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  • Aventuras y desventuras húmedas: Segunda etapa (9)

    Aventuras y desventuras húmedas: Segunda etapa (9)

    Era un caballo desbocado dando zancadas de varios metros. Cualquiera que le hubiera visto pensaría que huida de la misma muerte, pero no había nadie que le viera, ni siquiera su hermana, que ya comenzaba la última recta en dirección a casa.

    El corazón le estallaba y no del cansancio por la carrera, sino por la tensión de lo prohibido. Había llegado al portal en menos de dos minutos cuando caminando hubiera necesitado mínimo cinco. Llamó al portero con los pulmones ardiendo, menos mal que nadie preguntó, solo aulló el sonido de la cerradura metálica abriéndose. Si hubiera tenido que decir una mísera palabra, no hubiera podido.

    Esperó al ascensor, primero porque debía descansar y segundo porque se quería hacer un poco de rogar. “A buenas horas” saltó su mente racional, “como si Alicia no supiera a lo que vienes”. El ascensor le dejó en el quinto piso y la puerta de más a la derecha ya estaba abierta. Allí posaba su amante, Alicia, con un pijama corto y unas zapatillas peludas que asemejaban un conejo.

    Dio el primer paso acercándose a la joven. Una pequeña voz en su interior le decía que recordase a su novia, que Marta no merecía eso, pero era algo tan lejano… un eco venido de la cima de un monte que no se podía escuchar.

    Alicia comenzó a cerrar la puerta, sin embargo, antes de conseguirlo el chico que tan ardiente parecía, ya la había rodeado con sus brazos y comenzaba a besarla. Los besos se sucedían sin parar, el sabor a alcohol no les parecía para nada desagradable y mientras la puerta se cerraba con brusquedad, la jovencita era alzada en brazos.

    Las manos de Sergio aferradas con dureza a las nalgas de la joven la llevaban en volandas por el descansillo. Toparon con una pared y Alicia movió la cadera para sentir algo que la golpeada, era el pene del joven que ya venía preparado.

    —Sigue el pasillo y a la derecha.

    Pudo decir la muchacha mientras sus lenguas batallaban con ferocidad. Sergio la llevó sin soltarla ni por un momento, recorrió el pasillo y después se paró en la puerta de la sala. Allí se adentró y la depositó en el sofá, se sentía con tanta fuerza que la chica apenas le pesaba más que un papel. La adrenalina en su cuerpo, sumado a lo caliente que estaba le hacía sentir que podía hacer cualquier cosa.

    —Me has hecho esperarte un poco —saltó Alicia sentada contra el respaldo del sofá.

    —Ahora lo compenso —Sergio no quería hablar, solo pensaba en una cosa, sexo.

    Se sentó a su lado y con ganas pasó su mano por la pierna desnuda de la muchacha que rio al notar el cosquilleo que le producía. Los dedos curiosos avanzaban por la suave piel que a cada centímetro se erizaba aún más. Estaba muy cerca del pequeño pantaloncito que cubría una zona que Sergio deseaba probar, unos pocos milímetros le separaban, apretó esa parte del muslo con ganas antes de llegar.

    Sin embargo, Alicia le detuvo. Colocó su mano en la muñeca del chico y paró su avance sin ofrecer ningún motivo. Le miró con ojos deseosos, no se comprendía que podía pasar y menos una mente como la de Sergio que entre la calentura y el alcohol se había vuelto la de un chimpancé.

    —¿Está todo bien? —preguntó Alicia con su mano aferrando la del joven.

    —¿Cómo?

    —Lo digo por tu novia.

    —No creo que sea el momento de hablar de eso. —casi se sentía indignado porque Marta saliera en ese instante, si nunca hablaban de ello por algo sería.

    —Lo que no me apetece es que mañana estés mal, quiero que no te arrepientas.

    —Si estoy aquí, no creo que me vaya a arrepentir. —no sabía lo que decía.

    Sergio lanzó un beso que Alicia evitó colocando su mejilla donde deberían estar los labios. Comenzó a besarle poco a poco y al llegar a su oído, la amiga de Laura susurró.

    —¿Esto lleva a algo más?

    —No lo sé. —el joven torció el gesto, para después sonreír al notar un pequeño mordisco de la chica— ¿Quién sabe? Mañana lo podré pensar mejor.

    Alicia aspiró con fuerza, le agarró el rostro y girándolo hacia ella, le besó con toda la pasión que tenía dentro. Sin dejar pensar al muchacho, se montó encima de él dejando una pierna a cada lado. Sus manos calientes por el ambiente acogedor del hogar pasaron por el pecho de Sergio levantando la camiseta y el jersey. Contrastaban con los dedos gélidos del joven que trataba de calentarse apretando con fuerza sendas nalgas.

    —Estaría bien que quisieras algo más —dijo en un momento Alicia separando los labios.

    —Veamos que pasa hoy y pensaremos mejor en unas horas.

    La joven con rapidez cogió la parte baja de su camiseta de pijama y con unos pómulos rojos e inflamados debido al erotismo, se la quitó de golpe, dejando que cayera en el sofá.

    —¿Te gustaría tener esto todos los días?

    Alicia se pasó sus manos por los senos haciendo que los pezones rosados se le endurecieran levemente. Las nalgas de la muchacha habían sido abandonadas por las manos de Sergio que ahora surcaban la cintura para llegar a esos dos montes que tanto se parecían a los de… Marta.

    En qué momento se le pasaba su novia por la cabeza. Podría decirse que en tamaño y color eran similares, aun así, su cerebro le jugaba una mala pasada. Cerró y abrió los ojos para centrarse. Esa voz de su interior, la cual rugía por salir le estaba molestando. Aún estaba dentro de un pozo de varios metros lleno de agua, pero ni con esas se callaba, su conciencia era fuerte.

    —Estaría bien —contestó como un autónomo.

    Había tenido unos senos más grandes entre las manos, incluso más esponjosos, sin embargo, los de Alicia le parecían “nuevos”. Pensó que podían estar inmaculados, como si nadie hubiera pasado antes por allí, iba a ser Neil Armstrong en los pechos de la joven. Aunque solo era una sensación, más de un chico había probado la delicada piel que Alicia tenía por esa zona.

    —Entonces me vas a tener que invitar un día a… no sé… al cine o a cenar, ¿no?

    Las manos de la joven se enredaban en el pelo de Sergio mientras hablaba y cuando este comenzó a asentir a la pregunta de la chica, ella lo atrajo hacia su cuerpo. No sabía ni que contestar, ni siquiera cuál era la pregunta. Movió la cabeza por alcanzar su objetivo, parecido al niño que dice que no lo volverá a hacer solo para volver a jugar.

    La boca encajó a la perfección con la mama de la joven cumpleañera, que suspiró al notar la ardiente saliva. La lengua describió un movimiento circular en torno a la protuberancia que logró la completa erección, solo quedaba una cosa, sorberlo.

    Sergio pensaba que aquello podía acabar en cualquier momento, que su estúpida conciencia saldría a la luz, lanzaría a la chica por los aires y se iría tan rápido como había venido. Sin embargo, era muy poco probable. Con el pezón aferrado por sus labios, los únicos pensamientos que tenía eran sobre Alicia. Marta era un simple borrón en su memoria y ni siquiera pensaba en si su hermana había llegado ya a casa. Solo quería gozar.

    Las manos de la joven soltaron el cabello y se fueron directas a la entrepierna de este. Con poca maña, pero algo de acierto, logró desabrochar el pantalón e introducir una mano por dentro de la ropa interior. El bulto ya era considerable, solo le faltaba salir a que le diera la luz como a una planta y crecer del todo. Alicia no dudó en abrir los ojos de sorpresa al notar toda la carne en su mano, decididamente había tenido suerte.

    —¡¿Qué tienes aquí?! —preguntó sorprendida al mismo tiempo que gozaba del masaje con la lengua.

    —¿Quieres verla?

    Sergio estaba caliente como nuca, notando el seno en su boca se sentía de lo más afortunado y no pensaba parar hasta que las piernas se lo permitieran. Su cabeza no regia, solo se dejaba llevar por ese yo “caliente”. Le apetecía tumbar a la muchacha en el sofá y someterla con tantas penetraciones que perdiera todos sus líquidos.

    Antes de que respondiera se percató de una cosa tan obvia que en ningún momento había calculado. En su cartera solo había dinero, tarjetas y pelusas, ni un preservativo. Con los ojos abiertos y únicamente lamiendo con su lengua el pezón derecho de la joven, la miró para preguntarla.

    —¿Tienes condón?

    —Sí. —sonrió avergonzada y dándole un tierno beso en los labios, alejado de la pasión del comienzo, añadió— Lo he dejado preparado en la mesa.

    Sergio no contuvo la mueca de satisfacción y se levantó dejando a la chica en el sofá. El envoltorio de color aluminio, estaba a la vista, preparado para la gran ocasión. No perdió tiempo en historias, se deshizo de la parte de arriba de la ropa y después de la de abajo en un visto y no visto. No le dejaba todavía ver lo que tenía entre las piernas a su amante, quería que fuera una sorpresa, aunque ya lo había palpado y en su imaginación estaba claro. Sin embargo, Sergio en su estado embriagado y ardiente quería pavonearse ante la joven.

    Se giró con el preservativo ya sacado en sus manos, su cara dibujaba una sonrisa estúpida que gritaba “mira lo que tengo, nena”. Pero Alicia no fue la única sorprendida, Sergio vio como la joven se había desvestido mientras él hacia el “indio” quedándose sentada en el sofá, con las piernas abiertas. Estaba expuesta a todo lo que tuviera que venir. Un sexo rosado y algo mojado resplandecía con las tres luces del salón. El joven clavó su mirada, era un aperitivo listo para ser devorado, pero no quería perder el tiempo en preliminares, tenían que ir directamente al postre.

    —Vaya… Qué polla… —resopló Alicia llena de una pasión incontrolable.

    —Es tu regalo, Alicia. —Sergio se colocó el condón con poca maña quitando el glamour que pensaba que tenía— Dieciocho centímetros, uno por cada año.

    Ella soltó una risa nerviosa y caliente, algo que pareció más un “hipo” que una carcajada. No importaba… que hiciera los sonidos que quisiera, Sergio solo tenía ojos para lo que poseía entre las piernas.

    Con dos pasos rápidos se puso frente a la chica, que sin cerrar las piernas le esperaba con ansiedad. Sergio se mordió el labio para contener los primeros impulsos de desenfreno y admiró la chica tan bella que tenía delante, “mucho mejor que en la foto del bikini”. Pensó mil cosas en aquel instante, incluso en que le podría pedir hacérselo con el bikini puesto, sin embargo, hizo lo más obvio, comenzar el coito.

    Cogió de las piernas a su amante y la levantó en el aire sin pedirla permiso. El sofá como buen chaise longue, tenía una parte más alargada que Sergio acertadamente denominaba la L. Allí la depositó sin perder un gramo de fuerza. Realmente estaba tan acelerado que aquella mujer no le pesaba nada, seguramente podría hacérselo durante horas.

    Colocándola justo en la esquina, con cada nalga separada por la punta del cojín, sujetó sus piernas y esta se apoyó en sus antebrazos para dejarse hacer. El pene estaba dispuesto, el condón tenía cierta lubricación que haría la entrada perfecta, sin obviar la humedad que Alicia cultivó durante toda la noche. Todo aquello, lograba que el interior de la boca de Sergio, salivase.

    En aquel momento, de nuevo, como un flash, Marta apareció en su cabeza. Una imagen rápida de ella sonriendo y diciéndole que le quería, aquellas risas que habían tenido justo después de ver a Alicia por primera vez. Todo duró menos de medio segundo, fue muy rápido. Pensó en que diría su preciosa tía, incluso, que diría su… ¿Preciosa? Madre, “¿Qué hago pensando en ella?”.

    Volvió a salir de su mente viendo a la amante que yacía encima del sofá esperando por una penetración que se eternizaba. Alguna duda le había asaltado, pero con la mirada fija en los preciosos ojos color avellana de la joven y en como su pecho rugía al aspirar, metió su pene en lo más profundo.

    —¡JODER!

    Alicia dio un verdadero alarido. Un grito de placer extremo, sorpresa y conocimiento personal. Este último, por descubrir cuan profundo era su vagina.

    —¿Más? —preguntó Sergio enaltecido por saber que podía proporcionar un gran placer.

    —Sí, sí, hazlo otra vez.

    Sergio repitió la misma jugada. Sacó su pene duro y repleto de venas que simulaban las raíces de un árbol y de nuevo lo dirigió a la entrada de la muchacha. Entró con fuerza por segunda vez, hasta que su sexo se quedó completamente en el interior y sus genitales acariciaban el ano de Alicia.

    —Me cago en… —replicó esta vez en un tono más moderado—. Con esto ya ha valido la pena que vinieras.

    —No, Alicia, no. Todavía queda lo mejor.

    Con un ritmo rápido volvió a entrar y salir de un sexo que comenzaba a palpitar después de pocas acometidas. Las manos de Sergio aferraban la parte trasera de los muslos de Alicia dejando sus rodillas casi en el rostro de la joven. Estaba más abierta de lo que nunca había estado en la vida, ver desde esa posición al hermano de su amiga metiendo sin parar su miembro mientras ponía caras de pasión era impagable.

    Lo que tanto anhelaban ambos llegó, nada más par de minutos después de la primera entrada. Alicia que llevaba sin sexo más tiempo del que desearía, estaba demasiado sensible y todo lo que había esperado para tener aquel coito la hizo explotar.

    Las entradas ya no eran tan profundas, sino rápidas. La boca de la joven solo aspiraba aire mientras miraba como una y otra vez era penetrada con una pasión que la desbordaba. Agarró con fuerza la nuca del joven y la acercó todo lo que pudo hasta su boca.

    —Fóllame, que me corro… —suplicó entre dientes.

    Sergio volvió a sacar esa parte ardiente que pocas veces había visto. Comenzó con unas entradas poderosas que al llegar al fondo de la muchacha hacían que unas cuantas gotas salieran disparadas del sexo. Era como ver gotear en un charco, algo imperceptible, pero después de unas cuantas entradas y salidas de ese tipo, al tiempo que Alicia gemía sin parar, tanto el sofá como las piernas de ambos quedaron humedecidas.

    —Ya está, ya está. ¡Joder! ¡Qué gusto! —sentenció Alicia soltando las manos de la nuca de su amante y agarrándose el pelo con fuerza.

    Un grito sonó atronador dentro de las cuatro paredes cuando Sergio introdujo todo de golpe, notando que el orgasmo estaba allí. La vagina convulsionó, todo el interior masajeó el tronco y el prepucio del joven que seguía haciendo fuerza para ganar milímetros allí dentro.

    Alicia estiró un sonido irreconocible hasta la extenuación y volteó los ojos hasta dejarlos blancos. Su cabello negro yacía en el sofá como una línea de conexiones neuronales, todas con el mismo destino, el rostro rojo de la chica.

    Sacó su herramienta del interior viendo lo dilatado que había quedado el sexo opuesto. Se sentía realmente bien, como si el trabajo estuviera bien hecho, pero aún quedaba más.

    No lo hizo de forma descortés, únicamente le faltó algo de caballerosidad. Sergio cogió la mano de la chica con dulzura y sin dejar que el orgasmo abandonara su cuerpo, la subió de nuevo en volandas. Siempre había querido probar una cosa y ahora se veía con muchas fuerzas para hacerlo.

    —Alicia, métetela.

    La joven todavía con el rostro descompuesto y algo perdida, pasó su torpe mano entre ambos cuerpo. Sus piernas rodeaban la cintura del joven y las manos de este de nuevo estaban agarrando su trasero. Cuanto le gustaba notar cada dedo apretándola.

    Con poco acierto, debido a la falta de experiencia en esa posición y la dificultad para ver, tardó en introducir de nuevo el miembro de Sergio. Aunque la espera pareció más larga de lo que en verdad había sido, al fin lo lograron, comenzando de nuevo un sexo de lo más satisfactorio.

    Pasando ambas manos de nuevo por debajo de los muslos de la chica, la cogió como bien había visto en muchas escenas porno durante tardes interminables. Y allí mismo, de pie, retomaron el coito.

    No era tan sencillo como los videos para adultos hacían ver. Las piernas ya endurecidas por el coito anterior, no hacían que resultara nada sencillo. Sergio se ayudaba de manos y cuerpo para poder hacer las penetraciones, pero Alicia, totalmente inexperta en esa postura no hacía nada.

    —Nunca lo había hecho así. —saltó la chica al no notar demasiado placer.

    —Yo, alguna que otra vez —mintió, de nuevo para pavonearse.

    El sentido de todo aquello era bastante simple, él era el “adulto” en esta pareja, debía llevar la voz cantante de hombre experimentado. Aquellas tonterías nunca las hubiera pensado sereno y tampoco si hubiera estado menos cachondo. No obstante la mezcla había sido tan mala que ahora se comportaba como lo que tildaría él mismo, “un imbécil”.

    —He estado con algún que otro chico de gimnasio, pero nunca me pusieron así. —solo uno. No se quería sentir intimidada por el comportamiento del chico.

    —Pero… no te lo haría así…

    El orgullo etílico del joven había sido herido. Oír que otro “chico” estaba en una conversación mientras hacían sexo… no le gustaba. Agarró con más fuerza ambas nalgas de la mujer y las abrió todo lo que pudo. En un acto algo insensato, pero algo posible debido a las fuerzas que parecía tener, comenzó con un ritmo tan frenético, que jamás se hubiera imaginado.

    Quizá solo con Carmen había gozado a tamaña velocidad, aunque no lo recordaba con exactitud. Las manos de Alicia se agarraban a la espalda con ganas, pensando que podría salir volando en cualquier momento. Sus piernas se agarraban mucho más a la cintura del joven y notaba como tanto su sexo se abría sin contemplaciones y su trasero… hacia lo mismo.

    El cabello oscilaba arriba y abajo, le golpeaba en el rostro y se le metía en la boca. El placer estaba siendo terrible, era similar a tener un vibrador, ya que el coito era tan veloz que apenas se movía, solo vibraba.

    El placer iba llegando, pero también el bamboleo de su cabeza unido al alcohol de toda la noche, la hicieron desfallecer.

    —Para, Sergio, para…

    El joven se detuvo al de dos segundos, ya que apenas la había escuchado y eso que el tono era alto y claro, además solo le separaban unos centímetros. Miró a la joven como se recogía el pelo detrás de la oreja mientras centraba su mirada y se humedecía los labios.

    —Me mareaba…

    —¿Estás bien?

    El pecho de Sergio explotaba a cada aspiración, se había cansado como nunca y algunas gotas de sudor perlaban su frente. No pasó inadvertido para la joven que le besó con pasión aún con su pene en el interior.

    —Bájame, seguimos de otra forma.

    Posó los pies en el suelo con algo de incertidumbre, en más o menos diez minutos apenas los había usado para nada y con el gozo que todavía llevaba no sabía si le sujetarían, pero lo hicieron. Con un rápido movimiento, Sergio dio la vuelta por el cuerpo joven de Alicia y la rodeó por la espalda. Comenzó a darle suaves besos en su cuello y un pequeño mordisco, algo que hizo a la muchacha abrir los ojos y decir.

    —¿Tú me puedes morder, pero yo a ti?

    —No —dijo añadiendo sonidos de negación—. Como me dejes una marca… la liamos.

    Pasó las manos hasta los pechos de la muchacha y los aprisionó mientras esta gemía. Abrió los ojos y se vio en el reflejo de la televisión. El cristal negro le daba una imagen perfecta del cuerpo de su amante que ahora era acariciada por sus ya calientes manos.

    —Ponte a cuatro patas —le sugirió Sergio, no había opción a debate, pero sonó demasiado bien. Alicia se fue a mover al sofá, pero señalando el suelo, el joven le hizo ver que la posición exacta era allí mismo—. En la alfombra mejor.

    Era mullida y seguramente algo cara, ya que el tacto era demasiado agradable, pero aquello no hacía que la comodidad fuera mayor que el sofá.

    Lo que Sergio pretendía era verse. No quería perder la imagen del televisor que les enfocaba en mitad de la sala. La instantánea era perfecta, Alicia estaba con las manos en la alfombra, piernas abiertas y el trasero elevado listo para la penetración. Sergio se arrodilló a su espalda, pasando las uñas por la piel desnuda de esta y haciendo que el vello se le pusiera de punta.

    Ya con las yemas acariciando sus nalgas, cambió de registro y pasó de las caricias a la fuerte sujeción con los diez dedos. Alicia gimió al sentir el placer que le provocaba que aquel chico le sujetara el trasero de esa forma. El pene, como toda la madrugada, estaba listo y envuelto en el plástico que apartaba los fluidos. Volvió a penetrarla.

    El frenesí había descendido y lo que ahora hacían era un coito más normal. Incluso Alicia podía seguir aquel ritmo y empujaba cuando notaba entrar el pene en su interior. Sentía como los genitales le golpeaban el clítoris añadiéndole cierto cosquilleo que le venía muy bien para lo que se avecinaba.

    —Alicia, tienes el mejor culo que he visto en mi vida —decirlo en voz alta le resultó extraño, incluso dándole una ligera vergüenza que no podía ocultar.

    Algo parecía que había despertado, el Sergio sensato estaba haciendo a un lado al ardiente que poco a poco se iba deshaciendo, como el alcohol en su cuerpo.

    —Tú tienes la mejor verga que he visto —soltó de improviso Alicia sin mirarle.

    —Qué raro que lo llames así, nunca se lo había escuchado a nadie —respondió con una media sonrisa, pero sin parar de tener sexo.

    Sin embargo, aunque el Sergio caliente se iba por donde había venido, algo de él todavía quedaba dentro. Escuchando como los gemidos de su amante se aceleraban, sintió que avivaba esa parte de su interior como si le echara un bidón de gasolina.

    Se encorvó hasta que su nariz se posó en el cuero cabelludo negro de la joven. Olió el aroma que desprendía, una mezcla de tabaco, alcohol, perfume y sexo… mucho sexo. Se acercó a su oído y copiando más o menos lo que ella hizo en el baro, le mordió la oreja sacándola un generoso jadeo.

    —Di mejor… Polla.

    Solo fue un pequeño susurro, un leve respiro, nada más. Pero Alicia abrió los ojos y volteó la mirada para ver al joven que ahora, la cabalgaba con muchísima más pasión. Apretó los dientes sintiendo como lo de antes habían sido los aperitivos y ahora llegaba el plato principal. Su vagina echaba humo, casi literalmente y cuando vio, como el joven alzó la mano y soltó un cachete rápido, disfrutó como nunca.

    El sexo volvía a ser veloz, no tanto como antes, pero si a una velocidad considerable. El condón debía ser de buena calidad para soportar tales acometidas y en un momento, Alicia lo notó. El orgasmo.

    —Más, Sergio, más…

    Susurró similar a como si estuviera suplicando. Hizo fuerza para quedarse en el sitio y que las penetraciones de Sergio no la movieran. Sus uñas pulcramente tratadas se iban a romper si seguía con tal presión en la alfombra. Estaba notando el cielo, el verdadero paraíso de la mano del hermano de su amiga. “Si esto lo supiera Laura…” se rio por dentro.

    En ese momento, sintió el cuerpo de su amante cayendo sobre ella. Ambos se tumbaron, Alicia fue sometida al final del coito, estaba entre la piel y los pelos de la alfombra. Con fuerza Sergio impulsó una y otra vez su cadera mientras contemplaba a partes iguales tanto su reflejo en el televisor como a su joven chica gozando tumbada en el suelo.

    Por fin llegó, y Sergio se maldijo por tener el preservativo puesto para poder irse a la vez, no obstante aquella tela que le quitaba placer, también negaba la posibilidad de tener descendencia. Alicia gimió primero y después, debido quizá a que su mente se había aclarado, pensó que mejor no gritar, aferrando con sus dientes los pelos de la alfombra y soportar el placer.

    La cadera le tembló y el pene de Sergio fue expulsado como un incómodo invitado. Sus piernas se movieron arriba y abajo y una mano rápida acudió a la llamada del clítoris que pedía más atención. Alicia acabó ella misma de producirse un orgasmo con el que jamás había soñado y ahora, yacía en la alfombra de su casa manchándola con sus flujos.

    —Cariño, ¡¿qué me has hecho…?! —dijo la joven tratando de levantarse.

    Sergio la ayudó esta vez con mucha dulzura, pero aquello le había sentado extraño, “¿cariño?”. Para él esas muestras de amor, solo eran reservadas para las parejas o la familia, le sonaba muy a Marta y apenas le hizo gracia.

    Sin embargo, aún estaba allí, con una erección monstruosa y un cansancio que no se podía ni mover. El sudor le perlaba todo el cuerpo y se tuvo que sentar a descansar en el sofá para relajarse. Recuperando la respiración, Alicia se sentó a su lado, de forma pesada como si no hubiera estado más cansada en su vida.

    —Estuvo muy, muy, muy… bien.

    —Nada mal, la verdad, me lo pasé genial. —a Sergio le costaba hablar.

    —Vamos a terminar esto de forma pletórica, ¿no?

    La joven alzó su mano llegando hasta el preservativo y lo arrancó del pene de Sergio, que rugía de una forma casi audible. Estaba rojo, duro y con un capullo que afloraba morado. Alicia le miró y le dio un beso en la boca al tiempo que Sergio la rozaba con su mano, tenía una piel tan suave…

    —¿Te apetece una mamadita?

    —¿Cómo podría rechazar algo así?

    La joven sonrió con un gesto que le pareció de lo más infantil. Había cumplido los 18, era mayor de edad, pero en el fondo no era más que una muchacha como su hermana. Un breve sentimiento de culpa se atisbó en su cuerpo, demasiados errores en un solo día, aunque se le disiparon cuando Alicia se introdujo el sexo en su boca.

    Aquello apenas duró. Arrodillada en el sofá, con una mano estimulaba los genitales del joven mientras con la otra manejaba la piel. No se le escapó ni un centímetro de piel que saborear, una mezcla de plástico, sexo y fresa (debido al condón, su sabor favorito) que no le desagradaba.

    Al de dos minutos de un buen ritmo, Sergio se tensionó. Alicia no era la mejor haciendo felaciones, pero lo suplía con un desempeño que al joven le sorprendió. Sujetó una de las nalgas con mucha fuerza y mientras escuchaba como entre respiraciones jadeantes su amante succionaba su pene.

    —¡Qué bueno, Alicia! Me vas a ordeñar.

    Ella no habló, solo siguió al tiempo que los gemidos de Sergio le marcaban lo que se avecinaba. Al final salió. Después de un inmenso jadeo que le hizo rebotar en el sofá, el semen brotó.

    Alicia apartó la boca en el último instante, haciendo que los chorros salieran a presión cayendo sobre el cuerpo del joven. Sergio que seguía gozando de unos temblores impropios, ni siquiera notó el charco que se le formó cerca del ombligo y solo se percató cuando su amante le trajo un papel para limpiarse.

    Volvió al mundo terrenal con un orgasmo que nunca disfrutaba con su novia. “Marta…” pensó al gozar de tal clímax. Pasado el frenesí y el momento del máximo placer, el Sergio ardiente había desaparecido del todo. Le había hecho cometer una tontería al Sergio “normal” y ahora se había largado para no asumir responsabilidades.

    Mientras se limpiaba el semen aún caliente de su cuerpo y los pequeños picores le recorrían sus genitales, el vientre se le contrajo, había hecho mal, muy mal. Incluso una pequeña arcada asomó tímidamente, quería vomitar del asco que se daba.

    CONTINUARÁ

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    Subiré más capítulos en cuento me sea posible. Ojalá podáis acompañarme hasta el final del camino en esta aventura en la que me he embarcado.

  • Mi reina

    Mi reina

    Llegar a ese sitio y sentarse con una mujer fogosa, ardiente, placentera y sobre todo sabe cómo le gusta y como le satisface no tiene título. Todo empieza e inicia con preámbulo de besos, caricias y sobre todo una elevada a lo caliente que se puede bajar con tan solo un cigarro y un fuerte guaro.

    Si soy muy pervertido y conozco o bueno distingo cada punto débil de ella y los utilizo para ir aprendiendo lo inevitable. Fue así como en aquellas tardes de sábado lluviosas porque solo sabíamos llegar cuando llovía como si fuera la única mojada que habría.

    El poder acercarme tocarla y sentir esa sensación de que cada vez se te quiere venir y sentirlo tan fuerte que no se baja tan fácil es la facultad de ella. Ese roce en el cuello darle un abrazo pero sabiéndola besar y sentir el miedo no tiene precio, así empezó lo que iba a ser una sabrosa y sensual tarde la cual cuando vemos el reloj sentimos que el tiempo es tan rápido que necesitamos mucho más.

    El poder llegar que se pare y así abrazarla y ponerla contra la pared, poderla tocar por la espalda y besarle esos pezones al mismo tiempo, morderlos y sentir un gemido es el inicio que todo va bien y así mismo podrá sumar muchas más sensaciones. El darle la vuelta, tenerla estilo requisa y pasarle todo el cuerpo es una sensación donde ella solo tiemble y quiere cada vez más fuerza y acción.

    Así empieza con ella con los nervios como si fuera la primera vez que estamos, con ese morbo que queremos y no nos aguantamos, y un beso que produce un descongelamiento que hace más fácil poder tocarla porque esta tan mojada y tan rica que solo me dan ganas de pedirle permiso para poderla clavar, si sabiendo bajar y empezar con un oral de pie pero conllevada a esa cama que solo la recuesto y ella solo puede ver el techo pero con la sensación de pasarle la lengua morderla y es ahí donde empieza el concierto de gemidos los cuales producen mucho más humedad.

    Es así que me gusta jugar con ella, producirle la sensación de clavar pero no queriendo sino desesperarla a punto de que me lo pida a gritos a lo Hp como le gusta. En ese momento yo frente a ella parado o de rodillas quizás me dispongo a saberla meter siendo tan malparido que solo la punta se la pongo y se la muevo como si tuviera ganas de venirme pero no es así, es el grosor que ella quiere sentir.

    Es así cuando la meto muy suave al inicio porque ya después me pide que se la de toda duro, a lo Hp a lo mierda que somos y solo escucho voces de placer donde entre ellas solo se sabe decir que le hacía falta y que la tengo cada vez mejor, así duro dándole y dándole a punto que me pide cambiar de posición porque es turno de ella, el turno de comérsela toda y cabalgar como si no tuviera destino, ella solo quiere llegar y la quiere sentir toda adentro para así sentir la primera llegada de la tarde donde con suspiros y gemidos me pide más y más.

    Solo quedan sonidos de satisfacción y sin que ella lo supiera sabe que es mi turno y así es hora de llegar y que la sienta llena como a ella le gusta y sabe cómo deleitar. Es mi turno es el momento de ser el más hp ser el más malparido y que ella lo sabe y no le disgusta todo lo contrario me busca cada vez más así para que cada gemido sea eterno, es ahí donde ella baja y yo subo, viene una cachetada, no dura no suave es aquella bien puesta y que le gusta sentir, cogerle el cuello ahora Carla meterle los dedos a la boca para que sienta como entra y sale y solo ella va llegando a su punto de llenarle todo eso que tiene por cuca.

    Que delicia llegar llenarla y sentirla como mojada mezcla el semen del macho junto con los jugos de la reina es un licos un placer el cual solo queda llevar al baño a limpiar y seguir en la ducha. La ducha es otro espacio íntimo solo de los dos porque es poderla mojar poderla manosear y sentir ese culo tan rico intocable pero placentero por que los dedos se quedan pequeños por que el jabón lo hace más fácil, ponerla en cuatro hacerla gritar más fuerte sentir esa delicia de agua y flujos que entre los dos solo damos.

    Pasar de estar así y ponerla en una cama en un 4 donde ves a placer de un culo débil pero jugoso, un culo que aguanta más que una culeada un culo el cual me cae la baba en ese punto que llamamos * o para mi que es la entrada a un paraíso, solo me queda apretarlo duro sentirlo tan mío que a la ves lo veo tan rosado y ricooo, es ahí donde lo aprieto y solo me entra la lengua y lo abro sutilmente que el solo de respuesta me da un abrir y cerrar como dilatando cada vez que le paso la lengua mientras el cuerpo de ella solo tiembla y de respuesta son gemidos tímidos, pero que a la vez solo susurra esa gana de que lo meta pero a la vez ese miedo de dolor, que delicia jugar con él y solo pasar la lengua solo por encima y hacer bodoque de lengua para presionarlo y que el solo se moje y brote un olor a sexo cada vez más fuerte.

    Cabalgar en él poner la verga en posición de cuatro y coger el cabello y simular que estás montado en una yegua o en un corcel y solo jalarlo y sentir de respuesta el más duro Hp dele que es suyo o no es macho son respuestas que solo salen de ella y cuando lo tiene por dentro solo tienes exclamaciones de más y más, que rico porque se siente que la reina nuevamente llegó y se comparte con mis guevas metidas y la verga a explotar que solo ella siente cómo se ensancha y le lleno por detrás y solo pide que solo de todo que no me quede con nada.

    Es ahí donde solo me da placer y me dan ganas de más pero ella sabe y ya es su tarea de limpiar el poco semen que lleva mi verga hacia ella. Que sensación que tiene solo ella de cogerlo moldearlo y llevarlo a la boca una y otra vez y más aún cuando de la nada sale la expresión que quiere mi culo quiere manosearlo a lo cual solo le digo si es tuyo hazlo.

    Empezamos una sensación que ella solo sabe llevar un 69 del cual todo se acaba por que me pierdo en ella y es el éxtasis de moverme porque me lo sabe hacer y más aun teniendo toda su cuca en mi cara, húmeda, mojada, llena de semen, solo sale ese líquido que revuelvo en mi boca y me pide más, que chimba hacerla llegar eso no tiene valor solo satisfacción hacia ella porque puta perra pa culear tan rico puta perra que sabe hacerlo como ninguna otra, esa es mi mujer es mi reina a la cual corono cada vez mejor y solo me pide mucho sexo más de lo que podemos dar, un sabor indescriptible que solo ella sabe y solo ella tiene esa cuca tan rica que ya solo es mía.

    AMANTES

  • Mi joven esposa, mi amiga, mi amante mi puta (V)

    Mi joven esposa, mi amiga, mi amante mi puta (V)

    Poco antes de las 10 de la noche me llamó Marco para notificarme que me esperaban en el auto en la entrada del hotel, al salir del lobby no los identifiqué de inmediato ya que venían en otro vehículo de modelo reciente.

    -Amigo vámonos ya es tarde! -Me gritó Marco desde de su auto en movimiento.

    Lety ya se había instalado en el asiento trasero como era su costumbre. Me recibieron con una amplia sonrisa y el sonido de una música suave y relajante, el auto tenía un aroma a nuevo y a la vez a la mezcla del perfume embriagador de Lety y a la loción de Marco, se percibía sensualidad y buen gusto en todo lo que poseía esa pareja.

    -Descansaste algo David?

    -Si Lety, me siento muy bien, solo algo ansioso y ustedes descansaron algo?

    -En realidad no, ya es un poco tarde para la hora de la cita, nos llegó de improviso nuestro hijo y nos tuvimos que alternar entre arreglarnos y atenderlo -Contesto Lety que continuaba cepillándose el cabello y revisando su maquillaje… lucia hermosa, a pesar que aún no veía del todo su atuendo.

    -Si caray! se le ocurrió a Marquitos llegar a casa de improviso, trae algún problemilla con su esposa, son jóvenes aun no pasan del tercer año de casados…y bueno entendió que iríamos a una «cena» con unos amigos… lo que no le informamos que tipo de cena verdad amor? -Marco volteo a ver a su esposa con una amplia sonrisa buscando como siempre la aprobación a su comentario.

    -Nooo!!… ni idea jajaja… bueno eso creo!! -Contesto Lety

    El lugar estaba bastante cercano a mi hotel como Marco lo había previsto y en cuestión de 20 minutos estábamos frente a la caseta de seguridad de un fraccionamiento privado.

    -Ya llegamos chicos! -Informo Marco llenando de inmediato el registro de visitantes que uno de los guardias le entrego, dándole acceso después de cumplir el requisito.

    Recorrimos un par de calles, Marco recibía instrucciones por teléfono para encontrar el estacionamiento de visitantes, al llegar una joven y agradable pareja nos hizo señas para indicarnos nuestro sitio de aparcamiento. Eran Enrique y Eugenia, los anfitriones y organizadores.

    -Hola chicos bienvenidos! -Exclamó muy efusiva la bella señora besando a Lety en ambas mejillas

    -Quique! qué gusto verte cabron!! -Marco abrazo al joven y serio anfitrión, quien regreso el gesto con una sonrisa afable.

    -Hola señor cómo ha estado! Qué bien se ve, que comen para conservarse tan saludables! -Eugenia era un volcán de emociones, igualmente beso a Marco en ambas mejillas fundiéndose en un cálido abrazo, levantando graciosamente una pierna y mostrándome una espigada pierna blanquísima.

    -Pues lo mismo que ustedes mucho sexo jajaja -Respondió Marco

    -Jajaja claro! Sexo y buena vida es la fórmula… y el señor es?… -Ahí aparecía el «invitado», la joven señora se dirigió a mi ofreciéndome ambas manos dibujando una amplia y linda sonrisa, mostrándome todos los dientes y formándosele unos sexys hoyuelos en las mejillas, me atrapó de inmediato su dinamismo, era una bujía.

    -Chicos les presentamos a David es nuestro amigo íntimo, excelente persona, arquitecto en la ciudad de Querétaro y ante la excitante temática que eligieron para esta reunión, es nuestro invitado -Me presento Marco.

    -Bienvenido David, esperamos disfrutes la velada, soy Eugenia y él es mi esposo Enrique…- Me dio un beso en la mejilla, su esposo me saludo un tanto incómodo o desconfiado quizá, sin embargo me otorgó una leve sonrisa.

    -Mucho gusto a ambos y gracias por aceptarme -Respondí cortésmente.

    -Chicos, caminemos porque solo faltaban ustedes, para presentarles al resto de los asistentes algunos llegaron muy temprano -Nos indicó gráficamente Eugenia el camino.

    Las dos mujeres iban al frente platicando y caminando rápidamente marcando el ritmo con el sonido de sus zapatillas. Lety vestía un sexy vestido negro hasta las rodillas escotado y entallado a su hermoso cuerpo dibujando su esbelta cintura, sus piernas lucían fuertes y poderosas, sus altas zapatillas hacían resaltar su enorme y respingado trasero, se veía imponente. A su lado Eugenia con una figura más espigada, un poco más pequeña, con un vestido plateado de noche entallado, largo terminando en sus altas zapatillas doradas, con aberturas a los laterales que llegaba arriba de las rodillas, un cuerpo esbelto y con un culito chico y respingado, no del volumen de Lety, pero igual se adivinaba apetitoso.

    Marco y Enrique platicaban en voz baja ya que era el volumen y tesitura de voz de Enrique, tipo al parecer muy serio, típico empresario joven y reservado, en mi rápido análisis de la pareja debían rondar los 32 o 35 años, seguramente de muy buena posición económica por la zona exclusiva que íbamos recorriendo, casas amplias de alto nivel arquitectónico. Por mi parte los seguí en silencio tratando de integrarme.

    Recorrimos dos calles y llegamos a una hermosa casa, cruzamos un pequeño jardín arbolado e ingresamos. La casa estaba iluminada a media luz, sin embargo lucía sola, se veían vestigios de vasos, copas y envases de cerveza. Al final se escuchaba algo de música, risas y voces. Cruzamos la amplia estancia, pude apreciar como arquitecto una casa de buen gusto y detalle además de hermosamente decorada.

    Eugenia abrió una puerta amplia corrediza y fue entonces que llegó de golpe la música y las voces de más personas conviviendo. A primera vista me pareció ver de 30 a 35 personas (incluyendo personal uniformado de servicio) conviviendo en un área bastante grande en donde incluso había una pequeña piscina con una barrita montada y atendida por un joven que también ponía música. Había pequeños grupos de 3 o 5 personas conversando animadamente entre sí, una reunión normal de fin de semana entre grupo de amigos y nuevas personas integrándose…

    -Atención chicos! llegaron nuestros últimos invitados, nuestros padrinos y amigos, Marco y Lety, y su amigo David que siga la fiesta! -Anuncio a viva voz Eugenia.

    Los asistentes nos recibieron con aplausos y un hola generalizado, de inmediato una chica muy linda y joven nos ofreció algo de beber.

    La chica me ofreció opciones; me decidí por una cerveza me sugirió la acompañara a la barra a elegirla, mientras tanto Marco y Lety mas la pareja anfitriona se dirigieron a un grupo con el cual iniciaron una animada charla, note que ese era el grupo de amigos mas íntimos para ellos. Por un momento me sentí fuera de lugar al quedarme solo y me dedique a observar discretamente a los asistentes tratando de aparentar naturalidad. El grupo mayor en donde estaban mis amigos reían y charlaban animadamente, era un grupo grande de 5 parejas y tres chicas que por las características de la fiesta deberían ser “el trio” acompañante de algunas de ellas, además las chicas reían nerviosamente de alguna forma “apartadas” sin entablar charla alguna se notaban algo incomodas, me identifique con ellas, note que en ese grupo estaban las parejas más maduras, arriba de 40 años salvo la pareja anfitriona que eran los mas jóvenes.

    Había otro grupo a un lado de 6 personas, a mi entender dos parejas y también dos chicas solas.

    En otro espacio más alejado un trio; una parejita joven muy acaramelada y una chica en donde los 3 se veían fuera de lugar como integrándose al resto, sin duda los más jóvenes de la reunión no pasaban de 25 años.

    Cercano a ellos otro grupo de dos parejas jóvenes como los anfitriones entre 30 y 35 y ahí sobresalía una señora joven bellísima muy alta con piernas de gimnasta, además una chica definitivamente fitness de baja estatura y hermoso cuerpito abrazada a una de las parejas.

    Y por último dos jóvenes que platicaban animosamente recargados en la barda al final de la propiedad, seguramente “tríos” de alguien y es ahí a donde me dirigí.

    -Cómo están? vienen como yo con alguna pareja?

    -Mi amigo es trio de Eugenia y Enrique, y yo pues vine de invitado de mi amigo – Contesto un joven y sonriente muchacho de no más de 30.

    -Me llamo David mucho gusto y pues como quizá lo notaron vine invitado por Marco y Lety… ya han asistido a estas reuniones?

    -Yo no, es mi primera vez me llamo Ramiro mucho gusto… el si fue el que me recomendó -Señalando al otro joven que se veía un poco nervioso.

    -Cómo te llamas amigo? – Pregunte

    -Juan, como estas?… pues será la segunda ocasión aunque no en una reunión así

    -Mucho gusto Juan, pues estamos en las mismas solo he participado en una ocasión.

    -Con la pareja que llegaste? –Pregunto Ramiro

    -Así es amigo, son mis padrinos… estoy haciendo mis pininos en este estilo de vida

    -Wow! Pues te felicito la señora es una auténtica milf esta súper buena!… con todo respeto imagino tienen una bonita amistad. -Continuo Ramiro

    -Así es, son buenos amigos y excelentes personas… y ya que rompimos el hielo se puede saber Juan si la pareja con la que participaste es Eugenia y Enrique? –pregunte con sincero morbo

    -Sí, pero no como single, mi novia también participo-Contesto muy serio, le costaba abrirse

    -Órale!… y pues la pregunta ahora es porque no vino tu novia?, no es así como funciona? disculpen aunque soy mayor que ustedes soy nuevo en esto y me gustaría saber más.

    -No a ella no le gusto este rollo ni tocarle el tema, gracias a este “estilo de vida” me mando a volar, hasta ahí llego la relación… y bueno Eugenia de todas maneras me invito como single.

    -Ya tenías mucho con tu novia?

    -Más de 2 años… ni modo, por andar de calenturiento –Contesto triste Juan al tiempo que apuraba su copa

    -Me consta que si está muy enamorado mi compa… muy guapa su novia, también es amiga mía -Intervino Ramiro solidarizándose.

    -O sea que ella estuvo de acuerdo con participar con la pareja y después se arrepintió? O tú la indujiste Juan? – Pregunte cada vez más interesado

    -No!… no sucedió así no fue planeado… ella trabaja en la empresa de la señora Eugenia y el señor Enrique, es asistente de Eugenia y a veces me tocaba ir por ella al trabajo y en ocasiones también venía a esta casa cuando hacia over time, y en una de esas veces nos invitaron a cenar y tomar unas copas y pues ni idea que ellos eran swingers, mi entonces novia tomo más de la cuenta y no sé en qué momento Eugenia estaba besando a mi ex novia -Se soltó hablando un afligido Juan, se notaba le dolía la perdida

    -Y… solo fue eso Juan? o sea besos entre tu novia y Eugenia?

    -Ya estábamos muy borrachos, Eugenia me pidió me acercara a mi novia y la besara, me calenté y mi novia también, Eugenia también me beso, mi novia no se dio cuenta de eso, estaba más tomada que yo, todo paso rápido, Eugenia le quito la ropa y yo me encuere rápidamente y ahí delante de ellos nos pusimos a coger…

    -Y… ellos la pareja que hicieron?

    -Lo mismo se pusieron a coger a un lado, pegadito a nosotros y pues yo le veía las nalguitas a Eugenia bien paraditas montada sobre su esposo… digo no es normal que este uno cogiendo con su novia delante de otros pero hasta ahí cada quien con su pareja…

    -Y… no fue así? Paso algo más? – La verdad me estaba excitando imaginar a Eugenia y su marido que recién conocía cogiendo, así como la atmosfera del lugar en que ahora estaba, todos los ahí reunidos estábamos bajo una tensión sexual que permeaba el ambiente, la música y las risas algunas nerviosas me llegaban pero en ese momento esta improvisada charla me estaba calentando

    -Se me hizo fácil agarrarle las nalgas a Eugenia, la tenía a un lado, y ella empezó a agarrarle las tetas a mi novia, ella es muy pudorosa pero se dejó hacer, se puso también muy caliente, como nunca la había visto, Enrique me jalo, me atrajo hacia ellos… me acerco a Eugenia, me salí de mi novia y me monte sobre Eugenia que estaba recostada con las piernas abiertas y pues me la cogí sin pensar…

    -Y… Enrique que hizo?

    -Pues se quiso montar sobre mi novia, al principio creo que mi ex novia se lo permitió en realidad no lo tengo muy claro… aparte pues es su jefe lo respeta mucho, el señor Enrique es muy serio y estricto… pero si vi que casi de inmediato lo rechazo y la verdad en ese momento no reaccione que su intención era tener relaciones con mi novia no me importaba mucho aunque la amo y soy mega celoso pero me importaba mas cogerme a Eugenia en ese momento además… esta buenísima la señora!

    -Y tu novia también Juan – Intervino Ramiro como si eso abonara en el buen ánimo de su amigo.

    -Si… la verdad, si me peso no me lo perdona…

    -Y bueno que hizo tu novia Juan? -Lo apresure

    -Pues por un momento la perdí de vista, Enrique se unió con nosotros y entre los dos nos cogimos a su esposa, a ratos me la cogía yo y se la mamaba a él y después era a mí a quien mamaba, así buen rato, cuando terminamos los dos en la cara de Eugenia mi novia ya estaba vestida, no hablamos mucho la lleve a su casa y al otro día ya no me contesto el teléfono ni me recibió en su casa… y todo acabo.

    -Y no te ayudaron a reconquistarla?… Eugenia y Enrique me refiero, sería lo justo, sigue ella trabajando con la pareja?

    -Si, Eugenia dice que no me preocupe que ya ha estado hablando con ella y pues…e so fue apenas hace unas semanas, y cuando me hablo para invitarme a esta reunión no tenía mucho ánimo, aunque pues si se me hacía excitante, solo les pedí no le comentaran a Sandra mi ex novia.

    -Vaya que historia!…excitante y con final triste amigo, lamento tu perdida, algo me dice que van a regresar no te preocupes, y pues disfruta esta noche, la verdad somos afortunados de poder vivir esta nueva experiencia… ignoro como sea la dinámica pero ya vieron que lindas parejas?… es un grupo muy homogéneo, mujeres muy bellas y sexosas junto a sus parejas caballeros todos de amplio criterio, igual las damitas que vinieron de invitadas están de muy buen ver… última pregunta antes de ir a ver a mis amigos que ya me llaman, y como llego aquí Ramiro?

    -Bueno a mi me invito Juan, somos amigos de toda la vida

    -Eugenia me invito como trio y me tranquilizo con respecto a Sandra no se enteraría, además me comento que está segura que ella se va a unir a este rollo tarde que temprano y me pidió si conocía a alguien de confianza como para invitarlo ya que tenían esta temática y temían que solo vinieran chicas invitadas por parejas y pues solo confió en Ramiro a él le había contado la experiencia que vivimos.

    -Entiendo… y si algún día tu novia aceptara regresar contigo y se integrara a este excitante mundo, lo aceptarías? Ya que eres celoso además que Ramiro está enterado y también tiene amistad con ella, crees que sería todo igual?

    -No lo he pensado, la verdad que cuando recuerdo esa noche trato de no recordar cuando vi a Enrique desnudo encima de ella yo si estoy dispuesto a perdonarla… lo importante es que regrese conmigo la extraño solo eso quiero

    -Y, tu amigo?… no tienes pareja? – Me pregunto Ramiro

    -No, a mi ya se me fue el tren aunque si me gustaría

    -Y serian swinger?… porque he leído que una vez que entras en eso ya está difícil salir… cuando yo me case ni loco metería a mi novia y futura esposa en esto para mi es solo cotorreo

    -La verdad?… muy buena pregunta, quizá no me lo había planteado pero después de escuchar la historia de Juan y haber vivido lo que pase con mis amigos si me gustaría encontrar a una mujer que compartiera esa fantasía conmigo y venir a una reunión como esta. Un gusto platicar con ustedes muchachos, integrémonos a la reunión.

    La fiesta tomaba ritmo hasta ahí no veía nada raro, algunas parejas bailaban, mis amigos y Eugenia entre ellos, Enrique platicaba con dos caballeros como si de una reunión de negocios se tratara, a toda luces eran socios o tenían negocios en común, no encajaba muy bien su seriedad con lo que me confió Juan de su aventura, en cambio su esposa irradiaba alegría y sensualidad… llegue a la barra y la misma chica que me atendió antes ahora estaba sirviendo bebidas, me destapo y entrego otra cerveza mostrándome una angelical sonrisa, su inocencia y juventud me hicieron reflexionar sobre lo enterado que estaría ella de atender una convivencia swinger, sus compañeros giraban entre los asistentes con todo profesionalismo ofreciendo bebidas o bocadillos, muy serios y serviciales.

    -Cansada? – pregunte a la chica

    -No para nada, la noche es joven estamos aquí desde las 7, a nosotros no nos tocó el montaje del evento – contesto sin dejar de sonreír

    -Y hasta que hora estarán? – Quería saber cómo era atender una fiesta swinger hasta este punto no veía a nadie desnudo o teniendo sexo, y entender como una chica no mayor de 20 años seguramente estudiante, con padres y quizá hermanos estaba en una reunión de degenerados.

    -Nos contrataron hasta las 2 am, aún nos quedan casi 3 horas, posiblemente se amplié el horario ya que en realidad apenas se ve que empieza el ambiente, en ese caso la empresa para la que trabajamos nos pregunta quienes pueden hacer horas extras, mas aquí que es zona exclusiva regularmente las fiestas son largas.

    -Ya has trabajado con esta familia? Es decir en esta casa?

    -No, primera vez que vengo pero si sé que en otras casas de esta zona es lo común -Contesto la niña sonriendo y surtiendo de bebidas a sus compañeros meseros, en total eran 5 personas que nos atendían, 3 chicos y dos chicas.

    -Te conviene trabajar extras me imagino? – Mi mente me estaba llevando a pensar si estaría presente cuando el bacanal iniciara quería ver su reacción o su comportamiento… sin embargo no veía indicios de ningún bacanal u orgia sexual.

    -Es cuando más dinero podemos ganar, independientemente que nos pagan extras las propinas suelen ser más generosas.

    -Trabajas de lleno en la empresa de servicio?

    -No, solo viernes y sábado, estoy estudiando

    -Vives aun con tus padres me imagino, estas muy joven

    -Si, aún vivo con ellos, este es un trabajo solo de fin de semana

    -Y no tienes problema con llegar tarde supongo

    -Atendemos varios tipos de eventos, la mayoría nocturnos, las bodas o de cumpleaños como esta y cuando me quedo más tarde aviso y viene mi papa o mi hermano por mí.

    -Bueno contigo me entero que es de cumpleaños, a mi me invitaron y no sabía, y bueno no traje ningún presente, ni se quien cumple años.

    -La señora de la casa, la señora Eugenia

    -Gracias por la cerveza y la linda charla, disculpa tanta pregunta, te dejo trabajar tranquila, me llamo David soy de Querétaro… cuál es tu nombre?

    -Mucho gusto señor, me llamo Lorena, disfrute la fiesta

    Busque a Marco y Lety ya que cuando estaba con Ramiro y Juan me hacían señas de que me acercara, no los vi en el área exterior, ni a Enrique y Eugenia, ni las parejas con las que conversaban. Ramiro y Juan platicaban con dos de las chicas que eran trio de alguien, la parejita joven se besaba morbosamente y la amiga con la que estaban tomaba apuradamente mirando para ningún lado, el resto de las parejas y unas chicas bailaban entre si y yo me senté en una mesa solo sin saber qué hacer, termine mi cerveza y cuando me dirigía por otra Lorena sonriéndome con una seña me la envió con un mesero, después de un rato me dieron ganas de orinar y fui al baño que estaba al final de la alberca y estaba ocupado, alguien me indico que adentro de la casa entrando estaba otro baño. Me dirigí de inmediato, la puerta corrediza estaba cerrada y no se veía hacia el interior, intente abrir de nuevo la puerta y entendí que estaba cerrada desde el interior con llave, iba a desistir y regresar al baño de la alberca cuando escucho que quitan el seguro y alguien desde adentro me abre…de pronto me topo con la fiesta sexual en pleno, mi retorcida e ignorante cabeza imaginaba que todo sería en la alberca al aire libre.

    -Upss perdón!… está ocupado el baño afuera – exclame de golpe al ver a Lety recostada en un sillón y abierta de piernas, con los senos de fuera y el vestido recogido arriba de la cintura, su marido entre sus piernas haciéndole oral, mientras en su boca estaba el miembro erecto de Enrique

    -Pasa adelante amigo te estábamos llamando! –Marco saco la lengua del sexo abierto de su mujer que ni se inmuto de mi presencia y gemía como la recordaba aquella noche.

    -Voy… al baño… regreso -Mi corazón latió a 130 por hora, no procesaba bien lo que vi, torpemente orine, me asee y salí sin pensar.

    -Siéntate a ver o únete amigo a eso venimos que no!

    De momento solo observe, me senté en lo que encontré a modo, aun no me recuperaba fue tanta la impresión de encontrarlos tan a bote pronto y cerca de la entrada, Lety gemía y se derretía entre la boca de su marido que hincado le chupaba la vulva y el botón de su clítoris abultado, levantándole las nalgas y recorriendo con su lengua hasta el ano, de golpe la volteo y quedo de frente a Enrique que seguía vestido asomando solo la verga erecta a la vez que sostenía y tomaba un vaso de licor, Lety le propinaba una mamada de campeonato ensalivando todo el pene hasta los testículos, como solo ella sabía hacerlo. Enrique por momentos parecía perder el equilibrio, la expresión de su cara inflexible ahora era de placer. El espectáculo era muy excitante, me llegaban su gemidos y otros gemidos femeninos, me pare y con cierta discreción atrás de otro sillón más grande estaba Eugenia con otra pareja, totalmente desnuda, esbelta y con un cuerpo exquisito recibía de perrito el miembro de alguien para mi entonces desconocido un tipo regordete, con el que antes platicaba Enrique. Enfrente de Eugenia tirada en el piso con el vestido levantado estaba la esposa del tipo gordito con las piernas abiertas recibiendo su lengua, emitiendo gemidos roncos que erizaban mi piel. Ahí estaban las tres parejas de amigos íntimos, compartiendo algo que seguramente repetían, sus cuerpos, su lujuria, su íntimo secreto de complicidad. De nuevo no supe que hacer, mi pene estaba ya erecto, necesitaba otra cerveza, pero tampoco quería perderme ese espectáculo…

    Continuará…

  • Mi primera casada: Continuación y resumen

    Mi primera casada: Continuación y resumen

    Hola estimados gracias por leer mi primer relato y los correos en comentarios sobre mi historia que es totalmente real, para quienes aún no lo han leído dejo el link al final de este relato.

    Como les comenté soy de El Salvador, un país del continente americano. Esta historia totalmente real la viví hace varios años cuando aún estaba soltero, pero que se me dió la oportunidad de tener una relación íntima con una chica casada.

    Después del primer encuentro con la chica que fuerzas de ser sincero ni el nombre supe porque fue de las reglas que pusimos claras que sería solo una aventura porque ella tenía esposo en ese momento, solo me comentó que el esposo tenía su negocio propio en el área costera del pacifico salvadoreño y que sabía llegar a almorzar a eso de la 1 pm todos los días a las casa por lo que nuestros encuentros se reducían al tiempo de 8 am después de dejar a su hijo en el kínder hasta las 11 am tiempo que tenía que pasar a recoger a su hijo al kínder y llegar a tiempo a casa para prepararle el almuerzo al esposo y esto de lunes a viernes por que los fines de semana su marido no salía de casa.

    Así que para venos para mí era un poco complicado porque para ese entonces yo trabajaba en una empresa en la cual no podía pedir permiso a cada rato y sin justificación, generalmente podía pedir permiso una vez al mes sin necesidad de justificación pero esa mujer estaba tan linda y tan sexualmente apetecible que cada semana me inventaba algún pretexto para faltar al trabajo.

    Ella era una mujer de unos 27 años una piel canela clara, cabello largo liso negro azabache, unos pechos hermosos no grandes no pequeños redondeados, unas piernas torneadas, una trasero como una abejita, paradito y que sobresalía de su cuerpo, recuerdo cada detalle como que le gustaba decorar sus uñitas de pies y dedos algo que me encanta de una mujer.

    Para nuestro segundo encuentro fuimos más directos de una sola vez se subió al carro ya teníamos planeado a que motel iríamos para que no perdiéramos mucho tiempo en el tráfico y como les comente ella era de lado sur de San Salvador (Capital de El Salvador), nos atravesamos parte del centro de la capital en menos de 10 minutos y entramos al motel, recuerdo que iba con pantalón vaquero que resaltaba su torneadas piernas una camisa que dejaba ver como sus pechos ejercían una fuerza totalmente opuesta la de la camisa que se veían que luchaban por estar en libertad.

    Nos íbamos calentando en cada alto, en cada semáforo en rojo aprovechando que mi auto tenia vidrios oscuros recuerdo que en pleno trafico la besaba con pasión y con mías manos recorría la delicada silueta de su cuerpo, su cintura, apretar su rico trasero o culo como decimos por estos lados con mi otra mano masajear sus pechos wooo estaba en el cielo con esa bella mujer,

    Llegando al auto hotel entramos en una habitación con cochera que al entrar el vehículo el portón bajo se cerraba de manera automática así que completamente cerrado el portón bajamos y comenzamos a comernos apasionadamente desde el auto subiendo por las escaleras que nos llevarían a nuestro lecho de pasión y lujuria prohibido fuimos dejando prendas de cada uno en el camino hasta que llegamos a la habitación cerramos la puerta y la tire a la cama ya en ese punto solo tenía puesto una micro tanga (hilo) y unos zapatos altos que la hacía ver muy sexy.

    A mí me encanta hacer oral a una mujer la verdad los disfruto tanto que creo que eso le gustaba a ella porque el marido no le hacía oral y yo era con lo que comenzaba puedo pasar horas haciendo oral y creo que eso le encanto, pasamos hacer un 69 me dijo que a su marido jamás se la había mamado porque ella lo veía como algo sucio pero estando conmigo y que yo le hacía tan rico oral yo merecía que ella me consintiera de la misma manera.

    Comentar que soy aficionado a los relatos eróticos en especial de infidelidad cuando son contados por mujeres desde el 2003 tengo un perfil en una página de este tipo, pero jamás he escrito allí, pero leer tanto relato o confesión creo en mí una fantasía por las casadsa pues encontré que con alguien diferente al marido hacen cosas que ni se imaginan, dicho lo anterior pues sigo comentando y fui confirmando lo de los relatos de infidelidad porque esta chica era una loba en celo, wooo hacia cosas que jamás haría con el marido en nuestro segundo encuentro que intenté penetrarla por atrás, pero ella se asustó y no me dejó, en encuentros más delante logré que me confesara que era virgen de su culito, algo que me dio más ganas de hacerla mía y que lo conseguí, creo que haré una mezcla de encuentros para no aburrir con mi historia.

    Logré hacerla mía por su culito que rico fue gritaba de placer decía “dame más dame más soy tu puta casada cógeme como nadie me ha cogido”, le decía “quién te coge mejor tu marido o yo” y decía que yo, que su marido ni se imaginaba a la puta encerrada que llevaba adentro, para nuestro segundo encuentro en adelante ella planificó con inyección a escondidas de su marido para que yo pudiera terminar adentro de ella.

    La hice mi puta, mi amante morbosa y lujuriosa que hacia lo que yo le decía como por ejemplo que días podría coger con su marido y que días no, sabia venirme en su boca y se tragara mi leche, pero le pedía que cuando llegara su marido a su casa lo recibiera con un beso de lengua para que el cuernudo probara mi leche sin saberlo, generalmente después de cada encuentro terminaba adentro de ella en su conchita depiladita y pedía que cogiera con su marido para que el chapaleara mi leche dentro de ella y le pedía que se tomara videos con su celular a escondidas del marido para después ver esos videos en nuestros encuentros.

    La mandaba sin ropa interior para su casa, le pedía un día antes que me mandará fotos de las tanguitas para yo elegir el que se pondría el día siguiente sin que su marido se diera cuenta.

    Fue tanta nuestra locura y descaro que en una ocasión quedamos de encontramos en un centro comercial cuando ella anduviera junto con el marido de compra y que se perdería unos minutos para entrar a mi auto en el que estaba yo esperándola tuvimos sexo en el carro en el parqueo de un centro comercial y se la mande al marido escurriendo mi leche en esa ocasión pedí que llegara en vestido y un hilo de bajo comentándome que el marido se sorprendió que saliera en vestido ya que generalmente no los usaba si no solo para ocasiones especiales y sí que fue una ocasión especial, tampoco sabía que andaba hilo y que se la envié sin nada abajo del vestido y escurriendo, wooo la verdad la chica de la historia me dejo tan bonitos recuerdos de nuestras locuras, perdí el contacto con ella porque ella decidió que no podríamos seguir haciendo esas locuras porque sentía que se estaba enamorando de mí y que las reglas desde el inicio fueron claras pues y que ella misma las había puesto.

    Tuvimos sexo en el carro en pleno tráfico en calles exclusivas de San Salvador, a la orilla de carretera, salimos un lugar alejado de SS siempre cuidando el tiempo en el que teníamos que estar de regreso para sacar a su hijo, en ese lugar alejado la intención fue exhibirla a un chico desconocido de una estación de servicio en lo que yo me baje llenar el tanque de combustible de mi auto ella bajo el vidrio de su ventana para dejar que el chico pudiera ver sus pechos totalmente fuera de la blusa al chico se le salían los ojos al momento de pagarle le dije espero que te haya gustado ver a mi putita casada.

    Aquí he resumiendo la relación con mi primera casada, espero no haberles aburrido y haber hecho que la imaginación de uds. les haya descrito cada momento real que viví.

    Soy de El Salvador y sigo buscando chicas casadas, pero es difícil encontrar una chica que quiera una relación clandestina y confidencial, espero sus comentarios y correos, pero en especial si eres una mujer y aún más si eres casada siendo fantástico que fueras de El Salvador, Guatemala, Honduras o Nicaragua.

    Saludos mi correo [email protected].

    “Mi primera casada”

  • Encuentro con amigos

    Encuentro con amigos

    Recibí tu llamada un poco después de las 19 h.  Estabas con Laura, amiga tuya de tiempo atrás de muchas correrías, que te había contactado ese día, después de varios años de no verse. Te invitó a tomar un café después de la oficina, lo que aceptaste de muy buena gana y me llamabas para avisarme que posiblemente llegarías un poco tarde a nuestra casa, mencionando una frase que entre nosotros ya teníamos establecida, para decir que sería algo más que un café: «mientras, revisa de favor los diagramas que te mandé y luego los comentamos», con una ligera sonrisa pícara al final de las últimas palabras. Te deseé que lo disfrutaras y que todo estuviera bien.

    Fueron a recoger el café y ella te sugirió ir a su casa para tomarlo, a lo que accediste de inmediato. Me enviaste un mensaje diciendo: «va a ser en su casa, así estaremos más cómodas». Yo te contesté: «muy bien y mucha suerte». Un poco antes de las 10 de la noche me enviaste un nuevo mensaje: «Todo bien, ¡más que bien!, y acaba de llegar Andrés. Creo que estaré más tiempo de lo que pensaba. Te encantará que te platique después. Te amo.» «Besos, yo también te amo» fue mi respuesta y me puse a ver la tele un rato. Me fui a acostar poco después de la medianoche.

    A las 3 am, el zumbido del celular anunció que llegaba un mensaje tuyo: «Voy para allá amor, me llevan ellos, te deseo tanto. Ya te contaré. Besos que te daré pronto y algo más». Te contesté: «muy bien, vengan con cuidado».

    Poco tiempo después, escuché la puerta de nuestro cuarto abrirse, y alcancé a ver tu silueta entrando a la recámara, mientras retirabas tu gabardina y te ibas quitando los zapatos. Sólo alcanzaste a saludarme y entrar al baño para quitar el resto de la ropa rápidamente.

    Apagaste la luz del baño y te acercaste a la cama, desnuda, bella, abrazándome y dándome un beso delicioso en la boca. Conservabas aún el sabor a sexo, olías y sabía tu piel a sudor y semen y me restregabas tus senos en mi cuerpo, metiendo tu lengua en mi boca, dándome a chuparla, mientras que tu mano iba hacia mi pene para empezar a tocarme. Me decías que habías llegado bien y que ellos mandaban saludos. Que les habías contado que ya llevábamos tiempo juntos y que me querías contar lo que había pasado, mientras mojabas tu mano con tu saliva y la llevabas a mi pene que ya estaba empezando a despertar por las caricias que me prodigabas.

    Ella había pasado por ti a tu oficina, al entrar a su auto, se saludaron efusivamente, primero con un beso en la mejilla, un abrazo fuerte y luego ella tomó tu cara entre sus manos y te plantó un beso en la boca con mucha pasión e intensidad, que tu correspondiste entregándole tu boca, después de muchos años de no verse. Ella fue la que sugirió que fueran por el cafe, pidiéndolo para llevar e ir mejor a su casa.

    Tu llevabas un vestido entallado azul con finas líneas grises y un saco a tono, rematado con un collar, medias ligeramente obscuras y unos zapatos de tacón mediano color azul obscuro. Ella traía un traje sastre gris oxford con falda, blusa blanca y zapatos negros de tacón. Pasaron por el café y mientras esperaban se tomaban de la mano, poniéndose al día sobre los trabajos y lo qué estaban haciendo en los planos profesionales y personales.

    Ella te comentaba que seguía con Andrés, y que no le había dicho aún que estarías en la casa. Que, si tú no tenías inconveniente, igual y sería una sorpresa para él. Laura y Andrés eran una pareja que en alguna época de tu vida, se habían frecuentado y llegado a intimar, realizar algunos tríos, así como hacer con ellos un par de viajes, y ocasionales visitas a su casa para disfrutar de encuentros muy candentes, eran de tus secretos que me habías contado en alguna ocasión que tuvimos sexo intenso y se dio para compartinos experiencias.

    Laura trabajaba en una empresa en el mismo edificio que tú y se habían cruzado ocasionalmente en los elevadores o pasillos, llegando a coincidir en alguna comida en el área de comedor, donde compartieron mesa. Allí comenzaron una grata y extensa relación de amistad. Al llegar al domicilio de Laura, en un complejo horizontal que era nuevo para ti, aprovechó ella para enseñarte su casa y ya llegando al cuarto principal con baño y vestidor, se paró detrás de ti, abrazando tu cuerpo, colocando su cara en tu cuello, empezó a besarte diciendo al oído que te había extrañado mucho todos esos años y que le daba enorme gusto poder encontrarse contigo de nuevo.

    Tu veías por el espejo, la forma tan cariñosa y afectiva en que te abrazaba y cómo se perdía en tu cabello para llegar a tu cuello y empezaba a despertar sensaciones tan especiales que te excitaban, recordando anteriores encuentros que habían sido muy intensos y altamente explosivos, sexualmente hablando. No tardó en quitarte el saco, y empezar a acariciar tu cuerpo, tus caderas, tus senos, tu cara, y besarte más, mientras tú te entregabas a sus caricias. No dejaba de admirarte y de mencionar que seguías conservándote tan bella y hermosa, así como muy atractiva como siempre.

    Sus manos recorrían tu cuerpo a todo lo largo, acariciando tus caderas, lo que te hacía levantarlas hacia ella, en señal de excitación y deseo. Su boca se iba acercando a tu mejilla, su lengua te acariciaba los lóbulos de las orejas y te hacía sentir chispazos de electrizante excitación, que se reflejaba en tu respiración y en lo hinchado de tus senos, que pronto fueron objeto de sus caricias con sus manos, estrujándolos mientras ella te pegaba su cuerpo a tu espalda. Te recargabas en el lavabo y llevabas tus manos hacia atrás para sentir su cuerpo.

    Ella se había retirado el saco y debajo de la blusa no llevaba brasier, como acostumbraba, sino una ligera playera o fondo. Tus manos le recorrían la cadera, las piernas y el costado, mientras ella seguía besando tu cuello y diciéndote lo rica que estabas, lo antojable y sensual que siempre te veías. Tu seguías de frente al espejo, y ella se separó para meter sus manos por debajo de tu vestido, y tocar tu sexo, sintiéndolo mojado de la excitación que te provocaron sus caricias previas. Metió un par de dedos en ti y los sacó para probar tus jugos. Volvió a hacerlo y los llevó a tu boca, que lamiste con deseo y excitación.

    Entonces, llegó a tu ropa interior y de un jalón, libró tus ricas y atractivas nalgas y bajó esa prenda hasta tus tobillos que rápidamente te libraste de ella por tus pies, arrojándola a un lado. Ella levantó tu vestido y empezó a acariciar tus nalgas, estrujarlas con sus manos, observando lo ricas que están y empezando a deslizar un dedo entre ambas, para acariciar primero tu culito y empezar a cubrir la distancia con tu vagina, para lo cual, separaste tus piernas y te reclinaste un poco para darle mejor acceso a sus caricias. Observabas en el espejo sus caricias y que volvía a pegar su cuerpo, donde sentías sus senos firmes, ricos, generosos, rozando tu espalda. Sus manos recorrían tu cuerpo ya por debajo de la ropa, arrancándote gemidos y mayor excitación.

    Hace tiempo que no sentías sus manos expertas tocarte de esa forma. Tú te dejabas llevar. En eso, ella levantaba más tu vestido para sacarlo por tu cabeza, gracias al escote al frente que volvía locos a más de uno habitualmente. Levantaste los brazos y quedaste con tu brasier y medias frente al espejo. Ella lo desabrochó, tus senos quedaron deliciosamente desnudos y fue retirando esta prenda para luego hacerte girar y quedar frente a ella. Se alejó un poco para verte y te exclamó que siempre le has gustado y se acercó a darte un intenso y pasional beso en la boca, mientras que ahora te acariciaba la cadera y llevaba sus manos a tus senos para acariciarlos, apretarlos y tomar tus pezones ya erectos con sus dedos, lo que te genera excitación inmediata, mientras tu apresurabas a retirar su blusa, el fondo y la falda. Quedando expuesto ante ti, su cuerpo hermoso y bien cuidado.

    Te inclinabas un poco y llevabas sus senos a tu boca, para saborearlos mientras aventurabas una mano a su entrepierna, recibiendo una descarga de humedad de su creciente excitación. Te tomó de la mano y fueron a la recámara, donde te acostó boca arriba y se puso a disfrutar de lamer tu sexo, comerte la vagina y lamer tu culito, sin dejar de jugar metiendo un dedo y luego dos en él. Tú estabas entregada a sus caricias y ocasionalmente se besaban con pasión y el deseo guardado por muchos años. Se subía a la cama acostándose a tu lado, sin dejar de cogerte con sus dedos y te levantaba la cabeza para darte sus senos a chupar, cosa que hacías con lujuria e intensidad, hasta que los movimientos de su mano dentro de tu vagina, fueron surtiendo efecto y comenzaste a venirte intensamente, lo que provocó que tu cuerpo empezara a convulsionarse, mientras un orgasmo potente, mojaba la mano con que te daba placer.

    Me comentabas que habían estado cogiendo, agregando un consolador y un vibrador a la acción, con los que se propinaron sesiones de intensa excitación y orgasmos mutuos. Incluso tomaron un baño juntas donde se volvieron a masturbar y coger mutuamente bajo el agua de la regadera.

    Ya fuera de la regadera, te envolviste en una toalla mientras que, con otra, estabas secando tu cabello, regalándose ocasionales besos y caricias entre Laura y tú, cuando salió ella del baño repentinamente. Escuchaste la voz de ella y distinguiste que hablaba con Andrés, que ya había llegado. Ella le decía animadamente que le tenía una sorpresa, y lo iba conduciendo a la recámara principal. Con cierta alegría le preguntó Andrés que ¿qué andaba haciendo? o ¿qué se traía entre manos?, a la vez que atravesaban la habitación hacia el baño. Lo detuvo antes de entrar, le pidió cerrar los ojos y le acercó a ti. Le pidió extender una de sus manos, que puso en tu hombro y el recorrió el camino hacia tu cara para entonces abrir los ojos y llamarte por tu nombre con una expresión de gusto por verte de nuevo. Te abrazó, prácticamente la toalla se te cayó y te dio una serie de besos en tu boca, cara y cuello, a la vez que te acariciaba toda y se abrazaba a tu desnudo cuerpo.

    Laura lo llevó a la sala para pedirle que preparara alguna bebida y darte oportunidad de terminar de arreglarte. Fue cuando me mandaste el tercer mensaje de que pensabas que tardarías más en regresar. Te pusiste tu vestido ya sin ropa interior, te calzaste los zapatos y antes de ir a la sala, pudiste constatar en el espejo como tus pezones erectos coronaban tus senos, marcándose en la fina tela del vestido, dándote una imagen altamente seductora y sensual.

    Ya en la puerta de acceso a la sala, te detuviste para ver a Andrés sentado en el sillón de tres plazas, ya sin ropa y a Laura hincada entre sus piernas, entregada haciéndole una rica en intensa mamada a su ya despierto pene. Andrés te jaló hacia él y abrazándote de la cadera, se llevó tus senos a su cara, aun con tu vestido puesto, diciendo que era una grata sorpresa y que le encantaba sentirte y verte tan sensual, intensa y atractiva como siempre, mientras te acariciaba la cadera, tu espalda y comenzaba a tocar tus senos. Abría el escote y acercaba tus senos a su boca, mientras acariciaba tu cadera y hurgaba entre tus nalgas, rozando tu culito y vagina y tú le abrías el compás para dejarlo llegar totalmente hacia tu sexo deseoso. Te encantaba sentir su boca comiéndote los senos, jugando con tus pezones y tocándote toda. Tus jugos volvían a mojarte rápidamente.

    En eso se levantaba Laura y dejaba a tu vista el pene ya muy erecto y mojado de Andrés. Tú giraste un poco tu cuerpo y lo tomaste con tu mano para recorrerlo y decirle que era un pene que te encantaba coger y que te cogiera intensamente. Ahora Laura se unía a Andrés para chupar tus senos, mientras le preguntaba si estaba disfrutando la sorpresa. A lo que Andrés dijo que sí animadamente. Te separaste de él un poco y sin soltar su ya dura verga, te acomodaste para meterla en tu boca, saborear la punta y lamerla a todo lo largo, hasta llegar a sus testículos que apresuraste a meter en tu boca y succionarlos, lo que le arrancó a Andrés gemidos muy intensos, que se multiplicaron durante el recorrido de tu lengua y labios sobre ese tronco que te gustaba sentirlo de nueva cuenta bajo tu control.

    No tardaste en montarlo, colocándolo en la entrada de tu vagina y apoyando tu peso poco a poco para ir sintiendo cómo se abría paso, primero la punta, dejando lugar al grueso tronco, hacia el interior de tu cuerpo, hasta prácticamente encajarte toda en él. Sentías la base de su pene rozando tu clítoris. Laura y Andrés te veían admirando lo sensual y excitante del momento. Lo mantuviste allí brevemente y abriste los ojos para inclinarte hacia él y decirle lo rico que sentías tener su verga de nueva cuenta en ti, mientras le besabas con intensidad y lujuria.

    Laura observaba como empezabas a moverte sobre él, y lo electrizante de todo le hacía empezar a tocarse ella con una mano, mientras que con la otra, la llevaba a tu cuerpo para acariciarte. Le decías a Laura que ahora te tocaba disfrutar a Andrés y que pensabas hacerlo intensamente. Levantabas tu cadera y se escuchaba lo mojado que ya estaba tu sexo, en cada bajada para hacer que te entrara toda su verga de nuevo. Lo estabas haciendo gozar y tú te corrías cada dos o tres bajadas, sintiéndote llena de ese pene que te había hecho gozar antes. Acelerabas tus movimientos, ahora desplazándote de adelante hacia atrás, disfrutando intensamente de la cogida.

    Él recordaba que no se había alcanzado a poner un condón y te comentaba que si te levantabas para ponérselo, pero le decías que no. Que lo querías adentro, para que así te fueras a tu casa, lleno de semen. Andrés trató de incorporarse y tú lo detuviste, moviendo de forma frenética tu cadera para hacerlo venirse en ti. No pudo más con la excitación y comenzó a correrse dentro de ti, en forma abundante, mientras tú le regalabas otro orgasmo más, justo al sentir su esperma empezar a llenar tu vagina. Laura no dejaba de correrse una tras otra ocasión de lo excitante del momento.

    Después de recuperar el aliento un poco y que terminara tu orgasmo tan intenso, te desmontaste de esa verga y bajaste a saborear los jugos de ambos. Lamiendo cada espacio de esa verga dura, poniendo nuevamente en condición de combate a Andrés. Entonces los tomaste de la mano y los llevaste a la recámara donde te pusiste en 4 puntos y le diste tu trasero para que te cogiera de nuevo el resto de la noche. Con Laura, se abrazaron, se besaron, te tocó, lamió y preparó tu culito para que te ensartara Andrés también por allí. La sensación de tenerlo llenándote de nuevo tu culito y vagina era placentera y reconfortante. Te llenaba toda, en ocasiones con fuertes y profundas penetraciones, otras despacio y meciéndose en ti.

    Dos veces más lo hiciste venir hasta exprimirle todo el semen de sus bolas. Entonces fue que les pediste que te llevaran a la casa. Ya que había que trabajar al otro día. Cosa que hicieron inmediatamente, aunque ya eran poco después de las 3 de la mañana, que fue cuando me enviaste tu último mensaje antes de regresar.

    En el trayecto, no dejaste de tocar a Andrés, para ponerlo duro nuevamente y ya por llegar, lo hiciste detener el coche para sacarle su enhiesto pene, y dedicarle unas ricas mamadas profundas, que te hacía sentir traspasar la punta hasta tu garganta. Te sacabas su pene de la boca para besarlo y preguntarle si te extrañaba, a lo que él contestaba que sí, que extrañaba tu fuerza e intensidad para coger, tu cuerpo tan sensual, tu boca maravillosa, tu respuesta tan pasional y tu deseo tan marcado por coger rico. Tú volvías a chupar su pene con intensidad, arrancándole los últimos momentos de control, logrando que se viniera de nueva cuenta con espasmos fuertes dentro de tu boca, lo que aprovechaste para tragar todo el semen que te depositó en tu boca, y besar a ambos de despedida, agradeciendo tan excitante noche.

    Y mientras me contabas todo con lujo de detalle, te subías en mi verga, metiéndola profundo en ti para que te sintiera llenita de semen de Andrés, prometiendo que haríamos una sesión con ellos pronto, restregando tu hermoso cuerpo en mi.

  • El regalo: Un antes y un después (Vigésima parte)

    El regalo: Un antes y un después (Vigésima parte)

    ¿Cuándo me enamoré de Silvia?  Pues lo hice cuando la vi, en el primer instante, aunque después de a pocos la pude conocer mejor. Y luego fue incrementándose en mí el sentimiento, las ganas de saber y compartir mucho más tiempo yo con ella, que los pocos instantes que mi amigo solía disfrutar con su entonces novia. Mi amor por ella fue tomando forma entre espacios temporales, cada quince días, luego cada ocho y así, hasta vernos casi a diario. Un aprecio que se convirtió en especial cariño, para terminar dando paso a extrañas aprensiones, sí, amistosos celos al ir compartiendo detalles de su vida íntima, sus sueños a futuro y crear entre los dos una necesaria complicidad y compromiso por el bienestar de los dos, como amigos nada más.

    Silvia y yo nos fuimos entendiendo, muchos momentos de compartir y uno que otro hobbie similar. Todo hasta lograr formar una especie de vinculo sentimental; ella creyendo estar muy enamorada de su novio y yo, tan pendiente de que mi amigo no la hiciera sufrir. Porque había que decirse siempre la verdad, no ocultarse nada y obviamente estando yo en medio de su relación, conocía al detalle los devaneos de uno y las expectativas de la otra. Y acariciando aquella aceitada y brillante espalda, pensé en Almudena y su clase, la exposición sobre el amor en una pareja y la fidelidad. ¡Lealtad! Y claro, yo tenía ese día secretos que me sentaban mal y por lo visto, mi mujer también.

    Yo preguntaba, obviamente con las ganas de saber si el viaje de mi esposa a la Sierra había sido programado, previsto con anterioridad para verse con su jefe. O como últimamente en aquella época nos solía pasar, era todo producto de los desvaríos del destino.

    Frotaba concentrado su espalda cuando me sobresalté al conocer que su compañera de oficina, compartía piso con una Eva. ¿Sería la misma tabernera que conocí y se esfumó de la rumba? Y sin embargo, era eso lo de menos. Lo demás era aquella fotografía grabada en mi mente. Un paisaje, un camino. Cuatro niños, los de adelante en la toma eran los hijos de Martha y los más pequeños, los del fondo de la imagen, eran claramente los míos.

    ¿Sería posible que mientras yo estaba con Martha su esposa, desnuda junto a mí, Silvia mi mujer y Hugo su jefe, pasearan por allí tranquilamente? Él y ella, mi suegra y su marido junto a los abuelos de los hijos de Martha… ¿Un paseo familiar? No, eso sería demasiado.

    —¿Lo conoces? —Me preguntó mi esposa como si nada. Sin embargo noté que había cierta tribulación en su voz cuando me respondió con aquella pregunta.

    —Algo sí. De aquellos senderos me comentaron los clientes que visité en Cercedilla. Me hablaron de varios caminos que suelen recorrer con los turistas que los visitan y me dijeron de ir hasta uno que tenía una excelente panorámica. —Le respondí y… ¡Esperé!

    —Amor… ¿Podrías quitarme las bragas? Es que no quiero que se manchen. ¡Estas me encantan! ¿Recuerdas que me las regalaste para el día del Amor y la Amistad? —Sí mi vida, claro lo recuerdo perfectamente. ¡Humm, te quedan de muerte! —Le contesté.

    Y limpiándome las manos con una toalla, de las delgadas tiras negras, las fui bajando de sus nalgas, pasando por sus piernas, hasta sacarlas por sus pies. Las miré con detenimiento, curiosa morbosidad para verificar manchas, flujos distintos. Normal todo, hasta su aroma. Las dejé a un lado, apartadas junto a su blanco brassier.

    Gotas translucidas de viscoso aceite, cayeron en el centro de su cintura, sobre los finos vellos que entrelazados formaban una especie de entramado, la frontera entre el valle de su espalda y el inicio hacia sus atractivas colinas, para disfrutar de la redondez de aquellas hermosas nalgas. Froté, deslicé mis manos hasta dar un recorrido por aquellas anchas caderas y luego con lentitud, apreté su nalga izquierda, elevando su piel blanca, redonda y aun firme, gracias a la genética con la que había sido mi esposa, mi mujer, esculpida. Más aceite en mi mano zurda, mas caricias en su glúteo derecho, repitiendo sin afán el mismo procedimiento. Círculos, leves pellizcos que le hacían pegar pequeños saltos acompañados de una risa. Mis manos subiendo y bajando, dibujé un corazón con la uña sobre la colina derecha y el la izquierda nuestras iniciales.

    —Precioso mío… ¡Hummm! Me estás relajando tanto y tan rico mi amor. ¡Ufff! Que delicia por Dios. Mi cielo… ¿Estás seguro de que no pasó nada en casa de tu cliente? Es que me parece que estas como arrecho esta noche. ¿Sí te portaste juicioso mi amor? —Silvia con su cabeza girada hacia su derecha, sin abrir para nada sus ojitos cafés, me preguntó sorprendida por mi actitud tan cariñosa y yo, sin saber cómo me iba a tomar su mentira o su verdad, decidí contarle la mía, pero a medias.

    —¡Jajaja! Sí mi amor, como te lo prometí. No hice nada… Pero si me hicieron a mí. ¡Es una sorpresa! Un regalo que Almudena envió para que lo disfrutes, conmigo. Pero antes cuéntame, tú… ¿Te agradó lo que viste? Le terminé por preguntar. —Ofrecí mi mano, quería ver si ella me brindaba la suya. Sin presiones.

    Mi esposa abrió súbitamente los ojos e intentó incorporase para mirarme, pero yo coloqué mis manos sobre sus hombros masajeándolos e impidiendo que lograra levantarse.

    —¿Qué regalo? ¿Dónde está? —¡Tranquila mi vida! Qué si te portas bien, más tarde te lo entrego.

    —¿Y bien? —Dejé en el aire la pregunta y bajando de nuevo mis manos aceitadas, reanudé el masaje en su culo.

    —¡Espera! Dame un momento mi vida, que vamos a terminar estropeando el edredón. —Y dejé que Silvia se pusiera en pie y de nuestro baño tomara una toalla larga para extenderla, sin embargo después, desnuda como estaba, se arrodilló de frente a mí. Me miró y en aquellos ojitos vivaces, con el café de mis mañanas en su iris, pude ver la serenidad y el brillo acostumbrado, cuando con sincera regularidad ella me decía…

    —¡Te amo! Y quiero que te lo metas en esta cabezota. ¡Te adoro! Eres el hombre de mi vida. —Y a continuación nos fundimos en un beso intenso, profundo y húmedo. Nuestros besos apasionados regresaban.

    —Cielo, debo contarte que también sucedió algo más esta tarde. —Silvia se dio vuelta, acostándose nuevamente pero esta vez boca arriba, con sus dos brazos cruzados bajo su nuca, mirándome fijamente. —En el camino aquel, al poco de emprender la ida nos encontramos con mi jefe–. Hizo una pausa para seguramente, confirmar mis gestos, mi reacción. Y al no ver ninguna expresión de sorpresa por parte mía, ella prosiguió.

    —Al contrario de lo que te puedas o quieras imaginar, fue algo casual. Mi amor, mi viaje era una farsa, quería estar lejos de ti porque estaba molesta contigo y además para darnos tiempo a pensar, recapacitar los dos en lo que estábamos atravesando. Se me ocurrió lo del dichoso viaje a La Sierra porque sabía que don Hugo iba a pasar con sus hijos el fin de semana. Fue mi madre la que por salir del paso contigo, me siguió el juego y los niños escucharon la conversación entre ustedes y la palabra «piscina» fue el detonante para emprender este paseo. —Yo acomodé mis piernas nuevamente a los lados de las de Silvia, y mis manos descansaron sobre sus costillas, tentado de estirarlas hasta alcanzar sus senos.

    —Ya sabes cómo los mima Alonso, así que él ideó pasar el día por allá en unas piscinas naturales que ya había visitado. Te juro mi vida, que no lo planee para verme con mi jefe. Nos saludamos, me presentó a sus padres y a los hijos. Son dos, una niña muy bonita y un pequeño muy apuesto como… Bueno bastante parecido a su padre. —Silvia me tomó de una de mis manos, apretándola con algo de fortaleza.

    —Cielo, mi amor… Ya sabes cómo es de parlanchina mi mamá, así que entablaron conversación pero solo por unos momentos. No fue mucho. Eso fue todo, nos despedimos y ellos prosiguieron su camino. Nosotros de la misma manera, continuamos nuestro recorrido. Fue algo fortuito. En serio. —Entonces, tras escucharla y percibir honestidad en su relato y que todo encajaba con las piezas que yo guardaba en mi mente, me agaché sobre el cuerpo de mi mujer y en su boca deposite un beso corto, casi un roce de mis labios a los suyos y apartando mi rostro tan solo unos centímetros le dije en voz baja…

    —Y hablando de tu jefecito… ¡Perdón! De tu jefe… ¿Finalmente se arregló con su mujer? ¿Ya hablaron? ¿Qué te ha dicho él? —Silvia, que se había mantenido hasta entonces con sus brazos por detrás de su cabeza, retiró el derecho y estirándolo, con su mano acaricio mi mejilla no una sino dos veces. No la apartó, la dejó pegadita a mi piel y me respondió.

    —Pues en honor a la verdad, lo cierto mi amor es que no. No quiere hablar con ella y… ¿Sabes? Lo entiendo. Es que es de una bajeza moral más grande que la Muralla China, lo que le hizo con ese muchacho y con el otro. Vaya una a saber con cuantos más. ¡Pobrecito! Está bien que se lo «coma» con su amante en un hotel, en su coche o en el baño de un bar. Pero meterlo en su propio hogar, hacerlo allí es… Es una malparidez ni la hijueputa. ¡Oops! Perdóname cariño, me exalté. —Y me puso su acostumbrada carita de niña mimada, arrugando su nariz y un infantil puchero en su boca. Amoroso le sonreí su grosería.

    —Pero mi amor, si algo he podido ver en estos últimos días, es tu facilidad de comunicación con él. Podrías indicarle, ayudarle a tomar un camino por el bien de él, de su familia y obviamente de esa mujer, de su esposa. ¿No lo crees? —Le pregunté, mientras tanto Silvia retiraba su mano de mi mejilla y luego la bajaba hasta mi pecho, cubierto prudentemente por mi camiseta gris ratón, estampada con los rostros de Scully y Mulder, los protagonistas de Archivos X.

    —Pues mi amor es que tú no lo escuchaste hablar con su esposa a los gritos y por supuesto, no viste aquel video. ¡Ufff! En serio, cualquier hombre en su lugar haría lo mismo. Se divorciaría ¡ipso facto! —Guardé prudente silencio, pensando en mi siguiente jugada y con la imagen del cuerpo desnudo de Martha, tan claro y cercano, que no requería de imágenes digitales. Pero eso, mi mujer ni lo imaginaba. Respiré y esperé unos segundos hasta que ordené las palabras y con mesura se las pronuncié.

    —Pues si tu fueras ella, yo primero que nada me preguntaría porque sucedió su infidelidad y buscaría respuestas primero dentro de mí y luego si, en ti. Y antes que salir por la puerta con las maletas llenas de toda una vida juntos, y dejarte tirada junto a mis hijos, buscaría hablar, dialogar con alguien que me guiara prudentemente el paso a seguir. ¿Sabes que hay muchos especialistas en tratar estos temas de parejas en la ciudad? Tal vez si tu… ¡Digo! como la amiga y confidente que eres, hablando con él, si encuentras algún momento en tu oficina, así como quien no quiere la cosa, le propones o le sugieres que hablando con su esposa, los dos acudan a ver a algún psicólogo de cabecera que les indique un camino mejor al del divorcio. Hay que pensar en los hijos, lo difícil y traumático que puede ser para esos niños.

    Se lo expresé con bastante sinceridad. Yo pensaba en los míos, si con Silvia sucediera algo en ese dichoso viaje y yo no tuviera otra opción más. Silvia me miró, acariciando mi muslo izquierdo y me asusté un poco.

    —¡Sabes qué Rodrigo! –Me respondió elevando un poco el tono de su voz y me preocupé–. Por eso es que te amo. ¡Te adoro mi cielo hermoso! Tienes un corazón muy grande y está inscrita en tu alma para siempre, tu gran nobleza. Pero mi cielo, será que si… ¿Me escuchará? Es que mi vida, lo de ella es muy fuerte. Don Hugo quedó desolado al verla gozar con ese joven. —De nuevo silencio y quietud en el movimiento de su mano en mi pierna.

    Decidí proseguir con el masaje, untándome las manos de nuevo con el aceite de coco y con suavidad la tomé del cuello, subiendo y bajando lentamente, provocando un leve estremecimiento en el cuerpo de Silvia. Y moví mi alfil hasta el fondo del tablero, para provocar alguna reacción súbita en el rostro de mi reina.

    —Mi amor, pero también pongámonos un momento en el lugar de esa señora. No has pensado que la culpa también puede estar en tu jefe. Qué tal que el hombre la tenga descuidada… ¡Que sé yo! Por temas de trabajo, sus viajes o por lo que sea y… ¿Qué de pronto tu jefe sea «mal catre» y un «polvo de gallo»? Porque según me cuentas, su mujer es hermosa y bastante atractiva. ¿No es así? —Le pregunté sin demostrar demasiado interés para no despertar sospechas.

    Mi esposa no respondió de inmediato, respiraba ya un poco más agitada, manteniendo cerrados los párpados y yo no sabía si era porque en su mente, desfilaban eróticas escenas que yo desconocía; o las de aquella tarde en el baño del hotel, con su jefe desnudo y mi esposa, según ella, a medias. Tal vez yo comenzaba a elucubrar ideas malsanas y su estremecimiento era provocado por mis dedos, que acariciando sus pechos, en círculos con mis pulgares sobre sus aureolas, los aceitaban. De pronto fuera el disfrute recibido por mi inconsciente manera de pellizcarle los rosados pezones, tan erectos y brillantes. ¡No supe a qué atenerme!

    —Aghhh, mi vida… que rico. ¡Pufff! Me tienes ardiendo de ganas. —Y entreabriendo sus ojos, Silvia me miró con deseo y humedeciendo sus labios con la punta de su lengua, me dijo…

    —Amor, en serio que no tengo ni la más remota idea, si mi jefe «picha» mal o rico. ¿También quieres que le pregunte sobre eso o mejor lo compruebo? ¡Jajaja! —Sonriendo me respondió. ¿Tan solo bromeando? ¿O no?

    —Pues si tú quieres… ¡Porque no me consigues el número telefónico de la esposa y yo también hablo con ella y pruebo! Así después tú y yo cruzamos información. ¿Te parece? —Le contesté también medio en broma.

    —Ha-ha-ha. ¡Qué más quisieras mi amor!… Pero si mi vida, tienes razón de que algo de culpa debe tener él. Porque si en su casa es igual de frio y distante como usualmente era en la oficina, pues quizá con el sexo sea igual. —Y encogiendo Silvia sus hombros, le restó importancia a su comentario para dedicarse completamente a su primordial interés.

    —Sigue así mi cielo. ¡Siiiií! Wow… Que delicia. ¡Pufff! Estoy mojadita. ¿Me das un masajito allá abajo, de esos ricos que me sabes dar con los dedos y tu boca? —Me dijo con esa sonrisa suya, mezcla de picaros anhelos y aumento de la lujuria por la estimulación que ejercían mis dos manos sobre sus hermosas tetas.

    —Aún es temprano, espera un poco termino con esto. No te apures que aún falta entregarte el regalo que te envió Almudena, mi cliente y me toca… ¡Empacártelo! —Le dije, en el mismo momento en que mis manos abrían sus piernas y comenzaran ellas, a estremecerse con el recorrido cálido y deslizante del aceite sobre sus muslos, de adentro hacia afuera, a lo largo hasta sus rodillas y después levantar una, para rodearla con mis dos manos ejerciendo posteriormente leve presión sobre su pantorrilla y extender el masaje hasta sus pies, friccionando el talón, su palma y entre abriendo sus dedos para frotarlos con dulzura y dedicación a cada uno de ellos. Ascender de nuevo, lentamente hasta rozar los labios de su vulva, pasar de largo como quien no quiere la cosa, pero mi cosa queriendo, y continuar con la otra pierna. ¡Lo mejor lo dejaría para después!

    —¡Ummm! ¿Sí? Tan bella ella. Ya la quiero conocer. ¡Aghhh!… Precioso mío, me tienes flotando entre las nubes, por favor, no te detengas. ¡Cuánto te amo, mi vida! —Le saqué a mi mujer varios suspiros que se encadenaron con tímidos gemidos.

    Agarrada de la manta, sus delicados dedos se tensaban, apuñalaban el fino algodón de la tela con el nacarado rubí de sus uñas, su cintura ondulaba rítmicamente y parecía levitar entre breves segundos a medida que su respiración, en principio pausada, se esmeraba en sumar minutos para ir acentuándose. El placer que sentía Silvia era también el mío, obsequio de mis dedos delineando la forma de sus ya henchidos labios, los que se abrían sin mayor esfuerzo ante la invasión constante de profundos roces y decididas caricias. Tantos años con su bello cuerpo a mi lado, me otorgaban la capacidad de conocer sus gustos y acariciarla sin apuros ni errores en el tacto ofrecido. Y seguía siendo muy erótico observar los gestos en su rostro, sus miradas achinadas, de parpados entre abiertos dejando escapar destellos de un éxtasis próximo que por supuesto lo consiguió.

    —Pues ella también tiene deseos de conocerte, aunque debes saber antes que Almudena es una mujer un tanto peculiar, sumamente expresiva y con una forma de ver la vida bastante generosa, abierta… ¡De mente! —Respondí a mi mujer con cierto humor negro y Silvia arqueó sus cejas, abriendo mucho sus divinos ojos cafés, ya un poco repuesta de su orgasmo.

    —¿En serio? Y porqué mi amor. ¿Intento algo contigo? Dime la verdad Rodrigo. —Silvia me preguntó con preocupación. ¿Celos? Tal vez, así que le respondí a mi esposa con sinceridad, para que no hubieran malos entendidos.

    —¡Querer quiere, pero poder no puede! Jajaja. Es una mujer madura, bonita y muy bien cuidada entre el gimnasio y una que otra visita al cirujano plástico. Pero no se ha sobrepasado conmigo, mide mucho sus acciones y las palabras. Creo que es más la soledad que la rodea lo que provoca que precise compañía, amistades para divertirse y dialogar. Es divorciada y según me contó, su ex esposo no aguantó su tren de vida tan… ¡Liberal! Es muy espontánea y cordial. Nada que deba preocuparte mi amor. Y espero pronto, poder cambiarle su camioneta vieja por un modelo nuevo. —Terminé por aclarar la situación.

    —Pues mi vida, espero que para cerrar ese negocio no tengas que usar a «mi cosito». ¿Entendido? —Me dijo Silvia, apresando entre sus dedos mi falo algo endurecido.

    —Y bueno mi cielo… ¿Dónde está mi regalo? —Me preguntó emocionada mi mujer, buscando con su mirada por toda la habitación.

    Despacio me levanté de la cama y me dirigí hasta nuestro baño, bribonamente duré unos minutos dentro, abriendo y cerrando los cajones del estante bajo el lavamanos para causar ruido y despistar a mi esposa. Me quité la camiseta y el bóxer, y envuelto en una toalla, salí de nuevo a su encuentro.

    —Listo mi vida, pero cierra antes tus ojos. —Le dije a Silvia y ella obediente así lo hizo. Me despojé de la toalla y acercando a su boca mi pene, rocé con el glande sus labios y le dije…

    —Ya puedes abrirlos y disfrutar de tu obsequio. —Y Silvia los abrió, al igual que en su boca se dibujó una «O» por la sorpresa.

    —¿Te gusta así o como estaba antes? —Le pregunté.

    Mi mujer lo tomó con sus dos manos, acariciándome los testículos, sus dedos recorrieron desde la base hasta la punta examinándolo muy bien por si a su «cosito», le faltara algo aparte de los antiguos vellos.

    —¿Y esto? ¡Aja! Así que tu cliente Almudena se tomó la molestia de depilarte. También es esteticista por lo que veo. ¡Ummm! ¿Y el pecho también? Quedaste con la piel de un bebé mi vida. Si hubiera sabido que te gustaba verte así, me lo hubieras dicho y yo te lo hubiera hecho. Pero te ves… te ves muy guapo mi amor. ¿Te dolió? —Y yo puse mi cara de niño consentido y le respondí…

    —Claro que me dolió, un poquito nada más. Sabes que soy muy valiente menos para las agujas. Jajaja. —Y me sonreí mientras que las manos de Silvia, tocaban en círculos mi pecho, para continuar bajándolas por mis abdominales y con sus pulgares, sortear mi ombligo para terminar de nuevo por acariciar el pubis y rodear el tallo de mi verga con firmeza.

    —¡Ven aquí bebé, ven con mami! —Me dijo Silvia, bueno para ser claros y sinceros, no fue exactamente a mí pero si a una parte mía que era muy suya.

    Después de un besito en la abertura de la uretra, lamió el glande alrededor, retirando la piel del prepucio y cerré mis ojos, abandonándome al disfrute. Mi verga sintió calor y humedad, la lengua de mi mujer ensalivando, babeando cada centímetro de la piel del pene, circulando y meneando de arriba hacia abajo.

    —¡Mírame! Y sus ojitos cafés se conectaron con los míos, sin dejar de abrir su boca, de abrigar mi verga y chupar, sorber y lamer incrementando el ritmo, haciéndome jadear de gusto. ¡Pufff! Mi mujer lo hacía genial, introduciéndose en la boca una parte y con sus manos aferradas al grosor de mi miembro, subiendo y bajando a un ritmo constante.

    —Que rica esta, hummm. Siento como se va endureciendo cada vez más. Ohhh mi vida se siente tan suave, tan durita que ya quiero que me la metas y me piches bien… ¡Pero bien rico! —Me dijo Silvia, con babas alrededor de su boca, y esa cara de niña consentida, transfigurándose en el rostro de una mujer con ganas de sentir placer.

    —¡Pues no se diga más! Vamos a tirar bien rico esta noche mi vida. —Le respondí y cambié mi posición para acomodarme sobre su cuerpo, procurando concordar la altura de su cadera con la mía. Sus piernas abiertas y su vagina brillando de flujos por las ganas, y en mi pene la translucida y viscosa humedad en el glande, permitieron un breve encuentro que no quise llevar a más. Solo rozar, abrir con mi dureza los carnosos pétalos de su hermosa rosa. Lento, por encima hasta hacer una firme presión sobre su hinchado clítoris. Rápido retroceder el grueso eje sobre su dispuesta vulva, colocar la cúspide de mi verga en su dilatada abertura. Espasmos, gemidos entre cortados y un tanto callados previendo no despertar con los gritos a los niños. Goce bien estudiado de sus gestos y ella de los míos, gimoteos tras los besos, labios recorriendo bocas, nuestras mejillas, su mentón y mis orejas, porque así hacíamos el amor. Mirándonos con detenimiento, destellos de pasión en nuestros ojos, manos acariciando sus pechos, sus uñas rasguñando los bajos de mi espalda, mis nalgas también. Como si fuera nuestra primera vez, agradando, entregando… ¡Degustando nuestros cuerpos!

    —¡Métemelo ya! Amor no seas malito… ¡Please! —Y le hice caso, cómo no–. Oughhh… Siiiií. Así, así. ¡Jueput!… que delicia mi amor, me tienes arrecha amor. Sigue así, suave mi vida, sácalo despacio, despacitooo… ¡Ummm! —Silvia me guiaba, le gustaba suave en un principio, más fuerte algunos segundos después y a mi… ¡Parar! Esa súbita dilación, la llevaba al paroxismo, entornando sus ojos, abriendo por completo su boca y ella misma mordiendo su labio inferior. Lograba mi cometido, incrementando sus ganas, los esparcidos espasmos, sus jadeos que agitaban aún más el bambolear de sus senos y aquella mirada de súplica que lo decía todo sin pronunciar palabra.

    —¡Cómeme! Píchame fuerte, píchame mi vida… ¡No puedo más! Soy tuya mi amor, toda para ti. ¡Qué ricooo! —Éxtasis, convulsiones, piernas temblando abrazando mi culo y sus manos como garras aferradas al edredón.

    Un beso profundo era para ella la ansiada pausa, su respiro después de alcanzar el clímax. En cambio en mí, se convertía en el punto de partida para cambiar nuestros cuerpos de posición y reiniciar el movimiento de medio lado, con mi mano elevando su pierna derecha y penetrándola desde atrás, con mayor profundidad.

    Minutos después era Silvia quien me montaba, meneaba sus caderas de forma circular, lenta para luego hacerlo con agilidad, adelante y hacia atrás. Espectacular visión de sus senos, que de vez en cuando los llevaba hasta mi boca, para darle lamidas y chupones, reteniendo entre mis dientes sus rosados pezones, hasta hacerme alcanzar la gloria, aspirando aire por mi boca completamente abierta, invadiendo con dos, tres y hasta cuatro chorros de mi esperma, el abrigador cobijo de su cálido interior. ¡Pufff! Suspiré aliviado de tensiones.

    —Me has exprimido por completo mi amor. Tengo sed, voy por unas cervezas mientras me repongo y seguimos con la función. ¿Te parece? —Por respuesta obtuve una sonrisa cómplice y su beso agradecido. Y Silvia con una mano en el medio de sus piernas, se apresuraba para llegar hasta el baño a limpiarse de mi copiosa corrida.

    ¡Vaya reencuentro con Rodrigo! Sentada en el bidet limpiando con pañitos húmedos mi enrojecida vagina, agradecí que entre los dos siguiera existiendo esa química tan especial que nos unía cuando hacíamos el amor con tanta pasión como esa noche. Si pelearnos por pequeñas estupideces nos separaba por algunas horas, perdonarnos y reafirmar nuestro amor teniendo ese sexo tan compenetrado e íntimo, era simplemente algo fenomenal.

    Rodrigo esa noche bebió conmigo dos cervezas, compartimos un cigarrillo junto a la abierta ventana, prolongamos nuestros besos, unos cortos y otros bastante húmedos, sin olvidar por supuesto mil caricias, muchos te amos y abrazados nos cogió bien entrada la madrugada. Así que entre una y otra, nos enrollamos de nuevo hasta alcanzar otro orgasmo él y yo, al menos dos más.

    El domingo fuimos despertados por dos pequeños terremotos y entre juegos en nuestra cama, cereal, fruta y leche al desayuno, decidimos ir al parque con nuestros hijos. Por almuerzo Rodrigo propuso hamburguesas y de postre yo, una caminata por el centro comercial y palomitas de maíz con coca cola en el cine, nuestros dos tesoros. Como familia, como siempre yo agradecida con la vida por mis pequeños y por el amor de Rodrigo.

    —¡Buenos días chicas! ¿Qué tal su fin de semana? —Les pregunté tanto a Amanda como a Magdalena, tras encontrarnos ya en el piso decimo, justo a la entrada de la oficina para empezar labores esa nueva semana.

    —Hola Silvia tesoro. ¿Cómo te acabó de ir con tu familia en el viaje? —Me preguntó Amanda, abrazándome y dándome dos besos por saludo.

    —¿Y eso? ¿De qué viaje hablan? ¿Dónde estuviste corazón? —Esta vez fue Magdalena, quien se acercó para averiguar por mi fin de semana.

    —Nahh, un paseo rápido con mi padrastro y mi madre, para llevar a mis hijos a unas hermosas piscinas naturales en un parque rodeado de una naturaleza impactante. —Le respondí a mi compañera.

    —¿Y tú porque lo sabes pequeña? ¿Fuiste con Silvia acaso y no me avisaron? —Le preguntó Magda a nuestra tímida amiga.

    —¡Jajaja, no. Este mundo que es un pañuelo! Fui con mi compañera de piso para que respirara aire puro y así se le pasaran las calenturas que tenía con un hombre casa… Bahh, no importa. Me encontré allí a Silvia y a sus niños. Muy hermosos. Pero mujer, deberías salir también con tu marido, no debes desampararlo, mira que hay muchas brujas que salen por las noches a cazar hombres, tan interesantes como él. —Y Amanda sonriendo se alejó hasta su escritorio.

    —¡Buenos días! —Escuchamos la voz de nuestro jefe a nuestra espalda y como era lo usual, después de responder nosotras a su saludo, él siguió hasta su oficina para minutos después, llamarme por el interno para pedirme que la señora Dolores le preparara un café. Todo normal, como siempre.

    —¿Don Hugo? —Pronuncié golpeando tres veces la puerta con mis nudillos y en la otra su taza de café.

    —Adelante Silvia, siga por favor. —Y lo encontré de pie, en sus manos sostenía el retrato de sus dos hijos y su esposa junto a él.

    Coloqué su café en el escritorio y me giré para salir de la oficina pero me detuvo, llamándome la atención al tomarme del antebrazo.

    —Tienes una familia muy hermosa Silvia. Tu madre es una mujer encantadora y muy bella. Se nota a leguas de dónde has sacado tu hermosura.

    —Gracias jefe, respondí un tanto apenada. Pero igualmente, sus padres son muy amables y los hijos suyos también son muy bellos. El pequeño es idéntico a usted y la niña, ella debe ser muy parecida a su madre. —Le terminé por decir. La sonrisa en su rostro admirando la fotografía la mantuvo, pero su dedo índice… Ese lo paseo por encima de la figura de su esposa, como si la acariciara.

    Sentí pena por él y recordé las palabras de mi esposo. Si quería ayudar a mi jefe debía intentar reunirlos de nuevo, procurar que por fin hablaran y de ser posible que visitaran a un especialista en esos temas de parejas.

    —Ehhh, y carraspee dos veces. —¿Jefe? Quizás a la salida podríamos hablar un rato. ¿Me aceptaría tomar un café por ahí? Ehhh, claro que… Sin que las muchachas se den cuenta. —Y don Hugo me miró extrañado por mi intempestiva propuesta.

    —¿Me estas invitando a salir Silvia? —Me preguntó.

    —Pues… Sí señor, pero que yo escojo el sitio esta vez. Y salí de allí, sonriéndole pero sin esperar su respuesta.

    Nos mantuvimos ocupadas todo la mañana sin embargo muy puntual a las diez hablé con mi esposo, comunicándole que saldría con mi jefe a tomar un café a la salida y hablar como lo habíamos acordado. Sin embargo a la hora del almuerzo Magdalena emocionada me recordó la cita en el spa y por supuesto me turbé.

    —Humm, lo siento Magda, pero hoy no va a poder ser. Mi madre tiene un compromiso esta tarde y debo recoger a mis hijos. ¿Podrías reprogramarla por favor? —Magdalena no hizo buena cara pero finalmente me comprendió y el resto de la tarde pasó sin contratiempos, las tres trabajando y don Hugo de vez en cuando subía al piso de la dirección general, se demoraba un poco y de nuevo regresaba. Yo entraba a su oficina con carpetas y folders en mis manos para que el revisara, firmara algunos documentos y luego cruzando miradas, sonreíamos como un par de cómplices, que ocultaban a los demás su próximo golpe. Amanda ocupada en los archivadores ni se daba cuenta y Magdalena de vez en cuando levantaba su mirada de la pantalla del ordenador y se sonreía, subiendo y bajando sus cejas de manera curiosa.

    Media hora antes de la salida, me arreglé con rapidez y encaucé mis pasos hasta la oficina de mi jefe para decirle que saldría un poco antes y le enviaría la ubicación para encontrarnos sin ser observados por mis compañeras de oficina o alguien de la compañía. Le guiñé desde la puerta un ojo despidiéndome de él y posteriormente de Amanda y de la señora Dolores. A Magdalena no la vi por allí, tal vez se encontraba en el baño o en el piso superior. Y me fui fingiendo apuro.

    Salí del edificio caminando hacia la esquina próxima para pasar a la otra acera. Tenía tiempo así que mientras esperaba a que pasaran los minutos, busqué una banca donde sentarme y encendí un cigarrillo. Necesitaba pensar en cómo iniciar el dialogo con mi jefe para que fluyera en él, la necesidad de recomponer la vida y la de su familia, también por el bien de su matrimonio y recuperar la confianza perdida en su mujer. De mis pensamientos me sacó la delicada voz de una mujer que se acercó a pedirme fuego, y así sin fijarme demasiado, tomé de mi bolso el encendedor y se lo entregué. Era una señora muy elegante, que vestía un traje sastre azul marino que combinaba muy bien con el color de sus zapatos de tacón y unas preciosas medias veladas color piel, enmalladas y adornadas con pedrería resplandeciente. El ovalado marco grueso y de lentes grandes muy oscuros me impidió ver directamente a sus ojos. Graciosamente me sonrió y entregándome el encendedor con delicadeza, se despidió dándome las gracias y lanzándome un beso por el aire, prosiguió su camino, ondeando tras de sí los extremos de la mascada de seda colorida que usaba en su cabeza a modo de diadema.

    Me puse en pie después de acabar de fumar y me dirigí a un Starbucks cercano pero desafortunadamente estaba a tope de personas, por lo tanto caminé otras dos calles hasta ubicar otra cafetería algo menos concurrida. También las sillas estaban ocupadas pero me di cuenta de que una pareja de ancianos se levantaban de una de las pequeñas mesas que daban a una de las ventanas y con agilidad hice posesión de ella, golpeándome por apresurada, mi cabeza contra un extintor rojo que estaba a mi espalda.

    Llevé mi mano derecha hasta la parte lastimada y me froté con ganas, obviamente con mucha pena con las personas que se habían dado cuenta por mi torpeza. Tomé mi móvil y envié un mensaje a don Hugo para indicarle mi ubicación. Una chica muy gentil se acercó para tomar mi pedido, de manera que mientras esperaba a mi jefe, le solicité un café.

    Tras unos minutos de espera, dando pequeños sorbos a la caliente bebida, apareció mi jefe hablando por su teléfono, miró alrededor hasta que me ubicó. Sin embargo siguió con su móvil pegado a su oreja y finalmente sonriendo colgó.

    —Hola Silvia, ehh… ¿No había un lugar más cercano? —Y sonriente tomó mi mano entre las suyas.

    —Hola jefe, es que los demás sitios estaban congestionados de personas. —Sutilmente retiré mi mano de entre las suyas, acto que no le agradó.

    Con su brazo en alto llamó la atención de una de las dependientas y al final, la muchacha que me había atendido se acercó. Él solicitó también un café y cuando la joven se había retirado me habló.

    —Y bien Silvia… ¿A que debo el honor? —Sin saber por dónde comenzar tan solo le pregunté…

    —Pues vera jefe, quería hablar con usted para pedirle un favor… —Pero él, acercándose a mí por encima de la pequeña mesa de madera, me miró con sus ojos grises bien abiertos y una expresión de picardía en su rostro, interrumpiéndome.

    —Solo si tú me haces otro. Por favor cuando estemos juntos y solos, no te dirijas a mi como tu jefe. Aquí fuera para ti soy Hugo, simplemente Hugo. ¿Te parece? —Yo asentí, un poco intimidada.

    —Bueno como le decía don H… Hugo. Como le decía, me agradó mucho verlo en compañía de sus padres y los niños. Y lo vi muy feliz, alegre disfrutando de su familia. Como yo. Eso me hizo pensar en la mía, con mi esposo, mis niños, lo felices que somos. —Mi jefe se acomodó de nuevo en su silla, recostándose contra el espaldar del sillón, prestándome toda su atención.

    —Señor, su café. ¿Desean pedir algo más? —Y don Hugo me miró en espera de mi respuesta–. No señorita, respondí. Por ahora así estamos bien. Muy amable. —Y se retiró la joven, ella siempre con una sonrisa iluminando su rostro.

    —Hugo, usted se ha portado muy bien conmigo y lo agradezco en verdad. Es un hombre inteligente y bueno, que se merece ser feliz y creo que puede serlo, si logra vencer su rencor y darle una oportunidad a su esposa para explicarse. Mire Hugo, se lo digo por experiencia. —Y bajando mi mirada debido a la amargura que sentía todavía al recordarlo, le conté un poco por encima mi historia pasada.

    —Hace muchos años yo también le fallé al hombre de mi vida. Por mi infantil estupidez, por no saber comprender que a veces el esfuerzo por conseguir una meta, es justo valorarlo y acompañar esos sueños, apreciar la voluntad para salir adelante y no valoré la dedicación de mi novio en aquella época de estudios en la universidad, dejándome llevar por el aburrimiento, me confundí pensando que no era yo lo primero ni tan esencial para él y me dediqué a perder su amor, entre fiestas y con engañosas palabras. Lo dejé por otro más divertido pero vacío de principios y valores, casi lo pierdo para siempre. Lo busque, le pedí perdón y él, mi esposo me escuchó. —Le terminé de contar, percibiendo que unas lágrimas rodaban por mis mejillas hacia el mantel.

    Mi jefe volvió a acercarse, recogió mi mano de nuevo pero con mayor fortaleza y con la otra levanto mi cara del mentón.

    —Silvia, pero tú no eres como mi esposa, no le hiciste lo que ella a mí. La vi y eso me mató. Verla tan compenetrada con su amante teniendo sexo en la sala de mi propio hogar, eso fue desbastador para mí. No creo que pueda olvidarlo nunca. Ella no es como tú, mi esposa se convirtió en un demonio desatado, seducida a conciencia por la lujuria y tu Silvia, por el contrario te has convertido en esa mujer especial que me cuida y se preocupa de mi bienestar. Silvia no puedo dejar de pensar en ti, tu, Silvia tú eres mi ángel. —Y esas palabras me estremecieron, dispararon mis alarmas, pues mi jefe volvía por el mismo camino y yo necesitaba dirigirlo hacia el otro lado, el que lo conduciría hacia su mujer.

    —Hugo, no quiero parecerle indiscreta pero… —Y en ese momento desplace mi silla para acercarme más a mi jefe y hablar con un poco más de intimidad, hablar en voz más baja.

    —¿Hugo puedo ser muy sincera con usted? —Le pregunté y mi jefe asintió. Su rostro no denotaba aspaviento o extrañeza en mi comportamiento, así que proseguí fijando mi mirada en sus hermosos ojos grises para no perder detalle de sus gestos cuando le hiciera la pregunta indebida.

    —Usted y su señora… ¿Tenían buen sexo? Es decir Hugo, se llevaban bien o tal vez, usted la tenía abandon… Es que usted con los continuos viajes, tantas reuniones hasta tarde… Hugo, puede que su esposa se sintiera como yo en aquel tiempo, sola, aburrida y desplazada y encima pues el sexo no era para usted tan importante y para ella sí. Disculpe si me entrometo. Y si quiere no me responda. —Y mi jefe sin apartar sus ojos de los míos, con seriedad me respondió…

    —Silvia, pues la verdad no lo sé. Es muy posible que tengas razón. Me criaron bajo una férrea educación católica, siempre me dediqué al estudio, honestamente las salidas por ahí con los amigos a ligar, no eran para mi fundamentales y solo de vez en cuando lo hacía, más por agradar a mi madre, ya que mi padre era más rígido en esos aspectos, el solo quería que yo siguiera sus pasos y me hiciera cargo de la empresa familiar. Martha mi esposa, es la única mujer con la que he tenido sexo. La conocí en la universidad, nos ennoviamos y ambos pues… Se podría decir que perdimos la inocencia hasta la noche de bodas. Ni ella sabia y yo, mucho menos. Nuestras relaciones sexuales fueron normales, como todas las parejas supongo. La pasamos bien y lo hacíamos seguido antes de que llegaran los niños. Tú sabes, todo cambia cuando nacen tus hijos, ya el tiempo se comparte con ellos, se vuelven lo primordial y me dediqué a luchar por conseguir el dinero para que no les faltara nada, prever sus estudios a futuro y con mi esposa pues… Sí, el sexo pasó a segundo plano la verdad. —Se hizo silencio entre los dos. Pero nos mantuvimos cercanos, tanto que yo podía percibir la fragancia de su colonia el seguramente mi perfume. Posó su mano sobre mi pierna pero no muy arriba, un poco por encima de la rodilla, yo baje instintivamente mi mirada hacia su mano, temiendo que la fuera a subir.

    —Silvia, tú… ¿Estas insinuando que yo soy culpable de todo esto? —Y yo por respuesta puse mi mano sobre la suya y la acaricié con suavidad, sin dejar de mirarlo a los ojos.

    —Hugo, del uno al diez usted… ¿Qué tan bueno se considera al momento de dar placer a una mujer? ¿Qué tan bueno es usted en la cama? —¡Directa y al grano!

    Tanto, que creí haber obrado mal, pues él de inmediato retiró su mano de mi rodilla. Se puso en pie y me asusté por haberlo presionado demasiado o tal vez ofendido sin querer. Don Hugo hizo un ademan con su mano y la muchacha se acercó hasta la mesa para preguntar que deseábamos más.

    —¡Cancelar la cuenta! —Dijo mi jefe a la joven, quien de nuevo sonriente intentó darse vuelta para acercarse a la barra, sin embargo mi jefe le entregó un billete en su mano, la chica miró la denominación y don Hugo le dijo con seriedad… —Lo que sobre es para usted por su amable servicio–. Y feliz, la muchacha se marchó dejándonos solos nuevamente.

    —Silvia, yo invito. Jamás dejaré que pagues, pero ahora tú y yo, nos vamos a otro lugar. Aquí no puedo ni quiero hablar de eso. —Me dijo con la seguridad y firmeza tan habitual en él, extendió su mano y me inquieté.

    Continuará…

  • Primer trío

    Primer trío

    Pasó hace unos años…

    Mi esposa Pau y yo teníamos una amiga de hace años con la que podíamos hablar de todo. Mente abierta de par en par. Un día conversaba con ella en el chat y estábamos hablando de fantasías y de las cosas que nos hacía hervir la sangre.

    Una de las cosas que le había comentado a Leti (así se llama nuestra amiga) eran las ganas de hacer un trio con otras mujeres y ver a Pau con otra mina. La conversación era sin segundas intenciones, solo estábamos conversando de las cosas que nos calentaban. Leti me había comentado que ella se había dado un beso con una amiga suya tiempo atrás pero el tema no paso de eso y la amistad con esa amiga se había diluido con el tiempo pero el beso fue algo que quedo en el recuerdo y también sentía algo de curiosidad. Le calentaba la idea de estar con otra chica y compartir.

    Con Pau tenemos dos hijos. Ahora tenemos 45 años. Leti es menor, tendrá unos 38. Ni Pau, ni Leti ni yo somos modelos. Somos personas normales. Pau tiene pelo castaño, ojos claros, 1,60 y unas tetas de infarto que no me entran en la mano. Leti es más alta. 1,70 súper blanca; tiene tetas más pequeñas, pezones rosados y yo mido casi 1,80 soy grande, blanco y de pelo negro.

    Mientras Leti conversaba conmigo, abrió un chat con Pau y también le comentaba de sus fantasías y las ganas que tenia de estar con otra mina y sorpresa, Pau tambíen tenía la misma fantasía. Leti creo un grupo de chat y los tres conversamos sobre lo mucho que nos calentaba la idea y lo mucho que nos calentaba la idea de juntarnos los tres a romper todo.

    Después de una semana de leer ese chat mi verga estaba por explotar. El sexo con Pau era mínimo de 3 veces al día y donde nos agarren las ganas. El fin de semana llamamos a la niñera y salimos los tres. Fuimos a un bar muy conocido en el centro de Asunción, hablamos de todo, nos reímos y después de unos cuantos tragos decidimos partir a nuestras casas (la niñera tenía que volver a su casa y ya era tarde)

    Antes de subir al auto veo que Pau agarra del brazo a Leti y le parte la boca de un beso en medio de la calle. Me acerco y les doy un beso. Subimos al auto, las chicas atrás. Ajusto el retrovisor para perderme lo menos posible y veo que Pau le estaba sacando la blusa a Leti y empezaba a morder sus pezones y Leti metía mano en el pantalón de Pau. Estaba empalmadisimo!

    Paramos en una plaza cerca de casa de Leti y pare el auto porque era un pecado perderse el show que estaban haciendo estas dos. Al parar el auto, Leti pasa adelante y yo estaba con la verga afuera. Me empieza a mamar mientras Pau le besaba la espalda y sobaba las tetas y con la otra mano la masturbaba. El auto era un concierto de gemidos.

    Después de unos minutos llegamos todos. En el celular tenía varias llamadas perdidas de la niñera así que cortamos la noche ahí. Llegamos a casa y con Pau tuvimos el mejor de los orgasmos y ya bien tarde quedamos con Leti para una cena en casa.

    Eso es otro cuento que dejo para otro día.

  • La rebelión de mi madre (V): La tanga roja en la canilla

    La rebelión de mi madre (V): La tanga roja en la canilla

    Anteriormente:

    Pase el domingo en la casa de mi madre, a la hora de la siesta me levanto para darme una ducha y en el camino paso por el cuarto de mi madre, la veo durmiendo con su falda deportiva.

    Pude ver sus grandes nalgas y una bombacha de algodón que se perdía entre ellas, mostrando el relieve de una vagina revelando que estaba con poco o nulo vello.

    Por la noche al regresar a mi casa, termino mirando porno, mi búsqueda fue el de «maduras follando jóvenes»

    La recomendación del buscador fue el de una madre que se tienta con su hijastro.

    Dude en entrar, pero termino cediendo clickeando en el enlace.

    Un tanto absurdo el argumento, pero quedé mirando como esa madre y su hijastro se tientan y tienen relaciones como cualquier pareja.

    No me toqué, solo miré. Y en el momento culmine cuando está por acabar dentro de su madrastra, me invade la culpa y cierro la ventana y la computadora.

    En la madrugada el recuerdo de lo visto en la casa de mi madre, el video porno y la memoria de lo vivido con Maribel me provocan una erección que empapa de líquido preseminal mi bóxer.

    Me masturbo con los ojos cerrados durante varios minutos, explota la leche hasta mi cara, empapando mi pecho y abdomen.

    Al siguiente día me levanté como si nada hubiera pasado. Hice mis tareas de rutina con mi nuevo puesto.

    Trate esas noches de llenarme de actividades para no tentarme con entrar a esa categoría de porno que me perturbaba.

    El problema de algunas adicciones es que uno las reemplaza con cosas similares, así fue como me descargué una aplicación.

    Y mi búsqueda amplió el rango de edad, ya no solo de mi edad, sino que llegué a buscar unos años más y terminé ampliando hasta los 45, de manera hipócrita ya que madre tiene 50.

    Los corazones empezaron a dispararse hacia las que estaban de 40 a 45, y rápidamente obtuve match.

    Pánico me entró por la efectividad de tal aplicación, así que solo me quedé en una charla de iniciación sin animarme a más.

    Decidí entonces anular mi perfil y hacerme un perfil falso, con un rostro similar al mío, pero no siendo yo.

    Los match cuestan más, pero ahí están, me da libertad para desenvolverme y buscar decir cosas fuera de lugar.

    Las conversaciones se ponen caliente rápido.

    Las primeras confesiones sexuales surgen y eso me ayuda a masturbarme.

    Luego siguen las fotos, las mías solo de cuerpo parcial.

    Muchas se cortan cuando no les muestro mi rostro que no coincide con la de perfil.

    Pasan los días y las noches hasta que en una de esas noches me llega un corazón a mi perfil.

    Era mi madre.

    Usaba su segundo nombre, la edad de 45, 5 menos que la real. Sus fotos eran recatadas pero sensuales.

    Mostraba sus piernas, su escote y su cara maquillada.

    Un sudor frío recorrió mi cuerpo, no sabía qué hacer.

    Decidí salir de la aplicación y ponerme a ver una película.

    No volví a usar la aplicación en los siguientes días.

    Llega un nuevo domingo en el que iría a ver a mi madre y avanzar con su proyecto de café.

    Al llegar está mi madre nuevamente con su atuendo deportivo, me recibe transpirada.

    Me invita a pasar, ponerme cómodo, ella se va a dar una ducha.

    Me pongo a trabajar en su computadora ajustando el proyecto de inversión.

    En eso llega un whatsapp, y se activa el whatsapp web de la compu.

    Estaba por ir hacia esa pestaña cuando veo a mi madre salir al living con una toalla cubriendo su cuerpo y otra en la cabeza.

    Sus grandes tetas servían de base para la toalla. Pero también por querer cubrir su escote quedaba corto de abajo, sentado en el sofá podía ver sus piernas largas maduras, y casi casi la base de sus nalgas.

    Me hablaba que se olvidó de descongelar la carne para la comida, así que ensayaría algo rápido. Se disculpaba por no darme una comida como la de siempre, me decía que estuvo corriendo toda la semana con el proyecto del café.

    Yo trato de alivianarle la culpa, diciendo que no importa, que yo comenzaría a cocinar, que ella vaya a vestirse.

    Cocino, ella luego me ayuda a terminar, comemos, y hablamos del proyecto. Por la tarde vendrían sus dos amigas socias.

    Llega la hora de la siesta. Cada uno a su cuarto.

    Yo esta vez no quiero nada raro, así que ni me acerco a su cuarto, paso al baño directamente para una ducha presiesta y ahí al abrir la mampara me encuentro con una tanga roja colgando en la canilla.

    La retiro con cuidado, al abrirla veo lo diminuta que es, no me imagino como entra eso en el cuerpo de mi madre.

    La dejo extendida en la esquina, mientras me ducho, me ducho y no puedo sacar la mirada de esa prenda íntima de mi madre.

    Esa escena es yo mirando mientras me enjabono, no me doy cuenta y mi miembro esta erecto, cada masajeo y limpieza en la zona empeora la situación.

    Me pongo shampoo y le doy la espalda. Cierro los ojos y me enjuago.

    Al girar sigue ahí, provocándome. Entonces me acerco y la vuelvo a tomar.

    La observo en detalle, miro su interior, esa felpa que cubre la vagina madura de mi madre.

    La acerco a mi cara, la huelo, no siento nada extraño, evidentemente mi madre la ha lavado bien.

    Sin embargo mi pija parece haber percibido olores que yo no. Mi otra mano trata de hacer bajar su reacción pero es peor, el contacto de mis dedos provoca más estimulación.

    Subiendo y bajando mirando la tanga roja de mi madre, estoy masturbándome.

    Sigo y bajo la prenda roja hasta que hace contacto con mi pija de 25 años.

    Esa tanga está envolviendo mi pija como una serpiente, es constrictora, parece tener vida propia, y no se va a retirar hasta terminar con la erección.

    Exploto, la leche que sale es impresionante, sale por fuera de la prenda roja, se cae hacia los costados.

    Extiendo nuevamente la tanga roja de mi madre, veo como se cae la leche tibia, le quito el exceso, pero no lo limpio totalmente.

    Cierro la ducha, la dejo en su posición original, colgando de la canilla, mientras me seco puedo ver que se distingue una gota blanca grande, no me importa. Sé que se absorberá.

    Voy a mi cuarto de la niñez a tratar de dormir la siesta, no puedo, a pesar de haberme masturbado sigo excitado.

    Para evitar cometer algún acto de mayor perversión, me levanto y voy hacia el living y trato de adelantar el proyecto en el que mi madre estaba trabajando.

    Vuelve a sonar una notificación del Whatsapp web.

    Dudo unos segundos pero termino yendo a ver esa pestaña personal de mi madre.

    Hago una inspección rápida y veo muchos contactos que no conozco, igualmente no me resulta raro, con mis padres casi que no tenía mucha relación más que la familiar, cada uno de ellos tenía su vida.

    Muchas miniaturas de hombres, la mayoría maduros, pero hay algunos que parecen tener 35 años.

    Entro aleatoriamente a las conversaciones y todas están en plan de levante, mi madre parece muy educada, solo quiere conocer gente, no toma la aplicación de citas como la tomo yo, solo para sexo o masturbación.

    Evidentemente aún le quedan cosas de su generación, tratando de adaptarse a estos tiempos.

    Le dicen que es muy bella, que les gustaría invitarla a salir, ella no parece entrar en ese juego, solo está de visita en ese sitio.

    Eso me tranquiliza un poco, pero por otro lado me da culpa la actitud egoísta mía. Mi madre tenía todo el derecho de pasarla bien, aun con otros hombres sin que nadie le recrimine nada.

    Escucho el ruido de la puerta de su cuarto, inmediatamente me salgo de la ventana y me levanto hacia la cocina intentando mostrar que estaba yendo a preparar café.

    Mi madre se despereza y me dice que bien que le hizo la siesta, que está lista para una maratón de trabajo.

    Preparamos café, preparamos galletas y en eso llegan sus amigas socias.

    «Hola Sandra, amiga, al fin coincidimos todas» le dice Andrea, la que me ha tirado un par de guiños y hace enojar a mi madre.

    Por detrás entra su otra amiga y socia.

    Es Maribel.

    Cuando nos vemos nos quedamos petrificados, ella simula no conocerme y me saluda casi temblando.

    Nos sentamos en el comedor y abrimos las computadoras, los papeles y servimos el café con galletas.

    Maribel no me mira a los ojos. Está vestida de forma recatada, un pantalón de vestir ancho y beige, una camisa, un sweater blanco sin escote. Su maquillaje es suave. Es más parece más grande de la edad que tiene.

    Tiene un collar, de esos que tienen personitas que hacen referencia a hijos, tiene 3.

    Andrea lanza chistes no aptos para menores. Mi madre trata de silenciarla, hasta dice:

    «Andrea, está mi chiquito, y además pensá en Maribel que no le gustan esos chistes»

    Parece que Maribel tiene una imagen de madre de familia recatada para sus amigas.

    En un momento la mujer con la que algunas semanas atrás había tenido el mejor sexo de mi vida se va hacia la cocina con la excusa de lavar su taza.

    Yo me levanto con la excusa de lavar las otras.

    «no te preocupes, no voy a decir nada Maribel»: le digo tratando de tranquilizarla.

    Ella me lo agradece tímidamente sin mirarme a los ojos y se va hacía el comedor.

    Tras la reunión no le queda otra a Maribel que pasarme su celular. Se va primero casi corriendo.

    Andrea queda un tiempo más y en confianza dice:

    «que bien le vendría a Maribel otra pija»

    Si supiera lo que hace su amiga.

    Mi madre se ríe de la ocurrencia de su socia.

    Nos despedimos y salimos cada uno en su auto dejando a mi madre en su casa.

    Apenas salgo unas cuadras siento la notificación del whatsapp, me imagine que era Maribel, así que me hago a un costado.

    Para mi sorpresa no es Maribel, sino Andrea.

    Me dice que las indirectas que tira ella tienen algo de cierto, que le parezco atractivo, pero que no quiere perder la amistad con mi madre.

    Le digo que está todo bien, que no lo tomé en serio sus comentarios.

    Cuando estoy por arrancar nuevamente, me cae otro mensaje.

    Andrea me dice, que si yo estoy de acuerdo puede pasar algo en secreto.

    Me quedo helado, sin saber qué contestar.

    Andrea era un poco más voluptuosa que mi madre y que Maribel, más bajita, pero un culo hermoso y buenas tetas. Siempre usaba jeans apretados que dejaba cada nalga independiente.

    «estoy atrás tuyo, si estás de acuerdo no digas nada, yo te sigo y voy donde vos vas» me escribe.

    Efectivamente la tengo estacionada atrás mío.

    No digo nada, solo pongo primera y salgo a mi departamento.

    Veo su auto detrás de mí siguiéndome, me tiemblan las piernas y las manos, me excita la situación.

    Llego a mi departamento. Ella estaciona detrás de mí.

    Baja sin hablarme, como una vecina más.

    Abro la puerta principal, ella entra detrás de mí.

    Subimos al ascensor, no nos miramos, somos completos desconocidos.

    Cuando llego a mi piso caminamos a mi puerta.

    Me cuesta meter la llave en la cerradura, tiemblo de nervios.

    Finalmente adentro, apenas cierro la puerta se me abalanza como un depredador a su presa.

    Sus manos toman mi cuello mientras pega sus pechos a mi abdomen, se pone de puntas de pie y no me deja respirar.

    Me besa de manera bestial, sus labios muerden los míos y su lengua juega con la mía.

    Se desprende sola de su blusa y su enorme corpiño cae al piso dejando ese enorme par de tetas blancas bamboleándose delante de mí.

    Impaciente me ayuda a sacarme la camisa y mete su mano en mi pantalón bajando el cierre y forzándolo a caer.

    Nos tropezamos yendo a mi cama y ahí terminamos de desvestirnos.

    En la cama me pongo sobre ella y me obliga a poner mi pija entre sus tetas.

    Ella mira mi pija y alterna la mirada con mis ojos, vuelve a mirar mi pija y me masturba con sus tetas.

    Se incorpora abriendo su boca y chupando el glande cada vez que llega cerca de su boca.

    «Desde el primer día que te vi sabía que te iba a coger pendejo» me dijo Andrea desbocada.

    Con sus manos me guío para que le coma su concha madura, sus labios eran diferentes a los de las jóvenes con las que salí.

    Andrea había disfrutado, parece, una concha madura, labios grandes, y un clítoris que esperaba ansiosa mi lengua y mis labios.

    Sus manos con uñas rojas me agarraron del pelo y me empujaron a chupar y chupar.

    Sentía sus líquidos, sus aromas más profundos, un vello púbico delicado me hacía cosquillas en la cara.

    Muchos minutos pasaron, hasta que sentí un aluvión líquido. La madura Andrea tuvo un orgasmo, pero no terminó ahí.

    Insaciable me pidió que se la meta sin piedad.

    Y eso hice, se la metí hasta el fondo, y ella gritó.

    Quería que se lo haga rudo, bruto, quería sentir que su cabello iba y venía del movimiento.

    Quería que la levante, que la de vuelta, que se lo haga empujando su cabeza contra la almohada.

    El golpeteo se escuchaba en todo mi departamento, la transpiración de ambos hacía más sonoro el chasquido.

    Sus nalgas no tan rígidas me excitaban, sus nalgas bamboleándose era algo hipnótico.

    Y hasta me parecía sensual ver su celulitis y la flacidez de una mujer de casi 50 años necesitada de placer.

    Exploté mi juvenil semen dentro de Andrea.

    Estaba tan excitado que seguí empujando aun después de eyacular, el sonido era perturbador, la fricción lubricada por sus jugos y mi semen cayendo desde adentro era pecaminoso.

    Así estuve empujando hasta que me desvanecí de cansancio. Me quedé encima de ella, abrazándola.

    Y así nos quedamos dormidos, con mi pija adentro de ella y la leche saliendo de a gotas.

    (Qué les parece la historia, comenten para ver si hay que agregar o sacar algo. Los leo)

  • Mi encuentro contigo que lees mis relatos

    Mi encuentro contigo que lees mis relatos

    Hola a todos, la siguiente publicación es el esbozo de un pensamiento/fantasía. En espera de sus comentarios.

    Sé que soy provocadora. Y me encanta la atención que recibo y la diversión que conviene con ello. Sé que en cualquier lugar la gente me mirará. Me da una profunda emoción en mi interior saber que los hombres me miran. Que me codiciando y desean. Y que tengo el control total sobre con quién involucrarme y hacer con sus deseosos.

    Recuerdas cuando te dije donde iba estar, para coincidiéramos “casualmente”, tu pacientemente esperaste en el lugar indicado, me viste entrar caminando, no fue difícil notarme, entrando con confianza sobre mis tacones. Mi sonrisa pintada de rojo mientras pasaba hacia el bar. Mi hermoso vestido que realza mi figura. Mi maquillaje de ojos es sutil pero llamativo con pestañas largas y mis largos mechones de cabello cayendo en cascada. Bebí un sorbo de mi bebida y te das cuenta de lo impresionante que me veo sobre tacones de cinco pulgadas.

    Lo que no ves es mi ropa interior fina y cara debajo del llamativo vestido. Mientras camino con confianza, puedo sentir lo sedosas que se sentían mis piernas en las medias que uso. A cada paso que daba, podía sentir las seis tiras del liguero que llevaba contra el muslo. Aún más podía sentir las bragas de encaje negro de seda a juego contra su húmedo coño recién afeitado. Sabía que los hombres me mirarían mientras circulaba por la habitación. Muchos de ellos tratando de observar más allá de mi ropa.

    Casualmente me encuentro con una con una pareja que conocía. Hablo brevemente con ellos. El pobre no sabía dónde mirar cuando estaba hablando con su esposa. El vestido perfectamente cortado para lucir mi escote de una manera elegante. Sus ojos intentaban no mirar el escote. Continuó hablando con otra persona, era una fuerza de la naturaleza en la habitación.

    Después de un tiempo, regresó al bar, tú todavía estabas allí tomando otra copa después de hacer una pequeña charla con varias personas que realmente no querías, pero también necesitabas ser educado. Me habías mirado una o dos veces, pero no habías pensado en hablarme.

    Me acerqué a la barra junto a ti, pedí una bebida y se apoye con poco sobre la barra con una pierna ligeramente en el aire, la punta de mi zapato haciendo contacto con el suelo. No pudiste evitar mirar mis piernas, pero te demoraste un momento para que yo te sorprendiera mirando.

    Yo: Oh, ¿mis medias si están rectas? Con fingida sorpresa.

    Tu: ¿Perdón? – sorprendido.

    Yo: Te preguntaba si mis medias están rectas. Es tan difícil enderezarlas a veces, ya sabes, y las mirabas, así que pensé que al menos una debe ser chueca.

    Tu: En realidad no me había dado cuenta. – Con nerviosismo.

    Giro la cabeza hacia atrás tratando de ver pon encima de mi hombro la parte posterior de mis piernas y luego te miró directamente. Te había puesto nervioso, pero mirándote noto que eres de mi tipo de hombre y además tienes buen gusto para vestir. Mirada profunda e intensa. Parecías un hombre fuerte, pero en segundos te había debilitado y te había puesto nervioso.

    Yo: Se miran derechas, pero ¿te importaría echar un vistazo rápido tú mismo? – mientras me giro casi de espaldas a ti.

    Tu: Están perfectamente derechos. – recuperando un poco la compostura y la confianza.

    Tus ojos viajaron por la línea de las costuras hasta el dobladillo del vestido, admirando mi trasero, justo en frente de ti. Sabía lo que estaba haciendo y tú también lo sabías, pero no podías hacer nada al respecto. No podías dejar de mirar mis redondas nalgas mientras tu polla daba muestra de vida dentro de tus pantalones.

    Yo: Ah, y en caso de que te lo preguntes, estoy usando medias. -Bromeó. – No son pantimedias, son medias con una banda a juego alrededor de la parte superior. Sujetada por un costoso liguero de seis correas. Eres un hombre de medias, ¿no?

    Tu: ¿Perdón?

    Yo: Eres un hombre de medias. ¡No en el sentido de usarlas, por supuesto! Riéndome.

    Tu: Puedo admirar a una dama en ellos, sí.

    Yo: Oh… Creo que es más que admiración. – ronroneó mientras me inclino más cerca de ti para que nadie más la oyera. – Creo que te excitan, ¿no es así?

    Tu: ¡¿Qué?!

    Yo: ¡El bulto en tus pantalones me dice que te estás excitando! – susurrando en tu oído.

    Te sonrojas de un rojo brillante, Rio de nuevo mientras tomo un sorbo de mi bebida.

    Yo: Está bien, me parece emocionante que estés tan excitado con mis piernas y mis medias.

    Estabas a punto de decir algo, pero rápidamente te puse un dedo en los labios para calmarte. No puedes evitar notar lo rojas y perfectamente cuidadas que estaban mis uñas.

    Yo: Me gustas. -susurrando – Eres guapo. Y me deseas, ¿no es así?

    Tu: Creo que eres atractiva- Fue todo lo que puedes responder perdiendo aún más el control de la situación.

    Yo: No, me deseas. Estás pensando en cómo me veo sin mi vestido, ¿no? Estás pensando en lo que siente cogerme, ¿no?

    Enfatizo la palabra coger. Parecía tan excitante al salir de mi boca perfectamente pintada.

    Tu: ¿Quién eres?

    Yo: ¡Soy alguien de quien no puedes apartar tus ojos!

    Te mira con seducción. Te veo perdido poseído por mi mirada.

    Yo: Sígueme

    Camino, disimuladamente abro las puertas de un salón anexo, entro y tu detrás de mí, te indico con la mirada para que cierres la puerta tras de ti, lo haces sumisamente.

    Apoyo mi trasero en una de las mesas y abro mis piernas.

    Yo: Esto es lo que va a pasar señor, vas a usar tus grandes y fuertes dedos para llevarme al orgasmo. Y si lo haces con éxito haré que te corras sobre mí. ¿Estás de acuerdo?

    Tu: ¡Por Dios, sí! Emocionado

    Me encanta lo débil que pueden ser por causa del deseo, incluso los hombres más fuertes. Fácilmente podrías levantarme, poseerme contra la pared y tome con una follada llena de lujuria, pero mis encantos y maneras ahora te tenían haciendo lo que yo quería. No es que no me guste que me tomen con una cogida dura llena de lujuria, pero hoy tenía el control. Con solo un poco de coqueteo, siempre los tenía envueltos alrededor de mi dedo y haciendo lo que quería.

    Con las nalgas al borde de la mesa y separó un poco más las piernas. Tomando una de tus manos grandes y ásperas en mi pequeña y delicada mano, la colocó en uno de mis muslos. Sintió un escalofrío atravesarme como un rayo de electricidad cuando tu mano comienza a subir por mi suave pierna cubierta de nailon.

    Todavía no puedes creer su suerte o lo que estaba sucediendo. Tu polla se tensa cuando sientes lo suave de mi muslo encerrado en las costosas medias. Tu mano alcanzó la banda de mis medias y vacilas un poco antes de seguir adelante y luego encontrar carne. Gimo levemente cuando tu mano áspera se encontró con mi suave piel.

    Sonrió mientras tu mano sube más por mi muslo hasta que tus dedos encontraron mi húmeda y sedosa tanga. Deslizas un dedo dentro y encuentras los labios de mi depilado coño mojado y arrastras el dedo hasta mi botón de amor. Gimo en voz alta y cierro los ojos mientras tu dedo lentamente rodea mi clítoris.

    Yo: Mmmmm, ¿puedes sentir lo mojada que me has puesto? Gimo.-Adelante, mete tu dedo. Tenemos que ser rápidos, no queremos que nos atrapen, ¿verdad?

    Deslizas un dedo dentro de mi humedad con facilidad haciéndome gimotear aún más. Miras hacia la puerta, esperando que nadie entrara. La idea de ser atrapado hace empujar tu dedo más profundamente mientras tu polla se dilataba dentro de tus pantalones.

    Yo: Pon otro dedo en mí por favor. – sin aliento.

    Obedeces sin decir una palabra, mi humedad aprieta tus dedos, deseadas poder meter tu polla dentro, pero todo lo que podías hacer era hacer lo que te decía que hicieras.

    Empujas tus dos dedos dentro con más fuerza ahora. Con tu pulgar apoyado en mi clítoris, estaba acerca del orgasmo. Cuanto más me tocabas, más húmedo se volvía su coño. Los únicos sonidos en la habitación eran mis gemidos moderados y el sonido acuoso de mi coño siendo penetrado por tu mano.

    Mis muslos temblaron cuando mi orgasmo comenzó a acumularse dentro. Sentí tu aliento en mi cuello mientras tocabas ásperamente camino al orgasmo. De repente, gritó y aprieto mis muslos con fuerza contra tu brazo mientras mi cuerpo se convulsiona por la liberación de mi corrida. Mantienes sus dedos dentro y fuera, moviéndolos ligeramente incapaz de mover tu brazo de entre mis piernas.

    Dejé escapar un gran suspiro y abrí los ojos mientras mi corrida iba menguando. Relaje mis muslos, sonriendo.

    Yo: ¡Wow, eres bueno! ¡Es hora de tu regalo, ¿puedo hacerte correrte ahora?

    Tu Sí, por favor, estoy desesperado por correrme. En voz baja.

    Me levantó del borde y te indicó que ocupes el lugar. Una vez que estas apoyado, agarró la erección a través de tus pantalones y te besó suavemente en la oreja. Lentamente, con una mano, bajó la cremallera de sus pantalones, deslizó la mano dentro y sacó tu polla dura como una roca.

    Yo: ¡Oh Dios mío! Exclamó sintiendo lo duro y caliente que estaba tu palpitante polla erecta.

    Te quedas sin habla y solo gimes. Me miras sonriéndome y luego miras hacia bajó a tu entrepierna donde tu polla destaca orgullosa y dura, envuelta con mi delicada y pequeña mano acariciándola lentamente hacia arriba y hacia abajo.

    Doy un paso atrás, te miró y sonrió y me arrodilló frente a tu polla. Me miras aun sin creer lo que estaba sucediendo. ¿Estaba la mujer que acababas de conocer realmente a punto de chupártelo? Estabas desesperado porque lo tomara profundamente en su boca, pero sabías que no durarías mucho.

    Pero yo tenía otras ideas cuando me arrodille frente a tu hermosa polla palpitante y dura. Sopló ligeramente sobre la cabeza haciéndola temblar ligeramente. Lo agarró con más fuerza sobándola hacia la base, admirando la brillante cabeza de tu verga. Abrí la boca de par en par e inclinó la cabeza hacia adelante como para deslizar la polla dentro de mi boca, ¡pero me detuve a solo unos milímetros antes de hacerlo! Te miró y sonrió. Me preguntó cuánto tiempo podrías seguir así.

    Tu: Por favor. Clamaste.

    Yo: ¿Quieres que te la chupe?

    Tu: Sí, por favor, estoy desesperado, por favor.

    Yo: Hmmm, no lo sé. ¡Pero bueno, también me hiciste correrme como te pedí!

    Tu: ¡Por favor!

    Sonríe, mis labios a solo unos milímetros de tu palpitante polla. Saque la lengua y la pase de extremo a extremo de tu verga. Gemiste en parte de alivio y en parte de emoción. Feliz con tu reacción, continuó moviendo mi lengua sobre el borde de tu polla. Por lo general, este sería el punto en el que sumergiría la cabeza y comenzaría a chupar, pero me estaba divirtiendo demasiado burlándome de ti para eso.

    En cambio, dejó de tirar de tu palanca y apartó la mano dejándola balanceándose libremente. Moví mis manos hacia tus bolas y delicadamente pasó mis uñas sobre ellas acariciándolas. Luego pasó las uñas ligeramente hacia arriba y hacia abajo a lo largo de tu polla haciéndote estremecer y agarrar la mesa con fuerza con sus propias manos.

    Moviendo la cabeza hacia abajo cerca de tu ingle, sientes mi aliento caliente brevemente en tus higos y luego finalmente el cielo, mis labios besando brevemente la base de tu polla. Colocando ligeramente mi boca, lentamente besó tu dura polla desde la base hasta la cabeza. Veías que mi cabello caía en cascada sobre mi rostro y hombros ocultando lo que estaba haciendo mientras mis labios llegaban hasta la punta de su dulce polla.

    Tan pronto como llegó al final de tu polla, apartó mi cabellera del camino para que pudieras ver todo lo que estaba a punto de hacerte. Saqué la lengua y lamí el extremo de tu polla mientras la agarraba de nuevo. Un par de lamidas más rápidas de tu polla provocaron más gemidos. Tu agarre en la mesa se apretó de nuevo mientras veías pasar mi lengua por la parte inferior de tu verga hasta la base y luego volver a subir por el costado haciendo girar mi lengua alrededor del casco.

    Lentamente deslizó la cabeza de tu palo en mi boca asegurándome de que mis dientes rasparan ligeramente de la punta. Gimoteaste de placer al sentir mi boca cálida y húmeda tomando tu verga. Giró mi lengua alrededor mientras mis labios se cerraban un poco sobre tu polla. Con solo la punta dentro de la boca, lo chupó suavemente saboreando su tamaño.

    De repente, apartó la boca de tu polla dejándola libre y me rio tontamente mirando con mis ojos muy abiertos. Cómo deseabas agarrarme y metérmela hasta dentro, pero no podías hacerlo. Estabas hipnotizado por lo que le estaba haciendo y el poder que tenía sobre ti.

    Deslizó tu polla lentamente en mi boca. Esta vez te muerdo levemente la cabeza haciéndote temblar y saltar un poco. Meto un poco más tu polla un en mi boca sintiendo lo duro de tu palo en contra mi campanilla. Chupó ligeramente y luego muevo mi boca hacia arriba y hacia abajo. Siento como palpitas sobre mi lengua y bajo mi paladar. Me detengo y usando mi lengua, labios y paladar, succiono con fuerza. Formaron un sello hermético contra tu dura verga. Con un pop, tu polla sale de mi boca, miró hacia arriba y respiración entrecortada te sonrió de nuevo. Mis labios dejaron marcada mancha de lápiz labial rojo a lo largo de su polla.

    Yo: Vaya, parece que tendré que limpiar eso. – señalando tu hermoso palo

    Lamo de nuevo alrededor de todo tu pistón y su cabeza. La siento como tiembla y palpita. Gemiste en voz alta cuando chupaba la cabeza de tu verga. Le di unas chupadas rápidas y luego retiré mi boca rápidamente.

    Yo: ¿Ya mero terminas, te vas a venir?

    Tu: Síiii.

    Yo: ¡Todavía no, aun no!

    Con una risita te dejo gimiendo mientras suelto tu polla dejándola rebotando libremente en el aire.

    Estabas lleno de rabia y frustración, querías simplemente agarrarme y depositar tu semen sobre o dentro mí, cogerme bruscamente, pero no podías, estabas tan extasiado.

    Me puso de pie, me apoyé junto a ti y subí un poco la falda por encima de las medias.

    Yo: Ven aquí, acércate.

    Tome tu verga y la acerque a mi entrepierna. Abrí las piernas y coloqué tu deliciosa polla entre mis muslos revestidos de nailon. Sentí el calor a través de mis medias y me incliné un poco hacia adelante para compensar la diferencia de altura.

    Yo: ¿Cómo se siente? ¿Tu vergota siente contenta de estar entre mis piernas?

    Tu: Sí, se siente grandioso.

    A pesar de que eres más alto y más grande que yo y estabas sobre mí, todavía estabas bajo mi control.

    Yo: Cógete mis muslos. ¡Pero despacio!- ronronee.

    Obediente; lentamente moviste tu vara hacia atrás y hacia adelante entre sus muslos. Ya estabas al borde por mis manos y mi boca, pero ahora la sensación de tu polla contra mis muslos cubiertos de nailon estaba haciendo que tu semen se empezara a encumbrar desde tus huevos hasta la punta de tu verga.

    Tu polla se sentía tan dura y caliente deslizándose entre mis muslos. Apreté con más fuerza reteniendo tu pistón.

    Yo: Sigue así, no pares, más fuerte -mirándote directamente a los ojos.

    Empujabas tus caderas dentro y fuera de mis muslos más fuerte y más rápido ahora desesperado por correrte. De repente abrí los muslos de par en par dejando que tu polla se balanceara suelta. Gemiste de frustración estabas desesperado por correrte.

    Yo: ¿Quieres venirte? -seductoramente.

    Tu: Sí, por favor. Suplicaste.

    Agarró tu polla. Con fuerza y comenzó a masturbarte de arriba abajo con furia.

    Yo: Ve a correrte por mí, termina, échame tu leche, dármela, vacíate todo sobre mi.

    Con un gemido y una expresión retorcida en tu rostro, tu polla se sacudió violentamente en mi mano y tu deliciosos y cremoso semen salió disparado salpicando mis muslos cubiertos con medias. Gemí al sentir la humedad de tu esperma salpicando mis muslos. Me excitaba ver tu abundante leche, Mi coño se estremeció al sentir el semen caliente y húmedo que se filtraba por mis medias hasta mi piel.

    Masturbándote con fuerza mientras tu orgasmo continuaba. Chorro tras chorro de esperma salió disparado de tu impresionante polla. Habías esperado tanto tiempo desde que saque tu polla para correrte y ahora, finalmente, te habías liberado. Cuanto más te ordeñaba, más semen salía volando de tu polla. Nunca te habías visto a ti mismo correrte tanto antes

    Cuando el último chorro de simiente goteó de tu verga, te solté. Mis medias estaban cubiertas por tu crema que también goteaba entre mis dedos. Mientras estabas aturdido, me viste llevar lentamente mi mano cubierta de esperma a mi boca. Las puntas de mis dedos rojos se encontraron con mis labios rojo cereza y se deslizaron dentro de mi boca mientras saboreaba tu dulce y fresca leche.

    Yo: ¡Oh, mira mis costosas medias! –riendo- ¡Están jodidas por tus cremosos mecos, eres un niño muy travieso!

    Con mucha delicadeza, desabroche las correas de mi liguero de ambas medias mientras tu guardabas tu palo. De manera muy seductora y a propósito, hice un gran espectáculo al desenrollar la primera media por la pierna. Como una corista de la década de 1950, me quitó la media del pie y procedí a bajarme la media de la otra pierna y hacer lo mismo. Los hice rodar a ambos en una pequeña bola y los metí en el bolsillo de tu pantalón.

    Yo: Aquí tienes un pequeño recuerdo.

    Tu: Se verán los broches sueltos a través de tu vestido

    Yo: está bien, siempre tengo un par de repuesto en mi bolso. – mientras los sacaba.

    Observas con silencioso asombro mientras abrí el paquete y luego, delicadamente, me ponía las nuevas medias.

    Lentamente hice rodar por cada pierna, sonriéndote mientras permanecías mirándome. Enganche las correas en una media y luego repitió lo mismo en la otra pierna dejando una correa colgando detrás desabrochada en cada pierna, dándote la espalda

    Yo: ¿Te importaría ayudarme y sujetar las dos correas detrás de mis piernas, por favor? Es más fácil tener una mano extra para ayudarme con eso.

    En un instante buscabas a tientas las correas, tus grandes dedos ásperos tratando de sujetarlas a las delicadas medias de seda.

    Finalmente, después de un poco de torpeza, lograste sujetar ambas correas me di la vuelta y acaricio tu entrepierna y sentí a través de tus pantalones la fuerte erección de tu polla.

    Yo: ¡te excitó, ¿no?! Lo siento, pero ya jodiste un par de mis medias y no cuento con más repuestos. ¡Tendrás que lidiar con esa erección tú mismo! –alisando mi vestido

    Te besaba en la mejilla dejando una huella de su lápiz labial en él. Antes de que pudieras reaccionar o decir algo, me alejó hacia la puerta.

    Yo: Tal vez nos veamos de nuevo, ¡fue muy divertido!

  • Me cogí a un francés en un tren

    Me cogí a un francés en un tren

    Con una de mis amigas tenemos la costumbre de realizar un viaje al exterior al año. Solas, nosotras dos por el mundo.

    Ella es del interior del país, de una de las más hermosas provincias de nuestra Argentina.

    Cada viaje es organizado con mucho tiempo de antelación, somos dos mujeres viajando por el mundo y hay cuidados que debemos tomar.

    Viajar con ella es maravilloso, es una mujer muy divertida, libre, y muy inteligente.

    Ella es la más estudiosa de las dos, es quien sabe idiomas, historia de los lugares a recorrer, es quien organiza el tour y quien más conoce a los hombres.

    Marcela es muy osada y curiosa. En uno de los viajes, en el tren nocturno de Praga a Budapest, de unas 7 horas aproximadamente de duración en el pasillo de los camarotes, había dos muchachos hermosos, franceses que también viajaban solos. Mi amiga muy simpática usó sus encantos con ellos y los invito a nuestro camarote. Yo estaba recién separada de mi pareja y le había dicho a Marcela que no quería estar con ningún hombre, en este viaje.

    Me dijo:- no tenés que hacer nada que no quieras, después de todo sos adulta y responsable… dale, relaja. Y se sentó en la cama superior junto al muchacho elegido esa noche. Los franceses se llamaban Adrien y Calvin, eran muy educados. Nuestro francés era escaso pero aun así pudimos conversar, utilizando señas, el lenguaje de los cuerpos, algunas palabras en español de ellos y muchas ganas de conocernos de todos.

    Calvin, rubio, de ojos claros de 25 años, estudiante de ingeniería, estaba muy interesado en mi. Yo me hacía la distraída, después de una ruptura necesitaba que me conquistaran, quería que usara todos sus encantos conmigo. Marcela ya se había entregado al placer, en la cama de arriba, con Adrien, y sus gemidos, y respiración agitada comenzó a excitarnos.

    Recordé las palabras de mi amiga y pensé que quizá no volvería a ese país, ni a ese tren, ni a mi pareja anterior, ni volvería a ver al francés y me deje seducir por Calvin… El viaje a Budapest fue muy intenso. El francés me beso completa, beso mi frente, mi boca, mi cuello, bajó por mis pechos y mis pezones dieron alerta de mi excitación, mientras con sus manos desabrochaba mi pantalón y metía sus dedos en mi ropa interior. La erección de Calvin sobre mi pelvis aun con ropa hizo que olvidara que el lugar era compartido pues en mi cabeza tan solo éramos nosotros dos y el fuego que quemaba nuestros cuerpos.

    Continuaba escuchando suaves gemidos provenientes de la cama superior, de mi amiga y su conquista. Quitamos nuestra ropa y desnudos, en esa camita pequeña nos encontramos apasionadamente, ahogando los sonidos del placer con besos y palabras en francés. Desnudos por completo, toque su suave cuerpo, sus músculos escondidos debajo de algunos tatuajes. Su olor era narcótico,

    Nos besamos apasionadamente, y montada sobre él lo cogí, nuestros gemidos se mezclaban con los gemidos de la cama superior, lo que lo hacía mucho más excitante.

    Pasamos la noche juntos y al llegar a la estación nos despedimos con un beso fogoso y la promesa de volver a vernos.

    Nuestro viaje continuó por una semana, por diferentes capitales de Europa.

    Recorrimos Italia, Francia, Inglaterra, conocimos unos lugares increíbles, unas personas maravillosas, una variedad gastronómica y cultural única del antiguo continente. Y utilice este viaje para estudiar y confirmar la teoría de mi amiga sobre los hombres, que dice que sin importar su religión, cultura, estrato social, etc., al hombre le interesa lo mismo, en cualquier parte del mundo, el hombre solo quiere sexo. Me volví marinera y tuve un amor en cada puerto.

    Volvimos a Argentina y comenzamos a planificar nuestro próximo viaje, esta vez el destino serían las playas del caribe.

    Fue difícil elegir entre los diferentes países, Colombia, Cuba, Panamá, etc., por la belleza de sus playas, pero, por oferta turística, paisaje, hoteles y varias cuestiones más, nos decidimos por República Dominicana.

    Nos reuníamos cada mes con las propuestas que cada una de nosotras había elegido, en hoteles, vuelos, excursiones y mejores fechas del viaje.

    Cuando todo estuvo listo y llegada la fecha partimos rumbo a Punta Cana, nuevamente las dos solas recorriendo el mundo.

    En esta ocasión Marce estaba en pareja, por lo que había prometido ser fiel. Yo, por otro lado, estaba soltera, y como ella me había dicho alguna vez, era grande y responsable de mis actos. Y bajo este lema comenzaron mis vacaciones en el paraíso.

    El hotel era hermoso, con acceso directo la playa, la habitación con pisos que con su brillo mostraban tu reflejo, un baño al extremo lujoso, con una amplia ducha, varios restaurantes dentro del hotel, y tres bares que estaban abiertos las 24 horas, además de las increíbles piscinas que rodeaban los bares.

    Al llegar, y después de recorrer el lugar, nos sentamos en el bar a disfrutar de un refresco, después fuimos a descansar a la orilla del mar caribe, y contemplar su belleza y por último nos dirigimos hacia el hall de entrada, para reservar un lugar en la excursión que nos llevaría hasta la Isla Saona al día siguiente, no queríamos perder más tiempo, como turistas no podíamos privarnos de conocerla.

    A la mañana siguiente, muy temprano nos despertamos ansiosas por la aventura de la excursión. Desayunamos y esperamos en el hall de entrada del hotel a que la empresa de turismo contratada para la excursión pasara por nosotras.

    Llegamos a la parada y subimos en los asientos traseros de una lancha, que nos llevó desde el continente a la Isla.

    La embarcación estaba completa con turistas de diversos países. Nosotras estábamos divertidas, libres, extasiadas de tanta belleza natural que nos rodeaba.

    El viaje hasta la Isla duraba unos 30 minutos y atravesaba paisajes increíbles.

    Al llegar a la Isla Marce se dirigió al bar y yo era la encargada de conseguir un lugar donde recostarnos y apoyar nuestras cosas, me pareció divisar entre los turistas que habían venido en nuestra lancha, a dos lindos rubios, altos. Sus rostros me resultaban conocidos, pero no los recordaba bien.

    Mientras mi amiga estaba aún en la barra, elegí una reposera que estaba debajo de una palmera y me recosté a contemplar el mar.

    Busque con mi mirada a los rubios nuevamente, al divisarlos confirme su identidad!! Eran Calvin y Adrien!! Y me encamine hacia ellos, segura de mi misma, mostrando mi cuerpo bronceado, mi bikini diminuto y mi actitud provocadora, a quien quisiera mirarme.

    Al acercarme a su reposera sonriendo, Calvin, se pone de pie y viene a mi encuentro mostrando sus blancos dientes y una sonrisa pícara, contento, el recuerdo que tenía de mí era muy bueno. Mientras mi amiga y su amigo estaban en la barra nosotros nos saludábamos con un beso fresco, con sabor a mar. Sujeto mi cabeza con ambas manos apoyó sus labios en mi boca, mi entrepierna reaccionó humedeciéndose y caí rendida, nuestros cuerpos tenían memoria, se recordaban y querían más placer.

    Tome su mano y sin mediar palabra caminamos hasta las reposeras.

    Se recostó a mi lado, en la silla que yo había reservado para mi amiga. Mirándome fijamente y con señas me preguntó si podía hacerme masajes, a lo que conteste con un sí, por favor casi susurrando.

    Comenzó a acariciar mi cuello, mi nuca y mis hombros, suave, como recordando esa noche en el tren.

    Al bajar por mis brazos unos dedos traviesos rozaban mis pezones produciendo que se endurezcan en señal de excitación.

    Al notar la reacción de mis pechos a sus manos continuó bajando disimuladamente por mi cintura hasta llegar a mis muslos, y con movimientos circulares acariciaba mis piernas y nuevamente sus incontrolables dedos se colaban por mi bikini.

    Al confirmar por segunda vez que me gustaban mucho sus caricias y sus dedos traviesos, se atrevió a más y con un movimiento casi imperceptible introdujo un dedo en mi provocando un gemido suave. Estábamos los dos en llamas, me tomó de la mano y me llevó hasta el mar.

    Enredo mi cabello en su mano sujetando mi nuca y me beso con pasión, mientras yo introducía mi mano dentro de su traje de baño, y tocaba su miembro duro de pasión.

    El público era demasiado en esa playa y nuestras ganas de coger también.

    Volvimos a nuestra reposera, donde ya estaba mi amiga y su amigo con los tragos esperándonos.

    Estuvimos tres horas aproximadamente en la Isla, no podíamos esperar a llegar al hotel, le dije a mi amiga que me esperara y corrí a esconderme detrás de una palmera con Calvin para continuar con la excitación mutua.

    Al llegar al hotel de regreso, me invitó a su habitación para ducharnos juntos y quitarnos la arena del cuerpo. Nuestros cuerpos ardían de lujuria, necesitábamos la soledad de la habitación para satisfacer nuestra pasión y chocar nuestros cuerpos calientes deseantes de placer como quisimos hacerlo aquella vez en el tren nocturno.

    En la ducha, me arrodille frente a él saboree su pene, y su excitación. Sujetando mis manos y apoyando mis pechos contra la pared me penetró con ganas, con pasión, tocaba mi cuerpo suavemente pero lo cogía fuerte.

    Me giro, apoyando ahora mi espalda, y comenzó a besarme desde la frente, bajo por mi nariz y mi boca, que lo recibió con una sutil mordida de labio, bajo por mis pechos, mordió mis pezones duros, beso mi abdomen y con sus manos en mi culo me practico sexo oral, movió su lengua recorriendo mis labios y jugando con mi clítoris, jugo tanto con su lengua en mi vagina e introdujo sus dedos que el placer me hizo estremecer, contraerme y relajarme, jadear y gemir.

    Extasiada de placer me entrego por completo para que me penetre y me coja fuerte, ahora, en su cama.

    Llegamos al orgasmo juntos, sentía como mi vagina se contraía mientras su pene eyaculaba dentro mío, sentía su jadeo en mi oído, y su olor narcótico solo sumaba excitación.

    Volví a mi habitación, le conté todo a Sandra que me escuchaba divertida.

    Estuve con Calvin un par de veces más en esas vacaciones.

    Volvimos a despedirnos con un beso fogoso y la promesa de volver a vernos en un próximo destino.