amo y me hace feliz que me amen y sean felices al estar conmigo! –concluí y me puse a besarle la cara y luego me fui a limpiarle el pene para saborear lo que aún quedara de semen.

    Cuando terminé de saborear el amor, sonó el teléfono fijo. Pensé “¿Dónde habré dejado el celular?”. Contesté y era Saúl quien me decía que llegaba en menos de una hora.

    –Era Saúl, que ya viene para acá –explique.

    –Que cortés es en avisar… ¿Él sabía que nos veríamos? –preguntó Eduardo intrigado.

    –Ahora que lo dices, tal vez sospechó algo y supongo que por eso habló, para no llegar de improviso.

    –Bueno, fue hermoso volver a estar contigo. Me voy feliz y vacío de amor, ¡te lo dejé todo! –me dijo sacudiendo sus huevos en la mano y les di un beso.

    Después que Eduardo se fue, me volví a poner el negligé. Busqué el móvil y vi que no tenía llamadas perdidas, y entendí que Saúl habló directamente al teléfono de la casa como primera opción para avisarme que ya venía. “Seguramente quería saber si me encontraba en casa”, pensé y se lo dije cuando llegó.

    –¿Creíste que andaba en algún otro lado y por eso llamaste a casa en lugar de hablarme al móvil? –pregunté suspicazmente para hacerle ver que me sentía vigilada.

    –No, Nena, era el teléfono que te quedaba más cerca de la cama –contestó dejándome perpleja.

    –¿Cómo sabías que me encontraba en la cama? –pregunté sospechando algo.

    –Porque lo estaba viendo. Además, ya habían terminado dos veces –precisó y supe que ahora, no sólo era en casa donde podía ver las cámaras, también lo podía hacer vía remota.

    Dicho esto, me quitó el negligé y se fue sobre una de mis tetas la cual aprisionó con su boca y, sin soltarla, se comenzó a desvestir. ¡Supe que estaba calentísimo y yo terminé desvistiéndolo! Me cargó y me llevó a la cama donde me lanzó y se fue de boca en mi pepa. “¡Eres una puta, Nena! ¡Sabes a puta muy cogida, riquísimo!” dijo después de chuparme y se puso a cogerme enfebrecidamente. “¡Dime qué te gustó más de la cogida con Eduardo, puta!”, gritaba, entre otras cosas y yo se las respondía también a gritos, contagiada de su fiebre, hasta que nos vinimos. Entonces lo solté del abrazo que le daba con las cuatro extremidades y descansamos yertos, con la cara hacia arriba y los brazos en cruz… ¡Sublime cogida que me dio! Superó en mucho a lo que acababa de tener con Eduardo, en la misma cama llena de sudor, lefa y vellos de los tres. Bueno, no sé si lo superó, porque casi siempre, la última me parece la mejor, sea del amor que sea…

    Aunque digan que una imagen vale más que mil palabras, a Saúl le gusta que le cuente y con sus preguntas “me saca toda la sopa”, y me entero de cosas nuevas de mí misma cuando se las contesto sin pensarlas, porque estoy bien ensartada disfrutando el momento. Aunque no es su área de desarrollo, Saúl es un analista consumado, a muchos les ha hecho ver las verdades propias que se ocultaban a sí mismos. En verdad, duele y se siente placer: en el orgasmo se juntan la Pulsión de Vida y la Pulsión de Muerte y Saúl lo hace para superar lo que alguno de mis amantes me acaba de hacer sentir. Cuando me coge (así dice él) termino siendo feliz, aunque sepa que soy su juguete…

    Me colocó en el video la escena donde Eduardo y yo estamos viniéndonos: Eduardo está tenso y tiene una de mis piernas sobre el hombro, se nota cómo la aprieta y su boca se contrae en un gesto y yo grito “Todo, mi amor, dame todo” No necesito contarles la cara de puta que tengo porque también me estoy viniendo.

    –Allí te está surtiendo leche y tú soltando litros de jugos, ¡mira cómo se te sale el atole de la pepa! Es en verdad una imagen clásica del arte pornográfico dijo extasiado y se puso a lamerme la entrepierna– ¡Qué rico es lamerte las verijas chorreadas, mi Nena puta! Apenas me salgo de casa y metes a uno de tus amantes, como siempre –señaló Saúl, mirando la pantalla y se le volvió a parar la verga.

    –Él lo necesitaba, yo también, soy misericordiosa, él también lo fue contigo, se vino muchísimo y tú lo disfrutaste también, tomándote el atole de amor que hicimos y luego batiéndolo con gusto –le contesté.

    –A ver si le sobró algo de amor para Adriana, quien seguramente sabe que vino a verte y lo va a encuerar en cuanto llegue a su casa.

    –Sí que venías caliente por habernos monitoreado –le dije jalándole el pito– y yo que pensé que era porque tu nueva jefa te trató bien.

    –Sí, me puse muy caliente y no se me bajaba, lo notó mi exalumna, quien es la nueva jefa, y me dijo “¿puedo ayudarte con ese deseo?” “Ahora no, ya habrá oportunidad, debo ir a casa”, le dije y ella insistió: “Uno rapidito, no seas malo, ya me mojé de estar acariciándote esto…” dijo y le echó seguro al cubículo, me sacó la verga, le dio dos chupetones mientras se bajaba los calzones y se sentó a cabalgar hasta que se vino.

    –¿Y tú, te viniste mucho? –le pregunté enojada por los celos.

    –Nada, quería disfrutar este momento contigo, en los rescoldos de tu fuego con Eduardo, ¡también los extrañaba, Nena…!

    –¡Pues te hubieras salido sin cogértela!

    – Ya sabes que soy tan magnánimo como tú, Nena, ella lo necesitaba…

    Como ven, todo vuelve a la normalidad, hasta mis celos por las amiguitas y las exalumnas, a veces 30 años menores que mi marido. Aun así, ¡Viva la vida!

  • El regalo: Un antes y un después (Decimonovena parte)

    El regalo: Un antes y un después (Decimonovena parte)

    —¡Hola mi amor! ¿Cómo sigues del «guayabo» mi vida? —¡Te amo! —Me respondió casi de inmediato a modo de saludo mi esposo.

    —En cambio yo te adoro. Jajaja. ¡Te gané! —Le contesté muy feliz de escucharlo, y no voy a mentir, la verdad también estaba ansiosa por conocer como seguía todo, sobre todo con aquella desconocida mujer.

    —Pero yo te amo más. ¡Hasta el infinito y más allá! ¿Cómo están? ¿Y mis chiquitines? —Me expresó como siempre su gran amor y de paso indagó por el estado de nuestros dos pequeños.

    —¡Mi vida los niños están felices! No sabes cómo se han divertido, aunque la abuela anda muy angustiada. Están jugando ahora a lanzarse por una cuerda pero no es peligroso, no están muy elevados del piso y están dichosos de vivir esa aventura. Creo que está en su sangre, con seguridad lo heredaron de ti porque ya sabes como soy yo de miedosita. —Le comenté, sonriéndome al final, tras reconocer por enésima ocasión mi fobia a las alturas.

    —Me alegro por ellos pero no me los descuides que sabes bien como es tu madre de despistada. ¿Vale? —Me respondió con mucha calma en su voz.

    Esa tranquilidad con la que Rodrigo me hablaba, me hizo pensar en que no debía temer nada y que mi esposo se comportaba con la naturalidad de siempre y que no me escondía nada. Pero una mujer siempre tiene esa innata curiosidad que no nos desampara y por ello para asegurarme le pregunté a continuación de su respuesta.

    —¿Aun estas en esa casa? Con esa… ¿Con tu cliente? —Me animé a preguntarle.

    —Si señora, mi ropa aún no está disponible y Almudena me invitó a acompañarla un rato más. Precisamente acabamos de almorzar, pero ya en un rato más me visto y salgo para el apartamento. ¿Nos veremos esta noche? O… ¿Te vas a quedar con tu madre hoy también?

    —No lo creo mi vida. Me haces falta y a los niños también. Alonso quiere ir a recorrer un sendero que me cuenta es muy bonito y que no queda lejos de aquí. Esta noche nos veremos con seguridad. ¡Te amo! y Rodrigo… Por favor compórtate. ¿Ok?

    —Hummm… ¿Celosita? Jajaja. Por supuesto mi vida, entonces hasta la noche. Cuídate y besos al par de terremotos. Bye

    —¡Bobito! Un poco sí, ya sabes que hay que cuidar lo de uno. Pero confío en ti. Hasta pronto Cielo. Un beso. Y me despedí de mi Rodrigo, sintiendo paz.

    —¿Entonces te vas? —La delicada voz a mi espalda era la de Martha. No supe que tanto tiempo había estado escuchándome, pero no importaba.

    —Lo siento, no quería importunarte. Solo venia para decirte que nuestras ropas están listas en la habitación. ¿Quieres que te lleve? —Me dijo Martha mientras sus brazos rodeaban mi vientre y los finos dedos de sus dos manos, se deslizaban por mi abdomen, en círculos de afuera hacia el centro y con sus uñas arañando con suavidad hacia mis costillas, para luego pegar sus labios en mi hombro.

    Con delicadeza me di la vuelta, tomé sus manos entre las mías y enfrentándola le dije…

    —Sabes que esto no está bien, aunque disfruto de tu compañía. Me gustas mucho, eres una mujer muy bella Martha, y en serio aprecio tu amistad, tu cariño. Pero tengo por regla intentar no meterme donde no puedo caber. Y tu preciosa, eres un fruto prohibido, además tienes muchas cosas en que pensar. ¿Para qué te vas a complicar más?

    Martha apenada, agachó un poco su cabeza, sin embargo su mirada de chispas acarameladas no dejaban de observarme con inefable afecto.

    —Sí, lo sé. Disculpa, pero debo confesarte que a tu lado me siento bien. Me siento… protegida y sobre todo, que no me juzgas tan mal. No me miras con desdén por mi comportamiento ni has intentado nada conmigo. Eres todo un caballero. Eres el mío, el de los cuentos de mi infancia, pero sin escudos ni armaduras. No sabes cuánto agradezco que te hayas puesto en mi camino. –Me besó ligeramente en los labios, para luego preguntarme–. Rodrigo, ¿Me ayudaras entonces?

    —Sí, preciosa. Te voy a dar una mano con tu esposo. Hablaré con Silvia esta noche y le pediré su ayuda a mi manera, pero Silvia no debe saber que tú y yo nos conocemos. Quiero que ella si decide hacerlo, lo haga sin presión alguna. Tampoco me gustaría que hables con tu marido de mí, no quiero que piense lo que no es. Para ellos dos, nuestro encuentro nunca existió. Vamos a dejar que solitos, hablen, ya sea en persona o por medio de palomas mensajeras, y por nuestro bien Martha, que entre tu esposo y mi mujer no pase nada más de lo cual podamos arrepentirnos luego. ¿Te parece? —Acariciando mi mentón, Martha asintió.

    —¡Me parece bien! Me respondió. —Rodrigo… Y si Hugo no quiere hacerle caso a tu esposa, entonces…

    —Mira preciosa, la interrumpí. —Es mejor no anticiparnos a los acontecimientos, pero si llegara a pasar, quiero que entiendas algo. Eres una mujer muy preciosa y con mucha vida por delante. Con seguridad te digo que podrás rehacerla, reconstruirte como la mujer inteligente que eres, aunque ahora estés pagando por una terrible travesura. Y corazón, por tus hijos no te preocupes que como padre que soy también, no creo que tu esposo llegué algún día a ponerlos en contra tuya. Si lo hace, entonces no te ama como le escuchaste decírselo a mi esposa. —Y me abrazó con fuerza, dejándome percibir con su respiración, el agitar leve de los vellos de mi pecho.

    —Ven, tesoro, vamos a acompañar un rato a Almudena para agradecerle sus atenciones y luego nos vamos. —Y tomándome de la mano, nos dirigimos hacia el estudio donde la habíamos dejado unos minutos abandonada.

    —¡Hasta que por fin aparecen par de tortolitos! Rocky, tesoro… ¿Te molestaría bajar por una botella de Brandy? La que tenía por acá, anoche alguien aprovechó y le dio un buen remate. Dile a Amalia que te lo alcance de la bodega. Gracias. ¡Eres un amor! —Y lanzándome un beso por los aires me di vuelta para bajar por el encargo.

    Cuando a los pocos minutos regresé al estudio, con dos botellas y una bandeja con tres copas de bocas generosas y una cubeta con cubitos de hielo, esas dos mujeres, Martha y Almudena no estaban, más sin embargo la bendita puerta de aquella sórdida habitación estaba abierta de par en par. Y me sentí nervioso, recordando la primera vez con mi rubia tentación allí.

    Sin embargo, Martha solo curioseaba los artilugios que se hallaban dispuestos para algún uso, sobre una mesilla de madera lacada que se encontraba justo al lado de una especie de cepo de la era medieval. Almudena con su bata entreabierta, dejando ver una buena proporción de sus tetas operadas y gran parte de su muslo derecho hasta la altura del inicio de sus nalgas, permanecía recostada de medio lado en aquella amplia cama, de la cual pendían del dosel de hierro varias cadenas plateadas y que de poder hablar, seguramente contaría infinidad de batallas sexuales.

    —Así que aquí están las damas. Pensé que estaría clausurada esta habitación después del uso que le dio Paola. —Les hablé, llamando su atención, mientras que les sonreía, buscando un sitio donde colocar la bandeja. Finalmente al lado del curvilíneo diván negro, con sus argollas a los costados, sobre una especie de jaula mediana la instalé.

    —¡Jajaja! Tesoro, aquí la limpieza e higiene son fundamentales. Después de cada sesión, entra Amalia para arreglar y dejar todo dispuesto para la próxima vez. —Me respondió Almudena, apoyada sobre su codo izquierdo y sosteniendo en su mano derecha un cigarrillo.

    —Ok. Y hablando de Amalia, mira. Me entregó estas dos botellas de brandy pero sin saber cuál era de tu agrado, me traje las dos para que tú decidieras. —Y con una botella en cada mano me acerque inocentemente a su lado.

    —Este Jerez estará bien. Y sin esto te verás muchísimo mejor corazón. —Y… ¡Zas! Ágilmente me retiró la toalla dejándome ante ella expuesto, y por detrás de mí una sorprendida pero risueña Martha, entre carcajadas aplaudía la súbita fechoría de su amiga. Me giré para recriminarle por sus risas cómplices, pero me quedé con la boca abierta. Sin dudarlo, aquella hermosa mujer se despojó con elegancia de su bata blanca, dejándome admirar por completo su bien trabajado cuerpo.

    —¡Tranquilo corazón! Para que no te sientas tan comprometido y equilibrar la balanza, mira… yo también te acompaño en tu hermosa desnudez. ¡Ven! Déjame ayudarte a llenar las copas. Destapa esa botella, por favor. —Y se acercó Martha hasta el diván, caminando despacio y muy sensual, recordándome a Kelly LeBrock en la película «The Woman in Red».

    La verdad no pude retirar mis ojos del suave balanceo de su par de hermosos y levantados senos. Fieros montículos de piel tersa, resistiendo a la ley de la gravedad. Su mano acarició la curvatura del diván, desde la parte más baja hasta la cima más alta y me observó, para posteriormente agacharse de forma coqueta y entre sus dedos tomar una de las cromadas argollas, girándola lentamente. La redondez de sus nalgas se exhibió ante mis ojos, elongó sus muslos para avanzar pocos pasos y observé la delicadeza de sus pies, afirmarse junto a la jaula de negro metal. Aquella agradable visión, de tintes naturalmente eróticos, contribuyó a que sin pensarlo, mi cabeza, –la de abajo–, traicionara mi consciente resistencia y mi verga cobrara en pocos segundos, vida propia.

    Distinguida ella, tanto en sus formas como en sus refinados movimientos, sirvió Martha las tres copas, sin preguntar a nadie, volcó en dos de ellas algunos cubitos de hielos, creo que de a tres por cada una, más la última, la que dejó servida sobre la bandeja, a esa no le agrego ni uno solo. Me entregó las dos copas, y me dirigí hasta la cama donde esa otra madura belleza de mujer se encontraba, ya también con su bata completamente abierta.

    —Toma preciosa. ¡Puff! Suspiré. —Hummm, entre ustedes dos me van a matar de un infarto. Son preciosas y además con esas divinas tentaciones… No sean así conmigo, que date cuenta Almudena, me ponen malito. —Le dije, mientras ella recibía con su mano izquierda la copa y con la otra me entregaba la colilla de su cigarrillo, con una inestable longitud de ceniza.

    Miré entonces a mí alrededor y no estaba el puto cenicero en ninguna parte. Desnudo y cubriendo como podía con mi mano libre, mi verga tiesa, salí de la «habitación del pecado» para ir por el que yo tenía sobre la mesa del parasol al lado del jacuzzi. Cuando regresé con un rubio de los míos en la boca, Martha chillaba de dolor porque Almudena había colocado una pinza larga y delgada, al parecer bañada en oro, pellizcando uno de sus pezones. Estaba unida a otra, en el extremo de una fina y delicada cadena dorada de tres lazos, en cuyo centro había una argolla algo gruesa y desde allí se descolgaba otra cadena igual de hermosa con otra de aquellas largas tenazas. Me senté al lado izquierdo de la cama, con el cenicero a un costado y di un corto sorbo a mi copa de Jerez, mientras observaba el rostro de Martha, que manteniendo cerrados sus ojos, aceptaba ya sin rechistar la dolorosa compresión que ejercía la otra pinza en su otro botoncito de carne, acrecentando el rubor fresa de ese pezón.

    —¡Válgame Dios!… ¿Ya empezamos de nuevo con las demostraciones Almudena? —Le pregunté un tanto excitado, aunque ya con la domesticada flacidez en mi pene.

    —Jajaja Rocky, tesoro… ¿Pero que culpa tiene la estaca si la rana salta y se ensarta? Además es tan solo una bella decoración, nada grave ni doloroso. ¿No es cierto tesoro? —Le preguntó a Martha quien ya abriendo los ojos, nos mostraba la tez de sus blancos pómulos, bastante sonrojados.

    —¡Ouchh! Pero si duele un poco mujer. ¿Y este otro para qué? —Le preguntó a Almudena con inocencia.

    —Ven, déjame mostrarte. —Le respondió, para a continuación tomar la tercera pinza que le llegaba un poco más abajo de su bien recortado vello del pubis e hizo Almudena la maniobra con dos de sus dedos, para abrir con ellos, los labios vaginales de su amiga y exponernos un clítoris mediano y rosado, retirando el capuchón que le protegía.

    —¡No! –Gritó Martha–. ¡Eso sí que no! Debe doler bastante, no por favor. —Y se apartó presurosa de un salto. —¡Yo solo estaba de curiosa!–. Puntualizó dando un trago largo a su brandy.

    Estábamos los tres distendidos, cuando a lo lejos se escuchó con claridad el típico sonido de una llamada entrante a un teléfono. El mío no era y por la tranquilidad en el rostro de Almudena, tampoco el suyo.

    —¡Mierda! Mi esposo. —Y salió como una exhalación Martha de aquella habitación, olvidándose por completo de su desnudez y del dolor en sus pezones.

    Yo acabando de fumar, dejé el cenicero en el piso y con cuidado me acomodé en el centro de aquella amplia cama. Almudena se puso en pie y tomando mi copa y la de ella, se acercó hasta donde había acomodado la bandeja y sirvió otra ronda de Jerez con tres cubitos de hielo y se encendió un nuevo cigarrillo. Regresó hasta la cama y se acostó de medio lado a mi derecha.

    —¿Te puedo hacer una pregunta? —Le dije mirándola fijamente.

    —Pero por supuesto corazón. —Me respondió, exhalando el humo del cigarrillo directamente a mi rostro.

    —Anoche Paola estuvo aquí con muchas personas o… —Y dejé en suspenso la pregunta, en espera de una franca respuesta por parte de Almudena.

    —¿Por qué quieres saber eso tesoro?… Te gusta mucho tu compañera. ¿No es verdad? —Evadió con elegancia a mi súbita intriga.

    —Gustarme, por supuesto que sí. Sin embargo es que no me cuadra mucho de que viniera aquí acompañada de su novio y quien sabe quién más. Es solo curiosidad. —Le respondí.

    —Pues no debería contártelo porque es algo privado, sin embargo te aprecio mucho y entiendo que te encuentres un poco preocupado por su bienestar. Ella está bien, créeme. ¡Lo pasó de maravilla! Me llamó una tarde para que le ayudara a castigar la soberbia y terquedad de su novio. Así que le preparé un encuentro un poco más fuerte con un amo para un tratamiento muy especial para ella y para su pareja. —Al saber eso, se me hizo un nudo en la garganta, imaginando cosas que ni sabía podrían ocurrir en aquella «habitación del pecado».

    —¿Ves aquella equis acolchada? Pues allí estuvo sometido todo el tiempo su novio. Ummm, Carlos. Y tu preciosa amiga fue atada con esas cuerdas, amordazada y elevada de aquel trípode. —Y me señaló un soporte negro y alto, que llegaba casi hasta el techo de la habitación, con tres patas afirmadas a una base en el piso y del cual, en el centro se hallaba soldada una gruesa argolla de metal y varias cadenas con grilletes que pendían de ella. Voltee mi mirada hacia Almudena, intrigado.

    —«Shibari». El arte de atar, de inmovilizar para obtener placer. —Me ilustró–. Paola posee una personalidad dominante y aquí pudo realizar su fantasía de ser sometida y humillada. Las ataduras a las cuales su amo la sometió, fueron consensuadas, preestablecidas y se trataba de exponer la desnudez de su torso y de todo su cuerpo. Dejar al alcance la piel requerida para el castigo y los orificios para ser profanados, con sus brazos atados a la espalda y luego elevada de sus muslos para girar a plena disposición del dominante. Y todo muy cerca de su novio, para que viviera de cerca el placer alcanzado tras momentos de dolor. Golpes hubo, claro que sí. Pero a continuación tu rubia compañera obtenía inmensos orgasmos, inalcanzables de otra manera. Probó varios consoladores de diferente tamaño, varios dedos, otra boca y un largo y grueso pene negro, pero ese si de verdad. ¿Sufrió? Sí, pero gozó su cuerpo y su mente, haciendo vivir una nueva experiencia a su novio, quien humillado, ya comprendía su posición en la relación, enseñándole de lo que ella era capaz. —Y Almudena detuvo su relato para dar otra calada a su cigarrillo y beber otro trago de su jerez.

    Estando allí recostado, me fijé que sobre la cama, en el techo, había una pequeña luz roja parpadeante, recorrí visualmente las paredes y conté seis más. Un circuito cerrado de televisión con seguridad. Almudena filmaba los encuentros que allí se realizaban. ¿Tendría el de Paola? ¿Lo podría observar? Y cuando iba a hacer la solicitud, entró de nuevo Martha, caminando con la armonía que la caracterizaba, ondeando el largo brillo de la cadena dorada, de su cadera izquierda hasta la derecha, una y otra vez. Y en la mitad… Su monte de Venus y la atractiva «V» de la victoria indicando el camino a lo prohibido. ¡Para mí!

    —¡Humm! falsa alarma, queridos. Era mi hija llamándome desde el móvil de Hugo. El suyo según me contó, agotó su batería de tanto uso. Quería informarme que había subido muchas fotografías a su perfil, las ultimas de su paseo por la Sierra y quería que las viera. —Se acercó a la cama por el costado donde se hallaba estirada su amiga Almudena. En la pantalla de su teléfono le mostraba aquellas instantáneas y uno que otro video donde se escuchaban risas, mucha algarabía y la fuerte brisa.

    —¿Puedo ver? le dije. —Por supuesto que sí, corazón.

    Y Almudena me alcanzó el teléfono, para mirar las fotografías de sus hijos. Una niña hermosa con un vestido fucsia y flores amarillas. Era muy parecida a su madre y a su lado, un pequeño muy feliz, con una camisa tipo polo azul celeste y unos vaqueros blancos. Los dos posaban en algún elevado mirador que dominaba el panorama hacia un valle, un pueblo que se me hizo familiar. Y seguí pasando las fotografías con rapidez. Me detuve en una donde se encontraban los dos, la niña posando frente a la cámara y el niño agachado, sin darse por enterado de la toma, recogiendo del camino algo, seguramente piedras.

    —Tus hijos son preciosos. —Le comenté a Martha, quien se acomodó recostándose a mi izquierda.

    —Si Rodrigo, son mi adoración. ¡Mi vida! Mira, esta es Isabel tiene 12 años, ya casi cumple trece. ¡Se me ha crecido en un santiamén! Y este es Luis, mi pequeño caballerito de diez años. Es la misma estampa de su padre. —Me dijo, con un poco de aflicción en su voz.

    —Mi princesa, la mayor tiene nueve añitos y mi terremoto, el pequeño, en marzo cumplió los cinco. Martha… ¿Y tienes fotos de él? ¿De tu esposo? Me gustaría verle el rostro. —Le pregunté con algo de pena.

    —Ehhh… Si, obvio. Déjame y las busco.

    —Espera, espera un momento, déjame ver de nuevo esta otra fotografía. —Y deslicé mi dedo sobre la pantalla de su móvil, para echar hacia atrás una o dos tomas.

    —¿Qué pasa? ¿Qué viste de raro? —Me preguntó Martha intrigada al ver como ampliaba lo que podía en la pantalla, una de las fotos que les habían realizado a sus hijos.

    —¡Humm! No, nada en especial. —Hice un corto silencio, grabando en mi mente muy bien aquella imagen–. ¿Quién se las tomó? Es un buen fotógrafo. Capta bien los paisajes y tiene mucho cuidado con los reflejos. —Le respondí, pasándole su teléfono.

    —¡Ahh! Ese debió ser su abuelo, el padre de mi esposo. La fotografía es una de sus aficiones, la otra es la floricultura. —Me respondió.

    —Mira este es Hugo, en su último cumpleaños. —Y por fin podía observar el rostro del hombre que pretendía a mi mujer.

    Era posiblemente un poco más alto que yo. Le calculé unos cuarenta y tres o cuarenta y cuatro años. El cabello negro, con la aparición de canas en sus patillas; cejas pobladas y ojos no muy grandes pero de un color gris como el claro de Luna. Enmarcados eso sí, y hay que decirlo en honor a la verdad, con unas pestañas largas y perfectamente alineadas. Sin embargo su mirada lejos de ser atractiva, era apagada. Casi distante, sin brillo o emoción. Ancho de pecho, con algo ya de barriga y piernas un tanto cazcorvas, nada del otro mundo. Un tipo común y corriente, nada de qué preocuparme, no lo veía con el perfil de hombre que le llamara la atención a mi esposa. Al menos eso creía yo.

    —Y bien… ¿Qué te parece mi elección? —Me preguntó Martha.

    —¡Pues que te digo preciosa! No es mi tipo, me gustan con más curvas y piel de seda, como la tuya. ¡Jajaja! —Y Almudena acompañando mi broma con su risa, me tomó por sorpresa y colocó con una agilidad prodigiosa, una esposa cromada que retenía mi mano a una cadena que se aferraba a una esquina de aquella cama de hierro.

    —¿Pero qué haces? —Le pregunté sorprendido–. Y entonces Martha, me sujetó del otro brazo y Almudena aprovechando mi desconcierto, se me echó encima alcanzando con algo de esfuerzo, la otra cadena. Y entre ella y la fuerza de Martha, me colocaron la otra esposa, venciendo mi resistencia.

    —¡Esperen, esperen! ¿Ustedes lo que quieren es violarme? ¿O que pasa? —Les pregunté.

    —Jejeje. Para nada tesoro, qué más quisiera yo. Pero no. Sucede que hemos pensado con Martha que sería bonito, darle a tu esposa, a tu amada Silvia, un regalito de nuestra parte. —Me respondió entre risas Almudena.

    —Rodrigo, eres un hombre latino muy atractivo y estas muy bien armado, pero corazón, sin tanto vello, te aseguro que se te vera mejor. Hay que acondicionar esa hermosa herramienta. ¡Jajaja! —Y diciendo esto, Martha se puso en pie.

    —¡Hey! ¿A dónde vas? —Le pregunté con cierta preocupación de que Martha me dejara allí, a solas con Almudena.

    —Voy a llamar a Amalia. Creo que ya debe estar listo. —Y esa respuesta me preocupo aún más.

    —¿Listo? ¿Para qué? —Y miré angustiado a mi anfitriona.

    —Tranquilo tesoro que no te voy a comer. —Me dijo Almudena acercando sus labios a los míos y dándome un pequeño beso, se volteó para alcanzar del suelo primero mi copa de Brandy, para llevarla hasta mi boca y darme a beber un sorbo. Luego la colocó hasta el piso y tomando la suya, terminó de beberla hasta el fondo.

    Regresó Martha en compañía de Amalia, quien en sus manos traía una bandeja con dos recipientes que reposaban sobre una especie de plataforma pequeña. También varias espátulas de madera, un frasco alto y transparente, y algunos pares de guantes quirúrgicos. Amalia me observó desnudo pero ni en su mirada ni en sus gestos, pude notar algo de interés. Seguramente ya acostumbrada a ver tanta desnudez, pasó de mí como si no existiera para ella. Otro más, pensaría ella.

    El primer recipiente contenía una amorfa masa negra y el otro, la espesura y el color de la miel hasta la mitad. Tanto Almudena como Martha se colocaron los guantes azules, revisaron la temperatura y consistencia en los dos recipientes de cristal y satisfechas, Martha se hizo con el bote de miel y varias espátulas. Almudena con el otro y… ¿Talcos?

    —Y bien tesoro, ahora te vas a portar como un niño obediente y nos vas a dejar hacer. —Me dijo Almudena, entre tanto Martha inclinaba sobre mi pecho el recipiente y dejaba caer espesa aquella cera.

    —¡Ughh! Quemaaa, quemaaa. Martha ¡Nooo! —Y escuché que se reía, pues yo mantenía bien cerrados mis ojos al sentir el ardor en mi pecho.

    —Vamos Rodrigo compórtate como todo un valiente caballero. —Me decía mientras esparcía con esmero, aquella cera caliente sobre mi lado izquierdo. —Esto no duele no seas flojo–.

    —Claro, como eres tú la que lo está sintiendo. —Le dije apretando mis puños con fuerza. Y la miré, sus ojos de miel chispeantes también parecían arder con el calor que sentía yo en mi pecho.

    —Martha, esta me la vas a pagar y tú también Almudena. Son un par de… De mujeres sádicas. Le voy a decir a mi mama… ¡Ouchh! Sopla por favor Martha, sopla… ¡Yaaaa! —Y en esas sentí como en mi pubis caía un poco de polvo blanco, suave y refrescante.

    —Ya verás cómo vas a disfrutar Rocky. Un poco de valor por favor. —Y con sus dedos enguantados esparció aquel talco por un costado. Hummm, eso se sentía mejor.

    Sin embargo la vi como tomaba una gran parte de aquella masa negra que parecía muy viscosa y maleable. Con ella en la mano, la colocó donde había esparcido el polvo y se sentía también caliente pero no tanto como la cera del pecho. Masajeo Almudena un poco, y me dijo…

    —Rocky, corazón, creo que tienes muchas preguntas aún por hacerme. ¡Anda! Dime ya.

    —Varias pero ahora solo se me ocurre darle la razón a tu esposo para divorciarse. Pero en serio Almudena, no entiendo como dejaste acabar tu matrimonio siendo tan experta en la materia… —Y en eso sentí un fuerte tirón en mi pecho.

    —¡Ouchh! Mierdaaa, eso dolió Martha. —Y ella sonriente, me mostraba ufanándose, en su mano los retos de mis vellos arrancados, pegados ahora en aquella cera y lejos de mi cuerpo.

    —¡Llorón! Eres un cobarde Rodrigo. Me dijo Martha burlándose de mí. —Jajaja. ¿Ahora si comprendes todo el esfuerzo que tenemos que hacer las mujeres por vernos bien para ustedes? Aguanta un poco precioso. —Y me acarició la frente.

    —Rocky, mi ex, se marchó por varios motivos aparte de no compartir mi descubrimiento sexual. Y les pasa a muchas personas que no se quieren a sí mismas, que les falta seguridad. Yo quería compartir mi amor y él, aunque lo intentó, no pudo soportarlo ni entenderme. No estaba listo para entregarme ni compartirnos. Pero bueno, esa falta de confianza no está dentro de ti, afortunadamente para tu esposa. —Y en medio de su conversación, Almudena, ejerciendo un poco de presión sobre esa mezcla negra primero, segundos después, sin dejar de mirarme, dio un fuerte jalón y me arrancó los pelos del pubis haciéndome maldecir y levantar mis caderas.

    —Juepu… Ouchh. ¡Maldición! Almudena al menos avísame antes para prepararme psicológicamente. ¡Sí! sóbame ahí que eso duele. ¿Qué tal muchachas si dejamos esto para otro día que venga acompañado?

    —¿De quién Rodrigo? ¿Con tu mujer? —Me respondió Martha.

    —No, de ella no. Pero si con mi abogado.

    —¡Jajaja! Muy gracioso el caballero. Preparado…

    —¿Preparado para qué? Nooo… ¡Jueput!… Martha, por favor que esa cera está hirviendo. ¡Carajo! Me quemas mujer. Sopla, sopla por favor. —Y ella soplaba, pero no a mi pecho hirviente, si no a su bendito mechón que se le venía al medio de su cara.

    —Me las van a pagar, las dos. Almudena… ¿Falta mucho?

    —Sabes tesoro, yo creo que no. Espera enciendo un cigarrillo. —Me dijo y efectivamente lo prendió. —¿Quieres?– Y lo puso entre mis labios y aproveché para dar una profunda aspirada.

    —Entre ustedes hay amor. Pero puede haber más aún. Si en verdad amas a tu mujer y ella a ti. Pero déjame explicarte algo más.

    —¡Autoestima! Tener mucha confianza en sí mismo, primero que nada. No temer a perder a su pareja. El amor no es una competencia, quizás tan solo sea una carrera de largo aliento. Entregas y te reciben, te ofrecen y tú lo tomas si deseas. Puedes mejorar como persona, como esposo y como amante, si observas y prestas atención a los detalles. —Y sentí de nuevo como con su mano, frotaba aquella pegajosa masa un poco más debajo de donde había comenzado, apartando con la otra mi verga, echándola hacia el otro costado.

    —¡Comunicación! Esa es la base, lo fundamental. Hablarse siempre sin engaños, de lo que eres, lo que piensas y especialmente de cómo te sientes. No debe haber lugar para los malos entendidos, establecer normas, reglas que de verdad se cumplan para no herir, para no dañar los egos. Y si se percibe que algo no está en equilibrio, si ven que no hay contraprestación suficiente, poder hablar con sinceridad y modificar esos acuerdos. Y al terminar de hablar un nuevo estirón de aquella masa glutinosa. —Y por supuesto otro grito de dolor por mi parte y risas entre ellas dos. Un poco de talco esparció Almudena, sobando con sus dedos la parte de mi piel que ya no contaba con mis negros vellos.

    —¡Romper el molde de los convencionalismos, corazón! «Las normas morales» que por herencia, tradición, religión o costumbre nos atan. También se debe excluir el machismo, dejar de lado la antigua creencia de que el hombre es el dominante en la pareja y se debe hacer lo que a él le plazca, lo que unilateralmente ordene. Si existe mucho apego a esas normas por parte de alguno, se destruirán en vez de reconstruirse. Es difícil romper con las ataduras de lo tradicional, y sin embargo te digo que hoy por hoy, cada vez más preferimos ser deshonestos, mentimos por igual hombres y mujeres para alcanzar nuestro placer de forma individual. Transgredir esa moral, ocultarla de la realidad, tanto a la pareja como a la familia y las verdaderas amistades, aunque para algunos “amigos” les parezca cómico y vean como un acto casi heroico esa infidelidad. —¡Ayayay! Que dolor tan hijuep… Martha dio un estirón fuerte a la cera ya fría en mi pecho, dejándome casi sin respiración.

    —Pobrecito… Ya falta poco Rodrigo. ¿Quieres un trago?

    —Podría ser si viene acompañado de un besito en cada tetilla. —Lo dije por molestar, pero Martha no lo entendió así y casi de inmediato acercó su boca y sacando un poco su lengua, lamió la izquierda, refrescándome con su saliva. La derecha instantes después. Luego me miró y sonriente se puso en pie para alcanzar la botella y llenar su copa. Regresó con ella en su mano, dio un breve sorbo y luego la acercó a mi boca para poder yo, saciar en algo mi sed.

    —La infidelidad es un engaño, actos basados en la mentira. Se traiciona la confianza que alguien te ha entregado sin vacilaciones. Esa infidelidad es el acto de hacer o tener a espaldas de tu pareja, una relación, ya sea solo de índole sexual o incluso sentimental. ¡Dividir! Restar en la relación que llevas, la que muestras con un falso orgullo ante la sociedad. —Y Almudena tomando con suavidad entre su mano mis testículos, los embadurnó bastante con esa mezcla negra y pegajosa. ¡Sí! me asusté.

    —Nooo, Almudena, mis peloticas no. En serio. Por favor deja así que mañana voy donde el barbero y me hago un corte nuevo. —Pero mis ruegos no causaron el efecto que pretendía y ella en calma, siguió amasando, presionando y hablando.

    —Pero si ambos abren su mente, confían plenamente en sus sentimientos, en el amor que se profesan, puede dejar entrar a sus vidas a terceras personas, que les agraden y los complementen sin afectar su confianza o su íntima vida familiar. —Otro quemón en mi pecho por parte de Martha y su cera caliente, causaron que dejara de pensar en mis guevas.

    —Existen riesgos, obviamente. Como en todo paraíso, puede que uno de los dos muerda la manzana del conocimiento y se deje deslumbrar por alguna novedad. Es comprensible si cuando entregas todo, la otra persona siente o piensa que no es suficiente. —No abrí los ojos, los mantuve cerrados. Ya no quería observar más la tortura a la que me sometían esas dos malvadas mujeres–. También está el riesgo a cansarse con el tiempo, de vivir su vida tan libre y se desee dar marcha atrás. Si esto sucede y el otro no quiere volver a la antigua “normalidad”, lo más factible es que se quiebre el cristal de la paridad. Desbalance que puede llegar a la separación irremediable.

    —Ven Almudena, entre este dolor y todas tus palabras estoy bastante confundido. No sé a dónde quieres llegar pero no me veo capaz de realizar eso con mi esposa. Es que no comprendo de qué va todo esto. ¿Qué me quieres decir con tantos enunciados? —Y… ¡Zass! De nuevo Martha me acaba de arrancar el pellejo de un jalón, llevándose el vello de la mitad de mi pecho. Pero ya no dolió como la primera vez. Al menos no tanto.

    —Déjame terminar Rocky querido. Los reproches también suelen incursionar, como en cualquier tipo de relación. Cuando dedicas más tiempo, mas miradas, mas caricias, inclusive si otorgas a uno lo que al otro no has dado. Sí gimes o gritas diferente a lo usual. El ego sufre, aparece en el horizonte la duda, reaparecen los celos y la inseguridad. Hay que buscar siempre el equilibrio, entre tres es muy difícil, con cuatro es posible mayor armonía. Incluir a muchos al mismo tiempo es otro concepto de libertad que raya con el libertinaje, que parece lo mismo, mas nunca será igual. ¿Listo? —Me dijo, pero no me dio tiempo, ni siquiera contó hasta tres.

    —¡Mierdaaa! Carajo. No me toques, no me toques. ¡Ouchh! Bueno sí, mejor sí. Sóbame pero despacito. —Le dije a Almudena y ella riéndose, volvió a rociar con talco mi escroto, acariciándolo con suavidad.

    —Si entre los dos existe amor, pues que el afecto y el gusto hacia el tercero o al cuarto sea entregado y recibido equitativamente. Nunca se debe perder el respeto por ninguno de los implicados, y aceptar tu lugar, si eres uno de los pilares desde el principio o has llegado a la mitad para incluirte. No pretender jamás con tus palabras o las acciones, desequilibrar lo que antes de ti, ya estaba formado, instituido y contemplado. —Martha acariciando mi mejilla derecha, llamó mi atención.

    —Rodrigo, tesoro. ¿Quieres otro poco de jerez? —Ufff, Martha. Sí puede ser. ¿Y una fumadita también? Y si viene acompañado por cinco minutos de sosiego, si me dejan respirar, ese sería un detalle de fina coquetería que sabré agradecer. —Le respondí.

    —Hay fantasías de parejas que se cumplen, que podemos volver realidad y otras que son mejor dejarlas como tal, si con ellas se pone en riesgo la estabilidad emocional de alguno de sus miembros Pero existen otras que son simplemente geniales Rodrigo. Seducir juntos es una de ellas. Congeniar entre todos, ella con quien le guste, el otro con quien desee, pero los cuatro al tiempo corazón, esa es la mejor. —Martha me dio a beber otro sorbo de brandy y Almudena encendió otro cigarrillo para mí y tras quitarlo de mi boca, ella también fumó y continuó con su explicación.

    —Y no se trata de estar cambiando de parejas solo por obtener ratos de sexo, para eso existen los clubes de intercambio. La atracción inicial que se convierte luego en amistad, en interés por el bienestar del otro y en general por la unión de las parejas. Compartir sus gustos o aficiones, las alegrías o los momentos de tristeza, para luego después de ayudar a solucionar, intimar sin herir ni lastimar. Ni quitarle protagonismo a tu relación principal. Es difícil, lo sé bien. Y no es seguro que salga todo a pedir de boca. Pero mientras tanto, negarse a disfrutar de esa posibilidad que surge cuando conoces a alguien más que te gusta y con la que te sientes muy afín, es el usual error que te conduce a la infidelidad, la tuya tesoro mío o la de Silvia, tu mujer. —¡Pufff! Suspiré pues en el fondo yo temía que a mí me sucediera con Paola en un principio y ahora compartiendo con la bella y elegante Martha. Y de mi esposa, pues… Yo seguía con mis dudas, mis temores de que a Silvia, le volviera a suceder.

    —Tengo algo muy en claro Almudena, le dije yo. —Y es que soy hombre de una sola mujer y no, no me refiero a tener sexo con otras más. No. Es que mi amor, siento que ya lo encontré y si, aquí donde me vez soy un buen amigo y me preocupa el bienestar de… Martha por ejemplo. O de Paola. Soy así que le vamos a hacer. Yo amo a mi esposa desde que la conocí. Fue amor a primera vista y no me cabe en la cabeza enamorarme de alguna más. —Las dos se quedaron en silencio algunos segundos.

    —¿Continuamos? —Habló Martha, batiendo el contenido de su frasco de cristal con una pala. Y eso me preocupo de nuevo.

    —Mira Rodrigo, es que falta un poco por aquí y otro tanto por acá. —Y de nuevo mi suplicio. Derramó gruesos goterones de cera caliente en los lugares indicados, alisándolos con la espátula. Y Almudena sin quedarse atrás, espolvoreó mas talco sobre mi pene y una parte del pubis que aun tenia restos de mis gruesos vellos, para a continuación, dejando de amasar aquella plastilina negra, frotármela por aquellas partes con firmeza.

    Después de tres gritos más por mi parte, carcajadas entre ellas dos, terminaron por humectar mi piel, la del pecho y la de mi verga.

    —Perfecto, esta noche tu mujer se llevará una bonita sorpresa al verte así, tan hermoso, tan suave. ¿No crees Almudena que se le ve más grande? —Dijo Martha refiriéndose a mi pene todo lampiño.

    —Parezco un bebe, un recién nacido. Mi mujer me va a matar cuando me vea. Les dije a las dos. —Si te mata me llamas para recoger los desperdicios. Jajaja! —Respondió muy elocuente y graciosa Almudena.

    —Bueno creo que debo irme ya. ¡Gracias por todo, sádica mujer! Y disculpa por los gritos y la humedad de la cama, que no son orines ¿Ok? Son mis lágrimas derramadas. Martha… ¿Me puedes acercar?

    —¡Papiiii, papiii! Mis hijos llegaron como siempre a buscar a su padre, nada más abrir la puerta de nuestro piso. Y obviamente se tranzaron en una guerra de cosquillas, dos contra uno, y obviamente Rodrigo perdió. De hecho, no pude contenerme de la risa al verlo en bóxer y camiseta sobre la cual portaba mi delantal puesto, preparando la comida. Había hecho el aseo pues todo el apartamento, estaba perfumado oliendo a limón y canela.

    —Hola Mi amor ¿Cómo les fue? ¿Se divirtieron? ¿Estás Cansadita? —Me preguntó mi esposo, tomándome entre sus fuertes brazos por mi cintura y elevándome por los aires.

    —Si claro, un poco pues estos dos terremotos no pararon de nadar, correr y saltar por todas partes. —Le respondí sonriente.

    —Ya tengo casi lista la comida. ¿Quieres ver? —Me preguntó, llevándome de la mano hasta la cocina para mostrarme su plato preferido. «Trucha al ajillo, arroz con coco y patacón pisao».

    —¡Vaya mi amor! Pero… ¿Y todo esto qué? ¿Se puede saber que celebramos? —Intrigada por aquel festín, le pregunté.

    —Hummm para que veas que te he pensado mucho. Extraño estar bien contigo y deseo no discutir más. Te pido perdón por desconfiar de ti. Te amo y sé que tú también a mí. Nadie nos va a separar, si siempre nos contamos todo con sinceridad. —Y abrazándome con fuerza me pidió que le ayudara a servir la mesa. Y dándome un beso con su boca entre abierta y una palmada en mi nalga, le colabore para servir la cena, mientras él lavaba las manitos y caras de nuestros hijos.

    Los cuatro cenamos felices aunque luchando un poco con mis hijos para que comieran todo. Luego un reposo donde se invirtieron los papeles y eran mi hija y mi pequeño, los que relataban a su padre sus aventuras en el parque. Cansados y agotados, logramos entre mi esposo y yo, cambiarles la ropa y colocarles sus pijamas. No tardaron nada en dormirse, extenuados pero risueños.

    —Mi vida, muchas gracias por todo. Estaba delicioso. ¿Quieres bañarte conmigo? —Le pregunté, pero Rodrigo abrazándome desde atrás, besando mi cuello y lamiendo el lóbulo de mi oreja izquierda, me llevó hasta nuestra cama, para tirarme allí boca abajo y decirme…

    —Me gustaría darte un masaje primero, para que te relajes y así me vas contando todo lo que hiciste hoy en tu viaje. ¿Has visto donde dejé el aceite de coco? Ahhh ya me acordé. ¡Espérame! —Fue hasta el tocador, lo recogió y sentándose a horcajadas sobre mis nalgas, hizo que me quitara la blusa, desabrochó mi sostén y empezó por aplicarme con ternura y delicadeza, varias caricias sobre mis hombros y un poco más abajo. Cerré mis ojos para disfrutar de aquel momento y le fui comentando sobre el viaje, aquel hermoso poblado y sobre todo la tranquilidad del parque y sus piscinas.

    —Vaya, me alegra que tu viaje saliera bien y sobre todo que los niños se divirtieran tanto. ¿Y algo más paso? —Aquella pregunta de Rodrigo me despertó un poco de mi letargo.

    —Pues amor, este mundo es un pañuelo, imagínate que me encontré con una amiga. Amanda, la compañera de mi oficina. Iba con una joven muy bonita, Eva, se llama y es con quien comparte el piso. —Rodrigo dejó de masajearme la espalda de improviso, cuando llegaban ya sus dos manos a mi cintura.

    —¿Eva? Hummm, y echaron chisme toda la tarde, supongo. —Me dijo, mientras aplicaba más aceite sobre mis brazos.

    —La verdad solo cruzamos pocas palabras pues ellas iban para otra parte. Y luego nos fuimos de caminata por un sendero que quería recorrer Alonso, un camino de grava, no muy lejos de allí.

    —¡Aja! ¿Y con pinos altos y un mirador que da una bonita vista hacia el valle? ¡Mierda!…

    —Ehhh… Si mi amor. ¿Lo conoces?

    Continuará…

  • Aventuras y desventuras húmedas: Segunda etapa (8)

    Aventuras y desventuras húmedas: Segunda etapa (8)

    Terminaron de beber las botellas cerca de la una de la mañana. La última antes de marchar, la iban a tomar en el casco viejo, por supuesto a petición de Sergio, concretamente en el “Matraka”, bar donde se encontraba su hermana.

    Antes de bajar, su mente sorprendentemente hábil después de haber ingerido la mitad de una botella de ron, pensó en lo descolocada que estaría su hermana al verle. Aquello no haría que quedase bien delante de los amigos, porque habría algún cabo suelto que no encajaba y después de eso, llegarían las preguntas.

    Justo cuando se estaban levantando, sacó el móvil mientras algunos tiraban las botellas a la basura y abrió la conversación con su hermana. Apenas hacía unos minutos que se había conectado, lo más seguro que estaría atenta al móvil, siempre lo estaba, lo que al joven le hacía dudar si tendría novio.

    —Laura, me parece haberte visto entrar en el “Matraka”, ¿estás ahí?

    Lo leyó, pero no contestaba. Por un momento el joven pensó que su plan se iría al garete y que tendría que ingeniárselas para verla primero y explicarle que la iba a visitar, más extraño todavía. Sin embargo, cuando comenzaron a andar, esta le contestó.

    —Sí. ¿Qué quieres?

    La sequedad con la que le preguntaba se podía notar a través del teléfono. Cuando quería su hermana podía ser insoportable. Aunque esta vez se lo permitiría, ya que sus fines eran otros.

    —Voy a pasarme con mis amigos por allí, así te veo.

    —No.

    —Sí.

    —Sergio, como vengas a vacilarme no te vuelvo a hablar en la puta vida, ¿me entiendes?

    —No te voy a vacilar, Laura, solo quiero ver a mi hermana pequeña e invitarte a lo que quieras. Nunca hemos coincidido de fiesta.

    Laura se encontraba rodeada de sus amigas, con el rostro confundido y mirando el móvil sin entender las palabras de su hermano. Cada día parecía más amable y estaba mejor con él, quizá fuera también por ella misma que estaba madurando, pero aquello no le dejaba de sorprender.

    —¿Qué pretendes?

    Sergio se rio por dentro mientras uno de sus amigos le pasaba un vaso con los últimos posos de alcohol y pensó “mi hermana es bien lista”. Se tambaleó ligeramente por un adoquín suelto y se llevó alguna burla por su estado, algo que le hizo meditar si debería estar más fresco para la noche.

    —No pretendo nada, solo quiero verte y pasar tiempo contigo. Un rato de nada y me voy.

    —Vale, pero solo un rato.

    Volvió a introducir su móvil en el bolsillo y se encaminó hacia los bares a la par que se unía al cántico que sus amigos muy ebrios entonaban. Mientras tanto, Laura extrañada miraba su móvil, su hermano desde verano había cambiado, tanto con ella, como con su madre… sobre todo con esta última. La intentaba ayudar en la casa incluso de vez en cuando hablaban más de la cuenta, no comprendía cuál podría haber sido el detonante para tal transformación, pero le gustaba ver a su hermano más maduro.

    —Laura, cariño, ¿Qué pasa? —le sorprendió Alicia de pronto.

    —No, nada. Estaba justo pensando, me has pillado fuera de todo.

    —Sí, parecía que estabas un poco ida. —le señaló el móvil que sujetaba con ambas manos y le añadió— ¿Has hablado con algún chico?

    —¡¿Qué dices?! Estoy seca de tíos. —ambas se rieron y después la joven siguió— Era mi hermano, que va a pasarse por aquí para verme, o eso me ha dicho.

    —¿Ah, sí? Qué bien, ¿no?

    —Sí, bueno… mientras no se meta conmigo, cuando está normal es muy majo.

    —Yo te defiendo, no te preocupes. —con un punto de alcohol más de lo habitual en sus venas, Alicia le comentó— Es muy majo, me cae muy bien, bueno desde siempre. Además me parece guapísimo…

    —Alicia —cortó veloz la joven—, por ese camino no me vayas que nos conocemos.

    —No lo digo con ningún objetivo, —sus ojos brillaban en la oscuridad del bar debido al alcohol y las luces de colores— solo que es muy guapo. Pero no tranquila, hermanos de amigas no se tocan, te lo prometo. Además que Sergio tenía novia, ¿no? La chica aquella que vino el otro día.

    —Marta, sí. Es una chica muy maja y guapísima, la verdad que no sé cómo se las ingenia para estar con una chica como ella.

    —Porque está muy bueno. —visiblemente ebria y sonriendo de forma maliciosa para picar a su amiga.

    —¡ALICIA! —le acabó golpeando uno de los brazos para después reírse ambas y acercarse a la barra.

    Mientras las dos jovencitas conversaban, a Sergio le había dado tiempo a recorrer en 7 minutos la distancia que les separaba del Matraka. Entró el primero de su grupo, poniéndose de puntillas tratando de hacer un reconocimiento rápido del lugar. A lo lejos en la barra, entre el gran tumulto de gente que se formaba, divisó a su hermana, que casualidad… estaba con Alicia.

    Señaló a sus amigos el camino y todos le siguieron cuáles aventureros hacia su destino, donde las amigas de Laura esperaban. Se acercó primero al grupo donde se encontraban las otras cuatro chicas que habían salido de fiesta, las saludó y presentó a sus amigos. Dos se quedaron con las chicas hablando, los demás parecían sedientos y se acercaron a la barra. Con estos fue Sergio, pero bifurcándose como el afluente de un río, ya que su hermana estaba más a la izquierda.

    Llegó hasta donde las chicas, que se encontraban charlando ajenas a que el joven las había encontrado. Con rapidez posó ambas manos en la espalda de su hermana, moviendo los dedos con velocidad para hacerla cosquillas y darle un pequeño susto. Cosquillas no le hizo, pero la chica sí que se dio un buen susto, tanto que si llega a tener en la mano la copa que le estaban sirviendo se la hubiera tirado por encima.

    —¡Sergio, estúpido! Casi me matas del susto.

    —No será para tanto. —con soltura debido al alcohol en sangre, agarró el rostro de su hermana y le plantó un beso en la mejilla.

    —Quita que me dejas las babas… —se quejó como una buena hermana pequeña y añadió señalando a su amiga— Te acuerdas de Alicia, ¿verdad?

    Sus ojos delataban que la estaba analizando de arriba abajo. Como un escáner, la mirada de Sergio primero pasó por sus piernas, esbeltas y escondidas tras unas medias negras. Después subió hasta el vestido ceñido que le llegaba hasta el muslo y para finalizar su análisis, pasó por los pechos que no se mostraban en ningún escote. En el rostro de Alicia, una sonrisa muy coqueta no se escondía.

    —Pues no me suena de nada —dijo Sergio sin evitar lanzar una mirada cómplice a la joven.

    —Sabes de sobra quién es, no te hagas el tonto.

    —Pues entonces, ¿Por qué me preguntas si me acuerdo de ella?

    —¡Ay chico! De verdad… no empieces con tus cosas.

    —No vaciles a tu hermana, Sergio. —Alicia le miró con muchas ganas, tantas que de estar atenta, Laura podría haber notado algo— Hoy la he dicho que la iba a proteger de ti.

    —Está bien saberlo. Pero bueno, no tendrás mucho trabajo, vengo en son de paz. Solo quiero invitar a mi bonita hermana a que tome algo conmigo.

    —Te podrías portar también con Alicia —saltó de pronto Laura—. Hace nada fue su cumple, te lo comenté, pero como a veces no me escuchas.

    —Sí te escucho, es más, me dijiste que hoy salías por eso y yo te dije que si podía, te vendría a ver. —Laura comenzó a recordar y tenía toda la razón— Y añadiré, que me dijiste que era el 3 de enero, ¿me equivoco, Alicia?

    —No, para nada.

    Laura se quedó pensando en si aquello era verdad o no, recordaba haber tenido esa conversación mientras cenaban en Navidad, sin embargo, lo del día del cumpleaños no conseguía acordarse. Lo dio por perdido, si lo sabía sería porque se lo habría dicho, no tenía otro modo de saberlo.

    —Bueno, vale, lo siento —dijo poniendo una cara de pena mientras las copas ya estaban servidas en la barra.

    Su hermano la volvió a dar otro beso a lo que esta no se negó. No conocía a su hermano borracho, pero tampoco le desagradó esa faceta tan amorosa que tenía con ella. El joven se hizo un hueco entre ambas y acercando el rostro al camarero que tendría su misma edad, le comentó que añadiera tres chupitos a la barra.

    Se dio la vuelta, primero donde su hermana y le comentó que quería, ella movió los hombros haciéndole ver que le daba lo mismo. Sergio hizo un rápido análisis de las bebidas posibles y omitiendo las más duras como el tequila, el whisky o el jagermeister, las demás eran serias candidatas.

    Volvió a girarse, pero esta vez al otro lado. Alicia le esperaba con una sonrisa y le preguntó lo mismo que a su hermana. Encorvó un poco su cuerpo para acercarse aún más a la muchacha y escuchar de forma nítida su respuesta. La joven dio un ligero paso hasta donde se encontraba y posó su mano en el vientre de este, con cuidado, como si lo fuera a romper. Estaba tan cerca que el perfume con un ligero toque a vainilla llegó al sistema olfativo de Sergio embriagándose al instante, olía de maravilla.

    Sus labios rozaron el lóbulo del chico, casi dándole un mínimo beso que por la posición, que estaba Laura no podía ver. Subió algo más su boca hasta colocarse en el odio del joven y que este notara el aliento caliente que desprendía. No estaba caliente, sino que quemaba como las brasas del mismo infierno.

    Rápido pasó la mano rodeando la cintura de la chica y se la atrajo hacia donde estaba, logrando pegar un cuerpo con el otro. Sintió sus pechos sobre su costado, su cadera golpeando por poco la suya y menos mal que estaba de lado, si no sus sexos hubieran entrado en contacto. Fue entonces, estando tan juntos y notando los labios cosquilleándole la oreja, que Alicia le dijo lo que quería.

    —A ti.

    La adrenalina se le disparó, el calor le subió al cerebro y por un momento atrajo con mucha más fuerza a la chica hacia su cuerpo. La quería poseer, lo deseaba, era lo único que quería en el mundo. Por un fugaz momento estuvo decidido a subirla a la barra arrancarla las medias y regalarle su entrepierna para que gozara de los dieciocho centímetros que tenía, uno por cada año que cumplía.

    Solamente le detuvo la presencia de su hermanita. Le hubiera importado un pimiento que sus amigos estuvieran allí o que las amigas de Laura le vieran, hubiese cogido del brazo a Alicia y se la hubiera llevado a su casa. El Sergio “caliente” estaba imparable, debía frenarlo.

    Alejó su mano de la cintura de la joven donde su vestido se arrugaba debido al puño cerrado con ganas sobre la tela, ahora comenzaba a abrirse volviendo a su lugar. Sergio no perdió la ocasión para desahogar un poco esa parte suya tan sexual y por sorpresa, mientras recogía su brazo, soltó un ligero azote en la nalga derecha. Alicia no dijo nada, solo sonrió y dio un paso hacia atrás, sabedora de que el límite se había roto por completo.

    —Pues pediré unos de licor de Melón, que está bastante bueno.

    Ambas asintieron y rápido el camarero los puso en la barra. Le sentó bien tomar algo frío, le serenó el pensamiento no obstante a la larga el alcohol siempre trae la factura de vuelta. Sin embargo para eso todavía quedaba mucho tiempo.

    Volvieron los tres al grupo, mientras sus amigos hablaban con las de Laura. Sergio vislumbró alguna esperanza de poder quedarse allí, era lo que deseaba, pero sabía que esa pequeña posibilidad era muy nimia, pronto se irían a la discoteca.

    Bailaron un rato entre todos, la verdad que se lo estaba pasando genial, incluso Laura bromeaba de vez en cuando. A la más pequeña de la familia, por primera vez le gustaba que su hermano estuviera con ella, algo impensable días atrás. Algunas veces le parecía demasiado infantil y poco maduro, con demasiadas chorradas en la cabeza, pero desde hacía un tiempo, la cosa había cambiado. Por primera vez le comenzaba a ver como un hermano mayor.

    Sin embargo todo tiene su punto final, y después de media hora, los chicos se tuvieron que ir. Uno de los amigos de Sergio había llamado a los taxis y en cinco minutos estarían esperándoles. Comenzaron todos a despedirse y Laura sintió verdadera pena porque su hermano se tuviera que marchar. No es que fuera a llorar, pero quería seguir disfrutando junto a él.

    —¿No os quedáis más? —comentó Laura a su hermano evitando que se le notara lo que realmente deseaba.

    —Que va hermanita, nos vamos ya, que se nos hace tarde. Así ya no hay posibilidades que me ría más de ti.

    —Eres un bobo. Hoy me lo he pasado muy bien. Otro día podéis venir… si os apetece.

    —Espero que no me lo digas porque te gusta alguno de mis amigos. —solo bromeaba, aunque lo siguiente fue más serio y también contradictorio— Porque si es así, me lo cargo.

    —No, Sergio. Me ha gustado… que estuviéramos juntos… nada más. —de no estar borracha ni se le hubiera ocurrido decir algo así.

    —¡Ay mi hermanita bonita! —los grados de alcohol en su cuerpo habían aumentado y ya no controlaba su amor— ¿Sabes que te quiero mucho?

    —¡Anda, tira ya! Que ahora sí que me vas a poner en evidencia —lo dijo tratando de no reírse por la vergüenza. No lo consiguió.

    Sergio la envolvió en sus brazos y la dio un beso en la frente mientras la apretaba contra su pecho. Laura se sintió segura y arropada, como siempre debe sentirse una chica con su hermano mayor. Se le olvidaron las disputas domésticas, las broncas en casa, el cómo llamaba a su padre cada vez que podía para ganar una batalla, estaba por fin con su hermano.

    Se separaron y vio como los ojos de su compañero de casa le miraban fijamente. Jamás le había mirado de esa forma, con cariño y ternura, seguramente debido a todo el ron que corría por su cuerpo, no obstante le gustó.

    —Tienes los ojos de la tía y de mamá. Sin embargo, los tuyos son los más preciosos.

    Laura se separó y agachó la cabeza avergonzada como nunca. Se sintió feliz y a la vez con una timidez que su cuerpo no podía soportar. Le hizo gestos para que se marchara porque apenas podía mirarle a la cara, estaba roja como un tomate y no era ni debido al alcohol, ni al calor, sino al halago de su hermano.

    Se giró para dar dos pasos y ver como los chicos acababan de despedirse de ellas mientras Sergio lo hacía con la última de las chicas, Alicia. Laura no se dio la vuelta para mirar, porque no quería que le viera su ruborizado rostro, quizá en la oscuridad era muy difícil apreciarlo, pero mejor prevenir. Mientras la joven pensaba que era igual que su madre en muchos aspectos, tanto en los ojos como en la personalidad, no se daba cuenta de que a su espalda, Sergio y Alicia conversaban.

    —¿Ya te vas entonces? —Sergio asintió y se agachó levemente para darla dos besos muy cerca de los labios— Se me ha hecho a poco.

    —Luego vete a casa sobre las cinco —el joven no se cortó y se lo dijo sin titubeos—. Lo más tarde posible y si quieres, te hablo cuando este por aquí.

    —Háblame. —fue una orden, no una sugerencia.

    Lanzándose una mirada más que penetrante, Sergio se dio la vuelta con rapidez para no asaltarla allí mismo. Las ansias le podían y debía de estar más tranquilo, la noche era larga, pero las horas pasarían rápidas.

    Pasó al lado de su hermana y la dio otro beso rápido en la cabeza sin detenerse, a la par que esta le acariciaba el brazo sin querer soltarlo. No obstante lo hizo y su hermano al de pocos minutos ya estaba montado en el taxi.

    La fiesta se fue un poco de las manos y cuando se quiso dar cuenta los recuerdos de buena parte de la noche habían sido borrados de su memoria. Más o menos recordaba todo en general, tomar copas, más chupitos, bailar y cantar como loco con sus amigos. Hubo un momento de bajón propio del alcohol, en el que trató de mandarle un mensaje a su novia, pero desistió en el último momento. Siempre recordaba una frase de uno de sus amigos que le saltaba como una alarma en esos momentos, “borracho y de madrugada, los mensajes no llevan a nada”.

    Ya en el taxi de vuelta, fue recobrando un poco más la compostura, se encontraba bien, aunque seguramente lo pagaría al día siguiente en forma de resaca, casi podía vislumbrar el peaje que iba a pasar. Sin embargo todavía quedaba por hacer una cosa. Con el móvil en la mano y cerciorándose que su amigo de la derecha estaba dormido (estaba desnucado y roncaba con la boca abierta), encendió la pantalla y abrió el Instagram.

    —Voy.

    —Estoy en casa, acabo de llegar. —respondió Alicia al de un minuto. Añadió acto seguido— ¿Te apetece hacerme compañía?

    —Dame la dirección.

    La dirección llegó y justo el taxi entró por el pueblo, faltaba poco para que por fin pudiera desatarse. Sin embargo había pasado por alto el mensaje que tenía en la pantalla, lo abrió sin saber quién podría ser, era Laura.

    —Voy para casa, ¿por casualidad no vendrás ahora? Para no ir sola.

    El taxi justo paró en el lugar indicado donde le había comentado y con la mano se despidió de sus amigos, dejando su parte correspondiente del viaje. El coche arrancó y vio cómo se perdía dirección a la siguiente casa de sus amigos. Entre las luces de las farolas que iluminaban la solitaria calle, el joven se vio solo y… libre.

    Sergio echó un vistazo a la calle, era de noche y no había nadie. Caminó con el viento frío golpeándole el rostro y las manos en los bolsillos para mantenerlas calientes. No pensaba en nada, solo su cerebro se activó al llegar al cruce donde debía girar.

    Había más de una calle, pero a él solo le interesaban dos, a la izquierda la pendiente que le llevaría a su casa y a la derecha una cuesta en dirección al hogar de Alicia. Se quedó de pie embobado, el aire helado le dio un poco de sensatez a su atrofiada mente y ahora la imagen de Marta aparecía en su cabeza. ¿Para qué iba a hacerlo? La chica solo le gustaba para un rato, nada más ¿iba a fastidiar una relación por un simple coito?

    Las preguntas le comenzaron a comer la cabeza y por un momento se sintió mareado, cruzó la calle hacia la izquierda, donde el camino de la sensatez y la moralidad se encontraba. Se sentó en uno de los portales acurrucándose por el gélido tiempo y miró de nuevo el móvil, abriendo el mensaje de su hermana y viendo que estaba en línea. Hacía muy poco que se lo había escrito, quizá todavía estuviera por allí.

    Volteó sus ojos hacia arriba, la larga calle se extendía hasta una rotonda que conectaba casi con su casa, estaba tan cerca. Observó con nitidez, su buena visión pese a lo ebrio que estaba le hizo divisar una silueta en la lejanía. La chaqueta de color rosa que llevaba y los andares tan conocidos la delataban, era Laura.

    Su hermana caminaba sola hacia su hogar, encorvada por las bajas temperaturas haciéndola un infierno el llegar. Tragó saliva al verla, incluso la sintió desvalida, su hermana pequeña no necesitaba su ayuda, pero quizá si un brazo para hacer más llevadero el viaje. Se sintió mal, muy mal, ver a lo lejos a su pequeña hermana, sumado a los sentimientos que le provocaba Marta era un cóctel que en cualquier momento iba a explotar.

    Se decidió a hacer lo correcto, por una vez encerraría al Sergio “caliente”. Correría a donde su hermana y al día siguiente hablaría con Marta para ver lo que hacían, o darse una nueva oportunidad o dejarlo, pero no sería infiel.

    La garganta se le atoró, las manos le sudaban y el calor que le nacía en el vientre, al menos le proporcionaba cierta comodidad. Se alzó del portal como un hombre nuevo, mirando como su hermana a lo lejos todavía era muy alcanzable, la acompañaría a casa y si ella quería incluso la arroparía en su cama después de una canción de cuna. Sería un buen hermano mayor.

    Sacó el móvil con la intención de que Laura le esperase en lo más alto, que esperase por su hermano mayor, que él la cuidaría hasta llegar a casa. Vio de nuevo el mensaje de su hermana, le pareció tan tierno… se puso a escribir y cuando vio la frase terminada, le dio a enviar.

    —No voy a poder, Laura, aún estoy de fiesta. Lo siento, te quiero mucho.

    Se guardó el móvil en el bolsillo y haciendo caso omiso a todo lo meditado, corrió como un loco cuesta abajo hacia la casa de Alicia. El Sergio “caliente” había poseído su cuerpo, descendiendo a la casa de su amante, o más bien al ardiente infierno.

    CONTINUARÁ

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    Subiré más capítulos en cuento me sea posible. Ojalá podáis acompañarme hasta el final del camino en esta aventura en la que me he embarcado.

  • La vecina caliente (2)

    La vecina caliente (2)

    Después de salir de la tienda de bikinis nos dirigimos a la playa. Al llegar allí Laura y yo nos acomodamos bajo una sombrilla y le pedí que me untara el protector. La muy perra aprovecho para meterme mano mientras me regaba la crema por todo mi cuerpo, empezó por la parte de atrás de mis piernas y fue subiendo lentamente pasando por mis muslos hasta llegar a mi culo en el cual se detuvo un buen rato provocando que mi entrepierna se mojara e incluso me hizo soltar un pequeño gemido.

    Al darme cuenta que mi nueva perrita quería jugar le propuse irnos al otro lado de la playa, la playa nudista, ella acepto sin pensarlo y enseguida estábamos rodeados de viejos desnudos y uno que otro joven, mujeres no habían muchas y jóvenes menos por lo que todas las miradas cayeron en nosotras. Al ubicarnos nos quitamos nuestros mini bikinis y Laura siguió poniéndome bloqueador, termino con mi espalda y me puso boca arriba.

    Empezó nuevamente a untar la crema desde mis piernas subiendo por mis muslos y deteniéndose en mi clítoris. Con su dedo empezó a hacer círculos en él, mi coño enseguida empezó a mojarse y mi respiración a aumentar, pero Laurita paro y siguió untando crema por mi abdomen mis tetas en las que también se tomó su tiempo. Cuando terminó yo estaba tan excitada que olvide donde nos encontrábamos y la cogí de los pelos hasta llevar su odio a mí boca para decirle:

    -Cómeme el coño ahora perra.

    Mi rubia solo asintió y aunque se notaba que estaba cohibido por el hecho de estar en un lugar público siguió mis órdenes me hizo levantar y abrir mis piernas y ella llevó su cabeza al centro de estas y empezó a lamer y succionar mi clítoris. Y ahí estábamos nosotras dos como si estuviéramos solas, Laura comiendo mi coño como toda una profesional y yo gritando como la puta que soy.

    Después de un rato sintiendo su lengua mi cuerpo empezó a temblar y contraerse mientras mis gemidos eran cada vez más altos y fuertes, mis ojos en blanco y por unos segundos perdí el conocimiento, acaba de tener el mejor orgasmo de mi vida y cuando abro los ojos me doy cuenta que había sido delante de todos los presentes en la playa.

    Estábamos rodeadas de penes erectos y hasta las señoras que estaban nos miraban con cara de excitación y tenían los pezones duros. Esa situación solo hizo que me excitara aún más, al punto de poner a mi perrita en 4 y empezar a lamerle su culo, mi lengua de su ano a su coño durante un buen rato. Luego empecé a penetrar su coño con dos dedos a la vez que mi lengua se hundía en su ano.

    Se escuchaba bien alto como gemía, su coño chorreando su culo dilatado esperando ser penetrado, por un segundo pensé que estaba en algún sueño, pero el chorro de flujos que empezaron a caer en mi cara y boca me demostraron que todo era real.

    Estaba teniendo sexo en público en una playa nudista con una chica hermosa. Trague todo lo que pude y luego subí a besarla nos fundimos en un gran beso y nos fuimos la playa a disfrutar del agua.

    Luego cuento que más pasó con Laurita en esas vacaciones.