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  • La rebelión de mi madre (IV): Espiando tras la puerta

    La rebelión de mi madre (IV): Espiando tras la puerta

    Anteriormente: Recibí un ascenso laboral por lo que fui a festejarlo en una ronda de boliches con mis compañeros.

    En la madrugada me topo con una madura de 40 años que me envuelve en su seducción y termino llevándola a mi departamento para tener mi primera sesión de sexo con una madura.

    Por la mañana la despido de mi departamento de manera apresurada, no me deja ni su teléfono ni su dirección, solo su nombre: Maribel.

    Ese sábado paso el día recuperándome de mi noche de sexo, y cuando llega la hora de dormir, me pongo a buscar porno, pero esta vez la búsqueda no serán jóvenes, sino maduras.

    Me masturbo recordando a Maribel y con las nuevas imágenes de maduras cogiendo con jóvenes.

    Al siguiente día, domingo, luego de una refrescante ducha voy al encuentro de mi madre. Día de pastas y organización de su negocio.

    Llego y mi madre está con una falda deportiva bastante corta, una musculosa deportiva escotada.

    Está transpirada, dijo que por la mañana está haciendo ejercicio en casa.

    Se cumple la rutina de ayudarla a cocinar, revolver la salsa y tratar de esquivar la mirada de su nuevo escote con gotitas de transpiración y la cruz delicada pegada en uno de sus pechos.

    Me pide que busque un implemento de cocina que está en un cajón debajo de la mesada.

    Al agacharme y buscar me doy con la primera vista de sus piernas desde abajo, cada vez más torneadas, suben firmes desde sus tobillos hasta sus muslos.

    La pollera cortita deportiva se eleva por la forma de sus nalgas, desde esa posición privilegiada puedo ver el comienzo de la redondez de sus maduras nalgas.

    «lo encontraste hijo?» me interrumpe mi madre viendo que estoy embobado en sus piernas.

    Le digo que sí, mientras saco lo que me pidió. Para salir del apuro le digo que me sorprende su ropa, le digo que parece más joven.

    Me agradece el halago y me manda a lavarme las manos porque ya comeríamos.

    Esta vez en el lavabo me lavo las manos, y la cara, me miro al espejo intentando ver qué pensamientos oscuros están apareciendo por culpa de Maribel.

    Nos sentamos a comer y brindamos nuevamente, como madre e hijo.

    Luego del almuerzo, comemos el postre y luego un café. Hablamos de su negocio, pero por arriba. Por la tarde nos sentaríamos con la computadora y los papeles para hacerlo en forma.

    Es media tarde, el sueño dominical llega, me sugiere ir a dormir una siesta.

    Mi cuarto de la infancia sigue estando disponible con mi cama.

    Ella tiene su cuarto matrimonial.

    Cada uno se va a descansar, a tomar una merecida siesta.

    Me despierto de la siesta, no se cuánto dormí pero evidentemente la necesitaba, estoy tan adormecido que decido darme una ducha rápida para despabilarme, así que decido ir a avisarle a mi madre que tomaría un baño.

    Al llegar a su cuarto toco con suavidad la puerta, solo para saber si mi madre estaba despierta.

    Al no escuchar empujo la puerta lo suficiente para poder mirar hacia adentro.

    Mi madre está dormida, se durmió con esa misma falda deportiva corta, pero por debajo no tenía calza, sino una bombacha rosa de algodón.

    Una pierna levantada doblada lo suficiente como para ver sus nalgas grandes y redondas era una invitación a los ojos.

    La bombacha se perdía tapando su vagina madura.

    Estuve varios segundos de más mirando, más de lo que debería ser justificado para el «sin querer», pero antes de que sea un escándalo, baje la mirada y me retire yendo hacia el baño, donde me daría una ducha, una bien fría.

    Al concluir la ducha, me dirijo hacia mi cuarto y me visto.

    Voy secándome el cabello con la toalla mientras camino hacia el living de la casa.

    Caminando por el pasillo escucho a mi madre hablar con alguien.

    Estaba descalzo, así que decido dar media vuelta y volver a calzarme para la visita.

    Me detengo porque escucho: «¿no te lo cogiste a Jorge?»

    Vuelvo pasos atrás, y trato de acercarme para escuchar de lo que hablan.

    Una amiga de mi madre está preguntándole si ella tuvo sexo en este tiempo que está divorciada.

    Mi madre le dice que aún no está lista para eso, eso me alivia.

    La amiga le repregunta nombrándole personas que se ve que conocieron en sus noches de amigas.

    Mi madre se ríe, dice que solo hablan por el whatsapp, que alguna que otra vez salió a tomar un café con alguno pero no más de ahí.

    De repente esta amiga le pregunta por mi, era la amiga que estuvo la noche que auxilie con la batería del auto de mi madre.

    Mi madre en un tono serio le dice que no se le ocurra preguntar nada raro de mi.

    La amiga le responde que solo pregunta para saber si estoy en pareja, que no tiene nada de malo mirar un poco.

    Se ríen, mi madre le dice que es terrible, su amiga se ríe diciéndole que debe compartir lo que tiene.

    Le sugiere a mi madre que tiene que experimentar con alguien de la edad de su hijo, le habla sobre el rendimiento, de cómo somos máquinas de taladrar comparados con los de su edad, de que solo pensamos en el sexo y nada más, que no estamos imaginándonos novelas, no traemos problemas de ex mujeres e hijos.

    Mi madre le responde horrorizada que eso es una perversión, que si sale con alguien lo haría después de mucho tiempo y con alguno de su edad.

    Me suena una notificación del celular y quedo expuesto, por lo que tengo que improvisar una salida, mirando mi celular y secándome el cabello con la toalla.

    Allí me hago el sorprendido con la visita. Mi madre nos vuelve a presentar.

    Su amiga había invitado sola, cuando mi madre le dijo que estaría en la casa para ver lo referido al negocio.

    Pasamos al comedor y en la mesa desplegamos todas las computadoras y papeles para organizar su emprendimiento.

    Fueron 4 horas ininterrumpidas, con cafés, charlas, debates, ideas y hasta malos entendidos.

    Cansados llegamos a la noche, la amiga se va, se despide dándome un sonoro beso en la comisura de los labios mientras sus manos aprietan mis brazos.

    Se va sonriéndome, y yo me hago el desentendido. Mi Madre la mira con bronca pero con una sonrisa, sabiendo que así era su amiga.

    «te lo dejo todo para vos a tu chiquito Sandra» le dice a mi madre.

    «Sos terrible Andrea», le responde mi madre y se despiden entre ellas.

    Cenamos y ayudo a lavar los platos, mi madre me abraza por detrás agradeciéndome y apoyándome sus tetas en mi espalda sin ninguna connotación sexual, pero lo suficiente como para perturbarme.

    Vuelvo a mi departamento, casi a la medianoche.

    Me acuesto y enciendo la computadora, tras intentar ver alguna serie, sin que me atraiga, me voy al buscador.

    Vuelvo a buscar «maduras follando jóvenes»

    En la búsqueda, las recomendaciones llegan hasta una madre que se tienta con su hijastro.

    Dudo en entrar en tal perverso título, pero termino clickeando en el enlace, que inmediatamente hace referencia a una madrastra y su hijastro que se tientan y tienen relaciones como cualquier pareja.

    Lo mire sin tocarme, lo vi hasta cuando estaba por acabar dentro de su madrastra y me invade la culpa, así que cierro la ventana y luego cierro la computadora.

    Apago las luces y me quedo boca arriba mirando el techo.

    No me puedo dormir pensando en lo que vi, recordando a Maribel, recordando ese sueño tan real de la otra noche, pero por sobre todo me da vuelta la imagen de la bombacha rosa metiéndose entre las nalgas de mi madre.

    La memoria guardo todo, ahí está en alta definición el movimiento de su pierna que hace que la bombacha se amolde al contorno de sus labios vaginales.

    Y pensando de que si se notaban los labios vaginales es porque el vello púbico estaba muy recortado o inexistente.

    Mi mano va hacia mi miembro que está enorme, duro y caliente.

    Al tocar la punta de mi glande noto que el líquido preseminal ya ha largado muchas gotas.

    Luego le siguen una decena de minutos de masturbación con los ojos cerrados, concluyendo con una explosión de leche que llega hasta mi cara, y deja un rio en mi pecho y abdomen.

    Mi pene late, escupiendo más leche, como si nunca hubiera sido ordeñado.

    Tengo que limpiarme y no alcanza el papel higiénico que guardo en la mesa de luz.

    Es un desastre, un enchastre y una perversión.

    Luego me duermo, mañana sería otro día, volviendo a la normalidad.

    ********************

    ¿Qué les va pareciendo hasta ahora? Digan que le aportarían.

  • Quiero ser tu puta

    Quiero ser tu puta

    Me llamo Isabella, tengo 37 años, mi esposo siempre ha tenido la fantasía de verme con otro hombre o en situaciones eróticas casi morbosas de exhibirme en la calle con ropas casi transparentes para que los hombres se deleiten conmigo y me digan vulgaridades al pasar, pero yo nunca he aceptado cumplir sus deseos. Es algo que me cuesta aceptar porque siento que se contrapone a mis valores y finalmente eso destruiría mi matrimonio.

    No entiendo cómo mi esposo puede desear verme con otro hombre, o disfrutar mirando que otros me desean, porque a mí me dan unos celos enormes de sólo pensar verlo con otra mujer. Me lo ha preguntado en varias ocasiones, incluso en momentos íntimos cuando estoy a punto de alcanzar un orgasmo. En ese momento de máxima excitación he dicho sí, pero luego me arrepiento y me niego. No es justo que me lo pregunte cuando estoy tan caliente.

    Yo sabía que él entraba en un chat para comentar sus fantasías con otros hombres y lo aceptaba porque así él encontraba satisfacción con esa idea. Todo se mantuvo así hasta la semana pasada.

    Caminaba por el pasillo hacia mi dormitorio, cuando veo a mi esposo otra vez en el sillón con su notebook. Vi su cara de excitación nuevamente frente al computador.

    Él me ignora completamente porque estaba muy concentrado en ese chat. Lo observé un rato y tuve la curiosidad de saber que estaba mirando, pero no era el momento de preguntar y me fui acostar.

    Más tarde él se acuesta a mi lado y me abraza por atrás muy fuerte, me da un beso en el cuello de buenas noches y aparentemente se duerme. Me quedo despierta un rato y le pregunto si estaba en el chat hablando con sus amigos. Él me responde que sí, que estaba con sus amigos hablando sobre mí. Me cuenta que un tipo le dijo que le gustaría que yo lo masturbe con mis manos…

    -Que lo masturbe?

    -si -dice mi esposo- que sólo lo masturbes.

    Me quedo callada pensando y mi esposo me pregunta:

    -lo harías?…

    No, no sé qué decir, pensar en hacérselo a otro hombre, no, a un completo desconocido… No respondí nada en ese momento.

    Mi esposo se queda callado, luego se levanta en silencio y se va a dormir al dormitorio de invitados.

    Me quedé despierta casi toda la noche, con una sensación de culpa y pena, lo amaba con todo mi corazón, quería complacerlo, pero era muy difícil para mí. Sus fantasías van más allá de mi tolerancia. Le di vueltas al tema hasta que me quedé dormida.

    Cuando desperté lo sentí en el comedor tomando desayuno, me levante, camine muy despacio hacia él y casi por instinto le digo que lo haré.

    -sí, lo haré…

    El me pregunta:

    -qué harás?

    Y le digo que sólo masturbare a un tipo, una sola vez.

    -No estaré con él, No me va a penetrar y tampoco le haré sexo oral. Sólo voy a masturbarlo un rato hasta que acabe y nada más.

    Mi esposo se acerca a mí y me besa, me abraza muy fuerte. Me dice que me ama. Hace mucho tiempo que no decía que me amaba y eso me hizo muy feliz.

    Al medio día recibo un WhatsApp de mi esposo… “mi amor, te envié un mensaje al Facebook con lo que debes tener para este jueves”

    Sentí un escalofrío y nervios porque no había meditado bien lo que había dicho esa mañana y las cosas iban demasiado rápido.

    Reviso la bandeja de entrada y leo el mensaje:

    “… Quiero que tu esposa use un falda y blusa de secretaria de oficina, no importa el color, pero que use falda. Haz que se ponga zapatos con taco y se maquille bien sexy para mí, quiero ver sus labios estén bien rojos, un color rojo de puta. Puede usar el cabello suelto si quiere, me da igual. No le voy a pedir que me lo chupe o que abra las piernas para metérselo, pero debe hacer todo lo que le diga y como se lo diga. Y debe dejarse manosear un poco. Esas son mis peticiones…”

    Leo el mensaje y me dio miedo no saber quién era ese desconocido, ¿con qué tipo de hombres habla mi marido? Y leer las cosas que estaba pidiendo… ¡No soy su puta!

    Eso de dejarme manosear no me gustaba para nada. Yo sólo acepte masturbarlo en algún sitio, sería algo rápido y sencillo.

    Me llega un segundo WhatsApp de mi esposo, y me dice: “Lo viste amor?”

    Le dije que sí… y él me dice OK mi amor, para el jueves… No fui capaz de negarme en ese momento y pensaba en que esto sería la cosa más difícil que había hecho en mi vida. Mi esposo ya estaba muy ilusionado con todo esto y yo lo había aceptado.

    Llegó el día jueves y mi esposo se había conseguido una casa para la cita. Ese día mi esposo eligió mi ropa interior, el vestido y los zapatos que usaría. Supervisó cada detalle de mis prendas y accesorios y no me dejó sacarme el anillo de matrimonio.

    Ya en la casa de la cita, estábamos en living esperando que llegue el hombre. Yo sentada, nerviosa miraba mi anillo de bodas.

    Estaban las luces apagadas, solo podía ver el reflejo en una pared de la luz de la cocina y el baño que seguían encendidas. Era una sensación extraña estar a oscuras y en silencio esperando a un desconocido sin saber que va suceder esa noche.

    A las 10:30 pm puntualmente ha llegado una camioneta y se estaciona fuera de la casa.

    Mi esposo recibe un mensaje de WhatsApp y sale para encontrarse con el tipo. Yo trato de mirar por la ventana tras de la cortina y no logro ver bien al tipo. Mi esposo tampoco lo había visto, pero se conocían hablando por del chat.

    Yo estaba muy nerviosa porque no sabía quién era o como era él. Sentía que iba a ser entregada a la suerte de cualquier desconocido.

    Cuando siento que se acercan a la puerta me voy a la cocina para esperar a mi esposo y tomo la bandeja con unos tragos y aperitivos que debía servirles.

    Siento la voz de ellos hablando en el living, el desconocido se oye relativamente joven, se llama Marcos… al menos no sería un viejo.

    Ya no me podía arrepentir en ese momento, aunque estaba muy nerviosa. Pensaba en que solo debía masturbarlo rápido y en 5 minutos se terminaría todo.

    Mi esposo le dice a Marcos que se ponga cómodo en el sillón mientras el viene a buscarme a la cocina.

    Mi esposo me dice que Marcos no beberá nada, así que no tendré que ir a servirle y dejo la bandeja de lado. Me arregla el cabello, estira bien mi vestido y me da una vuelta para revisarme. Lo quise besar, pero él no me dejó hacerlo porque arruinaría el labial rojo.

    Me toma de la mano y veo mi anillo de matrimonio, me viene a la memoria fugazmente ese día cuando nos casamos… Me lleva al living donde estaba Marcos sentado en uno de los sillones.

    Estaba todo oscuro en penumbras, mi primera impresión es que el tipo no era agraciado, para nada. Era el típico gordo feo que va a las putas. En mi interior no quería continuar con esto, pero me hice la fuerte.

    Me sentía realmente como mercancía para usar. Intentaba no cruzar la vista con Marcos y tímidamente lo salude.

    Mi esposo dijo: “bueno Marcos, esta es mi bella esposa que te hará el servicio.”

    Oír eso me hizo sentir una verdadera esclava. Estaba nerviosa y sentía latir mi corazón al máximo, pero me contuve para no arruinar su fantasía.

    Marcos sólo dijo:

    -bien… me parece muy bella tu esposa Rodrigo.

    Mi esposo me deja frente a Marcos y me suelta la mano. En ese momento me sentí absolutamente sola y expuesta como una sirvienta que debe hacer algo desagradable. Intentaba no mirar a Marcos, realmente él no era de mi gusto.

    Mi esposo me había dicho que Marcos no haría nada y que yo debía tomar la iniciativa, así no me sentiría forzada… Pero en realidad me estaba sintiendo mucho peor, porque sería la puta que toma la iniciativa con un desconocido.

    Me arrodillé frente a Marcos y vi mis rodillas tocar el suelo con mi vestido. Levanté un poco la vista y tomé lentamente la iniciativa. Me apoyé entre las piernas de Marcos y con mis manos le bajé el cierre mientras él se desabrocha el cinturón del pantalón. Meto mi mano bajo su ropa interior y siento su pene con mis dedos, por primera vez desde que estoy casada tomaba el pene de otro hombre.

    No era nada espectacular, su pene era más pequeño que el de mi esposo. Lo tomo y comienzo a masturbarlo, se lo hago a un hombre que jamás en la vida le habría dado mi atención, pero ya estaba sometida a él por las circunstancias y mi propia voluntad. Estaba de rodillas con vestido y tacones como él lo había pedido, dándole placer a un desconocido.

    Yo miraba el suelo y sentía en mi mano como su pene se comenzaba a poner cada vez más duro y caliente, lo apretaba mientras lo movía de arriba abajo. Sentía su respiración y cada vez estaba más excitado.

    Veo de reojo que Marcos levanta una de sus manos levantando el pulgar en señal de aprobación, porque mi esposo estaba mirando todo en ese momento. Estaba atrás en una esquina, sentado en una silla escondido en la oscuridad, aprobando que su mujer estuviera masturbando a un extraño.

    Marcos comenzó a pasar sus dedos sobre mi cabello y sentía escalofríos cuando me tocaba, no quería que lo hiciera, pero era parte del trato. Deslizaba sus dedos por mi cara y bajaba tocando mi cuello y mis hombros. Mientras yo intentaba que él acabe rápido…

    Pero Marcos con una de sus manos sujeta la mía y me detiene. Me dice que lo haga muy, muy lento… y comienza él con su mano a marcarme la velocidad de cómo debo masturbarlo.

    -Hazlo lento puta, muy lento…

    Jamás me habían tratado así y esto iba a durar más tiempo del que yo quería. Sentía mi mano húmeda con sus fluidos y su pene cada vez más duro y caliente… Marcos siguió aprobando mi trabajo con dureza,

    -Bien puta, sigue así… Ahora eres mía Isabella, sigue así… Linda esposa y madre de dos hijos pajeándome como una puta… sigue así Isabella.

    Me ofendía y me sometía aún más de lo que ya estaba. Mi esposo cómplice de todo esto me estaba haciendo sentir realmente como una puta callejera. Sentía impotencia, pero a la vez una sensación extraña por estar así…

    En un momento Marcos mete la mano por mi vestido y me toca los senos por sobre el sostén, cerré los ojos, no quería estar ahí, pero sentía sus manos manoseándome, tocándome y apretándome los senos. Seguí masturbándolo para que acabara pronto.

    -Me gustan tus tetas putita, me calienta la textura de tu sostén… sigue así zorra…

    Marcos obsesionado me manoseaba y apretaba los senos una y otra vez… Luego desliza su mano dentro de mi sostén y la siento sobre mi piel avanzando por mis senos hasta tocarme los pezones con la punta de sus dedos…

    Me negaba a sentirlo, no quería aceptarlo, pero lo morboso de la situación, la humillación de sentirme usada y ese manoseo constante y fuerte me comenzaba a calentar. Involuntariamente mis pezones se estaban poniendo duros y yo apretaba aún más su pene caliente con mi mano. Seguía masturbándolo como el me lo pedía.

    Con los ojos cerrados me estaba dejando llevar y llegando a un punto donde cada vez menos me estaba importando todo. Estaba dejando entrar el placer. En un momento tomo aire y abro los ojos y le digo a Marcos:

    -No!… No sigas tocándome así… por favor…

    -Continua puta! -Fue lo que me dijo.

    -Continua Isabella… -agregó mi esposo.

    Realmente me estaba calentando. Pero no quería sentirme así con él, no quería nada más porque ya se me cruzaba la idea fugaz de chupárselo y no quería hacerlo. Lo estaba masturbando con la mano donde llevaba puesto mi anillo de matrimonio y esto no podía estar sucediendo… yo me estaba calentando. Podía sentir mi vagina completamente mojada e hinchada.

    Marcos no dejaba de manosearme y tocarme los senos. Me apretaba los pezones y los sentía cada vez más duros y él se daba cuenta. Yo lo seguía masturbando de rodillas sintiendo todo su pene caliente en mi mano, totalmente entregada a su placer.

    Me estaba comenzando a sentir húmeda y cada vez más cerca de Marcos. Con su manoseo constante me acercaba más a su pene y se me escapaba el aire abriendo la boca…

    Ya lo tenía muy cerca… no podía creer que estaba completamente excitada, caliente y estaba al borde de comenzar a chupárselo, quería sentirlo en mi boca, chupar un pene que no fuera el de mi marido por primera vez. Me estaba dejando llevar por ese momento de placer…

    Marcos me detiene y me dice:

    -sácate el calzón y pásamelo.

    Sin cuestionarlo ahí de rodillas comencé a quitármelo, subí mi falda ajustada y en esos movimientos de cadera casi sentí su pene duro en mi cara, lo sentí rozar mi cuello. Le entregue mi calzón húmedo y él lo puso enrollando su pene.

    Me dice que me baje el vestido y me quite el sostén para ver mis senos desnudos. Y lo hice con mucha naturalidad para él… Me observó muy complacido…

    -Bien, ahora termina tu trabajo puta!

    Comencé a masturbarlo nuevamente y veía como sus líquidos humedecían mi calzón, sentía su pene muy duro y mi calzón empapado con su pene. Mis senos desnudos rozaban sus piernas mientras yo lo masturbaba cada vez más rápido y más fuerte.

    Marcos me acariciaba el cabello y yo me sentía cada vez más caliente como una verdadera puta.

    -Así te quiere ver tu esposo -me decía Marcos. – Como una puta caliente de rodillas…

    Lo masturbo más rápido y más fuerte de arriba abajo. Siento todo su pene muy duro y caliente en mi mano y no me detengo. Siento deseos de tenerlo todo dentro de mí y continúo dándole placer con mi mano. Lo hago así cada vez más rápido y más fuerte sin perder el ritmo y no me detengo para darle todo el placer que él quiere.

    Quiero ser tu puta y lo sigo masturbando sintiendo todo su pene caliente en mi mano hasta que llega a su máxima excitación, Marcos se empieza a contraer y su pene esta hinchado a punto de explotar, puedo sentir sus venas llenas de sangre, con su glande al máximo. En cosa de segundos veo salir con fuerza todo su semen caliente de su pene, me salta en la cara, yo abro mi boca y parte del segundo chorro entra en mi boca, saboreando el esquisto sabor, chorrea por mi cuello y finalmente cae sobre mis senos. Veo que sale todo su semen caliente de su pene y la parte final corre sobre mi mano, sobre mi anillo de matrimonio y mi calzón.

    Miro a Marcos y ahora solo veo a un hombre caliente que me desea y está totalmente satisfecho conmigo. Soy su puta y veo todo su semen correr sobre mi calzón que ahora es mi regalo.

    Marcos me acaricia el cabello, mientras aun siento su semen caliente dentro de mi boca… Con mi calzón me limpia la cara y el cuello.

    Ya cuando termina de limpiarme, mi esposo se acerca y me ayuda a levantarme. Me arregla el vestido y me ayuda a colorarme el sostén. Mis senos tienen algo de semen, pero a mi esposo no le importa. Mi maquillaje esta algo corrido y aún hay algo de semen en mi cara.

    Marcos seca su pene con mi calzón y me lo pasa para que me lo ponga. Mi esposo accede y hace que me ponga el calzón lleno del semen de Marcos.

    Marcos se despide, me besa la mano y se va.

    Mientras voy sentada en el auto de regreso a casa, pienso en lo que ha sucedido con Marcos y mi esposo, aún siento el sabor de su semen en mi boca, su esperma sigue en mis senos, bajo mi sostén y también lo siento entre mis piernas, mi calzón esta empapado y humedece mis labios vaginales. Vuelvo a casa como una verdadera puta.

  • Quiero darte el culo

    Quiero darte el culo

    A ti que me lees: quiero darte el culo. Sé que, a escondidas, en secreto y clandestinamente ingresas a este portal de relatos y haces fantasías en tu mente, imaginando que eres el protagonista de las mil historias disponibles.

    No imagines más: soy una travesti encerrada en mi secreto y nadie lo sabe, y hoy estoy semidesnuda para ti, calzando apenas unas exquisitas sandalias doradas de tacón de aguja, sostén de encaje y una bata rosada transparente levantada hasta la espalda. Mi piel suave y delicada, contrasta delicadamente con los colores de mi ropa.

    Estoy en la cama, en cuatro patas agachando la cabeza y esperando que entres en mí.

    Hace mucho calor y hoy he salido del closet para ti. Empino mi redondo trasero y te muestro mi agujero, estoy caliente y no puedo más… quiero darte el culo, ¡desflórame! ¡desvírgame! ¡poséeme!

    Estoy ansiosa de sentir la cabeza lubricada de tu miembro fuerte, grande, gordo, caliente y duro abrirse paso dentro de mí borrando la inocencia de mi ano, entrando rico en mi recto y sintiendo tus testículos chocar con mis nalgas.

    Estoy muy apretada pues soy virgen del culo y quiero ser tuya. Quiero que sientas como aprieto con mi esfínter tu verga, succionándote hacia dentro de mi cuerpo. Quiero que mi agujero abrace totalmente tu miembro.

    Quiero sentir el sudor de tu cabeza chorreando en mi espalda, pues será señal de que te está siendo difícil penetrarme, aunque yo quiero entregarme fácil pues sueño con tu pene delicioso haciéndome al fin mujer.

    Quiero darte el culo, sin compromiso, sin ponerte dificultades, sin ponerte límites, no rehusaré ser tu esclava sexual para complacerte en tus mas pervertidas órdenes y con un chasquido de tus dedos, de rodillas atenderé tus instrucciones, suplicándote que me des tu verga en todo mi cuerpo.

    Quiero sentir la dureza y a la vez suavidad del cilindro de carne que te hace un macho, deseo que la frotes por mi cara, pecho, cuello, piernas, pies, nalgas y espalda. Me muero de las ganas de mamarte y sentir en mi garganta tus líquidos seminales.

    Te entrego mi culo, te entrego mi virginidad anal. ¿Me deseas con minifalda? ¿con vestido corto? ¿Con vestido largo y que veas como se esconden mis pies en las sandalias por debajo de la tela? ¿me deseas solo en medias blancas, liguero, hilo dental y sostén de encaje? te lo suplico: ¡ordéname lo que quieras, pero borra la inocencia de mi agujero! ¡estoy desesperado por sentirme mujer!

    Dame duro por el culo con tu verga y mientras me bombeas con ganas y fuerzas de hombre, no prestes atención a mi micropene que es un simple adorno estorboso, más bien disfrútame de la forma en como por causa de ti gimo, grito, te declaro un rey del sexo y muevo mi cintura a la vez que me penetras con todas tus ganas.

    Mientras me hago la paja en solitario en mi cama desnudo en esta tarde, me enloquezco: Genoveva, la mujer que hay dentro de mí, al fin sale dando alaridos de placer y justo en este momento, con la esperanza de que el semen de mi pequeño miembro llegue a mi boca, para saborearlo deliciosamente pensando que es un chorro del tuyo, estallo y eyaculo, soñando -una vez más- que me haces mujer ¡y que te estoy dando el culo!.

    (Esto es solo una fantasía mía, una imaginación virtual de lo que añoro, ahora guardo en su closet a Genoveva)

    [email protected]

  • Aislamiento Covid con mi tía y primas (III – Final)

    Aislamiento Covid con mi tía y primas (III – Final)

    “Tono, ¿Cómo estás? Anoche tuviste visitas por lo que escuche.” Dijo y antes que yo conteste lo hizo Lia que entraba a la cocina.

    “Si mami, te recomiendo el tratamiento completo como nos hizo a nosotras.” Dijo.

    “¿A las dos juntas? Que jugado. Y Uds. dos, flor de trolas.” Dijo Andrea.

    “No Ma, trolas no: PUTAS, con todas las letras, nos hizo dos PUTAS.”

    Como las clases presenciales se convirtieron en virtuales, todas las mañanas las tenía ocupadas, y tres veces por semana lo mismo por la tarde. Eso, en parte me permitía descansar de mis primas y mi tía, que se turnaban para visitarme por las noches y mis tardes libres.

    Un frío sábado por el mediodía estaba haciendo pollos a la parrilla aprovechando que el quincho es cerrado, y Lia vino conmigo al quincho con una botella de vino y dos copas.

    “Toma Tono, te traje un vino para amenizar la espera.” Dijo Lia sin mucho ánimo.

    “¿Qué te pasa Lia?” Pregunté.

    “Estoy medio depre. Tanto encierro me mata, y aunque la pasamos bien cogiendo, estoy cansada de no salir.” Dijo.

    “A la tarde tengo que ir al mercado, veni conmigo, total entramos separados y compramos en carros separados. No es mucho, pero por lo menos para salir un poco del encierro.” Le dije.

    “Huy, dale, por lo menos así me distraigo.”

    Almorzamos y fuimos al mercado. Entramos sin problemas y nos encontramos con un compañero y amigo de la facultad. Se lo presenté a Lia, y ella estaba embobada. Sergio mide 1.90 juega al básquet en la liga, obviamente buen físico y sobre todo un tipo muy elegante, en todo momento bien empilchado.

    “Tono, ¿por qué no invitas a tu amigo a cenar?” dijo Lia.

    “Porque no es mi casa Lia, con gusto lo invitaría, pero no es mi casa.” Dije.

    “No lo tomes a mal Sergio, pero ya que mi primo es tan respetuoso de la casa, permitime que yo te invite a cenar. Esta noche voy a cocinar yo.” Dijo Lia, que de cocina sabe menos que de la carrea que cursa.

    “Sería un placer, pero con los controles que hay en la noche para la circulación, sería un problema volver manejando.” Dijo Sergio.

    “Por favor, nos podemos quedar jugando a algo a la noche, hasta que amanezca. Dale, va a ser un gusto tenerte como invitado.” Dijo Lia insistiendo.

    “Bueno, no hay problemas.” Dijo Sergio.

    “Lia, anda yendo para la caja así no nos hacen problemas, yo voy con Sergio.” Dije y espere que se fuera para decirle a Sergio.

    “Compra forros, porque esta noche te bajan la caña.” Dije.

    “Está muy fuerte, ¿no habrá problemas en la casa?”

    “No, en absoluto.”

    Le di la dirección, pase por la caja y en el auto me esperaba Lia.

    “Que lindo que es, me lo como toda. Y vos no te pongas celoso, que voy a seguir siendo tu puta.” Dijo riendo.

    Llegamos, le contó a Andrea, que para cubrirla cocinaría ella.

    Cenamos los cinco y a Lía cada vez le caía la baba mirándolo. Luego de cenar, jugamos un rato a las cartas y cerca de las dos de la mañana me fui a acostar. Literalmente detrás de mí entro Andrea a mi cuarto.

    “Que caliente que está Lia con Sergio. Nunca la vi así.” Dijo y se metió en mi cama. Nos comenzamos a besar y ella fue bajando hasta ponerse a chupar mi pija.

    Estábamos en ese punto cuando entró Caro a mi dormitorio y sorprendió a Andrea chupando. Cerró la puerta y en dos minutos estaba de vuelta con el consolador en la mano. Andrea la miró y sonrió. Caro se metió en la cama y comenzó a besarme mientras Andrea me chupaba.

    “La voy a poner bien loca.” Me dijo Caro al oído y se levantó y comenzó a chupar la concha de su madre. La cara de Andrea era de lujuria total.

    “Hija me estás haciendo calentar demasiado.” Dijo

    “Y a vos no te gusta. Y vas a ver como te pongo cuando lo montes.” Le dijo Caro. Fue escuchar esto que se subió y metió mi pija en su concha, y la miró desafiante. Caro la hizo poner contra mi pecho y comenzó a chuparle el orto. Andrea gemía como loca y se movía como una serpiente.

    “Así Caro, seguí por favor.” Dijo Andrea. Caro siguió y comenzó a meterle el consolador en el culo.

    Andrea cuando lo sintió se quedó quieta, me miró y dejó que Caro la penetre hasta el fondo. Cuando sintió que tenía todo el consolador en el culo, me pidió que le apriete las tetas y que le demos con todo. Así lo hicimos hasta que acabó con un orgasmo tremendo, que hizo temblar todo su cuerpo.

    Cuando se bajó, me montó Caro metiéndosela en el culo y dándome la espalda.

    “Tono, me voy a hacer mierda el culo con esa hermosa pija tuya.” Dijo y comenzó a moverse hasta que la enterró toda. Tuvo un primer orgasmo y luego sí, empezó a subir y bajar como loca. Andrea tomó el consolador y se puso delante de ella.

    “¿Alguna vez estuviste con dos hombres al mismo tiempo?” Le preguntó.

    “No, nunca.” Dijo Caro.

    Andrea sonrió, y le fue metiendo el consolador en la concha y le comenzaba a chupar las tetas y morder los pezones.

    “Ves, es más o menos así. Espectacular.” Dijo y Caro comenzó a gemir sin parar. Yo apretaba la teta que Andrea dejaba libre y retorcía sus pezones.

    “Movete pendeja, hacer gozar a tus machos.” Le dijo Andrea y Caro cada vez se volvía más loca, hasta que acabamos juntos y le llené el culo de leche.

    Unos minutos después, ellas se fueron a sus cuartos y fui a la cocina a buscar una cerveza. Lía y Sergio no estaban en el living. “Deben estar garchando en el cuarto de Lia.”, pensé. Cuando volvía a mi cuarto, Lía se acercó casi corriendo, haciéndome la seña que no diga nada y me tomó de la mano llevándome a su cuarto. Entramos y Sergio estaba en la cama con la pija parada al mango.

    “Los tengo a los dos y sus hermosas pijas. Quiero cumplir la fantasía de toda mujer. Cójanme los dos, háganme lo que quieran.” Dijo Lia y de un salto estaba en la cama.

    Sergio la puso en cuatro y le daba con todo por la concha. Yo me recosté y mientras tomaba mi cerveza Lia me chupaba para pararla otra vez. Me miraba con ojos de locura. Gemía y chupaba sin parar.

    “Es un animal como vos. Me está haciendo mierda la concha.” Dijo.

    Sergio se acostó y ella lo montaba como loca mientras me masturbaba. Sus tetas casi no se movían por la firmeza de su cuerpo. Me levanté y me puse detrás de ella. Apoye mi pija en su orto y poco a poco la fui metiendo. Con Sergio acoplamos el ritmo y Lía agarró una almohada para tapar sus gritos de placer y de dolor. Estuvimos un rato, hasta que Sergio me hizo una seña que estaba por acabar y que le acabemos en la boca.

    Nos salimos, la pusimos de rodillas y ella nos chupaba y masturbaba a los dos alternadamente. Sergio llegó primero ella se tragó toda su leche y atrás acabe yo, y le llené la cara y las tetas de lecha.

    “Gracias chicos, son espectaculares los dos.” Dijo Lia.

    “Los dejo.” Dije y me fui a mi cuarto.

    Cuando me levanté Sergio y Lia estaban en la cocina.

    “Buen día.” Dije. Ellos me saludaron y Lía me sirvió un café.

    “Tono, porfa no cuentes nada.” Dijo Lia.

    “Tranquila, prima.”

    Un rato más, y Sergio se fue. Lo acompañe al auto y me dijo:

    “Es un infierno en la cama. Y me encanta. Porfa, en la facu no digas nada, porque si me pongo de novio…”

    “Por supuesto, dale tranquilo. Ni loco voy a decir algo.” Dije.

    Entré y Lia me esperaba con cara de felicidad absoluta.

    “Te juro, coge tan lindo como vos. Y no es mi primo!!!”

  • Mi esposa, la puta de su sobrino

    Mi esposa, la puta de su sobrino

    Hola mi nombre es Tenoch y les voy a contar como mi esposa se convirtió en la puta de su sobrino. Esta va a hacer la primera parte de la historia.

    Bueno la historia empezó hace unos dos años durante la navidad. Vivimos en Houston, Texas. Estábamos de acuerdo de que pasaríamos unas cuantas horas en la casa de mis padres y acabaríamos la noche en la casa de mis suegros. Mis padres no suelen celebrar en grande la Navidad, pero la familia de mi esposa sí.

    Llegamos a la casa de mis suegros ya como las nueve de la noche. Ya la fiesta estaba en grande y había como unas 30 personas. Entramos saludando y luego fuimos aguardar nuestros abrigos.

    Mi esposa, Lily, llevaba puesto un minivestido apretado al cuerpo. Le gusta mucho la ropa que acentúe sus mejores atributos que son sus piernas, caderas y tremendo culo. De sus tetas no tiene nada especial y no me voy a negar que si le faltan. Pero a mí siempre me han gustado más las mujeres con un buen culo que las de tetas grande.

    Fui por una cerveza mientras Lily se fue a platicar con sus hermanas y otros invitados. Cuando estaba buscando una cerveza que me gustara vi que estaba Joel platicando con sus amigos de prepa. Joel es el hijo de la hermana mayor de Lily y es el único de los sobrinos que no le cae bien. Puedo decir que hasta lo odiaba. Lily me contaba que no le gustaba como la miraba, así como si la estuviera desnudando con la mirada. Yo siempre le decía que él estaba en la edad de caliente y que no era para tanto. Pude escuchar un poco de sus conversaciones.

    – Güey tu tía está muy buena, nomás mira ese culazo dijo un amigo de Joel.

    – Si, como me gustaría comerme ese culo contesto el amigo negro de Joel.

    – Güey siempre se viste muy puta, deberían de ver como se desaparece la tanga entre sus nalgas dijo Joel.

    – Ah chingado y tu como sabes eso dijo el amigo de Joel.

    – Pues a veces se toma una siesta en la casa de mis abuelos y se le sube la falda a veces contesto Joel.

    Yo me reí un poco de la conversación y me dirigí a donde estaba mi esposa. Ya estando cerca noté que estaba en medio chisme y mejor me fui a platicar con mi suegro y otros invitados. Desde la distancia podía ver que Lily le estaba entrando duro al mezcal.

    Ya como las dos de la mañana se habían retirado la mayoría de los invitados. Los que quedamos éramos mi esposa, su hermana mayor de mi esposa y su familia, hermano de mi esposa y yo. Mis suegros se habían ido a dormir como media hora anterior. Tengo que añadir que los que quedamos ya estábamos tomados y mucho más Lily.

    – ¿Mi amor, te quieres quedar otro rato o ya nos vamos a la casa? Me pregunto Lily.

    – Pues la plática esta buena y todavía hay cerveza, me gustaría quedarme otro rato ¿O ya te quieres ir? Le digo a mi esposa.

    – No, yo nomas preguntaba, pero creo que me voy a ir a dormir un rato a una de las recamaras dijo Lily.

    – Esta bien mi amor, ¿quieres que te acompañe a la habitación? Le dije a mi mujer.

    – No yo puedo sola me dijo mi esposa.

    Lily se dirigió a las recamaras y me dio un poco de risa porque muy apenas podía caminar. Se estaba recargando mucho en la pared para no caerse.

    – Les apuesto que se va a quedar muerta le comenté a los demás.

    Paso como unos 50 minutos y veo que Joel venia del rumbo de las recamaras con una sonrisota como si se hubiera ganado la lotería. Se me hizo un poco sospechoso y decidí ir a checar en mi esposa. Llegué al cuarto y abrí la puerta. Vi que el vestido se le había subido y estaba enseñando las nalgas, pero todo normal. El minivestido si estaba muy corto. Me acerque para acomodárselo y note que tenía la tanga un poco mojada por la vagina. Lily se pone muy cachonda cuando está tomada y no le di mucho de importancia.

    – Lily, ¿estás dormida? Le pregunte.

    No me contesto y pues la sacudí un poco para ver si se despertaba. Ella siguió durmiendo como si nada. Decidí en regresar a donde estaban los demás. Ya saliendo del cuarto me encontré a Joel que venía del baño.

    – ¿Cómo está la tía? Me pregunto Joel.

    – Bien, nomás se le pasaron las bebidas y no hay nada que la levante ya que esta como roca le conteste.

    Regresando con los demás empecé a tomar otra cerveza y a platicar con los demás. Pasando el tiempo note que Joel se había desaparecido. Deje pasar unos cinco minutos y me dirigí a la recamara donde dormía me esposa. Llegando al cuarto trate de abrir la puerta con cuidado y para mi sorpresa tenía candado. En ese instante me acorde que el baño de al lado está conectado al cuarto. Para mi fortuna esta no tenía candado. Pase por el closet que es donde se conecta al cuarto. La escena con la que me encontré hizo que se me pusiera dura la verga. Miraba como Joel le había subido el vestido a mi esposa a la cintura y la tenía boca abajo. Le manoseaba las nalgas y se las besaba. Algo en mi decía que debería parar todo, pero yo estando tomado y algo prendido decidí nomas ver. Más pensaba a que no se atrevería a más Joel o que Lily se despertara y le pusiera alto.

    – Ay tía estas muy buena, decía Joel mientras le sobaba las nalgas a mi mujer.

    Joel volteo a mi esposa boca arriba y le saco las tetas del vestido. Se las empezó a chupar mientras le sobaba la panocha sobre la tanga. Ya mi esposa empezaba reaccionar un poco y a gemir.

    – Estas bien mojada perra, vas a ver cómo te voy a hacer mía hoy dijo Joel.

    – Umm así papi, sigue así que se siento muy rico decía Lily.

    Yo ya estaba al mil viendo que otro hacia gemir de placer a mi mujer. Lily seguía gimiendo y jadeando de placer. Note que ya mi mujer se estaba despertando y más consciente.

    – ¿Pero ¿qué haces pendejo? Pregunto mi mujer mientras lo empujaba débilmente.

    Joel empezó a morderle el pezón y acariciarla más mientras con la otra mano empezó a dedearla. Miraba como mi esposa todavía trataba de zafarse, pero no podía ya que todavía se encontraba algo borracha.

    – Le voy a decir a tu mamá y a mis papás decía Lily.

    – Ya tía usted no va a hacer eso y más porque usted está más necesitada de esto dijo Joel.

    – ¿Como que yo estoy más necesitada de esto? Pendejo, contesto mi mujer.

    – Si mira putita como están mis dedos dijo Joel mientras se los enseñaba.

    Pude ver como brillaban esos dedos por los jugos de mi mujer. Tenía razón el chamaco, pero estuvo afortunado del momento. Mi esposa siempre se pone muy caliente cuando esta borracha. Siempre cuando toma terminamos cogiendo. Miraba como mi esposa ponía menos resistencia cada segundo que pasaba. Joel llevo la mano de mi mujer a que tocara su verga sobre el pantalón.

    – Vez como esta de dura por ti dijo Joel.

    Lily se quedó inmóvil, como que no creía de lo que su mano sentía. Joel empezó a pasar la mano de mi mujer por toda su verga. Ya mi esposa ni ponía ninguna resistencia. Luego Joel se sacó la verga de su pantalón y mire como a mi mujer se le hicieron los ojos grandes. Lily todavía no podía de creer en la verga que se cargaba su sobrino, tendría que medir unos 21 o 22 centímetros y bien gruesa. Joel se levantó de arriba de mi mujer. Decidí que si Lily trataba de escapar y que no la dejara Joel interviniera yo. Pero mi mujer no hizo nada. Su sobrino viendo que su tía continuaba inmóvil decidió llevar la mano de ella a que tocara su verga. Joel dejo la mano de mi mujer sobre su pene. Sabía que a Lily se le hacia la boca agua por ese pedazo de carne. Mi mujer empezó a pajearlo. Después de un rato Joel le retiro la mano y se la acerco a la cara de Lily. Sin decirle nada su sobrino mi mujer empezó a chuparle la polla sola.

    – Uff, que rico la chupas putita decía Joel.

    – Sabia que te encantaba la verga zorrita continuaba Joel.

    Joel sacó su iPhone y empezó a grabar como su tía se tragaba esa polla. Mi mujer ni se apenaba a que la grabara su sobrino. Creo que hasta se lucia más. Lily se sacó la verga de la boca para enseñar en video que estaba más grande que su cara. Continúo chupando, se la saco otra vez para golpear la contra su cara y luego continúo chupando. Pude ver como mi esposa se pudo tragar toda la verga de Joel.

    – Sabia que eras una puta de primera dijo Joel.

    – Eres la única que se ha podido tragar toda mi verga continuó Joel.

    Mi esposa seguía comiéndose ese vergón.

    – Ya no aguanto mas dijo Joel, ¿Donde los quieres, te los tragas o en la cara? Preguntó.

    – Me los trago contesto mi mujer.

    – Mejor en tu cara para que se vea lo puta que eres en video dijo Joel.

    Lily no protesto y nomas abrió la boca para ver si captaba unos en su lengua ya que le gusta mucho el sabor. Joel eyaculó sobre la cara de mi mujer y se la pinto de semen. Su sobrino paro de grabar. La hizo que se acostara boca arriba en la cama y le empezó a comerle el coño. Miraba como mi mujer se volvía loca por placer. Lily le agarraba la cabeza a su sobrino para que la siguiera comiendo. Luego mire como mi mujer empezó agarrar la cama y después a convulsionarse. Ese pinche Joel como sabe comerse coño, hizo que se viniera mi esposa de nomas eso. Mientras Lily se recuperaba su sobrino la jalo para la orilla de la cama. Llevo las piernas de mi mujer a sus hombros y le empezó a pasar la verga sobre la rayita de mi mujer. Ya Lily no aguantaba más, quería sentir esa polla dentro de ella.

    – Ya métemela cabrón dijo mi esposa.

    – Uy y eso que al principio ni querías contesto Joel.

    Joel empezó a grabar otra vez con su iPhone.

    – Ah ver putita ¿quieres mi verga? Le pregunto Joel.

    Mi esposa quedo callada mientras su sobrino continuaba pasando le la verga sobre su coño. Lily se rindió.

    – Si quiero tu verga le dijo mi mujer.

    – Eres una putita, ¿verdad? Le pregunto su sobrino.

    – Si soy una putita contesto mi esposa.

    – ¿Pero eres la putita de quién? Pregunto Joel.

    – Soy tuya, soy tu putita ya métemela dijo Lily.

    Viendo como hacia Joel rogar a mi mujer por su verga casi me hacía que me viniera. El sobrino de mi esposa a escuchar la respuesta de mi esposa se la clavo toda. Lily luego se vino en la verga de Joel. El sobrino dejo a que se acostumbrara un rato a su verga y empezó a bombearla. Mi esposa empezó a gemir y a gritar un poco de placer.

    – Así, así cabrón sigue más decía Lily.

    – Uff sabía que eras toda una zorra tía dijo Joel.

    – Si, si más fuerte, cógeme más fuerte decía mi mujer.

    – Si supiera que ibas hacer así de fácil te hubiera echo mía ya desde cuando dijo su sobrino.

    Joel paro de grabar y empezó a besarla y luego a chuparle las tetas. Mi esposa cada vez se perdía más y más en el placer. Luego cambiaron de posición a la que es una de las favoritas de Lily. Le encanta cabalgar. Yo nomas miraba como mi mujer se follaba sola con la verga de su sobrino. Después Joel la puso de perrito. Nomás escuchaba como chocaban las bolas de Joel contra el culo de mi mujer y también miraba como le entraba toda en su coño. Joel siguió follándola.

    – Te voy a llenar toda de mi semen dijo Joel.

    – Te voy a marcar, ya no eres de tu esposo eres mía continuaba Joel.

    Lily no le importo que se viniera adentro ya que está tomando la pastilla. Joel se colapsó sobre ella. Yo ya me estaba dirigiendo al baño para que no se dieran cuenta de mí. Ya llegando a la puerta escuche que estaban platicando y mejor me quede a escuchar más.

    – Tengo muchas ganas de romperte el culo, pero creo que ya no tenemos tiempo para más dijo Joel.

    Joel empezó a nalguear a mi esposa, pero no por mucho tiempo.

    – Tienes un pinche culazo tía dijo su sobrino.

    – Bueno ya será para otro día, no pienses que esto nomas fue de un día putita. Y si no acedes pues les enseño a todos como me rogaste para que te cogiera. No creo que te tengo que chantajear ¿verdad? ¿Te encanta mi verga? Le dijo Joel.

    – No, no es necesario, soy tuya y me encanta tu verga contesto Lily.

    – Bien putita, luego me mandas un mensaje cuando tenga un viaje de negocios tu esposo le dijo Joel.

    Yo me fui antes que me vieran. Llegando a donde estaban los demás me pregunto mi cuñada que si había visto a su hijo. Yo le dije que creo que salió a tomar aire. Luego llego Joel y después de un rato fui a la recamara donde estaba mi esposa. Llegando al cuarto mire que estaba vacío, pero note que se escuchaba la regadera del baño. Mientras se bañaba mi esposa yo me hice una paja porque ya estaba a reventar. No dure mucho en venirme. Me limpie y en eso entra Lily. Ella actuó como si nada había pasado.

    – Oye y ¿por qué te metiste a bañar? Le pregunte.

    – Nomas para despertarme y ya irnos a casa me contesto Lily.

    – Ah cierto, creo que será mejor que tu conduzcas cariño porque si me pasé de tragos le dije a mi esposa.

    – Está bien dijo mi mujer, ¿Se me olvido, cuando es tu próximo viaje de negocios mi amor? Pregunto Lily.

    – Dentro de 3 semanas le dije.

    Mire que sonrió. Nos fuimos a despedir de los demás. Vi que mi esposa se fue a despedir de su sobrino y que le dijo algo en baja voz. Yo ya sabía de lo que se trataba y se me puso dura al saberlo.

    Continuará…

  • Leche para cenar

    Leche para cenar

    Hoy fue día de compras, desde unos días antes lo deseaba.

    Hoy mi señor vendrá por mí y me consentirá, seré su nenita consentida, iremos a la zona de tiendas para elegir todo el ajuar para un evento que tendremos en unos días.

    Ya me reservo una cita con mi estilista, pelo, uñas, piel y depilación incluida; cerca del próximo fin de semana pasaré un día entero en el spa consintiendo mis gustos y mi cuerpo.

    Casi anhelo ese día como este, pero hoy es primero y yo estoy nerviosa esperando y mirando cada minuto por la ventana para poder verlo.

    Siempre es puntual y sé que no aparecerá hasta dentro de cinco minutos aun así aquí estoy, como una niña en la mañana de navidad que no puede esperar a que se despierten sus padres y entonces abrir los regalos.

    Desde temprano me desperté y fui directo al baño, me lavé el pelo y luego disfrute del jabón resbalando por mi cuerpo imaginando que era él quien me acariciaba suavemente, salí y pinté las uñas de mis pies a juego con las de las manos un azul plumbago con una uña de cada extremidad pintada de rosa, luego puse un poco de crema con aroma a jazmín él siempre huele mi piel y le encanta ese aroma.

    Almorcé algo ligero, un poco de fruta, un café y un par de sándwich.

    Elegí unos huaraches blancos y un pantalón de mezclilla, una blusa amarilla y una pequeña torera en blanco, mi bolsa también blanca. Por último pinté mis labios de rojo y agregue perfume en mi cuello, y en el interior de mis muñecas aun así cuando termine faltaban quince minutos para las diez.

    He aprendido a ser eficiente con mi tiempo y estar lista cuando él lo requiere.

    Aunque disfruto y amo de sus correctivos, no me gusta uno en especial, el que tiene que ver cuando no estoy a tiempo así que me esfuerzo por siempre ser puntual.

    La sensación en mi vientre iba y venía, igual que siempre que lo voy a ver, es algo raro sentirse así después de tanto tiempo de relación sobre todo después de tantos momentos íntimos que hemos tenido muchos de ellos en los que el sexo ni siquiera ha estado presente, nunca pensé que se pudiera sentir una intimidad tan profunda sin sexo, gracias a él la conozco.

    Cuando bajó del auto no pude evitar la sensación de calor recorrer mi interior, mirarlo en su traje azul índigo, un pequeño pañuelo blanco saliendo de la bolsa del saco, una camisa blanca impecable, impoluta, su barba arreglada y unos lentes oscuros que se quitó cuando bajó del auto para dejar al descubierto esa mirada oscura que provoca mis pensamientos más indecentes, sus zapatos café tabaco estaban tan limpios que pareciera los acabara de comprar.

    Aunque existe un timbre en mi departamento tocó la puerta con sus nudillos, le gusta hacer las cosas con sus propias manos es algo que para mi fortuna y placer sabe utilizar muy bien.

    Espere detrás de la puerta unos segundos respirando, tratando de sentir su esencia intentando imaginarlo impaciente del otro lado de la puerta.

    Abrí la puerta sin hacerlo esperar demasiado, sé lo impaciente que es y lo que opina sobre la impuntualidad, abrí y pude tenerlo cerca tan cerca para poder por fin sentir la frescura de su perfume revuelto con un aroma salvaje que él desprende.

    Sentí como me acaricio con su mirada, siempre lo hace cuando nos encontramos.

    Vi sus ojos, en ellos se traslucen las ganas, la oscuridad de sus perversiones y por último me vi reflejada en sus iris, luego mis ojos se posaron en su boca, en esos labios libidinosos que saben llevarme al cielo.

    Como siempre él tiene el control, lo primero que hizo fue comprobar que llevara puesta la pulsera, pasó su pulgar por encima de ella y dio un paso para atrás sus ojos recorrieron completamente mi anatomía sentí el examen visual vi como sus labios se curvaron en una sonrisa.

    —¡Estás hermosa!

    Me tomó de la cintura y me atrajo, con sus manos firmes en mis caderas, desaparecieron los nervios previos su lugar lo ocuparon la necesidad de sentirlo, de tocarlo, de disfrutarlo la espacio entre ambos se esfumó ahora su boca está tan cerca de la mía que puedo besarlo, sus ojos están fijos en mis labios y mi pecho pegado al suyo.

    El beso fue mágico, inevitable pero corto muy corto yo quisiera quedarme todo el día en sus labios.

    —Vamos mi niña es tarde.

    Tomo mi mano y jalo de mí para que lo siguiera.

    Como un caballero abrió la portezuela y me ayudó a subir, luego de subir por el otro lado nos pusimos en marcha hasta llegar a destino unos minutos después.

    Fuimos caminando mirando a un lado y a otro buscando el atuendo perfecto, yo lo elegiría y él estaría de acuerdo, fue paciente al ir caminando de arriba para abajo, entrando en las tiendas a mi lado dando su opinión sobre lo que me probaba ayudando con el color.

    Él insistía en un azul rey que está de moda pero que a mí no me convenció mucho.

    Note como torcía el gesto y me preocupe un poco tal vez en otra ocasión me cobre la desobediencia.

    El primero que llamó mi atención fue uno estraple negro con pequeñas bolitas marfil, pero no lo sentí cómodo, también descubrí otro negro lleno de brillo en la parte superior pero no me gustaba su caída sobre mi cuerpo. Fuimos avanzando por la infinidad de tiendas y mi frustración iba en aumento, no encontraba lo que buscaba él fue paciente en todo momento. En la penúltima tienda de la calle por fin lo encontré, un hermoso vestido color ciruela pegado a mi figura, la suavidad de la tela y la sonrisa con que Lenin me miraba me convencieron.

    Compramos los tacones y accesorios que usaría ese día; unos sencillos pendientes y una gargantilla en forma de ramillete llena de piedras plateadas.

    Como todo un caballero cargó las bolsas, hasta mi bolsa de mano, podía escuchar el tintineo de las llaves en su bolsa al caminar lo que me ponía nerviosa y al mismo tiempo me excitaba.

    Las benditas llaves que abren el paraíso.

    Me llevaba de la mano y de vez en vez rozaba la pulsera con sus dedos causando un pequeño temblor en mi vientre.

    Ya íbamos de regreso al automóvil, lo más probable es que de regreso fuéramos a comer, me encanta ir al restaurante de mariscos cerca de la 68.

    De camino al auto pasamos por una tienda de lencería, en cuanto vi las bragas me enamoré de ellas, pero fue su orden lo que provocó mi humedad. La que desató el infierno en mi vientre, esa sensación que se agolpo en mi entrepierna causando estragos en medio de tanta gente, la que provocó esa sensación en mi estómago y desató el caudal en mi entrepierna.

    —»Quiero que vayas y compres las bragas que están en el maniquí»

    Cuando salí de la tienda con las bragas en la bolsa me dijo:

    —Ya te imaginé en ellas y estoy deseando quitarlas de tu cuerpo. ¿Cómo te imaginas que se te van a ver?

    Ahora deseo con todas mis ganas el momento en que me las quite mientras aspira mi aroma, mientras me observa con su oscura mirada.

    Me encanta ver el fuego en su mirada cuando me los empieza a bajar, sentir su barba raspar mientras aspira mi aroma, sentir la suavidad de su lengua cuando da el primer lengüetazo.

    Mire sus ojos en ese momento, vi el deseo en ellos me deseaba en ese mismo momento en ese mismo lugar, siempre lo encuentro cuando me mira de esa manera. Pero no era el lugar ni el momento así que debía reprimir mis ganas para más tarde.

    Dejó las diferentes bolsas —en su mayoría eran de papel con las distintas marcas de la ropa o de la tienda-, en la parte trasera del auto y luego subimos, ya era la hora de comer así que de regreso buscamos donde saciar el apetito llegamos a un pequeño restaurante de mariscos, era de un estilo rústico, unas tablas de bambú y algunas plantas de ornato eran parte de la fachada, dentro había mesas y equipales para recibir a los comensales al fondo una barra para pedir bebidas y la cocina más allá de la barra.

    Cuando nos sentamos en una mesa para dos él se quitó el saco del traje, pude notar la tela tensa en su camisa sobre sus hombros, era fácil notar sus músculos aún encima de la ropa, era fácil saber que sus brazos y su pecho son fuertes.

    Los equipales estaban muy juntos pero él se acercó aún más a mí, sus piernas rodearon mis rodillas me atrapó con sus piernas me fascina cuando hace eso, una de sus manos se movió lentamente acariciando mi pierna.

    Sus dedos rozaron mis muslos subiendo desde la rodilla ¡carajo! lo deseaba en ese mismo momento.

    El joven mesero nos distrajo de nuestro pequeño instante de privacidad.

    Se presentó como Paco nuestro mesero y nos dejó las cartas con el menú.

    Dejó un guacamole, una salsa y unos totopos para ir abriendo el apetito.

    Pedimos unas tostadas de ceviche; cebolla morada, aguacate, piña chile serrano acompañaban al pulpo que pedimos estaba delicioso una michelada para cada quién fue el complemento ideal.

    Mientras nos trajeron la comida el guacamole y los totopos se acabaron.

    Las tostadas llegaron junto con la segunda michelada estaban riquísimas.

    Nos fuimos de ahí directo a mi departamento.

    Abrí la puerta y pasé a mi casa, pero él se quedó en el marco de la puerta, me miraba.

    Sus ojos se concentraban en mí.

    Yo lo esperé expectante, me descubrí mordiendo mi labio interior deseando que se acercara.

    Cerro la puerta detrás de él se abalanzó sobre mí, ya lo esperaba, yo lo deseaba.

    El peso de su cuerpo me empujó contra la pared, su mano rozó mi mejilla y siguió hasta enredar sus dedos en mi cabello con un fuerte tirón levantó mi barbilla dejando al descubierto mi largo cuello el primer beso lo depositó en el hueco que se forma justo al inicio de la clavícula.

    —¡Eres hermosa!

    Beso lento cada centímetro, provocando una sensación de placer que se expandía por mi cuerpo, una sensación de picor que se intensificó en la punta de mis senos y un fuerte calor que se apoderó de mi entrepierna, cuando por fin llego a mi boca mis labios lo esperaban con ansia con un suspiro que escapó cuando sus labios tocaron los míos, me beso lento primero y con más intensidad después. Sus labios abrieron los míos, lo dejé hacerlo. Hizo suya mi boca y la disfruto a placer mientras yo me entregaba de igual manera a saborear su lengua, sus labios, su calor.

    Con su mano libre tomó mi mano luego beso dulcemente mi muñeca, hizo un camino de besos sobre la palma de mi mano y cada uno de mis dedos hasta las yemas, introdujo uno a uno mis dedos en su boca, sus caricias eran suaves y se replicaban en otras partes de mi cuerpo luego puso su mano en uno de mis pechos lo tanteo como tantas veces lo ha hecho, primero acariciando el contorno luego una suave caricia sobre el pezón, un suave movimiento que me cortó la respiración, que sentí en mis entrañas, bajo por la línea de mi cuerpo, tomó mi trasero y me pegó más a él mientras su rodilla derecha se metía entre mis piernas, yo no podía pensar en otra cosa que no fuera ese duro musculo pegado, presionando y palpitando de una manera deliciosa contra mi parte más íntima.

    Me sentí humedecer gota a gota, poco a poco cómo lo hace el rocío matutino en los pétalos de las flores.

    Mis labios llovieron ante sus caricias.

    Mis manos se morían por tocarlo parece que me lee el pensamiento.

    —Tocame

    No me negué, mis manos cobraron vida propia y comenzaron por sus anchos hombros bajaron por su espalda y tocaron sus duras nalgas.

    Hacían ese mismo recorrido una y otra vez mientras su boca y la mía se encontraban y reconocían.

    Se separó de mí, sus ojos despedían fuego, vi algo en su mirada; era hambre, hambre de mí y eso aflojó mis rodillas.

    —Quítate la ropa, quiero descubrir la mujer que está debajo de toda esa tela.

    —Soy tu nena.

    Comencé con la torera y enseguida la blusa, luego moviendo mis pies saque un huarache para después lanzar el otro cerca de él.

    Me gire para darle la espalda, sé que le gusta ver la curvatura de mis nalgas hasta los muslos, sé que disfruta ver mi espalda al juntarse con mis caderas así que me desabroche el pantalón dándole la espalda y fui bajando lentamente para dejar al descubierto primero mi trasero para posteriormente mis piernas.

    —Hoy quiero usarte para mi placer

    Es un amo y sabe como hacer que mi cuerpo se encienda con sencillas palabras. Yo estaba dispuesta a ser su juguete y darle placer ¿alguna vez te has sentido así? Ser usada como juguete y quedar satisfecha con eso, él lo logra en mí, algo que nunca pensé.

    Pero también es un caballero y si un caballero no deja sola a una dama mientras se toma un trago, tampoco me iba dejar con hambre de él, de su cuerpo, de sus besos, de su hombría en lo más profundo de mi cuerpo.

    Baje su pantalón en la tela de su calzón se marcaba su polla despertando, los baje mirando sus ojos, de nuevo me mire en su mirada. Sentí su aroma de hombre, fuerte como él, también un poco de sudor que en este caso me enloqueció, un poco de suavizante de sus ropas, no pude aguantar para llevarlo a mi boca.

    Mi sexo brinco de ganas al escuchar su gruñido cuando lo introduje a mi boca, eso me hizo hervir por dentro y no pare.

    Empecé a besar toda su extensión, a lamer, pasé mi lengua por cada vena marcada en su polla, tomé con mi boca sus testículos metiéndolos y succionando despacio de ellos.

    Sus dedos se enredaron en mi cabello, acariciaba y sostenía mi cabeza pero me dejo llevar el control y el ritmo, acariciaba mi cabeza mientras le daba placer.

    Quería consentirlo, él me había consentido todo el día y ahora yo quería hacerlo.

    Me dejó ir hasta el final, sentí como se puso rígido, sentí sus piernas temblar mientras su espeso magma salía de lo más profundo de su ser en medio de sus gruñidos.

    Luego de unos momentos en que me pareció que sus piernas no lo sostenían tomó mi mano y me ayudó a levantar me condujo al sofá más cercano y con un suave empujón me tiró de espaldas a él.

    Sentí sus manos por mi cuerpo, acaricio mi espalda, mis nalgas fueron las preferidas.

    Recorrió mis muslos hasta las pantorrillas, luego fue su lengua, esa pequeña parte de su boca me sabe tratar bien.

    Sentí su nariz hundirse entre mis nalgas y su lengua jugueteando por mis pliegues me llevó al éxtasis de la misma forma que momentos antes yo había hecho con él.

    Entonces sus dedos y su boca tomaron el control me llevó por un viaje de placer hasta que su cuerpo recuperó la dureza y pudo penetrar mi cuerpo ansioso de él.

    —Te deseo, ya

    —Sí

    Sentí su peso sobre mi cuerpo.

    Entró en mí fácilmente, yo lo esperaba, mi cuerpo lo deseaba, mis labios palpitaban por él y lo cobijaron con mi humedad y calidez.

    De mi boca escapó un suspiro cuando sentí como me abría para él me llenó completamente y comenzó a moverse tranquilo conteniendo sus movimientos cuando yo lo que necesitaba era su descontrol sentir sus embestidas cada vez más fuertes, más profundas, más constantes…

    Me lo concedió, su ritmo cambió y poco a poco el placer me inundó de nuevo.

    Yo quería más, mucho más de él y él me lo dio, su cuerpo sudoroso cayó sobre mi espalda, sentí su corazón acelerado pegado a mí, su respiración estaba igual que la mía, descontrolada…

  • La revancha (04): Empieza el espectáculo

    La revancha (04): Empieza el espectáculo

    Sentada en el coche, respiras profundamente, en silencio, mientras no puedes dejar de pensar en la carrera, solo 15 días, dos semanas te separan de un espectáculo en el que tú solo serás una yegua sumisa y obediente. Por el retrovisor Nuria te mira, la ves y esbozas una sonrisa. Hace apenas media hora que nos hemos despedido de Lidia, se ha ido con Yoha y Zuleia, que también están de vuelta a su casa. Llegamos a un atasco, parados junto a un camión, veo como el conductor te mira, voy a distraerte un poco… te ordeno que te masturbes para él, obediente, te abres de piernas, tus manos se mueven lentamente, las hundes en tu vello rizado, te acaricias el clítoris, jadeas, mojas tus labios con la lengua, mueves tus pechos brillantes de sudor, el camionero, no deja de mirarte, hasta que unos bocinazos le hacen volver a la realidad, la circulación avanza, y el camión pronto se pierde entre el tránsito.

    Al llegar a casa, te ordenamos que te arrodilles, hay nuevas normas para este tramo final, a partir de ahora, cada día subirás hasta el desván, con Nuria practicando con los correajes, queremos que fortalezcas tus patas para cuando tengas que subir la colina. En el jardín vaciaremos unos sacos de piedras de cantera, para terminar de endurecer tus pies, te pondremos un yugo de madera en tus hombros con tus brazos atados a él, y tendrás que saltar, andar o lo que nos parezca sobre el pedregal. Tragas saliva y con un hilo de voz aceptas los nuevos retos. Agarro tus cabellos y tirando de ti, te bajo hasta el sótano, vamos a empezar ya con tu nuevo adiestramiento. De paso, también voy a enseñar a Nuria, a dominar a una yegua como tú, con tus manos en la cabeza voy poniéndote el arnés, unas correas de castigo pasan por tus hombros marcando una X sobre de tus pechos, en su interior están ribeteadas de tachuelas, otra correa rodea tu cintura, y una tercera termina en un bozal con un mordedor que llena tu boca. Te ponemos delante de las escaleras, Nuria ha de llevarte hasta la azotea, pero frenándote, tú has de llegar lo antes posible, pero ella te lo pondrá difícil, te hará correr, y a la vez te lo impedirá, te ha de demostrar que ella es quien manda, tu solo has de obedecer, si te dice que corras, corres, y si sus correas y su látigo te impide hacerlo, tú sigues corriendo, no estás aquí para pensar, sino para obedecer.

    Un azote en tus nalgas, te indica que empieces a subir, apenas si llevas cuatro escaleras, cuando las correas se tensan, tu cabeza tira hacia atrás, te encorvas, intentas frenar, pero el látigo golpea tu espalda, tu culo, y te hace seguir hacia arriba, tensas tus patas, los músculos se marcan en cada rincón de tus patas, sudas, tiras tu cuello hacia adelante, intentas vencer la fuerza de tu dueña. Por fin consigues subir al primer rellano, intentas coger aire, respirar un poco, los azotes te obligan a seguir, tu boca abierta babea sin cesar, mientras cada escalón se te hace eterno, Nuria tensa tus correas, las tachuelas se clavan en tus pechos, y gruñes de dolor, solo tu instinto te hace avanzar, Nuria también se está cansando, lo veo en sus manos, en sus gestos, cada vez más nerviosa no deja de azotarte, de gritarte, y tú sigues gruñendo, escupiendo babas y saliva, tirando con todas tus fuerzas de tus correas,

    Al llegar al segundo piso, todo tu cuerpo está temblando, el látigo ha pintado de rojo tu espalda y tu culo, te castañean los dientes, tus ojos te escuecen, empapados en sudor, pero a pesar del dolor y de las dificultades sigues hacia adelante, solo piensas en subir un escalón más, y luego otro y otro… Nuria también está envuelta en sudor, no se esperaba tanta resistencia por tu parte, tanta fuerza ni tanto esfuerzo, le digo que cuando tú eres yegua, ni piensas, ni sientes, solo eres carne sumisa obedeciendo a su dueña, el día de la carrera, solo serás músculos, sangre e instinto. Nuria tira con fuerza de tus correajes, te caes, ella tensa tus correas levantándote al momento, tu rodilla amoratada no me gusta, estamos demasiado cerca de la carrera, para que te lesiones ahora. Le digo a Nuria que pare y compruebo que solo sea un golpe, aprovechas para respirar un poco, para ganar algo de aire en tu boca abierta. Te miro, tus pechos son un mar de babas, y tu cuerpo ríos de sudor.

    El látigo resuena, otra vez te lanzas escaleras arriba, Nuria va tirando de ti, va obligándote a frenar, a obedecer a estas correas a las que estas atada. Pero sigues adelante, rabiosa, con tus dientes clavados en el cuero, con todas las venas marcándose en tu cuello estirado, otro escalón… y por fin el último rellano, solo queda el tramo final. Nuria está decidida a no ponértelo fácil, coge el látigo y golpea tus nalgas, apunta justo en el centro, el látigo gira y toca de refilón tu vulva, te arrodillas, ella no deja de azotarte, te levantas dejando un reguero de orina que no has podido contener. Finalmente, tras casi una hora llegáis a la azotea, Nuria suelta las correas, te tumbas en suelo, buscar el frescor de las baldosas, que quedan empapadas de tu sudor. Estamos contentos con tu esfuerzo, sentándome frente a ti, te levanto los cabellos, me miras con tus ojos bañados en lágrimas, acerco mi mano hecha cuenco y te ordeno que comas, vas lamiendo, sonríes, es azúcar, lames y relames hasta que no queda ni un grano, mientras, sientes las manos de Nuria acariciando tu espalda, tus nalgas, tus piernas aun temblorosas.

    Terminamos de quitarte el correaje, cada tachuela se ha clavado en tu piel, y en cada pecho media docena de gotas de sangre decoran tus tetas. Agarrada a la barandilla vas bajando como puedes, sigues temblando, la prueba ha sido tan dura, que en más de una ocasión casi te desmayas. Al llegar a la planta baja, renqueando vas hacia el jardín, hacia tus cadenas y tu árbol, caes rendida sobre la hierba, una ligera brisa eriza tu piel, tus pechos se mojan en la humedad del suelo, y te relajas un poco, con el pie voy acariciando tu culo, se te cierran los ojos, mientras oyes lejos, muy lejos el clack de tu correa engarzándose a la argolla donde te atamos cada noche.

    El sol empieza a despuntar, empiezo a acariciar tus piernas, tus nalgas, desde que Nuria termino el curso, soy yo quien te despierta cada mañana, Te giras dolorida, refunfuñas un poco, quieres un rato más de mimos y caricias, te levanto una pata, y con una esponja vieja, voy limpiándote el culo, luego te remojo bien con la manguera, el agua te despiertas de golpe tiritando y con la piel erizada. Con una esponja limpia, voy limpiando tu cara, tus labios, tus mejillas, voy recorriendo tu frente, tu cuello, abrazada a mi empiezas a buscar mi cuerpo, me mojas con tu piel empapada y fresca, estás empezando a calentarte, pero un chorro directo de la manguera en de tu sexo te corta en seco tu deseo, no es el momento, has de ir a trabajar y no quiero que llegues tarde. Una vez seca, te vistes y te vas. Por la tarde otra vez a correr por la montaña, y así un día tras otro, aderezado con las subidas a las escaleras, y con los ratos que con el yugo en tus hombros, andas en círculo una y otra vez sobre las piedras.

    Cada día estás más nerviosa, menos parlanchina, un día al salir del trabajo, no te llevo al bosque, tus patas ya estas suficientemente fuerte y tus pezuñas duras como suelas de zapato, ahora toca adiestrarte para que sepas reconocer al instante las ordenes de Nuria, ella te azotará, te gritará, te insultará, todo ello para que sigas adelante, pero hay algo más. En el jardín, te vendamos los ojos, atamos tus manos a la espalda, y te ponemos las riendas en tu bozal, no tardas en morder con fuerza el cuero, Las explicaciones son sencillas, cuando Nuria mueva varias veces y de manera rápida las riendas de tu boca de derecha a izquierda, has de estar atenta, te va a ordenar algo, sino simplemente corre todo lo deprisa que puedas. Lo prueba, tu cabeza se mueve de lado a lado, mientras las primeras babas de tu boca, mojan tus pechos. Una vez haya movido tu cabeza, dos latigazos seguidos en tu nalga o en tu brazo derecho, quiere decir que gires hacia este lado, lo mismo con el izquierdo, asientes con la cabeza. Chillas cuando dos líneas rojas se dibujan en tu nalga, intentas girar hacia la derecha, un tirón de tus riendas hacia atrás te hace parar, lo primero es esperar a que movamos tu cabeza con las riendas, Como castigo recibes un par de azotes en tus pechos. Atenta notas como tiramos de tus riendas, empiezas a andar, azota tu lomo para que corras, como puedes lo intentas, más azotes, más gritos, más castigos que te ponen nerviosa, sueltas un bufido mientras escupes saliva, de pronto con las correas Nuria marca la señal, atenta notas un azote en tu brazo izquierda, al instante otro en tu nalga, giras, oyes como aplaudo, la potrilla ya empieza a recordar como lo hicimos hace 20 años, más azotes te hacen correr, quiere que trotes dentro de la zona de piedras, algunas se te clavan en la planta del pie, te paras, pero a latigazos, Nuria te hace avanzar, lloras, tiemblas, cada paso es un infierno, un castigo que lacera tus pies, intentas salir, pero otra vez el movimiento rápido de tus correas, y un azote en tu nalga izquierda, has de girar y continuar el castigo por esa zona de piedras, finalmente te dejamos salir y con un fuerte tirón de tus correas te ordenamos parar, y como siempre tras el castigo, el premio, hoy una tarrina entera de una de las mejores marcas de comida para perros.

    Otro amanecer, te revuelves en tu rincón cuando notas mi mano tirando de una de tus patas, es pronto, muy pronto, te quejas, me dices que hoy no has de ira a trabajar, es domingo, el último antes de la prueba. Mientras limpio tu vulva suavemente, te digo que ya lo sé, hoy no tenemos prisa, hoy no tengo por qué renunciar a disfrutar de mi potrilla, tu sonrisa se hace inmensa y empiezas a restregar tu hocico por mi pierna, te quito el collar, la correa, y cogiéndote de uno de tus pechos, te llevo hasta la casa, hasta la ducha, te pongo junto a la pared, tu sonríes traviesa, buscas mis labios, mis besos, acaricias con tus pechos mi cuerpo, un chorro de agua a la temperatura que más te gusta empieza a caer sobre nosotros, una vez mojados, con mis manos llenas de jabón, empiezo a pintar de blanco cada centímetro de tu piel, tú pones tus manos ante mí en forma de cuenco, las lleno de jabón, y apretándote a mí, siento tus dedos mi cuerpo, tus manos recorriendo mi espalda, mi culo. Pegado a ti, voy enjabónate tus nalgas, mientras mi verga se endurece más y más.

    Cuando ya estamos enjabonados, abro el agua, otra vez un chorro templado va quitando el jabón de nuestra piel, te arrodillas y engulles mi verga, mientras el agua moja tu rostro, pero hoy no quiero tu boca, te levanto por los hombros y te empujo contra la pared, te agarras a mí, te penetro hasta el fondo, empalada entre la pared y mi cuerpo, con el agua acariciándote, te mueves al compás de mi deseo, de mi placer, en un vaivén que te acerca a mí, y golpea tus nalgas contra la pared una y otra vez, tu lengua busca mi boca, mi cara, bebes de ella, mientras sigue cayendo esta lluvia fina y caliente.

    Jadeas, gruñes, mientras te corres con tus manos asidas a mi culo, te fallan las piernas, pero mis manos en tus nalgas te mantienen levantada, mi leche se funde con el agua que sigue cayendo, abrazada a mi, empapada, con mis manos en tus nalgas y tus besos en mis labios, cierras los ojos, te abrazas con fuerza a mi cuello, abres la boca, te gusta beber esta agua que baja por tus cabellos, tu frente, tu nariz hasta tu boca, vuelvo a besarte, me gustas, me excitas, me encanta azotarte y castigarte, y también amarte y acariciarte, sentirte mujer, sensual y caliente y a la vez hembra salvaje y esclava.

    Abrazados los dos, aún estamos un buen rato besándonos bajo el agua, relajados, disfrutando de este instante, finalmente tras un beso en la punta de tu nariz traviesa y pecosa, paro el agua, te aferras a mí, no quieres soltarme, no quieres que termine esta ducha, no quieres dejar de ser mía… Y nunca dejarás de serlo.

    Salimos de la ducha, Nuria ya ha preparado el desayuno. Hoy no comerás tu pienso, hoy te dejaremos compartir estos bollos recién horneados, con un buen tazón de chocolate. Te decimos que pongas las manos a la espalda, lo haces y abres la boca, te acerco el primero de los bollos, lo buscas con tu boca, con tu lengua, gotea algo de chocolate sobre tu pecho, y también se te ensucia un poco la cara. Ahora es Nuria quien juega contigo, te hace el avión, tú vas girando la cara, intentando acertar su mano, ensucias tu nariz, antes de poderlo coger, nosotros también vamos comiendo, con tu lengua busca un nuevo bollo, que voy entrando y sacando de tu boca, no la cierras, este juego cada vez te calienta más, y mucho más, cuando me agacho y empiezo a limpiar con mi lengua, el chocolate que hay en tus pechos, en tu vientre. Cierras los ojos, mientras unos dedos acarician tu vulva, te sonrojas un poco, es tu hija quien está tocándote, pero hoy y aquí, solo eres una yegua obediente y dócil, que merece ser premiada por su dueña.

    Mi boca llena del chocolate de tus pechos, te besa, no puedes mover los brazos, te lo hemos prohibido, pero con tu cara relames mis labios, con tu lengua comes de la mía, mientras marrana y cachonda mojas la mano de Nuria, que sonríe satisfecha cuando ve cómo te corres entre sus dedos. Tras desayunar, te sacamos al patio, nos has pedido que sigamos con tu adiestramiento, quieres ganar, por ti, por nosotros, para convertir la plata de tu herradura en oro. Te pongo el yugo en tus hombros, te doblas un poco, pero respirando hondo, vuelves a la zona de piedras a caminar, es lo que llevas peor, y quieres mejorar, gritas “azotadme”, al instante lo oyes silbar en el aire, y enroscarse en tu cintura, chillas, pero sigues andando, sigues endureciéndote, sigues siendo la esclava que todo dueño desearía tener.

    Empieza ya la semana de la revancha, cada día que acaba, es un giro más a este nudo que crece en tu estómago, es un temblor constante de tus nervios, es recibir todo tipo de castigos por rebotarte y protestar por cualquier cosa.

    El miércoles, entregas la última carta, el jueves te has cogido fiesta, tus compañeros se despiden hasta el lunes, en la calle ves nuestro coche. Entras, y me pides una última carrera en nuestro bosque, lo dos sabemos que no lo necesitas, que todo lo que tenías que fortalecerte ya lo has hecho, pero te dejo que desnuda, corras y te desfogues durante media hora entre piedras y zarzas. Vuelves jadeando, con tus pechos moviéndose al compás de tu respiración y tus nervios. Entras en el coche y volvemos a casa, Nuria te espera con los correajes y el látigo para la subida final a la azotea, mientras te atamos, piensas en aquel primer día, en que probamos si todavía merecías ser una yegua, y orgullosa y satisfecha te lanzas hacia arriba, Nuria tensa tus correas, pero no desfalleces, sigues luchando escalón a escalón, orgullosa y sumisa, altiva y valiente, tus patas tensadas, tus pezuñas endurecidas y tu pundonor al máximo.

    Por la noche, enroscada en tu rincón, no puedes dormir, me acerco y empiezo a tocarte, me miras, te gusta cómo te acaricio, te excitas con mi mano jugando en tu entrepierna, te encanta como con solo mirarme, con solo dejarte acariciar, levantas mi verga, como aquel lejano día, en que acepte ser tu dueño.

    El sol ya ha salido, apenas si has podido dormir, te limpio con la manguera, te levanto la pata para limpiar bien tu coño con mi semen aún reseco en tus muslos, luego tu cara. Al acabar te doy la toalla, estás secándote cuando suena el timbre, te digo que abras tú, haces una mueca de enfado, desde el primer día has llevado fatal lo de tener que mostrarte desnuda ante desconocidos. Es un chico joven, se toma su tiempo mirándote, empiezas a ponerte nerviosa, vas a preguntar que quiere, pero en aquel mismo instante te da un sobre, sonríe y te desea un buen día.

    Nerviosa abres el sobre, y lanzas un chillido de alegría, es un vale para una sesión de peluquería, manicura, depilación y un masaje completo, dentro de media hora. Te doy permiso para vestirte, corres a ponerte algo, y vuelves a bajar corriendo, Nuria ya te espera en el coche, y ella misma te lleva a tu lugar de destino. Al bajar se te ilumina la mirada, también Zuleia tiene la misma tarjeta, os dais un par de besos y entráis.

    Tumbadas en la camilla, con las manos suaves de aquellas dos tailandesas acariciando vuestra piel llena de aceite, charláis contentas y satisfechas, miras a Zuleia, con su cabellera de leona recién peinada, sus uñas arregladas, el ligero color de ojos en su cara. Ella te mira a ti, tus piernas recién depiladas, tus labios perfilados, tus cabellos con sus puntas recortadas, sois dos amigas disfrutando de una mañana de charlas y risas, mientras, aquellas manos recorren tus piernas, tus nalgas, tocando en el punto exacto, con la presión adecuada, para hacerte disfrutar mientras bebes la copa de cava que te han traído. Zuleia se gira, gime un poco al notar los dedos en sus pechos, en sus pezones de azabache, tú también te das la vuelta, la chica está acariciando tu vientre, instintivamente te contorneas, te tocas, mientras ella masajea tu entrepierna, hunde sus dedos es tu vello rizado y oscuro, que también os han recortado hasta dejarlo perfectamente encuadrado. Cierras los ojos y levantas las piernas, mientras aquellos dedos no dejan de acariciarte, de cuidarte y mimarte.

    Son casi las once, cuando salís del local, la chica de recepción os da un sobre para las dos, ilusionadas lo abrís, es la dirección de una tienda de ropa y complementos muy conocida, más de una vez hemos ido a que te comprases algún vestido. Al momento llega el taxi que os han pedido. Riendo, cogidas del brazo, no dejáis de mirar por la ventana como dos colegialas. Al llegar os dicen que os estaban esperando, vais mirando por aquí, por allá, eligiendo probando, descartando, volviendo a probar, hasta que finalmente encontráis lo que buscáis, Zuleia se queda un precioso vestido blanco, con un corte lateral que le llega casi hasta la nalga, el contraste con su piel negra es total, y tras ponerse unos zapatos de tacón imposible y un bolso a juego, espera a que tú elijas, no tardas en salir, un vestido rojo a juego con tus labios, con un escote por donde asoman buena parte de tus pechos, un cinturón bien ceñido a tu cintura y unos zapatos negros a juego con un pequeño bolso que te ha gustado desde el mismo momento en que has entrado a la tienda. Y antes de salir en la caja os dan otra tarjetita para las dos. Ahora es Zuleia quien la abre ilusionada, solo hay una dirección, la de uno de los mejores restaurantes de la ciudad.

    Al salir, más de una mirada se fija en vosotros, no sois dos jovencitas bonitas, sois dos mujeres espectaculares, hermosas y atractivas. Ya estáis en un taxi, camino del restaurante, al llegar me veis, me he vestido para la ocasión, traje, corbata y esta camisa tan especial que tú me regalaste no hace mucho. Nos besamos, y entramos en el local, en una de las mesas, veis saludando a Yoha y Nuria, igual que vosotras también se han vestido para la ocasión, Yoha con un vestido azul claro de tirantes que realza su piel mulata, Nuria con un escote en la espalda que le llega casi hasta sus caderas, le dices que lo encuentras un poco excesivo y ella hace una mueca de enfado y te dice –mama, ya soy mayorcita. Todos reímos, poco a poco los platos van llegando, comemos, charlamos, contamos anécdotas, y poco a poco también vamos hablando de lo que os espera, de esta competición salvaje y brutal que continuara la que hicisteis hace 20 años. El miedo, los nervios os hacen sudar un poco, pero también os excita, sabéis que podéis páralo en cualquier momento, ahora, mañana o en el mismo instante de la carrera, porque, aunque el látigo lo lleven vuestras hijas, quien decide si si o si no, siempre sois vosotras

    Tras el postre, Yoha y Nuria se van, han de hacer algunas cosas, y yo sacando una nueva tarjeta os la doy, eres tú quien la abre, Zuleia la lee, una suite en un hotel de 5 estrellas. Me abrazas, me besas, también lo hace Zuleia, estáis tan ilusionadas que casi os dejáis uno de los bolsos. Al salir otro taxi nos lleva al hotel, allí nos enseñan la suite, un salón con vistas al mar, una habitación con todo lujo de detalles y una cama inmensa, y un par de baños, uno de ellos con un jacuzzi de película. Te desnudas y dices que va a probar el jacuzzi, Zuleia no tarda en seguirte, el agua burbujea en vuestros cuerpos, me llamáis, pero os digo que esperéis que estoy preparando una cosa. Al poco llego, os reís contentas al ver mi verga totalmente levantada, os encanta excitarme, Zuleia se acaricia los pechos, y tú en cuclillas, engulles mi rabo hasta el fondo. Sentado entre las dos, sé que no durare mucho, saco tu cabeza del agua, Zuleia se tumba sobre mí, sus pechos retozan en mi pecho, acaricio sus piernas depiladas, juego con su pubis recortado, mientras ella busca mis labios, mis besos. Agarrándola por sus nalgas, hundo mi verga en su coño mojado y caliente, ella jadea mientas voy moviéndome, moviéndola, tensa todo su cuerpo mientras me estruja todo lo que puede, y nos corremos entre espasmos de placer. Tu no dejas de mirarnos, de besarme, de besarla, tus dedos juegan dentro de ti, te acaricio las mejillas y te digo que tranquila, que la noche es larga, y habrá momentos para las dos.

    Más relajados, pongo un DVD en el televisor que hay justo delante del jacuzzi, pones tu cabeza en mi hombro, acaricio tus cabellos, mientras mi otra mano, va jugando con los pechos de Zuleia, las dos sonreís al ver que son vuestros videos, los que grabaron hace 20 años, tú no has visto nunca el de Zuleia, y ella no conoce el tuyo. No perdéis detalle, con mi mano en el agua, voy acariciándote, gimes levemente, te gusta mi mano en tu clítoris, mis dedos sabiendo encontrar este punto de deseo que escondes entre tus piernas. Es tu video, Zuleia no deja de fijarse en tu cara, tu esfuerzo, tu rabia, reconoce que hasta el final pensó que la ganarías. Tú le pellizcas el culo, y le dices que este año la ganarás, ella te besa y te dice que esto se verá en la carrera, realmente lo que más os apena a las dos, es que una de vosotras no puede ganar.

    Tras el video tuyo, pongo el de Zuleia, la cámara se entretiene en sus piernas largas y fuertes, en su cuerpo fibroso, la voz en off habla de una autentica yegua africana, ella ríe, es inglesa, aunque sus padres si que eran keniatas. Entre bromas, caricias y arrumacos va pasando la tarde, decidimos cenar en la habitación, al poco el camarero llama a la puerta, las dos le abrís, desnudas y hermosas sonreís. Y cuando va a salir, le decís que la propina la tendrá que buscar él. El camarero sonríe, y tras pedir perdón, pone su mano dentro de Zuleia, está un rato acariciándola, tocándola, nota perfectamente el billete, pero no tiene prisa por cogerlo, al final lo saca sucio y mojado, lo limpia en sus pechos, y se lo guarda, ahora te mira a ti, muy correcto también te pide perdón, acaricia tu entrepierna, juega con ella, antes de entrar sus dedos en tu interior, respiras hondo mientras él pellizca tu clítoris, te hace estremecer, te muerdes los labios mientras sigue con sus caricias, luego saca el billete, y lo limpia en tus nalgas, tú le coges la mano y con tu lengua, vas limpiándole cada uno de los dedos empapados de ti. Cogiéndote por la barbilla te besa hasta el fondo de tu paladar, luego besa a Zuleia, y deseándoos una feliz estancia se va.

    Tras recuperar fuerzas con la cena, tumbados en la cama, seguimos charlando, riendo, follando, te encanta cabalgar sobre mi verga, mientras Zuleia te besa los pechos, los labios. Tumbada en la cama, ella lengüetea golosa toda la corrida que va rebosando de tu coño, pero el reloj sigue girando, y finalmente, cansadas, satisfechas, relajadas y expectantes ante el día que os espera, termináis por dormiros, yo no tardó en hacerlo, con mi cuerpo pegado a vosotras, sintiendo el ronronear de vuestra respiración y el tacto húmedo y suave de vuestros cuerpos.

    Me despierta el sol entrando por el balcón, te veo a contraluz, sigues teniendo un culo increíble, estás apoyada en la baranda, mirando el mar, con tu piel erizada por la brisa marina, voy junto a ti, te beso, reclinas tu cabeza en mi hombro, me miras, has llorado, me dices que tienes miedo de volver a fallarme, de volver a perder, te acaricio, te beso, y te digo que las dos ya habéis ganado, las dos sois insuperables y las dos vais a demostrarlo, y no será una herradura, lo que os haga mejores o peores… y ahora vamos a despertar a la dormilona de Zuleia, que ya es hora.

    Corres hacia la cama y saltas sobre ella, haciéndole cosquillas por todo su cuerpo, ella se mueve, ríe, y en pocos minutos ya está levantada. Tras ducharnos, salimos del hotel, nos está esperando en la puerta Yoha, montamos en el coche, y nos dirigimos a nuestra casa, allí Nuria está terminando de preparar los últimos detalles. Al bajar del coche, le das la mano a Zuleia, se os hace un nudo en la garganta, veis un remolque para el transporte de caballos de carreras, es donde iréis vosotras cuando salgamos. Las últimas horas pasan rápido, y tras una comida ligera, llega el momento

    En el jardín, bajo un sol que brilla en vuestra piel, Nuria y Yoha os van preparando, primero el mordedor bien cogido a las bridas y al bozal, con la boca abierta, notes el olor, el sabor a cuero en tus dientes, Yoha también muerde con fuerza. Luego os van poniendo el correaje, Nuria va cerrando los distintos anclajes. Oyes gruñir a Zuleia, Yoha está entrando en su culo el consolador-cola que llevará estos días. Tú aprietas los puños mientras notas las manos de Nuria separando tus nalgas, al instante también estás ensartada. Ponen en vuestros cuellos el collar con la herradura, el collar con el que empezó todo. Mientras os van preparando, voy grabando cada instante, cada gemido, cada rincón de vuestros cuerpos, es el primer minuto de un rodaje que será largo, muy largo.

    Tirando de vuestra correa, os acercan al vehículo, notáis en vuestros pies el heno que llena todo el suelo. Primero te suben a ti, Nuria te lleva hasta el fondo, te gira, estira tus brazos hasta encadenar tus muñecas a unas argollas, ata tus correajes a una barra central, acaricia tus mejillas, te un par de besos y con una palmada en el culo, te dice que hasta pronto. Ahora es Yoha quien sube a su yegua, encadenada y atada como tú, queda frente a ti, os miráis asustadas, nerviosas, inquietas, Yoha también la besa, y dándole un par de palmadas en sus tetas, os dice –Portaros bien.

    Oís como se cierra el portón, el silencio solo está roto por vuestra respiración agitada e intensa, de pronto oís el motor del coche, y os empezáis a mover al ritmo de la carretera, sabéis que más o menos hay dos horas de viaje, desnudas, atadas, con vuestro culo atravesado por un consolador, con la boca abierta, y un cielo que asoma por las pequeñas ventanillas que hay en la zona superior del vehículo, solo os podéis mirar y esperar.

    Te duelen los brazos, las piernas, tus pechos están empapados de tus babas y el trayecto continua, sin reloj, sin nada que te oriente, los minutos se hacen eternos, ya hace rato que hemos dejado la autopista, y a medida que la carretera se vuelve camino, vuestro corazón se acelera, gruñís, pataleáis, os movéis todo lo que las cadenas os dejan, de pronto el vehículo se para, oís música, gente, ruido. Aun os tienen un buen rato en el vehículo, al final se abre el portón, y quedas bocabierta, Nuria lleva botas negras altas, un mono de cuero rojo intenso que la cubre desde el cuello hasta los tobillos, ceñido, marcando en él cada una de sus curvas, su cabellera cae suelta sobre su espalda, sus labios pintados de rojo y en sus manos enguantadas, una fusta. Tras ella entra Yoha, la única diferencia es el color negro intenso de su mono de cuero y un pelo rizado muy parecido al de Zuleia. Os van desatando, cuando te quitan las argollas por fin puedes desentumecer un poco tus brazos, antes de salir limpian vuestros pechos de las babas que los han ido mojando durante el viaje, os retocan un poco el maquillaje de vuestros labios, de vuestros ojos, os atan las manos a la espalda, y satisfechas de sus yeguas tiran de vuestras correas, la primera en salir es Zuleia, un aplauso atronador llena el lugar. Cuando sales tú, se repite el aplauso, decenas de flashes, varias cámaras grabando, focos por todas partes, y un speaker narrando en directo la llegada de las dos yeguas veteranas, las dos “mamas” que van a competir tras 20 años de espera, en la carrera más dura y salvaje que cualquier esclava pueda temer.

    Levantas la cabeza, erguida muestras orgullosa tus pechos, andas satisfecha tras tu dueña, moviendo tu culo, marcando cada paso, la gente no deja de mirarte, tu cuerpo estilizado, sin un gramo de grasa, tus pechos sensuales, los pezones duros como piedra. Delante va Zuleia, también ella se muestra en todo su esplendor. Vuestras dueñas tiran de vuestras correas, y os llevan hacia una carpa que se ve al fondo. Al llegar, Yoha mira a Nuria, las dos sonríen, todavía es pronto, y tirando de vuestras correas, os llevan hacia la gente, al instante decenas de manos acarician tus pechos, toquetean tu culo, recorren tus piernas, uno de los hombres pregunta algo a Nuria, ella dice que si, notas su mano en tu entrepierna, va moviéndose entre tu vello rizado, notas sus dedos rozando tu vulva, jugando con tu deseo, con tus gemidos. Oyes a Zuleia, también ella está siendo acariciada, magreada, alguien juega con sus pezones, ordeña sus pechos. Tú empiezas a moverte, a contornearte con aquellos dedos en tu interior, una boca besa tus mejillas, recorre tus labios abiertos, alguien mueve la cola que llevas ensartada. Una verga se pega a tu espalda, usa tus manos para masturbarse. De pronto alguien sale de la carpa, os dice que todo está listo, ya podéis pasar, un tirón os arranca de entre la gente, la mano que estaba en tu coño sale de él, le miras con tristeza, ha faltado poco, muy poco para correrte entre sus dedos…

    (Continuará)

  • Cumpliendo una fantasía lésbica

    Cumpliendo una fantasía lésbica

    Conocí a una chica de unos 27 años. Muy guapa, de senos grandes, redonditos y muy firmes, que a cualquier hombre o mujer desearía tener entre sus manos y poder besarlos y masajearlos. Con unas nalgas muy paraditas y deliciosas, de verdad una mujer muy sexy y deseable, un tanto bajita de un metro cincuenta y cinco más o menos, más bajita que yo, en fin. Charlábamos por la App pero después nos contactamos por otra App más íntima, y es entonces que coqueteábamos y bueno un día quedamos en vernos, quedamos en que yo iría a verla en su departamento, me envió su ubicación y fui a verla.

    Cuando la vi, estaba yo muy nerviosa, puesto que ella era lesbiana y yo solo quería experimentar y tener sexo con ella. No sentía deseos, sino solo nerviosismo al comienzo, después comenzamos a entrar en confianza y pues resulta que nos agradamos mucho y seguimos charlando por más tiempo. Hasta que llegó el día indicado y decidimos ir a un motel a las afueras de la ciudad, quedamos en que yo la recogería he iríamos a pasarla bien. Ya que antes de ello, nos excitamos por mensajes y nos decíamos cuanto nos deseábamos y que tan rico nos la pasaríamos juntas en un jacuzzi a solas, desnudas y con un deseo desenfrenado, e inclusive llegué a masturbarme mientras la escribía, porque en ocasiones teníamos conversaciones subidas de tono, como que ella me chuparía todo mi clítoris mientras yo grito de placer y cosas así.

    Cuando llegó el día, nos vimos, nos saludamos, e inclusive nos perdimos un poco porque no nos acordábamos la ruta donde quedaban los moteles, puesto que cuando yo he ido nunca he manejado y además ha sido de noche y no se veía el camino, lo mismo le pasaba a ella. Por lo que, disfrutamos un poco del camino mientras charlábamos. Al entrar a la habitación, estaba nerviosa, pedimos algo de comer y beber, mientras yo me quitaba los pantalones y bueno no llevaba brasier por lo que mis pechos estaban erectos por la excitación que en ese momento tenía.

    Ella hizo lo mismo, se quitó los pantalones y se recostó en la cama, yo me posé en el filo de la cama y charlamos un poco, decidimos ir al jacuzzi y continuar la conversación allí, en un momento, decidí cogerle por el cabello y acercar su boca hacia la mía y nos sumergimos en un apasionado beso, metí mi lengua en su boca y ella en la mía, me excité tanto al sentir sus labios y su saliva mezclarse con la mía que acerqué mi cuerpo y enlacé mis piernas en su cintura y froté mi vagina con su pubis que sentí que tendría un rico orgasmo, de tanta excitación nos recostamos en el jacuzzi y ella empezó a frotar su cuerpo y vagina con la mía, yo estaba abajo y mis piernas seguían en su cintura, ella gemía y se notaba la excitación y lo rico que se la estaba pasando, me decía:

    «Mi amor, que rico, quiero más» mientras movía su cintura y sus senos tan hermosos brillaban por el agua que corría por ellos.

    «Te gusta, mi amor?» Le preguntaba y ella solo gemía y me decía que le encantaba sentirme.

    Llegamos a un punto en el que decidimos ir a la cama para estar más cómodas y entonces, me puso boca arriba, ya que no tenía yo nada de experiencia, entonces bajó por mi abdomen besando cada parte de mi cuerpo, hasta que llegó a mi vagina y empezó a chuparme tan rico que no tardé en gemir y gritar de placer, ese placer que ningún hombre me había hecho sentir, su lengua se introducía por mi vagina, mientras que ella, se tocaba los senos y su vagina con las manos, eso me excitaba demasiado, además decía:

    «¿Quieres que siga, te gusta?» y yo solo respondía que «Sigue mi amor, me encanta, sigue, no pares»

    Subió hasta mi boca, saboreé mi vagina, y empezamos a besarnos tan rico y puse mis piernas sobre su cintura y empezó a frotar su vagina contra mi pubis y se movía delicioso, yo no aguanté más y tuve un orgasmo increíble, me mojé tanto que eso le hizo excitar de tal manera que me hacía gritar del placer, ella metió sus dedos en mi vagina y empezó a moverlos riquísimo que yo no soporté más y me corrí en su cara. Luego empecé a frotar mi vagina con su pierna para concluir con un orgasmo más grande. Pero ella quería llegar al suyo y yo solo quería más de esa rica sensación.

    Me volteó y empezó a lamer mi ano y mi vagina, introdujo un dedo en mi vagina y empezó a tocarse su vagina, apoyó su cuerpo sobre mi espalda y sentía sus senos erectos, tan ricos y ella los movía para que yo sintiera sus pezones duros y bien parados.

    Me di la vuelta y ella puso su vagina en mi cara y empecé a lamerle esa vagina tan linda y rica que tenía, mientras ella movía sus caderas y mi cara quedó llena de mi saliva y de sus jugos, estaba tan mojadita que sus gritos se escuchaban tan fuerte que me excitaba cada vez más.

    Estaba tan excitada que enderezó sus piernas con las mías haciendo una tijera tan rica, sentía su vagina tan húmeda rozando con la mía, que sus jugos corrían por mi vagina que estaba bien abierta y dilatada que nos frotamos tanto que finalmente ella llegó a un orgasmo intenso al mismo tiempo que yo, cayendo exhaustas en la cama, besándonos y tocándonos nuestras vaginas llenas de nuestros jugos vaginales.

  • Conectados

    Conectados

    Entonces saqué su mano de encima de mí y me giré, a la vez que envolvía la sábana sobre mi espalda. Otra noche de inquietud y dudas, de sentir que todo el esfuerzo se desvanece en una eterna espera por esa palabra o gesto. Tanto más atractiva es la pared del fondo de la pieza, con sus infinitas posibilidades que mi mente puede proyectar, imaginando todo eso que simultáneamente pasa en este preciso instante, en esta helada noche.

    Tiendo a pensarte, imaginarte sola, con el mismo desvelo y girando en ti misma. No me cabe en la cabeza que no sientas las caricias que van recorriendo mi cuerpo en este minuto. Que tu piel no reaccione y tu respiración no se agite.

    Acá todos duermen, todos menos nosotros, pero no estás. Eso parece, sin embargo, sientes como mi mano recorre el elástico del viejo buzo que uso de pijama, y así baja por la cuenca entre mi abdomen y cadera. Respiras más profundo, así te giras incómoda ante esta sensación de deseo prohibido, mientras tus manos emancipadas empiezan a recorrerte suave y lentamente.

    El amparo de la soledad nos libera, acá estamos cada cual con sus pensamientos y sus deseos profundos. ¿Cómo será cuando nos veamos? Será que en el fondo de esas sonrisas está la complicidad de la memoria de la piel, de cuando el contacto se vuelve más claro y decidido.

    Así voy poco a poco, gozando este enredo mientras con mi mano decidida agarro la base de mi pene y a tu mismo ritmo empiezo el trabajo de sentirte a distancia. Sé que estás ahí, libre en tu casa, frotándote entre almohadas y con la mente a mil por hora. Lo que daría por entrar en tu cama, tomarte un pie y olfatearte lentamente, desde tu empeine hasta tus caderas.

    Siempre he creído que el tobillo, y en mayor medida la rodilla, son los diques que enfrenta el placer para recorrer las piernas. Como caja fuerte, se deben escuchar y sentir hasta descifrarlos, solo ahí estarán tus muslos a mi disposición.

    La simple idea estacionar mi cabeza entre tus piernas, me provoca un latido intenso, así como una erección cada vez drenada. Puedo imaginar nítidamente el aroma que comienzas a desprender, así como el movimiento nervioso de tus labios.

    Tus nalgas reciben hambrientas mis manos que las aprietan con fogosidad, en ese instante te giras y quedas boca abajo. Juntas tus manos firmemente para cargar todo tu peso sobre ellas y así comienza este vaivén en que fusionamos nuestras sombras. Yo acá, tu allá, tocándonos cada vez con más ímpetu.

    Tu pelvis lentamente se retuerce sobre tus puños que reciben el peso de todo tu cuerpo, puedo ver tu sonrisa cómplice mirando la ventana, buscándome. Por mi parte, voy apretando más y más fuerte, incluso añado un toque de aceite para aumentar esta sensación.

    Imagino tu cara desfigurándose, saliendo de esa compostura que siempre debemos sostener cuando nos vemos y que los dos sabemos incompleta. Soltando tus emociones atascadas. ¡Háblame! Te estoy escuchando… Cuéntame esas cosas incorrectas del día a día, esa inseguridad y esos logros inconfesables. Quiero verte desnuda, sola y sincera.

    Quiero tomarte, saber tu real tamaño, la posición de tus huesos y las marcas de tu piel. Quiero sentir tu instinto y tus movimientos libres, sin culpas ni dudas. Quiero que nos acerquemos, escuchar tu respiración agitada descargando palabras que ni tu esperabas decir jamás. Y así mostrarme yo también, desde la entereza que da la fragilidad.

    Mis testículos se pasean entre mis dedos con un palpitar incansable, engañados con este relato que mi mente les ofrece. Claman por tu piel y tu aroma, estafados por esta soledad sincera, pero sola. La frustración de la realidad está al acecho y me hace correr, así voy aumentando el ritmo de mis movimientos.

    Tu imagen empieza a difuminarse por lo que decido ponerme de rodillas, para así sentirte mía. Mientras me masturbo, con mi otra mano tomo tu garganta, eres todo lo que tengo de ti y no te dejaré escapar. Puedo sentir el placer que te provoca sentir mi fuerza, mi cuerpo de hombre y en un acto de profunda confianza te entregas a la asfixia y al forcejeo.

    Imagino tus tetas endurecidas moviéndose al compás de estos movimientos que ya se han desbocado, mientras tu misma posas tu mano en tu cuello para sentir el vigor de mis dedos hundiéndose en tu piel. Sé que te estimulas cada vez más intenso y que mis propios gemidos te acompañan. ¿Cómo no va a ser así?

    Te recorres con fuerza, como si me estuvieras buscando en tu propio cuerpo. Llegas a clavar tus uñas en la zona interior de tus muslos, como escarbando para encontrar algo, para luego retirar de una vez tu calzón empapado. Estás tan caliente que ni siquiera debes estimularte la de forma directa, basta con retorcerte entre las almohadas y respirar cada vez más rápido. Sabes que ya estoy dentro de ti y que toda mi energía esta puesta en sentirte.

    Ya no tengo control de nada, te imagino de rodillas dándome la espalda. Imagino tomar tu pelo y tu cuello con mi mano derecha, mientras te manoseo el culo con la izquierda y mi pulgar recorre tu ano que se contrae cargado de electricidad. Así te penetro, en tu casa y en la mía a la vez, somos uno en esta danza prohibida que tristemente así se quedará.

    Tus gemidos y gritos se mezclan con los ruidos de la noche, mientras mi jadeo solo va en aumento. Los golpes de mi pecho y la tremenda hinchazón de mi pene solo avisan lo inevitable. Podría parar, pero no quiero, te quiero a ti aquí y ahora, te quiero así. Sola, desnuda y sincera.

  • El vecino se divierte

    El vecino se divierte

    Desde hacía un par de meses llevaba viviendo con mi novia, Amanda. Ella tiene 25 años y yo 28. Más de uno se sorprendió cuando dimos el paso de irnos a vivir juntos, pero después de ese tiempo, tengo que reconocer que fue un acierto. La convivencia nos había unido más, y no había permitido tener la privacidad de la cual no gozábamos antes. La casa no era ningún lujo, pero para nosotros dos era más que suficiente. Tal vez el único defecto era lo mal aislada que estaba la casa. Teníamos dos vecinos que escuchábamos algunas veces, e intuíamos que ellos también a nosotros. A decir verdad, a la pareja mayor de la derecha rara vez la escuchábamos; tan solo cuando hablaban alto o había un ruido fuerte. El problema venía con el vecino de la izquierda. Digamos que era más ruidoso. La mayoría del tiempo no lo escuchábamos tampoco, pero te podíamos decir que cada vez que subía a alguna amiguita, dejaba constancia con sus berridos y aullidos que estaba acompañado.

    El tipo no era nada agraciado, tanto que Amanda y yo suponíamos que gran parte de sus amiguitas por la itinerancia entre ellas, eran mujeres de lo privado. Antes de llegar a casa lo había encontrado sentado en una terraza tomando café con Omar. Omar había venido de Marruecos hace años y había abierto una tienda de productos de alimentación en la esquina. Teníamos una relación bastante buena con Omar, el cual me saludó con el brazo y con una sonrisa. En cambio, mi vecino no profirió más que un gruñido con una mueca. No tenía ni idea de cómo se llamaba después de todo este tiempo, y no me había interesado. Sentado en aquella silla de metal donde apenas cabía, me había dado más asco que de costumbre. Bajito, con barriga y medio calvo; no era el ejemplo de sex symbol al cual estamos acostumbrados. No mejora su aspecto al ir siempre mal peinado y a medio afeitar. Pareciese que estaba constantemente volviendo de fiesta; y a su vez, unos cincuenta años, eso no era positivo.

    Un golpe me sacó de mis pensamientos. Mi vecino había vuelto y cuando tomaba un par de cervezas se volvía aún más ruidoso. Entre sus pesados pasos, puede distinguir unos pasos más ligeros. Era un hombre con suerte y mi vecino me iba a deleitar con otra sesión de berridos y aullidos. Solo esperaba que acabase antes que llegase a Amanda. Puede escuchar como esta vez, por la voz de mi vecino, se había quedado en el salón. Era raro porque normalmente iban a su habitación, la cual al no estar pared con pared con mi piso, el sonido amortiguaba más; pero desde el salón, se escuchaba todo más.

    Escuché el tintineo de dos vasos al chocar. Imaginé que estarían bebiendo algo y que había aprovechado para brindar. No escuchaba ningún plato así que estarían en el sofá. Él con sus dedos rechonchos sujetando y la otra estaría tocando el muslo de la chica. Estuvieron sin hacer ruido durante un rato, él estaría apurando la copa, mientras que clavaba su mirada en sus tetas, muslos o culo. Ella haría lo propio, esperando que el gordo se decidiese a avanzar. No le di más importancia, y durante unos minutos, la casa volvió a la tranquilidad habitual, hasta la voz ronca de mi vecino rompió el silencio:

    – Nos vamos a quedar aquí en el salón. Es más espacioso y tiene mejor acústica. Así que… levántate, putita, y desvístete para mí. Quiero ver esas tetas y ese coñito.

    Había dicho con cierto retintín la palabra putita, pero dejaba claro que la única forma que tenía semejante ser de poder follar era pagando previamente. La chica debió de obedecer porque mi vecino iba acompañando el desnudo con frases del tipo: “Dame tu sujetador”, “¡Qué ricas tetas de zorrita!” o “Estás hecha toda una mujercita, zorra”. Esta última me hizo pensar que la chica no tendría más de la veintena de años. Mi vecino alguna vez había dejado claro que a él le daba igual la chica mientras se la pudiera follar, pero sentía cierta predilección por las jóvenes. Le pidió que se acercara para que pudiera manosear y lamer sus pezones, y después de una fuerte cachetada en el culo, le volvió a decir que se bajara los pantalones y que no eran los pantalones.

    Por el sonido, los pantalones de ella habían caído y por el sonido de los muelles del sofá, él se debía haber levantado. Debía de estar contra la mesa del comer, con el culo en pompa porque se escuchaban los azotes que le daba mi vecino. No llegaba a alcanzar a escuchar lo que le decía pero podía imaginar que sería algo: “Buen culo, zorra” o “¿te gusta que te traten así puta?”. Y qué podría responder ella más que un sí o un gemido entre dientes. Tienes a un gordo ordenándose desnudarte y sobándome por dinero, no le vas a mandar el carajo que es donde debería de estar. Además de los azotes, mi vecino seguro que estaba tocándole el coño por encima y debajo del tanga, sobándole las tetas y aprovechando para besar su cuello. No sé si fue él quien le bajó el tanga o fue ella misma, pero ese trozo de tela había caído cuando mi vecino bramó:

    – ¡Mira que cuerpo de puta! Buenas tetas, buen culo, esa cara que pide una buena polla. Te voy a meter una follada que vas a volver todos los días a pedir más.

    Mi vecino siempre hablaba de esta forma. Obscena y altanera. Amanda me había comentado en algunas veces que esa parte lo odiaba, que no podía entender cómo a alguien le podría gustar. Miré el móvil para ver si Amanda iba a llegar tarde porque por las horas ya debía de haber llegado a casa pero no encontré ningún mensaje. Dejé el móvil otra vez en el sillón, y volví a seguir ordenando el salón. Mi vecino habría aprovechado en esos segundos para seguir manoseando a la chica, la cual se vería rodeada de sus brazos gordos y flácidos y sus dedos que iría jugando con cada parte de su cuerpo.

    Escuché como se caían sus pantalones por el golpe del cinturón contra el suelo. Escuché como los arrastraba con el suelo para apartarlos a una esquina. Seguro que ya estaba desnudo, delante de ella, exhibiendo esa semejante barriga y ese cuerpo lleno de pelo. Seguiría igual o peor de despeinado y tendría una risa estúpida mirando a la jovencita con descaro. Los muelles del sofá se volvieron a quejar por el peso.

    – Venga, arrodíllate. Quiero ver que eres capaz de hacer con esos labios carnosos que tienes y con tu lengua de guarra. Saborea bien que te va a gustar.

    La chica lo empezó a hacer porque mi vecino empezó a soltar bufidos entrecortados. Los acompañaba con algún: “Menuda boquita” o “Más, puta, más”. Los muelles chirriaban rítmicamente e imaginaba al gordo con sus manos tras la nuca de la chica obligándola a que cada vez tragara más. Puede escuchar alguna arcada de la chica y como alguna vez escupía para salivar el miembro del vecino.

    – ¿te gusta chupar? ¿Sabes qué te va a gustar más? El beso negro. Mi vecino debió de moverse en el sofá para acomodarse por los muelles se quejaron como nunca antes.

    – ¡Venga! Mete tu cabeza y tu lengua o lo tendré que hacer por la fuerza.

    Era una imagen que no quería tener. Mi vecino con las piernas para arriba mostrando su culo peludo mientras la chica metía su cara y lengua para llegar a su ano. Los bufidos del vecino volvieron a inundar la habitación continuando con su retahíla de insultos. Debía de estar disfrutando porque durante un rato, solo se escucharon gemidos lastimeros de mi vecino. Volví a buscar el móvil para ver si Amanda llegaba pero no tenía ningún mensaje. Se habría retrasado en el trabajo, o tal vez, se había encontrado a alguien y se le había hecho tarde. Casi hasta agradecida que estuviera perdiéndose la acción del vecino. La situación no acababa de ser cómoda y pasábamos un rato raro sin saber muy bien que decirnos. Además, hoy, se había incrementado al decidir qué hacer en el salón. Parecía que el tío lo había pensado así para que se escuchase mejor.

    – Eres una muy buena puta con esa boca. Ahora súbete y cabalga. Y no se te ocurre tocarme con esos labios de guarra que tienes ahora, porque te pegó dos bofetadas. Súbete que quiero acabar y no me quiero cansar.

    Los muelles del sofá volvieron a rechinar al compás de los movimientos de la chica. Este sonido se mezclaba con los bufidos del vecino y algún que otro gemido de la chica que iba ganando terreno. Mi vecino debió de enfadarle los gemidos de ella, y le dijo que no gimiera, pero a ella se le seguían escapando de forma furtiva.

    – Si no sabes estar calladita mientras follas conmigo, tendré que enseñarte. Yo no soy tu novio para que te dediques a armar escándalo. Quítame los calcetines y mételos en la boca. No quiero escuchar sus gemidos de zorra.

    Estoy seguro que la chica lo hizo. Volvieron los chirridos y los bufidos de mi vecino pero no escuché ningún gemido más. El ritmo fue en aumento y mi vecino ya no se cortaba con los insultos. Me imaginaba a la chica cabalgando sin poder soltar un gemido con las manos y boca del vecino recorriendo todas sus partes del cuerpo.

    Sonó un último bufido antes de que todo volviese a quedar en silencio. Todos sabemos lo que pasó.

    – ¿Te ha gustado, puta? ¿Te gusta que den la lechita en el coño? No me mires con esa cara, seguro que tomas la píldora como todas las guarras y alegrarla un poco que he notado como te corrías. Esto te ha gustado tanto a mí como a ti. No sabes que ganas te llevaba teniendo y no esperaba que fueras tan guarra. Se me ocurre una cosa, zorra. Vente la próxima semana. Voy a invitar a un amigo moro que tiene una tienda aquí en la esquina que ese si que te tiene ganas y es un cabrón con las tías. Si que os sabe follar. No vas a poder volver a follar si no es con él.

    No volví a escuchar nada más, se debieron de vestir e ir al baño. Al rato, la puerta de mi vecino se abrió y salió la chica. Un par de minutos más tarde llegó Amanda, no le iba a contar nada de lo que había pasado, y me alegraba que no hubiera tenido que soportar el momento del vecino. Entró, me saludó con una sonrisa y me dijo que se iba a duchar y que venía muy sudada del trabajo. Después cenaríamos fuera. Me alegré por la invitación y porque con el tema del vecino me había distraído de hacer la cena.

    Comenta y di si quieres la segunda parte… Quién te gustaría ser: el chico, el vecino o la chica. Y comentaba sobre quién era la chica, cómo era y lo que quieras.