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  • Mi novio me entregó para ser abusada

    Mi novio me entregó para ser abusada

    El verano pasado fuimos con Marcos, mi pareja, de vacaciones a Pinamar, una playa hermosa, con buenos boliches para la noche, y mucha gente buscando divertirse después del Covid. Marcos tiene 26 años, mide 1.70 m, muy buen físico ya que entrena todos los días y una verga interesante, de unos 16 cm. Yo, tengo 20 años, soy chiquita, apenas 1.60 m, flaca pero con muy buen culo y tetas.

    Con Marcos hace 4 años que salimos, él fue mi primer novio en serio, mi primer hombre en el sexo. Con Marcos todo era tranquilo, nunca forzado, tampoco muy loco. Nunca hicimos sexo anal, y muy pocas veces bajó a chuparme la conchita.

    En la playa conocimos a una pareja que estaba en la sombrilla al lado de la nuestra. Una pareja de unos 32 años, Julio y Andrea. Julio, ingeniero y pero parecía verdadero modelo, alto, el cuerpo torneado, súper amable, ni una mirada fuera de lugar. Andrea, sí era modelo, más alta que yo, y con mejor físico. A Marcos, si se le iban los ojos para mirarla. Charlábamos, compartíamos el almuerzo en un parador. Todo muy normal.

    Una tarde cuando volvimos de la playa Marcos me sorprendió con una pregunta:

    “¿Alguna vez pensaste hacer un intercambio de parejas?”

    Mi cara debe haber dicho todo. Confusión, sorpresa, intriga. Pensé unos segundos y contesté:

    “Sinceramente no, nunca lo pensé. Por tu pregunta, me parece que vos sí.”

    “Eh, no, en realidad no…” dijo.

    “Pero… ¿entonces, qué pensaste?” Pregunté.

    “No te enojes, viéndola a Andrea, se me cruzó un trio con vos.” Dijo.

    “Tampoco me engancho con esa opción, ni pienso en hacerlo con una mujer, lo lamento.” Dije y me fui a dar una ducha.

    Esa noche, tuvimos sexo, pero ni llegué al orgasmo. Marcos estuvo muy ido, haciéndolo sin ganas casi.

    Un par de días después de esta charla, Julio y Andrea nos invitaron a cenar a su casa. Sin pensar nada raro, aceptamos ir.

    Llegamos a su casa, estilo tradicional de Pinamar, con pileta, nos recibieron con un aperitivo y una picada. Andrea estaba con un mini short de lycra y un top. Impresionaba su belleza, Julio con un short y una remera. Yo había ido con una mini y una camisa. Marcos preparó un asado y después de cenar nos quedamos en el parque tomando café. Luego unos whisky`s, varios.

    Le pedí a Andrea pasar al baño y ella muy gentilmente me acompañó mostrándome el camino. Cuando salí, ellos estaban en el living. Estaba por sentarme cuando sentí que Andrea, que salía de la cocina detrás de mí, me tocaba la cola. Giré mi cabeza y saque su mano. Ella me empujó y caí en el sillón grande. Lo miré a Marcos, y estaba quieto, no se movía. Andrea se abalanzó sobre mí y comenzó a besarme y tocarme los pechos. Traté de quitarla pero no pude.

    “Marcos, ayúdame por favor.” Le pedí. Él no se movió en absoluto.

    Mientras me besaba, Andrea llevó su mano a mi concha y me comenzó a acariciarla. Yo trataba de escapar pero no podía. Julio se levantó y me tomó por las muñecas. Andrea me levantó la mini, quitó mi tanga y comenzó a chuparme la concha.

    Yo lo miraba a Marcos y no podía creer su pasividad. Solo miraba, aunque por el bulto de su pantalón se estaba excitando. Yo pedía por favor que me suelten pero solo sonreían.

    “Tranquila Nati, según Marcos, te va a gustar, y fue siempre su fantasía.” Dijo Julio.

    Lo miré a Marcos con odio. Era claro que él había arreglado todo.

    Julio me soltó una mano y sacó su pija del short. Me quede helada, era mucho más larga y gruesa que la de Marcos, te también la miraba asombrado.

    Andrea me comía la concha sin parar, y yo, me comencé a excitar sin quererlo. Julio apoyo su pija en mis labios suavemente, mientras yo mantenía los labios cerrados. Abrió mi camisa y comenzó a acariciar mis pechos. Mi excitación subía poco a poco. Andrea se quitó la ropa y se acostó sobre la alfombra, Julio me puso sobre ella, haciendo un 69, se colocó detrás de mí y lentamente me fue penetrando la concha. Andrea me chupaba y me agarraba para no dejarme mover.

    Sentir esa pija en mi concha y los labios de Andrea besando mi clítoris me puso a mil, pero trataba de no demostrarlo. Ni gritaba ni gemía. Marcos tenía su pija en la mano y se masturbaba. Julio, entraba y salía con suavidad, me volvía loca. De repente sentí que uno de sus dedos penetró mi culo, di un brinco y pedí por favor que no lo haga, que era virgen.

    “No te preocupes, él sabe hacerlo suave, vas a gozar como nunca.” Dijo Andrea.

    Y sí, era muy suave haciéndolo, de pronto mi orto se fue abriendo, y yo excitando al límite de desear que meta esa hermosa pija en mi orto.

    Estuvo un rato cogiendo mi concha, Andrea chupándome y yo tratando de disimular mi excitación. Julio sacó su pija y la apoyo en mi orto. Traté de cerrarlo pero él me dijo:

    “Relajate, porque igual voy a entrar en tu orto.” Y suavemente empezó a empujar, venciendo mi resistencia. Aunque sufría algo de dolor, me volvía loca pensar que me estaba metiendo toda esa pija. Cuando la tuve toda adentro, sentí que su mano empujaba mi cabeza haciendo que mis labios se apoyen en la concha de Andrea, que ahora me chupaba con todo mi concha.

    Marcos tenía los ojos desorbitados, se masturbaba mientras miraba como me cogían sin piedad. De pronto me llené de odio. Levanté mi mano y dije:

    “Ya me violaron y me desvirgaron el culo, me entregó y humilló mi pareja. Ahora quiero YO que me rompas el culo.” Le dije a Julio, que asintió y aumentó su velocidad, y yo metí dos dedos en la concha de Andrea mientras la chupaba.

    Fueron varios minutos de mucho placer, yo gemía y gozaba con todo. Gozaba esa pija en el culo y los labios de Andrea en mi concha. La lengua de Andrea hacía maravillas, me sacaba orgasmos sin parar. Yo por mi parte, lograba copiar sus movimientos y sacarle algunos orgasmos que ella agradecía, dándome un suave chirlo en el culo.

    Julio me sacó un orgasmo tremendo en el culo y le hice una seña para que pare.

    “Él lo quiso, él lo tendrá. Quiero que acabes en mi boca, que me cojas la boca.” Le dije a Julio.

    Me levante, para sentarme en la boca de Andrea, mirándola como me chupaba y ahora metía dos dedos en mi culo. Julio se paró delante de mí y metió su pija en mi boca, comenzando a cogerla con fuerza, provocando mis arcadas y mucha calentura. Lo miré a Marcos y en ese momento el acabó masturbándose. Julio también lo miró y sin ser violento, aumentó su ritmo. Sacó la pija de mi boca, que abrí por completo y acabó regando mi boca y cara con su semen, mientras yo llegaba a otro orgasmo. Con mis dedos junte toda su leche y la chupé, limpiando su pija.

    Me levanté, tomé mi ropa y fui al baño. Me higienicé un poco, me vestí y volví al living.

    “Espero que hayas gozado, hijo de puta. Suerte.” Dije, saludé con un beso a Julio y a Andrea y me fui al hotel de madrugada. Armé mi valija, la cargue en mi auto, que fue el que usamos para ir y volví a Capital. Llegué a la mañana. Tomé un café, puse toda la ropa de Marcos en bolsas de residuos y también su notebook, las bajé y las puse en la vereda del edificio. Tomé mi celular, le saque varias fotos y se las mandé a Marcos con un mensaje:

    “Realmente sos muy tonto. Te olvidaste que el departamento es mío. Estas son tus cosas, como veras están en la vereda. Ah, también cambié la cerradura. Espero que esa paja haya valido perder todo.”

    Me mandó un mensaje pidiendo por favor que no lo haga, le mandé un emoji con una sonrisa y lo bloqueé.

    Nunca más supe de él. Yo por mi parte, habiendo descubierto mucho sobre el sexo y sobre lo que me satisface, recomencé mi vida.

  • La noche en el club

    La noche en el club

    Me decías, ve a dar la vuelta. Estábamos en un club donde había muchas personas. Yo me daba la vuelta viendo todo.

    Regresaba contigo y me tocabas mi erecto pene diciéndome que sí me había gustado lo que había visto por como venía, evidentemente muy excitado.

    Tú estabas sentada en un sillón y yo parado frente de ti. Te acercabas, tomabas mi pene con una mano, me jalabas hacia ti y me lo empezabas a chupar todooo. Lamías la punta con tu lengua y luego recorrías mi tronco, hasta llegar a mis testículos. Entonces me hacías abrir las piernas un poco, para pasar tu mano hacia el perineo y tocarme rico mientras te llevabas mi pene a tu boca, jugueteando con tu lengua en la punta a la vez que tus labios abrazaban y cubrían más parte de mi duro miembro.

    Me contabas que había pasado en mi ausencia.

    Una mujer algo joven que se acercó a besarte, acariciando primero tus hombros, tu cuello, y bajando para tocar tus senos. Y viendo cómo lo disfrutabas, te acercó su boca a la tuya, y te dijo que estabas disfrutando sus caricias, y tú le decías que sí, mucho. Que si querías más y sólo asentiste. Entonces, te buscó los labios y tú le respondiste con un beso rico, pasional. Bajó ella su mano hasta llegar a tu sexo, húmedo, lo tocó, te frotó, haciendo que gimieras y te restregaras su mano. Metió dos dedos en ti, sacándolos mojados de tu excitación. Te preguntó si ya habías cogido, y le decías que no. Ella se llevó sus dedos a la boca, los saboreó y te besó diciéndote que esperaba pasar más tarde, para ver si ya habías cogido y se fue.

    Además de ella, habías visto un par de amigos que te gustaron. Se acercaron a ti en momentos diferentes. Uno de ellos chico fitness, marcado, sin exagerar, que le tocaste su miembro durante un rato cuando se acercó a ti. Te paraste al acercarse y mientras conversabas con él, llevaste tu mano a su pene y lo estuviste acariciando, concentrando tus caricias en sus testículos, luego lo dejaste ir.

    El otro se acercó viendo que estabas sola. Se agachó hacia ti para saludarte con un beso en la boca, que le correspondiste. Y se puso en cuclillas brevemente para hacerte la plática. Podías ver su rostro, atractivo, sus ojos claros, su tez ligeramente apiñonada, su cuerpo musculoso, pequeñas gotas de sudor que reflejaban la tenue luz del local. Te hablaba al oído y puso sus manos en tu costado, mientras tú te apoyaste en sus hombros, pasando a sus pectorales trabajados y cuello. Él no tardó en tocar tus senos, acariciar tu espalda, tocar tus muslos y bajar a tu entrepierna, encontrando que estabas muy excitada y mojada. Te frotó brevemente, arrancando gemidos de tu boca y cerrando los ojos mientras disfrutabas de esa invasión momentánea. Tus manos bajaron por su abdomen, llegando a sus piernas y rápido las llevaste a su pene, pudiste sentirlo duro, largo. Lo recorriste todo, hasta llegar a sus testículos que rozaste primero con la punta de tus dedos y luego los apretaste. Él ahora cerró los ojos y se dejó tocar por tí brevemente, diciéndote lo rico que lo hacías. Mojaste tus dedos con tu saliva y le frotaste la punta, masturbándolo un poco. Repetiste la operación de mojar tus dedos y abrazaste ese duro tronco. Entonces, tocaste su cadera, haciendo el ademán para que se parara, haciendo que se incorporara frente de ti. Su pene quedó justo a la altura de tu boca. Lo veías duro, erecto, marcado con sus venas. Sin pensarlo más, abriste la boca y él sólo lo fue acercando hacia tí. Tu lengua lo recibió para lamer la parte inferior de la punta y luego succionarlo con tus labios, arrancándole otro gemido más de excitación. Te dedicaste a chuparlo todo, saborearlo, hasta tenerlo duro en tu boca. Sentir el sabor de su corrida y arrancarle sus últimos momentos de control, hasta hacerlo venir en tu boca.

    Esa noche fue algo singular porque se trataba de estar dando vueltas por el lugar, y observar a los que estaban sentados o parados, y si se te antojaba y aceptaban o te llamaban, te acercabas a ellos. Fueran parejas, personas solas, o pequeños grupos.

    Mientras tú me contabas todo, me masturbabas y me chupabas mi pene yo estando de pie. Legó otro amigo, que observaba todo lo que hacíamos. Vio que mientras me tocabas y chupabas, te llegabas a tocar tu vagina, o rozar tus senos con las manos. Se paró al lado nuestro. Él ya venía muy erecto. Te observaba tocarte, lamer mi pene, la forma que me chupabas. En eso te percatabas que él te observaba, así como su pene enhiesto, que él tocaba eventualmente con su mano. Tú, al verlo, le hiciste una seña para que se acercara. Entonces, ya a tu alcance, le tomaste su pene, duro y largo y, sin dejar de chuparme, lo restregabas en tu cara. Lo pasabas por tu mejilla, tu nariz y le tomabas de los testículos, apretándolos momentáneamente, para luego volver a tomarlo del tronco y lo frotabas con mi pene. Ya con su punta cerca de tu boca sacabas el mío.

    Un hilo de saliva conectaba la punta de mi pene con tu boca. Sin que se rompiera, acercabas a tus labios ese pene duro del ocasional amigo y lo comenzaste a pasar por tus labios, ahora abiertos para él y sacando tu lengua, lamías la punta, hasta rodearla con tus labios para empezar a meterlo poco a poco en tu boca. Sentirlo con tu lengua y succionarlo un poco. Tenías un pene en cada mano y me volteabas a ver, para decirme que estaba rico, duro y grueso, como te gustan. Entonces tú metías de nuevo la punta y un poco más a tu boca, hasta tocar con tu garganta. Empezó a coger tu boca este amigo, empujando su pene para rozarse con tus labios en cada empujón, haciendo que tu mentón llegara a su pubis. Te sujetó de la cabeza con cuidado y le dio a su cogida un ritmo rápido, mientras tú lo recibías con tu lengua dentro de la boca para hacer mayores sus sensaciones y sus testículos rebotaban en tu barbilla.

    Yo podía ver como lo lamías todo. Soltaste mi pene y te concentraste en el de él, sabiendo que lo puedes hacer gozar con tu boca y disfrutar tú de ello también. Apretando sus testículos, lamiéndolo todo, dejándolo mojado, concentrando tus lengüetazos en su punta y masturbándolo intensamente, mientras volteas a verlo a los ojos. Él se deja hacer todo.

    Una de tus manos le levanta la verga para lamer sus testículos y te los metes uno a uno en la boca, jalando intensamente al succionarlos con pasión para hacerlo sentir sensaciones únicas, juegas con tu lengua frotándola en el escroto, mientras que con una de tus manos le masturbas la punta frenéticamente. Tu otra mano la pierdes en su entrepierna y le rozas el perineo hasta llegar a su culito y él abre sus piernas para dejarte tocarlo. Esa mano la ensalivas en tu boca y regresas a tocarle el culito, haciendo presión en la entrada hasta lograr meter una falange tuya, que empiezas a mover dentro de él, a la vez que lames sus testículos. Su verga se ve más dura y gruesa. Regresas a la punta, con tu lengua recoges una gota que sale de ella, la mojas con tu lengua y ves como lo haces gemir intensamente.

    Sabes que está próximo a venirse e intensificas tu masturbación en el tronco y pegas tus labios, rodeando con ellos la punta hinchada, para arrancar sus últimos vestigios de control y dar paso a una eyaculación copiosa e intensa. El mete más su pene en tu boca y descarga en ella su semen en borbotones que te hacen sentir un orgasmo intenso y te mojas rico. Te encanta sentir que se vengan así, intensamente en tu boca y apuras para tragar todo el semen que te deja. Cuando termina de eyacular, con tu lengua mojada de su semen, le recorres el tronco y lo lames rico, frotando la punta de su pene en tu cara, que denota satisfacción de haberlo hecho venir así de rico.

  • José Carlos (Parte I)

    José Carlos (Parte I)

    Nos conocimos en un sitio de internet para citas casuales sin compromiso y después de platicar lo básico empezamos a tomar confianza. Inició con el email, pasamos a los mensajes de texto y terminamos hablándonos con frecuencia.

    Pocas veces una voz me ha movido las entrañas de forma tan notoria; aún recuerdo cómo me mojaba solo con escucharlo, esa tesitura me hacía temblar las rodillas. Me empecé a masturbar casi de inmediato que empezamos a llamarnos. Cerraba la puerta de mi oficina, desenrollaba las persianas, me sentaba en el sofá, me levantaba la falda hasta que me permitía abrir el compás y empezaba a acariciarme por encima de la ropa interior.

    Normalmente me hablaba de lo que estaba haciendo en ese momento y yo le daba pie a que continuara con tal de escucharlo mientras me procuraba placer. Estoy segura de que más de una vez se me resbaló un ligero gemido porque en cuanto lo notaba, empezaba a intimar en la charla.

    Pensé que nuestra interacción se basaría únicamente en este tipo de conversaciones esporádicas, hasta que un día me invitó a comer. Me sorprendió tanto la propuesta que hasta titubé en responderle hasta que me exigió una respuesta.

    “Claro!” – respondí

    “Qué te parece ahora?” – me preguntó

    Inmediatamente hice mi inventario personal, outfit… perfecto, ropa interior… perfecta, depilación… perfecta, hasta mis días complicados del mes ya habían pasado incluso, así que no había razón para negarme.

    “Nos vemos a las 3 en el Merotoro” – le respondí.

    “OK” – asintió.

    Pretendí no darle más importancia de la necesaria, pero sin lugar a duda, esa voz y su potencial ocupaban mi mente. Por un lado, no quería desilusionarme de esa voz que me erizaba la piel con cada llamada. Sin embargo, también cabía la posibilidad de que no fuera un inservible. ¿Quién lo sabe?, ¡quizás hasta pudiera ser un buen polvo!

    Llegó la hora de encaminarme, le pedí al chofer del despacho que me llevara para no lidiar con problemas de estacionamiento. Arribé justo a tiempo y no sé si eran mis ganas o mi intuición, pero al ver a un tipo agradable sentado solo en una de las mesas que dan hacia la calle, inmediatamente supe que era él. En lugar de bajarme, le pedí al chofer que diera otra vuelta. Quería estudiarlo, ver cómo se comportaba y en este juego también deliberadamente estaba llegando tarde. Descendí del auto y me senté en una banca del otro lado de la calle y noté que se impacientaba, tomó su celular y me marcó.

    “Qué onda contigo?, siempre llegas tarde?” – ese tono de voz impaciente ya no me gustó.

    “Estoy llegando” – le respondí antes de cortar la llamada.

    Lo vi mover el pie nerviosamente, tomar el teléfono varias veces y mirar incesantemente hacia la entrada del restaurante, pero lo dejé esperar aún más. Realmente quería ver hasta dónde podía jalar de la cuerda y honestamente me divertía contrariarlo. Volvió a sonar el aparato.

    “Me agradas mucho, pero si no llegas en los próximos 5 minutos, consideraré tu actitud como una falta de respeto y me retiraré del lugar.” – habiendo dicho esto colgó.

    Sentí como si una corriente eléctrica me atravesara el cuerpo, desde la punta de mis pies hasta el cabello. Por instinto me puse de pie de inmediato y me encaminé al restaurante. A media calle reaccioné y comencé a preguntarme, ¿cómo era posible que prácticamente me estuviera dando una orden? Quise detenerme, pero ya estaba en la entrada del sitio.

    Inmediatamente se puso de pie para recibirme, pero tenía el rostro esculpido en piedra. Yo decidí usar mi sonrisa seductora para relajarlo, aunque no con mucho éxito, debo reconocer. Pasados algunos minutos seguía desencajado, no había rastro alguno del encanto que le había caracterizado en nuestras conversaciones previas, así que le dije que por favor considerara unos minutos de terapia entre nosotros y se permitiera externar lo que le molestaba. De sobra sabía cuál era el problema, pero él necesitaba decirlo.

    Comenzó la diatriba mientras le miraba a los ojos esbozando una ligera sonrisa que pretendía calmarlo, acariciaba su mano con la mía y lentamente fue bajando el tono, hasta que se relajó. No fue difícil honestamente. Bastaron un par de minutos para volver a vibrar con esa voz que me encanta. Sin embargo, en estos breves momentos de nuestro primer encuentro me quedó claro que él no era el típico hombre al que estaba acostumbrada a tratar.

    No sólo era muy articulado en su forma de expresarse, sino respetuoso y firme al mismo tiempo. Me demostró educación, pero también me dejó muy claro que no iba a tolerar mis desplantes una siguiente vez. Mientras continuaba escuchándolo, mi cerebro iba procesando la información, analizando y escudriñando su lenguaje corporal; mi vagina fue más clara aún… pronto y contundentemente me hizo saber que él era un elegido.

    Comimos y constaté que esa deliciosa vibra que había sentido seguía presente entre nosotros, además me tomé el tiempo para observarlo detenidamente. Generalmente no permito que mi imaginación me genere expectativas, porque la decepción suele ser aplastante. A mi vagina no le gusta eso. Por esta razón, prefiero dejar que la vida me sorprenda y me lleve a lugares insospechados con gente que me tome por sorpresa. Y así fue como comencé a notar su espalda en “V”, no exagerada, pero lo suficientemente delineada para notar como la camisa le queda como dibujada en los hombros, pero resultaba evidente que abotonarla del pecho le era complicado. Era la época del slim fit y su cuerpo apenas cabía en esa funda. Sus manos eran notablemente más grandes que las mías y sus obesos dedos ya me estaban creando fantasías.

    Le miraba sus ojos negros y esos labios carnosos que deseaba morder cuando volví de la imaginación al escuchar el vibrador de su teléfono.

    “Discúlpa, olvidé apagarlo” – comentó.

    “No es necesario, al final estamos en horario laboral” – respondí.

    “Hoy no. Hoy necesito saber si la mujer con la que he dialogado durante semanas es cuanto he imaginado” – JC.

    La curiosidad ha matado a más de un gato, pensé. Pero en lugar de decirlo, le guiñé un ojo y le sugerí que fuéramos a tomar una copa a otro lugar.

    Nos levantamos y él pidió su auto al valet parking. Me abrió la puerta y me guio al interior del vehículo con un toque de cintura. Bastó solo eso para estremecerme nuevamente. Después de una cuadra, le comencé a acariciar el cabello con suavidad y casi como una sugerencia y sin dudarlo, le pedí que me llevara a un hotel.

    “Me encantan las mujeres que saben lo que quieren y no tienen miedo a expresarlo” – JC

    “Me fascinan los hombres que no se sienten intimidados ante una mujer que toma la iniciativa” – contesté.

    Conducía por una avenida cuando sentía perfectamente como iniciaba a invadirme la ansiedad, esa sensación de taquicardia que te desborda el pecho y te provoca agitación. He notado que hasta la mirada me cambia, es como una droga que me intoxica y me transforma el comportamiento. Descaradamente empecé a tocarle el pecho, le metía la mano entre los botones de la camisa para sentirle esos músculos que me impresionaron al verlo. Era muy claro que le gustaba lo que hacía, su piel se erizó ipso facto y eso para mí es la luz verde más grande que conozco.

    Mis caricias se volvieron un manoseo descarado, él se puso nervioso, me acerqué y mordisqué ligeramente el lóbulo de su oreja, le susurré muy despacio al oído…

    “Apúrate porque te traigo muchas ganas.” – le sugerí.

  • La chica de la inmobiliaria

    La chica de la inmobiliaria

    Ojeaba por internet los portales inmobiliarios con la intención de adquirir un apartamento, cuando apareció uno en el centro de la capital que se adaptaba a mis necesidades y sobre todo el precio me resultó muy interesante.

    Al momento me puse en contacto con la Inmobiliaria y empezamos las negociaciones. Hablaba con una agente llamada Estela, por teléfono era muy simpática y me facilitó todo tipo de documentación, planos, imágenes…

    Llegamos a un acuerdo y firme poderes a Estela para la gestión de compra de dicho apartamento.

    Llegó el día que tenía que recoger las llaves y quedamos en mi nuevo apartamento, a las 5:30 h de la tarde. Llame a la puerta y ante mi apareció Estela con una melena larga y castaña, llevaba una blusa semi transparente, con una falda gris larga. Me recibió con una sonrisa, alargó la mano…

    — Marcos?

    — Estela

    Visitamos el apartamento y era tal cual las imágenes que me había mandado, iba tras ella y al mismo tiempo que miraba el salón, me iba fijando en el trasero de Estela… como lo movía a un ritmo que me hipnotizaba, algo que me volvía loco.

    Nos sentamos en el sofá del salón y ella me mostraba y me explicaba los documentos que tenía que firmar, poco a poco nos relajamos, dejando la tensión del inicio y empezamos a sonreír.

    Me llamo la atención de que en un momento dado vi como Estela se mordía el labio y echándose el pelo hacia atrás, dejando su cuello descubierto, tenía un lunar, justo a la mitad. Me causo una excitación tremenda.

    La mire fijamente y ella respondió a mi mirada, hablándome con los ojos y como un imán me acerqué a ella y la besé en los labios, para mi sorpresa ella me lo devolvió y estuvimos un buen rato, rozando nuestras lenguas, mis manos iban solas… comencé a abrazarla, acercándola a mi cuerpo.

    Mis manos continuaron la exploración hasta llegar a sus pechos firmes, poco a poco fui desabrochando, uno a uno los botones de su blusa, ella miraba mis manos sin decir nada.

    Dejé caer la blusa al suelo, me lance a besar y lamer sus pechos, primero uno y después el otro… los mordisqueaba sintiendo cómo se erizaban sus pezones dentro de mi boca.

    Escuchaba unos tímidos gemidos y eso hacía que mi polla reaccionara, se puso dura y no puede contenerme más. Me levante del sofá y la hice que se levantara, le desabroche la falda que resbaló por sus piernas hasta caer, después le baje el tanga, dejándola completamente desnuda ante mi. Únicamente quedaban sus medias y sus zapatos de tacón.

    Después comencé a desnudarme ante la mirada fija de Estela. La cogí de la mano y caminamos por el apartamento hasta llegar al dormitorio, me tumbé sobre la cama y ella puso una rodilla y otra a los lados de mi cadera, cogió mi polla y la dirigió a su coño.

    Poco a poco se la metió hasta el fondo de su vagina y empezó con un balanceo que me llevo a un estado de embriaguez sexual… cómo se movía, como una diosa en el edén. A un ritmo sin pausas, se inclinó un poco sobre mi, sujetándose con las manos sobre la cama, así yo alcanzaba sus pechos, empecé a chuparlos y ella continuaba con su baile sexual sobre mi polla.

    Sus gemidos eran música para mis oídos, me hizo enloquecer, al momento empezó a empujar más fuerte y con más rapidez como si quisiera que mi polla la traspasara, yo me dejaba hacer, en ese momento me entregué a su voluntad…

    Me tenía loco, estaba extasiado y a punto de correrme. Entonces ella paró y bajó hasta mi polla, empezó a comérsela con hambre, la chupaba y succionaba, tragando nuestros jugos. Así estuvo unos minutos y regresó de nuevo para volverse a meter mi polla.

    Sus gemidos eran casi gritos, yo la agarré de las caderas, empujándola hacia mi polla, al mismo tiempo levantaba el culo para facilitar que entrara mejor su coño dentro de mi.

    Oía la fricción de nuestros sexos con los jugos, para ese entonces ella cabalgaba como una fiera sobre mi polla, de pronto un gemido largo me hizo saber que se había corrido. Se paró y se tumbó sobre mi, besándome y metiéndome la lengua en la boca, cuando recobró el aliento…

    La puse a cuatro, apunte a su coño con la polla, la agarré de la cadera y hundí mi miembro en ella. Le daba besos en el hombro y ella giró su cabeza sonriéndome, entonces humedecí mi dedo corazón y se lo metí por el ano, me miró y con una sonrisa picarona me dio permiso para continuar.

    Le saqué la polla de la vagina y apunte a su ano, poco a poco la fui introduciendo hasta meterla completamente, empecé a moverme más deprisa… ella me miraba, mordiéndose los labios, al mismo tiempo que gemía… ufff me iba a correr…

    Pero no quise hacerlo dentro de ella, me aparté y me tumbé de nuevo en la cama, ella inmediatamente se puso sobre mi, metiéndose mi polla de nuevo y a un ritmo frenético, saltaba y saltaba sobre ella. Mis manos agarraban su cadera y le pedí…

    — no pares, sigue, me corro…

    Ella continuó follándome y explote tremendamente dentro de su vagina, al sentir mi líquido inundando su interior me miró sonriendo, se acercó y me beso de nuevo.

    Desde ese día no la he vuelto a ver, pero tengo interés en adquirir otro apartamento y me pondré en contacto con ella…

    Consejo

    Después de follar por el ano, no es nada recomendable volver a introducir la polla en la vagina de la mujer sin antes lavarla bien.

    El ano siempre tiene bacterias que se pueden traspasar a la vagina de la mujer, con la consecuencia y probabilidad alta de adquirir infecciones muy dañinas.

    La mujer es la que debe parar esta práctica y cuidarse a si misma.

    La higiene es importantísima para tener una salud sexual sana y placentera. Ambos deben lavarse antes de la relación sexual y después.

    Woman Penelope

  • Mi madre mi fetiche

    Mi madre mi fetiche

    Luego de coger a mi madre por primera vez, aprovechando que estaba ebria, tuve un domingo perturbador.  Por la mañana estuvimos solos en casa y ella no mencionó nada de lo ocurrido, pensé que no se había dado cuenta, lo que me tranquilizó un poco. A medio día llegaron mi padre y mis hermanos del viaje familiar, almorzamos todos juntos. No podía ni ver directamente a mi padre ni hablarle mucho. Al final de la tarde volví a la ciudad donde estudiaba la universidad. Tres horas en el bus, sin poder sacar de mis labios y lengua el sabor de su culo y de mi verga la humedad de su vagina. Al llegar a mi cuarto me masturbé pensando en ella. Dormí en paz. Al despertar me volví a masturbar, me duché y fui a clases.

    El martes un par de amigos me dijo para ir, como de costumbre, al burdel de la ciudad. Acepté, pensando que tirarme una puta me quitaría ese deseo brutal que sentía por mi madre. Hacia las 7pm salimos. Como de costumbre fuimos al Siete y Medio, el burdel “caro y elegante”, lo pongo entre comillas pues un polvo (acto sexual) costaba en aquellos años el equivalente a US$ 4 o US$ 5 dólares, dependiendo de la puta y del tipo de servicio (anal incluido, un dólar más). Las putas eran relativamente jóvenes, seguro todas menores de 30 años, no lindas, pero algunas con cuerpos aceptables. No me sentí “en ambiente” y les dije a mis amigos que me iría al Siete, el otro burdel, a unos 300 metros de allí, caminando junto a la carretera. Se empezaron a reír y me jodieron por bizarro.

    El Siete era el burdel “barato”, el acto sexual podría costar el equivalente unos US$ 2 o US$ 3. Casi todas las mujeres que atendían eran putas muy viejas, por encima de 40 años seguro, incluso de más de 50 años. Descuidadas, feas y bizarras. Iban allí normalmente los parroquianos más viejos, personas mayores de 60, 70 incluso más años y, muy eventualmente, algún joven sin dinero para gastar en el Siete y Medio.

    El Siete era un burdel muy antiguo, de varios pabellones, absolutamente descuidado y con habitaciones en uso salpicadas entre muchas otras en ruinas. Di un par de vueltas y no encontré ninguna puta que me resultara siquiera apetecible. Cuando iba a volver al Siete y Medio, justo abrió la habitación frente a la que me encontraba, salió un señor de unos 60 años y pude ver a la puta que se instalaba en la puerta.

    Era muy parecida a mi madre, en estatura, color y forma de cabello y peinado, color de piel, también tenía un cierto parecido en el rostro (aumentado por la oscuridad y mi deseo). No tenía el cuerpo trabajado de gym que presumía mi madre, pero tampoco era gorda. Salvo la edad, perfectamente podría trabajar en el Siete y Medio. Sin preguntar tarifa me metí a su cuarto. Una vez dentro me dijo el precio en soles (unos US$ 2.5 al cambio de esos años).

    Estaba claramente sorprendida de tener un cliente tan joven. Incluso hasta satisfecha. No me hizo preguntas y me desnude mientras ella lo hacía. Cogió la palangana, la puso debajo de mi verga y la lavo, incluso los huevos, algo que nunca habían hecho. Mientras lo hacía, a pesar del frío del agua, mi verga se erecto violentamente. Dejó la palangana a un lado, se arrodillo delante de mí y comenzó a mamarla con unas ganas que jamás había sentido en una puta. Recorría con su lengua y labios tanto mi verga como mis huevos.

    Al concluir, se acomodó en cuatro patas al borde de la cama y me dijo “cógeme hijo”, me puse de pie detrás de ella y comencé a cogerla con ansía, sin mayor indicación pasé rápidamente de su vagina a su culo, que siendo puta estaba absolutamente dilatado. Cambiamos de pose, unas cuatro o cinco veces, hasta que finalmente le llené el culo de semen.

    Me iba a levantar de la cama, como es la costumbre al concluir el sexo en un cuarto de burdel, pero ella me dijo “si deseas, quédate unos minutos acostado”. Acepté sin dudarlo, se recostó a mi lado, puso su cabeza sobre mi pecho e instintivamente comencé a acariciar su cabello con algo de ternura.

    – Sabes, hace muchos años que no tengo un cliente tan joven. Me sorprendió que vengas por acá y me sorprendió más que me escojas. No eres uno de los chicos misios (pobres) que eventualmente caminan por acá.

    – Pues quise conocer este local. Sólo una mirada de paso, pero te vi y no pude contener el deseo de entrar, me gustaste mucho y me pareciste una mujer sensual.

    – Y bueno, es extraño y no me quejo. Fue muy rico para mí, aunque no te diste cuenta, llegué al hacerlo contigo y eso no me ha pasado en muchos años. Supongo sentir tu piel joven me hizo sentirme bien y plena y disfrutarlo así.

    Me quede sin palabras unos segundos, quizás un par de minutos. Ella igual. No decía nada, mientras tanto, sólo acariciaba su cabello. Continué.

    – Para mí fue muy rico estar contigo. No imaginas lo bien que lo pasé. Siempre es como una obligación de la chica con la que estoy, pero ahora sentí que era más que eso.

    – Si eras más que un cliente normal, eres joven y tras la sorpresa de que ingreses a mi cuarto, incluso sin preguntar el precio y aún sin haberme pagado, fue delicioso para mí.

    Intente levantarme para pagarle. Ella se rio y me dijo, “no te voy a cobrar. Hace muchos años que no llego con un cliente y no voy a cobrarte ahora”. Siguió acostada sin decir nada, mientras yo continuaba acariciando su cabello.

    Estuvimos así muchos minutos. Ella en paz, yo pensando en ella como si fuese mi madre. Finalmente, cuando salí de la habitación y busqué a mis amigos, ya se habían ido. Tomé el colectivo de regreso a la ciudad y me fui a acostar feliz.

    Ese fin de semana no regresé a mi ciudad. El sábado me aventuré a ir solo al burdel. Tomé el colectivo donde siempre. Llegué y fui directo donde ella. Estaba parada en su puerta, me vio y sentí que sonreía. Ingresé, sin preguntar y cuando le quise pagar no aceptó. Volvimos a tener un sexo que fue delicioso para ambos. Ella podría ser mi madre y yo pensando lo era.

    Al concluir. Nos volvimos a acostar e intercambiamos algunas palabras. Finalmente me dijo “lo he pensado mucho y me gustaría saber de verdad ¿Por qué me has escogido?”.

    Titubee en mi respuesta. No sabía que inventar. No creía correcto decirle que se parecía a mi madre. Pero al final, en una de las mejores decisiones que he tenido en mi vida, le dije la verdad “porque te pareces a mi madre”.

    Ella se sonrió, se quedó en silencio unos interminables minutos y finalmente me dijo “y tú te pareces mucho a mi hijo mayor, que me abandonó cuando se enteró que era una puta”. Seguimos acostados mucho rato, algunas horas, intercambiando caricias, sin sexo, sin besos.

  • Seducida en el aseo de un restaurante chino

    Seducida en el aseo de un restaurante chino

    Alisha era una muchacha hindú muy hermosa, tenía la piel oscura, los ojos negros, la nariz aguileña, el cuerpo delgado, sus tetas eran pequeñas, su culo pequeño…, tenía todo pequeño, menos su belleza que era inmensa. Alisha iba todos los días a un restaurante chino londinense a tomar el té acompañada de una amiga española, en este restaurante trabajaba Wen, una mujer china, casada y madura. Wen era alta para ser china, llevaba media melena de cabello negro, sus ojos rasgados eran de color negro y vestía siempre con un uniforme negro, compuesto de un chaleco, de una falda corta, una pajarita, una blusa blanca y unos zapatos negros con muy poco tacón.

    Cierto día que la amiga española de Alisha fuera al servicio, Wen le llevó la cuenta a Alisha y al darle la nota la joven leyó: «Me gustas mucho y me muero de ganas de hacer el amor contigo.» Alisha la miró con extrañeza, pero no le dijo nada. Pagó la cuenta y al venir su amiga se fueron de allí.

    Al día siguiente la que fue al servicio antes de tomar el té fue Alisha, Wen fue detrás de ella. La encontró frente al espejo pasando el pintalabios, la cogió por la cintura y apretando las tetas contra su espalda, le dijo:

    -Necesito tenerte, cariño.

    -Déjame, no soy tu cariño.

    -Lo eres aunque no quieras serlo.

    -No, no lo soy y jamás lo seré. No me gustan las mujeres.

    La besó en el cuello.

    -Te gustará mi lengua en tu coñito.

    -¡No!

    Le lamió una oreja. Wen había escuchado las conversaciones de las amigas, por eso le dijo:

    -Tus padres trabajan todo el día. ¿No es verdad?

    -Si, pero no quiero que vengas a mi casa.

    -¿Y los miércoles hacen el turno de noche en el hospital?

    -Sí, pero te repito…

    Echándole la mano al coño, le dijo:

    -Iré, iré y te follaré.

    Alisha, revolviéndose, le dijo:

    -Si te veo por la mirilla de mi puerta llamo a la policía. Déjame ya.

    La mano izquierda de Wen le magreó las duras tetas y la derecha se metió dentro de las bragas de Alisha. Notó que el coño estaba mojado, mojó dos dedos en sus jugos y luego le frotó el clítoris con celeridad. Alisha se revolvía intentando librase de Wen, pero los movimientos que hacía aún le provocaban más placer… Cuando notó que se iba a correr se quedó quieta. Wen le metió un dedo dentro del coño, y le dijo:

    -Está muy jugoso y entra apretadito.

    La masturbó y en menos de un minuto Alisha apretó las piernas, se encogió y se corrió cómo una corderita.

    Al acabar de correrse Alisha, Wen sacó la mano del coño pringada de jugos. Abrió los dedos. Alisha vio cómo las babitas hacían una especie de telaraña entre los dedos. Wen los chupó uno por uno, lamió la palma, y después yéndose del aseo, le dijo:

    -Te lo comeré y te correrás en mi boca.

    Alisha guardando el pintalabios le respondió:

    -Si vienes me pongo a gritar para que vengan en mi ayuda los vecinos.

    Al día siguiente a las cuatro de la tarde llamaron al timbre de la puerta del piso donde vivía Alisha, la joven no miró por la mirilla. Abrió la puerta y se encontró con Wen. Quiso cerrarla, pero Wen puso un pie entre la puerta y el marco, empujó por la puerta y entró en el piso. Alisha echó a correr por el pasillo del piso sin decir una palabra. Wen cerró la puerta y fue detrás de ella. La arrinconó contra un tresillo y la tumbó sobre él.

    -Vamos a disfrutar cómo dos perras.

    -¡Estás loca!

    -Sí, pero es porque tú me vuelves loca.

    -¿Qué me harás si no te dejo?

    -Ponte en lo peor.

    Alisha, que vestía una blusa y una falda de color azul, asustada, se echó a lo largo de un tresillo y le dijo:

    -Podría gritar, pero no quiero que mis padres se vean envueltos en este lío…

    Wen le cerró la boca con un pico y después le dijo:

    -Tú tienes tantas ganas de que te coma el coño cómo yo de comértelo, zorrita.

    -Lo que tengo ganas es de que acabes pronto.

    Wen se sentó encima de Alisha y después trató de meterle la lengua en la boca, cómo no la abría le lamió y le chupó la nariz. Le metía la punta de la lengua en los orificios y después lamió y chupó su nariz aguileña. Luego le lamió y le chupó el cuello, le metió la lengua dentro de las orejas, le mordió los lóbulos… Alisha ya estaban tan excitadas cómo Wen, pues cuando Wen volvió querer besar la boca de Alisha ya la joven la abrió y dejó que la lengua de la china se frotara con la suya, que se la diese a chupar y luego que chupase ella la lengua de su abusadora… Wen supo que ya podía hacer con Alisha lo que quisiera. Le desabotonó la blusa y se encontró con unas tetas medianas, duras cómo piedras, con areolas oscuras y pezones cómo medios garbanzos. Se los lamió. Mientras lamía uno acariciaba el otro con las yemas de sus dedos y viceversa… Le chupó las tetas, luego le quitó la falda y las bragas azules, que estaban mojadas. Vio su coño, un coño con los labios hinchados, mojados y con vello negro a su alrededor. Wen le dijo:

    -Estás muy mojada.

    Alisha ya se había desinhibido.

    -¿Tú no?

    -Estoy cómo tú, cariño, mojadita.

    Wen, lentamente, le pasó varias veces dos dedos de abajo a arriba y de arriba a abajo entre los labios del coño y después volvió a buscar la boca de Alisha, la muchacha rodeó su cuello con un brazo, sacó la lengua y se dieron un beso, largo, muy largo, donde las lenguas recorrieron los labios, se acariciaron, los labios las chuparon… Luego Wen volvió a lamer sus pezones y a chupar sus tetas. Alisha puso un pie en el suelo para facilitarle la labor. Wen le metió un dedo en el coñito y mirándola a los ojos le hizo el «ven aquí.» Alisha comenzó a mover la pelvis de abajo a arriba y de arriba a abajo buscando el orgasmo. Wen le preguntó:

    -¿Quieres que te meta dos dedos?

    -Mete.

    Juntó dos dedos y poco a poco se los fue metiendo hasta el fondo del coño.

    -¡Que apretadita y jugosa la tienes!

    La masturbó mirándola a los ojos… Cuando Alisha aceleró los movimientos de pelvis Wen le preguntó:

    -¿Quieres que te coma el coño?

    Alisha le respondió a la pregunta echándole una mano a la nuca y llevando su boca al coño. Wen le quitó los dedos. Le abrió el coño separando los labios con cuatro dedos, lamió el coño encharcado media docena de veces, luego lamió su clítoris con celeridad y Alisha comenzó a correrse en la boca de Wen entre temblores y gemidos. La china al sentir la corrida calentita en su boca, gimió más que Alisha. Era como si se estuviera corriendo ella también.

    Al acabar de correrse Alisha, Wen, que había venido vestida con el uniforme de camarera, se quitó la pajarita, el chaleco, la blusa y el sujetador. Alisha vio sus grandes tetas con areolas rosadas y gordos pezones, luego se quitó la falda y las bragas y vio el pelo negro de rata que rodeaba su coño. Wen se sentó sobre la alfombra, bajó la cabeza, miró para su coño y al levantarla le dijo:

    -Ven y dame placer con tu lengua.

    Alisha fue y lamió un coño por primera vez. No le desagradó… Siguió lamiendo, pero su lengua era muy torpe. Wen le cogió una pierna, juntó los coños y comenzó a frotarlos haciendo una tijera. Wen estaba tan perra que sabía que se iba a correr en cuestión de minutos, lo que no esperaba era que Alisha se corriera en cuestión de segundos. Al ver cómo temblaba de nuevo y al sentir cómo su coño se anegaba con los jugos del coño de Alisha, se corrió ella también. Al estar corridos los coños patinaban uno encima del otro y eso les produjo una sensación que alargó sus orgasmos haciendo que cayeran rendidas al acabar de gozar. Poco después, cuando Wen se iba a marchar, le dio un beso a Alisha y después le dijo:

    -Estabas aún más rica de lo que yo me imaginaba.

    Alisha le devolvió el beso.

    -Tú también estás muy rica. ¿Lo volveremos a hacer?

    -Puede apostar a que sí.

    Esa noche Wen se echó al lado de su marido en una cama sin patas, Bao, que así se llamaba, le dijo:

    -Esta noche te toca a ti.

    -¿Cómo lo quieres?

    -Sorpréndeme.

    Wen sacó de encima la sabana que los cubría, se desnudó y le quitó los calzoncillos. Subió encima de él, metió la lengua en su boca y se la comió, le chupó la nariz, se la lamió, chupó y lamió su cuello… Después, dándole la espalda, le puso el culo en la boca. Bao le lamió y le folló el ojete con la punta de la lengua. A continuación le quitó el culo de la boca y le puso el coño, se inclinó, le agarró la polla empalmada y lo masturbó al tiempo que le metía un dedo dentro del culo. Bao no iba a tardar en correrse. Cuando lo hizo no la avisó para que se tragase toda su leche, pero Wen guardó la leche en la boca, después la dejó caer por la polla abajo, para acto seguido darse la vuelta, cogerle una pierna y frotar su coño empapado con la polla, polla que ya estaba flácida, pero que cuando se corrió sobre ella ya volviera a ponerse dura.

    Wen al acabar de correrse subió encima de su marido, frotó la polla en el ojete, la puso en la entrada, empujó y la polla fue entrando en su culo. Lo folló mientras le daba las tetas a mamar, y le comía la boca. Bao estaba en la gloria. Tiempo después, Wen, al sentir que la tenía cerca, sacó la polla del culo, le puso el coño en la boca y frotándoselo contra la nariz y la lengua le pringó la cara con los jugos de su corrida. Bao la machacó y se corrió al terminar de correrse ella.

    Al acabar le dijo el marido:

    -Cada día te mejoras.

    -La próxima vez será inolvidable.

    -¿De verdad?

    -Sí, sé que te gusta la comida hindú.

    -¿A qué viene lo de la comida?

    -¡Ah!, eso ya lo sabrás.

    Alisha estaba en su cama con los ojos cerrados, desnuda, destapada y con el coño encharcado. Recordando lo que hiciera con Wen se acariciaba los pezones con dos dedos de una mano y metía y sacaba el dedo del coño con la otra. Era su primera paja y no contaba con correrse, pero de repente le comenzó el cosquilleo en los pies, se puso tensa, luego rompió a temblar con el inmenso placer que sentía y se corrió cómo una loba. Le cogió el gusto a la cosa y a esa paja siguieron tres más.

    Al día siguiente Alisha volvió al restaurante chino con su amiga y la nota se la dio ella a Wen. Una nota que decía: «Contaré los segundos hasta que estemos juntas de nuevo.» Wen le dio otra con su dirección, y debajo le puso: «Ven el miércoles por la noche a mi piso. Si vienes compartiré a mi marido contigo.»

    Llegó el miércoles. Wen estaba en la cocina con Bao, que le dijo:

    -¿Vamos para cama?

    -Espera un poco.

    -Ya son las once. ¿Es que no tienes ganas?

    -Muchas, tengo muchas ganas, pero espera, hombre, espera. Si es que viene no tarda en llegar.

    Bao puso cara de no entender nada.

    -¿Pediste algo?

    -Sí, comida hindú.

    -¿Para mañana?

    -Para esta noche.

    Sonó el timbre de la puerta, Wen fue a abrir y volvió cogida de la mano de Alisha. Sonriendo, le dijo a su marido:

    -La comida hindú, cariño.

    A Bao se le dibujó una sonrisa en los labios, ya que mil y una vez le había pedido a su esposa hacer un trío con otra mujer.

    -¡Tiene que estar riquísima!

    Alisha y Wen se besaban con lengua. Bao se unió a ellas y las besó a las dos. Después la llevaron al dormitorio cogiéndola cada uno de una mano.

    Alisha traía puesto un sari de flores y unas sandalias, sari y sandalias que le duraron encima lo que dura un suspiro. Bao la vio desnuda en medio de la habitación y su polla se puso dura cómo un hierro.

    Bao y Wen se quitaron los quimonos y quedaron desnudos. Bao se sentó en el borde de la cama con la polla tiesa, una polla de lo más normalita. Wen se sentó a su lado le cogió la polla, se la meneó y después le preguntó a Alisha:

    -¿Masturbaste a algún hombre?

    Alisha, de pie, le respondió:

    -No.

    Wen comenzó a subir y a bajar su mano por la polla de su marido. Luego la metió en la boca y la chupó. Por las piernas morenas de Alisha bajaron dos gotas de jugos, una por cada muslo. Wen las vio y le dijo:

    -Ven y hazle tú lo que le estaba haciendo yo.

    Alisha se sentó al otro lado de Bao, le cogió la polla, la meneó y meneándola la metió en la boca y la chupó. Wen se arrodilló delante de él y le lamió y le chupó los huevos. Fue el detonante, Bao se corrió en la boca de Alisha sin avisar. La muchacha al sentir la leche en su boca dejó de chupar. Vio cómo le salía leche del meato, cómo bajaba hasta sus huevos, cómo Wen la lamía y se tragó la que tenía en la boca. De su coño salieron jugos en cantidad que mojaron sus muslos cerrados.

    Wen después de tragarse la leche de su marido, abandonó los huevos, se arrodilló delante de Alisha, le abrió las piernas y empezó a lamerle el coño. Alisha se echó hacia atrás… Bao le cogió las duras tetas, las apretó, le lamió los pezones y se las mamó. Alisha, al ratito, sintiendo una lengua en el coño y otra en sus tetas, se corrió cómo era costumbre en ella, o sea, gimiendo y temblando.

    Wen hizo que su marido se echase sobre la cama, subió encima de él y le cabalgó la lengua… Cuando gemía cómo una puta, Alisha vio cómo Bao le acariciaba el ojete con la yema del dedo medio de su mano derecha, como luego le metía el dedo dentro del culo y cómo Wen se agarraba a la cabecera de la cama y se corría jadeado cómo una perra. Al acabar de correrse y ver que su marido estaba otra vez empalmado, le dijo a Alisha:

    -¿Quieres perder la virginidad con un hombre?

    -Sí.

    -Sube encima de mi marido.

    Alisha se abrió de piernas encima de Bao. Wen cogió la polla con su mano derecha por debajo del glande, la frotó en el coño mojado, después se la puso en la entrada de la vagina y con la otra mano empujó su culo hacia abajo. El glande entró en el coño muy apretado. Bao empujaba para meter más, pero la mano cerrada de Wen hacía tope y solo dejaba entrar y salir el glande… Al rato Alisha se corría en la polla de Bao, Wen retiró la mano, Alisha bajó el culo, la polla entró hasta el fondo y poco después se volvió a correr. Bao la quitó de encima y se corrió fuera. Alisha quedo boca arriba, espatarrada y temblando. Wen vio cómo la vagina se le abría y se le cerraba. Le metió la cabeza entre las piernas y le devoró el coño hasta que pararon sus pulsaciones.

    Cuando Alisha se recuperó, les dijo:

    -Tengo que irme. No sea que pase algo inesperado y mi padre o mi madre vuelvan a casa.

    Alisha comenzó a vestirse. Wen le dijo:

    -¿Quieres que te lleve?

    -No, le cogí el coche a mi madre.

    -¿Tienes carnet de conducir?

    -No, pero no me van a pillar

    -Más te vale. ¿Volverás?

    -¿Vuelven las moscas a la miel?

    Quique.

  • Cogiendo con mi sugar mientras mis padres están en casa

    Cogiendo con mi sugar mientras mis padres están en casa

    Hola de nuevo, no ha pasado mas de un día en el que mi sugar me coja a su antojo, nos estábamos mensajeando y esta vez para mi sorpresa resultó que quería hacerlo en mi casa con mi madre y mi padrastro en ella, obvio no acepte, era algo descabellado, aun cuando lo pasamos de lo mas bien juntos, mi mamá ya sabe que siempre ando con el cotorreando, pero ahora esa idea si me sonaba rara, por lo que le dije que no insistiera, no hubo respuesta de su parte.

    Luego de unos minutos tocan a la puerta y era Don Antonio, le dijo a mi mamá que yo lo había invitado a pasar el rato y ver una película en Netflix, (dije: en la torre, ya se lo que eso significa) a lo que mi mamá aceptó, se llevan bien y no hubo problema en dejarlo pasar, Antonio traía su morral, y en otra bolsa traía un paquete de palomitas naturales y en eso se las da a mi mamá para que las prepare en el microondas; fuimos a mi habitación y comenzamos a charlar, en todo momento le decía que estaba mal que lo hiciéramos con ellos aquí, yo si andaba caliente por eso le dije que mejor en su casa, pero el no retrocedió.

    Mi mamá llego con el cubo de palomitas y en eso se fue y cerró la puerta Don Antonio para que no nos molestaran, incluso le puso seguro, en eso me sentí mas a salvo, luego de eso saco de su morral un vestido negro de una sola pieza, y me pidió que me lo pusiera, le dije en voz baja: ¿estas loco? a lo que respondió que sí, pero por mi culito, eso me prendió y accedí a ponérmelo, Antonio puso la película que quiso y le subió el volumen, se empezó a desnudar y mientras yo estaba vestido y alborotado, no es por nada pero ese vestido si me favorecía, resaltaba mis nalgas y mi cadera, me hizo poner medias largas hasta mis muslos y me gustaba, me tomo de la cadera y me volteo hasta mostrarle mis mejillas y en eso me da una nalgada muy fuerte, yo me di la vuelta rápido y tome mis pompis y le dije: no mames, no hagas eso. Mi sugar solo sonreía, me volvió a dar la vuelta e hizo bajar la espalda hasta el suelo, y empezó a lamer la entrada de mi ano, era exquisito la forma en que lo hacia, lo disfrutaba como no lo pueden imaginar.

    Pasaron los minutos y el don se sentó en la silla de mi computadora y me dijo: cabalga mi verga puta, y como la sumisa que soy, lo hice, me senté en su falo y comencé a subir y bajar, Antonio masajeaba mi espalda y me tomaba de la cadera y sus movimientos eran perfectos, luego me di la vuelta para estar frente a frente, y continuamos cogiendo, luego de un rato me aparta y me dice que la haga una rusa, y le dije: no te pases no tengo pechos para hacer eso; pero hice lo mas que pude, junte mis antebrazos para presionar mis pechos y apretarle la verga, luego de eso, me recuesta sobre mi cama boca abajo y sigue con la penetración, me estaba haciendo suya en mi propia casa y con mis padres dentro; en eso me cierra la boca pues ya estaba empezando a gemir, el solo decía: sshhh, nos van a oír.

    Seguimos así un buen rato, y en eso me cambia de posición, esta vez de lado con la pierna arriba, y pensaba en ese momento que pasaría si mamá entrara por la puerta, ¿que es lo que diría? pero obvio la puerta estaba bien cerrada, de vez en cuando escuchábamos que pasaban de un lado a otro, o nos decía que si estábamos bien; yo estaba de lo mas bien. Luego paramos un instante, nos sentamos en el borde de la cama y en eso se la empiezo a mamar, él se recostó y yo continuaba chupando esa herramienta que tanto me hacia feliz, el tomaba mi cabeza y me hacia que la tragara entera. Luego tome una almohada y la puse abajo casi en la pata de la cama y me acomode para levantar las nalgas y Antonio me pudiera coger sentado, la posición era algo incomoda pero me gustaba probar ese tipo de cosas.

    Seguimos cogiendo por casi dos horas, ya casi al terminar la película, me vine en las palomitas y en eso nos vestimos de nueva cuenta y el solo se quedo con la verga de fuera y se la jalé hasta que se vino en las palomitas también, y en eso me las comencé a comer, fue algo raro el sabor pero el morbo que me daba lo superaba.

    Al final nos despedimos y a mi mamá no le pareció para nada sospechoso. Como adoro coger con ese hombre. Si gustan pueden saludarme a mi telegram: @Km4zh0.

  • La llegada de Tollan (Memorias de Xanadú)

    La llegada de Tollan (Memorias de Xanadú)

    Tras tres duras semanas Tollan arribó a las puertas del castillo Deathtouch, estaba cansado, sin embargo, la sangre le hervía en las venas, deseaba ver a esos demonios caer, víctimas de su espada. Aun así, sabía que no podría eliminarlos, no aún, no sin una espada capaz de herir a los hermanos, debía jugar sucios juegos. El castillo se alzaba imponente frente a él, la muralla de piedra solida parecía haber sido labrado con una sola roca de tamaños monumentales, la puerta de hierro negro le detuvo y divisó a un par de criaturas cortándole el paso.

    – ¡Alto ahí pequeño humano! – le dijo la guardia orco al ver a Tollan acercarse

    – ¡Alto en el nombre de Arno! – secundó la guardia humana que le acompañaba mientras le apuntaba con su ballesta

    Era una pareja muy extraña, una orco y una humana guardando las puertas de los nuevos y autoproclamados reyes demonio. Ambas portaban una armadura “a medias” sus piernas estaban completamente cubiertas, sin embargo, de la cintura a los incipientes pechos de la humana y los grandes pechos de la orco no tenían siquiera ropa, a partir de los pechos la armadura continuaba y dejaba el cuello a medio descubrir, la piel de la humana era blanca y su cuerpo se veía bien torneado, especialmente las piernas, que aunque cubiertas por la armadura se notaba que le apretaba un poco especialmente en su trasero, su abdomen plano y marcado correspondía a su figura esbelta que era coronada por una cara bella, casi angelical de la que caían mechones de pelo color vino y rojo cubriendo sus ojos azules. La orco que estaba a su lado era alta y delgada, su piel de un verde suave contrastaba con sus ojos y cabellos negros y sus tatuajes cubrían una cara bastante delgada y bella para ser de una mujer orco, aunque sus músculos la hacían parecer más grande que su contraparte humana ambas eran del mismo tamaño, sin embargo, los pechos de la mujer orco eran mas grandes y su culo también.

    Tollan se dirigió a la guardia humana

    -Dejadme pasar basura, Velimount e Ishtar demandan mi asistencia en su palacio, no querrán hacer enfurecer a sus amos-

    -Así que tu eres el héroe, esperaba… más- dijo la mujer en tono burlón -Bueno, supongo que debemos dejarte pasar- y comenzó a bajar su ballesta con una sonrisa casi imperceptible

    Tollan avanzó a la posición de la guardia y esta lo detuvo en seco.

    -Pero antes debemos registrarte, no queremos que lleves algo que pueda lastimar a nuestros señores-

    La guardia empezó a registrar a Tollan, lo puso contra el muro de entrada y pasó su mano por pecho y espalda, reviso sus piernas, tomándose su tiempo y finalmente llegó a su entrepierna.

    – ¿Qué tenemos aquí? – dijo pícaramente

    Tollan no dijo nada, por su mente solo pasaba seguirles el juego y poder entrar a rescatar a Elina de las garras de los malvados que la tenían apartada de su lado

    – ¿Acaso trata de meter una gran daga héroe? – y comenzó a reír maliciosamente -Creo que necesito corroborar que no sea un peligro ¿no crees Ur´ruk?

    Ur´ruk se acercó y asintió al tocar el pene de Tollan. Le bajaron los pantalones y descubrieron la masiva herramienta (que aún no estaba del todo despierta) que Tollan poseía, este se dejo llevar por un segundo y volteo frente a las guardias, tambaleando su verga más cerca de ellas.

    – ¿Les puedo ayudar en algo?

    Grave error, la mujer orco le propinó un puñetazo en la cara que lo tiró y le dejó inconsciente en el suelo.

    Elina estaba satisfaciendo al ultimo orco del día cuando entró Ishtar

    -Veo que la perrita de Velimount ya se ha adaptado bien a su trabajo estos últimos días- y se posicionó tras Elina tocándole la cabeza y moviéndola para controlar el ritmo de su mamada

    El orco resopló y miró a Elina, ella ya había visto esa mirada antes, muchísimas veces esos últimos días, no tardaba en correrse

    -Bien, porque creo que ha llegado el tiempo de que le enseñes a tu ama tu habilidad para complacer una vagina- Y le metió la verga del orco hasta el fondo -¡Apúrate juguete! ¡Apúrate esclava! – nuevamente le metió la verga hasta el fondo

    Elina se atragantó con este ultimo y trató de sacarse la verga de la boca, sin embargo, Ishtar la detuvo y la obligó a tragársela toda

    -¡Que te apures PERRA!

    El orco se corrió copiosamente en la boca de Elina, esta lo tragó todo ya que Ishtar no dejo que quitara su cabeza, en cuanto la soltó Elina tosió y derramo unas cuantas gotas de semen mezcladas con saliva, Ishtar la vio con desprecio y le ordenó

    -Traga zorra

    Elina sumisamente lamió el suelo y tragó lo que su ama le ordenó, había perdido completamente la esperanza y su voluntad, ahora solo le quedaba confiar en Velimount e Ishtar para que no fueran tan duros con ella. Aun le preocupaba Tollan, supo que su esposo no se rendiría, no tan fácil, eso era lo que ella deseaba creer, fantaseaba con que Tollan estuviera en Nigurathlán o incluso en Ox juntando un gran ejército para destruir a sus captores, lo deseaba, lo soñaba, casi lo creía. Una voz la sacó de sus reflexiones, Isht… su ama le ordenaba que fuese, que le sirviera

    -Ven aquí esclava, complace a tu ama

    -Si señora

    Elina comenzó a chupar y lamer despacio hasta que una cachetada le dio de lleno en la mejilla haciendo que esta se pusiera roja y a Elina se le saliera una lagrima

    -Chupa bien perrita

    -Si señora

    Elina comenzó a chupar más rápido y más fuerte, su lengua pasaba por todos los rincones de la vulva de su ama y esta gemía de placer, era tanta la concentración de Elina en su mamada que no notó a Velimount cuando entró a la habitación, ni siquiera cuando sacó su pene erecto por tan erótica escena y se lo ofreció a Ishtar para que lo mamara, no fue hasta que su ama se corrió en su cara que notó al demonio y enseguida se mojó y detuvo un poco los besos y chupetones

    – ¡No pares puta! – exclamó Ishtar y con sus manos pego la cara de Elina a su sexo

    Elina reanudo su trabajo, pero ahora viendo a Velimount, a la verga de Velimount e imaginándosela dentro de ella, con sus espesos y calientes chorros de semen llenándola por dentro y por fuera. Ishtar gemía intensamente, un segundo orgasmo se avecinaba y Velimount la seguía, los hermanos cada vez gemían más y mas hasta que Ishtar cedió, de su vagina salieron chorros de liquido que empaparon a Elina y le dejaron sumamente excitada. Sin siquiera haberse tocado Elina sentía que podía tener un orgasmo, esa vista fue demasiado para Velimount que sacó su pene de la boca de su hermana y lo dirigió a Elina en el momento justo que eyaculaba, dos espesos chorros de semen atravesaron el aire y cayeron sobre la cara y las tetas de Elina quien al sentir lo caliente del semen en su piel la hicieron correr y gemir sin siquiera haber tocado sus partes íntimas. Ishtar y Velimount al ver esto sonrieron y se acostaron en la cama, Elina se acostó en el piso, al pie de la cama de sus amos.

    En el calabozo a Tollan lo despertó un sentimiento raro en su miembro, estaba atado de manos a la pared y al voltear hacia abajo noto que las guardias estaban chupando fervientemente su pene

    -Ghha egh deghlighiogo ¿no Ugh ghuk?

    -Egh eghoe egh togho ugh seghmeghtal Maghie

    Tollan solo podía ver como ambas se complementaban tan bien para mamar su polla que sabía que duraría mucho, la mujer humana entonces quitó a Ur´ruk y se la metió hasta el fondo haciéndole una muy húmeda garganta profunda a Tollan.

    -Marie- protestó la orco y la empujó

    Marie se levantó y la miró retadoramente, Tollan se sentía nervioso, ahí con su miembro al aire viendo enfrentarse a dos guerreras por su pene no era algo agradable. En ese momento una figura femenina apareció en la entrada de la celda, Ur´ruk y Marie cobraron compostura y se hicieron para atrás…

    (Continuará)

    Una vez más disculpen la demora, los estudios me han mantenido lejos de mis relatos, sin embargo, estoy de vacaciones y creo que podré subirlos con mas regularidad, no olviden calificar y comentar, también me gustaría saber si quieren que haga una escena completa con Ur´ruk, Marie y Tollan o que es lo que desean leer, muchas gracias.

  • Mi joven esposa, mi amiga, mi amante mi puta (VI)

    Mi joven esposa, mi amiga, mi amante mi puta (VI)

    Me dirigí a la barra pasando a un lado de Enrique, abrí el refrigerador y tome la primera cerveza que encontré, aun desconcertado me senté en un banquillo al interior del barcito ricamente surtido con todo tipo de botellas de licor y que estaba enfrente a la sala o estudio en donde estaban las parejas en una orgia. Marco se separó de su esposa dejando a Lety con Enrique quien seguía de pie y vestido recibiendo el mismo tratamiento oral, los observe unos segundos ya que lo que sucedía en la otra sección hacia donde se dirigió Marco no lo podía ver desde mi posición ya que una columna con un mueble de televisión me lo impedía.

    Por instinto sentí que debía unirme o ver lo que ahí pasaba además de la confianza y seguridad que me daba mi mentor Marco. Eugenia y la otra señora le propinaban una mamada al suertudo marido quien estaba sentado cómodamente en un sillón con los ojos cerrados. Marco los miraba de cerca al tiempo que se masturbaba, por momentos acercaba la cabeza de ambas féminas al miembro del tipo. Desde mi posición (en otro sillón) podía apreciar los sexos expuestos de ambas mujeres en posición de perrito, el culo de Eugenia era una delicia, blanco, respingado, su vulva rosada y algo roja por la fricción de la reciente empalada, la esposa del tipo al igual que él estaba un poco gordita para mi gusto con grandes senos algo caídos, sin embargo a pesar que a primera vista (y por propio prejuicios en cuanto a mis anteriores cánones de belleza) no la sentía atractiva sus gemidos me erizaban, literalmente una hembra en celo, muy caliente, su sexo emanaba jugos que escurrían entre sus piernas. La escena era demasiado caliente y saque mi miembro sin mayor pudor empecé a masturbarme.

    – Acércate! – Me ordeno Marco sacándome de golpe de mi abstracción.

    Me desnude y pare a un lado de Marco y al igual que la noche que estuvimos con su esposa me tomo del hombro y empujándome a la par de el ofrecimos nuestros miembros erectos a las dos señoras uniéndonos con el marido de una de ellas.

    Eugenia de inmediato tomo ambas vergas y nos mamo alternadamente, la otra señora se montó sobre su esposo e inicio una cabalgata con gemidos que debían escucharse a varias cuadras. Nunca olvidare la mirada de Eugenia, bellísima con ojos negros de mirada profunda, muy blanca, nos mamaba y nos miraba con sonrisa divertida, se metía ambos miembros y pasaba la lengua sobre y alrededor de las dos vergas dentro de su boca, se las sacaba y las hacia chocar, las frotaba en círculos sin dejar de usar ambas manos, el miembro gordo, enorme y sin circuncidar de Marco lo sentía sobre mi miembro, al grado de sentir la piel gruesa del revestimiento de su pene… para después introducírselas de nuevo.

    La pareja vieron lo que nos hacía Eugenia, y dejaron de follar, ella se sentó desnuda sobre su esposo y algo platicaban entre ellos sin dejar de acariciarse, de pronto la señora al parecer tuvo el consentimiento de su esposo, se separó he hinco a un lado de Eugenia ayudándola con nuestros miembros, su esposo la veía masturbándose en el sillón.

    La señora tomo mi verga y se le introdujo, no dejaba de gemir, pude apreciar unos hermosos ojos verdes y una cara preciosa, no había notado que era mayor incluso que Lety. A un lado Marco recibía el mismo tratamiento de parte de Eugenia para después cambiar de señoras y en algún momento las dos nos mamaban al mismo tiempo… fue excitante también ver al esposo de Martha (Martha y Pedro supe después de la fiesta) excitado viendo a su mujer con otros hombres, no aguanto más y se unió, parándose y formamos un trio de hombres en círculo atendido por dos hermosas mujeres que seguían hincadas mamándonos a los 3.

    Entonces veo que se acerca Lety totalmente desnuda solo con sus zapatillas altas y sin mediar palabra se unió a las señoras hincándose y tomando algún lugar entre las otras señoras, Enrique venía siguiéndola, se desnudó se puso un condón y penetro a Lety desde atrás al mismo tiempo que ella me mamaba y masturbaba. Marco se separó del grupo y pensé iba al baño o a la barra. Eugenia se unió a Lety y brevemente la ayudo a masturbarme mientras Lety me chupaba y recibía la verga de Enrique. Martha nuevamente se montó sobre su esposo y no dejaba de gemir al parecer tenía varios orgasmos.

    Eugenia se incorporó y me hizo la seña de que la siguiera a uno de los sillones, caminando frente a mi sobre sus zapatillas altas, su culito blanco respingado caminando y guiándome al sillón me hizo abalanzarme sobre ella la tumbe prácticamente en el sillón y me comí su vulva como si fuese el más apetitoso de los manjares, le abrí sus piernas y absorbí su sexo hinchado y rosado, una exquisita vulva pequeña rematada en un hilito de vello púbico finamente recortado.

    Me dio un condón que tomo de una mesita en donde había docenas, me lo puse rápidamente y la penetre montándome sobre ella sin importarme nada más, nunca imagine que tendría la oportunidad de estar con la anfitriona y cumpleañera, cuando la vi hacia solo un par de horas por primera vez me parecía inalcanzable, ni siquiera me paso por la mente y ahora la tenía a mi antojo penetrada y gozándola, era un pluma, frágil, no pesaba nada, en un gesto rápido la voltee y la monte sobre mí para acariciarle las tetas pequeñas pero firmes, así como acariciar su firme culo, y me topé con sus hermosos y enigmáticos ojos, con satisfacción vi que la estaba haciendo gozar…

    – Aghh que rico!… – Se vino encajándome las uñas en el pecho montándome más fuerte al tiempo que le acariciaba sus ricas nalgas

    Estuve a punto de venirme pero se me helo la sangre al sentir a un lado mío a Enrique su esposo, quien se posó a una lado de Eugenia besándola y acariciándole la espalda, lo tenía a centímetros de mi al igual que su miembro aun erecto y enfundado en un condón, instintivamente busque a Lety que era en donde Enrique había estado hacía apenas unos minutos (Pareciera que en una orgia o en situaciones o eventos de tanta adrenalina el tiempo corre distinto, lo que parecen horas suceden en minutos o segundos)… y Ahí estaba Lety montado arriba de Pedro y Martha hincada besándole su enorme y hermoso culo cada vez que se empalaba en el miembro de su esposo, las situaciones cambiaban en minutos.

    Eugenia seguía montándome y me regalaba un segundo orgasmo, la escena amorosa de ella besando a Enrique mientras se venía sobre la verga de otro era lo más bizarro que jamás había visto. Fugazmente vi a Marco y a otras dos parejas del mismo grupo así como a una de las jovencitas que venía de trio incorporándose aun vestidos y con sus copas en la mano los vi sentarse en uno de los sillones grandes. La fiesta ya estaba tomando fuego.

    Eugenia paro de repente de moverse y con una sonrisa y un pequeño beso en la boca me indico que estaba cansada y necesitaba un break, lo cual me dio la oportunidad de aun no venirme y seguir disfrutando de lo que seguiría, no me quería perder ningún detalle, Enrique ayudo a su mujer a incorporarse sacándole prácticamente mi miembro de su vulva al ayudarla a levantarse y separarse de mí, fue un momento muy jocoso que nos hizo reír a los tres.

    Me quede unos minutos en el sillón para reubicarme en la situación. Además estaba desnudo y ni idea en donde estaba mi ropa, ante la presencia de las nuevas parejas más la chica y estar ellos vestidos y como espectadores sentí algo de desconcierto.

    Era excitante ver a Lety empalándose y gozando con la pareja, aunque para Pedro ya fue demasiado, quito a Lety cuando sintió se iba a correr y su esposa rápidamente le quito el condón y se vino sobre su cara y tetas, Lety se sentó a un lado acariciando el pecho y las piernas de Pedro que parecía toro desbocado arrojando leche a diestra y siniestra. Tuve la oportunidad de ver el sexo expuesto de Lety que estaba abierto y palpitante estuve a punto de ir a su lado pero una chica delgada y jovencita aun vestida fue directo al sillón con Lety y se sumergió en su sexo, la chica al parecer no tenía intención de interactuar con hombres ya que uno de los hombres de las parejas que acababan de entrar se acercó a ella y lo rechazo, aunque no entendía el dialogo ella se refería que solo le interesaban mujeres, imposible saber con cuál de las parejas asistió como trio.

    Hasta ese momento no tenía ningún indicio que Lety interactuara con mujeres aunque ya me había comentado Marco que también hacían tríos con chicas, era excitante saber que también estaba abierta a esa experiencia ya que momentos antes Martha la estuvo acariciando y ahora la chica la hacía retorcerse con cada embate de su lengua, la chica era una experta le acariciaba los senos al tiempo que le daba lengua, Lety se dejaba hacer, me excitaba la idea que ella le hiciera lo mismo a la chica pero solo se concretaba a abrir las piernas, gemir y cerrar los ojos. Las otras dos parejas ya estaban interactuando entre ellas, cada quien con su pareja.

    Eugenia y Enrique se habían vestido y aunque desde mi posición no lo podía ver supuse habían salido ya que al desaparecer de mi vista entro el sonido fuerte de la música en señal que había salido al patio con el resto de los invitados. Busque a Marco y tampoco lo encontré , y como los que estábamos adentro estábamos ya todos desnudos salvo la chica que estaba con Lety, además de todos ocupados, deje de sentir pena y me pare con la intención de ir por otra cerveza, no quería que esta noche acabara. Encontré mi ropa y solo me puse mis calzoncillos, pase a un lado de las dos parejas que estaban en el sillón y de nuevo en la barra destape una cerveza y veo que entra Marco con otra pareja joven y la chica chaparrita con cuerpo de fitness, los tres venían abrazados y algo tomados, reían de todo, pasaron de largo a la zona de la acción y Marco se dirigió a la barra a prepararse un whisky.

    – Como la estás pasando amigo?… me harías el favor de servirme un Buchanan con dos hielos?

    – Claro que si Marco… pues la paso de maravilla, súper excitante!

    – Jejeje te comiste a mi comadre Eugenia bribón!

    – Ufff riquísimo!… es tu comadre en realidad?

    – Si, les bautizamos a su beba

    – Qué bien, excelente pareja y anfitriones

    – Si, es de lo mejor en el ambiente… y bueno ya te cansaste? La noche apenas inicia vamos a ver como la está pasando nuestra Lety.

    – Sii vamos!

    No podría calcular cuantos minutos pasaron desde que me ausente del escenario de la orgia pero la situación era totalmente distinta, Marco se volvió a desnudar, se acercó a Lety, la beso en la boca y le ofreció su miembro flácido para que lo erectara de nuevo, a su vez Lety estaba siendo penetrada acostada de lado por un señor mayor (55-60) que era de las parejas que habían ingresado anteriormente y deje follando en el sillón, Martha y Pedro solo observaban acariciándose aun desnudos, el trio que quedo de la pareja del sillón interactuaban entre ellos, la pareja joven que recién ingreso y la chica fitness estaban en otro de los sillones iniciando escarceos y ahí también estaba la chica que estaba anteriormente con Lety queriendo integrarse, por cierto era la única totalmente vestida.

    Por mi parte no quería perder detalle y nuevamente me excito toda la situación el aroma a sexo y los distintos olores iniciaban a impregnar el ambiente, no sabía en cual situación buscar involucrarme, lo lógico eran mis amigos pero eran muy reducido el espacio en donde estaban ya que era el sillón más pequeño, así es que me senté en un taburete y al poner ahí mi cerveza tumbe por accidente un cuadro con una foto familiar, una guapísima y sexy Eugenia y un apuesto Enrique ambos con ropa de vacaciones y dos niños que seguramente eran sus hijos.

    Acomode el cuadro y cambie de lugar tratando de esconderme a un lado del mueble de televisión que me daba una visión más general de todos los asistentes, me preguntaba que estaría sucediendo afuera con el resto de los invitados, incluyendo a Ramiro y Juan, a Rebeca la mesera, se escuchaba levemente la música así como también risas, señal que seguía el buen ambiente, además de estar afuera los anfitriones y el festejo de cumpleaños de Eugenia, hasta aquí entendía que la parte sexual y depravada sucedía aquí adentro y tanto Marco como los anfitriones organizaban quienes se integraban a la orgia, así como tal vez había principiantes en algún nivel de integración, era este un mundo muy excitante y atractivo, muy diferente a mi mundo egoísta y machista al que yo pertenecía, definitivamente esto era lo que yo quería vivir en lo sucesivo.

    En esas cavilaciones estaba más la excitante visión de ver a la chica fitness desnuda con su cuerpo pequeño de ébano muy bien trabajado en el gimnasio tocando e interactuando con la pareja, tanto al chico como a la chica, ver a Lety mamando dos miembros, la chica lesbiana ahora besando y acariciando a Martha mientras Pedro renovaba energías y se masturbaba, ver el otro trió que si bien no eran para nada atractivos si era excitante ver a dos señoras bastante maduras compartir besos y caricias y jugar con el miembro del marido de una de ellas.

    Entonces ingresaron Enrique y Eugenia con Ramiro y Juan además otra de las parejas en donde estaba la joven señora que me llamo la atención cuando llegamos a la fiesta, una señora joven entre 23 o 25 años, morena con piel apiñonada, pelo larguísimo lacio hasta debajo de la cintura, le calcule más de 1.80 de estatura, delgada con un cuerpo de modelo que podría estar en cualquier pasarela o concurso de belleza, su pareja en cambio era la contraparte, de baja estatura mucho mayor que ella, algo obeso y poco agraciado físicamente.

    Eugenia y Enrique así como la pareja se sentaron en medio de la sala sobre la alfombra, la joven traía un vestido muy entallado que le dificultaba sentarse, además por su estatura le resultaba muy incómodo agacharse, entre Enrique y su marido la ayudaron. Parecía algo tímida y nerviosa, no así su esposo que era a todas luces una persona extrovertida y simpática. Ramiro y Juan se quedaron al borde de la sala y al igual que yo estábamos fuera del juego pero expectantes para alguna oportunidad, que de inmediato le llego a Ramiro ya que una de las mujeres del trio del sillón (las parejas maduras) le llamo y ni tardo ni perezoso acudió, Lety ya había agotado y deslechado al señor mayor que había huido al baño, y seguía muy acaramelada y abrazada de Marco, estaban en un brake o descanso después de dejar fuera de combate al trio en el que estaban, Lety definitivamente era insaciable. En algún momento que no note Pedro y Martha salieron de escena y la chica ahora estaba semidesnuda en medio de la chica fitness y su inseparable pareja. Marco me pidió me acercara y no dude ni un instante, tenía ya una buena erección que asomaba en mi calzoncillo y por supuesto que me apetecía muchísimo Lety y su asfixiante lujuria.

    Lety me recibió con un beso y abrazo dándome espacio en el pequeño sillón quedando ella en medio.

    – Como la estás pasando muchacho? – Me pregunto Lety al tiempo que ella misma me quitaba la trusa y apretaba mi verga, con la otra mano ya tenía apretada la de Marco

    – Excelente, muy excitante… Lety

    – Te gusta ver?… te estuve observando

    – Si… y también participar… solo que estoy desorientado

    – No te preocupes disfruta… solo pide permiso, No significa No.

    – Lo sé, no quiero hacer un oso

    – Esa chica es muy atractiva, nunca había venido – Me confió Lety sobre la súper atractiva joven señora

    – Si, es muy joven se ve algo nerviosa, fuera de lugar – opine

    – Se acaban de casar, su marido ya es viejo lobo de mar es su tercer matrimonio con el anterior venía a las reuniones, pero a su anterior mujer no le gustaba, no es bueno forzar así no funciona… ahora trae a esta niña se ve sencilla de clase humilde muy guapa eso sí, pero no creo le vaya a funcionar…

    – Wow, no me habría pasado por la cabeza ese análisis

    – Jejeje ya aprenderás… la tienes bien parada, te excito la plática?

    – Jajaja todo aquí es excitante!

    Note que tanto ella como Marco no le quitaban la vista de encima a la principiante, estaban justo enfrente de nosotros a escasos 2 metros y medio, el marido de la joven señora contaba chiste tras chiste y los anfitriones encantados riendo, hasta que Eugenia decidió dar el paso besando a Enrique y acariciándole el miembro por encima del pantalón, lo empezó a desnudar, la pareja los veía de cerca, la chica por momentos se tapaba la cara con ambas manos y buscaba a su esposo con risa nerviosa, el tipo algo le susurraba al oído sin dejar de ver a los anfitriones y por momento a nosotros, debió ser excitante ver a Lety cruzada de piernas, desnuda acariciando dos vergas erectas y mirándolos.

    Mas los gemidos de la chica fitness siendo penetrada y acariciada por las dos chicas, o a Ramiro haciendo equipo con el marido de una pareja. La joven esposa volteaba a ver a todos, cada situación, uno por uno a petición de su esposo, su mirada era de timidez, tenía razón Lety era cuestión de tiempo para que explotara y saliera corriendo, el rictus nervioso de su cara no era normal, era algo muy fuerte lo que estaba presenciando, sin embargo el tipo al parecer lo estaba disfrutando ya que se sacó su miembro, que apenas se notaba entre su mano de lo pequeño que lo tenía, pensé “que suerte de tipo tener un mujeron así y que mal negocio para la joven señora” (aun eran mis pensamientos machistas y retrogradas de aquellos días).

    El tipo se paró y se puso enfrente de su mujer ofreciéndole su pequeño miembro, ella estaba en shock , reía nerviosa y se agachaba, no se animaba a tocarlo, Eugenia se acercó a ella y le dio un suave beso sobre los labios, la chica agacho la cabeza pero no le desagrado el gesto, Enrique ya estaba desnudo y con el miembro erecto, se paró y se puso enfrente de Eugenia ofreciéndole su miembro, Eugenia lo tomo e inicio con leves besos y masturbándolo suavemente acercándose a la joven señora y atrayendo hacia ellas a Enrique, la joven tenía a 10 centímetros el miembro de su esposo y a 20 centímetros el de Enrique.

    Eugenia alargo su mano y tomo el pene del marido de la chica y lo empezó a acariciar al mismo tiempo que el de Enrique. Entonces le hizo una seña a Juan de que se acercara que estaba justo atrás de nosotros y lo había olvidado.

    Continúa…

  • Regalo a compañera de clase

    Regalo a compañera de clase

    En quinto semestre de medicina tenía una mejor amiga María Fernanda, yo con 21 años y ella cumpliría 20 la semana próxima. Estuvimos hablando de fantasías, y me contó un sueño que tuvo, que estábamos las dos solas y ella me bajo el pantalón y me dio sexo oral. Se atrevió a preguntar si yo me dejaría hacérmelo, le dije que no. Siguió insistiendo en el tema, casi me enojo, pero también tuve ese sueño noches antes de su cumpleaños. La noche antes me depilé mi vagina. Llegado el día le di un abrazo la felicité y le dije: «decidí darte el regalo», ella se sonrojó y se emocionó.

    Estábamos en clases y ella estaba ansiosa por hacer eso, y pues me convenció de salirnos de clase, me llevo a los baños del último piso de la facultad, nos metimos en un cubículo, cerramos las puertas. Yo me bajé el pantalón y me lo quite coloque mi pie sobre el deposito del baño abriendo mi pierna ella enseguida me dio las gracias, empezó a darme besos ricos en mi panochita. Yo me estaba excitando, lubricando, ella empezó a pasar su lengua de una manera increíble ningún hombre me había hecho algo parecido, yo decía «sigue… Fernanda» la tomaba del cabello con mis dedos y yo hacía movimientos sexuales con mi cadera. Tuve 2 intensos orgasmos.

    Ella entonces subió me besó los labios y le pregunte: «te gustó tu regalo de cumpleaños» ella asintió. Me dijo confía en mi y déjate llevar. Cerré los ojos empezó a besarme el cuello me quito la blusa y el brasier empezó a besarme los pechos y a chupármelos. Luego me volvió me beso toda la espalda y mis nalgas, abrió mis nalguitas y besó mi culo pasando su lengua.

    Le pregunté si era rico lo que hizo, ella dijo que es increíble empecé besarle los pechos y baje por su ombligo y olí su vagina húmeda, empecé a darle una chupada a esa vagina, mojo la cara, era la primera vez que chupaba un coñito. Después ella se excito demasiado me recostó contra la pared abriendo mis piernas y chocaron nuestro coños húmedos. Delicioso. Terminamos besándonos, nos vestimos rápido, para irnos a nuestra casa a seguir teniendo sexo lésbico. No fuimos a clase hasta 2 días después.